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Texto digital de Porcia y Tancredo

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Atribución tradicional
Luis Ulloa
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Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Porcia y Tancredo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/porcia-y-tancredo.

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PORCIA Y TANCREDO

JORNADA PRIMERA

, l JORNADA PRIMERA Cracias al cielo, que ya tomamos tierra. . Hasta hoy no sabe el Duque quien soy, . aunque cuidado le da el traje de Peregrina: y no sé si será justo comunicarle el disgusto, que me trujo a esta marina. De lo que disimuláis, algo os hizo confesar la gran tormenta del mar. Y de lo que deseáis importante, que está obrando siempre en mi desasosiego, os lo quiero decir luego. Y todo lo demás, cuando? Ahora no puede ser: mas muy presto agradecida, de mi estado, y de mi vida, ofrezco, que os he de hacer una infeliz relación. Yo vengo aquí (no os asombre) solo a vengarme de un hombre, a quien tuve inclinación. Bien, que nunca desatenta a mi decoro. . Hasta ahora venís conmigo, Leonora, pero ya vais por mi cuenta. Y pues nos ha puesto el cielo en tan infeliz fortuna, el comunicar la una, será de los dos consuelo. Que viniendo ambos tan llenos de cuidado a tierra ajena, daros parte de mi pena, será quedarme con menos. A este castillo, o palacio, más encantada, que sola, asiste en ocio loable la feliz Condesa Porcia, divertida en los estudios, siendo universal señora del Estado de Calabria, y en el retiro que logra, aborrece el casamiento su condición caprichosa. Yo he venido deseoso de que ella no me conozca, admirado de la fama, que en todas partes pregona, si mucho de su hermosura, mas de sus prendas herozcas. Formando de todo junto, una siempre milagrosa maravilla, a cuya vista se desvanecieron todas. Que a la luz de su belleza, aún para parecer sombras sin desaire, han menester no estar muy cerca las otras. Un retrato suyo traigo, que más que la fama informa, siendo el áspid, que en mi pecho ha vertido la ponzoña. Yo adoro a Porcia enefeto, y ella pretende curiosa tener de todas las ciencias las noticias más remoras, Se nuevas observaciones de la Astrologia, y todas, cuando las escuche atenta, las admirará gustosa. Así espero introducirme en su servicio, y perdona el advertirte que guardes secreto, que tanto importa. La obligación de serviros, es tanta, que no habrá cosa que encarguéis a mi obediencia, en que no se reconozca. Y pues no puede ser menos, habré de valerme de otra igual industria, que tengo las noticias más gustosas de la música, y más nuevas, y la voz, que se acomoda bien a cualquier instrumento, bastará para que Porcia me reciba en su servicio, y para intentarlo sobra. Hemos llegado al castillo? Y no con fatiga poca; un hombre que sale de él, se nos acerca. . No hay cosa que se intente sin azar. Porque lo dices? . Leonora, este fue criado mío, y pues parece que ahora debe de vivir aquí, forzoso es que me conozca, y es para valerme de él, la confianza forzosa. Ni bastó lo prevenido de dejar tan retirado, hasta el último criado, para entrar desconocido. Señor, vos en este puerto, con tan poca prevención? Presto sabréis la ocasión con que aquí vengo encubierto; y lo que me importa ahora, es, que el secreto guardéis. Muy seguro le tenéis: aquí viene mi señora, porque se siente achacosa, y sale a hacer ejercicio. Estáis vos en su servicio? Dícenme que es muy hermosa. Desde que el vuestro dejé, estoy aquí acomodado. Pues sin que os cueste cuidado, haced que licencia dé, para besarla los pies. Voy, seréis de los primeros, Señora, dos forasteros piden, que audiencia les des. Decid, que lleguen. No miras a Octavio todo turbado, y que el color ha mudado? Cuántas soñadas mentiras, en un desvanecimiento se llegan a imaginar, no se pueden comparar a tan gran atrevimiento. Que así venga una mujer, traída de un debaneo, es posible? . Yo lo veo, y no lo puedo creer. Con las raras maravillas de que os ha ilustrado el cielo. Alzad, no estéis en el suelo, no os oíré de rodillas. La fama, que solo en vos es menos que la verdad, cautivó la libertad, que os ofrecemos los dos. Si agradecéis voluntades, y nos queréis recibir, os vénimos a servir. Y no sin habilidades. Artes liberales son las de Leonora, y la mía, Música, y Astrolojia. Y las más de mi afición. Cantáis bien? . Sin fundamento, mas con arte natural, no dispongo la voz mal. Tomad algún instrumento. Acércate más al Sol, esforzado pensamiento, si está de amor la caída, no recelemos el riesgo. Cantáis de lo muy perfecto, y será (siendo extremada) mejor, más desenfadada la voz. . Túrbame el respeto. Qué nombre tenéis? Tancredo. . De dónde sois? Soy de España, y en cualquiera patria extrana, preciarme de noble puedo. He servido muchos anos al Duque de Amalfí, y sido, sin méritos, su valido, mudáronle los engaños de la envidia: mas sentir esto, fuera sinrazón, habiendo sido ocasión de que os viniese a servir. Alábanme de valiente al Duque, y de muy discreto. Su alabanza, en mi sujeto tiene algún inconveniente; Fabricio, que es de su Estado, lo podrá decir mejor. Yo también por su favor, pareceré apasionado: En cuanto al rostro, y el talle, es el mismo de Tancredo, tanto, que con nada puedo mas al vivo figurarle. En lo demás, decir cuanto siento de él, os cansará. No de malarte será, si a este se parece tanto. Aunque quedáis desde ahora admitida en mi posada, es bien tenerme informada de vuestro estado. Señora, permitid que la razón de mi fortuna, y mi vida la dejemos suspendida para mejor ocasión; n el tiempo dirá adelante, si mi lealtad es firme. El ánimo de servirme os da crédito bastante: decid, que un vestido os den de los míos, que cualquiera si a vuestro talle se hiciera, aún no os viniera también. El traje, aquí nos iguala, que por mi melancolía, a cualquiera dama mía permito toda la gala. Hacéis versos? claro está, que es achaque de ingeniosos. En afectos amorosos, cuando la ocasión lo da, suelo hacer, aunque imperfecto alguna vez lo que llama, como el Latino Epigrama, el Italiano Soneto. Decid alguno, que quiero ver el aire que tenéis, en escribir; no dudéis el mejor será el primero. Estoy sin poder hablar, por mucho que lo deseo, tan desairado, que creo, que tengo de reventar, Con este medio secreto, . sin temer sus asperezas, la podré decir finezas puestas en otro sujeto La fe con que os adora mi porfía, Y presa en el silencio esta violenta, Recatada, solicita, y atenta, Ni deja de temer, ni desconfía. El respeto embaraza la osadía, Cuando el engaño la esperanza alienta, Y al declararse mi pasión sedienta, Nunca el secrento de los labios fía. Vos podéis descifrar mi pensamiento, Cuando no le aventura mi despecho Al riesgo de causar vuestros enojos, Y remito el deciros lo que siento, De las voces del fuego de mi pecho, A la lengua del agua de mis ojos. Escribis con libertad, y bien dicen, que el amor, es gran encarecedor. Cabe mucho en la verdad. Qué parte soléis usar de toda la judiciaria mas? . En materia tan varia, como es el adivinar, dejando la Astrologia, y sin refetirlotodo, a lo que más me acomodo, es a la Fisonomia. Inclinaciones, secretas, y su cesos muy, distantes conozco por los semblantes, mejor que por los Planetas. Y en mi habéis visto de nuevo en que poder discurrir? Algo pudiera decir, señora, mas no me atrevo. Decidlo, por vida mía, no tenéis que recelar, Y no os habéis de enojar? De lo que tardáis, podía. Pues en vuestro rostro veo senas conformes, que son de dichosa sucesión, puesto que yo no las creo, Sin duda, la vanidad, que en los hados imagino, se funda en un desatino, muy lejos de la verdad. Señora. . Que me queréio con un porfiar tan necio, sabiendo que le desprecio, y que con él me perdéis? Porque mi memoria va por parte tan exquisita, que el que más la solicita, ese más lejos está, La