Texto digital de La reina de las flores
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- Jacinto de Herrera y Sotomayor
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La reina de las flores. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/reina-de-las-flores-la.

LA REINA DE LAS FLORES
JORNADA PRIMERA
pabad denos S imposible intento, Si alcanzarle procuras. Las huellas mal seguras u eeneeab Permite solo al viento, Sin fiarlas de el suelo: Que si huye el temor, el paso es vuelo, Y aún el viento parece Que a fuga le provoca. Cuando las ramas toca Con ellas le estremece, Le apresura, y le aqueja Que al viento huye, pues atras le deja. Llevas atravesada, Hol ciervo fugitivo, Mas libre, y menos vivo, Mi águda flecha alada: junto va, no presumas Escapar de su acero, con sus plumas. Quien, si su muerte huye, Con sigo no la lleva? Quien por la extancia nueva Mas término se arguye? Quien hay que considere Que en si no muere más, que donde m El más ligero rayo Mas presto se sujeta; El más veloz Cometa Antes ve su desmayo; Al fuego más activo, Lo muy vivo, le lleva a menos vivo. Qué huella se asegura De que un soplo la borre? La vida que más corre, Mas la muerte apresura: Y sobrando esa herida, Aunque tú pares, correrá tu vida. Cansada estoy, Infanta, Ve, y haz que los monteros Apuesten a ligeros Con su tímida planta. Pues cuanto corre muere, Que le cobren harás donde cayere. eras obedecida Con su misma presteza. Compre su rustiqueza A precio de su vida Lo digno (que no arguye) De morir con mi flecha quien me huye. Peina el viento, penetra la espesura, (Solo estimando lo que más le priva) Montero que en la suerte más esquiva, Crédito pone de mayor ventura. Así el desdén despeña la cordura: Beldad así era Dafne fugitiva, Pero alcanzada la que huye altiva. Tronco es grosero toda su hermosura. el amor con que se aleja; Y amor, quizá no fuera, si esperara: Mi libertad se avise en mi ejercicio. Tema que en la caricia está la queja; Qué es beldad, la beldad, cuanto es avara Que no hay ingratitud sin beneficio. Pero sin viento ninguno Ruido, éntrelas ramas, siento: Si alguna fiera las mueve, Menos tímida que el ciervo? No es cobardía el recato No es valor todo el sosiego, La prevención es victoria, O es de ellaprincipio almenos. Pongo en el arco una flecha; Trueque la presteza el riesgo, A punto con el oído. JAZMIN Porque me matas: Hay, cielos! J - Hermo sísima deidad, beñencio. De quién es el sol bosquejo De quien es envidia el día, De quien son las almas templo: Bellísima cazadora, Animado Ymán de afectos, Dulce patria de cuidados, Grave asupto de requiebros: Qué furor tan inhumano? Qué crueldad? o qué recelo De un ánimo, en que no deben Caber rigores, ni miedos? Te puso el arco en la mano? Para un hombre, tan sujeto A tu nombre? qué te ha sido Antes de ahora, trofeo? Pense yo, que esos arpones, Mortales (Señora) menos Que tantos, como tus ojos, Fulminar pueden incendios: Pense yo que los trayas Al monte, solo dispuestos Contra las fieras, no, y todo, Contra racionales pechos. De tres arcos que públicas En tus ojos, y en tu cuello, Bastar pudieran, Señora, Cotra humanos, los dos de ellos. Amante te busco, Amante, Sigo tus pasos, tan hecho A morir de las heridas, Que dentro de el alma tengo. Que de puro enamorado Con mi pena satisfecho, Vivo solo, porque viva Con migo mi sentimiento. No me duele la de ahora, Porque es herida, mas vengo A sentir que el alma noble La envidie a lo vil de el cuerpo Que aventajabas con una, Si a millares las padezco? Y si muerto me querías, Para que dos veces muerto? Mas si fue que lo ignorabas, Bien te bastaba el quererlo, Sin agraviarme buscando En mí, el morir tan grosero. Imagina: Basta, escucha; No prosigas, que me ofendo De tan culpables aplausos, Que todos no son respeto. La extrañeza me ha tenido Algo el ánimo suspenso, Sin advertirte, mirando, Y sin escucharte, oyendo. Qué tibiamente me enojo! . Qué falsaméntele miento! Pues de quién mira y escucha Estoy probando los riesgos.) Quién eres? pero aunque seas, El mismo luciente Febo, Cuyo piede nácar, vesa Tanto mundo de luceros: Cómo te atreves? mas como Yo me permito? qué es esto? En mis altiveces dudar En mis libertades freno? Como a discurrir te dejas Mas que con solo el silencio? Cuando hasta en él, la ternura Fuera osado atrevemiento A mí que soy? pero aguarda Que te miro estar perdiendo Rojo humor, sin que me agraden Sacrificios tan sangrientos: Adónde tienes la herida? L. Extraña mujer! Hay cielos!) La mortal no se pública. Lo amante todo te vedo. Si la menor me examinas, En esta mano la tengo. Is, Temblando llego.) Pues toma, La harás benda de este lienzo, Benda y de amor? Pagarate La que en los ojos me has puesto; 2. No adviertas quen ciega estoy? Su desigualdad no entiedo, Mi lienzo le di? qué hice? Su lienzo me dio, qué temo? Burlado miro lo altivo, Y olvidado lo propuesto. Qué piedad tan mal nacida Me aconseja mi despeño, Tan dentro de mí? que a mí Caber, no me deja dentro? Desdenes ahora? ahora Me faltáis? yo me sujeto Tan bajamente? y con migo Yo misma me desmerezco? No ha de ser, que ya me asisto, No ha de ser, que ya despierto: 2. Y haré que se desvanezca Lo pasado, como sueño. Cazador, hombre, o quien eres, Ya estas curado; ya muestro Socorriéndote la vida, Que aú no te acoje mis riesgos: Que aún no te estiman mis triunfos Y para que estes más lejos De esta dicha, escucha un poco, Sanarás tanbien de el seso. Estos los jardines son Floridos de Chipre; en estos Verdes apacibles campos Que aajar no se atreve el tiepo. Eterna Ros A animada Nací, y divina, que tengo Al sol por padre; y me illustra La altiva sangre de Venus. ROoSA soy, ROSA me llamo, No Rosa común, que al fuego Que se pública se abrasa, Siendo su vida un bocezo: Mayos son, para con migo Todos los meses, los vientos Auras mansas, sin sufrirme Los diciembres ni los cierzos. Aquí que es mi corte; aquí Donde está mi solio ameno, Y donde (aún decente poco) De dosel me sirve el cielo. Aquí pues todas las flores La corona compitieron, Y en ejércitos lo hermoso Battalló por el imperio. Los Claveles, los jazmines, Los Narcisos que volvieron A alma nueva, los jacintos Que el favor de el sol tuvieron. Las Clicies, y todas cuantas juntan coloridos pueblos, Forman fragrantes ciudades, Y componen tantos Reinos: La blancura, la beldad, La púrpura, me cedieron, Con que naci destinada A la majestad del cetro. Por Reina, en fin, me juraron Todas las flores: por dueño Me veneran, hoya sean Triacas, o ya venenos. De las Provincias que mando El número, y cuenta pierdo, No me iguala el sol, monarcha De estrellas, y de luceros. Mira ahora comparado A lo soberano de esto Si podrá medirse alguno Con lo mucho que merezco, Tus altiveces reprime, Humilla tus debaneos, Da al olvido tu cuidado, Da tu ternura al silencio; Da tus lágrimas al mar, Da tus suspiros al viento; Tu esperanza al desengaño, Y tu pretensión al miedo. Oh saldrás de mi castigo, (En tu altivez, tus deseos, Tus lágrimas, tus suspiros, Tu esperanza, tus conceptos, Tu pretensión, tu ternura, Tus cuidados, tus affectos) Sin muerte para dejarlo; Ni vida para tenerlo. Qué escucho? confuso, loco, Rendido (hay de mí!) postrado Ni oso tener mi cuidado, Ni se dejarle tan poco. Con mil contrarios batallo: Mi amor te llega a cansar, Remediolo con callar, Y dígolo más, si callo. Si vivo, tu offensa ve, Que vivo solo a quererte, Y si muero, está la muerte Diciendo tanbien de que: Y podrá (o cielos!) cansarte Que muriendo de tu amor, No le deje a tu rigor otra vida en que vengarte. Tu vasallo humilde soy, Aunque tu sangre es la mía, Y alguna soberanía En vasallaje te doy. Soy el Príncipe JAZMIN, Planta illustre, lisonjera Flor, a alguna primavera; Gloria, a más de algún jardín: Vi tu hermosura, y mi muerte En tu fama, a quien se oyó Que a flores tales se dio Licencia de pretenderte. Que estar coronada aquí (Holhermosa Reina) es empeño De que en tato imperio dueño No lo puedas ser de ti. Trújome, no la ambición, Aunque más te desobligo, (Hay triste yo!) si te digo Que me trujo mi afición. Hallete cazando aquí, Y por no mirar sujeto A embarazos del respeto, De esos ramos me cubrí. Esto faltaba al suceso De hasta ahora, si offendida Estas de que a tanta herida Soy deslucido progreso. Con tu gusto me acomodo, De suerte que ya te pido Perdón de que me has herido, Y de que me has muerto