Texto digital

Texto digital de Prodigio de Viterbo y emperador más tirano

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Prodigio de Viterbo y emperador más tirano. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/prodigio-de-viterbo-y-emperador-mas-tirano.

Logo BICUVE

PRODIGIO DE VITERBO Y EMPERADOR MÁS TIRANO

JORNADA PRIMERA

Suspended los Marciales instrumentos, tengan treguas los Belicos rumores, que he de adquirir sin sangre vencimientos, y sin llantos, viudeces, y clamores: Han de volver mis Súbditos contentos, que no es victoria buena, si en rigores se funda, con tal perdida de gente, que yo ría, y mi pueblo se lamente. Valga el consejo, y valga la prudencia; que el valor sin cautela, y la osadía sin madurez, la tienen por demencia: Ceda a la industria hoy la valentía; y a lo fuerte prefiérase la ciencia; valgan mis letras, valga mi soña, que en la Guerra de Troya, Hector sabio, al gran Aquiles, y Ayaj hizo agravio. A Viterbo tenemos a la vista, de cuya fortaleza es buen testigo el tiempo, que conindo la conquista, sin mostraria vencida, siendo abrigo de Huestes imprudentes; y aunque asista sigios en el nevado Valle, digo, que a no lograr mi ardid, seguro entrando, el trate sus muralías asolando. De Italia toda apoderarme intento, a Viterbo imperando cuanto antes; y conviene, con sabio fingimiento (pues dolo hay también) que vigilantes atendáis a mi ilustre pensamiento, y me sigáis prudentes, y arrogantes: que, si venzo, veréis rigores tales, que aún seguros no estén los Cardenales. Mas primero el consejo vuestro quiero; pues por eso, Excelino, en mi compaña siempte os traigo, y a todos os prefiero: como Pompeyo hacia en la Campaña con Catón Utícense; y el guerrero Agamenon con Hector: y la maña, y consejo en la Guerra, el Sabio advierte en los Proverbios, aún al que es más fuerte, Y supuesto el secreto, que no advierto, que aún más que en la paz, en la batalla Vasallo más leal será, y más cierto, y servirá mejor el que más calla. mi intento entre vosotros descubierto (para que destruyáis tanta canalla) quedará (oh Gebelinos valerosos!) atendedme obedientes, y briosos. Ya sabéis, que contra mí el Papa Gregorio Nono (o por injustos consejos de enemigos o por odio dé haber yo recuperado a Sicilia) riguroso. con viulencia, y sin oírme, congraviando a un vulgo loco, ha promulgado sentencias de excomunión; de tal modo, que hasta ponerme anathema ha pasado con arrojo, consi mando las antiguas. que también promulgó Honorio; cuya nulidad tan clara me anima, con generoso esfuerzo, a irritarme más contra la Iglesia, y con todos los que bárbaros desean poner a mi aliento estorbos. Bien patente es mi justicia, y bien sabéis, que soy docto; y he leido, y consultado con Varones Religiosos, Sapientísimos Maestros (aunque mis contrarios todos por heréticos les tengan) las razones con que adorno mi justicia hermosa, y clara, y fundamentos con que obro, tratando de sujetar a mi imperio populoso lo que al César pertenece, dejando a Dios lo que es propio de Dios, y de su Vicario, quien no puede imperioso (según decide mi escuela contra sophísticos votos) jurisdicción temporal ejercer por ningún modo. Esto, que sabéis, supuesto, y que prosigo animoso en recupetar mis tierras, y todos cuantos tesoros Eclesásticos Ministros de ellas perciben con colmo. Hoy apoderarme quiero de Viterbo. Pueblo hermoso, cuyo edificio, aunque antiguo (de Hyasler hijo dichoso) tal resistirie ha sabido, que no es fácil tenga logro nuestro valor, si a las manos redúcimos el arrojo. Yo he de fingir voy a Roma, ebediente, y cariñoso, a echarme a los pies del Papa; y que al Rebaño piadoso de la Iglesia volver quiero; con cuyo seguro pongo, sin embarazo, la entrada, y consigo sin estorbo. ni congoja el vencimiento, y mis glorias con reposo. Y estando dentro, es muy cierto, que Ejércitos numerosos de Soldados Jebelinos, y de Varones muy doctos, que me animan, y aseguran, sin duda evidentes logros, me seguirán con las armas, y escribirán en mi abono; y lo que es más, mas me alienta, que me acompañéis vosotros, que sigáis mis pareceres, que leales, y cuidadosos me asistáis a esta conquista, si aprováis lo que os propongo; y que Excelino bizarro, prudente, cuanto brioso, me siga con tal denuedo, y aliente con tan heroico valor, prudencia, y despecho con que me ha servido pronto. No sirvo como quisiera, oh Emperador generoso Federico! cuyo nombre se sabe de Polo a Polo; cuyas maravillas grandes, y cuyo valor famoso son notorias por el Orbe, y le teme el Orbe todo; cuios Reinos, que posees, y has restaurado animoso, retienes, y se conservan aún antes del matrimonio de tus excelentes padres Henrique Sexto, que en globos de Gloria está descansando, y Doña Costanza, hermoso hechizo de perfecciones, hija de aquel valeroso Rogerio, Rey de Sicilia; por cuyo Reino, alborotos tantos, y tantas contiendas, por fin de Guillermo el Probo su Tío, hubo entre Tancredo, bastardo, su hermano impropio, y el Papa, que pretendía tener derecho notorio, por falta de sucesor legitimo; mas de modo el Cielo, que prevenido tenía el Reino a ti solo, dispuso, que aunque tu madre Costanza solemnes votos había hecho, y profesado en esos claustrales Coros de Palermo, en el Convento del Grande Príncipe Apostol, de edad de más de diez lustro, contrajese matrimonio con Henrique Emperador, que bizarro, y valeroso conquistó lo que tu gozas; precediendo portentosos casos en tu concepción, parto, y nacimiento heroico, por la edad, que esteriliza el vientre más frutuoso. Tu parecer abrazamos, tu consejo es el más propio; que engañar al enemigo siempre es más virtud, que dolo. Y así, si me das licencia, ya me adelanto animoso a confirmar lo que entiendo, y a prevenir, al decoro de tu personas el Palacio mejor, y más suntuoso de la Ciudad, que ha labrado Ramiero Capoccí; y obro en esto con más cuidado, por asegurar el logro, pues siendo de un Cardenal, en nada temeré estorbos. Ve luego, Capitán mío; ve luego: y luego vosotros con cautela, y valentía me sigáis, porque si logro mi designio, os aseguro, que ha de acordarse Gregorios y todos sus Cardenales de mis prudentes arrojos; he de averiguar la causa de mi público desdero. Yo privado del Imperio? Yo excomulgado, y remoto del Eclesiástico feudo? Pues he de cobrarlo al doblo, Yo gravaré las Iglesias, y Obispados, de tal modo, que Italia se atemorice, y me tema el Mundo todo; castigando a los rebeldes, y premiando a mis devotos; deponiendo a los Obispos, y exaltando más mi trono: que para el gran Federico, un Imperio, o Reino es poco. Mas mi ira se disimule, y no se entienda mi enojos hasta que en Roma me vea, y los bandos, a uno solo reduzga con mis industrias, y atraiga a mi cariñoso. Entremos, pues, en Viterbo, y no entremos juntos todos, que conviene el disimulo, y que os acerquéis a trozos: No toquéis, y los clarines se adelanten, con rebozo, ocultando mis divisas: que por ahora, es más propio sean, las que los antiguos más prevenidos, y doctos traían, de un Minotauro, que es el símbolo glorioso del secreto; y en la Guerra, mas que las fuerzas, y el oro, suele servír, y así, amigos, hijos del más belicoso Numen Marcial, y Minerva, venid conmigo, que voto, y ofrezco firme premiaros. . Vamos, sigámosle todos por diferentes caminos, dirígidos a un fin solo. No se quejará ahora el Cura; de que en todo me dilato, que le hago falta, y me duermo; y en los oficios soy tardo, que ya estoy más pronto aquí, que aún todos los convidados, Ya la copia tengo hecha de este entierro, que a las manos se nos ha venido ahora, casi como por milagro; porque entre cien filigreses de esta Ciudad, un Cristiano muere solo, que suceda lo enterremos en Sagrado; porque los que Gebelinos son, se los lleva el diablo: este ha da pagar por todos los derechos duplicados. Tan llena estoy de alegría, que Inego que vi el milagro, no me pude contener, y he salido a publicarlo: Allí veo al Sacristan, quiero quitarle un cuidado: Sarpullido. . Ticia mía; mas no seas el diablo, que me vienes a tentar: Adiós, que voy ocupado; déjate ver a la noche. Oye una nueva, que traigo. Ni nueva, ni vieja quiero; vos a ganar unos cuartos, y cada minuto ahora se me hacen siglos largos, que tenemos hoy entierro, y está una muerta aguardando. Ya no aguarda; y eso mismo a decir vengo bailando: porque la resucitó una Niña de tres años, cuyas gracias dirán otros con más acierto, y espacio; Rosa se llama, Portento de esta tierra, ilustre, y raro: Y así, he venido a avisar; que ya es alegría el llanto, que ya se acabó el entierro, y es tu cantar excusado. Qué me has dicho? Qué cantar? corrido si me has dejado, y un cálido Sarpullido carámbaño has hecho helado. Qué dices, mujer? qué dices? hablas verdad? . Verdad hablo. Creolo, que es mala nueva; mas voto a tantos, y a cuantos, que si cojo a esa rapaza, y puedo haberla a mis manos, le he de dar una muy buena: pese a mí, y a mis pecados! No reviviera a la muerta después de habernos pagado. No mirara a Jesucristo, que relucitó a su amado del pues del entierro hecho, y habiéndole ya cantado; y otros Responsos, y Psalmos? Si no paga los derechos doblados, y