Texto digital de El pretensor de su madre
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Cabeza
- Atribución estilometría
- Juan de Cabeza Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de la edición de la Parte I de Comedias del maestro Juan Cabeza (1662).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El pretensor de su madre. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pretensor-de-su-madre-el.

EL PRETENSOR DE SU MADRE
JORNADA PRIMERA
Qué hora será? . Dos, y más. Ahora da en esta Iglesia el Reloj la media, ignoro cuyo aqueste Reloj sea. Será de algunos Descalzos. Por qué? . Porque da la media. El dueño de la posada, donde mulas, y maletas dejamos, me dijo, que Don Bermudo de Contreras mi tío, vivía al lado de este Templo, y pues las negras sombras con su velo de humo todos los aires bosquejan, esperemos hasta que ruja en el monte la fiera, peine el ave su plumaje, beba el roció la perla, abra su botón la rosa, ría la flor en las selvas, el pez sus escamas rice, rompa el broche la azucena, el conejo pise el prado, la liebre busque la hierba, deje el ruiseñor el nido, dore el mar su espuma crespa, bañe el monte su penacho, muestre el risco su eminencia a los rayos que fulmine del Sol la ardiente madeja, para poder informarnos de la casa en que se alberga mi tío, que como niño me sacaron de Lorena, no me acuerdo de la casa, y así amigo Cobertera esperemos hasta el día. El demonio que te entienda, todo el camino, anda más, áplica más esa espuela, pícale más a esa mula, que me espera la belleza de Rosimunda mi prima; yo aplicaba la rodeta, y tanto, que me parece al ver las mulas sangrientas, que los dos hemos picado mas en la jornada entera, que catorce mil busones, y siete mil pasteleras. Mucho falta de la noche. Tiene muy larga carrera, como media de Lacayo. Qué hará Rosimunda bella? que hará aquel bello prodigio? que aquel Ángel de esta esfera? Estará guisando. . Qué? Algunas alberenjenas para que los dos comamos. Que siempre des en tu tema. Pues digo, que guisará de carne alguna cazuela para los dos. . Estás loco? Pues si eso no te contenta, digo que te está acabando cuatro pares de calcetas, con pantorrillas postizas, para que tu pierna seca salga con panza. Es delirio. Que en nada mi lengua acierta! Ni acierta, ni me da gusto. Yo juzgué en aquesta empresa sacar medias, y vestido. Cómo lo juzgó tu idea? Primero me puse en carnes, y después me puse en piernas. Humor Cobertera tienes. Hablemos señor de verás, y cuénteme tu valor, las hazañas que sangrienta obró tu valiente espada en la gran Ciudad de Creta, que como vienes de prisa, y como la noche misma que nos partimos, me puse a servirte, el no saberlas no se tendrá a novedad, que pues esperar es fuerza a que la noche se esconda como una pícara negra, servira para hacer tiempo. Permita que las refiera la pensión del esperar, y también para que sepas el dueño a quien sirves. Callo. . Y yo digo. Pues empieza. de diamante Antes que Abril con flechas. salpicase diez veces la campaña, antes que Mayo con su flor brillante coronase diez veces la montaña. Antes que me apuntase el bozo errante para servir al rostro de pestaña, en Creta me sirvio de espejo mudo el alfanje, la espada, y el escudo. De Creta al Rey Constancio Recisundo, mi valor sirvió heroico, mas tan fuerte, que llegaba a dudar al verme el mún era mi espada acero, o si era muerte Un arroyo corría tan profundo de aquella sangre, que mi acero vierte, que dudaron al dar la cuchillada, si salía del cuerpo, o de la espada. Tantos mataba con aqueste acero, que el circo se cubrió de cuerpos muertos, y al caballo servían de fendero por aquellos jarales tan inciertos. Era dicha el morir allí primero; por no estar sin sepulcro en los desiertos, pues al caer sin vida amontonados los primeros quedaban sepultados. Una ocasión, la vida a tanto Griego quité, valiente, fiero, y vengativo con ellos envistiendo, mas tan ciego, que soldado ninguno quedó vivo. Conocí con su muerte mi sosiego, desecho el campo, que era tan altivo; aunque al faltar contrario en tal abismo; me quise dar la muerte yo a mí mismo. El orgullo de Grecia ya postrado, quedé más triste en triunfo tan crecido; pues al mirar el campo sin soldado, por vencer, no quisiera haber vencido. En paz a Creta vine coronado hasta las sienes de laurel ceñido; pero tuvo el valor que en mí se encierra; por mirarme con paz, conmigo guerra. Llegue triunfante; pero el primer día que estuve en Creta; qué rigor de estrella! de adulterio acusada con porfía, la muerte daban a una dama bella. De un Tigre, y de un León a la osadía, castigan de adulterio la quererla, leí que no es leí, si bien se considera, pues permiten, que mate la que es fiera. Es permitido estando en la palestra el defender a la culpada dama, con que bien puede valerosa diestra a las fieras venciendo darle fa Aquí de mi piedad verás la muestra, y no es mucho moverme con tal llama, pues miré a Lucelinda palpitante caminar triste, si a morir errante. Llevaba el pelo en trenzas dividido, pálido el alabastro de la frente, el sol de los dos ojos más undido, siendo las dos pestañas occidente. No llevaba ya el rostro colorido, mas a falta del nácar transparente, iba hermosa, trocándose en tal pena sus mejillas de rosa en azucena. De tafetan un lugubre ropaje ocultaba su cuerpo rozagante, cuyo crujir lloraba ya el ultraje, como insensible, de su dueño amante. El márfil de su mano fue plumaje al dividir el pelo naufragante, como cuando el cristal turbado azota de espumas fugitivas la garzora. Iba ya Lucelinda sin aliento, los pulsos sin sentido, blanco el labio, la lengua balbuciente, y sin accento, el corazón sin fuerza, y con agravio. Descaecido el paso? pero lento, el entender confuso, pero sabio, el valor de su pecho ya desecho, que para ser mujer no tuvo pecho. Al ver a Lucelinda sin amparo, quiso librar mi diestra su hermosura, y sin hacer el miedo algún reparo en mi valor estuvo su ventura. De un bruñido espaldar, y un peto claro hice para mi cuerpo la armadura, para que sus reflejos transparentes resistiesen las garras, y los dientes. Con garzotas, y plumas la celada en un caballo subo todo armado, más Lucelinda llega desdichada, y todo el circo mira despejado. Aplico yo la espuela hacicala el bruto se arrojó precipitado, con que al mirar mis plumas el desvelo, todos juzgaron que llegué de un vuelo. La inocente su muerte ya esperaba a los dientes de brutos tan feroces, cuando me miran todos que asomaba, y me reciben con alegres voces. Volvió a resucitar, si muerta estaba, Lucelinda con miedos tan atroces; yo al León esperé de aquesta suerte por librar una vida con su muerte. Salió el León aleco del rugido, ocicando la tierra de coraje, erizado el copete, y tan tendido, que le sirvió a la frente de plumaje. El ócico afilado, y sacudido, de diez puntas las uñas maridaje. y arqueando la cerviz, ondeando el cuello, hizo dos mil saetas del cabello. Sobre el monte lo espero yo nevado, acomete el León rugiendo fiero, las dos garras alzó precipitado, corrido de mirar que yo lo espero. Quéjase en el relincho el bruto armado, ruje el León, abrazase al Oyero, y tanto, que dudaron al mirarlo, si relincha el León, ruje el caballo. Quiso cobrar valor, quitó la garra, embistiome otra vez la fiera, fiera, y le di cuchillada tan bizarra, que su sangre al impulso fue a la esfera, Por los aires su sangre se desgarra, tinta los aires crasa, si grosera, y tan alta miraron que caía, que imaginaron todos que llovia. El León en su sangre se anegaba, bebía con su sangre las espumas, y rugiendo, su testa coronaba de aquellas esmaltadas rojas plumas. Para poder salir ciego nadaba de tanta sangre con congojas sumas, pero quedó de batallar cansado, en su sangre caliente revolcado. Salió el Tigre después endido el pecho, tres centellas los ojos, y la frente, y de nieve en la piel de trecho a trecho de moscas un ejército valiente. De la cola el manojo ya desecho sobre la espalda de mársil pendiente, y tanto lo rizaba sin empacho, que coronó la espalda su penacho. Arrojose al caballo sin aliento, disparó cada garra cinco flechas, partió el ócico fuerte, y ceniciento abriendo a su coraje nuevas brechas. Apartose el caballo como un viento, dos coces le tiró en furor deshechas, y siendo el bruto rucio, cuando mueve, todos sospechan que le arroja nieve. Del caballo brioso, sobre el anca puso las manos fiero, si arrogante, que como era redonda, terla, y blanca, se manchó de carmín con el turbante. Movió el caballo, y de la cola franca asió los dientes ciego, y palpitante, y tan fiero se unió con el Oyero, que allí tuvo por cola un Tigre entero. En el undoso del alfanje espejo lo miré de la cola estar asido, tirele un gran revés con su reflejo, cayendo el cuerpo todo desunido. La cabeza quedó como en bosquejo de aquel penacho asida tan crecido, y tanto en sus furores interesa, que estaba muerta, sin dejar la presa. Muertos los dos feroces animales, por mi espada se aclama la victoria, cuyos bruñidos de mársil cristales tanto carmín vertieron para gloria. Viendo ya las dos fieras tan fatales, el bruto relinchó con vanagloria, y si al entrar al circo fue nevado todo salió de nácar salpicado. Libre quedó la dama del suplicio, yo deje la palestra satisfecho; que no sepan quien soy allí codicio, que no es el blasonar de noble pecho. Hecho ya tan sangriento sacrificio, en Lucelinda el crimen ya deshecho, pico al monte con cola, arpón de nieve, exhalación con alma, esfera breve. Luego recibo un pliego de mi tío con un retrato de mi prima bella, cuya hermosura rige mi albedrío, y predomina en mí como mi estrella. Sujeto a su dominio todo el brío, para venir estampo nueva huella, seguí su autoridad sabia, y discreta, porque luego partimos desde Creta. Rosimunda, mi prima milagrosa, es el original de aquel retrato, cuya beldad se mira más hermosa cuanto el pincel se mira más ingrato. Por eso es mi jornada tan dichosa, por eso te acelero con mi trato, y por su mano, de mi amor cadena, pa. he venido corriendo hasta Lore Sobre venir a casarte, eso de venir apriesa no es muy buena circunstancia. A más fuerza la belleza de mi prima. Que un retrato con sus pinceles te mueva a venir disciplinante, con las ancas más sangrientas que casa en día de parto! No has visto la muda lengua del retrato mi lagroso de Rosimunda? Es quimera; señor mío, los retratos son como malas veletas, que señalan a Madrid, y es el viento hacia Valencia. Ese retrato que dices debe ser de alguna tuerta, y habrá venido más derecho que una almidonada dueña, con más lindos ojos, que lechuza en torre de Iglesia. Agravias a Rosimunda, que si el retrato es veleta, su dueño es hermoso, y firme. Señor, el bulto te pesca con solo un ojo tu prima. Por Dios tienes linda flema. No gasto tabaco de humo. Que en la tachonada esfera de estrellas, tanto topacio no muera, para que sea mi prima el sol que me alumbre! Por que la dicha desprecias? Yo la dicha, de qué modo? No quieres tener estrella. Mas escucha, que unas voces del concabo de la tierra salen en sollozos tiernos, si en el abortan en quejas. Cielo divino, hasta cuando ha de herirme tu saeta, si mi dolor tiene puntas, para que arrojas tus flechas? Qué es esto que estoy oyendo? De oír una voz te alteras? una voz te da temor? ponte en cuclillas, y haz cuenta que de coles eres holla, y yo, que sol Cobertera, te encubriré en tu temor, como si fueras doncella. Mas otra vez oye atento. otra vez, y otras quinientas. Vete dolor a espacio, que sin vida me dejas; si has de matar mañana, sé más piadoso, pues matar deseas. Qué voz tan triste, y suave! puede haber cosa más tierna? Sí señor. Qué puede haber? Dos pares de alberenjenas, y un rabano como el brazo, que se parte sin maletas. Oye