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Texto digital de Reinar por obedecer

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Juan Bautista Diamante Probable ySebastián de Villaviciosa Probable yJuan de Matos Fragoso Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Reinar por obedecer. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/reinar-por-obedecer.

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REINAR POR OBEDECER

JORNADA PRIMERA

Déjame tomar aliento, supuesto que hemos llegado. Qué te sientes tan causado? Si señor, y aún no me siento, pero referirte cuadre de esta prisa la ocasión. Es cumplir la obligación de obedecer a mi padre. Si es esa la carabana con que llegamos corridos, para ser mal recibidos, no era lo mismo mañana, y no juntar dos jornadas a la brida en dos langostas, dos espinazos de postas, más buidos que al maradas? Escribiome que viniese, y yo a mi padre escribí, que hoy llegaria: y así no por pensar que tuviese cuidado de mi tardanza, que no le debo a su amor, sino por si en su rigor mi obediencia hace mudanza, vengo como has visto aquí. A que te riña cruel. Esto tocarale a él, pero esto me toca a mí. Que me admire no te espantes que a Bolonia hayas dejado, adonde habemos pasado vida como de estudiantes. Noble aplauso has conseguido en las letras, aunque poca ventura. . A mí no me toca mas que haberla merecido. En la ventura oscurece el merito la esperanza. Mal dices, que el que la alcanza es solo quien la merece, con que debo agradecer a la suerte mi pesar, pues me deja que alcanzar, y no me da que perder; pero muy tarde llegamos. Cenado sin duda habrá, . mas no que bailando están, a linda ocasión entramos. Atiende, que a lo que infiero, guitarra en la calle sueña, que será? Que andará en pena, el alma de algún barbero, o que tu padre, y tu hermana, como no nos pueden ver, nos reciben con placer. Ha pensión de honor tirana! que pudiendo ser ajena esta causa, como entiendo esté yo por fuerza haciendo, que sea mía la pena. No puede ser, claro está, que haya en la calle otras damas, con cuyas divinas llamas, ardiendo este afecto está? Bien puede; pero no es sabio escrúpuló el del honor, y de dos males, mejor es prevenir el agravio, Pues el que llega a excusarle, cuando el se está convidando, no hace más de irse quitando las razones de vengalle. Mas qué digo necia lucha, la sinrazón que me inquieta, que Laura noble, y discreta, y es mi hermana: pero escucha, no volvieron a tocar? Si volvieron, esto es hecho, mas no importa que sospecho, que tocan para cantar. Oye, atiende con cuidado, quizá la letra, el intento nos dirá. . Sí, pero siento que nos lo diga cantado. Laura, en vano tu rigor da fuerza a tu tiranía. Laura dijo? ah suerte impía! cuanto me fuera mejor, no haber curioso escuchado! pues de aquel que escucha, infiere siempre contra lo que quiere, el que nace desdichado. Mas Laura ocasiones da a que mi honor de esta suerte se manche, pague su muerte: más muy posible será, hallar en ella disculpa, cuanto el pensarlo me agrada, que nunca el ser celebrada, fue de la belleza culpa. Y hay hombre, que inadvertido contra el honor de la dama, hace a costa de su fama, gala de favorecido. Pues estando despreciado, en el modo de emprender, atrevido da a entender, osadías de premiado: confuso estoy. . Yo difunto; mas que si sueña el reclamo, que le da gana a mi amo de echarles el contrapunto? Ven Garulla. Adónde vas? Acerquémonos a ver. si alguien puedo conocer. Él les echa el contrapunto. Quién será el desvanecido, Nise, a costa de mi honor, que hace mi nombre favor, groseramente atrevido, pues a mi hermano esperando, que hoy había de llegar, mi nombre oí pronunciar? Gerardo será. . Pues cuando de mi licencia alcanzó su necia descortesía, para hacer de su porfía alarde en mi ofensa? . Yo solo sé que de tu puerta, señora, ausencia no hace, desde que el Aurora nace, hasta que el Alba despierta. Pero pues aquí nos vemos sin ser de nadie notadas (cuales somos las criadas) te suplico que escuchemos. No, Nise, y has de entender, que las que a opinión aspiran, no han de mirar si las miran, sino que las pueden ver. Fuera de que si este necio supiera que estoy aquí, pudiera atreverse a mí, pues le atrevió a mi desprecio, y así sin hacerruido, sígueme, que esto ha de ser. Ya te voy a obedecer: bravo rato me he perdido. Mejor desde aquesta esquina proseguiréis. . Es posible que te resuelvas terrible a tanto arrojo: imagina que es Alberto caballero, digno en Bohemia de honores, en sangre de los mavores, sino en caudal el primero: y que aunque su hermosa hija es causa de tu pasión, nunca te ha dado ocasión a este escándalo. . Corrija tu labio más lisonjero la advertencia, que me ensado cuando te busco criado, de encontrarte consejero. Solo mi lealtad, señor, y el riesgo de tu persona, es quien mi razón abona, pues si de Enrique el valor por ti se llega a ofender, no dudo de que valiente vuelva por sí, y aunque ausente sepa su honor defender. Es miedo, o buena intención? Es deseo de acertar. Pues deja, Floro, cantar, no se pierda la ocasión Y repara en que advertido para otra ocasión te dejo de que el primor del consejo consiste en que seapedido. Pues cuando pedido está tanto a la razón se mide, que le halla el que le pide, y le logra el que le da. Laura; en vano tu rigor da fuerza a tu tiranía, que aunque es grande tu porfía, es mi esperanza mayor. Lo que puedo penetrar es que no le admiten . Pues si señor, que aquesto es cantar mal, y porfiar. No parece que han oído: proseguid. . Ya es cobardía sufrir tanta demasia: mas que hago inadvertido? yo por sentido me doy, complice en mi propia ofensa? mas si el pundonor lo piensa; sin doda ofendido estoy; pues el que llega a entender del duelo en toda razón; que está sin satisfación el que la ha menester. Cantad. Caballeros. . Malo. Que esa calle me dejéis, os ruego. . Aquí la tenéis, pero en yéndome yo. Paló. No os vais? No causaisme risa. Que me hacéis gusto os con- Pues porqué? (fieso. Porque con esto la dejaréis más aprisa. Seores músicos, andar, no los cogeran con redes: esto no les toca a ustedes, porque ese es otro cantar. Algo despicado quedo. Pues ellos bien hampicado. Es muy valiente un honrado. No hay más valiente que el miedo. Pero que Gerardo aleve a mi honor se haya atrevido! Luego tú le has conocido? Sí, que él es el que se atreve a tener, y apresumir, de su fama digno ajuar, maña para deshonrar, sin valor para renir. Pero pues ya sé quién es, sagaz, y advertido, intento de todo su atrevimiento cobrar mi noble interés. Averiguar solicito los quilates de la ofensa, para hacer la recompensa a medida del delito, y al indicio menos fuerte: su culpa castigaré, y en su sangre lavaré mi deshonra con su muerte: y en conmigo. Eso me agrada, que ya el sueño me rindió. No vamos a casa. . No? pues adonde? A una posada. No penetro tu intención. Así me satisfare, y a mi casa llegaré. Cuando? En mejor ocasión: yamos donde se corrija algo el descanso perdido. Vamos, señor, que esto ha sido mala noche y parir hija. . Embajador de mí mismo vengo a verben la Duquesa mi mal halla algún alivio: pues del de que vi en Bohemia aquella humana deidad, aunque iguorando quien sea, vive todo mi albedrío esclavo de su belleza Este, señora, es el Duque de Ferrara; y con cautela, por verte, sin duda alguna, se fingeEmbajador. . Cuerda es su intención, muy bien hace, quien cuando casarse intenta da su elección a sus ojos, para no engañarle en ella; pero el Duque más discreto ha obrado de lo que piensa. En que señora? . En venirse Otanio, a que yo le vea, pues me saca de una duda. Cuales, permite que sepa. Diu. Jungue que me obligaria, y me ofende su presencia: mira si ha andado advertido, pues con una diligencia se llevará un desengaño, y otro desengaño deja. Muy hermosa es Margarita. Y dicen que muy discreta. Fingiré llo conocerle, para obrar con más licencia. Proseguiré la intención, aún más por la conveniencia, que por voluntad, supuesto que ya la mía es