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Texto digital de El prodigio de Polonia

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Juan Delgado
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El prodigio de Polonia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/prodigio-de-polonia-el.

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EL PRODIGIO DE POLONIA

JORNADA PRIMERA

En cuanto cine el Orbe, y el mar circunda, que las naves sorbe cada uno en su esfera ya en el monte, en el valle, y la ribera ruje el león, el toro muje, y brama, su ponzoña derrama la víbora enconosa, el dragón, si no ofende, no reposa; si la Sirena canta el mar suspende, la atención encanta; en las selvas del Nilo cautelas llora el falso cocodrilo; el áspid disímula sus rigores en laberintos de argentadas flores, y en alagando la veloz serpiente, esgrime luego el venenoso diente; el mar se inquieta, y sobre espumas graves, escala las estrellas con las naves; el aire se desfrena, atemoriza, cruje, rompe, y suena, y asaltando regiones una a una, o se atreve al alcázar de la Luna, o al cuaderno de nieves concertado, hoja a hoja le deja deshojado, la tierra se estremece y si un tiempo florece otro tiempo mendigos de hermosura, como están con el pie en la sepultura, los árboles que fueron más perfectos, pueblan esas campañas de esqueletos, fulmina el fuego rayos, y cuanto con flamigeros ensayos, piensa que su furor se inmortaliza, lo que era polvo, resolvió en ceniza ese luciente glovo de los cielos, que por líneas, porzonas, paralelos, concurso arrebatado se destina, aun no se determina, a lograr cuanto sabe, y cuanto puede, si otra causa mayor no lo concede. El hombre en fin que todo lo sujeta, si inmortal se interpreta, halla los más perenes desengaños a un antes del principio de sus años, porque tampoco ser le satisface, que a un anter de haber sido se deshace, mas yo, aunque bajé al mayor abismo, lado alado me puse con Dios mismo; y si de ser su igual no blasonara, en aquel mismo solio me quedara. Tanto es lo que yo puedo, que al ber que en valentía al cielo, al Sol, al mundo, al hombre excedo, yo mismo me idolatro, y me parece que yo soy el que todo lo merece; porque con la hermosura, y con la esencia puedo hacer competencia, desde el que en gracia se formó primero, hasta el que junco a Dios vive Lucero, y aún me parece a mí que esta victoria no fuera ocupación de mi memoria, porque fuera de Dios, fue la más pura la ciencia, que es señal de mi hermosura, Yo hice a David guerra sobre el duro teatro de la tierra, y con ser tan valiente, le puse el pie sobre la heroica frente, que en cayendo en la culpa el hombre humano el pio le pongo usano, porque ni de disculpa, ni pueda lebantarse de la culpa? Sansón, Saulo Agustino, contra el orden divino, observando la ley de mi cuidado, fueron pobres cautivos del pecado, que no hay rostro mortal que no interpreto el clavo de los yesros que comete, porque como los hierros tanto afean, siempre los pongo donde más se vean, Pues si es mi fuerca tanta. que a todas se adelanta, que espera mi osadía, que no amedrenta hasta la luz del día? si Dios tiene sed de almas, yo sed de almas tengo, y así industrias prevengo, busco engañosas calmas, Lautelas solicito, mentirás acrolito contra el Lucero ardiente desde el Septentrión hasta el Orientó contra el honote más sabio, y peregrino, que nació con amagos de divino, contra lacinto en fin, cuyas virtudes me ocasionan eternas inquietudes, porque son tan divinas, que con ellas puede dar perfección a las Estrellas. Hoy se alista en la gracia, en la memoria de aquel Capitán fuerte de la gloria, de aquel Guzman valiente, que la mitad del Sol nació en su frente, porque fue tan divino su desvelo, que en empezando a ser, pudo ser cielo De aquel en cuyo nombre descansa Dios en fabricando al hombre, pues se llama Domingo, y este día le escogió la mayor Soberanía, por ser más apacible, dulce, y manso, para que fuese su mayor descanso. Este me falta a mí, y así en su esfera no quisiera que nadie le tuviera, y pues los Santos son tan celestiales, que glorias dan a Dios accidentales: muera Jacinto, porque ya le atiendo con tanta santidad, que estoy temiendo; que a todos once cielos sus victorias los poblarán de accidentales glorias, y yo me quedaré sin la venganza de mi rabioso estilo, áspid, dragón, serpiente, y cocodrilo. , s, Quién me viere en esta traza por el aire, y por el Sol con botas, con guarda sol, con fieltro, y con calabaza, sin duda que habrá hecho fe de que acaballo he partido, pues vive Dios que he venido docientas leguas a pies Contra uno, y otro elemento vengo armado en esta guerra con botas para la tierra, con plomada para el viento, con fieltro en que el agua dé, con guardaso! para el fuego, y rego junto estoy luego hecho un galapago en pie; pero aunque con mal gobierno, parezco con mi calzado Judas, que después de ahorcado, va caminando al infierno. Nadie en murmurar trainoche, porque ya en España vi hombre que se puso así para caminar en coche. En fin yo he llegado a Roma, de grandezas laberinto. Este es quien sirve a sacinto, y pues a su cargo toma mi venganza el darle pena, una industria he de lograr. Santa cosa es caminar con la calabaza llena, porque en un largo camino es arierto soberano el caminara lo humano, y el beber a lo de vino. Y pues ya en mi alegre asalto tan cerca he llegado a estar, que me puedo avecindar dentro de Roma en va salto, antes de llegar adonde mi señor me alcance a ver, yerro acertado ha de ser ver lo que mi alforja esconde, y de me una diciplina, como lo manda Galeno, con seis tragos de lo bueno, y un rarazón de cecina. Y así junto a esta muralla, donde Capúchanas yedras tienen almohadas de piedras, dare al hambre una batalla. Ánimo, este facistol, y este guardasol también, que en bebiendo un hombre bien, no ha menester guardalol. esta carta que a entrega me llego el Rey mi señor, en la mano de esta flor la quiero depositar, porque son discretas leyes, que para mayor grandeza estén sobre la pereza los escritos de los Reyes. Sin perégil, ni mostaza, a esta cecina me inclino, y pues ella llama al vino, yo llamo a mi calabaza, que aunque juega su caudal a lo de árrima pared, no hizo Dios contra la sed mas atrevido puñal. Su descanso me desvela! Qué licor tan regalado! parece que le han rociado con azucar, y canela. Puesto que está divertido, su carta quiero ton ar, y en aquer mismo lugar dejar esta No ha comid el Rey con mayor regalo, porque no hay otro comer, como comer sin mujer, sea bueno, o sea malo. Leve lacinto está idolatrado! de la Princesa Auristela, y así con esta cautela, ey que está de te minado a meterse Religioso, podré un indestriosamente obligarle a que no intente llegar a ser tan dichoso, que una afectada mentira tiene durzura tan grave que deleitar quien la sabe, y enamora a quien la mira. Antes de hacer esta historia mi pena era grande, y buena, pues ya le fue la pena, aquí paz, y después gloria. Esa es la que yo perdí, mas para que no la tenga Jacinto, y yo no prevenga mayor ansia para mí, quiero obligar al criado a que se vaya, y con esto tendrá ejecución más presto la industria de mi cuidado. A caminante, o mancebo. Luego le responderé; vuelvo al Arca de Noc las baratijas que llevo, porque según las que van; no lleva atrás, y adelante tanta carga un elefante de tierra del Preste Juan. A galán, apasajero Pocor galanes ha visto, que parezco, voto a Cristo cuártago de atabalero. Que como en estas molestas cargas tanto se atesora, parece que llevo agora los atabales acuestas. Señor, pareciome a mí que vos conmigo no habláis, porque galán me llamáis, y yo en mi vida lo fui; pero tal cual soy, mandadme; que a vuestro servicio estoy. Dónde camináis? Yo voy a Roma para espaciarme: Polonia mi patria es, y así de aquesta manera he venido a la ligera a caballo en mis dos pies. Mi señor es un sobrino del señor Obispo Ibon. Pues hoy entra en Religión; y así si de su camino buen logro queréis tener, llega presto, y le verás Por esas nuevas no más quisiera agora poder daros una onarquía. Aunque fuera a la Tiara, no fuera dicha tan rata como la que yo tenía. Y así con vuestra licencia entrar en Roma pretendo. Vete aprisa. Voy corriendo, porque a toda diligencia traigo una carta en cuidado, que él mismo Rey me la dio, y quisiera darla yo aún antes de haber llegado. Porque como el peso es, que yo llevo tan extraño, he tardado más de un año en el camino de un mes. Si no logro esta intención, si esta traición no consigo, seré tan fuerte enemigo de aquellos que santos son, que aunque Jacinto prevenga los más divinos ensayos, seré en el mar de sus rayos remora que le de tenga. Mas si esta vez despedazo la inmensidad de su ardor, en el remplo del rigor pondré el rigor de mi brazo, y Dios echará de ver, que si al hombre poder dío, fue tan pequeño, que yo se le puedo deshacer. Porque no podrá negar, aunque blasone biearro, que pues el hombre es de barro, es muy fácil de quebrar. Honrad, Domingo, esta silla, así con aplauso igual honréis la Pontifical; porque quien tanto se humilla con santidad tan notoria, tanto en sus méritos crece; que no solo esta merece, si no la que está en la glaria. No haga Vueseñoria. conmigo esta novedad; que no busca la humildada encumbrada Gerarquía. Demás que si ha sido a quien Mirra los cielos le han dado, a los pies de su Prelado. está un Religioso bien. Yos mu habéis venido a honrar; y en dicha tan soberana, jeere Conía es cortesana. al ey del galardonar: sentaos por darme place! Si a tanta dicha me ofrezco, no es porque yo la merezco, sino por obedecer:: y Jacinto no se sienta? Si sois vos, noble Guzman; quien como el mismo Abrahas hijos de la gracia aumenta; si sois tandivino vos, que porque gloriosa viva la Fe, en vuestro brazo estriba la providencia de Dios. Si sois la sabiduria, que en la Iglesia Militante no dejó entrar un instante el triunfo de la heregia. Si sois en fin el crisol, de cuja heroica nobleza puede salir la pureca a competir con el Sol. Y tanta humildad renéis, que decís cuando os sentáis, que no es porque os ensalzáis; sino porque obedecéis; que mucho que siendo yo quien vuestro siervo ha nacido, haya mi amor aprendido lo que un Santo le enseñó? Dos Brimos del mismo Dios. al mismo Dios le pidieron dos sillas, y los dijeron, que no eran cuerdos los dos; pues que dos sillas tan buenas pretendían ignorantes, sin aber pasado antes por el crisol de las penas, Ya, pues, que no he sido lirio en el vergel del dolor, pues nome ha dado el rigor la corona del martirio. Silla que tan alta es, no la ocupe mi bajeza; porque no ha de ser cabeza quien no ha llegado a ser pies, Y así agora me despido de la dicha de gozarla, porque no quiero alcanzarla sin haberla merecido. En fin, que os de termináis a que este habito os den? En él busco el mayor bien. Mirad que os aventuráis mucho con vuestra condura. La ventura intento hallar, y así se ha de aventurar quien ha de hallar la ventura. De mi Orden la observancia tiene mil dificultades. na Todas son facilidades para quien tiene constancia. Pues como siempre oservéis Divinas Constituciones, timbre haréis de los blasones del ordén que pretendéis, y esta tarde haréis alarde, de gala tan soberana. De mis dichas la mañana será señor está tarde, porque el que más se oscurece, si llega a ser Religioso, desde aquel punto dichoso en su ventura amanece. Nace una planta en la bella de un monte apacible falda, laberinto de esmeralda con gírasoles de estrella, y con ser la fuerza tanta del Sol que en ella se encierra, por ser estétil la tierra nunca sale de ser planta. Porque aunque el Sol como padr forma plantas cada día, ninguna de ellas se cría sin los pechos de la madre. Llega la mano de aquel que entiende de ayricultura, y traslada su hermosura a la esfera de un vergel. Y como allí está el crisol de la tierra más colmado, pasa de arista del prado, a ramillete del Sol. Y la que entre sombra vana cada dia amaneció, amanece cada día garzota de la mañana. Así yo, que en la maleza del mundo planta nací, y lo caduco es en mí de inútil naturaleza, siempre conserve el verdor que a la humana vista engaña, sin que en la esteril campaña pasase de planta a flor; pero vos llegando agora, me lleváis con veloz paso, desde el esteril Ocaso hasta el vergel del Aurora, donde si hasta estar en él fui planta delvanecida, vendré a ser cornueva vida rosa del mejor vergel. Porque la planta peor si se planta en tierra santa, anochece siendo planta, yamanece siendo flor, Entráreme sin llamar, porque yo soy tan de casa, y tan del alma del dueño, que la ocupa, y que la paga, que fuera en mi gran delito si yo para entrar llamara, porque no llama a la puerta quien no ha llamado en el alma, Dejadme poner la boca donde vos ponéis las plantas, que lo que pisa un Obispo, puede besarlo un Monarca. Levántate, Cubilere, y cuentanos tujornada, porque será muy gustosa. Pues si tengo de