Texto digital de El primer Templo de Amor
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Melchor Fernández de León
- Atribución estilometría
- Melchor Fernández de León Probable
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El primer Templo de Amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/primer-templo-de-amor-el.

EL PRIMER TEMPLO DE AMOR
JORNADA PRIMERA
T YO has de salir. Es crueldad quitar a mis tristes penas el alivio de la muerte. En vano, Cintia, lo intentas: dentro has de quedar. No cierres, o mi dolor, o mi queja arrancará el corazón, ya que no arranque la peña. Mira::- . Qué puedo mirar? Que si al monte::- En balde pruebas a que hagan estas rocas a mi dolor resistencia, pues el ansia de acabar de una vez con mis tragedias, cuando no fuera mi brío::- Ay de mi infeliz! La Abriera. . Dónde, di, tu errado arrojo te lleva, cuando conoces::- Aparta. Que es tal tu peligro:- Suelta. . Que si te ven::- No me estorbes. Vuélvete a la Gruta, entra en su oscuro centro, mira::- Qué he de mirar? Tal intentas? si sabes, que esa tirana, esa, quien el Orbe tiembla, Irifile, que en Tesalia, mas por sus crueldades Reina, que por su razón, habita el Palacio, que esa selva de alegre esmeralda ciñe, así porque en sus espesas enseñadas, el afán de la caza la divierta; como porque el grande Templo del Amor cuya soberbia fábrica, en nuevo prodigio, la acaba cuando la empieza, siendo milagro, por la brevedad, y la grandeza de quien es Sacerdotisa, y en este monte se asienta, como te atreves::- Por eso mismo, pues llegó mi pena a aquel infeliz paraje, donde la esperanza muerta, vivo el dolor, el aliento sin uso, y el alma presa, a la desesperación abraza por conveniencia. Déjame, que::- Tú, sin duda, del peligro no te acuerdas en que vives? Si me acuerdo, mas veo la diferencia que hay de un peligro dudoso, ha una desventura cierta. Dudoso le llamas, cuando la ojeriza, que conserva Irifile contra Delfos, Isla tuya, movió guerra contra Licaón tu Padre, que muriendo en la refriega de Irifile, en las Escuadras, llegaron hasta la misma Ciudad, y saqueando cuantos tesoros había en tierra, se apoderaron de una defendida fortaleza, en que tu padre te había guardado de la severa amenaza de los hados, que en las voces ahoreras de Oráculos (que más veces no avisan, si no amedrentan) pronosticaron que habías de ser la ruina, y tragedia de Delfos, por cuya causa mas, que no guardada, muerta te tuvo, sin que ninguno de toda la Isla te viera? Dudoso la llamas, cuando apenas te tuvo presa, cuando teniendo por fijo, que muerto tu padre, eras la única, que quedaba a la antigua descendencia, que aborrecía, dispuso la más cruel, más fevera traición, de cuantas la fama pública en plumas, y lenguas, pues me mandó, que te echase a el Mar, para que tuvieran bago sepulcro de espumas su crueldad, y tu inocencia; sin permitir, que a su vista llegaras, porque no fuera afligida intercesora, con su impiedad tu belleza? en cuyo rigor movido yo, no tan solo de aquella generosa ley, que vive gobernando la Nobleza, sino también de la antigua obligación, que conserva mi agradecida memoria, de que en las pasadas guerras de Tesalia, y Delfos; fui prisionero en una de ellas, y que le debí a Persiles, joven de tan altas prendas, como la fama pregona, la libertad, con dos deudas tan grandes (vuelvo a decir) te libré de la sentencia, a que la aleve crueldad de Irifile te condena, y trayéndote escondida, sin que ninguno te viera, victoriosos a Tesalia volvimos, y en esa cueva, por quien ese risco horrores melancólicos bosteza, te oculté, donde yo solo todos los días::- Suspenda tu labio el aliento, pues lo que piadoso me acuerdas, mas es para que me arroje, que para que me detenga. Para qué te arrojes? cuando no solo hay tan severa razón para tu peligro, sino que también se llega la de que habiéndote visto alguna vez por entre esas bocas de pieles vestida, das ocasión a que crean ser fiera, añadida al cruel tosco vulgo de sus fieras? Sí, porque si a la memoria traes, que desde las primeras luces de mi aurora, fue mi vida fatal Cometa, que pronosticando males, obligó a que me escondieran en una cerrada Torre, donde no encontré más señas de viviente, que un suspiro, que más que a mí me atormenta: si el salir de esta prisión, fue para entrar en la estrecha boca de esa negra Gruta, a cuya tosca caberna, espesos penachos de humo de una fatigada tea; en alientos congojados, mas que la alumbran, la afean; qué muerte más rigurosa puede ser la que suceda a esta vida? qué puñal, con afilada violencia la acabara más tirana? qué aleve torcida cuerda la ahogara con menos ira? qué tosigo, con más fiera rabia, atajara su aliento cómo esta? (Ay de mí!) como esta, que matando a espacio, viste de impiedad a la pereza? Y así, Admeto, confesando primero la grande deuda de tu piedad, deja que la malogre, y que yo misma me entregue a la muerte, porque diga la fama, que::- Espera, presto tendrán fin tus males. Cómo es fácil que le tengan, si penden de la constante duración de las Estrellas? Como yo tengo (aún aquí temo que escucharme puedan) avisado ya a Persiles tu Primo, que de la Regia Augusta Estirpe de Deifhos altos blasones hereda, y a quien (como dije) tiene mi obligación tanta deuda, para que sin dar noticia del motivo que la alienta, con bien disfrazada escolta oculto a Tesalia venga, con que aguardando escondido en la enseñada secreta, que hacia aquella parte cubren toscos riscos, y altas peñas, será fácil entregarte a su Embarcación, y en ella fácil el llegar a Delfos, adonde con quietud puedas, siendo su Esposa, gozar de la Corona, y la::- Cesa, pues con cada aliento más me irritas, que me consuelas: Yo Esposa de quien jamás he visto, y de quien pretenda, que hayan de ser sus peligros razón para mis finezas? Yo casarme, porque el otro me libre, y en contingencia de que encuentre el albedrío tercer cárcel más estrecha? Primero a estas altas rocas les diré:: . Cielos, clemencia! Qué mísera voz se oyó? A lo que de aquí se deja distinguir, pequeño barco, contrastado de la adversa espuma del mar peligra en sus rafagas. . Mis penas infestarian sus ondas; pero para que no puedan sus lástimas detener mis despechos por entre esas rocas veré si mi suerte me permite::- A tierra. . A tierra. otro susto! . otro embarazo! Mas propicio el mar por esta parte está, pues que se mira, que a un bagel le da licencia, para que sus pasajeros tierra tomen: Oh secreta influencia del destino, que en un mar con unas mismas ondas, unos propios vientos, uno escape, otro perezca! Pues aunque por las dos partes alevosos me suspendan los acasos, no ha de haber por saquí quien me:: orngar 1. A la selva. 2. A la fuente. 3. Al risco. Todas me seguid, y la secreta verde soledad ocupen vuestras voces lisonjeras. Ardán lossriscos, ardan los troncos, ardan las peñas, con la luz que reparte Irisile bella. Ay infelice de mí! peor es esto, pues que llega el último dañó, siendo Irifile quien se acerca, de que son señas seguras venatorias y alagüeñas voces, con que a un tiempo unidas, ocupa toda la sel tantos estruendos de caza, tantas sonoras cadencias, por ser la Música sola quien más su inclinación lleva, diciendo unas: 1. A la fuente. 3. A la ladera. 2. A la falda. Cuando también cantan otras, siguiendo el compás de aquellas: Felices los troncos, felices las peñas, pues que se queman con la luz que reparte Irifile bella. Huye, Cintia. . Ya obedezco, bien a pesar de la fiera desesperación, que causa mi desdicha; pero advierta tu persuasión, que esta fuga no es temor si no obediencia. . Cómo huyas de este peligro! lo que tu quisieres sea. Ay, que no se entró en la Gruta! quiera el hado, que con ella no encuentren: por aquí voy, donde se escuchan más cerca las voces, por si saliendo al paso, impedirle pueda que la sigan. 1. A la cumbre. 2. A la enseñada. . A la selva. Válgamos el Cielo! A mis,y todo, Al esquise. A tientu a tierra. Ardan los riscos, ardan los troncos, Libio, sin duda el viento, impulso del mar airado, en Tesalia nos ha echado, pues este músico acento saluda a Irifile bella, su Reina. . Será importuna tema de nuestra fortuna, si ha permitido la Estrella, que en tierra de tu enemigo nos arroje el mar, después de habernos dado al través. Verdad es lo que te digo. La embarcación al secreto quede, Lidoro, fiada de aquella oculta enseñada, pues hasta que encuentre a Admeto, en quien mi fortuna encierra el bien, que espero lograr; sino es tú, no ha de pisar Soldado alguno la tierra, ya que Nectuno obligado de mi ruego, ha permitido que oculto, y desvanecido a Tesalia haya llegado. Cintia, cuando será el día de mi suerte? . En tan fatal hado, donde cada mal al otro vence a porfía, qué haremos en tan extraños, tan terribles tan eternos pesares? . Señor, hacernos Vandoleros, o Ermitaños, ya que tu locura atroz así lo ha ido disponiendo, pues ignorante, siguiendo. de un Oráculo la voz, de las que cuando predicen, jamás a la verdad huelen, y ordinariamente suelen no saber lo que se dicen, de Dolpos salistes. Calla, no pronuncies lo que aún no quisiera escucharlo yo, Hacia ningún lado halla nuestra vista a quien preguntar, podamos por Admeto. . Entre esos ramos escóndete, Libio, bien, mientras discurrir podemos, qué hacer en ahogo tanto como este. . Y dime, cuanto en discurrir tardaremos; porque aunque sea al aurora cuando se discurre más, yo no he podido jamás discurrir un cuarto de hora: aunque en mi corto alcanzar, poco será menester para llegar a saber, en lo que vendrá a parar nuestra fortuna inhumana, pues que permitiendo el hado, que a Tesalia desterrado llegues, donde la tirana Irise reina, es muy fácil de discurrir, que en llegando a descubrir, que eres Lidauro, después de perder, de atormentar, y de un preguntar violento, que no es el menor tormento, rematará en ahorcar; y que yo con la postrera queja, y voz de mi fatiga, viendo que te ahorcan, diga con ansia::- . Guarda la fiera. Qué voz tu acento baraja? Qué rumor es el que oído? Hacia la ensenada a huido, suelta los perros. . Ataja. Seguidla todas. Piedad, Dioses. . El confuso estruendo se acerca. . Qué confusión tan rara! Valedme, Cielos! mas por qué vuestro favor invoco, si tan adversos os mostráis contra mi vida, que parece que habéis hecho las aras de vuestros cultos, solo de mis sentimientos? Sin poder hallar la Gruta de Irisile (ay de mí!) vengo seguida, que como fiera me busca, con el estruendo de alaridos, y la ladra de Ventores, y Sabuesos, sin que pueda el asustado, el corto infeliz aliento a la fuga más brío, y un miedo. Veré por aquí si hallo::- Válgame Baco supremo! Monstruo fiero, aunque sin armas cojas, mi esforzado aliento:- Ay triste! hiré por aquí, no solo escapo del riesgo, mas le busco a estotra parte: veré si hallo: . Qué portento! Ay infelice, otro susto! No la sigas. . Monstro fiero, muere a mis manos. . Piedad, Dioses. Aunque huyendo vayas::- Aunque sea tu fuga afrenta veloz del viento::- Te he de seguir; mas qué miro? Te he de alcanzar; mas qué veo? Persiles? . Lidauro? Tú en Tesalia? Tu corriendo mi