Texto digital de Rayo de Andalucía y genízaro de España (segunda parte)
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- Álvaro Cubillo de Aragón
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- Álvaro Cubillo de Aragón Segura
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Rayo de Andalucía y genízaro de España (segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/rayo-de-andalucia-y-genizaro-de-espana-segunda-parte.

RAYO DE ANDALUCÍA Y GENÍZARO DE ESPAÑA (SEGUNDA PARTE)
JORNADA PRIMERA
e ̱ ̱ a̱̱ Ti Ayuntamiento de Nadrid Ayuntamiento de Madrí M Golepoco lo y é se Coco e deZDD CgOO o ḇ̱̱ o̱̱ ̱a A̱̱ AOmo, señor, se halla Vuestra Alteza del pasado accidente? . No es posible referiros mi mal. . Todo es flaqueza. Qué bien dice! la causa es invasible. . Amor, como si hieres con belleza, flaca a la vista, y al sentir terrible, de rapaz te acreditas? cómo pudo ser torpe la niñez, fuerte el desnudo? Si el humor melancólico ha ofendido vuestro valor, diviértase algún rató, dando a las novedades grato oído. Cómo, si amor me solicita el llanto? . y al fin, os desposasteis? . Todo ha sido sin vos, como socorro de entre tanto. Referid como fue; amor me condena . a divertirme con la misma pena. Oiga V. Alteza atento, Después de aquel accidente, ya que indispuesto se niega o celenrada dolencia, a mis bodas, y Bautismo, que en confusión pusó al Mundo, la variedad de su fiesta. turbando la salud vuestra: Muera deaque eto (fuera ya de aquel desmayo, que imagen pálida, y hierta del último parafismo, líneas fatales enseña. Fuera ya de aquel peligro, Lprecedida licencia, día del Apostol Sano, a cuya espada, y venera debéis la mayor victoria, y yo la mayor clemencia, día, al fin, de Santiago, aquel de la Cruz vermeja, que en el caballo de nieve, de muy Soldado se precia se celebró mi Bautismo: justo acuerdo, porque fuera el que me venció enemigo, quien ya devoto me venza. Este, pues, día dichoso de mi Católica empresa, el Mayordomo Mayor, en nombre vuestro, reserva para gala de compadre áo la más lucida, y más nueva: con calza de toda obra, aforrada en blanca tela, una cuera de ribetes, cuyas cuchilladas muestran, que dadas con bizarría, no hay otra gala como ellas; capa de taja bordada. en cuya capilla ostentan la riqueza del compadre ricos asientos de perlas, que en la gorra de Milán hallaron correspondencia, y acreditada de plumas, mas de una pluma, la media de estos asientos tomo la razón en pocas letras. Llevó la fuente Bermudo, Alcaide de Compostela, Favila, el aguamanil, y el salero Don Fruela, cuya bizarría, y galas. quien las calla, las celebra. De esta suerte acompañados del vulgo, y de la nobleza, al son de instrumentos varios, fuimos a la Santa Iglesia; Tasi el Preste hizo su oficio, Vy en la agua de gracia llena tomé Fénix nuevo ser; que como aquel en su hoguera, en este Jordán Divino renací yo a vida nueva. Conservé el nombre primero, no porque el alma se precia de aquella memoria, no; mas porque de esta manera hasta el nombre se vautice, hasta el nombre crisma tenga. En sin, señor, ya alistado en la Cristiana bandera Soldado lligno de Cristo, gajes me dan sus voletas. Visoño soy, más supuesto, que aquí servicios se premian, humilde a la disciplina, guiado de la experiencia, podré ser Soldado viejo; y si me ayudan las fuerzas, solicitaré ventajas entre enemigas banderas. Con el aplauso que he dicho, si con mayor asistencia, dimos la vuelta a mi casa, adonde Elvira me espera, para que todas mis dichas fin en su principio tengan. Diome la mano de esposa, ((perdóneme Vuestra Alteza, si aquí amantes digresiones a su hermosura me llevan.) Nunca entre rizadas nubes se mostró el Alba tan bella, dando a las sedientas flores divina porción de perlas. Nunca en la cobarde noche alarde hizo, y reseña la blanca Luna, dejando, sin luz millares de Estrellas que vergonzosas la asisten, que asombradas la respetan; como ella entre esotras damas, que puesto que todas eran (doradas flechas de amor, con ella estaban sin fuerza. De tela verde vestida, color de mi nunca muerta esperanza, dilataba en gloria mi gloria misma. El acto ya efectuado, una carroza a la puerta a entrambos nos aguardaba, y puestos los dos en ella, a recibir parabienes, dimos a la Plaza vuelta. Corriéronse doce toros, cuya natural braveza es imposible, señor, que la explique humana lengua, y por más lisonjearme, con Africanarlibrea, se jugaron unas cañas tan reñidas, y sangrientas, que muchas veces juzgué, que las burlas eran verás. Los agarrochados toros, entre la turba ligera, si diestramente los hieren, con ferocidad pelean; y entre las astas crueles, vengando leves ofensas, hallo guadaña la Parca, mas que la suya, sangrienta: mas yo, que alentado amante deseaba se ofreciera ocasión donde mostrar un rasgo de mis finezas, con licencia de mi dueño, acredité la gineta de la Andaluz disciplina, de la virtud Cordovesa, que en vez de cunas, sus hijos nacen en las sillas mismas, y En una lozana pía, a quien la naturaleza tiro pellazos de nieve sobre la piel lisa, y negra, galán desprecio del aire, parto hermoso de la tierra, por lo picazo, con alas, y por lo Andaluz, con ellas; di vuelta al breve distrito, reconocí la palestra, soltaron un bravo toro, si no imagen de la esfera, rayo animado de aquellos, que el frío Járama engendra. Tomé un rejón, y busquele, mas él que arrogante muestra. que cualquiera voz le ofende, que el menor silbo le altera, colérico me envistió, ly i más en su cerviz soberbia engasté el hierro, dejando un trozo del asta fuera, que para salir la vida, ncha A le franqueó Ine puerta. Mancho la arena su sangre, y el vulgo con descompuestas y voces, repitiendo aplausos, y cantó la bruta tragedia. Salió tras este otro toro, mas como es suerte, y en ella ninguno tiene seguros los aciertos que desea, al ponerle el rejón duro, torció el toro la cabeza, y entrando siniestramente, le dio una herida pequeña a mi caballo en los pechos; saqué la espada, y apenas di dos pasos en su alcance, cuando dividí sangrienta por el nervioso cuello del bruto la armada testa; cayó el destroncado cuerpo, como cuando se despeña la pesadumbre de un monte, estremeciendo la selva. Ta plebe aclamó el suceso, y Elvira haciendo una seña, me mandó dejar el coso, fue precisa mi obediencia, que como dueño del alma, jurisdicción tiene en ella. Volví a ocupar mi ventana, y diose fin a la fiesta, pero no a la obligación del que serviros desea, Mel que como a Rey os ama, Sadel que por dueño os respeta, y del que pa vasallo humilde la Cesárea mano os besa. De que os gocéis muchos años, sabe Dios que no me pesa, y que de vuestros aumentos me acordaré cuando pueda. Beso vuestros pies mil veces, que para mí no hay riqueza, como ser vasallo vuestro. Hoy, si la pasión me deja, haré una visita a Elvira. Guardeos el Cielo, y mantenga vuestros Estados, señor, como mi amor os desea. Poca merced le hace el Rey a mi amo, cuando fuera justo, y cuando yo pensé, que por lo menos, he diera media docena de Villas. Las Villas das por docenas, Nuño? liberal estas. Y es barro para quien deja de heredar Reinos tan grandes por ser su vasallo? . Esa voluntad la premia Dios. También los hombres la premian. A buen Rey sirve en León. Y es algo la diferencia, que hay de servir al reinar? Y no reparas que reina en la hermosura de Elvira? Pues por eso se sujeta a una sola el que gozaba mil mujeres en su tierra: y si está en la variedad toda la humana belleza, cual