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Texto digital de La razón vence al poder

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Atribución tradicional
Juan de Matos Fragoso
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Juan de Matos Fragoso Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La razón vence al poder. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/razon-vence-al-poder-la.

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LA RAZÓN VENCE AL PODER

JORNADA PRIMERA

Una, y mil veces los brazos, Duque de Milan, coron nuestra amistad Duqué invicto de Sajonia, cuyo nombre coronado de laureles, da ilustre materia al bronce vuestra venida a Ferrara, desde Ale mania da informes, de que el amor de Rosaura fino os conduce a su Corte, Así es verdad, de su fama movido, y de sus dos soles que la acreditan de Fénix con vanas ostentaciones, vine a competir finezas con otros Príncipes, donde hallé, Duque, a mis intentos tan públicos sus rigores, que desisto de la empresa, mas fue porque hallé más noble asunto en su prima Irene, que aunque Rosaura en el Orbe logra aplausos de divina, todas mis inclinaciones rendía Irene, y aunque asisto, políticamente noble, de Rosanta al galanteo, no me ofenden sus rigores, pues mi amor tiene en su prima de squite que le corone. Según ello, ya los dos no somos competidores, pues queriendo vos a Irene, dejáis libre el campo, con que a Rosaura mis finezas podrán parecer mayores. De nuestra antigua amistad han de lucir los primores, ayudando con mi industria que vuestro intento se logre. De qué suerte? . csluciendo con estudio mis acciones, para que luzgan las vuestras. Heroicas demostraciones mi rendimiento os confiesa. Cuando yo la amara, entonces lo fueran, seguid, amigo, de vuestra esperanza el norte, que en mi hallaréis; mas que escue que dulce instrumento acorde hiere el viento: En este sitio el de Ferrara dispone ceder el Reino en Rosaura, para cuyo sin la Corte se junta. . Aquí retirados veremos los dos conformes de las deidades que amamos los divinos resplandores, Hoy que a Rosaura la juran por bella deidad las flores, mas que en los prados las rosas hoy reina en los corazones. Los que la adoran padecen su esquivo desdén conformes, pues cuanto niega en estrellas, concede Rosaura en soles. Corte ilustre de Ferrara, vasallos leales, y nobles, pues aún más que en vuestas vida reino en vuestros corazones; ya aqueste Estado, que tantos ha merecido renombres desde el Etiope adusto al blanco Aleman del Norte, juzga al mirar la flaqueza de mi edad cansada, y torpe, que es cada paso un peligro, que es cualquier amago un golo viendo cerca la amenaza, antes que se desmorone, frente pide, a quien sus puntas en vez de laurel adornen, y aunque en mis hombros afirma o los rinde, o los encog y oprimidos de este peso, no mandan ya las acciones, adonde el descanso es ocio, no es bien que ella se acomode, que aunque es justo que descanse, nunca es razón que repose. Mano pide el Cetro, en quien caduca acción no le doble, y sin dejar de ser Cetro, sirva de insignia, y de estoque, Mi hija Rosaura es solo en quien mi atención conoce partes dignas que merezcan hoy de vuestro dueño el nombre. Mas logro viene a ser vuestro, que suyo el que se corone, pues siendo yo quien la rige, vosotros sois quien la escoge. Y pues que Príncipes tantos han concurrido a esta Corte, y con Rosaura su dicha a la competencia exponen, desde hoy en ella renuncio el derecho, porque goce. ya que no mayores triunfos, mas dilatados blasones. Y así, decid si aprobáis, que del mando me despoje, y que os dé en Rosaura dueño, que vuestras lealtades honre. De esta manera, ninguno . culpará mis ambiciones, aún y la razón de mi hermano, a quien ponclaros informes de justicia he despojado de señorió, no supone ya contra mí, pues dirán a mis contrarios mayores, que no usurpó el Reino, quien hoy por gusto le depone: que me respondéis? Que estamos todos con tu voz contormes. Que viva Rosaura, y sea dueño de Italia, y del Orbe. Yo, pues, el primero admito tan justas aclamaciones, siendo también el primero a quien vuestra mano honre. Cuanto más me favorece vuestra Alteza, mas me corre, y no extrañe que a sus plantas hoy mi obligación me arroje, que el peso de tanta dicha fuerza es que a sus pies me postre. No, señora, vuestra Alteza a la silla llegue, adonde su mano gloriosa besen hoy de Ferrara los nobles. Yo lo acepto, mas será con condición que me otorgue vuestra Alteza la palabra de gobernar mis acciones. Yo seré, señora, quien las sujete, o las apoye. Hoy que humana se permite, por más divina se esconde, pues nunca más avarienta, que el día que da favores. De su hermosura el aplauso la mano que ofrece encoge, porque en respeto se mude la nieve, que el labio toque. El corazón en sus manos por los ojos bebe ardores, aunque todos me compiten, Rosaura en demonstraciones, ninguno en amar me vence. Irene solo es mi norte. Antes que Rosaurad su solio, traed a ese hombre, que con su obstinada queja vive en tan justas prisiones, a Alberto digo mi hermano, si es que merece este nombre. Venga, pues, y como todos, humildes veneraciones rinda a Rosaura por dueño, que sus altiveces postre; fuerza es que con esto Alberto mortifique sus pasiones, y el laurel imaginado de sus pensamientos borre. Ya vengo a ser el objeto de tus injustos rigores, que es gloria tuya triunfar de un viejo ofendido, y pobre, si a vista de un venturoso son las desdichas mayores; que intentas de mí, si ya consigues que se me doblen? Sabe el cielo que sus ansias . mi tierno afecto las oye. Besa la mano a Rosaura, porque sus dichas no ignores. Por Duquesa a mi sobrina mi humildad la reconoce, aunque ofendido, a mí solo . se debía aqueste nombre. Hoy, noble Alberto, mi afecto con los brazos os responde. Ah poder! ah tiranía! que para las sinrazones no haya castigo? . En Alberto las lágrimas son renglones, . que su justicia publican: a quien no obligan sus voces? Y para que de Rosaur las glorias hoy se pregonen, esta aclamación festiva volved a cantar acordes; y vos, Mariscal, a Alberto retiradle a las prisiones: ya con este desengaño, que ha visto Alberto en mi Corte apagará de su idea las viles conspiraciones. Ven, Irene, que a ti a solas te diré mis confusiones. Si mi prima para esposo al de Sajonía no escoge, he de escuchar de su ruego los retóricos colores. De Rosaura el Sol me alumbra, el de los cielos perdone. De Irene el desdén adoro. Oh tirano hermano! oh bronce! Hoy que a Rosaura; Vamos, señor sabe el cielo que siento tus opresiones. Mariscal, como se sufre que leales cervices dome un yugo rebelde? Cómo el ola en que hurtó la noche sus luc es al Sol, el cielo no enluta sus resplandores? La nobleza de Ferrara, que de adquiridos blasones supo esmaltar su memoria, permite que aplausos logre un tirano; y que su Duque padezca injustos rigores? No sientó su tiranía, pero preciso es que llore, que en mi hijo tierno, y amado cebase su saña torpe. De dos años matar le hizo, en un Cordero Inocente fuiste a sellar sinrazones? Invenciole Alberto, en tanto que el cielo justo dispone escuchar de tus vasallos los oprimidos ciamores, un consuelo quiero darte, mira bien si alguien nos oye. Dilo, que ya prevenidos mis ojos el llanto es conden, pues siendo gusto, o pesas, suspendiéndose a tus voces, en habiéndote escuchado, habrán de verterle entonces. Tu hijo Astolto está vivo. Mira lo que dices, hombre. Entregómele tu hermano, para que yo en esos bosques le deje; donde las fieras sus tiernas flores destroce, Yo lastimado de ver su inocencia, a unos pastores le dejé, que le criasen oculto en aquellos montes. Acerraron a llegar acaso a este albergue pobre unos nobles extranjeros, y aficionados al joven, que ya era entonces crecido, se le llevaron más dondo, los pastores no lo saben; y para que a mis razones más crédito puedas dar, tiene este mancebo noble en la palma de la mano derecha. . Tu voz perdone, una espada coronada, Cuyo lunar corresponde a otro que tiene en el pecho. Así es verdad, los primores de tú lea tad agradezco, y antes que la edad acorte mi vida, espero pagarte tan finas obligaciones: Astolfo vivo? estoy loco? son verdades, o ilusiones? Verdad es; y por servirte desde hoy por mi cuenta corre saber de Astolfo. Mi pecho tus piedades reconoce: dame los brazos. . Silencio, y vuélvete a las prisiones. Si veo a Astolfo a mi lado, yo haré que me tema el Orbe. Guarda el seón, que furioso se ha soltado de la cárcel, guarda el león, San Leonardo, que será del león más grande el Abogado, en las ramas de aqueste jardín me ampare. Adónde está la Duquesa se encamina. . Fuerte lance! peligro las damas corren, mas poniéndose delante con el acero desnudo mi amo al paso le sale, ya cara a cara se envisten. Gerogllfico arrogante de la fiereza, a mi impalso has de morir. . Dale, dale: oh heroico Sansón! la senda le cortó de los gaznates del primer reves: no es mucho que este amo, que Dios me guarde, siendo tan discreto, sea dichoso con animales? mas ya muerto, o fatigado el bruto en tojos corales se revuelca: gran fortuna! por Dios que vino de encaje. l Acción de la dicha ha sido, mas que del valor. . La sangre se me iba ya calentando, temblando estoy de coraje. Detente, Figón, que ya sé tu brío. . Que me place, que en cobrando fama un hombre honrado, no hay si no echarse a dormir. . Qué te parece de este suceñe? Que entraste hoy con lindo pie en Perrara, pues apenas de este parque medimos el sitio, cuando te dio la fortuna el lance del más airoso suceso que pudo el valor buscarse; porque soltarse un león de la janla, y luego entrarse en los jardines, adonde peligraban las deidades, y matarle a letra vista, es hazaña de buen aire. Si no lo vio la Duquesa, toda esa dicha que vale? Si ella lo viera, yo sé que al punto mándara ahorcarte. Por qué? . Por matarleones, pero dejando esto aparte, y que ahora no te importa que ella en ti esa acción mirase, aunque juzgo que no pudo dejar de ver el combate, no me dirás con que fin; como Caballero andante, has venido desde Ungría, y sinparar un instante? Entre confuso, y dudoso por noticioso me traes a esta Corte de Ferrara, sin que hasta ahora me aclares la razón de tus intentos. Conociendo tus lealtades, ya quiero satisfacerte, y mis secretos fiarte, y pues eso sabes solo, escucha lo que no sabes. Cual sea mi patria ignoro, ni los que sean mis padres, solo sé que unos pastores me criaron, y una tarde que a su humilde, y pobre albergu acaso llegó a hospedarse de Parma el Embajador, a quien mi Rey, que Dios guardo le dio licencia, que a Ungría vuelva para que descanse de la importuna tarea de políticos afanes. Este me vio en la cabaña, y con afición notable, de noble, y de generoso, se inclinaron sus piedades a cobrarme aquel cariño, que los Astros celestiales por oculta simparia infunden en los semblantes; llevome en fin sin decirles nada a los