Texto digital de Ponerse hábito sin pruebas y guapo Julián Romero
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Ponerse hábito sin pruebas y guapo Julián Romero. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/ponerse-habito-sin-pruebas-y-guapo-julian-romero.

PONERSE HÁBITO SIN PRUEBAS Y GUAPO JULIÁN ROMERO
JORNADA PRIMERA
COpaenvino, entra con tiento, y por si es que mi padre duerme. Qué he de hacer más que sorberme las tres partes de mi aliento? Muerto vengo, amigo Andrés. Y yo dado a Barrabás. Con que satisfecho estás, de que aquella casa es, donde a mi Ignacía has dejado, de gente honrada? . Sí, amigo. A no haber ido contigo, bueno había yo quedado. Peor está el perillán, que llevó el sornabirón. A pocos les dan la unción, que vuelvan a comer pan. Te echas tan a todo ruedo sobre cualquiera Cristiano. Maldita sea mi mano, que nunca sepa dar quedo! Pobre Ignacia, que por mí se ha perdido esta mujer! pero qué le hemos de hacer? Ea, Andrés, vete de aquí; y pues por no disgustar a mi padre, he de encerrarme, recogerme, y recatarme, no dejes tú de pasar por la calle en que esa moza quedó y harto desdichada, pues de mí está enamorada. Entra, y del descanso goza, y mientras Andrés viviere, que es tu amigo verdadero, no temas, Julian Romero. No en vano mi amor te quiere, y el que intente entre los dos romper fe tan verdadera, muera, Andrés amigo. . Muera. Adiós, hijo. . Adiós. . Adiós. Torcer esa llave intenta con secreto, Sopaenvino, que está mi padre vecino, y sentiré que nos sienta, y se inquiete; que en efecto (así Dios me dé salud) que no tengo otra virtud, que tenerle este respeto. No le hallo la coyuntura. Cómo, hombre? . Como no cabe, que hay por de dentro otra llave. A dónde? . En la cerradura; y si la he de derribar, el golpe se ha de sentir. Como te vas a dormir, has empezado a soñar. Puerta de mi habitación, que cae a la de mi hermana, con dos llaves? idea vana! alumbra. . Y con qué lampión? Con esa luz. . Esta luz ha quedado pez con pez. Cómo? . Dio toda la hez, y ya es la cuadra un capuz: requiescat. Dime, cuitado, tan corto cabo has traído de vela? . Él se ha consumido de ver lo que hemos tardado. Vuelve por otro. . Qué es eso de volver, y son las dos? Ve por otro, o vive Dios::- Si no fuera usted travieso, no hubiera estas aventuras. Pícaro, tu provocarme? te dejo::- . Por no encontrarme: qué bueno es hablar a oscuras! Ve por otro; mas no, tente, que me parece que ruido de torcer llave he sentido. Y yo resuello de gente. Qué puede esto ser? o Calla y atiende. . No chisto. Qué mal mi pena resisto! Adiós, mi bien. Sabe el Cielo, cuanto, Don Carlos, por ti ejecuto. . Carlos dice aquella voz? . Infelice, pues no te obligo (ay de mí!) No me quieres para esposa? Parece esta voz de Juana. Sí. . Pues mejor que liviana, te he de agradar desdeñosa. Viose igual bellaquería! Aún dura la cantinela? Hola, esta es voz de Manuela: ha perra! ahora entra la mía. Matarlos es menester, lo que menos. . Barrabás! pues qué será lo que más? Que empieza el viejo a toser. Pues me voy sin una mano? cuando (si algo he de deberte) volveré, mi dueño, a verte? En la otra vida, villano. . Ay de mí! que aquesta voz es de mi hermano. A nuestro centro, y cerremos por adentro. . Quién vio caso tan atroz! este es sin duda Julian. Traidor, a mi eco responde; si el Infierno no te esconde. Y si hay otro perillán, salga aquí. Aquesta es la puerta del cuarto, y ellas han huido, y cerrado, ya que he sido tan feliz, que esta hallo abierta, yéndome, podrá negar Juana (como él no me halle) quedándome a oír en la calle; lo que pueda resultar. Ya di contigo: bien presto morirás. Ay desdichadas En mi cuarto espadas! Hola, mozos; mas qué es esto? Nada; ya vuelvo, señor. Cómo es eso de que vuelvo? No me impidáis::- . Ah señor baladrón, estese quedo: pues aún no acaba de entrar, siendo las dos, y viniendo a alborotarle su casa a un pobre cansado viejo, y volver a salir quiere? qué acecha así tan suspenso? Ya se lo llevó el demonio, y en vano alcanzarle pienso. Vaya con quinientos diablos; que pues él queda acá dentro, lo que es para alborotarnos bastante diablo tenemos. Disimula, Sopaenvino, . que si él sabe este suceso, de pena se ha de morir. Cuando yo salgo, ni entro? Secréticos entre el amo, y el criado y los aceros desnudos dentro de casa? qué ha sido el caso? acabemos. No basta que diga yo, que nada? . Mas que en el suelo pongo la luz, y le hago que hable con modo, y respeto? El vejete es un demonio. . Así averiguarlo intento. Padre, usté está impertinente: vaya usted, que aquí le espero, y mire si está mi hermana recogida. . Bueno es eso! su hermana? así fuera él de tanto recogimiento, honestidad, y virtud: mas qué hemos de hacer? iremos a hacer lo que ordena, a ver de qué nace este misterio. Para qué le haces entrar solo? . Porque aún dudar quiero de Juana esta acción, y si es que está acostada, este enredo es maldad de las criadas. Pues no escuchaste su acento? Qué sé yo? déjame, hombre, buscar a este mal consuelo. Pues yo bien oí que dijo::- Qué ha de decir, majadero? es fácil, que fuese Juana, sin que la pegase fuego? Ni Juana son, ni Manuela, que son dos almas del Cielo. Pues quién son? Manuela, y Juana. Y eso no es lo propio, necio No señor: pero es lo mismo al revés, como al derecho. El nombre escuché de Carlos: no conozco este sujeto; pero si yo le descubro, yo sé, que en amaneciendo nos hemos de ver las caras. Y aún todo el Lugar entero, que a oscuras no se ve nada. Buena gracia de camueso! pero aún bien, que se quejaba él de su desdén, diciendo, que con él obraba ingrata. otra vez se verá en ello. Qué dices, bribón? . Que yo, por menos seguro creo, que cariños allá fuera, resistencias acá dentro. Vive Dios, que dices bien: mira, por solo ese genio sutil, y desvergonzado, gusto de ti con extremo. Bien se conoce en los gajes, que me das de tus deshechos. Cuáles? . Palos, y puñadas, patadas, y juramentos: te parece, que podrá de lo que sobra al pellejo de este chichón un buen Sastre cortarme algún ferreruelo? No, pero puedo yo darte el que ayer me quité nuevo. Y a quién he de dar las gracias? Te has olvidado tan presto de Ignacia? . Beso sus plantas. Vive Cristo, que me muero por ella: valen sus ojos la metad del universo. Y un ojete de su almilla vale más que el otro medio. Quedo, que vuelve mi padre. Ahora, señor, qué hemos hecho con ver que todos están acostados, y durmiendo? Presto se descascararon. Saber que haya sido incierto un rumor que oí al entrar. No me basta a mí con eso, que me ha de oír dos palabras, ya que me ha quitado el sueño. Adiós! noche toledana. Señor yo me estoy durmiendo, y es tarde; no valdrá más, que vamos a recogernos? Señor Julian, es razón, para encubrir sus defectos, quitarse su propia honra, diciéndome muy soberbio, que mire el cuarto de Juana? Y qué se perdió en hacerlo? Mucho. . Cuánto? La opinión en que yo a su hermana tengo: pero ella tiene la culpa, pues sabe estarse al sereno, sin recogerse, porque él se esté allá en sus debaneos, y le paga el esperarle asustada, y sin sosiego, con ponerla mal conmigo. Es mucho lo que la debo: por mí se está sin dormir? es gran lástima por cierto! Mal año para su alma! . Piensa usted, que un embustero podrá jamás ser valiente, si no un cobarde travieso? Como no lo he sido nunca, no me toca responderos. Mire, en su vida será él como yo fui de mancebo, porque iban mis travesuras por otra senda muy lejos: y después de que yo tuve mi buen rostro y gentil cuerpo, fui muy cortés con los hombres, y con las damas muy tierno. jamás busqué la ocasión, pero si vino el empeño le reñí solo; porque saliendo bien el suceso, toda la gloria era mía, y no acertando, a lo menos no llevaba otro testigo, que calumniase mi yerro: ya sabe por quien lo digo, bien me entiende, que no es lerdo, Hay pocos de quien fiarse, y para el hombre discreto, y valeroso, su espada es su mayor compañero. De jugar, ni de beber aún no tuve un pensamiento, y adquirí más fama que él, lo que hay de la tierra al Cielo: y sino preguntar puede quien era Miguel Romero en Triana, que aún habrá quien pueda acordarse de esto. Cuantos viejos he tratado me han contado el mismo cuento de haber sido cuando mozos guapos, galanes, y cuerdos: y como tales historias pasan entre los abuelos, y no hay quien pueda afirmarlo, es cortesía el creerlo: porque al decir yo lo vi, no se halla otro remedio. No hay caduco que no diga, que fue un Cid cuando pequeño. Luego puedo yo mentir? Jesús, señor, ni por pienso! Luego usted será más guapo, que yo? . Muchísimo menos. Es un gallina hablador, y ve aí que lo sustento. Padre, vámonos de espacio. Qué de espacio, picaruelo? él duda de mi valor. Hay vejestorio más perro? Con las manos sin espada soy yo bastante a poneros como merecéis. . A fe, que de esta que asida tengo, yo me vengaré. En qué forma? Dándola un millón de besos, que es la mano de mi padre, y con quien el ser le debo no tengo para oponerme más armas, que mi respeto. Habrá pícaro como este? él me ha dejado hecho un hielo: vive Cristo, que es valiente, porque en un cobarde pecho no cabe tan noble acción. Buen paso! Y en fin, qué haremos? Hijo, lo que tú quisieres; entra, y recogete luego, y hágate Dios muy dichoso. Pues la cólera, y el ceño? Si me has besado la mano, y sabes