Texto digital de El príncipe de la banda
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- Vicente de la Motta y Carvallo
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El príncipe de la banda. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/principe-de-la-banda-el.

EL PRÍNCIPE DE LA BANDA
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMER A. Ata Diestro los caballos, y en este palacio entremos vivo examen de los años, frágil despojo del tiempo Si preguntas la verdad, no voy Diestro, más siniestro. Y la causa? Aquesa es buena, de encantadores reniego. Tenemos encantadores? Mas que en Madrid taberneros. Deja chanzas, vete a ver si aquí descansar podremos. Cuerpo de Dios! Señor qué haces? no los oyes? los infiernos en este palacio están. Quién en tan oculto seno tendrá domicilio? . Quién? Son ánimas de aguaderos, que andan por acá penando. Non tendrán horribles centros en que las penas padezcan? El infierno todo es fuego, y si van llenos del agua, apagarán el incendio. Nunca al amor que es activo se pudo añadir un premio, que parece se equivocan el amor con los tormentos. En aqueste seno habito ausente del bien que anhelo, que no vive eternizado quien nació para el desprecio. Vivo, si puede haber vida en quien todo es sentimiento. más vivo para la pena, muriendo para el consuelo. Vivo en estes bosques tristes de los bienes tan ajeno, que la prueba de que vivo son los males de que muero. Aúsente de Fénix bella me tiene el hado soberbio, mas cuando no tuvo el hado actividades de fuego? Qué importa quererla bien, si falta el merecimiento, y son y son las desigualdades madrastas de los afectos? Qué importó ver por el aire destrensado su cabello pareciendo montes de oro sobre los cristales terlos? Qué importó ver que sus cejas eran las iris del tiempo, que serenaban los rayos del más activo desprecio si los cabellos son flechas, y las cejas arcos fieros con que en esta pretención amor me ha dejada muerto? que importó verle sus soles, más mal dije, aún más bellos, porque el Sol tuvo el ocaso, que sus ojos no tuvieron? Qué importó verle en su rostre ardor, y nieve en un tiempo, el ardor para lo fino, la nieve para el desprecio; si son sus ojos arpones, y su rostro el instrumento en que amor pone el arpón para maltratar mi anhelo? Qué importó ver la nariz, o copo de cristal bello onde amor por más activo acrizola sus incendios? Qué importó ver que su boca era un rasgo tan pequeño, que pudo caberle solo de jazmines un bostezo; si es su boca piesa, y balaz la nariz con que el Dios ciego tira a mi alma como al albo ónde existen mis afectos? Qué importó ver la blancura de su soberano cuello, a quien los Alpes se humillan con accidentes groseros? Qué importó verle su talle, su gravedad, y su aseo, a quien, si viviera Adonis, solo rindiera su afecto; si es su cuello un volcán vivo, y su talle un Mongibelo con que el Dios de los ardores me tiene abrasado el pecho? Muerte se llama el pezar, y yo bien lo experimento pues cada instante que vivo es una muerte, que bebo. Ay Fénix cuanto me cuestas! mas no culpo tus desprecios, que no se halla ingratitud onde no hay merecimientos; mas no me culpes también ser atrevido, y grosero, que es, siendo el amor peligro. fineza el atrevimiento. iyo en este bosque inculto, y vivo por lo que peno, que suele el veneno a veces servir también de remedio. Hasta aquí viví por Fénix, ahora por Fénix muero, porque en el que amante adora no se hallan más do que extremos. Suspiros dejadme solo, que aquí muero en este seno, y en la muertes se desunen los mejores compañeros Bosques, que incultos habito, ya que Fénix no merezco, decil de que yo fino acabo, que me de de amante el premio Pero qué miro? ay de mí! allí están dos extranjeros, Ahi como como ocultarle podré Por Dios que así lo confieso, un riesgo tan manifiesto Abrenuncio, soy Cristiano. Válgame todo mi aliento Huid infames, villanos, o os echaré, viva el Cielo, onde nunca peina el Alba sus relucientes cabellos, y donde huella aún no puso Bien podrás asegurarte aquese radiante Febo. Nos encanta en las tripillas. No pienses monstruo que tiemblo de tu valor, y soberbia pues que aún me sobra acero para te hacer mil pedazos, porque el noble es rayo fiero que cuando hace el estallido, ya el estrago queda hecho; y así no intentes altivo que me ausente, sin primero me decires que motivo te obliga a tan fuerte empeño No presumido, ignorante, incauto, soberbio, necio quieras saber imposibles, o serás vivo escarmiento de aquellos que en arrogancias estriban sus devancos. Acudidme San Pascasio, que de esta vez aquí muero Si eres hombre como soy, me sobra valor, y aliento para en mis brazos te hacer dar los ultimos bostezos. En los míos morirás desvanecido, y soberbio . Yo Credo, Credo, abrenuncio. No vi más extraño esfuerzo. . Es invencible por Dios. De parte de un caballero siempre ha lidiado el valor. Por Dios que así lo confieso, suelta los brazos, pues eres valeroso como veo, bien me puedo asegurar de que tendrás en secreto mi estancia, mis infortunios, mis penas, y mis tormentos, que es propio de un pecho noble hacer gala del silencio. Bien podrás asegurarte que halles en mi compañero que sienta tus infortunios mientras el vital aliento no me dejar. . Lo agradezcos y para que reconozcas cuanto te estimo, y venero, mis fuertes pezares oye, que es cierto son más pequeños los males si se publican Pues prosigue. . Ya empiezo. Sujeto al Rey de Soleucia, cuyo lustre, y garbo excelso en duras hojas de bronce escriben siempre los tiempos, un lugar gallardo existe por su altivez tan supremo, que puede exceder en todo al más soberano Imperio. No pretendo aquí alabarlo con más encarecimientos, que es increible el loor, si lo da su mismo dueño. En este lugar nací Federico ma pusieron, pero nací señor mío de los bienes tan ajeno, que fue cuna para mí Yo Credo, Credo, abrenuncio. de tres lustros todo el tiempo. Solo tuve por fortuna en las en las justas, y torneos que haciamos los zaga les, llevar siempre el primer premio, o de a caballo, o de apié, que fue mi estudio primero. Con el trabajo pasaba de mi bajo nacimiento, o que siempre con esto anduvo la aflicción, y los tormentos; pero un valor me animaba tan altivo, y tan soberbio que el ser Rey de todo el mundo pensaria que era menos. Un día pues dije a solas a mis propios pensamientos, que son en las aflicciones los mejores compañeros? La nobleza, la fortuna, la riqueza, los gobiernos son cosas que desde el siglo tengan asiento en el pecho? las victorias no se ganan? no se alcanzan los Imperios? pues como no mi valor desmiente mi abatimiento? las suertes deben buscarse, no se halla el bien sin el riesgo que siempre corren parejas os bienes con los tormentos. Aquesto pensaba yo con mi altivo pensamiento, cuando un día (ay triste suerte!) destemido me resuelvo buscar fortuna (ay de mí!) por el dilatado Imperio del Orbe, a cuyos blazones humillan todos sus cuellos, porque en su patria ninguno pudo merecer un premio. Salí pues una maño cuando de aquese hemisferio la bella autora corría el enimarañado velo vertiendo fuentes de aljósar, de nácar bocas abriendo; embarqueme en una nave, que en ese salobre Imperio de Neptuno era galán del diáfano elemento. Hacia Holanda caminamos con tan bonanzoso viento que surcando velozmente de Tetis los aposentos, ellos viraban la espalda, por no le arrastrar los cuellos. Fugitiva exhalación rayo del trueno más fiero era en el monstruo, salobre este de pinos compuesto Pasamos de la bonanza al más intrincado riesgo, que nunca duraron mucho las persistencias del tiempo. El viento niega a las velas su curso, y su movimiento, el mar tormentoso brama, las espumas van creciendo, y lo que fue cristal puro vino a ser tumba del viento. Allí todo era desorden, allí todo desconcierto, pues el trinquete, y las gabias, por lo que altivas subieran visitaron la nave Argo que surca el cristal del cielo. Roto el fanal le apagó de Eolo el poder soberbio mas viendo el Planeta rubio en el mar estos estruendos, al mismo Oceano vino A lij por por le encender sus luceros; pero Tetis de ofendida por le empaña rlucimientos en las olas al Sol mismo un sepulcro dio funesto. Aferrában se las velas por ir al peligro huyendo, mas en bóvedas de plata nos mostraba el mar su centro: la bomba no agota bien, en el timon no hay gobierno por mostrar que es solo el mar al hijo de Opis sujeto: unos al mar