fineza, que parece que en todos lances, de amor sirve de despertador, es ruido, que me adormece. Y aunque ninguno jamás mi descuido ha merecido, este natural olvido, es menos con los demás. Y así en la extrañeza mía, libre de cualquier pasión, toda mi desatención nace de vuestra porfía. Dejad ya de ser pesado, pues que tan mar os sucede. Presto verá lo que puede un hombre determinado. No sé, Leonora, por Dios, como te llame entendida, si así desprecias la vida, ñol y el sosiego de los dos. Que es un engaño muy cierto quererte dar a entender, que este disfraz puede ser muchos días encubierto A las paredes hay quien oídos atribuyó, y no importara; si no tuvieran lengas también. Alguna de ellas dirá de tu locura el engaño, sy ya ves en cuanto daño de los dos resultará. Con mis finezas estás tan escaso en falsedades, que debiéndome verdades, aún engaños no me das. Si esto es tema, o es amor, yo lo ignoro, y tú lo entiendes, y solo sé qué pretendes, p que lleve yo lo peor. Siempre en el campo verás, que el bruto con el arado, si entra en el yugo forzado, es el que trabaja más. Cuando dos ánimos llega a unir el trato ordinario, el que vive involuntario, es el que menos sosiega. Que son muchó más pesados, molestos, y desabridos, cariños aborrecidos, que desdenes adorados. Tratas las verdades mías con términos tan extraños, que pasan de desengaños, y llegan a groserías. Y yo reducida estoy a tan barato partido, que solo engaños te pido, y rendimientos te doy. (to, Como en cualquier fingimien es verdugo la razón, prolijos alhagos son los cordeles del tormento. Y el más trabajoso estado, y más infeliz partido, no es querer aborrecido, si no aborrecer amado. Mal puedes satisfacer a mi pasión, cuando piensas que malogras las ofensas, si no las das a entender. Y pues es atormentarte el extremo de quererte; esta vez tengo de hacerte la lisonja de dejarte. Y aunque me desprecias más, he de porsiar amando. Y todo esto va burlando? A la postre lo verás: esto que es al parecer amor, que no tiene igual, envuelto lleva un puñal, déjale desvanecer. Roberto, la presunción de esta loca de mi prima, y lo que me desestima, apresura mi razón. Tengo yo de retirarme? Sí, que me quiero acercar, quizá llegaré a escuchar algo que pueda importarme. He de matar la Condesa, a quien he de suceder. Mucho riesgo ha de tener tan dificultosa empresa. Ella me tiene usurpado de todo este Señorio, siendo por derecho mío, la grandeza, y el Estado. Qué tirano me quitó su padre, y mi curador, siendo de hermano mayor hijo legítimo yo. Legítimo me mi padre, pero mi contraria suerte lo escureció con la muerte improvisa de mi madre. Porque estando desposada de secreto, brevemente de un peligroso accidente tuvo muerte acelerada. Y como darse las manos no fue con publicidad, con poca dificultad lo encubrieron los tiranos. Mira como puede ser, que en el Estado que es mío, obedezca el señorio de una soberbia mujer. Ya ves, que de noche salen ella, y Lucrecia a gozar de los embates del mar; y si mis cautelas valen, aquellas saladas holas su sepultura han de ser, y es fácil de disponer, porque siempre vienen solas, Y entrando yo en el Estado, adonde he de ser señor, no hay motivo de temor, que pueda darme cuidado. Ay trazas más insolentes? Siempre a la suerte se fía algo, que no hay tiranía sin grandes inconvenientes: Solo te quiero advertir, que se ha de ajustar un duelo sin ventaja, ni recelo, cuando se sale a renir, mas saliendo a matar, no, que como quiera ha de ser. Dos hombres de mal hacer tengo por amigos yo, que si los quieres llevar, pues no tiene inconveniente, si sale toda la gente del castillo, es como echar cien hormigas a un León. Y no los pondrás conmigo? Luego que quieras. . Amigo, no perdamos ocasión, ven, y al soberano Templo, si le tiene la traición, haré primero oración. Hay maldad tan sin ejemplo? Suelen mover a clemencia humanas fragilidades, cuando alega la disculpa frecuentes los ejemplares. Pero no si se cometen tan raras atrocidades, que en su ejecución se turban los Ministros infernales. Leonora está aquí, y pues ya . pude que me confesase, que su disfraz fue fingido, nada querrá recatarme. Leonora, la inclinación, que hizo el cielo que cobrase en poco tiempo a tus prendas, me ha obligado a importunarte con tan repetidos ruegos, y con el gusto que sabes, a que me des de tu vida, y de tus sucesos parte. Ahora no es ocasión, porque una desdicha grande, un peligro lastimoso, que está para ejecutarse, pide en este breve tiempo informe más importante. Octavio; el más alevoso, inventor de falsedades, tan infame como fiero, tan cruel como cobarde, de matar a la Condesa está resuelto, y se vale de traidores bandoleros: Pudo esta noticia darme, no sin permisión del cielo, el cuidado de escucharle, que hablando con su criado, sin recelarse de nadie, dedicaron esta noche a tan lastimoso trance. Toma a tu cargo esta causa, en que salen a encontrarse generosa una inocencia, con una malicia infame. Voy, porque temo que el Sol se nos ha de poner antes que otros días, por no ver maldad tan abominable. Pues no pierdas la ocasión, que en peligros semejantes, es el suceso peor llegar el remedio tarde. Aquí, Bénito, has de ver el . todo lo que puede obrar, si se deja despeñar del coraje una mujer. En habito de hombre tengo de librar a la Condesa, y será dichosa empresa, si de camino me vengo. Tancredo va ya informado de un peligro tan cruel, y sin que lo sepa él he de salir a su lado. Si a tu intento, y tus razones atiendo, como de loco, todo me parece poco, pero si me lo propones, como una dama entendida tengo por desatinada, de tu delirio la entrada, de tu empeño la salida. Tú, que no de los bramidos de un León huyes medrosa, eso ya fuera una cosa, que la hicieron dos maridos. Pero de un ratón te escondes en el más bajo lugar, como el Cid quieres obrar, más gallina que sus Condes? Esta es mi resolución, no tienes que replicarme, que tengo de aventurarme, cargada de mi razón. No puede el que ha de servir meterse en dar parecer porque para obedecer no es menester discurrir. Mas fue grande majadero el que se puso a pensar, aquello del arrojar la soga tras el caldero. Un hidalgo convido a otro, y a un patinejo traer todo el aparejo para el banquete mandó. Cerca de un pozo que había, donde enojado arrojó, porque le desagradó la fruta que se servía. Y un capón que trujo un mozo, de un gígote acompañado; porque vino mal adado, también le arrojó en el pozo. Con que el huésped muy apriesa, de los manteles asió, y en el pozo los echó, con cuanto quedó en la mesa. Preguntó el dueño turbado, de tan grande desvarío el intento: señor mío, le respondió el convidado, entendí, viendo os hacer tal novedad de agasajo, que por más presto, allá bajo nos ibamos a comer. Y yo de fiel, y de fino, de parte de tu opinión, considero sin razón misterio en el desatino. Pensando que hay algo allí, que ignore el ingenio mío, si te arrojas en el río, me tengo de echar tras ti. Téngome de aventurar: esto ha de ser, vive el cielo! que para mi no hay consuelo, si no morir, o matar. Porque luego que perdí mi esperanza en su mentira, provocada de la ira me quise perder a mí. Pues perdámonos los dos, que si tu intención es esa, los manteles, y la mesa han de ir al pozo por Dios. Y porque mi fe te espante, si tú lo quieres así; ya no me echaré tras ti, arrojáreme delante. Pues yo subo a la posada, que de hombre tengo vestido, y está tan bien prevenido, que no le faltará nada. Vestida de esa manera, por donde piensas pasar? Eso nos puede faltar, siendo de noche? . Allá fueran te esperaré yo, en sabiendo que la Condesa ha salido. Voyme a poner el vestido. Y yo te quedo temiendo: todo cuanto solicito, este capricho templar, es hacerle despeñar. . . Hemos dado con Benito. Buen encuentro. . Puen azar, si azar bueno puede haber: no me puedo detener. Así te piensas entrar? Juana, en quien cifrado está todo el gusto que yo