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Texto digital de Por acrisolar su honor, competidor hijo y padre

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Atribución tradicional
José de Cañizares
Atribución estilometría
José de Cañizares Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Por acrisolar su honor, competidor hijo y padre. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/por-acrisolar-su-honor-competidor-hijo-y-padre.

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POR ACRISOLAR SU HONOR, COMPETIDOR HIJO Y PADRE

JORNADA PRIMERA

Lrepecho, a la ladera. El Jabalí corre herido hacia el bosque. . Ataja, ataja: al Valle, a la cumbre, al Río. Espera, hermosa Deidad, espera, enigma Divino, no hagas tan presto un dichoso, para hacer, un desválido. Sígueme, Calforras. . Hombre, dónde vas? estás sin juicio? qué locura te arrebata? Tienes razón, que es delito, que aspire a ser venturoso, quien desdichado ha nacido: ya me detengo, qué quieres? Preguntarte, qué delirio te lleva de esa manera, rebosando desatinos por el monte; pues habiendo esta mañana salido sin mí de esa Aldea, que es el Pueblo donde vivimos, Ramón Fernandez tu padre, y nosotros reducidos a perpetuos compañeros de las fieras, y los riscos; aunque te he andado buscando, por decir, que a este sitio a cazar con su sobrina el Rey Don Sancho ha ye nido; no te he podido encontrar, hasta ahora, que di contigo, y más valiera que no; pues te hallo tan distraído, ensartando disparates, que no sin causa, imagino, que alguna gran novedad te ha enredado los sentidos: acaba de declararte. Si haré, pues de ti me fío. Rústicos habitadores de esta Aldea, que al altivo copete de aquella pena es tosco penacho rizo (como dijiste primero) somos desde que nacimos. Ya sabes, que adoré en ella en los tiernos años míos a Constanza. . Y sé las noches, que hechos dos cencerros vivos, cargados de hierro entrambos ibamos a cierto sitio a parlar por un redondo agujero alto, y fruncido de su casa, y que a la nuestra algunas de ellas volvimos llenos de ámbar atrasado, que arrojaban los vecinos. Sabes también, que aunque oculta vivió en el traje sencillo de Aldeana, su nobleza descubrió, cuando supimos, que el Rey envió por ella, para que viva al abrigo de su prima Doña Elvira, del Rey sobrina, en su mismo Palacio; y el que se hubiese criado en este retiro, era que vivía su padre, quien andando divertido en la Guerra, la encargó a un Noble Escudero antiguo de su casa, a que en la Aldea la criase entre sus hijos. Murió su padre, y el Rey, por pariente tan propinquo, quiso asistirla, y llevola con su sobrina, y consigo a la Corte. . Sé también, que la noche que nos fuimos a despedir, al llegar al acostumbrado sitio::- Déjame a mi pronunciarlo, pues aún no cesa el sentirlo. Al llegar a su ventana un hombre embozado vimos, hecho estatua de sus rejas: y antes que de descubrirnos hubiese tenido tiempo, curiosos, y prevenidos de un olmo, que de sus puertas es verde dosel florido, como se usa en las Aldeas, encubiertos estuvimos. A corto espacio la reja abrieron y oyendo el ruido, se llegó aquel embozado, y de esta manera dijo: (que el silencio de la noche nos facilito el oírlo) Sois Constanza? desde adentro el áspid de mis sentidos respondió: Sí; y prosiguiendo, dijo él: Pues ya ha querido mi fortuna de un acaso fabricarme aqueste alivio, yo soy aquel cortesano, que hartas veces habéis visto en este vecino bosque, de vuestros ojos divinos ser idólatra, esperando, que de un oriente propicio amanezcan muchos rayos en dos soles divididos. No pude escucharle más, porque haciendo en mí su oficio, o la tólera, o los celos, embesti con mi enemigo. Sacó la espada brioso, y a pocos lances, herido midió el suelo, confesando (bien a pesar de su brío) en el quedar perdidoso, que estaba favorecido. Albororose la Aldea, y para que descubrirnos no pudiesen, a la fuga fue el entregarnos preciso. Pasé la noche entre penas, ansias, quejas, y suspiros, hasta que por la manana supe, que al primer indicio de la Aurora había Constanza de nuestra Aldea salido de orden del Rey, que a la Corte la llamaba de improviso, sin que más satisfacciones la debiese el amor mío, que en este último accidente el postrero parasismo de mi amor, pues de su ausencia enfermando mi carino al incendio de su agravio, y de su tibieza al frío, le entró la accesión de forma, que en el último conflicto le dio muerte el desengaño, y le sepultó el olvido. Libre, en fin, de amor me hallaba, cuando irritado Cupido de que mi cerviz hubiese desechado el yugo antiguo, que por fiera de su carro sujetar quiso mis bríos; segunda cadena aleve a mi libertad previno, que ni la rompa el esfuerzo, ni la quebrante el arbitrio, Y apenas hoy el umbroso natural verde artificio del bosque huello, por sendas de cantuesos, y tomillos, escucho ruido de caza, y a la novedad del ruido, por saber quien le motiva, romeros, y adelfas piso. Hallo un Montero, de quien me informé, como a aquel sitio llegó esta mañana el Rey con la Infanta (que es lo mismo, que veniste a noticiarme) y como era su designio cazar en el bosque, y luego en ese Alcázar vecí pasar la fiesta, yo viendo satisfecha en los principios mi duda, vuelvo la espalda para seguir el camino de la Aldéa, y al llegar a un arroyo fugitivo, que línea de plata al Valle cruza el semblante florido, noté sentada en su margen, gozando de su bullicio, una mujer, tan hermosa, que a ser la región, que habito, Chipre, juzgara, que Venus, dejando el Celeste Olimpo para gozar de su Adonis, este campo había escogido. Pasmé al verla, y dudo al verme; y haciendo el temor su oficio, iba a volverme la espalda, cuando turbado la digo: Por qué, divina hermosura, te hurtas a los ojos míos? si es tan apacible el riesgo, deja que dure el peligro: no te ausentes, y merezca el mundo el haber hoy visto igual belleza a la tuya, la vez que ese cristal limpio tu semblante ha duplicado, de que ya desvanecido va murmurando de esotros arroyuelos cristalinos. Cobrose al oír mi acento; y con un risueno estilo, dejando ver pocas perlas el breve rubi partido, agradeció mi atención, y disculpó lo preciso de su ausencia. fuese; y yo sin norte, y sin albedrío, no atreviéndome a seguirla (porque así me lo previno) la dejé, y pasé adelante tan ciego, tan discursivo del nuevo accidente, que me iba diciendo a mí mismo::- Escollo arm de yo te conocí edificio. Parece, que por mis penas ese acento ha respondido. Qué música será esta? Qué ha de ser, que divertidos en tu cuento, hemos llegado cerca del Alcázar mismo en que está la Infanta; y mientras el Rey caza, en el distrito del monte, ella con sus Damas gozará este regocijo. Pues torzamos por estotra senda; y como ya te he dicho, iba diciendo entre mí: qué es esto? cuando me miro libre de una esclavitud, me impone Amor nuevos grillos? Qué senda para la fuga ha de haber traidor hechizo del alma, si aquestos pasos, que a la libertad destino, insensiblemente logras me lleven al precipicio? y que al son de la cadena, (lito diga en mi pena cautivo::- Ay de aquel infeliz, cuyo de- tiene en la propia culpa su castigo! Aqueste es otro cantar. Válgame el Cielo! qué he oído? parece, que hoy para mí todo este Valle es prodigios. Qué has de oír? no sabes ya, que este encantado Castillo, que a vista de esotro Alcázar está, contiene su abismo una ignorada visión, de que se oyen los gemidos continuamente, y los golpes de cadenas y de grillos, sin que hasta el día de hoy ninguno, de haba atrevido de nuestra Aldea a llegar a saber porlo que dijo:: Ejemplo de lo que acaba sliro la carrerar delos siglos. Hy de aquel infeliz cuyo de- tiene en la propia culpa su castigo! Pues aquí de mi valor: e te sit he de examinar su espanto. Hombre, qué dices? Qué digo? que he de rodear este fuerte, y por el menor resquicio entrar a ver quien es dueño de este horroroso quejido. A ti te tientan los diablos: quédate con San Francisco. Qué es quedarte? ven tras mí. No tengo de ir vive Cristo. Ven, o te daré la muerte. Detente, que ya te sigo. . Llega, pues, que hacia aquel lado abierta una reja miro. El demonio que llegara. Yo me arrojo: mas qué miro! Caíforras. . Señor? . No ves aherrojado, y suspendido un triste mísero anciano, acompañando a suspiros el ruido de sus prisiones? El duende es yo me santigna que como suele vestirse mil veces de Frailecito, se ha vestido ahora de viejo. Ove, pues, que habla consigo. De lo que fuiste primero estás tan desconocido:- De lo que fuiste primero estas tan desconocido? O que bien dice este acento, que dulcemente atraído (bien que distante del aire, que me concede este alivio) viene en esta soledad a ser compañero mío! Yo, que triunfe victorioso de tanto Pendón Morisco, como a mis plantas sirvió de rojo tapete invicto: Yo, que le he dado a Castilla más triunfos, que lloro olvidos, reducido a vil prisión! Y lo que es más, reducido a mis imaginaciones, mis mayores enemigos! No te bastó, Hernan Ruiz, perder tu esposa, y tu hijo, sin que a tanta soledad te reduzca tu destino:: , . Que de ti mismo olvidado no te acuerdas de ti mismo! Ay de aquel infeliz, cuyo delito tiene en la propia culpa su castigo. Hombre es, que no es ilusión el que quejarse ha sabido tan bien, que mueve a piedad; y el rostro no le distingo con la mano en la mejilla: llega. . Que llegue un Judio, que yo no quiero. . Pues yo le hablaré. Anciano. . Qué miro! Hombre, quien quiera que seas, no merece quien ha sido tan infeliz, que hombre humano le vea, ni oiga propicio; perdona que huya de ti. Detente cerró el postigo. Ves si digo verdad yo, que es fantasma; y al que quiso examinarla, al instante se le ha desaparecido? Calla, necio esta es prisión, que por sus graves delitos debe de encerrar a este hombre, Fernando. Qué es lo que he oído? esta es la voz de mi padre. Qué hacéis en aqueste sitio? Andar a caza de duendes. Examinar un prodigio, que oculta en sí ese eminente Alcázar, adonde dimos ruido de duras prisiones, quejas de tristes gemidos; y al llegar a aquella reja un grave anciano advertimos, que cargado de cadenas se lamentaba. . Este quiso hablarle, y en un instante desapareció ello es fijo, que es duende barbado. Ah si supieses, Fernando mío, cuanto te tocan las quejas de aquese asombro que has visto; yo sé, que con más razón te hubieran compadecido. Tocarme a mí? No lo dudes: mas que las mías. Qué has dicho, padre? . No es tiempo, Fernando, que