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Texto digital de Los príncipes de Tesalia

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan de Cabeza
Atribución estilometría
Juan de Cabeza Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la edición de la Parte I de Comedias del maestro Juan Cabeza (1662).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los príncipes de Tesalia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/principes-de-tesalia-los.

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LOS PRÍNCIPES DE TESALIA

JORNADA PRIMERA

No me tengas, Margarita, déjame, mi bien, que estoy para rogar a los Cielos me mate un rayo veloz. Por qué te vas, porqué Carlos? acaso Carlos soy yo el motivo de tu ausencia? de partirte la ocasión? Fácil ser á desasirme de tu mano, que el valor como la mira de nieve deshacerla no temió. Tropezón ayudame, Soy señora Tropezón, y solo ayudo a caer. Ya que no puede mi amor, ya que no puede mi pecho, ni tampoco el corazón, que desatado en cristales, sale en humedo vapor por los ojos como mudo, y por la boca con voz, deténgare el conocer, que en aquesta población te estiman todos, te quieren por su Rey, por su señor, que aunque su Imperio domina de Teágenes la acción, que es Príncipe de Tesalia, y Monarca superior, si sales acaso al prado, te rinden aclamación, el tigre, el oso, las aves, el prado, el agua, y la flor, desde el más pequeño bruto, hasta el más fiero león, y tanto los mandas ya, que pudiera tu valor alzarse con este Imperio, alegando posesión. No podrás bello prodigio tenerme, que el corazón áspira a mayor fortuna, que al mirar tu gran valor, como te tiene en su concha, cuerdo, y sabio conoció, que yo para merecerte, soy villano, y pobre soy. Si el aljófar de mis ojos, que ahora se despeñó, no es rémora, que detenga tu mal vista sinrazón, aliento tiene la lengua, ecos sobran a mi voz, que será si tú me escuchas para tus plantas prisión. Pues habla si ha de ser presto. Será la lengua veloz. Rigiendo en Tracia el Imperio Federico de Colona, que hoy domina por su muerte el Príncipe de Cacrobia, casó con Nise, heredera de la Corona Imperiosa, que hoy de Ansberto la Cabeza con su rico laurel dora. Estaba preñada Nise, y era su salud tan corta, que la trujeron de Tracia a Tesalia, que frondosa diera a su salud alivio, y remedio a su congoja. Era aficionada acaza tan varonil, y briosa, que sobre un monte de nieve, rayo viviente de aljófar. Con solos cuatro criados salió al prado de amápolas, y apenas sobre sus flores puso la erradura bronca. El caballo, a su relincho salió una fiera ganchosa de entre las ramas, que a trecho, ya la alivian, ya la estorban. Viola la Reina, y veloz con priesa el arco enarbola, ya diez pasos le arrojó una saeta, tan pronta, que coronó su cabeza con una airosa garzota. Sintiose la fiera herida, y al ver su muerte notoria, veloz a una fuente corre, pero la Palas hermosa, picó con brío al caballo, que al sentir la punta sorda tan veloz partió ligero, que en la montaña arenosa, no estampó las erraduras, porque en carrera tan pronta, no tuvo lugar la arena para tomarle sus formas. Tan ligero corrió el bruto; que al mirar desde una roca Jerardo, que veloz corre, y que apriesa el viento corta, creyó que el bruto volava, y no juzgó en tal zozobra con muy poco fundamento, pues con la er radura airosa iba encendiendo las piedras, a cuyas centellas sordas, como era el bruto de nieve cuando pies, y manos dobla. Derritió los pies, y manos al incendio que eslabona; y así Carlos, no fue mucho que por montañas de rosas. volase, pues al mirarse sin los pies, que al Sol lo arrojan, apeló al vuelo el coraje, dejó el curso la congoja. Temerosa Nise entonces, dejó la rienda medrosa, porque detenerlo, era ponerle un rayo en la boca, cegose el bruto en el curso, y como rayo, que arroja ese globo de márfil, cuando el Euro airado sopla, chocó el bruto en una peña, y sobre una excelsa roca cayó Nise desmayada, y con él desmayo, y sola dio a luz una hermosa niña, porque las fuertes congojas la provocaron al parto entre el jazmín, y la rosa. Hallose cerca Gerardo ese, que en la Aldea corta tenemos los dos por padre, y obedecemos su sombra, llegó a la Reina, y mirando. sobre rizas amapolas aquí a la Reina sin alma; y allí una infanta llorosa, a la Aldea corría apriesa, y viendo que Tracia toda, le al Príncipe quería, y que poco antes su esposa lio a luz un hermoso niño, luego al instante le toma, vuelve al prado de clabeles, y viendo que estaba sola Nise, y siempre desmayada, sobre las flores hermosas puso el niño que traía, y envuelta en mantillas toscas la infanta le dio a un criado, que con una honesta pompa la llevase hasta la Aldea, y la entregase a su esposa, Volvió Nise, volvió, y luego de hierba sobre la alfombra, al Sol vio recién nacido, y conociéndose Aurora, dijo; vasallos de Tracia, ya tiene vuestra Corona Príncipe que la levante a la esfera luminosa; y viendo que le faltaban los criados que la apoyan, Jerardo le dijo todo lo que ignoró su memoria. Después que cobrada ya de las ansias lastimosas, el pecho cobro el aliento, y respiración la boca, los criados aportaron, y como estaba tan poca distancia la Aldea nuestra, la trajeron a esta choza, en que Jerardo nos tiene con pobreza tan notoria. Yo sol Carlos yo sol Carlos, yo soy la heredera sola de Tracia, yo sol la niña, que en esa monteña airosa parió Nise, y aunque no me conocen hasta ahora, fue porque estando a la muerte, de engaño tan a mi costa, la sacó Jerardo, y dando un papel, en que me nombra su legítima heredera, le pidió medio llorosa, que hasta que fuese ocasión de tomar estado, esconda esta noticia, y mirando que tú te ausentas agota, quiero que sepan en Tracia que soy su heredera heroica, que su diadema merezco, que es mía aquella Corona, para que calla la lengua? para que es muda la boca? si tú te ausentas, bien mío, rompa el pecho, el alma rompa, porque si te vas, yo muero, y si no vida me sobra. Mas con aqueso me allano a partirme por quererte, como puedo merecerte en la esfera de villano? No es tibieza el querer irse. Bien el desprecio se infiere. Tanto señora te quiere, que por ti intenta partirse. Ya que en mi desasosiego no te detiene fatal, ni en los ojos el cristal, ni en el corazón el fuego. Jerardo al campo vendrás a que te detenga aspiro, mas podrá que mi suspiro, mas que mi aliento podrá. . Qué cansada, y que pesada me estorbaba la partida. Si tú la envías corrida, no ha de ser mujer cansada. De Tesalia a la gran Corte me encamivan los deseos. Si vamos como correos, seremos hombres deporte. Bruto feroz, quién te anima? si ya aventajas al viento, vuelve acorrer, porque usurpas a los pájaros el vuelo. Qué es aquesto Tropezón? Válgame el Sagrado Cielo. El encontró con mi nombre, y cayó por esos cerros. Desvocado el bruto airoso desde ese monte soberbio lo arrojó veloz, y al golpe se mira ya sin aliento. En que es principal, no hay duda, bien lo vozea el aseo, con que en el vestir se porta, mucho su desdicha siento. Sabes en qué he reparado? En que tú el reparo has hecho? En que os parecéis los dos, como dos bizcos a un tuerto, y si quieres advertirlo, en ese arroyuelo terso, que sus cristales despeña, y después se está riendo, puedes mirarte, si acaso no te conoces tú mismo. Bien claro da el desengaño aqueste corriente espejo. Como se hizo una tortilla, os parecéis como huevos. Buena ocasión se me ofrece para mis nobles intentos el vestido he de quitarle, porque en la Corte sospecho que pende, la estimación del vestido, y no del dueño, Eso será desnudarlo, para dejarlo hecho un cuero. No será así Tropezón, porque según lo que veo, es persona printipal, pues trae su vestido negro debajo del de camino, ya la ropilla me prendo, la espada ciño, y me pongo en la cabeza el sombrero. Qué ajustado que te viene, hasta en lo grueso del cuerpo le pareces, en cintura para que te alcance has puesto la pretina. . Ese cadáver pongamos entre los fresnos, cuyos troncos de esmeralda lo encubrirán en lo espeso, y busca aquese caballo, que hipogrifo veloz siendo, se remontó a las Estrellas, de cuyo Olimpo soberbio precipitó aquese joven, que es lástima, y escarmiento. Al pie de aquesa montaña, de cuyo empinado ceño lo despeñó Faetón, hecho pedazos el freno está lamiendo a la hierba el sudor que está vertiendo. Pero de aquesa eminencia hollando el clavel sangriento apriesa bajan dos hombres, que en el talle, y el aseo me parecen cortesanos, diránoslo sus sombreros. 1. Cómo tan solo su Alteza? 2. Cómo su Alteza tan quieto? 1. Sin que al jabalí fatigue de su pecho el ardimiento, Sin duda aquese cadáver, . que encubren aquesos fresnos, es Teágenes, que empuña en Tesalia el noble cetro, ellos sospechan que soy, como tanto le parezco, y me ven con su vestido el Principe. Pues ya muerto yace en esos troncos fríos, fingirme el Príncipe intento, y seguirlos a la Corte. Vasallos míos, qué os veo? 1. Pues qué tuvo vuestra Alteza? 2. Por qué tal desasosiego? Porque ese bruto andaluz, saliéndose de su centro, quiso volar por el aire con cuatro plumas de yerro, pero yo que conocí, que con su vuelo ligero se remontaba veloz, hasta ese concabo etereo, ligero de él me arrojé, porque a no hacerlo, sospecho que me abrasara atrevido, en esa región de fuego, y no me arrogé sin causa, pues ya tan alto, y sin freno volaba, que cuando yo me arrogé por ese viento, sospechándose las aves, que era hipogrifo en el vuelo, cebaban en mí el márfil de sus puñales sangrientos. 1. Pues vamos, y en esa Aldea, que no está de aquí muy lejos, podrá cobrarse del susto vuestra Alteza. . Luego intento que partamos a la Corte, porque allá con más sosiego se cuidará del regalo, que estos villanos son necios, y aunque en voluntad son mucho, en cortesía son menos. Con esto no me verán, ni Jerardo, ni los bellos dos soles de Margarita, en cuyo gustoso incendio, si me matan con sus luces, reñace el corazón luego. Tropezón, sigue mis pasos, este villano grosero, llegó cuando desbocado, volaba el bruto soberbio. Premiarte intento en la Corte, porque si hay villano bueno, es Tropezón, en el mundo. Tú eres, señor el primero, que alaba los tropezones. Ese céfiro, ese viento, Cometa con erraduras, y relámpago con freno, a la margen de esa fuente, que hace frondoso repecho. de los clabeles que baña de cristal con los bostezos llegad, para que a mi mano. se sujete su ardimiento. 