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Texto digital de Querer por solo querer

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Atribución tradicional
Antonio Hurtado de Mendoza
Atribución estilometría
Antonio Hurtado de Mendoza Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Querer por solo querer. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/querer-por-solo-querer.

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QUERER POR SOLO QUERER

JORNADA PRIMERA

Invicto, señor. . Levanta, Noble Capitán valiente. Dame tus pies, y a mi frente sirva de laú el tu planta. A mis bracos, General, llega, y alegres estén, que pagar servicios bien, es la parte más Real. Cuéntame de tu victoria el suceso. . De aquel día fue la dil gencia mía, y tuya, señor, la gloria. Eran del mar tiranos en treinta armados leños los cosarios Islenos, que soberbios, y ufanos daban sus naves solas, (olas. miedo al Sol, yugo al mar, leya las Llegaron tus navios a medir sus bajeles, antes del mar laureles, y ya despojos míos, arma toque al momento, A poblé de asombro el mar, desaña el Envistiendo las naves, (viento. mi bajel animoso, como Alcón generoso entre plebeyas aves, cerró con todas luego, saeta de alquitrán, noblí de fuego. En dilubio de balas, de tanta artilleria sacre ardiente batía las vencedoras alas, siendo en campo de espuma, (ma. rayo de plomo en escuadrón de plu De mil troncos humanos, selva el mar en tres muertes, hallaban los más fuertes las más cobardes manos, que es sepulero en tal guerra, (rra el aire, el fuego, el agua, y no la tie. Uno, y otro elemento se trueca brevemente el agua en fuego ardiente, (ojos. engemidos, y enojos, en vista el sentimiento, en voz los El mar, que en tantos nombres se muda tantas veces, no ya región de peces, si no campaña de hombres: el vario nombre pierde, que es todo rojo mar su campo verde. Los destrozos Navales besan tus pies altivos, bajeles, y cautinos, banderas, y fanales, quillas, lemes, y entenas, pobres despojos ya de estas arenas. Delos tuyos un leño no falta solamente, y Rey de su tridente, en ambos mates dueño, pondrás, Marte segundo; (mundo. freño al mar, ley al Sol, envidia al otra vez a tu valor doy los brazos. . Que no intenta quien ve que de un Rey le alienta nombre eterno es bien que ganes, premiando a quien lo merece, pues quien uno favorece, hace muchos Capitanes. Los ojos del Rey severos, en lo apacible templados, fabrican fuertes Soldados, y hacen justos Consejeros. Besad del gran Felij Bravo todos los pies. . Cielo esquivo! Qué buen tallo de cautivo? Y qué infeliz! . Este Esclavo de altivo espirituardiente, traigo en tu nombre. . A tus pies me tienes. . Como quién es tan bizarro, y tan valiente, muestra tan flaco valor en un mal? . De los que siento, a este niego el sentimiento, que es de todos el menor, que el ser tu esclavo, por dicha lo tengo agora, y también por gloria, que ha sido un bien, que le debo a mi desdicha. Dime tu pena. . Es más buena para sentida, y callada, que es mejor para fiada una vida, que una pena. De mi bien puedes fialla, piedad te ofrezco, y favor. Aunque agravia a su dolor, quien le siente, y no le calla: quedemos solos. . La gente, Capitán retira. . Igual verás, señor, en mi mal, lo que dice, o lo que siente. Generoso Felix Bravo, de este imperio nuevo origen, Fénix, que al mundo renaces, de los desmayos de un Cisne. Que en solo un ano has vivido mil siglos, y te apercibes eternidad, pues los Reyes, todo lo que aciertan viven. Tartaria, parte famosa. del Asia, que ya compite la hermosa patria de aquella luz del cielo, y rosa en Chipre. A la bella Celidaura tiene por dueño, a quien sirve altos encarecimientos de mediana pompa humilde. Esos términos vulgares, en que a las bellezas dicen en injuria del Aurora adusaciones tan viles. Esos comunes agravios. del Sol, y el Alba, en que admiten. tantas lucientes ofensas. los cielos, y los jardines. Son bellísimas verdades en su edad, de quien reciben las perfecciones que enmienden, y los milagros que envidien. Que a su cara, y pocos años, florida licencia piden, para lo verde, y lo bello los Mayos, y los Abriles. Qué es tan hermosa? . Es lo menos de su perfección. . Y dime, es discreta? . Aún más que hermosa. Gallarda mujer. Prosigue. Esos indignos ejemplos, en que los Poetas fingen de tan altiva Princesa tan prófanos imposibles, En su templanza emendados, su cuerda beldad no impide el agrado en lo severo, ni el respeto en lo apacible, No para mujer criada, sino para Rey, oprime el diestro bridón caballo, espada, y laureles cine. Viendo la que historias tantas de Semira mis escriben; y en la gran Pantefílea costumbres tan varoniles, Se enciende, como al estruendo de los ardientes clarines, entre las mentidas tocas el bello escondido Áquiles. Hombre con sus consejeros, mujer con sus damas vive, como sabia, y como hermosa, leyes pone, y almas rinde. Qué es tan bizarra? . Sus Reino con valor tan suyo rige, que el mundo. . Pasa adelante; que Princesa tan insigne! Qué Príncipe tan curioso! pero como referirse puede tan alta hermosura, sin qué suspenda, y admire? Yo de su fama obligado, de Cicilia, en quien reside, del Rey mi padre el Imperio, de las corundas del Tiber. Entre varios pretendientes, a ser un despojo vine de su desdén siempre amante, siempre en vano, y siempre firn Y al tiempo que en más finezas y en más rendimientos hice los extremos ordinarios, y los milagros posibles. Se casó? . Cómo casarse? Es altiva? . Es invencible. Azaba tu historia, y sea . en buen hora, hermosa, y libre. Digo, que mi padre llega de la muerte en los confines, y en guerra de amor, y sangre venció la que menos quise. Que haberla partí en dos naves: el día que estos Fénices cosarios del Ponto fiero, nuevas enemigas sirtes, me encuentran, y recibiendo mil heridas, resistirles procuro, porque en matarme les perdonase el rendirme. Llegando a rondar tus costas, tu Genetal los enviste, los vence, afrenta, y los pone donde tus plantes los pisen Yo en segundo cautiverio, no quiero que me acrediten desdichas, porque bien puedo hacer necios infelices. Si Reyeres, si tus años, perfecciones juveniles, entraron luego en eternos, cuando salieron de quince. Si a tufama te pareces, si tienes piedras, si admites lástimar, que te enternezcan, ternezas que te lástimen, ejemplos que te celebren, virtudes que te eternicen, libre me deja, o me mata, si puede morir un triste. Alienta, ilustre mancebo, levanta. . Ay cielos! rendirse quiere el alma, ya dichosa en que a tus plantas se humille. Desmayole, que desdicha! dos tiernos afectos sigue el alma, piedad, y amor, en lo que padece, y dice: gente, Goneral. . Qué mandas? Porque de nuevo ejércites tu valor, de este cautivo la salad procura, y dile, que de un Rey, que sabe serlo, su vida, y sucesos fíe. h Dejarse cutar no quiio de las heridas Servidle, como a mi propio. Llevadle, tened cuidado, que Circe de mis sentidos altera blanda paz, y vida libre. Que guerra es esta, que al alma a tiernos desmayos rinde, tan flacamente asaltando corazón tan invencible? Que divina Celidaura, es esta? qué nuevo origen de amor, que en su nombre lleva veneno tan apacible? O menos herido esclavo, si mueres, tú me trujistes en tu relación, que adore, y en tu desdicha que envidie! Pero aunque tanta hermosura, a que la quiera me anime, y de mi propio silencio el alma se desobligue. Mas buen Príncipe, que amante seré, que lo más difícil es acción mía: el cautido libertad tenga, y si vive, vuelva a Tartaria, y yo muera de fino, de honrado, y triste: y en los dos se acrediten, en vida con valor, y ausencias firmes Todo en su sangre bañado queda, no será posible que viva, y ese retrato airoso, y bello te pide que le guardes; y si muere, que su hermosura conquistes, de tu valor digno solo, su celestial imposible. . ̱. Muestra, vuelve, y de su vida i cuida más, que preferirse debe la razón al gusto. Amor, amor, no porfíes, que no he de ver el retrato ciego tantas veces lince. Si venciste los oídos, que nuevo asalto apercibes a los ojos, donde el alma en más incendios peligre? Yo amor, yo sentir, yo penas, yo miedos, yo persuadirme a que ni mi te merezca, ni mis cuidados obliguen? Lágrimas un hombre fuerte? Suspiros, que no se estimen? Ha, como tiene el amor leyes de amar tan civiles! Pero qué soberbia es esta? En la hermosura, no asiste Deidad? No vencea los Dioses? Pues a un hombre venza, y mire de este retrato las bellas airosas partes géntiles: que es mur lucida soberbia, siendo amante, el ser humilde. Todo es alma el rostro bello, y de almas tantas se viste, que lo hermoso de lo vivo, cortamente se compite. Qué espíritu, que milagre! si en breve lienzo describe, el mundo un compas, y en partes con bella unión le divide: cuanto es mayor valentía, que en este un pincel retrire todo el cielo, en quien parece, que le ajusta, y no le finge? Que en sus mecillas la Aurora, en blancos rojos matices, está vertiendo claveles, está nevando jazmines, y en el Sol de su retrato, parecen rayos sutiles. Que me llaman dos Estrellas; que me avisan dos rubies; que el Mayo flores deshoja; que el día luces despide; que todo el Sol amanece; que toda el Alba seríe. Amaré, moriré, que es mal terrible ser Fénix en amor, y en morir Cis- (ne, Señor, un poco el Esclavo se alienta. . Cómo? qué dices? Que está mejor. . qué desgracia! que dicha! porque no pides albricias? . Guárdete el Cielo, Aunque más de si confíe el amor, no ha destar falso, que no puede resistirle: el alma de hombre en buen hora, que la venza, y la derribe, no la del Rey, que ha nacido a más soberanos fines. Venzamos desde la cuna las fieras sítrpes de Alcides: llevemos entre Sirenas la sabia atención de Uiises: el gusto quede vencido; la obligación, no se olvide; y el mundo, mas el valor, que la fortuna me envidie, y en mis penas admiren, cuerdas locuras, y prisiones libres. Yo sigo de mi albedrío la ley, si parece extraña, de una mujer la campaña, baste ser ejemplo mío. Pues hay hombres femeniles, en quien tal flaqueza vemos, al cielo desagraviemos las mujeres varoniles; que tal vez vemos que miente la misma naturaleza. A quien la vina presteza de tu condición ardiente, Celidaura generosa, no admira? . Poco inclinada siempre al ocio, de alentada me precio, que no de hermosa. Si en el con fin de mi tierra esta novedad tenemos, en tantos varios extremos, mueva de amor dulce guerra. Esta Princesa encantada, aventura empresa hermosa, no menos disicultosa al ingenio, que a la espada. Como no he de querer ver ocasiones tan lucidas, y estando en mi desmentidas, las flaquezas de mujer? Que sin pensar de cordura, es el ardimiento mío un modesto airoso brío, que no le llamo hermosura. Ni quiero, que lo briosa consuelo, y arte a ser venga, ni ser tan necia que tenga una presunción de hermosa. Belicosa inclinación te dio el cielo, y en airoso despejado, cuerpo hermoso, alma ilustre de varon. Mas en vano enmendarquieres la ley de naturaleza, que está en otra fortaleza el valor de las mujeres. Que la gala, y la blandura, donaire, y gusto excelente. es perfección más decente de la bízarra hermosura. La burla, el chiste, el concepto, y la plática también de quien es galán, y quien, sino atinado, y discreto. Y en presunciones de dama, consultando a tu belleza la gallarda gentileza, y la peregrina fama. De los Príncipes mejores, examinar el más digno, el más gallardo, el más fino, fruto galán de esas flores. Quien con más desconfianza sirve, quien con más denuedo, quien ata en lazos, en miedo una cobarde esperanza. Quién mudo, sufriendo enojos, y de amor dulces agravios, pasar no sabe a los labios el cuidado de los ojos. Quien sin dar la gloria al talle, solamente es entendido y el premio sabe advertido, merecerle, y no esperarle. Y de todos, con dichosa resolución, excelente elegir tan cuerdamente, que no parezcas hermosa. Que en esto los hombres den? hay tan gran vulgaridad, que no pueda la beldad, ni saber, ni elegirbien? Eso la envidia desea, que inventó horror tan forzoso, o la irade un quejoso, o el consuelo de una fea. Príncipe, beldad que trata de dejarse merecer, muy poco quiere atender a como ha de ser ingrata. Yo examinar, si este es necio, si aquel fino lindo enfado el darle yo a mi cuidado lo que toca a mi desprecio, No más que des confianza, le sufro, ni en la asistencia consiento la diligencia, que ya parece esperanza. Y que necio antiguo error, tan pesado contra mí, que él me quiera para sí, y que yo le llame amor! Y que loca grosería! imaginarla me ofende, que me obligue el que pretende que deje yo de ser mía? No es mérito para ti servirte un galán, que iguala del Sollucimiento, y gala? Quieres que me obligue a mí la preciada bizarría del más galán caballero? que yo para mí no quiero más presunción que la mía. Enfado, y risa me dan las noticias del oír, lo que llamaban servir, y fineza en un galán, ser lucido, ser airoso, porfiar, seguirsu dama, muy atento, en el que llama el vulgo caballo hermoso. Vestirse platicamente, observando sus colores, y entre animosos temores, osar decir lo que siente, aféctar desconfianza con la prolija asistencia, haciendo la diligencia del linaje de esperanza. Si a la porfía le das mérito, que gran locura! que costase una hermosura, el que la cansen no más. Vengan del Asia mayor sus Príncipes, que en mi vista, estimación no conquista la gala, sino el valor. Por errores tan extraños, pasaron nuestras mayores, mas aún de tales errores, son ya estériles los años. Las diligencias, que infamas, son la que admitió severa en su fundación primera la Religión de las damas. Que de lo tierno, y galante, de lo advertido, y secreto se compone el más perfecto, y el más atinado amante. Y a la costumbre de España, mérito alentado encierra, la mentira airosa guerra del rejón, y de la caña. Que en este ejercicio ardiente, aunque festivo le llamen, las burlas hacen examen de las verás del valiente. Galán secreto, a que efecto el serlo le han de estimar, si en nada le han de fiar, para que ha de ser secreto? Mal te engaña, que no entre tantas finezas me enamóranlas ternezas, sino virtudes, y hazañas. Los alientos de tu edad, en esa aventura emplea, que es en los Príncipes sea dos veces la ociosidad. Que si vences, con lucida gloria saldrás; y si mueres, que mayor victoria quieres, que perder bien una vida? La vida la guardo aquí, para empresa más amada, y a cada instante ocupada, señora, en morirpor ti. Y que aventura mayor, que conquistar el hermoso, el bizarro, y desdeñoso imposible de tu amor? Y en mayor peligro quedo, si con aquella porfía pelea en fin la osadía, y contigo solo el miedo. Si con alma rigurosa te niega lo que mereces, y el serumada aborreces, para que naciste hermosa? Que soy hermosa, ni apruebo, ni gusto que me lo digas, si es mentira que me obligas, y si es verdad que te debo. Qué vana civilidad! que se agradezca me admira, que es mucho para mentira, y poco para verdad. No es bien que te cause enojos llamarte hermosa, que siento que paga el entendimiento una duda de los ojos; y el alma que ya te dio, debes a un amor tan nuevo. No ves, que no te la debo; si no la recibi yo? Bien niveladas están las dos costumbres en ti, desdenes de dama en mí, sufrimientos del galán. Si con rigor tan esquivo trata a todos tu desdén, a este Príncipe también le espero muerto, o cautivo, que de él jamás en efecto se ha sabido. . Si murió de amor, y ausencia cumplió conio amante, y lo discreto. Ya el castillo se descubre. Bella fábrica. . Excelente. Si es la nube tan luciente, cuál será la luz que encubre? Parece el vario artificio de uno, y otro hermoso espacios más esfera que Palacio, mas milagro que edificio. Los repartidos despojos, hacen con igual distancia, tan hermosa consonancia, que es música de los ojos. Que su perfección igual a lu nombre peregrino, pide tanto el de divino, que desdeña el de Real. En medio de beldad tanta, como a los ojos ofrece, muestra un horror que estremece y una confusión que espanta. Que de monstruos. . El de Creta, y su laberintio, creo que estoy mirando . Aquí veo suspendida una trompeta. Sin duda es para avisar con ella que viene gente. Tocadla, y llamad. . Detente para que quieres llamar? no ves, señora, que llamas a mil fieras espantosas? Ea, que sin lo medrosa, podemos ser todas damas. 