pobres zagales. Llegué en fin a Ungría, y viende en mi viveza bastante; diome Maestros que me instruy en varias ciencias, y artes, y antes que en el rostro el tiempo dibuje aquel rojo esmalte, que siendo indicio robusto, a ser desengaño nace. Y en fin a los cuatro lustros me hallé con noticias grandes de lenguas, ciencias, y libros políticos, y historiales. Quiso el Rey verme, besele la mano, y al mismo instante que le hablé, mando que luego en Palacio me quedase, servile con gran fortuna en las escuelas de Marte, donde abnadiendo laureles a su frente, adelantarme en su gracia pudetanto, que no hallo con que explicarte las honras que al Rey mi dueño le debieron mis lealtades de cariños, y favores; pero si hasta aquí escuchaste el principio de mis bienes, oye ahora el de mis males. Tiene el Duque de Farrara por sucesor a su sangre, una hija, a quien adora, y con extremos tan grandes la idolatra, que no quiere que por concierto se case, sino que ella misma elija esposo, a cuyo fin hace, que a los Príncipes convoquen, y aquel que más le agradaré, logre con Rosaura hermosa seguras felicidades. Llego aquesta voz a Ungría, y un Ungaro que la esparce, me dijo Escucha, si quieres ver de Rosaura la imagen; mas de que sirve (ay de mí!) querer ahora contarte los retóricos colores, la pulidez, y las frases con que encareció la copia, si no han de poder bastarme, ni las voc es para adorno, ni afectos para el esmalte? Solo sé que en la memoria quedo estampado el caracter de aquel divino dibujo, más fue, que como el dictamen estaba ya prevenido de aquel sonido agras en el alma las noticias entraron como verdades. Quien dijera que un retrato, que por pincel tuvo el aire, por luz una fantasía, fuese en mi pecho bastante a solevar en mi idea aquella quietud amable, que el Reino de los sentidos gozaba en tranquilidades? Pedi remedio al olvido, mas fue en vano, pues su ultraje las que aplicó como sombras, quedaron para realces. Consideraba a Rosaura deidad de mí tan distante, que aún más allá de imposible vi en sus méritos señales, ella Duquesa en Ferrara, yo sin noeleza; y sin sangre, que aunque mis nobles acciones pueden el pecho ilustrarme, soberano honor me ningan, que las hazañas más grandes subliman estimaciones, mas no igualan calidades. De mi pecho esta tristeza tan dueño absoluto se hace, que al Rey le obligo: que un día la causa me preguntase, recátela, porfío, segunda vez volvió a instarme, volvía negar, y él me dijo, mirándome atento, y grave: Esa pasión que te oprime, no es fácil que la recates, sino es que cortas la senda que hay desde el pecho al semblante: Comunícame tu pena, nada me atreví a negarle, referile mi desdicha, como el que al enfermo alivia con el cristal que delante le pone en fingidas fuentes, me dijo: Astolfo, tus partes, tus acciones, tus servicios son dignos de que en mi halles esperanzas que te alienten, y alivios que te reparen. A tu brazo le he debido entre heroicos Capitanes, triunfos, que el búril cincela en piramides de jaspe. Que te estimo, no lo ignoras; con tu espada conquistante de Lldia el soberbio asombro, Príncipe de su homenaje eres ya, Astolfo, a la suerte fia a tu amor, que hacer sabe, atropellando imposibles, tal vez dos almas iguales. Peregrina es tu fortuna, osa, emprende, que no en balde el cielo puso en tu mano para empresas singulares ese lunar prodigioso. Contento a Ferrara parto, que todas las asistencias que para triunfos amantes necesitare tu empeño te daré, para que alcances el logro de tus intentos, tu jornada no dilates, que al Duque quiero escribirle, y tu persona encargarle. Con esto salí de Ungría, esto a Ferrara me trae. de embozo, donde verpienso la causa de mis pesares, el principio de mis dichas, y la enigma de mis males, y a quien sin haberla visto idolatro, porque acabe de una vez mi pena, y porque de hoy más el amor declare, que no han de ser de la vista todos los triunfos que alcance, pues también por el oído logra amor sus ceguedades. Jesús, y qué mentecato! a lástima me provoco, o confiesa que estás loco, o de ti al punto delato; de oír te enamoras, di? pues si tu flaqueza es tanta, podrá un capón cuando canta estar seguro de ti? A mi ceguedad buscar remedio no intento, que todo el entendimiento se pasó a la voluntad. Eres tú mismo a quien vi burlar de amor los placeres? mas no eres tú, y si tú eres, estarás fuera de ti; válgate tu discreción, y enfrena aquese cuidado, pues nadie hila más delgado, que el uso de la razón. Ya el pecho que a amar entres más remedio no desea, que llegar adonde vea el dueño que adoro ciego. Esto es estar ya precito, declarado, y pertinaz, y es un error tan tenaz, heregia de hito en hito. Y en mí viene a ser mayor, cuando desigual se advierte mi sangre, estado, y mi suerte. Por eso tienes valor. Aunque sé que vengo en van por ser Rosaura divina, mi estrella a aquesto me inclin El Impulso es soberano a Palacio en sin derecho a festejar vienes? . Sí. Y quieres quedarte aquí? (cho; Sí, Figón. . Buena la has he- mas si por más que te exorte das a mi razón de codo, busquemos ahora el modo que más a tu intento importe, porque si vienes a dar a esa dama tu cuidado, porque quedes adamado, primero te has de sangrar, y sin que tengas mancilla de ti, por lograr su amor, has de olvidar el humor que tuvieres de la villa: estás para ello dispuesto? En ti mi arbitrio revoco. Con mi ingenio podré poco, o te he de curar muy presto, porque con mi habilidad, y con lo demás que ordeno. Guardas de este parqué amono todo el contorno buscad. Mas qué es esto que escuché? Que a los dos buscan infiero. 1. Quién es aquí el forastero que mato el león? . No sé. 2. Un hombre de vuestrotarle le mató Aqueste león se arrojo por un balcón, vusted le busque en la calle. 1. Al que le mato buscamos, que no al león; camarada. Yo le maté; que tenemos con eso? 1. Que el Duque os llama, porque bajando a este sitio, del valor que os acompaña tuvo noticia, y que os lleve a su presencia nos manda. Pues me hace tanta merceo, hoy le he de pedir la plaza de Zorriel. . Aparta, loco: hidalgos, para que en nada falte a la verdad, yo soy quien buscáis, no porque hazaña sea de un heroico acero dejar a un bruto sin alma, sino porque busco al Duque para entregarle unas cartas que traigo de Ungría . Y yo vengo con una embajada del Tamorlan. 1. Bien está: el Duque por aquí pasa de Rosaura a los jardines, y supuesto que él os llama, y vos le buscáis, conmigo venid; pero en esta estancia le tenéis. Mariscal, esto mi diligencia os encarga, pues de esta elección depende el sosiego de Ferrara. Señor, a tus plantas tienes quien por tan pequeña hazaña tu memoria ha merecido. El que mato cara a cara el león, tienes presente. Vuestra presencia gallarda tan noble acción acredita, pues el risego en que las damas se hallaron favorecistes, con que es ya mía la causa de págaros la fineza. Cuando una dicha es tan alta, que consigue el obligaros, ya queda recompensada la acción con que el premio sobra Decid quien dois. . Esta carta que traigo del Rey de Ungría cía encierra, y los fines me conducen altalia. ría quiero, y mucho estimo emoria con que paga mi afecto el Rey mi sobrino; breve, y sucinta es la carta. Esportador de esta es un Caba- amado Astolfo, que por su amerecido el Bastón de mis ha de parar en esa Corte es- unos despachos de Polonia, ar a España, estimaré se luz- ga en vuestra Alteza la confianza que tengo de que honre su persona. Astulfo, cielos, que asombro mue da este nombre en el ama, . que me acuerda mi delito? pero a mí que me acobarda, si quietamente poseo el Cetro! Astolfo, en Ferrara tendréis la justa asistencia, que una intercesión tan alta en mi agrado os esegura; venid, Mariscal, las guardas avisad de como tiene desde hoy en Palacio entrada Astolfe; mas qué recelo? que susto en mi pecho causa de este mismo nombre el eco: pero qué ilusión tan vana! . Guardas, a vuestro ejercicio: seguidme, Astolfo. . Mis ansias espero templar, si hoy logro el ver el Sol de Rosaura. (tría Con mi ingenio, y con la indus- te he de entablar en su gracia desuerte, que élla te quiera, o me pelaré las barbas. o Quién de una esperanza vive, suerte infeliz le acompaña, pues dicha que nunca llega, es pena que siempre mata. Quién la esperanza condena, libre de amor tiene el alma: de quién es, Porcia, la letras Del de Sajonía. Es bien rara. Tus dos amantes sabiendo que a estos jardines bajabas, con la música han querido decir su amor; y sus ansias; el de Sajonía se opone al rigor de la esperanza. Veamos como se explica, y como funda su causa. 1. Quién vive desesperado, mas quiere, pues se declara por incapaz, y conoce lo imposible de su dama, osisteria ingeniosa, mas quien en amor no halla contínuamente un compuesto de calidades contrarias: Al de Sajonía más debe tu amor, pues quien se declara por desesperado, tiene discreta desconfianza. Y más merece el que humilde lo que ve imposible ama. Así es verdad, mas si escuchas al de Milan en sus ansias, verás diferente afecto. Ya lo escucho, o ley tirana? 2. Con esperar solo vivo, que es mi pasión tan extraña, que aún fuera gloria tener esperanza de esperanza. Cortesana es la fineza, mas de puro humilde es vana, con tanto artificio engaña. Si vuestra Alteza me da licencia para explicarla, verá que es primor más noble esta pasión en quien ama. De lisonjera la culpo, que no la condeno ostada: primor llamáis al tener esperanza de esperanza, cuando el de Sajonia afirma, que el no tenerla es más alta perfección en quién adora? sino escuchad lo que cantar. Mas se acredita de amante quien busca alivio a su llama, que esperar triunfos de amor, es noble ambición del alma. Así es verdad, gran señora, si es que vuestra Alteza al ansia atiende de mis afectos, verá mi razón lograda. Cada cual de su fineza podrá defender la causa. Y la música provoque a la amorosa batalla. Dice bien, porque el fuego de dos amantes pide para encenderse socorros de airen. Quien no espera en su cuidado, hace más noble la acción, que el que espera galardón, se supone interesado; el que más vive apartado de esperanza, mas alcanza del mérito en su templanza, pues discreto da a entender. que no alcanza a merecer ner esperanza. El amante que intenta mostrarse fino, ha de dar la esperanza toda al ol- nido. Yo lo contrario aseguro, si es que atendéis a mis ansias; quien más ama, más merece, y a quien no tiene esperanza, por lo menos no le alcanza un dolor que siempre crece, quien de la pena carece, se quita el merecimiento; luego por justo argumento quien no espera, menos ama, pues hace menor su llama, y se priva de un tormento? El que amante muy si no es- pera, y teme, hace bien, pues supone que lo me- rece, Con que obligada os mostréis a mi fineza, me basta por premio. . Obligarme yo, de aquesto no os doy palabra, que os aseguro que es cosa que jamás supe acertarla. Lo qué es estas señcritas son todas, y lo declaran de pocas obligaciones, con