Texto digital de Las religiosas constancias en las bárbaras tragedias
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Bautista Diamante
- Atribución estilometría
- Juan Bautista Diamante Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las religiosas constancias en las bárbaras tragedias. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/religiosas-constancias-en-las-barbaras-tragedias-las.

LAS RELIGIOSAS CONSTANCIAS EN LAS BÁRBARAS TRAGEDIAS
JORNADA PRIMERA
A infeliz Reina Estuarda, de infelice venturosa, pues mal que a lástima obliga, tiene señas de lisonja. Rendida al sueño suave, quiere olvidar sus congojas, si puede olvidar el sueño, la que avisa la memoria. No en la púrpura caliente. de mi garganta tu mano atrevida, este tirano y vil acero ensangriente. Injusto ministro tente! mas ay Dios! qué frenesí me transporta? 1. Huyan tras mi todos. 2. Ven Gila . Eso no, que el miedo me arrel anó. Dónde, dónde estoy? Aquí. . Quién eres? . Soy de esta tierra tú más humilde ya allá, soy quien teme esa canalla, que publicándote guerra al confin de Inglaterra te arroja, soy quien te vio venir hoy, quien llegó a presentarte unas flores, soy con quien los labradores por divertirte cantó, y soy Gileta, la hermana de Perote, y la sobrina de Antón, y de Catalina, cuya aburla fue Susana, Madre de Baro, y Juliana, nieta de Gil, el compadre que fue de Menga mi madre: esta casó con Pascual, y por eso, aunque no hay tal, llamaron Pascual mi Padre. Déjame sola. Es locura, que volverás a soñar algún algo con que dar otro susto a tu hermosura. ve ya se me Vete. . Ay Alma, consultadme vos. Al apartarnos los dos, quieres trate de que estés sola, y muy sola? Sí. . Pues váyanse ustedes con Dios. De naturaleza al fuerte provido, y común beleño readí el ser, y nunca el sueño; tan imagen de la muerte se vio, pues mi sangre vierte un sacrílego puñal, con apariencia mortal, y acción tan violenta, y propia, que pudo dejar la copia ocioso el original. A esta aldes fugitiva llego apenas, cuando llego a examinar, que el sosiego del sosiego es quien me priva. Desde esta luz se deriva otra luz, que mi temor enciende, pues el favor que pretendo en Isabel, es error, que es infiel, y le busco en el error. Ay de mí! Cómo podré asegurar que mi prima la fe de mi sangre estima, si falta a Dios en la Fe? Iré Cielos, o no iré? decidme, si en tan atroz susto alivio hay? Ay. silava, ya en ese hueco que te engendraste, es el Eco oráculo de la voz. Si será el concabo yerro a el que oí zo? la palabra que repite para llevarme al acierto? Yo faver tan descubierto merecí? No, no es verdad, temple la incredulidad de mi presunción el daño, que pudo ser desengaño, y puede ser vanidad. De Escocia estoy perseguida, de Inglaterra esperada, de la muerte amenazada, del Reino desposeida; y solo estoy asistida de la Sacra Religión de Cristo: Ea corazón, ven, y pues llevo el recurso donde no alcanza el discurso, llegue la resolución. Mi pecho el logro ve. . Ve Quién mis dudas oyo? . Yo, Tu voz me condeno? . N Quién confirma esa Fe? Eo Sabes lo que pensé? . Viste lo que anteví? Y en esto que emprendí? El tiempo llegó ya? . Adónde el eco está? . Pues verlo es frenesí? . S Contra mi ser, o qué fuerte indicio aquí manifiesto, pues pasan por mí tan presto los avisos de la muerte! Mas ay! Oh infelice suerte! nuevos sustos se apoderan de mí, pues el campo alteran los que en mi custodia iban: Vivan los leales. . Vivan. Mueran los traidores. . Mueran un pretexto confirman voces varias. dicen de entrambas huestes los clamores, todos unidos, mueran los traidores; y aunque enemigos, en la voz parciales todos repiten, vivan los leales. 1. . Morid, o matad presto. Viva María Estuarda. 1. Viva Arnesto. Esta es voz de las tropas de mi guarda. 1. Viva Eduardo. Viva María Estuarda. Eduardo mi primo aquí me invoca: pues cómo? . Toca al arma. Al arma toca. Como su errar vuestra lealtad no advierte, que viva repetís, y me dais muerte? Eduardo. . Arnesto. Ya se reconocen. . A retirar A recoger. Destrocen, como no quede yo mal parecido, ya que hermoso no soy, sea bien prendido. 1. Ande el traidor. . Usted se satisfaga, de que es muy buen taur, diga, y no haga. Galápago. . Señora, ve a la mano al que la pone en mí. . Quitad villano. Según el hombre pega, y a menudo, no es villano señora si no engrudo. 2. Yo le cogi en el campo. . Pues amigo labrador, entendéis que yo soy trigo? Soltadle luego, Cosas tienes de oídor en la visita, Dime, qué confusión es esta? . Mueho contártela quiero. . Empieza. Escucha. Londres; mas señora ten paciencia un poquito por ahora, pagaré a estos villanos. lo que aquí he recibido de sus manos, que como otros respetan tu semblante, stas delante. Qué haces? . Moler. 3. Ay mi ojo. 1. Adiós tres muelas. 2. Traidor prosigue el cuento, y no nos muelas. Todo se puede hacer que hay más de ciento, que me consta que muelen con un cuento, Necio, déjalos ir. . Ya estoy vengado, válgalos gran señora tu sagrado. Di lo que ha sucedido. De Londres en tu busca hemos salido, y Eduardo las guardas de Isabela en tu defensa trae, que se desvela nuestra Reina, y tu prima en demonstrar lo que tu sangre estima. Tuvieron un aviso los soldados de que los Escoceses, conspirados marchaban en tu alcance, con que Eduardo, (qué es bron de un lance) por si la suerte quiere que los rope, la esperanza mezcló con el galope. Vimos del monte en la tendida falda (que yo sé, porque es toda de esmeralda) una crecida tropa, y como un pobre, cuando va a la sopa con caninos denuedos, que muerde el caldo a costa de sus dedos. Así, Eduardo, del clarín al toque con la sopa del choque se arrojo, no advirtiendo que se pierde, porque son sus amigos los que muerde. Aruesto que defiende tu persona, siendo único puntal de tu Corona, padeció el propio engaño, y los arneses teñir pensó en traidores Escoceses. con que desalumbrados, entre cólera, y polvo los soldados se iban haciendo añicos, Yo que nunca ajuste cuentas co porque remudies el fatal estra, vin a darte la nueva, muy bien hago, poca me pareció venir corriendo, y asifue menester venir huyendo. Bien anduvieron, aunque en lance errado. Yo anduve más, y no tan arriesgado. El arrojo en Eduardo fue locura. Discúlpenle su sangre, y tu hermosara: (O, si por mi amo aquí saber pudiera, si la dura lo hermosa, sin lo fiera.) En un soldado de experiencia tanta, no fue bien entendido. Eso te espanta? Cómo viene Eduardo? Ya está osca, no lo quiere ser más: viene con mosca. Qué es lo que respondéis? Trocarla quiero: digo que para el viaje, trae dinero. A vuestras plantas ínclita María, llegan la culpa, y la obediencia mía, de parte de Isabel, por obediente esta carta os entrego, inclinándome luego a pediros perdón por delincuente. Cuál es la culpa? Haber ina dvertido con vuestras Reales guardas embestido. Culpas que nacen del heroico aliento, lo son cuando las llegan a escarmiento, y no el perdón, la gratitud pretende, los delitos que obligan cuando ofende. Mi prima, y mi señora, cómo queda? Con todo el gusto que juzgarse pueda, de que se logre su infeliz desvelo, yque se cambie su Palacio en Cielo. Continuará la sin igual fineza, que la debo, esta carta de su Alteza, . pon vue stra permisión abrirla quiero. Sin vuestra permisión amando muero. Suspiro, y hacia dentro mentecato, ves que se te puede volver flato? Con que grato favor, y amable estilo he ofrece ida Isabel el regio asilo, Juando fortunas tantas econducen al puerto de sus plantas. Cuándo queréis partir? Luego. . Así me importa, que aunque distancia es corta la que hay desde aquí a Londres, es decente, atención que Isabel no esté impaciente. Pues el vagaje aún no esta prevenido. Avísame en estándolo; advertido de mi justo deseo; solícito el empleo de esta ocasión, señora, para saber mi dicha lo que ignora, de la injusta prisión sé que salisteis: mas no sé el feliz medio que tuvisteis; y así os suplico. Pronta mi obediencia en vez del ruego os pide la licencia, mas es preciso harer antes memoria de mi trágica historia, para la inteligencia del suceso, y como en el exceso de mi adversa fortuna, no hay circunstancia alguna, que vos dudéis, quisiera, que la repetición no os ofendiera. Agravio hacéis a quien favor aguarda. Pues escuchad quien es María Estuarda. Jácobo Quinto de Escocia fue mi padre, cuyo nombre, que es asombro de la guerra, y de los Dogmas azote, la admiración a silencios pregona, y la envidia a voces. Murió disponiendo en Francia firmes confederaciones, casándome con Francisco, aquel cientifico joven, que en su tierna edad los frutos cortó la parca en las flores. Desde Francia volví a Escocia, por faltar sucesor, donde. tuve a Enrique de Lorena, por mi segundo consorte. Este a manos de un aleve murió, dándole garrote en un jardín, despreciando los avisos de su Corte su noble ardor; permitid, pues tres méritos proponen, las tres muertes, que aún reparo, moral el discurso torne. Valiente, noble, y discreto, que fueron, pública el Orbe, jacobo, Henrique, y Francisco, no que son, luego es un torpe ábulo, que la memoria de lo eterno se transporte: o fábricas sin cimientos, oh fantásticos honores! oh infelicidad humana! en tres méritos conformes, el discreto se malogra. Su pundonor mata al noble, y es desdichado el valiente; pues cómo han de ser los hombres? Era la estación del día. en que el Sol su luz esconde, porque de alimentos brille, su hermano deidad diforme, cuando con mi esposo Henrique, de Lorena, infeliz Conde de