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Texto digital de El primer duelo del mundo

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Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
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Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
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El texto procede de la transcripción automática de la edición en Obras cómicas, obras póstumas de D. Francisco Bances Candamo I (1722).

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El primer duelo del mundo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/primer-duelo-del-mundo-el.

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EL PRIMER DUELO DEL MUNDO

, i Pues la Naturaleza hoy nos destruye, aguas, llamas, rocas, vientos, giman, quemen, braien, silben: y todo fallezca, todo caduque, Dónde nos esconderemos al ver que el Cielo se anuble? Dónde iré, que de mi muerte la imagen no me perturbe? Ay infelice de mí! Adonde contigo hube Deseo, mi planta, adonde. temor la fuga me induces, si contra mi conjurados. los Abismos se descubren: los Cielos ya se desploman, los ejes del Polo crujen. Ay de mí! que de un veneno el vocado a que te induje estaba conficionado. Ay de mí! ya se difunde su tosigo, por el alma. Mi amor a ampararte acude. Aparta Villano, aparta, que al ver que tú me conduces a este daño, te aborrezco, tanto, que más me confunde el verte, que ver mi muerte. Tú que de amante presumes del Deseo, le aborreces tanto? Sí, si de eso arguyes. Qué? Que se aborrece siempre el deseo que se cumple. Yo solo sé que el veneno tanto por mis venas cunde, que muero (ay de mi infeliz!) . Qué haces, al ver que procuren todos matarte? No sé donde a sus iras me hurte, si tomo alas, y vuelo, aún no arás que me asegure en el aire, que en el aire Dios está, si haces que surque de undosas sendas instables, ricas montañas azules: allí está Dios, si pretendes que en los abismos me oculte, y que en su centro horroroso, sus bóvedas me sepulten: allí está Dios, dónde iré? A mí no me lo preguntes, que el temor nunca aconseja, y más al ver que pronuncien, Pues la Naturaleza hoy nos destruye, Prosiguiendo, porque todo a mi daño se conjure. Aguas, llamas, rocas, vientos, giman, quemen, braen, silben: y todo fallezca, y todo caduque Teneos. 4. Qué es teneros, cuando todo el orden se confunde. Fuego aparta, tierra deja que este lazo desanude. Aire no me temples, deja que este nudo indisoluble que nos une, abrase, pues querer romperle es inútil. Tierra aparta, no tus muros de pardas rocas repugnen, que dilatando mi Imperio, tus anchos senos ocupe. Agua suelta, no pretendas con undosas inquietudes, que verdes golfos mis montes, montes de espumas inunden. No adviertes? No reconoces? No consideras? No arguyes? Qué pretendes que te apague? Qué intentas que te supure? Qué ocasionas que te anegue? Qué quieres que te sepulte? Con mis soplos? Con mis hondas? Con mis montes? Con mis luces? 4. Pues solo producen. El Aire bracanes. Bramidos las oías. Temblores la Tierras Y rayos la lumbre. Qué es esto Cielos, que al ver que entre si furiosos luchen los Elementos, queriendo con vanas solicitudes romper el lazo, que en tantas. contrariedades los une, caduca el Mundo, que presos en su esfera los incluye. Qué consuelo abrá que espere? Qué remedio habrá que busque? Si los Elementos todos, que mi fábrica construyen. ̱. Si todos los Elementos, que a mi centro se reducen. 2. Ya contra mí se conjuran, al ver que en daños comunes, Ya me abrasé. Ya me hielé. Ya zozobré. Ya caduqué. 2. 4. Al ver que hoy producen. 2. . Con soplos. 2. . Con hondas. 2. . Con montes. 2. . Con luces. 2. . El Aire bracanes. 2. . Bramidos las hondas. 2. . Temblores la Tierra. 2. . Y rayos la lumbre. 3 Apartad todos, qué es esto? Que mucho que no repuguen apartarse a una voz tuya, si una voz que tu prorrumpes. lo hizo todo. Tiembla al verle. Que mucho que yo me turbe temor (ay de mí!) si solo sustos, y miedos me infunden; Mi Esposa triste, y turbada, el Mundo con pesadumbre, reveldes los Elementos, y para que más se ofusque, muerto a sus pies el deseo: Ay Amor, mucho discurre mi recelo. Pues hay cosa que tu discurras, o dudes? No, mas no faltará texto que diga; que yo pregunte su delito con saberlo, de donde claro se arguye, que (a caber en mi quisiera ignorar yo que lo supe. Pues más dé cuatro deseos retira el temor, no excuse ser yo meermuertos de este, por más que el peso me abrume. Adónde está vuestra Reuna? Ya que al estilo te ajustes. humano, sabe que todos. romper ese indisuble lazo queremos, por ver quien primero la destruye. Pues aunque Elementos siempre a alegóricas vislumbres se introducen, quizá hoy con novedad se introducen. Y es más primor que invent (ya que esa duda se apure,) que de lo que es más usado, con más novedad se use. Qué es lo que has hecho, di ingrata? Qué diré que me disculpe? Eso he de decirlo yo, que a todo presente estuve. Sacro Rey del Universo, cuyas hazañas se esculpen, (bien que es compendió muy brove) en ese Sacro volumen, que a caracteres de Estrellas. cifró lágrimas azules, pues a quien justicia pide, nunca de ella destituyes, aunque yo verte no puda, solo vengo a que me escuches; la humana Naturaleza formastes, y No, no pronuncies, tú, bárbaro, mis finezas, deja que yo me apresure, a que antes que tus oprobios mis dulces quejas la acusen; mi Padre, y yo, y el Amor, que tanto a los dos nos une, que somos uno los tres solo a sus solicitudes, (pues por mi amor fue por quien: todo el Orbe se construye,) una casa de placer labramos, en quien se incluye tantas delicias, que fue Paralso, al ver que adulen el olfato; y vistarrosas, que cuando al Alba madruguen, o bien fragancias vostecen, o bien aljosares chupen con suspiros olorosos lágrimas del Alba enjuguen: el oído dulces aves, que al pico la pluma pulen: y los vientecillos mansos, que con gemidos arrullen; pulsando músicas ojas de Sauces, y de acebuches; las aguas que sonorosas sierpes su esfera circunden, cuando tenaces, se