Texto digital de Los príncipes de la Iglesia
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Cristóbal de Monroy y Silva
- Atribución estilometría
- Cristóbal de Monroy y Silva Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los príncipes de la Iglesia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/principes-de-la-iglesia-los.

LOS PRÍNCIPES DE LA IGLESIA
JORNADA PRIMERA
Esta montana de vidrio de cuyas cerúleas ondas bañadas mira el olimpo las Estrellas luminosas. Este ejército de plata, que cuando este enojo logra, torres de aljófar escupe, rayos de cristal aborta, será, Cristianos aleves, testigo de la penosa muerte, que está amenazando vuestras gargantas traidoras. Jope este puerto de Lida, cuya grandeza pregonan tantos dorados clarines, y tantas bastardas trompas, teatro ha de ser sangriento, donde mi cuchilla corba traduzga en púrpura viva estas cristalinas ondas, Yo soy Saulo, cuyo nombre los mismos Cielos asombra, el perseguidor de Cristo, soberbio asombro a la Europa terror al Asia, y espanto a las Áfricanas costas, tanto, que a veces la tierra, asustada, y temerosa de ver desnudo en mi mano este rayo que enarbola, se retira a los abismos a trechos, y de esta forma el campo por donde paso queda sembrado de fosas. Temblando de mí los montes, a los Cielos se remontan, por señas que ayer dos de ellos eran humildes custodias de los imperios de Mayo, e los adornos de Flora: y hoy uno escalando el viento, se ha levantado de forma, que los pinos de su cumbre con el asta, y con la copa, para barrer a las nubes, le están sirviendo de escobas; y otro con mayor aliento globos rompe, esferas troncha, y puesto en octava el paso a las estrellas le estorba. Ministro de su venganza los tribunales me nombran, porque más que las piedades los rigores me ocasionan. Díganlo experiencias tantas, y digalo quien me enoja, pues como cuando el Olimpo, esa ilustre claraboya, ese teatro de estrellas, esa porrátil alcoba de zafiros, ese albergue de Planetas, esa copia de brilladores diamantes, y ese túmulo de antorchas, que prometiendo rigores, y amenazando congojas, cuando por muerte del día, se enlura con negras sombras, con tinieblas se entapiza con crepúsculos se emboza, flechas de nácar dispara, va as de granizo arroja, viste horrores, busca asombros, lanzas vibra, y rayos forja, y tocando al arma truenos, despiden las nubes rotas, tantos racimos de perlas, y tantas sartas de ayofar. Así mi enojo furioso, acaudillando mis tropas, entre diluvios de lanzas, me so icitan victorias. Y siendo así, como tú, Magdalena, osada, y lo esa ley bárbara sigues, a los desengaños sorda, sin que al temor de mi brío tus intentos se depongan? Este Lázaro tu hermano, de quien falsamente informan, que por Jesús Nazareno nuevo aliento, y vida cobra, disculpa tiene en seguirle porque es bien que reconozca (aunque se engaña la fama) tan increible lisonja: pero tú que al Mundo fuiste gracia ilustre, Nifihermosa, el hechizo de los Polos el encanto de las Zonas, ya los donanes sin brío, sin asunto las lisonjas, abanido lo jariso, desalentada la pompa, toda la soberbia humillas? toda la belleza postras? Pero qué aguardo? qué espero? que en esta orilla arenosa, (a quien siempre besa el mar, y pocas veces la goza) no siembro aleves corales, no derramo perlas rojas, equivocando las flores con la sangre que recojan? Este iluminante acero ahora intrépido rompa vuestros cautelosos pechos: Pero Cielos quién me estorba? quien el brazo me desmaya? o quién el valor me acorta? No soy Saulo? no soy Saulo? de quien estás plantas todas se estremecen cuando escuchan mis voces, mis voces roncas? Tituica el mar? las aves, o huyen, o se remor Y ese páramo caduca, pues hace temblar ahora un promoraorio de flores, y un obelisco de hojas? Válgame el Dios de Jacobl que fantasmas, o que sombras de este luminoso acero sedientos filos embotan? Sauio, Saulo, detente, y pues tanto te precias de valiente, tu enojo se reporte, no en los rendidos tu cuchilla corte, que matar al cobarde es poca gloria, y vencer al vencido no es victoria. Vive el Dios de Abrahán, viles Cisdianos, dos despedade con mis propias manos. Car. el Dios de Abrahan vive, para nuestra defensa se apercibe, pues porque no perezca tristemente tanto isade innocente, dando ocasión a nuevo beneficio, estorba el inhumano sacrificio. Si la vida me quitas, darme vida de nuevo solicitas, porque en la muerte gozo la divina presencia de mi esposo, y en gloria dulcemente apetecida, (da, con Dios no hay muerte, porque todo es vi y de a misma suerte (te. sin Dios no hay vida porque todo es muer. Cuando la luz de la verdad escondes, con razones sefísticas respondes? Ida, Pues si en morir por Cristo halláis vi la muerte quiero daros repetida, Furre las olas veo, (o me lo representa mi deseo) (rota que el mar a una barquilla humilde, y con disciplinas de cristal azota, quiero para embárcaros, los apretados nudos desataros. . Entrad al mar, ahora que arrogante tantas torres erige de diamante, ahora que violento, riñe, forceja, y lucha con el viento, y recando la esfera trasparete sente, hierve el agua en las aleuas del Ori- Ya obedecen tu enojo. (tojo S. Defiendaos Cristo, cuando yo os ar- sin remos, y sin vela, los recibe la antigua caravela: la salada república de escamas del Cielo apaga las ardientes llamas, ravos el Cielo envía, encoje el Sol la púrpura del día, y con ruidoso estruendo, a trechos en el mar está lloviendo: porque el agua que sube, como deja mojada alguna nube, cuando viene bajando, el agua que se queda va estilando. Ya el leno fatigado entre encrespadas olas deshauciado tembando de sí mismo se apercibe al postrero parasismo, ya un golpe lo rodea, por tu multos de espumas titubea, ya en un escollo choca, ya lo reduce astillas una roca. Mas qué miro, qué aguardo? confuso me suspendo, y acobardo. El mar en un instante inobediente a soplos de Levante las aguas asustadas, y las soberbias olas amanadas, deja la tierra absorta, y el enojo colérico reporta: (gos y si antes hizo al navichuelo ama- ya le ofrece caricias, o ya halagos. un risco de agua, que al subir violento tropiezo de las nubes fue en elviento, ya torpe no navega, se embarga, se recoge, y se sosiega, cuatro viles Cristianos, deslucen sus rigores inhumanos. Ahora alborotado el mar, y en un instante solegado! es verdad este empeño? sueño es elmío, o su mudanza es sueño: Ya todos mis Soldados, atonitos, absortos, y elevados, este prodigio miran, de la mudanza subita se admiran; pero a mí no me asombra lo que he visto, porque sin duda encantos son de Cristo, Pues vive el alto Cielo, en cuyo pabellón de terciopelo, o soberbio, o galante, crespa guedejas riza al Sol radiante, que esta tarde en Damasco los Cristiano. han de probar la furia de mis manos, pues cuando sus gargantas amenace, un rayo esgrimira que los abrase. Qué temerosos clamores, o qué acentos lamentables están ocupando tristes la vaga región del aire? Sospecho que pavorosas las estrellas rutilantes, ya temerosas se esconden, y ya asustadas se esparcen. Oh, como turbado el viento parece torpe, y cobarde, que se detiene en las peñas, o qué tropieza en los sauces? Qué es esto, Floro? por qué, dime, en mudeces cobarde? que sentimiento te obliga a tan penosas señales? Sin duda alguna desdicha ha sucedido en mi sangre, que aunque lo calla tu lengua, me lo dice tu semblante. Murió. . Quién? Murió Tabira tu hermana, ley inviolable es el morir, no te rindas al yugo de los pesares ni postre la pena triste tu valor incontrastable. Válgame el Cielo! ay, hermana! si sabes Floro, si sabes de Tabira las virtudes, que tantos Reinos aplauden, su caridad prodigiosa, desde donde Febo nace, acreditando en Oriente de arrebolado diamante, hasta donde se sepultan los espumosos cristales, o donde vestido de nubes apagan su luz flamante. Si sabes que sus limosnas, su cuidado vigilante excusaba de los pobres forzosas necesidades. Si sabes que en este puerto era por fanta, y afable, si dueño de los efectos, imán de las voluntades, no quieres que sienta? . . No, dejad el triste desvelo, que pues lo dispuso el Cielo sin duda alguna importó. Quién eres? . Quién escuchó de este Pueblo el sentimiento, que a tu hermana muerta atento, le ofrece, ofendiendo a Dios, suspiros de dos en dos, lágrimas de ciento en ciento, No ha de afligirme, señor, la desgracia sucedida? Quién le ha