Texto digital de La prudencia en la niñez
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La prudencia en la niñez. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/prudencia-en-la-ninez-la.

LA PRUDENCIA EN LA NIÑEZ
JORNADA PRIMERA
Ogre en hora dichosa a suerte propicia, estrella, que en sus luces sol es de Ungría, repitiendo en su aplauso cajas, y liras: Viva el sol Solisbella, viva, viva, viva. Ya, nobleza siempre augusta, ya, ilustre Corte de Ungría, de cuyos gloriosos hechos, de cuya lealtad invicta, la Fama en láminas de oro es la más fiel Coronista; ya de Ladislao el Grande, nuestro Rey, que Solios pisa en refulgentes tapetes de brillantes alcatifas, el orden que a mi cuidado, como a Canciller, le fía en su última voluntad, efectuado, a la vista, os le entrego, fue este, pues, que viendo que fallecia sin legítimo varón, en quien la sacra divisa del Reino se vinculase, y siendo sus dos sobrinas, Matilde en lo soberana, Solisbella en peregrina, tan unas en su cariño, que no pudo distinguirlas, ni el afecto, ni el amor, de amor, y afecto de hijas, y ser preciso que una (no atendiendo a primacías) por Reina elegida quede, pues gustosos lo pedían los Grandes, y los Plebeyos con demostraciones finas: Por tantas causas, en fin, dispuso con exquisita rara novedad extraña, que la suerte las distinga; pues si en reinar hay fortuna, la fortuna Reina elija, y el mal, o el bien, no el amor, sino el acaso, le imprima. Ya habréis advertido todos la legalidad precisa con que el acto se ha dispuesto, y que ha salido prevista en la suerte Solisbella, por Reina, y Señora digna. Yo os la entrego, Ungaros nobles, como a tal así elegida, quedando de Ladislao (por lo que a mi cargo mira) la última voluntad efectuada, y cumplida, y a cuenta del Cielo, y vuestra amparada, y admitida. Reine, y mande Solisbella. . Solisbella triunfe, y viva. O, pese a la suerte aleve, . o, pese a la estrella impía, que así contra mí ha dispuesto el rigor de su ojeriza! Mas yo, aunque el Cielo se oponga, sabré quebrantar sus iras; cumpla ahora en lo exterior mientras que el volcán se anima: yo la primera (oh hermana!) es razón llegue rendida a ofrecer ante ese trono de mi fe toda la dicha, pues siendo vuestra, quien duda, que es lo mismo, que ser mía: sí, que el rigor lo ha de hacer, la ambición, y tiranía) y así, a los Cielos le piden lo fino de mis caricias, la gocéis todo aquel tiempo, que su anhelo necesita, no dudando será mucho, si ha de ser a su medida. Alza, o hermana, a mis brazos, pues no yo, si no tú misma, puedes decir, que en la suerte lograste la primacía, siendo del Cetro, y Corona tan hermana, como amiga. Amor, pues eres Deidad, mis intentos facilita; y ya que así disfrazado de Polonia, Patria mía, Embajador de mí mismo me tienes, por las divinas centellas de Solisbella, en que mis ansias se avivan, haz que logre esta Corona, con su mano peregrina, Alberto, Rey de Polonia, (oh Sol de esta Monarquía) por mí, señora, rendido, ofrece la siempre fina indisoluble amistad, con que juntas, con que unidas estas dos fieles Coronas, muestran sus soberanías. De la prudencia de Alberto, vuestro dueño, así lo fía este Reino, siendo en él la correspondencia fija; mas qué clarín con sus ecos la región del aire riza? Casimiro, el Condestable, gran señora, solicita licencia de consagrar a vuestras aras las ruinas, y triunfos, que del Visir ha alcanzado su cuchilla: Ay Matilde, que a tus ojos solo el corazón respira! Amor, pues ya Casimiro triunfante llega a mi vista, haz, que rendido y amante, mi intento, y traición admita. Decid, Almirante, que entre. Ya está, señora, a tu vista. Qué Iris pudo divino con regia Soberanla ostentar su luz flamante para ser estrella fija, después de tanta borrasca en que naufrago yacía, este Reino, sino vos? A cuyo Templo dedican de mi lealtad los afectos, de mi humildad las votivas adoraciones, aquestos de la bárbara osadía deshechos menudos trozos, porque a vuestro culto sirvan, ya de somento a la llama, ya de materia a la pira. Amor, perdí la esperanza, que en seguridad tenía, pues atreverme ya al Solio, mas que amor, es villanía. Ay cariño, no des muestras . de lo que en el pecho abrigas: alzad, o gran Condestable, columna en que el Reino estriba, y sea de vuestro aplauso la felicidad cumplida. Quien llega a gozar los rayos de vuestra siempre regía presencia, qué más aplauso ha de apetecer? Qué ira! Con que castigada queda del Visir la alevosía? Y escarmentada también, gran señora. Gustaria de oír con presa. fu El que tiene ley precisa de obedecer, solamente a que le manden aspira. Pues cubríos, y empezad. Mi obediencia así se cifra: Solimán, sangriento monstruo, dragón voraz, fiera hidra, que contra toda la Iglesia en su corazón habitan los volcanes del furor, los etnas de la ojeriza: Después que elegido fue para la Otomana Silla con el nombre de primero, y después que la administra, varias veces ha intentado con cautelosas malicias de prevenciones aleves, dominar las dos Ungrías; más viendo, que siempre vanos estos intentos salían, por la lealtad de los pechos, que sus Dominios habitan, dispuso fuese la fuerza, (pues la astucia no podía) quien asegurase el logro de joyas tan exquisitas. Mas de trescientos mil Turcos dieron al Danubio vista, causando a sus crespas hondas miedo en verse consumidas, siendo el Visir Mustafa la cabeza, que regía aquel confuso Babel de lenguas tan infinitas. Supo anticipadamente Ladislao esta noticia, por cartas, y por avisos de bien pagadas espías; y juntando de su Reino, y de las demás Provincias aliadas, los refuerzos, que la ocasión requería, por su sangre, y el favor, con que siempre me atendía, por General me eligió de la Cristiana Milicia, o siendo aún cien mil Soldado n los que al rigor se ofrecían del Turco; pero qué importa, si monta más aquel viva la Fe de Dios, con que unidos pelean con bizarría, que todos cuantos Alarbes de Agar la púrpura animan; pues al trueno de aquel nombre, como rayos se desquician del valor de cada uno las espadas vengativas, y hechos escudos sus pechos contra la infiel osadía, como furiosos leones, por la Fe, que fieles firman, tan ciegamente pelean, tan noblemente se animan, (siendo cada amago asombro, y cada golpe una ruina) que es ventura asegurada el aventurar las vidas. Después de las precanciones, en fin, que son permitidas en toda guerra, llegamos a mirar la chusma indigna, que apenas nos divisaron, cuando por mosa, o por risa, a gritos nos recibieron, dándonos la bienvenida salva de menuda bala, que al Sol sirvió de cortina. En un óvalo, el Visir su vasto campo tenía formado, con valuartes, trincheras, fosos y minas, sirviéndoles de resguardo en la espalda cristalina del Danubio, cuatro puentes, por si confusos, huían: Yo en seis columnas, el mío formado, y dispuesto había, siendo las cuatro en el centro firmes, y a una acción unidas, y las dos de los costados las que en alas se movían, ya formando medias lunas, ya curbas, o rectas líneas. Seis días observé enteros, que el Campo Alarbe no hacía muestra alguna de su ardor, y concibiendo malicia de esta suspensión, mandé, que acelerasen las minas, que contra ellos formadas, y dispuestas ya tenía, con lo cual hice volar seis hornillos, cuyas guías al centro del Othomano conformes se dirigian. Aquí el espanto y horror fue, cuando así conmovida toda la tierra, abortaban de sus cabernas las simas, volcanes, que al Cielo suben en arrebatadas piras. Tanta multitud de Alarbes hasta la esfera subía, que átomos breves de aquese luciente Padre del día, entre las llamas, y el humo, humo, y llamas parecían. Tal hubo, que titubeando, cuando reventó oprimida la tierra, se abrazó de otro, y la furia que los guía, el medio cuerpo del uno hizo que al otro le sirva. Tal hubo, que a las estrellas, adonde el volcán le envía, quiso asirse neciamente, por libertar la caída, y en aquella acción el brazo, y mano, solos se libran. A el Baja de Baradín sobre una alazana pía, hasta la región del fuego aquel furor le vomita, y como a otro Fación, le arrojó la esfera misma, donde trocando su esencia, (solo en el alma distinta) ceniza, que subió bruta, bajó, racional ceniza; en fin, el Cielo medroso temió, que la tierra impía la jurisdicción le usurpe, al ver que abortando iba tanta multitud de rayos, que su centro oscurecían, o que ya cadáver era, pues el sepulcro le abría. Viendo el Visir tal arrojo, y que frustrado se habían sus intentos, de embestirnos mandó hacer la seña fija. Yo prevenido le espero, dispuestas en simetria de media luna las dos columnas, porque así sirvan de ir atacando al Visir, mientras el centro embestia frente a frente; pero viendo, que resistir no podía de este ardid la estratagema, hizo que volviesen bridas sus caballos; y fingiendo que nuestro furor huían, iban sembrando despojos de riquezas exquisitas, porque llevados del saco los míos, con la codicia, pudiese más a su salvo acometer su malicia; mas conociendo la idea, puse pena de la vida, que ningún Soldado tome (aunque la ocasión le brinda) cosa alguna, con lo cual salió de veras la huida, pues picándolos más recio, al llegar a las orillas del Danubio viendo en fin, que volverse no podían, por estar todo mi