1. Quien ditemos, que le atreve a la aventura? Ay qué terrible sigura! Por curiosidad queremos, que de ella cuenta nos des. 1. Quién no la prueha, adelante? Que no ha de haber un Gigante, que se precie de cortés? Tu valor, sin duda ignora. Oh cuántos, en lo insolentes, fundan solo el ser valientes! No puede menos, señora, que se lo mandan así los libros. .. Descubro armados caballeros disfrazados. otra vez, triste de mí! Tropas de caballos veo, gustoso ha de ser el día No estamos, señora mía, seguras aquí. . Deseo ver en traje disfrazado estos sucesos ahora. Porque no has hecho, señora, otro castillo encantado, para guardar tu hermosura; Porque la beldad mayor se guarda mucho mejor encerrada en su cordura. Todo es guerra. . Los despojos de esta vinoria procura. Ay, que es mayor aventura el encanto de tus ojos. . Esto es amor, no te espante, los más sabios más quisieron, ujuntos siempre anduvieron buen Príncipe, y buen amante. Ese espíritu, ese aliento, virtud Realno pues quien ama, ha de tener cuidado, y entendimiento. Si lo atento, y liberal, lo advertido, lo secreto, lo recatado, y discreto, oignó es de un alma Real. Es amor, y amor es ley igual, segura, y constante, mira si de un buen amante se puede hacer un buen Rey. No amar, es tibia cordura, flaca virtud imperfecta, y solo culpa discreta, amar la altiva hermosura. Diumamente inclinado, que busque miedad es justo, no variedades al gusto, sino fines al cuidado. Hasta ver siel alma alcanza un sujeto en quien le dé, tanto que amará la fe; que se olvide la esperanza. Que el alma en su inmensidad, cuanto cabe en cielo, y tierra, encerrar puede, y encierra no más de una voluntad. Y esta ha de ser tan lucida, tan arenta a sus verdades, que ha de amar eternidades en lo breve de una vida. Con tan medida templanza, que parezca la belleza imposible a su fineza, y a su mérito esperanza. Y tan lejos de ella esté, que sea cualquier locura, cualquier sombra desventura, una queja de la fe. Y en esta forzola culpa de amor, solo puede hallar en la decencia de amar, sino el premio, la desculpa Quien más ama, y menos piensa de sí, ya que con querer, no deja en fin de ofender, hace más cortés la ofensa. Y en su generoso empleo, viva atento, a no juntar a los errores de amar los delitos de un deseo. Tenga ociosos los engaños, que a pasa de ignorante, y aún de obstinado el amante, que ha menester desengaños. Yo no haré de la porfía mérito para mi pena, sentiré por causa ajena, y amare por gloria mía, Finísimo bachiller, ese tan galán mentir, todos lo saben decir, y nadielo sabe hacer. Sin deseos, que donaire, quieres humanos empleos; ha señor, que los deseos, son pícaros de buen aire. ̱ Murió el cautivo, y me llama de esta Celidaura bella la opinión, por ver si en ella me singe aplausos la fama. Y siguiendo mis desvelos, diciendo, que voy ahora a ver la que gracia adora, deidad venerada en Delos. Dejo el Reino (y corta hazaña la llamo) pues dejaría cuanto puso en Monarquía Roma insigne, y fuerse España. Que yo más grande nací, que un Reino, si en él no estoy, que dejo, si donde voy me llevo conmigo a mí. Aunque no hay precepto, y ley, que a la Republica ordene, ni que más el mundo enfrene, que los ojos de su Rey. Dejas dos Ministros sabios en el gobierno, tan buenos, que es de su gloria lo menos tenes mudos los agravios. Que siendo buenos por sí, con tantos buenos extremos, es honra tuya, pues vemos, que son mejores por ti. Sucelo, y valor prudente, me asegura que no haré faltano pues estaré apartado, mas no ausente. Es mi cuidado un registro, que de nada vive ajeno, que siendo el Príncipe bueno, no puede haber mal Ministro. Que el oficio de reinar. es hablar, oír, y ver, aprender para saber, y saber para enseñar. Temblando estoy, que este espero, que ha de gobernar al mundo (oh cuidado vaga mundo de tanto gran majadero!) Pues con lo que en buena ley los mentecatos llamamos, todos el dar intentamos sus consejitos al Rey. Y el que más preciado vi de celante, y de fiel, no le quiere para él, si no bueno para sí. Para tu entretenimiento has traido a Rifaloro, un donaire con decoro, de apacible entendimiento. Y en quien vive muy espacio una locura sin furia, una gracia sin injuria, todo muy nuevo en Palacio. persona de tal bondad, que te dirá, y lo sé yo, siempre verdad. . Eso no: ni mentira, ni verdad no se ha de hallar en mi boca, pesado, ni lisonjero: mentira, porque no quiero; verdad, porque no me toca. No ha de auenen mi costumbre, y alegre naturaleza; mentira, porque es bajeza; verdad, porque es pesadumbre. Yo verdad? que necedades no es justo, si bien lo miras, que me deban las mentiras, deslucir yo las verdades? Por eso debe vivir junto a toda Majestad, quien conozca la verdad, y la merezca decir. Qué es esto? Trompeta ahora? Su péndenme los sentidos, que es para nobles oídos la música más sonora: entre estos árboles veo un edificio famoso, bella paz, término hermoso de la vista, y del deseo Si es bella, divina, y sabia, reina albergue. Aún no slegamos a Tartaria, que aún estamos en los Confines de Arabia. Cerca llegamos. . Deja curiosidades, que estoy en los pasos, que no doy sufriendo al alma una queja. Mira extrañas inscriciones, y confusas variedadades, donde están las novedades, llamando las suspensiones, Aquí dice de esta suerte: O soy premio, o soy agravio, estor para el fuerte, y labio, no basta el sabio, ni el fuerte, Y dice allí: la hermosura se ha negado la elección, que no quiere la razón fiarse de la ventura. Todo lo entiendo, y no atino la causa. . Yo caigo en ello, Y es? Que tratar de entenderlo, es muy grande desatino. Llamemos. . Aquí se ve. un instrumento canoro: que llamamos? . Rifiloro, toca, y llama. . Si mi fe se detiene un solo instante, dejaré a mi amor con pena, que está de escrúpulos llena el alma de un fino amante. Ya se asoman. . Caballero, que manda? llegue quien es. Pele a tal jayan cortés, y prodigo de sombrero. Hay tal novedad? o leve Gigantón? sin duda en cama reposas, y tienes dama, y sabe beber con nieve: jayan nuevamente impreso. Que mandan vuesas mercedes Merced? y eso más? si puedes, dinos, montana de hueso, ese Castillo que encierra, prodigo en fábrica humana? A la hermosa Claridlana Reina, y verdad de esta tierra, por tan nueva causa, y modo oncantada en el Palacio, que veis, que si estáis despacio, os informare de todo. 2. Prosigue, pues. 1. Yo no quiero, vete. . Si haré, Qué paciencia dejaran, y qué obediencia! 1. Quién pregunta? Un escudero. 1. Los escuderos no es gente de historia, pase. . Oh pícano, soberbio gañan de antaño. más camado que valiente. 1. Escudero? gran trabajo. Merecí lo que escuchen. pues que yo me levanté un testimonio tan bajo. Ha tronco, ha monte, ha diluvio de carne! yo os vive Dios, que me he de vengar de vos, cual que andante boquirubio, que os partirá con un rayo por detras, y por delante, que para ningún Gigante permite Dios el soslayo. 1. Hh vil criatura! . Portero, o jayan, que todo es uno, decid. . No sea importuno: si es armado Caballero responderé, que si no bajaré, y con esta maza les haré dejar la plaza. Que esto escuche, y sufra yo! responde con menos fieros, loco, soberbio, arrogante, que es cosa para un Gigante hacer caso de escuderos. . Llama mil veces, que estoy: Hay furias atroldanadas? Rompiera las encantadas puertas, que otro Alcides soy, mas no ver a Claridiana gusto, ya sea del suelo admiración, ya del cielo competencia soberana. Partamos, que en detenerme, agravio el alma. . Señor, aunque te apresure amor, y de ello no gustes, duerme, reposa, descansa un rato, pues tan fatigado vas; Príncipe, debente más muchos Reinos, que un retrato? Toma aliento, goza de esta tregua del Sol del Abril, florido huésped Gentil, verde apacible floresta. Por lo bien que la ha pintado goza esta selva florida, cumple ahora con la vida, y después con el cuidado. Siéntate al pie de esta fuente quejosa; y murmuradora. Pienso que le das ahora señas de algún pretendiente. A ver los caballos voy, tu Rifaloro te queda con el Rey. . De esta árboleda soñoliento huésped soy, no duermas. . Mal entendida costumbre el dormir, y humana flaca ociosidad tirana del amor, y de la vida. Hay cosa más descansada que el dormirio necedad, de suma comodidad el no estar pensando en nada! Mas a ser Príncipe aquí. jamás admitiera el sueño, por no dejar de ser dueño ningún instante de mí. Si llega el sueño violento, a sufrirle me apercibo, quitarme de lo que vivo, pero no de lo que siento. Pena que a dormir se atreve, que si bien está informando, y quien dormir puede amando, que poco el amor le debe? Salidvos, lisonja muda, silencio elocuente, donde de Ángel, y mujer esconde el cielo una hermosa duda. Bellísimo hermoso dueño, noche del sol, gloria mía; como cabe tanto día en círculo tan pequeño? O lo que el sueño porfía! ya me vencí, mas espere, que la parte que venciere, no confesare que es mía. Tormenta quiero, y no calma, que si sale vencedor, rendirá solo en mi amor lo que deja de ser alma Si durmiere un solo instante, porque es morir lo dormido, lo quiero, quede vencido por hombre, y no por amante. Ya se haquedado dormido tan presto? qué necedad! mas parece habilidad, que de galán, de marido. Si duerme un enamorado, que haré yo donde no están, ni de velos de galán, ni pesa dlumbres de honrado? Soledad, no hay compañía mayor donde el alma yace: consigo, y con ella nace una verdad cada día. En esta verde armonía miro cuan breve reposa en un peligro la rosa, en un desmayo el jazmín, y que solo el alma en fin permanece siempre hermosa. Toda la naturaleza es avilos del albor, primer lisonja una flor en su candida pureza, en que logra su belleza, si no en roballa, un tirano, y aquel verdor soberano, que fue desprecio a las horas, y envidia de mil Autoras, es despejo de una mano. Ser Reina en poder, y nombre, solo sirve de alcanzar mas que perder; y empeñar en la ventuia de un hombre, quién poderoso le nombre. No puede saber aquí quien le quiere bien por sí, y así me cabsa el poder, porque no puedo saber quien me quiere bien por mí. Nace sin soberbia alguna, y es mi dorun Reino, y creo, que son las michas que veo, amante de mi fortuna. Mas como en vano importuna el Alba entre mis amores, el pajarillo en las flores en vano asistemamantes, pajarillos ignorantes, porfiados Runehores. divertirme, y tirar quiero. Hh señor, es horaya? Ruido siento, y allí está durmiendo, si, un caballero, que en un retrato despojos de algún amor cortesano, tiene el desvelo en la mano, pero el descuido en los ojos. Duerme, sin duda querido está, que de un desdeñado se hace luego un desvelado, y de un amado un dormido. Que cuidados tan ajenos de amor! pues el que se inclina a dormir, siempre imagina en lo que desvela menos. En el favor no me espanto, que duerma, tiemblo de verle, mucho deben de quererle, pues que le aseguran tanto. No finezas, sino antojos esta dama le costó, y que suya la nuró, pues le ha cerrado los ojos. Hólgara, que el mismo dueño del retrato aquí estuviera, porque sus desvelos viera, agradecidos de un sueño. Mirando lleva de enojos, que en el hombre menos vano, una ventura en la mano, luego es descuido en los ojos, Amante, no diré necio, que es más culpa ser ingrato, no escondieras el retrato para callar el desprecio? Quitaréselo, y quejoso quede, y también enseñado a perder por descuidado lo que olvida por dichoso. Vengada estaréis por mí, quede sin vos quien ahora, estando con vos, señora, vive tan dentro de sí. Quien con el favor se muda, quien, ni os ama, ni os guardó; mas qué es esto? él duerme, y yo estoy soñando sin duda. Disimulado veneno se introduce en mi albedrío; retrato en el mundo mío, y en hombre de amor ajeno? Si es engaño del sentido? yo soy, no estoy engañada, loca si yo retratada; y en las manos de un dormido? Qué agravios son estos, cielo? injusto queréis que os nombre: retrato mío, y en hombre, que aún no le cuesta un desvelo? Tu ignorancia, y vanidad me obliga a estarle temiendo esposo, pues va cumpliendo con la primer necedad. Señal en él de querido, y dos en mí de ofendida, retratada, y desvalida, yo quejosa, y él dormido. Aún saber quien es, me ha dado miedo, y no curio sidad, que poca es su calidad: sin es más que su cuidado! No tengo más que culparle, no vi persona mejor: o quien formara su amor de su cara, y de sutarle! Si te ha parecido bien cosa en ti tan escondida, se periona, por tu vida, que merezcas mi desdén. Gente siento, vendré aquí en cubierta en mi temor, a saber de él, tente amor, que aún iba a decir de mí. No huras, que no es tanta ofensa mis amores, que dejando en las flores testigos de tu planta? Oh Celidaura hermosa, te acusa, y te confiesa cada rosa. Sigo en él selva escondida, tu desdén, y del prado, tu blanco pienevado, adulación florida, es novedad, pues debe las rojas flores a la blanca nieve. Si con enfado miras, que te diga mi pena, ya mi silencio ordena en mudecer tus iras. Mas cielos, cielos, como puedo: que no callo en amor, sidigo el miedo? Posible es, que me dormí? pase por castigo el sueño, pues dejé, divino dueño de estar con vos, hay de mí! Qué es del retrato? perderme quisiera primero, ay cielo! despierto viva en desvelo un desvelado que duerme. Estará el alma corrida si le perdí, aunque de amor muero, que pago este error cortamente con la vida. Y cuando a mor es uegarme a lo sentido, que es de un dolor merecido civil remedio la muerte. Si padezco sin disculpa, que le debere al rigor, cuando me quite el dolor, si no me quita la culpa? Viva, y viva mi tormento en tanta gloria perdida, y sirva solo la vida de ayudas al sentimiento. Siempre el alma quede ajena del consuelo, que no pido, y moriré de entendido lo que viviere mi pena. Mi mal es bien empleado, pues merezco esta desdicha, y aún no me queda la dicha de parecer desdichado. Qué busca aquel hombre allí? Hán mele hurtado; qué espero? este le hurtó; caballero, sabed que al mundo nací, tanto, que ni en gracia puedo sufrir nada, y sin saber, que es temor, llego a tener a mis escrúpulos miedo. No con aparatos varios de palabras, en mi vida puse en la lengua atrevida el oficio de las manos; y así os pido corrésmente, que el Sol me volváis. Qué escucho? Que el alma me dele, que ha mucho que estoy de la vida ausente. Si esta loco? . Del retrato no os valgáis; volvedme en él mil rayos en un pincel, mil soles en un retrato. No os entiendo. . Vive Dios, que os mate si lo encubrís. Ni sé lo que me decís? ni os temo, ni estimo a vos, que vive el Cielo. . Que voces son estas? . qué no me entiendes? Mal sabes, a quien ofendes. Poco mi valor conoces? Ea, domina este potro. Desconócesme sin duda. Cobarde, que al uno ayuda, está de parte del otro? Quita, que mi furia airada le dará presto el castigo. Yo de que haré cuanto digo, doy el siador en mi espada. Pero qué es esto? . Qué espanto! sino se desata el Cielo, se viene el Castillo al suelo, o se deshace este encanto. Sin duda, que la aventura intenta algún Caballero. Verlo disfrazada espero; mas emprenderla procura quién traía mi retrato? Oh vil! una retratada, y otra belleza buscada? falso será? mas no ingrato. Rifaloro; dime, que es esta novedad? . No puedo: tengamos ahora miedo, y labrémoslo después. Generosos Caballeros, gloriosa invención, que atiende a juntar de Apolo, y Marte nobles plumas, y laureles. De este admirado prodigio, de este bello asombro, de este, verdad ajora, y después fábula de quien lo cuente. De este general cuidado, confusión, que al Cielo atreve loca vencidad en tantos fantásticos capiteles. Vuestra venida ha nacido. (escuchad lo que promete, lo que encierra, a lo que obliga, lo que guarda; y lo que advierte para honor de estas Provincias, sabio, ingenioso, y valiente. Lamedonte fue en Arabia el postrero de sus Reyes, cuya voz, que ya en ojvido a Medea, y Circe tiene freño del mar, y del viento, puso a las Estrellas leyes. Del Cielo crédito hermoso, tuvo una hija; que ofrece logrado en todas sus partes, cuanto las lisonjas mienten. Tan sin arte hermosa, y linda, que desdeña, y culpa siempre su natural hermosura mentiras de rosa, y nieve, siendo en su edad coronada de jazmines, y claveles doce bellísimos años, lo menos florido, y verde. De su Reino, y de su fama la gloriosa descendiente, única heredera, y tanto, que lo pareció del Fénix. No fiando a su belleza su elección, en quien sucede a las hermosuras tanto en que lloren, y escarmienten. Llamó a los Nobles del Reino su hija hermosa presente, y así dijo ya pisando los términos de la muerte. A mi hija, y a mi Reino de cuanto el Solluces debe, el amor, y la codicia traerán varios pretendientes. No quiero que peligrando en las sirenas crueles de adulación, que saltean los oídos más prudentes. Que la falsedad la engañe, la ternura le aconseje desluciendo su desdicha lo que su beldad merece. Y en vez de elegir un sabio, fuerte varón, si apetece un lindo, y necio, en Arabia Príncipe ignorante reine, dijo, y un cierto conjuro prosiguiendo, se estremece la tierra, dando a los aires este edificio luciente, donde su heredera hermosa, encerrando fácilmente, defendida de imposibles un encanto en otro tiene. Hay para que la aventura méritos grandes la intenten, mucho que el ingenio entienda, mucho que el valor sujete, porque siendo el premio de ella la Princesa, Arabia quede defendida, y gobernada de lo sabio, y de lo fuerte, que obligando a sus vasallos, quiso que su Reino hereden estas dos partes, que forman los Príncipes excelentes. Seguid la empresa, mancebo, que el intentarla promete un Imperio a quien la gana, y una gloria a quien la pierde. Quien estos Reinos desea, quien esa beldad pretende. esos peligros conquiste, esas venturas celebre. Pero no quien mayor du eno adora, y triste padece, de tenido con el alma tiernos agravios de ausente. orra quiere, y otra busca? que faci hombre! Y no piense, que busca Reinos quien ama por elección, quien desmiente de los hombres la costumbre, quien generoso no atiende. a viles comodidades; y a sí mismo se agradece premiarse con lo que adora lo que sufre, y lo que siente. Lo mismo digo, y que adoro mayor belleza, que tiene mas imposibles, que el Cielo conestrellas no las vence. Sois armados Caballeros? Yo sí. . Yo también. . Esperen, diles Brocadan la ley que se guarda, y que se teme. Es ley de este encantamiento, que el que a ver llegare el fuerte Castillo, y de su aventura se exculare, que confiese, que es necio, y cobarde, y luego, que en la batalla se empeñen de este encanto los Gigantes, y fieras que se obedecen. Y si la emprende, y no acaba, que a referiste se quede, como yo que tuve en ella el valor, y no la suerte. Tal bajeza les propone lo bárbaro de esas leyes, a los Caballeros Nobles, por obligación valientes? yo acabaré la ventura, porque tenga que desprecie otra más hermosa mano. Las pruebas luego se empiecen, que ya ofrezco esta vitoria a suplanta, y no a mi frente. Hagan señal los clarines, baje la segunda puente, y a la pruenpa del ingenio, que es primero, entrambos entren. Un laberinto os espera, y mostrará, que se entiende quien por la parte contraria de la que entrare saliere. Ea al Castillo. . Al Castillo: hoy me eternizo. . D espere plumas la fama, que el cielo en alas de honor penetre. Gallardas resoluciones: y en él uno he de correrme de parte de mi retrato, sino es sabio, y no es valiente. En