Cobertera, escucha, que ya prosigue en sus quejas. Venga a oír un Oídor, que tiene por oír renta. Ay infelice de mí! cuando tendrán fin mis penas? para que un dolor se acaba, si otro dolor luego empieza? Mas tristes ecos son estos. De aquí sueña siete leguas. Y si el sentido no engaña equivocado en la queja, es el llauto de mujer. Y ya que de mujer sea, qué hemos de hacer? Aquí mismo por donde hay correspondencia, esta losa levantemos. Que así tan presto te muevas. Pues que puede mover más que contemplar en serena faz de una dama pendientes de los dos ojos dos perlas, de dos pestañas dos rayos, y de dos arcos dos flechas? Mas me mueve a mí una purga, o tres pares de recetas. Padezco de un tirano la ingratitud soberbia, si estoy ciega del llanto para que de la gruta las tinieblas? Tira de la losa luego. Ya te ayudo. . Que no mueva! Que yo no pueda arrojarla, y esté tirando la piedra! Qué fuerte está, y encajada. Fuerte está como una peña. Que no la obligue el valor. Es pedir al olmo peras: como quieres obligarla si le hacemos los dos fuerza? Ya se va moviendo un poco. Dimos la primera en piedr Ya sale. . Salga; que un hombre, si acaso a las pintas juega. no pueda hallar un encaje cosa, que tiene una peña? Ya salió la losa, y ya esa tenebrosa brecha da paso para vajar. Muy onda está la cisterna. Vaja delante. . No vajo, que mientras dure mi renta no he de vajar. . Pues por qué? Porque el vajar es vajeza. Cuando ha de ver Rosimunda del campo azul las estrellas? pero como ver pretendo. si estoy de llorar ya ciega? Cobertera a Dios, yo vajo, que pues hay aquí escalera, no es temeridad vajar de una mujer por las quejas. otros vajan en la Corte por galas, y por libreas. Cisne canto mi muerte, y aunque mi voz se alterna, quien canta tantas veces, (muera. fuerza es, que al llanto tantas veces Aunque es profunda la ondura, aquí desde la eminencia abajo una luz se mira, y pues su viva pavesa me alumbra, esperame aquí. Guárdate de alguna fiera, que lo son las más mujeres. Vaja, sígueme, no temas. No conoces el paraje? avísame si es bodega, y bajaré por canilla, (gas? e- señor? . Qué dices? . No ll no has conocido si es cárcel? avísame si hay culebras hay ronda? . Por qué lo dices? Parece que andan linternas, señor hay buenas posadas? son puercas las mesoneras? hurtan mucho? no respondes? señor? . Eres Cobertera? Si señor, y de Alcorcón, porque soy de buena tierra, acaso has llegado? . No, Estírate si no llegas, dime, hay buenos bodegones? hay buen vino en las tabernas? de donde van como jarros los Tudescos, y Gallegas? no llegan mis ecos ya, pues no responde su lengua, digo que la cueva es onda, bien se ve, pues tiene piedra; mas ya de una breve antorcha. el esplendor reflejea, acercándose sus rayos, que disipan las tinieblas. Y a a mi señor miro, ya con él un brazo sustenta de una mujer lo pesado, y una encendida pavesa? ya la cueva va dejando, ocasión bastante es esta, para que fuese mi amo Don Alonso de la Cueva. Mujer, que pieles nevadas. Hombre, que en galas, y seda. Cómo irracionales vistes? Cómo racional te albergas? Quién te tiene en esta gruta! Quién te trujo a esta cisterna? Donde nunca el Sol sus rayos. Donde nunca la Pebea. Fino introduce, y brillante. Luz transparente penetra. Ya por saberlo te escucho Si quieres saberlo espera. Pero primero este lienzo, que para sus finas perlas es concha de nieve helada, quito al rostro, mas que pena! esposa mía, señora? mi dueño, del alma prenda, ídolo del corazón, mi bien, Rosimunda bella, tú de esta suerte abatida? cuando juzgué desde Creta, que en tu cuerpo rozagante era la costosa tela adorno, y a tu garganta de perlas fina madeja, cuando imaginé tus ojos dos refulgentes estrellas, que juntas un sol hacían para lucir en Lorena, tú de toscas pieles? . Hombre! reprime tu voz, que sueñas, mira que finge el alago lo que no cree la idea, como puedo ser tu esposa, si sin ver del sol las hebras, ha diez años, que este nicho me mata, y en sombras negras muero para reñacer de mi dolor en la ojera? Pues no eres tu Rosimunda? Negar mi nombre es vajeza. Pues sí, Rosimunda eres, Don Bermudo de Contreras un ilustre Caballero, será tu padre. . No aciertas ese tirano es la causa de mi dolor, de mi pena. Ya que no sea tu padre, ya que ser mi esposa niegas, puedes negar esta copia muda de colores lengua? esta hermosura? . Qué dices? no se lo que de esto tema, . retrato mío es aqueste, pero negarelo en esta ocasión, pues muchas veces hace la naturaleza dos rostros iguales. . puedes negar, que aquesta belleza es vivo sol de esta copia? Siempre la verdad lo niega. No es madeja aquese pelo? no es este pelo madeja? flor nevada no es tu frente? no es esta frente azucena? tus cejas no son dos rasgos? dos rasgos no son sus cejas? no son dos rayos tus ojos? sus ojos no son dos flechas? tu nariz no es nieve pura? en medio de dos pavesas? esta nariz no es aljófar, que dos llamas vivas templa? tu boca no es concha breve, que todo el ofir alberga? aquesta boca no es caja, y de tanto rubí nema? Pues como puedes negar cuando hay tanta conveniencia; ser traslado de esta copia, ser objeto de esta idea? Solo con decir, que miente la perna la primabera de retrato. Este sin duda es Don Alonso, que a Cret se fue viviendo su padre, y según es mi sospecha viene a casar con Irene, y con mana, o con cautela le enviaron mi retrato; contarele mi tragedia, sin darle a entender que soy su madre. . El alma suspensa tienes mujer. . Pues escucha, si saber quien soy deseas. Pues no eres mi esposa? . No! Dime quién eres? . Soy esta? de dos montes eminentes, que el zafir nevado rasgan, y son con sus plumas verdes penacho de la montaña, se descuelga un pueblo, cuya arquitectura nevada, si al Invierno paga en copos, al Agosto en agua paga. En este lugar pequeño, que con sus torres amaga a la esfera, y si no llueve le quita por fuerza el agua, viví con mi esposo rica. tanto, que no me faltaba, para el sustento en mi mesa, ni el pez azote del agua, ni el ave, que corta el viento, ni liebre, que el fuego abrasa, ni frutos, que da la tierra, con que en fin avasallaba todos los cuatro elementos, y por eso tributaban la tierra, frutos, y flores, el agua perlas, y escamas, el fuego crecido incendio, y a ves el viento peinadas. Seis años vivió mi esposo conmigo, hasta que la parca, al horror de mi sollozo, al dolor de mi desgracia, nos mató a los dos a un tiempo, y si en acciones turbadas, te doy a entender, que vivo, al eco de mis palabras. Advierte, que estoy ya muerta, y si el oír te embaraza, ecos tiernos en la boca, y sollozos en el alma: Mira la vida, que tengo, en este simil cifrada; Viste cadáver sangriento, que agonizando en el nácar: luego, que rindió la vida, envuelta en carmín, y grana, conservar el pulso vivo, dar en los ojos dos alcuas, con latidos en el pecho, y en voces articuladas; quejas, que la fantasía, formo en sollozos, y en ansias? Así yo, que estoy sin vida, de la muerte estatua helada; formo en mis sollozos quejas. Y aunque la aljaba de plata, vengativa, y horrorosa, cortó la unión de dos almas. Tan presente está mi muerte, a este llanto, que derrama, el corazón en incendio, y estas dos niñas en agua: Que soy cadaver herido, y las especies formadas. Por los sentidos me fuerzan, a que a las mudas aldabas, de aquese olímpico globo, pida justicia, que es tanta la malicia del agravio, que siente el alma turbada. que dejó viva mi voz, y fue en tanto grado mala, que lo fue para sí misma; pues en tales circunstancias me mató, mas no del todo: para que no la callara. Luego que murió mi esposo, y luego, que en penas tantas, tuvo por solio de nieve, esa Región estrellada. Un hermano, que tenía, quiso traerme a su casa. El dice, que apasionado de mi hermosura, atirana variedad de la fortuna, no bastaba, no bastaba ser fea, cuando me hyeres para no ser desdichada? Contrastome muchos días, y mirando, que en mi hallaban, una peña sus caricias, y un pedernal sus palabras, en esa gruta, que viste, me mandó estar sepultada, dando a entender en Lorena, que ya estoy muerta, esa estancia ha seis años, que es mi albergue, seis años ha, que rizada, del Sol la madeja hermosa, no he visto, las sombras pardas me asisten lo más del tiempo, en esa Región opaca, y esa antorcha, que allí hallaste, merced de alguna criada, que me trajo la comida, no la he visto, hasta que estaba fuera del horror profundo, que es mi pena tan extraña, que tiene el llanto embargados los ojos, para llorarla. Mira si mi pena es mucha, si los sentidos del alma, dejan su propio ejercicio; pues las niñas en mi cara, siendo dilubio de aljófar, nevándome las pestanas, no vieron la antorcha ardiente, solo en llorar ocupadas. Si eres noble, yo infeliz; si osado, yo con desgracia; si piadoso, yo mujer; si valiente, yo agraviada; si cuerdo, yo muestro llanto; si con vida, yo sin alma; si con constancia, yo peno. Entiende aquestas palabras, porque si tú las penetras, joven valiente en tal ansia, me sacarás de este horror, al valor de aquesa espada, valiente, piadoso, osado, cuerdo, noble, y con constancia. Mujer, que tus penas lloras, y en tus lágrimas te bañas, si lloras, cómo no vives? Si no vives, cómo no matas? Sacarte de aquesas sombras, no puede ahora mi espada; porque esta noche he llegado de Creta, y no sé la casa de un tío, que tengo noble en Lorena; y el buscarla es preciso, cuando el Sol su terso carmín esparza. Pero antes, que la Aurora, dos veces se ría hufana, y antes, que peine dos veces, sus ebras arrevoladas, te sacaré de ese abismo, pues podré con sombras pardas, ayudado de la noche, escalar esa morada. No temas, porque por vida de Don Alonso de Ayala, e este es mi nombre, que cuando is paredes fueran llamas, y tu estancia torre altiva, que hasta los Cielos trepara con solo un amago, pero en que mi nombre te agravia; que cuando escuchas mi nombre, aumentas tus tiernas ansias: el llanto crece en tus ojos, y en tus mejillas la plata. No es efecto del dolor mi llanto, porque la causa de las lágrimas, que lloro de gozo nace, que es tanta la alegría, que he tenido, por saber el que me ampara, que ha salido por los ojos: porque no fuera mostrarla con señales más comunes; Y así en su poca templanza, lo que fue grande alegría; parece que a llanto pasa. A tu albergue tenebroso, vuelve luego, hasta que salgas con este valor crecido de sus grandes sombras. . Vaja, que ya sigo tu valor, hasta aquella gruta parda. Bien dije, que era mi hijo. . Inclinación soberana, me mueve a darla socorro, que este corazón me inflama. Ay si quien eres supieras. Ay si mi incendio notaras. Ay si leyeras mi pecho. Ay si vieras esta llama. Qué dices hombre? . . Qué dices? Que quiero seguir tus plantas. Pues ven siguiendo mis pasos. Voy a la gruta intrincada. Gracias a Dios, que ya puedo dar también mi cucharada, que mis palabras son sopas, de la mosquetera escuadra. Mosquetero hay que maldice, al Poeta porquegasta la Comedia en cuatro chistes, entre el galán, y la dama. Ellos quieren, que el Gracioso, ande siempre con su chanza; pues señores Mosquetaros, eso es pagarse de gracias. Ya bosqueja los coluros con su reliebe de nácar la Aurora, y pues ya del día, el esplendor nos señala, aquesta losa volvamos a su sitio, coge acaba. Que yo no puedo cogerla, y que queramos sitiarla. (ble, Haz más fuerza. . No es posi- porque temo, que me abra, y yo suelo sufrir poco. Ya llega la piedra. . Vaya, guárdate de algún azar, uno, dos, cuatro, y encaja, todo el resto nos llevamos, ahora a buscar la casa de tu tío. . Vamos luego; porque bien disimulada queda la losa, hasta que otra noche con su capa, empañe el aire horrorosa, y encubra el Cielo turbada. . En esta margen frondosa de este bruñido arroyuelo, que correpara ser hielo, galán fino de la rosa te sienta, que