enroscan; cuando deslizadas, huben: de suerte, que los sentidos? hálaga la muchedumbre de sus delicias en rosas, que den suaves perfumes, en frutas que el gusto toque, en los vientos que fusurren, en las aguas que se enronsquen, y en los pájaros que crucen. Aquí a la Naturaleza (ah ingrata? ah falsa) traduje desde el Damasceno campo, adonde sin pompa ilustre estaba recién nacida, y como mi amor me induce exposita de los hados a mis Palacios la truje; criada, en efecto, en casa; ilustrela de virtudes, y dotes, tanto, que va de esta máquina voluble por Reina absoluta hice que todo el mundo la jure: Y viendo mi Padre cuanto cariño, y amor la tuve, allá en su Sagrada mente mi Esposa la constituye para unirse a mí (ah villana!) vil eres, aunque procures que goces por privilegio de la nobleza los lustres, que mal del Rey el indulto manchas de la sangre suple, pues cuando el Real privilegio a villano pecho ocurre, ilustre hará el apeliido, mas no hará el ánimo ilustre. Supuesto ya el ser tu esposa, contra ella mi rabía acude a pedir campo veamos como mi ciencia discurre, que a todas sus circunstancias la metaphora se ajuste, dejo aparte la alusión de los lugares comunes, muy versados a este caso, como que Job asegure, que la vida humana es solo guerra que al hombre disguste; y paso a fundar mi intento, viendo que hay, quien asegure, que el Cielo padece fuerza, y Pablo también alude a este intento, cuando dice a los que su celo instruye, no ha de coronarse quien no peleare, y se deduce de otra parte, donde él mismo en estas voces prorrumpe, buena batalla he reñido: y pues el saber me incumbe que si con armas el hombre esa Celeste techumbre pretende escalar, con armas, es fuerza que yo le impugne: esto supuesto, también, que la alegoría use, como quiere de los tiempos, puesto que en docto resumen, ya adelanta las edades, ya los siglos retroduce: paso a otra edad, en la cual habrá Reinos que estatuyen entre las leyes que forman municipales costumbres, que cualquiera Noble que informe, rete, o acuse de adulterio a alguna dama, con las armas lo asegure, si ella diere Caballero que su justicia dispute; yo, cuya Nobleza a todos es bien notoria, pues supe acaudillar tantas tropas de Angélicas Celsitudes, digo, que con un Villano (porque Villano se juzgue el deseo, que a emprender tan vil delito la induce) ha cometido adulterio, ninguno, Señor, lo dude, yo los vi, que al pie de un árbol, (sin que el escarmiento estudien,) que él les avisaria, al ver que en señuda pesadumbre, por más que su fruta dore su tosca corteza arrugue. Recostados en el lecho, que el Cephiro les construye, cuando en transportines verdes, fragantes plumas les mullén: se gozaron, pues ninguno habrá que niegue, o dispute, que el deseo, sea el que fuere, le goza aquel que le cumple; y no, no parezca extraño mi intento, que en el volumen de Sacras Letras abrá, paginas que lo promulguen, pues tantas veces en ellas veremos que Dios dibulgue, que es adultero su Pueblo, jeremías lo articule: allí tiernos se alagaban, pues de aquella fruta dulce mordió primero el deseo, porque ella después la guste, tercera de sus amores, (y a que los testigos junte) fue la Sierpe, que enroscada. crespas escamas sacude, siendo sus bramidos truenos, sus alientos densas nubes, que esa vaga esfera a un tiempo la atosiguen; y la enluten; con que en los dorados pomos ravioso veneno escupe, dejando a tu ingrata Esposa tan fea, que aún hay quien dude si es la misma que criaste, poco menos que un querube. Murió al tosigo el deseo, pues no hay deseo que dure cumplido el gusto; por más que al logro suyo estimule: yo de adúltera la acuso, pues soy Noble, aunque me injurién, como rebelde vasallo de ambiciosas inquietudes, que escalar quise a tu Solio la ardiente estrellada cumbre: y si ella da, Caballero, que en su disculpa la ayude, sustentaré con las armas el delito que la impuse antes, y veamos, porque la metaphora se funde, si tiene quien la defienda pues hay ya quien la calumnié. El gran Sabaor te llaman, que en Hebreo se traduce Dios de la Milicia, ea Rey de las barallas, no excuses este alegórico duelo, que tantos textos arguyen, y tú sobre el alto Trono, como Rey el duelo juzoses porque si vencido quedo de la muerte la exceptues: y si yo acaso venciere el matrimonio se annule, adúltera se declare, por aleve se repute; esto defiendo en Campaña, y este bando lo promulgue, siendo en estruendo ruidoso que a su daño se conjure, clarín el viento, que al mundo con sus bramidos asuste, y caja mi voz, pues cuando la vaga esfera discurre para imitarme los ecos, los ejes del Polo crajen. . Esto escucho, ha ingrata fiera, muere a mis ira:! No emp de tu lusticia el acero. No tus iras ejecutes. Contra ti, Señor, peque, Quuén creerá que no se apu mi sufrimiento, al mirar que la ofensa no me oculte, pues antes me mueve el ver, que confesar no rehuse. Hijo amado, de tu honor la ofensa mi amor no sufre, que el honor de un Rey David exclama que el juicio busque: muera. Bien dices, Señor, aguas, peñas, vientos, luces: muera esa adúltera ingrata. Ay que el fuego me consume, me hiela el viento, y el agua lágrimas hace que surquen mis mejillas, Fuego, tú la abrasa cuando la alumbres, haciendo ya que tus llamas tantos incendios influyen, que un escarmiento se encienda cuando el cadáver ahume: llegad todos, mas teneos, que aunque el poder me apresure a la venganza, si advierto que con lágrimas tan dulces llora el amor, y ella llora, también mis ojos acuden al llanto. Y ningún curioso estas lágrimas censure, pues si hay texto en que le peso llanto del pesar se induce. No puedo negarle el campo conformado a la costumbre, que ha citado (a mujer fácil, tu deseo te destruye!) y así Mundo, pues en ti tantas noticias concurren la el duelo, (o ni incat tantos en ti que le estudien? te nombro para asistir a su batalla, y que busques lugar para la estacada que el campo les asegures, y les iguales las armas, que yo para que los juzgue los veré desde ese Alcázar de dorados valahustres: y en tanto a esa ingrata aleve; presa tendrás en lugubres calabozos, pues el Mundo Cárcel es, si lo discurres de la humana vida. Ay Cielos! Vaya presa, y por si huye, sus Guardas los Elementos en su cadena la anuden, Vaya presa. Y repetid, porque los ecos la turben, y por pena de tantas ingratitudes, 4. Que por pena, El Fuego la abrase. El Fuego, Las hondas la inunden. Las hondas, El Aire la hiele. El Aire, La Tierra la angustie. La Tierra, la, Ay de mi! que al ver que triste la Cárcel del Mundo ocupe. Ay de mí! que por seguirla al mirar, como nos brumen. 