Texto digital de El rayo de Cataluña y prodigio de Aragón (segunda parte)
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Francisco Serrano Carimo
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El rayo de Cataluña y prodigio de Aragón (segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rayo-de-cataluna-y-prodigio-de-aragon-el-segunda-parte.

EL RAYO DE CATALUÑA Y PRODIGIO DE ARAGÓN (SEGUNDA PARTE)
JORNADA PRIMERA
Aunque su Majestad, que el cielo guarde, en su delito, el más piadoso alarde ostento, en todo sabio, el vulgo, conducido del agravio, depone en su rigor la gran clemencia, y no quiere pasar por la sentencia que en su favor su Majestad ha dado. Era el muerto, señor, muy estimado en toda Barcelona, pues con la sangre ilustre de Colona JORNADA sus venas esmaltó naturaleza, de Cataluña la mayor nobleza Por mitigar su ardor, yo mismoquiero brillar en su venganza el blanco acero, porque según el vulgo vi empeñado, colético, soberbio, y arrojado, a no dar yo por bueno lo que emprenden, según en ira, y en rigor se encienden, de su lealtad temiera en tal empeño algún desaire contra el Rey mi diueño, y por no dar asunto a tal me noria, les ofrecí yo mismo la victoria; A ya PRIMERA El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. ya en la campaña estoy determinado a que logre su intento sucuidado, porque a mi amor encuente su esperanza, aunque ciega camina a la venganza. (na Muera el Miño, pues a don Juan Corlo a traición le dio muerte en Barcelona. Por esta parte todos se han entrado. Sin duda han encontrado de los bándidos con alguna gente. Cuando mi pecho vio plomo ardiente pudo asaltar, sin que la bala fiera contra vosotros mismos no volviera; Cómo traidores, sin temor del daño, bárbaros intentasteis tal engaño, vuelve, Isabel, a verte en el extremo, el peligro no temas. Nada temo. Todos se han retirado. Este despojo que hoy hemos ganado al Virrey le llevemos. Ya vencedores vuelven. Pues entremos en mi tienda los dos. Grande llaneza! despojo una mujer fue de la empresa, que presa traen. Pues al instante entremos de ella sabremos lo que no sabemos. No hay que esperar más, amigos, buena ocasión la fortuna en las manos nos ha puesto, sea la funesta tumba hoy de nuestros enemigos toda esta campaña surta. Ya, Capitán, te seguimos, Don Lope por la espesura del monte, al valle deciende. Toda la nevada espuma de ese Occeano de plata, que al valle el primor dibuja El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. se ha de ver con sangre vuelto una racional laguna. Ya la sentencia fatal sangriento el cielo pronuncia de vuestro fin, eligiendo por severa, y por aguda esta muerte con dos filos, este rayo sin dos puntas. Bien pensasteis, o cobardes, que se lograra el astucia de vuestro engaño, más ciegos, si la ignorancia os disculpa de entrar en tan gran peligro, sin temer pena ninguna, el mismo intento os condena que la ignorancia os acusa. No ha de quedar, vive el cielo, de cuantos la selva ocupan enemigos conocidos de Aragón, y Cataluna, y a los que ese valle pisan, y a los que ese monte cruzan, hoy ninguno que no vea entre mi sangrienta furia unos, y otros a su muerte, si le da lugar la angustia. Yo el primero he de arrojarme, porque mi valor más luzga, amorir, pero de suerte entre la cobarde turba a mi vida he de vender, que ella sola, siendo una, ha de apurar al comprarla os caudales de las muchas. Ea, salga a la campaña de esa montaña robusta el ejército de rayos, que ocultos tienen sus grutas. Al arma toca el valor, ahora es tiempo más que nunca, sise, De Francisco Serrano Carimo. si sedientos al agravio con justa razón os juzga, para templar vuestra sed, pues tanta el aljósar tubia deshecha ha de ser, que vuelva las arenas, que se juzgan perlas, en rojos granates, la inundación de purpures sangre, que vidas traidoras hoy alientan, y estimulan Un caballo, y mil ducados a tu valor le tributa este Aragones, que yo entre la cobarde chusma cogí, y por parecerme, según su traje divulga, hombre noble, a tu presencia le traigo Ahora se ocupa tu valor en la codicia? o tienes mucha cordura o eres muy poco valiente. Servirte solo procura mi lealtad, y como ayer dijiste al mirar la burla del Gobernador, que todos, en altas voces, si gustar de darte placer, te traigan, para vengar tal injuria, vivos los Aragoneses que cogieran, hoy mi mucha obediencia lo que ordenas quiso obedecer, de cuya facción, si acaso te enojas, cuando tanto la disculpa tu mandato, arrepentido volveré a morir Escucha, Bernardo amigo, que ya, cuando tu razón acusa De Francisco Serrano Carimo. de ingrata a mi demasía, mi amor por ella disculpas ofrece, y así, pues veo tu lealtad entre mi furia, basta por satisfacción, y pues le has traído, escupa esta Bíbora de acero la venenosa sicuta, que taladrándole el pecho, le deshaga, y le consuma el vital aliento, aparta, pague tu vida caduca, pues Aragonés naciste, de su traición la locura. Dar muerte a esta edad cansada no es valor Cómo la injuria en mi Reina, la razón de su discurso no usa. Ay honor lo que me cuestas. No sé en mí que causa oculta me incita a que no le mate; pero muera. Crueldad mucha. Di que don Lope te ha muerte a tu esperanza difunta. Don Lope, válgame el cielo! esta es la causa sin duda de mi deshonra, o mal haya t pero la lengua se turba. Fadrí, murieron? . Señor. Mas si tu valor. . Escucha. Pues no mataste? . Llegué, Algún daño al alma asusta. Y en la falda de este Olimpo. Los preámbulos excusa, que en lances tan apretados, anda de más la pintura. Llegué, peleé, maté. A2 A El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. La verdad salga desnuda; y venciste? . No señor. Muy breve has sido, Fue mucha. No tienes ya que contarme. A no haber perdido una prenda en la pendencia que estima tu amor, en cuya facción su temeridad tuvo, Capitán, la culpa tu esposa, señor, a tiempo que mi gente, y yo de unas peñas trincheas hicimos, muro que en la falda inculta de este calpe toscamente tiene dependencia bruta. Calla, pues para decirme una pena tan difusa las circunstancias me doras, y las verdades me ocultas. Dilo. . Qué presa. A villano; las nuevas son como tuyas, presa mi esposa, y yo vivo? yo sin Andrea, y la adusta esfera abrasada, a donde terreste vapor se junta, de temor de mi coraje no arroja en ardientes furias su diáfano contorno? estas campañas que asusta mi vista, no tiemblan? estas encopetadas colunas, el o las guedejas de sus frentes tímidas no se espeluzan? Esperad cobardes, viles, ya que el alma en su hermosura me lleváis, el cuerpo airado, que su vida en ella busca. Pocos sois, pues sois traidores, hoy es cuando el fin pronuncia. de vuestro fatal estrago El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. el Rayo de Cataluña. No puedo alentar la vida que me detiene aquí sabio, mas el rigor del agravio; que no el dolor de la herida. Como aquí la ejecución del plomo ciego querías que me matase, si ha días que me mató tu intención? Pero ya en vano me aflijo si para mi mal no hay medio, cuando la luz del remedio es perdido, que es mi hijo. Mas en vano el alma intenta aquí hallar el bien, pues quien hasta hoy encontró su bien adónde asiste su afrenta? Ay Lupercio, aquí pensé hallarte, pero mi suerte puso delante mi muerte, y primero la encontré, Bajé al valle, y en la orilla de esa coloa, que el soto ofrece al breve coturno de este erigido pimpollo, estaban los enemigos ocultos entre unos chopos. Apenas pues el viril me vieron pisar undoso, que esmeralda fue del prado; y de mis plantas soborno, el o cuando salieron mas yo conmigo, que nunca solo un espíritu valiente se ve en la ocasión con todos, envisto, pero huyeron, que ha sido en todos oprobio; lo cual de verlos medrosos vuelvo: pero en este llano, viejo, desarmado; y solo un hombre está, y me obliga no no se que intento imperioso; De Francisco Serrano Carimo. oculto, a que su persona respete, mas si los ojos no me engañan. . . Ay de mí, él ha vuelto con dañoso intento a darme la muerte; no es de pechos valerosos matar a un hombre sin armas, y más como yo, que tronco debil mi edad me ha traído a los últimos sollozos. Padre, señor. . . Ay de mí! Tal estáis, que no conozco a vuestra persona? El alma; por extraño, por impropio; ignora el caso, Lupercio, Lupercio, eres tú? que el gozo, y el pesar han asustado, uno al alma, otro a los ojos. Yo soy, padre. Ay de mi triste, tú en el monte, y de ese modo, cuando en él, no acierto a hablar, la causa, mi suerte