Texto digital de El primer blasón de Israel
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El primer blasón de Israel. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/primer-blason-de-israel-el.

EL PRIMER BLASÓN DE ISRAEL
JORNADA PRIMERA
OESGURECIDO ÉL INIS TRO del Abismo V Me miro, casi incognito a mí mismo, Que disfrazado con humanó traje, Fiero pretendo, en sedicioso ultraje, Sobre la basta tierra, Mover soberbio contra el hombre guerra, Y pues el mundo aclama, Con las perenes voces de la fama, Que es Jacob al presente El Varón más piadoso, y más prudente, Que en toda Palestina La Majestad Divina Mantiene, y aún la tierra En sus inmensos términos encierra: Aborten esas grutas infernales Venenos tristes, tosigos fatales: Sus impios Espíritus, sujetos A la alta potestad de mis decretos, Me inspiren, que aseguro tal estrago, Con el intento solo de un amago, Hacer en todo el ámbito del mundo, Que venga a ser profundo, Cuanto horroroso abismo, De todo el Orbe, todo el Orbe mismo, Venga en hora buena A su patrio nido, Rubén con su padre, acob con sus hijos; Y en dulces cadencias De acordados Ritmos, Cántenle la gala Sus progresos mismos. Y pues él viene ya hacia aquesta parte, Atento me valdré del mejor arte, Con que turbarle pueda, Puesto que exenpto a mi dominio queda: El Infierno disponga, Si quiere que a sus méritos me oponga, Que me obedezcan sus rabiosas furias, Que con eso aumentando sus injurias, Mi perfido coraje Conseguirá mis glorias con su ultraje. s, , , , Viva Jacob Del Fénix los siglos, Siendo en Canaam El norte más fijo, Que da en sus Regiones, Siempre compasivo, Libertad a Esclavos, Consuelo a Afligidos. Prendas del alma mía, Corone vuestra vista mi alegría, Pues de hojas tan fieles Mis coronas se tejen, y laureles, Y mis dichas se aumentan, La vez que a par de vuestro amor se cuentan. Ven, Rubén, a mis brazos, Y advierte cariñoso entre sus lazos, Que si padre te estimo, Astro te influyo esfuerzos que te intimo, Que a mí nunca me embargan las pasiones La libre ejecución de las razones. Tú, Dina, también llega A los paternos brazos, que no niega Mi afecto sus favores, Ni a humildes, ni a mayores; Y más siendo forzoso lo permita La suerte, que tus nupcias acredita: Ea, venid, pues, todos, Y con tierno cariño, en varios modos, Indicios publicad de vuestro gusto; Libres del peso del antiguo susto. Qué presto por mi cólera, y tu espanto Mudarás la alegría en triste llanto. Pues su nombre interpreta, Según allá el Poeta, Planta, o el que ase el pie, porque ha nació 9y Del un pie de Esaú, Jacob asido. Yo que nací, según dijo mi tía En su etimología, En pies, o piernas esta vez de versos, Que ellos me obligan a decir perversos, Por la fuerza, y verdad del consonante, Quiero yo que mi Musa archipedante Le diga etimológico un requiebro, Que al son de pies se baile de celebro, Dando unas, y otras voces En su alabanza al aire dos mil coces. Venga en hora buena A su patrio nido, El Varón, que está De Dios prevenido, Para augusta planta Del Árbol Divino, Fruto de la Gloria, Flor del Paraíso. Bien es (oh Cananeo!) qué saludes A quien émulo fue con sus virtudes Del fiero hermano suyo, Pues hallo, que es su patrio suelo el tuyo; Dejado un tiempo de su amor nativo, Por negarse pacífico al altivo Rigor con que Esab le amenazaba, Cada vez que más cuerdo reparaba El cambio desigual, ha que obligado, Su ambición fue la pena a su pecado; Y así la voz alegre, Diciendo sus virtudes le celebre, Viva del Fénix Felice los siglos, El que ser a todos Primero ha sabido, Cuando no es afrenta, Si no honor preciso, Que quien premia al justo, Castigue al precito, Publique la armonía De la sonora Fama la alegría, Que esta tierra percibe, Cuando en su ameno término recibe Al Pastor soberano, Que supo de Raquel la hermosa mano Lograr afectuoso, A costa de fatigas, que enfadoso, El espacio prolijo de siete años, En catorce cambiaron los engaños Del mentido Laván; y así dedique, A su gloria la voz, lo que publique, Diciendo misteriosa En una, y otra rima armoniosa. Venga en hora buena A su patrio nido, Entre los amantes, El que fue más fino; Pues que se exceptia Del vulgar delito, Con que la esperanza Desmaya en lo tibio. Demos en su desvelo, Con numeroso acento algún consuelo, A quien la parca ciega, Violenta usurpa, si tirana niega El objeto más bello, y peregrino, Qué pudo, al parecer, pincel divino, Con singular taréa, Pintar sobre la tabla de su idea, A Raquel nuestra madre (hay de mí!) digo, Contra quien el rigor pudo enemigo, Vibrando de la muerte los rigores, Que cambiase la luz por los horrores; Y así, decid contentos, Con dulces voces, métricos acentos? Viva del Fénix Felice los siglos, Quien se restituye Al Solar antiguo, Mejorado en todo. Con sagrado auxilio, Seguido dé siervos, Guiado de hijos. Afecto me confieso, Amados míos, al leal exceso, Con que vuestra alegría Pública acorde la fortuna mía. La obligación precisa; Padre, y Señor, tus glorias nos avisa, Pues escuchad atentos Ahora un breve rato mis acentos. Mientras yo cauteloso, A preveniros voy el riguroso Término infausto de mi infiel venganza, Pues ella tanto emprende yo mi cua Hijos, ya que mi caidado, junto con vuestra obediencia, Permite que restituya A Canaám, Patria nuestra Reliquías de mis antiguos Padres, Isaac, y Rebeca; Pues solícito omitir El referiros aquella Sediciosa enemistad, Qué concibió la resuelta, Si así llamáis, la precisa Ejecución de mi ausencia: Solo es mi intento acordaros, (Qué dolor!) como ya muerta Raquel, mi querida esposa, Hija de Laván, (qué pena!) Y vuestra madre, (hay de mí! Qué memoria tan violenta, Y cruel, pues me entristece Con lo mismo que me alegra! Reparando, que ya Dina, Pasados tres lustros, entra, cuanto alcanza. . Con más que mucha hermosura, En adulta edad, que advierta Es forzoso los peligros, A que considero expuesta Una mujer con beldad, Y sin toda aquella rienda, A que debe estar la activa juventud siempre sujeta; Pues es posible, que falte La conveniente firmeza (Si bien exceptuo a Dina) Sin el miedo a la obediencia; Y así, por ocultos medios, La he solicitado puesta En el estado en que ahora La vengo a dejar; aquesta Es la ocasión con que a todos Hos traigo a Canaam: En esa Hermosa Fábrica antigua, Que de donde estamos, cerca Se divisa, siendo tal, Que ni aún de lejos se niega, Está Nacor, absoluto Señor de toda esta tierra, Mi sobrino, y vuestro primo; Pues Esaú, cuando nuestras Disensiones separaron En bandos la parentela, Tuyo un hijo, que Raguel Llamaron, en Lengua Hebrea; De Raguel nació Zarán, Y de Zarám, Dosítea, Nacor, y lob, oh Joab, En quien solo hay una letra, Que se aumenta, o disminuye, Cuando a nombrarle se llega. Nacor, pues, en este Templo A Dina su Esposa espera, Por tenerlo así dispuesto, Y ella a mi designio atenta, Sabe su dicha, y la oculta, Aún de la noticia vuestra. Su voluntad atendí Considerado, y en ella Miro tan solo la mía; Y así, su virtud me empeña A tan importante acción, Por ver de esa suerte queda, Sanando aquellos rencores De nuestras iras primeras, Súbdita a nuestra Familia La Provincia Cananea. Tal he quedado, que ignoro, Si es ilusión de la idea . Lo que escucho, o realidad De mi fortuna severa; Pues advierto, que infeliz, Con dos pasiones adversas, Dos adversas circunstancias, Una dudosa, otra cierta, Me animan a que las dude, Me influyen a que las crea. Mas quien duda, que rendido El vigor de mis potencias, Estará al tosigo fiero De noticia tan siniestra, Si son las voces veneno, Que por el oído enferma? Señor, en vuestra elección De más mi aplauso estuviera, Cuando tiene de su parte Todo su aplauso en ser vuestra. Quejarse, si que podría, Sin profanar su modestia, Mi amor de vuestro silencio, Cuando fiando la rienda A mi suspensión, juzgase Con temerosas sospechas, O en mi impensados delitos, O en vos crecidas ofensas; Pero teniendo mi amor. En vos su disculpa cierta, Con la ley dé mi cariño, Paso a pediros licencia, Para que mi voz, y afecto, Quejas, y aplausos ofrezca A vuestra justa elección; Pues es forzoso merezca Aplausos, por lo acertada, Por lo no sabida, quejas. Dina con Nacor, qué rabia! Siquen sin Dina, qué pena! . Que no haya para un Gracioso Palabra mala, ni buena. Perdonada está, Rubén, En mi concepto tu queja, Pues si tu amor la disculpa, También mi atención la aprueba, Qué dices, Dina? Que a solo No disgustaros atenta, o Resuelvo siempre obligar Vuestro amor con mi obediencia; Pues fuera vana locura, Que despreciase indiscreta, Lo que todo vuestro afecto, Tan en mi aumento prospera. Pues que todos aprobáis Mi disposición, bien fuera Fuesemos al Templo, donde Todo el Pueblo nos espera. Vamos, pues, todos contentos, Repitiendo la voz vuestra, En alegre epitalamio, Con las repetidas fiestas. Venga en hora buena A su patrio nido, Rubén con su padre, Jacob con sus hijos; Y en dulces cadencias, De acordados Ritmos, Cantenle la gala Sus progresos mismos. Pues al pesar tan rendida, Celos, se mira mi suerte, Dadme de una vez la muerte, Ya que me quitáis la vida. Si tiene, Señor, cabida, Dime, con tanto rigor, Quién es quien trata tu amor? No cabe, que mi desvelo Su origen tiene en el Cielo. Pues cuéntame tu dolor. Es mi pasión (ay de mí! Tan perspicaz, y callada, Que no sé yo de ella nada; Y ella si todo de mí: Por no explicarse, ella en sa La respiración sepulta, Y aún mi lengua dificulta, Si es que es amor mi pasión, Que hay cosas, que el corazón Aún dé la voz las oculta. Pones duda en mi secreto? Esto me dicta la pena, Que a eterno mal me condena; Tú no fías en efecto De mi silencio El sujeto Importa, que esté callado. A fé de pícaro honrrado, Te prometo no decirlo; Y si lo digo, a mal chirlo Quiero verme deslenguado. Pues sabe, que a Dina adoro, Acabáramos con Dios. El secreto entre los dos, Ah de estar siempre. A más Moro, Mas ganancia. ̱. Esto al decoro De Dina importa. Pues fue Esa tu afición, por qué A Jacob no se la hurtaste, Y con ella te endinaste, Porque tan fino la amé, Que de puro enamorado, Temí decirla mi amor, Que aunque amor quita temor, A muchos temor ha dado: Dígalo yo desconfiado, Que en declararme temí Mi desengaño; y así, Temí perder sus favores, Y en esto, no a sus rigores Temí tanto, como a mí. Sabes lo que digo? Qué? Que yo estoy borracho, o ciego, Oh tu amor es Palaciego. Qué simplicidad! Por qué? Porque tu cariño fue Cariño de cumplimiento, Pluguiera al Amor. Qué, miento? Son tus errores extraños. Pues no siendo así, en dos años Bien cupo un atrevimiento. Al paso que los ardores Me influtan de mi amor, Mis celos, mi Me acobardaba el honor De sus honestos rigores: Y así, siempre en mis temores, Premeditando mi ruina, Guardé a la beldad de Dina Una fe tan cortesana. Que la quise como a humana; Y temí como a divina. Al fin, Señor, tu pareces Amante del tiempo antiguo; Y aún por eso te averiguo El que de Amante pereces. En eso, Isacar, padeces La enfermedad de vulgar. Acaba de declarar Lo que pretendes hacer, Si viniéndola a perder, Has de dejarla de amar? cariño, y su beldad, y son ardor, me mi valor, M Son lazos, son antorcha Que teme, adora, y sigue Con pena, con fineza, y con lealtad. Contra mi afecto, furia es su Deidad; Contra mis celos, tosigo es mi amor; Contra mis ojos, rayo es su explendor: Toda en mí la ficción es realidad. Huyo del lazo, y doy en mi querer; La luz apago, y cesa mi vivir; El