Texto digital de La prudencia en la mujer y reina más perseguida
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Vicente Cipriano Segura
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La prudencia en la mujer y reina más perseguida. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/prudencia-en-la-mujer-y-reina-mas-perseguida-la.

LA PRUDENCIA EN LA MUJER Y REINA MÁS PERSEGUIDA
JORNADA PRIMERA
Yo, señor, no sé la causa, Cuando casarse la Reina Y A Reina nuestra señora, La que paséis a verla manda. Qué queríá la Reina ahora? Quizás mejor acordada, habrá ya del berado el franquear su mano blanca Para ese efecto a los tres nunca juntos convocara, pues haciendo la elección por la inconsecuente estr novedad de su capricho a el que eligiera llamara Sabéis la causa, Melendo? Yo, señor, no sé la causa, y solo sé, que leal la sirvo con vida, y alma. . Cuando casarse la Reina prudente determinara, conmigo fuera, que soy de tan inmédiata rama, como hermano del Rey muerto y cuando lo rehusara, Castilla bastaba sola a conseguirlo por armas. Además, de que el derecho de la Corona, es sentada proposición, que me roca a mí, por mil, circunstanci con que si quiere ser Remna, será, si conmigo casa. Solo sería esposa mía; y aquese consiga, bastan las Escuadras numerosas que mi espíritu comanda, y que a Don Aisonso el Sabio mi hermano, y su Rey, aclaman. Mucha es vuestra valentia, mucha es vuestra confianza, cuando Don Diego de Haro, Señor de la gran Vizcaya, casándose con la Reina, y después teniendo a raya todas nuestras pretensiones de el niño Rey, con la carga sabrá quedar, hasta que joven ya, pueda llevarla. Yo legané mi justicia. Yo alistaré mis Escuadras. Y yo en defensa del astey sabré salir a campaña. Qué podéis hacer Don Diego, si en vos cortadas se hallan las plumas de la soberbia, de la rañidad las alas, siendo un pobre Caballero, que entre arados, y entre azadas ( solo hidalgo. por Adán) se sustenta de la basta renta de un poco de yerro, que producen las Montañas fragosas, e inacesibles. que en sus estados se allanan? Qué habéis de hacer? Ni a qué Reino aspiraráa vuestras ansias, sin tener más troaco, o silla, por timbre de vuestra casa, que el de el árbol de Gárnica, cuatro miscrables ramas Dejadle con su locura, que como a ella venga, y vaya, se desposará con ella, y no con más su esperanza. Yetantes, de mis blasones la nobleza hereditaría, desde Noé descendiendo, está bien justisicada. Siendo del tiempo, en los tiempos, tan limpia, y actisolada, que ni en mis tierras, ni en ella ha entrado asoísalca rama, si solo, roducen serio, de oro le sirve a la espada, siendo talier, que sus triunfos forja, y sus victorias fragua. Y si el árbol de Gárnica es su soliós lustre, y basa, de sombra ha servido a Imperios, de efugió a mil afechanzas, que traidores corazones han movido a sus Monarcas. Tío del Niño Rey soy, a su Madre el pecho ama; el que intentase ofenderle, primero ha de ver mi espada (que de Vizcaíno hierro es furia que se desata) hacer de su infame pecho la más sacrilegan haista. Y pues ya mi sufrimiento de responderos acaba, hable ella, y de este modo ahorrémonos de palabras. La mía os responderá. La mía cuando obra, calla. Qué es esto ilustres Infantes, glorioso honor de la España, luciente esplendor del orbe, vida, y gloria de la patria? Cuando nuestro invicto Rey, mi esposo, y señor, acaba de pagar el común seudo a la inejorable parca, trocáis los súnebres llantos en bélicas discordancias: Cuando el Moro Granadino Morisco, Fendones alza, y de sus menguantes Lunas tantas multitudes saca, que más parecen crecientes inundando las campañas: Cuando uno; y otro enemigo nuestras Fronteras asaltan, y a defender invasiones tantos leales no bastan: En círiles competencias, ambiciosas arrogancias, bandos, que la paz destruyen, pretensiones mal fundadas, cubrís de temor los Reinos? tira- tiranizáis vuestra patria Dando de hablar mil motivos a tanta Nación contraria? Desposaros pretendéis conmigo (sujestión vana) y como si hubiera sido, alguna mujer ganada en buena guerra, al derecho me reducís de las armas: Casarme intentáis por fuerza? E ilustrándoos sangre hidalga, la libertad de mi gusto hacéis pechera, y villana? Qué veis en mi (ricos hombres) qué ligereza, o qué mancha, para pretender, que yo no mantenga limpia, y clara la conyugal continencia, que ha inmortalizado a tantas? Tan poco amor tuve al Rey, que pensáis puede en el alma borrar jamás la memoria de su estimación el ara: Ayer murió el Rey mi esposo, aún no está su sangre helada, pues mi corazón conserva de sus afectos la llama: cuando en la viudez llorosa, la mujer más ordivaria, al más ingrato marido, respeto un año le guarda: Yo, que sol Reina, y no menos al Rey Don Sancho obligada, queréis, Grandes de Castilla, que desde el túmulo vaya al tálamo delicioso? De la virtud a la insamíia? Conoceisme, Caballeros? sabéis que el mundo me llama la Reina Doña María Que sangre Real me esmalta del Real trono de León, y como tal si me agravian, seré leona, ofendida, que muerto su esposo brama? Ya yo sé, que no el jamor, sino la codicia avara del Reino que pretendéis, os da bárbara esperanza de que he de ser vuestra esposa; y que el mirar colocada sobre las sienes pueriles, de un Niño la soberana legítima, inejorable excelsa Diademal Sacra de Castilla, y discurrir, que puedo yo ser tan mala, que por casarme consienta dar muerte a quien idolatra mi pecho, y dar la corona. a quien la mano, y el alma, os causa la avilantez con que este caso se trata Pero estáis mui engañados, que no está desamparada de estos Reinos la Coropa, ni del Rey la tierna infancia. Si porque es su Rey un Neño, y una Mujer quien le ampara, os le atrevéis ambiciosos contra la, Fe Castellana, tres almas viven en mí, la del Padre (qué Dios haya) la de mi hijo, que habita en mis maternas entrañas, y la mía, en quien se suman esotras dos; ved si basta a la defensa de un Reino una Mujerí contres almas. Intentad guerras civiles, sacad gentes a campaña, vuestra deslealtad, pregonen los clarines, y las cajas, que aunque, mujer, yo sabré blandir animosa el asta, vestir el arnés luciente, poner la fuerte celada, adornar el coselete, traer la cota de malla, dar asiento a la manopla, y vibrar feroz la espada. Insanta soy de León; salgan traidores; a raza de el hijo de una Leona, y verán si tiene garras, mirarán si tiene presas, y hallarán, que despedaza, asola, pasma, y destruye, quema, aniquila, y abrasa cuañtos contrarios encuentre, cuanto al opósito salga: , r Vuestro natural Señor A2 , s . es este, y la semejanza de Don Sancho de Castilla, Fernando Cuarto se llama, respetadle aunque es pequeño, poned la boca a sus plama:: del Rey difunto tenéis la copia viva a la cara: llegue el infame a romperla, llegue el traidor a borrarla quite el desleal la imagen, y el ingrato la deshaga. Lo mato, madre? No, hermoso pedazo de mis entrañas: Ea lobos carniceros, un Cordero simple bala, haced presa en la innocencia, provad en él vuestra rabia, despedazad el bellón con que le ha cubierto y privadle de la vida con la Insignia puspurada: innocente Abel padezca la más indigna asechanza, que aún su sangre no vertida ya justicia al Cielo clama: Si muere, morirá Rey, y yo con él abrazada, sin ofender las cenizas de mi esposo siempre casta Para haceros manifiesta mi resolución bizarra os he mandado llamar, os he oído en mi antesal: advertí vuestra dispura, y procuro remediarla. Esta soy, este es mi hijo, una vida en dos se halla, la mía pierdo gustosa, la de el Niño he del a ma Sierpe soy en su defensa, Leona soy en su guarda; Tigre soy, queelo protege; víbora soy, que rle ama; Basilisco, que le libra; Toro, que acosado brama; Áspid, que veneno escupe; Hidra, que ponzoña exbala: y en fin, soy su Madre, que daré por el vida, y alma. , s . Lo que me toca deciros (no Reina os llamo, si Infanta, es, que el ser mujer, moriva el que habléis con arrogancia. Yo si casarmes quería, era el ampararos causa; mas pues despreciáis la suerte, toleraréis la desgracia. Fernando reinar no puede, porque siendo prima hermana vos de don Sancho su Padre, con quien fuisteis desposada, sin que se hubiese obtenido, como previa circunstancia, Beve Apostólico, el hijo ilegítimo se halla; por cuyo motivo queda su persona despojada de la Real acción, que a el Trono tuviera por la contraria; y está en mi rerde, por deude que más inmediaro se halla. Y así, si queréis que viva, desistid de la demanda, pues de no, dará a un veneno, o a un cuchillo su garganta. Este es Rerodes, no infante, pues niños degollar trata. Muera, que el Cielo sin duda sabrá tomar la venganza; dale, traidor, muerte al Rey; pero la resulta aguarda. Ya es legitimo, que el grado nos lo ha dispensado el Papa; solo a cuenta de Dios corre, él volverá por la causa Después eso lo veremos; y supuesto que es tan clara mi justicia, de los Moros se valdrá mi conflanza, y la Vega de Toledo poblaré con sus Escuadras, hasta que la Silla Goda llegue triunfante a ocuparla Yo de mi sobrino el Rey de Portugal, econe las armas abrasaré a San Cervantes, y pondré fuego a su lcázar. . Yo, Señora, si la mano vuestra, mi cariño alcanza. contra los dos traere Tropas de Aragón, y de Vizcaya; la la respuesta espero armado, si os tiene cuenta enviarla. . Ea vasallos, una mujer sola y uin Niño Rey: que apenas hablar sabe, la lealtad imploran Española, c. vuestra fidelidad el Mundo alabe. La traición sus banderas enárbola, si amor de leí en vuestros pechos cabe, defended de los lobos a un Cordero, Ángel, Niño, y