Texto digital de La razón busca venganza
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Manuel Morchón
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La razón busca venganza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/razon-busca-venganza-la.

LA RAZÓN BUSCA VENGANZA
JORNADA PRIMERA
Esto, señor, ha pasado. Reprime infame el acento, ata fementido el labio, no digas tu cobardía, ni hagas notorio mi agravio, Presa Albisinda, es posible, o pesia al cruel tirano, y lobo de su hermosura! como sabe que ha robado la oveja más estimada que hay en mi Regio rebaño. Hay hija del alma mía, que el corazón se me ha helado, las acciones se entorpecen, los pies son de bronce, y mármol. Los sentidos no me sirven, y la voz titubeando, no da lugar a que diga el sentimiento que hago de verte en poder ajeno. Mayor daño de los daños, solo diré que lo lloro, que en coraje me deshago hasta vengarme, y matar la causa de aqueste llanto. Cuando vengo de la guerra glorioso, porque he triunfado de todos mis enemigos, que quisieron temerarios oponerse al duro golpe de mi hacero, o de mi rayo? cuando he muerto a Eunimundo, y dejo los verdes campos ahogándose en coral fino de Girpidas, Luteranos. Y en sin cuando a Rosimunda de esposo la doy la mano: y cuando me aplauden todos por Rey de los Longobardos quiere castigarme el cielo, apartándome de el lado a mí querida Alvisinda del alma pimpollo amado, en quien este tronco verde tenía seguro Mayo, que ayudado del Abril de su entendimiento raro, le hacía fértil, pues podía bordar los Eliseos campos, con la flor del regocijo de todos tan envidiado. Qué aguardo que no dispongo, el donde, el como, y el cuando he de tomar la venganza de un suceso tan extraño. Muera mi enemigo, muera, muera Longinos Erarco, inquietador de mis dichas, y de mis glorias estrago. Yo asolaré sus tierras, y que maré sus vasallos, sus padres, y sus parientes, deudos, y confederados. Y si le prendo le haré, vive Dios, tantos pedazos como ese mar tiene arenas, tomines el bello Tajo, aristas el Julio ardiente, y el Sol transparentes rayos. Tiemble de mi furia el mundo, los polos me hagan halagos, y sepan todos que soy gran Rey de los Longobardos. Eso sí, cuerpo de tal. Aturdido me ha dejado. A quien te da malos días, dale, señor, un mal rato: y no aguardes a más treguas, ni a más cargos, y descargos, sino en pudiendo coger a ese pícaro tacaño, que se llevó a mi señora, manda ponerle en un palo, u ahorcarle, que es negocio que está en un Credo ajustado. Tienes, Garrote, razón. Si tengo, mas no la hago. Pesares adonde iré para no encontrar con vos; pero adonde puedo ir cuando fuera de mí estoy? Que armónico acento es el que mi oído notó? Elmige salid a fuera, y ved quien es la ocasión de esta métrica armonía, que en extasís me dejó. Voy, señor, a obedecerte. . A mi parecer, señor, serán las castas doncellas, (digo las de la labor) que untadas aurán salido a gozar de aqueste Sol. Que la Reina mi señora viene por el corredor con sus Músicos que cantan lo que V.A oyó; pero ya sale, y podrá hacer informe mejor. Para coronar de flores el Mayo, Rosimunda viva muy felices años. Aquí está el Rey, que dolor! . a mirarlo no me atrevo. La Reina viene, y de nuevo . acrecienta mi rigor. Cantadme tonos más graves, pues sabéis que me dan gusto. Obedecerte es muy justo, vaya aquel tono que sabes. Por no decir lo que siento se me abrasa el corazón, sé que me sobra razón y me falta entendimiento. Pésame de verte triste cuando tu gusto deseo. Yo matarte cuando veo del modo que me ofendiste, estimo como es razón esa buena voluntad. Y me holgara de verdad arrancarte el corazón, Dime mi bien que ocasión es causa de tal tristeza, y sea sin extrañeza declararme tu pasión? Ya mi intención conseguí, diré el dolor que penetra mi corazón, di la letra que cantasteis. . Dice así: Por no decir lo que siento se me abrasa el corazón, sé que me sobra razón; y me falta entendimiento. Muda la voz, no se atreve a declarar la tormenta que contra mi; y en afrenta de mi honor hizo un aleve. Una, y otra pena vive con ardor mi sufrimiento; pero yo más fina intento no publicar mi homicida, y temo perder, la vida Tengo un ardor en el pecho que a la venganza me incita, y el honor la facilita, que le toca de derecho. Yo digo que no es bien hecho, que si dice la razón, poneme en gran desazón ver coloquios tan iguales, y en medio de tantos males Cuando misericordiosa el perdonar detérmino, me hace torcer el camino la justicia escrupulosa: con que tímida, y dudosa aunque topo la traición. No tomo resolución que me tira un no sé que, y detengo el golpe, aunque Con estas vanas porfías ando luchando de suerte, que considero mi muerte: y lo dicen mis espías. Ciertas son mis tantasías, muy claro su fundamento: oye mis quejas el viento, y yo padezco entre tanto, sóbrame zozobra, y llanto, Esta es la causa, señor, de tanta melancolía, y puede ser que algún día os la declare mejor, Sintiéndome voy peor, con vuestra licencia quiero retirarme, con que espero curarme mi enfermedad: venid conmigo, cantad lo que cantaltéis primero. Para coronar de flores el Mayo, Rosimunda viva muy felices años. Espera, espera, mas fuese, quería satisfacerla, procurando entretenerla, porque descanso tuviese. Pésame de que le, pese el desaire que la he hecho; más procuraré en el lecho desmentir algo mi error, pues es tal que su rigor no cupo en humano pecho; pero Garrote, y Elmige venido que disponer quiero la venganza de este fiero dolor que tanto me aflige. La pena, señor, corrige. Bien presto templarla espero. Muy agrio es aqueste pero, pues te hace porque te cuadra, cara de perro, que ladrá con la boca de tintero. Que manda tu Majestad? El revelarte un secreto. Que le toca a vuestro honor? quée le importa a mi Real pecho. Ya escucha el alma temblando. Ya por decirlo reviento: serás leal? Ese es mi lauto. Constante? De eso me precio. Ayudarás mi intención? Seguir tus pasos ofrezco. Sabrás callar mis disignios? Hallárase en mí el silencio. Debajo de esa palabra escúchame un rato atento. Antes que Albaino Rey nuestro por su suerte, y mi desdicha. Entrase con tanto imperio a ser Señor de Pabia, de los antiguos llamada la gran. Galia Cisalpina. Con Eunimundo mi padre, que el cenir octabo pisa, (abiendo primero sido Rey de los valientes Girpidas.) Tuvo un encuentro, o batalla tan cruel; y tan reñida, que seis horas pelearon con valor, y bizarría. Tan grande que en la palestra quince mil hombres se miran, que de raudales purpúrcos son inanimadas minas. Cuyos condutos hicieron los golpes de las cuchillas que de una, y otra parte a un tiempo se convatían. Tan veloces que hasta el viento a su centro se retira, por temer no le abrasen las centellas, o las chispas. Que al unirse los haceros con impetu despedian, eran tan fuertes los choques que con lanzas, y con picas se daban, que al recibirlos en las armas diamantinas, y tronchándose por medio escalaban las hastillas esos vientos, y tan altas se remontan a la vista: y tan cerca del Sol llegan, y al verlas tanto se imita, que desabrochando el fuego que hay en su diafano clima, las abrasó de tal suerte con venganza tan impía, que si al subireran sanzas, eran al bajar cenizas. Resultando de este encuentro el perderse tantas vidas, marchitarse tantas flores (en la edad más escogida. Temblar la tierra mirando aquel nectar que palpita, y ver que el frondoso campo donde sus aves habitan, habiendo sido esmeralda le convirtió en cornerina. De esta pues sangrienta lid resulto suerte enemiga!) Salir Albaino triunfante, ser de mi padre homicida, talar mi eses, romper fosos, y coger hasta la Quinta, donde yo depositada más muerta estaba que viva. En cuya estancia, ay de viendo que soy su cautiva, mirando que soy hermosa, paso para mi desdicha. El desposarse conmigo al instante determina, soy mujer, vivo sin padre, no sé que fuerza me inclina a decir que sí, caseme; antes cloto de mi vida hubiera roto el estambre, pues con eso no tendría las zozobras, los pesares, las afrentas, y ignominías, que fijas en el honor contempla mi fantasía, Lo que hasta aquí te he contado presumo que lo sabías. atiende pues, y verás de mis pesares la enigma. El día de nuestras bodas, (solo el nombrarlo me irrita) me tuvo en la mesa Albaino, (a bárbara tiranía! una copa) fuerte lance, ricamente guarnecida: era, no de oro luciente, ni tersa plata bruñida, no de jaspeadas piedras, no de especie cristalina, funesta sí, pues que hizo de la cabeza (permita la lengua, que ya que empiezo, pueda declarar la cifra) de mi padre que la asierren y en dos partes la dividan. Y que (mi aliento me valga!) la