quiero, en mí tienes un cordero. Pero muy crecido ya. Juana, que celos me das, y celos que yo los creo, porque siempre que me veo, veo que merezco más. No hay fineza verdadera sin amar el propio daño, que mientras dura el engaño, no es mucho que un hombre quiera. Yo te tengo de querer, sin quererte averiguar, porque no se ha de enturbiar agua que se ha de beber. El hombre que yo adorara, y sin recelo viviera, por eso le aborreciera mejor, que si me agraviara. Mas los hombres de tu humor, son amparos del delito, y ensalcan el apetito con infamar el amor. Vosotras con propios daños, solo desprecios amáis, contentas con que pagáis engaños con más engaños. Fénito, eres hablador, y siempre mal de mujeres, yo te dejo por quien eres. Yo te tengo por peor. Perseguirasme mañana? A cuál persigue primero? Solo que me olvides quiero: a Dios Tenito. . A Dios Juana. Rato ha ya que anocheció; Tenito, has visto a Leonora? Habrá como un cuarto de ho- que a la posada subió. (ra, Dila que se dejever, que por ir ahora de priesa, que ha salido la condesa, no me puedo detener. . Y yo también voy, que ya mi ama estará vestida: por Dios que es pesada vida la que esta loca me da. , , s. Será felicidad, que brevemente la llevemos al mar, sin que suceda salir en su defensa alguna gente, que embarázar nuestros intentos pueda: Abrigo nos ofrece suficiente la verde oscuridad de esta árboleda, cuya aspereza nos tendrá escondidos, hasta poder salir, sin ser sentidos. No tendremos nosotros dicha tanta, que alguna oposición se nos ofrezca, en que reciba de la fama, cuanta reputación de intrépida merezca. Nuestra cuadrilla, que al infierno espanta, y hace que su cuadri la se estremezca. Salga Porcia una vez, y no repares en que la guarden hombres a millares. Cuando a mí se me atrevió tal género de cuidado? válgate Dios por criado! y válgame toda yo. Que se me acuerde de ti tantas veces sin por qué, y esta memoria me dé algún recelo de mí! Que me canse una ligera, y vana imaginación, cuando si con atención te olvidara, me corriera! Que en mi memoria cupiese, sin verlo el entendimiento, el bulto de un pensamiento que embarace, aunque no pese. Hárele despedir luego, y quedaré descuidada de lo que no siendo nada, parece desasosiego. Mas que será, pundonor, si vos llegáis a pensar, que yo puedo recelar, algo que me dé temor? No será en mi proceder, mas decorosa salida, darme por desentendida de lo que no tiene ser? Señora, mucho te alejas, y poco segura vas, advierte, que muy atrás el sitio ordinario dejas. Aquí podemos gozar el fresco de la marea: canta, Lucrecia, y no sea algo que me dé pesar. Yo voy siguiendo la estrella, que asistió a mi nacimiento, y es imposible el intento de tener vida sin ella. Rendido estáis, corazón, o cuanta lástima os tengo! retiraros es forzoso, por no acabar de perderos. Espera, que entre los ramos de aquel bosque siento ruido, y quizá nos ha venido la ocasión que deseamos. Vengo bien vestida? . Vienes tan bien, que llego a pensar, que eres hombre. . He de cantar mas? . Que sé yo. Pues que tienes, señora? . Si lo supiera, que me faltara Lucrecia? está mi locura necia. Plántaste de una manera, y con tan buen aire. . Basta la lisonja. . Hay más que ver? el andar como mujer, por capricho lo inventaste. Sin duda hay rumor de gente. Qué importa que venga estrecho el corazón en mi pecho, si quiero yo que reviente? oc. Por si sucediere azar, que nos embarace, quiero que la despojéis primero: con que no se ha de pensar, que el robo pudo salir de gente de obligaciones, y en tan grandes ocasiones, todo se ha de prevenir. Atadla presto las manos. Tan atroces desafueros con mujeres, Caballeros? mejor dijera villanos. . Si a tan vil trato os abate la infame necesidad, elegid la cantidad, que queréis por mi rescaté, que yo prometo de enviarla a la parte que gustéis. Con que flema os detenéis, no acabáis de desnudarla? Cielo, puede ser que quieras. permitir insultos tales? pues parecéis racionales, no procedáis como fieras. La Condesa en tal aprieto, y mi socorro se tarda? traidores, así se guarda a las damas el respeto. Segura podéis volver, que no os seguira ninguno. Socorro tan oportuno; del cielo debe de ser: anda Lucrecia, que el susto pienso que me ha de matar. Deja, que le he de ayudar, no me des ese disgusto. Ánimo, no desmayéis, haced como Caballero, dos que morirán primero a vuestro lado tenéis. Retirémonos, amigos, de esta furia, que recelo, que llueve rayos el cielo. Ah traidores enemigos! huid infames villanos, si vuestras vidas queréis, solo en los pies hallaréis sagrado para mis manos. s,

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Cómo te dije llegaron los dos en socorro mío, con tan esforzado brío, que la victoria ganaron. Recibid el parabién de hazaña tan valerosa. Mejor dirás tan dichosa. Y no se ha sabido quien os socorrió en la ocasión con tan bizarros aceros? Dos valientes Caballeros, que fue vana pretensión conocer su voluntad. Así se desparecieron? Ni los contrarios huyeron con tanta velocidad. Y no le pensáis decir a Porcia, lo que os debió en este suceso? . No: ol ob antes lo pienso encubrir, que el obligar demasiado, es empeño aventurado, en que peligra el caudal: Y que no lo sepa intento, que los servicios mayores, suelen pagar los señores con el aborrecimiento. Y sin poderlo excusar, con natural desamor, miran como acreedor al que no pueden pagar. No quiero decirle ahora . mi valiente travesura, que lo tendrá por locura, y no sin razón. . Leonora, ya de aquella relación que dejamos comenzada, y tengo tan deseada, ha llegado la ocasión. Oblígasme a que renueve un dolor, que imaginarle, atormenta mucho, y faltan las voces para explicarle: Y aunque el ánimo aborrece aquel horror, que le hace el luto de que se viste la memoria en este trance. Comenzaré, pues lo quieres; perdona, si no acabare, que temo mi desaliento. Mi atención ha de animarte. Milan, Excelente Duque, fue mi patria, y aquel traje prefagio de mis desdichas, y de mis penas alarde. Mi nombre es Clara Tribulcio, y el lustre de mi linaje, si no de lo esclarecido, tiene nobleza bastante. Faltaronme en la niñez a un mismo tiempo mis padres, y fue su muerte, improviso agüero de mi desastre. Crieme mal corregida, con un deudo de mi madre, y corrió la infancia ciega, falta de quien la guiase. Llegó el verdor juvenil, y de sus amenidades, flores decentes cogían mis sentidos liberales. Pero porque fueron muchas, sucedió, que se juzgase licita la calidad en el número culpable. Y dejando al albedrío, para que se encaminase entre lo libre, y seguro, no fue la vereda fácil. De mirar, y de ser vista, en mi continuado achaque, la flaqueza del deseo desacreditó el semblante. De demasiado inclinada a curiosas novedades, halló en mi aliño la envidia escrúpulos que acusase. Mirome entonces Octavio, que allí, no importa acordarme, a cual oficio asistía de los cargos Militares. Y en el ocio de un Invierno, quizá porque le faltase otra conquista, sitió mi fortaleza cobarde. Pelearon contra mí misma mis ojos, que siempre hacen que se retroceda el fuego, volviéndose a donde sale. Mal se conoce si falta del trato el continvo examen, cuando en la rama más verde se oculta Gitano el áspid. En fin me ofreció partidos, y yo curiosa, o mudable, los capítulos lei, impresos en falsedades. Creilos; primero un rayo, que profanara los aires, me resolviera en ceniza, desvaneciendo el cadáver. Tirmó, que de nuestra fe fuera la unión inviolable, tanto, que solo la muerte para romperla bastase. Y cuando estaba el contrato tan cerca de confirmarse, que ninguna prevención faltó para ejecutarse, al tiempo que le esperaba mi sencillez ignorante, tomo postas, y se vino, dejándome aquel desaire corrida, no porque pudo conseguir, que yo fiase a su cauteloso intento alguna prenda importante, si no porque me ofendió aquel desairado lance. Oh cuanto en grandes agravios la venganza persuade, desparada de la