Lenoj, y Rey de Escocia, estaba yo en la concorde unión del tálamo, aquel sitial, que la quietud pone para presidir Morfeo en las imaginaciones; y apenas nuestros sentidos, obedecieron el orden, que el ser suspende, quedando, si no cadáver inmóbil, cuando el Varón de Brieste, que este es (ay cielos!) el nombre. del más infame vasallo, que la Fe pública rompe. Introdujo seis cobardes, no digo mal, seis traidores en nuestra estancia, y llegando, al lecho en que yo, y el Conde estábamos, con violencia le arrastraron, despertome la atrocidad, y del susto al embargo apoderose un hielo de mis palabras, un pasmo de mis acciones, una niebla de mis ojos, un silencio de mis voces: a un tiempo, en fin, me faltaron el estilo en los temores, los afectos en la sangre, en el corazón los golpes, y a fuerza de sentimiento, como una estatua de bronce. quedé, que sentir no sabe quien sabe sentir, entonces entre unas ramas las manos a su cuello aplican, con que permite Dios que a su aliento, la tirana acción sufoque, y en habiendo ejecutado aquel crimen tan enorme, a mis brazos el cadáver volvieron los agresores, publicando, que yo era. quién le dio la muerte, o postre! mi ser la memoria infame, y en más las demostraciones, se templen las quejas todo su fundamento revoquen, que Dios lo permite he dicho, y así es bien que me conforme, que sentir lo que permite es culpar lo que dispone. Estendieron de mi culpa la voz, y sin que perdone. la saña de los crueles, lo sacro de mis honores, deponiéndome del regio solio en que me vi en la torre que baña, y circunda el lago, lanino, sin que lo estorbe la verdad, dos años presa me ha tenido el trato doble de la traición, sin más guarda, que la custodia salobre: quien dirá que su descanso. tuvieron mis aflicciones entre las murallas fuertes, y entre los adornos pobres? yo lo diré: mas no puedo que los alivios mayores. me vinieron de María, Madre, y Virgen, y se exponen a estar desairados, siendo. in crédulo quien los oye: uno de los protestantes sois, y seguis los errores; para escándalo del mundo, para que se pierda Londres, que son leyes los ejemplos de los ilustres Varones. Luego es bien que yo recate estos divinos favores; de quien los ritos profesa, de quien la fe desconoce, porque al que no los estima, no es menester que le consten, pues no hay prueba que le falte, si no es para que le sobre. Un día de los que estaba el lago tranquilo, al borde de la ribera había un barco, y en él un hermoso joven, que halagaba con los remos el cristal, vile, y nombrome, pidiéndome que bajase a la puerta de la torre; sin duda algún Ángel era: más vamos a lo que importe, que para que no os lo pinte la pasada razón corré. Obedecile, y llegando al sitio en que me propone la libertad, me dispuse a que la ocasión se logre. Apenas equivocado del día vimos el nombre, cuando la tiniebla oscura nos vino a servir de norte: bogaba el mancebo ilustre con los brazos tan veloces, que en remolinos del aire las ondas del mar esconde. La noche dio a mi inocencia su amparo, porque se note, que no siempre a los delitos da su protección la noche, y en arribando a la margen opuesta, en que corresponde su cristal al de un espejo, pues se mira en él mi Corte: al Conde Arnesto di parte de todo, y aconsejome, que en escribiendo a para que me albergue, y honre, viniese a esperar la carta de la respuesta a este monte, con fin de mi Reino, este, Eduardo es el informe Llevadme, pues, que en cual quier parte, y tiempo, humilde, y pobre, aunque violenta la envidia muerda, y quiebre, rompa, y corto de la sangre que me alienta, lustre, y gloria, fama, y nombre. He de procurar que el mundo sabio, y cuerdo, ensalce, y honre al que firmemente adoro, Eterno, y Santo, y Dios, y Hombre. Atento a la relación, mira mi desconfianza, cuan lejos de la esperanza me deja la reprensión. Qué esperanza? . De vivir gustoso con padecer, y lograr sin merecer el mérito de morir. . Conmigo habláis? Sí. . Lo ignoro. Eso es ya desesperarme, acordaos de despreciarme, mas no olvidéis que os adoro. De algunos lances me acuerdo, en que culpando al destino ganasteis nombre de fino, y le perdisteis de cuerdo, hoy con justa causa extraño en las noticias que toco, que pueda con vos tan poco la fuerza del desengaño. Amor que dé si el indicio excusa, es ofrenda vana. La víctima que profana, no sabe ser sacrificio, y así Eduardo, ajustad para darme mejor muestra, ya que no sigo la vuestra, la vuestra a mi voluntad. Yo mostraré indiferente afecto, voz, y semblante, que ignora la ley de amanto quien falta a la de obediente. Toda la prevención deja hecha mi cuidado ya. Y en piaza de armas está mi getnte, A punto, y pareja. Yo juzgo que desde aquí, pues llegaremos tan presto las tropas del Conde Arnesto se pueden volver. . Así des choque una cuchillada (dices? tu amigo Arnesto ha sacado. . Que- No es cuidado, porque no se me da nada. Idle a ver, que a su valor estoy tan reconocida. como obligada. . La herida tomara por el favor. Aunque es mejor estar sola, que no mal acompañada, piensa entre ti, si te agrada, que te me apropinque. Hola. . Ira de Dios? . Labradora, qué traes? Ay, que se ha soltado. Mirad si tiene recado. para salir mi señora. Ay Dios que animal? . Descansa. Tiritando estoy de bella. No tiembles, llégate a ella. Digan primero si es mansa. Tú la espantas Margarita. De eso no me espanto yo. . Fres Católica? . No. Pues di; qué? . Luteranira. Qué lástima! desde aquí conmigo a Londres no irás? Dime lo que me darás. No he vijo bobo hacia sí. Cuanto quieras. . Y sortijas, y buñuelos? . También. . Vaya, y azotes? . Jisus, que haya quien guste de sabandijas. Sabe usted, usted no sabe que yo sé tonos? . Di alguno. Grave, y nuevo diré uno muy lindo, que es nuevo, y grave. Que alhaja tan de codicia. . Vaya el grave, y nuevo. . Oíd. aquel que cuando acaricia. Cierto que hace enternecer. A Margarita? . Señora. A esta simple labradora, Católica la has de hacer, las oraciones de ti ha de aprender su cuidado. Y a quien le tienes mandado que me las enseñe a mí? Cómo he cantado? . Muy mal. Letrillas a lo divino la estudia, que es el camino seguirla su natural. Es fuerza que me resuelva. . Te vas dejándome aquí con la que se yo qué? . Sí al tiempo que Eduardo vuelva lleguen la carroza. . . Voy, digo. . Que hay. Allá? . Si haré. . Yo. . Basta. Plus. . Hablaré. Con. . Sí. . Bien. Cómo quien soy, que amándote voy confiaso, llégate acá vida mía te daré lición. . Ay tía que está oscura, y huele aqueso. A mondonga de regalo, tu fortuna te condena, pero tu sangre no es buena, y para mondongo es malo: por la mano, como un tordo, aprende a hablar desde luego, por si acaso un galán ciego quisiere el diablo sea sordo corresponde muy despacio, tus favores no se yerren; que hay quien porque le destierren no más galanteo en Palacio, que el abánico te pongas en la garganta lo dudo; traele en la boca a menudo, como las demás mondongas, pública el culto mejor por rayo al que se te inclina, que en Palacio es peregrina la que no tiene color. Y tal vez, di entre las damas. con gran desvanecimiento: hoy me pidió en casamiento un repostero de damas. Que ya van cesando advierte mi corazón en su empeño, las aprensiones del sueño, con los ecos de la muerte. La Religión de María; todo el pecho me franquea, y ya el alma la desea por suya para ser mía. Patria a Dios, que ya no espero castigar quien te aniquila. 1. Plaza, plaza. . Vamos Gila. En tomando mi pandero, voy a despedirme: acá . de todos estos vasallos mis parientes, y encargarlos que vayan a verme allá. . Entrad. Oh cuanto es sensible esta perdida que llora! Si es imposible el que adoro, no adorar es imposible. Nuestro peligro evidente os vengo a comunicar, pues en los dos llego a hallar un hijo, y un confidente nuestro, llame al importuno daño, y acierto fue, pues es dolor de todos tres e cada uno. Suspenso te escucho. . Atento solicito tu intención, dando a cada suspensión prevenido un sentimiento. Llamó isabel a Eduarda. Parcial de Estuardo fiel, con doblada intención de él instruido, la ley guarda mi amistad de su cuidado; y ya tengo en qué, pues vi a sus contrarios aquí. escucharé recatado. Fue el intento, según creo, piedad de noble razón. La que en e la compasión, fue crueldad en mi deseo. Prevenido escuchare; pues su recato me empeña de suerte, que cada seña da un escrúpulo a mi fe. Con Estuarda, es forzoso destruirnos la intención, a ti de la posesión a que aspirabas dichoso, a ti del noble interés que de aquel logro se allana, y a mí de la dicha ufana a que aspiraba después, pues pudiendo tu reinar, tu servir, yo disponer, puede el lance deshacer lo que pudimos lograr. Nada escucho, aunque lo intento Es Estuarda sagaz, cuerda, y atenta, capaz, y de claro entendimiento con que se consigue llano ser su consejo admitido, y quedar destituido, tú de el lo gro de la aber, cobarde animo, al creer, al pronunciar, que la ha de intentar casar con Eduardo su primo. Conm Eduardo? . Y perder un Reino, y una afición, un premio, y una ambición, no lo consiente el peder. Con razón dolor llamaste ol que sintió tu cuidado, pero ya habrás descansado; pues a mí le trasladaste, No es ocasión de sentir. Pues de qué? . De remediar. Lo que tardas en hablar, corres a verme morir. Gran Senescal, si mi vida importa a vuestra intención, cumplirá su obligación en verse, por vos perdida. Intentaré por lograr mi amor, numerar atento la capacidad del viento, con la distancia del mar, y por