contarla, aquello de aguarda escucha, no es petición excusada, porque ya no hay relación sin escucha, y sin aguarda. Después que a comultas grandes que habréis hecho con el Papa, vos, y lacinto salistes liad de Polonia una mañana, qu y que yo porque la prisa con que saliste fue tanta, que no pude a vuestro lado ser vuestro custodio, y guarda: quede me en Polonia, y fue diligencia no exculada, porque si yo no venía fue fuerza que me quedara. Puse mis cosas en orden, que no solo en sus jornadas ponen en orden sus cosas las personas de importancia. Ajuste con mi conciencia cuentas, porque me dejara, que es triste cosa tener con la conciencia barajas. Pagué cuatro o seis deudillas que debía en ciertas casas, donde quiebran los gallillos a puras calabazadas. Públicose mi partida, y para darme una carra, me llamó el Rey de Polonia; y en tanto que me la daba fueron un Puuerga, un Duero, un Tajo, y en Guadiana, los ojos de Casteñera, la besona de alofanta, diciondo, que había tres años que me hizo dueño del alma, y yo puedo a segurar que hasta entonces lo ignoraba, porqué fue tan recbleta la cartuja enamorada, que si trece años cabales on me miro con buena cara, siempre se estuvo en suetrece de no decirme palabra. Diome al fin la carta el Rey, y Castañeta cansada de no hablar en tanto tiempo, era tanto lo que hablaba, que en menos de un cuarto de hor se desquito de las faltas. Salí de Polonia un día, cuando sercia el Alba, con una boca tan grande, que si entonces la mirara un vizco, desde el Ocaso pudiera ver sus entrañas. Vine caminando al trote cargado de calabaza, fieltro, guardasol alforjas, boras, espuelas bizarras, maleta, cogín, estrivos, manteo, loba, lotana, camisas, calzones, lienzos, cuellos, escarpines, calzas, dados, naypes perinola, puña es, cuchillos, nagas, pan cecina, vipo, queso, y cuatro mil carandajas, que en la celda del disubio tuvieran estrecha casa. Caminaba cadadía legua y media, y me cansaba, porque era chico el dinero, y era muy grande la carga. Salieronme salteadores en mendio de una muntana, y pensando, que era monstruo, me volvieron las espaldas. Mas yo que con tantas cosas, acuestas me contemplaba, me considerana espín cuando de un manzano Baja, y va corriendo a su cueva coronado de manzanas he trillado una jornada, que la puede andar un topo en cuatro, o cinco semanas, los pies colmados de ampollas, las piernas descalabradas, las manos como una tinta, el rostro como una gualda, y las espaldas, y el pecho como lencero de España; he llegado a vuestros pies donde en leyendo esta carta, y dándome muy buen porte, me iré a profesar de estatua, ya renegar de Sardesco, que con angarillas anda, porque con estas alforjas parece que tengo el alma merida entre dos molletes, como longañiza magra. Dice aqueste sonrecicrito, que a los tres viene esta carta, rompola nema, y los tres la leeremos con voz alta. Desde aquí tengo de ver . si selogra mi esperanza: ha como aquel que hace mal siempre escondiéndose anda! Así dice: Obispo Ibon, yo he sabido que injuriada dejó Jacinto a Auristela. cuando con vos se fue a Italia; y así remitidle al punto con prisiones, y con guardas, pena de que de traidor se os dará título, y fama. Yo el Rey. Lograré mi intento. . Hay más confusa desgracia! Seño Rey El no es Príncipe, que se engaña, él lo habrá mirado bien. El porte de nuestra carta está peor que en la bolsa. Señor, si amparáis las causas en favor de la inocencia, en este aprieto amparadlas. Dejadme leer, señor, esas mentidas palabras, que parece que el infierno se preció de pronunciarlas. Dejadme ver los delitos que la desdicha me fragua, que seha subido a los ojos por ver su deshonra el alma; s Vuelvo alcerla, Jacinto, sin temer las asechanzas del démonlo: el santo intento que te alienta, y que te ampara, sigue, el hablio toma de Domingo, en cuya Casa serás celestial Caudillo de Religiosas escuadras. Ya vuelve por él el cielo. Cómo puede ser que haya en la carta esas razones si yo ler las contrarias? Leedla vos otra vez, que o la turbación me engaña, o en esta cartase encierran más prodigios, que palabras. Vuelvo a leerla: Domingo, porque la Iglesia Romana de Jacinto necesita po dadle vuestro habito, y vaya al Septentrión, y al Oriente a sembrar con la palabra C la semilla que se observa en las trojes de la gracia. Allagro, milagro Núnca la providencia se cama de volver por la inocencia. Dejadme pésar tus plantas, concuistador del infierno. Teneos señor, basta, basta, que solo a Dios se han de dar de este portento las gracias, que al hombre que más merece, aunque más prodigios haga, si Dios no le lleva el brazo, ningún privilegio alcanza. Rabiando estoy de impaciente, todo soy colera, y saña Vamos, lacinto, a la Iglesia, para que como Dios manda reciba este habito en vos la felicidad más alto Podre mío, a mí tembién Frarle Motilón me hago, para que yo con lacinto por esas Provincias vaya. Luego gusta de ser Fraile? D Si Padre, como no haya aquello de ajunar mucho, comer eternas pescadas, rezar señaladas horas; porque a mí solo me basta para comer dormir tener horas señaladas. Vamos, que si ha de seguir a lacinto, es cosa clara que será buen Religioso; Con las dichas oírmnstancias seré Fraílca ples juntillos, aquí en Castilla, y en Francia, hasta que Dios sea servido de apretarme las agallas, y al horno del Purgatorio Fray Cubilete se vaya. p no Señor, mi te os tacrifico, Yo no le ofrezco mis anisias. Siempre alabo vuestro nombre Nunca le daré alabanza. Mi bien sois Es mi castigo Siempre me honráis. Él me agravia. Vuestra gracia es la que busco. Pues yo no busco su gracia. Si está en el alma el dolor, cómo me puedo alegrar? Dolor de tanto durar para un vestido es mejor Ese dolor ha vivido, seis años sin perecer, pues de que tela ha de hacer ni Muno mejor vestido? Qué ruvida no sea estable, y que te de la piedad en corta capacidad una pena tan durable? Es vínculo este tormento, esa injuria es de por vida, que siempre ha de estar asida con tu mismo pensamiento? Si hay paso para el pesar, compro un paso, y tus porfías trasladen tus agonias a quien las quiera comprar. Que aunque tu dolor no caya, ni muy duro, ni muy tierno, no está agora en el infierno para no salir de allá. Abre el colazón señora, y deja entrar el placer. Eso como puede se, si está mi tormento agora a las puertas de mi amor, y si el bien a entrar se inclina, corre luego la cortina, y deja dentro el dolor? Que imoorta que de mi historia quiera yo olvidar la calma, si en el castillo del alma se hace suerte la memoria? Y aunque pretende el olvido avecindarse en mi fe, nunca se atreve, porque la memoria no ha salido. Pedazo del alma es un hijo, y si el padre vio que en su casa se atrevió a ser necio, y descortés, toma con piedad escala un infrrumento prolijo, nol y obliga a que salga el hijo del descanso de su casa, Hoy es en ti ese dolor, sin ser del alma pedazo, escandaloso embarazo de la casa de tu amor. Toma en la mano un placer, y salga a sangre, y a fuego, de la casa del sosiego el que te hace padecer; Que pues no está eservado un hijo de tanta pena, no dejes que en cala ajena llegue a mandar un eriado. Dueño es del alma un places, que el alma solo le cría, para que allí la alegría tenga dominio, y poder. Y así es desdichado empeño de su providencia escasa, que esté el criado en tu casa, y no pueda entrar el dueño. Pero si acaso te enfadas de que me sermón te inquieta, berdona, que Castaneta siempre da castañetadas. Si Jacinto era discreto, noble, galán, y cortes, Castaneta justo es que haga en mí su ausencia efecto, Quién pierde una joya grave, que no lo llegue a sentir? quien vio a su amante partir, que de no sentir se alabe? Todo un nuncio de locura se te ha encajado en la frente, porque si el otro está ausente, y allá donde está procura ser Religioso, y debar caducas obligaciones predicando sus sermones por la derra, y por la mar. Si es hombre que siempre ayuna y que le mide en su hambre, con unas varas de alambre las costrnas una a una; que le quiere tú porfía? tu eres la mujer primera, que ha querido que la quiera quien ayuna cada día. Si el Príncipe Claudiano te quiere, allora, y prefiere, porque te estirma y te quiere, dale de esposo la mano. Si siempre excede el compas en ser sabio y gentill omuros y si después de esto, es hombre, que no ha avunado jamas, no hagas señora delden de que se haya prefetido, que es bueno para marido el hombre que quiere bien, Mas ya Claudiano viene, da de mano a lo senojos, y asómese por los ojas el placer que el alma tiene. Ponte a lo de Abril, y Majo, lea en tu bello esplendor cada me villa una flor, y cada lucero un rayo. d Que sea tan desdichada mi suerte en mi amor primero, que me falte lo que quiero, y me sobre quien me enfada! Pero ya es acción forzosa, aunque mi mal se aperciba, el reprimirme de esquita, y ensayarme de amorosa. Aunque ha de ser tan violente mi desmayado placer, que ha de morir, y nacer muchas veces mi contento, Porque ha de ser mi reír, como vela cuando espira, que una vez llama respira, y otra se vuelve a morir. Siempre que a la Infanta veo . me da indicios de quejosa, porque siempre está llorosa, o muestra triste el deseo. Mas por si aquesta quererla procede de no estimarme, pienso agora declararme confusamente con ella. Porque no hay para el sentir más insufrible dolor, que verl orar al amor siempre que se ha de reír. En tus ojos, Auristela, mudas lenguas de cristal son avisos de algún mal, que la atención te desvela, si no es que fuese cautela del dulce afán de la Aurora, que como en ti se atelora, quiere su hermosa porfía que tu llores cada día, porque cada día llora. Querellose en tu arrebel el día al cielo, y le dijo, que si el Sol es regocijo, como está tan triste el Sol? Si eres nevado crisol, dónde al día día ofreces? como esa luz no encareces? porque son dudas tiranas que anochezcas las mañanas donde tu las amaneces. Como a ser Águila áspiro, cuando ver tu Sol deseo en el Oriente le veo, y en el Ocalo le miro. Miro tus rayos, y admiro que sus divinos desmayos son rigurosos ensayos, porque en la esfeta de amor no está en su fuerza el ardor cuando se menguan los rayos, En esa encubierta calma se ven amores, y enojos, D que pronuncia por los ojos equivocamente el alma: si es que tu amor se desalma, porque en mi amoroso Estío, cuando me enciendo te enfrío pondré en mi fortuna un clavó, que no nació para esclavo or el gusto del albedrío. ll Príncipe de Ungria, quien en la esfera de mortal tiene tan contento al mal, que no se oponga a su bien, estas sombras que se ven s Y en la luz de mi afición, contrarios del alma son, que opuestos a la ventura marchitan en mi hermosura los rayos del corazón. Mi alegría está en su centro, porque estáis vos en mi esfera, y así el mal se sale a fuera porque está el bien allá dentro: ponele el mal al encuentro, y no deja respirar al bien que llego a gozar, porque el matal bien prefiere, y mientras menos le viere, tendrá menos que envidiar. Si a un vaso que lleno está le echan más porción, se advierte, que la que está en él se vierte, mas no la que entrando va. Estaba en mi pecho, ya mi cuidado apoderado, mas como vuestro traslado ha llegado a entrar en él, se han salido de tropel las anvas de mi cuidado. Y así mi fe manifiesta, que en mi es, discreto atributo que este el cuidado con luto, si está el contento de pesta: luego en acción tan molesta, el despío es cotresía, la turbación alegría, porque es tan vivo mi ardor, que la llama de mi amor se enciende donde se enfría, Eso sí, cuerpo de tal, en eñate a entretener, que no es nuevo en la mujer hablar bien, y sentir mal. Cómo es mi pena inmortal, mis ansias lo son también; y así, pues lacinto es quien seva acercando a Polonia, seguiré la ceremonia de no hacerle nunca bien. Este a la Insanta en mora, y ella idolatra a Jacinto; y así en este laberinto, que en su pecho se atesora el estorbarlos agora es forzoso que convenga, porque su amor se detenga, y esté Auristela aguardando firme en su amorr, hasta cuando Jacinto a Polonia venga: bella Auristela. Por donde. ha entrado este Caballero? Por donde acertar espero a ser quien os corresponde. Señora, pues como esconde vuestro pecho esta maldad? Si me tenéis voluntad, que mucho que mi porfía conquiste con osadía la mayor dificultad? Yo en mi vida os vi la cara, ni os habre, ni os conocí. Si lois quien me adora a mí, en que vuestro amor repara? Ya tu engaño se declara. Yo ni os adoro, ni os quiero, ni os estimo, nuos prefiero. . Este hombre da testimonio, de quesino es el demonio, es demonio Caballero. Adrístela, mira bien si esta es verdad, o cantela. Ni a mí su amor me desvela, ni yo le he querido bien. Pues, Cabaliero, si quien busca de alguno el castigo es su mayor enemigo, vos mi castigo buscáis, y así pues que me agraviáis, sacad la espada conmigo. Pues el sacarla con vos no me da ningún cuidado, up porque ya yo la hesacado con todo el poder de Dios. Como en Palacio los