Texto digital de Prodigios de amor
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Melchor Valdés
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Prodigios de amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/prodigios-de-amor.

PRODIGIOS DE AMOR
JORNADA PRIMERA
Personas que hablan en ella. JORNADA PRIMERA Gracias a Dios, que te he hallado! Pues qué hay de nuevo; Pasquín? tienen mis desdichas fin? que hay? que estoy con cuidado. Ay, señor, una mudanza, que hoy dichoso te asegura, tiempo, lugar, y ventura, y logradaina esperanza; una gloria deseada, hay un promio merocido, hay el sin de un largo osvido, y una dicha no esperada. Hay un bien, que es increible, y en con elusión, hoy tu luerte, quiso faverable hacerte; un imposible ponible. Qué dices? . Que no te digo de su amor a menor parte; tengo mucho que contarte. Burlaste, buriaste, amigo, o es de verás? . Bueno, cuando hablo burlas yo? . Qué már? Albricias, y lo sabrás. Dilo, que yo te las mando, acaba, acaba, Pasquín, que yo estoy loco. . Ponderarte su honestidad, su hermosura, su discreción, y donaire, excusaré, porque solo su amor quiero relatarte, Llegué de temores lleno, recelándome, que hallase en ella el furor soberbio, que entre las rosas el áspida porque de Celia avisada, mandó, que al jardín entrase, adonde por pertinaz, pense mandará matarme. Entre varios pensamientos, dando al mal crédito fácil, porque tras tantos nublados, esperaba tompestades. Confuio estaba, señor, que en torbellino tan grave, memorias de sus rigores, mi ánimo oprimieron frágil. Has visto cubrirse el cielo de de negridos celajes, tenebroso, amenazando los espíritus vitales? Ansí entre mi imaginaba, de la Princesa el semblante, trueños de sus asperezas, rayos de sus crueldades. El susurto de las fuentes, la armonía de las aves, me parecián, señor, belicas trompas, y parches: a cuyo compas marchaban distor mísimos Gigantes, que de las plantas formaba, presurosos a matarme. Contáname por difunto, y al ira dar voces, salen dos Iris, de en, ocielo eres el dichoso Atlante. Salió en efecto Lisarda, tan bella, que vi en los jaspes, aunque intenbles (entonces! movimientos de admirarse. Con el semblante risueño, publicando alegres paces, de mí tan bien reoivida, como el Alba de las aves. En viéndola, quedé absorto, o quien para retratarle su divino rostro, fuera te consorte de Campaspe. Al fin de dos nul preguntas, que de mí quiso informarse (atributo en las mujeres, inquisir curiosidades! Diras (dijo ja Felisardo Pasquín, que los cielos saben; cuantos desvelos me cuesta; cuantas penas por amarle. Que no haber correspondido, no fue por desestimarle, pruebas de mi amor, que quiso ver si era el suyo constante. Pero ya certificada, prometo remunerarle en júbiios de alegría, desdenes, penas, males. Y en prueba de que es verdad, aqueste papel darasle, en que le otorgo por dueño, y toma tú este diamante. Dame los brazos, Pasquín, y el título no dilates, con que a lugar tan supremo hoy me ha levantado un Ángel: toma amigo está cadena, y por ese otro diamante. Vivas más años, señor, que nuestros primeros padres; mas que un suegro, a quien espera dlyerno para heredarle; tengas de feas la dicha. Deja esas prolijidades, yvamos a prevenirnos, que quielo Disarda hablarme. l. Qué escribiste? Que a su amor estaba reconocida, y que le aguardo. . Advertida de su fe diste el favón Calla balbuciente, necio, a más extraño rigor? ves, que a paso de mi amor, tusignorancias desprecio? Envano no me aconsejes, quean si podré yo olvidar, como tu agotar el mar, parar de Cintio los ejes. Ver Estrellas en el suelo; en el infierno alegría, antes que en mi fantasía, cese este lamortal desvelo. Tres años ha que me trata Lisarda, fiera, y cruel, de que a un confuso Babel, mi triste pecho retrata. Una peña ab andar quiero, un imposible conquisto, mil desengaños he visto, nada ignoro, majadero: déjame, no me persigas, que si agradarme pretendes, con eso necio me ofendes, nada quiero que me digas. Si en mis consejos, señor, sin tal pasión repararas, en ellos, que son hallaras con fidelidad de amor. Solo apartarte pretendo de una empresa tan terrible, pues a una peña insensiole, que estás obligando entiendo. Aa que la sirves tres años, y en ellos has conseguido desdenes, penas, olvido, y infinitos desengaños. Como soy quien tu mal siento, ha aconsejarte me animo, porque tú quierud estimo, y me as je tu formento. Si habremos, Pasquín, tardado, y Lisarda acaso espera? Ver el terreto quisiera, señor, menos ocupado. Vea reconocer, Pasquín, quien son. Bueno estás, por Dios; no es mejor vamos los dos? Embozados son, Dardín, ve a reconocerlos. . Luego, . Hay mayor locura? que los relámpagos vi, esta tempestad temí. Llega, cobarde. Ya llego. . Téngase allá. He caído? o ha vistome tropezar? He querídole avisar de que otro el puesto ha cogido y ansí me diga, quienes? que es lo que yo a saber vengo. De lo mísmo le prevengo, y quien soy sabrá después. Yo le he de saber primero. No hará en verdad, si no yo. Acabose, él concluyó. Qué respónde, Caballero? Que ni me diga su nombre, ni yo mi nombre le diga. Quién habrá, que contradiga, lo que ha dicho aqueste hombre? Ese ha fundado en razón, todo cuanto puede ser, ni que hay que responder a tan gran resolución? boarced ha dicho muy bien. Estimo en mucho el favor. En mí tiene un servidor. Yo lo soy suyo también. Has sabido ya quien son? Haslos bien reconocido: respónde; has enmudecido? No fuera señor, razón que a mí me lo declarase. Qué dices? No has advertido, que decirlo no ha querido? rógome, que le dejase. Con eso vienes, villano? vuelve, y conocer procura quien son. Dios me tenga de su mano. Villano, cobarde, ansí te vienes? . No hay que dudar la danza se ha de empezar, sin querer danzar, por mí. Acabe, diga su nombre, o vive Dios, que he de dalle. Que yo no quiero negarle; repórtese gentilhombre, y sepa, que soy Dardín. Eso procuraba. Y pues? vase, sin decir quién es? No mi Rey, yo, soy Pasquín. Oh la cayo más bizarro, que tiene fregona dama, que merece inmortal fama, que alumbra el Sol en su carro? Holacayo el más famoso, que hay del Indio al Español, ni en cuantos alumbra el Sol en su carro luminoso! Dejémonos de esto, y vamos a dar cuenta de quien somos. No están seguros tus lomo ni los míos, si la damos. Pues por qué? Allá lo verás, que yo, si dado me fuera, desde lejos se la diera, porque temo algünzas zas. Las doce son, Celia, . Allí parece que gente veo, y que es Felisardo creo. De su amor no presumí; que tanto en venir tardara. No le culpes, que yo sé, que no es fingida su fe. Está bien, mas quien dejara perder aquesta ocasión? Escúchate, que he sentido hacia esta parte ruido, y cuatro los bultos son. Luego tu nombre dijiste? El mío si, el tuyo no. Vergante, que te movió? que el mío enm descubriste: vive Dios, que he de matarte, cobarde, infame, traidor. Detén la mano, señor, que yo no entendi enojarte: de esto la culpa has tenido, porque sino porfiaras, y segunda vez me enviaras, nada se hubiera sabido. Vive Dios, infame, aleve, que la lengua he de cortarte. Ejecuta en otra parte, o apiedad de mí te mueve: si Pasquín me preguntó quién era? descortesía el negárselo sería: Pícaro, quien te mandó, que tú con ellos hablarás? dijete los conocieras, mas no que te descubrieras, y quien soy los declararas. Ricardo, si no tenéis ocasión porque esperar, desocupado el lugar, suplico que me dejéis. Sí que aguardar no tuviera, este puesto no ocupara; o cuando os vile dejara, porque de estorbo no os fueras Y ansí si vos no tenéis forzosa ocasión, que impida suplicoos por vuestra vida, que solo aquí me dejéis, Es causa la que me tiene aquí de honra, y presunción. A mí por esa ocasión no ausentarme me conviene, Paréceme, que pensáis, o que soberbio entendéis, que solo vos merecéis lo que indigno no alcanzáis. Si el castigo de oponeros tan vano a mí he suspendido, hoy le veréis presumido, y el valor de mis aceros. Ay, Celia, el autor ha sido de esta desdicha Ricardo, que émulo de Felisardo, habrá sus pasos seguido. Hay bien! a quien mi alma adora, quién defenderte pudiera? Todo Palacio se altera, retirémonos, señora. Y nosotros, seor Dardín, no retozamos también? Pues no tenemos por quien, excusémoslo, Pasquín. Y Celia? Que Barrabás se la lleve. . Y el amor? Ella es falsa, él un traidor, yo te la doy. . Magno estás! Gente de Palacio ofrece tu fortuna, y se mejora: dejémoslo por agora. La tuya ese bien merece, que a no ser tal, hoy murieras, y tu insolencia pagaras. no des disfraz de desdén, a lo que es trato grosero, Hasta cuando tu rigor ha de obtenerse en mi afrenta, gustando, Lisarda, ingrata; de darme infinitas penas? Cuando entendí, que parara el curso de mis tristezas con tu favor, enemiga, y alegrías me influyera? Cuando con verte entendí, que en deleitación volvieras, hallándote agradecida, mis confusiones inmensas? Cuando entendí, que esperanzas de remuneración fueran. mi sustento, como a love los pañales de Milesia? Cuando entendí, que obligada, mi firme fe mereciera, que Salerno celebrase festividad himinea. Pero entendi mal, Lisarda; porque en afligirme terca solicitas mis disgustos y mis pesares aumentas. Qué obstinación te compete, a que mi muerte apetezcas? y porque servicios tantos, con ingratitudes premias? Desdén es he conseguido, cuando favores pudiera hacerme tu helado pecho, si tu agradecida fueras. Y por último cómbate, la cortesía me niegas, porque me acabe más breve, mal que remedio no espera, Perivadere. Ricardo, que primero que enternezcas mi corazón, has de ver parar al Sol su carrera, desquiciarle el Firmamento, y que se mueva la tierra; bonanza eterna en el mar, en la fortuna firmeza; descanso en el ambicioso, convertirse en nieve el etlna, no haber traición en cobarde, ni en el infierno tinieblas. Al fin, por decirlo todo, te aborrezco de manera, que me dan gustos tus males, como tus bienes tristeza, tus penas me regocijan, tus pesares me consuelan, risa me causa tu llanto, y tus tormentos me alegran, Ricardo, mas no me enfades, que no me mueven tus quejas, tus servicios no me obligan, no agradezco sus finoza: horrible eres a mis ojos, penosa me es tu presencia, desagradable tu trato, tu conversación molesta. Escucha, por Dios, escucha, aguarda, enemiga bella, basten ya tantos rigores, no des más causa a mis quejas, Adónde tan veloz vas, mas que los vientos ligera; si me es forzoso el seguirte, hasta que el alma me vuelvas? Ya que no me haces