ajena. DiEmbajador tu embajada Perdóneme vuestra alteza, que divertido en mirar su cielo, absorto en su esfera, ciego en su luz, elevado en su hermosura, suspensa el alma en un bien glorioso, mudo me dejo discreta: pues embargó prevenida las voces al labio, y era, para espúcaros mejor, con que a la intención atenta, como en el cielo se calla, no tuvo que hacer la lengua. Mal en el cielo os hallasteis, pues olvidáis tan apriesa tila, lo qu tan contra la opinión vuestra. Pues hablar para fingir es hyerro de quien le alienta, y errar nunca fue cordura; bólucos al cielo, siquiera por parecer en el cielo mas discreto que en la tierra. Qué callé me habéis mandado? No digo, si no que sea lo que hablaréis, lo que el Duque dice, porque yo lo entienda. Pues esto dijera el Duque. Y esto yo le respondiera. Mas volved a lo que os toca, que aunque la persona vuestra representa la del Duque, es solamente en aquella acción para que os envía, que es grande la diferencia que ay de dueño a Embajador. No os salgáis de la materia: y volviendo a la embajada, proseguid con advertencia, que no os sufriré criado, lo que Duque no os sufriera. Mucho siento disgullaros. Entendida es cono bella. Si tuviera el alma libre, suyas fueran mis potencias. Poco gusto a Margarita le da la embajada, Celia. Más me ha parecido, Porcia, efecto de su entereza. Pero lo que erro el estilo, enmendará la obediencia. Federico, de Ferrara Duque, de quien si onjera combra la fama en aplavios, todo cuanto paga en lenguas, Atento al palado estiso, que la antiguedad acuerda de unirse estos dos Estados, por comunes conveniencias. Y atento a que vuestro padre en su testamento ordena resucitar la memoria de aquella edad, porque en esta renueve el tiempo con paces; lo que envejeció conguerras. Dice, que habiendo pasado más plazó del que debiera gastar la resolución de cláusula tan discreta. Y que habiendo pretendido con embajadas, y muestras de rendimiento, obligaros a que cumpláis la promesa que le hizo vuestro padre, y sus méritos granjea. Por cuya causa en la baina tiene la espada suspensa, biando el uso de la ira, torpe el filo de la ofensa, ocioso el furor del brazo, y olvidada la soberbia Siempre le habéis respondido con engañosas cautelas, sin que se atreva el arrojo mas que a quien os aconseja, Pero que pues olvidada os mostráis de aquella deuda, que juzgarlo a otro desprecio, no cupiera en su grandeza, ni en la rara discreción que de vos la fama cuenta, os advierte en mi su voz (permitidme esta licencia. Escuchad, nobles de Parma; por mí os avisa su queja, que si en término del plazo, que han permitido las treguas, cumpliendo el orden del Duque, no lográis que la Duquesea sea en yugo venturoso, iris de vuestra tormenta, refugió de vuestro riesgo, de vuestras vidas defensa. La mano de Federico, que agora miráis abierta, para el ruego enamorado, veréis que empuña severa la cuchilla valerosa, de cuyos silos se acuerdan para mil victorias suyas, más de mil ruinas vuestras. Pues al amago más leve de su desaire, sangrienta veréis la tierra, abortando muertes, ruinas, tragedias, sin reservar de la fana de mi vencedora diestra, digo de su airado enojo la disculpa menos necia, la culpa menos osada, la menos creida ofensa. Correrá el Po, en vez de plata, de vuestras vertidas venas, liquido coral, que sangre es el llanto de la pena. Nada se defenderá a su razón, y a su fuerza, todo arderá a su coraje, se rendirá a su violencia, sujetará a su poder, perecerá a su fiereza, se estremecerá a sus iras, si no os defendiere de ellas para ser de Federico la mano de la Duquesa. Cesia, Embajador. Señora, mire atenta vuestra A lo que responde, que tiene dificultad la respuesta. n. Si necio, si inadvertido de quien soy, ya no te acuerdas, la Duquesa Margarita, aún más que por su belleza, por mi valor respetada, no has errado mas si piensas. habiéndome conocido, que de tu amenaza necia has de coger algunfruto, escucha para que veas del susto del corazón en las palabras las señas. Cuanto a que la antiguedad, o con razón, o sin ella, vniese a Parma, y Ferrara, fuese miedo, o conveniencia, no me opongo, pero digo, que para que yo pretenda mudar ese estilo, basta saber que esas causas sean las principales, a quien es forzoso el ser opuesta, porque ni el temor me obliga, ni la vtilidad me fuerza. Pero en cuanto a que mi padre, porque ordenado lo deja, su palabra es ley señera, y siendo injusta, bien puedo derogarla, sin que ofenda mi obediencia su decoro: que si él vivo pudo hacerla, puesto en el lugar que ocupo, con autoridad saprema, yo que en su lugar estoy, muy bien puedo deshacerla. Fuera de qué es tiradía, que tan infelice sea un alma, que en su albedrío razones de estado quepan. Porque si fue el privilegio que dio el cielo a la grandeza, tener dominio en los otros, y es ley de naturaleza tenerle el señor, no es para que en si no le tenga: en que el sujeto Real del común se diferencia? Si obra el Rey sin albedrío, y el vasallo con el Reina, que tiene menos el alma del Rey, ya que más no tenga, porque ocupa mejor vida, ha de vivir más sujeta? En qué quien obra forzado de un muerto se diferencia? de que le sirve la vida, si no ha de vivir con ella? Y así, Embajador, dirás en este punto a su Alteza, que como en él albedrío no halló lugar la obediencia, no cumplo lo que mi padre le ofreció, para que entienda que no la debe cumplir, quien no hace la promesa. Y en cuanto a haber dilatado este tiempo la respuesta, debe estar agradecido su afecto, si considera que le dejé la esperanza, que desde luego perdiera, si respondiera, que siempre mi resolución fue está, Pero en cuanto a que me asiste el recelo de que vuelva a renovar el rencor: dirás, que entendido tenga, que desde luego le aguardo en la campaña resuelta, trocando las telas ricas a las aceradas piezas; el ocio al bélico asalto; a la femenil flaqueza, el ejercicio robusto; la mano al descanso hecha, al duro acero afilado. Y que si acaso le encuentra mi osadía, del tu multo en la singular contienda, blandiendo el enjuto fresno, promro el golpe de la espuela, y haciendo que olvide el bruto la sugeción de la rienda, para rendirle, advertida me calaré la visera, porque no pueda decir, que le venció mi belleza. Esto le dirás; y tú, cuando a otra embajada vuelvas, advierte que la hermosura se ofende con la fiereza. De la soberbia se agravia; que aunque amor dicen que es guerra, se obliga del agasajo, el alago, la fineza, que no es muro un albedrío, ni una dama es fortaleza. Con tal desprecio me envías? Sí, porque vuelvas apriesía. Pues Parma prevente al trance. Yo responderé por ella. Porque armado. Porque armada. Porque altivo, Porque fiera. . Federico. Margarita. . En tu ofensa. En tu defensa. Todo su poder pondrá. Acrecentara sus fuerzas: no te vas? Ya te obedezco: en el alma llevo un etna, un desprecio, que me obliga a pensar, que es más que tema. Un volcán llevo en el pecho, de pensar que su soberbia si trajo alguna esperanza, pueda volverse con ella. . Supe enefeto que Enrique fue el que atrevido, y resuelto nos envistio aquella noche. Y dé que lo sabéis? . Selo de que ines, una criada de Laura, a quien yo granjeo con dadivas, y promesas, que la noche del suceso me aguardana prevenida, le conoció: y yo lo infiero de haberle visto otro día salir de su casa; y luego de saber que ha procurado con amenazas, y ruegos informarse del estado en que está mi galanteo. Y decidme, sabe Enrique, que sois de su ofensa dueño? No, porque de su pasión lo hubiera dicho el extremo, y yo lo hubiera sabido del indicio más pequeño. Con todo, amigo Gerardo, me parece buen acuerdo, que salgáis de aquesta duda con Enrique; y que supuesto que vuestra intención será aspirar al casamiento de su hermana, aseguréis de su valor vuestro riesgo, hablándole en la materia, con que lograréis a un tiempo, no despreciar el peligro, dicho y conseguir el deseo. Pues quien, Leonardo, os ha a vos, que casarme quiero? Luego no queréis? No amigo. Ahora acabo de entenderos; oy aunque veo que hacéis