2. He de oír, porque en el más de mis lágrimas fluctue. , . Que por pena det ingra dde, el fuego la abrase, las hondas la inunde, el aire la hiele, la tierra la angustie.̱. Todos los cuatro Elementos, obedecerla reusen, amotinados vasallos, puesto que en ella descubren poca lealtad a su Esposo, no sus frutos la tributen, beba solo lo que afane, coma solo lo que sude, porque ajada su grandeza, al ver que tanto me injurie, al pavón de su soberbia la pompa se le desplume; lloras, Amor? Sí, que es fuerza que esos ecos me atribulen, viendo, que la que por mí a ser hoy tu esposa sube, esté acusada, y supuesto, que el Rey, como Rey se ajuste a hacer justicia, y es fuerza que él las leyes ejecute: algo has de hacer, como amante; quien será bien que procure defender su esposa, cuando un delito la acumulen, sino su dueño? Es Amor el que no perdona, y suple. algún defecto? Ay Amor! qué habrá que yo dificulte, si tú me lo persuades? yo haré que mi esposa triunfe. Pues Naturaleza,, alienta, por más que en tu ofensa escuches. Dulcísima ingrata, espera en mí, por más que articulen. . 2. . Que por pena de tantas, En tanto que mi cuidado a este primer duelo acude, unidos los Elementos, de guardar su prisión cuiden. , . Y por pena de tantas, Tampoco en los Elementos su adversa suerte se inmute. 3. No, pues solo en sus afanes hallará que la tributen. (centellas Relámpagos el fuego, en cuyas incendios encuentre, cuando busque luces. Rafagas el viento, en que vea que aún en lo que alienta su vida consume. Concabas cabernas la tierra, adonde en polvo, el polvo restituye. Bóbedas cristalinas las aguas, que ansiosas, sedientas su vida sepultén. 4. Porque hoy le tributen rafagas el viento, concabos la tierra, bóbedas las aguas, relámpagos las nubes. Para qué (si huir no puedo de la cárcel que dispone el Rey que tenga) me pone tantas cadenas el miedo? Porque el temor, si lo apuro con recelo bien extraño, es una adversión del daño, que está anteviendo futuro; y es afecto natural, que no hay animal, en quien no dicte el instinto al bien, amor, como horror al mal; y así constante te sigo, aunque tu error lo rechace, pues cuando el delito nace, nace el temor del castigo: No aumentes más mi dolor, déjame con mi desgracia. Ay de quien perdió la gracia, si perder quiere el temor. Pero qué es esto que veo? A mí, que en bienes, o males no vivieran los mortales, sin esperanza, y deseo: y aunque me bastó a matar un logro, tuyo seré, pues mudando objetos, sé morir, y resucitar: noble soy, y presa aquí por mí estás, mísera, y triste, pues lo que por mi perdiste, hoy has de cobrar por mí: y así aquí asistirte intento, bien que el designio mudado; pues qué deseo logrado, no es luego arrepentimiento? Y en quien, en tanta aflicción, huyendo, Temor, de ti, hallaré consuelo? En mí, que soy la Imaginación. Pues por qué, cuando se ve, que todos en mi cuidado, sola, y triste me han dejado, me solicitas? Porque no fuera la pena tal, si te dejara también con la memoria del bien, la Imaginación del mal: si bien de mí en tu desvelo, bien o mal puedes usar, imagina tu pesar, o imagina tu consuelo, que yo no tengo acción mía en alivio, o en dolor, pues me visto del color, que me da la fantasía. Puesto que has llegado aquí, tu amigo siempre seré, Imaginación, porque la acuerdes siempre de mí. Calla, Temor, no cobarde con recelos me amedrentes, que si el temer el peligro, no me estorba el padecerle, el temerle, y el dudarle, será sentirle dos veces. Astrólogo de desdichas, adivina lo que teme mi condición, yo te pido, que al Caballero que diere, para que lidie por ella, me le acobardes, de suerte, que no entre en la lid. Pues cómo que excuse este duelo quieres, siendo noble? Cómo juzgo, que en cualquiera empeño fuerte, si su riesgo imaginaran, hubiera menos valientes. Qué cómo villano hablaste! mas qué me admiro, si eres hijo de un delito en fin. No en ultrajarme te emplees, que aunque soy Temor, hay muchos; que por cordura me tienen. En fin, que de ti usar puedo cómo quisiere? ̱. Si puedes, entre el sentido común, potencia interior que tiene. sobre los demás sentidos. el dominio, si se advierte, que la ánima sensitiva. de su facultad depende, pues con él (juzgando, cuando los Corporales ejercen,) el oído oye, que oye, huele el olfato, que huele: entre el sentido común, y la memoria revuelve la Imaginación, potencia, (que, o la memoria le acuerde vagas imágenes, que llama el Pilosofo especies, o ya al celebro reduzga objetos, que fingir suele, nunca vistos, pues fábrica un monte de oro, y de nieve, y un golfo de fuego helado) con noble ambición excede la Naturaleza, pues al ver que no se contente con lo posible, y criado, a lo imposible transciende, con que es veloz, sin que en uno; ni otro pueda detenerse, (ya lo futuro discurra, o ya a lo pasado vuelo; tal vez breve entendimientos y tal vez memoria breve: esta soy con que te he dicho el grande alivio que tienen los infelices en mí, pues imaginando bienes, cuando experimentan males, en cuanto los consideren árbitros de su fortuna, pueden moderar su suerte: y pues no hay reales figuras que me estorben que penetre siglos, sígueme, si intentas que alivios te represente. Yo te sigo. No le villano, traidor, aleve, vete de aquí. Eso no es fácil, como quieres que la deje, a vista de tal peligro? Oh, pese a la fuerza débil, que de la imaginación echar al temor no puede! Muere traidor. Ay de mí! Mas, qué nuevo asombro es este? Esto es, que soberbia el agua anegar el Mundo quiere. Ay que en general diluvio, aumentadas