Texto digital de El rayo de Cataluña y prodigio de Aragón (primera parte)
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- Francisco Serrano Carimo
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- Francisco Serrano Carimo Probable
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El rayo de Cataluña y prodigio de Aragón (primera parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rayo-de-cataluna-y-prodigio-de-aragon-el-primera-parte.

EL RAYO DE CATALUÑA Y PRODIGIO DE ARAGÓN (PRIMERA PARTE)
JORNADA PRIMERA
gonp Hola, soldados míos, un instante descansen vuestros bríos, al rigor poned treguas un mitante, que en ese verde del zafir Atlante, cuyo extremo eminente sirve de estordo a ese Planeta ardiente, pues alpasar por el toda la lumbre tiene cuesta que andar hasta su cumbre, hacer alarde quiero de quien soy, pues ya todos JORNADA lo habéis pedido por diversos modos, cuando yo lo he negado, por no ofender a quie el ser me ha dado, pues el culpa no tiene, aunque tiene por ello desconsuelos de lo que influyen contra mí los cielos. Hola Cosme, Fadrí, amigo Bernardo, cómo tardos os veis cuando os aguardo? Ya, Capitán famoso, la obediencia prontos nos trae, señor, a tu presencia. Gusto el veros me ha dado tan obedientes hoy a mi mandado, A El Rayo de Cataluña, aunque siempre estuvistes, quien lo ignora? obedientes, y prontos como ahora; dígalo yo, que he visto veces tantas vuestra fe agradecida, testigos mudos esas verdes plantas, pues si negar quisiera vuestra obediencia ingrato, no pudiera, cuando se, sin mirar vuestros agravios, que puede la razón prestar los labios, y hablar un árbol imperiosamente, pues cuando en todos es tan evidente, que las paredes oyen, no viene a ser en mi arrogancia mucha, que hable una planta, si una tapia escucha. Siendo nuestra defensa tú heroco pecho, fuera grande ofensa (do, no obedecerte en todo. Siempre ha dicho quien eres tu buenmo Fadri valiente, yo estoy satisfecho del proceder honrado de tu pecho. Nada, señor, hacemos, si todos con amor te obedecemos, pues si tu brío, con extraños modos, de los peligros nos defiende a todos, ya viene a ser preciso obedecerte por nosotros no más; cuando no fuera por los méritos grandes que tu suerte contra ti favorable ya te hadado. Cómo valiente, Cosme, eres honrado, pero acábense aquí los cumplimientos, ya que de mí los tres estáis contentos, suponiendo también, como es tan justo, que de todos lo está también mi gusto. Todo se quede a un lado en cuanto a tu razón, mas el cuidado de los tres, yo por todos lo refiero, cuando nos trae tus voces a esta sierra, el intento que encierra tu pecho con llamamos ha ignorado; y licencioso aquí nuestro cuidado, saber quifiera el tuyo; y si se advierte, es por saber, señor, obedecerte. Prodigio de Aragón. Ese es nuestro deseo. . . Pues atento escuchad, y sabréis los tres mi intento. Muchas veces, o famosos dueños de todo este campo, en quien halló la codicia habitación, y descanso, me habéis pedido que diga quien soy a lo cual callando os he respondido a todos, y como habéis declarado que es vuestro intento querer saber a quien humillados están vuestros fuertes pechos, curiosidad que os alabo, pues no fuera razón que a todos humera dado el valor tanta nobleza, aunque sospechoso estando, y a mí, sin saber quien soy, sujetaráis valor tanto, puesto que un Rey ha de ser mas noble que sus vasallos. Rey soy en estas campañas, que vuestro valor, y amparo me asegura la corona; pero a lo que importa vamos. Yo soy, valientes bandidos, don Lope Miñón el Rayo que hoy llaman de Cataluña, pues con mi rigor la abraso. Don Lope Miñón mi padre, que ya en sillas de alabastro pisa alfombras de luceros, fue Señor de Montes Claros. Con esto pienso que os digo que soy noble, sin cansaros en referir mil hazañas que a su sangre han ilustrado. Fuera de que si no fuera hijo suyo, mi vizarro corazón, siempre atrevido, si en esos globos más altos estuviera non De Francisco Serrano Carimo estuviera la nobleza, por ser sitio más vedado, bo y se hubiera de alcanzar con los modos más extrasos O. Jo que tienen los imposibles, ornil sin reservar ningún daño, creo de mí que sediento del honor, fuera volando (eon con las alas de mi brío, y llegara temerario a su trono, por ser noble, aunque muriera en las manos de la empresa, pordifícil, que en mí es tan feo; y tan malo el villano objecto, que tuviera a más feliz lauro dar la vida por ser noble, lo que vivir siendo villano. doqon Con este breve discurso pienso que me he declarado, para que sepáis a quien ononqon obedecéis, mas en cuanto al llámaros a este monte, mi intento es este, escuchadlo, Ya sabéis como ese monstruo Lupercio, del Orbe espanto, que de Inarte es su apellido, 1p me tiene desafiado, osadamente atrevido, y que ya el sitio ha nombrado donde nos hemos de ver los dos solos como honrados. También sabéis que la causa de ponerse en tanto daño, es que le quité a su hermana, mi esposa, la que idolatro, la cual no quise que aquí se hallara, porque es su hermano al fin, y haurá de temer ver que yo soy su contrario, y soy quien soy; mas al fin, yo, amigos, os he llamado, non De Francisco Serrano Carimo para que mi pensamiento consulstéis como tan sabios. Lupercio Capitán es de cuatrocientos soldados, olo que en los campos de Aragón viven robando, y matando. Oficio que de nosotros i p no puede serenvidiado, pues si ellos matan viviendo, irr viviendo también matamos. Este quien duda que a todos les haya contado el caso? no porque valor le falta sb para de cualquier fracaso salir bien, mas porque todos en él vean lo arraigado LO. de su espíritu soberbio, pues sabiendo que yo el rayo soy de toda esta comarca, lamos y viendo en él lo bizarro de su corazón valiente, sujetos a valor tanto, se vean reconocidos de que solamente el brazo tan suyo merece en el mundo ser dueño de brazos tantos Y como a quien tanto estiman, cuando venga al señalado puesto le vengan siguiendo como a su dueño, he ordenado conmigo, amigos, que fuera bien también, pues otros tantos saldados serán los míos, llevarlos conmigo, cuando fuere al sitio, porque si ellos se humieren anticipado a volver por su señor, que encuentren con mi cuidado, saliéndoles al encuentro. De modo, que si gallardo sin los suyos viene al puesto no se entienda que me amparo A 2 ̱o El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. de los míos, cuando el solo sale valeroso al campo, si no que yo voy también solo, quedando ocultados con ingenio en algún sitio; donde estarán, hasta tanto que pague su atrevimiento, o que yo pague su agravio; mi parecer este ha sido, si es con todos acertado saber deseo. . Pues yo responderé en ese caso, dándome licencia todos, or todos! . Ya te la damos. tu midanol Di pues. Cuando el papel vimos que te envió tu contrario, luego por obra pusimos lo mismo que tú has pensado. Porque no era bien dejar, slosa a quien Capitán llamamos, ir solo a tal desafío, no porque valor no hallamos en tu persona, mas porque Lupercio no haya trazado, para vengarse, algún modo como ofendido, o engaño, por donde pierdas la vida, que todos queremos tanto. Mucho estimo vuestra fe, mas no vivís engañados, que al fin he pensado bien? Eso solo es acertado. Pues mañana el día es que Lupercio está esperando. Mañana también verás li seguirte nuestro cuidado. Mas qué es eso? Nada ha sido; este, señor, trae un macho, el cual me tiró dos tiempos, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. y yo como soy tan agrio, o le respondí con dos balas, y dejó de hablar con saltos. Pues qué culpa el macho tuvo? No pude entonces mirarlo, si tuvo, a no tuvo culpa, dejemos sin castigarlos los mulos, quizá otro día nos las tirarán los amos. Cuando las tiren, Botón, entonces es bien matarlos. Que se yo si estaré entonces, aunque me maten a palos, para poder enojarme, que mi enojo es alunado. Aparta, decid quien sois. Señor, un pobre soldado Soldado diréis no más, no pobre, que es excusado, pues siendo soldado un hombre, no puede estar muy sobrado. De