grueso a su espalda haciendo riza, y por entrambos costados las dos columnas en línea, desbaratados los puentes, que en su resguardo tenían, les fue forzoso arrojarse a las ondas cristalinas del Danubio, donde tanta fue la sangre que corría, que no espejos transparentes las ondas ya se ofrecían, sino de coral humano vidrieras de horror teñidas, sirviendo los muertos solos a los vivos, cuando huían, de cadavérica puente, después de tanta agonía. Quedó, en suma, por nosotros la campaña, abastecida de pertrechos, y riqueza en suma tan infinita, que duró el saco (al arbitrio de los Soldados) diez días. Pendones, colas, banderas, estandartes, flechas, picas, cañones, morteros, bombas, es todo tan sin medida, que el guarismo se confunde, si a sumarlo se destina. Esta es, en fin, gran señora, en breves líneas sucintas, la empresa con que triunfantes quedan las Armas de Ungría: O! quiera el Cielo se aumenten tanto como solicitan nuestros cristianos deseos con católicas fatigas, para que así destrozada, ofuscada, y confundida quede tan infiel canalla, bárbara, aleve e indigna, y el Santo Nombre de Dios, con su sagrada Doctrina, esculpido, y venerado en valles, riscos, y cimas, en montes, mares, y troncos, y en los más remotos Climas, desde donde el Sol tenace, hasta donde él mismo aspira. Victoria tan celebrada justo es, que sea aplaudida con la gloria que se debe, y a vos se os den repetidas gracias, pues no se esperaba menos de vuestra osadía; acompañada del rayo; que en esa espada se anima; y así proseguid, que e empresas pongáis la mira, no hay duda que la fortuna os asistirá benigna. O! quiera el Cielo que entienda . de mi amor las claras cifras. Si vuestra luz me gobierna, si vuestro norte me guía, no pongo, señora, duda en que el efecto consiga, por más difícil que sea el empeño. Ea, envidia, a lograr nuestros ardides contra una suerte enemiga. O si Matilde pagase la veneración rendida, con que mis nobles deseos su humildad la sacrifican! Ea, Amor, a preparar, y a disponer que sea mía Solisbella, pues a eso mis designios se encaminan. Ea, lealtad, a vencer imposibles, en que lidian amor, afecto, y cariño, pues tan trocados se miran. La aclamación, y el aplauso con mayor gozo prosiga, al ver que multiplicadas se dejan lograr las dichas. Logre en hora dichosa, Reine, y mande Solisbella, Solisbella triunfe, y viva. Adonde encontrar podré a un Amo, que Dios me dio, que él en Palacio se entró, y en Palacio no se ve? Aquí todo es mascarones de pretendientes a oscuras, suben, y bajan figuras como por escotillones: Oh bien haya toda guerra, adonde sin embarazos, al son de dos cañonazos cualquier miedo se destierra; allí sin más aparatos, ademanes, ni bambolla, se zampa en pie cualquier olla, y a más dedos hay más platos: allí con acierto cierto, sin que a nadie cause enojo, le saca una bala un ojo a un hombre, y se queda tuerto; allí el cuatrín, la pinata, el juego, el matalotaje, las baquetas, y el vagaje es rica fuente de plata. Dígalo yo (Dios loado) que por montañas, y cerros he pillado dos mil perros, con que estoy aperreado: Terror fue mi bardasquilla contra el Visir alcornoque; por el perro de San Roque, que si le hallo::- Tarabilla? esto ha de ser, amor mío, la ausencia sea el remedio. Invictísimo señor, gran Casimiro, qué es esto? (. vos tan desasosegado? tan divertido, y suspenso? ha habido quejas, confites? ha habido dulces requiebros de la Tórtola amorosa por quién suspirabas tierno? Ah habido, amigo, una furia, un horror, y un mal tan fiero contra mis ansias amantes, que en la bonanza me anego. Señor, pues sabes quien soy, y que mi genio, y mi ingenio (aunque yo lo diga) basta para urdir cualquier enredo; de tu amorosa pasión hazme sabidor, supuesto, que jamás te he merecido siquiera ni un pensamiento. Ya tú sabes mi lealtad, bien ves, que soy extranjero e a nadie conozco, aquí; y ti te estoy sirviendo solo, desde que me viste en el campo aventurero, adonde espía sagaz te serví con tal acierto, que nunca caí en la trampa, con estar oliendo el queso; mira, señor, si quien fue espía de un campo abierto de guerra, en el del Amor con más aire podrá serlo? Esto postrado te pido, esto rendido te ruego; pero si sordo a mi llanto, pero si mudo a mi acento, no te obligan mis querellas, no te ablandan mis requiebros, quédate para quien eres, ingrato, y aleve dueño. No tiene cura mi mal. Bien se ve, que eres un necio en la materia de amor; te pide esa dama celos? No, Tarabilla. La han dado por fuerza otro esposo? Menos. Se ha muerto acaso? Tampoco. Pues qué demonios es ello? Estaba en igual lugar conmigo, y ya en el excelso monte de la majestad, dicha, y desdicha la han puesto. Acabaras de una vez; y qué es tu intento? Mi intento es morir desesperado en la ausencia. . Ni por pienso: óyeme a mí (pues que ya tu mal, y tu bien penetro) que hoy he de ser tu Doctor, tu bótica, y tu remedio. Es imposible. Imposible? no la erraré si yo quiero: escucha como ha de ser, porque veas lo que puedo. Aquí está; ea, ambición, vamos poniendo los medios para conseguir un fin, en que van amor, y Reino. Rompa el caballo Troyano las entrañas, salga el fuego, que el corazón alimenta. Por música rabia? bueno: bien puedes decir, que es tuya, tan fijo como hay buñuelos: ira de Dios, qué botana! Abrásese el Universo, hasta que consiga altiva el último complemento de mis ansias mis astucias, fatigas, iras, y ceños, aunque lo sienta la sangre, y aunque lo murmure el Pueblo, que donde la ambición reina, no alcanza ningún precepto. Esto se ha de urdir así: porque siendo, como es cierto, que por tu sangre, y valor eres digno del Imperio, si antes te quiso, ahora es fuerza, que te quiera por mi enredo. Quiero esperar a que quede . solo Casimiro, puesto que en secreto ha de tratarse tan importante secreto. Qué te parece la solfa? no está bueno este concierto? Como de tu ingenio es; por ti vivo, por ti aliento, mas que humano es tu discurso, como he de pagarte::- Quedo, quieres besarme? detente, lo que importa es el silencio; tuya ha de ser, vive Cristo, Solisbella, y el Sol mismo, si yo meneo las teclas, y a clavicordio me meto. Pues retírate, no sea que alguno te vea. . Acepto: Discurso, para estos casos los dos refranes se hicieron, el mentir quiere gran cuenta, memoria excolendo aujetur. Casimiro? Gran Matilde? bien puede llamarse cielo tal esfera, pues ya logra de vuestro sol los reflejos. Tan galán como brioso acompañáis lo discreto. En la escuela de la guerra se aprenden estos preceptos. Casimiro, un gran cuidado, (ea ambición, empecemos) con el silencio mayor, y con el mayor secreto, vengo obediente a fiaros. Obediente? no lo entiendo. Qué os espanta? Amor es Rey, (así ofuscarle pretendo) y quien de mí se ha valido, está sujeta a su imperio. Atención, cuidado mío, que hay mucho que averigüemos: Pues, señora, agravio hacéis al alcázar de mi pecho, que está enseñado a guardar los más ocultos empeños. Pues en aquesa palabra asegurada, oíd atento; y antes que os declare el fin a que os busco amante, y cuerdo, los medios que a él os conducen, escuchadlos, que son estos. Bien conocéis, que del lustre de vuestros heroicos hechos es digno el Laurel más sacro, que ostenta su verdor regió: Bien sabéis, que vuestra sangre con Ladislao (aunque lejos) tiene diversos enlaces de Augustísimos sujetos: No ignoráis, que Amor es Rey, (como antes dije) y a efecto de lograr sus dulces flechas, dispone tiros diversos: Una Dama (ahora atendedme) de este papel en el centro, (válida de mí) os ordena, que en atención a los medios, que he dicho, correspondáis tan amante como atento, tan sagaz como advertido, tan mudo como resuelto, haciendo, que lo que incluye tenga por vos cumplimiento, pues ella palabra os da de su mano, y de su pecho, que Cetro, y Corona sean de vuestro obediente anhelo. Esto rendida por mí os suplica su amor ciego, ved que soy yo quien os hablo, y quien por ella intercedo, no extrañando estos arrojos, porque os parezcan violentos, que la quiero como a mí, y sus aumentos deseo; y en fin, ved que vuestra vida afianza este secreto: y que si loco, atrevido, ingrato, desleal, y necio os excusáis a la empresa, y de ella desistis luego, por pareceros difícil el fin de su desempeño, al impulso de la saña valor habrá, y habrá acero, que arruinando vuestro ser, os sepa cortar los vuelos, pues no es razón quede vivo quien tuvo tales alientos. Al impulso de la saña valor habrá, y habrá acero, que arruinando vuestro ser, os sepa cortar los vuelos, pues no es razón quede vivo quién tuvo tales alientos? no sé qué recela el alma, al ver se ausenta diciendo mi hermana tales razones, y más cuando en manos veo de Casimiro un pap tan absorto, y tan suspenso. Respiremos, alma mía, corazón mío, alentemos, que sin duda Solisbella (ay dulce adorado dueño!) a Matilde ha declarado el volcán de nuestro incendio, y ella, movida al cariño, (como hermana) habrá dispuesto alguna empresa, por quien feliz sea el amor nuestro; quién lo duda? pues bien claro se manifestó su acento, no siéndole a ella decente decirlo, ni proponerlo. Mande, pues, cuanto gustare, disponga de mí, supuesto, que gustoso esclavo arrastro dulce cadena de aciertos; muera mi melancolía, muera