mal, ya Gerardo, con vos vengo, que a mi me toca advertiros, y acompañaros: mas puesto (que no sirve la advertencia, no os hablaré más en ello; aquí me tenéis, obrad como os estuviere a cuento: mas decidme, que intentáis? Es, amigo, lo que intento, que me vea Enrique, a fin de penetrar si recelo de mi ha concibido alguno; porque al primer movimiento de declararle en su ofensa, le he de dar la muerte fiero; a cuyo intento he venido efiado de vuestro aliento. Pues él, y el criado ahora (dado salen de su casa. Demos a entender, que otro cuy enos ha traído a este puesto. Hombre de dos mil demonios estabas loco? qué has hecho? a tu hermana un bofetón? huyamos de aquí? qué temo, que si el vicio nos columbra, te ha de poner como nuevo. Garuila, sin vida estoy: llegue, como viste y cuerdo quise averiguar su culpa; tratome contal despego, que ni una palabrasola logro en su abono mi ruego, Llamó la cólera al alma, a la razón el despreció, el pundonor a la ira, la demasia al respeto. Y a todas esas llamadas dieron respuesta los dedos? Sin mi obre, ya se conoce: ciego estuve, ya lo veo. Pero en fin la sacudiste? Y sin razón; porque es cierto, que no puede una mujer quitar que un hombre sea necio. Y qué hemos de hacer ahora? En viendo a Gerardo muerto, porno olvidar en mi honor, ni el descuido más ligero; partirme a Ferrara, donde con la espada, y el esfuerzo, mudando de cielo, mude las influencias del cielo. Quizá si el lugar les quito destinado a mis sucesos, se enmendara mi fortuna; pues negándome a su encuentro, lo que varie la causa, variarán los efectos. Pues vamos, señor, apriesa, que llega tu padre. . Necio, pues cuando llega mi padre, sabiendo que le venero, me aconsejas que me vaya? Si señor mío, que temo de su condición severa, si acaso ha sabido el cuento, que ha de haber manifatura, y hallarme en ella recelo, porque no venga a tocarme, lo que al que se mete en medio. Pues cuanto peorserá, siendo este su pensamiento, malogrársele mi amor; y que a mi padre indiscreto no le lograra yo un gusto, por un excusarme un desprecio? Esperad, inadvertido, osado, atrevido, necio, que a quien hicisteis la ofensa, la vengará. . Dicho, y hecho. A vos os busco. . Señor, aquí me tenéis sujeto. Parece que disgustado con Enrique viene Alberto? Como injusto, como altivo, a la razón desatento, la mano en Laura mi hija puso vuestro atrevimiento? No es vuestrahermana, que es falso este nombre en vos, supuesto que no sabéis merecerle, aunque le gozáis, que es cierto, que aquello que no merece el que lo goza, es ajeno, pues lo quitó a la justicia del propio merecimiento. A mí en ella me ofendisteis, pues viendo lo que la quiero, empañasteis mi alegría de su rostro en el espejo. Yo soy, pues, el agraviado, ya mi quisisteis soberbio hacer el ultraje, pues mi imagen en Laura viendo, no templasteis el impulsó, sino inobediente creo, que por mirarme en su cara, la perdisteis el respeto. Y pues soy yo a quien le toca de esta ofensa el desempeño, esto debo hacer, cobarde, en buena razón del duelo. Señor Alberto, que hacéis? Qué miro? valme el cielo! testigo Gerardo ha sido de mi desaire: mas quiero satisfacer a mi padre, que es lo que obediente debo, que después verá Gerardo, que no ha llegado a mal tiempo Reportaos. . Inadvertido. Vive Dios que le dio recio. Tomad, señor, el bordón, satisfaced vuestro enojo (- en mi arrojo, si mi arrojo (̱. causó vuestra indignación. Mas no sepáis la ocasión de mi atrevimiento justo, porque aunque haya sido injusto el enojo que mostráis, no quiero que la sepáis, . por no daros un disgusto. Que no ofenden estos palos, al común discurso cuadre, que los castigos de un padre son para el hijo regalos. Para que no sean malos los castigan, no os asombre, que de Diosos de el renombre, por no ofenderme de vos, que alos castigos de Dios no tiene defensa el hombre. Cuendo enojado os mosráis me hacéis favor, pues colijo que me llamáis vuestro hiso, pues como mi padre obráis. Si de esto no os disgustáis, os ruego que le toméis. aquí señor, le tenéis, y a mi contento; pues cuando mas os mostráis castigando, más mi padre parecéis. Rara obediencia! Tomad. . Alza, hipócrita, del suelo. Minad, Leonardo, de quien todo mi valor recelo. Mas que si este hombre no calla que ha de llevar pan de perro. Gerarde de mi obediencia juzgo que se esta riyando: dadme, señor, vuestra mano. Si no se ablanda es un suegro. Rara adversión es la mía con su obediencia, no entiendo la causa; pero sin duda, cuando injusto me confieso, es providencia de Dios en mí su maltratamiento: y no me quiero oponer a la voluntad del cielo, si no es que sea disculpa de mi condición: y atento mi natural, haya hallado para no obrar como debo este pretexto, que nunca falto a la culpa pretejto. No medáis la mano? . No, y antes os mando, soberbio, que dejéis luego a Bohemia. Para obedecerte quiero no dejar a que volver: y pues dos razones tengo para matara Gerardo, de honor en el primer duelo, de desprecio en el segundo, con una venganza itento, que el que me juzgo ofendido, me conozca satisfecho, creyendo que mi valor no peligra en el respeto: saca la espada, Gerardo. Para ofenderte sangriento. Qué haces, Enrico? Cumplir . dos obligaciones, puesto que así a ti te satisfago, y yo de un traidor me vengo. Mirad que vengo con él. No importa, hijo, que aunque viejo lo que le toca a la sangre, no lo echa el cariño menos. Malano el viejo, y cuales. Muere. Muerto soy. Laus Deo. Ea, Enrique, ponte en salvo, Mucho al destino agradezco verte parecer mi padre. Anda que no es tiempo de eso, ve a probar mejor fortuna. Damelos brazos. . Ya siento que sea fuerza ausentarse. A Dios padre; mas primero este bordón tomaré, y podrá ser que algún tiempo por él mi humildad alcance de tanta obediencia el premio: testigo le haré en mi honor, padre de mi sufrimiento, ven Garulla. Señor, vamos. Hágate dichoso el cielos deseo que no se vaya, y a decírseso no acierto. DA oí

JORNADA SEGUNDA

Hasta arvolar mis pendones en los altos capiteles de Parma, siendo doseles de sus fuertes torreones. Mi orgullo no ha de cesar, que por tema he de vencer de esta obstinada mujer la resistencia. . El entrar la Ciudad es imposible por el Po, que undosa balla es cristalina muralla. Todo al valor es posible. Garulla. . Señor. No ves como el Duque me ha mandado? Si el haverte despreciado tu mayor empeño es, cuando llegues a triunfar, que es lo que intentas hacer? Primero la he de vencer, y luego la he de dejar. De tu padre que has sabido? De Bohemia se ausento, y a mi hermana se llevó: esta noticia he tenido. Antes que esguace mi gente el río, es fuerza saber la prevención, y el poder de Parma. No hay quien lo intente, y ansí de sus prevenciones no hay noticia verdadera. Si hubiese quien se atreviera a explorar sus guarniciones entre todos mis soldados, yo premiara su valor. Aquí tienes, gran señor, estos brazos esforzados, que en la contrapuesta orilla del río tomarán puerto hasta volver vivo; o muerto. Tu valor me maravilla: quién eres? Soy un soldado, que hoy a servirte he venido: un hidalgo bien nacido, aunque nací desdichado. Y cómo es tu nombre? Enrico. De que nación? De Bohemia. Si como pregunta premia, de esta vez quedarás rico. De Bohemiar inclinación te he cobrado, y allá entre en una justa, y dejé en Bohemia el corazón. Una dama sin igual triunfo de mí con victoria: cópiola en mí la memoria, mas no hallo su original. En un balcón por mi Estrella la vi y cuando desmonté del caballo, no en contre quien diera noticia de ella. Quién eres tú? Un Español tan noble, que no habrá ciento de tan claro nacimiento. Cómo? Pariéronme al Sol. Tu nombre? Mi madre en bulla yendo a vendimiar bizarra, me parió junto a una parra, y así me llamo Garulla. Porqué dejaste tu tierra? Seguí las letras, señor, no medré, falto el favor, y así me incliné a la guerra. También yo en justas fatigas fui estudiante, y por deleite gastaba de noche aceite. Tú aceite? en qué? En hacer migas: Médico fui, y gran Latino. Pues, di, qué latines sabes? El