propia fortuna, cuando salimos los dos de Delfos por tan contrapuestos rumbos, aunque era el fin uno mismo? Sí, Persiles; pero antes que nuestra duda creciendo vaya, permite que siga un monstruo, con cuyo fiero asombro, tan admirado quedé a su vista. No menos a mí, que a ti, ese prodigio absorto, mudo, y suspenso me ha dejado; mas su fuga es tan veloz, que ni el vuelo del viento la diera alcance, aunque la buscara el viento. Déjame seguirla, pues no sé qué impulso secreto, no sé qué oculta razón su vista labró en mi pecho, que me obliga::- Ya es en Con tal fuerza:- Es vano intento. De vista se perdió, y pues nos hallamos con el riesgo, de que en enemiga Patria nos arrojasen los Cielos; y aunque más desconocidos, es peligrosa el meternos la tierra adentro, en lo oculto de esos árboles espesos, que niegan la entrada al día, la noche esperar podemos. Temo, que el haber hallado a Lidauro, sea otro nuevo embarazo a mi designio. Disimula. Pues nos vemos por ahora resguardados del peligro, que los ecos de la música, y la caza cesaron, hasta que el tiempo, que es en las resoluciones el más seguro Maestro, nos vaya guiando al rumbo, que hemos de tomar, te ruego me digas, como a esta Isla llegaste? no mis acentos publiquen, como llamado. Vengo a Tesalia de Admeto, que a Cintia escondida guarda, por mi dicha. . Estadme atento. Después de aquel infelia tirano fatal suceso, donde en un día espiraron blasones de tanto tiempo, pues muerto el Rey, presa Cintia, todos los muros desechos, los Palacios arruinados, envilecidos los Templos, apurados los tesoros, y captivos los esfuerzos. no haber querido Tesalia dejar Presidios en Delfos, no fue falta de codicia, sino sobra de desprecio, poniendo por guarniciones nuestros propios desalientos, después que Irifile fiera; sorda a los humildes ruegos intratable se negó, o ya al canje, o ya al concierto, dando por tirana excusa decir, que Cintia había muerto, frustrando las esperanzas, que la pedían a precio de toda la Isla, y de cuantos con amante fiel obsequio, por sola una libertad, se daban a cautiverio, después que la confianza desesperó los intentos de la venganza, mirando tan destruidos los medios de la guerra, en la desdicha del pasado contratiempo, apeló nuestra congoja al Tribunal de los Cielos, donde a sus divinos Dioses nunca les faltan remedios; y aunque los Templos estaban en aleve ruina envueltos, hizo nuestra religión un altar en cada pecho, y la víctima postrando, y a perfumes encendiendo, con lágrimas, y suspiros llegó a conseguir el ruego, subir por la intercesión de la sangre, y el incendio: y una Estatua del divino Apolo, que en el supremo Alcázar del día, es claro corazón del Cielo, y auxiliar siempre piadoso de la gran Isla de Delfhos, en el fervor de los votos empezó (raro portento!) a mover su sacro bulto, por facilitar con esto el prodigio de las voces, con el de los movimientos: empezó hablar, y empezaron los ojos a quedar ciegos, sin resistir el activo esplendor de sus acentos, no se ha de saber de Cintia, dijo, ni ha de tener Delfos felicidad, hasta que haya alguno, que abrase un Templo del Amor, con cuyas voces se restituyó al primero ser, volviéndosele al mármol su constancia, y su silencio: respiró la triste plebe afligida, conociendo ser en su infelicidad, aunque dudoso, consuelo; y discurriendo por cuantas noticias hallar pudieron, entre Mercaderes, y entre Peregrinos forasteros, que eran lo que más razón tenían para saberlo, no se halló en todos alguno, que nos dijera, qué Reino, qué Provincia, qué Región, qué Monarcia, qué Imperio Templo al Amor consagrava en público rendimiento; pues el Oráculo es fijo, que no hablaba con aquellos, donde con ocultas aras tiene en cada vida un Templo, pues a estos no llegaria más incendio, que su incendio. Con avifo tan dudoso, tan oscuro, tan incierto, tú, y yo, que por nuestra sangre eramos solos en Delfos, los que debieramos ir a solicitar, que el Reino gozase Cintía, o a que desahuciados los remedios de hallarla nuestra razón, hablase nuestro derecho, llevados de dos motivos tan grandes, aunque entre ellos no haya el de que pueda Amor mover nuestros nobles pechos, pues que siempre, o una amenaza, o un Oráculo, o un miedo tuvo a Cintia en una torre, sin que ni aún la viese el viento. Llevados (vuelvo a decir) de estos motivos, creyendo que solo podía dar fin a tanto sentimiento, como el Oráculo dijo, el Templo abrasar: al riesgo, dimos nuestras esperanzas por cáminos tan diversos, por tan encontrados rumbos, que hollamos con nuestros remos, tú el cristal del Elesponto, yo la espuma del Egeo. Corrí diferentes Islas, arribé a distintos Reinos, reconocí extraños Golfos, y pisé ignorados Puertos; mas en vano, que en ninguno pudo encontrar mi desvelo noticia, de qué Región encerraba en si tal Templo; pero aún no desesperado, volví a dar al mar el leño; cuando conjurado contra el bagel su airado ceño, a soplos en las espumas rizaban el movimiento, y al arbitrio de sus iras, de una hola en otra, corriendo hacian mayor el susto, con diferenciar el riesgo, hasta que llegando ya su enojo al último extremo para acabar con las vidas, se juntaron sus esfuerzos, y arrojándonos furiosos contra esos altos soberbios peñascos, que por testigos de su crueldad los pusieron, solo Libio, y yo pudimos tomar tierra, mas no puerto; cuando, aunque sin la noticia de tus fortunas me veo, puedo inferir que sabrás, que esta es Tesalia, y que el riesgo de hallarnos aquí, no es menor que el del mar, sabiendo, que dice Irifile::- Nadie la mate, porque a mi esfuerzo solo ha de acabar. Ataja. 1. A la selva. 2. Al bosque. 3. Al Templo. La batida, que confusos antes vertió sus acentos, ya declarados avisan, el que Irifile a este puesto se acerca. . Pues rerirados en lo intrincado, y espeso del monte, hasta que la noche tienda sus lóbregos velos, podemos estar. . Bien dices. Aprisa, que llegar veo treinta mil hombres, según los ha contado mi miedo. Por aquí, por aquí va. Vamos, Lidauro. Siguiendo voy tus pisadas. . Huye, Clori, huye, Sirene. . No puedo, que del miedo los chapines me estorban. Cuando severos hados, habéis de cesar en vuestras iras? . Ay Cielos! 1. Qué nos coge. . Que nos traga. Aunque alas te preste el viento, despojo has de ser::- Aguarda, no me mates. . Qué portento! Sirene, la fiera ha hablado. No me admiro, pues que vemos cada día fieras que hablan, y mucho. . Monstruo::- Lleguemos, que aquí está. Señora (ay triste!) ay infelice! qué veo? Cintia aquí: ya aleve influjo cumpliste con tu decreto: viéndote tan empeñada en la caza: ha hablar no acierto. . A buena ocasión llegastes: Monstruo extraño, que compuesto de humana voz, traje bruto, tosco aliño, claro acento, ponen tus contrariedades dificultoso el empeño, de que muevas con lo humano, o que irrites con lo fiero: aparta del rostro ese dilatado ondoso negro piélago, con que le inundas de tanto azabache crespo, y di quien eres. . Aquí . echó la desgracia el resto! Di, quién eres? . No lo sé. Cómo a estos bosques espesos has venido? . No lo sé. Que origen tu nacimiento tuvo? . No lo sé tampoco. Y cómo es tu nombre? . Menos lo sé, pues un infelice parto de estos riscos fieros, cómo puede saber más de que es hijo de uno de ellos? Pues de lo humano te apartas, que me abres la senda veo de tratarte como a bruto; y así, de este agudo acero::- La punta aparta, señora, que sí mi vida:: . Qué veo? rara hermosura! Jamás se ha visto en tan poco tiempo, que una fiera pase a ser hermosa, y más no teniendo el tocador a su lado. Alza, prodigio; del suelo; y pues que ya desmentidas con señas de lo perfecto están las de lo horroroso, olvida el horror primero, y di quien eres, fiando en el extraño, en el nuevo rumbo, con que a mis rigores llegan hoy tus sentimientos, que hará mi piedad contigo, lo que con otra no ha hecho: Oh quién pudiera acordarla lo que le avisé, temiendo sucediese esta desdicha! de que, pues, la dotó el Cielo de tan dulce voz, usara de ella, por si acaso:- . El miedo olvida. Procure el labio, pues obligada me veo a usar de lo que otras veces me tiene avisado Admeto, por si encuentro la dulzura en manos del desaliento: Quién extrañare, que hyerta la voz, sin ley el aliento; cercada de ansias, presa del susto, y atada al miedo, canto tome mis desdichas, no encontrando más remedio, que ver si su inclinación puede rendirse a mi acento: veamos si hace lo mismo? No respondes? Ya obedezco: Hija soy de las rocas, a quien el mar soberbio engasta, y en la turba de sus cristales crespos, una vez es adorno, y otra riesgo. Las primeras auroras de mi conocimiento las hallé en una gruta, cuyo pálido hueco sirvió de cuna, y era monumento. Aquí sin más noticias, más lección, mas precepto, de la que se reparte por naturales fueros, con mi ignorancia fue mi edad crecien- No sé que haya otra cosa, (do. que este monte, y aquel Cielo, y que igualmente visten a uno troncos espesos, y a otro brillante turba de luceros. Hoy que a buscar salía el preciso sustento, que en abruto, pez, y ave, suele en sus elementos concederme la tierra, el agua, y viento. Oigo tropel confuso, que en desiguales ecos de diferentes voces, al oído suspenso, solo le declaraban el estruendo: Y a poco espacio miro, que todo aquel esfuerzo, que todo aquel coraje, se irritaba severo contra solo mi triste desaliento: Y no hallando la Gruta, la ceguedad del miedo, el pasmo del peligro, de la congoja el riesgo, y el ahogo fatal del sentimiento. Rendida (ay infelice!) a quien (hablar no acierto) era (la voz fallece) que (proseguir no puedo) . acabé de una vez: valedme, Cielos. Rendida cayó al desmayo. Raro prodigio! . Alentemos, corazón, que ha sucedido mejor, que esperaba. . Al Templo la llevad, y de su vida tened el cuidado mismo, que de la mía, pues sea lo nunca oído, o lo nuevo de tan extraño prodigio, o el dulce armonioso acento con que se explicó, me lleva la piedad con tan violento impulso, que desconozco el que nazca de mi pecho. Ayudanos, a llevarla. Perdóname, que no puedo, pues ser mete desmayados, es peor, que mete muertos. Llevadla, y pues tu fuiste . en otra ocasión, Admeto, a quien le fíe un rigor, fiarte una piedad quiero: Cuidad de esta vida, como de la otra muerte, advirtiendo, sentiré, que está no viva, casi en aquel grado mismo, que llegaría a sentir, que la otra no hubiese muerto. Señora, siempre a tu gusto (quién se vio en igual empeño!) . rendido: , . Mueran. . Matadlos, si se resisten. . Qué es esto? Cobardes, aunque sois muchos, aún más son nuestros alientos. Tened, como en mi presencia, osados, y desatentos, os atrevéis. . Gran señora, no acuses de atrevimiento a la obediencia: estos hombres, que acaban de tomar puerto, llegaron a los recintos vedados, en quien has puesto la guarnición de Soldados, que guardan su entrada atentos; y como es tan apretada la orden, que de esto tengo, para prender, o matar al que llegue, por recelo de que se introduzca alguna secreta Espía de Delfos, los acometí y no solo osados se defendieron, pero quitando a un Soldado la espada el uno de ellos, hasta aquí llegaron, donde