que confusiones quede! que si es sabio, fuerte, y vence, se ha de casar en Arabia: todo me cansa, y me ofende. Mucho tardan, mi poquito de ingenio, y valor le prueve, quizá que podré escribirme en el libro de los Reyes: si saltan donde no piensan, va lo civil de la liebre, quién puede esperarlo menos? No le dije, que no es gente de historia el escuderaje? Ea, por los aires vuele. Ay triste! San Bellanis, que me ha mordido una sierpe. No te espantes, que en Palacio toda sabandija muerde. Vitoria, victoria. . A quien de lo ingenioso se debe? A Clarídoro. Man cebo, ciñe de laurel tu frente. que retrata la esperanza, y le engendraron desdenes. No me llamo victorioso, que este nombre no merece, si es para ajena hermosura, y está Celidaura ausente. Perdí del ingenio el nombre, parte que más resplandece en el alma; o vano engaño! que por ingenio se cuente acertar de un laberinto la confusión, que parece atención de la memoria, no del ingenio eminente, de quien mayores empresas, y más glorias se grometen. Esto no es ler ingenioso, la memoria no deciende del ingenio, antes ha sido descrédito subo siempre. El hombre no tiene ingenio, pero como ha de tenerie, hombre que tanto descansa, persona que tanto duerme! Prosigue, ilustre mancebo, y esa puerta, que defienden fieros monstruos, y tu espada, como a tu ingenio respeten. Todo su asombro me infunde más valor fieras serpientes, que esperáis? . Qué bravo embuste! Que valiente que acomete. Pero a lo imposible áspiro, que aunque el animo se enciende, y no hay monstruos, ni peligros, que mi valor no desdeñen; no son las fuerzas eternas: o mal haya. . Si consienten s los Cielos que se restabre lo ingenioso con lo fuerte, hoy se verá, monstruos viles, fieras cobardes, temedme, que soy de honor, y de agravio ira nuevo, y rayo ardiente. h Que esto mi valor consienta, que el lado animoso deje del Príncipe! oh fiero encanto! ni a sule, fuera obediente, ni a su gusto, a no saber, que su espada sola puede da le mayores victorias. Oh qué gusto! a le temen: dejar no quiso el desprecio nada al brazo que venciese, s Fabuloso, y vil asombro, temida conquista leve, hay más sangrientos encantos que me van sobrando muertes? Victoria, victoria. . Marte, este laurel a tus sienes ofrece, merecedores tus años de mas laureles. Vencido habéis el encanto entre los dos, y ella puede elegir, que en rayos baja su deidad resplandeciente s. s Qué beldad tan peregrina! Qué dicha, sile ofendiese el ingenio? . Amor permite, que no le agrade el valiente. Caballeros arrogantes, que locos, y presúmidos queréis ser favorecidos, primero que ser amantes. Aguardáis, que el uno aquí elija, que vano error! que hay otro encanto mayor que vencer dentro de mí. Que falsos, y no me espanto estaréis en esta empresa, con que os dará la Princesa las gracias del desencanto. Poco sabéis de mi nombre, yo fuera incendio de mí, si pensara que nací para victoria de un hombre. Acertar un laberinto, presume ingenio vencer, dos fieras pretende ser hijo del Planeta quinto. No es un Príncipe valiente con dar cuchilladas, no, con enigmas pienso yo; que es un Príncipe excelente. Para ingenio, y valentía de Rey, quien de estos venció batallas, quien gobernó con seso una Monarquía. Si quiso mi padre injusto la elección quitarme, fuera locura, que pretendiera quitarme también el gusto. Yo a leyes de encantamiente sujeta por su corona? él encantó la persona; pero no el entendimiento. Hay tan pesados antojos, que aún buscando nos entreguen, de quien a informar se lleguen los postreros nuestros ojos? Que el dueño siempre violento a costa de la paciencia lo ha de saber la obediencia antes que el conocimiento? No digo, que a mi albedrío se deje todo, ni es justo, mas porque ha de estar mi gusto tan contra mí por ser mío? Que tiene acaso de buena para mí vuestra victoria, que solo debo a sugloria obligarme a ser ajena? No lo he de ser, la porfía deje el sabio, y el valiente, quiérame yo solamente, que yo merezco ser mía. Cumplir parece forzoso con el precepto, señora, pero entre los dos . Agora, ninguno ha de ser mi esposo, Mirado para marido, yo lo entendido escogiera, pero para Rey quisiera lo valiente, y entendido. Yo no he de agraviar al uno, ni ser de dos: fuerte, y sabio, no es ninguno: a nadie agravio, pues no he de ser de ninguno. Qué hizarra, que discreta! la envidia tiene a sus pies. Quién Celidaura no es, como es tan linda, y perfeta? Qué hermosa, aunque mis desveso otra causa tienen! . Yo sin amor estoy, pues no me ha dado envidia, ni celos, El uno al otro se intente matar, pues el que llegare a vencer, y más amare, será el más sabio, y valiente. Qué lejos voy de esta gloria! Qué ajeno estoy de este gusto! ha Caballero, ya es justo desagraviar mi memoria. El mismo intento me llama al primero desafío. Quien tieneretrato mío, matarse por otra dama? Enfado tengo, y no celos: mas hay otro nuevo encanto. l, La tierra cubre en espanto. Rayos descogen los Cielos. Qué furia? Qué oscuridad? Qué horror! . Qué asombro! Qué gloria! . Qué miedo! Diga victoria dos veces mi libertad.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Dónde le coronan selvas, y Rey de los campos ya, el Tajo al fiero Jarama pone yugo de cristal. A los años de Fileno, Belisa, hermosa Deidad, desconocido lo humano, compitió lo celestial. Y nuevo coro de Ninfas hoy salen a celebrar, si años cuenta lo divino, su poca floridaedad. Y en tal novedad, con bizarra variedad, todas celebran agora en el Oriente Español los bellos años de un Sol, que no pasan de una Aurora. Perdió en los campos el Tajo lo festivo, y lo Real la duda de competido, la esperanza de ser más. Después de grandeza tanta, y de aplauso tan igual. nada ha podido atreverse, a llamarse novedad. Pero el nombre de Belisa, del mundo gloria inmortal, basta solo para fiesta, sobra para Majestad, y en tal novedad, con alegre variedad, todas celebran agora en el Oriente Español, los bellos años de un Sol, que no pasan de una Aurora En qué guerra (oh padre injust me dejas? porque razón dejaste de mi elección, tan extranjero mi gusto? En mi ofensa, y mi disgusto, que granjeas? porque ansío tanto presumes de ti, que mis aciertos esperes, que yo los hierre, y tú quieres acertarlos para mí? Porque temen tus antojos, presumido de prudente, que se engañen solamente, contra mi propria mis ojos? Cuando lloren mis enojos su erpor en su desengaño, no será menor el daño, a un engaño de mi gusto, que no el gusto de tu engaño. Si los encantos les fías, mis dichas con más razón, puedes a mi presunción fialles venturas mías. Si de una Estrella confías la elección, por linda, y bella, puede peligrar en ella una ventura, y mejor sabra conocer de amor una dama, que una Estrella. Si la elección peligrosa vive la belleza, mira, que esta opinión es mentira, que estoy sin miedos de hermosa. Como ha de ser venturosa n inguna beldad, si aquí, aunque hermosa no nací, quieres, o padrecrued que yo viva para él, y que muera para mí? Es ley por dicha? es forzoso dejarme amar? qué locura! y que sirva la hermosura, solo de hacer un dichoso? Lo aventajado, lo hermoso, la gloria, y merecimiento, el valor, el lucimiento, una vez en la mujer, castigo deje de ser, deje de ser escarmiento. Mi libertad reducida, a gusto de ajena vida? No ha de ser hagan misterio los hombres, y sirva en fin el ejemplo del jardín, de lo breve de una hermosa, tan prolija en una rola, tan vulgar en un jaz mín amenacen la niñez, con lo frágil de la edad, que yo la comodidad envidió de la rejez, que superior, y juez, de todo con desengaños, lejos mira los engaños del mar del vivir cruel. Ya descansado bajel en la playa de los años, no hay pretensión, no hay mudanza que los peligros le acuerde de amor ya pasado el verde dístrito de su esperanza. Estiempo tome venganza; libre estoy, libre nací, mi dueño soy; si otro aquí permito, seré culpada; pues ser con él desdichada, no se puede hacer sin mí. Libertad nobles cuidados, que estos males bien temidos, como ofenderan sufridos, si matan imaginado?? Qué injurias debo a los hados, que no les pido venganza. ni favor, sino templanza, y quietud, que sin ofensa, puede querer su defensa, lo que no pide esperanza? Estas son, y serán ya las postreras lástimas amorosas, que ofendidas, verán a sudolor agradecidas, aún de su propria muerte lisonjeras. Y estás serán las lágrimas primeras, que en lo mejor del corazón nacidas, pagadas se verán, como fingidas, y desdicha tendrán de verdaderas. Y este un amor será tan obstinado, que al tiempo, a la desdicha, a la mudanza, será ejemplo de amor siempre agraviado. Pero este mal bien me alcanza, que en fin para morir un desdichado, no ha menester remedio, ni esperanca. Con la licencia, que has dado de entrara ver la notable bella fábrica admirable de este Palacio encantado, todo el mundo viene a verte, y aunque estás desencantada, no es la ventura acabada, pues lo ingenioso, y lo fuerte no se ha visto en un sujeto, y en desafío segundo, hoy está por ver el mundo el más valiente, y discreto. Yo no he de seguir del Rey mi padre el precepto injusto, que no en Provincias del gusto tiene imperio ajena ley. Que no advirtiese me espanto, que el yerno que apetecía, mejor le examinaria una hija, que un encanto. Esto ser Sabio se llama? que entre de amor en consejo, el vano antojo de un viejo, y no el gusto de una dama? Oh qué acierto tan dudoso! que suele estar (qué locura!) mas cerca de una ventura, no el mejor, si no el dichoso; y no he de saber primero quién son? . Bastará saber, que cualquiera llegue a ser generoso Caballero. Tu padre fue muy prudente, Yo veré sin tanto agravio, quien es más valiente, y sabio. Cómo? . Será más valiente el que sufriere mejor más desdenes? . Está bien. Será el más sabio también, quién me tenga más amor? pero muy triste, y medrosa vivo, porque no deseo parecer linda, y me veo con embarazos de hermosa: y miro en este jardín, que esta diciendo entre aquell de los aires pompa bella, aquel nevado jazmín, cuan más lucido, y lozano vive en la frondosa red de su enramada pared, que en la prisión de una mano. otras verdades en ellos busea, an es todos florecen contigo, y todos te ofrecen sagrados tributos bellos. Mira este jardín, que debe rayos déhielo a tu mano, a su candor soberano, batir banderas de nieve. Mira encendida, y cruel, de nueva Aurora bañada en tus labios deshojada, la púrpura de un clabel. Mira la blanca azucena, dar al Sol margen luciente, por la de la hermosa frente, playa de cristallereno. Mira tantos Ruiseñores saludarte, a quien pareces Aurora suya dos veces por el día, y por las flores. Y en tus ojos rayo arayo mira el Sol en luz más clara, y flor a flor en tu cara, pura el Alba, y rojo el Maya. Y porque temo, que mal mi amor tu beldad retrata, sea tu espejo de plata esta fuente de cristal. Mírate en ella, y aviso te sea en su seno blando. Este viene tropezando en concetos de Narciso: primo, después que salí adonde el mundo mire tan ambicioso, y dejé de ser toda para mí, nada me alegra. Señora, ni el verte desencantada? Eso es lo que más me enfada, y más me entristece agora, que alegre entonces vivía, viondo peligros ajenos desde los campos serenos de la paz del alma mía. Que a los sucesos humanos superior, y retirada en sí misma, y ocupada en éxtasis soberanos. Mirava cuantos afanes la beldad se multiplica, que su estimación fabrión en número de galanes. Que aún para ser desdeñosa (qué desdeñosa ha de ser) ha de llegar a toner costoso aplauso de hermosa, Y si con desdenes bellos se precia de desdeñarlos, le ha de costar despreciarlos haber de pensar en ellos. Miraba yo si verta quien sin esperanca amase en el mundo, y desterrase de amor tan gran villania. Y oyendo una voz sonora, volví, y halle solo amor en un dulce Ruiseñor, tierno galán de la Aurora. Que el pajarillo fiel, dulce, blando, fino, amante, la enamoraba galante del terrero de un laurel. Y aunque el Alba sus clamores no agradecia,, volvía cada día antes que el día a más finezas, y amores. Dando seguro, y cortes, no queja, si no alabanza, suftiendo sin esperanza, amando sin interés. Que en voz doliente; y medrosa, parece que le decía: no te quiero para mía, que te busco para hermosa. Que discreta hidalga pena, que apacible voluntad, no amir la comodidad, si no la hermosura ajena! Y el hombre más sino agora, si no espera (oh ley villana!) sarde segunda mañana le verá la misma Amora. Y oténdiame en amor; si de él ha quedado el nombre, que ya no se puede a un hombre fiarlo que a un Ruiseñor. Mas sino a cualquier amante, y más cortés le imagina, que no ha menester dotrina de un pajarillo ignorante. Del Aurora la presencia ama solo el Russeñor, pero en la fe de un amor, lo distante no es ausencia. Oye el Alba sus clamores, y aunque poco agradecidos, cuidados que son oídos, presumirán de favores. Y es la diferencia mucha, que en mayor desconfianza, puede fingirse esperanza una queja que se escucha. Pero que lejos, señora, de los remedios se halla una pena que se calla, que se padece, y se ignora? Diré una vez mi cuidado, no para que tú le creas, sino porque solo veas, que debes a lo callado. Y deja de ser callada mi pena, porque también sufra en tu hermoso desdén el rigor de no escuchada. Que si experiencias iguales no ha menester mi paciencia, hasta la misma experiencia quiero deber ados males. Ya no dirás que le ignora tu mal mi que a tu cuidado le debo yo lo callado, pues ya me lo has dicho ahora. Quien su respeto en callar ofrece a mi estimación, nunco en ninguna ocasión tuno licencia de hablar. Y sino calla por mí; con risa le dire yo, que todo el t que pudo sufrirse a sí. De injuria no diferencio decir la desconfianza, que busca alguna esperanza lo que sale de silencio. Si no debes esperar, también contra tiejercitas tus agravios, pues te quitas el mérito de callar. Puede a su mal perdonarle quien bien sabe conocerle la pena del padecerle por la gloria del callarle. Y cuando yo, Floranteo, dudara tu voluntad, conociera que es verdad. en que yo no la deseo. Menos pensaba mi engaño deberte, pues nunca osara pensar yo, que te costara mi dolor un desengaño. No imagine tanto bien, ni me atreviera a pensar, que para desconfiar me ayudara tu desdén. No desperdicies desdenes conmigo, ni tus rigores, que aún dudara tus favores la costumbre de los bienes. Y siento el deberte mucho, que te costara mi muerte que dar obligada Advierte, que te oigo, y no tu escucho. Deberarme el no vivir quedar de semparazada, No te debo en eso ado que no has menester mor Al jardín un Caballón parece que llega. . Vete, lo que su valor promete, retirada verlo espero. Ningún hombre nació para aumitido, que ninguno merece ser amado. y si en porfías cansa un desdeñado, matará en presunciones un querido. Mal se queja el mejor de aborrecido, que en dano de razón, no hay desdichado, sobra el ser hombre ya para culpado, y basta el ser amor para ofendido. No estén las hermosuras, no, quejosas del común desacierto de la dicha, que no hay suerte mayor, que el ser hermosas. O tantas veces ignorancia dicha, que si un hombre pudiera hacer dichosas, no fuera menester otra desdicha. Argonauta segundo en codicia, y desvelo por entre mar, y cielo, del retirado mundo, busca el seño, que ignora el rojo paso de la blanca Aurora. De tesoro sedientos, rico vuelve, y pasado ya del golfo enrizado, montañas de agua, y viento le derríbara ingrata al oro que usurpó tumba de plata. Peregrino deboto, que al extranjero templo llevó piedad, y ejemplo en Religioso voto, pisando tierra tanta, que Regiones faltaron a su planta. Vuelve alegre, y ufano, y a vista de sus muros, en campos mal seguros, de salte adora mano (da. ve robada, y perdida (o más feliz que yo) pues fue la vi. Crece ilustre, y lozana planta, que lisonjera fue de la Primavera caricia más temprana, y envidia sus verdores a la verde familia de las flores. Su florido ornamento, sujuventud luciente, corona de una fuente, y Narciso del viento, desposa un cierzo helado, y en escarmientove su gala el prae A prolija cultura, fiadas tantas veces las ya doradas mieses, y en bizarra frescura el escarmiento ufano es la postrera pompa del Verano Que espacioso que nace, y entre cuidados crece, a sazones florece, vive, medra, y deshace airada nieve fría la fábrica de tantos en un día. En acentos suaves su música dilata arroyuelo de plata, de las alegres aves, instrumento sonoro, en trastes de cristal claujas de oro. Por margen floreciente camina fugitivo. dulce, alegre, y festino, llega turbia corriente, deja de todo apenas, un dorado testigo en las arenas. Cuentos de triste suerte muero ejemplo fueron, vida, o caudal perdieron, todo acabó en la muerte, y en el mal que recibo, (no. fue buscarme el morir dejarme vi que encierran estas paredes. Oh perdida belleza! moriré por cobrarte, y el no morir de amarte lo tengo por fineza, que el alma ya perdida, no albivir, al dolor sirvela vida. E que fue más gallardo es este. . Mi enemigo por estos pasos sigo, que con matarle, aguardo sacar ya de su empeño (ño. un amor inmortal, y un breve sues de las victorias del gusto. Pues no parece ignorante, que la tristeza, es efecto de un espíritu discreto, Yo noble? yo fino amante, yo tengo valor, yo brío, y aún no he cobrado el retrato qué perdido? . Ay cieloingrato! que una cabe en el cuidado, si tiene retrato mío? Hermosísima señora, bien se ve, que no soy sabio, pues os hice tanto agravio. Agravio a mí? Quién ignora, que si el retrato perdí, que el original también le perderé? . Y hará bien su dueño. . Quién habla aquí? Parece que me hasentido, quiero salir, y aún ver quiero su cordura, caballero. Qué Sol? que Cielo escondido es este? . Aunque he dado agora a todo el mundo licencia de llegar a mi presencia, mucho tu soberbia ignora, si has pensado, que entrar puedes hasta que la