ignores más tus principios: yo te he venido buscando, porque el Rey al bosque vino en busca tuya, y en busca de tu padre. . Y le has podido ver tú? . Para qué, si yo tu padre no soy! . Divinos Cielos, qué escucho! Fernando, distinto origen previno en tu descendencia el Cielo. El Rey Don Sancho es tu tío: tu padre, Hernan Ruiz e eCastro, es el que viste oprimido arrastrar infelizmente las acadenas, y los grillos: yo no soy más que tu deudo. Ay Jesús! esto va lindo; parientes somos del Rey: en el cuerpo me ha metido cien asadores la nueva. Señor (yo estoy aturdido) pues como siendo mi padre, y habiendo al Rey merecido tanto Hernan Ruiz de Castro, vive en este estado indigno? Eso no puedo decirte. Pues de tanto laberinto acaba, en fin, de sacarsa Ven, que ya por el camino te iré informando de todo. Y hacia dónde va, avuelito? Hacia la Quinta en que el Rey está, que ver ha querido a su sobrino Fernando: venid a casa conmigo para vestiros de gala. De contento salto, y brinco. Bien dije yo que este Valle, todo hoy para mí había sido asombros; y aún no han cesado sus extraños vaticinios. junto al arroyo quedé, como sabes, sola, y triste; pues tú otra senda seguiste, y allí donde me halló fue. En toda mi vida vi; Constanza, más cortesano, ni más atento Villano. Mil veces me arrepentí de haberte dejado, pues según pintarle has sabido, es muy para conocido un Labrador tan cortés. Si vieras con qué atención, con qué brío y entereza hizo salva a mi belleza, te llevara el corazón; bien que el tuyo esté inclinado, y a Don Albaro rendido. Ay prima! al contrario ha sido; pues desde que he averiguado, que él en el campo me vio, que a mis rejas espirando una noche llegó, cuando quien yo aguardaba le oyó; que cerró arrado con él, y que por él (ay de mí!) lo que estimaba perdí; no hay veneno tan cruel, que más aborrezca el pecho. Hartas veces me has contado aquel suceso pasado, de que aún no está satisfecho tu amante, y consiste, en que a tu ventana llegó, donde un embozado halló, que no supiste quien fue, Y que juzgando que era a quien tu correspondiste, su plática permitiste; y el otro con saña fiera, llegó envistiendo con él, y a pocos lances le hirió; y así que herido cayó, con la confusión cruel, que se deja discurrir, te retiraste a idear satisfacer su pesar, sin poderlo conseguir; pues de allí a una hora llegó quien de parte del Rey iba, y te trajo donde viva gustosa contigo yo; aunque el verte disgustada bastante pena me da. Alégrese la que está, Elvira, de un Rey amada como tú, que en mí el pesar se obedece como ley. Quién te ha dicho, que ni el Rey me ha merecido obligar? Aí verás, Constanza mía, los caprichos del amor, que de un galán Labrador, le agrada la bizarría, cuando desprecia un dosel. Por cierto, capricho injusto. Intentas darme un gran gusto? Sí. . Pues hablemos con él. Mucho te gusta en verdad. Es memoria, que merece. Esa memoria parece que va siendo voluntad; y de un Villano, no infiero, que digno de tu amor sea. Y el que tú amaste en la Aldea. Constanza, era Caballero? Si lo era, que a mi entender quiso encubrirse por algo. Pues también si ese era Hidalgo, estotro lo puede ser: su discreción lo mostro; que me hables así me espanto. No, no te apasiones tanto, que no te le ultrajo yo. tío, señora, da vuelve a la Quinta te ha divertido la caza? A quién natural rristeza le oprime, todo le cansa: Y más la continua imagen de su delito. Esta Esclava me da en que pensar, Elvira; siempre la hallo disgustada. Es rara su condición: jamás la he visto la cara alegre, desde aquel día, que sucedió la desgracia de la esposa de Hernan Ruiz, a quien hallando culpada la dio muerte su marido. Mucho sin duda a su ama quería; pues así llora su fatalidad. . La gala, demás de su gran belleza, con que diestramente canta, me la hizo traer conmigo, viéndola desamparada, después de aquella desdicha. Señora, dos horas largas ha que te busco. . Qué quieres, Inés? . Si me lo pagaras remuchísimo, te diera la nueva más soberana; que habrás tenido en tu vida. No te detengas, acaba; qué ha sido? . He visto a Fernando, y a Calforras. . Calla, calla, Inés mía, no me engañes por dar alivio a mis ansias. Digo, que mala corcoba dentro de una hora me salga, si no los he visto. . Ay Cielos! . te hablaron? . Ni una palabra. A qué vendrán? . Qué sé yo? Como en la prisión se halla Hernan Ruiz de Castro? Triste, gran señor, lleno de canas, y acompañando a suspiros los graves hierros, que arrastra. En todo, no satisface de la sangre derramada de una inocencia, la injuria: (así la juzga la fama) bien que no hay quien en su amparo ose tomar la demanda. Qué respondió a mi consulta? Gran senor no dijo nada; solo este papel nos dio. Sobrina Elvira, Constanza, habéis estado gustosas en la batida? . A tus plantas quién no ha de asistir con gusto? No hay placer como la caza. Apacible ha sido el día. Ay Elvira soberana, cuanto debes a mi amor! Conmigo este papel habla, veamos qué dice. Hasta cuando, hermosísima tirana, ha de durar ese ceno? Hasta que vuestra cansada grosera inútil porfía no me irrite. . El hombre es maza. Gracioso el papel está; oíd lo que en él me encarga Hernan Ruiz de Castro. Alguna será de sus arrogancias. Embraisme a consultar, quien encargaréis el bastón de Ge neral de vuestras Tropas, respecto de haber acometido el Moro las Fronteras de Castilla; y atendiendo a su valor, y experiencia, solo aí dos de quien fiarlo, o el Rey Don Sancho el Deseado, o Hernan Ruiz de Castro el infeliz. Dios guarde a vuestra Alteza. Qué sobrada presunción! Qué soberbia confianza! Altiva está la respuesta, pero verdadera y clara; pues por sus hechos ilustres, por sus valientes hazanas, otro hombre como Hernan Ruiz, dudo que le tenga España. Y pues en todo este tiempo, que ha que la prisión le guarda, contra él, y de Estefania en favor no prueba nada, ni el rigor de la justicia, ni el furor de la venganza: quiero tomar su consejo, y anteponerle a mi sana; pues dejar no puede el Rey el bien común de la Patria. Tello, ve por Hernan Ruiz, y di, que venga a mis plantas perdonado. . Perdonado? Sí. Elvira, de qué te espantas? De ver, señor, que aventures el pundonor de una hermana; pues perdonando a Hernan Ruiz, queda tu culpa probada. Si nada contra él resulta, sino es leves voces vagas, y si ha menester el Reino su fortaleza y sus canas; no es primero mi Corona, que atender de una bastarda al ya difunto decoro? Generales no te faltan. Sí, mas no como Hernan Ruiz. Tello, anda. . Eso aguardaba. Dame, gran señor, tus pies. Ramón Fernández, levanta. Mira a Calforras, señora. . Es verdad: albricias, alma. Dónde queda mi sobrino? Aguardando queda, para besar vuestros Reales pies, la licencia en la antesala. Y en el interín señor, que él llega a esfera tan alta, un simple escudero suyo besa, rebesa, y abraza los Imperales, Juanetes de vuestras heroicas plantas. Aparta, loco. . No quiero, Quién sois? qué queréis? No es nada: soy el amo de Fernándico. . Seña rara: Señor de vuestro Amo sois? Si señor; y es cosa clara: Yo le sirvo siempre a tuertas, y él a derechas se cansa en buscarme la comida: es lo menos el comprarla, es lo más el adquirirla; pues si en esta vida humana lo más es comer, y a mí me sustenta de reata; yo sirvo de que me sirva, buscando lo que me falta, y así, me sirve de un todo, sin servirle yo de nada. Ya conozco lo que sois. Hablaráis para manana: desde hoy seré, gran señor, sumiller de carcajadas. Quedaos en Palacio. . Harase, como su Alleza lo manda. Hay busón más exquisito? Cómo me atisba Constanza. Haced que entre mi sobrino. Hernan Ruiz de Castro aguarda. Llegue también. A mi envidia solo ver esto faltaba. De vuestros heroicos pies::- De vuestras invictas plantas: Llega un infeliz al solio. Llega un dichoso a las aras. Pues no hay muerte más civila Pues no hay vida más hidalga:- Que experimentar piedades, quien muere de sus desgracias. Qué triunfar de sus desprecios, quien aspira a otras hazanas. Quién eres, mozo atrevido, que, sin atender mis canas, cuando llego a hablar al Rey interrumpes mis palabras? Y quién, anciano, eres tú, que la inútil edad flaca, que el tiempo da por defecto, quieres pasar por ventaja? Vive el Cielo, que a no estar delante de tal Monarca, por un brazo te cogiera, y a los Cielos te arrojara. Vive Dios, que por lo mismo (ya que de respetos me hablas) no te he enviado al Infierno de la primer cuchillada. Pues yo::- . Pues yo::- Qué es aquesto? pues como a tu padre amagas, Fernando, sobrino? y cómo tú, Hernan Ruiz, a tu hijo tratas de esta suerte? . Quién, señor, es mi hijo? . Ese con quien hablas. Quién besa, señor, tu mano, y os pide de su ignorancia una, y mil veces perdón. Fernando, abrázame, abraza, que vive Dios, que lo dije así que vi tu arrogancia. Y así que vi yo tu brío, me dijo a gritos el alma, que eras, vive Dios, mi padre; que a ser otro ya temblaras de haberme visto enojado. Hasta en eso me retratas: con el soberbio, soberbio. Perdonad, que así me vaya tras mi afecto, gran señor. Hay perdida prenda amada! Muy crecido estás Fernando; como en edad tan temprana te apartaron de mi vista, tus señas están trocadas. Hay lastimosas memorias! no me aflijáis más, ya basta. Calforras, Constanza no es aquella? . La misma. Ah ingrata! Y la que encontré en el bosque es esotra? . A pares andan. Cielos, albricias; pues es el Labrador, que en la caza hallé, el hijo de Hernan Ruiz; mejorose mi esperanza. Aún no ha vuelto a verme: ha injusto! Es que le dura la rabia. Valiente Hernan Ruiz de Castro, no ignoras las grandes causas (no son para repetidas, mejor están olvidadas) por cuyos altos motivos en prisión prolija, y larga te ha tenido mi justicia, y hoy mi clemencia te saca: yo he tomado tu consejo; y así, contra las Escuadras de Abenut, Rey de Sevilla, quiero entregarte mis Armas. Con el voto que me diste, a quien mi elección abraza, te has puesto tú en el empeño: no dudo que airoso salgas, que bien conocen los Moros los aceros de esa espada. Por Mar, y Tierra pretendo castigar la fe quebrada de un Bárbaro, que me niega el feudo, que me pagaba. Cincuenta Galeras bruman al salobre Mar la espalda, y en Tierra, treinta mil hombres forman otra nueva Armada. Tú has de mandar ambas huestes; y de suerte has de mandarlas, que si asistes en la Tierra, y en el Mar General falta, ha de ser a tu elección para no errar la jornada, y que tus órdenes siga, yendo a un fin; pues cosa es