que nos disculpes espero nuestro arrojo, pues que fue nacido del temor ciego, de que al Templo del Amor se acercasen. . . Qué oigo, Cie- Templo del Amor no dijo? (los! Cómo atrevidos, sabiendo que son leyes inviolables las leyes de mis preceptos, osáis: . A tus pies rendidos, señora: . A tus plantas puestos:- Que la disculpa nos oigas, te suplicamos. . Qué veo? Pérsiles es: o qué tarde llegan siempre los remedios en las desdichas! Pues qué disculpa puede ser medio de hacer menor el delito? Ser (rara beldad) las reos tan incapaces de que pueda abrigarse entre ellos la culpa, como ser unos infelices pasajeros; tan infelices, que aún antes que de un uracán soberbio la ira les echase a fondo, el limitado, el pequeño caudal con que comerciaban, eran dos pobres objetos de la fortuna: mirad, si después de tan gran riesgo, y de haber salvado solo la vida, tendrán aliento para más, que para ver si pueden cobrar aliento. En esta Playa arrojados quedamos; y discurriendo, sin más noticia, que el susto, ni más aviso, que el miedo, llegamos, adonde armada Tropa, sin decir primero la causa de su coraje, irritados envistieron con nosotros; y juzgando en la ocasión, sitio, y tiempo en nuestra inocencia, ser mas que Guardas, Vandoleros, la defensa procuramos, y a tus pies::- Decir podemos, no solo tener noticia de tu sagrado Decreto; pero ignorar hasta hoy, que haya en Isla alguna Templo dedicado a Amor. No es mucho que lo ignoréis, Extranjeros, . cuando la prisa con que fin a su fábrica dieron mis votos, fue tanl, que aún la ignoraron los deseos. Como a quien una vez vi, otra vez a mirar vuelvo? Y de adónde sois? De Chipre. Habéis pasado por Delfos? No señora, pues la fuerza de tus victorias la ha puesto en tan mísero paraje, que está incapaz de comercio. Su Reina murió? Ah tirana! . Así la fama en sus ecos lo Pues llegasteis (pública. a tan venturoso tiempo, como en día, que olvidando, a merced de algún secreto influjo, vencen mis ojos, el rigor que hace mi ceno, las piedades ejército, gozad de sus privilegios: absueltos estáis; y en tanto que reparados del riesgo quedan vidas, y caudales, aquí os estad, advirtiendo, que antes de partir me habéis de dar cuenta: sin mí, aliento, Astros, qué violencia es esta? A tus pies, señora, puestos:- A tan grande beneficio, y a tan divino sujeto como le ejercita, solo es propio culto el silencio. Vamos, Sirene. . De cuando acá piadosa te veo? . No lo sé. Ah Libio. . Lidoro. Qué decís? Que ya los Cielos descubren, que hay en Tesalia dedicado a Amor un Templo. Señora, dime, qué llevas? Qué sé yo lo que me llevo. Que he de decir a Pérsiles, cuando me hallo con empeño. mayor de guarda de Cintía? Sacros Dioses::- Claros Cielos:- Hado injusto:- . Cruel destino:- Gracioso de cumplimiento: Cuando afables:- Cuando pios::- Porque airado: Porque fiero:- Templaréis vuestra amenaza? Tendrán fin mis sentimientos? Mudáis en piedad la ira? Vais peligros añadiendo? Tendré lugar de decir, aunque de paso, un requiebro? Mas cuando en mis sucesos, no es la fortuna prodiga de riesgos? R
JORNADA SEGUNDA
NADA SEGUNDA Con quién, Sirene, has dejado a la Reina? . Es excusada pregunta, pues tan pagada de la salvaje ha quedado, desde que su buena estrella de esos montes la sacó, desde que se desmayó cantando, que un punto de ella no se quita; y tanto alcanza en su cruel inclinación, que es sola su diversión, su gusto, y su confianza. Joyas, preseas, y trajes costosos ha repartido en su adorno. Siempre han sido venturosos los salvajes. 1. Su voz es la que se lleva mas el gusto, que ninguna. Siempre se anda la fortuna buscando una cosa nueva. otras más aventajadas hay en el corro. Señora no murmuremos ahora, que parecemos criadas, por si acaso sale: ea, amigas, de trabajar tratemos, pues es cantar la acostumbrada taréa, que nos manda por labor, poniéndonos su porfía, la selva de la armonía por músico bastidor. 2. Qué tono hay diferente que probar? . El del Laurel. No ha de ser si no es aquel, de la Rosa, y de la Fuente. Cuál deja más explicada de amor la pasión severa? Aquella fuente parlera::- Oh aquella flor recatada? En el cristal va cifrada la elocuencia del Amor. El silencio de la flor, con retórica fragante, dice su dolor amante. Con que es la razón probada, que deja más explicada de amor la pasión severa. O aquella fuente parlera, Aquella flor recatada: Luego es la razón probada, que deja más explicada, Mantener la pasión muda, sobre parecer tibieza, es poner a la fineza en el riesgo de la duda: no hay quien al dolor no acuda con lástima lisonjera, para decir lo que quiera; pues como me negarás, que explica su pasión más , . Aquella fuente parlera? Logra un callado tormento segura la estimación, pues toda su explicación se convierte en sufrimiento: recatar el sentimiento, no es porque esté mitigada la pasión, sino aumentada; pues como me negarás, que explica su pasión más , . Aquella flor recatada? Muy poco el dolor obliga a aquel, que callar le deja. No dar a entender la queja; es primor de la fatiga. Diga su queja. . No diga. , . Que deja más explicada de amor la pasión severa. , . Aquella fuente pariera: , . Aquella flor recatada: Que deja más explicada, Sirene, Martisa, Flora; callad. Albricias, garganta. Pues no oigo lo que se canta, ni me oyen lo que se llora, no mi dolor aumentéis. Por qué con tales extremos? No nos mandas que cantemos? Ahora mando que calléis. Condición tan importuna quién jamás vio? Es una fiera. Idos todas allá fuera, idos, no quede ninguna. Obedecida serás aunque llore la fineza, que solo con tu tristeza quedes. También tú te vas? Si de tu ley fui testigo, por qué he de imaginar yo, que quien con todas habló, no habla, señora, conmigo? Porque tu logras las raras preeminencias que quisieran, y antes mandé que se fueran todas, porque tu quedaras. Vuelvo a besar por tan nuevas honras, tus pies. A mis brazos sube como a firmes lazos de mi amor. Dónde me llevas, fortuna? . Y puesto que ha sido tal el secreto poder de ese influjo; que vencer con tale violencia ha podido mi condición tan severa, siendo acción tan prodigiosa empezar: yo lo piadosa, como tu dejar lo fiera, sin que nunca haya querido cuidadosa examinar. qué Reino, qué Isla, qué Mar te dio el ser, ni cual ha sido tu origen, pues el que fuere cariño, y llegare a ser pasión, nunca ha de saber mas de que sabe que quiere; y te quiero tanto, que irritando mi memoria aquella pasada historia, que de Cintia te conté, (te acuerdas de la que digo?) la Infanta de Delfos. Di, que me acuerdo como sí fuera el suceso conmigo. Siendo el más, aborrecido objetó, que el alma advierte, aún más allá de la muerte: Ah tirana! Hoy he querido, y a todos tengo mandado te llamen Cintia, por sí el nombre qué aborrecí, templa mi enojo mudado, tanto, que aquel que primero se vio, que si antes servía a quien más aborrecía, ahora sirva a quien más quiero; puesto, Cintia (a repetir vuelvo) que sola tú has sido la que yo más he querido, seas sola a quien descubrir una ansia llegue tan muda, una pena tan callada, que solo vive librada su explicación en la duda, y que mi conocimiento, corrido, y avergonzado; ite a mas no poder, lo ha fiado solo de mi pensamiento; y aún este en el desvarío; que causa mal tan cruel, ha procurado fiel darle a entender que no es mío; óyeme atenta: Aquel día, que en el monte te encontró mi suerte, y que interrumpió sin desmayo tu armonía, de que quedé tan pagada, a mis pies dos prisioneros Mercaderes extranjeros trajo la gente, que armada guarda toda esta ribera, que con eterno verdor el primer Templo de Amor cine. Oye, señora, espera, y logre el que a disculpar llegue, que cuando te vales por testigo de tus males, de mí, te quiera estorbar una duda. Y cuál ha sido? dila. Es, que habiendo escuchado de tu voz cuanto has hablado de este Templo, que no ha habido Isla, Reino, ni Región, que Templo al Amor dedique, y que tu desdén publique, que a esta (no sé si pasión llame, o Deidad, pues que dudo lo que es) tu pecho ha estado tan rebelde, y obstinado, qué razón moverte pudo a este culto, que a ofrecer nadie le llegó jamás en Provincia alguna, y más no habiéndole menester. Cintia, creerás, que aún en esta duda me has lisonjeado; y pues también has dudado, escúchame la respuesta. Si indevoto, o importuno el Orbe, al Amor negó Templo, no había de hacer yo cosa que no hizo ninguno? Fabricarle acuerdo ha sido, libre de su ira fue atenta el pagarle, el que no se me hubiera atrevido; y en tan extraña excepción, fue muy justo en mi nobleza pagarle tanta fineza con tanta veneración. Pero él, riguroso, y fiero, hizo que contra mi vida:- mas pues estás respondida, atar el discurso quiero. Dos hombres (vuelvo a decir) presos trajeron, y hallé en uno de ellos, no sé qué nuevo modo de oír sus voces, que aquel sonido tan extraño, y tan violento llegó, que trajó su acento una calidad de ruido, tal, que cuando le escuchaba mi oído, no distinguía si era voz que respondía, o acento que violentaba. Esta secreta crueldad nueva especie de traición impulsó en mi corazón la nunca usada piedad de perdonarlos, y aún vi, en no sé qué halago fiel, que el ser piadosa con él, no me estaba mal a mí. Dejo esta vana porfía, que mi razón avasalla, que yo volveré a buscarla, y voy a que de una espía, que en Delfos ha mantenido con política discreta, mi confianza secreta::- Cielos, qué oigo! Hoy he sabido, queados de los principales parientes de Cintia, en quien por sangre, y valor se ven heroicos timbres Reales; atiéndeme, porque no vaya el nombre confundido. Ve, señora, prosiguiendo, que ya sé que no soy yo. De Delfos se han ausentado, sin que allá se haya podido por mi espía haber sabido, qué causa los ha obligado: lo que antes la pena mía te contó junto con esto, me obliga (mira qué presto vuelvo a buscar mi porfía) me obliga hoy a imaginar si son estos, que ignorados vienen aquí disfrazados con intento de vengar la muerte de Cintia, pues solo a su valor tocaba; y aunque tanto me importaba el averiguarlo, es esta nueva ceguedad de tan aleve poder, que más quisiera tener razón para la crueldad, y de mí ya se retira tanto mi firme constancia, que admitiré la ignorancia por no despertar la ira; pues si llego averiguar, que ellos son, preciso es castigar uno, y después no sé si me ha de pesar, siendo tan cruel, tan severa esta infiel contradicción, que no alcanza la razón a discurrir; pero espera, que si no me engaño, vienen juntos. Oyendo, y dudando lo que escucho estoy. Usando de la licencia que tienen, tú, pues, que sabes las dos dudas de mi fiero mal, lo averigua. Dime cual es. Que se acercan, adiós. Aguarda: Podrá el discurso más perspicaz atreverse a imaginar una idéa de tantas, tan diferentes, tan contrarias, como a mí en realidad me suceden? Irifile a un tiempo mismo me agravia, y me favorece, me mata, y me da la vida, me lisonjea, y me ofende, y poniéndome mi propio nombre, ignorando quien fuese, Cintia en el monte me ama, Cintia en Delfos me aborrece, de mi Reino las noticias me da, y me encarga que intente saber si es alguno de estos extranjeros, que aquí