favores, no es bien conmumirme en prenda coninjurias malnacidas, indignas de tu nobleza. Amor me inspiró este incendio y cuando tanto me quema, no te espante que el alinio de tan grande fuego inquiera! Pacifico vive, ingrata, may tu celestial belleza, a adorarte me impelió, como canto de Sirena, No han de bastar desengaños aapartarme de mi tema, que hede imitar tus acciones, hasta ver si perseveras. Y ruego, fiera, a los cielos, que si esa opinión sustentas; que un hombre bajo te goce, que publique tu vileza. Y en tal desdicha no halles, a quien tus lástimas duelan, porque ninguno te ampare, y mis congojas padezcas. Quefigura sale agora? to do está en silencio? afuera, que soy el lacayo yo, y esto me huele a comedía. Sabéis como me parece delos dos la competencia? como cuando llega un pobre muy importuno en la siesta apedir una limosna, y es ordinario en las puertas tocar, para que le oigan: acuyos golpes recuerda el dueño de la tal casa, con enojo; y impaciencia, responde: Perdone, amigo, que duermen, mañana vuelva: el se finge sordo entonces, y con su estudiada atenga, vuelve a decir otra vez: Delpobre enférmose duelan, Dios nos de que darle, hermane (repiten de adentro) venga otro día, y le darán: Por Dios, que se compadezcan del pobre, que no ha comido entres semanas, siquiera de pan un solo bocado: Cansados de su entereza: váyase con Dios, le dicen, no nos quiebre las cabezas, que no tenemos que darle: y lo que el pobre granjea, son algunas nora malas, después de haber hora y media, que aguardando ha estado el triste a que un consuelo le dieran. A mi señor, esto mismo sucede con la Princesa: él pide le dé limosna; que no la ay dice ella; él porfía, ella se enfada, y lo que al cabo granjea, son algunas pesadumbres, que excusarlas mejor fuera. Costumbre de muchos necios, que rendir quieren por fuerza una voluntad, que sola puede rendirle ella misma. Cuando confiontan las sangres, ya unida correspondencia, conformar suele las almas, la simpatia de estrellas. Bien desengañado ha sido, la causa bien la penetra, y pues no lo ignora, ato porfíe, sufra, y padezea. Pues que ya ha llegado el día, Florinda, en que puedo hacarte, breve cuenta quiero darte de la larga aulencia mía. Despédime de tus ojos. congojado en mortal calma, pobre de gustos el alma, y rica de mil enojos. Sin ti muriendo viví, en tormento padeciendo, que englorias va convirtiendo el gozo en que estoy sin mí. Duro mál es el de ausencia pues me nnso (te prometo) en el postrimero aprieto de una bárbara impaciencia. Soñaría, mi bien, gocaba del favor que carecia, pero en despertando via el infierno en que penada. El amor, y tu hermosura, que eran penetrantes tiros, cultivaban mil suspiros, en mí eterna agricultura. Aviencia, amor, y temores, penas, disgustos, desvelos, desconfianza, y recelos, aumentaban mis dolores. Soledades me agradaban, enfadábanme alegrías, que a erernas mesan colías, memorias me condenaban. Mas quien así no penasa, si tan distante se viera? quien gusto ausente tuviera, si como yo te adorata? Solo aquelse ausentará, que aqueste dolor ignora, mas quien lo sabe, y adora, no sé yo cómo podrá: Nunca te obligue mi amor (si es este encarecimiento que fue mayor mi tormento, y mi congoja mayor: Porque nunca un desdichado espera el bien, sintemores, y aguardando los mayores, goza el mal desesperado. En fin, yo te amo desuerte, que lo que no son tus ojos, acreditan mis enojos, y me da penosa muerte. De qué hayas bueno venido me alegro; mejor dijera, me pesa, y a Dios pluguiera, que eterno allá hubieras sido; pues si va a decir verdad, yo te aborrezco de suerte, que las nuevas de tu muerte, no me causaran piedad. Solo Meleorindo ha sido quien el alma me ha robado, y de mi amor descuidado, no me paga agradecido, Ved, Fabio, si me mandáis algo, en que pueda serviros? . Que limitéis mis suspiros, pues sois vos quien los cabsáis. Hay más extraña crueldad? hay rigor más insufrible? hay tormento más terrible? hay a mi fuego igualdad? Cuando distinguiendo estoy lo que padecí en su ausencia, quiere probar mi paciencia, con decirme: yo me voy, ved en que puedo serviros? Y aumentando mis desvelos, quiere matarme con celos, de amor infernales tiros. Extremos hemos de ser, tú en desdén, yo en porfiar, tú en aborrecer, yo amar, tú en rigor, yo en padecer, pues de este modo podré (por lo menos) consolarme, que debes galardonarme. una perdurable fe Hermosísima Lisarda, cuya deidad me conspira, a que adorandote firme, desee, emprenda, y consiga. De amores Diosa, que dando a Juno, y Minerva envidia, una te murmura sabia, otra tu beldad admira. Porque en tu Ángelico rostro, incomparables estiman, sin artificio acrisole, sobre nieve graña Tiria. En cuyas sueres hebras a gracia tan peregaina, que delevano purjando, a lejaria de ambaraleiran. Pero al fin son de ese Oriente rayos, que el amor fábrica, parar endir con lo terso a los que el de naire incita. Sofisticos, sagaces (de paz) dos luis publican, que con ardid cauteloso, la libertad tiranizan. A quién viendo esos luceros, enojos no dará el día, siendo a quien humilde Febo, holocaustos sacrifica? La división de dos cielos, aunque un mismo objecto cifran, podrán competir con ella, de Zeusislaas marani las. Pues en el florido April, tus celestiales mejillas, vituperando jazmines, tojos claveles marchitan. Y cuando Aurora te ríes, tan ricos diamaures brillas, que Onr, y Ceilan no tienen teloro, que no se rinda. Después de perfección tanta, si al cándido cuello miran, vence el eburneo alabastro, despreciándole homicida. Manos breves, dulce hechizo, rara Deidad facción linda, que al marfil escureciendo, oyoso cristal duplican. Con beldad tan soberana midos, piadosa, y exquida, a un mismo tiempo lo humano, con altiveces divinas. Bello dueño de mis ojos, amada prenda, luz mía, a ti mi fe consagrando, por víctima la recibas. Generoso Felisardo, cuyas partes más obligan, a que rindiéndote el alma, con fe te adore infinira. Efectos son del amor, ponderaciones altivas, humildades levantando a las elices Impíreas. Que Apeles, Pidamo, o Ceusís, en sus obras peregrinas, Deidad retratar pudieron, como tu Euterpe me pinta Nunca en mi pecho cupieron ostentaciones Narcisas, porque a éxtalis de pasión, un cristal los aniquisa. Tudi creción, tu dona, re, tu gallarda bizarría, que corazones no uiurpa? Qué libertad no cultina? El alma prodiga, cuando en la distancia del día, indigna de tino goza, pensamientos te dedica. Júbilos me da de gloria el crepúsculo de Cintlya, embajador de mis bienes, pronóstico de mis dichas. Estas sí, que son verdades, no luonjas, ni mentiras, que aún siendo mado el amor, divinamente acieditas. Di culpa tienes, pues ciego, con pasión mis partes miras, que el razonable estimado, como lo raro en hechiza. Bien lo merece mi amor, pues que con ansias tan vivas adoro tu imagen sola de mihonor, siendo homicida. . Sí, por mi vida. Que puedo yo responder a tantos favotes, prima, cuando indigno no merezeo, besar la tierra que pisas? Más mereces, Felilardo; humilde, mas me cautivas. Merezca besar tu mano, pues nadie agora nos mira. Parece que la fortuna, se va mortrando propicia: ya no tiene más que darme, ni mi pecho a más áspira, que si Lisarda es mi dueño, mis bienes se multiplican. Y ella, que me dice, a mí? de ver no se regoc ja esta bizarra persona? Ea, ni una miradica. si quiera? tanto rigor? No ve, que tengo ruin vista: Cuerpo de Cristo con ella, cuando la tuvo en su vida mejor? . Géntil disparate! al espejó no se mira: Si miro, porque lo dice? Porque vea, que no es sisga, sino verdad lo que digo. Pues ase, que no es muy linda; Vuesamerced no se haga de los Godos, Reina mía. Con todo quiero mirarle, bueno está, tome una higa. Eso si pesía mis males, mil años, mi Celia, vivas: quiéresme ya? . Ansí, ansi De veritas? . De veritas, Que no re burlas? No, no. La verdad? Calla, señora, por Dios, que me ofendes, si imaginas de mi bajeza tan grande, de mi noble pecho indigna. De estarte adorando, nacen; mi bien, las sospechas mías, de las sospechas temores, y los temores confirman, el considerar tus partes son de aperecer tan dignas. Desde que te vi te amé, que aunque te trataba esquiva, siempre te escuché con gusto, siempre me agradó tu vista. No te enfades, no te enojes de que recelofa viva; que partes que me rindieron; a cuántas las vean rindan. Ya estás con más libertad, que yo, puedan atrevidas buscándote, divertirte. con amorosas caricias. Tuve a gran dicha el ganarte y como la suerte mía, siempre corta fue, el perderte tuviera a mayor desdicha. Deja eso ya por tus ojos, si me quieres, no me aflijas. No me darás una mano? A tan gran favor aspira el señor la cayo? tome. Mal me haga Dios, picaril si no me has hecho con eso en el alma mil cosquillas. Mi bien, no tengamos voces baste ya. . Hay prenda mía! No te ha sucedido nunca, cuando más próspera, y rica tienes transformada el alma en gusto, contento, y risa, darte un vuelco el corazón, y aquel placer, y alegría, en temores convertirse, porque tal vez adivina la desgracia? Ansiyo, cuando de gozo más rica con tantos favores, invidiosa de mi misma, meda un vuelco, y otro vuelco, y temo, que pronóstica en tu fe mudanza alguna, y que mi fín se avecina; porque son embajadores da las lágrimas las risas, como del mal lo es el bien, delas desdichas las dichas. Mal la fineza conoces, de mi amor? pues desconfías. (fías? Que es verdad, que no me enga- podré creer, qué me estimas? que no finges? qué no mientes? no te enojo. . Que tal digas? que Dios, que estoy corrido. Haraslo ansí: Sí, a fe mía. Anda, pícaro, conmigo: Emviezas a ser prolijas Aza el dedo. Panarizo. Hh infame! . Calla bovilla. Pues esta noche te aguardo, A qué hora? A la misma de anoche. . Pantual seré, Ciega quedo sin tu vista, Bien llaman muerte a l ausencia, porque si el morir implica una unión de cuerpo, y alma, llevándote tú la mía, quién duda que muerto estás? Qué tormento! Qué desdicha! Abrevia el curso, Eriseo. Tu estrellado manto, Cinthía Que en tu ausencia. Cuora el Orbe. Goce el bien, Y de me vida. A Dios, Pasquín. A Dios, Ceña. Ciega quedo sin tu vista. (cía. Bien llaman muerte a la habien- porque si el morir implica una unión de cuerpo, ya ma, llevande te tú la mía, quién duda, que muerto estoy? Qué tormento! Qué desdicha! Abrenia el curso, Eriseo, Tu estrellado manto, Cinthía Que en tu ausencia. Cubra el Orbe, Gozo el bien. Y dame vida, Qué grave, que va el tacaño! Y la mondonga, que altiva!