dos, siendo sitial peregrino, lográis tan gran desatino, que vuestro impulso tirano quiere manchar con la mano las aras de lo Divino? Turbada, y corrida estoy. . Yo en un capato metida. Para que quiero la vida . si aprisa a la muerte voy? Si yo os dijese quien soy, esta acción disculparels; y así si piedad tenéis, gran Rey escuchad. Ya escucho. Agora digo que es mucho el honor que merecéis. Invicto Rey de Polonia, que en las edades futuras, como en los siglos presentes, ya porque la espada empuñas, ya porque las letras honras, tn porque tu Reino ilustras, para coronar tus siences, para ensalzar tus venturas, para ponderar tus glorias, laureles de la fortuna, la fama se añade lenguas, la ciencia se aumenta plumas, Príncipe soy de Tartaria, y pudiera en largas lumas ponderarte mis grandezas, porque son tantas, que ocupan desde donde yace el día sobre túmulos de espuma, hasta donde argenta el Sol sitial de garzotas rubias; Pero a mi disculpa vamos para conquistar las dudas que te afligen, que te enojan, que te ofenden, y te injurian, o antes de disculparme quiero que addiertas, y arguyas, que naertan invencible, que si mi cólera adusta se vale desuardimiento, y de su feror se aiuoa, hago estremecer los mentes, que los centros se descubran que las aves se despeñen, que las fieras se reduzgan, que los mares se enfurezcan, que los rayos se consuman, n y que los ejes del cielo hablen, suenen, giman, erujan, y así mi di culpa estima, cuando de mi voz la escuchas, que ni aún a Dios con ser Dios doy satisfacción ninguna, y aquesta es la vez primera, que he llegado a dar disculpa. Digo, pues, que de Auristela la belleza, en quien se junta, tanto escuadión de portentos, de milagros tanta suma, que en el mapa de su aliño las flores parece estudian, el cielo acrisola estrellas, el Sol su alcázar dibuja, la luz regocijos forma, el día Orientes consulta, el Oriente Auroras nace, y el Alba a reír madruga. En fin su beldad, su fama, tanto en Tartaria se ilustran, que el rayo de sunoticia mis tres potencias deslumbra, y los arbitros del alma toda libertad renuncian, quedé ciego, y como lince con ser la distancia mucha, desde mi ardiente deseo penetraba su hermosura, y la copió tan al vivo, que agora en presencia mía volvía mirar si el retrato algo al origen le usurpa; y hallo que están tan conformes, que no hay distancia ninguna. de la hermosura primera. a la belleza segunda. Supieron todos mi acción; y aunque algunos me mormuran; los que sabenque es amor cuerdamente me disculpan, que aunque emprenda un pecho noble lo más imposible, lucha, si la causa es amorosa. se corona de disculpas. Pedi licencia a mi padre para una hazaña tan justa, y aunque es verdad que mi empeño. por muy altivo le ofusca, lo bizarro de la empresa. le aficiona, y le asegura, Diome permisión, y luego como el que un tesoro busca; que en tanto que no le encuentra; se acelera, y soa presura. Partí de Tartaria; y vine. escalando peñas rudas; talando montes rebeldes, pisando selvas incultas, surcando mares soberbios, y conquistando fortunas, hasta que en este Palacio entre con mañosa industria, que aunque amor está sin vista; tal ven como antorcha alumbra, Entré en esta galeria. donde Autistela con una criada estaba, mirando las flores que el campo ilustran, aunque las flores del compo se encendieran de hermosura, pudieran ser sin delito idolatras de la suya; y aunque es verdad que en mis huellas la impresión se disimula, porque a la vista de un Ángel. pisa la vergüenza en duda. Oyó Auristela el silencio que en mis pasos se pronuncia, que donde el temor es lince, hasta el silencio se escucha. Volvió el rostro; y de mirarme con la pena, y con la angustia. se quedaron sus mejillas tan pálidas, tan confusas, que la azucena, que el Sol la marchita con injurias, podrá tener menos vida, mas no cosor tan difunta. Articuló algunas voces, que por timidas, y mudas, ni los vientos las repiten, ni las fuentes las mormaran, si bien este Caballero, o con más amor escucha, o en el pecho de Auristela. tacitamente se oculta, y como tan cerca estaba, oyó las voces confusas que los vientos, y las fuentes. no saben si se articulan, Entró en fin enfurecido, y sospechando con justa causa que yo la ofendia, se apasiona, y se atribula; hasta que con tu presencia. templando acción tan adulta, solo de haberte mirado hizo la colera fugalí como cuando densas nubes el rostro del cielo enlutan, y en saliendo el Sol hermoso, no hay sombra que no consuma, Este es, señor un delito, esta es, señor, mi fortuna, este es, señor, mi deseargo, y esta es, señor, mi disculpa. Y así si por la fineza de andar tantas leguas juntas de oponerme a tantos riesgos, de vencer tantas injurias, de intentar tantos ardides, de lograr tantas industrias, de asirara tantas glorias, y de tan cuerdas locuras con la mano de Auristela enlazas mi mano augusta, y en el Altar de Himeneo no desagra da coyunda, yo mi padre, y mi grandeza puestos a las plantas tuyas te consagraremos siempre en tres voluntades una, y en trecientos mil soldados trecientas mil vidas juntas, que si por ti se conforman, que si por ti se conjuran, harán que te áclame el Orbe, que te ensalce el que te injuria, que te tiemble el que te envidia que te ilustre el que te acusa, y que en todadias edades vuele la memoria tuya. La batalla dé mis celos se ha publicado Auristela. Grande mal a amor recela, que así me ofenden los cielos con uno, y otro rigor, . y que sea mi amor tal, que trueque el bien por el mal, y el mal tenga por mejor. Empresa de aventureros parece tu amor, señora, pues estas cerdada agora de Príncipes extrarjeros. En esta ventura gano la confusión más cruel, el Tarraro es snfiel, Carósico es Claudrano; y aunque Claudiano es. Mas pobre, estimo su nombre, que el ser Carólico un hombre es el mayor interés, mas si a Auristela le doy, tendré un disgusto forzoso; que el Tártaro es pederoso, y yo sin amparo estor: Luego en esta ceremonía mi bien, y mi mal se ve; mi bien, premiando a la Fe; mi mal, perdiendo a Polonia. Y así elegir quiero un medio con industria, y con engaño, porque el remediar un daño, es el más sabio remedio. Príncipe heroico, y valiente, cuando los Monarcas cuerdos atropellan sus acuerdos, no tienen valor prudente. El Príncipe Claudiano es quien también te desvela por alcanzar de Auristeia. la más venturosa mano. La dignidad de los dos tiene igual soberanía, si él es Príncipe de Ungría, lo sois de Tartaria vot: Luego si el uno pretende lo que otro quiere alcanzar, como al uno he de premiar, con lo que el otro se ofende? año daro para que el Príncipe; y vos decretéis entre los dos cual ha de ser el primero. Porque si queda eligido, entre los dos el premiado, ni yo quedaré culpado, ni el otro estará ofendido. Eso es lo que yo deseo. Pues yo lo acero también. Agora sí que va bien, de mi cautela el empleo, porque Jacinto vendrá mientras dura esta cantela, y en el amor de Autistela fuerte contrario tendrá. Pues vamos a prevenir vuestro hospedaje. Mi suerte me flenará al de la muerte, pues tanto me hace sentir. Yo iré al mayor laberinto . en que pudo entrar mi amor. Yo iré a engendrar más rigor . para injuriar a lacinto, Yo, ya que no me inquieta. de estos necios el pesar; me iré a castañerear, pues me hiyo Dios Castañeta

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Ya no es todo sumirar después que a esta quuinta vine. Como en él no se magine, a me a es pelado elgesar. esas plantas, esal flores, esas fuentes, estos ríos, diviertan los oiosmios, ya con ssueño amores, ya con frugrencior furiles, ya con areras corrientes, y escarchando los Abriles. Y yo en esa Letanía no tengo mi asiento? . Sí; porque tú eres para mí? placer, contento, alegría. Pero hay gusto como ver casi en un mismo lugar una fuente salpicar, y una flor amanecer, y que está con su corriente haga a la flor consonancia, y aquella con su fragancia siembre de algalla la fuente? Si voy por esos jardines, cerca del lirio morado, veo el aleliargentado, y los nevados jazmines, veo a la rosa hacer salva. a la apacible violeta, y que una, y otra mosqueta son regocijo del alba. Uio al la lo del clavel la azucena de cristal, que sobre un verde sitial tiesen al Sol por dosel. Ven el dulce laberinto de clabellinas aves, y entre maradillas graves el turquelado lacinto, cuya belleza asegura, que por ser azun su velo, la gala de todo el cielo es alma de su hermosura. Y así el clavel carmasí, el ambo del azucena, la rosa grave, y serena, el salpicado alelí, la florque mirando al Sol a ser su atención se atreve, el jazmín copo de nieve, y el bizarro girasol, todos son desenznsil gala que al Abril se iguala; pero el Jacinto es la gala de los ojos del Abril, y así esta Quinta ha de ser, para mí el más dulce espacio; que aunque yo deje en Palacio entre uno, y otro placer, Príncipes que me estimaban, bellezas que me asistian, vasallos que me servian, y aplausos que me aclamaban, todos juntos en su esfera son para mi laberinto, porque falta allí el Jacinto, que ilustra la Primavera; y así, aunque guste mi padre, no iré a Polonia jamás. Yo sé que tu volverás, si hay un novió que te cuadre, porque a la que más blasona de que en ausencia es constante, no la pesa si otro amante la acaricia, y la aficiona, y la que de marmolera por el que en ausencia aclama; viendo tan cerca la llama, transforma el mármol en cera, Y así se precia de abrir el pecho de par en par, porque el uno pueda entrar, y el otro pueda salir. Pero desde aquí se ve la gente que baja al río, no hay sino alentar el brío, y mormuremos; porque aunque estos jardines son la deleitación más grave, no hay dulzura tan suave como, la mor muración; que si mormurando estás, aunque a nodes, y aunque a pares te acometan los pesares, no te han de ofender jamás. Porque cierto mancibito, que el mormurar hace gala, teniendo una pierna mala se le cancero infinito, sentenciósela a cortar un Cirujano inhumano; y cuando el tal Cirujano tocaba a desjarretar, viendo que su gloria era su mormuración precisa mormuraba muy aprisa para que no le doliera. Yo a mor murarno me inclino Pues yo a destajo mormuro, y no está de mi seguro hasta un Fraile Capuchino; y así por las dos aquí a un tiempo mormuraré, porque yo preguntaré, y responderé por ti- Hago el papel de las dos, y las dos voces fingiendo preguntando, y respondiendo empiezo en nombre de Dios, ya baja al río una viuda, en quien el manto es dosel de una toca capitel. Esa viudez es en duda, porque quien ha de creer que tiene en un mismo punto en la memoria el difunto, y en el tocado el placer? zuiciendo con fe debora allí un Botario viene, con que remediadas tiene muchas doncellas de Rota Pues Castañeta, ese tal zurcidor de las doncellas, con el bien que obra con ellas a sí mismo se hizo mal, porque sin saberlo dio un virgo, que vino a ser para la misna mujer con quien él se desposó Allí viene un maridillo, que de nadie dice bien, y merece que le den la música del cuchillo. Ese es el que madregaba por ver lo que un viejo nacia, y mientras se entretenia, su mujer se la pegaba. Por alí un amente va suplicando a una mujer que le dé para comer, y ella colación le da. Ese vendió hasta el jubón, solo por gastar con ella, y como ayuna por ella, clla le da colación. Allí baja una ninez con cierta vejez allado, y viene un enamorado al lado de la vejez. Esa niñez es notorio, que es cielo de la hermosura, y esa vejez asegura, que es pena del Purgatorio. Arde mi amor, y cuanto más se enciende, Y así de ese amante infiero que al cielo llegar ordena, pues que pasa por la pena del Purgatorio primero, Allí viene un labrador de buen talle, y de buen modo. No ha de ser por fuerza en todo malo el que nace inferior. Tan rústica en traza, y nombre, es la piedra, que sospecho, que solamente se ha hecho para estar al pie del hombre; pero aunque no son sus medras las que los hombres previenen, hay muchos hombres que tienen menos virtud que las piedras, Hacia las dos se avecina el las rador pasajero. Pues llega a ver tu primero que inclinación le destina, y si me buscare a mí, no le contradigas nada. Siempre fui tan bien mandada desde el día en que nací, que cualquiera mandamiento es de mí de manda el plato, y así seré en tu mandaro mandadera de Conuento. mayor violencia incluye mi tormento, yo temo, dudo, envidio, aclamo, intento, él nace, crece, admira, engaña, emprende; Lucho con mi dolor, y él le defiende con sola la tardanza del contento, yo escucho, miro, callo, sufro, siento, él arde, asombra, espanta, injuria, ofendo; En esta confusión mi confianza mira, conoce, avisa, informa, acuerda, que nadie ha de temer que la tardanza Rompa, congoje, aflija, acabe, pierda; y así está en mis desdichas mi esperanzo fuerte, constante, altiva, heroica, y cuerda. Deme albricias vuestra Alteza después de besarla el pie. Si vos me decís porque, no será mucha fineza. Aquí se empieza otro engaño: Jacinto a quien estimáis, y de quien prendada estáis. habrá