vienen, los que de allá faltan, cuando Admeto dicho me tiene, que aguardaba hoy a Persiles, que a libertarme viniese; y cuando yo (aunque jamás los vi) sabia que este, y que otro Lidauro, eran mis principales parientes, a mi secreto hace dueño de su pasión, y en tan fuerte abismo de confusiones me hallo, cuando no concede el tropel de tantas dudas ni aún lugar para que piense un instante si los Hados dispondrán: pero aquí vienen, sin que crean que los miro, al paso estaré, Aquí puedes aguardarme, pues en busca del dulce imán que me mueve voy, que después hablaremos. Mira si en tu alcance quieres que vaya. . No, pues ir solo es mejor. Uno parece que se ha vuelto. En fin, señor, ha caído este pobrete en la red de Amor? Los ojos de Irifile, que en alegre copa traidores brindaron dulces testigos ardientes, así le han puesto. Y nosotros qué hacemos? que al fin ya riene Pérsiles entre suspiros, ansias, congojas, desdenes, inquietudes, y esperanzas, algo con que entretenerse; pero tú, y yo Amo, y Criado del ermo, con tan estéril corazón, que ni uno, ni otro jamás se ha visto que engendre humo, que tenga el menor viso de que ha de esconderse, de qué servimos al mundo? De que no amando yo, queme el primer Templo que tuvo de Amor la Deidad aleve; y Cintia: pero una Ninfa de las que la alfombra verde del prado adornan, me escucha. Cintia dijo; y pues que tiene mi curiosidad la causa de qué así Irifile quiere que me llame, a un tiempo mismo con ella, y conmigo llegue a cumplir; quién llama a Cintía? Quién no presumió que hubiese quien le escuchase; mas ya que hubo quien su voz oyese, qué os importa a vos, que yo nombre a Cintía? Cómo puede no importarme que me llamen, y escucharlo. . Luego ese es vuestro nombre? No he visto . tan rara beldad. Muy huésped debéis de ser en Tesalia, cuando lo ignoráis. Muy breves días ha, que a sus arenas me arrojó el mar, que inclemente llamé hasta aquí: Y desde ahora? . Piadoso. Si fuese este Persiles, no me pesara. Por qué? . Porque el mar se suele vestir una vez de azul, y otra vez vestir de verde. Porque siguiendo el concepto de ese loco, pues a veces tropiezan con la razón. Merced que usted me hace siempre. Quién no vio jamás si no iras de su influjo, y de su suerte rigores, y llega a parte donde blando le amanece un astro de cuya luz todas las demás aprenden, no será impropia confianza esperar que feliz puede a explendor tan soberano su sombra desvanecerse. O si la Cintia que busco, . como esta que hallo fuese! Si ella es Cintia, y es hermosa, averiguar más no llegues: di quien ha de enamorarte, tus ojos, o tus parientes? Sois acaso uno de aquellos derrotados Mercaderes de Chipre? Uno de ellos soy. Averiguar más no intente. Qué mercancias la Nave, que ser perdió, traía? . Fuelles. Calla; loco. Y fue la causa principal para perderse, porque todos se juntaron a soplar, y con el fuerte aire, la Nave fue a pique. No tanto a venir me mueve peregrinando el deseo de que fácil se comercien algunas mercaderías, como el ansia de que llegue mi dicha a hallar una joya, qué los piratas aleves me robafón. Qué he escuchado! Y qué era la joya? . Un Pénix de una piedra tan extraña como él propio; pues si a este ninguno hay quien le haya visto, a ella de la propia suerte nadie la vio. Qué más claro lo ha de decir? y hasta verse restaurador de esa joya, claro está, que vuestra suerte será infeliz. . Puede ser: Corazón, qué hechizo es este? . Ojos, decid, qué habéis visto? . Que otra tan preciosa encuentre: Proseguid. . Que su valor: Hombre, aprieta. Tanto lleve mi inclinación: . otro trago. Que sea bastante a que dejé:- De buscar la otra? . No sé. Atragantose. También puede ser, que yo os dé una noticia: Corazón, no te despeñes. Decid. Y tan importante: . Ea valor. Que aproveche:: A que se halle la perdida, o a que la nueva se encuentre? No sé tampoco. . Trancose también de la propia suerte. No proseguís la noticia? Pues decidme, acaso tiene menor mérito mi duda, que esotra, para que llegue a satisfaceros antes, que vos a mí? . Si supieseis cuanto importa que yo calle mi dolor::- . Si conocieseis cuanto saventuro en decir mas de lo que he dicho::- Puede ser, que mudando la queja, vuestra voz me respondiese. Callad, labios infelices, puesto que hay dolor que tiene más riesgo en el explicarse, que tuvo en el padecerse. Por mí esa voz respondió. Y por mí también. Pues quede para los dos admitida la excusa, y ninguno llegue a decirlo. . Ese partido, señora, no le conviene a mi pasión admitirle. Por qué? Porque hay más que veinte rayas de ventaja en vos, y estotro es un inocente. Porque aunque yo en una parte no sea posible atreverme a declarar, puedo en otra: que quien hoy, señora, tiene, aún en los cortos instantes de lo que el pecho padece, tanto derecho en el alma, bien pudiera. . Y os parece por ventura, que tendrá menores inconvenientes decir esa, que callar esotra? . Cuando no fuese el decirlo más que un noble ardor, que en las reverentes aras del respeto sirva con incendio tan decente, que ignore aún el consumirse el modo del encenderse. . Retóricas tiene el alma en su silencio elocuente, que hablan cuando se retiran, aún más que cuando se atreven. Retóricas tiene el alma, Y pues que por mi responde esa voz::- . La Reina viene, idos de aquí. . Pues en qué quedamos? . En que se empeñe vuestro cuidado en buscar la joya perdida, y deje lo demás. . Cómo es posible, si no tiene los poderes de esos ojos? Y decidme, acaso podré atreverme? O si fuese Cintia así! O si así Pérsiles fuese! A qué os habéis de atrever? A esperar. Mal medio es ese para un imposible; y pues todo el esfuerzo que muestre para su remedio es para su daño; se advierte, que si lo dificultoso (ble llega a tocar lo rebelde: . La senda de lo imposi- tan extraño rumbo tiene, que con los pasos que busca, con esos propios suspende. La senda de lo imposible, Y pues también os responde por mí esa voz, y no puede proseguir la mía, idos, que llega Irifile. . Deje vuestra licencia un alivio a mi mal. Cuál es? . Que llegue a permitir, que escondido en los túpidos canceles de esa entedada espesura, aguarde a que: . Idos, que viene. Mirad, que aquí espero. En vano. . Por qué? Porque ahora se vuelve a quedar la duda en pie. Con todo yo he de esconderme. , : Callad, labios infelices, No pase de aquí ninguna. Hay más extraña, más nueva línea, que esta que me eleva el paso de mi fortuna! Si será Pérsiles? . No te muevas. Cintia mía? . Señora? Con mi porfía vuelvo a ti, por si el alivio de mi dolor:- . Sin poder determinarme a llegar, porque siempre anda el Amor por la senda del temor, su beldad cobarde sigo: hablando con otra está. Qué hermosa es! . Cuanto va, señor, que acabas conmigo. Por qué? . Porque nadie ha hallado un tan peligroso punto como el de esconderse junto a un recién enamorado. Y como sin señalar cual era te fuiste, no pude adelantarme yo con él, mas que a procurar saber (ay tal confusión!) si acaso:- . Hiciste muy bien; pero dime, ese con quien hablastes: . Fiera pasión! Hacia donde::- . Mal resisto tanta pena. . Se fue, di? Qué la diré? por allí presumo. Cielos, qué he visto! él es, absorta quedó de él el alma recatada: Cintia, en aquella ensenada puedes: . Sin duda le vio. Estar, mas con el cuidado de avisarme, si es que viene alguien. . Fortuna, ya tiene mi suerte otro no esperado dolor, sobre tantos mira, señora: . Qué, pues, reparas? vete. . Que si te declaras, puede ser:- (qué mortal ira!) No repliques, vete, y por disimular mejor, en el verde cenador todas están, desde allí puedes avisarme. . Ya obedezco, que le viera! o mal haya la primera línea, que en mi pasión da el cruel buril, que redujo, con tan aleve rigor, a que sea el postrer dolor aún el primero dibujo. Ya sola (ay de mí!) he quedado, y aunque lo solicité, tan secreto es mi cuidado, que juzgo se me ha olvidado el fin con que lo intenté. Ya se entró, sígueme, Libio. Sígote, hombre impertinente, que con resabios de tibio quieres lograr el alivio con ser entrante, y saliente. Sola queda; ea dolor, a que te atrevas te obligo, que en contrariedad mayor, no hay que crecer el temor, mirar solo al enemigo. Pasión, quien ha de entender este tu ciego anhelar? solicitas aprender, y empiezas con olvidar el camino de saber? No está allí? pues a qué aguardas? No está allí, pues a qué vienes? Para qué en tu alivio tardas? Deseas, y te acobardas? Le buscas, y te detienes? Llegaré, pero ay respeto. Sabre, pero hay pundonor. Que en tan desigual efecto: Se hace secreto el Amor. Se hace dolor el secreto. Yo salgo, pero ay de mí! Yo llego, pero hay temor! Que en mi ciego frenesí::- Que en mi callado dolor::- Señora. . Quién está aquí? Quién no se ha diferenciado de estatua, y ocupar pudo su nombre, habiendo quedado con vuestra presencia mudo, y con vuestra voz helado; y de cualquier mármol frío, yo solo me diferencio en que pone el dolor mío en prisión del albedrío la libertad del silencio. Cómo osado, sin mirar, que habláis conmigo, podéis la voz:- . Porque dar indicios de enmudecer, yo juzgo que no es hablar. Hablar es, cuando cifrado en un silencio atrevido está un dolor disfrazado. Luego me habéis entendido todo lo que yo he callado? Mal con vuestra vida estáis, pues que yo entienda queréis ese dolor que ocultáis. Pues hasta que le entendáis, decid, por qué os ofendéis? Y esas crueldad, que perdida a mi vida ver quisiera, bien puede quedar vencida, si no me dais otra vida, señora, con que yo muera. Aún más que darosla es no quitarla en el delito de escuchar no sé qué acento: (corazón, qué mal resisto!) que está aún en lo turbado descubriendo lo atrevido. La turbación os ofende, cuando es de respeto indicio? La turbación no me ofende. Pues qué os ofende? El motivo de la turbación; y así, antes que vuestros delirios os lleven a pronunciar debaneos tan indignos, que sienta yo el escucharlos, y a vos os pese el decirlos: (oh por mejor decir) antes que yo llore el precipicio, que temo, idos de Tesalia, pues ya (qué en vano me animo!) habéis experimentado la piedad de permitiros, que los caudales, y vidas reparéis. Agradecido, señora, yo en una parte debo estar, cuando examino vuestra piedad, no en la otra. Por qué? Porque no es lo mismo conseguir las conveniencias, que restaurar los sentidos; y si estos en vuestros ojos hallo que quedan perdidos, yo os vuelvo lo recobrado, volvedme vos lo perdido. Cómo osado:- . Si mi vida::- Pronunciáis: . Si mi delirio:- Acentos:- . Si mi dolor::- Que dicen en su delito: . Huyan de lo imposible ciegos delirios, porque es preciso, que el arrojo se encuentre con el castigo. Eso que la dulce y dijo, vuestro acento dijo, aunque con la diferencia de que en el concepto mismo, en vos se oye atrevimientos, pero en ella se oye aviso; y pues con esto me dice Cintia, que llega a este sitio gente, retirarme quiero, no me vean con él, idos. Y decid, podré esperar? Qué es esperar? mal me animo. . Y podré sentir? . Tampoco, pues hay tan necios suspiros, que pasan a componer méritos de los gemidos. Pues qué he de hacer? Lo que ya otra vez esa voz dijo: , . Huyan de