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Dondr te ocultar, señor? He estado con Clodóveo, explíquele mi deseo, y el estado de mi amor: al fin ha determinado, que luego nos desposemos. Qué importa, si no sabemos si habrá Lisardo otorgado. Que ha de cansar econfío, y que ha de tener efecto. No es este modo discreto, de todo clarato me río. Yo primero la atrara, y de el a el gusto su ierá, y conferme lo que viera, después me eeterminara. Esta era la diligencia, que antesmás de hacer, que lo demás es poner publico un no en contingencia. Sabes a que he comparado esta tu amorosa lucha? A qué? Yo lo diré, escucha, y piense no voy errado. En el mar no has reparado, cuando cómbate una roca, que con ella, señor choca, una, y mil veces airado, y después que ha porfiado, viendo fustrado su intento, menguando el furor violento, cuan hom de se retira; porque vencido se mira aquerso berbio elemento? Lo mismo en ti vengo a ver al fin, y visto lo has, pues siempre al principio estás de alcanzar, y merecer. Declarada na mujer, dejarla es mucho mejor: esto te está bien, señor que con la pasión te ciegas, y a hacer discurso no llegas de tan depravado error. Que como al gusto la quitas, aunque el concierto sea tal, dejar lo más esencial, y lo menos solicitas. Mucho te desacreditas con este amor, o locura, tiempo es de tener cordura, cesen, cesen tus porfías, que jesta en vano los días quien imposioles procura. Sabes que fetcosamente retirá el maria menguante, y que despuér más pujente vueve con nueva creciente, y enojado, y imip aciente de que resivencas tiate, con uno, y otro combate, hasta hacer mella, o señal, con munición de cristal aquella dureza baro? El mismo efecto has de ver el. Lsarda, que aúnque firme agora está en resistirme, en todo caso es mujer, y no hay ninguna que a ser no venga, Dardín, mudable, pues si hoy está intratable, bien podrá ser que mañana este a mis cosas humana, grata, apacible, y afable. Con que tendrán mis ntentos el premio que han pretendido verás su rigor veneido; logrados mis pensamientos, rieo de merecimientos, favorecido, y amaco, de la Princesa estimado, despreciado a mi enemigo, siendo de mi bien testigo y de su mal convidado. Al fin; si quieres meurar sirviendo, has de obedecer, nunca imp asibles poner, ni menos facilitar: ansí no podrás errar. Y en lo que toca a mi amor, aconsejarme es error, porque si no has reparado, parece mal que un criado reprenda a su señor. ̱. Divinos pensamientos, firmes en los rigores más violentos, nunca desconfiando, a Celica Deidad siempre aspirando, ya estáis galardonados, y en éxtasis de gloria transformados. Los ásperos desdenes. trocados veis te apacibles bienes; los pesares en gustos, en placer, y contento os disgustos: justo es, amor sublime tus dilaciones; porque más se estime tan celebre victoria, raro triunfo, soberana gloria; pues fuerte he combatido, con penas, con desdén, rigor, y olvido. Y tú, Celia Divina, entre todas las Celias peregrina, tu cancarron adoro, que el excesivo amor me ha vuelto Moro: mira a lo que ha venido el pobre de Pasquín por ti perdido. Pa quín, busca una china, Hay gran rato de aquí a la Cochinchina. Déjate de eso agora. Ya han abierto la reja . Y el Aurora de mis tiniebras sale, porque ninguna con mi suerte iguale. Ces . Ya está entendida; cecear, cecear; acábase la vida? dirale, que ha tardado? que vive de su amor muy descuidado? que infínito le adora? que en su ausencia suspira, gime, y llora? fingirale un desmayo? mejor la parta (que es verdad ) un rayo. Tratemos por agora de reposar, Pasquín, que hasta la Aurora, que se han de estar infiero, y yo dormir, y no escucharlos quiero. Tanto siento yo el ausencia de un hora, como otro un año; mira si es dolor extraño tantos años de impaciencia? Tan tuvo está mi albedrío, que sin ti nada no soy, porque entiendas cual estoy de amores, pues no soy mío, ibgo Y el rato que me divierto, y no te contemplo, veo mi semblante horrible, y feo, y el trasunpro de hombre muerto, que como tienes mi alma, y entonces te olvido esquivo, como puedo yo estar vivo, cuando la memoria calma? A privación de la vida, si más te viese, mi bien, me condenó tu desdén, un tiempo fiero homicidas Considereme perdido, perdido, y desesperado, desesperado, y cansado de memorias de tu olvido. Pero por muerte teniendo cualquiera instante de ausencia, morir quise en tu presencia, tus rigores no temiendo. Mas como dice la ley, yo tuve tan buena suerte, que me libró de la muerte el ver la cara del Rey. Aquesta fue tu belleza, y el favor que he merecido, que a adorar me ha competido secreta naturaleza. Pues de mi fe satisfecho, sin la intratable pasión, estima tu corazón la firmeza de mi pecho. Si apalabras remitiera el querer mi fe explicarte, no tiene de amor el arte todas las que yo quisiera. Deféndime con rigor, que fendirse una mujer al primer lanceles poner en opiniones su honor. Sois de condición los hombres, que si tan presto alcanzáis los gustos que deseáis, nos dais de fáciles nombres. Si dificultad ponemos en daroslos, y imposibles, también nos culpáis terribles, con que confusas nos vemos, sin saber para obligaros, O que estilo hemos de elegir, aunque he venido a inferir, que es el mayor dilataros los favores, porque al fin, cuando enojados estéis con una mujer, diréis, que ingrata fue, no ruin. De esto recelosa estaba, de esto nació mi desdén. y este temorera quien tanta dilación causaba. Pero si triste te via, aunque esquiva te trataba, sabe Dios que me pesaba, y más que tu lo sentía. Y porque estés satisfecho de que esto es verdad, señor, te hago dueño de mi honor, como del alma te he hecho: ese postigo abriré, por donde podrás entrar, mas primero me has de dar de esposo palabra, y fe. Que me matan, que me matan. Pasquín es este. Traidores, cobardes, gallinas, viles, tantos cómvatís a un hombre? Qué es de ellos, Pasquín? Huyeron, como unas liebres. Por donde? Por dónde? por donde pudo cada uno, diez, o doce mate. . Y los cuerpos? Traían prevenidos sacadores; y por eso no parecen: cansado estoy, o ladrones! A donde, cómo, y porque fue aquesta pendencia? Oye, que aunque nunca acostumbramos la gente de nuestro porte dar satisfacción a nadie, contigo aquesto no corre. Apenas de mí te aparto (Dios nos libre de traidores) cuando de esa esquina salen (poniendo mano) seis hombres a sus broqueles, y espadas, mas yo como un Rodamonte, prevenido los espero: llegan en fin, y conformes me acometen; pero el uno, presto arrepentido hallose, porque de un reves, señor, (notable pulso!) vigores barba, narices, y boca volaron al Horizonte. Pidió confesión, y el cielo, que en aquestas ocasiones muestra su piedad inmensa, dispuso que un Sacerdote, que pasaba de camino a Roma dentro de un coche, enternecido le escuche, y confresado, absolviole: murió en efeto el pobrete, y yo con rostro bisforme. No prosigas, que en mi vida oy mentiras mayores: Tan lejos estabayo, que el ruido de ese coche, el estruendo de las armas, el rumor, gritos, y golpes de los broqueles, y espadas no había de oír? . Razones daré yo muy infalibles, que aquesta verdad apoyen. No ha inventado (cosa es llana) el ingonio de los hombres, polvora que sin ruido despare? . Sí. Pues no ignores que hay espadas; y broqueles también, que aúnque peñas corten, y muevan valas en ellos, (no pienses que son ficciones.) Los propios de la pendencia ven la acción, mas no la oyen: de los cinco que me quedan, a los tres (Dios los perdone? de unetajo de medio a medio los partí, pero las voces oyeron apenas veinte, que ocultos tuvo un esconce, cuando me envisten airados, y me maltratan feroces. Pero yo (cuyo valor igual no tiene en el Orbe) al más valiente acobardo, y hago ligero al más torpe. Un calvo entre todos alto, gordo, y de rubios vigotes, muy estebado de piernas (qué parece que los hombres de estas partes, me persiguen en todas las ocasiones? por señalarse, soberbio, y atrevido, se me opone: choco con él Pasquín, dime, como en tan oscura noche ver pudiste? Ya te entiendo; vamos a las conclsiones. Fueron tantas las centellas de los aceros entonces, que pudiera (a estaren ello) ver los Pirineos montes. En fin, con el calvo chonco, y descargando un mandoble en él, de la frente al pecho bajó el fuiminante estoque, con tal primor, que d él hice dos iguales divisiones. Y por abreviar de puntas, tajos, y reveles, doce me cantan el aleluya, cuando agradecida, y noble, el no me los recordéis (el alma)a todos responde. Los demás (y hiciero bien) de que el peligro donocen, te merosos, como cierbos, huyeron, a puso el postre. Extraordinarias pendencias son las tuyas. . Qué decir no tienes, ni que argüir, en tan claras evidencias. Retírate a descansar, que bien lo habrás menester, y si los vieres volver, puedes, Pasquín, avisar, Notable donaire tiene! Siempre gasta aqueste humor y volviendo a nuestro amor, que es lo que más me convienes que detérminas, se nora? Ni de este, ni de aquel modo, a no dormir me acomodo; que no despidiera agora (en mifavor conjurado) el cielo tal toruellino, que este amante ylo Teatrino, fuera a acogerse forzado. Ay disparate mayor, que estarte un amante helando, aire, y más al re papando, y digan, que esto es amor? No es mejor estarse adonde con abrigo, y sin zozobra; vayan poniendo por obra; lo que al decir corresponde? Maldiga Dios sus excesos, pues cuando yo más dé, y tome como carne no se come, no tengo que roer huesos. Esta es la llave, mi