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Texto digital de La reina más desdichada

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan de Cabeza
Atribución estilometría
Juan de Cabeza Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la edición de la Parte I de Comedias del maestro Juan Cabeza (1662).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La reina más desdichada. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/reina-mas-desdichada-la.

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LA REINA MÁS DESDICHADA

JORNADA PRIMERA

No hay quien socorra a la Reina, contra un traidor alevoso, que sin Dios, ni ley pretende quitarme el honor heroico? ha de todos mis criados, cómo no me dais socorro? cómo no me ayudas Flor? cómo así tardas Cleoncio? En vano Isabela hermosa te eximes, porque tus ojos, como los miré tan cerca, siendo de luces aborto, más aumentaron mi llama, y en tan crecidos ahogos me pareciste más bella al verte con el enojo; bien como en día nublado ese blandón luminoso parecer suele más bello a vista de tanto estorbo. Compadécete de mí, un alivio dame solo, mira que a tus luces muero, advierte que. . Cielos sordos, cómo no escucháis mi llanto? como del nevado globo no se arrancan esos ejes, y encendiendo promontorios, no abrasan este tirano? Advierte que soy Lidoro. Suelta tirano. . Isabela la esquivez deja. . Cleoncio. No he de soltarte. . Flor mía, en vano las voces formo. Apagar la sed intento con el cristal de este modo. Pues de este modo tirano siendo sangriento despojo me librare. Flor te sirve. Él esto que deja undoso. Por qué da voces su Alteza? Que quiere pasarse noto. Que quiere herirse parece. Vuestra Alteza suelte. . Estorbo no me seáis, que su punta, si cristal la reconozco, ha de volverse en coral, y en mi pecho por mil modos ha de pasar (triste suerte) cuando mi fortuna lloro, de cristal a coral fino, de azucena a clavel rojo. Ea suelte vuestra Alteza, que parece lance impropio, querer sar blanco a su punta, ser para su acero escollo. Lidoro, qué pena es esta? y señora, estos que ahogos? Señor, qué desdicha es esta? dilo, señor, a Cleoncio. Lidoro lo sabe bien, mejor lo dirá Lidoro. Pues vive Dios que he de hacer cuando veo sus oprobios, que padezca a mi venganza mil pesares, pues yo solo primero querer herirse la vi con tan fuerte enojo. Sepamos lo que pasó. Decid lo que fue a nosotros. De un ciprés a la corteza estaba yo reclinado, y por el verde emparrado un esto que vi a su Alteza; luego acudí a su grandeza, y al llegar miro, que apunta toda su violencia junta, y por quedar satisfecho, quité el esto que a su pecho, del pecho aparté su punta. Hallela en tanto tropel, y en tragedia tan penosa, las mejillas sin la rosa, los labios sin el clavel; el nácar fue poco fiel, pues en pesar que no es leve así a dejarla se atreve, y al parecer poco franeo la quiso dejar en blanco, y por eso pasó a nieve. La causa, porque arriesgada intentaba verse herida, solo de mi es conocida, de vosotros ignorada; al Rey solo es reservada, solo al Rey en tal dolor la ha de decir mi valor, que en peso de tal balanza, será a mi razón venganza, y castigo a mi rigor. Ah traidor, y cómo mientes! . o si yo en tan grave injuria la verdad decir pudiera; pero los labios me añuda lo que el vulgo decir puede, pues en tales travesuras, luego a murmurar se arriesga, y de malicioso juzga, que cuando un hombre se atreve a violar la fe pura de una mujer, ella misma le dio fundamento, y duda, si es liviana la mujer cuando en tal pesar fluctua; y así mejor es callar, mejor es en tal angustia cerrar el labio a las penas, pues en tan triste penuria, aunque a Lidoro castiguen, no me excuso las calumnias. Cómo así la vida arriesgas? Cómo la muerte te buscas? Cómo el pesar te granjeas? Cómo a padecer te ayudas? Solo Lidoro lo sabe, porque yo estoy tan confusa, que ignoro lo que no dudo, y no son dudas las dudas; y así Flor, me miro tal al mirar estas injurias, que estoy sintiendo, y no siento, que estoy muda, y no estoy muda, que estoy triste, y no estoy triste. Mira si en tanta fortuna puedo sentir, y llorar lo que el dolor no me excusa. Lloras, Isabela, lloras? Si Flor, porque en tal augustia, dijo la lengua a los ojos al mirarme sin ventura, llorad vosotros, llorad, y decid con lengua muda lo que yo decir no puedo; y así Flor amiga, juzga que con lágrimas pronuncio, lo que el eco no artícula. También tu dolor padezco, tu pesar, que soy tan una contigo, que puede el Cielo hacer cuando se ejecuta, que sola el daño padezcas, mas no el dolor que resulta. Tu grande amor agradezco, tu fineza. . Mas la culpa tú solo Lidoro tienes, pues Isabela procura con tú estoque mismo hacer de cristal baina a su punta; de donde llego a notar, que tu traición hace injuria al Rey, pues le diste estoque para mirarse difunta, O no sé Lidoro, no lo que resuelvan mis dudas, sino es que juzgue al mirarte, cuando en tal turbación luchas, que como cruel Tarquino te ciegas, mueves, y turbas, no adorándola Isabela, si aquí Lucrecia la buscas. Flor reprime lo que dices, porque Lidoro procura como Reina honrarme siempre; ay Flor, y como pronuncias lo que sola sabe el alma. La satisfacción acuda a lo que Flor dijo, y sepa, cuando de traidor me acusa, como pudo con mi espada querer herirse. . Confusa estoy Lidoro, y no entiendo esto que me admira, y turba. Ya Flor, como verdad es te dije al ver el empeño, que daba treguas al sueño a la falda de un cipres. En aquesta ocasión pues su Alteza ciega, y turbada menos cuerda que asustada. a mi ufana se acercó, y de mi lado sacó aquesta brillante espada. Desperté del parasismo en lance tan conocido, porque pudo el lento ruido sacarme de aquel abismo; luego la seguí yo mismo, y aunque apresurado el paso, fue muy apretado el caso, pues ya se hería; y así el estoque me ceñí, en tan impensado acaso. Qué traición tan bien fingida. . Siempre hay dudas en el alma. No sé lo qué tema de esto? Que en infamia tan pesada tenga candados la lengua, tengan fudos las palabras. Pesar tiene vuestra Alteza? Si Flor, que si tu llegaras a mirarme el corazón, son tales las circunstancias que mi sentimiento oprimen cuando mi pesar agravan, que tu sintieras lo mismo en tal pesar, en tal ansia, si temieras lo que temo, si lo que lloro lloraras. Cómo Isábela lo siente? Mucho el dolor la maltrata. Vamos Flor, porque la pena no da lugar a las plantas para que puedan tenerme. Siguiendo voy tus pisadas. En dónde estás Casimiro? Casimiro cómo tardas? mira que un traidor intenta alzarse con toda Francia. Pues que quedamos ya solos, contigo solo intentara declarar mi pecho. . Estimo el favor con que me tratas. De aquí a disponer empiezo de la Reina mi venganza. Dime señor tus intentos, tus cuidados me declara. Quieres mostrarte leal de Francia con el Monarca? Eso intento. . Si eso intentas, escucha, y sabrás la infamia mayor del mundo. . Ya escucho. Pues advierte, que la causa porque Isabela intentó hacer de su pecho vaina, al estoque fue corrida de que yo aquesta mañana, cuando en ondas de márfil vierte aljófares el alba la viese, fuerte desdicha, que entre el nácar, y esmeraldas de las flores, y las hierbas, con el jardinero agravia el honor de Casimiro, Monarca heroico de Francia; y así Cleoncio, pues somos de esclarecida prosapia, sepa el Rey este adulterio, el Rey sepa aquesta infamia, sepa el Rey que le hace agravio, el Rey sepa que su fama ha profanado Isabela, y pues sola una jornada dista de Paris, los dos en ocasión que es tan varia, vamos a salirle al paso, y sepa en tan tristes ansias, que somos los dos leales, que le celamos su casa, que somos fieles vasallos, cuando el honor le profanan, que si esto Cleoncio hacemos seremos para su gracia de Francia los más leales, los más amigos del alma. Yo señor, pues cómo puedo en ocasión tan pesada agraviar así a Isabela, si tan virtuosa, y casta Viven los Cielos, la miro? cuyo pabellón de plata es círculo de cristal, que si en esta ocasión tratas contradecirme, que intente, que los filos de esta daga te hagan confesar apriesa, viendo la muerte cercana; y así resuélvete luego Qué ocasión tan apretada, quiero ajustarme a su gusto, . que después yo tendré maña para descubrirlo al Rey. Qué dices? . Qué es ajustada a la razón tu razón; y así advierte, mira, trata, cuando quieres que el Rey sepa esta desdicha. . Mañana los dos con mucho secreto de recibirlo con capa saldremos desde Paris, y sabrá en ocasión cauta ese aleve pecho; pene cuando me desprecia, y mata. Viva el Grande Casimiro, el Conquistador del Asia. Viva, cuando vencedor a Paris llega en tal calma. Según las voces me informan, el Rey ya de su jornada vencedor vuelve; y así en esta ocasión la causa ha de saber de su agravio. Ay Ilábela, si el alma pudiera callarlo muda. El Rey llega. Plaza, plaza. En donde Isábela hermosa está con este tropel, que su deidad mi lagrosa da en mejillas una rosa, y en labios todo un clavel? Como su beldad no miro, cuando con solo un suspiro me ánima, y es cosa llana, que a su deidad soberana atiendo, quiero, y aspiro? Cómo Isábela no viene? cómo en visitarme tarda? cómo con su amor conviene? cómo tanto se detiene? y cómo tanto se aguarda? Como al venir vencedor me hace tan poco favor siendo del alma mitad? Luego a Isabela llamad, porque es ya grande rigor. Pues sepa ya vuestra Alteza, que no importa en tal congoja que Isábela venga. . Cóo? Porque antes que venga importa el que yo hable a vuestra Alteza, y en desgracia tan notoria, que despejen esta pieza conviene, y que la persona Todos de Cleoncio quede. dejen esta pieca sola. Qué querrá Lidoro? el alma en todo un mar de congojas titúbea pena apena, y ya fluctua ola a hola. Rey del mundo soberano, Príncipe de dos Coronas, Faeron del Cielo Francés, y Neptuno de sus costas; atiende, escucha, y sabrás la pena más lastimosa, que en búriles de diamante escribieron letras rojas. Partístete como