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Texto digital de Querer sabiendo querer y gran reina de Tinacria

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Atribución tradicional
Diego de Aguayo
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Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Valencia, Viuda de Josef de Orga, 1764).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Querer sabiendo querer y gran reina de Tinacria. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/querer-sabiendo-querer-y-gran-reina-de-tinacria.

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QUERER SABIENDO QUERER Y GRAN REINA DE TINACRIA

JORNADA PRIMERA

Avor, Cielos! Favor, tierra! Muera el Amor, y triunfe la belleza. Ay de mí, que me anego! Para poder matar basta lo bello. Fuego. . Socorro. Dios te socorra. Ya la tierra toco. Dime, qué es esto? que apenas (el Esquise derrotado,) torpe la planta he estampado en las húmedas arenas; cuando en confusión mayor me miro, pues me condena, desde una pena a otra pena, desde un horror a otro horror? Y cuando mi mal reporta ver ese edificio, luego oigo decir::- . . Fuego, fuego, que ya el incendio: nos corta. Qué es esto? si no es que iguales se han conjurado violentos todos los cuatro elementos para duplicar mis males. Y los míos; que es, por Dios, insufrible, e importuno pintar los males de uno, siendo el peligro de dos: es bueno: Socorro, Cielos! Espera. Qué escuchas? . Di, fue acaso engaño, u ::- Socorro. . Pues qué desvelos te da aquella voz? . No sé; solo sé, que soy quien soy: y así, a socorrerla voy; ven conmigo, pues. . No haré; tú puedes irte sin mí, y decir en tus lamentos, que solo los elementos se conjuran contra ti. Pues yo voy ya que mi estrella tantos peligros dispone. Mira el riesgo a que te expone. Ya mi valor lo atropella. . Yo lo sigo: mas qué ciego error mi discurso fragua? qué más me tenía el agua para morir, que no el fuego? Si yo viniera mojado, y buscara el fuego, vaya; mas si tal cual dio en la Playa el Esquise derrotado, y desde él tomamos tierra; no fuera error incapaz haber llegado a la paz, y volver a entrar en guerra? Cielos, a dónde estaremos? sin duda, es Isla encantada esta, pues está poblada de fuegos, voces, y extremos: y bien encantada, si en este postigo advierto bellas Deidades, y es cierto que se vienen hacia mí: si estas serán ilusiones? Infeliz festín ha sido. A la Playa hemos salido huyendo el riesgo. . Visiones son, que el verlas da contentos. Trocose el gusto en cuidado. Yo pienso andar encantado, descubriendo encantamientos. Nunca el sarao se intentara. De mi hermana (infeliz suerte!) temo la temprana muerte, pues no parece. . En la rara confusión del humo, y fuego, se nos perdió. . Fue desdicha: hoy he de lograr mi dicha, . pues Enrique en mi amor ciego, llevado de su pasión, echó la llave a la puerta del cuarto, y estando muerta (o, no malogre la acción!) Diana, yo me corone como su hermana. . Yo espero, que entre tanto Caballero como hoy al riesgo se expone, a la Reina mi señora habrán librado. . Qué fuera, si mi amo la socorriera? Su riesgos el cuidado llora. Así mi cautesa encubro con el Pueblo, y con las Damas. Entre el incendio, y las, llamas a la Reina no descubro; y vengo a ver si advertida se puso en fuga su Alteza, antes de ver la fiereza del incendio tan crecida. Miento, que encerrada está en el cuarto que se ardió. Lo mismo me hiciera yo, que es buscarla por acá. Gran pena! . Grande cuidado! Fiero dolor! Ay de mí! Ya, señora, estáis aquí segura; y pues ha pasado el susto, yo vuelvo ciego salamandra al fuego osado; pues el alma me he dejado, señora, ardiendo en el fuego. Esperad, no os habéis de ir. No os canséis en porfiar, que al fuego voy a buscar, que está en el fuego el v No os entiendo. . Yo tampoco. Ya su venida celebro. A él se le secó el celebro con el calor, y está loco. Hermana? . Señora mía? Gran susto nos ha costado. Cómo estáis? aún el nublado nos priva la luz del día? Ya, gracias a Dios, cobrada. Muestra el rostro, que ya es justo. Fue tanto, hermana, mi susto, que no reparé turbada en quitar la mascarilla. . Disimule mi pesar. Ya es fuerza disimular. . Ya sin la niebla el sol brilla. Estimo el favor; y el caso nos muestra muy evidente, que no buscaba el oriente quien no extrañaba el ocaso. Yo:- . Basta ya. En la desdicha::- Cesad. . Al riesgo es certeza que::- . Callad, que la fineza es para hecha, y no dicha. Mucho llevo que pensar. Mucho llevo que temer. Porfiar hasta vencer es el modo de reinar. Quién es aquel hombre? . No lo he visto jamás. . Llegad: quién sois? . Saberlo excusad, pues aún quien soy no sé yo. No? cómo? . Cómo arrojado del Mar aquí llegué, y luego dudo viéndome en el fuego, si soy carne, o soy pescado. Y vos solo? . Y un andante Caballero a todos vientos, que a todos cuatro elementos ha embestido en un instante. Cómo? . Que apenas el agua dejó, y emvistió a la tierra, no la pisó, cuando guerra fue a tener con esa fragua de Vulcano: salió, y luego el aire de su meollo lo llevó sin duda al rollo que lo estire; con que fuego, agua, aire, y tierra, en un punto ha galopeado. . Con que cuando del Mar salió, fue al socorro? . Y bien difunto de los trabajos del Mar. . Gracias a Dios, que te veo, que el cuidado, y el deseo de tu vida:: . Acreditar vuestra lealtad hoy de nuevo es excusado, porque a vuestra lealtad bien sé, Ricardo, cuanto le debo. Y para que acreditarme pueda el afecto al oíros, ved que tengo que deciros, y vos tenéis que escucharme. A tus pies estoy postrado. Id, y buscad brevemente a un Soldado, que valiente hoy del fuego me ha librado. Mal se logró nuestro intento. E Lograrase mi altivez. Y despachado otra vez volvió al incendio violento. Sabedme quién es? qué quiere? de dónde viene? a qué va? y hospedadlo. . Bien está: ya te entiendo. Y pues que muere del fuego el fiero rigor, bien nos podemos volver al Palacio, y deponer el bien sentido temor. Vamos. . Mi cuidado ignora Vencislao mi primo a donde de nuestra vida se esconde? Nadie lo ha visto, señora. Temo el riesgo de su vida. Sabrá él guardarla. . Yo sé de su sangre, y valor que no excuse acción atrevida. Decidme:- . otro preguntón? Venís vos::- Vengo, y no vengo. Con el que: Cielos, no tengo ya esperanza en mi pasión! Caballeros, al salir del fuego un joven hallé casi muerto, y lo saqué: cuidadlo, que yo a morir parto ya desesperado: ven, Colmillo, ven. . Espera; dónde vas? . A la ribera a echarme en el Mar salado. Pues vete solo. . Esperad. Dejadme ya. . El deteneros es fuerza; pero ya el veros me causa más novedad. Y a mí el oíros a vos. A ese joven que su muerte se duda (de aquesta suerte quedamos solos los dos) buscaréis, y con cuidado . haréis curarle de suerte, que se le excuse la muerte. . Ya solos hemos quedado, Astolfo, dadme los brazos. Novedad me causa el ver, que me podáis conocer. Sí, Astolfo, porque estos lazos los une lealtad, y amor: amor, pues casi os crié; lealtad, por tener mi fe vuestro hermano, y mi señor. Vasallo suyo nací, y siempre serví leal; más Mauricio pagó mal cuanto atento le serví. En fin, a tierra distinta vine, que sin duda alguna borra en unas la fortuna lo que en otras cruel pinta. Mas esto aparte, os suplico me digáis el accidente que aquí os trajo. . No consiente contarse el mal que no explico: no os canséis en preguntarlo, porque decirlo no tengo. Pues venid, que ya os prevengo hospedaje. Y acetarlo en mi es forzoso. . Venid. Vamos: (oh pena molesta!) . qué tierra, señor, es esta por vuestra vida decid? Esta es la Tinacría. . Ya no puedo ir con vos. . Por qué? Porque no es bien que me dé hospedaje, la que está sentenciada a mi rigor: demás, que os estará mal siendo a esta tierra leal, el que os tengan por traidor. Si acaso vos me hospedáis, dirá el vulgo inadvertido el que complice habéis sido en lo que no imagináis: y así; adiós. . El ausentaros que no he de permitir, ved. Pues si eso es así, atended lo que me obliga a dejaros. Luego hablaremos los dos. Pues si me habéis de hospedar, antes me habéis de escuchar, que es crédito en mí, y en vos; pues excusar es forzoso, que diga el vulgo atrevido de los dos, que habemos sido vos traidor, yo cauteloso. Ya sabéis, que de Mauricio (en cuya augusta cabeza, ceñido el Laurel, le nombra de Constantinopla Cesa. soy hermano; y que a la sombra de sus tendidas Vanderas crecí, siendo las canciones que escuché en la edad más tierna, o el arrullo de la caja, o la voz de la trompeta. Desde mi primera infancia serví a mi hermano en la guerra con tan felices suceses, que en la campaña sangrienta viendo mi fatal cuchilla, las Naciones extranjeras temblaron, pues la juzgaban, mirando su estrago en ella, que era el acero de Marte gobernado de mi diestra. Coronose, en fin, mi hermano, y yo a sus plantas excelsas le rendí tantas victorias cuantas fueron las empresas. Estando, pues, victorioso, dando fondo en la Caleta un día, enojado el aire ocasionó una tormenta, a cuyos recios embates combatiendo con la tierra las olas en la resaca, que desperdicia en la arena, en bien esmaltada caja, en la línea de pequeña, arrojaron un retrato de una mujer, que a cogerla, sin saber lo que ocultaba, codiciosos de la presa