1. Pues su Alteza al cristal llegue, que ya el bruto está sujeto, y temblando su coraje, se rinde humilde a su Imperio. Que vivo. Cielos, es cierto, cuando sin vida me miro? si he muerto, cómo respiro? y sino, cómo, estoy muerto? que no me conozco advierto, y aunque yo me llego a ver, ignorando estoy mi ser, que en tantas atrocidades, aunque florezco en maldados, no me llego a conocer. Un rato estuve sin vida, para mi pesado sueño, y aunque conocí el despeño, bien ignoré la caída: conmigo anduvo advertida; aquese bruto arrogante, pues cuando corría errante, cuerdo se llegó a empeñar, porque me quiso arrojar, para que yo me levante, Avisóe Margarita; pero Carlos, qué es aquesto? de dónde aquese vestido? cómo tan galán te veo? quién te previno de galas? porque ahora tan suspenso? porque ahora quieres irte a la Corte, cuando viejo. no pueden ganar mis manos. para mi vida el sustento? Carlos atiende a mis canas, en cuyo viviente espejo, puedes ver el corazón, que está tu ausencia sintiendo. Hombre, que Carlos me nombras con villano atrevimiento, sabes, que en la gran Tesalia. empuño el dorado cetro? Ignoras, acaso ignoras? que legítimo heredero soy de su Corona, como la fama lo dice en ecos? Fues quién te ha dado noticia, cuando yo Carlos advierto solamente, que tu heredas este dilatado Imperio. Si no atendiera villano a que sin juicio te atiendo, ya al impulso de mi mano fueras mísero escarmiento, habla, y dime lo que ocultas, porque si no, vive el Cielo, que te arranque el corazón, y tan apriesa del pecho te lo saque, que aún estando fuera de su vital centro, te lea con líneas rojas lo que me estás encubriendo. Vive Dios, que ya ha sabido Carlos de su nacimiento, ya sabe, que no es mi hijo, pues hablándome soberbio como padre no me trata, ya sabe, que es heredero del laurel verde en Tesalia, y pues ya lo sabe, intento decirle como se cría entre aquestos troncos secos; si me escuchas, ya te informo. Pues si me informas, ya atiendo. De aquese empinado monte, que se las apuesta al Cielo, cuyo penacho se estira A hasta la región del cierzo, el Páctolo se despeña, cuya munición de hielo en ese valle de flores, que besan el pie a los fresnos, cine con nevado aljófar los capiteles excelsos de una quinta, a quien corona con sus garzotas el viento. Una Primavera cuando desencapotado el ceño, que a las flores tiene a raya en lo fuerte del Enero, cuando en el hermoso Mayo suelen los jazmines bellos competir con nieve helada con los clabeles sangrientos, Rosaura, que estaba entonces con Polidolfo, supremo Rey de Tesalia casada, y regia aqueste cetro, se vino a esta quinta, y trajo a Carlos, solo heredero del Imperio de Tesalia, y era el Príncipe tan bello, que las joyas que llevaba para adorno de su cuerpo valian diez mil ducados, mejor le fuera sospecho ir vestido pobremente, porque tan costoso aseo fue causa de su desdicha, y motivo de su riesgo. Un día dos cazadores, que cazaban en lo espeso de aquesa montaña, que es tapavoca de los Cielos, miraron con atención al Príncipe, y en él vieron las joyas; y como pobres les era el trabajo censo, intentaron escalar la quinta, porque su anhelo era de robar las joyas, sin atender a otros riesgos. Informáronse en la quinta de la pieza, y aposentos en que dormía la Reina para ejecutar su intento, y una noche, cuando ya ese blandón de los Cielos bañaba en las puras ondas el ex del coche ligero, por una ventana entraron que para que entrara el fresco dejó patente el cuidado; pero prego encontró el miedo del Príncipe con la cama, mas los ladrones, temiendo. ser oídos en sus brazos al niño infante cogieron, y por la misma ventana, que fue escala a sus deseos, lo sacaron, porque pudo no estorbarlos con el sueño, ni el lloro, que diese aviso, ni el llanto, que fuese estruendo. Apenas con el infante pisaron el polvo seco, la desnudaron las joyas, y a nuestra casa vivieron, que como estaba la Aldea de la quinta, no muy lejos, ayudados de las sombras del nocturno manto negro, del letargo me sacaron, y descubriendo su pecho me dijeron, que llevara aquel niño hermoso, y bello a la Corte de Tesalia, porque era el Príncipa tierno, que su laurel heredaba, y para que sin recelos me creyeran, me entregaron una joya, que yo tengo guardada, para si acaso importa para el intento. Temeroso yo del caso, aunque ofrecí obedecerlos, porque podían culparme en tan grande atrevimiento, no lleve al Príncipe hermoso, antes bien, como heredero lo he criado de mi casa, y en aquesos valles secos ha cuatro lustros que peina el copete al Mayo ameno. Tu Carlos eres aqueste, tú eres Carlos el princto a quien pertenece el lauro de Tesalia en el Imperio, que aunque a Teágenes tienen por Príncipe los plebeyos, toda la Corte en Tesalia, con la joya que yo tengo conocerá que eres tú al que en la quinta durmiendo robaron; y así mi Carlos, Príncipe del orbe excelso, no te vayas de esa suerte, permíteme, que primero sellen mis labios tus plantas, y mis rodillas el suelo. Padre levanta, levanta, que pues por padre te tengo, a ti debo la obediencia, que los hijos, que son buenos, no permiten que sus padres, por estar en alto puesto, se abatan hasta la tierra, porque si permiten esto, es bajeza para el hijo el humillarse hasta el suelo. De aqueste modo sabré de este venerable viejo con más vivas circunstancias el pesar que estoy temiendo. Seguirelo hasta la Al dea, y apurado lo que intento, yo me volveré a la Corte. Ya anciano padre obedezco tus canas, ya con seguirte abrazaré tus consejos. Pues sígueme Carlos, sigue, que no diez veces los Cielos arrojan rayos de oro a las trincheras del cierzo antes que tú te corones, y Teágenes soberbio rébese humilde la pi por su Príncipe, y su dueño. Aqueso padre me ofreces? Aquesto Carlos te ofrezco si por vida de Jerardo; y si no te cumplo aquesto estas canas, que son plata, y para ti espejo fueron Etna sean lastimoso, que me abrase con su incendio. Pues si eso me ofreces, vamos. Y cumplírtelo prometo. Toda Tesalia gustosa, está de vuestra venida, y Téágenes sin vida, de quien seréis luego esposa vio vuestro retrato esquivo, y está de vos muy pagado sujeto a vuestro traslado, medio muerto, y medio vivo. Solo con crecido amor le paga mi voluntad. Quién es señora deidad, como puede hacer error. Y donde el Príncipe está, que a la Princesa no abraza. Teágenes se fue a caza, luego del monte vendrá. Aunque me hagan seis mil rajas he de entrar, qué es lo que piden? son acaso, pues me impiden las guardas de las cerrajas. Echando por esos cerros vengo con mi mala traza a decir, que ya de caza vienen todos como perros, No ha sido mala tragedia el partirme con quimera, porque al venir de carrera, los dejé a jornada media. Quién sois, villano atrevido, que andáis tan descabezado. Soy del Príncipe criado, pues de su pan he comido, y aunque soy villano, es llano, que al tener pájaros varios, como se inclina a canarios, también se inclina a villanos. Advierte bien con desvelo, . como el Príncipe es ingrato. Cómo, dime? . Mi retrato lo guarda sobre ese suelo. Sin que lleguen a notarlo levanta Astrea el pincel, que otro amante fuera fiel, y no llegara a arrojarlo. Y albricias no he de tener de la noticia que os doy? mas reparáis en quien soy. Adivináis mi entender. Aunque soy guitón de sopa, no hay mujer de grande fama de la menor a la dama, que no caiga, si me topa. Pues decid, porque razón, cuando no sois muy galán pueden caer con afán? Porque soy yo Tropezón. Son las dos unas cuitadas, pues albricias no me han dado, Ya feliz las he mandado. Mándeles a sus criadas, 1. Viva Teágenes, viva gran Príncipe de Tesalia. 2. Viva Clorinarda, viva, la gran Princesa Tracia. Según las voces avisan, ya Teágenes de caza a llegado, ya se apea de aquel céfiro comalas. 1. Aquí dentro de esta pieza la Princesa Clorinarda está esperando a su Alteza, como al Sol espera el alba. Trance fuerte es el que miro, . con temor fijo las plantas, porque el temor suele siempre dar violentas las pisadas, aún no he llegado a Palacio, cuando al instante me casan; pero que haré, Cielo Santo, si en alguna circunstancia. conocen el fingimiento, ya está el alma apesarada de empeño, que es tan costoso, más vale entre peñas pardas un sayal con sencillez, que en los Palacios la grana. Mira que famosas mozas, luego con la mano blanca te premiaran de la una, buen partido hay en Tesalia, que aunque juegues mano a mano también quieren darte dama, Príncipe, como no llegas, Teágenes, como tardas, como no has besado ya de la Princesa las plantas. Aquí conocen que soy, villano de esas montañas, pues no sé cual de las dos es la Princesa de Tracia, con temor llegó; ay de mí! porque si no es Clorinarda a la que la mano beso dos grandes hierros me uitrá el motejarme de necio, y el buscarme una desgracia No repares, llega al punto, porque si no es Clorinarda a la que llegas, mejor, pues es fuerza que a tu dama llegues después, con que tienes las delicias duplicadas; mira las dos son gentiles, y a más Moros, más ganancia, Cómo te dura el llegar, en que Príncipe reparas? Señor, tiene sabañones, y es cierto que muy mal anda, sino llega mui aprisa. Ya el alma determinada se postra, pero si acierto? mas es infeliz el alma. Dadme a besar vuestramano, que ya en mí, toda Tesalia, se confiesa en ecos mudos de vuestro dominio esclava. Rapaz, sabes lo que haces? una criada te llama? a una criada te humillas, S. cuando a la Princesa ultrajas. Mucho es también que le impida tratar con cosa criada. Si aqueste error cometí, padre, y señor, fue la