juzgas tu más hermoso, el punto, o la diferencia? Parece, Nuño, que estás hecho al uso de la tierra. Diez años de cautiverio, que no harán en la flaqueza de un hombre no muy bendito? Confiésote, que no era yo cautivo congregado, jamás torcí la cabeza, ratos me entretenía con unas Moras traviesas, a quien dio Guadalquivir, con hermosura, limpieza, más Cristiano a piedra, y lodo. De lodo dirás, y piedra, no echabas menos la Misa? Eso se ahorra, y no peca el que está cautivo. . Cómo? No la oye, por no verla. Esta me escribe Almanzor, cuya arrogancia, y soberbia, hasta castigarla, tiene ofendida mi grandeza. Si por eso estáis, señor, melancólico, la ofensa correrá por cuenta mía, yo sabré satisfacerla. Dice que en persona viene. De que él en persona venga. me alegro. . Tiene en prisión a vuestra madre, porque ella trataba de ser Cristiana. Viven los Cielos, que vuelva a Cordova, y que a pesar de Almanzor, rompa las puertas de la prisión, y el Alcázar. También dice, que os espera un hijo de Rui Velazquez, que para vengar la ofensa de la muerte de su padre, os pide campo en su tierra. No lo conozco. . Ni yo; ved esa carta, y en ella hallaréis lo que os he dicho, o a lo menos, evidencias de que ya presa estará, si entonces no estaba presa. ( Cómo es esto? vive Dios, Qué, tenemos tabalera? El Cordovés Almanzor, único señor, que mea en las dos Españas, siendo sin humana, dependencia, el que merece este niombre, por la sangre del Profeta, A ti Don Ramiro Rey, por la divina clemencia, y piedad, de León, y Asturias, saludr te envía, y con ella aviso de lo que importa a tu debida obediencia. Tributario nuestro ha sido tu Reino; y aunque tu niegas este reconocimiento, no es estalomi mayorquéese, la traición de ese baltardo, dicen, que amparar intentas, y que siguiendo su gusto, él te sirve, y tú lo aprucbas. Si mi amistad reconoces, si mi obediencia no niegas, con prisiones me le envía, porque él, y su madre tengan el merecido castigo de su yerro, y su soberbia; y advierte que de no hacerlo, al castigo te sujetas de mi indignación, y yo en persona iré a tus tierras, y abrasándolas, daré castigo a tu inobediencia. Almanzor. . Viven los Cielos, que si Elvira no estuviera de por medio, a quien el alma tan justamente respetas que me partiera esta noche, Oh bárbaro Rey! Oh fiera de la ardiente Libia! Oh carta de más injurias que letras! Traidor a mí? miente el mundo, y miente Almanzor, si piensa que en mi puede haber traición; al mi madre ei esice presa, cuando yo la debo el darme padre de tanta nobleza? Qué aguardo, Cielos? qué aguardo? venga, como dice, venga en persona, que en la mía hallará tal resistencia, que en vez de vengar su agravio, roto, y castigado vuelva. Y Nuño también irá en persoña, que la guerra no es casamiento de Reyes, que por poder se concierta; y por lo menos, ahora libre de toda sospecha, no me mandarás atar. Yendo a mi lado, no temas, aunque despidiera rayos toda la abrasada Esfera. . Aquí vengar intento, derramando su sangre; el pensamiento sacrílego, atrevido, del que fue en sus entrañas concibido. Señor, mira detente. Deja que de una vez vengue impaci- en esta aleve hermana; ente ofensas mías; hah mujer liviana! mal haya mi piedad, mal haya el día que perdoné la dura ofensa mía, principio vil de la mayor infamia; quién cercenado hubiera la garpanta de aquesta hidra fiera, cuando tuve certeza de su aleve flaqueza; cuando de un solo golpe a mi sujetos, cesaban con la causa los efetos, sin que saliera al mundo de sangre mía este Sinon segundo. Señor mira que ofendes riguroso C̱̱n lo más divino de su Cielo hermoso. Tarfe, hoja, Soldados. Rayos despide por la vista airados. , a. Señor qué mandas? En una torre oscura, negada al Sol, y a mis rigores dura, pondrás a esa mujer. . Caso tremendo! si más no te declaras, norte entiendo. A cuál dices, a Arlaja, o a Rosana? A esa que neciamente llamé hermana. A Arlaja, gran señor? Qué necio que eres! llamala, la más vil de las mujeres. de esa el Cielo paciencia. Qué aguardas? quita ya de mí presencia aquese montruo horrendo, a quien furioso de mirar me ofendo. Señor, si tengo parte. Cuanto pidas ahora he de negarte; no estorbes este intento, si alguna vez me quieres ver contento, Oh injusta! o fiera hermana, mi sangre Real uniste a la Cristiana? Un grave Caballero, de airoso talle, y de gentil persona, que a Marte le prefiere, pide, Señor, licencia para poder entrar en tu presencia, dice, que es de Rodrigo Velazquez hijo. Y es mi grande amigo, mucho en salir a recibirle tardo, sabré el estado de aquel vil bastardo, que dejando la seta de Mahoma, Cristiano contra mí las armas toma. , , o No os quejéis de mí, que en mí ya no hay valor, ni hay prudencia que pueda hacer resistencia, amor lo dispone así. Acuérdese V. Alteza Co quién es, y de quien soy. Toda mi memoria doy al cielo de esa belleza; continuad la posesión divinamente dichosa de la mano más hermosa, que envidia un Rey de León, gozadla, heroico Español, que envidia causar pudiera, si capaz de envidia fuera, vuestra dicha al mismo Sol. Vuestra Alteza sabe honrar sus vasallos de tal suerte, que ya en mi dicha se advierte, no hay dicha que desear. Y es tanto a mi amor igual ese hipérbole, que creo, que apuró con mi deseo la fortuna su caudal. Celoso, y desesperado . considero en sus amores un áspid entre las flores, un veneno disfrazado. Nuño, no hablas? . Señor aunque callo, ya celebro un alma en cada requiebro, y un purgatorio de amor, que aunque en laureles, y palmas singularizar pudiera, llómola así, porque espera Cagloria de tantas almas. Disimula cuerdamente. Estase el alma abrasando. Esto conviene, hasta cuando Mudarra de aquí se ausente. Que un alma informa a los do- me dicen las ansias mías. Siglos quisiera los días para gozar más de vos; por vos, conociendo a Dios, de aquel ciego error salía, supe de mí, y desde allí mi ser deje de ignorar, ved con que os podré pagar, cuando os debo a Dios, y a mí. Yo estoy, mi bien, tan pagada de esos beneficios dos, que con téneros a vos, no os pido, ni debéis nada; verme tan bien empleada, fue mi motivo primero, ya mi dueño os considero; pues que me podéis deber, si en vos llego a poseer todo cuanto estimo, y quiero? Ya no hay paciencia. . Has de dar ocasión de ser sentido Poco a su amor ha debido el que cuerdo supo amar. . Yo quiero daros lugar para que gocéis dichosos discursos tan amorosos. Vuestra es mi dicha, señor. Abrase un rayo de amor mis pensamientos celosos. Parece que el Rey se va disgustado. Algún cuidado del Reino le habrá obligado, mal dije, de amor será. . Siento su disgusto ya, de suerte, sabelo Dios: que aquí para entre los dos, en lo dícito, en lo justo, perdiera por darle gusto, todo cuanto no sois vos. También yo, que de mujer vuestra me precio, y de cuerda, como a vos, señor, no os pierda la vida sabré perder. Mucho me da en que pensar su disgusto mpeque dpeto pero con vos, dulce dueño, sin fuerza viene el pesar. Podrán los Cielos dejar su precioso movimiento, unirse al fuego violento la nieve, y no podrá ser que yo deje de tener, teniéndoos a vos, contento. Al Rey, Elvira, se debe este amor, y esta fineza. No quiero yo que su Alteza los gustos vuestros se lleve. A esto mi lealtad me mueve. Y mi lealtad me enseñó a estimar al Rey, mas no quiero que estando conmigo, seáis del Reí tan amigo, porque tendré celos yo. Ah qué hidalgas recompensas de estimación tan avara! pero es mi hijo, y es Lara, que con