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Texto digital de Poco aprovechan avisos cuando hay mala inclinación

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Atribución tradicional
Juan de Matos Fragoso
Atribución estilometría
Juan de Matos Fragoso Probable
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Poco aprovechan avisos cuando hay mala inclinación. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/poco-aprovechan-avisos-cuando-hay-mala-inclinacion.

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POCO APROVECHAN AVISOS CUANDO HAY MALA INCLINACIÓN

JORNADA PRIMERA

de Tu conmigo? Soy tu hermano, y pudieras menos fiero considerar. . Este acero, loco, atrevido, villano, castigará tu osadía: Tu oponerte a mi valor, siendo tu Rey, y señor? vive Dios, que es cobardía, no matizar con tu aleve sangre, la cuadra que ves. Mi humildad. Humildad es la que muestras? Si te mueve mi disculpa, escucha atento, y sabrás. . No hay que saber, Clotilde, aquí viene a ser blanco de mi pensamiento. Yo la adoro, y aunque sé, que me aborrece, he pensado, que tú la ocasión has dado, porque no pague mi fe. Mi sospecha descubierta he visto, y acreditada; pues me niega a mí la entrada, quien a ti te abre la puerta. Contigo todo es amor, conmigo todo esquivez; y este estorbo de una vez ha de quitar mi valor. Sabiendo tú mis desvelos, y debiendo acreditarlos, procuras vituperarlos, para que muera de celos? Ya se acabó la paciencia, que en daño tan declarado, solo se alivia el cuidado, con usar de la violencia. Hoy de Buda has de salir, no has de estar más en la Corte; sigue Filipo otro Norte, que yo no puedo sufrir desprecios por tu ocasión: Rey soy, y auque eres mi hermano, debes. . Ah cruel! ah tirano! Obedecer mi razón. Considera. . El replicar, ni consiento, ni permito, que hace mayor el delito, quien se llega a disculpar. No pienses hallar en mí piedad; porque mi rigor desde hoy ha de ser mayor; mira Filipo por ti, y advierte por despedida, excusando el argüir, que hoy de Ungría has de salir, o te ha de costar la vida. Bien veo que es tiranía el mandamiento del Rey; pero obedecer es ley, Vuestra Alteza, su porfía sabe, y las resoluciones que tiene en ejecutar, yo no le puedo faltar; que vencer inclinaciones no es posible: yo la tengo de servira Vuestra Alteza con lealtad, y con firmeza; pero el peligro prevengo por mi ciencia: si en Ungría estáis, huid del rigor del Rey, ved que tiene amor, y su celosa porfa la vida podrá quitaros, si competencia le hacéis. Se, que a Clotilde queréis, y sé, que os sirve en págaros; pero es estorbo cruel el de un Rey, que despreciado, pod ha de enojo irritado ser Caín, pues sois Abel. Los Ungaros, y Boemos, por su fiera obstinación, le aborrecen, todos contra él, que son extremos los que tiene, tan tiranos, cuanto pública la fama; pues siempre el cruel le llama. Sean escarmientos llanos de Primislao, y Tancredo vuestros hermanos, la muerte, cuya desdicha se advierte; y por quien deciros puedo, que vuestro padre perdió de sentimiento, la vida, tanto del Orbe aplaudida, y que tanto lloro yo. Por fuerza tomó el laurel, y desde que el cetro tiene, no hay consejo que le enfrene de ser tirano, y cruel. Cuanto le agrada, por fuerza violenta, con el poder, que otro Atila viene a ser con las crueldades que esfuerza, Demanera, que importante es, hasta que el cielo quiera, el huir de aquesta fiera. Miraflor está distante de Buda, sesenta millas, confines son de Dalmacia, donde sin temer desgracia en ella, y en Seria, villas, que el Danubio riega, y baña, podéis estar retirado, dando treguas al cuidado; porque la mejor hazaña, es Infante valeroso, vencer de este monstruo fiero la violencia, que yo espero, que el cielo ha de dar piadoso remedio a vuestro pesar; castigo a esta sinrazón; a esa humildad, galardón; a Ungría, quien gobernar epa el cetro, y el laurel, Y sinalmente, señor, Monarca, que con valor, sea piadoso, y no cruel. Padre, que este nombre en quien mi bien busca, es verdadero tu consejo (ay Dios!) yo muero, es justo; mas quiero bien, y no podrá ejecutar el alma, lo que aconsejas, que formará el amor quejas, y me podrá castigar. Clotilde, en confusa calma, a mi amor agrade cida, es pedazo de mi vida, y es alimento del alma. Su conocida virtud, su hermosura, ay Tevelo amigo! nortes son, por quien me sigo; causas son de mi inquietud. Contraria en todo es la suerte, si a pensarlo me acomodo; pues si me voy, muerte es todo; y si quedo, todo es muerte. Yéndome, consigo un daño; quedándome, a un daño espero; todo imposible lo miro, en nada hallo desengaño. Mas si el daño estoy mirando, con quedar, y con partir; y con todo he de morir, no es mejor morir quedando? Si: que el intento mejoro quedándome; pues espero por consuelo, el ver que muero delante de quien adoro. Teuclo, yo es fuerza en Ungría quedarme. Mira, señor, que no viene a ser valor la temeridad, desvía de tu pecho aquese intento, si no quieres que tu muerte, siendo Rey, tu adversa suerte sea lisonia del viento. Mira Infante, que estas canas tienenen experiencia mucha. Padre, no es posible. Escucha. Las diligencias son vanas: Yo he de quedarme. Y yo aquí con amor, y tierno llanto aconsejarte, hasta tanto, que hagas aquesto por mí. Mira que importa tu vida, para otra ocasión mayor; mira por ella, señor, no quieras verla perdida. Vénzate aquí mi porfía, que por mi ciencia, esto es llano, se que el laurel soberano has de tener en Ungría. Mi estudio faltar no puede, según los Astros influyen, por señor te constituyen todos, el amor se quede. Haz aquí lo que te advierte mi lealtad, que pues te adora Clotilde, su amor mejora con la dicha de tu suerte. Qué dices Teuclo? Verdades: El cetro has de gobernar con aplauso popular, y conformes voluntades, Y esto quedándote, viene a corren gran detrimento; pues sabes mi pensamiento, qué aguardas? qué te detiene? Podré despedirme? . No: que tienes amor, y es bella Clotilde, y esto a tu estrella podrá ser estorbo: yo la declararé tu pena. Que si la llegas a ver, no será posible hacer lo que mi consejo ordena. Yo de su beldad hermosa seré adlante en esta ausencia, y de su honor mi presencia será guarda cuidadosa: huye el riesgo. Estoy sin mí: ya es fuerza el obedecer. Resuelueste? Qué he de hacer. Vida me has dado. . De ti, tengo pendiente la mía. Puedes con seguridad. Sí, pero la Majestad? Será loca fantasía, No triunfara? Será engaño. Y la violencia? Desvelo. Quién ha de estorbarla? El Cielo. . Porfiara. Verá su daño. Es tirano. . Dios es justo. Es cruel. . Dios es clemente. Y el