clara, que en habiendo dos arbitrios, no logran, y se embarazan. Hoy has de marchar hoy mismo, que está la gente aprestada. Estos son los dos bastones; mira el uno a quien le encargas, que de ambos me has de dar cuenta; y vuelva desde hoy la lanza a ser blándida, terror de las Lunas Africanas. Gra Notable premio! No sé como darte gracias, Rey Don Sancho el Deseado, por mercedes, y honras tantas: pero ya que de mi fías, señor, empresa tan ardua, el medio de agradecerla, es saber desempeñarla. Regiré por mi persona de la Tierra las Escuadras; y no pudiendo partirme en dos, para que las aguas, siendo a mis canas espejos, plata retraten su plata; no es justicia, que pretenda, que a que yo les mande, vayan tantos valientes Fidalgos, que en la Corte te acompañan (mejor dijera envidiosos, que no sabiendo imitarlas, de mis hazanas murmuran.) Quédense, señor, en casa, que a dejar de mi mandarse, lo tendrán por acción baja. En nombre tuyo a Fernando de General de la Armada tengo de darle el bastón: solo experiencias le faltan; esas yo las supliré ga con mi aviso, y con que ancianos siempre a su lado, arra que gobiernen su biz loa Si condición: yo mando el Mar, y Campaña; a pues Fernando es otro yo, no hay de hijo a padre distancia. erte, gran señor, De esta yo te empeño mi palabra de sembrarte de alquiceles, de turbantes, y almalafas, desde Toledo, a León, desde el Tajo, a Guadiana. Por mí solo te prometo, si una vez tocan al arma, volver pavesas las ondas al incendio que me abrasa. Encender pienso a Sevilla las q endo de al r, sirvi desde el M de cristal, cuantas cer en crespas olas dispara el golfo y que sus Almenas, Torres, Fuertes, y Murallas, al triunfo de mis victorias les sirvan de luminarias. Quedo, Fernando, que pide mas obras, que no palabras este caso. . Allá veremos el que se lleva la gala. Todo, Hernan Ruiz, a tu arbitrio, vuelvo a decir, que se encarga: ven, que hay que comunicarte. Tu hechura soy. Que así haga mercedes a quien le ofende, el Rey, y del que con tanta lealtad como yo le sirve, no se acuerde para nada! sin mí de cólera estoy. Albaro, Tello, las guardias disponed, y las corazas: Ay Elvira! toda un alma el disimular me cuesta. A obedecer lo que mandas Haré lo que me ordenas, yo nés, no ves qué reacía Y se está Elvira? Ven, que luego, dando para que se vaya lugar, podemos volver, que deseo con mil ansias satisfacer a Fernando. No miras cuan de fantasma quita el sombrero? Por senas dile que se esté en la cuadra, hasta que volvamos. . Bien. No las mires. . Ah bellaca! Solo queda. . Serafín de esta esfera soberana, Ángel de este Paraiso, si es que para mí el Alcázar de las fortunas del bosque alguna porción me guarda, mil veces en hora buena te halle en él; pues colocada al altar de este Palacio del dosé, de la campaña, podré con mayor razón sacrificar a tus aras, en reverente holocausto, vida, ser, aliento, y alma. Tómese usted si está tierno? el mozo se hace unas gachas. Bizarro Zagal, a quien, aún antes que penetrara tan noble estirpe, miré menos esquiva, y extraña, que a ninguno; en hora buena del rudo principio salgas de tu Aldea, a que la Corte sus Galanes, y sus Damas se alegren con tu presencia, se mejoren con tu gala, con tu valor se defiendan, y con tu ingenio se aplaudan. No está muy verde esta breva. Presto vuelves. Mal descansa el corazón hasta hablarle. Pues detente, que la plaza está ocupada. . Qué veo! No más, que menos uraña os merece mi fineza? En deidades más que humanas, el estar menos esquivas es estar muy obligadas. De qué me sirve (ay de mí) esa piedad cortesana con mi amor, si aún no la logro, cuando es fuerza que me parta al Mar, adonde la ausencia se aproveche de sus aguas, y pudiendo aquí aplaudirla, allí es preciso llorarla? Pocas veces quien se ausenta se acuerda de lo que ama. Sí, porque al que no se olvida, no le hace el acuerdo falta. Mire usted, si es que en mi amo tal temor la sobresalta, yo la diera un buen remedio. Loco. . Mire como habla, que aquí hacemos su negocio. Y cuál es? . Darle una alhaja, que como siempre la viera, siempre de vos se acordara. Y todo eso ha menester? Señora mía de mi alma, adonde habrá sus seiscientas, sin terceras, ni criadas, eso más ha menester para acordarse entre tantas. Bueno va esto. . A ti te soplan el Galán, si a otros la Dama: y también es el Criado alcahuético? . Basta, que llevase por favor en esa purpúrea banda un Iris, que serenase de mi ausencia la borrasca. Mucho pedís. Al descuido procuraré que se caiga la banda; pues de esta suerte consigo darla, sin darla. Mucho pido? mas no es mucho, puesto que vos no dais nada. Yo, aunque:: mas la banda, Cielos se me cayó. Para alzarla yo estoy aquí. . Envócate esa. Advertid, que ya se halla en mi mano. . Y en la mía. Suéltasela tú, Constanza, que quiero yo que la lleve. Qué es que se la suelte? alhajas de mi prima, solamente con el respeto se tratan; y es muy civil osadía (el pecho en celos se abrasa) que haya quien aleve, ingrato, traidor, infiel::- . Basta, basta. A un desperdicio se atreva de deidad tan soberana. Constanza, pues quién te mete en volver tú por mi causa? de cuando acá andas tan fina con mi respeto? . Z razas. Desde que con tus acciones, tú mismo respeto ultrajas. A buen punto hemos llegado: solo que me riñas falta. Yo no riño, sino advierto cuan mal parece que hagas tales acciones. . Estás por mi maestra nombrada, prima? . No por cierto, Elvira, Ya conozco de que nazca tan áspera reprensión: y ya que de renir me tratas, por algo ha de ser escucha. Yo quedo muy obligada a vuestra amante fineza, Fernando y pues es usada en Palacio la licencia de festejar a sus Damas; hoy como pedís, admito en mi obsequio vuestra urbana atención, y por principio de premio a tan finas ansias, poneos esa banda al pecho, . que bien podéis; y estimadla, pues me cuesta una pendencia dejadla en vos empleada. Y tú, prima, si esta acción sientes tanto por mi fama, siéntela mucho, que yo, estando ya ejecutada, podré ayudarte a sentirla, mas no puedo remediarla. Buenos quedamos, Amor! Qué apuestas, a que se aranan entrambas primas por ti? Hasta aquí solicitaba saber, señor Don Fernando, de vuestro ceno la causa. Ya desde hoy no intentaré cansarme en averiguarla; pues sabiendo que el motivo de que me volváis la espalda, es dignamente emplearos en la beldad soberana de mi prima, fuera injusto a tan divinas ventajas presumir yo competencias: viváis edades muy largas en su amor, y en su fineza, que de fortuna tan alta os doy mil enhorabuenas. Y yo por no malograrlas, las recibo muy gustoso; aunque pudierais guardarlas, hasta ver si también ella tiene terrero, y ventana por donde con otro amante hable de la noche al Alba, y sea fuerza huir también de quien traidora, quien falsa, aleve, injusta, cruel, a uno admite, y a otro engaña, como vos. . Calla, alevoso, traidor, fementido, calla, que si ese fuera el motivo solo de que me dejaras. no era menester buscar tan ruin, e indigna venganza; como que viéndolo yo festejaséis a otra Dama: luego es querer con mi injuria disimular tu mudanza. Con que no es verdad, aleve, que vi un hombre, y que te hablaba por la reja, y que con él reñi celoso a estocadas? Sí; pero plegue a los Cielos, que ardiente rayo me parta, si yo a ese hombre di motivo para que así se arrojara a hablarme. . Calla qué es esa muy fría, y muy mal fundada satisfacción. . Y es mejor de agraviarme cara a cara, la disculpa que me das? Por ver si encuentro a Constanza doy a esta cuadra la vuelta: mas qué es lo que miro, ansias! hablando está con Fernando; solo celos les faltaban a mi envidia, y mi rencor. Por salir de mi tirana sospecha, vuelvo contigo, Elena: mas no me engaña mi presunción. . Es aquel? Él es; y está bien hallada mi prima con él: escucha. Todas son razones vanas. Mi bien, Fernando, mi dueño. Qué oigo, penas! Qué oigo, ansias! A sí mi cariño ofendes? así mi fe desamparas? Quién por ti riñe de noche, volverá por la demanda; déjame. . Cómo dejarte? antes, traidor que te vayas, me has de dar la banda. Advierte::- Pues qué iutentabas llevarla contigo? . No la he de dar. Mira:- . Suelta. Atiende:- . Aparta, que es en vano pretenderla. Pues no me he ir sin cobrarla. Cómo es eso dable? v. Habiendo quien os la quite a estocadas. Quién ha de ser ese? . Yo. Dificultosa es la hazaña. Qué miro Fernando, advierte::- Qué veo? Albaro, repara::- Desvía. Buena va la gresca. Quita. Buena va la danza. Déjame, que dé la muerte, a quien con vida se halla tan mal, que me enoja a mí. Qué vanaglorioso hablas! qué jactancioso discurres! Mejor fuera, que guardaras todo ese brío, Fernando, para volver por tu fama. De los favores del Rey, y los que tu padre alcanza, no te cabe en todo el pecho la vanidad temeraría, sin mirar, que tales honras, mas que te ilustran, te infaman. Mucho mejor pareciera. que el crédito restauraras de una difunta hermosura, que andar galanteando Damas: mas, pues, a tu honor no atiendes, yo te aguardo en la campaña, adonde te ensenaré a hablar bien a cuchilladas. Espera. . Tente. Qué es esto? No es nada, señor, no es nada: ha infame! viven los Cielos, que te de arrancar el alma. Con mi amo fanfurriñas? sal aquí tú, durindana; voto a los Cielos de Cristo, que he de horadarle la panza. No me decís qué es aquesto? Qué travados de palabras Albaro, y Fernando, van a reñir. . Don Tello, anda, trae a mi sobrino, y prende a Don Albaro: a qué aguardas? No os apasionéis, señor, que si Don Alvaro trata con Fernando la pendencia, no le arriendo la ganancia. Id, señor, a detenerlos. Constanza, estás asustada? . Mas lo puedes estar tú. Venid, no alguna desgracia suceda. Qué te parece tu hijo, señor? . La alhaja más superior es del mundo: valiente es como la espada de Bernardo: bien, pariente, se le luce tu crianza. Constanza, mucho me espanto, que des lugar a que haya por ti de suceder esto. Qué me riñeses faltaba! Cómo me rines tú a mí, y caes en la misma falta, no es mucho, que de ti aprenda. Es que yo::- . No digas nada, que estas con susto, ven, prima, tómaras un poco de ag Mejor es que tú la tomes, que aún no estás muy recobrada. . Eleña, has visto a Calforras? No estoy, Inés, para chanzas: linda prevenda es por Dios; déjame. . Así te dejarán los huesos. . A ti las muelas: y que a Calforras no haya visto, qué le importa a usted? Qué ha de importarme a mí? nada; aquesto es curiosidad. Pues, Inés mía, repara, le de trapos Lacayunos, asubstancia.