sabes, y como el mundo lo nota, conquistando a Feduardo, grande Duque de Sajonia. Quedé yo en Paris, y Francia, quiso obedecerme toda, bien, como al llegar la noche las inferiores antorchas obedecen a la Luna, porque cuando así la adornan tantos rayos de cristal, tantas de plata garzotas, juzgan que el coche de Febo, cuando se baña en las ondas del Occeano, la deja substituta en sus zozobras, superior en sus ausencias, y eminente en tal derrota. Obedecido vivía, cuando (ay pena lastimosa) quise una noche gozar del viento alegre que sopla por entre jazmín de nieve menudo cristal, o aljófar. Bajé al jardín, y al ribete que las azucenas forman haciendo cama a un laurel para recoger las hojas me puse; desde aquí empieza la desdicha, mi voz sorda Casimiro escucha un poco, si las penas no te ahogan. Que aquí estaba en este puesto había casi dos horas, cuando por la puerta que guía (que acciones tan locas) de Isabela al cuarto, veo que una mujer sale en cota, y basquiña de pajizo con puntas negras, y nota que a las luces de la Luna descubrí estas ceremonias. Era el paso por la parte en que mi fe licenciosa hizo cama a sus cuidados, u dio alivio a sus congojas; pero al pasar la que dije, por las verdes claraboyas de dos lanreles, conozco que fue (mi pena es notoria) Isabel (no sé lo que digo) que hay acciones de tal forma, cuando se conocen feas, y llega a verlas la nota, que las apunta la lengua, pero el pesar las estorba. Pero dígalo, no tema. tu virtud lo sepa heroica, que si el castigar leales en la Francesa Corona se acostumbra, aquí estoy yo, la cuchilla luminosa esgrime contra mi cuello, que quiero que se conozca que estimo el honor del Rey mas que mi cabeza propia. Por la calle de laureles iba siguiendo a la sorda. aquella mujer, mal dije, aquella circe engañosa, cuando al llegar al estrecho de dos pobladas alfombras de claveles, y azucenas, de jazmín, mosqueta, y rosas, noté que esperaba un hombre, y que con fecariñosa a la mujer recibia, y que sus razones todas a impuro amor caminaban, porque a mí las verdes hojas, o encubrieron celosías, o celaron claraboyas. Viendo tantas sinrazones, como miré mi persona, centinela de Palacio, de la cinta en tal discordia; Saqué él esto que bruñido, y esgrimiendo yo sus ondas, llegué al puesto donde estaban, y conocí (fuerte cosa) que Isabela (estoy turbado) Reina de Francia, deshonra tu fe, con el Jardinero, no son cosas fabulosas; pues Cleoncio, que conmigo fue centinela forzosa, vio, que con aqueste acero de flores las amápolas hice que tintase Octavio, aunque se miraban rojas. Esto es verdad, que Isabela en empeño de tal monta, aunque sabe que llegaste ya vencedor de Sajonia, no quiso venir a verte, y si bien esto se nota, la vergüenza no la deja hacer estas ceremonias. Ya Paris sabe el suceso, y juzgo, que Francia toda sabe que estás sin honor, aquesas calumnias borra con su sangre fementida, mira que el vulgo se arroja a murmurar su adulterio, cuando sabe tu deshonra Ea invicto Casimiro, heroico Rey de la Europa, Isábela está con vida, sangre sus venas informa. Octavio yace sin alma al valor de mi persona; yo soy leal, tú eres Rey, la Reina te fue traidora, solo resta, que te vengues, haz que luego esta alevosa, quede sin vida a tu espada, quede muerta a una ponzoña, quede a un puñal sin aliento, quede herida de una osa, quede a un arcabuz sin alma, o si no en tanta discordia, encárgame a mí el vengarte, que en lealtad tan heroica, seré ponzona, puñal, arcabuz, veneno, y Osa. Posible es, que a Casimiro, invicto de Francia Rey, Isábela con tal ley lo tratase. . Así lo miro, y como ya te informé, en eso que has escuchado conmigo, aquese criado de lo mismo dará fe. Qué es esto que por mí pasa? en tan horribles castigos, de mi deshonra hay testigos? toda el alma se me abrasa, Digo Señor, que lo vi. Aún aquese es mi pesar, . que lo llegaste a notar? Vuelvo a decir, que es así. Lidoro lo que más pena me da en tan triste dolor, es que este mi deshonor viese, aquesto me condena. Pues yo tomaré algún medio, cuando así tu honor se haja, de aqueste modo se ataja, este es el mejor remedio. Muere a mi acero tirano, pierde a mi acero la vida, que quiero ser tu homicida cuando mueres a mi mano. Así trata tu rigor a quién contigo consiente? esto más mi pena siente al conocer mi dolor. Pues sepa ya vuestra Alteza, que Lidoro. . Me descubre, si su muerte no lo encubre. Atienda vuestra grandeza. Son cosas muy conocidas, . que su inocencia lo paga, y así con aquesta daga acreciento sus heridas. Ya sin aliento quedó, y ya quedé yo seguro, pues tiene el silencio muro cuando Cleoncio murió. Ya tiene seguridad, para que con evidencia se sepa aquesta insolencia, aunque fue con crueldad. Con esto dos cosas hice, pues cauto, y disimulado, yo salí de un gran cuidado, y a su Alteza satisface. Solo falta que Isabela en tan desairada suerte pague infeliz con su muerte su hipocresía, o cautela. Pero al mirar este agravio, que sale la Reina veo, disimule mi deseo, calle la voz, prendo el labio. Ya en Palacio vuestra Alteza, yo ignorante del suceso, pero al salir a miraros encuentro con cuerpos muertos! Isábela, esas caricias, en otros pasados tiempos me servirian de alago, más ahora son tormento. Pues Casimiro, Señor, bien mío, querido dueño, ídolo entero del alma, centro de ella, y de mi centro; que es lo que miro, que noto, que atiendo, contemplo, y veo? vos conmigo tan cruel? vos conmigo tan severo? vos conmigo tan atroz? vos andáis tan poco cuerdo? y vos Señor. . Isabela, harto os digo con aquesto: vos habéis de morir hoy, y tened esto por cierto, porque mi honor enfermó, y tengo por manifiesto que sanará a vuestra sangre; ha vil vulgo lisonjero. que quieras cruel hacer en tan peligrosos riesgos, que con la sangre de un vivo vuelva a renacer un muerto? Esto ha de ser Isabela, llamad a Silvio al momento, y haced que traiga consigo (en penas estoy envuelto) luego un humilde vestido, porque detérmino, y quiero, que este consigo la lleve, y que del bosque en los senos dándole muerte, salpique con el estoque su pecho, que no quiero que en Palacio se vierta su humor sangriento; porque si aqueste se vierte, temo, y con razón lo temo, que siempre que lo mirare me dirá con muchos ecos: Isabel te deshonro, y aunque en lance tan atento en honor andé acordado, no quiero en honor acuerdos. Ilustre Casimiro, que en este Francés Polo eres Supremo Atlante sustentándolo solo con tus hombros. Casimiro del alma, bien mío, dueño, esposo, si tus ojos me matan para que otro puñal si no tus ojos? Porque estás enojado con mi amor? si este solo no busca tus defvíos, cuando yo a mi pesar triste los llo- (to. Tu pretendes mi muerte? tu buscas mis ahogos? tú mi deshonra buscas? y tú quieres que sufra esos opro- En qué ofendió Isabela? (bios. si su limpio decoro compitió con las luces del blandón de los cielos lumino- (so? Pues aquesto supuesto, esto cómo lo noto? porque cruel te muestras, y me das a la muerte por despo- os? Vuelve en ti Casimiro, deja el engaño sordo, mira que yo padezco sin culpa muerte, pero con desdoro, Engañado te miras de un pecho cauteloso, sin ley, sin Dios, sin alma, con rigor, con traición, y con eno Si un alma nos regía con nejo poderoso, como puede ofenderte, si repugnaba tu valor heroico? Mil veces contesaste, que un espíritu solo nos regía, con esto lo que dije confirmo, firmo, y doro. Si acaso algún traidor, y si acaso Lidoro; la pe mas no quiero en tal el precipicio de tan fiero arrojo. Callar será mejor, que ese de cristal globo ha de volver por mí, de quien aprender puedes lo piado. (to. Que he de morir me dices, y que un alfanje corbo me ha de quitar la vida? pesar injusto, lance riguroso. Dónde la piedad tienes? como me matas, como el estar de esta suerte no enfrena tus intentos cabilosos? En cinta estoy, y cuando preñada me conozco, que falta poco juzgo para dar heredero al Reino todo. Aquesto te refrene, de este tierno pimpollo ten lástima, y después deme la muerte el penetrante plo- Qué respondes señor? (mo. Solo esto te respondo, que has de morir al punto sin dilació, sin término, ni estorbo, Solo falta que Silvio con un humilde adorno venga para llevarte. (zoso. Que prosiga su Alteza es ya for- Silvio atento te sirve, y ya con gran decoro traigo un vestido humilde, cuando vuestros intentos no conoz- (co. Desnudaos Isabela de las galas, este otro os vestid, (triste pena) que quiero que este os sirva de re- Vos Silvio, con secreto (bozo. del valle en lo escabroso daréis muerte a Isabela. Pesar padezco, y mi pesar ignoro. No deis excusas Silvio, porque yo puedo solo con soberano imperio hacer que ejecutéis aqueste arrojo. Que os obedezco digo; pero yo podré poco, o vivirá la Reina, a pesar de traidores envidiosos. Galas, que un tiempo fuisteis adorno del decoro, dejad ya de adornarme, porque ya desaliños busco solos. Este real aparato se ha convertido en polvo, y ha dejado su ser, mas que no puede hacer un alevoso? Qué bien me está lo humilde, mejor me está que el oro; mas donde la humildad perdió sus visos, cuando no son (cortos? Muevante Casimiro lágrimas de mis ojos, ablande tu dureza el tierno de mis lágrimas sollozo. Ea Lidoro amigo, con tu ruego imperioso alcánzame su gracia; pero si tú me matas, cómo, cómo? Yo, Señora, no puedo, porque atento conozco ser justo, y si te mata, tengo su fundamento por notorio. Pues a los cielos pido piedad, porque vosotros sois duro bronce altivo, y en el mar de impiedades sois es- Cielos, que os ilumina (co tanto planeta rojo, inocente padezco, el mundo sepa mi dolor, y oprobio. Seguid luego Isabela; vos Silvio de ese modo obedeced mi Imperio. Vos podéis mucho con el Rey, Li- (doro. Caminad fementida, dejad el Regio solio, que quien deshonra a un Rey, aún merece castigo más penoso. Sigo tus plantas Silvio, al clima más remoto me lleva, que los cielos, no serán en vengarme perezosos. Ahora importa amigo, que en