ya mi amor, música en metro suave, ha traído, que ya grave canta en ese Corredor. El ebro con sus espumas flechas arroja de plata, y como vuelven sus puntas, el con sus flechas se sangra. Nada mis penas divierte, todo Casilda me cansa, el agua, que corre mansa, va murmurando mi muerte, que si choca en una peña, cae de una vez su cristal; Pues en pena tan fatal todo su cristal despeña. Yo ignoro la pena mía, y cuando su causa inquiero aborrezco lo que quiero con esta melancolía. De aquese arroyuelo lleno, mi mayor pesar se infiere, él sabe de lo que muere, yo ignoro de lo que peno. Para el oído fincero, a esa música, que encanta. Si el Cisne su muerte canta, yo aquí como Cisne muero. Irene entró en el Jardín, y al ver sus flores de grana, con todo un prado de rosas. Ireve les dio en la cara. Ay Casilda, no reposo. Pues señora en este día, tienes tal melancolía, cuando esperas a tu espo. Aún por eso es mi dolor, que temo, que no me adora. Y lo sabes ya señora? No Casilda, esto es temor. Pero con un forastero viene tu padre. . Es así. Si será tu esposo. . Aquí, o mi muerte, o vida espero. Cómo ya tan demanana, mi prima se ha levantado, mas no es mucho dore el prado, si es Aurora, con su grana. Aquí entre flores peinadas, las llego gustoso a ver. Señor estas deben ser, de Rosimunda criadas. Su tibieza me lastima? Qué es eso, que estás diciendo? Si estas dos, que estamos viendo. son criadas de mi prima. Qué tibio, que está en llegar, por mi criada me tiene, bien mi sospecha conviene, con lo que llegue a juzgar. Esa, que miras es llaga, que culpará tu tibieza. Señor. . Que poca fineza. Estoy de cólera ciega. Irene. . Señor. . Tu esposo. es el que miras. . Ingrato, la culpa tiene el retrato; porque falso, y engañoso mal informó con colores, este amoroso desvelo, pues cuando el retrato es Cielo. entre luceros, y flores, no conviene, ciego error, llegué el pecho a descubrir. Y lo que queréis decir, en mi pena, en mi dolor, cuando os mostráis tan quejoso, juicio, que el delicto afea, que tengo mucho de fea, para pincel tan hermoso, no es esto? . Remedie el labio, lo que descubrió la lengua. Antes bien con mucha mengua el retrato os hace agravio, pues aunque en fértil campaña de flores riza garzota, muestre, que ese pelo azota, de nieve breve montana. Aunque el retrato confirme con su color primorosa, que lo que tenéis de airosa, es lo que tenéis de firme, me sobresalte en tal calma; pues es cosa conocida, que el retrato está sin vida, y vos señora con calma. Con que en pesar tan esquivo, no os conoció aquí mi trato, que va de vos al retrato, lo que va de un muerto a un vivo. Esta es la causa; así doro mi engaño, y pena profunda, que mi prima Rosimunda sois vos? . Ese nombre ignoro. Si el nombre yerra en la prueba, sepan, que no los engaña. El quiere dama hermitaña: porque es galán de la Cueva. De Rosimunda el bosquejo, miro con toscos pinceles viola vestida de pieles, y se quedó hecho un pellejo. A una cisterna hizo guerra, y a esta dama de bambolla como si fuera cebolla, la hallo descubriendo tierra. Estas son sus necedades, y que aquí errase, fue poco. Eres Corbertera loco, Por eso digo verdades. Yo culpa tengo de todo, . pues ciego en confuso error, por tener a Irene amor, cauteloso busqué modo, sin Dios, sin ley, sin sosiego, para trocar el retrato, cogiendo mi pecho ingrato. Antes de ir a Creta el pliego, rompí su nema profunda, ciego; mas con mucha fe, de allí el de Irene saqué, y puse el de Rosimunda. Mas con esto no he podido alcanzar de amor victoria, pues no logré una memoria, siempre he logrado un olvido. A comer en tal tormento, sentaos Don Alonso. . Quiero, este es el suegro primero, que habrá querido de asiento. Ay dolor disimulado! Empieze yo obedeciendo. Vive Dios, que estoy temiendo lo que pronunció el criado. Mas a Creta le escribí, que ya su madre era muerta, sola aquí mi pena es cierta en lo que peno, y temí. Para mirar si se alrera con pensamientos trabiesos, traerán a roer los guesos, a esa mujer, a esa fiera, que como de hambre afligida, está en tan fuerte tormento, de guesos el alimento le sirve para comida. Quién por un retrato adora no sabe aquello, que quiere, que si es más, la dama, muere, si acaso es menos llora. Salgo del horror profundo de este confuso retrete hidra horrorosa de sombras, y muda de sombras sierpe, a roer todos los guesos, que desperdiciados hechen por el suelo. . Mas qué miro? señor, qué pesar es este? Es un castigo, prosigue en comer, tu pena cese. Así castiga el desprecio de una hermosura el amor, nunca es sabio su rigor, siempre su rigor es necio. Mis ojos vivos arroyos arrojen ilos de nieve, primero aborten las niñas porque después me alimenten. El sollozo, que despido la sed, que me aflige temple, que solas lágrimas tiernas hablandar los guesos pueden. Pelo hermoso, que algún tiempo de seda penacho verde, te prendió en rizos peinados, tu trenza la tierra bese. De pieles nevado adorno, cándida gala de pieles bien se ve pues me vestís, que soy cordera inocente. No he de poder reducir esta voluntad rebelde, porque aquesta no es mi prima? o no es su retrato aqueste. Qué tibio está Don Alonso, temo que ha de aborrecerme. Vive Dios, que están los novios como gatos, y lebreles, Si quisiera esta mujer, este dolor no sufriera, pues yo se que si quisiera se librara con querer. Si quisiera esta mujer, este dolor no sufriera, que yo se que si quisiera se librara con querer? Hasta este sonoro acento mis pesares me refiere, pues con equivocos ecos dice a los aires mi muerte. Zafir, que en nichos de aljófar centerlas vibras de nieve, o este no peca en tirano, o es fuerza, que tu temples. Desnuda ese airoso filo, volcán de rayos ardiente, que no es bien, que esté embotado de estrellas en el tapete. Más Rosimunda padece, cuando en llorar no sosiega, que quien con lágrimas riega en dolor, y pena crece. Más Rosimunda padece, cuando en llorar no sosiega, que quien con lágrimas riega en dolor, y penas crece. Rosimunda dice Cielos, que pena, y pesar es este, como llora, y yo no lloro, como vivo, y ella muere. Voces, que en lugrubes ecos a los aires transparentes decís mi dolor crecido, porque mi pena se aumente. En vuestro silencio, o ecos está mi vida, o mi muerte, callad si queréis que viva, cantad si queréis que pene. Señor yo no puedo ya en mi pesar contenerme, porque miro. . Qué has mirado? Que esta lástima de pieles es Rosimunda. . No entiendo lo que tu lengua me advierte. Digo que es mi esposa. B. Calla. Y ya el corazón rebelde me está dando sobresaltos, como miré sus pinceles. Vive Dios, que de su madre sabe la pena. . Que puede haber hecho Rosimunda que aqueso merezca? . Irene es tu prima, y la que miras es una mujer aleve. . Pues si eso dices la plata hable de su helada frente. Irme quiero por no oír las penas que le refiere, yo atajaré con industria, que otra vez lleguen a verse. Ireme por no sufrir de celos la pena fuerte, yo haré, que su voluntad se doble, y llegue a quererme. Esposa, dueño del alma, como tal pena padeces, si somos los dos un alma reparte el dolor que tienes. Rosimunda prenda mía, tú eres mi esposa, tú eres mi prima, aqueste retrato solo a tu rostro conviene: pero ya se fue mi tío. Vive Dios que se parecen, mo un Escribano a un gato Pues en su yerro está siempre direle que soy su prima: no, que soy su madre. . Llegue mi muerte al dolor, que tengo, mi pena al pesar, que tienes. No te confiesas mi prima? Negarlo fuera ofenderme. Si eso es verdad cómo penas? Hay padres que son crueles. Pues di, quién tiene la culpa? Haber nacido sin suerte. Según eso desdichada, sin tener culpa padeces? Es lo que confiesa el labio. Que eso tu lengua confiese, sin que llamas desatadas! Sin qué volcanes celestes! Sin que rayos del zafir! De un tirano! . De un aleve! Hagan tierra, polvo, y humo. Hagan cenizas ardientes. Aquel pecho endurecido. Los pensamientos crueles. Mas si tú vives que temo? Mas si yo vivo qué temes? Sacarasme de estas penas? Desas penas sacarete. Pues a diós esposo mío. Adiós esposa. . Detente, de aquese modo tevas? Espero volver a verte. Y cuándo será? . Esta noche. Pues así mi pena cese. Pues así mi pena acabe, Pues así tu espada vengue. De mi esposa los agravios. De un tirano lo rebelde.
JORNADA SEGUNDA
Antorcha refulgente respiración de fues alúmbrenme tus luces, y fulgores en estos intensísimos dolores, (do, pues miro en mí tu efecto reparti- que si tu luces, tengo lo encendido. Viendo de Don Alonso la tibieza, despreciando las leyes de entereza, y sabiendo que adora esa mujer que llora en la gruta horrorosa, (mosa, a quien la luz del sol se niega her- (ve, vengo con esta llave con muchos celos, pero menos gra darele libertad, mas no piadosa, (ro, si le abriré celosa, válgame aquesta llave en tal destier que una celosa empieza por un yerro, Esta que miro de la gruta incierta es la cerrada puerta, (les, yo ajustaré mi cuerpo con sus pie- ella de aquesta gala los pinceles ajustará a su cuerpo rozagantes, que aún géntil cuerpo sirven de turbantes Sin duda Don Alonso con desvelo, pues se tachona el Cielo de estrellados rubies, por aquesos espacios carmesies, (vella. juzgándola su estrella cuando la mira hermosa, vendrá a Ya de aquesa mujer el fiel retrato le troque con mi trato, y ya disimulado le pusqen su lugar ese criado il desdoro, el mío que a todos los criados dobla el oro, con que ofuscado cuando aquí me vea ha de juzgar su idea, (to, que soy la que miró con horror tan- dar lágrimas su llanto, de aljófar condensado por los suspiros lúgubres helado. Ya en mi cuerpo ajustada la que la encubre tanta piel nevada con esta rica gala, llevarela a mi cuarto por la sala, que los celos en pena tan errante, hablandarán lo duro de un diamante. Vuelvo la llave ya disimulada, ya franqueo la entrada, y yo en aqueste acaso (so. a la gruta horrorosa muevo el pas- Ya queda toda la casa sujeta al sueño profundo, dicha ha sido hallar la llave de esta puerta. . Así lo juzgo, pero no puedo apear la causa porque me trujo tu cuidado, o tu locura por este postigo oscuro, cuando todos los lacayos están amansando astutos, hechos una huba el vino, por Dios, que son de buen gusto, pues con verdad decir pueden, que todos vantras lo puro. Es posible que te olvidas; de la dama que en dibujos de nieve copiaba rayos, ya vivos, y ya difuntos. No sabes que al mirar yo aquel sol medio caduco. le ofrecí volver a darle alivio en tanto infortunio, socorro en tantos pesares, y salida en tal disgusto. Pues si eso sabes, qué dices? si lo sabes como pudo dudar tu discurso aqueso? Cómo? porque yo no cuido de cumplir lo que tu ofreces, que si tu salida dudo, fue por juzgar que venías a cumplir medio difunto con alguna ley del duelo, y haciendo varios discursos. juzgué que al darte vayeta, no me faltaria luto. Me apuras, o estás borracho? Yo juzgo que es todo uno, pues yo para estar borracho. voy a puro cuando apuro. Voy ya quitando la losa, para que de lo profundo salga lo rico del Ganjes unido con lo purpúreo, que si otras veces la tierra por sus minarales turbios, da en nieve plata desecha, y en el arena oro rubio, ahora en esta ocasión este panteón adusto de una vez lo dará todo, pues Rosimunda en tal triunfo da plata hermosa en sus brazos, en sus ojos dos carbunclos, oro desecho en sus rizos, y en sus labios coral puro. Ya abriste la gruta? . Ya. Por Dios que tienes mal gusto, que aquesta es dama hermitaña, y tú no has de ser cartujo. Quédate acá. . Ya me quedo. Que yo la palabra cumplo, que a Rosimunda le di, porque me tiene confuso después que miré la dama, que mi tío Don Bermudo. tiene retirada, ignoro como el natural dibujo pudo dos rostros distintos. hacerlos parecer uno. Yo también dudé lo mismo que tu dudas. . Luego subo, quédate por si alguien viene, porque