Texto digital de Querer por hacer querer
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Cabeza
- Atribución estilometría
- Juan de Cabeza Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición de la Parte I de Comedias del maestro Juan Cabeza (1662).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Querer por hacer querer. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/querer-por-hacer-querer.

QUERER POR HACER QUERER
JORNADA PRIMERA
Del agua salen flechas; hechas en ascuás, porque los de cristales tales se fraguan. Ven por, aquí Patarata, que hacia los jardines sueña la música, y está en ellos Eurosinda la Princesa. Descuidadas las criadas, todas las puertas abiertas han dejado, con que es fácil desde esta fértil mosqueta, que con su aljaba de nieve, is arroja soberbia, informarme con la vista de su crecida belleza, porque me dicen, que es sol, que da luz a dos estrellas. Pero qué miran mis ojos! en un arroyo de perlas, de cristal culebra hermosa, garzota de nieve tersa, se baña, y para el recato da el cuerpo al cristal cubierta de olanda, porque si es rosa tenga concha de azucena. Sabes lo que me parece. Qué te parece, o sospechas? Que esta se baña en Holanda, aunque estamos en Bohemia, Su crecido cabello bello naufraga, y al verlo sus estrellas ellas lo amparan. Tendido el cabello hermoso le sirve de airosa vela, que al aire de sus suspiros ya la ímpele, y ya sosiega. Mira sus remos de plata, como de la espuma crespa, nevados plumajes cortan con diez cristalinas flechas. Ya los cristales soberbios vencidos lloran su pena, porque no pueden sufrir el fuego de su madeja. Poco de Poeta tiene esta dama según muestra. Pues di por qué Patarata? Porque hace llorar grosera al arroyo en que se baña; yo veo que los Poetas hacen reír los arroyos, quieran ellos, o no quieran, Al arroyo en batalla halla que vence, y este busca en sus galas alas de nieve. No adviertes, que las espumas plata en la nieve deshecha, huyen plumaje de aljósar por el cauce de azucenas? Mira como alegre el prado con todas sus flores bellas la admite alegre, y risueño, cuando al arroyo despeña. Mira aquel clavel frondoso, que un rasgo de plata riega flecha de terso carmín con su munición de perlas, disparar rayos de aljófar dando de contento muestra. Ya su hermosa madeja deja prisiones, porque no ha de estar presa esa entre flores. Ya salió de los cristales, y ya en ropajes alberga de nieve un breve obelisco, ya del cabello deshecha la madeja, arroja rayos, que a no estar toda compuesta de nieve, la abrasaria, lo que benigna la templa. No ves a la rosa hermosa con sus agudas saetas, archeros de su coral recebirla cómo a Reina? Ya salir quiere, y hosotros, sin que advertidos nos vean, salir de aquí no podemos, en la nevada mosqueta nos recatemos. . Que vivan recatadas las doncellas. Un sol de estos retiros tiros apresta, y sale sin desdoro oro en saetas. Dame el espejo. . Aquí está, No trajiste el peine? . Sí, el peine tienes aquí. Bien el desengaño da. Dirate el terso reflejo tu belleza. . Quién tal crea, solo dice que soy fea de plata el ney ado espe l0 Cuando con bellos primores en ese ameno pensil tu rostro todo un Abril dejó sin vida a las flores. Cuando entre bellas garzotas en aquesa esfera breve, frío ejército de nieve, todo su cristal azotas. Cuando a las flechas que esgrime. tu mano al arroyo hyere, y no ríe, porque muere, y no canta porque gime. Porque razón desdeñosa te tratas con crueldad, negándote de deidad lo que te sobra de hermosa? Alabarme no es decente, bien mi lengua me desprecia, la que se confía es necia, y aquella que no, es prudente. Para ti malo es tu trato. Qué es aqueso que está en tierra? Si aquí la vista no hyerra me ha parecido retrato. Estoy al verlo nentral, yo lo perdí sin cuidado. De retrato es tu pecado, no es pecado original. Sobre un caballo que bebe fuego al viento, a la agua espuma, breve exhalación de pluma, monte con alma de nieve. Un Caballero pintado, sujetándolo valiente, desde la cola a la frente enciende un monte nevado. Que bien que la espuela aplica, que bien las riendas desata; no pica, si no que mata, no mata, si no que pi Que bien le asientan las galas, él es galán Caballero. las plumas en el sombrero cortan el viento por alsa. Con cuyo ligero vuelo, cuando por el aire sube, parece mosqueada nube que le clava allá en el Cielo, Y como el freno que lleva, lo tasca, muerde, y desata, al ver la espuma de plata todos sospechan que nieva. Mui bien al caballo manda cuando se mueve ligero. A los pies dice un letrero; es el Príncipe de Holanda. Parece que la atención el de Holanda te ha llevado. Aunque lo miras pintado, vivo está en el corazón. Y no de fácil me arguyas, si la voluntad se fía, la inclinación sola es mía, mas las bizarrías suyas. Galán es el Siciliano, el de Saboya es galán, los dos en Palacio están, los dos pretenden mi mano. Pero yo al que me aborrezca premiar intento cruel, no ha de llevar el laurel aquel que más lo merezca. No es malo para mi amor lo que le llego a escuchar, todo ha de ser despreciar, no ha de hallar en mi favor. Pero dime, Porcia mía, quien dejaría aquí osado el veneno disfrazado en aquesta margen fría? Si todo se ha de notar, a las mosquetas plateadas, se miran unas pisadas, que no estaban al entrar. En tan traviesos acasos, no me haga tener mal día; ella debe ser Judia, porque cuida de los pasos. Apurarme sin concierto pretenden aquestas damas, si ellas se andan por las ramas nos hallarán en el huerto. Los Príncipes convocados están para una academia, donde el ingenio se premia, y los discursos delgados. Y así Porcia vamos luego a ver esta justa bella, que de una breve centella se va encendiendo un gran fuego. Grande susto hemos pasado, sirviéndonos la mosqueta de verde cancel. . Hh sido solo por ver la Princesa, y siendo hermosa Eurosinda, digo que ha sido por bella. En grende riesgo nos vimos. Vive Dios que si nos pescan nos frien luego al instante, y nos hacen mil pecetas. Que se cayese el retrato, y que a las manos viniera de la Princesa, estoy loco. Pues de eso su e alteras? Si me altero, y mucho más. Pues por qué razón? . Por esta. Dentro de la Transilvanía, cuya dorada corona ciñe mis sienes augustas, con sus laures por orlas; supe que tomaba estado la hermosura prodigiosa de la Princesa Eurosinda, a quien pertenece toda la corona de Bohemia; y como a la bella antorcha del sol, luminar primero, las Naciones más remotas la conocen por sus luces, así a los rayos que arroja la hermosura de Eurosinda, cuando bella la pregonan, han venido enamorados el Príncipe de Saboya, el Príncipe de Sicilia, y solo esperan ahora al gran Príncipe de Holanda, a quien la Princesa, loca, sin haberlo visto, quiere. Como aquí la lengua aborta estas razones, sin que su penetrante ponzoña me mate? pero no es mucho, porque en dudas tan penosas no pudo llegar al alma, porque se quedó en la boca. Yo que a este tiempo trataba con la Reina de Cracobía. mi casamiento, no pude con esta noticia sola alterarme, como suele el artifice, que forma alguna estatua de un leño, de la madera en que obra clavarse una espina aguda, y aunque aquesta ponzoñosa le dé pena, no sentir entonces su punta sorda: así yo, que toda el alma sacrifique a la memoria de la belleza de Nir como las potencias todas tenía en aqueste objeto, esta noticia dichosa de lo bello de Eurosinda, flecha de dulce ponzoña, no me dio pena, aunque entonces con su punta venenosa pasó el corazón, que estaba ocupado en otras glorias. Murió la Princesa Nise, y ya imposibles mis bodas con Nise, determiné aspirar a la corona de Bohemia, y para eso, vestidos, galas, y joyas previne, y una mañana, cuando con rasgos la Aurora en el papel de márfil líneas describe de aljófar, me partí de Transilvanía, y a cuatro jornadas solas de mi Corte, cuando el sol se sepultaba en las ondas de aquel corriente alabastro, una tarde tenebrosa, tanto que en ese orizonte se habrían de fuego bocas, y con los truenos por lenguas decían a la memoria, que las excelsas esferas se daban unas con otras. Llegué a un desierto, y mirando que estaba de allí remota la primera población, a una montaña de sombras me acogí, y aunque los Cielos por azules claraboyas no me alumbraron entonces con antorchas luminosas; era la tempostad tanta, que desde las bellas zonas los relámpagos crecidos me alumbraron, con que a costa de los rayos que arrojaban, pude ver la estrecha boca de una gruta, a quien dos peñas eran piramides broncas. Entré por la boca estrecha, y a penas la boca angosta me recibió, descubrí harto crecida una antorcha, que sobre un blandón de plata a unas salas espaciosas alumbraba, con que pude, sin la confusión de sombras, ver la puerta de un palacio, cuyas columnas hermosas eran puntales del Cielo, para sustentar su pompa. Por la puerta de cristal entré, y a distancia corta de mil tragedias de amor pude mirar las memorias. En una estatua de nieve a Tisbe miré llorosa, que a Píramo daba quejas de lágrimas lengua sorda. De Teruel los dos Amantes en dos estatuas de aljófar daban en tiernos suspiros sus dos almas cariñosas. Y también otros ejemplos, que nos pintan las historias, que fueron trágico asombro de la pasión amorosa. Moví adelantesos pasos, y aunque torpe en mi congoja, movía pesado el paso, no fue efecto de la sobra del temor, porque en los hombres de la sangre, que me informa la admiración, no es temor, porque son distinta cosa. Pasé adelante dudoso, y escuché a distancia poca de templados instrumentos. la dulzura numerosa. De las voces acordadas, tanta variedad sonora de este hermoso laberinto me sacó en aquesta forma. Seguí su metro suave, y con la seña armoniosa. por la senda de cristal, llegué en mi pena, y zozobra a una puerta, en cuya pieza, la música artificiosa, con lo suave del eco, imán me arrastró a la sorda. Quise entrar por esta puerta, pero defendió su alcoba un lagarto que arrojaba fuego ardiente por tres bocas. Yo que vi que me impidia, sacando mi espada heroica, en un golpe le arrojé la cabeza ponzoñosa. hasta ese cielo de nieve, y subió tan a su costa, que arrancó cuantas estrellas. pudo encontrar luminosas en la esfera de alabastro; y si no faltan ahora, fue, porque dieron tal golpe en la tierra de amapolas, que con el impulso fuerte, que violento las arroja, volvieron al mismo puesto a ser del sol mariposas. Yo que vi la puerta abierta, la planta movi medrosa, y haciendo cancel la vista de tapices, que la adornan, miré debajo un dosel a Eurosinda, que gustosa en un sarao asistía, aunque la causa se ignora. Danzaron todas las damas, y cuando en silencio todas daban el eco al oído, y a la atención su memoria, salió a danzar Eurosinda, que en sus melindres airosa, con el señal del silencio siguió al instrumento pronta, Al compás de una arpa dulce, al aire flechas arroja, no juzga este que lo hiere, si juzga que lo aprisiona. Ya cariñosa lo alaga, ya con su márfil lo corta; ya con sus manos lo nieva, y lo enciende con su boca. Arrójase con melindre, con ligereza se cobra; no parece que se mueve, si parece que se arroja. Finge que cae hacia tras, y cuando todos lo notan, ligera toda la sala. mide con su planta hermosa. Y como el airoso pelo, el viento, que manso sopla, mide madeja de incendio, pensaron las damas todas, que corrió estrella Eurosinda, pues en esfera tan corta; exhalación fue de incendio, si paró rayo de rosa. Yo que atento la miraba, aunque por sospechas solas. me pareció la Princesa, noté, que al moverse airosa, a tierra vino un retrato. Y como los celos soplan, del amor muertas cenizas, el alma toda celosa entró, y levantó el retrato. Y apenas pisé la alfombra, cuando aquel rico palacio, desvaneció, y quedó sola aquella viva pintura del de Holanda, y no otra cosa. Esta ilusión, esta pena, este asombro, esta memoria, este cuidado, este echizo, este veneno, esta sombra, este dolor, este encanto, esta muerte, esta ponzoña, este rigor, este hielo, este abismo, esta zozobra, me matan, me desalientan, me martirizan, me asombran, me atemorizan, me hielan, me desmayan, me