que camina un año, y cuatro leguas de aquí, sabiendo que estáis distinta de Polonia en esta Quinta, que envió de secreto a mí para que os diese la nueva de que ya muy cerca está de Polonia, y que os verá si allá su ventura os lleva, y así el partiros aprisa es forzosa obligación, porque allá en su corazón sois el alba de su risa. . Pues para que siempre os cuadre que me consagro a su intento, este diamante os presento con las armas de mi padre, porque tanto en mí se abona su nombre, que aún que os asombre, os diera en su mismo nombre de mi padre la Corona. Ya poco seguro está de su nobleza el valor, pues para ofender su honor me ha dado las armas ya. Castañera, mi ventura hace hoy el mayor alarde, y así a Polonia esta tarde llegar mi afición procura. Haz que pongan luego el coche, y que suveloz porfía me traslade donde el día salga para mí esta noche, De que el fuego, el agua, el viento, y el pensamiento le tiren, y que tirándole admiren al más veloz movimiento. Di que la tierra le impela, como cuando de tropel azota el agua un bajel, y le hace volar sin vela. Di que su veloz ensayo exceda con fuerza grave en un elemento al ave, y en otro elemento al rayo, para que una, y otra vez por acabar su carrera, parezca el coche en su esfera bajel, rayo, ave, y pez. Haz cuenta que ya está puesto que entramos en éllas dos, y que un cochero sin Dios se sube a caballo presto, que hace correr los caballos con tan veloz maravilla, que vendo sobre la silla aún él no puede alcanzarlos. Que en alguna sierra angosta tropieza en dos pedernales, y por unos barrancales rueda el coche por la posta, donde porque tus gobiernos siguen tales pareceres, cochero, coche, y mujeres. nos vamos a los infiernos. No me atemoriza nada, que soy cometa de amor. Yo lo he de ser de furor A hasta verte despeñada. Amor, pues fuego respiras, llévame presto a Polonia. Ya vas a la Babilonia . de tus ansias, y mis iras. Vuela, pensa miento, vuelva, y sal de este laberinto; que la imagen de Jacinto va en el pecho de Auristela, Mi pecho es altar viviente donde con sabrosa calma yace en las aras del alma la imagen más reverente. Y así no he de peligrar, aunque más riesgos me atajen, porque el que viere esta imagen no ha de atreverse al altar. Desde tres leguas de aquí sin fatigas, y embarazos trae lacinto a un pobre en brazos por darme más pena a mí. Pero aunque jamás le enoja el peso, que tanto estima, yo haré que agora le oprima, o el cansancio, o la congoja. Y así aunque aquí de Auristela pudiera el amor arder, no se le he dejado ver porque su amor la desvela. Y si le viera luchar con molestia tan forzosa, ole ayudara piadosa, o le excusara el pesar. Y yo quedara corrido alberle tan descansado de no haberle conquistado después de haberle oprimido, porque llego a preciar tanto tener de un santo victoria, que si en mí cupiera gloria, fuera la pena de un santo. Padre, tan gran molimiento traigo con cargas tan necias, que puedo servir de especias en las ollas del Convento. El cansancio me trae loco, porque un pobre es muy pesado, Mire como está engañado, que los pobres pesan poco. Pues este debe de ser, o necio, o cuñado, o suegro, pues pesa tanto. Me alegro de verle aquí padecer. Padre, asentémosle aquí, o me echaré con la carga, porque la jornada es larga. Arrímele, Padre, a mí, porque descanso me sobra. Téngale mientras descanso. Cubilete, no hay descanso como el descanso del pobre, porque entre los que el desvelo de los trabajos padecen, solo los pobres merecen todo el descanso del suelo. Pues si al pobre se ha de dar descanso por varios modos, yo soy más pobre que todos, y así quiero descansar. Que tanto valor le sobre que no le rinda el afan? Mejor que yo fue Abrahan, y estimaba tanto al pobre, que humilde, afable, y cortés en su casa recogía todos cuantos pobres via, y en labándolos los pies prodigamente los daba una comida opulenta, porque hacía entonces cuenta que a Dios, y al pobre amparaba, porque siempre son los dos de tan conforme grandeza, que arguyo que la pobreza es la custodia de Dios, pues si un Patriarca santo tuvo tanta providencia, que siendo Dios suma esencia, al pobre estimaba en tanto; no hace mucho el que apercibe lo que al pobre bien le está, pues lo que al pobre se da, el mismo Dios lo recibe. Ya su intención me atropella, quiero darle más fatiga: Padre, su jornada siga con apresurada huella, porque agora está en Polonia la Fe en tantas opiniones, que ya son sus confusiones como las de Babilonia. Y pues su doctrina es tan perfucta, y tan divina, podrá ser que su doctrina, ponga al engaño a lus pies. Ya conozco a este traidor, . samas porque le ha de enojar el no verme acobardar, quiero alentar el valor; y fingiendo, que le creo apresurar la partida. L. Padre, parta por su vida. a lograr tan alimempleo. Postrar tiranos desea la Teologia Sagrada. Pues on le detenga en nada, porque la Feno se vea en desgracia tan precisa: como al pobre ha de llevar . en brazos le llego a dar iboz tanta prisa. Pues aprisa partamos, Padre, que hoy en Poloia entrar podré. Pues yo no me partiré porque tan partido estoy en esta cunsada lid, que mis piernas, y mis brazos pueden venderse a pedazos en el rastro de Madrid. Levantese. es No hay lugar, porque para andar de rua, he menester una grua. Daré al demonio un pesar; ̱ pues labrador la clemencia os mueve en tales extremos; ayudadme, y llevaremos este pobre. Mi smraciencia de cólera desatina. No os despreciéis de llevarle. Cómo puedo yo ampararle, si intento ser su ruina? Así el pabre os faverezca; que favorezcáis al pobre. Ya, ni hay mal que no me sobre ni dicha que yo merezca A Dólepé del pobre, y de mí. Si decís, que el pobre es Dios cuando estáis juntos los dos, ayudete el pobre a tí. Es pobre, y es bien que os cuad hacerle agora algúnbien, que siéndolo Dios, también pidió fanora su Padre. Ya no me puedo excusar, porque su argumento es fuerte, mas yo ayudaré desuerte, que le dé mayor pesar: porque haciendo me invisible, la dojare a puco trecho, y pues ofender su pecho no es en mi hazaña posible, iré a Polomia, y seré con el Rey, con Claudiano, con la Inlanta tan tirano, que a rieigo su honor pondré para que en tal laberinto tanta desdicha suceda, que remediarla no pueda. todo el poder de Jacinto: Llevémosle entre los dos. Eso es lo que el pobre espera. No es esta la vez primera que me he visto junto a Dios, Señor, ya dais testimonio de lo que al pobre queréis, pues para ayudarle hacéis que no se excuse el demonio. Y así excediendo el compas, porque el pobre no padezca, hacéis que bueno parezca quien no lo ha de serjamás: Luego que mucho hago yo en que la piedad me sobre, si tiene piedad del pobre quien nunca la conoció? Fray Cubilete, despacio nos siga. De buena gana, porque estoy con la cuartana cobarde, marchito, y lacio, No ha sido mala la treta de hacer me manco, y tullido, porque ya estaba rendido de llevar tan gran maleta. Cárguele un hombre agraviado, una acemila, un jumento la bolsa de un avariento, y el talle de un corcobado, que yo iré sin cargazón mas veloz por el camino, que la vista de un vecino, y el aliento de un sopión. Dejadnos solos aquí, y los dos asistid luego a lo que Auristela os manda, que con el cansancio es cierto que habrá llegado achacosa. Voy, señor, a obedeceros. Iré, señor, a serviros. . No sé qué me dice el pecho, no sé qué sospecha el alma . del venirse sin acuerdo Auristela de la Quinta, quiero examinar el pecho de Claudiano, por ver si tiene algún sentimiento de su impensada venida. Agora, Príncipe, quiero que me deis larga noticia del mal que os aflige el pecho, porque os veo tan confuso, tan triste, tan descontento, tan sin color en el rostro, y tan turbado el esfuerzo, que parece que la vida treguas con vos mismo ha hecho, o que el golpe de un agravio os amenaza con riesgos, y andáis entre vuestras dudas luchando con vuestros miedos. Pues si gustáis de escucharme, perdonad, y estad atento, sabréis las melancolías con que vivo, y con que muero, Salí, gran señor, de Ungría, cuando sin duda los cielos, las plantas, los animales, los Astros, los elementos contra mi infausta fortuna te conjuraron a un tiempo, o yo soy tan infálico, que estando seguros ellos, mi fortuna pudo tanto, que de todos hizo un cuerpo porque todos de una vez me atormentasen el pecho. Para esposo de Auristela me aclamaton los intentos, y en la esperanza de todos me corone de trofeos; Pero como mis desdichas no aspiran a mis aciertos, y el influjo de los hados solo atendió a mis desvelos, apenas de un alazan, huja lisonja del viento, desde el sitial de la silla pasé a la tienda preceptos, y él obediente al impulso del pulso con que lo adiestro, viéndose favorecido del viento, el agua, y el fuego, por desprecio, o por costumbre, pisó de la tierra el pecho, cuando abriendo algunas bocas para quejarse del peso, porque pesa un desdichado mas que muchisimosnecios, por ellas de arena, y polvo volcanes pardos salieron, que enturbiando las regiones poblaron los hemisferios de promontorios de sombras, y de montañas de miedos. Mis criados daban voz es icigido entre el confuso silencio, y etan las constelaciones de vapor tan bronco, y denso, que atormentando el oído con uno, y con otro encuentro, aunque can algunas señas, el cuzurro de los ecos, pensando que eran crujidos del uno; y otro helemento, lleguén a crder que eran quejas que contra mi daba el tiempo; porque aunque no haga delitos un desdichado, es muy cierto que siempre sospechan todos que los está cometiendo. Al fin todos se anegaron entre el polvo, y entre el miedo, mas yo estaba tan difunto, que aunque me siguieran ellos, fuera lo mismo que ir acompañando mi entierro. Vende me entonces los ojos con la antipara de un lienzo, que como de polvo; y tierra estaban ya tan cubiertos, por si acaso se enterraban amortajé sus espejos, oprimí el hijar al bruto, y hallándose al mismo tiempo sin preceptor de la rienda, empezó a volar cortiendo, y yo dejando a su arbitrio mi rescate, o mi despeño, llevaba más esperanzas en su suerte que en mi esfuerzo, porque hay una copia suya entre los signos del cielo, y pudiera remediarle solo por el parentesco. Exhalación fue con alma, cometa fue con aliento, telampago fue con vista, y rayo fue con desvelo, hasta que de un orizonte, asaltando los extremos, salió del confuso abismo en fuego, y espuma envuelto, y viendo que ya en los ojos le daba el Sol con reflejos, se paró, dando a entender que estima mucho a su dueño, pues se para en las venturas, y se apresura en los riesgos. Cercado en fin de naufragios, cercado en fin de tormentos, cercado en fin de agonias llegue hasta los ojos vuestros; donde si vos me amparestes, me dio la Infanta desvelos; sivos me hicisteis favores, alla me honró con desprecios; vos me dais esperanzas, lla me niega deseos; si vos queréis que huya, ella me quiere ver muerto. Y agora que tantas penas, y tantas congojas tengo, que a tener cuerpo mis males, les viniera el mundo estrecho. Viendo que se pasa el plazo para que determinemos, entre yo; y el de Tartaria nuestro heroico casamiento, fui a su casa esta mañana, para que con sabio acuerdo se determinase el modo de ocupar tan alto asiento. Llame a su puerta; y en dando en ella el golpe primero, se abrió toda, sin que nadie respondiese desde adentro. Entré a un patio donde había en vez de un toído de lienzo, un velo tornasolado, que opuesto a la luz del cielo, no dejaba que a un jardín, que estaba del pario en medio el menor rayo del Sol bajase a ser jardinero. Pasé a una cuadra espaciosa, colgada de terciopelos negros, morados, y verdes, bordados de pardos fluecos, y como aunque era de día, no había un resquicio abierto, por donde la luz entrase. Se descolgaba del techo una araña con seis brazos, cuyo sutil nacimiento pendía de un basilisco, a quien porque estaba muerto le alumbraban seis bujías, que en duda estaban ardiendo. Llegué a otra cuadra, y apenar imprimo las plantas dentro, cuando por una rotura, que estaba en el otro extremo, tal vez llorando suspiros, tal vez suspirando incendios, fue saliendo el de Tartaria, tan erizado el cabello, tan encendidos los ojos, y tan horrible el aspecto, que a no estar mi corazón a vencer temores hecho, pudiera aquel sobresalto desbaratar su cuaderno. Quise articular razones, y él sin duda conociendo que estaba mi voz difunta, se antepuso a mis acentos, y me dijo: Claudiano, vuestro intento, vuestro intento ya le malogró Auristela, porque me llamó en secreto, y sin permitir que os diese noticia de aquel suceso, me dio la mano de esposa, diciéndome, que primero que sus brazos me faltasen, tendrán paz los ciementos, será los cielos mortales, y los mortales eternos, mas yo que en aquella dicha mi desdicha comprendo, quejándome de que a un Rey la palabra que le dieron, para ser reverenciada no haya sido sacramento, quise vengar esta injuria, y al meter mano a mi acero, formándose de improviso, un terrémoto de estruendos, una