dónde bueno venís? l Yo, señor; estoy temblando, viara vengo ahora de Aragón. Qué hay de nuevo en él? Aay tanto, que no lo podré decir, mas hay tres casos. Y son? El primero es, que un diablo de Cataluña, un don Lope Misión, que hasta los muchachos se destetán con su nombre, una noche enmascarado entró en casa de Lupercio Inarte, un hombre estimado en Aragón; y atrevido, a su hermana se ha llevado, donde Lupercio ofendido, su hacienda, y casa ha dejado, sin saber donde se ha ido. El segundo es, que ha faltado estos De Francisco Serrano Carimo. estos días una hija del Conde Alberto, cercano deudo del Gobernador, el cual está ya informado que se la llevó Lupercio; por donde un pregón ha echado, que cualquiera que le diere a Lupercio, de contado, muerto, o vivo, le promete, señor, cuatro mil ducados, y la libertad de un hombre. El tercero es, que un hermano de esta tal hija del Conde faltó el mismo día, cuando faltó su hermana, también dicen que es hombre alentado, y de espíritu valiente, y sabrá vengar su agravio. Estas tres cosas, señor, son las tres causas que han dado mucha admiración al Reino. Válgame el cieloladmirado me deja esta nueva: ola. Señor. . . Dadle cien ducados luego, y un caballo a este hombre, del dinero que quitamos hoy al Rey, que yo curioso pagador de sus soldados quiero ser, porque se animen oda a servirle, id presto. Vamos. El cielo aumente tu vida. . Quién vio más notable caso? qué os parece de estas nuevas? A todos nos ha causado admiración Ahora importa mas, amigos, el cuidado de buscar a mi enemigo ya en Aragón publicado está todo mi suceso. El señor está enojado, De Francisco Serrano Carimo. según su mandato dice. Pueden mucho los agravios en nobles pechos, Fadrí, y así, pues el señalado día es mañana, yo quiero, antes que algún pecho falso, vencido de la codicia, se le entregue por engaños, que de otra suerte será muy imposible el obrarlo, según juzgo de su brío, ire al puesto, porque cuanto más presto fuere le encuentre mi diligencia, y cuidado; de emprender lo que hemos dicho a los tres les dejo el cargo, yo me voy, a Dios amigos, Andrea venga a tu lado, Bernardo valiente, que olamente de tu amparo pudiera fiarla, a Dios. Todos siguiendo tus pasos vamos, Capitán famoso, a recoger tus soldados, vamos amigo Fadrí. Eso conviene, Bernardo; vamos Cosme. . Ya te sigo. Viva el Miñón muchos años. Para ser de Cataluna. Destrozo . Prodigio. Y rayo. Ah de la cumbre erizada, cuya guedeja de espinos. turban la región al aire, empañan al sol los rizos. Ministros de la codicia, y de la soberbia hijos, tan dueños de estas montañas cuanto del Orbe temidos. Con vuestro enojo haced paces, dadle treguas a los bríos, dejad, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. dejad, si podéis soldados, por un rato los delitos. Irocad las siluestres grutas por estos prados floridos, negaos a tanto pimpollo que enmarañado obelisco, tan del todo temerario, por verse del sol vecino, a mayores se levanta con gran parte del zafiro. Recibid la amenidad de este dilatado sitio, donde motetes tomean con el márfil de sus picos, en el fácistol del Aura los volatiles brinquiños. Gustad el terso cristal, que en copas de tanto vidrio deshecho cambiante ofrecen las fuentes de tantos ríos. Mirad que vuestro valor padece grande peligro, faltando de vuestro lado vuestro valiente caudillo. Atentos a su mandado desde Aragón le seguimos, librando en su fuerte brazo el riesgo de los caminos. Ea qué hacéis? como el eco de mi voz a vuestro oído no obliga a lastima, y mueve? sin duda que estáis dormidos, o cobardes al descanso, en la ocasión siempre tibios, os otorgáis al reposo en las delicias del vicio. Mirad que es el lunar bello que naturaleza quiso; dol por las manos del diluvio, poner en ese tendido campo, rostro de quien son la barba tantos alisos, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. siendo el cabello sus hojas, que hermosean sus Olimpos. Ocupan su redondez cho Catalanes enemigos, o amor! espada de quien tantos sucesos han sido heridos, y maltratados con el rigor de sus filos. Dígalo yo, pues por ti estoy sin honra, mal digo, pues si con mi esposo estoy, porque contra mi imagino un pesar de tanta costa, un desaire tan crecido? Miento yo, pues arrojada con el pesar no entendido, que la amorosa pasión en un pecho bien nacido, indeterminado engendra, y lo produce indeciso, pronuncio palabras tales, y tales razones digo. Él es noble, y yo quien soy, ya estoy con él, en él miro una fe sencilla, en mí, y en mi condición inlicios bastantes para mil veces antes; pero harto he dicho para saber lo que hiciera por mi honor, si algún notivo villano hubiera, mas todos estos discursos han sido ofensas de quien adoro, agramos de quien estimo. p Pero él viend, ya a mi amor perdón de todo le pido. criban Hola dueños del mundo, y de cuanto registra el rubicundo carro del Dios de Delo, que lampara del cielo, con ardientes ensayos, esparce Cl el tol in p p T De Francisco Serrano Carimo. esparce luces, y derrama rayos. Dueños digo otra vez de estas montañas, donde escritas se ven vuestras hazañas, siendo fatales plumas los aceros en el papel del prado, tinta el humor de tanto mal logrado, vuestro rigor, a costa de un delito, tantas veces en él habéis escrito, en esta verde margen de este río hoy se ha de ver mi brío. Solamente veloces jamás se han visto en mí, señor, tus voces pues mientras más tus ecos repetidos hallan precisa venta en mis oídos, donde paran por fuerza tus acentos, aunque dejen la senda de los vientos. Oh Diosa, en quien el reflejo de la Aurora se mejora, pues cuando quiere la Aurora afertarse sin su espejo, cuanto matiz cuaja armiño, y lo traslada a su mano, sin tu esplendor soberano se le vuelve en desalino; de mis voces el destino era llamar a mi gente, pero tu amor de repente la salteó en el camino, diciendo con tal encuentro a mi yerro tu piedad, yo te enmendaré, parad en mí que soy vuestro centro. Ahora es buena ocasión, para que el ingenio diga su pesar, y mi fatiga, y quede con mi opinión bien puesta aquí en este empleo de amor; con mis dudas lucho, pues las razones que escucho las desmiente lo que veo, siendo en estas confusiones muy diferentes, sospecho De Francisco Serrano Carimo. lo que siente aquí tu pecho, y lo que hablan tus razones. pues a quien siendo tirano, tu pecho con mil primores da forma a muchos amores, y detención a una mano. Solo el nombre de tu dama tengo en el monte, señor, teniendo riesgo en mi honor, y gran peligro en mi fama. Estar a tu gusto atenta a este monte me has traído, dando a mi honor el olvido, y la memoria a mi afrenta. Sin llegarmás a ofender, que con la acción referida, a quien soy, porque la vida fuera lo menos perder, Lupercio, en esta ocasión, que las que son bien nacidas han de perder dos mil vidas antes, pero en conclusión, el casono es este, digo, para hablar más claro, que tu espada muerte me dé, que bien merece castigo la que quiso inadvertida verse en un lance tan fuerte. Isabel, espera, advierte. Tú me has de quitar la vida, no hay que esperar, ni advertir. Oye sola una razón, que da por satisfacción mi fe. . Si quieres decir lo que siempre has referido, que has de pasar muy constante a ser esposo, de amante, eso ya yo lo he entendido. No Isabel, oye, y verás que si hasta aquí te negué mi mano, ha sido porque te estimo, y te quiero más. El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. Di pues. . Yo vivo ofendido, soy quien soy, ahora piensa siera bien que con la ofensa quisiera ser tu marido. La vida que está ofendida es muerte, si bien se advierte, luego si es mi vida muerte, antes aquí agradecida habmías de estar, no quejosa, pues en lance tan esquivo, no quiero, pues no estoy vivo, sin vida que seas mi esposa. Ofendido? . Isabel sí, y en mi honor. . Cosa notable! Y porque más bien entiendas el discurso, y me declare, prestame atención, sabrás el suceso, y mis pesares. Referirte que soy hijo de don Agustín de Inarte, apellido que Aragón hoy venera en