ira en el rigor del coraje! Mi colera le siguió con ánimo de matarle, llegamos a este castillo, venciendo dificultades. Y en él pienso que ha de dar vuestra generosa sangre, esfuerzo a mi confianza, amparo a mis soledades. Alivio a mis infortunios, esperanza a mis pesares, cordura a mis desvaríos, lucimiento a mis desaires. Compasión a mi despecho, y a mi venganza coraje; con que por vuestro respeto vuelva medrosa, y mudable, las espaldas la fortuna a tantas calamidades. Con la lástima, y la ira, me ha dejado tu razón tan turbado el corazón, que no sé como respira. Mira si quieres que apure la satisfacción que da, que por servirte, no habrá riesgo a que no me aventure. Y porque debe de ser tiempo ya de dar audiencia, Porcia, que me des licencia te suplico, para ver aquel celestial encanto, y gloriosa suspensión de mi alma. . Y es razón no detenernos: en tanto que entro yo, tendréis sabido como quedó del pesar de aquella noche, y mirar si hay novedad. . No he tenido, seguros vamos los dos, de que no nos hará agravio alguna traición de Octavio. A Dios hasta luego. . Adiós. De Lucrecia me he fiado, y porque la he menester, cuanto ha querido saber, la dije de mi cuidado. Y Octavio está persuadido de un pensamiento liviano, que solo, siendo tan vano, le pudiera haber creído. Acometiendo una empresa tan indecente, y tan fea, que quiere que yo le sea tercera con la Condesa. Y con ánimo arrogante de verse tan gran señor, lo que no pudo traidor, quiere conseguir amante. Y valiéndose de mí, con esta vana esperanza, ha de trazar mi venganza: mas Lucrecia viene aquí. Leonora, mucho me deja de tu cariño el favor. Tú, Lucrecia, de mi amor quieres prevenir la queja. Cuantas horas se han pasado, sin quererme dar lugar, en que pueda descansar la fuerza de mi cuidado? Muy de espacio me parece que va tu resolución. Y por eso mi pasión, piensas que se desvanece? Si la causa de tu pena has entregado al olvido, de habértelo persuadido me daré la norabuena. Que si bien la ofensa luego fenece con la venganza, a menos costa se alcanza con el desprecio el sosiego. Ne se aplacará jamás el odio en el alma mía, y le cebo cada día, para que se encienda más. Tengo de matar a Octavio, aunque se me suba al Cielo, y se ha de lavar el duelo con su sangre de mi agravio. Que ya mi saña cruel ha fabricado un enredo; con que de esta vez, si puedo, tengo de acabar con él. Díjele, que ya ha mudado Porcia el intento primero de no casarse, y si quiero puedo ponerle en estado, que de su voluntad sea el dueño, sin comoetencia, porque me dará licencia a que de noche la vea. y la podré persuadir también a que dé lugar para que le pueda hablar. Y como piensas salir de tan peligroso empeño, y de mentira tan clara? Oye, y verás en que para esto, que parece sueño. Con tanta supercheria quiere tratar la verdad, que juzga en mi volvurad, que admite la terceria. Y la empieza a disponer, olvidando mis cuidados. Son todos los confiados muy fáciles de creer. Una llave del jardín le daré, con que ha de entrar esta noche, para dar a sus insolencias fin. Porque intenta mi furor dispararle una pistola: y aunque tengo de estar sola, no me fáltara valor. Esto se ha de hacer así, sin contradicción alguna, haga después la fortuna lo que quisiere de mí. Siento que tu enojo intente acción tan aventurada, que aún después de ejecutada, queda el peligro pendiente. Mucho riesgo solicita un arrojado furor, y de tu ingenio, y favor mi pretensión recesita. A ese ingrato has de decir, que la Condesa se casa, y que sin duda es de casa el dueño que ha de eligir. Y esto con tal arte fea, que vaya disimulado en el descuido el cuidado. No bastará que lo crea? pienso que ha de estar ahora a donde le pueda hablar. Pues no lo has de dilatar. A Dios amiga Leonora. A Dios, y como deseo, y como lo he menester te guarde el Cielo: amás ver, mucho a mi esperanza creo. De aquel suceso el dolor me tiene como mortal. R. Ello sucedió muy mal, y pudiera ser peor. Yo te lo quise decir antes de estar empeñados: nunca valientes pagados son buenos para reñir. Tengo de quedar vengada de mi agravio, aunque ya sé, que solo desaire fue, pero en materia pesada. o. A sufrir mi desengaño llega su muha pasión. Un engaño, no es traición vengarle con otro engaño. Aquí un secreto os espera, que a solas se ha de tratar, y no he querido estorbar. Aguarda, Roberto, a fuera. Oh cuanto debes, Octavio, a mi amor, y a mi paciencia, pues que por tu conveniencia solicito yo mi agravio! Y con tal extremo crece este ciego desatino de mi alma, que imagino que ni aún crédito merece. Pero bien lo creerá la que llegare a saber querér por solo querer: que desvanecido esta? Qué desconfianza es esa? pues puédote yo faltar? Ahora es tiempo de hablar no más que de la Condesa. Cómo te dije, ella esta mudada de aquel intento primero, y su pensamiento es casarse, y que será contigo, es cosa muy cierta, según lo que yo he entendido de muchas cosas que he oído, y ya mi esperanza muerta, como el Fénix, nacerá con este nuevo deseo de verte en tan gran empleo. oct. Leonora, todo será para servirte; y si llego a conseguir tanto bien, se asegurará también fácilmente tu sosiego. No pierdas las esperanzas de aquel mi primer amor. Or cien mil veces traidor! . qué dices? . Que si tu alcanzas a verte tan eminente, te olvidaras más de mí: la llave que te ofrecí del jardín, es esta, vete siendo tarde, no repares en quemo es bien esperar: con ella tengo de estar, y si ncaso se turbare al principio, te hablaré yo primero, y llegarás donde seguro verás la firmeza de mi fe. Si te faltare, aún burlando, me atraviesen este pecho dos balas de tu despecho. Asillo voy procurando: . ve luego a hablar a Lucrecia, que lo mismo que yo sabe, fuera de lo de la llave, y de muy tuya se precia: no la dejes de buscar; Voy, y el cielo piadoso en suceso tan dichoso; no méccle ningún azar. Al mismo punto que llega, cuando algún criado tarda del que impaciente le aguarda, la cólera se sosiega. Ya tengo aBenitó aquí, y por poderle obligar . me tengo de levantar una liviandad a mí. Tú vienes, Benito mío, a muy buen tiempo, ya sabes, que los negocios más graves, de tu buena ley los fío. Quiérote comunicar un pensamiento muy necio, que por más que le desprecio, no deja de porfiar llab Yes, que después de mi agravio, y de tanta sinrazón, me aprieta más la pasión; y vuelvo a querer a Octavio. Cuando pensé que tenías algo de convaleciente; sales con otro accidente? Qué quieres? locuras mías. Qué, corre otro vendabal en la veleta del seso? Benito, yo te confieso, que en todo soy desigual: Encúbrole mi furor, . porque si llega a pensar que le han de poder culpar, se ausentará de temor. Esto que te he dicho, es divertir el pensamiento, y ahora para otro intento, que ya le sabrás después, una pistola de arzón, cualquiera, porque imagino que las que por el camino trujimos; iguales son, cuidarás de cargar luego, y que venga prevenida para cuando yo la pida, como no le falte fuego. Trazas nuevos disparates, que te acaben de perder? yo te voy a obedecer. Acaba, no lo dilates. Leonora; aquí todabía? sin entrar al aposento de la Condesa? . Un intento molesto me detenía. Noche de tanto disgusto, y de tal desaire fue, que no sé cómo podré hallarme libre del susto. Pero en riesgo tan mortal, que así se desvaneció, fue sin esperarlo yo el socorro celestial; que hacer huir los villanos, y darnos la libertad con tanta facilidad, no fue de brazos humanos. Por no haber visto jamás Corsarios esta marina, fue la traición peregrina, y el socorro lo fue más. otra vez, memoria mía, me vuelves a perseguir? no habemos de conseguir estar en paz algún día? Pues vos lo queréis así, y con mi caudal no puedo. redimirme de Tancredo, habrele de echar de mí. Tancredo, cómo os halláis? Estando en vuestro servicio, y sin faltarme el juicio, en vano lo preguntáis. Aquí pasaba conmigo, a pesar de otros cuidados, versos, que en tiempos pasados