redoblados, como doblado la habemos, nos han de oír los Notarios. Con mucho acierto aconsejas, Catalina, que vengamos al Templo de nuestro Dios, que prevido, y soberano, por medio de nuestra hija portento obró tan extraño: démosle infinitas gracias. Es digno, y justo lo hagamos; publiquese su grandeza, su nombre se alabe Santo. pues en el mayor conflicto nos quiso socorrer franco, nueva vida, y alma propia a un cadáver restaurando. Tome allí, mirad si escampas lo que viene chorreando: nunca faltan mensajeros, que sepan dar malos ratos. Dónde van? ténganse allá, que no han de entrar en Sagrado los que nos quitan, y usurpan los derechos Parroquianos. Lo que nos toca se llevan? Tienen alma? son Cristianos? Qué es esto, hermano, estáis loco? Que no estor loco; yo acaso os pido algunos entuertos? Derechos justos demando. Él ha dado en esta tema, y también conmigo ha obrado ahora del mismo modo; cuando poco ha muy blando, y amoroso me buscaba con mil ternezas, y halagos. Er nuñc, semper; si hubiera entierro, y tómara algo, más tierno, y más melindroso me vieras, que un Italiano; pero en el lance presente, en que me hallo sin un cuarto; quieres que no sea esquivo? Volme, y no te de cuidado; y por esta cara prieta, que el lance te cueste caro. . Si el enojo era con Ticia, ya se fue, no haya embarazo. Non intrabís, vive el Cielo. fuera, o responderá un palo. Qué es aquesto, Sarpullido, qué descompuestos amagos, qué ruido, qué alborotos indiscretos son los que hallo? Señor Cura, aquesta gente es quien los ha ocasionado, que nos trae la mala nueva de que ya ha resucitado aquella (muerta se caiga) aquella.. . Tened el paso: Juan, Catalina, qué es esto? sin duda serán milagros de nuestra Rosa, aquíen miro con tal reverencia, y tanto respecto, cuanto provoca su aspecto, en tan pocos años: Mas qué mucho, si un prodigio es tan nuevo, y soberano, que de Dios la Ommpotencia en ella se está mirando? Humildes, y pobres sois (quién duda vuestros trabajos?) pues a expensas de un Convento de los más necesitados de Monjas, vivís sirviendo: Mas con todo, que envidiados os halláis de la Ciudad, por los favores tan altos que del Cielo merecisteis; pues siendo estériles ambos, ya el uno por accidentes, y ya el otro por los años, un soberano prodigio, una concepción, un parto misterioso os acredita, tan portentoso, y tan raro, que una maravilla en Rosa desde que nació admiramos. Mostrando tal devoción soberano, que al principio de la edad, si encontraba su retrato, le adoraba reverente, y miraba con halego; de Jesús, y de María, y Juan, pronunciando claros los nombres dulces, y amables: Pero qué refiero, cuando tanto en todo se adelanta, que ya con estilo sabio prédica, y muestra el Cordero, que sabe quitar pecados? Ensenando vida austera, con ejemplo tan extraño, que desde que Catalina la alimentaba en sus brazos, supo ayunar, y abstenerse del natural, y ordinario sustento de los infantes, y dulce maternal pasto. Y después, del Pan sabroso; dándolo al necesitado, con aceptación divina, y celeste, en tanto grado, que porque estorbarlo quiso su Padre un día enojado, y quitarle el que llevaba en diferentes pedazos, siendo Invierno, halló Rosas, en que ya el Esposo amado el Pan convertido había: Mas admiración, y espanto me causa lo que oigo ahora: En fin, ha resucitado a un cadaver? . A su tía alma, y espíritu ha dado solo con una palabra. Cómo eso no hubiera obrado fuera muy linda muchacha. Señor, que haga milagros sin perjuicio de tercero, bueno, lindo, justo, y santo: que ayer vino la Chiquilla con un cantaro en las manos a esta Parrrquia por agua, y porque se lo quebraron otras, con diez mil primores al punto lo puso sano, uniendo luego los tiestos, y llevándolo atestado de agua, de que quedé absorto, y canté un Te Deúm laudamus. Pero hacer, que ahora fiesta de resurreción tengamos, y allelvías, sin dineros, cuando había convidados para un Venite exúltemus, y para un Requiem, que es descanso, y quedándome con todo, con parce mi hi les pago: eso no por de ser bueno, ni le hallará apropado en el Oncio Divino, ni en todo esa Breviario. Deja locuras, y admira estos divinos presagios, que oyes, y no te acontezca, codicioso, o engañado, notar en las criaturas tan perfectas lo que obraron. Hola, dice bien el Padre, no burlemos con los Santos, ni con Rosa que se sabe enojar de cuando en cuando; y tamana como es porque a su Madre hurtaron una gallina, primero procuró por medios blandos, con cierta quidam, vel cuadam, que se la había llevado, la volviese, y no queriendo restituilla, y negando el hurto con juramentos, enojada, y blasfemando contra la Niña; ella afable instó, hasta que echó el trapo, y las plumas de gallina por el rostro iban bratando de la mujer, sin saber por donde como, ni cuando. Y entonces, viendo la pobre su delito declarado, y que para su castigo plumas andaban por alto, que a vergüenza la condenan; compungida, y sollozando perdón pidió, y al instante la gallina restaurando, hizo Rosa, que la plumas del rostro fueran volando. Y en aquestas contingencias, no es justo, que un Liccuriado como yo, se ponga ahora: si por mis negros pecados, Rosa, gallina me hiciera cuando presumo de guapo? Señor Juan, y Catalina, prometo, a fe de Criltiano, de no hablar más del entierros antes hacer los sufragios de balde, si gustáis de ello; pues sin haberme pagado, todo estaba ya compuesto; y aún tenía acá pensado hacer unas grandes honras, con un tu multo mui alto, donde el alma de la muerta, y sus parientes, y hermanos, y su marido, que así se llámeba el malogrado, estuviesen:: . Calla, callas y admira solo, con pasmo, esos prodigios, que sabes, este dulce, y tierno encanto de dichas, y perfacciones; y una himes todos vamos a lo que los dos venisteis, agradecidos, y ufanos a aquesta nuestra Parroquia, a este Templo hermoso, y canto de Santa María del Poyos de donde sois parrocuianos. Entrad, entrad, y devotos dad gracias al Soberano Señor, Dios de Cielo, y aietra, que al hombre indigno honra tanto. Lo mismo está haciendo Rosa en su Oratoso privado, donde queda recogida (como ella acostumbra) otando, Dichosa madre fui yo, pues tanto favor al canzo. Vamos todos a dar gracias, por si me muriere acaso, y le diere gana a Rosa de obrar conmigo un milagro, no le quicemos la gana. Vuelvome a mejor estado: Adiós, Mundo, ya no quiero de ti acordarme; ni trato de la carne: Ticia, adiós? y también, a dios, diablo: a fuera enemigos, fuera, que desde hoy quiero ser Santo. En gran peligro te hallas, Señora, pues Federico, con los engaños que sabes, entró en Viterbo, y altivo, con la Ciudad se levanta, de tal forma, que ministros pone, y al Conde Simón, por Presidente ha elegido, y jurisdicción ejerce, declarándose enemigo de la Católica Iglesia: Y el Capitán Excelino desde que vio tu hermosura, pasando acaso este sitio, t tantas instancias ha hecho, empeñando el poderio de su valor, por gozarte, que aunque te hayas defendido hasta aquí, temo, Señora, que es aumentar el peligro; porque en viendo resistencia este Capitán maldito, querrá conseguir por mal, lo que por bien no ha podido. Si algo vale mi consejo, que ya te retires digo, entrándote con las Monjas de este Convento vecino, de Santa María de Rosas, que de San Damían ha sido, profesando antiguamente el Orden Benedictino; y hoy guardan la Regla nueva de Santa Clara, y Francisco, donde estarás más segura, y retirada del siglo, sin que haya sospecha alguna. Yo agradezco, y estimo el consejo que me das; pero ten, Ticia, entendido, que de un Tirano el poder llega al más sacro retiro. En mi casa estoy segura, que me guarda Jesucristo, a quien solo amo, y adoro; y es tal mi Fe, que imagino, que todo el Imperio junto no ha de rendir mi albedrío Y no pongo duda, fuera mejor, huir el peligro, retirándome del Mundo; pero un impulso Divino me detiene, dicta, y manda, que viva ahora en el siglo y aunque diversas personas me han hecho ese cargo mismo; ̱i am ̱a ̱ ̱̱ y en lo exterior significo, que no profeso Clausura Monacal, ni he recibido Abito, por no perder este Patrimonio rico, que poseo temporal; y no pudiera regirlo siendo Monja, ni ejercer mi afecto caritativo, como lo hago con los pobres: No es, Ticia, sino un aviso Celestial, que el alma siente, para quedarme en el siglo. Mas pasos tiento, qué es esto? Señora, qué es lo que miro? No os asustéis, no temáis, que no hará daño un cautivo; siempre se humilla un esclavo, al que en él tiene dominio. Y siendo vos, Doña Sita. quien con tan honesto aliño el alma me ha cautivado, y mi valor ha rendido, en vano el susto os congoja; no hay causa para el retiro; dadme vuestros dulces brazos, consolad al afligido, y mirad, que lo estoy tanto, de considerarme indigno de vuestros favores tiernos, que solo en vuestro cariño podrá hallar cura mi mal. Tened, tened, Excelino, mirad, que Dios me defiende, de mi alma Esposo Divino; con su amparo me conservo, con su aliento me resisto: y siendo el Sol a quien amo, mirad, como inadvertido juzgáis, que me he de rendir? Que os volváis luego, os suplico; porque hora de recogernos es ya aquesta y yo imagino, que sabéis temer a Dios por lo que