y todo. Y culpado, o no, sabré, Sin memoria, sin ternura, Sin pretensión, sin ventura, Sin esperanza, sin fe, Sin gusto, sin albedrío, Sin alma, sin corazón, Sin voz, sin estimación, Sin ser tuyo, sin ser mío, Ser quien cuide desde hoy Solo, de ser mi enemigo: (go, Que no hede estar bien comi- Si mal en tu gracia estoy. Él se va; cielos qué es esto? Llevas me? y has me dejado? No pareces mal tratado, ves que te ausentas tanpresto. Llamarele? loca estoy: A desconocerme llego, A mí me ignoro, y me niego Lo que siento, y lo que soy. ANTHORA e . No pensé poderte hallar, Y ahora llego con susto, Parece que estás sin gusto Si podré disimular? . Fiel vasallo, amigo ANTHORA Illustre flor, saludable Mas que cuantas en el mundo, Para antidotos se saben Dicen me que van llegando De mis novios al examen Muchos, en quienes, ya temo, Dueño, egaño, imperio, y cárcel: Que en esta necia, ignorada Indignidad de casarse, Miro público lo humano, juzgo sujeto, lo grave. Recelo aajado, lo hermoso, Lo libre escucho culpable, Licencioso lo casero, Y desválido lo amante. Dícenme, que allí se vuelven Los humildes arrogantes: Se desprecia el permitirse, Y se condena el negarse. Él siempre esento albedrío, Alta herencia, y noble parte Dicen tanbién que se deja Solo para que le manden. juridición celebrada, Y entonces tormento grande, Si el tenerla se padece, Y ha de sobrar cuando falte. De que lo rico y lo hermoso Servirle puede al diamante, Si lo preciado que tiene Nada para sí le vale? Tan lejos nace de suyo, Como apetecido nace, Que el engaste más lucido, Es prisión aunque es engaste. Nunca lo que soy naciera, Si me obliga a enajenarme, Y no he de tenerme a mí, Solo porque tengo partes. Reina hermosa de las flores, Illuminado celaje; De el sol y la primavera Hija, y retrato agradable, Deja tímidas tristezas, Que con el temor se hace Caso lo que se imagina, Y las sombras todas grandes Ese horror de lo marido Es para empeños vulgares, Y aún en sus pláticas, solo juridición de el donaire. Tan altas soberanías, Cuando a lo humano se anaden, Es por lo provido, y nunca De su decencia se salen. La sucesión en los Reyes Y en los Reinos, importante Convenencia, es tanbién todo Lo eterno de los mortales. Al obedecer un dueño, También se junta el mandarle. Nada es divisible, donde Son una dos unidades, Demás, que en el mundo nunca Vivio por si solo nadie, Al mandar sirve el que manda, Y no es obediencia fácil. La dicha en si detenida, Ni de si propia no sabe, Que comunicar el bien, Es el modo de lograrle. Si se estuviera sin dueño, Quién celebrara al Diamante? Que el engaste que le prende Es la gala que le aplaude. Fuera de esto, cuantas guerras Tus Reinos padecen, sabes: Celos da tu monarchía A las otras, por más grande. Llena de enemigos vives, Y después que te juraste Por Reina, ni entre los tuyos Te falta de quien guardarte; Que hay pechos tan ambiciosos, Que olvidan (por ensalzarse) A dios en su juramento, Y en su lealtad, a su sangre. Yendo en ellos la corona (Señora) no a coronarles La frente, si no la afrenta Por la mayor que se sabe. Tienes Provincias rebeldes, Sin más pretexto quedarse A un ordenado desorden, Que ni las almas les salve. A Reyes parientes tuyos. No les embaza, el ligarse Con ellos, aunque a la fe, Qué profesan desagraden. No se atajan sus validos De lo injusto, que se hacen Mas necesarios con ello: Y está su ruina en tus paces. THORA planta venenosa, Vive en tu corte, arrogante; Con senas de mal seguro, Y de soberbia insaciable. No quisiera de Acucena, Tu prima, y tu Dama, hablarte, Deidad es, pero parienta Cariñosa, y amigable De los Lirios, y las Lises, Flores tus contrarias: basten Tus confianzas, que arriesgan Mucho las seguridades. Baste tu desdén, Señora, Y permítete a casarte: Admite un Rey que nos rija, Y un marido que te guarde. Si flor vasalla no quieres, En los cielos, en los mares, Y en los vientos, hay luceros, Hy cometas, hay deidades: Tendrás sucesión; tendremos En la que de ti dejares, Y en el que contigo tengas, Para las battallas Marte; Para las ciencias Apolo, Neptuno para los mares, Saturno para las tierras, Y jaño para las paces. Tendré un dueño, cuyos dan spues no se saben. Será cual tú le quisieres. (. L. Hayl cuanto más persuaden Un garbo a caso mirado, Una mal vertida sangre, Una traidora piedad, Y una ternura inconstant Y THORA a, , . Juyes de mí, bellísima. Azucena Huyo de ti: mas es para apartarte, De la caza, y la Reina donde ajena De estorbos y censuras, pueda hablarte. Dafne temí que fueras. Sin tu pena Laurel quisiera ser, por coronarte, Cuando al mundo amanezcas rayo nuevo. Mas no quiero ser Dafne, si eres Febo. Su afecto, y su ejercicio dividiendo Sin agraviar lo tierno, o lo brillante (Con que los dos le estamos excediendo) Tú en la luz lo serás, y yo en lo amante. Dora la selva, tú, que floreciendo Ves ahora a tu planta, y tu semblante, Pero no me corones, como Apolo, Si lo he de ser, en que me huyas solo. ara estimarte y no mudar la suerte Que hasta aquí, en merecerlo, persevera, Si te huyere, será para tenerte Que no soléis seguir lo que os espera. Para solo el recelo de perderte, Que mi afición me basta, considera, Si porque puedas aguardar segura, La privación le sobra a tu hermosura. Desde que el dulce imperio de las flores Se compitió entre todas, te venero. No es mérito la dicha, los mejores Son los que suele desdenar primero. No fue Paris el juez, que los primores Que en tu beldad, Señora, considero; Ni la victoria dieran a la Diosa. En fin triunfó la dicha, y Reina Rosa. Aquí la pena ahora, aquí el callarla, Ni el decirla, es posible (hol hados fieros!) Con él estoque estuve al coronarla, Y a jurarla, salí de los primeros. Así pensé (qué error!) pensé obligarla A que allá en mis Provincias (lisonjeros Pudieron más) por Rey me coronase, Y con migo Azucena te casase. golo todo, y dando me el castigo De lo que la serví, solo me alcanza Ser mirado, quizá; como enemigo, O al menos, con dudosa confianza. Tú, que a reinar aquí, sinó con migo, Puesta en razón trujiste la esperanza, La sufres dueño, y se imagina ella, que puede ser tu sol, siendo tu estrella. con otros muchos, conjurado, el favor, que me tienes, prometido, Quiero el Reino tomar que no me ha dado Y este darte, que aquí no te ha cedido. Años ha que lo trato efetuado Lo tengo todo, y nada se ha sabido. Felicitad, Señora, de un secreto, Que aún peligia en el pecho más discreto. guardo la ocasión de ejecutarlo Esta se tarda, dudo tu firmeza; Matasme a celos, quiero remediarlo, No me dejan tu ausencia, y tu belleza. Miro al suceso, temo aventurarlo; Huyo el tardar, recelo la presteza, Quiero te hablar, no venzo tu retiro Muero de dudas, y de amor suspiro. nhora galán, la Reina me persigue, Afecta presumida lo incasable: Quiere hacer ley de la opinión que sigue; Veda el mirar, impugna lo intratable; No hay gusto de que no se desobligue: Piensa tú como dejará que hable, Si no alcanzo (offendida de este modo) Que un penoso callar lo diga todo. Nunca te faltaré; pero te advierto Que estes de tu secreto cuidadoso, Porque si no te juzgo descubierto Te hallo en todos ellos sospechoso. THORA, veneno tienes encubierto, Para tales empresas virtuoso, O estar no tele dejes olvidado, Oh ten tele en tu planta recatado. Ese temor que en ti se me confirma, Escribir a la Reina me propone, (Bella ACUCENA en un papel sin firma, Que alguno a darla muerte se dispone: Si en su cuarto le arrojas, y se afirma Esta suspecha, estotra se compone, Pues con otro recelo desvelada, Donde no hay daño, acudirá burlada. Y aquel que su pondrás en ese engaño, No habrá de padecer? Pues tu prefieres El ajeno peligro a nuestro daño? Qué lograrás si tan piadosa eres? Y quién será? Eso, ahora, aún yo lo estr o; El primero, con quien celos me dieres. Faltarate sujeto. Quiera el cielo. Caballos, hoigo. Pues al mío apelo. , ACUCENA JUNQUILLO e , - Ata ese caballo, y calla. O atate tanbién a ti: Que he visto una flor allí; Y no quisiera pisalla. Átate, que me han culpado El dejarte entremeter Aunque un criado ha de ser, Ni atado, ni desatado. Rara pieca! quién será? . Ya Señora, que os dignáis De mirar, y que miráis Las flores de por acá. Sabed que soy una flor, (Una flor macho) que espera Ser que quiera; o que no quiera De la Reina pretensor. Vengo, pienso que de el norte, Que yo no se donde cay; O mi caballo me tray, Por