sus corrientes, undosos montes de espumas. sepulta golfos terrestres: allí una Ciudad zozobra, una torre se estremece contra un monte de cristales choca un escollo eminente, robusto bajel inmóvil crugiendo a tantos vaibenes: allí se va a pique un monte, y porque nada reserve, en el mar que se los traga, se ahogan ríos, y fuentes. Y aquí (ay infeliz de mí!) porque mi vida se anegue, el corazón me palpita, el pecho se me estremece; titúbea torpe el lavio, late el puso intercadente, cuando más, ay de mí triste! Qué imaginación tan fuerte! pues en brazos del Temor se desmayó. Bien se infiere, que a quien menos los estima, buscar los favores suelen, pues un ganapan consigue, lo que un peinado no puede. Señora (ay de mi infelice!) Cuando en las turbias crecientes, se quiere anegar el mundo, a ninguno admirar debe, que esté la Naturaleza, si sallece, o no fallece. Ay de mí! Ya se ha cobrado. ̱. Y otra vez rejubenece, dando al mundo nueva vida. Todo es para mi desdenes, este es el alivio que me ofreciste? Cómo quieres, sino me deja el temor, que algún alivio te acuerde, Obligándote yo, pues, como el consuelo deseo le hallara en ti. En mí el tormento. A entrambos seré obediente, Si no hay quien por ella lidie fuerza es que muera, y que quede indefensa; y convencida, declarada delincuente. Demás de eso, aquel vocado, en que puso la Serpiente su tosigo, la dejó tan fea, que aunque quisiese clamar a su dulce Esposo, no la oirá, pues bien se advierte, que quien la hermosura adora, la fealdad aborrece: entre su noble familia, veamos si alguno se duele de ella. Y quién ha de ser? Quién, no solamente pelee, sino traiga otro vocado, con tal confección, que deje en tu hermosura curado, cuanto él primero abenene. Pues veamos si hallamos quien con manjar, y armas se arriesgue a librarla de su culpa, mas para que represente yo esos objetos, es fuerza que ella clame, y tu desees. Si haremos; y pues las quejas de el alma, cuando padece, son música para el Cielo, por mí mis afectos suenen. Divino lidiador fiel, a quien tiembla tierra, y Cielo ven a este místico duelo, en denfensa de Israel, ven, ven, ven, que quien llora, padece, y suspira te llama con ansia, te aguarda con Fe. 2. Ven, ven, ven, , h , Aunque en mi desgracia está la Naturaleza aleve. Aunque la Naturaleza tan rendida llega a verse. Me ha persuadido mi amor. e Mi rabia no me consiente. Que aún en sombras la visite. Que en horrores la atormente. Y más cuando llama a quien en su defeusa se empeñe, no tan solo con las armas, lino con manjar, parece, que nunca acentos humanos llegaron a eternecerme tanto como este, qué mucho, si su petición contiene mi mayor fineza, pues teniendo ansia tan vehemente de dar de una vez, me pide cuanto mi afecto dar puede. Y más cuando llama a quien a defenderla se acerque, con manjar, y armas, o nunca lo que yo presumo llegue, por más que en música, y llanto son esas cláusulas alternen, ven; ven, Del Salvador una sombra mi centro te ofrece hoy, hasta que lluevan las nubes al justo, y produzca la tierra al Salvador. Del Salvador una sombra grata la tierra me ofrece? Sí. Y en quién la ofrece? En mí, que sobre la adustafrente de este monte, que las nubes escala gigante verde, sacrifícaba a mi hijo; y pues buscas quien valiente por ti lidie, y quien piadoso con un manjar te consuele, que el veneno de un bocado con su suavidad destierre, y en la parte del valor sabes que he vencido Reves, y en la del manjar también, que puedo satisfacerte, no solo con Pan, y Vino, que Melchisedech previene por mi victoria, sino con un Cordero Inocente, que el Sacrificio de Isac sostituye, no receles, que a tu duelo, y a tu cura saldré, y que a mí me compete, pues siendo Abrahamel primero que la Fe de Dios observe, y el primero circunciso representada a mí viene la Fe, y no puede dudarse que la Fe salva. Pues muere antes que llegue ese día. Ay de mí! que ya valerte, Naturaleza, no puedo, pero bien será que esperes, que lo que yo no he podido, lo pueda mi descendiente. Si hará, aunque por el pecado te haya alcanzado la muerte. Con Cordero Pan, y Vino, Abraham, o qué crueles contrarios me amenazaban, si a mis manos no muriese. Cielos, no bastó Abraham, por quien hoy la Fe se entiende, a librarme? Fe sin obras, no bastara a defenderte. Pues ya la tierra te ha dado a Abraham en la eminente cerviz del monte; en el agua consuelo busca. Pues vuelve al mar bermejo: qué ves? En dos muros transparentes da paso a Molses el mar, y al Ejército rebelde de Gitanos que le sigue, sirve tan ansiosamente, que con tanto bulto humano parece que el golfo crece, siendo la arena del centro, a unos tumba, y a otros puente. Pues pide a Moises socorro. Ya le nvoco de esta suerte. , . Ven, ven, ven, La sombra te ofrece el agua de la gracia del Señor, que también misteriosas las aguas son centro del espíritu de Dios. Quién es la sombra? Moises, cuyo nombre decir quiere, atraído de las aguas; y pues soy. Capitán fuerte de Israel, y el Maná Sacro de cándida nube llueve, ya en mí para tu defensa, alimento, y armas tienes, mayormente cuando en mí sabes que la ley empiece, con que hoy soy la ley escrita. Pues antes que en la lid entres, muere. ley, aún no basta a defenderme? Cómo si no has estorbado que el pecado te la quiebre. Pídele socorro al aire, un animado diluvio, pues tantas culebras llueven, que en hondas ensortijadas, que si se enroscan se mueven, vivientes arroyos corren, por las campañas las sierpes; también te llueven Mana, alimento Sacro. Oh cese la imaginación de dar realidad a las especies fantásticas, pues en ellas es fuerza que considere, entre sombras que deslumbren, alusiones que atormenten. Pues vuelva a decir mi llanto, por ver si de mí se duele. Ven, ven, ven, Yo Sansón, nombre Sagrado, que es lo mismo que decir Sol, a este místico duelo a lidiar vengo por ti, del aire abortado, a quien en trenzas mi fuerza di, inundando sus espacios, rica tempestad de ophir; si soy valiente guerrero, muertos lo digan por mí, Idólatras ciento a ciento, Filisteos mil a mil: y pues traigo