lo que te quiero, como he de estarme en mis trece, ni darte tan mal ejemplo? Cuál, señor? El que no seas con quien se humilla soberbio. . Ya va como una manteca. No creí, por Dios eterno, salir tan bien de sus manos, porque es el viejo tremendo. Y temes a un hombre inútil? Sí, señor mío, le temo, y ese es el valor más noble: si hubiera quien en un pelo a mi padre le tocara, vive Cristo::- . Padre nuestro. Vámonos a no dormir, mientras (pues va el Sol naciendo) voy a ver este Don Carlos, que habré de buscarle a tiento, pues no le conozco. Aún bien, que está en la mano el remedio, pues le conoce tu hermana. Yo había de hacer el yerro de darme por entendido? No, que era darse por necio. Yo le hablaré, y después que haya héchole mi cumplimiento, buscaré a mi Ignacía. . Vamos. Que habremos menester, creo, los puños. . Pues apretar, que en manos está el pandero, que le sabrá repicar, que a tu lado a nadie temo. . , s, En suma, señora mía, aquesto es lo que ha pasado: Julian es un mozo honrado, quiere hacerme compañía, casándose en conclusión conmigo porque es mi igual: él tiene buen natural, yo maldita condición; con que podrá su terneza templar mi ceño prolijo, siendo (como el otro dijo) contra avaricia, largüeza. Está bien; pero el motivo de haberte traído Andrés (que tanto de casa es) de noche, no le percibo, y novedad debe hacernos, ver que a tal riesgo te ofreces. Aí es un ciento de nueces: en qué pudimos perdernos? No es fuerza que una se esconda, cuando indiciada se ve? La mayor lástima fue, que yo me hallase redonda, que a haber armas, por el santo sácame a bailar, que hiciera::- Aa moza, no seas tronera. De ver sus genios me espanto. . El cuento fue, que yo estoy en la casa de una tía, y con esta cara mía, que a Berzoque se la doy, diz que traigo desvelados mil trastuelos presumidos, mozos muy embrabecidos en poquísimos cuidados. Uno entre ellos, se atrevió a entrarse anoche tras mí (que con mi gente salí a pasear) Julian llegó, y sin que se encomendara a más que a no consentirlo, le despachó tan buen chirlo, que le hizo una y la cara: cayó pidiendo el confí, la Ronda asomó, y Andrés (que allí se halló) metió pies con nosotras dos tras sí; porque le encargó Julian nos salvase, y lo logró; mientras que el otro quedó hecho (qué hermoso!) un Roldán, defendiéndoles la entrada a los señores Corchetes, que creo que los pobretes no pudieron hacer nada: porque esta mañana sé, que el hombre a curar llevaron, que a mi tía no tocaron, y que estoy donde alcancé de vos atención tan grata, dándome preceptos llenos de amor, que es ruego de buenos, después de salto de mata. No le pese de amparar por otra si en tal se viere, y si algo a usted se ofreciere, arnanía, y dejelo andar. Siempre has de hablar con exceso? Cumpliré lo que prometa, que me llamo Pispereta. Y eso basta? Y sobra eso. Andrés tiene buen lugar con Carlos mi hermano. . Qué decís? como el nombre fue de vuestro hermano? (ay pesar semejante!) . En Antequera bastantemente nombrado es Don Carlos de Alvarado. Qué más el hermano hiciera, . que Andrés? pues en este trance a la casa me ha traído del que más me ha perseguido. Hemos echado un buen lance. . Y a dónde está ese señor hermano vuestro? . Ay Ignacía! que temo alguna desgracia, porque cierto oculto amor tanto de si le enajena, que tardando en recogerse muchas noches (por hacerse más infelice mi pena) la pasada no ha venido a casa, y de ese cuidado pendiente, vestina he estado toda ella; la causa ha sido esta de poderme hallar tan temprano levantada; y pues no te oculto nada, otro criado voy a enviar a fuera a ver en rigor si da, pues tanto me aflijo, con él. Por esto se dijo, buenos estamos, amor. Con efecto, esta es la casa de aquel Monseñor petate, que fue un tiempo nuestra sombra? Esta es, según las señales, y quiere el diablo, que vamos tropezando cada instante en mayor inconveniente, pues si mi Julian lo sabe, aleluya. . Qué aleluya? en igual requiem in pace. No te parece mejor (salte por donde saltare) que en Dios fiadas, y en nuestros diez dedos, y dos puñales, nos acerquemos a casa a ver como anda el enjuague? Que fuera mejor no hay duda, pero ve aquí que no baste a la gente la prudencia, y allí algún relieve se halle del cuento, y llegue una, puñadas de acero, sangre, justicia, Dios te perdone, favor al Rey, y a la cárcel. Y qué tenemos? . Tenemos, que la gente en bocas ande: y a diablo que se está quieto, lo más seguro es no hurgarle. Escucha y no seas gallina. Pues la puerta de la calle de esta casa encuentro abierta, aquí pretendo informarme. Dios nos la depare buena. Reinas, por este paraje me sabrán decir si vive un Caballero::- . Adelante, señor Julian. . Ignacía, tú eres? . Usted no se pare, que es lástima que malogre la frescura con que sale su cachaza; pues en vez de inquirir donde se halle una mujer, que usté arriesga, se viene a mí a preguntarme por un hombre. . Ten paciencia: tan aprisa no te enfades, y discurre cual será el cuidado que me trae, cuando siendo tú en el mundo lo que más puede importarme, por otra cosa pregunto. Buen chasco! Vitor, y vanse: no digo yo, que tu flema, Julian, ha de condenarme? Y a mí tu viveza, Ignacia, me ha de matar por instantes. Callen, que son unos tontos, gastando en prolijidades el tiempo; satisfacerse no es más breve, que enojarse? Dices bien: pero esta boba no sabe lo que se hace, y me ha dado en mortificar. Jesus! aunque un carro pase sobre ti, estás muy seguro, que te inquiete, ni te mate. Pluguiese a Dios, prenda mía; pero dejando esto aparte, ya que anticipó la suerte la dicha de que te hallase, quién es de esta casa dueño, que generoso, y galante, por medio de Andrés me hizo el favor de resguardarte? que el corazón, vive Dios, es corta paga feriarle a quien me defiende el alma, que tengo puesta en un Ángel. En buena ocasión requiebros! con eso me satisfaces? Ya sabes lo que te adoro. Mucha cosa! pues fue antes castigar unos gallinas, que venir a acompañarme, y hubo menester Andrés ser mi cabo Comandante. Digo, Reina, y soy yo diablo, qué puedo estar en dos partes? No señor; pero tampoco soy yo alhaja, que se encargue a cualquiera, porque en suma tengo esta cara delante. Achinado me dejaras a no poder replicarte, que Andrés es otro Julian. Amistad es bien notable! Dios la conserve mil años. Vaya de aí, que es un vinagre. Si estaba un hombre escupiendo basiliscos, era dable cuidar de otra cosa? . Uste es buen pedazo de almocafre. Vamos a lo que pregunto. Que de Don Carlos no sabe . la fuerza con que me sigue, mejor será deslumbrarle. Al dueño de aquesta casa no conozco; pero tales las expresiones han sido de afecto en él de ampararme, que se conoce que es noble. A ese hombre es preciso hablarle. Mi cuidado, y mi inquietud, me traen a casa tan tarde. Y darle rendidas gracias: mas quién va? . Dios nos ampare. Quién es quien me lo pregunta? Quién puede. No es mal donaire: qué haya dentro de mi casa (no es este Julian?) quien pase a preguntarme quien soy? Perdonad el disparate, que causa el no conoceros, y dad permiso, que os pague reverentes atenciones, tan nobles urbanidades como os debe aquesta Dama, que en mí libra el que os consagre su agradecimiento, a vista de su amparo, y su hospedaje, aunque a quien su sangre ilustra de tan crecidos quilates como vos, lo generoso de su obrar le satisface. No es mi Julian muy discreto? Fuego de Dios! mucho sabe. Cielos, Ignacía no es esta? . quién la trajo a este paraje, ni cómo está aquí Julian? Caballero, que se me hable en ese estilo, ignorando en que os sirvo, es bien que extrañe, pues yo::- . Negar los favores, es añadir los realces: y a vuestros pies::- Carlos mío? hermano? . Qué oigo, pesares! . Era hora ya, que viniendo a tu casa, me sacases de los sustos, que esta noche con tu ausencia me combaten? No prosigas, Isabel, y escucha. Puede enredarse mayor confusión, desdichas, que la que de lance en lance me atormenta? mas que es este el Don Carlos (pena grave!) qué busco? no hay duda en eso, pues su hermana el cargo le hace de estar esta noche fuera. Si es él, es fuerza matarle, y le doy muy buena paga de que a mi Ignacía amparase. Vive Cristo, que soy uno de los hombres más fatales del mundo. Qué tienes, hombre? Nada, hija: quieres dejarme, por Dios? . Tú te has vuelto loco; por el siglo de mi padre. Informado de Isabel, señor Julian, que acertase por vos, Andrés, y esa Dama, mi casa, a ser favorable asilo vuestro, he estimado. Yo, si he de hablar verdades, no; y antes agradeciera, que el diablo se los llevase, que lo hubiesen ni aún pensado. No penetro ese lenguaje. Julian no está en sí. Que tenga por amo tan cruel orate! No parece, que conviene (qué despejo, y qué buen talle!) con los agradecimientos, que oí dar, al acercarme, a mi hermano, los despegos de tan descompuestas frases? Señora, acá entre los hombres hay ciertas casualidades, que no entienden las mujeres, y así habréis de perdonarme: y para que yo al señor Don Carlos le desengañe de lo que a dudar empieza, dadme licencia de hablarle cuatro palabras a solas. Vete, Isabel, al instante. . Éntrate, Ignacia, allá dentro. Vele ahí, que no quiero entrarme. Hija, mira que me importa. Si alguno te persuade algún embuste::- . Anda, tonta, que nada me ha dicho nadie. Él sabe que me enamora. . Pues habrá palo