mitad bien guarnecida en forma de copas o vaso, para más afrenta mía, me la pongan en la mesa, el con engaño me brinda, acento, bebo por ella, luego al desaire me mira, diciéndome, con tu padre has bebido, que más dicha. Quédeme, pero no sé del modo que te lo diga: encarecer que sin sangre, sin púrpura las mejillas. Torpe la voz, las acciones, o turbadas, o encogidas, es un hipérbole corto para decirte mi herida. Solo digo que quedé contemplandó la ignominia a mi padre, y a mi hecha, que mi honor lo padecía. Que en áspides este ingrato me convirtio las caricias, imitando al Cocodrilo, pues halaga; y martiriza, saca tú la consecuencia de como quedar podría. De este pues desaire aleve nace mi melancolía: se deriban mis tristezas, de esto resultan mis iras. Para lo que te he llamado, y te he dicho mis desdichas, es para curarme yo, quitando Albaino la vida. Tú has de ser el instrumento, con dadivas hoy te obliga mi mano, tu Reina soy, Rey es Albaino, más mira que a tu natural mató; que las haciendas os quita. El desaire que me hizo en afrenta vuestra; y mía: Ea, Elmige; a la venganza, brevemente determina lo que te conviene hacer, muera pues aqueste idra. Que veneno tan uehemente cotra nuestro honor respira, una hora te señalo, (que no me da más la priesa) para que te determines, a emprenderacción tan fina, como dar paz a tu pueblo quedando en quietud tranquila. A Dios, Elmige, y repara muy bien a lo que te obligas, o guardar bien el secreto, oh cuidado con la vida. Obligación, lealtad, fama, y grandeza procuran hoy vencer mi entendimiento, la obligación me llama, mas su intento resiste mi lealtad confortaleza. El clarín de la fama me hace fuerza, pues mi nombre eterniza por el viento, la grandeza del ser es ornamento, porque anhela tenaz naturaleza. Tiemblo al mirar, traición contra mi dueño, de mi Reina es asombro la entereza, cumplir a un tiempo con los dos es sueño. Valedme, cielos! decidme de que pieza podré jugar, que salga del empeño, de obligación, lealtad, fama, y grandeza. Adónde, Elmige, vais tan presuroso, no será (a buen seguro) al belicoso reclamo del clarín que en mar, y en tierra repite a fuego, sangre, guerra, guerra. Hacia tu cuarto, gran señor, pasaba. Valor bizarro, acción por cierto brava, yo lo creo de vos, que no hay mosquetes, chujos, vomvas, granadas, morteretes, que puedan impedir vuestro destino: porque a verlas torcieráis el camino, como soléis hacer en ocasiones, dejando mi opinión en opiniones. Pésame, gran señor, de que tu Alteza abata, a tal estado, a tal bajeza, mi pundonor, mi sangre, y noble brío; pero basta, señor, decir que es mío, para infamarle así, que un desdichado por bien que sirva, jamás se vio premiado. Si hasta aquí defenderte pretendía, hoy morirá a mis manos tu osadía. Dejad, Elmige, vanos pensamientos, y pues los mudo yo, mudad de intentos. Mi obediencia se alla a a darte gusto, quitarele la vida por el susto. Salida fuera, decidle a Paradeo que luego parta, y arroje en el Leteo a esa bárbara gente, que atrevida, me roban el placer, quitan la vida. Que en la marina están seis mil caballos, que el Sol para su coche ha de envidiarlos, con gualdrapas, de hacero guarnecidos, que son de la campaña los vestidos, peinando polvo, rastrillando arena, y ocultando la cola, y la melena. Y si acaso en decirlo te embarazas, por otro nombre son seis mil corazas, cuyo valor, orgullo, fuerza, y bríos han de mandar seis mil parciales míos, que de esta gente General le hago: temapues mi contrario un breve amago de mi poder, estado, y señorio, y vano se oponga a mi albedrío, que si la espada, y el escudo embrazo, ha de ser de su vida corto el plazo. Esto decid al punto a Paradeo, ilusión me parece lo que veo, a referir, señor, voy tus razones, presto verás trocadas tus acciones, pues me tienes, tirano, de tal suerte, que esta noche será tu infausta muerte. . Si el rescate consigo de mi hija, no aurá pesar alguno que me aflija; menos la acción que hice tan inmunda de dar aquel disgusto a Rosimunda, de que ya dos mil veces pesaroso, el lecho no me sirve de reposo; pero prometo (en fin) con otro gusto, ver si puedo borrar parte del susto Jesús, Jesús, Jesús, Jesús, Dios me tenga de su mano! Garrote, que traes, que tienes? Al es, señor, un cuidado: válgate el diablo por vino, . aunque seas de lo caro. Ven acá, dime, qué es eso? Acá es un cuento extremado que me sucedio esta tarde. Parece que estás borracho. Señor, no; pero estoy como dos dédicos más abajo. Dime por tu vida el cuento: Si está de Dios que contarlo tengo, no hay sino atención, porque es un cuento soñado. Al salir aquesta tarde por la puerta de Palacio, encontré un segundo yo, por no decir un lacayo. Entramos en cierta hermita para rezar al Dios Baco, arte de dimonos tan buena maña, que en un instante pasamos quince cuentas de Alcorcón, que de cierto incienso macho llenos estaban, y luego como ardía el incensario, fuese gastando el incienso, subia el humo (ah vellaco) por entre pecho, y espalda, fue la cabeza inciensando, hasta tanto que el tal humo me hizo andar tirubeando: diome un fuerte mal de madre, como no estoy enseñado a que tanto me perfumen por achaques ordinarios. En fin entre estas, y otras me rendí al común letargo, apenas de el dulce sueño guste el primero bocado, cuando sueño que me ahorcan por delito bien liviano, que soy también el verdugo que me pongo al cuello el lazo que soy Papa, y que perdono con una; y aún con dos manos. Que concedo Jubileos de Indulgencias plenarios, que soy Juez, y que al instante te hago poner en un palo, que no cumpliera con menos la obligación de criado. Que ciego soy, y pregono, lleven todos por un cuarto el Pronóstico Almanaque, y flamante Calendario para el año que se sigue de mil ducientos y tantos. Que soy tabernero fino, que hago tinto el vino blanco, y que de blanco hago tinto con un agua va bizarro. Que soy mujer principal, y no de muy mal fregado, habiendo sido el día antes gorroncilla de mal paño. Que soy trecientas mil cosas, que por no decirlas callo: Sueño en fin que soy el Rey de los fuertes Longobardos, desperté con esta ansia, que ser Rey, es gran bocado. Abro los ojos, y miro tus mulas, y tus caballos: volviose en aire el ser. Rey, dije entonces muy airado: Lleve el diablo lo que veo, que mucho mejor me hallo, siendo Juez, y dar garrote cuando me toca a mi amo. Pero en fin; bien se conoce que el bien es siempre soñado: con esto desde mi choza vine mustio, cabizbajo. Entro corriendo, señor, por todas tus cuadras paso, hasta aquí, donde te he dicho, lo que pudo un sueño falso, que si otra vez le soñare me lleven cuatro mil diablos. Con lo cual aqui da fin el sueño tan mal logrado, y acabo de carretirla, porque algún aficionado me dé un vitor de limosna, siquiera por el cansancio. Siempre estás de buen humor. Menos cuando estoy de malo, que suele ser cada mes, y cuando más de año a año. Pues anda, por eso solo, di al Mayordomo que mando, que para ayuda al volsillo te de luego cien ducados. Beso tus Reales pies, beso tus prodigas manos, beso todo lo que fuere de besar sin embarazo: desde lo alto del sombrero hasta el botón del capato. . Quiero ver a Rosimunda, y deshacer el agravio, trocando en amor; desdenes, y crueldades en halagos. Empezando a ser desde hoy finísimo enamorado, que no cumpliera con menos la obligación de criado. El Rey en fin, Paradeo, el rescate te ha encargado, de Albisinda digna empresa de un pecho noble, y bizarro, Su Majestad (Dios le guarde) me ha honrado con este cargo, y para poder servirle, para vencer al contrario, y prometerme dichoso, puestos, y empleos mal altos. Solo falta que tu Alteza; ya que el Rey me honra tanto, y me da el ple para ser (como soy) denada, algo, quiera piadoso ayudarme, dándome a besar su mano: que es el último tesoro que para partirme aguardo. Alza, Paradeo, del suelo, que la atención he estimado como es justo, y quiera Dios prometerte feliz lauro, consiguiendo la victoria, y deshaciendo el agravio. Primero que Paradeo, ya empieza el alma temblando, p. no te des por entendido de lo que estás avisado: (atienda tu Majestad) haga ausencia de Palacio; respondo sobre aquel punto que tu Alteza me ha encargado. Antes que adelante pases, has le dicho, dime algo. Señora, no, que procuro con grandísimo cuidado, tener cuenta con mi vida, y obedecer tus mandatos. Pues prosigue. . Ya prosigo. O qué bien el papel hago. . Vuelvo a decir, que el empeño. d de V. A está a cargo de mi pecho; porque así V.A lo ha mandado. Ha me señalado tiempo, para mí muy corto plazo, para que en él determine, si me atreveré a tomarlo por mi cuensa, y no haré poco, que