rigor? Será indecente. Por qué? Porque falta el gusto. Todo lo dejo por vos. Por vos veréis lo que haré. Vida con eso tendré. Filipo, adiós. Tencio, adiós. Señor Qué decís? Que aquí ay algunos memoriales, cuyos dueños os suplican que se vean, y despachen. No quiero verlos ahora: cantad algo. Qué indomable es su adusta condición, horror da ver su semblante. Qué hacéis? Templo el instrumento. Aquí venís a templarle? idos fuera: Secretario, bórrenle luego losgajes, no sirva en Palacio más Camilo. . Gran señor. Baste, contra lo que yo dijere, no ha de replicarme nadie: salios fuera, y buscad luego Secretario, hombre que cante sin templar, que es insufrible el andar mudando trastes, y clavilas, que ese tiempo que se entretiene, es más fácil que con la voy le divierta. El instrumento se hace, y compone de las cuerdas, y estas no aprovechan, si antes no se organizan, y ajustan, porque con la voz igualen, dando al viento suspensión. Y así quien sin templar cante, puesto que el cuidado mío lo procure, será hallarle dificultoso en extremo. rque nadie diestro sin instrumen que es de adonde la voz pues con su compas se: el natural con el arte, el es impo que pueda ser. . Igno rante, eso que no puede ser, es lo que quiero que se halle. Los Reyes muestran el serlo, pidiendo dificultades, que esa es la soberanía, de que a todos se aventajen. Porque a hacer lo que decís fuera con vos igualarme. Leed memoriales ahora: nada puede sosegarme, todo es tormentos el pecho; insufribles son mis males. Aquí Julio Macedón, dice, que sirvio en las grandes guerras, que sobre el Imperio tuvo, señor, vuestro padre; Está viejo, pobre, y pide no premio a servicios tales, sino que pues consta bien, lo que por los libros Reales se le debe, que se ajuste, y que mandéis se le pague; que los Contadores tienen, remisión en despacharle, y el quisiera descansar. Decid que hasta que me canse yo, de decir que no sirva, que sirva; y no le despachen los Contadores, que quiero de aquesta suerte enseñarle, si es acaso no pedirme, el pedirme, que le paguen? no es premio el pedir dinero. otra cosa. . Clarinarte, dice que Cesió dio muerte a su hermano está en la cárcel tan valido de los Jueces, que tratan de libertarle. Pide mandéis se castigue, pues el delito es tan grande sin dar lugar al perdón. Porque le mato? La parte, que en aquesa cuadra espera lo dirá. . Haced que la llamen, Id por Clarinarte. Hay muchos que pedir justicia saben, por codicia de interes, y estos deben castigarse; pues perdonan por dinero, y vendan su misma sangre: veré la culpa del preso. Belo vustros pies Reales. Alzad, decid que ocasión tuvo Cesio, Clarinarte para matar vuestro hermanos Ninguna a justisicarse ha llegado. . Pues sin ella pudo aqueso ejecutarse? no es posible: por mayor que se ha dichos Que en la calle le dio un boferon mi hermano. Luego hizo bien en matarles Fue a traición, y no hay testigo que lo afirme, No es bastante el que se diga, no veis que aquellos que fueron parte en saberlo, le tuvieran a Cefió por hombre infame si no vengara su agravio? Quien ofende ha de guardarse, que el ofendido, esto es cierto, no ha de llegar a buscarle de que le quiere matar. Por repuración se hacen muchas cosas! si ya el vulgó murmuro ofensa tan grande; a estaba atrentado Cefio, hizo muy bien en vengarse, y no es venganza justicia, justísimo fue el matarle, y justicia es que los Jueces le favorezcan, y amparen. Socretario, salga libre Cefío. Mandad que me pagué el interes que ofrecía, porque yo le perdonase. Cuánto era? Ducientas doblas. Pues decí, en qué reparasteis? En que era el interes poco, Llegaráis a perdonarle, si os diera más cantidad? Sí señor. Vender su sangre es delito sin castigo: que pueda ser tolerable a tal culpa? vive Dios que os tengo por hobre infame, y a todos los que perdonan por dinero en casos tales. De modo que por ser poco el interes, memoriales me dais, culpando a los Ineces? Salga luego de la cárcel el preso libre, y sin costas; porque quiero que las pague, las que se hubieren causado en el pleito Clarinarte, porque lleve algún castigo en la culpa que le cabe. Mire vuestra Majestad. No tenéis que replicarme; libre Cefio, y vos las costas. Secretario, id adelante. Yo voy muy bien despachado. Livia dice que Lisarte Conrado, forzó a su hija. Cosas escucho notables; forzar sin gusto no hay fuerza. Mas que pide, que le mande que se case? . Sí señor, o a lo menes que se pegue, para que ella pueda hacerlo, pues tiene hacienda bastante, y ella es pobre. Que no quiero, ni que pague, ni se case; que en lo que ella tuvo gusto, no he de forzar voluntades. otra cosa. . Extraño modo de gobierno. Id adelante. El común dice que tiene imposiciones tan grandes, que cesa el trato, y comercio, y pasan necesidades, piden se las aliviéis. Que de nuevo se les carguen otros pechos, y tributos, para que puedan quejarse con razón; cuando otra vez lleguen a dar memoriales, que yo se que en lo que venden saben muy bien desquitarse. Césarino, y Curcio piden dos gobiernos. . Disparate. Decildes que no harán poco esor dos en gobernarse a sí, que lo han menester, que sos mozos, y no saben de economicos gobiernos lo que es a ellos importante. Que se contentenahora con aplausos populares, ocios de la juventud, y que de mandar no traten que el gobernar singo es escuela de ignorant Estos. Basla So ove ados, ya solas dejadme. Con obedecer respondo. Todos, que son mis pesares tan grandes, que a solas quiero de mi fortuna quejarme. Ay Clotilde! que veneno en tus ojos celestiales tienes, que me has dado muerte; mi mal es intemediable, mi dolor es insufrible. Yo soy Rey, y sufro tales desprecios? yo soy de Ungría quién ciñe el Laurel constante? no es posible pues que muero. Del pecho, del pecho salen exhalaciones de fuego, entre abismos de pesares, que desvanecen mi orgullo, Qué importa que cruel me llamen, ni que obstente mi poder soberanas Majestades, si en la ocasión, ay de mí! del no puedo aprovecharme. Una mujer; pero miento, no es mujer Clotilde es Ángel, me tiene sin albedrío, en lóbrega, y triste cárcel de confusiones, y ahogos, cuyos tormentos añaden, pena, a pena los rigores. Pero qué discursos hace laideano soy de Ungría, y Alemania Rey de Marte, asombro, horror de los hombres, y prodigio de crueldades? No soy el que sujetó desde el Tigris al Eufrates, las corrientes cristalinas? trocándolas en corales, de su plata esmalte hermoso, y guarnición de su margen? No soy del Danubio undoso la fiera más indomable, el acero más temido, y en cuyo sujeto caben; horrores, crueldades, iras, y pecados