quitado la vida, Claro está, que su Criador. Luego tu pena es error, si tu lengua me confiesa, que por Dios su vida cesa: sentirlo es delito atroz, pues de lo que hizo Dios das a entender que te pesa Ya conocerte deseo, porque confuso me pones con tus discretas razones, Yo soy Pedro el Galileo, vine a Jope, donde veo el sentimiento mayor que ha prevenido el amor por la muerte de tu hermana. Es su virtud soberana. Es divino su valor. Mirad, cuando un justo muere, no es justo tener disgusto, que de la muerte de un justo la vida immortal se infiere: en la muerte se prefiere, que es la vida una pasión, para los justos pensión, que mientras al Mundo viva estará el alma cautiva, siendo el cuerpo la prisión. Luego si de cautiverio, un justo sale en la muerte, y por ella de otra fuerte goza el Celestial Imperio: en la vida cautiverio, y en la muerte se mejora; y así aquel llanto de ahora; mas que favor es desdén, porque no la quiere bien quien de sus aumentos llora. Pues si mi hermana querida con las limosnas que daba a los pobres remediaba, no haráles falta su vida? No, porque aunque preferida fue en caritativo celo, de los pobres el consuelo a esos pobres, cosa es llana, que aunque les falte tu hermana no ha de faltarles el Cielo Mira las voces que dan. Mucho su virtud estiman. El corazón me lástima, qué tristes todos están! adónde está? . En esta sala: bien puedes darle la vida, pues tu virtud conocida, Pedro, ninguno la iguala. Yo darle la vida, no, Dios por mí, bien puede ser, que de su inmenso poder soy Ministro humilde yo. Oblíguete el sentimiento, aunque ya tengo adquirida esperanza de su vida, pues tú la miras atento. Porque cuando solicitas con majestad más noctoria ostentar de Dios la gloria, con tu sombra resucitas. Y así, Pedro, no me asombra que le infundas nuevo ser; porque más ha de poder tu vista, que no tu sombra. Viva Pedro, Pedro viva. Tu nombre, Apostol, aclaman, y luz del Mundo te llaman, hoy este favor reciba Jope, pues la Fe confiesa que tú, Pedro, has predicado, y con divino cuidado la Ley de Cristo profesa. Tabira, que muerta está, tu aliento Pedro reciba. Si importa, amigos, que viva, Dios la resucitara. . Viva Pedro. . Qué milagro! Viva Dios, que es el Autor de este presente favor. A tus plantas me consagro. Levantad, no estéis así; aquesa acción no me agrada, porque es humillarse a nada el humillaros a mí. Id al Templo, y dad al Cielo gracias por tal beneficio, y ofrecedle sacrificio. Viva Pedro, luz del suelo. . Sacro Redempror del Orbe, y soberano Monarca, cuya Majestad celebran las Querúbicas Escuadras. Divino Maestro mío, en cuya ausencia se hallan sin aliento los sentidos, sin desahogos el alma. Ya vuestro Cesareo nombre, ya vuestra Fe soberana por las Provincias se estiende, por el Orbe se dilata. Juan, Águila misteriosa, alimentada en las llamas del sacro esplendor en Grecia prédica vuestra palabra. homas le imita en la India, Judas en Mesopotamia, Barrolome en la Armenia, Diego en la florida España, Mateo está en Etiopia, Andrés asiste en Acaya, Felipe en Scitia, Mathías en Judea, y en Albanía Bernabé, cuando Simón yace en Egipto, y en Asia. Todos vuestra Fe publican, todos vuestro nombre ensalzan: no hay duro escollo, ni roca, cuyas concabas entrañas nieguen eco a los acentos, que os repiten, y os aclaman. Como en Occidente el Sol pisa alcatifas de grana, rojo corazón del Cielo de quien es prologo el Alba, que a cada rayo que esconde una Estrella se levanta, y muerta su luz, al punto resucita en luminarias. Así el Sol de tu doctrina ausente, salen las claras estrellas de tus Ministros resplandeciendo en las almas, y embarazando gloriosos los metales de la fama. Solo quisiera, Señor, de Simon Mago, que engaña con sus encantos la Plebe, desterrar las ignorancias. Destruid esta serpiente, fiero daño de las almas, que a mi doctrina se opone, fingiendo deidades vanas. Fuera de esto, estoy penoso de ver que las leyes mandan no tratar incircuncisos, por cuya dudosa causa no doy Baptismo a Gentiles, negando luz a sus almas. Temeroso en esta duda, he querido consultarla con tu piedad infinita: Mas qué accidente (oh, humanas pensiones!) me aflige ahora? con hambre me siento, y tanta, que a pesar de mi deseo me desalienta, y desmaya. Pedro, pues hambriento estás, mata, y come. . Aquesto pasa, Jesús, cuanta sabandija! no hay lagarto, no hay arana. víbora, salamanquesa, serpiente, culebra, rana, lagartija, alacran, sapo, suegras, tías, y madrastas, que no se halle en el lienzo, linda comida le aguarda. Si no es sustento de hombre el que miro, como mandas qué mate, y coma, Señor? cruel precepto! ley extraña! Mata, y come. C a un lagarto desenvaina los dientes, y vive Dios, que tiene más de una cuarta cada colmillo. . Señor, alto Rey, sacro Monarca de animales ponzonosos, que me sustente me mandas? Mi bendición les he dado, come, qué esperas? qué aguardas? Qué musterioso prodigio! Unos Géntiles te llaman, que en ti, famoso Maestro, buscan la salud del alma. Ya de la visión infiero las enigmas señaladas: los animales que he visto son los Gentiles, y manda Dios, que al Gremio de la Iglesia los reciba. Oh, soberana, y grande mi sericordia! Sacrificios alegres Márcela ofrezca al divino Apolo, deidad suprema. Esta florida ribera, este prado lisonjero, donde a pesar del Enero todo el ano es Primavera: Esta estampa de la Esfera, que matizan los fuigores, pues entre dulces favores, y entre galas siempre bellas, si aquella se viste Estrellas, esta se aojudica flores. Servirá por su interés, que es mirar bellezas tantas, de alcatifas vuestras plantas, de tapete a vuestros pies: ya el Sol rubicundo, que es nuestra deidad superior, reconociendo al amor conque le intentáis servir, peina en tronos de zalir madejas de resplandor. Vos, bellísima Senora, cuya bella perfección es del Cielo emulación, y ojeriza del Aurora: de un amante que os adora las ternezas escuchad, y perdone la deidad del Sol, que de esa osadía será la disculpa mía vuestra divina beldad. No dilato el galardón de tus finezas constantes, que con otras semejantes acredito mi afición: a tu amorosa pasión, el alma tierna, y piadosa, en estimarla dichosa, y en merecerla lucida, satisface agradecida, y corresponde amorosa. Esa amante bizarría reconoce el albedrío, pues que deja de ser mío, porque vos, Reina, sois mía no compite bello el día el rosicler que ostentáis. Bien con finezas pagáis mi voluntad verdadera, pues si queréis que yo os quiera, yo quiero que me queráis. Antes de verte te amé con amorosas porfías, pues si al paso de los días crece el amor, y la fe, tan ggante mi amor fue desde el punto en que te vi, que para llegar en mí a tan superior estado, era fuerza haber amado mi bien desde que nací. Hoy Márcela te e y por deseado fruto, a Apolo, Dios absoluto, justo sacrificio ofrece. Si tu beldad lo merece, dígalo el Dios superior; pero píntame tu amor. No haré que en tales ternezas, quien repite las finezas, no se paga del favor. Eres discreta. . Tu hermoso. Tuyo soy. . Seré dichosa. Quiérote como a mi esposa. Adórote como a esposo. Qué gallarda! . Qué brioso! Qué lucida! . Qué constante! Qué bizarra! . Qué galante! Soy tu Sol. . Y yo tu estrella. Quién tuvo esposa tan bella? Quién tuvo más sino amante? Sacrificios alegres, Llegad al Altar sagrado, al sacrificio, y merezca el favor del sacro Apolo, a quien mi Reina celebra. Santo Apolo. Apolo insigne. Cuyo valor. . Cuya ciencia. Qué es esto? Mujer detente. Qué cólera, o qué fiereza te excita contra el decoro de la Majestad Suprema? Así tratas la deidad, a quién adora la tierra? de su grandeza no temes? de su presencia no tiemblas? No tiemblo, bárbaro Rey, que idólatras la torpeza de un Ídolo, y a mi Dios la justa obediencia niegas. Los méritos antepones, y la imagen reverencias de una criatura? . Matadla; cortadle la torpe lengua, que contra el divino Apolo tantas repite blasfemias. Dejadla, no la matéis; quién te obliga, mujer bella? quien, peregrina hermosura, gallardo honor de las selvas, a osadías semejantes? Por qué valiente desprecias nuestro Dios? porque atrevida esa cuchilla sangrienta contra el Sol juegas osada? contra Apolo esgrimes fiera? Aunque quitarte la vida no era bárbara inclemencia, no pretendo con tu sangre disciplinar esas hierbas, hasta escuchar la ocasión de esta cólera violenta, que precipitada borra, y que desbarata fiera al padre