no es pequeño cuidado, traspasar de honor ajeno, al propio, ofensas, y agravios: haciéndome de ellas dueño, que cuesta mucho trabajo dar por menudo el honor: de esto cuenta al mundovano, que es muy difícil la data, siendo tan fácil el cargo. Pero por obedecerte. la lealtad atropellando, que debo guardar a quien como a dueño propio trato. Digo que como al intento quiera Paradeo ayudarnos, en ejecución pondré con el favor de su brazo esta empresa, porque solo no me atrevo a imaginarlo. Que es grande la diferencia. de estar solo a acompañado, asegurando a tu Alteza, que se hubieran excusado mil desgracias en el mundo, si no hubiera quien al lado se pusiera del que tiene designios, o intentos malos, y para precipitarle. le hubieran dado la mano. Esto respondo a tu Alteza, Paradeo está esperando, y es el que puede, a mi ver, sacarnos de este cuidado. En sin, Emije, tu fías de otro pecho, y otro brazo más quedé ti? . Si señora, que en Paradeo he hallado más valor, más bizarría, y todo lo necesario para este fin, que es mi amigo, y lo que dos bien hallados no ejecutaren, es cierto que no lo hará pecho humano. Ya, Paradeo nas oído de Elmige lo que he ensalzado tu persona de tus prendas, corto premio, escaso lauro. Has de saber que metidos. en un laberinto estamos, sobre tomar la venganza de un suceso bien extraño, que por la priesa no cuento, más tú lo sabrás despacio: y todo viene a parar en dar la muerte al tirano de Alboino, que contra mí traza pesares tan arduos. No te admires de escucharme, y que pronuncie, mi labio determinación tan fuerte, que hay lances, suceden casos en que todo es menester, mezclando del pan, y el palo (como dicen) más aquí es lo del pan excusado, siendo la ofendida yo, con que solo busco el palo. También Elmige confiesa, que si tiene tu resguardo, podrá mejor emprender la acción para que le llamo. Con lo cual en ti consiste el poner fin a este caso, y rescatarme la vida, solo tú respuesta aguardo. Prometose a V. A. que es punto muy delicado, en el que empeñarme quiere cercado de dudas me hallo. Podremos matar al Rey sin que en traición incurramos? Sí, Paradeo, pues matas a un advenedizo, y falso, que al Rey mi padre dio muerte, y vuestras casas quemando, se metió la tierra adentro adonde Rey le aclamamos: y esta ofensa; que es tan mía, también toca a mis vasallos. Y dejará de ser Rey cuando por Rey le juramos? Sí, Paradeo, que el Rey, que no cumple con su cargo, y emplea su poderio en obrar como hombre bajo, el asiento de Rey pierde en esta ocasión le hallo, que dejó el Rey de ser Rey: luego es argumento claro, que si pecó como hombre, como tal pague el pecado. Convencido a tus razones por esta parte me hallano con lo mismo que buscaba ella me está convidando. Pero si el Rey a la guerra gusta que vaya, y ha dado orden que al instante parta, cómo es posible ordenarlo? Por eso mismo: porque si a la guerra te ha enviado, no tendrá noticia alguna tan presto de si has llegado. Con que estando de secreto en tu casa, o en mi cuarto, más fácilmente podremos ejecutar lo intentado. En fin me coges, y cercas cerrando a mi duda el paso, por serviros, gran Señora, todas las contras hallano. Y mi sangre, honor, y vida desde luego la consagro, para vengar vuestra ofensa al Rey Alboino matando. Pues, Elmije, y Paradeo, ya es deuda de vuestro brazo el dar la muerte a esta fiera, que tal zozobra me ha dado. muera este infame atrevido, muera ese aleve tirano. Quién ha de morir, señora? contra quien tiras el rayo? El Rey es. Perdido soy. Toda sol de hielo, y marmol. . Los tres que en la cuadra estáis nota mi vista turbados: de que es tanta suspensión? de que es tanto sobresalto? Rosimunda, mi señora, puede a tu Alteza contarlo. Ha traición, y lo que puedes! . Finjo, y válgame este engaño, entró señor Paradeo ahora a besarme la mano, porque dice que a la guerra luego partir le has mandado, y que de Albisinda bella vengar procure el agravio, matando, hiriendo, o prendiendo a Longinos tu contrario: Y como cualquiera cosa contra ti la siento tanto, décíale a Paradeo, que obrase como soldado, oyó al entrar VA. muera ese aleve tirano: iba a decir que Albisinda presa tiene, el sobresalto de haber visto a V.A. a lo demás quito el paso, con que solo oyó decir, muera ese aleve tirano. Yo lo creo de tu a r como a Chino le ha engañado, . Las mujeres son demonios. . Agradecido me hallo, Rosimunda, a tus faurores; pero prometo pagarlos, siendo ya tan diterente, como va de bueno a malo, que un yerro se puede hacer, pero dos no. Cómo falso? pallar quiere sus embustes; pero esta vez saldrán vanos, tantos favores, señor, no sé si podré pagarlos. Vamos, señora, acá dentro, Paradeo, lo encargado. Voy, señor, a obedecerte, guárdete el cielo mil años. Muera mi enemigo, muera. Muera pues pesarme ha dado. Ya rabio por enbestirle. Por darle la muerte rabio. Mi sacro nombre se ensalce. Y mi nombre Regio, y sacro suba a poder de la fama a gozar solio más alto. Vamos, señora, que es tarde. Ley es en mi tu mandato. Qué beldad! Qué tiranía! Paradeo, lo tratado. Guarde Dios a vuestra Alteza. También nosotros nos vamos. Quiera el cielo que con dicha de aquesta empresa salgamos. E6
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda n. Gracias a Dios, garrote de mis ojos que puedo hablar ya sin embarazos gracias a Dios, que truecas los enojos en darme tan finisimos abrazos: gracias a Dios que miro aquesos ojos sin tener de coraje ramalazos. Gracias a Dios que escucho que me quieres, que es por lo que morimos las mujeres. Gracias a Dios, Arnalda de mi vida, que tu lenguaje escucho cariñoso. Gracias a Dios que miro más unida la parte de lo humano con lo hermoso: gracias a Dios, que más desencogida me has hablado estabez, como a tu esposo, gracias a Dios que no me pides nada, siendo en vosotras la primer jornada. Pues dime, picarote, mal hablado, has me tu dado algo que esto importe? Como tiempo tan largo se ha pasado, es cierto no te acuerdas de aquel corte de fina picardía que te he dado, que por ti de una carta pagué el porte, de acuarto una docena de pasteles, con tres libras de ubas moscateles: dos morcillas de puerco de mi tierra. Dos docenas de finos alfileres; pero quien algo da a mujeres, ierra, o no conoce en fin quien son mujeres, que la más fina, vive Dios que es perra: y andan buscando siempre pareceres, para sacarle a un hombre de juicio, y esto no es de virtud, si no de vicio. No te respondo por salir mi ama, las cosas que de ti dice la fama. Rabiando estoy por Dios ya por oíllo. e den mal garrotillo. Que a G Despeñada va Aretusa, huyendo halagos de Alfeo, premio con que a los ingratos les suele pagar Anteo. Que dulcemente que suena esta letra a mis oídos, sus acentos repetidos alivio dan a mis penas. El día en qué cumple años, señora, vuestra grandeza, no es razón tengáis tristeza, ni creáis a sus engaños. Cese la melancolía, haya banquetes, y fiestas, dejad temas tan molestas, y tratese de alegría. Que estoy con grave pesar por veros, señora, triste o decidme en que consiste no poderos alegrar? Esto que digo aseguro. Prometo a tu Majestad que es grave mi enfermedad: y aunque apartarla procuro no me deja una inquietud que tengo en el corazón, que me quita la sazón, y acaba con la salud. Por eso mismo, señora, es justo que os divirtáis, que ha mucho tiempo que estáis sin tener de gusto un hora. Buscad entretenimientos que os sirvan de algún alibio, no me tengáis por tan tibio que excuso vuestros contentos. Bien me holgara, gran señor, de alegrarme, mas no puedo; porque tengo mucho miedo de encontrar un disfavor. Pues hay más de si le ves, darle a diestro; y asiniestro, como maestro muy diestro, con un tajo, o un rebes. Ya entiendo porque lo dice, tiene bastante razón, pero ya mi corazón a lo hecho contradice; pues hacedme a mi un favor, así viváis tiempo largo, esto es por dar el descargo de aquella ofensa mi amor, Ved señor, que me mandáis, asegurarle pretendo para el caso que hoy pretendo. Hanme dicho que danzáis divinamente, y quisiera, así divirtirla intento, que dejando el sentimiento hagáis de cualquier manera una mudanza, que yo a acompañaros me obligo, y creedme, que lo digo de verás, de burlas no, De vuestro gusto lo infiero, dancemos lo que queráis, ha vasallos, ya tardáis. . Tocad a espacio el rujero. Reverencia os hace el alma, Reina de mi pensamiento, por Ídolo de su Altar, por Imagen de su Templo. Esto es, señor, obediencia. Eso no es sino danzar, hacer tornos, y saltar, bien mirado, en mi conciencia. Róbome el entendimiento, señora, vuestra belleza, si algo quedó la destreza apuró su fundamento. Lo que soy, ni sé, ni siento, pues