este cielo difunto he de sacar de estas sombras, porque luzca lo purpúreo. . Las espaldas, fuerte azar ha de guardar mi cuidado, guárdelas un corcobado, que tiene bien que guardar; que quiera con tal pesquisa sacarla aquí mi señor, digan no fuera mejor sacarla con una Misa? Aquesta Cosme es la casa donde vi la dama bella, cuyo amor como centella hasta el corazón me abrea, Y juzgas te pagará si se le das a entender. Si Cosme. . Cómo ha de ser? De aqueste modo será, el otro día esperé. que saliese una criada; y al tenerla ya obligada mi pecho le declaré: después que en mi conoció, de mi fe el crecido ardor, para no frustrar mi amor cuerda, y fiel me aconsejó, que me fingiese sobrino de Don Bermudo, que fiel, de aquesta dama el pincel en Creta tiene, y mui fino. A este esperan para esposo, del sol hermoso de Irene, aquesto loco me tiene, por aquesto no reposo: esto me dijo a seis días, y pues me miro morir, sobrino me he de fingir, que amor todo es fautasías. Así veré si condena Yrene mi amor extraño, pues va encubierto el engaño, porque soy nuevo en Lorena. Que aunque Don Alonso venga en este amoroso empeño, como a Creta fue pequeño no han de conocerlo. . Tenga así alivio tu tormento, Camina Cosme que es tarde. Que sea yo aquí cobarde, denme unas fuelles aliento. Y de muy cobarde brinco, o son cinco en tal empacho, dirán que yo estoy borracho, y estoy para decir cinco. Ay que me hallaron el nido, hoy me sacuden de plano si aquí me ganan de mano, (gan? yo soy hombre sacudido. Pasemos. . Que a esto me traí- ténganse, que no doy paso. Yo no me tengo en tal caso. Pues si no se tienen caigan. Válgame Dios. . Sin sentido me ha dejado esta osadía. Hoy debe de ser su día, porque hoy es cuando ha caído. Cayó Cosme en tal acción, y yo en tan crecido empeño, pues me tengo por su dueño, también tengo obligación de buscarlo, la abertura me alienta por su arcaduz, pues una crecida luz me muestra su boca oscura, osado en tanto cuidano vajo al centro tenebroso. . Encontrar puede algún oso aunque vaje de aquí osado. Ello es cosa singular lo que he llegado a advertir, otros rabian por subir, y estos rabian por vajar. Vive Dios que tendrá guerra mi amo sin asistencia, pues el buscará pendencia hasta debajo de tierra. Virgen Pura, Cielo Santo, socorro dadme, y valedme. De mujer es esta voz si es pendencia de mujeres. Jesús, que bravos araños, ellas se cascan las nueces, ya se asen, ya se apartan, ya la vecina se mete de por medio, la una dice miren que lindo presente ande que ya saben todos del pie que pisa, de aqueste le responde muy fruncida, pues si llegan coja a verme del izquierdo, han de saber, que yo suelo pisar de este, Qué hizo por decirme coja, la muy pú,lo que habla cese; pero me lo ha de probar, le responde, de saberse, no es difícil, que es gran pueserca, le dice, Aquí se acometen, esta le asio la guedeja, aquella le asió el copete. Jesús, que me arranca el pelo, suelta Gila, yo que suelte, no he de hacer tal, porque es el soltar de descorteses. Don Alonso, padre mío, venid luego a socorrerme. Por Dios, que sueñan ya cerca, ella es riña de mujeres. Voime, porque son mocosas, y no me agrada, que suenen. . Don Alonso dueño mío, que me sacan de mi albergue. Rosimunda, esposa mía, no has llegado a conocerme, como puedes tener duda, cuando en tu pecho me tienes? Yo luego te conicí; pues al llegar a cogerte, sobre mis brazos bajel, de ese Sol divino ardiente pimpollo hermoso de rayos, desde la planta al copete, bruñido rayo de aljófar, desde el cristal a la nieve, Conjeturé, que eras Cielo: porque al llegar a tenerte, sobre mis brazos fui atlante, que por giros diferentes, me helaba, y quemaba a un tiempo, Pues en dos Regiones breves, abrasaba el pelo en ondas: la nieve helaba en la frente; con que dije este es el Cielo; porque solo el Cielo puede, quemar en región de fuego, y elar en región de nieve. Que soy Rosimunda juzga, . no sabe, que soy Irene, hasta saber sus intentos quien soy ignore. A lo fuerte de unas voces, que escuché, aunque ya todo mi albergue, estaba en sueño profundo, salgo a la calle, mas este no es el puesto, a donde sale aquel tenebroso albergue de Rosimunda? . El criado es Rosimunda el que viene, no tengas temor, que yo, pues sea por defenderte, perderé la vida hufano, y cuatro mil si tuviese. Estando contigo, como puede a mí el temor vencerme? Cobertera. . Don Alonso, es aquel, que con dobleces, de aquesa horrorosa gruta, que es sepulcro de de vivientes. Saca a Rosimunda, intento, cuando engañado me tiene por su criado, fingirlo, hasta ver lo que pretende. Ah Cobertera, ha borracho, no respondes? Por aqueste Sol de Rosimunda hermosa, que si me apuras. . Detente, porque me culpas sin causa, pues yo vengo diligente, de mirar si sosegada estaba la casa, y duermen mucho, mas no a sueño suelto, pues todos al sueño tienen, mira si puedes culparme, ni reñirme. . Leal eres. Aquesta, que miras es Rosimunda, que entre pieles, es de cristal Sol nevado, y de rayos Sol ardiente. Importa, que la acompañes, y que consigo la lleves a mi cuarto, que pues llaves, a todas las puertas tienes, es mui fácil, porque yo mientras, que tú a mi retrete la llevares, buscaré tres postas, porque pretenden mis cuidados, antes que la Aurora en giros bosqueje, tanto peñasco gigante, tanto obelisco eminente, para que el Sol los enjugue, que el aljófar lame, y beve, estar más de cuatro leguas ( de Lorena. . Aunque me arriesgue, no he de descubrir quien soy, antes bien, porque a los leves rayos de la luz escasa. no me vea, me parece ir, con el rostro encubierto. A qué esperas? Luego vete. Llevarela yo conmigo, y pues la ocasión se ofrece, dárele muerte en llegando, que será muy conveniente el verter su aleve sangre, porque podrían saberse todas mis alevosias. Callar ahora conviene. Sigue bien mío al criado, que al instante voy a verme contigo. . Pues callo, y sigo. Y yo te soy obediente. Pues ya Rosimunda está, de tantos embates fuertes segura, a la oscura boca de esta gruta, caos breve, la losa quiero aplicar; con que no es facii saberse; que yo he sacado a esta dama, porque por las estrecheces de la brecha, con las sombras que esparce la noche aleve. Cayeron juzgo dos hombres, que no alcanzaron a verme, por estar la luz distante, y ser sus rayos muy leves. Ya la losa queda puesta, cuando estos que quedan lleguen a dar golpes, y los hallen, juzgaran todos, que tienen parte en el delicto, de robar a esta dama, sellen mis plantas la tierra, para buscar tres postas, que aumenten viento al aire, cuando corran, al agua escarchada nieve, al fuego incendio en relinchos, y a la tierra espacio ardiente. Cómo tan mudo te miro, infiero de tu silencio, o que no vienes con gusto, o alguna desdicha temo. Luego lo verás traidora, pues con este limpio acero, salpicarás con corales, ese ropaje de hielo, Estás loco. . No estoy loco, pues con estrago violento, pagarás hoy con la vida. Daré voces. No es acierto: porque antes, que las pronuncies, te abriré boca en el pecho, por donde en respiración hables, con solo el aliento. Sabes quién soy? . Ya lo sé. No sabes, que de concierto estamos para partirnos con tres postas. . Ya lo advierto, pero tú no me conoces. Ya con atención advierto, que has sido, y eres criado de Don Alonso, . Es gran yerro. Pues quién eres? . n Bermudo. Qué es aquesto, Santos Cielos? Don Bermudo soy tirana, que vuestra traición sabiendo, vine a cortaros los pasos con este estoque sangriento. Ahora infiel Rosimunda, tengo de hacer de tu pecho, vaina al esto que de nieve, que bañe carmín sangriento. Ahora con esa vida, rendirás traidora el cuello, porque pare ahora en iras, lo que comenzó en deseos. En grande peligro estoy, porque es mi padre el que veo, y no libraré la vida, aunque quiera huir el riesgo. Si digo, que soy Irene, castiga mi atrevimiento. Si paso por Rosimunda, tan airado lo contemplo, que ha de llegar su furor, a parar en escarmientos. Con este puñal traidora, hoy a mi amago soberbio pagarás. . Detén airado, aquese brazo violento. Pues que intentas fementida, Solo esto señor intento: Pedir en tantos desmayos a las tres esferas bellas, que por montoñas de estrellas, vibren encendidos rayos. Muera yo con sus ensayos, aunque en pena tan ajena, ya la muerte me condena, y cuando esto considero, para que quieres ecero, si estoy muerta de mi pena? El puñal buscas en vano, si quieres ser mi homicida, que es cierto no tengo vida, pues mi vida está en tu mano: porque quieres tan tirano, ser con mi vida escarmiento? pues tengo en tanto tormento, y en tanta pena crecida, poco aliento en poca vida, poca vida en poco aliento. Ya como bajel surcando, de la muerte en las espumas, con estas nebadas plumas, voy a la muerte volando; al ver, que estás amagando, ese tan fúnebre estrago, con morirme satisfago: y así el golpe excusarás, porque está el golpe de más, cuando ya sobra el amago. No puedo hallar al criado, y está cerrada la puerta de mi cuarto, solo aquí, he escuchado tristes quejas, envueltas en vivos llantos de una mujer, y la idea, no descubre si no sombras, ni aún una breve pavesa alumbra en toda la casa. No se lo que de esto infiera. Señor, ya que de tu acero, que seas blanco deseas, llegue el deseo a alcanzar, lo que niegas a mi pena, que me dejes hablar solo a Don Alonso, te ruegan mis lágrimas en los ojos, en mis mejillas las perlas, el cristal en las pestañas, y los ecos en la lengua. Rosimunda vive Dios, es la que en lágrimas tiernas, templa la ardiente mejilla, con el cristal, que la riega. Acercarme determino, hasta que el tacto discierna, quien es en pesar tan grande el que ocasiona a tal pena. Un hombre llegó, y asió el puñal, que con mi diestra tenía, salirme intento; porque no es ocasión esta, de ejecutar vengativo, el rencor de mi soberbia. Por una bugia voy, porque esta ocasión es buena, para que sepa un aleve, para que este traidor sepa, . que sus tratos se. . En mi mano dejó de acero la flecha, el aleve, que quería, abrir a la muerte senda. Si en una dama los ojos, con las lágrimas, que cuelgan, de sus niñas, y pastañas, son mudas, y vivas lenguas. Que con voces de cristal, a las nebadas esferas, piden piedad, esta vez. Que desenvuelta mi pena, que compungido el dolor, que el alma en llanto desecha, que desmedido el sollozo, que la mejilla sangrienta, que los cuidados más vivos, que las lágrimas más tiernas, vocean, piden, suplican, a tu piedad, a tu diestra, no me des la muerte. . Cómo Don Alonso a verte llega a estas horas mi cuidado, negándole al sueño treguas, con el amago tu brazo, toda confusa la idea. Sobresaltado el semblante, turbada la acción violenta; perdido el color a trechos; la intención medio suspensa, temblando el aleve impulso, el alma del todo inquieta, sola viva la traición, la alevosía no muerta, aquesta mujer llorando, ese brazo con la flecha del acerado puñal, que según el braco muestra, a su pecho de cristal, quiso hacer de coral puerta. Si no doy treguas al sueño; si empuña un puñal mi diestra; si la idea está confusa; si la acción está sin fuerza; si sin color el semblante; si intercadente la pena; si con suspensión la acción; el alma del todo inquieta; si el tacto todo turbado; si mi pena no está muerta; si aquesta mujer llorando, y regando la madeja, del evano ondeado a rizos, con aljófar, que lo peina, fue porque tú, mas no sé lo que responda a tus quejas: porque es tan grande el dolor. que en este pesar me altera, que por sentir tanto el alma, no puede sentir la lengua. Que haya venido mi padre, no fue mala diligencia encubrir el rostro. . Ahora, pues esta ocasión se muestra, culpar puedo a Don Alonso, y ha de ser de esta manera. Don Alonso ha muchos años, que se partió de Lorena: Con que no puede probar, que es mi sobrino a la fuerza de la