escribi por un amigo. Yo sé que serán muy buenos: referidlos, confiado de saber cuanto me agrado de lo que estimáis en menos. Ingeniosa me valdrá a. aquí la industria también: bien haya el estilo, amen, que tanta licencia da. Señora, está mi pasión de contrarios desiguales, parece por las señales locura puesta en razón. Es un engaño, que ha hecho desprecio de la esperanza, con una desconfianza, que no llega a ser despecho, Es desvanecido empleo, que forma con novedad una tercer calidad, entre el amor, y el deseo. Un voto sin desear, un culto sin merecer, un adorar sin querer, mas que querer adorar. Porque en bienes celestiales, desvanecida la gloria, quiero tener la memoria de la parte de mis males. Y sin pensar en temer, que molesta los repita, mi tristeza solicita motivos para crecer. Y en esta ciega pasión, para limitar el daño, cualquier lisonja es engaño, cualquier alhago traición. Con ánimosa porfía; por tener más que sentir, al deseo de morir defiendo la cobardía; que de un continuo dolor la paciencia perseguida, en poder sufrir la vida se califica el valor. Y solo en este pesar, a que el alma se condena, quisiera tener la pena, sin el gusto del penar. Está bien disimulado del respeto lo amoroso. suempre fue dificultoso hablar de ajeno cuidado. De mi blanda condición, . cualquier falta que este hiciera en mi servicio, tuviera facilísimo perdón. Pero lo más peligroso será, si me defendió, como lo sospecho yo, que en un pecho generoso, con mucha facilidad, de una obligación notoria, lo que ocupa la memoria, se pasa a la voluntad. Mucha claridad ha sido, y temo que está enojada: no hay cosa más desgraciada, que el artificio entendido. Era el arbitrio muy rato, pero no podía durar mucho, queriéndole usar tantas veces, y tan claro. Nada descubre tu intento, en que ella pueda caer, ni tienes que lo temer de su desvanecimiento. El estar agradecida, es lo que más temeré, mejor le despediré obligada, que ofendida. Porque en esta diferencia, defensor, o delincuente, él no le tener presente, es la mayor conveniencia. He de perder el juicio pensando en esta quimera; salios todos allá fuera, y vos os quedad, Fabricio, A Tancredo le diréis, que ya no le he menester, y esto, sin dar a entender, que alguna causa sabéis. Y despidiéndole luego, le daréis lo que quisiere. Temo que se desespere. . Albricias pido al sosiego. Primo, estéis en hora buena? en que se discurre ahora? oct. Todo el discurso, señora, mi fortuna desordena. Por una desatención, no sé si es verdad, o enredo, el desgraciado Tancredo cayó de mi estimación. Nada se le ha declarado, aunque ya le he despedido, y esto en mi decoro ha sido forzosa razón de estado. Porque ya que consiguió el que yo le recibiese, que sin desaire saliese, es lo que a mí me tocó. Y por ser interesada la causa de mi respeto, de que lo tengáis secreto me daré por obligada. Haced por mí lo que os digo, y ahora, que os retiréis os ruego, y que me dejéis un rato a solas conmigo. No puede haber conveniencia en mí, ni que desear, mas que tener en que obrar algo de vuestra obediencia. . Aunque nada puede obrar un disparate tan necio, por mucho que le desprecio, no deja de embarazar. En lo que le contradigo, y ha sido el medio más cuerdo, cobrar el tiempo que pierdo en esto que a mí me digo. El Astrólogo, licencia pide para entrarte a hablar. Pues yo no la quiero dar: que donosa impertinencia. Pues quieres que le despida? Ni aún eso quiero que hagáis, si no solo que entendáis, que sois muy mal entendida, pues que no habéis advertido, que es cosa poco atinada, venirme con embajada de un criado despedido. Que me desconozca a mí, . viendo (lo que no creyera) que hombre de tan baja esfera, pueda embarazarme así? En fin le despediré? Oh voluntad enemiga! Qué me mandas que le diga? Que se vaya, y que se esté. Pero que viene a importar el que yo le llegue a oír lo que me quiere decir? acaba, déjale entrar. Sin duda este hombre nació conmigo en feliz estrella; y aunque no ha de poder ella lo que no quisiere yo, me enfada, cuando secreta se me atreve su osadía; que aún para victoria mía, no quiero que me acometa. Cuando está todo perdido, no hay nada que aventurar; y tengo de de cansar despechado, y despedido, que me ha de valer ahora el ordinario artificio. Lo que le mandé a Fabricio, os ha dicho? . Si señora: y terrible rigor es el haberme despedido, por lo bien que os he servido, sin que os besase los pies. Mas en un dolor cruel, como el que en mi mal contemplo, cualquier parecido ejemplo suele ser alivio de él. Y estando rompiendo yo versos de ajenos cuidados, de mucho tiempo olvidados, un papel se me ofreció, que me hubiera con solado, si los conceptos que están escritos para un galán, vinieran bien a un criado. De memoria le aprendí, si no os cansa, le diré, Antes me divertiré oyéndole. Dice así, Señora, la novedad de vuestra resolución, ignorando la ocasión, asusto mi lealtad. Mas la fe de su verdad, con estar desvanecida, no receló la caída, hasta verse despeñar: que en el destino de errar, lo que es de temer se olvida. Si quiero justificar el rigor que me condena, falta, señora, en mi pena delito que disculpar. Pero en mi nuevo pesar quiere intentar el desdén, que mis infortunios den a los soberbios consuelo, viendo arrojados del cielo a los humildes también. Pero si este mal procede de no acertar a serviros, explicaran mis suspiros, lo que la lengua no puede. Cómo, sí, tal vez sucede padecer rigores tales domésticos animales, que cuando inútiles son, gimen faltos de razón, de su dueño, los imbrales. Lo que del intento mío, Tancredo, os puedo decir, es, que os hizo despedir el recelo, no el desvío. Para librar el navio se arrojan al mar despojos. Qué es esto, traidores ojos? a hurto os enternecéis, conocéisme, y no teméis que os arranquen mis enojos? Buenas nuevas, voluntad, después de contrarios tantos, alzó el sitio la razón; y queda por vos el campo. Odenad lo que queréis: mandaisme, que disfrazado con alguna industria quede, si no puedo, contemplando aquella deidad divina, ciego con dudosos pasos pueda tocar sus paredes. Hágase, pues, que ya trato de considerar el modo: y no me parece malo entrar con el jardinero por mozo, el nombre mudando en el de Cosme, o Bártolo: y porque se ofreció acaso el primero, Cosme sea este mi nombre que trazo. Gran dureza ha de tener tomar oficio tan bajo, hombre de mi calidad: o como han de condenarlo los rigurosos censores, de la propiedad, juzgando, que con extrana indecencia a mi pundonor agravio! Que decís vos, voluntad, de estas atenciones, cuando lo habéis de gobernar todo? a la razón escuchamos. Aquí, amor, de tus errores tú con los ojos vendados, siendo ciego, y Dios de ciegos, permites que mire tanto. Júpiter no padeció brutalidades del campo, en forma de Toro, y Cisne, por Europa, y Leda? acaso soy yo más que las deidades? forma del menor gusano tomara, por no dejar de ver a Porcia de espacio: finezas, o como vais de una en otra despeñando este juicio cautivo! . Ha Tancredo, en que pensamos? si os habéis de volver loco, acabad de declararos. Déjame por Dios, Benito, que no tengo humor, ni espacio para escuchar tus locuras. . Sois hombre muy aliñado, Ya te dejo la pistola tan apunto, que faltando centellas al pedernal, la desparará el amago, o la amenaza del fuego. Mucho ha de ser deslumbrarlo: estimo la diligencia, y cuando no llegue el caso, es buena la prevención. A prevenciones andamos? No me deja descansar esta tristeza que traigo, y no la puedo vencer: Leonora, quizá cantando, de tanta melancolía se podrá divertir algo. Intentalo. . Siempre suele con la suspensión del canto aumentarse la tristeza. Sí, pero la que yo traigo, no es posible crecer más, ni tienes que recelarlo. Corazón osado mío, yo no sé qué hacer con vos: porque queréis que yo quiera, y no quiero querer yo. Verdad es, que el mal humor, que me fatigaba tanto, crece. Deja de cantar. . No puedo