os ha sucedido: Él me ampara, no querráis, olvidado de vos mismo, oponeros arrestado al que abate los altivos. Y aunque a hombres generosos como vos nunca fue digno representar claramente sus culpas, porque otro estilo la Escritura nos enseña para emnmienda de los vicios de los Grandes; pues a un Rey un dedo desconocido hizo notoria su muerte, y le acordó su delito. Y a otro, por un Profeta los suyos en símil dijo: no importa, solos estamos; y os está bien (oh Excelino que traigáis a la memoria un Sermón cierto, que os hizo el Grav Antonio de Padua, de donde (mui condolido de vuestras atrocidades, y los rigores impíos, de que usabáis, ya por vos propio, y ya por Federico pasó resuelto a Verona, y con el favor divino, sin temer vuestras crueldades, la verdad desnuda os dijo; y vos, o ya avergonzado, o irritado, con ficticios intentos, templar quisisteis vuestro enojo vengativo, enviándole un regalo para matarle atrevido. Y el Siervo de Dios, que solo buscaba remedio vivo a vuestro espíritu enfermo, sagaz, no quiso admitirlo; con cuya evidencia entonces, con reverencia, y carino, le ofrecisteis firme enmienda; y ahora con tal olvido procedéis, que imagináis, que no hay ásperos castigos para el malo, y pertinaz: Idos, y no deis motivo a sospechas indiscretas, y a que en el barrio ruido cause ahora vuestro arrojo; despechos, y desatinos. Aunque pudiera irritarme con tu desahoga altivo, es tanto lo que obligado me tienes y tan rendido, que más tu desdén me alienta, mas me anima tu desvío. . Qué hará en ocasión tan fuerte Cercada a mi ama miro de un enemigo empeñado, con un riguroso sitio. Aunque propósito hice de ser un Santo bendito, y olvidarme de la carne, que es muy cruel enemigo, me ha tentado fuertemente esta noche, y he venido a mi riesgo, o mi ventura, con resolución, muy fijo, a ver si mi Ticia quiere con palabra de marido (como suele acontecer Y por si ella no quisiere, me defenderá del frío este capote aforrado, que es para el efecto mismo; y porque no lo apetezcan los Soldados, en el cinto traigo el broquel, y la espada; con que, vive Jesucristo, sabré defenderla a coces. Mas no es un hombre el que he visto? Si osado, aleve y tirano, el cristal de mi honor fino tratáis de empañar, al Cielo clamaré. Mas que doy gritos, y no os estará muy bien: que si acuden los vecinos, os han de hacer mil pedazos. Qué dices? Estás con juicio? No sabes ya mi valor? Tate, aquesto va perdido. Alguno de los Soldados, que vienen con Federico, hallando la puerta abierta, como yo, acá se ha metido: Estos suelen ser gallinas solos, y ahora, advertido, mis armas han de valerme, o a lo menos su riudo. Válgame Dios! Qué es aquesto? San Antonio, San Francisco. Rosa mía, aquí me ampara. Valga mi rigor impío. Ríndete, ingrata, a mi halago, o has de rendirte a mi brío Mas qué oigo! No eres sola? Víriles ecos he oído. Recatada te me finges, y en tu casa veo indicios, que me inquietan, y alborotan: Mataré a quien atrevido osare estorbar mi gusto. Buena la he hecho, Dios mío. pues no solo no se va, sino que antes más le irrito, No sé si me vuelva a casa; Quién en esto me ha metido? Quién será el que nos alienta? El parece Sarpullido. Entra, que algún Ángel eres. No quiero ser conocido. Apártate. . No hay remedio; que estamos en gran peligro. Pues si ha de ser, allá voy. . Caballero fementido, el de las nobles hazañas: Yo no sé lo que me digo. No conviene mi valor . ostentar en este sitio, ni que aqueste me conozca; pues intenta Federico, con disimulo, y con paz, proseguir ya su camino. Tampoco quiero matar a este hombre, que ha venido a estorbar mis pensamientos; porque con los Gebelinos la Plebe no se resuelva a las Guerras, de que huimos; Retirome poco a poco, pues está abierto el postigo, y podré irme: que yo, aunque empeñe a Federico, volveré presto a Viterbo, y lograré mi designio. Pues se retira, me teme: Fuese? Ya se fue, por Cristo; Bien sabe él lo que se hace: Commigo burlas, conmigo? Aguardaráseme un poco, y viera cuanto racimo de estocadas se llovia: yo soy un César invicto. Ténganse allá también ellas, o gígote de pepino las haré con esta espada, si mi intento no consigo de hacerme dueño de Ticia. Ea, bueno está, Sarpullido. No hay Sarpullido que tenga; que abrasándome estoy vivo, y ya he caído en pecado, que le tengo consentido; y lo más que puedo hacer, es, por no andar en peligros, darla palabra de esposo, o la daré de marido. Yo la acepto, y porque quede con más firmeza, es oreciso, que delante de un Notario la deis, y de tres testigos. Notario no es menester, que yo de Notario sirvo, como Sacristán, a faltas, y en cuanto a testigos, digo, que presente está nuestra ama, y tú, que vales por cinco. Yo soy parte, majadero. Así valdrá más tu dicho, pues la confesión de parte mas prueba, que cien testigos. Basta, bastas andad con Dios: que pues ya libre me he visto por Rosa Santa, no es justo dilate los dulces Himnos, que en su alabanza prevengo; y gracias, con repetidos clamores, a mi Gran Dios. Cómo qué? Cuando yo he sido el que del riesgo os libré, y que a Rosa aquí no he visto, le atribuis el milagro? Yo lo hice, y mi capricho que quieto me estaba en casa, y parece, que adivino previne lo que os pasaba, saliendo, con tanto frío, por socorreros: o a mí . que me vi en cierto conflicto. Eso me ha irritado mucho; y pues no han agradecido lo que me deben, me voy, y os dejo por tal delirio. Adiós, ingratas, adiós, que ya os dejo, y me retiro. . Vece con los de a caballo, que yo pásito a pasito, a cerrar todas las puertas voy: ven, señora, conmigo, Vamos, y toda la noche pasemos en ejercicios de alta oración, pues debemos al Unico Dios, y Trino, tan repetidos favores, sin merecimiento mío. .

JORNADA SEGUNDA

E JORNADA SEGUNDA Muy agravada está Rosa, como en el alma lo siento. No hayáis miedo, que ella mueras que no es amiga de entierros. Qué presto se ha marchitado esta Rosa de los Cielos. Tales penitencias hace! mas que no morirá espero, Allí viene mi fiticia, volle a decir un requienro, aunque enojado me tiene. Allí a Sarpullido veo, que aunque disimula, me ama, y algo le pica el pellejo. Cómo, hija mía, te sientes? El Señor Alto, e Inmenso te dé salud. . Si conviene lo hará mi Señor Supremo. Mira que ha venido a verte Sita, y nuestro Padre Pedro. Y yo también. . Ego quoque vengo a verte a ti, mi dueño. Pues con tan buena visita a la enfermedad no temo. Vos, Pedro, dadme la mano; y vos, Doña Sita, luego de corazón un abrazo. Por lo mucho que granjeo? es fuerza el obedecerte. Dios te bendiga, y dé esfuerzo? Ea, no hay sino tener, hija Rosa; mucho aliento; pues hoy es vespera deel Baptista devoto vuestro. Bien sé, que ha de interceder con mi Dios Graude, y Supremo, que me dé lo que convenga, según lo que yo deseo, para su santo servicio. Pero qué miro? qué veo? que confusión es aquella Devotamente roguemos a Dios, que conceder quiera tal poder, y tal esfuerzo al Santo Luis Rey de Francia, que se ve, con todo arresto, en la Provincia de Suria, contra los Moros protervos de Damiata, que la venza, pues ya se ha apagado el fuego que voraz la consumia. Pues Gloria in excelsís Deo. Ya los Moros han huido, ya los Cristianos vencieron y ya el Santo Rey Luis ha conseguido su intento. Démosle gracias a Dios, porque concedió tan presto la victoria a los Cristianos, que con valor; y denuedo contra el gran Soldan pelean, de la Tierra Santa dueño. Qué dices, Rosa, qué dices? Lo que os he dicho es muy cierto, Con su espíritu ha volado a dar ayuda a los nuestros. Esta moza está sonando. Sarpullido, que no es sueño. Pues será calenturilla, porque no puede ser menos, según lo que desvaría: no ves, qué es aquello cuento? Mire, que tiene que ver ahora Francia con Marruecos. Luego no crees lo que dice? No me arguyas: no burlemos, Yo lo que digo es, que cosas de Mahoma nunca creo. Aliéntate, Rosa mía, Ya, señora, ya me aliento. Si vendrá a embestir conmigo? Estás ya buena, qué es esto? Qué novedad es aquesta? No veis un claro lucero? A MARIA Madre nuestra, sagrada Reina del Cielo, todos, con gran reverencia, le hagamos culto, y obsequio. Qué claridad es aquesta? Aunque hay luz, a nadie veo: Ticia, Tiricia, o Tirilla, dónde estás? dónde está Pedros y toda la demás gente, que estaba en este aposento? Sin duda, como soy Santo, que nos hemos ido al Cielo. Rosa odorifera hermosa, plantada con otras flores en mi Celestial jardín, para alivio de los hombres, y de mi hijo recreo; con sus visibles favores adornate, y con mi ejemplo: Yo te mando que conforme al uso de esta Ciudad, compuesta de mil primores, a mi Parroquia del Poyo vayas; más primero ores en la Iglesia del Baptista, y también en la del Pobre Confesor Francisco Santo; pues mi amado Hijo dispone, que habiendo dicho su Misa Pedro, luego te despoje las galas; y Doña Sita esos cabellos te corte, y el Ábito de Francisco te vista, y guardes su Orden, que hecho, conseguirás altos, y heroicos blasones; pues celebrarás tus nupcias con Jesús tu Esposo, donde le darás devotas gracias con perfectas oraciones, que serán muy bien oídas; y advierte, que desde entonces tervorosa exnortarás con eficaces razones el bien