fuego extingo, y llegome a perder; Si me mato, la pierdo con morir; Y si vivo, es preciso pretender, Dando a mi amor pesares que sentir. Para eso decir pudiste, Sin discurso tan prolijo, No sé, Isacar, lo que me haga. que sentir. Aquí los intentos míos La ejecución me prometen Del ardid que solicito; Pues disfrazado en la forma De Armén, su Maestro antiguo, Que ya, a pesar de sus Ciencias, En mis Reinos deposito: Podré, a favor de las Majias Artes, que supo entendido, Con engañar a Siquen, Fácilitar mis designios. Tiemble el Mundo a mi poder, Y en lamentables suspiros Sepa Jacob, que el Infierno Turbar su dicha ha podido. Qué dices? Escucha atento, Que parece que ese altivo Instrumento se traslada Al pecho, desde el oído. Eso sueña bien? Atiende. Ah Isacar, y qué conflicto. Haga el Ejército alto, Que ya Siquen el Invicto, A quien los Cielos nos dan Por generoso Caudillo, Se descubre desde aquí. Cielos, qué escuchó! Divino Baco, socorre a los tuyos. Señor, a tus pies rendido Me tienes siempre. Este es Baco Sin duda; pues este vino Luego, que a Baco llame, Tú no eres Armén? qué miro! Soy tu siervo. Alza a mis brazos. Señor, por lugar indigno A mi humildad, le repugno. Tuyo soy siempre. O! Amigos Son, según dicen las señas. Grande fortuna he tenido En hallarte. Pues qué es esto? Llegad piadosos vecinos De Salem, que ya los Dioses Os dieron vuestro Caudillo. Viva Siquen, Siquen viva. Cuéntame, Armén, los motivos De esta novedad. Recibe Las insignias de tu antiguo Padre, en señal del Imperio, Qué has heredado, y venimos A entregarte. De Pastor Sube a Príncipe No admito Esas insiguias, sin que Me digas primero:: Dicho Está, que muerto tu padre, A buscar vienen asilo En tu valor, y tu ingenio, Sus Vasallos. Imagino, Que es ilusión cuanto veo. Señor, lo que yo te digo, Es, que emprincipemos todos Con un principal principio, Y venga lo que viviere. Qué resuelves Determino No aceptarte la Corona. En qué te fundas? El mismo Que me ofrece esa Diadema, No es el que prestando oídos A la Estatua de Baalín, Me despojó ejecutivo Del Principado? Así es. Pues si entonces un castigo Hizo riguroso en mí, Sin más culpa, mas delito, Que su presunción; por qué No he de creer, que lo que hizo Sin causa, lo hará mejor Cuando la tenga Ahora digo, Qué es este Príncipe un bruto. La humildad con que rendidos Te ofrecen el Cetro, indica Que todos, arrepentidos De su error:: Cesa ya, cesa, Que Cetro, y Corona, hechizo Es, que en vaso de oro mata, Con el renombre fingido De antidoto. Esto es locura. Dejadme todos. Seguidlo, Que él está loco, y se irá Sin la Corona. Un prodigio Pretendo yo, que es remedio: Y es su nombre, de vestiglo. Espera, Siquen, aguarda, No ignoro yo tus designios; Pues sabes, que las Estrellas, Y los Planetas::: No admito Tus sofísticas razones. Todo el Infierno en mi auxilio Convozo. No hay más Estrella, Que la que yo adoro, y sigo, Mira, que Dina::: Qué dices de Dina Que sus esquivos Rigores, tú, por ti solo No los venceras. Qué he oído! Luego tú a Dina conoces? Se que la adoras rendido, Y que en seguimiento suyo::: Dime, Armén, quién te lo dijo? Qué preguntas? Cuando sabes, Qué árbitro de Astros, y Signos, Gobierno sus influencias, Con premisas de divino? Ese es mi dolor. Pretendes Sanar Fuera desvarío Pretender remedio. Yo Le prometo. Yo le admito. Pues permíteme, que ahora Te deje, Señor, vestido De la Púrpura, y verás Efectuados tus designios. Sola esa causa podría Sujetar mi cuello altivo A la penosa coyunda De el Imperio, Conseguidos Tengo mis intentos: Esta Es la Púrpura. Qué lindo Color; enjamás le vi Gabán, a Siquen, tan limpio, Esta es la Corona. Solo La cabeza es su debido Lugar. Por cierto está bueno Con el guírrete amarillo, Y este es el Cetro. El asombro Será de Cielos, y Abismos. No es nada, que grueso que es El bueno del garrotillo. Todo el Ejército diga, En señal de regocijo. Viva Siquen, Siquen viva, Viva nuestro gran Caudillo. Oh que bien sueñan los ecos De esas voces al oído, Voz a mi aplauso gloriosa, Eco al rencor vengativo. Pues Capitán soy de todo Ese Pueblo, que al adbitrio De mis órdenes se rige, Llegue pronto a ese vecino Templo, donde está Jacob Con Dina, y Nacor, indigno Esposo de la hermosura, Que adoro, venero, y sigo. Qué intentas? que aunque a tu vista Me tienes, desde aquí miro Cuanto en la mansión sucede De aquel Templo. Determino Ejecutar el más arduo Empeño; que se haya visto, Ya te entiendo; mas no es tiempo, Y así, puedes dar principio A los diversos acasos De tu fortuna, Me fío De lo que me dices? Cierto Puedes estar. Qué prodigió Es emprinciparse un hombre, Sin más, ni más. Encubrirlos De ti no pretendo. Di. Ya está lo hecho, va lo dicho, Esta dilación es fuerza, Para el fin de mis designios. . Después, generoso Armén, Que ha preceptos repetidos, (Noticiándome los Doctos, Cuanto importantes avisos De aquellas ciencias, que debé Saber un Príncipe, digno De tal nombre, a quien le espera Todo el peso de un Dominio.) Después, digo, que en las Ciencias, Que en las tuyas participo, Me apropiaste un nuevo ser, Con que me hiciste distinto De los brutos, retocando El entendimiento mío, Con el pincel de tu ingenio, En la tabla de mi juicio. No ignoras, que siempre ansioso De glorias, procuré altivo Dar indicios de mi esfuerzo, Dar de mis ciencias indicios, Con ofrecerme resuelto A la Palestra, y al Circo, Obstentando en este, airoso Las gallardías del brío; Y en aquella, las ventajas De tu estudio, con el mío. Ya lo sé. Y yo no sé nada. Y también sé, como quiso, Pacificando su Reino Hemor tu padre, el alivio Dar de la paz a los suyos, Reduciendo a ocio tranquilo Sus belicosos Vasallos, A imitación de aquel siglo, Que en sosegadas, quietudes, Todo era paz, y cariño, Todo unión, nada discordia, Nada guerra, ni litigio. Eso sabes, y no ignoras, Que yo entonces divertido, Sin que afición amorosa Me rindiese a su dominio, Vivia, cuando (hay de mí!) ( El alma tiembla al decirlo) Queriendo mi padre un día, Con solemnes sacrificios, Obligando al Dios Baalín, (Triste horror, raro prodigio! Saber su Imperio, hasta cuando Permanecería fijo, Le respondió (fiero asombro! El Ídolo agradecido, Con satídicos acentos: Hasta que Siquen tu hijo, De tu Púrpura, y tu Cetro Sca posehedor impío, Que entonces, la pesadumbre Inmensa del Edificio Tembló: moviose la tierra; Y sus más robustos riscos, Al parecer encontrados, Lidiaron consigo mismos. Que el Viento afirmó turbado Aquel presago delirio, Y que contra mí, hasta el Cielo Se mostró entonces esquivo; Pues negando turbulento A mis voces el oído, Escondió el rostro a mis ruegos, Entre sombras de Zafiro. Que el vulgo, ya acreditando Los ecos del vaticinio, Solo, atendió sedicioso A prenderme; y yo remiso, Ni mi disculpa pretendo, Ni su quietud solicito; Por qué quien será bastante A domeñar los altivos Cuellos de la multitud De un vulgo descomedido. Que precisado mi padre De aquel popular bullicio, Firmo la cruel sentencia De mi muerte: Quién ha visto, Qué presagios de una Estatua, Sean de un hombre delitos! Y que su amor, suavizando Lo que dispensó el permiso, La sentencia, determina, Que el justiciero cuchillo No se atreva a mi garganta, Y que tan solo al arvitrio, Fiado de mi fortuna; Se me modere el castigo, Siéndome breve defensa Contra el monstruo cristalino, De Jarcias, Velas, y Entenas Un Batel desprevenido. Ya sé que la plebe, haciendo Realidad del vaticinio; Cruel te expuso a las iras De ese profundo dominio De Tetis: A tanto llega Un error introducido. Y que después, satisfecha De su arrojo ejecutivo, Triste lloraba tu muerte; Que nadie con su enemigo Es tan cruel, y tirano, Que ha vista de su peligro, No le merezca el estrago Piedades de enternecido. Pues atento escucha ahora Lo que ignoras. A principio De Relación me va oliendo: Hombre, Dios te dé buen tino. Después, que al instable imperio De esos páramos de vidro Me condujeron las iras De la plebe, o mi destino, En una Concha de Abeto, Sin más Remo, que mi brío, Mas Timón, que mis alientos, Mas Vela, que mis suspiros, Ni más blanda compañía, Que el horror de mis peligros: Surcaba la azul espuma Del inconstante distrito, Temiendo en cada vaivén Las impiedades de un Risco, Que encontrando con la Quilla De mi mal breado Pino. Fuese instrumento a mi ruina, Causa de mi precipicio. En vaño será contarte Los discursos, que indecisos, Entre mi muerte, y mi vida, Solicitaban mi alivio: Y paso a decirte, como, No contentos los Divinos Dioses de mi riesgo, forjan En la fragua de su vivo Rencor (tiemblo al acordarme) Con riguroso artificio, Que perturbados los Vientos, A tormentosos bramidos Combatan por todas partes Él ya arruinado edificio, Que elevándose a las nubes, Triúnfaba de los abismos, E introduciéndose al centro, Olvidaba los Zafiros. Tan aprisa el Septentrión, Como el Oriente, previno A mi aborrecido aliento, Mil sepulcros cristalinos. Tan aprisa el Mediodia, Como el Occidente esquivo, Monumento a mis reliquias Construía enfurecido, Y al fin, en caso tan arduo, Te confieso, Armén, amigo, Qué tuve miedo:: Esto baste, Para que sin más prolijo Discurso, te signifique Los horrores, que previno Para turbar mi valor Todo el cerúleo recinto. Dos veces el Sol había En otros Mares, distintos De los que yo navegaba, Cuna, y sepulcro tenido, Porque allí morir no pudo, No habiendo en ellos nacido: Cuando por fin de mis males, Permitieron los Divinos Dioses, que llegase a tierra; Porque después de haber sido Blanco a las Aguas, y al Viento, (Apenas puedo decirlo) Lo fuese también al Fuego, Y la Tierra: Quién ha visto Tantos evidentes riesgos; Por un temor mal nacido? Dio mi Nave en un escollo, Y despedazada vino A lograr lo que no pudo Entera: salté al amigo Suelo, y empecé al instante A informarme de mí mismo; Si alentaba, o no alentaba, Porque dudoso, entre vivo, Y entre muerto, no sabía Cual sería lo más fijo; Pues mortal me acreditaba Todo el desaliento mío, Y vivo me persuadían Los riesgos de aquel peligro. Fatigando pues el Monte, A que me arrojo el destiño, Llegué a un bosque, tan confuso Por los elevados pinos De su aspereza, tan ciego Por los no holados distritos De su confusión; que mal, Ni la vista, ni el oído, Torpes, y ciegos, pudieron Determinar indecisos, Si aquella verde espesura, Con sus toscos Obeliscos, Era páramo en lo mudo, O peñasco en lo remiso, Confuso, y dudoso estaba En lo más denso del sitio, Cuando no lejos de mí Siento espantosos rugidos De un veloz bruto, que sigue Bella una Deidad: prolijo Sería, Armén, el pintarte Su hermosura, cuando es fijo, Que corridos los pinceles De no poder con su brío Delinear sus perfecciones, Nunca más diestros los miro, Que cuando al mirarla absortos, Confiesan que están corridos: Solo diré, que juzgando Aquel empeño por mío, Me, vi desairado ocioso, Tan a vista del peligro, Y así me puse entre él, y ella; Sin mostrar otro motivo A mi piedad, que el juzgar, Qué iguales lances, delito Es a un noble el atenderlos, Cuando no es para asistirlos, Interpuesto entre los dos, Vuelvo a decir, desafío Al rugiente bruto, y él; Teniendo en poco mi brío, Empeñándose de nuevo En su obstinación, me quiso Dejar, por seguir la Dama; Mas yo entonces ofendido, Vine a quedar de empeñado, Y arrojándome a los filos, Que en garra, y boca afilaba, Con él la brazo partido Lidié, teniendo por cierto, Que en empeños tan activos, Para conseguir las