Monarca verdadero. Si la memoria de un Fernando el Santo, su visabuelo os mueven las pasiones; si mi pena, y dolon, si mi quebranto os causa lastimosas compasiones; si mi ahogo, mis ansias, y mi llanto pueden mover leales corazones, conservadle piadosos en su silla. Viva Enrique. Don Juan, Rey de Castilla. Por Don Enrique, y Don Juan pregonan el viva, todo el Reino levantado. Madre, infinito pesa esta Corona, bájeme usted de aquí, que estoy cansado. Pesa, hijo? Bien decís, pues ocasiona su peso la lealtad, que os ha negado el interés, que a la razón cautiva. Castilla, por Don Juan. Enrique viva. Diga, Madre, qué voces serán estás? Está mi Corte acaso alborotada Sí, mi. Fernando. Hátanme todos fiestas, porque ven mi cabeza poronada. Traadores contra vos, las dan molestas. Traidores contra mí? Con esta espada; por vida de, quien sol:: Ay, hijo mío! de vuestro Padre el Rey era ese brío. Qué: guarda, gran Señora, vuestra Alteza? Del Alcázar, Don Juan se ha apoderado, y Don Enrique de la, Fortaleza de San Cervantes, y han determinado prenderos. . Cortareles la cabeza, por vida de mi Padre. Ay hijo amado! huramos a Leon, que, es Parra mía. Yo seregrande, y les daré un mal día. . Señores, brava cosa, sin versos se retira la graciosa, en siendo historia sería, o sazonada, el ingenio no quiere diga nada; y que pues todas tres Jornadas corro, sino tengo papel, eso me ahorro.. Señora, pues es razón, que me des albricias pido. Toma esa cadena, Flora. O; bien haya quién la hizo! El día más liberal de cuantos tienen los siglos, es el día en que cualquiera casa, hereda, o tiene hijó: y así como ya has tomado el estado apetecido, estás hoy que es un contento; ea, estás que es un prodigio. De Don Juan Carabajal con la mano, the recibido la esclavitud más gustosa, los más apacibles grillos. Aún por eso la cadena, tan breve a mis manos vino, pues sobrándote prisiones, se hallaba de más contigo; pero, señora, porque D este casamiento ha sido tan secreto? No es Don Juan (como otras veces me has dicho) de tan ilustre prosapia, Solar tan esclarecido como el tuyo, pues a entrambos les dio origen, y principio Don Alfonso de León, Monarca, y Señor invicto, distinguiendo las Familias solo en vuestros Apellidos, porque unos de Benavides ocuparon los distritos, y otros de Carabajal tuvieron el Señorio? Pues a qué viene el secreto? Flora, los odios autiguos que tuvieron las Familias nuestras, de cuyo incentivo aún no estinguida la llama, mantiene el tesón antiabo (pues de mi hermano Don no espira el cruel designio) es la causa de no haber a el púlblico ya salido el casamiento, que cuerdo va deteniendo su aviso mi esposo Don Juan. Felice el que indigno ha merecido que vuestro sabio su nombre participe a sus oídos. Y selice el pobre que, Flora, pimpollo florido, floreciente primavera, tu flor, y cadena ha visto, Más felice, señor, quien logra el gusto tan cumplido, Atvin que ve presente la imagen, que llora ausente el cariño. Felice yo, seor camueso, que como, que bebo, y vío, sin que de sus tonterías se me pueda dar un pito; y la cadena aquí está, no le dará en el hócico. Es posible, Flora mía Con ese requiebra al Limbo. Qué a un veneno, qué triaca: Con su ponzoña a el abismo. Se está volviendo por ti:- Pues es acaso vestido? No le has de oír? No señor, que su amor está entendido; no hay cadena, no hay cadena. Dámela para unos grillos. Es salsa. . Yo haré que sea su metal, como yo, fino En viéndonos otro día te la daré. . Fijo sijo? Cómo ahora, llueven albardas, calabazas, y pepinos. En fin, a que aquí os quedela, m Don Juan, no me determino; porque mi hermano, el Correo pasado escribió el aviso de que tomaria al punto para Valencia el camino. Pues sois mi esposa, no imporia. Le temo a sus desatinos. Si él viniere (pues muy breve el que se sepa es preciso) . te sacaré de la casa, Furaoso es obedecerte: Flora y en el fresco recinto de aquel cenador, la mesa con, que cenar solicito. Vol a opedecerte. . Vamos esposo,y dueño querido. Vamos objecto adorado. Vamos embusteros finos. Tarde salí de León; pero ya estamos en casa. El sueño, me das por tasa. Presto dormirás, Tacón, y presto yo de mi afrenta el agravio vengaré, y la mañeha lavaré. Qué mancha? que eso entra en cuenta De una hermana fementida, de quien hoy me han avisado, que vilmente se ha casado, y le he de quitar la vida. Y el norio quien es ay tal! Sintiendo estoy lo que digo, es mi mayor enemigo, es Don Juan de Carbajal. Esta es, del cuarto la puerta, y llave maestra tengo; ya para, abrir la prevengo. Puedes abriré Ya está abierta, entra conmigo, a esta acción, y mira que no hagas ruido. a n r í Porque sos Tacón. ̱. Ya esposo, y señor, es hora de pasar a recogerse. Nunca quisiera llegaran las nocturnas lobregueces, pues el rato! que me usurpa Morfeo, quitando el verte, le privar a mi vida el logro de lo que más aperece. Pisa quedo, y habla bajó porque sentir ruido pueden. Pero podré estornudar? Tampoco. Jesús mil veces! Qué voz, y ruido es aquel? Yo lo diré brejemente . el veniros a matar a vos, y a esa hermana aleve. Dificultad tiene el cuento, que mi espada la defiende. . Qué desgraciada he nacido! Yo no soy para alcahuete. Flora, apaga aquesa luz. Traidora hermaba, qué emprendes? Puesto que la oscuridad mi justicia favorece, hu, hui por librar a mi innocente, y que la puerta he encontrado, de el lance quiero valerme; Don Luis, a oscuras no riñen los hombres cuando hal mujeres, de León en el camino mañana espero a las siete. . Detened, oíd, mirad: Pues la puerta esta parece, sígueme, Florilla. . Vamos. Y había cadena? Corriente. . San Judas me favorezca. , h Es Tacón? . Precisamente Quién había de llevar, si no es yo tantos moquetes? Madre, no llore por Dios: Pues por el corto resquicio, que aquella ventana ofrece, entra alguna luz, con que no mal la puerta se advierte: sígueme. . Vamos ligero. Y quiera el Cielo que llegue a vengarme de una hermana, y a castigar un aleve. . , ñn Venis cansado, hijo mío? Sí señora. . Quién así habrá visto en las edades, a un Monarca Niño ir? A quien no da compasión el mirar, y el advertir la tierna planta en el suelo, de el que increce asistir en Tronos de Majestad de púrpura, y de carmín? Quién no ve peregrinando de el uno al otró con fin el pequeño Rey de España, niño, solo, e infeliz Quién no se condolerá mirándolo discurrir por prados, montes, y selvas, florido, y tierno jazmir? Apenas, pues, de su hablar es principio el balbucir, cuando se mira llorar, cuando se advierte gemir: mares, riscos, prados, montes, su persecución oíd, sus lágrimas atended, tened compasión de mí, amparad de un tierno Niño el desconsuelo, pueril, a quien, traidores pretenden vida, y Reino destruír. Astros, Planetas, y signos venéholos influid, para que salga triunfante en tanta prevista lid? Fuego, tu calor detén, Aire, para lo sutil, Agua, la furia suspende, Tierra, impide su desliz, nieve, lo frígido templa, y unánimes concurrid , Agua, Juego, y Tierra a amparar un Serafín. Madre, no llore por Dios: que si llora me afligí. Hay hijo de mis entrañas, vivid mil veces, vivid; ojos el llanto parad, las lágrimas reprimia, que aún le dais quebranto a un aviño, n. Madre; yo quiero comer. Trahe algo, Isabel aquí. Señora, la provisión . cómo era poca, dio fin? Ahora, ahora, pesares da lme uía muerte civil, qué madre, viendo a su hijo que llega pan a pedir, no teniéndole que dar, no ha de llegar a pedir, Van me pines, hijo mío? Pan no hay, llégate a mí, y mira, si de mis pechos te puede el jugo nutrir. Aves, brutos, peces, fieras, en mi socorro acudid, trabédme livias silvestres con que pueda subrenir a la vrgencia en que, se hala este fragrante Albelí; pero no pida limosna, ni será pobre infeliz para mantener su hijó la que ayer se vio feliz sobre trono de esmeralda en mullido trasportín, y diga por los caminos al que llegue a concurrir; , . Viedad, piedad, piedad, pretende un infeliz; que aún no pisó el oriente, cuando encontro el Cénit. . Este, Don Luis, es el sitio, que para el duelo elegí, y que pues ya a vuestra hermana en salvo puse, yenid. Cómo caballero en todo se conoce que cumplís. Escoge el campo . En cualquiera sé mi obligación cumplir. Partamos el Sol. Vartamos . Ea, el acero esgrimid. Ea, el valor demostrad. Yo es espero. . Pues partid. Fuerte brazo! . Noble aliento! Señora, presto acudid, porque mi esposo, y mi hermano se están dando muerte allí, Acabad, que viene gente. Qué no os lleguéis a rendir? Caballeros, descendientes de aquella ilustre raiz, que honores dio a Benavides, y a Carabájales mil, cuyos blasones herozcos, ni se podrán extirgüir, del tiempo con las edades, ni llegar a consumir; on suspended de los aceros la dura obstinada lid, que una Reina de Castilla es quien los llega a pedir. u el amparo vengo de vuestro brío gentil, cuando infames alevosos han obligado a venir al Niño Rey a valerse de vuestro favor aquí. Despojado de su Solio, y del purpúreo matiz, tieno por Dosel un olmo, miradlo compadecidos, aquel es, miradlo allí. Caballeros, amparad mi Madre, y miradme a mí. Ea estirpe generosa, aquella palabra oíd, y de aquel hermoso labió Piedad, piedad, piedad, pretende un infeliz. que aún no piso el Oriente, cuando encuentro el Cénit. Oh retrato del Amor! deponed el temor vil, que no fuera yo quien soy, y fuera de sangre ruin, si a mi Rey, si a mi Señor le dejara de asistir, Ya cesaron mis enojos, ya se acabó el competir, ya nobles, Carabajales dimos a los olios fin; a librar esta innocencia a campaña he de salir, y a defender su Real vida hasta