traer flor a la corte: Donde sin flor no se vive, Y quiero saber de vos Qué flor sois, que flor por Dios? Que flor, pues no se os prohibe? Sois la Reina de las flores? Importa qué se lo diga? Si no sois la Reina, amiga No os puedo decir amores: Que no quiero darla celos. Y el que flor es? Don JUNQVILLO. Mire si tardé en decirlo; Soy una flor de los cielos. Soy flor llena de primores: Es mi aveja el dios Cupido, Y los dones he metido En el mundo de las flores. En olor no ha de excederme La flor de más hermosura. Si lo duda (por ventura) Vueza merced, llegue a olerme Mas de quienes me de sena? Lindo humor, y lindo espacio Soy una flor de Palacio. Pues como salió sin dueña Al monte? Miren que falta: Quien (aún que de ello se alabe Mejor que una dueña sabe A dónde la liebre salta? Pero ya mi pretensión Devedespachar, asombre Mis orejas con su nombre. Soy ACUCENA Y sin don? Porque diga un don no toma? Pues no es difícil tomallo? Don tiene hasta mi caballo, Sin dispensación de Roma. Conozco la por la fama, Se que la Reina la estima; Y aún me dice que es su prima No se si mondonga; o Dama? Yo se que a risa provocas. Pero si no hay entredicho Las Azucenas, me han dicho Que son Señoras de tocas. No le hu viera yo escuchado Que esa es parte muy severa. Si quiere ser mi tercera, Non le será mal premiado: Qué traigo famosos sacos, Como a la corte, y de espacio. Nunca faltan en Palacio Locos, simples, y bellacos. Suelto va. Desvía. Tómale presto la vuelta. Si es la Reina que se suelta Para alguna montería? Qué furioso y desvocado? Difícil será el pararlo. Voy a ver, si mi caballo, O mi mozo se ha soltado. o vencida, Sordo a las mudas órdenes de el freno, Por sendas ignoradas, De el dueño huye, que en la silla lleva: Un caballo offendido, O de verse oprimido, O de escuchar los picos de la espuela, Y en vez de correr vuela, Llevando al parecer por solo empeño, Librarse todo, y sacudir el dueño. No el joven le sujeta aventurado, Ni desasirse de el gobierno puede, Mostrando ya los dos con su ejercicio, Qué es la desobediencia precipicio, Y el presumir mandarla Arriesgada batalla. Hol mancebo, galán sin duda alguna! Que en ti se ve, y lo muestra tu fortuna! Nadie le alcanza, todos le han perdido, Oh todos le han dejado: Mas cuando es muy seguido un desdichado Hacia aquí se encamina, Noble piedad me inclina sibles me empeña: to va de el monte por la greña, en pudiera escaparle! a procura arrojarle: Saltos da, que temor! toda soy hielo: Qué tropezó parece Dide CLAVEL . Santo cielo! Cayó, y el bruto escapa, Que aún vengado, su enojo, no se aplaca; Hol nunca ya la silla y el adorno Que no te fue soborno, Mas a ninguno enseñes, Allá vayas, a donde te despeñes. De los hombros de el viento, (Que este ya no es caballo, es elemento Llego a la tierra, para que me ayude, Y cual el de su pecho me sacude, Sin duda con offensa más lograda. iste joven, la mano ensangrentada más bien librado, po la vida se ha escanado. T Viene; Pues de el riesgo! Qué es esto noble mancebo? Que bien muestran que eres noble Tú talle, y tu suerte, pues Ella, o él, no te socorren? Quién eres? a dónde vas? De dónde vienes? qué nombre Daré al monte? que por ti No se ha salido de monte? Parece que estás herido? C Y si lo estás? como el bosque, (Cuando pudiera en piedades Tanta sangre paga en flores? Qué flecha sangrienta es esa? Y si ha sido suyo el golpe, Como a tu gala se atreven, Mas qué amorosos arpones? Sientes mucho la caida? Llega, qué temes? responde Ten ánimo, que yo se Que tienes dos corazones. Dos Señora? cómo puedes Imaginar tal de un hombre? Si aún no habrás dejado uno En los muchos de esos robres? cuando los escapase De tus hermosas prisiones; Quién escuchará con alma Tus dulces piadosas voces omo podré responderte Si a tanto de tus favores De todo lo que no digo, Dirán menos las razones? omo llegar a dos ojos Que otros tantos cifran soles? Sin miedo de que con migo Cuente el aire dos Faetones? sta si fuera caida. Sensible, Señora, donde, Como allá estuvo en el bruto, En mi estuviera lo torpe. le trocado el sentimiento De ahora, con el de entonces, Que enfermando de los grades, Se sana de los menores. ve es esto, me has preguntado, Y esto que en ti se conoce Es mill envidias de el día: Los rayos de el sol perdonen. sien soy, y de donde vengo, Tú misma te lo responde. O pues me tienes sin mí, Permíteme que me ignore: le de todas las preguntas. Que te deben mis pasiones Se, a donde vengo no más; Que es donde matan de amores. Esta flecha es la que irío Esta mano, de qué corre Esta sangre, y mill de ahora, Las que el corazón me rompen. Mas para satisfacerte A tus dudas, más conforme, Sin que al oirme esta herida Te divierta, o te alborote: La ataré con esta banda (Aunque de ella desadorne El brazo) y con tu obediencia Todas mis admiraciones. , ACVCEA Mejor el lienzo se aplica A las heridas, que cobres Quisiera con este mío Salud nueva, fuerzas dobles. Y por que de esta piedad No el enpeño te congoje, Pierde el tafetan, y en pago Me deja, que te le tome. Es quitarme la esperanza? Antes dártelas mayores. ACUCENA . A. Si amor me presta su benda, Salirse de ciego escoge. Ver quiere como te asiste Al daño que te socorre. Ya en virtud de tales manos Lisonjean los dolores, Ver quiero tan bien la flecha. CLAVEL a ACUCENA Hartas tienes que te sobren, Y a muchas me truecas una. Parece que la conoces? Tray la senal de su dueño, Y es (porque tu dicha logres) e la Rosa de estos campos, pe la Reina de las flores. ̱. Qué mal proverbio! ay de mí. Qué has hecho? porque la ropos? Porque te offendió no más, Y porque no se la tornes, . Que será de amor después. Por buen proverbio lo acoje Mi venida, aunque en su flecha Entro viendo sus rigores. Parece que lo ha sentido: Pésame de que la enoje, Y la paguen mis sucesos, Tan mal mis obligaciones. Pero si lo son, sus celos, Y mis empeños perdonen 2. Que vengo ya destinado A más altas pretensiones. Ya que estás curado,, hay triste) Razón será que me informes De ti, y de como la Reina a tratado tan mal? Te ha Oye. El Príncipe CLAVEL soy, Que desde el sur, hasta el norte Por Potendado de el mayo, Me celebran mis blasones. Supe que la Reina trata De permitirse a un consorte Que asegure su corona, Con felices sucesores. Y juzgando Claro estaba; Hay, cobardes presunciones! . Cuado salís menos ciertas? Vendrás a que te coronen Sus bodas (,, nunca lo veas?) . Pasa adelante, y no estorbes Tu suceso con tus ya Colegidas digresiones. Llegue pues, supe que aquí Fatigando estaba el monte La Reina, o que le illustraba Como diosa de los bosques. Basta decir que cazaba; A ella le dirás amores Esto es hablar con respeto. Y au perderle a mis pasiones) Supe en fin que un ciervo herido Seguían sus cazadores, Que atravesada una flecha, Alas le prestó veloces. Mandé pasar adelanté Mi gente, entreme por donde Ellos ivan, ya que hallaba Antes que el lugar la corte: Ayudar quise a cobrarle La caza: de los talones Di a ese furioso caballo, Desprecio del aire entonces, Pájaro es, ya que le vence, Vajel es ya que le rompe, Y las crespas, cola, y crín, Plumas, velas, y pendones: Yo le apresuro, él se enciende, El corto cuello descoge, La breve testa sacude, La endida cadera esconde: La abierta nariz no basta A que su enojo desfogue, Ni el pico agudo, que munda De incendios, y de furores; El ancho pecho salpica De centellas y de acogue La rienda puesta en olvido, La gala vuelta en desorden. De todos se pierde el ciervo, Cuando al parecer dispone; Parar en la muerte, allá Donde ninguno le cobre, Todos me pierden a mí. Desvocado el bruto, corre Donde el ciervo ha muerto caigo: La mano le pongo, donde La flecha está atravesada, Y ella la mano me rompe. Arráncola con estotra, Por qué muerto no se goce. De que le dejé las armas, Y en algo me desenoje. Mudo la suerte en tus ojos, Tu lastimada, me acojes: Y en tu caricia piadosa Se alberga, un dichoso joven Cuando la selva me envidia, La aurora, el cielo, sus dioses, Adornado de agasajos, Coronado de favores, Que si humilde no merezco, Ya te reconozco noble. Mas que todo junto ingrato, Tendrás a Rosa por Norte, Lograr presumiendo altivo, Su beldad, y un Reino en dote. Angelica de esta selva. Medoro de este Horizonte, Nunca yo te viera serlo. Tendré impresa, como en broce La deuda de este suceso. Si a su fe no correspondes, Seré cifra, seré olvido De las locuras de el Conde.