obrar a las gentes; y que al projimo conformes amén con gran caridad: Darasles reprensiones con ánimo ardiente, y fuerte, a malos, y pecadores: Predicarás con valor contra aquesos transgresores de la Católica Fe, y si llevares baldones, y tus padres procuraren estorbarte los Sermones, sufrirás. y no los dejes, que alcanzarás galardones de la Bienave turanza; y tendrá infinitos dones el que gustoso te oyere, si guardare lo que oye: Mui agradablas serán a mi Hijo tus peticiones; y lo mismo que te digo se confirmará en el Nombre de Jesús, a quien verás primero entre mil dolores, y Resucitado luego, en las dos apariciones que te ha de hacer, al instante que con el saco te adornes: Apostol suya te hará, no temas tribulaciones, y queda en paz, hija mía. Señora, tantos favores? Obráis como Emperatriz: Yo atenderé a vuestras vocas, y con tan vivos alientos no temeré a todo el Orbe. Padre Cura, habéis oído tan alta conversación? Para mayor confusión mía, Sita la he entendido; y con profunda humildad debemos agradecer el llegar a merecer, vos por vuestra castidad; y yo, porque mi Dios gusta (aunque sin mérito alguno) que las galas quite dno a esta Rosa casta, y justa; y otro el Ábito le ponga, con que se ha de desporar. De Dios es el ensalzar a los humildes. . Disponga mi padre luego, que sea, y se haga esta función, porque ya mi corazón por verle en ella pelea. Tan presto no podrá ser, porque no hay Ábito ahora, y no es conmoda la hora, porque empieza a amanecer. Ni tengo con que comprario, aunque en Dios no desconfío, No os aflijáis, padre mío, que no es difícil hallarlo. Yo a hacerlo, y darlo me ofrezco, y cuanto antes lo haré. Dejadme, que yo lo dé, si tanta dicha merezco. La voluntad de mi Dios, es que obedezca a su Madre luego al punto; y así, Padre, lleguemos aquí los dos, que en mi camilla, imagino, que Abito hecho ha de naver. Quién lo había de poner allí? . Francisco Divino. Veis aquí el Saco, que Cristo quiere me vista, y me acuerda, que me ciña con la cuerda, que también aquí habéis visto. Vamos, no se me dilate tanta gloria como espero. Quién alcanzó, buen Cordero, honra de tanto quilate? Ticia, donde hemos estado, que tan lindamente ha olido? No viste a Rosa en el aire? Yo cosa ninguna he visto. Ya yo veo; que estás ciego. Por ti lo estoy, dueña mío, que sé, te tengo picada, y así, rascarse, o sufrillo. Ymás tal he imaginado. Pues de tal Sacristancillo había de estar picada? No sabes tú lo que has dicho. Ven acá, pobre tontilla, hay hombres más fide dignos, pues, a falta de Notarios, dan fe, como ya te he dicho, amonestan, y le hallan en las bodas, y baprismos, que hay fiesta dinero, y dulce; y en fin, tienen mil oficios a que acudir en su Iglesia; manejan tesoros ricos, se les fían los brocados, las telas, llaves, y libros? Con todo eso, quién, dime querrá a un sucio Sarpullido, y tener toda la vida sobre si un mal tan prolijo; con tanta sarpa, y cascarrías como traes en el vestido? Por eso no la trajera, si yo fuera tu marido, pues trataras de limpiarme, quitándome los rabillos, y si ahora soy sarposo, fuera entonces Sar. Pulido. Pero siendo tu Titicia. quieres ponerte conmigo, pues no hal mal, que más aprisa a un hombre ponga amarillo? Yo Tiricia no me llamo sino lacia, nombre antiguo; que decían mis pasados que no hay ley en el Codigo, ni en todo el Civil Derecho, que no esté llene de Ticios; y aún en muchos testamentos de aquellos Romanos ricos mandas de grande valor me han dejado, y a haber sido amiga de pleitos yo millones tuviera. . Y digo, no podremos plertearlos, si yo me caso contigo, y sacar ese divero? Sí, que yo también he oído, que dicen los testadores, Ticia si nupsérit. . Lindo. Pues nubámonos los dos, y verás como te estimo. Yo te subiré en las nubes mucho mejor que lo he dicho. Yo allá júntico a la Luna, si quieres ser mi marido. Quiero, si no me arrepiento. No juegues. . Digo que envido. Vamos a dar cuenta al Cura, y a asistir a los Oficios de aquel Ábito de Rosa, no lo echemos en olvido. - Si en síte años, que ha que falta de esta tierra Federico, quedando por Presidente vos, Simón, no habéis podido remediar el desahogo de ese, que dicen, prodigio de Rosa, como queréis, que yo, sin el ejercicio de jurisdicción alguna, estorbe sus desvaríos? El Emperador escribe, que viene ya de camino, y lo hará con su poder. Y yo tengo el propio aviso, y me admira su viaje, porque dicen, que Excelino ha podido conseguir retirar a Federico y que a Viterbo se vuelva, dejándose al Enemigo en campaña, y con los suyos en este nuevo conflicto en que hoy el Papa Innocencio Cuarto, ya favorecido del Rey de Francia, les tienes de la muerte condolido del Papa Gregorio Noño, que publican, haber sido del pesar ocasionada de verse tan combatido; y así Innocencio le priva del Imperio, estando vivo; mandando a los Electores elijan a su albedrío. Y en la sentencia declara, que excomulgado, y maldito el Emperador está, por divertos, y di tintos pecados, que especifica, diciendo, haber cometido, demás de los que callaba, cuatro mui graves delitos: El primero de perjuro, y por decir, haber sido lacrílego, que prendió los Cardenales, y Obispos, y otros, que en tu compañía iban a Francia al Concilio. El otro, por sospechoso de heregia. con indicios muy vehementes, y grandes, Y el tercero, porque dijo, que le tenma usurpado de Sicilia el Reino rico. Y el cuarto, por no pagar el feudo, que era debido a la Iglesia, y que robaba sus Réditos atrevido. Mas qué importa todo aquesto, si el Papa nunca ha podido poseer lo temporal, ni al Emperador ha oído? Niego esta segunda parte; porque siando requerido, y citado en su persona, envió luego al Concilio por sus dos Embajadores, con otros, al Arzobispo de Palermo, y de Antiochia al Patriarca Gebelinos, para que ellos le excusasen por enfermo, he impedido, y defendiesen su causa, y lo ejecutaron finos. Pero qué es esto que escucho? No os vais de aquí, estad conmigo. Ea, lleguense al Sermón a la puerta de la Iglesia. vayanse todos tentando, y ninguno se me duerma; sermón de cojos, y ciegas habrá, aunque no sea Cuarisma: bien sé yo, que a más de cuatro le han de escocer las orejas. (día, La Predicadora tarda, porque ha ya más de hora y me- que la estamos esperando, desde que vistió la Gerga del Seráphico Francisco. Pero ya viene, ya sueña. Amigo, dónde está Rosa? Oh quién mirarla pudiera! Callen todos como en Misa. Penitencia, penitencia. El Ciego esta endemoniado, Es posible, que no vea un hombre por dónde va? Ninguno discordia tenga, que ha de haber Sermón de juicio, Penitencia, penitencia. Persignaos, hermanos míos, que ya mi Sermón comienzo en nombre de la Individua Trinidad, cuyo Misterio, como Cristiana, predito, como Católica, creo, y con fe viva, y ardiente, una, y mil veces confieso, que de nuestros enemigos quiera siempre defendernos. Por la Senal de la Cruz, de nuestro bien instrumento. La piedra se sube en alto: Gran prodigio! Gran portento! Mas apártome, no sea, que caiga sobre mí a peso. Qué es lo que miran mis ojos. Ya Rosa se sube al Cielo. Elevada está en el aire. Yo lo que oigo ver no puedo; pero si ven: Milagro. A nuestro Dios alabemos, que me ha concedido vista. Acabose: Laus Deo. A ver si dice verdad. Bien se le puede echar freno. Ya está el buen animal libre de que vaya a regar huertos, o a moler a una atahona. Andrés, ya mi Dios inmenso ha querido darte vista; y es cierto que del enfermo que le conviene sanar cuida el Médico Supremo. Si me sanará mi pierna? Pues en verdad, que no quiero, que me quitan el oficio con que como, y entiquezco. El cójuelo está aguardando cuando ha de ver él lo mismo, para soltar las muletas; mas no verá que está hecho a inclinarse hacia una parte mas que a otra, y teniendo tan mala maña, no es fácil, que su mal tenga remedio. Endemoniada está Rosa. Yo, Simón, así lo creo. Solo esto faltaba ahora, Escribas, y Pariseos. Haced, que a sentar se vuelvan. Siéntese junto a mí el ciego. Ya no me llaméis así, pues ha permitido el Cielo darme, por Rosa, la vista, aunque yo no lo merezco. Por Belcebú esta muchacha obra tan raros portentos. Ya, con la gracia de Dios, puedes proseguir, y advierto Ya sé lo que a decir vas: Yo pondré todo mi esfuerzo en defender a la Iglesia, que es de María el precepto. Catósicos Fieles míos, hermanos, y compañeros, nuestro Dios está enojado. como siento, como siento, el que hayamos dado causa a que se irrite un Cordero. De qué pensáis, que proceden estas desdichas que vemos, bandos, y revoluciones, sino de los ierros nuestros? Quién ocasiona, que esté tan combatida en extremo la Cristiandad; y la Iglesia despojada de soberbios, y sacrílegos tiranos, sino pecados tan feos, como, sin temor alguno, hoy estamos cometiendo? Arrepintámonos tados, y sosegar procuremos la ira de nuestro Dios ̱ sie con el arrepentimiento. Mostrémonos valerosos, la Fe de Cristo siguiendo, y a nuestro muy Santo Padre obedezcamos, sujetos en todo, pues las dos llaves, que Cristo entregó a San Pedro su Vicario, tiene hoy del celestial, y terreno Imperio, según nos dice él mismo por San Mateo: Y también los dos cochillos, de que en Abitos son dueños; aunque