librarle, o morir. Fénix de España glorioso, aunque supiera sufrir cuantos golpes la fortuna es capaz de prevenir, os defenderé constante, porque se lleguen aunir los troseos, que herede que fiel conseguí. Como me han visto pequeño me llegaron a embestir. Dadnos a besar la mano, y vámonos a partir. . Llegad, aquí la tenéis. Este es mi mayor subir. Esta es mi mayor fortuna. Feliz yo, que una vez va contra el traidor el leal a su Príncipe acudir. Ea, vamos a León. Id mi casa a prevenir, En esta Comedia todos pasamos por un tamiz, y es solo lo que hay que hacer callar, entrar, y salir. . . Pues en júbilo el pesar se ha llegado a convertir, , hijo; y en acentos de aclamación repetid: . , , . Que viva Fernando triunfante, y feliz, y de aleves pise su pie la cerviz. Goce vuestra Real persona en paj, descanso, y unión de este Reino de León la apetecible Corona. . Vuestra soberana idea felice goce la Silla de el de Murcia, y de Serilla, y mil siglos la posea. Ya con ventura propicia Reyes nos aclama el miedo, desde Tarifa, a Toledo, y desde allí hasta Galicia. Ya nos ofrece el Blasón, Escudo, y aplauso Real, el Reino de Portugal, y el Imperio de Aragón: donde irá Doña María, que nuestro amigo no sea? No es bien que el Reino poses el bastardo hijo que cría. Reinos pudiera tener a no ser tan loca, y vana. Ella rogará mañana, que finalmente es mujer. Conveniente es la prisión de Hlijo, y Madre, porque así fija se mantendrá en mí la Regia dominación: de esta suerte me aseguro; a Dios, que a buscarlos parto . Viva Don Fernando Cuarto, Rey legítimo. . . En el muro suevan voces. . El Rey viva. Ingratos: Cielos, qué es esto? Echó, la fortuna el resto; ah tirana suerte esquiva! Los tumultos desleales toda la Ciudad alteran. Mueran los traidores, muerans. Valientes Carabájales prosiga nuestro favor. Viva el Rey nuestro Señor, y mueran los desleales. Vamos a dejar venganda nuestra fama, o a morir. Vamos, pues, a conseguir el ser César, o ser nada. Volvió Dios por la justicia; de el Rey estuvo a la parte; y así, pues, vuestras personas se den a prisión, Insantes. Qué es darse a prisión? Primero espirará mi coraje. Vuestras Altezas, Señores, puesto que saben los trancés a que expone la fortuna, y que en León no hay ya parte donde de Fernando el Cuarto no asistan los Estandartes, dense a prisión, confiados en que el ánimo suave de la Reina, siempre que al Rey las cérvices bajen, y sus sacras manos besen, les dará las suyas Reales. Dios ampara al dócil Niño, y pelea por su Madre: tomad las armas, que yo . a sus pies he de arrojarme. Fuerza será hacer lo mismo, porque en tan estrecho lance, lo contrario es exponer . esperanza, vida, y sangre. Venid a pedir clemencia. Venid a pedir piedades. q Fortuna, para la rueda. Dicha, no me desampares, que quizá podré otro día de Madre, he Hijo vengarme. Viva. Don Fernando el Cuarto, Rey de Castilla, y León. Prosiga de sus aplausos. la sestiva aclamación. Viva millares de siglos. Viva los años del Sol. Que viva la edad del Fénix. Viva immortal en mi amor. Que viva eterno en mi fe. Y que viva digo yo. tanto, como a mi callar. esta tarde me costó. Entrad confiado, Insante. Infante, entrad sin temor. . A vuestras plantas, Señora: A vuestros pies, a : . Humildemente postrado: Rendida mi sumisión: Clemencia os pido, señora. O; pido, Señor, perdón. Aunque vuestra deslealtad l. Corona se aljó, y aunque hay sobrados motivos para castigaros, hoy, tantos delitos de muerte, tan bárbara obstinación, y de lesa Majestad tanto cometido error, no obstante; por mi suave natural inclinación, para vuestras propia afrenta, para mi Real honor, y para que sirva al Mundo entero de confusión, y se admire en las edades, que mi proceder se vio, la prudencia: en la Mujer es la templanza mayor; perdonados estáis: ved en esta piadosa acción, que logro dos vencimientos, Volved, Infantes, volved, no os persuada la ambición a perder tanto adquirido como heredado blasón: vedí que ultrajáis las cenizas, vedí que mancháis el honor de tanto condecorado ilustre Trogenitor. Mirad que sus monumentos se están quejando a una voz, de que a tantos cuerpos hiertos les quitáis estimación. No ejecutéis tal maldad, volved por vuestra opinión; y si no segundas vez intentad el rebelión: veamos quien es más firme, vosotros en la traición, o yo en perdonar agravios de tanta infiel sinrazón. Perdonadlos, hijo mío, ( . que así Dios lo hará con vos. Aunque ciegos me habéis dado hambre, cansancio, y calor, yo os perdono, que mi Madre dice, que así lo hace Dios. . : enita sea mil veces, la madre que te parió. No olvie jamás España tu magnánimo valor. Eternícese tu nombre por una, y otra Región. Bajo cuya Real palabra. Bajo cuya protección. Agradecido mi afecto. Fiel ya mi veneración. Os servirá hasta morir. Os servirá con amor. Singular. Reinal. No cabe: en ella más discreción. Pues quieros los desleales, el Reino se sujetó, prosiga de los osequios la cadencia, y oblación. Viva Don Fernando el Cuarto, Rey de Castilla, y León. Logre triunfos. Gane imperios. Con dichas. a la una, y otra Nación. Y viva glorioso, siendo Rey de Castilla, y León. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Pisa con tiento Ismael. Las plantas dirijo tardas. Entra, pues, qué te acobardas Voy a obedecerte fiel. Tendrás valor? Eso dudas? Tendrás animo? Pues quién puede dudarlo? Está bien, pues obra en acciones mudas. Tuyo sol. Mira la sala, por si alguno nos escucha. Sola está. Fortuna mucha. Ninguna a la tuya iguala. De ti mi secreto pende, y la vida del secreto. El guardarlo te prometo. En este supuesto atiende: Ya sabes que a esta Corona (prudente, y docto Isma el tengo en el primer derecho la primera acción, también sabes, que habiendo intemtado , Regio Dsel, como únicamente mío, despótico dueño ser; para cuyo efecto hice es Reino ver la justicia, que me asiste, que clara como el Soles. La Reina Doña María de el Rey Don Sancho mue a quien llamaron el Bravo, por su aliento, y altivez habiendo quedado viuda, y con un Infante, que aún tres años no cabales, oponiéndose a mi intento después de un grave tropel de muertes, y sediciones, que en aquellos tiempos fue de Castilla la rruina, y de la España vaiven, logró colocar al Niño en el Trono, que el poder fabricó para mi envidia adorno para él. Me dirás con qué motivo te refiero, lo que sé que tú no ignoras? Y solo te deberé responder, que hay lances, en que es forzoso a la memoria traer lo que anterior sucedió, por lo que vendrá después Despojado de su Solio, como te dije, quedé; pero tan ardiendo en iras, tan resentido de haber padecido los ultrajes de un Niño, y de una Mujer que (no obstante que piadosa procuró desvanecer de mi altivo pensamiento el justo rencor cruel, perdonando de su agravio la ofensa cuerda, y corrés) permanece en mi memoria el firme teson infiel de colocar en mis sienes el Regio verde Laurel. Con esta intención, con este pensamiento tan cruel, de ti, Ismael como sabio, valerme determiné. Y a este efecto, que trajeras prevenido te mandé el to, e ha de dar muerte al Rey, y a mí el Dosel: , Ismael, le has trabido? Sí, gran Señor, este es. En tu mano estriba solo cuanto yo puedo valer, r , la Corona lograré; de viruelas está enfermo, t vs; si le das muerte, verás, que que te he de llegar a hacer Señor de cuanto mi Imperio en sí llegue a contener: haré, que todos sujetos a tus órdenes estén, que mis Vasallos te amen, que todos besen tu pie, que te consagren rendidos de su esclavitud la fe, y que en tus preceptos siempro no se llegue más a ver, que una distancia tan corta como la que puede ser, entre mandarlo tú, y que se llegue a obedecer. Yo tu esclavo eternamente seré, como a prometer me llegues, que a mi Nación le has de dar tu protección, la tienes de ennoblecer; porque son modos implos, el que andemos desterrados, profugos, y avasallados, solamente por Judios; cuando bien sabido está los Blasones que tenemos, y que todos descendemos de la Casa de Judá. Por quién es mi Real persona el ampararte te juro. Pues ya con ese seguro será tuya la Corona. Para este efecto, de igual calidad, esta bebida la traía prevenida, y aquí servirá no mal. Con este veneno fiero verás en cristal fatal desplomado lo Real, y ajado lo justiciero: En el término más breve verás que te satissago, y que el Rey con este trago su más pronta muerte bebe. Obrando en el día así, un Monarca depondré, mi Nación ensalaaré, y te coronaré a ti: pete alegre, que aquí llero tuy ventura recatada. Cua traición coronada no afrenta, el proverbio apruebo de César, cuya ambición (para authorizar mi intento) que por reinar ejecuté tal acción. Pues mis aumentos son llanos, matar al Rey niño intente, y muera por innocente, pues soy Judio, a mis manos. En este vaso el veneno hoy vierta mi alevosía, y viva la Nación mía, muriendo el Rey tan pequeño. Si con esta no hay bastante, a bien que queda bebida, y dándola repetida verá su muerte al instante. Enfermo padece allí, que beba su muerte trato, , mas Cielos, no es el retrato aquel de su Madre? Sí. No sin causa me acobarda la traición, que juzgo cierta, pues puso el Rey a su puerta su misma Madre por guarda. Vive Dios, que estoy temblando de mirarla! Aunque pintada, no parece que enojada, muda me está amenazando? mas para qué doy lugar a cobardes desvaríos, tímidos recelos míos, para vivir a matar? Mas espera reflexión, qué es lo que yo intento hacerl Qué? Matar para vencer la suerte de mi Nación. No es esto honor? honor es; será traición? No lo creo; u será? ? del más glorioso interés: pues muera el Rey. Mas