JORNADA SEGUNDA

Nada preguntarme intentes, que nada decirte puedo. Pues vuélvete desde aquí, que estar solo en el terrero me importa. . Oh cuanto le cuesta saber con qué fundamento Albaro le echó su falta en la cara! sus defectos sépalos por otra parte, que por mí no ha de saberlos. . Qué te decía Ramón? Pesares disimulemos: Que estuviese prevenido, que no obstante, que en secreto mi padre, y yo hemos besado la mano al Rey, y le habemos dado cuenta de los dos triunfos de nuestros aceros; por honrarnos ha mandado, que en público razón demos por menor de ambas victorias. Gran día de lucimiento. Qué es lo que me querrá Elvira, que de noche, y con misterio tan grande me envía a llamar? Presto de dudas saldremos; pues me dijo Elena, que desde aquella reja el eco de su voz haría la se para que en su cuarto luego, donde su ama estaría, entrases por el postigo pequeño del muro. . Pues ya llegamos, y en tras mí. Aunque contra el genio de mis tristezas, me mande Elvira cantar, haciendo la seña a Fernando, mal que han de convenirse creo, las armonías, que formo, con las ansias, que padezco. No hagáis ruido. . Eso me dices, cuando voy pisando huevos? Escucha, que ya sonoro aquel herido instrumento nos avisa. . Será algún Papagayo Palaciego, que gasta solfas nocturnas. Déjame oír, pues dependo, para llegar, de su aviso. Vaya por no ser molesto. Pues viste flores Abril, no te descurdes, Gilgüero, que si tardas, verás que se lleva el Alba el candor, la púrpura el Cierzo; Ven a mi acento, que también el amor necesita de ocasión, de ventura, y de tiempo: ven a mi acento. Ven a mi acento, que también el amor necesita de ocasión, de ventura, y de tiempo: ven a mi acento? Esta es la voz de la Esclava: o! a que buena ocasión, Tello, hemos llegado, pues ella no ha de estar en el terrero sola; sin duda Constanza con ella está. . No tan presto llegues, hasta que otra vez nos asegure el acento. Es Elena? . Sí. . Pues abre. A quién? a e A quí llamado viene d Fernando es: ya te obedezco. Mas qué es, Cielos, lo que miro? parados dos hombres veo a la reja. . Entra; y porque disvada el que fue misterio cantar a estas horas, otra vez vuelva a decir el eco::- Bate las ligeras alas, no digan que en tu deseo tu pureza malogra tus dicha, dejando llevar tu esperanza del viento: Ven a mi acento,. De los dos hombres, que vimos, por el postigo, qu e abrieron, entró el uno. . Bueno he quedado con honores de esta fermo. Quién será (Cielos, matadme!) quien logra lo que yo pierdo? Con conocer al que fuera se ha quedado, lo sabremos. Marimanto, y estas horas? porrazos me pide el cuerpo: temblando de miedo estoy. Ardiendo en cólera llego. Caballero? . Mas abajo. Hidalgo? . otro poco menos. Hombre? Ni aún eso, que estoy en sospechas de no serlo. Seáis lo que fueréis; yo estoy empeñado en conoceros. Pues por la fe del Bautismo me deje ir, que soy tan lerdo, que no sé como me llamo. No con disímulos necios me disvadáis la incención de saber quien desa tento de tan venerado ficio profana el noble respeto: y así, decidme quiién sois? Vealo usted, que nío quiero. A tan grosera osadía, no hay otra respuesta. . Aa perros, pensáis que ha de ser por fuerza gallina el Gra P cioso bueno es que a la e la muralla de coleto: vergantes, dos contra uno? s,y Ya, hidalgo, está aquí mi aliento para igualar la ventaja, Pues ya en esta danza dejo metido a otro no queramos aventurar el secreto. Bizarro sois, vive Dios. Dias ha que lo sabemos. Tente, Albaro, que es Hernando de Castro. . Bien su de nuedo lo dice antes que su voz. Albaro, Tello, qué es esto? Dudar como en vuestro juicio cabe el atrevido exceso de hacer espaldas a quien profana arrestado, y ciego el sagrado de este Alcázar. Mirad, que yo solo vengo al ruido de las espadas, que me avisó desde lejos. Luego no sois quien quedó en guarda del que soberbio entro por ese postigo? Mal lo que decís entiendo; y a saber vuestra sospecha, hubiera del lado vuestro procurado averiguarlo. Habiendo visto el empeño, con que guardáis esa puerta, que ya lo he sabido, creo; y para que sin castigo no se vaya, estar resuelvo aguardándole hasta el Alba. En averiguados hierros frívolas disculpas, son estudiados fingimientos. Daré cuenta al Rey, pues a él le toca poner remedio, sin expresar la malicia de que ha sido el que entró dentro su hijo pues asegurarlo es peligroso hasta verlo. ucho! Qué enfasis son los que esc Ah cobardes lisonjeros! que disgustados os tiene mi fortuna mas pues puedo, prosiguiendo mi camino, ir a Palacio, a lo menos, para empezar su castigo me servirá de consuelo los porrazos, que han llevado, y el temor, que me tuvieron. . Mucho, Elvira, me prometes. Pues todo lo que prometo cumpliré. A un balcón, Elena, te pon, y avísame en viendo pasar por el jardín gente. Si haré. Corazón, qué nuevo susto es el que se me anade siempre que a Fernando veo? mas si contra él resultan los perjuicios de mi yerro, qué mucho, que en su semblante duplique mi desaliento? Ya, Fernando, estamos solos; no es razón nos acordemos de pláticas de amor, cuando está tu honor de por medio: primero es él. . Ay de mí! Parece que ya mi acento en la parte lastimada te hirió? . Mal negarlo puedo; y porque al verte no culpes las tibiezas de mi afecto, pues adivinas las causas, suple, Elvira, los efectos. Desde el día de aquel lance con Don Albaro, en que luego mediándole el Rey, mandó poner perpetuo silencio; en tus tristezas he visto patentes tus sentimientos; y aunque todos de piedad, de temor, y de respeto te permiten el desdoro, por excusarte el tormento; yo en quien puede más, Fernando, la inclinación que te tengo, determinada a curar tu mal estoy. . Ahora veo, que eres tú sola? y que a ti sola te debo el amor, que te consagro, pues mis desdichas sabiendo, a pesar del dolor, quieres sanarlas. . Escucha atento, que para cumplir con todo, desde su principio empiezo, franqueándote las noticias, que por esa Esclava tengo, como testigo de vista de todo. . Absorto te atiendo. Don Alonso, Emperador de Castilla, cuyo Cetro dejó en Sancho el Deseado, sobstituido el Gobierno, tuvo tres hijas, la una fue, mediante el casamiento, y la llamaron Constanza, que en floridos anos tiernos casó con Luis, Rey de Francia, uniéndose en lazo estrecho a Leones, y Castillos las Lises de Clodoveo: la otra de las dos, de quien para el caso que refiero necesito, fue tu madre Estefania, un portento de belleza, y de virtud; bien que de amoroso yerro dulce fruto, mas tan noble por su madre, que el Rey mismo no aspirara a ser mejor, bastábale ser tan bueno. Pretendieron su hermosura los primeros Caballeros de Castilla, diola el Rey a Hernan Ruiz de Castro, viendo que ninguno le excedía en sangre, y merecimientos. Uno de los que con más fineza siguió este empeño, fue el Conde Don Vela, hombre tenaz, osado, y soberbio; y no obstante el desengaño, que casándola le dieron, prosiguio en demostraciones cieg de enamorado, que hubo menester tu madre para vencer sus extremos, que dle tuviese este enfado de costa muchos desprecios. Cerró puertas, y ventanas; huyó lances, buscó medios para librarse de un hombre tan amante, y tan resuelto: Y en fin cuando presumimos, que parase todo aquesto en vencer ella su arrojo, yceder él de sul ruego; supimos!, que receloso (bien que recatado, y cuerdo) andaba Hernan Ruiz de Castro penetrando, e inquiriendo, ladrón del su misma casa, sus agravios, o sus celos: que el honor, celos, y agravios tienen un semblante mismo. Una infausta oscura noche, en que parece que el Cielo, por no mirar el horror del más trágico suceso, cubrió con mieblas su rostro, donde sson tantos luceros trémolos ojos, que al aire le están pestañeando incendios: sabiendo Hernan Ruiz el hurto de su honor (que yo no creo, mentira fue, testimonio, eso afirmo y eso entiendo) y habiendo fingido antes una ausencia, al mismo tiempo que le avisaron, que andaban sombras rondando, y midiendo sus ventanas, yo sus puertas, vino a su calle encubierto. Al poco fato, que estuvo donde verle no pudieron, descubrion dos embozados; hizo una, seña uno de ellos cerca de la puerta falsa de su casa, respondieron desdé una reja; y en fin, vio después que entraban dentro: dejó, que hubiesen oerrado, y disimulando el fuego, que en el corazón ardía, aplicando un instrumento, de quien iba prevenido, al postigo, por ser cierto, que el ir por estotra puerta era ruido sin efecto, dejó por la cerradura caer la, llave en el suelo: abrió con la que tenía después, y nada sintieron, o por su mucha razón, o por su mucho silencio, o porque el Cielo permite, que los que obran tales hierros, ni vean, ni oigan, ni discurra en su propio error envueltos. Algunos pasos anduvo en eél jardín, y al reflejo deuna luz algo distante, que escasa encendia el viento, vio una mujer en el traje, y con los vestidos mismos, que en casa traía su esposa, sentada sobre el extremo de una fuente, y en sus brazos, gozando amantes requiebros, un hombre: (hasta aquí llegar pudo con noble sufrimiento) sacó la espada animoso, y acometiolos, diciendo, así, infames, se castiga tan torpes atrevimientos contra el honor de Hernan Ruiz y al infelice mancebo, pasando el pecho dos veces, le dejó a dos golpes muerto. De este tiempo aprovechada la mujer, huyó, siguiendo su fuga Hernan Ruiz, y entrose por la galería, que en medio del jardín caía matando las luces al ir huyendo: al tiento la iba buscando, cuandon oyó cerca los ecos Hernan Ruiz de Estefania; y guiándose por ellos, sin dejarla articular en su disculpa un acento, la llenó de más heridas, que ella pudo formar ecos. Cayó muerta, y al rumor los criados acudieron, y el Hya entre ellos contigo; pues dicen que eras tan tierno, que viendo muerta a tu madre, la imaginaste durmiendo, y echándola entrambos brazos los apartaste sangrientos. A expectáculo tan triste, todos quedaron suspensos; y más, cuando en el jardín el cuerpo reconocieron del joven Conde Don Vela. Contra tu madre creciendo a esta evidencia el indicio, sin saber qué se había hecho (pues no se halló, y dentro estaba) el cobarde compañero; mandó recoger tu padre plata, joyas y dineros, para huir la indignación del Rey pues siendo tan deudo de Estefania, con causa pudiera temer su ceno. Mandó a su deudo Ramón te condujese a aquel Pueblo donde te crió, con nombre de hijo suyo, hasta que