mi temor grosero, muera: Solisbella, y, o::- mí:- Casimiro, qué es esto? quién ha de morir? . Quién solo (turbado estoy) desatento, cruel, traidor, y alevoso fue:- . Cobraos, suspendeos, y mostrad ese papel, que se os ha caído: Cielos, mucho mal recela el alma, o! quiera Amor dar remedio. Excusado es, gran señora, que le veáis, si resuelto, y arrestado el corazón, dará a lo que incluye efecto. Él no está en sí: veamos, ojos, . de una vez todo el veneno. Será vuestra esta Corona de la suerte, contra el ceño, si a mi amor correspondéis, y dais modo al mismo tiempo de matar a Solisbella con cautela, y con secreto. Ay de mí! qué brevemente te dictó traidor despecho! Cielos, qué es esto que escucho! es verdad, ficción, o sueño? Oh aleve mujer! oh fiera! que mi honor, y amor has muerto! De qué hidra, di, tirano, de qué monstruo, el más horrendo de cuantos a humana sangre el ser natural debieron, se cuenta tan gran maldad? se refiere tan vil hecho? contra una vida inocente tanto furor, tanto ceño? qué mal te he hecho, Casimiro? (sin mí estoy!) en qué te ofendo? eran estos los halagos, los cariños, los desvelos, las ansias, y las fatigas, con que amante, con que tierno mereciste mi atención, sin la costa del desprecio? mas qué me espanto, si es la ambición dragón soberbio, que todo arruinarlo quiere borrando el conocimiento. Gran señora (ay de mi triste, que aún a hablar casi no acierto!) . como pudo mi lealtad::- Casla, aleve, calla, fiero::- Ser móbil de tal traición? Qué más evidencia, necio, que tus palabras turbadas, aún cuando tan manifiesto no estuviera este testigo? Pues juro a los santos Cielos, que ellos se venguen de mí, si inocente no padezco. Pues quién puede ser la causa? Ni lo sé, ni lo comprendo. Así son vuestras disculpas? pues yo sabré (previniendo arrojar del corazón cualquier amoroso fuego, que en él pueda haber quedado) hacer que deis escarmiento a las futuras edades con el más trágico ejemplo; así, no Dama, sí ina, vive mi decoro regio, vive mi altiva deidad, vive mi valor supremo, y vivo yo, que es lo más, villano, infame, sangriento, cruel, aleve, homicida, traidor, y mal Caballero, que a mis plantas::- Gran señora? mas Cielos, qué es lo que veo! Qué quieres de mí, fortuna? . Qué motivo:- El juicio pierdo. Pudo el Condestable daros? Y pues vino a tan mal tiempo, Clotaldo, que no presuma nada, es lo que ahora pretendo. Para qué así tan airada con tan extraños extremos::- Pues sola he de averiguar . esta traición, que aún no creo, que pueda ser Casimiro de tanta maldad el reo. Le tratáis? siendo su espada el escudo verdadero de toda Ungría? Y así, con el más extraño, y nuevo ardid, que hasta ahora ha inventado la variedad del ingenio, le tengo de disuadir de lo que ha visto, pudiendo averiguar lo demás quizás con el mismo medio, pues de un yerro, muchas veces resultan varios aciertos. Por lo cual digo, señora, que de ningún modo apruebo le tratéis de aquesta suerte, porque: . Quién os mete en eso? no sabéis que es necedad (decid) ya que sois tan viejo, averiguar de los Reyes los árcanos pensamientos? Yo soy Reina, y puedo hacer lo que quisiere, camueso. Qué es lo que decís, señora? que estas frases no comprendo. Qué malo sois para Alcalde, Canciller, siendo tan lerdo! Mirad, que no estáis en vos. Pues estaré en otro cuerpo. Qué es lo que miro, pesares! Pesares, qué es lo que advierto! Si el contento de reinar::- Si el dolor, y el sentimiento::- Ya dudan, los dos, en breve, . han de llegar a creerlo. 2. La habrá hecho perder el juicio? Señora, si acaso puedo::- Amigo, estoy muy contenta, y fuera de juicio, cierto; porque como dijo el otro, los gustos, y sentimientos andan con el seso a vueltas, dando vueltas con el seso; y así, yo tengo que hacer, harto os he dicho, entendedlo: aunque el decoro lo extrañe, . he de seguir este intento, pues en tanta tempestad me puede servir de puento . Condestable, qué decís de tan extraño suceso? Yo no; puedo decir más, que lo que habéis visto; puesto (deslúmbrele, de este modo, ya que el racaso lla ha hecho) que estando aquí, con su Alteza, con estilo descompuesto me empezó a hablar, y postrado mitigando, y persuadiendo la estaba, cuando aquí entrasteis. Fatal acontecimiento! yo voy tras ella, a poner en tal desgracia remedio: sin duda que el frenes? (como niña) es del contento de verse Reina: Oh halagos de la fortuna, qué necio es aquel que os apetece, pues dais luego en, un despeño! . A quién le habrán sucedido en todo el grande, el inmenso piélago undoso de amor tan multiplicados riesgos? ni qué Piloto podrá darme guía, darme acierto para poder gobernarme, cuando engolfado me veo en alta mar de desgracias zozobrando, y pereciendo, ya me ausente, o no me ausente, pues si no me ausento, quedo declarado por traidor con la Reina, y si me ausento (además que de una vez el honor y el amor pierdo) Matilde más a su arbitrio, ciega con mayor despecho, válida de otro traidor, que dé a su intención asenso, es cierto que en Solisbella (o, no lo permita el Cielo!) embotará el aguzado corte de su vil acero; entre cuyos dos peligros elegir el menor debo: muera yo, pues, y ella viva, a pesar de los violentos embates de la fortuna; y así el quedarme resuelvo. Audaces fortuna jubar, (dijo el májimo Galeno) y a los tímidos rempuja hablando de estos enredos; mas mi amo está aquí: señor? albricias, que ya yo tengo entrada libre en Palacio, y con el Canciller viejo, y Matilde, como aceite mi emplasto se va cundiendo, Ay Tarabilla! que aleve mi estrella, produce nuevos males, con que acabe yo a sus rigores cruentos. Venga lo que ahora viniere, que ya yo estoy acá dentro, y Maestro de Capilla, Doctor, y busón me he hecho. Sabe:: pero gente viene; contigo no me detengo, por no hacerme sospechoso; no dejes de verme luego, y a Dios. El Cielo te guíe, y a mí el primer Zapatero, o Sastre, que en el mentir Sajón, y asiento pusieron. Raro mal! Fiero accidente! Tan raro, impensado, y fiero, que la razón la ha usurpado el juicio, y conocimiento. Más bien que yo imaginaba . se va todo disponiendo para lograr mis designios; y así al disímulo apelo: ay hermana de mi vida! No así deis al sentimienta soltura, pues de este mal no es incapaz el remedio. Yo haré que lo sea. Y más cuando ejemplares diversos ay de que estos accidentes solo duran aquel tiempo, que la causa que somenta la imaginación: severo ostenta Amor contra mí de su arpón el cruel veneno; mas mi fineza sabrá vencer sus iras. . Yo espero que su Alteza se mejore las especies divirtiendo, de la aprensición, que enajena la luz al conocimiento. . Ingenio, a apretar las uñas, y a averiguar que hay de nuevo, que tanto cuidado da a Casimiro, yo llego. Beso la nitida estancia, que sustenta el paralelo de ese oróscopo de nieve, o pella del firmamento. Mas qué túpido vapor quiere empañar con su velo las rutilantes antorchas? Venga el contacto al momento. Clavicordio, pues que sois (según el ingenio vuestro) en música, y medicina tan sutil, y tan experto, averiguad de la Reina un accidente violento, con que asaltada se halla. Veámosla, que a lo menos, cuando curado no quede, que quede peor espero. Huye, Fenisa. Huye, Nise. Fenisa, Nise, qué es esto? Ay señora, que su Alteza sin saber (hablar no puedo) qué es lo que la ha dado, está como un diablo del infierno. Mujer, y diablo es lo propio, con que viene a ser lo mismo. Y a todas quiso arrojarnos, si no nos vamos huyendo por un balcón. Agua va, y qué hermoso vaciadero. Con que sin duda está loca. . No fuera mujer sin serlo. Lo que importa es el cuidado, para evitar cualquier riesgo. . Vamos, por si sosegarla en algún modo podemos. Yo de mi parte, a su alivio, como interesado, ofrezco cuantos medios sean posibles hasta su total remedio: qué mucho si mi albedrío al suyo vive sujeto. Ambición, ya que este acaso treguas con su muerte ha hecho, para lograr mis astucias a Casimiro apelemos. Con qué música sabéis? Eso es un pasmo, un portento, seis Operas en Turquía (cuando pasaba a Marruecos) dejé escritas una noche; en Medicina soy viento, lenguas se hacen las campañas solamente con los muertos que he curado. Quién lo duda de vuestro mucho despejo. Soy hombre de rompe, y rasga. Humor tenéis. El que tengo tal cual, a vuestros coturnos está siempre. . Así lo creo. También yo he de menester . buscar mi entretenimiento. Pieza nueva hay en Palacio. Amigas, júguete nuevo. Y así, pues que ya en Palacin tengo de vivir de asiento, en música, y medicina recetad, que yo prometo el serviros, porque cuando::- Qué hacéis? Nada, yo me entiendo, es que así mi voluntad os circúmbala el afecto. Déjese ver Clavicordio, si quiere que le toquemos. . Siempre, estará Clavicordio sonoro, con tales dedos: hay niñas, que sois muy bobas, y yo la tecla os entiendo! Esto por ahora conviene, hasta ver si del delirio la mania, o se acrecienta, o disminuye. . Ah impío rigor de la ambición fiera! de vuestro gusto, mi arbitrio pendiente siempre estará; (que aún con saber que es fingido, . me canse este rendimiento!) Yo espero que conseguido habrá de ser nuestro intento sin tanta costa, pues visto por el Reino, que se halla Solisbella en tal peligro, es posible que pretenda sujetarse a mi dominio, lo cual