dichas, Vale el despecho, no el brío, Siendo de un puñal despojo, Dio, en fin; tiempo el forajido Escandaloso pirata Del monte, a que lleguen pios Cuantos en busca venían De Dina, que es el prodigio A quien apenas miré, Me advertí, Armén, tan rendido, Que si en el Mar, Agua, y Viento Me sirvieron de enemigos, Ya en la tierra, en los ardores De su beldad, el oficio De enemigos más violentos, Vi en mi pecho introducido. Fiado en este suceso, Quién duda, que pues herido Me hallaba de amor, daría Libertad a los delirios De la pretensión, mudando El respeto de servicios, Inculpadamente osado En libertad de cariños; Pero yo, que temeroso Atendí siempre al divino Sujeto de mi afición, Procuré darla motivos, Para que amante me viese, Y me ignorase atrevido: Cautelas con que el Amor Fácilita sus designios. Depuse luego las Reales Insignias, y desmentido De estas pobres antiparas, Dos años ha que la sirvo, Sin atreverme a decirla Mi pasión; y así, me han sido Imposibles sus favores: Hh temores mal nacidos, Qué morís de silenciosos, Por no vivir de expresivos! En este estado tenía Mi ignorado amor esquivo, Cuando Jacob disponiendo Este viaje, la ha traído A Canaam, para darla Esposo a ella, martirio A mi pecho, que sentir A mi corazón, motivos A mi perdición; y en fin, A mi amoroso delirio Estas penas con que muero, Y este dolor con que vivo. Briosamente lo ha hecho, Garbosamente lo ha dicho. Ya sabes, Siquen, que nunca Me he negado a tu servicio, Y mucho menos en casos En que logramos unidos, Tú, tus lucimientos; yo También lucimientos míos: Y así, conviene que luego Nos lleguemos vengativos Al Templo, dónde Jaco! Con su hija, y tu enemigo, Celebrando está las bodas A la usanza de sus Ritos. Pues llegue la gente toda Del Templo al capaz recinto. Eso no, llega tú solo, Que yo con las nuestras sigo Tus pisadas. Malo va esto: Poco dura este principio. Cómo puedo prometerme La ejecución: Yo te asisto Desde aquí; y así, no temas. No temo::: Pero tirito. Si no el perder la ocasión, Cuando imposibles admiro, Que la dificultan, Miedo Es cuanto tiene, Contigo Voy todo yo, Pues en eso Ten por cierto que me fío, Vamos ya. Rige mi brazo, Amor, pues que vas conmigo. Viva Siquen, Siquen viva: Viva nuestro Gran Caudillo. Funesta fantasía. Imagen triste de la muerte fría, Detente, aguarda, espera; Si eres fantasma, no ejecutes fiera: Detén, suspende el ceño, Y si eres fiera, no parezcas sueño, Qué dolor, qué tormento, Informa el triste aliento La bien acreditada Ilusión de una muerte mal soñada! Huye, huye sombra triste, Deledolor, a que en vano se resiste El pecho, pues:: 1. Qué tienes, loab, Señor, que yo a tus voces; Vienes En ocasión, Natán, que serás parte De mi susto, al contarte, Como apenas dejamos A mi hermano Nacor en ese augusto Templo del Cananeo, Tomando de Himeneo, Con el aplauso justo, La apacible coyunda, y apartamos Toda la gente nuestra a los retiros De este Bosque, (otra vez ya los suspiros, Alí sospechar mi agravio, Cobardes niegan el acento al labio) Cuando al suelo ofrecido, El sueño era lisonja a mi sentido, ( Hay Cielos!) me parece, Que Nacor a la vista se me ofrece, Siendo infeliz trofeo De las iras de un falso Cananeo, Y que conreco airado; El rostro ensangrentado, Vertiendo de una herida Alientos muchos, solo en una vida. Casi muerto, decías Mi venganza, Joab, de ti se fía Hermano; mío, advierte, Que no siento; mi muerte, Pues el dolor, se emplea Todo en pensar, que dejo a Dosités Nuestra hermana; y que al fin la voz termina Al decir, y también mi Esposa Dina. 1. Cobra, Señor, aliento, Pues fue fantasma, que Pues Seguid todos a Siquen, Qué infielmente temerario, Dando la muerte a Nazor; La bella Dina ha robado. En mi mal, qué aprisa un sueño, Cielos, se ve acreditado. Cobardes, todos sois espozos. Para vencerme. Los Diablos Vayan contigo. Siquen, No temas, que yo te amparo. Rara confusión admira Mi rencor, cuando reparo; le deshizo el viento, Que el numeroso tumulto Acá se viene acercando. Iré a prevenir mi gente, Para que vea el villano, Que si a sus manos Nacór Murió, él morirá a mis manos. Armén, tu socorro invoco. Seguidle aprisa. Es en vano, Que hos empeñéis en su alcance, Cuando me veis a su lado. Púrpura, Cetro, y Corona Perdí, (oh qué triste presagio!) Porque si en estas insignias Se cifra el Imperio: claro Está, que quien estas pierde, Pierde infeliz un Reinado: Pero qué importa que pierda Mil Mundos, si un Cielo gano. Un promontorio de riscos, Mal asidos de un peñasco, Si a la vista nos le niega, Torpe nos suspende el paso. Ya libres de mi enemigo, De Armén nos tiene el encanto. Hay infelice de mí! Alienta, Señora, en tanto Que llega Armén. Imposible Es el llegar. Hagan alto, Que solo yo llegaré. Pero qué nuevo aparato De armada hueste a los ojos Se me ofrece: Sobresaltos A sobresaltos se alcanzan. El agresor de mi agravio Es este: prendedle luego. O no sabéis, que este brazo Es escándalo en la Tierra, Es en las Esferas rayo, O no sabéis, que Siquen Es con quien habláis. En vano Pretendéis con vuestro brío, De todo un Campo libraros. Quien un Campo venció ya, También vencerá otro Campo, Y si no, ya lo veréis. Hay de mí triste! Qué extraño Rigor de influjo enemigo Permite, que en lance tanto, Corra un horror por mis venas, Ocupe el pecho un letargo, Un terror el corazón, Y un impedimento el brazo? Cielos, qué miro? Qué asombro! Ah vil Armén, ha villano, Qué fácilitas mis dichas, Para aumentar mis agravios. Ea, prendedle, llevadle Vuestro soy, no trato De defenderme, ha vil suerte! Ah vil fortuna! Ah vil hado! Señora, vos::: Qué decís? Llevadle aprisa. Ah tirano Imperio de Amor! Ah infames Celos! El alma me abraso. Vos, Señora, estad segura De que llegando a mis manos, Podeis feliz prometeros, Si no la dicha, el resguardo. Perdidos, hay de mí triste! Esposo, Padre, y Hermano, Nunca podré consolarme. Qué donaire tan bizarro! Hermano, Padre, y Esposo Espero tendréis, En vano Consoláis una evidencia Con un imposible, Vamos Aparte donde podáis Ofrecer algún reparo A las pasadas fatigas. No espero consuelo, en tanto, Que de mi Hermano, y mi Padre Esté ausente. Ya es del Campo El despedirnos forzoso, Que así importa, porque en salvo, Con el decoro posible, Si no debido, hos pongamos. Penas, deshaced mis ojos A impulsos de vuestro llanto. Mujer, qué tienes contigo, Que el corazón me has robado, Y me olvidas de una pena, Con la ley de tu agasajo. Seguidme todos, que intento Contra Siquen, y su encanto, Derramando su vil sangre, Lavar con ella mi agravio. Todos, Señor, te seguimos. Todos a tu lado estamos. Y yo en tu auxilio, Rubén, En venganza de mi hermano, Después de empeñar mi vida, Desempeñaré tu brazo: Mas qué muchó, si ya creo, Que en tu valor, inflamado Mi pecho, corren a cuenta De mi amor tus sobresaltos. Tente Rubén, y no des Tanta rienda, lugar tanto A tu furia, a tu venganza; Pues ciegamente obstinado Con la pasión de ese enojo, De ese ardor, degenerando De tu ser, pasas a ser Bruto irracional, cebado En ese error, que pretende La venganza de tu agravio. Qué es esto, Rubén, qué es esto? Tu descompuesto, alterado, Sin hacer caso a mis leyes, Sin hacer de mi voz caso? Qué solicitas, qué intentas? Ejecutar un estrago, Con que toda Canaam Tiemble de Rubén, pues hallo, Que el que a su enemigo omite Injurias de honor: acaso Oscureciendo su fama, Viene a dar en temerario Contra sí mismo; y así, Seguidme todos, que el Campo Es la talla del honor, Es de la nobleza el blanco, O que a pesar de mis ojos . De esta hermosura me aparto! Guía, que ya te seguimos, Pues Caudillo te aclamamos. Mira, Rubén; por tu vida, Pues en ella mi descanso, O mi inquietud se fabrican Su principio. Triste caso: Espera, aguarda, detente, Suspende Rubén el paso: Mas quién podrá detenerle, Si lleva por pies su agravio? Infeliz hado es el mío, Suerte infeliz, pues al paso Que solícito mis bienes, Solo encuentro con mis daños, Pero mal dije; pues que En lo caduco del mundo Mis felicidades fundo, Falso error del eco fue: Y así tan solo diré, Con más cierto parecer:: Las dichas se han de tener En quien nos pudo criar; Y así, se deben buscar En el eterno poder. Gloria, Señor, repetida Te sea en mis ecos dada, Pues con tu voz, consolada Dejas mi penosa vida: Alma, está siempre afligida Para oír estos consuelos, Pues buén lugar tus desve- En la mente de Dios tienen, Cuando a consolarte vienen Los Cielos, desde los Cielos. Sea con eterno canto Ya tu piedad celebrada, Pues sin merecer yo nada; Te merezco, Señor, tanto: Cese ya, cese mi llanto Al oír, y al escuchar. Pues qué baja a examina Mi espíritu tu valor, Mira si es fuerza de amor El lidiar, y consolar. , y Y así en esta lid advierte, Que te ofrece mi venida, Trabajos para la vida, Descansos para la muerte. (los Feliz mil veces mi suerte, Pues tales dichas admiro Aunque en mi último suspiro. Llega, Jacob, a la lucha. Ya obedezco, pero es mucha La pretensión a que áspiro. Llegad, llegad, Y en travada contienda, Unid con la lucha, En místicos lazos, Con voces mudas, La Esencia más humilde Con la más augusta. 1. Atended nobles Ángeles, Qué vestidos del celestial candor, En los altos Alcázares De ese Solio de Astros servís a vuestro Dios. En vano tu robustez Hoy a mi fuerza se opone. No hay fuerzas que yo perdone, No te admiré mi altivez. 2. Por entre el negro parpado De la noche, y su espantoso horror, Mirad que está el antartico Falto del triforme bello resplan- Casi ya desfallecida (dor Mi fuerza, el pulso me niega. Casi entre tus brazos llega A desfallecer la vida. 1. Y veréis en el racito Negro imperio de su oscura am- vición justando un alto Espíritu, Qué dice: Valeroso eres Jacob. De cuando acá, Cielo Santo, Titubeó mi valor! Al contemplar de su ardor La continuación, me espanto. 2. Mira en ese espectáculo Del Hombre del gran Dios de Sabaoth. Que ya en la lucha timido, Dice: Ya va faltándome el valor. Quién creyera Santos Cielos Tal subsistencia en un hombre. Fuerza es que el tesón me asombre, Que me da tantos desvelos. 1. En el largo parentesís De la ausencia continuada del Sol, Los dos Atletas celebres Prosiguen su contienda sin rencor, Pero ya al último extremo Se precipita mi brío. Pero ya el aliento mío, Que falte no en vano temo. 2. Y ya al impulso belico De tan larga violenta dilación, En dos acentos débiles, Cansada dice la una, y otra voz. Ya basta Jacob, ya, cesa La prueba de tu valor. No te ha de dejar mi amor Sin saber tu nombre. Esa Es pretensión imposible: El tuyo será Isrraél, Qué es hombre fuerte, y adiós. No te has de ir, hasta saber Yo tu nombre. El mío es grande. Aguarda, espera, detén; Pero en vano es el llamarle, Pues le perdí, y al cruel Golpe, entumecida siento Aquesta parte con el Dolor de una herida, siendo Con rigurosa altivez, Su lesión impedimento Para moverme. A Bethel Guiad todos. Pelead todos Hasta morir, o vencer. Viva Joab, arma, guerra Al arma, y viva Rubén. Amparo, padre, socorro. Padre, amparad, socorred ADina. Dame tu auxilio En esta ocasión, Armén. Arma, guerra. , . Padre, adiós. Qué confusión tan cruel! Allí a Rubén animandó Oigo a los suyos; Josepha Aquí implora mi socorro; Allí la voz de Siquen Oigo, y aquí la de Dina; Quien pudiera socorrer A todos tan igualmente, Que venciera sin vencer. A disuadirlos, no obstante, De su pretensión iré, Señor, si esto me conviene, Penas sobre mi lloved. Al arma, y viva Joab. Arma, y vivan los de Armen,