que cante. . Ah Sopaenvino? . Ya e a la esquina, y que te aguarde. No te vas? Ya me entro; pero, Julian, mira lo que haces; no lo dispongas de forma, que haya de salir al aire, para arrear a la muerte::- Qué, Ignacia? Este acícate. . Ya habemos quedado solos. Breve seré, Dios mediante. Señor Don Carlos, la insignia, que al pecho es rojo caracter, en mudas voces explica la nobleza de la sangre. Débola a Diós. . Pues yo digo, que en la tienda le comprase? yo soy un hombre de bien, de honrado, y común linaje. Es así. . Y es compasión; más nadie escogió sus padres. Sé que de noche en mi casa os entráis a enamorarme una hermana. . Qué decís? No os espantéis lo declare tan templado, que si ella es de muy mediano semblante, y oye vuestras boberías, culparos es disparate: que el defecto, cuando ellas son las que han de guardarse, no está en el hombre que llama, sino en la mujer que abre. Yo, Julian::- Vamos al cuento: yo sé que es una galante diversión, sin que hasta ahora a acción menos noble pase. Por esta Cruz os lo juro. Basta, que un hombre de tales prendas, como vos, lo afirme, que un noble mentir no sabe. Señor Don Carlos, ya veis, que ello es preciso casarse; y así, en lo que esto consiste (para que luego se trate) me decid, que por la eterna luz, que en las esferas arde, por la fe de hombre de bien, que os hago pleito homenaje de que cualquiera imposible, que se os ponga por delante, le he de vencer, o morir. Oh cuánto el discurso vale en la ocasión! ya hallé modo de reprimirle, y burlarle, que con mujer desigual casarme yo no era fácil. Señor Julian, no decís, que os proponga el como cabe, que case con vuestra hermana? Ya lo espero. Pues no es grande él partido que deseo, siéndome tan venerable su honor, y mi amor tan sumo: mirad, luego que se aclare vuestro origen, y os pongáis otra insignia semejante a esta que traigo en el pecho, estoy pronto a desposarme. Está bien: eso es decir, que yo en timbres no os iguale, difícil es, mas yo os doy la palabra; y pues que nace el honor de los respetos, que otros han de conservarme, el que a mi casa perdisteis será forzoso cobrarle: sacad la espada, advirtiendo, que esto el trato no deshace, pues es empezar a ser cuñados antes con antes. Tened, que eso no es reñir, pues al ruido han de acercarse de las espadas, y es fuerza que nuestra lid embaracen: venid conmigo. . Guiad. Caballeros, si los que hacen profesión de serlo es fuerza, que a las mujeres amparen, favoreced la que instada de un yerro el más disculpable, huye:: mas ay Dios! qué e Tu hermano; llévolo el dianche. Todo susto sobre susto más desventuras añade. Señora, alentad segura::- Dama, no hay que recelarse::- Que valor hay, que os defienda. Qué pecho habrá, que os resguarde. Sosegad. No puedo (ay triste!) dadme licencia de entrarme::- Dónde? . Dónde no me vea::- Quién? Quién airado me acabe. Cómo? Como soy yo. Cielos! quién se halló en tan fiero trance? Para que sabedor fueses::- Anda aprisa, no te pares. Julian, un instante solo en que a mi hermana le encargue el seguro de esta Dama, permitid que de aquí falte, que luego salgo. . El aliento me está haciendo chisí, chafe. . Si será aquesta mujer Dama suya? Aunque lograse tomarme tanta ventaja, yo la vi a espacio distante entrarse aquí. . Quién va? pero vos sois, señor? . No me atajes, que tras una mujer vengo, que me importa que la alcance. Mujer os puede importar a vos? más qué fuera, padre, que después de tantos años andéis con juvenidades? No solo a mí, si no a ti importa. . Qué puede importarme la que (según los indicios, que ahora he visto) tiene talle de ser cosa del que es dueño de esta casa? . En buen paraje estuvieramos, habiendo visto, que de casa sale, y que a Juana se parece? Eso puede imaginarse, y os suspendéis? . Si tú eres quién me detiene, ignorante? Mira si a mí me aguardaba al sereno aquella infame! entraré a quemar la casa. Hay, primero que la abrase . vuestro ardor, quien la defienda. Dale, Julianillo, dale, mientras yo la casa miro. Ay señor! no me le maten: estorbadlo, o vive Dios, que haré mil atrocidades en defensa de mi esposo. Quién es vuestro esposo? Andares. Julian, que le quiero más, que a mi padre, ni a mi madre. Esto tenemos ahora? Que mi furia no te acabe. . Tiene eso mucho que hacer, y yo lo espero hacer antes. Dónde está Julian Romero? prendedle, amigos. . Matadle, que dentro está de esta casa. Aquí está, pero no es fácil que penetréis esta puerta, que la defiende un gigante. Acabemos. Muerto soy. Cayó? . Sí. . No le mates, que quizá podrá su vida importarnos. Baja, y vale a tu amigo Andrés, que está en un aprieto notable. Qué dices? . Habrase visto trapisonda semejante? Amigo Julian Romero, bien puedes aprovecharte de tu valor, pues sabiendo que estabas aquí, en tu alcance vine, y de gentes armadas tomadas hallé las calles, por aquel lance pasado. Ahora es menester portarse, Pispereta. . Estoy en eso. Conociéronme sin darme lugar, pegaron conmigo, a dos les saqué el almagre: cargaron, y retireme para poder avisarte de que es toda::- La justicia. Hijo, huye por donde hallares: no la pierdas el respeto, mira que es de hombres infames. Ya me harán estos señores merced de que yo me salve. 1. Como un pícaro asesino imagina tal dislate? Harcanarla, ya no sois justicia, sino vergantes, que hablan mal: Andrés, la espada. Julian, arrear adelante. Ignacía, a mi lado. Al que se me acerque he de espetarle. 1. Mueran, amigos. Qué es mueran? mejor será que no maten: Hijos, a ellos. . Andrés mío, a lo ancho, y zurra. . A la calle. 2. Favor al Rey. . Pispereta? Ama mía. . Ea, Roldanes: caigan. . 1. Muerto soy. 2. El Cielo me valga. . No te me alargües. 3. 4. No hay quién la justicia ayude? Porque la mujer se escape tapada, que por la puerta falsa me mandó la saque Carlos, en escolta he estado, sin que el ruido me separe de armas, voces, y lamentos. Mas ay, estrellas fatales, qué veo! Carlos de mi vida, hermano? . Cielos, prestadme la vida para pediros piedad. . Oh aleve! o cobarde Julian! para esto, cruel, mi casa (ay de mí!) pisaste? Hermana? . Carlos? Procura (ay infeliz!) retirarme a donde del alma cuide. Yo seré piadoso Atlante de tu vida, y yo protesto a Cielos, montes, y mares vengarme de quien te ha puesto en tan riguroso trance. ese tel tea era era tra cra le GUND
JORNADA SEGUNDA
En suma, seor Capitán, se despide ese Soldado? Hija, no tiene remedio: blasfemos desvergonzados no son hombres de valor, que en el verdadero garbo el esfuerzo es muy atento, y el brío es muy cortesano. Como él salga en la función bien, que él jure es de tu cargo, o que no jure? . Señora, no creo que soy tan Santo, que no tenga (y bien) por donde temer que me lleve el diablo: pues si después de los muchos disparates que yo hago, permito en los que gobierno, que ejecuten otros tantos, si un diablo había de llevarme, me llevarán veinte y cuatro, y eso no ha de ser, que soy (aunque no muy buen Cristiano) Católico, por la gracia de Dios. . Pispereta, acaso traes tigeras, cortaremos para reliquia un pedazo del vestido de este justo varón? . Con solo tocarlo el que llegare tullido, volverá tullido, y manco. Ya, señor Julian, está el empeño que hice a un lado; mas como se compadece ser usted el que está hablando, y sabiendo que perdida por su genio he abandonado casa, patria, y conveniencia, no me cumple aquel contrato? Cuál? . Ay qué gracia! parece que es de memoria harto falto. No fuera mucho, pues soy todo voluntad amando. A quién? Hay en todo el mundo cosa digna del reparo de Julian, sino ese chiste? no se ve que con él hablo? Claro está; porque otra cosa fuera ser un mentecato. Mas vale la confianza con que habla, que un mayorazgo. Mira, Ignacia, ya tú sabes con qué reverente halago, con qué respetuoso miedo como a mi esposa te traigo, sin haber jamás (no digo tenido) ni aún imaginado, osadía, que ofendiese el lustre de tu recato. Es así; y a no ser eso, viene conmigo a ese daño el remedio. . Déjate de delirios excusados, y sabete, que es el mundo tan infame, y tan villano, que no imagina, que puede haber un honesto lazo de amistad entre dos almas de hombre, y mujer, sin que en ambos haya más de lo que hubiera entre dos buenos hermanos. Válgate el diantre el dilema: hombre y mujer? luego malos. De esa suerte no hay acciones, que no estén riesgos brotando, y será un desierto el mundo de Monjas, y de Ermitaños: la obligación, y el cariño, que te tengo, confirmaron esta unión, mas será bueno, conveniente, ni del caso, que cuando mi honor pendiente vive su rostro manchado del lunar de una sospecha, que tiene visos de agravio, acuda antes que a mi honra, a mi gusto y mi descanso? No: porque si bien me quieres, no me querrás desairado: ni sé yo que se convenga tu vanidad, y tu garbo a tener un ofendido por esposo, que ignorando en qué ha de parar la forma de restaurar tanto daño, haya de ser el unirnos para siempre separarnos. Seis años ha, que las armas (dejándote a ti en resguardo en un Convento) he seguido, y en discurso de seis años (en tiempo que no se dan por empeño a desbarbados las vengalas) he subido a Capitán: Vamos claros, lo he merecido, porque es cierto que me he portado. No ha habido función en donde la pólvora despreciando, abatiendo los aceros, y hecho un basilisco humano, no haya mi ardor consumido la