el Panal Sacro, que ha sabido construir en la voca del León, cuya robustez rendí, la susurrante fatiga de la Abejuela sutil, con armas, y con manjar hoy te he venido a asistir. Pues muere a mi furia. ̱ Ay triste! Esto, Señor, permitis? ni aún la fortaleza basta? No basta, pues advertí, que esta es fortaleza, a quien llegó el pecado a rendir. No importa, pues en él fuego, verás arder, y lucir a Elías, que es celo, y pues el Sacrificio encendi en la cumbre del Carmelo, y mi espada hizo morir mas de ochocientos Profetas, que por Jezabel Gentil, Hércules en Bahal adoran, y a Mercurio en Bahalím, valor para la batalla tengo, y para conseguir curarte de aquel vocado, que te dio la sierpe vil, el sabemérico pan. Muere. No es fácil, que así dispone el Señor librarme, donde esté aguardando el fin. Ni el celo basta? Qué celo, si el Pecado le hace hur? Mas hay Deseo que adquiero gran consuelo en lo que vi; qué Mana, Cordero, Pan, y Panal quieren decir? Calla, calla, no lo digas, que yo no me atrevo a oír esas vislumbres lejanas del misterio que temí: y antes que las luces lleguen de frutos, que destruer puedan mi veneno, dando los pampaños de Enjadí, el rácimo de Caleb; y más si llegó a añadir al subemérico Pan, los copos de Rafidin: iré de su vista huyendo. Yo también iré trasti, que de donde huye el pecado, fuerza es que el miedo ha de huir. . Qué pasmo es este? qué horror, de quien tan absorta quedo, que aún para tenerle miedo no me ha dejado valor: mi respiración mayor a suspiro aún no ha llegado, sin haberle reparado, mi pecado estaba aquí: mas que me faltaba a mí, si viese yo mi pecado? Cielos, qué yo he de morit? mas que en vano lo ignoré! pues a morir empecé, luego que empecé a vivir; bien que llego a discurrir, que en la vida más lucida está la muerte escondida: pero (ay Dios) si de esta suerte la vida engendra a la muerte; qué más muerte que la vida? Los que iban a amparar, por el pecado murieron; con que solo sombras fueron de aquel que te ha librar. A quién tengo de llamar, puesto que si clamar quiero a mi esposo más sebero temo su odio enfurecido, que es un amante ofendido el enemigo más fiero. Ya no hay en mi más valo; amor; digámoslo así, que no implica no tenerle, para escuchar, para oír los lamentos de mi esposa, y no falta quien decir pueda de mí, que rendido de lágrimas me vencí, infeliz naturaleza, que de el amado pensil (hah ingrata, con que dolor llego a llamarte infeliz!) de el ameno pensil donde Reina te constitui: veniste a habitar del mundo el más oscuro sivil, llora, que el líquido encanto, que con echizos sutil áspid de aljófar se enrosca, de tu rostro en el carmín, siendo para ti dolor; es contento para mí. Dichas, qué es esto que veis? a visitarme venís en sombras, esposo amado? todo cuanto padecí olvido, aunque, porque yo miraros no merecí, con esa nuve celeste el rostro hermoso encubrís; para ablándaros, Señor, podré con Job repetir; por que dulcísimo dueño tu rostro encubrís de mí? Imaginación, Deseo, mi esposo tenéis aquí: como acecillo de Mirra, . pues lo pude conseguir, en mi pecho vivirá, no quede fresco matiz, en cuantas rosas el viento atoligan de ámbar gris, que hoy en mí no desojéis, idme cercando a este fin todos de flores, que ya de amores me veo morir, yo soy tu echura, Señor, nadie basta a competir, sino tú, con mi enemigo, duélate el ver que perdí tu gracia, que esto bien mío es lo que llego a sentir, mas que todos mis dolores: duélate el ver prevenir contra mí las armas, cuando triste, sola, he infeliz me veo obligada a valerme de ti mismo, contra ti: a tus pies estoy, adonde repetiré con David, no entres en juicio con migo; pues ya sé, que te ofendí. Calla, no hables, pues qué lloras, pero no, prosigue, di, si sabes ese llorar, no es ocioso el persuadir? Yo he de redimirte, como por Abrahan te ofrecí: yo por ti saldré a lidiar, y porque puedas allí conocerme, un favor tuyo me da, que demuestre así que yo soy tu Caballero. Pues os habéis de encubrir, por esta banda podré conoceros. Su matiz es de carne de doncella, yo ofrezco antes de salir no perder nunca esta prenda, tomada una vez de ti: yo ingrata, y amada esposa, ingrata digo, que al fin tu ingratitud a mi amor quilates pudo añadir, y acordarme del delito tuyo quiero, porque así tenga más que perdonar, cuanto más ay que sentir. Yo te crié tan perfecta, que de ti envidioso vi al Espíritu más bello; al más sabio Serafín, que de la luz despeñado cayó, arrastrando tras sí los topacios que tachonan el transparente viril de ese Celestial Pavón, en cuya rueda advertí brillar ojos de luceros, y en el pabellón turquí pompas de luz desplegar; plumas de nubes batir; celos antes de nacer me diste, que el Querubín anteviéndote mi esposa, oponerse quiso a mí, cuando mi enojo, en arder le convirtió su lucir: después que yo te crié me quisiste competir, inducida de la Sierpe; que te ofreció, que feliz serías, como, yo comiendo, ha frágil, mudable, y ruin ser de la naturaleza, como meron siempre en ti imaginarias grandezas, faciles de persuadir! Pero qué grandeza humana, si se llega a discurrir, no es un bien imaginado, un delirio, un frenesí, que no se sabe si fue cierto, o soñado? pues vi que después que el bien se pierde, no distingue el infeliz, si le llegó a imaginar o le llegó a conseguir? Miraste los Slementos puestos en una civil batalla, y el mundo quiso fallecer en su motín, amenazándote todos, y puestos en dura lid: ruje el León en la Selva, grazna el Ave, el Mar allí brama, azotado del viento, amenazándote, en fin, en aire, en tierra, y en agua, que a tu dominio ofrecí, por escama, pluma, y piel, graznar, bramar, y rugir: de todos estos peligros con piedad te redimí, pues siempre deseé más reparar, que destruir, mira como en el mayor te dejaré perseguir, en honra, y en vida, cuando el amor que concebí, tiene más que perdonar, que tu puedes de inquir: por ti, tomando tus señas, amante iré a resistir hambre, sed, calor, y frío, sin que me puedan rendir con los rigores de Agosto, destemplanzas del Abril; y al verme puesto a