derestables? No di muerte a dos hermanos? no fui de la de mi padre causa, pues la mano puse en sus canas venerables, cuyo atrevimiento hizo a esos Orbes celestiales estremecer? no soy quien hoy quiso a Filipo darle castigo, pues de su vida casi vio el último trance? No soy azote del mundo? no soy de la muerte imagen, pues de mirarme impaciente titúbea por instantes? No soy yo, que basto yo para que el mundo se espante? pues porque de una mujer, dudas han de acobardarme: Trebacio, su hermano altivo, contra enemigos alfanjes fue a la guerra, nada puede impedirme, ni estorbarme la ocasión de mi deseo. Guzare a Clotilde antes que el Sol jirando epiciclos, por entre Orbes de celajes, salga a coronar los Montes, donde los ruegos no valen. Es poderosa la fuerza, el atrevimiento, fácil; la violencia, permitida; la injusticia; desculpable; la crueldad, piadosa acción. Aquesta noche mis males tendrán fin; pues de Clotilde, he de ser robador Paris, adlante de su hermosura, su honor lisonja del aire; que un Rey con poder vamor en suceso semejante es rayo, y yo soy abismo de prodigios, y crueldades. Famosamente habemos caminado sin peligro estas ya, Dios sea soado; los Caballos lo han hecho lindamente: descansa un poco ahora que esta suente, que en cristalinas sierpes se desata hasta que al mar tributo paga en plata, convida a todo deja sentimientos. Ay Maltes, que son muchos mis tormentos! aquíen a sucedido pesar tan grande? poco te he querido Clotilde, pues mirando esta partida, el dolor no ha acabado con mi vida. Mi hermano, o cuel tirano! fiera es mejor llamarle, que no hermano; me apartó de tus ojos, porque crezcan por puntos mis enojos. Que no me despidiese, que de Buda saliese sin verte, no esposible: quién en amor vio caso tan terrible? Su virtud me asegura, mas tiene el Rey poder, y tu hermosura, y yo tan poca dicha, que aseguro por puntos mi desdicha. Teuelo, porque has querido privarme de mi biens pierdo el sentido; volvámonos. . Adónde? A Buda. . Advierte, que eso es buscar tu muerte: y contigo a la Corte, aquesto es llano, no he de volver, por vida de un hermano, de quien nunca he sabido, por estar no se donde entretenido, Yo al Rey ver el semblante, antes me fuera a Fez, o a Tarudante, con Turcos enemigos: no es semblante de amigos, el que muestra en la cara, es ro si en ello se repara, porque es encapotado, y tan severo, que en diciendo esto quiero, tiemblan como azogados siempre en Palacio todos los criados. De dos hermanos fue fiero homicida, y quitarte también quiso la vida, puso en tu padre; acciones in humanas, la mano, sin respeto de sus canas, por cuyo sentimiento goza divino, y soberano asiento. Pues que piedad esperas de su crueldad, si aquesto consideras; si te vas, yo me quedo, porque a tu hermano le he cobrado miedo, y no quiero con el cosa ninguna que es persona importuna; de más de que los dos no nos tratamos, bien estamos, señor, adonde estamos. Maltes, mi mal es fuerte: tú has de volver a Buda. Escucha, advierte; sabes lo que te he dicho? por Dios que es extremado tu capricho, En el primer lugar, para Clotilde he de escribir, y has de ir. . Por una tilde, a esa, razón no pases adelante, tilde, y tíldame amí, di ese portante. En un Caballo irás. . No lo procuros ni en una nube allá no voy seguro. Fuerza es el escribir, y disculparme. También viene a ser fuerza en mí el quedarme, Vive Dios majadero. Luego te has de enojar porque no quiero? que sobre mi han de dar estos combates. Al bruto arrimaras los acicates, y podrás en Ungría ver a Clorilde, sin que espire el día: en el lugar ha donde yo escribiere, te esperare Maltes. No es bien que espere. . Por qué? se que han de matarme; y así será excusado el esperarme; como ha de sucederlo juzgo todo. Tú sabrás disponerlo de otro modo. Tan deigraciado soy, es caso llano que he de dar al momento con tu hermano. De ver que a Bada vas, te envidio. . Tente, que yo te envidio a ti más justamente, porque te quedas. . Ven, y escribiremos. Vuersácedes verán lo que tenemos; algún Mágico honrado venla ahora aquí piatiparado. . Por que? Porque estos sin andar en cuento: vuelan cuando hay peligro por los vientos; y era caso acertado ser en esta ocasión de uno criado. Clotilde hermosa mi disculpa advierte, Clorilde, si por ti me dieren muerte, que me hagas blen te pido: que esto y a yo lo llevo prevenido, Que en efato se partió Camila? no estoy en mí, como he de vivir sin ti Filipo, amándote yo? sin verme, rigortemble! que ha de hacer? que estoy mortal; porque es pena desigual, y el sustirla es imposible. No me atormentéis temores, porque en esta iriusta calma no puede sufrir el alma tanta fuerza de rigores. Ala Rey injusio, y tirano! sin gusto quieres que quiera: puede en la Libla haber fiera tan crael contra un hermano! Cuando Traba lo en la guerra te sirve leal, y fa procuras de aque esta suerte su deshonra? en tan grande la humanida? tal modo de agradecer? Pues no piense tu poder contrastar mi voluntad, que he de salir victoriosa cont a tu acción inhumana; que soy de Trebacio hermana, y soy de Filipo esposa, Qué mujeres de valor, y de sangre esclarecida, primero pierden la vida que aventuren el honor. Sí, pero el Rey? Qué desdicha! Fuera acción bien excusada Clorilde, el pedir licencia para entrar, quien toda el alma os tiene dada, y así, ella hasta vuestra cuadra he llegado . Trance fuerte! lraña! aliós fuera. . P ara que! Para que es gusto mío, que de aquí se vaya. se templará con razones, que multíplican las ansias. Piedad os pedí, Clotilde, no consejo; en esta cuadra estamos solos los dos, y he de lograr mi esperanza. Primero ese globlo azal verá en la tierra su máquina, y las arenas del suelo tocarán las luces sacras. Primero del Flrmamento, parará el móvil, el agua será tierra, negio el Sol, la nieve arrojará llamas. Será el fuego hielo frío, la noche día; y la clara laz será lóbrega sombra, que el honor que en mí se halla pierda, que soy firme escollo, a quien el mar no conrrasta. Qué fuerzas hay contra un Rey: las de Dios, que es quién me ampara. Ver en efeto deseo, qué prodigio me amenaza! . La tierra exala bostezos de fuego, con fuerza tanta, que acobardan el discurso: horror, y temores causa al alma, y envuelta en hielo, la respiración la falta. Coamigo, divinos Cielos! tal riedza. Mas qué me espanta? si son todas ilsiones de algún encanto animadas? Cobardía en mi valor, cuando la ocasión me lla que ciega imaginación! qué locura tan extraña! Llegaré al bien que procuro. , z No podrás, que Dios la guarda, para honor de aqueste Reino. A qué esperan mis