concedió la Iglesia acto, y ejercicio de ellos a Reyes, y Emperadores, que obedientes, con respecto, a nuestra Iglesia Romana ejerciesen el terreno. Y así, en sus coronaciones, aquel cuchillo de hierro, que refiere San Bernardo, les da el Papa, con el Cetro, Diadema, y Manzana de oro. También es notorio, y cierto, que el Pontífice al principio, como Sacerdote excelso se consagra, y se corona como Rey grande, y supremo; a quien los demás Monarcas, como a Señor verdadero, humildes besan el pie, por sí, o por sus mensajeros. Y aunque también es verdad, que la elección del Imperio transfirió Gregorio Quinto a los Alemanes, veo, que la confirmación de ella reservó a sí, como dueño, y a la Apostólica Sede; y aún se ha concedido en feudo a Reyes, y Emperadores, con solemne juramento, que antes de ser coronados, de fidelidad han hecho: Pues cómo se está negando la potestad del terreno cuchillo, que el mismo Dios, que es Rey de todos los Reinos, dio a nuestra mus Santo Padre. Luego no pudo San Pedro condenar judicialmente, Vicario en la Iglesia siendo, a Anania, y su mujer Zafira, que fueron reos de cierto mendacio, y hurto, como en los Actos leemos Conozcamos la verdad, pues dijo Innocencio Tercio así en una Decretal: no solamente ejercemos jurisdicción temporal en territorio de nuestro Patrimonio, y de la Iglesia, sino en todo el universo, por causas, que suele haber, Y no sin gran fundamento San Augustín alababa a mi Salvador, diciendo con admiración profunda: Quien creyera, que un plebeyo Pescador había de ser el principal, y primero de los Apostoles, y resistir con tal aliento a los Reyes, he imperarlos, refrenar al mundo entero con leyes, y sujetar al Demonio, y al Infierno? Sabed, que bien puede el Papa quitar Imperios, y Reinos, desde Oriente, hasta Occidente, para el mejor regimiento de la Católica Iglasia; y así excomulgó Innocencio al Emperador Arcadio, privándole del Imperio. Y el gran Papa Zacharías también despojó del Reino de Francia al Rey Childerino, como consta de un Decreto: Y al padre de Carlo Magno sostituyó: Y el soberbio Don Sancho de Portugal también fue privado, y puesto en su lugar, por la Iglesia Romana, Alfonso el Tercero. Y el gran Innocencio Cuarto, que hoy en la Silla tenemos, mur jastamente ha privado a Federico protervo, sacrílego, infiel, tirano, hereje; y en el derecho Canónico quedará un capítulo, en el sexto, que publique sus delitos. Ya no puedo sufrir esto Como traidora, y osada, con tan animoso arresto te atreves a profabar la majestad de tu dueño? Sabes lo qué has afirmado. Entiendes lo que has propuesto? Alcanzas lo que predicas, ni conoces el Derecho? qué dices, loca, atrevida? Yo lo que he dicho sustentos Y aún a mí también, que como conmo un sarpullido fiero. Si sois docto, no os airéis, sino poned argumentos, Yo había de malograr lo que sé, con tal sujeto? Bien conocéis, que lo entiende, y os ha dejado suspenso. Pues responda a esta razón, Yo, yo le argüiré, Hector, Claro es la con vencerás, como tan grande Maestro. otro, cierto, me preside, y así, satrapas no temo. Si es ese Cura, también a él, y a todos argumento. Ven acá como afirmaste, que Cristo entregó a San Pedro. el Imperio terrenal, y los que le sucedieron han tenido dos cuchillos, si cuando sacó en el Huerto aquel material, según afirman los Evángelios que prédicas, Jesucristo le dijo grave, y severo, que lo volviese a la vaina; dándole a entender con esto; que no había de tener temporal mando, ni Reino? Bien sophísticas razones, y debiles fundamentos son esas, con que procuras destroir lo que defiendo; pues aunque Cristo mandó al Apostol, como es cierto, que lu cuchillo envainase, le ha de entender, que el precepto, no fue de que le arrojara, si no que envainara luego; como si lijeta, que guardase para otro tiempo el cuchillo no causara entonces impedimento a su Sagrada Pasión; y así prosiguió, diciendo: No quieres, Pedro, que beba advel Caliz, que me dio mi Senor, y Padre Eterno? Con que mi dectrina es cierta, y quedarás satisfecho. Yo no, porque tengo hambre; solo estoy, viven los Cielos; de Sermón harto, y ahito, y me enfadan ya estos viejos. Como a decir te atreviste, que el Pontifice, el Imperio, y su actual ejercicio da a los Monarchas, y que ellos obedientes le han de estar, si antes del advenimiento de Cristo tienen su origen? Pues el Profeta Mancebo Baniel, interpretó aquella Estatua del sueño de Nabuco Doñosor con toda verdad; diciendo, que en la cabeza de oro, de los Sirios el Imperio significaba; y la plata, el de los Persas. y Medos; del Grego el bronce; y en fin; de los Rómanos el hierro. Y di, aunque profetizó Damel esos cuatro Imperios, negó la obediencia al Papa, y que habían de estar sujetos a la Apostólica Sede, Reinando sin su concepto? Y por qué no dices, que de un alto monte, y excelso bajó aquella Piedra Cristo, y su Vicario San Pedro, Piedra en que estriba la Iglesia; y con no poco misterio en los pies de barro dio, y con la Estatua en suelo, reduciendo a un dueño solo las tierras del Universo. Bien hice yo en apartarme, no sucediera lo mismo con mi estatua, y se cayera Petra super pedes meos. Veamos si aquesto respondes: Cristo dijo al Pariseo. Tú dijistí. . También tú te atraviesas, majadero? Lo que es de César, a César; y lo de Dios, a Dios demos; significando, que el Papa tenga a su cargo al manejo de lo espiritual solo; y en el Viejo Testemento (que a este Nuevo representa Moises, Caudillo del Pueblo de litar la lo presidió como Príncipe supremo del sinlo, teniendo Aaron porestad de Papa excelso; y fue la de Moises la del asiento primero, como del Exado consta; pues por Pontifice recto crió a su hermano, quedando este a Moiles sujeto, como de más poderio. Y si ahora en nuestros tiempos el Pantifiee posee a Roma, y algunos Pueblos, es, porque el gran Constantino, con todo el consentimiento de sus Súbditos, donó esas partes a Sil vestro Papa, milagroso, y Santo Y para más valimiento, Ludóvica Emperador, y Rey de Francia, heredero de Carlo Magno su Padre, como consta del Derecho, confirmó esta donación, que se hallará en el Decreto, Luego aquestos de la Iglesta no han recibido el Imperio, sino al contrario; qué dices Que esa consecuencia niego, y a lo primero respondo bien sácilmente: que es cierto, que por aquellas palabras, que resiere San Mateo, de que se le diese a César lo que es suyo, a Dios lo mismo. No se quita, ni detrahe aquel cuchillo terreno, que toca al Papa, pues solo dio a entender nuestro Maestro una justicia legal, de que a cada uno demos lo que por nosotros toca. Y el Apostol, escribiendo a los Romanos, le dijo, dad censo al que debéis censo; a quien honra, honra; y temor a los que temer debemos. Y así, en cuanto a lo segundo, en los Nameros leemos, y aún en el Denteronomio, que Moiles fue supremo Sacerdote, y de Iirael Juez universal y recto, en Civil, y Criminal, y Ceremonial, y a un tiempo ejerció los dos cuchillos; hasta que en el Regimiento le ayudó su hermano Aaron, con otros setenta viejos sabios, prudentes Profetas, que escogió para el gobierno temporal, y espiritual, en graves causas del Pueblo. Y Samuel fue Profeta, y Sacerdote, ejerciendo el cuchillo material contra el Rey Ágag soberbio, Y Melchiredec fue Rey, y Sacerdote supremo, también lo fue Matatias, y Judas el Machabeo, Jonatás, Simón, y Juan. Y respondiendo al tercero argumento, que pusiste de Constantino, te advierto, que más fue restitución, que donación, la que vemos, que Cristiano, y obediente hizo al gran Papa Silvestro, sirviéndole humildemente, llevándole a pie de diestro el Caballo en que iba, como si fuese Palafrenero. Y depuso la Diadema Clámide, púrpurea, y Cetro, por reverencia del Papa; y este reconocimiento deben tener los Cristianos Emperadores, que han hecho muchos, como lo refieren los Canones, y Decretos. No creéis estas verdades? No os con vence tanto texto? Yo en ayunas me he quedado de este Sermón, y argumentos. Pues volved acá manana, y oiréis, según entiendo, el de los Panes y Peces, y en ayunas noiréis. . Bueno! eso si que me contenta; mas quién causa tal estruendo? Ay, mi Dios, qué es lo que miro! de este tirano los Cielos me libren. Ay. Rosa mía. Oh, gran Señor. Simón, Hector. Con humildad a tus plantas están aquí tus dos siervos. Ves allí aquella traidora, señor, que me tiene muerto. Robadla, y con mis Soldados llevadla al Palacio luego. Aguarda, ingrata, no huyas? qué es esto, señor, qué es esto? Quién de mi poder te libra? Mi Alto Dios, y verdadero; contra cuya Omnipotencia te opones vano, y soberbio. Ven acá, no eres Cristiano, y el Papa Honorio Tercero te coronó, y comenzaste, mostrándote mui afecto a la Iglesia, y sus Prelados, a qué ahora estás opuesto? No te defendió la Iglasia, y tu Tutor Innocencio, de aquel tirano Marcaldio, que tesoros tan inmensos. dio, porque le recibiesten por feudatario del Reino; ofreciéndose a probar, no fuiste hijo, ni heredero de Enrique, y Doña Constanza; y el Papa quiso, que electo fueses Emperador? Cómo ingrato le eres, y adverso? Mira por ti, Faderico, y pues eres hombre lleno de habilidades, y letras, no seas tan avariento, y auxiliador de delitos