quedé sin él encalma, y viendo os lleváis la palma en lo airoso del danzado, por cumplir lo enamorado. Rerevencia os hace el al ma, la Memoria, y Voluntad, que de las potencias tres me han quedado a vuestros pies, Hoy consagro mi humildad, en mi afecto reparad, pero no miréis su intento, pues es corto ofrecimiento dedicar potencias tres, a quien fue, ha sido, y es. Reina de mi pensamiento. Abrió el discurso los ojos a la luz de vuestro cielo, trocose en fuego su hielo, era ciego, traía antojos. Miró el alma sus enojos, y por poderle alegrar, pusoos en mejor lugar, os consagra el corazón, y os venera la razón. Por ídolo de su altar. Es el alma imagen bella del cuerpo, que es templo humano, vio ese rostro soberano, y os colocó en lugar de ella. Formaban cierta quererla. los sentidos, y contemplo, que del alma es casto ejemplo, os adoran si se advierte, viendo mejorar de suerte. Por imagen de su templo. Oyendo favores tales; que puedo yo responder: ha falso, piensas hacer . añadir males a males. Sentémonos, y entretanto bailen, Arnalda, y Garrote. Gentil plato de gigote, pero ahora bien, yo me planto. Si en fin hemos de bailar, ya Garrote estoy aquí. Pedrada. por no, o por sí. Que son hemos de tocar? Soy más fino que Macias, y no es esto lo peor, más por bailarlo mejor, me pide el cuerpo solías. Yo soy niña quien te quiere, solo por tu bella cara, que aunque de valde no es cara, nayde por ella se muere. Me canso, voyme a sentar, uced perdone Rey mío. Reina gata, tenga brío, que también he de glosar, viendo los turbios luceros de ese cielo fregatriz. Boca de pie de perdiz, y esos dientes molineros, que de haciendo mil pucheros, y aunque callo bien se infiere, que por ti mi amor se muere. Que aunque el póbrete está lacio vestido a lo de Palacio, yo soy niña quien te quiere, yo soy quien tanto te estima, como no me descontentes, porque saltarán los dientes como de guitarra prima. Puñete habrá con que gima aquesa armazón avara, u de medir habrá vara; y cuando no golpe, amago, y solo aquesto lo hago, solo por tu bella cara: Yo soy. Garrote detente. Su Majestad se ha dormido. Que me hayan corrompido estas coplas de repente. Salios todos alla fuera, paso, y sin hacer ruido. Juzgo no seré sentido. Pisar con tiento quisiera. El que Alboino se durmiese, no ha sido dicha pequeña, siendo en la hora citada para redimir mi afrenta. Que Paradeo, y Elmige entrasen, solo quisiera, para acabar de una vez de dar alibio a mi pena. Después que en aquesta cuadra. Después que en aquesta pieza. Rosimunda me dejó. Me entró Rosimunda bella. Con haber más de dos horas. Con haber más de hora, y media. No a vuelto a entrar por aquí. No a vuelto a pasarpor ella. Con esta cinta la espada quiero atar, porque no pueda, si mis parciales entraren, valerle para defensa. Voy saliendo poco a poco, por si acaso hallo otra puerta. Este el estrado es de Rosimunda, y quisiera ir saliendo poco a poco, por ver si encuentro con ella. Supuesto que no hay peligro, aunque Alboino verme pueda, pues me tiene por leal, pero (no obstante) ojo alerta. Quiero conocer el cuarto. Hícelo de la manera que trazado lo tenía. Quién va? El mije. A buena hora llegasteis los dos. Señora, como tu Alteza. Ce, que hablar paso convienes a lo que mi orgullo intenta. Pues que juntos nos hallamos disponed apriesa, apriesa, lo que procuráis hacer. Que pague con la cabeza, las ansias, las pesa dumbres, las angustias, las afrentas, amenazas, y temores, que este tirano me cuesta. Pues si ha de ser, obedezco. Pues responda mi obediencia. Rosimunda, dueño mío, pero que ilusión es esta. Ha traición que poco puedes. Válgame Dios, yo soy muerta! Paradeo son, y Elmige los que mi muerte conciertan, pues traidores que es aquesto? responded, no tenéis lengua. Esto Cielos va perdido, quiero salir allá fuera por si acaso diere voces, para impedir que no pueda la Guarda favorecerle, mi honor en tus manos queda, Paradeo haz lo dicho, y lo demás por mi cuenta. Paradeo, cuando yo por mí te envío a la guerra, fiando de tu lealtad el valor de aquella empresa. Así mis cariños pagas, y de la traición te llevas, para pagar fementido, tantas debidas finezas? No tengo que responderte, ni que escuchar más tus quejas, pues si te quito la vida, no aura a quien pagar las deudas. Ni yo querré recibirlas cortándote la cabeza. Pues será de aqueste modo. Será de aquesta manera. Atada tengo la espada, ha que terrible violencia! no me espanto seáis traidores, siéndolo la que debiera mirar por suya mi vida: pero pues ella concierta con vos el darme la muerte, solo la traídora es ella. En fin he roto los ñudos, ya salió, canalla espera, y verás que presto Alboino; vuelve ese fuego en pavesas. Primero verás tu muerte. Yo confirmo esa sentencia. Valientes son los traidores, con lindo aliento pelean, no puedo más ya me rindo: válgame toda mi fuerza, todo mi valor me valga, ya que no puede mis quejas. De este modo satisfago a mi legítima Reina. Con esta sangre se lavan de Pabia las ofensas. Reo. Muerto soy, válgame el Cielo. (das. Ya te he pagado las deu- Ya que guardas, y criados, juntos, y contentos quedan, pues al soborno del oro, no hay ninguno que no duerma. Con pasos medrosos vuelvo por el camino; y la senda de la venganza, a mirar, si se logró mi cautela. Aunque cierto oculto motú, ya mis sentidos altera, de tal suerte, que su orgullo, va transfiriendo en tibieza. Y siendo del temor huésped, el miedo ya le aposenta: pero pregunto, si quien la razón consigo lleva, como yo, temblando está, y la razón no es defensa para poder resistir de la traición la fiereza. El traidor, que el año entero de traiciones se sustenta, y por una vilalhaja, una comida, o merienda, a un hombre quita la vida, la suya no andará inquieta? No le faltarán los Cielos? no le tragará la tierra? paréceme a mí que sí. Pues es clara consecuencia, que si al que tiene razón, ella misma le hace fuerza, para que tiemble, y que gima, y que su derecho ceda. El que no tiene derecho, en vida, ni hacienda ajena, y por gusto, o interés, de quitar tantas se precia. Forzoso es que tenga miedo, que tiemble, que se estremezca, que esté esperando el castigo de la sacra omnipotencia. pues si tiembla la razón, que hará quien vive sin ella? Ya nuestro Rey a la parca pagó la debida deuda. Esmige leal, Paradeo, que sucedió, pero señas me dan aquesos haceros, siendo inanimadas lenguas de que ya vengada estoy, pues el rótulo que en ellas esta vil púrpura escribe. Índica, dice, y da muestras, como de mí puro honor la mancha salió a la fuerza de mi razón, y esos brazos, cuyas columnas sustentan de todo mi poderio la máquina más inmensa. Ya señora estás servida. Ya invictísima Reina tu agravio está satisfecho, dispón, manda, rige, ordena, traza, mira, advierte, quita, añade, ejecuta, quema, tala, rompe, hiere, mata, atemoriza, gobierna, y haz todo lo que mandares, pues ya legítima Reina de los Longobardos eres, que aunque antes también lo eras, y como tal te aclamaban, es grande la diferencia que hay en mandar como Rey, o gobernar como Reina. Agradecida, o Elmige, a tú le altad, y fineza, tanto está mi voluntad, que encarecer no quisiera, los afectos de acá dentro, porque no errase la lengua el modo de declararlos. Y llevada de mi idea lo ponderase de suerte, con hipérboles, que ciega tu imaginación, creiese ser palabra lisonjera, la que es verdad fidedigna, aunque novedad no hiciera en mí, que te pareciese ser palabra Aufisibena, que vestida de dos caras, la una alaga, y la otra quema. pues las que ahora se usan todas son de esta manera. Y también a Paradeo le doy la propia respuesta. Vivas señora mil años. Edades vivas eternas. Curiosidad de mujer es la que ahora me ciega, y quisiera. Que nos mandas? Quisiera Elmige, quisiera, ver el cadaber de Alboino, y aunque es despechada, y necia curiosidad, no te espantes, que nuestra naturaleza está tan mal enseñada, y es tan grande novelera, que por ver, aunque sean muertos, ni descansa, ni sosiega. Y hágolo también, porque a. no sea, que finjan, o puedan no haber muerto a este traidor, y rompiéndole la nema de mi secreto, él viva, y descen que yo muera, que hasta hacer una traición resiste la gentileza, porque en sabiendo el camino las demás se van tras ella. Pues este es señora el cuerpo de Alboino montón de tierra, adonde viene a parar el Cetro, Imperio, y grandeza; aquesta es la Majestad. No prosigas, que la lengua trocó el ser en otro ser, el sentido en apariencias, y el vital conocimiento; le ha colocado en exequias. Desmayada se ha caído, salga Elmige hacia allá fuera, y llame alguna criada que algún remedio dar pueda. Hola, criados, u