no muera: advierte corazón mío, que corre riesgo tu brío en tan trágica quimera. No puede ser, que el veneno pierda en algo la eficacia, y viva por mi desgracia? Si puede: en la duda peno: y cuando no sea así, no es fastible que muriendo el tosigo conociendo pare la sospecha en mí? Bien puede; mas no adelante discursos el pensamiento, encuentre su fin violento, pues me lo manda el Infante, Muera el Rey, y hága se cierta la dicha que me animó; pero el Retrato cayó, y me ha cerrado la puerta. Riesgo tengo conocido, sino me voy lo más presto: huyo por aquí. Qué es esto? De qué estáis descolorido? Volved acá; dónde vais? De qué es el desasosiego? Volveré, Señora, luego. Esperad, de qué os turbáis? Yo turbarme? No es por bueno: qué lleváis en ese vaso? Quién! Yo? Detened el paso. Quién dijere, que es veneno, y que al Rey nuestro Señor no sol leal: Cómo es eso? Que estor turbado confieso. . Quién dice, que sois traidos? Quién al presente os acusa? Mi misma traición será. Culpado Ismael está; Quién sin ocasión se excusa? El Insante ee el ingrato, que yo bien le satisfice; y si el Retrato lo dice, engañárase el Retrato, que aunque el paso me cerré cuando a purgar al Rey vengo yo, Reina, qué culpa tengo, si el Retrato se cayó. Don Juan el Infante, a mí me mandó, que en la bebida quítase del Rey la vida. Y yo:: cuando:: vine: fui:: y solo ofendió el Insante. En fin, vuestra turbación confesó vuestra traición. no paséis más adelante: la bebida de Fernando es esa! Señora sí. Y si he de decir aquí la verdad, qué estoy dudando? El deseo de reinar, con Don Juan tanto ha podido, que ciego me ha persuadido, que llegue al Rey a matar. Mas Cielos, cómo prosigo? . Por qué en breve me despeño? Remediáralo mi empeño: ues Señora, como digo, ya que veo sosegada. de vuestra Alteza la ira, crea que todo es mentira, y cosa no imaginada; y en prueba, a derramar paso esta purga, que otra habra, que más provecho le hará. Detén la mano, y el vaso, que pues está mi Fernando para tomarla; yo quiero pronéis la purga primero. Yo. pues.s:- Qué estáis dudando? u no t para tomarlas, Señora; y no está dispuesta ahora, según yo tengo la hedad. Quién tan gran malicia vio, . y trasción tan repetida, contra una innocente vida! Qué no estáis enfermo? . No. No importa, vuestra virtud desmienta ahora este agravio: en salud se sangra el sabio, os purgaréis en salud. Bebedla infame traidor. Señora, a tus pies rendida perdón humilde te pido. No merecéis tal favor; y pues tan mal de el Infante me habláis, siendo tan cristano, no tenéis remedio humano; bebedle pues al instante, sed vuestro verdugó fiero, e imitar por ese estilo al Toro, que hizo Perilo en este trance, confuso la pública afrenta excuso con el castigo secreto. Ya el vaso al labio preveng ya bebo mi muerte en él; y ya conmigo cruel verdugo mío, a ser vengo; ya el tosigo se dilata, ya por las venas se extiende, ya me hiela, ya me enciende, ya me ahoga, ya me mata, ya el corazón se sofoca, ya se detiene el aliento, qué ansia, qué sentimiento! ya espira mi afición loca, ya obra, en fía, su rigor, ya llegan las ansias mías, ya fenecieron mis días, piadosos ls, saor. . Ya acabó de su esperanza la loca arrogancia incierta; quiero entornar esta puerta, para ocultar mi venganza. Si habrá ya Isma el Qué mira! La Reina aquí, fuerte asombro! Se has bien llegado, primo. Señora, a veros venía, que es tanto lo que os estimo, y a el Rey mi señor, que cuando en vuestra vista no asisto, fuera de mi proprio centro, ni sé si muero, o si vivo. Bien sé, generoso Infante, de vuestro pecho lo fino, y que después de el pasado (ya sea erron, o desvarío) si acaso hubiera tun traidor necio, vano, y presumido, que a la Corona aspirara, de vuestra lealtad el brío , , alma intentará su castigo. habrá algo presumido? No es eso así? Sí señora: que el ser, honor, y la vida, Señora, . siempre que sea preciso, la perderé por el Rey, Juzgué que hablabais conmigo, Pero decidme, a qué efecto vuestra pregunta ha venido? Fiarme quiero de vos. Tardo el aliento respiro. . Sabed, que un grande (y tan grande como vos le qué mal le finjo: e. parece os turbáis, Iufante? Temo, que quizá, haya habido algún traidor alevoso, que cuando tan leal vivo, infamarme desatento con vos haya pretendido. Contra el leal son muy pocos los que valen atrevidos; digo, pues, que un Grande intena con cauteloso sigilo subir a Rey de vasallo; y habiéndolo yo sabido, le quisiera reducir, por un suave camino. Sé que le estimair mus mucho, pues os preciáis de su amigo, con vor le intento escribir; y en vuestra prudencia fío que juntando con mis letras vuestros discretos avisos, le reduciréis mejor a que vuelva a mi servicio. Yo su amigo? Y tanto, que le queréis como a vos mismo. Si mi corazón supiera de tal traición, os afirmo, que al punto me lo sacara por cómplice en el delito. Eso, Primo, es cosa clara, y así lo tengo entendido. Decida, soie, o no leale , , ho. Qué enigmas son estas Cielos, o Reinos quién habrá habido . que tantos, fustos padezca por alcanzar tu dominio? Aquí hay recado, escribid. Qué mal el valor animo! . Qué tardo el aliento esparzo! Infante. Señora, . Digo, que escribáis la voz Infante. Juzgué que hablabais conmigo, pues pues en Castilla, aunque hay otro, cuando como a mí le habláis: El escribirla es preciso, pues en Castilla no hay otro de título como el mío. Puede ser de Portugal, o de Aragón al que escribo que estando, juntos los dos; a qué había de escribiros? Qué traidor no econp. Decid; señora: Prosigo: Infante, como un Rey tiene dos Ángeles en su guarda, poco en saber quien es tarda el que a hacerle traición viene: vuestra ambición se refrene, que se acabará algún día la noble paciencia mía, y os costará mi aspereza esperanzas, y cabeza: La Reina. Doña María. ahors , que no es de importancias poca. que por la parte que os toca, advertid, Don Juan; en él; Cerradlo, y darle después. As quién; qué saberio intento? El que está en ese aposento os dirá para quien es. El que está en ese aposento os dirá para quién es? qué vendrá este misterio? A qué fin tantos enigmas? Tanto callar, a qué efecto? Si habrá aquí gente encerrada para matarme en secreto? Ea valor, di, qué temés? Así averiguarlo pienso. Mas Cielos: que es lo que miro! dda mi daño es cierto, pues muerto Ismael, le Reina sabrá todo lo que ordeno: luega el papel que me dio, conmigo hablaba? No hay medio. Pues no vea mi dolor mi afrenta, y mi sentimiento segunda vez su presencia: Que más quiero, que más quiere ser Verdugo de mi vida, que no pasar tal tormento? el veneno que quedó hoy a mis labios le ofrezco, y vendré yo a ser el Juez, Primo, Jafante, estáis en vos? Qué ahogo, qué sentimiento os mueve a desesperaros Sois vos cristiano, sois cuerdo? Porque de vuestras sospechas se aquiera sien los recelos, con mis vida pretendí dar fin al enojo vuestro. Yo no lo tenge con vos, engañado estáis en eso; pues nunca pudo mi juicio dar a las voces afenso, falso, sospechoso Hebreo, él fue quien dar muerte quiso al Rey, bajo de el pretexto de que vos se lo mandabáis; mirad que alucinamiento. El papel que yo os noté, fue solo con el intento de advertiros, que los Reyes lo más oculto sabemos. El enviaros con él a que vierais el horrendo castigo de mi justicia, fue a preveniros con tiempo, que si en vos descubro alguna traídora acción, vive el Cielo que vuestra cabeza a un palo Apenas del corazón tímido las alas muevo; qué es esto soberbia mía? aliento mío, qué es estos Esto es morir? Sí; pues sea, con el siempre honrado anhelo de perder firme la vida hasta conseguir el Cetro. Pues todos gracias a Dios. asistimos en Palacio, Veneno a Carabajal; yo aa Benabides mi amo, Floras a su Doña Teresa, y de Isabel lo bellaco en el cuarto de la Reina, por cuyo forzoso acaso hemos logrado la suerte de poder vernos, y hablarnon contra el gusto de el ingenio, y para gusto de el patio, desatemos la sin hueso. Fuerza será, que lo hagamos. Lo primero, por cumplir con la precisión de el paso, pues no he visto caso alguno en que se lleguen los cuatro Graciosos a verse juntos, ni solos en el Teatro. Lo segundo, porque como nos deja hablar por milagro el perverso dé el ingenio, es preciso, pues estamos con las manos en la masa no dejarla de, la mano. Venid acá, y la objección en que puede haber reparo, diciendo, que no es posible sueceda lance tan raro, en que todos a una hora estemos desocupados: quién la salvara? Y más si se reflejiona algún rato que los amos que se usan, tienen su gusto cifrado (como pagan todo el mes al pobre infeliz criado) en que todo el día sirva sin el más leve descanso. Callad, que eso está disuelto. Cómo? Con el mismo casa, pues este se nos permite, porque ahora están los Amos (como es la fiesta, y los tiene el mal del Rey desvelados) a pierna suelta durmiendo, a boca abierta roncando. Has dicho muy lindamente. Fues vamos al caso. Al caso. Que espencie hemos de tocar con la cual nos divirtamos? Jesús, y qué tontería! Qué pregunta tan de asno! Es mucha razón lo dude, pues yo lo estoy ignorando. No parece si no es que os criasteis en el campo. Pues dinos, qué hemos de hacer? Qué habéis de hacer? Requebrarnos. Eso, hija, ni por pienso. Pues por qué? Yo te hablo claro: porque ea llegando a ese puato, en balde el trabajo damos; pues está en esos asuatos que temiendo me motejen, aún cuando me hallo rezando, desde el quinto Mandamiento en el septimo me encajo. Y el sexto precepto: Este lo suelo rezar callando. Pues vamos a otra materia. Y cuál será? La que usamos mas comunmente nosotros, que es murmurar de