tus puertas, adrirtiendo que por ti grava mis armas la escarcha de su argentado perfil; a lágrimas de rocío, llorará todo el jardín, que en las flores es llorar lo que en el Alba es reír: por ti entraré en la batalla, con ánimo varonel, haciendo que del Dragón pises la dura cerviz; y haré también que la Sierpe, por su mal, llegue a cumplir la palabra que te dio, pues si te promete allí ser como Dios al comer, yo te sabré prevenir manjar, en que eso se cumpla, pues si llegares feliz a gustarle, quedaré en ti todo yo, y tú en mí; y en tanto que llega el tiempo, vosotros que la asistis, acordadla las palabras, que por mis Profetas, di de entrar por ella en batalla, hasta vencer, o morir, y quedad en paz, que yo esmaltado de rubí, iré a hacer, que cuando el campo, mi sangre llegue a teñir, sea el lirio de los valles, clavel del Jetsemaní. Pues ya que en alegóricos sentidos Elementos están introducidos, en ellos mismos (dando forma al viento) representarte intento, los Profetas Sagrados, Oráculos del Rey, que lastimados de tus penas esquivas, son de Sagrada voz estatuas vivas. En el aire a David significado verás, por lo sonoro, y acordado de su voz, en acentos numerosos, pues puisando los nervios sonorosos del Sagrado instrumento, dulcísimo en sus sauces es el viento. juzga, Señor, a aquellos que me dañan, pelea con aquellos que me impugnan, toma tu escudo, y armas valerosas, al campo sal, en mi favor madruga: gloria al Padre, y al Hijo en las alturas, y al Espíritu Santo que los junta. El Psalmo treinta y cuatro que ha cantado David me ha consolado, permita amor que sus efectos vea, pues en él pide, que mi esposo sea, quien tomando sus armas, y su escudo venga a librarme. Escucha, que no dudo que Job, que de la tierra el elemento hoy simboliza, así por ser su asiento, cuando tantas miserias le hacen guerra, como porque él exclama, que él es tierra, alivie tu fatiga, y así oye a Job, cuando en la tierra diga. Aay mísero del hombre, cuya vida se delvanece sombra, y nace flor: mis días se consumieron, y meditando mi error, me atormenta el pensamiento, áspid de mi corazón: en noche se volvió el día, y en su lóbrega mansión, anegado en las tinieblas espero otra vez el Sol. Librame, Señor, Divino merezca tu protección, contra el brazo que pelea, contra mi osado, y feroz, hay mísero del hombre! Aunque me acuerda, que es mi flaco aliento; breve flor, sombra al Sol, y luz al viento, por mi pide a mi esposo, que me ampare, Ya lo hará, cuando yo se lo rogare. Oye, y verás con vanas fantabías, que en el agua te muestra a Jeremías: así porque con lágrimas, y enojos, sus dolores naufragan en sus ojos, como por explicar sus aflicciones, pues que las aguas son tribulaciones. Quién les dará a mis ojos a mis penas una fuente de lágrimas eternas? Peleará con su adversario, arrebatando el escudo, y saeta; y al impulso de sus iras, gemirá medrosa, temblando la tierra. Vencerá sus enemigos, atropellando su altiva soberbia, y en la virtud de su espada libra a su Esposa vengando su ofensa. Quién les dará a mis ojos, También su voz me alienta, pues dice, que salir mi Esposo intenta por mí a la lid. Y luego a Isalas escucha, que en el fuego canta; pues para hacer discursos sabios, con brasas del Altar limpió sus labios. a Saldrá a campaña, como fuerte, y diestro, resucitado el celo; confortarase, en fin, en la batalla, para que venza al enemigo fiero, haciendo el Cielo salva a su venida, de iras, rayos, relámpagos, y truenos, Aguarda feliz. Espera dichosa. Desea constante. Pide con dolor. , . El Celeste Soldado. El Sacro Campeón. Que hoy te pronostican. , . Que te anuncian hoy. En el Aire. . En la Tierra. . En e En el Fuego. David. . Jeremías. Isalas. . Y Job. 4. En el Aire, en la Tierra, en el Agua, en el David, Isalas, Jeremias, y Job. Todos me han consolado. Ahora puedes a tu Esposo amado pedir clemencia. Y puesto que has sabido, que está de tus miserias condolido, en que clames a él, tu alivio fundo. A ti clamé, Señor, desde el profundo Seno de aquesta estancia cabernosa, oye la triste voz, y dolorosa de mi deprecación, que en ti confío, que ha de tener defensa el honor mío, como tantos Propetas me predicen, puesto que todos a una voz me dicen: , . Que aguardofeliz espere dichosa, deesee constante, pida con dolor, el Celeste Soldado, el Sacro Campeón, que hoy me pronostican, que me anuncian hoy, en el Agua, la Tierra, el Aire, y el Fuego, David, Isaias, Jeremias, y Jo o, el Sacr El. Celeste Soldado qué sonora melodía, cuyo armonioso tropel, tal vez sueña a confusión, y a consonancia tal vez, puede a la Naturaleza Campeón Sagrado ofrecer? O, no sea lo que temol pero yo apresuraré los términos. Ah del Mundo, de mi duelo árbitro Juez? Para qué, di, me has llamado? Porque hoy te pretendo hacer recuerdo de que de un duelo, que para ante ti aplacé un tiempo, se van cumpliendo los términos de la ley. Es verdad, y el no haber antes acudido a disponer los aparatos del Campo, nace de que hasta hoy, no bien combalecí del naufragio, en que a pesar del poder, que tengo, me sumergia un vaiven, y otro vaiven: mas ya que he vuelto a cobrar mi florida robustez, qué pides? Que pues no ha dado la Naturaleza quien por ella lidie, hasta hoy, a ella la declare el Rey adúltera, y que por libre. de aquel reto a mí me des. No es tarde, porque según vagas voces escuché de mis Profetas, aguarda un Aventurero. Eso es dilatar con un engaño su castigo. No, porque de tan remotas Provincias vendrá, que yo ignoraré su Patria, estado, y fortuna; y aún por eso podrá ser que tarde, aunque falte poco para que cumplido esté el plazo de su venida, que me escribió por Daniel; y así el sitio, que señalo, es la frondosa esquivez del Golgota; esa Montaña, cuyo bulto, al parecer, estrecha el aire; pues siendo en su enmarañada red Gigante vejetativo, le vienen a componer, si las Nubes el Turbante, Coturnosfrerusal en: este es el sitio, que a duelos, que se ventilan por él, la verde tumba de Adán, bárbaro teatro es. Y estás en las circunstancias del duelo, Mundo? Pues quién, como el