podréis esforzar vos con maña, y artificio, pues en todo un Ungría estáis igualmente recibido por vuestros gloriosos hechos. De un abismo en otro abismo, . la ceguedad la despeña del ambicioso apetito; y así, porque Solisbella viva, ahora determino condescender a este medio, que mi vida daré fino por la suya, en todo caso, cuando no halle otro camino, para poder libertarla, la lealtad del pecho mío. Solo vuestro entendimiento pudiera hallar discursivo tantos, y tan varios medios para el fin de este designio, y así espero que se logre como yo lo solicito, pues más que a vos os parece, lo desea el amor mío, por consagrar a la imagen a quien idólatro fino, las verás con que la adoro, las ansias con que la sirvo. (Esto, como es verdadero, con qué gusto lo repito!) No sé como satisfaga afectos tan exquisitos. Yo no deseo más, paga, que el que llegue a ser creído de la beldad que venero, de la deidad por quien vivo. Que ella os lo diga no basta? Recelo que sus oídos están distantes de mí, y de al nace mi martirio. Pues yo sé que os ha escuchado, (qué amor tiene tan rendido!) . y que está en corresponderos su fe amorosa. Imagino, que es imposible, señora, lo que me decís. . Tan tibios hacéis sus nobles afectos, o tan mal correspondidos? Esta en mi es desconfianza, temiendo no haber sabido agradar como quisiera. Vuestro amor es tan prolijo, que casi toca ya en necio. Antes es tan entendido, que aún yo entenderle no puedo, por más que a entenderle aspiro. Pues yo que le entienda basta. Eso es lo que solicito. Huyamos todas su furia. Aguardad, perros mezquinos. Señores, que se desata, tenganla. Qué es lo que miro! . aquí el traidor con Matilde, y a solas; o qué martirio! Pues qué es esto, hermana mía? Colobera sois? qué lindo! esto es un furor, un ansia, una pena, un desvarío, de que todos contra mí quieren meterme atrevidos los dedos por estos ojos; pues eso no, vive Crispo, que antes ciegues, que tal veas; por eso el refrán se dijo. Ira de Dios lo que ensarta! Ya la retaila ha cogido. Aquí el señor Canciller con sus vígotes postizos, que se parece a los gatos cuando están enfurecidos, me ha dado siete mil voces, y más de nueve mil gritos, porque a cantar me ponia. Nadie puede eso impedirlo. Yo a su Alteza, cómo puedo impedir nada? antes digo, que como de todo dueña::- Dueña yo, perrazo chino? . pues tengo tan mala cara? pues tengo tan mal ocico? pues tengo tanta joroba? pues tengo tantos colmillos? Mirad por vos, gran señora: ay dulce adorado hechizo! Quiraos de mi presencia, zalamero, traidorcillo: digan si tengo yo cara de dueña, cuantos me han visto? Qué lástima da el mirarla! . Mas me mueve su delirio. . Por no aumentar la mania me voy. Ya tienen creído todos en Ungría, que es mi mal loco precipicio; y así, para mis intentos el proseguir determino. Pues por qué lloras, hermana? Dueña yo? voto a san pito, que si le pesco allá fuera, le he de hacer un baturrillo: yo cantar puedo, o rabiar, que para eso he nacido Reina de golpe, y porrazo. Canta, pues que ya se ha ido, todo cuanto gustares. Quieres oírme un tonillo, que para cierta persona me le tenían escrito? Sí, que todos gustaremos de oírte. . Pues Maestrillo, ya que sin saber por donde en Palacio te has metido:- Dios ponga tiento en tus manos para que no des conmigo: que me ordena vuestra Alteza? Yo ordenar? pues soy Obispo? echadme bien el compás, no os envobéis, Don Pollino: Oyes, hermana, y advierte, que por aquesto se dijo, a ti te lo digo, tía, entiéndelo tú, sobrino: . así sabrá este tirano el mongibelo en que vivo. Un traidor, un cruel, un alevoso huésped Éneas, que en el pecho mío aposentado estuvo hoy alevoso arrastra así el poder de mi albedrío, sin ver su desvarlo, que Augusta Reina soy por alta suerte, y ha de dar mi valor sangrienta muerte al que en mi honor, y vida pretenda ser infiel loco homicida. Mira al cazador que acecha tortolilla bulliciosa, ya se agacha, ya se echa, vuela, vuela presurosa antes (tún) de disparar. Así huiré de un homicida advertida y cautelosa, pues pretende de mi vida, con su furia rigorosa, ser la muerte más fatal. Como un viento va que vuela, y yo tras ella camino, ya que maestro guarda locas, y no guarda Damas sirvo. . Qué compasión! Qué dolor! Qué fatiga, y qué martirio! . cuanto con el sentimiento el furor ha prorrumpido, es contra mí, pero yo la satisfaré rendido cuando pueda; y así, ansia: . Amor: . Afecto: . Destino: 4. En tanto que el tiempo llega, dame en la esperanza alivio. NE
JORNADA SEGUNDA
Esto, Clavicordio amigo, he de deber a la urbana atención vuestra; pues siendo todo el Palacio, y su estancia dulce habitación de Venus, bella emulación de Palas, ya en conceptos que deleitan, y ya en músicas que alagan, desde que aleves vapores, desde que nieblas tiranas, las luces a Solisbella entre delirios empañan, siendo por su destreza, y afición, tan inclinada a la música, que ha habido ocasión en que arrastrada del frenetico furor, tan solo pudo templarla de aqueste suave instrumento la dulcísima asonancia: Por estas causas, en fin, (y porque importa a otra causa, que con el tiempo sabréis) fío de vuestra bizarra habilidad, me dejéis airoso, con que las Damas aprendan, entre otros tonos, que a vuestra ciencia se encargan, estos, que por más festivos, creo que habrán de agradarla, siendo mi agradecimiento la más suficiente paga; y para lo que se ofrezca, esta cortedad: ( , A tantas . razones, razón no hallo, que pueda contrarestarla, y así mi obediencia hable con obras, no con palabras. Para cuanto se os ofrezca tendréis en mi confianza siempre lugar. . Yo os lo creo. Haz, Amor, con esta traza, que de Solisbella logre la hoguera, que aviva el alma. . Ahora bien, en este cuento hay tres cosas de importancia: la primera es el bolsillo; la segunda es la entruchada; y la tercera es, que a mí de alcahuete se me trata. Pero en suma nada importa, que esto en empleos se llama manos libres, y estas manos vienen a parar en gangas: sin duda el Embajador, rendido de alguna Dama de la Reina, quiere hacer el (son con esta guitarra. Ello sea lo que fuere, el bolsillo ya está en casa; y en cuanto a cantar la solfa, no hay duda en habiendo tarjas; mas mi Amo viene: Señor? - era hora que te hallara? cuando estoy ya reventando por decirte dos mil gracias de la loca mi señora, que garla más que una urraca en hablándola de ti. Tarabilla, qué eso pasa? Oye, señor, por tu vida, que es una cosa extremada. Después que serena queda de aquel mal que la maltrata, suele preguntar por ti: yo, que entiendo la enjuagada, la digo, ahora se ha ido, y ella vuelve muy airada, diciendo, por qué no ha entrado? y a esto un suspiro acompaña, que solo puede ablandar las peñas de Guadarrama; pero esto la dura poco, porque luego desbarata con que eres un vil, traidor, y las demás zarandajas de su tema. Oh, quién pudiera satisfacerla, y templarla! Y qué remedio haber puede contra esa fiera borrasca? Yo el remedio que discurro, es, que cuando sosegada esté, conmigo te entres como que acaso te hallas allí; y entonces humilde con ternísimas palabras decirla tu pensamiento, que luego yo una tipsana la daré con que reviente cuanto tenga en las entrañas. Con esto, y con asistir a los saraos, que a causa de divertirla se hacen en Palacio, nunca errada me parece que la cura nos saldría, y más si echabas el resto en obsequio suyo, discurriendo alguna extraña nueva música exquisita, que en su nombre se cantara. Tarabilla, no conviene, que hay causa que lo embaraza en Palacio. . Buen remedio, yo en mi nombre podré echarla: diciéndola a ella sola, que tú la has dado. No es mala idea, y así al momento dísponla tú. Si una alhaja no estuviera ya por medio, esta noche te apropiara esta que ahora me han dado, para que puedan cantarla las Damas, pero no quiero sobre mi conciencia cargas. Música de otro en Palacio? (oh qué furor! o qué rabia!) y la ha de oír Solisbella? Solisbella, y Solisalba; y qué tenemos con eso? Villano, pues cómo tratas a mi amor de aquesa suerte? Envaine usted, seor Carranza. Vive mi rabioso enojo, que en mil átomos deshaga esos débiles fragmentos. Suelta. Qué es aquesto? . Nada. Cómo nada? si es, y mucho: (así es preciso engañarla) Este señor Don tal cual (la cólera me atraganta) nos viene mandando aquí como quien no dice nada, y por fuerza quiere ver las letras de estas cantadas, no más que por ser quien es, con fueros, y con brabatas, sin ver que hay gran diferencia (no obstante ciquiricatas) de él a mí, y que si no fuera porque vengo sin espada, yo le diera, si, a entender el modo como, se trata a un hombre de mi caracter en estas carantamaulas. Vive el Cielo::- Vaya de aí, y mire bien como habla otra vez el seor melón, no le vuelvan calabaza. Cómo? . Dejadle por simple, pues de tan poca importancia es el motivo, y decidme si habéis enviado las cartas, que os mandé. . Sí, gran señora, todas escritas se hallan, en las cuales les prevengo a mis aliados, que hagan solo lo que yo ordenare, así es; pues si mi traza se logra, yo daré ejemplo de lealtades a la fama. Por tanta fineza sean mis brazos debida paga. En ellos mi noble amor sus méritos afianza: (que aquesto preciso sea!) Oh! llegue el día que aguarda mi anhelo para premiaros! (no