desgracias? todo eshorror, todo es sombras? conmigo cobardes trazas? conmigo encantos supuestos? Con el enojo, y la rapia homito rayos de ira; Cielo,! porque crueldad tanta? porque ejercitas violencias cotra un Rey, contra un Monarca? Vive Dios que son lujestos los rigores; y que es vana vuestra defensa, sabiendo, que con el poder se allaban los mayores imposibles: Pues antes que el Sol mañana dore con su luz los montes, he de hacer que esta tirana, aunque la defienda el cielo, de logro a mis esperanzas; de sosiego a mi inquietud; y dé a mi dolor templanza. Caminé en el pensamiento; pues de Clotilde la casa es esta, y en ella estoy: di con lo que recelaba. Esta es ya resolución, y estriba en ejecutarla, el crédito de ser Rey. Al primer tapón zurrapas: viome. . Quién es? Y esto que me No respondéis? Sí señor: yo soy la misma desgracia, un hombre que huyendo viene de la justicia, por causa de una muerte; porque, cuando, digo, la turbación basta, para acreditar mi miedo. Este con Filipo estaba, que en Palacio algunas veces le vi con él, y se llama Maltes, disimular quiero: que carta es esta? Cuál carta? Esta que se os ha caído. Aún peor está, que estaba: el pliego para Clotilde es aqueste, con que traza, pues le perdí con el miedo, podré de desdichas tantas librarme? . Es vuestra? No entiendo. . Decidme, es vuestra esa carta? No señor. No la traíáis? Tampoco. Pues a esta cuadra quién la trajo? Algún demonio. Alzalda. . Eso le tocana más bien a quien lu perdió. veisla aquí. Decid, no estabais con Filipo? . Ni conozco quien es; porque yo en la mancha serví a Pedro de Berrueco, un Tejedor de Granada, que fue Peraile en Segonia, y de allí fue a Salamanca a estudiar, y por la peste vine a Ungría, y dejea España, año de nover y en las Galeras de Maltá hago oficio de Doctor. Que bien su traición disfraza; eslabonando locuras: como es vuestro nombre: Sarria, Gallego de Orgaz legítimo; un lugar, que es en la Sagra de Toledo. . Ver pretendo; lo que contiene la carta. Ropio la nema, aquí es Troya, mi vida esta vez se acaba. Mi bien, Clotilde, las cruel dades de Federico me han apar- tado de tus ojos con tanta vio- lencia, que aún lugar de despedirme no tuve, que el poder todo lo atro- pella Tevelo, a quien un tiempo tuve por Ayo, y Maestro anima- do de su lealtad, me declaró un secreto de grande importancia para los dos: es fuerza el callarle, hasta que llegue su ejecución, baste decirre, que el cielo ha de dar castigo a los desaciertos de ese tirano, y que nos habemos de ver sin este embarazo dichosísimos; la tristeza con que quedo en Mira. flor, te dirá ese criado, hablaa Tevelo, y no dilates la respuesta por el peligro que puedo tener, si le conociesen. Dios te guarde. Aquí es menester prudencia: Tevelo en estas cosas anda? yo sabré de él lo que dijo, o un Verdago en su garganta ejecutará mis iras Vení acá, porque negabais esta verdad? Qué verdad? ocesión de santas de valga en esta ocasión, que sean de buena data: di con ella, Santa Ursula con su compañía me valga, que fueron once mil Vírgenes: parece que pierdo él habla, todo es miedo. . Qué decís? Digo, que no digo nada. Sois un villano, un traidor; pues enidencias tan claras negabais? Soy fiel criado, cuya novedad bastaba, para que me perdonaséis, que en este tiempo no se hallan, sino criados que dicen de sus amos muchas faltas. Pero yo soy desdichado, sirvo bien, y medro apausas, como sangría; en fin soy criado de ley, que basta, para ser tan desgraciado. Porque no descubra nada . quiero hacer que este se vuelva, que el secreto es de importancia, para saber el disinio, que trae oculto esta carta. Luego al punto, entendéis, luego, que el mataros fuera infamia. Tenéis en eso razón, que os sobra, y resobra. Basta: salid de Buda. . Yo voy. Y mirad, que en esta casa no os vuelva a ver otra vez, ni en la Corte. Lo que manda Vuestra Majestad, haré con puntudidad extraña. Andad. No acierto la puerta, que mi turbación es tanta, que cuanto encventro es paredes, y estorbos. Teneos. . Me falta el sentido, perdonadme. Esta es la puerta. En el alma me huelgo de conocerla, para servirla, y no es paga a tal favor. Id con Dios: que me quieren mis desgracias? que me quiere mi fortuna? y mi paciencia a que aguarda? Filipo contra mi gusto, a quien el alma idolatra, tiene por dueño? mis leyes de esta manera quebranta, despreciando mi poder? Vivo yo, que en cuanto abrasa ese globo cristalino, que con celajes de nácar es dibujo de las flores, y alimento de las plantas; no ha de estar de mi seguro, que a eterno nombre me llama la soberbia que me anima, y el valor que me acompaña;

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Quién eres prodigio horrible, que con sombras aparentes de mi quietud me levantas, para que entre dudas pene? Aborto, o vestiglo fiero, quién eres, que de esta suerte al alma causas horror, convirtiendo el fuego en nieve? El corazón surca abismos de hielos, dime: quién eres fantasma, sombra, o visión? no respondes? no detienes el paso? pues vive Dios, que con mis manos. Detente, no pases más adelante, que te estará mal el verme. Mas con aquesto me incitas a que con verás lo intente. Tu imagen soy, Federico. Válgame el cielo! no llegues, que causa horror el mirarte. Escarmienta en mí pues tienes de lo que has de ser la imagen en mi forma; vuelve, vuelve atras los pasos, y mira, que su castigo previene Dios a tu crueldad, enfrena la condición, no te lleve la inclinación, Federico, al rigor: si no te vences, te aguarda un fin desdichado, como me ves, has de verte. Prodigió horroroso escucha, espera, aguarda no dejes al alma entre tantas dudas. La imagen vi de la muerte, en cuyo fiero semblante lo que he de ser me previene: el corazón temeroso del pecho salirse quiere. Todo es horror cuanto toco, el esfuerzo desfallece, el valor todo desmaya, Clarinarte, Arnaldo, gente, hola, todo es confusión: Pero de ilusiones leves se acobarda mi valor? yo humillarme? yo vencerme? no es posible, aunque la tierra por sus concazos bostece prodigios, que me acobarden, ni sombras que me amedrente, Ilusión fue del sentido, que no verdad aparente, cuanto vi, que siempre el sueño hacer estas cosas suele. Gozaré a Clotilde hermosa, daré a Filipo la muerte, verá Ténelo mi crueldad, que ya en una torre tiene de su atrevimiento loco, el castigo que merece. De ella saldrá sin la vida, avisos en mí, no pueden ser estorbo, ni es posible, aunque los cielos lo intenten, vencer yo mi inclinación; pues justa en esto a ser viene. Emperador de Alemanía soy, y de Ungría mis sienes ciñen el laurel sagrado; pues