lealta dipaga ofensas. Tratará de sus defensas contra el poder de Almanzor. No tiene el Rey mi señor que temer a su enemigo, ya se acabaron conmigo los peligros del temor; porque al primer movimiento, si no al amago primero, verá en mi desnudo acero cifrado el cuarto elemento: azote he de ser sangriento loy contra enemigas fortunas, que soberbias importunas del Andaluz Cordoves, he de poner a sus pies las ya tremolantes Lunas. Seré ruina, y estrago hiy del escuadrón Agareno, y elijo al hijo del trueno, ya es mi amigo Santiago ella deuda satisfago de mi sangre esclarecida, pues por la que fue vertida de mis hermanos, ahora he de verter sangre Mora, para alimentar mi vida. Cuando en aquel barbarismo la espada desenvainaba, valientemente cortaba; pero cortaba en mí mismo: vime a la luz del Bautismo, de la cabeza a los pies herido, y como cortés. me curó de Dios la mano quedé con el brazo sano para vengarme después. Con lágrimas de alegría celebro acciones tan raras: oh claro honor de los Laras! o luz de la vejez mía! de tu heroica valentía cuanto has dicho presumí, mi amor recópil o en ti la de tus hermanos siete, pues tu valor me promete mas que en los siete perdí. Valentísimo Mudarra, el Rey te llama, y espera para un negoció importante, que vayas a toda priesa. Favila, al Rey mi señor es justo que se obedezca; padre amado, prenda mía, yo daré presto la vuelta, que el Rey no ignora mis dichas, y supuesto que me ordena que vaya, y las deje, importa mi persona a su grandeza. Vamos Favila. Ay de mí! Qué temes? Temer pudiera, a no ser tú, quien se va, y a no ser yo quien se queda. Elvira, el obedecer es lo que importa: ha cautelas . de injusto amor fabricadas! Lloras? Plegue a Dios no sean mis lágrimas adivinas de alguna desdicha incierta. Desdicha a mí? no te entiendo. No me entiendes? no me entiendas. Tengo yo al Rey ofendido? hele usurpado sus tierras? el deseo de servirle, puesto que no lo merezca, y el favor que solicito, Lion, dime, son sus ofensas? pues de qué temes, bien mío? anda, los temores deja, que tu calidad agravias; y si es amor, o terneza, ya el corazón que te adora a agradecerlos se esfuerza; mas que separe es forzoso, que alguna secreta pena Cte obligue a temores tales: osospechas? Toda sospecha desvanece el ser quien soy. Qué dudas, o que recelas con esos mudos temores? si alguna forzosa guerra temes que ha de ocasionar más peligros en mi ausencia: cuando en ti faltó el valor? no eres tú? no eres aquella, que armado, el pecho de acero, a las alarbes fronteras, terror diste, levantando tu nombre hasta las estrellas? pues como ahora esda (de maas . Pues qué temor puede haber no estás de mi satisfecha, que sabré vencer, llevando tu memoria en mi defensa? Ya, Mudarra, es otro tiempo, si yo seguirte pudiera. Anda deja esos temores. Mucho Elvira se despeña, y aún casi ha dado a entender la pretensión de su Alteza. Vive Dios, Elvira, que haces a mi valor grande ofensa si no me dices: . Detente, qué progustas? qué recelas? y sabes, Mudarra, quién soy? sabes que de mi pudieran aprender obligaciones las Romanas, y las Griegas Matronas Sabes que he sido a la incontrastable fuerza, de los golpes de fortuna, de la más sorda marera, Cvaliente escollo en el mar, firme roca, inmóvil peña? he pues por qué de mí no fías aquesta pasión secreta? déjame a mí estos cuidados; deja que yo sola fienra Genice dificultades que callo, pues he de ser quien las venza. El que pasiones del Alma, o comunica, o revela, temor tiene, favor pide contra el escuadrón de penas, que ferozmente le asisten, que interiormente le aquejan, Yo siento, pero no lloro; yo teo, mas no es flaqueza déjame que sienta, y llore no me examines, no quieras tener parte en la victoria, que a mi valor se reserva. Yo sola, yo sin tu ayuda, sin tu acero, sin tus fuerzas, velar tengo este presidio, defender tengo esta fuerza, que soy Doña Elvira Anzures, y no hay temor que me venza. que al Sol no se desvanezca de ese nombre, y de esta espada? o fn Oh valerosas finezas, que al sacrificio te ofreces, honor de Diana, y Besta! Vamos Favila, que ya ha mucho que el Rey me espera. Hijo, haced como quien sois. Aquesas canas me enseñan. Sea el Rey obedecido. Seré ejemplo de firmeza. Entonces seréis mi hijo. Adiós Elvira. . Él te vuelva, Mal se resiste quien ama; miente el que dice, que pudo resistir a amoz desnudo, cuando más brilló su llama; confieso que heroica fama eterna a su hombre dio; más juzgo que la crió distinta naturaleza, o no alcanzo la belleza del Cielo que adoro yo. Oh valerosa mujer, como no te conocí hasta el punto que vi en otro ajeno poder? a Elvirá pude querer, cuando no fuera delito, mas no vi en su rostro escrito mi perdición, porque advierta, que la privación despierta los ojos al apetito. Apenas en mis oídos, señor, tocó el nombre vuestro, cuando a pesar de mi amor, dificultades venciendo, vine a ver lo que mandáis. Mudarra Gonzalez, creo, que os habéis de mi olvidado, pero no me espanto de eso, ni de otras cosas mayores, que el amor, y el casamiento a la memoria destruyen. Tres días ha que os di un pliego de Almanzor, y aunque ha tres días, y pudierades con tiempo prevenir armas, y gente, Ayuntamiento de Madrid no solo no lo habéis hecho, pero ni aún vuéltome a ver, para que tratemos de ello, Mucho pierde quien se casa, mucho olvida quien ha puesto su memoria en estemblanco; jamás creí, que el aliento con que os vi servir al Moro, en vos faltara tan presto; los Españoles hidalgos, los valientes Caballeros, nunca amancillan su honor enamorados, y tiernos; antes prefieren su fama a regalados empleos. Muenonía que advertiros, mas solo advertiros quiero, que Almanzor está en Simancas, tan arrogante, y soberbio, que jura que ha de poner sus murallas por el suelo, Y vos que de General estáis el cargo ejerciendo, no habéis tocado una caja: todo este sdescuido os debo, cedado toda esta defensa es vuestra, todo este amor os confieso. Vuestra Alteza me ha de oír, o pensaré, vive el Cielo, que alguna injusta pasión os provoca a mi desprecio. Yo soy el mismo que fui, tan leal, tan verdadero vasallo de vuestra Alteza, que a competiros me atrevo, si en aquesto hay competencia, que sol igualmente bueno, como vos para mi Rey, yo para vasallo vuestro. No soy de los, hombres yo que por fastalos perdieron el honor de tanta sangre, pues de ella afirmaros puedo, que es más la de Rey en mí, que no la de Caballero. Si Almanzor está en Simancas, no es desgraciado suceso, pues se ha venido a mis pies mano para vencerle mas presto. No en delicias me descuido, no en regalos me divierto, que vuestra gente, y Soldados tan prevenidos los tengo, cuando culpáis mi valor, que hoy he de marchar con ellos; sin que el golpe de la caja haya alborotado el Pueblo, sin que tremol de bandera se haya desplegado al viento, los tengo ya prevenidos; así pagados los tengo, no lo saben vuestras arcas, yo lo sé, porque lo he hecho. Hoy; qué es hoy? dentro de una hora he de marchar, y tan presto, que sin volver a mi casa me veréis en arma puesto. Yo os voy a servir, Ramiro, yo vuestras tierras defiendo, Mo vuestros soldados pago, yo vuestra venganza intento; y yo, al fin, voy a morir por Dios, por vos, por mí mismo, sin que me deis otra paga; pero mirad, que os advierto, que para ser vangativo, la mitad de Moro tengo. Yo me parto, a Dios quedad, solo a Llvira os encomiendo, mirad, que Elvira es mi esposa, y mirad, que a un mismo tiempo os encargáis de mi honor, y el vuestro a mi cargo llevo. Veamos, pues, Rey, o vasallo, cual de los dos en viviendo da mejor cuenta de sí: vos de mi honor, yo del vuestro. R ̱.