ser de prendas tan altas. Yo, señora, nada espero, ni que os deis por obligada de mi amor, porque con eso mi afecto más triunfes gana. Que ajena de agradecer . su fineza vive el alma después que vi; mas qué digo? quede la voz sepultada en la carcer del silencio, que aún me ofende imaginada. Príncipes, ya que mi ma a la posesión os llama de aquesta ilustre Corona de tantos solicitada, cuyo político a dorno, dando aplausos a la fama con noble ambición el pecho, aún más que la frente enlaza, no se ha de arriesgar tan presto una elección voluntarla, sin que se deje al examen de alguna experiencia larga, que en empresa tan difícil es muy grande la distancia desde el escuchar al ver: y así yo en aquesta causa podré decir que lo creo, mas no que lo siente el alma, en quelen jamás ha faltado la memoria Cortesana de encarecer su fineza, que costa tiene una falsa lisonja de un entendido, para que por ella se haya de asegurar la memoria, que toca en desconfianza. Decir un afecto es más que una voz articulada, que se forja en un suspiro, y entre los labios se fraguas Qué testigos trae consigo de verdad, si tal vez se halla, que sin que el pecho lo sepa se deslizan las palabras? Mas supuesto que en vos hallo razón para acreditarla, a tan repetidos triunfos no he de parecer ingrata. Con una prueba no más, a mí solo reservada, de vuestro amor haré examen, porque del premio que aguarda ninguno viva quejoso, quede asegurada. Por no embarázar, señora, vuestro oído con mis ansias, retirarme ahora quiero, que el que más necio se aparta de aquel blen que no merece, mas teme, pero más ama, que querer volar al Sol, fuera una acción temeraría, cuando del mérito mío son tan pequeñas las alas. . Yo, señora, aunque propuse generosas confianzas, no las explicó el deseo, que el corazón las dictaba, y siendo mi pasión suya, y siendo mía su llama, supo trocar los afectos con que confundida el alma, lo que vio como respeto, publicó como esperanza. . Oye aparte, prima. . Ahora, Porcia, que los dos se quedan hablando, de estos jardines logremos la estancia a mena. . Condición rara es la tuya; señora, que es lo que intentas con tanto desdén, con tanta desapacible violencia? En viendo que se me rinden, no puedo más con mi estrella, los aborrezco; y ninguno la voluntdad me graujea. Qué es posible que de cuantos tu hermoso rigor festejan, no haya habido a quién te inclines? Un hombre solo en mi Idea he visto, que me parece que si otro como aquel viera, igual a mi calidad, a mi estado, y mi nobleza, no me ofendiera su amor Tú le viste? . Si no era que yo me le imaginaba, y la fantasía misma me le borró en la memoria: quien a Irene le dijera. . (ro que el hombre en quien hablar quie- fue aquel que mató la fiera? o lo que hyerra un sentido! Aquesta es la vez primera que desacordado escucho entre apacible, y severa tu desdén. . No ves que son efectos de la tristeza? Ya escuché, finjo turbarme; Jesús, y qué inadvertencia! Quién está aí? Un mendicante, que andando de puerta en puerta se entró hasta aquí, que hasta aquí no he hallado un Dios le pronea; etré; que si preguntara si estabais aquí, dijeran que sí, y yo en entrar no errara, que quien pregunta nohierra. No os vais: quién sois? Soy un quidam. . Un qué? Un quidam. . Quidam? Etlam. . Así os llamáis? No señora. Pues cómo os llamáis? Cazuela. Y ese es nombre propio? No, basta que de sigón sea. De dónde sois? . De Aranjuez. Y ahora venís? De Atenas. . Ya qué? Para un mercader traigo a cetada una letra, presentela, y protestola alpunto un Requiemater Pues que, murió el Mercade Sí, señora, sois discreta. e dónde es la letra? Es del monte Tabor. Bien nueva cosa. Aqueste Mercader tenía allá correspondencia con Zabulón Nicodemus, natural de las Batuecas. Y en qué venís? . Yo, señora vine aquí al pie de la letra, mas también vengo a caballo en dos harto hermosas yeguas, la una es Argel, y la otra Tetuan, y entrambas hembras. Buen humor gastáis; queréis servirme? . Sí, como venga en ello mi Religión. Pues sois Monje? Anacoreta lo fui, y por cosas muy leves al punto me echaron fuera. Por qué? . Por galanterías de hombre en fin. De qué manera? Porque enseñaba a comer barro a los Monjes. . Y es esa culpa? . Que era dar, decían, con todo el Convento en tierra En lo que toca a servirme yo os dispenso. . Así? pues sea Has visto, Irene, en tu vida tal despejo? en fin te quedas? Sí, señora, porque he oído, que elegir marido intentas, y en estas materias yo tengo buen ojo, y quisiera que por mí te gobernaras. Si haré. Verás como aciertas. Advierte que desde ahora, porque a divertirme ven tendrás ración. Que me place; vengo en ello, y vengo en ella, ya yo quedo introducido, y para que Astolfo sepa que ha de hacer, voy a buscarle, y haciendo una reverencia, que obsequio llaman los cielos, y Ecatombe los Poetas, pues hasta aquí con despejo me he entrado, y de la estiqueta rompí el use; con el mismo despejo me salgo a fuera aci atras paso entre paso, sin que soñienta la tierra, como el que tuerce tomiza; guarde el cielo a vuestra Alteza. h Ahora pienso dar parte de mi amor a la Duquesa. (que, Después que he dejado al Du- y de mí se despidio, por aquesta galería vengo barcando a Figón; mas, cielos, qué es lo que miro? que prodigioso primor de pince!! este retrato todo mi afecto robo; que singular hermosura! mas ya mi duda creció, vive el cielo que el retrato es de la que viendo estoy; si será Rosaura, cielos? quién vio mayor confusión? Antes quiero, prima Irene, ayudar tu inclinación. Con tu favor; mas qué miro? un hombre hasta aquí se entro, Buen arte tiene; conoces quíen es? ̱n.Sí, señora, el dio la muerte a aquella fiera, y del riesgo nos libró. Tal hombre no vi en mi vida Esto ha de ser, vive Dios: señora, en un forastero no será culpable errar el que os pregunte a ves misma, si acaso Rosaura sois? Puesto que no me conoce. . negarlo será mejor: no soy Rosaura, mas que a esa pregunta os movió? No más, si no ver, señora, si es que tanta perfección tiene ahora aquel retrato, como al principio mostró. Pues ser de Rosaura, diera a su beldad más valor? Sí, señora, mas no fuera por la diguidad, si no por otra que a su hermosura te ha dado ya la aprensión. Al fin que porque me oísteis que yo Rosaura no soy, os parece mi retrato ahora mucho peor? No me parece tan bien, no aparéis más mi razón. Y si fuese yo Rosaura? No es posible. . Porque nos Porque aunque es vuestra beldad grande, es la suya mayor. Claro sois. No sé fingir, Pues digo, conocéis vos a Rosaura? . No, Señora, nunca la he visto, mas yo tengo la divina copia fiel en mi imaginación. No es loco de muy buen gusto! Tenéis en eso razón, a mi buen gusto igualo. Pues quien lois vos, que a Rosaura se atreve vuestra afición? Quien no merece a Rosaura, pero ser competidor puede de cuantos la sirven, sino en la sangre, en valor. Y venís a competir con los Principes? Yo no, porque mi corta fortuna me límita ese blasón. Si es disfraz, Irene, este hombre me ha puesto en gran confusión. Su gran valor, ya lo has visto. He de apurar su intención: si a la Duquesa no visteis, cómo la adoráis? Amor, como es tan ciego, esta vez por el oído se guio. Procurad ver la Duquesa, seguid su claro arrebol; que aunque yo os parezca fea, no os parecerá mejor. Yo os volveré la respuesta, que ya a obedeceros voy. Quédamos en esto? Sí. . Pues idos. Mi enigmasois. Pero escuchad. Advertid. Que digáis verdad. Que no neguéis lo que os ha pasado. Yo os lo ofrezco. Y yo os doy. palabra de hacer justicia. Id con Dios. Quedad con Dios. Quién vio tan escuro abismo? Quién vio mayor confusión?

JORNADA SEGUNDA

JORNADA segunda Arder, corazón, arder, que yo no os puedo valer. La tierna pasión que adoro con dulce desasosiego, es guerra de nieve, y fuego entre el amor, y el decoro, y pues el agua que lloro la llama vuelve a encender: Arder, Quita el espejo, y vosotras decid que no canten más: solo me acompañe triste . mi pena, y sepulte el mal en mi silencio el decoro, pues aún para respirar me niega licencia el pecho, por no explicar el volcán de un cuidado que me oprime, porque imagina sagaz, que han de tomar los suspiros el color de la verdad: Que luego hubiese de ser de mi elección incapaz el sujeto a quien me inclino? oh fortunalo pena! oh mal! qué es esto, cielos? Astolfo combate mi vanidad? que poderosa violencia de Estrellas pudo turbar la quietud de mis sentidos? Señora, que novedad es esta de tu semblante? tu triste, y sus pensa estás, cuando por Sol de Ferrara. siguen tu norte los más? accidente puede haber que se atreva a tu beldad? Comunícanos tu pena. Secreto; y capacidad conoces en nuestro afecto: a quien mejor de tu mal puedes dar parte? . Mi pena he de decir por disfraz, mas con tal arte, y cautela, que no puedan sospechar que sea amor, si no solo ociosa curiosidad. . Bien sabéis que aquestos días, mi padre, estrechando más de mi elección el precepto, quiere que mi voluntad. declare, y confusa yo indiferente, y neutral, como aninguno me inclino, no me atrevo apublicar mi intención, y en esta duda vacilando el pecho, da motivos a mi tristeza, en cuyo airado huracan corre turbada, y medrosa tormenta la libertad. Pero supuesto que a todas declaro mi pena, a cual de estos Príncipes tenéis por más digno? . El más galán, el más bizarro, y discreto de los que en Ferrara están, me parece que es Astolfo. Quién es Astolfo? . El que más sobresa lió en las acciones, aquel bizarro Aleman, que nos libro del peligro. El forastero galán, que en los jardines te habló. El que llegó a preguntar por el retrato? . Ese propio. Para que le comparáis con los Príncipes? acaso él los compite? en él hay nobleza para emprender empresa tan desigual? que el Rey de Ungría le estin dicen, y que General fue de sus Armas. . Es cierto no tiene más calidad que la que el valor le dio: noticia me ha dado ya mi padre de su fortuna. No se deben despreciar por eso ilustres acciones. Si ocuparas mi lugar, que hicieras? . Le prefirier en mérito a los demás, pues con ser tu prima yo, y de Astolfo desigual, no me ofendiera su amor, pues cualquiera puede amar sin ofensa, porque en esto es libre la voluntad. Muy bien te has dado ha entende más prima a sujeto tal no hay razón para elegir, aunque le haya para amar. Pues que más tienen, señora, el de Sajonía, y Milan? Son Príncipes soberanos, y en él falta calidad. Al hombre de hechos ilustres le hace el valor ser capaz. De cuando ecá tan de parte, Irene, de Astolfo estás? Si mi parecer consultas, y me has preguntado, cual de tu favor es más digno, no he de decir la verdad? Pues, prima, cuando otra vez te consulte, desigual sujeto no me propongas, ni a Astolfo me alabes más: con el amor es más fácil, . que con los celos luchar; pero qué es esto que digo, yo había de avasallar mi albidrío a una memoria de mi elección incapaz? Borre mi idea del pecho a Astolfo, porque si igual naciera a mi fantasía; pero qué es esto que