tormenta de asombros, una tempestad de miedos, me abrazó una inmensidad de sombras, y de silencios, y sin saber si venía por la tierra, o por el cielo, dentro de vuestro Palacio me hallén sin aquel apriero. Mirad vos si estas desgracias, mirad vos si aquestos riesgos, mirad vos si estas injurias me pueden dar algún tiempo para no estar divertido, para no vivir suspenso, para no penar dudoso, ay para no andar inquieto. De qué mo sirve ser Rey? . que me importa el magisterio? mi poder de qué aprovecha? mi valor para que es bueno? si poder, valor reinado no tienen tan grande imperio; como una mujer, que aspira obstinada de sus hierros, a oscurecer los blasones de poder, Corona; y Cetro? Es posible que Auristela tan gran dellto haya hecho, que haya dado a un Infiel la mano de esposa? cielos, oh acabad con esta vida, que será el mayor remedio, o trasladadme a otra esfera, donde aunque esté padeciendo, como no sean agravios; que de mis hijos nacieron; serán todos mis pesares menos que mi sufrimiento. Porque ofensas que hace un hijo contra su padre, es muy cierto, que aunque el amor las disculpa siempre las llora el respeto. Príncipe, si siendo vos mayorazgo, y heredero del Augusto Rey de Ungría, y por solo el valor vuestro cuando perdáis a la Infanta, hallaréis quien muchos Reinos os ponga a las plantas vuestras, y si no siendo mi deudo sentís las ofensas mías, yo que si una vez os pierdo, gano la mayor desgracia, porque es desgracia el perderos; que mucho que estos agravios; que mucho que estos tormento me tengan tan oprimido, que me aborrezca a mí mismo? Mucho siento mis pesares, pero más siento los vuestros, que aunque son muchos los mío son más los que en vos contemplo Porque vos solo sentís, porque veis que yo padezco, y es más pena el padecer por los pesares ajenos. Déjame, Príncipe infame, o con este agudo acero, que te he quitado a ti mismo, quedarás alomos hecho. Esta es la voz de Auristela. Mayor desdicha recelo, que la que agora me aflije. Pues ya que lejos me veo de tus brazos, por dejarte. tan burlado, como necio, ha de ser esta ventana de mis tormentos. Sántelmo! , la vuestra, un portento vi, Quién ha ofendido a Auristela? Un traidor que queda dentro de la cuadra, donde está el tálamo en que sosiego. Príncipe, asistidla vos mientras que yo voy muy presto a ver si encuentro en Palacio al agresor de estos hierros. de la tierra en que caísteis, Alzad del suelo, señora, dulce arpón de mi desvelo, que no es digno Altar el suelo de quien el cielo atelora: si en los labios del Aurora os presentáis cada día, parece en vos tiranía, que vinculó la belleza en el cielo la tristeza, y en el suelo la alegría, Bien puedo vivir ufano, porque vos por ser tan bella sois Estrella, ya una Estrella. la tengo yo de mi mano. Ya es tesoro soberano Padre, y señor, oídme. y luego, o castigadme, o corregidmo: Lleguén (ay Dios!) de la Quinta, pero no del cansancio tan distinta, confuso dueño mi mano del bien que adoro, porque tanto la mejoro, cuando os llego a consultar, que con ella os puedo dar el más divino tesoro. Cuando en esta mano estaba porque entonces conocí que en vos la nieve abrasaba; nieve vi, fuego tocaba, y así en esfera tan breve, mucho la nieve se atreve, pues que con tanto sosiego está la nieve en el fuego, sin consumirse la nieve. Celoso al cielo tuvisteis, porque siendo tan divina, os considero vecina y cuando a subir volvisteis a esfera más superior, desmintiendo su temor, se volvió a su amor primero, porque agora sois Eucero, y entonces erades flor. Argos de Palacio he sido desde la esfera hasta el centro, y vive Dios que no encuentro, ni aún señas del atrevido: las guardas he requerido, y se admiraron de oír lo que les llegué a decir, porque llegan ajurar, que ni a nadie han visto entra, ni a nadie han visto salir. de todo el Orbe de mi vida el sueño, y apenas suspendida del parente sis corto de la vida fui en tan sabrosa suerte geroglifico hermoso de la muerte, cuando (ay suerte contraria!) sone, que el de Tartaria, coronado de horrores, pavoroso el semblante, el paso lento, y el impulso errante se acercaba a mi lecho; yo entonces en mi pecho confusiones concibo, ansias aumento, penas apercibe; y como allá en el alma, en tan prolija calma con veloces porfías llamaban al valor las agonias, desperté temerosa, lejos del rostro la nativa rosa, y al Príncipe soñado hallándole a milado, tanta fue mi congoja, que pálida una vez, otra vez roja, por no llegar a tan penosa suerte, ya que el sueño es retrato de la muerte, el mío agradeciera mi recato, que fuera original, y no retrato. El viéndome más muerta, cuando estaba despierta, que cuando ociosa de la vida estaba, caricias alternaba, ternezas repetía, con blanda voz el aire suspendía; mas yo que le aborrezco, las leyes de mi honor solo obedezco, y entre mi confusión, y mi querella, acercándome a él con tarda huella, cuando él sospechó que su blandura era imperioso imán de mi hermosu, su espada empuño, y dando atras un paso, en cólera me abraso, y saco de la vaina la cuchilla, porque con la razón nadie se humilla, Quiso su diligencia hacerme competencia, y viendo que su espada de mi razón guiada no excusaba el empeño de laruina de su propio dueño, enfureciose tanto, que envuelto en fuego, y llanto el resuelto volcán de sus enojos, respirando elementos por los ojos, me obligó a ejecutar mi precipicio, porque me daba indicio de que si me tardara, con sola la intención me despeñara, y más quise la pena por mi mano, que lograr la victoria de un tirano; porque no hay mayor gloria que quitarle a un tirano la victoria. Y así, padre, y señor, si este ardimiento ejemplo viene a ser, y no escarmiento, no condenéis el verme despechada, que no fuera morir morir de honrada; mas si es tanta mi culpa, que no admite disculpa, con esta espada propia segad la esteril planta de mi aleve garganta, porque aunque aqueste acero arma de un alevoso fue primero, como vos la rijáis para injuriarme, núnca podrá afrentarme, porque no habrá quien diga, que del mismo instrumento que castiga, la honra, o la deshonra se colige, sino del mismo brazo que la rige. Ay confusión más fuerte! tu dices que a ofenderte se atrevió el de Tartaria, y yo acrédito la opinión contraria, porque fe ahora estuvo Claudiano en su casa con él, como inhumano pudo en tiempo tan breve ejecutar delito tan aleve? y si en Palacio, entró en tan breve espacio cómo pudo salirse de Palacio? otro sin duda era el que tu honor, y tu sosiego altera. Hay rigor más extraño, queréis volverme loca? como ha de ser engaño lo que la vista ve, y la mano toca? Si no es cosa posible, cómo se ha de tener por infalible? Si le quité su espada, si me vi de su amor lisonjeada, si le hablén, si me habió, y en mi presencia su anrorosa clemencia se trocó en impiedades, cómo pueden mentir tantas verdades? El Príncipe de Tartaria os pide, señor, licencia para ver vuestra presene. Decid que entre: . No es contraria) de la verdad mi opinión, que el Pricipe no viniera mas a Palacio; si fuera quien hizo tan gran traición, que habiéndole conocido, fuera desdichado error el ponerse el ofensor delante del ofendido; y así, Auriste la, tu empeño un sueño debe de ser. Vos me habéis de hacer creer que estoy despierta, y que sueño Mientras que lacinto llega, tan tenaz mi rabia es, . que el perseguira estos tres es lo que más me sosiega; y así aunque es cierta noticia la que al Rey los dos le han dado lo ha de negar mi cuidado para encubir mi malicia, solo el decir que es mi esposa la Infanta pienso afirmar, por darlos mayor pesar con mentira tan dudosa, porque con este diamante que allá en la Quinta me dio Auristela, pienso yo llevar mi engaño adelante, hasta que cuando me vean los tres que tanto registro, crean lo que nunca han visto, y lo que han visto no crean. Vuestra Majestad no arguya que el no haberle visitado descuido fue del cuidado. Si ha sido cautela suya, . cómo descuido ha de ser? Que aunque es verdad que no os veo no me ha faltado el deseo de averos venido a ver, tanto porque se atesora en vos la mayor cordura, cuanto por ver la hermosura que en Auristela enamora, porque en vos, y en su belleza tanto me ilustráis los dos, que ni descanso sin vos, ni me alegro sin su Alteza, Bien dice. Cautela es. De la verdad se retira. . Pendientes de una tuentira . . También negaréis agora, están agora lor tres; pero yo podré muy poco. o perderán la paciencia. Digo, señor, que la ausencia que agora consulto, y toco, solamente ha procedido de que o cobarde, o tirano el Príncipe Claudiano ha estado siempre escondido, y fuera infelice gloria, después de tantos enojos el volver a vuestros ojos sin venir con la victoria. El tirano, y el cobarde será el que tanto se ciega, que a ser traidor presto llega, ya ser leal llega tarde; pero yo que presuroso os busque, os vi, y os hablé, ni por cobarde quedo; ni quedé por alevoso. Agora es su perdición; masos hanéis disculpado, que ni voz me habéis hablado, ni os alienta esa intención. Este es otro enredo más, yo no entiendo estas quimeras. Si habláis, Príncipe, de vezas, haréis que dé un paso atrás la esfera de mi cordura. Pues si a buscare no fuistes, y acreditáis que me visteis mal vuestra fe se asegura. A no estar el Rey presente . le hubiera pedazos hecho. Ya está un volcán en su pecho. . Mas sin duda se arrepiente . de lo que me dijo allí, y así le verdad condena. Pues por mucha que es su pena . es mayor la que hay en mí. que temerario; y suave, fuisteis escan salo grave de la Jufanta mi señora? Yo a la Infante? yo a su Alteza? yo ofender a quien adoro: yo atreverme a su decoro? yo marchitar su belleza yo en los Palacios, Reales hacer galá de un delito? cuando sé que vive escrito en los eterninranales, que es deshonorar las leyes, hacer necias confianzas, palestras do sus venganzas los Palacios velos Reyes. Buen testigo es esta espada de vuestro mal proceder. Gumo pura mi poder . no hay industria reservada, traigo otra espada fingida con la miimaguarnición, si es que de aguna traición: señora, estáis ofendida, no me aojudiquéis a mí- la culpa del deelia cuente, que esta espada solaigente es la que von ceñí cuando a a amti deje, y así siempre la he traído, que como bien me ha servido, tengo con ella gran fe. Digo que me tienen loca tan dudosas confusiones. Su Alteza ha dicho razones, que a no dudarlas provoca. Para la Infanta es distinta de mi corresano alarde, porque yo vine ayer tarde con su Alteza de la Quinta, en cuya estación dichosa me puso en tan alta esfera, que porque su esposo fuera, me dio la mano de esposa. Pues si es mi bien su hermosura, luego yo mi amor no empeño, ni pretendo su despeño, ni su desdicha procura. Señores, todo es mentira. Ya se doclaró mi agravio, . pero aquí es acierto sabio el disimular la ira hasta que llegue ocasión de ver mi ofensa vengada. Hay mujer más desdichada! . Hay más fuerte confusión! . El día que estos supieren . mi engaño, me han de culpar, y así tengo de apretar hasta que se desesperen. Dos veces es mi nomicida, Príncipe, vuestro rigor, una en arriesgar mi honor, otra en dejarme la vida: la más desdichada herida es la de un aleve labio, y así cuando en vos me agravio, dos muertes son las que siento, la una con el tormento, la otra con el agravio, Si, a vuestra esposaruera, tanto el serlo me obligara. que ni el veros me cansara, ni el hablaros me ofendiera: descansa el alma en la esfera, porque en su amor se cesalma, luego en tan penosa calma, la mía no esta en los dos, que pues no descansa en vos, no sois esfera del alma. Decís que en la Quinta fui quien mano de ciposa os dío, y a quien contra mi cayó, muy poca mano le di. Si nunca entrastes en mí, como en mí os queréis hallar? y si nunca di lugar para entrar en mí un tirano, como os pude dar la mano para ayudaros a entrar? Tirad la rienda al engaño, reprimid el desconcierto, que hacéis vos el desacierto, y mi honor padece el daño: sino blasonáis de extraño, si quiere vuestra nobleza hacer la mayor fineza, restituyame el honor, porque es la joya mejer que dio la naturaleza. Pues porque admire, y espante su mentira, o mi verdad, mire Vuestra Majestad si conoce este diamante? Ay traidora! . Ha inconstante! . Pues cuando más amorosa fue conmigo generosa, me le dio; en fe de que había protestado que sería eternamente mi esposa. Padre señor: que no pueda decir yo a quien se le di, porque no le conocí? bien sabéis? que me suceda tan mal, que mi fe no pueda hacer su opinión segura! que mi hoñor siempre procura sus aumentos, Rey Sosegaos, y en la verdad reparaos, que estáis turbada. . Procura mi fama dar atención, que ser inmortal concierta. Decís bien, pero no acierta. No acierta? . No puede ser. Por qué infelice mujer? . Porque quien hace un agravio poco cuerdo y poco sabio, embarazado en su mengua, ni artícula con la lengua, ni pronuncia con el labio. h Old, señor, escuchad. Los Reyes bien advertidos solamente dan oídos a la voz de la verdad. Hárame vuestra