damas, entrad acá, que a la Reina un accidente le ha dado. Qué ruido, y voces son estas? Tray aprisa un poco de agua, que de un desmayo la Reina, como ves, está sin pulsos, la rociaremos con ella. Voy por el agua volando. . No vayes por ella necia, que basta para matarla, traila vino de Lucena, y rociala muy bien por de dentro, y por defuera, y deja que tome un lobo, y si no estuviere buena, quiero que al instante mismo me aborquen de pies a cabeza: pero que miro, también el Rey desmayado, bueña. Mucho con el agua tarda. Cosa que el desmayo fuera haberle hecho que vaya a cenar con las estrellas. Ha señor, sin duda duerme, ha señor, a esotra puerta. Aparta pícaro, aparta, no ves que duerme su Alteza? Tal sueño venga por ti, cuando mucho sueno tengas, que este es el sueño del perro, y le habéis dado con ella. Que nos haya divertido. . el achaque de la Reina de tal suerte, que el Rey muerto este pícaro ver pueda. Ya el agua está aquí señores. Pícaro salte allá fuera. Con mucho gusto me voy, pero ha dé ser a dancuenta . al pueblo, y los Senadores, para que a castigar vengan esta traición tan cruel, esta infamia, y desvergüenza. Ay de mi! válgame el Cielo! Vuelva, señora tu Alteza, y no trate de pesares, sino acuérdele de fiestas, tratese de regocijos. Ten Paradeo la lengua, que el haber visto el cadabes de aquel infeliz, que era émulo; y contrario mío, la imaginación me deja tan llena de pesadumbres, de ilusiones, de sospechas, de zozobras, de disgustos. Y en fin de tantas materias tan a la razón contrarias. y a las justicias opuestas, que no sé si aura palabras para que explicarlas pueda. Pues que ya no sirve el agua, voyme a refrescar con ella. . Dime señora, si tanto por matar al Rey te empeñas, como cuando le ves muerto, te desmayas, y flaqueas? Si el darle muerte has sentido, dime para que lo ordenas? si hay razón para sentirlo, también la hay para la queja. Si al Rey mataste ofendida, ya has satisfecho tu ofensa, y si ha pagado la culpa, no quedes tú con la pena. Paradeo, al verle muerto, temblé más de lo que piensas, que de un Rey aunque esté muerto los más valerosos tiemblan. Mirele como a mi esposo, y el alma más me penetra, pues para darlos la muerte, no hay razones que hagan fuerza. Si las ay, no son razones, sino fantasías ciegas, hiras del propio demonio, que desenfrenadas vuelan. Ha malaya la crueldad, pues lo piadoso atropella, que donde piedad no hay, no puede haber cosa buena. Qué delitos contra mí hizo su persona Regía? ningunos, y si los hizo, fue permisión de la guerra. Ya no estaba más humano, no daba ya de amor muestra? de alegrarme no trataba? no me entretenia con fiesas? no me miraba encogido, como quien tiene vergüenza de haberecho una osadía, y pide perdón por ella. En el lecho, cuantas veces le oí decir muy de verás, Rosimunda, dueño mío, mi bien, mi esposa, mi Reina, o qué pesaroso estoy de haberte dado tal pena, que sirva de pesadirla, para que tú te entristezcas. Que me perdones te pido, que es de los hierros la enmienda, y mira que de los míos tengo echada una cadena. Pues si esto es así, y Dios, al hombre que más le ofenda, con solo que se levante, que le mire, y se arrepienta, le perdona, como yo, osada, atrevida, y ciega, por un leve disgustillo, he podido: ten la lengua . Rosimunda, advierte, y mira, segunda vez te despeñas, pues basta hacer el delito, sin referir sus bajezas. He podido castigar, sin razón, sin Dios, la prenda que más estimar debía, pero ya car en la cuenta, propia pensión del pecado, pues cierra todas las puertas a la razón, hasta hacerle, y luego abiertas las muestra, para que vean que aquello, porque ciego el mundo anhela, es lo que da más tormentos, y lo que fatigas cuesta. Estas imaginaciones se ofrecieron en la idea, cuando ese cadaber vi, y divertida con ellas, aquel parasismo tuve, de que toda via quedan unas fúnebres especies, que toda el alma me alteran. Lo que gran señora importa; es determines, y veas, como podemos salir vitoriosos de esta empresa. Yo intento llamar la plebe, y también a la Nobleza, y decirles este caso. y que. Muera, muera el traidor, que a nuestro Rey ha dado muerte violenta. Válgame Dios! que he escuchado? Turba popular es esta, que habemos de hacer señora, que nuestras vidas se arriesgan? Válgame santa Getrudes, santa Marta, santa Elena, que de pasos de pasión, es la Abogada primera. Dime Garrote; qué es esto? Pregúnteselo a mi avuela, que yo no sé más de que me han rompido la cabeza. Y cómo te la han rompido? Cómo de aquesta manera. Ahora no es tiempo de burlas, habla. Garrote de verás, dime que ruido es aquel, quien estas voces altera? Al pasar en este instante por la mitad de la plaza, vi señora mucha gente que hacia Palacio guiaba; unos plañendo, y llorando, y otros armados de saña, y vestidos de lealtad, empuñadas las espadas, diciendo, traición, traición, que parece que rabiaban: otros confunestas voces, que viejos eran, lloraban, y lagrimitas vertían, así echaran las entrañas, Abia niños, había mozos, mancébitos, y muchachas, y todos a un mismo tiempo, en voces mal corcertadas, decían mil veces, muera, y sea de lepra o de sarna, el que la vida ha quitado a nuestro grande Monarca: Alboino, el mayor del Orbe, en industria, fuerza, y armas, merecedor de dos mil Epitafios, y Epigramas. Llegué a que me dijesen, porque daban voces tantas, cuando cas, un lampiñuelo en la cabeza me casca un parapalo, o mandoble con que me hizo la mostaza, diciendo, pícaro, tú cómplice eres de esta causa, y pagarás en la horca este delito mañana, Los muchachos que tal oyen, empiezan tras mí a pedradas, corro como un descosido, porque de verdad lo estaba, hasta meterme en Palacio, y llegar aquesta cuadra dejando en primer lugar todas las puertas cerradas, y ellos se quedan afuera con los ojos como brasas. Aqueste es señora el caso, por amor de Dios no abras, porque nos han de matar, veinte veces a estocadas. Deben de tener razón, pues que tan de verás claman, mira por Cristo lo que haces, huye, tu persona salva, con la razón no te burles, que seráburla pesada, y más cuando sabes, que la razón busca venganza. Cierra el labio, el labio cierra, no digas más, tente, basta, no quieras segunda vez traspasarme toda el alma. El que la vida ha quitado a nuestro grande Monarca, aunque Rosimunda sea, muera, muera. Oyes, ya escampan. Tu pícaro, vive el Cielo. de este alboroto eres causa, pues solo tú lo has sabido. Y donde se queda Arnalda, Esmije, usted, los demonios, mosqueteros, y mi ama, y el pobre muerto, que ahora si él estuviera con habla, dijera más de dos cosas, que sé yo que le pesaran. Vamos Paradeo al remedio, y dejémonos de chanzas. No hay en los dos más malicia (como dicen) que en las casas. Amigos, yo determino, partirme al instante a Parma, llevando, dineros, joyas, y las más ricas alhajas que tengo de más valor, y más desembarazadas, salvando vuestras personas mientras este orgullo pasa. Y supuesto que la noche nos sirve de escudo, y guarda; estendiendo sus cortinas, mas que cerúleas opacas, por el lugubre emisferio, que tiñe aquesta campaña, podemos salir al punto por aquesa puerta falsa, sin ser sentidos, ni vistos, de aquesta infame canalla, que perdiéndome el decoro estos alborotos traza. Que luego si fuerzas tomo, si me ayudan con sus armas los Príncipes valerosos, que encierra aquesa comarca. Segunda vez en Pabia entraré triunfante, y vana asolando, y destruyendo, y derribando las casas, de todos aquellos que hoy, por su Reina no me aclaman. Esto Elmige, y Paradeo determino, en la tardanza puede ser que haya peligro, ya vuestra respuesta aguarda mi pecho, para con ella ejecutar la jornada. Que se haga como lo dices. También serán de importancia diez mil escudos que tengo, que me dio para la marcha de sus soldados, Alboino, cuando a librar me enviaba de la prisión Albisinda. Diez mil Ángeles de guarda son, que nos vienen a ver, (de tejas abajo se habla.) Hombre de dos mil demonios, mira no se olvide nada, echa esos trucos por alto, y dame las zarandajas. Pues cada uno a prevenir joyas, y dineros vaya, porque cuanto antes partamos de aquesta infelice casa. Toda mi joya se encierra. en llevar conmigo a Arnalda, y así voy a prevenilla porque no quede olvidada. . Pues señora, si ha de ser, en que ya es tarde repara. Cuanto más presto partieres, irás más asegurada. Ya lo veo, a Dios Pabia, pues eres para mi ingrata. Pues a Dios, a Dios Pabia, que yo te doy la palabra de volver segunda vez vitorioso a tus murallas, Y también yo te la doy, de volver a saquearlas Y yo dulce patria mía, no acierto a decirte nada, porque he conocido, que la Razón busca Venganza. .