lloro, he visto de mi deshonra, de tu opinión el desdoro? Quién atrevido, aleve, con el penetrante plomo mi pecho pasó? . Qué miro! Ves aquí bañado en rojo humor de mi noble sangre el cuerpo, que cariñoso en tu educación hallaste. Don Lope, hijo, ese monstruo, que abortó para mi afrenta alguna sierpe, alevoso, cobarde, muerte me dio él, hijo, mas ya me postro al dolor, que en el aliento vital calor no conozco. Él está en el monte, y ti De Francisco Serrano Carimo. asistes en él y todo, l el a tu padre dio muerte, el atrevido, engañoso, oq dio principio a nuestra afrenta, yo soy viejo, y tú eres mozo, tu sangre manchada está, tu padre muerto a tus ojos, él contigo, y yo sin vida, con que te lo digo todo. Quién si no mi pecho duro resistirá tanto golfo de dolor, sin que rendido al suelo lo laltimoso no le postrara el angustia? padre, y señor, como, como tal dolor, y pena tanta, con sufriiento animoso pueda resistir ay padre, con que gran dolor le nombro! Muera don Lope, sí, muera, antes que el fanal de Apolo encienda las luminarias en esos octavos globos, ha de ser en este risco, que flámula verde el golfo le mira inmonil bajel de estos dilatados sotos, admiración de los unos, escarmiento de los otros. Aquí en esta umbrosa, y fértil, vina que ofrecen los pobos, cuya losa verde escrita serán esos secos troncos, habéis de estar sepultado; padre, hasta que el alevoso que a nuestra sangre dio muerte, con este acero lustroso muera, bañando de grana los cristalinos arroyos. Oculten El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. Oculten mudas las hojas desgajadas de este olmo el cuerpo, sea el epitafío de ese sepulcro dos solos (que pocas palabras bastan) rasgos que hablen ingeniosos con las lenguas de las hojas: Aquí en este Mauseolo yace quien murió dos veces, que lo que falta, yo propio con sangre del homicida escribiré, cuando el hondo piélago de sangre aleve de aquel pecho riguroso me ofrezca la tinta, siendo la mortal pluma este corto arpón de acero, regido de este brazo poderoso. Bajad, bajad por la parte del valle al arroyo, que el traidor solo se ve. Mi amor deciende a buscarte, y sin tu luz peregrina no he de volver. . Ya, mi bien, voy contigo. . . Yo soy quien te defiende, Andrea divina Bien, cobardes, los tenombres ganáis de Marte, y Apolo pues viles, de un hombre solo os retiráis tantos hombres? No hay quien su valorresista. El mata junto aquel risco como mata el Basilisco a los hombres con la vista. Esposo. Andrea me llama, y socorrerla no puedo. El pelea tan sin miedo, que le da envidia a la fama. Cómo la mujer, villanos, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. qué prendisteis se os fue? El como no hay lengua, si no es de plomo, que lo diga. No hay Cristianos en el mundo, que dé Usagre, lugar antiguo, mi tierra? El Rayo anda por la sierra. Ya escampa, y llovia vinagre. Mal haya quien me parió, hay hombre más desgraciado? A ellos. . Qué? Qué? . Yo he dado con lo que Sancho busco. De mi padre, que fue zarco, heredé tantas quimeras, la mocedad en galeras, y la vejez en un charco. Medrado estoy con tal fin, quiero salir a lo ancho. Aquí, sin llamarme Sancho, he encontrado mi rocín. Pero un hombre, ay de mí triste. San, mas no hay santó lacayo. En mi vino a dar el rayo. Ya parece que me enviste. Pero a los troncos apelo, quiero esconderme, esto sea, que no habiendo quien me vea, no entra en mí la ley del duelo. Mas no su opinión se agaje, pues pudo, esto es evidencia, volver, porque en la pendencia dejó olvidado el coraje. El dijo, Jesús me aluimbre, viendo cierto el que me arreste, quien ha de reñir con este sn traer la pesadumbre? De Francisco Serrano Carimo. Jesús, Jesús sea conmigo, apenas a andar acierto, luego fui a dar con un muerto? Digo; pero ya no digo nada, que el soldado tal viene, la flema apercibo. Allí un muerto, y aquí un vivo, no se cual sea mayor mal, pues en lance tan esquivo, cuando a librarme no acierto, tanto temor me da el muerto como miedo tengo al vivo. Ahora bien, luego ha de darme este, si acaso me arrojo, una estocada en unojo? si, que si tira a matarme, mi suerte es tan al revés, que diestraguíe en su enojo las estocadas al ojo, aunque él las tire a los pies. Y le hará, porque más negra sea mi dicha en mi ultraje, que en mi conozca un salvaje, y me tire como a suegra. Es posible que no sienta Botón la afrenta del miedo? mas aunque quiera, no puedo, vive Cristo, ser valiente. No está en mí, señores míos, mi estrella esto me buscó, porque en mí veo que yo tengo sobrados los bríos. No sé como ahora fiera Reina en mí tal cobardía, que cuando mozo, no había hombre que se me atreviera. Mas cuando, porque se crea del mundo el engaño, ha habido viejo que no lo haya sido, ni loco que no lo sea? De Francisco Serrano Carimo. Mucho, miedo, me maltratas, rogadle matas, mas es a donde hay salto de pies poco el ruego de las matas. Oye? aquíete el morir, no habla, es sordo, señor? ay de mí, por ser peor sordo es que no quiere oír. Y pues ya noticia tengo del daño que ha de venirme, quiero darle con la de irme, no me dé con la de rengo El huye, buena ocasión para mi fama, qué digo? Malo va. Riña conmigo, que le importa a mi opinión. Mas mi brío se reporta. Botoncillo es, vive Cristo, hasta ahora no lo había visto. A mí, señor, no me importa, Otañez es, vive Dios, no lo había conocido. El que no enviste es vencido, siendo cobardes los dos Pero mi amo está aquí. Libres, esposa en el monte estamos, que mi valor, cuando tu prisión conoce, desesperado en mí mismo, el plomo que el aire corte, las puntas que el viento hiere, de los lucientes estoques, a mi vida eran lisonja, y a mi muerte no feroces. Adelánteme, matando de la escuadra tan sin orden, que cuando quise librarme, entre cuatrocientos hombres me vi cercada, y después de dar muerte a los traidores, que El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. que opuestos a esta pistola, Áspid sin vida de bronce, en cuyo veneno hallaron la muerte cuantos se oponen a mi rigor, ingeniosos, viéndome mujer, me cogen entre todos; en efecto, todos me llevaron donde el Virrey de Barcelona estaba, cortés hablome, satisfice su respuesta, negándole en mis razones lo que pregunta, allí supe como ofendidos deponen el perdón los Catalanes, que su Majestad, que goce inmortal vida, nos dio, porque don Juan, aquel noble, que le dio muerte tu acero, según me dijiste, era hombre entre ellos muy estimado, y muy querido, por donde de la ofensa conducidos a la venganza se oponen, y dicen juramentados todos en una conformes, que no ha de volver ninguno, hasta que sangrientos corten tu cuello, porque tu sangre el dolor que sienten borre. Oh Semiramis valiente entre cuantas se conocen en el Orbe, tu valor er de suerte me ánima, y pone deseo de verme airado entre los que ciegos corren a su muerte con su intento, para que su yerro lloren, cuando vean que mi espada es de sus vidas azote, que quisiera, vive el cielo, que fuera este umbroso bosque El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. palestra, donde la ira en sus necias intenciones publicara mi arrogancia escarmientos a las flores. Aquí a tu lado me tienes, y porque más bien se logre tu intento, dame licencia, empezaré a matar hombres. Pero me pesa, por Dios, que haya sido aqueste pobre el primero que me cabe. Pues déjale. No conoces quién es? aunque mogigato, espía es que anda de noche, es el viejo. . . Pues, Botón, cuélgale de aquese roble. Ya llegó el fallo postrero. Ande aquí, que muy bien cone cuando hay ocasión. . Señor. Aquí no valen señores, préguete Dios con su alma, os acordáis cuando a voces decíáis, el potro, el potro, y os holgabáis? pues que entonces callaba yo, callá ahora. Yo el potro? en malos tizones. Norabuena, esperá un poco, que se quede en ese bosque por espantajo de Urracos decís? pues vuestro garrote, voto a Dios, que de esta vez ha de espantara Halcones. Cercad el monte, que estando cercado, no habrá por donde ninguno librarse pueda. Muy buen parde perdigones nos envían por regalo; mas antes que me lo estorben, yo negociaré muy presto. Acaba con ese hombre, villano, De Francisco Serrano Carimo. villano, y sube al extremo a morir. . Si en que negocie está mi muerte, haz cuenta que nunca acabo. San Roque. Ya todos están cercados Andrea, ya que conoce la extraña suerte mi amor, que airado el cielo dispono contra mí, y en tu firmeza la resolución más noble que en los empeños se han visto de aquel que de la salobre