cabsa, Inclinarse a criadillas, que para almorzar le agradan. Ya vuelvo, señor, al centro como la piedra arrojada, que caigo desde la cumbre del monte de mi desgracia. Bien Príncipe comparáis vuestra tibieza sobrada, porque en dureza la piedra, en cotejo vuestro, es blanda. Levantad señor del suelo, basta ya, Príncipe, basta, Cómo amor no estéis así. ciego hiere con su aljaba el error causo que hice, demás que belleza tanta, jamás vi; y así señora aquesto mi error no agrava. Todo aqueso, no os disculpa, pues ya muerta en una tabla me visteis, decid señor, que se apartó de mí el alma. Vive el Cielo, que me aprieta, no sé que decir, helada se queda la lengua: Acaso satisfacéis a esta carga? Sí señora. . De qué modo? Bien discurre una desgracia. Si un pintor, pintase al Sol, cuando en los aires debana aquesa ardiente madeja, que con su incendio se abrasa. Si aqueste perfectamente aquesta antorcha pintara, cuando arroja rayos de oro por esas regiones vagas. Si después que bosquejado en una tabla de plata entre nubes de márfil, y relámpagos de grana. Lo dieran a ver a un hombre, que siempre entre sombras pardas. se hubiera criado, y nunca hubiera visto la cara del Sol natural, y luego a esa región lo llevaran, donde el Sol, y las Estrellas arrojan balas de nácar, acaso mirando al Sol en la región estrellada, diría, aqueste es el mismo que vi pintado en la tabla? no diría, porque el Sol es de belleza tan alta, que no puede el arte solo fingir sus ebras doradas, Esto me sucede a mí, en sombras de mi ignorancia me crié, después me dieron para que atento mirara el retrato bello vuestro, y coo jamás el alma vio cosa tan peregrina, ni deidad tan soberana, quedó sujeta a sus ojos; mas después que enamorada quedó del bello pincel. al Cielo de vuestra cara vino a dar la voluntad, y como en su esfera humana sois el Sol, no conocí, que en la esfera de esmeralda bosquejaron los pinceles. aquesta beldad tan rara, porque si os confieso Sol, doy por cosa declarada, que no puede la pintura hacer con colores varia, que le parezca el retrato; y así, bella Clorinarda, vuestra deidad me disculpa, que si no fuera tan alta, podría hacer la pintura, que por bosquejos de nácar os llegara a conocer. Esta fue, mi bien, la causa No fue mala En que lo crey perdidos io si con esa linda tra valiéndote del ret al punto no te reo Dol Príncipe, que no os diga mí a las que para ser vuestra for la que viene de Tracia; siquiera el retrato mío no ha merecido por caía vuestro pecho, cuando he vi que como cosa mal baja, sobre latierra tenéis sus líneas mal bosque No entiendo lo que me dice, Aquese cabe repara. Que la diré Tropezón? Disa, pues tanto te enfada, que tenga ahora vervelas, y que la querrás pintada. En cuanto a lo del retrato, os quejáis con poca causa, porque siempre va conmigo. Si el corazón no me engaña, aquí llevaba un retrato el Príncipe; este me valga para disculpa, señora, con quejas mui mal fondadas, acusáis de tibio al pecho, porque aquí tengo guardada vuestra copia, y mus al vivo, el corazón es su caja. Pues Príncipe, qué es aqueso? mirad que es de vuestra dama y E porque poco atn mucho efecto así acajarlo oo Presto señor, si no le agradae dile con brío, a querarse d el Noté que e porque visteis que no os mostró vuestra queja es es antes bien él osle hasdta las estrolltas, es de lla henmosa Ros gran Princasa de Sicil porque como yo inte a Francia e puellas L La de Francia es miti hermosa y aunque la vissteis son alma, la de Franciaa en vuestro pecino tendrá llacor. . Cosa es dlara que no la adora. . Pon quué? Por que son cosas comtrarmas; Francia, y lugar, porque al ver dos solles en esa cara, decir que tiene lingorr, es buscar puebllos en Francia. Antes bien el sierimn brlllas estas Princesas, y damas, de los retratos que tuve, sospecho yo, que os rediza, y os calistica se hermosa, porque si el allma illevada escogió vuestra hermossura, no es tan sin discurso el alma, que al Sol no escognera sina, y a llas estrellas dejera. Pues como tenéis aquesse Ah sudo lla cunsa retrato? el estar lejos Sicilia. Vive el Cielo, que te clara. De aqueste modo respodo, no es orédito de Tésalo vollver ell amn lo pincel, sin que parra diao vaya vin Eio ajadr, con calor el Julio amaga, esperamos al Setiembre, que el Sol está con templanza, com ig ngo de pperderme. Aquuíí te ya llas nodilllas tradas sijo en tierra, y a semon, a vnesstrass henoscas plantas Levantad el sino l- vo son el Rey dee Junciia, y padre de vn sstra esposas, aquese que taa pliara pera sobre su cabeza,, es vuestro padire, y me casa an imción el minar que tongáis tan estragada la moticia, y es desdidia, si atien den llas oírcunsta noras, que quien a su padre ignora, no conocerá a ssu dama. Rapaz, qué es esto estás loco? Junoto lo que me pasa; a mejor entre troncos secos de llas aridas montañas un aza don me asistia, que aquí me abriga a grama; pero así pongo tomedio all yeroque me contrasta. Pricipe de Juncia sinvicto, ese yerno nno me cauga, porque si vos sois el padre de la bella Clorinarda, es fuerza que os nombréis mí y así que me arrodillara a vuestras plantas invictas, no fue error de la ignorancia, porque sois también mi padre, si el suyo mi esposa os llama. Bien satisfizo a mi duda. Muy en vano lo culpaban. El quiere descansar ya, porque apriesa se descarga. El Príncipe es muy galán. La Princesa es muy bizarra. Vamos Príncipe. Obediente seguiré vuestras pisadas. Entre delante su Alteza, porque un esclavo sus plantas seguir intenta rendió do. Voy Astrea muy pagada del Príncipe. Ay Tropezón, como el alma me señala, que ha de arrojarme la dicha desde la cumbre más alta! Qué es arrojarte? si adviertes que esta Princesa de Tracia no te adora, coge luego una soga no muy larga, y atala al cuello muy fuerte, y después por esas salas tira de ella con gran fuerza, que si tú la tiendes larga, a mí me ahorquen al punto si tú luego no la arrastras, nombr uye

JORNADA SEGUNDA

que vuestro pecho calla. Mucho estáis en la malicia. Si estoy, y me dan soldada por estar en la milicia. Teágenes de Tesalia Príncipe, es este que miro, si con el Rey se declara, nos darán algunazurra, pero no es de gente honrada el darnos así una vuelta, porque es castigar a espaldas, do, vi dejad todas esas cha as y conoced que soy y Teágenes el que manda toda esta Corona ilustre; y aunque un hombre al Rey engaña, diciendo que es heredero de aquesta Corona, es causa el haber salido yo con mis criados a caza, y desbocado el caballo desde una eminencia parda haberme arrojado fuerte hasta un valle de esmeraldas, con que quedé sin sentidos, a la muerte apoderada de mi vida, desnudome, según lo discurre el alma, un villano del vestido, que en una Aldea cercana habitaba de esta Corte, con el cual fue poco varia la naturaleza, pues en los dos con una cara cumplió la naturaleza. Por esta ocasión Tesalia, por su Príncipe lo tiene, y como las circunstancias son en los dos tan iguales no tengo amigo palabras para que Tesalia crea, que su Corona de plata pertenece a mi dominio, esta ocasión, esta causa te suplica, que me tengas en parte mui retirada, para que yo poco a poco vea astuto lo que pasa, y después que ya mi padre vea que soy quien esmalta las venas con sangre suya, te daré una cosa honrada con que vivas en la Corte. Y dígame que me manda desde ahora? Pide tú, mira ya lo que te agrada. Ser colgador de tapices. Desde aquí tienes la gracia. Soy muy pecador, no puedo, otra cosa de más fama pretendo, porque ese oficio poco a sus dueños ensalza, pues colgando vuestras piezas están toda la semana. Pues dime, qué cargo escoges? Si no está llena la plaza, escojo la de busón. Pues esa plaza te llama. Sí señor, que en este oficio, aunque se hace con palabras, no pecando, ablando su dueño, porque todo en él son gracias, Pues yo te confirmo en él, Sí, pero sin bofetada, y te seré tan amigo, que dándome a mí una cuarta, te ofrezco darte yo un cuarto, y aviso para que salgas. cuando el Príncipe villano de su retiro no salga, porque sería gran yerro, que los dos os encontraráis, pues encontrarse dos Reyes, era para haber barajas. Si así lo dispones, vamos, A quien le fía la barba para que le deje un pelo. Haré que Carlos no salga cuando el Príncipe esté fuera, porque si el Rey los halla, era descubrirse al punto aquesta urdida maraña. Haré que mude vestido por si en él el Rey repara, porque si de un modo visten, Carlos se verá en Tesalia con Corona, y yo Doñado seré de Monjas Capachas. Pues vamos a recogernos. Recogerse es de las damas, que vivieron tuví tendidas. Guía hacia la pieza, y calla. Guío, y callo; pero ya no puedes mover las plantas. Por qué razón? . Porque el iso. Pues quién se opone a mi espada? Quién le opone? cuatro fotas, y como en esta baraja la una come pepinos, y las otras mermeladas, siendo de comer diverso, es cosa mui asentada, que harán primera, y viniendo antes, señor, que pasaras te habían de estorbar el paso, porque ellas la polla arrastran. Pues ocasión esperemos. Ya como cosa prestada vuelve los ojos, y mira que hermosuras tan humanas. Vive Dios, que son muy bellas. Aquí dijeron que estaba. Aquí con mis celos busco, más amorosa que ingrata. Carlos, pero la Princesa. A mi bien, mas la villana. Hermosa vino a este pieza. Graciosa vino a esta cuadra. Pues Carlos se mira aquí. Pues aquí el Príncipe estaba. Llegaré a hamblarle. Hablarele. porque ya por su criada la Princesa me admitió, y al mirarme tan villana no tendrá celos de mí, pues ya la tengo informada para no mover sospechas, que ha sido causa la caza de conocerme en la Aldea, y si aquesto no bastara, de la Corona de Tracia. Qué mujeres son aquestas, que no las conoce el alma? que mudado está Palacio después que el Príncipe falta. Cómo vio solo el retrato el Príncipe, no repara en que es esta la que vino para ser su esposa. . Clara es la sospecha, que tuve, pues ni los ojos levanta para mirarme, qué ingrato! Aún no le he visto la cara, porque soberbio les muestra a mis ojos