de recetar jarabes. Cuál es? De cóbete pergino. Qué quiere decir? Qué agote luego el enfermo su mal; pues si no con un puñal, de cottí, por el cogote. Entico, aunque he conocido tu valor, quiero saber de que modo has desemprender la hazana que has prometido? cómo has de pasar el río contra un campo, a vista suya? Con esta espada, que es tuya, y este corazón, que er mío. La espada pondre en la boca, para nadar sin más mengua, que sirviéndome de lengua, dirá lo que hacer me toca. Que como la espada es vida del valor, dándole nombre, y es a la lengua del hombre con misterio parecida; si ella la lengua ha de ser, y el valor el que ha de obrar, lo que de él has de escuchar, de mí no lo has de saber. Yo premiaré tus aceros, celebrando acción tan rara. Estos Duques de Ferrara (do sonfamosos mosqueteros. Envidia por Dios me ha das su resolución gallarda. Ya, Duque, en servirte tarda. este brazo que has honrado. Si es tanto lo que interesa, vuestra Alteza me ha de ver nadar, y no he de volver sin Parma, o con su Duquesa. Garulla, tenme guardado con cuidado aquel bordón de mi padre. . A ser bolsón le guardara con cuidado; pero un palo, él se lo está: más, di, que intentas con él? Hacer un telligo fiel de lo que el valor me da; con él no hay mal que me cuadre, porque con piadoso celo larga vida ofrece el cielo al que obedece a su padre. ̱. Buena acción. No es bien que tarde, (te. señor en obedecerte. Qué intentas? . Ir de esta fuer Dios teguie. A ti te guarde. Como un pez nadando va con el agua a la garganta, señor, parece que canta como rana; rana es ya: no le oyes? Del ancho Po surca ya las aguas tibias. Aler el vino de Esquivias lo mesmo me hiciera yo. Tráígate con bien el cielo ilustre joven. . Si hará, si entre tanto no se va apique, como buñuelo. Muestras da de valeroso. Por mí quedará premiado si vive, que un buen soldado hace a un Príncipe dichoso. Con razón premiarle espera tu Alteza . No hay galardón para tan honrada acción: cien hombres en la ribera den calor al gran valor de Enrique al salir del río. Bien dices, que vendrá frío, y habrá menester calor. Toca al arma; porque sea coronista de mi enojo el cristal corriendo rojo del Po, que a Parma rodea. Toca al arma, porque sepa la Duquesa, que allá voy, por grande hombre, y porque soy Garulla de buena cepa. No me hables, Porcia, en el otra vez, porque me irrito (Duque mucho más de qué pretendas templarme. . Yo solo digo lo que toda Parma dice; mas si en eso no te sirvo, no hayas miedo que mis voces ofendan más tus oídos. qué causa le he dado al Duque para mostrarse ofendido? es desprecio la adversión? es esclavo el albedrío? El solo se hace la ofensa, no yo; porque él no admitirlo por esposo, no es decir que su grandeza no estimo. Será bien que diga italia de mi corazón altivo, que le concedió al temor lo que le negó al cariño? Fuera de que no hamostrado tenerle, solo ha querido, como el efecto lo dice, juntar a su Estado el mío. Y ya en su embajada dio de su intención claro indicio, haciendo con anienazas lo voluntario preciso. De qué ingratitudse queja, que disculpe su motivo? que finezas no he pagado? que asistencias le he debido? Y cuando fuese verdad su deseo, el no admitirlo solo obliga a sentimiento, mas no merece castigo. Yo he de darle dueño a Parma, que merezca por sí mismo tener, como en mis vasta llos, en mi voluntad dominio. Un hombre, a quien voluntarios obedezcan mis sentidos, que es la obediencia gustosa de la sugeción alivio. Brioso, galán, discreto, y muy noble, mas no rico, porque el agradecimiento afiance lo rendido. No importa que el de Ferrara sitie a Parma, que a mi altivo corazón no le amedrentan más evidentes peligros. Defensa la Ciudad tiene pera mayor enemigo, pues a sus fuertes murallas (que, les sirve de foso el río. Y en fin, no ha de verme el Du- venga amante, o veaga tibio, ni casada, ni rendida. este es, Porcia, mi disignio. Señora, de tu entereza mayores empresas fío, si tu valor se acompaña de tu ingenio peregrino: Divierte un poco el cuidado, La soledad de este litio, y ese cristal, que del Po, hurtado al curso nativo, floridas isletas forma en caracoles torcidos. Convida el baño, las dos os podeiir, que conmigo quedará Porcia. . El cristal quedará esta vez corrido al verse en ti más perfecto. Cielos, adónde he salido? que florida estancia es esta? Vamos, Celia. Ya te sigo. Ven señora, porque temple tu enojo ese fugitivo raudal. . Hasta que me vea triunfante de mi enemigo, no templará todo el mar del pecho el incendio vivo. Sin duda que es noble el dueño de este vistoso edificio, en quien está compitiendo lo fuerte con lo lucido. Dos torreones abrazan su fábrica, y el florido vergel, y los corredores defiende el bronce con bríos. Cercado estoy, arrojarme otra vez al agua elijó por el más seguro medio, pues no hay paso, y es preciso el rodear la Ciudad, como al Duque he prometido, reconociendo sus fuerzas, o morir; pero qué miro? dos mujeres, dos Diañas, dos auroras, dos prodigios, están de un sance a la sombra del Po,frondoso Narciso. Bañándose está la una, parecen marsil brunido los pies sobre ser más blancos entraron a desafío con el cristal: y él se vence, por no poder competirlos. Qué largo suelto el cabello de la prisión de los rizos, porque libertad le ha dado sus pies besa agradecido. El rostro volvió a esta parte, y son sus ojos divinos como hermosos, como aicielos, tan luceros, como hay signos. Vámonos, Porcia, de aquí, porque un hombre nos ha visto: en matarle estoy resuelta, pues mi recato ha ofendido. Espera, hermosa Diaña, abriendo están un postigo. Ven, señora. Ya se entraron: y esta liga en el camino se les cayó de las manos al recoger los vestidos. Qué es esto que me sucede, amor? qué encanto, que hechizo en esta prenda pusiste, que sin poder resistirlo, por la vista, y el contacto violento se ha introducido en un pecho, que jamás reconoció su dominio? Si aguardo, es cierta mi muerte, porque es fuerza el dar aviso: y cuando la vida escape, el intento no consigo. Irme es fuerza; pero en vano mover los pies determino: porque revoca el deseo, cuanto reserva el peligro. ro puede ser que juzgue que de los soldados mismos de Parma soy, y que vuelva por la liga que ha perdido, y lograré por lo menos verla otra vez más que digo? para que deseo verla, si muero de haberla visto? Con liga me han preso, como al incanto pajarillo, en vez del sonoro engaño, dos imanes atractivos. Amor, porque me en loqueces si este troteo fue olvido de su dueño! porque intentas, que piense mi pecho indigno, que de lo que fue olvidado, puede estar favorecido? Porcia, en esto me resuelvo, haz lo que te tengo dicho. Ya el plomo al tiro severo aguarda solo tu aviso, Desde aquí pienso llamarle. Cielos hacia alli han salido, una con un lienzo llama, y otra un arcabuz el tiro contra mi calado tiene. Con esta prueba examino, si es hombre plebeyo, o noble. Muerte me dan; quién lla visto tan apetecido el riesgo, ni tan hermoso el castigo? señora, decís que llegue? . Sí. Qué me acerque me han dicho: intentáis prenderme? . No. Queréis matarme? (nos Es preciso. Pues si ya he muerto a las ma. de esos luceros divinos: muera yo por venturoso, si es la ventura delito. Tente, Porcia, no le tires, que quien es tan atrevido, que altivo desprecia el riesgo, de mi estimación es digno; quién eres? Un pobre soldado del campo de Federico. (tes? Como en este parque enrras A nado pasé este río con esta espada en la boca. A que fin? . Solo he venido señora por ganar fama con un hecho peregrino. A qué venisteis? . A ver la fuerza de estos castillos de la Duquesa de Parma, para llevar el aviso, a mi campo, y a su Alteza el de Ferrara, a quien sirvo. Notable resolución! su grande valor admiro: y habéis visto ya sus fuerzas? Mucho he visto, y nada he vis- Mucho, i nada? (to. Si señora. Cómo puede ser? . Oidlo: Vi vuestro Sol en las ondas de este espejo fugitivo, dar con travesura al agua terla plata, o mársil liso. Vi vuestras manos de nieve buscar los pies en el río, y como son tan