acongojan, me afligen, me desaniman, me rinden, me desazonan, desdichado, pesaroso, sin valor, y con congojas, sin sufrimiento, y con penas, de tal suerte, que si ahora tú no me ayudas astuto con tus mañas industriosas, al pecho tengo el cuchillo, y a la garganta la soga. Calla, no me digas más, ya en el pulso de tu boca he conocido, que tiene el alma siebre celosa, tú quisieras que Eurosinda no hubiera visto la copia de Leopoldo Rey de Holanda. No quisiera yo otra cosa. Pues si eso quisieras calla, y verás tú como obra una purga que receto. No sé como lo dispongas, porque te empeñas en mucho. No hay una junta lustrosa esta tarde, en que concurren los Principes? no hay tramoyas para introducirme? . Sí. Pues si eso tu voz pregona, deja cuidados. . Qué intentas con la introdución que apoyas? Solamente darle cuerda para que se vuelva loca, que si yo una vez la tengo a tiro de mi persona, la haré morirse por ti, y la haré abrir tanta boca como Fraile convidado, y también si a ti te importa haré que crea, que es tuyo el retrato, cuando es cosa que a ti te parece, como un almirez a una mona. Pues vamos luego, porque ya va llegando la hora de que los Príncipes vengan a la academia. . Y me importa llegar antes que se empiece, que en comida tan sabrosa, mi lengua, manos, y pies han de ser la pepitoria. Con su gala los Príncipes vienen a este festejo de amor más sutil, y vestidos de su bizarría los corazones se llevantras sí. Tú vienes con poco gusto. Vengo a seguir el empeño; porque yo ya tengo dueño. Tu elección es caso justo. Después que a Leopoldo alti vi en la tabla retratado, aunque lo miro pintado lo temo celoso vivo; y si vengo a la asistencia de la justa con aliño, no es de la justa cariño, si del cariño violencia. Mas quien con plantas osadas se atreve a entrar? Un muchacho, que nunca ha tenido empacho, porque come mermeladas, pero pues sois tan discreta, ahora, sin interes, dadme señora los pies, Por qué razón? . Soy Poeta, y no os parezcan engaños, porque hago yo maravillas, que aunque me veis de rodillas, suelo andar en buenos paños. Levantad sin desconcierto de ingenio en tantos despojos. Esa cara, y esos ojos harán levantar a un muerto. A qué beneficio osado vivís sin pena, ni vicio? Yo no tengo beneficio, porque estoy desordenado, y Poeta en este lance, aunque soy un malandrín, aunque supiera latín siempre os hablara en romance. En caso tan sigular cómo pasáis? . Voy ganando. Yo suelo pasar andando, que así se suele pasar, y son en tal interes mis locuciones discretas, porque siempre los Poetas se valen más de los pies. Pues de donde con tal ley venís vos con fantasías? De Argel, y allí en cuatro días he hecho Poeta al Rey. Y como en tan breves horas los Poetas hacéis fiel? Allá señora en Argel con puro arrope de moras, pero con discursos sanos, y no a moco de candil, tengo un remedio gentil para tierra de Cristianos, porque mi remedio irga al que se mira neutral. El Poeta es natural. También ayuda una purga al que es un poco discreto; catorce libras de mi el le receto en un papel, y también después receto otra tanta miel rosada con gran cantidad de arrope, y todo revuelto al tope se hace una linda ensalada. Todo el paciente en tal medio lo traga en vaso penado; por cierto, que bien mirado ello es un dulce remedio. Y después con maravillas gruñir las tripas escucho, con que el Poeta obra mucho, y empieza con seguidillas. Estas son cosas probadas, obrando en metros diversos, que hace la purga hacer versos a banderas desplegadas. Y a que en pena tan injusta venís? . El alma adivina; me trajo Santa Rufina a ver curioso esta justa. Y si otro no me manda vuestra Alteza en lo que hay, seis días comí en Cabray, y después dormí en Holanda. De este retrato galán sabéis en penas iguales su dueño? . De originales, os diré yo más que Adan. Pues no es retrato sin yerro del de Holanda? . Os desvanece. por cierto, que se parece como una pulga a un cencerro. Lo dudo, cuando lo hallo que pica bien al overo. Es mucho que un pastelero, sepa picar a un caballo? Y si me escucháis a espacio, sabréis, que fue con su trato el dueño de ese retrato pastelero de palacio. En una, y otra demanda los pajes lo retrataron, y a sus plantas le gravaron, que era el Príncipe de Holanda, Y aún que dueño de Bearne fuera, y el retrato asombre, lástima es queráis a un hombre. que se pierde por la carne. Que llegáis vos a decirlo. sin verdad, yo considero. Si queréis al pastelero, andaréis de picadillo. Lo que vuestra lengua trata no sé yo como se ajuste, juzgo, que sois un embuste. No señora, Patarata. Mas los instrumentos graves, y a con sus voces acordes nos dan avisos concordes, que entran los Príncipes graves. Eurosinda reparte esplandores por su cielo de hermoso márfil, las estrellas, sus luces, sus rayos, piden a su cielo de hermoso rubí. Galán es el forastero, en gala aventaja a todos, y aunque el corazón no mueve, se me ha llevado los ojos. Qué bella está la Princesa, sus dos luceros hermosos, si me matan con sus rayos, vida me dan con su asombro. Proponga pues la Princesa. Diga desde el alto solio. Todos callen, y hable sola. Hable sola, y callen todos. Pide la academia cual es el medio para obligar las damas. más verdadero. De la academia el asunto, Príncipes del orbe heroicos. es pediros, que digáis en vuestros versos sonoros el medio más eficaz para obligar primoroso a una mujer a querer. Tu Imperio obedezco pronto. Yo te obedezco rendido. Y yo obedezco gustoso. Yo sol Príncipe de Holanda. Yo en Sicilia me corono. Yo a Saboya ufano rijo, y empuño su cetro de oro. Que soy Leopoldo sabed. Advertid, que soy Lidoro. Mirad, que soy Clodobeo. Y primero debo a todos. Y primero a todos debo. Y el primer lugar conozco. Preferirme. . Anteponerme. Que me deveis dar gustosos. Vos sois Príncipe de Holanda? Y con su Imperio espacioso vuestro esclavo, y no juzguéis que he tardado, que en mi abono estáis vos misma, que os tengo como en espejo lustroso clavada en el corazón, y en los suspiros que formo, artícula vuestra copia, con ecos mudos, y sordos: si en el corazón estoy nadie me sirve más pronto. Que bizarro es él de Holanda, del todo ahora conozco que aqueste retrato es falso. No aparta de mí los ojos, vive el Cielo que se inclina al Holandes cauteloso, bien Leopoldo me fingí de Holanda Príncipe. . Topo, El pícaro se la clava, bien podré con este hisopo dar al retrato color. Por la oposición que noto, Príncipes Nobles, yo misma escogeré entre vosotros el que empieze la academia con conceptos ingeniosos. Y así el de Sicilia diga, El pensamiento propongo, y después la probaré con razones en apoyo. Digo que para obligar en un empeño amoroso a su dama, a que le quiera, debe el galán con enojo darle celos con cordura, y lo pruebo de este modo; La que adora con favor, con celos tiene desvelos, y en tan injusto rigor, amor es fuego, y los celos son pólvora del amor. Siente el agravio perdida, llora su pena rendida, y haciendo de fina alarde, como se mira encendida con la pólvora más arde. El amor tan solamente, o el amor con circunstancia se distinguen de presente solo por un accidente, pero no por la sustancia. Fina la dama será, como el dolor sentirá; luego de aquí bien se infiere, que la que no ama querrá, si la que quiere más quiere. El de Sicilia quiere amar con celos, pero quien quiere darlos, ha de tenerlos. Buenas razones han sido, y el pensamiento ingenioso, pero diga el de Saboya. Ya os obedece Lidoro, y siento, que el mejor medio para obligar cariñoso alguna dama a querer, es no mostrarle a sus ojos el amor, sin despreciarla; pruebo así lo que propongo. Si amara al verse querida al galán la dama hermosa, fuera cosa conocida que no era amar cariñosa, si mostrarse agradecida. Su favor, no es ya favor, su rigor, no es ya rigor, su tormento, no es tormento, pues lo que parece amor, quedó en agradecimiento. Aborrecer con destreza, para obligar huye el labio, porque de amor la agudeza, no alcanzará una fineza solicitando un agravio. Esta mi lengua blasona, esto el corazón pregona, y así bueno me parece, ni el amor, que ensoberbece, ni el odio, que desazona. Este intenta lo premien, sin merecerlo, pues quiere, que lo amen sin su festejo. No me agrada esa sentencia, pues su mal fundado modo, ni obliga con el cariño, ni enciende con el enojo. Mi prima Aurora prosiga. Yo prosigo, y me acomodo a decir, que las finezas es el medio más heroico para obligar a una dama, así lo afirmo, y lo apoyo. Si el galán, con asistencia, finezas, sin grosería, hiciere, con advertencia de su dama, en cortesía merece conrrespondencia. Y no será agradecer, si llega a conrresponder, que finezas con aliño, no pueden gustosas ser, sino efectos del cariño. La dama se ve obligada, viendo tan fuerte ocasión, y si la dama es honrada, si sé ve solicitada, cumple con su obligación. Si igual pretende pagar, ha de pagar con amar; luego amor en sus llanezas, por medio para obligar puede tener las finezas. Sola Aurora discurre como entendida, y con muchos quilates se muestra fina. Bien discurrió la Duquesa con su ingento primoroso, y se arrima a mi sentir hasta ahora más que todos; pero Patarata diga. Yo digo, y así respondo. El medio para obligar a un empeño cariñoso, es cascarlemuchos palos a la que quiere muy poco. Y lo probáis? . Con un palo desde la planta a los hombros. A la que no adora fina con un garrote molerla, porque en tan grave mohína, no hay cosa para encenderla como un garrote de encina. Y si se queja a compas, cascarle más por detrás, porque como son golosas, siempre quieren cariñosas al hombre que les da más, Si no se llega a rendir, y llega voces a dar, luego a la boca acudir, porque llegará a sentir que no la dejen hablar. Después de tanto tropel, muere del golpe cruel, acaban sus fantasías, con que fina en cuatro di ella se muere por él. A las damas se trata con más caricia, que no quieren las damas ser sacudidas. Yo quiero decir ahora lo que siento sin rebozo en el asunto propuesto, para que después gustoso ponga fin a la academia el de Holanda. Yo conozco que el medio para obligar más eficaz, y más pronto, es amar fino el galán, y con suspiros airosos darlo a entender a su dama; así lo siento, y lo abono. Si suspira en la ocasión el galán mostrando el fuego, como ve su sinrazón el alma, se llega al fuego, y se enciende el corazón. Como mira que se queja, toda la dureza deja, porque en pena tan pesada no podrá ablandarla nada, sino la ablanda una queja. Si la amorosa pasión con igual cariño premia, obligada de razón; ama ya de obligación, lo que busca la academia. Luego es cosa conocida esta opinión defendida, pues al verse ya doblada, aunque ame de agradecida, adora ya de obligada. La opinión es muy firme de la Princesa, pues ha de hacer que adoren, aunque no quieran, El de Holanda diga ahora. Obedeceros es fuerza, pero siento el pronunciar mi sentir, pues vuestra Alteza tiene una opinión del todo a lo que yo siento opuesta: Y así pronuncia mi labio, aunque al pronunciar lo tema: que el mejor medio que hay para mover la dureza de una dama, es no adorarla, antes bien aborrecerla. Eso sentís? . Esto siento, y si os parece que yerra el discurso, con razones lo podéis ver en la prueba. No se prueba una locura de razones a la fuerza, dejad todos a ese loco, porque es donoso su tema. Sigue también Patarata, porque quiero, que tu tengas cuarto en palacio, que tienes genio contra mi tristeza. Que me hayan dejado solo, a quién esto sucediera? o sol estatua de bronce, o pirámide de peña, pues no siento estos desprecios; mas que mucho es no los sienta, si el puñal de sus razones, de fuego aceradas flechas, me hirieron el corazón, y con sus puntas sangrientas me tocaron en el alma, que razones como aquellas, matan con solo el amago, sin imprimir su violencia. Húrtele el lado a Eurosinda, que en aquesa pieza queda con la música, y me manda que tu amistad apetezca, para saber de tu pecho si es tu opinión firme, o tema, Si quieres doblarla, sigue aquesa opinión propuesta, que ella se vendrá al reciamo, y pescarás la torderla. Ya