fueron algunos Soldados; y de esta codicia misma, por quererla para sí cada cual, nació el que hubiera discordia entre ellos; y yo, por evitar la pendencia, tomé la caja, feriando entre ellos más que pudiera valerles a cada uno, si se quedara con ella. Abrila, y vide el retrato que os he dicho. Ya aquí es fuerza deciros que no extrañéis mirar acciones opuestas en mí, pues con sus contrarios permanente se conserva la naturaleza toda: al Sol la sombra despeña, al día emboza la noche, al Mar la tierra refrena, la nieve el fuego enjuga, a la flor el aire seca, a la hierba el hielo abrasa: qué mucho, que mi soberbia desvaneciese un retrato, cuando el tiempo nos enseña, que en su mayor lozanía desvanecen, y sujetan al Sol, al día, a la flor, a la nieve, al Mar, la hierba, el fuego, el hielo, la noche, la sombra, el aire, y la tierra? Mirelo como apacible, y aquella vanidad misma que de mis triunfos he dicho, con una tarda cautela. fue castigando, pues pudo avasallar su belleza con seguros de insensible mis sentidos, y potencias. Rindiome con tal fatiga, que, viendo mi pasión ciega, yo mismo me preguntaba, qué es esto? qué ansias! qué penas! es Amor? no: que no puede. una pintura perfecta causar amor; pues lo más que podrá obrar en la idea es un agrado apacible. que blandamente deleita. Pues qué tormento es el mío? Amor es: pues nos enseñan las historias, que de un mármol, de una estatua, de una piedra se han enamorado muchos: No es Amor; pues aunque sea cierto haberse enamorado de una estatua, no es opuesta acción; pues aunque no igualan ambos en naturaleza, como los Astros influyen en el hombre y en la fiera, en la hierba, y en la flor, en el metal y en la piedra, pudo mudarse la estatua de materia, que estuviera sujeta a la estrella misma que aquel estaba, y en esta conformidad ya llevaba la disposición secreta, que para su error le daban la fuerza de las estrellas: mas el retrato no pudo, pues los mátices se mezclan de muy distintas porciones a varios Astros sujetas. En esta dura batalla, o sin dar al descanso tro ta faltábame la razón, y sobrábanme las penas: hasta, que ya a mi discurso cerrando todas las puertas me di por rendido al golpe de tan ignorada flecha. Y en fin idólatra amante, dando culto a su belleza, vivía en la adoración de aquesta deidad suprema. Direisme, que qué conduce hoy a nuestro caso esta relación? aquí doblada (por si importare) se queda la hoja, y voy a otro suceso. Ya sabéis, que fue heredera, por muerte de Federico su hermano (que en edad tierna murió sin hijos) Diana, que hoy en la Tinacría reina; y también que valerosa, (o, por Dama, o por soberbia, por festejada, o por todo) negó al Imperio la ofrenda del feudo, sin que hayan sido bastantes a que le ofrezca Pel ruego, ni la amenaza; con que mi hermano me ordena, que aprestando gruesa Armada, Embajador suyo venga, o a recobrar el tributo, o a protestarle la guerra a fuego, y sangre, sin que a Constantínopla vuelva menos que con la victoria, ya de paz, o ya de guerra. Salí de Constantinopla tendiendo al aire las velas; próspero el viento soplaba, los clarines, y trompetas dulce lisonja del aire entre sus ráfagas eran: flámulas, y gallardetes lucian en las entenas, y penoles; y tendida de la pupa la Bandera, sirviendo el cristal de espejo florida selva, ve en su retrato se si misma. iyo envidia a Bolé con próspero viento, cuando de repente tiemblan los Marineros, juzgando ya forzosa la tormenta. Calaron los Masteleros, aferraron bien las velas, el Mar empezó a inquietarse, el aire airado se muestra, el Cielo entoldó sus luces, todos en confusión entran, el Sol se oculta del todo, las rizas olas se inquietan, los reparos se embarazan con el susto; el Cielo truena, los relámpagos deslumbran, las nubes la lluvia aumentan, el viento más esforzado las velas menores lleva de los Masteleros; cruje el árbol mayor y quiebra; desarbólanse el trinquete, vauprés, y mesana, y llega duro golpe, que arrebata, sin que resistir se pueda, timón, castillo, y Alcázar; y desencajando a fuerzas lo sobrepuesto, dejó el buque sin obras muertas. Ya viéndose, pues, perdidos, cual al agua se despeña, cual del fragmento se vale, cual de cobarde se queda, yendo a buscar de su vida en la muerte la defensa. Fue sorbiendo el Mar las Naves, y yo viendo ya deshecha mi fortuna, acompañando ese Criado mis penas, saltamos en el Esquife, que estaba de la tormenta derrotado, siendo entonces árbitro a las vidas nuestras de un Mar muy enfurecido un Barco muy sin defensa. Llegamos, pues, a esta Playa, sin saber donde; y apenas el dudoso pie estampamos en la poca firme arena, cuando la primera salva, que a nuestros oídos llega, es el lamento del fuego, hiriendo el pecho, y la oreja en mi una voz lamentable de una mujer, que fue senda que seguí, hasta llegar (entre la confusión ciega del humo) a una pieza donde hallé cerrada la puerta con llave, y que dentro estaba la que lloraba tan tierna. A un tiempo para rendirla apliqué el hombro, y las fuerzas, y desencajé constante las visagras, y maderas. Hallela la tierna mano a lo duro de una reja asida (qué bien sus hierros debieron mostrarse cera!) cubierto el rostro; no sé si fue acaso, o fue cautela, la mascarilla; pues hay Damas, que son tan discretas, que están al cuidado vivas, cuando están al susto muertas. Saquela, pues, de la mano, y trayéndola (ya es fuerza desdoblar la hoja que antes doblamos, si se os acuerda) con la otra mano, llegué, por dar alivio a mis penas, a buscar aquel retrato que os dije; porque aunque fuera pintada, quiso mi amor en algo satisfacerla de que otra mano tocase. Busqué el bolsillo, y apenas llego, cuando reconozco que me falta, y en mi idéa imagino, que sin duda cayó entre el humo y pavesas a los movimientos míos para derribar la puerta. Vuelvo sin juicio a buscarlo, y mi cuidado no deja sitio, que el pulso, y la vista no tocan, y no penetran. No lo encuentro, y al volverme solo mi fatiga encuentra un joven casi difunto entre el humo, y las centellas. Obró la piedad en mí, pues lo saqué de la inmensa voracidad, que a su vida puso en la línea postrera. Yo contra Tinacría vine, y pues en Tinacria queda ya convertida en cenizas el alma que me gobierna, ha de arder toda Tinacría en venganza de mi ofensa. Yo he de vengar el delito, que contra mi vida misma el fuego causó en Tinacría: fuerzas le he de dar al etna, para que aborte volcanes con el fuego que me alienta. No ha de quedar edificio en ella, que no demuela mi furor; ni a mi combate almena, muro, ni piedra. Y así, a Dios, que mi fortuna desesperado me lleva a buscar puerto, y volver con Armada a la refriega; para que el mundo conozca, para que Tinacría sepa, para que el siglo acredite, para que el horror atienda, para que el honor repare, para que el gusto no tema, que los delitos que el fuego obró contra la belleza, pidiendo el Amor venganza, a fuego, y sangre se vengan. El que está loco mi amo; quien hay que dudarlo pueda, y encadena disparates, como quien está en cadena. Muy atento os he escuchado (bien culpable yerro fuera . para templar su furor no cautelar la respuesta) y sin pasar el discurso a otras cosas que pudiera, vuestro justo sentimiento mi amor, Astolfo, confiesa; mas no queráis que un suceso cierre del todo la puerta al consuelo, y la razón; pues es posible que sea al influjo de un acaso otro acaso quien lo venza. Siempre hay tiempo de vengaros; hablad, y ved a la Reina, qué es lo que ordenó Mauricio; y después en lo que ordena, vuestra pasión podrá ser que prometiendo su Alteza talla, a quien diere el retrato, que cualquiera que lo tenga lo manifieste, o por dar a su Reina gusto, o sea porque la propia codicia le diga lo que interesa. Maldito sea el Esquife! cuanto mejor me estuviera el que me hubiera tragado en el Mar una Ballena; que, en fin, es hospedería dónde tres días sustentan! No me respondéis? . Sí; ya digo que Diana sepa quien soy. . Y la veréis? . Sí; mas os advierto, que al verla ha de escuchar mis rigores, sin que su respeto pueda, ni templar mis amenazas, ni poner freno a mi lengua. Pues vamos. . Vamos. Si acaso está mujer es discreta, ha de mandarnos prender; que si entramos en la trena, la cadena de mi amo se logra de esa manera. . Floripes bella, tres luces vengo girasol amante siguiendo, porque el cuidado, y la fineza me traen. Yo también, Enrique, vengo cuidadosa a buscarte. Esta vez que sin estorbos nos vemos, oye. . Adelante pasa. . Que de tu belleza adoré las celestiales prendas desde mis infancias, no lo ignoras. . Y tú sabes que mi atención corresponde a tu fineza constante; y así, prosigue. . También el que seamos amantes los dos, sabes que ninguno lo ha entendido. . Porque iguales recelando que mi hermana el casamiento estorbase, procuramos que no hubiese tercero a quien revelarle nuestro amor y que un papel escondías entre un sauce del jardín, de donde yo lo tomaba, y a dejarte otro volvia; que quien deseare que se calle su secreto, solo un tronco es de quien puede fiarle. Y que las noches crueles (solo para mi agradablos) por una reja, a tus labios escuché favores tales, que sin la flecha de Amor bastaron a coronarme. En este medio, tu hermano Federico, trocó al trance de la muerte