escucho? Gran, señora, de Milan ha llegado cierto aviso de que su Duque, sin dar noticia de este designio, al Mediterraneo mar ha entregado sus bajeles, con que Ferrara neutral teme algún secreto enojo de estos Príncipes, que están pendientes de la elección de vuestra Alteza, que va dilatando su esperanza: vuestro padre, que elijáis os aconseja, señora, que así asegura la paz. Mil Príncipes tiene Europa, que desean enlazar con los Timbres de Ferrara su heroica felicidad. Vuestra Alteza determine su intento, que así dará un buendia a sus vasallos, y a todos tranquilidad. Ya, Mariscal, otras veces mi padre, y vos con lealtad me habéis propuesto eso mismo, y no se si lo acertáis, que aunque el gusto de mi padre obliga mi voluntad, la dilación no condena, que eso fuera violentar el señorlo absoluto, que me cedió por capaz soberanía que gozo con indulto natural del cielo, que quiso hacerme disinta de las demás. No es muralla mi albedrío, que se debe conquistar con baterías de enojos, ni cercos de brevedad, y más cuando estoy creyendo, que aquestos Príncipes dan a entender con no sufrir espacios que llevan mal, que más que amor los obliga la codicia del mandar; y como en aquesta duda vivo confusa, y neutral, el que me pretende menos, juzgo que me obliga más; si con maritimos sustos imagina el de Milan que ha de rendir mi albedrío? Señora, no pienso tal, y para que vuestra Alteza hoy sepa la novedad. de esa Armada, que distante abolla la espalda al mar, es que en Milan corrió voz, (así pienso disfrazar mi cautela) que crayo preferido a los demás, en la elección venturosa de vuestra heroica beldad, por cuyo motivo muchos vasallos míos, por dar el parabién a mis dichas, al impetuoso cristal entregaron mis bajeles, que en cualquier parte estarán obedientes al precepto, Yo haré que luego se vuelvan, porque en el vario huracan de ese saloble elemento corran tormenta fatal, y pues el oriente erraron de mi dicha, sean ya trozos del mar, pues su dueño ú padece infelicidad: bien he fingido el descargo para lo que intento obrar. . Ociosa es vuestra disculpa, cuando de vos mucho más Ferrara espera. . Señora, el de Sajonía galán, y de camino entra a verte. En aquesto hay novedad: vuestra Alteza, gran señora, cuerda, prudente, y sagaz le responda agradecida hasta que llegue a tomar resolución en su intento, que esto importa. . Bien está. Para que el de Milan logre esta empresa a que no aspiro, . y si rua sin competencia, por él esta ausencia finjo. Señora; reconociendo los pocos méritos míos, y que extremos, y finezas, amías, ruegos, y suspiros, porque han sido verdaderos. no fueron de premio dignos, o porque míos se nombran, siempre infelices han sido. Para no cánsaros más, a Sajonia me retiro, adonde sentiré menos desdenes, ceños, desvíos, esperanzas, dilaciones, sustos, temores, peligro y mal fundados intentos, que si es cierto que hay allulo para un dolor en la ausencia, vendré a escoger por partido olvidar estas memorias, y en el retirarme os sirvo, que si había de ser otro en la elección preferido, a vos os quito un desprecio, y a mí me excuso un martirio. Duque, esperad, deteneos, que lo mismo que habéis dicho, es tanto en aumento vuestro; como en desempeño mío. En la misma dilación de no explicar mi designio, va encubierta una fineza. En omisión, y en olvido, qué fineza puede haber? Muy grande. No la examino. Si la elección esplica:a de mi voluntad, no es fijo que al verse el uno dichoso, quédara el otro ofendido? Así es verdad. . Es constante Luego según eso mismo, favorezco al que desprecio, pues precurando su alivio, la pena del desengaño con la diracián le quito? Es verdad pero también ofendéis al que es más digno, dilatándole la dicha, y es rigor señora, impío, por usar una piedad, ocasionar un castigo. En cuanto vive ignorado el bien, o el malres preciso que a ninguno sobresalte, ro silogismo que estando entrambos dudosos, ninguno queda ofendido. Yo más quiero el desengaño. Yo solo el engaño sigo, que si he de ser despreciado el tiempo que no lo he visto, me excuso del sentimiento, y con la esperanza vivo. El desengaño es más noble, que aunque el engaño enemigo de vida con la lisonja, y mate con los avisos; mas que su aparente halago, siempre el desengaño estimo, porque este es mal sin dolor, y aquel dolor sin alivio. No paséis más adelante, solo por último os digo, Príncipes, que brevemente resolverá mi albedrío esta elección, difiniendo quilates de amor tan finos. Os vais? Sí, Duque, que el punto que sentenciar solicito, es difícil, porque tiene un poderoso enemigo. Y quién es? Callarlo es fuerza; esto por Astolfo he dicho, . a quien por fuerza, o secreto de las estrellas me inclino. . Con agudeza a los dos de su enojo ha divertido. . Sin duda que favorece mi amor, pues sola conmigo se disculpa, hoy logro amante el noble triunfo a que áspiro. Divina Irene, escuchad. No veis que a Rosaura sigo: Y yo a vos, pues mi fineza ya mi semblante os ha dicho, y el premio que espero, es solo, que lo tengáis entendido, pues desde el punto que os vi, me hallé luego arrepentido de haber seguido otro norte, el de Milan es testigo de esta verdad. . Señor Duque, si vuestro afecto al principio oyera, pudiera ser que aquel interior cariño que aquí llamamos festejo, siendo solo un noble estilo, que con semblante de aplauso llega lisonja al oído, como obsequio le admitiera; pero habiendo vos servido a mi prima, fuera injusto no condenar vuestro arbitrio. No es de buen aire la empresa. que empieza con un delito, y confesar lo mudable, no os acredita de fino; en mí lo que yo os efrezco, es para este intento mismo el ser servidora vuestra, y haceros buenos oficios con Rosaura, pues es esto con lo que más os obligo, pues sentiré que os murmuren de ciego, y poco advertido al no ver la diferencia. que hay de una Estrella al Sol mismo Si esto es, señora, estar ciego, digo que en mi vida he visto; y en fin, si es esa disculpa, de vuestra atención desvío, yo cumplo con adoraros. Pues desistir del designio queréis que os trujo a Ferraras Desde que os vi, fue fingido aquel exterior festojo con que en lo publio Y eso pensáis continuarlo? Señora, no hallo camino para dejarlo con aire, hasta que tenga elegido Rosaura esposo . Y si acaso os elige a vos? . No aspiro a esa dicha, ni la aguardo. Antes corre gran peligro, Por qué? Porque más dichosos suelen ser los menos finos; con lo público cumplid, que esotro no os lo permito, No os harán falta mis ojos, si el corazón os dedico. Estoy muy mal confinezas vergonzantes. . Diré a gritos, Mirad que Rosaura vuelve Vuestro favor solo estimo. Callad, que de eso en entrando, quedaréis arrepentido. Para que veáis que yo al Sol que decís no sigo, me iré aunque pierda la luz de vuestros ojos divinos, . Él se va, y ella no vuelve, bien del empeño he salido. Esto, Figón, me pasó, mas no sé con quien hablé. También lo que te conté, es lo que me sucedió; de embozo dicen que a amar vienes su esquivo desdén, con lo cual podrás muy bien de medio ojo enamorar, mas por si te satisfece, y de ello te da codicia, quiero darte una noticia de lo que en Palacio se hace: sirvete con eficacia, y no es obra meritoria esto aquí, que aquesta es gloria sig donde nunca se está en gracia, qu Él día se ha de ocupar tan solamente en servir; de noche el que ha de dormir, o se ha de obligara soñar. Va a Palacio, y si tocada no está su dama, o prendida, la ha de coger la comida muy lejos de la posada. Causa un espanto del diablo un guarda, sea quien fuere, que aquí el temor no se adquieno tan solo del guardapablo. Si tiene competidor, ha de afectar no sentir, porque aquí no es el sufrir vileza, si no primor. Mas mira, todo este afán tiene un gran bien encubierto, que aunque sea un patituerto, en haciendo esto, es galán, Dime, no fue temerario quien tal vida culpar quiso, donde un servir tan preciso se admite por voluntario? Donde nunca es ceguedad del amor el rendimiento, pues aquí al entendimiento alumbra la voluntad? Lo que por mayor pesar tienen, un bien afianza, pues faltando la esperanza, falta el dolor de esperar. Negarás tú la excelencia de aquesta esfera divina, adonde el Astro que inclina da leyes a la decencia? Pues aún el pecho más frío, y el de menos inquietud solo aquesta esclavitud albedrío ̱. Pues dime, cuál es la Estrella que mejor te ha parecido? que en habiéndola elegido, habrás de campar con ella. ̱. Yo nueva elección no haré, solo este norte me guía; mas di, Figón, si sería Rosaura con quién hablé? De eso con miedo no estés, que el pecho engaños reciba grande, pues la duda estriva solo en un sí es, o no es. Su rostro no es Sol que aclara la luz que en él reverbera? Bueno es, pero mejor fuera si aquese Sol no picara. Sus ojos no son la Aurora? Y sin defecto ninguno, porque en fin le ríe el uno. Y el otro? . El otro le llora. A no mirar que estás loco. De qué sirven tus quimeras? si hermosa la consideras, que se te da que sea un coco? pero hablemos ya en juicio, quien eres has de ocultar, y no te has de declarar, porque importa este artificio. Con ella quede entablado, y de su capricho se, que todo el sujeto que se le rinde, va volado; y así no te has de mostrar de ningún modo rendido, que por Dios que vas perdido, y déjate gobernar, que esto importa a la maraña, y yo le diré quien eres. Pues di, con eso que adquieres? Que obre la industria, y la maña I. Ta ingenio es agudo; y quiero guiarme por ti. . Señor, mira hacia aquel corredor: aquella es Rosaura. Hoy muero, el verla me atemoriza, que es a quien sin turbación hablé ayer. . Pues dimos con los huevos en la ceniza Ciego estuve; o fuerte dura! pues si ciego no estuviera, dime, Figón, no advirtiera que es la mayor hermosura? mas ya deja el corredor Rosanta, y viene hacia aquí. Y si nos ve a mí; y a ti, descubierta está la flor; vete; y vuelve mesurado, como que es acaso. . Espera. Qué he de esperar? Salte afuera, aprisa, el hombre es pesado, cuerpo de Cristo con él; a mí me ha de replicar? sepa que le he de curar, o tengo de echar la hiel. Contra quien furia tan brava, Cazuela? . Con nadie ha sido Yo lo oí. . Lo que has oído es que soliloqueaba. Señora, mejor sería para apurar con cautela tu intento; que de Cazuela te valgas; por que es la espía mejor que puedes buscar. Es verdad, bien has pensado. Si fuese algún Potentado . con quien mi prima casar pudiese, dicha era mía, pues con tan feliz acierto, al de Sajonía era cierto que su amor estimaría. Cazuela. . Señora, aquí (lindo arroz) Cazuela está. Tu lualtad me obligara, si hace una cosa por mí: ayor salí aquí, y halle el forastero. . Ay temores! si este es Astolfo, señores, toda mi industria logré. Tú con maña, y atención has de inquirir quien será este nombre, . No es nada: . se ha logrado la intención. Pues qué me respondes, di? Qué gracia! Habla, no te entiendo: qué haces? Estarme riendo a carcajada de ti. Acaba de responder, que no te entiendo, confieso. Tan