espuma es nieto, y pues veo la gran tormenta que corre tu vida en el mar soberbio de este peligro, disponte a morir, atribuyendo estas penas, y rigores a tu hermosura, y mi suerte, pues juntas las dos conformes, si una pública desgracias, otra desdichas supone. Hoy aqueste Atlante verde de los cristalinos once espejos, móviles diez, único en todos inmóvil el uno, ha de ser campaña aunque enmaranada, donde haga el valor de su aliento bizaras ostentaciones, Ea, Andrea, esposa, ahora es el tiempo, dilaciones no pide más la ocasión, sígueme, que porque logre la furia toda la ira, mis plantas mueve veloces el valor, la suerte airada en nuestra fortuna inormes fracasos nos predomina, y suplicios nos dispone. Pues los dos de la fortuna De Francisco Serrano Carimo. quele zo iguales, en ese bosque, del rigor del Astro, blanco seamos de sus rigores. Que no he podido más presto; pero. . Así le tengo bien. Alano Matusalén, suelta demonio. Qué es esto? Este, señor, descarado, es el ladrón, o el Poeta Miente, señor, que en tal seta en mi vida no he pecado, si no es hoy, que la ocasión me ha encontrado disfrazado con el traje de criado, a este monte a ser ladrón Pues cómo así estáis? . Ay Dios ahorcarme quiso el tirano. Pues pagaos con vuestra mano, Cómo? . Ahorcándole vos. Señor. . No valen señores, éguete Dios, muy contento Herodes de este jumento lo cargabáis de rigores. Pues ahora vos, si afe, todo lo habéis de pagar, empezad luego a callar, pues que también yo callé. El ser Poeta esto cobra, pues renuncio luego en mí. Oís? ayudadme aquí a hacer esta buena obra. Quitaos hasta los calzones, en camisa heis de quedar, por solamente ganar en hurtar a vos perdones. B ayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. Hoy es el postrero alarde que ha de hacer mi gran valor. A tu lado estoy, señor Por esta parte, cobarde, tus pasos he de atajar. Está mi valor primero. Rinde, cobarde, el acero. Todo aquí lo has de pagar. Nunca le rendí en mi vida. Eres don Lope? . . Yo soy. El diablo anda suelto hoy. Qué me quieres? Yo, tu vida. é , El pues no sabe quien soy, riñendo tan diestro, y fuerte ha de saberlo en la muerte, pues que ya empeñado estoy. Vive el cielo que es valiente el Catalán, y atrevido, mi valor está corrido. Oh mal haya el pie. . Detente. Corrido estoy, vive Dios, del suceso, y con la ofensa, yo no admito la defensa, reñid conmigo los dos. Así pagas lo prudente, ayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. di, necio, de mi valor? pues provarás mi rigor. Para mi es poco. . . Detente, porque hombre que en esta empresa tuvo tal arrojamiento, noble es, que su atrevimiento nos ha dicho su nobleza. Y si aquí le mata alguno, podrá decir, si por Dios, que él pudo reñir condos, y nosotros dos con uno. Libre bien lo pudo hablar ya con temor, o recelo de morir, pero aquí el duelo a los dos no ha de culpar. Que la intención del agravio, del pecho, o labio nació, querer estorbarlo no podiamos en su labio. Luego bien pudo a despecho, de su cobardía sabio, parecer noble en su labio, y ser cobarde en el pecho. Pordonde el arrojamiento, que aquí pareció osadía, puede ser de cobardía, mas que no de atrevimiento. Luego si acaso lo fuere, los dos quedamos más bien, pues él iguorante es quien por ser cobarde no muere. biendo su ingenio dañoso contra si en aquese alarde, pues supo hacerlo cobarde con modo tan ingenioso. Mucho ha sido el reportarme, pero aquí ha sido forzoso: yo también de lo ingenioso me valgo para vengarme. Responder me toca aquí en el agravio en que estoy, pues no sabiendo quien soy han De Francisco Serrano Carimo. han culpado el modo en mí. Según de su culpa he oído, otro en ellos vengo a ser, pues quiero aquí responder otro, sin ser el que he sido. Noble me habéis confesado en esta ocasión presente, quien dejó de ser valiente si sangre noble ha heredado? Luego es razón evidente, cuando a la nobleza guarde, que no puedo ser cobarde, si el noble siempre es valiente. Porque en el valor es mengua, si lo sabéis, declarada, no hacer lengua de la espada, y hacer de la espada lengua. Yo con más obligación que los dos estoy aquí, de reñir, pues juzgo en mí, dándome aquí la opinión de noble, que andaré errado en no matarme, por Dios, aunque soy uno, condos, que por noble me han juzgado. Tú discurso descortés en esta ocasión ha andado, pues un noble solo ha hallado a donde puede haber tres Cuando con tantos extremos la misma ocasión confiesa, que en el brío, y la nobleza los dos nada te debemos. Y quien juzga de ese modo, es opinión acertada, que la razón lo hace nada, porque él se lo toma todo. Dejadnos aquí a los dos, que su hyerro he de enmendar, señid, que os he matar cuerpo a cuerpo, voto a Dios, Ofendido yo no puedo De Francisco Serrano Carimo. ver a los dos pelear, yo también lo he de matar, pues así bien puesto quedo. No me obliga aquí la pena que ha causado su osadía, sino porque es cobardía vengarse por mano ajena: aquesto elije en tan fuerte ocasión mi brío, pues si aquí lo mata, después no tendré a quien dalle muerte, Aquí no hay que responder, los dos pelead conmigo, que para daros la muerte, sobrados tengo los bríos. 1. De esta suerte Vue Excelencia se pone en tan gran peligro? Esperad, nadie se mueva. Qué escucho? Qué es lo que he oído? Su valor dijo quien era. Quién era su esfuerzo dijo. Ya sabéis quien soy los dos, y por esa causa impido que no os mate, o que no os prenda mi gente, porque advertido juzgo que es acción impropia de quien soy, pues cuando he visto los términos de que ha usado vuestra cortesía, elijo, por no ser menos cortés, que cuando no conocido era de los dos, ahora conociéndome, que sitio señaléis, donde acabemos los tres este duelo, y digo, si acaso puede el recelo estorbar lo referido, que mi palabra os empeño de que lo que fuere dicho aquí, B2 ayo de Caramnn El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. aquí, se cumplirá, a ley de noble, sin que el indicio menor halléis de mi parte contra lo que aquí público. Fiado en esa palabra, y más en el valor mío, que me librará de todo, acepto vuestro partido. Yo también aquí respondo sobre este caso lo mismo: aunque primero, si puedo, ha de quedar con olvido ni agravio, que está primero Ea pues, señalad el sitio, retiraos todos ahora, pues la ocasión habéis sido de esta ocasión, por nombrarme, que está mi valor corrido de no haberles dado muerte antes de ser conocido, pues peleara con ellos mas libre de algún delirio, pues si acaso me matarán, no blasonaran altivos de lo que ahora podrán alabarse, cuando han visto que soy quien soy, mas no importa, yo atajaré sus designios, que yo antes quedo mal puesto si salgo a tal desafío. Sea el sitio aquesa orilla dilatada deserío; hoy mi fama por el Orbe ha de ser nuevo prodigio. El mismo sitio señalo. Fin de la primera jornada. ayo de Caramnn El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. Yo acepto en ese partido. Vive Dios, que antes que parta ole a verse con su enemigo, la vida le he de quitar. Más fácil así consigo la quietud de Cataluña Dirá en alta voz el siglo, que don Lope dio la muerte al Virrey en desafío. Dirá el mundo en altas voces, que supe ser entendido, pues ingenioso la mancha de mi agravio sacó en limpio la sangre del ofensor, por mano del ofendido. Sabrá todo el Reino, que solo su gusto es el mío, conocerá mi valor, y mi Rey como le sirvo. Inmortal será mi nombre. Eterno ha de ser el mío. Mi amor verá Cataluña. Honor me ha de dar mi brío. Honra me ha de darmi brazo. Fama me ha de dar mi arbitrio. Deme la suerte este nombre. Deme el cielo este castigo. Deme la dicha esta empresa, pues tal discordia apaciguo. Hoy me despido de Andrea. De Isabel hoy me despido. Si no mato, no me espere. Si no mato a mi enemigo. Porque me he de dar la muerte. He de matarme yo mismo. Fin de la primera jornada. JOR dime, Isabel, la ocasión. De Francisco Serrano Carimo.