impiedad perder la vida Rey Advertida después de más persuadida os considera mi amor, porque quien pierde el honor siempre aborrece la vida. Yo el honos? Sí, vos traidora. Esa palabra me ha muerto, y a dar un paso no acierto, ya en mi el alentar se ignora, ya el dolor me pone agora. fuerte nudo a la garganta, ya el pecho en pie se levanta, ya el alma en ansias se anega. Ya estoy muda, ya estoy ciega. Desmayo la dio a la Infanta, Quiero llegar, que parece que aquella sangre me tira. Parece que no respira. Nunca mi descanso crece, . como cuando uno padece. Ya no pulsa, ya esta helada. El juzga que desmayada está la Infanta, y ha sido tanto el dolor que ha sentido, que está su vida postrada. Mayor batalla se ordena; que la cinto llega ya, y en mí su riesgo hallará; Como aller tanta mi pena música en Palacio suena? ha de las guardas. . Señor. Quien se alegra en mi dolor? Señor, sin saber quien canta la dulce armonía encanta. Mas me alegrara un clamor, Si no mienten mis oídos, esta es música del cielo. No es sino que en mi desvelo mis Músicos arrevidos lisonjean mis sentidos: a Laurencio, a Castañera. En qué os sirvo? Quién inquieta con armónicos acentos mis suspiros, mis lamentos? Algún Barbezo Poeta, de estos que todos los días, vinculan todos sus bierao en eternos saltarenes, y en inmortales solías. Que necias son sus persias, Fuera, plaza, plaza fuera. Quién este Palacio altera? Plaza, que pasa lacinto de portentos laberinto. Oh cuanto mi amor le espera. Dejé Vuestra Majestad poner mi boca en sus huellas. Más bien sobre las Estrellas esta; a vuestra humildad. Yo soy un gusano humilde, y no merezco tal cien. Y yo, Señor, soy también de este gusano una tilde, un punto, una coma, un cero; y para mejor decir yo soy un medio partir, de este partir por entero. Ya os conozco desde el día en que cierta carta os di. El habito recibí de la Motilonería, y como el hombre que llega a estado tan meritorio, tal vez sube al Resitorio, tal vez baja a la bodega, me voy hallando tan bien con esta Motilación, que pienso ser Motiilón por siempre jamás, Amén. Fray Cubliete. . Ya entiendo, yo callaré conto en Misa, y yo he visto hablar aprisa muchos que la están oyendo. Jacinto, a que hora llegastes? Cuando pudo ina cantela tanto en vos, que de Auristela la desdicha ocasionastes, porque era puro crisol. Luego su opinión vivía? Y tan grande, que pocía colmar de pureza espol. Mayor consusión es esta. El Príncipe de Tartaria sigue la opiion contraria. Por mi dará la respuesta la pureza de un diamante. Hh blasfemo! bien sé yo que aunque la Infanta os le dio, no fue su honor inconstante, Esa es piadosa opinión. Esa es traición industriosa, Esa es defensa engañosa. Esa es rebelde intención, y así, porque la verdad tenga siempre heroico asiento y la mentira en el viento logre suinstabilidad. Aquí en presencia de todos, el cielo a quien me consagro, ha de obrar tan gran milagro que se han de ignorar los modo Ha quien de clarar pudiera quién es, quien será; y ha sido este Príncipe fingido! mas yo no puedo aunque quiera porque aunque fuera acabar con uno, y otro desvelo por justos juicios del cielo no lo puedo declarar. Sigismundo, vuestro honor, vuestra fama, y vuestro nombre, aunque Leucatan se asombre, tendrán el triunfo mayor, que para que esta verdad mas presto se conociese, pernutió Dios que mistiese la Infanta con brevedad, Luego es muerta? Estad atento, que agora conoceréis lo que al cielo le debéis viéndole obrar el portento, porque como es el valor del honor tan soberano, remite el cielo a su mano la defensa del honor. Y así en el nombre inefable del que es luma providencia, y que ha de durar su esencia aún más que lo perdurable, A ti república breve, que con caduco sosiego, si fuiste alcázar de fuego, ya eres montaña de nieve, sino incurriste en la culpa que te están adjudicando, que resucites te mando para ilustrar tu disculpa. Ay de mí! . Auristela es viva. Dichosa mi suerte ha sido. En haberla conducido . a que nuevamente viva estriba su perdición, porque ella se ha de obligar, y de nuevo ha de empezar la guerra de su afición. Hay prodigio más extraño! Quién vio portento mayor! Ya yo salí de mi error! . Ya yo salí de mi engaño! . Auristela, ya que unida la materia con la forma, segunda vez se conforma la fábrica de tu vida, vive, alienta, triunfa, aclama, erece, áspira, premia, emprendo porque ya tu honor enciende las antorchas de tu fama, Y ran otra llego a ser, que si en este laberinto llegué a querer a Jacinto, ya no le llego a querer, porque impulso más que humano hace que en mi corazón me lleve la inclinación a querer a Claudiano. Todas son hechicerias. Solo Dios milagros hace, De nuevo mi vida nace. Pues si de nuevo porfías, a ser blasón soberano, siempre se ha quedado en pie la batalla que empece a tener con Claudiano. Y así en la campaña espero para ensalzar mi memoria, que aunque no espero la gloria quitarle la gloria quiero. ̱ Yo sé que no has de poder, Mi poder es inmortal. Más fuerte es el celestial. Nadie me podrá vencer. Yo te pienso ver postrado. Nunca mi brazo ha temido, Yo sé qué cobarde has sido. Fue porque soy desdichado, Pues si desdichado eres, y buscas alto lugar, no te llegues a quejar si despeñado te vieres,

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Ah pesía a tantos advientos, ha pesía a tantas vigilias, tantas temporas con pico, tantas Cuárelmás con guía, tanto poraje a la brida, tanta espinaca en conserva, y tanto arroz en alminar, que con unos, y con otros parecen mis pobres tripas a medio día laguna, y a media noche hortaliza. Ni yo profesé de estanque, ni he sido charco en mi vida, ni en los jardines de Cipre mi estomago se avecina, para que peces, y plantas, verduras, y sabandijas tengan dentro de mis carnes sus calas, y sus familias. Para régalo del hombre la naturareza cría carne que la carne aumenta sangre que la sangre limpia, que aunque en los tres enemigos, que son de todas las vidas, en los Veranos mosquitos, y en los Inviernos abispas, dicen que hay carne, tan mala, que a ser veneno se inclina, no es esa la que el régalo de los hombres multíplica, si no la que eternamente nos destruye, y nos marchita, porque para hacernos costa, salió de nuestra costilla; Conejos que se parecen a los pajes sin camisa, que en Invierno, y en Verano comen poco, y mucho crían. Perdices que en este tiempo toda mujer las imita, mucha pluma por abajo, gran pechuga por arriba. Capones, que los avaros siguen su propia dolmina, porque tiene muchas bolsas, y ninguna para vista? Pollas, que como doncellas, de doce años para arriba, entre Libra, y entre Virgo siempre se apartan de Libra, Estos si que son manjares, que las carnes multiplican, porque en la plana del hombre por muy poco que se impriman, esta lleno de sustancia el cuaderno de la vida, y no pescado abadejo, que albino de agora imita, pues parece más hereje, al paso que le bautizan, porque suelo yo comer doce libras cada día, y me hace tanto provecho, como si las tales libras, ni salieran de la mar, ni entraran en la cocina. Y así mientras que lacinto, ya con una pelotilla, ya con canelones duros las carnes se martitiza, que como si al Resitorio entrata por ellas mismas, ha dado en abrir sus carnes con una llave de spinas; vengo yo, tomo, y que hago, entre si crista, o no crista, sin que ninguno me oyese decir esta boca es mía, métime en un gallinero, adonde estaban dos crías de pollos, tan bien criados, que con muchísima prisa, si se vienen a los ojo, de las manos se desvían, porque estaban tan briosos, que cuando al verme corrían, parecían todos juntos. al precipitarse, chispar; y al disminuirse, pollos; y al desparecerse, ardillas, si bien estos al subir por unas tapias arriba, pusieron pies en pared, y cayeron de costillas. Y así yo estoi tan resuelto a que en mi estomago asistan, que aunque está diciendo pio, Eneas no se lastima, porque vienen condenados por mi culpa, y su desdicha a degollación eterna, y a desnudez infinita. Aunque no soy yo él primero que ha gustado en esta vida de que pague la inocencia lo que debe la malicia. Pero Fray Jacinto viene, y si mi yerro imagina, de colación de azotea tendré valientes albriesas. Hay pollos de mis entrañas, juraralo yo que había de venir sobre vosotros el agraz de mi desdicha. Pollos de mi vida os hice, pero si Jacinto os mira, dejaréis de ser los pollos, y los pollos de mi vida. Mas quiero disimularme, y ponerme de rodillas, s fingiendo que estoy agora con alma contemplativa, que muchos hay en el siglo. que con opinión bien quista se arroban en las Iglesias. y roban en las Elmitas; Y puesto que ben de morir los pollos a letra vista, y yo tan gallina soy, que el temor me martiriza, mis habitos han de ser las alas de la gallina, y los pollos han de estar metidos en la capilla. Fray Cúbilete. Esto es malo: Señor pues las culpas mías son tantas . Fray Cubilete. otra vez? vuestra justicia s no fulmine contra mí el rayo de vuestras iras. Fray Gubilete, está sordo? No hay peor sordo en esta vida, que aquel que escuchar no quiere: . pues sois piedad infinita, tenedla de un pecador, que a vuestras plantas se humillas y así no dirán los pollos, pero por más que lo digan, mirando está Cubilete, y él de nadie se dolía, Padre, levántele presto Padre, levántese aprisa, ya la Sacristia vaya. Hh pese al Sacristia! Padre, no habrá media hora a que mi corazón na dita e esta oración mental, y en esta oración mentira, y así le pido licencia, así Dios se lo reciba, pare encomendirme aDios, y para ver si se lilran, . mis posos, y mis espaldas de una fuerte diciplina, Entrareme hasta su celda. Padre, pona de obediencia No hay mal que yo no configaap. . Pues sentándome en el suelo par daros pesadumbre. Ya conozco la malicia del rigor de este tirano. Padre, a pedirle justicia vengo hasta su celda propia. Pues no le tarde en pedirla. Digo, que este mismo Fraile, que agora está de rodillas, habrá dos horas cabales, que estando en la Porteria me compró unos pollos, Yo? Y diciéndome que iba, por el dinero a celda. Hay mayor bellaquería? . con los huenos, o los pollos hemos dado en la ceniza. No ha vuelto con el dinero, y así la razón me obliga aque ya que no me paga, a vos el temedio os pida, Pues Fra, Cubilete. Padre, ni yo le he visto en mi vida, ni a la Por eriallo mas ha de cuarenta días. Pues como en pie se levante le declarará sta enigma, porque los tiene lebajo del habito. ̱. Esta desdicha solo pudo sucederles a una suegra, y a una tía, que son gente perniciosa, y es justo que las persigan: mas no a mí, que soy tan bueno desde que llore sola Pila, que un marido de buen alma no tiene menos malicia. no esté ahora de rodillas. descansaré más aprisa. Digo que en pie se levante. Pues yo al reves lo entendia, y vive Dios que lo entiendo mas derecho que una vira, demé labrador la mano, porque con la diciplina mortificación, y ayunos tengo las fuerzas marchitas. Tome, levántese Padre. Ay Jesús, que me lastima, que me abrasa, que me enciende, que me tuesta, que me atiza, que me alquitrana, y azufra, que me centella, y me chispa, hombre villano, o demonio, que infierno en la mano animas que como si hubiera estado mi mano en unas parrillas, puede jurar de torrezno, y profesar de salchicha? Mire, Padre, como es cierta mi verdad. Y su mentira ya no dirá que es engaño lo que el buen hombre acredita Padre. No me diga nada, yáyase a la Sacristia, y prevéngase muy presto para una gran diciplina. Padre, soy muy delicado, y los azores me lijan. No faltará penitencia que con su valor se mida. Padre, pues está en su mano, busquémela muy jarifa, que soy de barro, y me quiebro de cualquiera niñeria. Esta es permisión del cielo, . porque como yo quería quebrar el mayor precepto. que mi Religión sublima, me ha dado con la del Martes la vara de su justicia. Tomad los pollos, buen hombres y con ser tanta mi pena, Agora veré si estriba. su santidad en la gracia: Padre, vivos los traía cuando los vendí, y agora están los pollos sin vida, y no habrá quien me los compre. Cómo aprieta su malicia! . pues con esta bendición se remedia esta desdicha, Ah desdichada fortuna! . ha infelice suerte mía! Arbitro de la gloria, . Que merezca tanto un hombre de materia quebradiza, que siendo Dios infinito; pueda ser su imagen misma! y que a mí, que gozo a gozo le conté sus alegrías, y en el ardor de su gloria rayos bebí con la vista, me tenga tan abatido, que ya la cerbiz me oprima un hombre, que antes de verme en tan funesta tuina, donde yo pongo las plantas, pudiera poner la risa? Temblando estoy de congoja, ardiendo estoy de fatiga, no es tanta como mi envidia, Si Dios me tiene olvidado, para que su bien me asista, porque se acuerda de mí para que mi mal me aflija? Ya no es Dios de las venganzas, ya no se abrasan sus iras, baje el brazo, baje el brazo de su justicia infinita, que no será mucha hazaña. por lo que yo merecía, que me olnide para el daño, ya quespara el bien me