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Texto digital de Pocos bastan si son buenos y el crisol de la lealtad

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Juan de Matos Fragoso
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Pocos bastan si son buenos y el crisol de la lealtad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pocos-bastan-si-son-buenos-y-el-crisol-de-la-lealtad.

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POCOS BASTAN SI SON BUENOS Y EL CRISOL DE LA LEALTAD

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Ten de ese estribo, y aguarda en el lugar que te he dicho. Con el caballo me espera edonde te he prevenido. No pasemos adelante, que en este monte sombrío, que de Pusilipo al monte hace ameno laberinto, po hoy podemos ajustarnos. No es fácil el convenirnos, y más cuandoya envidioso me han dejado vuestros bríos segunda vez, desmontando primero: mas que me admiro, cuando sois Napolitano, en cuyos pechos altivos sobrésale (mas que en otras Naciones ) lo siempre invicto? pero en fin hable el acero. Esperad, que siempre he sido de opinión, que con ventaja nunca es noble el enemigo, yo la tengo en la lisonja con que me habéis aplaudido; son noble, y por igualarme que también quedó envidioso segunda vez, de haber visto, que si yo desmonté antes gallardamente atrevido, en ir primero a echar mano, vos me habéis dado motivo a mayor gloria, si os venzo, pues ya igualmente os compito; mas sois Español, que basta, que a todos los legitimo aves de acero, que al rayo del Sol de Marte son hijos; pero volvamos al duelo. Esperad, porque imagino que hacia aquí viene un soldado. Quién es. . Uno que lo ha sido. de mi compañía en Flandes, y en Nápoles de él me sirvo, por valiente, y por leal, como criado, y amigo, que entre nosorros la guerra hace amistad el dominio. Ya le conozco, de cuando juntos Capitanes fuimos también en Flandes. . En tanto que lo que quiere examino, di simulenos qué es esto? dónde por aquí Juan Grifo? Ese es mi nombre, y por ello sea mi Cristo bendito, que alma de Grifo me ha dado, por ser Grifal mi apellido. Qué hay de nuevo? . Eso presu porque vengo voto a Cristo (mo, más mohino que cien machos, de un harriero Vircaino: acaso soy yo Abadesa, C que cuando ve a reñirsale me he de estar hecho unovillo, o es la ojarasca de Juanes vara a caso de llentisco, que me he de limpiar con ella los dientes? . Quién tal te ha dia (cho? El diablo; vamos al caso (que Ruspilla me dio aviso, que basta que sea mi cosa para obrar con tanto ahinco) que voace aquesta mañana enfadado a casa vino, y registrando la espada se me quitó el coletillo (por no reñir con ventaja como hombre en fin de capricho ya la daga juntamente limpió en la capa los filos, y hizo a Marcos que ensillase con toda prisa el morcillo; las cuales todas señales son de bórrico frontino, y que me huelen a cosa dependencia por san pito; y pues del cuerpo de guardía solo a saberlo hevenido, sepamos lo que hay en esto. Qué temes, si tan amigos somos yo, y el Capitán? Es que traigo prevenido; que la viuda de Salerno (aunque de Ángel tiene hocico) por lo patillas es diablo, que a entrambos los tiene asidos por la cola del deseo en garras del regalillo. Atí quien te mete en nada si solos los dos venimos? Dices bien, mas no habrá un diablo ya que a tal tiempo he venido, con quien yo riña, y descanse; de estas cuestas. . Ya estás necio. Quedo que yo me retiro, y a lonje estoy atisvando para acudir al peligro de cualquiera; mas aquesto es vertud el prevenillo adonde quiere enterrarse el que cayere. . Hase visto tal locura. . Él es bizarro. Que has de enfadarme imagino. Pues señores reformados la Italiana, y al hombligo; pero la tetilla guarde, que el Españolda en lo vivo. Vete voto a Cristo. . Voyme también con mi voto a Cristo, y haciendo de este pañuelo (que aunque está sucio, es gordillo) hilas para el desdichado me desenfado conmigo. Ya habemos quedado solos, y ya que se ha suspendido el primer ímpetu amante (que es tan ciego a los principios) disculpemos más de espacio el desorden sucesivo con ver la causa que a entrambos (siendo casi desde niños amigos tan confidentes) a esta acción nos ha movido, porque siempre en estos lances es este el más cuerdo adbitrio, pues en sacando el acero no hay razón que medie al brío, y estando ya en la campaña no es contra el valor indicio, reportarnos más bizarros por pelear más altivos. De Nápoles, donde vine de España, solo movido de admirar en sus grandezas del mundo el raro prodigio; después de haber profesado. en nuestros lustros floridos la amistad, que con Orestes eterna Pilades hizo: Habrá ya carorce años, que juntos los dos salimos a servir aventureros al Gran Monarca Filipo, a aquel de las dos esperías Magna, y Menor, Norte fijo, cuyo Sol, como el del Cielo en los dos Polos distintos, gira contrapuestos rayos, siéndoles a un tiempo mismo, encendida luz a Europa, y lóbrego horror al Indio; a aquel. . No habéis de llevaros la gloria del aplaudirlo; solo vos Nápoles hable con la lealtad de sus hijos, juntos los dos finalmente al Gran Monarca servimos, a cuya grandeza vienen los dos Polos tanceñidos, que reventando de imperios, tan distantes como unidos; en la fe que le consagran firmes Católicos Ritos. En el Antártico aborta lo que en el Ártico frío concibió Numen sagrado de América en el baurismo, donde colgados del aire los mármoles Herculinos, de nuevos mundos esperan el Non Plus Ultra hacer digno, el fin deseado de ellos por desplomarse mácicos (remoto en segundo Cadiz) orbes Fuera el aplaudir sus glorias proceder en infinito, y aunque ellas pudieran sernos intermisión al motivo de nuestro duelo, rogando a Dios le conceda un hijo, que en la sucesión de España logre Augustos vaticinios Júpiter Austral, que nazca para en venideros siglos, Ídolo de las Naciones. Retratar un Carlos Quinto; a quien las unas por miedo, y las otras por cariño, todos juntos le consagren fama eterna en fieles Ritos. Vamos al caso, y dejando que en el tiempo en que anduvi- por Italia, España, y Flandes, (mos siempre han mentado servicios, ya de fortuna soldados, y ya Capitanes vivos, en diversas ocasiones uno a otro hemos debido finezas, que no ignoramos, las cuales no las repito, porque pasemos al duelo que nos trujo al desafío, en muchas de las facciones. a que los dos asistimos. Amistad túvimos desde la batalla del Montijo, con Camilo de Salerno; aventurero lucido de Nápoles en el rercio, que entonces proezas hizo, como siempre: este, pues, cuando de Flandes a Italia vino, rres años habrá, en Salerno, según él propio nos dijo, casó con su prima Porcia, que es hoy objeto de nuestro amor; y volviendo de adquirir fama movido, él a España, en Cataluña a vernos los tres volvimos, cuando rindió Barcelona nuevos aplausos debidos a su Rey en triunfos sacros de leales regocijos, que al señor don Juan de Austria. la fuerte Ciudad previno; bien como a luciente rayo del Sol, que le alienta engiros, galán Áquiles de España, Armada imagen de Cinto. De Camilo los dos tanto en la amistad nos unimos, que volviéndose él a Flandes, por dar más cierto el aviso a Porcia de sus aumentos, sabiendo que entretenidos a Nápoles nos mandaron partir, escribir la quiso con los dos, cuando llegando a Salerno, ya ofrecidos a servirla cortesmente; como prenda en fin de amigo, en diver sidad de tiempos ordenó fiero el destino, que sin saber uno, que otro la amase, muerto Camilo, según se ha dicho por cartas de atrás, en el fuerte sitio nos declaramos con ella. La cualhabiendo venido a Nápoles, con dictamen de examinar los avifos de la muerte de su esposo; y a componer de camino alguna hacienda que en esa Ciudad tiene, nos ha oído a entrambos en el recato del conocimiento a hasta hoy, que declarada aqueste papel me ha escrito. Y este a mí. . Del cual celoso saco. . Y yo ciego colijo. Que vos estorbáis mi dicha. Que vos impedis mi alivio, Por lo cual desafiados hoya este puesto salimos. En el largo de Palacio habiendo allos dos cogido, casi juntos los papeles. Con que ninguno ha podido decir, fui primero al duelo. Cómo soldados cumplimos con la obligación de todo. Así dice el papel mío. Yo me ausento, aunque agradezco vuestros honestos suspiros, porque no es posible amaros cuando estáis tan competido. Casi, si es que no me engaño, dice este papello mismo. La causa del ausentarme, es a mi honor persuadiros, que en competencias iguales, nunca hay amor excedido. Luego por vos me desprecia? Luego es por vos su retiro? Yo la quiero para esposa. Yo intento ser su marido. No se halla medio en el lance. Solamente un medio arbitrio. Cuál es? . Que solo la goce aquel que quedare vivo. Muy bien decís; pero entremos hasta lo más escondido de el bosque, donde no haya quien pueda vernos. . Ya os sigo. Malos años para el campo, que ansina te ha entristecido: que tienes la bella Porcia, la de ellos ojuelos llindos, que por matar sopitaños a quien los ve de improviso; aún mucho más que de bellos, dice que tien de Bellidos. Dices que para allegrarte de Nápoles te has salido a esa tu casa de campo, que tienes en Pusilipo; y en verdad, que no lo estiendo, porque según lo que he vido me parece cosi cosa salir en Invierno all río. Estobieraste en Sallerno; para estarte aquí hecha gimio, y no que dende Escafata, donde acude en su cortijo a su tienda el mi Morlaco, a Nápoles más traido, y de Nápoles a este: que sé yo como lo he dicho, que siempre me olvido el nombre, por mucho que en el magino, Este es Pusilipo; este, por su ameno, y fértil sitio celebrado en estos montes de Nápoles paraiso, cuyas faldas hacen verdes en sus márgenes floridos, media Luna de esmeraldas al Mediterraneo frío. Este es del Abrirla pompa, este es del Mavo el dominio, y de Junio en los verdores la lisonja del Estío, en cuyo espejo de plata, cuando al mar en calma miro, los árboles, y las flores vejetativos Narcisos le retratan, y enamoran alguna vez de sí mismos, unas en risas del prado; otras del aire en bullicios: que gloria, a tener dictamen, que dicha, a gozar instinto, amarse sin los recelos, detenerse competidos: mas que presto en el Diciembre: su desengaño les vino, troncos secos unos, y otras cenizas de ámbar marchito, sirviéndoles en las ondas, que almas les dieron en visos, lo que espejo les fue antes, de Eiptasio cristalino. Válgate Dios por el tiempo, siempre has de traernocivo a la envidia de lo hermoso. los escarmientos asidos? Válgate Dios por lo amante, siempre has de obrar indeciso, descuidado en lo presente, deseoso en lo perdido? Y válgate todo el Cielo. mi pensamiento afligido, que huyendo de ti te hallo trás cada instante conmigo: ay Sabina, y quien pudiera. con tu ánimo sencillo tocar aojados extremos! Qué es lo que te ha socedido? Por olvidar galanteos, que aunque en decentes motinos deseos disculpan fieles, yo de ninguno me obligo; esta soledad confusa. de Nápoles me retiro a llorar los tristes hados; de mi difunto Camilo, olvidarle, si pu que este disculpado arbitrio, que dice del mal el menos, es bien del amor perdido; y a penas en ella he puesto los pies, cuando en cuanto miro desde la flor hasta el árbol, ya por el tiempo marchitos, hasta el bruto desde el ave por el hielo, ya encogidos desde el aire hasta los Cielos. ya por la niebla sombríos, y hasta el monte desde el valle, por la lluvia humedecidos, todo ya desengañado, yo sola en todo apercibo, que eterniza una memoria lo buscado de un olvido; pero tú como villana. no entiendes lo discursivo, que en soliloquios amantes arrebata a los sentidos. No entiendo de solilocos, soldemente te he entendido que habrá ya casi dos meses que prañes tan hilo a hilo, que de llágrimas, y mocos puedes hacer un obillo, de cuyos hilos de pelrras tu nariz la abuja ha sidos (laco, Hola han? . Este es Mor- aquí estó . Dios sea bendito que topo a la mi señora, por quien pienso que se dijo, huera de pulla la chanza, que dice topo, y no miro; que a la he que ha más de un hora que al volver de her mi oficio dalcahuete, que en mi tierra lo fui desde tamañito, y no hallándola en la casa, de pracer, he descurrido o el prado todo el prado llirio a llirio, y solo en las azocenas la halle entre puros armiños con los craveles borrachos mecerar lo branco, y lo tinto; huego de amor en su cara, que echando chispas de vicio de hermosas brinda las almas a que echen de amor un chispos mire, no me burlo en esto, juro a tal que tiene hocico de grandísima bellaca; inde tuvolle más llindo, por más que diga la historia, de Santo Antón el cochino, y que huera yo barraco suyo, mejor que no Obispo; malajo, y que relamida está con el mongilillo, i llas tocas, que retocan, y aún repican llos sentidos. No seas tan malicioso Morlaco. . Sabina chito, que cumpro con ell adajio de ser tonto si malicio. Qué hay de nuevo? Estó causado; pero no ostante lo digo, y para no errar en nada la memoria me presino. Los señores Campitanes a quien lleve los escritos, que a fuer de melones salen badeas de tus cariños, al punto que los tomaron, y los leyeron junticos, juntos de mí se apartaron, y juntos desparecidos, juntos entrambos se fueron parece que a pies juntillo; pero yo no