JORNADA SEGUNDA
DiN no se queja ofendido! Quién es cuerdo, y quien padece Mostrando que desmerece Lo que siente agradescido Es culpa de presumido, No hallarse jamás premiado. Delito de enamorado, Estar mal con el dolor Y es agravio de el favor, Lograrle desconfiado El temor es afición, Y el sentirla, como ves, Contra mi mérito os No contra tu estamación: En quieta satisfacción Tibia está la voluntad; La altiva seguridad Es descuido, y será olvido Que aún el favor conseguido No ha de parecer verdad. sito (de pensarlo muero vuelves a este horizonte, Con esa banda de el monte, Donde hablaste un forastero; Callar lo del lienco quiero, . Que yo le haré más herida. Prenda tan favorescida, Qué ha de hacer en el amor: De el que a solo su temor, Dejar presume su vida Traigo me contra el poder De la Reina embarazado, Ocupasme tú el cuidado, Que en su ofensa he menester, Quitarla el Reino, es querer, Pasarte a ti su corona, Si me das, celos, perdona; Que ni los puedo callar, Ni ha dos ansias puede estar, Quien no es más que una persona. Hoy escribí aquel papel Sin firma, por desvellarla, Deciéndola, que a matarla, Se anima un vasallo infiel. ine a Palacio con él, No pensé poderte hallar, Fingi un negocio en que hablar Con ella, en su cuarto entré, Donde el papel arrojé, Porque le puedan topar. a danos tales sujeto, Como no me hará temor, La mudanza de tu amor, Y el riesgo de mi secreto? Tú sola, de tanto aprieto, Puedes ser medio oportuno; Yo, en dos males, de ninguno Puedo ser alivio (hay Dios!) Que por acudir a dos, No basto a tenerme en uno. ̱. Tora, de puro galán Tu gala ofendes, y en ti Mill agravios para mí Fundando los tuyos van: No faltarme un tafetan, Cuando doy una caida Dejas que la fe te impida, Que me debiste primero; Y de hablarme un forastero Me juzgas agradescida. lacéis nos a todas ya (Con desconfianza ciega) Tan fáciles al que llega, Como falsas al que está. Mira si agravio será De una altivez, la indecencia Que pública tu imprudencia, Cuando a tu seguridad Ya que no mi voluntad Bastaba mi convenencia. Tu papel verás logrado, Que en Palacio siempre ha habido Quién por ser entremetido Caiga en riesgos de pesado. Tu secreto asegurado Está en mí; como tu amor: No te debas tu dolor, Que (contra tanta verdad) Si es el temor voluntad, No ha de hacer caso el temor. Su quietud quiero buscar . Para que de su afición, Vida a su conspiración, Y a mi voluntad lugar. Seguro me he de mostrar, Para que ayude mi intento, Que si logro, el pensamiento De ser Rey, atar podré A mi esperanza, su fe, Por segundo vencimiento.) Esto sentado imagina Que tu Real pretensión Pierde ya de la ocasión, Cuanto no la determina; Hoy a tu favor se inclina; No esperes más a manana, Ni esta Rosa Castellana Nos tenga en su imperio verde, Que la ocasión que se pierde Difícilmente se gana. En la elección de sus bodas, El Reino está descuidado, Sus Príncipes han trocado En galas sus armas todas: Si hoy al tiempo te acomodas, Nada habrá que no te importe. Divertida ves su corte, Y sus rebeldes, con guerras, Congojando están sus tierras En el pomente y el norte. Las lises, parientas mías, Se la han roto; y ya con sana Van poblando la campaña, De tropas y demasías. Los apresurados días Tres anos dejan atrás, Después que en la empresa estas. Sospechas andan de ti; Y si te prenden aquí, Vida y venganza les das. Ya no hay que esperar; dispon Tu jornada ve a tu tierra, Mueve la patria, y la guerra Acrédite tu razón. No el secreto, y la ocasión, Sirvan para aventurarte. Yo con avisos que darte Desde aquí te asistiré Y a Cupido alistaré En las banderas de Marte. Serás firme? Y siempre. Pues, Yré a exponer mi persona A morir o a una corona Qué arrojar luego a tus pies. Tú bastas para interés De mi amor, qué bienle engaño! Bien se asegura mi daño,) Parto en fin. Guiete amor. go. Es cie Mas da valor. Venceré pues, No lo extraño. ACUCENA y CUILLO, . t Plaza a la Reina. El humor No es malo. Tengo salud, Pero con cierta inquietud Hacia el pulso de el amor. Sois muy tierno? Mucha cosa, Que aún sin amorosos grillos Son muy tiernos los junquillos: Y a quí no es blanda la Rosa. Sois celoso? Criminal, Celos tengo sin pasallos, No se pedirlos, se dallos Qué es parte más liberal. Sois muy lindo. Lindo o no; De esta manera nací, Si no lo soy, para mí Basta que lo piense yo. Así mis remores domo. Y no poco lo asegura; Que para más hermosura Tengo mi poco de romo. Ya de aficionarme trato. Por mostraros mi deseo, Sustentar pienso un torneo: Pero sin hacer le plato. Esa es miseria. Ese es dolo Malicioso a toda ley, Que como áspiro a ser Rey, Me preció de comer solo. (A Azucena he visto allí. Siepre acecha, y siempre escucha Su desconfianza es mucha. Su altivez, Señora, di. Siempre con misterios anda, Y hartos parece que tiene El cuidado con que viene De al ino, de brazo, y banda:) Azucena. Reina mía. Hol que venga en hora buena La dignísima Azucena, A tu hermosa compañía. Conoceisla? Allá de hablarla Tuve en el monte ocasión; Si logro mi pretensión, Doy palabra de casalla. Mas qué premio será pena. Qué bre dicho, y bie fruncido! Cómo de el monte ha venido? He? la Señora Azucena? De venir vendrá offendida, Quiero de su falsedad, . Mantiendo sacar verdad.) Que allá estaba entretenida. Lo que presumes ignoro. Aún que eres prenda tan alta, En las selvas nunca falta. Un Hrlando, o un Medoro. Si sabe lo que ha pasado? . De todo estoy informada, Y con razón, estimada La banda, de tu cuidado. (Todo lo sabe hay amor, . En gran confusión me hallo, Disculparlo, y no negarlo, Será el remedio mejor.) Cuesta te muchos desvelos? Tu sospecha, y tu semblante. JUNQUILLO. Entretened a la Infante. No quisiera daros celos. Lograd vos cualquiera epleo, Que yo vivo asegurada. JUNQUIILO Si no es Reina coronada, No me llevará un deseo. Traes, Acucena, de el monte Esa banda, y tan adrede, Que en todo Palacio causa Indigna sospecha el verte. De su color la esperanza, Aún más que las que posees, Muestra las que das, y el dallas Hasta las que quedan pierde. Porque para que se estimen, Es menester que no lleguen, Y ha olvidado se dispone, Cuanto deja poseerse. Fuera de que la hermosura, Que se ha de lograr decente, Sirve al amor con causalle, Pero no con padecerle. De más, de que la esperanza Es un grosero accidente, De un humano amor que incluye Indignas plebeyas leyes. Eres mi prima, y no quiero Que tus aplausos te cieguen Tanto, que de celebrada En offendida te trueques. Sin escarmientos te avisa, Qué es tarde cuando previenen, Y dejan de que se cure, Al que con ellos se advierte. Mucho de mi desconfías, Mucho, Señora, te offendes, Pues soy tu prima, y por mí Con tigo misma no vuelves. De tan vulgares temores Bien será que me reserves, Sin darles en mi respeto El imperio que no tienen. Bien puedo yo ser con tigo, Excepción de otras mujeres, Para que no te acredites Los riesgos en que me temes. De una flecha tuya herido Hallé a caso un pretendiente, De los que para tus bodas Van llegando a proponerse. sangrienta le vi una mano, Y dio me piedad al verle, Que de tu arpón, mal tratado, Mas que en alma estuviese. Di le un lienzo, y obligado Con mill ternuras corteses, (No amantes, que destinadas Para ti fueran aleves) De mi lienzo, y mi piedad Esta banda me dio en trueque, Que pues el dueño es tan tuyo, Ella lo será, si quieres. (Qué es esto que escucho, cielos? Qué tanto a tur barme viene? Porque a mis curiosidades Castigos dais tan crueles? Hombre de mi arpón herido, Qué mereció secorrerse De mi lienzo y mi piedad, Cuanto la estamó desmiente otro lienzo busca en otra, A quien no pienso que debe Tanta lástima? y a quien Mas que a mí se le agradesce? Banda por satisfacción? Ternuras? y cómo aleves! Pues no duraron verdades, Solo un instante de ausente, Habiendo me visto a mí Y viniendo a pretenderme? De un golpe una misma cura; A dos tan appriesa debes? otro lienzo? y de otra mano? Cuando la tuya no puede Dejar lugar al que llega, Sin que el que estaba desprecie? Tan presto de su hermosura Viste ya lo que me excede, Que mi altivez mal tratada Haces que te lo confiese? Fuego de Dios en los hombres. Que con tanto afecto mient Y solicitando en muchas, En ninguna parte quieren) gran piedad! lienzo le diste? Una herida a quie no mueve? Verter sangre a quien no aflige? Qué tanto te compadesces? an fin llego herido a hablarte? Y sin lienzo que ponerse? Lienzo tendría. Sí, y quiso Mas que lograrle deberle. Hay hobres! que por mudaros, . Aún lo mismo que os conviene Olvidáis pudiendo ser Ya que no finos corteses! Cuanto de el caso imagino; Tanto más mi agravio cresce- Mas que podré minorarle, Con circunstancias tan leves Sin duda que se quitó Milienzo, porque le viese Sin él, o que ella recata El darle, viendo tenerle. Ello es cierto que el henido De mi flecha fue el que siempre Son todos, que no cupieron Dos a un tiepo en una suerte. Ello es cierto, que la dio La banda; y que con tenerme Primero la obligación, Guardó lo correspondiente. Disimular es forzoso. Pensando estoy, que procedes Con descuido, ya que no Con la culpa que parece. ar tu lienzo, fue piedad Sobrada, que ha de temerse Que en su favor quien recive, Y contra ti lo interprete. Y más si ahora lo explicas, Mostrando favorecerle La banda, que no debieras Ni recebir, ni ponerte. Y así para remediarlo Elijo (pues tú la ofreces) Que yo por tuya la traiga, Y tú por suya la dejes. Átame la, al mismo brazo Que tú; Azucena, la tienes. ACUCENA , y No habrá negociado, poco, Si tal dueño la posee, Servírale de esperanza. Yo haré como no lo piense, Y aún que este para los tres Trocado en azul lo verde. Cielo, que desprecios tales Sufra yo! que así se muestre Celosa! y de recatada, Tantos engaños afecte! Raviando de enojo estoy. JUNOUILLO. Pienso que a tu audiecia vienen Ya los Príncipes. Pues yo Antes, Señora, que lleguen; Por mi decencia quisiera. Retirarme. En que os la pueden Los Príncipes desucir? Aunque son algo parientes, Esto de las cortesías Embarazado me tiene El tratarlos, que no quiero Qué rostro a rostro me niegue. La excelencia que me toca. Siendo vos tan excelente, Nadie habrá, que os la reuse. No arriesgarlo me parece. Vuestra majestad, Señora, Sufra esta ausecialno puede Disimular el dolor, Es mucho lo que me quiere.) Presto a veros volveré. Vuestra Majestad ordene, Que ninguno me acompañe, Porque si alguno se mueve, No pienso pasar de aquí Vuestras Altezas se queden: Entre nosotros llaneza. Qué afables y que corteses! De aquel desdén rigoroso . De aquel enojo impaciente, otra vez vuelvo al examen, Para morir de más veces. Aquel jazmín mi enemigo, Aquella planta insolente, Aquella fingida flor, quiti A matarme otra vez vuerve. Galán es; pero, Clavel, Que lo es más, como los bienes Mas se tarda, o por quitarme, Que de celos muera al verle. 