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda JOIREN A DA S EGUN DA Sobre aqueste monte el cielo nuevo diluvio desata, con torbellinos de plata, que arroja su oscuro velo. Ya aquestos incultos lares del fatol del cielo, rubio, con temor de otro diluvio, se han vuelto espumosos mares. Encapotadas se enojan las nubes, y con extraña ira, por esta campaña un mar de rayos arrojan. Quién vio tangran tempestad? Quién noche más rigurosa? El alma está temerosa entre tanta oscuridad. Espera sombra con alma, visible borrón, que al viento escandaliza tu vista, admira tu triste seño. Espera, o infausto joven, que en el confuso silencio, cuando te enseñas al alma, le obligas a sentimiento. Aunque hasta el cielo te subas Aunque te bajes al centro. Han de seguirte mis voces. Han de irtras de ti mis ecos. Espera. . Aguarda. Isabel. Esposo. . Cómo suspenso el semblante: Cómo absorto; basilante? . No lo creo. Me pierdo en la misma duda. En la confusión me pierdo; dime, Isabel, la ocasión. La causa dime, Lupercio. Yo la contaré. . Pues oye. Ya estoy, Isabel, atento. Ya sabes que en nuestro albergue los dos sin cuidado a un tiempo estábamos, porque ayer. Yo te dije como el mismo Vitrey seguro nos dio; ya se que estaban los nuestros en centinela, aunque airados contra la tierra los cielos, por las bocas de las nubes escupian rayos, y truenos, que el gran tesón de la lluvia, condujo a horror nuestros pechos; que di palabra al Virrey, como te dije, de verlo mañana; que te he contado como hallé a mi padre muerto; que le dio muerte don Lope; que yo he de verme primero, antes que con el Virrey, por vengar mi agravio, opuesto a don Lope; que en la gruta estábamos; que ya el cielo menos airado se muestra; que saliste; que te encuentro; hasta aquí todo lo sé. Pues oye ahora el suceso. El día de ayer ya viste que pordos partes quisieron intentar los enemigos nuestra prisión. Ya me acuerdo, que don Lope, y que don Juan tu hermano les resistieron el piso a los que intentaron por esotra parte hacerlo: y qu ayo de Cataluno El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. y que yo a los que venían por este lado subiendo por la espesura del monte, también les salí al encuentro; que venció don Lope, y que yo también hice lo mismo; que más a don Juan no he visto. Pues de esa causa este efecto nace. . Pues qué sucedió? Oye el caso. . Ya le espero. Después que don Juan, esposo, con un increible esfuerzo, a todos retirar hizo, dejando el monte desierto de enemigos Catalanes, don Lope segura viendo aquella parte, la vuelta cogió en breve del estre no, Apenas de la presencia de los dos se aparta, el viento rasga una bala, en quien ya de mi hermano el fin violento de su vida la fortuna contra él airado había puesto. Llegó el penetrante plomo, y taladrando de acero las conchas, rompió la malla, y una puerta abrió en su pecho, por donde salió la vida sin poder hablar el cuerpo. Rindió el aliento al desmayo, y faltándole el aliento, destróncose el edificio, esposo, de aquel pequeño mundo, cayo entre las flores elado todo, y sangriento on señas de que era humano, con cerrezas al verlo, e que era tierra mezclada on sangre, sin más derecho e ser hombre, porque entonces cumplió el plazo postrero, ayo de Cataluno El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. Yo entonces ya podrás ver de que modo el sentimiento me tendría, cuando apenas pude en mi razón creerlo, con el susto, aunque sin vida estaba, que estaba muerto. Dejelo, porque una escuadra de los Catalanes viendo que yo sola, y fin los míos estaba, incautos quisieron cogerme, dejé a mi hermano, el como saben los cielos. Retírome hacia la cumbre con mucho pesar, a tiempo que vencedor ya volviias, al fuerte nos recogemos de la cumbre, empezar quise, persuadida de tus ruegos, a contarte el caso, cuando puso a mis labios silencio el ruido de las lluvias, y el estruendo de los truenos, cuando entre las mismas sombras a don Juan mi hermano veo, que con lastimosas quejas, y con lamentables ecos me llamaba, y yo llevada del amor sin ver los riesgos, que a la sangre no hay peligro que le pueda poner freno. A pocos pasos que anduve desapareció el portento, quizá fabricado en mí de mí mismo pensamiento. lva alentando los pasos, cuando admirado te veo, dudo tu duda, y la mía, de los dos la ocasión siento gnoro tu turbación, preguntasme mi suceso, yo te pregunto tu causa, lo que pides obedezco. Ya De Francisco Serrano Carimo. Ya he referido mi asombro, tu admiración ahora espero con el alma en los oídos, en los labios el silencio, el atención en los ojos, y en el discúrso lo atento. En notable admiración, hermosa Isabel, me ha puesto el prodigio de tu historia, tan extraño cuanto nuevo. Pero escucha, porque admires con un solo pensamiento en un tiempo a dos prodigios, dos asombros en un tiempo, Opacos golfos inundan el bago del hemisferio concabo, donde la noche, de su rostro horrible, y feo, por los confusos celajes muestra el arrugado ceño. Irémulos fueron en hombros de la duda cuantos vieron parasismos mal formados los ertantes paralelos: la tempestad ya la viste, y así pintarla no quiero. A este tiempo, como sabes, retirado en el silencio de una gruta estaba, cuando, aunque a tu razón atento, miro una sombra en el aire, que súbitamente el viento asalta mal declarada, surcando en aquel Etereo golfo de ilusiones mudas, olas incorporeas, siendo a cada vaiven de nave una duda el movimiento. Atento a las sombras miro, y saqué a luz de su centro una forma helada propia de mi padre, el ardimiento De Francisco Serrano Carimo. de mi brío más me anima, viendo a quien miro, y pretendo saber, aunque estaba absorto, de su venida el intento Siguiendo pues este asombro, yo no sé que pasos fueron, negué a tu asistencia el alma, y la ferié a este bosquejo. Sali admirado, Isabel, aquella visión siguiendo, incitándola con voces, y obligándola con ruegos. Apenas, pues, de la gruta dejé el descanso, sintiendo impensadamente en mí no sé qué impulso violento, que las acciones me lleria, y ciega el entendimiento. Compasivo de mis voces, suspendió el curso ligero aquel cometa de humo, animado de sí mismo Yo que le vi, suspendido, con algún pabor, resuelto a llegar al mismo sitio a donde estaba, dio alientos a los pasos, que ellos mismos, al moverse descompuestos, mudos de mi turbación publicaban los efetos. Yo que al parecer ya iba llegando al bulto, otro nuevo asombro mi aliento asalta; aquí, mi bien, te confieso que nunca hasta allí a mi brío conocí con tanto hielo, porque le faltó a mi vista los visuales reflejos, a mi valor la esperanza de su brío, y a mi aliento el calor, y de un sudor helado todo cubierto, torpes El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. torpes todos mis sentidos, y desmayos todo el pecho, caducando mi discurso, pero como pude vuelvo a ver otra vez, a ver aquel horror, y más cierto a poca luz de mis ojos, que poca entonces tuvieron ndeterminada mira segundo susto más nuevo, con temor vuelvo a mi susto, que no pudo ser por menos, a mirar tercera vez, sinir en mi poder, vuelvo. al botrón, que bago dudo, y aplicando el pocoresto de atención que en mí tenía al rasgo de aquel bosquejo, lo que antes neutral termino lo examino entonces cierto. De esta acción impropia en mí fue la ocasión, el estruendo temeroso de una voz que trémula hiere el viento. Indeterminada forma en bien sentidos acentos, cifras que poco en mi oído se conocen por sus ecos. Oí que mi padre entonces, con lastimoso lamento, de mi valor forma quejas, culpando mi poco esfuerzo. Con bien sentidas razones, aunque mal oídas, fueron: como, o cobarde, permites en la vaina el blanco acero cuando vive el que dio muerte a quién te dio el ser? no creo, según tibio en la venganza te juzgo, que eres Lupercio mi hijo, y si no te obliga el amor de padre a hacerlo, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. oblíguete compasivo el dolor de ver el pecho, que tanto estimó tu vida, sin causa herido, y sangriento, como le viste algún día, aunque no te acuerdas de ello. o Esto dijo apenas, cuando vi, esposa, que en un momento por el aire arrebatado se me negó este portento. Quedé muerto al no mirarle, si admirado quedé al verlo, quedé sin mi del espanto, dudándome a mí en mí mismo. No has visto un pastor llegar precipitado, y sediento a la sangre, o cristal puro, que herido derrama un cerro, por la quebrantada espalda; que abrió el esto que del tiempo, y al precipitar los labios oye el temerario estruendo, que oprimida da la nube en ese Alcázar Ltereo, despedida de algunrayo, que allí en su presencia abierto en dos partes un peñasco, y ocupado en el incendio, el susto impensado entonces le embarga su movimiento, y deja solo en amago con el asombro el intento? De esta misma suerte yo concerteza, Isabel, puedo decirte que así quedé, pues al irse, te prometo, que atento a su ausencia, ape las plantas pude del suelo mover, dejando en amago el intento que pretendo. Fuese al fin, y como he dicho quedé, permitiome el tiempo a mis De Francisco Serrano