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SECUNDA ea ̱. la a elcielo ̱̱ o Bien te está el traje de Moro, Alfonso. . Cómo mi padre Ayuntamiento de Madrid tuvo esta tierra por madre, el ser mi patria no ignoro. Si hoy no tratan los cercados de entregarse, considero ya los cristales del Duero con su sangre matizados: hoy han de quedar vengados sus agravios, y los míos, pues a pesar de los bríos Cristianos, han de llevar escrita con sangre al Mar esta venganza los ríos. De tu remisión me espanto, cuando a rigor te provoca su porfía necia, y loca, y la piedad de mi llanto: sientan con igual espanto Castilla, y León tu acero, entra en Simancas, primero, que de su Rey socorrida, a ti la victoria impida, y a mí la dicha que espero; y si no, dame licencia para batir sus murallas, y me verás corón llas de vengadora violencia. Su obstinada resistencia castigo pide severo, hoy ejecutarle espero, hoy el asalto se dé, no quede edificio en pie, que no se rinda a tu acero. Qué es esto? Al aire se entregan, no menos libres, que vanas, voces de cajas Cristianas. Y a nuestros oídos llegan. é̱n , Marchando al son de las cajas a tu campo dirígidas vienen banderas tendidas por esas campañas bajas. Cuando con tales ventajas de infantes, y de ginetes me hallo, no te prometes seguridad? . Mas me inclinas a tus leves jacermas, que a sus dobles cofeletes. Deja a los necios llegar qué si he andado negligente, fue, porque había poca gente en Simancas, que matar. Un Caballero Cristiano con señal de paz se llega, a tu campo. . Cuando niega su luz el Sol a un gusano? si es tregua, pídela en vano. De un tordillo se apeó, y con el lienzo que alzó, ninguno el paso le impide. Entre, si licencia pide. Ya sin licencia se entró. Conóceme Vuestra alteza? Ay atrevimiento igual! es tu desvergüenza tal, que el alma a dudar empieza. Villano, cuya corteza es de traiciones engaste: sierpe, que la piel mudaste, y con nombre, y rostro extraño, apeteciendo el engaño, tu primero ser negaste. Cómo delante de mí con tal libertad te has puesto, cuando mi mayor pretesto, es el castigarte a ti? Cielos, hoy me vengo aquí; el al peligro se viene. El mayor premio que tiene mi orandeza en escucharte, es el venir a avisarte lo que, hacer te con viene. Traidor me llamas; y es tal mi lealtad, y mi decoro, que fui leal, siendo Moro, como Cristiano leal; aquella sangre Real, que en mi calidad condenas, ilustra, y baña mis venas J con tan ilustre esplendor, que ya le ven de mi honor las menguantes Lunas llenas. Al oro, puesto que al oro belleza jamás le falte, entre el verde, y rojo esmalte preside con más decoro. Real matiz, esmalte Moro; adorna el oro brillante de aquella sangre constante, que aborreces, con que pruebo, que solo a mi madre debo lo precioso, y lo galante. Dicen, que por mi ocasión presa la tienes, y es llano, que el ser que por ella gano, se ofende de su prisión; mira tú, pues, si es razón, que el que esta deuda confiesa, olvide a su madre presa, y si es razón conocida, que a costa de sangre, y vida acabe tan alta empresa. Libre me tienes de dar a mi madre, libremente otecement con tus armas, y tu gente, el cerco tienes de alzar; y esto en primero lugar, porque no hay rezón que cuadre, que el que es hijo de tal padre. deje de tener por ley servir primero a su Rey, que libertar a su madre, Esto has de hacer advertido, que si aquí te lo he rogado, cuando lo hagas, forzado, no te será agradecido; cortés ahora te lo pido, pero cuando no procedas como Rey justo, y excedas algo de estas cosas dos, a lanzadas, voto a Dios, he de hacer que lo concedas. Tus locuras he escuchado, y porque ya mi rigor venganza intenta mayor, en ti no la he ejecutado: este ese ejército engañado que traes, será testigo de la crueldad del castigo de mi furia provocada, cuando yo saque la espada, y mueran todos contigo. No solo dar me provoco a esa engañada mujer, pero a ti te he poner en una jaula de loco. Y si en tu grandeza es poco lo que has dicho, yo saldré, y en tu nombre, barreré con las banderas Cristianas, los fosos, y barbacanas donde tú pones el pie. Quién eres, Moro imprudente? quien eres, que con barrer, siendo oficio de mujer, te acreditas de valientes Quién tu término indecente sabrá castigar. Recelo, que si a las leyes del duelo quieres cortar el plazo, y llego a asirte de un brazo, te he de estrellaran el sielo. Qué arrogante, y hablador pierdes sin razón, ni ley, el respeto a tanto Rey, el miedo a tanto señor! Rosana, basta el rigor, no, fiada en su mujer, quieras mi honor ofender. Déjame, señora, a mí. El mismo respeto a ti, por tu edad, debo tener, porque si lo que te me pudiera a mi enojar, de un soplo te había de echar, en Cordoba desde aquí: Jono hallo sujeto en ti, ni por donde empiece sé, puesto que enojado,, esté, que es no ay, cuando me importe, con cien Moros de tu porte para el primer puntapie. Yo soy Mujer, y has de ver yuntamiento de Madrid que tu arrogancia castigo. No has de ser si no testigo del que en él pretendo hacer. Entre los dos llego a ver yo diferencia tan poca, que por más que me provoca vuestro alentado despejo, a ti por mujer te dejo, y a ti por cosa muy poca. Vente luego, y defenderte procura. Pobre de ti, si en lo que te he dicho aquí no procuras resolverte. Primero verás tu muerte. Pésame verte engañado. Anda, necio confiado, toca al arma. Q En eso dais? al arma toca, y verás que te enviste un rayo airado, o Mucho mi amo se tarda después que dejó el caballo. y entró a verse con su tío, mucho por Dios ha que aguardo. Dado me ha que sospechar, y aunque temer, que en mi daño puede haber aquí resulta; va los nuestros murmurando su tardanza considero habrá quien diga en el campo: Nunca, de rabo de puerco buen virote; habrá Soldado que diga: Él no es medio Moro? pues sin duda fue a entregarnos. Afuera malicia humana; ven acá maliciosazo, Soldadillo en escabeche, como besugo empañado con tus calzas de gamuza, con tu coletillo, falso; por qué presumes de un hombre que dejó por ser Cristiano, de Cordova la Corona? Pero yo solo he pensado, ay quizá no piensa nadie, qui- quizás soy yo solo el malo. Ah dulce murmuración! no hay plato más sazonado en el arte de cocina, y sobre todo barato; sin blanca se harta un hombre; quiero, a fuer de buen criado, hartarme de murmurar. Qué tiene ahora mi amo qué tratar con Almanzor? Si hemos de andar a porrazos, si ya no somos amigos, para qué nos visitamos? Aquí de Dios, no lo entiendo, o es Cristiano, o no es Cristiane: parece que voy comiendo con gusto alindo bocado! Ay otro servicio? Sí: estará él ahora dando satisfacción a su tío, y muy soberbio el perrazo le convidará a alcuzcuz, que es comida de regalo. Llenando la panza voy, mucho como, y no me harto; o murmuración sabrosa! mana de todos los diablos, que a cuanto quieren sepa, se acomoda, y sabe tanto; pero vive Dios que viene, no hay ya más, la mesa alzo, no paguemos el escoté con un diluvio de palos. que aunque es de balde el combite, siempre lo de balde es caro. Nuño? Seas bienvenido que ya te estaba esperando: que siempre en ausencia tuya; me debes estos cuidados. Dame el caballo, y la lanza. Del almartaga fiado, entre esos robles le tienes. Hoy satisfacer aguardo de mis lealtades al Rey; y plegue a Dios, me haya dado el premio que corresponde a