propia muerte de espanto. A Flandes dejo aturdida, y los victores, y aplausos de mi valor, en el bronce de la Fama resonando en España estarán hoy, porque ya soy un gran cabo, y muy otro, y bien se ve, Ignacia mía, pues cuando me precio de tan modesto, me desvanezco, y me ensalzo: vive Cristo, que quisiera desbaratarme los labios. En fin, hija, en un Convento mi hermana está, y ya Don Carlos sano, y firme se mantiene, con que a casarse está llano, como cierta condición cumpla yo, que sino trato de ponerla en tiro, aunque satisfaga con matarlo mi venganza, dirá el mundo, que no puedo por un lado tener honra, y así echó mi crueldad por el atajo. Por entre el plomo, y la sangre, cuyo generoso caos principio es de los blasones, vengo al pundonor buscando. Los rebeldes de Granada (sobre quien viene el hermano del gran Felipe Segundo, Don Juan de Austria, el más gallardo Príncipe, que adora el Orbe) han de ser los desdichados objetos de mi furor, y Andalucia el teatro de mis insignes hazañas. Veamos, mi Ignacía, veamos, pues lustre antiguo de sangre busco, si entre sangre alcanzo a descubrir la que tiempo, y tolerancia acabaron: Y guárdese la Alpujarra de enemigo, cuyo brazo mueve, no interés indigno, sino espíritu empeñado en honra, fe de los nobles, pues es la que obra milagros. Ya habrás visto con la forna, Julian, que he estado aguardando catorce mil disparates, unos con otros mezclados: y el mayor de todos ellos es ser tan desatinado, que en dos horas hacer quieres lo que no cupo en cien años. En el estado plebeyo tu padre y abuelo entraron a ser queridos de todos; si Dios no te dio más alto lugar, quieres tu ascender solo, pobre, y sin amparo, a sitio donde los tuyos, ni subieron, ni alcanzaron? Él ha perdido el juicio, o debe de estar borracho. Pretendes tú ser de aquellos con quien el vulgo irritado, viendo que en breve ascendieron a la cumbre desde el llano, les eterniza el oprobio, diciendo antes al nombrarlos el origen que tuvieron, que el timbre a que se empinaron? Sí, Ignacia; quiero ser de esos, porque esos son más honrados, que los que desde la altura nacen a vivir bajando. Antepasados blasones son papeles arrollados, que cubrió de polvo el viento. Si el que vive en el descanso, y el ocio no los sacude, y antes aspira a borrarlos, no es más que con noble origen un bien nacido Villano. Y en fin, dejémonos de esto, que ya no hay con que cansarnos, no teniendo otro camino. No hay otro medio? pues alto. Mañana se asalta a Huescar, porque hoy han ido llegando las Banderas de Sevilla, Málaga, y Velez al Campo, las de Antequera, y de Ronda, y aún diz que viene nombrado el Don Carlos de tu historia por Capitán Belisario de una recién levantada, que es socorro soberano, porque si acaso disparan, es con los ojos cerrados, y en lugar del enemigo le dan a su propio Cabo. Pero pues muerta mi tía, no se me ofrece embarazo, a esposa de prometido he de asistir de contado a salvo mi honor: marchemos a disponer nuestros hatos, Pispereta. . Ah! si estas faldas fueran unos calzonazos tamaños como dos cofres, de del primer tabanazo::- Anda, no seas baladrona, que me da el que hables enfado: menos pico y más manejo. Mejor, que lo digo, lo hago. Adiós, hombre. Adiós, mi vida. Ea, corazón bizarro, ya estamos en la palestra. Este diablo de mi amo dónde estará? que me trae hecho seiscientos pedazos. Yo me he de salir con ello, que a mi espíritu bizarro claro principio le asiste. Señor Capitán hecho andrajos vengo, por buscar a usted. Vendrás el rostro sudado. En verdad, que no he escupido desde que ha mentido, hermano. Por qué? Porque aún con mi nombre siquiera no he reforzado el ventriculo. . Quisieras sopa en vino: eso anda caro. Claro está, que la quisiera; y ya que nos falta el caldo, que fuese usté al medio día Capitán de chicha, y navo. Presto me zamparas tú. No se quedara usté escaso; pero vamos a mi cuento. A mí llegó un embozado, y me preguntó si era Organista de gualdrapos de tu Compañía. . Y eso, qué quiere decir? . No saco de los tiples de dos parches las consonancias a palos? Sí. . Luego soy Organista del instrumento zurrado. Respondile: señor mío, soilo; y él dijo, alargando un papel, dele a Julian ese aviso; aquí le traigo. l. Pero válgame San Dimas! Aguarda, aguarda, borracho: qué es eso? . Es un lienzo negro con ribetes colorados, que me ha feriado una tronga. Espera: vive Dios Santo, que es una gallina muerta! Pues dígote yo, que es gallo? Pícaro, ladrón, así se destruyen los Paisanos, que en su casa nos albergan? Si en el Lugar que dejamos se entró esta señora viva dentro de mi propio cuarto, y habiéndola en cortesía mi atención amonestado lo mal parecido que era entrarse a buscar Soldados, me respondió muy altiva, bullendo, y cacareando, cuarenta mil desvergüenzas; había, siendo yo guapo, de consentir, que gallinas me mareasen el bazo? no fue posible: cogila, y torciéndole a dos manos el pescuezo, la metí en lo interior del volchaco: aunque solo por mujer es oierto, que me ha pesado, y has de ver como por ella dos, o tres pucheros hago. Ya usted sabe, señor mío, lo que yo tengo mandado, que es que nadie tome nada sin el dinero en la mano. Como no han de aborrecer los Pueblos con tales daños los alojamientos, viendo, que se atreve al desacato, que el Oficial no ejecuta, un Soldadillo ordinario, que en las marchas (con su infamia) va a los demás afrentando? No señor; y pues usted gusta de pucheros tanto, y le come sin gallina su Capitán; lo acertado es, que se contente usted con hacer olla de cascos. Cuáles? . Los de su cabeza. . Ay, que me matan! Julian, qué es aquesto? en qué ha pecado ese bribón? . Quítate, déjame, Andrés, revanarlo medio palmo de cabeza. Si me alcanzas con cien palmos. Toma tu papel y busca Tambor, Balón, y Polaco. Dame, Andrés, ese billete. Según parece en tu enfado, algo debe de traer de disgusto: vamos claros. Y eso qué te importa a ti? Cuanto soy, y cuanto valgo; pues en peligrando tú, cata perdidos a entrambos. Pues lee tú, que ya sabes, que nada yo te recato. Señor Julian, sabed que hay quien anda deseando daros la muerte: vivid prevenido. Es hombre honrado . el que le escribe. . Le estimo como debo el agasajo: mas si no dice quien es, no ha hecho nada. Aún no he acabado. A mi avisaros me toca, porque viváis con resguardo, y no haya quien se anticipe a quitarme temerario (pues que me cuesta el seguiros) el gran gusto de mataros. Oigan, que aqueste papel trae el veneno en el rabo. Mas que me quieren zumbar? Andrés, es este algún chasco? No, que aún dura. Jesucristo! qué prolijo cartapacio. Para este fin, esta tarde junto al río nos veamos a las cinco. . Aí le falta, si es que no estás ocupado. Aún si llevara unos pollos, y después de merendarlos se riñera, se juntara el retozo, y el regalo. Válgate Dios el disgusto. Disgusto? para tu brazo esta es chilindrina. . Andrés, no hay que blasonar, a espacio; y sabete, que no hay hombre, que no tenga un muy mal rato aquel instante, que dura el estar desafiado. El más valiente se halla confuso, porque en sacando el acero el más cobarde, se iguala con el más guapo; y no siempre la fortuna está del valor al lado: Luego aquello de saber, que es contra lo que ordenaron Dios, su Iglesia, y la razón, y que si muero en el campo me llevan diez mil demonios, es un cuento de los diablos: pero en fin queda un remedio. Cuál es? . Tratar de apurarlo, y si no puede ajustarse sin que quede desairado, reñir luego, que los cuentos han de ser, siendo impensados, breves, y limpios, y salgan por donde salieren: vamos. Vámonos, que otro lenguaje no entiendo más cortesano, que a quien me gasta brabatas, corresponderle a porrazos. . Con la gente que envía fina a su Rey la noble Andalucia, Maestro Luis Quijada, puede la Infanteria reclutada quedar de Flandes, que envió mi hermano, ya que el injusto, el vano, el bárbaro tesón de Avenumeya, haciendo la Alpujarra otra Tarpeya, en insultos la abrasa, aunque tan corta empresa, y tan escasa de bien alta blasona, embarazando toda mi persona. No de su Majestad viváis quejoso, pareciéndoos blasón menos arroso apagar un incendio, que imagino más peligroso, cuanto más vecino: no se miden, señor, empresas tales para encargarse a ilustres Generales por número de Tropas excesivo, ni por contrario heroicamente altivo, sino es en la alabanza del riesgo, consecuencia, y confianza; pues quién hay en el mundo, que a un Felipe Segundo merezca esta expresión, que en vos influya, sino un Don Juan de Austria, sangre suya? Vuestra cordura quiere ver templado mi disgusto: Don Carlos de Alvarado, buena gente traéis. Fue la primera en alzar Estandartes Antequera; y aunque gente visoña viene ufana, y en lo que es la osadía, es veterana. Eso se verá luego, que esto de andar entre el horror, y el fuego da del valor indicio, pero es menester saberlo como oficio; y entre Soldados, y hombres de arrogancia hay muchísimas leguas de distancia. Cuantas hay en la ciencia de teórica, a práctica experiencia. Así lo creo: pero menos tiene el tropel Moro, que confuso viene, donde sin orden se confunde el brío. Entrar en Huescar hoy, Don Luis, confío. Bien lo puede hacer Dios. Mirad, villanos, si tienen estos bríos, y estas manos los que elegís. Matadle. Gran despecho. Este es uno, gallinas, del desecho. Hola, qué es