en pocos días, su gentileza pujante: Murió Federico y luego pasó altiva a coronarse Diana y mis altiveces a sentir que ella, heredase; pues viéndome varón (nieto de aquel Federico el grande, que fue abuelo suyo y mío, porque fue mayor su padre, que el mío) querer que yo jure eterno vasallaje, siendo ella hembra, es sensible a mi altivez; y si darse tiene a hembra el Reino, tú mas lo mereces; pues si antes nació que tú, fue accidente, y en las prendas personales la aventajas, pues por ellas puede el mundo coronarte. Vivió aqueste sentimiento en ti, y en mí: de un dictamen determinamos buscar ocasión, en que lograse la cautela dar la muerte a Diana, y para darle seguridad al delito (viendo que ninguno sabe nuestro amor) que me fingiese de Diana tierno amante; pues de esta forma, la puerta cerraba, a que imaginarse pudiese el si ella moría, que yo hubiese sido parte en el suceso, y fingiendo quererla, en los ademanes del galanteo he pasado plaza de fino, y constante, mintiéndole tanto, como se sacrificó en verdades. Es costumbre en nuestro Reino, que en tales tiempos se pase la Corte, por diversión a esta Aldea, donde nace la Primavera, y no muere; pues Fuentes, jardines, Aves, Flores, Frutos, los conserva permanentes siempre el arte; y en este tiempo, son todas diversiones agradables de músicas, cazas, pescas, saraos, máscaras, bailes. En el sarao de hoy, queriendo lograr nuestro intento, y darme la ocasión no verme alguno, llegué una hacha al instante a un tapiz (que aunque de día pudieran bien excusarse luces, para un baile estaban prevenidas) al instante ardió todo como viste; y Diana (oh por más grave, o por más turbada) sola quedó; yo entonces la llave eché a la puerta: aquí cese esto, pues todo lo sabes. Solo prevenirte quiero el que ya es forzoso darle tiempo al tiempo; pues es fuerza el que atiendan vigilantes a examinar:: mas Diana viene. . Voyme no me hallen contigo: a Dios. Vete presto, y tu vida el Cielo guarde. Estáis, primo Vencislao, recobrado? . No es dudable, señora, que a vuestra vista son bienes todos los males. Cómo os sentís? . Pesaroso, y alegré. . No son iguales esos afectos: Enrique, aquí estáis? . Vine a buscarte. Vuelvo a deciros, que dudo entenderos. . Escuchadme: pesaroso, gran señora, de que ya que hubiese el trance del fuego, fuese mi dicha tan corta, que no lograse el sácaros del peligro, o en el peligro quedarme: alegre, porque el suceso tuvo cláusulas iguales; pues si entre el fuego y el humo fui retrato de un cadáver, yendo a buscar vuestra vida pude lograr, que librase un retrato de un difunto de otro retrato la imagen; porque un retrato libró a otro retrato, que sabe también obrar la fortuna correspondientes los lances. Retrato? . Y vuestro. No entiendo lo que decís. . Si es negarme la dicha, él hable por mí: veislo aquí. Señora, a parte tengo que hablarte. . Decid, y oigan todos el mensaje vuestro: si hablo en secreto no sé si habrá quien repare, dando cuerpo a la malicia, con que importa cautelarme. El que a ti, y a Vencislao dio la vida::- . Id adelante. Viene de Constantinopla Embajador, a que pagues el tributo, o a romper determinado las paces. Y a dónde está? . En la antesala. Entre. Hay muchas cosas antes::- No hay nada. Que sepas. . Digo, que entre, y a replicarme no volváis; pues sabré a un tiempo a él liberal pagarle su fineza, y al Imperio responder lo que importare. . Rompe, señora, la guerra, que yo en tu servicio, Marte seré. Humilde te suplico, que solicites afable conservar la paz, que ha poco tiempo que te coronaste. Cada aliento en mí, es incendio . que está arrojando volcanes. Llegad. Aún más me ha encendido, . que a recibirme no salen, ni ella ha vuelto el rostro a verme. No llegáis? . Ya llego, a darle a entender::- . Decid. Señora, , . vos, yo, el retrato, la imagen, mi fortuna::- . No os turbéis: alzad el sombrero y guantes; y advertid, que quien el brío tiene que vos, el turbarse es gran defecto. . Qué es esto, loca fortuna, pues haces, perdido un retrato, que copia, y original halle? Si como el Embajador . son los demás, no es muy grande el triunfo en su vencimiento. Ser modesto, no es cobarde . ser; que tal vez el respeto suele turbar al más grande. A qué venís, y quién sois, decid en breve. . En el lance presente, ni sé quién soy, ni a qué vine. . El disparate bien su locura acredita. Ricardo no dijo antes, que Embajador? . Bien dijo. Pues, decid, como vos darme la embajada no queréis? Porque cesó en mi dictamen el poder que yo traía. Por qué? Porque cuando al darme el poder, fui uno y ahora otro soy; con que es constante, que el poder que a uno se dio, el otro no podrá usarle. Pues qué diferencia dais para estar en dos mitades, pues no fuisteis lo que sois, ni sois lo que fuisteis antes? Mucha; porque cuando vine era el afecto coraje, contra vos todo rigores; y cuando llegué, a trocarse llegó también; pues al veros Dama y mujer en el lance del fuego, triste, llorosa, tierna, afligida, cobarde, hizo lo noble su oficio. Decidme, pues, como caben en un mismo pecho a un tiempo lo riguroso, y lo afable, la crueldad y la terneza, las iras, y las piedades? Cortesano, Embajador, sois; mas apurar el lance tengo para convenceros. Lindo: en llegar a colgarse . del pico, lo mismo son mujeres, que Majestades; a todas bulle el discurso. Si cuando fuisteis a darme la vida en el fuego, estaba cubierto el rostro, no vale bien vuestro argumento, pues muy male pudo granjearse vuestro afecto una mujer no vista, nombre en que caben defectos, y perfecciones, belleza, y monstruosidades. Bien decís; mas esa duda, señora, se satisface con sentidos, y potencias; pues las vozos lamentables, las ternezas bien sentidas, los sollozos, y raudales, los ojos, y los oídos hicieron, y (perdonadme, que es forzoso repetirlo) al tocar tersos cristales de la mano al socorreros, tan incierta, y tan mudable estaba en la acción, que daba bien por señas sus pesares a entender, pidiendo al tacto el socorro por su parte: demás, que visto os había. Cómo? . Ese retrato hable, aunque mudo, que sin duda fue quien me obligó a que entrase a socorrer a su dueño. Este (tratando casarme mi hermano en Polonia) dio a Fulgencio que llevase; y cuando llegó, difunto halló al Rey, con que al tornarse corrió tormenta, de modo, que sumergidas las naves pereció, y extraño como le tengáis vos. . Bien se sabe, que la perla más preciosa tiene en el Mar de buscarse. En fin, qué determináis tan cortesano? . Quedarme a serviros, si a mi dicha no hay azar que le contraste. Y el Emperador? . No tiene dominio en las voluntades, y aquí prueban las potencias lo mismo que os dije antes. Vuestro honor? Lo que lo ilustra no puede nunca mancharle. Mucho hay que atender al caso: agradecimiento, baste, no me precipites ciega. Ricardo? . Señora. . Dadle hospedaje, que después resolvere en el quedarse. Venid. . Ya os sigo: fortuna, duélete de tantos males. Fortuna, acabemos ya, y entre tantos disparates dispón cuerda algo, que nos lleven donde descanse. Mira, señora, advertida, no sea cautela infame de traición contra tu Reino, la que el enemigo trate. Señora, ya la experiencia te ha dicho bien sus lealtades; tu vida, y la mía sean testigos en este lance. Uno, y otro decís bien; to maré acuerdo bastante en el caso. Pensamiento, qué quieres, que me combates proponiéndole al discurso tan fuertes contrariedades? Muchas cosas se me ofrecen que preguntaros. . Notables son del tiempo las mudanzas: después hablaremos: basten tus accidentes, fortuna. Fortuna ya variable:- Para qué tanta tormenta, para las serenidades? Para qué me diste vida, si después me la quitaste? tra taa tra tra tra tral ta tra tra taa GUNDA JOR

JORNADA SEGUNDA

es el mayor dolor, que ocasionan los desvelos, o la envidia de los celos, o las flechas del Amor? Repetid segunda vez el mote. . Las voces vuelvan a representar la duda. Oh cuántas me representa . vana mi imaginación! Oh cuántas mis dudas muestran! . Cuál es el mayor dolor? Los celos. . El Amor. Cómo lo afirmáis? . De esta manera: a quien causan los desvelos::- Celos. Supone por ciertas dos cosas, una que ama, y otra, que la amada prenda muestra inclinación a otro, con que dos flechas le aquejan, una que tiró el Amor, y otra que los celos flechan. Esa es envidia. No hay duda, que así lo dijo la letra. Pues no es Amor. De qué forma se contrádice? . En la prueba: al que ocasiona el dolor::- Amor. Es porque en su idea la deidad en que idolatra la dibujó tan perfecta, que mereció que le diese en sentidos y potencias un todo de rendimiento; y las deidades supremas admiten las oblaciones, mas nunca de ellas se premian: de forma, que la divina planta de su gentileza pudiese de agradecida pisar de humana la senda. Y así, si se inclinó a alguno, fue lunar en su belleza, o defecto; y el que mira defecto en lo que celebra, no tendrá amor, que el Amor golpes de Jue Pues qué será en él? . Deseo, que le instingue con tal fuerza, que como amor imagine lo que no es amor supuesta esta solución, prosigo a que cual es mayor pena, o la envidia de los celos (según pregunta la letra) o las flechas del Amor? y digo de esta manera: que del Amor las haridas; pues si las armas sangrintas con que hiere, son