templar el terrible mal que siento riguroso, pensaré que soy dichoso. que es el mayor imposible. De tanta demostración, dice la acción el intento, y es muy grande el fundamento; que mueve a tanta pasión, pues si me importa saber lo que no puedo escuchar, para poderlo lograr con esta industria ha de ser. Gran Senescal, noble Enrique, Federico ilustre, iguales sobre el deudo del cariño, en la amistad de la sangre, Clotaldo, ofendido a un tiempo, de los tres llega a ampararse, lo que no negáis a nadie: soberbio Eduardo. . De este la queja camino abre a cualquier designio. . Poco las experiencias te valen. . Cómo? Como nunca el cuerdo advertido, ha de fiarse de amigo que lo haya sido de sus enemigos antes. Proseguid, señor Clotaldo, que yo os ofrezco de parte de todos el desempeño, que vuestra razón buscare. Qué diré que ni aún fingiendo hallo modo de quejarme, si he de ofender con la queja de Eduardo las lealtades? En qué os suspendéis? . Enrique, otra industria ha de salvarme. . Si no te basta saber que hay queja, sabe que hay males tan aleves, que en decirse, mayor circunstancia añaden, y esos los calla la voz; porque los diga el semblante. Soberbio Eduardo dije, del favor de Isabel. . Calle tu voz, si ya prevenida no da tu dolor al aire envuelto en el mío, pues al oírte, al escucharte; que del favor de Isabel, soberbio Eduardo hallaste, trasladando a mi pasión la fuerza de tus pesares, al silencio de tu pena despertaron mis corajes, y vive este fuego. . Enrique. Qué fácilmente, que fácil pudo saber mi cautela, por su enojo su dictamen. Enrique; y si engaño fuese este prevenido lance, declarar tu sentimiento, no fuera culpa ignorante? Bien dices. . Pues prevenido tu discurso se repare, y enmiende con la cautela, lo que con el labio erraste. Si haré vive el noble fuego, que irritado del ultraje de Isabel en su venganza, rompe del pecho la cárcel, y en mi labio por su enojo, es volcán al asomarse; exhalación al oírse, y rayo al ejecutarse: que si ha creído tu queja al lado de tus lealtades, y si de Eduardo aleve, contra Isabel, el infame designio de que te ofendes, forma el intento más fácil, que mi lealtad, y la tuya en su ofensa. . Ten, no pases. ni aún con el leve discurso a locas temeridades, que Eduardo. . Ves Enrique, si fue el consejo importante? Grave yerro, pero así he de intentar enmendarle, que Eduardo puede a mí ofenderme, sin que aje de su lealtad el decoro, ni el respeto de su sangre; y cuando pudiera ser que él a su lealtad faltase, siendo tan grave el delitó, procurara remediarle con su muerte, o mi consejo: no, no es mi ofensa tan grave, que el noble no tiene queja que haga a su enemigo infame, De tu ingratitud nació el que tengo por desaire, pues habiéndole asistido, empeñado a todo trance, contra tu parcialidad torcido, hallando el dictamen de mis designios, sentí en su tibieza mi ultraje; y si la forma callé de su delito cobarde, fue por no ofenderme a mí, pues temiendo al declararme, que se creyera que yo fui de mi desprecio parte: quise indeciso dejar el pretexto al pronunciarle, aventurándole a todas las circanstancias de grande, primero que al más ligero escrúpulo de culparme; pero pues el accidente. hizo que me declarase, haga la satisfacción lo que a la defensa tocare: vea Eduardo, perdona amigo, que en tus parciales Clotaldo ofendido supo dar a entender lo que vale esta espada que a él le falta, y que a tu valor se añade, y para que discurráis, si os puedo ser importante, lugar os dejo, ofendido vivo: ya sabéis mi sangre, de vosotros a valerme; vine, discurrid el lance, que para que lo penséis me retiran mis pesares; y porque otra vez no vuelvan las palabras a trocarse, que si encuentra una enmienda, dos no suelen encontrarse. ̱. Este efecto de la ira parece. . Y es intratable, pensar que cautela quepa, en quien sabe así quejarse. Téngolo por cienó: ves cómo pudiste engañarte? Dices bien Enrique; pero más vale que yo me engañe. Diratelo el tiempo, y para que pueda experimentarse, volviendo a atar el discurso, que quedo pendiente antes, resuelto, si te parece, cediendo toda la parte de consejo a tu prudencia, como a anciano, y como a padre, que Clotaldo parta luego a Escocia, y para que antes que en Isabel, y María se estrechen las voluntades, sea su viaje a intento de desuñirlas, y el arte sea hacer público en Londres, que de María el dictamen es conspirar atrevida contra Isabel. . Importante es el arbitrio, aunque en algo es bien que me desagrade, pues aunque el viaje apruebo, no al que ha de hacer el viaje. Así lo sintió mi ofensa. Ten Federico no pases a ofensa, lo que cariño era en mí de no apartarte. Parte en huén hora, si gustas, Acabó de confirmarse el logro, si Federico es quien ha de ejecutarle. Yo te lo ofrezco. . Y yo a ti premio que al servicio iguale. Y yo a los tres el intento logrado que os persuade la razón en el suceso, seguras felicidades. Pues no perder tiempo importa. Qué es esto? . Ciertas señales. de que ya Estuarda llega a Palacio, y que de él sale a recibirla Isabela, y por eso es importante dividirnos, tú a partir, y tu conmigo a mezclarte en el acompañamiento, con advertencia, de que antes ha de llegar el aviso, que Federico enviare, que otro esfuerzo a los oídos de Isabel, porque no estraje alguna sospecha el logro que ha de ser bien importante. Sea así. Pues qué aguardáis? A servirte mi amor parte. Perdona bella María de mi ambición el dictamen. Quiero ver Rey a mi hijo, y harta disculpa es ser padre. . Estuarda, no soy yo quien tu fortuna combrte, pienso que a Isabel me quitas, y soy de Isabel amante. . Hy Jaqués consigo acaba, al ver que llego a ganar albricias a su pesar. Ya qué ha de ser? . A la taba: cogiome. . Mucho ha tardado el señor Galapaguillo: ganelas uste al mudillo. Peor es que al Renegado. Ya Isabel. . Muy bien se ve, que a encontrarse las dos van: mas las tabernas están como yo me las dejé. Vino hay en Londres a pasto. Ya mi suerte no es severa. Que como estuviste fuera ha habido muy poco gasto. Vive Dios que si me quito la petrina. . Has de ceñir la cuba. . Y eso es mentir. Ea, bueno está mosquito. Galápago, y no con mala opinión Jaques, me aclamo, y Gaápago me llamo de haber pagado una gala a una dama. . Bien lo pudo ser, cuando la gala dio, mas desde entonces perdió Galápago lo conchado. . Yo? Bueno está que ya llegan, aunque a distancia a mirarse los dos en quien abrasarse pueden los que al verlas ciegan. 1. A no competirle. 2. A no ser opuestas. Madruga su gala. 2. Sale la belleza. Para que se vean la hermosura, y la gala sin competencia. Cuanto más me acerca, mas se acredita mi fineza, bella María. . Ay de mí! . Señora. . Qué hacéis? Inquieta con tantos acasos lidio: cumpla el Cielo sus sentencias, que siempre a su voluntad está mi vida dispuesta. Bien está, Eduardo, yo basto yo para que tenga Estuarda; en no sé que me dice esta experiencia, seguridad: mas pasión disimulemos la pena. Querer alzar a María, no fue ofensa, razón es, pues al mirarla a tus pies, volví por tu cortesía. Instar luego con porfía, atención fue lisonjera a tu estimación, pues fuera atrasar mi acción un paso darle licencia al acaso para acusarte grosera. Advertirme atrevimiento, no puede dejar de ser, que al Rey no se ha de querer averiguar el intento; más satisfaga el violento discurso en los embarazos, con que te estorbé los lazos romper entre las dos, pues dejarla estar a mis pies, fue por tenerla en mis brazos. Caer yo ni acaso fue, ni pesar, si no razón, que solo en mí la elección donde mi humildad se ve, que agradecida os esté, la razón quiere advertida; pero más a ti entendida la causa debe de estar, pues me diste más lugar de parecer abatida. Hasta aquí pude creer de ese destino la fuerza, porque de mi defendida no hay adversidad que temas. Así lo cree mi fortuna. Bien será que se de tregua al cansancio del viaje: no sé que el alma me inquieta, pues sabidas tus fortunas, no hay duda que te detenga del descanso, pasión rara es la que mi pecho engendra pues me avergüenza al decirla, y al callarla me atormenta. Parece que disgustada. del suceso está Isabela. Con este principio ya se aseguran las cautelas. No sé que te diga. Nada. Señor que he visto en la Reina cara de probar aquello, que lo más fuerte es de yema. No vienes? Ya te obedezco. Disimular puedo apenas; pero así importa, cantad mientras Estuarda llega a su cuartó. . Proseguid por divertir a Isabela. . Señora. Eduardo, ese papel mirad, y porque no quepa sospecha en hablaros de él, fie muchas advertencias Quedo advertido, Clotaldo. La misma fuerza violenta que en este cuidado obliga, en aquel cuidado hiela. Aprende Gileta a andar. Para cuando sea Reina. Quedaos Eduardo. . Quise. acompañar a su Alteza, no me olvidéis. . Si olvidáis. la ceguedad, que os despeña. Hasta aquí pudo tocaros la obligación de esa deuda. Pues Señora. . Quedaos, pues, que aquí corre por mi cuenta. Qué temor! . Qué sobresalto! Ya mi esperanza se alienta, Ya mi susto me acobarda. Ya mi duda se quieta. Yo mi peligno busque, Yo cautivé mi inocencia. Llegó a Londres Estuarda, piegue a Dios que por bien sea. ORN ASI
JORNADA SEGUNDA