el tiempo declarase, si debía tenerte por su heredero. Quiso hacer su fuga al Alba, cuando de orden le prendieron del Rey, y en aquella Torre en donde habitó, funesto panteón de un hombre vivo, le encerró con tal misterio, que los que sin ver la causa escuchaban el estruendo, imaginaron que andaban fantasmas, o encantos dentro; y esto por averiguar si el haber a su hija muerto era con causa, o sin ella; pues en indicios diversos, ya iban los antecedentes su inocencia descubriendo. Llegó a termino de ser fuerza, según fueros de Castilla, hacer probanza; y esta en los estilos nuestros, no la ejecuta la pluma, sino la escribe el acero. Presentando la acusada del crimen, un Caballero que la defienda y quien queda vencedor en campal duelo, es el que queda mejor, y el que queda con el pleito. No dudara yo, que Alfonso hiciera el último esfuerzo por el honor de su hija; pero cortó sus intentos la parca, y el Rey Don Sancho, en negocios de su Reino ocupado, no cuidó de proseguir el empeño, haciendo su tolerancia creer, a cuantos el reto anhelaban, que no estaba muy en favor el proceso de tu madre Estefania; pero nunca lo creyeron con mayor motivo que hoy, que en igual de que severo continuase en su castigo, le libró; y llenó de premios, haciéndole General de las Armas de su Imperio: quién duda, que esto fuer dar lo obrado por muy bien hecho? ni quién duda, que resulta contra ti; pues heredero del deshonor de tu madre con ella estás padeciendo? Tú estás sin honra, Fernando, mientras a tu nacimiento arguye nota el baldón del maternal adulterio. Esto te quiso decir Albaro, cuando soberbio te arguyó con tu desgracia; y esto todos echan menos, que no defiendes la causa, y permitas que en defecto de que haya quien la defienda, o por traición, o por yerro, padezca de Estefania la inocencia; y pues yo he hecho lo que debo en avisarte, pues permitido al festejo mío, fuera en mi desdoro no intentar tus lucimientos, queriéndote desairado, noble, osado, altivo, cuerdo, leal, atento, obediente, pronto, valiente, y discreto; pues te noticié del daño, tu aplicarás el remedio. Ya que lo he sabido, Elvira, juro ante ti al alto Cielo, de vengar mi honor, y hacer defendiéndolo mi esfuerzo. Señora. . Qué traes, Elena? Que a la puerta vi llegar dos hombres. . Fiero pesar! Y que es, pues la llave sueña, el Rey uno de ellos, creo. A estas horas, qué querrá? A verte, Elvira, vendrá, que ya sé tu galanteo. Pues quién? mas no es tiempo ahora de disvadir tu mentira; a esa cuadra te retira. Aprisa, que entran, señora. Llévare una luz, Elena, déjala dentro escondida, para cuando yo la pida. Qué ansia! . Qué susto! Qué pena! . De qué me podrá servir, fiera, el llegarme a esconder, si es fuerza me hayan de ver? no será mejor salir abriendo paso a mi muerte? Todo es malo en caso igual; pero como arrojo tal intentarás? . De esta suerte. La luz han muerto; y porque sin que le conozca yo salir no logre el que entró; pues ya de Tello lo sé, puesto cua no hay otra puerta, entra, y no mi Majestad se exponga a la indignidad de que sepan cuanto es cierta mi malicia, que entre tanto va a guardarla mi valor de la fuga de un traidor. Pasos siento. . De mi espanto creciendo el asombro va. De mi fie vuestra Alteza la acción. . Si de otra fineza Elvira es empleo ya, a confirmar mis recelos así mi dolor camine. Sin celos y agravios vine, y llevo agravios, y celos. Por no mostrarme culpada, es fuerza que extrañe el ruido, pues Fernando habrá salido. Abra camino la espada. Hola, Elena, hola, Mencia, mirad quien anda allí fuera. Ya di con él. . Suerte fiera! que este es el Rey. . Quién diría, que haya quien restado, y fuerte cometa tal frenesí? Ya la luz:: mas (ay de mí!) tened no me deis la muerte, que si yo::- (aún a hablar no acierto) fui causa:: (en vano respiro) válgame el Cielo! Qué miro! ella, y yo a un tiempo hemos muerto! qué haces aquí? . Qué sé yo? no es tiempo de averiguar esto, déjame pasar. Ya por esa puerta no puedes salir. . Pues qué haré? no hay otra? . No. Pues qué medio? Para librarte, un remedio solo hay que ofrecerte. . Qué? El Rey a esa puerta aguarda por conocer arrestado quien profana este sagrado; y si un instante se tarda tu asombro, hallarte es preciso. Por este balcón conviene, que te arrojes, pues él viene; aprovéchete el aviso, que aunque tu peligro es cierto, ya evitas su desagrado; pues te hallará castigado cuando te encontrare muerto. Antes esta desmayada mujer fuerza es retirar. Aquí se puede quedar, pues no se aventura nada en su vida. . Hal, que colijo de enigma tan no entendida, que puede importar su vida. En qué te detienes, hijo? Ya a morir me precipito, por salvar una opinión. Tan grande satisfacción pide tan grande delito. . Qué ruido es aquel? Hernando mucho se detiene, qué le habrá sucedido? . A fe, que si se ha muerto Fernando, habré negociado bien. Quién a estas horas se atreve entrar, donde aún no debe, por no irritar mi desdén, entrar el Sol sin reparo? Suspended divina Elvira, los ceños de vuestra ira; pues que no osara, es claro, entrar, donde os irritara de esta fuerte, si no fuera buscando de esta manera a un hombre, que entre la rara frondosidad del jardín perdí, y creyendo que había entrado aquí, la ansia mía viendo abierto el cuarto, a fin de conocerle, llego al tiempo que esta criada al verme entrar con la espada desnmida, se desmuyó; que supláis la accionos ruego. De agraviar de esa manera de este retiro la esfera el osado arrojo ciego, mal, Hernando, os disculpó, sin que me digáis primero, quién para exceso tan fiero os puede dar alas? Yo. Señor::- Vuestra Majestad::- pues cómo? . La turbación no es disculpa de una acción, que roza en la indignidad: hallaste alguien? . No señor. Por dónde el traidor se iría? Aunque arguya culpa mía vuestro impensado rigor, solo deciros intento (este acaso le disvada, y para no errar en nada, esforcemos el partido) cuan dentro de mi recato eterna mi resistencia anade nueva influencia a lo hermoso con lo ingrato A este cuarto me pasé, que cae a esa galería; porque mi melancolía divertir imaginé viendo el jardín, y escuchando la dulce voz de esa Esclava, que en aquel balcón estaba, cuando rumor escuchando vengo, y ya en distinta acción hallo a Elena desmayada, veo a Hernando con la espada desnuda, su turbación buen indicio viene a ser, que haberse atrevido a entrar será venirla a buscar. A su difunta mujer sirvió Elena, quien alcanza (pues a tales horas huella tal sitio) a saber si en ella tiene que obrar su venganza? Y pues solo soy testigo de su osado proceder, no se deben entender esos enfasis conmigo. Señor:: . No pues si conmigo has venido, bien claro está que ha mentido. Elena? . Detén la espada, no me des muerte (ay de mí!) que yo, Hernando, te diré cuanto he visto, y cuanto sé: mas quién es quién está aquí? Yo soy, cobrate. . Señor:: Qué tienes, dime, qué hablar? qué pretendes declarar? Yo (alentemos, pues, error) . nada tengo que decir: si algo dije, ansia vehemente, delirio del accidente fue, que me llegó a rendir. Vete, y procura el aliento restaurar. . Si haré, señor. Corazón, pues el temor de mi culpa a su tormento me confiesa la homicida, bien que la aborrezca triste, callemos, pues que consiste en mi silencio mi vida. Permitid, que sepa, Cielos, pues los recelos son sabios, quién con ocultos agravios me da tan patentes celos. Ven, pues, que ya el rosicler de la Aurora indicios da. Válgame Dios! qué tendrá que decir esta mujer? mas si Fernando ha encontrado a estas horas con Elvira, claro es que este enigma aspira a declarar su cuidado. No vi atrevimiento igual: cosas de mancebo son; no ha de estar allo el balcón, iré a ver si se hizo mal. . , s, . Ya os he dicho cuan en vano vuestro tesón solicita hacer que méritos tenga de fineza la porfía. No vengo amable tirana, cruel hermosa enemiga, como hasta aquí, a merecer las piedades de tus iras; a extrañar sí, que a pesar de tu decoro, permitas, que una acción; mas que de humana, te desluzza lo divina. Oigan el hombre. Aunque pase ya el tesón a grosería, y aunque tal atrevimiento con mayor causa me irrita; es forzoso preguntaros, qué pensamiento os motiva a discurrir, que en mi quepa acción, que de mí sea indigna. Pues qué pretendes negarme que anoche, injusta homicida, poner hiciste a la reja a la Esclava, porque sirva su acento de sena a un hombre, que atendiendo a que le avisan, y a que le abren el postigo del muro (ah celosa envidia!) entró por él al jardín antes que mi bizarría pudiese darle la muerte? Qué dices, Albaro? . Chispas. No disimules, ingrata, pues cuando no me lo diga tu voz, el ver, que es Hernando de Castro quien le apadrina, y con quien desesperado tení, al notar, que le hacía espaldas, me dice, que es su hijo el que atrevido aspira, en fuerza de tus favores, a conseguir tus caricias: y pues haberle esperado a que saliese hasta el día para matarle, fue en vano; pues tu industria, o tu malicia, que le entró por una puerta, por otra le arrojaría, no lo será el que le busque; y ya que en matarte insista, o sea a precio de su muerte, o sea a costa de mi vida. Qué es esto, Inés? . Esto es, que anda aquí daando Elvira. ̱i. Ahora confirmo, que el rú de anoche en que vi que abrían un balcón, y que por él un hombre se precipita, debió de ser que Fernando con ella estaba (ah enemiga! quién lo supiera de cierto. Si no me engaña la vista, Calfortas viene si tú a ese cancel te retiras, yo lo sabré. . De qué forma? Ya lo verás. . Mi fatiga por lograrlo te obedece. Gran cuento, notable día! Pues Calforras, dónde bueno? A fe, pregunta esquisita, sabiendo, que el día de hoy en que a dar vienen noticia de sus victerias al Rey mis dos amos, y caminan con Real celebre aparato de Militar comitiva ya hacia Palacio. . De suerte, que, no obstante la caída, tiene tu amo tanto aliento? Qué caída, hembra maldita? La de anoche del balcón; piensas que no me confía Elvira a mí sus secretos? Pues digo, la relamida, para qué nos lo misteria, si luego a ti te lo chista? Qué oigo! Y dime, se hizo mal? Qué mal? pese a mi barriga: después que toda la noche se estuvo con la chiquilla en el cuarto de la Esclava, dejándome a mí, que riña sus pendencias. . Oigan oigan. Mas óyeme, por tu vida, una grande novedad, que es el tener prevenidas para hacer la entrada de hoy en igual de galas