sé que diabros nuevamente ha soced a una hora que se fueron que junto a Palacio he vido a dos carrillos palrando, llos hombres en llos corrillos, y los sueldados corriendo, con córdeles encendidos. Y en fin, andan como llocos; porque dicen, que ha venido una tortada Frencesa, que me dio grande apetito de comemerla a bocados. Qué dices? no te he entendido: tortada? pero qué es esto? Aí detrás siento roido. Roido? y detrá? no es bueno, si el aire no viene limpio. No quiero vida sin Porcia. Sin ella, yo no la estrmo. Ya en oculta parte estamos. Búscola yo cuando riño? Dónde sueñan? . Aquí cerca, por detrás de estos alisos, que hay una grande llanada. Qué riñen me ha parecido. Ya se ven, y son los propios que uyo, y a quien incito válgame Dios. . Amor solo pudo desunir tan fijos lazos de amistad No quiebre por tan delgados principios, que es desdoros de almas grandes rendirse a afectos tan niños. Mira Sabina si acaso Qué sientes? . que estó mojado, y aún mejor si bien me olisco. Pues qué es esto caballeros? ansí miramientos dignos se atropellan, de quien siempre tuvo en vosotros su asilo? Solo al respeto forzoso, Solo al recato debido. (nero. Del honor. . Que en vos ve- Me reporto. . Y me reprimo. Cuando adorándoos mi pecho, hoy vuestro papel me dijo. Yo me ausento, aún que agradezco vuestros honestos suspiros, porque no es posible amaros. cuando estáis tan competido. Cuando a mis rendidas ansias, hoy vuestro papel me ha dicho. La causa del ausentarme es a mi honor persuadiros, que en comperencias iguales. nunca hay amor excedido. Y ahora escuchadme atentos; con volver a repetiros aquestas mismas razones, os concluirá el honor mío, por no volver a empeñaros. mas de lo que estáis rendidos. Yo me ausento, aunque agradezco vuestros honestos suspiros, estimad el delengaño si obra el dictamen con juicio; porque no es posible a maros qundo estáis tan competidos; no profanéis mi recaro, que en la ocasión que os he visto la causa del ausentarme, es a mi honor persuadiros. A ninguno quiero amante, cortés a los dos estimo, que en con nunca hay amor excedido. Mi resolución es esta, y a vuestra atención suplico que en vuestra obediencia quede mi pundonor sin indicio. Yo vuestros desdenes amo. Yo adoro vuestros desvíos. Mas ya que el lance es forzoso a la elección convenidos vuestra, se concluya el duelo, sindarse por ofendido, el que elegido no fuere. Sea así? . Y quién os ha dicho, que muerto esposo soldado, soldade elija marido? Con casarte con entrambos te escosarás de roídos, porque como de ventana tiene ell amor su poquillo, donde un marido se cierra, ciento se abren. . Pues no admito ningún medio . Yo tampoco sin volver al desafío. Pues vive Dios; mas qué es eso? Pese al alma de un Jodio, si ya los dos no se han muerto; que hacen aquí? oto al gijo que ya la armada Francesa desde Santelmo se ha visto con veintey cuatro bajeles. Qué dices? . Lo que han oído. Miren si yo me engañaba. Sí, pero tortada has dicho por armada. . Caballeros, para ahora son los bríos, m. Quién, señora Porcia, ignora, que interviniendo el servicio, del Rey, no hay amor, ni hay duelo? el valor solo es la dama. Yo en la compañía escrito estoy del Marqués de Cortes. Yo también en la del hijo del señor Virrey. Entrambos de Apolo, y Marte han bebido gala, y valor. . Y en la escuela. del gran Conde de Castrillo serán Polos de este Reino, que a su gobierno está fijo. En fin, señora. . Hay más pasas? Perdonaréis. . Hay más higos Si en este lance. . Hay más nue. (ces. Hubo ofensa. Hay más membrillos, si acaso van a Escafata los hermanos sueldaditos? Que el Rey es antes que todo. . Y sobre todo el servicio. . Volveos los dos a Escafata. Allá me pongo de un brinco. . Que yo a Nápoles me vuelvo, y a Salerno ir determino; enamoraos de soldados, veréis que el empleo es lindo. . Viva el Rey, Nápoles triunfe, y haya guerra Francesillos, que ya para degollaros venís amolar cuchillos. s, Con Nápoles altiva, viva la grande España. . Viva, viva. Eterna en la ganancia que de su Reino espera. Viva Francia. Ya debajo del monte, que de Castelamar es orizonte, nuestra Francesa armada a la misma Ciudad está afestada, donde un trompeta ha ido a ofrecerles por Francia buen partido. Sí, pero en gloria incierta, como aber bencosas las galeras de Nápoles famosas tienen nuestra Almiranta casi abierta, arrojando los rayos de Belona, Tursis, Doria, y Bayona a fuertes cañonazos. Y aún algunos bajeles de muchas de ellas. Ah Españoles fieles. . Ah fuertes Alemanes. Aa Italianos valientes. Sed hoy terror de las Francesas gentes. Si haremos con tan grandes Capitanes. Grandísimo el estrago es que hacen las galeras. . Santiago. Los costados que a tierra están mirando, vayan desembarcando de todos los havios los soldados que fueren de más bríos, y ocupen la matina, antes que tienda el manto Proserpina. Qué hermosa vista ofrece el ardimiento, cuando neutral del mar el elemento finge de fuego, y humo en las hileras una Troya de naves, y galeras, que apenas se divisan, con la humareda que tan alta sube; que si acaso las nuves no la pisan, es porque ella se forma densa nuve: el Vesubio dudando, que allí asoma, si sobre estotro monte hay otro Soma. Ah Españoles bizarros, las galeras volvéis triunfantes carros; adonde inmortalizan su nombre aún los forzados que las izan. Mas que es lo que me admira, si allí los Generales fuertes, Vayona, y Doria, con el valor que promtoles inspira, fama usurpan, y eclipsan la memoria de Asdrubales, Majones, y Anibales. Oh cómo allí, lisonja me es decirlo, con la Cuarralba de la escuadra mía, en socorrer a la Ciudad porfía; y en el Naval asedio; pasa de los bajeles por en medio, tan veloz, que a mi fuerte Capitana compite alientos, en su aliento ufuna. Oh cual las tres Patronas, de Sicilia, de Génoba, y Cerdeña, aves del mar (con remos por alas) vuelan cristalinas zonas, sin dejar, ni aún la seña de embestir, y volver a hacer extremos de valor, y fineza, obrando las demás con tal braveza; que sin valerme de lisonjas vanas, parece que son todas Capitanas. O pese al mar! que sean quince galeras solas, obedecidas Reinas de las olas! Que mucho, cuando son los que pelean en ellas rayos vivos. . Ya empiezan los lebeches, que mocivos en aqueste pedazo del mar, mas que el Caribdis, de embarazo sirven a las galeras, y navios. El temporal nos encogio los bríos. Abrese el mar, y el Cielo se nos cierra. Ánclas a fondo echad. Velas aferra. Y pues sin perder ningún soldado hemos a los vajeles maltratado, y el mar, y el viento crece, a Nápoles las proas, que anochece. Y en mar, como en campaña, vivan eternos. . Nápoles, y España. Pues ya la noche cierra, y se van las galeras, tierra. . Tierra. de , y va Ea famosos Franceses, id desembarcando apriesa, que la fama en bronze eterno fijar vuestro nombre espera. Nápoles nunca previno el que entrasemos por esta parte; de lo cual se arguye Castelamar sin defensa. No perdamos tiempo, vayan Monsiur Nollac, y Ferreira por la parte del castillo, que ya su gente está en tierra. Vamos, pues que con las guías, que ya tenemos dispuestas, la hemos de entrar fácilmente. Lo que importa es la presteza; y en tanto que desembarca Monsiur de Plesí, y respuesta trae el trompeta, que haido a la Ciudad, los que quedan en campaña, la marina me ocupen luego en hileras; que a ocho mil Franceses juntos, quién ha de hacer resistencia? y más nobles, y guiados de tan ambiciosa idea? Ea amigos, viva España; que es lo que ahora amedrenta vuestros ánimos? las valas den al Frances la respuesta. Válgame Dios! Qué es aqueso? Alber a la salva hecha de la Ciudad, el esquife trabadose entre dos peñas, haber en tierr al ir a saltar entierra. Eso fue, Plesivaliente, que ya la campaña tiembla de veros triunfar de Italia, y el agua envidiosa intenta deteneros en sus ondas, por ambición de su esfera: lisonjearle me importa. O plegue al Cielo no sea, que haya yo entre tierra, y agua de tener tumba funesta; pero no es tiempo de agüeros, si de prevenciones cuerdas, que en bárbaridad no caben lo que impetus empiezan. La Armada, Duque de Guisa, que traemos, aunque llena viene de Nobleza toda, y es gallarda la Francesa, sin abrigo de caballos, que en las Tartanas que quedan, quizá habrán ya perecido en las pasadas tormentas, habiéndonos maltratado en las Islas de Cerdeña; no habiendo querido Malta darmos puerto en sus fronteras, estorbándonos Sicilia hacer agua en su ribera, sin saber donde aportaron cansadas nuestra galeras, con navegación contraria nuestra gente, de sesenta días, rendida, y cansada, saquemos la consecuencia, que es evidente, y constante, a fija ley de la guerra, o el buen suceso de todo está en la facción primera, o si sucede al contrario, la gente se descontenta, ndose de noso al enemigo se entrega, Ya, pues, que desembarcamos, aunque nunca he sido de esta opinión, y es ya forzoso vencer, o morir por ella. Vamos al caío, y sepamos, Duque de Guisa, si es cierta la esperanza que nos trae, de que el pueblo se conmueva a nuestra voz. . Eslo tanto, que al instante que se sepa que habemos desembarcado, veréis las campañas llenas de infantes, y de caballos, que nuestro ejército crezcan. En que lo fundáis? . Encartas, en avisos; en promesas; y cuando todo me falte de Roma en las asistencias, y en mi ánimo invencible que es lo más donde se idean Coronas ya poseidas de ambiciones ya resueltas. Muy fallidas esperanzas, Duque de Guisa, son esas; que aunque nuestro Rey de Francia. os dio esta Armada por ellas, no fue imaginando nunca que fácil la facción fuera tanto, si no discurriendo que Francia en civlles guerras divertida, y vos estando neutral en la competencia, como Príncipe tan grande, no acudiendo a la defensa del Rey, declaradamente juzgo, y con grande prudencia, que a vuestras empresas neutrales era mejor que acudierais, y eligió la consiguiente, animándoos a la empresa de Nápoles, cuyo efecto razón de estado penetra, en favor del Rey de Francia seguras las consecuencias, que con estas, si obra el caso, divierte a España las fuerzas. sino tiene (hablemos claro, prosigan ya, o ya sucedan nuevos, o antiguos rumores) menos uno, a quien se pueda temer indeciso, y fácil, que en hombre devuestras prendas a la parte que se indigne, ha de hacer gran resistencia el moveros, por dictamen de la sedición sangrienta de Nápoles, que fue entonces preñado de esta quimera, aún es mayor desacierto, por más que le lisonjean, o palabras poco firmes, o máquinas todo inciertas. porque fuera de que entonces obró República ciega dispárate de los hados, por ser sin pies, ni cabeza, cuando la hubiera tenido, por ser hija en fin de aquella deidad de España, volviendo a reducirse a sí misma. Cortose el brazo podrido, y reconoció en las señas, que vale más padre airado, que enemigo con clemencia; fuera de que hoy se halla Nápoles tan fina, y quiera, que a su Virrey, como a padre sirve, obedece, y venera, cuyo guerrero dictamen, cuya sabia providencia, cuyo político estudio en todo se manifiesta tan prompto cuando aquella tarde misma, y ayer, a desafiarnos salieron quince galeras, tan bien armadas, y listas, y tan apunto, que de ellas pudieron fabricadores ser en su invención primera Amocles, y Salomino, y el Argonauta de Grecia, a quien el Jasón de España, Marqués de Vayona en ellas retrata hoy de Neptuno Monarca en sus ondas crespas. Demanera, que hoy la espía Sabeldo, ha traído nuevas, que del pópulo el electo, en nombre de él, con fineza dijo al Virrey esta tarde, que cuando posible fuera, que el Católico Monarca, por forzosas conveniencias, a Nápoles renunciase, y ampararlos no quisiera, que por no entregarse a Francia, (repatad en la propuesta) no solo habienda, y honores, almas, y vidas perdieran; y así, que se asegurase, de que para su defensa treinta mil hombres pondría contra la Armada Francesa. Pues si esto el Pueblo asegura, que esperáis de la Nobleza, que tan bizarra en sí misma, y altiva se considera? que a faltarles Rey tan propio, que amar por naturaleza, cada uno en sus blasones se labrara su Diadema; Nápoles, también me han dicho, que está como si no hubiera guerra, en cuanto a l y en cuanto a tratarles de ella, bebiendo ya a los Franceses la sangre en iras violentas; y que a socorrer la plaza sale Alonso de la Puerta con trescientos Españoles esta tarde a toda priesa: él soldado de fortuna, que se buscó en sus proezas, y ellos por si cada uno fijos ejes de su rueda. Veinte y cuatro Reformados vienen también a la empresa; doce Españoles, y doce Napolitanos, que llevan consigoa y la victoria, pues en igual competencia, juntas estas dos Naciones, nunca se halló cualse exceda. Fuera de esto, sin Caballos que hemos de hacer? pues si hubiera de tenerlos prevenidos alguna intención secreta, que no creo que la haya, si no es con estratagema de engañaros, y perderos, ya era tiempo de que hubieran venido a dar el aviso, habiéndonos visto a esta parte hacer punta, que cuando obra la traición de verás, para el tiempo, tan medida, tiene encendida la cuerda, que del corazón la mina en un instante revienta, Pues aguardar que de Francia los que esperamos nos vengan, por manifiesta locura el tiempo lo manifiesta; porque