se arrojaban, haciendo en él monumento, siendo sepulcro el cristal, que fuera antes dulce lecho: por salvarse todos lidian, mas todos son escarmiento de los que su vida fían de un limitado madero. Yo que entonces me anegaba sin verhumano remedio, de una tabla me valí del navichuelo deshecho Dos días en ella anduve hasta que movido el cielo de mis pezares, y llantos, de mis penas, y mis ruegos me dio descanso en la orilla de la playa de Pinedio, que es sujeta a la Duqueza Fénix, de cuyo protento estimaciones publican os más dilatados Reinos. Tres días por la Ciudad me detuve sin consuelo, que donde las rentas faltan se deshacen los intentos: hasta que tuve en la casa de un Portuguez caballero apoyo a mis disventuras, a mis miserias remedio, que tienen los Portugueces para el bien heroicos pechos. En su casa era tratado, como si fuera heredero de su hacienda; o le dijera que era de un monarca deudo que es lo que hacen muchos hombres en los Imperios ajenos. Una tarde al campo fui para gozar de su fresco, cuando (ay de mí!) se acabó del alma todo el sosiego; que donde el ocio se buira, le encuentra también el riesgo. Vi que una dama bajaba con valeroso denuedo tras un gamo que excedía al Hipogrifo ligero. Perturbose mi valor al ver milagro tan bello, y fue síncopa a mis voces tan soberano protento, Talvez no has visto señor un cristalino arroyuelo, que cual galán de las olas se va para el mar corriendo a quien si un óbice humilde embarga los movimientos, en mil partes dividido no sabe evitar el riesgo? Así yo mirando entonces aquel prodigio del tiempo, era fuego por sus luces, y por sus respetos hielo más pasando junto a mí a ver el gamo sangriento la dije: Mirad señora, que que también yo vivo muerto (que hay vidas, que más son muertes por los que incluyen tormentos;) y si ese gamo lleváis, llevad también un cordero Volviose a mirarme entonces, y me dijo: Loco, necio, si no conocéis quien soy, no tratéis atrevimientos. Respondí: Vuestra es la culpa, criminad vuestros luceros, que a no serén tan activos, no me dejarán tan ciego. En este tiempo llegaron por varias partes monteros, y llevando aquella dama marchitaron mis deseos. Entonces yo ciego, helado, triste, confuso, suspenso, absorto, indeciso, dubío, vivo, y muero al mismo tiempo, pues muero para caricias, viviendo para tormentos. Mas con deseosa afechanza sigo aquel móvil primero de mis ancias, de mis penas, de mi llanto, y de mis riesgos. Seguila hacia la Ciudad. cuando (ay de mí!) cuando veo que la que seguía entonces era la Duqueza, (ah cielos!) lo que fue todo triaca, vino a ser todo veneno. Obligaron la Duqueza a la sucesión del Reino, y para elección de esposo muchas fiestas eligieron: publicáronse festines de toros, y más torneos a los Príncipes vecinos, y al que más en el terreno a los otros excediese, se le daría por premio la bella Fénix Duqueza, envidia de nuestros tiempos. Publicó se el edital, y fue quien vino más presto el Príncipe Casimiro, de Dinamarca heredero. Entonces desesperado de mi bajo nacimiento maldije la suerte avara pues me dio ser tan pequeño; cuando pues me lamentaba el Portuguez caballero enternecido a mi llanto me dijo: Vete al torneo, que en semejante ocasión se cubre el rostro con velo, y cuando no tengas más, hallarás divertimiento que no espera baja suerte a tan soberano pecho; nadie más te atemorice, ni te asombre el alto vuelo; que quien de altivo se exime, también se libra de cuerdo, que tiene el mismo nivel el amor, y entendimiento y el necio no sabe amar, solamente ama el discreto. Mas a quien fuerzan los hados, que aprovechan los consejos? Determíneme a seguirlos destemido, amante, y ciego, diciendo ser de Seleucia el soberano heredero Llegó se el día aplazado, y con ricos aderezos que aquel Portuguez me dio dé vuelta a todo el terreno. Iba en un alazan suerte tan arrogante, y sobebio, que era pájaro sin plumas, pes sin escama ligero, era desengaño al rayo, y era envidia al mismo viento. Fui de todos bien mirado (que no es poco en un congreso,) y no menos la Duqueza me recibió mis cortejos. Entró también Casimiro tan ricamente compuesto, que en el pudieran hallarse blando Adonis, Marte fiero. De negro vapor los astros formaron un denso velo, de sangre, y espumosa plata la tierra cubrió su centro. Quedó Casimiro, y yo en el medio del terreno blandiendo por flechas iras, lancando por valas celos. Estando pues en el campo cuando audaj, soberbio, ciego busco al fuerte Casimiro con tan osado denuedo que a no poner el escudo le hiciera confesar luego con su muerte mi ventaja; con su cahida mi esfuerzo; mas no tanto reparó su desgracia, que a lo menos si no lo dijo la muerte, lo dijo el deslucimiento Aplausos me dio la corte, y me juzgaron el premio; pero yo, qué triste suerte! mirando mi abatimiento, y que a saberse quien era no me libraba del riesgo, desesperado me parto a buscar un triste yermo onde acabar una vida en que todo es sentimiento; y llegando a este palacio, frágil despojo del tiempo, que por ser el citio malo se ha dejado por desierto, ay dos años, que aquí vivo del humano trato ajeno y lo que el desierto añade s mi tosco tratamiento de quien presumen algunos ve soy alma que aquí peno nde me sirve de esmalte ta banda que a mi cueso me echó mi padre, y me dijo que de ella haga mucho aprecio, que algún hora podrá ser que me sirva de remedio. En este palacio vivo con mil penas, y tormentos hasta que la Parca infausta en aqueste oculto seno quite a mi vida los silos, por ser al mundo escarmiento, pues bolé Ícaro incauto subí Faetonte soberbio, Salamandra me incendi y Mariposa me quemo En el mundo no se ha visto mas impensado suceso: por cierto me habéis dejado tan confuso, y tan suspenso, que de tanta admiración a responderos no acierto, solo os digo señor mío que he de estar al lado vuestro mientras mi vida no falte. Tanto favor agradezco y yo os doy palabra; y mano de ser siempre amigo vuestro, Por chispas que el encantada es hombre bien razonero. Si no os obliga algún caso decidme quien sois, que creo de vuestro valor, y garbo, que sois hombre caballero, porque es índice fatal de cualquier hombre su ceño. Valeroso Federico. de cuyo extremado esfuerzo son índices las hazañas, es Arlante el mismo tiempo. Valerio Rayo es mi nombre, hijo del Conde Roberto, a quien las hazañas propias dan renombre de soberbio: mi patria es la ilustre Mantua, onde yo vivía contento logrando de mi albedrío tributarios debaneos. Vi de Eugenia la beldad hija del Conde Santelmo, a quien el alado Dios humilde rinde su feudo No pretendo aquí alabarla con mucho encarecimiento, que alabar lo que se adora será loable, no lo niego, mas nunca podrá dejar de ser loor indiscreto. Vila, y luego le rendí el alma en suspiros tiernos, que es locución que inventaron la modestia, y los respetos, pues todo lo dice el alma con la lengua del afecto. Pretendí; correspondiome con modestia, y con secreto, que en las clases del amor las voces son los requiebros, y la lengua, de los ojos los abrazados incendios. Mas quiso la suerte esquiva en este tiempo (oh mal tiempo!) que su padre concertase con Eugenia un casamiento, siendo el venturoso esposo un caballero su deudo. Avisome Eugenia entonces de su padre los intentos, yo amante, y afligido (bien coadunados extremos rompo el aire con gemidos, pido venganza a los cielos, al mar pido que me ahogue, que me acabe al aire ruego, a la tierra que me sorba, y que me consuma al fuego. Parto a despedirme triste de sus gallardos luceros, cuando la miro, ay de mí! echando voces al viento, y a los cristalinos golfos aún más perlas añadiendo. No sé como el alma absorta existió con más aliento que onde hay dama que se ausenta, hay llanto que rasga el pecho. Despedime de mi Eugenia haciendo prometimientos de la buscar hasta donde el mar oculta su centro, siendo diamante al cincel, metal luciente al incendio, escollo firme a las olas, B por porsindo mármol al tiempo. Ausentose con su padre hacia la villa Santelmo, onde ya los esperaba aquel noble caballero. Llegan a la tierra cuando la antorcha del firmamento daba en oscuras vidrieras blanda luz al hemisferio. Llegose la oscura noche, y cuando con mil festejos intentaron aplaudir tan honrado casamiento, le faltó de casa Eugenia de mi voluntad objeto. Yo que amante desgraciado vine a mi dama siguiendo tanto que la nueva supe de la huida de mi dueño, con mi criado me parto a vez si