servicios tan honrados. Pues por qué dudas el premio? se Ay Nuño, el porque le callo; ̱ vente paseando conmigo: qué hará ahora Elvira? . Extraño preguntar; qué bien se ve que eres ya, señor, casado. Digo yo que estará ahora (que me cuelguen, si me engaño) recibiendo una visita del Rey, sentada en su cuarto, dulce afrenta de la nieve, dulce alivio de sus rayos. Calla Nuño, calla Nuño. ̱. Pues esto puede ser malo? Calla Nuño, que me pesa de habértelo preguntado. Pues si eso no te contenta, digo, que estará rezando por el alma de tu madre una parte de Rosario. Vive Dios, que a imaginar, que con malicia has hablado. Oiga, nada te contenta? Qué es esto? sin duda tardo: arma toca el enemigo, y al arma también tocaron . mis celos? Belo, qué celos? de haberlo dicho me agravio. Sígueme, sígueme Nuño, y a un mismo tiempo embistamos ce a vencer mis pensamientos, y a castigar mis contrarios vinase, y anse la vañala, e̱̱e Acábame de matar, monstruo fero, horrible espanto, derrama tu sangre misma; pon la sacrílega mano segunda vez en tu Rey aleve, y traidor bastardo. Aquese nombre de Rey suspende mi heroico brazo, para no acabar contigo, fui enefeto tu vasallo: y aunque ya sirvo a otro Rey esto este respeto te guardo, por la dignidad Real; no lo agradezcas, pensando que el amor, y parentesco pudieran conmigo tanto. Victoria, España, victoria. De enojo, y cólera rabio; quítame traidor la vida. Ahora verás si valgo para amigo más que tú; y si habrás de hacer forzado, con perdida de tu honor, lo que te pedí rogando. Aquí no hay más que paciencia, la fortuna ha tropezado con la señora Rosana, es hembra y cayo debajo az El Cielo, castiga en mí pensamientos temerarios, por mano de mi enemigo. Fortuna, qué vuelta has dado contra mí tan rigurosa? No lleguéis a sentir tanto, bella Rosana, el suceso, no os aflija vuestro estado, que aunque ya sirvo a otro Rey, no soy en emigo ingrato en quien falto la piedad. Si a conocerme ha llegado Mudarra, yo soy perdido. Qué piensas hacer? Aguardo aque conozcas quien soy, y el término más honrado que han conocido los siglos desde el Laurel de Alejandro; pero dime una verdad, Don Alfonsque hla pasado a Cordova? Quién lo niega; supuesto que confesarlo es fuerza. Ay de mí! Bien hizo, intamiento de Madrid así de mí se ha librado, pues no estuviera seguro, sino es en Reinos extraños. Pero porque eches de ver como tus soberbias pago, sin licencia de mi Rey, aunque en esto excedo, y paso de los límites que es justo, tu Real persona alargo; vuélvete a Cordoba, y deja los Lugares que has tomado, libres al Rey mi señor: restituye los esclavos, que en Cordova tienes presos, y con ellos (olvidando que es tu hermana para siempre) me envía a mi madre. Ah pacto el más afrentoso, y vil! que Rey llegó a tal estado? En rehenes de todo esto, por abono del contrato, se quedará en mi poder Rosana tu esposa. En llanto se anegan mis tristes ojos. No es mi palabra resguardo bastante? No, que los Reyes no cumplendo que juraron, cuando no es con otros Reyes, yo solo sol vasallo del Rey mi señor; mi casa, aunque indecente palacio, dé su grandeza, será, por lo menos, breve erario, donde el respeto adivinen cortesías, y regalos. Ya me veo en tu poder, a cuanto pidas me allano, solo pido que me des ese cautivo. En mi daño viene a ser lo que pidió: si es mío, cómo ha de darlo? Este no; quiérole yo, por brioso, y alentado, y porque entiendo que es noble. No es si no un hombre ordinario, cuyo rescate es muy leve. Pues por ese mismo caso, errado en el rostro, quiero que cuide de mis caballos. Castigo Dios mi soberbia; echó la fortuna el fallo. Mira: No hay que mirar; ordeno, amigos soldados, que mi señora la Reina. con la decencia, y cuidado que es justo unu su Alteza, y este, y los demás esclavos enmedio del escuadrón los poned, y marche el campo. Al fin, Mudarra, venciste? Venció el poderoso brazo de Dios, no venció Mudarra. O. Y yo vencido me partp? Procura luego cumplir la palabra que me has dado, salte luego de mis tierras, porque si faltas en algó a lo dicho, volveré a Cordoya, donde aguardo poner tu Alcázar por tierra, y hacer para mis caballos de la Mezquita mayor, caballeriza, o establo. No fies tanto en tus dichas. Solo en Dios confío tanto. Al fin soy Rey, y Almanzor. Yo soy Mudarra, y Cristiano. Tu publicarás quien sol. Y tú quién es el Bastardo. Marchad a Cordova, Andaluces. Marchad a León, Castellanos ̱qe enviede. Za v De Mayordomo mayor pozad, Bustos, el oficio. Para tan alto ejercicio me hallo muy viejo, señor, quisiera, sabelo el Cielo, a la moceded volver, por servir, y agradecer tanto favor. Vuestro celo halla en mi correspondencia; a mi obligación faltara Elvira, si os olvidara en esta precisa ausencia; cómo os va sin vuestro esposo? Señor como violentada piedra del centro arrojada, a quien se niega el reposo; como quien ama, y espera Y como luz que se cónsume el bien que gozar presume, y hasta llegar a su esfera. Pero con la esti mación que se debe a vuestra Alteza la soledad, y tristeza menos pesadas me son. Ay de mí! De vos, señor? Sí, porque nunca en mis males hallo yo consuelos tales. i Males un Rey? Qué rigor! Si con mercedes pretende disimular su flaqueza, engañado está su Alteza; vive Dios que no lo entiende; pues para que se concluya. de mi casa, y de mi honor soy Mayordomo mayor primero que de la suya. Bustos, llamadme a Favila, que en la antesala, quedó. Ese daño teme yo. Oh cuanto un Rey aniquila, cuando ofende en el honor al vasallo que sirviendo vida, y honra está perdiendo. No vais, Bustos? Sí señor: estoy por decir, que no. . Iré yo, si yos no vais. Cielos, qué esto consintáis? no señor; aquí estoy yo, que cumpliendo con mi honor en tan supremo ejercicio, ya empiezo a hacer el oficio de Mayordomo mayor. Alerta, honradas porfías, que aunque me vol, quedo aquí. Qué es eso que no entendí? Vejeces, señor, son mías. Divino imposible mío, aperecido dolor, que para abreviar la vida, se dirige al corazón: enfermedad, que en el alma es del peligro mayor, pues del accidente mismo depende la curación; por qué me niegas los ojos? por qué recatas la voz? por qué cierras los oídos al crédito de mi amor? Poco se precian de Cielos, en poco imitan a Dios, si la verdad les ofende, si a la piedad sordos son. Elvira, prima, qué es esto? tanta esquivez con mi amor? tanto desprecio en un Rey? tanto olvido de quien soy? Porqué te quiero te ofendes? quien tan desdichado amó, que no alcance aunque fingido, de su dueño algún favor? Si al ya condenado a muerte le desmienten el dolor arrojándole el cuchillo que su cuello amenazó, y vendándole los ojos, llega el Ministro feroz que le ha de quitar la vida, humilde a pedir perdón; porqué me niegas a mí lo que al delincuente no? Véndame ahora los ojos, pues muero a tus manos ; Ayuntamiento de Madrid y dame aunque sea fingido, olebozado sun favor, que aunque me quites después la vida, sabré que estoy condenado a obedecerte, pero aborrecido no. Valeroso Don Ramiro, invicto Rey de León, de tantos predecesores generosos el mayor; yo la mujer más humilde, no de vuestra sangre, no, como decís prima vuestra, sino una mancha, un borrón del noble Solar de Anzures (que en ser mujer mancha sol.) Humilde pongo a esas plantas mi causa y juzgad señor si en la mujer más humilde fuera culpable este error. Mudarra Gonzalez es mi esposo, cuyo valor merece mis pensamientos, y mi afecto mereció: es de mí tan tiernamente amado, tan suya soy, que me aborrezco a