Vea vuestra Majestad. esa carta la suplico, que de Escocia, Federico me escribe. . Está bien, llegad. Señora, porque advirtáis el riesgo que se percibe en Escocia, esta me escribe el Conde Arnesto. . No os vais, ya que mi ambición dispone. que aspire al sacro Laurel, y el desprecio de Isabel. impide que me corone; sin que me postren los males que los hados me dispongan, aunque a mi esfuerzo se opongan los escrúpulos leales. Pues que del valor te obligas fortuna, yo haré que crezcas, . aunque no me favorezcas, como no me contradigas. De amor, o lealtad, mayor afecto en la voluntad del que es noble, es la lealtad, pues me suspenda el amor. h . En estas líneas que miró correr a mi desengaño, no es el crimen lo que extraño, el acaso es lo que admiro. el culpado en este informe, culpando a quien le culpó está en aqueste, quien vio lo diverso tan conforme? mas hay que es tan sin igual, otro mal que el alma siente, que ya ningún accidente me puede parecer mal: n Enrique? . Señora. . Luego al gran Senescal decid que venga a verme: un ardid aumente, o consuma el fuego, que me abrasa, cuyo asombro, que mis alientos limita, si lo oculto me acredita, me envilece si le nombro. Eduardo, este papel que me disteis, leedle vos, y discurramos los dos Y sobre lo que dice en él. Bien es que se verifique la traición. . Veréislo ahora. Federico. . Leed. . Señora esta carta os la dio Enrique. Descuido fue, más licencia de verla os doy. . Advertid. Ya me tiene aqueste ardid a vista de la experiencia. Le Eduardo. Federico. Ay infeliz! Ya suspira. . Vive el Cielo! Oh que veloz pasa un afecto en la voz desde el desmayo a la ira! Que a quién. . Ya veo en el rigor. Puso. . De tantos desvelos . Osado. . Que estos son celos. La pluma. . Y aquel amor. En el papel que está escrito con horror que tanto ofende, que el color la tinta enciende en lo negro del delito, si le faltase el sagrado de tus pies, si no se nombra fija sombra de tu sombra, al sentimiento irritado de esta afrenta, al menor viso de mi acero. . Me parece muy bien eso, y más merece, porque me ha dado el aviso, mejor fuera que María Estuarda se coronase en mi Reino, y publicase la guerra, mejor sería ver mi gente mal segura, solicitando los modos de mi fe, mas no son todos esclavos de la hermosura, que hay quien galán de su fama funda en su honor su interés, y se acuerda de quien es, primero que de quien ama. Ese yo soy, aunque aquí la mitad vivo ignorando, pues de mí me acuerdo, cuando a nadie olvido por mí. Es fineza que os la abona la inclinación de María. Yo inclinación? Pues sería en vos culpa? Sí; perdona ídolo, o tú de mi altar, que para saber vivir la verdad se ha de decir, el amor se ha de callar. Culpa fuera? . Sí, que ignoro en un imposible empleo, como se atreve el deseo a profanar el decoro. Pues porque tanto se explica vuestro afecto indiferente a la amenaza indecentre de quien su traición pública. Por dos razones. . No sé si las hay. . Para saberlas, escuchad. . Algunas de ellas, es de amor? . Yo las diré; pero primero es preciso para haberlas de fundar, como debo cotejar este con aquel aviso. Tomad: o alivie el pretexto mis ansias, aunque después vuelva a morir. . Este es el que a mí me escribe Arnesto. Dios os guarde. Y bien, que arguye en rigor la carta que habéis leído, para que en vos no haya sido el sobresalto de amor, en mi corazón la lid muere apenas, cuando nace. Esperad, veréis, que hace. todo al caso. . Preseguid. En vuestra ofensa, Isabel, la conjuración se trata, pues Federico declara de Arnesto, y Arnesto de él. Uno miente contra vos sin dificultad alguna, que la verdad siempre es una, y opuestos escriben dos, no del que habéis de culpar, discurro en cual ha de ser, que lo que se ha de saber, no lo quiero adivinar. La primera noticia era, que mi Reina peligraba, mas la segunda me agrava el dolor de la primera, Llego a vuestras plantas, y hallo, que me toca en este abismo, sentir pariente lo mismo, que estoy sintiendo vasallo. Vi este papel que a María el escándalo acómula; pues que sangre disimula, si es noble, una alevosía? vi que le culpa después a Arnesto el trato civil; pues que amigo sino es vil, se olvida de lo que es? Traidores mi patria oprimen, mi Reina el riesgo no excusa, a mi prima Escocia acusa, a mi amigo ofende el crimen, Luego para que el semblante se turbe en un trato doble, no ha menester el que es noble valerse de ser amante. El argumento ha podido templar mi enojo, que anduvo tan libre el vuestro que os tuvo el respeto divertido. Yo, señora. . Bien está, que en la culpa perdonada queda siempre desairada la disculpa que se da. Seguiré vuestro dictamen. Dadme esas cartas. Yo quedo mortal (ay de mí!) Ya puedo dar otra vista al examen. Permitidme que el castigo de a Federico, o a Arnesto. Que Eduardo vaya he dispuesto. No hacéis bien. Qué decís? . Digo que es gran favor. . Es así, mas aunque fueran mayores. . le haré todos los favores que le apartaren de mí. Examinad solo vos las acciones de María, aunque ya su alevosía es cierta. Válgame Dios! No te perturbes cruel, que es tan nuevo como injusto rigor, que tengas tú el susto para que yo muera de él. avise Qué es cierta? . No hay quien lo con seguridad ahora. Pues porqué, por qué señora lo afirmaste? . Saber quise al veros de color falto, si en todas las ocasiones os encontráis dos razones, para cada sobresalto. Qué mujer es esta, Cielos? Cielos, que mujer es esta, que en las pasiones que oculta, y en los afectos que muestra, disimulando, o fingiendo, cuanto para mis sospechas, pronuncia como celosa, contradice cómo Reina? Mas porqué, discurso mío, te apartas de la carrera, donde el honor es la valla, donde el amor es la senda; Vuelve, vuelve hacia el peligro de la deidad, que celebra con sacrificios el alma, sin ser lisonja la ofrenda, de la deidad en quien sigo la religión que profesa, si bien hasta declararla es logro inútil tenerla. A salir de los errores, que mi noble patria infestan me conduce amor, que es falsa. voluntad, y no perfecta, la que pública un amante, si están las almas opuestas: ay mi bien! Ay tal demonio, si no me aparto me besa. Galápago que hay? . Hay concha contra los que me requiebran. Viste a Clotaldo? Le vi, y te sirve demanera, que entre Enrique, y entre Alberto tan introducido acecha de parte de tu amistad sus traiciones, sus cautelas, sus embustes, sus arbitrios, sus afanes, sus quimeras, y todos los suses suyos, que fuera bien que le hicieran molde de vaciar espías para que saliesen buenas. Qué dices? . Dice que anda. muy valiadita la nueva de que con secreto; y maña dentro de Escocia la Reina levanta gente. . Es falso. Yo sé qué es leva: al fin el dicho Clotaldo, dice que saber espera presto una máquina grande, de que venirte a dar cuenta. Que tan infeliz María . haya de ser, y que sea tan infeliz Isabel, porque la fortuna adversa sigue a la virtud? porqué? y la próspera se alberga en tan: mas qué es lo que digo? Calle el labio, el alma sienta: vasa lo soy, Reina es, y en lo humano es tan excelsa, tan superior, tan distante deidad la persona regía, que al ir la voz en su contra, desde el labio hasta la oreja; siendo verdad, cuando sale, es mentira cuando llega Siempre a mí me ha parecido lindamente la modestia, si a fe, más isabela dígote que es una puerca, fuera de las Cruces, porque está siempre lejos de ellas. Mucho me cansan tus burlas, cuando hablando estoy de veras. Pues para desengañarte, de que no es novedad esa, de ser tan feliz la mala, y tan infeliz la buena: con un poquito de ejemplo, y tántica de licencia, te daré en mi propio estiló un plato serío. . Comienza, Fue Venus muy gran tahura, topaba como una bestia, y para el juego del hombre famosísima tercera. Minerva (a quien los Gentiles resperaron) la maestra fue de la sabiduria, de las armas, y las ciencias. Diole una Estrella en el C enus Júpiter, y era la misma que se levanta al tiempo que el Sol se acuesta. A Minerva la dejaron desfavorecida, esta fue Diosa de las virtudes, de los vicios lo fue aquella, Estrella tuvo la mala, y a escuras quedó la buena; porque quien méritos tiene, jamás ha tenido estrella. A responder a una carta tengo de ir, y antes es fuerza ver a la Reina María. Pues por aquí huele a dueña, voy a preguntar si puedes. Desde mis edades tiernas, que tuve estando en cintura antojos, los que me quedan se me han puesto en las narices. Ay mi bien lo que me cuestas! . Salió a Misa de parida la noble Doña Jimena. Pues no saldrá de preñada usted ya, según la cuenta. Señor Galápago, mire usted, que habla mal. . Paciencia, qué hace aquí usted? Soy de guardía. Solo eso de Ángel te queda, dile a la Reina María, que mi señor la desea hablar. . Todos los señores quieren hablar a cualquiera. . No, no es bien que yo a María, . sin dejarla satisfecha, la diga su agravio, quede oculto en mí, hasta que venga en la voz de la venganza, la noticia de la ofensa. Vamos Galápago. . Dónde, cuando sigue mi obediencia vuestro aviso. Se ha turbado. . Qué queréis? Callar es fuerza. Quiero asistirle. . Pues cómo, quién me busca, es quién me deja? Yo señora estuve. . Aguarda, que por esos trigos echas, cuando importa el hablar claro de que sirve la vergüenza señora unas pildorilias hoy ha tomado, y revienta el pobre, que este remedio cada vez que afloja aprieta, Ah desvergonzado veré noramala. . Norabuena. De este Católico afecto, . que en mi espíritu se engendra desde el corazón de Estuarda, quiero agradecer la deuda, porque este motivo encubra el que tuve para verla. Las disculpas que percibo en una acción tan grosera, como volverme, viniendo a visitaros, son estas. Amor. Callad, que por donde la satisfacción empieza estoy temiendo que en culpas las disculpas se os conviertan; y advertid (según colijo) que esta vez es la primera, que es propia cortesanía