quien oponerse puede a una Majestad tan grande? Quiero a mi cuarto volverme a dar treguas al cuidado, los recelos se destierren, desvanézcanse las sombras; y desde hoy mi nombre llegue a ser espanto del Orbe, para que la tierra tiemble, para que el mundo me admire, para que la fama ostente aplausos a mi crueldad, y a mi inclinación laureles. El Rey me tiene sin mí, al Rey amo, al Rey adoro, perdone el justo decoro de Clotilde; porque aquí viene a importas más mi gusto, que su honor, yo he de intentar una acción, que he de lograr, y un pensamiente, aunque injusto. Yo quiero al Rey, cuando el mue por Clotilde, y procurar (o dar a mi pena lugar, sin engaño, no se espere; aquesto no es ser cruel, yo he de fingir, que mi prima amante su amor estima, y con su nombre, un papel le he de dar, con cuyo engaño saldré del rigor esquivo, por quien tan sin alma vivo. La noche asegura el daño, que de esto puede venir, mi estrella vencer no puedo, nadie amando tuvo miedo, mi industria he de conseguir, con nombre de quien adora, el intento amor anima, antes soy yo que mi prima; no ay culparme de traidora, que por gozar la ocasión, no seré yo la primera, que yerre de esta manera, faltando a su obligación; demás de que el daño aquí, si sin pasión se repara, no es a ella, cosa es clara, que el daño todo está en mí: la culpa que viene a ser, es ver mi facilidad; pero de una voluntad, quién se ha de poder vencer? Por aquesto he dilatado la ejecución; pero ya tan resuelta el alma está, que culpa lo que he esperado. Noche, ayuda mi osadía, que no es muy dificultoso, de un corazón animoso, amparar la valentía. Ayúdeme tu poder, fortuna en esta ocasión; pues para la ejecución tengo amor, y soy mujer, Prosigue. . Fui en efecto, como mandaste a Buda, y con secreto entré en cas de Clorilde recatado, obedeciendo el orden de criado, para darle la carta que llevaba; y cuando imaginaba felicidad en todo, encontrés (extraño modo de desdicha, y de pena) la causa del pesar, que me anajena de discurso, y sentido, perdí la carra, de temor vencido, y el Rey, causando enojos, con solamente revolver los ojos, su crueldad me mostró, con que mi miedo, que fue mucho mayor, decirte puedo, vien sois, me dijo airado, no acerté a responderle de turbado; puesto que eslaboné con la agonía quimeras que firmo mi fantasía. La carta me mando que levantase; y yo le obedecí; no es bien que pasa en silencio el cuidado, con que entonces me vi; pues desmayado, casi de las razones me vi ajeno, de confusión, y de pesares lleno; y fue tanto el pesar del desconcierto, que estando vivo me juzgué por muerto, Rompió la nema, y yo quedé difunto; pues la carta leyó punto por punto. Acabó mesurado, con decirme, que si era tu criado; pero yo, que advertí sus zancadillas, le negué lo contrario apie juntillas; y si buscara nuevos desaciertos, le negara lo mismo a pies abiertos: que son de Efesión aquestos labios, cordura que ejercitan muchos sabios. Traidor villano, me llamó al instante, demudado el color, fiero el semblante, el aspecto furioso, como Tigre rabioso, que sus rigores con los brutos prueba, cuando el hijo le falta de la cueva, Aquí de entre sus brazos, pensé, señor, salir hecho pedazos; pero retrocediendo de su crueldad, su enojo reprimiendo, trocando su castigo en piedades de amigo, que este nombre merece acción tan justa; de que me vaya gusta, dándome permisión para que vuelva, ha ver de Miraflor la hermosa selva. Con aquesto partí con tal presteza, que al viento dejó atrás mi ligereza; pues hice al bruto vayo impensada cometa, o veloz rayo; sin que a Euda volviese el rostro; pues temí me sucediese, lo que a la esposanecia, y inadvertida de Lot, que quedó en piedra convertida, por no hacer otro tanto; pero si era mujer, de qué me espanto? Esto es lo sucedido de Clotilde, ni fui visto, ni oído, la traza salió en vano; pues buscando a Clotilde, hallé a tu hermano. Desgracia prevenida antes de mi partida, que tengo Astrología en mi desgracia, a imitación del Músico de Tracia. Forzome el consonante, nadie de ver la impropiedad se espante, que no ha de ir siempre un hombre hasta el Parnaso a buscar los conceptos cada paso: que yo donde viniere, pues puedo he de decir lo que quisiere, que a mí me cuesta mi trabajo todo, y no he de andar acelerando el modo, De la materia salgo, ya lo veo, tu descanso deseo, procurale tener, que en casos tales, en penas, y tormentos desiguales, importa la prudencia, usa de ella, y ánima la paciencia. Que a Clotilde no viste? que con mi hermano diste? que la carta leyó? yo estoy perdido; pues por ella mi intento habrá sabido. Teuelo ha de confesar lo que me dijo, justamente me aflijo, y esto ha de resultar: contraria suerte! en darme a mí la muerte; que haré Maltes? que en tan confusa calma, batalla el corazón, y teme el alma, El cuidado se aumenta, la pena se acrecienta, el discurso se apura, el daño se apresura, las palabras se estrechan, los remedios de nada no aprovechan, todo es caos mi desvelo, todo tormento, y todo desconsuelo. Pero si soy amante, porque han de acobardarme lo arrogante de un hermano alevoso? no soy Fllipo, y de Clotilde esposo? Pues cómo, ay Dios! permito, que estando ausente logre su apetito este prodigio de crueldad violento? Volver a Buda intento, que no es bien que a Clotilde se haga ofensa, cuando puedo asistir a su defensa. Maltes, sigue mis pasos, que en semejantes casos daña la dilación, vamos a Ungría, que quien amando tiene cobardía, de quien es degenera, vina mi honor, y Federico muera. Oye señor. . Ya estoy determinado. Mira que. . El detenerme es excusado, esta es resolución . Llámola muerte. Nunca quien ama, en el peligro advierte: yo parto a Buda. Parte en hora buena, que yo entre tanto prevende la cena para cuando volvieres. Luego dejarme quieres? No ves que la palabra al Rey he dado, y que a fuerde hombre honrado debo cumplilla. . Aquesta vez no puedes; conmigo has de ir. Yo estimo las mercedes que me haces, más es fuerza aquí el quedarme. También Maltes, es fuerza acompañarme, Juro a Dios que me apuras infinito: pero yo a mi palabra me remito. Tú no la quiebras, que yo te hago rompella, Podrá reconvenirme el Rey con ella, y castigarme, y esto incra exceso, siempre lo que ofrecí cug plis profeso. Ve a en A ensillar? ya está en lla Pues a partir Maltes, que mi cuidado no tiene sufrimiento. Con licencia de ustedes oye un cuento Qué mi paciencia espera? Vusted le ha de escuchar quiera, o no quiera. Por el camino. . Y ahora? Es imposible. Por Dios que estas terrible: en fin he de ir contigo? . Caso es llano. Yo