los Amos. Me convengo. Y yo lo mismo. Pues atención, porque canto. Dios nos la dé para buena. Su relacioncita al cabo. Después que en contadas marchas, mi ama, y yo, con dos perras ocupamos la Carroza, frente haciéndole a la Reija, el Niño Rey lo intrincado de Pabellones de seda, yo lo inculto de un asiento pegado a una vidriera, atentas las dos a un mismo . parecer, no siendo feas: Hola Tacón. Isabel. Acabose la Comedia. Adiós Caballeros míos. Manden ustedes mis Reinas. Teresa, cómo conmigo en el Palacio te va? Señora, pues no es preciso, que quien del Sol goza, logre sus influjos peregrinos? No lo dudo; pero ausente Jn, a quien tanto estimo, estarás desazonada. Las que leales nacimos, no tenemos más contento, más gusto, o más regocijo, aunque lo sienta el afecto, que ver a nuestros maridos, en obsequio de sus Reyes, cuerdos, atentos, y finos. Señora:- Qué traes de nuevo? Señora:- Qué ha sucedido? Que Don Juan Carabajal::- Que el proprio Don Jua, el mismo: Aquí llega. Hacia aquí viene. Gran dicha, Cielos divinos! , , o , D A los pies de vuestra Alteza, de mi honor en sacrificio, pongo, Señora, los labios, y humilde a Don Diego rindo: deserviros pretendió, sin más intento nocivo, que alcanzar vuestra Real mano, que le perdonéis os pido. Yo en méndaré desde ahora, si vuestro perdón recibo, faltas, de quien adoraros es, y será su delito. Teresa, Don Luis, Don Juan, Melendo; venos conmigo. Luego te hablaré, adorado encanto de mis sentidos. . Mientras ese luego llega, tenéis el alma en un hilo . Ven ustedes lo que siempre que fragua, el ingenio digo, nos hace salir, no hablar, y sin que nos llamen irnos? . Qué es esto que me sucede? u. Sueño, Cielos, o deliro? Sin oírme irse la Reina? Tal desaire a mi honor limpio? Vive Dios:. Callad, y hacer, Don Diego, no hay otro arbitrio. De lo que os esta pasando, por quien soy, que estoy corrido. Si la Reina fuera buena, obrara con otro estilo. Ahora como se casa, sigue distinto capricho. No digáis, Insante al, no habléis de la Reina impío. Vos no sabéis lo que pasa: por entregar su cariño a Don Juan Carabajal, dar al Rey la muerte quiso; y valiéndose su astucia de un Médico fementido, con un veneno dispuso le diese muerte atrevido. Yo con presunción del caso, indagarlo determino, vengo a Palacio, y hallé, que el Médico infiel, Judió iba ya a darle el veneno, por su turbación lo indico; reconvéngole, y me niega, desnudo el acero limpio, y haciéndoselo beber, me informa lo referido. Mirad el Médico aquí, la ponzoña en este vidrio; advertid quien es la Reina, y lo que quiere a su hijo. Imposible es en su Alteza un tan horrendo delito; ni es de creer un Hebreo privado de ser testigo. Ello es fuerza averiguarlo. Para ese efecto os convido a cenar en mi Palació, Allá se verá lo mismo. Ya veréis como es la Reina digna del mayor castigo. Mirad, que la Reina os oye, mudad de voz, y de estilo. La Reina? La Reina? . . Sí. Haber si tiene delito, pues nos ha oído, y consiente? Mudémonos de este sitio. A cualquiera que nos vamos, no creerlo determino. . En qué estado, Don Luis, a estar nuestras Tropas vienen? Faltas de socorro todas, y sin poder mantenerse. Ah pobres Soldados míos, y cuanto os cuesta el ser fieles! Para sufragar a tantas desdichas, e inconvenientes, vuestra Alteza un donativo puede mandar que se eche. No me parece acertado, Don Luis, porque es evidente, que esquilmadas las ovejas, si acaso un mal año viene, sin que pueda remediarse, ellas, y el Pastor perecen. Pues, Señora, sin dineros los Soldados no son fuertes. Dios dará remedio a todo; indagar si alguno quiere a Ecija comprarme, que está es la alhaja solamente, que de mí dote ha quedado. O, Mujer la más prudente, más fuerte, y más perseguida, que las edades refieren! Id, Don Luis, y haced se venda cuanto pueda ser más breve, y descercar a Jaen, porque hoy del Moro padece, en el temor, y el asedio, dos amenazadas muertes. Mi resignación, Señora, ciega áspira a obedecerte. . Don Melendo? Qué mandáis? Qué hajilla quedar puede para mi servicio? Queda una copa Jolamente, Vendedla, y la cantidad, a que su plata ascendiere, la remitiréis a Soria; porque en parte se remedie la Tropa, que en las Fronteras de Aragón hor se mantiene. Y en qué has de beber, Señora? Teresa mía, los Reyes no destruyen a sus tierras si en vasos de tierra beben. Conserve el Mundo el consejo. Seguro está que lo piense. La Tropa de Extremadura, que la Frontera guarnece, está sin pagar, y no hallo asilo a este inconveniente; y así me será preciso, que a el último esugió apele: id, llamarme un Mercader de los ricos, que haber suele en este Pais. . Señora, mi afecto no se detiene. . No cargue mucho al vasallo el Monarca, que advirtiere, que la tierra más fecunda, más bien labrada, y más fértil, no da más de una cosecha al año; y cuando quisieren que dé fruto cada hora, sin darlo, vendrá a perderse. Cada palabra es sentencia. Y quée si se olvida breve. Aquí está ya un Mercader, que ha venido casualmente a negociós a Palacio. Id, y decidle, que llegue. . La Reina os llama. Señora, a vuestros pies reverente postrada pone mi boca lo felice de su suerte. Levantaos Mercader, y oíd atento de mandaros llamar el pensamienzo, Desde el instante primero, que al Trono excelso subí, siendo el Rcino de Castilla, alfombra de mi chapín: desde que mi amado Esposo pisó del azul Zafir esferas, que corre el Sol, muriendo en ellas Rubí: desde que a su succesión mi hijo Fernando vi hollar en l Tno Regio los Minerales de Ophir, no han faltado disensiones (en uno, y otro motín) a esta Corona, quedando del Niño Rey el Abril expuesto a las sediciones, que yo sola reprimí; qué de gastos he tenido; qué de fatigas; y en fin, cuantas veces de mi vida el postrer vale temí! No me ha quedado de cuantas Villas mías poseí, casi ya un palmo de tierra, en que poder residir: de mi servicio la plata, las joyas de mi vestir, y lo demás de mi adorno en guerras lo consumí! Pobre, atrasada, y deshecha la pompa de mi lucir, es padrón mi Majestad, que solo dice: aquí fui- Al Niño Rey tengo enfermo, caudal no se encuentra en mí para poderlo curar, para poderlo asistir; y no pretendo tomar con ningún esfuerzo vil la sangre de mis Vasallos, sí solo intento pedir. A vuestra piedad apelo, no ya como Reina aquí sino como una Mujer pobre, escasa, o infeliz. Dolcos de mis aflicciones, a mis penas acudid, mis lágrimas consolad, y mi urgencia subvenid. En empeño, aquestas tocas de mi mano recibid; . ved, que uaa Reina de España os llega a pedir así: en vuestras manos tan solo hoy consiste mi vivir. Ved, que no tengo con que al Niño enfermo acudir: hacerlo, y veréis, que el Orbe tanto os llegará a aplaudir, como mi fe agradecer una acción, que ha de escribir el tiempo perpetuamente en mármol, broncc, y márfil. Cuando puede vuestra Alreza mandar mejor que pedir, porqué se yale del ruego? Yo, que vasallo nací, y con esta obligación me es preciso concurrir a cuanto me ordone hoy, mi caudal le traeré aquí, pero me ha de perdonar, que no puedo recibir prendas, que solo merecen en su cabeza lucir. Tomadlas, que yo os lo mando. Señora:- No hay que decír. Vuestro precepto obedezco; y el tomarlas, no es en mí más, que por tener reliquia de una Reina Serafín. . Señora, es posible que os desposeáis así de vuestro adorno! Melendo, qué habemos de hacer? Sufrir. A bien que esta noche tienen los Grandes, sin falta aquí, un explendido convite de el Infante en el Jardín, Lo sabéis de cierto? Y tanto, que ya los he visto ir. Pues, Melendo, de mis Guardías a Palacio conducid la más alistada Tropa, porque previene mi ardid ejecutar una acción, mas ella dirá: veníd. Qué prudente dirección! Y qué ingento tan suril. Memoria quedará al Mundo de tanta altiva cervía. Interín que se hace hora de cenar, pues no hay testigos, tratemos sobre el asunto, que hoy dejamos indeciso. Don Juan, en esas materiza nunca tocar he querido, pues son puntos delicados, Ca honor, honor, Monarca, y delito. . Si por ser caso tan grave se dejara el artificio de méquina tan aleve sin descubrir, es preciso, que el Reino tiranizado. padeciera su exterminio. Menos lo puedo creer cada vez que lo imagino. Pues no tenéis que dudarlo, y de que lo hagáis me admiro: habiendo tan claramente toda la traición sabido. es infalible; la Reina, por lograr de su aperito. infames conmodidades, vilmente se ha persuadido a darle la muerte a el Rey, y ordenando haga lo mismo Juan con Doña Teresa. su mujer:- Callad, amigo; suspended vuestros acentos, no prosigáis, que hay delitos: en que no es ejecutarlos más ofensa, que el decirlos. Lo que callarse no puede, que se refiera es preciso. Don Juan, lo que se ha de hacer en un caso tan indigno, es el prender a la Reina, y nombran Tutor al Niño. Y quién lo ha de ser? Ovos, oh yo, pues no está sabido? Mui bien, pues yo lo seré, y os quitaré tan prolijo. continuo grave cuidado. Ese favor os estimo. Este traidor, vive el C, . alevemente ha movido tal testimonio a la Reina por adquirir el Dominio. Caballeros, a cenar. Id tomando asientos, Primos. En mesa redonda no hay el cumplimiento de sitios. . Mui tenaz estáis, Don Diego. Infante, l ho. La copa. Aquí esta, señor. Infante, Don Diego, brindo: a que depuesta la Reina mande yo por muchos siglos. h . Que vivas largas edades. Pues llegar hemos podido entre tanta confusión, sin que hayan conocido. a ninguno de mi Guardía, de estas murtas a el abrigo tras de ellas nos mantengamos: y estad los dos prevenidos, para que en saliendo yo, salgáis vosotros conmigo. Está mui bien. Lindamente. La copa: Pues