las espaldas. Que nos siga esta mujer, no pretende ella ser santa, por que no lo será nunca el que siga mis pisadas. Príncipe, mi bien, Señor, tan poco merece el alma, que los ojos le negáis, cuando ella ciega, y turbada, os idolatra, os venera, os quiere, os adora, y ama. No es mucho negar los ojos, porque si no los negara, era clara consecuencia, que sus niñas negras daba, y era dar de ojos aqueso, como con Tropezón anda. Señora, si yo atrevido aquesas ebras doradas de vuestro Sol peregrino no miré, tengo dos cabsas, el no haberos visto nunca, y el mirar, que si os miraba, pecaba en curiosidad, lo que ha parado en desgrac solo advierto que sois bella; y aunque en esfera nevada tenéis dos soles que alumbran con los rayos con que abrasan, no llegaron vuestras flechas a mi pecho, aunque arrojadas de aquesos hermosos arcos, que de dos perlas son cajas. Qué es esto que me sucede? de ayer acá tan trocada está vuestra voluntad? Cómo, señor, tal mudanza? vos ayer con tal fineza, y hoy tan esquivo me trata? Soy tan fino en el querer, que el corazón me sacara del pecho si yo supiera, que a vuestra belleza ufana se inclinaba el corazón; porque tengo toda el alma puesta ya en otro sujeto, mirad como os desengaña la voluntad. . Vive el Cielo, que le dio brava pedrada, no sé yo si ella te adora, pero sé que está abrasada. Que esto el Príncipe me diga, y que con mi padre a Tracia no me vuelva luego! rabio con los celos, que me matan. Con soberbia hablarle intento, porque así consigue el alma, que ocultándome, sospeche mi padre, que así la trata ese Príncipe fingido, que aunque nunca vi a esta dama, sospecha, y juzga el discurso, que hoy ha venido a Tesalia conmigo a casarse, así pierde el villano la gracia de mi padre. Pues señor si ya al corazón fijada otra hermosura tenéis, con volverme yo a mi patria en vos cesará la pena, y en mí la viva esperanza. Aqueso podéis hacer, y advertid, que ya me cansa el veros, que aunque os miré en una tabla pintada, miente el pincel las más vezco, pues tiene tanta distancia el retrato de vos, como del Sol las tinieblas pardas, del cristal el fuego ardiente, y del rayo nube opaca. Pues vuestro padre no vio, que con la opinión contraria para templar mi esquivez ayer un yerro dorabáis? Atajarla así conviene. Aqueso pues fue la causa, que como estaba mi padre, fue fuerza que os alabara, más ahora, que ya el pecho libre está de la mordaza de la atención, hablé claro, no haré traición a mi dama, que aquello fue cortesía, y esto verdad no afectada. El dice lo que ella siente. Llego, y veré si me trata Carlos a mí tan esquivo. Qué busca aquesta villana en Palacio? cómo toscas ollan la Corte sus plantas? Carlos, mi bien, dueño mío. Verán, y que tal la para, para que quede corrida ella no entiende la danza, porque es este un cascabel, cuando ella sospecha ufana, que es Carlos. En cuatro días tenéis, señor, tan mudada la voluntad, cuando yo, gírasol de esas montañas, sigo vuestros rayos fina; y aunque en estas sombras pardas de Palacio, os encubrís, nunca ha permitido el alma descaecer? si soberbio, por verme como villana, el amor trocáis en odio, y en rencor las esperanzas; yo soy la misma que fui, que aunque entre basquiñas bastas me veis, veréis algún día que la Corona de Tracia he de tener en mi frente altiva como otra Palas. Esto Carlos al partirte con lágrimas en la cara me prometió el corazón, cuando tu ausencia lloraba? Es posible que ya olvidas, que entre las flores de nacar, y nebadas azucenas dijiste, que te ausentabas, porque merecías poco para que mi mano blanca te diera? pero que busco, si tienes ya tan trocada la voluntad, cuando en mí sobra la que a ti te falta? Si entonces el llanto mío, con la grimas que exalaba, sacó prisiones del pecho, que mis mejillas regaban, fue porque grillos de aljófar. Ya villaneja me cansas con tan molesta porfía, si alguna vez yendo a caza te hablé, no me acuerdo ya, y advierte, villana, que hablas con Teágenes, que hereda la Corona de Tesalia; y por Dios, que si prosigues en groserías tan vanas, que haré que el mundo conozo aunque eres mujer, y flaca, que soy Principe. Qué es esto? pues así Carlos me tratas, así Carlos me aborreces, y así mi Carlos me ultrajas, esto Carlos es amor? Camo Carlos tal mudanza? o eres hombre poco firme, o soy mujer desdichada. Ya te olvidas de la Aldea, ha que promesas tan falsas eran las que a Margarita hiciste, cuando la plata de un arroyo, que corría risueño lo murmuraba. Bien Carlos lo siento, bien, que a quien tan firme te ama, con solo un desdén esquivo la dejas Carlos sin alma. Ay Carlos! Ya el sufrimiento se acabó, villana, calla, que no soy Carlos, y ya el tanto carlear me enfada. Ella está como una perra. Sigue al instante mis plantas, que no ha de estimarme ya, aunque más lo persuadas, ven, y al uso de la Corte trocarás por ricas galas ese sayal con que vistes, y nube te encubre parda. Picada de Carlos voy. Vor del Príncipe abrasada. No sé lo que me sospeche. No sé qué discursos haga. Más mañana podrá ser. Mas podrá ser que manaña. Me adore, si hoy me aborrece. Me enamore, si hoy me ultraja. Ya se fueron? Ya se fueron. Mui enfadado me dejan, porque el amor, siempre es libre, no es el cariño violencia; que a un Príncipe de Tesalia se atreva una villaneja? Corrido estoy. . El amor a la más alta eminencia sube del humilde valle, y siendo el Príncipe alteza, no es mucho que una villana tosca a quererlo se atreva. 1. Por aquesa pieza triste sale ahora la Princesa, haciendo de un lienzo concha para aprisionar las perlas, lloraba, y como lloraba del aljófar, que despeña, hace prisiones de hielo a las mejillas sangrientas. Con lenguas de cristal habla, pero su nieve se queja de que es el Príncipe ingrato, lo que es Clorinarda bella, es posible, gran señor, que tan costosas finezas le pague con un desprecio, cuando la Princesa tierna viene de Tracia rendida, y mariposa a la gueña en el fuego del desprecio, quema sus alas violentas? su rendimiento mirad. Todo aqueso no es fineza, que mucho es que esté rendida, si viene de lejas tierras. Villano, atrevido, loco, tú sin canas me aconsejas? por ese excelso balcón, cuya empinada eminencia tiene por espejo al río, que todo el Palacio cerca, te arrojaré, con que luego pagarte el valor intenta los consejos que me has dado con esa atrevida lengua. Y a precipitado yaces. 1. Por qué, señor, me despeñas? Porque quiero castigar de este modo tu soberbia. Ya lo arrojaste? . Ya está en las menudas arenas, cuyo túmulo de aljófar lo sepulta con sus perlas; ya entre las ondas se mira. Si ahora no te apedrea, no puede ser hombre honrado. No sé como aqueso advierta. Porque estando entre las ondas, puede arrojarte mil piedras. Guía al cuarto, porque ahora que salga mi padre es fuerza. lego que sepa advertido, y luego que atento sepa, que arrojé aquese criado desde esa eminencia excelsa. No bajó de Cardenal, aunque bajó de eminencia. Llevarelo al cuarto en que . está Carlos, pues dos puertas tiene para entrar, y haré, sin que Carlos a este vea, ni Teágenes a Carlos, que en dos alcobas diversas estén retraídos; sigue mis plantas, para que sepas el cuarto que te doy. . Vamos, yo pagaré tu fineza. 1. Viva Teágenes, viva. 2. Viva el Príncipe mil años. Aclámanme con engaños, y es fuerza que yo reciba con gozo su aclamación, que si leales blasonan, es cierto que me coronan sin alguna emulación. Ya entre los peñascos broncos el Príncipe sin figura quedó, siendo sepultura las piramides de troncos. Ya la gente de la Corte por Teágenes me tiene, y en aclamarme conviene toda la gente de porte. Polidolfo no ha dudado, que soy Príncipe heredero, yo por padre lo venero, y así me veo aclamado; pero él viene hacia esta pieza, su condición temo altiva, ahora desde aquí iba a visitar a su Alteza. Soy, señor, mui descuidado, en teneros atención, pues mi esquiva condición en el cortejo ha faltado, y así mi hyerro. . Blasones en Tesalia, quien tal hace no merece, si baldones, no es Príncipe el que lo nace, si el que imita mis acciones. Ignoro porque blasona, Príncipe, vuestro cuidado, si la Corona lo abona, es mucho que una Corona os lleve desordenado. Y todos hasta el menor con quejas vuestras me dejan, y al decirlo con color, yo digo, todos se quejan, no debe de ser error. Y ahora triste he sabido, que a Lelió al daros consejo. Príncipe, locura ha sido, en el cristalino espejo habéis echado atrevido. Vuestro arrojo culpo osado, que atroz os precipitó, bien este nombre os he dado, pues vos sois el arrojado, aunque Lelio el que cayó. La ignorancia me disculpa, porque estoy muy satisfecho, pero si tanto me culpa su Alteza, páseme el pecho, si dice que es por mi culpa. Siempre voy con atención muy medido en mis acciones, atendedlo sin pasión, que con vuestra sinrazón, he quedado sin razones. Decir que a Lelio arrojé por el viento, es gran desairé, solo, señor, os diré, que contra mí, yerro fue, os creís de cosas de aire. Yo he mirado lo que os digo, y aunque Príncipe os venero, seame el Cielo testigo, que si erraréis el primero probaréis mi atroz castigo. Padre, y señor, así os vais? mirad mi inocencia clara, las espaldas me mostráis? Hasta ver si os enmendáis, no me habéis de ver la cara. . Qué es esto, varia fortuna tan presto te desvaneces? porque me subiste loca hasta tu cumbre eminente? Si me arrojas, porque entonces pesada, altiva, y rebelde, no me detenías cuerda, y tan presto no cayese? Esta es la Corte, y Palacio como al tosigo parece, por fuera de oro vestido, y dentro todo de hieles. Ay Jerardo! ay padre mío! mejor era entre dos bueyes tener el arado tosco, que en Tesalia el laurel verde. Ay Margarita! Pues cómo estás tan triste. Volverme a la Aldea intento luego, mas quiero con toscas pieles vestirme, que no con sedas, porque hasta las sedas suelen, cuando crujen murmurar de aquel que las apetece. Villano volverme quiero. Jesús, que mal gusto tienes, a quien da gusto un villano, y cuando tu Carlos eres gran Duque en este