disimularlo, Qué pepel es este? . Fue, que entre versos infinitos, que Tancredo dejó escritos, este acaso le saque. Quieres que le lea? . No, que ya ni versos deseo de ese desdichado. Creo, que de tu gracia cayó del todo, pues aborrece sus versos tu inclinación, y estos de buen aire son. Todo enfado me parece: cuantos alientos procuro, aumentan mi sentimiento, quiero entrarme a otro apesento, solo por ser más oscuro. Haced que la luz esté, haciéndola retirar, donde solo pueda entrar la que otra pieza me de. De día en el resplandor la vista se me empeora, y de las luces ahora me fatiga la calor. Este disfraz fera, porque amor quiere Que tome más ceniza de su lumbre, Para que mi fineza persevere En esta deslucida servidumbre: O porque en estas flores considere, Algún rayo de luz con que se alumbre Mi ceguedad, mirando en cada una El ejemplo infeliz de mi fortuna. Este Narciso, que tan locamente Estuvo de sí mismo enamorado, Y aquel Jacinto, que por accidente Le sobrevino fin tan desdichado: El uno, y otro en flor resplandeciente Le ve la Primavera transformado, Y yo con tantas suertes de mudanzas, No puedo mejorar mis esperanzas. Morados lirios, blancas azucenas, Símbolo del amor, y la esperanza, Jazmines que escaláis esas almenas, Émulos de mi vana confianza. Pagizos alelles, que a mis penas Mostráis desesperada la mudanza, Flamante rosa, Reina de las flores, Epílogo de trágicos amores. Verde laurel, que Ninfa desdeñosa Huyes siempre de Apolo recatada, Hermosa flor, que opuesta, y piadosa Condenas su rigor enamorada: No solo siendo Clicie, tu amorosa Inclinación te lleva transformada, Tu movimiento con el Sol concierta: Pero quien abre del jardín la puerta? Fácilmente abrió la llave que me dio Leonora, y basta para indicio de ser cierto, que la Condesa me aguarda. Una locura fingida con la costumbre, se pasa a lo que la verdadera con dificultad llegara. Pues solo por un disgusto, en que no era la venganza forzosa, en esta ocasión estoy tan aventurada. Reja del cuarto han abierto de la Condesa, y aún habla mujer en ella: sospechas, tengamos en paz el alma. La escuridad de la noche con horrores embaraza, fingiendo a la vista bultos de ilusiones, y fantasmas. Instrumento prodigioso, que inventó la industria humana, para que los menos fuertes vivan en tu confianza. Defensor de los que pueden menos, cuando los agravian; o la fuerza irracional, o la violencia tirana. Una mujer ofendida, de alguna de tus hazañas necesita. . Desde aquí, no puedo entender palabra. o. Cualquier tropiezo es agüero, y susto cualquiera planta, y para perder el tino, el menor récelo basta. Qué es esto, corazón mío, ahora el valor os falta para matar un aleve? Dicha fue traer espada, y es en la condición mía tan imposible olvidarla, que ni aqueste traje humilde para que la deje basta. A Caballero, llegad, que no es la selva encantada, ni esta feliz aventura algún Gigante la guarda. Quiero llegarme más cerca. Señora, no me acobarda ningún peligro exterior; una dicha acelerada asusta más que un pesar, y turba cuando no mata, fuera de que mi respecto, y vuestra grandeza causan estos temores en mí. Llegad, que con alas pasa la ocasión, y si se pierde, no será fácil lo grarla. No la lograréis, por Dios, si no os dais muy buena maña. Traición, traición, a Fabricio. Hh soldados de la guarda, ladrones en el jardín, cuchilladas, cuchilladas: Por valerse del broquel, el galán dejó la capa; todo es confusión de noche, aclarelo la mañana.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA El que me echó del jardín, sin duda debio de ser ministro de Lucifer. De que no fue Sera fin, te puedes asegurar, porque siendo Paraíso aquel sitio, era preciso que no te déjara entrar, Aunque digas que estaría yo de la cólera ciego, lo que es espada de fuego, es cierto que la tenía. De qué sería semejante al parecer, no lo dudo, si es que lo turbado pudo entonces más que lo amante. Hubo una contienda rara, entre el miedo, y el amor: midieronse, y fue mayor el miedo más de una vara. Roberto, no has ponderado; si no hubiera aquel azar, lo que pudiera importar? Haverte desengañado. Yo perdí gran ocasión, pero muchas me darán las que de mi parte están. Téngolo por invención: Pues siendo Porcia mujer cuerda, puédese dudar de que se quiera casar con quien la ha de suceder? Y nunca me pareció lo que me dicen supuesto; que pueden sacar en esto de engañarme? . Que sé yo Sé que con vanas quimeras tú mismo engañarte quieres, fiando de dos mujeres, que todas son embusteras. Digo todas, estas dos, que las demás, tan honradas son, que recién bautizadas están en gracia de Dios. Estoy con mucho pesar de ver que los delincuentes de casos tan insolentes, se hayan podido ocultar. El alboroto pasado, que en el jardín sucedió, desde ayer tarde, sé yo que esta bien averiguado, Entró con el jardinero un mozo, habrá pocos días, que en tropas, o compañías, dicen, que fue bandolero. Y habiéndosele fiado una llave, concertó con otros, y les abrió, para cumplir lo tratado, Y está preso? . Preso está Cosme, que entró por espía, diciendo, que serviria en el jardín, y estara, según pienso, reducido a tormento. . Y es forzoso dársele muy riguroso Tiénele bien merecido. Que me puedo declarar sin miedo, dices? . Pues no? Primero llegaré yo, y de ti tengo de hablar. Entre otros se señala, por indicio conocido, haberle hallado escondido un ferrerbelo de gala. A todas horas me llega queja de este enredador, y me ha de coger de humor: estoy de cólera ciega! Mil memoriales verás con las quererlas de Octavio, los menos con un agravio, con infinitos los más. Disimular es mejor, que la ira sin provecho, ocasionando despecho, hace el sujeto peor, Llega octa. Después de tanto rigor, gracias al cielo, que llege libre de desasosiego, a gozar algún favor. De la fineza, y verdad con que la vida os ofrezco, estoy cierto que merezco mucho en vuestra voluntad. Y sé también del cuidado con que os tengo de servir, que os habéis de arrepentir de que se haya dilatado. Ni sé lo que me decís, ni lo debéis de saber, y solo puedo entender, que sin sentido venís, y que vuestra sinrazón trata tanto de apurarme, que pienso que ha de obligarme a una gran resolución. Que sois mi heredero es llano, pero eso no ha de bastar para que antes de heredar os queráis hacer tirano. Y tenéis tantos quejosos de agravios en el Castillo, que no sé como decillo. Señora, son envidiosos, y no estáis bien informada. Basta, no me repliquéis, que yo sé que vos sabéis, que puedo estar enojada. Y si la insolencia dura por el camino que va, de mi justicia no esta vuestra cabeza segura. Y no entendáis que lo digo para que se quede así, porque la amenaza en mí esta cerca del castigo. Que habemos de hacer ahora, o como tendrá reparo un desengaño tan claro? Qué te parece, Leonora? Es el dictamen primero de aquel ánimo brioso, por nada de lo gustoso, aventurar lo severo. Y quizá para cumplir con alguno, que agraviado de vos, se le habrá quejado, la fue forzoso fingir. Pues en lo que yo imagino, es mucha la diferencia, y ha de obrar mi conveniencia. por el más breve camino. Prevenirlo es menester, pues se puede remediar, que no es cordura fiar de tan resuelta mujer. Y en un ánimo cobarde, llega, sucedido el daño, perezoso el desengaño, con el escarmiento tarde. Ya que ni con mi desprecio, . no fue posible vengarme, locura será cansarme en contemplar este necio. Leonora con la porfía . de su ciega voluntad, ha de tener por verdad cualquiera locura mía. Octavio, yo te confieso, que no acabo de entender lo vario de esta mujer. Leonora, no hables en eso, bien sabes de mi amistad, que con llaneza te trato, ya tengo de ser ingrato cansada la voluntad, y solo quererte a ti, es mi verdadero intento. Que tenga este atrevimiento, para burlarse de mí? Un medio se me ofrecia, con que vivamos contentos, si a mis altos pensamientos. los alienta tú osadía. Dame a dos cosas favor, a pagar tu voluntad, y