hallaría medio de la hallar: corro Moscovia, mil tierras paso encubierto, busco Escocia, Francia, Isalia, cuando buscando Pinedio nos perdimos del camino donde en este bosque espeso miramos este palacio en que llegamos a veros, y lo tengo por fortuna hallaros en este yermo, onde os doy mano, y palabra de ser siempre amigo vuestro. Muy bien lo tienen contado, las cornojas lo hacen menos. Dadme Valerio eses brazos, nuestra amistad confirmemos que pues casos tan extraños nos traen por tantos riesgos, ún con otro se consuele, que también los compañeros diminuyen los pezares. Oh? quién lo hiciera a los vuestros! Oh? quién pudiera págaros con noble agradecimiento! pero ya que esa beldad buscáis invicto Valerio, yo os quiero acompañar, y a la corte nos iremos. porque ningún fue testigo si fui yo aventurero, como en semejantes fiestas se cubre el rostro con velo. Agradezco favor tanto. Vamos ya con San Farnesio. Pues vamos, y de camino veréis Fénix el portento a quien el alma se rinde con amorosos enleos. Si no mejoras mi suerte esperanza desabrida quítame fiera la vida. porque en ella todo es muerte; pero si aquí bien se advierte, es la esperanza en la ausencia mal cubierto de aparencia, bien que engaña el corazón, disfraz para la razón, y un examen de paciencia. Yo no puedo discifrar este llanto, este suspiro, si es tu amante Casimiro, no veo en el que dudar, pues bien te puedo afirmar que aún que el hoy se ausentó, también contigo quedó, porque en esta dulce calma a ti a ti te dejó el alma cuando el cuerpo se partió Ella piensa que yo le adoro. mas yo fiera le aborrezco que a quien amante apetezco no conozco, y lo enamoro: el Príncipe por quien lloro es aquel que a Casimiro puso en mísero retiro, pero moriré penando, que también sufrir callando suele ablandar el suspiro. El que se precia de amante. . tan fino se hade mostrar que no hade un hora faltar a las leyes de amor constante. Eso es más que ser diamante En esto se ve la fe. En mi vida amor tendré si cuesta tanto rigor. Si no sabes que es amor, escucha que yo lo diré: Amor es dulce rigor, es prisión de lo sentido, que hace al vencedor vencido y al vencido vencedor es un contento dolor, es un plausible desdén, es un tirano vaiven, y siendo agravio mortal es bien que se vierte en mal y mal que se cría en bien. Es fiero desasosiego, es un tirano disvelo, fuego que se vierte en hielo hielo que se vierte en fuego: es halago sin sosiego, y es su fiero proceder límite del merecer; en cuya ferocidad se regula por maldad la gloria del padecer. Es un tirano homicida, en cuyo rigor se advierte andar buscando la muerte al que le causó la vida es Esfinge embravecida que causa muchos dolores, es compuesto de rigores, en cuyo escondido seno labra el ardiente veneno de las más suaves flores. Es una rabiosa calma, es lo más fiero homicida! y es, pasando por la vida, flecha que traspasa el alma es quien más quita la palma al sabio, y valiente; en fin es un villano ruin, es lo más activo daño, y es lo más, fatal engaño desde el principio hasta al fin. Es indiscreta pasión, pues hace que el beneficio, en él sea desperdicio por su fiera condición: es mal con estimación, estimación con dolor; es falsedad con favor, y favor con falsedad, y si quieres más verdad, yo no se lo que es amor. No debes culpar señora una tan pequeña ausencia, que faltar a una asistencia no disfustra aquel que adora: Casimiro, te enamora por su libre voluntad, Big y el y el que adora la beldad de su voluntad guiado, este es más enamorado, este es hombre con lealtad. Vengo avilar vuestra Alteza que son horas de audiencia. No se haga sin mi presencia, que el vulgo en esto interesa Ay Jesús, cuanto me peza, . que tenía que decir! Porque así puedo inquirir quien son los que van premiados, o si son buenos soldados, o solo amigos de huir. . Si Señor. Esto hade ser, en Pinedio hasde buscarlo, pues tengo por certidumbre que el habita en el Ducado. Por servir tu Majestad al clima iré más extraño. Y si alguno lo rehusar ha de morir a mis manos, pues le haré tan civil guerra, que sirva al mundo de espanto, para que sepan que al Rey no se trata con engaños. Yo haré lo que me mandas como siempre leal vasallo. Ya sabes que Federico es del Reino el mayorazgo, y si este no le heredar, tendrás Rey también extraño. Voy hacer lo que me mandas. Vivas lustros dilatados. . No poseo algún aliento Fénix bella sin tus ojos, pues lo demás son enojos, cuanto sin ti experimento. Yo no puedo vivo estar sintiendo ausencia tan fuerte, y así máteme la muerte, pues vivo sin te mirar. O? quién pudiera creer que dos arpones unidos de unos ojos despedidos bastasen a me vencer! Verte mis ojos procuran que son lengua del amor, mas es la ausencia un rigor que mata a cuantos la apuran. Es Esfinge más osada que engaña con forma humana, y después mata tirana en la Ciudad más poblada. Mal que para ejecutarse primero en si da la herida, y antes que de otro homicida suele a sí mismo matarse, siendo de gloria tan falto, es tan ambicioso vicio, que cual rayo al edificio siempre tira a lo más alto. Es un tirano dolor, alevosa la más fuerte, que amor si vence a la muerte ella es muerte del amor. No debes señor culpar una tan pequeña ausencia. Es del amor la dolencia, mal que no se hade aguardar. Pues vamos a la Ciudad, divertirás tus enojos. Aunque me matan sus ojos, es blanda rigeridad. . Ya se hizo cuanto mandaste. Y cómo ha quedado Eugenias De la tormenta pasada ya más sosegada queda. (mosa. La estimo mucho. . Es her- Presto vendrá a tu Alteza obedecer como esclava que es bien que el bien se agradezca. Yo como amiga le estimo, y de amarle no me peza. A bezar tus regias plantas hoy más una esclava llega. Levanta del suelo; ay cielos, . que peregrina belleza! Como esclava te obedezco. Qué bien dice la modestia con la belleza en un cuerpo! Qué es lo que pides Eugenia? Que añadas a tus esclavas mas una por compañera. Yo, Y quién es la esclava? que obligada de mi estrella he dejado de mis padres el honor en centingencia, que es lo que ocasiona amor. Ay Valerio quien supiera onde habitas, ónde vives! Eres hermosa, y discreta. Quién supiera agradecerlo! Tú Leopolda lleva Eugenia a mi cuarto, y con las galas que en ella mejor parezcan la vestirás. . Si Señor Oh? qué extremosa fineza! . Mucho te debe por cierto aquella pobre extranjera que en las olas su sepulcro le iban a dar las estrellas. La piedad se debe usar con quien mejor la merezca, si tuviera mil laureles a sus sienes los pusiera, mas ay! cómo de pezar el corazón no revienta, pues no puedo conocer el Príncipe de Selencia
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Soberana Duqueza, solufano, garvoque escribe el tiempo con su mano, símbolo de gallardía, dia cuyos lustres te pauta el mismo por mar, por tierra, y vientos hasta donde hallan fin los elementos, a ti que en ese monstro proceloso riges con el tridente el dios undoso, y por gusto de Apolo gobiernas el imperio del Eolo, hoy te rinde cristal la blanca espuma, y de su movel plata abe sin pluma. n . No pretendáis alabarme con aparencias tan altas, que son los vuelos altivos índices de las disgracias. Diverte tanta tristeza. Cuando esta nace del alma, nadie la puede templar. Mucho he sentido tus ancias. Es fuerte melancolía. O? quién pudiera templarla! Ay despachos? . Sí señora; el Señor de Dinamarca pide el último despacho de su petición; repara con- Bil conveniencias de tu estado, que son muchas las que ganas en casar con Casimiro, a quien hoy rinde la fama por Príncipe valeroso en feudo ligeras alas. No me alabéis Marqués, no del Príncipe las hazañas, que en quien no gusta de oírlas son motivo de olvidarlas. Las conveniencias del Reino las estimo, y no me agradan, que como pende de amor la causa de no aceptarlas, el amor, que es ciego, y nudo, conveniencias no repara, que como amor en el gusto tiene su imperio, y su estancia, no quiere lo discursivo, quiere si lo que le agrada. Las conveniencias se busquen por medio que menos valga, y no por un riesgo fuerte quiza de más importancia, que sujeto el albedrío, también el alma se arrastra. Confieso que en Casimiro ay brío, donaire, y gala, y tanto, que puede hacer al mismo Adonis ventaja; pero no le adorar yo pienso que esto no le agravia que amor debe sujetarse al albedrío del alma, y el gusto no se arrepiente, la voluntad no se arrastra, y lo que inclinan estrellas la razón no lo contrasta. No se