con la música viene a pasar por esta pieza para llegar a su cuarto, mas a se que trae pimienta; ponte sereno, y muy grave, que si aquí tú te serenas verás como escupe al Cielo, y le harás ver las estrellas. No hay tal para hacer querer como el modo de obligar, si la dama es tibia amar, y sino, no aborrecer. Atended bien, escuchad esos ecos que pronuncia la música, y sus razones os sacarán de la dudas. Siempre sigo mi opinión, y aunque vuestra esquivez junta quiso denantes moverme al desprecio de una injuria, eso es seguir mi opinión, pues al ver que mi fe pura mostraba aborrecimiento para que os quisiera, astuta os valéis de los desprecios, ved si es opinión segura. Yo despreciaros a vos? de qué modo? . Quién lo duda? dejando sola esta pieza, diciéndome, que es locura la opinión que sigo, haciendo que de la palestra Augusta los Príncipes se saliesen, y otras muchas cosas juntas, que el pecho siente agraviado, y calla la lengua muda. Si de esa liga le pones, se la pegas, como hay ubas. Sois Príncipe desatento, pues cuando todos procuran darme gusto, solo vos con una opinión injusta me desazonáis. . Si sigo esta opinión, que pronuncia el labio, la probaré con razones. . No con muchas. Queréis verlo. . Pues probadla. Escuchad, que ya artícula la lengua los fundamentos, pero advertid, que se fundan sobre la letra, que ahora la música con dulzura cantó defendiendo a voces vuestra opinión. . Ya os escucha el alma suspensa. . Así decía la letra muda. No hay tal para hacer querer como el modo de obligar, si la dama es tibia, amar, y si no, no aborrecer. Juzga mucha su belleza la que ser querida alcanza, con que a ser soberbia empieza, alejando la esperanza al paso de su tibieza. Mas se ha de ensoberbecer, pensando más merecer, y en lance tan singular, si hay tal medio para helar, no hay tal para hacer querer. Si aborrecen su hermosura, no confía en sí, y es blanda, y como no se asegura, no dura la dama dura, porque al instante se ablanda. Nada la llega a doblar como el mismo despreciar, y es fácil de conocer, porque es el aborrecer como el modo de obligar. Nunca adore con llaneza el galán, que será necio, porque mostrando tibieza, la más costosa fineza la pagan con un desprecio, Pero si llega a intentar que lo venga a despreciar, de aqueste modo ha de ser, si es fina, no aborrecer, si la dama es tibia, amar. Si su hermosura procura, no diga su amor, ni afirme, porque si así se asegura nunca llegará a ser firme la más constante hermosura. Si está ausente, suspirar, sino lo mira llorar, si ignora su amor querer, aborrecer si ha de amar, y sino, no aborrecer. Con mui falsos fundamentos. defendéis vuestra sentencia, pues aunque tan solamente un argumento tuviera contra ella, que yo callo, os hará bastante fuerza para dejarla. . Decidlo, que a sus falsas apariencias yo responderé. . A buen hijo, dale con esa rodeta. No decís que desde Holanda traído de mi belleza venís para festejarme? Nunca el corazón lo niega. Pues si aqueso decís, como queréis de aquesa manera obligarme? . Aborreciendo, porque adoraros ya fuera ser yo de vuestro sentir. En el pecho tengo un etna. Ponle siete varas más, que es tu liga como seda. Pues ya que con otras damas fuera aquesa opinión buena, para conmigo era falsa. Por qué causa? . Por aquesta. Vos decís, que el mejor medio. para que una mujer quiera, es él que la rinde. . Es cierto. Vos sabéis, que mi entereza lleva por firme opinión, que es el amar. . Cosa es cierta, Luego si el amor me rinde, con eso muy bien se prueba. que es el mejor medio amar. Vive Dios que nos aprieta, y si falta una botana, nuestros pellejos revientan. Aunque el amor fuera medio, para rendir a su Alteza, no era medio universal para todas, con que hyerra vuestro discurso, afirmando. lo que la lengua confiesa. Luego mal parecer tengo. Si tal dice es un badea, que mal parecer no tiene la que se mira tan bella. Que sentís bien, no lo dudo, mas yo tengo por más cierta mi opinión. . Para conmigo es aparente sentencia, y así regios por la mía, porque si os regís por ella, podrá ser que me rindáis. Si por ella me rigiera diera a entender a mi pecho, que hacía poca fineza mi amor, haciendo elección de un medio, que es tan sin fuerza. Sois un grosero. . Sor fino. Poco vuestro amor lo muestra. Yo confineza os estimo. Vos hacéis del amor tema. Pues veréis como algún día. Os adoraré yo ciega? No soy tan soberbio yo. Ni yo Príncipe tan necia. Pero yo sé. . Mas yo juzgo. Que si advertido. Si atenta. Prosigo. . Seréis un necio, y yo seré poco cuerda si en mi vida os adorare, Aunque esto dice la lengua, . tengo el corazón pasado de las amorosas flechas. Aunque pronuncia esto labio, el alma está medio muerta, que es una peña quien vive a vista de tal belleza. Pues adiós Príncipe, adiós Vaya con Dios vuestra Alteza. Y escogeréis otro medio para obligar con más verás, porque es un desvanecido quien lo que vos pensáis piensa. . Mucha esquivez he mostrado. Ah que bien corre la hyegua, ella te echará a rodar si tanto llegas la espuela
JORNADA SEGUNDA
Tanto Eurosino e ado Tanto te quiere a decorar oraciones. Cómo, di? . Porque está ciega. Temo que se fue enojada. Un poquito, mas tan tierna, que de Teruel los amantes fueron con ella dos dueñas. Buena fue tu introdución. Nada su pecho me niega, todo a mí me lo desbucha, y se pierde de carrera, porque yo voy dando soga, y ella va calando cuerda. ve con la on las dar y su prima la Du venir a tu cuarto, y he urdido, que te dijera, que las damas de palacio a los años de su Alteza hacen aquese festejo, y también, que con cautela te diga fingido, que sale de mí, que muy tierna te ama, estima, adora, y quiere, y que la fiesta celebra por tu causa, mira a quien se descubre la pobreta, ella piensa, que es enguila, pero yo le doy culebra. Todas con sus mascarillas vendrán, pero la Princesa se conoce en el sombrero, pues de cuatro plumas negras, hace rayos con que corre, alas hace con que vuela. Procura mostrarte siempre esquivo, que como cera la tienes, y así podrás hacer ya pavilo de ella, para no quedarte a escuras, prosiguiendo en encenderla. A los Príncipes espero, por cuya causa me pesa que la Pincesa esta noche haga aquesa diligencia; pero pues con mascarillas vendrán, podrá ser que entienda, que son damas de Eurosinda; pero los Príncipes llegan. Despídelos luego al punto, porque ya la hora se acerca de la fiesta, y sus visitas no traen muy buena receta. Perdónenos la tardanza en esta ocasión su Alteza, si acaso no hemos cumplido con deuda tan manifiesta, pues como atlante de Holanda, que los dos Polos sustenta sujeta nuestro albedrío. Nuestro albedrío sujeta. Príncipes de los dos orbes, columnas del mundo excelsas, no pueden caber defectos, si son voluntad las deudas; y así no faltáis conmigo, pues como suele en la esfera moverse el astro lucido por veloz inteligencia, así mi albedrío siempre se mira de vuestra idea pendiente. . Y aunque yo vengo a festejar la Princesa, es empeño inexcusable. Y cuando yo la merezca, desisto si es vuestro gusto. Ahora llegó su Alteza a los tapices, que cubren las paredes con su seda, y nos escucha, bien puedo darle a entender que no es tema la opinión que sigo. . Falso el de Sicilia se muestra, pues su mérito pospone a la amistad, con que aprecia al de Holanda; mas les debo a las constantes finezas del Príncipe de Saboya, pues procura con firmeza excusarse en el empeño con las razones que alega. Mira que escucha Eurosinda, Ya noté que entre las telas está de aquesos tapices. Ahora un cabe le pega antes que escurra la bola, porque si ahora le aciertas no sé te puede escapar, aunque está entre buenas piezas. Príncipes nobles, y heroicos, aunque sigo aquesta empresa, es solo por el empeño, porque los vasallos fuerzan en Hlanda, a que se case su Príncipe, pues me ordenan que junte el cetro de Holanda con el laurel de Bohemia. Yo aunque vine por la fama que tuve de la Princesa, no la adoro, que el amor, que sin ver la dama empieza, es odio al ver el sujeto, si acaso la dama es fea. Yo así, que consideré a la Princesa muy bella, mirándola cara a cara. advertí, que su belleza, tan poca es, tan sin aliño, que no pasa de la esfera. de una hermosura común. Lo mismo noté yo al verla, y que lo ha menester todo. Pues tan pobre es la Princesa, que todo lo ha menester? Y así no puedo hacer fuerza. al corazón, que informado de su ingratitud soberbia, no teme osado las puntas de aquellas que arroja flechas. Yo la aborrezco infinito, y aunque sospecha su Alteza, que lo que pronuncia el labio, no es opinión, si no tema, está engañada, que yo, si del empeño pudiera desistir, lo hiciera luego, que la voluntad violenta, como se mira empeñada, hace arbitrio, lo que es fuerza. Échale de esas ventosas, mira que apuntan virvelas, mas no las calientes tanto, porque la abrasas con ellas. No estoy en mí de dolor; que confiese su soberbia, que me aborrece! he de hacer, que su crecida tibieza se vuelva toda en cariño, y conocerá la prueba del medio para obligar. Dale más, que ya patea. Este loco he de ver puesto a mis pies. . Pon más pimienta, que ya tiene bravo clavo. Vuestra amistad esto advierta. Que aquesto confiese un necio, y que yo por él me muera! La purga va obrando ya, si acaso tú le recetas. seis onzas más de jarabe, con privarle que no beba, tendrá grande sed de verte, y si acaso esto no pega, sangrarla con un desprecio, porque ella es mujer de vena. Por la música, y mis damas voy luego, que aunque nos vean los Príncipes, no hay peligro de conocer la cautela viniendo con mascarillas. . Qué brava va la Princesa; si esos emplastos le pones la verás hecha una dueña, y ha de estar en cuatro días hecho un higo, como hay brevas. Hoy las damas de palacio con regocijo celebran el día en que cumple años Eurosinda, y lo festejan con música, y un sarao, y si no engaña la idea, acá la música viene, pues en las vecinas piezas se escuchan sus ecos. . Bueno, mira señor que ya llega, ponte muy tieso, y mui grave, muestra que al verla te emperra si llegares a mirarla, y advierte a las plumas negras, porque aquella es Eurosinda. Ya retirarnos esfuerza. Ya déjaros es forzoso. Ahora vuestra asistencia me importa más. . que gran yerro; porque señor no los dejas, eres Notario, que buscas testigos para tu agencia? h , De Eurosinda los años celebran las damas gustosas con gozo feliz, y en garzotas, penachos, y galas se llevan las flores de todo el Abril. s. Qué briosas vienen todas. Que airosas vienen las damas. Un rayo son sí se mueven, un viento son cuando danzan; pero la Princesa a todas en gala les aventaja, que es estrella si se mueve, y es lucero si se para, Con las plumas el sombrero adornan luceros, y estrellas llevando tras sí, pues con ellas no corren, que vuelan hasta la nieve del bello zafir. Ahora danzar es fuerza. No se excusa hacer mudanzas, dile ahora cuatro cosas, que ella te pone en la danza; conocela por las plumas, dile mucho, que tapada con las plumas, con que vuela, te da la Princesa alas, Mas mira como la coges, llega muy bien a apretarla, no te quedes con las plumas, por que irá tú fe volada. De sus plantas, que pisan la alfombra, sale una mata de bello jazmín, porque son azucenas nevadas, que hacen de plata bruñido buril, Y a el Príncipe de Sicilia de danzar ligero acaba, ahora me toca a mí. Si la vieres destapada pon la cara de vinagre, y la dejarás mui agría, porque romperás con ella si tratas de requebrarla. Esta es la Duquesa Aurora, bien la ha conocido el alma, pues con su mano de nieve mas me hiela, que me abrasa, Ahora con la Princesa he de danzar, ya con gala me da la mano. Señora suspended tan vivas ascuas, mirad, que me abraso ya, pues de vuestra mano blanca salen centellas de nieve, que el corazón me traspasan, Quién diga, que no os adoro es constante, que se engaña, y aún yo mismo si lo digo, porque está tan ciega el alma, que ofuscada en el amor, como tanto os idolatra, no sabe con que explicar el cariño que la arrastra; y así aunque yo mismo diga, que os aborrezco en mis ansi proseguid, si me queréis, no perdáis las