a ser con más brevedad de aqueste Estado señor. Y ten prevenido el susto, porque el caso no te espante, que no hay hazaña importante, sin tener algo de injusto. Cuanto podemos gozar, solo lo estorba la vida de estu loca presumida, y es fácil de remeciar. Si tú un veneno la dieras, que yo le prepararé, y luego me casaré, y estaremos (no te alteres.) Alterome de contento: dalo por ejecutado, vamos a que lo tratado me afirmes, con juramento. Ven, Leonora, que con tales. votos te lo he de ofrecer, que no se puedan romper. Ya fenecieron mis males. El Duque tiene racón. Pero yo no sé, ni puedo desbaratar este enredo, sin otra nueva invención. Aunque ya tengo pensado, que vos habéis de fingir, que aquí os hicieron venir, porque se dice en su Estado, o porque se sabe cierto que el Duque está tiempo tanto, por fuerza de algún encanto, en este sitio encubierto. Lo demás dará de sí la suerte, si la tenemos dichosa, que no podemos prevenirlo todo aquí. En eso discurriréis, y yo ahora volveré, y al Duque se lo diré. Id, pues, no lo dilatéis. Fabricio, por vida mía, que me vais luego a saber, si se ha podido entender algo de aquella osadía, que en mi cuarto cometió con tan alevoso intento. Voy, y volveré al momento. Pues aquí os espero yo. Y que ese desventurado se quiera perder así? Fiase mucho de mí, y es loco de confiado. Ya me dijiste, que piensa que yo le estoy inclinada, y que fue traza inventada, para castigar tu ofensa. Y su ingrata condición es de tan mal Caballero, que creyendo que le quiero, solicita esta traición. Y aunque con un enemigo, ninguna burla es de gusto, ha de tener un gran susto, presagio de su castigo. Para quitarte la vida, cierta ponzoña me dio, y en ella me aseguró, que mezclada en la bebida, es el obrar tan preciso de su veneno fatal, que no se conoce igual para matar de improviso. Y si al dártela, el secreto felizmente sucediese, por infalible tuviese dentro de un hora el efecto. Tan menudamente tasla, vida, que el Cielo defiende, y de su clemencia pende? La avaricia es muy escasa. El delito se ha de ver del veneno con la prueba. Darle a un perro, que le beba, es lo que se suele hacer. Cosa de tal calidad, requiere mayor probanza, y para tomar venganza, importa la brevedad. Ya debe de estar probado el delito de aquel mozo, acabe en el calabozo, mejor será que ahorcado. Y fuera de la decencia que encierra este pensamiento, el librarle del tormento tiene parte de clemencia. Al Alcaide llamarás, y dile, como le ordeno, que de al preso ese veneno, y lo que juzgares más. Que de mi resolución importa para el intento. Él es hombre muy atento, y no perderá ocasión. Póneme en tan gran estrecho esta tristeza violenta, que parece que revienta mi corazón en el pecho. Un poco de agua quisiera que me trajeses, Leonora. Ya voy por ella, señora, clara? Pues, más no lo fuera. Ya llega el tiempo en que veas el dominio de este Estado. Y en que yo quede obligado a cumplir lo que deseas. Primo, cierto que no sé lo que nos mueve a los dos: no puedo estar mal con vos, y siempre me haces porque. En vuestra severidad, que no me miréis airada, será la más deseada, y nueva felicidad. Ya Octavio, pudo llegar del veneno la ocasión. Cómo tendré corazón para vérsele tomar? Ve aquí el agua, y el agravio de este insolente delito, le puedes leer escrito en el semblante de Octavio, Hacedme la salvavos, tomad el agua, señor, que no es pequeño favor el partirla entre los dos. Fuera muy gran grosería, que donde habéis de beber me atreviera yo a poner los labias. . Por vida mía, mirad que lo ruego yo, bebed más de la mitad, en muestra de voluntad. No tengo sed. . Cómo no? cuando trato de obligaros, y me veis tan empeñada, he de quedar desairada? No ha de ser, no hay que cansaros. Yo no entiendo en que sundáis lo mucho que presumís, las advertencias sentís, y el favor menospreciáis? Y con tan pesado modo habéis dado en porfiar, que ya me vengo a cansar, y lo habéis de beber todo. Acabad de darme enojos, con necedad tan pesada, que no habéis de dejar nada, aunque lo echéis por los ojos. Señora, cuando primero os enfuda no querer, porque ahora? Quieres ver más turbación? Qué grosero! Ya que a solas he bebido, os mando, que a mi presencia no volváis sin mi licencia. Cuemal sabor ha tenido! Después le tendrá peor, . y seréis obedecida, mientras durare la vida. Vase haciendo lo mejor de lo que el discurso alcanza en un caso tan aleve, y de que presto se pruebe, se tiene cierta esperan. Pero no se ha descubierto nada de nuevo hasta ahora. Todo se sabrá, señora, si sale el veneno cierto. Ahora acaba de llegar un gentil hombre, criado (do? . Que dudosa confusión! del Duque de Amalfí. . Ha entra Dice, que me quiere hablar? entre, no le detengáis. Acabáis de llegar? Sí, señora. . No estéis así, y en hora buena vengáis. Señora, todo el Estado hoy del Duque mi señor, se ve de un grande dolor confuso, y desesperdo. Que después que su Excelencia falió de él, no se ha tenido nueva, en que se haya sabido la verdad de su asistencia. Que en este sitio estaria, allá se tiene por cierto, y que se vio en este Puerto el vagel en que venía. Y aunque esta voz ha corrido con un rumor continuado, no averigua mi cuidado el origen que ha tenido. Un retrato suyo viene conmigo, y a cuantos veo se le muestra mi deseo, y con más duda me tiene. Que le han visto, me responde de todos la confusión; y ninguno da razón, ni sabe decir adonde. Tenéis el retrato al? Ahora le dejé afuera, en esa pieza primera. Hacedle meter: está parecido? . Facede cuanto se alcanza a pintan. Parece que puede hablar, y que calla porque quiere. Este es el Duque, o Tancredo? diferenciarlos no puedo con la mayor atención. Como en tantas formaciones, con milagrosa destreza, muestra la naturaleza, con unas mismas facciones el soberano primor de diferentes semblantes, en estos tan semejantes hizo el milagro mayor. Pues no tenéis que esperar, ni venís bien informado, porque el entender que ha estado, y aquí se puede ocultar. el Duque, es desatino: y así, mirad si queréis algo, con que os reparéis del cansancio del camino, porque tengo inclinación al Duque, y en la posada haré que no os falte nada. De vuestra grandeza son los efectos liberales, y del Duque en los Estados, hallarán vuestros criados. correspondencias iguales. Fabricio, yo he de bajar luego al punto a ver las fuentes, para ver si sus corrientes con reír, o murmurar, alcanzan de mi tristeza la yo entendida ocasión, que temo, que esta pasión se ha de hacer naturaleza. Aparejados estén los que vieren a temar otras veces, que he de andar en los estanques también. Pues luego podéis bajar, que todo está aparejado, que lo previno el cuidado de no haceros esperar. He trazado, como veis, que tenga al Duque en la idea, porque de esta suerte sea menos el susto después. Que teniendo en la memoria esta noticia, será, que menos extrañará al decírsela la historia de este increible suceso, y ahora lo que ha pasado decid, y que descuidado esté de su riesgo el preso. Y aunque el secreto no lleve para descubrirse modo, tengo de romper con todo en el aprieto más leve. . Voy, que quiero llegar antes que me espere. . Y ordenad, que de cualquier novedad me dé avisopor instantes. A Fabricio embié un papel, y pienso se le habrán dado, que en trance tan apretado, es fuerza valerme de él. Bastara estar encubierto, mientras no es aventurarme, pero habré de declararme en siendo el peligro cierto. Idolatremos un poco, gustosa imaginación, que en una ciega pasión, todo se permite a un loco. Oráculo celestial, decidme por vuestro dueño, si de mi amoroso empeño, es la desdicha fatal? Y si de un Dios tan tirano espero mudanza alguna, pues sabéis que mi fortuna la tiene toda en su mano? Aquel claro resplandor de la verdad primitiva, que resulta, o se deriva de su soberano Autor, Vence lo dificultoso de los Planetas airados, y a depecho de los lados me puede hacer venturoso. No lo que ha de