lo imposible. ciegos delirios. Dónde he de ir, que no lleve mi dolor siempre conmigo? Idos, porque viene gente. Por qué os vais? , . . Porque es preciso, que el arrojo se encuentre con el castigo. Seguirela aunque se enoje. Señora, me ha parecido avisarte, que se acercan. Cuerdo fue, Cintia, tu aviso; y en tanto que yo al encuentro salgo, pues has entendido mi pena, aí queda la causa: él me explicó su delirio, yo le escuché, y sin culparle, fue culpársele preciso: mandele, que de Tesalia salga, y temo que mí mismo precepto se ha de volver después contra mi albedrío: discreta eres, yo te ruego el estar aí, harto te he dicho. . Qué quieres de mí, fortuna tirana? Por entre estos mirtos, con temor de que me vea Irifile, a Cintia sigo. Por cuanto fuera, aleve vendado niño, agradecida la causa de mis primeros suspiros. Yo llego; pues la ocasión dispone, adorado hechizo, que mi dolor solo tenga a sus ansias por testigos, permite que a acordar vuelva::- Qué esto escuche! hah fementido. . Aquella cuestión primera en que tu acento remiso quedó por razón, quizá, de ser a mi mal alivio; y a este tan humilde ruego acompañe el sacrificio de tantos tormentos, tantas penas, y tantos suspiros, como en los breves instantes::- Esperad, habláis conmigo? Aunque estuvieran aquí cuantos hermosos prodigios adora el Orbe, debierais juzgar del incendio mío, que solo por vos su llama ardía en callados giros: ved, pues, si no habiendo otra, pudiera errar el camino. Si habéis errado; y supuesto; que ha poco que en este sitio a deidad más soberana, a ídolo más bello, y digno explicasteis vuestras quejas, rendisteis vuestros gemidos, no fieis en vuestro engaño, tanto, que haga persuadiros a que pueda yo creerle, porque otra le haya creído, porque quizá con las dos hará efecto tan distinto, que de ella nazca un favor, y nazca de mí un castigo. Yo con otra? qué decís? cuando esperaba escondido por si os encontraba sola. No os deis por desentendido, que os está mal, Pues por qué? si yo a vos: . Porque he venido a daros una noticia, de que os importa el aviso aún más, que presumes. . Eso es volver a aquel principio de las dos dudas de antes. Pues no es si no tan distinto, que aquello es fuerza callarlo, y estotro es fuerza decirlo, bien a costa de mis celos: Irifile, (mal me animo) que con vos (en vano aliento) habló. (volcanes respiro) Conmigo Irifile? . Sí, con vos. (ahora valor mío) Rompase este lazo torpe, que iba atando el albedrío, y haga el arrepentimiento, que sea glorioso el delito. Me ha mandado que os advierta, (qué sé yo lo que me dijo) que aunque de Tesalia luego que os partierades previno, aunque así lo dijo, hagáis cuenta de que no lo dijo; pero mirad, que aunque ella hoy se declara conmigo, fue mandándome, que a vos no os diese el menor indicio por su respeto más yo i lastimada de haber visto vuestró dolor, y deseosa de que logréis el alivio, me he tomado más licencia, y así podéis:- . Yo os suplico me perdonéis el que diga no os entiendo, y que a un abismo de otro abismo voy. . Pues cierto, que yo bien claro os lo he dicho, sino es que por darles más lisonja a vuestros oídos, afecteis el no entenderlo, por volver amante a oírlo; y si es esto, no fieis en el sufrimiento mío, que juzguéis, que al explicarlo, se seguirá el repetirlo: Irifile, en fin, (qué pena!) os estima. (qué martirio!) A mí Irifile? pues cuanso, ofinyó: . Volcanes respiro! jamás: . A muy buena hora lo negáis. . Un rayo me abrase, si yo nunca:- . Ved, que andáis muy inadvertido en entender, que negando scri ahora vuestro afecto fino con Irifile, podáis hacer mérito conmigo; pues no soy tan poco vana, que admitiera sacrificios tan indecentes, que a otra Deidad hubieran servido. Creed, señora: . Qué he de creer? Que engañada os imagino, pues con la Reina quizá Pérsiles: . Quién habéis dicho? El nombre se salió al labio, . olvidándose el peligro, que hay de saberlo: o secretos, qué mal estáis defendidos en prisión de una potencia, dónde es alcaide un sentido! Cielos, otra confusión! quien fue el que vuestra voz dijo, que sería: . Yo, si, cuando; qué la diré? . Esos indicios de turbación, adelantan mas evidentes peligros a la sospecha, que hay (así apurar determino o tanta duda) hoy en Tesalia, quien con el nombre escondido, solicita ver si puede restaurar algún perdido bien, que supo arrebatarle la violencia del destino; y cotejando estas señas con las de haberos oído decir que una joya; un fenis de precio muy exquisito; os ha obligado a furcar tanto piélago de vidrio, me haces creer con evidencia, que no sois quien habéis dicho; y si acaso (labio tente) sois aquel que yo imagino, puede fer:: . Decid, señora. Qué sé yo lo que me digo, si esa y, el ue esla, a un tempo, pues si sois:- . . Cintia. A Admeto escucho: o quien de tal secreto (da apurara la duda! aunque ya es fuerza, que a la suerte acu- a que un favor a mi fortuna preste, pues debo cueer; que no es Pérsiles este: retiraos. . Mal puedo. Es por la turbación, o por el miedo de que Irifile os vea? (crea, Sin que una causa, ni otra en mí se me retiro, aunque sea con enojos de ausentarme a la luz de vuestros ojos; pero quizá algún día::- Idos, no la porfía pase a desatención: (o con qué calma dice la voz, lo que repugna el alma!) mirad que llegan, y no es justo veros. Mirad lo que hago yo en obedeceros. Sin duda me vio Pérsiles. Sin duda que me vio Admeto. Ya ha llegado, o dura suerte! el lance, que tanto temo. Pues es preciso que quiera, que yo a mi palabra atento cumpla aquella, en cuya fe vino a Tesalia encubierto. Pues es preciso que yo, en fe de su ofrecimiento, le pida que me dé a Cintía, cuando en Irifile han hecho las violencias de sus ojos mas imposible el intento. Cuando estoy segunda vez forzado a no concederlo; mas aquí está Cintia. . Oh dura estrella! o destino severo, cuando han de cesar tus iras! Mas qué dudo? . Mas qué temo? De mí no viene llamado? No adoro el divino ceño de Irifile? Mi palabra ha de ser siempre prime- No es primero mi pasión? (ro. Pues piérdase todo. . Puedo hablar, Cintia? di, estás sola? . No ves aquel forastero derrotado peregrino, que nos oye? . Ya no es tiempo de que estreche el disimulo los cáminos al remedio: ese que miras, no importa que nos oiga. . Ah espacio Cielos, poco a poco: que si sabe acabar con un aliento (si es aprisa) un alborozo, que hará aprisa un sentimiento? Pérsiles es el que miras, de mi llamado a un empeño tan soberano ha venido, como ser a un propio tiempo de Delfos, y de tu mano, de uno Rey, y de otra Dueño: tales dichas, raras veces las da tan juntas el Cielo. Esta, Pérsiles, es Cintia; y si te asombra el portento de verla aquí tan segura de los tiranos recelos de Irifile, sabe, que se ha persuadido a que ha muerto; sin que el verla aquí, y llamarse su propio nombre, suspenso te tenga, pues caben muchos prodigios en los sucesos: A mí no solo me toca, en mi obligación, mi empeño, mi palabra, y lo que aún es mas, en mi agradecimiento guardarla o sino llegar a los ultimos esfuerzos de mi amistad: De esta Isla está en mi mano el gobierno, mis órdenes obedecen Soldados, y Marineros: oro encierran los tesoros, bágeles guardan los Puertos, yo es preciso que me vaya el propio rumbo siguiendo, pues solo así del enojo de Irifile huir pretendo: de esta manera cumplido contigo, Pérsiles, dejo; con Cintia, y conmigo, p a ti pago el cautiverio de que me libraste, a ti aquel merecido feudo, que a las hermosuras deben tributar los nobles pechos; y a mí también, pues me pago la obligación que me debo: Esto os propongo, y aviso, que en los acasos como estos, ha de ser el discurrirlos, paso para el emprenderlos. Yerto bulto soy de mármol! Torpe estatua soy de hielo! Sin mí estoy! Muda he quedado! Mal me animo. Mal me aliento. Qué la diré hay tal dolor! Qué he de hablar: ay tal tormento! Ni aún fingir ha de ser fácil. Ah disimular me esfuerzo. Nunca he visto sujetarse el alma a los fingimientos. Qué mal obra un disimulo, a vista de un sentimiento! Mas pasión mía, finjamos. Mas dolor, disimulemos. Buscando a Cintia:- . otra vez a Cintia a buscar me atrevo::- Por si habló; pero qué miro? Por si acaso; mas qué veo? A los dos he visto allí. Con Pérsiles está: Cielos, otra duda! . O si le hablara en mi pasión! . Escuchemos. No extrañéis, hermosa Cintia, mi suspensión, advirtiendo, que las dichas impensadas, producen (qué mal me esfuerzo!) en el que no las espera, un tan nuevo vano efecto, que embarga en él la alegría de suerte todo el aliento, que solo puede explicarse lo gozoso en lo suspenso; y así, pues lo que ahora he oído, es bien tan grande tan nuevo, que aún no pudieran seguirle las alas delos deseos; y pues con próspera suerte; hoy mis esperanzas veo que alcanzan, donde no pudo alcanzar mi pensamiento, perdonad, que no le fíe a mi labio los esfuerzos de explicar mi dicha, y que haya en tan soberano empeño, de acogerme a la capaz rectórica del silencio. Cielos, qué he oído? Quién duda, que lo extraño, que lo nuevo de mis piedades, le admire de esta suerte? . Ay tal tormento! A mí no me agradezcáis vuestras dichas (piedad, Cielos, que es mucho rigor haber de morir, y hablar a un tiempo!) y pues sabéis quien ha sido la causa, dejad extremos, pues solo a ella debéis tales encarecimientos, (ni aún fingir sé) que aunque yo llegue a ser el instrumento, es el móvil el destino, a el estimar, que no quiero::- Usurpar yo sacrificios, que solo tocan al Cielo. Qué bien lo dice! . Ah tirano dolor! . Y por el recelo de que aquí os vean, idos antes: . Cuanto lo deseo. Que digan: . . Venid, venid de Amor al primer Templo con víctimas tiernas, con suaves inciensos: Venid al primer Templo, sin recelar que os falten los incendios, pues su Deidad es la Región del fuego. Pues de esas voces se infiere, que las Ninfas hoy al Templo a elegir Sacerdotisa vienen, idos. . Ya obedezco. El primer aborrecido será, que obedece presto. Qué bien se cumplen, si son deseados los preceptos. Id con Dios. Quedad con Dios. Antes, engañoso dueño, has de oír: . Adónde vais? . Mi dolor: . Adónde ir puedo? e Cielos; si lo habrá escuchado! Male haya; (otra vez vuelvo a decir) Mal haya, (otra vez a decir vuelvo) Reparad::- . Si oí que dijo::- , . Venid, venid del Amor al primer Templo. Qué he de reparar, si ahora te oí::- . Y no dijo más de eso? Con un halago apacible::- Yo solo a que diga atiendo. . Con blanda voz::- . Proseguid. Lisonjear a su ruego. Que a tu Deidad sacrifico , . Con víctimas tiernas, con suaves inciensos. Quizá lo que oísteis fue en vuestro favor. . Mal puedo creer, que sea en mi favor, lo que he escuchado en mis celos, sino temer: . Qué mal me animo! Que esto será en mi tormento, sin recelar, que falten los incendios, pues su Deidad es la Región del fuego. Mas despacio:- Ya se acercan. Qué decís? Qué:: (ah hablar no acierto!) Que en otra ocasión::- En tanto dolor::- En tanto tormento::- En tanta duda:- Entre tanta confusión::- Arda el aliento::- Falte la vida::- Se abrase el alma::- Se consuma el pecho:- sin recelar, que falten los incendios, pues su Deidad es la Región del fuego.