JORNADA SEGUNDA
No los disgustos te venzan, Temporal es la fortuna, Si el Sol muere muchas veces, También resucita muchas, Dices bien; pero hay de quiento Tiene la fortuna tal, Que le nace el mayor mal, Como a mí, del mayor bien. Dejadme sola, que quiero, Dando licencia a mis ojos, Que sean tristes despojos, De mí mismo mal severo; Pues nunca serán bastantes A mi norar mis cuidados Esos músicos trinados, Con que quiere los instantes, Que en su poder me tuviere, Divertirme Joab; creyendo, Que en el armonioso estruendo, Que vuestra voz compusiere, Hallarán algún consuelo, Mis desdichas, y mis males: Mas hay de mí, que son tales Las leyes de mi desvelo, Que cuando busco remedio Para poder resistirlas, Hallo que solo el sufrirlas, Es de sufrirlas el medio. Y pues este el medio, al fin, Es de vencer la fortuna; Idos todas, y ninguna Se queda en este jardín, Puesto que sola, yo quiero Quedar este rato en él, Dando al Jazmín, y al Clavel Cuenta de mi mal severo, Mientras que la noche fría, Qué oscura la luz me niega, La verde campaña, riega, Con el arrebol del día. Allí está Dina, Siquen, Sola la ves. q. Qué me quieres, Fortuna, si te prefieres A ti misma? Su desdén Me empieza ya a acobardar. Y pues te llegas a ver Libre del riesgo, en que ayer Te puso el infausto azar, Que mi ciencia no previno, Y burlado ya el rigor De tu prisión, mi favor Le tiene, sigue al destino. El silencio de las sombras Nos sirve aquí de tercero. Divina te considero, Bella Dina; y pues me asombras Cuando te voy a mirar, Algún prodigio se encierra En tu hermosura. La tierra Apenas oso tocar, Qué bien dicen, que un dolor, Cuando se puede explicar, No es dolor; pues al contar Su calidad, el rigor Sellega a disminuir. Astucias; vuestro poder Me valga. Si esto ha de ser, Vamos de amor a morir, Oh a vivir de amor. El fin Bien de mi intento se ordena, Vamos, pues; pero en la amena Estación de este jardín Hay gente. Pues no pasemos, Que se arriesga en conocerme Él perderos, y el perderme. Bien decís. Ira, alentemos De Siquen la perdición. Qué dices, Armén? Decía, (Aquí ardides) que sería, A mi parecer, razón, Que retirado estuviese Entre aquellas murtas yo, Para qué? Para que no:: Acaba, dilo. Pusiese, Al querer condescender Con tu pretensión, reparo En mí, que siempre en tu amparo Estaré. Por no poner A riesgo de malograrla, La ocasión, que nos ofrecé Mi fortuna, si hos parece: Aunque con temor, a hablarla Llegaré: Amor, de tu amparo Me valgo en esta ocasión. Qué tirana eres pasión, Pues que no admites reparo! Oculto podéis quedar En este sitio; advirtiendo, Que quien la Cárcel rompiendo Hos supo de ella sacar, Quitándole a Joab mi hermano La llave de la prisión, Porque en tan heroica acción, Mi amor tuviese la mano, Sabra también a sácaros Volver, de donde quedáis. Inútilmente me dais Esa palabra, (si claros Los indicios del favor, Que hos he merecido ahora, Hos aseguran Señora) A más de darme mi amor Tan segura confianza De vuestra palabra, que Como en prisión estaré, Pues que por tu ciencia alcanza Su logro mi voluntad, Ya te obedezco. Llorando, Matadme penas. Pues cuando Vos me dais la libertad, Me dejáis en más prisión. Habláis, Rubén, de cortés. Hablo de rendido, que es También Cárcel la afición; Si bien con la diferencia, Que aunque ambas lo son, es calma; La una de toda el alma; La otra de una potencia. Llega pues, que yo me quedo, A obedecerte, Amor, voy. Aquí retirado estoy, Por si algo sucede. El miedo, O el respeto, no me deja Llegar. Pues yo volveré Luego por vos. . Estaré Esperándoos. q. Aconseja, Amor, mis voces. Aunque Con mi riesgo, he de intentar Ver esta Dama. Hay pesar! Si lo consientes, diré::: Pero (hay de mí!) quien osado Hh llegado hasta este sitio, Sin mi licencia: Quién pudo Ser, bella Dina::: Qué miro! No es este Siquen? hay Cielos! Si no es Siquen, a quien hizo: Esta es la voz de Siquen. Su amante ardor atrevido: Él es Siquen, y ella Dina; Venganza, Cielos Divinos, Su atrevimiento infelice, Su infelicidad, rendido Dos veces; si bien la una Lo fue gustoso al dominio De vuestra hermosura; y la otra, Violentado a su destino. Cielos, qué podré decirle? Ah villano! Con aviso De que aquí Dina ha quedado Sola, vengo, con motivo De asistirla como huésped, A obligarla como, fino. Quiero escuchar, hasta ver A lo que llega el activo Fuego, de sus osadías. Hacia esta parte diviso Gente. No me respondéis? Llego más, que no distingo Si es ella, o no. La respuesta Qué pretendéis, determino Negárosla, y preguntaros:: Mas Cielos, qué es lo que miro! Dina es, y está con un hombre. Qué razón, o qué motivo, Hos obligó a ejecutar Osadamente, conmigo, El enorme desacato: Oculto aquí solicito Ver que hombre es este. Pendiente Mi vida está de mi oído. De vuestra resolución Si no ignoráis, que rendido Hos adore sino amante Dos años, por persuadiros, Que de vulgar se exceptia En lo constante el cariño: Qué hos admira, que arrojado, De mi pasión impelido, Solicitase el remedio Del más infame martirio, Del rosigo más mortal, Del veneno más impio, De la muerte más tirana, Y del dolor más esquivo, Que en discurriros ajena, Me dio el pensamiento mío? Cada vez qué considero Aquel traidor, fementido, Cruel, infame, tirano, Vil mnodo de aquel estilo, Que para arrancarme usasteis; Con trato infiel, y enemigo, De los brazos de mi Esposo, Mas me apasiono de oíros, Mas me ofendo de atenderos, Y más de hablaros me irrito. Qué diverso, bella Dina, Es el vuestro, y mi cariño, Pues a vos de oírme hos pesa, Y a mí me alegra el oíros, Con haber la diferencia En lo que decís, y digo, (tro, Que hay de ser desprecio el vues- A ser todo amor el mío. Cielos, qué escucho? este, amante Es de Dina. Si el oído No me miente, desdeñosa Desprecia a Siquen. Ya he dicho, Que en vano será cansaros, Porque de mí, ni el gemido, Ni el amor, ni la violencia, Logrará más; y confirmo Esta verdad con dejaros, Porque veáis, que el esquivo Natural que me acompaña, No se rinde al albedrío, No se vence a la lisonja, Ni se sujeta a sí mismo, Honor mío. Amor. 2. Albricias. Miradme pues, que rendido A vuestras plantas humilde, Señora, el perdón os pido, Que aplaque vuestros rigores, Minorando mi castigo Con franquearme una mano, En cuyo cándido asilo. Buscando vuestras piedades, Halle absuelto mi delito. Soltad la mano, Siquen. Siquén es este, qué he oído? Y atrevidamente osado, No deis lugar al delirio De vuestro amor. Es forzoso Obedecerle; pues rindo La plebe de mis pasiones A la ley de su dominio. Ya no cabe el sufrimiento. Que Dosítea haya sido Causa de que vea yo Mi agravio, cuando es preciso Al verme sin armas, dar Mis afrentas al oído, Y no su vida al acero! Dejadme, y no inadvertido Me obliguéis a que dé voces. Nadie nos oye. Conmigo Está mi honor. Y mi fuerza Contra tu honor. 2. Y mi brío Contra tu fuerza. Que veo Dos hombres al paso altivos Se ofrecen, dificultando La ejecución de mi alivio. Mas quién pudo cauteloso, Ocultarse en este sitio, Y salir a la defensa De Dina, tan ofendido? Quién debe guardar su honor Tanto, como el suyo mismo. Qué es esto, que me sucede? Pues quién sois: Quién vengativo Dará la muerte al villano Siquen. O miente mi oído, . O este es Rubén. Esperad, Que a quien le toca el castigo De aquesta ofensa soy yo, Por dos causas. Vil amigo, Villano Armén, que me dejas En lance igual sin tu auxilio. Pues quién sois vos, que dos causas, A castigar el delito De Siquen pueden moveros, Siendo yo aquí el ofendido? No hos importa a vos saberlo, Ni a mí me toca el decirlo, Cuando solo lo que debo Es matarle. Quién se ha visto . En lance tal, sin poderse Defender, por el descuido De haberme dejado Armén Sin armas. El resistiros La vejación, que a Siquen Queréis hacer es preciso, Pues la venganza le toca A quién el agravio se hizo. A vos hos matara ahora, A haberos con armas visto, Para omitir un agravio, Nunca es bastante motivo El faltar armas; y así, A los brazos remitido Nuestro enojo: e h . Reportaos, Pues es forzoso impediros El que lidiéis con ninguno, Siendo yo aquí el ofendido. Quiera amor en este lance Ocultarme; pues preciso Será revelar la Dama Por quien libertad consigo, Si me veo precisado A cumplir con sus designios, Faltando de aquesta suerte A un tiempo a su honor, y al mío. Qué decís? Que este es Rubén, (Bastante en esto hos he dicho. Qué escucho? que este es Rubén, Hermano de Dina: El mismo. Rara confusión! Pues cómo Vengo a hallarle en este sitio, A quien solo dan entrada De esa prisión los postigos! Ya que al penoso letargo De su fatigado sueño, De Joab, todas las Guardas Quedan rendidas de nuevo: Y a Dositea, que es Quien trajo a Ruben al puesto En que quedó, la he traído A que sirva de instrumento A mis ardides: sacar De aquí a Siquen es mi intento; Y a piedad no se atribuya El librarle de este empeño, Pues aunque le omito el daño, Siempré le dejo en el riesgo. Cómo no me respondéis? Todos calláis? Qué es aquesto? No sois Siquen, y Rubén Qué hos suspendéis? El Infierno Todo su poder me infunda Para el fin de mis intentos. Ah de mi guarda, Soldados. Ya con mi encanto los tengo Invisibles a unos, y otros. Ah de los:: pero qué es esto? Qué es lo que miro? Ya todos Están confusos. Que veo? Ilusión es cuanto miro. Fantasía es cuanto advierto. Un asombro es cuanto toco; 3. Cuanto me sucede es sueño, No estaba Rubén aquí? Cielos Sagrados, qué es esto? No hablé con Siquen ahora? Qué es esto, Sagrados Cielos? Con Siquen, y con Rubén No estaba hablando? Qué es esto? Imposible será ya Que nos encuentren, yo vuelvo A ver si está aquí Rubén; Y si no me miente el denso Oscuro horror de la noche, Le miro allí: a él me llego. Con esto a Siquen podré Sacar libre. Ya creyendo Voy, que dormí, y que soñé Cuanto juzgo, cuanto pienso, Qué he visto aquí: Ah de la guar- Nadie me responde, Cielos, (da: Qué pasa por mí? Rubén. Mas si rodabía duermo? Señora? Siquen? Armen? La falta que hos habré hecho Hh sido, no motivada De omisión; si no de atento Cuidado, por no exponerme Al inevitable riesgo, Qué sucedernos podría Con hallarnos, de perderos. Nunca el dolor es tan grave, Cuando se espera el remedio, Apurarlo será fácil Con Dina. Este es mi intento; Y pues tengo dos Caballos Prevenidos en el puesto Que te digo, al punto vamos A Salem. Sí, más primero Quisiera que me dijeses La realidad del suceso De que acabo de salir. Tú la sabrás a su tiempo Y pues está vuestra gente Tan cerca de aquí, podemos Partir al instante juntos En dos Caballos, que tengo Prevenidos. Bien, Señora, Podéis mandar, pues soy vuestro. En confusión tan dudosa, . Ni aún a mí mismo me entiendo. Vamos antes que amanezca. Con el nocturno silencio De las sombras, emprendamos Nuestro viaje. Vamos presto. Victoria por el Amor. Victoria por el Infierno, Mi confusión va conmigo. Conmigo mis dudas llevo. La confusión con que lucho, Y las dudas con qué quedo, Son áspid a mi quietud, Son ardor a mi sosiego, Qué igualmente rigurosas, Por dos diferentes medios, Uno me priva el valor, otro me usurpa el aliento; Pues cuando a su colmo llegan Las dichas de mi deseo, Fantástica se convierte, Ostentando el desacierto En desdicha, la fortuna, Y la desdicha, en tormento; Pero vive el Dios Sagrado De Sabaoth, que al Averno He de llegar a inquirir De esta confusión lo cierto. (males. 1. Jacob, respira en tus 2. Isrraél, vence tus penas. 1. 2. Pues baja: 1. A animarte el Cielo. 