sino para mis ansias.) Llegue, para que se vea lo que puede mi constancia. Dónde, pensamiento mío, me llevas? pero qué rabia! traición, traición. . Ay de mí! Que ahora viniese mi hermana! Traición, traición, Caballeros, Soldados míos, al arma. 3. Qué es aquesto, gran señora? Qué tienes? Ah vil tirana! qué he tener, si ahora he visto en un tapiz de esta sala a un traidor, que está tratando de la entrega de una Plaza; y en señal de que ya es cierto, alevemente se abraza con el otro; diga usted, no es esta señal muy clara (ha cruel!) de que es traidor? Todo lo vio cuando entraba, . y así disuadirlo importa. Responda, pese a su alma: es traidor, sí, Casi miro, que llega a tomar la paga? No es traidor, porque tal vez hasta los ojos se engañan. Si es traidor, sí, Casi miro, que el indicio lo declara. No es traidor, pues el indicio no es legítima probanza. Si es traidor, sí, Casiemito, que poco falta a entregarla. No es traidor, pues puede ser, que sea lealtad lo que falta. Si es traidor, sí, Casiemiro, que el contrario va a tomarla. No es traidor, pues es la guerra toda ardides, toda trazas. Si es traidor, sí, Casiemiro, que defenderla no trata. No es traidor, que de esta suerte podrá mejor ampararla. Si es traidor, sí, Casi miro::- No es traidor::- Sí es. . Ya basta de porfía tan molesta. Albricias, muerta esperanza, pues ha entendido la cifra, y con disculpa se halla. Arrebatome el afecto como me hirieron el alma. Y así tengo de apurar si es cómplice esta inhumana: en lo dicho me confirmo, y yo mandaré se haga pesquisa de la verdad, y al que cayere en la trampa, volaverunt; el pescuezo ha de salir a la Plaza, que para eso soy Juez, aunque sea de mi causa: y el Juez, si ha de ser buen Juez, como Juez no tiene Patria: el que me entiende me entienda, qui potestecapere capiat. Hasta cuando, cruel fortuna, has de ser conmigo varia! Fortuna, en tu rueda estriban mis felices esperanzas. Cuando, Ungría, has de lo en tanto uracán el aura! Solo he quedado: ea, Amor, mis pensamientos ampara, puesto que aliento me dan mi valor, y sangre clara. Si acaso pueden, señora, memorias de quien postrada tuvo algún tiempo su vida por víctima de esas aras, avivar muertas fatigas, y acordar perdidas ansias, merezcan en vuestro obsequio siquiera ser aceptadas. Qué bien con mi vanidad concuerda tanta ignorancia! pero así he de escarmentar su necedad temeraría: las ansias, y las fatigas podéis en otra emplearlas, que es melancólica ofrenda para, quien glorias aguarda. De necio me ha motejado: o Amor, y qué mal me tratas! . Madamas, esto está hecho, no hay si no es ir estudiando cada cual su papelillo para esta noche. Pues vamos ensayando, seor Maestro, lo que se pueda. . Me allano. Así tengas las narices. Para qué, amoroso encanto? Zalamero? lindo cuento! cuanto ha valido el emplasto? Cosa corta, cien escudos. Varatillo se ha ajustado: la mitad es para mí? Cuanto tengo, y cuanto valgo es para ti, serafín. Jesús, qué tierno, y qué blando está el Clavicordio! Es fuerza, porque estoy muy bien templado. Y no sabremos por quien se repica? . El Ralendario no lo dice? quién lo duda? Qué? Que está dentro de Palacio. Cómo dice aquí, Maestro? Ángel, al dice, sus labios. , . Y aquí? Aí dice, candores: válgame Dios, qué retablo! Zagalas, en qué se anda? Estamos aquí estudiando con el Maestro. Y qué cosa? Un tono nuevo chorreando, Qué chorrea, Clavicordio? Los conceptos a dos cabos. Serán conceptos de cera, o conceptos de zapatos. Con intención de buscar a Casimiro, y Clotaldo para declarar mi intento con los dos, como vasallos, que son los más principales, que he menester más gratos; por si consigo hablar Solisbella, me he entrado a este salón; mas qué veo! sin duda están ensayando lo que a Clavicordio di. Ya que a este tiempo he llegado, oigamos (pues ella escucha) finezas mías, oigamos. Ea, manos a la obra: a ver como van entrando en el compás, Maestrillo. Madámuselas, andiamo el mínuete lo primero, que está puesto, que es un pasmo. Vaya, que yo me paseo mientras que voy escuchando: tenga entre tanta congoja el pecho un breve descanso; y por si alguno me viere, preciso es disimularlo. Unisonos, y compás iguales vamos entrando. Venid moradores de este ameno Páis, venid a ver la estrella, que luce en el confín, ya que con su arrebol le da la luz al Sol para poder lucir. El mayor peregrino la ofrece en su viril, fragrancias ciento a ciento, albores mil a mil, porque en tan claro oriente tenga esplendor luciente la esfera más feliz. La rosa en las mejillas es copia de rubí, guardando entre los labios tesoros del Ofir, para formar candores el nácar, y las flores perfiles del Abril. La cándida azucena unida en el jazmín, es centro de sus manos a tornos del buril, y en tanta compostura el ser da su hermosura a esmaltes del matiz. El Céfiro suave reserva sola en sí, para que algunos tengan alientos al vivir, siendo del amoroso Fabonio delicioso el aura más sutil. Muy bien se ha hecho. No hay más? . No señora. Y se ha acabado. No lo veis? Es muy mal hecho, sin ver que estaba danzando yo con mi sombra, y mi sombra con yo, y conmigo, a dos manos; y si otra vez os sucede semejante desacato, voto a tristo valillo:- Adiós, que se ha disparado. . Que a bofetadas, y a golpes, si una chinela me arranco, no ha de quedarme ninguna con vida. Huyamos, huyamos. Señora, tened la furia. No quiero, picaronazo, entremetido, busón, y bribón entresado, que aquí me habéis de pagar tan aleve desacato; no veis que danzaba yo? Soy yo la guitarra acaso? suéltame, señora, suelta, que me ahogo. . Pues tragarlo. Suspended tantos enojos. Mire usté ese otro pazguato con lo que sale, después que todo me ha trastejado; vive Dios, que me ha deshecho la mitad del pelicrano. No de esas luces augustas es razón, que tantos rayos se empleen de aquesta suerte, si rendidos, si postrados se hallan alientos más nobles, de un pecho, que está anhelando solamente por las iras dulces flechas de esos arcos. Bueno será que este necio, . pague aquí su desacato; con que eso es en buen romance, decir que estáis deseando que yo con vos (quién lo duda? haga lo mismo? (no es claro?) Poco tendrá que temer el furor de vuestro amago, quien dentro del alma siente los golpes que la han labrado, con el cincel de esas luces, el búril de esos dos ampos. Poco a poco, señor mío, que tienen dueño estas manos, y para que no seáis otra vez adelantado con mujeres como yo, contra su honor, y tecato, llevad esto en la memoria; y si no podéis, soltadlo. Aunque es su desdén tan fiero, más rendido la idolatro. Supuesto que ya mi duda así queda satisfecha, siendo en el Embajador urbanidad solo atenta la música de esta noche, antes que yo hable, ni vea a Solisbella, darás esta hermosa copia bella de flores, (sin decir quien te la ha dado) pues su emblema en ellas cifrado va, y es preciso que lo entienda. Como lo mandas lo haré, pero ha de ser sin que sea a décimas del gaznate, ni a costas de mi cabeza; aunque todo lo daré por bien dado, como vea que del telar que está urdido solo te llevas la tela: guardo las flores, y marcho. Vete presto, porque llegan a este sitio el Canciller, y el Embajador. . Soleta toco, y alón, que me voy a disponer bien las teclas. . Aquí Casimiro está. . Yo les declaro mi idéa . a los dos, pues cierto es, que mal nunca les parezca mi pretensión, y si logro, que ellos de mi parte sean, quien duda conseguiré a Ungría, y a Solisbella: ya que la fortuna mía juntos a los dos encuentra, sobre un negocio importante a todos tres, yo quisiera tomar vuestro parecer. Cuanto a vuestro obsequio pueda conducir, podréis mandar con la más fija obediencia. Lo mismo os dice mi afecto, pues lo merecen las prendas de vuestro garbo, y caracter. Fiado en tantas finezas, oíd, pues, que no pretendo causar la menor molestia. Es Amor bello teatro (dijo una atención discreta) donde de varios afectos la transformación se muestra; tal vez del cayado al Cetro, al más infeliz eleva: y tal vez al encumbrado lo arroja de la eminencia, y tal, un Príncipe heroico sus comodidades deja, y se expone a mil peligros por un peligro a que anhela. Este en aquesta ocasión soy yo, no, no os suspenda el ver que Rey de Polonia, abatiendo mi grandeza, oculto en Ungría asista faltando a mi Corte misma; no, el que Embajador de mí me muestre de esta manera, si atendéis a lo que dije antes de Amor en las señas enamorado, al fin, ciego, por la fama, y por las prendas de Solisbella, sol mismo de esa refulgente esfera::- Ansias, qué es esto que escucho? . qué es esto que oigo penas? Determiné, que los ojos gozasen el dulce néctar de morir, viendo la imagen que el corazón representa: llegué, en fin, a Ungría, cuando estaba en lutos envuelta por muerte de Ladislao; y aunque mi amor se amedrenta de que exequias se reciban cuando delicias espera, no por eso se acobarda, pues al ver las luces tersas de Solisbella, quedó su actividad con más fueza: y más, cuando de la suerte en que Ladislao deja su Corona asegurada, la elegida salió ella; por cuyas causas, en fin, (ya aquí la pretensión entra favorable a todos tres) si vuestras leales muestras (que como Polos de Ungría su grande peso sustentan) esfuerzan la pretensión de que Solisbella sea el