brindo. a que Dios nos saque libres de desgracias, y peligros, hasta que a la Reina veamos, o presa, o en un suplicio. . Ah traidores alevosos. no sé como me reprimo. Abrindis tan cortesano, vuelvo con otro, trae vino. . A que supuesto que yo, con ánimo prevenido, al Rey lo he dejado pobre, usurpándole el Dominio de todo su Patrimonio, con máximas, y artificios, de suerte, que solo yo, si con reflejión lo miro, soy el Rey, y él mi Vasallo: por mi Monarquíar brindo. Dejadme salir, Señora; castigaré un atrevido. Poco a poco; Benavides, que más; y más examino. Cuanto vendrá a ser, Don Juan, lo que tenéis suprimido. del Real Erario? Cien mil ducados al añor, limpios. Y ros, Don Enrique? Yo. llego hasta noventa y cinco. De esa suerte no tenemos que comer yo, ni mi hijo. No bebes, Don Diego? Venga la copa: señores, brindo por el Rey Fernando el Cuarto, a que viva muchos siglos. Viva a pesar de traidores? la Viva nuestro Rey invicto. Daos a prisión, Caballeros. Qué es esto, Cielos divinos! Esto es volver por mi causa Dios, como Padre benigno; soltad, las armas al puato, menos Don Diego, que ha sido, en no asentir a traiciones, atento, leal, y fino: A tus pies están, Señora. ( . Caballeros atrevidos, de el Rey, del Mundo; y la Patria, declarados enemigos, qué os ha hecho el Rey Infante? La Reina, en que os ha ofendido? En qué cosa os ha agraviado? En qué os tiene deserviros? Es la ofensa perdonaros. delitos? tan repetidos? Es la paga pretender (además del Reino mío) insamarme la opivión con un fiel vasallos digno Atlante, que de Castilla. el Imperio ha sostenido? Es, Don Juan: (con vos yo hablo como el más traidor Caudillo Es, Don Juan (vuelvo a decir este el premio merecido de tanto sigilo honrado, tanto favor adquirido, que tantas veces la vida os indultó del suplicio? Esto será, porque vos, siguiendo el humano estilo, pagáis con ingravitudes los mayores beneficios. Pues ya cesós la piedad, ya la justicia intervino; mueran sin remedio. Humildes, Señora, el perdoa pedimos. Ya otras veces igualmente de mí lo habéis conseguido, y no ha habido cumienda. En estáb enmendaré el yerro mío; y en prueba de esta verdad, os restituyo rendido cuanto de vuestra Corona está bajo mi dominio. Y yo los Castillos, plazas, y demás, que he conseguido usurpar al Real. Erario; a vuestras plantas humillo. Porque vean en mi genio, que como piadoso río, que explaya de sus raudales el torrente cristalino, miscricordias derramo; cuando pudiera castigos; merced de la vida os hago, A tus pies están, Señora. ( . bajo el supuesto preciso; de que ha de quedar al día de mi persona al arbitrio cuanto hasta aquí enajenado de la Real Corona ha sido. Y porque en parte es forzoso desagraviar lo ofendido de mi authoridad Real, a Don Juan dol por castigo, que a la Mora de Medina. vaya a sosegar el juicio. Con que vol preso, Señora? Cómo tres, y dos son cinco. Don Enrique desterrado salga de mis Señorios; a Don Diego de Haro; que hoy a los dos contradijo, Conde le hago de Bermos. Viváis años iafinitos. Esto me ofreces fortuna? A esto me obligáis destino? Venid infante Don Juan. Venid, gran Señor, conmigo . Vamos, que quizá habrá tiempo en que humano Basilisco con la vista: solontriunfe de todos mis enemigos. . Vamos, que quizá habrá tiempo, que en el Rey hallaré oídos. . Desgracias, parad el curso; Él, y yo, Madre, y Señora, desdichas, tened el giro; males, suspended el paso. Astros, Planetas, y Signos, doleos de una Mujer, y un Infante perseguido, a quien los hados han puesto en los términos prolijos de usurparle la Corona, Ya es, Hijo, y Señor, razón, de exponerlo peregrino, ha sed, fatiga, y cansancio hasta llegar vengativos a pretenden con ponzoña cortar de su vida el, hilo, siendo su infelice Madre de su defensa el asilo, de tanta tormenta el Puerto, his de tanto peligro, y la que será de el orbe en los venideros siglos admiración, pasmo, asombro, honor, encanto, y prodigio. JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA
Pues los descados días, Hijo, y Señor, han llegado, en que el Cielo os ha sacado ya de las rutelas mías, y de diez y fiete años a vuestros cargo tomáis el gobierno, y libre estáis de peligros, y de daños, haciendo una suma breve de el modo en que el Reino dejo con el último consejo, que dar una madre debe, me despediré de vos, y del Reino, que os desea y sigios largos os vea ensalzar la Lei de Dios, de que salgo tan constante cuanto pobre, pues por vos, de treinta no tengo dos Villas, que me pagüen renía pero bien rica he quedado, pues tanta mi dicha ha sido, que el Reino, que hallé perdid, ho os le vuelvo ganado. Él, y yo, Madre, y Señora, con desamparo, y tristeza quedamos, si vuestra Alteza se ausenta, y nos deja ahora. Porque del gobierno mío, cómo se puede esperar, que mozo llegue a llenar, ausente vos, tal vacio? Vuestra Alteza no permita dejarme en esta ocasión. Ya es, Hijo, y Señor, razón, que la viudez, que limita del gobierno la inquietud, halle en mí la austeridad, que pide la soledad; y ejercita la virtud. Cerca tengo de Plasencia a Becerril, Pueblo mío, en él tomaré el desvío de la humana cancurrencia. Pero antes con precisión, si atendéis al arancel, que os deja mi amor, por él verá España un Salomón. El culto de vuestra Leí, Fernando, encargaros quiero, que este, es el móvil primero, que ha de llevar tras sí el Rey: y guiándoos por vos, vivid, hijo, sin cuidado; porque no hay razón de estado como es el servir a Dios. Nunca os dejéis gobernar de privados; de manera, que salgáis de vuestra esfera, ni les lleguéis tanto a dar, que se arrojen de tal modo al cebo del interés, que os suercen, lijo, después a que se lo quitéis todo. Con todos los Grandes sed tan igual, y generoso, que nadie quede quejoso, de que a otro hacéis más merced, tan apacible, y discreto; que a todos seáis amable; mas no tan comunicable, que os pierdan, hijo, el respeto. Alegrad vuestros. Vasallos, saliendo en público a bellos, que no os estimarán ellos, sino os preciáis de estimarlos. De muchos que hay lisonjeros, sino podéis excusaros, no uséis para aconsejaros, sino para entreteneros. Sea por vos estimada la Milicia en vuestra tierra, porque más vence en la guerra el amor, que no la espada. Recibid Médicos sabios, hidalgos, y bien nacidos, cuerdos, doctos, y entendidos, sin raza, nota, o resabios. No sean de adversa Lei, que si no hace confianza de quien no bieza no alcanza, cuando un Castillo da el Rey: cuanto más solicitud . poner en esto es razón; pues que los Médicos son Alcaides de la salud. A Don Luis, Señor, debéis de Benavides la Silla, en que os corona Castilla, y es bien que se lo paguéis; remunerando a su igual; pues ayudó a la Corona la siempre ilustre Persona de Don Juan Carabajal. Premiadles su gran prudencia, y ejercitad su valor, y con esto, Hijo, y Señor, dadme la mano, y licencia. Tened, Señora, qué hacéis? Besar esta mano mía. Eso a mí me toca el día:- Alzad, y no lo intentéis. O, quién antes que llegara este lance, muerto hubiera! Ojalá que no naciera, y este dolor no pasara! Madre mía, qué ha llegado de mi desconsuelo el día: Hijo sí. Desgracia mía! . Fuerte pena! Infeliz hado! Cuánto en déjaros me aflijo! No hay dolor, que al mío uadiep. Besad la mano a mi Madre. Besad la mano a mi hijo. Grande honor! Y feliz suerte! Sin igual dicha! Fiel hado! Justo obsequio! Digno agrado! Grave pena! Dolor fuerte! Lloras, Tacón? Compunjido. y ti, Veneno, di, lloras? Simple, pues aqueso ignoras? aún lloro más que he bebido. Vamos, acompañaré a vuestra Alteza. . Asistid a las Cortes de Madrid; porque es preciso que esté en ellas vuestra presencia; porque conmigo vendrán Benavides, y Don Juan, para estar en mi asistencia. Id, que el Consejo os espera, y observando lo que os digo, quedaos. Vuestro gusto sigo, aunque más gusto tuviera en iros acompañando. Hagaos tan dichoso el Cielo, como a vuestro Bisabuelo el Sauto Rey Don Fernando. : Como yo os imite a vos, no habrá bien que no me cuadre; servid todos a mi Madre. Hijo, adiós. Señora, adiós. , a Señor Don Diego, que me oigáis espero, como prudente, leal, y Caballero. Don Albaro, decid, qué es vuestro intento? El que me estéis untrato solo atento. Ya lo estoy, explicad lo que hay de nuevo. Pues de la Reina, celebre Don Diego, ha tanto tiempo que os preciáis de amante, cuando ella a vuestro anheló infiel diamante, en todo manifiesta el que ningún cuidado amor le cuesta: me me ha mandado el Infante Don Eurique; que os advierta busquéis vuestro despique, que en un pecho cruel cuando es ingrato, lo que no puede amor, podrá el mal trato. Ponedla mal con su Hijo, decid mal de ella, que soberbia los Grandes atropella; que el Patrimonio Real tiene usurpado, y levantarse intenta con su Estado, que tiene ya compuesto; con el Rey de Aragón casarse presto, y conquistando fiera está Corona, reinar desde Galicia a Barcelona; si se ve de esta suerte despreciada, os ha de dar la mano deseada, y si por vos a tal peligro llega, y os aborrece, vos veréis, que os ruega, Descomponerla Don Enrique intenta por la suya, y también por vuestra cuenta; pues contra quien recela el temor vano, es prudencia el ganarle por la mano. Vive el Cielo, traidor, mal Caballero, que a no manchar mi siempre noble acero en vuestra sangre bárbara, e infame, merecedora de, que! así la llame, el corazón, que infiel la Reina toca, con el almaos sacara por la boca: Cuando a mí me aborrece, y me desprecia, en más de su disunto Esposo precia la memoria, que es yugo de Himeneo, imitando a la Viuda de Siqueo, que a quien enlaza el tálamo