2. A consolarte la Esfera. En vanó (hay de mí!) pretendo Dar alivio a mis tristezas, Que en tantas adversidades, Es dable que no obedezca El rebelión de mis males, Al freño de mi paciencia. 1. Si en Isrraél, que es tu nombre, 2. Significas Fortaleza, 1. Qué te inquieta? qué te asusta? 2. Qué te aflije? qué te altera? Desde ayer, que en ese Templo, Mal ofendido de aquella Muerte alevosa, con que Acompañó su violencia (Hy de mí triste!) Siquen, Infiel ladrón de la prenda, Que más el cariño estima, Y más el honor aprecia: Desde ayer, vuelvo a decir, Mal, ofendido de aquella Osadía de Siquen, Vivo; pero erró la lengua; Muero, mas miente la voz, Porque si vivo estuviera, Procurara algún remedio, De mi honor a la defensa: Luego cuando no le buscó, Cierto es que el pecho no alienta. Y también al estar muerto, Imagino, que sujetas No estarían mis pasiones Al dominio de mis penas; Y así apuro, que ni vivo, Ni muerto estoy, y que ordena Supremo el Dios de Isrraél, Con su Sacra Omnipotencia, Que su Siervo en este caso, Todas sus fuerzas mantenga, Vivas para el sentimiento, Para la venganza muertas. 1. La mayor fuerza de un justo::: 2. De un justo la mayor fuerza:: 1. Es la piedad con los hombres. 2. Es para Dios la paciencia. Ya más de dolor tan fuerte, Por redimir una ofensa, Rubén, con la poca gente, Mas tímida, que resuelta, Que en la guarda del ganado, Que el Cielo me dio, se emplea, Dando al rigor, vengativo, Dando fuerte a la soberbia, Dando a la venganza airado, Sueltos el freño, y la rienda, Batiendo aquesas Montañas, Fatigando aquesas Selvas, Le ignora humana noticia, Sin saber si la cautela, O le esconde, o le sepulta; Siendo propia, o siendo ajena; Y así, vengando un agravio, Tímido el pecho recela, En una hija malograda, Muchas previstas afrentas; Y en un ignorado hijo, Muchas infaustas sospechas. 1. Dios, qué consuela a los suyos: 3. Dios, que a los suyos consuela:: 1. Aliviará tus cuidados. 3. Disminuirá tus penas. Joseph, claro espejo, en quien Retratada la belleza Miraba de mi Raquel, A quien mis lágrimas muerta Lloran tanto, cuanto viva La estimaron mis ternezas; En todas mis aflicciones Era el Norte, era la Estrella, Que solo con acordarme De su madre las finezas, Serenaba en mis cuidados De mis males las tormentas: Y al mismo paso, que entonces Me alegraba su presencia, Por traerme a la memoria La vida de Raquel bella, Encontrando la alegría En las causas de la pena: Ahora siento otro tanto, Joseph del alma, tu ausencia; Pues si entonces sus ardores, Ahora ya sus pavesas, Son el funesto recuerdo, Que triste me representas. 1. De tus quejas, Isrraél:: 2. Mira, Jacob, de tus quejas:: 1. Que Dios se ofenda es preciso, 2. Es fuerza que Dios se ofenda. Pero en fatigas, qué causa La humana naturaleza, No es razón que yo zozobre, Ni que me rinda a las penas, Que si el mundo las motiva, Todo un Dios me las consuela. Daré al sueño un breve rato, Por desvanecer la fiera Cruel rigurosa causa De este mal, que me desvela. 1. Dichoso tú, que de Dios, A la inspiración primera, Por tu virtud, y sus leyes, Tienes el alma sujeta. 2. Pues él atento también A tu ruego, y sus promesas, Quiere que alegres digamos, Llamándole en voz severa: 1. Ah del Brillante Zafir. 2. Ah de la Sagrada Esfera. 3. Ah de la Florida Estancia. 4. Ah de la Región Eterea, 1. 2. Quién llama? 3. 4. Quién llama? 1. 2. Ah del Cielo. 3. 4. Ah de la Tierra. 1. 2. Quién llama? 3. 4. Quién llama? 1. 2. Quién con su mérito al Cie- (lo se eleva. 3. 4. Quien por su piedad descien- (de a la Tierra. 1. 2. Escuchen, atiendan Los Choros Celestes, Trabajos, y penas, De quien con su mérito al Cielo (se eleva. 3. 4. Escuchen, atiendan, Los Orbes terrestres, Favor, y finezas, De quien por su afecto desciende (a la Tierra. 4. Escuchen, atiendan 1. 2. Las prudentes perfecciones De la Abigail más fiel, En cuya prudencia, ciencias Podrá la Ciencia aprender. 3. 4. Las soberanas piedades De la mejor Reina Ester, Por quien las leyes de Asuero, Leyes dejarán de ser. 11. 2. Los generosos esfuerzos De la nueva Judith, quien A todo Gigante oprime Con el impulso de un pie. 3. 4. Las siempre prodigas manos De la otra Ruth, que han de ver, Llenas de mejor Espiga Los Pastores de Belén. 4. Unidas místicamente, Con soberano poder, El mundo las logrará En la más alta Mujer, Que será feliz a un tiempo Judith, Ruth, Abigail, y Ester. Y está Mujer, que elegida En mi entendimiento ves, Para el prodigio mayor, Parte, Jacob, de tu sangre ha (de ser. Y la Mujer, que elegida En mi entendimiento ves, Para el prodigio mayor, Parte, Jacob, de tu sangre ha (de ser Eso no, y vive mi rabia, Que aunque le amparen los Cielos, Haré yo que experimente De mis furias el veneno. 1. No harás, que por eso Dios, Piadoso aquí nos ha puesto. A mi poder tiembla el mundo, Y está rendido a mi imperio. 2. Limitado es tu poder. Mucho menor es el vuestro, Pues a las leyes de un Dios Letenéis siempre sujeto. 1. Eso es lo que más le ensalza. Pues ahora lo veremos. 2. Al arma, Jacob, al arma. Infiernos, al arma, Infiernos, Si remuneras, Señor, Mis penas con tal consuelo, Por recibir tus favores Estaré siempre dispuesto, Señor, esperando penas, Para recibir esfuerzos. 1. No te rinde su constancia? Presto le veréis resuelto Maldecir de su fortuna, Y quejarse de los Cielos; Y así, venga a su presencia Ruben al instante muerto. 1. Por mucho que tú le arriesgues, Nosotros le ampararemos. 2. Y en su presencia verás A Rubén, y Dina a un tiempo. Gracias, Señor, te repito, No con la voz, con el pecho, Pues tengo por afectuoso El corazón, y los ecos Por ignorantes, que más Los empeña el desempeño. Ingrato bruto, si sabes A lo que aspira mi intento, Deja de una vez la tierra, Sube de una vez al viento. Cielos, las voces he oído De Rubén a lo que entiendo, Si malno: Fogoso bruto, Si sabes lo que pretendo, Surca de una vez tu espuma, Gasta de una vez tu fuego. Nueva confusión me asalta, Pues si no es falso el acento, Allí de Dina la voz Escucho. Tirad el freño, Rubén, a ese alhado bruto, Que ya van a socorreros. Rubén es este, ya oy Decir sumombre: a qué espero, Que no omito cuidadoso, Por lo constante, lo incierto? Seguidme todos, que Diña, Llevada del ardimiento De un desbocado Caballo, Casi se despeña. Atento A dos deudas tan precisas, No sé a qué acuda primero; Pero dejándolo en manos De Dios, todo se lo ofrezco? Libradlos, o no libradlos, Padre, y Señor, pues son vuestros. 1. No te vence aún su constancia: No hemos llegado al extremo Rigor del mal que le espera. 2. Vana es tu fatiga. El Cielo Me dé su amparo. Qué miro! Dina es esta. 1. Llegad presto, s Que Dina ya despeñada, Se ha cobrado. El sentimiento De mi afrenta se renueva Al ver su causa. Ya vuelvo, Padre, y Señor, a tus plantas, Implorando con mis ruegos Las piedades, que se hospedan En tu generoso pecho, Pues que solo soy::: El Dios Me valga de Isrraél, Qué veo! Rubén? 2. Ya miras frustrado? Todos tus designios. 1. Muerto Quisiste tú que llegase, Y vivo viene. Por eso No me rindo, que ocasiones Hay, en que vengarme puedo. 2. . Rinde la cerviz ahora A nuestro poder. Primero Penetraré los abismos Mas íntimos del Infierno. Dina aquí? Cielos, no cabe Ver el infame instrumento . De nuestra afrenta, y no darle Funesto fin con un eco, Que artícule vengativa La lengua de aqueste acero. Eso no, mientras viviere Yo, que defenderla puedo. Qué miro, Cielos! no es este El piadoso Carcelero De mi prisión No es Rubén Este, o el que dijo serlo Siquen En mis confusiones Todo es dudas lo que encuentro. Decidme: Llegad ya todos, Que Ruvén; pero qué veo, . Mi hermano Joab aquí? Hay de mí triste! Si el sueño Debe de durar de anoche; Pues, o es fingido el objeto, O mi hermana Dositea Es la que miro. ̱. De nuevo; Qué es, decid, lo que hos suspende? Si cautelosa prevengo . A Rubén con mis disculpas, Le obligo a ocultarme; viendo Restituidos a Dina, Y a Rubén en su primero Estado: A tus nobles plantas Llego yo, Señor, poniendo En ellas, que por ser tuyas Sabrán estimar afectos, El mío, que me conduce De mi hermano en seguimiento, Atenta a que dice mal Mi reposo con su riesgo. Alza, Señora, a mis brazos, Alza, Señora del suelo, Y no puedo decir más, Que no me deja el contento. Disculpas que se desean, . Qué bien las admite el pecho. Pues su prevención me advierte, Que quiere tener secreto El haberme libertado De la prisión, ya no debo Decir cosa, que conduzca A deslucirla su intento. Tal estoy, que ni aún mirar Al mismo Cielo me atrevo. . Todo es confusión, en dudas, . Cuanto admiro, y cuanto advierto. Cómo es posible, decidme, (Para entender tan diversos Accidentes, como son Los que habilitan el veros A todos en mi presencia) El venir juntos a un tiempo? En otra ocasión, Señor, Sabrás todos los sucesos, Que nos traen a tu vista. Si te merecen atento, Jacob, o Isrraél, que todo Viene a ser en ti lo mismo, Mis penas un breve rato, Para escuchar mis lamentos, Ofrece ahora el oído A mis voces; pues entiendo, Que estoy siempre desairada, Mientras no estés satisfecho. Desde la infausta ocasión, Que en aquel suntuoso Templo, O para mejor pintarle, Monstruo de tres Elementos; Pues en él Aire es estorbo, Que estrecha su estancia al viento; En la Tierra es eslabón, Que le abrocha con el Cielo; Y en el Fuego es siempre ardiente Candelero de su incendio, Formando de tan distintas Circunstancias, como el ceño De su pie, cuerpo, y cerviz, Ostenta en Tierra, Aire, y Fuego, Un nuevo monstruo, que admira, Si no por monstruo, por nuevo. Desde la ocasión, repito, Que de aquel suntuoso Templo, Teatro de mis fortunas, Hizo un vil atrevimiento, Convirtiendo osadamente En escándalo el contento: De aquel día, que infelice, Prevenido de tu anhelo, Tristemente malograron Tantos contrarios sucesos. Ya sabes como obediente, Siempre atenta a tus preceptos, Llegué a ese Edificio, donde Nacor, Príncipe supremo De Canaám, me esperaba Con todos los suyos, siendo A tanto Astro, a tanto Sol, El Mundo corto Emisferio: Y que habiendo fenecido Con tan varios cumplimientos, Cómo ha deudas de lo urbano Suele tributar lo afecto, Empezaron a los filos De aquel sacrosanto acero, Que en la mano de un anciano Sacerdote, vivo riesgo Era, a que rendían muchas Votivas Reses el cuello, A salpicarse las Aras Con el rojo humor sangriento, Con que el auxilio imploraba Del Dios de Isrraél Supremo. Y también sabes, que estando junto entonces todo el Pueblo, Pendientes sus atenciones De los movimientos nuestros, Llegó Siquen hasta el Solio En que estaban los asientos, Qué ocupabamos Nacor, Tú, Señor, y yo: del riesgo, Que amenzaban las Guardas Que tenía; tan esento, Qué pudo llegar al sitio En que estabamos; y viendo A mi Esposo, y su enemigo, Desnudó el rayo sangriento, Qué forjó mi desventura En la nube de su afecto: Relámpago fue al amago, Trueno se oyó al movimiento, Rayo se miró en la herida Porque me ofendiesen, siendo Movimiento, amago, herida, Rayo, Relámpago, y Trueno. Murió mi Esposo, (qué pena!) Y la Plebe, en descompuestos Tumultos, de quien fue más La amenaza, que el efecto, Al agresor del insulto Acometió, permitiendo Furia infernal que le asiste, Que hiriéndose entre sí mismos, Con las iras que forjaron, Fuesen con las que cedieron. Con diabólicos ardides, Que los Mágicos secretos De un anciano le ofrecían, ( Aquí del labio suspenso, Cobardes huyen las voces) Pudo, arriesgado el despecho (Qué