fraguadas en el pecho de la bella deidad de qu han se enamoras y con el calor que alienta, la sangre trae, a los ojos unas porciones pequenas, o espíritus que despide con tan reservada fuerza, que penetrando la vista, hasta el corazón penetra (y esto es el Amor) mirad, cual será mayor dolencia, o una herida ejecutada, o una imaginada pena? Si es que puede mi razón tener lugar en las vuestras, pido licencia de hablar, y concediendo que es cierta la difinición que dais del Amor, y que la extrema pena de los celos, es ansia mortal que atormenta; a entrambos la razón niego, pues hace a la Dama ofensa, amancilla su cariño, aja mucho su fineza, a su pundonor deslustra, a su entendimiento ciega, quien tiene por pena estar enamorado, y quien llega Estándolo, a imaginar celos, que Amor con la venda es jeroglifico, que esta verdad manifiesta: pues luego que aquellos rayos penetran la vista atenta, y llegan al corazón, pone el cendal, pues no espera, ni más gloria, ni más gusto, ni más dicha, más floresta, más hermosura, más triunfo, ni más que buscar le queda, estando ya enamorado; mas este velo que ciega, no ha de ser, no, tan sutil, que penetrándolo, pueda mirar su imaginación las fantasías que vuelan, y siendo gloria el Amor, nunca en las glorias hay penas. Bien discurrís. Lo que he dicho sustentaré. . Si la rienda del respeto a mi valor templado no detuviera, satisfacción::- . Basta ya; callad vosotros y tengan . atención vuestras razones a que son en mi presencia: y para que desacatos tan bárbaros no sucedan otra vez, escuchad todos. Jamás el requien aternam ha servido en estas riñas. Mas el paj vobís no huelga. Que cada cual, deseoso de cenirse la diadema de este Reino, solicite mi mano, es acción muy puesta en la razón de su sangre; y que cada cual atienda a obligarme, por Vasallos, y por deudos, era deuda, cuanto más por pretensores; mas que este agasajo sea, envuelto en un desahogo, embozado en una ofensa, no es atención, es delito; pues en las aras supremas de lo sacro de mi punto, cada cual que a ofrecer llega, todo el culto le profana en lo indigno de la ofrenda: qué es lo puro de mi oído manchar con voces, que afrentas son? no más de ceremonias que no obliguen, y me ofendan. Si se pronuncia es Amor; si voces al aire pueblan, son de celos, y son ecos indignos de mi presencia: Es más Amor, por ventura, que una fingida cautela, que da la Gentilidad, deidad, que finge tan ciega, que su propio desaliño no puede mirar su afrenta, pues solo tiene el recato, que le dio naturaleza? Celos? los celos qué son, si atento se considera? una desenvuelta infamia en una fineza envuelta: son más que argüir de fácil, la Dama que más celebra, y rendirle los suspiros a las ferias de la afrenta? Pues como de mi respeto al cristal hay quien se atreva, con alientos que son golpes, que lo empañan, o lo quiebran? Lo verde de la esperanza marchite su primavera, que el estio de mi enfado, sino lo abrasa, lo seca: Querer sabiendo querer ha de saber el que quiera, y decore su atención (del respeto en las escuelas) la atención que da el recato, doctrina que Amor enseña: y así, ni celos, ni amor otra vez a escuchar vuelva, ni lleguen a mis oídos esas voces, ni esas letras. Esto baste y el enfado cese, pues la ocasión cesa, negando a Venus, y a Marte los bosques y la palestra: y vos (qué duro tormento es querer! que más atenta pueda la razón de estado lo que la razón no pueda!) y vos idos de Tinacría luego al punto (a espacio, penas!) que está la pasión más viva, cuando está la acción más muerta. Qué es esto, penas! mas qué . dudo, si vosotras mismas lo más que podéis decirme, será responderme penas! Ya la vida que le diste te paga, que a buena cuenta quiere que sienta los rayos, si ella lloró las centellas. Esto es querer a mi costa parecer en todo cuerda, que rota tal vez se vuelve contra el que tira la flecha. Señora, atenta te pido, que mires::- . Quién está ciega no puede: bien lo conoce mi pasión, pues me despeña. Disimulemos, pesares, y válgame la cautela, que, siendo ella error a veces, es el error quien acierta. Señora vuestro mandato he oído y aunque pudiera replícaros sin faltar al respeto, y la obediencia, no lo intento. . Ay infeliz, . qué fácilmente que acepta! Porque solo el daros gusto solícito tan de veras, que antes que Apolo recoja al Mar su rubia madeja, saldré de Tinacría. . Y yo acepto vuestra propuesta: muriendo estoy. . Solo falta, para que partirme pueda::- Qué? Que me volváis, señora, (pues vos las tenéis) mis prendas. Yo prendas vuestras? La caja, y el retrato, que en la inmensa multitud de fuego y humo yendo:: mas aquí se queda el intento, porque infama el beneficio el que llega a dar en rostro con él, cuando la amistad se quiebra. Y eso no es darlo? No es darlo. Pues qué fue? . Solo dar señas. Para qué? . Para el olvido, mas no para recompensa; y así por señas lo doy, no lo doy por gentileza. Y cuando vos le perdieseis, decidme, qué pareciera daros yo un retrato mío? Mal, y bien. . Cosas opuestas. Mal, si loca la fortuna me levantase en su rueda, de forma, que a la deidad (que venero siempre) vuestra debiese (como imposible lo digo) que permitiera, que más suaves las luces, y propicias las estrellas de vuestro cielo la copia (antes que yo la tuviera) la recibiese mi dicha si sois el prado, y la esfera) o del ramo los luceros, o del globo de azucenas: bien, porque si yo la traje como mía (sin ser deuda, que a vuestra mano debiese) la propia razón enseña, que si con la copia vine, que no me vuelva sin ella. Pues qué empeño es el llevarla? No toca en vos la respuesta, y así sin hablar de vos porque desacato fuera) de esa pintura en las aras víctima el alma se quema. Basta. . Yo, señora, a vos solo el respeto en ofrenda doy, que a tanto sol mis alas fueran siempre muy de cera; yo de la pintura he hablado. Y a mi toca la respuesta: la pintura de mi mano use en la de su Alteza, así a mí se me debía; si os tengo a vos la deuda de la vida, os la pagara volviéndoos la vida misma; de forma que agradecido, sin intentar la defensa, os diera humilde la vida, mas el retrato no os diera. Yo::- Bueno está: otra vez digo que os vais. Sin duda por tema despide aquesta mujer, que no será la primera. Al instante partiré. Hacedlo así: yo voy muerta. . Ea, Colmillo, a partir. Qué linda partida es esa! y lo que no el rendimiento, consigan armas, y fuerzas. Eso no, viva Diana, y viva gustosa y sean solos mis alientos puros el objeto de sus flechas. Procura tú conseguir. Cómo? . De cualquier manera. Eso no es saber querer, y del Amor en la escuela, querer sabiendo querer es cuanto el Amor enseña. Pues qué has de hacer? . Morir. No me contenta esa letra. No es letra, que es cifra, en quien el querer todo se abrevia; ea, vamos al instante. Vamos, pues, a dar las velas al viento. . Y mis esperanzas, acompañando a mis penas, mis lágrimas a las aguas, unas vivas, y otras muertas, navegue, siendo el piloto de mi pecho la tormenta. . Arded, corazón, arded, llorad, corazón, llorad, y si ofenden los humos del fuego, sea del llanto la ofrenda no más. Todo ofende; y así, ( vete, y diles al momento se retiren, que me cansan. Ya, señora, te obedezco. . Mas Astolfo viene: penas, cuidado y disimulemos. . Ya, señora, a vuestras plantas obediente esclavo llego (no por la licencia, pues de vos, señora, la tengo) sino a besar vuestros pies, y a sacrificar en ellos mi obediencia, entre las dudas, que ofrecen a mi concepto, gusto, y pesar, tan unidos, que al distinguirlos, yo mismo los equivoco, porque en mi dictamen los veo, al gusto, como zozobra, y al pesar, como festejo. No os entiendo. No me admiro, pues ni aún yo propio me entiendo. Siento, señora, el partirme, y esto con tantos extremos de dolor, como de gusto, cuando considero atento, que logro tan a mi costa la dicha de obedeceros; que es favor bien exquisito, bien poco usado, y muy nuevo, que se celebre la flecha del envenenado acero, cuando es más mortal el golpe, solo porque en ella aliento a la mano que la tira, y no al ardor del veneno. Ya me voy. . Tan brevemente? qué quieres de mí, tormento, . si sé querer, para qué quieres que busque remedio? Y aún me parece que tardo, señora, si considero, que me detengo en serviros, aquello que me detengo. Y qué decís de embajada? Nada; porque fuera yerro presumirse Embajador aquel que es vasallo vuestro. Qué en fin, os vais? . Sí, señora. Id con Dios: la espalda vuelvo, . porque no vea mi llanto. Que obre el aborrecimiento . tanto, que a la urbanidad le rompa todos los fueros, que aún falte a la cortesía? Mas obre el valor: yo vuelvo, que no hermosea lo altivo el perfil de lo grosero. . Porque conozco que importa a la quietud de mi Reino el iros, os lo he mandado. Y yo, señora, obedezco, solo porque lo mandáis. Qué es esto, loco deseo? . y decidme, sentís mucho el iros? . El argumento, que en el principio os propuse de equivocados afectos, os tiene ya respondido. Y decidme, pues (mas esto importa poco a los dos) dejáis algún galanteo en Palacio? . Muy dudoso estoy para responderos. Si digo que no, os engaño, y si digo que sí, miento; mas lo que puedo deciros, señora, es solo, que quiero sabiendo querer; porque me precio tanto de