instrumento, quieres villano volverte? Mas quietud hay en la Aldea, porque aquí en la Corte, advierte, que todo es soberbia altiva, lo que es allá sencilleces, Pues con quién pesar tuviste? El Rey reprensivo al verme, me mató con sus palabras, y si pudiera en mi verse el corazón taladrado, lo vieras, aunque es muy fuerte; porque son flechas agudas las palabras de los Reyes. Hasta ahora no ha sabido Carlos, que ya de la muerte que lo dejó sin sentidos Teágenes libre viene; también ignora, que yo le di competente albergue para su persona, intento callárselo, no se altere. Pero la Princesa sale, y con ella juzgo viene Margárita ya de gala. En ese estanque de enfrente, que culebra de cristal se enrosca con los claveles, nos bañaremos, que miro! Cielos, el Príncipe es este, él nos escuchó. . Admirado aquesta mujer me tiene, porque es ella Margarita, o en tal grado se parecen, que en las dos, no hay distinción, sino que son diferentes, en que la una está en la Corte, y a la otra un sayal la prende. Picada estoy de su trato. Matáronme sus desdenes. Si falté con vuestra Alteza, porque desde que en el Betís despeñó el coche dorado el que siempre vive, y muere, no os he visto, no culpéis a mi amor, que fino siempre en el corazón se fija, porque el pecho lo conserve; culpad a mi irbanidad, pues por respectos corteses no os he visitado, y tanto mas mi cariño merece, porque pecando en sufrido, no será con vos rebelde. Príncipe, en aquesa parte muy bien puede conocerse, que conmigo no faltáis, pues ha muy poco, que al verme pagabáis mi voluntad con un millón de desdenes. Queréis deslucir ahora lo que vuestro pecho siente? Si adoráis en otra parte para que de aquesta suerte habla ahora vuestra Alteza? que aunque quiero aquí creerle solo por urbanidad, sepa que las más mujeres, lo que creen con la boca con el pecho lo disienten; que con vos soy desdichada, ninguno ignorarlo puede, más hagase vuestro gusto, que solo puede vencerme el saber, que vos gustáis de lo que mi amor padece. Y así Príncipe. . Señora, (aún no acierto a responderle) por eso, Cielo Divino, cuyos cristalinos ejes, cuando en el Julio se enojan, arrojan balas de nieve, que no sé lo que decís, cuando celosa me advierte vuestra lengua, que mi pecho a otro sujeto da albergue. Margárita, no escuchaste, que con muy pocos corteses desprecios me trató; ay Cielos el Príncipe? Bien se entiende, que es su ingratitud crecida, y que es más falso se infiere, pues nos intenta encubrir su atrevimiento insolente, cuando negó a vuestra Alteza el culto que se le debe. Quién habiendo confesado que en otro sujeto tiene la voluntad, retratara lo que ya dijo otras veces? Quién es falso como vos? No tan falso me contemple vuestra Alteza. Y sois tan falso, que aún en ser falso se advierte, que sois falso, pues decís, que con soberbios desdeñar no mostrasteis vuestro pecho, cuando se mira patente lo contrario; luego sois aún inconstante en la seríe la falsedad, negando lo que bien probaros pueden. Esta es Margárita, Cielos, bien lo prueba lo que siente, el sospechar que yo adoro De nieve otro sujeto. al estanque vamos. . Sigo esa estampa de claveles. Margárita, dueño mío, detente, mi bien, detente. Si lo haré para deciros, que sois un falso, un aleve; pues al míraros villano, mas rústico, y más prudente vuestro corazón me dijo, sin retóricos pinceles, a Dios Margárita, adiós, porque aspiro con mi suerte a mayor dicha, bien mío; si mi ausencia te entristece, esos dos soles enjuga de tanto aljófar que vierten, porque soy pobre, y villano para poder merecerte. Adiós Carlos, a diós Carlos, que querrá Dios que yo llegue a verme en mayor fortuna; no el verte en puesto eminente te ciegue Carlos, porque la fortuna es rueda leve, y a un cierzo que la contrasta vuelven veloces sus ejes. Escúchame Margarita, no tan apriesa te ausentes, escucha del corazón y te lo que diré, y lo que siente. aquestolo es hora Carlos ahora, para no po entre verdes laureles grita como la Princesa está esperando, a dios, que culparme puede. Pues así me dejas? Cielos! Es fuerza que así te deje, porque eres soberbio Carlos, y yo soy humilde siempre. Qué es aquesto que me pasa, qué es esto que me sucede! yo ultrajado de este modo, yo abatido de esta suerte de la Princesa, y del Rey? y lo que más me entristece, es el verme aborrecido de Margárita, no entiende el pecho lo que me pasa, ni el corazón lo que teme. Vamos a la Aldea, vamos, mas quiero sus rustiqueces, que no vestir de brocado, que aunque oro el brocado tiene, más vale un pobre sayal. porque, Tropezón, aqueste no puede ser tan molesto, cuando un bellón lo entreteje. Emperador en la Aldea de flores, aves, y mieses me aclama todo el contorno; porque si el alma apetece el ave, que veloz perna del viento airoso copete, con tomar un arcabuz con la vida me obedece el ave que se remonta, la que corre airosa liebre, el pez que en la plata vive, y el oso que en fuego muere. Ven, y desnúdame al punto, y herede a Tesalia, herede aquel que tuviere derecho. Mira hombre que te tuerces. Ven, y quítame estás galas, dame el capote que tienes, y yo de la Aldea traje, porque ya a su centro vuelve. Si no juegas a los cientos, quién darte copete puede? Quítame aquesta ropilla, y con atención, advierte, que aquel sayal, con ser ancho, más ajustado me viene, hasta la espada me enfada; porque de aqueste adherente, no hacemos caso en la Aldea, y aquí en la Corte no tienen por hombre al que no llevare un yerro consigo siempre. Adiós Corte de Tesalia, quien te merece te herede. Adiós Corte de cuchillo, en mis muelas no te pruebes. Vi desde esa celosía, cuando esta pieza miraba, que Carlos se retiraba, como en pesares ardía. Para que su pesar crezca en su nombre, haré mil males, porque en penas tan fatales del todo el Rey lo aborrezca. Al jardín fue Clorinarda con la gallarda serrana, si así mi dicha se allana, cómo sosiego, a que aguardo? Por entre ramas, que azota de las ramas el aliento, siéndole penacho el viento a tanta rubia garzota. Miro el estanque de plata, y en sus ondas de márfil aeo prodigo el Abril, que ritas flores desata. En él está la Princesa bañándose con sosiego, siendo sus mejillas fuego, son ya pequeña pavesa. No tengo mala ocasión para que desesperado vuelva al pellico, y cayado, vuelva al arado, y zurrón. Pues la ocasión me da alas, cuando las miro bañando, he de entrarme recatando, y salirme con las galas. Porque al mirarme sin ley, que tengo atrevida mano cargarán luego al villano, y se lo dirán al Rey. Su sinrazón culpará, y viéndose reprendido, por juzgarse aborrecido a la Aldea volverá. En un tapete de flores están las galas airosas, siendo la fuente de rosas que brilla con mil colores, Yo voy, y la mano aplico al toda pies rozagante, y a tanto ropaje rico. Una criada que guarda las galas me vio no siento, que viesem pues lo dirá Sobre están con esto mí y si no es as de mi fortur Ya por esa el que me co que viéndolo mi contrario el corazón no sosiega. Pues a su desdoro aspiro, cuando no me falta espacio, aunque me quede en Palacio, quiero pasarme al retiro. . El volvernos a la Aldea, era grande desatino, pues de águilas de rapiña nos haciamos pardillos. Ya intento sufrir pesares, aunque me mata el estilo de la Corte, pues volverme al rústico laberinto, era volver sin la vida, si los dos soles divinos, que me alientan con sus rayos, y me animan con sus visos, dejaba aquí en Margarita, a quien amante, y rendido el alma muerto consagro, y el corazón sacrifico. Pero qué galas son estas? que bien hechas, con que aliño; aqueste jubón parece de la tela del vestido que llevaba Margarita; aqueste guardapies rico parece de la Princesa; pero el Rey sale, perdido soy Tropezón, qué diré? Puedes decirle advertido, que quieres hacerte sastre, porque no puedes sufrirlo. Es locura tu consejo, Pues si mal te ha parecido, y te parece desastre aquesto, que yo te digo, para no ponerte en puntos, grita como un descosido, Rapaz, soberbio, arrogante, atrevido, loco, altivo, sobre tanto atrevimiento hace alarde tu capricho? Sabes cuyas son las galas, que de ese pensil florido has sacado? cómo puedes escuchar lo que te digo? No sabes que la Princesa está vertiendo hilo a hilo por sus pestañas aljófar, y por sus niñas granizo? No sabes, que Clorinarda era la que en sútil vidro al cristal daba la nieve en un viviente navió? Es posible, que a burlarte te atreviste, amante tibio de su Alteza, cuando tiene más vasallos su dominio, que espigas tiene el Agosto, y que cristales el Nilo? Sabes que ha de ser tu esposa, cuando de Tracia ha venido a enlazar tu mano altiva con dos hermosos jacintos? Corregios rapaz, siquiera por lo que llego a deciros, y si no lo hacéis así, cuando con razón me irrito, hay verdugos en Tesalia, si hay en Tesalia cuchillos. Así señor me dejáis? Así pago a un fementido. . Ya fortuna me despeñas, ya para en un precipicio el subirme hasta la cumbre del honor, que es más crecido. Que de este modo me ultraje Polidolfo, cuando miro que no sé, Cielos, la causa porque se enoja conmigo. Solo advertí, que su voz, echando fuego, me dijo, que le quite a la Princesa las galas, cuando al estío le arrojaba en un estanque cristal, y nieve en dos tiros. Pues de aqueso tienes pena? yo de aqueso no he sabido, pero aunque el Rey se te enoje, yo advierto con mi capricho, que al mirarte la Princesa despojarla de vestidos, en agua se bañaría, como yo me baño en vino. Yo no lo sintiera tanto. Vive el Cielo de zafiro, que si faltara en la Corte Margárita, a quien me rindo, pues con sus brazos de nieve haré para el alma grillos, que ya el azadón mi brazo empuñará, no remiso, cultivando en la montaña por montes, selvas, y riscos, desde la flor más frondosa, hasta el más seco tomillo. Jesús, que haces de cabar. Tropezón, no puedo amigo dejar de pensar en esto; mas dejemos este sitio, que la Princesa, y sus damas salen por el laberinto de flores, a nuestro cuarto nos retiremos, que alivio es para un triste estar