del resplandor, Monarca de las Estrellas, al tesoro de los rayos, luminosa gentileza; al que en purpúreo dosel, desperdiciando centellas, les da alimentos de luz a los radiantes Planetas Yo soy, Monarca engañado, yo soy bellísima Reina, quien siendo restituida a la luz de las timeblas, del Dios Divino que adoro, sigo la Ley verdadera. Y para que conozcáis su Majestad, y Grandeza, escuchadme un poco atentos, aunque cifrarse no pueda lo divino de su gloria en la esfera de Si dejando idolatrias hay quien salvarse pretenda, sin que a las voces del Cielo se revele, y se ensordezca, ni descuidado me escuche, ni divertido me atienda, que a pesar de obstinaciones, la Fe Católica es esta. Es Dios Criador poderoso del Orbe, y de las Esferas, tres en Personas distintas, mas uno solo en Esencia. Padre, Hijo, y soberano Espíritu son aquestas Personas que he referido; y aunque Personas diversas una Divinidad gozan, un poder, una grandeza, una deidad, una gloria, una virtud, y una esencia. Increado, inmenso, eterno es el Padre, y de la misma suerte el Espíritu, e Hijo, sin que alguna diferencia de las Personas minore valor, o naturaleza. Como un anillo es el Padre, sin alguna dependencia, y de su Sacra substancia al Hijo Divino engendra: siendo el Espíritu Santo de la voluntad inmensa de los dos un precedente, para oloria suya, y nuestra, Esta Fersona segunda, por redimir las ofensas de Adán, unió a su deidad la humana naturaleza. Bajó disfrazado al mundo, y nació de una Doncella en un Portal una noche, ocultando su grandeza. Cerca de treinta y tres anos peregrinó las desiertas campañas del Orbe, obrand tantos milagros, que apenas el número de los Astros se atreve a su competencia, Este Hombre Dios, y Dios Hombre, es Jesús, a quien celebran cuantos de su Majestad miraron la Omnipotencia. Padeció varios tormentos, hasta morir con afrenta en un madero desnudo, porque la gente proterva, obstinada en sus errores, sin reconocer su Esencia, sin admitir sus milagros, y sin venerar sus prendas, de tanta fama invidiosa, de tanto aplauso, soberbia, su rencor ejecutaron con crueldades manifiestas. Al fin le crucificaron, pendientes sus Manos bellas de dos sangrientos aceros, y otro en las plantas, por senas que yendo yo a visitarle, en un convite una siesta bané sus Pies soberanos, llorando lágrimas tiernas. Y como al sangrarlos Pies, con tibio cristal los riegan, parece que en profecía fui Ministro de su pena; pues si habían de sangrarle los clavos que le atraviesan, bien fue, que entonces mis ojos para que no se perdiera la ceremonia con llanto banaran sus plantas bellas. Murió sin quedar coral, que reservaran sus venas, y pronunciando la muerte, bebió las ansias postreras. Cuando vestido de sombras el rubici dol cuanto adornaron reflejos, entapizo de timeblas, y de su difunta luz no resultaron pavesas. Luchó el aire, lloró el Cielo, gimió el mar, tembló la tierra, las piedras averiguando los Autores de la ofensa, allí quebrándose luchan, aquí luchando se quiebran. Resucitó a los tres días, subió a la Imperial Esfera, y cuando el último vale, repita el Mando a la tierra, de todo el linaje humano vendrá a tomar residencia. Doce Discípulos suyos, que eligió su providencia, salieron a predicar sus marabillas supremas: si bien perseguidos todos, padecen varias ofensas de espíritus obstinados, que a su deidad se revelan. En un bajel derrotado, que cuando el golfo navega cerúleos cristales chupa, y entre espumas titúbea, con otros cuatro Cristianos, que en aquesta orilla quedan, desterrada he navegado desde Jope hasta Márcela. Este es el Dios que predico, esta la Ley verdadera, dejad Ídolos profanos, que si algún poder tuvieran al rigor de mis aceros, no excusaran resistencias. Confuso estoy, y admirado. Monarca, no te suspendas; y porque no pongas duda en verdad tan manifiesta, pues has hecho sacrificios, porque heredero te diera aqueste profano Apolo, que en tu Corona suceda, y sordo a tus dulces ruegos lo que pediste te niega, yo del Dios que amante adoro, alcanzaré que te ofrezca heredero de tu Reino. Si lo alcanzas: . Si lo intentas: Te aseguro: . Te prometo: A ese Dios: . A esa Ley nueva: str Rendir: . Sujetar: . Po La libertad. La obediencia. Pues vamos, porque de espacio sepáis mayores grandezas, y del Bautismo gocéis la gracia. . Sin duda es esta, quien la verdad nos descubre. Sus voces lo manifiestan. Viva la luz de mi Reino. Viva Cristo, Apolo muera. Valientes Soldados míos, cuyas victorias sangrientas, aquella deidad alada, que por las etéreas selvas esgrime el dorado vuelo, inmortales las celebra, acuchillando los vientos con las alas que despliega. Gloriosos partos que al Orbe dio el valor, y la soberbia; cuyo despojado brío, nunca admitió competencias. Ya sabes como a Damasco nuestros intentos nos llevan, para destruir de Cristo la nueva Ley, y la Iglesia de este cauteloso Joven, de este engañado Profeta, que contra nuestros preceptos utela divulga necias Mas vive el Dios de Israel, que la máquina gobierna de ese pabellón de luces, y de este tropel de esferas, que no ha de quedar Cristiano en Damasco, ni en la tierra, que no rinda el cuelio infame a mi cuchilla sangrienta de aqueste dorado alfanje, cuando enarbolado tiembla en esta mano, que azora con él la región Eterea. No hay ave (no lo ignoráis) que fatigada no tema; no hay pez, que no se me esconda en pardos bosques de arena. Las flores, de solo el viento de sus hilos se deguellan, y por no vivir temiendo, todas de morir se alegran, tanto, que a solo un amago, caducos montes se pueblan de destroncados claveles, y marchiras azucenas. El más rugiente León, que cuando a bramidos piensa causar horrores al viento, sobre los lotos se ostenta, desenvainada las garras, furiosa la vista atenta, crespo al copete del lomo, sacudidas las guedejas, si me mira se acobarda, y humanando su fiereza, la cerviz nervosa abate, y humilde lame la hierba. Al fin, fuentes, brutos, sotos, vientos, aves, flores, hierbas, cuando me miran, me temen, cuando me escuchan, me tiemblan, si me atienden, se acobardan, y si me sienten, se ausentan. Mirad, como a mi valor, a mi aliento, a mi fiereza; aquestos viles Cristianos han de buscar resistencia? Ya por entre aquellos riscos se descubren las almenas de Damasco, toca al arma, tiemble asustada la tierra. Ea, valientes Soldados, guerra contra Cristo, guerra, no quede Cristiano vivo en Damasco, Cristo muera. Saulo, por que me persigues? 1. Válgame Dios, que tragedia. Quién eres, Señor, quien eres, que así mi furor sujetas? Yo soy Jesus Nazareno, a quien persiguen tus fuerzas. Qué quieres hacer de mí? Entra en la Ciudad, y en ella sabrás, Saulo, lo que puede la Divina Ommpotencia. 1. Turbado estoy. 2. Yo confuso. 1. Qué Divina voz es esta, que a Saulo quita la vida? 2. Solo los acentos sueñan; nada miro. 1. Nada veo, levantadle de la tierra, y a la Ciudad le llevemos, pues está Damasco cerca.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Extraño suceso ha sido y lastimoso dolor. Tiénele el Rey mucho amor, infinito lo ha sentido. Al fin, Floro, la doctrina de María luz nos dio, y el Reino se convirtió por esta mujer Divina. Ya del Ídolo profano la adoración vana cesa, cuando Márcela confiesa al Mesías soberano. Preñada la Reina dio testimomo verdadero, y prometiendo heredero, festejo al Reino causó. Quiso el Rey agradecido, a tan deseado bien, venir a Jerusalén, adonde reconocido visite aquellos lugares, en que padeció el Señor; ocasionando fervor sus acciones ejemplares. Embárcose diligente. de la Reina acompañado, que no quiso enamorado vivir de su vista ausente. El mar soberbio ofendido de los soplos de un Levante, se alboroto en un instante, furioso, y embravecido. Y ruidoso su cristal con obstinada porfía, montes de espumas ponia. sobre escollos de cristal. Parió la Reina asustada, y a dos horas de parida rindió a la Parca la vida, lastimosa, y malograda. En esta Isla ha acordado. dejarla el Rey pesaroso, y el viaje peligroso proseguir determinado. Cruel pena! trance fuerte! y ha de llevarse también el Niño a Jerusalén? que antes se verá su muerte. No hallando quien le sustente en la nave, no es mejor, que por no ver su dolor quede con la Reina ausente? Dejadme, porque al llanto anegue los sentidos, y afligido sienta mi pena, tanto, que de sentirla quede sin sentido; y en ansia tan penosa, la mía pierda, pues perdí mi esposa. Es tanto el sentimiento, que por él vive en vacilante calma, embargado el altento, la voz dudosa, y asustada el alma, mirando en un instante difunto el Sol, que idolotraba amante. 