esta Caballeria, que hoy ha de pasar, es fuerza, ombaro por mucho ha de ser que se atreva Génova a incitar a España; pues por el Estado, empresa es difícil, si le asiste el Marqués de Caracena, invicto Alcides de España, cuyo valor hecho aprueba de inclemencias de los tiempos, y fortunas de la guerra; bronze animado parece, pues sin que le abolle, o hienda el golpe de tanta herida, cuerpo de metal se ostenta: debe de ser, porque aún antes que eternizando se muera; el Capitolio de Marte venere su estatua excelsa. Las esperanzas de Roma, prosiguió la espía misma, no se lograrán, por cuanto el Papa manda, y ordena, que a España, y Francia, ninguno socorra, ayude, ni atienda: atención celosa, y digna del gran Padre de la Iglesia. Pues en que se fundan, Duque, vuestras? Ya salió el Trompeta de la plaza, Monsiur, luego os daré a todo respuesta, porque tengo que fiaros; declarándome con ella. El Gobernador responde, viva España, y Francia muera; bien, que a mi ver, él no tiene soldados que le defiendan. Qué Españoles habrá dentro? Ninguno? . Y hay gente vieja Napolitana? . Tampoco. Caballeria? . Ya hubiera salido a impedir el pa Ochocientos ycincuenta hombres hay todos visoños. Para ser Ciudad abierta, poca defensa; o ninguna; y más cuando, aunque quisieran, no han podido atrincherarse, por no recelar que fuera por aquí nuestra embestida. Pues, Duque, la atención cuerda, en diversas ocasiones discurre, como pelea; ganar puestos, y ha cer fuerzas, ya que estamos en campaña, antes que los Españoles a tiempo al socorro vengan. Decís bien, yo me adelanto, ya vos encargado queda el puesto de la Marina, porque nadie espaldas vuelva; y por si los Españoles, antes de entrar, acá llegan, que estéis vos de retarguardía. Al arma pues . Toca. Cierra. Notables contrariedades son las que al Duque gobiernan; va a declararse conmigo tal vez, y luego se queda la voz pendiente del aire, y en contrariedad suspensa; tal vez se abrasa entre iras, y tal entre ansias se hiela. Mas ya parece que el Alba va dando en luces serenas alma al día, y el castillo trémola blancas banderas, que es señal que se ha rendido. La Ciudad se nos entrega. Y Gerónimo Amodeo por su crédito protesta, que queda preso, y herido, por ser solo en la pelea. Pero aquí, si no me engaño, un soldado salta en tierra, que le ignoro, y no le dudo. No hay a una mujer resuelta como amante, duda alguna, que la estorbe lo que intenta. Lucinda. . Plesi valiente. Tú en Italia? Tú de aquesta suerte disfrazada? . Hay mucho que hablar de amantes novelas; que tu embarcado, yo huyendo la muerte de quien me cela, me ha sido fuerza embarcarme, Plesi, sin que lo supieras. Calla, que viene aquí Guisa. Ya Castelmar es nuestra, y están ya tres mil Franceses fortificándose en ella; pero qué soldado es este? . Mas válgame Dios! no es esta . de Lucinda hermosa imagen, a quien yo en Tolón, sin verla, adoré por un retrato que vi suyo? yo dijera, a no ser hombre en el traje, que era su cara la misma. Es Duque, un particular de los jóvenes, que intentan dar gloria al mundo en la armada. El verle mucho me alegra, que es retrato de una dama que quise mucho. Ya empiezan . mis celos. . Pues a mi nunca . Ved, Plesí, si va ya obrando mi esperanza concerteza, pues quiero entrar en la plaza con la obstentación suprema, debida a tan gran conquista. Mas que arma es la que sueña, ya la Ciudad entregada? Qué es esto, Monsiur Ferreira? La Española bizarría, pues de quien son dando muestras, los trescientos Españoles, con Alonso de la Puerta, Sargento mayor, y otros, (según los paisanos cuentan) veinte y cuatro Reformados por los Capuchinos llegan, tan resueltos, que ya casi en la Ciudad se nos entran; tanto, que en huir con vida algún Monsiur tuvo estrella. Y esto es viniendo cansados de marchar la noche entera, y sabiendo que la plaza ya tres mil hombres encierra. Toca al arma, y mueran todos, No salga soldado fuera, Duque, que fortificado se habrán ya en las asperezas del monte, o buscando puesto donde hacerlo con más fuerza, mantegamos lo ganado hasta conocer la tierra. Bien decís, no salga nadie. Voy a mandar lo que ordenas y Pues prevéngase mi entrada con pompa. . Si es que se deja) aconsejar vuestro brío, no entréis con tanta grandeza; Duque de Guisa, muy cerca, y quedaréis desairado si os hacen dejar la empresa. Válgate Dios por retrato de Lucinda! Ah ingrata bella! al Duque siguiendo vienes, y finges? . Ata la lengua a la atención tuya, y mía, porque si la desenfrenas una vez en tus agravios, después aunque no los creas por fácilmente remidos, dejan en duda la ofensa. Pues esta ofensa es dudosa? Pues de que la indicias cierta? Del reparo que hizo al verte. Tal vez quien repara, yerra. Sí, más turbarse al mirarte. Pregunta el porque a su idea, Ya deja entenderse ingrata. Antes que hables considera: mas a arma tocan. Y en arma ya están mis pasiones ciegas. Que las olvides te pido hasta que escuches mis penas. Celos, amor, y en campaña, ya se me anuncian dos guerras.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Si estás algo cansadilla, poyo ay aí No me canso yo cuando estoy en cuadrilla. Hablé por boca de ganso, valga frema, mi Raspilla, que cual bella eres Bellona. Quién fue Bellona? Una hembra, que pienso que fue Amazona, si la historia se me miembra. Viene bien a la persona, pero el Sargento mayor viene aquí. Ceba esa pipa, y hincha el talle Ráspilla, por que si enbebida de tripa te ven, te ollerán la flor, y no quiero que denguno sepa que eres tú mi daisa, que en olléndome a cabruno no se me da una azofaisa de matarme con San Bruno. En fin digo que me atrevo a entrarme en Castela mar, y cumpriendo lo que debo, con la respuesta tonrar de lo que hubiere de nuevo. No sé si de este villano para el caso nos fiemos. A mi parecer podemos, y por Patrón le renemos, Alojados en su casa los reformados estamos. Y segundo que me pasa, me la reforman mis amos de todo con mucha tasa; porque el higo, la aceituna, la pasa, castana, y nuez, sin dejar podrir alguna, no las comen de una vez, mas las zampan una a una. Ya sabes que por tu ama servirte procuraremos los dos, . Eso ya sabemos, que por ser de llos dos dama, por ella harán mill extremos; que aunque riñeron por ella. Oh cuerpo de Dios conmigo . él el secreto atropella. A ansegurar yo me obrigo, que están muy en paz con ella, y más siendo adonde están. Tecla toca. Hacienda, y casa de la señora, que han querido. . El dice cuanto pasa. Calla diablo. . Callaran; que el señor también había de percurar non la aimen, si se acuerda que algún día cuando era su Señoria Sergento mayor del Carmen, cuando al mercado a her mi venta iba yo dende aquí a paras, me mandaba que a su cuenta a una señora Sargenta pollastros llevase; y natas. No prosigas, majadero. . Esto es verdad. . Caballeros, un a uste le también parece que toca tecla. . Y aún organo entero; en fin, pues eres seguro, ve, que el pagarte aseguro, Las albricias que percuro me tonrarán brevemente. . Ya que a tiempo no llegamos de socorrer la Ciudad, este puesto donde estamos me pareció que elijamos para más seguridad. Ya de el terció los valientes Capitanes, diligentes con valeroso ademán fortificándose van en sus puestos diferentes. Los soldados, y paisanos valientemente trabajan, habiendo entre ellos villanos, que asiendo de ela dos manos, entero un árbol desgajan. Para formar las triucheras, solamente por la parte que el río con sus riberas en dos trozos se reparte de la torre en las fronteras, me parece que es forzoso hacer una media luna, o un trincheron montuoso, que estorbe que por ninguna parte se entre el medio foso, que ha de formarse anibel. Pues que hacemos que no vamos los reformados que estamos luego a trabajar en él? Pues el tiempo no perdamos. Aí hay palas, y azadones, y manos tienen voacedes, con los cora y no dar por las paredes, gastando tantas razones. Quién habló? Mi camarada. que partimos de un piñón. . Y hago ahora la razón a la primer cochillada que he de dar en la ocasión. l. Digo, y de qué compañía el lampiño es? . De la mía, solo aventurero ha estado. Mas parece aventurado. Dejemos para otro día el examen, voto al grillo, que estamos ahora de posta. No burlar del soldadillo, caballeros, que a mi costa que es más bravo que el Zurdillo. Y a trabajar, que este puesto de Escafata, es de importancia fortificándole presto. Pues envido contra Francia. Y a la primera mi resto. Que me ahoga. . Juro asan que heis de quedar relamida, pues os salís del desván dentro del cesto escondida. Quién va allá? Ayúdeme, Juan. Morlazo amigo, qué es esto? Ell cesto tape ellincesto, que antes que ellhonor me gimier, porque no me le bendimien quiero meterla en el cesto. No haya más, cese el denué que yo por su guarda quedo, pues en un tancho asistimos. Y somos acaso primos, para que yo pierda el miedo? Ese bonete de palo le quite, y no se congoje, . que aunque llueve, habrá regalo. Sí, mas porque no se moje, el bonete no era malo: mas ya que es fuerza el partirme. por si me pesca ell Frances, y me mata, hacen decirme una Misa, dos, o tres de salu, con fe muy firme, que en finvo a servir al Rey. Aunque sos macho, despacho lleváis de hombre de ley. Prega a Dios, ya que voy macho, que al tornar no me halle buey. . Gracias a Dios que se ha ido, Raspilla, aquel mentecato. Qué es eso? . Que la Sabina, Juan, dé mí se ha enamorado. . Si sabes entre tenerla, cucaña habemos hallado. Déjame aquí? qué hay Sabina? Que ell alma llena de trasgos traigo después que te he vivo. Yo también con mosca ando; Dame un abrazo, o me muero de sopito. . Toma, y vamos al caso: qué hay que comer? Ese, Ráspilla, es el caso. Ay que comer una holía, que se opone aquelladagió, que se dice, allá en tu tierra, cada día amarga ell caldo; porque este es dulce, y sabroso por los tronchos Galicianos, que es virgüenza el no comellos, y disvergüenza el nombrarlos, cupucha, tocino magro, salchichón. . Bueno. Bítela. . Rebueno. Y cabezas de ajos, y buenvino. . Toca a fiesta, y húndase el campañario ( . Ya iguardo puesta la mesa. . Anda, y Diosmos haga Santos. Ya que hemos quedado solos, Ráspilla tengo pensado, darte para la campaña algunos consejos santos; siéntate en ese poyuelo si te cansas. . Ya me enfado que otra vez eso me digas, siendo hembra de trabajo. Y aún de fiesta, voto al mundo, y más cuando yo te guardo, mas no puedo tanto ha ello, que viéndote desbarbado. los soldados, no malicien que hay entre mosotros algo que huela mal, o chamusque; y an sí te aviso de prano, que si te echan cualquier pulla, no te lleves de lo bravo del corazón que te guiña, sino que a lo jacarado las matracas les redobles con brío, y con garábaro, que con eso excusaremos. muchas de todos los diablos, porque en fin soy mal sofrido, y como acuestas te traigo, yo la tiendo si tú te estás con la carga a cada paso. Y aunque es verda que mi moza es sobre todo lo humano, has de saber, que aunque endino pecador, he maliciado, y aún ella que es aveces huen Cristiano, aunque reformado sea, que se va ya rezumando por el cuartel, Raspa, que eres hermafodrita soldado, y andando ahora lla guerra tan lista, si sopitaño muere un hombre, se le llevan llos de las paras de gallo, y por la fama que deja de afufarse amancebado, no hay amigo que haga cuenta de mermurarle un Rosario. Ay también huera de aquesto, que ya el diablo está cansado de pecar, y ha muchos días que llueve sobre mohado. Pues de Madrid, desde donde. te traje, habrá siete años, uña, y carne hemos vivido, como amigos, mas que hermanos, sin haber notado en ti. mas que unos pesillos falsos, que de finezas amedias son venialirlos agravios. Téngote por muy honrada, quiérote así tanto cuanto, y ándame el golpe de pechos acá a mis solas rentando a que decrare por míos esos dos, o tres mochachos, que en lla pilla del bautismo por nuestros se remoharon; que aunque es verdad que se hiciero a escuras, y quiera el diabro con su malicia, que sea de Cofadría el preñado, por ser habidos en huena guerra, como acá llamamos, y serllos partos ballentes; tengo amistad con tus partos, debajo de mi techado, y aunque de otros los chichones, hueron míos los porrazos; por todo lo cual, y otras cosillas que ahora callo, me quiero casar contigo por no estar más en pecado, y porque en gracia de Cristo conjuntamente vivamos: gustas de ello? . Seo Joan Grifo vuesa merced lo ha palrado como un baldero, y no pudo decír más el Cartuhano; algunos enconvenientes tan soldemente reparo, que es huerca que hallén prencipio. Quedo, que hay chiso alternado. A centinela. . Quién llama? Compañías de caballos pastan dos de la Anunciada, una, y otra de Grañano. A centinelas de arriba; quien es quien viene sepamos. El Príncipe de Abelino es uno. . El de estotro lado es el Barón Transipaní. Generales son entrembos, toma el mosquete, y la horquilla. y haz Raspilla lo que hago. Para acabar las tres horas buen alivio. . El del soldado, por pendiente de la horquilla, es alivio de ahorcados: mas en qué quedamos? . En que lo hablaremos más despacio, denspués de comer la olla, pues fuerza es revolver caldos de siete años sin Cuarismas; e ha que en miserias ano l . Señor Barón, mucho estimo