esperanzas. Y diréis ahora aqueso? Ahora son las mudanzas. Quitadme aquesa mujer que al verla se sobresalta el corazón, todo es odio, todo es pena, todo es ansias, disgusto todo, y enfado, si acaso llego a mirarla. Pues vos mismo no dijisteis, que me adorabáis? . Es clara la razón, porque lo dije; llégate acá Patarata, no me dijiste villano, que las de las plumas blancas eran damas de Eurosinda, y que aquella, que llevaba las plumas negras Aurora? confiesa villano acaba. Así te lo dije; pero has de saber, que fue traza de la; con señas me avisa la Princesa, cuando calla, que no diga, que dispuso su Alteza el sarao. . Acaba, no me niegues la verdad, porque te quitaré el alma. Digo, que Aurora dispuso, que acá viniesen las damas, y si la Princesa vino, tuvo lugar disfrazada, haciendo el puesto de alguna de las damas. . Bien disfraza mi arrojo, pues con aqueso jamás a saber alcanzan, que yo hice como Princesa lo que emprendí como dama. Si es disposición de Aurora mi queja está mal fundada, porqueño es queja laqueja, si pasa a ser alabanza. Si se queja el pecho ingrato, la voz sola fue la causa, pues artículó sus ecos sin ser primero informada del sentir del corazón, porque si de él se informara, viera en él a Aurora viva, que a soplos de mi esperanza aliento da al corazón, a mi muerte, y vida al alma. Jesús, que boca que abre, otra unción más, que echa babas como mula de Doctor. Esto solo me faltaba, sobre aborrecerme celos. San Cosme, y que tal laparas, si tú le das otra untura sudará con gran pujanza; pero acudirás al punto a quererla, que sudada será fácil de torcer, esto es claro como el agua. Pues el de Holanda confiesa, . que me adora aquí a las claras, admitiré el galanteo. Estoy al verlo abrasada, que por Aurora me deje. Echa seña, que ya salta. Pues que miráis en Aurora, para que mis esperanzas queden al cierzo marchitas de vuestros desprecios. . Basta que os diga, que el corazón se abrasa en las vivas llamas de amor de Aurora, sin que os diga ahora las causas de inclinarme a su hermosura, aunque veo, que son tantas, que pesa más una sola, que la corona dorada, con que ceñirá Bohemia al que vuestra mano blanca mereciere; y si yo acaso, la voluntad engañada de las negras plumas, dije que constante os adoraba, ahora digo de nuevo, que ya acá dentro del alma, del corazón, y del pecho sentí alguna repugnancia al pronunciarlo la lengua, que aunque yo le pronunciaba, solo tuvieron de mías el llegar a ser formadas de mi boca; sin tener otro ser que el de palabras, no de razones, porque son dos cosas muy contrarias las palabras, y razones, si se atiende al ser que alcanzan, que aquellas forma la lengua, y estas la lengua, y el alma, Que esto sufra, y que lo adore, que esto escuche, y que turbada, gira sol lo siga atenta, dándome con sombras pardas! estoy loca. . Quién lo niega, ya tiene en la boca llagas, el mal tiene ya en la boca, pero qué mujer se escapa? Que así me dejáis? . Es fuerza. Y mi amor? . No me avasalla, Tan poco merezco yo? Haced que os lo diga el alma, Está ciega. . Bien decís, ciega está de enamorada. Ese amor dejad. . No puedo, porque está el alma forzada a querer a la Duquesa, Según eso, vuestras ansias amorosas son por fuerza, no amáis libre, cosa es clara. Así lo juzgad vos misma. Pues de eso el discurso saca, que no amáis perfectamente, si la voluntad se arrastra, que el amor para ser firme, ha de obrarlo libre el alma. Bien decís, yo adoro a Aurora, la voluntad arrastrada, más juzgad, que lo violento, tan solamente lo causa la. Duquesa, a quien adoro, porque es su hermosura tanta, que mirando su belleza, antes que al pecho informara, arcaduz del corazón, la voluntad ofuscada, se dejó llevar rendida; y así juzgad en mis ansias, que mi amor sobra en lo grande, lo que en lo perfecto falta. Jesús, que bravo botón; un ojal de siete varas ha menester. . Proseguid, cantad luego, que ya basta el sufrir impertinencias de este loco, que las causa. Nadie se puede ofender de este modo de obligar, amar por hacer amar, querer por hacer querer. Y vos no seguís? . No sigo, porque como van las damas cubiertas con mascarillas, la vista toda turbada ignora si Aurora va con las de las plumas blancas, y así me pongo a peligro si os siguiere de enojarla, porque puede ser, que Aurora con vuestras damas no vaya, y es dar la veneración, que le debo avuestras damas, y aunque todos piensan, que por vuestra belleza ufana vine, es engaño común, pues la voluntad llevada por Aurora, me arrastró a Bohemia desde Holanda. Esto más es que desprecio. Que valiente cuchillada, de ojal le puede servir, y aquí aquel botón encaja. Ya los Príncipes os siguen, si vuestro amor no me arrastra para que queréis que os siga mi voluntad violentada? Pues si os merezco tan poco Dios os guarde. Con él vaya vuestra Alteza, qué es aquesto? cuando estoy ardiendo en llamas del amor de la Princesa, como puede mi esperanza ocultar ardor tan vivo que me enciende, y que me abrasa? O sor mármol, o peñasco; que estatua de bronce helada no se ablandara al oírla, a su amor no se ablandara? Corazón, mas que una peña duro, y fuerte te señalas, pues ella al agua se rinde, y en ti un suspiro no labra. Direle mi inclinación, mi amor le diré, y mis ansias, direle que fue fingido, direle. No digas nada, que traigo nuevos despachos para que luego te partas a sajarle seis ventosas. Ay amigo Patarata que quiero mucho a Eurofinda, y cada desprecio al alma me llega, como podré ajustarme a lo que mandas? Solo sabiendo que intenta rendirte, y si te declaras, después que seas pescado te dejará de las gañas. Ahora tiene dispuesto, que acá en palacio palabra corra de que se soltaron las fieras, con que arriesgada tu persona a socorrerla ira, si acaso la amas; advierte, que solo quiere saber si la quieres para sajarte a vivo desprecio. Señor no hay si no sajarla, porque una loca de amor con las ventosas es sana. Y si en peligro la veo? Echar piernas, y dejarla. Y si un oso la ultrajare? Dejarla que sea osada. Y si la mata un león? Enterrarla tu mañana. Si llora? . Reirte tú, porque desde Transilvanía no vienes a buscar fieras, que de hermosas vas a caza. No podré si llora hacer una vileza tan clara. Que más dijera una dueña con cuatro varas de barba. A la Princesa socorro que se han soltado las fieras, y andan por palacio todas, y peligra la Princesa. Siempre en palacio las ay, porque nunca faltan dueñas. Voy a socorrerla luego, porque el alma no sosiega, que si peligra Eurosinda, el alma tengo yo muerta. Si acaso tú la socorres aumentas su fortaleza, pues haces que no se entregue, si tratas de socorrerla. No he de poder reducirme. Eres por Dios un vabera. No he de poder más conmigo porque está el alma violenta. Dale bien que merecer en esta ocasión. . No llega el alma a saber el modo, para que por mi merezca. Con catorce disciplinas haces que una santa sea. Todos al jardín acudan, porque en su verde floresta la Princesa dos claveles convierte en blancas mosquetas. Déjame ya Patarara, porque estás voces me alientan, me incitan, muelen, y llaman, a que mi espada soberbia emplee su ardiente filo en favor de la Princesa. Estás loco, estás sin juicio, no sabes que esto lo ordena para que tú te declares, y después darte culebra? No es fingido vive Dios, que acá dentro de la idea, desde el corazón al pecho me dice una muda lengua, mira que Eurosinda muere para que mi muerte advierta; no puedo ya dilatarlo. Pues vete ya de carrera como una media de pelo, si así te doy por la hebra. Así pretendo probarlo en esta amaca de perlas, a quien con flores de plata la hermosa mosqueta nieva; he de fingir un desmayo, a cuya fuerte vehemencia por señales exteriores veré si el Príncipe llega a querer, o aborrecerme, si el suyo es odio, o es tema. Príncipe ilustre de Holanda como pierdes esta empresa, eres cobarde sin duda, pues una fiera te altera. Yo he de salir vive Dios. No has de salir de esta puerta sin que me pases el pecho. Ea deja aquesa flema. Digo que no has de salir, que es de gente poco cuerda el salirse. . Qué locura. Por un trago de agua fresca quieres frío, y calentura de un desprecio que te espera? Cruel eres, pues me impides el que yo salga, que peñas viendo a Eurosinda sin alma del centro no se movieran? Mira sus dos bellos ojos, que engastan dos finas perlas, arrojar flechas de aljófar que el corazón me penetran. Sus dos rosas en el rostro me llaman con mudas lenguas, como pidiendo justicia repugnando ser mosquetas. Mira el clavel de la boca como del lirio se queja, pues pretende introducirse en la batalla sangrienta. Cuerpo de Dios con las flores, ahora no es tiempo de ellas. Pues si de flores no es tiempo, seralo de que yo vea a Eurosinda más cercana. No has de hacer tal, porque llevas mil cosas de contrabando. Por Dios, que si no me dejas te quite la vida infame, apártate de la puerta, déjame entrar. . Entra acaba; esto es entrarse por fuerza, y excusarme yo también de que me dé alguna selpa, cuando no busco jubón. Vive el Cielo que está muerta, biendo muestran sus mejillas, pues nevadas azucenas se quejan de su carmín, que en el peligro las deja. Tan muerta es como mi padre, que fue por Dios buena testa, y cajaleando a compás lo llevan en la Cuarisma. Pues no me dijiste infame, que era por solo hacer prueba de mi amor? . Así lo dijo esta encantada Princesa, pero ella se bebió el juicio, y se quedó hecha una cesta. Desesperarme es muy poco. Pues yo quiero darte cuerda, mírala si tiene pulso. Sin alma está. . No la tientas? pero tendrá poco pulso una cosa tan muñeca. Por una vasija de agua ve luego, que como es fresea hará que vuelva al instante. otra cosa se más buena para hacer que vuelva luego. Ignoro lo que eso sea. Si le damos una posta haremos que apriesa vuelva. Haz lo que te digo al punto que a poco que te detengas habrás de hacer en los dos una misma diligencia. Pues voy señor, y sin postas vendré como una escopeta. . Pues puedo hablar, no soy hombre, soy dura peña, y excelsa, que desde su centro oscuro es puntal de las estrellas. Móvil de mi voluntad, de mi amor lucida esfera, de mi vida norte fijo. En esto la lengua yerra, porque fuera desdecir de la natural tarea estar el alma sin vida, que es la parte más perfecta, y vivir el cuerpo entonces sin la vida, que lo alienta. Eurosinda, dueño mío, gran Princesa de Bobemia. Quién me nombra, que es aquesto? Errose, errose la lengua, Aurora quise decir, o mal hayan mis potencias, pues engañaron al alma, que en su voluntad suspensa pensó tratar con Aurora, no es mucho porque anda ciega. Mal haya el acento infame, pues sus ecos se revelan al libre imperio del alma, y no prestan obediencia al cetro del corazón, que si por él se rigieran, antes dieran con Aurora; que en su máquina pequeña, es dueño, es Reina, es señora, es rayo, es arpón, es flecha, y pues vuestra Alteza sabe que no pronunció la lengua lo que dictó el corazón, guarde Dios a vuestra Alteza. Príncipe esperad. . No puedo, porque aquí estoy con violencia. Qué importa que estéis violento? Suele en el aire la piedra, si la dejan, correr libre a su centro, que violenta en los espejos del aire aperece; haced vos cuenta que soy con vos piedra dura, cuya crecida dureza el centro de Aurora busca, porque juzgo acá en mi ides que vos me queréis subir de vuestro amor a la esfera, para dar mayor caída; bien me entendéis, no sois necia. Un amoroso encanto, canto, y mi voz bosqueja, queja, que llega al Cielo, helo so las prisiones de una pena. Que bien sueña a los oídos, tono, voz, música, y letra. Yo la dispuse, y me huelgo. Jesús, y que mal me sueña, Bien, y mal es imposible. Yo haré que posible fea. De qué modo? . De este modo; El cuerdo artífice llega a una imagen de oro falso, y como la ve tan bella oponerse al sol brillante, cuando hermosa reflejea, alaba su perfección, y sube hasta las estrellas su fineza; pero luego, valiéndose de la piedra, toca el metal, y conoce su falsedad, y apariencia. Así yo, escuché la voz, alabaron tono, y letra los oídos; mas después, las exteriores potencias llamaron al corazón, y con mucha