verdad; Y así quiero decirle, que fue cautela el fingirse mi sobrino, y por otra parte intenta mi fingimiento decirle, que esta mujer, que sis ebras baña con lágrimas, es Irene, que pues se cela con la máscara su rostro, cuando quitársela quiera, yo volveré las espaldas, y la sospecha no cesa. Frío he quedado, y sin alma. A la pena quedé muerta. Dejad el puñal cobarde, en una mujer sin fuerzas, ejecutáis el impulso, cuando empleáis la destreza, Pensáis, que sois mi sobrino, no os valdrán vuestras cautelas, que no vale el fingimiento, cuando es clara la sospecha. Ese es trato de mi sangre, bien vuestro caudal lo muestra, no sois rayo en la campaña si hacéis aún laurel violencia. Ea rapaz, reportaos, en la campaña sangrienta empuñad el corbo acero al son de altivas trompetas. Con una mujer, muy bueno, empleáis la acción primera, por Dios que es acción valiente para que mi sangre os crea, Vos fois el que tan altivo, con las escuadras de Grecia, vibráis el fresno en la lanza, y una muerte en cada flecha. De un Ángel hermoso, y bello no moverse a la terneza, no es fortaleza del pecho, si temeraria soberbia. Conocéis esta mujer? no sabéis que en tal tragedia es vivo rayo del alma, si del corazón sacta, no la conocéis? . Señor, la que en aquesa cisterna monstro horroroso de sombras tenéis triste, y macilenta, es la que miras, mas yo. Callad, reprimid la lengua prended el labio, y el pecho este muerto de vergüenza, nunca levantéis el rostro, ya se que aquesa belleza es Irene, cuando vos por esa mujer que alberga ese retrete horroroso montaña de sombras negras le dais muerte. . Os engañáis, cuando dice vuestra lengua, que es Irene vuestra hija, y así para que se vea la máscara he de quitarle. En vano la diligencia será, porque claramente se que es Irene. . La nema quita al rostro Rosimunda, porque patente se sepa, que no eres Irene. . En vano será tu porfía ciega, mira que es mi padre, mira, que un gran pesar me granjeas si me descubres. . Si yo estoy para tu defensa no ha de haber mal que te dañe, ni peligro que te ofenda, (. y así; mas qué miro Cielos? - Pero qué es aquesto penas? Ireve es, válgame el Cielo. Turbado me ha su presencia. Buena ocasión de reñirlo. me ha ofrecido la cautela. Lo que me sucede ignoro, pues cuando juzgó mi diestra sacar del lago profundo a Rosimunda. . Qué penas se igualan con el dolor, que el corazón me atormenta. Porqué razones ingrato te mueves a tal ofensa, si Irene no tiene culpa, porque agravias su inocencia? Como no sois mi sobrino no tenéis mi sangre misma, no es mucho seáis tirano si sangre vil os alienta. Que no sois vos Don Alonso lo tengo por cosa cierta, pues esta noche ha llegado con más verdaderas señas mi sobrino, y vos traidor para gozar de la prenda de Irene os habéis fingido, veré si de esta manera puedo reducir su trato, ven Irene. Ya voy muerta. Con la pena turbado, con el dolor en penas anegado, en tal acaso mudo he quedado mirando a Don Bermudo, no se lo que imagino, haber en casa ahora otro sobrino! Vive Dios que es fingido, y si llego a mirar al fementido, con mi espada valiente he de verter su púrpura caliente, porque no ha de haber hombre, que se usurpe las glorias en mi nombre. Señor de dónde sales? que ha tres horas cabales, de espero con desvío tú me has hecho esta noche se habla en tales desgracias dame una vez las gracias. Si te daré villano lo que merece tu caudal tirano. Ya mi pesar empuño, eso es señor pegármela de puño, tente ya, no me muelas como callas sacándome las muelas, Dime dónde estuvite? dónde mi dama está? Ay de mí triste! luego la despedí, porque soy casto, porque una dama suele hacer gran gasto. Gasto una dama de valor, y fama? Pues quién suele comer más que una dama? Tú te burlas villano? Ya te quieres dejar, pues das de mano. Pero pues este loco estima mis preguntas en tan poco, pues la gruta profunda en que habita mi prima Rosimunda es esta en dolor grave que tiene aquesta llave, cuando este caso ignoro en la pena que gimo, siento, y lloro, quiero entrar arriesgado a este lago profundo, he intrincado. Pero qué es esto que miro? Pero qué es esto que veo? Un hombre aquí en esta parte? Un hombre en aqueste puesto? Estar con cautela oculto. Estar traidor encubierto. Vive Dios que he de matarlo, Vive el Cielo que no puedo. salir en esta ocasión de este tan crecido empeño, sino fingiendo que soy Don Alonso, y he de hacerlo, con lo que oí a Don Bermudo. Qué lindo par de estafermos para día de sortija. Cómo aleve con vil pecho? Cómo traído con vil trato? Sin la atención de su dueño. Sin mirar que vive aquí mi tío. . En aqueste puesto estás cauteloso oculto. A esta parte loco, y ciego te atreves a entrar cobarde. Cuando desde Creta vengo. Cuando vengo desde Creta. A casar con el sol bello. A gozar del sol hermoso. De mi prima a quien venero. De mi prima a quien estimo. Pues cómo puedes tu serlo? Pues puedes serlo tu acaso? Si yo soy. . Si soy yo mismo. Don Alonso. . Don Alonso. El hijo de Clodobeo. De Clodobeo el aborto. Responde. . Deja el silencio. Los dos me parecen monas que se están escarneciendo. Pues di con qué verificas? Pues dime con qué harás bueno? Lo que con la lengua dices. Lo que tu lengua ha propuesto. Con la verdad solamente. Solo con ser verdadero. Mientes cobarde villano Mientes traidor desatento. A eso responda la espada. La espada responda a eso. Cáscale que ya te ayudo. De ayuda soy como un perro. Ya le apunto como suele apuntarle fino el pelo aún capón en el vígote. Pero de una luz reflejos. Mas de una ardiente bujía. Caminan hacia este puesto. Llega a esta parte lucida. Qué es lo que miro, que veo? dos hombres aquí en mi casa, dos hombres aquí riñendo, por Dios que no riñen mal, que valientes, que soberbios se acometen; y retiran, que bien vibran los aceros, antes que viertan la sangre estorbar importa el duelo. Ahora empieza el valor. Ahora a reñir empiezo. Rapaces cesad, no veis que os miro yo en tal empeño? Si tú lo mandas mi espada. Si tú lo dices mi acero. Este embotado a tu voz. Embotado este a tu imperio, Don Alonso. . 2. Qué me mandas? Los dos respondéis aún tiempo? Si me miro tu sobrino. Si soy tu sobrino, puedo. No he de responder hufano? Dejar de responder cuerdo? Admirado estoy del caso; pues en lo que miro veo, que este hombre que no conozco dice ser el verdadero Don Alonso, sin probar sus cabilosos intentos, ni inquirir por donde entró, por corregir a este necio proseguir quiero el engaño. Al escuchar esto tiemblo. No van malos mis cuidados, Bárbaro, traidor, grosero, sin alma, sin ley, sin Dios, fingido, aleve, soberbio, no veis si ya os dijo el alma lo que no ignoró el deseo. Vos mi sobrino? juzgáis, que en tan cabiloso pecho no cabe sangre tan buena por ser el lugar tan feo? corregid vuestra soberbia, refrenad vuestros intentos, porque si no vive Dios. que en mil átomos desecho, os esparza para que siendo mi objeto sangriento de los rayos que respiro seáis alimento al fuego, venid Don Alonso vos dejad ese desatento, vos venís? . Si soy señor Don Alonso, es desacierto seguiros, si me llamáis? Que errasteis es manifiesto. Cómo ya me aborrecéis no os da en mi nada contento, mis gozos son ya pesares, mi valor desvalimiento, mis glorias son pesadumbres, y mis aciertos son hierros. Por ti cobarde me miro en las penas que padezco, si tú no hubieras faltado temeroso de aquel puesto en que te dejé, supieras como pudo en tal empeño, como pudo ser Irene. la que de pieles lo terso se vistió entonces. . Señor. ten aquesos puños quedos, porque los dientes no son bocado bueno, y sin gueso. Pues la puerta de la gruta es aquesta que estoy viendo, he de entrar, porque sin duda en sus horrorosos senos está Rosimunda, pues aquella que por el hueco saqué fue Irene, que astuta se quiso buscar el riesgo. Aquesto es el ser criado, etra, ahora se va allá dentro, y yo he de quedarme aquí como si fuera estafermo. Los criados son veletas de sus amos, pues siguiendo sus pasos, como ellos quieran siempre los llevan de cierzo. Rosimunda dueño amado. Don Alonso dueño mío. Como tú de aquesta suerte. Hh sido raro prodigio. Tú tan de gala vestida. Un acaso raro ha sido. De dónde esa gala tienes? De este modo la he tenido: estaba esperando que por aquese abierto nicho que corresponde a esta gruta de horrores lugubre abismo, vájarás tu Don Alonso a sacarme de aquí fino, cuando por aquesta puerta entrar una mujer miro, la cual apenas llegó con el semblante muy tibio, con el corazón helado, con el paso muy temiso, con el valor temeroso, y con el imperio altivo me mandó que luego al punto las pieles de que ceñido llevaba el cuerpo quitase, y de su vestido rico me vistiese, yo que entonces con los temores más vivos estaba, le di gustosa los que cándidos armiños de ropaje me sirvieron, vistiose, cuando tu fino vajaste, y como en el traje padeció engaño tu arbitrio la llevaste, y aunque entonces dos hombres por el portillo cayeron, nunca me vieron porque en un oculto nicho de la gruta retirada me estuve, por esto ha sido el estar de aquesta suerte, pero siempre a tu servicio. Pues yo vengo prenda mía. Pues yo estoy dueño querido. Determinado a llevarte. Dispuesta a salir contigo. Pero luego no es posible. Pero luego no lo admito. Hasta que en conchas de perlas. Hasta que en tumbas de vidro. Se se sepulte el sol hermoso. Se apague el sol encendido. Que ya veloz. . Que ligero, Por montañas de zafiro. Por las esferas de aljófar. Al Mar corre cristalino. Al Mar corre de alabastro. Así será. . Así lo afirmo, mas no será hasta que todos del sueño fuerte oprimidos nos den lugar a salir, porque aqueste laberinto, de horrores todas las noches. reconocen, y así digo, que después que hayan mirado este puesto, será aviso para que vengas mi voz, que con sonoto artificio. aliviará mi tristeza. Pues Rosimunda, advertido estaré, que pues la puerta que corresponde, a ese abismo. denoche nunca la cierran, será fácil conseguirlo. Pues a diós hasta después. Pues a diós hasta que invicto sea clicie de ese sol, sea atlante de ese empíreo, sea blanco de esa flecha, y concha de ese záfiró . Ya se fue mi amo, y yo no detérmino seguirlo, porque parezco su cola, pues se las pega conmigo, seis pares de mogicones me suele cascar mohíno, miren con tales maromas cual andará mi carrillo. Vive Dios, que es cosa puerca el servir, bien lo imagino, porque no me guele bien en ser cosa de servicio. Ya concertó con su dama sacarla, fuerte del lirio, que siendo yo tan entero lo acompañé en sus partidos. Que yo sirva, vive Dios, que es el hado un fementido, que yo llegue a tener pecho, no dándome un habitillo. Sirva un tuerto, sirva un calbo, sirva un cojo, un bárbilimpio, un capón, sirva un Gabacho, un Gallego, un barbadillo. que yo pues todo lo puedo. no dejo ser impedido. Al ver aqueste tallazo, quien habrá, que no dé gritos diciendo, que yo soy hombre de importancia, vive Cristo, que tengo famoso pie, que pierna; por San Cirilo, que es la pantórrila buena, y la espivilla, que filo la espinilla, es cosa aguda: mas de aquesta puerta ruido. he escuchado, aqueste puesto. dejo solo porque sirvo, y no servir de algüete, será faltar a mi oficio. Ya del sol la ardiente pira, donde se abrasa, y se quema para renacer mañana de sus encendidas ebras entre montañas de espuma apagada está, y sosiega toda la casa entregada al sueño, intento por esta parte cantar, porque aquí será menos la sospecha, que en la puerta de la gruta, Como la cama atormenta, a la que se mira herida de las flechas de una pena, a este corredor me salgo a ver si en su estancia fresca. divertir puedo el cuidado, que me oprime, y que me altera. Sigue ahora cuidadoso Cobertera, no te pierdas, que luego hemos de ausentarnos. En tanto ahora me precias? pues dime a caso en el mundo, cuando tú el ser malo