la ocasión del encontrarnos, aunque tan de paso sea. Yo también estoy de paso, porque hallo esta nueva orden del señor Virrey, que largos siglos viva, de este Reino, en guerra, y paz Justiniano, que estos puestos examine, y que estén los reformados a mi orden, de que quedo con grande disculpa vano; quedaranse en este sitio, que al riesgo está más cercano, mientras examino adonde habrá ocasión de ocuparlos. Yo también de paso vengo de hablar con los indultados, que a la gente de Mártelo se van todos agregando, con que harán al enemigo por las montañas gran daño, pues como bandidos de ellas los cortarán por mil pasos: y de intentar de camino vengo otro medio, que callo; hasta ver si es que le logro; puede ser que sirva de algo. Generales tan valientes. bien era honrar en su campo no a trecientos Españoles, sino a trecientos mil rayos, que cada uno en sí mismo se forja ya, deseando verse con el enemigo. Con tan valerosos Ca Yo confieso, que estoy ya muy acabado de los achaques, y el tiempo, si fuera en los bríos, y años. del Príncipe de Abelino, nada me diera cuidado, que de invictos ascendientes ya empieza a seguir los pasos, que de Italia en Flandes fueron honor, y del mundo espanto. Vuestro valor con su sombra nos hace a todos bizarros, y ya el Frances vuestro nombre sabe aplauditlo, y temblarlo. Desgraciado fue el suceso de antiyer. Si es que llegamos los Españoles un hora antes no más, por cansados que ibamos, una victoria memorable al Rey le damos. Y voto a san palomino que estamos apesarados todos de . Callad Juan Grifo. Soy un póbrete menguado. Contigencias son de guerra, que yo también por el paso de la puerta del Pertucho llegué a este tiempo, pensando que el enemigo aún no había dentro en la Ciudad entrado. Dicha de ellos fue, el que todos tan distantes nos hallamos. Paréceme aqueste sitio fuerte, cuanto acomodado. Ya aquesta tarde le vieron, y juntos le examinaron Don Vicencio Totabila, Sol de los Marciales Astros; y Don Míguel Pinatelo, fuerte de Júpiter rayo, a Don Fra cuyos seguros aplausos hacen, cuando se compiten en sus invencibles hados, fondo; excediendo a los nueves? La fama entre su Teatro acude a las prevenciones. de contingencias, y acasos, con su gobierno; y su brío el Príncipe de Cetriano, cuyo blasón generoso, hijo de un estirpe claro, obra en todo como nuestro General Maese de Campo. Ya esta mañana una espía a la Ciudad he enviado, para saber los designios con que se mueve el contrario: obre Dios, después el brío; y si hay que advertirme algo, decirlo, porque yo siempre me rindo a consejos sabios. Solo la ocasión envidio que vuesa merced ha hallado, señor Sargento mayor, de adquirirse eternos lauros; porque a ser yo el enemigo, pusiera todo el conato engañar aqueste puesto. Hay más que venga a ganarlo. Mas si es á palos el juego, yo sé que él pierda a los dados. Otra vez. Qué importa, hijos? hablad, y desenfadaos. Hijos dijo. . Soislo todos por lo mucho que los amamos; que los Capitanes nobles son padres de sus soldados. Puedo hablar? . Sí. Pues bendito sea Dios, pues ya ha llegado padres los pobres tengamos. Asegurárase todo. que al valentísimo Carlos de la Gata, hoy, o mañana, con el grueso habrá llegado del ejército a la torre de la Anunciada. Acabamos con las trincheras? . Y aún ellas con nosotros acabaron, porque quedamos molidos. Oh señores Reformados, bien venidos! . Qué hay de nuevo? Yo lo diré, que ronrado de Castelamar. . Albricias te doy, . Y yo te las mando. Yo también. . En fin, entreme fengiéndome ser paisano, que de peras bregamotas llevaba al Duco un banasto, con que le di para peras luego que llogre ellengaño. Y sabiendo que ell primero día que desembarcaron en la Cida se comieron todas las aves que hallaron, engañele con decirle, que si me daba resguardo, le traería calda día, (ofreciéndome buen pago) Capones, pollos, y gansos, con que se le cayó el moco luego que nombre llos pabos. Fíngime bobo, y le dije, que era yo un poco Gitano, y que una raya en la frente le via de Rey de gallos. Riyeron el desatino, que aún de burlas las lisonjas ha cen cosquillas al vano. Mas como (según me dijón) elltal Duco entró triunfando. en la Cida, cual si fuera Rey ya, tuvo buen presagio el que ya se lo llamara; que la Prédica de antaño mos dijo, si bien me acuerdo, el Cura que los tiranos se barruntan llos deseoss medidos por sus engaños Muy denspacio está ell tal Duco, pues se va fortificando llindamente, y apatusco de Rey tiene en ell Pelacio. Grandes ayudas espera, de no sé que personajos de Roma; pero si en breve no le vienen los denspachos, las ayudas, yo inmagino, que han de selle en aquel rato que salga huyendo de miedos ayudas de Boticario. Una hora dentro me estuve, respondiendo, y preguntando, y supe que ocho mil hombres tiene con valientes Cabos, que serán cabos de vela, si ame nio arder los sopramos. Hay muchos aventureros Monsiures de arriba a bajo, que conocí por las prumas que eran hombres de penacho. Los Cidadanos que pude ver, y habrar, todos magantos andaban; pero que mucho, si el mal Frances les ha dado. All Gorbernador los mismos Francésesle dan por salvo, dijiendo, que ellherno De Gerónimo Arnadeo téngolo así imaginado, A Nápoles me dijeron que preso ya le enviaron. A no haber bien procedido, A le hicieran más agasajo u los Franceles. Quién lo duda? Él ha sido desgraciado. Yo espero en Dios que le libre su inocencia del trabajo. Pescudáronme unos de ellos, si había mucho que había estado en Nápoles, respondiles, que antiyer: y repricando, que gente había, les dije, que soventa mil soldados, quinientos mil mosqueteros, y cien mil hombres armados, con que para dalles miedo se la arme de punta en branco; Ultimamente denscurro, que el tal Guisa va llabrando su guera; que aunque al principio por la Cida echó un bando, que denguno se atreviese a ofender llos Cidadanos, ni atocar a las mujeres; tan pentuarle oblervaron, que no las tocaban; pero destocándolas a ratos, de Llucrecias de la legua hubo Tárquinos a paso. Bien que ellas, según me dijón; aunque las pesó, se holgaron; hasta los mismos Conventos descerrajar intentaron, mas respondieron, que a puerta cerrada se vuelve el diabro. Oh sacrílegos! Oh infieles! De gran tiria, es, con un señor; que es Príncipe de Abellano. Príncipe, di, de Abelino? Sí, ese, que ha pobricado. dar una dobra a cualquiera que traiga preso un gabacho, y a cada Frances rendido pienso que cuatro ducados. Y esto es lo que salía diciendo que había intentado, Bizarra acción. no Vueselencia es en todo un Alejandro. Sio Centinelas, compañía de Alemanes viene entrando. Que entrena Ya lo van haciendo, y es el Capitán Cristiano. Pues que en este puesto quede, que del Español al lado los Alemanes pelean firmes, como temerarios, que yo a Grañano me llego. Y yo a la Anunciada parto. Señores, el testamento es menester que cumpramos de las albricias. Ahora te las darán los criados. Y pues ya de nuestra posta las tres horas le acabaron. A la salud del Rey nuestro, Que viva infinitos años. s. Ah de ellos dos Palaciegos, que amigos son, y contrarios, en Nápoles, y en Salerno. Qué debajo de la mesa los amigos los llaman como a los gatos. Aunque un poco nos esperen, ya que nos han acordado del amor, a quien nosotros por contingencia olvidados, hasta ahora, di Sabina, del uno por desengaño, cual de los dos ha debido a Porcia más agasajo? y no tienes que temer que a ninguno cause enfado el no ser favorecido. Y del secreto que palro dirán algo? No diremos. O si yo fuese el amado! O si yo fuese el querido. Pues ella, si he de abrar craro, prañendo siempre, y llorando, todo es tratar de su esposo; dé lo cual, señores, soco, que es echar en saco roto todos esos resquebrajos. La villana es maliciosa. Qué fríos nos ha dejado. Que hoy a mañana, a Salerno pasa, nos tiene avisados, sonsaguenla sus mestedes, que harto os he dicho, miradlo. . Paréceme que en el mismo duelo que antes, nos quedamos, porque yo amigo, la adoro. Yo la estimo, y la idolatro, y no he de dejar la empresa. Ahora un poco discurramos. quien en este afecto tuvo más. Prisioneros entraron. Vamos a ver que hay de nuevo, que es antes que todo. . Vamos, que el amor nunca atropella la obligación de soldado. . La asistencia forzosa (Lucinda) de esta empresa belicosa, que cada instante crece nueva difientad, que el caso ofrece, ha tenido estos días suspensas mis amantes fantasías, sin que a las tuyas puedan acabar de atender las que te quedan, ansias, que referirme de mi constante amor, del tuyo firme; prosiguelas ahora. Quedamos, pues, seonr, en que traidora dijo aquella criada (estando ya para partir la armada) a mi hermano, y tu amigo, que había ya seis meses, que testigo era de tus finezas, y las mías: y en fin, que eras ya dueño de su perdido honor; mira que empeño, para estando tu ausente, ser encasa del Juez el delincuente. Yo que sin el recelo de la traición, buscándome el consuelo de tu ausencia sentida, a mis solas entonces embebida, en la memoria amante del último papel, que tu constante me dejaste al partirte, (por tenerte en el alma, y por seguirte con ella) le loja una, y mil veces con mental porfía. del sueño arrebatada quédeme un rato en mi pasión helada, al tiempo que mi hermano entró celoso, y quedo de la mano me le quitó, y más quedo saliendo a fuera con mortal denuedo, dejándome cerrada (de la puerta del ruido alborotada) oí, que ya allá fuera dijo, Lucinda, si me ofende, muera, en tanto que consigo dar la muerte también a mi enemigo. Yo, que eché el papel menos, indicios conjeturo, y no son buenos; las puertas examino, y cerradas las hallo a mi destino: y despierta del todo, tu conjetura en la ocasión, del modo que sola se hallaría una mujer, que amaba, y que ofendía, no an sí. . . La gente ha huido, y la que no, en los Templos se ha escondido. No prosigas, detente, que parece que hay nuevo accidente. Aclamad con constancia Ciudadanos, por mí, que viva Franci Gran novedad la suspensión esconde. Hablad. . Buen Reytenemos. Y Príncipe extranjero no queremos. O siempre invicta hazaña. Y aunque muramos todos. Viva España. Aquí el Duque de Guisa entra turbado, escóndete de prisa Lucinda, que no quiero, que en ti otra vez repare, pues ya quiero de celos prevenidos, en tu atención primera. O mis sentidos, antes que aquí llegaran, conmigo en sus alientos acabaran, que yo nunca le he visto. Pues él ya te conoce. . Mal resisto penas, y desconsuelos, que a quien quiero, sin darlos, causan celos. Ya en confusión me pone: que el pueblo, ni me siga, ni me abone, y me deje tan mudo, que a su asistencia, Nápoles, desnudo! Pues Duque, que hay de nuevo, que a buscaros salía lad por el tumulto queos Aeblo oja? Por él mismo a úscaros me conmuevo, y a entrar en vuestra casa; cerca hallándome de ella: lo que pasa es, que conjeturando, que yendo los vecinos despoblando la Ciudad ya rendida, quise moverlos a la fe adquirida, aplaudiendo por Francia. dominio; y libertad; mas su constancia responde. . Ya he oído, que desde ese Convento han respondido, que buen Príncipe tienen: y pues a tiempo mis consejos vier DMN sé pelear también como aconsejo. El suceso presente juntalde con aquel antecente del día que aquí entramos, que aún cuando el pueblo tímido le hallamos al decirles los dos, fuera gabelas, y francos vivan todos, (que son últimos modos para poner a la traición espuelas) no respondió ninguno: bien venidos seáis, y aundijo alguno: si gábelas no hubiera, como al presente el Rey nos defendiera del dominio Extranjero? Demodo, Duque, que en el vulgo infiero, que no son los tributos los que atropellan fieles estatutos; pues cuando son suaves, como en Nápoles hoy, sirven de llaves, que en gobierno político, y seguro cierran, y abren el muro de la enemiga ofensa, y de la propia, y natural defensa. Convengamos en esto otro discurso al caso manifiesto, y aquí comprendamos estos dos accidentenque tocamos, contrarios a un sendmenopo que puede ser no haberse defendido, y no haberse quedado este pueblo después de conquistado; que si el intento fuera admitirnos por dueño, no se hubiera casi toda la gente ido de la Ciudad, luego evidente es, que si se entregaron, fue porque entonces sin poder se hallaron, (por ser Ciudad abierta) de mantenerse con defensa cierta; de lo cual, que ya esperan se colige, que los restaure quien mejor los rige, con nuestra gente luego se alistaran, que repúblico agravio en pechos viles presto somenta máquinas civiles. Y cuando más no sea, de que este Pueblo reconozca, y vea la torpe condición de los Franceses, no ha de haber intereses que a seguirnos les mueva; como el presente acaso nos lo prueba; pues cuando hemos entrado captando a los vecinos el agrado, y cuando puesto habemos tanto cuidado en sofrenar extremos, viciosos, y atrevidos ya se quejan honores ofendidos, ya se lamentan pactos quebrantados, y ya claman a Dios Templos violados, que son los tres delitos que Francia oblerva en desdichados Ritos de su pueblo voltario, como en el Español se ve al contrario, que son fijas colunas; que sustentan sus prósperas fortunas: cuando en tu Imperio eterno aplauso labra la Iglesia, el pundonor, y la palabra, Pues es decir, que