Mundo, las materias del duelo llegó a entender? Mi censura es la que tiemblan, aún los más valientes, pues muchos se matan, temiendo; qué diré o qué no diré? Y porque las circunstancias no extrañen, se pueden ver en Autores que las traten; que aunque han de escribir después, trasciende la alegoría, porque llegen a entender. Qué? Que no inventa el ingenio costumbres que yo inventé. Temed, temed, temed, que se labran de Amor en la fragua las armas del fuerte, que aguarda Israel. Qué es esto? Allí, para un Herde, labrando están, a mi ver, unas misteriosas armas; y él, para armarse también, Encarnado traje viste. Ay infeliz! qué escuché? Vamos de aquí; porque aquí, Pecado no puede haber. , s Temed, temed, temed. Ya que están hechas las Armas, y aunque vosotros me deis (oh Elementos!) la materia de que se han de componer, sin obra de varón, yo solamente las forjé: idle armando; repitiendo a los que atentos estén. Temed, temed, La Tierra generosa te ofrece en el brocado, colores que ha usurpado al clavel, y a la encarnada rosa, y las granas que admiro, que en incendios de seda, abrasa Tiro: forma de cuerpo humano tiene el arnes brillante, de acero fulminante, que de mis venas parto fue tirano, y hoy, sobre lo encarnado de tu grana, te visto un cuerpo de materia humana Viste el peto, que rayos brillando esparce, aunque David lo excuse, para el Gigante. Viste el peto, que rayos, Yo el Aire te presento en la acerada gola, cimera que trémola, olas de pluma, en que se anega el viento: En tus Sienes Divinas, que han de oriar flechas verdes las espinas, que no es la vez primera, que misterioso, plumas de Serafines cubren tu rostro. Que no es la vez primera, Pon sobre mi Cabeza, Señor, la fuerte gola de la salud, pues sola podía impugnar con ella mi destreza, en peligro tan vario diabólicos impulsos del contrario. En esta espada fiera, que es cometa templado, duro rayo acerado, que se forjó en la fragua de mi esfera, te ciño la victoria, pues en su Cruz espero yo tu gloria: Que si Elías ha sido Sagrado fuego, Elias te da en ella su ardiente celo. Que si Elías ha sido, Ciñe la espada, pues David exclama, diciendo a tiempo, que en favor te llama contra el contrario fiero, ciñe, oh Poderosísimo! tu acero. Ya habrá quien diga ya, que en mí llegada, no vine a traer la paz, si no la espada. Para armarte, este espejo de cristal condensado, que en su claustro cerrado conciba tu hermosura en su reflejo, te da mi afecto ansioso de que a su vista salgas más airoso; porque saldrás, sin duda con mayor gala, si te miras en este: cristal sin mancha. Por que saldrás sin duda, Ya estoy armado. Ahora himnos le cante nuestra voz sonora. Viva la gala del fuerte Guerrero. Viva la gala, Del Soldado Celeste, que a nuestra Esfera baja, del Capitán terrible; y Rey de las batallas. Viva la gala, Del que su Padre envía a volver por su causa, árbitro de su duelo, y Dios de las venganzas. Viva la gala, Y aplaudan su venida en dulces consonancias, diciendo los clarines, repitiendo las cajas. , . Viva la gala, Ya, amada Esposa, por ti traje encarnado tomé, la minas de acero visto; con cuya bruñida tez, transparente está mi pecho porque puedas verte en él. En el Exodo, Varón de batalla me llamé; y para esta misma lid armado me vio Ezequiel: de tu enemigo, enemigo también te prometí ser; y pues alimento, y armas juntos te han de defender, estas de la acusación, del primer tosigo aquel, no en vano para uno, y otro, Belén, en donde me armé, Casa de Pan significa; y si habemos de atender al Sirio, en el Sirio dioma Casa de guerra es Belén. Como Hombre temo el peligro, pues al acordarme de él; un ardiente sudor frío, ya me hace helar, y ya arder, en cuya contrariedad sudar mis pasos se ven humor purgúreo, que baña de mi rostro el rosicler. Yo, para aliviarte en todo, a todo contigo iré. Pues si mi Amor me acompaña, todo es poco, vamos, pues, a morir, o a vencer; pero bien sé, que todo lo haré, pues en la sangrienta lid. he de morir, y vencer. . Del primer duelo del Mundó, cuyo terrible certamen en las memorias impreso se vincule a las edades, es el aplazado día, Y por eso el Temor sale poniendo la balla, pues es quien estorba acercarse, por mucho que se descen dos, que se tiran iguales, la balla es en Cruz. Porque, ni esta circunstancia falte, habrá Naciones en donde las usen en los combates: publiquen el duelo ahora mis Ministros, y parciales, Reyes de Armas sean del Mundo, del Mundo las cuatro partes. h, Yo que soy el Aire, Europa significo, pues el Aire en la Europa más templado, respira alientos suaves. Yo la Tierra soy, el Asia, cuyo distrito distante de los términos del Orbe, el mayor terreno abrace. Y yo el Fuego, simbolizo a la África, que es la parte que abrasa el Sol, pues le hieren rayos perpendiculares. Yo soy la América, a quien engastan opuestos Mares, inmensas Islas, que son con hermosura agradable, del blanco rostro del agua, frondosos verdes lunares. Pues cuatro partes del Mundo que hoy simbolizáis iguales cuatro Elementos, y sois Reyes de Armas de este trance, echad el pregón al Mundo, diciendo en dulces compases. s. Oíd. id Oíd. . Oíd. 4. Oíd, oíd, mortales el pregón de la lid generosa, del duelo sangriento, del nuevo, com en que a la Naturaleza (bate acusan hoy de un crimen ejecrable. Acusalá su pecado, que en la conciencia cobarde, avisos secretos pulsa, ocultos temores late. Con las armas lo defiende; y si a impugnarlo no sale, quien venza al pecado, es fuerza, que fuego eterno la abrase. Publicarlo manda el Mundo, no tan solo en los Annales, sino en los remotos climas, diciendo el clarín, y el parche. 