pequeños juzgué que se habían perdido. Ved, señora, si vi mucho, pues de amor quedé rendido mirando las perfecciones que hay en vos:luego si digo, que nada vi, no lo he errado? también el ver nada afirmo, porque si vi vuestros pies, bien se ve que nada he visto. Válgate Dios por soldado! que fortuna te ha traído a serpor tu fuerte pecho nuevo cuidado desmío? Aunque decís lo que visteis, que os engañáis imagino. Señora, si es desmentirme: esta liga es fiel testigo, que os dejasteis olvidada, y a este brazo la he cenido por trofeo del amor, para la empresa que sigo. Si queréis por su rescate dos mil ducados, yo fio la paga luego al instante? Docos son, en más la estimo, pues no saldrá de mi brazo mientras yo estuviere vivo, menos que me denpor ella. Qué precio? Su dueño mismo. Buenos pensamientos tiene el tal soldado. . En el brío no parece hombre ordinario; que intentáis? . Salir lucido. Cómo? . Con esta esperanza. A que aspiráis. . A serviros, para poder mereceros. Y cómo os llamáis? Enrico. Enrico, a mucho os ponéis. No hay riesgo ami brazo altivo Pues quién sois? Hijo de Marte. (filos Quién lo afirmara? . Estos que sabrán cortar los pistos al que me impida el camino de serviros, y de veros, Gastadlos en otro silio, y advertid que estáis aquí, Enrique, por atrevido, muy lejos de la esperanza, y mui cerca del castigo: Yo he fingido que mie enojo, . y apenas puedo fingirlo. Pues, señora, ya que es fuerza responder por ese estilo, sabed que por esa parte que os puedo haber ofendido, de estartan lejos de vos, me pesa, y llego a sentirlo, mas por lo demás creed que estoy cerca de mí mismo. Ya que sois tan arrojado: con mana otró empeño finjo: os atrederéis de noche a verme en aqueste sitio? Eso decís, cuando tengo la obediencia por oficio? Pues tan obediente sois? Por serlo tanto, imagino que alguna dicha me espera. Un esquise prevenido estará para traetos, y agora os llevará el mismo, para que el barquero sepa (nos dode ha de esperar. . Benig. andan conmigo los Astros. Guiale tú. . Ven conmigo adonde el esquise espera. Ya que volver determino, podré llevar esperanza de verya menos esquido conmigo vuestro semblante? Nivo os la doy, ni os la quito, consultad si os está bien volver apasar el río, porque aún no he determinado la pena que ha merecido, quien se atrevió a ver los pies, sin merecer lo que piso. Mandad sacarme los ojos, señora, mas no es castigo, pues no me podéis quitar la gloria de haberlos visto. Y en cuanto el volver, señora, no lo dudéis de mis bríos, que quien vino antes de veros, por veros vendrá más fino. Id con Dios, El cielo os guarde. Galán es sobre entendido. Discreta es sobre tan bella. El soldado es de capricho: que alegre vuelve amirarla! Rindiome su hermoso hechizo Contenta a mirarle vuelvo: válgate Dios por Énrico! a. Otabio queda esperando tu licencia, para entrar a acabar de despachar. Ya yo le estaba aguardando. Estos memoriales son los que quedaron ayer. Haced de ellos relación, que no hay placer como ver cumplida una obligación. Es el primer memorial de un pintor, que con rigor tiene preso el Senescal. Porque está preso el pintor? Porque te retrata mal, el calligo, o la piedad vengo a consultar contigo. Castigarle es liviandad, pues le basta por castigo la falta de habilidad. Antes merece irpremiado, pues en culpa no ha incurrido si mi retrato ha copiado., y en nada me es parecido. A mí no me ha retratado, no esté preso ni un instante, y cien escudos le den: y mando por ley constante, que prendan de aquí adelante al que me retrate bien Pues en que te desagrada quién bien te pinta? En ponerme, cuando vivo retirada, de nadie comunicada, donde todos puedan verme: Mas mi recato ofendió aquel que bien me pintó, y así pienso castigarle, pues viene a echar en la calle lo que estoy guardando yo. Un soldado una Alcaidia. de un castillo no acetó, diciendo, que no creía, que tu mano se la dio, porque no la merecía. Por su respuesta imprudente, el General ha tomado el caso apretadamente, y tiene preso al soldado con nombre de inobediente. Por no quererla acetar, no le pienso castigar, que en eso me da a entender que la supo merecer, pues la sabe despreciar. Tú respuesta me ha admirado Por decreto la poned. Merecia ir castigado quien no aceta una merced, cuando es un pobre soldado. No pierde por pobre, no. Otavio, el merecimiento, que su valor adquirio: de un pobre soldado intento hacer un Príncipe yo. De un soldado el claro honor tienen Príncipes, y Reves, que con brazo superior hizo la espada las leyes, y la fortuna el valor. Y lo mejor que hay en mí es ser hija de un soldado, entre las armas nací, y por eso me he inclinado a aquel soldado que vi, y le juzgo tan dichoso, que según me ha parecido, fuera sin duda mi esposo a tener de bien nacido, lo que tiene de animoso. Vamos donde despachados queden todos decretados. Mi respuesta la enojo. Y de aquí adelanteno habléis mal de los soldados. Y pues ya va dando el día lugar a la noche fría, amor que el plazo señalas, prestale a Enrique tus alas, o mi esperanza le envía. Esta es la orilla de Parma, a quien el Popuro, y manso, mascando el freno de arena es cristalino caballo. El Barquerillo es famoso, y es por su remo, y su garbo lindo cochero del agua. Muiblen el barco ha guiado: toma amigo esta sortija. Por venir tan de tu mano la tomo, que bien se ve que es dadiva de soldado, que hasta sus piedras valientes están fulminando rayos. En el barquero echas piedras? Merecelas su cuidado. Y tú mereces que digan de ti, que eres echa cantos. Ven, señor, mientras la noche cierra más el negro manto, verás en estos jardines donde me sucedio el caso de la ignorada ventura, y el fin dichoso que aguardo. Por sertan raro el suceso te he venido acompañando, Enrico, que a tanto obliga quien supo obligarle a tanto. Reconozcamos el sitio. Oye usted reconozcamos la virtud de la sortija: por pescarla estoy rabiando? . tengo mal de corazón, y quisiera por un rato tenerla puesta en el dedo. No es de uña, Garulla. Malo: por Dios que me entendió el juego: el Barquerillo es bellaco. En estos altos jardines, que adornan este palacio, las hablé. . De este silencio de la noche, y de su engaño, alguna traición recelo. Solo a la orilla está el barco, y cuando algo sucediera, de ese río el claro espacio volviera a pasar con vos sobre estos hombros cargado. Venga acá, que le inclino a este oficio? . Ser honrado, y valiente, que a cualquiera, en tomándole yo a cargo, con el remo solamente de parte a parte le paso. Tuvo avuelo vuesarce? Ah de ser mi Comisario? diga? porque lo pregunta? Por que hombre que es inclinado desde tamañito al agua, será nieto de algún pato. Calla, Garulla, que aquí he sentido algunos pasos. Es Énrico? . Soy, señora, quien ya de fino, u de osado, viene a morir del rigor, u del favor de tu mano. (ra: Vienes solo? . No seño- de un amigo acompañado vengo; que de mis fortunas es fiel norte, y noble amparo. Enrico es hombre de dicha. Sabéis ya paraque os llamo? Como vengo a obedeceros, no me toca examinarlo. Sabed, Enrique, que quiero Quiero dijo claro el labio. Decir. Paró mi fortuna Quién soy, y para que os llamo En fin no sabéis quién es? No (porque lo sé lo callo. . Sabeisted quien son las damas? Parecen de lo muy alto Serán algunas Monsiuras, que esotro es estilo bajo; Saber de vos he querido con secreto (ya de engaño, ̱ amor, pues para decirle que le quiero, anda buscando la vergüenza otras razones, y rodeos el recato.) Digo, que en secreto he dicho a la Duquesa que os amo: parte la di de los lances, que entre vos, y yo pasaron: Y ansí me ha dicho que os diga, pues que sois tan buen soldado: si queréis servirla a ella, que os premiará de su mano. Pasa adelante, señora, la proposicción dejando, porque un hombre de mi sangre no cabe, ni imaginado lo propuesto: al Duque sirvo, y así no busco otro amo. Como discreto responde. El corazón tiene hidalgo. Deciros falta quien soy. Eso el alma esta aguardando, Dama soy de la Duquesa, que asiste en este palacio. Cómo os llamáis? Margarita: (erro el fingimiento el labio, mas yo enmendaré el descuido) Para que estéis en el caso, ya he dicho que Margarita, como su Alteza me llamo: tan hallada está conmigo, que iguales los agasajos, me hace a mí, como así mesma, y secreto reservado no hay jamás entre las dos, y así ha de sentir, es llano, que no estéis pronto a servirla. No sentira, que es engaño, pues dicen; que es tan discreta. que su ingenio es un milagro, sabrá por lo que respondo a lo que nací obligado. Yo he conocido que es la Duquesa la que hablando . está a Enrique, yo la digo mi sentimiento Si tanto, señora, con la Duquesa podéis, decid que un soldado de parte del Duque dice, que a todos les causa espanto, que en su tema persevere, pues por no darle la mano, su Estado destruir quiere. (do, El Duqué es el que he escucha. y pues no me na conocido, . le he de dejar castigado. Por su Alteza respondiera, dándoos muchos desengaños, si fueráis el Duque vos. El Duque soy que esperando a Esrique estoy, y a no ser tan digno del agallajo que le hace vuestra Alteza, la hubiera puesto en el barco, y llevadola esta noche por prisionera a mi campo. Pues agradézcale a Enrique vuestra Alteza, que no llamo gente que hiciera lo mismo, ganándole por la mano. Qué es lo que me ha sucedido? Cayose el tejado abajo. Vuestra Alteza me perdone. No me ofendéis, antes trato Enrique de honraros mucho: Vuestra Alteza tome el barco, y libre a su campo vuelva, hasta que me vea en su campo. Notable resolución. Ya no seréis mi soldado, Enrique, pues que gozáis de sueldos más soberanos. Eso me dices, señor, cuando yo te debo tanto? (no. Yo te estimo. . Y yo te sir El barco te espera. . Vamos Como amante, u noble pieso, agradeciendo, y pagando, finezas aquí, alli honores, ganando en la fama aplausos, cumplin dos obligaciones, buen amante, y fiel soldado. JORNADA

JORNADA TERCERA

TERCERA Seguidle todos aprisa, socorredle, caballeros, que con mi Estado no pago lo menos que a Enrique debo. En el alcance empeñado llegó hasta el muro resuelto, y valiente: mas ya puedes perder, señor, el recelo, que ya vuelve a tu presencia. De su valor satistecho, y agradecido he quedado. , . (cho, Dame tus pies. . Llega alpe Enrique, dame los brazos, que hoy a los tuyos les debo la vida con la opinión, pues ya rotos, y deshechos los cuarteles, tu valor fue rémora del soberbio Parmesano, hasta que yo de tu valor al ejemplo, me empeñé tanto, que fuera, a no valerme tu esfuerzo, imposible el escapar con la vida: mas tu acero, no solo librarme pudo de tan peligroso empeño, sino poner en huida con pocos que te siguieron, al enemigo, dejando, con mortales escarmientos, roja la verde campaña con los desangrados cuerpos. Señor, haberte servido a mi fortuna agradezco: pero en cuanto a que yo pude darte la vida, no puedo dejar de contradecirte, pues tengo, señor, por cierto, que tu espada te sacara de más evidentes riesgos. Ahora bien, ya que ninguno alaba mis grandes hechos, fuerza es referirlos yo: Que tienes razón confieso: que has hecho? . Yo rompisolo dos mangas de mosqueteros. Pues por dolde las rompiste? Por los codos se me abrieron, porque eran de munición, y como angostas salieron, se me hicieron mil añicos. que más? . Un pendo vermejo de veinte varas de largo con otras tantas de vuelo, conaforros, y entretelas, y ojalado por él medio, he ganado al enemigo. Pues cómo puede ser eso? Era el pendón de los sastres: y en fin sin mover el cuerpo, solo con aqueste brazo más de cien hombres he muerto Di cómo. . Después de haber batallado como un perro, unos soldados visonos este es Garulla dijeron. Pues que pensaron los otros, que Gartlla era algún cesto de racimos mo scateles, viénense a mi desde un cerro. Yo entonces tercio lápica, y cada cual, loco, y ciego, por agarrar la Garulla, se iban clavando, y metiendo por la punta: con lo cual en el hasta en breve tiempo quedaron, como madroños, ensartados más de ciento. Al hombro arrimo la pica, y enseñando a todos vengo de ella pendientes cien hombres, como si fueran conejos. Buena acción. Si es buena acción, que me des por ella quiero, señor, algún cargo noble. (nero, Y es? . Que me hagas cocia porque es oficio de pruebas: y aunque sea algo molesto, es ocupación de gusto. (cio, No puede ser. . Quitane. Enrico, aunque a tu valor y lealtad, fuera pequeño galardón mi Esado todo, hoy en la parte que puedo intento que reconozcas mi justo agradecimiento. De mis tropas General eres; mas si considero tu valor, y tu prudencia, nada te doy, pues es cierto que es más conveniencia mía, que de tus servicios premio. Señor, de tantos favores no es capaz mi humilde pecho, sino es que como servicios quieres premiar mis deseos. Traedle un bastón. En tu tienda no hay ninguno. Buscad luego otro cualquiera que sea, que yo de mi mano quiero dársele. Con tantas honras, que me desnanezca temo. Nunca, quedarán premiados tus muchos merecimientos, que tienen sin duda fuerza superior; pues te confieso, que me inclive a tu persona, aún antes de conoceros. Este en la tienda de Enrico hallé, señor, en el suelo; y por no hacerte esperar (cho, le traigo. . Muy bien has he. que para la ceremonia basta cualquier instrumento. Este es, señor, el bordón de tu padre, con que un tiempo se vareó la aceituna. Por esa razón le precio. questa vará te urua de bastón. . No sin misterio en esta ocasión, señor, dispuso el piadoso cielo que le hallanen, porque fuese insignia de mis trofeos, quien fue para conseguirlos la causa de mis aciertos. (palo, Qué dices. . Que aqueste a quien yo con más afecto estimaré, le atribuyo los favores que te debo. Pues en qué razón se funda su estimación? Fue sustento de un árbol que me dio el ser, y espuntal que puso el tiempo al desmoronado muro de su edad: mas de secreto mayor su virtud procede. Ya presumo que te entiendo, y la virtud que en él juzgas, es de la suya argumento. Pues tiene otras mil virtudes. Y son? . Puesto en el celebro quita la caspa a cualquiera, y de él se apartan los perros en viéndole enarbolado. Qué más? . Es aqueste leño del palo Santo al reves, que aquel sanó los enfermos, y este suele a los más sanos, porque los rompe los huesos; y esto Enrique bien lo sabe. Afuera esperad, (a solas. que quiero hablar con Enrique Ya señor, te obedecemos. Señores, miren que dicha, que al punto le vino luego, sobre la espadirla el basto! de esta vez me hace Sargento. Ya, Enrique, que estamos solos, pues conoces el afecto con que te estimo, bien puedes, dejando aparte el respeto, darme parte del estado en que está tu galanteo. Galanteo de mi parte, como puede haber? si viendo la Daquesa, y yo, señor, tan desiguales sujetos, que el mostrar con las acciones, que en mí pudo haber deseos, fuera yerro sin disculpa? Si bien negarte no puedo, que cuando la vez primera. la vi, como el pensamiento la juzgo dicha posible, al mirarla entre el deshecho cristal, en vez de templar de sus ojos el incendio el agua, amor como es díos, dispuso, que de su efeto, natural mudando el orden, encendiese el agua al fuego. Mas ya sabiendo quien es, fuera loco atrevimiento, que áspire a favores yo, de, quien tu logras desprecios. Y porque te satisfagas de que en los hidalgos pechos no puede faltar, señor, el justo agradecimiento, en este papel verás; pues contigo no hay secreto, confirmada esta verdad. Bien sé yo lo que en ti tengo: Mas, di cuyo es el papel? Para que, si has dolcerlo? Bien dices, muestra. (cio. Este es. Sin duda el dueño no es ne- En que lo sabes? En qué es breve, y es fuerza que sea discreto. Enrique, si cuerdo eres, pasate a mi campo, y luego, que si esto haces, podrá ser que seas de Parma dueño. Notable resolución de mujer! yo te confieso que estoy, Enrique, admirado: más qué resuelves? Bien puedo quejarme de esa pregunta; pues pudieras estar cierto, de que estimo en más servirte, que ser de mil mundos dueño. bien de tu valor heroico, Enrique, estoy satisfecho; pero no quiero que pienses, que el mío puede ser menos, que fuera, cuando conozco de tu lealtad el extremo, el atajar tu