bien, entra, esposo. Ay, amor! que estimado es tu favor, después de un largo desdén? a Pasquín, Pasquín. Por Dios, que he de burlaros también. No responde, y no sé quien esta aquí Que queréis vos, con Pasquinos vais, decí, ladroncillo de mi honor? Daos aprisión, traidor; miamo se curra aquí, endid las armas; que haré? Mientras el rostro encubrís, las armas que me pedis de esta averte os las daré. Tente, pesia tal, señor, que soy Pasquín, no conoces? A conocerte, de coces te hubieradado, traidor. Pensamientos amorosos, callar conviene discretos, que si no guardáis secretos, no os podéis llamar dichosos Si os comunicáis, sabed, que os condenáis a penar, y sino queréis errar; avuestro dueño atended, que la gratificación de vuestro amor, solo toca, en que no diga la boca lo que siente el corazón. Dicen que no hay verdad ya, porque al cielo se subio, y un traste que se oluidó, guardado en mi pecho está: yes que el milagro mayor el Dios de Amor en mi hahecho, pues ha inspirado en mi pecho, Celia, que te tenga amor: Y cuando te considero, cual pared enjalbegada, y en extremo colorada, de imaginarlo me muero: Pero de desdicha tal, el con suelo que tendré, que al comerte pensaré, que eres guinda garrafal, Yo le rogué, que pusiese mis deseos por efecto, y que fuese con secreto, va Lisarda no dijese, hasta la urgente ocasión, nada. . Mira, que lo hierras, y que ansí más fuego encierras, que te abrase el corazón, quieres escucharme atento un cuento? Siempre de humor has de estar? . Oye, señor. Abrevia, pues. Va de cuento. Contome mi avuela un día (a la lumbre por Eneto) que un venerable escuvero se enamor o de mi tía Requitiendo la de amores, mi tía le responció, que en su vida se preció de hacer a nadie favores. De que vio aqueste desprecio, trató lo mismo que tú, y después a Belcebu- el trato encomendó el necio. Mi avuela la compelió, salió al tálamo mi tía, mas tallto callo aquel día, que no dijó, sí, ni no. De tan grande desatine, el escudero afrentado, escogió mejor estado, y hubo de entrarse Teatino: aplícale. . El cuento es tal, que no haya que. Bien por Dios, yo sé qué habemor los dos de llorar él mismo mal. Déjame, no me aconsejes, que yo sé lo que he de hacer, no te pido parecer. Después, señor, no te quejes. Aquesta noche quisiera Ricardo, te desposaras. Pues, señor, en qué reparas? Por acertado tuviera, que a Lisarda se avisase. Eso es muy justo, señor, si permitieses, amor, que su rigor mitigase. Pues vete, porque ella viene. Si haré, aunque temiendovoy que lo que trazando estoy ningún fundamento tiene. . Mantener, y porfiar, y al cabo, al cabo ha de ser de Lisarda el parecer, el que ha de predominar, Corazón, que risueño estáis gozando vuestro amado dueño, de vos mismo envidioso, acertada elección, empleo dichoso: amor, dulce tirano, quien resistir tu fuerza intenta en vano, si han de quedar en calma, presa la libertad, rendida el alma? Cuando sale la Aurora, la Filomena triste endechas llora: la Tórtola suspira, y la sonora voz piedad inspira del Canario celoso, transformado en su mal, de ti quejoso y yo en estrechos lazos, a Felisardo doy tiernos abrazos, porque pone divorcio en nuestro oculto, y marital consorcio, y a ti mil parabienes. Tan pensativa, mi Lisarda, vienes, que imaginando he estado, ya te habrán dicho, que te doy estado, que te pesa parece: pues como aquesta nueva te entristece, hija, cuando entendia, que aumentara tu gusto, y alegría, la que yo tengo al doble? rico, esposo, galán, discreto, noble, tu padre te ha escogido. p Todo es ansi, si Felisardo ha sido, a que digas aguardo, en quien, señor, me empleas? En Ricardo; que respondes? . Que es justo en todo obedecer, señor, tu gusto. Dame, hija, esos brazos. . Quién dejara la vida entre tuslazos? . Pues entra a prevenirte. que esta noche ha de ser. Iré a servirte. Forzar la voluntad, a quien la vida primero perderá, que el bien que adora: presumir, que con ser vil homicida, se obliga, persuade, y enamora, es necia presunción, loca, arrevida, y solo disculpable, en quien ignora, que siempre de mí ha sido aborrecido; pero no en quien desengañado ha sido. Porfiar, sin tener nunca esperanza, queriendo violentar el albedrío, es leve fundamento la privanza, terrible disparate, y desvarío: pues antes hará el tiempo esta mudanza, por Enero calor, por Julio frío, que dé la mano yo al traidor Ricardo, y por él repudiar a Felisardo. Pero como podré, sino obedezco a mi padre cruel, aventurarme a decirle, que tanto le aborrezco, si queriéndole bien ha de forzarme? Si a Felisardo yo misma le ofrezco, es descubrir mi amor, y despeñarme? Triste de mí! qué haré, querido esposo, para excusar un lance tan forzoso? Al fin, se podrá en efecto? Sí, que de cierto he fabido, que a Clodoveo ha pedido Ricardo, se haga en secreto, Adoré un pecho alevoso, que de le al presumió, pero al cabo descubrió su designio cauteloso. De que sirvió levantarme, si habías, vil, de abatirme? de que sirvió prefetirme, si habías de despreciarme? Divina me pareciste, pero tanto te humanast que la gloria a que me alzaste, en pena la convertiste. Pues no es tan inmenso el fuego, que quema a la Salamandra, Fabia, Tárpeya, Alexandra, más fácil que la del Griego. Tanto amor, maldad inorme, para que fue distinguirme? no contemplándote firme, Erratia Cinthia trisforme. Mucho de ti confie, pero nunca presumí, que pudiera haber en ti, menos que inviolable fe. Eres mujer, y fue necia en mí tanta confianza, que la más firme es mudanza, pues de mudable se precia. Nunca mirarle merezcas perjura, el rostro contento, y para mayor tormento te aborrezca, y le aborrezcas. Si le adorares, prefiera (haciéndote dia favores) a los tuyos, los amores de una pública ramera. Que yo aleve, por no verte en prazos de mi enemigo escogeré por castigo en una aviencia la muerte. Que pues no pude obligarte, no debí de merecerte, si bien quien supo quererte, será imposible olvidarte. . Yo, Celia, mas entendido, no pienso llorar de celos antes rogare a los cielos, tengas eterno marido: con que tú de ti contigo me vengarás, que en rigor, di, que venganza mayor, que casarse un enemigo? Dónde estáis, que no me oís, espíritus infernales? y cuando me atormentáis, cómo no parece nadie? Como a mis conjuros sordo, Plutón humilde no sale? ni obedecen las tres furias, ni rayos Vulcano trae? No me dirás a que efecto llamas a esos personajes? porque yo no los fiara, ni aún un saco de alacranes. No me vayas a la mano, aunque diga disparates: sabes tú lo que son celos? escucha, si no lo sabes. Has visto acaso vestirse a una mujer, y en la parre donde se vistió, el espejo por un descuido quedarse, y entrando en esta ocasión un perro, como mirase en el cristal furetrato, más venenoso, que un áspid chocando con hé, no para, hasta que viene a quebrarle? Y pues, que tienen que ver bledos, con los Dioses Lares? que tienen que ver los celos, con que el espejo quebrase el perro que entró, la mona, el garo, el diablo, o el sastre? Vive Cristo; que ya acabo, de ver, que andan de Levante tus cascos, pues sin acuerdo te comparas con los canes. Que decirme; no has oído pedir celos a un amante, diciendo al que se los da: suplico a usted, que no pase por esta calle, que es cosa, que me da pena notable; porque de hacer lo contrario, será forzoso obligarme aque lo defiandayo, a que me mate, o le mate. Y respondiéndole el otro: Vuesemerced no se canse. porque la señora Eustaquía (que es a mis ojos un Ángel) gusta de que yo pasee una, y mil veces su calle. En demandas, y respuestas, vienen a encolorizarse, remítenlo a las espadas, llegan buenos, y las paces se efectuan; con los medios sal convementes a ambas partes. Esto sí, cuerpo de tal, chincharrazos, y adelante: soeres Baldovinos tú, que entre las bascas mortales, a Sevilla se quejaba, como si ella le escuchase? Donde estáis, que no me oís espíritus infernales? aquello de los conjuros, y trecientos disparates, que estoy (afe de quien soy) de oírlos por enfadarme: Jesús, Jesús, quien pensara de ti cosa semejante? Déjame, Dardín, por Dios, no me aflijas, ni me mates, que an sí mis penas se alivian, no gustes de atormentarme. Negaralme, que noves, que por aquellos jarales atodaprisa se esconde la causa de mis pesares? Si digo! que no la veo, . quien duda, que ha de enojarse, y ahonumarme las costillas: alto, pues, quiero ayudarle. Tienes razón, a señora, escucha, ansi Dios te guarde, ten lástima de Ricardo, muevante a piedad sus males, bastentantos disfavores, y tus sinrazones basten, que soy quien a pagar viene, tus inhumanas crueldades: mira, que se haido. Adónde? Entiendo, que a Roncesvarles. A qué? A cantar un responso. A quién? A los Doce Pares. También pudieran Dardín, otro responso cantarme. (to? Gracioso chiste! estas muer- Mentecato, aún no lo sabes? Agora sales con eso? por Dios que tienes donaire; como si estás muerto, hablas? Acaba ya, no me canses, no ves que espíritu soy? si de entenderlo acabases. Él ha perdido el juicio, hay lástima semejante! yo entendí, que vivo estabas: Alma soy, que por el aire peno. . Luego ya eres duende? que donoso disparate! vuelve a vestirte, señor, que el discreto en estos lances sufre, y cuerdo disimula, no hagas extremos tales. Necio, a que difunto viste, que con galas se adornase? HQtre puto, aún eso más? otro como tú te aguarde, porque tus locuras, solo podrá sufrir otro amante. Con ser cosa tan cansada, me parece más tratable oír un año, y cien días en