JORNADA TERCERA
Viva entre Primaveras su edad florida la hermosa Cintia, del gran Templo de Amor Sacerdotisa. Viva entre Primaveras, Viva, y sea yo la primera, que celebrando la dicha de que la suerte haya hecho, lo que la elección hacía, diga, acompañando el Coro, entre sus voces festivas: , . Viva entre Primaveras su edad florida. Y siendo el más alto don, que concederse, podía ver, que del Amor el Templo la adora Sacerdotisa, y que a su Deidad los puros castos inciensos ministra, pues que la suerte me deja de no hacerlo yo, la envidia me deje también el gusto, con que repita que viva, , . La hermosa Cintia, del gran Templo de Amor Sacerdotisa. Qué la fortuna, entre tantas, hallase su cedulilla? Ya hay otro nuevo embarazo, para que se ausente Cintía: mal haya el Templo, y quien dio fin a su fábrica altiva; o llegue ocasión, en que sea su soberbia ceniza! Señora, como llegando a verme en la más subida cumbre de tu valimiento, no pudo la suerte mía desear más, ni perder más; no extraño, que a esta se sigan otras, pues que todas ellas es forzoso que se rindan al sumo, al grande favor de ser tu favorecida. Ay forastero enojado! Ay rebelde fantasía! y antes que al Templo sagrado la lleven las bellas Ninfas, donde en fervorosos, cultos, en atenciones festivas, como a superior de todas; sus obediencias la rindan los ritos, que el Templo observa la intimad, pues es precisa ceremonia de la que entra a ser su Sacerdotisa; y pues a Flora, y Sirene toca, una, y otra los digan: . Atención a los ritos del Templo de Amor, que Irifile bella la más clara estrella devota ofreció, sin tener a sus flechas temor: atended a los ritos del Templo de Amor. Pluguiera el Cielo se hallara mi libertad en la misma esfera, que a el promulgarla, ahora, que me hallo al oírla. A su Deidad el ruego se rinda en grado sumo, pero con tal sosiego, que nunca pueda el fuego descubrirse en el Ara por el humo. El culto que a ofrecerle llegue, sea sin buscarle, y también sin temerle, con eso al venerarle más mérito tendrá sin conocerle. De su cárcaj severo las sinrazones sumas, adórnenlas primero las alas de las plumas, con eso huirán del filo del acero. Los aromas rendidos, que el obsequio derrama, suban tan advertidos, que el miedo de la llama no se acerque a el valor de los sentidos. Manda que no sea hollado por las Ninfas el coto, que a el Templo ha señalado, llegar puedan al voto, pero teman no lleguen al cuidado. El año en dos mitades, Palacio, y Templo, honores divida en sus Deidades, no huyan de sus piedades, pero tampoco teman sus rigores. Atención a los ritos, Pues ya escuchaste los ritos del Templo, (ay hermosa Cintia!) dirás cuanto los desmiente lo aleve de mi fatiga: sin apartarte de aquí, será preciso que elijas cual mansión; Templo, o Palacia es la que desde hoy habitas, pues el Equinocio iguala las tinieblas y los días, hasta el otro en que se encuentre con las igualdades mismas. Habitando tú el Palacio ahora, fuera grosería mudar mansión, y así elijo esta: . En todo me adivinas los pensamientos. Si bien lo supieras, lo dirías con más razón. No te olvides, Flora, de lo que te fía mi amistad para esta noche. Posible es, que eso me digas! Sirene, no te descuides en el aviso. . Mal fías de mi deseo. . No cese esa aclamación festiva. Cuando apurarán su alivio, o su dolor mis desdichas! No ha de ser posible hablarla. Oh cuanto deseo, Cintia, que estemos solas! . Tu esclava soy. . Pues los ecos repitan: , . Viva entre Primaveras, Persiles. . Lidauro. Oíste esas voces? Escuchaste esos acentos? Si amigo. Y di, por ventura sabes::- Discurres cual el motivo es, de que trinen al tales acentos? . Yo puedo, si los dos me lo pagaren, informar a los dos, puesto que no será nuevo se halle quien pague por su dinero el oír las novedades. Ese Colegio de hermosas fieras, pues ninguno sabe distinguir a cual se inclinen mas, bellas, y montaraces, o ha descomponer los bosques, o ha componerfe los jaques, todos los años estilan, que salga una que las mande por suerte; pues claro está, que si a elección se dejase, tantas no permitirian, que una sola las mandase, llámanla Sacerdotisa, según quiere que se llame la autoridad recibida de otro, que lo dijo antes. Hoy, pues, que ha llegado el día, parece ser de acabarse a la señora Rectora el término de ser grave, suertes echaron, y en ellas salió esa Dama salvaje, a quien sigue la fortuna de unos días a esta parte, con que juntas en su aplauso, cantando (los Dioses saben, si por no ser elegidas, cada una de por si rabie) la llevan donde la aguarda un bello año, que se hace un hora, mandando mucho, y levantándose tarde: Cintia es la Sacerdotisa. Cielos, qué oigo! Oh, si encontrase con tal suceso, camino que la fuga embarazase! De qué es tanta admiración? mas justo era, que me hallase yo con la de ver a entrambos hoy con sosiego tan grande en Tesalia. . Pues di, necio, eso qué puede admirarte? Si la estrella:- . Si el destino:- Lo dispone. . Perdonadme que os lo diga muy clarito, y que procure, que antes que lo reparen los otros, sea yo quien lo repare: Vení acá, los dos de Delfos, cada uno por su parte, no salisteis a buscar un Templo, que venerase al Amor, por haber dicho Apolo, que si a cuemarle llegara alguno, tendría Delfhos dicha, y a encontrarse vendría Cintia en su demanda? No visteis Reinos distantes, diversas Islas, y Pueblos, sin que en alguno se hallase? aunque naufragos, y tristes a Tesalia no llegasteis venturosos, pues en ella lo primero que encontrasteis fue la noticia, de que Tesalia Templo a Amor labre? él no está hay hecho, y derecho? Consiste en más abrasarle, que en buscar una pajuela, que se halla en cualquiera parte? Pues decidme, qué razón puede haber: . Calla, ignorante, o vive Apolo::- . Este necio . obliga a que me resguarde con Lidauro, no sospeche que vengo:: . Qué has dicho; infame? ya es preciso que a Persilos . desmienta, el ver que me tarde en esta resolución. . Finja con él, Pues ya sabes, Lidauró, como el hermoso desdén de Irifile, hace en igual prisión cautivos sentidos, y libertades; no extrañarás, que esta pena feliz obligue a que falte a obligación tan forzosa, como de que Delfos halle su alivio; mas no podrá hacer, que mi pecho arrastre a olvidarla, pues primero es en mis esfuerzos leales la razón de Caballero, que no la razón de Amante. Ese propio intento sigo, pues lo que se dilatare su ruina, llamará Delfos nuestros descuidos, crueldades. Arda en encendida hoguera el primer Templo, que el aire dio el culto al Amor, haciendo para sus aras tratable la constancia de los bronces, la dureza de los jaspes. Hecha su fábrica ruina entre sus llamas voraces, la tierra de tan hermosa pesadez libre descanse. Truéquese en ardor la ira, y con llamas desiguales sea la última que le honre, mongibelo que le abrase. No quede entre las cenizas memoria que le declare; y pues la Deidad que guarda, de incendio llegó a formarse, qué mucho que en ardor muera, Ídolo, que en ardor nace? Perdona, Amor, si te ofendo. . Perdona, si te injuriase, Amor. . Pues para tu culto son estas iras, piedades. Persiles, en este sitio es peligroso tratarse materia, que tanto importa, cuando las sombras declaren la noche, te buscaré::- Yo procuraré buscarte:- Para poder impedirte::- Para poder estorbarte:- Acción, en que tanto arriesga mi amor. P. Quién me censurase::- Quién me impusiere la culpa de que yo a mi Patria falte::- De que yo a mi Patria olvido:- Qué mal sabrá ser amante! Adiós, Persiles. Adiós, Lidauro. El Cielo te guarde. Ay Cintia! aún con los recelos de tu ingratitud, no saben mis bien nacidas finezas el camino de vengarse. . Ay Irifile! cuán necio será el error que culpase, que deje a Cintia, pudiendo elegir a . Sin que nadie me viese, a Irífile dejo, porque te vi, y a culparte la dilación he venido. otra confusión, pesares! Cuando juzgué, que serían en un mismo punto iguales acciones, el darte a Cintía, Pérsiles, y el ausentarte, tan descuidado te veo, que parece que a trocarse, llegan con dejos de tibio, las prontitudes de amante? qué es esto? tan presto, di, se ve, que la dicha labre en ti aquella tan usada costumbre, que en todos hace, que de los descuidos sean taller las felicidades? cuando yo por ti aventuro fama, y honor: calidades, que tú al mismo tiempo adquieras cuando a Cintia te llevares; ni tu reconocimiento, ni tu conveniencia sabe ejecutar una acción, que a ambos es tan importante? qué es esto? . Con la disculpa no encuentro. Si a embarazarte llega el recelo::- No sé qué decirle. . Mis parciales te ayudaran. ̱. Ay Admeto! Bien puedes ya declararte. No puedo. . Temes, que a mí de esa Irifile me arrastre la obediencia? pues mal temes, que aborrezco sus crueldades de tal suerte::- . Oh cuanto estrecha el modo de disculparme! Que aunque fuera::- Aquí una industria me valga, aunque en ella falte al secreto. . No me dices, qué razón puede obligarte a esta dilación? . Escucha: No hay más remedio; pero antes palabra de tu silencio aquí me has de dar. Si sabes lo que he hecho por ti, qué de un secreto, que guardarle (dudas sabré? . Pues juramentado vengo debultraje de faltar a ser quien soy, de que cuando se encontrase dedicado a Amor un Templo, sino llegara a abrasarle, no tendría alivio Delfos de sus infelicidades. No te entiendo. La sagrada voz del Ídolo flamante de Apolo, tutelar nuestro, entre las adversidades de Delfos, nos acudió con este Oráculo, o antes que me dieses tú el aviso, diciendo: que si llegase alguno a abrasar un Templo, que al Amor se dedicase, cesarían sus desdichas: mira en empeño tan grande, como a una parte mi amor, tu fineza, y tus lealtades, y la unica restauración de mi Patria a la otra parte, pudo en confusión tan fuerte, ni partirme, ni quedarme: si me voy dejando el Templo en su esplendor admirable, me falto a mí: si le intento abrasar, al riesgo sale el ser su Sacerdotisa n Cintia, como más bien sabes, que yo: discurre tu ahora, si es justo en extremos tales, ni que yo falte a mi amor, ni que yo a mi Patria falte. Llevando contigo a Cintia, qué alivio habrá que se tarde a Delfos, si de ella solo penden sus felicidades? Bien dices, pero de Apolo los Oráculos fatales pueden llegar a cumplirse, sin que este Templo se abrase. En fin, no hay remedio? Yo, entre confusiones tales, no le encuentro, pues la idea dudas invencibles hace, que una a tu fineza