desmañado estoy, que eso hauia de estar por hacer? Cómo? . Cómo quién es, sé, con que vino a que ha venido, con que verás que he sabido el como, el cuando, y porque: no es Astolfo? El mismo. . Quedo, porque aunque la vista atina, que es la gala de Medina, tiene el tal la flor de Olmedo: aqueste es un Potentado del Rey de Ungria pariente, galán, discreto, y valiente, que viene a verte embozado, es de extrávagante humor, y es extraña su fortuna, dice que a mujer ninguna jamás hatenido amor, no hay quien su condición tuerza: desde que te vio, te tiene odio cruel. . Pues a qué viene? Su curiosidad le fuerza. Quién a ti tan por menor te ha informad mas temo. . Por vida mía que puedes. . Su Confeslor, Quita, loco, otra razón mas molo obligaa creor, pues uso un estilo ayer muy neclo. . Es un socarrón; mas tate, que el hombre asoma no te vayas. . Excusada prevención es. . Hay cuitada, que andas ya por la matoma, Qué hermosa es la galería! que bien adornada pieza! mas perdone vuestra Alteza, que estaba aquí, no sabia. Pues cómo aquí os atrevéis a entrar? Yo digo, que cuando entré, perdonad, mirando si acaso aquí. No os turbéis; quien os ha dicho que soy la Duquesa? . Yo sospecho que mi desdicha habrá sido, que si ella no fuera, es cierto que la noticia de ahora me la diera a mejor tiempo. Luego sentís conocerme? Esa pregunta no entiendo. Pues si queréis entenderla, consultadla con vos mismo. Cuanto la consulto más, la entiendo, señora, menos. Y la palabra que ayer me disteis? . Yo no os la niego. Pues decid lo que sentís. Qué :que a lo dicho me atengo Que Rosaura es más hermosa que yo? . Eso no confieso; Si no que? Qué es más hermosa, que la que hablé, Eso es bueno; pues no soy yo a quién hablasteis? Eso también os concedo. Si hoy decís que me excedió, y aquí no me diferencio de lo que era allí, también me excede aquí. Eso es incierto. Pues declaradme el enigma, que si no, yo no os entiendo. Cuando yo os hablé, no supe que eráis vos, con que mi pecho no os juzgó igual a la copia, que en sombras venera atento; ahora que ya os conoce por otro sentido nuevo, iguala a lo imaginado lo visto, mas no por eso, aunque eráis allá la misma, fue vuestro rostro tan bello, que le falto de hermosura todo mi conocimiento. Para hajar su vanidad me he de valer del desprecio; si la voluntad es solo quien os induce a ese empeño, tan materiales motinos, advertid que son groseros. Pues ninguno de los míos padecer podrá ese riesgo, que un rendimiento tan justo, que aún no profana el respeto, no le obra la voluntad, sino es el entendimiento. Todo eso es mi el sobre ojuelas que le has dicho? que es un necio pues intenta un imposible. Bien has hecho . Claro es eso Aunque el rendimiento sea justo, ya el atrevimiento de haberle intentado es digno de merecer el desprecio. De culpar vuestros rigores estoy, señora, tan lejos, que autes con ellos motivo me dais de agradecimiento; pues mostraros rigurosa, es hacer que mis afectos parezcan más sinos, pues con vuestros mismos despegos dejaréis acreditado de grande mi sufrimiento. Vaya de eso, que eso es rindo. La adoro, y fingir no puedo. Y quien sois vos, que amirarme osáis? . Valor. El silencio ha de ser solo el testigo, que así advertido pretendo, que conozcáis que a serviros, sin otro interés anhelo, y que es esto verdad tanta, y con tal rigor lo observo, que aún el deciros quien soy encubro, porque no quiero, si fuere en crédito mío, que juzguéis en ningún tiempo, que con decirlo, he pensado hacer yo merecimiento. Bien va. . Cierto que me cansa el oírle hablar tan tierno. Esto es tierno? vive Dios que son todos puros huesos. Pues dime, a que sin pronuncia equivocado el afecto? Es pura cortesanía. Ahora bien, yo me resuelvo . contra la inclinación mía, porque importa a mi respeto tratarle de suerte, que no entienda ninguno de esos mi amor; cielos, que he mirado en este hombre? qué secreto influye su estrella en mí? que a ser igual el sujeto a ni sangre; mas que digo, si ignoro quien es, y temo que le haga infeliz la suerte por ser mi amor verdadero? Enmudecéis? . Me cansáis. Si gustáis, me iré. No quiero que os vais. Pues ya no me voy. Mas esto advertiros quiero, que es porque yo tenía gusto de que os fuerais, y por eso os he dicho, que os quedéis, porque no os alabéis luego de que hacer pudisteis cosa que me hiciese gusto, Temo, ay Figón. . Firme que firme, no digas tu amor. . Necio fuera, si habiéndoos os oído, me quedara. . De los cielos. Perdonad mi grosería, y el cielo os guarde. . Teneos, que otro medio he hallado ya, que carece de aquel riesgo. Y cuál es? . El irme yo, pues con eso en ningún tiempo podéis alegar, ni aún la obligación del pretexto: ven Irene. Ya te sigo. Mi vida dio fin. . Laus Deo. Tú, Figón, me has detenido, tú me has muerto. . Calla, ne- que te he dado dos mil vidas. (cio, No aprovecho tu remedio. Volvera alzar el garillo, quizá otra vez dará fuego, Hay tal rigor! Que me maten, si por ti no pierde el seso. Ma hice en callar mi amor. No ha sido si no bien hecho. Yo lo erré. . Tú lo acertaso vamos, señor. . Voy muriendo Calla tu pico, y verás como lo que digo es cierto. Reloj de Príncipes llama a este volumen Plutarco: bien le intítula, pues es cada renglón, bien mirado, un índice, que señala las horas del desengaño. Aquí las vidas refiere de muchos Varones claros, que en constancia; y fortaleza dieron fama eterna al mármol. Que poco que los imito, pues sin olvidar mi agravio, ya que no al caduco esfuerzo, apelo a la voz del llanto. Preso vive el noble Alberto de Ferrara en el Palacio, lamentándose a los cielos contra el rigor de su hermano. Las guardas que aquí me asisten, del noble afecto llevados, mi razón cantan piadosos, para aliviar mi trabajo. Hijo Astolfo, si es que vives, y a tu noticia han llegado memorias de un padre preso, como en la campaña armado no vuelves por su defensa? como el valor de tu brazo, con la sangre que heredaste, no desempeña mi agravio? Yo que gané con mi espada tantos blasones, y aplausos y di a Ferrara laureles, preso vivo, y triste paso, sin que de Alberto se acuerden! o paciencia! pero en vano me quejo de mi fortuna, pues ya siempre encarcelado por la larga edad me tiene la cadena de los años. Infeliz la ausencia llora de un pímpollo en flor cortado, como rosa que al Aurora murió por nacer temprano. No murió, no, que ese alivio solo tengo por descanso, sino que engañe, o se engañe quien la noticia me ha dado. A mi hermano, o mi enemigo, a esta prisión le he llamado, para proponerle un medio entre mi queja, y su agravio, y resistiendo a mi ruego, no viene a verme, que tanto puede en él la tiranía, que aún me niega ese agasajo. Aunque padece, a su vida no llega el fatal estrago; que para vivir gimiendo, nunca muere un desdichado. Que puede quererme Alberto, que con tanta instancia, y tanto ruego importuno me llama? yo vengo determinado de escucharle, aunque conozco que ha de acusarme de ingrato su razón, he de salir de una vez de este cuidado. Alberto, a quien nunca el tiempo pudo borrar con su estrago ideas, y fantasías para tu olvido, y tu daño, dime que quieres, que ya te escucho? . A tus pies postrado agradezco a tu memoria este cortés agasiajo, porque nunca ha de quejarse, cuando ruega un desdichado. Ya sabes, Ecuardo noble, que ambos nacimos de un parto, y para excusar piadoso guerras civiles, y bandos, nuestro padre el Duque quiso, que aquel de los dos hermanos, que primero tenga un hijo, cina el laurel de este Estado, y que si acaso sucede, que falte el varón en ambos, el que tuviere hija, entonces sea por Duque aclamado, y desposeído el otro, quiso el curso de los Astros, que sucediese contodas las circunstancias el caso. Tuviste, a Rosaura tú, poseíste el Reino un año justamente, y luego yo, (aisposición fue del hado) tuve a mi querido Astolfo, pido que el decreto sabio cumplas de mi padre, y tú al cabo de un largo plazo dificultades propones, y en tu ambición obstinado, me niegas el fiel dominio, y resuelto, y temerario haces que a Año fo me quiten, y que a las fieras del campo, mas esto la voz lo explique por los acentos del llanto, no hablo de esta in juria ahora, a otro remedio acudamos. Señor, Astolfo está vivo; no te alteres, porque ha h a en los brutos su inocencia, mas que en los hombres amparo. Guardo su vida una fiera, y después se le quitaron unos piadosos pastores, que le criaron en tanto que o su suerte, o su desdicha le traslado a Reine extraño, bien que adonde asiste ignoro, mas si áplicas el cuidado, y pones las diligencias, podrá ser que en breve espacio nos le ofrezca la fortuna; y pues con acuerdo sabio quieres casar a Rosaura, y llamas Príncipes tantos, cuanto mejor. . No prosigas, cierra ese caduco labio: Rosaura con hijo tuyo, aunque viviese? un villano, un hijo supuesto, aborto de riscos, y de peñascos, había de ser su esposo? Ese es el pretexto falso que toma tu tiranía, y tu codicioso engaño, que hijo legítimo es mío Astolfo, dichoso parto de mi esposa Margarita; y quien dijere. . Ah vilano! mas estás caduco, y loco, y a no mirar que era extraño frenesí de tu soberbia, con mi aliento entre mis brazos mis iras; pero qué digo? si esa cadena arrastrado, astida de tu pie inútil, te sujetara la mano, que unos hierros de otros hierres bien dicen eslabonados; Vivo Astolfo? cielos, como puede ser esto? es engaño; el Mariscal no le dio muerte en un monte? cuidados, al examen, ansias mías, mucho que pensar llevamos. Cielos, con vuestras piedades ha de encontrar un tiranos y para un preso afligido guardáis todos los agravios? vosotros lo hacéis, y nunca pueden los hombres culparos, pues con semblante de pena nos dais el bien disfrazado Hacia aquí voces he oído, y abierta esta puerta he hallado, entro a mirar quien se queja; allí un venerable anciano miro, y su ternura obliga a respeto, amor, y llanto. Justicia vuelvo a pediros, cielos, de un injusto hermano. Hombre infeliz, que rendido a un pensamiento, a un cuidado, enterneces con la queja, y das con la voz espanto, si es que puede un extranjero ser de ese dolor reparo, decidle, que vuestro aspecto desuerte me ha lastimado, que ocultamente me obliga a todo riesgo a ayudaros. Yo, como es razón estimo ese ofrecimiento, hidalgo, pero en las penas que lloro, no espero remedio humano; mas quien sois, que vuestro afecto no sé qué alivio me ha dado? Pues no podéis conocerme, el nombrarme será en vano, y así solo soy un hombre, que desea consolato: quie También excuso deciros quien soy, porque hallo, que me tendréis, si os lo digo, por loco El que a ese anciano respeto el crédito niegue, que ese será loco, es llano. Pues Cortesano, y piadoso a un mismo tiempo os he hallado, yo soy, Caballero, el Duque de Ferrara, a quien mi hermano cruel me ha quitado el Reino. Válgame el cielo sagrado! que consonancia en el alma hacen mi afecto, y su llanto, que cuando se está vertiendo, parece que al mismo paso cuanto