pintara amor ciego si a la razón se inclinara; y yo no puedo vencer de mi pecho la constancia, porque vencerse a sí mismo cualquier, es tan fuerte hazaña, que pienso que ningún puede atreverse a ejecutarla. El dice que a vuestra Alteza, si su tierno amor maltrata, hará tan civiles guerras, que al son del clarín, y cajas sea el caudillo más fiero, la hidra más enojada, el cocodrilo más fuerte, y la más ardiente fragoa, que por el Ducado venga Capitán de sus escuadras blandiendo por flechas iras, celos lanzando por valas, deshaciendo las almenas, haciendo campaña raza lo que del duro Mavorte fuera más que valor traza Callad qué basta. . Señora. No repliquéis, basta, basta; decidme a ese atrevido Príncipe de Dinamarca, que la Duqueza responde con las manos en las armas; que haré que rayo me sienta, Tigre, León, flecha, vala, y aún es poco, que el aire, el fuego, la tierra, el agua, y el orbe puede temblar de una mujer indignada. Qué más hay? Allí dos hombres. a hablaros también aguardan. Pues llamadlos. . Ellos llegan. A bezar sus regias plantas llegamos a vuestra Alteza. Para gloria de Pinedio Dios mil lustros os defienda. Para gloria de vos misma vivid, si acaso os contenta. Qué miro? válgame el Cielo! este no es Valerio? es cierta mi presunción; quién lo duda? Qué miro, si miro Eugenia? . Qué dudas corazón mío? Qué dudas alma contenta? . A su vista soy volcán. Qué pedís? . Que vuestra Al- consienta que en sus escuadras (teza nos admitan. . En qué cuenta? De soldados. . Cirujano soy yo señora Duqueza. Onde lo habéis aprendido? Yo mi señora? en mi tierra. Y decid, vos dónde sois? Soy señora de Seleucia. El nombre me lleva el alma. . y vos? . En Mantua es mi tierra. Me lo pregunten a mí que solo en mi pecho reina. Pero clarines? qué es esto? Una nave en la aparencia surca el cristalino golfo hecha hacicate de perlas, haciendo con los bramidos, a que venciendo su esfera árbolen en lo azul globo sus destrozadas banderas, y el Borcas alterado la cenca con tal violencia que a Ciudadano la sube de aquesa luciente esfera, y al octavo cielo pone un luminoso planeta, mas ya el Euro bramando de las azules esferas la derriba al mar salado quitando al Boreas la fuerza. A la playa va llegando. Marqués id a ver quién sea. Ya te obedezco señora. Decidme vos, de Selencia ya vuestro Príncipe vistes? Aunque Príncipe no tenga el Reino, decir importa que lo tiene. En su presencia habrá dos meces que estuve. (vuestra. Y en qué tierra? . En tierra Hay que el alma me ha llevado. . Es benigno? . Buena flema. Es Príncipe generoso: como te engañas Duqueza. . El que en la nave ha llegado es del gran Rey de Seleucia un Embajador. . Qué quieres De Seleucia? aquesta es buena! Ilustrísima Duqueza, gloria altiva de Pinedio, cuyo soberano garbo con su mano panta el tiempo. Sentaos. . Estoy sentado. n. De Seleucia el Rey supremo a vuestra Corte me envía, a buscar a su heredero, pues hay cierta información, que el habita en vuestro Reino habrá dos años señora. Si lo buscara en mi pecho, . pien- pienso que presto lo hallara. Dicen que vive encubierto. Bien podré verlo mil veces, . sin poder yo conocerlo, porque en las justas cubrió su semblante con un velo. Y así que el Rey mi señor sabiendo parte de aquesto, y que vos bien lo sabéis O? si yo lo supiera cielos! O; pide le deis licencia porque se vaya a su Reino, onde sea obedecido como Príncipe heredero de Seleucia, que los Reyes son del vasallo un espejo. No ha mentido Federico a la Duqueza. . No es cierto. . Sinó que hará tale, guerras, que de ellas tiemblen los Cielos, desencajará los Polos de los celestes asientos, que alistará de Mavorte los más activos incendios, siendo rayos que falmine los más incendidos celos. Templad más vuestras razones porque los regios consejos son escuelas de modestia, no son aulas de desprecios; diréis al Rey de Selencia que al Ducado de Pinedio llegó el Príncipe habrá cuasi dos años, y medio, a las justas que en mi aplauso muchos Príncipes hicieron, onde el por más soberano pudo merecer el premio, así por su talle, como por su valeroso pecho, pero queriendo pagarle de su valor los excesos, él se ausentó, y hasta aquí ningunas nuevas del tengo quedando el premio por dar, por ser acredor primero Ella piensa ser verdad aquel mío fingimiento. Solamente hoy aqueste hombre, que es tambié de vuestro Reino, me dijo que habrá dos meces (. lo viera. . No es malo enredo. En mis tierras, yo lo ignoro. Cómo pudo el conocerlo? Dad vo la aquesto respuesta. Ay riesgo tan manifiesto! . por lo haber visto señora Y dónde? . Cuando encubierte habitaba en una Aldea. Yo aún no lo vi, miento, ni se si El Rey hijo tuvo, mas para mentir ay tiempo. Y acá ónde lo visteis? En este Palacio mismo. Si él a la Corte ha venido (aunque es falso este empeño, al Palacio habrá llegado. Mentís mentecapto, necio, que no ha venido a Palacio, levadlo vos Marqués preso al castillo, donde pueda servir al vil de escarmiento. Oh bedezco a vuestra Alteza. Ved Sesiora . Yo no tengo que ver, llevadlo Marqués. (. Niunca un engaño es secreto. Y vos al Rey de Seleucia podréis decir que en Pinedio hay quien sabe vibrar hastas y más empuñar aceros; y que aunque su poder sea grande, a los Imperios más conquista la razón, do que el valor más excelso. Luego quiere vuestra Alteza que por fuerza lo llevemos? Si el alma el hijo me lleva, me quite el Padre el sosiego. Para guerra, o paz estoy, tomad lo mejor de aquesto El Rey se lo determine; guarde a vuestra Alteza el Cielo a edad que el Fénix aumenta entre aromas, y entre incendios. De los peligros más fuertes os defienda el mismo tiempo y a vos soldados Mantuanos en mis huestes os acepto. Guarde el Cielo vuestra Alteza Ay mi Eugenia por ti muero! . Si te vas, yo quedo muerta. Tus manos, y pies te beso. . Fiero amor en qué te enojo? . cuando me rindes te ofendo? en las aras de adorado fragoas aborrecimientos? Si solo quien ama puede cumplir bien con tus preceptos porque cuando amo me agravias? me dejas cuando te espero Al Príncipe de Seleucia estimo, adoro, y deseo; mas si a mi pecho das llamas, en él le pones el hielo? no ves que son desiguales, y lidian los elementos? Pues cómo, dime tirano me niegas lo que apetezco me agravias cuando te estimo, me atropellas, si te anhelo, si te busco, me maltratas, si no te busco; perezco, si te quiero, tú me dejas, me mates, si te atropello, si no te olvido, me acabas, si te olvido, muero presto; si en tus aras busco alivio, en ellas miro el desprecio; si en tus templos no te adoro, me dejas con desconsuelos; qué es esto amor? dime ingrato o no fueras tú tan ciego, que ni yo sufriera quejas, ni tú me dieras tormentos. Qué fuerte melancolía No he visto achaque más fiero; pero qué es esto? qué dudo? qué recelas pensamiento? qué dudas alma, qué tienes? dime lo que sientes presto. La Duqueza tiene amor? quien será, dime Dios ciego, de sus designios el imán, rémora de sus deseos será Valerio? Ay de mí no lo dudo, si lo creo, que la firmeza en el hombre es como dicha en el juego; pero que digo? Ay pesares! acabadme en un momento que vivir siempre con penas es morir en todo el tiempo: pero qué lloro? qué dudo? porque siento? porqué temo? si no si no sé lo que imagino, si ignoro lo que recelo? si conoce mi constancia como ha de hacer menos precio de una fe que es toda amor, de un amor qué es todo extremo? Si sabe como le adoro, me hade olvidar, no lo creo; porque un pecho noble enge siempre a la firmeza templos. Mas hay que como este amor es tan altivo, y tan regio, quien duda que pueda más la altivez que los extremos? Valerio venir aquí? qué fin? Valedme cielos! El vino a ver la Duqueza, no tiene duda, esto es cierto. Pero si vino a buscarme, que otra cosa no sospecho, tan aprisa me olvidó? qué dices? dime Dios ciego quieres que diga que son tus arpones con ingenio ligeros para los daños, más tardos para el remedio? Quién creerá alado Dios, que con tan fuertes empeños en donde busco las glorias hallo solos los tormentos? Allana pues mis temores, y depone mis recelos, porque puesa conocer si me quiere, o no Valerio. . Callad disvelos, callad tantas penas, y creed, que en quien ha nacido noble es delito el queren bien: no hagáis alarde, no, por lo que os se merecer, de una fe que es todo amor, de un amor que es todo fe, que el amor, si es infelice, no tiene que pretender, pues le fragos las disgracias lo mismo que quiso bien. Yo adoro la Duqueza, mas