fortuna, darta castigos pon premios: tú has de pasar a servir a Margarita . Primero es justo que consideres, que en mí fuera indigno empeño, y vilacción el sacar, señor, contratí el acero; pues sirviendo a la Duquesa fuera forzoso. . Supuesto que yo te doy la licencia, de aquesa culpa te abluelvo. Y qué dirá Italia toda, si vee que cuando resuelto a castigar has venido tan injustos menosprecios, porque consigan las armas lo que no ha podido el ruego, desiendo yo la Ciudad, y a Margarita desiendo, pagando en ingratitudes los honores que te debo? Nada pues ha de saber la causa por los efetos. Y en cuanto a que puedas tú defender a Parma, puesto que lo juzgue tu valor, no pienso que hay nada cierto, que en la parte de mi injuria, en pie se queda el empeño. Qué pretendas conseguir de Margarita el empieo, a mí no puede ofenderme, ni a ti culparte, supuesto que donde no cupo amor, no pueden caber los celos. Y cuando yo no tuviera el ignorado sujeto, que muchas veces te he dicho, en el corazón impreso, y fuera el lograr la mano de la Duquesa el pretejto de esta guerra; abiendo visto en ese papel su ciego arrojo, soy hombre yo, que acetara, por el precio de llamarla esposa mía, de todó el mundo el Imperio? Demás de que de mi parte nada te doy, solo intento el no embarázar tu dicha, estorbándote los medios de conseguirla: Y en fin, pues yo no quiero, ni puedo pretenderla para mí, que me está mejor, es cierto, que sea Duque de Parma, y de Margarita dueño, un hombre a quien tanto estimo, y tantas finezas debo, que otro Porentado alguno. Pues conseguiré con esto, que diga a voces la fama, que hice un Príncipe supremo de un soldado de fortuna: y haber sido el instrumiento de que alguna vez se junten dichas, y merecimientos Pues, señor, siendo eso así, no quiero parecer necio en no acetar la licencia que me das. No pierdas tiempo, que en tales casos peligra en la tardanza el acierto. Bien dices, dame tus pies. Levanta, Enrico, del suelo, dame los brazos, y a Dios; pero mira que te advierto, que procures defender con todo el valor, y aliento tuyo, el Estado de Parma: porque apenas el lucero correrá al Sol la cortina de aquese estrellado velo, cuando a la Ciudad envista. Pues si en eso estas resuelto, si la Duquesa me encarga su defensa, solo puedo asegurarte, que en todo cumpliré con lo que debo. Así lo creo de ti. A Dios pues Guárdete el cielo. Desde hoy tu enemigo soy. Mientras que durare el cerco. Siempre amigo, o enemigo: que soy tu hechura confieso; pero en saliendo a campaña, sino pudiere ser menos, exceptando tu persona, señor, con quien vengo vengo. . Jamás en acción ninguna he quedado satisfecho tanto de mí, como en esta; pero que confuso estruendo es este? Prendedle, o muera. Más un gallardo mancebo a una escuadra de soldados, desesperado, y resuelto, resiste. . No le matéis, o matadme a mi primero. Qué aguardas? date a prisión. (es o? Hecho pedazos. . Qué apartad; porque intentabáis darle la muerte? Nuestro intento, señor, solo fue prenderle. Pues porqué delito? Ha muerto un Alferez. . A tus pies tienes la ocasión, y el reo, y quien tu castigo aguarda gustoso, cómo primero (miro? me escuches. . Que es lo que sin duda que mi deseo me representa ilusiones: levantad los dos del suelo; y tu mancebo, bien puedes hablar sin susto, ni miedo, que la carta defavor que en tu rostro estoy leyendo, el perdón te solicita. De tu grandeza lo espero: Yo soy, grande Federico, noble Duque de Ferrara, empezando por lo más, de este anciano tronco rama, tan noble, y tan infeliz, que en Bonemia nuevra patria, nadie en la sangre le excede, ni en las desdichas le iguala. Aurelio es su nombre; el mío, aunque así me miras, Laura, sin que el nombre me desienda del rayo de mi desgracia. En aqueste traje impropio, del ser mío me disfraza, no el temor de mi recato, sino el riesgo de sus canas. En los bienes que reparte, esta ciega imaginada deidad, con mi padre anduvo, ni bien prodiga, ni escasa. otro hermano me dio el cielo, el cual por precisa causa dio la muerte a un Caballero con razón, y sin ventaja. Ausentose, pues, Enrico mi hermano, y bien informada la justicia, que mi padre, de un criado con la espada, por ser los contrarios dos, al lado de Enrico estaba, sin que el natural afecto de padre le disculpara, de nuestra mediana hacienda, en bien pequeña distancia de tiempo, apenas quedamos con las precisas alhajas. Viendo, pues, que era imposible el vivir en nuestra patria, dando lástima al amigo, y al enemigo venganza, mi padre determino, aunque en edad tan anciana, el ausentarse, volviendo a la fortuna la espalda. Y teniendo nueva cierta, de que en el cerco de Parma, siguiendo tus Estandartes, Enrique mi hermano estaba, el buscarle resolvimos; y yo con inayor instancia, por estar con más decencia, de su valor amparada. Vendió mi padre lo poco, que de su hacienda restaba, y dejando para siempre nuestra antigua, y noble casa, de Bohemia nos pártimos: y después de muchas varias fortunas, hoy a tu campo llegamos; y con las ausias de ver su hijo, en quien ya se funda nuestra esperanza, llegó a informarse mi padre de un soldado de la Escuadra que te asiste, en que cuartel era de Enrico la estancia? El cual haciendo donaire, del que a respeto obligada, con burlas bien descompuestas, y con pesadas palabras; puesta la mano en su pecho le dijo que se apartara, sin quererle oír. Mipadre respondió: Muestras bien claras das de quién eres; y así no me has ofendido en nada: y lo mismo te dijera a ser en la edad pasada; que a quien nacio como yo, hombres como tú no agravian, Corrido levanto el brazo: mas yo, ya determinada a morir, antes que viese ofender tan nobles canas; porque antes fuese caltigo, lo que después es venganza. La espada saqué tan presto, que primero que formara de su impulsó el movimiento, de una furiosa estocada a un tiempo le abrídos puertas por donde saliese el alma. Muerto cayo, y sus amigos, que mirando el lance estaban, todos juntos me envistieron, dejando el cuerpo de guardía. Este es, señor, el suceso, si el ser precisa la causa no disculpa mi delito, humilde espero a tus plantas el castigo que merece, no mi culpa, mi desgracia. Alzad del suelo, señora, y creed, hermosa Laura, que a mayor precio la dicha de averos visto comprara. Solo siento que su muerte haya sido tan honrada; pues nadie se resistiera de tan desiguales armas: mas no es novedad en vos, ni que tuviesle me espanta, jurisdicción en las vidas, quien tiene imperio en las almas. Dame tus pies. . A mis brazos llegad. . Con mercedes tantas, señor, ya podré llamar venturosa mi desgracia: no se como responder a tanta favor. . En nada halta agora os he servido, que ha días, hermosa Laura, que para mostrar mi afecto, saber quien sois deseava; que ya otra vez os he visto. Donde? En vuestra misma patria, adonde entre disfrazado solo en las justas pasadas. (ñas, Ya me acuerdo, por más se- que en el Escudo llevaba vuestra Alteza la pintura del fénix. . No fue sin causa; pues nacio de no haber visto ninguna que os igualara: loco me tiene el contento, . En los señores es gala la lisonja. . Los efectos. dejarán acreditada, (tas señora, la verdad mía. Vuestro hermano, a quien contan fortunas venís buscando, en mi campo no se halla. a la sazón; y aunque yo por General de mi armada le nombre, no fue posible que del bastón se encargara, porque a mayores empresas aspiran sus esperanzas Y ya con más certidumbre, que si hasta agora el lograrlas, o él no lograrlas, pendía del suceso de las armas, hoy, aunque el brio le ofenda, intento hacer la mas rara fineza, pues en la suya mi ventura está librada. Mas perdonad, mi señora, si mi atención ocupada, en tan no esperada dicha, está poco cortesana; pues fuera justo primero, que del descanso tratara. vuestro: fijad una tienda, la mejor, que esté cercana a la mía: y advertid, que cien soldados de guarda; como a mi propia persona les asistan. . Señor, tratas de esa suerte, de el favor el justo límite pasa. Mi padre dice muy bien. Con un padre, y una hermana de