1. Señor. Nadie me hable, dejadme todos, nadie me consuele? o, mar incontrastable! siempre el furioso Boreas se revele, opuesto a tus cristales, y con su mal castigue tantos males. Siempre el cuarto Planeta te niegue de sus rayos el consuelo, siempre borrasca inquieta cuando en rojos carbones arda el Cielo tu inquietud interrumpa, te ofusque osada, intrépido te ropa. Dulce consorte mía, luz de los ojos de la luz ausentes, que bárbara osadía, se atrevió a tus fulgores esplen- dientes, y ausentando arreboles, eclipsó de ese Cielo los dos Soles? Quién se atrevió a tus rayos? quien a tu rostro, dulce bien, se quien dio al Mayo desmayo? quien pálida introdujo tanta nieve, y ofendió con agravios el clavel rozagante de tus labios? Cuando en tus dulces brazos amorosos requiebros alternaba, solicitando lazos. de amor, mi vida a voces te llamaba, y eres la vida mía, pues de tu vida ausente no vivía. Pues si falta, señora, tu vida, luego yo muerto he quedado con una vida ahora; viviamos los dos en tal estado, y es, mi bien, caso cierto, que no tendré yo vida, si tú has muerto. Miente la fantasía; es sueño el mal que al alma representa? ay, dulce esposa mía. penosa el alma tu tragedia sienta, que en males repetidos, para sentir se hicieron los sentidos. Y vos, bello innocente, de este difunto Cielo breve Estrella, como tan inclemente quitáis la vida a vuestra madre bella? como mi mal causando, si salís a vivir, salís matando? Adiós, querido Infante, morid con vuestra madre, pues ma suerte me ausenta en un instante, por no ver a mis ojos vuestra muerte; estas floridas ramas, os servirán de túmulos, o camas. Adiós, esposa amada, a diós, infante tierno desgraciado; o, angustia no pensada! o, corazón, en penas engolfado, ay, infelice día. va me aparto de vos, esposa mía. Cómo, Divinos Cielos, como, justo Monarca soberano; permatis mis desvelos? no me castigue vuestra arrada mano. Monarca poderoso; mirad mis ansias, pues que sois piadoso. Sosiega el pecho triste, suspende la aflicción, deja el lamento, Quién eres, que veniste a ser iris de tanto sentimiento? Yo soy Pedro tu amigo. Deja tu esposa, y vamos. Tus pasos sigo, Apostol obedien te. Esta Isla en que estamos. su sepulcro ha de ser, y de ella ausente minorará la pena el alma triste, de congojas llena. Si tu Divino aliento me anima ahora, Apostol soberano, olvidaré el tormento de la quietud, fierísimo tirano. Pues al Cielo agradaste, hoy verás la Ciudad que deseaste. Absorto, y suspendido me tiene tu mudanza, Saulo amado; bien mi lagroso ha sido el suceso, que tanto te ha trocado, sin duda el Cielo con feliz empeño, tu precipicio estorba, y tu despeño. Tres días triste, y solo, rendido de un letargo pesaroso, sin ver la luz de Apolo te ha tenido este caso prodigioso, y sin que al suyo tu valor resista, trabó la lengua, y embargó la vista. Ya por virtud Divina has cobrado la vista que perdiste, y pues se determina el Cielo a sus mudanzas, no estés; triste pues gozas venturoso dulces favores de JESus piadoso. A mí me manda el Cielo, que a visitarte venga, y que de Cristo, con fervoroso celo la Fe te enseñe, que obstinado has visto, dime lo que te pasa, porque atento rinda mil atenciones a un acento. No te espantes de que mudo, no te admires de que absorto, torpe la lengua en los labios, muerta la luz en los ojos, viva quien murió viviendo de los Imperiales Tronos, gloria abreviada a una nube, y luz reducida a un globo. Mas para desempeñarme de misterios tantos, como por enigmas, y por rasgos, por cifras, y por asomos te he de referir ahora, tu noble atención invoco. Salí de Jerusalén, cuando el Sol con líneas de oro, retocando las espumas de este marítimo golfo, se despeñaba brillante, conduciendo luminoso de las playas del Oriente a los cerúleos escollos, una inundación de rayos, y un piélago de tesoros. De ciento, y veinte Soldados, fuerte Escuadrón, aunque corto, caminaba acompañado, y de llegar deseoso a Damasco, para dar a locas venganzas logro. Hería un blanco caballo, hijo adoptivo del Noto, y tan pedazo de nieve, que pensaran muchos ojos, que por la clín, y la cola se iba deritiendo el propi Cuando hollando sacudia a las violetas el polvo, se peinaba con las manos las clines, galán, y airoso: porque tanto las doblaba, mintiendo nubes de polvo, que pude desde la silla contarles los clavos todos. Cuando corriendo volaba con las plantas por el soto, iba encendiendo centellas, y más de un Soldado absorto, le juzgo esfera donde eran las Estrellas astros rojos; y las blancas herraduras medias Lunas de su globo. Caminaba de esta suerte, soberbio, vanaglorioso, mirando empinados montes, que el Cielo escalan heroicos, y cansados de subir, sudan perlas en arroyos. Mirando plantas, que bellas doseles fingen umbrosos la maraña de las hojas, y el enredo de los troncos. Mirando galantes flores, que en melindrosos pimpollos, mosquetas pulen el prado, claveles bordan el soto. Y en el repecho de un risco, viendo colérico un Oso, que luchando con los robles, y desgajando los olmos, al umbral de las encias los dientes asoma corbos, a cuyo furor opuestos, poblando de espuma el bozo los arrugados estoques de su frente esgrime el coto. Al fin, no hay rosas de cuantas bosqueja el Abril umbroso; no hay abe esmaltando el viento, no hay pez fatigando el golfo, y no hay garza, que peinando onio, le con las alas blanco cometa del aire, y viva nube de Apolo, aqueste sitio no tenga, y no habite este contorno tan argentado de flores (búcaros, que los sollozos del Alba recogen, para brindar al Sol luminoso) tan poblado de mosquetas, y diamantinos arroyos, que era por galán, por bello, por florido, y por vistoso firmamentos de acá abajo, desgajado de los globos, para vanidad del valle, y para pompa del soto. Divertido de mirar planta a planta, y tronco a troco, entre lo rojo lo verde, y entre lo verde lo rojo, por el ceño de unos riscos descubrí a Damasco, y como ravo, que sembrando llamas, ya es escándalo, ya asombro, espinerizando flechas, descubriendo uñas el Oso, Tigre vibrando la garras, y colérico Unicormo cuando acómete, empuñando el montante de su rostro, así apliqué a los hijares los dos hacícates de oro, y el caballo con busidos, pareció, que caluroso tenía fuego en el pecho, y exhalando el humo todo por las hinchadas narices, con sus espumas él propio al pecho se daba baños por minorar lo fogoso. No bien ahajó las flores, cuando asustado, y absorto despeñándome se arroja por la cenefa de un soto, quebrado el freno, el jaez todo sembrado de polvo, enmarañadas las clines, puestos en blanco los ojos, el pecho sobre la arena, desconcertados los hombros, las manos, y pies doblados, la guedeja sin adorno: y mordiendo con los dientes la lengua ardiente, y furioso; yo sin vida, sin aliento, con susto, con alboroto, sin sentido, sin acuerdo, con humildad, con asombro; pero qué mucho; si vieron turbados, sí, mis dos ojos sincopado todo el Cielo? escúchame, y verás como. Un divino resplandor, una inmensa majestad ostentaba su deidad, descubría su valor: tan bella, tan superior que apenas le pude ver, cuando trocando mi ser se represento galante, en carroza de diamante, y en solios de rosicler. Argentados tornasoles, como nubes le encubrían, de alcatisas le servían mil ejércitos de soles: exceden sus arreboles a la esmeralda, y jazmín, y con reflejos al fin, vi, que la esfera retrata, entre obeliscos de plata, piramides de jazmín. Esto he visto, y no me atrevo a más, aunque no lo ignoro, porque son de Dios secretos que me comunicó el propio, y no le conviene al hombre referírselos a otro. Dicen, que viendo mi gente toda turbada del modo que quedé, la voz sin vida, bañado en sudor el rostro, desaliñado el cabello, llenos de escamas, los ojos, torcido el cuerpo del golpe, sin luz los sentidos todos, descolorido el semblante, secos los labios del polvo, a su casa me trajeron, aquí mudo, ciego, absorto, ha tres días que padezco una elevación, y asombro, que sin vida me ha tenido. Esto es lo que pasa todo, ya arrepentado, ya tierno, ya contrito, ya devoto, de Cristo el Bapusmo pido, de Jesús el Nombre invoco: ya su poder soberano, ya su valor milagroso troco en amor el amago, trocó