me tomo la muerte con mi mano, pues quiebro la palabra que había dado: pero bien sabe Dios que voy forzado. Clotilde hermosa a tus divinos ojos, vuelvo a ofrecer el alma por despojos: hoy de un injusto Rey fiero homicida, te he de librar, o he de perder la vida. Y será cosa nueva, yo no voy a morir, que otro me lleva. Murio Teuelo? . Sí señor, en la torre donde estaba. Quién ser traidor procuraba, bien mereció mi rigor. Mucho el vulgo lo ha sentido, que era con extremo amado. Siéntalo, o no: mi cuidado con eso alivio atenido, su alevosía pagó, y yo mi enojo vengué, pequeño castigo fue a la traición que intento. Solo falta que mi hermano, el mismo castigo lleve, y que mis rigores pruebe, que es un cobarde, un villano, un alevoso, un injusto, un ingrato, un desleal, pues a su Rey natural le quiere impedir el gustos vide Dios! pero dejemos, esto para otra ocasión, y sepamos la intención de este papel, pues tenemos lugar, que me dio recelo el dármele con tal prisa, y a tal hora, y es precisa la confusión, si el desvelo no me saca de esta duda. Que es cierto que conocío quien me le daba, que yo era el Rey: suspensa, y muda llego una mujer a mí, con la noche recatada, y dijo; yo soy criada, tomad, y haced lo que aquí se os ordena, y fue el acento, y el irse tan impensado que al seguirla mi cuidado; la vio sombra, y la halló viento. Llegasteis vos al instante, y yo llegar no he podido adonde le haya leido, y viene a ser importante salir de esta confusión. Vuelva vuestra Majestad a Palacio. . Es necedad aumentar la dilación; antes le pretendo ver. La noche no lo asegura, porque con la sombra oscura dificultoso ha de ser. Qué luz es aquella? Tiene allí a la Virgen del Valle, un vecino de esta calle, y cada noche previene luz, que la Imagen alumbre, que tiene gran devoción conque arda siempre. No son cosas que dan pesadumbre el ver esta hipocresía: devoción tiene? bien hace si de eso se satisface. Templare la pena mía, saldré de esta enigma presto, y si es para mi sabré, desde esta piedra podré leer mejor: pero qué es esto? las espaldas me volvéis? Hasta en vos hallo rigores? siendo de los pecadores amparo; qué me queréis? no advertís señora vos, que es impropia la crueldad en quien es todo piedad, y en quien es madre de Dios, ̱. Prodigio extraño! volvio la Imagen el rostro: quiero aunque tema el rigor fiero del Rey, irme, que quien vio este espanto, aborrecida tiene el alma, si otro aguarda, el castigo me acobarda de Dios, no el perder la vida. Señora en que os desobligo para que estéis tan cruel, que culpa es leer un pape! para tan grande castigo? Pero grande hyerto fue, los indicios son bien claros; veros, y no respetaros, pues el sombrero os negué. Mi ciega desenvoltura, bien claro he llegado haber, que siempre se ha de tener respero a vuestra piutura. Mas qué digo? ilusión vana ha sido cuanto ha pasado; pues que espera mi cuidado que este imposible no allana. Si la espalda me volvio la Imagen, aquí luz queda con que leer el papel pueda, que es lo que pretendo yo. Rompó la hema: Roberto, la luz en confuso abismo dio el postrero parasismo, pues de repente se ha muerto. Hola, todo me a faltado; que confusión! qué desvelo! entre la pena, y recelo, me cubre un sudorelado. Presagios es cuanto toco, horrores es cuanto piso; esta advertencia, este aviso del Cielo es, su auxilio invoco. Por puntos la pena crece, ya es mayor la turbación, ya desmaya el corazón, ya el aliento desfallece. Entre Caribdis, y Scila, nauega mi pensamiento, y entre tan fiero tormento, la paciencia me aniquisa. A un prodigio otro prodigio, a un aborto otro mayor, pues no me ha de dar temor cuanto encierra el lago Estigio. Que soy Rey, y no ha de haber, aunque lo llegue a intentar, quien me pueda contrastar, que para eso es el poder, la majestad, la grandeza, el rigor la tiranía, la crueldad, la Monarquía, la inclinación, la espereza. Y finalmente: mas creo sino me engaña el sentido, que en la calle sueña ruido, gente es: ver quien es deseo. El amor de hermano fuerza Enrico, a que disfrazado. venga a Buda, y aque deje seis millas de aquí mi campo, donde al punto volveremos. Y pues ya en la calle estamos. de Clotilde, solo quiero pagar su amor con los brazos, que a su virtud conocida todas mis dichas consagro, la suerte de mi fortuna, y de la victoria el lauro. Dichoso sois en tener tal hermana, pues es llano que su virtud es crisol de perfeción, y dechado de las ilustres Matronas, que tanto se celebraron en la antiguedad; Ungría con generales aplausos la venera. No apercibo las razones, y me enfado ya de tantas dilaciones, y será mejor hecharlos de la calle, porque aquí no consienten mis cuidados que este nadie, que este puesto para mí esta reservado. Parece Énrico, que allí ay gente si no me engaño: reconocer es forzoso pues es de mi casa el paso quién es? Quieres que yo llegue? No detente que yo basto. Un hombre se acerca, quiero usar de lo temerario castigando su osadía. Quién es? Ganó por la mano: eso es lo que yo pregunto, como guarda de ese paso. Los que son nobles, de noche nunca el nombre declararon, A mí todos me le dicen en llegando a preguntarlo: vuélvanse que les importa, sino quieren que este brazo ejercitando violencias, prodigio aborte de rayos. De esta manera respondo. Morir pretendo a tu lado. Todo es poco a mi valor, si fuerais más que ese manto azul tiene estrellas, fueráis nada para mí, Villanos. Válgame Dios! muerto soy. Un amigo me has quitado, mas yo vengaré su muerte con la tuya. Ten el bras la espada he perdido, a Cielos! siempre con rigores tantos me tratáis: hombre que quieres? Dara tu soberbia el pago que merece, y dar castigo con tu muerte a dos agravios. Que mayor venganza quieres, que verme a tus pies postrado. No admito humildades tuyas, Ya es fuerza (terrible caso) decirte que soy el Rey, ten la espada. Cielo santo! es sueño, o es ilusión? en gran peligro me hallo: señor. . Ah Cielos injustos! quién eres hombre? Trebacio soy, que puesto a vuestros pies, no piedad, la muerte aguardo. Pues cómo estáis en la Corte? Señor, el amor de hermano, me trujo a ver a Clotilde, dejando en Alcís el campo, cuyo triunfo. Volveos luego, que eso es para más despacio; y hasta que entréis con la gente no volváis, que es desacato, el que hayáis venido así, y dejado los Soldados. Pero de este atrevimiento, de mi ofensa, de mi agravio, sabre tomar la venganza. Yo rendido? yo postrado? pero el enojo que tengo para otra ocasión le guardo. Quién es el muerto? Señor, Énrico; penas aespacio, bástanle al alma las dudas, no multipliquéis cuidados. Haced