4. Oíd, oíd, mortales. Ya que está notorio el duelo, falta ahora, que de la Cárcel saquen a los agresores, que es fuerza que estén delante; roncas sordinas precedan, en cuyos organos hacen melancólica armonía, consonancias lamentables, Ay infeliz de aquella, que por fácil, tantos bienes trocó por tantos males: lágrimas infelices, romped la blanda Cárcel, y a compasivas quejas feriad dulces piedades. Muévanse a mis acentos Montañas, Cumbres, Valles, Árboles Flores, Riscos, Ríos, Fuentes, y Mares. Y vos, Divino Esposo, pues en tan duro trance, aunque ofendido Dueño, me amparáis fino amante. Postrad mis enemigos, que airados me combaten, pues tiernas os repiten mis ansias lamentables. , . Ay infeliz de aquella, Yo, que te conduje a tantas desdichas, y adversidades, te acompañaré en las penas, porque desees constante la salud, que Dios promete, a quien en él esperare. Y yo, porque la imagines, y en sonoras voces clames. Al Trono, que en el Sol puse, mi amor a juzgar me trae el primer delito. Allí, seña los clarines hacen. Ya llega el mantenedor. Y más, que viene delante por su padrino la muerte, temblándome están las carnes, mas huesos traen, que revuelven los que deslindan linajes. Quién llega? Yo No os conozco. No hay, Mundo, de que te espantes, pues el pecado, si es propio. Qué? No le conoce nadie. Tú Tienda es esa, aquí es bien que al Aventurero aguardes. Pintado trae en su Escudo un Dragón, monstruo arrogante, que boltezando en su aliento, nubes de tosigo al aire, pretende empañar al Sol. Y un mote, ciñe su margen, que dice: Basta intentarlo. En esa divisa hace vanidad de su soberbia, y así dejadme que clame. , . Ay infeliz de aquella. No venimos a mal tiempo pues entre cláusulas graves, la numana Naturaleza me invoca con lamentarse. Aventurero ha venido, yo me llego a acobardarle. V Ahora el Temor te asiste? Efecios so naturales a que ya vivo sujeto, que el temor en cuantos nacen es natural, el valor es saber disimularle, Ya hay Aventurero: quien eres Joven, que al combate te presentas: y según las señas de armas, y traje, Samaritano pareces? El que el Mundo me lo llame, no extraño, aunque no lo soy. Quién eres, n de qué parte? Yo soy quien soy. A esa voz respira el pecho cobarde. Yo no te conozco. Así lo dirá Juan adelante. Este es mi Hijo querido, en quien mi amor se complace. Como a la sorda, sin cajas, ni clarines en que hacen salva a tu venida todas las Almenas Celestiales, llegas? Cómo aún es forzoso que a tu Reino otra vez baje. Este es Cordero de Dios. Pues dí, tú, de qué lo sabes? De qué el Aire es voz, y es fuerzo, que alguna voz le señale. Pues si es lo que tu aseguras, no solo las puertas le abre del palenque el Mundo; pero de olivas, pasmas, y sauces, frondosas alfombras teje, para que sobre ellas pase; y esta lanza, cuyo yerro brotaron los minerales del pecado, le pondré al hombro, para que marche. Qué es esto? apenas el Mundo me ha recibido triunfante, cuando en los hombros me pone este madero, que me hace arrodillar con su peso, porque el hierro penetrante es del metal del pecado . Qué es esto que veis, pesares! tú te inclinas, Señor! Sí, para que el hombre levante. Tu Esposo es este, que ha heche las tres levadas al Padre, El corazón, de contento, intrépidas alas bate. Naturaleza, este Joven, fuerte Peregrino Marte, que de la acerada pica el Madero al hombro trae, te defiende Quién será? hombre que pudo escaparse de mi registro? Veamos, Pecado, tú que armas traes. Si en el duelo de hoy, las armas, para el mústico combate, la humanidad significan, esas traigo, porque aclare, que contra el hombre, el Pecado de su humanidad se arme. Esas mismas traigo yo. Supuesto que estáis iguales, retiraos a vuestras Tiendas, cada uno en la suya aguarde bastimento para un día. En la mía depositarse puede solo el manjar de hoy. Porque las fuerzas no falten a alguno, ante todo el Pueblo un refrigerio han de darles de Pan, y Vino, supuesto, que esta es costumbre inviolable en todo público duelo. Antes mis penas me maten, Tom Pan, y Vino? fiera pena! El Pan que veis, es mi Carne. Come tú. Si haré, advirtiendo, Mundo, amigo que no extrañes, . que para venderle, llegue el Pecado a comulgarle. Estáis ya para reñir? 2. Sí. Pues sueñe el bronce al aires toca al arma, ea, Caballeros, Dios vuestra justicia ampare, Herido estás. Mi Costado hirré el hierro penetrante de su lanza, produciendo una fuente de agua, y sangre? 4. . Qué horror! Temblaron absortas del Mundo las cuatro partes. Y a expectáculo tan triste, qué dolor sorá bastante? Pues redúzcanse a la balla, antes que el duelo se acabe, los golpes de espada. Nunca verás que el valor desmaye. Muerta soy. Murió la Muerte. Y el Pecado, a los brillantes filos de esa Cruz luciente, que resplandores esparce en tu espada, queda muerto. Y yo será bien que cante la victoria por mi Esposo. Y que yo también declare. libre a la Naturaleza, pues mi hijo satisface. por ella. Mujer, ahora quién te acusa? Señor nadie. Pues si nadie te condena, no quiero yo condenarte. Como la absuelves, supuesto, que aunque en esta lid quedase. por falso el delito, tú que le ha cometido sabes? Cómo yo por Jeremias le pedí a mi Esposa fácil, que se volviese conmigo, aún después que adulterase, que uno es perdonar su culpa, y otro vengar mi desaire. Y con qué triaca quieres, que de aquel veneno sane? Ya para tu confusión, viste sombras suyas antes. En este Cordero, que Abraham que es la Fe, trae, En el Maná de la Ley. Y en este Panal suave: de la fortaleza, que es León de Juda triunfante. Y en el Béático Pan: Todo eso no fue bastante. Pues sealo el alimento, que al duelo a mi tienda traje, opara manjar de este día, donde está mi Cuerpo, y Sangre. A tan alto Sacramento rindamos culto constantes, y supla la Fe el defecto de sentidos materiales. Ya no más, no más aquí, llamas escupa; y me trague el abismo, aunque el abismo menos que mi pecho arde. . Con esto te he dicho, que antes que a aquel admirable Misterio llegues, te asistan ciega Fe, Ley inviolable, en Abraham, y Moises; la fortaleza constante, En Sansón; celo en Elías; puesto que vinieron antes, en Mana, Panal, Cordero, y Pan: y a rarificarse contigo mi matrimonio vuelve. Ventura grande! Yo seré temor de Dios. Yo, Deseo de lograrle. Yo, contemplación Sagrada de este Misterio inefable. Oh feliz culpa! Y aquí el Auto rendido atabe, diciendo en Himnos sonoros, dulce contagio del aire. , . A tan alto Sacramento rindamos culto constantes, y supla la Fe el defecto de sentidos materiales,