todo este contorno se diga que la Reina de repente murió (muero de eno- Deje el pesar su Alteza, (jo.) porque en tanto alboroto querrá el Cielo se allane, pues mira que la mata un caso hon- Su Alteza se retire. (roso. Al descanso me acojo, vamos Lidoro, vamos, que sobre ser leal, sois valeroso. . Toma este azadón Mosqueta. Mosquete tú has de llevarlo, porque si llego a mirarlo es yerro, y yo soy discreta Pero ya te he penetrado lo que tu ingenio promete, que aunque me miras Mosquete, aborrezco el ir cargado. Oírte es grande dolor. Mucho el cansació me aprieta. Advierta que con Mosqueta no vale ninguna flor. Que siempre quieras travieso reñir sin ley, ni razón. Y sepa que es la cuestión por una cosa de peso. Tú, que mayor fuerza tienes, quien puede llevarlo eres, porque siempre las mujeres son flacas. Bien te convienes, mas mi razón no se tuerza, que cuando a mí se me aplica, bien aquí se verifica que yo lo llevo por fuerza. Pero no quiero enojarte, cuando amante firme anhelo a la luz de aquese Cielo. Qué quieras así burlarte? Que aquesto te haya enojado, pero ya lo penetré, que yo cielo te aclamé, con que tú te has estrellado. Que no le amo advierta ya, sepa ya que lo aborrezco. Qué tu favor no merezco? Mi desprecio lo dirá. Para mi es grande baldón. Mire que mucho se alarga. Tú te echaste con la carga, mas yo llevo el azadón. El quererlo era desdoro. Dureza miro en tu amor. Sepa vusted mi señor, que ya dobla cuando hay oro, pero en cualquier ocasión al ser mi firmeza imnoble, no me agrada el hombre doble, aunque me agrada el doblón; porque yo no soy de aquellas que dan en amarteladas, y al mirarse enamoradas se pulen para ser bellas, Yo quiero quien con ventaja me alaje, pula, y regale. Ay Quién conmigo se iguale? Miren pues que linda alhaja. Aunque en lo vivo te toque, a Roque estimas sin ley, el que en las Pascuas es Rey. Yo no quiero a Rey, ni Roque, esos arrojos son sumos, cuando con Roque me iufama. Yo en ti conocí esa llama al verte con buenos humos. No ha de volar con tal gala de una mujer la deshonra, pero al dejarme sin honra, no es Mosquete cuando bala, vuelva en eso sobre sí, y advierta tan mala acción. Solo puede el azadón volver aquí sobre mí. De qué mi amor conoció? como en tan crecida pena a tal dolor me condena? Espera, y lo diré yo: Tú dos cartas le escribiste, las cuales ardid, y mana haciendo la fuerza extraña, quitaron al que las diste. Aquí las tengo guardadas, aunque me dan siempre celos. Viven, tirano, los Cielos, que así se han de ver vengadas. Con aqueso te descartas, y apagas tu activo fuego? déjame Mosqueta luego, callen barbas, y hablen cartas. Que deis en vuestra porfía, y que yo estoy no atendáis, mirad que ya me irritáis con vuestra gran grosería. Este es el desconocido, y el que hace ruido con verte. Que yo sol Mosquete advierte, y no es mucho que haga ruido; y si tu razón discreta en esta razón me escucha, diré, mas con razón mucha, que me picó esta Mosqueta. Piedad, Pastores, piedad, dad socorro a una mujer, que en los últimos alientos en estos montes se ve. Escucha estos tristes ecos. A piedad deben mover. A socorrerla camino. Espera, que yo miré por entre las verdes ramas, frondoso de hojas cancel, venir un hombre con voces en tan penoso vaiven. Zagales de estos contornos, mas aunque escuchando estén, finalmente son villanos. Villanos, ni santaren, ni solías no hallará por este ver de vergel, porque en casa de un barbero repicados los dejé. Decid lo que nos mandáis. Pues vuestra piedad hallé, sabed que en medio ese monte a la falda de un ciprés, con diadema de esmeralda, y coturnos de clavel, a una dama le dio el parto, mejor digo a una mujer, pues pasa lances de tal, la que tan infeliz es. Y así amigos, si piedad en estos montes tenéis, seguidme, y dadla socorro, que en tal dolor, he interes casi sin vida la dejo, seguidme que yo seré quien os lleve al puesto, donde de penas tanto tropel la dejan casi sin alma, la tienen casi sin ser. Yo seguirte determino, estámpese ya tu pie, siendo quien me guíe. . Y yo, porque no parece bien que doncellas en el parto asistan, me quedaré con Mosqueta en este puesto. Pues si eres piadoso ven. Pues si tú me guías sigo. Pues si se van, yo quedé. (me? Que siempre has de acompañar Aquesto es quererte bien, aunque tanto me desdeñas. Es razón Mosquete, que te adore, cuando en tu cuerpo a porfía mi desdén mira imperfecciones tantas? Dime, qué viste? Yo sé que esos dientes son postizos, y el llegarlo a conocer, aunque en los dientes me pongo, no me has de poder morder: Tú tienes quinientas faltas, pisas mal, tienes mal pie, eres flaco, no eres firme, y sobre hacerte merced, tienes propiedad de sastre, y te iras con Lucifer, Mosquete detén el oso, que entre sus uñas cruel se lleva un Infante. aqueso no puedo hacer, porque en pena tan atroz como en el riesgo se ve, si el que roban es Infante, de acaballo suelo ser. Por ese lado camina, y es fuerza el paso le dé de aquesos fresnos la calle. No vendrá a donde yo esté, por esa otra parte ira, porque cualquiera mujer se huele desde una lengua, y en esta ocasión miré, que la que tengo presente, es Mosqueta, y huele bien. Fui siguiendo aquel camino, llegué, y a penas llegué de dos infantes que dio aquella infeliz mujer al mundo, miré que un oso entre sus uñas cruel arrebató al uno, y yo vengo siguiendo esta vez sus pasos, sigue Mosquete, ven apriesa, apriesa ven. Yo apriesa no he de seguirte, aplacer te seguiré, y con ir a un gran pesar, dirán que voy a placer. Vamos luego, que en las breñas, que enmarañadas se ven, se ha de ocultar; vive el Cielo, que aunque en medio el bosque esté, horror será de mi brazo, espanto de mi poder, escándalo de mi fuerza, y rayo de mi vejez.

JORNADA SEGUNDA

Luis el anillo has de darme Suelta el anillo que yo soy quien más lo mereció Qué quieras así dejarme? Si Tirso, que en tal rigor veo a Belisa inclinada a mí solo, y con la espada defenderé su favor. Ya el tenerlo es grosería, suelta Tirso, no has de asillo, ea suelta ya el anillo. Ser poco fino sería. Pues yo, si tú no lo dejas, te lo quito con violencia, que quien no tiene atendencia, cómo puede tener quejas? Bastardo de estas Montañas, vil parto de aquestos montes, es bien que así te remontes, bastardo de estas cabañas? Tú no te acuerdas de ti, mas queja es sin interes, que quien no sabe quien es, no se acordará de sí. No sabes ya que tu madre es aquesa vil mujer, y que te llegó a dar ser, sin saber quién es tu padre? Tu primer cuna, lentiscos fueron, no puedes negarlo, pues llegan a confesarlo con tristes ecos los riscos. Que a competirme un bastardo seatreva en mi firme amor, que se lleve un fa en cólera, y furor ardo. Belisa su error sabrá, yo a Belisa le diré en quien emplea su fe, y el pago tu amor tendrá. Considera estas razones, y muda de proceder, que un bastardo no ha de ser de tan pocas atenciones. . Qué así Tirso me tratase? que yo sufra aquel agravio? cómo a mover oso el labio? el pecho es fuerza me pase. Yo bastardo? yo ignorar el padre que me engendró? Justos Cielos, como no me mata aqueste pesar? Luis de mis ojos, querido pedazo del corazón, con quién los enojos son? por quién tu pesar ha sido? Por ti fue, madre engañosa, que a poder quitarme el ser, empleará mi poder en una tan justa cosa. Pero no en vano me aflijo cuando tú no me disculpas, que de una madre las culpas venga a padecer el hijo? mala ley, he introducción, pues la madre llega ha hacer, que un hijo antes de nacer padezca el mismo baldón. Luis tus razones no entiendo, yo no sé lo que me dices, de tu natural desdices en eso que estás diciendo. Tengo natural de honrado, que eras liviana dijeron, un grande pesar me dieron, y aqueso es lo que ha pasado. Vive el globo de cristal de ese nevado zafir, que quien soy me has de decir, o si no aqueste puñal, cuando en el honor me tocas, con dolor, pena, y fatigas, hará luego que lo digas por más de cuarenta bocas. Espera, mi Luis espera, tu queja satisfaré. Yo atento te escucharé, o si está mi dicha fuera? En Paris, noble Ciudad, de aqueste Francés Imperio, Corte del gran Casimiro, gran Monarca de estos Reinos, tu padre, y yo muchos años vivimos con gran sosiego, que con el favor del Rey, nunca llegaba a echar menos, ni la merced de los otros, ni el aplauso de plebeyos. Quisome bien Isabela, Reina de Francia, aquí llego a enternecerme, perdona si con el pesar que tengo el hilo rompe el discurso, pues miro el discurso atento, que también sufre Isabela la desdicha que padezco. Viento en popa la fortuna nos favorecía, pero al mirarnos tan dichosos (aún al referirlo temo) sospeché que nuestra dicha puesta se miraba al riesgo; y así dije a la fortuna, esta desdicha temiendo: no nos favorezcas tanto, pon en esa rueda freno, porque miro el precipicio, que va a la dicha siguiendo; y es cierto no dije mal, cuando casi siempre vemos que al morir la Aurora hermosa, perlas, y aljófar vertiendo, empieza Pebo a lucir, y cuando abrasa más Febo, vapores levanta leves, con que en el zafir de hielo se forma nublado opaco, en el cual bramando el curo, centellas vibra el zafir, dispara ese globo truenos, haciendo la luz tinieblas, la luz en sombras volviendo. De este modo sucedió en nosotros, pues luciendo con Casimiro, tu padre, rayo de aqueste hemisferio, un traidor, un alevoso, un fementido, un grosero, pero dígalo su nombre, porque de un traidor los hechos solo su nombre los dice, y sin su nombre son menos. Lidoro pues, que posee de toda Francia el gobierno, del Rey segunda persona, y en mi desdicha el primero; le dijo a su Majestad, que tu padre (triste agüero, con que lágrimas lo digo, y con que dolor lo siento) era aleve a la Corona, era traidor al Imperio, pensión que tiene un leal, cuando es traidor algún pecho. Ohielo el Rey, mas que mucho, si en tan lamentable riesgo fue asunto de mi fortuna, fue cocodrilo sangriento, que nos mató con sus voces haciendo la verdad yerro? Creyolo