Carimo. a mis acciones discurso, y a mi discurso sosiego Halleme de mi albedrío, como siempre lo fui dueño, la memoria en su lugar la voluntad en su puesto, el entendimiento libre, y los sentidos sin riesgo, dejo surta la campaña, a buscar tus luces vuelvo, hallote con una duda, cuando yo con tantas vengo, refieresme la ocasión, en ella miro tu empeño, ofrecí decir mi causa, he dicho lo que te ofrezco mira si puedes sentir dos ocasiones a un tiempo. mi muerte, y la de tu hermano, pues aunque yo no estoy muerto, hasta que vengado esté está mi vida en gran riesgo Esta es la pena que paso, este el dolor que padezco, esta la duda que ignoro, este el olvido que siento, está el ansia que me irrita, este el extraño tormento en que padece mi agravio, hasta que quieran los cielos que consiga mi venganza, y tenga fin mi deseo. Ya que con tanta evidencia contra nuestro amor los cielos, como lo hemos visto hasta hoy, han procedido severos, para revocar su influjo morir solo es el remedio, dando la vida al rigor, será, esposo, más acierto, pues negándole a los Astros el blanco, menos sangrientos De Francisco Serrano Carimo. procederán, pues la pena les niega los dos sujetos, donde airados siempre tiran tantos pesares violentos. Lo mismo que has confesado ha conocido mi pecho, y estoy de ese parecer, muera una vez, pues con eso excusaré las desdichas que a cada paso padezco. Yo he de morira tu lado, solicitando los riesgos, crédito de mi esperanza, y crisol de mi deseo. Ea pues, Isabel divina, ya que sigue tan resuelto tu pensamiento mi gusto, mi elección tu pensamiento. Hoy en las manos yo mismo he de ponerme del mismo peligro, para lograr de una vez los dos intentos; a buscar voy a don Lope, que es el peligro primero, y me excusaré de todo. Y yo, esposo, te prometo por mi vida, que no estimo, y por la tuya que quiero, que he de ir a buscar la muerte, acaudillando a los nuestros, de modo que por lisonja reciba el mayor aprieto. Qué valor, y que hermosura! su resolución no creo Qué amores tan infelices! ero este es preciso empeño, Qué vas amorir? Si esposo; y tú? Yo voy a lo mismo. Que no muero, y esto escucho! Que esto escucho, y que no muero! El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. Mas si lo ha dispuesto el hado. Mas si el hado lo ha dispuesto. Revocarlo no es posible. No es posible el no emprenderlo Amorir contenta voy. A morir parto contento. Que no te han de ver mis ojos? Que no he de ver tus luceros? Gran pena para mi vida. Gran dolor para mi pecho. Lo que he dicho voy a hacer. Voy a hacer lo que he propuesto. Muera una vez Isabel. Muera de una vez Lupercio. Adiós. . Adiós. Qué pesar! El dolor me lleva muerto. A pelear mi destino me ha traído, quién tal vio? mas quiero beber, que yo fundo la guerra en el vino. Mayor gana, vive Dios no he tenido de reñir en mi vida, sin mentir riñera ahora con dos: condos, y con seis me diera de cabezadas también. Pues oyéndolo está quien con nadie reñir quisiera. Mas Botón es el valiente que hoy a reñir se dispone, siempre el demonio me pone aqueste hombre presente. Pero ya llego a mirar a un hombre, y en tierra llana o nunca trujera gana tan buena de pelear Yo no lo decía por tanto, mas ya en vano me resisto, Otañez es, vive Cristo, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. por mí ha rogado algún santo. Qué he dehacer aquí? mas quiero sacar la bota, y beber, que ya lo hauré menester. A quién digo? caballero, la capa, con lo demás que trae, deje luego al punto; este es el más cierto asunto, no hay que retirarse atrás. La industria me ha de valer, estos polvos quiero echar, que el juicio le han de privar luego que llegue a beber Ea, no hace lo que le digo? Ya, señor, lo voy haciendo él lo pagará en bebiendo, en todo su gusto sigo. Logrose mi pensamiento, pues con intento advertido, secretamente ha traído los polvos con este intento. , , e Todo lo quiero dejar, y aquí me quiero esconder, porque en llegando a beber de todo me he de vengar. Ya se fue, anduvo alentado, mi valor lo granjeó, pero una bota dejó, cierto que fue muy honrado. Sin duda que conoció mi sed, al verme, entendido; o licor, seas bien venido; la daga, y espada, no se han de mover, claro está, el vino con detenerse, vinagre puede volverse; a su salud, allá va. Oh que grande suavidad trae consigo este licor, mas quiero verle el color, De Francisco Serrano Carimo. para ver su calidad, Tinto parece, mas no, que es blanco acá en el deseo que cristalino le veo! o a que buen tiempo llegó Quiero acabar, de esta vez no pienso dejarle gota, quede en los huesos la bota, y en cames quede la pez. Hao, malo es esto que veo, parece que siento en mí un no sé que, pero aquí, sin yo querer, me meneo. Oh qué bravo ahora estoy para cualquier diligencia, no hubiera aquí una pendencia? Antes que se pase hoy, puesto que el Virrey nos rige, han de morir los traidores. Ténganse un poco, señores, aún no por tanto lo dije. Ya no quiero pelear, que cuando lo dije estaba sin mi juicio, y hablaba locuras por descansar Ya los polvos han obrado. Parece que se anda el suelo, o que alegre que está el cielo, ya caduca aquel collado, pero no, mentira es. Mi intento logro la empresa. Pesada está mi cabeza, libianos están mis pies. Gran fuerza el haloque hace, con el calor escondido, mas quiero darme a partido, que me siente? que me place, seguro partido ha sido para mi honra el que he tomado. Si tú me le das sentado, yo te le daré dormido. Mas para salir de empeño, De Francisco Serrano Carimo. esto es lo más acertado, empiezo por este lado, aquí de Dios, y del sueño. Señor, aquí está un soldado, sin ser Gigante, caído, mal curado, y bien dormido Mal dormido, y bien cargado dirán, quién es? Qué es aquesto? Mis prendas quiero coger. Quién sois? Soy una mujer. Qué desatino! ea presto, levantaos. Esa es gran priesa, pues para el hacerlo, es necesario que los pies pesen más que la cabeza. Este soldado, señor, es el que me cabe a mí Todabia estás aquí? Daca el vestido, traidor luego al punto te desnuda. Advierta que es desacato dejarme tan sin recato; luego habrá aquí quien me acuda, Empiécese a desnudar, y calle como un jumento. En esta ocasión mi intento os quiero comunicar, Vue Excelencia en todo sabio ha de proceder Mas son importantes en la guerra los árdides que el valor, pues lo que el brío despeña suele corregir la acción de un buen discurso, y así, quise remitirlo yo, viendo El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. viendo el daño a que supliera la industria lo que es razón que al ánimo no se dé, cuando pudo en la ocasión el ardimiento dañar, y el entendimientono Bien sabéis que de esta gente Lupercio, y don Lope son los que acaudillan su brío, ayer pues con estos dos me hallé sin pensar a donde los tres hicimos razón de estado el vernos aquí, esta ha sido la ocasión de haber traído a la gente secretamente, que no es obligación precisa a que obliga el pundonor el salir yo al desafío, cuando soy juez, y soy quien soy, que es lo más, pues siendo, desiguales, aquí hoy de cumplirles la palabra yo no tengo obligación. Yo aquí no vengo a vencer en igual campaña, no, sino a castigar delitos, y aquel que fuere mejor medio para este negocio toca a mi reputación Que el juez no está obligado, a hacer lo que prometió, por cumplir con la justicia, que se permite el acción del engaño, cuando importa tanto como aquí importó. En todo discurre sabio Vue Excelencia; mas señor, que hemos de hacer si no vienen? Usar de todo rigor; abrasando todo el monte, sin que se libre una flor El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. que ceniza no se vuelva. A asegurar, señor, voy a la gente, hasta que avise Vue Excelencia: venid vos. Y este hombre? Traedlo preso. Malas nuevas te dé Dios. Mis prendas llevo dobladas, ya la industria me vengo. La seña para salir sola ha de ser una voz. Esa escuchará el cuidado, vuélvome a la gente. Y yo voy al sitio señalado, a donde pretendo hoy sosegar a Cataluna con la prisión de los dos. Ya cansado de ofender al cielo, se permitió al descanso mi coraje, que cuenta he de dar a Dios, que obras buenas tengo en mí que dar por satisfacción de mis culpas, ni a quien tengo que sea mi intercesión, si conmigo habrá seis años traigo la que puede al Sol de justicia, verdadero, templar; y ciego en mi error; una sola Ave María en todo este tiempo no me he cordado de rezarla, que fui tan gran pecador? A detener como muerte suspendes la ejecución de tu cuchilla