ricas, . tristes insignias. . No puedo (pues ya ese clarín avisa, que llegan) estarme aquí, que es fuerza, que a mi ama asista: lo oíste? . Ya lo he escuchado; y a tal agravio, la antigua fineza será en mi pecho venganza, rencor, y envidia. . Bueno me ha dejado, pero pues esta salva confirma, que entran mis amos, y no hay distancia que me lo impida, entremos a oír qué dicen las algázaras festivas. En hora buena Toledo hoy con aplausos reciba los valientes defensores de León, y de Castilla. Valerosos Castellanos, así honra mi bizarría a los que por mi Corona saben vibrar la cuchilla: y pues vencedores ya de las Escuadras Moriscas llegan los valientes Heroes, en su aplauso el aire diga::- En hora buena Toledo hoy con aplausos reciba, Mas tened, qué destemplado tambor, qué ronca sordina, el júbilo del clarín confunde, y atemoriza? Vuelve la cara, señor, verás en opuestas líneas, el placer, y la tristeza mezcladas, y divididas. El viejo Hernan Ruiz de Castro, su gente muestra vestida de gala, y el Sol luciente rebervera en sus cuchillas. Fernan Ruiz de Castro el mozo, trae las Tropas, que acaudilla, llenas de funesto luto, con bandas negras ceñidas al cuerpo, negras las plumas, los paveses, y divisas Cómo, sin venir vencido? grande novedad le insta a tal extremo Señor pues él entra, él te lo diga Rara extrañeza! no sé lo que mi pecho adivina. Valeroso Don Sancho el Deseado, del Orbe entero con razón tenido. Castellano Monarca venerado del tiempo, de la envidia, y del olvido Hoy a tus plantas llega tu Soldado del Moro vencedor, nunca vencido. Hoy triunfante tus pies belar intento. Dame un rato atención. . Óyeme atento. Salí, señor, con tu robusta gente asustando tu Ejército la Tierra y en el Campo Andaluz mi brazo ardiente fue sembrando el estrago de la Guerra no deja Pueblo mi furor valiente que no arruine al amago que le aterra; pues vieras de mirarme a los indicios de temblores caer los Edificios Arando yo los campos de Neptuno salí, gran Rey, con tu Naval Armada placido el Norte, el Céfiro oportuno le obligan a que vuele lo que nada tan pujante marché, y aún cada uno que mi Nave, señor, tuvo varada porque una vez las ondas me miraron y de temor, en viéndome, se elaron Condoce mil Infantes Africanos hallé a Muley, y a cuatro mil Ginetes amparando los Muros Sevillanos hechos los Campos bárbaros tapetés embistiéronse Moros, y Cristianos; saltan lanzas, espadas, cofeletes y menos fue el obrallo, que el decirlo en hora y media los pasé a cuchillo. Formado en media luna, y tres hileras Zaíde a Guadalquivir la guarda hacía con diez Bageles, y con diez Galeras que encerraban la flor de Berbería sueñan las Trompas, vuelan las Vanderas, da principio la espesa flechería: y embestidas, señor, a vela, y remo, unas tomo, otras hundo, y otras quemo, Un Moro me tocó, cuya pujanza, gigante estatura se socorre, d y al formidable encuentro de mi lanza, inmóbil roca fue, insensible torre: pero viendo que a darme un bote alcanza, tal cuchillada mi furror le corré, que el golpe ya del brazo despedido, le empezó entero, y le acabó partido. Patente en la cubierta de la popa Zaide, desde la Real me desafía, al tiempo que del choque, con que topa, mi Nave de la suya se desvía: perfilo el cuerpo terciome la ropa, despide el dardo la violencia mía; y atravesado en él, en un momento ser le llevó volando por el viento. Cinco mil Moros cautivé al contrario. Treinta vasos te traigo por memoria. Avenut queda por tu tributario. P Al África ha humillado tu victoria. Tu Cetro haga inmóbil el tiempo vario. La fama cante tu elevada gloria. Porque vuele tu nombre, sin segundo, la de los términos delm s al bras la de Con vuestros heroicos (oh valientes Capitanes) no pudiera mi valor dudar el salir triunfante; pero en tan festivo día, es fuerza el veros extrañe, a uno con alegre rostro a otro con triste semblante; uno con vistosas galas, otro con negros disfraces: luto, y pompa, gusto, y pena, a qué fin pueden juntarse? Eso a mí me toca oíd, Castellanos arrogantes, hermosas Damas, gran Rey; que pues todos sois capaces de mi desdoro, es preciso, que a mi desempeño os llame: y atendedme vos también, que aunque esto con vos no hable, de lo que mi esfuerzo intenta, no os toca la menor parte. Yo he sabido, Castellanos, el suceso lamentable asa, y que inocente de mí ca murió sin causa mi madre. Sé, que el noble Emperador, nuestro Señor, y tu Padre (o Rey Don Sancho) tomó a cargo, que se aprobase cuan injustamente fue derramada aquella sangre; y a este fin, al engañado agresor, en una cárcel, tumba de un muerto animado, le encerró vivo cadáver. Tú le has librado, señor, y porque no piense alguien, que el dar libertad al preso, prueba aquel delito infame, y que obró justificado (pues eso dice el librarle) continuando en el proceso que quedó, como se sabe, en términos de probanza, me presento como parte; porque a nadie, como a mí, toca en acción semejante, que de mi madre el honor aún de un escrúpulo lav Bueno fuera, que heredero de sus glorias, me jactase tal vez de ellas, y que cuando heredo faltas notables, quien se preciara en los bienes, no se despique en los males? a cuyo fin, este luto pública en triste lenguaje del difunto honor, que lloro, las exequias funerales. Y pues la prueba mejor en nuestros estilos se hace reduciendo la sumaria al término de un combate: contra cuantos lo contrario imaginaren probarme, defiendo, que Estefania (que en solio de Zafir yace) murió inocente; y que quien otra cosa imaginare, con la idea, que lo piense, con la voz, con que lo trate, con la acción, con que lo exprese, miente, como ruin, infame: y para que lo mantenga, lo que protesto delante de vuestra Real Majestad, Plebeyos, Nobles, y Grandes (hablando en común con todos, y en particular con nadie) el que aceptare este duelo, alce del suelo ese guante. Ay tal arrojo! . Conmigo no habla. . Aunque el arriesgarle siento en la lid, conocer es preciso cuan bien hace. Segunda vez me enamora su valor. . O si lograse, que para vencer mis celos, osada punta le acabe! Todos se miran, hermosa perspectiva de visajes! Qué es esto? no hay, Caballeros, quién esa prenda levante? Si hay; pues siendo yo con quien tuvo aquel pasado lance, quien duda que habla conmigo? Y porque el valor declare, que Albaro Anzures sustenta lo que dijo en cualquier parte, aceptaré el desafío. Qué hacéis? dónde vais? pues cabe que el intempestivo arrojo de un rapaz empeñe a nadie? mío es el guante, que no es bien, al ver que conmigo hable, que sin castigo se quede. Tan fácil es castigarle? mas mirad:- . Qué he de ver? Qué? ya vos le queréis en balde, pues Hernando dice bien. Permitid, señor, que extrañe, que vos, que en Castilla sois de las Leyes el Atlante, así revoquéis sus fueros, permitiendo que embarace el desafío del hijo, la tenacidad del padre. Quién os ha dicho, que en mí recto advertido dictamen, es posible que derogue lo que he confirmado antes? El duelo está ya admitido; y siendo de uno, no es dable que no le pretenda? . Pues quien, señor, ha de lidiarle, estando el guante en mi mano? Quién tiene en su mano el guante. Yo: si:: muerto estoy! Elena, dudas a dudas se añaden. Así de mi muerta hermana logro enmendar el ultraje, pues es preciso que él ceda. Ya que me he cobrado, dadme licencia, señor, de que os pregunte (pena grave!) qué dijisteis. . Dije, Hernando, que en estaturos legales no cabe interpretación; y como las Leyes manden, sin excepción dep rsonas, que el que la alhaja levante, con que cita el retador, su enemigo se declare: al ver esa en vuestra mano, (sin que ahora el juicio se pare al averiguar con que intención le levantasteis) aceptado el duelo queda por vos; y aunque es bien repare lo no visto del empeño, lo peligroso del lance, y el daño que harán tan nuevos perniciosos ejemplares; con todo, como Rey justo, estar debe de mi parte solo, que al citado reto seguro campo os señale: y no penséis, que por ser la hermosura que matasteis mi media hermana, me mueve a hacerlo el querer vengarme de vos; pues a querer esto, me hubiera sido más fácil, que antes que en el campo os lidie, en aquel Castillo os mate. Muda estatua soy de hielo! Quién vio caso más notable! Esto está peor que estaba. Hernando, aunque el admirarse es propio en tan nuevo caso, volved en vos, por si hallare, quien no supo prevenirle, modo de desempeñarle. A ser posible intentar, que a mi espíritu arrogante cedieseis aquella prenda, vierais como en el combate os desempeñaba yo; mas pues no puede intentarse, vos sabréis bien castigar osadías de rapaces. Ven, Elena, a celebrar cuan bien Fernando restaure su crédito pues es fuerza, que se desmienta su padre. No era menester que él se desmienta, si yo hablase. . Si es imposible que el duelo llegue a efecto, ansias, matadme. Señor mío, usted discurra en tantas dificultades lo que debe hacer; de suerte, que haga el mayor disparate: y por si usted no los tiene tan a la mano, avisadme, que para hacer desatinos soy grande hombre: Dios os guarde. Estrella, qué me sucede? Firmamentos Celestiales, como habéis guardado a un hombre, a que estrene miserable el desdichado ejemplar de lidiar un hijo a un padre? Válgame Dios, qué he de hacer? Si salgo, procedo infame, pues agente de mi injuria, parece que hago su parte; si no salgo, no consigo que mi pundonor se lave, que es el honor de mi hijo: pues otro medio más fácil, que es confesarme engañado, nada remedia; pues antes juzgarán, que ha sido medio para que el duelo se ataje, y se están las opiniones en su primero dictamen: pues yo matar a mi hijo, cuando más debo estimarle, por ser honrado, y quererle, cómo en mi cariño es dable? Si no le doy muerte, muero; pues el Rey, que hasta este trance calló el propio deshonor, viendo; que sin causa grave maté a su hermana, porque conste a todas las edades, por solo razón de estado la cabeza ha de quitarme: Y lo que es peor de todo, yo estoy (aún no lo oiga el aire) creyendo que Estefania fue traidora vil, e infame: Ya es fuerza vencerme a mí, antes que a otros desengañe. Cielos, en tanta avenida de tormentos, de pesares, de empeños, de confusiones, sin norte, rumbo, ni lastre, o el tiempo descubra el puerto, o antes mi vida se acabe, que vea el mundo, para asombro de los futuros añales: Por Acrisolar su Honor, Competidor Hijo Padre.