empresa acabes a ver los misterios graves, Imagina tu locura, que altivo lo consideras, que ha sido el vencer dos fieras, conquistar una hermosura? Es la heroica fortaleza de un amante el sentimiento, el cuidado, el rendimiento, el silencio, y la fineza. Que no desdeño, ni es justo, el valor, ni la osadía, pero está la valentía Que de este encanto invencible, en lo fiero, y espantoso, vive lo dificultoso, y en mi pecho lo imposible. . Respetarla me prometo, aunque de otra enamorado, y todas en el respeto. Generosa Claridiana, hombre soy, que me corriera, si del mundo no quisiera la beldad más soberana. Y tan grande, y superior mi espíritu considera, que a menos no se rindiera, que al imposible mayor. Estos monstruos que se ven, es cortavitoria mía, que guardo mi valentía, para sufrir mi desdén, Si vence un encantamiento, queda gloriosa una fama, y de rendirse a una dama lucido mi entendimiento. Con mi esfuerzo, y mi valor puedo alí vencer, y ahora, que haré, si ya soy, señora, vencido de mi temor? Si esta lo imposible en sí, y en mí tal miedo se encierra, que he de hacer en una guerra, que me llevo contra mí? En la gloria de mi amor, competencias no consiento, ni en la causa del tormento ni en el gusto del dolor. Lo más padezco, y jamás deja mi mal de crecer, que no hay más que padecer, y aún eso padezco más. Con qué fin amáis? . En fin, que este nombre se consiente? quien amará eternamente, como puede amar con fin! Quién introduce ese error? puede haber más fin que amar, que aún el nombre de esperar, es ofensa en el amor? Y el mismo amor me da enojos, que el más callado, y atento no recata el sentimiento de licencias de los ojos. Tal vez se alegra en mirar, y en oír, y en quien parece, cualquier alivio padece injuria del mismo amor. Y en la fe sola seve la verdad, que voy buscando, que no ha menester amando ninaún sentido la fe. Nada esperáis? . Nada quiero esperar, ni desear; si espero amar, con amar tengo todo lo que espero. En ti propio no es posible para nadie, y solo ya desearlo yo, será crecerle nuevo imposible. No es solo desconfianza, que aún el morir, que ya es mío, porque a su mano lo fío, si lo niego a mi esperanza. Morir, ni vivir aquí, el esperarlo es en vano, que basta estar en su mano, para estar lejos de mí. . No parece, que engañada camma la inciinación, que tiene en su discreción mucho que envidiar su espada No es contra la Majestad conocer su entendimiento, ni por ser conocimiento luego ha de ser voluntad. Su gala, su desenfado, su gentileza, subrío, ser pudo en el gusto mío atención, si no cuidado. No negaré lo inclinado. caballero. . En este traje y en el lenguaje villano rudamente disfrazada, no hay peligro que temer. En tu varonil beldad, sola la currosidad te ha quedado de mujer. El saber quien es un hombre que te importa? . Si traía mi retrato, no sería locura ignorar su nombre, pudiendo saberle ahora? En vencer el otro está nuestra dicha. . No me va menos que el alma, señora. . Ya estoy de parte de ti, que vencedor te deseo. Válgame el Cielo! qué veo? Si es él: él es? ay de mí! y con Claridiana, o vano dolor! hijo desleal, no de una alma tan Real, sino del traje villano. Qué importa? importa infinito su variedad, que en amor, aún del descuido menor se compone un gran delito, Parece que desvaría mi cuidado: yo enfadada? yo quejosa? yo querida? merece una queja mía. Yo sentimientos? yo enojos? yo peligros de una fe? yo que en el alma pondré grillos de miedo a los ojos? Aunque fio mi victoria en la guerra que comienza, pago en siglos de vergüenza, un instante de memoria. Claridoro aborrecido por fino, y no descuidado, ser mi sueño un desvelado, y mi desvelo un dormido? Que tiene el amor de sabio, si tiene por condición, que duerma una obligación, y me despierte un agravio? es bajeza, y no ha de haber sombras en mí de mujer? Mujeres en el jardín, el retirarme es forzoso. A no parecer grosero, lo intentara yo primero. Ay Celidaura! ay hermoso dueño! que no hay bien sin vos. Quién duda que eres valiente, pues vences? . Que tiernamente que se despiden los dos! . Inclinación, poco a poco, que en mí un semblante de agrado es más que en otro cuidado, muchos extremos de loco. No me debe amor pedir mas demostración de amar, porque un forzoso callar, harto responde en oír: procurad vencer. . Señora, eso mi amor lo asegura, que soberana hermosura; pero a Celidaura adora el alma . Si no es amar, que será cuidado tanto? Yo inclinada de un encanto salí para otro mayor. Aguarda donde te digo, desde allí me has de avisar. Sola te quier es quedar? No temas, yo estoy conmigo. Quieres hablarle, señora? Veré si el ingenio iguala, su valor, sutarle, y gala. Qué bizarra labradora? Hh señor galán incierto, sea para bien. . Bien por Dios; que ha de ser? . He visto en vos una señal de despierto. Mas yo amor? yo amar? si en fin . Qué señal? . Lo enamorado. Yo amor? . Y mucho tenéis. Mucho amor? en que lo veis? Solo en que habéis despertado. Que rústica gracia enseña. aparta el rostro, descubre, que tanto donaire encubre. Quite, mire que lo sueña, dormid, no cuidéis de nada. Porque he de dermir ahora? Porque? porque está señora es tan linda, que es pintada. Bien dices, que es celestial. Guardadla con más recato de peligros de retrato, mirad que es original. Qué es esto? qué enigma es esta? Si es encanto, o por ventura vio mi dormida locura, en la encantada floresta? Son memorias, o desprecios? sabes por dicha mi nombre, y quién soy? . Cómo? un hombre, . Todabía está durmiendo? que dormís, como diez necios: poco sabéis de suspiros. Descubre, Serrana hermosa, la cara. . Qué linda cosa! mirarme para dormiros. otra duda? . Poco a poco . que guarneciéndole Abril va despertando. . Si acaso eres Ninfa. . Del Parnaso. Estoy dormido? estoy loco? La encantada (inda cosa!) hubo conceptos del ave Fénix, que nadie la sabe? en fin, mentira dichosa, que es encanto del sentido diría, o triste cuidado! que despierta en encantado, cuando sale de dormido. Serrana, poco me precio de presumidas locuras, porque ni aún tengo venturas que me ayuden a lo necio: desemboza. . Más despacio, galán. . Conocerte quiero. Tenga, no sea grosero, como dicen en Palacio, que yo me descubriré: que le dice la villana? . Oh belleza soberana! o milagro en quien se ve del Cielo el semblante agora! Tanta hermosura, y grandeza, en la villana corteza de una humilde labradora? Esta es Reina celebrada, valerosa, y presumida: de engaños está vestida toda esta selva encantada. que está mirando? . Estoy viendo en ti el bello original de un retrato celestial. las humanas labradoras, ni mienten, ni se retratan, que de esas fatigas tratan las grandísimas señoras. Y aquí solo un arroyuelo, de oro, cristal, y marfil, es claro espejo del Cielo, nos pinta, y vemos en él naturales perfecciones, sin deber adulaciones, ni al espejo, ni al pincel. Tú eres villana? . Y nacida en un monte, que se llama. Haste vestido de dama alguna vez? . Yo vestida de dama? si hay tal memoria! de Princesa de comecia, que aun e me acuerda la media, y era la fámola Historia, de una Reina, que en Arabia, no en Arabia, que en Tartaria, única en la bizatría, en lo altivo airosa, y sabia, con desdenes no vencidos burlaba en libres cuidados de Príncipes desvelados, que hiciera de los dormidos? Y con tanto garabato hice pardiez la figura, que de Reina mandó el Cura, que me hiciesen un retrato. Y cómo te llamas? . Laura. O vil relación traidora, hallar una labradora quién buscaba a Celidaura! Esto es verdad, o belleza engañosa la quien no admira, que en tan hermosa mentira se ocupe naturaleza? Qué es de advel vivo, y Real biearro espíritu ardiente, aquella beldad prudente, aquel valor celestial? Las hazañas varoniles, el pecho de acero armado, el brío disimulado en la hermosura de Áquiles. De Semiramís; el bello gallardo estilo, que en él hice del pene laurel a su dorado cabello? Que es de aquel heroico altivo durce afecto de mi amor en el pincel de un Pintor, y en la lengua de un cautivo? Que solo miro las señas de una rústica beldad, dura villana deidad de esto; montes, y estas peñas. Si es este el premio que aguardo, ya no culpo tanto al sueño, y acuso el indigno empeño de un corazón tan gallardo. Iré a Tarraria, y locura será que la tenga amor, sino encierra aquel valor, y no tiene esta hermosura. Que no pueden llevar palma de amor tan grande, y perfecto, sino están en un sujeto este cuerpo, y aquel alma. Que está murmurando agora? hele parecido fea? si me busca Reina, vea que soy una labradora. Mi agravio así se restaura, no piense el falso, que estuvo tan sin cuidado quien tuvo en tu mano a Celidaura. Aquí verán la locura de los hombres ignorantes, que no las conoce amantes la desválida hermosura. Si enamora la beldad, qué importa ser labradora? pero mejor enamora belleza, y comodidad. Diga sumerced quien es, y a que viene? . Un escudero soy de un Príncipe extranjero en esta empresa que ves. Que no es señor, el cuidado lo dice, sin que él lo diga, que pardiez, Dios le maldiga, que duerme como un criado. . Deja el dormir . El se encubre: que es Caballero lo vi en el encanto, y aquí su persona lo descubre: que sigue al fin de esta empresa? Enamorado por fama de la más hermosa dama, y más altiva Princesa del mando, llegué a este encanto, y un envidioso traidor, cobarde competidor de su gloria, pudo tanto, que le ha estorbado su intento, su bien, su gloria, y su vida, ilustre ocasión, nacida del más alto pensamiento. O voluntad más villana, que yo! que esto se profese? que a Celidaura trujese quién buscaba a Claridiana? Que de masiado que piensa en ello el alma: o traición! entrará la inclinación por la puerta de una ofensa. Claridoro agora viene, encubrete. . Qué disgusto? Nacer villana, que injusto, quien tanta hermosura tiene, quién es? A quí aguardo, a quí un poquito de cuidado. Serrana, guardáis ganado? Y mejor me guardo a mí. Amar quiero sin premio, y nunca puedo, que amar es premio: padecer querría, y el dolor tanto agrada al alma mía, que de este gusto escrupuloso quedo. Apetezco el morir, y en el denuedo hallo nueva razón de cobardía, pues juzgo el mal, y temo la osadía. La parte del vivir, la voz del miedo, o novedad de más desdicha ajena; que vida sobre un mal, que es infinito, y no baste el morir para una pena. En fin, que espera la gloria, venciendo al competidor? Eso pretende mi amor. Nunca Dios te dé victoria, si te la dé, que de mí victoriosa yo saldré, y todo lo venceré. Qué es esto que miro allí? no es Celidaura, que en traje de villana (qué rigor!) es agravio de mi amor, y de su grandeza ultraje? Que celos el alma siente, que de los bríos preciada, ya la imagino inclinada al que anduvo más valiente. No fue más valiente, no, que sino hay más valentía, que una bizarra osadía, quién más valiente que yo? Culparé suliviandad, mas ignorancia atrevida será, que celos la pida quien ha de pedir piedad. Ya le bastaba a mi pena, sin el dolor de esta dicha el morir de su desdicha, y no de ventura ajena. Con cuántas ofensas lidia el alma, y para dolor no es tan villano mi amor, que ha menester una envidia, Mas hidalgas sinrazones para los Nobles se hicieron, que las envidas nacieron para humildes corazones. Oh fuerza de un desdeñado, que aún celos para morir, porque se lama pedir, no lo puede un desdichado? Mas sufrire estos enojos, en que mi cordura piensa, que es de la razón ofensa la paciencia de los ojos. Verlo, y callar, no es efeto del amor, ni del valor, y así templaré mi amor en la queja, y el respeto. Ha Serrana: es bien mirado, que por jardines andéis, y que en los montes dejéis perdido vuestro ganado? Aunque estéis sin Mayoral, mirad por vos cuerdamente, que el veros ánsilo siente mas de un pulido Zagal. Volved al campo, y al río, y a los conocidos prados, dejad ajenos cuidados, pues guardáis ganado mío. Y vos, no es razón agora, cuando altivo pretendéis una Reina que inquietéis, una rústica pastora. Cortésmente sus desvelos ha medido con mi traje. En el villano lenguaje me ofende, y la pide celos. no fue mi sospecha vana: este el retrato me hurtó, que en su rostro conoció esta hermosura villana. Sin duda alguna es su dueño, no me negaréis agora, que vuestra envidia traidora de lo seguro de un sueño. me llevó del alma hurtada una prenda, que tenía entonces nombre de mía; y aunque agora no estimada, por vuestra habéis de volvella, y no va para estimalla, porque el gusto de quitalla tengo solo puesto en ella. Que aún estáis soñando entiendo pero yo os despertaré. Tiene razón su merced, todabía está durmiendo. Hoy he de quedar vengado de su traición . Arrogante. A fe, que ha de haber montante, si levanto mi cayado. Aunque estás quejas ignoro, te he de matar. . Clarídoro, tente, que lo mando yo. Qué niegas, cobarde? en fin. Tu voz injusta respeto. Que es Celidaura en efeto la villana? en el jardín espadas? qué desvarío! Cómo intentas tal locura? sin acabar la aventura en público desafío, y más estando aplacada la batalla, en que dos veces de si podrán ser Jueces la discreción, y la espada? Ya te espero . Ya te aguardo Triste estoy. Dudosa muero Ar más prevenid primero. Que animoso. . Qué gallardo Nunca yo prevengo nada. En mí la victoria tengo. Solo a mi valor prevengo. Solo me basta mi espada. Nadie venza. . El uno venza, y será vitoria mía. Que es tu presunción, señora, que es Celidaura? . Una Reina tan celebrada, que reina su nombre en la fama agora: que esté disfrazada quiero en Arabia. . Si ha nacido tan valerosa, que ha sido novedad de las mujeres, estando aquí tan vecina; quien duda, que a ver tu encanto viniese, preciada tanto de bizarra, y peregrina? Vete, que he de examinalla Asolas hablarte intenta. Claridiana. . Estame atenta, A gallarda labradora. Qué manda su señoria? Descubrid, por vida mía, el rostro. . Ala he, señora, que no ha menester consuelo sucara, mas linda, y bella, que el Sol, que anduvo con ella lisonjero todo el Cielo, que a su hermosura que enseña del Cielo el mejor testigo, quedar lucida conmigo, es victoria muy pequeña. Fea sois? . Mas no envidiosa, y tan comedida he sido, que siempre me ha parecido hermosa la que es hermosa, y no hay sea que ansisea. A una fea, que dolor! cual le parece mejor? Yo pienso, que otra más fea? No soy villana graciosa, villaneja en el castillo, qué buscáis? . Quiero decillo, a ver la encantada hermosa, y el bullicio de esta guerra vengo, que soy inclinada, solo al chis chas de la espada, como dicen en mi tierra. Pues veis la encantada agora, dejad que también miremos los nunca vistos extremos de tan linda la bradora. Haga donaire su Alteza, que me escubro. . Qué airosa mesura, que vista hermosa, que espíritu, que belleza! que galán tocado bello, que perfección tan lograda! en la atención descuidada del rizo airoso cabello! Que manos, que ni al cuidado se dan mal arte a partido, donde un desmayo encendido, es alma de lo nevado, del Sol puede ser envidia. Hace burla, cosa brava! que fácilmente se alaba todo lo que no se envidia. No soy tan rústica, no, que tan hermosa la veo, que me está enseñando creo, lo que la he de decir yo. No hay cosa que linda sea con ella, que es tan hermosa, que hasta el no ser envidiosa, no quiere tener de fea. Y como en sí misma alcanza, aún más que puede alabarle, el mundo viene a sobrarle, para todos alabanza. No he visto donaire igual! Ya sé porque me alabó, que como es mejor que yo, no le he parecido mal: quisiera verla envidiosa, si a la he. . Porque Serrana? Porque mucho de peor gana alabamos una hermosa. Pues no es ofensa la envidia. Mejor llamarla pudiera enemistad lisonjera, pues me adula quien me envidia. En fin, que la envidia es lisonja? . Que está dudando? que esto de estar envidiando. es bajeza muy cortés. Pues que remedio darás si quiere la envidia ajena aborrecerme por buena? Serlo, y que aborrezca más: en fin, yo estoy bien con ella, pues sin traición, ni rigor, no más de con ser mejor, puedo yo vengarme de ella. Eres en todo extremada. La envidia, qué linda cosa! que es soberbia generosa, no querer envidiar nada. Sabes por dicha de amor? Quién es ese caballero? no es un Príncipe Extranjero, y antiquísimo señor, que dicen que murió antaño? Del tengo conocimiento, no por ningún escarmiento, ni dolor, ni desengaño, que en todo el valle no hay hombre, que amor arrevido intente, que en Palacio solamente es desvalido su nombre. Quieres bien? . Qué disgusto! soy yo necia? . Eso me di, a quien quieres? . Solo a mí, que tengo yo muy buen gusto. Querer bien, qué indignidad! pues en que se ejércitará el valor, si le quedara licencia a la volvutad? Y aún tengo, no por decente, tanto me llego a deber en lo que no he de entender hablar entendidamente, y ella quiere? . Hay tal labradora eso una dama lo ignora? Sabralo cuando mujer: si quiere bien, con recatos disimule esa desdicha, y ese mal, porque la dicha es muy amiga de ingratos, que yo sé algún cauteloso, guárdese de el, que miró auna dama, y se quedó más dormido, que un dichoso. Desvelados, y dormidos, todos me salen baratos, que no puede hallar ingratos, quien no busca agradecidos. De amor peligro pequeño, muy despierta me retiro, y a cuanto en el mundo miro, lo trato muy como a sueño, no me tengas engañada. Sepa, ono lo apercibe, que la confianza vive muy cerca de escarmentada. Zágala, no bien fingida, que basta ya la Zagala, si tu cortesía iguala a tu beldad, por mi vida, que no me encubras ahora tu nombre. . Gran juramento para cumplirle al momento; quien fuera galán, señora! Acaba, dime quién eres? Bellísima Claridiana, digo, que no soy villana. Ya conoces las mujeres, dime tu nombre. . Hija soy (encubrir mi nombre quiero) de un ilustre Caballero, de quien tantas señas doy, que en los montes de mi tierra su ley en la caza guardo, no imagen, si no gallardo sustituto de la guerra. Tu obediencia reverencio, mas no me preguntes más, señora, que en lo demás es Alcai de mi silencio. No quiero yo disgustarte, mas pues en la inclinación tienes alma de varón, hija de Apolo, y de Marte, quiero que en traje decente vengas luego a ser testigo, adonde juzgues conmigo quién es más sabio, y valiente de estos dos, y elegiré, antes, que por mis antojos, por tu gusto, que en los ojos suele engañarse una fe. Obedecida serás, a quien te inclinas mejor? A quien tiene más amor. Y yo a quien merece más. De ti mis aciertos fío. Así su intento sabré, por tu gusto miraré, y primero por el mío. Gigantes caritativos, dulces, amables, discretos, a pelar de libros tantos, que os han pintado tan necios. Don Floris el de Niquea os pague lo que habéis hecho, y muráis de unas tercianas con todos los Sacramentos. No haya Caballero andante, tan forzudo, y majadero, que os parta de arriba abajo, a pesar de los coletos. Escuderos desdichados, que os metéis a Caballeros, notad bien la historia mía, y sirvaos yo de escarmiento. Queden las caballerias para un galante mancebo, que nunca sale a la plaza, y un mes antes habla en ello. Y quede para quien sale, y no le toca el hacello. cascabel de la Gineta risa del toro, y del Pueblo: queden. . No murmures. Como sino murmuro ser puedo donairoso, entretenido, solemuizado, y discreto sin murmurarser gracioso, solamente en nuestros tiempos al Calvísimo Daroqui se lo ha concedido el Cielo. 