3. Ya en la banda ha reparado. , Aquella banda que tiene, Poco ha, la vi en Azucena. Puestos están frente a frente Los tres campos de Cupido, Darse la batalla pueden. Yo llego. Temblando aguardo. , Quién no duda? , Quién no teme? Si de tu enojo el rigor, Que le depongas merece. Qué es esto? como su bandar No le turba, o le detiene? Ni a que hable en ella le obliga? Hasta sus acciones mienten:) Antes que adelante pases, Quiero, jazmín, responderte Con una pregunta a todo, Cuanto tu decirme puedes. Conosces aquesta banda? Desde lejos me parece, Que la he visto en otro brazo. Y aún no duda: qué inocete! . No está aquí una Dama, a quien La piedad, y el lienzo debes? Con que te curó una herida? Que ya pienso que no sientes? Aquí está, y el sentimiento Ya olvidado; que a no serme Mas lisonja desde entonces udiera el lienzo ofenderse. . , Qué bien lo va equivocando! Mas yo le haré que confiese. Si algún rigor me dispone? Si alguna piedad la vence? Y el lienzo que antes tenías, Cuándo esotro te dio? Ese Como mío, y junto al otro Poca memoria merece. Cielos esta vez más claro ̱. Que yo quisiera se atreve A responder: pronunciando Todo el desprecio que puede: Suyo llama al mío, y por que Le hice suyo, desmerece. Hay con qué de razón!) todo Cuanto aún esotro no pierde.) En fin, que ya como tuyo Le olvidaste? Pues no debe? Siendo el otro de tal dueño, Olvidarse, y deponerse? (. ,. Qué escucho desprecios tales? (Sin duda de mis desdenes) Se venga, sin duda; hay triste! Pero muy groseramente, Como el otro le pagaste A la Dama, y le agradeces Ahora con tanto afecto, Como quien la ve presente, Y de su beldad se anima, Nada habrá que no desprecies? Side eso dudas, Señora, Mi conocimiento ofendes, Dila por un lienzo una alma, Y su belleza que excede Hasta los rayos de el sol, Ya luces con ella breves Miro avogando por sí; juzga si es bie que me empeñe. , Por Azucena lo dice No hay cosuelo que me aliente, Si no que ella no lo escuché. Socorro cielos, valedme Que ya no puedo con migo. , Agradecida parece, Que en mis cuidados repara. Que a mis ternuras atiende Haz amor algún milagro. ACUCENA ala REINA, y El Príncipe Clavel viene. Que apriesa llegó a decirlo? Qué socorrida! y qué alegre? Por estorbarme el hablarle: Y sale con cuanto quiere. Gracias a Dios que llegaste Que a tal ocasión veniese? Quede que vegas me alegro, Aún que más celos me cuestes. a la REINa, ̱ Mas es que su fama hermosa. Ella sola se encarece: Que en cielo ni en el prado, No hay beldad que la bosqueje. Hol Rosa estrella del Mayo! Con justa razón posees El imperio de las flores, Qué goces eternamente! Azucena me perdone, Allí está, paciencia, y pruebe, Que lo obligado no es parte Que aficiona, ni detiene. Atada mi banda al brazo Miro de la Reina; o quiere Burlarse, de que viniendo ̱. A su pretensión la diese, O alentarme, y corregirme O, si a caso no previene Que es mía, por de Azucena Habérsela puesto puede; De ella hablaré, y de mi herida Galán es; Hay! si pudiese O despicarme, o vengarma: Mas bien será que lo intente, Y que lo ejecute, y todo, Si el alma no me es rebelde. Bien basta para cuidado Este nuevo pretendiente. Hoy castigaré un grosero. ,, Todo es sustos. Todo es muerte. CLAVEL . Quién por Reina y por Senora Te ha reverenciado, siempre Hoy por sagrada deidad, Aras y culto te ofrece. A tu divina hermosura, El que ya en prisiones viene, De tu amor, en tus altares, Ser sacrificio, pretende; Cazando te hallé en el monte, Y aún que supe, estando ausente, Cuanto el amor, con tus flechas, Tu imperio florido estiende: Allí supe tan bien, cuanto Con tu mano misma vences Pues, con las que fieras matas, Tan bien a los hombres hieres. No a tus arpones allí, Pude juzgar por crueles, Que a un muerto de los de ates Poco, los de entonces, hieren. Pero de la mano herida. Con el que tu aljaba pierde Tuve envidia, por que el alma Quisiera yo, que lo fuese. Príncipe, que bien venido Seas a estos campos verdes, Y te goce muchos años. La belleza de sus meses, La herida de Jacirón sabe. . Galán y discreto eres. Con la envidia y con la gala Me has obligado dos veces. Pero herida tan acaso. Poco que envidiar te adquiere, Que ni la elección la hizo, Ni la mano la merece. Flechada para una fiera Le fue el golpe indiferente, Que aún lo cruel del cuidado No quiero que allí se emplee. Aú que acaso, un arpo tuyo Que tanto estimar se debe, En mi corazón tuviera Acojida más decente, De jazmín está celoso. . Príncipe, si no me entiendes, Ya te he dicho que esa flecha Fue empleada indignamente: Y así todas cuantas quedan En mi aljaba, haré que cesen Su ejercicio, porque más Donde aborezco no lleguen. Dónde aborreces, Señora? Dode aborezco, y me ofenden Las ternuras, que alentadas De ese lance se me atreven. Qué terible desengaño! . Qué apresurados desdenes! Hay! burlada confianza, Toda desaires te vuelves. Acojiome con palabras, Que imaginaba que fuesen Mas que comunes favores, Y ni agrados son corteses. Con el alma comparada, Pensé yo que concederme Quería, que hirió el arpón En mi mano indignamente: Pero ya que se ha explicado, Ni una duda me consiente, Que aún engaños en un triste Si se estiman desfallecen.) Pues, Señora, en que te enoja? Ver que una flecha que ofreces A una fiera, logre un hombre? Y que la sangre que vierte, Una mano envidie una alma? De celoso no me cree; . Si no es de mi gusto el dueño De esa mano, que apetece Mas claro tu desengaño? ̱, Huigole, porque me duele. . Pensé yo que merecía Algo de ti, quien alegre Y ufano está de tu herida: Pues tu brazo favorece De su banda la esperanza. Por castigo solamente La quité a quien él la dio: Y para que la desprecies Tú también, tómala, y mira Que agravias lo que no crees. A, , Cielos! que con esto vivo! . Amor, su banda le vuelve, Si es desprecio, o sí son celos? , La banda le dio? perderme Quiere esta mujer: pues cómo? Acaba de concederse Favorable a mi cuidado? Y a mis ojos favorece otro amante? vive el cielo, Que he de matarle, y ponerme La banda que ella mudable Ahora en los ojos tiene. Mire su banda, jazmín, En otro dueño, y despierte Si no a mi amor, a los celos Que loco y osado mueve. JAZMIN cas perdidas, . Do Cuando ganadas: hay verde , Tafetan; verde saliste, Y negro a mis manos vuelves. Tú serás fin de mi vida, Luto serás de mi muerte, Sa para que más no muera, El morir se me concede. n JUNQUILLO on Porque parece adecuado A tu servicio, Señora, le mi estimación ahora Depongo todo el cuidado; Y aún que no se lo que harán, Pues con su amor importuno Aquí perseveran, uno otro Príncipe galán: Puesta a riesgo mi excelencia, O puesta en su cortesía, Pues será superchería, que peligre en su imprudencia. Vengo a daros esta carta, Que e vuestro cuarto me hallé En el suelo hechada, y fue Lo que de puntos me aparta. Alcela con gran trabajo, Qué es el bajarme humildad: Y dice: A su Majestad, Y, en su mano propia, abajo. Si algún amante os la envía, Que la rompáis luego espero, Que no he de seros tercero, Cuando os busco para mía. Es muy justo lo que pide. Entre tanto, que no es tarde. A vuestras Altezas guarde, a mi excelencia no olvide El cielo, (, notable caso! ,, Carta, y sin firma, qué es esto? ̱. Quietos se están? pues si apresto La guadana, pero paso. Que aún se está la Reina allí. Buen loco. Capricho extraño! , Si esta carta no es engaño, Que mirar tengo por mí.) las quisiera hablar Señora. lo Yo tengo yt Qué deciros. De ese modo A quí podéis apartaros. , A̱ Ahora es buena ocasión; Mientras hablan: me saldré, Príncipe llamaré Y al zMIN A Darles lugar es razón, Y yo traigo que os hablar. Enojo tengo y aceros (Si es disgusto) en que acogeros. Mas solos se ha de tratar. Darles lugar me parece. . Quisiera hablar a Clavel . Mientras aquella cruel Tiempo, ocupada me ofrece. No se como me reparta, Por que tanbien si me voy Falto al temor, con que estoy Temblando de aquella carta. Dejé a Tora que escribiese, ,Y el escribir promitió o ee ANTHORA a ra, e SEÑORA Quién se precia bre, por esconderse a la que uno de los Princip der su casamiento, la vior que V. Magd salió a caza, a con una flecha suya: traya zo, y uno y otro bastará para fi a la REINA. Este sin duda ninguna El Príncipe Jazmín es; Esto sin duda intentaba, Cuando escondido le hallé, Contra el hombre, con quien yo Primero celos le diese. Pidiómelos, de Clavel Y su banda, fuerte aprieto! Pero si hablan en secreto, Mal podré informarme de él: Seguir quiero estotro intento, Por ver si de alguno soy; Cuando tan confusa voy, A uno y otro pensamiento. JUNOULO , ANTHORAA Todos me han dejado, sí, Y es que ignora su edad verde, Lo que pierde quien me pierde, Vuelve a leer. Dice as a de fielísimo vasallo, y no a venganza de el acusado, a pes recién llegados, con ene a matar, no embarazarse, ho- para más senas una banda hacerle conocido. declara su nom- visa a V. Magd. de pretexto de preten- y lo hubiera