olvida; destino uverlal de las ideas, que solo en tu memoria tanto descanso empieas, que ni áspiras, ni aclamas, ni deseas: Deidad que eternamente. naciendo vives, y viviendo naces, y en Solio reverente tantos prodigios haces, que solo de tu acción te satisfaces. Este bajel fundado en fuego, en tierra, en llanto, en polvo, en y que le ve anegado, si tolo un elemento no concurre a su fácil movimiento. A ti, Señor, se erige, porque solo tu brazo poderoso ministra, enseña, y rige desde el que es más dichoso hasta el que nunca espera tu reposo, Y así, Señor Divino, puesto que por el golfo de mis años pobre bajel camino, librame en mis engaños del rebelde pirata de los daños. Mas si quieres vengarte a costa de mis propias alegrías del que intenta injuriarte, crezcan mis agonias, porque penas por Dios son glorias mías. Fray Jacinto . Este es el día en que a la mayor tristeza puede vencer mi alegría, porque a ensalzar mi bajeza viene el Príncipe de Ungría. Si todo lo merecéis, poco os da el que nada os honra, Antes, aunque perdonéis, es ya de masiada honra, señor, la que vos me hacéis, que el lagar en que un gusano vive por ley natutal, no se ha de ver tan ufano, que merezca ser sitial de un Príncipe soberano. Porque aquel que es inferior si se precia de advertido, como no estima el valor cuando está más abatido, entonces está mejor. Mas ya que de tal manera, señor, me, habéis ilustrado, saber mi afición quisiera; que deseo; o qué cuidado os trujo a mi humilde esfera? Que me aconsejéis querría en la mayor confusión que darme el cielo podía, porque está mi perfección en vuestra sabiduria, que si con vos me aconsejo cuando no acierte mi labio, será acertar con despejo, porque aún lo que hierra un sabio puede servir de consejo. Y puesto que esto es verdad, y que no hay quien no se incline a seguir vuestra humildad, digo que a Polonia vine con pocafelieldad, porque desde que salí de Ungría fue tal mi suerte, que la vida aborrecí, porque mi vida, y mi muerte fue mi vida para mí. Llegué a Polonia, y juzgando que me esperaba el favor el mal me estaba esperando, porque halle helado el amor, por quien me vine abrasando. Llegué a mirar los despojos de Autistela, y su albedrío tenía, por darme enojos, la memoria en el Estío, y en el Ocaso los ojos. Quise adorar su hermosura, y por llegármea enseñar que no hay ventura segura, quiso que hallase el pesar en medio de la ventura. Y agora que entre la calma de mis locas fantasías, tanto mi ardor se desalma, que asaltan las agonias los homenajes del alma, veo que alable Auristela. mudando de acción, de intento, ya por mi amor se desvela, ya trueca el mal en contento, y ya en favor la cautela. Aquel cariño dudoso, que neutrales visos daba, vive ya tan amoroso; que allí se distimulaba, o aquí es veneno sabroso. Mas como, aquella extrañeza, y este favor se han formado. de un pecho, y de una belleza culpo el desprecio pasado, y condeno esta fineza. Porque como puede ser que sin llegarle a obligar pueda tanto una mujer, que al que ayer la dio pesar, hoy le llegue a dar placer? Y así tan dudoso estoy en las desdichas pasadas, como en las dichas de hoy, porque o todas son forzadas, o yo no fui lo que soy. Luego si soy lo que fui, y merecí en el rigor cuanto en el bien merecí, su desdén; y su favor son rigores para mí, Y así excusarme preto de bien tan accidental, que al nacer se está mura porque en el bien, y en él? no quiero estar padeciendo. Deciame vos si está bien, que a quién bien por mal me ha dado, y mal me ha dado por bien, dé yo desdén por cuidado, y cuidado por desdén? Porque conviene que vos, bien de Polonia leáis; y porque el yerro en que estáis es grave ofensa de Dios, la prudencia de los dos inmortal la hemos de hacer, yo llegando a obedecer a un Príncipe soberano, y vos siendo tan Cististiano que os dé la verdad placer. Decís, señor, que hoy os ama la que haber os despreció, y que la fe que os negó ya os la concede su fama, pues que beldad no se infama si al primer ardor que siente no se reprime prudente, porque arguye hulandad si al nacer la voluntad le abrelura el accidente? No almitiros, no fue dar indicies de aborrecer, porque os pudiera querer sin dar noticias de amar. Quién tiene honor que estimar ni cuando le tiene avisa, porque el honor sabe tanto, que por excusarse un llanto, suele negarse unarisa. Enronces lugar pequeño, su tierno amor ocupana, porque tan dudoso estaba, que siendo amor era sueño, mas como creció su empeño en fuerza, en brío, en valor, ya es tan discreto su amor, que por pagar lo que os debe, a salir tras vos se atreve por delante del honor. Luego el desprecio pasado, y el favor reconocido, prodigios de amor han sido hijos de un mismo cuidado. Amor niño, amor armado nacen de un mismo accidente, y así como su amor siente el pesar que ayer os dio, lo que como niño erro, lo acierta como prudente, Y agora, si vuestro intento sigue otra opinión malquista, poco importa que a la vista tengáis el conocimiento; pero si en vos hace asiento la fuerza de la verdad, la que os he dicho estimad, porque a la vista del daño, es el menor desengaño la mayor felicidad. Ya que en mi es acción posible vengo con pecho importuno, . invisible para el uno, y para el otro visible. Jacinto en fin me ha de ver, porque al ser con él tirano, no viéndome Claudiano no le podrá defender, que según mi inteligencia seguro, y resuelto voy, pues para decir quien soy no le da el cielo licencia. Padre ne esté tan despacio, despache con brevedan, que viene su Majestad a verle desde Palacio, y según tras el decreto el que del caso me avisa viene el coche muy aprisa, porque viene de secreto. Y así, pues que ya no ignora? que tan presto ha de venir, el salirle a recibir será muy preciso agora, que yo con mucha alegría para verle más de verás, como diez mil jugaderas me voy a la Porteria. . Pues yo me voy satisfecho a estimar vuestro favor. A Fray Jacinto. Ah traidor! Quién os llamó? Yo sospecho que no le ve Claudino. . Jacinto. Aquí se articula la voz, y se disimula el dueño de ella. Ah tirano! él no quiete que le vea el Príncipe, y pues cruel se hace invisible con él, hacerle algún mal desea. Mas ya que el Príncipe está con quien su sosiego estima, aunque Leucatan me oprima, mi valor se le opondrá: traidor, tirano, atrevido. Quién ofenderos procura? Ya que es necia tu locura; yo pienso hacerte advertido. Por mi bien, y vuestro bien, decid quién os da desvelo? No me da licencia el cielo para que os declare quien; mas yo valgo por los dos, el que a la campaña sale contra el que va contra Dios: espera, tirano, espera. i Ya está el Rey en el Convento, . Señor, amparadme vos. y para que su tormento . . Autistela con los dos, . ocupe más alta esfera, la forma quiero tomar de Auristela. Espera, aguarda, que ni tu ardor me acobarda, ni yo te llego a temblar: válgame el cielo; Auristela. entró vuestra tiranía? Contra mi sacáis la espada? Señora. . Ya es excusada la logra el demonio aquí, y así esta forma ha tomado por darnos mayor cuidado al Príncipe al Rey, y a mí. Quédense, Panter, que yo a solas le quiero hablar. Ya el Rey debe de llegar, y si llega el Rey, quien vio tan escandaloso empeño! Si agora el Rey no es cobarde, fuerza es que lacinto aguarde, o su afrenta, o su despeño. que por muchos hombres vale Estación que es tan dichosa sin ofensa de las leyes, la pueden andar los Reyes, pero ya es escandalosa: honor, en gran riesgo estás! donde no ha entrado jamás ni aún aliento de mujer? Vive Dios que aún la prudencia de la mayor experiencia tiene aquí mucho que hacer! Jacinto, Príncipe, Infanta? No fue, aunque fue por regalo la de los palos tan mala. Como en los tres se adelanta con tanto ardor la osadía, que adonde con su arrebol, aunque entra temblando el Sol, Sacadme de aquesta duda, venced estas confusiones. No acierto a forar razones. la disculpa . Esta cautela ̱ . Ya están mis palabras mudas, Señor, con hechicerias, que este hipocrita introduce, a este lugar me conduce contra inclinaciones más, y así empíézate a vengar, si eres cuerdo, y si eres sabio. h . Pues por ti empieza mi agravio, y por ti quiero empezar. No lograrás tu intención, que llevo alas en los pies. Mas veloz que el viento es la fuerza de la razón, mas ya con horrible modo me impide el infierno el paso: Señor, el dolor que paso avos os le ofrezco todo. Ya conozco esta cautela, ya el cielo da testimonio de que ha ayudado el demonio de la forma de Autistela, fabricando su impiedad, tan confuso laberinto, quiso apagar en Jacinto la luz de la santidad; y así el postrarme a sus pies es ya fineza precisa; porque lo que un Santo pisa, pedazo del cielo es. Gran prodigio, gran portento, a esas platas me consagro. Señor del mayor milagro solo es Dios el instrumento, a él solo habéis de ensalzar, pues que sois su imagen vos, porque solamente a Dios los Reyes se han de postrar. Claudiano estaba conmigo ponderando obligaciones, cuando a lograr sin razones entró el mayor enemigo, mas donde el cielo acredita las cansas de la inocencia, y la piedad resucita. Y así si aquí me ilustráis los dos honrando estás sillas, contaré las maravillas que de mi dicha ignoráis. Si vos ossentáis también, será el rato más dichoso. Para un pobre Religioso, este asiento asienta bien; pero antes de discurrir por uno, y otro portento, saber quisiera el intento que aquí os obligó a venir? Lo primero es apagaros la visita que me hicisteis cuando a Polonia volvisteis, y lo segundo a escucharos lo que os pudo sucecer en vuestra feliz jornada. Pues si escucharme os agrad será fuerza obedecer: Amiense, una Villa ilustre que pace a muy pocas leguas de la Corte de Polonia, es mi patria, y es mi esfera. Alí observaron mis padres el candor de su nobleza, tanto que ni las envidias, ni las edades se precian, de que el cierzo deloluido Era yo pimpollo tierno en la infante Primavera, donde la flor de mis años nnía estaba tan poco cerca, que aún no brotaba primicias de coronar las florestas, cuando de uno en otro grado desde las menores letras fue pasando mi discurso hasta las que a Dios contemplan. Honrome la Teolojia, no porque yo lo merezca, sino porque los blasones, que distribuyen las ciencias, solo vinculan sus glorias donde más las reverencian. La Catedral de Cracobia, docta como antigua Iglesía, me honró en una Canonjia, constituyéndome en ella, hasta que el Obispo Ibon, sangre que ilustra mis venas, porque él, y mi padre fueron partos de una causa misma. Gustó de llevarme a Roma, aquí mis dichas empiezan, que el ser Religioso, es cierto que alguna deidad encierra. Porque aunque a mí me sobraban tantas honras, que con ellas pudiera desvanecerse el juicio de la soberbia, hasta que alentaba impulsos la inclinación de la idea, de investigar Religiones, no tuve ventura cierta Llegó a esta sazón de España aquel Varón, cuya Estrella, porque jamás se ignorase, que tuvo el cielo en la tierra, en el cielo de su frente lm nació por naturaleza, Llegó en fin Domingo a Roma, donde su virtud, suciencia, su ejemplo; su perfección, su santidad, su nobleza, sembraron tantas victorias, cogieron tantas empresas, que dilatando su nombre por las Provincias diversas, andaba la admiración tan veloz en las esferas, que la voz de tu alabanza empezaba en nuestras lenguar? y se adababan los ecos mas allá de las Estrellas. Fue tanta lasimpatia que a un tiempo en los dos se aumenta; que parece que nacimos debajo de una influencia. Su destino, y mi destino imán de sí mismos eran, tanto que ha traído el uno de él otro a una misma esferal Dándose a un tiempo las manor una Estrella, y otra Estrella, hizo tal fuerza la suya como estaba en más firmeza, que sacando de su centro mis sentidos, y potencias, me subió a tan alta vida dentro de mi vida misma, que vistiéndome estás galas que son la mayor grandeza, siendo la Igiesia tan noble, me desposó con la Iglesia, porque hay tal fuerza en un santo como es Dios su misma fuerza, que si un pecador le llama, y él al pecador se acerca, puede mejorar su vida solamente con las señas; y como el que vive ocioso tarde a los méritos llega, porque en la viña de Dios quien más trabaja más medra, Fue orden de mi Presado que a Polonia me volviera, tal vez fabricando Templos, tal vez prodicando ciencias. Mas yo que lo deseaba; el precepto escucho apenas, cuando de obedientes pasos empiezo a poblar la tierra, porque aunque en Dios hubo tantas victorias que se asistieran; ninguna le hizo más grande, que el acto de la obediencia. En la Ciudad Frisacente: hice la estación primera, en cuyo distrito estaba la Fe con tan pocas fuerzas, que zozobrando los ritos? tirubeaba la Iglesía. simí Si bien de Dios la palabra, siendo instrumento mi lengua; penetraba corazones, entrando por las orejas, que aunque eran puertas del ala, y allí no estaban abiertas, pudo la palabra tanto, que conquistó las esferas, porque la voz de la gracias, es llave de todas puertas. Rindiose la rebeldía, y los que con almas ciegas tropezando