JORNADA TERCERA

Astros para mi fatales, pues en continuos desdenes, antipodas de los bienes, centro me hacéis de los males: habrá pesares iguales al dolor de mi cuidado? no; pues estoy en estado de mi propio ser quejoso, que para ser venturoso me es fuerza ser desdichado. Fortuna, que siempre errante para todos te advertí, cuando solo contra mí te experimento constante: habrá dolor tan gigante, como el que sufro fatal? no; que a mi bien es igual, y hiere con más desdén un mal, que parece bien, que un bien, que parece mal. Yo de un padre retador? Yo de mi hijo retado? Hay más infeliz estado? Ahy desventura mayor? Mas de él solo fue el error, pues fue él quien levantó el guante. Pero yerro semejante no es mío, si no del Rey; pues hizo que fuese ley el que la prenda levante. Pero que él ceda es forzoso, y que restaure, colijo, el honor de madre, e hijo, como padre, y como esposo. Pero en tan dificultoso duelo, que él llegue a ceder es indubitable, al ver, que ser vil trofeo alcanza, por dar ser a una venganza, lidiar a quien le dio el ser. Pero allí mi padre viene. Pero allí mi hijo está. Llegaré a hablarle, pues ya es esto lo que conviene. . Padre, y señor, aquí tiene tu afecto un hijo rendido. Seáis, Fernando, bienvenido. Dadme a besar vuestra mano. Quitad, que lo cortesano no dice con lo atrevido. Por qué vuestro ceño vario contra mí, señor, se altera? Nunca yo de otra manera he tratado a mi contrario. No procedáis temerario, ajando mi noble brío; pues no ver es desvarío, cuando obediente me muestro, que sin querer serlo vuestro, vos pretendéis serlo mío. Tú no defiendes, que ha sido mal hecho lo que he obrado? Sí; pues quizás engañado os creísteis ofendido. Esa acción contra mí ha sido. No es, pues en igual contienda, por dar a un error enmienda, creyo mi pena infelice, que sea quien me lo dice el propio que le defienda: vos si tomasteis la acción para lidiar contra mí. Yo embarazar pretendí de tu muerte la ocasión: si del Rey la indignación el duelo me hizo acceptar, viéndome la prenda alzar, cúlpete a ti la imprudencia de ponerla en contingencia de poderla yo tomar. Yo en querer mí a ser quien soy satisfice. Y yo en defender lo que hice, obro como Caballero. Eso es proceder severo contra tu propio interés, pues volver por tu honor es: y si mi padre no fueras:- Qué hicieras, rapaz, qué hicieras? Besarte, señor, los pies. . Padre, con honra he nacido, tu misma sangre obra en mí; no me desdores así: piedad a tus plantas pido. Qué esto? yo enternecido? tal flaqueza manifiesto? Hijo, mal nombre te he puesto: enemigo; aquesta ley me la hace observar el Rey. Pues el Rey:- . El Rey::- Qué es esto? qué es lo que os mando observar? Señor, la ley de tener, que sentir, que padecer, que sufrir, y que llorar. Reprimid vuestro pesar, que pues estoy de por medio, ya yo he discurrido medio que os logre dejar iguales. Mucho será que a dos males pueda bastar un remedio. Que un hijo mida el acero con su padre, es acción dura: dejar la opinión segura de mi hermana, es lo primero: uno y otro considero a favor de vos y vos; pero no encuentro, por Dios, más medio que el discurrido. Igual, gran señor, ha sido? Ceded uno de los dos: o tú debes confesar, que fue tu madre culpada; pues ya la mancha lavada, nadie la puede notar, y dejadme sentenciar contra ella el pleito con eso: o tu decir, que el exceso de haberla la muerte dado cometisteis engañado, como lo infiere el proceso: mirad lo que habéis de hacer para poder yo juzgar. Pues en eso hay que dudar? Fernando debe ceder: si yo mismo llegué a ver mi afrenta, y en sus despojos satisfago mis enojos; no serán nuevos agravios querer desdecir los labios lo que averiguan los ojos? Los ojos suelen error padecer, mas no la fama; porque voz de Dios se llama la voz del Pueblo, señor: luego ceder en rigor debe mi padre, atendidos los créditos adquiridos de mi madre en sus despojos; pues si él se atiende a los ojos, yo me atengo a mis oídos. Sentada ya mi opinión, se tendrá por liviandad, que ceda en una verdad tan ajena de pasión: Que cedas tú es más razón, que además de ser virtud tu obediente prontitud, te disculpa, a mi entender, el que haya podido ser ardor de la juventud. Si tu opinión te estorbó, seguir lo mismo me agrada, que tú la tienes sentada, y es fuerza sentarla yo: Ceder a ti te tocó, pues demás de ser piedad confesar una verdad, te es descargo el discurrir, que se puede atribuir a error de la ancianidad. No acabáis de resolver? Señor, para no cansaros, de lo que una vez afirmo, en mi vida me retracto. Ni yo; que si una mujer, a fuer de buen Hijodalgo, me encargara su defensa, estaba en ley obligado, fuese cualquiera, a ampararla; pues qué se dirá, si acaso lo que hiciera por cualquiera, por una madre no hago? Pues advertid, que he cumplido, y que ya no irá a mi cargo el mal ejemplo de ver que salgan desafiados padre, e hijo. . El cederá, señor, para bien de entrambos. Con el tiempo gran señor, se vencerá ese muchacho. Pues mientras el tiempo llega, para mañana os señalo el campo de la batalla delante de mi Palacio: y supuesto que tan ciegos, tan torpes, tan obstinados os halla la piedad mía, idos de mi vista entrambos. Señor::- . Señor::- Qué esperáis? Yo, obedeceros; dudando de qué nazca vuestro ceño; pues en proseguir mi brazo empeño tan de vos propio, mas os sirvo, que os agravio. Aunque os irritéis, señor, debéis advertir, que cuando contra mi sangre peleo, y contra mi honor batallo; si le hay, a nadie le está mejor que a mí el desengaño. Ese es el que anhelo yo; y pues el lance pasado, en que turbada la Esclava permitió algunos amagos a mis dudas, me descubre distante luz, que no alcanzo: vive el Cielo, que con ella se ha de estrechar mi cuidado, que sin duda algún secreto guarda en orden a este caso. Pero aquí Constanza viene; de ella, para lo que trazo, me he de valer. , . Y tuviste modo de hablar a Fernando? Ahora le vi salir, y le dije, aunque de paso, viniese al jardín. . Estimo, Constanza, haberte encontrado. Como yo el tener, señor, en que serviros. Hablando están Constanza, y el Rey; oculto esperaré un rato que la deje, para hablarla. Así el intento logramos, si me pone tu fineza en el paraje que aguardo. Corresponder, gran señor, debo en la fe, que os consagro, a vuestro afecto, estaré en el jardín esperando con Elena. . Qué oigo Cielos? no bastan los de Fernando, si no otros celos del Rey? de celos a celos vamos. Con la disculpa de ser a la Música inclinado, ordenando tú que esté, como otras veces, cantando, podré entrar a verte y verla; y puesto que hasta lograrlo no sosegaré, ve, pues, y dispon lo que te mando. Ya quedó sola. . Supuesto, que tengo determinado con una noble venganza triunfar de un error villano, ya que a Fernando avisastes; donde, Inés, nuestro cuidado hallar a Albaro pudiera? A tus pies, que adivinando mi infausta cruel estrella, que no puede ser llamado a otra cosa, que a pregones, pesares, y sobresaltos; por no perder su crueldad tiempo, me trae el acaso, a que me estorbe el oírlo, el consuelo de ignorarlo. Algunas veces se suele engañar el juicio humano: y aunque todas hasta aquí, Albaro, en mí habrás hallado los despegos, que encareces; desde el invierno al verano, a desvelos del Abril muda de semblante el campo: y así, no el juicio anticipes, que tal vez no es embarazo, para ser hoy muy dichoso, ser ayer muy desdichado. Arrojárame a tus pies para sellar con mis labios la hermosa huella, que estampas, a no estar imaginando, que dicha mía, es preciso, que sea sueño, o sea engaño. Pues no es engaño, ni sueño; y para hablarte más claro, yo quise a Fernando bien, cuando fue leal Fernando: teniendo celos de ti, quise darle el desengaño, y no tan solo grosero, desatento infiel, tirano, no me le quiso admitir, sino es, prosiguiendo incauto en los amores de Elvira, de ella la noche llamado, que con su padre reñistes, entrada le dio en Palacio, De estas ofensas herido un pecho, que no es de mármol, no es mucho, que en su mudanza procure su desagravio: Y pues te he reconocido sino, atento, y cortesano, leal, obediente, y cuerdo, vea el mundo, que en el blando imperio de Amor, también hay numen justificado que sabe premiar al fino, y castigar al ingrato. Desde hoy, Albaro, verás cuan fácilmente pasamos, obligadas las mujeres, del rencor al agasajo: pero porque no se diga do que te quedas desaí irao sin mostrar, que de este duelo fuiste motivo, te encargo, que ya que lidiar no puedes, como principal, tu garbo, como accesorio, pelee: y esto lo verás logrado contra Fernando, si entras a Hernan Ruiz apadrinando: Vean, que lo que una vez le predijiste arrestado, como puedes lo mantienes puesto del contrario bando. Y si acaso en la palestra te da forma algún acaso, por complacer mi venganza, que le des muerte te mando: y si esto ejecutas pronto, leal, atento, y gallardo, en premio de ambas finezas, segura tienes mi mano. Oye usted; y si me encuentra al pícaro del Criado (que también con Elenilla suele enrizarme el penacho) déjese usted de primores, y démele dos porrazos; que si lo hace, aquí tendrá un favor para un Lacayo. En nada mejor conozco, que no es la fineza engaño de Constanza, como en ver, que quiera que obre bizarro: y pues he de obedecerla, buscaré a Hernan Ruiz de Castro; pues ambos de una opinión, un motivo asiste en ambos, para que yo salga airoso, y él quede desempeñado. Aquí tu suave acento, que acompaña las ráfagas del viento, podrá con tu dulzura, Elena mía, divertir mi mortal melancolía. Imaginando estoy, que la tristeza debe de ser de tal naturaleza, que contagioso mal pegarse puede; y así, de mi pesar tu mal procede. Ay Elena! yo tengo motivo en el disgusto que mantengo; pues desde que ha sabido Fernando, que es el Rey el que rendido festeja mi belleza, me trata con despego, y extraneza: A aquella reja quiero (por si acierta a pasar por el terrero) ponerme, y mientras tanto, la sonora armonía de tu canto disimule la acción, que amante sigo, con eso juzgarán que estoy contigo. Ay Cielos! quién hallara en tan dudoso mal, pena tan rara, como vive mi pecho atosigado, un nuevo modo de llorar cantado. Pero pues no le encuentro, (panto, salga, salga del centro la que es dulzura en otros, y en mi es- y haré cuenta que lloro lo que canto, Sonora Tortolilla, si en tu mal te lamentas: cé, no te expliques, ay no te entiendan; que si pierdes tu queja y tu alivio, de qué te sirve tu alivio, y tu queja? Mas quédito trinando suspira, más pásito llorando gorjea. Sola está. . A buena ocasión llegamos. . No solo es buena, sino es la mejor; que pues vuestra Majestad intenta, que nadie llegue a estorbarle, de guardía quedo en la amena estancia del jardín. . Vete Quiera el Cielo que no vengan Albaro y Fernando, hasta que el Rey a ausentarse vuelva. . Si en tu silencio consiste el consuelo que reservas, qué más dicha que tener tu ventura en tu cautela? Mas quédito trinando suspira, más pásito trinando gorjea. Aunque persuada tu voz tan provechosa sentencia n ti su precipicio en su lengua, ya que esta vez te hallo sola, no te ha de valer, Elena, en el enigma que guardas, la májima que aconsejas. Señor, vuestra Majestad aquí? . Sí; porque me es fuerza inquirir de ti un secreto, en que mi honor se atraviesa. Ay de mí! si de mi culpa alcanza alguna sospecha? Yo: cuando: si:: . No te turbes. Oh Cielos, y quién pudiera llamar a Elvira, porque me estorbase tanta pena! Cuando en tu cuarto Hernan Ruiz de la terrible violencia te recordó del desmayo, ronco el pecho, y la voz hierta, sin aliento el corazón, y las palabras sin fuerza, de decir lo que ocultabas no le hiciste mil promesas? Pues yo he de saber villana, cuantos secretos reservas, o te he de dar dos mil muertes, Señor, si no consideras, que Elvira::- . No alces la voz. Es que es preciso que entiendas, que cuando Elvira::- . No callas? Si me está llamando Elena, por qué no quieres, Constanza, que pase de aquí? . Esta senda me mando guardar el Rey, porque está hablando con ella; y así no puedes pasar. Ah traidora! alguna nueva cautela tuya será. Para que tu error advierta, que quien hace las traiciones, es sola la que las piensa, que los oigas te permito sta espesa conmigo, desde es celosía de jazmines. Basta, que aún para que atienda dlo a tie lo que tú, he y en que te pida licencia. Supuesto