ejecutado el día erido en una mano ada verde al bra- rle El fue a quien mi flecha irió, En aquella caza, y él Quien la banda verde trujo, Que yo en Azucena hallé, No sin causa en la espesura Se recataba; hol que bien, El bosque ya más humano, Con el ruido anduvo fiel. Sin duda el tirarle yo Impulso divino fue. Con razón provido el cielo Da dos Ángeles a un Rey. Hay si entonces le matara! Cuantos pesares con el Me hubiera excusado el golpe De qué le sentí ofender! Para este efecto, sin duda, Trata de obligar tan bien A mi enemiga Azucena, Burlando falso mi fe. Todo advierte su traición; ,No hay indicio que no esté Mostrándole a mi cuidado Culpas de su proceder. Es posible? que en tu talle Y cara, pudo caber Tan vaja imaginación? Pensamiento tan cruel? No siento tanto, que quieras Matarme como que estes Ingrato a la voluntad Que me llegaste a deber. Siento que me la embaraces, Y dudo, si podrá ser, Que es mucho para negado Lo que me pareces bien. Si matarme apetecías Tan sin que tengas por que Bastaba de amor, bastaba De celos si no, después. Cómo podré castigarte? Y cómo no lo podré? Si morir de ti, y por ti, Una misma cosa es Antora fuerza parece Que le mandemos prender: Su traición injusta pague, Y páguela yo con él. Señora, a tan gran sujeto Y tan grave? ha de poner En afrentosa prisión, Un no firmado papel, Que aún no le nombra? podrá Dar esto razón a un Juez, En lo menos permitido De la más severa ley? No puede ser la traidora La pluma? no puede ser Que alguna envidia le acuse, Celosa de su altivez? Venirte a matar un hombre, Que te puede pretender, Y en ti aspira a más ventajas, Que en la posesión de Rey, Ni tiene color alguna, Ni yo lo puede creer, Ni es razón precipitar A su infamia tu poder. Qué bien juzgas! qué bie dices? Qué bien te escucho! y que bien Aú que más me arriesgue a mí, Me ajusto a tu parecer! No le prendan libre quede, Aún que nunca yo lo esté De la prisión de su amor, Que tan mal puedo romper. Ya estas advertida, y ya Teniendo cuenta con él Ni le es fácil ausentarse, poderte a ti ofender. Pues cuidado, y entre tanto, que conviene prender, or si esconde algún engaño, s al que me dio el papel. Aca han mirado, sin duda, Que me hace alguna merced Por la carta que la truje. Antes que se escape, haced de le entrieguen a la guarda, Y que a buen cuidado esté, Donde eligieredéis vos. Salid junquillo, daréis La espada a un Alabardero. Y qué traeré yo después? Que no vino mi armería Con migo? y aunque seré iberal siempre con todos, No de lo que he menester? Primummihí, ya me entiende. No hará falta aún que la deis, Que la guarda os guardará. Guarda a mí? sin que me dé La mano la Reina? guarda. Acabaldo, de entender reso vais, por que lo manda. La Reina. Sin más por que Preso a un hombre de mis partes? Allá la ocasión sabréis. Mejor es saberla acá, (no. Y no saberla tan bien, Que allá, ni uno, ni otro es bue- Pues uno y otro ha de ser. Hola ha de la guarda? No nos holce busted, Deje la guarda en su guarda, Que yo a la guarda me iré. Que diz que hay Alabardero, Que suele de un puntapie Dar con un hombre una legua, Y de un palo nueve o diez. Mas ya que a preso me doy, Dejen me quejar de aquel; Mas qué ingratísimo dueño, Mas que enemigo desdén, Son estas las vodas? di? A qué vine? aunque bien sé Que será menos prisión La cárcel, que una mujer. Así pagas mis suspiros? Mi amor? y lo que gasté En mill postas que corrí? Solo por venirte a ver? Son términos estos? di? De Reina? es esta la fe, Con qué acojes tus galanes? Quiéreste incasable hacer? Pero a preso me remito, Y consolado, porque De grillos a esposas no hay Mas que de manos a pies. . Ya que me dio a este cuidado, Se ha elegido, que te dé otro, es preciso, esta carta Que de tus fronteras es. ANTHORAuA te Tora entró Aví ser En su provincia, y si Advertido, en pocas horas Previno un grande poder. Qué conjurado tenía, Y una manana a las diez Prendió tus ministros todos, Sin poderlos defender. Ni las armas, ni el respeto, Y jurándose por Rey, Se levantó con la tierra, De donde sale a correr Con tropas nuestras campañas. Recelosa siempre de él Estuve, pero jamás Tan osado le juzgue. Mas ya que Tora el veneno Desata, y le da a beber Mi favor desempeñando, Cuanto irrita mi desdén; Por eso te tengo a ti Que de el cielo la esquivez, Nunca es tanta que un veneno Sin una triaca dé. ANTHORA, el contra veneno Eres de TuORA, y que estes Con migo basta, que el rayo Siempre respetó al Laurel. De mi ejército te encarga, Parte a castigarle, ve, Harás le, que envidie hoy A la fortuna de ayer. Si los Rebeldes de el Norte, Y los Lirios pueden ser Aliento y ausilio suyo, Ir primero será bien. A oponerteles; pues tal Tu esfuerzo y desvelo es. que adonde quiera que vas Me aseguro que a vencer. Gran Consejero de Estado, Tu juicio grande te ve; En mi hacienda puede obrar Libre tu desinteres. Digno Plenipotenciario, De cualquiera acuerdo que Toque a la Paz, o a la Guerra, Puedes por mi disponer. Ve a todo, adquiere, restaura, Defiende, cuanto el dosel De el cielo, cubre por mío, En cualquier polo que esté. Serás delicia de cuanto De el Sol regocija el pie, Y serás cuanto mi mano Te pudiere conceder. Árbitro te dejo en todo, Que estoy más juzgo deber A valor tan incansable, Y a vasallo tan fiel. A tantas honrras, Señora, Solo puede responder, Con la más ciega obediencia La menos dudosa fe. Tenganse; en Palacio espadas? Mucho rumor es aquel. ACUCENA . Los Príncipes, desnudando Los aceros, con cruel Enojo, se acometieron, y no los basta a poner Nadie en paz. Acude, Antora. ANTHORA . Esta es ocasión de hacer Que los prendan a los dos, Sin pretexto de el papel. Aseguras a Jazmín, Ocasionando que dé Buen color a su prisión, La que hicieres de Clavel.) Bien dices, antes que partas, Haz Antora disponer, Que los lleven a los dos De la torre de el verjel, A dos cuartos divididos. Voy a obedecerte pues. . Neciamete he procurado . La paz que les vi romper Por los celos de la Reina. Sin duda, la causa fue De su pendencia, la banda De Azucena, una pared Y otra, escondan de cualquiera Estos celos, en que arder Me siento, y esta prisión, En que voy a estar también. Piedad, amor! Hay! amor! Dos prenden, y llevan tres.
JORNADA TERCERA
On no me enoje me dices: Pues cuando le vanta Boreas El mar, y con pies de espuma Estrellas pisan las olas, Puede estar quieto el Piloto Cuando el tiempo se alborota, Truena el aire, falta el día Y rayos el cielo arroja Sosiégase el caminante Cuando el diciembre aprisiona Las aguas, el campo tala, Y la arboleda despoja Aún no se quejan los troncos Cuando una fábrica y otra Titubea estremecida Y tiembla la tierra toda No jimen los edificios No centellea, o no llora Al fuego entregado un leño. Pues si todas estas cosas Mueve el dolor? seré yo Mas insensible que todas? me sea lima sorda De la vida? si callado, Tanta fuerza, en todos cobra, Cómo allá la exhalación Que en rayo se desahoga, Cuando la encierra la nube: No podré contigo sola, Tratar mi pena, si quiera, Por que el pecho no me rompas No basta que aún de el semblante, Para todos me la esconda Mi decoro? si al sentirla Soy no más, que una persona: Dejo el gobierno y la guerra Que en la opinión engañosa De los que su imperio envidia, Aún no aplauden como estorban, Este amoroso cuidado Donde el corazón zozobra Como en escollo la nave Antes, de los vientos, rota, Que sosiego no atropella Si aún no me desaficiona er, de el que quiero, mi vida Entre acechanzas traidoras? Amo a Jazmín; jazmín trata Mi muerte, cuando la logra Consigo no más, de modo Que otra cualquiera le sobra. Quítame le de mis ojos Esta sospecha injuriosa; Este afecto solicita Que el temor no me le escoda. Recato con su pendencia Los riesgos de su deshonrra: Predo a Clavel porque encubra Aquella causa con otra. juzgo que pueden quejarse De que a una pendencia sola, Bastaba darles las manos, Y hacer su prisión más corta. Quiero advertir a Clavel De lo que en esotro ignora, Por que su disculpa pueda Pagarse de esta lisonja. Vísiter finjo, que quiero De los dos la cárcel, rota La de Clavel averiguo, Sin saber donde se esconda. Dícen me, que el mismo día Faltó de ella, y temerosa La atención, de mis criados, No me lo ha dicho, hasta ahora. Lo mismo dicen que quiso Intentar Jazmín, su ansiosa Fuga recelo, que a más Qué libertad, se disponga. Mira, si de tantas dudas La contienda tormentosa, Como una sirte de arena Podrá mover una roca. UCENA Príncipe Clavel, dicen T Que se apea de una posta, a Y hacía el cuarto se encami De su prisión. Rara cosa! El fugitivo Bien rara! Di que la guarda se ponga En orden, y el entre a hablar me. Hoy mi quietud se mejora. . No imagino lo que sea, Y vivo tan temerosa De la fortuna, que todo Pienso que ha de ser congoja. A - Si a tus pies imaginara, Venir a parar, Señora, Mas me hubiera parecido La carrera perezosa. A mi prisión caminaba, Y esto no lo trueco ahora, Que para mí, tu presencia, Prisión es, aunque bien, otra. A mi prisión caminaba, Porque todos reconozcan, Que cuando más fuera de ella, Mas me la he guardado toda. Pues aunque para observarla, Fuera mi obediencia poca, ara cautiverio, basta Tu hermosura en mi memoria. el haberme ausentado Con esto no se conforma; Oye, y verás, como nada De poco tuyo me nota. hora or fue solo el ignorarlo: dlad se ofendió, y el gusto mío ndo culpar de libre mi albedrío. pues cuando tu tierra Es clarín repetía de la guerra, Que empezaron los Lirios, y que ahora Tirana esfuerza, la traición de Tora, Pomentada de tantos Capitanes, Batavos Tulipanes, Como Gálicas Lises, Ingratas flores, que vengada pises. El generoso ANTHORA De aquel traidor veneno, fiel triaca; Y antidoto eficaz, por ti salía, Envidia siendo al día, Entre galas, aplausos, y colores, A gobernar las tropas de tus flores. Vi de servirte la ocasión presente, Vi el General