como eres: Ten recuerdo, que hay otra vida más que esta; y no trates con desprecio a los Cristranos, y Fieles, porque Dies vuelve por ellos, Mira, que te precipitas, y que tu hijo Mansredo, que aunque espurio le le vantas, te ha de ahegar avariento, por poseer a Sicilia, como lo hará; y con el tiempo sucederá en él Monarca Católico verdadero, que es el Ray de las Españas, Como atrevido, y violento a los Obispes depones por el Pontifice puestos, y en su lugar dejas otros, sin que tú puedas hacerlo? No ves tus errores? mira, que esos bandos, que de nueve introdujiste en Italia de Gebelinos, y Huelfhos; es obra de los Demonios, y se aniquila el Imperio. F Ya sabes, que excomulgado estás, y aunque tan preterbo menosprecias las censuras, haces muy mal: Toma ejemplo del gran Luis Rey de Francia, que tu valor ejerciendo contra los Moros está; y tú con los Sarracenos tienes amistad, y paces, que públicamente has hecho: Mira también a Fernando, hijo de Alonso el Noveno, primo hermano de Luis (ambos Santos, y perfectos Rey de Castilla, y León, D a quien la ama del Cielo, por la fe que tiene ampara, y ha vencido cuatro Reinos, y ahora se halla en Sevilla, donde milagros inmensos se han visto, ven, y verán aún vivo, y después de muerto, por cuya gran santidad en la Iglesia tendrá Rezo, a que está muy obediente, empeñando sus alientos contra los Moros, y Herejes. Federico, yo te ruego, que mires por ti, y te enmiendes. Cómo consientes aquesto? no ves, que si lo permites, tendrá esta mozuela esfuerzo para oponerse a tus furias? Ay, Doña Sita, que has muerto al hombre más valeroso, que hay en todo el Orbe entero! Adónde está esta mujer? Señor, déjete ahora de eso, que yo te la buscaré, y la sacaré del centro no has cído las blasfrmias, que esta moza en tu desprecio ha dicho públicamente. Matadla, matadla luego. Señor, mirad su inocencia. Qué culpa cometió? A estos también, matad al instante. Nosotros nos escapemos. . Como puedo echo a correr. . Señor, si vale mi ruego hay rigor más inhumano! . Calla tú, y imégala, Pedro que a haber de hacer algo, ya yo con aqueste gifero cortado hubiera una oreja a un Soldadillo de aquellos. Ea vamos al suplicio. . Señor, si vale mi amor, conceded la vida a estos. Dejad; mueran los traidores Mueran, pues son tan perver- Ha: ya los desafaciaron (sos. los Dectores del Infierno. Bien pueden ir desterrados. Todos tres salgan luego al punto de esta Ciudad, no quebrantando el destierro pena de la vida. . Vayan, y estará quieta Viterbo. Vámonos, pues estos hombres tan fuertes están, y ciegos; y no os desconsoléis, Padre, pues nos amparará el Cielo. Por vos, hija, lo sentimos, que sois tierna, y no sabemos a que lugar hemos de ir. Dios nos quiará a buen Puerto. Adiós, Rosa (qué dolor en este corazón siento!) tu amado Esposo Jesús te acompañe . Así lo espero; y que otra vez a este sitro nos ha de volver muy presto. Adiós, mi Ciudad amada; a Dios, querida Viterbo; a Dios, Ciudadanes nobles, hermanos, y compañeros: no me olvidéis, que ni yo olvidaré el amor vuestro.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Hija, ya no tengo fuerzas, dejemos tantas sonobras; aquietemonos, que yo, y Catialina mi esposa, entraremos a servir en alguna poderosa casa; y también tu entrarás, dejando tantas congajas como habemos padecido. No has de ser predicadora ya más; pues no será bien, que siendo tus grandes obras tan súblimes, y admirables, no se estimen, y estés, Rosa, tan perseguida; y nosotros con dos mil ansias penosas, de de que nos desterraron de nuestra Patiia, que ahora hace dos anos cabalas, todos tres, lo que no ignoras, hamos padecido, pues la primera jornada toda fue de noche, y por montanas lienas de nieve, y de aljósar, donde un descanso alguno, de cama helada y alfombra nos sirvieren y cubrieron hi elos, que el rapido Boreas soplaba con rigor grande, no hallando vereda rota, por donde salir al valle, que sin sentido, tan otra caíste en los pies herida, que bien parecias Rosa entre espinas, y la vieve, de blanca, le volvió reja. El hielo la mabla, el viento, la obscuridad ter ebrosa, los dolores, los tormentos; y en fin, la noche medrosa parece se conspiraron contra nosotros, de forma, que yo perdí la esperanza, aunque tu santa, y debeta nos animabas, y alegre caminabas valerosa, hasta que ya con el día pudimos tomar derrota, y entramos en Sorrano, Ciudad grande, y populosa, que en esos chiminos montes se obstenta fuerte, y hermosa, donde has trabajado tanto, argumentando animosa con los secuaces soberbios de Federico; y ahora después, que habemos salido de las furias venenosas de esta gente, y que pudieras descansar, no dejas, Rosa, tu predicación, y quieres proseguirla con notoria esperanza de la muerte, habiendo venido a sola la canvrsion de una Maga? que eis este Pueblo a quien nombran Vitorcraño, está haciendo con artes su persticiosas cuanto quiere, con espanto grande, admiración, y gloria, Padre mío, bien oísteis el orden, que la gloriosa María, Madre de Dios, me ha dado, y pues hasta ahora he procurado guardarle, no he de desmayar en cosa: Y ojalá, que padeciera tan repetidas deshonras, tantos mal tirios, y afrentas, y tan pesadas congojas, que en algo imitar pudiera a mi Jesús; cuya esposa soy, sin méritos algunos, según oí de su voca, cuando mostrar se me quiso de resplandor, y de Gloria lieno, ya resucitado, como me ofreció su propia Madre Santísima, habiendo dejado antes, que yo sola le viese crucificado, tan lastimoso, que forma de hombre no tenía: Y esto me tiene tan dolorosa, que morir mil veces quiero por mi Dios, y por su honra. Y si queréis acordaros de aquella maravillosa luz, que cuando de Viterbo salimos visteis, fue otra aparición de un lanto Ángel, que me animo, y con no poca admiración le escuché, y me dijo: que mis cortas oraciones son oídas, y que aquestas lastimosas fatigas (que para mí no lo son) allá en la Gloria serían remuneradas, y que presto tendrá Roma su Pastor, recuperando sus fuerzas con tal victoria, que ya no tardará mucho la muerte del que alborota a la Iglesia, y su Prelado. Y así, mis padres, importa no desmayar, y animosos esperar en quien nos honra, con tan altos beneficios. Yo estoy contenta, y gustosa, agradeciendo a mi Dios, que me haya dado tal joya en esta hija tan pura. También yo conozco ahora mi poca capacidad, Catalina; pues qué importa padecer por nuestro Dios, que mercedes tan notorias nos está haciendo? y así, me arrepiento de mis locas persuaciones; y tú, hija, mi impertinencia perdona. mas qué ruido es aquel? A adorar el prodigio, que as- sombra, venid Zagalejos con mucho pla- cer, gozaréis de sus gracias, y Dones, de sus maravillas también goza- reís. 1. Viva nuestra Reina magra. 2. No heis de decir magra bestia; amaga habéis de decir. 1. Y si se me va la luenga, y digo amarga, qué haremos? 2. Vamos a dalle ubediencia, para que envista le dé a Delicada la ciega, pues hace amarisas tantas. 1. Decid maravillas, ea. Le vantaos, qué pedís? 1. Pedimos josticia, he cuestas: aquí está aquesta mochacha, que homilde en vuesa presencia os diz, que a natevirate vino al mundo, y aquí a ciegas; y que pues tienes puder, y hablas con las Estrellas, le pongas lumbre en los ojos, por bajito de las cejas Quién es aquella muchacha, que cabsa respecto al verla; sin duda no me conoce, o advertida me desprecia, Yo le hablo: Ven acá discortes, y desatenta, y los que contigo están: no veis el aplauso, y fiestas, que todo el Pueblo me hace, teniéndome por suprema deidad, que mando las Astros, por dueño de esas Esplieras, por tan poderosa, y labia, que me apellidan maestra? Como a rendirte no vienes. Si te has quedado suspensa, porque no me has conocido, pues pareces forastera, sabe, que soy la que puedo mucho más de lo que piensas; sabe, que todo lo alcanzo, y sabe, que soy profera; y en fin, lo que esta persona tacitamente demuestra. No me es posible creerte, porque si tu fueras buena, tan vana no te ebstentaras, ni te alabaras soberbia. Yo no tindo aderaciones. a criaturas terrenas, y y solo a mi Dios adoro, Criador de todas ellas, por la absoluta, que llaman Latria, adorací oprimera; por la segunda, Perdulia, a la Inmaculada Reina María, llena de gracia; y por la Dulia, tercera, comunicada a los Santos (que por virtudes excelsas merecieron este nombre) a ellos; que aunque por esencia no son Dioses, son llamados así por el Rei Propeta. Y según esto tu mira si eres deidad, aquíen se deban rendirse aquesos Idintas, que con falsas apariencias se vencen para creerte, siendo tú solo Agorera, Adivina falsa, y Maga encantadota, y Caldea, a quien el Demonio ayuda: que aunque a los Magos, los Persas llaman dabios; y los Griegos Puilosofos; y Propetas les llamaron los Egipcios; hoy es Mago, el que perversas, y vedadas artas sabe. por Majia, Tuergia, o Goatia, que las leyes abominan. 