llegue, y que otra a mi amor alcance: partamos la diferencia, y si el remedio se hallare, si llegas tú a discurrirle, yo llegaré a ejecutarle. De uno, y de otro he de absolverte, de uno, y de otro he de encargarme. Pues de qué manera? El tiempo dirá, lo que mi voz calle, Para qué es decirlo el tiempo, si presto ha de ejecutarse, y mejor que de mis voces, lo oirás de quien dice el aire: Buscad los alientos suspiros amantes, que aunque es morin fineza, no es fineza morir de cobarde. De esos ecos la dulzura nos avisa, aunque distante, que Irifile a los jardines, con todas sus Ninfas, sale; y pues el día previene. con macilentos celajes, el susto de las vecinas medrosas oscuridades, retírate, sin que nada llegues aquí a preguntarme. Como tú, sin la violencia de que yo a Irifile falte, y lleve a Cintia me dejes, no llegaré a replicarte; pues a Dios. . Adiós, y quede a las futuras edades ejemplo de haberse hallado esfuerzos más eficaces en la pasión de un amigo, que en la pasión de un amante. . Puesto que fe fue, ea amor, guía mis pasos donde halle ese ardor en que te hielas, ese hielo en que te ardes; y pues propicios los vientos en auras dulces me traen un aviso que me anima, diga con sus ecos suaves: l, . Buscad los alientos, Oh vosotras, Estrellas, del celestial zafir fijas centellas: ̱u. Oh vosotros, brillantes Astros, que entre esplendores inconstantes alumbráis el destino::- ̱. Qué bordáis ese globo cristalino: ̱̱.Decid si es que habrá alguno en mis tormentos: Decid si alguna habrá en mis sentimientos: ̱. Que apiadado a mi llanto: Propicia a dolor tanto, atienda a mi dolor. Temple mi anhelo. ̱ 2. A quién, si no es a mí, fue sordo el Cielo? Señora? . Cintia mía? Ah celos viles! . Ah mortal porfía! ̱ . Ya queda prevenido el forastero. Calla. . Y advertido de que en cantando yo::- ̱. Cinitia adorada, no te podré decir cuan lisonjeada ni sospecha dejaste oy, cuando señalaste del Palacio la verde Primavera a ser del año la estación primera, porque dan sus jardines mas ocasión a los secretos fines, que mi pasión propone, a cuya causa (escúchame) dispone ni triste pensamiento, ayudado de amante atrevimiento, que el forastero a este jardín llamado, según le habrá avifado a estas horas Sirene, con la cautela que mi amor previene, venga esta noche, en sus oscuros velos disfrazada mi culpa. ̱. A espacio, celos. ̱. Y pues tú el medio eres que me avifa:- No a espacio, celos, no, si no es aprisa: A salir de esta duda me condeno. Bébase de una vez todo el veneno. Yo estaré retirada detrás de esa enredada fragosa celosía, que no deja hierro que no sea flor de aquella reja, donde, pues, empezaste, según el otro día me contaste, a quitar a mi loco desvarío la forzosa vergüenza de ser mío, puedes encaminarle, porque sin que conozca que a llamarle hoy mi voz ha llegado, sepa sin tanto susto mi cuidado decirle: mas por qué en mis penas graves te he menester decir lo que tú sabes? y así, solo ahora falta que Sirene venga a decir, que::- Ya tu aviso tiene, y con la prevención que me advertiste. Conforme a mi deseo proseguiste lo que iba articulando; y pues tu voz entre su acento blando de avisó ha de servir, y de instrumento, puedes cantar. . También este tormento? Porque oiga tu armonía::- Equivocar su seña con la mía! A obedecerte quedo. Juntos en mí se ven amor, y miedo: venid todas. . Quedarme determino a olidecer a Cintia. Ah cruel destino! Y en mí ya es ley precisa, pues si del Templo es Sacerdotisa en servirla se gana, pues puede una mujer ser Sacristana, Ahora, corazón, en tanto que la multitud de ahogos, que hay en mí, no de remisos, sino antes bien de rabiosos, me dejan, por impedirse el llegar unos a otros, sidndo furia de irritados, mas que quietud de piadosos: Ahora, pues, que mis desdichas llegaron al alto solio donde pudieron subir, sin que ae extrañe este modo de exagerarlas, supuesto, que no los alcanza solo lo soberano a las dichas, pues más, o menos hermoso, quien duda que también tienen las desventuras su trono? Dime, hado infiel, cruel destino, dura suerte, astro alevoso, tendréis (aunque revolviendo vayáis por infaustos tornos cuantos sucesos fatales experimentaron todos) otro que anadir a tarzos cómo en mi concurrir noto? Y dejando a un lado aquella triste vanidad que logro, de no haber en la fortuna objeto más lastimoso, (que también en lo infelice cabe lo vanaglorioso) voy a que habiendo corrido mi desgracia el proceloso piélago de las desdichas, cuando una ventura logro, más tormento experimento: Cielos, cuando fois piadosos. para mí, si se convierten las venturas en escollos? Dígalo Irifile, puesto que de su afecto amoroso lo que consigo son ansias, penas, suspiros, sollozos, y celos; y pues que celos dije, ya lo dije todo. A mi corazón le abrasan unos pensamientos locos, que encendiéndose su llama de una cruel sospecha al soplo, y templándola después, no sé que halago amoroso, que se comunica entre los oídos, y los ojos, ni el escarmiento se esfuerza, ni se mitiga el ahogo. A Pérsiles, que de Admeto viene llamado, con odio miro, cuando con fineza mira mi atención al otro, que de Irifile querido está, según mis rabiosos celos han imaginado; y hoy, que el pesar animoso averiguar intentaba mi dolor, que dice oigo: Ven, gilgüero, que aguarda, ven, que te espera una dicha más grande, que tu fineza. Sirene es, que por mandado de la Reina su sonoro acento, de sena sirve, a aquel ingrato alevoso, y es preciso confundirse, si por mi dijera otro. Ven, Ruiseñor, temiendo, que si te tardas, la dicha favorece, pero no aguarda. No ha sucedido tan mal como juzgué, pues el propio concepto cantan las dos, con que sin temor las oigo de que se equivoque, siendo de las dos igual el tono. Ven, que si los descuidos del favor nacen, aún no tienes razones de descuidarte. Ven, porque las venturas pasan tan presto, como si las formaran los pensamientos. Ven, porque las venturas, Pues oigo voz de la Ninfa, que me avisó que a este puesto viniese esta noche, y ella permite, que en su silencio no se averiguen los pasos, que forma el atrevimiento; y pues que de su armonía, y del oculto concepto que incluye, que a mí me llama con su voz inferir puedo: ánimo, corazón mío. Parece que pasos siento. Y puesto que en la ocasión de que aquí llamado vengo de Cintia, fuera delito, aún más que atención, el miedo, acercarme quiero antes que otra vez digan los ecos: Ven, y no se detengan tus plumas blandas, pues se hace una desdicha de una tardanza. otra voz es la que escucho, sin que me cause recelo, pues siendo el concepto mismo, quizá Cintia habrá dispuesto asegurar el aviso con duplicar el acento. Un bulto se acerca, Gente hay aquí. Quién es? . Quién ciego dos veces, una en las sombras, y otra entre los pensamientos, llega de esa voz llamado. Llamado de esta voz, Cielos! Por si encuentra en una luz, que busca, el claro reflejo, que le alumbre. . Sois acaso quien llamado de ese acento viene al jardín? . Sí señora: Cintia es. . Condenar puedo vuestra dilación; pues cuando lográis el favor supremo de que os llamen, dais los pasos, cobardes, o desatentos, tan remisos, que merecen que les digan al moverlos: Ven, porque de tardarte puede inferirse, que no llegas con ansia de ser felice. Escuchaste lo que dijo esa voz? . A ella no atiendo, pues la primera me basta para obedecerla. . Celos, qué más claro ha de decirlo? Y así: . Pues allí le veo, no es menester proseguir el tono. . Qué me detengo? ya no es pasión, es injuria . de lo ilustre dé mi pecho, a un desengaño tan lince no ceder error tan ciego. Venid, la Reina os aguarda, quite ya mi furia el velo, porque no ha de poder más, que mi rabia, su respeto: allí os aguarda, con ella muy afectuoso, muy tierno, explicaréis la disculpa de no haber llegado presto, porque yo (ay dé mí) tampoco de aquellas que usais entiendo, que erraréis su explicación; y ahora de paso os advierto, que aunque bien tendréis creído, por haber sido instrumento entre Irifile, y vos, que me acompañan para serlo, calidad de servidumbre, y primor de entendimiento, circunstancias que es preciso concurrir en los terceros, no lo creáis, pues es fijo, que no soy lo que parezco; y estimad: . Tened, señora, que volvéis a aquel primero error (perdonadme, que le llame error siendo vuestro) de que yo a la Reina adoro. Pues no venís de ese acento llamado, que fue la seña que os dio; porque en el secreto de la noche disfrazado quedara el favor? . Los ecos, que a mí me han traído, son, señora; los que me dieron en vuestro nombre esta tarde, por mi ventura, diciendo viniese al jardín. . Y esotros? Por juzgar eran los mismos, no los distinguí al decir, que vine llamado de ellos. Luego Irifile no ha enviado a deciros (ya me aliento) con una Ninfa: . A mí no, fálteme, señora, el Cielo; o fáltenme vuestros ojos, que no los temiera menos, si desde aquel primer día, que en Tesalia encontré el puerto de mis fortunas, la he hablado. Cómo (decid) será eso, si ella me lo ha dicho? . V que en tan divino sujeto como vos, señora, vive lo desconfiado, violento: creed de mi amor por firme. A vista de los recelos, sin una experiencia, mal os creeré. . Ya yo la espero, para ejecutarla al punto. Pues los nobles pensamientos nunca es posible que asistan sino es en los nobles pechos, decid quien sois. Perdonadme, señora, porque, no puedo. Si no podéis declararos, menos podré yo creeros. Baste decir, que si alguno es capaz: . O si el secreto rompiera, que yo imagino! De llegar a mereceros, fuera yo, así por las prendas nobles de mis pensamientos, como porque: . La impaciencia, que siempre sigue al deseo, me ha retirado del sitio en que aguardaba, creyendo, que esperando al paso Cintia, a él llevase a el forastero; y no he escuchado a Sirene, pasado ha ya mucho tiempo, aunque no dudo le hará ser más, que el que yo le espero, a salir me determino al jardín, con los recelos de que alguna novedad haya estorbado mi intento; y ya sean las confusas sombras, que visten el viento; ya la novedad, que hace el salir de los reflejos, y entrar en oscuridades; o ya, que será más cierto, aquellas espesas nubes, que forjan mis pensamientos: cualquiera paso que animo, no es paso, sino tropiezo, y sin ver::- . Ay infelice! De qué os asustáis? . Sospecho que viene gente, y si es Irifile, como pienso, soy perdida. . Bien deseara yo (si se lograra, a menos costa, que de