el Rey al oírlo, y quiso parecer recto, pues mandó que de Paris, sin diferirlo a otro tiempo, saliesemos yo, y tu padre, casi de decirlo tiemblo, pues aún lloró mi desdicha, cuando la estoy padeciendo. Obedecimos al Rey. dejamos a Paris luego, salimos por esos bosques, pensil de flores, y fresnos, y en medio de aquesas selvas, de aquesos sotos en medio, me llegó la hora del parto, porque en tal desasosiego salí en cinta de Paris para cumplir el destierro. Saliste a luz esta vez, pero quisieron los Cielos, que otro hermano que nació, o ya voraz, o sangriento, haciendo puñal sus uñas lo llevase un oso fiero. Murió tu padre después, quedé sola, solo tengo alivio en ti, que del alma eres pedazo desecho, solo tu puedes valerme, en ti mi favor espero: Lidoro con vida está, venganza piden sus hechos, tú tienes valor, él alma, yo pido venganza, aceros hay en el mundo brillantes, yo agraviada me sospecho, tu deshonrado te juzgas; pues a que espera tu aliento, pues tu valor a que aguarda, que de este traidor el pecho no deshace, hiende, y parte, bien como ignefero trueno suele en las bajas esferas los plateados paralelos? Mi Luis, sin honra me miro, mi Luis, sin honor me veo, mi Luis, deshonrada estoy, cuando a ti te considero con valor, ánimo, y bríos, aunque te miro tan tierno; si deshonrado te juzgas tú tienes la culpa de eso, pues serás infame en tanto, (aunque tu desgracia temo) que Lidoro esté con vida, que Lidoro tenga aliento. El alma te oyó turbada, pero en tan grave dolor, sabré dar vida a mi honor con los filos de mi espada. Que así pusiera Lidoro en nuestro honor tal borrón? tiembla el alma, y corazón al ver manchado el decoro. Luego me parto a Paris, y vive el Cielo, villano, que ha de hacer aquesta mano que paguéis lo que decís. He de quedar satisfecho, que cuando así os considero, para mi mano hay acero, y fuego para mi pecho. Que vas a ser su homida? temo que te has de perder, que es señor, y con poder. Sin honor no quiero vida. Pues mi Luis dame los brazos: fortuna infeliz, mal hado! Yo nací ya desdichado. Pague en lágrimas tus lazos, y no es mucho si se advierte, pues al ver este desdoro, yo soy sola la que lloro, pero tú eres quien las vierte. Las lágrimas enjugad madre, que es cosa sabida, que nuestro honor tendrá vida, y allá dentro os retirad. Pues a diós Luis de mis ojos. Adiós madre. Quiera el Cielo que vuelvas ya con consuelo, y su vida por despojos. Adiós montes, adiós peñas, a Dios prados, a dios riscos, a Dios sauces, y lentiscos, a dios encinas, y breñas. Luis, qué pesar te molesta? Dime señor tu dolor. Solo es estar sin honor en pena que es tan funesta; cobrarlo intento, y mi espada el instrumento será, y de espejo servirá, pues me alienta como honrada. Tú estás en grande zozobra, y ten el honor a raya, que si una vez se desmaya con dificultad se cobra. Yo estoy ya determinado para partirme a Paris. No has de hacer aqueso Luis. Solo hacerlo es ser honrado, que cuando con valor ardo en tal cólera, y fatiga, no ha de haber ya quien me diga, como vos, que soy bastardo. Yo también iré contigo, si así tus furores templo, y pues tú das buen ejemplo, han de decir que te sigo. El anillo toma ufano, sea para ti divisa, que no quiero que Belisa premie mi Fe con su mano. No he de tomarlo. . El rigor temple su cólera, y sed, y pues yo te hago merced recíbelo por favor. Gran pena me da tu ausencia, que a Paris vas. . Eso es cierto, porque tengo el honor muerto, y allá importa mi asistencia. A la Corte mi destino me lleva en esta ocasión, porque quiso el corazón escoger este camino. Has de dejar lo turbado como persona de porte, porque aunque estes en la Corte, no te has de quedar cortado. Tu tiro quieres hacerme? tu Mosquete has de dejarme? Pues intenta acompañarme, esta merced has de hacerme. Solo a mis medros aspiro, como cualquiere pobrete, y advierte, que sol Mosquete, y no es mucho te haga tiro. Adiós Tirso, en furor ardo. Emprendamos el camino. Siempre seré yo muy fino. Y yo cuándo fui bastardo? da ad Pas socorreos en la eminencia, valgaos los espeso del valle, guareceos entre las breñas. Padre, y señor, que ese nombre puede darte el corazón? en que ley cabe, o razón el que se espanten de un hombre? Es justo aquesto me asombre. cuando mi discurso altera esta razón, o quimera; que pertinaces me arguyen. Si sol hombre, cómo huyen? si discurro, cómo fiera? Que sol hombre he conocido, y estoy de esto satisfecho, porque conozco mi pecho, y en él veo lo sufrido; dor el agravio al olvido, sin que a venganza me obligue, de todo lo cual se sigue, que sol hombre sin mentir, pues vive el que quiere huir, mas la fiera lo persigue. Dígalo la helada fuente, que regando la esmeralda baña del risco la falda con su cristal transparente; de aquesta empaña el corriente la fiera; yo a sus cristales hago calle entre mis males, de que con razón infiero, que soy hombre, pues venero esos hermosos raudales. Dígalo el clavel florido, y la odorifera rosa, que parece más hermosa, cuando está el clavel unido; de estos el coral bruñido la fiera pace en sustento, y en el verde firmamento no a ser fiera me limitan, pues las fieras los marchitan, y yo procuro su aliento. Que azucena de márfil con su cristal matizado no lo confiesa en el prado, dando hermosura al Abril; de aquesta el verdor sutil desestima, y atropella la fiera, y al conocella, que yo soy hombre dirá, pues al mirarme verá, que la estimo como bella. De aquese nevado Cielo, tantos luceros dorados lo digan, pues alabados son siempre de mi desvelo; yo contemplo desde el suelo sus luces, la fiera no, luego el Cielo más me dio, pues con evidencia se halla, que muda la fiera calla, cuando los alabo yo. Finalmente, de ese Sol lo confiese la carrera, pues mira desde la esfera lo que pasa, su farol; yo aquel lucido arrebol por gran beneficio adoro, la fiera no estima el oro de sus rayos que engrandezco, con que ser hombre merezco, pues yo sus ausencias lloro. Solos tratan con rigor los hombres (pensión fata!) aqueste humano caudal, que aumenta más mi dolor; solo pruebo el disfavor de los hombres (triste pena) y cuando este me condena, me favorecen valientes, el clavel, la rosa, fuentes, Lucero, Sol, y azucena. No es esto cómo lo digo? no es esto cómo lo siento? pues si esto es de aqueste modo, porque tal desgracia tengo? como de aquestas Montañas los Pastores (triste agüero) a penas me ven vocean, cuyos alternados ecos ufanos luego responden, cuando yo de oírlos peno. Qué les hizo mi valor? en que ofendió mi respecto sus crueles sinrazones? Pero discursivo infiero, que al verme de piel vestido sus favores desmerezco, y con esto soy mal visto, porque se usa en estos tiempos no mirar a la persona, sino al vestido, que yerro! pues la veneración quitan locos sin ley, y sin seso al hombre que la merece, por darla aún sayal grosero. Ya que soy hombre he probado, y pues di mis fundamentos. en esta ocasión gustoso, saber de tu voz espero quien soy, para conocer si aquí con razón me quejo. Ea Silvio, de estas dudas me saca, no estés suspenso, artícula ya la voz, refiéreme lo que temo, porque de no hacerlo así por el esplendor febeo, que al Fénix con su calor da vida, y mata en un tiempo, mis rigores probarás, pero yo tan descompuesto cuando te miro mi asilo? cuando por padre te tengo? Pues si tanto lo deseas, escúchame. Ya te atiendo. De Casimiro en la Corte, de aquestos Reinos Cabeza, pues como Rey soberano los rige, alienta, y gobierna, vivieron tus padres ricos, y nobles, de tal manera, que compitió su prosapia con lo grande de su hacienda, Gaste en servirlos atento mi florida primabera, y a seguirlos la fortuna, el proseguir yo era fuerza. Cansose la dicha ufana, pues se conoce más cerca del precipicio el que está de la cumbre en la eminencia, De Paris los desterraron por no sé qué injustas quejas, que de un traidor no se libra aún aquel que no le ofenda. Salí yo en su compañía, y en una frondosa selva celosía de esmeralda, y pabellón de mosqueta, a tu madre le dio el parto, y a penas te parió, a penas, cuando una osa feroz te llevó de su presencia. Mas yo que atento miraba la osadía de la fiera, quise seguirla a lo largo, pero ella nunca la presa dejó, hasta que llegando a su enmarañada cueva, te dejó dentro, y saliendo, el retirarme fue fuerza a lo espeso de aquel bosque, y por entre sombras negras de sauces, olmos, y murtas, de fresnos, troncos, y breñas, pude conocer un día, cuando la aurora bosteza perlas por cada esplendor, y por cada rayo perlas que te mudaba a otro puesto, mas de la misma manera quise a lo largo seguirla, y a otra parte más espesa. te trasladó, y yo tres años alimentándome hierbas viví de su cueva al lado, pero un día viendo cierta su salida, entré a su albergue, que lágrimas no pequeñas que vertías, me obligaron, y a penas tus carnes tiernas tenía sobre mis brazos, sobresaltada, y violenta volvió la osa; mas viendo mis caricias, alagüeña te me encomendo, y dejando. tu cuerpo sobre la hierba te alimentó con su leche, y ondeando la cola crespa, desmentía con alagos el temor de su fiereza, diciendo con mudos ecos, advertid que en estas selvas hay furor, que no es furor, hay fieras, que no son fieras. Creciste, y al conocer que podía estar sujeta tuedad a pasar sin leche, que te tributaba tierna te dejó, con que quedaste a mi amparo, y en tal deuda, te crié, como ya viste, y porque tu historia sepas, quiero que en esta ocasión de paso también entiendas, que tu padre murió luego, y tu madre en una Aldea de las de aquestas Montañas, triste, y penosa se alberga. Esta es Visón tu fortuna, si a caso de ella te quejas, algún día querra el Cielo que no sea tan adversa, que de nobles eres sabes, y pues tienes nobles prendas, sufre si tienes desdichas, sufre las impertinencias de estos rústicos villanos, que si aquesto haces, ostentas de prudente lo entendido, de osado las gentilezas, de sabio lo bien mirado, y de señor la