diligencia, como artífice del alma, hizo examen con la piedra de la atención, y noto, que aunque parecéis muy tierna por lo exterior, sois un áspid, un bronce, un yerro, una peña. Y así señora advertid, que acá en mi persona misma sueña bien a los oídos lo que al corazón mal sueña. El agua tienes aquí. Villano, como en tal pena me engañaste, no dijiste, que era Aurora la Duquesa la que estaba desmayada, y en peligro de las fieras? poco objeto a mi furor eres, el alma se quema, ay Patarata no puedo sufrir más, vivas centellas me pasan el corazón, y su incendio me atormenta; ya el sufrimiento se acaba, en el pecho soy un etna. Aquí hay agua. . Es poca cosa. Iremos a una taberna. Ardiendo estoy. . Sufre, y calla, y al descuido a la Princesa puedes mirar, que es un sol. Todo aqueso es echar leña para que crezca mi fuego. Mojar un poco la yesca, y no prenderá. . Imposible es que la llama no prenda. Así hacen los Alguaciles si no hay mosca. . Fuerte pena! Señor Príncipe de Holanda, ya que las sonoras cuerdas, ni os divierten los sentidos, ni el corazón os alegran, pues estamos aquí solos, que me escucharáis quisiera, (con que pesar lo pronuncio) de sola mi voz la letra que en la música dispuse. Decid, y aquesta licencia deberéis a lo curioso, no a mi atención se le deba. Tu Patarata entre tanto cuidaras de aquesa puerta no venga Aurora, que temo enojarla, y no quisiera que se enojase por cosa que tan poco me aprovecha, Qué desprecio, qué desaire! Ella lleva brava selpa, bien podrá hacer guardapies, basquiñas, cota, y pollera. Un amoroso encanto, canto, y mi voz bosqueja, queja que llega al Cielo, hielo son las prisiones de una pena. Oye Príncipe ilustre, lustre de Holanda entera, era corta fortuna, una sola corona a tu grandeza. Que Eurosinda soy sabes, ves también que en Bohemia a mi mano se aspira, pira, no siendo tuya, luego sea. Que eres Príncipe ingrato, A grato el Cielo vozea, ea quered con gala, (pena, a la que por vos muere, y por vos Que venís desde Holanda, anda fama ligera, a pretender mi mano, a no quererme, que mejor dijeran, El corazón sus alas las sube a las estrellas, ellas confiesen solas (nas. las angustias, cuidados, y mis pe- Mírete con cuidado, hado que me atropella, ella es mi suerte ingrata, ata el dolor las ansias, que me cerea Ya la lengua repara, para proseguir tiembla, la pena es ya despojos, (. ojos habladvosotros, que sois lenguas. Patarata. . Qué me dices? Que mires a la Princesa, como aquel lienzo de Holanda lo llena todo de perlas; a que peña no ablandara, que bronce no se moviera viendo correr de sus ojos dos finísimas estrellas? Yo me quemo, yo me abraso. Voy a la Partoquia apriesa, y tocaremos a fuego. No es fuego amigo que llega al cuerpo, el alma me abrasa. Cautar un Requien aternam, que alivia el fuego del alma. Nunca mi remedio aciertas. Pues para cien Misas dame, y luego en la Madalena te lo dirán hoy de Misas. Cómo no tienes mi pena, bien Patarata te burlas: mas dime, aquella belleza no es digna de ser querida? quien fuera de tal dureza, que a dos lágrimas de aljófar rebelde no le rindiera? Todo un ejército entero, porque si eso verdad fuera, llevarla allá a Portugal, y que llorara en la guerra. No puedo sufrirte ya. Pues ahora, aunque no quieras, has de sufrirme, que soy criado. . El alma revienta. Ya tengo yo seis botanas. Ay que me muero. . Paciencia. No puedo ya detenerme, porque apuro a la Princesa; yo manifiesto mi pecho. Te pierdes si manifiestas, que es la Princesa Aduana, y tu amor para con ella es ropa de contra bando, y te has de quedar en ierga. En pena el alma se abrasa. Si la tuya es alma en pena, sacarla con un conjuro, y si acaso tiene deudas, págalas como pariente para que descanso tenga. Ay que me vuelvo veneno. Ay que me vuelvo jalea. No puedo más Patarata, yo llego ya. . Considera, que es la Princesa un lagarto, una mona, una culebra, con unos ojos de gato, con un ócico de dueña, una cara de capón, y calva de la cabeza, que si haces aprensión de esto allá dentro de tu idea, querrás más la Reina loca, que a cuarenta mil Princesas. Ya mi pecho le declaro, no puedo encubrir el etna que arde dentro de mi pecho, porque el corazón me alienta con sus alas. . Si eso haces desde aquesta ocasión vuelas, Si yo señora remiso no atento a vuestra belleza. Mira que te pierdes, calla, Desprecié acaso finezas no haciendo la estimación, que se debe a una Princesa, ha sido. . Cuerpo de Dios, refrena más esa lengua, porque es en día de purga beber agua de canela. Pues por qué ha sido, decid? Valdreme de la cautela, ya corazón has errado, pues corazón a la enmienda. La misma soy, no temáis. Fue, porque de la Duquesa la belleza estimo mucho, que ahora por esa pieza viene espaciando esplendores, bien lo dicen sus estrellas, porque cómo suele el sol por entre las nubes negras antes que salga a lucir dar de su salida muestra. Así la Duquesa Aurora, que es el sol de aquesta esfera, con sus rayos, y luceros por sus celajes de perlas le dice a mi corazón, que sale con luces bellas; y así de aquí me saldré luego con vuestra licencia, porque no quiero que Aurora, ni aún una leve sospecha tenga de que yo divierto mi amor a otra parte. . Penas cómo me tenéis con vida? Ya la Duquesa se acerca, advertid cuanto la estimo, quede con Dios vuestra Alteza. Jesús que bravo blotón, que lindos polvos que lleva, a mí me arrastren seis mulas. si aqueste parche no sueva. Patarata estoy sin alma, porque el amor se sujeta. Pues sepa, que aquese necio me ha dicho, que es una fea, que tiene muy malos dientes, la cintura de estaferma, mal brío, cuerpo de saco, y que tendrá malas piernas. Todo eso dice de mí? Aquí me quedé a la puerta para escucharla. Aquí puedo. escuchar a la Princesa. Aún dice más. . qué te ha dicho? Suele decir, que eres tuerta, y llevas ojo postizo, y que quiere andar a drechas, que aquese pelo no es tuyo hoy me dijo, y que al ser fea, para ser esposa suya tienes muy mala cabeza. Salgo en la pena neutral a ver a mi prima. . Aurora. Por que tu hermosura llora? Unos celos lloro, un mal. Tu agraviada, tu celosa? Y eres tú la causa prima. Tu gran dolor me lastima. El cuidado no reposa. Pues por mí celos? . Por ti, porque Leopoldo te quiere, porque él mismo por ti muere, y yo no vivo, ay de mí! Aquese Leopoldo ingrato, ese Príncipe grosero, al escucharlo me muero, nunca me agradó su trato. Altivo es, sobre ser grave, de ser Príncipe desdice, todo lo que sabe dice, mas dice de lo que sabe. Es con exceso atrevido, todo le causa desprecio, y sobre ser más que necio, presume ser entendido. Mi pesar prima no es poco, y no es mucho el juicio pierda, pues déjara de ser cuerda si tuviera amor a un loco. Yo adorarlo, antes el sol en esa celeste cumbre verá apagada la lumbre de su lucido farol. Aunque esto digo, otro siento, aunque esto escucho, otro lloro, aunque lo encubro, lo adoro, ay que pesar, qué tormento! Por no escuchar más agravios me voy poco satisfecho, Pues me dijiste tu pecho, escucha Aurora mis labios. Nunca al Príncipe Holandes de corazón he querido, todo mi amor es fingido, nada verdadero es. Yo he juzgado, que me adora, y me lo encubre de fino, bien que me adora imagino, pues de tierno gime; y llora, Al Príncipe Siciliano estimo, adoro, y venero, a este por mi esposo quiero, a este le daré la mano. Y aunque el Parlameto todo no quiere que Clodobeo sea esposo a mi deseo, podrá ser de aqueste modo. Cuando el nocturno topacio de luz al vago elemento, con el Príncipe, hay tormento! me ausentaré de palacio. A este ingrato, que blasona, he de castigar así, que nunca Bohemia a mí me negar a la Corona. Todo esto ha sido fingir, por que este se lo dirá, y a la noche esperará, cuando yo haya de salir. No es prima de una Princesa de amor ese desacato, por que Eurofinda el recato, mas que el amor interesa. No me entiendes, yen conmigo, y te diré lo que intento. Ya te sigue el sufrimiento. Conmigo ven. . Voy contigo. Dónde hallaré a mi señor, para darle aviso de esto, porque si no, me dará si lo callo pan de perro? Avisarele, que quiere. irse la Princesa; intento, aunque sea azar con ella, hacer que le sea encuentro; pero ya viene. . Qué esperas? Solo a ti señor espero. Pues qué tienes, qué decirme? Mil cosas, que decir tengo, que la Princesa se ausenta, que esta noche lo ha dispuesto, que se va por esta puerta, que el Príncipe Clodobeo quiere llevarla a Sicilia, que lo hace su esposo luego, que a ti te desprecia mucho; que la esperes aquí dentro, que esperes en esta puerta, que lo mates como a un puerco, que lo estimará Bobemia, que yo me salgo al momento, que me espera la Princesa, que le revienta el pellejo, y ha menester la botana, y si no seré yo un cuero. Espérate Patarata. Vive el Cielo, que no espero. Pues por qué? No soy Judio. Él se salió, y yo me quedo ardiendo en las vivas llamas de estos encendidos celos. Irse Eurosinda esta noche a Sicilia, qué es aquesto? Cómo no me arranco el alma? como mis vivos accentos no llenan de mis suspiros del aire los vagos ecos? Pues ya las sombras al sol han vencido, y pues ya negro el viento monstro de horrores, es etiope elemento, esperaré en esta parte, y a este traidor Clodobeo quitaré la vida infame, y arrancaré de su pecho el amor de la Princesa; todo palacio en sosiego está, y en toda esta pieza no parece luz, sospecho que luego saldrá Eurosinda, y empezará mi tormento. Pero ya de la Princesa abren el cuarto, aquí muero, pues quiere el alma partirse de mi corazón tan lejos. Pise quedo vuestra Alteza no nos oigan, hoy logremos estos tan justos designios, estos tan castos deseos. Que ya del puente a la entrada que baña el Zanáis soberbio, dos caballos hay bizarros, que excediendo al manso viento, nieve son, si los alagan, y si los pican, son fuego. Aquí Segismundo está, . y me ha de cascar sospecho, que el Príncipe soy juzgando, descubrírselo no puedo, porque está aquí la Princesa, y nos escucha. . Ya tengo Príncipe, mi bien, señor, atlante del noble Imperio de Sicilia, mi esperanza mas allá de los deseos, y así con vuestra Corona. Mujer de Dios, que soy lego, y sin orden van mis cosas. De Eurosinda son los ecos. Vos me daréis la Corona, yo a vos de Bohemia el cetro. Yo Corona no he de daros. Por qué? . Porque yo no ordeno, Camina mi bien, que ya con gran cariño deseo verme de Palacio fuera sin zozobra. . Quiera el Cielo, que luego esté vuestra Alteza, pues la salida tenemos tan segura. . No está mucho, porque Argos de amor mi pecho guarda esta puerta. No hay guarda para un Imperio supremo. Soy el Príncipe de Holanda. Soy de Sicilia el portento. Es mi espada un rayo vivo. Una centella es mi acero. Aún me ha de romper los cascos; sino digo lo que ha hecho . esta embustera Princesa, porque como yo hago el puesto del de Sicilia, sospecha que soy el Príncipe mismo: dejadme pasar al punto. No pasaréis, si primero no sois iras de mí estoque, y de su filo escarmiento. Si no me dejáis pasar, vive Dios, que hecharé el resto, y os echaréis en baraja. Tengo yo muy poco miedo, y brujuleando una espada a vuestras iras no temo. Que esta Princesa engañosa me ponga en estos enredos! Que un Príncipe como vos, que empuña el dorado cetro en el Reino Siciliano, ultraje el decoro Regio, profanando los sagrados de palacio; vive el Cielo, que vuestra acción es villana, y que es proceder ajeno de la Real sangre, esmaltada con el Siciliano Imperio. Y vuestra Alteza, que es sol, en cuyo lucido espejo se mira toda Bohemia, como empaña así lo terso con un borrón tan infame, qué sale de vuestro pecho? Cómo sufro esta ignorancia? como a suspiros el viento no lo hielo con mi pena, y con mi aliento lo enciendo. Poco es comerme las manos. El Príncipe viene hambriento, poco con las manos tiene, que es de un menudo lo bueno, que es Sabado no se acuerda, pero que tiene sospecho, revolviendo las materias, los Sabados privilegio, y puede comer menudos su Alteza con sus dineros. Saque su Alteza la espada. El sacarla es chico pleito, sino levantáis las voces. Pues reñid, y con silencio, que después haré notorio vuestro grande atrevimiento en