fatal, de quien nadie se libró? Válgame el cielo! qué es esto? absorto,, De Francisco Serrano Carimo. absorto, y confuso estoy, o aparente engaño ciego del sueño! cómo intentó mi osadía contra mí tan loca imaginación? Contra mí se opone el miedo? bien se ve que se atrevió cuando yo durmiendo estaba, pues no se atreviera, no, cuando despierto, porque le detuviera el temor. Yo he menester quien defienda mi vida, cuando el valor de mi brazo la asegura? no he de traer, vive Dios, conmigo este inconveniente, que se corre mi opinión, que segura en si blasona, de que sea la ocasión otra sin él, aunque sea, como lo es, tan superior. A leyes del agravio; (bio; donde se pierde el hombre que es más sa ofendido he venido a buscar a don Lope, conducido del pesar de mi ofensa. Mas Lupercio ha llegado. A obrar comienza segura mi esperanza; (venganza; pues me ha puesto en las manos la muera don Lope. Absorto se ha quedado, el color sin color equivocado. (go Esto ha de ser, el cielo a mi enemí lo a puesto en la carrera del castigo, el proceder honrado viene a serexcusado en mi ofensa. Qué veo! seo; Muera mi agravio, acabe mi desa don Lope, de esta suerte De Francisco Serrano Carimo. detérmino vengar la infeliz muerte de mi padre. Qué has hecho? Pero la bala respetó su pecho; y en el suelo rendida; no se atrevió a su vida; no sé aque lo atribuya. Quién lo ignora? milagro ha sido de esta gran Señora, mas aunque lo conoce mi evidencia, porque pierde mi brío en la pendencia, he de quitar la causa que me guarda, mi condición extraña esto consiente, sin este amparo quiero ser valiente. Ya habéis visto en vuestro intento, aunque aquí cobarde fue, frustada vuestra venganza, del casonada sabéis. Solo visteis de que el plomo llegó a mi pecho, sin que a mi vida daño hiciera, pues no quiero que penséis, engañado, que mi brío oy se ha llegado a valer de devociones, que yo poco las he menester. Veis aquí la que mi vida ha defendido, y la que albidada habra seis años consigo la trae mi fe. En este tronco la pongo con este letrero al pie, que no sé qué causa oculta me dicta; sin yo querer, a que cifre estos renglones en tal sitio; como ves. Quién llegare aquí, conozca que está de don Lope es, y Lupercio quien la puso, pues: El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. pues yo la pongo por él ahora reñid conmigo. Yo no sé que responder, el milagro me suspende, y la venganza cruel me incita; pero aquí es fuerza, ya que en lo primero erré, a don Lope con la espada aquel yerro deshacer, queréis reñir? Esforzoso. Pues empezad. Si lo haré. Esperad hombres errados. Qué voz es esta? No sé Templad, templad el rigor. Qué es lo que mis ojos ven! Qué es lo que miran mis ojos! El enojo suspended, tu padre, Lupercio, soy A quién di muerte este es Pues cuando a vengarte vengo, que me ordenas: Que no dé a la venganza el enojo, que Dios lo manda, el porque, como es evidente a todos, nadie lo puede saber, pues ninguno sus secretos los puede comprender Yo he perdonado a don Lope, porque no le perdoné en la hora de mi muerte, acción que entonces erré, Esto para el mundo digo, pues tanto contra él hablé, porque sola la intención El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. de hacerlo tuve, el Juez recto, por solo este amago que tuve en mí de lo hacer me ha perdonado, y me envía a este mundo a que los tres quedemos hoy para el cielo con lo que nos está bien Yo a perdonar a don Lope, y aconsejarte de que des osvido a la venganza, que es villano proceder, hacer la venganza enojo con tan obstivado ser. También vengo a que don Lope corrija sus pasos, que es aviso que le da Dios, y a mí me envía con él. Sed los dos grandes amigos, y las espaldas volved al peligro en que estáis puestos, si en gracia vivir queréis. Cómo, padre, ahora tan tibio en esta ocasión os ven mis ojos? aquella noche que entre ilusión os hablé, aparente, y verdadera no me incitasteis cruel a la venganza, culpando mi tibieza Engaño fue de tu loca fantasía la razón lo da a entender. Dios acaso es de venganzas, cuando Cordero le ves, el que se enseña aparente? advierte que yo no fui, algún enemigo tuyo Lupercio, lo pudo hacer. Yo no traigo más licencia del infinito poder, a Dios, que en paz como hermanos os conserve. Aquesto es, De Francisco Serrano Carimo. si bien se advierte, temor que el cielo llega a tener de mi brío. Sin mi quedo Qué es lo que intentas hacer? Lo que mi padre ha mandado, pues sabes cuan justo es Pues a lo contrario yo me inclino, y así no des al olvido tu venganza. Es fuerza que ya la dé Pues quitárete la vida No viste? . . Ya lo miré. A mi padre? Ya le vi. Lo que dijo? . . No escuché. Ciego estás. TERCERA De Francisco Serrano Carimo. Qué te defiendas te digo. . No lo he de hacer hay hombre más engañado? Antes que mate al Virrey tengo de matarte a ti Aunque a mi opinión no esté bien el retirarme, tengo de hacerlo. . . Espera, no ves que huyes de mí, cobardes Esto es, Lupercio, el hacer lo que mi padre, y Dios manda. No han de valerte los pies contra mí. . Si no bastaren mis diligencias haré porque no me culpe el cielo. Y luego? . Te mataré con mi razón solamente. Pues eso tengo de ver. A
JORNADA TERCERA
jornada tercera No sé aque horror conducida, que en mí misma conocí, imperioso me ha obligado, sin saber la causa en mí, a que deje las delicias de ese encumbrado Cenit. Mas si no mienten los ojos, sangriento miro, ay de mí bajar de la cumbre al llano, todo bañado en carmín, un hombre, pero aquí llega, llegó de mi vida el fin, pues es don Lope el que veo; quien ha de poder sufrir tal dolor, sin que la vida peligre en el resistir? Cobarde, si por librarte de mi rigor, vuelto en humo te desvaneces al aire, te pierdes racional bulto, sombra visible con alma, incorporeo aliento surto; formado solo en la idea, desvanecido al impulso menor del bapor más lebe, bostezo terreste impuro, espera, si el atrevido corazón del pecho tuyo, como te incitó al principio, al fin te obliga importuno. Esposo, como sangriento, colérico, y tan sañudo el semblante mal compuesto, presagios en el anuncio mortales. No digas más Andrea, que cuando escucho segunda vez el dolor, se aumenta el rigor difuso en su misma detención, jua El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. juzgando, Andrea, que tuvo poco brío en el oprobio. Tu hablar equivoco dudo, tu sentir en cierto admiro. Pues si ciego tu discurso ignora mi mal, saldrás de ese cuidado, aunque mucho me admira el verte en tal sitio. Pues oye, porque seguro después tu pena me digas, la ocasión que me condujo a esta parte Ya la espero, y la ocasión de este asunto sabrás después. Es preciso. Tu causa di, que ya escucho. Salí de ese albergue, cuando el sol comenzo a vestir, como sus pajes, los montes, de un diáfano tabí. A un olmo la vista vuelvo, en cuyo errante viril canoro acento tornea un Mayo, con voz sutil. Trina al escuadrón fragante, siendo alternante clarín, que a los cristales avisa como es hora de embestir. Los transparentes infantes, aspirando a lo feliz, sacaron entre las guijas bucesalos de carmín. A lo florido, y nevado, trabarse una guerra vi, enviste el Mayo con alma contra el deshecho marfil; mas el progreso me estorba, oye el caso desde aquí. Llegué, como digo, al breve coturno de ese pensil, que ya maceton de flores El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. pasa plaza de jardín. Apenas, pues, en su alfombra mezclado piso el matiz de tanto cardeno lirio, de tanto rojo alelí, cuando absorta entre su espacio neutral a mi ser le vi, y fue la ocasión, que vuelvo la vista a un tronco, que allí vejecativa coluna fue del Calpe, y su Cenit En el centro, caso raro! de aqueste eburneo feliz de madera, tarja tosca, portatil marco, a quien di plaza de agreste moldura, y de línea sin buril, que el cabado acero forma con el ingenio sutil, estaba, esposo, un retrato de María, Emperatria de todas las Hierarquías, y un letrero, en que advertí de la Virgen de Loreto divino traslado, fui a examinar de más cerca la duda en que me vi allí, y en dos renglones encuentro esta razón que advertí. La que veis en este tronco, es de don Lope infeliz, y Lupercio quien la puso, pues por él la puse aquí Con la duda de la enigma algún tanto me perdí, oigo voces, retireme, el daño siento, temí el riesgo presente, y dudo vuelvo al monte, no te vi, siento tu ausencia afligida, y en tu busqueda salí, buscándote, esposo, vengo, novo De Francisco Serrano Carimo. porque los dos hemos de ir