atento, que solo en saber querer está el querer satisfecho: Qué es esto, imaginaciones? . no engañéis a mis deseos. Basta; y por mirar que os vais, Astolfo, mis iras templo: Oh vana razón de estado, que culpas lo que apetezco! Qué presto, imaginaciones, . llegó el desengaño vuestro. Pues porque no haya motivo, Astolfo, de deteneros, . quiero daros la pintura; mas os la doy, advirtiendo, que, como vos propusisteis, no es mía, aunque le parezco, ni yo os la doy; pues lo más que está dictando el suceso es, que os restituyo prenda que vos trajisteis; y en esto no os doy la copia que es mía, sino el retrato, que es vuestro: o, si entendiera mis voces! Cuando del todo me pierdo, . quiero perderme del todo: pues yo, señora, la acepto por vuestra, mas no por mía, porque por mía la tengo en lámina más lustrosa. Mas lustrosa? . Sí, en el terso escudo del corazón, donde, a pesar de los tiempos, (siendo mortal esta vida) será lo esculpido eterno; y así por vuestra la estimo, que por mía no la quiero. Pues ya no puedo yo darla, y así, adiós. . Tened, que os ruego (sin embargo de lo dicho) que me la deis. . De vos mismo supe en la cuestión pasada, que por mía fuera exceso el darla; idos al instante: qué mal el golpe violento de las ansias se corrije! Loco estoy, pues que no pierdo . el juicio entre tantas dudas: al instante a obedeceros me partiré. . El Cielo os guarde. Señora. . Idos al momento:- Tomad::- Y el Cielo os ayude::- Que de vuestra mano el suelo:- Dándoos muy feliz fortuna. Este guante::- . Será vuestro, y no lo habréis reparado. Bien decís, que fuera yerro, siendo vuestro, le tornara; y así por mío me quedo con él: qué es esto, fortura, . que sus enigmas no entiendo? Bien decís, que inadvertida no le había echado menos; dadme el guante. . Perdonad, que de vuestro labio mismo , que el guante era mío, y así por mío os le ofrezco. . Por vuestro no le tomara, solo por mío le quiero. Solo por mío os le daba, y ya darosle no puedo. . Por qué? Porque en lo sagrado de vuestro decoro advierto, que no hay diferencia alguna (caso que toque en exceso) de tomar un guante mío, o darme un retrato vuestro. Quedad con Dios. Y en el irme, qué decís? Qué os guarde el Cielo. . Vamos, señor, a embarcar, porque ya tienes dispuesto bajel, y ropa. . Colmillo, embarcarme ya no puedo. Pues qué has alcanzado indulto de no salir del destierro? No, Colmillo. Pues qué ha sido? hase serenado el cielo de la Reina? paró en agua aquella preñez de truenos? No. . Háblame claro, por Dios, y no seas el primero amante, que en sus Comedias a su Lacayo no ha hecho archivo de sus cuidados, y dueño de sus secretos. No sé qué decirte, pues si los lances considero, es duplicar mis cuidados, aumentando mis tormentos. Pues qué te mueve a quedarte? Desesperación: no quiero . manifestarle mis dudas, que es uno de los preceptos de saber querer, saber guardar astuto el secreto. Y si te mandan salir? Eso se reduce al riesgo de que por inobediente me castiguen. . Y eso es bueno? Sí, Colmillo. . Tú estás loco, pues tal dices. . No lo niego. . Soberana deidad que idolatro, suspende las iras, que flecha el desdén, que la sangre del llanto rendido no mancha las iras ni ofende la fe. Si Floripes a la reja estará? que su papel me dio aviso que viniese; quieran los Cielos que esté y para disimular, a los Músicos mandé, que cantasen a la parte contraria de este Vergel; que es fulleria en amor, para no darse a entender, mostrar la flecha a una parte, y que el tiro en otra dé. Arded, corazón, arded, llorad, corazón, llorad, y si ofenden y humos del fuego, sea del llantó la ofrenda no más. Ya la seña de las voces habrá oído. . Ya escuché la Música, contrapuesta seña que usamos tal vez: si habrá ya Enrique llegado? Quiero llegarme por ver si Floripes a la reja viene, pues lo oscuro es tanto,, que a corta distancia aún los troncos no se ven. Aquí estoy. Y yo a tus plantas, amante, constante, fiel, rendido: . Habla más quedo, procurando que también tu voz desmienta el ser tuya, porque es muy posible, que, sin pensar, alguien escuche ya que no nos pueda ver. Dónde vamos a estas horas en noche que oscura es, mas que el concepto de un necio? Bien dices: mas no lo sé. De ese color es la noche. Lo que decirte podré es, que inquieto mi cuidado (sin que al descanso se dé) a toda parte me inclina, y en ninguna me hallo bien. Buen caballo de tahona. Cómo? . En andar, y moler. Salgo a divertir la noche entre el sonoro tropel de estas fuentes. . Ya es pasarse eso de andar a comer. Mucho siento, que dudosa desconfies de mi fe. La mudanza en las finezas propia de los hombres es. Detente, que sordos ecos me parece que escuché. Es que estará disparando algún amante novel discursos, que facorrona pólvora parecen pues solo aporrean. . Escucha, que yo he de llegar a ver si algo puedo percibir, porque se encuentran tal vez los avisos, donde menos se presumen. Haces bien. Ya te digo que a la Reina aborrezco. . Ya encontré un pesar, cuando pudiera haber hallado un placer. Ello ha de morir Diana. El eco segunda vez fijó al corazón la flecha, y a la garganta el cordel. Y si la ocasión se tarda? En ese caso sabré unirme con el Imperio para llegar a vencer. La pena, y el pundonor batallan con mi altivez: si le envisto, es contingencia que haga pluma de los pies; y si lo dejo, es forzoso no poderlo conocer, siendo el riesgo conocido. Si le dieran dos, o tres cuchilladas a mi amo por curioso, fuera bien; mas son tantos los curiosos, que ya no es delito en él. Mas en un caso impensado, que tanto se va a perder, el discurso dé el arbitrio, y el tiempo el suceso dé: Colmillo? . Aquí estoy. Al punto a orilla de la pared de la cerca del jardín con todo secreto ve rodeando, y en llegando de las murtas al cancel, guarda la entrada, de forma que nadie pase, hasta que yo haya llegado. . Ya entiendo: mas dime, si es menester matarlo por detenerlo? Matarlo. . Pléguete diez; ahora si que voy gustoso, porque sé que cumpliré. No fuera, dime, posible (antes que cuenta le das al Imperio) granjear a Astolfo, pues ya el bajel tiene para su partida? Dudo mucho de su fe. Ya Colmillo habrá llegado. Ea, valor, aquí es donde de la valentía dejas fijado cartel; . quedar tienes memorable. Yo llego a reconocer. Un hombre he visto, y me voy. Pues retírate, porque nadie llegue a conocerte. Eso me hace volver el rostro, aunque mi valor se queje de mi después. Ya se ha retirado: ha sombras tiranas, que así ponéis dilación a mi venganza! Quién va? . Aparta. . Pase usted. Diga su nombre. . Colmillo. Pues, y el hombre? . Ya se fue. Por dónde? . Por esa puerta. De qué forma? . Echando un pie primero y después el otro. Y lo que yo te mandé? Después mandó él otra cosa. Fortuna ingrata, y cruel, para qué las ocasiones me pones de merecer, sin permitir que las logre! Cuerda tu fortuna es, pues las ocasiones quita. Conociste la mujer, que de esta reja salió? No pude, y lo procuré. Yo salía a divertir la noche, y ya veo que es forzoso, que el Palacio cele, pues dan a entender, que hay requiebro. . Examinarlo te será muy fácil, pues es posible que el galán vuelva, si escucha toser. Bien has dicho, haz tú la seña. La propia voz mudaré si llegare, y por la suya se conocerá. . El tropel de estas dudas me atropella; y ya que el hombre ignoré, si la Dama conociese, era fácil:: mas tened, cuidados, que la ocasión viene como es menester: . la seña han hecho; yo llego prosiguiendo (aunque mi fe es firme) la voz traidora. Quién creerá, si aquí me ve, que la amenaza mi espada para fijarla el laurel? Ya el hombre pasó; yo vuelvo a proseguir. , . Yo también deseo que respondáis. Si ella acierta, dicha es. Ya he dicho, que ha de morir Diana. . Cómo? . Ya mover no puedo plantas, ni voz. Pues cuando el tiempo no dé ocasión, yo del Imperio tantas escuadras traeré, que basten para quitarle el Cetro. . Ya es menester . poner remedio a este daño muy en breve; y así iré a que cerquén el jardín, y le conozcan: detén, Celia, a aquese hombre, en tanto que yo::- Ya entiendo: esto es responder a las dos partes. Mal logro lo que intenté, . pues no la conozco. . Mi amo le hurtó al otro la vez. No fío en vuestras promesas. Menos de vos fiaré, sino me dais muestra alguna. Señor, señor. . Déjame. Repara que vienen luces. Fortuna, cuando ha de ser mejor tu influencia? . Acaba. Mañana aquí volveré, si esperáis. Siempre soy vuestra. Quiéres que nos vamos? Ven. Nadie salga del jardín sin conocerlo primero; pues así saber espero quien busca a mi vida el fin. Tomada está ya la puerta. Id todo el sitio mirando. Di que te estabas holgando, señor, como en una huerta. Vuestra grandeza, señora, con la tiniebla a porfía, anticipa más el día en las luces de su Aurora? Qué es esto, pena cruel, que ya es mayor mi dolor, pues examino traidor al que juzgué amante fiel? No respondéis? . Es ingrata. Mejor me estaba morir, que no llegar a sentir mal que más violento mata. Respondedme, Astolfo: a qué venisteis? . No sé. No estabáis aquí, y a esa reja hablabáis con una Dama? . No sé. Hallándose convencido aún la disculpa no ha dado. Solo sé, que os ha importado el que yo hubiese venido. Con la verdad procuró engañarme, y es así, que si él no viniera aquí, no lo hubiera oído yo. Cielos, qué tendrá Diana, que la llega a suspender? Mas que nos manda prender, . no más que por darle gana. Ricardo (penas, aespacio!) veis que con razón me muevo? Señora ved que no es nuevo un galanteo en Palacio. Mas me irrita el galanteo, . que no el quererme matar. Fortuna, en qué han de parar . tantas dudas como veo! Mas el querer ignorara si tu delito dijera. Oh quién la vida perdiera; . como la suya guardara! Mas, a pesar de mi vida, tomo motivo decente. En qué pensará está gente tan suspensa, y aturdida? A esa torre de Palacio vos, Ricardo, a Astolfo preso llevad. . Oh qué malo es eso! Penas, llegad más a espacio: . pues habiéndole mandado, que de Tinacría saliera, no lo ha hecho: ojalá fuera este solo mi cuidado. Ya te obedezco con fe rendida, obediente, y clara: preso voy; pero repara, que importa el que no lo esté. En la amenaza, su error . se mira con claridad; pero ya mi voluntad se viste de mi valor: llevad los dos. . Desdichado de mí, que el cuello me ahoga, estar viendo que en la soga he de ser lo más delgado. Solo su peligro temo. Vamos. . Oh dolor crecido! . Yo tomaré a buen partido, que me pongan en un remo. Cuidados, a padecer::- Corazón mío, a penar:- Por conseguir::- Por mostrar:- Querer sabiendo querer. tre cal tra tla tas tra taa tra elal crrtes JORN TERCERA