palacio; no reñís? Esperad, que ya me pruebo. Como está aquí la Princesa . a Segismundo no puedo avisarle la verdad. Que sois un cobarde entiendo, Cuerpo de Dios, que soy yo, Poco lo muestra el acero. Conóceme vive Cristo. Mal puedo por vuestros hechos. Todo aquesto es Patarata, veremos si con aquesto me conocerá. . Villano, intento pasarte el pecho, que un Príncipe tan cobarde, no es digno del laurel Regio. Pues no me puedo librar, ni aquí declararme puedo, con la espada determino defenderme. . Ya en el riesgo estáis de perder la vida. Reñid, que ya me defiendo, Por una bujía voy, que ya de tu sentimiento inferí, que es fino ahora, será objeto a mis desprecios. . Con voces he de librarme. Para un Príncipe supremo, el vuestro es poco valor. Es que es grande mi miedo. Cortesanos de palacio a la pieza acudid luego del cuarto de la Princesa. Bien ostenta vuestro pecho el poco valor; vos sois de Sicilia Atlante excelso? vos Príncipe de Sicilia? Soy hijo de un tabernero, que en Madrid bautiza el vino al lado del Buen Suceso, y Príncipe me hacéis vos? Vive Dios que no os entiendo, Vos, señora, no temáis, que aunque todo el Parlamento quejoso os culpe la acción, advertid, que yo os defiendo, e nunca os declaré lo tierno de mi amor; por vos señora gimo, lloro, muero, y peno. Señor Príncipe, qué miro? señor Príncipe, qué es esto? sin color el rostro todos, sin sus bamas los aceros; grandes voces en palacio, todo palacio revuelto, vos turbado, yo confusa, oyendo del labio vuestro al salir: por vos señora gimo, lloro, muero, y peno? Qué puedo inferir de aquí? inferid de aquí vos mismo lo que yo puedo inferir, que si inferis verdadero, viendo a Porcia de camino, infiriréis con acierto, que la sacáis de palacio de Holanda al remoto Reino. Sin alma al verla he quedado; que esto me suceda, el Cielo me abrase con sus volcanes. A la Princesa obedezco, diciendo, que con engaños de aquí me sacaba. . Temo, que me ha de moler mi amo. Y tu Porcia, como has hecho una acción, que es tan villana, y contra el honor? . No puedo negar, que el Príncipe ha sido mi amante. . Qué escucho Cielos! Y que contrastada siempre de su amor, rendí mi pecho; que es Prínepe, ya sabéis; que es poderoso, es muy cierto; que soy mujer, no es oscuro; que me rendí, ya confieso; que me quiere bien, no ignoro: todo aquesto es lo de menos, confiderad lo de más, y a vuestra piedad apelo. Qué confusión es aquesta? yo querer a Porcia? muerto me tienen tantos engaños. Son esos atrevimientos dignos de sangre Real? En la lengua no hay acentos para poder explicar de vuestro crimen lo feo. He quedado tan sin alma, que no podré responderos, porque no tengo valor para articular los ecos; solo daré por disculpa lo que a vos señora os quiero, que es tanto, que si intentara el corazón con sus fueros introducir otro amor en la esfera de mi pecho, me lo arráncara yo mismo, y no viviera violento sin él, porque fuerais vos mi corazón; esto es cierto. Sois falso. . Aqueso es falso. Tibio sois. . Díralo el tiempo, que si desdeñoso siempre os traté a vos, era empeño, y solo fueron desdenes nacidos de un fingimiento. Yo lo mismo os digo a vos, y aquí de paso os advierto, que si algunas ocasiones cariñosa os traté, fueron, no efectos de mi cariño, si del fingimiento efectos. Qué brava vuelta le pega. Sufra ahora mis desprecios. Que mal hice en declararme. Patarata, qué es aquesto? Que puede ser, patarata. Conoced lo que os venero. No os canséis Príncipe ya. Y si rendiros intento? Ser fuerte como una peña. No podréis. Roca es mi pecho. El agua a la peña ablanda. No llega el agua acá dentro. Lágrimas hay en mis ojos. En mi voluntad desprecios. Sujeta el amor a muchas. Yo al amor tengo sujeto. Advertid, que yo me abraso: Sufrid Príncipe el incendio. Qué cruel sois. . Soy un áspid. Tened piedad. . No la tengo. Hasta cuando he de sufrir? Mi desdén es muy severo. Pues a llorar mi desdicha. Pues a probar mi veneno. Que no os rendiréis? No es fácil. . No hay remedio? No hay remedio. Ay que desdichado he sido. Ay, y que altivo os contemplo. Y vuestro amor? . No lo tuve. Pues cómo lo mostró el pecho? El pecho puede engañar. Sor infeliz según eso. Vos lo sabéis, mas no os amo, porque mi amor en efecto solo fue para obligaros; y porque sepáis atento, que fue solo mi cariño, si intenté favoreceros, querer por hacer querer. Y ahora? . Todo desprec
JORNADA TERCERA
Traidor de entre mis brazos has de salir en treinta mil pedazos he de ser tu homicida, y tan apriesa quedarás sin vida, que en tan penosa calma, estarás ya sin vida, y con el alma. Villano, loco, necio, por ti padezco todo este desprecio. Detén; señor, la mano, que pues me tocas, debo ser villano. Si yo no te di aviso, fue el lance de repente, y tan que no tuve lugar para avisarte; y así, señor, no tienes que cansarte, que si lugar tuviera, fuera Duque, o Marqués, o Conde fuera. La Princesa te adora, por ti suspira, y gime, por ti llora, y ya desesperados los Príncipes se van a sus Estados; y solo te quedaras, en Bohemia su Rey te coronaras, a no ser la fortuna la que manda, pues vino anoche el Príncipe de Holanda para ver a Eurosinda, que de hermosa ya el crédito, y de linda, hasta Holanda ha llegado, y en Irlanda, ni Holanda no ha parado, pues a Cambray pasó con gran despacho, y está ya en una tienda de un Gabacho. Solo esto me faltaba para llorar la pena que lloraba: por los lucidos Cielos, que abrase allá en el Sol sus paralelos, y con su fuego ardiente el corazón me abrase, que no siente, que en pena tan crecida para morir me deja con la vida. Deja el dolor, y escucha. Es mi pena sin fin, mi pena es mucha. Yo he de servir de medio, aunque soy muy entero. No hay remedio: si el Príncipe ha venido he de ser conocido, que aunque a mí me corona la Transilvana Zona, hoy sabrá la Princesa mis engaños. Yo prevendré esos daños, si a mí el remedio fías, y te pienso curar con aguas frías. A tu dictamen loco me acomodo. Pues y te acomodas, oye el mo Enamorada Eurosinda miró al Príncipe Leopoldo, que tropezó en su retrato, y luego vino a dar de ojos. Pero yo que lo miraba, mas encendido que un horno, la dije: mire su Alteza, que el suyo es amor muy loco, porque el propio original de este retrato, es muy otro de lo que su Alteza juzga; eran de soanes mis polvos, y tocaron en lo vivo, alagome, y con rebozo me dijo: que le dijera cuyo era el retrato heroico. Yo que la vi enamorada, ardiendo más que un devoto, agua fría quise echarle, hícelo de aqueste modo: original del retrato es un Portugues puntoso, que del Príncipe de Holanda sirve en palacio de mozo al pastelero, le dije, y los pajes allá todos, como lo vieron finchado, y presumiendo de airoso, mas que fuelles de un herrero, lo retrataron al olio sobre un mosqueado caballo, porque era su oficio propio picar caballo con moscas, y un letrero primoroso le pusieron a sus plantas, diciendo con letras de oro, ser el Príncipe de Holanda; esto le dije, y creyolo tanto, que ya desde entonces o aborrece, y con sus ojos lo puede verlo pintado; acá viene de rebozo diciendo, que allá ha sabido, que el corazón cariñoso de la Princesa se inclina al Holandes; mucho apoyo es todo, para que crea la Princesa, que tú solo Príncipe eres verdadero, y ocupas de Holanda el trono. Y cuando te dé su mano, con este error, es notorio, que eres Rey de Transilvanía, en cuyo dorado solio, con su laurel te coronas, que como está tan remoto el Principado de Holanda de Bohemia, tan de pronto no podrá saberse cual es el Príncipe. . Acomodo a lo que tu dispusieres mi sentir. . Déjame solo, no te vea la Princesa conmigo, que ya imperioso, me ha mandado su cariño, que no te trate. . Ese estorbo ha puesto a mi amor? . Es cierto. Él no dejarte es arrojo. . Estás solo? . Solo estoy. Puede aquí escucharnos alguien? Solas las paredes pueden, su Alteza aquí no repare, porque las perderá todas. Pues el corazón se ensanche. Si se quema un edificio, por la parte que más arde suele Artifice curioso, para que el fuego se espacie, abrir una boca al techo, por donde las llamas salen. El corazón se me abrasa, todo en llamas de amor arde; ser yo de Leopoldo esposa. es para mi grande ultraje, que aunque me quiera, ha negado ser en público mi amante. No quererlo, no es posible; el no abrasarme, no es fácil: pues qué remedio? hable el labio, por la boca los volcanes pueblen el viento de quejas, lleven de penas el aite. Yo reviento, Patarata. Haremos que venga el sastre, que suele ponerse en puntos, y hará una costura. . Erraste, que no es ese mi remedio. Pues solo sería casarte con el Príncipe. . Tampoco. Pues qué será? . Despreciarle, porque es un desvanecido. Eso es merced, que le hace su Alteza. . Es un engañoso, y a sus embustes se saben, pues ayer de los balcones, que a dos laureles gigantes sirven de dorado estorbo, para que sus puntas paren, vi venir un Caballero del mismo vestido, y talle, tan galán, y tan bizarro, como el que en pincel brillante el alma miro curiosa, bosquejado con el arte, que es heredero de Holanda no duda el alma ignorante, y en Bohemia lo pública el vestido, el oro, el talle, lo bizarro, lo lucido, lo costoso, lo arrogante, y su persona lo dice, que hombre de tan buenas partes cómo puede ser plebeyo? Botana, porque se sale: de este modo lo remedio. Aunque la lengua lo ultraje otro siente el alma, ay Cielos! fingir el alma no sabe. Ya se acordará su Alteza, que entre los partales grandes del jardín halló un retrato, y por verlo entre parrales, lo juzgó de buena cepa, pues al mirarlo brillante, Príncipe sospechó que era de Holande? . Muy bien se sabe. Ya se acordará también su Alteza, que yo al mirarle dije, que el original era de muy pocas partes, porque un pastelero era, A que retrataron los pajes del gran Príncipe de Holanda? Es todo aqueso constante. Pues todo aqueso sabido, ese pastelero infame ha sabido, que en Bohemia la Princesa a enamorarse ha llegado del retrato, y como está tan distante el Reino de Hlanda, viene con galas, lacayos, pajes, a pretender a su Alteza, mire como ha de casarse con hombre, que aún en Vigilias suele pasar con la carne. Bien puede ser verdad eso, pero han llegado a informarme, que es el Príncipe Leopoldo el que llegó ayer; vengarme. . puedo de Leopoldo ahora, y ha de ser con grande ultraje de su persona, pues puedo con un desdén castigarle; a este Príncipe fingido rendida he de confesarme, que pues él quiso ofenderme, yo también quiero ultrajarle: Mire su Alteza, que es hombre de pocas prendas. . Negarse no puede que es principal, quien pretende tan brillante. Eso no lo califica. de Príncipe, que el mostrarse con tantas galas, es solo crédito de rico. . Baste, que hombre de tanta riqueza no será el que me informaste. No es mucho que sea rico, pues en dos libras cabales de carne, hurtaba seis onzas, que el hombre sin fatigarse fue muy astuto en su oficio, pues a sastres, con ser sastres vendíagato por liebre. Callad, porque ya es ultraje de mi persona, culpar a quien adoro en su imagen. Luego lo adoráis? . Es cierto. Ella pretende engordarse. con pasteles. . Qué decís? Por este rumbo he de darle, que haréis linda pastelera, y habéis de ser tan del arte, y tan famosa gineta, que de días en dos pares picaréis bien un borrico, el cual metido entre ojaldrés tanto les agradará a todos los que lo masquen, que se han de venir tras vos, tanto; que podrán quejarse de que les dan sesos de aso; pero su Alteza repare en la música, que llega. Del Príncipe he de vengarme. Suspiros el alma exhala a la pena, que sospecho, pecho, que el pecho le paga, haga el corazón lo mismo. Que letra también dispuesta, que bien me suenan sus ecos, que dulzura en lo suave, que apacible que es el metro; quién dispuso su armonía? El corazón la ha dispuesto, que girasol de esos rayos os sigue. . Cese al momento la música, que lo dulce se ha convertido en veneno. Si os sonaba antes también, cómo os sueña mal? sospecho que os sueña mal por ser mía. Suele en el jardín ameno la rosa, reina del prado, guardada de sus archeros, sobrepujar a las flores, y como su carmín bello a la