sus prosas a un Pedante, cultos versos a un Poera, arrogancias a un cobarde, a una sea hacer melinores, y a un necio, que mucho hable: pero a ti (viven los cielos, que servirte, ni escucharte un hombre de bien no puede, si ansí continuas tratarle: en fin dices, que estás muertos? otra vez? . No hay replicarle antes de morirte, adonde el cuerpo enterrar mandaste? Dentro de mí mismo pecho. Entienda esa enigma el Dra- dentro de tu pecho? como? (qué. Si el retrato de aquel Ángel dentro de mi pecho está, no te admire, ni te espante, que enterrarme, siendo ansí, dentro de mi pecho mande, que pues el original en vida quiso ausentarse, muerto en el sepulcro quiero, que el retrato me acompañe. Que en tal estado te han puesto de una mujer las crueldades? mal haya el hombre de bien, que las es fiel ni constante. Qué caracter es aqueste? es el epitafio? an sí: yo digo, que eres demonio! ingenio tienes notable! en fin dice el epitafío: Yace aquí, quien ya no yace vivo, porque muerto está. Qué te parece? . Galante! no se pudo decir más, es cosa del otro Martes: lindo modo de decir! en los preverbios Morales, no hay sentencia, como aquesta, Afe de pobre, que hurtaste a algún Poera estos versos, pero dirás. No te espantes de eso, Dardín, que en el siglo, muchos Poetas lo hacen. Qué diablos tienes? qué has visto? muen, pues, los ademanes: a señor? a esotra puerta. Que es lo que quieres, vergante? entre las debías no ves, que una hermosa nube se abre, y que aparece Lisarda con tenebroso semblante? Que me quemen, si no quiero convertirse en tempestades, para destruir la tierra. Vuégala tú, señor, antes, que en ejecución lo pongas, que no haga tal ni es bien pague otros lo que debes tú: pesia amí, no lo dilates. Ya se ha desaparecido, lo que dijo, no escuchaste? Qué eslo que dijo? Que va a Bavilonta a casarse con el Delfín. Bueno está? De allí ha de pasar a Flandes a hablar con el Preste Juan en cosas muy importantes acerca del buen gobierno, y de otras cosas notables. Cuerpo de Dios, y qué buena ocasión, si de ella sabes aprovecharte, señor. En qué puedo aprovecharme? En qué? quepués esta cerca Flandes, fueses, y retases allí al Delfín, y pues dices, que es ida Lisarda a Flandes atratar de buen gobierno: quien hay que pueda negarte, que el buen gobierno consiste en que no posea nadie la prenda ajena por propia? No dudes, que ha de ampararte el Preste Juan, y que al punto volverte a Lisarda mande. Por Dios, que no has dicho mal, ve por postas al instante, que quiero irpor la posta a quitársela, o matarle. Ingrata, enemiga ía, si las aves, y animales de agradecidos se precian, y lo que me debessabes, porque te ausentas de mí? porque das por bienes males? Porque es mujer, que es lo mismo, que mudanza, y novedades. Amávame (qué necedad!) decía, que me amaba la causa de mis daños, decía, que me amaba, y con engaños, tomaba posesión del alma mía. Mas sucediendo lo que a aquel que hacía bizarra ostentación de hechos extraños que en llegando a tocar los desengaños, manifestó su infame cobardía. Lilarda ansí, después de haberjurado, anegada en sollozos una tarde, que más que al alma suya me quería. En la ocasión primera me ha burlado, en cuyo efecto conocí (aunque tarde, que cuando más lloraba, mas mentía. Que mi señor haya dado en tan perenal locura, y es tan corta mi ventura, de de intento no ha mudado? Ahora, pensemos también en lo que Dardín dirá a Celia preguntará, era tu feroz desdén verdad, Celia de mis ojos; y el disfavor que me hacias, acaso me aborrecia? dábate mi vista enojor? Harale muy remilgada, algo la boca fruncida, entre honesta, y relamida, melindes de desposada. Y dirale; pues yo, cuardo con extremo no te amé? aquello, mi Dardín, fue, porque te estaba adorando. y porque no reputases mi amor a fachidad, te traté con crueldad, porque después me estimases. Responderala; y Pasquín nunca te hizo cosquillas? pues a ese corravol silas, osais nombrarme, Dardín? Tratome amor con amor, no siendo dueño absoluto, y hoy que se rindo tributo me maltrata con rigor, No se muestre agradecida, la causa de mi pesar: mirad que puedo esperar de intención tan conocida? el rigor de mi desdicha, infeliz aventurero. Si necesidad tenéis de dos criados, los dos os serviremos. . Por Dios, que ser dueño merecéis, y no criado, pues es vuestra gallardas ersona, más digna de una corona. que de ese traje. . Ansí es verdad por mi fe. Agradezco, como es razón el favor, y aunque de poco valor, gratificarosle ofrezco. Cómo os llamáis? Yo? Panuncio. Quieres callar, majadero, . Y el hermano compañero, Zacarlas de Abernuncio. Extraños nombres tenéis. A que me descubra aguardo, . y yo que ciega le busco, mi nombre es, señor: Lisardo. Que de oírme os admiréis, no me espanto, pues pudiera calificar mi persona con Don César de Colona, y más al uío anduviera: como algunos majaderos; que heredando cuando más, Pedro Andrés, Antonio Blas, son mentidos Caballeros. De la cabaña se han ido dos vaqueros, y el lugar de ellos podéis ocupar, pues a tiempo habéis venido, y en mí un amigo tendréis, que os sirva con voluntad. De la misma cierto estad, que siempre en mi hallaréis. De qué imaginando muero . Y yo que le he parecido? diga, no soy muy galán? siendo siempre de la dicha, . Aquí no has de ser truhan. Seré lo qué siempre he sido Desconfiada de hallar el bien que en vano procuro, sigo de infinitos males el inseparable curso. Despeñase el pensamiento, por amorosos impulsos, que quien desprecios no siente ama poco, y finge mucho. Gobiérname el corazón, y ofuscado Palizuto, en el golfo de mis penas, no halla de salvarse el rumbo. Elegí un aleve esposo, violó mi virgineo muro, limpio de bajeza entonces, al paso que agora impuro. Huyó por sospechas vanas, tropezando en mis desdichas, el hallarle dificulto. Cuípole de inadvertido, y al instante le disculpo, que como el alma le adora, que es inculpable presumo. No tamo las soledades, ni los peligros futuros, que pasado el del honor, no me desvela ninguno. Atorméntanme me morias, y cuando más de ellas huyo, como en soledades ando, las encuentro, aunque reuso. Resieren por afligirme, mis males uno por uno, confumiéndome el pensar soy de escándalos asunto. Vuela la parlera fama, publicando por el mundo la liviandad de Lisarda, de Felisardo el imulto? Adónde vas, dueño mío, aumentando mis disgustos, correspondiendo indebido, afe, y palabra perjuro Vuelve, esposo de mis ojos, que cumpirla será justo, baste, no padezca más de ausencia al tormento duro. Pero a quien triste me quejp? que aunque mi afrenta divulgo solos me escuchan los montes que tiene el silencio mudos. Peregrinaté hasta hallarle, será mi amor sin segundo, porque mientras de él carezco, no reina en mi pecho gusto. Confusa guerra de amor, en cuya refriega dudo, no se rinda el más valiente, no se pierda el más astuto, Si al que los cielos gobierna, obligar su incendio pudo, que tomando varias formas, lograse amorosos hurtos? Atrevido, no dudando de darle celos a Tuno, no perdonando sus flechas, a loos incapaces brutos. Porque lloro, nisuspiro, ni a los cielos importuno con quejas, que el viento lleva, sin conseguirningún fiuto? Encontró las voluntades, y a Melcorindo no culpo, que no quiere ser forzado, de este tirano el influjo. Rindiome (ay triste de mí!) que él solo rendirme pudo, contrastando de mi pecho el incontrastable muro. Pido favor a los cielos, para caso tan confuso, pero aunque favor les pido? no me condede ninguno. Tan afligida me veo, que en aquestas selvas busco la soledad apacible, donde mis penas resumo. Hermosísima Pastora, en cuya rara belleza cifró la naturaleza, la apaciblidad de Flora. Si de una triste los males a piedad pueden moverte ampara a quien es su suerte, causa de miserias tales. Yo sos una desdichada, que creí, ciega de amor, a un fementido, a un traidor, que me ha dejado burlada. Gozome el falso engañoso. cansose el falso, ausentose, si bien otros dicen (no sé que iba con razón quejoso. Salí a buscarle, y perdida ya la esperanza de hallarle; no quiero andar a buscarle, cansada en vano; y corrida. Y ansí quisiera quedarme aquí, si no te disgustas de que te sirva; y si gustas de valerme, y ampararme. Quisiera, hermosa zagala; que tuvieras la ventura, al pelo de tu hermosura, porque ninguna la iguala. Y también para albergarte. tener los Palacios Reales, que son chozas pastorales. indignas de aposentarte. Pero en la mía hallarás, con llaneza, y lealtad, dispuesta mi voluntad, de quien servirte podrás. Tanto tu favor estimo, cuanto mi tormento siento, midiendo con el contento el pesar, que eterno intimo. Y a esta amistad (como es justo estaré toda mi vida obligada, agradecida, y muy sujeta a tu gusto. Cómo te llamas? e Audar de nombre será cordura; Felisarda. . Qué hermosura Qué agrado! Ven al lugar, A los cielos pluguiera, que nunca yo, Diana, acá viniera, pues fatal causa he sido, de que tu corazón tan afligido padezca, y de mi ajeno, no pueda remediarte cuanto peno. Sabrás, bella Diana, que adoré con extremo a una tirana, de quien me nombré esposo: servila largo tiempo, y fui dichoso en alcanzar favores, cuando un émulo mío disfavores, el cual de esto impaciente, y viendo en mi enemiga el expediente, escogiendo otró medio, hallo la ejecución de su remedio: porque a su padre hablando, concediéndolo él, y ella otorgando, yo no sé con que intento, en fin, sin dilación su casamiento tuno (aunque infame) efecto, quedando nulo el mío, que en