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA En fin en Ravena estamos, donde prisioneros somos, sujetos a la inclemencia de un Príncipe cauteloso. Es verdad, pero no obstante, la industria lo puede todo, con que juzgo sacaré de mis disignios el logro. Y pues se nos va mostrando Longinos tan cariñoso, que en su palacio ha mandado nos den hospedaje, y todo se dispone a la medida de nuestro deseo, solo con haber mudado nombres, y Albisinda de mi rostro las señas no ha conocido. Que era el peligro en que noto podía correr algún riesgo, por los pasados enojos, y ahora más, pues he añadido, a aquellos disgustos otros. Y en fin aquestas noticias se anoparon en el golfo del mar del conocimiento, de donde el tiempo es forzoso ser la Nao donde se embarcan, siendo el olvido el Piloto. Paréceme no hay achaque que servir pueda de estorbo, ni para ser conocidos, ni para temer oprobios, que antes de esto recelaba pudieran darnos en rostro. Pues ya como dicho tengo, parece han cesado todos, con haber de nuestros nombres hecho los metamorfoseos. Todas aqueslas razones, Rosimunda las conozco, (pero dime por tu vida) no pareceter forzoso, llegue noticia a este sitio, de la desgracia de Alboino, siendo un Príncipe tan grande, tan bizarro, y valeroso, que con su nombre temblaban los hombres de más heroico corazón, y aún las voces de sus instrumentos roncos atemorizaba el viento, los culebrinos arroyos retrocedian su curso, a un gemido pavoroso de su valor invencible, se apocaban los escollos. Tirúbeaban los montes, y los altos promontorios, como un tercianario suele, compelido de un furioso impetu de hielo, y mármol, que estremece el cuerpo todo, y hace que los tersos dientes se muerdan cual can rabioso, o de cólerá, o de miedo, luchaban unos con otros. Y fuera de esto; me ocurren, pensamientos no remotos de la razón, que no digo, por dejar los círcunloquios, con que es forzoso contarlos, por callarlo escandaloso, y porque soy enemigo de tan largos episodios. Todas las dudas que tienes, vendrán a importar muy poco, pues cesaron para ti, desde que fuiste mi esposo, y a darte satisfacción de todas ellas me pongo. Mirad que Longinos viene, dejad aquesos coloquios, y tomad plática nueva, no echéis la soga es el pozo. Pésame de qué Longinos ahora me sirva de estorbo, para no satisfacerte, pero el hacelro propongo. Holgaré me de escucharte. Aprisa con mil demonios, que sale más grave, que Regidor en día de Corpus. Pues a Dios, porque no quiero, ni ver, ni hablar a ese monstruo, que mete miedo mirado, y tratado causa asombro. Pues a Dios hasta después, y ruego al Cielo piadoso, que de todos estos lances, sobresaltos, y alborotos, nos saque en paz, y quietud, contentos, y victoriosos. Hombre, que a la puerta llega. A Dios dueño de mis ojos. . De qué damos este aviso, para que si llegaren a esa Ciudad, se ejecute en ellos el castigo que merecen, conforme los estatutos que tenemos. No hallo Albisinda razones, cuando miro lo horroso de este caso, que ecuivalgan a dar indicio, del modo que mi ser ha penetrado, esta desgracia de Alboino, entrándose por las puertas de mis sentidos, que rotos, y descuadernados yacen, al baiben del aleboso impetu de la razón, que con pensamientos sordos ha podido derribar, aquel atlante famoso, asilo de toda Italia, y de toda Galia asombro. Esto escucho, muerta soy, hay más penas, más ahogos, que contra una mujer triste, se conjuren envidiosos! Paréceme que esta vez nos ponen en cuatro potros, . o nos mandan ahorcar vivos: Ánimas de Purgatorio, haced que este Longinazos, no se acuerde de nosotros: digo de Arnalda, y Garrote, que los demás malos lobos. El pésame os doy señora, de este estrago lastimoso, y juntamente palabra de traer a vuestros ojos, o vivo, o muerto, el traidor, que se atrevió al sacro solio de vuestro padre, y señor. Y si a Rosimunda topo, derribar su vil cabeza, de los sacrílegos hombros, para estarmiento del mundo. Y este servicio aunque corto, desde luego le consagro, ofrezco, dédico, y postro a vuestros pies, con la fe de que alcanzaré dichoso, a poder de beneficios, aunque infeliz me conozco, en el cielo de esa mano, más dicha de la que logro. Que tanto mi vida dure, cuando estás sentencias oigo. . La pena, señor, me impide agradezca lo afectuoso, de vuestro invencible pecho, y de vuestro brazo heroico. Pero no obstante la deuda, a pesar de mil sollozos, digo que a mi cargo queda, y pues yo lo reconozco, quedad seguro de que: más dadme licencia, solo de retirarme a mi cuarto, que las lágrimas que lloro, no dan lugar a que pueda explícaros lo amoroso, de que, perdonad, señor, que el llanto con que me ahogo es tan grande, que me quita la razón, con que no logro la dicha de agradeceros, finezas que ya supongo, no las obráis como luez, si no en fin como mi esposo. . No me espanto, no, que el llanto la sirva de tanto estorbo, es justa razón que llore, pues era su padre Alboino. Ve Rosaura con la Infanta, porque desde hoy dispongo, el que la asistas, y sirvas, atendiendo a su decoro. Y procura divertirla, pues conoces el ahogo, en que metida la tiene, aqueste lance espantoso. Con partir a obedecerte me parece que respondo, para que mis pasos guie . hoy a la fortuna invoco Y lo propio a Irene mando Obedecerte es forzoso, porque esta plaza sitiada está aguardando socorro. Julio, despejad el cuarto, salios afuera vosotros, nadie conmigo se quede, porque gusto de estar solo. Obedecerte, señor, es un servicio muy corto. . Tanto puede la razón, que con ser émulo mío aqueste infelice Rey, de quien los futuros siglos podrán contar largamente sus hazanas, y prodigios, de su valor invencible, epitectos merecidos. De tal suerte me ha dejado, de este suceso lo impío, que con lo que soy no encuentro, y menos con lo que he sido. Pero yo procuraré vengar tan fiero homicidio, o por Albisinda bella, o por mi decoro mismo. Pues para que no se atrevan. a hacer lo propio con migo, si por ventura hay en casa, desleales fementidos, que con cara de agasajo, son asturos cocodrilos, es bien darles a entender, que tengo horca, y cuchillo, para premiar las traiciones, dándoles igual castigo. Pero dejando esto aparte, confieso que me ha rendido. de Rosaura la belleza, gala entendimiento, y brío. Que aunque de Albisinda bella también me arrastra el echizo, desde que como a mi esposa la considero, y la miro, no me da tanto cuidado, porque es amor más antiguo. Y es amor gran novelero, bien se conoce que es niño, porque si una halaja tiene, la festeja a los principios, Está con ella contento, es su gusto, y regocijo, y esto bien mirado, dura, hasta que otra ve el tal niño que le parece mejor, y luego con grande ahinco, también coger la procura, y hace con ella lo mismo, que con la otra que quería, y tanto estimana hizo. En fin a Rosaura adoro, desde que la vi no vivo, pues me robó su belleza, la libertad, y albedrío. Hay hombre más desgraciado, que Garrote en todo el mundo, y esto con razón lo fundo. (do? Como hasta aquí habéis entra. Malo es esto vive diez, Jesu Cristo que gran hyerro, que he dado con este perro, miren que cara, y que tez. Parece que estáis turbado, quién sois? acabad? no habláis? Si haré, pues vos lo mandáis. Decid. Háseme olvidado. Muy famoso humor gastáis. Siempre estoy bien humorado, sino que se me ha olvidado el saber como os llamáis. Aqueste sin duda es loco, . decid como es vuestro nombre. Cómo he dicho soy un hombre; más vámonos poco a poco. Mirad que por un valcón os arrojaré al instante. Ya estoy más blando que un guante, yo volar, pues era halcón: en sin pues esto va malo, yo me quiero descubrir, y mi nombre he de decir. Qu Don Garrote de don Palo. No oí tal nombre jamás. Yo si que es muy conocido, que su padre fue, y ha sido, don Domingo de don Blas. De dónde sois natural? decid aprisa. Si haré. mucho aprieta; callaré, por encubrir nuestro mal. No habláis? Temo vuestros ecos, va mi lugar él por él. Yo nací en Caramanchel, y me bautice en Marruecos. A quién servís? A un orate. Y se llama? Paradeo. Cielos que escucho, y que veo! . Figuritas hizo, tate. Bienclado es el argumento . de que estos traidores son, los que hicieron la traición, yo apuro su fundamento. Si a Paradeo servís, sois de Resimunda criado? Pues en el cuiste habéis dado, pasa como lo decís. Tarde llega el desengaño, . pues que la adoro, ay de mí! que como infeliz nací, todo resulta en mi daño. Disimular es forzoso, o turbado corazón, que atropellas la razón por un influjo amoroso. Albisinda mi señora, me manda, señor, que os llame. Industria haced que me ame . esta Circe en ca salte Garrote allá fuera, y venme a ver más despacio, Si eso es uso