porque este secreto quede en los dos sepultado; retiradle donde el Sol aún no descubra este caso. Alza esa espada, y vos luego volved al campo Trebacio, y sin mi aviso no entréis en la Corte; aquesto os mando como Rey, y como Rey sabre también castigaros, si atropellando obediencias, del respeto no hacéis caso. Mi resolución sabéis, mucho os advierto callando; no os fieis en el valor que soy Rey, y vos vasallo. Qué enigmas son las que advierto! cuando victorioso aguardo honores, hallo castigos, por premios me dan agravios: tal crueldad! tal sin razón, en quien se ha visto, ni hallado? pero quien falta a ser Rey, no es mucho que sea tirano. No alargüemos el discurso; confusión obedezcamos al Rey: la muerte de Enrico, es lo que me halastimado, llevarle a mi casa intento, porque mañana despacio se le de honroso sepulcro. Hacia esta parte, o me engaño, perdí el sombrero; un papel encontré junto a el: cuidado o curiosidad me obligan a que le guarde, hasta tanto que pueda saber, si importa a quien le perdió el hallarlo, pues será ácil con esto que otra vez vuelva a sus manos Voy pues, que antes que mañana aquese farol dorado bostece sobre esos montes bordándolos con sus rayos, grandeza de su poder, tengo de volver al campo, porque Fejérico advierta, cerle me hallano, y que dejo por su gusto, mi gusto con valor tanto, que falto a leyes de honor; por cumplir las de vasallo. enmrieda de Dile al Rey el papel de mi amor, ciega, en nombre de Clotilde, que quien llega a tener pasión tanta, a cualquiera imposible se adelanta. Que quiero prevenida con este engaño dilatar la vida, y vencer las pasiones, que en el pecho encárcelan las razones. Seguro he hallado el modo, que el ser mujer lo facilita todo, no hay que temer; mas Cielos! o el sentido se engaña, o en la cuadra siento ruido, el Rey será sin duda, todo sin luz está, todo me ayuda lograré la ocasión; pero qué veo? o es ilusión, o imagen del deseo. Clotilde es, y Trebacio; a espacio confusión, penas a espacio. Pues no me han visto, el irme es deprovecho; si el Rey viene, mi ardid está deshecho, y así es bien prevenir en tanto daño paciencia el corazón, y yo otro engaño. Qué es esto hermano? qué es esto? porque con tantos ahogo; quieres dar tormento al alma; cuando en el campo te noto entras con un hombre muerto, hasta la quietud que gozo, y dejándole en mi cuarto, de ti mismo receloso, sin decirme la ocasión de este prodigio, o asombro, quieres volverte a partir, en que de penas zozobro. Dime la causa, no quieras dejar el pecho dudoso, suspenso el entendimiento; mira hermano que me corro, mira señor, que me ofendo; mira Trebacio, que noto que el no fiarte de mí; cosas que ignoradas lloro, es no tener confianza del valor que reconozco en la sangre que me anima triunfo de que más blasono. Acaba de declararte, o harás que al pecho animoso desampare al corazón, para que acabe del todo vida que en tanta; desdichas por muerte la reconozco; que un tormento dilatado más mal viene a ser que todos. Clotilde, no puede ser; puesto que tu amor conozco, decirte más de que des a Énrico sepulcro honroso, Cierta fuerza a esto me fuerza, pues si aquí el silencio rompo, ni cumplo con mi lealtad, ni con la sangre que gozo: ocasión habrá algún día de que sepas mis ahogos. Quédate a Dios que volver al punto al campo es forzoso, que corre mi vida riesgo si aquí me detengo. Cómo Trebacio, entre tantas dudas los sentimientos reporto? mira que es matarme. Tente, que esa pena, ese sollozo, no asienta en esta ocasión; considera que es impropio, y que es fuerza. Qué? . Partirme sin hablar, que a este decoro me obliga un rigor tirano, y un mandato poderoso: a Dios Hlotilde. Él te guarde. Enigmas es cuanto topo; asombros cuanto imagino, y desdichas cuanto toco. Qué ilusiones son aquestas que en el pensamiento formo? que discursos los que nace el entendimiento loco? Énrico muerto, y mi hermano pensatilio, y receloso, traerle a mí mismo cuarto? y luego sin alboroto partirse de aquí ocultando el suceso de este asombro? Dudas al desvelo anmenta, caso es que no importa poco; pues él le encubre de mí, el corazón entre escollos oprimido se estremece; y entre asombros pavorosos está barallando el alma, el aliento está dudoso. la imaginación suspensa, y la razón tan sin modo, que las palabras se estrechan, y se aumentan los sollozos. El tributo natural me vence lo temeroso, me desánima, y el sueño que en el desvelo es tan propio, me obliga a que le obedezca: en esta silla es forzoso, desvaneciendo discurlos dar alivio a mis ahogos. Ya estoy a donde deseo. Sí, pero advierte señor, que es el peligro el mayor que puede ser, y que creo que ha de dar este nublado, sobre mí. Porque Maltes, si estas conmigo? No ves que la palabra he quebrado que di al R Destierra el miedo, que conmigo estas seguro. Con cuidado lo procuro, más desterrarle no puedo, porque es del Rey el valor grande. Tu temores vano; es más de un hombre mi hermano. Es más de treinta en rigor; un hombre no puede hacer mas de por uno, si fuera como yo, mas considera que quien tiene su poder, es más que todos los hombres, y esto es visto a buena ley. Dime tu cualquiera Rey, porque con razón te asombres; propongo siendo Cristiano, no es semejanza de Dios? pues la duda de los dos con este argumento allano. Dios es el todo, de todo, el Rey es su semejanza, y es muy loca confianza, quien lo advierte de este modo, el no llegar a entender que es mucho el Rey en la tierra, y que en extremo lo hierra quien no lo llega a temer. Todo lo tengo advertido; mas déjame discurrir Maltes, en lo que sentir es fuerza, pues he venido: como a estas horas la puerta abierta habemos hallado, como hasta aquí hemos entrado. sin que ninguno lo advierta. En casa tan principal tan grande descuido, ha Cielos! anuncio es de mis desvelos; pronóstico es de mi mal. Señor. . Qué dices? Tu esposa que hace dichosa tu suerte esta allí. Que es lo que advierte mi imaginación dudosa? Cielos que miro! qué miro! todo causa confusión; todo obliga a suspensión al daño porque suspiro. No me atormentes quimera, tu arrojamiento se enfrene: que pocos cuidados tiene quién duerme de esta manera? Filipo, a tu amor rendida está el alma, que aunque ausente estás, te tengo presente en ella. Cobré la vida. Válgame Dios! Qué es aquesto? Qué ha de ser, lo que te mí, vámonos, señor, de aquí; considera que este puesto es peligroso. Escondidos en esta parte estaremos, y esta confusión sabremos; tened sosiego sentidos. Con tanta turbación vengo, que al entrar en esta cuadra tropecé con mis desdichas, que en mí