suceder, mi curiosidad desea, que querrá Porcia que sea, es lo que quiero saber. Bien pudiera mi desvelo consultar a las Estrellas, pero burlándome de ellas, lo pregunto a todo el cielo. Que toda mi conveniencia en su agrado la imagino: mal año para el destino, si ella no le da licencia Cómo os va, Cosme? Tan mal, que no sé como lo diga, y de la sed me fatiga una congoja mortal. Traéis agua? . Muy buen vino, y unos vizcochos también. El cielo os lo pague, amen. Con qué lástima imagino . este mozo malogrado, en lo mejor de su edad! Con la grande sequedad no puedo comer bocado. Ánimo, pues, y bebed, ni recatado, ni escaso, echaos a pechos el vaso, hasta que matéis la sed. Aunque es muy justo el rigor, en pena de su delito, a mí me pesa infinito de ser el ejecutor. Ea licor generoso, pues tan liberal os dais, venid, para que seáis. de mi vida . lastimoso infortunio: cielo santo, la góndola se torció, y la Condesa cayó: en un punto daño tanto? Ligereza, si no igualas al viento, eres perezosa, para empresa tan gloriosa, amor me preste las alas. Socorro, no se dilate, que se ahogara si falta. La ventana esta muy alta, arrójome, aunque me mate. Cosme se echó del balcón, no puede quedar con vida, pero será bien perdida en tan bizarra ocasión. Con que valor tan extraño llega al agua tan apriesa, y ha librado a la Condesa, que ya la saca sin daño! Las más ínclitas memorias de las proezas Romanas, con esta hazaña, por vanas se borren de las historias. O si con este valor, que tanto pudo importar, acabase de alcanzar el morir martir de amor! No quedar hecho pedazos, fue lo más que pudo ser. Corazón, no ay que temer, el cielo llevo en los brazos. Que un peinado se arrojara, por no pasar por la pena de verse ajar la melena, si una dama le forzara, es cosa que puede ser, y también por no pagar se pueden delesperar los que viven de deber. Los necios, los presumidos, los miserables, los vanos, los que apenas son Cristianos, y medran por aturdidos. Los enfadosos, que emplean en conceptos el caudal. que nunca tienen un real, y todo lo galantean. Tero que hubiese ocasión en que por llegar primero, se arrojaste un majadero de un altísimo balcón! Aquí esta Fabricio, espero no morir de mi locura, ques he tenido ventura de encontrarte a ti el primero. Que así queráis despreciar, Duque mi señor, la vida? No esta del todo perdida; dorde me pueda curar me lleva. . Vamos, que nada habrá, que yo no aventure por vos. . Ni habrá quien mur- de fe tan acreditada. (mure Ahora, Penito, tendrás de albricias un buen vestido: no es nada lo sucedido, sino mojarse no más. Pues con mucha diferencia me sucede todo a mí, y hemos de dar, si va así, al traste con la paciencia. Hemos quedado corridos. No ves que mal sucedió? Del que me fie me dio aquellos polvos fingidos; pero yo los traeré ahora desuerte, que en mi presencia los apruebe la experiencia: no pierdas tiempo, Leonora. Déjalo por cuenta mía. El dárselos ha de ser, cuando no pueda querer benerlos en compañía. Cierto que fue señalada del preso la valentía. Es hazaña, que pedía ser de un Príncipe envidiada. Fi se echó tan sin pensar la parte donde casa, que parece que tenía abajo en que se acostar. Fue la dicha, que cayó sobre la tierra mullida para los cuadros. . La vida esa ventura le dio. Déjole, donde ha de ser muy brevemente curado, que no es el mal tan pesado, como se pudo temer. Aunque he sido muy dichosa, y doy las gracias al cielo, estoy con un desconsuelo, que me tiene cuidadosa. Porque es de gran sentimiento, el ver que quien me valió, parece que se arrojó a librarme por el viento. Y cuando para volar el valor le prestó alas, tenga costumbres tan malas, que no le pueda premiar. Señora, no hay que temer, que decir que fue ladrón, procede de una invención, que se ha de desvanecer. Y que te libró sabrás el Astrólogo, y Tancredo, el mozo de aquel enredo, y pudiera decir más. Y pues que en uno está la junta de estes sujetos, y que ahora son secretos, que el tiempo descubrirá. Si a lo mucho que padece, no son los hados fatales, pocos premios habrá iguales a todo lo que merece. Hablaisme tan misterioso, que no lo puede entender. Yo solo alcanzo a sabe: lo menos dificultoso: que quien te libró arrojado, llegó a mis brazos rendido, humildemente vestido, en sangre, y sudor bañado. Y luego que le limpié el rostro, le conocí era Tancredo, y de allí a mi casa le llevé. Y curándole, se vio, y se confirmó después, que su peligro no es tanto como se temió. Antes es su aliento tal, que sin querer un instante hacer cama, en el semblante está desmintiendo el mal. No me he querido partir sin besar tus pies primero. Solo que me acordéis quiero, si en algo puedo servir al Duque, y si pareciere, las albricias me pidáis, y para cuando partáis, todo lo que se ofreciere, sin recelo se me pida, y en muestra de voluntad esta cadena tomad. No en vano está repetida tu condición generosa, que en ambos Orbes se aclama, ocupando de la fama todas las lenguas. . Forzosa ocasión se ofrece ya para pedir, si me estimas, Fabricio, que sin enigmas me digas. . Mejor será que todo yo te lo diga, sin que me estorbe el temor. Harasme mucho favor; dilo sin recelo, amiga. Haced llamar a Tancredo. Señora, la que conarte de música te ha servido, es de muy noble linaje, y natural de Milán, que vino para vengarse de Octavio a este tu castillo, con ánimo de matarle, porque quebró el juramento, en que ofreció de casarse con ella, aunque nunca tuvo empeño que le obligase. Y ha sido gran maravilla haber podido librarse de su ira: en el jardín tuvo para despararle una pistola, la noche que le sucedió aquel lance, de que salió tan airoso. Octavio, siempre traidor, quiso en el mar arrojarte, de que te libró Tancredo. Y yo, y mi ama, con darles muy espesas cuchilladas a los mascarados, antes que pudieran rebullirse. Y después, que te mataso con veneno me pidió, de que pudiste librarte solo por mi buena ley: afréntome de acusarle. Los servicios, y las prendas de Tancredo, son tan grandes, que, no me atrevo a pensar, como has de poder pagarle, Aquí hallaras evidentes en Octavio las maldades, en Tancredo las finezas, en mí las adversidades. El empeño en la justicia, donde tu grandeza es parte, que con castigos, y premios es el imperio durable. Hh señor, como es posible, que el contento no me mate, hallándome a vuestros pies? Que sean tan semejantes, que el mismo criado suyo haya podido engañarse? Señora, ya llegó el tiempo de que el screto se aclare, que me obligó a no romperle la fuerza del homenaje, que prometí: el encubierto es el gran Duque de Amalfí, que después de haber tenido la profesión de adorarte, ha padecido por esto los infortunios que sabes, Las dichas puedes decir. y los bienes, si bastase a que a los desdenes venzan las finezas. Obligarme habéis sabido de modo, y no condenes por fácil mi resolución, que ha días que me son muy agradables las noticias que he tenido de vuestras prendas, bastantes a que os tenga inclinación: y por Tancredo acabasteis a persuadir mi extrañeza, a que alguna vez pensase en lo que se os parecia. Pues si permites que alcance tu mano. Aquí la tienes. Por soberano te aclamen, amor, y este triunfo aumente el culto de tus Altares. Casémonos Iuana, y yo, y porque no quede nadie de nones, también Lucrecia, y Fabricio. Y el dotarles quede por nuestro cuidado. Señora, si perdonares a Octavio, lo estimaré, y te lo suplico. . Baste que vos lo queráis: mas sea con que primero se case con Leonora. Soy quien gano. Y yo perdiera. vengarme con despreciaros elijo, porque hombre de vuestra sangre, y de vuestro proceder, no hay monstruo a quien compararle: y es lo mismo que tener dos cabezas, pues se sabe bien, que dos caras tenéis; y así, para no encontrarme, aunque no pudiera ser, con otro hombre semejante, no me tengo de casar. Ay maravilla tan grande! Póngase en un santuario por ejemplo memorable, el mílagro de una dama, que no ha querido casarse.