en voluntad el odio, en cariño el amenaza, y en agasajo el enojo. Abrazadme, Saulo mío, de mis esperanzas logro, en quien deposita el Cielo tantos misterios heroicos. Dame mil veces los brazos; qué esto escucho, qué esto oigo! Saulo al gremio de la Iglesia reducido, el que fue asombro de crueldad! . Dame el Bau tismo, de quien vivo deseoso: porque mi mudanza admire, que de las piedras, y escollos, hace hijos de Abrahan el Monarca poderoso, Saulo, obediente te escucho, Ya mi humildad reconozco. Quiéres ser Cristiano? . Sí. Seguirás a Cristo? . Y cómo? Defenderás su Doctrina? Defenderela animoso. ̱. Predicarás sus grandezas? ̱. Y su Nombre Santo, y todo. J. Repugnarás otras leyes? Ya sus engaños conozco, Darás por Cristo la vida? Cien mil vidas fueran poco. Pues el Bautismo recibe. Ya le recibo dichoso. Milagros son cuantos veo. prodigios son cuantos miro, en Jerusalén asisten Pedro, y mi esposo querido. visitando los lugares, . y yo, sin ser vista de ellos, los venero, y los visito. Aquesta sangrienta calle, que bordan corales finos, fue de la crueldad teatro, y fue del rigor testigo. Por ella pasó Jesús acosado, y perseguido al Calvario, Monte donde los inhumanos Ministros le introdujeron objecto de su furor vengativo. Los labios humilde estampo en tan soberano sitio. Allí una mujer habita, que con piadosos designios la sangre, y sudor del Rostro recogió en un lienzo limpio. Dichosa mujer que guarda tesoros tan peregrinos. Ven, llegaremos al Monte, donde mi Maestro Cristo murió por darte la vida. Qué portentos! Qué prodigios! Un impulso superior R obarda. yac e sujer Subiré al Calvario? Aguarda. Quién me lluma? Ay tal dolor! Sin duda que no me ve, pues a hablarme no me viene. Aquí una voz me detiene, sin saber quien su author fue. A no estar sin luz la rosa, que ilustró la prima vera, sin duda me persuadiera a que es la voz de mi esposa. Quiero volver a llamar; mas el Cielo (qué portento!) en mudece el triste acento: te (no puedo pronunciar) esposo, quién me suspende? Es engaño del deseo? nada miro, nada veo, quién engañarme pretende? Aquesta voz que me habló, y aqueste acento que oí, es voz de mi esposa? . Sí. Luego no está muerta? . No. Pues no está sin vida? . Ida. Me andas engañando? . Ando, De oír me estoy admirando una voz tan parecida: válgame el Cielo! Daré en buscarte, esposa? . Osa. Triste el alma, y angustiosa, si te escucha, no te ve. Voz, dónde está el dueño tuyo? Yo la obligaré a ausentar. Ya me ausentan, qué pesar! La vida concluyo. Huyo. Dónde huyes? Donde vas, ocasión de mi tormento? Si eres de mi dueño acento, si eres quien vida me das, y viva en el viento estás, querida esposa (ay de mí!) abrazare al viento aquí en dulces, y tiernos lazos, porque dando al viento abrazos te vendré abrazar a ti. Qué es esto? . Aqueste es Simón Mago, que al Pueblo engañando, hace le estén adorando con obstinada ambición; pero yo derribaré la cerbiz de esta Serpiente, y sobre su altiva frente las plantas estamparé. Yo soy el sacro Mesías, donde el resplandor asiste, que en simulacros de esferas brillantes Astros repiten. Yo soy deidad soberana, a quien tiene de rendirse el Orbe, por más que altivo, o se tuerza, o se ojerice. Soy Monarca celestial, cuyo siempre Augusto origen, en solio Imperial sosiega, y en ninguno se repite. A quien el octavo Globo, que tantos pueblan Abriles, ha de mirar abariento desobedientes cérbices. En ese fulgoso Trono; espíritu inaccesibie me vi, pisando Querubes, y hollando Serafines. Y ocasionado de afectos, con amorosos ardides, a daros noticia vengo de mi grandeza sublime. Caracteres, ciencias, artes, papeles, mapas sutiles, o del buril, que los labra, o del pincel que los finge, mi divino entendimiento glorioso los apercibe, que ocultarse de mi ciencia, son cautelas imposibles. Si quiero oscurezco al Sol, cuando representa insigne arrevolados incendios en teatros carmesies. Al páramo más adusto, que cándida nieve viste, hago que aborte claveles, y rozagantes jazmines. Si me importa, el Mar altero, y haciéndole que se olvide del Orbe, tal vez sus olas la esfera escalan sublime, y tanto, que muchas veces los peces, que en el Mar viven, con los del Cielo nadaron, que son del Signo de Piscis. miradas ahy asa Y pue ̱n este fulgor que me sigue, la gloria que me eterniza, y la deidad que me asiste, ofrecedme afectuosos pompas que me soliciten, lisonjas, que me diviertan, y cortejos que me alivien. Rendidme aromas Sabeos, en rubias copas rendidme flores, galantes libreas de la Primavera insigne: luz sincopada en diamantes, grana abreviada en rubies, que majestades pregonen, y portentos acrediten. Por qué engañas, Simon Mago, con tus cautelas, y ardides, a los que necios te escuchan, y a los que ciegos te siguen? Tú te precias de mi opuesto; como a mi deidad insigne te atreves, siendo villano, un Pescadorcillo humilde? Hombres, mirad que os engaña esa Sirena, esa Circe, ese Eriodoto, ese fiero Dragón del Apocalipsi. Cristo es el Dios verdadero; mirad, que cautela os finge ese Mágico alevoso, porque todos le autoricen. Eso es verdad, voto a Dios, y quien otra cosa dice es un gabacho, y remiente. Señor Mago, luego pique, y descienda noramala del altar que le aperciben. Villanos, a mi valor? Desciéndase, y no replique. Encantador, hechicero, por qué estas cautelas finges? Ven acá, deidad barbada, Mago loco, Mago humilde, que quitándole ag mao tu apellido se dice, porque eres gato, que arañas las almas de los ruines, contra San Pedro replicas? voto a Cristo, que me quite la pretina, y que con ella decientas piedras te tire. Yo soy Dios. . Mientes, villano, y aunque yo soy piedra humilde, piedras derriban Gigantes, estigo David insigne. Pegaré fuego a esta casa. Es por ensayarse el triste para después de morir. Ahora, sin que te libren, haré que llamas te abrasen; serán Troya estos jardines, que abrasará ardiente fuego. No importa, que si es Anquises Pedro, yo seré su Eneas. Espíritus invencibles, favor. .Esus Nazareno te destruya, y aniquile. Oh, Mágico alevoso! bárbaro, que pretendes cauteloso, con soberbios renombres, el inútil aplauso de los hombres, pues vanos frutos cobras, librete el Cielo de tus mismas obras. (monte Serás otro Faetonte, pues por vencer a Cristo, sobre un se armo de Caballero en un firme caballo, en un madero, sirviendo en ansias tantas de acícates los clavos de las plantas, y otros dos en las manos, ministrando puñales soberanos, cubriendo con fiereza un morrión de espinas su cabeza. Mas qué rumor de gente alborota a Damasco de repente? o, qué fieros agravios! mover no puedo los turbados labios. A un rendido persiguen, mas de ochocientos solo a un hombre si- (guen; maltratarle desean, pues furiosos, y airados le apedrean. pablo es este: o, tiranos! líbrete, Pablo, Dios de tantas manos: que le tiran, recelo, más piedras, que hay Estrellas en el Cielo; qué bárbaros rigores, ya siento como propios sus dolores. O, piedad soberana! piedras llueve su cólera inhumana, tantas, que el pueblo atento pretende trasladar la tierra en viento. Dulce Esus piadoso, mirad a Pablo triste, y peligroso, porque la Fe pública: porque os confiesa Dios, porque os predica, la emulación le sigue, y el obstinado Pueblo le persigue: vuestra es aquesta ofensa, salid, Señor, salid a la defensa, Pero qué es esto? todos heridos quedan por diversos modos. Las piedras, que marón, en la región del fuego se pararon, y a Pabio no ofendieron; antes contra la Plebe le volvieron; milagrosos aciertos, mas de ochocientos hombres yacen muer- siendo en adversa suerte (te, sus armas instrumentos de su muerte. Mas ya Pablo piadoso ruega por ellos (o, caso piadoso!) ya su nombre acredita, ya les da vida, ya los resucita, y ellos reconocidos, le piden el Baptisino arrepentidos, milagro es cuanto veo, pues alcanzan las obras al deseo. Dios Divino, qué blasón me puede hazañoso hacor, si al tiempo de padecer suspendéis la ejecución? Mectos solos no son méritos enamorados, que no premia Amor cuidados, que se quedan en deseos, obras ilustran empleos, efectos premian Soldados. Estos os debo, estos quiero paparos, puestos por obra: no hay temor donde amor sobra, mucho os amo, por Vos muero: siendo esto verdad, qué espero? no me estorbéis más, Señor, de las piedras el rigor, que perder por Vos la vida, es fineza aperecida de mi voluntad; y amor. Pablo amigo. . Pedro amado. Mucho he deseado verte; de las puertas de la muerte un milagro te ha librado. Pesaroso me ha dejado aqueste lance cruel, que pues Dios, amigo fiel, me estorbo la muerte aquí, no halla valor en mí para padecer por él. Olvida aqueste recelo, no des crédito a temores, que para cosas mayores te tiene guardado el Cielo. Por servirle es mi desvelo, y en esta ocasión dienosa, al alma, Pedro, amorosa le parecio, aunque true cada peñasco un dabel, y cada piedra, na rosa. Ese es valor, Pabio amigo, de nuestro Dios estimado, sin duda estarás cansado. Cansado estando contigo? Siempre a servirte me obligo, que eres Vaso de Elección, donde no hay imperteco Tú, Pedro, según he visto, eres Piedra donde Cristo da a su Iglesia fundación. Cómo te va con su Leoa Como a quien sin luz vivia, y goza el fulgor del día, he sido esclavo, y soy Rey: Reino me ha dado la Ley de Cristo, que he de guardas, llegando así a granjear una Corona perfecta; pues como dice el Profeta, servir a Dios es Reinar. 