susto!) con la violencia (Qué pena!) de su ardimiento, Arrebatada del Solio, Y Aún de imaginarlo tiemblo!) (Trasladarme a la Campaña, (qué dolor!) donde encubiertos Muchos armados Soldados, Alegres nos recibieron. Pero Rubén, que indignado A vista de su desprecio, De su Familia animaba Los mal adiestrados Siervos, Y Dositea, que dando Aliento en su desaliento A las Legiones, que estaban De retencerca del Templo; Precipitados entrambos, Salieron en seguimiento De Siquen, que parecía, Al verse absoluto dueño De la arrebatada presa, Veloz Neblí, que alagüeño, Traidoramente rompía Toda la estación del Viento. En vano será pintaros Los peligros de mi riesgo, Las penas de mi dolor, Los males de mi tormento, Las calidades, en fin, De tan extraño, y violento Examen como hizo el hado, Para mi duro, severo, Y constante siempre en ser En la fiereza uno mismo: Baste solo el referiros, Como apenas toqué el suelo, Poco, al parecer, distante De los recintos del Templo, Al imaginarse libre Del tesón de los aceros, Que arrestados le seguían, Por alcanzarle resueltos: Nos vimos de nueva gente, Que nos tomaba los puestos, Por todas partes cercados; Pero entre todos, blandiendo Rigores de su venganza, En el más mínimo acento, Que pronunciaba, a Joab, Que fue, Señor, a quien debo El honor, que hos restituyo, Y la libertad, que hos vuelvo: Después Rubén, a quien pudo Detener de tan diversos Encantos, como previno En su resguardo el Maestro De Siquen, imaginando Ser los Escuadrones nuestros Los de Siquen, enojado Nos acometió: mas ellos, Con la diferencia que hay Desde el ser al no ser diestros, A mi hermano, y a los suyos Prestarón el rostro; y luego; Con experta diligencia, Haciéndolos prisioneros, En tres diversas estancias De una Torre nos pusieron A mí, a Rubén, y a Siquen, Para que fuesen uniendo Lo común de las prisiones, Lo singular de sus duelos; Si bien con la diferencia, Que aunque en una Torre fueron Nuestras tres habitaciones, Estuvimos con diversos Pretextos, pues en custodia Estuve yo; pero presos Rubén, y Siquén, a causa, Este de su atrevimiento, Y mi hermano del error, De que no le conocieron, Deaquesta suerte pasaron La noche nuestros desvelos, Y hoy apenas con sus luces El Padre del Universo, Los términos discurría, Cuyo registro es su empleo; Cuando al quererme Joab Bestituir al paterno Dominio tuyo, me puso En un aborto ligero Del aire, con la presteza Que convenía a su intento; Y al desplegar de ese Monte Los siempre arrugados ceños, Airosamente bajaba, Firme a la mano trayendo La rienda, y en los estrivos Librado al balance el cuerpo, Iba templando a la Alfana El airoso movimiento, Que al imaginarse vena De veloz vertido hielo, Entre las lisas pizarras De aquel rudo Polifemo, A precipitarse arroyo, Comenzó en curso violento. Pararla procuro, y ella Muerde el bocado, rompiendo, Con iras, de desbocada, Las persuasiones del freño; Y al ver el como se empeña En examinar su riesgo, Detenerla fue imposible, Ya destinada al despeño. Cedí la rienda al coraje, Libres los estribos dejo, La mano a la clín arrojo, La rienda al lance le ofrezco, Fiando a la libertad, Lo que no logra el apremio: Mas cuando hacer en la hierba Mejor el peligro espero, Logrando sola esta vez El precipicio deseos, Llego arrojada a tus plantas De una contingencia; siendo Al parecer, con razón, La conclusión de mi riesgo, Antes feliz vaticinio, Que no anticipado agüero. Si en mí, Señor, fue delito El que hizo Siquen, tu ceño Rompa en vengativo enojo Una, y mil veces mi pecho; Pero si delito no halla Lo justo de tus atentos Discursos, sola la gracia De tus piedades espero. Llega a mis brazos, que nunca Hallarás en mi concepto Acreditados por tuyos, Los que son ierros ajenos. Y pues eres tú, Joab, Por quien el honor que tengo, Logrando seguridades, Me ofrece tanto sosiego, Llega a mis brazos. No aprecies Nada, Señor, de lo que he hecho, Pues solo en esto he cumplido Conmigo, a lo que me debo. ̱. Dime tú, Rubén, ahora El modo, y el instrumento De tu libertad. Extraño Lance: Si aquí manifiesto, Que la libertad que logro A Dositea la debo, Con nuevas enemistades, Enemigo de Joab quedo; Y si omito obedecerle, Sospechoso a Jacob dejo, No prosigues? Hay de mí? Qué susto! Ya te obedezco. Apuraré con cuidado Mis sospechas. Fuego, Fuego. Al Monte, al Valle, a la Selva. Arma, guerra, fuego, fuego. Mas qué novedad altera Así mis gustos? Atento, Señor, la escucha, si acaso Decirla me deja el miedo. Todos aquesos Villajes, Pueblos Comarcanos nuestros, Están tomando sudores, Sin saber quien les da el fuego; Si bien no obstante aseguran, Que Siquen estaba enfermo, De no sé qué alquitranados Males, allá del Infierno, Y que él es sin duda quien Se los ha pegado: Aquesto, Señor, es en suma todo Lo qué sucede; yo, huyendo Ando del Lugar, y aún Hasta de él aire me temo, (Porque es peligroso el aire En enfermedad de incendio) Qué es lo mismo que si a mí Me temiera; pues recelo, Si mal no discurro, que es Mi temor cosa de viento. Vamos al instante todos A poner algún remedio En tantas calamidades. Todos te seguimos. Fuego. Ya escampa. Agua. Qué desdicha! Sin dejar de dar al Cielo Gracias por todo. Ya todos Te vamos obedeciendo. , . Honor. , . Cariño. Quietud. Felice yo que te tengo. Felice yo que te logro, Feliz yo que te poseo. Feliz, y dichoso yo Mas que todos, porque siendo Criado común de dos, añ a prisa a Cananeos sin servir a nadie, a Sirios, e Idumeos. Dn
JORNADA TERCERA
Lleguen todos al sagrado Simulacro de Baalín, Pues antídotos contra la muerte En él se hallarán para vivir. Luego, aquella aclamación Qué reciba, fue fingida? Cosa es clara. Y el que vive Mi padre Hemor? Cosa es fija. Y aquel Ejército inmenso, Que a la vista me ofrecías? Todo fue ilusión, Y el Cetro, Qué me diste? Fantasía. a CERA Para cuando es el morir? Mas dime, qué te motiva A fraguar tantos engaños, Cómo amenazan mi ruina? No responderle conviene. . Viva el augusto Hemor, viva. No te alteres, Cómo puedo En mi cólera? Reprima Tu discreción a tu enojo. No es posible, que mis iras Son inmensas, y no cabe Tenerlas, y no decirlas. Mas responde a mi pregunta. Detrás de aquesa cortina; Qué es lo que dices? Al punto, Sin dilación te retira, Qué es tu intento? Colocarte En el Solio. Qué Anda aprisa, Que llegan ya. Mi fortuna A. Me atormenta, cuando en Diña Tengo toda el alma: Cielos, Cómo? (no sé lo que diga) Cómo me dais penas, si No hay alma para sufrirlas? . Hablaré a Hemor en mi Esta Que hoy mi rigor solicita, (tua, En la fortuna mayor Encubrir la mayor ruina. Viva el Gran Hemor, viva, Y el mundo tiemble de Salem altiva, Ilustre Pueblo mío, En cuya lealtad, en cuyo brío, Por constante leal prerrogativa, Cetro, y Corona de mi Imperio estrí el tiempo ha llegado, Que depuesta la pluma, y manejado Regio Bastón, Esto que vengativo, A impulsos de mi acento ejecutivo, Ya todos hijos sean mis Soldados, De mi riesgo, su esfuerzo, y de los hados; Ilustre Pueblo mío, A decir vuelvo, pues de ti me fío, Al mirar de mi suerte airado el ceño, El riesgo es mío, tuyo es el empeño: Siquen, a quien por hijo, El hado, menos justo, que prolijo; Me dio, bien sabes, bien, cuan obstinado, Menos piadoso, que inclemente el hado, Le dió tal desventura, Que el Simulacro de Baalín conjura Contra todo su aliento sus rigores, Ostentando piedades los rencores. Bien, finalmente, en tu noticia cabe, Como las rotas tablas de una Nave Le sirvieron de mal breado Pino, Contra enojos del Monstruo cristalino, Al parecer habiéndole servido De tumba el golfo, y su rigor de olvido; Mas los Dioses Sagrados, Si entonces se mostraron tan airados, Ahora más piadosos En la impiedad se muestran cuidadosos; Pues Siquen infestando aquestas tierras, Con ruinas, con escándalos, con guerras, Los Pueblos ofendidos, Mas diestros, que atrevidos, El Asta empuñan, y el Arnés se visten, Y osados todos a Siquen resisten. Traídos de su ardor, o su malicia, Los Pueblos todos a pedir justicia Me vienen cada instante, Diciendo el ignorante Vulgo que mis Caudilas En daño suyo esgrimen los cuchillos. Y al paso que ellos ponen Su querella, se oponen, Pues los mismos que ven en la Campaña Se miran asistiendo a mi persona; Y así a ellos mi voz los desengaña, Con la feé que a los otros los abona. Con esta, y otras varias confusiones, Bácila mi opinión en opiniones, Y por eso a venir me determino, Donde la Imagen de Baalín Divino Declare con su acento Esta duda, este mal, y este tormento. 1. Todos, Señor, a compañarte iremos, Y todos también juntos pediremos, Con míseros lamentos, La quietud, su respuesta, y tus aumentos, Pues ya de donde estamos Los recos de la Música escuchamos, Y pues abierto el Templo Veis ya todos, seguid todos mi ejemplo. Lleguen todos al Sagrado Simulacro de Baalín, Pues antidotos contra la muerte En él, se hallarán para vivir. q. Con todos va ya el Rey mi Padre entrando; Y por porden sus puestos van tomando; Ámpara Armén mi parte, Pues peligro por solo acreditarte. Con qué ignorante engaño Hos trae la ambición de vuestro daño? ad auxiliar La duración; cisran toda? umbres, y blasones. los de, estas Comarcas los Moradores Sacra Deyo. De estas augustas Regiones, En cuyos fijos acentos, sin cuyas sagradas voces, La dura De sus ti Los Pueb De Salen otras Deidades ignoran, Y cuantas hay desconocen, Excepto Baalín la tuya; Y así, viniendo conformes A tus Aras, piden todos, En tus ecos siempre acordes, El Oráculo, con que Puedan regir la desorden De tanto belico estruendo, De tanta gente discorde, Como infestando este Reino, Nuestra quietud descompone. Cierta es mi muerte: Hay de mí! Y pues sabes, pues conoces El culto, que siempre humilde, Porque tu amor no malogre Su piedad, mantienen siempre Mis fieles veneraciones, No permitas, que privados De tu acento, se ocasione Algún acaso, que mude Lo dócil siempre en indócil; Porque a más de mi ruina, Faltando los Sacerdotes A tu sagrada asistencia, Tus Oráculos se exponen A la desdicha mayor. Que jamás ha visto el Orbe. De Salem Plebe, y Noble- Escuchad lo que dispone (za; Quien vuestros ruegos escucha, Y a vuestros ruegos responde. Lo que importa a vuestro Imperió, Y determinan los Dioses, Es, que de Siquen activa Vuestra noticia se informe; Y en hallándole, le traiga A su Ciudad, donde cobre, En cambió de sus fortunas, Sus ya perdidos honores, Viva el gran Dios Baalín. Todos decid viva, a voces. Viva Baalín. Qué he escuchado? Y mientras todos acordes En la aclamación prosiguen, Permitidme que yo logre Proponeros una duda, Supuesto que el que propone No asegura, y así dicen Mis dudosas confusiones::: Qué es esto, Cielos, qué es esto? Siendo así, que no conocen Error, ni se puede dar En la mente de los Dioses: Cómo es posible, que habiendo Permitido sus rigores Su infelicidad: ahora Determinen tan conformes Su vuelta; puesto que en esto Parece que reconocen, Oh bien que aciertan ahora, Oh bien que erraron entonces, Sacando de dos distintas Causas, dos contradicciones Tan precisas, como haber El uno de dos errores. Cauteloso he de mostrarme Ahora, a sus dudas dócil. Ay culpas, que las Deidades Permiten, por sus razones, Que el delito las agrave, Y la enmienda las perdone. Así entonces de Siquen Eran las culpas mayores Por el yerro: y por la enmienda Son ya sus culpas menores. Con que queda ya resuelta La cuestión, que me propones, Pues vengo a acertar ahora, Sin haber errado entonces. Viva Baalín, viva, viva. Pues tan piadoso socorres La confusión de mis dudas, Dónde le hallaré? A tus nobles Plantas rendido. Qué veo! Que mi humildad no se escon- Plaza, plaza. Fuera todos. Quién alborota el Templo? Oye, Que soy yo, y a tus pies puesto, (Aunque tú no me conoces, Ni yo te conozco a ti) Que me escuches las razones Te pido, que de esta suerte Me traen. Quién es este hombre? Este es Isacar mi Siervo: De él tendrán mis confusiones De Dina alguna noticia. Digo pues, que los Campeones, Rubén, y Joab, habiendo Unido ambos sus Legiones, A Salém vienen, resueltos De demolerla, y conformes En venganza rigurosa De la ofensa: A los bastiones Lleguen del balvarte todos, A la muralla. Qué voces (de. Son las que el Aire penetran, Tan tristes, y tan veloces? 