premio de mis fatigas, y Corona de mi empresa, Cetro, y Corona, en los dos de Ungría, y Polonia, quedan a vuestro gusto sujetos; mi fe tan fina, y tan cierta como agradecida; siendo envidia a la fama misma: y yo en fin, tan obligado, y rendido, que ser pueda ejemplo de la amistad más firme, y más verdadera. De vuestras invictas plantas nuestro respeto merezca::- De ningún modo permito tal acción; pues mi grandeza entre los dos en secreto del mismo modo se queda, que hasta aquí; y espero, solo, que de los dos la prudencia me aconseje qué he de hacer, pues ya corre a vuestra cuenta mi fortuna. . Yo por mí digo, que hasta que su Alteza (suspendamos, corazón, el golpe de esta violencia) se recobre del delirio, que la aflige, y la molesta, nada disponer se puede: pues habiendo de ser fuerza, que esté en su conocimiento, porque libre condescienda a lo que se propusiere en tan sublime materia, será inútil cualquier medio, que por los tres se prevenga. Bien ha dicho Casimiro, y así es preciso que tengan vuestro amor, y vuestro anhelo templanza a un tiempo, y paciencia, que en cuanto esté de mi parte, me hallaréis, y muy de veras. Pues fiando en vuestro amparo, y dándole a mi amor treguas, haced se hagan los remedios más exquisitos que puedan, (asegurando su juicio) hacer mi fortuna cuerda: Pero ya los instrumentos convocan para la fiesta de esta noche, que he dispuesto, viendo cuanto la deleita la música, y ya pasando las Damas van: ir es fuerza, porque menos no se eche nuestra precisa asistencia. A espacio, celos malignos, que habéis descubierto el etna. Obsequios festivos, acordes ofrendas publiquen afectos de amantes finezas, porque ufana viva Deidad que veneran, Qué presto estos aparatos . serán funebres endechas! Si será de Casimiro esta hermosa copia bella! pues me la dio Clavicordio al salir con gran presteza; mas yo lo averiguaré con una extraña cautela. Ya, señor, como habrás visto, hice aquella diligencia. Déjame, que estoy rabiando! Pues saludate, y no muerdas. Ya estamos como Dios manda Maestro, quienes empiezan? Fenisa, señora, hace a Prometeo, y Estela la Estatua del simulacro de la famosa Minerva. Pues salgan, que no es razón, que espere yo más. Ya llegan. . Moradores del Caucaso eminente, este apacible objeto peregrino ques lanimagen, y copia que previno el cincel de mi idea, y de mi mente, para darle en amor el ser viviente: Oye, pues, o divino Sol ardiente, de tu querido amante Promoteo (que te estima constante) el delicado acento, y voz sonora, con que fino, y leal tu luz adora. Cese la tempestad, el uracán, y el trueno, y el Iris más sereno brille de tu beldad. Luzca con majestad el más fino arrebol, cobre radiante el Sol en ti su actividad. 1. Ya de tu voz movida mi singular fineza enamorada. por quedar en amor acreditada, a esta estatua en la nada confundida, el aliento la infundo de la vida; pídeme, pues, por premio de tu anhelo, cuanto en la tierra ay, en mar, y en Cielo. Sonoro un instrumento, movido a simparia, es eco su armonía de otro sútil compás: Así mi noble aliento, del tuyo a la porfía, declara su alegría en premio de tu afán. De Casimiro parece: más confírmelo esta prueba; por qué han de hablar las estatuas? ay mis flores, que se sueltan. Aquí están. Yo fui primero: Yo también. Mía es la prenda. Ya es preciso aqueste empeño, . porque la cifra no entiendan. Yo he de llevarlas, aunque::- mas dividiolas la fuerza. Tened, que de él se ha caído un papel. Ay mayor pena! Qué veo! ya es menester . valerme de otra cautela, pues sin duda algún secreto papel, y flores encierran: es muy buena picardía . de los señores badeas, que se anden, sin más, ni más, a coger flores a secas: (así el duelo los evito) mis flores al punto vengan; y usté, señor vigotillos, quien le da tanta licencia para averiguar secretos de cualquier pobre doncella? De enojo no estoy en mí, sin saber lo que recela el alma en aqueste caso. Mejor fuera, mejor fuera, que tú con esas locuras no dieses causa a que tengan siempre todos en Palacio desazones, y quimeras; y así, si en estos delirios tú misma no te moderas, forzoso será que vivas en una torre sujeta, para evitar tantos daños. Cómo es eso de sujeta? soy mucha sujeta yo para que sujeta sea; no me enfade ella, que hag (ya que tanto sujetea) que la sujete mi Guardía por gazmoña, zalamera, presumida, traidorcilla, habladora, y desatenta: sujeta yo? vive Crispo::- Que esto mi rabia consienta! Señora:- . Dejadme todos, sujeta yo? aunque viniera todo el Protomedicato, sujetarme no pudiera. Lo sujeta le ha dolido, que ella en lo sujeta aprieta. Temblando de rabia voy . a vista de tal afrenta; mas yo haré que de mi furia infeliz despojo seas, teniendo así mi ambición logro, y venganza en la ofensa. . Si todo lo que presumo . averiguan mis ideas, yo haré que de mis locuras Ungria memoria tenga. Válgate Dios por las flores, que han marchitado la fiesta. Qué te he hecho, suerte enemig para serme tan adversa? Mucho áspid escondido, recelos, las flores muestran. Mucho declara el acaso de tan nueva contingencia. Mucho temo ya a Matilde: Amor, y lealtad, alerta. Mucho parlaron las flores, mas qué mucho si son hembras. .
JORNADA TERCERA
ORNADAT CE RA Ya, Casimiro, que solos estamos, sin que os altere el que con su juicio os hable quien parece no le tiene: como vuestra Reina os mando declaréis distintamente los confusos laberintos, los enigmas aparentes, en que el discurso dudoso, el tino, y la razón pierde. Leed primero ese papel, y decidme claramente, si es Matilde la que os manda lo que sus letras previenen. Supuesto, o gran Solisbella, supuesto, o Reina prudente, que traidor, y desleal vengo en este caso a hacerme, si una verdad no confieso, por encubrir un aleve despecho, no solo digo, que cuanto se incluye, y lee en sus abreviadas líneas, y en sus cortos caracteres, lo dictó la ambición fiera de Matilde, más pretende asegurar su intención con daros la muerte en breve, a que yo condescendí, porque así más fácilmente modo hallaba de libraros, aunque mi vida se arriesgue; pues no usando de este arbitrio, era preciso que llegue de algún traidor alevoso a ampararse, y a valerse, que inclinado a sus ofertas, podía hacia si vencerle. Prueba es de aquesta verdad el ansia con que mil veces, (desde aquel infausto día, que este mismo fue occidente de vuestro juicio) os busqué cuerda, para que supieseis de mi pecho las lealtades, que siempre vivieron fieles. Prueba es mi solicitud, para que nunca recele Matilde de mí, sufriendo de vos baldones, que siente el alma, aún más que las iras, que ella fiera me previene, prueba es mi vigilancia, y prueba es ultimamente ese papel que tenéis, aborto del ramillete. Leedle, y veréis que en él mis lealtades se ennoblecen, mis fatigas se declaran, y mis anhelos se advierten. De el mal el menos: Amor, ya veo que eres clemente, y aunque ya visto le tengo, quiero volver a leerle; las flores dicen así, unidas sus líneas breves: Es mi corazón retiro donde vive la verdad, y en su centro la lealtad solamente: Casimiro. Y el papel que dentro estaba, así dice: . No consiente ya mi fe más dilación, tiranamente os ofende vuestra sangre, pretendiendo ser lo que sois: ved prudente lo que ejecutar debéis, pues leal en mí se ofrece vida, ser, honor, y fama, porque reinéis solamente. Agradecida, (mal digo) satisfecha una, y mil veces con pruebas tan manifiestas, y testigos tan patentes, quedo de vuestra lealtad. Y porque veáis lo que debe a mi afecto esta evidencia, sabed que el fiero accidente, o delirio que padezco, es todo fingido, desde que Clotaldo a los dos vio tan arrebatadamente, a mi airada contra vos, y a vos turbado: ahora fuese, o providencia del Cielo, o dirección de la suerte, este medio a mi discurso, (porque nada a entender llegue) entonces se le previno, sin duda porque remedie un delirio tantos males, y un mal tantos accidentes. Y así, lo que importa ahora, es, que os mostreis con la aleve Matilde, del mismo modo, que hasta aquí, sin que ella llegue, ni su ambición a inquirir nada de lo que sucede, que yo amparada de vos, y el Cielo que me defiende, ejemplo daré a los siglos venideros, porque cuenten como la lealtad se gana, como la traición se pierde; y así:: mas Clotaldo llega, idos, porque no sospeche nadie, que conmigo habláis en secreto. . El Cielo aumente vuestra vida, aún más eterna, que la edad que ánima al Fénix. Mirad, que a vuestro valor le va mucho en defenderme. El mérito de leal es el premio que me mueve. Aún más puede ser. Pues ay algún más, que a ser más llegue? (dame aliento, corazón) Si hay. Y cuál es? . Ese le da el poder sin decirlo, y ahora decirle no puede. Cuánto me debes, respeto! . Respeto, cuanto me debes! Gran señora? Qué hay de nuevo? Mas apacible parece que la encuentro; o si pudiera hacer que condescendiese gustosa, y sin alterarse, a lo que Alberto pretende! pues no hay duda que en su unión resultan colmados bienes a Ungria; y por el contrario, mil males precisamente, pues él se halla poderoso, y ella sumamente débil. Una consulta, señora, que en razón de estado viene mi lealtad a proponeros, quisiera ver si merece ser de vuestra Alteza oída. Bien se ve en vuestras chocheces, que ignoráis que habláis