secreto, entre los dos pasando, le deshizo perjura, y yo rabiando (ay de mí triste) viendo, tan grave mal, salí conprisa huyendo, y a ca llegué rendido, sin alma, sin aliento, y sin sentido: Tus méritos no ignoro, mas a esta ingrata, si, constante adoro, muda de pensamiento, que es el mejor remedio que yo siento, porque en mi para amarte, falta la libertad, principal parte; perdona, Diana hermosa, Aguarda, aguarda (ay Dios) que prodigiosa es la fortuna mía, que quisiste, cruel, con lengua impía, tanto mal declararme, porque celos, y amor puedan matarme, Piedad de una afligida, que en el postrero trance de su vida, tu inclemencia la tiene, y a quien la Cesis a morir previene, si en el rigor no imitas, a bárbaros Charibes Trogloditas. Que propia es la tibieza en el que ruega? y el rogar bajeza? triste de mí, que lloro, ruego, busco, persuado, estimo, adoro, a quien a otra ama, olvidando su honor, ofensa, y fama. Porque, Lisardo ingrato, con injusto desdén, y áspero trato, tu crédito desdoras, por una leve, que ofendido adoras, llorando infames celos, en que a ayudarte empiezan mis desvelos? porque amante, y celosa, mas breve muera, pue Porque con pecho alevoso quieres, bárbaro soberbio, que a celos pecho le pague tan hidalgo, y noble pecho? s no soy dichosa. Crédito dia tus mentiras; pero ya, engañoso dueño; que ingrato procedes, miro con más mudanzas, que el tiempo Del apetito gozaste, huyes de mi satisfecho mas presto, que no de Olimpa el fementido Bireno: Con celos me haces la guerra, y aunque es su rigor inmenso mas que los celos, me aflije considerar tu vil celo Si estando celosos lloran los animales más fieros; como no he de llorar yo tantos agravios, y celos? Nuevas cautelas fábricas, pero buscáncote, pienso decir mi de honra a voces, por deshacer tus enredos. Divinos ojos, que dais muerte, y vida a un mismo tiempo, pues que no ignoráis mis males, no gusteis de mi tormento. Porque os ofende, señora, que este constante en quereros, si dueño de mi albedrío, todo lo que queréis, quiero? De beldad tan soberana, que soy indigno confieso, mas quien no aspira a ser más, por no verse siempre menos? Con tan continuos desdenes, continvas penas padezco, y como de ellas gustáis, no hay mal, que por bien no tengo. Extremos somos los dos, y tan contrarios en ellos, que al paso, que yo os adoro, es vuestro aborrecimiento. Mas amante, que dichoso. voy fuera de mí, siguiendo el rumbo de mis desdichas, y el norte de mis deseos. Mas quien presumiera (ay triste!) (si en mudanzas compitieron siempre el tiempo, y la mujer) que no mudara de intento? Estimad mi amor, ingrata, que amaros, no es ofenderos, cuando sabéis el recato con que procede mi pecho. Temeroso el labrador, de que le nieguen los cielos a sus sombrados el agua, (único bien, y remedio) anda triste, y afligido, de imaginaciones lleno, diversos juicios formando, y mil discursos haciendo; pero rásganse las nubes, y es el agua a tan buen tiempo, que produce fértil fruto la tierra, y queda contento. Mas ay de mí, desdichada! que ha tantos días, que el cielo no permite, que mis ojos lluevan una vez a tiempo, pues de cuanto voy sembrando solo por fruto merezco, un desdén, y otro desdén, un desprecio, oro desprecio. Que me amas, y me aborreces imagino a un mismo tiempo, con que es mi pecho, Forinda, de confusiones infierno. Cuando mis ojos te dicen los tormentos, que padezco, muestras de mi lastimarte, dando alivio a mis tormentos. Mas si con esta esperanza a pedir fador es llego, pones tan severo el rostro, que de emor no me atrevo. Esposible, que haber puede en un divino, sujeto un corazón de diamante, un pecho de nieve, o hielo? Si eres deidad, como tienes de humana mujer efectos? y si humana mujer eres, porque son tantos desprecios? Déjate amar, enemiga. ablanda ese duro pecho, y sola no desestimes, lo que estima el mismo cielo. No quiero a Florinda oír pedir celos, ni llorar, a Fabio, sí, suspirar, na Meleorindo sufrir, que no los he visto haré. Por qué te vas, Felisarda? Detente, escúchame, aguarda. Espera; voz es daré. Hay más extraña porfía? Ay desdén más intratable? Hay mal más intolerable? Hay pena, como la mía? Qué queréis? porque no habláis? Porque no habláis? qué queréis? Para qué me detenéis? . Porque muero, cuando os vais. Melcorindo, a que digáis, no aguardo lo que queréis, solo os pido, que escuséis estoslances, si gustáis. Sirvaos también de respuesta la misma, que a mí me han dado, en que yo ratificado, os ruego, no seas molesta. . Pues que veis, que en mis desvelos ningún sosiego consigo, de que habéis sido testigo, sentid, como yo los celos. . Sentiré en desdicha tanta, los celos, y los desdenes, con que a morir me previenes, inaccesible Atalanta.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Belicoso pensamiento, que a solo mi mal áspiras, porque a muerte me conspiras, con tan terrible tormento? Si pruebas mi sufrimiento con rigores de fortuna? vengan penas, pues ninguna, después de esta, hay que temer, antes me darán placer las mudanzas de mi Luna. Muchas veces la riqueza, las costumbres ha mudado, y la pobreza trocado la buena naturaleza, causa ha sido tu vileza de verme, Lilarda, hoy en el estado en que estoy, pues puesto en pobreza tal, voy contra mi natural, olvidado de quien soy. Corre, Acalanta ligera, que otro Hipomenes seré, que cauto te arrojaré manzanas en la carrera: tu obstinación terca, y fiera, ansi quedara rendida, pues pienso, ingrata homicida, pedir su favor a Astreo, y como el amante Alfeo, seguirte toda mi vida. Qué importa, que desdeñosa ansí mi amor delestimes? que importa que desanimes mi pretensión amorosa? Qué importa que rigurosa darme muerte solicrtes? que importa que me límites el verte, si he de buscarte, y no dejar de adorarte, aunque la vida me quites? Mitigar á mis doloses el ver tu rara belleza, inspiraranme firmeza tus injustos disfanores: Dírete dulces amores ausente, y presente, ingrata: que aunque tu desdén dilata mi bien por darme pesar, tu dureza ha de ablandar fe constante, y alma grata. Todos a la ausencia tienen por insufrible dolor, mas otros, y este rigor, mi triste muerte previenen: Dichosos los que no vienen apadecer más que un mal; pero en mí son sin igual: vansi es mi pena mayor, pues de esta ingrata, el rigor me ha traido a tiempo tal: De la cual tan ocosado, el corazón, y alma ha sido. que no ha dejado sentido, que no haya prevaricado. Con esto, tal he quedado, que no siento golpe tal, pues como en su natural, se acoge el mal en mi pecho, que estoy a males tan hecho, que no extraño ningún mal. Al fin, si he de distinguir accidentes, que padezco, son tantos que me aborrezco, por no poderme sufrir. Quien puede contradecir a lo que el hado repugna? mengua más sin crecer, Luna, aunque impropio efecto en ti, que el pesar no es nuevo en mí, ni rigores de fortuna. Quítate de mi presencia, no te vea. . Que dislate. Y no es también disparate, querer probar mi paciencia? Qué quieres, cuando te adoro? Que me dejes. Qué locura! a er menos tu hermosura y alguardarme más decoro, fuera obedecerte justo; pero no haciendoso ansí, no esperes hallar en mí obediencias a tu gusto, que aunque deseo servirte, y en todo caso agradarte, por donde entendí obligarte he venido a desservirte. Pues contrarios los intentos, sé, que en tu pecho feroz huyen con paso veloz, de amarme tus pensamientos. Siguiendo van a quien trata de ofenderle, y tú, cruel, como contigo lo es él, ser quieres conmigo ingrata: Como si yo ocasión fuera, de que tu amor no pagara, o cuando a amarle aspirara, impedimentos pusiera: Quieres con tanta aspereza tratarme, siendo mayor, que tu aspereza, y rigor, el cielo de tu belleza. Lo cual me impele a sufrirte agravios tan conocidos, hasta que de ti advertidos te fuercen a arrepetirte: y pues sabes que no he sido quien a ausentarse le obliga, vuelve en ti, bella enemiga, baste tan injusto olvido. Cómo quererte podré, sial traidor que en vano obligo, con el pensamiento sigo, y le busco con la fe? Ni menos, como acordarme puedo de ti, cuando voy tan fuera de mí, que estoy muchas veces por matarme? Quién más que yo lo estimara? quien más que yo ser quisiera, quien amando amarse viera, y quién pagada pagara? Pero aunque fingir quisiera, que voluntad te tenía, como encubrirlo podía, cuando esto me sucediera? siendo el seguirte forzoso, siendo forzoso el dejarte, quien duda, que de engañarte estuvieras más quejoso? hay quien siendo hombre de bien, otro desengaño aguarde? Siempre el tuyo llegó tarde. Que mi continvo desdén no te hiele? . Antes me enciende, porque infamando me estás, cuando tu buscando vas a quien te huye, y te ofende, Yo le adoro. Elte aborrece. Yo le estimo. El Elte desprecia. O qué enfadoso! ̱. O qué necia! O qué importuno! Parece, que por eso he de dejarle? Por el cielo soberano, que si no te vas, vidano, que he de hacerun. Reportarte puedes, porque imaginar, que yo te he de dejarir, y que no te he de seguir, es cansarte. Y porfiar, un hombre, cuando no ignora, que de mi es aborrecido, que será? . Qué? que ese olvido mas me abrasa, y enamora. De estos informarme quiero, si saben de mi enemigo. Es verdad, Dios me es testigo, Aún de esto mi daño infiero, Insufrible estás? Tirana, que ansí gustes de afligirme? Amigos, sabéis decirme? Huye por aquí Diana. . Muerta soy. . No temas, no, temblando está! Triste suerte! hoy es sin duda mi muerte? Oye. El traidor como huyó? Dando voy pasos perdidos sin