1. . Solo se sabe, Señor, Que con sus huestes se esconden Las Campañas de Salem, Y parece que por flores, Producen sus esmeraldas Enemigos Escuadrones. Válgame el Cielo, que escucho? Mi vida acaba. Cascotes. Señor, deja, no te aflijan Tan nuevas alteración es, Pues en tu defensa estoy Yo, y de mi parte los Dioses, Nada te asuste. Es en vano Aconsejar mis temores, Cuando la campaña altivos Ya de mis potencias corren. Vivan Rubén, y Joab, Arma, Guerra. No malogre, Cuando el peligro se advierte, Tu temor nuestras facciones. Quiera el Cielo, que no vea Cumplidas Salem las voces De su Oráculo primero; Mas si todo es de los Dioses, Bien será que ellos dispongan, Y yo con ellos conforme. . Esto va mal; quien pudiera Pasarse a los Sitiadores: Porque al fin, si es que ellos vencen, Aquí encerrado me cogen, Sin que me pueda escapar: Y si al contrario, compone Cada cual sus pies, y aplica Mil alas a sus talones, Qué he de hacer, pobre de mí! Mas yo buscaré por dónde Salir a parte en que pueda Ver, con que garbo se rompen Las cabezas, sin que a mí, Ni en solo un pelo me toquen; Puesto, que en esto también Cumplo mis obligaciones, De andar a fuer de Criado, Como muchos, que me oyen, Trayendo, y llevando chismes, Con solo el gusto por porte. Viva Rubén, Joab viva. A la Colina, a la Torre. Mueran los advenedizos Isrraelitas. Ea, nobles Isrráelitas, ya es tiempo De aumentar vuestros blasones. No es tiempo, Joab, Rubén, Y así, vuestras armas puestas A mis pies, queden depuestas Las molestias de Salém; Pues no es justo, que Siquen A mí me ofenda, y que yo Castigue a Hemor: eso no, Ni a Siquen tampoco alcanza Mi rigor, que la venganza, Solo en los brutos se halló, Tuyos, Señor, los preceptos Son; mas las acciones mías. Oh! qué mal tus osadías Atropellan mis respetos! Siempre estaremos sujetos A tu voluntad, Señor, Pero en casos que el honor, O se arriesga, o se interesa, Siempre es efecto su empresa De aquel que elige mejor. Oh mal haya la belleza, Si tanto mal origina! No llores, hermosa Dina, Que se corre tu entereza. El honor nunca es nobleza, Cuando se mira ofendido. Antes Áspid, escondido Entre sus ilustres flores. Mal hayan vuestros honores, Pues más queréis atrevidos Ofender a un Dios::: Nosotros Hacemos la voluntad De Dios en esto. Mirad, Que a Dios ofendéis vosotros, En no dejarlo ser de otros. Decid al arma, Soldados, Que ilustra el morir vengados, Y no el vivir ofendidos. Yo rasgando mis vestidos, Pido a los Cielos Sagrados, Que pues no me obedecéis, Despreciando mis consejos, Siendo la voz de los viejos Voz de Dios, como sabéis, Que su indignación toquéis, Pues que mi experiencia alcanza, Que la Bienaventuranza Castiga humanos delitos; Tal vez con propios conflitos, No con ajena venganza. Al arma otra vez decid, A la Muralla, a lo alto. Al Balvarte, al asalto. Volved, Soldados, subid Al Muro otra vez venid, Qué, vuelve el Isrraelita. Hay de mí! Pues necesita De otro freno vuestro ardor, Mirad, hijos, que mi amor::: Quita, Señor. Señor, quita. (mano. Advierte, Señor, hier- Quita, Dina. Dositea, Aparta, porque se emplea Ahora tu ruego en vano. Padre, y Señor Soberano, Todo en tus manos lo dejo. Con razón de ti me quejo Cuando merece contigo Tan poco lo que te digo, Que no admites mi consejo. Poco llego a merecerte, Cuando a tus plantas rendida, Señor, te pido una vida, Y me otorgas una muerte. A quién en lance tan fuerte Verse, le habrá sucedido? . Quién podrá, reconocido A ambas deudas, quedar bien? . Pues hago a Dina un desdén, si he de quedar ofendido. . Pues ofendo a Dositea, s he de agraviar mi valor. . Mas primero es el honor, . Que lo que torpedesea Esta voz, que lisonjea Contra el punto los oídos. 2. No te mueven mis gemidos? Nada han de poder mis penas Con vosotros? Son ajenas Nuestras iras de sentidos. Pues a tus plantas rendida, Pues a tus pies humillada, O me ha de matar tu espada, O me has de quitar la vida, O has de hacer lo que te pida. O has de acabar mis querellas, Yo también, a vuestras huellas Estoy rendido; y así, Por Dios concededme a mí Lo que no queráis por ellas. Levantad, Padre, del suelo, Y no permitáis, Señor, Tal afrenta a nuestro amor. Tal pena a nuestro desvelo. Pues todo nuestro consuelo En vos solamente estriba; Y si: La libertad viva, Y el violador muera de ella. Pero qué voz es aquella, Que sin que más se perciba Que la confusión, repite En varias distintas voces, Qué el aire pueblan veloces? Muerá todo el que milite Con Siquen, y el que no admito Las circunstancias propuestas De la paz. Qué descompuestas Voces son las que convidan Nuestro rencor? Todos pidan A voces la paz. Aquestas Son sin duda rebeliones De la Plebe. Vulgo ingrato, Cuando tu nombre dilato, Me agradeces con traiciones Tan inhumanas? Ficciones Son todas de tus encantos. Pues en míseros quebran- A las iras de Siquen, Veréis rendida a Salem. En sediciosos espantos Toda la Ciudad zozobra. Ah inconstancia de la vida, A un leve soplo rendida! Ya mi vida está de sobra, Cuando mi dolor recobra Fuerza, y poder tan altivo, Que de solo el dolor vivo. Qué mal el pecho se alienta, Cuando la pena atormenta, Y el fin anda tan esquivo! Todo es en infausto ultraje De Salem: mas qué llamada Han hecho? Hay de mí! Fiada Han dejado al Omenaje Blanca Vandera. Pues baje A pactar un Ciudadano, Que le aseguro, la mano Puesta en la mano, el respeto. Ya de generoso aspecto, Sale un venerable Anciano. , e Por establecer mejor Mis intentos, desmentida Traigo mi persona, en nombre De Embajador, porque asistan A concluir los contratos De la paz, que solicitan (tos, Mis ya alterados Vasallos, Calidades más precisas, Sin fiarme de escuchar De ajena voz su noticia. Salud, Joab, y Rubén: . Hemor, mi Rey, hos envía, Y dice, que violentado De las sediciosas iras, En que en parciales rencores Ve su Ciudad dividida: Acogiéndose al sagrado De vuestras piedades, fía, Que me enviaréis consolado A Salem, donde reciban Las leyes del vencedor, Sus tristes gentes vencidas. Y teniendo en vuestros pechos Su felicidad por fija, A la plática, Salem Pasa ahora agradecida. Vuestra feudataria sea::: Tente, Embajador, y mira, Que si tu Embajada rompo, Es porque a ello me obligas, Advirtiendo el poco aprecio, Con que tratas al decirla A Jacob, siendo él la causa, Que nuestras acciones guía; Y así, con él concertarte Debes. La Embajada mía, No es abJacob. , . Todo es susto! La Embajada es a quien sitia Vuestra: Ciudad? Cosa es cierta. Pues luego debes decirla A Jacob, pues es su agravio Causa de vuestras fatigas, Y solo Ministros suyos Somos nosotros. Que admita Su Embajada será bien; Pues con eso establecida Quedará con mi respuesta Mejor la paz. Determina De unas vez io si no, vuelve A tu Ciudad, pues mis iras No consienten tu tardanza, Por mirarla destruida. Tu tributaria será Salem, y siempre rendida A su obligación, y atenta A tu piedad: No prosigas, Y al punto a tu Rey responde, Que por estar ofendida Mi sangre, con el agravio De su hijo, solicitan Rubén, y Joab de Salem Al presente la conquista, Para castigar después Su afrenta, con su ruina: Mas yo ahora, promediando Los intentos a que aspira Su ejecución, hos respondo, Que por ser quien habilita Tan duras alteraciones Nuestra ofensa recibida, Y quieren con vuestro estrago Mis parciales redimirla: Que Siquen, pues fue la causa De tan afrentosa herida, Si deja los falsos Ritos De sus Deidades ficticias; Ye si aceptando los nuestros, Nuestra Religión milita, Pues él a Dina robó, Tome por Esposa a Dina, Que con eso cesará Esta pretensión altiva, Siendo la venganza suya, En mí la gloria más viva. Hay infelice de mí! Hay suerte, siempre enemiga, Que parecen que te esmeras En aumentar mis desdichas! Qué causa, Dina, ha podido Así alterarte? Averiguas Un mal, que es bien que le sienta, Y mejor que no le diga. Pues luego de tu respuesta, En público Edicto fija, Servirá en tanto naufragio De bonanza la noticia. Aguarda, espera; mas Cielos, Que yo he de perder a Dina! . Pues en tanto que la Plaza Mas novedad no pública, Levantad los Pabellones De sucerco. Al punto admita Siquen, el Pueblo, y la Plebe, La proposición; pues cifra Salem sus seguridades, En el medio de admitirla. Y pues aceptados veis Los conciertos, que pedía Mi prevención, levantad Los Reales, y Tiendas mías, Que nunca a valor se tuvo Triunfar de gentes rendidas. Yo por Esposo a Siquen! . Antes los Cielos permitan, Que faltándome el aliento, Violenta muerte me rinda. Ya parece que los Cielos, Con piedad quieren propicia, Qué tenga premio mi amor. Y prósperidad mis dichas. Retiraos vos, Señor, En tanto, que las Milicias Se recogen, y disponen Las circunstancias, que asistan Al puntual levantamiento Del Cerco. Por cosa indigna De todo recelo, omito La que el temor imagina. Pues qué teméis? Qué hos suspende? Nada temo, pues precisa juzgo que será en vosotros La disposición, que fija Queda en mi nombre en la Plaza. No temáis, que nos obliga Tanto ya vuestra, palabra, Que en mí de ley se acredita. Menos en mí; que dos causas, . Tan conformes, y distintas; Como son, amor, y honor, A lo contrario me animan; Pues sin dar, muerte a Siquen, En vano podrán mis dichas Vengar a mi hermano, y dar La mano de Esposo? a Dina; Pero más vale callarló. Cuando en decirse peligra. Adiós, hijos. 