1. En verdad, que esta es Maesa: veamos quien sabe más, y cual da vista a la ciega. Qué prodigio es el que veo! Por aquesta gante, es fuerza . procurar mi desempeño. Dime, como tan parlera, sin alcanzar lo que dices, bárbara, atrevida, y necia das a entender, que mis obras, y virtudes no son ciertas? que haré ravolver los Astros, y consumirte en la tierra. No agradeces los favores, que este Pueblo experimenta, solo porque quiero yo? Mira, que vives muy ciegas y que te engaña el Demonio? las supersticiones deja, y sigue al Dios verdadero; que en eso que ejerces yerras, Y vosotros, Fieles míos, seguidlo también, y sea vuestro obrar, encaminado a guardar la verdadera Fe de Cristo, nuestro Dios. ̱. Cómo aqueste error conservas? Yo te castigaré luego. No temes? cómo no tiemblas? mira, que he de confundirte. Muera quien me ofende; Muera. . Matadla. 1. Yo no me atrevo. Dios te libre de esta fiera. Con esto no alcanzo vistas yo he de pagar la pendencia. Llégate a mí, Delicada, que como tu te conviertas a Dios, alcanzarás vita, y no ha de dártela esa falsa mujer del Demonio. Ni me espantan, ni me alteran acuasos fingidos truenos. Yo sol Cristiana, y no quiera mi Dios, que alcance la vista por medio de hechiceras. Eres Rosa, cuya fama tanto a los hombres alienta? Yo soy una pecadora, a quien la Deidad suprema favorece, y en su nombre, si tienes fe verdadera, verás milagrosamente. Creo de la Omnipotencia de Dios, que hará ese milagro. Pues abre los ojos: ea. Qué es lo que miro! que mundo es el que se representa Delicada ha visto ya. La rabia me abrasa, y quema. . Yo soy quien obré el milagro. Mi Dios sus obras ostenta. A cuál creeremos, hola? No creáis a esa embusteras que Jesucristo, por medio de nuestra Rosa, su Sierva, ha querido darme vista. Ha ingranta, tú te revelas? pues di a Rosa, si se atreve a entrar en una hoguera sin que la ofendan las llamas. Porque estos alarbes crean, según Delicada ha dicho, de mi Dios la Omnipotencia; si haré, confiando en él; y así dispón, que se encienda. No quede por mí: aquí están algunos haces de leño. . Encended luego, hijos míos, veréis a Rosa deshecha en cenizas, acabando su vida en vagas pavesas. Ay. Rosa, a cuantos peligros te expones con fortaleza, Ea, a ellas, Rosa amiga, que ya se emprendió la yesca. Ya veis, mi Dios, y Señor, que esta gente bien dispuesta su halla, y solo esta mujer persida, vana, y proterva, l no se quiere redacir: concededme tanta fuerza, tal vigor, y tal poder, que con vuestra vietud punda resistir el fuerte ardor de aquestas llamas tremandas, para confirmar al Pueblo, convirtiendo a esta agorera: Oí mis devotos ruegos, y moveos a clemencia, para que todos conocean sois Esposo de la Iglesia, y el Dios Santo, y verdadero. Maravilla grande, y nueva! quien vio prodigin mayor? Pardiobre, que no se quema: yo apuesto, que nunca ha visto otro milagro la Ciega. Qué es lo que veo, las llamas an la ofeuden, ni aún la llegan: conozco, que es admirable el Dios que prédica esta. Amiga, y hermana mís, sique la fe verdadera, ablanda tu corazón, y la incredulidad deja, que la Majestad Disina, que me ha librado de aquellas voraces ardientes llamas, te renibirá en la eterna Celestial habitación, si tú en su piedad esperas. Ay. Rosa, que soy muy mala, y me hallo captiva, y sierva del Demonio; si tu puedes librarme de sus cadenas, a tu Dios ereiré humilde conociendo su grandeza. Fín en sus Milericordias, pídele perdón de verás, pásete de ha berleofendido, y ejercerá su clemencia. Por lo mucho que me importa, digo, Rosa, que me pesa haber ofendido a Dios, y que prepongo la enmienda, Pues todos digan lo mismo, síganme, y conmigo vengan. Vamos, y viva la Fe de Cristo, y su Santa Iglesia. Vamos. Y vosotros, Padres, sabed, que la hora se llega en que a Viterbo valvamos. (rlas. Vamos a seguir tus hue- Gran falta nos hace Rosa, que aunque no estará olvidada de esta Ciudad, su presencia confundía herefiarcas, a los malos convertía, los enemigos temblaban, todos temor le tenían, y a todos nos al entaba, y libraba del peligro; pues hallándome acosada de aquel, que todos conocen por el Tirano de Padua, mal Capitán Excelino, en las argustias pasadas, que ya labéis, me libró, translitiéndome a mi casa, sin saber por donde vine viéndome tan alentada, que nunca en ella temí las cruelas asechanzas de este enemigo rabioso; cuyas furias, cuyas ansias ya acabaron con su muerte, en la sangrienta batalla de los Milanases, donde desesperado, y con rabia murió ya, aunque no ha faltado quien, en su lugar, las armas contra el Pontifies tome, dejando la Iglesia Santa los Eclefiásticos mismos. Qué dolor! Y como falta el espírito de Rosa nos hace, y su bella gracia! pues aún nuestro Sacristan me ha dejado, y sentó plaza de Soldado, o por temor, o por la cedicia mala, siguiendo ya a Faderico; sin acordarse del alma. No he de casarme con él: Mal por mal, un a Sotana (das quiero más que un cuerpo mon y desde que era muchacha me muero por Estudiantes, aunque una cuarta de zarpa traiga el manteo el Juvierno; y no tengan una blanca, que, en fin, los más saben bien, y si en contado no pagan, libran en letras, y luego doblado cobran las damas del extranjero amoroso, que por sí, y por otros pega? Información ha mandado Innocencio Cuarto que hagan de la gran vida de Rosa, aún viviendo. . Cosa extraña Y le ha dado autoridad Apostólica a la Santa para predicar la Fe (casa, que admiración causa! por lo cual, luego erigo el Oratorio en su casa, donde vos, y otras doncellas virtuosísimas, y castas, con toda humildad oráis; aunque embarazos no faltan; pues las Monjas de las Rosas, que allí vesinas se hallan, se valen de un privilegio de Alajandro Cuarto Papa, que, por muerte de Junocencio, hoy nos preside, en que manda, que junto a este Monasterio otro, ni Oratorio se haga mil pasos, que le circunden, cuya ejecución estaba al Prior de San Mateo comatida; y tal cizaña en las Monjas se ha sembrado, que unas con otras se abrasan, y han dado queja de mí a su Santidad por cartas, como si su privilegio por esto su derogaras No ha de faltar (si conviene) este Oratorio, y estancia. Nunca se han mustrado afoctas estas Madres de la Benta Rosa; y aún queriando ella ser Monja, hicleron tal chenza, que tacibiro quisieron lo ya de tanta importancia; y con humildad profunda les dijo aquestas palabras: En mi despreciáis, señoras, lo que la idajestad alta de Dios estinda, que quiere a sus siervos sin las vanas, y temporales riquezas, que por mi dicha me faltan? Mas yo has manifiesto, y digo, que esta pabre mentecata, que despreciáis, rehusando cenarla en vuestra compaña, cuando muera os buscará, y entonces de mejor gana la tendréis, y estimaréis con muchos dones, y gracias. Esta las profetizó, y ellas que laron turbadas. Paro qué alegría siento! También la fiante mi alma, Sin duda por aquí norca está Rosa, y su fragrancia. Ya creo, que está en Viterbo. Ven, Doña Siea, buscarla. O la, Ticia míes do. Don se siga . E, mi alma, Anda vete, Sarpullido, no vuelva el Cura, y mi ama; y tampoco quiero hablarte, no quede descomulgada, que estás de participantes. (blas? Yo? Qué me dices? Qué ha Claro está: Y en el Infierno se ha apagado ya tu alma como la del traidor Judas; pues niegas la Iglesia Santa, y eras Predicador Paulo, Y Saulo Soldado te hallas, Eutra Sarpullido, Qué quieres, Ticia, la habre ocasiona mis desgracias, pues cuando era Sacristan, solo no me sustentabas y ahora comemos yo, y de piojos mil manadas, todos muy lucios, y gardos, (la, Ahora echa un hombre una ga- anda garrido, cual ves, galán con su espada, y daga, luciendo piernas, y pies, y enamorando a las Damas y otras veces todo era andar entre cera, y agua bándica, con caldereta, y guísopo, sin mamancia. Es muy bueno reveladso, y no mirar por su alma! No te quiero. . Ticia mía, dime tú, que quieres que haga? Que protexto, si tú quieres, comar bonete, y sotana. Mas qué ruido es aqueste? Viva la Iglasia, y el Papa, pues ya aurió Fadarico excomulgado, y se acaban su persacución, y guerras. La Iglasis viva Rumana. Álégrese la Cindad de Viterbo, y toda Italia, pues las guerras fenecieron. Vor a poner luminarias. . Uuime también a la calle. Ya se acabó mi soldada; y será bien que me ahorquen, pues me hallo sin una blanca y la Iglesia no me vale. Viva la Iglesia Romana, y su Pastor Alejandro (cha, Cuarto, nuestro Gran Monara Gran desdicha. Federico murió a las manos tiranas de aquel bastardo Manfiedo; y las tierras, que ganadas tenía, se han revelado, dándole obediencia al Papa; y él ha vuelto ya a su silia, ex crimentando se ratas matavillas, y Viterbo se muestra alegre, y ufana. Huyamos, Simón, huyamos, o mientras la fuga pasa escondmonos los dos, Yo uny a morir de rabía Donde van. Ténganse allá: como sienten la desgracia; . por estos perros me huelgo, aunque pierda mi pitanza. llenos de coraje están: Vayan mui enhoramala. . Todo es fiesta, y alegrías. Pues por qué, pese a mi alma, pudiéndome hallar en ellas, he de estar viendo estas caras? Pero he de vengarme de ellos, pues que no tienen espadas, Vengan aquí a mi obediencia: el pie me basan los mandrias, Digan, que vivala Iglasia Jnfame, traidor, aparta. como tu contra el Imperio, Villano tamas las armas? Yo a todas partes me arrimo, y me pego más que sarna cuendo Maro, Moro; y cuando Cridtiado, Cristiano: brava demaces por vida mí Larguen ambobus las capas, que no tengo que comet Qué es, Hector, lo que nos pasa? Qué tal desdicha