que me importa el querer, si cuando el amor es fino, es más activo el desdén? Pero yo, vivan los Cielos, con las crueldades haré que me admita por esposa, o le acube de una vez, que el amor también a veces en lo fiero halla interés. Ella dijo al Marqués Carlos que en las guerras hade ser caudillo de sus escuadras, Adalid que hade vencer: venceranme sus dos soles, mas la guerra venceré, que para vencer mujeres estar ciego he menester. Hoy Ludóvico a mi Reino nos tenemos de in, porque he de ser vivo escarmiento de quien desprecia mi fe, yo le haré tan civil guerra, que le eche todo a perder, porque si diere, respuestas, sepa darlas más cortés. A tu mandato obediente como esclavo asistiré. Pues vámonos. . Ya te sigo. Pues que solos estamos oye ahora: Buscando de Seleucia el heredero me partí al primer día de Fnero por montes de cristal, sierpes de plata, a quien Euro sublime desbarata con causas inhumanas pues reduce las olas documanas, y hace en suma breve sepulcros de cristal, tumbas de nieve; parti cortando al mar la blanca espuma, pareciendo el bajel ave con plu- ma. Navegamos en fin el Sol prime. ro cuando fue la bonanza, rigor fiero, pues el mar gota a gota sorbe el viento (quien ha visto con sed tanto ele- mento?) con horribles bramidos variaron eses cuatro elementos, que lí- diaron; la nave era pelota de los vien- tos, echaba a azotar los ele. pues se mentos, y después de azotar el mar por. que yerra, también quiso azotar la misma tierra. A Pinedio llegué, mas de tal suerte, que lidiaba la vida con la muerte, mas en esta porfía la vida pudo más que yo no que- ría, que en un triste la muerte no es cosa que arrastre, antes es suerte. Hablando a la Duqueza respondiome Señor con aspereza, no rehuía la guerra, pues su pecho valor mayor en- cierra? y me dijo Señor lo que he con- tado. Calla, no prosigas más de esa ingrata las ofensas. que yo un candado echasé a sus labios, porque sepa que se respetan dos Reyes, y más El Rey de Seleucia. Yo haré que Federico a mi estado otra vez vuelva. Ea Roberto a las armas, sepa esa ingrata Duqueza que la mujer no se libra si por necedad no yerra, que es delito la piedad cuando el error es ofensa. Yo mismo hede ser caudillo de mis escuadra soberbias. Vamos que cualquier cuidado es una ardiente centella. Yo le haré confesar luego con mi esfuerzo su tibieza, con mi valor su desgracia, con mis crueldades sus penas, con mi furor su ternura, con mi impulso su dolencia, con mi ventaja su muerte, con mis incendios sus quejas, con mis iras sus enojos, y con y con su llanto mis fuerzas . Aquí esperarla es mejor. Aquí le quiero aguardar. Oh cuánto cuesta el amar! Oh cuánto cuesta el amor! Pero aquí pizadas sientos. Pero aquí siento rumor. Ayúdame ciego amor. (. Dame amor algún aliento. - Es Eugenia mi querida. Él es, qué tengo que oír? . quien aquí podrá venir sino es quien me da vida? Bello encanto de mis ojos, enojado dueño mío, cuando no tengo albedrío. entonces me das enojos? mira que falsos antojos te dieron celos, porque yo no soy quien a ti los dio, pues solo a ti me rendí, y en el mundo solo a ti yo quiero querer, mas no. Quién el que me habla será? . La voz de Diestro no es esta, que si su voz fuera aquesta, el alma le hablara ya: esta voz señas no da de ser de Diestro mi amante; pues yo le huyo vigilante, que como sin luz esoy, no se irá por onde yo voy, y si fuere, yo voy delante. . No me respondes mi bien: tú me huyes? valedme Cielos! que aún me intente dar celos cuando me trata desdén: muerte mis ancias me den, pero seguíre la amante por esta cuadra adelante, por ver si la puedo hallar, pues Eugenia hede adorar hasta que viva constante. A mi dama voy buscar. Yo voy buscar a mi amante. Búscola por el diamante, que tiene para me dar, que aún hoy puedo curar mis empeines con saliva, pues mi cuero no se estriba mas que en sola la esperanza, y si el diamante se alcanza, tendré bienes con que viva. A buscar Valerio voy, que no descansa el amor, y aunque le use rigor, a su fuego alquitrán soy: el alma amante le doy en mi tierno corazón, porque quien tiene afición el corazón le es tercero aunque el sea el primero que siente más la pasión. Unos blandos pasos siento. Unas pisadas escucho. Será Leopolda a lo mucho. Vendrá Valerio a mi intento. Imán de mi pensamiento, Leopolda de mis pecados vengo aquí a ojos cerrados cuando más los traigo abiertos? Mis intentos quedan muertos, mis mis designios engañados; disimular es forzozo. No me habláis Leopolda bellas cuando pongo yo cada huella, en mí mismo de medroso? No sois hombre valeroso? No; porque el valor ha dado en no ser bien premiado, y solo el que es miserable, es de todos tan loable, que le llaman buen soldado. Yo no la puedo topar. Y decidme, dónde sois vos? Yo soy Mantuano por Dios. Hacia esta parte oigo hablar. . quiero más cerca llegar. Más fina os adoraré, aunque en Mantua no hay fe. Yo soy Cristiano Señora; luego mal decís ahora que allá no hay fe. . Yo lo sé. Cielos, esta voz que sueña, . no es la de Eugenia bella? Valerio es quien me atropella, yo solo a vos quiero hay pena! Piensa que le quiero? es buena. yo solo quiero un diamante. ( que se diz le dio un amante. No me habláis? decid mi bien? esto es un puro desdén? que yo, Valerio amo constante Oh? vil traidora mujer, por otro amante me dejas? corte el gordio de mis quejas ( mi valor, y mi poder: - yo por mal hede saber tus crueldades engañosas, tus razones venenosas, tu lisongara aparencia. . qué es esto? Ay cielos. . paciencia, aquí nos echan esposas. Reñid infames villanos. Es cola forzosa huir, por no llegarse a sentir tantos alborotos vanos. Hay que me ha dado en las manos, yo Señor no quiero guante, yo quiero ser estudiante, aquí acogerme es preciso. Ningún topo, yo solo piso. Líbreme ahora el diamante. . En mi palacio alboroto? qué es aquesto? ola criados, ningún oye? yo iré misma ver qué es esto en mi palacio. Voces la Duqueza da voyme huyendo de este cuarto, si acertaré con la puerta? ya en sus umbrales me hallo. Jesús, aquel que se fue, tenía la voz de mi amo. La causa de tantas gritas hede prescrutar hecha Argos; nadie miro; mas qué veyo? Cogiome, ay de mi cuitado! Qué es lo que haces hombre aquí? Un mucho importante caso. Pues lo que es? . Yo te lo cuento. Sabrás que yo busco encantados, que hago cosas tan extrañas que todo en mí son milagros. Pues qué pretendes aquí hacer en este palacio? Ciii El Príncipe de Selcucia vengo buscar a este cuarto, que su Padre mucha hacienda por esa causa me ha dado. Luego en este cuarto habita? o si no fuera esto salso! Aunque el aquí no habita, como te adora gallardo aquí las más noches viene. No puede ser, eso es falso. Yo te lo mostrara ahora, mas sería por encanto. Yo lo consiento. . Y la paga? que sin ella no hay milagros. Esta sortija te doy. Pues vamos ahora al caso; un espejo me es presciso. Entra a esa cuadra a buscarlo. Ya te obedezco Señora. Válgame aquí San Puscasio . Pense que ella a buscarloiva para le dejar el cuarto Ay amor cuanto me obligas a sufrir tus inconstancias! mas si eres niño, no hay duda que eres hechizo del alma. Con saetas me acometes? no ciego Dios, porque basta quereres tú, que yo me rinda, para que sea tu esclava; mitiga, pues, mis pesares, no me quieras dar más ancias, porque si se arrastra el pecho, también el Alma se arrastra, y basta para castigo de la culpa, el confesarla. No me niegues el favor de aquesta prenda ignorada, que un Dios cuando se le pide benigno trae la paga. El Príncipe de Selencia es el hechizo de mi alma, y no se niega un favor cuando el alma es la empeñada. Ya que me ha dado licencia el Alcayde que me aguarda, al Palacio hede llegar, pues hallo la puerta franca; pero aquí, qué es lo que miro? veo luz en esta cuadra; una mujer se divisa, qué es esto? pero qué aguarda el alma? esta es la Duqueza; pero no es, que es cosa clara, que si fuera la Duqueza, solos sus ojos bastaban para alumbrar el Palacio; pero si es, que es cosa llana que quiere cerrar los ojos por no mirar a quien mata; desde esta puerta veré que es lo que ahora aquí pasa. Ea pues, vamos al caso con resolución gallarda. Si me libra San Pascasio, le hede dar una mortaja. Qué es, lo que intentas hacer? amor este hechizo allana. En frente de aqueste espejo te has de poner. . Por qué causa? Entonces en el espejo lo miraras. . Dios me valga! este es criado de Valerio, si acaso Valerio la ama? mas mas no pienso de su brío: pero qué digo? no hay causa para no poder? hacerlo, pues él sabe que mis ancias son un viento, que se esparce, un humo que no se empaña. Cómo al Príncipe hede ver? Diciendo aquestas palabras; líbreme aquí todo el cielo, que la Duqueza me mata Yo quiero ver de Seleucia el soberano Monarca. Mas no des vuelta hacia atrás, porque se pierde la traza; y yo aquí en estas puertas me oculto, para que el salga; quiero decir para huir, que otro remedio no se halla. Yo quiero ver de Seleucia el soberano Monarca. Apuraré lo que es esto, que aquí de Selencia se habla. Invicto Príncipe mío. Qué haré? válgame mi traza. . Diestro dijo que no vuelva hacia tras su beldad rara; pues como Príncipe le hablo. Prenda adorada del alma. Jesus, que esto que miro? este es Ángel de mi guardia; pero este no es Federico? mas no, que en la prisión se halla, es lan Pascasio, porque yo le tengo una santa gana. Cuál es la razón Señor? Ay si Príncipe me hallara! más gócese mi fortuna de un instante que le allanan. Este no es el de Selencia que puse en prisión avara? pero no es; ay infelice! porque este me leva el alma, y el soldado en la prisión hay tiempos que triste se halla. Porque me negáis Señor vuestra presencia gallarda? Porque vuestros dos luceros cuantos miran, cuantos matan. Ay que si ella me conoce, acaban mis esperanzas. ̱.Aquesto son oraciones de mi abuela, y mi cuñada, que habrá dos años, y medio que murieron ahorcadas. Qué es lo que intentáis hacer? Amaros es cosa clara; pero si amáis Casimiro? Eso es falso. Matadme ancias, ya que Príncipe no he sido, matadme vos esperanzas. Por vuestra causa Señor habita en prisión avara un hombre de vuestro Reino. Y cuál ha sido la causa? Porque dijo que aquí os viera. Ese hombre no os engañaba. Al punto le libraré. Agradeo merced tanta: que importa librarse el cuerpo, si queda en prisión el alma? Ay que libra Federico, Jesús qué suerte tan rara! Quién quien podrá ser aqueste Ángel que le hace tantas marañas? es Ángel de Federico que tiene su misma cara, El Alcaide por mi espera. quiero cumplir mi palabra, mas como podré partirme si acá el alma se arrastra! Adiós alma de mi vida. A diós causa de mis ancias Eso es que yo quería ahora, . vuestras mercedes se vayan. Y cuándo hablaros podré? Al instante que os agrada, que como sin prisión quede diré a Diestro que me valga. Pues a Dios bien adorado. Adiós empleo del alma, o quién Príncipe naciera para tener tanta gracia! Pues qué señora, engañete? Hombres como tú no engañan; esta cadena te doy, y te servirá de paga, que lo más fue memorial de lo que darte esperaba De esta suerte mi señora te serviré con el alma. Cuándo a hablarte volveré? Mira tu cuando te agrada, que yo haré que el vuelva a verte. Cómo Federico salga de la prisión, hede hacer que le haga esto, pes su cara es como la de aquer Ángel que ahora aquí me ayudaba. Pues yo tengo de avilarte. Pues Dios te guarde. Repara, que si se supiere el caso moriras. Desenojada puedes estar mi señora. Pues adiós. Conmigo el vaya, que voy hacerme Ermitaño para que milagros haga Amor no me niegues, no el favor que pide el alma, porque cuando el alma pide, si se le niegan se mata, que el amor, y el alma siempre en las competencias andan y si me lo niegas, dime porque con mano tirana tiras a mi corazón con flechas tan disparadas si siempre las flechas fueron los homicidas del alma? No sabes, que al vencido el vencedor siempre ampara? pues háceme lo que pido, para que viva en tu gracia, que el vencedor siempre debe hacer al vencido plaza
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Al arma soldados míos, vivos módelos de Marte, nuevo asombro de Belona, y de Adonis fuerte ultraje. Ea amigos compañeros, los estruendos militares es el ocio del soldado, mezclado el clarín, y parche, y nó y no se alcanzan los premios sin que se padezcan males. porque son de un mismo parto los premios, y los pesares. La Duqueza de Pinedio es quien buscamos; cobardes le llaman aquellos hombres que no pelean constantes que el valor es propio al hombre hasta lo dejar la sangre que cada gota que encierra es un rayo con que acaba al Alcides más soberbio, al más soberano Atlante, y demás que una mujer es quien nuestra furia embate, y la mujer como es vidrio, cualquier viento la deshace. Vive el Cielo mis vasallos que hoy le hede beber la sangre, no porque su rigor tema, mas sí, para que en mí se halle si compasión por lo mío, por lo suyo un diamante, quizá que entonces el mío como cordero lo labre, hede quitarle el aliento, porque tiemble a mi coraje, porque a mis impulsos muera, y con mis celos acabe. Alto haced en este sitio, que de aquí podré vengarme, los muros allí se miran y aunque fueran diamantes sus piedras, los venceremos, tanto puede un vil ultraje. Mejor podrás tu señor por este bajo vengarte, y así bien puedes mandar que el ejército allá marche. No dices mal, marchen todos. Todos te obedecemos constan- es. . Ya de esta parte han huido. Plegue a Dios que sean diestros en huir, como lo soy que luego quedamos buenos. Animar soldados míos, que hoy tenemos de vencerlos, porque onde la razón vive viven siempre los alientos. En aqueste bajo están. Pues seguirlos compañeros, que siempre la diligencia tué madre de los empeños Viva Dinamarca, viva. No vivirá, que Pinedio, vive el cielo, es quien será que hade vivir siempre excelso. A embestir su furia fuerte es razón salir; alicielos! o como viven los grandes a los asaltos sujetos! porque suelen ser los grandes de los pequeños modelo. Por este bajo Señora acometerlos podremos, que de otro modo, no puede tener fin nuestro deseo. (arma. Pues vamos. . Al arma, al Conmigo debe ser esto, dice al arma, yo una traigo, luego viene a mi derecho; yo se la daré sin lidias, que lidiar es para viejos. Viva Dinamarca, viva. Solo vivirá Pinedio. Exento, ay Cielos Divinos, de un terrible cautiverio o me convida otra pena, o me amenaza otro riesgo, que fue siempre el fin de un mal el principio de un tormento. En mil confusiones miro dividido todo el Reino, que donde hay muchos, que mandan hay pareceres diversos. Dejo la prisión, y voy al más intrincado riesgo, que donde las guerras viven, viven siempre los tormentos pero quisiera saber de aquel encanto de Diestro, mas si yo soy el encantado, yo lo pregunte a mí mismo. No vi la Duqueza? Sí, responde el alma acá dentro; pues si la vi, cómo vivo? si la vi, porque no muero? Mas no, que por sufrir más me quiere dar más alientos, que también en la triaca se encuentra el mayor veneno No me quitaron sus ojos del alma todo el sosiego? pues como no me ha quitado, (ay triste!) el vital aliento Mas no, que fuera piedad librar un triste de un riesgo, que nunca un infeliz puede tener a su mal consuelo. No la engañé? Claro está. Conociolo? No por cierto, que El Rey no tiene poder en los secretos del pecho. No la adoro? aquesto es llano: o desdichados afectos, que quepan en pechos viles amores, que son tan regios. Por aquesta parte va la Duqueza de Pinedio. Prendedle soldados míos. Qué confusiones! ay Cielos! Victoria por Casimiro. Por Casimiro? qué es esto? Preciso será ocultarme en aqueste oculto seno. Este no es el Sol, que adoro? este no es el bien que anhelo? Aay Dios que me ha visto un hombre. Por aqueste bosque espeso entró la Duqueza Fénix. La buscaré, vive el cielo Qué es lo que buscáis villanos? La Duqueza de Pinerio. Callad locos, que os haré echar el vital aliento. Miremos si es vuestra lengua mas diestra que vuestro acero. Ay Cielos que estoy mortal. Ved villanos si soy diestro. (ble. Por Dios, que es hombre invencí. Cobre mi esperanza aliento. Muerto soy, valedme Cielos. Oh? qué notable desgracia! a vuestros pies hoy se rinde el Señor el Señor de Dinamarca. Hay fortuna más excelsa! De mi presencia levanta, que la Duqueza es a quien debes prostrar tu arrogancia, porque sepas, que los grandes también tienen su desgracia, que cuanto es mayor la dicha, es la desdicha más alta. De Pinedio viva el solio. Vencida va Dinamarca. Muerto Ludóvico yace. Hay nueva más inhumana! Cielos, no quiero vivir, quitadme el aliento Parcas. que vivir como cautivo es más que rigor infamia. Por buscar a vuestra Alteza he dejado las escuadras más vencedoras, que el Jerjes pudo vencer sus batallas. Os agradezco el cuidado. Soy vasallo, que no falta quien os libró de los riesgos? Este modelo de Palas. No me agradezcáis a mí lo que es solo vuestra hazaña. Vos Marqués por más leal