sale de sus ojos, se va en los míos entrando? Quitome mi amado hijo, diciendo (rigor tirano!) que era supuesto, y fingido; y ahora estándole hablando, volvió a repetir lo mismo, y indígneme cierto tanto, que quisiera entre mis iras: mas ha vejez, paso amargo! Seguro arrimo tenéis: levantad. Ya me levanto, que es dichosa la caída que logra tan noble amparo. Mas válgame todo el cielo! . una espada en esta mano coronada tiene, y es el propio, el distinto, el claro lunar que Astolfo tenía, cuya señal, cuyo rasgo a otro igual le correspond del pechos yo estoy turbado: quien eres, nombre, que vienes con un tan notable acaso a revovar mis memorias, o a dar fin a mis cuidados? Dime quien eres, que padre te dio el ser, que Solio extraño hóspedó tu nacimiento? mis dudas, y sobresaltos tendrán fin, si me refieres la verdad; solos estamos, fiar puedes de mi silencio tu honor, que esto importa a entrambos. Lo que de mí solo puedo decirte, es, que me han criado en Ferrara unos pastores, y a Ungría me trasladaron unos Caballeros, donde por la guerra con mi brazo adquirí puestos, honores, y de toda Ungría aplausos. Padre no conoces? No. . No tienes patria? Los campos. qué es esto, contentos míos? . sin duda que estoy soñando; y ese lunar prodigioso que tienes en esa mano en forma de espada, ha sido herida? . No, que es retrato de otro que tengo en el pecho, Él es, fortuna, qué aguardo? solo falta que me digas el nombre. Astolfo me llamo, y siempre tuve este nombre. Pues padre, y patria has hallado, tu patria te ofrece el suelo, tu padre te da los brazos, Qué dices, señor: Qué tu eres la prenda en quien idolatro, hijo mío Astolfo. . Cielos, deja que a tus pies postrado reconozca esta ventura. Mejor es, hijo, en abrazos. Buscando a mi tío Alberto, que a la prisión tal vez bajo a verle; pero qué miro? con Astolfo está. Buscando al Mariscal, que es Alcaide de esta prisión, vuelvo al cuarto de Alberto; pero qué veo? él con Astolfo está hablando. He de escuchar lo que dicen. Desde aquí pienso escucharlos. No hay que dudar, hijo, cobra el Reino que Dios te ha dado, hijo Astolfo. . Infeliz suerte! Tú eres dueño soberano de Ferrara, ciñe tú la Corona que un tirano posee. . Cielos, qué escucho? hoy han de morir entrambos; vivo Astolfo? el Mariscal me ha tratado con engaño. Si este es Astosfo mi primo, cielos, ya sin embarazos podré estimar su fineza, pues a él me inclinan los Astros: albricias, fortuna mía. Hijo, aún hay muchos vasallos leales, que ayudarán a tus alientos bizarros. Yo pondré, padre, en tu frente laurel que te han quitado. Convoca el poder de Ungría. Qué haré en suceso tan raro? Primero os daré la muerte, aidores. Ay de mí, que a Astolfo pierdo! Ah de mi guarda, soldados. 1. Qué nos manda vuestra Alteza? Qué encerréis a estos villanos en aquesa torre, adonde entre rigores, y estragos la muerte a pausas padezcan, que los dos darme intentaron. No importa, no, que los prendan, porque yo sabré librarlos. Yo, señor. Nada te escucho. Mi razón. . Ea, llevadlos. Hoy pierdo a Rosaura, cielos. Llegó de mi muerte el plazo. Señor, señor, qué es aquesto? tu descompuesto; tu airado? dime tu pena. . Recelos, en mi cólera me abraso. Sabe que Alberto es traidor, pues él, y Astolfo irritados se oponen a mi grandeza, publicando temerarios, que de Ferrara son dueños. Pues cómo? Ese vil ingrato dice que Astolfo es su hijo. Quizá te habrán engañado. Lo que vi, lo que escuché puede ser, Rosaura, engaño? en su ayuda al Rey de Ungría convocan. . Suceso extraño! porque no prendes a Astolfo? A los dos tengo encerrados en esatorre. . Con eso de su traición nos libramos. El Mariscal me ha vendido. . Viva mi amor alentando. . Rosaura, esta causa es tuya. Sí, señor, estos tiranos mueran, pues quitarme intentan el laurel que tú me has dado. De este peligro un veneno nos dejará asegurados, sin nota de sus parciales. Eso es lo más acertado. Tuporta doblar las guardas a la torre. . Este cuidado me toca a mí. . Claro es eso. Su prisión deja a mi cargo. En la muerte de los dos nuestra vida estriba. Es llano: a mi diligencia fía aquesta acción. . Hija, vamos. Sabe el cielo que esto digo por dar libertad a entrambos.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA: Ya esta nos solas, bien puedes, Rosaura, ahora conmigo parrir tu amante cuidado. Solo con ese motivo hice retirar a todos, escucha el tormento mío. Ya sabes como resuelta, menospreciando el peligro, adiligencias del arte; o al impulso del cariño, de aquella prisión escura, de aquel tenebroso abismo, adonde para dos muertes pendiente estada el cuchillo, libré a los dos hijo, y padre, no diré a mi tío, y primo, que aunque esta razón pudiera moverme a empeño tan digno, no he de achacar a la sangre, lo que fue de amor nacido. Y que fuiste tan dichosa sé también, pues ni vi de esa acción tuvo tu padre, porque achacando el delito al Mariscal, que con ellos se huyo también escondido, se quedó en esta sospecha, extremo de amor tan fino; que Astolfo de sus intentos se ha descubierto contigo, y que de ti enamorado, desde Ungría a verte vino; que recato su fineza, y que a tenerle cariño, te inclinaron las Estrellas; que lo callaste al principio, por parecerte incapaz sujeto, y después que has visto su sangre, sus bizarrías, y los extraños prodigios de su vida, y su fortuna, y en fin, porque es ya tu primo, aquella hipócrita nieve, que en tu pecho endurecido muró la altivez a ceños, y el desdén noble a desvíos, al volcán de la congoja, que amor encendio a suspiros, se desvaneció la cumbre de aquella esfera de vidro: es más que esto lo que intentas decirme? . Pues lo has sabido tan por menor, oye ahora de mi dolor los motivos. Yo di libertad a Astolfo, y aquel a noche en que fino se despidió de mis ojos: Prima Rosaura, me dijo, con lágrimas, y sollozos, mi riguroso destino conoces, yo parto a Ungría, solamente con designio de conducir sus banderas a Ferrara, es solo a fin de coronarte conmigo, porque añada a tus trofeos otro Reino mi albedrío, y brevemente verás, para desempeño mío libre un esclavo a tus plantas; ya ves el riesgo, el peligro en que está mi vida, pues ya por ser tuya la estimo, y sin dar fin al acento último de enternecido, dando de pies al caballo, dio al viento con mis suspiros. Partiose, y dejome como queda la flor sin roció, sin la bella rosa el prado, sin luz el Sol, sin aliño el valle, que avasallado del viento a los desperdicios, por ultrajarle envidioso, no le respeta florido; y paraque fuese, Irene, mi sentimiento excesivo, desde aquella infeliz noche, hasta ahora no he tenido noticia, carta, memoria, sino es que sea motivo para poder ser ingrato, hallarse favorecido. Con el loco de Figón, que estaba ya introducido en Palacio, y con disfraz de nadie era conocido por su criado, pudiera darte de su intento aviso. Bien pudiera, pero cuando un amor constante, y fino (desesperada lo lloro) no se pagó con olvidos, si otra hermosura? mas yo para que en esto imagino, si de otro major agravio vive mi pecho ofendido? Quisiera avisar a Astolfo de que llega el plazo fijo en que mi padre pretende, que contra mi gusto mismo, elija por conveniencia lo propio que desestimo, y que si amante no acude a librarme en el conflicto de esta pena, y su palabra no cumple, será preciso que dé fin mi vida a manos de la sinrazón que miro; esto le escribo en un pliego, y no sé porque camino pueda remitir. Señora, Cazuela, aquel loco antiguo, que ha faltado de Ferrara, a verte, sin dar avilo, se entraba. . Yo le detuve hasta saber. . No os he dicho, que cuando estoy con Irene, ninguna entre a verme; ea, idos, y entre el loco. Norabuena, perdón del error pedimos Trima irene, si de Astorfo vendrá Figen remitido? Cómo puede faltar eso? Puesto que todas se han ido, y has quedado con Irene, que es tu considente, digo; que a besar me des tu planta, que en tocar pieran invicto, no me puedo ir a la mano. Di ahora a lo que has venido. Si me has puesto punto en boca como he de poder decir! mas posando a la noticia, de Asolfo te traigo aviso de como viene marchando con un ejército altivo, hermosa apacible selva deplumas, armas, y aliños. Delante el valiente, oven gobierna un blanco hipogrifo, fogoso Aleman nevado, que en espíritu encendido, con ser la piel toda nieve, es un volcán el hocico, y en el bastidor del viento dibujando airosos brincos, juega el tiempo que no corre, por no parecer que es risco; pero si en paso le meten, tan leal obedece, y fino, que haciendo rueda los pies, y todo el cuerpo un ovillo, en su propia ligereza va debanando el camino. Si le paran manso, y grave, se ofrece hermoso prodigio, y en las espumas que vierte, se está mirando Narciso; mas dejemos la pintura, y vamos a lo preciso. En fin con este aparato militar los fronterizos campos de Ferraratala, y a cuatro marchas, o cinco de aquesta Ciudad en frente pondrá su escuadra lucido, solo a fin de conquistar tu mano, y sin más motivo, que de ofrecerte señales de amante, y de agradecido. Las albricias de esta nueva no las perderás conmigo. Yayo lo veo, pues tú me las guardas. . De mi pri ya la dilación culp Cortá es uste de bolsillo? pagarámelo. En su ausencia hablaba de mí? Es temiso, y al a con cierta Madama tuvo no sé que amoritos. Luego, Figón, en Ungría quiere bien? . Así un poquito, no más de aquello que hasta para perder el juicio. Y cuando vino a Ferrara, trujo retrato consigo? El retrato? para qué? Esa noticia te estimo. No, señora, él no traía mas que a su Dama consigo, Aparta, loco, eso dices? Aquí su Dama ha tenido? Así la tuvieravo: ella rabia, esto va lindo. De mí allá no se acordaba? Una cosa te suplico, y es que no hablemos en eso. Mucho más el encubrirlo me obliga a querer saberlo. Si aprietas, no me resisto, más es vergüenza. Ea, acaba. Que le habías parecido, dijo, en lo fresco, y también en esos colores vivos. Que? dilo. Aún Archero Alferez, que harto me corrí de oírlo, mas no lo extrañes, porque es descocado el Astolfico: Astólfico, dije? miento, que es de aqueste nombre indigno, Por qué? Porque siempre es más el nombre diminutio no hay que dudarlo, esto es cierto, y si no dime, en el vino cuanto menos es, señora, un cuarto, que no un cuartillo? pero pasando a las verás, él te adora tierno, y fino, favorece sus intentos, con él no ostentes desvíos, que aunque Astolfo es tu galán, es projimo. Al punto mismo pon en su mano este pliego, y por porte aqueste anillo. Vivas la edad de un gotoso Irene, por el postigo que cae al parque le saca, y por allí Figón mismo volverá, cuando de Astolfo me traiga algunnos avisos. Calla, señora, que presto ha de ser su esposa, y grillos Ay, amor, cuán descontento en cualquier pecho has nacido! dígalo yo, pues a un loco hoy todo mi ser le fío. Echadle por un balcón pero no, prendedle, amigos, porque confiese en un potro la verdad. (cho? Cielos divinos. Desdichas, que es lo que escu- Llevadle. Señor, qué ha sido? ̱. Que ha de