JORNADA TERCERA

De qué estás tan pensativo? qué tienes? qué te atormenta? después que diste a los ojos el papel que por la reja de esa cuadra te arrojaron? te imaginan Melisendra barbada, y quieren sacarte sin ser Tinacria Sansueña? dime, por Dios, qué te aflige? Hay cosas de tal manera, Colmillo, que aunque el discurso atento las comprenda, al querer manifestarlas, todo el discurso se cierra, faltándole los conceptos, y las voces a la lengua. Te avisan, que rigurosa te quiere matar la Reina? Mayor es mi mal, Colmillo. Dicen que tu hermano intenta declararte por traidor? Nunca mi hermano pudiera infamar su propia sangre. Te quieren casar por fuerza? te piden algo prestado? te enamora alguna fea? porque si esto no es, no sé de qué tal disgusto muestras. Es de no poder salir de esta prisión. . No es eterna. No me interrumpas las voces, que el querer yo salir de ella, no es por verme libre, pues lo que mi afecto desea, es solo salir un hora, y después a la cadena prisionero fiel volverme. No te entiendo. Pues es fuerza para lo que solicito valerme de este, la noma rompo al secreto: Colmillo, tu buena ley tu fe atenta, me obliga a no recatarte lo que en mi pecho se encierra. Será la primera vez, que te debo la meza de revelarme un secreto. Es muy sin causa tu queja. La vida le debo a Astolfo, y así mi nobleza atenta viene a mirar por la suya librándolo, aunque resuelta tome la Reina venganza, irritada loca, y ciega en la mía. . En fin Colmillo, el encubierto me ruega a que solicite: . Qué? Que mi hermano: Ya sospecha el temor nuevo peligro en su labio. . Se prevenga de gente, y armas, viniendo contra Tinacria, y en ella me ofrece confederados mal contentos a la Reina, que de la prisión me saquen, al tiempo que las Vanderas lleguen del Imperio. . Cielos, terrible peligro muestran estas voces. . Dime, y tú qué dudas? . Aquí es fuerza, . a pesar del corazón, que este villano no entienq la fineza de mi fe; y así valga la cautela. Que arda Tinacría en volcanes. Eso sí, hazle que entienda a esta Reina misteriosa a los hombres de tus prendas como los debe tratar. Muda la razón, y hyarta, duda como obrará aquí; y porque a veces se yerra en la brevedad, pues nadie me vio llegar a esta puerta, quiero discurrir un rato, sin resolver. . Vete fuera. Dentro me dices mejor. . Quiero al papel, (grave pena!) responder, asegurando la traición, hasta que pue con la sangre del traidor satisfacer las ofensas. . Si a la Reina no lo digo, no soy leal; si mi lengua lo revela; soy ingrato o ú en a un tiempo pudiera fal y agradecido! ser? Mas es medio que nivela estos, distintos efectos, mi resolución primera tiene de sea; pues librando, a Astolfo de la cadena, partirá a Constantinopla, y después mi diligendía podrá ser que la traidora liga descubra, y en ella será sin riesgo el castigo. Entro, pues. Quién es? . Quién llega con deseo de pagar la que reconoce deuda. Vencislao, si es que yení a mirar la fortaleza como Alcaide::- . Deteneos, que infamáis la verdadera amistad que os tengo, pues la Reina en su enojo ciega, me manda doblar las guardas, (quiera Dios, que la cautela aproveche) y mi memoria viva, postrada, y atenta a la vida que me disteis, me trae a guardar la vuestra. Astolfo, a donde podrá correr la cólera ciega de la Reina, no sabemos; que en los Reyes la carrera del enojo suele ser precipicio, sin que pueda la mano de la razón llegar a pulsar la rienda. Yo soy vuestro Alcaide, y yo os tengo franca la puerta para que os vais. . Esperad, Vencislao, porque disuena el sácaros de un peligro, quien en un peligro os deja. No corre riesgo mi vida, aunque en la prisión padezca. Si me libráis de la mía, mal os dejaré en la vuestra. Yo os debo la vida. . A mí la política me enseña, que quedo menos airoso haciendo mía la deuda. Pues qué resolvéis? . Supuesto, que vuestra correspondeno es tan hidalga, la mía también debe ser atenta: No aceptaros el favor, culpable desvío fuera, y el acceptarlo, delito que infamara mi nobleza; y así, entre los dos extremos un medio discreto queda, que ni acepta, ni desvía. Y cuál es? El Cielo quiera que mi designio se logre: mirad, cuando vuestras prendas son tales, puedo siaros cuanto el corazón encierra: Hoy una Dama me ha escrito que disponga como verla pueda, porque honor, y vida suya, en mi tardanza arriesga, y así os suplico rendido, Vencislao, deis licencia, que yo de la prisión salga de noche, que antes que vuelva el Alba a bordar el prado con el llanto de sus perlas, os doy palabra de estar en la prisión, con que queda lograda vuestra atención, y la mía no mal puesta: salgo, y no salgo. . Tened: qué de cosas en la idea, varia la imaginación en un punto representa! si le dejo salir yerro, pues siéndome manifiesta la traición, pongo los medios para que lograr se pueda; y si el salir le embarazo (viendo su atención resuelta a estarse en la torre) pongo los medios a que la guerra se publique con su hermano; y así importa el que la vuelta tome como fugitivo a su Patria. . Muy suspensa atiendo vuestra razón: en qué dudáis? . Vuestra tema, como política admiro, cuando a las vanas quimeras de Damas, y fantasías debéis cerrar las orejas, atendiendo al riesgo propio; y así, dando al aire velas, salid de Tinacría. . Solo lo que mi cariño os ruega, es lo que deseo. . Y yo negaroslo, Astolfo, es fuerza. Por qué? Porque entre el quedaros, o el iros, no hay medio; sea razón, o no, elegid vos cual más, Astolfo, os convenga, o iros, o doblar las guardas yo. . Y el salir se me niega? Sí. Pues doblad las prisiones: esta vez, Diana bella, vuelvo a ofrecer en tus aras mi vida, con la certeza de que por guardar la tuya, es voluntaria mi ofrenda. Adiós. Que siglos os guarde: hay desgracia tan inmensa como la mía, que cuando miro la dicha tan cerca, se vuelva en humo, que el tacto no la toca, aunque me ciega? Vuelvo a acabar el papel, que sus letras me atraviesan el corazón, pues me hiere en cada rasgo una flecha. . Pajarillo, que rompes la cárcel, en qué te detienes veloz? huye, y vuela, que es engaño prisión matizada, (ta. pues cuando divierte, es cuando atormen- Música escucho sin duda esta es del traidor la seña, . que por su papel me avisa; quiero llegar a la reja, y decirle, que mañana daré de todo respuesta. e Oh afecto! cuán encontrados obráis de una causa misma, pues cuando el valor inspira, es cuando el corazón tiembla. Pajarillo, qué rompes, Es a mí Sí, más hablemos de forma que no se puedan percibir nuestras razones. O quiera el Cielo, que sepa quién es el traidor oculto! Esta es la mayor fineza, que sabiendo querer, puedo obrar yo sin que se ofenda mi recato, que advertido para ignorarla se ciega. Sola está esta pieza; quiero esperar que Astolfo vuelva de otra cualquiera que asiste; y así::- mas si no se yerra la vista, un papel abierto está junto a aquella vela: si será de alguna Dama, que piadosa lo consuela de la prisión? qué es aquesto, que nuevamente me inquieta, que sin ser penas, parece que son diluvios de penas? Mal hicisteis, que las voces cesarán, pues también cesa el disimulo. . Pues yo haré, que las voces vuelvan. . No he podido conocerlo: sin duda que la voz trueca. Qué inquietud es esta, Cielos, que tan bárbara me fuerza a que aquel papel registre? sin duda son ce:: la lengua iba a pronunciar, lo que no es posible, que en mi quepa: sea lo que fuere, yo lo miro: de hombre es la letra. Pajarillo, que rompes, Casi mortal he quedado, muda, torpe, helada, y hierta lengua, y voz, y a mis gemidos falta la voz, y la lengua. No me aflige mi peligro; las armas con que lo intenta siento, que una ingratitud mata con dobladas penas. Pues a Dios, hasta mañana. Él os guarde. El Cielo quiera dar lugar a mi venganza, y ejemplar a mi fineza. Él viene: obre mi pasión mas, que mi dolor, y vea el mundo saber querer aún contra la vida misma. Quién es, que el rostro encubierto, entoldadas las esferas, mal