sus Anales, es excusado, supuesto que todo, Isabel, lo sabes, en cuanto a mi nacimiento, paso pues a lo importante para responder al cargo que a mi fe, Isabel, le haces. Diome el cielo, siempre airado contra mí, y contra mi sangre, una hermana muy hermosa, pluviera al cielo que antes que su hermosura en el mundo fuera admiración de amantes, secreta muerte le diera el humor que engendra el Áspid, y se quedará sin ver del día la luz flamante, cadaver con las tinseblas de la noche de mi madre. Esta pues inadvertida pulo su amor, mujer fácil, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. en un don Lope Miñón, según me ha informado un paje, testigo de esta deshonra, a quien después de informarme del suceso que aquí siento, le di muerte, por quitarle a mi honor este testigo, que ya su delito sabe. Tanto poder tuvo amor con su razón, que llevarse dejó de su falso estilo, donde después de contarle a su vil amante que yo quiero que en Flandes case con un mi deudo muy rico, honor de nuestro linaje, el atrevido le dijo, viendo que ya adeclararse legó el secreto, y mirando su disgusto en las señales de sus palabras, o aleve! que hacienda tienen sus padres en Cataluna sobrada, para que envidiados pasen en ella, donde mi intento no llegara a ejecutarse. Diose palabra de esposo, o modo, o rigor notable obno de que usa el ingenio, para majam? dar la muerte! pero baste lo dicho, ya que la suerte cómplice también me hace en este antigno delito; aunque como ya se sabe mi intento, en mí se supiera el suyo, fuera bastante a suspender mi rigor el conocer que constante ha de pasar, siempre noble a ser esposo, de amante. Creyó al fin lo que le dijo, fuese con él, estos lances del De Francisco Serrano Carimo. del mismo a quien di la muerte supe hasta aquí, lo restante de mi suceso infelice oye; o quién entregarle pudiera aquí mis razones al silencio, por no darle al alma tan grave pena, quien modo tuviera, o arte para dejar por decir lo que es fuerza que se hable, pues se ha de dar a entender, mas entre unos, y otros males, alma, morir os importa, si queréis aqueste instante vivir, no sepáis de mí mas de que voy a vengarme. Llegaron a Barcelona su patria, donde una tarde, dos días pasados solos, después de ver a sus padres con un caballero tuvo un muy apretado lance, tanto, que los dos a un tiempo, sin reparar que en la calle del Palacio están se envisten en la mano los diamantes. Mató al fin a su contrario mi enemigo, que de un Grande de Cataluna era hijo: viendo pues que no escaparse podía sin el castigo, siendo tan alta la parte del muerto, parte a su casa, coge a mi hermana, y del aire fiado, en un alazan, a los montes Catalanes se retira, donde supe que una escuadra de cobardes bándidos, por su valor, dueño, y Capitán le hacen de cuatrocientos soldados, Allí beltiendo la sangre De Francisco Serrano Carimo. de los pobres pasajeros, me han dicho que ufano yace en compañía de aquella vil hermana, sin que a darle la mano de ser su esposo se otorgue, o porque arrogante se juzga dueño del mundo, o porque mi suerte pase a ser infeliz del todo, quien lo dudar esto es muy fácil. En este estado las cosas de mi afrenta están, yo que antes te amaba que sucediera esta desdicha, hizo alarde mi brío consigo mismo, lamando para el examen de mi honor a mis sentido y potencias, donde sale de la Audiencia de mi pecho, que parta luego a vengarme, o qué firmarán al punto todos como soy infame. Yo te amaba, como he dicho, a este tiempo, fuera amante verdadero, si a morir me partiera sin llevarte? Si contigo está mi vida, fuera acción noble dejarte a que tu padre otro día, viendo mi ausencia, te case? Y que yo que vivo en ti te pierda, cuando en amarte estoy empeñado? y fuera bien, Isabel, que a matarme viniera con mi enemigo, y que vida no llevase para solo tener bríos con ella? y también por darle la victoria a mi contrario, si él acaso me matase, y no que tenga ocasión conmigo que a un muerto mate, pu- El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. pudiendo matar a un vivo, que es hazaña más loable Por esta ocasión, mi bien, te dije lo que ya sabes, verdadero, no fingido, porque pudiese obligarte, a que siguieras mis pasos, para que honrado te pague la obligación que te debo a su tiempo, sin que falte un punto a la ley de noble. Llegué al Belloc, ese Atlante de hiedra, donde ya viste que impidieron mi viaje una escuadra de bandidos, disparan sus pedreñales los dos, ninguno me acierta, acudo beloz, y antes que pudieran socorrerlos los demás, en un instante maté de los siete a cuatro, por entre las ramas salen los que viste, y compasinos, dicen que mi enojo pare, que me perdonan la vida, con cargo de que quedase por su Capitán: yo viendo la ocasión que allí le trae la fortuna a mi venganza, otorgo, y luego en los balles; pero al fin lo que pasó, todo entonces lo miraste. Decirle como envié ayer a desafiarle, que a Cataluña he pasado, con intento de matarme con mi enemigo; y que ya el sitio don Lope sabe, es darle un cuidado, puesto que es mujer, y encasos tales, la obligación que le toca a un hombre nobleno sabe El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. la más cuerda, y así quiero este secreto callarle, porque su llanto, o su ruego no se opongan a estorbarme, lágrimas que el suelo enjuga, palabras que lleva el aire. Haber pasado, mi bien, a Cataluña, es buscarme crédito en cuanto a mi honor, pues sabiendo que estas partes son sitio de mi enemigo, el no venir a buscarle, era descrédito mío, que es tan sutil el linaje del escrúpulo en la honra que se admite por cobarde quien para vengar su ofensa las diligencias no hace para este caso posibles, sin que un punto en nada falte, a prevenir por los riesgos los modos para vengarse. Este es mi suceso, y esta la ocasión de tantos males como padezco, esta ha sido la que ha podido estorbarme de ser tu esposo, ahora mira si cuerdo he sido, o si amante ingrato, siendo quien soy a una mujer de tus partes, no ama de dar mi mano, cuando el duelo por infame me pública, si bien ya no puede ese nombre darme, puesto que hace mi brío cuanto puede de su parte, para no verme sin honra, aunque mi hermana fue fácil, Este ha sido mi cuidado, estos todos mis pesares, esta ha sido mi congoja, estos han sido mis males, esta esta la pena que siento De Francisco Serrano Carimo. y estas mis ansias mortales. No sé en tanta confusión, Lupercio, que responder, pero dárame a entender aquí una comparación. Viste un caminante, que con la escuridad perdió su viaje, y cuando vio a la luz, su yerro ve, vuelve atrás con pena grave, juzgando que necio fue pues es como quien no ve el que el engaño no sabe? Viste un marinero andar por el mar de noche incierto, que el aire le niega el puerto sale el día, y a cobrar vuelve, si perdido fue, lo que en el naufragio cabe pues es como quien no sabe el que el peligro no ve? Y los dos en un instante ven alivio del pesar, el marinero en el mar, en la senda el caminante Así yo el camino erré que tu secreto tenía, salió de tu voz el día y lo perdido cobré, Vi de tu nobleza el puerto y el viento de confusión, desvió a mi corazón SEGUNDA De Francisco Serrano Carimo. de creer lo que es tan cierto. Por donde estando ignorante de lo que ya has referido, a mi amor le ha sucedido lo que al otro caminante. Y no sabiendo primero tu ofensa, advertido piensa que en ese mar de tu ofensa soy el otro marinero Véngate sieres mi amante, ya en mí paró mi porfía, pues encontró luz, y día, marinero, y caminante. Tu ofensa siento por tu en mí, que tu vida soy pues si tan contigo estoy, y sin ti no estoy en mí, claro está que yo no soy quien soy, si no siento así, que sintiendo el que está en mí siento porque en él estoy. Hasta no saber el caso, pude juzgarme ofendida y así yo también sin vida estoy. . A cobrarla paso a Barcelona, Isabel, mas por ti que no por mí Pues vamos presto de aquí. Oh cómo ahoga el cordel de la ofensa! vive Dios, que he de vengarme cruel; sin vida voy, Isabel. Sin vida vamos los dos. .