cortar la palabra ajena: trae sillas, adentro aguarda, sentaos, daré la respuesta a lo que no os oigo, que faltara a lo que os oyera. Amor en lance que aguardo, disculpa de la acción vuestra, es voz que el discurso os guía al desaire, o la fineza, no puede faltar, que siempre la disculpa que comienza con amor, es prevención; que amor dura, o que amor cesa. Ya os acordaréis, que cuando hallé en vos la menor seña de ese incendio, cuya llama se convertirá en pavesa, os desvanecí el designio sin violentar la modestia, que aventura un desengaño quien solicita una queja. Por delincuentes entonces. prevenisteis que estuvieran los afectos arrojados en la cárcel de la enmienda. Mucho os debí, poco os debo; porque si amor (aquí vuelvan la fineza, o el desaire, que ese ciego Dios somenta) porque si amor es disculpa de venirme a ver no es cuerda; pues queréis que os desestime, lo que es bien que os agradezca: Si es disculpa de no verme, no tenerme amor, es necia; porque os basta él escarmiento, sin publicar la obediencia; y así es nombre amor que ofende mi decoro en la voz vuestra, que pretender atrevido, referir en mi presencia (cese, o dure amor) la causa ha de causarme por fuerza; porque la fineza es culpa, y el desaire no es fineza. Ni fineza, ni desaire quise explicar. . Pues cual era vuestra intención. . Advertiros con la mayor evidencia, que ha sido un ciego la guía, que me alumbra, y me gobierna para salir del horror que confunde a luglaterra, que a un ciego debo la vista, recobrando de mi idea con la Evangélica luz caliginosas tinieblas. La Fe Católica observo. Cielos! mas hay feliz nueva. Y a pesar. . Qué gran fortuna! De el Orbe. . Dichosa Estrella! He de confesarla. . Es justo. Y morir en su defensa, porque el amor: ay de mí! . qué pronuncio? . Qué recelas? Nombré al amor. . Ya no importa si el amor es quien te adiestra, nombra al amor, Eduardo, mil veces en hora buena. Señor, porque en ti la sangre que está ilustrando tus venas te dispone, la constancia, no te encargo la firmeza, si la devoción acude con hidrópica, y sedienta virtud a los minerales de la fuente, a la pureza de la Virgen, preservada de la culpa, intacta, esenta de aquel original feudo, que paga naturaleza. Sin mácula es concibida la hermosísima Doncella, Madre de Dios? Eduardo cuál es la razón? Es el ser Madre de Dios, de la culpa tan ajeno, Virgen, que el pecado es bueno, o no le tuvisteis vos. Y a este acaso satisface e pregunta en su respuesta. Deme el doblón que me debe, porque se la copla, Reina. Muy bien aprendiste el tono. Pues págueme usted la letra. En cuatro décimas hice glosar esta copla, y eran las que referir quería (pues, cuando las cantó Gileta. . Dilas oye tu Gila, y cada verso me acuerda. Es el ser Madre de Dios. . Las tres Personas formaron la vuestra, Virgen MARÍA, antes que la luz del día, y en su mente os procrearon; todos en Adán pecaron después, luego fueron dos los tiempos, y exenta a vos os deja el antecedente, porque ser tan preeminente es el ser Madre de Dios. De la culpa tan ajeno. . Si Dios que vuestra deidad llena es de gracia, responde, para la mácula donde quedó la concavidad? Oh como la humanidad tomara Dios en tal seno, a no estar dé gracia lleno! porque si en la Madre hubiera culpa, el Hijo no estuviera de la cupa tan ajeno. Virgen, que el pecado es bueno. Afirma el Texto Sagrado, que mantuvo en gracia Dios su Esposa, y siendo esta vos, donde hay gracia no hay pecado. De este argumento guiado, con esta verdad por freno, ni disculpo, ni condeno, ni apruebo, ni contradigo: mas si le tuvisteis digo, Virgen, que el pecado es bueno. O no le tuvisteis vos. . Si en Dios pudiera caber ambición Divina, es llano, que donde tomó el humano, tomara el Divino ser. Nacisteis para nacer Dios de vos: luego si Dios con naturalezas dos, será, ha sido, y es perfecto, o está abonado el defecto, o no le tuvisteis vos. Deme un doblón. Quién pudiera hallar: mas él es, Eduardo? Ay de mí! con tu licencia voy donde me llaman. Vedme después. La muerte violenta que daré a Estuarda. . Qué dices? Disimulo entrando a verla. Mañaba con un veneno verás a Estuarda muerta, si hoy no la libras, adiós. O si Estuarda se estuviera aquí? Sí, aquí está, señora, vuestra Majestad advierta que hay gran traición. , h Eduardo como le mandé que hiciera el examen de Estuarda, tiene adquiridas las nuevas de su traición: luego es falso pensar que la galantea, pues tan pronto viene a darme el aviso contra ella. Viva Eduardo, su lealtad consiga memoria eterna, respire mi amor, demuestre mi gusto el semblante. . Ea valor; contra la malicia a defender la ignorancia. En fin ya estáis enterado de la traición. . De manera lo estoy (ya que esto sucede, . pase el yerro por fineza, y declare los traidores mi lealtad) que es bien que advierta vuestra Majestad su riesgo. Ya el peligro se remedia. El gran Senescal, y Enrique introducen con cautela a Federico en Escocia. Es verdad su inteligencia (todo lo sabe) descubre lo que el Conde Arnesto intenta. Quién, el Cónde Arnesto? . Sí. Perdonad, porque la Reina María Estuarda. . Ya lo sé. es la culpada: él intenta librar su amigo, y que solo la traidora Estuarda muera. Si el Cielo. Señora, advierte, que será mejor que prendas a María, antes d el veneno, porque entienda Londres que desesperada se dio la muerte a sí misa, con que la venganza encubres, y la justicia demuestras. Esto ha de ser, lo primero librarla Enrique venga al ejecutarlo más antes mortifique la una afrenta, que es justa, de las Reales insignias la desposean; desvaratad en su cuarto los adornos, porque sepan, que a quien trato como aleve, no la prendo como a Reina. Porque el efecto se logre, . disimularé la pena. Cédula tuya es preciso que lleve Enrique al prenderla. Ya que excuso la visita, pues no hay que fingir en ella, iré a firmarla, Eduardo. Señora. . La lealtad vuestra premiaré con el perdón de Arnesto. . Tus plantas besan mis labios . Y con el alma . el desengaño que lleva; pues me saca de celosa de tu aviso la experiencia. Yo dispondré. . Clotaldo anda echando un palmo de lengua en tu busca. . No te apartes de esta cuadra hasta que vuelva. . Que haya quien sirva (oh forzosa pensión) por falta de haberes? Buenas noches. . Linda cosa; como una perlaza eres, Margarita. . Soy preciosa: dónde está tu amo? . De mí, ni del, aunque le ese haciando va no sabré. . Por qué, di? De mí, porque con él ando, y de él, porque no está en sí. Esta muy enamorado de la Reina mi señora. Hasehaturalizado en Guinca, siempre llora, y gime. . Negro, barbado. Porqué preguntas por él? Porque se traigo un papel. Ya la esquiva es halagüeña, que papelito, y con dueña, no es de Don Pedro el cruel. Piensas qué es de mi ama? Es llano. Neciamente malició tu pensamiento villano: Cloraldo me lo dejó para ponerlo en su mano. Dásele antes que se acueste. Mas ola, si le he perdido? paciencia un novio me preste: dónde diablos le he metido? mas ya di con él, no es este? Oh qué percances tan bravos! Ay pobre triste, y cuitada! no doy por mí dos ochavos. Debes de ir a la jornada, que tienes muy lindos cabos. iten baca fiambre imiten la provisión que esta hizo cuantas puercas la compiten: iten pan, iten chorizo, iten queso, pastel iten. Sean bienvenidos mi abuelo, mi madre, mi hermano, y mi tío. 4. Sea bien hallada. 1. Mi sobrina. 2. Mi Nieta. 3. Mi hija. 4. Mi hermana. Qué es esto? Son los parientes de Gila, y no será malo que hecho un Rey aquí te sientes, y si traen algún regalo, será para nuestros dientes. Que fuera pagar el porte yo, mas lo que fuere sea. . Aquí no hay riesgo que importe, yo los engañe en la Aldea, engañalos tú en la Corte. Sean, sean bienvenidos, mi abuelo mi madre, mi hermano, y mi tío. 4. Sean, sean bien halladas. 1. Mi sobrina. 2. Mi nieta. 3. Mi hija. 4. Mi hermana. Algo alegre estoy de veros, dejándome servir tomo gustillo de conoceros: ha pobres villanos, como se ve que sois Caballeros. 1. Es el Rey? Que porquería, calle abuelo, que no sabe la nieta que Dios le cría, yo sola soy docta, y gr que aprendo ya señoria. El engañarlos es chanza. Ensáyese esta mudanza, y a la Reina se la haremos. Pues Galápago bailemos. Vaya. . Buena va la danza. Sean, sean bienvenidos, Quién en mi cuarto. Quién este alboroto. Esta. . Dispone. El hilo nos han roto. Qué es esto? . Idos canalla. Ay mi ralea. . Di como se halla en este exceso ahora una mujer igual? Muy bien señora. Galápago a esa puerta ponte, y avisa, si hay quien llegue, advierta Estuarda tu hermosura, que sin poder pararme en la pintura de tu estrella infeliz, y lo que incluye, te diré en breve el daño que te incluye: tu muerte traen, ya se ha descubierto, Isabel, Federico, Enrique, Alberto, y en rigor tan bastardo a darte libertad viene Eduardo. . Qué dices? Que un veneno ha de matarte, sino acetas el medio de librarte. Confusa estoy, cuando a mis ojos vuelves. Mañana has de morir, si hoy no resuelves. Tu ser peligra, si el designio apruebo. Noble soy, y a tu sangre se lo debo. La acción que intentas, debes declararla. Leal soy, y una traición he de excusarla. Dónde te lleva el ansia de asistirme? Soy Católico, y voy a descubrirme. Señor, el riesgo de tu vida advierte. Amante soy, y estimo en más la muerte. Pues voy, y bien, siendo quien va delante. noble, leal, Católico, y amante. Ya está dispuesto cuanto el medio allana, este dosel encubre una ventana que miras al Parque, en él Clotaldo asiste con una escala, y otra, en que consiste, que subas