valiente Resuelto a una battalla: Que hay quien milita edades sin logralla. Cudicié verme en ella, Una noble ambición, que no atropella? No esperé hallar licencia, Anidí otro delito a la pendencia, Burlando la prisión; pero resuelta Con mi muerte, o mi vuelta, Ya su satisfacción; porque mi vida En acción tan lucida, Donde el Real afecto va a mostrarse, No se viese arriesgar en no arriergarse: en El disfavo Tu beld Viendo Fuep de quien se mira amante, no desea he se diga de amor que no pelea, habrá quien imagine, Cuando se ven las tropas en campaña, que aún con lo preso el que se queda engaña Resolvilo, y logrelo. Dicen que de osadías gusta el cielo. pasé por mis estados De donde mill caballos que montados, Para enviar en tu servicio había, Marcharon aquel día Conmigo; y con mi prisa, Por alcanzar tu ejército, y la empresa. Pero, de ÁNTHORA, el vigilante vuelo, Es Águila en el Sol, Garza en el cielo, Nave en el mar, soplada con bonanza, Y el que más le obedece, no le alcanza. A oponerse marchaba Primero a los designios de las Lises, Porque así los de Tora se enflaquecen. La primavera a penas se mediaba, En el segundo de sus verdes meses, Mal empezando a descollar las mieses; Cuando ya su presteza y valentía, Una plaza quitada les tenía, Y de sí tanto (en otra que sitiaba) Las tropas enemigas apartaba, Que a su espada envidiándole las glorias, Le hurtó su nombre, mas de dos victorias. Al socorro vinieron, o a mostrarle, O tú, ANTHORA, los trujo a celebrarle; Pues tan presto el designio desdecían, Que con solo mirarle se vencian. Rindiose pues la Villa; que apretada, Temió la guarnición ser degollada, Y con seis cientos que hasta allí perdieron, Hasta tres mill contamos que salieron. Duró tu General en las trincheras, Un brevísimo número de soles; Y viendo que el contrario se engrosaba, Como la mira en pelear llevaba, Porque se dividiesen, Y más nuestra ventaja dispusiesen, Hizo punta con gente a dos costados, Con que ellos obligados A dos recelos, sin lograr ninguno, Hicieron dos ejércitos de el uno: En que cuando el socorro procuraban Uno, de dos ejércitos, formaban. ANTHORA entonces con presteza extraña Fatigando la tímida campaña, Se metió entre los dos, embarazando, Que a juntarse volviesen importuno, Sin que al combate se trujese el uno. stávanse los dos fortificados: Marchó a buscar el que primero hallase, En bellicoso alarde: Y a las tres de una tarde Dio vista a sus trincheras, Que despreciadas de tus tropas fieras Recelaba su gloria, Que se les retirase la victoria: Tanto que onsidero junto al llegar el envestir primero. con veinte piezas pues de Artilleria, Y en militar concierto Puestos los escuadrones, Empezaron sangrienta la bartalla. El aire, el cielo ardía: Ciega estaba la luz, que por mirarla, Entre el humo, entre el polvo, entre los ray S, Battallaba tan bien con sus desmayos. enemigo lirio valeroso De el gran combate sustendando el peso, Se miraba a la testa de su grueso: Y el invencible ANTHORA en todas partes De un solo cabo haciendo muchos martes, Celebraba el valor que compería; Y primero venció su cortesía, Haciendo que la envidia se avergüence: Que vence poco quien cobardes vence apezó el cuerno izquierdo la pelea, Y el bosque se atacó con tal denuedo, Que estuvo a poco rato en nuestra mano, Ya no le ocupan más que sangre y miedo; Ya de el cuartel se envisten en lo llano, nuestras Picas ya la bizarría Ve su Caballeria Rechazada dos veces: Y los Cielos entonces, que eran jueces Por nosotros, inclinan la sentencia, Mas con tal providencia, Y tal valor, negaban nuestra gloria, Que a instantes nos crecieron la victoria. o hay Capitán, no hay cabo, no hay soldado, Que diestro, y alentado, No se merezca eterno. Todos, de todos pueden ser gobierno Opuesto el enemigo Para nuestro castigo, De la misma manera. Dos veces me arrojó de su trinchera Mas volvila a subir, y mis soldados Del suceso enojados, Me acudieron tan presto, Que fue ganado y mantenido el puesto. Al tesón de los nuestros o pues, su admirable gallardía: Ganamos el cuartel, y el mayor día Que tus armas en muchos han gozado: De tanto a un Rey, le sirve un buen criado. De cuatro mill pasaron Los muertos y ahogados: Milly quinientos de ellos destinados Al despojo del plomo, y los aceros. Subieron de tres mill los prisioneros, Cubriendo la campaña, y las riveras, Timbales, estandartes, y banderas; Carros, y artilleria: No caben los despojos en el día, En la voz, la codicia, o la memoria, Solo en tu nombre caben, y en tu glo Viene tan bien disculpada Tu fuga en tu relación, Que estuviera sin razón Quejosa, mas que obligada. No más estorbos se den A tan fina voluntad, Que es mía la libertad, De qué usar sabes tan bien. Tu valerosa cuchilla, Premiar y aplaudir espero, Y tu prisión, antes quiero Discupalla, que seguilla. Quiérole decir el fin, Con que le prendí por dar, Mas silencio, y más lugar, Al indicio de Jazmín, Que el sabrá callar también. Si hay en ti piedad, amor, No me vuelvas el favor otra vez, todo en desdén. Tuve aviso por escrito, Antes de vuestra pendencia, De una bárbara imprudencia De un afrentoso delito. Que contra mí se trazaba. Y mirando con cuidado, Que en caso no averiguado Un hombre grave afrentaba, Si con tal voz le prendía. Hallando en vuestra pendencia Pretexto que con decencia El culpado detenía. El tiempo logré oportuno, Y la importancia observando, A los dos prendí, guardando La reputación de el uno, En que tú sabrás callar, Pues al secreto te empeñas, Cuando conozcas las senas De que me pude avisar En este papel, que doy A tu examen; porque así No puedas pensar de mí Que rigorosa te soy. Suñoa, quien se precia de fielísimo Vasalo, y no declara su nombre por esconderse a la venganza de el acusado, avisa a Va Maga. de que uno de los Príncipes recién llegados, con pretexto de pre- tender su casamiento, la viene a matar, y lo hubiera ejecutado el día que Va Maga salio a caza; a no embarazarse, herido en una mar no con una flecha suya; traya para más señas una banda verde al brazo, y uno y otro bastará para hacerle conocido. Si otro, Señora, que tú Tan osado papel diera A mis ojos, ya se hallara En más pedazos, que letras Formán todos sus ringlones. Y su castigo leyera En sus átomos el sol, Cuya pura luz afrenta. Qué noblemente se enoja Por su contrario! que apriesa En su enemistad, lo grave, De su sangre reverbera Príncipe, esa voz sin dueño, No digo yo que se crea Contra pecho tan illustre: Pero es razón que se tema. Ya, si lo temes, lo dudas, Y en tan indigna sospecha Aún para menor sujeto Una duda es mucha ofensa. Y si tu brazo, a esta banda, Tal veneración no diera, En el mío no dejara, Tan ignominiosa seña Que tú la traigas ahora, Qué importa? si en el traerla Primero, estuvo el indicio, Que no muda, aunquele acuerdas Para que en su dueño quede, No basta que no la tenga, Si bastó haberla tenido. Y para que todo mienta También de su dueño bastan Las obras y la nobleza. No es más que para sentido, Para envidiado en cualquiera, Un descuido de tu aljaba Y una herida de tu flecha Mucho más, y de tu gala (Aunque más el golpe ofenda Bien se yo, que envidiará Todo, lo que no padezca Y pues tal crédito logras Conmigo, no es bien que sienta Con tanto extremo una culpa De tu opinión, tan ajena. Indicio tan injurioso Cuando solo se opusiera A ún hombre no conocido, A todos es bien que ofenda: Que aún de el mayor enemigo. Por venganza no quisiera Tan bajo engaño. Es aplauso, En que tu valor se muestra. Mientras esto no aberiguo, Ni tu favor me sosiega, Ni mi disculpa me basta. Ni mi crédito me alienta. La luz que avito me enoja, Porque a los otros me muestra. El aire que no me ahoga, Y el agua que no me anega. Ojala que en la batalla De tan vil noticia huyera, Obligado al Artillero Por la boca de una pieza. Ojala que me acabará Un mosquete, y me escondiera, Sino el bosque de las picas, En la ruina de las brechas; Que tan desdichada vida Al disputar, la trinchera No la dejaron las balas, Sino para más ofensa: Para vengar tanto agravio No se contra quien mi vuelva, El papel sin firma alguna, La culpa con muchas senas. Cómo más que en conjecturas? Podrá ser que lo convenza? Los indicios declarados, Las satisfaciones ciegas; Pero buscarlo imagino En los cielos, en la tierra, En los aires, en el fuego, En los mares, aunque entienda Que precipitado, al cielo Le congojo las estrellas; Le estrecho al aire las ave, Le írrito al suelo las fieras Le oprimo al fuego las llamas, Le cueto al mar las arenas. . Oye, aguarda. Gran pasión! Que más por sí mismo hiciera , ; o JQ - San Blas, san Bruno, san Cosme; Qué tempestad es aquella? No se si podré escaparme Con la mucha polvareda, (Aunque no soy Don Beltran) De que todos no me pierdan, No siento mi muerte, no, Solo siento, en tal tragedia, La falta que al mundo haré, Y lo que pierde la Reina. Pues Don Junquillo, qué es eso? Pues, Señora, vos tan cerca? De la Torre de los presos? Sin duda que vuestra Alteza, Como dicen, hoy hará Visita de cárcel? Tenga Su procurador a punto. Antes, mi Señora, entiendan En hacer, como la Torre (Si lo pudieren) se tenga, Ya que este aposento mío Dando sobre mí con media Pared, ser ha parecido, Mas que prisión ratonera. Eso es haberle cogido La cárcel dos veces. Buena Fuera la chanza, Señora, Si el aposento lo fuera, O la justicia. Pues yo Soy injusta Habrá quien crea Que entre mill inobedientes, Por muy servicial me prendan? Válgate el Diablo por carta, A mí triste me condenan Apreso, por que te alcé, Y el que te hechó se pasea Pues si con eso se indicia, Qué queréis matarme? Advierta, Que en mi vida osé matar Ni una pulga, ni una vela; Cuando más osado estoy, A matar mi hambre llega Mi mayor esfuerzo, y esto Si las armas no me vedan: ve después que me prendieron, Parece que su excellencia Salióa cortarme los vibres, A