1. Ea cobarde, ten brío. 2 Que no le ofendas te ruego, Oh Gigante de mi guarda, en tus manos me encomiendo. No tengas miedo Persiano. Él se está, que no le tengo. 2. Quieres que te sane al punto por arte de encantamento? Eso dices? 2. Ya estás sano. Oh bendito Beltenebros, sané, milagro, milagro, corro, salto, brinco, y vuelo: no lo sepan los Dotores, que tienen por sacrilegio, que nadie sin ellos sane, pero quien sana con ellos? Dotores tiene la Iglesia, decimos, pero con estos veo que la Iglesia tiene no Dotores, si no enfermos. Pisando voy confusiones, y dudas por este nuevo Palacio, en quien Felix Bravo en el generoso empeño de sus victorias detiene el paso a sus pensamientos. Quieres comer, Rifaloro que regalarte deseo, el sabroso, el aliñado alóncito de un Camello? Eso para los Gigantes: ese durillo embeleco para bucedes, que yo tengo el gustillo más tierno. Pienso que de Rifaloro la voz en quejosos ecos escucho . Quieres agora, que hasta Persia te llevemos en la posta de los aires? Eso no, quédito, quedo, Gigantes de bien. . Sin duda, que es aquel, y aquellos fieros Gigantes, quieren matarle: tened cobardes, qué es esto? 1. A quién te atreves, villano? Tente tardador San Telmo, que son Gigantes de paz. 2. Animoso caballero, mirad. . 1. Con soberbios, nunca de ser humano me precio, deja que le mate. . Llega arrogante, que no temo los Gigantes, cuyos montes fueron escala del Cielo. Que me destruyes, y a estos señores le debo lo que pudiera a mi avuela, vuesas mercedes me han hecho mil honras, detenla espada, mira que no siempre es cierto rebanar a los Gigantes. 2. Pues ya el encanto es deshecho advierte, que los Gigantes hacer armas no podemos. O Gigante de buen alma, reposado, santo, y cuerdo! dice bien, que esto nos consta de los libros, gran consuelo ser para excular batallas mañosísimo escudero. De parte de Claridiana, el Príncipe Floranteo manda, que a todos los Nobles, y Príncipes Extranjeros, de este encantado Palacio les deis noticia. 2. Si haremos atended, veréis agora sus novedades, y extremos. Ay quejas, ar invenciones, hay mentiras, hay enredos, hay envidias, y en ausencias lanzada de Moro izquierdo. Aunque es Palacio encantad es Palacio, mira atento, de su larga enfermeria los males, y los ejemplos: el cuartel de los quejosos es este. . Siempre ha de haberlos y así, que mientan los malos, les toca solo a los buenos. 1. Allí están los envidiosos. Linda gente, que en efecto son baratos enemigos, que ellos mueren de sí mismos. 2. Allí están los que se engrien con la fortuna. No quiero mirarlos hasta mañana, tomaré venganza de ellos para adelante. . Alí están los que culpan los sucesos. Procura que les den algo, lo alabaran todo luego. Allí están los que se fían en el favor. . Lindos necios, que no hay más seguridad, que buscarla en los aciertos. Mira un enjambre de dueñas. Querrás civiles conceptos, dueñas, mondongas, y enanos a los cómicos plebevos Cualquier toca es el Palacio sagrado, yo reverencio todo mángil, y abanillo, y juro a Dios que es de miedo. No hables más de enfermedades de Palacio, que en él pienso, que de los ajenos bienes andamos todos enfermos. No hay hombre de bien ninguno. Mira infinito, diciendo generosas alabanzas del siglo dichoso nuestro. 1. Así está un hombre podrido. Debe de estar escribiendo Comedia para Meninas. Un bello coro de tempranas aves, cuyos dulces picos tiernos en descontenta armonía, harán del Sol menosprecio, y no me preguntes más, que por JesuCristo Eterno, aunque soy pesar. . Qué dices? Que desean casamiento, quieren hacer una farsa a los anos más perfectos, de tan alto hermoso dueño; y cuatrocientas colunas, y un concepto en cada verso, y un desdén en cada copla, y en cada plana un Soneto, en cualquier papel le piden, con que él tal Poeta ha hecho una comedía tan larga, que servir puede en efeto, de vida de quien no importa, de expectativa de pleito, de esperanza de Palacio, que es lo eterno de lo eterno. Dure cuotro cientas horas, que quien se cansare d ello, él se tendrá lo cansado, y se añadirá lo necio. Qué fiesta que es a los años de Belisa, el movimiento quiere el Sol sea inmortal. pues serlo merece en ellos; llegad, veréis maravillas en este encantado espejo. Qué amenidad en él miró? la patria hermosa de Venus, aquí tienen los Abriles su verde florido asiento. Ya Babilonia de flores en tantos jardines bellos, que ilustre hermoso Palacio, no tiene lisonja el viento de más gala, ni vecino de más resplandor el Cielo. Si la fábula de Colcos guardaban dragones fieros, de esta verdad más hermosa, del Alba floridos celos, sierpe de cristal, Jarama ciñe sus campos amenos. Gigante de plata el Tajo mide sus muros soberbios. Quién es dueño de este sitio? El Gran Mayoral Fileno, antes que de años de fama, de mie dos, y glorias dueño. Cuya planta, cuya mano sirven con templado imperio, una de apacible yugo y otra de prudente freño. Y tan lucido aparato, quien le previene? Este nuevo Fénix de España, hijo claro de gran padre, y de sí mismo. Diez y siete bellos años cumple, cuyo entendimiento en uno solo ha vivido todos los siglos de eterno. Y en estos campos celebran de su Noble nacimiento el día dichoso al mundo, de unos gloria, y de otros miedo, Sus dos felices hermanos le siguen, claros luceros de España, y en vivos rayos centellas de su ardimiento. Que del Tiber, y Danubio, ambas Púrpuras veremos, una ilustrar su Cayado, otra engrandecer su Cetro. Hace las fiestas su Villa, esposa en quien mira el suelo, reinando agora en dos Mundos, mas perfecciones que Reinos. Pues cuando no por la sangre, por la hermosura pudieron hacer lazo a dos Coronas de un rayo de sus cabellos. No Lirio Francés, mas Rosa Castellana, que al Sol nuestro dará un Clavel Español, en vez de jazmín Flamenco, Y a otra no menos perfecta Zágala, que debe serlo, en vez de Cisnes del Tajo, de las Águilas del Reino De la mayor bella hermana, que entre dudas, y respetos, tienen sus partes cobarde al mayor merecimiento, La acompaña, y de otras Ninfas, del Sol envidia, y desvelos, tantas bellas perfecciones, tantos divinos extremos. Que en lo grande, y en lo hermoso no vive de glorias lleno, ni lo Real desmentido, ni lo divino imperfecto. La Majestad, la hermosura, la gala, pompa, y aseo; la novedad, el adorno, es peregrino, es inmenso. Caminan, los montes cantan, los campos, olmos, y fresnos bailan, y Abril representa floridos, y cultos verlos. Es la gloria de Niquea la primera, en quien sirvieron al poder los imposibles, los milagros al ingenio. La segunda el Bellocino, que empezó en Colcos primero y acabó después en Troya, toda luz, a no ser fuego. Y la Comedia, extramuros la compone, y sin quererlo, un tardador, que no quiero hacer necedades presto. Todo el mundo a ver concurre las fiestas, y este instrumento nos dice, que al desafío los dos bravos caballeros salen, a verlos partamos, y esa Aurora, y Sol mancebo, y Estrellas de España vivan, mas que los siglos, y el tiempo. . , que . Has de entrar muy asustado, como digo. . Fingiré mucho más. Asiveré si es deleite, o si es cuidado detenerse tanto aquí Celidaura, . Pues voy. Solo en esta guerra estoy desconfiado de mí. Á , ̱. Con qué airosa valentía se miran. . Y qué templados, como enemigos honrados, no niegan la corresía. Bizarros entrambos son. Srzarros, y en tal disgusto, ni al uno ayuda mi gusto, ni al otro mi obligación. Qué miro, no es Celidaura? sin duda la ha conocido Claridiana. . mi sentido es dudas todo, ya es Laura una villaneja, dueño del retrato, ya en Arabia nueva Princesa; si agravia otra vez el alma el sueño? cuando despierto estaré, que velo siempre soñando, y siempre queda dudando la vista, mas no la fe, quién puede sar esta dama? Caballeros, la Princesa aguarda, y ya de esta empresa el postrero lance os llama, la dispura empiece agora, y sino queda acabada, se ha de librar en la espada. Ya que primero, señora, se ha reducido a porfía, pruebo, que fuerte no es ser valiente, ni puede haber sin discreción valentía. No es valentía un airado rigor que el brazo recibe, sino un aliento que vive en el ánimo encerrado. Un despreciado vivir el valor no llega a ser la valentía vencer, sino solo osar morir. La fuerza no es osadía, quien menos fuerza tuviere, y el mismo riesgo emprendiere tendrá maror valentía. Si menos fuerte nací, y el mismo denuedo tengo, mas valiente soy, pues vengo desayudado de mí. Necio será quien más guarde la vida, que la opinión, y así no cabe en razón ser un discreto cobarde. Y vemos que muchos hombres valientes, por no saber de necios lo que han de hacer, han deslucido sus nombres. La obligación al valor mide un cuerdo entendimiento, y tal vez el sufrimiento es valentia mayor. El que sin necesidad se empeña, aunque al mundo asombre, su osadía tendrá nombre de valiente necedad. Cuando su ejército ordena un Capitán excelente, pelea con lo prudente, pero con la espada ajena. Y se atribuye en la gloria por su valiente cuidado la ejecución al Soldado, y al Capitán la victoria. Y cuando en sangrientos modos el trance a su espada fía, las manos sirven a un día, y el entendimiento a todos. Solo con tal fundamento un Rey valiente ha de ser, que su esfuerzo ha de tener dentro de su entendimiento. Un Príncipe soberano, que al mar, y la tierra enfrena, con propio valor ordena, y obra con ajena mano. Que sabio, con singular atención guarda, y encierra desde un Consejo la tierra, y desde sulecho el mar. En hacerfieras pedazos nunca un Príncipe se emplea, que de los Reyes pelea el discurso, y no los brazos. Las prolijidades dejo, que en dura guerra, y paz blanda, vence, enseña, acierta, y manda su prudencia, y su consejo. Na sé que ha dicho, ni a nada estoy atento, o belleza! ya transformada en rudeza, y ya en Majestad la espada. Imperios de denuedo, es prudente, y es valiente, porque ninguno es prudente ocupado con el miedo. Del Capitán, que en un día del valor hace experiencia, dispone en fin la prudencia, más vence la valentía. Y aunque no haya meneste: romper un muro arriscado, ha menester el Soldado saberque lo sabe hacer. Si no tiene valentía conocida en la experiencia, su consejo, y su prudencia se atribuye a cobardía. En un afecto aprendido en el ánimo encerrado lo cobarde, que arudado puede ser, mas no vencido. Hará de bríos alarde un discreto, y finalmente sabra parecervaliente, sin dejar de ser cobarde. El que se aventura más, que a lo cuerdo, y necesario, parecerá te merario, pero cobarde jamás. Y el que de masiado aguarde a dar muestras del valiente, querrá llamarse prudente, y parecerá cobarde. osar morir es valor, osar morir, y matar, más valor se ha de llamar, que en fin vence el vencedor. Ser fuerte un Priucipe, muro de su Imperio, que recibe miedo el extremo, y él vive sin ejército seguro. La grandeza conquistada, aunque fuese muy discreto un Rey, se dice en efeto, que la ganó por la espada. El consejo, lo arrojado de un Príncipe templará, pero quien alentará su espíritu desmayado? No puede ser enseñada la encogida cobardía, y la osada valentía puede ser aconsejada. No tanto se ha de preciar de sabio un Rey, que presuma gobernar desde una pluma la tierra, el viento, y el mar. Mejor que entre Consulares gobierna un Rey, y acompaña de una tienda la campaña, y de una popa los mares. Sea en buen hora prudente, pero no será en efeto ningún Príncipe perfeto, si no es sabio, y no es valiente. Y porque en discursos vanos, todo no quede, apercibe la espada, verás que vive la valentia en las manos. Qué es esto? apartad. . El Cie con otra nueva extrañeza suspende el aire, y corona de más prodigios la tierra. El valiente lo ha vencido. Es porque tú lo deseas, entrambos quedan iguales. Claridiana ilustre, bella, el Amor soy, que a tus dudas traigo verdades: si piensas elegir el más amante, yo te ofrezco la experiencia, pero los Cielos te ponen ley tan firme, que por fuerca quieren que el que más te amar tu esposo, y tu dueño sea. l Si yo sé, que el más bizarro me quiere, mas la sentencia apruebo, y al Cielo miro el alma, y el gusto en ella. Así cumplo con el Reino, y acaban las competencias: divino Amor, gloria es mía, que a vencer mis dudas venga, de ti las fío. . El que hiciere, que en mi mano reverdezca una flor de estas, que yace triste, desmayada, y seca, será tu mayor amante. Quién duda que más la quiera el extranjero que vino por su amor, y por mi ofensa? Si muero por Celidaura, nada aventuro en la prueba. Si por Celidabaa muero, segura el alma se empeña. (̱, n Llega, noble Claridoro. En nombre de la Princesa de Arabia doy esta flor. Cayó en cenizas deshecha. Qué ventura! . Qué desdicha! La victoria solo queda para quien yo la deseo. Onunca victoria tengas! Llega fuerte Felix bravo. Esta flor mi amor te entrega en nombre de Claridiana. En polvo quedó resuelta. Esta es traición. . Esta es gloria. Quiero llevar a mi tierra examen tan necesario, ya no hay peligro en que mientan los hombres, pues mienten siempre. Galán Floranteo queda. No llegue. . Si en bizarría, sien valor, y si en nobleza a todos iguala, en vano Claridiana le desdeña: llega. . En nombre de la hermosura, Claridiana, que desprecia mas amor, y menos dicha recibe esta flor. . Que tierna, que florida reverdece! amor tus verdades premia. Antes perderé la vida. Al Cielo es bien que obedezcas. Viva Floranteo. . Viva Claridiana, y todos mueran. Foranteo es Rey de Arabia, dadle todos la obediencia. Que también el Cielo engañe? que mal ejemplo, que afrenta! Floranteo es tu marido, y nuestro Rey. . No le atreva ninguno. . Esperad cobardes, que mi espada es su defensa Cria Invencible Claridoro, como en Arabia te empleas en guerras, cuando en Tartaria, todo es fuego, y todo es guerra? Porque Celidaura vive en los montes, y en las selvas, y dueño no elige el Reino, quitalle su Reino intenta. Pues sangre suya naciste, acuda a favorecerla, y solo en servirla ocupa tu valor, y tu firmeza: si tardas . No digas más. Cielos, sea la primera mi espada que la socorra, que un eterno amor me lleva, y una furiosa venganza, que ya salió de sospecha. Sigamos a Felix Bravo Rifaloro. . A fe de Parsa, que es un manojo de Auroras la donosa encantadeja. A servir a Celidaura parto, y mi amor me agradezca, que amando, y sirviendo, quiero dos veces morir por ella, Hay novedad más extraña! Cielos, sin duda en mi ausencia se altera el vulgo, perdone el hospedaje, y la Reina, ya no más curiosas burlas. En fuertes, bizarras verás, Tartaria, y el mundo, armada de acero, y valor me veano Vitoria por Floranteo. Mentis villanos. . Si niegas a Floranteo la mano, te negará la obediencia Arabia. Oh gente cobarde, llegad, habrá quien se atreva? esta es mi mano, intentadlo, veréis traidores en ella, iras, muertes, fuegos, raros. Tened, que mi espada misma a Claridiana defiende. Qué flaca, o tibia fineza lo que los Dioses disponen, impides? . Gente soberbia! Matadle. . Mas quiero amalla, villanos, que merecerla. Esto sufres, sabio padre? locorro pido a tu ciencia. No huyas, que más segura estarás de que te ofenda, entre mi propio respeto, que entre las mismas Estrellas.