mí misma, por no usurparle este amor. Ved, pues, si con estas partes, y circunstancia es razón, no digo yo que le ofenda, mas que mire alegre al Sol. Pues si con esto se junta estar por vuestra ocasión derramando vida, y sangre contra su tío Almanzor. Si mientras vos (Dios os guarde convalecéis en León de achaques que padecéis, y quizá los siento yo, vuestra Corona defiende, es justo que de su honor solicite vuestra Alteza manchar el limpio candor? Ejemplos me referís del que al suplicio llegó puesta la venda en los ojos; se- señales sin duda son de que por un caso injusto, queréis asolar mi honor. Mas lícito, señor, fuera traer el de aquel León, que al que le curó la mano agradecido sirvió. Este si era digno ejémblo, este si os tocaba a vos, que sois León, y Mudarra y de sus lealtades crisol, afirma que tenéis manos contra el Alarbe escuadrón. Favores decís que finja, y no reparáis que son principio de la bajeza la mentira, y la ficción. Las mujeres principales, las que con sangre, y valor su propio natural puso en tan alta posesión, no fingen, señor, no fingen, que es poner en opinión su pureza, y no es honrada la que fingiendo mintió. A las palabras se siguen las obras, y cuando no, tanto una palabra ofende en la vulgar opinión, como el hecho consumado, pues basta en mi deshonor, que se diga, y se murmure, aunque falte ejecución. Y así os pido humildemente, que estorbando esta pasión, deis honra a la sangre vuestra, a la virtud atención, a quien os defiende aplauso, y a quien os sigiz, blasón. No de Rey, que no os hizo Dios de materia, diferente, ni para igualarme a vos, hay dos dedos que subir, ni que bajar otros dos. Quisiérate responder. Que lo dejéis es mejor, pues ya Bustos ha llegado. Ya, señor, lo que mandó Vuestra Alteza queda hecho, si otro servicio mayor os puedo aquí hacer, mandadme. No Bustos, quedad con Dios, que en vuestra casa se hace muy mal lo que mando yo. Siempre fue el obedeceros en mí el más grande blasón. Digustado sale el Rey, sin duda mal sucedió: con vuestro Rey bella Elvira, no tengáis tanto rigor, que son muchas honras esas, y el Rey donde quiera honró. Villano, a tu desvergüenza así ta responde mi honor. Este agravio al Rey se ha hecho. Qué es esto? El rojo color de mi rostro lo pública. Al que sin vergüenza habló delante de mí, en el rostro le pongo vergüenza yo. Vos, Bustos, tenéis la culpa; vos tenéis la culpa. Yo? Sí, que Elvira nunca osara, si no es con vuestro favor, hacer desacatos tales; mas sabré castigar yo a quien neciamente vano su débil brazo alentó. Yo, señor, siempre os serví, mi pecho herido mostró tes- testigos de esta lealtad, y aquestas canas lo son. Nadie atrevido se arroje, mientras yo reino en León, a profanar la grandeza que a la Majetad se dio, que sabré cortar cabezas, y allanar la presunción de una libertad caduca, de un soberbio pundonor, de un desalumbrado exceso, y de un decrépito error. Perdidos somos, Elvira. Pues qué mayor perdición que la que el Rey solicita? puede alguna ser mayor? perder la vida, qué importa? Morir en una prisión, padecer una injusticia, heridas crueles son; pero mucho más aquellas que cargan sobre el honor. Ay hijosdel alma mía! mi desdicha se os pego, heredasteis mi ventura, porque en los que nobles son parece que es la desdicha el mayorazgo mayor. Deshareme, en llanto, Elvira, y nunca con más razón, porque siete hijos muertos no causan tanto dolor, como uno solo ofendido en el honor, y el valor. Qué es ofendido? qué dices? a mi esposo guarde Dios, que yo sabré defenderme. Ay Elvira. Y cuando no, vuelva a Cordova Mudarra, vuelva a servir a Almanzor, que yo entre Moros estuve, y más segura vivió Ayuntamiento de Madrid mi honra, que entre Cristianos, No te ciege la pasión, Elvira, no digas tal. Pues morir es lo mejor: no has visto que el bravó toro el astuto lidiador, para remediar la vida, que ya en el peligro vio, le echa la capa en los ojos, y allí ejecuta feroz la atrocidad, que en el dueño ejecutar intentó? Pues los mismo nos sucede; considera que es, señor, capa del honor la vida, y para su redención, perder la vida conviene; ejecute su furor en ella el Rey, ejecute toda la jurisdición, desde el odio a la venganza, a la ira desde el rencor, que aunque rompa, y despedace la capa cruel, y atroz, no ha de mellar mi virtud, que a sus fuerzas, superior, divino lugar ocupa entre los rayos del Sol. upuere Vomeo esm
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Después, señor, que prendiste a Bustos, he deseado decirte cuan lastimado me tiene su prisión triste. Cuando en la prisión le viste? Habrá un mes, y como en él juzga el castigo cruel, libra en llanto su pasión, Y qué hacia en la prisión? Vile escribiendo un dapel tan tiernamente, señor, que aunque me ofendió en mi cara, por por no verle perdonara los agravios de mi honor; no fue Bustos mi ofensor, ni en quien me ofendió pretendo Sl venganza, porque yo entiendo que no me pudo ofender la mana de una mujer, que favorece aún hiriendo. Si V. Alteza le viera con entrañas tan humanas bañar en llanto las canas, pienso que se enterneciera; raudal tan copioso era, que el corazón más cruel pudiera anegarse en él y cuando tinta faltaba, la pluma en llanto mojaba para escribir el papel. Huélgome de haberte oído, que aunque su pena me admira, no quiero tan mal a Elvira, que de sus cosas me olvido. Pienso que así te he servido. Confesarte quiero aquí, Favila, que si prendí con tan grande indignación a Bustos, fue su prisión por satisfacerte a ti. Porque quien ya de su honor desprecios llega a advertrir, se resuelve a persuadir con agrado, y con rigor: la ingratitud en amor, que Elvira llama virtud, causa en mí tanta inquietud; pero al fin, tanto la quiero, que he de castigar primero mi amor, que su ingratitud, Beja pasar unos días, porque no parezca en mí liviandad, y que prendí sin causa cosas tan mías; y pues con entrañas pías perdonas, darle despueses libertad. Besar tus pies por ese favor pretendo. Tu lealtad, Favila, entiendo, eres noble, eres cortés. Tan arrepentido estaba, que cuando le perdonaste, parece que adivinaste lo que mi amor deseaba. Como tu amor ignoraba, y este se desapasiona, y lo que condena abona, juzguelo por importante, porque quien castiga amante, arrepentido perdona. De Simancas he sabido como Mudarra llegó, y a Almanzor desbarató. Solo por eso te pido pongas tu amor en olvido. Bustos me da más cuidado, que me dicen que ha cegado en la prisión. No me espanto, porque yo le vi en su llanto, cuando no ciego, anegado. Elvira menos piadosa del mío, tiene el amor ciego con tanto rigor, acción de mujer hermosa. Ella viene. Rigurosa visita; a temerla llego, que como la adoro ciego, de verla en esta ocasión quejándose su razón, tiene de aumentar mi fuego. A vuestros pies Rey invicto, me trae voluntariamente la soga, que el delincuente arrastra con el delito: mi castigo solicito, no quiera Dios que mi exceso, cuando ante vos lo confieso, se encubra, que es gran rigor, qué que esté libre el ofensor, y esté el inocente preso. Mandarme prender conviene; este castigo, y rigor para mi mano es, Señor, no para el guante que tiene; si Bustos a serlo viene, el vulgo dirá inconstante cuando paséis adelante en tan injusta pasión, que a la mano dais perdón, y que castigáis el guante. Este rigor, este exceso puede haceros más cruel, pues que castigáis en él delitos que yo confieso; y si por tenerle preso, pensáis tener ocasión de enflaquecer