al balcón, traeré conmigo, y bajaré con ella, en el postigo de los jardines la carroza aguarda, y en llegando Estuarda adonde tiene límites la tierra, entrando en el Canal de Inglaterra, llegaremos a España donde fundo. tu protección, y amparo en el Segundo Felipe, cuya estirpe generosa es, ha sido, y será mansión piadosa, refugio pronto, albergue regió a todos, cuantos Príncipes van por varios modos a buscar de sus plantas el sagrado, que los que le han querido, le han hallado. Cuándo hemos de irnos? . Luego, que ya en la noche el natural sosiego a Londres da quietud. Pues Eduardo en esta cuadra estoy, aquí te aguardo. Tanto la dilación me sobresalta, que aún para agradecer tiempo me falta, Galápago. . Señor. . Cuando yo arroje una Escala. . Qué? un qué? . Tú la recoge, entiendes? . No señor. . Quién llevaremos? Ay que pregunta, ay, hay. . De aquí saldremos solos los tres. . Yo escurriré la bola, que en partida de tres hay carambola, Para todos cerrada esté esta puerta. Para mí, mi señor, para mi abierta. Quédate, necio, vil. . No me atolondres, que hay quien casque muy bien liendres en Londres Hola. . Señora, En mí ya se pasean esperezos mortales, que ya olean. Cierra esa puerta con la doble, y mira que no la abras a nadie. Tararira. . Ay. Jesús quién es? Enrique. Ya esa novedad me asusta: . que mandáis tan adesora en mi cuarto? Esa es pregunta, a que debo la respuesta, sura. y haberla de dar me turba, que no sabe la nobleza ultrajar a la hermo- Menos compasivo os quiero, y más breve, que disgustan estorbos de la lisonja a quien la evidencia busca. La Reina Isabel me manda, por esta cédula suya, que del fuerte de Palacio os lleve a la prisi Zurra. . Qué decís? Lo que me ordena, y lo que es fuerza que cumpla. Brabatas echa, pensando que aquí no hay quién se las mulla? Es posible que la Reina vive de mi mal segura, y que es tan grande el delito que a mi inocencia acomulan, que ni su piedad me libra, ni su protección me indulta? Yo sé opedecer, no sé discurrir. . Si es de andadura el puso de este hombre, es como ha de ser una muía. Calla, que aqueste no es tiempo de gracias. . Lo que divulgan, es; que en los cargos que os hace su demonstración, ayudan permisas, y circunstancias en las políticas justas. A ser rubio este dijera, que era. . Quién? . Válgate Judas, Qué haré Cielos! mas qué dudo? no el discurso a mi fortuna empeoré, que a Eduardo espera, o no le conduzga mi desdicha aquí, pues todo en un lance se aventura, mejor es que yo consagre mi vida al rigor; y supla con mi peligro el peligro del que vive tan sin culpa: Same la cédula, y vamos. Antes es fuerza que acuda al orden que traigo, echad este adorno abajo, crujan esos tafetanes, caigan este dosel de su altura, que la Reina Isabel quiere que estás armas con que ilustra, el cuarto de María Estuarda, al prenderla, estén ocultas, porque a vista de acto igual sus timbres no le desluzcan; y así en lo que puede antes de Reina la degradua, al sacro título estima, la traición inorme acusa, que es con efectos contrarios. el castigo de la culpa, en el, delito justicia, y en la Majestad injuria. Oh quiera Dios que este agravio en mérito me reduzga la paciencia! . Quitad presto lo que falta. . extraña bulla! La procesión ha pasado, que quitan las colgaduras. Cortad los cordones que atan el dosel. . Prevención justa es que esté el dosel quitado, porque se abrevie la fuga, Galápago. . Que estoy viendo! Ten la escala. . Triste angustia! Ah Galápago. . Esta es buena. Qué te has hecho, di? . Tortuga. No te arrojes. . Por que Estuarda? Porque Enrique. . Qué pronuncias? Está aquí dentro. . Esa causa me lleva con mayor furia, qué cueréis? Una prisió vine hacer, mas ya no es una, que al ver que el Palacio escalan hará mi valor dos juntas. Es fuerza que con mi acero hagáis antes la consulta. Esta danza vi en mi tierra una vez. Yo estoy difunta! . Gran mal! (can, ayuda a tu amo. . Si los remedios, se ofus- no es bueno, ahora la sangría le harán, luego irá la ayuda. Rendid la espada. Primero a las vitales ligaduras nomperá el alma. . Qué es esto? Quien con el estruendo tarba mi inquistud? Enrique, Eduardo con las espadas desnudas os veo? decidme. . Ay Cielos! Qué es la ocasión? . Nada. Escucha. Este es paso fuerte? . No. Pues di qué es por vida tuya? Filigrana, que es muy poco pesada, mas tiene hechara. . Satisfacción engañosa me dio ese aleve, y la burla: más pese a mi aliento como este desaire artícula! entregad la espada a Alberto. . Mi mano, la desempeña, solo porqué se mejore: a vuestras plantas augustas. Alberto, vaya Eduardo al castillo de Plemaa; Enrique, quede esta ingrata con las guardías bien segura en el fuerte de Palacio. Que mi valor esto sufra! Señor, siempre como ahora vuestra voluntad se cumpla. Mañana con el veneno que ha de dar muerte a la injusta María, cesará el susto que a tu Corona atribula. Antes ha de suspenderse su fin. . Pues por qué le excusas? Porque más violento sea, porque mi enojo discurra, si es que puede la venganza igualarse con la injuria. Pues yo al fuerte sé por donde se ha de entrar sin nota alguna, y así cuando lo dispongas, verás como se ejccuta. Rayos por los ojos echas, cono gato que está a escuras. Advertid. . Que sois aleve. Reparad. . Que sois injusta: llevadlos. . Venid. . Andad. Grave rigor! . Suerte dura! Aunque el alma, y la Corona, tus acciones me perturban, te estimo, y porque te libres, te he de buscar la disculpa. . Reina ilustre. Eduardo noble. No esté lance. No esta angustia. Por infeliz. . Por violenta. Atemorice . Dastruya. El ánimo. . La constancia. Con que adquieres. Con que buscas. La libertad. . El acierto, Que te aguarda. Que te alumbra. En, venid. . Oye, perdona. Entrad. . Perdóname, escucha. Qué respondes? Que su brazo de los riesgos me asegura. Que la fe que adquirí amante en el alma se vincula. Pues tu amor? . Tu confianza? Guarde el tiempo. El mundo esculpa, En mármol. . En bronce. Y quede contra villanas industrias. Yo reconocida siempre. Y yo enajenado nunca.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Conociendo mi verdad Reina, mudó de intento, que supo a su pensamiento hacer fuerza mi lealtad. Y en fin hoy te llama? Sí. . Después de tanta prisión, que puede ser su intención? No la penetro: ay de mí! Pues cuando libre te ves, qué sientes? Una crueldad. . Vencela. Tengo lealtad. Olvídala, señor, pues. Desesperado remedio reconozco en mi pesar, que si es remedio olvidar, no tiene mi mal remedio. Ay Estuarda infelice! Bien sé que ese es tu dolor, pero otro hay mucho mayor. Miente el labio que tal dice. Pues yo llánimente arguyo. De mayor mal desconfío. Mayor le hay. Mayor que el mío: cual, necio? . Discreto, el suyo, pues de hoy en el breve espacio os halláis, si he de decirlo, ella presa en un Castillo, y tu libre en un Palacio. Ese es mi mal, no es ajena esta pena, mía es, pues la que sentir me ves to cs la mía, que es su pena, o infameseado incrédula tu porfía, verá que fuera a ser mía, el sentimiento menor, pues con crédito constante de la fineza en que ardo, a la pena de Eduardo se añade el dolor de amante: y así claro se probó, que es el mayor mi tormento; pues a un propio tiempo siento como amante, y como yo. Siente más quedó, si quieres, si no intentas que a escuchar llegue Isabel tu pesar, que hoysn mucho las mujeres: vive Dios que es una. . Necio, deidad has de prosegair, que no te sabrá sufrir nada mi fe en su desprecio, pues aunque a Estuarda adora mi amor, a Isabela ama; pero a aquella como dama, y a esta como señora, pues cuando a la inclinación de María mi amor vuela, me detiene de Isabela la precisa obligación, demanera que me hallo con las dos fiel, y constante, en la una como amante, y en la otra como vasallo. Pues si al verte dividido, si antes contigo mi vida tenía buena partida, tiene muy lindo partido, que padezca tu cuidado por damas, no es mucho, no; pero que padezca yo lo que tú por un barbado, es cosa que no se ha oído, y aún es mi daño mayor, que tú estás con tu dolor hallado, mas yo perdido. Deja disparates. . Ya poco a poco hemos llegado al sitio donde llamado eres, y viene hacia acá Clotaldo, Judas aquel que te vendió en buen mercado, mezquino, que no se ha ahorcado por no comprar un cordel. Clotaldo, déjame solo, mucho le importa a mi vida nuestra enemistad fingida, pues no te quieres ir. . Volo, y tomando tu consejo, así te obedezco, adiós Clotaldo, no sois vos menos Judas que el vermejo. Podemos hablar? . Sí, amigo. Dadme primero los brazos. A firvies, y eternos lazos de mi amistad los cosigo. Ya estáis libre. . Y Estuarda? En triste infelice suerte. . Cómo? Cómo injusta muerte su inocente vida aguarda. Declaradme este dolor. Escucha el mal atento. Ya para mi sentimiento se previene mi valor. Fingimos, como sabéis, nuestra enemistad, a causa de averiguar intenciones traidoras, y recatadas; y a causa también de ser en vuestra prisión tirana, de vuestro amor mi amistad medianera, y atalaya, pues el día último en que Isabela declarada tía el rigor, qu investigarle más causas, os prendió a un tiempo, y con vos mandó prender a Estuarda. Si os acordáis, encargasteis con fina desconfianza, como si pudiera ser, que yo a mi amistad faltara, que os avisase del riesgo, que a María amenazaba, pareciéndoos que el saberle su peligro minoraba. Fue el motivo si me acuerdo, de vuestra prevención sabia, ver a Enrique, y a Isabela; que entonces juntos hablaban. Algunas veces se ha visto del corazón a la usanza