conmigo, pues a justicias, ni Reyes no se les debe decir, que oigan precisadamente, sino que escuchen, que son dos cosas muy diferentes el oído, y las orejas, aunque tan juntas se muestren, pues deben escuchar muchos, y no escuchan lo que deben. Quedo, señora, advertido, y enseñado juntamente. Pues proseguid, y veamos, ya que a consulta se viene: en esa razón de estado, qué estado la razón tiene? Tiene, señora, el que siendo lo que a un Reino fortalece, y perpetuo le asegura, aquella unión que contiene himeneo venturoso, haciendo que sus laureles coronen las voluntades de afectos correspondientes, si está en vo Ya yo os entiendo; todo eso a parar viene, en que mientras no me case estará Nobleza, y Plebe descontenta, y aún el Reino mal seguro, e impaciente. Así mi temor lo juzga. Pues yo quiero me aconseje vuestra razón, proponiendo, qué sujeto ser merece digno de mi mano? Dentro de Buda, señora, puede ser, que sujeto tan grande haya, que en méritos llegue a agradaros. O! si acaso quizás propusiese este, como amigo, a Casimiro, pues nadie en la Corte tiene, ni méritos más sublimes, ni prendas más eminentes. Y de esta misma verdad el Condestable mantiene::- Albricias, corazón mío. Noticias muy suficientes::- Proseguid, decid quién es? que gusto de conocerle. Qué no os enojaréis? . No. Y qué no hay inconveniente en declararos su nombre? En qué, o por qué puede haberle? El Príncipe de Polonia Alberto: . Cielos, valedme! . Oculto en la Corte se halla, y en rendimientos corteses os sacrifica oblaciones de afectos muy reverentes. Que esto mi decoro sufra! por eso tan vanamente en diversas ocasiones me hablaron sus altiveces. Y así, si con él, señora::- Cómo atrevido, imprudente, delante de mi grandeza osáis hablar de esa suerte? (loca estoy) (ha de la guarda) Soldados, y Coseletes. Qué nos manda vuestra Alteza? Qué ha de mandar? lo que siempre: qué va, que anda con el viejo alguna vez a cachetes. A ese tirano atrevido, que luego al punto le enmielen, porque Embajador no sea otra vez de mequetrefes, que el ascuá con mano ajena ocultos sacar pretenden. No lo dije yo? zanbomba! fugite locas, molletes. Harto os he dicho, cuidado; el que me entiende, me entiende; alerta cuidado mío, pues ya descubierto este enemigo, es necesario el que a Casimiro premie. Cuando será, Clavicordio, el día en que llegue a verte también emplumado? Cuándo? cuando con mitra te lleven delante de mí, cantando tus ungüentos en falsete. Pues tengo yo cara de hechicera? . Si lo eres, o dígalo yo, que estoy hecho muñeco viviente a picadas de esos ojos, que son de amor alfileres. Esto, señor, me ha pasado, y aunque hay el inconveniente de que ya sabe quien sois, es muy posible se temple en su enojo; vuelta en sí, y admita el favorecerte; con que el que no os declaréis, es lo que a mí me parece por ahora, que entretanto mudar de dictamen puede: y más cuando a Casimiro también vuestra Alteza tiene a su favor, pues de él solo la quietud del Reino pende. Viven los Cielos Divinos, que ya mi amor casi viene a ser desesperación; y pues tan mal le parecen mis ansias, y rendimientos a esta ingrata, en cuya nieve el etna de mi pasión arde más, y más se enciende, ciego, y atrevido, en fin, veré si vencerla pueden traiciones y alevosías, pues lealtades no la vencen; y así, puesto que el Danubio en sus márgenes guarece gente, y embarcación mía, a robarla se previene mi atrevimiento, venciendo sin duda de aquesta suerte, de la fortuna enemiga el ceño con que me ofende, sin que la razón me obligue, sin que el derecho me fuerce; que Amor, como Amor, no admite razón, ni derecho quiere: sea mía Solisbella, y venga lo que viniere. Que serás mía, Fenisa, como quien soy te revele? Sí, que rabio por saberlo. Ese achaque es de mujeres: pues sabe: que: soy: un: hombre, compuesto: de dos: especies. Hombre, acaba, que me matas con tus pausas. Y así en ciernes:- parece lo que yo soy, y lo que soy no parece. Tarabilla de molino, con retruecanos te vienes? Este, fue, mí, nom, bre, un, tiempo; mas, ya, mi, nom, bre, no, es, ese. Hombre, es tormento de toca? Usted tanto no me apriete, que, yo, tengo, de, decirlo::- Cuándo? . Cuando lo dijere. Tú las pagarás, fantasma. Y yo las cobraré, duende. Adiós, galán de la mona. Adiós, dama de perrengue. Éncima queda la mía. Necuacuam, que soy aceite. Mas que te lleven los diablos, Mas que los diablos te lleven. Detente, funesta sombra, de la muerte viva imagen, qué me quieres, que así sigues mis vagos pasos errantes, y cayendo, y levantando con tal turbación me traes? Matilde? Válgame el Cielo! Matildle? . Voz formidable! casi el corazón flaquea! mas qué miro? Varón grave! cruel, y fatal presencia. horrible, y fiero semblante! l, h ; No de esa manera huyas, tirano monstruo cobarde. Yo Ladislad tu Tío soy, que vengo a declararte, que aunque así, bárbara fiera, contra la inocente sangre de Solisberla, dispongas tus, alevosas crueldades, nunca en ella han de poder las iras efectuarse, porque el Cielo la defiende como escudo impenetrable. Su Providencia ha dispuesto, que ella reine, que ella mande, dándola la mejor suerte, aún cuando sois tan iguales; y así, no desprecies necia este aviso, que te hace por mi piadoso; y advierte, que serás Reina, si sabes vencer de tu inclinación la obstinación en que yaces. Espera, aguarda, que yo aunque el aliento me falte, aunque el susto me aprisione, aunque el corazón desmaye, aunque el sentido flaquee, aunque el acento se embargue, haré; pero a hablar no acierto, porque intrépido se esparce no sé qué oculto deliquio, no sé qué veleño fácil, que el movimiento me usurpa, y casi yerta me hace; y así conmigo luchando, de aquesta manera acabe. Dónde, señora, caminas con tan turbado semblante? toda la color perdida, y ajado el purpúreo esmalte? Cielos, qué puede ser esto! Eres tú? . Yo soy. Cobrarme! quiero, pues sin duda fue aprensión imaginable lo que antes vi, y no es razón que mi valor fe acobarde; disuadirle intento ahora de lo que, ha visto. No extrañes verme con tanta inquietud, pues mi altivez, mi coraje, hasta que su efecto logre, matando a la vil infame Solisbella (que aún no quiero ya, que mi hermana se llame) me tiene fuera de mí, y más si acuerdo me hace de las injurias de anoche, que más cólera me añaden. Esta noche, será, en fin, funesto triste cadáver al golpe de mi furor, pues ya no es bien se dilate ni el castigo a su osadía, ni a mi ambición su realce; y así estarás prevenido a lo que yo te mandare, pues ciega, y precipitada, ya no hay nada en que repare, sin que de objeción me sirva el ser cruel con mi sangre, que si hubo madre, que quiso (dejando al fin de ser madré) matar a un hijo, porque otro hijo solo reinase; qué mucho, que por ser Reina a mi misma hermana mate? ahora veré yo si el Cielo de más fantasmas se vale. Oye, señora, detente; quién vio crueldad más notable? echó el resto a su ambición, rompió a su furor el margen. Cielos, como consentís tan tiranas impiedades? Pero en vano ya el discurso pretende así fatigarse; lo que importa es avisar a la Reina del combate que la espera, para que (aunque mi valor la ampare) disponga que esta tirana su fiero delito pague. Di la verdad, bufoncillo. Señora, no te dispares. Fingiendo alguna locura con Tarabilla aquí sale: mas para hablar en secreto, quiero dejarla que pase a su cuarto. Por Floripes. y todos los doce Pares, señora, que no me hagas, que segunda vez me atasque. Busón, no te has de ir de aquí, sin que la verdad relates de quien eres; ítemmás, por qué en el Palacio entraste? ítem, qué hablabas ahora con el Señor almocafre del Embajador, que así como me viste escapaste? quiero averiguar, recelos, que de este presumo. Baste, señora, que yo:- . No rumie. Es que si nunca: . No masque. Ay, que no puedo. . Vomite. Porque aquí el secreto::- Arranque. Me ahoga. . Meta los dedos. Ya lo hago. . Pues despache, si no quiere que a un balcón por el pescuezo le amarre. Jesús, qué gran sacrilegio, estando un hombre de Abate! yo, señora, lo diré, como quieras perdonarme. Yo te absuelvo a culpa, y pena de este modo: vade in pace: confiesa, pobrete. Digo, que debajo de este traje, con nombre de Clavicordio, músico, y médico andante, de Casimiro criado soy, que del modo que sabes, con lealtad, y fe he servido. Qué oigo! pasa adelante, y di, qué es lo que quería el Embajador? Forzarme a que en tu cuarto esta noche, siendo conductor, le entrase. Qué traición! Mas yo le dije, encasquetado el semblante, y encapotado el sombrero, vaya, que es un badulaque, un camueso, un zascandil, pues a hombres de mi clase trata con aquesos tratos, tratos, que no han de tratarse con todos los tratadores, que hay en todos los tratantes; y agradezca a que no traigo cosa con que pueda darle, que si no, votado a tristo, que había de santiguarle. Quiso embestirme, sacando un mendrugo con que darme, a cuyo tiempo dejó caer este; y tu llegaste, él se fue, yo me quedé: cogísteme me haces martir; soy confesor; tú te quedas, y yo me voy sin pararme. Quién vio traición más aleve? quién vio más terrible lance? atrevido, y despechado indicios da de robarme, pues el papel::- Gran señora? Casimiro, di, qué traes, que así apresurado vienes? Viendo tardas en pasarte a tu