segundo, no amante, Iacontinente llame el mundo. Si intenta conservarse. Don Enrique, decidle, mas quimeras no fabrique, pues tiene triste fin toda privanza, que por medios tan bárbaros se alcanza. Decidle lo pasado le escarmiente, y que si en perseguir una innocente todo su encono con el Rey emplea, haré que sus engaños sienta, y vea, y mostrará mi amor fino, y loable, que es honesta, y cortés, no interesable. A Don Enrique dad esta respuesta, y que mientras con máquina dispuesta a ofender a la Reina se aperciba, que de mi enojo con cuidado viva: y vos no me habléis más, que no he del oíros. Muy. breve llegaréis a arrepentiros. Bien Don Enrique paga con un yerro, que le alzase la Reina su destierro: este es e , el ciego desvarío, Mucho Don Diego de leal blasona; en vano Don Enrique le pregona por su amigo, que en lances tan formales, enemigos se muestran los leales. Alto aquí mis Compañeros, pues ya se descubre el sitio de el Lugar de Becerril, cerril como el nombre mismo; y pues de aposentador la Reina me ha dado oficio, voy a repartir los cuartos Vengan. . Vamos a espacio, que yo doy los de Palacio, y no los de mi bolsillo. Qué cuarto me toca a mí? La caballeriza, amigo. Para mí es mucho alboroto. Yo se lo doy por lo mismo, porque es Tacón, y andará en un continuo ruido. Yo no voy a tal bajeza. Cómo que no? Quién le ha dicho me ha de repugnar a mí: Voto a cristo valillo. Baste ya, Señor Veneno. Es un pícaro atrevido; con un aposentador no se anda con titulillos. Yo iré donde usted me mande. Y si no váyase al Limbo. Qué cuarto me da usted a mí? La cocina le destino. Yo no voy a la cocina. Pues iráusted a Peralvillo. Y porqué me aplica a mí ser fregatriz, señor mío: Porquno ha quebrado un plato en su vida se la aplico. Yo no chero, ir no chero? Jesús, y qué pucheritos? . pucheros a la cocina, y no hablemos en lo dicho. Qué cuarto a mí me reparte? Qué cuarto? el de mi servicio. Y por qué? Porque ella es Flora, y el cuarto es un Paraíso con mil flores adornado, y quiero añadir a el sitio la flor del berro que busco, porque solo en ti la miro. Yo no me contento. . No? pues vamos a otro partido: si me dais una palabra, os he de mudar destino, dándoos en Palacio el cuarto, que eligiere vuestro arbitrio. Habéis de hacer lo que ordene? En ello nos convenimos. Pues mirad, porque la Reina del fastidio del camino encuentre algún desahogo, halle algún pequeño alivio, y algún provecho nosotros en su obrar caritativo, antes que llegue a Palacio, de villanos revestidos saldremos a recibirla, y tendremos prevenidos mil rústicos instrumentos, y un valle bien dirigido: y cuando se haya acabado, fingiendo yo ser el mismo Alcalde de Becerril, y tú el Regidor, unidos la bienvenida es forzoso le demos; pero advertidos se ha de observar de Villanos hasta en el hablar, estilo. Y luego que cada uno vaya haciendo su cumplido, Flora, e Isabel cantando, y todos a un tiempo mismo ballando, hemos de cortar de la narración el hilo: os conformáis? Desde luego. Ea, to mar el camino. sin de tenerse un momento. Pues a la Mar los pelillos, y proseguir el viaje; con general tegocijo, siguiendo la comitiva, burros, jumentos; pollinos, alnos, y demás peltrechos de mi equipaje lucido. Marche, y pase la palabra. Abur, Caballeros míos. Estos Montes de Toledo, Don Enrique, me han gustado. Señor, son fértiles pingues, y de diversión un pasmo. Mas estimo yo la caza, que lo demás de sus campos. Todo es fuerza, gran Señor, que casi parezca extraño hor a vuestra Majestad, pues ha vivido encerrado cstorce años cabales, haciéndole al Re no agravio (de Semira mis ejemplo) de vuestra Madre los vanos temores, que como a Niño os guardó, comercio, y trato. Efecto de su virtud sería el ejecutarlo. Todo el exceso, Señor, no aprovecha en ningún caso. Parecia que su Alteza tenía al Rey destinado, más bien para Religioso, que para Monarca Hispano. No desdice de la Leí, ni contrádice al Estado, que sea uno Religioso, pio, celoso, y Cristiano; ni la Reina mi Señora hizo::- Don. Diego de Haro no nos prediquéis ahora: de mi Madre nadre ha hablado, ni dicho mal, que ninguno pudiera ser tan osado; mas pues tanto la queréis, que os vayáis con ella mando. Merced me hacéis singular, aún cuando parece agravio; pero advertid, que no es justo que haya atrevimiento tanto, que a quien nombre alcanza eterno ose tomar en sus labros; y a no estar delante vos, que me servís de reparo, mas de dos lenguas corrará de atrevimientos villanos. . Si de vuestras osadías, hidalgo pobre:: . Dejadlo, ues pues es fuerza que al que pierde algo se dé de barato; pero mirad, qué es aquello? Un hombre, que acelerado hacia aquí viene, Señor. El verlo me da cuidado. Júclito, y famoso Rey, felice por ser Fernando, en el valor el primero, nunque en succesión el Cuarto: Monarca sois de Castilla, entrad deshaciendo agravios; porque al principio os respeten, y adoren vuestros Vasallos. Oíd el mío, que como todo es verdad, en los campos he aprendido muy bien de ellos gran Señor, en hablar claro. La Reina Doña María, mujer de Don Sancho el Bravo, Jezabel contra innocentes, y Atalía entre los Tiranos, por vivir a rienda suelta en tan ilícitos tratos, que para que no os ofendan, los público con callarlos: ha intentado libre, y torpa casarse con un Vasallo; y dándoos la muerte Niño, estos Reinos usurparos. De mi lealtad temerosa, porque advirtió mi cuidado, viendo oponerme leal con armas, y con vasallos a sus mortales deseos, quitándome mis Estados en la Mota de Medina (ah invicto Señor!) diez años, que preso por innocente, lloro desdichas, y agravios. (gracias a los Cielos) que vuelto el siglo dorado el Gobierno de Castilla, resucita en vuestra mano, y que esta Fiera cruel se ha recogido, llevando los esquilmos de estos Reinos por su ambición ocultados. y fiando en mi innocencia, hechas las sabanas tiras, del almenaje más alto descolgándome una noche como me veis disfrazado, en estos montes desiertos ha cuatro meses que paso. Si el poco conocimiento que tenéis de mis trabajos, pone mi crédito en duda, y a persuadiros no basto a la justa indignación con vuestra Madre, Fernando, Don Juan soy, Infante, he hijo del Rey Don Alfonso el Sabio. Mi Sobrino os llama el Mundo, y yo mi Señor os llamo. Ved si es razón, Rey famoso, que pobre, y desheredado habite silvestres montes vuestro Tío, y que triunfando de la lealtad, la irrisión, como las hierbas del campo, testigos de mi innocencia, y de el gobierno tirano, de vuestra Madre cruel es seguro, y abonado el Infante Don Enrique, hijo de Fernando el Santo, Don Albaro, y otros muchos: Mas para qué alego en vano corta suma de testigos, cuando el Reino despechado, los Vasallos destruidos, los Leales desterrados, los Ricos hombres ya pobres, abatidos los Hidalgos, y todo el Reino perdido voces al Cielo está dando? Sol de España sole, Señor, deshagan los rayos claros de la justicia las nubes, que su luz han eclipsado, y posponiendo respetos de Madre, pues sois amparo de Castilla, dad prudente remedio a tan ciertos daños, y vuestros pies generosos, a un Infante desdichado, que juzga, viéndoos reinar, por ventura sus trabajos. Levantad, ilustre Fío, del suelo, que estáis bañando las generosas rodillas con tanto copioso llanto: y concededme amoroso los nobles heroicos brazos. Con vuestras quejas he oído la mala cuenta que ha dado mi Madre de su gobierno; pero en negocio tan arduo, aunque Don Enrique alega lo que vos, ya provocado mi severo enojo, pide que lo averigüe de espacio; pero entretanto os devuelvo vuestros Dominios, y Estados, y Mayordomo mayor de mi Casa, y Corte os hago. Viváis, Señor, tantos siglos, como todos deseamos. A lo que el Infante ha dicho contra vuestra Madre, añado, que es Don Juan Carabajal el que en ilícitos tratos con la Reina ofende torpe la memoria de Don Sancho vuestro Padre, y ambicioso el Reino intenta quitaros. Para esto ofrece la Reina, que a el de Aragón dé la mano la Infanta Doña Isabel vuestra hermana, y que entre armado en Castilla, cuyo Reino le entregará de contado. Válgame el Cielo! es posible, que mi Madre haya borrado la fama con tal traición, que su nombre ha eternizado? Contra mí mi Madre misma? Ofendiendo al Rey Don Sancho? Mas no, no puedo creerlo; pero pues lo afirman tantos, que leales acreditan la verdad, de qué me espanto? Lo menos, Señor, te han dicho de lo que pasa, que es tanto que si no acudes con tiempo, no has de poder remediarlo. En tanto Vasallo mío, no es posible que haya en gaño; el derecho natural perdone, que de dos daños se ha de elegir el menor Castrilan me pide amparo, mi Madre la tiraniza, y pues conspira afrentando la Lei de naturaleza, contra quien el ser le ha dado, hoy mi justicia de muestra; que contra insultos, y agravios, no hay excepción de personas, sangre, ni deudos cercanos, Puas sois ya mi Mayordomo, haced a mi Madre cargo de las Rentas de mis Reinos; y si no igualan los gastos a los recibos, prendedla. No me mandéis:- Esto os mando. Prended también al traídos de Carabajal, que falso ha de dar a España ejemplo poniéndolo en un cadahalso. Luis Alfonso Benavides, pues que le acompaña tanto, debe ser también traidor: póngase, hasta averiguarlo, en San Torcaz luego preso: no tenéis que dilatarlo, servirme puntualmente, si pretendéis conservaros. Servirte solo pretendo. Por los Cielos soberanos, que ha de quedar en el Mundo nombre de Fernando el Cuarto! . Esto es hecho, Don Enrique. Y aún presumo que acabado, Quitemos aqueste estorbo, que si una vez derribamos la Reina, no hairque temer. Para eso yo solo basto. Atended, por si os parece; la traza que he imaginado, buena para que reinemos, que es solo lo que intentamos. A la Reina tengo amor, sim que el tiempo haba borrado con injurias, y prisiones, . de mi pecho su retrato: Si por verse perseguida de su Hijo, que indignado ponerla manda en prisión, su honor, y fama arriesgando, con nosotros se asegura, y ofreciéndome la mare Ba de esposa, que esto, y más puede en la mujer un agravio, y de la Corona, y vida al mozo Rey despojamos; qué dicha no conseguimos? Qué temor basta a alterarnos? Vos reinaréis, Doa Enrique, en todo el término largo que abarca a Sierra Morena, y yo en Castilla, gozando el apetecido Cetro, y de la Reina el halago: daré a Don Albaro en premio de mis Armas el Comando. El discurso ha sido bueno. La traza prudente alabo. Todo a mi cargo se quede: venid firmemos el trato, para más seguridad, la palabra, que la damos de ser todos en su ayuda, y de esta suerte logramos la Corona de Castilla. Vamos a el instante, Vamos. ̱. Cuando la Reina viene a honrar a Becertil, sale el Concejo pleno su Alteza a recebir. A cuyo aplauso sueña la gaita, y tamboril. Resuena el panderete, y la sonaja así. Armas las castañetas el más vivo festín. 