solo. Tu dictamen, señor, sigo. Enjugue el cristal su Alteza. Margárita, si no lloro, es querer reviente el pecho; pues padézcanlo los ojos, aborten preñadas nubes tan despeñados arroyos. El llorar, es padecer las penas con desahogo, los ojos sientan, no el pecho, que aunque tierna me dispongo a que el Rey salga, y me vea, también Margarita noto que conocerá que son niñas los ojos hermosos; y también sabe, que siempre lloran las niñas de poco. Desde aqueste puesto intento, sin que pueda haber estorbo, conocer el sentimiento, que hace por el desahogo del Príncipe Clorinarda; pero advierto, más conozco, que está salpicando tierna sus mejillas copo a copo. Que el Príncipe fue atrevado querer dudarlo, era arrojo, pero la prudencia templa las acciones de los otros. No sentirlo, es imposible, porque qué erizado escollo, por bronce que fuera altivo, no sintiera tal oprobrio? que si Astrea por la puerta que corresponde al frondoso jardín por mi cuarto, no me trujera estos adornos, todo el dolor que padezco lo supiera Polidolfo. Ahora de los jardines aqueste prodigio hermoso sale con todas sus damas, y según atento noto, entre esos ricos tapices mi padre escucha curioso. lo que yo dijere, ahora con desprecios cautelosos; procuraré provocarlo, para que al villano tosco aborrezca. . Aqueste es Carlos, mucho siento el desahogo que tuvo con la Princesa. Pues llora, de aqueste modo procuro irritar al Rey. Dales treguas a tus ojos, porque el granizo que arrojan, hiere las flores del rostro. Si acaso llora su Alteza porque tengo puesto en otro sujeto el alma, es así. Para que son los rebozos, las lágrimas son en vano, pues de los ecos que formo podrá conocer su Alteza, que para ese pincel de oro, es mi corazón peñasco, y de bronce globo tosco. Den la repuesta mis plantas. Yo de este modo respondo a quien es tan descortés; pues queda el Príncipe solo, quédate tu Margarita, y dile cuanto el desdoro he sentido. . . Obedecerte buscan mis cuidados prontos. Ya solo contigo quedo. Ya Carlos quedamos solos, aquí nadie nos escucha, dime cómo, dime como del estado de villano has llegado a tanto trono? Pues por Carlos me ha tenido, fingirele de este modo; porque si el Rey nos escucha, de los ecos que yo formo sabrá, que es solo villano, el que es Príncipe con todos. Lo que me huelgo de verte, Yace de flores escollo un monte, como ya sabes, en la Aldea, en que nosotros nos criamos, a este pues, de clavel gigante hermoso, Teágenes vino acaza, y como no era de plomo el caballo en que venía, para correr tras un oso, que herido vibraba rayos, crujiendo los dientes corbos pícole el Príncipe, y luego el bruto, que era brioso, sin freno partió ligero, y adelantose tan pronto, que corriendo hacia la falda todos sospecharon, todos, que era aborto de las nubes, lo que era parto del soto. Despeñó al Príncipe el bruto, y yo fin ningún estorbo, viendo que con igualdad nos crió el Cielo los rostros, como al golpe fiero estaba sin vida, al instante tomo sus vestidos, y me visto, y en un sepulcro de troncos lo puse, por esta causa heredare el cetro heroico de Tesalia, porque el Rey, y este Reino populoso por su Príncipe me aclaman, y me dan su cetro de oro. Es lo que escucho verdad, como tan ciegos los ojos tengo a tan crecido engaño? mas ya que es verdad, no ignor que no es de sangre Real un pecho tan cabiloso. Vor a buscar quien lo prenda, para que cese mi enojo. Si Tropezón, no me diera noticia astuto de todo, no hubiera podido yo satisfacer mis ahogos. Mucho debes a la dicha. Estoy Margárita loco. Dese aprisión vuestra Alteza, porque el grande Polidolfo mi Rey, y señor, me manda que os prenda. . Cuando es notorio que ya a mi padre obedezco, como a mi señor, que arrojo, que ocasión le obliga ahora para un tan grande desdoro? Preso os tengo de llevar. Ese fuera lance impropio, cuando vos sois mi vasallo, pues vuestro señor me nombró, Pues yo te prendo si basto. Con esos ecos medroso quedó el corazón postrado, a tus pies me reconozco. Pues seguid mis pasos luego. El Rey lo ha escuchado todo, ay Carlos, y como temo los pesares, que ya lloro! Ir a la prisión intento, que si en peligros me noto, entonces hablará el labio lo que digo con los ojos. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Y Carlos fue a la prisión? Sí, pues apenas mi lengua le dijo, que el Rey mandaba, que se fuera a la eminencia preso de la torre fuerte, que del Cielo se descuelga; obedeció mi precepto, y como tiene cadenas, hace ruido suprisión; mas mucho del Rey se queja. Y qué dice? . Qué es injusto tu Padre, porque él hereda de Tesalia la Corona. Muy presto pagar espera con la vida, tanto engaño, con la muerte, tanta ofensa. Pero dime, como abriste de aquesa torre la puerta? Quebranté sus cerraduras, porque supe con cautela, que el Rey mi Padre intentaba allá en su oscura eminencia me matasen, y por eso te mandé, que le dijeras a ese villano, que es Carlos, que preso a la torre excelsa fuese, que pues en los dos, la naturaleza, apenas puso distinción, en él de mi Padre la violencia, empleará sus rigores, quitándole la cabeza. Ya se lo dije yo a Carlos, que a la Corte no viniera, porque las cosas de Corte, suelen quitar las cabezas. Hoy que ha salido mi Padre de Palacio, yo quisiera ver si los Nobles Tesalios por Príncipe me respecan, decretar los memoriales intento en aquesta pieza; y si admiten mis decretos, es fuerza que me obedencan. Ya los memoriales sacan, que eres grave todos piensan, pues te hablan con memoriales. 1. Si despacharlos su Alteza intenta, las peticiones que hay hasta ahora son estas. El Rey sin duda mandó, que de aquesa torre horrenda saliese el Príncipe, ya castigada su soberbia. Dadme un memorial aprisa? 1. Pero el Rey llega a la puerta, y sin entrar se recara en esa colgada seda. . El Príncipe aquí, qué es esto? cuando pesadas cadenas, juzgué que lo molestaban, entre aquesas sombras negras, despacha los memoriales? Así el memorial empieza. Dice así: Julio Colona, que doce años en la guerra sirvió a Polidolfo, pide a su Majestad Suprema, le dé para sustentarse una suficiente renta, porque valiente, y osado cuando asaltaron a Creta le llevó una bala un ojo. Mui clara está la repuesta, que si un ojo le llevaron, es fuenza, que uno más tenga. A este soldado diréis. que si de un cañón la fuerza le quitó un ojo furiosa, fue agasajo de la guerra, que sirva otros doce años en la milicia, y que tenga confianza, que otra bala vendrá con igual violencia a quitarle el otro ojo, con que entonces tendrá entera perdida la vista, para que con su memoria aprenda oraciones, y podrá ganar la vida con ellas, esto le diréis a Julio. Qué respuesta tan discreta, los ciegos son unos santos, oraciones los sustentan. Este dice de esta suerte; Jesús, y que mala letra, para memorial es mucho; Federico de Figeira, por adelantarse tanto en la refriega sangrienta, a lo fuerte de un balazo perdió en la guerra una pierna, y pide. No leo más, breve tengo la repuesta; a este soldado diréis, que luego a la guerra vuelva, y busque su pierna allí, porque es cosa manifiesta, que en la guerra la hallará, si la ha perdido en la guerra. Todo aquesto que responde no tiene pies, ni cabeza. 1. Lo que dice es, que de palo una pierna lo gobierna por habérsela rompido de plomo airada centella, y pide que lo socorra con su piedad vuestra Alteza, pues en su servicio, . A eso os respondo, que si era antes de ir a la campaña hombre de tanta pobreza, con ser soldado alcanzó utilidad no pequeña, porque se ahorra del gasto de romper un par de medias. 1. Infeliz fue este soldado, el tratarle de las piernas es darle en las espinillas. Este memorial es quejas: Don Antonio Figeroa pide quejoso a su Alteza un alto puesto, pues dio en la batalla primera asombro a los enemigos, y terror a las fronteras, bien lo dicen sus heridas, pues con diez bocas abiertas. lo vocean en su cuerpo. Ya es la memoria tercera, no quede en borrones siempre, lo que merece su diestra. Qué arrogante es el soldado, castigaré su soberbia, este pide que le premie con la empinada eminencia de un alto puesto? 1. Es así. Pues al instante haz que venga el verdugo, y que lo ahorque, con eso cumplo dos deudas, a él le dol lo que me pide, y mi cólera se venga. 1. Eso es crueldad, no es premio. El soldado que se precia de buen soldado, jamás debe sospechar que llega a merecer que lo premien por sus heridas sangrientas, hasta, que perdió la vida; porque esa sola es la prenda que perder puede un soldado por su señor en la guerra; y así en mi opinión ninguno, hasta que veloz centella lo despoja de la vida, para que lo premien venga; porque mi premio será dejarlo sin la cabeza. 1. Pues un muerto como puede ser premiado? . Cosa es cierta, que aún muerto, puede premiarse, pues nos muestra la experiencia, que hacen a los muertos honras; y así, si alguien que en la guerra perdió la vida viniere, avisarasme, que intenta premiarlo liberal siempre de mi diestra la largueza. 1. A los soldados tu padre jamás con tal aspereza llegó a tratar. . He notado que está mi padre a la puerta escuchando mis despachos, aquesta ocasión es buena de irritarlo, para que quite la vida soberbia a Carlos ese villano que dice, que el Reino hereda. Villano, sabes que soy el Príncipe, a quien venera toda Tesalia, y Corona con su dorada diadema? Tu reprendes mis decretos, y me dices, que no hiciera mi padre lo que yo hago con hazañas tan sangrientas? Si Polidolfo no entiende el manejo de la guerra, fuera mucho que premiara al que con astuta lengua engañándolo aspirara hasta el premio, que lo lleva? Yo de la prisión oscura me salí sin su licencia solo para despachar estas peticiones necias. Luego me vuelvo a la torre, antes que airado lo sepa mi padre. . Pues allí yo castigaré su soberbia, aunque se enoje Tesalia, y aunque Tesalia no tenga quien herede su Corona, porque una mala cabeza echa a perder todo un cuerpo; y así es cosa manifiesta, que ser á mejor le falte quien en lace su diadema, si ha de ser quien la destruya; porque todo aqueso era no tener quien la heredase, si sobrarle quien la pierda. . Con esto que dije ahora, ya mi padre el Rey sospecha que yo a la prisión me vuelvo, él hará, que con cautela castiguen en ella a Carlos, juzgando, que es el que altera todo Palacio. Tenéis más memoriales? 