ser, sino una duda, una sospecha, un indicio de traición? este criado de Astolfo, que introducido por loco estaba en Palacio, que es una espía me han dicho, que para el tirano Alberto lleva de Ferrara avisos. Eso, señor, es engaño, ahora estuvo conmigo, y divirtió mi tristeza; que instrumento, que testigo contra un loco puede haber? Mientras su culpa examino, preso le tengo, Rosaura. Bien has hecho; dicha ha sido que mi papel no le hallasen: yo escapé de gran peligro. Hija, ya de tu elección ver el efecto es preciso; nadie como el de Milan de tu hermosura es tan digno, por su esfuerzo, por su sangre, y por los extremos finos, que en adorarte ha mostrado, pues cuando otros persuadidos de tu desdén, han dejado la empresa amorosa, el fino, constante se mostró siempre, Clicie de tu sol divino; pero no es esto lo más que ha de obligar tu cariño. Rosaura, el traidor Alberto, y Astolfo, a quien llama digno sucesor de aqueste Estado, de el Rey de Ungría asistidos, con grande ejército talan de Ferrara los distritos, pero el de Milan bizarro, para obligar tus desvíos, de Parma, y Mantua juntando los auxiliares Caudillos, a su opósito pretende salir con lo más lucido de su gente, por hacerte aqueste heroico servicio, o morir en tu defensa, exponiéndose al peligro; claro está que a ion tan le constituye elegido, pues te asegura el laurel. Si libre mi elección hizo vuestra Alteza, como ahora solicita ejecutivo desdorar con la violencia lo que cedió compasivo? Porque estriva en esto solo la Corona que ceñimos, No era mejor hacer paces con Alberto, y que mi primo, supuesto que tú. . Eso dices? tirana, aleve, que has dicho? tú de un ingrato te acuerdas? tu nombras a mi enemigo? un hombre, que de mi dice que hice matar a su hijo? yo había de confestar un tan enorme delito, viendo que todo es engaño? yo manchar el honor mío con un borrón tan infame, que quede eterno en los siglos? Digo, señor. . Cierra el labio Libre nocio mi albedrío. La obligación le hace esclavo. Lo injusto nunca es preciso. Primero está mi respeto, lo que te conviene sigo, al Duque has de dar la mano, de todos es el más digno, y en el empeño en que me hallo de su valor necesito. Esto ha de ser, esto importa, ya todo está prevenido, su poder es grande, y yo para unirle con el mío, antes que salga a campaña, se ha de desposar contigo. . Conmigo? primero yo daré la vida a un cuchillo, haciendo una acción, que de ell quede memoria a los siglos. Hijos netoicos de Marte, que con el brazo, y la industria os hace el valor exentos del tiempo, y de la fortuna. Ya que a vista de Ferrara desde esta eminente punta de sus campos descubrimos, la amena, y fértil llanura. En dos trozos dividido nuestro ejército discurra sus muros, porque al rebelde su orgullo el temor confunda; y antes que el Sol bañe en perlas la hermosa madeja rubia, y agonizando entre sombras, busqué el Ocaso por tumba. Cubrid, Ungaros ballentes, de horror la tierra, y de plumas la vaga región del viento, gima él parche, y con voz muda intime el clarín sonoro la razón que os instimula contra el tirano poder, que el dominio mío usurpa. Ya el estrépito de Marte desde Ferrara, sin duda, lo escucharon los leoles, que felicidad me juran, porque de una misma causa varios efectos se induzgan, pues los leales se alientan, cuando el tirano se asusta. Señor, vuestra Alteza ahora al noble Bastón que empuña en tan heroica defensa mi diestra pase a la suya, que si le ocupó mi mano, hasta aquí tuve disculpa, como General del Rey de Ungría, que en vuestra ayuda me mando venir, mas hoy justo es que os lo restituya, pues ya en tierra vuestra estamos, y fuera razón injusta a vista de vuestra Alteza ser dueno de acción ninguna. Mejor en tu mano asientas hijo, que es lo que procuras? No dilatar un instante darosle, que aunque le empuña en nombre vuestro mi brazo, dueño legítimo os juzga. Astolfo, hijo, esa obediencia tuya es sola, mas no es justa, pues mi razón en tus bríos toda su justicia funda; vuelva a tu invencible diestra el que en la mía caduca, aduserte que de más cerca del esfuerzo la fortuna se mira, y en ti se ha visto favorable, y se aventura en mí, pues adversa siempre se ha mostrado, no la huyas, prosigue, y triunfarás de ella, y pues mis glorias son tuyas, coronado de trofeos el supremo Solio ocupa; sírvate el bastón de Cetro, tómale, hijo, que dudas: tuyo es, no es mío, si acaso la adversa suerte se muda. No, señor, y mi obediencia por ser más fiel se excusa. Como padre te lo mando, Fuera, señor, ley injusta, Enternecido me deja: C en fin, hijo, que repugnas la fe de mi amor? . Señor, esto ha de ser, no presumas, que siendo justo te falte a veneración tan justa. Llega a mis brazos, si en ellos tanto valor aseguras, que el más grave empeño fías; mas que mucho que presumas mayores progresos, cuando mi esfuerzo al tuyo se juntas Desde aquí puede el deseo decir que del Orbe triunfa. Tema el tirano mis iras, de horror la campaña cubran nuestras huestes vencedoras, hijo, la defensa es mucha de Ferrara, y sus murallas, con prevención se aseguran de los mayores asaltos, y así es preciso que acuda primero a ganarle el puente, porque desde la llanura. con seguridad podamos darnos socorro, y ayuda; tú en este sitio te queda. Lo que me ordenas se cumpla Soldados, el campo marche hacia el puente. Bien lo fundas. Vuelva por mi causa el cielo, pues la que defiendo es justa. . No hay que temer, pues de Astolfo te acompaña la fortuna, y la razón, que es lo más; nobles Ungaros, en cuyas bizatrías tantas veces la fama estrenó sus plumas, hoy mi valor os invoca para esta acción, mas que nuncas que sale de la Plaza, a lo que infiero, por la gala que ostenta al uso militar, hablarte intenta, y haciéndonos de paz señas, declara misterio su venida. . De Ferrara algún leal será. . No sé si es cierto, porque el rostro cubierto con una roja banda, receloso aún la voz disimula misterioso. Decid que llegue, su tardanza acuso. Caballero, llegad. . Yo estoy confuso. Ilustre Mariscal, deciole a Astolfo, que mande retirar todo soldado, y quedemos los dos. Pues me ha nombrado, bien conoce quien soy. . Lance importuno! Qué importa el no ser visto de ninguno? Caballero embozado? Oye a parte, señor; este soldado te súplica que mandes que se aparte un instante tu gente, porque hablarte a solas solicita. Algún aviso es este, Mariscal, con que es preciso hacer lo que me ordena, mandad que se retiren norabuena mis tropas, despejad. . Por varios modos ya, gran señor, te obepecemos todos. . Cielos, turbada estoy. Galán, y airoso le hace el rojo disfraz, yo estoy dudoso: ya estamos solos. Caballero. . Ahora sabrás quién soy conoces me? . Señora prima Rosaura, es cierte lo que veo? pues cuando a vuestra Alteza este trofeo le pude merecer? cielos la Aurora toma el traje del Sol. Escucha ahora: aquesta no es acción mía, Astolfo, sin duda el cielo mueve mis inclinaciones por favorece tú que si miro a mi decoro, parece este impulso ajeno, pues solo tiene de mío la razón con que le empre hoy solicita resuelto darme al Duque de Milan. por esposo; y con ociendo. yo, que si tú no lo estorbas, no puede haber otro medio. para librar mi albedrío de este injusto cautiverio. En este disfraz que miras, a darte este aviso vengo, pues no hallé de quien fiar tan importante secreto, que de nuestro amor sin duda, noticia a mi padre dieron, pues luego prendió a Figón, y lince de mis intentos, no me perdió de su vista, sino este espacio pequeño, que por una oculta mina que hay desde Palacio al centro, De ese muro salgo osada. a dar ayuda a tu intento por esta secreta mina de la noche en el silencio. Algunos de tus soldados pueden entrar, con que abriendo. las puertas a la muralla, y los demás envistiendo. a la seña de un clarín de los que tabieren dentro, podrán tus tropas entonces aclamar el vencimiento, que no podrás de otra suerte, pues con solos, y pertrechos, es el muro inexpugnable, y pones tu gente a riesgo. La boca de aquesta mina hallarás junto al cimiento. del último baluarte, que corre al lado derecho. Cuando la empresa se mira imposible a heroicos pechos, ha de apelar el valor a las armas del ingenio. Yo cumplo con avilarte, y proponerte el trofeo, hasta aquí como obligada; pero desde aquí, el respeto. me vuelve a la misma parte, adonde no se eche menos. mi persona, que a mi padre la obediencia es lo primero, y con esto a Dios te queda, y pues que todo el suceso te he dicho, dispon tu ahora lo que te dictare él mismo, pues brevedad pide el caso, y es muy limitado el tiempo. Divino hermoso imposible, oíd, mirad, deteneos, Sol, a cuyo aliento debe mi vida todo el aliento, permitid que un breve instante: esta dicha que os confieso, dé a entender a los sentidos, que lo que miro no es sueño. Que por detenerme quieres. que una vida aventuremos? No quiero tal, vete, aguarda. Qué dices? . que sin ti quedo, Rosaura; mas que sé yo lo que dices; será cierto que has de ser mía? . Eso dudas, viendo en mí aquestos extremos? Es que teme los segundos quien no logra los primeros. No es testigo esta fineza de mi afición? . Mas la temo. Por qué? . Porque es infeliz, siempre un amor verdadero. Emprende, y no desconfíes. Al tuyo mi amor sujeto. Tuya soy. Si esto te escucho, ya mayor gloria no es Astolfo, adiós. Qué te ausentas? Sí, porque es preciso el tiempo, y corre el triunfo peligro, si aquesta ocasión perdemos. Adiós. Rosaura divina. A encubrir el rostro vuelvo con esta banda. . Soldados, dad paso a este joven: cielos, que en fin te apartas? No, Astolfo, que en ti la memoria dejo. . Quién entre amor, y fortuna viotan extraños sucesos? sola esta vez con la dicha unió el amor sus trofeos; esta noche será el día de mis rriunfos, pues es cierto que no anochece al que llega la mañana del contento. Ya la gente que mandaste retirar, reconociendo que has quedado solo, vuelve a ocupar el mismo puesto, y solo el orden aguarda. Mariscal noble, a quien debo desde mi primera cuna tantas lealtades, y premios, ya que el Sol para el Ocaso conduce el curso ligero, y Neptuno entre sus ondas le hóspeda en marino lecho, marche el campo hacia la vista de los torreones soberbios de la Ciudad, que esta noche hacer una acción intento, que dé principio a uno dicha, o admiraciones al riesgo. Tema Ferrara mi orgullo, que aunque mi temor es menos, es más mi razón, y siempre adverso, la razón vence al poder, y siendo la que defiendo tan justa, será preciso que esegure el vencimiento. A todos para servirte tu valor infunde alientos. Hoy que Ferra apública el dichoso casamiento de la Duquese, que elige al de Milanpor su dueño, para lograr de su aplauso, se anticigo mi ceseo. Si es que intentáis de Rosaura ver la hermosura, os advierto, que para la ceremovía del parabién aún no es tiempo, porque Rosaura ha mandado, que nacie pueda entrar centío de su cuarto, hasta que avise. Y las dos para este efecto estamos aquí de guarda. No sé qué oculto misterio