emprendas a ti que eres buenos cascos te faltarán coberteras? Ya es hora de que mi voz sirva de sonora seña. De mi voz con lo suave divertiré mi tristeza. Altivo un risco emisienta, tan de bachiller se precia, que en conversación se estaba un día con las Estretlas. Lo empinado de tu cumbre sirve de escala soberbia, para que sean altivas luceros verdes las hierbas. Aquí cantan, y allí cantan, aquí con suave letra, allí con tono suave, me alegran, turban, y alientan, porque unas veces confuso, porque otras veces la idea sin embarazo se inclina a esta parte, será fuerza esperar, que con sus voces quiten esta indiferencia, que mi voluntad padece con la confusión, que engendran. De clabeles, y de rosas en su cima un ramo peina, y compone el ramillete para que el Cielo lo guela. Puntas arroja una rosa desde la altiva eminencia, y sospechan todos que vajan del Cielo sus flechas. Qué suspensión, que cuidado, que perplejidad, que pena ha sobresal tado el alma, ignoro lo que resuelva, porque el metal de la voz, que artícula la belleza de Rosimunda no advierto por el poco trato, aquesta debe ser, mas no será, porque aunque junto a la puerta de su albergue está no es causa, para que juzgue ser ella, antes bien se apartaría, para quitar la sospecha. La que esta por esta parte debe ser, llegaré a bella, mas no que dice el discurso, que la culparan de necia si se apártara, causando estas du das, que me alteran. Ya vuelve la voluntad a esta parte, ya se llega el discurso, y me detiene, ya la voluntad me lleva, ya me arrastra; ya metira, ya me dice poco cuerda, mira, que esta es Rosimunda, fuerza será obedecerla, ha voluntad engañosa, como la naturaleza siguías los corazones, poco cuerda te hizo ciega. Un hombre se llaga a mí, no sé Cielos lo que intenta. Rosimunda, dueño mío. Finja el alma, el dolor tema. Aunque allí estuve dudoso al oír de entrambas lenguas dos voces articuladas, no agravie vuestra belleza con el tropel de las dudas, antes bien seos acrecienta el lauro, dándoos la palma en reñida competencia; porque es cierto, que el discurso, determinando su idea juega viendo esa mujer; que debe ir de vos a ella, lo que de un rayo a un lucero, de la luna a una pavesa, lo que de una Estrella al Sol, lo que de un rayo a una estrella, lo que de un pradillo a un monte, y de una flor a una selva. De dos voces lo sonoro escuchaba el alma atenta, y juzgo, que aquí cantaban. Aqueste que ahora llega debe de ser Don Alonso, hablarle quiero. . Qué quieta está la pieza en silencio. Luego Rosimunda bella importa, que nos salgamos. La ficción el alma aprueba, para que sus pasos siga, que al verme de esta manera podrá ser, que ya se obligue para ser mi esposo. A esta parte Don Alonso estoy. Ya mi bien el alma llega, esta sin duda es Irene fingir le importa a mi pena. Cómo has tardado mi bien? Quién en el pecho te lleva, siempre te tiene presente, y no tarda, aunque no venga. Salgamos luego de aquí. Sacárela con cautela por la puerta del jardín, que es la más segura puerta, podemos salir seguros. Ya las llaves, con que cierran las puertas de casa traigo, y la salida es mui cierta, 2. Pues vamos luego bien mío. 2. Pues vamos luego mi prenda. 2. Porque llevando ese asilo. 2. Porque llevando esa estrella. 2. Iré bien patrocinada. 2. Iré por segura senda. 2. Que un valor, que es tan crecido, 2. Que un Sol de tan alta esfera. 2. No halla igual, que lo compita. 2. No tiene igual, que lo venza. 2. Que amor tan grande. 2. Que amor. 2. Qué cariño. . 2. Qué finezas 2. Pero temo. 2. Mas que temes. 2. Tu inconstancia. 2. No la temas, pero sospecho. 2. Qué dices? 2. Qué falsa. 2. Que mal sospechas. 2. No correspondas. 2. A falso. 2. A mi cariño. 2. Qué necia es la voluntad bien mío. 2. Mas si eso dice tu lengua. 2. Mas si eso dice tu labio. 2. Nuestro amor se escriba en pie 2. Viva nuestro amor en bronces. 2. Para que la edad soberbia. 2. Para que el caduco tiempo. 2. De bronce en las duras letras. 2. De bronce en duros renglones. 2. Lo registre, mire, y lea. 2. Lo advierta, conozca, y note. Hay hijo si tu supieras quien es Rosimunda, como trócaras de amor la flecha. Como Don Alonso amado, cuando en quien yo soy adviertas has de trocar el amor, que tu voluntad alienta.
JORNADA TERCERA
Cansada vend irá Cansada mi bien te miras. El seguirte, no es cansancio. El seguirte, no es fatiga. Juzguelo al verte tan tierna. Penselo al verte tan tibia. Donde hay amor, no hay reparo. No hay tibieza en quien estima. Pues así. . Pues de ese modo, En la peinada campiña. En la selva de azucenas. ̱. Has de ser prenda querida. Has de ser prenda del alma, osa, y al ermosa, y gallarda. ve al ver tu bizarría. orque al ver tu gentileza o El clavel, que se matiza. El jazmín que se hermosea. (pía. Con carmín. . Con nieve lime Recebirá de tu aliento. De tu planta, que lo pisa. Coral en tiros de perlas. Plata en estampadas líneas. Pero quién repite osado? Pero quién osado anima? Mis ya pronunciados ecos. Mis voces ya suspendidas. Hasta esta puesto ha llegado por una senda vecina a la de nuestra derrota según el alma divisa con una mujer un hombre. Hasta el portal de esta quinta por una vecina senda a la que mi pie seguía un hombre, y una mujer han venido. . Mas ya fina la Aurora sus rizas ebras por montañas cristalinas, dorando los obeliscos esparce. . Ya perlas ricas el alba llora en los montes, para que en sus altas cimas el Sol con conchas de oro, las guarde, enjugue, y admita. Y ahora ya que sus rayos. Y ahora ya que sus líneas. Bosquejan con oro el prado. Con coral la selva fría. A Rosimunda he de ver. A Don Alonso mi vista, ha de registrar hufana. Pero qué mis ojos miran? Pero qué miran mis ojos? Aquella (a fiera desdicha!) Aquel (a fiero pesar!) Es Rosimunda mi prima. Es Don Alonso mi hijo. Y aquesta que me seguía. Y este a quien seguí los pasos, es otro hombre, que en mi vida llegué a mirar. A. Cómo a leve? Cómo osaste fementida. A traer contigo mismo. A traer contigo misma. Esa mujer sin que yo. Ese hombre sin que mis iras. Con el fuego de mi pecho. Con los rayos de mi vista, Te desatase en carbones. Te convirtiese en cenizas. Como traidor, enmudeces. Cómo enmudeces altiva? Porque vengo con mi esposa. Porque mi esposo me guía. Eso pronuncia tu labio? Eso tu mano codicia? Dice el alma lo que siente. Siente el pecho lo que afirma. El alma miente villano. Tu pecho miente atrevida. Para esos atrevimientos. Para aquesas villanías. Hizo el arte los aceros. Al Hizo el estoque la ira. . Ellos riñen como Cides, Jesús, que brava zuriza, que lindas son las espadas, y en tan sangrienta conquista los valores, no son bastos, mas mi caudal pronostica, que no estarán muy seguras, si tiran unas arriba las copas de los sombreros, por Dios, que es pendencia linda, y el empeño cosa justa cuando las espadas triscan; porque son si las miramos, como unos oros las ninfas. Vive Dios, que riñe bien. Por Dios, que con bizarría se defiende. . Si mi amor. Si una mujer, que se humilla. Puede con sollozos tiernos. Puede con lágrimas vivas. Detener tu brazo fuerte. Detener tu espada limpia. Qué lindamente se cascan, como los aceros vibran, hombres son de gran requesta, Jesús, y qué bien se tiran? Mas de la quinta la puerta. Mas la puerta de la quinta. Habre un anciano. Habre un hombre. A los rayos que fulminan los acerados volcanes, salgo a este puesto, que miran los ojos, fuerte tragedia? Ea traidor a mis iras. Ea villano a mi espada. Suspended la furia altiva, no veis, que yo estoy delante; estas canas no os obligan. Rendido quedó mi brazo. Mi espada quedó rendida. No sé, qué oculto poder. No sé, que igual simpatia. Tiene conmigo este anciano. Conmigo este anciano abriga. Que al verlo. Porque al mirarlo. Quedó el alma hierta, y fría. Quedó el valor frío, y hierto. Con aquesta mascarilla quiero encubrirme la cara, porque esta apacible quinta es de mi padre, y podrá conocerme si me mira el hortelano, entrar quiero a ver su estancia florida. No sé, qué respecto infunden esas canas cristalinas, que peina ese anciano viejo, pues he quedado a su vista con respecto, si lo veo, y con temor, si me mira. Entrar quiero a este pensil de floridas maravillas. Quién sois hombres, que sin voz, quién sois hombres, que sin vida? solo en el brazo el amago, solo el furor en la vista obligados de los ecos, que en dos piedades distintas articulaba mi voz, aquesa marcial conquista habéis dejado, al mirarlos, El alma se refocila, como si fueran mis hijos. Solo el silencio te diga. Solo te diga el silencio. Que al ver las canas benignas. Que al ver las benignas canas. Que en esa campaña riza. Que en esa riza campaña. Cómo nieve cristalina. Cómo cristalina nieve. Tu faz serena matizan. Matizan tu faz serena. Esta espada, que esgrimia. Esta espada, que vibraba. Suspensa, quedo, y rendida. Rendida, quedó, y suspensa. Y así pues tanto me obliga. Y así pues me obliga tanto. Tu veneración, querría. Tu veneración, quisiera. (gas. Que me digas. . Que me di- Quién eres anciano noble. Anciano tu cuna antigua. Aunque es cansada mi historia, porque ella toda se cifra en pesares. 2. Lloras padre? Si dos hijos, que tenía me vieran, como vengaran los agravios, que me irritan. Parece, que estos mancebos me infunden nueva alegría, como si fueran mis hijos. Aquesas lágrimas limpia. Enjuga el llanto en los ojos. Pues si queréis, que prosiga, escuchad. 2. Ya te escuchamos. Cielos Santos, Virgen pía. Virgen Santa, Santos Cielos. Socorred una afligida. Socorredme. . Don Alonso. Las voces en tal fatiga! son de Rosimunda, ay Cielo. Fuerte dolor, gran desdicha, dentro de la quinta entremos. La quinta en pena tan lisa miremos. . Reconozcamos. Creo, que el Diablo te incita, que nadie nos diga nada, y quieras ponerte en quintas. Qué es esto, que me sucede? Corazón, qué pronósticas? o eres falso, si me engañas, o de una dicha me avisas. A penas en este prado llegó a conocer la vista, estos mancebos, que hufanos aquestas montañas pisan, cuando asaltado de un gozo con dicha tan repentina, quiso templar un cuidado con tan repetida dicha. Vive Dios, que son mis hijos, porque si no no tendríá gozo el corazón, porque E tan hecho está a las desdichas, que solo puede alegrarlo fortuna, que es tan crecida. Tras ellos voy como suele un tigre, cometa altiva, mosqueado rayo del prado, cuando el cachorro le quitan, siguiendo la oculta senda de la floresta pagiza. Piedad Virgen Soberana. Virgen Santa, dadme ayuda. No te puede valer ya. En vano su ayuda buscas. Cómo el cristal de los Cielos? Cómo la esfera purpúrea? No arroja rayos deshechos. Su densa nieve no enluta, y arroja rayos ardientes que aniquilen. . Qué consuman este traidor. . Este aleve. Nunca el Cielo se conjura. Nunca los Cielos se enojan. Contra mí. . Contra mi furia. Pues de otro modo no puedo. Pues de otro modo es en duda. Librarme de ti. . Librarme. Aquesta violencia justa. Aquesta tan justa fuerza. Qué naufraga. . Qué fluctua. Me libre de tu furor. Me libre de tu calumnia. Si ya en la floresta verde de tanta garzota rubia de claveles, alcance de la violencia a la furia lo que no alcancó el amor en aquesta edad caduca, que importa, que de mis brazos te retires Rosimunda, bien como la ojosa yedra después que en la selva inculta el tronco verde, que abraza chupó el humor, que la inunda seca, marchita, y sin fuerzas cae en la selva purpurca, siendo tumba de clavel lo que de carmín es urna. Si ya yaces sin honor, pues en aquesa espesura lo perdiste a los temores. de aquesta acerada punta, para que ahora violenta tan arrojada te turbas? Solo ahora te suplico hombre, que en la verde gruta de plantas, de mi triunfaste, la máscara, que me enluta no me quites, porque puedo peligrar aquí sin duda, pero quítala, que ya he quedado tan difunta, que no tengo, que perder si es