mi opinión, os engañáis, mal hacéis; pues aunque no lo mandéis, yo me entraré en la prisión, Elvira, en vos considero las culpas, y las querellas, como en la ninez aquellas que hace el Príncipe heredero, que como el rigor severo en él no ha de ejecutar, manda el Maestro azota? a al tscase querido, para que sienta ofendido, sino el rigor, el pesar. Culpas vuestras, si llamarlas con este nombre es razón, no tiene jurisdicción un Rey para castigarlas; y así para perdonarlas, cuando no fuera valor, a vuestro amigo mayor, quise prender solamente, porque veáis lo que siente un preso por vuestro amor. Y el Mundo, que este concepto por fuerza le ha de ignorar, podrá entre los dos juzgar si sois prudente, y discreto? No, porque si está secreto, o la pasión, o el disgusto, por quien el castigo justo controvertís, y trocáis, vez que justo perdonáis, Ly que castigáis injusto. Y así, porque no lo diga, o desesperado, o ciego, a vuestra prisión me entrego, tanto la razón me obliga: cualquiera lengua enemiga, que el blanco a mi vista borne, verá, que cuando se corre de ser libre mi opinión, se vale de una prisión, se hace fuerte en una torre. Oh Valerosa mujer! vive Dios, que estoy corrido aún de pensar que he podido su limpio honor ofender: qué sueclaro, y limpio ser en tanfo poder me venza? ya arrepentido comienza mi delito a degradar, pues he llegado a mirar la cara de la vergüenza. Pero qué cajas son estas? Habrá Mudarra venido. Que viene, dicen vencido destempladas, y funestas. Deme los pies V. Alteza, y atención me dé después, para que ponga a esos pies mi victoria, y mi tristeza. Alzad, y mi confusión sacad de funestas pompas, que victoria, y sordas trompas implican contradicción. Partí, señor, a Simancas con tu Exrcito felice, un día, para ti alegre, aunque para mí muy triste, marché dividido en tropas trece días, y a los quince bebí las aguas del Duero menos sangrientas, que libres, porque el soberbio Almanzor la bella margen oprime con veinte mil Andaluces, que por su persona rige. Tenia cercada en tres partes la Ciudad, que si invencible a los principios la halló, ya más humana, y humilde, las últimas esperanzas postraba, para rendirse. Vile en su tienda yo solo, que para más afligirle, empecé por el desprecio, que de su persona hice. Admirose de esta acción porque enojado, y terrible, cuando más me amenazaba, sin pensar le sobrevine. A mis razones atento. y a mis pier ston elince, bebió por ojos, y oídos, (no de la lengua de Ulises, retóricas oraciones, y si no amenazas de Aquiles. Al fin, para no cansarte, lo que me dijo, y le dije, ni el referírtelo importa, ni la relación lo pide. Salime yo, y tocó al arma, y apenas los aires libres ocuparon voces tantas de trompetas, y añafiles, cuando vi el campo cubierto, ya fasquen, o ya relinquen, de caballos Andaluces, y de yeguas Tunecies, y en uno que se pisaba las cernejas, y las crines, yuntamiento de Madrid (fuertes brazos, ancho pecho, corto cuello, rostro firme, los ojos fuera del casco, muy abiertas las narices, por donde en fuego, convierte el aliento que recibe; siendo en pespuntados pasos tan igualmente sublime, que despreciando la tierra, clavos en el aire imprime. Acometí con mi gente, ay sin que otra se anticipe, la primera fue mi lanza, que en sangre Alarbe se tiñe, Si de quien soy me olvidé, aquesta vez lo acrediten propias alabanzas mías; pues un Bilósofo dice, que contra la ingratitud alguna vez se permite. Los primeros escuadrones trompí, que el bruto que oprime riguroso mi acicate. acuando con denuedo enviste de un troneo en otro vibrado, tan ligero se apercibe, que logré infinitas veces las heridas del enristre. Andaba Almanzor tan diestro, que a todos cuantos le siguen, ventajosamente excede en el herir, y cubrirse. Valiente el bárbaro Rey, rota ya la lanza, esgrime el corvo rayo de acero, que Damasco le remite. Tan valiente peleaba, que el escuadrón que le asiste, a ejemplo suyo, mudaba la especie de hombres en tigres. Neutral la victoria entonces, y aún casi perdida, quise arrestado en el pengro, hacer el último envite; y por la selva de lanzas, que a mi pecho se dirige, rom- rompí, buscando a Almanzor, hallele en un blanco cisne, que salpicado de sangre, jaspe animado se finge. Deja de matar Cristianos, le dije a voces, y mide conmigo el valiente acero, pues en vencerme consiste la victoria que deseas; no bate las alas libres el Águila caudalosa, cuando al Milano persigue, como él los pies al caballo. Yo hice lo mismo, y firme al choque de las adada esta libertad tu Reino, que a una roca inaccesible desquiclira de su asiento, Tdiciendo a voces: Venciste, dejó la silla desierta, y el suelo ocupó infelice. Veloz me apeo, y del modo, que la Real sangre lo pide, le retiré, concluyendo la batalla más insigne, que desde Jerjes, la fama publicó en sangrientas lides. Su ejército, que arrogante no esperaba tales fines, desfalleció, viendo ya, que no hay Rey que los anime; y nuestro breve escuadrón, victoria a voces repite. La gloria del vencedor mayores aplausos pide, cuando con clemencia vence, y cuando piadoso rinde: no hay victoria, por heroica, que no la desdore, y vicie el rostro de la crueldad, fabricada en pechos viles; y como el ser tu vasallo nobleza pudo infundirme. cuando a mi sangre no deba antiguos gloriosos timbres. Sin tu licencia, señor, (perdóname, si mal hice) concedí al Rey libertad, restituvéndote libres las Villas, que había tomado, y más veinte mil florines, para que de sus murallas los daños se reedifiquen, Todos los cautivos presos, Y que con ellos me envíe a mi madre, prometiolo, y para que más le obligue, queda en reenes su esposa, mira si es prenda que estime. Esta victoria te he dado, este laurel conseguiste, y yo este estado infelice. Pues cómo, si vencedor vienes, tu entrada apercibes con lúgubre instrumentos? qué nuevo acaso te aflige? Este papel lo dirá, que quien lo sabe lo escribe; por él aunque vencedor, entrar de esta suerte quiser con sordinas en las trompas, cajas roncas? as tristes, que no es razón que se alegre, el que desdichado sirve. Lee sus fenigiones pueos, que mientras te lo sejamines, requiriré las prisiones donde a mi padre pusiste, que a tales obras, tal premio la ingratitud apercibe. Qé Favila, a tanta razón, respuesta alguna no hallo, que he ofendido un gran vasallo Sino en el hecho? y la intención. Lee, señor, el papel. Antes corrido, quisiera es- R excusar, si ser pudiera, las razones que hay en él: dice así. Desde aquel día que de aquí, hijo, salistes, aquellas premisas tristes, que vuestra esposa tenía, crecieron faltando vos; el Rey mozo aunque ella honesta, yo vuestro padre, y en esta guerra inferima u bis ̱ ̱̱ , MOLOARD UR MIEDO firebRC, RUUMAO RMA, LALA dEquveRE, PILES A BIJEA en el mundos Quien amo tan infeliz como yo? Quise vencer un diamante, y por solo el pensamiento, tan castigado he quedado, que en mí el Cielo ha ejecutado la pena, y el escarmiento. Qué haré Favila? Señor, al Rey le es posible todo, honrar es el mejor modo; quien debe honor, pague honor. Con honrar, y con mercedes, (puesto que tan merecidas) curar puedes las heridas, y desenojarlos puedes. Has dicho muy bien, amigo, tu consejo he de tomar. Si me das, señor lugar, hablar pretendo contigo. , Qué quieres Moro? Que adviertas te pido que no sol Moro, Cristiano soy. Eso ignoro. Qué dices? Verdades ciertas: Don Alfonso soy, señor, que siendo rama dichosa de Ruy Velazquez, a puien con mano