1. Insigne Pedro, esta Crua: 2. Heroycoo, esta espada 1. Para ti esta reservada. 2. Para ti guarda lLeve. Aquí eclipiaris tu luz, para mayor resplandor. 2. Aquí gozara tu aíos el marturio que aperece 1. Aquesta Cruz te ennoblere. 2. Y aquesta te da uior. 1. Cristo, Príncipe glorioso, te dijo que le siguieras, y quiere que en la Cruz mueras, porque le imites dichoso en el martirio angustioso, le seguirás de esta suerte, baja la cabeza fuerte, y los pies en alto alzando, como quien va caminando para seguirle en la muerte. 2. Tú, ilustre Pablo, estimado del Monarca verdadero, como noble Caballero, has de morir degollado: Pedro morira humillado la cabeza junto al suelo, ver la tuya en su vel a cabezas, que en tal guerra traera rodando la tierra, dará diamantes el Cielo. A tan Divino favor A la voz, que reverencio: Solo responda el silencio. Solo responda el amor. Cruz, llegue ya dolor. Corta ya, espada sangrienta, Pues Dios quie Dios in Qué e Que en Gane la Gane el Cruz, Cruz, Ins Cruz, dor Cruz, do Cruz, a Cruz, m Cruz; donde hoy busco en ti porque apetez cuando apete Espada, de espada, espada, espada espada esp esp qu poro cuan 1. Los do 2. Los de 1. Ray 2. Del 1. Tan 1. Que 1. Resplan 2. Alumbra 2. Os con 2. Todo Todala vida en la. honor en! catro sob- strumento nde la vida de la vida pol que estim s descanso, y mí murió) mi partida, zeo la vida, ezco la Cru scanso mío, gloriosa palr lal confío, ida, o la vida, rezco la espada. sido apet Di nas. os sois! ces o honor. os sois d él N os del Sol supe ielo Estre a nignas. grir nobles: luciendo: deciendo: ando sidero: 2. Os entie el Orbe engrandecie a aglesia ilustrando. milagro! . Qué Maabilla singuiar! Yo hoy, Pablo, a pre mandas algo? ̱ ser. Pedro. muerte. a afrenta. erano, precioso, a gozo, gano, mo ufano, luz, Qué n Mar 4. Y0 and esde tu amor, que te excedo en el deseo. Y aún en las obras que veo, he de aplau dignas siemp
JORNADA TERCERA
JORNada tercera En tanto que mi Nave entre espumas sosiega, y no soplan soberbios los vientos en las velas: En esta Isía, donde yace mi esposa bella, quiero con mis clamores celebrar sus exequias. Qué triste existe el prado! qué triste el mar sosiega! ni en aquel peces nadan, ni en aqueste aves vuelan. Los alamos, que sirven de frondosas defensas, si en ellos alternaron las aves chanzonetas, ya alcandoras son tristes, donde cantan endechas. Un sonoro arroyuelo, vihuela de la selva, a quien le dan clavijas, guijos, y juncias cuerdas, si ruidoso esparcia a racimos las perlas, ya toca pasacarles, pues pasa, calla, y vuela. Qué desmayada, y triste yace aquella Azucena, que en bajilla de plata macilenta se alberba! Qué mustia aquella Rosa se deshoja, y despuebla, y con olas de nácar el prado todo anega, El Clavel macilento, pálida la Mosqueta, su rosicler deslucen, eclipsan su belleza. Por ventana deramos se asoma la Violeta, a ver quien en el valle ocasiona tristezas. Todo pública males, todo divulga penas, todo convida a llantos, todo padece ofensas. Hasta aquel tosco risco, que ofendido se queja, lp tiene pues le viste una hiedra de corazones verdes, que con el viento tiemblan. Pero que mucho (ay, Cielos!) que todo se entristezca, si con ojos de hojas miran mi esposa muerta? Ella, y el tierno infante yacen en esta cueva, si ya no son despojos de alguna bruta fiera. Alma feliz del campo, dulce, y querida prenda, que trasladada goras de la inmortal esfera: Ya que en prados más bellos, y más fragrantes selvas, en tiernos Mayos gozas alegres Primaveras, incima los piadosos ojos a mis finezas, que el alma, que fue tuya te ofrezco en voces tiernas, Ay, espola querida, del alma mejor pranda! qué hados ir humanos robaron tu belleza? Donde, mi bien, huyeron tus hermosas estrellas? donde de tu cabello la dorada madeja? Pero, Cielos, qué miro? o me engaña la idea, o esta vivo el infante; ay, Dios, si verdad fuera! vivo está, quién lo duda? o, Majestad eterna! quien suspenso no admira tus Divinas grandezas? Querido hijo mío, deja que mis ternezas piadosas os halaguen, y os admiren suspensas. Mas descubierto miro el pecho de la Reina, por donde el bello infante mamando se sustenta. Qué portentos son estos? qué marabillas estas? como puede dar vida unn persona muerta? Algún milagro oculto in dicios manifiestan, señales semejantes algún orosligio encierras Magdalena goriosa, Divina Majealena, por quien ronozco a Cristo, que el alma reverencia, dale vida a mi esposa, ruega a Cristo por ella, pues debes a mi afesto tus heroicas promesas. Monarca valeroso, cuya fe al Cielo agrada, de escuchar lastimad tu doos amoroso, vengo por tu consuelo, decreto sacro del Divino Cielo y aunque yace herida a la muerte tu esposa, la Majeltad gloriosa quiere darle la vida. Quién de oíno se españta tan extraño favor? Reina, levanta. Válgame Dios! qué miro? Válgame Dios, qué aguardo? De verte me acobardo, De mirarte me admiro. Suceso milagroso. Eres mi dulce esposa? Eres mi esposo? Cómo el penoso ciego, que en oblemos horrores vivio sin resplandores, cobró la vista, y luego se elevo cuando via el bello rolicler, que ostenta el Como la Nave inquieta, que estuvo sin bonanza perdida la esperanza en ruidosa mareta, y milagrosamente en el puerto se halla de repente: Así en feliz acierto: Así en dichoso estado: Ciego, vista he cobrado. Nave, he llegado al puerto, y con gloria lucida, donde perdí la vida, hallé la vida. También ha visitado los Lugares tu esposa, que verisalen goza, pues de mi acompañado su espíritu, que oíste, asistío en la Ciudad donde as ̱ Aa veregrino. Marabilla impensada! Que cola hay reservada de nuestro Dios Divino, a quien servís amantes, en Cristo firmes, y en la Fe constantes? Dadle gracias al Cielo de este favor piadoso. Viva EsUs mi esposo. Viva la luz del suelo. En esa caravela esguazad ese mar hasta Marcela. Yo, Santa, agradecido: Yo, Santa, agradecida: De haberla dado v do Del favor recibi Beso los pies que no merezco. Al amparo de los dos me ofrezco. Oh mi dicha no es verda o es soñada mi ventura, o no miro tu hermosura, o no atiendo a tu beldad: o es corta mi voluntad, o el gozo me ha vuelto loco, o es cautela cuanto too o es engaño cuanto escucho, pues siendo el gozo mucho, lo gozo tan poco a po e, Mientras sin vida te has acordado de mí? Nunca me acorde de ti, porque nunca me olvidé: acordándome pasé mil penas al cuerpo dando, acordeme al fin penando, y fui en acordarme cuerdo, porque fuera poco acuerdo, no estarme siempre acordando. Como en un canón curioso, que guardó el ámbar tal vez, que aunque le saquen después, siempre le queda oloroso: así en mi pecho amoroso vivió el ámbar de tu amor; y aunque tu muerte, y dolor me lo quitó con pesar, bien pudo el ámbar faltar, mas no faltar el olor. Cuando tu vida cesó, tanto tu muerte sentí, que pues tu viviste en mí, la muerte a mí me venció: tu moriste, y me igual fue nuestro tormiento, aunque con diverso intento, pues en la trágica suerte tu moriste de la muerte, pero yo del sentimiento. Obligación fue no ajena sentir el triste tormento, pues arguye entendimiento saber sentir una pena; si quien más siente, y más pena tiene ingenio más perfecto, a aqueste disgusto inquieto obligación me tuviste, pues cuanto más lo sentiste, veniste a ser más discreto. Este clarín nos avisa, que nos vamos a embarcar. Y ya nos recibe el mar com olas de plumas riza: Alegre fiesta, y precisa tus vasallos te aperciben, y admirados te reciben, por el milagro que vieron, que muerta tú, no vivieron, y ahora que vives, viven. Vamos a embárcar, señor, Vamos, dulce esposa mía, celebrando de María el peregrino valor: venid vos, que del favor sois participe, mi infante; toca, que ya el Mar galante amaina lo temerario, cuando para todos vario, para nosotros constante. 