vida, el honor, caduca. Si te importa estar tapada, aunque con violencia injusta quiera descubrirte, yo te defenderé segura de todo riesgo. Pues Celio, como esa mujer oculta el rostro como no vemos la soberana hermosura de que habéis gozado. . Importa, que su rostro no descubra, porque las flores del campo de esmeralda en breves tumbas llorarian su desgracia, y sufririan su injuria. De este modo pienso hacer, que no la vea en sus dudas. Algún fundamento tiene cuando esta mujer se oculta para que yo no la vea, ignoro lo que discurra, si es Irene, pero no, que aunque después, que la gruta de Rosimunda miré, no reconocí, si astuta de casa faltaba, juzgo, que no es mi sospecha justa. Qué dudas me sobresaltan, no sosiega el alma, lucha con un tropel de sospechas, cuando en mil dudas fluctua. Dejaré a Celio en el monte, y por esa selva inculta volveré amirar quien es con el dolor, que me añuda la garganta, vive Dios, que en esta campaña adusta ha de ser trágico asombro de este acero, que me ilustra. Si es Irene. . Nunca alcanzo la causa porque procura ocultarse a Don Bermudo esta mujer. . Pues la injuria, de quedar ya sin honor han sufrido en la espesura estas mujeres, ahora en los troncos, que fecunda el cristal de estas montañas, atadas queden, que alguna fiera, por entre los riscos vendrá, y con puntas agudas de sus garras, y sus dientes les dará funebre tumba. Qué rigor! . Qué desaliento! Qué baldón! . Qué fuerte injuria! De aquesta suerte me vengo de esta infame Rosimunda. a este tronco quede atada, tú también Celio ejecuta lo mismo, de aquese tronco de ese sauce, que dibuja en papeles de cristal las ojas que lo circundan ata esa mujer. . Señor. si las lágrimas que enjugan. Si las lágrimas que aborta. Mis suspiros. . Mi fortuna. No te mueven. . No te ablandan. Ablándete en tal calumnia. Muébate en tanta desdicha. Ser mujer. . La desventura, de ser mujer. . Pues aquesto. Pues esta desgracia mucha. Todas las desdichas es. Es todas las penas juntas. A ese tronco quedas ya en tal dolor Rosimunda atada, para que seas pasto de las fieras brutas, que cebándose sedientas, en esa sangre purpúrea te arranquen el corazón de cristal, en cuya luna, memire yo tantas veces, aunque sufriéndote injurias. Dejarelo en ese bosque, . y por la selva ceñuda volveré a mirar quien es esta mujer, que con mudas lágrimas llora afligida esas penas, que articula. Pues si gustas, vamos. Vamos. Que vuestro corazón sufra. Qué intente vuestro rigor. Darnos esta pena injusta. Darnos aqueste castigo. Sin causa. . Sin causa alguna. Cielos, que en papel de espuma, por esas esferas bellas escribis rasgos de Estrellas, siendo el Sol dorada pluma: Contra mí en pena tan suma vibrad rayos sin concierto; pero tengo por muy cierto, que no lograréis la herida, porque no tiene ya vida quien tiene el honor ya muerto. Ojos, que con el cristal mostráis, que el dolor sentís, pues en la pena vivís, muy poco sentís el mal; pero en dolor tan fatal diréis con mucha razón, si lloramos el baldón será para más sufrir, pues vivamos por sentir la muerte del corazón. Fieras que en la selva umbrosa pacéis el verde tomillo, y al alegre cachorrillo lleváis la cabra cerdosa; por la montaña escabrosa bajad, sin piedad alguna, matadme en funebre cuna, sienta vuestras esquiveces. no muera de tantas veces la que puede morir de una. Aves, que en tanto reflejo sois garzotas del Abril, y con picos de márfil herís del aire el espejo: si siguiereis mi consejo vajaréis de ese zafir, y me llegaréis a herir, que en dolor tan singular no quiero tanto penar, mas quiero luego morir. En la alfombra de unas rosas, que entretejen unos fresnos engastando con sus troncos el coral de su bosquejo, deje a Celio, con que solo a ver esta mujer vuelvo. no por saber si es Irene; porque ya estoy satisfecho, que no puede ser mi hija, solo apasionado vengo a gozar de esta mujer; porque su gala, su aseo me cautivó el corazón, y sin ella estoy violento. otro dolor. . otra pena. Aquí no vivo. . Aquí muero. Mujer que encubres el rostro, y con ese luto negro haces que padezca el sol el eclipse que estoy viendo, si cubierto el rostro matas, que harás si quitando el velo; desenvainas cuidadosa dos rayos de dos luceros, de dos arcos muchas flechas, y de una esfera dos Cielos. Llevado de tu hermosura, arrastrado de un deseo vengo, crecido prodigio, y pues a mirarte vuelvo gozaré de tu hermosura. No harás, que aunque yo no puedo defenderme, hay corazón, que te consuma a su fuego, hay rayos en el zafir, hay suspiros en el pecho, ay quejas dentro del alma, en mis venas hay incendio; y cuando esto no bastare para moverte sangriento, voces artícula el labio, cuyos resonantes ecos, por esos aires de aljófar, moverán al alto Cielo, que aunque una vez disimula es tu delicto tan feo que no ha de poder pasar hoy tu castigo en silencio. Pues tan feo es mi delicto? Todo lo que puede serlo. Pues si es tan feo he de ver lo que lo afea, qué es esto? Irene aquí? . Virgen Pura. De aqueste modo. (hombre Aquí muero. . Gozada de un Ay triste! . Siendo yo causa. Bien temo. . Esta dagaco su punta pase su atrevido pecho. Padre detente, detente, aquese bruñido acero vuelve a la vaina, que es concha de sus plateados reflejos, que fui libiana; es verdad en aquesos montes, pero solo el ser lo no es delicto si el modo adviertes deserlo. No hade ser mi esposo aqueste? si esto sabes, a que efecto me culpas de haber salido a los jardines amenos con el que ha de ser mi esposo, si acaso el infame Celio, a quien tu patrocinaste para violentar mi pecho, violentó aleve mi honor tú tienes la culpa deeso, pero si aquestas razones, pero si estos justos ecos, mas si estas lágrimas tristes, y si estos sollozos tiernos, que hila el alma en su dolor a los ojos desde el pecho no te mueven, aquí estoy sieguen tus filos mi cuello, pase mi pecho tu punta, hiera el corazón tu acero, porque como ya estoy muerta desde que me vi en el riesgo no podrá sentir el alma de aquesa daga el veneno. Si que morirás tirana. Rosimunda amado dueño. Don Alonso. Dónde estás? Camina por ese espeso, que bordan con su esmeralda los olmos, sauces, y fresnos. Rosimunda. . Mi voz sigue. Ya voy siguiendo tu acento. Vice Dios, que Don Alonso con sus repetidos ecos me heló el impulso, y el brazo, y ya a herirla no me atrevo. Rosimunda dueño amado. Sigue por aquí mi dueño. Ya está cerca Don Alonso, si acaso me mira advierto, que de su acerada punta he de ser trágico objeto, por no encontrarme con él por aquesta parte quiero retirarme. . . Rosimunda. Yrene del alma espejo. Bien sigues, sigue esa senda. Bien sigues, sigue a lo espeso. Ya conozco que estás cerca, Ya veo que no estas lejos. Ya que estás muy cerca noto. Ya que estás muy cerca veo. Mas ya te miro bien mío. Mas ya te miro mi dueño. Atada de un tronco inútil. Atado de un tronco ameno. Pálido el rostro, y turbado. El cabello descompuesto. Qué es aquesto Rosimunda, lloras, y con el silencio mudas razones pronuncias, que me están mi mal diciendo? Qué es esto que veo Irene? tu regando ese cabello con lágrimas? Vive Dios, que alguna desdicha temo. Dime qué te ha sucedido? Dime lo que tienes luego. Porque el traidor que atrevido, Porque el traidor que grosero. Te ha ofendido, Rosimunda, ni en lo sutil de un cabello, aunque el sol dentro su esfera lo ocultase con reflejos. a su región subiría, y su concabo de fuego apagaría una vez a los soplos de mi aliento, y después lo encendería con los que mi altivo pecho respira ardientes volcanes. para que al altivo incendio abrasado, hecho pedazos por helados paralelos. cayese, que soy tan fino en las acciones que emprendo, que ni aún al sol en su cumbre deber mis venganzas quiero Ya tu amor crecido noto. Vive Dios, que se te ha puesto. el sol a ti en la cabeza para templarte es muy bueno el tomar bebidas frescas, y te sacarás el fuego. Pues si quieres advertirlo. Pues si ya quieres saberlo. Por aquese ameno prado. Por aquese valle ameno. Que guía drecho a la quinta. Que guía a la quinta drecho. Yo te lo iré relatando, Yo te lo iré refiriendo. Después que en la amena quinta aquel Hortelanó viejo en batalla tan renida nos suspendió los aceros, he cobrado tanto amor a este hombre, que siguiendo, mis pasos vino hasta aquí, que todo el odio, y veneno se ha convertido en amor, porque después que mi aliento supo; que no a Rosimunda sino a Trebe adora, templo. con esta dulce noticia ú el rencor de tanto fuego, Vamos a la quinta. Vamos. 2. Las dos iremos siguiendo. Yo también cuerpo de Dios, porque lo que aquí contemplo es verde, y no suelo yo darme verdes, que es un puerco el que quiere comer hierbas, y con gran razón lo pruebo, pues los mismos Hortelanos tienen los verdes amenos. . Cansado a la quinta llego. En este pensil frondoso, podrás gozar del reposo, podrás templar ese fuego. Y de que nació lo ardiente de tu cansacio? . Rigores me hicieron pisar las flores de este campo transparente. Una mujer que eucerrada tema en mi casa yo, de mi casa se salió por un traidor engañada, Téniale grande amor, aunque a mí me aborrecía, y cuando mi amor crecia más crecia su rigor. Seguila yo por la pinta de sus pasos, no lo erré, pues cuidadoso la hallé entre flores de esta quinta. En pesar que fue tan grave por la puerta falsa entre, que en mi difícil no fue, porque tengo de ella llave. Aunque daba muchas voces de la quinta la saqué, y de su deidad gocé, aunque con fuerzas atroces. Pero mi amor fue muy bronco, pues en la verde espesura gozada ya su hermosura, atada la dejé aún tronco, donde en pedazos desecha un jabalí monstruo ardiente se cebase diente a diente, la acabase flecha a flecha. Señor, si en tanto trabajo, la admití, bien me disculpo. No temas, que no te culpo pues me hiciste un agasajo. Si supiera este tirano en dolor tan enfadoso, que yo soy el triste esposo de Rosimunda. . Ya ufano el Sol da priesa a su coche. Pues aquí se ha de quedar, vive Dios que ha de pagar con su sangre aquesta noche. 1. A la falda pasajeros, guardad la erizada fiera, que cruza por lo eminente. de las empinadas sierras. 