en sus delitos. cajan en sus ofensas. Abrieron a un tiempo todos los ojos de las conciencias, y en las tinieblas del riesgo viendo la luz más perfecta, fueron siguiendo la luz, y dejaron las tinieblas. En ciento y ochenta días sun dle tu Convento, y pudiera, según las almas desotas que iban siguiendo mis huellas, fundar cuarenta Conventos en menos de los ochenta Pasé a Cracovia, y allí como estaba tan entera la Fen, que sabre sus hombros pudiera el cielo hacer fuerza. En poco tiempo funde a Convento en quien las letrar florecerán tantos siglos, que de memoria se pierdan. En fin, para no cansaros, toda la circunferencia de Polonia he discurrido, adonde fundadas quedan cuatro Casas de mi Orden, con tan prodiga opulencia de Religiosos, que puede. el mumen de las Estrellas, o redpoirse a guarismo, o admitir sus competencias. Y cuando de este viaje congojas, cansancios, penas, aesian disgustos, pelares, hielos, rayos, inclemencias, hamores, envidias, contrarios, tempestades, y tormentas, luzgué que del sufrimienzo eranlas mayores pruebas. Llegué a vuestro Solio Augusa donde en abreviada esfera halld a Vuestra Majestad que viva edades eternas, con una duda en la honra, con una honra en la queja, con una queja en la vida, con una vida sin fuerza, con una fuerza sin voz, y con una voz sin lengua; y poniendo en dos valanzas mis congojas, y las vuestras, la valanza de las mías no pudo hacer competencia, porque las mías no pasan del pecho que las encierra; pero las vuestras llegaron aser del honor sospechas, y sospechas del honor son las que todo lo pesan, mas como donde no hay culpa tanto la verdad se alienta, que hasta el oído de Dios llega el clamor de sus quejas, Oyó Dios aclamaciones. de la verdad de Auristela, y amparando su justicia con toda su providencia trocó en losiego el cuidado; trocó en placer la tristeza, trocó en descanso la injuria, trocó en con cordía la guerra, para que vos Claudiano, la Infanta, y vuestra prudencia, tengáis por siglos eternos dichas, aplausos, grandezas, laureles, Coronas, triunfos, glorias, trofeos, empresas, y sobre todo, la paz, que es lo que un Reino conserva. el que contra mi se empeña, Qué divino Religioso! . Qué santidad tan inmensa! . y tengo sangre de un César, Vuestra Majestad, señor, si también me da licencia, puesto que aquesta jornada nos toca el contarla a medias, porque sino pegadillo, fui colateral en ella, escuche una relación decien coluvas de letrás. Cubuere. . Lo tumbién tengo boca, y tengo lengua, y zl organo de mi voz no le ha faltado la recla. para entonar mis viajes por la mar, y por la tierra Cuando extemos más de espacio oiremos, Padre, la vuestra, porque agora como sabe, el Príncipe nos espera Leucatan en la campaña, para que las armas sean las que elijan digno dueño de la mano de Auristela. Y así Claudiano vos, pues es la causa tan vuestra, no habéis de ser el postrero que ha de ocupar la palestra, que yo para estar presente, porque ha de ser en la Vega que en la otra margen del río se ánima de Primaveras, previne a los marineros que un bajel fletado tengan para llegar más aprisa, donda más dichoso os vea. Este, señor, es el día que ha tanto que le desean mi valor, y mi esperanza, y vive Dios que me pesa de que sea un hombre solo que soy Príncipe de Ungría, que en mí, y en él la han tenido desde donde el Sol despierta, en tálamo de jazmines hasta donde se despeña por peñascos de claveles, y piélagos de azucenas. h No puedes entrar villano. Yo tengo de entrar por fuerza presente. Mira que está el Re, Aunque esté aquí el César tengo de entrar. . Laurencio, quién habla de esa manera? Un villano, que pretende entrarse aquí sin licencia. Dejadle entrar, podrá ser que a pedir justicia venga, y los que han de hacer justicia, a nadie cierran la puerta. Padre Fray Jacinto, el cielo, o por castigar ofensas, o porque nuestra fortuna; nuestra ruina convierta, se bre aquellas heredades, Paises de aquellas Vegas, fulminando el fuego ravos, granizando el Sol Estrellas, muchas escuadras de espigas, muchas familias de ovejas, resueltas en humo, y polvo parecen sobre la selva, o terrómotos de sombra, o remolinos de niebla. Y así, pues sois en Polonia quien tantos males remedia, remediad el mayor daño que vio la naturaleza; desde aquí podéis mirar desdicha tan manifiesta, que hasta los que no la alcanzan por asombrosa la tiemblan. h . Cielos, que horribles asombror! Qué confusión tan tremenda! Sin duda que se levantan, . porque el Príncipe no pueda salir a dar la batalla de hacer asombros se precia, porque es la Ven misma donde ha de ser la contienda; pero ya el cielo piadoso ha vuelto por la inocencia, y del infierno la industria corrida, y buriada queda. Labrador, por más aprisa que a tus heredades vuelvas, no podrás llegar tan presto como el remedio que esperas, porque ya están las campañas pobladas de espigas nuevas, y de ovejas numerosas todo ese valle se argenta. Vuelve los ojos, y admira que en Dios la piedad inmensa, cuando son las causas justas, todos los daños remedia. h . Hay maravilla más grande! deja que mis labios sean el lugar donde tus plantas largo tiempo se suspendan. En esta casa está el cielo. . Dios en supecho se encierra . Vete en paz, buen labrador, y pues Dios de ti se acuerda, tanto, que viniendo pobre gusta de qué rico vuelvas, no seas tú tan ingrato, que después de la cosecha no te acuerdes de que fuiste pobre con tanta violencia, y de los pobres la sangre quieras llevar por tu hacienda. La cabeza duele a muchos de hablar palabras inmensas, y yo de no hablar ninguna llevo dolor de cabeza. . Corrido estoy, estoy avergonzado de la poca constancia de mi suerte, soñado es mi poder, y tan soñado, que menos libre está, cuando es más fuerte; que importa que blasone mi cuidado de que soy más horrible que la muerte, si todas las hazañas que concibo; en cuadernos de espuma las escribo? Si consulto ardimientos de mi enojo, desvanecido en tanta pesadumbre, en piélagos de cólera me arrojo, y me anego en escándalos de lumbre; si arrebatadamente me congojo, trepando de mis ansias a la cumbre, cuando estoy con la mano en las almenas le desquician los ejes de mis penas. Yo coroné de Estío estás campañas, y poblando las mieses de fatigas, segur de fuego destronco las cañas, y langosta de lumbre las espigas: yo rombí de la tierra las entrañas, y hallándolas de penas tan mendigas, porque fuesen sus llantos más prolijos, las tire las cenizas de sus hijos. Y cuando entre alborozos me anegaba, que fueron regocijos de mi aliento, las olas de lamentos que escuchaba, opusose la gracia a mi ardimiento, y de aquellas cenizas que observaba la urna universal de un elemento, sirviendo la piedad de agricultura respiraron las selvas hermosura. Pues si apenas mi áfanse satisface de que la idea del mortal padece, cuando efimera llama se deshace, y caduca ilusión se desvanece; como el impulso de mis odios nace? como el aliento de mis iras crece? como no me estremezco yo a mí mismo? y cozobro en las ondas de mi hismo? Llega este barco a la orilla, que segunva de ligero pasado por agua espero, que ha de moris en tortilla, y más quiere mi albedrío en tan peligrosa querra Cubilete en la tierra, que no Leandro en el río. Ya el salir es facil cosa. Claudiano, y Jacinto llegan, y si agora no se anegan, es porque más lastimosa ocasión pienso buscar en que se aneguan los dos. A Dios buen barquero, a Dios. Yo me quiero desviar, y desde aquel pardo risco, que en los cristales se admira, ya por una parte pira, y ya por otra obelisco, la impiedad de mi desvelo los piensa hacer tanta guerra, que lamentos de la tierra escandalicen el cielo. Ya os espera el de Tartaria. Con tan celestial padrino, mhabrá infelice destino, ni habrá fortuna contraria. Príncipe grande de Ungría, divino es vuestro embarazo, porque adiestra el cielo el brazo de quien del cielo confía. Amparaos del cielo vos, que el contrario que os espera aunque a Dios llamar quisiera, no puede ampatarle Dios. Tan sujeto está su ser a no poderte ayudar, que ni advios puede llamar, ni Dios le puede valer. Porque de la ardor el brío tan esclava estrella alcanza, que le niegan la esperanza, y le falta el albedrío. Sobre sucruel locura funda su felicidad, y nunca fue la impiedad custodia de la ventura. Porque aunque el más animoso mas dichas haya tevido, mientras piadoso no ha sido, no diga que fue dichoso. Que al ser Dios Dios de venganz tan Dios como agora era, porque ni mengua su esfera, ni mayor aumento alcanza; pero después que los dos hombre, y Dios paces han hecho parece que está supecho cor más aumento de Dios, y al Padre, grande mal se ha engendrado de repente, porque la veloz corriente de ese líquido cristal ha crecido en tanta suma, que los barcos ha deshecho, y sus sepulcros ha hecho entre montañas de espuma, a nuestro Conmento llegan de las olas las porfías. Tantas son las ansias mías, que por si al agua se entregan viendo a su Reyzozobrar, así como el Rey entró con el esquise hace yo que el río parezca mar. que me anego, Claudiano, h . De Auristela es este acento. Ya entra el agua en el Covento Favor cielo soberano. Dos cosas por justa ley nos están llamando aquí, librar mi Convento a mí, y a vos amparar al Rey. Y así acudamos los dos, que nunca el cielo desdeña al que por su Rey se empeña, y al que muere por su Dios. Pues yo consigo este bien Pues yo también le consigo, El cielo vaya conmigo. Conmigo vaya también. Padre, Padre, no se arroje, y tome mi mal con sejo, que no ha nacido abadejo para que así se remoje. Ya se arrojaron al río, ya mis ansias se templaron, porque, o todos se anegaron o miente el discurso mío. Hay milagro más patente, hay mayores maravilles! Jacinto va derodillas sobre las crespas corrientes cercado de resplandores, que parecen celestiales, sin que los ricos cristales le ofendan con sus rigores, Restaurador de mi vida, en la ocasión más forzosa habéis sido, Claudiano. Para el valor que me sobra son las aguas losas duras, son tierra firme las olas: quedaos aquí mientras vuelvo por la Infanta mi señora, que aunque es infinita el agua, es más fuego el que me informa, Ha ilustre sangre de Ungría, siempre te precias de heroica! Que tanto me oprima el cielo, que apenas mis penas tocan . la esfera del regocijo cuando de nuevo me enojan! Cielos; ya vuelve Jacinto con resplandores de gloria, en una mano la Reina, que los Ángeles adoran, y en otra mano el Divino Sacramento en su Custodia. No hay mal que no me suceda, rabio de pena, y congoja, ningún bien se me asegura, ningún rigor se me logra, y tantos pesares juntos continvamente me acosan, que parece que está Dios meditando en mis zozobras; Por el mar de las desdichas mal me ofendieran las olas, si al bajel de mis potencias le han servido de custodia la Estrella de las piedades, y el Sol de misericordia. Atlante de todo el cielo son estos brazos agora, porque ya descansa en ellos la más peregrina antorcha, Y yo también he salido. asida de mi señora, porque han sido sus basquiñas. por entre las verdes ovas, cabo de buena esperanza, y principio de mis glorias. Y así, pues soy Castañera, y el agua no me lo estorba, bailaré el agua adelante. hasta que me vuelva loca. Dejadme que en vuestras manos, las mías, Príncipe, ponga; para hacer pleito homenaje; de que si Dios no lo estorba, o ha de ser vuestra mi vida, o ha de ser mi dicha corta. Pues no deshagáis ellazo que agora las manos forman, porque para que estás dichas tengan la mayor victoria, ya que está el Aar presente, donde agora se coloca. junto a la llama del Sol, la más pura mariposa que de cuanto en mi Convento la corriente presurosa. desbarató con los golpes, de las cristalinas vombas, me precie de reservar solamente estas dos joyas, porque solas estás valen todo lo que Dios importa: volved agora los ojos a esa peña dura, y bronca, veréis como el de Tartaria. os desengaña, y asombra. Ya perdí las esperanzas, ya no hay poder que se oponga contra el pecho de Jacinto, porque es invencible roca, y parece que su vida. la honra del cielo importa; pues cuando intenta mi brazo despedazarle la honra, se pone el cielo delante, y el riesgo del golpe estorba: y así ya que el mismo cielo tanto me aflije, y congoja, reniego de su justicia, y de su misericordia. h ,, Ve a parar a los abismos, porque esa es tu patria propia. Gran prodigio! Gran portento! Y pues ya el caelo nos honra, desterrando las desdichas, y dilatando las glorias, ya que el Príncipe la mano de Auristela tiene, y goza, digo en nombre de Auristela, que se la ofrece de esposa. A quién me ha dado la vida, la mano es dadiva corta. Prometiéndole a Jacinto que se fabrique a mi costa un Templo, donde traslade tan soberanas Antorchas, que erigir Templos a Dios es Divina ceremonía. Aquí da sin la Comedia del Prodigio de Polonia, y yo que soy por serviros, Cubilete de Corona, digo en nombre del Poeta que os pido perdón agora, porque en la segunda parte tenga buen fin esta historia.