mi General, señora, demonstración ordinaria, es la que habéis extrañado? Y cuanco esto no bastara, me importa a mí que mi gente conozca, que la heredada nobleza de vuestro padre en todo a la mía iguala: y así excusad los humildes agradecimientos. . Basta, lo que mandas obedezco: no se que me dice el alma! Vamos donde descanséis; porque cuando equivocadas luces, y sombras anuncian la venidera mañana, al muro pienso acercarme, puesto en forma de batalla mi ejército, por si Enrico, como defensor de Parma, para lograr mi deseo, saca el suyo a la campaña. Mi hijo en Parma? Mi hermano contra vos? Cuando la causa sepáis, veréis que me obliga lo que juzgáis que me agravia. Enigmas son que no entiendo. Venid donde descifrada de su intento, y mi disiguio quedaréis desengañada. Confuso voy. Obedezco, sin replicar lo que manda vuestra Alteza, pues es fuerza que de su amparo me valga, aunque parezca indecente a mi opinión. . Bien podéis con segura confianza; que fuera de qué desde hoy. (ga: mi honor del vuestro se encar- hermosura tan honesta, de sí misma está guardada. . orí7 , . Qué dizea. Que es muy cierta su venida. Casi estoy de llamarle arrepentida. Aún bien, que de ti sola formes queja, puedes, pues es tu amor quien te: No es del mío mudanza, sino temer que solo la esperanza del premio prometido, y no el amor, a Enrique le ha traído. Hijos son de tu amor esos temores; pero en él es forzoso el ser mayores: demás de que con menos fundamento, no pudiera animar su pensamiento, Enrico, a tanto empleo. Tu razón acredita mi deseo. Pues advierte, que solo la licencia aguarda de llegar a tu presencia. Licencia, si el papel no ha recibido? Que no le tengo yo por encogido. Dile que llegue. . Entrad, que ya os aguarda. El amor, y el respeto me acobarda: guardaste aquel bastón? . Ya está guardado. A servirla he de entrar como soldado: Dios vaya con nosotros. Plegue a Dios no nos pongan en dos potros. Porque? . No es nada, ami por hombre blando, y a ti por General de contrabando. A vuestros pies está, quien ha dejado hoy de ser General, por ser soldado de la guerra de amor, adonde espero serviros solo como aventurero, sin sueldo de promesas, y favores; pues déjaros servir son los mayores. Antes pienso que solo en la promesa confiado venís con tanta priesa; y si esto es, como tengo presumido, no entender mi papel la causa ha sido. Si del papel flara solamente, a serviros no pasara; porque a mayor trofeo, que el que promete, áspira mi deseo. No os acordáis de lo que contenía? Muy bien. . Pues referidle. . Esto decía. Enrico, si cuerdo eres, pásate a mi campo luego, que si esto haces, podrá ser que seas de Parma dueño. Cómo lo entiendes? . Solo a entender llego, que mandas que a servirte venga luego: lo demás entender no he procurado. Pues es, que si valiente como honrado, me sirvieres con ánimo sencillo, te haré Ascay de perpetuo del castillo, por justa recompensa, en quien de Parma estriba la defensa, y de esa guerra el principal empeño, que es lo mismo que ser de Parma dueño. Pues yo lo intérpretaba de otro modo. De qué suerte? . Pensé que a piedra, y lodo le casabas aquí con una dueña de Parma, ojicastaña, y aguileña, con lo cual endiablado, o endueñado, teniendo en Parma dueña con empeño, también venía a ser de Parma dueño. No soy hombre, señora, que dejara por ser señor del mundo al de Ferrara: solo le dejo porque no soy mío, pues nadie puede obrar sin albedrío: y sin él vive el alma contenta, pues no corren mis hierros por su cuenta. Pues si Alcayde has de ser, desde aquí quiero acotar el oficio de grillero. Aunque sin albedrío haber no puede merecimiento, por mi cuenta quede el premio de atención tan bien nacida, solo puedo ofreceros. . Qué? . La vida. Oh Porcia hermosa! O prodigioso encanto! ya me espantaba que callases tanto: a la guerra me voy solo a servirte, y aún a merecerte antes de pedirte; quieres que te conduzga un papagayo? Ailos aquí? . Cada uno como un Mayo, y micos hay de olor cosa preciosa. Uno me has de traer. . Celio, es famosa. pues ya los tengo aquí. . Donde? . En el pico: tu eres el papagayo, y esta el mico. Pues hoy de tu valor fiar pretendo mi defensa: mas que marcial estruendo la Ciudad alborota? Otabió amigo, qué es esto? . Que se acerca el enemigo, diciendo, que ha de entrar a sangre, y fuego la Ciudad. . A salirle al paso luego con tu licencia estoy determinado, que no es bien que se diga que he faltado: esperarle pretendo, pues ya sabe que soy quien te defiendo. Pues Enrico valiente, a tu elección lo dejo. . Ya la gente animosa tus ordenes espera, puesta en orden. . Pues marche a la ribera, que la presteza el ánimo entorpece del contrario. . Si el tuyo desvanece los intentos del Duque, agradecida prometo darte. . Que? . La bien venida. Contigo anda en jugueres la señora? que me maten a mí si no te adora. No es poca dicha. . Ah de ir acompañada con un nuevo favor. . Si no le vemos con la fe del contraste, nada hacemos. Si vuelvo con la vida de esta empresa, os pienso ejecutar con la promesa. Yo me doy porcitada, . y elijo por juez a vuestra espada. Yo, señora, lo aceto, y vencer, o morir, solo os prometo de una vez. . Buen despacho; hombre, por un favor: estas borracho? quieres irte a matar? una promesa te obliga de una bárbara Duquesa, que con melindres, y con justos miedos nos ha tratado como a pollos gueros. Viven los cielos, pícaro. . Hay mi cara. . Ea, Otavio, a enbestir al de Ferrara. Contigo moriremos, nadie espere. Maldita sea el alma que allá fuere. Ya acercándose van los enemigos: toca a embestir. . A ellos, ea amigos. Esto de irse a matar es patarata: que gran cosa es la bella retirata! Ya los campos se envisten frente a afrente, cada cuál es un tigre en lo valiente: lo que afanan allí por el suceso, por Dios que vienso que machacan hieso: estos aquí resuellan con furores, este es el gremio de los curradores. Que grima! qué tropell hierbe la gente, acercándome voy, Garulla tente, que aún aquí no estoy bien, quiero esconderme, entre aquella carrasca no han de verme, válgame contra gente que así casca, ya que no la corrusca, la carrasca. Que gran cosa es mirar por celosia! cierto gran tarde, entretenido día! , , ̱u- Dime, soldado, quién eres, y con que fin me has llamado a desalío, si miras puesto en huida tu campo, y con bueno; o mal suceso, será el refistirte en vano? Descubre el rostro. Si haré. Señor, pues que te ha obligado a esta acció? . No fue sin causa. Vuelve amontar a caballo, porque a mi lado; fingiendo seguir el alcance, en salvo puedas ponerte. . No es esa mi intención, que solo trato de que mi prisión te dé de Margarita la mano, que con aqueste pretejto, de mi ejército apartado, te llame. . Para contigo, pues tu gustas, disculpado clfuviera:mas no es justo, que con el nombre de ingrato, de la Duquesa el favor compre? . No, ese reparo, pues en lo que hacer intento verá presto el desengaño. Demás de que a mí me está mejor que a ti, que el Estado de Parma goces, Enrique, con Margarita casado, por disculpar un deseo, que hoy espero ver logrado. Y en fin, aquesto es forzoso, aunque la intención no alcanzo. No te quiero replicar, aunque me culpen de ingrato: mas ya la Duquesa llega. Vuestra Alteza dé su mano a un prisionero de Enrique. Por dejarle castigado con lo que agora ha de ver, de su prisión me he alegrado, aún más que por la victoria: y para no dilatarlo, premiando el valor de Enrique, hoy de Parma, y de mi mano le hago dueño. . En mí tienes señora, dueño, y esclavo. Pues porque vea también vuestra Alteza, que el premiarlo no es castigo para mí, ya es Enrique mi cuñado. Señor, que dices? . Que ya con tu hermana estoy casado. Pues dónde está? Con tu padre desde ayer está en mi campo: mas ya llegan con el orden que les di. Ya se ha trocado todo el rencor en cariño: hijo mío. Padre. Hermano. Entremos en la Ciudad, adonde con más espacio, hermana, os dé mi deseo toda el alma con los brazos. Reinar por Obedecer da fin con esto; si acaso no es bueva, dada tres plumas perdón, en lugar de aplauso.