esto? Aguardad, y decidle a quien lo manda, que si esto lleva a la guerra, hará famosa jornada. Teneos. Mirad que está aquí::- Quién? El señor Don Juan de Austria. Esté muy enhorabueba; yo estoy también a las plantas de su Alteza. Cómo vos, caduco, con tan extraña resolución, a mi vista llegáis desnuda la espada? Como los que de mí huyen no traen, señor, en las vainas las suyas; y siendo yo quien detrás los arreaba, no era fácil que mis ojos por sus cuerpos penetraran. No es Miguel Romero, Cielos! . Y de este exceso la causa qué ha sido? . Yo os lo diré, sin retóricas palabras. Yo, señor, soy de Antequera, a donde mi edad anciana reducido me tenía a quietud, paz, y labranza. Un hijuelo que crié, que era por quien anhelaba, siete años ha que está en Flandes, y otros tantos que una carta no le he debido: mas qué hemos de hacer? allá se las haya. Como sirva a Dios, y al Rey con honra, y ellos le valgan, no me ha menester a mí, que se ase a buenas aldabas. Vi en Antequera poner banderas para la santa empresa de aquesta guerra, en que defender se trata la causa de Dios, pues es contra Morisca canalla, que abusando de su ley Templos quema, campos tala, y Religiosos deguella, y encendiéndose en la llama del celo esta nieve, a quien sirven de copa las canas, quise acabar bien la poca vida, señor, que me falta, y alistarme entre las gentes que en Antequera levantan. Llegué, y hallé que entre todos cuantos acuden se sacan los de más disposición por una regla bien falsa, que son las prendas del cuerpo, sin dejar que hacer al alma; pues yo he visto hombres bien recios ser famosísimos mandrias. Llegaron a mí, y por viejo me arrojaron con infamia, diciendo, qué puede hacer esta caduca fantasma? a que dije: podrá dar a los Moros cuchilladas de este tamaño; y sacando el acero, arrojé tantas, y tan feroces, que a seis de los de gran personaza, que eran de los elegidos, los hice no volver caras, porque en ellos yo no vi mas que celebros, y espaldas. Si vos, señor, no seguís la opinión extraordinaría de los Comisarios vuestros, y lograr mayor ventaja el valor en sesenta años, que no la pantominada en treinta; mandad me agreguen a la más tenve, y más baja Compañía, y por mi cuenta deja, señor, la Alpujarra, y cuantos perros encierra, que yo les daré tal caza, que acredite que el valor no es forzosamente alhaja, ni de mozos de a veinte años, ni de cuerpos de a dos varas. Está bien: Don Luis, el viejo es bizarro, y tiene gracia. En verdad, que tiene muestras de obrar aún más de lo que habla. Por padre de Julian solo este caduco me cansa. Amigo, ya vuestra edad no está para sufrir marchas; y así, si habéis de servir ha de ser con la ventaja de treinta escudos al mes, para que hagáis la campaña con comodidad. . Señor, antes de la acción la paga? pobres Moriscos! con esto no os arriendo la ganancia. Don Luis, a la Compañía de Flandes recién llegada le agregad, y de mi parte se le encargad de palabra al Capitán. . Y que trate de ponerme a la vanguardía. A Huescar la gente marche. . Puesta en un Convento Juana, no temeré de Julian, ni su padre las instancias. . Vuestro Capitán se acerca, después que hablado le haya podréis llegar a ofreceros a su obsequio. . Vaya en gracia; más cuidado con decirle, que no me ponga a la zaga. Desasido de Andrés, pude llegar a este sitio, para procurar a quien me llena todo un cartel de brabatas. Mas señor? . Julian, ahora el señor Don Juan acaba de recibir un Soldado, y que os lo agregue me manda a vos por recomendado suyo; persona es anciana, pero sujeto de brío. Quién tanto favor alcanza, mucho merece. . Julian, vuestras heroicas hazañas aficionado me tienen; por vida de Luis Quijada, que os deseo servir. Los Cielos os guarden edades largas. Ya se fue, y ahora es preciso hacerle dos pataratas a este hombre. . Viejos me envían, Sopaenvino, hermosa maula! Con eso a tu Compañía la llaman la estropeada. Vuesa merced tiene en mí, . quien de bonísima gana le sirva, seor Capitán. Dios le guarde, camarada. Esta voz conozco yo. De dónde es? cómo se llama? Del infierno soy: mi nombre el diablo, pues aguanta tratamiento impersonal. Cómo de esa forma me habla? Cómo? de esotra manera. Mas, Cielos, ventura extraña! Mas, dichas, raro accidente! Padre mío de mi alma? Julianillo de mis ojos? Dadme a besar vuestras plantas. Como un señor Capitán con la persona ordinaría de su Soldado, ejecuta tal acción? . Cómo postradas quiero, señor, que piséis mi cerviz, y mi vengala. Lo que es hijo, y padre, son figuras de mogiganga. Señor Capitán, yo os debo (una vez que tengo plaza) obedecer, y servir; y solo una corta instancia haceros. Qué bien le sientan al Julianillo las galas! Mandadme, señor Soldado. No hay que andarme en pataratas: que en llegando el enemigo, desacoto retaguardía. Y he de perder yo dos vidas, si te hieren, o te matan? Esto ha de ser. Hay muchacho . más bizarro en toda España? Señor Capitán, usted como si a su padre ama, una carta no le ha escrito? Es la dificultad tanta desde Flandes::- . Que no es eso, si no es tan mala crianza la suya, que los respetos que debe observar, no guarda: pero yo le juro::- . Adiós, ya su condición desbarra. Al pícaro desatento, que si de veras me enfada::- Señor, qué hacéis? . Ya lo veo: a mi Cabo (qué ignorancia!) atreverme descompuesto? En verdad, si te cargaras de razón, podías darme una buena cuchillada. Y fuera, siendo su padre, conforme a lo que Dios manda, hacia atrás. . Aún todabía, señor, hay Sol en las bardas? Durará esto hasta que me echen la tierra sobre la cara. Pero, hijo, no me preguntas por nadie? . Solo por Juana te debiera preguntar, si ya estuviera casada con quien es fuerza. Ahora he visto al señor galán fantasma, con su vengala también: ella se está allí encerrada, y no sé en qué ha de parar este cuento. . En que se haya de cumplir aquel contrato. Ya me bruma lo que tarda. Señor, paciencia. . Paciencia, pues mi Capitán la gasta. Pero dime, como en Flandes. te ha ido? como adelantas en tan corto tiempo tanto? Eso yo te lo contara; pero laus in ore propio, es más que aplauso, zurrapas. Pues qué hiciste tú? . Yo solo destrocé en una mañana a. de solo un abance a Du A Dura? no es una Plaza, y harto fuerte? . No señor, que era una gallina asada, más tiesa que un Secretario cuando entra, y sale de casa. Anda, bufón. Señor Julian? Qué mandáis? . Una palabra, y breve. . Sois vos el guapo del papel de esta mañana? Soy quien sabe castigar mal nacidas arrogancias. Si reñís como escribís, Julio César no os iguala. Quedad solo, y lo veréis. Dadme con la mano blanda, por Cristo, no antes con antes queráis sofocarme a plantas. Qué oigo? . Vete, Sopaenvino. Por mí de muy buena gana. Vos, señor, dejadme un rato. Es fácil, que yo me vaya, oyendo lo que ha pasado? Ved, que esto importa a mi fama. Y esotro a mi amor: no quiero, que es muy posible que traiga escolta ese fantasmón. Y qué importa? . Qué gracia! se le ha pegado a vuesarced de Flandes las Gasconadas? para contra uno, uno, y medio es muchísima ventaja. Y si aún no es medio, el que es uno? Con un cuarteron le basta. Idos, señor. . No ha de ser. Mucho vuestro aliento tarda. Padre, con que no queréis obedecer mis instancias? No. . Pues ha señor Soldado, id, y al Alferez de guardía le preguntad si se ha dado la señal para la marcha; y hasta que se dé, a este puesto no volváis. . Aunque lo mandas como Capitán::- . Audad. Yo, como tu padre::- . Aún trata de resistir a la orden? por vida del Rey, que haga::- Ya voy, señor Capitán, temple usted cólera tanta. . Por vida del Rey::- . Qué dices? Quedo, que es el Rey de espadas, que también yo jurar puedo por sota de la baraja. Ya estamos solos, hidalgo: no le veremos la cara? Sí, porque quiero que sepas cuanto la pasión arrastra . de un hermano; pues sabiendo mi altivo rencor, que para que él viva es fuerza que mueras tú; de un pariente ayudada vengo en este traje, donde ya que él descuidado anda, no lo ande yo, y vengar pueda la sangre, que derramada mía (puesto que era suya) quedó manchando las aras de mi respeto en mi cuarto: riñe, para que te apartas? Para festejar el chiste de que pretenda una Dama reñir con Julian Romero, que solo sabe obsequiarlas. Ya está todo prevenido. Y allí está Julian. . No tratas de defenderte? . Si fuera Poeta ahora, os llamara Belona armada de ceños en competencia de Palas; porque el viso del acero os pone la tez más blanda: qué linda estáis? . Pispereta, no es mala la bufonada! Es un::- . Espera, y oigamos qué discurre, y con quien habla. A muy buen tiempo lisonjas, cuando pretendo venganzas. Señora Doña Isabel, pues el agraviado calla, callemos todos, y ved que todo eso es patarata: yo no riño con hermosas. Doña Isabel dijo? abanza. . Yo sí; que aunque no tan linda, soy mal acondicionada para sufrir unos celos. Jonacía? . Ya acabó Ignacía: misa Isabel, pues usted con la capa, y con la espada? qué transformación es esta? No os toca a vos apurarla. Cómo que no? vuelva usted, que no hemos de enamorarla como este galán, y es fuerza que apure lo que recata, ya que a mi apurarme quiere la paciencia que me falta. Las mujeres como yo, ni satisfacen, ni agravian a las que son menos que ellas. No nos encaje la hidalga, que echar sangre por la boca es señal de no estar sana. Qué gastes tanta