que hablar prometes, habla: Ah, si el Cielo quisiera, que para estorbar el reto, todo en declarar fenezca esta Esclava lo que calla. Pues primero soy yo que ella, . perdone esta vez Elvira. Verdad es, señor, que apenas volví del mortal desmayo, la noche que vuestra Alteza entró en mi cuarto, propuse hablar más viendo que era preciso, que un desengaño tan cara a cara te ofenda, volví a cobrarme, y callé, Ofenderme, en qué manera? En que si os hubiera dicho, que hasta allí mi culpa era haberme mandado Elvira que bajase a hacer la sena a Fernando Ruiz de Castro, que le esperé en una reja del terrero, y que después entrándole por la puerta del muro:- . Cómo, qué es eso? Cielos, yo vine por nuevas de mi honor; y de mi amor las hallo malas, y ciertas. Ah traidora! . Quedo, Elvira, escucha, y presta paciencia. Y que después a mi cuarto Elvira a Fernando lleva, donde mucho rato solos hablando estuvieron::- . Sella el labio; pero no, di- vive el Cielo: . Crueldad fiera! Y que viendo que venías, y con la llave maestra, quizás sospechoso ya abriendo estabas la puerta:: Vive Dios, que era Fernando quien Tello vio entrar. . La fuerza de la turbación, al ver que a matar la luz se arresta, y entrando su padre a oscuras, al tiempo que yo una vela sacaba, entre ambas espadas, de un estupor la violencia me embargo todo el aliento, y me cortó de manera, que en el suelo desmayada caí. . Más valiera muerta: Déjame salir. . A qué? si ya todo lo que intentas que se ignore, sabe el Rey. Ah traidora! que ha sido esta acción forjada por ti, trayendo al Rey a que inquiera de esa infame mis secretos; qué indignamente te vengas! Engañaste, Elvira, que antes siento mucho el que lo sientas. En fin, que por el balcón se arrojó? . Así me lo cuenta después Elvira; y supuesto que sus secretos franquea mi temor, solo te pido::- Qué? . Que Elvira no lo sepa. Anda, que no lo sabrá. De buen susto, a costa de ella, s he salido. Esa palabra, gran señor, no es fácil pueda vuestra Majestad cumplirla. Por qué? . Porque cuanto esa vil Esclava os ha contado he oído. . De esa manera bien podré culparte yo, ingrata enemiga bella, el ver que por un vasallo, a un amante Rey desprecias, Mire, señor, lo que dice vuestra Majestad, y crea (ahora verá Constanza si le sé volver la flecha) que no por mí, el que haya hablado esa traidora me pesa, sino es por mi prima, a quien le toca cuanto revela. A mí, Elvira? A ti, Constanza; pues tus persuasiones necias, siendo amante de Fernando, lo desde que en aquella ambos os criasteis juntos, me forzaron a que hiciera, que a verte hubiese venido de noche al cuarto de Elena. Te engañas. Qué es que me engaño? Nada que dudar me dejan. Qué es mentira? que porque de la pasada pendencia con Don Alvaro pudieses satisfacerle tú misma los celos, me hiciste hacer la torpe indignidad ciega de estarle yo persuadiendo, que volviese a tus finezas? Y haciéndote tiempo, cuando antes de que tú vinieras, pasó con los dos Fernandos lo que la Esclava confiesa? Pues, Constanza, aqueso no, que aunque las Reales orejas, con tan indignas hoticias se lastimen y se ofendan; cuando me dejas cuspada, la ley natural me enseña, a que es primero volver por mi honor (salva tu queja) y aunque tanto desacato, señor, ante vos cometa, pues de Constanza es la culpa, no ha de ser mía la pena. Gran señor, plegue a los Cielos: Quítate de mi presencia, que ya conozco de entrambas las traiciones. . Pues no dejas que me disculpe, a los ojos habrá de apelar la lengua. Cielos, Fernando se atreve, viendo que Elvira le alienta, a profanar mi Palacio! A Constanza galantea Albaro, y por ella riñe! En tan ásperas materias, mas que irritar la venganza, debe templar la prudencia. Adiós, loca pasión mía, pues en mi es razón que pueda, mas que el tesón de mi amor, a el lustre de mi grandeza. De no haber ido al jardín, como ayer se le ordenó, mi amo venir me mandó a dar su disculpa, a fin de que Constanza no crea, que a hacerla desaite aspira. Como cumpla con Elvira, que es a quien él galantea, y a Elena vuesa merced, cualquiera atención se ignora. Diga esto usté a su señora. Ya vuelvo aguárdeme usted. Mire usted, que estoy de duelo, y no me puedo aguardar. Poco le haré a usté esperar. . La cortesía es bunuelo? pero celos son de Elena el dengue, y la seriedad. Dónde la riguridad me arrebata de mi pena, que habiéndome asegurado el Marcial acorde ruido, que para el reto admitido es hoy el día aplazado, tras el ciego frenesí, que me hace en dura aflicción pedazos el corazón, me trae, mas quién está aquí? Melancólica beldad, que miedo, y cariño mete, quién ha de ser? un pobrete, que amante de esa deidad te sacrifica su fe. Calforras, dime, qué estruendo es este, que se está oyendo? Yo, mi bien, te lo diré: esto es, que del desafío entre hijo, y padre llegó el día. . Bien temi yo. Y siguiendo el desvarío, que hasta hoy están litigando, el Rey para la función Juez del campo ha hecho a Ramón; y padrino de Fernando el mozo es Tello de Lara; Albaro Anzures, del viejo: cejo. hay qué divino entr bien haya amen esa cara. Prosigue, y no hables así, que el Rey entra en el espacio de la Plaza de Palacio. Todo está a punto. . Ay de mí! Di a tu amo: pero qué miro? Vete, no te vea Inés. Quién esa señora es? no viene hacia mí ese tiro. Es tu antigua conocida. Por cierto noble bocado. Ah infame desvergonzado. Una puerca relamida, no compare a un Serafín con sus altos y sus bajos, a mujer que trae zancajos debajo del falderlín. Mientes, pícaro fin ley. Ay Dios, que me despedaza. Inés, Inés. . . Plaza, plaza. Repara, que viene el Rey. Su maldad, si no viniera, uno, y otro me pagara. Los diablos lleven la cara::- Plaza, plaza: fuera, fuera. Ya que para componeros no he podido hallar camino, vuelvo a decir, que a mi cuenta no vaya tan nunca visto ejemplar. . Señor, protesto ante vuestros pies rendido, que en lidiar con quien peleo, contra mi padre no lidio, sino es contra quien mi honor quiere ultrajar, persuadido, a que lo que hizo en tu ofensa fue bien hecho, y fue bien dicho. Tampoco yo gran señor, (si la metafora sigo) contra mi hijo peleo, sino es contra el que ha querido, que desmintiéndome a mí, desdore el pundonor mío. Pues supuesto, que resueltos es en vano persuadiros a otra cosa: Juez del Campo? Señor. . Está prevenido todo? . Todo está ordenado. Id, y ejerced vuestro oficio. Todabía estoy dudando lo que toco, y lo que miro. Yo, supuesto que la honra me tocó de ser padrino de Hernando (para el efecto que dirá el suceso mismo) a reconocer el campo me adelanto. Y yo a lo mismo; pues siéndolo de Fernando, cumplir mi cargo es preciso. . O! alcance yo a verle solo, . pues hablarle solicito. Oh! halle yo forma, de que temple el volcán, que respiro. No hay ya que esperar, Hernando. . Vamos. . Con tanto desvío, padre, os vais? pese a mi honor! Pues qué queréis? . Qué vencido de mis ruegos en la parte que tiene la acción, que sigo, de irreverencia, me des el perdón, que a tus pies pido: déjame besar tus plantas. . Eso me pides, mal hijo? plegue a Dios:- . Qué? Que te traiga triunfante de tu enemigo. Antes, señor, en mi pecho se estrene tu acero limpio. En fin, que contra tu padre vas a esgrimir el cuchillo? En fin, que vas a lidiar contra el que de ti ha nacido? Este es rigor de la estrella. . Esto es crueldad del destino: lloras, padre? . Qué sé yo. . Yo también enternecido apenas vencerme puedo: mocos, salid hilo a hilo. Llegó a mi satisfacción el día. . Cielos divinos, parece que de mi pecho se ha apoderado el abismo! Para esta. . Llévete el diablo. Astros para mi enemigos, en qué vendrán a parar tan dudosos laberintos! Pues ya vuestra Majestad ve que despejado el sitio, la Palestra asegurada, y el silencio introducido, Mantenedor, y Retado solo aguardan el aviso: qué ordenas? . Que del Clarín senal haga el bronce herido. Aún no me puedo aquietar? Ya en la Palestra diviso a Fernando. . Toca a marcha. Si lograré mi designio? Aún espero, que uno ceda de los dos; o padre, o hijo. Caballero, que en la valla os presenta vuestro brío, quién sois? Fernan Ruiz de Castro. Esperad en vuestro sitio, mientras el Aventurero huella a la Palestra el circo. Vos que al circo os presentáis, dadme de quien sois indicio. Hernan Ruiz de Castro. . Bien: y pues ambos incluidos en la Palestra, es forzoso cumplir al duelo los ritos; ante la alta Majestad de Don Sancho, Rey invicto de León, y de Castilla, habéis de llegar conmigo a hacer el pleito homenaje. Vamos. . Antes es preciso (porque a todo el mundo conste saber a qué sois venidos) que juréis, que ni rencor, envidia, ni otro motivo, que el defender una honra os hace ser enemigos. Sí juramos. . Que sin pactos, supersticiones, ni hechizos, lidiáis, solo del valor de vuestros brazos validos. Sí juramos. . Pues las armas reconozcan los Padrinos, como es usado, a los dos. No hay ventaja, ni artificio, que desigualarlos pueda. Pues mientras dure el conflicto, ninguno alce voz, que pueda dar temor, ni dar alivio a los que a combatir van. Qué frenesí! qué delirio. Todo el infierno en mi pecho parece que ha introducido el Cielo, una oculta fuerza me hace hablar yo determino perder de una vez la vida. , . Ya tenéis el Sol partido; toca al arma. . Al arma toca. Tened, parad los bruñidos aceros, que el Cielo quiere descubrir sus justos juicios. Suspended ambos la acción, hasta ver con qué motivo da estas voces esta Esclava. Qué es esto? . Es que me miro en un sulfúreo volcán, en un mongibelo activo arder hasta el corazón; y parece que a mi oído me está diciendo una voz, que en vano a librarme aspiro, si no confieso verdades, que ya se hallan mal consigo. Habla, pues. . Señor, la vida es lo único que pido; y como esa me concedas, yo hablaré. . Que más castigo, que el que sientes, yo te otorgo, porque tanto laberinto se aclare, lo que me pides. Pues oíd, si los gemidos que me ha ce dar mi dolor no me interrumpen a gritos. Estefania, señor, que en los eternos Zafiros vace, inocente murió: Yo fui quien habiendo visto al muerto Conde Don Vela aficionado a su brío, le daba entrada de noche, válida del artificio de fingir de mi señora la voz, pues tan parecidos eran de entrambas los ecos, que casi eran uno mismo. Diciendo que era recato, jamás le entré a mi retiro, si no es de noche, que cuando se quitaba los vestidos exteriores mi señora, yo en un retirado sitio me los ponia, y con eso daba más fuerza al indicio. La noche de la tragedia yo fui la que en el florido tapete de aquella fuente, en engañosos cariños brindé la muerte a aquel joven: Yo, la que, abriendo camino a mi fuga, iba matando las luces cuando embebido en su cólera ya Hernando, hallo a aquel Ángel divino, que vino a pagar por yerro, los ierros de mi delito. Y pues que yo: cuando:: si::- pude (terrible martirio!) ser (o! máteme mi espanto!) la causa (sin vida animo!) ay de mí! que al pasmo, al susto, al asombro, al precipicio, al espanto, a la congoja, al dolor, al parasismo, con que sin vivir aliento, ya sin alentar respiro. . Ah infame! . Ah vil! Suspended los aceros vengativos, que si está muerta, es en y tal rigor en un rendido. No ha muerto. . Aún alienta. Pues retiradla. . Ay hijo mío! tú defendías muy bien; yo era el que estaba sin juicio: dame la muerte, pues fui tirano homicida impío de la beldad más honesta, que vio el Sol desde el Olimpo. Los brazos te daré, padre, pues los Cielos han querido volver sin mi por tu causa. Y a mí, Fernando querido, no me das mil parabienes? Cómo puede mi carino dejar, Ramón, de abrazarte? Ya en suceso tan no visto, no tiene lugar mi nuevo empeño, que discurrido había. . Todos debemos en perpetuo regocijo dar muchas gracias al Cielo, pues aún vuelve con prodigios por una inocencia muerta. Mal ano para su hocico, a quien hice yo arrumacos. No en vano por mi capricho siempre aborrecí esta perra. Señor, de albricias te pido la mano de Elvira. . Quién sabe entrar por un postigo con favor antiorpado, ya esotro tiene alquirido. Con la de Constanza a mí, que me honréis, señor, os pido. Después que os cuesta pendencias, no os la doy, que os la confirmo. Dichoso fin de mis penas. Contentémonos, destino. Toca esos huesos, vergante. Toma un monión de nudillos, Por Acrisolar su Honor, Competidor Padre, e Hijo, aquí tiene fin dichoso, si acaso merece un victor.