saber a donde voy, que como sin alma estoy, también estoy sin sentidos: No hay alivio en el tormento, que paso indevidamente, porque quien el mal no siente, no tuvo en el bien contento. Engañome una esperanza, que eterna me pareció, y al fin me desengañó una increible mudanza: Pretendiendo padecí, y obligando porfié, y en tres años alcance, lo que en un hora per di: Luego que a Lisarda vimos. cuando a salir no llegamos, Ricardo, y yo comenzamos, lo que entrambos con seguimos? Pues teniendo de su parte a Clodóneo, al anzó lo que primero guzó mi industria, méritos, y arte: Que aunque de los dos es tío siempre a Ricardo inclinado. a darle vino engañado lo que poseí por mío: El pretendió su remedio, no tiene culpa ninguna; sino mi adversa fortuna, que da en mis desdichas medio. No es aqueste Felisardo? . como dudo ni detengo de su osad a el castigo, y con mi venganza abrevio? ríndete, infame villano. que por las luces del cielo, que si irritas mis enojos; pase tú alevoso pecho: que estoy solo no imagines, porque prevenidos tengo altiro de esta escopeta vengan treinta bandoleror: Mas no provoques mis furias, que no hay Mejera, n Alecto, que a hacer competencia puedan a las que en el alma observo: No hay asilo que te ampare, que de uno al otro hemisferio; desde el Oriente al Poniente, y desde la tierra al cielo, peregrinara hasta hallarte, por la voluble subiendo, a castigar cauteloso tus espantosos enredos: Adónde a Lisardadejas? y cansado, o satisfecho vienes, burlador, cobarde, de sus caricias huyendo? A que áspiras, fementido, mas que las ondas soberbio, si alcabo de tus maldades era el castigo tan cierto? Entre muchas, una espía, que traigo en tu seguimiento me dijo, que en una Aldea estabas ansí encubierto: iba a quitarte la vida, igualándose al deseo de satisfacer mi ofensa los veloces pensamientos: Detúvome esta zágala, y por abreviar, hoy veo, que te presentas tú mismo a pagar atroces hechos. Descubre el rostro, que arguyo en ver le tienes cubierto; que ese disfraz es traidor, y basten los vituperios. Nombre me das de alevoso, cuando la ocasión no entiendo que ansia injuriarme te obligu de haberte ofendido ajeno. Veo, que a matarme aspiras, y como el rostro no veo, aumentas mis confusiones, y en caos transformas mi ped Que me conoces conozco, y a la memoria ocurriendo, como tan culto me hablas, y tu persona contemplo, que asignas tu pretensión, oy tus intentos sospecho, con cautelosas razones a matarme pordineros. Engañate tu codicia, oy pues blasonas soberbio, arroja ese pedernal, y midamos los aceros. Hay desdichada de mí, y en que inexcusable riesgo, tras tantas peñalidades, haberte, Lisardo, vengo! Pero su mismo arcabuz meservirá de instrumento para librar tu persona: muera el cruelbandolero. De mis criados perdido, con memorias confiriendo, y en mi desdicha pensando, me voy siguiendo a mí mismo. Errado el camino he, yen aquesta selva vengo a hallarme perdido, y solo, cercado de pensamientos. Hermosas, y claras fuentes, cristalinos arroyuelos, rápido, y undoso río, frondosos árboles bellos, aves, que vais por el aire, en colores compitiendo con este florido prado, que de tapete sirviendo ala Diosa de las flores, tiene envidiosos los cielos, escuchad mis quejas tristes, estad a mi mal atentos, suspended vuestra armonía, parad el curso, y el vuelo: Hacia allí parece están dos hombres, y a lo que veo risien, procurando entrambos el honroso vencimiento, y entre los dos me pondré, por ver si apartarlos puedo con cordura, apaciguando sus vengarivos deseos. e . Si acaso obligan mis canas vuestros valerosos pechos, suspéndase la questión, trátemos de paz los medios. Hay tantas obligaciones en mi para obedeceros, que me aparto por agora, y me encubro hasta su tiempo. Si va por obligaciones, aunque ningunas os tengo, por ser quien lo pedís vos, con humildad obedezco. No es el traidor Felisardo el que está presente, cielos? . cómo no le doy la muerte? como su vida defiendo? Disimolar por agora, que no le conozco quiero, para que tengan después mayor cosmo mis deseo: Agradezcoos elfabor, . con cuyo seguro puedo nuevamente suplicaros, para poder componeros, que me digáis la ocasión, que os pudo mover a esto, que si es como entiendo el oro, esta cadena os ofrezco: ese traje me disculpa, perdonad mi atretimiento. No es esa, señor, la causa. volved la cadena al cuello, preguntadle la ocasión: habla, engañoso Teseo. No injuries, cuando las paces se tratan, si eres discreto, que es no hacer estimación de quien quiere componernos. El engaño ha estado en ti; pero lo que a alcanzar llego diré, más no tus disignios, que de ellos solo eres dueño: Por intrincadas breñas, y árboles soberbios, que por la tierra nervios, de pabellones sirven a las peñas; cuyo erizado monte, apenas deja ver el Horizonte: divertido venía en pensamientos vanos, que unos de otros contrarios. hacen de mi alma anotomía, cuando la airada mano (no: darle muerte queréis como cin darme muerte intentó de este tira. La causa de ello ignoro, si bien me ha conocido, de lo que he presumido, me quiso despojar de algúntesoro, que su codicia entiende, oculto traigo, y adquirir pretende: Mira que ha sido engaño. la cadena volverte, que para darnos muerte, lo cual ha de servir de desengaño, (dos. tiene bien prevenidos (no distantes de aquí) más foraji- El cielo, Clodoveo, aquí te ha con lucido, ya nos has conocido? condona la insolencia de este reo a rigurosa muerte, (suerte que tu honor no restauras de oír No quieras dilatarlo, recupera tu honra, y cese tu deshonra, que ya habrá muerto, por mi cuen ta hallo a la Princesa infame: (perdóname, señor, que ansilala me solo se anda encubierto, más dilación no intentes. En cuánto has dicho mientes Que te escucho, traidor, y no te he muerto? Qué intentáis, homicidas? queréis que lo sea yo de vuestra vidas? yo sola basto, viles, cobardes, fementidos, para los dos, que unidos les, no seáis homicidas vosotros mismos hoy de vuestr vidas. Quedo se esté, no forceje, porque aumenta mis enojos. Señor ladrón de mis ojos, suplicote que me dejes. Como al atar se esté quedo, obligarme podrá a mucho. Aunque tu consejo escucho, ejecutarle no puedo: que consentirse a martar un hombre para morir, solo lo puede sufrir el que vivió de robar: No has oído nunca, di, un refran que dice: Haz bien, aunca cates a quien, hiz mal, y guárdate? Sí. ̱. Pues hazme este bien agora, que algún día podrá ser, que me hayas menester, qque te lo pague. sis ignora, que ju a interpretarse viene eserefran de otro modo. porque anda trocado todo. ̱. Y qué interpretación tiene? r Haz mal, y quien es no cares, shaz bien, y guarte. Algún puro, agún salvaje, algún bruto, interpreta disparate. Que aunque es verdad que el ingrato paga mal el que recibe, a ese tal, del bien le inhibe hvileza de su trato. ero el que es hombre de bien, esde esa regia excepción, porque está en toda ocasión nuy reconocido al bien. Y no es razón pierda el bueno porel malo, el bien jamás, que al bueno siempre hallarás de agradecimientos lleno, Jaunque el ingrato te asombre, has de advertir en los dos, que aquel que da imita a Dios; pero el que es ingrato al hombre. llejemplo está en los dos, de esta verdad tan sabida, pues dándome tú la vida, vienes a imitar a Dios, Mas si con airada mano quitármela solicitas, a Dios enojas, y irriras, y en fin serás un tirano. Muy bien lo sabes hablar. Es alegar en derecho. Pues yo no esto, satisfecho. Pues volvéreme a explicar No hay para que, porque has de morir sin redención. Eso ha obrado en ti el Sermó? o qué convertido estás! Ha de reprimir tu exceso de este puñal el castigo. Retírate a un lado, amigo, mientras que a Dios me confieso mas dime, tan recalcado, notifica tu inclemencia a todos esta sentencia? no me has desagradado. Acaba. Acabado sea el ladrón de tu linaje. Que aún estando así me ultra. je, y su peligro no crea, si me hubiera conocido, por Dios que hubiera medrado, pues lo que no he comenzado, ya él hubiera conciuido: Muera el persido ladrón, y aquese paso se araje, porque socorro no baje. Ha, señor, que confusión! oy es mi infelice día, y paseándome imagino las calles sobre un pollino, o pobre garganta mía. Tened la furia, Pastores, que venís mal informados, conocercisnos primero, y veréis el desengaño. El Príncipe de Salerno es este, yo soy Ricardo su sobrino, no ladrón, como habéis imaginado. Confieso que aqueste traje amigos, pudo obligaros a presumir tal de mí; con que quedáis disculpados. Disfrazarme así convino, porque ha días, que buscando ando a un traidor homicida, causa de excesivos daños. Es el que os he referido, un alevoso, un tirano, el que a Lisarda robó una noche con engaños. Feilardo es, veisle aquí, que en deciros Felisardo, maldades dije, pues es de las maldades Erario. En la falda de ese monte, le hallé cual veis disfrazado, prendedle, si se defiende, matadle, muera el villano. Como a mis ojos te pones, infame, y vil Felisardo? cruel enemigo mío, traidor, hijo del engaño, vil eclipse de mi honra, enemigo disfrazado, que con caricias de amigo engañaste a un pecho hidalgo Instrumento de la invidia, por cuya alevosa mano verme abatido merecen, los que mi dicha invidiaron Mas que la siluestre palma, a tantos bienes ingrato, y más que en darle la muerte fue a su Maestro el Romano. Qué bárbaro Scita, o Medo, que Etiope, Persa, o Parto, no venerara estás canas? no respetara estos años? Declararaste conmigo, que yo romediara el