reprimidas las luces, bien lucidas las estrellas, noche, y día equivocados en porciones tan opuestas, cubriéndole al Sol los rayos, solo a los luceros deja en venenosos arpones celestiales influencias? quién::- . Una mujer no más, que agradecida, y atenta, para no deberos nada viene a pagar una deuda. Esta es Diana: fortuna, fíjale un clavo a tu rueda. A una mujer con el rostro cubierto, vuestra nobleza dio la vida, y al mirar, que está a peligro la vuestra, cubierto el rostro también viene a darosla, pues fuera cierto, que sin el embozo, que advertido el rostro cela, no viniera, porque al punto, que el rostro se descubriera dejara de ser mujer, y fuera deidad suprema. La Reina está contra vos irritada, de manera, que miro muy a peligro, Astolfo, vuestra cabeza; y así, esta llave tomad, y por esta misma puerta que sale al Palacio, idos al punto, dando las velas al viento, que un Vergantín junto a la playa os espera: tomadla, y a Dios, que os guarde. Escuchad. . Dejad quimeras. La llave acepto. Ay de mí! que en batalla tan sangrienta deseo ya el que se vaya, y siento el que no se queda. Lo acepto para no usar bizarrías de Comedias de echar al agua la llave, mas no para que ella sea instrumento de mi fuga, pues pienso esperar la inmensa ira de Diana, siendo blasón la memoria eterna de mi muerte, que corone de mi blasón las proezas; quede Diana gustosa, y Astolfo gustoso muera. Qué es esto, loco cuidado, . que sueña bien aunque mienta! quedad con Dios. . Esperad, que en buena correspondencia si allá con la mascarilla os serví, después sin ella os vide; y si aquí me dais la vida con la defensa del cendal, cubierto el rostro, para que Igualarse puedan los lances, fin ese embozo es fuerza también que os vea. Bien decís; pero advertid, que en viéndome descubierta ya dejo de ser mujer, y quedo solo la Reina . Y quién habiendo mirado el rostro del Rey, espera la muerte, cuando mi vida está, señora, en que os vea. Quién este papel escribe? leedlo, con advertencia de que ya mujer no soy. Quién vio desdicha más fiera! . halló mi papel. . Leedlo, que quiero que la vergüenza empiece a verter la sangre indigna de vuestras venas. Señora:- . Leedio os digo. Qué sin culpa tal afrenta padezca yo! . No leéis? Ya leo, como el que entrega a sus labios el veneno, no ignorando lo que encierra: dice así: valedme, Cielos, en fortuna tan adversa. Si es que tenéis en Tinacría, como me decís, dispuesta conjuración, que ayudada del Imperio con las fuerzas podamos quitar la vida, y la corona a esta fiera::- Tente, infame, mal nacido, villano, ingrato, no leas más, pues mi furor me irrita, y tu traición me destempla. Qué importa el Imperio? qué la conjuración, si apenas saldré yo a blandir el asta, embrazaré la rodela, desnudaré el limpio acero, sonará el parche a mi queja, mecerá el aire las plumas, herirá al bridón mi espuela, crugirá el bronce a mi oído, moverá el furor mi diestra, cuando tú, y los conjurados, el Imperio, y todos, fueran pocos para mi destrozo, por más que los favorezca Marte, pues se acobardara también Marte si viniera. Voces oigo. Si me atiendes::- Mas gran novedad me muestra estar la Reina con él, y tan enojada. . Deja, señora, que mi razón pueda desvelar tus quejas. Oíros no quiero: en fin, Astolfo, queréis que muera? en qué os ofendió mi vida? en qué una mujer que llega aventurando la suya solo por guardar la vuestra? Mujer dije? imaginad, que he vuelto a poner la venda al rostro, y que una mujer afligida se lamenta. Que os deba más un retrato, que un original os deba! que en este logréis rigores, y en aquel gasteis finezas! que por aquel en el fuego entréis pisando centellas, y en contra de este los rayos flechéis, aunque no os ofenda! En qué os ofendió Diana? en qué, cuando la suprema corona es freno dorado, que sus acciones gobierna? Basta, Astolfo: mas el llanto, . a pesar de mi entereza, está abortando diluvios, que me ahogan y me anegan: ya no puedo detenerlo. Quién miró cosa tan nueva? Señora, mi bien, mi dueño (perdone el recato y venza la pasión a los respetos) no desperdiciéis las perlas, que para jurarte Aurora, no es menester que las viertas: mi vida es tuya y mi vida si en algo a ofenderte llega, antes que un aljófar tuyo, toda mi vida se pierda. Puede ser de enojo el llanto, y fingida la terneza por verse sola: yo salgo por ver si el intento trueca. Muy a acaso conocí estar sin llave esta puerta; descuido es sin duda, y quiero ver a Astolfo, por si acepta contra mi hermana el socorro. Astolfo. . Señora. Pena muy de golpe habéis llegado viendo a mi hermana. Que en esta ocasión hayan venido! Que tan infelice sea, que una vez que fui mujer es forzoso que se sepa! Pasando esa galería reparé que estaba abierta la fortaleza, y temí alguna traición. . No temas traidores, que mi valor tiene a la traición defensa. Mucho me da que temer ver el papel, y que venga a estas horas a la torre Floripes. . Desde allá fuera , señora, tu voz, y vengo a ver qué me ordenas. Yo os lo estimo, Vencislao: a este sin duda le aquejan las pasiones, que a mi pecho, cuando el papel que en la mesa estaba, juzgué de Dama. Qué disculpa habrá que pueda . dar del haberla aquí hallado? Todos vieron mi flaqueza, . y ya lo habrá conocido Astolfo: o nunca yo hubiera venido! mas el remedio es el volverme a ser Reina. Vencislao, Astolfo, oíd, y tú, Floripes: secretas diligencias me trajeron a esta torre, sin que pueda discurso humano alcanzar el norte que me gobierna. Los misterios de los Reyes son caracteres, y letras, que el respeto las decora, pero no las deletréa. Mire cada cual atento como cursa en esta escuela, que para el yerro hay castigo, si hay premio para el que acierta. No el sonido de las voces engañe, porque en las selvas está el ejemplo al oído, pues muchas veces se piensa, que es voz la que no lo fue, y solo un eco es quien sueña, que es el aire, y en el aire se desvanece ella misma. Vos, Vencislao, vos, Astolfo, y tú Floripes, es fuerza, que no atendáis de mis voces la pronunciación primera, sino solo, que en el aire son los ecos los que sueñan. . Mucho llevo que temer. a Adiós, Astolfo. Que sea siempre con vos: ha fortuna, cuando acabarán mis penas! . Prosigue, Celia, las voces. Si haré, pues que tú lo mandas, mientras que la Reina viene, que muy atenta, su casa ha dado en rondarla sola. Afectación es que cansa. Es cierto que está insufrible. Toda diversión la enfada, y aún a todas su extrañeza. No es tanta, pues con su hermana parece que fue esta noche. Sin duda alguna te engaña, pues ahora vi a Floripes, que muy de prisa cruzaba esa galería. . Escucha: mucho es que vista tan larga tengas de noche. . La luz del farol de la antesala dio lugar a conocerla. Celia, qué esperas? no cantas? Pues es poco atrevimiento el mormurar de las amas? Aunque en muy breves razones las de Floripes el alma me han traspasado, sin duda, que es la prisión afectada, pues en ella le visita con terneza tan extraña, como Floripes me dijo; y pues no queda esperanza al rencor que está en mi pecho, la resolución me valga, y obre después la fortuna; y así mientras estas cantan, y el festejo las divierte, he de pasar a las cuadras donde detrás de su lecho, oculto de mi venganza, sueño, y soledad dispongan el logro. . Ya todas callan. Sonoro clarín del aire, que tremolando las plumas pequeño bajel con alas las cerradas nubes surca; no, no, no subas, que bajará ceniza tu hermosura. Ya divertidas están, y así mi aliento me valga, y mi fortuna; ninguna volvió a mirar: dicha rara! Hola. Ya cesó, amiguitas, la sonora consonancia de la Música. . Pues vamos para ver lo que nos manda. Será querer recogerse. Y tenernos encantadas callando y con mucho sueño mientras se arrulla en su cama. Cierto que no hay quien te sufra, pues me niegas, o me callas lo propio que yo estoy viendo: aquella puerta no estaba mas que bolsa de logrero a todo el mundo cerrada? pues quién la llave te dio? Hallela acaso. . Las guardas de las puertas si se encuentran, mas no las de las cerrajas: mas ya que tal desatino pretendes, que en mi aduana pase como contrabando dándome con la embocada: dime, dónde vas ahora? No sé. Una raya en el agua, a serme posible, hiciera. Por qué? Porque en ti se halla por yerro alguna verdad, pues es infalible y clara el que a donde vas no sabes. Calla, Colmillo. Qué es calla, cuando tú con la fortuna adredemente batallas, sin temer la zancadilla, que en el Palacio te aguarda? si el demonio te dio llave, quieres que el demonio haga milagros, y que no tire el deonio de la manta? No pra mejor tomar puerta, uerto, si es que lo hallabas, y no que al són de tus pasos nos toquen una pabana? Palacio a dentro caminas con suspensión tan extraña, que el convidado de Piedra eres, o el Galán Fantasma. Vuelve en ti; vamos, señor. Aguarda, Colmillo, aguarda. Aguarda tú, o nunca aguardes. Traición, traición. Esto falta para acomodarlo todo. De hielo soy una estatua. Si por tu fuga lo han dicho, no te han de dar limonada. Oh mal haya mi fortuna! mas pues me ocultó la capa, esta luz no me descubra. Un hombre salió, y la llama, o el acaso, o el intento mató, y mi altivez osada en las tinieblas le busca. Traición. Prevengo la espada, instrumento de su muerte. Ya yo