pachorra! Ignacía, advierte, repara::- Hombre, quítate de enmedio, no todo sobre ti caiga. Dueño mío. . Diablo mío. Pegale una bofetada. Mucho me espanto de que quien de nobleza se jacta, ultraje su pundonor con venirse a la campaña vestida de mosquetere: Ya digo, que de eso nada os toca a vos. . Si me toca. Qué? . Lo mejor de la danza; y a fe, que con usted sola la he de bailar a estocadas. Villana, conmigo tú? Con ella la señoraza. . Tened, aguardad. . Qué lindo! Las partidas abanzadas con el enemigo han dado. Guerra, guerra. Al arma, al arma. Qué escucho? Ahora bien puedo venir a avisar que marchan. . Julian, a tu Compañía acude, que en ordenanza sale al campo el enemigo, puesto en forma de batalla. Antes que Andrés me conozca; forzoso es volver la espalda. . Ah gallina, así me huyes? Déjala para una mandria. . Cómo este improviso asalto ha sido? . De aquellas calas, que miran a nuestro campo, ha abortado esa montaña mas de doce mil Moriscos: las escoltas degolladas sobre las tiendas se arrojan. Ea, hijos, viva España. . Ea, que ahora os llaman hijos los que a palos os brumaban ayer; porque hasta que truena está en la pared la estampa. Soldados, hoy es el día en que hemos de ganar fama. . Hoy verán lo que desean los que del bulto se pagan. . Pispereta, aprieta, hija, ya que anda la zurribanda. Hoy he de hacer picadillo de márlotas, y almalafas. . Estas mujeres son locas. Soldados, a la vanguardía, que el señor Don Juan peligra. Aunque la tierra me falta, canalla rebelde, vale muchas Tropas esta espada. Rendiós. Abanza, que llevan preso a Don Juan de Austria. Si yo fuera aquí persona una grande acción obraba: mas quién me mete a mí en eso? Cómo así se desampara vuestro Príncipe, Soldados? Qué veol perra canalla, como el ver la deidad sola, no os confunde, altera, y mata? ánimo, señor, y a llos. Julian, no te empeñes, basta que me hayas dado la vida. . Aa perros, volved la espalda. Viva España, galgos. . Viva. Huyamos, que Alá los guarda. A ellos. . Ignacía, a ellos. Que estupendas cuchilladas he dado hoy: Julian, si has muerto hoy despueblo la Alpujarra. . Valiente Julian Romero, mira que sangre derramas por todas partes; suspende ese asombro de la parca, y dime por la victoria, y vida que me restauras, qué he de hacer por ti? . Señor, que me concedas la gracia de un Avito de Santiago::- Por el Rey doy la palabra. Y a ponérmele me ayudes. Si haré, y aún es corta paga. Pues viertan sangre mis venas, si es el verterla ilustrarla. Señor? Don Luis, adelante, que él enemigo se escapa. . Julian? Julian? Hijo mío? Qué es esto? Con una hazaña tener tú un honrado esposo, tú un amigo de importancia, y tu honor, y gusto, padre. Cómo? . Casándose Juana. Pues::- . No hay pararnos ahora, viendo dura la batalla: viva España; a ellos, amigos. . A ellos, pues. Victoria España. Victoria, que hemos vencido, como dicen los que se hallan en una función, y han hecho lo que yo, que no he hecho nada.
JORNADA TERCERA
No has dicho que no entre nadie? Si señor. . Pues, hijo mío, lee esta carta, entre tanto, que en mis callados suspiros me anego. Qué es esto, Andrés? Yo no sé lo que he traído, solo sé, que imaginaba haber logrado un prodigio, y de que he visto a tu padre me he quedado tamañito. A un gran corazón no hay nada que le sofoque los bríos: veamos qué dice este pliego. Andrés, pues por tan amigo de Julian te confiamos secretos tan escondidos, pudiste, di, en el Lugar inquirir, qué es el motivo de sernos todos contrarios? Lo que yo oí en los corrillos voces fueron de la envidia, que castigué por mí mismo: dicen que queréis haceros mas de lo que Dios os hizo; y uno que hablándome de esto alzó una migaja el grito, le respondí: yo también puedo haceros, señor mío, lo que Dios no os hizo a vos; y disparándole un chirlo le quité un ojo, probando el argumento por fijo, pues le hice tuerto, naciendo derecho desde el principio. Cierto, que fue buena acción ganarnos más enemigos! Si él está apuntado siempre al honor de su vecino, no acerté mal en cerrarle el un ojo para el tiro. Oh cuánto yerran, señor, los padres, que inadvertidos cuidan de los intereses, que han de dejar a sus hijos, juzgando, que ya no tienen mas que ser en siendo ricos! Con qué enmendar lograremos el lastimoso descuido de nuestros antepasados, que sin dejarnos resquicio para saber lo que somos, nos confunden lo que fuimos: y fiados en que están tolerados, y aplaudidos, no conocen que mañana, si aspiran a otro designio, han de tener por contrarios los que fuesen más amigos? Corto espíritu alcanzaron aquellos de que venimos, pues no dejando noticias, desconfiaron remisos poder tener algún día descendiente algo más digno, que aclarase las tinieblas en que estaban enbebidos. Suelta esta carta, Julian, que me pesa, vive Cristo, de ver, que tu entendimiento esté tan mal con tu juicio. Tienen la culpa los nuestros de ser tú un inadvertido, que te pones en la senda, si no alcanzas el camino? Porque Maestre de Campo te ves, y te ves querido del Rey, de hazañas, y fama lleno, y con todos bien quisto, piensas, que esto basta a hacerte generalmente admitido? Julian, a la antiguedad el de más esclarecidos blasones, el que más tiempo conserva honor puro, y limpio, la ha de tener más respeto, que en empezando, hijo mío, a revolver sepulturas, hurgando huesos podridos, pensar que no se ha de hallar algo fuera de su juicio, y aún oliendo mal, es cuento: hallaste tu señorito ya, y quieres en un instante enmendar lo sucedido? poco a poco, que las cosas, que se han hecho en el distrito de mucho tiempo, no es fácil que se enmienden de improviso: pero ahora, como ahora hemos de pensar: lo fijo es buscar por conjeturas aquel primero principio, que hablar en lo que no tiene que discurrir, es delirio. A buen tiempo, señor, cuando con la merced que me hizo el Rey, del señor Don Juan solicitada, han pedido mi genealogía, y yo la he presentado. . Querido, quien hace los disparates quéjese a sí de sí mismo. Que entiendo yo de estas cosas? es asaltar un Castillo, o formar un Escuadrón? Es hacer un desatino; y en eso el señor Julian sabe más que Titolivio, pues aún de su mismo padre supo hasta errarlo encubrirlo. Si hasta ahora, señor, no estuve en la Corte? . Hubiera sido mucho mejor me dejara donde no fuese testigo de atropelladas acciones, sin norte, ocasión, ni estilo. Habrá más que a cuchilladas ir, y aclarar embolismos, y hacer decir la verdad a cuantos habrá, y ha habido en Antequera? . Es muy cierto, que ese medio es un prodigio: vaya, pues, y ande a estocadas con los muertos, y los vivos, que tan gran disparatado es Andrés, como su amigo. Vos me hacéis mucha merced. Señor y en qué discurrimos, que remedio hay para esto? Si las pruebas han salido en quien sea estrecho tuyo, y se guarde gran sigilo hacia Don Carlos, y cuantos se nos oponen, confío, que dándonos tiempo el tiempo podrá::- Señor? . Sopaenvino, qué hay? Don Carlos de Alvarado dice, que hablarte es preciso. Mi enemigo y en mi casa? vete, Andrés. Ya me retiro. Qué será esto? Pues quién duda, viéndonos enriquecidos de los favores del Rey, que esto es venir a pedirnos a Juana? . No vive el Cielo; yo he de cumplir lo ofrecido: en teniendo yo otra insignia como la suya, te afirmo que he de hacer::- Qué has de hacer, loco? Lo que Dios fuere servido. Recíbele, que detrás de esta cortina he de oíros. . Haced lo que vos quisiereis: dile que entre: un etna animo. Venid: plegue a Dios no salga la visita a los hocicos. Señor Maestre de Campo, bien que extrañéis imagino mi visita. . No por cierto, que no soy asustadizo: Seor Capitán, adelante. Pasar con vos este oficio es excusaros, que haya entre Soldados cumplidos, y ceremonias. . Que son excusados, como dijo el refrán Qué será esto? Yo, que empeñado me miro en atender al honor de un compañero, que ha sido (por más que un contrario sea) doy al silencio el motivo, es fuerza, que atienda siempre a quien soy. Ya he discurrido donde vais, y no es aún tiempo de atenderos, ni aún de oíros. Hay más intrépido mozo! que se arroje de improviso! no tiene paciencia. . Veo, que no me habéis entendido. Porque no os esté más mal, que la vez que pude heriros, será mejor no entenderos. Ved si estáis (ya que me explico) en paraje de acordaros, que habéis, Julian, ofendido a quien tiene la honra vuestra en su mano, y su albedrío: Informante vuestro soy. Qué escucho, Cielos Divinos! Qué sois? qué? Vuestro Informante: el pliego me han remitido, para que os haga las pruebas. Adiós, todo el edificio . dio en tierra: habrá hombre a quien le estreche más su destino? No tiene que disgustaros la nueva, porque en el mismo punto que admití el encargo, depuse lo vengativo, y eché mano de lo noble: Yo soy quien soy, y es distinto el miraros como ahijado, o veros como enemigo: por esto propio sería duplicado mi delito si usara la pluma, cuando traigo el acero que ciño. Sea prueba de esta acción el saber que me anticipo a avisaros con la idea de atenderos, y ser os, en cuanto no sea faltar a lo que os debo, os afirmo que soy vuestro: yo discurro inútil el advertiros lo tengáis dispuesto todo, pero no daña el aviso. Nada vuestro he menester, porque nada he de admitiros, ni dineros, ni asistencia, antes mi hacienda os aplico. Si algo hay que vencer, no quede por medios; ya tengo escrito, que pongan a