daño, calarate con Lisarda, desengañara a Ricardo. Mas en roballa, a que fin tus disignios aspiraron? sin duda, que no entendiste tener este tan amargo. No me dirás a que efecto disculpas estás pensando, si al cabo he de presumir, que son mentiras, y engaños? Adónde a Lisarda dejas? porque callas? habla, falso, respóndeme, no enmudezcas, dime si la has muerto acaso? Confirmado hían mis sóspe ese silencio tirano, pues por dejarme, y seguirte tan mal galardón la has dado Deme, en que ofenderte pude dime la ocasión, villano? dila, homicida cruel, causa de mi eterno llanto? Que éspid fiero pudiera, que León que Tigre Hircan tras tantas obligaciones, co rresponder con tal pago Como en ese corazón, mas duro que bronce, o mármol, las lágrimas de aquel Ángel piadoso lugar no hallaron? Con quitarte aquí la vida (hombre el más perverso, y malo tomaré a un tiempo venganza de su muerte, y mis agravios. ̱. Detente padre (si puedo darte aqueste nombre) en tanto, que de la verdad te informo, castigaras los culpados. sien sabes, Ricardo, las pasiones grandes, que entre los dos hubo, desde que llegastes a Salerno, a donde para tantos males, al cielo pluguiera, que nunca llegaráis: Luego que me viste, pensaste agradarme conadulaciones, diciendo quedaste. como el que durmiendo sueña que se cae de un alte edificio, y despierto a hallarse, en el lecho viene, y en espacio grande de aquel sobresalto, no vuelve a cobrarse: Ansi yo, señora, viendo que de un Ángel esbelleza tanta, adeterminarme confuso no acabo, sien humano traje. siendo Ángel disfrazas tan divinas partes. Muy gran fama tienes, mas quien contemplate esa beldad rara, siempre habrá de hallarte en fama pequeña, y en belleza grande. Respondí yo entonces, las lisonjas basten, porque nunca ostento Narcisas de idader: Danme adulaciones enfado notable: digo esto, Ricardo, por sno lo sabes. Bien sé que entre ti diciendo quedaste, que era la primera, a quien la pesase, que de ser hermosa otros la alabasen: Al blanco acertaras, si a los circunstantes dijeras, Lisarda, de verme, y hablarme, sin duda se enfada, excusemos lances: No pensaste en esto, y ansí el blanco erraste, porque desde luego a desagradarme empezaste en todo, todo eras desaire: A un tiempo los dos, a solicitarme, ya sufrir desdenes también empezasteis. En los disfavores fuisteis siempre iguales, en favores no, pues nunca alcanzaste alguno, que pueda esperanzas darre. Pareciome, que era más dócil, y afable, re mardo en todo, y más bien sus partes. A favorecerte comencé, y a amarte, como a aborrecerte, y a desengañarte. Rendime a su gusto, con palabra antes, que de ser mi esposo me dio: porfiaste, y con persuasiones, necias, y arrogantes, quisiste allanar mil dificultades. A mi padre fuiste, y con él trataste, que con el recaro posible, se enviase por dispensación, necedad bien grande. Pues primero vieras hacia tras tornarse, el rápido curso del undoso Ganjes, que darte una mano, ni que se lograsen tus intentos vanos, fundados en aire. Entro apercibirme con prisa mi padre, para el desposorio, o postrimer trance, pues quede desuerte, que quise matarme. Por no perder tiempo, llamar hice a un puje, pedile un vestido, con que disfrazarme, y por un postigo me pusc en la calle. Busqué a Felisardo; pero va era tarde, porque aquella mi ma no faltó quien darle larga cuenta pudo de tus disparates. Túvolo por cierto que siempre halla fácil crédito una nueva, a esta semejante. Nunca más le vi, porque no dejase de dar la fortuna los bienes, y males, lágrimas, y risas, gustos, y pesares. Y conderando mi peligro grande, si por mi desdicha acaso me hallasen; luego sali huyendo de la Ciudad, antes que me echasen menos, y que me buscasen. Y para encubrirme, este humilde traje tomé, como veis, encontre una tarde a Florinda, dila cuenta de mis males, lástimose de ellos, gustó de ampararme. Desde entonces siempre en las soledades, de placeres pobre, rica de pesares, muriendo he vivido, hasta hoy, que amante llegó este Pastor. a pedir librasen su Zágala hermosa, que al paso a quitarle salió un bandolero tre estos breñales, a que hemos venido. Y pues remediarme quisieron los cielos, por caminos tales, bendita mil veces la ocasión, que darme (por tan varios modos) quiso esposo, y padre. Esta es la verdad, Ricardo, y pues sabes, que la causa fuiste, que a hacer me obligaste, con necias porfías, desatinos tales, mas cortés, y humano, será bien portarte, Tú la culpa tienes, no culpes a nadie, que a no estar presente mi ofendido padre, a soberbia tanta, ya hablar arrogante, diera el merecido castigo, cobarde. No digas oprobrios ni alevoso llames, a quien tus palabras, con obras ataje Castigues, ofendas, atropelles, mates, injuries, baldones, deshagas, o abrales. De tus pies (ay cielos!) no he de levantarme, solo que apresures pediré el matarme, que en un desdichado, es señor, amable la muerte espantosa, porque entonces sabe de felices bienes, que acaban sus males. Si deben ser abonados testigos de mi miseria, la humildad de aqueste traje, mi desnudez, y pobreza, por no poder destinguir la mayor parte mi lengua, que me oigas te ruego, y manda después cortar mi cabeza. No con lástimas pretendo, que a piedad de mi se mueva ese ánimo valeroso; solo deseo que entiendas el engaño en que has vivido, causa de tu injusta queja. Es el agradecimiento virtud de tanta excelencia, que la estima el mismo cielo, como de ordinario enseña con continuos movimientos, y Divina influencias. Si cuando está agradecido pierde el León su braveza, con ser tan feroz, pagando a aquel que en sangrienta guerra leve, y se pone a su lado, reconociendo perpetua mente aquesta obligación, y otras de especies diversas. Como no quieres, señor, que en mi el conocer no quepa (en un animal cabiendo) los beneficios, o ofensas, cuando no faltan al alma. ninguna de sus potencias? Refiéreme la memoria tus magnificas grandezas, y el entendimiento entonces, reconocido a mil deudas, mil vidas en tu servicio (si tantas le concedieran a un hombre) con voluntad, la sacrifícara inmensa. A mi padre prometiste casarme con la Princesa, y luego de mí te espantas, cuando tu palabra quiebras? No es digno de culpa, no, quien como yo amando hierra, que los hierros por amor, son más dignos de clemencia, que de crueles castigos, ni de rigurosos penas. Conspiraron me los celos. a hacer de Salerno ausencia, porque me certificaron, que en aquella noche misma a Lisarda, y a Ricardo casabas; mira si fuera cuerda acción hallarme en ello? Pues al instante entendieran los que presentes se hallaran en mi semblante, y tristeza, en acciones, y suspiros; y en fin en mi impaciencias, lo que el recato ocultar aúnquiso de las tinieblas. Cosa es muy puesta en razón, que si te ofendí, que muera, que tan áspero me trates, y que mi vista aborrezcas. Mas no el permitir, señor Invicto, que en tu presencia. con tus favores soberbio, an si Ricardo me ofenda. Esta esla verdad del caso, y pues las pasiones nuestras sabes, como nuestras culpas, justo será que procedas con tiento en cosa tan grave, sin que nadie retroceda tu justicia; y si hallares, que yo la muerte merezca, humilde a tus pies estoy, en mí tus enojos venga, tus agravios satisface, y castiga tus ofensas. No hagas tal, cuerpo de Cristo que no es razón, que te ofrezcas por una cosa tan leve, a tan rigurosa pena. Si fueras tú, como algunos, de cuyas perversas lenguas no hay honra, que esté segura, y con presunciones necias, a lo satirico tachan, murmurando con soberbia; en los tales fuera bien, que esos castigos se hicieran, y aún mayores, mas no en ti, por una cosa tan tenva Baste el enojo, señor, perdonelos Vuecelencia, muestre con piado so pecho su soberana grandeza. Albricias, señor, albricias, buenas señales son estas, no ves que tierno te mira, y qué suspenso se queda? si él te la cortare, digo, que yo no soy buen albeitar. Alegrate, acaba va, desecha aquesa tristeza, canta alegre la victoria de la más gallarda empresa, que ha conseguido hombre humano y lo demás a mi cuenta. Ricardo, a lo que dijeres me temito, si deseas mi sosiego, lo que debo hacer, cuerdo me aconseja Pues el castigo, o perdón a mi elección lo reservas, no quiero, Príncipe Excelso, cansarte con la respuesta. Y ansí abreviando la digo que en no casarlos lo hierras, porque ofendido el honor, y sin sucesión te quedas. Y al contrario si los casas, lo perdido recuperas, das sucesor a tu estado, y al vulgo mordaz sosiegas, Con lo cual, nombre de sabio, y cuerdo, señor, granjeas, nombre, que le alcanzan pocos, aunque todos le desean. Esto es lo que aconsejarte debo, que de la Princesa, y Felisardo, en los brazos nobles perdones me esperan. Nunca, Ricardo famoso, de tu ingenio, y tu prudencia (y más en caso tan arduo) menos esperar pudiera. Y siguiendo tu opinión, que es la más segura, y cuerda, después de darme los brazo da la mano a la Princesa, Felisardo. . Humilde beso, señor Invicto, la tierra, que pisas por tantas honras. Hija Lisarda, no llegas? A recibir nuevo ser . en mercedes tan inmensas. Y por no cansar a ustedes, casanse, o casa el Poeta a Meleorindo, y Florinda, al señor Pasquín con Celia, a Belardo con Diana; y porque no tienen hembras Ricardo, Dardín, y Fabio, libres, y contentos quedan, dichosos ellos mil veces, soy más Don Melchor lo fuera si mereciera, Señado, aplausos de vuestras lenguas, Piadoso suplid sus faltas: y aquida fin la Comedia de los Prodigios de Amor, si no es agusto, pací