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Hay tan grande engaño? agora no he de entrar en la Ciudad, hasta que esta novedad se averigue. . Gran señora, vete, que Tartaria esté quejosa de tus extremos, porque no te merecemos las dudas de nuestra fe. Si el Reino a tus plantas vive, que averiguación mayor, que el aplauso, y el amor, con que te aguarda, y recibe? Aunque el faltar tu presencia, el Reino todo lo siente, siempre has vivido presente, que la fe no tiene ausencia. Pues no causó ningún daño la voz, y agora te vemos en Tartaria; ya debemos muchas gracias al engaño, Entra en la Ciudad, no cueste mas tu enojo: asistir quiero en esta quinta primero; pero que alboroto es este? Favor Neptuno divino, que en cuchilladas se anega todo el mundo. . Acude, llega Vengarme agura imagino de tu traición. Mis heridas en ti quedarán vengadas. Detened esas espadas, defended esas dos vidas al Cielo. . De sus criados ninguno quede. . Cobardes, qué importan viles alardes de número, y miedo armados, que furia nada remedia ponerse en medio. . Aquí esto a tu lado, que no soy la cáyito de Comedia. Apartad: el cabaliero del retrato, y Claridoro son los dos. . Con Rifalero no hay ángulos. . Qué primero que tanta gente llegase, no le mate! estoy corrido. Que esta gente haya podido estorbar que lo mataste, que pena! . Entrambos estár heridos. . Llevad primero a curar al Extranjero, regaladle Capitán en casa de Claridoro padre de Laura. Está bien. Y a Claridoro también, que menos sus males temo, Aurelio en igual posada poned. . Vamos. . Escuchad, unas guardas le dejad con prisión disimulada, que asegurarlos procuro, y callad mi nombre, y cuando estará ha de estar dudando mi pensamiento seguro. Venid a donde os curéis. No es de cuidado la herida. Mirad más por vuestra vida. Príncipe, no repliquéis, que estáis muy herido. . Es cosa muy poca. . Ved que su Alteza lo manda. . Ya en su aspereza vi una señal de paidosa: gran novedad! . Caballero, cuanto ay desde aquí a la Corte? No hay cosa que más importe que el curaros. . Antes quiero hallarme de Celidaura a la defensa. . Qué extraño crédito de un loco engaño! y que tarde se restaura: venío, y veréis, que en vano prevenís tan grande brío. Solo a su ervicio fío desagravios de mi mano. Venid. . Ya señor creo, que en rigores advertida tienes piedad de mi vida, porque yo no lo deseo. Si los llevan presos? . Yo quiero al Príncipe seguir, que a su lado he de morir. Morir es mucho, eso no, que ya yo en mis gracias te mis necedades de honrado. Deteñed ese criado? Hh hidalgo, a llámaros vengo, Tan ruin talle tengo yo, que hidalgo la he parecido no más? no me ha conocido? no pienso; y como que no. Es muy mezquina en el trato, y en cortesía, y me ofendo: ha hidalgo dice, valiendo Caballero tan barato? que me quiere? . La señora de este Palacio. . Es deidad, que llaman? . Qué novedad! humor, y lenguaje: agora verá si es deidad. . qué es de ella? Llegad. . A fe de Español, que es un brinquiño de Sol, que es un rácimo de Estrella, dame esa mano Real: de candor, plata, y marfil, de azucena, y de otros mil desatinos de cristal. Dame ese pie, que no hay flor, que la produzga tan breve, que es en aramos de nieve jazminísimo señor. Dame, y déjame con él: si eres criado me di de este forastero? . Sí, y no estoy quejoso de él, que es bueno. . De estelionato de amistad estamos llenos, que solo contra los buenos se inventaron los ingratos. De qué le sirves? . De De que tanto? . De hablar poco. No es oficio para un loco. Menos para un necio. Escucho de buen arte sus conceptos. Ese trabajo pasamos los nuevos que profesamos parecer siempre discretos, Quién es tu dueño? Es un hombre, de quien sabes el humor, la patria, el gusto, el valor, y todo, si no es el nombre. Callar el nombre, a que efecto? A un milagro no esperado, que haya una vez un criado, que guardar sabe secreto. Que solo el nombre te deba querrás, y harás que lo estime. Védele el fruto, perdime, que aún dure el peligro de Eua! decir el nombre no puedo, A quién llamas? No quede por rigor lo que no puede la blandura, podrá el miedo en la gente baja. . Ordena lo que mandas . A mi enojo? ahorcad luego. . Por tus ojos, que no digas de una almena, que más la ciuilidad sentiré que no el morir. . Ea llevadle. . Es de verás? . Sea de su villana lealtad vil escarmiento ese loco, mis ruegos despreciáis vos? rogar yo en vano? . Por Dios, que sabes rogar muy poco. Luego si niegas el nombre. Pues ahorquen, y haya un hombre, que murió en fin por callar, vamos. . Vuelve, que ha de aun una mujer, que no quiere saber lo que quiere, y muere por lo que quiere saber: dejadle aquí. De qué tierra es tu señor? . Es Persiano, a cuya vallente mano previene triunfos la guerra. Es muy Noble? . Y tan discreto liberal, cortés, valiente, que es una idea excelente del Príncipe más perfecto. Es Felix Bravo? Ese nombre sabes? no es él, pese a tal, ese es un prodigio Real para los términos de hombre. Y que busca, o con que fin viene a Tartaria. . Oh mujere Dilo, acaba. . Que me quier preguntador Sera fin: dicen, que hay aquí en Tartaria, una loca de una Reina, que rayos de acero peina. Armigera, y temeraria, que en vez del gran verdugado y la saya reverente, el arnés viste luciente de hazañas suyas gravado. Que del ristre, y de la cuja anda solo, y sus denuedos espantan, y con sus dedos los desiertos de la aguja. Deje, deje a los varones, pese a tal con la mujer, las armas, y sepa hacer báínicas, y no escuadrones. Espántese deuna araña, haga melindre famoso de decir hombre, y esposo, como las Ninfas de España. Tiemble de ver a un ratón, que quien de linda se precia, ha de tener de Venecía un vidro por corazón. En fin, a ver esta dama veniamos, cuando fiero matar quiso a un Caballero, competidor de su fama. El está herido, y yo loco de cólera con aquella Celidiablo loca, y bella, que al mismo Sol tiene en poco. Que si viera su persona, le dijera en su aspereza, hile, hile vuestra Alteza, que es mujer, y no Amazona. Bien me trata, y quien le envidia? No hay quien me ahorque? él se vie- que valor, y sangre tiene (ne, espíritu, y bazarría, para que toda Princesa le quiera, y yo su criado, también traigo en el cuidado mi poquito de Condesa, y alguna desencantada Reina, con favores tantos le paga sus desencantos, que, pero no digo nada. Escucha, está enamorado? Es bestia. . Y favorecido? Curiosa sois; esto ha sido también del arbolvedado, decir más no puedo a fe, que más no ha de preguntarme, que es menos mal ahorcarme, Esto encubres? . Para que informarte quieres de ello? Para callarlo no más. Pues mejor lo callarás Desatada en caricias, y en favores, queja es de amor la fuente lisonjera, es gloria de los dulces Ruiseñores. si dejares de saberlo. Qué preciado de chismoso y eres con donaire injusto enemigo de hacer gusto. Tengo cosas de dichoso, decir quiero la verdad: es persona muy querida, pero es hombre que en su vida tuvo a nadie voluntad. Mano blanca, ni ojo negro, ni guedejita le dio jamás pena, que aprendió la sequedad de algún suegro. No sabe decir amores, aunque galán, y entendido, verde, agradable, y lucido, que es un peñasco de flores. Caballero tan discreto, sin amar, no puede ser: esto me importa saber, que hay alma en este secreto, mucho gusto me habéis dado, muy agradecida estoy. Tus pies beso, y tuyo soy. Oye HAurelio, este criado llevad preso. . Preso a mí? Por hablador. . Oh traidora malvada preguntadora, así agradecéis, y así también hablador me llamas? ha galanes, avisón, que de esta manera son agradecidas las damas. Aunque de mayor crueldad use su Alteza con él, no he visto cosa cruel, que más parezca piedad. y amante el Alba en su estación primera, En tiernas plantas en Rulseñores flores, es vida del Abrilla Primavera, Tórrola fina en su dolor fevera, es templo de lealtad, alma de amores. Tierra, y Cielo de amor la Monarquía ocupa en siempre firme igual mudanza, su guerra teme el Sol, su estrago el día. Aún a la más deidad su imperio alcanza, i nada puede ser licencia mía, que debe ser ejemplo, y no esperanza. Deja de seguirme, y deja tú loco, y vano deseo, que viene a ser Floranteo crédito mío a tu queja. Que más quiero de esta suerte ser de todos perseguida, que ser de ti defendida, que nada quiero deberte. Aunque el Cielo no descansa en mi mal, no llegue, no, a tanto, que pueda yo deber algo a quien me cansa. Vuelve, y Arabia levante en tu nombre sus pendones, que más quiero en sus traiciones verte enemigo, ve amante. Hago del traje mudanza, dejando de ser mujer, porque acabes de perder tan atrevida esperanza. Vete, y no me des enojos, el pasar de aquí es en vano, que te matará mi mano mucho mejor que mis ojos. Belona del Sol armada, victoria siempre segura, que debes a tu hermosura, no la fies a tu espada. Para un corazón villano, que en dulces tiernos despojos, no se rindiere a tus ojos, iras te ofrece mi mano. No de injurias tan bien dichas, no del mal que estoy sintiendo; ni de tu desdén me ofendo, que no agravian las desdichas. Y aunque de ellas castigado, ansí no fuera importuno, y cruel, como en ninguno es culpa lo desdichado. No te pediré jamás, que a los Dioses obedezcas, mas ya que más me aborrezcas deja que te quiera más. Qué agradezco más, señora, a los Dioses, que el nombrarme por tu dueño, el confesarme, que soy el que más te adora. Mas pues yo te doy disgusto, tu rigor me desengañe, que más quiero que se engañe el Cielo que no tu gusto. Vuelve a tu Reino, que no hallarás contrario en mí, no que de Arabia sin ti, basta que te pierda yo. Socorro no has menester, vuelve, que basta llevar a mi para pelear, como a ti para vencer. No averiguo Floranteo tu culpa, que nadie duda, que va el cielo siempre ayuda a lo que yo no deseo. Nunca presumo, ni es justo, de hermosa, y cuando lo fuera, a mi hermosurale diera victorias de más buen gusto. En ser de mi aborrecido, Hermosísima; ilustre, y generosa, Claridiana divina, en quien en vano, es error muy confiado, tenerte por desdichado, sino por bien conocido. No intentes pasar de aquí, pues cuando me mueva guerra, el cielo, el mar, y la tierra, mis victorias llevo en mí, competida ambición de más hermosa, quedó imposible a soberana mano: nueva Fénix de Arabia más famosa, que el peregrino pájaro, que ufano en esperanzas, y en cenizas yace, muete en memorias, y en estragos nace. Princesa celestial, que en guerra tanta, más guerra pueden dar tus perfecciones, que al luciente ejercicio de tu planta de Estrellas formarás los escuadrones, altas banderas de beldad levanta, al arma toca en libres coracones, rayos salgan, rigor, iras, y enojos del ejército bello de tus ojos. Tu fugitivo pie, mira que infama de tus vasallos la lealtad segura, si en tu socorro ajenas fuerzas llama, quitándole esta gloria a tu hermosura, de tu vista la noble hermosa llama, de tu mano el valor, la beldad pura, vencerán cuanto en vano a ti fe atreven a guerra celestial de fuego, y nieve. La beldad no pelea con lo fiero, sino con lo apacible, y amoroso, lo feroz, lo robusto, lo guerrero, es violencia, y no gloria de lo hermoso, un desdén blandamente lisonjero, un rigor cortesmente desdeñoso, un ceño amable es fuerza más segura, que es guerra de cuidados la hermosura En mi favor no llamo, ni procuro ningún Príncipe altivo, y generoso. que más grande le espero, y más segu de Cendaura en el valor famoso: esta ya de su Reino ilustre muro, que lo bizarro iguala con lo hermoso, injuria su opinión, y heroicos nombres, de la vana soberbia de los hombres. Pues Tartaria no fue desobediente, y en ocio vive, y siempre belicosa cir ejércitó su espíritu valiente, en tan justa ocasión, y tan piadosa, de una mujer me valgo solamente, que no quiero, ni altiva, ni quejosa, a ningún hombre ser agradecida, ni con alma pagar tan poca vida. sn Ya que no pelca la belleza; con la feroz robusto, y lo errogante, que viste su cortes dulce aspereza, no el cuerpo, si no el alma de diamante: ya sé que no es hermosa la fiereza, ni beldad lo soberbio de un semblante, que la decente naturalblandura; es alma superior con la hermosura. Dejo de ser. Semira mis hermosura, dama dejo de ser, Pantasilea por dar a la campaña belicosa de un alma varonil, bizarra idea, lo ardiente, sabia, lo gentil, lo airosa vínculose por dicha el nacer fea, o ha de estarla beldad siempre infamada de tibia, de ignorante, y desdichada? Con el amaute cuerdo, y advertido, de apacible rigor se muestra armada, que en fin para vencer a un entendido, es la hermosura la mejor espada: pero al rebelde, al necio, al presumido, no con hermosa, mas con mano airada oprimille, matarle, deshacerle, y enamorarle, no, sino vencerle. Alque me cansa, al que aborrece, es justo que mate como dama, que locura! y un necio ha de morir de tan buen gusto, que le deba su muerte a mi hermosura: el Reino vil me pagará el disgusto, mi mano la victoria me asegura, todo el estrago libro en mis enojos, que otras son las victorias de mis ojos. Ya sale Celidaura. . Estoy corrida, aunque ella no conoce a Claridiana! O que en vano presumes, que escondida puede estar su belleza soberana. No quiero ser de nadie conocida, vuelvete Eloranteo. . Aunque tirana, quiero servirte, y quiero obedecerte, y no te ofendas de que en algo acierte. . En sus partes excelentes verá perfecta una dama. Agravio suyo es la fama. Dejadme sola. . Qué sientes? Qué nuevo mal, nada siento, que ya con favores tantos le pagan sus defencantos: o enemigo pensamiento! dejadme ya. Extraño enfado, aunque niegue la ocasión: pues rinde tal corazón, sin duda es grande el cuedado . Qué tiranos sentimien os mueven penas se mejantes?p antes que amor, celos; y aritos que temores, escarmientos. Si es Claridiana querida en Arabia, cómo viene a Tartaria? también tiene mi pena de no entendida: Si ella le quiere, es mal trato el venirse, aunque animoso, a valerme: él es dighoso, sin duda que será ingrato. Oh cuán neciamente a quí siento agraviar su beldad, cuando toda mi piedad la he menester para mí. Llega, qué temes? . Qué extraña confusión! qué es lo que miro? este rostro, y talle admiro. Si la vista no se engaña: la labradora fingida fue Celidaura. . No es vana mi sospecha, y Claridiana sigue amante, y ofendida al extranjere: ella es, o vil cuidade! . Quién duda que me conozca, y que acuda a mi defensa? tus pies me da Reina valerosa, claro honor de las mujeres. Levanta, y dime quién eres. Soy Celidaura famosa, un Caballero de Arabia, quete pide lastimado de ver que el Reino alterado su Príncela ilustre agravia. Si eres deidad de la Guerra, favor para a ofendida Claridiana l Bien fingida necesidad. . En su tierra, en su Reino a Claridiana restiture, que en más glorias lales darás a tus historias nueva opinión soberana. Sal a la campaña, y den tus bríos miedo al irano rebelde, y venza tu mano lo mismo que tu desdén. De laureles coronada, con heroica fortaleza, aprenda de tu belleza victorias tú misma espada. En el caballo Españo! suspende el aire, y la tierra, y sea el Dios de la Guerra, no ya Marte, si no el Sol. Y en tan hermoso denuedo, mueran viendo tu valor, los animosos de amor, y los cobardes de miedo. En falsas adulaciones. disímula su intención, o que bien dicen que son veneno en los coracones! No se engañan mis desvelos, ella le ama, y busca ya; y en quien amor no será lo que a mí se atreve a celos? Ya sé que no hay voluntad en mí, que el alma suspira. en vano, mas no hay mentira, que así parezca verdad. Responderé tibiamente, hasta saber si en su tierra hay guerra, o la mueve guerra su amor, que si pive ausente, por traiciones al instante la campaña en su favor conocerá mi valor: Y si tierna dulce amante, sigue al galan forastero, mil venganzas tomaré: a entrambos los mataré, si yo no muero primero. Qué respondes? . Qué es así to de Arabia la tiranía, Si Señora Y que te envía su Reina a pedirme a mí socorro? . Es cierto. Y lo es que le espera? Si señora. Yo pensaré en ello agora, y responderé después. Qué es esto? qué desigual respuesta de su opinión! estas las hazañas son de suvalor celestial? Este varonil se llama? esto invencible? qué afrenta! de tan poco se contenta el engaño de la fama? Cuando pensé que animosa al campo ejércitos diera, y el Reino vencido fuera laurel de su pluma bermosa. Cuando deberle pensé, un Imperio, una venganza; opagándole a mi esperanza tanto engaño de una fe, me responde, no piadosa, no bizarra, ni cortés, qué responderá después? que fama tan mentirosa! que haré? . Valerte de un Rey, y sea el más desdeñado, que solo de un obligado se ha de temer mala ley Qué bien paga el hospedaje que le hiciste, Claridiana! Ponlo menos de villana el almano fingió el traje. De enemigos, los ingratos, son dopeor condición, que los que no deben, son enemigos más baratos. La ingratitud siempre es madro del rigor valerme quiero de aquel remedio postrero de mi sabio injusto padre. A Celidaura bien quieres? tiene con brío tan loco alma de hombre, pues tan poco te debemos las mujeres: De este profundo valle, cercado de esperanzas, cuyo seno escondido le ignoran las Estrellas, escuchen mis suspiros, los árboles, y peñas, y si hay montañas duras, quien aen voces tiernas? No siempre en el silencio la beldad se respeta; que agraviará un cuidado, que callarse merezca. No ha menester silencio el respeto, que deja escrupulos de injusto lo que a la voz se mega. Hable mi sufrimiento, ya mi dolor no tema, que toda el alma puede harse de la lengua: que no hay amor que ofenda en viva fe, y en esperanza muerta. Si el dichoso primero amará con modestia, no hubiera en la hermosura tan cobardes orejas. Pues cómo será injuria una humilde paciencia, una cortés noticia, una medrosa queja? Divina Celidaura, de amor más alta esfera. perdonado peligro, y agradecida ofensa. Aunque tan retirado antril de tus ojos me vea poran en desiertos de olvido, y en Región de tinieblas, siempre me tienen cerca tu rigor, tu desdén, y mi tristeza Ausente no me llamo, si en tu misma presencia para mí siempre vive tan lejos tu belleza. No ausenta la distancia, si no el desdén ausenta, que para desválidos, aún la vista es ausencia. Donde nada se aparta, no hay ausencia, ni hay tierra donde un instante viva ausente mi firmeza, que el alma no se aleja (sienta de un bien que adore, y de un dolor La costumbre en los males, corto alivio; y defensa, moderado, socorro para desdichas nuevas. No hay costumbre en mal nuevo, y si hay más que padezca, no están los imposibles seguros de mis penas. Una desdicha solo no es posible que tenga, amar menos, y causa menos gloria, y belleza, y quiere amor, que sea breve la vida, y la memoria eterna A ver el señor herido he de entrar: no me detenga, él es. . Puede haber quien venga a buscar un desvalido? que villana tan airosa, algo puede ser que ignoro. HAy triste, que es Claridoro! Qué disfrazada, que hermosa! Celidaura es, no lo duda la vista mi error consiente, pero es dicha, y solamente para mí puede ser duda. Si me busca? si podría esto ser? si podré aquí estar tan fuera de mí, qué crea una dichamía? Que me conozca no dudo, pero negar, aunque sea tan descortés, que lo vea Si mi amor eterno pudo obligarla? si pudiera, a