grandeza. Vuestras voces escuché, y al estar el alma atenta batallaba hacia acá dentro con todo un tropel de penas. Que mi madre vive dices? ojalá ese zafir quiera que mi deseo la encuentre, o que mis ojos la vean. Sosiégate Visón un poco, que lo que tanto deseas te se cumplirá algún día, Deja y a tu madre verás. las plantas besarte ufano. Solo mi afecto te ruega me sigas a nuestro albergue, porque la gente se queja, cuando tú no los maltratas, que sus cabañas infestas. Pues vamos luego si gustas. Pues sigue por esta senda. Ya en Palacio estás. . Ya veo que en la Corte ufano estoy, y que podrá ser que hoy tenga logro mi deseo. Aquí que esperara dijo cuidadoso un cortesano, porque intenta el Rey ufano verme. . Pesar muy prolijo. En hablar no te desmandes, porque cualquiere Palacio es cosa de mucho espacio. Por eso le habitan grandes; mas como te han parecido los caballeros, y damas? Ay Mosquete, que otras llamas de honor me traen encendido. Yo las damas llegué a ver, y conocí en su caudal, que pueden discurrir mal, mas tienen buen parecer; también miré engolillados caballeros con el Rey, que aunque falten a la ley, van siempre mui ajustados. Calla, que serás notado, que sale el Rey. A porfía te sirvo con cortesía, que no he de ser mal criado. Este memorial me dieron de todas esas Aldeas, y es justo señor lo leas. Siempre porfiadas fueron. Juzgo que socorro piden contra aquel monstro, que osado tanta pena les ha dado, y con tu poder se miden. Siempre miro en mi deseo de dar a sus penas fin. Lee el memorial en fin. Finalmente el papel leo. Ya conozco su razón; y así valiente Lidoro. Este causó mi desdoro, no me cabe el corazón. Este mancebo es osado, y fue criado en el valle. Mándale señor que calle, porque yo soy el criado. Que del monte en la colina estáis práctico, y maestro? No está en racibir tan diestro un Doctor de Medecina. Mo I, Crieme desde niño en las ontañas, y tal vez en la caza entretenido, dejando de los llanos las cabañas, penetré de los montes lo escondido; pero suben tan altas sus marañas, tan eminentes son, que el encendido fogón del arcabuz, tirando al vuelo, suele poner las balas en el Cielo, El otro día por la espesa sierra un jabalí seguí todo erizado, fuile midiendo la breñosa tierra, hasta la cumbre del ameno prado; seis heridas le di, y en tanta guerra, al mirarse de sangre salpicado, los colmillos enciende, con que luego la cumbre pareció región de fuego. Penetró lo escabroso de las penas, de donde se descuelga riza fuente, la esmeralda plateando de las breñas, tanto menudo aljófar transparente; son pardas estas, con que nos dan señas de cercanas al Cielo en tal corriente, pues suelen parecer al que allá sube, lluvia las aguas, y las peñas nube. Si gustas gran señor, con gran viveza te guiaré por las estrechas sendas, porque tienen medida la corteza de aquesas plantas mis villanas prendas; no te más si me lleva tu grandeza, que si tan grande empresa me encomiendas, aunque me ves en traje tan villano, penetro lo escabroso, sé lo llano. Y vos del valle tenéis noticia, que en este empeño el seguir a vuestro dueño es fuerza? Ya lo veréis, por divertir mis mohínas (que me atiendas señor quiero) me salí en él mes de Enero a caza de golondrinas; miré los montes muy vanos, y que pecan miré en graves. Pues eso cómo lo sabes? porque vi que no son llanos; esta es razón verdadera según lo que conocí, porque yo en mi vida fui, ni montero, ni montera. Dadle Lidoro a este hidalgo de camino un buen vestido, Esto es ser entremetido, Yo también medrado salgo, Luego habemos de partir, porque juzgo a buena luz, que al tiro de un arcabuz este monstro ha de morir. El vestido sea fino, y tráígalo en todo caso, que no lo ha de dar de paso; aunque lo dé de camino. Todo aquese Cielo junto, vestido, ufano te alabe, porque aquí está quien bien sabe, que estás cosido a buen punto. Y no en vano te bendigo, porque es fuerza lo merezcas, que aunque no nos foyorezcas, ya tendremos en ti abrigo. Luego intento nos partamos. Pues partamos señor luego. Mas arde al verlo mi fuego. Seguidnos los dos. Pues vamos. Dejad tan profundo llanto, no lloréis tanto Isabela, porque os quitará la vida tan repetida tristeza. Ya veo que se fue Luis, y ya conozco que era vivo pedazo del alma, pues vivíáis por su cuenta. Todos dicen que a Paris, honrado, y fino lo llevan de su honor ciertos agravios, puede ser, que tiene prendas. Mas me admira que al partirse. no os daba pena su ausencia, y ahora os veo sentirla, si no más tibia, más tierna. El que la sienta no es mucho ahora con más violencia, pues una comparación de un insensible lo muestra. Viste Meliso un jardín, que tiene en su margen bella. de esmeralda, y nieve unida una mata de azucenas, y que al correr mucha plata por entre guijas, y perlas, se alimenta, y vivifica cómo a menudo se riega? Llega el Julio, y el ardor de Febo tanto calienta, que consumen sus ardores tanta corriente deshecha. Verás pues que aquesta planta el primer día que llega a faltarle el agua, no sus marchiteces nos muestra, antes bien al que a mirarla con gran cuidado se acerca, le parece más hermosa, pues sin agua se conserva. Pasados algunos días, que vaya faltando es fuerza aquel vejetable humor, que atraía por sus venas, consumelo, falta aqueste, y como su vida es esta, al faltarle aquel humor, se queda marchita, y seca. Aquesto pasa por mí, mi Luis era vida entera, que solo con un suspiro me alentaba en tantas penas. Fáltome Luis, y tres días sin zozobra vivi muerta, que pude en esta ocasión estar con alma, y sin ella. Al partirse, con sus brazos me enlazó Luis, y en aquesta: ocasión tanta alegría de verlo de mí tan cerca tuve, que podía entonces. servirme de vida nueva. Fuese Luis, y la alegría fue faltando en tal tragedia, que el no sentirlo, no fue porque yo no lo sintiera, hasta que vine a quedar como cándida azucena; y así con el sentimiento quise imitar su pureza. Por esto lo siento más, por esta causa me lleva mas el dolor, cuando juzgo que se ausenta, y que se aleja. Oh nunca yo pronunciara, o nunca yo le dijera nuestra noctoria desdicha, pues esa solo lo ausenta. El Cielo quiera, tirano, que entre congojas envuelta salga el alma, de su daga a tanta punta sangrienta. Qué es eso Isabela? . Nada, que está el alma tan suspensa, que la lengua decir puede lo que no entendió la idea. Cómo aquí tan descuidado estás señor, cuando es cierta del Rey la venida? . El Rey viene Tirso a nuestra Aldea? Esa fama corre, y yo, como aquí en casa se alberga, quise darte esta noticia, porque el cuarto le prevengas. Encomienda esos caballos. Señor yo nunca vi bestias, que por sus grandes servicios puedan tener encomienda. Pues que los hiciste? Ya por mi mano atados quedan. Luis de mis ojos, tus brazos a darme la vida vuelvan que me quitaste al partirte. Yo soy señora quien llega a recibir nueva vida, pues tus suspiros me alientan. Quién de galas os previno? que bien al cuerpo te asientan, que ajustado que vas. . Mucho, y ya que adviertas es fuerza, que aquí llegamos con gala, aunque no con gentileza. Vengaste ya nuestro agravio? pagó el traidor sus ofensas con su vida? . No señora; pero verás su cabeza a mis plantas brevemente, pues del monte en las espesas malezas le he de dar muerte. Y dirán los que lo sepan, que se originó su mal de andar por entre malezas. Eso sí! pague su agravio. Eso sí, su sangre vierta. Toma señor mi consejo, y verás con él que quedas aplaudido en tu venganza. De qué modo? . De una breña has de hacer cancel de campo, y sin que el traidor te vea has de esperar, y al pasar por su frondosa floresta, las dos piernas de un revés has de cortarle. . Y aquesa acción es de aplauso? . Sí, pues dirán los que lo entiendan, él a traición lo ha cogido, pero es hombre que echa piernas. Buen consejo le das. Bueno, y es razón que atenta adviertas, que es un madeja, y con eso las más damas lo festejan de Palacio. . Pues las damas a un cobarde estiman? . Necia parece aquesa pregunta, porque si aquesto penetras, se van tras él las mujeres como lo miran madeja. Pero el Rey llega sin duda, pues las sonoras trompetas turbando el aire lo dicen, que en ruidosa competencia no habrá quien haga su parte, mas yo sé que las alientan. Cansado llego. . Por eso el cansació tendrá treguas en este puesto. . Mil años a honrar nuestra casa venga vuestra Majestad. . Qué miro! tan peregrinas bellezas en las Aldeas se crían? Porque no engendre sospechas. . el Rey al verme, he de hacer villanía la nobleza. Es aquesta vuestra hija? sin alma he quedado al verla. . Haced cuenta que es mi hija. Ah de saber su Eminencia, que somos dos buenas hijas las dos, que al estar Laureta en cinta, a las dos de un parto, como par de alberenjenas, nos hechó al mundo; miradme, no so hermosa, no só bella? no son mis manos de alcorza? no son mis cejas de selpa? no son mis dientes menudos, y me valdrán por moneda? De Isabela ignoro el rumbo. De gracia es la villaneja. No me miréis tan de espacio, que para vos só muy fea; ya sé que sois muy celoso, y según acá me cuentan de vuestros celos, aún no se pudo librar la Reina. Lo que estoy oyendo ignoro, . pero lo que fuere sea. Manfredo, aquesta mujer, o ya por gusto, o por tema, es objeto de mi amor; y así Manfredo, quisiera que tu doblaras con maña su aparente resistencia. Doblarla intento esta noche, porque para vuestra Alteza qué obstáculos ha de haber? pues los Reyes en la tierra son como el Sol, que ilumín la choza que es más pequeña. A tu cargo queda aqueso. Digo que a mi cargo queda. Y Lidoro, prevenirse a la batalla sangrienta del mostruo puede. . Mejor a mi batalla dijera. Su Majestad se retire, porque a las incultas breñas. con Luis me parto al instante. Pues señor, para la empresa. cálzate estas botas. . Bien; que en la maraña revuelta las he menester. . Jesús, y que estrechura que ostentan. De eso te espantas? . Parecen a Religión recoleta de solitarios Cartujos. . Porqué? Porque