de estos desconciertos fatales, culparán al soldado inadvertido, sino que presupuestos, ya sucedidos males, es el culpado el que los ha regido; y más en Reino extraño, donde informa por él el desengaño. del soldado que obra infamemente, auuque estorbarlo el Capitán intente. Pues llegad al Frances que se reprima. cuando se ve del buen suceso encima, o a querer estorbarlo, y veréis que de solo aconsejarlo, en el lance más pronto, y oportuno os quedaréis sin ejército ninguno; o como el Español, que más se obliga nos, mientras más con razón se le castiga. Y fuera de lo dicho, cuando este Reino de rendirse hubiera, (que es bárbaro capricho, si lo imposible de él se considera) a quién rendirse había? (pase el reparo aquí por fantasía) a Rey obedecido, o a otro mucho Monarca introducido, claro está que quisieran Rey coronado; pues decid, que esperan intentos mal seguros, con empeños tan arduos, y tan duros, cuando ya sospechoso habéis quedado con guarda, habiendo; en la Ciudad entrado? Acerca de ese punto, no es fácil explicar, Plesi, el asunto, que me mueve, y me guía; de nuestro Rey la gloria intento, y mía, mas quiero que se mueva por mí la acción, y Francia me la deba En cuanto si grandeza mucha, o poca fue con la que yo entren, a nadie le toca examinar intentos, que os irán confiando mis alientos. Por más que atiendo a su capricho raro, siempre neutral me deja en el reparo. Quiero ver si se ha ido el Duque: no se fue, aplico el oído, por si tratan acaso del reparo que hizo en mí. . Es el caso, (oh Plesivaleroso) que al tiempo que este Reino belicoso neutralizado estuvo, siempre el pueblo por mí la voz mantuvo; demodo, que si entonces Francia hubiera socorrídome a tiempo, ya hoy se viera mi valor: mas qué miro! El Duque me vio ya, yo me t que a la vista primera no me habrá conocido. h . Mas que fuera; que este con sus extremos; mas hasta examinarlo bien, callemos. Pareciome que era la sombra de la imagen que venera en su retrato el alma. Duque, no proseguís? qué propia calma . de su inconstancia es esta; ya le pesó de hacerme manifiesta su intención, según veo. Saber, Plesí, con amistad deseo, si aquel joven soldado, que hallé con vos recién desembarcado, es seguro, que ahora iba a entrar por allí; . Y aunque empeora mi pena el declararlo, ya indicio le ha de ser el ocultarlo; y pues que necesito saber su corazón, cubra un delito amante el que pretendo examinar en la intención que atiendo. Bien podéis declararos, que el soldado que os causa esos reparos es una hermana (bien mi intento guío) de un grande amigo mío, que a socorrer se viene (por desgracia) de mí. Qué nombre tiene? Lucinda; que maldije. Y es prenda vuestra? . No, ya se colige, que le debe cuidado; mas así he saber si me ha agraviado. Pues, amigo, esa dama, aunque no me conoce, ha sido llama de los incendios míos, pues estuve en Tolón. . Qué desvaríos! . Enamorado de ella por un retrato, sin llegar a bella. Examinado el riesgo, que me oprime s, más declararme quiero? en fin no sabe que la amáis? . Lo infiero Pues si ella no lo sabe, porque aquesa esperanza se os acabe, sabed que es dama mía. Pues ya os vuelvo, Plesi, tu fantasía, y no me acuerdo de ella, que al amor la amistad así atropella. Yo os digo más, que por su sangre es llann, que ser puede mi esposa, y quedar vano yo de ser su marido. Sóbrale empeño menos a su olvido. Cumplís la fe de noble, y de soldado: o cómo el declararme fue acertado! Dejemos ahora eso, y pasemos al caso, que intereso dejar eterna fama con la nueva conquista que me llama. Yo no sé a que me incline, ni a que parte suidea determine, porque no se declara, y en el mayor intento se repara. En fin, aunque os parece dificultoso. . Si mi duda crece. Ciertas permicias tengo. Yo aconsejarle en amistad prevengo. Que en rompiendo esos pocos Espáñoles que están. . Intentos locos. Ahora en la Escafata, antes que venga Carlos de la Gata con su ejército, puedo a Nápoles poner, y al mundo miedo; pues veréis que mediante el primer buen suceso, en un instante. Los Monsiures Nollac, Ferreira, y Polo, preguntan, que si estáis con Plesisolo? Entren, solos estamos. Esperad, señor Duque, al punto vamos, . yo tengó prevenido todo cuanto decirme habéis querido, o y si no es muy secreto, Qué esperen, que ya salgo, . solo yo solo, aunque por muchos valgo. Pues Ai tenéis seguro el buen suceso (ved, si os le procuro) yo al Español cortara, y aquesta misma noche procurara la Anunciada ganarle, que es el puesto mejor para sitiarle por todas partes luego, y entrarle en la Escafata a sangre, y fuego. Pues consejo de guerra vamos luego a juntar, tiemble la tierra, si no se me rindiere. Sea gente escogida la que fuere, y número copioso, y luego que el contrario es valeroso, y si llega el socorro prevenido, si esta no sale bien, quedáis perdido. No dudéis de la empresa, vamos. . Ya os sigo, aunque el valor confiesa, que el alma neutral lucha. Puedo ya proseguir? . Sí. . Pues escucha, no ansi ovejuela errante, cerca del lobo, y del pastor distante, salta de risco en risco, por llegar presurosa hasta el aprisco. Sí, el lleva algún intento, le ha de tener con grande fundamento. Cuál yo con diligencias, aunque vanas reconocía puertas, y ventanas, por ir a buscar ciega a mi amante pastor, que ya navega. Y yo he de estarle atento, hasta que me confíe el pensamiento. Y acordándome de una escala que servía vez alguna para que tu subieses, donde a solas afectos repitieses. dañaro Pues si bien se repara, después de la facción él se declara. mudando el traje, te siguió mi estrella en la primera nave, cuerpo adonde cualquier desdicha cabe, Y yo entonces consigo obrar como vasallo, y como amigo. Y adonde disfrazada, como tan desmayada fue la armada, no pude hasta aquel día buscarte, ni decir la pena mía. Ya está echada la suerte, de fama eterna, o de gloriosa muerte. Qué dices? . Fantasías son de varias ideas. . No me oías? Ya la noche ha cerrado, ven, y vuelve a decirme tu cuidado, que tales mis desvelos son, que celos me das sin darme celos. Declárate. . Son ciertas, químeras locas di. No te diviertas. Cuente aquestos arcabuces, patrón mío. Ya los cuento, y hay veinte y seis. . Dos que sobra de los veinte y cuatro, han hecho conmigo, y mi camarada cuenta cabal. . Y fin ceros, que los ceros no son nada, y hago yo número entero. El mío tiene una cinta verde . Esperanza? me huelgo, que la misma tiene el mío, como amamos a un sujeto. Quede bien lleno de aceite el candil. . Ya está bien lleno. No queda para mañana hacer migas? . Si el pimiento de tu gracia las sazona, no faltar? que os vais ya picando mucho, mula falsa. . Según eso, vos seréis entré sapaja el buey de este Nácilmento. . Juan Grifo, mientras dormimos alerta, porque yo pienso, que esta noche ha de haberzurra. Venga, que ya la deseo. Y por si acaso, durmamos. este rato, y ronca quedo. . Soy vañente, y echo roncas, aún cuando me estoy durmiendo, Mucho me duele esta herida con la mudanza del tiempo, Yo también tengo mi porra de Marte, y aún mi braguero; ebalazo del hombro, y Cambray, me hace cosquillas. Bien acordarnos podemos, que yo también salí herido en ese mismo reencuentro, donde me hallé, del valiente Juan de Lepantí en el Tercio, que con sus Napolitanos, t hizo memorables hechos. Y yo en el Tercio del Duque, de Alburquerque, siendo Melo General, y en esta propia ocasión, fue donde al veros. de seis Franceses cercado, herido ya; y casi muerto os socorrí. . Y disparate, ya que acordadonos hemos de la ocasión, que fue entonces de nuestra amistad empeño, es habernos encontrado hoy por causa. no me duermo, dejémoslo hasta mañana. Vaya que también bostezo. Cómo cepos duermen todos, y yo soldemente tengo el sueño a los carcañales, que están hechos unos cepos de frío. . A mí, Francesillos? voto al hijo del pandero, que me engullo yo Monsiures, como quien zampa buñuelos. El suena como muy hombre. Confesión, que los he muerto, ya todos por la retilla. Qué ay Juan Grifo? Un sueñezuelo, que no monta cuatro bledos, ahora armármela quiso, Salga aquí, si es hombre el sueño. Déjalo, que quedan diez Franceses muertos al lado de una colina, que ibemos ganando. . Quedo, que parece que soñaron . mosquetazos a lo lejos. . Y envida, votado a Cristo, Caballero? Que hay. Qué es esto? Qué parece, que anda fueria lista la danza de hierro. La plaza se ha alborotado. Tomemos las armas presto, y al cuerpo de guarda todos. El candilse nos ha muerto, por ir a encender la cuerda. En la tuya encenderemos. otra vez han disparado. Vamos haber que hay de nuevo. Toma tus armas Morlaco, y sirve al Rey, que es de buenos. Esta vez me densamino de sueldado monsquerero Señor Conde de Chelano, Españoles no le puedo dar más a Vuelenoria. Pues mire; que desde luego, señor Sargento mayor, le persuado, y protesto, que me dé más Españoles, porque necesito de ellos. A la puente, y los molinos he socorrido con ciento, donde Cabrera, y Lucacho el paso están defendiendo pocos ya aquí, y me resuelvo a no dar más; Usiria, pues es bizarro, y resuelto, ordene que cada uno procure guardar su puesto. Con morir yo peleando cumplo, a la torre marchemos. Parréceme, que ha llegado la forzosa, Caballeros, que el enemigo en campaña ya empieza a probar esfuerzos. Mionsiur de Llodres el cabo, con más de mil yochocientos hombres, la flor de la armada, a quien siguen fuera de estos todos los particulares, y el Duque de Guisa mismo, vuesas mercedes me ocupen esta trinchera con esos veinte soldados, en tanto, que por otras repartiendo voy los demás reformados. Ánimo, y obre el aliento. A fe, que ha de ser preciso, que las manos meneemos. Ya amanecer ha empezado. Morlaco amigo; qué es eso? al reves el arcabuz pones? ar sí has de ponerlo. No me le he puesto en mi vida otra jez, mas ya le vuelvo. De Nápoles viene un coche. Sin espada majadero os salís? . No me acordaba: ansí, ponémela presto, een siend todo se le olvida luego. Quién va allá? . . Amigos. Qué amigos? Coche que pasa a Salerno. Que se apeen al instante todos los que vienen dentro, y pase por el atajo el coche. . . Viene enfermos, y no pueden apearse, finjolo así por no verlos, que ya los he conocido. Mi ama es, Caballeros, en la voz no la conocen: vamos Morlaco. . No puedo, que estó de cabo de en cuadro. Qué brava ocasión perdemos, Capitán. . Paciencia amigo, que esto es antes. En fin ello está de Dios, que ninguno logre aqueste galanteo. . Los balazos menudean: Morcillas harán los nuestros. Por el puente, y los molinos la gran resistencia, viendo el Frances de nuestra gente, que aunque es tan poca, hoy a hecho prodigios ha ya pasado el río, o puentes poniendo, o esguazando la marina, y que ha de costarnos temo. Y en tanto riesgo, señor Sargento mayor, qué hacemos? Yo buscara al enemigo, si por mi hubiera de hacerlo, mas el puesto es importante, y orden de guardarle tengo. En contigencias de guerra, no hay más orden, que el aprieto, ver si conviene, y salgamos. Pues Españoles guerreros, dejando de los trecientos, que aquí estamos guarnecidos, la torre, y los fuertes hechos, según la gente que trae el enemigo, es muy cierto, que a diez nos cabe por uno. Salgamos, y quepa aciento. La gente es buena, aunque poca. Pues cortarnos no dejemos. Vamos, pues, que entre Españoles, Pocos bastan si son buenos. Bolcose en aquel barranco un coche. . Valedme cielos! Ah de mí dos Capitanes, a esta parte presto, presto. Válgame Dios, qué desdicha! Decid también, y a que tiempo. Que accidente tan hermoso. Y que desmayo tan bello. Aquí hay agua. . A su rocío volvió en si el Alba. . Qué veo? valgaos el cielo por hombres, que para dudar afectos, finezas, y obligaciones, con igualdad siempre os debo. Pues que ya quedáis segura, perdonad, que marcha el Tercio. Advertid. . Disculpa el lance lo que no es posible menos. . Ya me sacaron de duda, porque al ver Sabina esto, no más marido soldado. Y qué es ahora tu intento? Qué? proseguir mi camino, de Nápoles no saliera. Ya es mejor irte a Salerno. Ya por el mar los bajeles, más gente nos van trayendo. Y aún mucha más necesaria será El Príncipe ha hecho de Castelanera asombros, aunque quedó prisionero. Ya a la Ciudad le he enviado. Una gran victoria espero. Vuestra Alteza se retire, que aunque hasta ahora va bueno, de Nápoles dos galeras, que acaso a tiempo vinieron a la Anunciada, gran daño van en las lanchas haciendo, sin dejar que desembarque el socorro: y fuera de esto, dicen que los Españoles a salir se resolvieron. Pues cómo el puesto dejaron? Habrá obrado su ardimiento, teniendo habido noticia, que a cortarlos vamos luego. Cuando de victoria vamos, que ay que temer, si el exceso del número de mi gente es tan grande? . Por lo mismo, Duque ha de temerse el caso, porque vendrán más resueltos. Ea Españoles bizarros, ya hacia aquella parte vemos de Evolí la compañía, que obra valiente en su puesto, en travada escaramuza. Salgámosles al encuentro, Carga cerrada, y a ellos. O nación más belicosa de cuantas vio el universo! de morir a vuestra manos tan desvanecido quedo, cuanto pesaroso, y triste de que a mi Rey no le puedo dar la gloria, que intentaba, logrando mis pensamientos. Mucho me voy desangrando, mas ya mi caballo veo, que ha vuelto allí a levantarse: él me valga en tanto aprieto. Ríndete, Español valiente. Aunque perdido me veo, ni a otros ciento juro a Cristo que vinieran juntos temo. Valor, Capitán amigo, que aquí estoy al lado vuestro. Vivan Nápoles, y España. La vida os pague que os debo. Válgame Dios, voto a Cristo, que me chamuscó el cabello la vala, y que los oídos aún del zunvido están huecos: Leones son desatados y los fuertes Alemanes tigres Hírcanos se han vuelto, y allí en los quince caballos (aunque el número es pequeño) cual la lealtad de Borgoña le ofrece a España sus feudos, Amigos, aquesta torre sino se rinde, con fuego la atacad, por todas partes. Eso es lo que yo no puedo hacer, que desatacado estó ya de puro miedo. Jesús, Marla, Josepe, válgame Dios, que de truenos, y relámpagos que hace. Este es el villano mismo, que engañó al Duque de Guisa. Juan Grifo, aquí que vo preso. No temas, Morlaco amigo. Ea canalla, al infierno. Oh mi mujer os lo pague pregue a Dios, y S. Cornelio. . Santiago, y a la espada que en confusión se metieron los Franceses, y el de Guisa en fuga veloz se ha puesto. Vivan Nápoles, y España con tan gran victoria eternos. Gran día habemos tenido. Y la gloria del reencuentro, son las grandes que se siguen Prosigamos el alcance, porque en inmortales ecos la fama al mundo publique de España en honor perpetuo, que al criso de la lealtad del Napolitano Reino los Españoles soldados, Pocos bastan si son buenos.