a ver el fin de este caso, y de este milagro el fin. Esta es la pena que ignoro, el recelo que sentí el daño que estoy dudando, y la duda que temí el pesar que me encontré, el grande dolor que vi, la enigma que estoy sintiendo entre el vivir, y el morir, pues no vivo de la pena, y estoy viva en el sufrir: esta Imagen. . . Tente, espera, no digas más, que el asunto que ciego hasta aquí me trae, nace todo de ese punto, esa es la causa primera de mi mal, escucha. . Escucho; esposo, pues la ocasión lo pide Aquesto es lo mucho que siento a un tiempo, y lo ignoro, que no lo alcanzo, y lo sufro. Quieta pase mal segura entre el humano discurso, y el atención bacilante gozaba el alma en futuros privilegios que da el ocio por antiguos estatutos. La razón estaba incierta dormida al pie del descuido, a quien le ofreció regazo el cuidado, porque puso al verla tan pronta al sueño de su parte los arrillos Sintió la memoria asaltos, y el entendimiento impulsos, que desconcertados laten mal distinguidos anuncios. La voluntad violentada, y los sentidos confusos, De Francisco Serrano Carimo. bacilan como que hiertos, caducan como que surtos. Esto después que pasó aquel lance, que lo apunto aquí de tu hermano, pues fue de una estrella el influjo, la sentencia de un Planeta, y de un hado el fiero triunfo Yo pues que entre tanto caos perezosamente lucho, intrinsecamente lloro, cansadamente flutuo, me sucedió, Andrea hermosa, después de lo que promincio, lo que te diré, a pesares! contra mi fieros verdugos Dejé el escaño de penas, y en pie tomando seguro en el golfo de esta tierra para el bajel de este mundo, de quien breves (gran misterio!) mueven esto dos coluros, que pendientes globo a globo de estos dos troncos enjutos, el armonía viviente sustentan Atlantes rudos. Torpes pues de espacio miden el ramblar de tanto adusto pedreñal, ya vuelto en jaspe, peñascos quebrados brutos. A una lóbrega morada el destino me condujo, a donde examino errados gemidos en mi discurso. Sobre el daño al fin opacas conjeturas me reduzgo a violar de aquella noche el fúnebre templo oscuro. A pasos mido la sombra, a alientos todo el oculto espacio de la ceñida bobeda, cuando no a muchos mo- El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. movimientos me suspende el eco de un ay, que puso horror al profundo sitio, siguiole después confuso un gemido dilatado, que al ánimo más robusto amedrentara el acento, según lamentable, y mustio, destroncado por lo triste, si en la dilación caduco, mal pronunciado por queja, y bien sentido por duro. Alientos doy a las plantas, dudando al tacto nocturno lo que admira a la esperanza, lo que se niega al discurso. A monimientos di forma, que indecisos los discurro, cuando subita se ofrece una luz, blandón impiro, a mis ojos Norte errante, a quien dieron forma unos decrépitos, y torcidos troncos, del tiempo maduros, raíces, al parecer, de algunas jaras, o juncos. A una parte lamentando, sobre una alfombra de luto, miro a una mujer rendida al dolor, de donde arguyo su sentir en las acciones, que sin lengua por el uso cualquiera atención sacara a luz la causa, procuro ver quien un ruido causa de espadas, tropel que escucho no distante, y a muy pocos mo vimientos le descubro en dos hombres, que arrojados, coléricos, y sañudos, se tiran desesperados, con increibles impulsos El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. a taladrar de sus pechos los irracionales muros, pues el crédito les niega de humanos el ciego asunto. A este tiempo de los dos estas palabras el uno refirió: dime quien eres, que a reñira aqueste oculto sitio me has traído? el otro a esta pregunta propuso lo que oí, y aún no lo creo, lo que vi, y aquí lo dudo. Yo soy don Lope Miñón, que rayo me llama el vulgo de Cataluña; a este tiempo, absorto el otro depuso el rigor, y dijo: espera, cómo, di, el esto que agudo mueves contra mí? no sabes que entre los dos si hay alguno que pueda estar ofendido, soy yo? si bien no me juzgo por tal, habiendo ya visto, que humillado al dulce yugo de Himeneo, le has pagado a mi honor lo que era suyo. Respondió el que se fingía ser yo: eso solo pudo en mi extraña condición obligarme, que en mi oculto no sé que espíritu altivo me incita, y sigo su rumbo, no más de por parecerme bien el mal en que me ocupo. Esa que ves lamentando es tu hermana, y la renuncio, dando en aquesta ocasión el Matrimonio por nulo. Y después de que averigües este dolor tan profundo, he de arrojarme sediento al caliente humor purpureo de De Francisco Serrano Carimo. de tu sangre, que este estoque airado aquí en este punto, Lupercio, que al parecer, era el otro, si en el mundo te precias de tan valiente le dice, y de tan robusto te juzgas, tan animoso, ya que de los dos ninguno librarse sin matar puedé, viene a ser, don Lope, injusto, el pelear con ventaja: no hables más, que alo que escucho ya lo entiendo en mi intención, ese estorbo hacer seguro quiero de la parte mía, dijo don Lope, y su orgullo desaprisionó la ropa que ajusto el arte a su eburneo pecho, y espalda, y sacando breve cifra en un dibujo de la Princesa María un retrato al vivo, en cuyo esplendor, el más tirano, mariposa del Sol puro, postrara a su dulce llama el fiero intento más crudo. Esta por ventaja juzgas, cuando yo solo atribuyo a mi valor la venganza, y no a Imágenes de bulto? Vesme aquí ya sin estorbio, sea aqueste tronco el culto diviino, que en sus entrañas venere su luc: no hubo bien pronunciado estos ecos don Lope, cuando el astuto Lupercio airado le enviste, temiendo el daño futuro. Y llegando del estoque la punta fatal, anduvo tan altada, que en el sitio a donde la punta estuvo, De Francisco Serrano Carimo. bañado en humor caliente se vio el penetrante puño. Cayó destroncado al suelo con el ay, que apenas pudo acabar de la palabra la postrer letra; tu orgullo derribó a la tierra el cielo, dijo Lupercio, o perjuro sacrílego contra el bien mayor, aquesto pronuncio compasivio yo, mas él sordo a mis voces, y mudo a la ejecución, saco un puñal, y del adusto cabello la mano enteda, y de un golpe, o cruel verdugo la cabeza de los hombros le divide: aquí te juro, por la divina hermosura, que el cielo por atributo dio a tu ser, la cual venero, dichoso más que ninguno, que hice por parar mi brío por ver el fin, mas no tuvo poder mi razón, y dejo gobernarme de su curso que hecho a matar, ya sediento, hidrópico se introdujo en su vida; yo en la puerta, por ser sitio más seguro para la venganza, afirmo el luciente acero, y suplo fatal de su detención, en aquel breve minuto. En el solio de la Imagen la infausta cabeza puso, diciendo, ya mi venganza logró el acierto que busco. Vinose a mí, y al mirarme en la puerta, se detuvo absorto, mas yo ofendido de la acción que he visto, cubro pisoria en roie e el El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón el rostro con este brazo, y envistiendo, mas no hubo bien la diligencia mía obrado el intento suyo, cuando la puerta me gana, vuelvo a mirarle, y cual bruto herido lanza ligero los pasos hacía el ceruleo golfo del viento, y la tierra intrépido Palinuro, surca huyendo sin hablar, aunque el miedo es poco mudo. Sigo sus pasos, y a poco trecho perdime, y confuso, el tacto me niega el monte, y despeñado apresinro, Faetonte desa eminencia, el cuerpo porbagos surcos. Sangriento el valle recibe mi desacierto, que surto, murmuraba entre la sombra de mi ser lo poco astuto; el cristal, que en estos lances es lengua el blando cuzurro. Llego al valle hecho veneno de rabias con un dilvuio, de pesares con un mar; dejo mi enojo, te busco; encuéntrote entre sus flores, siento, lloro, peno, y sufro, mi carisa, por lo que dices, saco a luz, no me reduzgo a nada, dígote el caso, todo lo que siento encubro, refiérote lo que alcanzo, temo, admiro, ignoro, y dudo, no se lo que me ha pasado, temo aunque lo disimulo, sufro aunque lo estoy callando, lloro aunque no lo divulgo; siento sin saber la causa; y al fin en caos tan oscuro, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón recelos padece el alma, avisos el pecho mudos el entendimiento miedos, y castigos el discurso Y todo en mi condición aunque asombros los anuncio, son ilusiones mentidas en apariencias de humo. Aquí en tus mismas razones la razón se pierde en mí, ni alcanzo el fin de la enigma, ni de tu prodigio el fin Yo en un tronco, como digo, esposo, a la Virgen vi, Madre de los pecadores, y Reina del cielo. . . Aquí mi suceso, y lo