estoy en mi cuartana, según tiemblo. Del temor, ni las voces, ni las plantas puedo mover y la lengua, y el paso a un tiempo me faltan. Sordo ruido me parece que aquí escuché. . Yo tomara estar en un calabozo visitado de las ratas, y no en estas aventuras, desdichado Sancho Panza. Ya le hallé: muera. . Llegad. Qué traición más declarada . contra una fe verdadera! Ya es forzoso revelarla . la traición que yo escuché. Ya por mi vida una blanca . no habrá quien dé; mas habrá quien haga bien por mi alma. Señora, la turbación tanto mi lengua embaraza::- Mejor fuera la vergüenza. Que me ahoga y que me mata, siendo el horror el cordel, que da el nudo a mi garganta. Ese temo yo en la mía. Que ni formo las palabras, ni las voces artículo, todo el aliento falta, al ver que siendo mi intento guardar tu vida, la parca to mase para instrumento, en vez de corba guadaña, mi acero, contra esa misma. vida, que mi acero guarda; mas el Cielo, en fin, piadoso permitió:- . Bien está; basta, que en esta acción a mí misma me he menester por no errarla: ese error contra mi vida, en una traición tan clara, no es, no, lo que más me irrita, pues breve ya, o dilatada en el Monarca mayor, al punto que falta, falta, sin ser desdoro el que falte aún en el mayor Monarca. Lo que más mi enojo enciende, es que la traición tomara las armas del desacato contra el pundonor, que guarda del recato el casto embozo en materia tan intacta, que sin tocarlo el aliento sola la vista lo empaña. Vos oculto entre las sedas del lecho, violando arcana seguridad del retiro, donde en su fe asegurada la atención más melindrosa, y el recato más sin mancha, uno de mortal se advierte, y otra se jura de humana. Vos al honor y a la vida tiráis con distintas armas, hiriendo con la ignominia mucho más que con la espada. Si yo olvidada de mí os quisiera, en mi cesara el afecto de quereros, solo por acción tan baja; que el cariño en las matronas le hace pagar de esta sacra veneración, no de acciones que cuando obligan ultrajan. Vos quebrantar de la torre la prisión? vos a las guardas sobornar? que de otra forma no era posible el dejarla. Callo el que le di la llave, . pues puede de otra ayudada cerrar, mirándolo todos. Señora, no descuidadas están las guardías, y así::- Basta, Vencislao. . Tanta culpa contra mi parece posible? . Vuestras palabras no he de escuchar, porque sé, Astolfo, ya que son falsas. Allí está un criado suyo. Llegad. Qué mala llegada! esta es el fin de mis días. Decid. Qué es lo que me mandas? Entrasteis vos en mi cuarto? Señora, no, que yo estaba::- A dónde? En aquella puerta, y solo sé en esta causa el que mi amo y no sé quien urdieron una maraña. para quitarte la vida: de lo demás no sé nada, que soy criado leal, y no he de gravar mi alma levantando un testimonio. Es verdad lo que declara ese Soldado. Pues vos::- no es mi vida la que clama por satisfacción, mi honor es quien pide la venganza; quiero sabiendo querer, que amor que el ultraje pasa por fineza, o por disculpa, no es amor, no, si no infamia. Muera Astolfo, que difunto haré finezas tan raras, que todo el mundo publique, que sé querer. Qué me mandas, señora, que tan suspensa quedaste al mandarme? Estaba divertida en otra cosa: vos, Vencislao (desdichada voluntad) haréis al punto, llevando a la torre (el alma se parte) a Astolfo, en secreto se le dé muerte: ya dada está la sentencia, y yo quedo muerta al publicarla. En fin, que voy a morir? Ya parece que me arrastra la soga. Pues ya que muero, he de morir sin el ansia del tormento del silencio. A morir voy, pues lo mandas, gustoso, porque aún en eso está mi obediencia esclava: yo (perdone tu decoro) he dado a tus luces claras cuanta oblación ha podido esta adoración humana. Solo por guardar tu vida pierdo la mía, y a darla volviera otra vez contento si la tuya reservara; solo este dolor me aflige, que a esas luces soberanas hay sacrílego que intente ofenderlas, o matarlas: guarda tu vida, señora; y a Dios te queda, que tarda ya mi obediencia, en que tarde el cuchillo a mi garganta. Ven tú también. Pues conmigo la tal sentencia no habla. No importa. Si importa, y mucho, que a mí con mi cara mala me importa mi vida más, que la del Sosí. Ea, vaya. Lloras? No así te acongojes. Son porciones muy contrarias la piedad, y la justicia. Cielos, yo muero en mis ansias. Señora, no te he asistido, porque un cuidado embaraza nuestra atención. Y cuál es? Desde aquellas torres altas en lo oscuro de la noche descubrieron una Armada las centinelas, que en ella los faroles avisaban de su venida. Y muy lejos? Casi con nuestras murallas frisaban ya. . Luego al punto junten mi gente, y las cajas hagan señal. Pues, señora, da licencia a que mis canas te aconsejen, . Decid presto. Pues no te enojes, y manda que la muerte se suspenda de Astolfo por muchas causas. No las repitáis, decís muy bien; id vos a estorbarla de parte mía, id aprisa. . Qué os detenéis? o bien haya la Armada! dichoso día, aunque yo pierda a Tinacría, como Astolfo viva; y vos, Enrique (pues de las armas sois General) luego al punto id a formar las escuadras. Ya voy a mostrar mi brío; al arma toca. La parca saldrá en mi brazo. . Señora, con tu licencia, repara que si te arriesgas, lo arriesgas todo: desde estas ventanas el suceso verás. Ya se suspendió la temprana muerte de Astolfo y también está llena nuestra playa de Soldados del Imperio, que en los barcos, y en las lanchas tierra han tomado. Y el Sol ya en el oriente señala sus luces; y así Vasallos, seguid todos la campaña: sueñe la caja, y la trompa. Guerra, guerra, al arma, al arma. Señores, habrá en el mundo persona tan desgraciada como yo, siempre en trabajos: si me embarco, hay la borrasca; si tomo tierra, hay un fuego; si voy al jardín, me mandan prender; si estoy en la torre hay guerra, y todo amenaza contra mí. . Quién es? Señora, yo soy, yo. Yo soy hermana, que vengo en esta desdicha solo a seguir tus pisadas. No sois criado de Astolfo? Por mis, culpas. Pues cerrada no está la prisión? . Abierta está como una granada. Cómo? Como fue tu gente para vestirse las armas, que el homenaje tenía. Celía. Qué es lo que me mandas? Quita esas luces, pues ya están de más: las ventanas abre; proseguid. . Prosigo; mi amo con la ordinaria locura (como quien hurta ubas) se escondió, y plantadas (sin ser flores, ni ser hierbas) se fue::- . Dónde? A la campaña a dar calor al Imperio. Por dónde salió? Encantada llave, que le dio el demonio abrió, y salimos él hacia el riesgo, y yo a lo seguro. Qué pueda tanto la saña de su enojo, y que yo sepa querer con tal circunstancia, que me ofendió el desacato, y esta ingratitud me agrada! No te pongas tan suspensa en esta invasión: ya tarda lograr su intención Enrique. Victoria. Ya está lograda. Victoria por Federico, pues el General les falta, que ya murió. Ay de mí triste! Ahora llevo capuana por común de dos. No ha muerto mientras yo vivo, y Diana. Qué confusión será esta? Señora, ya derrotada tu gente, y Énrico muerto, volvió de nuevo a alentarla un Soldado (que cubierto el rostro con una banda, y por orla del escudo un guante) tan denodada mente le envistió al contrario::- No sé qué me dice el alma, que me da susto, y contento. . Qué::- La gente retirada llegue al Mar. Victoria. Los barcos llega. Viva Tinacría. Ya, señora, por tu gente quedó el campo, qué a la espada de este valiente campeón el triunfo debes. . Oh fragua quimeras mi fantasía, o es mi amo. . Ya a tus plantas rindo, Diana divina, la victoria, sin que nada de ella me debas, pues tú fuiste el dueño de alcanzarla, porque a mi espada, tu impulso divino la gobernaba. . Alzad del suelo, y sabed, que le debéis a una Dama, que el velo quitase al rostro: y así, no es razón hablarla el rostro cubierto: el guante me ha dicho quien es, las ansias réprimo mal. A tus pies nuevamente consagrada está mi vida, gustosa de haber vuelto por mi fama contra mi hermano, que altivo reparando mi tardanza, quiso proseguir su intento sin esperar la embajada. Equivoco vuestro obrar me obliga, y me ofende. En nada he faltado a tu servicio, ni a mi obligación. Pues tantas averiguadas traiciones? Pues mientras a examinarlas llegas, me vuelvo a la torre, que si en tu enojo la llama crece al examen del fuego (a pesar de mi desgracia) la fineza de mi fe saldrá bien acrisolada. Pues tan claras evidencias cómo he visto? Descifrarlas me toca a mí, que a ti sola las diré después, fiada en que el arrepentimiento ha de conseguir tu gracia; y solo aquí te aseguro el que padece sin causa Astolfo. Y tú lo aseguras? Yo te lo aseguro, hermafía. Y dirasme quien ha sido el traidor? Y la palabra te doy de decirlo, en fe de tu piedad. Ea, basta. Vasallos, deudos, y amigos, no hay cosa tan acertada, como luego que el encuentro se concluye, las espadas volver a las vainas: ya hemos vencido; y pues falta esa acción, de aquesta mano es aquel guante que embraza, y es fuerza dársela a Astolfo, pues que supo conquistarla. Tu esclavo soy. Yo soy tuya. . Bien lo que debes le pagas: aunque lo sienta mi pecho. . Pague el daño que intentaba. Y Vencislao, y Floripes el criado y la criada se casarán otro día. Con que la Comedia acaba querer sabiendo querer, y gran Reina de Tinacría.