aleve, y traidora mató Mudarra Gonzalez, ese Bastardo, que goza favores no merecidos, y no merecidas honras, Sediento de la venganza, pasé de Castilla a Cordoba, por no basaren Castilla . un brazo que me socorra, un Príncipe que me ampare, y una piedad que me oiga. Oyó Almanzor mi querella, vino conmigo en persona, mas por vengar mis agravios, que a su cuenta, y cargo toma, que por afligir tus tierras; pero la suerte dichoso de este Genizaro, de este que predomina en mi honra, do puso a sus pies, quedando (cuando pensé con victoria, cautivo de mi enemigo, Y esclavo de quien me enoja. Si en tu Real condición, y en tus entrañas piadosas, los hierros de honor se homiten, culpas de honor se pregonan, Tampara mi juventud, sea en ti nueva Corona el deshacer tantos hierros, puesto que a tus pies me ponga; que si en los Reyes extraños piedad halló la lisonja, en ti, natural señor, no es razón que se esconda. Noble sor, favor te pido, Rey eres; y aunque blasona Mudarra servicios tantos, ̱ne todos los caa, y borra y la soberbia que informa. Admirado justamente tu confusa hidoria, mas por los peligros tuyos, que por lo que a mí me toca. En mis prolijos males, si alivios puede haber, hija querida, en ti los hallo iguales, dulce consuelo de mi amarga vida, teneerirarla quien de su mal se duele un desdichado. Ya estará el Rey contento o por lo menos, ya desengañado, verá cuan poco siento su prisión, pues en ella yo me he entrado, donde mi honor seguro; ni quiero libertad, ni la procuro. Llégate a mí, consuelo en mis trabajos, y de mis ojos lumbre templa de mi dolor la pesadumbre, salienta mis enojos, mis manos toquen, pues no ven mis ojos. Pero qué escucho? Ay aire encomendadas sajas oigo, y parecen destempladas, y de esto he presumido, o que Mudarra es muerto, o es vencido. De las Guardas piadosas licencia tuve para entrar, ya veo mis prendas generosas, de la fortuna mísero trofeo; un padre sin ventura, y un crisol del honor, y la hermosura. Quién, Elvira, se ha entrado? Quién vencedor a la prisión se viene, casa para un Soldado; que la virtud tan altos feudos tiene. Humilde beso tus pies. con la crueldad que estaa, bansit . Vete en paz, mucho me impora Favila, esto que he escuchado. Qué intentas? Sígueme ahora, que yo pondré brevemente en paz todas estas cosas, Hijo de mi corazón, dame los brazos, y advierte que siento tanto el no verte, como hallarme en la prisión. Padre amado, prenda mía, qué es esto? por qué lloráis? ya sé qué presos estáis. y esta es prisión de alegría: para qué tantos excesos en la prisión se han de hacer cuando ya en mí viene a ser la mayor honra estar presos? Dejad, señor, los enojos, y obligado al beneficio, sepa el Rey, que en su servicio supisteis perder los ojos; y vos esposa querida, dadme los brazos, que es bien que a mis victorias se den: Vuestra es, esposo, mi vida, y el alma, que siempre amó vuestro valor, como estaba sin vos nunca roposaba. Rosana, esposa, quedó en mi poder, no cautiva; ni tal nombre es bien le cuadre, por reenes de mi madre, vuestros favores reciba. Elvira? Señora mía, con vos me puedo alegrar pues más presa vengo a estar, que en vuestro poder vivía. Rigores del Rey admiro. Antes, señora, es favor, que el tesoro de mi honor. le guarda así Don Ramiro. Tú, Moro, llega a besan los pies a mi padre. Cielo a vuestra piedad apelo. Acabe ya de llegar, qué se detiene el figura? qué aguarda? Grande rigor! Piensa que solo a Almanzor se le debe hocicadura? Quién es este Moro? Esclavo, que para mi reservé. Cómonte llamas? No sé. Aquesa ignorancia alabo; eres noble? Noble fui cuando Dios quiso, ya no. Esta voz conozco yo, y no sé donde la . Estuviste alguna vez en Castilla? No señor; muerto me tiene el temor. . Sombras son de la vejez, no te admire el cautiverio, que a los nobles nada espanta, y el Mundo tal vez levanta la Esclavitud al Imperio. Todo es subir, y caer; y aunque me ves libre, y vivo, también yo estuve cautivo por una mala mujer. Terribles golpes son estos, fortuna, en que has de parar? El Rey no puede culpar tus pensamientos honestos, pues tienestales encantos, que al más inhumano, y fiero León, convierte en Cordero. Mi vida se anegue en llantos, Su camarada he de ser, y en la aldaba del zaguán, el tordillo, y alazan darán a los dos que hacer. Lon que importa es pacienciaza de marca mayor, que ya el repicaro sabrá del mandil, y la almohaza; y si es corriente, y se abona de liberal, podrá ser, por dadivoso, tener su poquito de fregona. Pero vautícese niño, y verá que con decoro está de barbas tan Moro, como de crisma lampiño. Aunque decirme podría, que iguales en los extremos, a una quínola podemos jugar su barba, y la mía. Mira que ruido es ese, Nuño. . Voy, señor, volando, por Dios que me va gustando el señor sion clavo, y . El Rey es, acompañado del vulgo, que con decoro lo sigue, por ver un Moro, que el coche ocupa a su lado. Ilustre Gonzalez Bustos, valentísimo Mudarra, defensa de mi Corona, blasón heroico de Lara, dadme los brazos. Sañor, tanta merced? honra tanta? perdonadme, que no os veo. Pésame de esa desgracia. Que no es desgracia, señor, pues en el mundo que pa, a quien ve menos, vive más; para mis trabajos, basta el oír de vuestra boca, tan regaladas palabras. De vuestros males me pesa, todas las cosas pasadas se acaban, Favila es noble, su ofensa ya perdonada lo dice, solo pretendo de vos Elvira, y Mudarra, la amistad. En mí, señor, jamás la obediencia falta. Ni en mí, esposo, el estar siempre justamente confiada. Por amigo, lo merezco, que lo soy, es cosa clara, pues vengo a daros dos cosas, que tenéis tan deseadas: la primera es vuestra madre, la segunda que os aguarda, es Don Alfonso Velazquez cómplice en vuestras venganzas. Cielos, qué escucho? Permite, señor, que bese tus plantas, por tan heroica merced. Qué un Rey tal agravio se haga a sí mismo,! estoy sin vida. Para leer esta carta me sentaré en vuestra silla, Bustos. . Si el contento mata, hoy he de perder la vida; vuestra es, señor, para honrarla. Favila, escribe a Almanzor, que sus corteses palabras con gusto, y que estimo a Arlaja, por ser su hermana, no menos que mi Corona. Vos, bellísima Rosana, cuando tuviéredes gusto, podréis hacer la jornada, y a lo demás que me escribe, yo responderé por cartas. Gónzalo Bustos, venid a Palacio, y vos Mudarra, venid, veréis vuestra madre, que ya en mi cuarto os aguarda, para desde allí tomar (un hábito, en Santa Clara. Venga Elvira, y vengan todos; pero aguardad, que me falta pediros albricias yo; dos cosas os di palabra de entregaros (y estás sonag vuestra madre, que E Arlaja, y el hijo de Ruy Velazquez, solo quiero que por ambas este cautivo me deis. Cuantos yo tengo en mi casa son vuestros. Ya en sin es mío? Sí señor. Alfonso, basta; mudad traje, y condición, y si queréis, en mi casa tendréis las mercedes mías, mientras quisiereis gozarlas. Señor, ved: Aunque sin ojos, no pudo engañarse el alma; su misma voz conocí. Dame licencia, que vaya a León; que retirado hará el sentimiento pausa, que estos yerros son fingidos. Para ser fingidos, bastan los que habéis hecho; partid confiado en mi palabra. Yo me doy por satisfecho. Yo también. Pues solo falta ver a vuestra madre, esto simporta poco a la traza; vámosla a ver, a dad fin la Comedia. Aquí acaba la segunda parte, y hechos del Genizaro de España. diferentes títulos, en Salamanca simismo, Autos, Entremeses, ero de Copleria, Ayuntamiento de Madrid V Ayuntamiento de Madrid