la moda de la guerra. Yo matar? que gran pecado? Y que ociosos estuvieran En mí los diez mandamientos, Sin más nueve diligencias! Yo matar? y a quíé más quiero? Si de amor no lo pudiera Mi gala? mi discreción Mi garbo? mi gentileza? Yo a mi gusto? yo a mi Dama Mi casi mujer? mi Reina? Yo mujercidio en mi casa? Y sin despechos de suegra Son tan fuertes las razones De su disculpa, que dejan Vencida mi indignación: Y así permito que tenga La villa por cárcel, vaya A que le barrán, y vuelva; Por si a caso hay en su causa; Algo que disculpe. Seas Sin accidentes de Rosa, Rosa eternamente fresca Rosa, sintos, sin catarros, Sin corrimientos, sin reumas, Sin bochornos, sin arrugas, Sabañones, ni jaquecas. Halles marido sin padres, Auque alumbral de una puerta, Expósito te le escojan: Para durable te veas Rosi cedro, Rosi acero Rosi bronce, rosi piedra, Y en fin rosa sin espinas gran Señora sin dueñas. . Lo que yo cudicio ahora, Es ver alguna experiencia, Que en jazmín nos aberigue La lealtad o la sospecha. Pues has llegado, Señora, De su prisión a la puerta, Palacio está prevenido, Y la guarda en orden puesta, Con que todo se asegura: Dame tu llave Maestra, Y escóndete donde escuches, Que yo haré lo que deseas. Mira Infante, no lo hyerres. Tú al remedio estarás cerca. Esta es la llave. Abro pues. Mucho harás si me sosiegas. Caballero el de la Torro Salid, que hablaros desea, Quien auque os quisiera preso, No preso de esta manera AN . Aquí, Señora, obligado, Y en segunda prisión llega, Quién voluntaria la tiene En menos libre cadena. La ocasión puede faltar nos, Príncipe, las horas vuelan, Y los mejores sucesos, Hijos son de la presteza. Preso estáis por más indicio, Que el brío de una pendencia: En riesgo está vuestra vida, Y vuestro honor en sospecha. Yo os amo desde que os vi Con tal amor y tan vuestra, Que por no cayer en dicho, Pruevo a que en callado quepa. Es mi enemiga mi hermana, Aún más que por su soberbia Y lo mucho que me oprime, Por los celos que me cuesta. Durmiendo queda segura En un camarin bien cerca; Y debajo de esta llave, Confiada como necia. Si os atrevéis a matarla Tiempo, favor, os aprestan, Y acero para lograrlo, Mi amor, mi enojo, y mi queja. Quedaréis libre y seguro, Yo vengada, y su heredera, Un Reino tendréis por paga Y para esposa una Reina. Mucho le ofrece, hay de mí! Su crédito no quisiera Ofender con el recelo De que me burle, y me venda. No me respondes? qué dudas? Gente y caballos te esperan, que te asistan, y te pongan a corona en la cabeca. Fuertemente le ocasiona, Grave interes le presenta, Casi, llego, a estar con miedo. Imagina, si te niegas Ala dicha que te traigo, Y en tanto empeño me dejas, Que están ya los que me asisten Puestos en él, y desean Dar otro dueño a mi maño, Y otro Príncipe a la empresa. Cosa qué fuese verdad? Y que prevenido tenga Lo que por finjido explica Sobrado mi amor me arriesga! Fáltate valor a caso? Honor me falta, y vergüenza; Pues vivo cuando de mí Tan bajo cuidado esperas. Tan infame Monarcía Presumes tú, que apetezca Mi estimación? y quitarla Con la vida, a quien le diera La que vivo, y la de el mundo, Por serle un esclavo en ella? Brío aguardas de un rendido? Contra quien puesto le lleva En su triunfo, ha, tantos días Por despojo de sus flechas? Yo, acero en una mujer, Aunque más humilde fuera? Yo la mano a quien lo incita? Yo carino a quien lo piensa: Yo de mi propio enemigo? Yo Rey donde no lo sea ien lo es en mí? traidor yo, Aunque por no serlo muera? Ni quiero tanto mi vida, Ni es mi ambición tan inquieta, Ni es mi voluntad tan poca, Ni mi ignorancia tan ciega. Paga tu mal, que segura Puesta en tus manos se duerma; Pague yo bie, que aún dormida. Esté a mi desdén despierta. Sigue tu afrentoso empeño, Cuyo desprecio me arriesga, Y ocasiona que mi amor Se acredite en su defensa: Que cuando no la despierten Estas voces, y esta queja, Cuando tus gentes la busquen, Cuando tu error se le atreva Cuando su Deidad se falte, Cuando su razón se pierda, Tendrá en mí quien lo resista, Oh quién antes lo padezca. Advierte. JÁZMIN Reina, Señora Recata tu primavera, Que hay Áspides en las flores, Y Satiros en la selva. Desengaños hay, y todo Que avisan y lisonjean Con tan dulces voces, que Ya los escucho Sirenas. Agradecida te hoya Pero pareció me que era Quitar de lo agradecida Todo lo que no supieras. Nunca tan galán te he visto, Sin que a tu aliño lo debas, Que no hay gala en un amante, Como bríos y finezas. Quién hombre de bien no fuere, Qué importa que lindo sea Ni noble? pues hace el trato Que el mismo se desmerezca? Ahora si que te pareces A ti mismo, y que sosiegas Para poder estimarte El empeño de cualquiera; Todo es voluntad en mí, Cuanto ha sido en ti decencia, Que si hay mentiras que paran En desprecio, y en ofensa, Hay verdades que en amor. No hay atención que se deba, Mas que a las obligaciones, Y a lo hermoso después de ellas. Por si hace quien lo asiste, Y si olvidadas, o ciegas Hay acciones, que os enojan, Es que cuanto sois de bellas, Siempre fuisteis desdichadas. Aún más lo son las firmezas Qué hasta su mismo cuidado Suele hacer su misma queja: Buen ejemplo son las mías. Aveces ya se desprecian, Las fieles seguridades. Y entre causas tan inciertas, No es mucho (aunque amantes más) Que verdades no merezcan, iras se pagan. larte la en hora buena A De la battalla, Señora, Y los despojos que de ella Van llegando, hasta las tres Blancas, reales banderas Enemigas vengo alegre. Guárdete el cielo, Azucena, Aunque más pienso que vienes A hacer que jazmín te vuelva. O tu lienzo, o tu piedad. Yo lienzo? Yo a jazmín? Niegas Lo mismo que tú me has dichos Señora, con una flecha Tuya, hallé herido a Clavel; Dio me una banda que premia Un lienzo, que yo le di, Oh loca, o piadosa, y esta Es la verdad que te dije. Luego fueron dos las flechas? Luego dos los lienzos fueron, Y las manos? Luego, queda? p En Clavel, cuya es la banda, Sin que equivocarse pueda Con otra, el indicio todo De qué matarme desea? Con razón se defendía, Cuando yo pensaba necia, Que por su enemigo hablaba. AE Sin mí como quie en se deja De sí mismo aborrecido, Sin voz, como quien la lengua Tiene helada de confusa, Sin alma, como a perderla De mi dolor obligado; Sin vida, como quien llega A estar sin honrra, que es todo, Lo que a los hombres alienta, Si de su ser no se salen; Te vengo a pedir licencia, Para fijar en tu corte Y en cuanto mundo rodea El mar, y el Sol perficiona, Entre dos distantes metas, Un cártel de desafío. Donde mi justicia, reta; La voz, la imaginación, La pluma, el papel, las letras, La tinta, el juicio, la espada, La osadía, la inclemencia, La habitación, el sustento, Y hasta el aire con que alienta, La luz con que se asegura, La noche con que sosiega. La estimación, la persona, Y la vida, de cualquiera, Que osó escribir contra mí. JUNQUILLO, r - Y anidiendo fuerza a fuerza Yo, a las ancas de el cartel De el Príncipe, haré que entienda Todos, que en mí no hay valor, Para que ninguno tema, Que yo le puedo matar, Y si alguno tal sustenta Con mayor dificultad, Qué sustentar me pudiera Amí, aunque no fuese más Que de navos y de verzas, Reto, cuanto le ha retado El Príncipe, y cuanto queda Por retar, desde Zamora, Hasta Castilla la vieja; Reto sus perros sus gatos, Sus papagayos sus negras Sus blancas, y sus cornados, Sue jigotes, si los cena, Y sus monas, si las coje. ÁNTHORAe , , Tuo- RAy ANTEORA, ANTHORA Da tus pies, a quien la guerra Si no la deja acabada, En buen estado la deja. Hol famosísimo Antora, Muy en hora buena vengas; Pues contigo siempre vienen Para mí las norabuenas. Levanta honor de mi patria, Fuerte escudo de mi tierra, De mi Reino agudo estoque, ANTHORA Grave acción de mis banderas Digno aplauso de mis armas, Con tu nombre vencen el Retirado el Lirio está, Y el traidor de Tora queda, Ya sin socorros confuso, Con que en tu razón espera, Y en tu poder, presto el mundo, Que castigado le venzas. Y yo con esta divisa, Que mi enemistad le muestra, Su ruina le pronostico. Es laplanta, que primera Pueblan flores amarillas ANTRORA; y dice esta letra: ANTHORA CONTRAVENENO. Esotra planta que pueblan Plores azules, tan bien, Es THORA que escrito obstenta En el pie, THORA VENENO. Y más ariba esta letra, Que las dos plantas divide, Dice, CONIRA advierte atenta, Estas dos plantas que nacen Siempre juntas, por que tenga Lo que inficionare una En otra el remedio cerca, Verás, que en Tora, es lo verde Que las ojas diferencia No más, lóbrego, y funesto, Por que lo claro lo deja A lo sano, como el pecho Que de poco fiel enferma. Veras como más crecida, Que no estotra se descuella Altiva, que siempre crece Mas el mal hasta en las hierbas. Y verás cuando notares El color y la soberbia De Tora, que Anthora vive Humilde, clara, y modesta, A las luces que obedece. Bien es, que siempre se vea Tu lealtad pintada, y todo, Y a un tiempo cantarla puedan Los pinceles, y las plumas. Ahora sabrás que cerca De aquí mi guarda prendió Un correo, que a Azucena Viene de Tora enviado, En cuyas cartas se muestra Que a sus designios le asiste, Y que fue su mano misma La que en Palacio arrojó La carta, finjiendo en ella, Que matarte pretendían, Porque divertida dieras Mas quietud a su secreto. Como Antora, por tal nueva, No me arrojaré en tus brazos? a LAVELA ANTHORA Cómo de que tal se entienda, . No me matará el pesar? Mas estimo que se sepa La disculpa de Clavel, Que los triunfos de la guerra. Mas estimo que me excusen De andar metido en pendencias Que el honor de el desengaño. (. Solo mi amor no se quieta. A Azucena dispondrás Llevar luego con decencia, A sus parientes, los Lirios. Clavel, premio, y honor tenga Dando la mano a la Infante: Y ahora jazmín merezca Mi corona, con la mía, Para fin de la Comedia De la Reina de las Flores, Que os es Vasalla, y no Rey