1. Su Alteza descanse de ese trabajo, porque no hay cosa, que pueda ocupar más el ingenio, con que su Alteza decreta. Pues si no hay que despachar, ya el rubio Sol con violencia descuelga rayos de nácar, con que el Mayo, y Julio queman. A la prisión me retiro, porque es fuerza la obediencia a mi padre; Tropezón sígueme a la fortaleza de esa torre; con aquesto, aunque a mi cuarto me vuelva sospecharán, que soy yo el que en la torre se queja. Carlos, mi bien, no me escuchas? Prodigio del orbe hermoso, es posible, que ya puedo ver dos soles en tus ojos? Pues cuando Carlos, mi bien, menos liberal el rostro dio a entender con el amago tanta fatiga, que lloro? Testigos son los claveles, que si los yere el fabonió, se arrojan flores, y son flechas para herir al soto, pues cuando por verde senda, que entretejen los cogollos de tanta azucena helada, y tanto jazmín frondoso, al estanque dabáis vuelta, en cuyo nebado asombro compitieron dos cristales, afrentas de dos arroyos; a mi esquiva me encontraste, y con corazón celoso para matarme a desdenes se conjuraron tus ojos. Si yo Carlos, si yo Carlos, te traté poco amoroso, el corazón, y más tibio aqueste pecho, que rompo con el tropel de las penas, con el dolor del ahogo, fue mi bien, porque la Reina no acrecentase el enojo, si se avivaban sus celos, viendo que tu cariñoso me tratabas, cuando llora tus destienes, tus oprobios, tu ingratitud, tu ribieza, tu desvío, y tu desdoro; pero no es tiempo de aquesto, Carlos aquí me trae otro, Yo supe, Carlos, yo supe, que trataba Polidolfo darte muerte; ay de mí triste! si lo siento, como lloro, sin que el corazón se salga en lágrimas por los ojos? Luego que atenta lo supe, como es el amor tan loco, sin atender a los riesgos, que nacen de un desahogo, tomé a la Reina esta llave, cuyo yerro artificioso abre esta torre, y buscando aquese estoque, ese aborto de alguna preñada nube, porque cariñosa noto, que ha de ser rayo en tu mano, trueno, relámpago, asombro, Vine llorosa a traerlo para que el valor heroico se defienda con tu mano de todos los que medrosos vengan, para hacer crueles de sangre fieros arroyos. Mientras no viene Jerardo, aquel que entre rudos troncos con el afán del arado vive en la Aldea gustoso, porque yo hice cuidadosa, que a llamarlo fueran prontos; porque si él viene una vez, serás, a pesar de todos, Rey de Tracia, y con mi mano has de ser Carlos mi esposo. En esto no pongas duda, porque es constante, y notorio, que yo heredo la Corona de aquese Reino lustroso. Para que traes Margarita el estoque, si tus ojos son dos flechas, son dos rayos, dos dardos son, que piadosos perdonan la vida a muchos, aunque crueles a otros? Con solo el amago matan de cristal puñales sordos, no era mejor asitirme, y en riesgo tan peligroso, al que pretenda matarme arrojar rayos airosos, esos dos soles envidia de aquel cristalino globo? Pero hacia la torre vienen, no temas, que como todo está cercado de sombras, no podrán verte. . No pongo duda en que vienen crueles a ejecutar lo que lloro. Defenderme determino, aquese sentir apoyo, que luego vendrá Gerardo, y te libraré de todo. . Qué oscura está la prisión Príncipe. . A quien no conozca por si viene a darme muerte, con este estoque respondo. . Posible es, que no conoces a quién te estima? . No ignoro que ya tiene el Rey dispuesto, que en aqueste calabozo me quiten la vida, cuando estoy siempre humilde, y pronto a sus preceptos. . La espada no esgrima tu brazo heroico. Pues dime, acaba quien eres, porque el corazón medroso te teme, y con el temor no puede cesar mi enojo. Vive Dios, que me has herido, y ya corre el humor rojo resta mano; criados luces a la torre. . Arrojo mi temeridad ha sido. Para no ser vista, escojo a este segundo aposento cauta retirarme. 1. Todos aquí a servirte venimos. El Rey es, Cielos piadosos, sino pierdo aquí la vida, conozco que soi dichoso. Cómo villano te atreves? Padre, señor, Polidolfo, Monarca del orbe entero, y atlante de entrambos Polos. Rey invicto de Tesalia humilde a tus pies me postro; quítame esta vida infame, la cabeza de los hombros siegue cuchilla lucida, que ya veo, ya conozco, que con muy poco respeto ultrajé vuestro decoro. Quitadme el alma al instante con ese estoque lustroso, y fino lo hacéis así; yo mismo, señor, yo propio, pensando el atrevimiento me moriré de mi enojo. Levantad luego del suelo, yo el desacato os perdono, como prometáis la enmienda. Así será; mas quejoso me tiene su Majestad, porque cuando yo me postro a sus plantas tan rendido, otras ocasiones noto, que me reprende sin culpa, cosa que lloran mis ojos con lágrimas, aunque tiernas, que moverán a un escollo, Humilde el Príncipe está, gran mudanza reconozco en su natural rebelde, sin que vea el Cielo hermoso esté en la torre seis meses, para que en ella del todo su natural se corrija. Pues siendo heredero solo de la Corona crecida de Fesalia, Polidolfo, padre, señor, Rey, amigo, cómo aquí me tienes? cómo? sin permitirme, que vea del día las ebras de oro? Presto Príncipe saldréis. Ah de morir de este modo su incorrigible soberbia. Pues que ya se fueron todos, salir puedes Margarita acá sin ningún rebozo; pero el Rey cerró la puerta de la torre, que es estorbo para que puedas salir de la prisión. . No es piadoso con migo el Cielo, pues quiere que padezca estos ahogos. Si acaso la Reina sabe estos lances, no reposo, poco será que me quite el alma, con que me informo. No tengas pesar bien mío, porque si sabes que somos Reyes de Tracia supremos desde el uno al otro Polo, tú por primera heredera, yo porque he de ser tu esposo, que poder puede oponerse a nuestro valor heroico; porque con solo saberlo respetaran tu decoro, Solo espero, que Gerardo venga de los valles toscos a la Corte de Tesalia. De piedad movida solo, a pesar del Rey, y guardas emprendo este fiero arrojo, al Príncipe he de sacar de la prisión, aunque todos, a pesar de mi grandeza, intenten ponerle estorbo, Príncipe, mi bien señor, Teágenes, aunque noto que no pagáis el cariño con que abrasada os adoro, un beneficio he de haceros. Yo a pesar de Polidolfo vuestro padre, he de sacaros de este Alcázar tenebroso, las puertas tenéis abiertas, que no hice Príncipe poco en falsear sus llaves fuertes, luego procurad en cobro poneros, porque el Rey quiere, aunque lo juzgáis piadoso arrojar esa cabeza de sobre los Reales hombros. Seguid mis plantas, seguidme, porque aunque el cetro Imperioso os niegue toda Tesalia, yo os ofrezco, y no es arrojo el verde laurel en Tracia, como ofrezcáis ser mi esposo, amándome tiernamente. Pues ya puede tardar poco Jerardo, por Margarita de esta suerte le respondo. Aunque el cuchillo acerado, aunque el verdugo alevoso, viera levantar la mano para cercenar del todo esta garganta, que gime de corazón a los ojos, no os siguiera, porque yo a la dama a quien adoro, tanta fe le guardo, que pesa mi cariño solo mas que el Imperio de Tracia y más que tu excelso trono. Demás, señora Princesa, (si acaso no fuere impropio este nombre de Princesa en vos) que yo reconozco, que la Corona de Tracia si se atiende al derecho solo, le pertenece sin duda a Margárita, aunque todos por villana la desprecian, porque renació del tronco de los Colonas de Tracia; y aunque aquesto que os propoo no fuera verdad, así como, yo lo reconozco, bastara tenerla el alma en lo más vivo, y más ondo del corazón, para que el corazón desdeñoso os respondiera atrevido por lo mucho que la adoro. A tales atrevimientos, con no responder respondo; esa puerta queda abierta, porque veáis de ese modo, que os paga mi bizarría con un favor un desdoro. . Aunque abierta la prisión, de aquí no intento salir, porque eso fuera admirir, su favor el corazón. Pues quedó la puerta abierta, tu Margárita advertida puedes tener la salida, pues vemos que es cosacierta, que ni la Reina te vio, ni Polidolfo ha notado, que aquí con migo has estado. Ni tampoco Carlos yo quiero salir de la torre hasta que venga Jerardo, porque en mil temores ardo cuando es muy cierto que corre tan grande riesgo mi vida, pues Clorinarda enojada, para no verse arrojada del Imperio, mi homicida intentará ser; y así, Astrólogo el corazón, por tenerme en la prisión, me avisa, que me esté aquí, Ese sentir tuyo doro, pero me añade el desvelo más prisiones en tu pelo, pero son cadenas de oro. Pues mi mano, padre indigno, vengue en tu rostro mi saña, sufra tu rostro engañoso esta cruel bofetada. Acudid vasallos míos, venid Grandes de Tesalia, que el Príncipe desatento tomó en mi rostro vengenza, quebrantando las prisiones de las cadenas pesadas. Del Rey son aquestas voces, y si el eco no me engaña del Príncipe forma quejas, que de su rostro hizo estampa a su mano, Margarita, que de aquesto puede el alma inferir? mas ya lo juzgo de entre los troncos, y ramas Teágenes vino, como tierra no se me traga? Pues mi bien no tengas pena, porque si acaso te falta de Tesalia la Corona, puede acaso la de Tracia hacerte falta, bien mío? Nobles míos al Alcázar se volvió, donde está preso, por su crecida arrogancia haced que vaya el verdugo, y luego sin otra causa cruel le quité la vida. Tiemblo de oír sus palabras, sin saberlo Margarita, pues está oscura la cuadra quiero dejar la prisión, y a la pieza, donde estaba me retiraré entre tanto que llega Gerardo. En ansias envuelto el corazón traigo, que injuria fue tan pesada, y a mi padre! como Cielos esos ejes no se rasgan arrojando ardientes rayos, que hasta el corazón me partan; dicha ha sido hallar abierta aquesta torre giganta, que si en su Alcázar excelso, me ven con humildad tanta sospecharán, que no soy la causa de tanta infamia. No estéis con tal sobresalto. Qué