tener yo más ventura, que no será en la hermosura la gloria de amor primera? Aunque lo dudo, y lo extraño, quiero pagar a mi fe con creello, y viviré lo que duraré el engaño. Labradora peregrina, que solo en ti no es violento, ni es humano atrevimiento este nombre de divina. Dueño hermoso, agota humano, solamen te con mi vida, si en mí puede haber herida, que no sea de tu mano. Bella Ninfa del Sol, deidad de nieve, mas luciente, mas cándida, mas pura, Celidaura, aunque más huya de mi vida, la piedad, no se niegue la beldad lo que merece por tuya, que de ti favorecido. . O qué bien lo que encareces se ve, que no lo mereces, pues tan presto lo has creído: quién es áquí Celidaura? hace burla? bueno está. Celidaura, basta ya. Hay tal cosa? que soy Laura, hija del huésped: que poco, que de Celidaura sabe; mujer tan altiva, y grave venir a velle! está loco? Dos agravios su locura hace conmigo a su Alteza el primero en la grandeza, y el segundo en la cordura. Soy piadosa con templanza, y a solo velle he venido. Eres luz de mi sentido, y vida de mi esperanza. Que, es amante esperanzero? Bella Celidaura, deja morir de engaño a mi queja Oh no lo soy, o lo quiero. cuya vista géntil airosa mueve globos de luz, esferas de hermosura. Donde a tanto escarmiento el vuelo atreve, tanta vida contenta, y no segura, que puedes, si a tus ojos la conduces, matar con vidas, y cegar con luces. Tú, que de acero, y de belleza armada, no das reposo a nadie en suelemento, vistiendo hermosa, y coronando armada, de gloria el campo, y de terror el viento: y en la selva, aún del Sol más penetrada, con planta bella, con bizarro aliento, logrando flechas, recogiendo amores, le quitas fieras, y le dejas flores. Celidaura divina, hermoso dueño de tantos pensamientos entendidos, que aún es de tu hermosura honor pequeño pisar soberbios, y aumentar vencidos, aunque parezcan fábricas del sueño, hallar blanda piedad en tus oídos, que han sido sin blasón de ajenas dichas, muro de quejas, Templo de desdichas. Que ya crea este bien, no es grande engaño, si en mi amor, y no en mí los premios fío. que yo no puedo hacerme tanto daño, que su razón le niegue a tu albedrío. Pero en el bien me basta el desengaño del común imposible de ser mío, no te conozco, pierde los enojos, que más creo a tu gusto, que a mis ojos. Ay qué lástima, y dolor! la mucha sangre vertida le tiene desvanecida la cabeza. Oh ciego amor! si al extranjero dichoso busca por ventura? Ay Cielo! que paso con el recelo a bajezas de envidioso. Mas si pensé, amor cruel neciamente para mí, que mucho, que piense aquí bajamente para él? Laura escucha. . Ya no escuch malos años, que está lo co: y ya te estimo en más poco, por ver que te debes mucho. Cómo ingrata me dejas y al otro buscas? Cielos, no bastaban desdenes si no celos? viles envidias, no bastaban quejas? matadme ajenas dichas, no bastan para un triste sus desdichas? Creí la dicha ajena por mía, que desprecio! que aún las desdichas no me han dejado necio; que aún de los males no sacó mi pena el bien de recatado? que aún no sé aprovechar lo desdichado? Tus pasos desiguales, mi vida ira siguiendo porque del alma en fin no vas huyendo, y el camino sé yo de tantos males, o vida mal vivida, solo mi engaño te llamará mi vida. Brama el mar de los aires ofendido, y Estrella quiere ser, y no elemento, gime de horrores desatado el viento, aún mal de tantos montes oprimido. Cruje la selva; el Cielo embravecido, estremede el dudoso fundamento, que no hay quien niegue a un daño, a un sentimient una queja, una lágrima, un gemido. Yo solo en parecer siempre constante, soy de mi mal en la postrera cumbre, alma sin voz, silencio de diamante, Oh continua enseñada pesadumbre! sufrir sin novedad un triste amante, tanto debe un dolor a la costumbre. Sin duda que es inmortal esto que mi pecho siente, y juntamente, que es de origen celestial lo que dura eternamente. Breve, señora, nació la vida que es para mí, y nací para amarte eterno yo, que soy alma para ti. Deseo morir más tarde, cuanto más de males llena el alma ajena, que es ánimo de cobarde osar morir de una pena. Bien me atreviera a sufrir el morir de este pesar en mi penar, si se hallara en el morir otra vida para amar. Quien tan mal supo querer, que el morir halló por suerte, ni por fuerte, el amar, y el padecer nunca pasa de la muerte. Y así apetezco el vivir, porque no es posible hallar, ni alcanzar mas amor para sentir, ni más vida para amar. No con alma presumida de lo poco afortunado, estoy preciado, que desdicha erecida, no acredita a un desdichado. Quién desmerece la dicha, quejosa la razón deja, si se queja, que si es justa la desdicha, es nueva culpa la queja. Tengo por gloria fallida buscarme en lo desgraciado, acreditado, que es opinión deslucida debella a lo desdichado. Celidaura celestial, yo mi propio bien perdí, no contra ti, pues la culpa de mi mal me la debo toda a mí. lamas aplauso, y favor hice de lástima ajena, que es peor, que otros tengan el dolor, si yo merezco la pena. Con ningún consuelo acierto; ni en la vida, ni en la muerte, de perderte, que vivo te pierdo, y muerto he de perder el quererte. Cuando la luz por quien muero en tus ojos la veré? y cuando podré? que en la vista no la quiero, basta en el alma la fe. Mis ojos en tantos ruegos, templen con ver tus despojos sus enojos, que hasta verte no son ciegos, pero dejan de ser ojos. Qué espera el entermo? afuera, déjenme entrar en mal hora, quiere ya curarse agora su merced? . Sois la enfermera? Y aún la enfermedad también pudiera ser . Si por cierto, y aún de vos el menos muerto pudiera morir de un bien. Requiebro a mí? . No es tanto. Ha sido gala de enfermo, que miráis? . Si no es que duermo siempre, si no es todo encanto yo he visto está misma cara otra vez, y aún otras veces, cuando a tantas te pareces? Como en el mundo es tan rara Celidaura tu belleza, tan común es tu hermosura, que en tantos rostros procura copiar la naturaleza. No bastaba solo un dueño, cuatro un retrato? . El revuelvo nuevas máquinas, y vuelve a las enigmas del sueño. Ya que a tanto me atreví, saber quien es es forzoso, pues lo más dificultoso lo empiezo a vencer en mí; que le tiene agora en calma? es mucha la herida? . Ya la del cuerpo no . Dirá, que es más grande la del alma, no le haga daño a la herida, que es inclinado a dormir. De confuso he de morir, pues no basta de mi vida. Dónde está el mal? . Es encanto este mal, y cuanto siente amar, y ausencia . Detente, que no quiero saber tanto. Es ella, no son antojos: Zágalallégate a mí, dime si otra vez tu vi? Sé yo lo que ven tus ojos? Has estado por ventura en Arabia? . Por desgracia! . una vez que linda gracia! para que saber procura tantas cosas? no he salido jamás de estos campos bellos. Por eso te deben ellos lo galán, y lo florido y cómo te llamas? . Laura, y mi padre Claribiano. Nuevas confusiones temo, conoces a Celidauta? haté visto? . Si quién es me dice? yo le prometo de pagarle en un secreto lo apacible, y lo cortés. Que a esta quinta Celidabea sucle venir, y a estas flores, sus fuentes, tus Runeñores su jardín, su campo, y Laura son testigos de un dolor, que siente, y más no le digo, hasta ser cortés conmigo. Celos, no bastaba amor? celosa el alma tan presto? Si saber más le conviene, diga quién es, y a que viene? Importa no ser molesto en la relación: ya es justo, que de quien soy te dé cuenta, No me diga, esteme atenta. Ni escucha? . Tengo buen gusto Un Príncipe tiene Persia, que es Felix. Bravo sunombre, nueva gloria de las gentes, alta envidia de los Dioses. Pocos floridos Abriles son sus años superiores, en sucesos a los siglos, y en aciertos a los hombres. Debiendo a pocas Auroras tanta vida, que recoge el mundo de acciones suyas, mas que mereció hasta entonces. Del cuerpo la gentileza, es del alma tan conforme, que el espíritu más bello, tiene el Alcaide más noble. En el agradó y blandura, la Majestad, siempre esconde, mas tan Rey, que el más llegado miedos pisa, y verás oye. Los campos de las historias pasea, seguro norte de los Reyes, claro espejo en que miren sus acciones. No consiente, que a sus años viles pláticas informen, que mal seguras noticias, son enemigos de bronce. Ningún indecente vicio en su inclinación conocen, que no han visto los deseos, menos verdes tantas flores. Cortés mira, libre pasa por la hermosura; y recoge, lo que es gala, y no peligro, templado, y glorioso joven. En tanto que de la guerra le llaman las ocasiones, y ofrece materia ilustre a las plumas, y a las voces. Sigue la paz belicosa, las treguas al campo rompe, que el ocio es mayor peligro en los Reyes, que en los homb Sin rayos segundo Apolo, saquea los verdes bosques, y las selvas enamora, sin verás primero Adonis. Nunca este Príncipe, nunca sintió de amor los rigores, ni osaron herir su pecho sus más dorados arpones, Hasta que en Persia un cautivo tan bellas admiraciones refirió de una Princesa, alta materia del Orbe. Que suspendió sus sentidos, que detuvo sus acciones entre cobardes alientos, y entre animosos temores. De menos fuertes heridas murió el Cautivo, y dejole de Celidaura un retrato, mudo rayo de dos Soles, El Príncipe enamorado, mientras amante dispone su jornada, y que sus Reinos su breve ausencia no lloren, mamanda, que por la posta venga a Tartaria, y me informe, siel retrato de su dueño, lemiente las perfecciones. Parto, y llego en pocos días, al Con fin de Arabia, donde dando el sueño a la fatiga humanas satisfaciones, me le toma un envidioso: cuando una encantada torre nos detiene, ambos deshechos, yo en suspiros, y ella en voces. Dijo su encanto, y buscando mi enemigo en este bosque, ya rémora a mis venganzas, ya sagrado a sus traiciones, le encuentro, y tantas espadas entre las nuestras se oponen, que parecieron de acero las hojas de tantos robles, Yo triste, de que la vida, y que no el retrato cobre, y que no deba mi muerte, ni a un veneno, ni a un estoque, Volver a Persia no puedo, sin que el Príncipe se enoje, que hace amor más baterias en más libres corazones; pues de Celidaura preso, en dulces tiernos amores, ni otro hermoso nombre escucha, ni aotra inclinación responde. Labradora peregrina, que en bellas transformaciones, o eres flor de ajenos campos, o eres Ninfa de estos Montes. Si alguna noticia tienes; sialgún remedio conoces; sialgún misterio te encubre; si alguna ventura escondes; dafavor a mis desdichas; da paz a mis confusiones, un alivio a tanta pena; y una luz a tanta noche. Él es sin duda, pues miro, que por encubrirse aquí, se pinta, y se alaba as yo lo veré presto. Admiro tu retrato, y tu valor: Persiano, conocerás el retrato? . Si jamás del cuidado, y del amor le aparto, que dudas de ello? Este mira: en él repara. Cuando de él yo lo ignorara, lo conociera en lo bello: Que novedad de alegría, podrá hacer mi voluntad? mas no falta novedad, donde hay una dicha mía. Si me digo, que estoy loco de alcanzar tantas venturas, veo que en muchas locuras un amante ofrece poco. Y si el sentido no pierdo, el bien solemnizo poco, falto a finezas de loco, y dejo de ser más cuerdo. Más suspensa el alma siente. Bello retrato ofendido, confieso, que he merecido, mas ofensas que un ausente. Quién te le dio labradora? que el alma en tu variedad, viendo una mismu beldad, da credito a lo que ignora. Persiano, quiero que veas una villana hidalguía, dando luz la piedad mía a tus confusas ideas. Yo soy la que tantas veces viste en Arabia, y también quien te hurtó el retrato, y quien si adulador, no encareces a ese Príncipe dichoso, galán márfil de las selvas, te dice, que a Persia vuelvas, y digas al generoso Felix Bravo, que al instante venga a Tartaria, que aguardo? si como altivo, y gallardo, es tierno entendido amante. Qué estima su amor discreto Celidaura, porque guarda, la libertad más gallarda para el más alto sujeto. Pensaré que son antojor? daré crédito al deseo? Celidauta es la que veo? pero no mienten los ojos. Partire, bella señora, y trairé al Príncipe aquí. No es Felix Bravo, ay de mí! pues no se declara agora. Negare mi voluntad, si no mira mi albedrío, tal gentileza, y tal brío en aquella Majestad. Esta celestial pintura es tu original, y al sueño no engaña, que solo un dueño puede haber de tu hermosura. Este es criado. . Esta es Laura: salir de dudas no acabo. Que no eres tu Felij. Bravo? Qué no eres tu Celidaura? Él le encubre de recato, a que se declare quiero obligarle: Caballero. Zágala hermosa. . El retrato es mío; yo no soy Laura: si eres Felix Bravo, sigue mis pasos; tu amor me obligue, mira que soy Celidaura, Príncesa hermosa detente, que con el alma te sigo; mas ya la llevas contigo. Vuelve Príncipe valiente. Deja, aparta. A quién das voces? No me detengas mancebó. Oye, escucha Alcides nuevo Qué quieres? No me conoces? No te conozco, ni quiero. Ya olvidas a Claridiana? Oh qué porfía tan vana! Míra me bien Extranjero. El varonil traje airoso te encubre, aunque la belleza, y la tierna gentileza me dicen, mancebo hermoso; que te debo conocer. De qué busque, no te asombr al más noble de los hombres, la más quejosa mujer. Yo soy la Reina de Arabia, a quien su nombre lloró de Felix, y de olonosa, las lágrimas de sus troncos; mi padre, a cuyos encantos, gimió el Orbe temeroso. Y como el Mágico Atlante junto a la esfera sus hombros, labró el castillo encantado en lo rico, y estudioso de la Majestad, y el Arte, profanó luciente asombro. Su intención ya la supiste, cuando perdiste ingenioso; lo que valiente ganaste, vencedor de tantos monstruos Tubo fin el desafío, y principio el alboroto, que fingieron en Tartaria los celos de Claridoro, norte fueron de tus pasos las estrellas de unos ojos; si amor; o piedad te obligan, tu lo sabes, yo lo ignoro. Quedé sola, y pretendieron mis vasallos licenciosos, que al idolo sacrifique, cuyas aras desconozco. Dando quejas a los Dioses. lasanta impiedad invoco del Cielo, quién de esa nube puso al Sol lucido estorbo. Diome noticia mi padre, ya conmigo más piadoso; que en este albergue se encierra. de Persia el Príncipe heroico. Tueres, tú, Felix. Bravo por quien el metal sonoro de la fama agora ocupa nuevos mundos, y ambos Polos. Por Noble, y no por amante llego a pedirte socorro, que del más constante, y fino oigo mucho, y fío poco. Restituye a Claridiana en su Reino, que animosos con tu nombre los leales, serán terror de los otros. Estas son empresas tuyas, estos los claros despojos, que debes al templo ilustre de tu nombre generoso. Deja tiernos pensamientos, deja, Príncipe famoso, del amor vanas caricias, iblandas culpas del ocio. Saca el Damasquino alfanje, enristra el fresno, que al Noto se humilla verde, y ya duro bebe sangre espico rojo. Armado el campo te veas el Bucéfalo espumoso óprime, y que de teñido Marte en luz, y en sangre Apolo, El fuerte bastón gonierna, y en lo eterno, y lo glorioso Arabia tengados fines, y en tu valor uno solo. Amor, y honor, que encontrados os miro triste, y dudoso, mil quejas del alma escucho, del valor mil voces oigo. He de ser con Celidaura descortés, ingrato? y como he de osar tener tan presto necias culpas de dichoso? Que mal cumplo con el alma, sino muero de mi propio: que poco debo al acuerdo; sino estoy de amores loco. Al fiero estruendo de Marte, ciego sea, y viva sordo, que mayor guerra me llama, que no en lo fiero, lo hermoso. Pero ser con Claridiana cobarde, como propongo al alma viles afectos, si mi corazón conozdo? No se consiguen las glorias en la gala, y el reposo, que el valor infatigable campos huella, y pasa golfos! Que larga consulta tiene consigo! dificultoso debe de ser el renmedio, donde el amor es tan poco. Perdóneme Celidaura; que aún soy fino en dalle enojos, que no es digno de quererla, quien no es buen Príncipe en todo. Mi valor Arabia espere, que en volviendo victorioso, a los pies de Celidaura. trairé segundos despojos. D2 ̱.eja, Felix Bravo deja pensamientos tan ociosos, del amor viles alagos, del alma injustos antojos. Por verte de Parsia ausente, el Soberbio Rey de Oponto asalta el Reino, y sin dueño, aún los bríos son medrosos. A valer a tus vasallos acude agora, que ignoro que valor, pueda llamarse el que se niega a si propio. No venza una vez el gusto, no siempre viva quejoso lo mejor, no siempre tenga la razón los brazos cortos. No los años desperdicies en cuidados amorosos, que es justo arrancar temprano las falsas hierbas de mozo. Vuelve a Persia, deja encantos, deja amores, deja estorbos de la opinión merecida de tus principios gloriosos. Que los Princides nacieron para ejemplo de los otros, no a ser esclavos de un gusto, no a ser triunfo de unos ojos. Esto parece fingido, o los Cielos ambiciosos querrán que un hombre a mis ruegos ose perder el decoro. Genetal, bien me aconsejas, pero a salir me dispongo primero de dos empeños, que eno sigo, y otro adoro. Claridiana el tierno pecho aliento, que el riguroso desdén del hado examina los corazones heroycos. Por Capitán, o Soldado en tus banderas me pongo, viva tu combre, y de ausente muera Felix Bravo solo. Claro Príncipe de Persia, de hoy más por templo piadoso tenera tu nombre en el mundo los necesitados votos Vamos, que solo tu fumao ha de vencer, que si nombro a Felix Bravo, ya el miedo será confusión de todos. Suen Soldado, y malamente, ya lo siento, ya es forcoso. Contra mi tierra te llevo, y aún también contra mis ojor, No es Felix Bravo el Persiano pues se quedó; si le aclama por sus méritos la fama, no será su amor en vano. Que ha de tener quien mi mano merezca en alma constante de recatado el le molante de desvalido la ley, las perfecciones de Rey, y los temores de amante. Llamarme agora a Palacio la Princesa, no es favor para un cuerdo labrador, que nace a vivir de espacio. Amable soledad, muda alegría, que ni escarmientos ves, ni ofensas lloras, ellite