vuestro susto) fuera ella, por poderos satisfacer. O me engañan los oídos, o allí siento ruido. juzgo que he tardado en venir, pues los acentos, que me habían de avisar, no escucho. . Por mejor tengo, que os apartéis, por si acaso es la Reina. . Y decid puedo, crear que estáis satisfecha? Apartaos, porque entiendo que es Irifile. . Qué tardos ánimo los movimientos! Gente escucho. Hacia esta parte se acercan, si será, Cielos? No he dicho, que os retiréis, no os conozcan? O me acuerdo mal, o esta voz es la de Cintia, disimule: ya obedezzo. Qué aprisa os vais! Ay tal duda! . Es Cintia? otro susto nuevo! Irifile es. No respondéis? . Qué diré? No es este acento el de antes, si será Pérsiles? . Hay tal tormento, como buscar lo que adoro, y encontrar lo que aborrezco! Quién eres hombre, que osado (a declarar no me atrevo por la duda) profanaste tan venerado silencio, que solo por imposible se atreve a ocuparle el viento? habla. . No sé qué decirla. Quién es el que desatento, y atrevido tan sagrado retiro, osado, y soberbio pisa, sin temor de que haya:- Ya no hallo otro remedio, que fingir con ella. Cintia, no des voces. . Cómo puedo dejar de llamar, a quien castigue el atrevimiento de quien a estas horas:- . Pérsiles soy, que abrasado en tu incendio, solicita:: . Apartate, o yo me iré: . Plegue al Cielo::- Pues hallo lo que me asusta, a buscar lo que deseo: dónde estará Cintia? Ya se apartó. . Qué mi tormento se logre; pues si tus ojos, con su apacible veneno, hicieron en mi albedrío::- Solo me faltaba esto. Que la libertad postrase::- Advertid::- Qué escucho, Cielos? Cómo podrán las amantes quejas, y fatigas de mis deseos esperar:- . Pérsiles es, con Cintia habla. Ay tal tormento! Ya os he dicho, que este sitio no da ocasión:: . Ya no puedo reprimir mis iras. . Ya me ha faltado el sufrimiento. 4. Y así diré::- Huid, Pastores, huid, huid de los celos, que es tal su martirio, que es tal su tormento, que aún se lloran fingidos, por verdaderos: huid de los celos. Las Ninfas se acercan. Qué ahora estorben los acentos! Qué hasta la Música impida! Qué yo abrigue mis celos! Retirareme, por sí por otra parte la encuentro. Peor será, que mi sospecha la declare. . Dónde, Cielos, habrá alivio? Huid, Pastores, huid de los celos. Cómo han de huir mis pesares? Cómo he de apartar mis riesgos? Cómo han de cesar las iras? Cómo han de faltar despechos? 4. . Si es tal su martirio, si es tal su tormento, que aún se lloran fingidos, por verdaderos: huid, huid de los celos. . Pues ya la noche fría, con el temor de ver vecino el día, persuade a las Estrellas a que ardan más brillantes sus centellas, asegurarme quiero de la sospecha de que, monstruo fiero, mi despecho intentase, el que de Amor se abrase el primer Templo, con que se eterniza, y desatado en pálida ceniza, ni aún las memorias fieles se miren de sus altos capiteles; y pues que fue fortuna, que eligiera Cintia del año esta estación primera, para que en el Palacio se habitase, y sin persona el Templo se dejase, sin cuya circunstancia, no sería posible ejecutar la intención mía, presto hará la materia, que aplicada a su altiva encumbrada fábrica queda, que sus esplendores reducidos a ardores, entre tanto volcán, incendio tanto, la devoción se trueque con el llanto. Y si esta acción, o esta crueldad impía a saber se llegare, que fue mía, quien de cruel, e inhumana la culpare, quien atroz la llamare, sin fe, sin ley injusta de que quepa en pecho humano, desde ahora sepa, el que una obligación, una fatiga, y una amistad me obliga, sin que entre en ella un aborrecimiento, que el natural de Irifile violento, hace que en mí se aliente, hoy causa la razón de que se intente; y si esto no bastare por disculpa, preciso habrá de ser de que me acoja a que tanto me enoja ese Dios, a quien ciego nmeto llama la espuma, y padre el fuego, que no solo su Templo le abrasara, pero también borrara a costa de mi vida la vana adoración introducida, que logra su grandeza, llamando religión a la pereza, de no saber los de su arpón heridos, gobernar sus potencias, y sentidos; siendo la falsedad, que dentro encierra, la que introduce el alma. , . Guerra, guerra. Mas qué rumor violento la tierra asusta, y embaraza el viento? qué impensado temor Tesalia escucha? grande es la novedad, la causa es mucha, contra el valor la duda en mí se arma. Asaltar la Ciudad. Al arma, al arma. (acuda, Ya me es preciso que al remedio pues videncia se volvió la duda, y el horror de la tierra oyendo que repite::- , . Guerra, guerra. Y el oído a escuchar ya se aperciba: Muera Tesalia, Delfos viva. Quién se atreve a pronunciar tan vil, tan infame voz? qué estruendo este? A tan extraño asombro, de este rumor salí. Yo también llamado de tan nueva confusión. El corazón no me cabe en el pecho oyendo hoy::- Tan extrañas voces, Cielos, si serán en mi favor? , . Arma, guerra, y en Tesalia no quede altivo torreón, que no sea ruina de Delfos. Qué es lo que escuchando estoy? Soldados, Admeto, no hay quien me diga la razón de estruendo tan impensado cómo esté qué escucho? . Yo, si es que deja voz al labio la fatiga del horror, ese piélago de vidrio, hoy, señora, amaneció cubierto de tantas Naves, que dudaba la atención, o si era piélago, o Isla; y cuando el bello farol del día arrojó sus rayos, la embreada población tan temerosas Escuadras de Soldados arrojo, que el número equivocado de unos, y otros, no acertó la atención a distinguir cual eran más de los dos, si los rayos de las Naves, o si los rayos del Sol. El intento con que vienen, es sacar de la prisión en que tienes a Pérsiles, y Lidauro, que ellos son los primeros de la Isla, a quien el Reino tocó, si falta Cintia; y tan grande es la rabia, y el furor con que irritados envisten a las murallas, que no habrá defensa que baste a huir de su indignación, pues ya se oye::- Fuego fuego. Mas duda. . Más confusión. Ya obra el incendio, a mal tiempo mi cólera le encendió, mas no hay remedio. Qué escucho? El gran Templo del Amor se abrasa. 4. Qué escucho, Cielos? Qué he de hacer en tal horror? Fuego, fuego. Al arma, guerra. Aproveché la ocasión en mi disculpa: quien duda, que ha llegado su furor a ocupar la Ciudad, pues ya por el Templó empezó poniéndole fuego? qué haré en tan gran confusión? Yo a Persiles, y a Lidauro presos? . Mi duda salió verdad. Fuego, fuego, . Al arma, todo perezca, sino no nos entregan a Pérsiles, y Lidauro. Muerta estoy! Ya aquí no hay otro remedio, Lidauro, pues que llegó el caso de no poder faltar a la obligación. Dices bien, ya declararnos es fuerza. . Señora, no os aflijáis, pues que llega tiempo, en que vuestro favor podamos satisfacer. Pendiente está de su voz el alma. . Cómo, si escucho en uno, y otro clamor repetir::- . Fuego. Arma, guerra. El uno no podrá, no, remediarse, pero el otro si. . Quién lo ha de hacer? Los dos. Ahora verás mi fineza. . Ahora entenderás mi Amor. . Soldados de Delfos:- Hijos de los alientos del Sol::- Ninguno se mueva:- . Nadie sea osado a que del furor de Marte escuche Tesalia, ni aún el más leve rumor::- Lidauro os lo manda, amigos:- Persiles, por quien movió su Armada, Delfos lo manda::- juntos estamos los dos, y libres, contentos ambos en tan amable prisión. . Qué oigo? Qué escucho, Cielos? La cortina se corrió, y se vieron las figuras tales cual las hizo Dios. Volveos al mar, Soldados. No hay que dudar, ellos son: Lidauro, y Pérsiles vivan. Ya seguras del horror estáis. Menos quien aguarda más violenta confusión, Absorta he quedado. A Cintia nos dé Irifile, pues no hemos de volver a Delfos. sin nuestra Reina. . Quién vio tal desdicha cómo puedo darosla, si ya murió? No ha muerto. . Admeto lo diga. Pues si he de decirlo yo, no ha muerto, que Cintia es esta. Acabó mi confusión de una vez. . Cintia es, mas no Cintia, la que de Delfos faltó. Pues resguardado me veo de que use de su rigor, teniendo su Armada aquí Pérsiles, qué temo; yo la traje oculta a Tesalia, esparciéndose la voz de que había muerto, y cerrada en una gruta, a quien dio su seno oscuró ese monte, todo este tiempo vivió, hasta que tú, como a fiera, la encontraste, y se trocó, sin saber el que era Cintia, toda tu saña en favor; y pues a Pérsiles debes librar de la indignación de Delfos, hoy a Tesalia págale con Cintia, y::- No prosigas, ni te adelantes en tan cruel proposición, pues no digo yo viviendo en la suma estimación de Irifile, en la fortuna de ver, que a sus pies estoy; pero en esa gruta, en esa lóbrega triste mansión, donde por prodigio arroja tal vez sus rayos el Sol, estuviera con más gusto, que en la dorada prisión de un Reino, con un Esposo, a quien no he elegido yo. Albricias, alma. Ay, Lidauro, lo que me debe tu Amor! y así, parte desde luego a tomar la posesión de Delfhos. Tengo en Tesalía otra ventura mayor, a que aspiro; tú, Lidauro, podrás ir. . Tengo razón más fuerte para quedarme, que la tuya: (ay dulce Amor!) Cuanto va, que ha de faltar quien vaya, y que he de ir yo a ser Rey de Delfos. . Cielos, quien vio tan gran confusión! Yo a ser de Irifile esclavo, pues fuera en mi grande error pretender más, que quedarme. Yo a venerar el rigor de Cintia, que es la más grande suerte. . Acabemos por Dios. De gusto no cabe el alma. De gozo está el corazón para salirse del pecho. Pues dejan ya mi temor los celos. . Cintia querida, aunque ha de ser gran dolor para mi amistad, es fuerza que cumpla con ella yo, pues a Lidauro, y Persiles es igual la obligación que tengo, forzoso es que sea igual el favor: tú de Delfos, y Lidauro ve a gozar Reino, y Amor, . que yo a Persiles::- . Señora, rendido a tus pies estoy pidiéndote, que no acabes de pronunciar la razón, no fea que el gozo me quite vida, que me da tu voz. Esta es mi mano. Qué presto se convinieron los dos? Pérsiles tuya es Tesalia. Tu esclavo, señora, soy. Vivan de Tesalia, y Delfos los Reyes en dulce unión. Y a ese Templo, a quien la ira del incendio consumió, presto le llegue a enmendar otra fábrica mayor, que le ofrezco dedicar en desagravio, y honor de su Deidad. . Yo también dedicaré a su favor aras, con que le agradezca mi dicha. Y también los dos, pues propicia a mis deseos su asta Deidad, se mostró. Y así, en tanto que yo sus Aras dispongo::- En tanto, que principio a su Altar doy::- Y que al Amor el segundo Templo da la adoración, pues se abrasó, tenga fin el primer Templo de Amor.