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Ayer vas (Porcia) y hoy vienes? arcaduz de amor te haces, y los machos de la noria son todos finos amantes? En fin ellos no han podido saber que volvía Escafatí? No, porque aquesta mañana denpués señora que casi, toda la noche estobieron (sin rezar) hechos Orates de la pasada victoria, cada cual contando iguales hazañas, a cuyas ancas corrieron la posta a Frandes, juntos de casa salieron. Dónde estarán? . El día que hace bueno al rededor del sitio a tomar el Sol se salen, y por esta maseria es contingüente que pasen, porque visitarla suelen, como ya que es tuya saben. Fino amor. . Qué boba que eres, no es tu amor el que los trae a verla. . Pues qué? El que piensa cada cual que ha de casarse con la viuda, y ya esto miran, como bienes ganancia! sino es que acaso tantean en cuanto podrá empeñarse. Qué malicia tan graciosa. Hay muchas que son verdades; pero parece que vuelves gustosa? . Hay causa bastante, que después sabrás, ahora quisiera que los llamases, que yo con cuidado quise que el coche se encaminase a la quinia, desde donde te hice llamar, porque antes de irme hablarles intento. Etelos que pían pianes, por ser dos, hacia aquí llegan. Pues ponme Sabina en parte adonde escucharlos pueda, si aquí paran, o allá entraren. Hartas ventanas la casa tiene a la viña, y la calle. Entra, pues no nos han visto, y harás lo que te ordenare. Lindo día. . Yo me atengo al de ayer, aunque fue Martes. Fue Martes, por lo que fueron todos los nuestros triunfantes, que lo aciago atemoriza solo a los pechos cobardes. Pues no lo son los Franceses. Son en valor singulares; pero ayer amigos fueron nuestros ocasión, y lance. Entrámosles con tal brío, que el que se desanimasen no fue mucho. . Es en nosotros naturaleza el corraje, y más si entran de pormedio, Fe, y honor, Rey, Patria, y sangre. Qué gran día habrá tenido nuestro Virrey. . Dios le guarde! para amparo generoso Pero a la quinta de Porcia hemos llegado. . Aquí yacen secas esperanzas verdes, que el desdén dio en flor al aire. Ya se pararon . No he dicho, que son perdigüeros canes, que se paran siempre adonde la perdiz el nido hace? Anda, y haz lo que te digo, que yo me quedo a escucharles. Que buen pedazo de hacienda, si es que sabe granjearse. Un mayorazgo se puede fundar con lo que ella vale. Por mi fe que la Sabina, no fue en lo que habló ignorante, que parece que ya mudan a la quinta sus ajuares. Dichoso el que la posea. Cuando yo los desengañe, que harán? . Yo pienso que nunca de determinarse acabe. Punto en boca, y obedincia, y estarle aquí her hos gigantes de su corpus, si es que a Porcia quieren ver. Qué dices? . Callen, que anda el Ángel suelto, como un diablillo entre esos sauces, que a Nápoles vuelve aprisa. Dijo, que nos avisases? Si eso fuera, ella se entrara, antes me dijo, que nacie supiera que había venido: un poquito aquí se aguarden, que al salir, si no son ciegos la veredes (dijo Agrajes) . Bien hizo el papel Sabina, yer quiero de o están, para hablarles luego conforme más me importare. Ahora si amigo, que vuelven hacer su efecto más grande, memorias de su hermosura, desvelos de sus beldades. De aquel desmayo me acuerdo, que en su rostro meceló afable púrpuras, venciendo el susto maravillas con azahares. Oh qué ufano el desaliento debió entonces de mirarse, cuando en su ahogo enbebidos dejó que envidiar al aire; y este después, que si vuelta restauró alientos suaves; cual a las flores con ellas matiz dio de nuevo esmalte, Oh cuante fijas memorias de su hermosura se atraen, del alma dorados hierros, que elevan dulces imanes! y o cuanto a mi fantasía. No paséis más adelante, que en cuanto rendido os veo, compitiéndeos yo constante, no se han de lograr concordia de opuestas conformidades. Yo confieso que mi afecto va creciendo por instantes. u. Yo que el mío es invencible. Ya es fuerza desengañarles, para que conformes queden, aunque no parece fácil- Por más que propuestos medios nos empeñen en el lance, nos hemos de ver confusos. Uno hubiera, y es dudable. Cuáles? . Qué Camilo fueso vivo. . Porque nos me diase me holgara, cuando no hubiera sido su amigo tan grande, Pues Camilo, Caballeros, es vivo, esta carra es saque de embarazos, y de dudas, y a mí de empeños neutrales. Qué decís? . Sea enorabuena. Leelda, y luego escuchadme. Con que a ser vienen los muertos, los dos, requiescantín pace. . Prima, y señora, del rencuentro de atrás salí tan mal herido, que tenien- dome por muerto, mi amigo Don Ce- sarte lo escribió en el correo que se despachó aquel mismo día que estuve con el accidente; supelo después que estuve bueno, y en este con siguiente aviso te doy la nueva, de que tengoli- cencia para ira Nápoles, donde me- tendrás antes de dos meses. (i letra, Pues conocéis firma, no hay que pasar adelante, sino volver los deseos tanto atrás, que no se os hallen. Y el desengaño admirido, de amor la venda os desate, para que del ciego nudo, ya la unión se desenlace. Viuda una mujer consiente verse, sí, en casto dictamen, el decoro del festejo no pasa de lo galante. Pero casada, no ignora vuestra atención lo que vale el crédito que se pierde por el indicio más fácil. Escrúpulos de marido son linces de voluntades, que ven ocultos deseos, por más que escondidos anden. Si el incendio aún vive, muera al hielo que le recate, y ni aún con cenizas queden del corazón los volcanes. Salga fuera todo el fuego, y del olvido en Altares, por víctima del respeto, se resuelva en humo, y aire. De Cupido al templo niegue la libertad vasallajes, siquiera ya, porque un niño no venza siempre gigantes. Viva exenra el alma noble, que es de su Imperio desabré; que como en feudo, albedrío? rinda a prefanas deidades. Y en estimaciones, solo se logren firmes afanes, que es la mujer del amigo la prueba de aslealtades. Quién ama, siempre obedece; pues que me amáis, olvidadme, porque con eso el desprecio por fineza en los dos pase. Y en lo cortés, privilegie el amor sus ceguedades, porque el miramiento tenga en la ceguedad realces, . y a Dios que os guarde. Si quiera, permitid, que es acompañen. Señora, como escuceros, los que ya no como amantes. No habéis de pasar de aquí, Caballeros, perdonadme, que darán gran nota siempre escuderos tan galanes. Qué buen pedazo de hacienda, si es que sabe granjearle, un mayorazgo se puede fundar con lo que ella vale. Juro a Dios, que hasta Sabina nos la pega de Por Dios? pegue, como viva nuestro amigo, y no nos mate una mujer melindrosa, que en el ser desagradable su honor funda, y mata al mundo con desdenes, y ademanes. No podía nuestro duelo de otra manera ajustarse, sin sentimiento del uno. Ella en fin nos hizo iguales; pero mirad, que gracioso Morlaco de ronda sale. Pisa tieso, Morlaquillo. No hay Juan Grifo que endustriarme, que rensviento de ballente, y ya los tantarantanes dell tamboril, y de ella guerra, mas que el muergano me pracen. Mataste muchos Franceses? Ciento y veinte aún no cabales. Qué graciosas boberías. Tiene el villano donaire. Bravo día ayer túvimos. Bien lo hicimos los Gozmanes, y yo en particolar hice cosas dignas que se estampen d ̱̱ en canónicas perpetuas. Di Corónicas, salvaje, Bien se enmiendan. Seor Raspilla, ni me reproche ni habre, y pues se lo tengo dicho, no me obrigue a que me enfade: Y que se enfade, que piensa que se me da a mí? . Pues dalle con el llanzón. Quedo digo. La ronda riñe en la calle. Qué es esto? . El General viene Carlos de la Gara, hablarle es preciso. . No se excusa, porque nos conozca, y mande. Y no haya más, caballeros. Valga frema digo, y nadie se me mueva de su puesto, sino quiere que le gazmíe, y en orden las armas presto, porque ya el Genetal sale. Todo esto es por Sabina. Yo intento desafiarle. h , Gracias a Dios que veo ya logrados mis deseos, famosos Españoles, el Tercio viendo, en quien miro acendrados, no solo España, Europa sus crisoles, por llegar a ver desalumbrados, átomos le contaban, y arreboles al Sol mis ojos, y a la Luna infausta, la mecha al arcabuz, el hierro al hasta. Tal el día, y la noche que de Sesa del alma, y el Sol sagrada empresa. De la fación gloriosa profetice, la Luna a Francia eclípses le confiesa, el Sol a España aplausos le predice, pues el alma menguante, oscura, y fría hizo triunfante más al Sol del día. Marcial numen profetizó a distancia, de más de quince millas que estaría ayer de la Palestra, donde Francia más fantástica vio su fantasía, me predijo postrada su arrogancia, en fe de la Española bizarría, que al corazón me hablaba, y los oídos aliando espaciosos sus latidos, que pensaba el Frances que la Octaviana paz de Nápoles inclita tenía en su fuerte milicia veterana, olvidado el valor, pues llegue el día en que vea la tropa Cesariana, que opuesta a su ambición, y tiranía, la lealtad desde el noble hasta el plebeyo resucitan la fama de Pompeyo. Francia, que intenta en la primer batalla viendo sus Cabos ya presos, y heridos? que aguarda haciendo la gloriosa hazaña. mucho mayor sus Príncipes lucidos? que espera; si de Nápoles, y España el Caballo, y León fuertes, y unidos, al son de los tambores, y clarines la melena uno encrespa, otro las clines? Pero intente, y aguerde, espere, y vuelva a salir a campaña (que lo dudo) sino es que su locura se resuelva a quedar de su ejército desnudo. Salga otra vez a matizar la selva de su ambiciosa sangre, que en mi escudo, y mi bastón, su empresa hallará vana, fuerte coluna, y viva barbacana. Solo con el valor, y la experiencia, que admira en Vueselencia el mundo (invicto Carlos de la que en segunda victoria de Orbitelo, refresque la memoria adonde Vuecelencia altivo tuvo la gloria, que antes, y después mantuvo, y más acompañado de tanto noble, y siempre señalado pechos, como se muestra en los aceros de los Napolitanos Caballeros, a cuyos siempre antiguos sacros lares, invencibles, y eternos sus Altares, hoy la fama previno en los Príncipes de Andría, y de Abelino, de Hatena, Matalón, y Torrecusa, Chelano, y sus dos hijos, y todos los demás, aquien excusa nombrar mi voz, que atérminos prolijos el reducirse fuera fuerza si a todos de nombrar hubiera, pues para cada uno, según lo que merece, viene el mayor aplauso a ser ninguno. Y en los que no se nombran, tanto crece la estimación, en cuanto por si solo, es cada uno Atlante de ese Polo, y aún juzgo, que aunque sea el Frances tan valiente, y tan osado, que muy neutral se vea; en si prosiga, o no lo comenzado. Por mucho más valiente que sea siempre el Frances, el accidente de ayer más ha de hacerle cada día temer a la Espáñola bizarría, donde en cada soldado, Nápoles tiene un escuadrón formado. Príncipe de Abelino, Hector Napolitano, y Peregrino, aplauso de la fama; que en poca juventud, siglos aclama de valor, y osadía, nunca jamás la rueda, o la porfía de la fortuna borre, y hoy más que nunca deba a Vueselencia nuestra nación tan alta preeminencia, pues a su sombra (mereciendo honores, en todo superiores) la celebran, y honran Cortesanos tantos Príncipes hoy Napolitanos. Príncipes, y valientes Caballeros las lisonjas volvamos en aceros, y a prevenir los medios convenientes, vamos a los acasos, y accidentes, que empezada la guerra, aunque estamos en fin en nuestra tierra, y aunque a tan gran suceso la facción concluida ya confieso suele tener tal vez Francia en su cosas algunas terquedades valerosas, y ansií saber querría todo lo sucedido desde el día, que el socorro se quiso meter a la Ciudad, por cuyo aviso pueda yo disponer lo conveniente. salencia me escuche atentamente. Vuere. Los trecientos Españoles, con los doce Reformados de la Nación, y los doce valientes Napolitanos, de Don Cita Chichinelo (de Tursis Príncipe) al lado