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA segunda En estos prados, que de flores llenos, han venido a ser más, por ser amenos que en dos partes divide la luciente espada de esa fuente, cuyo corte sonoro rasga esmeraldas por arenas de oro, es el lugar a donde me avisó mi contrario que viniera, él no puede tardar, ya en la ribera esa vena que el mar soberbio arroja, que tantas faldas de caucaso moja, que B2 El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. quedaron escondidos mis soldados. a un tiempo prevenidos, y avisados de aquello que han de hacer, y así entre tan que mi contrario viene, (to en la sombra que ofrece este amaranto, quiero esperar, pues mi cuidado tiene quien le brinde al descanso, con los regalos de un Fabonio manso. En este verde prado, si se permite al bien un desdichado, cuando tanto lo he sido, el bien quiero gozar que me ha ofrecido la soledad en esta parte, donde el recreo se esconde de las aves, y fieras juntamente, pues cada cual en sitio diferente, los bramidos aquí, allí lo suave, hallo el bruto, y el ave, uno palestra de sus silbos roncos otras capilla entre los secos troncos, cuando ha venido; y miro este recreo de Aragón a la posta mi deseo. Gozar quiero un instante destasombra, mientras que mi caballo ya cansado pace la hierba de la verde alfombra; mas una fuente ha visto mi destino, quiero sentarme al margen cristalino, y pasar el dolor que me atormenta de una hermana cruel que así me afrenta. Después que en la presencia de mi gente di mi mano a Isabel, sol refulgente de cuyos rayos, con eterna fama, pienso arder mariposa de su llama, en un jardín entramos, y el deseo ocupose lo más en su recreo, y en lo agradable atenta, y divertida, quedose al fin dormida, yo salí por su puerta, con aviso de no sentir pisar, ni aún lo que piso, y al sitio señalado, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. la diligencia, el brío, y el cuidado tan veloz me ha traído, que con ser yo, por Dios, el que ha venido, pienso que aún no he llegado tanto puede el valor, tanto el cuidado pero si no me engaña mi deseo, a mi enemigo en la estacada veo, el primero ha llegado, pero yo pienso en mí que no he tardado, porque a mi obligación contino atento estuvo antes que yo mi pensamiento. Ya Lupercio está aquí, ya esto es he el valor de mi pecho (cho, hoy ha de ser mi amparo solamente. En lance tan urgente. En tan pesado caso. Solo me ha de valer mi fuerte brazo. De esta espada la fuerte resistencia ha de sacarme en paz de esta pendencia En este lance, don Lope, me ha pesado por extremo, siendo yo quien os llamé, de no haber sido el primero que el sitio ocupase, mas quien viene ahora es muy cierto que antes hubiera venido, a poder ser. . . No loniego. Yo satisfaceros quise. Para mí, señor Lupercio, excusada viene a ser la satisfacción, pues creo de vuestro valor, que a ser posible, lo humerais hecho autes que yo, pues si ahora lo hacéis cuando yo os espero, sin esperaros, quien duda de que no lo hicierais? Dejo las corresías, pues vos de mí estáis tan satisfecho, y paso a lo que me importa; ya sabéis, pues caballero sos, De Francisco Serrano Carimo. sois, para que yo os podré llamar Que lo sé es muy cierto, pues desafiado he sido u ̱. Confesad también que tengo mucha razón. . . No lo ignoro, mas no he de satisfaceros con palabras, que muy bien en esta ocasión hacerlo pudiera; pero conmigo, si os la doy, quedo mal puesto, habiendo elegido ya para vengaros tal medio. Satisfacción puede haber qué baste a mi agravio? Eso en mis razones se viera, pero no he de ser tan necio que me solicite un daño por excusarme de un riesgo. Pues si tan mirado estáis, y tan curioso os contemplo, quiero estorbaros el daño y buscarme a mí el empeño. Declare pues esta enigma la sutil lengua de acero Ella sola sobre el caso sabrá decir lo que siento. Dos hombres en este prado solos riñen, a que espero que no apaciguo su enojo? teneos, amigos, qué es esto? Esto en los nobles es fuerza. Válgame el cielo! qué veo? Mi desdicha lo ha traído, pero válganme los cielos, mi enemigo aquí? ay de mí! apenas el caso creo, aquí don Juan? caso extraño Mármol soy, mas con aliento. Peñasco soy, mas con alma. Vive Dios que estoy sin seso, De Francisco Serrano Carimo. los dos a un tiempo admirados están, el caso no entiendo. Qué he de hacer en este lance? Qué he de hacer en este aprieto? Mas ya se lo que he de hacer, cobrar mi honor es primero que todo, conmigo ahora habéis de reñir, que tengo que hacer, después de mataros, con quien vos estáis riñendo Eso es decir que mi brío hacer no puede lo mismo que vos pretendéis hacer, dejadme matarlo, y luego, quedando en el campo solos, después los dos nos lo auremos Esto es bueno, vive Dios, que es más que gracioso el cuento, sobre cual ha de matarme están pleiteando, bueno, bien medrada está mi vida, si por Dios, con sus intentos. Esto ha de ser, si gustáis. Si gustáis, ha de ser esto Convenidos están ya, ello está muy bien dispuesto, pero no juzgan si yo acetaré, o vendré en ello. En qué os habéis resolvido? porque yo también pretendo saber a cual de los dos tengo de matar primero. No tenéis más que saber, si no que yo y vos habemos de reñir. . Ya he declarado que no he de pasar por eso, pues no estándome a mi bien, que no he de aceptar es cierto. Yo también digo lo mismo. Pues cómo ha de ser aquesto? Yo os lo diré. . . Decid pues. La ocasión de haberos puesto los El Rayo de Cataluña, y los dos en este peligro, no será de tanto peso como mi causa, pues es cosa que a honor por lo menos toca, y así si es menor que esta vuestra causa, os ruego que dejéis cobrar mi honor. Acabadlo con Lupercio, que conmigo está acabado. También lo estuviera creo, a no ser también mi causa como la que habéis propuesto, pero le toca a mi honor a venganza como al vuestro. Pues algún medio ha de haber, para que los dos quedemos satisfechos de la ofensa. Él cómo, yo no lo entiendo. Yo lo diré. . Decid pues. Que los tres suertes echemos para ver cual de los tres no ha de reñir, advirtiendo que ha de dejar a los dos, hasta que uno, o otro, muerto se vea de su contrario sin moverse. . Yo lo acepto, por la esperanza de ver el fin de mi agravio. . . Ello ha de ser de esta manera Mi venganza veré presto. Soldados, por esta parte acometed, que la sierra hoy ha de arderse con guerra. C Qué desdicha! Botón, guarte; señor, dime donde estás. Botón. . Señor. Di qué es esto. Ay de mí, si no vas presto, muertos, o presos verás a los tuyos. Prodigio de Aragón. Pues qué ha sido? El Veguer con dos mil hombres nos emvistió, no te asombres, que a mi más me han parecido, diciendo mueran, advierte, mas aunque tuve, así es, mucho miedo, y pocos pies, con todo he venido a verte. Qué hemos de hacer? Acudir a defender nuestras vidas, pues si no serán perdidas. Ello es fuerza prevenir medio. Pues todos partamos, que después lugar tendremos de vernos, como quedemos con las vidas. . Es bien, vamos. Esto es fuerza. Esto es forzoso. Pues a animar los soldados vamos Con nuevos cuidados parto Lance fuerte. Qué gracioso el cuento para mí ha sido, vayan muy en hora buena a reñir, que yo de pena he de quedarme escondido en lo alto de este serro, desde aquí podré juzgar el que llega a pelear más bien, lo demás es yerro. Ay de mí, perdida soy, mal al susto me resisto, a mi hermano, ay Dios, he visto, que he de hacer?a dónde voy? El Veguer de Barcelona a la gente acometió, y luego se retiró, por De Francisco Serrano Cárimo. por defender su persona, viendo que tantos soldados estaban en la emboscada, de entre ellos salí turbada, donde vi entre mis cuidados a mi hermano, sin querer, yo le encontré, él al pasar mirome, y yo sin mirar a su acción, salgo por ver si a mi esposo acaso encuentro. h Entre la mezclada gente, a mi hermana de repente, a de mis desdichas centro, vi, cuando se retiro el Veguer de la emboscada ella fue, pues recatada su cuidado declaro, que era aquella aleve Europa, dejo de entrar en la gente, y el cuidado diligente me desvió de la tropa, sigola, pude tomar la vuelta, donde mi agravio quise vengar cuerdo, y sabio, cuando el Veguer sin pensar le halló en la montaña, donde con la gente que ha traído animoso acometió: mi valor no corresponde a quien soy, si aquí consigo una porfía tan vana, como es vengarme en mi hermana, y dejar a mi enemigo en peligro tan costoso y así, honor, a donde estamos es preciso que acudamos a Lupercio, esto es forzoso, que mi brazo siempre fuerte puede en pena tan crecida De Francisco Serrano Cárimo. ibrarle ahora la vida, y después dalle la muerte. El Veguer por esta parte, su gente por este lado, envistiendo han imitado uno a Alcides, y otro a Marte. Pero qué he de hacer aquí, si cuando todos alrados se acometen los soldados? entre la gente, ay de mí, de mi enemigo, a tirana, aunque recatarse intenta el principio de mi afrenta vi, ya he dicho que es mi hermana, amenazando