sed de este Príncipe guardia, al castillo lo llevad hasta que haya orden contraria. Ay qué rigor! a ti misma prenderte Duqueza mandas Os obedezco Señora. No vi belleza más rara. Decidme Marte arrogante, nuevo modelo de Palas, fuerte ejemplo de Belona, vivo compendio de hazañas, quién sois? mas no lo pregunto, que ese valor, y arrogancia diz: que excedéis Mavorte, Belona, Alcides, y Palas, que donde reina el valor, presto se miran sus sañas: pero pregunto: quién sois? que es vuestra gloria tan alta, que pasa al ser de Divina por las esferas de humana. Yo la libertad os debo, y no hay cosa más amada, que la libertad es vida, y si muere, todo acaba; y si os confieso deberla, cómo podré bien pagarla? Lo que tiene altivo precio, altivo precio lo paga, mas al que a todo supera cualquier paga es limitada, y no hay feudo por mayor que esta deuda satisfaga, que el que da, da por querer, y la paga es obligada. Pero qué miro? no sois? válgame el Cielo! ay qué ancias! . aqueste no es de Seleucia el soberano Monarca? su valor así lo indica, así lo ostenta su cara: mas este no es el soldado qué prisionero habitaba? Valedme aquí Cielos santos! o quién supiera la causa! No sois soldado? Si soy. Y hasta ahora ónde estabéis? En la más dura prisión ij que que se ha visto en gente humana; aunque siendo vuestro gusto me alegra, y no me maltrata, que sujetarse a los Reyes es la más ínclita hazaña, pues en la misma humildad las benignidades se hallan. Discreto sois; de Seleucia no sois vos? Es cosa llana. Vuestro Príncipe? Lo ignoro. Aquí mi industria la engaña, que como decís que miento no os quiere mentir el alma. Yo supe que en mi Ducado vuestro Príncipe habitaba. Luego yo no os engañé? No Oh? cuánto un indicio engaña! Lo visteis Señora? Vilo; tiene vuestra misma cara. Muchos me lo han dicho así, ay Duqueza que te engañas! . o si Príncipe naciera que dicha que no lograra. Y lo habéis visto estes días? No Señora. Qué disgracia! Mientras a su vista estoy como el Príncipe me agrada. A su vista, ay de mí! soy Salamandra, que se abrasa. Cómo os llamáis? Federico. Así mismo no se llama vuestro Príncipe? Eso es cierto: bien la Duqueza se engaña. Hay modelo del bien mío! en todo al Príncipe igualas En merecimientos no. No decís bien, basta, basta que solo un Príncipe puede hacer tan fuertes hazañas. Mi humildad se me lo niega. Aqueso es pura ignorancia, porque el mérito mayor es lo que cada uno alcanza: decid: el Águila altiva cuando al Planeta se ensalsa repara en mérito ajeno? no; que en los suyos repara; tanto, que si no divisa la fimbría de este monarca, hecha despojo a sí misma, a si misma fuerte mata que no se estriba en lo ajeno sola en sí mismo se ensalsa, que los méritos ajenos no será bien que otro añadan. Confieso que estoy vencido; mas si no vivo en mi Patria? A qué fin? Para el amparo. Lo que os debo, eso os ampara, que no deja de ser noble quien hace fuertes hazañas. Hoy heis de ser Federico General de mis escuadras, bien que no es paga debida a merced tan soberana, que darse la libertad es la más altiva gracia. No dudo que en vuestro amparo lograré dichas más altas, porque cuando el grande quiere, el más el más humilde se ensalsa. Mi tintero El bastón tomad ahora, Buena no me quedará Quedarás como un barbero. mirad que es la primer paga. . Tomad aliento cuidados, Pues hazlo, y verás si hay quien no muráis mis esperanzas, pues os fragua las venturas quien las desdichas os fraguat honor me da la Duqueza cuando el corazón me arrastra, que el mismo que el mal somenta también las dichas allana. Sin duda, porque ve que yo perezco de mi disgracia, me da más vida, porque más desdichas me combatan, que por manos del favor viene ponzoña, que mata. Con el bastón nuevo aliento ánima mis esperanzas, me rinde su esfuerzo Marte, Alejandro no me iguala, el Vírlato indigno queda, Belona rinde su espada, Áquiles su altivez prostra, Palas ofrece las armas porque a mi valor, y aliento aún juntos no se igualan Marte, Alejandro, Viriato, Belona, Áquiles, y Palas. Hoy de hombre te has de fingir qué dices Diestro? yo de hombre? Te fingiré barba, y nombre para podermos huir. Cómo puede aquesto ser? Hija, en esto no hay que hablar presto te podré bárbar, Leopoldo te hede volver, Y la barba? Mi tintero presto te la enseñará Buena no me quedará Quedarás como un barbero. Deja que yo lo mire en ti, para ver si queda bien. Pues hazlo, y verás si hay quien por Diestro conozca a mí. Venga el tintero. Aquí está. Bueno tu quedas así. Mejor te lo haré a ti. Mejor estar no podrá. Has visto si es bien barbado? Sí; pero me falta ver si no te hará conocer el nombre que tú has tomado. Eso es lo menos; si haré, Leopoldo me has de llamar. Yo no; otro has de aguardar, que yo por mí muy bien lo sé. Me place tu entendimiento ve si viene cualquer hombre. Atiende tu bien al nombre, Bien atiendo al fingimiento. Torpe está (Virgen sagrada!) no vi más loco villano. Estoy bueno? Aqueso es llano: hay cosa más engraciada? Espera que viene gente. Yo me oculto en esta puerta, de mi nombre te despierta. . Ese es el inconveniente. Ya vivo desengañado que mi Eugenia no me engaña. Mirando mi amo esta maña; . Diii no no piensa que soy su criado? Pero quién es que allí veo? No me puede conocer: Dietro me parece ser ah Diestro? . qué vano emp leo No me respondes villano que barbas son las que tienes No responderle conviene, . por no me salir en vano No me respondes infame? Vaya a dar en su criado. Cómo tú lo es, yo te he dado. Su criado no me llame, que yo soy Leopoldo Cardóna hijo de Don Balandrón nieto del gran cuscorron bisnieto de una fregona, sobrino de un ganapan, abuelo de un barchiler hijo de una tal mujer que lo siente si lo dan. Hombre estás endemoniado quien esas barbas te puso Me deja ahora confuso Me crecieron de contado Quién te engañó de esa suerte, que te puso eses borrones? Hay más tiranos baldones esto me hade dar la muerte Yo soy Leopoldo Señor, y tu criado aún no he sido. Luego quitaste el vestido a lo que es mi servidor? Me cogió de esta manera, Señor él me lo vendió Pues ya qué usted lo compró, dispa hasta la faldriquera. Ved Señor. Estoy despierto. . Ay Ja sus qué me ha molido! Señor no mate el vestido, porque yo mucho hay que estoy muerto. Pues despir. Jasús que muero Hay necedad más extraña? por hacer una maraña le han de moler todo el cuero? Adorada prenda mía. Del alma bien adorado, cuya altivez soberana desprecia del Sol los rayos: nace la rosa gallarda nuevo prodigio del Mayo, siendo cuna de esmeralda la que le da todo el campo: coronada de oro nace en el botón más gallardo, hasta que con ropa en hoja viste de carmín el paño rompiendo la verde estancia por mostrar el nacarado que también las flores tienen competencias en el garbo; y apenas al prado llega, cuando reina on todo el campo, de su pompa indica bríos, de su gracia ostenta rasgos, que hasta en las flores sucede hallarse un brío lozano. Tan airosamente brilla, y con tan soberbio garbo, que parabienes provoca del clavel más soberano Así vos del alma hechizo, de los ojos dulce encanto, del del pecho tierna prisión, del corazón blando halago tanto que al prado llegáis admiráis a todo el prado, porque siempre hay differencia de lo muerto al animado, que aunque animadas sean las flores de todo el campo. a vuestra vista se mustian y se marchitan de pasmo. La Rosa pierde el color el clavel pierde su garbo, la azucena triste queda pidiendo el color prestado. El jazmín desfallecido se queda apenas en blanco, y al fin todas las más flores se quedan con mil desmayos hechas despojo del tiempo de la no he triste en layo que donde el Príncipe existe nadie brillan los vasallos, No pretendáis alabarme con hipérboles tan altos, que de tan altivos temo se despeñen arrojados alabar quien lo merece no deja de ser hallago loar quien no lo merece, es querer vituperarlo, que hasta en la misma triaca se halla el veneno tirano. Si pretendéis maldecirme, haced hipérboles varios, mas no sean tan altivos que pasen a temerarios. Las alabanzas de grande no deben volar tan alto que se despeñen Faetontes en muchidumbres de rayos. La nave que el golfo furca no se isenta del naufragio, si el Borcas la sopla mucho, es de las nubes penacho y pasando a ser cometa es asombro de los astros dejando por la borrasca aquese cristal salado que a veces viene la dicha por la via del fracaso, pero no puede ser dicha que no caiga en el naufragio porque