que he visto un símil tienen en sí. Esa divina Señora, ciego la aparté de mí, yo la saqué de mi pecho en cierta ocasión; y di, si a mi yerro mucha fama, de mí mismo lo aprendí. Esto he visto, y esto he hecho, en el suceso infeliz de nuestra historia se ve que el cielo lo ordena así, y pues el cielo lo ordena, el remedio es el morir Yo he de morir a tu lado. El Virrey me espera allí, el peligro de su gente estoy conociendo aquí, mi poca suerte estoy viendo. pues que he de hacer? . Resistir. No es muy fácil. . Excusar. No puedo aunque quiera en mí Dejar el peligro. . . Menos. Retirarse. . . Es hecho vil. Pues qué intentas? . . Lo que he dicho No temes? . . Nunca temí. De Francisco Serrano Carimo Eres peña? . . Y aún más dura. No lo harás? . . Por quién? Por mí No esposa. . Por qué? Porque mi influencia he de seguir. Pues tu gusto solo es mío. Eso ha sido para mí lo mejor en este caso. Vamos pues. Dónde? . A morir, que puesto que es gusto tuyo, es precisa ley en mí. Vamos, donde la fortuna disponga en tan fiera lid o mi muerte, o mi venganza. Tus pasos he de seguir. Obligación ha sido el venira este puesto, aunque ha traído con diferente intento asunto diferente el pensantiento: ya tengo los soldados prevenidos a un tiempo, y avisados, para cuando la suerte me los ponga en las manos de la muerte. Quiero en aquesa falda de ese obelisco altivo, a quien le dio librea de esmeralda el tiempo fugitivo, esperar, hasta tanto que vienen los caudillos alevosos, si forajidos, siempre cautelosos, pues miro desde aqueste fértil prado el sitio señalado en la orilla que baña de juncia, y espadaña, el raudal siempre frío del rápido cortiente de eserío. Aquí en esta ribera, que todo el año es verde Primavera, De Francisco Serrano Carimo aunque tantos portentos deslicir han querido de aqueste desafío los intentos, viendo la obligación de tal hazaña, salir a la campaña cuidadoso he querido: Ya el corruscante coche, huyendo de la noche, con trémulos ensayos traslada en los Antipodas sus rayos, y el Virrey no ha venido, mal la palabra que nos dio ha cumplido: pero quiero esperar en esa fuente, porque halle valiente, si viniere el Virrey, a su contrario, no como a su valor, que ha sido vario. Cobardes no han querido venir los dos al puesto, pues ya el sol escondido, niega al luciente día los fulgores que ofrece su alegría. Antes que el sol se aleje segunda vez, y al hemisferio deje, de centellas sembrado, toda esa ejelsa cumbre un Volcán ha de ser con tanta lumbre aquí esperarlos quiero, porque importa me humillo a este partido pues soflegada espero mirar a Barcelona, y vengada la sangre de Colona. Después que le dé muerte al Virrey valeroso; altivo, y fuerte, a Lupercio cobarde he de quitar la vida, pues siendo de los dos el homicida, cantará Barcelona el valor inmortal de mi persona La lóbrega espesura que El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. que en la vistosa alfombra causa la noche oscura, con los borrones negros de su sombra, a todo aqueste valle ha vuelto caos horrendo; mas si engaños la vista padeciendo en mí no está, entre las sombras miro un bulto, en el retiro de ese prado vistoso, sin duda mi enemigo valeroso, aunque tarde, ha llegado al puesto señalado. A esta parte ruido confusamente escucho. Hablando está entre sí, suceso extraño! El hacia mí se viene. Demorir el Virrey de esta vez tiene. Al Virrey de esta vez le doy la muerte, no ha de salir airoso del suceso. Es mi contrario? . . Sí. Mal advertido tu error te ha conducido. Verase el desengaño en el acero claro, y desengaño será de tu osadía tu arrepentido error. Ya es cobardía el hablar. . . Pues defiende tu vida. . Mi valor eso pretende Mal declarados ruidos, en acciones bien sentidas, en aquese valle escucho, salir quiero de esta enigma. Ay de mí, herido estoy. Cielos, el alma se admira, de don Lopa me parece el acento. . . Ahora iras me dejáis? . Dime quién eres. Ahora es tiempo, osadía, para lucir más que nunca; El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. es engaño, o fantasía lo que me pasa? Lupercio sin duda. . Qué determinas? Pues aunque Lupercio sea, es acción bien admitida en los nobles en tal caso, por guardar aquí la vida, solicitarse un desaire el Virrey soy. . Pues anima tu aliento contra mi furia. Oh cobarde, eso públicas, cuando yo vivo me juzgo? mas ya mi pecho graniza rayos. . No valen palabras, mi brío a mí me acredita. Cielos, los que riñen son, según sus voces publican, don Lope, y Lupercio. Cielos, siempre contra mí? . La vida te he de quitar. . Ya más cierta mi verdad se verifica. Muerto soy. . De esta manera haré que mi fama viva. Esto el cielo lo ha trazado, si no se logra, entendida en esta ocasión mi industria, esta es la ocasión perdida, voy a traer a la gente. Hoy ha de quedar escrita en los Anales del tiempo hazaña tan peregrina. La tardanza, de don Lope me ha granjeado está dicha, en este tronco la pongo, porque su gente atrevida se retiren temerosos, vien- De Francisco Serrano Carimo. viendo a su dueño sin vida: mas qué es esto? De este modo esta empresa se conquista. Válgame el cielo! qué miro? el monte llamas bomita. Esposo. Esposo. Aquí estoy. Cómo así sin orden mía tal se emprendió? Los soldados. Vamos pues hacia la orilla de ese río, que los dos caudillos su alfombra pisan. Absorto, y confuso estoy. Así, don Lope, te olvidas? Así, gran Lupercio, dejas. Tugente? Tu compañía? Que me abraso. Que me quemo, Cristiano soy sin mentira, Ay de mí. Apenas las plantas estatuas de hielo vivas, no se mueven de admiradas, ni se alientan suspendidas. Señores, no soy lodio, aunque huelo a chamusquina. Esposo. Pero qué aguardo? quién es? Uno que querían, sin que se llame Lorenzo, asarlo entero con tripas. Botón. Señor. Qué es aquesto? La pregunta es entendida, De Francisco Serrano Carimo. no lo ves arderse todo cómo una cosa perdida? De entre las llamas huyendo me ha traído aquí la dicha. Ciega del humo, y del polvo, sin ley que al discurso guía, buscando a mi esposo vengo. Muerto soy. Beber con guindas, es, señor, lo que estás viendo. Válgame santa Sabina. otañez también se quema, las burlas, y las malicias no han de valer de esta vez Por esta parte perdida a Lupercio busco. Quién aquí mi nombre pública? Yo soy, esposo, Isabel. Señor, pues que viene el día, escapémonos de aquí, que anda suelta la justicia. Aquí están. Pues ahora es tiempo. Mueran. Mientras que. Tu valentía no ha de aprovechar ahora. Ni la tuya. Ay tal desdicha? no estabas quemado ahora? Me escape de las cenizas. Todos las armas rendid. El cielo así me castiga, más cielos, no es el Virrey este que mis ojos miran? Ahora lo conoció, porque El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. porque se ha venido el día. Nada hemos hecho. Por qué? Don Lope falta. Ay desdichas semejantes? . Es verdad, con la fiesta no lo había echado menos. Pues todos le busquemos. . Mas que miran mis ojos! . Bien lo temí. Qué es esto? Desdichas mías. Sosegaos todos, que tiene el tronco letras escritas. Él su muerte se buscó con obstinada porfía. Oíd, que las letras dicen: Quién llegare aquí, conozca que esta de don Lope es, y Lupercio quien la puso, pues yo la puse por él. Muerto don Lope, no vibran enojos nuestras venganzas. Si aquí. Ay de mí, rendida mi señora. . Retiradla por mujer. . Lupercio viva, pues nos ha vengado a todos. Dándole todos la vida, y su Majestad primero, como se la dio algundía, goce la vida Lupercio, y los que con él asistan. Buenas nuevas te de Dios El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. El alma está enternecida de dolor, o infausto joven, de entrañas contra si impías pero ya no es tiempo de esto, pues ni aquí las ansias mías remediar pueden lo hecho, aunque son tan infinitas; y pues todos compasivos me otorgáis aquí la vida, en este sitio propongo de pasarla en una Ermita, cuya devoción será de la Princesa María de Loreto. . Cuerda acción. Ya Vue Excelencia suplica mi humildad, que esa hermosura desmayada, hermana mía. Por vuestra hermana os prometo que de mi mano reciba las honras que ella merece, levándola donde asista con la Duquesa, hasta tanto que la ocasión aperciba, por donde mi obligación quede, Lupercio, cumplida. Yo a mi Otañez le perdono las burlas. Y yo de albricias te doy los brazos. . Y aquí da fin a la historia antigua, que entre Inartes, y Miñones sucedió, donde os suplica Serrano le perdonéis las faltas, pues sacrifica un Rayo con un Prodigio, de su genio corta lira.