2. Advertid que hace en su frente, erizando la melena de cada colmillo un rayo, de cada cerda una flecha. A una mujer si sois nobles. A una mujer si hay nobleza en vuestros pechos. . Qué miro? a tortolilla sangrienta, que huyendo del alcón fiero, que va rompiendo la esfera con su pico de coral, y sus alas de laeta, diste en las manos de un lobo, que tu candidez vlolenta. Ay arminio desdichado, si ya en la verde maleza manchaste tu candidez, para que ahora te entregas en manos del cazador, a cuya ardiente soberbia hoy pagarás con la vida sobre manchar tu pureza. Ampararos es muy justo, porque no hacerlo así, fuera faltar a la obligación de quien soy, si aquí se queda fácil será darle muerte a esta Rosimunda necia. Hay querida Rosimunda si tú, bien mío, supieras quien soy, conmigo templarás el incendio de esas penas. Aquí moriré esta noche. Morir aquí es cosa cierta. No tema vuestro cuidado, porque si antes menos tierna mi voluntad os trató áspera, cruel, y fiera, ya templada aquí os recibe, y ya blanda aquí os alberga, Floro aquestas dos mujeres lleva a diferentes piezas. para que descansen. . Hago lo que cuidadoso ordenas. Venid señoras conmigo. Juzgo, que a morir me llevas. Juzgo, que voy amorir. Ven Rosimunda, no temas. Pues tú me conoces? . Sí, que aunque estoy en esta esfera sabe Dios, y sabe el mundo los suspiros, que me cuestas. Qué es esto, válgame el Cielo! Y algún día cuando sepas lo que la lengua pronuncia al ver que tú te lamentas, estimara la noticia lo que la duda desprecia. El paso muevo turbada. El paso muevo suspensa. C Pues ya el Sol por montes d va recogiendo sus ebras, y con peine de márfil perna su ardiente madeja sobre montes de alabastro, que bruñidos reflejean, presto pagará esta ingrata los suspiros que me cuesta, que hasta las fieras quisieron de aquesas selvas amenas que muera a mi mano, pues yo le sufrí las ofensas. Ya las dos quedan seguras, y también ya las dos quedan en lugares divididos. Yo también Floro quisiera recogerme. . Muy bien puedes, que ya una ardiente pavesa con lucidas llamas arde sobre los aires, que quema. (. Pues voyme luego a mi cuarto, Esos intentos que llevas nunca has de verlos logrados, porque a mi mano soberbia has de verter el coral que albergas dentro tus venas. Vino Rosimunda? . Sí. Vino Irene? . Es cosa cierta. Todo es vino, nada es agua, no faltará buena cena. Por la falda de ese monte, que con peine de azucenas las flores que lo guarnecen entreteje, pule, y peina, acosada de los perros bajaba una tosca fiera los ojos dos rayos vivos, siendo la cola cometa, que con ardientes volcanes encendió sus dos ojeras. De la fiera a los rugidos huyó Rosimunda bella con Irene, pero yo la esperé en medio una senda, y viéndola que venía cortando el aire con flechas, de su copete erizado un golpe con tal presteza letiré, que le corté manos, y pies con mi diestra. Y la fiera quedó allí? No quedó, porque la selva pisaba tan diligente, y le dio con tal destreza, que después, sin pies, ni manos caminó más de dos leguas, Sin pies, ni manos? Se espantan? no ven que las mías vuelan. Id hijos a recogeros. Ay señor, que bien me sueña ese nombre. . Al escucharte el alma ufana se alegra. Cómo a padre te obedezco. Como a padre es mi obediencia. Cuanto más miro estos mozos mas la voluntad me llevan, no se lo que de esto juzgue, ni se lo que de esto infiera. Solo infiero, que al mirar la incomparable belleza de Rosimunda, con este mancebo valiente, muerta la voluntad en sus celos, ni se mueve, ni se altera, Avisaré a Rosimunda antes que ese traidor quiera tintar con el carmi rojo, que azules venas bosqueja la nieve bruñida en copos, que todo el cuerpo hermosea. Llamar quiero a Rosimunda, que en esta cercana pieza la dejé. Ven Rosimunda, que ya el corazón te espera de quien te tiene en el alma atravesada. Quién seas ignoro anciano bizarro: pero son tantas tus prendas, que cada una a porfía me arrastra tan por su cuenta, que bien sé que tú me mueves, pero no lo que me lleva. Dime quien eres, acaba, no tan suspensa me tengas y cuando te estimo tanto, haz que luego el alma sepa la razón porque me inclinan esas tan plateadas hebras. Conocerás a tu esposo? Imposible es lo que ordenas, pues de una pistola al golpe rindió la vida en Lorena, que aunque yo vivía entonces en una vecina Aldea, supe por cierto, que yace en más encumbrada esfera, Y si a caso yo . Qué dices? Te mostrara. . Pena Inmensa. A tu esposo. . Qué es aquesto? Gustosa. . El alma se alegra, No lo recibieras? . Calla, en la memoria no muevas esas especies, que estoy a los pesar es tan hecha, que equivocado ese gusto pasará plaza de pena. Ay Rosimunda; que poco de Clodobeo te acuerdas, cuando lo tienes gustoso delante de tu presencia. Clodobeo, queso mío, esposo, mi bien, tú en esta quinta servir desdichado, como el alma poco tierna se mostró pues ignoró la dicha estando tan cerca? Es posible, qué te veo? No hay quien impedirlo pueda. lecados los rayo Qué eres Rosimunda? Sí, que tu Clodobeo seas? Y tu esposo dueño amado. Pues cómo señor no llegas a mis brazos, como, tardas de unir con unión estrecha dos almas, dame los brazos? No será la vez primera. Cómo traidor, como aleve intentaste tal vileza? paga con la vida infame. tan ignominiosa atrenta, qué es esto? elado quedé, y por las azules venas se introdujo un friotal, que las acciones me hiela. Disposición es del Cielo, pues cuando quiso mi diestra ejecutar el amago, quedó en el aire violenta. Qué es mi esposa aquesta advierte Qué es este mi esposo sepas. Pues no es esta Rosimunda? Bien Don Alonso sospechas, y para que aquelas dudas, que tan confusas te alteran se sosieguentoye un poco. Ya te escucha el alma atenta. Ya cuidadoso te escucho, Y yo te escucho sulpensa, escarlata, Silis oben su plata Lorena,el ouprod ob ngilibno. seña; usorslabl es nos oío dem inasio nil, a Anegado alumbrando la Luna con halleme cierta noche allá en aquí empleza el dolor, aquí mi be porque no aumiten cal los pesares que llegan hasta scon ultra Después que de los hav de azabache la Luna su plumaje esparció por el monte encapotada acogiame alegre a mi posana, mas luego que me vieron, tres atrevidos hombres me emvistieron, un armado volcán desenvainaron, a mi pecho sus rayos alestaron, mas como nuve, que de el aire errante sacudida, no acierta naufragante a herir con sus rigores las garzotas hermosas de las flores. Así de su temor con embarazo el polborín, seguro poco el brazo, prendió del monstro armado, y como suele a veces en el prado escaparse el clabel, que alegre sube de los copos menudos de la nuve, de el mismo modo a mí de sus Centellas me libraron entonces las Estrellas. Y aunque entonces herida no me quitó la vida, quedé tan asustado, que me quedé sin alma desmayado. Cuando me vieron ellos de esta suerte, me juzgaron despojo de la muerte, por lo cual me llevaron a la Iglesia primera que encontraron, y en una tumbafría me negaron al, Sol, padre de el día. Después que en esta tumba me pusieron cuidadosos se fueron: Volví de el susto yo, quedé turbado, tiento por este lado, de el brazo alargo el brío, un cadáver encuentro helado, y frío, alargo la otra mano pavorosa otro cadáver halla temerosa, erizábase el pelo, con difuntos encuentro, toco el suelo. De el puesto me levanto, todo es tinieblas, todo horror, Andar quise mirando el valor junto, quí un cadáver piso, allí un difunto, por la estrecha boca e aquella estancia poca una luz pude ver, aquí me templo, ampara debió ser de el Santo Templo. Guiado de la luz que me alumbraba, cuando por un resquicio breve entraba, viendo tan escabrosa la salida a la Iglesia por la losa, en pena que es tan mala de los difuntos quise hacer escala. De aquí un cadáver pesaroso llevo, de aquí un difunto valeroso muevo, de un cadáver la caja amontono también con su mortaja, y en pesares tan ciertos, me sirvieron de escala allí los muertos. La losa aparto de la boca estrecha, diome salida la profunda brecha, piso con pasograve veo en la puerta llave, y mi salidacierta, abro de el Templo la segura puerta. Guiado de mis hados, y mi estrella desesperado parto hacia Marsella, donde embarcado en una Galeota, que el salobre cristal veloz azota ayudada de el viento que la sopla en tres días miré a Constantinopla. Aquí llegué infeliz, aquí cautivo viví seis años, ha dolor esquivo! bien mi venida llora alguna bella Mora, que en tan triste ventura me pagó alguna vez con su hermosura. Como al Rey Almanzor allí servía de dos hermosas hijas que tenía, aficionose una a mi persona, loca la fortuna me dio a mi en un instan lo que pretende un siglo algún turbante. Gocé de Arminda en fin algunas veces, y sin usar de blandas esquiveces con gustoso cariño a luz dio hermoso un niño, y porque no se viera, alimento lo hicimos de una fiera. Llamámoslo Alejandro, pero luego que nació, sin sosiego de el mar a las orillas lo llevamos, donde llorando perlas lo dejamos. Ah niño prodigioso, quién te mirará ahora venturoso! Dejó a Constantinopla mi cuidado salgo una noche osado, en un Bajel me pongo prevenido de otro cautivo amigo, y conocido, renuévase la pena, llego envuelto en pesares a Lorena. Hablo con Don Bermudo, su Hortelano quise ser, y no en vano, pues como no te hallaba a ti, bien mío, la verdad sospechaba mi albedrío, y morirá a mi espada, aunque a la esfera vuele tachonada. Vuelve otra vez a mis brazos invencible Clodobeo, porque viviendo se alegre la que te lloraba muerto. Abrázame a mí también padre, y venerable viejo, porque yo sol Alejandro. (mo, Tu Alejandro? . Aquese mef- porque en una corta Aldea que baña del Posoberbio la espuma hermosa de plata me criaron, y dijeron los padres que me criaron, que en el Gigante de hielo en su orilla en una selva de verdes copados fresnos me hallaron enos Corsarios, que piadosos me trajeron a la corta Aldea, donde cuando me vieron envuelto en paños ricos, juzgaron ser nobles los que me dieron el ser, y más los movió a sospecharlo de nuevo el hallar de oro un anillo, y con un gravado sello de cuatro plateadas lunas ceñido de este letrero: Arminda en Constantinopla. Por esto tengo por cierto, y por lo que tu dijiste que eres mi padre, y si aquesto no me ayudara a inferirlo m te escogiera vive el Cielo por padre, porque te estoy tan inclinado buen viejo, que nunca se contentara con menos mi altivo aliento. Pues no llegas Don Alonso A4 a tu padre? tu suspenso, estás triste, cuando todos están mostrando contento? No te espantes, porque estoy mirando aquesto que veo corrido, pues por esposa con poco cuerdos deseos te pretendía, perdona si con intentos no honestos me he mostrado apasionado; a mi padre llegar quiero. Este es señor Don Alonso. Ya el alma me está diciendo. Ya el alma me pronostica. Que eres mi padre buen viejo. Que eres mi hijo buen joven. Que bien logrados deseos. Solo falta ahora, que de Don Bermudo soberbio tomemos venganza, voy a buscar su acero mismo, para que le demos muerte, que pues todos con lo feo de la afrenta nos manchamos, todos la afrenta venguemos. . Qué eres mi madre es posible? Así como lo estás viendo. Que viva aqueste traidor, sin que al fuego de mi aliento, cuando te ofendió cobarde quedase en carbón desecho En una silla sentado se entregó el tirano al sueño, ahora tomar venganza destr alevoso podemos, miradlo cuan sin cuidado en está en la silla durmiendo. Detén la punta Alejandro, no me mates Clodobeo, Don Alonso no me hieras. De mi padre los lamentos envueltos en tiernas voces me traen desde el aposento dónde estaba, mas qué miro? los tres estoques sangrientos, vueltos de mi padre al rostro, vueltos de mi padre al pecho? Hombres, qué hacéis tan cobardes? vosotros con tres aceros, yo desdichada, sin honra, y este traidor con aliento? Muera a mí estoque el aleve. Muera a mi espada el soberbio. Muera a mi punta el traidor. Rosimunda, Clodobeo, Alejandro, Don Alonso, que me matáis, deteneos, porque queréis tan crueles, que pague mi atrevimiento, pero que miran mis ojos con tres estoques sangrientos amenazáis arrogantes trágico fin a mi peccho? Quitadle luego la vida. No podréis, porque yo muero, Yo agraviada os lo suplico. Yo cariñosa os lo ruego, A mí me hizo una deshonra. A mí me dio el ser que tengo. Yo con lágrimas lo pido. Yo con lágrimas, y ruegos. Mirad que soy Rosimunda. Que soy Irene os advierto. Y si con lágrimas tristes. Y si con sollozos tiernos. Pesarosa no os incito. Interesada no os muevo. Sacadme a mí el corazón. Quitadme a mí el ser que tengo. A qué esperáis ya traidores? Envainad ya los aceros. Rosimunda, Don Alonso, Alejandro, aquí pretendo perdonar a Don Bermudo. No lo creo. No lo apruebo. Los aceros envainad, porque si acostumbra el Cielo perdonar al que afligido pide perdón de sus hierros; yo quiero en está ocasión, estas pasiones venciendo, perdonar a Don Bermudo, porque un agravio secreto lleva consigo el perdón. Con esa razón me templo. Esa razón me convence. Cómo a padre te obedezco. Y yo te pido perdón, que sin duda Clodobeo eres venerable anciano, que yo en el pesado sueño soñaba que eras el mismo, y si no queréis atentos darme la muerte, yo ahora a la pena que padezco de haberte ofendido, juzgo que he de quedarme aquí muerto, Ya te miras perdonado, porque no era algún remedio el que yo intentaba loca. Solo el atrevido Celio ha de pagar con la vida, y después amante intento darle a mi prima la mano. Y yo tu intención acepto. Para que tenga aquí fin con tan crecidos deseos el Pretensor de su Madre, perdonad los desaciertos.