son estrechas. Trae las botas, que a la falda, pues está de aquí tan cerca, me calzaré. . Vamos luego. Sigo tus plantas soberbias. Ay mí. Luis, y como temo que las uñas de esa fiera te den muerte, que el valor, como tan fino se empeña, no lleva el peligro lejos, siendo aquel que más se arriesga. Los que pisáis la montaña, mirad que se oculta el monstro de la sierra en lo eminenee entre los espesos troncos, Antes de pasar de aquí, en este llano frondo tengo Lidoro que hablaros. Ya tu cobardía noto, pues debe nacer de miedo el buscar tantos estorbos. Tú eres Lidoro. . Es verdad. Me conoces? . Te conozco por un rústico villano, que criado en sayal tosco te favorece la dicha, por tener noticia solo de estos valles. . No te acuerdas que de un falso testimonio acusaste una persona en Paris? . Qué es lo que oigo? . Mas la Reina darme pena no puede, pues ya sus locos. desvíos pagó su vida. Pues conóceme alevoso, porque yo soy de Isabela en estos montes aborto. Tú de la Reina eres hijo? Advierte lo que propongo: Yo no digo de la Reina, porque según reconozco, son Isabela, y la Reina distintas. . Sus pies croicos déjeme besar su Alteza. Aparta, aparta engañoso, no me toques, que soy cera, tu buril de engaños sordo, y así puedo sospechar, que mirándote mis ojos, me imprimas la alevosía, porque es la maldad de modo, que basta un malo a perder de buenos un mundo todo. Vive Dios que aquí le casca. Vuestra Alteza con rebozos en esta Aldea? . Cobarde, no soy yo tan vil aborto, que me pagué de lisonjas, pues en lance tan impropio, la que juzgas alabanza, pasa plaza de desdoro. Que sois mi Príncipe miro. Pues tú eres villano el monstro que yo busco en estos montes, saca ese acero. . Conozco señor, que eres heredero de todo ese Frances Polo, y quiero reverenciarte Luis, mi señor, así como a un gran Príncipe de Francia, Monarca de aquestos sotos. Saca el acero, porque al mirarte cauteloso, bien pude a traición matarte, pero soy de ti tan otro, que te pago una traición con prevenirte mi enojo. Yo no he de sacar la espada, ya gran Príncipe me postro a tus plantas, sepase que eres valiente, y piadoso. Que tenga tanta paciencia. Saca el acero Lidoro; porque si tanto me irritas, vive ese luminar rojo, que con polvorín de luz rayos tira en vez de plomo, que te pase el pecho, si a mi rencor imperioso te resistes. . Yo contigo no he de reñir; de este modo aquesta desdicha evito. Pues yo te sigo, En los troncos, que hacen escala a la falda ha caído, y riguroso le pasa el pecho mi amo. Poco piadoso te noto. Muere aleve, pues tu lengua me deshonró. . Ya conozco que la Reina está sin culpa. La vida en suspiros roncos parece que rindió ya, pues le cascó de alto, y gordo. Ya vengué mi honor, pues ya en letargos horrorosos, dando vueltas en su sangre queda el traidor, y en sollozos más cércanos a la muerte, dijo, que la Reina (ignoro esta dicha que me espera) está sin culpa: mas todo lo ha de descubrir el Cielo. El acero luminoso llevas de sangre teñido. Limpiarlo intento, pues como su dueño será la sangre, y es el peligro notorio, porque al llevarla consigo pudo aprender lo alevoso. Ya que te vengaste huyamos. Cuando tanta dicha logro quieres huir del aplauso? como puede el cinamomo victorearme en esos valles, cuando airoso vuelvo, y loco? Y si te mandan colgar te mirarás más airoso. No te dé pena Mosquete, pues en estos valles broncos supe volver por mi honra, y que tuve reconozco venganza, industria, y valor, cólera, furor, y enojo.

JORNADA TERCERA

Que la rindió tu cuidado me dices Manfredo? . Sí, digo que ya la rendí, más temeroso, que osado. Luego que aquesta mañana la dije tu amor crecido, quedaste favorecido, que no parece villana. Pero no lo escuchó apenas, cuando el fino rosicler encendido empezó a arder en plateadas azucenas. Era cuando amanecía, y mirando este arrebol, eró P porque Aurora presidía. Y al ver del Cielo el plumaje en mil partes dividido, fue lance bien conocido, que el Sol padecía ultraje; pues temiendo su desdoro, mirando tanta escarlata, en ese espacio de plata detuvo sus rayos de oro, Confesome sin rigor su albedrío, siendo Juez, que no es la primera vez que te tiene firme amor. Y cuando así se arriesgó, dijo su hermosa deidad, que a la Reina en voluntad su amor por grande igualó, Este su cuarto será, en que amorosa, y constante, si villana, firme amante juzgo que te esperará A este me dijo vinieras, y puedes en él entrar. Aquesto será escalar de un nuevo Sol las esferas. Yo a la puerta quedaré para que tengas lugar amante, para lograr tu gusto. . Agradeceré tanto favor. A mi centro voy con esperanza cierta, queda Manfredo a la puerta. . Entra señor allá dentro. Constante quiero esperar hasta que su Alteza salga; aqueste favor me valga para llegar a privar. Según tengo conocido, Lidoro no le da gusto, y juzgo que al primer susto quedará desposeido. Y por eso cuidadoso en tan precisa ocasión le servirá el corazón interesado, y medroso. Que en ocasión tan lograda no pueda a mi madre hallar. Con eso vengo a juzgar, que aquí no está bien hallada. Mas vine a pensar atento que en esta pieza estará. Qué es lo que este hombre querrá? Ya no tengo sufrimiento, entrar intento. No es mire que aquí en este caso a todos se cierra el paso. Pues aunque se encubra el Rey en esa pieza que vemos, en ella entrar procuramos. Quiera busted que vivamos, y así quiera que pasemos. Nuesta suerte es singular, porque en tan poco sosiego tenemos muy grande juego, y procuramos entrar. Mi razón es conocida. La mía es más acertada. Digo que no os daré entrada. Eso es dar mala salida. Pues esta daga hará puerta, abriéndola en vuestro pecho. Yo he de quedar satisrecho. Cielos, mi muerte es ya cierta. Quién aquí osado se atreve con corazón tan villano a ser con mi ley profano, a ser con Manfredo aleve? Vive el Cielo coronado de arreboles, y diamantes, que padezcáis muerte, antes que el Sol se vea apagado. Vuelvo señor por mi honor, pues veo (triste pesar) que tú vienes a agraviar mi conocido valor. Qué solicitas mi agravio, señor, es caso sabido, pues sin honra he conocido lo que esta callando el labio, De Paris a sosegar vienes el monstro (ay de mí) pero atento conocí, que en mi dejas un pesar. Confiesa el vulgo severo, que jamás el Rey deshonra, mas anduvo en casos de honra, mas que atento, lisonjero. Eso se entiende en aquel, que bajo, infame, servil, llegó mirándolo vil a coronarlo el laurel. Que aquel que tiene borrón se engrandezca con el Rey, bien lo llevará la ley, bien lo dirá la razón, mas yo que no soy avaro de linaje en noble luz. Vive aquesta santa Cruz, Qué? que digo. Qué es muy claro. Que en sangre os igualo, es llano, y que en lance tan prolijo, aunque fuera vuestro hijo, no fuera en sangre tan sano. Y así, si no puede alguno califícaros a vos, siendo igual sangre en los dos, a lo mismo me afortuno; pues cuando al Rey han negado en su noble sangre aumento, es por tener complemento, y no admitir ningún grado. Yo os llegué fino a igualar, con que se puede advertir, que yo no puedo admitir, ni vos me tenéis que dar. Y tú, mujer sin honor, sin ley, y desconocida, de un noble pecho homicida, que lucia con valor; te atreviste osada, y ciega a profanar el decoro, pero que es ciega no ignoro, quien así a tropezar llega. Y a mi palabra cumplí, ya constante te vengué, ya mi cólera apague, y ya la muerte le di al que llegó a deshonrar tu decoro en tanta mengua con aquella infame lengua; pero de nuevo a vengar empeñas el sufrimiento de quien se miraba honrado. Pues así te has enojado, oye para el caso un cuento. A un gran ladrón azotaban por un hurto en que le hallaron, y aunque las uñas pecaron, las espaldas lo pagaban. Cuando en sus pesares crece, al verdugo sin desdén le dijeron: dele bien, que es hombre que lo merece. Con sollozos señalados salió, al mirarlo infinitos, y al llorar por sus delitos, no lloró por sus pecados. Grande dolor padecía del latigazo al tormento, pues este hacía el asiento, y las espaldas perdían. Caminaba a paso grave, a los golpes asustado, del verdugo bien zurrado, mas no quedaba suave. Con tan pesadas barajas, pasaban por una tienda, que a la puerta, de su hacienda tenía muchas alhajas. El ladrón, de un abánico miró atento lo costoso, y quiso no ser medroso, por conocerlo tan rico, Hizo el bórrico hacia un lado, y viendo el hurto barato, fue su mano garabato, más poco disimulado, El hurto a sus ojos vieron, y los Ministros al verlo, por llegar a conocerlo, de esta suerte le dijeron. Hombre debes de estar loco, pues al dolor que padeces, en un latrocinio creces, que no es a los ojos poco. Mas el cuando el cargo vio con el hurto entre las manos, a Ministros, y Escribanos de esta suerte respondió. A vustedes les suplico, si aqueste delicto sienten, que ahora algunos me asienten a cuenta del abánico. Por tu madre si se advierte, viene este cuento ajustado, pues al verte así empeñado, te dice de aquesta suerte. Tu valor miro infinito, y pues ya empeñado estás, puedes dar un chirlo más a cuenta de este delito. Ya tirana no has de verme, porque aquesos altos montes en sus vagos orizontes podrán mejor recogerme. Y si su Alteza no fuera quien puso nota en mi honor, lo labara mi valor con su sangre. Gran quimera, que sienta un villano pecho tanto en honor un agravio. Sentíralo cualquier sabio hasta quedar satisfecho, y si no respóndame su Alteza a cuatro razones pues de honor las atenciones son grandes. Ya lo miré, En el honor la evidencia mas que la sospecha obliga, y si esto es razón se diga, esta es señor mi sentencia. Si vos faltando a la Corte a la Reina un alevoso solicitase engañoso por privado en vuestro norte. Si la Reina en tal dolor a sus ruegos resistiese, y con este traidor fuese roca, mirando su honor. Si este por hacerla daño al mirar tanto desprecio, vos volviendo a Paris, necio os refiriese un engaño. Diciendo, que os agraviaba la Reina, dolor fatal, que hicierais