azucena, y clabel se aventaja, suele luego que entra al jardín una dama poner en ella su afecto, lo oloroso en ella alaba, en ella alaba lo terso, y para gozar mejor de su odorifero aliento cogerla intenta, ya llega, ase de su pilar tierno, y cuando quiere arrancarla, una espina por el dedo se clava, arroja la rosa, maldice en ella lo bello, desprecia en ella lo fino, y abate en ella lo tierno. Vuestra música fue rosa, fuese el oído a su accento, su dulzura alabó mucho; pero después los deseos llamaron al corazón, y la atención, que es un dedo de los que el alma se vale, halló espinas al encuentro, maldijo luego la letra despreció luego a su dueño; y así señor advertid, que aunque me llevó el afecto el tono, luego noté las espinas de un desprecio, que os he sufrido mil veces; el tono señor es bueno, sino tuviera mezcladas las espinas del ser vuestro. Pues ya que por mío el tono pierde, escuchadme los versos que el corazón con su tinta bosquejó con pincel negro. Decid, y advertid, que yo la licencia no os concedo por ocupar la atención, que ya está en otro sujeto. Suspiros el alma exhala a la pena que sospecho, pecho, que el pecho le paga, haga el corazón lo mismo. Si la lengua con desdén en mi amor mostro desprecio, precio no tiene por grande, ande vuestro amor más tierno. Si fue el accento cruel, el eco en castigo estrecho, hecho objeto miserable, hable escarmientos al tiempo, Advertid, que el corazón razón tiene, pues la alego, lego es accento infame, ame, pues es docto, el pecho. No me mostréis crueldad, dadme un alivio, que peno, no parezca mi cuidado dado todo a vuestro anhelo. Si allí el corazón rigiera, era el quejarse bien puesto, esto es a razón conforme, forme vuestra idea el peso. No me apretéis el cordel del desprecio, que os contemplo, templo en que mi amor repara, para curarse, que es ciego. Que os ofendí ya sabéis, veis también mi sentimiento, miento, pues aquí yo solo lo que siento saber puedo. No sea vuestra cordura dura en perdonar mi yerro, erró señora el dictamen en callar lo que os venero. Y si como proseguís, seguis el desdén de asiento, siento tanto, que en mi mal el bronce ablandar pretendo. Podrá ser que dentro el valle, halle mi voz en los huecos, ecos, que de compasión, pasión tengan por mi pecho, Bien sentís, si eso sentís, mas lo decís a mal tiempo, pues vuestros engaños todos están de probarse al riesgo. Ya Leopoldo, sol de Holanda, ha llegado, ved vos mismo si en un mismo tiempo alumbran dos soles ilá en el Cielo? Que el que ha llegado es Leopoldo lo tengo yo por muy cierto, porque me lo dice el alma, mas no es mucho, pues lo quier Él viene por esa parte, considerad que lo temo, que como ha de ser mi esposo. no quiero darle ya celos. . Eurosinda, dueño mío; fuese ya? . No digas dueño, dile dueña, que es más propio. Aquí a la Princesa pierdo. Si no has podido pararla, de perderla no habrá riesgo. Yo me voy desesperado. Vete, y verás a este necio Príncipe, que tal lo paro. A ti mi amor te encomiendo. . Esa encomienda es de cruz, pues a bien librar padezco la pena de discurrir ahora un embaste nuevo para engañar a Leopoldo; más Dios delante, di en ello, yo he decirle. Ya entra, proseguiré el pensamiento, ejecutando el engaño que ha inventado el calbatrueno. Esta pieza va al jardín desde el cuarto de Eurosinda, y todas las primaberas a mirar su pompa riza pasa su Alteza al jardín, dando esplendores al día; mas este hidalgo que miro, pues está tan a la vista del cuarto de la Princefa, es preciso que le sirva, y me dirá, si salió. A caballero? . Alto tira, baje un poco más el punto, que es la pólvora muy fina. A hidalgo. . Doí al Rey pecho como una mujer parida. No me responde? . El correo se fue sin mirar la lista, y no puedo responderos. Solo quiero que me diga, si es de palacio? . Y muy mucho. Pues de qué sirve a Eurosinda? Sírvole de alcá. . Qué dice? Qué sirvo de alcamonías al puchero de su amor, y me envía ahora lista para que os diga si sois Príncipe de picardía, digo de Holanda. . Ese sor, Ya le pareció a la vista en lo sutil, y delgado, porque como hay sabanillas, el que es Príncipe de Holanda lleva mui lindas camisas, Decid, qué manda su Alteza? Lo que primero os intima, es deciros, que os adora, que vuestro retrato un día vino con ella a las manos, y aquesto no paró en riña, porque quedó enamorada, y como la pretendían el Príncipe de Saboya, el Príncipe de Sicilia, y otro Príncipe encubierto, como la vieron tan fina, se dijeron, que el retrato, cuyo original quería como Eva del amor, de un hombre era, que servía de pastelero en palacio en Holanda, mas no tibia se volvió para con vos, con que ahora acá me envía a deciros, que si acaso os dijere entre caricias, que sois hombre bajo, es para ver si así se pica este Príncipe encubierto, que a celos lo satiriza. Mirad, que su Alteza viene, que con sus plantas divinas lleva al jardín azucenas. Si su Alteza determina lo que me dijiste, haré lo que tu labio me avisa. Aquel que tuviere amor, declare que llega a amar, que es la necedad temor, y el temor es necedad. Cantad Porcia desde ahí, porque es gusto singular, que las voces, e instrumentos estén lejos. . Qué deidad, sin vida quedé al mirarla. Helado el Príncipe está. El de él retrato es aqueste, bien como su origina! con él conviene, admitirlo intento para abrasar a Leopoldo a puros celos. Helada la lengua está. Animado de la voz que con sonoro metal a temerosos amantes da alientos, y favor da, llego a vuestras plantas bellas, porque la fama a compás me dijo en eco sonoro el cariño que mostráis a un retratomio, y yo con mi ciega voluntad vengo desde Holanda ahora, porque quiero, si me honráis, aunque miro a mi sujeto del favor tan incapaz, que lo que alcanza el retrato intente el original. Vos con la música dulce los temores me quitáis, pues con sus ecos sonoros decís a mi fe neutral. Aquel que tuviere amor declare, que llega a amar. Todo el Imperio del mundo sujeto, y rendido está a la Corona Holandesa, esta quisiera enlazar al Imperio de Bohemia, que si en vuestra frente está este frondoso laurel, podrá vuestra Majestad mandar todo el universo, la razón no es desigual, pues yo, que sujeto al mundo, y en la batalla campal sobre un nevado caballo, que si empieza a relinchar es ave en las erraduras, y en los ojos es volcán, hago temblar todo el orbe, estoy con el cetro Real a vuestras plantas rendido; la consecuenciasacad, porque si sois dueño mío mi Imperio vuestro será. Callar mi amor, era yerro, decirlo, no es libiandad, pronunciarlo, grande alivio, ocultarlo, mucho mal, notificarlo, descanso, no decirlo, cortedad, sacarlo a luz, es consuelo, ser mudo, temor será, apique de dar en necio; mirad si podré callar, pues el sonoro instrumento me está avisando a compás. Qué es la necedad temor, y el temor es necedad. A escuchar a la Princesa la curiosidad me trae, harelo desde este puesto. Cantad vosotros cantad, y vos Príncipe seguidme, que pues fino me adoráis, mi esposo os tengo de hacer, y he de llegar a enlazar con mi Corona la vuestra. Leopoldo escuchando está, a celos he de abrasarlo. Llame el galán a su dama, declarele su amor luego, que ella mostrará su fuego, si él tan ardiente la llama. Que amante el juicio no pierde viendo este pesar sin fin? Ella lo lleva al jardín, ella lo hará pisaberde. Que un retrato adore ufana! mas a qué irán en tal mal? Pues lleva el original, a morder de la manzana; pero si quiero acertar, cuando tan bizarro anda algún fardo trae de Holanda, y van a desfardelar. Tu discurrir no me sacia, que son gracias sin disculpas. Pues cómo señor me culpas, si te hablo con tanta gracia? Advertid, que sois villano; Cortésanos de Bobemia, Si vuestra mano me premia, sea el premio vuestra mano. Las voces son de Eurosinda, voy a ver lo que serán. Pues e nel jardín están, vámonos deguinda en guinda. Sois atrevido, y villano, sabéis que soy la Princesa, en cuyo espejo se mira todo el Reino de Bohemia; soltad la mano. . No puedo. Pues eso la voz confiesa, lo que no puede el alago ha de poder la violencia, que la Corona de Holanda, en vuestra frente diadema, no ha sido jamás, ya sé, y también sé en tal ofensa, que allá en palacio a Leopoldo le habéis servido en la agencia de un oficio bajo; como conserváis esa cabeza? Por alguien, que nos escucha hizo esta ficción la lengua. Como su Alteza turbada, como sin color su Alteza, tan colérico el semblante, y la lengua tan suspensa? Para mi intento conduce esta ficción de la idea. A Leopoldo le decía, que a penas lo miré, a penas en la lámina de bronce sobre el nevado cometa, que parece que tascaba espuma, porque la beba, tanto que a ser el relincho objeto de la potencia, de la vista se engañara, y mirándolo creyera, que relinchaba el caballo al compás de las espuelas. Digo otra vez, que después que lo miré, tan ajena estuve de otro cariño, que la imaginación puesta estaba en solo Leopoldo, y tan fina fui, y tan tierna, que aún una noche durmiendo soñaba acaso la idea, que mi padre me entregaba, mas que a mi gusto, por fuerza, al Príncipe Transilvano Segismundo; aquesta era la causa porque di voces, pues le pintaba con ellas el sentimiento, que tuve de ver, que mi padre intenta casarme con Segismundo, monstro horrendo de soberbia. Mirad si fuera verdad de que modo lo sintiera, si una mentira soñada tal sentimiento me cuesta? Y a vos falso, y engañoso, quien os dio tanta licencia para seguirme los pasos, cuando vengo con su Alteza el gran Príncipe de Holanda, cuya sagrada diadema se ha de ver sobre mis sienes, pues me hace de Holanda Reina? Si lo ignoráis, advertid que en Bohemia soy Princesa, que soy cruel, si hay traidores, que hay castigos, si hay ofensas, que soy blanda, si me sirven, que si me enojan, soy fiera, que hay verdogos, si hay engaños. que hay cuchillos, si hay cabezas, y que en un fiero cadahalso se ha de ver la vuestra puesta, si en dos horas no salís de la Corte de Bohemia. Venid Príncipes con migo, porque la venida vuestra celebrar quiero saliendo a caza con vos, hay penas! el corazón otro siente, aunque esto dice la lenguar Qué hoy he de salir? . De juicio. Y si no, que mi cabeza ha de arrojar de mis hombros? Que eso escuches, y la quieras, serás un descabezado, si no te vas, y la dejas. A un sentarme intento luego, pero en la primera aldea, que es de la Duquesa Aurora, la Majestad encubierta pienso habitar algún tiempo; tu Patarata te queda, y de mi muerte, o mi vida podrás enviarme nuevas. Pues pártete luego al punto, que esta maldita Princesa a poco que ella se enoje la haremos echar cabezas. Pues a Dios, y con mi amor ten cuidado, y a su Alteza harásselo a la memoria, que no es posible que sea tan bronce, que no se ablande con el buril de mis penas. Fuese ya Leopoldo? . Sí, y tan tierno se partió, que partiéndose lloró, mirad si tierno loví. Aunque mi Imperio lo manda, no ejecuto tan resuelta. De Holanda dará la vuelta, si queréis vuelta de Holanda. Poco tierno obedeció en su amor, que mal gobierno! Yo lo vi tierno, y tan tierno, que ha muy poco se partió. Tengo ya cosas muy nuevas para probar sin ultraje si es Príncipe. . Su linaje sufrirá seiscientas pruebas. Embajador encubierto a Holanda envié a la posta, con que ya a muy poca costa el Príncipe sabré cierto, con un paje de palacio de aquesta materia habló, aqueste anillo le dio, que todo él es un topaciio. Lleva el Príncipe otro igual, con que al mirarlo es sabido que ha de ser ya conocido, Del todo apunta ya el mal. Tiene anillo aquese vano? Igual a ese debe ser, y si no lo queréis creer el remedio está en la mano, miradlo con ojos sanos, porque él os lo notará, y luego atento dirá, que le miráis a las manos. Podéis Patarata hacer, porque mi duda confirme, que vuelva. . Es hombre muy firme, no es muy fácil de volver. El volverá con gran gozo si sabe que yo lo digo. Yo soy de aqueso testigo, por vos se echará en un pozo. Dad de hacer al punto traza lo que os digo, que yo luego, aunque con poco sosiego, intento partirme a caza. Pues es cosa conocida que yo he llegado a saber dónde está mi amo, hacer intento