vuestra orden los correspondientes míos en Antequera el caudal, que pidáis a vuestro arbitrio. Esto con la calidad, que el efecto concluido, enemigos como de antes quedamos, y aún más reñidos: que una cosa es mi nobleza, y otra mi rencor antiguo. Y porque ni aún un instante podáis culparme de omiso, quedad con Dios, que ahora propio voy a ponerme en camino. . Muy buen viaje os dé Dios. Julian, qué haces? estás en tu juicio? como no vas tras de ese hombre, y no te arrojas rendido a sus pies? Cómo he de usar de dos caras, de dos visos, si mi intención es lograr (si una vez me califico) darle, en lugar de mi hermana, la muerte por atrevido? Ya si el que me hace el agravio viene a hacerme el beneficio mayor, como a un tiempo puedo alagarlo, y destruirlo? Que sé yo? qué es caso nuevo en el mundo sucedido? Fácil es la solución: tratarle como a cochino, regalarle, y engordarle, y luego entrarle a cuchillo. Julian, ya ves que tu honra esta en extremo peligro en manos de tu contrario, a quien ha reconocido por pariente Luis Quijada, y le tiene en el recinto de su cuarto en el Palacio; y esto quizá le ha movido a darle las pruebas tuyas, y ya que yo participo del riesgo, no he de dejar este caso a otro registro; tras él partiré. La vida tu voz me ha restituido. Pues a disponerme voy. El Cielo vaya en tu auxilio: el aviso presto. Es juego, para dejarlo al olvido? Espera, infame. Ay señor! Qué es esto? de qué das gritos, Pispereta? Aparta, hombre, haré a esta pícara añicos. Que seas, Ignacia mía, tan terrible? en qué ha podido ofenderte esta criada? En nada, señor Don Frío, y apelmazado: bien haya la madrota que te hizo. Dímelo, dueño adorado. Pues estoy yo bien contigo para venirte con esa pesadez? que si me irrito::- Mira, que eres una fiera. Fiera? pues no hemos perdido nada los dos en querernos, que no es usted tan Narciso. Que va, que te da un moquete, si la apuras? Todo ha sido haber errado el planchado. Por eso? eso importa un pito: no te enojes. Cómo no? pues cómo irá usted lucido, a Palacio entre Señores, Cortesanos, y Ministros, señor Maestre de Campo, en tanto que en el retiro donde me ha traído, estoy sirviendo a un viejo enfermizo, que es su padre, y tolerando no haga de mí (aunque le asisto) más caso, que de una triste criada del baratillo? Toma si purga. Es maldita. En qué piensa? está dormido? Que hayas de ser mi mujer con genio tan exquisito? Y con esa forna usted, qué haya de ser mi marido? Llegará día en que me hayan de aburrir sus precipicios. A mí no, que yo ya estoy aburrida de sufrirlos. Por Dios, que tengas paciencia. Por Dios, que tú tengas brío. Que es tu genio muy inquieto. Y el tuyo muy estadizo. Acabada ya la guerra de la Alpujarra, has venido donde en poder de mi padre te tengo, porque al cariño sirva de muro el respeto; hasta ver si concluimos lo que no ignoras, logrando dos gustos tan excesivos, como mi lustre, y tu mano, tiras, Ignacía, a afligirnos. e que de No señor, que usted no es fácil que se aflija de poquito; y bueno es antes de hallarse casado, llevar sabido la condición de la esposa: esto es esto, discurrirlo, si puede aguantarlo al cuento; y si no, laudetur Cristus. Mira, tienes tanta gracia, que aún es tu enojo un hechizo. Vendígame Dios amén; y a ti por lo derretido. Yo me voy. Hasta después. Tuyo, soy. Ya me lo han dicho::- Mis finezas? Tus donaires. Tengo gracia? Desde niño. Presto volveré a tus ojos. Después que haya comido todo el Lugar, que tu flema dan las dos::- Cuándo? A las cinco. Sopaenvino, sígueme. Síguele tú, Sopaenvino, que para hacer amistades eres un poco más vivo. Yo alcahuete? el mundo miente, que soy Gállego castizo, y dejaré por dos reales::- Qué? Que me llamen Judio. Ven acá tú, buena alhaja. Qué aún no se ha acabó el ruid Dejadme, qu Doña Juana::- Bien juzgo que ha de haceros novedad mi venida; mas mi vida afligida a tu sagrado apela, ten piedad de mis males, Isabela. Yo, pues, que de un Convento en Antequera, donde fue el intento de mi padre, y hermano me retirase del comercio humano, por aquel desafío, que tuvo vuestro hermano con el mío, viéndome allí dejada de los míos (si bien asegurada de Don Carlos, de cuanto se interesa en cumplirme de esposo la promesa) tolerar no he podido ni aquesta suspensión, ni aquel olvido. Sé quien sois, y que os debo particular amor; con que me atrevo hacer a la que es parte, medianera, como ampararme vuestro afecto quiera de vuestro hermano, a vuestra propia sombra, del que mío se nombra; pues recelo mi muerte estando oculta, y cuando de esta suerte (con un pariente anciano, que ha logrado de mi prisión haber facilitado la salida) me veo a vuestras plantas, lograd con una acción finezas tantas como rendida os ruego: y aunque me halle el peligro desde luego mi destino tendré por venturoso, estando al lado del que ha de ser mi esposo, destinó la fortuna, y sin la pena con vuestro auxilio de la nota ajena. Quién, que obro yo ha creído como quien soy, ya tiene merecido el amor de mi pecho por la buena opinión que de mí ha hecho; y más cuando a Julian, a pesar mío, aborrecer no puede mi albedrío. Mi hermano ha días, que a una diligencia por la posta partió, y aún de su ausencia la causa no he sabido; y pues a tan buen tiempo habéis venido, en mi casa os halláis, y en el espacio seguro de Palacio, en que Don Luis Quijada, mi pariente, nos hospedó, que logra juntamente el favor de su Alteza, y del Rey: esto puede mi fineza, Doña Juana, ofreceros, a lo demás excuso responderos. Por qué causa, señora? Porque es razón que descanséis ahora. No alimentéis con dudas mí c idado. l, y descansad. Yo me persuado::- No viváis con recelo. No os debo apurar más: Cómo puedo yo decirla lo mal que viene, sabiendo, que a limitarla a promesas Carlos, es un fingimiento, fiado en que jamás logre Julian lo tratado entre ellos? Doña Isabel? Señor? . Ya sabéis, que en lugar quedo de vuestro hermano, de quien recibi anoche este pliego, y él hizo dichosamente su viaje, y se halla bueno. Yo os estimo la noticia. No os durará el desconsuelo de su ausencia, que imagino volverá a la Corte presto. Logrando vuestros favores, nada puedo yo echar menos. Adiós, que al cuarto del Rey pasar, Doña Isabel, quiero, que es forzoso hablarle. Dónde habrá ido Carlos? qué es esto? el Cielo os guardé mil años; no percibo este misterio. Ya que el cuarto del Rey piso, confuso, y triste me veo, por ver que su Alteza se haya inclinado en tal empeño. Don Luis? Deme vuestra Alteza sus pies. Amigo, y Maestro, levantad, que mi cariño no permite tanto exceso: parece que estáis con rostro disgustado? . Considero, que deciros es forzoso, que no logréis un intento en que os habéis empeñado, guardeos el Ci deseando complaceros mi buena ley, no es cordura; pero no tiene remedio. Pues qué hay de nuevo? decid. Mal va la empresa saliendo de que el Avito se ponga::- Quién, Don Luis? Julian Romero. Sopaenvino, yo me he oído nombrar. . Te vienes metiendo por las puertas de Palacio, sin temor de los Porteros. Ya sabes, que esta licencia del Rey concedida tengo. Bueno es, que lo sepan todos. Detente, que vive el Cielo, que su Alteza, y Luis Quijada están allí: a qué buen tiempo me trujo el pesar, que me hace venir sin mí? No lo creo, aunque ya me ha repetido muchas noticias sobre eso. Señor, Don Carlos me escribe con bastante sentimiento. No hallarse de hombre que tiene tal modestia, y tal esfuerzo el origen, y afirmar los vecinos de su Pueblo, que es de villana prosapia? aquí hay envidias, y celos, que en Julian Romero::- Qué oigo! No cabe tan gran defecto; y si me empeño en su honra, no cautelando este riesgo, para que yo quede mal ha sido un gran desacierto. Válgame el Cielo, qué escucho! ya es público mi desprecio: poco honor tiene mi vida, cuando no me caigo muerto. Señor, mal anda este ajo. Qué dices vil? Que está acedo. Sé, que, por el caso propio de ser Don Carlos su opuesto, vivas diligencias hace en favor de Julian, pero::- Pues, amigo Don Luis, yo que la vida le debo, no he de abandonar la empresa. Oh heroico Príncipe excelso! Que no le veré en mi vida, sino le dejo bien puesto. Ni yo me dejaré ver, que homicida de mí mismo me repetiré la muerte, que me dará mi tormento. El Rey viene. Pues hablarle por Julian, Don Luis pretendo, que aquí hay maldad conocida. Harto buen agente tengo: mucho podrá mi desgracia si salgo mal con el pleito. Príncipe? . Señor. Qué hacéis? Esperando en este puesto al Sol, que va a amanecer, que es segundo sin primero. Sopaenvino, aquí es forzoso hacer del susto denuedo; no en mi semblante conozca el Rey, que pueda ser cierto el temor de mi desdicha. Qué decís? Esto sabemos: Julian Romero, señor, ha logrado mereceros de un Avito la merced, difícil en estos tiempos, y solo a tantas hazañas justo merecido premio: sus émulos le persiguen; yo le amparo, y le defiendo::- Pues qué más quiere, Don Juan? Yo, que a tal ocasión llego, os lo diré, gran señor, si con las voces acierto. Vive Dios, que se ha turbado: . pícaros hay con respeto. Julian Romero, pues vos, que no sabéis lo que es miedo, y a quien por vuestras hazañas conozco, estimo, y aprecio, sin valor en mi presencia? Señor, pues es para menos la historia en que me he metido? Hablad más claro. Si puedo. Yo estoy aquí, tened brío. . Con tal amparo no tiemblo. Señor una