4. Repitiendo en acentos el eco Pastoril: cuando la Reina viene a honrar a Becerril, sale el Concejo pleno su Alteza a reccbir. Los vecinos de mi Villa hoy me hacen manifiesto, de sus afectos lo fino, a recibirme saliendo. Pobres son; pero cumplidos. Infelices; pero atentos. Nadie nos ha conocido. Hasta el fin eso queremos. Llegad, Alcalde, a su Alteza, y con indilgao afleuto zambucarle soldemente llo que os aquelló el Concejo. Graciosa simplicidad. Tendremos un rato bueno. Y cuál me dices que es ella: Yo no la conozco; pero según el rostro germoso, lla que está al llado derecho. Llega mesuradamente. Si mensualmente llego. A su Jamestad percura con el más curdíal respleuto, dar el concejo perfeuto de su venencia la horgura; y quijera a su grandura dalle intauta jumentud; ya que dis, que su vertud mos viene a marterizar, tan solo en el maginar de que viene con salud. . Con que a muestra ama le dices, que sientes con salud venga? Par Dios, llo que es de la arenga llo encajó hasta las narices. Pues el Regidor sabemos, que es más discreto, que llegue. El Regidor no se atreve. Pues qué se indilgue, acabemos. Señora, el Concejo preno le notifica este día, que si tuviere alegría, se jolgará mucho, y gueno, y que en este Puebro ameno, si se quiere divertir, pronto le podrá asistir, sin que le pueda faltar; pues sabe que su llegar es señal de su venir. Gracioso ha estado el Villano. . denles de su obsequio en premio cien maravedís no más. Ya que salió la libranza, manifestarnos podemos. Yo soy, Señora, Isabel. Y yo, Flora. Pues qué es esto? Para divertiros es disposición de Veneno. Dadles otros ciento más. Vivas por siglos eternos; esto es jugar a dos manos. Muchachas, vamos adentro a dejar este ropaje. Vamos. Pues sea diciendo. 4. Cuando la Reina viene a honrar a Becerril, &c. . Cuánto, noble Benavides, y Carabajal excelso, de haber llegado al descanso interiórmente me alegro! Aquí vive la innocencia, aquí reposa el silencio, aquí mora la concordia, y aquí se encuentra el sosiego; si habrá mi fortuna adversa depuesto el rígido ceñor Si habrá mi contraria estrella va sus influjos depuesto? 2. Señora. 2. Señora. Qué trabéis? Hablar no puedo. Un Escuadrón de Soldados. De Diablos un Regimiento. Aquí viene. Aquí se acerca. Desgracias, qué será esto? Supuesta (oh Reina) la salva de vuestra Persona Real, vor a obrar como leal. Es prisión? No sino el Alba. Daos a prisión, Caballeros. , . Noso tros, por qué ocasión? Por vuestros tratos groseros. Si no estuviera delante la Reina nuestra Señora, pudiera un mentís ahora daros la respuesta, Infante. Oh Villanos! Brevemente vuestros castigos darán muestras de quien sois. Don Juan, pues no veis que estoy presente? Cumplo, Señora, mi oficio obrando como aquí veis. Cómo atrevido preudéis los que están en mi servicio? El Rey lo ha mandado así. A el nombre, Señora, Real es, cera el acero leal; las armas están aquí; pero así su poder muestra que poca falta le harán nuestras espadas, Don Juan, donde estuviere la vuestra; siempre en servirle empleada. Sí, que la fama pregona, que vos contra su Corona jamás sacasteis la espada; ni las traiciones, y engaños os han formado proteso, puesto que estuvisteis preso, aunque sin culpa diez años. No quédará satisfecho mi agravio, si no os quitara con mis manos, y arrancara la Cruz de el villano pecho: y ojalá los corazones; tomadlas los dos allá. O, qué bien parecería la Cruz entre dos Ladrones! A San Torcaz los llevad. se sujeta mi paciencia, no los amparo en verdad. Retiraos todos de aquí, y dejadme con Don Juan. Malas estas cosas van. Y eso, qué se me da a mí? . Cuando de los dos sepáis la traición, que a esto me mueve, y el trato indigno, y aleve, que dócilmente ignoráis, gustaréis de este rigor. Sé, que en el Mundo fatal no vive más el leal de lo que quiere el traidor. En prueba, Señora, de eso, porque sepáis que leales son los dos vuestros parciales, y si el Rey mal los ha preso: sabed, que le han informado casan con el de Aragón, y que intentáis la traición de dejarle despojado; que habéis gastado la Renta de todo su gran Estado, por eso me ha mandado, que venga a tómaros cuenta; y si se ofrece, a prenderos, Fero yo, Sífora, que su traición consideré, solo vengo a defenderos. Que el Rey forme de mi quejas, y ponerme en prisión mande, no me espanta mientras ande la lisonja a sus orejas; mas que los Carabajales juntos con los Benavides me busquen traidoras lides; no son conceptos Reales, El Infante Don Enrique, y otros Caballeros, sienten que traidores os afrenten, y el Rey esto os notifique. Pira lo cual hemos hecho pleito homenaje de estar de vuestra parte, y pasar cualquier peligro, o estrecho por vos, si darme la mano de esposa tenéis por bien, y el Reino quitar también a un hijo tan inhumano, en este papel confirman esto cuatro Ricos hombres, cuyo poder, sangre, y nombres conoceréis, pues lo firman . Guardárelo para indicio de vuestra lealtad, y leí, y verá por él el Rey a quien tiene en su servicio; pero no, que aunque podía vengarme de vos cibel, quiere agar . esta vez la piedad mía. Tomad las cuentas ahora, que me pedís de las Rentas, que luego en cuenta de cuentas todo saldrá. . . Yo, Señora: Pero esperadme, que en breve lo que pedís os daré, porque el Rey seguro esté, y sepa quien a quien debe. . Que callar me haga así el valor de esta Mujer! Difícil es de creen que conspire contra mí mi misma Madre, Melendo; pero es mujer; qué me espanta! La Reina, Señor, es Santa. Este caso no compreiendo, y a saber de él la certeza hos personalmente acudo. A el Rey me llego, qué dudo Pero allí viene su Alteza Aquí, Señora, está el Rey. Huelgo me que haya venido, Señor, vuestra Real presencia a averiguar testimonios, que la malicia somenta: Mandado habéis a Don Juan, que a tomar la razón venga de vuestro Real Patrimonio, viéndolo vos, soy contenta. Que aunque deberos me imputan Privados, que os lisonjean, treinta cuentos; serán cuentos de mentiras, no de hacienda. Pero yo admito sus cargos, sumad, Don Juan, en presencia de el Rey gastos, y recibos, porque sus alcances vea, cuando de tres años solos quedó de el Rey la innocencia, y este Reino a cargo mío. Primeramente en la guerra, que vos, Infante, le hicisteis, levantándole la tierra, llamándoos Rey de Castilla, y enarbolando Banderas, gasté ciento y veinte cuentos. Itemeinas, cuando su Alteza enfermó, quisisteis darle ye veneno, bien se os acuerda, cuya fiera alevosía la frustró mi diligencia, en hacimiento de gracias, . Misas, Procesiones, Fiestas, seis cuentos, que repartí a pobres Viudas, e Iglesias. Si estos descargos no bastan, no hay cosa que en mí no sea de el Rey mi Señor, he hijo. Entrad en casa, que en ella no hallaréis más, que este vaso, que en prueba de mi innocencia, y en fe de vuestras traiciones mi noble lealtad conserva. En materia de mi honor, para no seros molesta, aquí he escrito mis descargos, vuestra Majestad los lea, y conozca por sus firmas en quien la privanza emplea. Válgame el Cielo! Aquí dice, que como mi Madre ofrezca la mano a Don Juan de esposa, haciéndome cruda guerra, me quitarán a Castilla, para coronarla en ella. Para asegurar traidores finga romper esa letra, y la guardé para vos, rasgando otra por ella. Deme los pies vuestra Alteza, que me alegro hallarlo aquí, Pues Don Diego yos de Guerra? Donde privan desleales, que en agravio de su Reina vuestra tierna edad engañan, armado es razón que venga: a vuestra Tropa he quitado la más leal noble presa, que de vuestro Reino ha sido antemural, y defensa. Habeisme en eso servido: los Carabajales vuelvan a mi amor, los Benavides, en mí se se restableacan. 2. Mil veces el Reino goces. Madre, y Señora suprema, castigad a los traidores, según vuestra grave ofensa? Porque los siglos admiren, porque todo el Mundo sepa, que mientras más agraviada, procedo con más clemencia, y que el valor de los Reyes aún pudiendo no se vengan, solo a un perpetuo destierro a los tres mí lei condena. Mueran los perros traidores, A cumplir la orden vengan. Pues que yo la culpa tuye::- Pues la suerte me condena: Pues me obliga la desgracia:- 3. Es fuerza pague la pena. Sus Estados se repartan, y se confisque su hacienda, dándola a los tres Leales, con ella su recompensa. 3. Vivas eternas edades. Porque el Mundo admire en ellas: , . La Prudencia en la Mujer, y más Perseguida Reina,