el castigo con razón, y justaley, aquí un ministro del Rey busca airado a mi enemigo, y no vienen a ser buenos medios los que intento aquí, pues es empezar así mi venganza por lo menos. Defenderlo es mejor modo para mi venganza, que yo después lo mataré, y me vengaré de todo Mil vidas aqueste agravio ha de costar, y aún es poco. El pelea como un loco, y yo miro como un sabio. Su espada arroja más lumbre que de artisteria un tiro, bizarramente le miro, como es vengarme en mi hermana, sin recibir pesadumbre. Ahora un reves tiro con la furia tan violenta, que algunos ciento y cincuenta me parece que mato. Mas buscando viene acá a los que dejan la guerra. El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. Yo herido, y toda la tiersa un estallido no da? La sangre quiero dejar salir por mis venas totas. porque salgan muchas gotas para tener que vengar Mientras más fueren perdidas, mas muertes tendré que dar pues cada una ha de costar un millón, y más de vidas. La gente dejé impaciente por vengarme, vive Dios. Y yo por verme con vos deje también a la gente, a muy buen tiempo he venido. Antes, si se considera, mucho mejor tiempo fuera si no estuviera ofendido. Ahora he de daros muerte, pues iguales nos halló la dicha, reñid, que yo estoy de la misma suerte Si lo haré, pero os advierto que estoy muerto, y no está bien Muy bien sabéis que también peleáis con otro muerto. Esa es ya muy conocida ceguedad, si bien se advierte, veis aquí que me dais muerte, a nadie quitáis la vida. Luego no quedáis vengado, puesto que no hay parte en mí para que os venguéis así, que mi agravio no ha llevado. Dejadme aquí, si queréis cobrar la vida perdida, y así después tendré vida para que vos me quitéis, Mi vida la ofensa ha hecho, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. hoy sin ella vivo yo, luego si ella os agravio no quedaréis satisfecho menos de que viva en mí, para que en mí vos le deis a ella muerte en mí, y quedéis vengado en mi de ella así, porque sin mi ahora estoy, cuando en mí me juzgo así, y no siendo en mí el que fui, quien os ofendió no soy. Eso es querer obligarme a suspender mi rigor, si vos estáis sin honor cuando yo puedo vengarme. Porque ha de daros perdón mi ofensa, y daros lugar, para que os vais a vengar, siendo contra mi opinión? Yo ahora valiente, y sabio a quedar bien me apercibo, después vos si quedáis vivo podréis vengar vuestro agravio. Diga el acero ofendide lo que no queréis saber. El mío os dará a entender lo que no habéis entendido. Por está parte soldados, seguid mis pasos, amigos. Aunque somos enemigos, cuando estamos empeñados en ocasión tan crecida, solo por tener lugar para poder ne vengar, por el perderé la vida. Cobardes pues mi valor os sabrá hacer mil pedazos De Francisco Serrano Carimo. Aquí tienes nuestros brazos. Retirarnos es mejor Dios ponga tiento en mis pies, porque en mis manos no siento en mí que les sobra tiento, hoy es el día, o el mes Pero quiero decendir, y buscar más alto muro, donde pueda estar seguro de este Gigante reñir. Botón, yo vengo sin seso, y he de morir con la pena. Pues muere muy notabuena que yo no estoy para eso. Has visto mi bien? . A quién? Y si ha muerto, dónde he de ir? No señora, ya el morir no está para hombres de bien; te harán falta sus regalos. No sientes. Yo en esta cumbre no tomate pesadumbre, aunque me maten a palos, qué he de sentir? narto siento. Qué sientes? Mas de cuarenta que he muerto por buena cuenta, y ya he hecho juramento de no ponerle la mano a ningún Cristiano. Lloro su ausencia. Ni a ningún Moro. áígueme Si por lo llano hemos de andar, ya te sig pero si te vas a entrar almonte de pelear, haz cuenta que vas sin migo De Francisco Serrano Carimo. Tu vista pudiera sola hoy apaciguar mi brío, Andrea, pues cuando estoy entre tantos enemigos, menos de con tu presencia no suspendiera el castigo de la ofensa que me han hecho. Y con la tuya, bien mío, ha cobrado nuevo aliento mi vida en este peligro. Vengo, Andrea, de tal modo envidioso a un tiempo mismo, y contento, que neutra! no sé a cual me determino de estas dos cosas en mí, o al contento que recibo o a la emulación que tengo. Lo que dices no he entendido. Pues darételo a entender; yo tengo un cierto enemigo en este monte, y tan diestro, tan valiente, y tan altivo hoy ha andado en mi presencia que sus bríos han podido causar envidia a mi brazo, cuya ocasión ha podido alegrarme de tal suerte, que estoy como ya te he dicho, pues conociendo yo en mí mi valor, cuando en él miro el suyo, me alegro, pues me da ocasión, y en mi digo, este merece en el mundo pelear solo conmigo. Ves aquí como ser puede estar, como he referido, a un tiempo con las dos cosas, envidias, y regocijos. Efectos de la nobleza C son, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. son, don Lope, esos designios, ahora que hemos de hacer, cuando el Veguer este sitio ha dejado a pesar suyo? Si el Veguercobarde quiso dejar la campaña sola por el temor de los míos, yo no puedo salir de ella, que a ella llamado he sido, y hasta que me vea, Andrea, el que me llamó, es preciso estar en ella. . Pues quién ha sido tan atrevido l en el mundo, que a llamarte haya osado? I oiomior El que te he dicho. Déjame a mí, que yo sola saldré por ti al desafío. Tu espada para su cuello tiene muy botos los filos, fuera de que si le ves, es tan galán, tan lucido, que no has de querer matalle de lástima, Andrea, digo, no me culpe aquí tu amor Disculpado estás conmigo, que aunque es mi amor Rodamonte, Aragones no ha nacido. Que tan valiente, y tan diestro es, Impercio, tu enemigo? Tantos al entrarmato de la pumerrociada, enemigos, que sembrada la tierra toda dejó, donde sus golpes esquivos o fueron en matar tan ciertos, que por no ver tantos muertos, dejaron a muchos vivos. Y aquí un cuerpo sin la vida, pensando que vivo estaba, vi que como vivo hablaba, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. no te espante, que la herida tan de prisa fue, repara, que si a mí me sucediera lo que a este, también lo hiciera porque a cualquiera engañara. Y puesta ya en esta empresa, p vi a otro cuerpo a este proviso, sin la cabeza, que quiso servirse de otra cabeza. Cogiola, extraña osadía! y al cuello se la midió, mas que no era suya vio viendo que no le venía Notable caso! Pues más lo hecho que lo contado ha sido. . Qué determinas? Buscar solo a mi contrario. Espera. Ay de mí! mi hermano. V Andrea, yo estoy contigo, el temor aquí es en vano. aro Este, Isabel, es quien busco. Moriré pues a tu lado El que está presente, Andrca, es el que aquí me ha llamado. Yo contigo he de morir. n Mas dilaciones mi agravio no pide, y así, don Lope, volved por vos Será llano. . Pues cuando riñe mi esposo, yo no lo he de estar mirando. Ni yo parada he de estar. Riñamos pues Pues riñamos. Fuerte pulso. . Qué brioso! Qué valiente! Qué alentado! Qué diestra! Qué temeraría! (zarro. Es muy fuerte Es muy vi- De Francisco Serrano Carimo. La espada se me ha caído. Pues alzadla, que mi brazo a nadie quitó la vida que no la tenga en las manos. Desgracia fue. Su nobleza esto pide. . . Sosegaos Tened el rigor un poco Si no me habla la mato Si de los merecimientos no pueden los deseraciados sucesos, ni las desdichas excusarlas puede el sabio, pues ningún sujeto puede la influencia de los hados, revocar en lo presente, Lupercio, se ha visto claro lo que refiero pues bien ha dado a entender mi brazo que no nació la desgracia de haberse visto aquí flaco; si no de la elección que contra mí han hecho los hados Y quisiera, si por Dios, que de otra suerte este caso sucedido hubiera, para que un hombre tan alentado fuera mi amigo, mas ya que cómo lo habéis mirado ha sucedido, y no puedo, porque a mi nobleza falto, aquí ser amigo vuestro, bien lo sabéis, pues faltando en la pendencia mi espada, aunque lo dispuso el hado, falté a la correspondencia del lance en que nos hallamos, y faltando el instrumento de la parte mía, falto a mi noble sangre, liego siendo quien soy es muy llano que aunque vos no lo queráis, De Francisco Serrano Carimo. he de ser vuestro contrario, por dos cosas: la primera, es, que habiéndome llamado a pelear, mi valor la muerte no os dio en el campo. La segunda, es, que mi pecho, siempre en todo tan bizarro, lleva mal que vuestra espada haya tan airosa andado con mi vida, pues pudiendo darme la muerte, ha dejado la ejecución, por quedarse, Lupercio, con todo el lauro, cosa que desluce mucho a la opinión que he ganado. Pero porque os aproveche la diligencia, y cuidado que en volver por vuestro honor habéis puesto, aquí mi mano ofrezco a Andrea, en presencia vuestra, con que satisfago de mi parte vuestra ofensa, y firme a su amor le pago. Y me ofrezco a ley de noble a ser suyo, esto quedando con la vida, porque ahora de vuestra parte ha faltado para quedar yo bien puesto, que como yo desgraciado seáis riñendo conmigo, como