de Palacio, yo volveré la contera. Antes que con Alvisinda (oh bella Rosaura) entremos a discurrir en sus males, y a darles algún consuelo. Quiero que atenta me escuches. no sé que cosas que tengo que decirte por bien tuyo, y también por mi provecho. Si haceros algún servicio con solo escúcharos puedo, ya, señor, atenta estoy, proseguid pues obedezco. Yo Rosaura, desde el día que llegaste aqueste pueblo, (no digo a ser prisionera, porque mintiera el acento.) Hallé en ti una modestía, un agradable cortejo, un mirar tan recatado, un no se qué tan risueño, una beldad con descuido, y últimamente un obleto, donde mi vista a notado concurren a un misno tiempo. gala, discreción, beldad, hermosura, entendimiento, nácar, cristal, clavel, nieve, luces, rayo, estrellas, cielo, y lo demás que no digo, pues eres tú, y es exceso, querer compararte yo, con los que son sus reflejos, pues siendo lo demás tú, todo lo demás es menos. En fin mi Rosaura, en fin, desde entonces quedé muerto de amor, mas no digo bien, mienten la voz, y el aliento, muerto estaba, y con la luz de esos divinos luceros, fui poco a poco cobrando, el vital conocimiento. Troqué el ser en otro ser, introdujose en mi pecho un ardor en que me abraso, y como estoy vino, siento la eficacia del dolor, y siento también con esto, ver que me ha robado el alma lo que me dio vida muerto. Paréceme que te he dicho bastantemente mi intento, y paréceme también, que podrás tu conocerlo. Que tengo amor, no lo dudes, y puedes creer que te quiero particularmente, cuando has visto mi rendimiento. Pues siendo tu prisionera de suerte la voz alterno, que parece hemos pasado, de un extremo en otro extremo, pues como a dueño te trato, y hablo como prisionero. Yo he de casarme contigo mira tú quien gana en esto, pues para Rey soy muy malo, y para esposo muy bueno. Palabras señor no hallo para que explique mi afecto, como quisiera págaros tantas deudas, como os debo. Pero con pocas razones juzgo podré responderos, si antes que pronuncie un no, no me ha faltado el aliento. Yo, señor, aunque me veis en Palses extranjeros, de la fortuna abatida, y ultrajada de un suceso que callo: por no decir desdichas en que me anego. Soy honrada, tengo honor, y de fino coral Regio, llenas están estas venas que van dibujando el cuerpo. Con que para dama vuestra, más bien podéis entenderlo, aunque en estado tan bajo hoy me miráis, y me veo. Mi honor es siempre mi honor, harto os he dicho con esto, y más cuando predomina en mujeres de mi pecho. Soy también tan desgraciada, que cuando en casto Imeneo, Cupido vnirnos quisiera, con su yugo, y lazo estrecho. Ha muchos días, señor, que Rosaura tiene dueño, porque de una causa manan todos aquestos efectos, Y reparad, gran señor, que de camino os advierto, que aunque soltera me hallara lo mirara bien primero, que no sé cual de los dos iva a perder más en eso. En fin, gran señor, en fin, ni de un modo, ni otro puedo, hacer lo que me mandáis, y creedme que es muy cierto, pues para esposa es muy tarde, y para dama no quiero. Es posible bella ingrata, que pagues con tal desprecio a quien rendido confiesa estar a tus ojos ciego, pues cómo? Señor, señor, templad esos ardimientos, mitigad esas congojas, aplacad esos incendios, refrenad esas pasiones en que decís os he puesto, y mirad. Que he de mirar, cuando estoy de amor muriendo? Mi calidad. Nada importa. Mi honor. Lo primero es esto. Por ver que Rosaura tarda, estoy con algún recelo, y a ver cuál es la ocasión de que tanto tarde, vengo. Mas Cielos, que es lo que miro! o como no miente el pecho, honor, y amor, pues estamos retirados, escuchemos. También, grad señor, también, ha de ser mi amor primero. Aquesto ha de ser Rosaura. También ha de ser aquesto. No segunda vez me mates? con tan agudos acentos. Yo no puedo más, señor. Ni yo resistirme puedo, cuando el corazón me roba lo agradable de tus ecos. Qué haya quien de hombres se fíe, o fuego de Dios en ellos. Pues mirad como ha de ser porque no os hallo remedio. Que es lo que Rosaura dices, no hay remedio? No hay remedio. Ni le haura para hablandar la dureza de estos hierros, juzgo me habéis entendido, guarde vuestra vida el Cielo. Espera Albisinda bella, mas no esperes vete presto, porque oirás dos mil razones de la natural tan lejos, que puede ser que me digas, que estoy sin mí, y es muy cierto. Porque más bien se conoce, o Albisinda, que estoy ciego, si aquestas pocas palabras las voy pronunciando a tiento. Segunda vez a mi tema, o ingrata Rosaura vuelvo, y pues a mis males, dices, no podrás darle remedio. De un pecho tan desleal verá si vengarme puedo: yo Rosimunda, yo sé de tu vida los sucesos. Yo sé que a Alboino mataste, y también que a Paradeo la mano diste de esposa. Yo sé que estas en mis Reinos, yo sé que puedo matarte, y que no cumplo, con menos, de castigar tu traición, dando al mundo aqueste ejemplo, y podrá ser que lo haga: yo sé también que te quiero. Mira cual te esta mejor, elige tú de estos medios, o morir en esa plaza siendo un estrago sangriento de la fortuna, o de esposa darme la mano, y en esto, no permito dilaciones. Y sin embargo concedo tres días, en que resuelvas lo que te conviene de esto: consulta ahora contigo, tu desdicha, o tu remedio, y no te quejes de nadie, pues en tus manos lo dejo. . Fortuna, pues has echado contra Rosimunda el resto, dale remedio en que pueda hallar alibio, o consuelo. Pero juzgo que me dices, que mi vida es lo primero, y siendo así, discurramos sobre aqueste presupuesto. Ya Longinos a sabido de mi vida los sucesos, que por ser tan variables; no a hecho muy poco en saberlos. Yo (quizá por influencia on de esos divinos luceros) hoy prisionera me hallo de aqueste monstruo soberbio; a quien de todas mis culpas por Juez a nombrado el Cielo, Ha me dicho, que de esposa le he de dar la mano luego, o que si no, que a la parca pagaré el debido fendo. El casarme es imposible mientras viva Paradeo, sino me caso, los dos sin remedio perecemos. Que podré hacer (ay de mí!) en coloquios tan opuestos, y más cuando de mi vida los lances últimos veo. O quién discurrir supiera en semejantes aprietos lo mejor, para dorar parte alguna de mis hierros. Pero yo de qué me aflijo? de que resulta mi miedo? de que mis temores nacen, y proceden mis recelos? No soy Rosimunda yo, de quien los futuros tiempos. podrán con razón conter mis incomparables hechos. Pues ánimo corazón; un. vuelve a recobrar tu aliento, pues ya para todo traza hu descubierto mi ingenio. Mis aflicciones no cesan, mis angustias, y tormentos, con casarme con Longinos? todo no se encierra en esto? Claro está pues siendo así, ha de morir Paradeo, el como, ya le he trazado, ya tengo buscado medio para quitarle la vida, con que la mía defiendo. En Rosimunda a emprender la esecución de este intento, lleguen hasta el fin del mundo. de tus hazañas los ecos. Asegurese tu vida, esté seguro tu pecho, y por mujer invencible te aplaudan los elementos. Convidando está Amphitrite con sus cunas de cristal, para que en ellas descanse quien tuviere enfermedad. Con linda cosa por cierto nos convida aquesa dama, para que la aperezcamos, sino con camisas de agua. Agua, que haya quien la beba es lo que a mí más me espanta, porque todas estas cosas son las que de ella se sacan. Un catarro de tres meses, unas infames tercianas, si un hombre ha comido leche un mal de madre que mata: con que al punto andan humazos, que llegan a las entrañas, Y si junto a casa vive alguna vieja Beata, un excudillón de pobre al mismo instante le embasan: que cuando quitarle quiere tiene una roncha tan alta. Luego resultan las bubas, tras ellas emplastos, masas, magistrales, y sudores, tarrillas, estufas, zarza, y otras ducientas mil cosas casi como las pasadas. Y después de todo aquesto son haa nubien das Damas que están perdiendo su juicio por beber un barro de agua. Y no contentas con esto, o por no berder la maña por si acaso tienensed, andan todas con enaguas. Qué diferentes cuidados son los que a mí me embarazan, que los que este loco tiene, y que diferentes causas. Pero en fin si mi fortuna de aquesta suerte me trata, paciencia, y seguir su rueda, que unos sube; y a otros baja. Señor, vete desnudando, porque la música aguarda Longinos, y no es razón hacer a su Alteza falta. Has dicho muy bien Garrote, o qué divertido estaba con sofísticos discursos, que me altera toda el alma. Pues para que no te acuerdes de penas que te maltratan, pensamientos que te afligen, y cosas que te embarazan. A estos señores Cantores que te griten algo manda, como cual que cierta copla entre verde, y colorada. Mientras que en el baño estoy