hoy de las tres compañías los Capitanes gallardos, Don Joseph Mánuel Barbosa, y Gorey, que aunque cansados en las fortificaciones ahora están trabajando, a a horas diversas salimos aqueste Viernes pasado, (ya después de anochecido) de Nápoles, y en Grañaño, casi al despuntar del día todos juntos nos hallamos, Aquí túvimos de cierto la nueva del dese del enemigo, y la Troya fue allí del incendio Hispaño, pues renegando de tiempo, y la marcha aligerando, (bebiendo espíritu al viento, midiendo la tierra a saltos) cada uno parecía ave noble, o Grifo alado, a quien de añimada pluma, sirvió la acción de los brazos. Y yo me llamo Juan Grifo, que volaba como un gamo, voto a san. . Y la persona quedó atras? ni aún tanto cuanto. Iba buicando alfileres yo en esa ocasión acaso? Marchando, pues, de esta suerte de Castela mar llegamos a los Capuchinos, don para acometer la empresa, ya prevenido, y formado. A este tiempo nos dijeron algunos de los paisanos, que había ya tres mil Franceses, dentro, a lo cual replicaron todos: pues vamos a ellos, que a treinta cabe a soldado, iserá mayor el triunfo: Tebas, Troya, Grecia, y Samos callen a tan grande intento. Yo entonces, con siderando, que tan pocos Españoles no era bueno aventurarlos, con los reformados solos, y el arriba ya nombrado de Tursis Príncipe, todos con las armas en las manos, casi por las mismas puertas dela Ciudad nos entramos; demodo que desde adentro nos vieron, y arma tocaron. En fin, juzgando la empresa temeraria, nos tornamos a nuestro escuadrón, a donde hicimos entre los Cabos nuestra junta, y tan briosos los trescientos se mostraron, deseando echarse al riesgo, que juro a fe de soldado, que aún conodiendo que era temeridad el obrarlo, ni el gran defensor de Roma, estuvo determinado a acometer en Breuduso los escuadrones Cesareos, con más valor, ni con menos gente que yo; y no me espanto, sino de no haberlo entonces ciegamente ejecutado, habiendo entre los trecientos. que en esta ocasión se hal tantos Casios, tan Brutos, tantos Petreyos, y Afranios, que el ánimo desmintieron de los antiguos Romanos. Señor Sargento mayor, dejemos aquesos casos, y vamos a la verdad, que es hija de Dios, si entramos los máramos juro a Cristo, por estar todos borrachos del vino, que aquella noche bebieron recién entrados. La razón, no quiere fuerza. Eso es verdad, y a mi cargo. Quién os mete avos en eso? Juan Grifo, callad. . Ya callo. A tan valiente enemigo siempre temerlo, y honrarlo, porque con eso al vencerle se aplauda mál su contrario. (no. Soy un puerco. . Yo un cochi- Hasta en los pobres soldados Españoles, siempre el brío sobrésale más. Son mármol voto a Dios, y cada uno monta más que cien Bernardos; pero en la campaña importa reñirlos de cuando en cuando, En fin, juzgando este sitio, por más fuerte, y más cercano, por freno del enemigo, luegó a él nos retiramos. Sabado, Domingo, Lunes nos fuimos fortificando, como, Vuecelencia ahora lo ha visto, ya; pero en cuanto al suceso de ayer, solo Mo puedo asegurar, que dando, ya por corrado este puesto, a salir nos arrojamos con quien habiendo travado toda aquella noche entera; sus puestos todos guardando, una, y otra escaramuza, los Capitanes Lucacho, Don Alonso de Cabrera, Barón, y el Conde del Basto, que en todas las ocasiones muestra espíritu alentado. Llegamos los Españoles, habiéndolo aventajado, por haber pasado el río, ya los nuestros retirados, por falta de municiones, bien que sin perder soldado. En fin ordenolo el cielo, pues al enemigo hallando victorioso, y con exceso, de gente tan temerario, que a diez nos cabia por uno, con tal ímpetu le entramos, que en menos de media hora, de Dios ha sido el milagro, que infundió el valor a todos, ansile desbaráramos, quedando vivos, y muertos, prisioneros, y ahogados al ple de seiscientos hombres, que aún hoy de creer no acabo, que en la bizarría Francesa cupo desaliento tanto. En fuga en fin se pusieron, y de los nuestros quedaron heridos, y muertos quince entre intantes, y caballos. De estos pelearon quince, que Ascasatí me enviaron Ramos de sus compañías, Barón Cabrera, y Lucacho, y de este el General pienso que era, que quedó en el camp ien mereo cualquier premio, pues tan bravo coraje no vi en mi vida; los Españoles obraron; el más pobre mosquetero, como el más fuerte Alejandro, Los Capitanes, an sí vivos, como reformados, cada uno por si solo merece estatua de mármol Los Alemanes valientes el resto también echaron de subalor, con que a todos victoriosamente igualo. Guisa huyó, y a Plesi herido le salvó un fuerte caballo, quedando acá prisioneros entre otros muchos Cabos, Marqués Gonzaga, y Monsiur de Llodí, Maese de Campo uno; y el otro Sargento mayor de batalla, a entrambos, y a Llodi muy mal herido, presos los tengo en mi tancho, donde según lo posible, los asisto, y los regalo. Esta mañana un trompeta me vino a traer en cambio de los dos seiscientas doblas, y Españolas, que los diablos a San Antón vive Cristo con tal furia no tentaron. Hícelas la Cruz, y viendo el trompeta el mal despacho, dijo, que Monsiur de Guisa vendría presto a cobrarlos. Que venga luego, la dije, que aunque pregona el adagio, que no hay en el campo puertas, puerta ha de haber en el campo, que abra, y cierte con fugente; cuando fuere neco son maestras de Vulcano A Escafatinos volvimos luego al punto, y con cuidado volví a tantear el sitio, he le visto más de espacio, y para ofensa, y defensa es pronto, y aparejado. Le hace inexpugnable el río de Castelamar al lado de Nápoles, al comercio; tiene en estotro el resguardo para cualquiera socontro, que en el continuo cuidado del señor Virrey, tan pronto se ve, como necesario. No obstante, yo me prevengo cada instante más, y cuanto me desvelo, me parece, que aún debo hacer más que hago, porque hablando al caso, hemos menester no descuidarnos, que están muy cerca, y son siempre los Franceses muy bizarros. Hy sobra de municioner, y bastimiento, y los pasos de la ribera están todos dispuestos, y asegurados, y en campaña Vueselencia, que es más que todo, a quien vamos hoy de Marte girasoles, siguiendo inclitos rayos, que fraguan ya sus alientos: pocos somos, más bastamos para muchos, y esta tarde llegará al puesto el bizarro Capitán Pedro de Oreda, con que habrá compañías cuatro p de Españoles, si con ellas, y las que están de resguardo en la Nunciada, de Pedro de Herrera, Silva, y Serrano, las en el Carmen, y en Palacio. A Castelamar, y al mundo quisiere que acometanios, mandenoslo Vueselencia, que yo pienso que hay soldado, que ira solo, y de este puesto no tenga el menor cuidado, que es la Numancia Española. Si Cipión fuese el contrario, que en fin afuerza del brío, ya vimos ayer que al caso, Pocos bastan si son buenos, y más cuando mejorados a vista de Vueselencia, procuren siempre imitarlo. De los Españoles nunca fie yo menos, y más cuando, Capitanes tan valientes les sirven de ejemplos claros; pero que puestos tenemos? Tiene el puesto de Grañano Don Miguel de Almeida, cuyo valor experimentado se vio en las revoluciones, a Castelamar guardando. Don Bartolome de Silva, que es Capitán de caballos Reformado, asiste en Vico, a cuyo esfuerzo alentado se debe, que el enemigo no se alargue de Puzano, habiéndole respondido, (la Ciudad pidiendo pactos) que le dará la respuesta, cuando venga a mosquetazos, con que a sangre, y fuego Guisa, que ha de entrar le ha amenazado Marqués de Matonte, en Vaya defiende a Puzol los cabos, Nicita, y Projira asisten Españoles Reformados. por más fuerte, y bien murado. El Barón de Transipaní está en Angria; los caballos de las dichas compañías del Tercio, que ya son cuatro con Caravajal, que ayer llegó con la suya al campo, toda la campaña a trechos registran: en fin no hay paso de los que al Tercio le toca guardar por todos los lados, que no esté bastantemente dispuesto, y fortificado; y en todos hay Españoles, con quien juntos los palsanos obran valerosamente. Gracias a Dios, y al cuidado del señor Virrey, que atento por si solo acude a tanto, cuando para lo preciso, que en Reino tan dilatado es menester pruvenirse, cuanto y más en los acasos no una, atenciones muchas suelen rendirse al cansancio; guárdele Dios de este Reino vigilantísimo Argos. Señor Sargento mayor, yo voy de todo informado; las órdenes convenientes, según el riesgo, iré dando, mas que anden los baridores muy listos, es necesario, que si ellos vuelven a esta parte, ha de ser. Ya he ordenado, que contínuamente corran la marina los caballos, y con Don Manuel Garrafa, cada día las combato cien veces. . Es Caballero Don Manuel valiente, tanto que a su aliento se le pueden fiar empeños más arduos. Y Don Alonso de Heredia también tiene el mismo cargo, de cuya atención segura siempre su acierto he fiado. Honra Vueselencia a todos, Con General tan bizarro, todo es suerte. Todo es dicha. Marcha a la Anunciada. Vamos. Y a quemos dure la guerra, viviendo todos, mil años. A seor Raspa. . Qué le quiere? Un negocio es entre ambos, Qué negocio? que de verle tan receloso, me enfado. Seor Ráspilla, los hombres que de honrados nos preciamos, tenemos sangre en el ojo; en cierta parte le aguardo solo. . En qué parte? En cualquiera, que los que somos sueldados del Rey, tenemos boleto de reñir en cualquier cabo. Tome ese guante en señal aróe de que le he admitido el bramo. Pues yo con un guante solo que he de hacer? vengan ambos. Si en campaña me le quisa. Pues zampome este entre tanto; yo he de ver, voto a san junco, si Ráspilla es hombre, o macho, que de verle tan lampino no sé que me he maliciado. . Qué te parece, Juan Grifo? le estampa cuatro chichoones, porque es lástima matarlo. . Vámonos a Francia luego, que al enemigo se pasa toda la gente. . No abrasa. tanto elemental el fuego, como en mi desasosiego interiormente me abrasa, viendo que al último paso que di a mi suerte importuna, tropecé con la fortuna en los riesgos de un fracaso: ha Franceses alentados, . que socorro os vendrá presto Mas seguro es el pretexto de volvernos a las naos. O más peligroso caos, pueblo vil, que el del abismo, cuyo ciego barbarismo, si a explicarle me acomodo: manos nada, y lenguas todo, es un monstruo de sí mismo. Por un mal suceso aleve al olvido das sus glorias: pues victorias por victorias cuantas España nos debe? Igual la rueda se mueve de triunfos y bizarrías, entre las dos Monarquías. Mas sobre mis puertas veo fijo un cartel, yo le leo. aunque ahogado en fantasías. . El Fidelísimo Pueblo de Nápoles, hijoleal, y verdadero de la Catoli- ca Majestad de España, ofrece a quien (de cualquiera Nación, y estado que seayle entregare la cabeza del Duque de Guisa, o su persona viva, o muer ta, cincuenta mil ducados, que en poder de su Electo deposita hoy día de la fecha de esta, para que se entre- guen a quien la gloriosa facción eje- curare. Nápoles, y Noviembre a los quince de Josa El Fidelísimo Pueblo de Nápoles. Qué sufra yo tal ultraje, sin poder mi noble aliento vengar tanto atrevimiento? rabiando estoy de coraje. Mas si rompí el homenaje que hice a España dos veces, aquí a solas bien mereces veleidad estos agravios, que son a solas los labios desapasionados jueces. Poco ha que amanecido a quitarle me prevengo, pues esta esperanza tengo de que nadie le ha leído. Aa papel, que fementido mudo ocasionas afrentas! áspid, que invisible intentas matar, hirlendo sutil, mostrando en todo la vil materia de que te inventas. Vuestra Alteza se resuelva, antes que el hijo del Sol otra vez el Español a desbaratarnos vuelva: de la Escalara la selva quedó en sangre matizada Francesa, y desengañada toda la Nobleza está, de que la empresa no ha sido honrosa, ni acertada. Monsiur Polo se protesta, que si no quiere embarcarse Vuestra Alteza, que anegarse esta la armada dispuesta: por cierto se manifiesta, que ayer solo huyeron ciento a dar al contrario aliento; hágame la cuenta ahora, si a seis se le van por hora, que buen fin tendrá su intento. Sin duda que nadie vió el cartel, porque el agravio del Príncipe, luego al labio del mal contento salió; y pues nadie de él habló, nadie le ha visto sin duda, que en ocasión tan desnuda de lisonja me aconseja la experiencia, que la queja nunca en mal ajeno es muda; Pues que lo demás suceda mal, como de este padrón quede la desopinión adonde ocultarse pueda. Plesi vistiéndose queda, mas muerto, que vivo, y dice, que aunque el mal le contradice, irse quiere a los bajeles. Este sí, Cielos crueles, que es el mal más infelice. Salte allá fuera, Lucinda, desahógate, y descansa, que aquel que puede vestirse mas se alienta que desmaya; Y si viene el Duque; en tanto que me visto, en esa sala, que está consiguiente a esta, le recibe hasta que salga. Válgame Dios, o me afligen, y me maltratan, que nunca una sola a un rriste le hizo menores sus ansias! Qué Plesi se muere! cielos amparadme en tal desgracia, que aunque la mano de esposo me dio ya, cumpliendo tantas obligaciones de afectos, si él me anima, y él me falta, que importa quedar con vida, cuando he de vivir sin alma? Trájome el cuidado presto: mas aquí Lucinda al alba, que con ella ha amanecido, nuevas luces da en su cara: hermosa Lucinda. . Ah