adivinar las desdichas, pero nunca con más causa debió llamarse adivino el corazón, pues se halla en vos, que para el peligro la advertencia os despertaba. Su muerte como advertí con cifras disimuladas, a vuestra noticia fue la que entonces se trataba. Suspendiose entonces, pero sin saber la circunstancia, presumo que la inocencia avasalló a la amenaza. Duró en este estado el tiempo que en media edad se retrata de medio círculo al mundo, el sol ni fuego, ni nacar. Cuando a los seis meses, duro recuerdo que hoy se señalan; aquel olvidado incendio volvió a renacer ea llamas. Hoy en fin, Enrique, o sea de la Reina aconsejada su crueldad, o sea el de su condición tirana, dispuesto tiene que corte el mejor hilo la parca, que en la trama de la vida tejió providencia sabia. Hoy María ha de morir, y aunque con noble constancia resalví excusar su muerte, resolví, para excusarla sar complice en el delito, gracias a la atenta infamia, que para no serlo es de la apaliencia acusada; pues fiándose de mí Enrique, reparo haga vuestra amistad de que digo, quien hace la confianza, pues si como Enrique es, fuera Isabela, se hallara entre amistad, y lealtad mi resolución cansada. Y en fin creo que venciera la lealtad si porfiara; Enrique, en fin, para ser juez injusto, me señala por compañero, y yo cuerdo le apruebo lo que me infama. Raro es el modo que intenta, y tanto que sepultada su traición quedara al mundo, a ser yo de su alianza. Ordena en fin porque así dispuesto de antes estaba para diferente intento, que por la boca bastarda de una mina, a quien oculta el descuido de unas ramas, de la noche en el silencio tre yo hasta donde se halla fin, que es en la prisión la infeliz Estuarda, ejecutar el delito, teniendo para la entrada, y para la vuelta en él defendidas las espaldas; y este el riesgo, pues siendo mi noble intención librarla, con Enrique es inposible, que a él la desconfianza de la ejecución, sin duda esta prevención le encarga, Este es el riesgo, hasta aquí debí decir, si le halla en vos viva la fineza, como en mi fe la constancia; pues anticipando el tiempo, que Enrique a mí me señala, para el efecto podéis; pero Isábela deshaga el semblante los indicios de la pena, en confianza del logro que os facilito, que porque reparo no hagan, os dejo hasta luego, el Cielo aliente nuestra esperanza. . Quién oyó tanto mal, Cielos! y que sentimiento haya, que equivocándole aleves yerren la mente a mis ansias! Mas si dije sentimientos, y en esta voz se declara que son efectos traidores los que nacen de esta causa, como que maten presumo, pues de atormentar dejaran al acabar con la vida; y así con cautela extraña, matan, y alientan, defienden, para ofender más, abrasan, y no consumen, prosiguen cuando se cree que descausan, y errando siempre el estil de aliviar con ley villaba, cuando han de matar, alientan, y cuando han de alentar, matan; pues vive este inmortal fuego, que me anima, y que me abrasa, que he de librarla, a pesar de traidoras acechanzas. Y Galápago también, o quedar en la demanda. Pues Eduardo, lealtades mezcladas con amenazas, Si vuestra Alteza hace caso de lo que mi amo habla, se volverá como él, pues flaqueza sea, o rabia de padecer sin delito, como él dice, es cosa rara verle hacer cualquiera cosa, porque o habla mucho, o calla con extremo todo, o llora todo el santo día, o canta, o está cazurro, o se ríe; y solo en lo que igual anda es en comer mucho, pues corra, o no corra borrasca, en el discurso jamás se le ha olvidado, que masca, y a cualquier empeño de estos, que se ayude siempre manda, como no sea a comer, que a eso él dice que basta. Con que de aquella costumbre llevado cuando con ansia, decía de no sé quién, que ha de morir o librarla, dije, por hacer ahora lo que otras veces me encarga, y Galápago también, o morir en la demanda, Tan fuera de vos estáis? Yo os confieso que me falta todo lo que no es disgusto. Pues cuando ya in aginaba veros obligado, os veo quejoso? . Es tal mi desgracia, que como la obligación me acuerda la circunstancia, y en la circunstancia os juzgo ofendida, me acobarda mas el favor, pues al ver como vuestra voz me trata, el propio favor que os debo, mi agradecimiento atrasa, pues publicarme obligado, fuera consentir la infamia, y donde no hay deuda, creo, que están ociosas las gracias. Que más claro vuestra Alteza quiere examinar, que agravia Eduardo su favor, y que más claro la causa quiere entender, de la pena, que libremente declara. Válgame el Cielo! que sea tan pertinaz, tan tirana mi pasión, que haga en mi vida lisonja de lo que engaña, y que este aleve. . Señor, que se levanta borrasca. Y que estos agravios sufra quien tiene mi poder: salga si no del alma el afecto, del corazón la venganza. Enrique. Señora. . Oíd, con tragedia anticipada muera Estuarda esta noche. Luego, señora, que caiga la oscuridad de la sombra con la cautela acordada de que se vea el delito, y quien le hace, yo la cetraa ocuparé de la mina, que a la prisión se tres con la lealtad que te y el secreto que me encargas. No sé si esperar podré: tanto la celosa rabia me aflige. . Pues si ha de ser la crueldad disimulada, esto importa. . No la llames crueldad, o ya que la llames, haz que la acción se parezca al nombre ya ejecutada. Pobre del póbrete, que es de esta conferencia la causa: no daré yo por su vida, sus orejas llenas de agua, Quédaos Eduardo! . Yo, señora? . Pruebe mi saña, en grave tormento, puesto que grave tormento causa. Qué quiere Isabel? Que muera Estoarda. . Lo que manda el Rey, se ha de obedecer, cuidado con las palabras, por si el viento tiene oídos, Así queda asegurada nuestra intención, y segura la Corona a mi esperanza. . Fuéronse? . Un poco no más, Pues salga del pecho, salga al labio otra vez la pena, que tuyo el respecto en calma, Quejémonos. . Tú de qué te has de quejar? . Yo de nado; pero no tener de que quejarme, pienso que basta. Ay Galápago? . Que hay. Ay! que Isabela irritada, conspira contra mi vida resoluciones tiranas: pero que digo? en que ocupo, ata importancias. po de si en cada instante p está peligrando el alma. Vamos. . Dónde, señor mío? A buscar. Solo aguardaba veros solo. . Y solo veros, es lo que yo deseaba. Cómo es esto, vive Dios, que en este negocio hay manía. Pues, Clotaldo, qué remedio. discurrís en mi desgracia? Vuestra resolución. . Esa está en mi fe asegurada. Y en fin os resolveréis a librar. . Ved, que se agravia. en vuestra duda mi amor. Y vuestra lealtad? . En nada soy traidor. . Pues Isabela? Está irritada sin causa, que Estuarda no la ofende; sino en ser muy desdichada. No obstante su muerte ordena. Es injusta la venganza. Si ella gusta? . Aunque ella guste, pues mi empeño se declara, por Católico me toca la defensa de Estuarda. Pues seguidme, y porque nadie lo note, sea en distancia, que ya Estuarda advertida de mí, libertad aguarda, por vuestra mano influida, de todas las circunstancias, que ha de contar el suceso. La vida os debo, tu aguarda con dos caballos, del parque en la oculta verde estancia luego que baje la noche. . Pues voy, que la noche baja. Amor, y lealtad pudieron en porfiadas balanzas, tener su penso con accionas encontradas; pero al amor se añadió, porque vencedor quedara, la parte de la piedad, que Católico me aclama: más Clotaldo ha de advertir, él atento que repara en que yo debía asistir a Isabel, cuando ignoraba la luz de la fe que hoy sigo con lealtad avasallada, faltando a mi amor, mas hoy la nueva razón me manda, que en dos afectos distintos, que en dos diferentes causas, como Católica libre la que arriesgué como dama. Seguidme. . Vuestro peligro solo. . No le tengo en nada, que al propio tiempo Isabel su asistencia me señala. Ignorando lo que Eurique en la ejecución me encarga, cuidad vos que el suceso no peligre en la tardanza. . Pues a emprender: ah fortuna: esta acción mi amor te encarga, y por esta acción te ofrezco el culto de la constancia. Gileta? . Qué. . Cortesía, oigan la mal enseñada. Qué manda usted? No me agrada. Pues qué manda señoria? Tampoco eso me aficiona. Pues qué ordena, Margarita? No. Pues qué Margarita. . Mas. Pues qué, Margaritona? V grosería le, qué? es de mi viudo primor olvidar el esplendor, que manda su du eñería? Y sabed que ha habido fieros duelos, hasta engarrafarse sobre el modo de tratarse entre dueñas, y escuderos, Al escudero barbón, de escudería se trata, dueñería a la beata, seña de la dilación: con que si alguno en mis días rompe estos fueros honrados, me le comeré a bocados. Y con que, con las encias? Dientes tengo, oiga loco. Yo no los veo Es notorio. Adende? En un escritorio: Mas vale aí que en la boca. Métemé el dedo refrías verás si puedo mascarle. No, pero sabrá chuparle. Pues soy bruja. Es dueñería. Eso es lo que yo merezco. Siempre habéis de estar lidiando. Yo señora estoy rezando. Y vos? Yo señora ofrezco. Pues retiradas las dos a esotra pieza, cantar podréis, que un poco el pesar quiero divertir. . Adiós. Mas porque sola no estés, ya que gustas de que cante, sea aquí. . Es qué distante más blando el acento es. Ya habla con términos grav escucha Gileta. . Escucho. Di, piensas que saber Se lo poco que tú sabes. Con esta Música el ruido, que aguardo, tapar conviene, que mientras se canta tiene ocupación el oído. Esta la pieza ha de ser, según a Clotaldo oí. de mi libertad, en mí dice quien es el poder: oh vana ambición! Oh vana posesión de la ruina, si el que te buscó diviva, llega a verte cómo humana! . Pero