1. Desciende, Pablo. . Amigos, nobles, como piadosos, ya os mostráis tan ingeniosos, y de mi afecto testigos, pues porque al Orbe espante, lo pagáis con fineza semejante, 1. La Ciudad en sus puertas, deseando prenderte, tienen para tu muerte espías encubiertas. 2. Por eso es más seguro, que te escapes ahora por el muro. Siempre que por Vos, Señor me pretenden dar la muerte; de es me dilatas el rigor? firme apetece el amor pasarle al sujeto amado, y he pensado, pues esta unión suspendéis, que castigarme queréis por enojos que os he dado. Por el muro me mandáis que camine, y me defienda, no me ofenda el Pueblo, a quien Vos amáis, piadoso os manifestáis, aunque más apetecí morir aquí, y en esta ocasión, mi Dios, solo huyera yo por Vos, que no, no huyera por mí. Joseph en penosa calma, fue huyendo de su dueño, cuyo empeño le dio la victoria, y palma: huyo por librar el alma, fue acción gloriosa, y lucida, merecida de su divino valor; pero no es valor, Señor, huir por librar la vida. El Soldado, que pretende ganar la Ciudad seguro, escala el muro, opuesto al que lo defiende; y hoy quien del muro desciende, vencedor le ha de decir, en huir, obediente os vengo a estar, y si otros en escalar, yo merezco en descender. Ya deseo delatarme de esta corporal prisión, que es pensión de que habéis Vos de librarme; mas si pretendéis guardarme para más cruel rigor, gran Señor, dure mientras yo viviere, que mientras más padeciere, será el mérito mayor. Quién, obstinado a mi valor glorioso, borrar la pompa intenta refulgente? Quien, opuesto a mi ser majestuoso, quere eclipsar su luz resplandeciente? Verá como al Planeta luminoso le preste rayos en el rojo Oriente, cuando ostentando el tachonado cocho da la postrer boquenda de la noce. O, pueblo pertinaz, por cuyo aumento, acción de mi piedad no agriderida. dejando de pilar el firmamento, la tierra habito, a Cielo reducida, este afecto, este amor, este ardimiento, hálago, voluntad, carmo, y vida, como no os vence? como no os reduce, si heroico brilla, y si esplendiente luce? No miráis el milagro en que he venido? esa fogosa, y remendada pia desde jerusalén me ha conducido, rayo acosado de la industria mía, y tan veloz en la carrera ha sido, que midiendo los términos del día, cuando rompió el diáfano elemento, las herraduras imprimio en el viento Si quiero, se enfurece el mar salado, si me enojo, las aves enmuderen, si hablo, tiembla el rozagante prado; si me ofendo, los brutos le entorpecen; si visitar pretendo el turquesado Cielo, donde los Astros resp tan alto subo, que en la esfera bella puedo contar los rayos a una Estrella. Pues siendo así, por que ocasión ahora, mi doctrina este Pedro repuguando, al vulgo ha conjurado, que me adora, mis divinos milagros celebrandos Vencérele, y con esta brilladora corba cuchilla, su furor domando, sacaré de su pecho, ardiendo en penas, las sangrientas reliquias de sus venas. Por qué blasonas, loco, y arrogante, del valor celestial, que no conoces? Quién, ignorando mi honor radiante, grosero impide mis divinas voces? Soy Apostol, soy Pablo, soy amante de Cristo: tus intentos, siempre atroces, Pedro, de nuestra Iglesia Luz divina, glorioso vencera con su doctrina. él tiene en Roma el Pueblo con vocado ese Pescadorcillo, que refieres. Nerón a la disputa con vidada, vendrá ahora con él; si te prefieres a argumentar también, yo basto osado contra los dos, arguye si quisieres. Antes me voy, que en ocasión tan alta, adonde Pedro esta, no hago yo falta. Ya están juntos los dos Opositores, ya el Galíleo a la dispura vino, ya el gran Simon se atreve a sus errores, ya intenta con vencerle peregrino. Ya de Roma la Plebe, y Senadores os atienden guiados del destino; argumentad, porque hoy de estas porfías sepamos si Simon es el Messias. Mánico, que injusto niegas los soberanos Misterios, a su resplandor osado, como a su Deidad opuesto: Este engañado Monarca, y aqueste dudoso Pueblo aguardan a que me rindan tus sutiles argumentos. Propón tu falsa doctrina, que vencer humilde espero cautelosas opiniones, pues de mi parte está el Cielo. Aunque es menosprecio mío, competir contigo quiero, porque a la luz de mis rayos queden tus errores ciegos. Yo digo que hay muchos Dioses, que divinos, y supremos incomprensibles gozan la majestad, y el imperio. Muchos Dioses? . Muchos Dioses. Niego que los hay. . Yo pruebo mi verdadera opinión con el primero suceso del hombre en el Paraiso. Llego a aquel árbol ameno Eva, donde la Serpiente le dijo (como leemos) cuando comiereis los dos la fruta vedada, es cierto, que seréis como los Dioses, que gozan aplauso eterno. No les dijo en singular: Seréis como Dios inmenso; seréis como Dioses dijo, en prueba que muchos fueron: luego no hay un solo Dios, luego hay mil Dioses diversos. Dime: Aunque Adán, engañado, quebranto el primer precepto, cumplió Luzbel su palabra, diciendo, que había de hacerlo a los Dioses lemejante. No lo cumplió; y así es cierto, que crédito no merecen sus engaños manifiestos. Quieres que el demonio afirme, que hay un Dios solo, pudiendo, con fingir muchas deidades, lograr sus vanos intentos? Y si pruebo que Dios mismo dice, que hay Dioses diversos? Eso es imposible. . Escucha, que esto alcanzan mis desvelos. Cuandó Adán peco, no dijo, como en el Genesis vemos, veis aquí a Adan semejante a uno de nosotros mismos? Luego no es un Dios solo, sino muchos. Fuera de esto dice, cuando al hombre forma en el campo Damasceno: Hagamos al hombre a nuestra semejanza. Y cuando necio Nembrot fábrico la Torre, solicitando soberbio, que sus fuertes homenajes fueran escalando el Cielo, bajemos, no dice, airado, su lengua confundiremos? En el Ejodo también dijo, si mal no me acuerdo: No maldigas a los Dioses, si no venerar sus cuerpos? También el Deuteronomio confirma aqueste argumento: Giaba, dice, el Señor, su gente por el Desierto, sin que otro Dios en su ayuda llevasen; y en todos estos lugares de plutal habla; luego es tu error manifiesto, mira que estás engañado, que no hay un Dios solo, Pedro. Escucha, Simón, verás como lo contrario pruebo. En ese Denteronomio, no dice Moises al Pueblo; El Señor, el Dios de Dioses es solamente el Dios nuestro? Luego ya el Dios que yo sigo es el superior, supuesto que hubiese la cantidad, que nos mienten tus intentos, Fuera de aquesto es error; porque no es Dios todo aquello, que llama Dios la Escriptura; vese en el Exodo cierto, donde Dios de Faraón dice, y no Moises por eso es Dios: llama a los jueces, y a los Príncipes excelsos Dioses, por aquel dominio, que tienen sobre su Reino. En el Genesís no dice: como habla en singular de solo un Dios, cuando vemos, que dice, hagamos al hombre, en plutal, nosotros mesmos? Hace relación entonces de las Perionas, supuesto que hay tres Personas en Dios de igual Majestad, he imperio. Qué infieres de esa doctrina De aquesta opinión infiero, que esta segunda Persona del Dios, a quien reveroro, es Cristo, que fue el Melsías, que crucifico su Pueblo. Convencido estás, Simón Incapaz, grosero, nevio, así aplauso solicitas, a costa de mi desprecio? al argumento volvamos. Volvamos al argumento Aguarda, qué mejor es, porque nos desengañemos, que deis principio los dos a milagros manifiestos. Un criado de Palacio yace en esa sala muerto, tráiganle, y el que de entrambo le resucitare, es cierto que su opinión verifica. Soy contento. . Soy contento, Ahora verán quién es este gabacho embustero. de los que me están oyendo, que no le quisiera dar con un garrote cien muerto Este es el difunto, así de esta confusión saldremos Resucítale, Simón Cómo puede aqueste puerto resucitar una mosca? Espíritus, que asistiendo mi deidad, obedecéis mis soberanos preceptos, dad la vida a este difunto: ya resucita. . Qué es esto? Ya menea la cabeza. Viva Simón, muera Pedro. Aguarden un poco, amigos, que es engaño manifiesto: levántele, si está vivo. Luego no basta lo hecho? No, que son encantos tuyos; y porque venis, que es cierto: hombre, levantate en nombre del gran lesús Nazareno. Crristo me ha dado la vida. Victor Pedro, victor Pedio, cola, simonillo, cola. A soso Cristo confieso. Si de esto te persuades, gran Nerón, ay de tu Reino! Simon no puede engañarros, que quien nos engaña es Pedro. Qué hay de nuevo por allá? amigo, llegoal infierno? es buena vida la otra? Porque conozcas tus hierros, y sus causelas admires, mira, Rey, estos portentos. Ábrase la tierra, y trague a ese Mágico hechicero, y sus atroces delitos le trasladen al infierno, para escarmiento de todos. Mudo he quedado, y suspenso, prended a Pedro al instante. Tan poro mueven tu pecho semejantes marabillas? Llevadle a la cárcel preso. . Lleve el demonio tu alma, Rey tonto, Rey majadero; mas que se puede esperar de un Monarca tan proterbo, que mando quemar a Roma, y sobre una Torre puesto, como quien mira unas fiestas, estaba viendo los fuegos. Llevenme preso también, que a Cristo solo confieso, voto a Cristo, y aunque me tuesten los huesos, o hagan de mi gígote, por esta Ley que profeso. 