veamos? ̱ao No habrá un rayo que nos parta, y deshechos en cenizas nos sepulte? . Gran desgracia! qué a tiempo hayamos llagado, que un vil Soldadillo haga tal desprecio de nosotros. Ninguno me arme alaracas, si no los galgazos suelten el dinero, o los ensarta mi asador. Muera yo luego pues he visto tal mi denza. Desesperado se arroja, y por la espada se claven Hombre, que estaba burlando, lleve el Demonio tu alma. Muerto sui. Gras fin tuviste: y usted por qué no se ensarta? Desdichadamer te muere Simón, y con inhumana soberbia, como ha vivido, Yo conozco mi ignorancia; y que lo que aquella Niña Profetiza predicaba era verdad: voyme luego, arrepentido de tantas culpas, a buscar la enmienda, que ha sido mi vida errada. . Y con este perro muerto, qué haré yo? Largo la espada, y acogome hacia la Iglesia. que en verdad, no tengo gana de que me pillen, y ahorquene La Sacristia me velga por Cleriga corjugado; y del vestuario salga an metemuertos, que cargue con este, pues se lo pagan; o échelo de aquí el Poeta, que quiso que se matara, sin tener yo gana de ello. Adiós, Soldadesca ingrata, ahi quedas, comante Lobos, Mas como hiede; aquí andan, sin duda, diez mil Demonios fo el azufre se me acasca en el gaznate: ha de pucha; pajuelas har a manadas. En el cuerpo de este viejo forma he de tomar humana, yo el Príncipe más soberbio de las tenebrosas llamas: que aunque he asistido invisible a estorbar las alabanzas de este Prodigio de Rosa (yo tiemblo, tiemblo al mentarla) ahora que gloriosa vuelve, se empeña toda mi saña. Y ya que nunca he podido quitar, ni estorbar la alta Predicación, y Doctrina, haciendo mude la rara vida austera, que ha tenido, ni por temor de las armas, ni por ruegos de sus padres; Ahoras ahora, que acaba su vida, me empeñaré con tal fuerza, con tal maña, que he de ver, si perder puede tan grande, y cumplida gracia, como es la que con Dios tiene Venzan mis farias, y rabias, conspírese mi valor, lógrense mis asechanzas, y veamos, si una niña ha de vencer mi ignorancia, Es posibre, Rosa tule, que no tomas un socorro, para alimentar el cuerpo? Cierto, que me tiene absorto. Si no es ya, que te alimentas con la gracia de tu Esposo. No sé, cómo vivir puedes! Todo es perpetuo colo quio sin dormir siquiera un raso, echando a veces arroyos de sangre del delicado cuerpo tierno, según noto, del suelo, que testifica tus mártirios sigurosos. Ya, Padre, se llega el caso del final lance forzoso, y ojal á tuviera fuerzas, para pagar a mi Esposo tantos, y tales favores, como grande, y ganeroso me ha hecho; y ya desde ahora, Padres míos, me recojo en mi cueva, a contemplar en Dios todo Poderoso. Ya a Rosa habemos hallado, y en ella el mayor tesoro que hoy tiene la Cristiandad. Cierto, que somos dichusos. Grande dicha! Dicha grande! Padre Pedro Capestoto, Sita, en hora buena os llegue yo a ver a todos. Dadme amigos, mil abrazos. Agradezcamos devotos a Dios tantos beneficios, pues permite, que nosotros aquí volvamos a vernos. No es este el Viejo potroso, que se ensartó en mi asador? dhabia hicdea foa fo, No sol yo el que huelo mal, sino Rosa, que a voletros tanto os holla otras veces, y es que perdió lo olorose, y se convirtie en edor, por pecados asquerosos, que ha cometido sin freno. Eres acaso el Damonio? Mira, Rosa, lo que dice este falso testimonio, este Viejo de Sasan:, Ya ré quién eres, ya oigo lo que dices, y póblicas contra mi honor, y decoro; pero yo cunfío en Dios, que no he perdido el tesoro de la gracia, Tamete esa, mira si entendió el mormorla, (do Qué he de hacer? Yo ostor cortí Ya es imposible que el oro de su perfección se tome. Yo voy a mi Jnfernal trono, porque con esta mujer no vale mi poder todo, Digo que sol Adivino: Llavente diez mil Demonios, Sarpullido, qué se hizo Simón? Voló como el otro Simon Mago, a quien San Pedro en el aire volvió cojes A los profundos se fue, y te is jaró, A mí? Y como, si no te casas conmigo, per rácala seculoru consigo te ha de llevas; Qué resplandor, y qué globo de loces es el que miro? Pareca que el Cielo todo está en esta habicación, (num Ta Deamlándamus, te Dami confitemor. Qué fuigrancias! De Ángeles suaves Coros son, sin duda, los que asistena an este albergue dichoso. Te Eternum Patremomnis s terra ven eratur Babo estoy de oír tales voces! e. Daña Sita, estoy absorto! p Tibi Cerubim, aphina A incesabilí voce prociamanta Sanctos, Sanctas, Sanchus Dominus Daus Sabanta, Callas calla. Padre Cura, con la música estoy loco, Ya el tiempo se ha llegado ventua roso, de que al Celestial Reino de mi Esposo mi alma vaya, según me ha prometido, unque nunca en mi méritos ha habido; Y pues Vos, Buen Jesús, Esposo mío, y tal valor me habéis dado, y tanto brío; vistiendo me de cándida innocencia, dando me juntamente tanta ciencia, y que siendo pobre niña aún de la cuna, un saber proferir palabra alguna, apor vuestra gran bondad, he confun dido los astutos Herejes, y he abatido al Demonio, enemigo vigilante. con mi lengua pueril torpe, y lactante defendedme, pues sés creo y confeso, S que por mi nada valgo, y tod que he obrado, mi Cordero Alabado seáis en Cielo, y tierra, tan peligrosa, como el enemigo ha máquinado, dando Vos abrigo a esta vil criatura, que alentada no fue vencida, ni aún turbada. oye con atención lo que te digo: Ea, Señor, ya pronta a tu mandato, esperando me hallo el mejor rato: Y no por esto os digo, que rhuso de mi predicación ardiente el uso; que si vivir importa, no imagino vuestro gusto huir, Jesús Divino; ni quiero me hagáis cargo, de que dejo de las tribalaciones el manejo tan presto: Si conviene que padezca, vengan miserias, y no halle quien gua- rezca mi cuerpo, por penoso que la vean, ni mis trabajos ya las gentes crean, que serán pera mi grandes piedades llegar a padecer calamidades; da pues de mil tormentos rigurosos, y muí de verás cada uno sienta con los que padecisteis afrentosos en la Cruz acabando vuestra vida, siendo mi iagratitud vil homicida. Mas si as dignáis, Señor, de que yo acabe, para que goce en música suave la Bienaventuranza eternamente, digo Señor, que estol muy obediente, Y así, sal, alma mía, luego luego, a l que si ahora hay barrascas, habrá calma. Para cuándo es el brío? Dios te alienta, y te llamas diciendo estás esenta de la culpa: Y te ampara y pacrocina . Ya Rosa ha muerto, y en vez Macia Sacratísima Di Las Santas te saludan; y te esperan de Vírgenes el Coro, todos quieran, que no acierte a marirtan valerosa, que del Demonio queda victoriosa. ̱e Hy mi hila, qué presto que se haú- senta por vuestra providencia ha sido, y gusto gsu perdida me aflije, y desalienta, ee tanto, que el sentimiento ha de acabarme, pues librarme querido habéis de guerra d y sin duda la muerte ha de causarme. Hija de mis entrañas, justa, y bella, muy prudente, y castí sima doncilla, Y de cuya gran virtud soy buen testigo, Pues eras tan discreta, y no me has dado quepelar, disgusto, ni el menor cuidado, no me aflijas, que siento eso que dices, ni con tristes presagios nos avises esas nuevas de tanto sentimiento, s que yo en manera grande, hija, lo siento. Padres míos, amados, y queridos, no se oigan ciamores, ni gamidos, mor la muerte, que veo ya a mis ojos; g ni os descónsuele aquesta ausencia tanto, que en el Celestial Trono, alegre, y santo a de mi Dios muy gozosos nos veremos, c allí ya todos tres descansaremos. E. Y a vosatros, hermanos ruego, y pido, y en esto nada haré, pues Vos, Maestro, q que ringuno la muerte eche en olvido, buena escuela me distéis, sabio, y diestro, porque habemos de dar estrecha cuenta; s el tiempo que ha perdido, y ha dejado a de servir a mi Dios, como he enseñado. Y ahora me acompañad, decía connmigo estas palabras con que a Dios obligo: El Santísimo, y Alto Sacramento sea alabado siempre con contento; y a la Virgan Santísima María bendigamos también con alegría; que ya muero abrasada en vivo fuego: y Sanu Baprista mi devoto ardiente, De que has cobrado horror? No temas, y los Santas del Cielo eternamente. de entristecerma, me alegro. Regocijo extraotuinario ahora en mi alma siento. Llevemos a la Parroquia este santísimo cuerpo, y así por algunos días le tendremos manifiesto, que espero en Dios, ha de ootar mul milagrosos portentos; y ahora transfecirse puede, que es de noche, con secreto, Yo, Padre Cura, me voy a tomar Ábito luego del Seráphico Franciseo, en ese gran Monasterio de Santa María de Rosas, adonde acabar protesto. Vamos, y me asistiréis, procurando disponerlo cuanto antes, que yo fío en Rosa, que gusta de ello; y su santa Profecia se ha de cumplir con el tiempo, yendo a este Convento Santo su preciosísimo Cuerpa. Pues, Ticia, dame la mano, y la Comedia acabemos con boda, segan sehasa. Mas que luego nos casemes; No perdamos la ocasión, pues al Cara aquí tenemos, y será la primer boda, que con Cara se hace en veños, Sa pullido, esta es mi mano, Pues aquestos son mis dedos, Y aquí se acabó la vida del Prodigio de Viterbo, que abn de cumplir no avabo diez y ocho anos enteros, Y el Devoto, que devoto a ratillos la ha compuesto, solo pretende, que todos tanta vi tud imitemos, (trum per Cristum Do minumnosa Amén, amen. . Laus Deo,