en tanto mal, cuando la Reina os honraba? Qué hicierais? ya lo sé yo, y no es mucho cuando lloro . aqueste mismo desdoro, pues mi amor lo padeció, Sin duda mandaráis luego, que a los montes la llevase Silvio, y que allí ejecutase su muerte turbado, y ciego. Si así una sospecha apura una vil muerte en despojos, que hará el que mira a sus ojos profanar tanta fe pura? Juzgad que soy Isabela, pensad, que es vos mismo Luis, y fingid que allá en Paris lo engañaron con cautela. Que si esto imagináis, pienso que la verdad juzgaréis, y cuando así lo veréis, no podréis quedar suspenso. Pues noto al ver su baldón en aquesta injuria hecha, que vos matáis por sospecha, y él se queja con razón. Detente mujer, detente, que el corazón me pasaste con traerme a la memoria, lo que llora mi dictamen. Malo le sabe a su Alteza, que le digan las verdades. Que es Isabela sospecho, cuando es fuerza que ignorase. otra mujer lo que dijo, pues solo Lidoro sabe conmigo lo que pasó, y fue imposible que obrase la piedad en Silvio atento, y en un caso que es tan grave, parece que me deleito, pues en tan estrecho lance pudo muy bien perdonarla, sino puede ignorar nadie, que fue un Ángel Isabela, y en causas tan singulares, juzgo que no haría mucho Silvio en perdonar a un Ángel. Qué supenso está su Alteza, . en soliloquio suave llora como un cocodrillo, y discurre como un cafre. Hombre, que me has escuchado, pon límite a tantos males, que el alma en dolor se anega, remedia en mí tanto achaque, cura tanta pena. Yo no puedo en ella templarle, que no sé nada de Curas, aunque sé de Sacristanes, Tu voz sola puede. el remedio es cosa de aire. Háblame a mí con llaneza. Yo soy un monte de carne, y en mi llaneza no se halla. Pues dime, en aquese traje, quien es Isabela, a caso es principal? . Lo que sabe me está preguntando a mí? cuando se vio por constante, que Manfredo fue el tercero, Erraste. y ella principal. en tus villanas sospechas. Dime, tiene buena sangre? Nunca la he sangrado yo, el cirujano lo sabe. De su linaje pregunto. Pues señor en su linaje, dicen, que nació de humildes, y lo afirman por constante, cuando se dice en la Aldea, que es hija de siete Frailes. Y dónde nació? . En Paris; y allí con dotes iguales. con un sastre se casó, y aunque se confiese amante, si vusted trata con ella es fuerza que ha de mirarse sin fortuna, y desdichado, cuando ella misma es desastre, Decidme Luis, quién es aquese mozo arrogante, que a Manfredo se oponia? Es del susodicho sastre. hijo, y es tan vengador de los agravios tocantes a su madre, que sospecho, que aunque de aquí se alejase sin querer llevársela, volvería por su madre. Mis sospechas fueron falsa engañome mi dictamen, no es verdad lo que juzgaba, pues sospeché que ese traje a Isábela tenía oculta, pero ya veo. En la margen, que entretegen varias flores, que bordan olmos, y sauces a la falda de ese monte hallamos (terrible lance) un hombre pasado el pecho, y al servir de rojo esmalte a las flores, y las plantas, el rosicler de su sangre pidió con roncos sollozos, que delante tus pies reales lo trugesen, y ya llega con el tropel que lo trae. Cielos, Lidoro es aqueste. Que mi señor lo dejase sin acabar con su vida, y que al mirarlo cobarde; pues se mira buena pala, que no le diera seis cabes. Lidoro soy, Casimiro, que ahora he llegado a verte, con un suspiro en la muerte, con la muerte en un suspiro. A desengañarte aspiro, que no quiere el sufrimiento, padecer tal detrimento, cuando es tan crecido el daño, y así escucha un desengaño, oye Casimiro atento. En busca de aquella fiera salí con Luis, ciego error, pisé el valle flor, a flor, que es todo una primavera; yo no entendí su quimera, mas con pasos poco fieles a una calle de laureles, cuerpo, a cuerpo me apartó, donde mi pecho añadió más carmín a los claveles. A qué espera mi desvelo? que lo prendan luego digo. No conviene, que es castigo el que padezco del Cielo; aquí señor te revelo, cuando en este dolor crezco, que este castigo merezco, pues la Reina en tal disculpa, padeciendo está sin culpa, y yo con culpa padezco. En pesar que es tan prolijo aquese Luis, no villano, con imperio soberano me ha muerto como tu hijo; que lo merezco colijo. pues a la Reina, a Isabela, (el susto el pecho me hiela) acusé tan falsamente, pues lo que el pecho no siente, dice a voces la cautela. Esa villana, que aquí se encubre en aquese traje, es Isabel, que ese ultraje padece triste por mí; todo aquesto conocí, por lo que Luis pronunciaba, pues cuando así se empeñaba en herirme su porfía, que era tu hijo decía, y su acero me mataba. La Reina es esa villana, Luis tu hijo, yo traidor, que parece que el dolo es de esfera soberana. Isábela no es humana, aquesto confieso al verte, y lo tengo a grande suerte, por quedar, aunque sin ser, tú con un hijo, y mujer, yo con heridas, y muerte. Apartad ese cadáver, porque el palpitante aliento, o le faltó en los sollozos, o lo bostezó en los ecos. Yo estuve presente al darle. esas heridas al sesgo, y no le cascó de blando. Pues cómo le dio? . De tieso. Que ese muchacho es mi hijo, bien lo entiendo, bien lo creo, pues la Reina de Paris salió en cinta, y con el tiempo que Luis tiene se conforma, sin sospechas, y sin riesgos. Y yo; aunque no sol Pascual, sol testigo, pues los fresnos. ha mucho que me conocen, que aunque en la Corte soy nuevo, y pasar suelo por joven, soy en estos montes viejo. Grandes dolores sufrió al echar este mancebo Isabela a luz, no es mucho, pues tengo por firme, y cierto, que como se miró en cinta, se vería. En qué? En aprieto. No cabe el alma de gozo, pues el apagado incendio del amor, que en Isabela. ardía, como violento se apagó con un engaño, vuelve a renacer más lleno; bien así como en la esfera de nieve, y apor sangriento, a quien se le oponen nubes, rasga los opacos senos, pues al mirar mi dolor de Cupido en tal trofeo, el amor se miró el rayo, la voluntad fue su asiento, la nube el engaño ha sido, cuyo bosquejo desecho, disparó en mayores luces, porque veloz fue luciendo, de aqueste firme albedrío por el humano hemisferio, hasta que llegó a parar de Isabela en bello Cielo. Raro prodigio es aqueste. No entiendo aquesto que creo. Sin Isabel no reposa el alma, amigo Manfredo, busquemos luego a Isabel. Luego a la Reina busquemos. Crees aquesto que pasa? Crees esto que estás viendo? Qué Isabel de Francia es Reina? Qué Luis de Francia heredero? Qué vengó a la Reina ilustre? Que vengó a su madre atento? Que no es rústico villano? Que no es villano grosero? Que el Rey este empeño apoya? Que el Rey apoya este empeño? Que lo creo es cosa clara. Que lo creo es caso cierto. Pues échenlos por la estala, si dieron ya fin al Credo. Yo a buscar a Luis me parto. Yo con su Alteza me quedo. También llegó ya mi suerte. Yo juzgo que aquí no pierdo. Pues a diós padre. Adiós Tirso. Yo soliloquios no empre Atajadle al monstro el paso, enramadlo de saetas, haga carmín la esmeralda, en coral vuelva la selva. Cansado de perseguido, de confusa el alma muerta, de la pena más herido, que de las puntas sangrientas. Menos fiera, y más humano, racional con atendencia, sino es que los hombres mismos quieran transformarme en fiera. Huyendo de un escuadrón he llegado aquí, tragedia, que solo puede sentirla el que llegare a entenderla. Yo de conocer no acabo del mundo la errada idea, pues al conocerme humano solo su porfía necia halla en mi malo el vestido, de donde es fuerza que infiera, que no soy yo el perseguido, sino mi grande pobreza. Cansado estoy, como dije, porque al darme grande priesa. de venablos lo arrojado, y de los arcos las flechas. Al verme tan perseguido dos veces, ha sido fuerza de las verdes enramadas de escollos, sauces, y breñas hacer frondosa muralla, hacer peinada trinchera. Pues ocasión tengo ahora en aquesta margen tierna, bordada en campo apacible, de flores, cristal, y hierbas, quiero descansar, que el sueño, ha de tener solo treguas, cuando es grande su porfía, pues aquel que menos duerma, tendrá la vida más larga; que quien tiene las potencias sin ejercitar sus actos, no vive, y es consecuencia, que aquel que durmiere más, tendrá vida más pequeña. Despeñada de esos sauces, rémate de aquesas peñas, una fuentecilla baja en mis pesares risueña. Bien insensible parece en esa risa que muestra por entre guijas de plata, pues solo puede en tal pena. un insensible reirse, cuando un racional se queja. Vuelto el rostro a su cristal, me entrego al sueño, la hierba me sea alfombra mullida, y me duermo, sin que tema de estos bárbaros pastores porfías que son tan necias. Defiéndame el ser honrado, porque en un hombre de prendas, cuando se entrega al alivio, cuando al letargo se entrega, solo defenderlo puede su buena correspondencia. Por estos altivos riscos, huyendo voy de la Aldea, no de la Aldea, mi madre es la que al monte me lleva; pues aleve, y fementida, sin que al honor atendiera. me deshonró con el Rey; mas que mal hice en tal deuda en dejar la Aldeatriste, pues conseguí con aquesta determinación, que el daño del honor que me atormenta, con mayor fuerza me hiriese, porque aunque mi madre ciega de mí se mira más lejos, es el daño a la manera de aquel que intenta saltar de un río a la margen bella, vuelve dos pasos atrás; pero quien cuerdo dijera, que se retiraba tanto por llegar con más violencia? Así me sucedió a mí, aconsejome la idea, que luego huyese a los montes, pero en mi fortuna adversa di mayor fuerza al agravio, pues no hallando resistencia, cuando infelice me alejo a estas murallas de peñas, le di lugar para que llegue con mayores fuerzas. Mas qué miro? en esta parte a las márgenes que argenta de una fuentecilla alegre tanta corriente deshecha, sosegado un hombre duerme; mal dije, porque es la fiera, que por aquesos jarales busca tanta gente ciega. Que buena ocasión que tengo, pues dejando las ofensas que su Majestad me hace, con esta espada sangrienta he de quitarle