es aquesto que me pasa? aquesta que habla es mujer, y sin duda es la villana a quien llaman Margarita, como de la torre estaba la puerta abierta, sin duda dejó la prisión pesada Carlos, . Deja aquesa p porque te verás en Tracia mul presto Príncipe invicio ya Carlos, que aquí en Tesalia te trata mal Polidolfo. Mujer, qué es aqueso que hablas? estás loca, estas sin juicio? Que es Cielos lo que me pasa, pues como Carlos, pues como, de aquesa suerte me tratas, si sabes, cuando no ignoras, que soy heredera en Tracia, porque si hereda su Imperio la Princesa Clorinarda no es legítima heredera, presto escucharás la causa, pues ya debe de la Aldea encaminar sus pisadas a la Corte el buen Jerardo por la florida campaña. Deja tan varias locuras, y advierte, que eres villana, que sola en Tracia es Princesa la que con su mano blanca hará prisiones de nieve, para que en lacen dos almas. No entiendo a Carlos, no entiendo mudanza tan mal fundada, dime Carlos, Carlos dime, porque con desdén me tratas, porque irritado me riñes, porque tu crédito falta a lo que creyó el oído en ocasiones tan varias? Jamás aquesas locuras, que suele pronunciar vana tu lengua, creyó el discurso, porque siempre sospechaba, que eras de muy baja esfera, y cuando aquesto faltara, siendo de Tracia heredera yo tenía toda el alma puesta en Clorinarda bella, y has de advertir, que en Tesalía soy Príncipe, y no me rindo a una villana tan basta. Basta Carlos, basta Carlos, que presto muy a las claras verás quien es Margarita. A la torre con dos achas, viene mi padre, qué miro! sin duda a tomar venganza viene a la prisión, los Cielos rayos contra mi disparan. 1. Enojado viene el Rey. 2. Ahora el Príncipe paga tan locos atrevimientos con la sangre, que lo esmalta. Carlos pierde aquí la vida, estoy al dolor turbada, si yo callo, Carlos muere, y si no callo, son vanas mis presunciones, pues yo con decir, que soy de Tracia heredera, no remedio su vida, porque me falta para que me crea el Rey de Gerardo la probanza. Príncipe, quién sois sabéis? pero que no, es cosa clara, pues tan otro me tenéis, cuando con la mano hacéis, que se me caiga la cara. Sobre ser muy atrevido fue el agravio muy notado, todos mi afrenta han sabido, que como fue tan sonado, hizo el bofetón gran ruido. Rapaz, grosero, villano, a no juzgar, que sois loco, que allí os castigara es llano pero ganasteis muy poco, aunque probasteis la mano. Con vuestro agravio prolijo aborta el alma rigores; porque cuando así me aflijo, como inobediente hijo me hacéis salir los colores. En pena que es tan pesada a vengarme me acomodo, pues en ansia tan colmada agraviarme de aquel modo fue darme una bofetada. Del agravio los testigos séranlo en el escarmiento, y verán vuestros amigos que para un atrevimiento tiene Tesalia castigos. El ejemplo que habéis dado debéis Príncipe sentir, luego seréis imitado, mas quien os puede seguir, si corréis tan desbocado. Mi cólera vengativa solo al castigo se iguala de vuestra cabeza altiva, no es bien que en Tesalia viva una cabeza tan mala. Mal el castigo he pensado, pues muy en vano será, porque si bien he notado, sé que muchos días ha, que sois un descabezado. De aqueste modo, y no en vano responderá mi entereza. El castigo es justo, y llano, aunque paga la cabeza lo que ha pecado la mano. Padre, y señor Polidolfo, por quien temerosos tiemblan, desde el Holandes altivo, hasta la Corona Griega. Tu voz ignoro, no entiendo esas tan injustas quejas, porque yo desde que tú con tu Majestad suprema me mandaste, que habitara aquesta prisión tan hegra, no he salido, vive Dios, que aunque he tenido la puerta abierta mil ocasiones, es necesario, que atiendas que es tu Imperio, que es tu voz caudado de tanta fuerza para mí, que no le excede la más dura, y bronca peña. Lo que más pena me ha dado, es que escuché de tu lengua, que un villano, que un aleve en tu mejilía sangrienta puso la mano atrevida, como sin negar la ofensa pronuncia el agravio el eco, sin que me mate la pena. Mucho agravias mi humildad, cuando tengo el alma puesta solo en tu cariño, solo, y ojalá yo no estuviera en esta prisión oscura, para que tus ojos vieran, que de aquese fementido, que puso la mano fiera en tu mejilla, tomaba cruel venganza, y sangrienta. Y si has juzgado, que yo con acciones poco atentas he puesto sobre tu rostro aquesta mano grosera, la vida me quita al punto, el verdugo luego venga, y derribe de mis hombros aquesta aleve cabeza. Pero padre, más señor, si aqueso solo es sospecha, porque razón, porque causa quier es, que mi sangre vierta de una acerada cuchilla, acción injusta, y violenta. Pero si acaso es tu gusto mi Rey, mi padre, que muera aquí tengo, aquí me sobra garganta para la cuerda, corazón para el veneno, pecho para agudas flechas, sangre para estoque agudo, y vida para la fuerza. Príncipe querer libraros, (si es que puedo, la grandeza concederos, cuando se, que no sois de tantas prendas) es vendarme a mí los ojos, pues cuando aquestos se quejan vieron sobre mi mejilla aquesa mano soberbia. Ya es hora padre, y señor, ya es hora que de la lengua désate mudas prisiones, porque notes, porque sepas quien sobresalta la Corte, y quien el Palacio altera. En ese cuarto cercano, cuya dorada eminencia sirve de olimpo empinado del parque a las azucenas, está un hombre, que atrevido, todo tu Palacio altera, porque cuando yo fui a caza aquel crinito cometa, desbocado me arrojó, a cuya airosa violencia quedé desmayado, y como este hombre, que digo era tan semejante con migo, despojándome de aquellas estiduras que llevaba, quiso hacer que lo creyeran en la Corte de Tesalia por Príncipe, con sospecha de que yo quedaba muerto, esta padre, esta cautela tiene turbado el Palacio, pues para que me aborrezcas, las que acciones hace locas, hace atrevido, que creas que aquesta humildad que es mía con audacía las alienta. Castiga su atrevimiento. y si no dame licencia para salir de esta torre, que yo haré que me obedezca por Príncipe con mi acero, de la Tesalia diadema. Cómo vasallos ilustres vuestras manos no me vengan de ese villano. 1. Tu voz obedezco con presteza. A su rigor tiembla el alma, como en cólera revienta, ciego no llegó a advertir, que yo estaba en esta pieza, Porque vasallos leales me tratáis de esta manera? porque al Príncipe matáis? porque ultrajáis la grandeza? del Príncipe de Tesalia? Pero si es justo que muera, aquí estoy pasadme el pecho con esas de acero flechas. Detened esos aceros, que matáis a quien hereda la Corona de Tesalia; pero que es lo que confiesa mi labio, cuando estoy viendo dos hombres en la apariencia, tan semejantes, que el alma, no es posible, que discierna cual es Carlos. . Santos Cielos! cual en tan neutrales penas será el Príncipe. . Turbada en verdades tan inciertas, como el alma se le ofrecen estoy; pero la Princesa al ruido de las espadas hacia la torre se acerca. Sospechando, que querían hoy castigar la soberbia del Príncipe, a la prisión me trae la piedad atenta. Gerardo, Padre, y señor, mejor fuera, mejor fuera sujetar el rudo arado, que morir con tanta afrenta. Qué tú eres Carlos? . Yo soy. Pues Carlos no tengas pena, que hoy te has de ver coronado por Príncipe de esta tierra. Qué es lo que dices villano? Que su Majestad me atienda, para que sepa, que Carlos, y para que atento advierta, que hereda toda Tesalia, Qué es lo que dice tu lengua? Que diré en breve la causa, si su Majestad licencia me da para que hable el labio. Mi poder no te lo niega. Gran Monarca de Tesalia, invicto Rey Polidolfo, a quien me postro rendido con lágrimas en los ojos. Ya se acordará su Alteza, que un año, cuando el frondoso Mayo abortaba claveles, para que robe el Agosto. La Gran Reina de Tesalia, Rosaura, que en mejor solio se corona de luceros, para divertirse solo se fue a la Quinta, que ciñen los cristales del Páctolo. También es justo se acuerde, que una noche, cuando todo aquel palacio de Campo estaba en letargo sordo, robaron por la codicia de las perlas, y del oro al Príncipe Carlos, niño, y heredero entonces solo de aquesta grande Corona, que tu brazo viste heroico. Sabrás pues Monarca invicto, que este, que miran tus ojos, es Carlos, que los ladrones con el robo temerosos lo llevaron a mi casa, en cuya choza de troncos, se ha criado tantos años sírvame de testimonio esta joya, y si no basta, mira el uno, y otro rostro de los dos que están delante, y lo tendrás por notorio. También, Príncipe de Tracia, que empuñas el cetro de oro, haciendo que tiemble el mundo desde el uno al otro Polo. Quiero que sepas que hereda de Tracia el laurel frondoso, Margárita, esta villana, que en aquese pueblo corto se ha criado, por ser hija de aquel primer matrimonio, que Nise con Federico contrajo, miren tus ojos este papel, que me dio la Reina, cuando ya el rostro se trocaba en azucenas, dejando claveles rojos. De Nise es aquesta letra. Todo lo que veo, y noto es conforme a la verdad, luego a Carlos juren todos por legítimo heredero. Y también le doy gustoso a la bella Margarita el laurel verde, y heroico de Tracia, pues yo imperaba en aqueste Reino solo, porque faltaba heredero; y desde luego dispongo volverme con Clorinarda, a mis Estados. . A rrojo será volver vuestra hija, sin que primero en el solio, se corone de Tesalia, Carlos ha de ser su esposo. Cómo puede ser, señor, si me abrasaron los ojos de Margarira, que flechas no me matan de piadosos. Pues con Teágenes case Clorinarda. . Y yo con gozo le doy la mano, aunque pierda de aqueste Reino espacioso el Imperio, porque pesa, para que la estime loco mas esta mano de nieve, que lo rico del Pactolo. Bien mío, aquesta es mi mano Yo tu esclavo, dueño hermoso, Y yo declaro a su Alteza, que todos los desahogos, que se hacían en Palacio, yo los causaba envidioso, para que su Majestad culpase a Carlos, de todo le pido perdón humilde. Y yo gustoso lo otorgo. Para que aquí tenga fin con tantos yerros no cortos, los Príncipes de Tesalia, y Villano más dichoso