roja insignia os pedí para este pecho, tan penetrado de heridas, como está de sentimientos: Han querido los demonios, que no halle vivo, ni muerto pariente de quien probar, porque los míos tuvieron la misma flema, que yo, y abandonando su aprecio, ni en su linaje cuidaron, ni papeles recogieron. Qué decís? Qué he de decir? que no doy con mis Avuelos, y algún diablo los hundió en los profundos infiernos. Eso cómo puede ser? Cómo ha de ser, sino siendo? Yo, señor, sé que soy noble, porque ni juro, ni miento: tengo un corazón leal, pago bien, si acaso debo; soy muy bien intencionado::- Eso no prueba, pues vemos . muchos, que en él no pagar fundan el ser Caballeros. Soy inclinado a las armas, y en ellas jamás me vieron jactancioso, presumido, insufrible, ni soberbio; y últimamente, señor, la sangre de quien desciendo, ya no la tengo en mis venas; porque por mil agujeros la he derramado por vos, y la que he adquirido luego vuestra es; porque se ha formado del pan de que me sustento, que es el de la munición, harto duro, y harto negro: perdonad, sino me explico, que no he tenido sujeto, que retórica me enseñe, sino es la voz de mi acero. Yo tengo muchos contrarios en Antequera; más creo, que nadie sabe menear como la lengua el acero: esta es verdad infalible. Si dicen, que no merezco vuestras honras, dirán bien; pero señor, y qué haremos con ser Maestre de Campo, si cuando dudoso, y ciego entro a probar mi linaje, cosa con cosa no encuentro, como avisan en las cartas de mis padres, y mis deudos? Ah de quedar deshonrado un hombre, que en fin se ha puesto a perder por vos la vida, por ser unos majaderos mis ascendientes? cargara Bercebú con todos ellos. Esto se ha de tolerar? No, Julian; porque yo atiendo mas a la sangre vertida, que a la heredada. . Me huelgo, que eso digáis: qué bien siente quién os tiene por discreto! Vos probáis harta nobleza con probar de vuestros hechos. Y para el Avito basta? Sí, yo lo mando; yo puedo hacer que todo lo suplan. No entiendo de suplementos: Avito que se remienda, para San Francisco es bueno. Pues, Julian, haced que busquen (gracia ha tenido, y despejo) vuestro principio. . Principio? si no se encuentra puchero? buena droga! . Yo desde hoy ser vuestro informante quiero; y sino se halla resquicio (pues me venís proponiendo, que ya es vuestra sangre mía) decid, que a cualquiera abuelo, que falte a vuestro linaje, le tomen::- . De quién? Del nuestro: pero mejor es mostraros lo que un Rey puede en queriendo: no habéis de salir de aquí sin que volváis satisfecho. Oh Rey insigne! dichoso quien sirve a tan grande dueño. Ea, que saldremos bien. Pues claro está que saldremos. Yo os debí::- No habléis, señor, de eso, que me avergüenzo. No obstante, fuera mejor que por naturales medios os honraran, no dejando vuestra opinión en diversos pareceres. Vive Dios, que desconsuela este viejo fuertemente. . Se parecen sus palabras a sus gestos. Sabe el Cielo, Sopaenvino, que aunque hablé con los alientos que viste, yo estoy sin mí. Tuvieras tú mi abolengo, y no temieras. . Pues tú quién eres? . Aí es buñuelo: la cepa materna mía fue Noé, y el cimiento de mi línea paternal Adan arando, y por eso con el vino, y el mandrugo se vino a hacer el compuesto de Don Sopaenvino, hijo del zóquete y el pellejo. Qué bufón eres tan frío! Julian, ya va aquí el decreto para que el Avito os pongan, quedando el Rey en haceros las informaciones. . Con que ya salimos bien con eso? Yo no lo sé, solo sé (aunque el Rey con tal empeño, y tal prisa os favorece) que a lo que dije me atengo. Atenida esté tu vida, y el alma del Cancerbero. Venid conmigo. Y a dónde? El Rey ordena, que luego el Capítulo se junte en su Real Capilla, a efecto de que se haga esta función. Si él lo manda, yo me venzo, que a su cuenta lo demás queda, pues se encarga de ello. Cosa es bien extraordinaria. Porque os alegréis me alegro. Yo no entiendo de estas cosas, mas sé que al Rey obedezco. . Apenas llegáis, señor, del cámino medio muerto, y ya a Palacio venís? No debe tener sosiego quien no debe tener vida: no dices tú, que vinieron hacia este sitio? . El salió con Sopaenvino tan ciego, y tan turbado, que yo quedé dudando, y temiendo, de que qué diablos traían las cartas vuestras, supuesto que tanto le atolondraron. No es de referirlo tiempo: solo sé, que convencido del desengaño postrero, por la posta como fui, volvirigualando al Correo. Que se erró todo, señor, en no tomar mi consejo, que puesto yo en Antequera, no hubiera quien el resuello osara echar. . En Palacio mucha concurrencia advierto. Tú vas sin ti, y con Julian. Pispereta, yo le quiero, aunque le apuro. . Es cariño ladrado, como él del perro. Allí viene Sopaenvino. Qué prisa tiene el Ingenio de acabar con la Comedia; pues de suceso en suceso no da espació. . Sopaenvino, qué traes? No me hablen tan recio, que soy casi señoría con un amo Caballero. Qué dices? . Que a Julian el Rey el Avito ha puesto de Santiago, y aún le ha dado la Encomienda de Alaejos. Eso como puede ser, si aún las pruebas no se hicieron? A eso él responderá, que sale solo, y suspenso. Ay Pispereta! no ves qué bien le asienta el remiendo! Ya no sabes, que es galán? Valedme, divinos Cielos! que no sé qué me sucede, ni sé este atropellamiento si es favor, o disfavor. Hijo Julian, qué ha sido esto? quién te ha puesto aquesa insignia? El Rey. . Cómo? Anteponiendo la ejecución de las pruebas: yo le informé del estrecho en que las nuestras se hallaban, y él tomó sobre su regió cuidado la acción, mandando como Príncipe supremo me le pusiese, antes que pudiesen dudar los cuerdos si conseguirle podría. Y de eso estás tan contento? quítate esa insignia, aleve: arroja, arroja en el suelo esa nota de tu ultraje, que más está enrojeciendo la púrpura de su esmalte tu semblante, que tu pecho. Padre, pues no es dueño el Rey de hacer los nobles? Concedo: mas no a los que son de sangre, sino a los de privilegios. El que de padres a hijos logra blasón tan supremo, recibe ese don de Dios, en que los Reyes tuvieron la parte que toca al lustre, mas no la del nacimiento. Quién eso ha de averiguarlo? Señor, bueno está lo hecho. No está, Andrés, que es fuerza conste, que el Rey usando del Cetro, y él poder, lo mandó así; y en igual de honra, y trofeo, la mayor señal de infamia es un Avito mal puesto. Pues buenos hemos quedado. Señor, ya lo considero: íreme a quejar al Rey, pues ahora pasar le veo de la Capilla a su cuarto: aquí el dolor del despecho de mi pena, y mi congoja. Qué tienes, Julian Romero? Qué es esto? de qué os quejáis? Dichosa yo, pues encuentro . al Rey a quien a ver salgo. En qué os detenéis? Excelso Felipe, a cuyos pies son dos mundos sitial estrecho; yo soy el que ha suspendido vuestro curso, y yo me quejo a vos de vos, pues me hacéis en vez de una honra, un desprecio. El Avito, que me dais, os pongo a los pies, sabiendo, que sin probar mi linaje, cuando todabía puedo ser noble, en cuanto la duda no se aclara de no serlo, esta mal fija es más que honra, vituperio. Yo no merezco serviros, tan desdichado naciendo, que ignoro quien soy; y así, hasta inquirirlo, protesto irme a climas escondidos, a habitar oscuros senos, sepultar mi infausta vida, en donde mi monumento sea el mar, porque ni aún huellas queden de mi fin postrero. Oíd, esperad. . Señor, por saber cuanto es de vuestro servicio la nueva mía, a vuestros pies me presento. Qué traéis, Don Carlos? Quedan las pruebas en el Consejo de Julian Romero, y pude con maña, industria, y con medios aclarar quien es. Pues, hombre, quién soy? acaba con ello. Digno de la insignia, que anticipada la encuentro honrándoos, y hermano mío pronto a cumplir lo propuesto, casando con Doña Juana, pues mi igual la considero. Qué oigo! voy por Doña Juana. . De un vecino Lugarejo de Antequera descendéis, en donde gozáis el fuero de noble, desde que el Moro perdió el Español Imperio: todo probado lo traigo con testigos, e instrumentos. Cumplisteis como quien sois. Si él despacha bien, y presto, poco ganará a informante. Salto, y brinco de contento: Jesús, qué gozo! Jesús! glacer no muero? Cómo de úéanse las pruebas Don Juan al punto. Señor, ya veng de dejarlas aprobadas. Con que salieron? . Salieron. Don Carlos, soy vuestro esclavo, mi hermana, y cuanto yo tengo es vuestro, que un pecho noble no debe pagar con menos. Eso sí, valor del mundo! yo por mi amigo os ofrezco el corazón. . Enviad por mi esposa. No hay que hacerlo, que yo la traigo conmigo. Cómo? Después lo sabremos. Don Juan, mucho estimo, que salgáis del empeño vuestro. A vos os debo, señor, lo airoso que yo me veo. Doña Juana, esta es mi mano. Yo con el alma la acepto. Señor, ahora la licencia pido de mi casamiento. Con quién? Conmigo, señor, que solo yo la merezco, porque viniendo con él le he estudiado bien el genio. Si tu gustas, lo permito. Ah Ignacia! el alma te entrego. Yo, como ya te la he dado, hay poco que hacer en eso. Julian, si tu amigo Andrés con Doña Isabel:: . Teneos, porque mi hermana es ya vuestra. Feliz quien vio su deseo tan bien empleado en vos. Vuestra esclava me confieso. Julian, sea en hora buena. Oh gran señor! mucho os debo. Dame esa mano, borracha. Aquí la tienes, camueso. Y aquí tiene fin el caso tan extraño como nuevo, ponerse Avito sin pruebas, y guapo Julian Romero.