siempre el fin de un mal es principio de otro daño. Mas si el viento poco a poco no se le muestra contrario, entonces la tempestad pasa a ser mayor descanso, Con que llego a conocer que si me hacéis volar alto es porque sufra el tormento no porque tenga el álago, que a veces el volar mucho es causa del mor fracaso. Luego por falsas tenéis las razones con que os trato? Sí; porque las alabanzas no deben volar tan alto, que más parezcan quimeras, que se imaginen alagos, y es grande desacierto engañarme vos mezclando clemencias con los rigores piedades con los agravios. Pero clarines, qué es esto? El trinquete se deshace Aferra, aferra las velas. El mar alterado brama. Soldados salid a tierra. Qué es esto? soldados dice? Avisar a la Duqueza En aqueste alto monte, será lo mejor. Pues vamos En aqueste alto monte, cuya fimbría divisa el Faetonte, gigante sin violencia, que levanta a los astros su eminencia, y Águila altanera, que en los astros términa su carrera, se pongan mis soldados, que hede ser vivo ejemplo de los hados; haré tales crueldades, que hede ser miedo al mundo, y a las edades, postraré yo Pinedio en dos instantes, aunque fueran sus muros de diamantes; porque un Rey ofendido Basilisco es, que mata destemido, es rayo que rompiendo los aires, lo que ve va deshaciendo. Yo pondré la Duqueza en tirana aspereza, porque sepa que al Rey se esconde nada, y más cuando es materia considrada. Clarines Señor oigo hacia esta parte. Seré siendo caudillo vivo Marte, rayo al mar, trueno al bosque, ejemplo al mundo, seré yo por mí mismo un sin segundo. De Pinedio nos combate con furia la gente fiera Qué es esto? nos acometen? Quién acude a la defensa? la Duqueza de Pinedio nos enviste con bien fuerza. A matarle hede acudir; vamos Roberto, que empieza aquí mi altivez a dar señales de mis potencias. Ya te acompaño señor, legue al Cielo que así sea. . Quieren que yo sea soldado? el diablo que lo sea; allá no hay más que pancadas sin haber más dependencia: hoy quien sirve no le pagan. quien no sirve le premean; pues no quiero servir yo, que que así hede hacer más fuerza Quiérome hacer estudiante; que gasta muy buena flema, más serelo solo in nombre, que inré no quiero par de esas, porque el que es buen estudiante en mil pedazos lo dejan, y si es malo, es lo mejor que influyeron las estrellas; si bien que los sabios dicen, que el saber siempre aprovecha, que el zollo es ignorante, y el sabio más sabio queda. Qué es esto? san Policarpo, por acá llegan las guerras? Vive Pinedio villanos. No vive si nó Seleucia. , s A mis manos morirá, Ya no puede haber defensa Villano por que me matas? Porque abatas tu soberbia. Mueran todos los aleves, Ay Cielos! qué fuerte afrenta teñida en sangre mi mano. Mueran los traidores mueran. Herido El Rey mi Señor! Cielos qué ilusión es esta? (̱. Detente Tigre de Hircania, . que no es posible te venza, pues el valor me ha faltado. El miedo yo te lo diera. Me ha pesado haberte herido. Y la causa? Porque depas que quien te ha herido a ti es natural de Seleucia. Bien tu valor lo ha mostrado, ah traidor, que así me ofendas! . Aunque soy contra mi Patria aqueste bastón me empeña: me larga la espada Rey. Sin la muerte en vano intentas Que me des la espada digo. No tengo en la mano fuerzas para poder resistir. Esta banda liga sea de tu mano. Gran favor! , , qu . A tus plantas gran señora hoy más un esclavo llega Quién os ha vencido a vos? que fortuna tan suprema! Ese Marte, que admiráis, de quien todo el orbe tiembla. No vi más extraño esfuerzo. Es invencible su fuerza. Aquel triste encantadillo. a lo que ahora se llega! Ay Fénix, a que peligros me expongo por tu belleza Vuestro ejército perece. Son cosas de las estrellas. Quién con tal fuerza os hirió. Esa envidia de las eras, mas quisiera gran soldado saber quien la banda os diera. No me importa el referirlo, el alma a su vista tiembla. Bien podrá ser que os importe, y decidlo si os contenta, El El que es de Seleucia ha dicho, . aquesta banda es la misma que yo di al viejo Fabricio, porque a mi hijo la diera, ay Cielos, si fuera él este, a quien tal valor alienta! Me la dio mi padre a mí. Cómoes su nombre? Es muy buena, también puede preguntarle como se llama su abuela. Su nombre era el de Fabricio. Ya bien declarado queda. Qué es esto Cielos Divinos? . qué dudas serán aquestas? No teniéis otro hermano? Hay preguntillas más necias? . De un mismo parto nacimos, pero en todo tan diversas las naturalezas fueron, que a mi valor fuerte alienta, mal el con sangre villana, como villano se queda. Federico no os llamáis? Es cierto señor. Pues cierta es mi presuncion:: los brazos, cuando a eso deis licencia, me dad, hijo mío. Cielos! el Príncipe de Seleucia! Teneos Señor, porque una dicha tan suprema para mí no ha sido; ay cielos! o quién Príncipe naciera! Para decir el engaño os pido ahora licencia. Empezad: ay Cielos santos! . o si Príncipe este fuera! Cuatro lustros puede haber dando yo el feudo pagaba a la juventud, que el ocio siempre a los hombres agrada. Vi la beldad más airosa, la belleza más gallarda, pero, porque más me acorte, con esto lo digo, Anarda, hija del Duque Lizandro, a quien pública la fama, si Duque por nombre, Rey por la sangre soberana, que la sangre es quien alienta, y no la hacienda heredada. Tributele mil suspiros, publicábale mil ancias, le dije mi pensamiento; con lo que ella enamorada se rendió a mis cariños, que la caricia en quien ama es hechicera del gusto, pues todo en su imperio arrastra Antes que el regio laurel a sus sienes coronara, pude tener en sus brazos la prisión más deseada, puerto de aquel que bien quiere, baliza del que bien ama; de cuya dulce prisión fuisteis vos la prenda cara, mas por no ser conocida p mi esposa por liviana a Fabricio os entregué, para que el mismo os criara: y di al viejo Fabricio esta que me ofrecéis banda, porque algún hora si os viese, viese una prenda del alma: y el hermano que decís, que que tiene sangre villana, no lo es vuestro, que su padre es Fabricio, que lo echara a luz su pobre mujer. la cual como hijo os criaba. Tratamos del casamiento, recibime con Anarda, y no teniendo hasta aquí un Príncipe, que heredara la corona, os voy buscar, cuando siento vuestra falta. Mando a buscaros a prisa por las partes más extrañas, hasta que tuve noticia, que vos en Pinedio estabéis; envío un Embajador, y os reusaron sin causa. Tened Señor, porque entonces aunque en Pinedio estaba, no lo conocía yo. La Duqueza no os engaña. Yo Príncipe? Cielos santos! hay merced más soberana? Tanto, que antes miserable estuvo en prisión avara cuando el Embajador vino. Yo lo vi en la embajada negando Príncipe ser, y que el al Príncipe hablara. En fin quiso el Cielo santo, que tuviese aquesta causa para veros el valor, y conocer vuestra hazaña, onde me tenéis rendido. Padre, perdón pide el alma. Hay más extraño suceso! Hay maravilla más rara! Pero Príncipe, y Señor, porque razón os negabéis? Por haceros más servicios, que quien el favor al cansa en estado miserable, más en lo noble se ensalsa. Direle, si me preguntan que Fabricio me enseñara, que yo naciera de Seleucia el soberano Monarca. Puede haber caso más raro! Hay merced más soberana! Pues Padre, Rey, y Señor, un favor os pide el alma, y es que si la Duqueza consiente en darme palabra de casar con migo, deis. a mi gusto esta jactancia. El alma Señonos doy. Yo por eso me empeñara, cuando lo rehusara alguno. Agradezco merced tanta. Dad Federico la mano a la Duqueza. Yo el alma le doy. . Yo la misma vida. Pues porque todo bien salga, Valerio, pues sois mi amigo, heis de hacer, si es que os agrada, un favor que os pido yo. Mandadme. A la beldad rara de Eugenia la mano dad. Cielos! qué acción tan gallarda! Cuando en eso ella consienta, le doy la mano, y el alma. La mano, y brazos os doy, agradezco merced tanta. De los dos seré Padrino, y os concedo de Pescara el Marquesado, con rentas Eij dignas dignas de sangre tan alta. Con callarme, gran Señor, os satisfago la paga. Y al Príncipe Casimiro mando que libre se salga. A darle la nueva iré. Yo Señor merezco nada? Ya que de estudiante estás, que estudies en Salamanca. Yo casaré con Leopolda, porque ya que el amo se casa, suele el criado en la comedia casarse con la criada. No dices mal, lo consiento, mas no te engañen las barbas. Y el pobre Poeta aquí pide perdón de sus faltas, porque tenga sin dichoso el Príncipe de la Banda. N