lo fui peleando con vos, y así si hasta ahora me habéis andado buscando para quitarme la vida desde luego he de buscaros para quitaros la vuestra, defendeos. . Sosegaos. Porque vos antes lo hicisteis, sabed que ahora lo hago. Yo no sé qué responderos, por Dios, en tan apretado lance como habéis propuesto, ni A El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. ni entiendo el que habéis formado duelo en la ocasión presente, mas respondo al primer cargo, después de haber a mi enojo para con vos sosegado, doy satisfacción, que menos no aguardara a puntos tantos. Hay razón en ley alguna, que si uno fue descuidado, otro su descuido pague, de vuestra fortuna acaso? y soy dueño, ni yo puedo, no pudiendo yo quitaros lo que vuestra estrella os da? pues si yo parte no alcanzo en lo que a vos os sucede, ni menos puedo estorbarlo, porque habéis de formar queja de mí, y tomar por agravio una cosa que sucede, cómo lo visteis acaso? Y me tiene sin mí el ver que el escrúpulo ha pasado los términos que en sí tiene la razón, y aunque he quedado satisfecho en una parte, me habéis de modo obligado por otra a irritar mi enojo, que es menos en tal cuidado de estar satisfecho el gozo, que el enojo que han causado vuestras palabras en mí, mas quien llega a saber tanto, también sabrá que es forzoso el mirarme apasionado, puesto que me dais la causa, y así ahora dejo a un lado la ofensa que hasta aquí tuve, y en nueva ocasión entrando, quiero buscar con vos mismo pordonde quedéis pagado. Pero advertid, que si ahora El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. vuelvo a reñir, y mataros puedo, que no he de dejar ance para que preciado de sabio sutil halléis ofensa que no se ha hallado en ley alguna hasta hoy; mas cuantos puntos, y rasgos, ecos, palabras, acentos, huviere sobre este caso, ya son para mi veneno, pena, muerte, ofensa, enfado, no he de buscarme a mí mi deshonor por buscaros crédito en nuestras razones, opinión en nuestros cargos, y así defendeos, don Lope. Yo conmigo estoy seguro. Yo sola pienso que basto. Yo pienso que basto sola. Alto, don Lope, a las manos. Esperad, muy bien sabéis el estado en que dejamos nuestro negocio, y ahora, pues a ocasión he llegado, para que pueda acabarse, ha de quedar acabado. En mi enojo no hay lugar de nada. Esperaos un rato, porque os importa también lo que he de hacer, si el cuidado que os obliga es conociendo quien soy, que le dé la mano a vuestra hermana de esposo, cosa que mi pecho honrado aurá de hacer, sin veros en el negocio empeñado, pues para engañar soy noble, veisla aquí, con que le pago a su amor; y a vuestro honor lo que les delio, De Francisco Serrano Carimo. Yo gano mucho en eso, y doy por bien empleado el que he gastado tiempo en aquesta demanda, porque yo nací obligado a hacerla, es fuerza. Esto hecho, don Lope, por igualarnos os dos en las cortesías, pues si vos el embarazo de no cumplir la palabra quisisteis echar a un lado cortés, yo no he de ser menos, porque si acaso aquí os mato, sepáis que la muerte os da un hombre que quiso honrado pelear con vos tan libre, de que otro culpe su trato, como yo en esta ocasión de vos lo tengo juzgado. Vive Dios que no creyera de otro que yo tan bizarro modo de satisfacer; aquí ha mentido el Adagio, que dice: No puede ser hallarse proporcionado valentía, y discreción, y lo hallo en mi contrario. Quién es noble, ha de pensar que otro que ha nacido hidalgo ha de hacer lo que él hiciera. Ya juzgáis apasionado, y en nada hemos de acertar. Pues corrijan nuestros labios el freno de los aceros. Apenas, aunque lo he visto, creo lo que me ha pasado. Cómo, Capitán famoso, ahora nos has dejado? Cómo, Lupercio valiente, De Francisco Serrano Carimo. aquí nos faltó tu brazo? . Cómo descuidado estás? Cómo estás tan descuidado? Cuando enojado el Veguer, ha vuelto a verse en el campo. Cuando aquí el Gobernador de Aragón trae mil soldados Si no vas, perecen todos. Si no vas a remediarlos, los verás presos, o muertos. Si allí les falta tubrazo, los verás a todos muertos. Mueran, amigo Bernardo, pues muero yo, mueran todos, yo soy primero, a qué aguardo? Mueran, amigo García. Ea, pues todos muramos, que si yo acaso muriere, por lo menos muero honrado. De esta vamos, esto es hecho. Esto es hecho, de esta vamos. Para mi valor el mundo es poco, que soy el rayo de Cataluña. . Diez mundos son pocos para mi brazo, que soy de Aragón prodigio. ̱. A ellos volved soldados, V no senos escape alguno, y poned muchacuidado de El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. JORNADA de traer vivo a don Lope. a ipe Del monte bajad al llano, donde la emboscada está, y vendrán a nuestras manos; ninguno mate a Lupercio, El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. esto, amigos, os encargo, Huye esposo. a ipe Del monte bajad al llano, Esposo huye. Yo soy prodigio. Yo rayo.
JORNADA TERCERA
JORNADA tercera Muy bien, señor, ha sucedido todo. Mi diligencia se ha buscado el modo para que a todos los prendamos juntos. Uue Señoría en todo anda avisado. Nuestro intento saliera muy efrado si no nos retiramos a estos valles, JORNADA para que nos siguieran, y obligarles a retirarse al monte, viendo que eran nuestros soldados tantos pues podemos ahora, aunque no quieran cercándolos a todos, cogellos vivos. Tan extraños modos son, señor, hijos de tu gran prudencia. No ha de valer es hoy su resistencia; vuesa merced, como hombre que la tierra sabe, por esta parte ha de ir entrando, y yo por esa falda de la sierra he de entrar con los míos abrasando cuantas hojas, y plantas baten al viento con lisonjas tantas; impórtale a mi honor la diligencia, y como cosa que me importa tanto, he de volver por el con gran prudencia, pues bien la han menester sucesos tales. Tu consejo, y valor ya son iguales, pero un bandido trae tu gente preso. A obrar la ejecució valiente empiezo. Este bandido, señor, cogimos, porque a su gente dejó, y aunque él muy valiente pretendió con su valor defenderse, en vano fue su notable diligencia, que toda su resistencia no le ha valido, porque una escuadra le cercamos y en efecto le vencimos, TERCERA por donde a entender le dimos, que por su mal le hallamos Facción ha sido extremada, pues parece; pero ay cielos omos el alma en nuevos desvelos v ol confusa yace, y turbada. Aquí don Juan? ay de mí, mi sobrino aquí, mas quiero disimular, aunque muero, pues está seguro aquí Dejad el preso conmigo, que él dirá lo que ha pasado. A honor lo que me has costado! Será justo su castigo. A prender a los demás, pues este nos ha excusado hoy, amigos, un cuidado, damofel vamos. Más valornos das con tu prudencia. Es bien, vamos, al arma soldados míos, hoy se han de ver vuestros bríos, todos partamos. Partamos Sabéis quién sois? Señor sí, que aunque de esta suerte estoy, no De Francisco Serrano Carimo. no me olvido de quien soy, si bien no soy el que fui. Pero para que yo fuera como otras veces, señor, cuando estabia con honor, fue menester que me viera hoy de la suerte que estoy, que a no estar de esta manera ser el que antes no pudiera, porque bien nacido soy Veros de ese modo fue menester para cobrar lo que antes eráis, y dar tan mal ejemplo? porque ocasión? uite Yo la diré, que no estoy tan mal conmigo, que me excusara el castigo de hablar lo que tan bien se. ir otro era yo cuando estaba con honor, en mi falto, ya vengo a serotro yo, viendo que en mi faltaba. Para ser el que antes era, dejar de ser el que fui, a ser otro vine aquí, para que como antes fuera. binge Perdido estaba, señor, mi honor, y fue menester entrarme por el perder, para ganar a mi honor. Perdido me habéis hallado, pero juzgad advertido, que a no encontrarme perdido, mi honor no fuera ganado. eltona Ya que de ese modo os veis perdido, como os juzgáis, sabéis también si os ganáis cómo sabéis que os perdéis? Si se ganarme, o perderme, cuando a estar perdido llego, para conocer mi juego, De Francisco Serrano Carimo. no es menester si no vermo, Pues a no saber primero cierto que había de ganar, en mi excusara el jugar imne bir Vuestro intento considero como es justo, y sin pasión, @taira pues sabiendo yo, don Juan, que en aqueste monte están Lupercio, y Isabel, es cierto que en viéndoos en tal lugar, había de considerar que los buscáis, ya lo advierto. Pero ahora también quiero que aquí vos consideréis que en tal juego no podéis ganar, siendo caballero Eso ignoro, Pues oíd, y lo sabréis. Ya lo escucho; obronirona con nuevos cuidados lucho. Esta es la causa, advertid. Si el contrario en vuestro juengo sin caudal con vos sepuso a jugar, que esto dispuso su grande delito, luego de decid, como puede ser, entrarme por el perder, esto para entre los dos, el que le ganaseis vos, oopo no teniendo que perder? Porque aunque conozco yo que Lupercio es caballero, la deuda de bandoleto todo su caudal llevó. No teniendo para dar nobleza, deciros quiero, faltándole este