Duque, plegue a Dios que del ser causa de esto, no os venga del Cielo. Deten los rayos que exhalas, y no más mal me prevengas del que me atormenta, y mata, pues amándote, no puedo amarte por quien te ama. Soy su amigo, empeños supe que entre los dos ocultabais, voláronse los deseos, y amor se volvió en fantasma: Para servirte te adoro solamente. . Ya mi rabia transforma en lástimas nobles sus quejas justificadas, que en las contrarias fortunas no hay justicia en las venganzas. Cómo está mi amigo? Cómo lo advertís, si no os espanta ver en epitafio al brío, que esto a ver lleguen mis ojos! Lucinda, allá te recata, que tenemos yo, y el Duque que hablar cosas de importancia, y me apasiono de verte. Voy a morir desdichada. . Tomad silla; porque temo que la plática sea larga. . Después de vestido, como os sentís esta mañana? nañana Manco de un brazo, y en el pecho herido, la cabeza ya vuelta en calavera; herizado el cabello, de manera; que pluma puede ser de infausto nido: Todo el cuerpo en mil ansias dolorido, la tez caduca, denegrida, y fiera; hueso la carne, el gusto de madera, sentimiento mayor cualquier sentido, Mas cruel enemigo el pensamiento, consolador quimérico el engaño, y el alma vacilante, tal me siento: Remedio, Dios, en tan preciso daño, y obre por fuerza ahora el escarmiento en noca edad, y menos desengaño. Cil perod Ya le tengo de mi vida; ya veo que se me acaba, y al preciso tiempo de ella encoge el pulso sus alas. Y pues al reloj caduco de este breve tiempo para, volverse en polvo el aliento nocas arenas le faltan. Los instantes no se pierdan; y en experlencias que os hablan, la verdad de mi peligro os sirva a vos de enseñanza. Dos mil y quinientos hombres en siete días nos faltan, huidos, muertos, y presos, y ya los que quedan claman por volverse a los navios. La nobleza está agraviada, porque imaginamos todos (disteisnos bastante causa) que alguna intención teníáis en Nápoles fomentada; y vemos que vuestra idea, que voltaria (a mi ver) instante solo no hay que no os mueve, y os para Estoy ya para morirme, tened paciencia; y logradla, que no hay duelo que me obligue, a no hablar verdades claras. Mirar el fin de la empresa es la más derecha panta del buen suceso, y por eso sin duda aquel de Tartaria, Gran Cam Amurates, era siempre que a comer llegaba, tenía puesta en la mesa. una calavera infausta, en cuyo papel de hueso negras letras ansi hablaban. Mira el fin, antes que empeñes cualquiera intento que trazas, que si este fue ayer lo que eres, tú serás lo que él mañana. Firmaba aba o gentilidad Cristiana, digna de haber merecido del fiel vautismo la gracia! Ya habréis entendido el Texto, y que en perifrases habla especialmente con todos la lengua de la mortaja, a la persuasión no sordo vuestra terquedad os haga que en mí un esqueleto vivo trágicas cifras desata; y al mar luego, Duque amigo, que si hay tiempo de que salgan de Nápoles las galeras, ya sabéis que son bizarras: y que el mar, que de Bayona en ocasiones pasadas ya supo en lanzado golfo a nuestro León con alas (que en el mar Tireno era Rey coronado en el agua, y viento en popa traía) envistió con una escuadra decinco galeras suyas; y a pesar de que llevaba nuestro León cuatrocientos soldados viejos de guarda, y al pie de setenta piezas, (hidras de polvora, y valas, que en ricas bocas de fuego renacían instantaneas) nos le rindió valeroso, y amansando su arrogancia, sele trujo a la melena de un remoleo hasta estas playas: pues que haremos, si es que a tiempo llega la Armada de España? Al mar digo otra vez, Duque, si estos lebeches amainan: y porque ya el accidente me aprieta, a mi Rey de Francia dadle por último fevón de mi lealtad, esta carta, y como en ella le escribo, decidle que paces haga con España, y no se fíe de los que las embarazan por particulares fines; que esta política extraña de ir sustentando la guerra, la entiende quien desengaña, de que con sangre vertida de vasallos, que se acaban, da color a su fortuna alguna Púrpura Sacra. Que corte el sangriento hilo, con cuya funesta trama de tanto estambre caduco, va hilando vidas la parca. Que del vivo Piríneo del corazón las entrañas se allanen, para que unidos dos tan potentes Monarcas, que uno Católico, y otro Cristianísimo, se labran de alto espíritu sus fuerzas por fueros de Fe obsernada. Den guarra al mundo, y sufoquen de tanta herética llama la falsa luz, que hoy es guía de inmensas turbas setarias. Aníquilen la potencia del Turco, y la Casa Santa vuelva al culto primitivo de la Religión Cristiana. Con que en pacifica oliva, como en victoriosa palma, serán sus Augustos Cetros Colunas del Sacro Alcázar. En fin, que a la empresa, amigo; tengo de volver la cara? No lo hagáis, que la experiencia presto os dirá quien se engaña. Qué disculpa he de Que en el libro de la fama escribe, y borra su suerte, como quiere, las hazañas; esto me tocó advertiros: ya os lo he dicho, y ya me agrava el dolor de aquesta herida; dejad, Duque, que me vaya al bajel, sin que Lucinda mas me apasione al mirarla; sabed que es mi esposa, Duque, mirad que es la prenda cara que el corazón deja al mundo: ella está determinada a morir en un Convento, y es tan noble, que a mi casa puede dar blasón la suya; si es que me muero, amparadla con la fe de Caballero. Mi ser todo está a sus plantas, y por prenda vuestra, amigo, con verdad reverenciada; pero cómo os vais sintiendo? Con deciros, que Dios haya, volviendo el cuerpo a la tierra, misericordia del alma, como Cristiano os respondo; más Lucinda se os encarga. otra vez, como mi esposa Por mi cuenta está su fama. Ella os contará su historia. Y yo acudiré a sus ansias. Guardeos mil años el cielo. Para que con penas tantas. Al mar, que aquí no hay reme- No veis, Duque, lo que pasa? (dio. Ya lo siento. . Pues al caso, porque hay riesgo en la tardanza. . , h, Pon Sabinilla la mesa, que la gazuza se abre. No habrá cosa en que no labre este Ráspilla su huesa; Sabinilla me la llama? Pardiobre Ráspilla bello. Esto me huele a deguello. Que ell corazón que te ama, quigiera darte yo frito en una linda cazuela de sesos. . La cabezuela no faltará del cabrito; más emporta el desemulo hasta después. Bravamente te he querido de repente. El Ráspilla es bravochulo, bravamente con descanso que la quiere la confiesa; y aunque él es bravo, me pesa que me tenga por tan manso. Yo picada hasta el cogore estó de ti enamorada. Honor, pues está picada, tratar de hacerla gigore. Sabinilla. Seor Raspilla, que modo es ese de habrar? como se arreve a llamar a mi mojer Sabinilla? Sabina es mojer de pró (el densémulo me valga) para que ella de aquí salga, y solo la puedoyo habrar en diminutivo. Dice Morlaco muy bien, yo voy a llamar a quien los ponga en paz, que recibo de velle armado, coidad Quiere usté reñir? Pues no? Y armado? Si él me la armó, es mucho que riña armado? Pues qué ocasión, majadero, para reñir te di yo? Vuensamested me tiró un guante a lo callavero, y en batalla sengolar he de salvar mi opinión, que el duelo de un guante, non hace un agravio sin par. El tirarte el guante yo fue aceptar tu desafío; mas mira que es desvarío la causa que te obligó, lastimame, vive Dios, y por eso le aconsejo. En fin, hoy como ell conejo hemos de morir los dos. Pues vaya; y porque los amos no estorben, cierro la puerta, . sino es que acaso concierta que con padrinos riñamos. Con padrino, es desatino reñir los dos, . Pues por qué? Porque ha menester usted comadre, mas que padrino; ya por detrás me rezumo: pero quedo satisfecho de que con eso habrá hecho mi miedo la ida del humo. Armas escoja, pobrere, pues te quieres arrugar. Yo quigiera pelear con lanza, espada, y mosquete, mas soldemente reparo, que esto está oscuro a mi ver. Ya ell hombre empieza a temer, cochilladillas prepato; arroja lanza, y rodella, que armado no es bizarría reñir Fuera bobería desarmarme. . Esa es cautela, desarmate. . Menos prisa, que en un desanfio violento, no es cosa de casamiento que ha de llegarse en camisa; mucho el miedo me atrebula. Si no quies, plántate pues. Aguárdese, que eso es venir a reñir con gula. Plántate, digo, que intento desarmarte a todos cabos. Soy yo de casta de navos, que he de prantarme en Adviento Ya mi sufrimiento apuras. Hombre de iracundos tratos, eres de casta de gatos, qué quieres reñir a escuras? Deja que un candil, Raspilla, encienda, y luego riñamos, porque siquiera veamos a darnos por la tetilla; mas ya que tanto me aprietas, quieres dejarme escoger armas? . Sí. Pues yo he de ver en que consisten las tretas; cumpriendo vallentes fueros, ya desarmándome voy. s. Desnudate, porque hoy hemos de reñir en cueros, porque no digas que riño con ventaja; acaba ya. Medio cuerpo bastará. Todo ha de ser, seor lampiño, porque al temor que albirota mis celos si eres hembra, o macho saco, si reñimos en pelota. Oh villano malicioso. Aquí de Dios, no hay justicia? Quién nuestro rancho alborota? Abre esa puerta, Sabina. La han cerrado por dedentro. Dos coces la abren aprisa. Qué es esto? . Tenganse to- (dos, que de cólera rehila la lanza. . Pues valga frema, y acábese la mohína. La ocasión sabido habemos, y es, Morlaco, bobería tener recelos sin causa. Y más siendo yo tan fina. Eso en presencia de todos la experiencia lo arestigua. Y yo vuelvo a defenderlo. Y del honor de Sabina somos defensores todos. Vonda que todos lo digan, aunque yo a mis solas, no la tengo por muy bendita. Vitor Morlaco . Eso quiero, abrácenme a mi proilla. Latín sabéis puta vieja? Fuy Sacritan veinte días. Pues pon Sabina la mesa. Arma es. Santa Cecilia, - que ell monimento se cae. (. Ah Castellanos aprisa, que el enemigo se embarca. Larga con esa valija. Vamos pre Hoy es la muestra. Esta si que es linda vida! Pue los huéspedes san ido, hoy comeremos, Sabina, este gallo de mis celos, que tanto quiquiriquia. Qué quieres decir en eso? Qué llames a lavecina, que te embura las estopas (como es ceremonia antigua) porque has de morir fin falta. Eso es rigor. . Es josticia, Mira que inocente muero. So un Herodes mata niñas, mas si inocente estobiereis, por el que dirán, Sabina, te mataré soldemente por cuatro, cinco, o seis días, ve al cura que te confiese mientras bulco la cochilla. Voy, y vuelvo aquí al instante. Pus hazlo ansí por tu vida. Esquifes, y barcas, presto, que por todas las salidas entrando nos va el contrario, que penetró nuestra huida. Monsiur, cuartel. Al infierno a que te la den tus tías, que estés fresco para el tiempo? Soltad presto las valijas. . Voto a Dios que no se pudo hacer más que cuatro millas marchar en media hora La victoria conseguida; sin sangre, es la más gloriosa. Voto al Sol no tuve dicha. Qué destrozada han dejado la Ciudad, y hasta las sillas han cortado las vaquetas, y los lienzos con la prisa han rompido de los cuadros; dejándose las cornisas! Siempre Francia en tierra ajena ansi obra, aunque paz finja. Oh señores Españoles. Gracias al Cielo se rindan por tan gran suceso, Y gracias a la asistencia continua de tan grandes Generares. Y de la nobleza invicta de Nápoles, a quien debe España experiencias finas. Y su pueblo generoso, en cuya lealtad se miran acrisolados empeños. Digo, y la mosquetería Española, en esas gracias no entran también? Cómo hija mas legítima de Marte. Pues las glorias se prosigan. Favor, que matar me quieren. Qué es esto? Si no es Ráspilla; mujer nadie me detenga. Vonda que yo se lo diga; mujer es. Pues ya no es nada, que en paz se volvió la riña. Y no me caso por solo que me causa gran mohína; que las Comedias se acaben siempre en una boda misma. , s, El mar anda albororado, Mucho la armada peligra con el temporal que corre- Algo del monte se abriga. Al trabes cinco tartanas dieron ya, y en la marina tres bajeles encallados son del mar desierras Islas, que de pólvora, y de valas, mosquetes, y caravinas lleno uno está, y de él sacaron cerca ya de dos mil bridas. Restitúyanse Ornamentos, Calices, plata, y Reliquias, que a los Templos han robado, luego, pena de la vida. El mar los sorbe en venganza de tan rara alevosía. Vaya luego a su Excelencia un Capitán, que le diga el suceso, porque goce como quien fue en las fatigas del riesgo el primer cuidado, la gloria que hoy adquirida por su causa en tanto efecto, tri Y también que Plesi ha muerto sabrá. . Será el mayor día, que ha tenido su Excelencia. Gócele edad infinita. La Armada, habiendo tormenta, zozobrado veinte días, sin poder hacer viaje, de nuestro ejército a vista, en mar alta se vió luego, tan totalmente perdida, que a Talón la mitad de ella llegó en trágicas noticias. Con que aquí (Augusto Senado) aquesta Comedia, escrita o or quien presente al suceso y nobrar tantas bizarrías Vane fin, tan sin lisonja, que es fuerza que perdón pida su Autor de lo que ha faltado en contarlas, y aplaudirlas. Pero en fin, Virrey famoso, excelsa Ciudad altiva, Nación ínclita Española, a quien mi afán se dédica, ya que todo no se puede contar, basta que se diga, que al crisol de la lealtad, de Nápoles siempre invicta, de su pueblo fiel, de toda su heroica Nobleza antigua: los Españoles soldados, con correspondencias finas, Pocos bastan, si son buenos, España, y Nápoles vivan.