aquesta salida. Tal mudanza jamás vi, pero mi amo es resuelto, y tiene para ser vuelto mui poco de borceguí. Atado el caballo queda en esos copados fresnos mientras por sus claraboyas no alumbra el sol más sereno, parece que conjurado contra el orbe todo el Cielo las nubes tiene preñadas de relámpagos, y truenos. De estos árboles las ramas, que enmarañadas al sesgo son celosías, por donde se asoman cuantos luceros en esa esfera eminente son del sol lucido espejo, me pueden servir de albergue, porque todo este hemisferio parece que se desgaja; y tanto se abren sus senos, que mirando al alabastro de ese concabo de hielo, son los relámpagos tantos, y tanto alumbran al verlos, que puede desde aquí un hombre ver lo que hay dentro del Cielo. Amados vasallos míos, donde estáis nobles Bobemio socorred a la Princesa, Leopoldo, querido dueño? De los suyos apartada con el ruido de los truenos pisando lugubres sombras la Princesa hasta este puesto, ha llegado, no es posible, que la voz aquí fingiendo me conozca, porque son los soplos tantos del cierzo, que a no saber, que es el sol tan firme en su lucimiento, creyera que lo apagaron, y que después lo encendieron. Con las sombras no es posible que me conozca. . Los Cielos me amparen, si otro no puede. Yo estoy aquí para hacerlo, entre estas ramas podéis de los truenos defenderos, de los sustos recobraros, y mandar a quien es vuestro. Quién me hace tanto favor? Nada os importa el saberlo. Podrá ser que algome importe. No puede ser de provecho, que yo merezco muy poco. Podralo ser algún tiempo. Pues si os importa (así finjo,) soy un vasallo del Reino de Holanda, porque en su Corte los nobles, y los plebeyos han sabido, que confiesa toda Bohemia, y su Imperio, ignora cual es de dos el heredero directo de todo el Reino de Holanda; y aquesto sabido, han hecho, que a decir venga a su Alteza, que el Príncipe es el primero que a Bohemia vino; el otro que finge atrevido serlo es hombre bajo: no sé como un tan ilustre Reino no le quita la cabeza para que sea escarmiento. Mui gustosa os he escuchado, pero que ignoráis infiero con quien habláis. . No lo sé, solo en vuestro trato advierto que sois noble. . La Princesa de Bohemia soy. . Ya puedo besaros las plantas bellas, y ya rendido os las beso. Levantaos ya. . Solo os pago la veneración que os debo. El anillo quiero darle, que pues viene con intentos de decir cual es Leopoldo, no tendrá la prueba efecto: tomad este rico anillo, y en mi palacio supremo me ved mañana, con él será fácil conoceros. Por prenda de vuestramano, mas que por todo lo quiero, que para mi estimación la dadiva es de más precio. Ojalá que allá en la Corte viéndolo puesto en mi dedo creáis todo lo que os digo, mas tan sin dicha me veo, que lo que ahora es fortuna mañana será desprecio. No lo será, que Princesa soy en el Reino Bohemio. Princesa del alma mía, que sombras te han encubierto, si eres sol, como lo sufres? Eurosinda, . Ya los vuestros se llegan acá, y segura os miro de todo riesgo, los míos andan perdidos, ya el Cielo medio sereno por resquicios de márfil mostrar sus rayos febeos intenta, yo cuidadoso a toda mi gente temo, no vaya por esos montes. en mi busca, será acierto déjaros, si dais licencia a quien os venera atento. De este modo he de librarme, porque ya levanta el Cielo rasgadas de luz banderas, contra los vientos soberbios. Idos pues, si eso teméis, que en este puesto, no quiero me vean con vos. . Así de conocerme no hay tiempo. Acudiréis a Palacio? Aqueso mañana intento. Pues a diós, y el Cielo os guarde. Guarde vnestra vida el mismo. Princesa de todo el Orbe, como no escucháis mis ecos, que en gemidos desatados, pueblan de espacio los vientos. Leopoldo. . Eurosinda. Acude a lo espeso de los fresnos, que su pabellón me encubre. Gracias al Cielo que llego, y gracias a Dios también, que del Sol las luces veo, porque esos dos bellos ojos, que son dos vivos luceros, de vos la luz participan, con que tengo por muy cierto, que sois Sol, y más brillante, pues en un Cielo pequeño, cuando ese Planeta ardiente por cerúleos paralelos padece un grande desmayo, a un soplo leve del Euro, con los rayos que arrojáis, como en Julio suele el Cielo, con balas finas de aljófar hacer guerra al prado ameno, cuantas el cierzo trae sombras a ese vago firmamento, hacéis morir en un punto; pensad allá en vuestro pecho; si con la vista matáis, que haré yo, que me estáis viendo. Desvanecido, alevoso, arrevido, loco, neero; sabéis vos con quién habláis? En hora mala atreveos, a quien es tal como vos, advertid, que empuño el Cetro en la Corte de Bohemia, que sois hombre bajo advierto, no tengo más que deciros; y si no bastare aquesto, tengo en Bohemia verdugos, si vos aquí atrevimientos. Templaos, Furosinda hermosa, porque ese estilo es ajeno, para quien adora fino vuestra deidad. . Conteneos, reprimid la lengua infame, que se correrán los vientos de lo que decís, . Señora, nadie por entre lo espeso nos escucha, qué tenéis? Tratadme como a heredero de la Corona Holandesa: si ya es aborrecimiento, el que antes era cariño, vuestro gusto es el primero, bien podéis decirlo claro, que yo tendré por bien puesto vuestro gusto. . De escucharos está reventando el pecho. Señora, nadie nos oye, los criados están lejos, los árboles están solos, y tan solos, que yo puedo decir, que están por mí solos, pues con tan vivos desprecios me habéis quitado la vida. Que yo tenga sufrimiento, habiéndoos ya conocido? Vive el Cielo, que estoy muerto. Príncipe de Holanda invicto. Seguid todos estos ecos. Por Príncipe respondéis, mirad que sois un soberbio. No os entiendo, vive Dios. 1. Gracias al lucido Cielo que os hallamos. Luego al punto nos partamos. . Vamos luego, Seguid Príncipe mis plantas, porque me huelgo de veros, tanto, que de mi presencia, que no os apartéis os ruego; harelo prender al punto. Lo que pretende no entiendo. No pudo conocerte la Princesa? Mi opinión es aquesa, pues apenas el Cielo con sus balas de hielo, amenazando espantos, dando horrores, despojó de la vida a cuantas flores bordaban de carmín, y de esmeralda del copete a la falda, aquel gigante monte de luto el Horizonte vistió, y en su batalla enlutó por los muertos la muralla. A la tierra volaban con sus alas, del granizo las balas maltrataban las rosas, y al morir perezosas, sirviéndoles las balas de mortajas, horrisonas los truenos eran cajas. Diome este anillo de esplendor brillante con aqueste diamante, fingimé, al verla blanda, Embajador de Holanda. Vive Dios, que son cosas de gran peso, para ser de Holanda, eres muy grueso, il remedio ha de ser aquese anillo, no tienes que encubrillo, procurarás que sea la Princesa quien vea el anillo en tu dedo con denuedo, que ganarás al otro tú de un dedo. 1. Viva el Príncipe de Holanda. 2. Y con Eurosinda viva. Para que la quiere muerta, mejor es viva Eurosinda. Amotinada Bohemia, a que me case me obliga con el Príncipe de Holanda; pero que mis ojos miran? iguales anillos tienen, con igualdad a la vista, arrojan doradas luces; pero aqueste bien podría ser aquel, que entre los fresnos liberal mi pompa altiva dio a un hombre, también aqueste padece la duda misma. Apenas mandó su Alteza diera a Leopoldo noticia, de que su Alteza gustaba, que no hiciese su partida, dile aviso, aunque ya estaba obedeciéndoos aprisa, acaballo sobre un trueno; díjele con cortesía, se apease; respondiome, mostrando amorosas iras, la Princesa es muy entera, y me estorba la partida. Cordura será el quedarme, que es bastante que me digas, que Eurosinda me lo manda, porque es Sol que predomina sobre el corazón; y el alma con los rayos que disipa. No ha salido de Palacio desde aquellas horas fijas, y ha estado más recoleto, que cuatro Monjas Novicias. Aquesto venció la duda, que en el anillo tenía; que es Leopoldo, es asentado, bien el alma me lo avisa. Ven Patarata conmigo, de ti el alma necesita para un negocio importante, Fuerza será que te siga. Mucho me huelgo de veros, siguiéndome las pisadas. Yo también de conoceros. Los dos tenemos aceros. Los dos tenemos espadas. Son pensamientos villanos los que públicáis con mengua; y veré (pesares llanos) si sois Príncipe en las manos, como lo sois en la lengua. Testigo es en mi favor aqueste anillo, que a precio, que soy de Holanda señor, el anillo es de gran precio, mirad si tengo valor. Es fingimiento villano, como lo dice mi diestra, y pues lo que digo es llano ser Príncipe está en mi mano; no puede estarlo en la vuestra. Todos esos son engaños, y esa razón no me ablanda, porque al mirar tantos daños, para Príncipe de Holanda nacisteis en malos paños. No os lo dice mi grandeza, que es toda junta en mi abono, y si a vos llaman Alteza, sepan, que estáis en el trono solo por una bajeza. Aquesto sufro, y no os mato! Esto sufro, y vos con vida! Conocido es vuestro trato. Diréísmelo de aquí aún rato, que seré vuestro homicida. Aunque Príncipe no fuera, con esta espada por Dios, yo por mí lo mereciera, porque matándoos a vos, quién a mí se me opusiera? A mi sangre no agradezco de Holanda el laurel ufano, porque cuando esto padezco, yo por mí me lo merezco. yo con mi mano logaño. 1. A palacio acudan todos, que la Princesa se abrasa, porque el cuarto de su Alteza todo es humo, todo es llamas. Que me quemo . que me abraso. Suspéndanse las espadas, porque se quemá su Alteza, y el acudir a sacarla no se excusa. . Así lo juzgo. Así lo conoce el alma. Pero advierte tu señor, que hallarás allá dos damas cubiertos los rostros bellos, la que cubre con el nácar todo el Cielo de su rostro es la Princesa, a pescarla acude, porque tendrás con ella muy linda barba, sino te hicieres capón; advierte que ha sido traza de su Alteza aqueste fuego, después te diré la causa. El humo llega a su Alteza, y por su densa muralla como intrépida se arroja, y como cruel se arrastra. Crueldad es el reñir. El proseguir es infamia. No reñir no es cobardía. Cesar no es de valor falta. Para después os convido. Gozad la vida, gozadla aquesto poco que os dejo, y agradecedlo a mi dama. Ya Segismundo la pesca, por cierto, que es buena caña, ya viene huyendo del fuego, y viene dando en las brasas. Pluviera el Cielo que fuera el gran Príncipe de Holanda. No sol Leopoldo señora, pero de la Transilvanía empuño el dorado cetro, aunque por ocultas causas me fingí el mismo que dices. Segismundo sol del Asia, tan temido, que mi nombre mata solo en la campaña. Ya es hora Princesa ilustre que sepas lo que declara tan vergonzosa la lengua, y tan cariñosa el alma. Luego no sois vos Leopoldo? Afirmarlo fuera infamia. Yo Leopoldo soy señora, que por entre sombras pardas trepé por librar del fuego en tal dolor, pena tanta a vuestra prima, Duquesa de Tiro. . Y en tal desgracia os estoy agradecida. Aquí señores se casan. Nobles Grandes de Bohemia, aunque la voluntad varia parece que se inclinó al gran Príncipe de Holanda, fue engañada del discurso, porque entonces se inclinaba a Segismundo, señor de la grande Transilvanía. A este le debo la vida, pues cuando entre crespas llamas, siendo las ondas de fuego, con vivos rayos luchaba, se arrojó intrepidamente al elemento del nácar, y me sacó medio muerta. Bien me ha salido la traza, . pues yo los fuegos fingí para que esta acción lograra Segismundo, y en Bohemia por su Rey lo coronaran. Aqueste ha de ser mi esposo, que guste yo de ello basta, que en Bohemia las Princesas siempre a su gusto se casan. Y así Segismundo, aquesta es mi mano, y tan del alma, que aunque fingí aborreceros mas apura quien más ama. En mi sucedió lo mismo, que aunque amoroso mostraba pasión por Aurora, fue ficción del alma inventada. Pues Eurosinda me deja, y apetece a Transilvanía, Aurora aquesta es mi mano, ya sois señora de Holanda. Y vos de mi pecho dueño. Y yo señor de mi espalda. Solos los dos nos quedamos. Juguemos los dos las cabras. Pues dame al instante mano. Con que la comedia acaba, y el Autor postrado os pido perdón de hierros, y faltas, que como os estima a todos, aquí quiere que le valga, querer por hacer querer, si amor con amor se pag