2. Padre, adiós. En tanto vosotras, hijas, A más decoroso sitio Hos retirad. Ya es precisa, Mi obediencia, Mayormente, Siendo la causa, una misma En nosotras. Venida, pues, 2. Ya te seguimos. Alivia, Señor, mis males. Prosigue De esta suerte, Amor, mis dichas, Aquí, Rubén de tu ofensa: Ya los de Siquen se fían En la palabra, que tiene Tu padre en esto ofrecida; Y aunque aceptadas, sus voces Nuestros intentos confirman, Ficción es, con que en tu daño Se cautelán de tus iras; Pues dificulto, que un Pueblo Ajenas, leyes admita, Por solo la voluntad De su Príncipe, sin mira Más principal, que la paz, Que obligado solicita Del asedió que le fuerza, Y el motín que le precisa. A tu elección, Rubén, queda; Pero mi afecto me obliga A advertirte, como a amigo, Que esta es gente advenediza, Sin Fe, sin ley, sin palabra, Y es muy posible el que diga, Que la piedad de tu padre, Nuestro temor, la motiva, A más de que lo es también, El que después, se desdigan De los conciertos, que deja Hechos Jacob; y así, mira En las dudas que te ofrezco, Qué repugnes, o que elijas; Advirtiendo que mis voces, Advirtiendo que mis iras, Como a amigo te persuaden, Y como ha deudo te animan. La palabra de mi padre Debo cumplir como mía; Y así, mientras del indulto Gozan, que les administra, No hay razón para que altere, Su resolución. Anima Amor mis voces: repara, . Qué es tu honor lo que ventilas, Y tu venganza no es justo, Por su contrato omitirla, Y más cuando en ella el todo De tu pundonor estriba. Pues qué dijera de mí El Mundo, sí:: No prosigas, Pues sé que vas a inquirir Lo que el Mundo arguiría, Si rompieses la palabra De tu padre, y que a eso diga, Me parece será bien Lo que él entonces diría. Cuando confuso un honor, Entre dos dudas bacila, Siendo forzoso acudir A dos deudas tan distintas, Cómo el haber de dejar Una de las dos: precisa Obligación será suya, Creo, el que entonces elija, La mayor, para aceptada, La menor, para omitida. Pues al conocer el Mundo, Que fue imposible el cumplirlas Ambas, y que fue forzoso Deponer una: la misma Ocasión le viene a dar Disculpas, que facilitan A la duda el desempeño, Y a la facción lo bien vista, Luego en ti, qué de obligado Dos deudas te califican; En dejar la menos propia, Y elegir la más precisa, Debes faltar al concierto De tu padre; por la misma Causa, suponiendo, que La misma razón milita, Que en él ya dicho ejemplar, En el lance en que te miras. Y siempre al fin valdrá más, Qué inobediente te digan, Que no, que el delito infame Te imputen de cobardía. Son tales Joab tus voces, Que es ya forzoso el que admita Tu persuasión, pues en ella Mi desagravio se cifra. Yo tu venganza pretendo, Ya mi amistad te la estima, Viva Jacob. Siquen muera. Triunfe Rubén. Joab viva. , s Huyendo de la Ciudad Vengo a carrerá tendida, Sin aliento en los talones, Y sin peso en la barriga, Pues desde chico mi madre Me enseñó, con voz rolliza eto , Con eficacia tan viva, Que aún a los muertos hiciera Huir con su algarabia; Y en verdad, que bien mirado; Siempre que el temor aplica A la ocasión el tejcillo, Veo que diestro me libra De las garras de la muerte, Mejor que la Medicina Tal, ahora reparando, Que todos los Salemitas, Para admitir nuestra Ley, Han hecho cierta cosilla, Que sin ser vergüenza hacerla, Es desvergüenza decirla, Pues Circuncisión se llama, Que es una acción muy judía, Porque a mí no se me pegue El dolor, que los instiga, Vengo a contar de la suerte, Que en sus camas se reclinan. Y porque es bien referirlo; Mas mi temor imagina, Que Jacob viene a esta parte, O me lo finge la vista; Pero no, que él llega ya, Y así mis dudas termina. De su amparo me valdré, Pues piadoso le acreditan Mis trabajos, cuando Santo Sus obras caritativas. Si elegido tu piedad Me tiene ya para ser Tronco de aquella Mujer, Aún más que Mujer, Deidad. De aquella, en fin, que dará Al esperado Mesias, Sangre de las Hidalguías De la Tribu de Juda. Bien es que goce, Señor, Yo de nobles Estatutos; Porque, qué dará por frutos Un Tronco seco de honor Y no por esto vengado Quiero verme; pues si adviertes, Qué podrá dar si no muertes, Árbol con sangre criado? Señor, qué males lamentas, Cuando te ves satisfecho? No cabe el alma en el pecho. . Bien es corazón que sientas; Mas quién será? hacia esta parte Hay un hombre. Isacar es, Señor, que puesto a tus pies, Te los pide, por besarte El punto más desgastado, De tu supremo cocturno, Así en la edad de Saturno Te mire yo coronado De pampaños, que es la::: Cesa, Y dime lo que en Salem Se dice. En un santiamen Te lo diré, y es cosa esa::: Muera, muera el Salemita. Al arma, y viva Rubén. Aquí está, muera Siquen. Ah traidor Isrraelita. Todo Salemita muera, Y ninguno quede a vida. A la Torre, a la surtida. Experimenten su fiera Venganza todos en mí. Socorro Baalín Supremo. Que me abraso, que me quemo. Hay infelice! hay de mí. Mas qué impensados rumores El Aire pueblan? Escucha. Que yo es bien te los repita, Cuando advierto que los dudas. Tal es, tal mi sentimiento, . Que ellos las voces pronuncian; Y en mi corazón los ecos De sus lamentos redundan. Triste mal! Infeliz pena! Oh qué caras! que chamuscan Con los ojos solamente Parece cuanto patullan. Gracias al Cielo, que miro Con más felice ventura, Fija al clavo de mi amor La rueda de mi fortuna. Apenas, Señor, ayer, Toda Salem ejecuta La difícil circunstancia, Que por tu piedad se funda En su bien, y mi cautela Convierte en desgracia suya. A la violencia rendidos Del mal, hacen sepultura Anticipada a sus muertes Sus catres de rosa, y pluma. Y al ver, que alegres ya todos (Ignorando nuestra astucia) Levantabamos el Cerco De esa máquina caduca. Se dieron al ocio triste Del dolor, que los usurpa Todo el poder al esfuerzo, Todo el esfuerzo a la angustia, Y hoy, que del cruel dolor Mas la fuerza los ofusca, Los entramos cautelosos Joab, y yo, y de la injuria Revistiéndose el valor De todos los que nos juran, Oh vencer, o quedar muertos En nuestra defensa, juntan Al homicidio valientes, Todo el poder de mi furia. Y así, examinando unidos Las Casas, sin que la altura Se dejase por difícil, Ni homitiese por oscura La más escondida estancia De la más negra espelunca. Van como de Infantes todos Vertiendo vidas, que ilustran La ofensa con sus desdichas, Y con sus muertes la injuria, Pues es vengado un agravio, Merecedor de disculpa. Toda en sangre la Ciudad Miseramente fluctua, Donde es Piloto el rigor, Navegante la fortuna. Y no contenta la fuerza De nuestras iras, asusta La Ciudad con los ardores Del incendio, que circunda Sus Muros, y luego ansiosos, Alimentando la adusta Ejecución de su fuego, Toda la Ciudad inunda, Haciendo violento examen De su máquina la astuta Llama, que fiel no perdona, Ni al valor, ni a la hermosura, Toda la Ciudad repite En mísera desventura, Voces, que el dolor inflama, Llantos, que el susto artícula. Solas se atienden miserias, Solas lástimas se escuchan, Y todos cuantos lamentos Los unos, y otros pronuncian, Aunque la voz los declara, La multitud los oculta. Todos ya casi pavesa, Asilo en las llamas buscan, Pues examinan su muerte En la horrorosa espesura De los ardores, y el humo, Que tan iguales se aunan, Que la vista más sutil, Oh sospecha, o dificulta, Si el humo baje a la Tierra, O el fuego a la Esfera suba. El padre a sus hijos llama, El hijo a sus padres busca, La esposa a su esposo invoca, Y, al fin, las voces confusas, O no llegan, o si llegan, Tan desmayadas se escuchan, Que imagina cada uno, Qué es ilusión en que funda sus deseos el oído, Y la pena sus venturas. Todos al fin repitiendo Su infelicidad, se excusan De otras lástimas mayores, Con dar en funesta fuga Los espíritus al Viento, Que vagaroso confunda Entre ruinas las grandezas De la alta Salem augusta, Para que con eso vea El Mundo, Señor, que triunfas, Aclamándote la Fama En una, y otra Escritu Causa del primer Blasón De Isrraél; porque se fundan, Vengando el robo de Dina, Tus grandezas en su injuria. Salem cayó) Ya es Teatro De la más noble, más justa Venganza de cuantas lleva La Fama sobre sus plumas, Qué infelicidad! Qué pena! Salem cayó? Ya es caduca Esceña, en que representa Su tragedia mi fortuna. Salem cayó? Porque mires Evidente lo que dudas, Vuelve la vista a ese triste Espectáculo, que cuna Dio infelice al causador De sus estragos; y tumba Al Autor de sus desdichas. Hay de mí! qué desventura! Ninguno puede gloriarse De ser parte en la sañuda Muerte mía; pues yo solo Me la doy entre las ruinas Qué hacéis de Salem, vengando A Dina; mas ya confusa La suspensión de las voces, A las acciones se muda, Y torpe (aquí de mi rabia!) Me asalta el golpe, (qué furia!) En quien (pese a mi coraje!) Todo el aliento caduca. Ya murió precipitado. Dejadme, dejadme, que una, Y mil veces por los ojos Vierta la vida, pues nunca De otra suerte pagaré El que mi agravio destruya Poblaciones; pues más quiero, Sin que otra cosa se arguya, Ser humilde sin venganza, Que ser grande sin injuria. Pues si bien todo se mira, Y todo se conjetura, Es mérito para el Cielo Perdoñar afrenta alguna, Y es ofensa contra Dios Cualquiera vengada injuria. Y quiero yo más ser noble En las Sagradas Alturas, Que grande por las venganzas En esta mortal clausura. Hay de mí triste! Qué horror! Qué lástima! Señor, supla A tu santa rectitud Sola está vez tu cordura. No hay más cordura, que Dios. Pues qué temes? Qué te asusta? Solo los rigores temo De la Majestad Augusta, Que por el medio de todos Los Pueblos, que nos circundan, justamente riguroso Castigará vuestra culpa, Viniendo todos los Reyes De esta Comarca a la justa Venganza vuestra. No harán. Pero qué acento me anuncia Tal felicidad! El mío. Qué resplandor! qué hermosura! Sacro Augusto Paraninfo, Que en mi confusión alumbras, Con tus sagrados acentos De mi admiración las dudas. Si es tan felice mi ruego, Que en las pretensiones suyas Perciba dichosamente Las sagradas voces tuyas, Qué pretendes Qué nos quieres? Pueblo de Isrrael, escucha. Ah venganzas de mi rabia! Ah rencores de mi furia! De Dios la Sagrada Idea, Istrael, la Mente Augusta, Tan cierta, como Divina, Tan Divina, como suya. Desde el Alcázar Supremo, Donde los Cielos le juran Por Criador Uuiverso De esta Máquina difusa. Determinó, que al impulso, De tu recibida injuria, Llorases triste tu afrenta, Contases fino tu angustia. Para acrisolar tu esfuerzo, Se valió de las industrias, Que alegre el Cielo pública, Y envidioso el mundo ofusca. Y por fin de tus desdichas Te previno la sañuda Ruina de Salem, en cuyo Polvo tu agravio sepulta. El enemigo común, Que siempre tu mal procura, Y en las pasadas desdichas Causa fue la más astuta. Disfrazado en nombre, y traje De Armén, con mentida astucia, Mira de su engaño, como Felizmente se desnuda. Deja, deja de una vez De afrentarme; pues si buscas Mi tormento, me le tienen Prevenido ya mis furias? Y así, déjame que caiga A aquesas Tartáreas grutas, Donde en funestos gemidos Lamente mi desventura. Era Tártaro este diablo? Sí, que él así lo asegura. Qué prodigio! qué portento! Qué admiración! qué fortuna! Los Reyes te temerán; Y así convence tus dudas, Pues es virtud el creerme, Cuando el no creerme es culpa. Tu hijo Joseph en Egipto, Por si de él noticias buscas, De Pharaón en la Corte Ilustre ejercicio ocupa. También quiere Dios, que Diña Logre con Joab sus Nupcias. Quién tendrá en nombre de Job Parte de tus glorias mucha. Esto disponen los Cielos, Y así luego lo ejecuta, Que siendo el aviso mío, Ah de ser la Tierra tuya. . Espera alado Ministro De las Sagradas Alturas; Pero en vano es el llamarle, Cuando ya los Vientos sulca, Y en el Mar de sus favores Sondan el Puerto mis dudas. Feliz yo, que tal oí, Pues el Cielo me asegura, De mis dichas la mayor, La mayor de mis venturas. Felice yo, pues atiendo, Que con mi nombre se ocupa Del Dios de Isrraél mi Padre, Parte con piedad alguna, Ya no hay razón que retarde El celebrar vuestras Nupcias, Pues si es la elección del Cielo, No hay dudar que será justa, Y siéndolo, el confirmarla, Es delito si se excusa. Esta es mi mano. Y la mía Esta Señor, la hermosuran De Dositea es bastante Causa, bastante disculpa, Para que yo hos la merezca, En haberla mi fortuna Elegido por capaz De mi amor; y así, pues justas Me parece que serán Con ella también mis Nupcias, El beneplácito espero De vuestra piedad. Y juntas, Permitid, Señor, que todos Logremos nuestras venturas. Yo la bendición los hecho. La elección, Joabres, tuya. Felice yo si tal veo. Esta es mi mano. Ninguna Dicha me espera mayor. Que no haya aquí alguna furia, Oh mujer, que todo es uno, Para casarme. ̱. Pues supla El Auditorio las faltas De aquesta Fiesta. Y acuda, Para que pueda su Autor Enmendarse a la segunda.