1. Entre en la cárcel luego. Entraré a dar descanso, a dar sosiego al alma, que apetece estos regalos, que mi Dios ofrece; que el padecer violento, es para mi lilonja, y no tormento. 2. Neron, que el Cielo guarde, quiere martirizarte aquesta tarde. Feliz nueva me envía, cierta es mi glori gría, cierta míra mi ventura confieso, prendedme donde Pedro yace preso. 1. Nerón ha prevenido, que esté uno del otro dividido. Pues ya sin resistencia respondo con silencio, y obediencia; pero mirad, coldados, que en no seguir a Cristo vais errados; dejad la idolatria, nube opuesta a la luz del bello día: Cristo es Dios verdadero. 2. Venga preso, y no hable. Por el muero: ay, míseros Soldados, con profanos errores engañados! yo perderé en tal calma la vida, pero no perdáis el alma. Qué desventura es la cárcel! que desdicha la prisión. padecer tantos tormentos solo se pueden por Dios. Tan temeraría es la hambre, que con tremendo rigor las tripas unas con otras se comen; y en conclusión, está el estomago seco, tanto, que pudiera hoy servirle de pergamino a un libro, y aún a dos. Señor Guarda, una palabra. Llámame usted? . Pues no? no dirá por mi consuelo, qué tormento, o qué pasión han de dar a mi Maestro? Cómo puedo saber yo lo que no está sentenciado? Tiene sobrada razón: pero dígame, a qué muertes sentencia el Emperador. Crucificar. . Adelante. Ahorcar. . Es gran rigor. Asetear. . Guarda fuera; pero dígame, el sayón que dispara las saetas, suele errar el tiro? . No, porque antes si quiere, todas las clava en el corazón. Pues qué hace que no apunta al puto que lo engendro? También deguella. No es malo. Y esto es lo común Pues y de esa muerte estoy seguro, porque no he sido Señor para morir degollado, La muerte de más dolor es la de un toro de bronce, que la crueldad invento donde entran al condenado, y pega fuego un sayón. Para que puede ser bueno tan inhumano rigor? También dan plomo a beber derretido. . Qué? por Dios, que me agrada la bebida, brindaremos a Nerón. También despeñan de un mote. Qué dejan para Faetón? y hay quien quiera despeñarse? Quédele, que esta de humor. Éneas, dejanos solos. Ya te obedezco, y me voy: algún negocio importante tienen que tratar los dos. Por el misno enlo que se recelan de mí, estoy por oírlos escondido, y lo he de hucer, vive Dios, que siempre es el apetito hijo de la privación. pablo el tiempo ha ha llegado estra dicha mayor, n es la vida en el martirio pr quiere quitarnos iveron. Solo siento, amigo Pedro, el no haber servido a Dios, como su deldad merece; esta pena, este dolor sirve de nudo a la lengua, y de angustia al corazón El Emperador no quiere que estemos juntos los dos. Ese es el mayor martirio, que la crueldad inventó, pues estando yo contigo no sintiera mi pasión. Y así vengo a despedirme; quédate, mi Pablo, adiós. De nuestro lado no falte el Mesías, que ofrecio al Mundo el Eterno Padre, para su restauración. Él nos ayude, y defienda; aDios, Pablo. . Ped Los des mayores amigos, los Príncipes de la Iglesia, para morir se despiden con amorosas ternezas. Veta, Pablo, porque vienen llenos de loca soberbia diez Soldados, a la cárcel de esta lastimosa cueva, un millón, treinta millones, diez millones; ya se acercan, vete presto. . Pedro, adiós, que nos ampare, y defienda. Y en la muerte que esperamos nos de a los dos sorfaleza. Pedro, sabrás que los Guardas tienen amistad estrecha conmigo: yo les he dicho, que si hoy a los dos nos dejan lei duna dden? y al fin están de mi parte: vamionos, señor. . Espera, estas en ti? no conoces tu error, y tu culpa, Eneas? Yo huir de la prisión? yo librarme de cadenas? yo excularme del mar tirio primero verás la tierra esmaltada de diamantes, y de flores las esferas. No ves que tú libertad le importa mucho a la Iglesias Yo he de excusas el tormento? Que no es, señor, considera, si no dilatarlo más otra vez que te pendier no te rompió las cadenas un Espíritu Celeste? lueno no quiere que mueras Dios, hasta dejar firmes a los hijos de la Iglesia. Para qué puede ser malo librarnos de esta miseria, Pedro amado, Pedro mío. No sé qué responda; Eneas, Vámonos, que es disparate lo demás. . Aquestas penas llevo yo con mucho gusto. Yo no, señor, que me cuestan muchos dolores de tripas, y váguidos de cabeza. Vamos, que sin duda, amigo, corviene lo que aconsejas. Eso sí, Cuerpo de Cristo, entra por aquesa puerta, y saldremos a la calle. Ya te sigo. . Ya estas fuera, que son las Guardas honradas. Yo quiero ver por la puerta de esta calle quien parece; aguarda. . Aquí aguardo, entra. Pedro, Pedro, donde vas, Pedro, amigo, así me dejas, cuando padecí por ti tantos tormentos, y penas? Huyes de morir por mí? no sabes cuanto me cuestas? yo volveré a padecer, porque tú a quererme vuelvas. Cristo, Señor, Dueno mío, bien sabéis lo que me pesa, no fue temor, aguardadme, dejad, mi Bien, que merezcan mis labios tocar las plantas, que vuelven Cielo la sierra. Volveré luego a la cárcel, volvere, Señor, y en ella perdere por Vos la vida, y mil vidas que tu viera. Estáis ya delenojado? Sí, Pedro, conmigo queda Vuelvo a la carcel alegre: cómo me engañaste, Encas? pero yo tengo la culpa y así merezco la pena. Agradecido al fabor obligaciones confiesa mi rendimiento, mandad en mi Imperio, y en mis que sin duda es la ocasión importante, que está aufer es límite honrando a Roma. cuando dejáis a Marcela. Gran Emperador del con cuyos aplausos las Águilas del Impelio por las Regiones erereos La causa que nos obliga, la ocasión que nos alienta a besar tu invicta mano, a rogarte (pues te precias del valor, que da a tu sangre esclarecida nobleza) que a Pedro, y Pablo perdones, ya que persigues la Iglesia. Perdónalos, gran señor, así eternos siglos veas, pues el valor soberano mas se inclina a tu clemencia, Así felizmente goces, así glorioso poseas ese triunfante laurel, que las sienes te rodea, que no des muerte a estos hombres, y que este bien me concedas, ya que no por ser mujer por ser tu esclava, y ser Reina. Imposibles me pedís; por Júpiter que quisiera, a pesar de mi justicia, serviros con la obediencia. Pero escuchad, y veréis la plebe en voces diversas, que con alegres cortejos ejecutan la sentencia. IEsUs mil veces, IEsus. Cruel Nerón, Dios te defienda. Válgame el Cielo, qué escucho! Aunque las voces que sueñan, estos golpes, estos gritos, este rumor, y tragedia, son de Pedro, y son de Pablo, descubridlos, porque vean, que no puedo obedecerlos. Qué disgusto! . Qué tristeza! Qué dolor! Qué sentimiento! Qué angusti al Qué mal! qué pena! Ya Pablo rindio a los filos de la espada la cabeza: ya crucificado Pedro el alma a Dios encomienda. Aquí los ministros míos a la plebe representan la lisonja de los Dioses, i de su vida la tragedia. El corazón se desata por los ojos, y la lengua da un nudo, porque el silencio solo explique tanta pena. Cubridlos, porque dé fin, ilustre Senado. Tenga, porque si él pide perdón, hará mal quien lo conceda. Don Cristoval de Monroy escribló aquesta Comedia; y viendo que por ser suya era fuerza que perdiera, si bien en la patria propia son lisonjas las ofensas: la ha dedicado al señor Don Per Afán de Ribera, para que ningún gabacho murmite de la Comedia, que quien murmura es un tonto, quien es tonto, no entra en rueda, quie no entra en rueda, es un simple, quien es simple, es una bestia, y quien es bestia, no es hombre; por eso, señoras lenguas, punto en boca, y solamente tor el N ec