dinero, o que venisteis a ganar Y si queréis acertar, y el bien el bien os prevenga, jigad con él cuando tenga nobleza para pagar. El Rayo de Cataluña, Válgame el cielo, que bien I el caso entendió! ay de mí; qué he de hacer? pues cuando aquí tanto en mi daño soy quien otro mal me solicito, mirando este desengaño, pero excusémosle el daño, y quédese en su delito. Que el que supo entrar en é con la causa que entre yo, no he de juzgar yo de el, no, que él ha de ser contra él. Su honor le puso en la empresa, y quien vuelve por su honor, sabrá escoger lo mejor para quedar connobleza Por esta parte, Fadrí, nuestro Capitán valiente entro hiriendo, y matando. Pues, Cosme, a buscarle vuelve por esta parte, que yo por el frondoso ribete que a ese vena de cristal de pasamanos guarnece, daré la vuelta a ese risco a socorrer a la gente, porque según los contrarios que hoy les envistieron, pueder verse, Cosme, en gran peligro Pues cuando tanto conviiene la diligencia, que hacemos? mas aquí Bemardo viene? Cosme, Fadrí, como así tan descuidados en este peligro os veis, cuando todos los nuestros están en ese monte, del Veguer cercados, el muro que nos defiende ibién en el mismo riesgo? es vamos a defenderle llo don Prodigio de Aragón. pomo como estamos obligados. Eso a todos nos conviene. Pues seguid todos mis pasos. Es forzoso obedecerte. Esperad, que vais errados, y del extremo eminente de esa montaña hasta el valle, cobarde el Veguer deciende, dejando sola la cumbre, y pienso que baja a verse con el Gobernador, que quiso cautelosamente coger la vuelta del monte, para prender los que fuesen por aquella parte, el cual O intento malogra, y pierde la esperanza, porque a un tiempo mi esposo, y hermano fuertes, dándoles alcance, entraron con los dos, los dos a verse. UEU Eran los contrarios muchos, y obligáronles en este tiempo a dejar la refriega y a la montaña se vuelven. Y así, si queréis hallarle, seguid mis pasos, pues puede importar nuestro valor, si los dos están presentes. Respondamos con las obras noregq amigos. Eso conviene. @q Ya, amigos, vuestro valor en este negocio viene a estar de más, pues ya todo zo orroo, obibro está llano. De qué suerte? Turbado el sol, apenas le. rúbricó en las arenas. entre nubes de nieve, y de escarlata rasgos de oro en su papel de plata, con De Francisco Serrano Carimo. con la pluma de rayos los primeros ensayos de como viene el día, todo aquesto es decir que amanecía, cuando discurro el monte, y en la falda de una peña, que sime de guirnalda a otro peñasco bronco de quien fui yo la hiedra, y ella el tronco, quise un rato cobrar en tal asiento parte del que en la guerra dejé aliento Estando pues sentado, y abrazado, vuelvo la vista hacía el siniestro lado porque la voz fatal de una pistola me obligó a que lo hiciera y entre la gente de Aragón, cual fiera, a un Alcides termino peleando, a un Rodámonte miro, y a un Orlando a un Bernardo, calada la visera, pero olvidada estoy, Lupercio era quien entedado en el marcial bullicio dijo que de Aragón era prodigio. Andaba tan valiente, mas no siento, por Dios, equivalente conceto que déclare lo que via porque airada en sí misma su osadía, su esfuerzo, y su valor a entender daba, que el conceto mayor aún no bastaba, mas el pensar se excusa en este abismo, porque él era conceto de sí mismo Un atrevido entonces, un soldado después que el tiro lo ha juzgado incierto le tira una estocada por un lado pero le vi tan presto, Andrea, muerto, que no se cual primero fue de las dos acciones conocida, el verlo muerto, o el tirar la herida. Llega el Gobernador por otra parte, Alcides envistiendo al nuevo Marte, al cual le recibió de tal manera que a no cercarle todos, bien creyera que todo su ardimiento acabado se viera aquel momento, De Francisco Serrano Carimo. Viendo que le cercaron sus soldados, vuelve a cobrar los bríos desmayados, y envistiendo con todos de repente, él, y toda su gente, cual llega por un lado, cualle enviste soberbio, y arrojado, como cercado allí todos le vian cual canes a la fiera arremetía mas él entonces de tal suerte fiero esgrime con valor el blanco acero, y alzando la cuchilla vio mi cuidado allí, gran maravilla que de un revés se excusa diez cuidados quitándole el vivira diez soldados Yo viendo allí que era imposible cosa el dejar de prenderle temerario, para darle la vida a mi contrario, y pagarle la acción que os he callado, por no daros cuidado, ya que quiso la suerte ponérmelo en las manos de la muerte mi vida agradecida quiso pagarle con su misma vida Cuál rayo parto donde estaban todos y llegando atrevido, la espada en alto, con valor crecido, el acero regido de mi brazo se llevó algunos treinta de un bolazo Cada cual admirado se esparcia viendo la tempestad que les venía, donde mal satisfechos, del monte pisan las floridas faldas, viendo entre tantos a tan pocos pechos, y en tan pocos de tantos las espaldas, como tantos caminos han dejado, el deseo de veros, y el cuidado guiando a mi destino, entre tantos escogen un camino piso su arena, trepo ese Horizonte, bajo a este valle, dejo atrás el monte, llego a esta fuente, paso este arroyuelo, vuestra vista apacigua mi desvelo: esto El Rayo de Cataluña, y esto que he referido, desde que no me veis me ha sucedido. Ya de Dios está que habemos de andar como gatos siempre sobre asquás. Pues qué hay de nuevo? Nada, señor, lo que suele. Dilo pues De Barcelona, viendo el Virrey que rebeldes estamos en nuestras doce, grande número de gente hoy al Veguer le han enviado, donde los Aragoneses, con el socorro alentados, a cobrar los bríos vuelien, unos con otros se mezclan, y con tanta fuerza vienen, que pienso que han de pescamos. Cobarde, qué dices? Este es aviso de mi pecho, como te estima, y te quiere. Tales palabras, villano, a pronunciarlas te atreves? no sabes, di? Bien lo sé, y se cuanto tú quisieres. Que soy, aunque en forma humana un rayos Bien se que lo eres, conmigo bien puesto estás, con ellos has de ponerte bien que conmigo haz cuenta que no hablaré aunque reviente. Pero si vieras, señor, al señor Veguer, o albergue, en un caballo tan lacio; mas permite que te cuente primero como salió el Gobernador, y deje Prodigio de Aragón. al Veguerpara después. Salieron. Di de qué suerte, que más lauro, si le alabas, tendré cuando les dé muerte. El campo escuro, y de caballo armado, el aire con espíritu pasea, de armino a trechos todo salpicado, cándida espuma que la pielondea, de azabache, y márfil monte animado, crespa la clín, y cola lo rodea, de tal forma, que al verlo parecía, que por cola, y codón se derretía. En este arpón con alas, como digo; salió el Gobernador nuestro enemigo, Galán, y lucido era el caballo. Luego, atiende, en retaguarda venía, saliendo por unos verdes amarantos el Veguer, quieres ver cómo? Di. Advierte. san escurrido salió desde el codón al copete, que el primero que lo vio estorbó a la demás gente que lo mirase, porque era de respiración tan debil, que los ojos que llegaron primero, tasadamente hallaron lugar en él donde ocupar su luz breve, y así todos lo ignoraron, no vieron más del ginete. Los disparates que ensartas. Yo siempre he de estar alegre, y lo que viniere venga, esto saque de un pariente. En todo estás enfadoso, aparta. De Francisco Serrano Carimo. Decir no puedes cosa que más bien me cuadre. Pues no, villano, no pienses que has de dejar de reñir. En esta ocasión presente te suplico que lo excuses, esto digo si ser puede, que si no, déjame a mí, que yo haré lo que la liebre. Vamos todos a morir. A morir, tú solo vete, mire a que casa de gula nos convida. Amigos, este es conocido rigor del Astro. Por defenderte, mi bien, perderé mil vidas. Y yo perderé hasta veinte, que esas tendré poco más, poco menos, en mi mente conocidas, pero escucha, tan poco de ti te dueles? Más palabra no prosigas. Temeraria priesa tienes, no dejarás a un Cristiano si quiera que se encomiende a Dios? piensas que el reñir es ir a comer molletes? Ya es razón de estado en mí, amigos, el defenderme. Y en mi es razón de no estar donde puedan ofenderne. Pues a morir, o libramos vamos. También este tiene la locura de mi amo. Morir solo nos conviene. Vamos a morir, amigos. Ya mi espada se previene ara comprar con mil vidas por ellas sola mi muerte De Francisco Serrano Carimo. Oh pesia mi suegra, quien me metió con esta gente? todos se quieren morir, yo solo soy quien no quiere. Mi espada en esta campaña allanará inconvenientes. Y la mía con la tuya será, esposo, un rayo ardiente. Pues a morir. A vencer empecemos. Vamos todos. Amigos. El que pudiere se escape, o sígame a mí, que es lo propio que esconderse. Para morir, Isabel, tres cosas mi valor tiene, es la primera esta ofensa, la segunda, es ver en este lance a don Lope mi hermano: la tercera, es ver no viene tu hermano don Juan, y yo, pues por mi ocasión se pierde, he de morir, o buscarle, mira si