contenga aqueste retiro en mi prima, que ha dispuesto, que no entre a hablarle ninguno hasta que salga. . No vengo, bello glorioso metivo del más noble ilustre incendio, a hacer alarde ruidoso de mis constantes afectos, sino a darme el parabién de la elección, y el acierto, con que al de Milan Rosaura agradece el rendimiento. De eso el parabién os dais? Sí, señora, pues ya puedo decir, que he sido dichoso, pues ya mi amor sin el riesgo de que le tengan por fácil. la d puede publicar que es vuestro. De cauteloso artificio juzgo que estaba compuesto, y condicional parece, pues le falto aquel estruendo. ruidoso, con que se explica, y amor, que pudo el silencio reprimirle, y que templado, ardió sin mostrar el fuego, fue poco, o no supo el alma, que se hospedaba en el pecho. No basta haberle explicado alguna vez? Es pequeño indicio. . El decirle muchas, añade merecimientos? No, pero se reconoce, que el que repite su afecto, o le obliga oculta llama, o no le abasallá el riesgo; articulado un suspiro, duelicado un sentimiento, ya lleva para creído. la lástima de ser ruego; el no repetirlo es culpa, pues siempre en el vivo empeño la tema de la memoria buscó alivio en los acentos. Discreto es vuestro discurso, mas yo lo contrario llevo. De qué suerte? No habéis visto claro sonoro arroyuelo; que adonde está menos hondo, suele correr más parlero? Es evidente. . Y también no reparáis en el mismo; que adonde se ofrece mudo, tiene más profundo el centro? Así es verdad, . Pues, seño. el amor que es lisonjero, (ra, falso, y fingido, en los labios, hace solamiente estruendo, que el que es verdadero, y teme profundidad en el pecho, asiste disimulado; y así, señora, es lo cierto, que el que muy elocuente dice su amor, suele no tenerlo, pues cuando el amor es mucho, no apela a la voz del ruego, porque allá mudo en el alma se queja con el silencio. Bi en merece ser creído, si es de este linaje el vuestro. Con que lo creáis, me oasta, que otra ventura no espero. Del amor dicen que ha escrito ahora un Autor moderno; y que trata la distancia. que hay de escucharlo a creerlo; yo le veré muy despacio, porque para responderos, he de tocar sus quilates. en la piedra del ingenio. Y si halláis en mi favor lo fino de los efectos, podré tener esperanza? Ni os la quito, ni os la dejo; consultad vos la fineza con vuestro merecimiento, y viendó que están iguales vuestro amor, y mi respeto, seguid la senda que os diere más luz para tanto empeño. Si la fortuna dejáis a mi elección; mas qué veo? Rosaura, y su padre salen, Retiraos, y volved luego, que en el sarao prevenido mejor podré responderos. Ya puedo decir que vivo, si alentáis mis peusamientos, y pues los Príncipes tienen entrada en este festejo, de rebozo en el farao he de asistir. Pues ya es tiempo, entremos a prevenirnos: idco Dios. . Guardeos el cielo: ya tengo un alivio más. Ya llevo una duda menos. Corazón, no te asegures de un aparente disfraz, pues ves que de Marte amor se vale para matar. Sin razón la tiranía no intente ahora mostrar, pues da motivo el rigor para el peligro del mal. Pues, hija, cuando pensé hoy tu alegría aumentar, y con tan dichosa unión dar nuevo brío a mi edad, triste, y llorosa te miro, cuando el Duque de Milan todo el ser de mi Corona con tu mano ha de lograr un Príncipe, a quien los otros dejaron por singular la pretensión, conociendo ser de ella él solo capaz, te entristeces? . Sí, señor, que sentir es natural, darme la libertad para quitarme la libertad. Que elija esposo mandaste, y hoy no tan solo me das para que elija licencia, si no que aún el replicar me niegas, ley que de injusto te acusa, pues lo que da el cielo por privilegio, intentas tiranizar. La politica derea no ha de contemporizar con la de la conveniencia, porque es, señor, desigual la dicha de la grandeza, que si la felicidad consiste solo en el gusto, y este en mí viene a faltar, que importa que a un olmo esquivo quiera la iedra enlazar, si mudo el tronco se queja? Qué importa que al de Milan juntes este Estado mío, si apartas mi voluntad, y con lo que añadir quieres, me vienes a quitar más? Qué es esto? tú a mis preceptos les niegas la autoridad? a más de la conveniencia, mi palabra, y mi verdad empeñada, intentas necia que yo la llegue a quebrar? viven los cielos que hoy tu esposo el Duqve será, o que el lazo que desprecias en túmulo trocarás. Aunque aventure la vida, . solo de Astolfo será mi mano, mi amor, mi fe; pero ahora replicar no quiero, pues no aprovecha, que en llegando el lance ya, pues me resuelvo amorir, bien sé lo que debo obrar. Qué eliges? . Obadecer en todo tu voluntad. Pues ya el Duque sale. Primo, en tu amparo me hallarás. Volved acantar vosotros. Volved, ojos, a llorar. De su flecha no asegures ninguna tranquiridad, pues toda su paz es guerra, pues toda su gerra es paz. Didino hermoso imposible, en quien siempre veo el más bello glorioso motivo de arder, y de suspirar, no vengo a hacer de mis dichas alarde, ni apublicar triunfos que no he merecido, solo vengo a que sepáis, que elevada mi fineza a la esfera celestial de vuestra hermosura, cede el interes material, y menosprecando el riesgo, mi amor quiere corgnar con el mérito primero, que con la felicidad; y hoy que intenta el enemigo asalto a Ferraradas, el primero he de ser yo que cuerpo a cuerpo a atajar le salga el paso, y porque ningún vasallo perdáis, ni con púrpura se escriba esta victoria a la edad, para mañana, señora; prevengo una lid campal con Astolfo, brazo abrazo, de cuyo combate está pendiente el mayor trofeo; y porque ahora no es ya tiempo de celebrar dichas, cuando el aplauso Marcial me llama al heroico empeño, señora, licencia dad para ir, avolver, que quiero el día en que he de lograr la suerte de esclavo vuestro tener esta vanidad, porque más, señora, estimo en acción tan singuiar, que me envidien el valor, que no la felicidad. Todo aquel tiempo que vos lo dilatéis, me obligáis, pues dais a entender más fino, que sin interes amáis, y quien con tan noble afecto sabe amante festejar, mas sirve por merecer, que merece por amar. Salid norabuena al campo, para que luego volváis más vitorioso a mis ojos, y esta aversión natural que tengo a todos los hombres. quizá entonces cesará, que hacen a un Príncipe siempre los aplausos más galán. Solo el modo de obligaros es lo que intento acertar. Vuestra Alteza se detenga, porque primero ha de dar la mano a Resaura. . Cielos. No veis que eso era dejar desairado su precepto? Esta de Rosaura es ya determinación, y así antes que al campo salgáis, queremos los dos tener parte en vuestre triunfo. Honrar. puede ese blasón mi mano. Ea, el festejo empezad, y aplauda el sarao las dichas, de Ferrara, y de Milan. Ahora era el tiempo propio en que Astolfo a la ciudad auna de dar asa to. Vuestros asientos tomad. A las bodas que amante celebra hoy por sus dichas Ferrara, y Milan las firmezas de amor sus vasallos con varias mudanzas pretenden mostrar. De ese color que traéis podré mi amor adornar. Yo os permito sus afectos, si al color solo aspiráis. (tento En los lazos que muestra el con de plumas vistosas, y airoso ademan todo el fuego que enciende el donaire el noble respeto lo vuelve a apa- gar. Arma, arma, guerra, guerra. Qué es lo que llego a escuchar? Acudid todos, que Alberto asaltando la Ciudad, rompió las puertas, y viene llegando a Palacio ya. A Palacio! hombre, qué dices? sin duda algún desleal por aquella oculta mina que desde aquí al muro está dio la entrada al enemigo. Calla, y no me digas más. . Caso infeliz! Pena triste! Nueva alegre! Horrible mal! Toca al arma, mi valor solo te defenderá. Turbado el pecho, no sabe si es este gusto, o pesar. En defensa tuya, Irene, amor, y rifoergo verás. Toca alarma. Al arma toca. Es, valor, no temáis. Dunas, no me atormentéis. Asombros, no me afijáis. Con esto ya tu esperanza de la opresión triunfará. Aún viendoso, prima, dudo si es ilusión, o verdad. Grillos fuera, vive Cristo; todo está de par en par, y las guardas van huyendo al son de él tan tarantan; sino es por mi diligencia, amigo Figón, te dan una carda a letra vista, sacro honor del encimar: buscando a Rosaura vengo, pero, cielos, aquí está. . Figón, De mi parte ahora te quiero notificar una excomunión a late sentencia, y si acaso das violentada de tu padre hoy lamano al de Milan, que con los nones mentales azotes la nulidad. . Viva nuestro Doque Alberto, y muera el tirano. Zas: aí me las peguen todas. Sígueme, Irene. . Detras me escondo de este cancel: la sus que gusto es mirar las fiestas desde un barcón! lo demás es necedad, por eso yo acá me vine, y aún no me puedo escapar, que vive Dios que la guerra también se nos viene acá: parezco Figón ea Viernes, porque en mi calor no hay; pero yo que puedo hacer que me este mejor? cerrar, que no haya quien le me oponga. Viva Asto fo Bien esá. Soldados, solo a mi tío no seguéis, ni le ofendáis, por ser padre de Rosaura. , qu (los! Tened, tened, esperad, no veis que es mi hermano? . Cie Ya a mis pies rendido estás. Quien duda que hoy en mi vida su enojó se vengará? Tu dicha, y no tu valor el triunfo te vino a dar, que otra cosa no pudiera a un poder tan desigual. La razón vence al poder, y aunque pudiera vengar mis agravios. . Por Alberto todos el triunfo aclamad. No le mates. . De tú (cielo le valga aquí la piedad. No es valor lo que esfortuna, y en mi pudo el tropezar hacerte feliz. . Es cierto, vuelve a la lid, pues que ya te he vencido, y de mis plantas despojo ha sino faltar tu vida, qué es lo que intentas? Yo volveré a batallar contigo, pues hasta ahora el encuentro militar fue de poder a poder, no cuerpo a cuerpo. . Esperad, Duque, las armas rendid a quien hoy la vida os da; a los pies de Asto fo os vi después que en combate igual brazo a brazo, y frente a frente batallasteis. . Es verdad, mas cuando el rencor no hizo el beneficio olvivar? y así a pesar de mis iras, la deuda he de confesar. Pues, Duque, para que ahora mas a mi valor debáis, hoy que mi padre hagañado a Ferrara, y dueño es ya de lo que se roca, quiero hoy libre la acción dejar a Rosaura, y porque elija esposo a su gusto igual, porque en ningún tiempo diga, que yo puedo violentar su albedrío. . Ella publique ahora su voluntrd. Astolfo es mi esposo, a quien di una noche libertad librándole de un veneno. Y dese acción singular he sido testigo; Astolfe, la mano a Rosaura da. Esposa, llegaa mis brazos. Tuyo es mi albedrío ya. Y tú, Irene, al de Sajonía la mano de esposa da. Yo la acepto, porque siempre fue tuya mi voluntad; y al de Milan, porque logre hoy también fortuna igual, porque le estimo, a mi hermana por esposa le he de dar. Vivan Astolfo, y Rosaura. Y tu hermano, en mi amistad, como si nada perdieras, tendrás el primer lugar. Logra astolfo lo que es tuyo, que adonde está la verdad, la razón vence al poder. Con que aquí su Autor fin da a la Comedia contento, si sus faltas perdonáis,