la vida, que no será cosa nueva darle muerte con su punta, cuando la miro tan hecha a dar la muerte a traidores, bien Lidoro lo confiesa. Pero qué es esto? no puedo su vestidura grosera tocar con la punta, el Cielo es fuerza que lo defienda. Hombre, que en lecho de rosa, fiera, que en lecho de hierbas tan sin susto te conservas, teme aquesta acción medrosa; fortuna tienes dichosa, que aunque no llegas a verme, pudo el susto conocerme: de irracional das testigos, pues ante sus enemigos, solo es fiera aquel que duerme. Mi furor no satisfago, cuando no puedo vengarme, mas si llegas a mirarme, te morirás del amago. Mi grande furor no apago; qué es esto? válgame el Cielo: a herirlo más fuerte anhelo, y cuando más me embarazo, sin valor se queda el brazo, la espalda se vuelve hielo. Desperté del grave sueño, y en su pesado tropel tristes ecos de una voz me parece que escuche, que me dijo: Visón, Visón, la muerte te dan, detén el brazo que te persigue; pero confieso que fue fabulosa: mas qué miro? en aquesa hermosa tez un hombre con una espada que me amaga llego a ver. Fuente hermosa, que deshecha, por círculos de clavel vas despeñando el cristal, en que te pude ofender, para que tan rigurosa te muestres contra mi fe, cuando te miro traidora, pues en tu plata miré, que encubres un alevoso, siendo de aljófar cancel. Vive Dios que despertó, y que no me vi o noté, aunque en esa fuentecilla pudo mirarme, pues es espejo, cuyo reflejo suele a la vista volver los cuerpos, que a tanta nieve se le oponen; fingiré que duermo, por si con esto puedo librarme. Atended, reflejos, que soy Viso, que aunque tan fiera me veis, que soy hombre sospechad; pero que mis ojos ven? No es hombre aqueste que miro, que con paz, y sencillez duerme sobre aquestas flores? Si no me engaño, esta es imagen del que en la fuente quiso herirme: que no estén aún de las aguas seguros los traidores; pues sin leí mormuraba aquesta ahora con prefuroso correr! Vive Dios que he de matarlo; aunque piadoso intenté perdonarlo por ser hombre; pero no le ha de valer, pues, que me quiso matar. Aqueste leño cruel le dé muerte: mas no puedo morerlo, que no sé que tiene mi brazo, aunque fuerte, suele moverlo otra vez. Tu pasajero, que el sueño en esa margen frondosa encomendaste a la rosa, deja ese mortal beleño; para no dormir te enseño, este milagro te asombres que si sol fiera en el nombre, hoy atento considera, que el hombre mata a la fiera, la fiera perdona al hombre. Pues si el hombre solo mata, la fiera que el monte habita con rigor se precipita, cuando tanto la maltrata; pero si este solo trata de mataria, al conocerlo, llega la fiera a veneerlo, porque al mirar su quimera, pasa a ser hombre la fiera, y el hombre deja de serlo. Dos veces sin embarazo te quise herir en tal calma, mas te perdonaba el alma, aunque te amagaba el brazo; en este penoso plazo, te defendía, y mataba, te quería, y agraviaba, pues en tan cruel porfía; si fiera te defendía, como hombre te castigaba: Pero despertarlo intento, porque vea mis piedades, que no consiste en tenerlas, sino también, en que alguien que las recibe las sepa, pues si este las ignorase, no se obliga a agradecerlas, y solo pueden llamarse. beneficios los que obligan a recompensas iguales. Despierta de ese letargo, tú que al sueño te entregaste tan sin cuidados, atiende que no está seguro el valle. lamás he visto tal sueño, el movimiento lo saque de letargo tan pesado, de la muerte viva imagen. Joven gallardo despierta. Quién eres tú, que mostraste de piadoso los efectos, aunque de feroz el traje? Quién inclinado te sirve, que aunque entre flores me hallaste, soy hombre, mas no lo creen, porque juzgan que soy áspid. Grande temor tengo al verte. Yo inclinación al mirarte, que después que he conocido en tu buen aspecto, y talle tu nobleza, y gentil brío, de manera me inclinaste, que juzgo, no sé que diga al ver aquestas señales, que no es de sola amistad inclinación semejante. De suerte me has obligado con el favor que me haces, que aunque tú mi hermano fueras, no podía ser más grande el amor con que te estimo. Solo quisiera pagarte con la Corona de Francia, si esta fuera de mi sangre, El mayor favor que puedes hacerme, será el hablarle al Rey, de que no soy fiera, para que piadoso mande que no me persigan. . Cesa de llorar tan tristes males. Con eso reudido quedo. Pues yo volveré esta tarde a verte en aqueste puesto. Mirad en contorno el valle, que por este puesto estrecho. no es posible que se escape. Defiende si eres piadoso mi vida, que estos jarales pisan los que me persiguen. El peligro no ha de hallarte, porque te he de defender como a mi hermano. Pues baste. Adiós joven esforzado, Ve con Dios, valiente Marte. Aquí su Alteza se mira. Ya llegamos a encontrarle. Príncipe heroico de Francia, a besar esos pies reales deme su Alteza. . Qué es esto? como así tratáis mi sangre, como me ultrajáis así con irónicos pesares? Que sois de Francia heredero es certísimo. Miradme, conocedme que soy Luis, y que ningún Regio esmalte me adorna. Conoced, que Isábela vuestra madre es Reina de Francia invicta. Dudo, y creo en un instante. Ordena aquesas acciones, no hagamos ya disparates, y pues te dan hoy Corona, empieza luego a ordenarte. Que soy igual con el Rey? Él se confiesa tu padre, bien puede el Rey ser más alto, pero los dos sois iguales. A la Aldea vamos luego, porque todo aquese valle sabe el suceso, y te espera como a Príncipe. . Escucharte puede el alma, y tener vida por el gusto que le cabe. De esta a la Corte nos vamos, ya no trillarás los panes de Meliso, con que pasas a dos extremos distantes, aquí andabas entre pajas, allá andaras entre pajes. Tirso, ya tus pasos sigo. Pues vamos por esta parte apacible, y no escabrosa. Ya rueda, siempre inconstante, sobre tu cumbre me tienes, no procures despeñarme. No te aflija ese cuidado, que de comedia en los lances, no despeñan los Poetas si no fuentes, y cristales. . Querida Isabel del alma, volved brillante a lucir, porque ya vuestro zafir volvió con sosiego en calma. Haced cuenta que el Oriente de vuestro Sol se eclipsó con la noche, y no lució por las sombras transparente. Vos sois el solar farol, y pues luces a porfía este produce en el día, así brilláis como el Sol. Volved a darme los brazos Isábela aquesta vez con más amor, y estrechez. Son de mi firme amor lazos, Con estos pobres villanos nos habemos sustentado, Luis siguiendo el pobre arado, yo a la labor de mis manos, La alegría es singular que tuve cuando miré que vuestra Majestad fue desengañado, al dejar de la vida los despojos, Lidoro (qué crueldad) pues dijo la voluntad lo que dudaron los ojos. Pero dejando eso a un lado de este gusto el interes, en esta ocasión cortés le agradece mi cuidado. porque hablando sin rebojo, he tenido grande gusto, pues a la vista de un fieto, parece mayor el gozo. Silvio a caso pareció después que de él oso fiero siguió los pasos? . Infiero, que como el oso siguió, no pudiéndolo alcanzar, en pesar tan conocido, o temeroso, o corrido, no quiso el valle pisar. De Silvio nada supimos después que así me dejó, ni él sabe dónde estoy yo, que otra ocasión no nos vlmos. Qué Francia aquese heredero tan desdichado perdiese? A su Alteza no le pese, que yo en Francia soy primero. Seas hijo bien llegado, y mis brazos te reciban. Vuestras Majestades vivan para honrar a un desdichado. Vuestro brío en Reinos mío se mostrará belicoso. Él no suele ser airoso, pero suele tener bríos. Vive el Cielo soberano, que si algún Rey te inquietase, en este acero probase el valor de aquesta mano, porque cuando es desigual el Príncipe en tal ultraje, debe ser como en linaje en la guerra el principal. Y Mosqueta en tal olvido tu abrazo no se me debe? Por qué? . Porque no soy breve, y deseo ser ceñido. Esperad, no lo matéis, porque es Príncipe de Francia. 1. Muera pues hay ocasión al bote de la alabarda. Qué es eso? Ser desdichado, llegar con pena, con ansias, sin pulsos, y sin sentidos, con dolor, pero sin alma. Esos cobardes lo hicieron, que urbanos nos respetarán, pues su Majestad la ilustra, el umbral de aquesta casa? Sin remedio soy ya muerto, dígalo el viviente nacar, que por estas venas vierto, que estas son leyes humanas; así se paga en el mundo. venir a besar las plantas de su Majestad? . El monstro es este de la montaña. No soy monstro, que aún por eso al ignorar mi prosapia todos me persiguen, pero quiero más en tal ganancia ignorar mi calidad, que no saberla, y ser mala. Dejadme entrar, porqué imperta no me detengáis la entrada. Dejad entrar al que intenta llegar aquí con tal ansia. Silvio, padre, señor mira de alabardas aceradas pasado el pecho, que en sangre la tierra sálpica, y baña. Bárbaros, qué es lo que hicisteis? mis voces no os avisaban que era el Príncipe? . Qué dices? Oiga su Majestad Sacra: De vuestro Imperio obligado, con Isabela en tal suerte, salí para darla muerte a lo frondoso del prado; pero quiso mi cuidado dejarla con vida antes; mas en penas tan distantes, con pesares tan enteros, dio a Francia dos herederos, al mundo dio dos Infantes. El que miras es Visón; porque en pena tan medrosa, en sus uñas una osa se lo llevó sin razón; esto dice mi atención, porque cuando así me aflijo, para no serte prolijo a la verdad me acomodo, y lo vengo a decir todo con decirte que es tu hijo. No digas más, que en Paris. lo sabré por más menudo. Por puntos me va faltando. el aliento (pesar mucho.) Si la herida no cosieron, cómo le falta por puntos? Creció la dicha al acaso. Al acaso creció el gusto. Qué Visó es mi hermano Cielos? Lo que estoy mirando dudo. Que curen a Visón importa en la Aldea, y luego al punto nos partamos a Paris. Y yo te pido el indulto de faltar a tu precepto. El perdonarte es mui justo, cuando Francia, y su Corona te debe herederos. . Mudos se han quedado con aquesto, y pues callan todos juntos, yo doy fin a la Comedia, perdonad los hierros suyos.