cuarto, y que la noche sus negras sombras esparce::- Acaba. Vengo a decirte (horror me da el acordarme) como ya determinada está esta noche en matarte tu hermana. Válgame el Cielo! quien vio confusión más grande! Ved, en fin, qué hemos de hacer, pues rendido, pues constante daré mil vidas por vos, antes que la vuestra acabe. Leed primero este papel, para que así veáis antes, que cuando los males vienen, no vienen solos los males. Alberto, al Reino de Ungría: Canciller, y Condestable, la Reina en Polonia está; Alberto su Rey, y amante:- (bía! Qué pena, qué horror, qué ra- La ha robado; y así a nadie echéis la culpa; y supuesto que su poder es tan grande, mejor que para enemigo, para vuestro amigo vale. Cómo llegó a vuestra mano este papel? Si va sabes que mi vida es toda acasos, qué tienes que preguntarme? por un acaso le tuve, aún sin pretender buscarle. Y qué remedio, señora, discurrís a dos tan graves daños, como hoy amenazan a vuestra persona? Estarme adonde el peligro venga, para poder contrastarle. No será mejor huirle, siendo cierto, que aquel cae en el peligro, que ciego amó necio, e ignorante? Vámonos de aquí, señora, (que yo me obligo a que halle amparo vuestra grandeza, cuando en Ungría le falte) a otro Reino. . No conviene, ni lo discurro importante; porque aunque yo por mí misma pudiera a los dos cobardes traidores dar el castigo. que a su culpa les bastase, siendo prisión una torre a mi hermana, donde hallase civil muerte su delito con la sed, fatiga, y hambre, y arrestando al cruel Alberto, sin atender el carácter de Embajador; no lo admito, pues esto ya era faltarme la esperanza de que el Cielo, como hasta aquí, me amparase; además, que en esta noche a los dos he de mostrarles su delito cara a cara, con el más extraño examen de la traición, que hasta ahora se lee, ni cuenta en Anales, quedando de mi locura memoria, por donde alcance la más prudente venganza el que agraviado se halle. Y así, ven, y te diré lo que has de ejecutar antes, pues ya la noche funesta entre sombras negras, hace que fallezca sepultado ese Monarca radiante. Vamos, y de mi dispón, señora, cuanto gustares, aunque sea el que por ti, y en tu defensa, derrame contra todo el mundo, el corto caudal, que en mis venas late. Así de tu fe lo espero, tu pecho, y lealtad constante, Amor:- . Anhelo::- Cuidado:- . Ansias::- Fatigas: . Pesares:- Suspended tantos rigores como a mi pecho combaten. Funebre horror, cuya sombra luz es de tiranos hechos::- Opaca luz, cuyo horror es norte de atrevimientos::- Tu auxilio da a quien te busca para amparo de un despecho. Tu amparo da a quien te pide auxilio para un exceso. Y pues que de ti me fío::- Y pues a ti me encomiendo:- Haz qué confunda entre angustias de Solisbella el aliento. Haz qué goce en Solisbella los bellísimos luceros. Al impulso de mi rabia, y a los golpes de mi acero. Al arrojo de mi amor, y a violencias de mi afecto. Sin que el temor me embarace. Sin que me acorte el recelo. Pues Casimiro aguardando amante me está, y resuelto. Pues barco, y gente aprestada en el Danubio ya dejo. Y porque nadie presuma quien la dio muerte sangriento::- Y porque nadie a dudar llegue de este atrevimiento::- Será ese monte de aljófar cristalino monumento. Será un papel, que aquí v quien lo publique en e Reino. Acabe, en fin, mi ambición. Prosiga, en fin, mi ardimiento. Mas no sé lo que me anuncian. Mas lo que dicen no entiendo. Del corazón los latidos. Del corazón tantos ecos. Pero por qué me acobardo? Pero por qué me recelo? Si donde está mi osadía::- Si donde está mi deseo::- Es de menos lo demás. Todo lo demás es menos. Este es su cuarto, allá voy. Este es su cuarto, allá entro. Parece que pasos oigo? Parece que pasos siento? Oh, si Casimito fuese! Oh, si fuese ella, desvelos! De esta suerte lo sabré con recato, y con secreto. Casimiro? Qué he escuchado! de mujer ha sido el eco, qué haré? pero de este modo podré averiguarlo, y verlo: Señora? Él es; afuera temor, yo soy; y así en este puesto puedes quedarte entretanto que esta venganza fenezco, pues a morir, o matar mi furor va ya resuelto. Pues a morir, o matar mi furor va ya resuelto? la voz de Matilde fue, si no me engañó el acento; en el cuarto de la Reina ella con tanto despecho pronunciar tales razones? si acaso: Pero qué necio, y qué temerario soy, pues que tal arrojo pienso! A seguirla voy, mas no, que quizás estorbar puedo la venganza en que consista de su honor el vencimiento. Mas una vez que he sabido la evidencia, ya del riesgo, puedo al peligro excusarme, ni a ella dejarla puedo? no: pues sea, lo que sea; a seguirla me resuelvo; que de este yerro quizás resultar puede un acierto. Segunda vez tropezando, y segunda vez cayendo, el temor de lo que he visto me pone grillos de hielo en cada paso que doy, y en cada planta que muevo. Llegué al cuarto de mi hermana, (aún a articular no acierto!) llamo a toda mi ambición para que me dé su aliento, prevéngome de osadía, llego la mano al acero, voy a entrar, y en Regio Trono, con Majestad, y respeto, la miro que está guardada de los más leales pechos, que contra míme parece, que claman todos diciendo:: Traición, traición. Qué he escuchado! mis temores fueron ciertos. Perdí a Matilde, y el susto me condujo al Solio Regio de Solisbella, que en él, sin saber para qué efecto, con pompa, y con Majestad puesta estaba, a cuyo tiempo oigo que las voces dicen, confundidas con estruendo: Traición, traición, arma, arma. Válgame todo mi esfuerzo. Desdichas, qué es lo que miro! Pesares, qué es lo que veo! Muera el que traidor ofende. Muera el tirano: . Teneos: Condestable, Casimiro, Clotaldo, Canciller cuerdo, Nobleza ilustre, gran Plebe, estadme todos atentos: Vuestra Reina fui nombrada de una suerte en el decreto; loca un acaso me hizo por providencia del Cielo; entre cuyas dos acciones, y entre cuyos dos extremos, si fingido fue lo uno, fue lo otro verdadero. Yo sé, porque averiguado por evidencias lo tengo, que desde que el Trono ocupo, un fiero rigor sangriento, para acabar con mi vida, sus ardides ha dispuesto: Yo sé, que otro arrebatado impulso, tirano, y ciego contra el alma de mi honor, llevarme presa ha dispuesto; y yo sé, en fin, que esta noche uno, y otro atrevimiento su efecto conseguirían, si no estorbaran su efecto fortuna, y lealtad, que unidas en mi defensa se han puesto. Estas furias, pues, que os digo, estas iras, que os revelo, como Reina las propongo, y como agraviada siento. Niña soy Ungaros nobles, pues de tres lustros no llego a la línea en que capaz al alma es de sentimiento: loca fui, aunque fingida; y así en estos dos excesos, no quiero que estás verdades las creáis, solo deseo. que me concedáis gustosos una gracia, que pretendo. Ni como niña, ni loca, soy capaz de tanto peso, pues al valor más gigante de el reinar, bruma el Imperio; y así, pues tanta osadía, y así, pues tanto despecho se conjura contra mí, porque Reina soy, haciendo de esta manera despojo, de Manto, Corona, y Cetro, en que la pompa se cifra de este dorado embeleso, doy libertad a mi honor, y a mi vida en tanto riesgo. Esta es la gracia que os pido, esta la merced que os ruego; reine mi hermana, pues tanto lo desean sus anhelos; logre el de Polonia altivo de su disfraz el empeño, uniendo las dos Coronas, como de su mano dueño, que yo mi libertad amo, que yo mi albedrío quiero; pues Reino con tantas penas, mas es muerte, que no Reino. No hagas tal, que ya rendida mi delito así confieso: . ciega estuve, y fui traidora contra el Divino derecho, y el humano: Reina eres, y como a tal te venero; castiga de mis traiciones los aleves pensamientos. Y yo, señora, lo mismo te pido rendido, y preso a esas plantas. Quién creerá, que al mirarlos me enternezco! alzad, no estéis más así. La voluntad, y el decreto de Ladislao se cumpla. A Solisbella queremos por nuestra Reina, y Señora. Jesucristo, y qué revuelto anda todo. . Solisberla viva solamente. . El Pueblo clama impaciente, señora, la renuncia no admitiendo. Excusaros no podéis de reinar, en el supuesto, que a la justicia le toca el castigo de los reos. Todos, señora, obedientes te veneran con respeto. Ved, en fin, qué respondéis? Digo, que a reinar me entrego segunda vez, mas será dando a Casimiro el premio de su lealtad, con mi mano, pues por él, amante aliento. Nadie impedirlo podrá por su gran merecimiento. Al fin embocó la suya. Con la fe de mi respeto, tan rendido como humilde vasallo, señora, llego. . Vuestra soy. Feliz mi dicha, que vuestro esclavo me ha hecho. Paciencia, amor desgraciado, a vista de tal tormento. Casimiro, y Solisbella vivan por siglos eternos. Si gustáis, podéis, hermana, premiar disfraces de Alberto, que ya en mi gracia os recibo. Solo a obedecerte anhelo. Yo postrado doy las gracias por dicha que no merezco. Yo solo fui desgraciado. Siempre con quien vengo, vengo: mi Amo ha sido Casimiro, Tarabilla fui, y me quedo Clavicordio, pues tan bien estas teclas se han dispuesto; y así, si a mí sa Fenisa mis servicios merecieron, una, y mil veces la pido. Y yo una, y mil veces quiero. Envido. . Diez más. Agarro, y con esto laus Deo. Y pues que de genios nobles es el perdonar los yerros, la Prudencia en la Niñez a vuestros pies ofrecemos.