segunda habitación de las Auroras, de la verdad primera compañía. Tarde buscada paz del alma mía, primero de dos empeños, la vana inquietud del mundo ignoras, donde no la ambición hurra las horas, y entero nace para un hombre el día. Dichosa tú, que nunca das venganza, ni de Palacio ves con propio dueño la ofendida verdad de la mudanza. La sabrosa mentira del engaño, la dulce enfermedad de la esperanza, la pesada salud del desengaño. Que me mandas, que un criado con gran priesa de tu parte me llamo? . Yo embien allamarte, da mucha priesa el cuidado; aquel Caballero herido partiole ya? . Luego al punto. Con qué gusto lo pregunto! y va ya convalecido? Muy poco, pero atropella su salud, que por su fama entraje de hombre una dame le busco, y se fue con ella. Con una dama? . Y te alabo su brío, su gentileza, dudonarre, su belloza, y el valiente Felix Bravo que así le llamó, se fue tan gustoso, tan contento. Calla, calla; esto consiento? delitos contra la fe? juntos partieron de aquí? Juntos. . Mientes, mientes: mas ay que verdad será, porque ha ido contro mí. Dique me traigan el hombre que prendí, . Qué puede ser? pero no quiero saber lo que me encubren. . El nombre meniega un hombre, y me deja quejosa, y por otra? y luego villano, mal Caballero, fingido, falso amante, no fingido, constante, si amás tu amor primero nunca logres tus dichas, y una vez se merezcan las desdichas. Tú eres Príncipe? miente la faarlas verdades para las Majestades nacieron no consiente quien Príncipe se nombra, (bra. ni un temor, ni una duda, ni una son- De discreto presumas solo por desdichado, no merezcas cuidado, de bronces, ni de plumas sirva tu nombre al templo (plo: de lástima, de agravio, y no de ejé Dete mil celos justos otro amante dichoso, fin mas fino más hermoso tengas tan corto, gustos que pueda tu vertura servir de brevedada la hermosura, Esta que ser tuesposa con traiciones desea, la quieras como a fea, te quiera como hermosa; y si en cansar porfía, en lo inmortal parezca pena mía. Viváis siglos eternos, si estáis aborrecidos; un día, si queridos; un instante, si tiernos: pero no vivas nada, y sea vuestro tálamo una espada. Quién tuviera mucho miedo para fingirse gracioso, más por Dios, que en lo medroso a ninguno envidiar puedo. Celidaura, dicen que es quien llamé loca; ya espero trabajos de verdadero; dame, señora, tus pies. No me atrevo. . El vil criado, me ha de pagar la mentira; mas si un Rey miente, qué admira? y di a tu dueño, que yo, Es un demonio Angelado: temblando estoy. . Como tarda a mis pies le he de poner, este pícaro! aquí está. Dame, pues. . La muerte ya, traidor, embustero. . Aguarda, . Con Claridiana, por Dios rayo de clavel. . Villano, dime el nombre de tu dueño. Callo, y sirvo: todo es sueño. Cómo te llamas? . Persiano. Di el nombre. . Persiano, digo, El nombre digo, traidor. Don Persiano, mi señor. Cómo te burlas conmigo? confiesa. . Detente, pues. Cómo es su nombre? . Persiano, . Oh buen señor! mas te quiero Ángel, tate, ten la mano que está la historia al revés. No te canses, Reina mía, nunca te lo diré yo, que jamás me pareció gracia la bellaquería. Un pícaro, muy preciado de lo honrado? qué frialdad! ya he sabido la verdad; que a un señor puede un criado (n enseñar ley! qué ignorancia! Por Dios que los enfadosos han de ver que los Graciosos somos gente de importancia Ya el nombre mal merecido de Felix Bravo le sé que a ser de Arabia se fue Rey pobre, y galán fingido, Con Claridiana partió; vete, que en un escudero mi mano agraviar no quiero aunque invencible se llama, siendo en la ira mujer, Reina en brío, en desdéndama que se fue? . Pues de esto agor? te alegras? . Pues no, señora, si sabe querer a dos? Ser amante a la Española; es un gusto muy salado, que es a lo antiguo, y menguad esto de amar a una sola. Con tu doctrinas picaño, que aprenderá un Caballero? pues ya eres hombre de hogaño Parte al momento, y avisa del enojo que me lleva. . A dar una mala nueva vayan los necios de pisía. d , - Esta es Arabia. . El muro de diamante, tus plantas besará con sus almenas, que tugente, aunque poca, es tan constante, que munición hará de estas arenas. Desordenado un escuadrón volante, en militar costumbre marcha apenas, señas muestra de paz. . Vencer procura, que de traidores no hay lealtad segura. Suspende el aparato belicoso, púrpura abrocha, en vez del arnes duro, pues ya rendido el pueblo numeroso, ni usurpa el Cetro, ni defiende el muro: entra en el bello Alcázar luminoso, que tu exento valor guardo seguro, dueño elige, en amor; y en paz reposes; quién se atreve a los Reyes, ni a los Dioses? A darte el Reino Floranteo vino, que no a inquietarle, y de servirte espero, no el blanco yugo de tu piedivino, sino el sangriento de tan justo acero. Levanta, que más noble detérmino estimar tu valor. . Ciñe primero tu hermosa frente de laurel, y oliva: Viva la Reina. . Claridiana viva. Oh posta, que en hora, y media de Tartaria me has traído, no pudiera haber venido mas presto en una Comedia. La mujer es una arpía; o quien majadero fuera, para que las nuevas diera con extraña hazañeria! Mas no soi nada Judio; aquí ay Soldados, él es: dame, Príncipe, tus pies. Dame, Rifaloro mío, los brazos, di que te has hecho? Espera un tanto la historia, que es muy larga de memoria. Ea, Príncipe, tu pecho ciñe de azero más duro, que ni Felix Bravo ya, ni Arabia, ni el mundo está de Celidanta seguro. Porque el nombre le negaste, y ha sabido esta jornada. viene de asombros armada. Vete mal nacido, vete, que el secreto; que mal hice! tú le rompiste en efeto. Esto es saber un secreto de quién a muchos le dice? Que de un hombre bajo un Rey se acompañe! Acudan presto al socorro. . Que ha sido esto Dichas de la buena ley; que bien lograda lealtad, la fineza, linda alaja! o lo que en la gente baja se desluce una verdad! Esto de ser bueno saco a la daguita, y prenderme: esto ar? pues quiero meterme a descanso de bellaco. A quién secretos fie, no bellísima ofendida, teme tus armas la vida, sino tus dudas la fe. Qué así luzga lo acertado! Venga toda Tartaria, que ya espera que así lo bien hecho ofenda! por Dios que es corta prebenda esto de ser hombre honrado. Tardar mucho no es posible, que está de aquí la Princesa media jornada, y profesa Celidaura lo imposible, mi valor más seguro, y menos vano, que ha de ser esta bárbara guerrera, mi desdén, mi desprecio de mi maño: yo soy el General . Tiemble la esfera con tan buen Capitán, que soberano, si no forma escuadrón de flores bellas, conducira el ejército de Estrellas. El campo quiero ver contra la gente de Celidaura? . Tu peligro temo. La industria sabia escureció la frente del monte de soberbia Polifermo: ven Prisoloro. . Vas secretamente, y a todos se lo has dicho? . Lindo extremo, yo voy contigo. . Vaya el camarada, o gran comodidad en no hacer nada! Yo he de seguirte. Nada temer puedo, y solo yo me basto. . No lo ignoro; y en vano encubro, cuando medrosa quedo entre los mudos lazos del decoro. No hay peligro mayor que el propio miedo: disfrazado he de ir, ven, Rifaloro. Eso no, de vilísimo me precio, quédense las verdades para un necio. Más tiene de gentil, que de amoroso, no te aventures, basta que un soldado busque lo inúltilmente peligroso, que nunca fue valor lo demasiado No teme, no, mi pecho valeroso de fuego, y de terror un campo armado: vanos peligros busco, y no esas leyes, que las balas respetan a los Reyes. añ de Arabia, y a la vista el enemigo. Vencerle solamente, es corta hazaña, si tan alta beldad llevas contigo. No voluntad, ofensa me acompaña; Princesa, y no mujer, la guerra sigo, vencellos, despreciallos, son mis glorias; vencer, y perdonar, son dos victorias. Yo, Celidaura, yo nunca examino tu gusto, que servirte solo debo, pues cada instante más quejoso, y fino de mi propia lealtad soy deudor nuevo. Tanto conozco tu valor Divino, que de Marte, bañado en luz de Febo, no te imaginare poco segura, que es rayos de experiéncias tu hermosura. Este villano, señora, que espía me ha parecido, a tu presencia he traído para que te informe agora del otro campo. . Qué veo? no es Felix Bravo? la ira me lo acuerda, que le mira la venganza, y no el deseo. No le llamo espía en vano, el pecho cubre de acero, sin duda que es caballero. No, no, yo sé qué es villano, esto negareislo vos? Villano, solo el vestido. Para una estáis dormido, y despertáis parados? Conóceme su merce? Agora, y es muy temprano, que tiene un hombre villano muy escondida la fe. La poca fe, y la mentira se precia de cortesana, que no hay cosa más villana, que la yenganza, y la ira: Advertid, no hagáis empeño en duda, que no aprovecha, que también cualquier sospech tiene un poquito de sueño. No despertéis en celosa, que es bajeza cortesana, ni tampoco de villana os quede el ser maliciosa. El que vuelve, no se fue; quien para otras cosas nace, y aciertos las dudas hace, segura deja la fe. Y confesarame Laura, que quien con valor Divino no es Rey en todo, no es dino de querer a Celidaura. Villano, espía, o quien eres, deja que abonar en nada la fe desacreditada, lo admitirán las mujeres. Di que gente, labrador, tiene Claridiana? . Escucha; Cielos, su venganza es mucha, pero es mucho más mi amor. Ya reducida a su servicio Arabia, tiene un copioso ejército de gente, plática, diestra, belicosa, y sabia, noble en sufrir, y en pelear valiente la Reina Diosa, que en belleza agravia lo más puro del Sol, lo más luciente, viene por General, y en bella solo Marte, es Adonis, y Narciso Apolo. De una esfera de plumas coronada, del Sol celajes, y del viento Abriles, descubre de un desdén, de un Cielo armada, en cuerpo de deidad, alma de Áquiles, sobra todo su ejército, su espada, pues que vidas de amor serán tan viles, que no se pongan a sus pies rendidas, a dar satisfacción de que son vidas? Discurre por el campo airosamente en un caballo, que del peso hermoso la bella vanidad, que el bruto siente la paga en brío, y movimiento airoso Ave le nombralo veloz, lo ardiente, rayo le aclama en nombre generoso, Cilne galán, que entre la blanca espuma, puede ser Faetón, porque es de pluma. , Deja de ofenderel Sol, di que es caballo que salta, y corre, que solo falta levantarle lo Español. Que vano estás de pintarlo Cisne, Faetón, rayo, espuma, vagel, y nieve, que en suma lo es todo, mas no caballo. Esto pintura se llana dejar en versos lucidos, igualmente agradecidos un caballo, y una dama. Hermosa viene, y no más, Celos, otra villana? si dejé los que traía, tomaré los que me das. Venga, hermosa Claridiana, y Felix Bravo con ella, que en todo pienso vencella, hasta en el ser menos vana. Vuelve Felix Bravo, es fuerza a cuanto vencer espero, y que se rinda no quiero la gala, si no la fuerza. Ya en tu mismo traje aquí vencido estás, pero no quiero debértelo yo, sino pagármelo a mí. Pelea bien esta tarde, pues a Claridiana quieres, no te llamen dos mujeres, una vil, y otra cobarde. Que a tener tan falso trato conmigo, no te atrevieras, si te amaras, ni tuvieras valor para ser ingrato. Y cuanto que agradecerte hoy me has dado en escucharte, señora, pues en amarte me dejas el merecerte. Oye, Celidaura. Vuelva a su ejército esta espía, yaunque de la gente mía ves coronada esta selva, dia Felix Bravo, que solo Claridoro, y yo bastamos, sin que aparatos hagamos, . A morir toca. ni de Marte, ni de Apolo. Triste, qué bellos enojos! llevar la victoria espero a sus pies, aunque primero se la tomarán sus ojos. Yo voy, tu gente convoca. Hoy Claridoro, es tu día. Vencerá tu bizarría. Toca al arma. ̱. Sangrienta perdición, yugo tirano, guerra cruel, origen, y osadía de la injusta primera tiranía, que puso cetro en poderosa mano. Bárbara ley, tan murmurada en vano, ayudar del morir a la porfía, como si no bastara solo el día, como sino sobrara el ser humano. Mas aunque más, o guerra; estés culpada, es mayor la de fáciles antojos, A en bello campo de belleza airada; no quiero amor, mas quiero dar despojos a la dura violencia de una espada, que a la blanda soberbia de unos ojos. Ya marchan a encontrarse, y a estas niñas las llamará un ingenio de la plebe Martes de alcorza, y Césares de nieve. Cómo no le seguiste, Rifaloro? sque no es donaire el que perdió el decoro a la fidelidad, y es gran desaire, fabricar de los hierros el donaire. P Yo que soy un hidalgo a la Española, Mayorazgo hospiral de espada sola, querías que faltase a la fineza; al rumbo, al pundonor, a la braveza, y más siendo nacido en la Montaña. origen de los Hércules de España? Pues eres Español? . Del cuento salgo: así blalona ya cualquiera hidalgo, después sabrás lo que me debe el Príncipe; que soy tan fino, y soy tan hombrehonrado, que de mí puede hacerse un desdichado, oque aún el malvado, como yo en efecto me ha dejado a mí solo sin soneto, mas vengare me de él a fe de Moro Apercibe la espada, Risaloro, ya llega Felix. Bravo, al arma tocan. Dime aSan quien para e mbestir invocan. A Marte, que es el Dios de la Campaña. A toda ley, Santiago, cierra España. idacta Rindan, o fuertes Arabos, sus frentes estos bárbaros, nunca vendedores, como al Austro se inclinan obedientes, en campo esteril desmayadas flores? Sirvan al triunfo; o Tártaros valientes, estos de Arabia tímidos cultores, que mal podrá sufrir el arnés grave Patria solo famosa por el Ave- En fin no es Marte ya, si no Cupido el Dios Guerrero, y tu desdén airado descubre a tiernas lágrimas rendido quejoso al cielo, y al amor soldado? si el Príncipe de Persia esclarecido quieres quitarme, habértele quitado estimo, aunque le quiero; que en mis glorias, tus quejas precio más, que mis victorias. A quitarte ese Príncipe inconstante, no es amor, si no ley la que me obliga, que un falso, un fiero, un fugitino amante sele dare yo siempre a una enomiga, laurel será en los dos mi pie triunfante, que en la mayor victoria que consiga, castigando primero su mudanza, te la daré después para venganza. es C Detente, Celidaura victoriosa, no venzas más a un alma tan rendida, armas no ha menester quien nació hermosa, no ha menester morir lo que se olvida; ya rendido a tu planta generosa el yugo adoro; débame la vida en la dulce de amor causa más bella los divinos aciertos de perderla. Levanta, vete; aparta, que no quiero que mueras a las manos de entendido, sino a las furias de mi propio acero, pleno galán, no cortés, si no vencido. Quédate falso; que vengar espero lo soberbio, y lo hlumilde, y con olvido pisar todas las almas, y vencerlas. Alanos de márfil, gozques de perlas. E Batalla no ha de haber. . Toda la tierra mar de sangre será, y horror del suelo. De ver damas, y Reyas enla guerra, o lo que hablara mi sesudo avuelo . Toca a envestir. con los contrarios cierra deten. . Al auma; pero todo el cielo sus nubes rasga. Ra El Monseñor tonante ha dado en esta fiesta enfermontante Segunda Fénia de Arabia, Claridiana, y tu Princesa de la Tartaria; en quien solo no es presunción la soberbia. Yo, que general del cielo, y Procteror de la tierra, vencí el soberbio tumulto de los Gigantes de Flegra Yo, que en la abrasada Troya incendio, y sañade Grecia, vi el lanto correr medroso por márgenes de centellas: Yo, que en las Romanas iras vengativas misé apenas, quedar de la Gran Tártago mudo testigo una piedra. Yo, que en muros Españoles vi Turbantes por almenas, y en los campos Andaluces pacer Africanas yeguas. Hoy pacifico descubro, no la símbolos de guarra, sino paces confirmadas con caracteres de Estrellas, Salen dos Dioses que os llaman por inclinación se creta carde la casta, y m jor Diosa, templo grave; y muda selva. Que no hay srínvipe del mundo que tanta beldad merezca que todo el cielo es clamores de escarmestadas ballecas Tú, gallardo Caballero, la gran Tartaria gobierna, Rey suyo, y Rey Floranteo Tu reinaras, Celidaura, de Arabia famosa, y bella. aunque lo ignora, o lo niega, Celidaura, se corone elledeemle En la selva de Diana el gran Príncipe de Persia. Dejad, Princesas, las armas, que basta para las fieras del Arco pendiente al hombro, . Coronada Floranteo. volante escuadrón de flechas. Vienen pues a recibiros las Ninfas de estas riberas, de olivo, laurel, y flores coronadas las cabezas. Esto es lo que en siere giros inviolablemente ordena, ya ley superior del cielo, . que siendo amante, y Planeta, . Para mí sola he nacido. envidias mi amor; que adoro El templo mi Reino sea. yo al Sol mismo, y tua una Estrella. Soberana Marte aguarda, que mil Imperios desprecia quien a Celidaura sirve! Apelo de esta sentencia a los Dioses más amantes, que saben más de finezas. Yo los venero, y adoro sus leyes. . Que linda flema; del cielo no fuera justo, que a estas señoras doncellas des dejaran algún dote, para cuandó se arrepientan? y no entran también las damas? Ley mis alta, y más senera oguardan las damas, que vive su guarda, y su templo en ellas. Quererte para quererte, o mújeme al que que no hay en mis pensamientos esperanzas que se pierdan. poy yo seré la defensa De más valiente, y más fino,de tu Reino. . Y tú de Arabia y de mí serás la Reina. las virtudes son grandezas, y es más alta posesión desprecialla, que tenella. Arabla tus plantas besa, viva Claridoro, viva. Decid Oaridoro muera. Na se abre el Tempso, y las Ninfas verdes coronas presentan, y son del airesus voces, yalazos, y ya serenas. siempre justa, y siempre eterna Espera, Marte Divino, c , Mi amor no bulca esperanza! No quiere morir mi pena. Querer por solo querer, es de amor la gloria cierta, quien más espera no quiere. Quién no esperate, no tema Agora falta. . Qué falta? Que el Magnifico Poeta, nos haga dartreinta villas. y que declare por fuerza que somos todos lobrinos. Que grancia de la ley vieja. Señor, no digo Schado, a qsí acaba la Comedia de los siglo de los siglos, que aún es pesada, y eterna sin parar en casamiento: tanto puede el ser tan necia,