podrán, Garrote cantarla, y vamos luego, porque de banarme la hora pasa, que agradecido a Longinos mi noble pecho se halla, pues siendo su prisionero; como a su dueño me trata. Vamos muy enhora buena, canten algo norámala de aquello crítico; y pulcro, pues cuando estén las gargantas secas a puso graznar: un bien lo habéis hecho aguardan, que es la moneda con que hoy todos los señores pagan. El cefiro las menea entre argentado cendal, y en el viento los gilgueros cantan todos a compás. Para conseguir mi intento me valga toda mi maña, valor me dé mi coraje, présteme fuerzas mi rabia, y todo el mundo se guarde de una mujer despechada, que por cubrir un enredo otros muchísimos traca. Yo sigo un rumbo cruel de ciertaidea llevada, de que permitan los cielos que con paz, y quietud salga. Porque no sé qué recelo que está alborotada el alma, y a cada paso que doy tengo inmoviles las plantas. La voz de su fijo ser parece estar desquiciada, y tener del corazón muy abatidas las alas. Torpe el labio, y las potencias de la razón olvidadas: tener en el pecho un rayo, y un gran nudo en la garganta. Pero que mucho si aquesto parece ser amenaza, para acordarme de que la Razón, busca Venganza. Mil días ha que a Paradeo, le persigue, y sobrefalta una fiebre lenta, porque el que se bañén le mandan. Hácele tantos favor Longinos, y merced tanta, que no sé si puede ser por bien, o por mal la causa. Pero en fin aquesta tarde a este ameno pensil baja con la Música del Rey, que le sirve, y le acompaña: Para dar fin a mi intento un veneno en esta taza traigo, para que le beba cuando de bañarse salga. Pues si yo me acerco a él, y con cariñosa cara, con amorosas razones, y cariñosas palabras. Digo que es una bebida hecha de píctimas varias, y que toda su salud solo consiste en tomarla. Claro está que admitirá el ruego de mi demanda: con que yo muriendo él, darle podré la palabra de ser su esposa a Longinos. Con que cesan las borrascas, que en el mar de mis delitos el aire traidor levanta: Voy poco a poco siguiendo de esta senda las pisadas, que vendrá a salir adonde aqueste infeliz se baña; pero ya de un instrumento el dulce acento me llama: que si no miente el oído ha sonado entre estas ramas. Sigo pues aqueste rumbo, allí se divisa un arpa, no paso más adelante porque parece que cantan. Corazón osado mío, para que es tanto rigor, sabiendo que si me matas es fuerza morir los dos. O que bien dice la letra conmigo parece que habla, pues me suspende los pasos, y mis intentos ataja. Sin duda que Paradeo ha penetrado del alma los más intimos secretos, y las más ocultas, causas, que me mueven a emprender una acción tan arrojada. Y como tan cariñoso siempre este infeliz me hablaba, diciéndome ser sus ojos, su corazón, y su alma. Me parece que me dice viendo desnuda la espada contra el que está vestido de finezas mal pagadas. Corazón osado mío, para que es tanto rigor, sabiendo que si me matas es fuerza morir los dos. Mas segunda vez parece vuelve a repetir quien canta, la letra escucharla quiero, por si acaso hallo templanza. Conforme lo natural, dueño mío no es razón, que teniendo tú la culpa la pena la pague yo. Válgame Dios, que escuche! pues he quedado en tal calma, y en extasís me parece. estar mi vida trocada. Pero esto sin duda ha sido, que segunda vez me llama con cariñosas razones, y con presunciones sabias. Proponiéndome que él no ha sido parte, ni causa, para que yo atrevida, ciega, loca, y temeraría, por encubrir mis delitos, y mis acciones livianas, quiera apagar de su vida las luces, y ardientes llamas: porque me dice en la letra con equívocas palabras, conforme lo natural, dueño mío no es razón, que teniendo tú la culpa la pena la pague yo. Válgame Dios, que he de hacer entre confusiones tantas! si aquí miro la traición, y aquí la lealtad me agrada. Pero como así me rindo? como así el valor me falta? Como las acciones, mías, ultrajan, prop haciendo que no ejecute lo que conviene a mi fama. Afuera locos discursos; afuera aflicciones vanas, nadie interrumpa mis hechos, nadie ataje mis hazañas. Esto ha de ser, vive el cielo, muera al golpe de mi rabia, Paradeo, pues en él dará fin toda mi infamia. . Todo el mundo se guarde de aquellos. que tienen dobladala cara, y traición, pues ni temen ni deben al mundo, y hasta el respeto le pierde a Dios. Vive el cielo que a mis manos has de morir, bella ingrata, siendo de tu infeliz muerte el instrumento esta daga, o has de beber de lo misino que me diste en esa raza, para ti tan agradable, y para mí tan penada. Si es píctima, porque es píctima, si es veneno, por venganza, que tomará mi razón de tan alebosa causa. Y sea en fin lo que fuere, vive Dios que has de provarla, y muere tú pues yo muero, y puesto que rabió, rabia. Para matar una sedo que brava es la limonada. Yo, señor, y esposo mío, Paradeo, estoy sin alma, bien sabe el cielo que yo no tengo de esta desgracia culpa alguna, porque más. Pensó que mi amo era perro, y quiso darle zarazas: ha perras, fuego en vosotras, hasta las más remilgadas. Yo no he de admitir disculpa cuando estoy que se me abrasa el corazón, y me quemo entre mil ardientes llamas. Señores, miren que hay fuege, por Cristo que traigan agua. Y así el último remedio es acabar de esa taza ese licor, o ese infierno, que como nectar me dabas, o provar los crueles filos de aquesta sin piedad arma. Qué he de hacer, válgame Dios! quien vio confusión más rara! que he de hacer, pero que digo, que he de hacer cuando soy causa. de tantos malos sucesos, de desdichas, y desgracias; si no beber el veneno que se ha quedado en la taza, para que conmigo acaben sirviendo de ejemplo a España, locuras de una mujer, ciega, loca, y despechada. Acabemos de parirlo, eso si pesia mi alma, bebe, que si has de morir, muera Marta, y muera harta. Ya los últimos alientos traen con la muerte batalla, ya cedio todo el poder. o qué dolor, y que ansias! Ay, Garrote, que desdich a! Una lagrimita, Arnalda. Muérete, así Dios te guarde, y me casaré mañana. Ya los vitales alientos pelean con la guadaña, de aquella que no se tuerce, ni por ruego, ni por paga. Yahierto cadaber miro, el que antes de arrogancia, puesto un rótulo traía, y de fuerte blasonaba. Garrote, llama por Cristo alguna gente que salga a darnos algún favor, que esta es horrible desgracia Si haré, señores, señoras: Soldados, ha de la Guarda? traed apriesa unas ventosas para echárselas sajadas a un amo que Dios me dio, y a una tan maldita ama. qué es esto, quien da aquí voces? Quién aquí da voces tantas? Mira, señor, a mi anio. Mira, señora, a mi ama. Qué desgraciaha sido aquesta? Yo con bien pocas palabras porno poder más, diré lo que de esto se me alcanza. Yo soy Rosimunda, yo, que con nombre de Rosaura. mis delitos encubierta me trujeron a esta patria. qué es lo que he escuchado, cielos! que me arranca toda el alma. Yo soy la que maté a Alboino sin razón, ni justa causa, porque es muy justo, Albisinda el que yo muera a tus plantas Viendo ahora que en Paradeo mi honor no seguro estaba, aunque ya de esposa suya le di mano, fe, y palabra. Quise alebosa matarle con un veneno que traza mi traición, dandosele como si fuera triaca. El en fin, viendo que muere de la mitad que en la taza dejó beberlo me hace, sin que disculpas me valgan. En fin bebiéndolo muero, en fin mi vida se acaba, porque de hechos tan horribles, la Razón busca Venganza. Mujer, quien eres, que has dicho? que aunque te miro culpada, viendo desgracia tan fuerte, segunda vez me traspasa. Por cierto que es rato caso, Albisinda, hoy te hallas de los Longobardos Reina. Y pues que mi amor se halla del tuyo correspondido, y tu bien desengañada, de que siempre soy quien soy. Sin que te embaracenada, pues de disgustos pasados na cesado la borrasca. logre. Si vas a decir ser mi esposo, ya te cansas en vano, pues la respuesta es darte, no la palabra, sino la mano, y en ella, vida, Imperio, Cetro, y alma. Dichoso yo, pues llegué a conseguir dicha tanta. Y mi bendición aquí hasta mil siglos os caiga: una palabra, señores. Sepan ustedes que Arnalda, ha una máquina de tiempo que está conmigo casada, con lo cual nos excusamos de andar aquí en pataratas. Y sabrán también que Elmige no se halla en aquesta danza, porque trujo del camino una enfermedad muy larga, y curandosela está: de quien mil historias largas dicen que vino a casarse con otra de aquestas damas. Y esta historia verdadera aquí, señores, se acaba, y el ingenio que la escribe, pide rendido a esas plantas; no vitor; si no es perdón de sus hierros, y sus faltas. Advirtiendo de camino, que miren por donde alzan, pues han conocido que la Razón busca Venganza.