todas tres pueden obligar a un hombre honrado, si se pierden, a perderse; y más cuando en mi defensa vi a don Lope tan valiente, que puso por mí su vida en un lance muy urgente, tanto que me dio la vida. Fue pagar lo que te debe, pues ya se la diste a él en otra ocasión. La suerte dispuso nuestra amistad como mi amistad lo quiere. Es algo la henda? Dna El Rayo de Cataluña, No, aunque lo es para ofenderme, Gobernador, y Veguer, los dos juntos me acometen, que a faltarme en este lance de don Lope el brazo fuerte, perdiera, Isabel, la vida, pero no de balde piensen que han de comer mi pesar, que antes que el sol vuelva a verse prujuleando esplendores en las cartas del Oriente, para hacer fluj en el mundo de los oros que en si tiene, he de vengarme de todos. Qué esperas? que te detienes en esta ocasión? García, pues qué hay de nuevo? La gente de Aragón, y Cataluña hoy nuevo socorro tienen. Has visto a don Lope, amigo? Señor sí, y si quieres verle con vida, sigue mis pasos. Isabel, conmigo vente, que hace falta mi valor. Obrando he de responderte. A olvido eterno disponte, que para ti no hay clemencia Muy grande es la resistencia, fuerza es retirarme al monte. Haré que tu brío tuerza de quien ha sido hasta hoy. Prodigio de Aragón. Si aguardo, perdido soy, retirarme al monte es fuerza. Yo no se por donde voy, ni menos si estoy aquí, yo no sé si soy quien fui, ni se si fui lo que soy. Quién vio más confusas danzas? cobarde mis trece sigo, ya no hay cueva para amigo, los hombres se vuelven lanzas. Pero aquí viene un soldado, mas si el demonio quisiera que este tal contrario fuera el hombre más alentado. que al monte hubiera venido, que así suele suceder a quien no lo ha menester. No sé si vengo perdido. El hombre sin duda es agro, quiero mirarlo de espacio, por Dios que es alto, y no es lacio, que es de este tiempo milagro. Más peor está que estaba, yo de la guerra he huido, y parece que he venido a dar con quien me buscaba. Aquí, si no me resisto, oy Otañez feneció Desde que Dios me crió hombre más alto no he visto. Parece que se está quedo, no haberme visto lo hará. Yo tengo, si viene acá, para embestirle gran miedo. Los viejos somos muy malos, el pecado es un Hereje Yo tomo, porque me deje, de partido treinta palos. Pero aquí ya no hay remedio, saco la espada, villano. De Francisco Serrano Carimo. No parece ni un Cristiano para que se ponga enmedio? dicho, y hecho, verdad fue, el corazón nunca miente, yo buscaba al más valiente y por Dios que lo encontré. Mas este es medroso alarde, quizá, pues a mí no viene, será cobarde, mas tiene gran cuerpo para cobarde. Él no responde, en qué dudo? cobarde es, pues ha callado. Bellacamente es juzgado eso, pues puede ser mudo, pero largo tiene el bozo, él es viejo vive Cristo, que hasta ahora no había visto si era viejo, o si era mozo. Yo, amigo, he de poder poco, o morir, no hay que irse atrás, sino. Cómo los demás este también está loco, mas quiero darle un consejo: ahora en morir ha dado un hombre que es tan honrado? el demonio es este viejo. En la cumbre de tu cielo soy eclicie de tus soles, que sigue tu luz divina. Sin tu día todo es noche, Lupercio al extremo sube. Por está parte veloces los Catalanes valientes nos acometen. Al monte te retira Eso es forzoso. Lupercio. Isabel divina. De Francisco Serrano Carimo. Andrea hermosa. Don Lope. Ya te he visto. Ya te veo. Valga me san Magno, ay donde halle un santo tan de priesa, al consonante conforme? Santa Susana me ayude. Esa a viejos no socorre; pero ay de mí, ya Botón Estos son de los traidores. Pues mueran si se resisten 1. Este, señor, sabrá donde sus compañeros están ̱. Dígalo, y deble garrote. Yo lo doy por recibido. 1. El potro. 2. El potro. Señores, soy criado, y cumpliré todas mis obligaciones. 1. Dígalo pues. Ya cercados todos en aquese monte están, y pues la violencia de los fuertes corazones nuestros no ha sido bastante para rendirlos, y el Orbe quejoso de sus delitos, la justicia pide a voces, oy he de vengar al mundo. Que se ponga por la orden tu mandado, es justa ley. Segoidme pues. A ese hombre, de una encina le colgad los dos Válgame san Cosme. 2. No hay san Cosme aquí que tenga. El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. Oh alsileres con vigotes, qué queréis a un hombre honrado? 2. Que se quede en este bosque por espantajo de Urracos. Que te importa que me ahorque, viejo de tres mil demonios? 1. Yo soy soldedo, y la orden he de guardar que me dan. Vuested tiene mil razones, pero ya que he de morir, no he de confesar? 2. A voces diga todos sus pecados. En hora buena, don Lope: pero el ladrón todo es trazas. 1. Detenle. . 2. Cómo, si corre como el aire 1. Pues sigamos los dos sus pasos veloces. Hoy han de quedar escritos nuestros valerosos nombres en la lámina del tiempo, con caracteres de bronce. Este es el último trance de aqueste empeño, don Lope, ya todas las que no fueren defensas, y prevenciones, para guardar nuestras vidas, y para que el daño estorben, son esculadas empresas, no hay si no todos con orden, pues juntos todos estamos, todos a una feroces embestirles valerosos, y en despejando este bosque, fácil podemos después El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. escaparnos. Pues dispone el modo de la embestida. Atentos a tus razones estamos para emprender con valientes corazones lo que ordenare tu industria. Esto mi valor dispone. Mi cuidado he logrado, el Rey lo que pedí, de mi informado, ventura fue, me lo otorgó, y no es tarde, De Felipe Tercero, que Dios guarde es esta firma, y de esta suerte dice. Por librarles las vidas esto hice. Luego en viendo esta, pues los tenéis a la vista, en mi nombre ofreced- les de partido las vidas, con cargo de que todos se partan a Flandes, a defen- der en aquellos estados mi Corona, ya no querer hacerlo, proseguid con él castigo. A la gente avisad luego al instante, que no ejecuten lo que he oídenado, porque su Majestad me lo ha mandado, mi sobrino esto ha hecho, asombro de lealtades es su pecho. Albricias pido, no se muevanadie, que seguros podemos ocupar de esta cumbre los extremos. Pues qué hay de nuevo? Escucha atento un rato, yo venía huyendo, y entre la gente oigo grande estruendo, y sus ecos escucho, que De Francisco Serrano Cárimo. que fue para mi priesa, señor, mucho, que el Rey mandaba que parase todo hoy, y apenas entre todos salgo, mas ligero que un galgo, que con el susto, quién esto creyera? lugar pude tomar en mi carrera. De eso pides albricias, ignorante? Con nuestro intento vamos adelante, vuele inmortal, y eterna nuestra fama. Ah de la cumbre Quién del valle llama? Vuestro enemigo soy. Pues que nos quieres Que me escuchéis. Ya todos te escuchamos. La justicia nos habla, buenos vamos Yo en el nombre de mi Rey os hablo, y os aconsejo como quien vuestro valor conoce por tan estenso. Por esta carta me avisa el Rey mi señor, que en viendo sus rengiones, luego al punto os hable, y así lo he hecho. Piadoso con vuestras vidas, Rey en todo sabio, y recto, perdón de vuestros delitos os ofrece amigo vuestro. Con cargo de que empieéis vuestro valeroso esfuerzo, en desender su corona, acción, por Dios, que agradezco yo de mi parte, pues cuando conozco vuestros aceros, me lástimaba de ver malogrado vuestro esfuerzo. Esto a don Juan le debéis mi sobrino que la ha hecho. Qué os parece que responda Lo que quisieres, pues ese he de hacer. Qué respondéis? De Francisco Serrano Cárimo. Yo respondo lo que debo; que me pesa, vive Dios, de tener en este empeño carta que el Rey me perdone por donde obligado quedo a servitle en recompensa si no que libre de aquesto estuviera para ir a brillar el fuerte acero en su semicio sun causa, mas el Rey sabrá mi dueño que sin deberlo o hiciera mejor que cuando lo debo Y así todos los soldados, que serán mil y docientos, que Lupercio, y yo en el campo a nuestra orden tene mos Nosotros, y ellos conformes, hoy juntos nos ofrecemos, pues que el tiempo no declara, a servirle en todos riesgos seis años a nuestra costa. No esperé, don Lope, menos de vuestra sangre, y valor. El campo ya todo es vuestro, seguros podéis andar. A mi hermano le debemos las vidas. En pechos nobles no cabe, señora, menos. A recoger los soldados voy. Y yo a hacer lo mismo. Al arma fuertes guerreros. Tocad al arma soldados. Desde hoy vuestros aceros. Desde hoy vuestro valor. Sabios siempre. Siempre cuerdo, Han de ganar más nobleza Ah de ser nuevo portento. Los riesgos El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. Y los peligros? Con tu vista no los temo. Contigo no los excuso. Yo que también me prevengo para esta jornada y todo. Y aquí, Senado discreto, al Rayo de Cataluña, R El Rayo de Cataluña, y Prodigio de Aragón. Serrano, un esclavo vuestro, da fin, dejando las bodas hasta que sea su tiempo, que no todas las comedias traen hecho juramento cuando el caso no lo pide) de acabar en casamiento.