la queja importuna, deje el estilo veloz, mientras explica la voz. la que dicta la fortuna. Es un engaño el poder, que ocupa la fantasía, bien, que no pasa de un día, y está fuera de su ser. Esa concepto infelice que apropósito llegó, sin duda conmigo habló, en su sentencia, pues dice. Es un engaño el poder, que ecupa la fantasía, bien que no pasa de un día, y está fuera de su ser. De la vanidad ufana, Reina aclamada me vi; pero aprisionada aquí deshago la pompa vana, allí casi soberaba, me vio el común parecer: mas llegando a padecer aquí por aquel engaño, hallo que para mi daño. es un engaño el poder. De ajena voluntad nace. el poder del soberano, quien de lo que da otra mano discreto vanidad hace. Vea el que se satisface mal, y hallará en su porfía, que esta humana idolatria, mirada con atención, no es más de una presunción, que ocupa la fantasía. Aurora llama al nacer el estilo de vivir, y la usanza de morir, noche llama al fenecer, llamarse bien el poder, es propia etimología, pues si toda esta armonía tiene un día, y no cabal, como goza el que obra mal, bien que no pasa de un día. A engaño común que ceño pones a la voluntad, y con presa libertad de la traición de tu dueño, vuelve el semblante alagüeño, a mi injusto padecer. La vanidad del poder te obligue a librar mi vida, que está en mí como rendida, y esta fuera de su ser pero parece que el Cielo mis tristes voces oyó, según el ruido llego por mi oído a mi consuelo, proseguid, quiero cerrar la puerta de la prisión; pues para la ejecución abierta puede estorbar. Afable el amor fuera, por su ser; mas por el poder se llama traidor, como amor, favor, suele prometer, y hace padecer, como superior. De que llega mi desvelo al retiro de María, es crédito esta armonía, que este es estilo que el Cielo tiene al enseñar el día, no me engañé pues la vi, luz que a los cielos se encumbra, tan rara que al verme aquí, aunque me ciega, me alumbra, porque no salga de mí, bella deidad perseguida. Valedor de una infelice. No te quejes de acatada, que tu beldad contradice la desgracia de tu vida. Sí quiere tu entendimiento que no te estime esta acción, mi queja disculpa atento, pues quitarme la razón es buscarme el sentimiento. Qué dices tu agradecida? A lo que te debo sí. Que presto hallaste salida: tú que me debes? . La vida. La Fe te debo, y a ti; pero porque me acobarda tu peligro, esta licencia permite bella Estuarda, y disculpe la indecencia, la libertad que te aguarda, sígueme, llamaronme? . Sí. Sinduda, Enrique (ah traidor!) me siguió al entrar aquí. Qué haremos? . Fiero rigor! también llamaron allí. De dos daños el menor, es que un guarda aquí te vea, allí retirado sea mi defensa a tu valor. Lo que haces mira. Ay de mí! . Prima, pues de que asustada estas? cuando acompañada te hallo en la prisión así, cuando por creer su muerte yo la vine a examinar. A Estuarda he de librar, y ha de ser de aquesta suerte. De algún traidor defendida: hola, traed luz, traición. Esta es mi resolución aunque me cueste la vida. Aquí en vano te conduces a que tu intención advierta, tome la guarda esa puerta, y pida desde ella luces. Ya lidiando con la muerte de Clotaldo, por la mano, estará Estuarda, es llano, según el ruido lo advierte: Clotaldo lograste ya? Fingir aquí me importó. . Tu intento. Del todo no. Pues dónde tu esfuerzo está? ve, y espérame, que quiero, pues llegué a tanta ocasión, que sea en la ejecución, Juez, y ministro mi acero, Si haré con valor constante, sigue mis pasos. . Si haré. Fortuna ya te logré, Suerte, no mades semblante, Lograrase mi rigor pues te hallé. . Mal tu desvelo podrá hair. Válgame el Cielo! Qué es lo que intentas traidor? Bien sucedió según veo. Tente aleve, o morirás, teñirle le abona más, tu traidor, ni en el deseo. No se que asombro, ay de mí! hallé en su amago cruel, que el último estrago en él de mi ruina temí. . Señora. No os disculpéis, que ya el yerro conocí, y si lo creéis así, lisonja a mi amor hacéis. No obstante por la apariencia muera, aunque sea mi hijo. Lo que le culpáis, colijo, que asegura su inocencia. Vos, Clotaldo. . Su persona ocupe yo prevenida, riesgo tiene mi corona. Quién según eso, libró a Estuarda? . No lo sé, aunque embozado encontré a un hombre. . Ese libre yo por esa boca, creyendo ser Clotallo el que había entrado. Pues con ese se ha librado. Que sea el hombre comprendo, parcial de Arnesto, y pues es la traición tan conocida, los dos paguen con la vida la culpa, seguidlos pues. Librarla por aquí fue ocioso, que yo en la puerta, que a esa corresponde, cierta guarda, señora, dejé. (do. Yo propio los prenderé; sígueme Enrique. . Ya voy, Clotal- h, . Asistiendo estoy a la Reina, mal podré librarlos, que el tiempo breve les malogra la intención. Muera quien con tal traición al regio poder se atreve. . 1. Solo de Enrique, soldados el orden guardar debemos, muera el que osare romper sus inviolables preceptos. Cobardes, vuestra traición será de otras escarmiento. En mi sombra tropezando, de mi propio alivio huyendo, sin saber donde (ay de mí!) las cobardes plantas muevo, librarme creyó Eduardo, por aquel tosco bostezo, boca del horror, con tantos temores, como esperezos, cuando al llegar defendida de mi congoja y su esfuerzo, al parque donde fenece su melancólico ceño. De infame tropa el valor asaltado, de sangrientos ministros, de la traición perseguidos, fue el remedio; vibrar Eduardo noble el siempre invencible acero, y apesar yo de la fuga al desválido consuelo; mas sin saber donde, pues la poca práctica, y el fiero sobresalto, y el oscuro estorbo del triste centro me embarazaron, mas ya que de la luz el reflejo uso, da a la vista gracias al hermoso albor risueño, sepa mi desdicha a donde estoy: válganme los Cielos! No es este el sitio infelice de dónde salí? y el mismo peligro en que en él me aguarda? Para esto mis ojos vieron? para esto los resplandores del Alba brillaron bellos? Mas cuando ha faltado luz para ver un desconsuelo que aguardo; pues si mi vida está examinando el riesgo, que con indicio de libre este instante no aprovecho? Por esta puerta que digo hagamos mejor acuerdo discurso que pues aquí me guió mi deshacierto, sin duda alguna que aquí se me previene el remedio. Tres veces libre me he visto, y otras tres presa me veo, no le debe de agradar esta libertad al Cielo, pues si al Cielo no le agrada; porque la procuro en esto, pudo haber yerro hasta aquí; pues enmiéndese aquí el yerro, y este rato más que puede excusarme al rigor fiero de norte me sirva para encaminarme al hacierto: mas si reparo en la culpa que me acarrea estos riesgos cuál es la que cometí? ninguna; pero si en esto no la tengo, en otra cosa debe de estar el defecto que cuando Dios nos castiga, Juez perfectamente es bueno, no es sin causa, y pues se debe creer que este juicio es cierto, el que sin culpa padece, no es que no la tiene, puesto que la que le impoben dude, pues el más justo, el más recto, no supo librar su vida del peligro de un despeño. Dichoso el que a Dios dédica sus injustos desconsuelos, y el que en el mundo asegura de su trabajo su premio; yo me resuelvo a que sepan que estoy aquí más que tierno. Cariño es el de la vida: hola, no extrañe el afecto la constante fe del alma, guardas. 1. En este aposento dan voces. Seguidme, tú: pues cómo puede ser esto? Llamante porque veas lo que tu amenazo temo. Si no me llamara usted, aún estuviera durmiendo. A la hora de ahora yo, ya estoy de dos, o tres sueños. u, , Ah fortuna aleve! mas qué es lo que mis ojos vieron? Señora, pues como. . Ignoro esto propio que estoy viendo. Pues Eduardo, que fue, según publicó en su empeñ el valor de Estuarda a todo el poder opuesto de su génte, defendió. su desesperado intento, hasta que el causancio, y sangre que cobró, y perdió a un tiempo, casi cadáber, señora, nos le entregó prisionero. Rendido no, si infeliz: a tus pies llego, y en ellos con la humildad de un vasallo, rindo señora, el acero; ay infeliz Estuarda! Ofendida de su fiero delito, no determino la pena que darle debo. Si te canso con la vida. Si con la vida te ofendo. Qué aguardas? Qué esperas? . Cuando. en la muerte alivio espero. Cuando en la muerte descanso, Ea, callad, que no quiero, que te apartes de la vida tú, para que más tormento tengas, que en la muerte muere tú, con que tus sentimientos sundo toda mi venganza; pena al duro embate fiero, de ver morir lo que adora, y para ograr mi intento llevadlos a un cadahalso, a ti, y a ti, al dolor tierno, deberla morir testigo, de su suerte infeliz: ea, que aguardáis, llevadlos: En la ley que viví, muero; a Cristo, y a su ley santa: firme en la muerte confieso. Yo, y todo. . Blasfemo calla, no haga caso tu despecho, que no basten mis piedades a defenderte del riesgo. Ay que de mí no hacen caso, Por ahorcarme estoy de verlo, Creo que aquí te aborcaras, solo por ahorrar el Credo. Señor, mi espíritu humilde. en vuestras manos, ofrezco. Hay la prisa que se han dado! Es por acabar con ello: mas de armonía suaye todo el aire se ha cubierto. Lleguemos al cadahalso. Lleguentos. Par Dios lleguemos. Te Deúm Laudamus, Al apacible rumor. Al blando, y sonoro acento. A esta armonía agradable. Me ofrecí. . Me acerqué. Llegó. 3. Dudando el misterio grave. Dejadme, mivistros fieros, dejadme morir a luz de estos hermosos luceros: que gloria! Qué tirabía! Qué sin razón! Qué consuelo! Qué pena! . Cesó mi mal. Pues si cesó fin le demos a la Comedia, pagando lo que le costó al ingenio.