todas son desgracias, Llegue a Palacio; y mi pena siempre cruel, siempre tirana, ni me confiurio descanso, ni me permitió templanza. Y atropellando imposibles, animado de mis ansias, y oprimido de rigores, que me afligen, y maltratan. Sin reparar en Trebacio, ni en la desdicha pasada, vuelvo a ver; pero qué es esto? la que es de mis males causa está aquí? buena ocasión, para lograr mi esperanza. Divina luz de esos Orbes, donde el valor se desmaya, cifra del poder de Dios, donde siempre admira el alma. Promontorios de belleza; pues cuanto en ti se retrata, pedazo hermoso es del cielo; pues naturaleza sabia, después que formó tu imagen desvanecida, y ufana, llegó a romper los pinceles, la consecuencia es bien clara, por no atreverse a hacer otra; pues cuando lo procurara, ni importará su poder, ni aprovecharan sus trazas. A tus pies se postra un Rey, para que remedies tantas penas, como me atormentan; pero si dormida se halla, que discursos son los míos? a mis brazos trasladarla quiero, y llevarla de aquí, donde el fuego que me abrasa. se temple. Qué es lo que intenta? Calla señor, calla, calla, que te pierdes, y me pierdo. Villano. No hablo palabra. Yo he de sufrir. No porcierto, Tal ofensa. Fuera infamia. Matarele, vive el Cielo. De su culpa es justa paga. Llego. Tente Federico. Quién me detiene? Quién basta a atropellar tu poder. Válgame Dios! las palabras al pronunciar, detenidas se quedan en la garganta: Qué me quieren ilusiones? que me quieren sombras vanas, si el vencerme es imposible? Saldrá vana tu esperanza. Qué es esto? De su virtud. crisol, ven adonde el alma pueda agradecer al cielo la dicha que admiro. Aguarda encanto de mis sentidos: que no bastan, que no bastan, prodigios para conmigo? aunque en preñeces de llamas, horrores me confundieran, aunque eres del aire estampa, he de gozarte Clorilde, que encantos no me acobardan, No temo avisos del cielo, no me importan amenazas, no me confunden asombros; si vestiglos bomitara la tierra, para oponerse al valor que me acompaña, fueran sombra, ilusión fueran, que este aliento, que esta saña, que este rigor, que esta ira, que este enojo, que esta rabia, sabrán desterrar las sombras, sabrán dilatar mi fama, y sabrán sus justos cielos dar logro a mis esperanzas.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Papel vuelve a declarar el daño que me atormenta; vuelve, aunque otra vez lo sienta, a referir mi pesar. Si me quieres obligar, ven a verme (el alma muerta está) que abierta la puerta nada le puede impedir, la dicha de conseguir un deseo, de quien cierta está de tu proceder; que pues yo soy la que gano, estando ausente mi hermano, nada queda que temer. Cielos! puede aquesto ser? Sí, que Clotilde, ay de mí! por su firma dice aquí, lo que mi honrado honor niega; mas si es amor quien la ciega, no es engaño, verdad si puede ser; que sa virtuda se atropelle de esta suerte? Sí, que la verdad me advierte este papel; qué inquietud! tanto una solicitud puede! qué necios desvelos! que confusión! qué recelos! o ausencia siempre tirana! posible es, que de mi hermana tenga mi honor estos celos? quién puede ser? pero ya, quien es es justo que halle, que el Rey estana en la calle, y claro está que él será. Indicio bastante da de esta verdad la sospecha; pero de que me aprovecha el vacilar, ni el sentir, si ha de ser fuerza morir, sin ver mi duda deshecha. En su calle por mi mal hallé este papel cerrado, y en viéndole mi cuidado, hizo a la pena mortal; en tormento desigual, que remedio puede haber? muchos, pues no puede ser mi hermana esta; pero sí, que para creerlo aquí, basta saber que es mujer. Vamos al remedio honor, vamos a Buda, que es ley; pues ansi lo manda el Rey, tener prudencia, y valor. Yo haré que vea en mi rigor Clotilde; el pesar mirigo en vano, puesto que sigo lo que aquí el papel advierte, en mi venganza, su muerte; y en mi ofensa su castigo. Cierto estoy de tu virtud; pero el estar receloso de este tirano, es forzoso, y esto me causa inquietud. Clotilde, esto de manera me atormenta, y me maltrata, que por puntos se dilata mi dolor, y pena fiera. Y es mi mal tan desigual, con la fuerza del vaiven, que el mal me parece bien, y el bien me parece mal. Que verso tan remontado, el cabe está de apaleta; pues no hay Poeta de tera, que a luz no le haya sacado. viendo donde encajar el graceso, aunque no quiera, tengo de arrojarle fuera, porque no puedo callar. Ahora volved al tema; pues conocéis mi capricho, que si esto no hubiera dicho se me hiciera una postema, Filipo, la posesión de mi amor en adorarte, asegura en esta parte tu recelo, y tu pasión. Deja ilusiones, y advierte, que es mi amor tan firme, y fiel, que antes que faltara a él, me déjara dar la muerte. Constante mí se fe halla, amor su poder ostenta, tu honor corre por mi cuenta, y solo a ti se avadalla. El mío, porque el empeño de amor, cuando es tan dichoso, teniendo dueño, y esposo, nunca admite ajeno dueño. Qué importa que el Rey intente atropellar mi valor, si se defiende mi honor con espíritu valiente. Demás, que a mi desconsuelo esta claravoya hermosa, en la acción más peligrosa muestra piedades de cielo. De su crueldad me ha librado dos veces, y ambas ados de los avisos de Dios claro desengaño he hallado. Pero su obstinación fiera, tanto al daño se ejercita, que ciego le precipita a su confusa quimera. Pero intentar, atreverse, proseguir, aventurarse, descomponerse, animarse, perseverar, resolverse, amenazar, confundir, sujetar, desvanecer, valor, Majestad, poder, constancia, fuerza, sentir, Imperio, Reino, grandeza, ni lo más que puede haber, será bastante a vencer el crisol de mi firmeza: Que soy roca incontrastable a los combates del mar; tórtola firme en amar; monte fuerte, y inexpuguable, que al cielo quiere subir, diamante que está en su ser; y soy al sin tu mujer, que es cuanto puedo decir. Clotilde hermosa, mi bien, quien tantas penas padedece, bien este favor merece; pues a mi amor. El Rey. . Quién? El Rey, de sobresaltada no acierto a hablar, viene a verte Qué rigor! Qué triste suerte! La lengua tengo trabada: quien fuera ahora lechuza, para que el Rey no le viera. El pecho todo se altera, el cabello se espeluza, las razones me han faltado; todo es dudar, y sentir; pues no puedo al Rey cumplia la palabra que le he dado. Quien pudiera ser mujer, para en pena tan confusa, hallar siquiera una excusa de que poderse valer. Sígueme, y pierde el cuidado. Contigo ninguno llevo: honor, y vida te debo. Ven Maltes. Estoy turbado, aguarda. . Quién es? No sé, sombra soy de lo que he sido: que poca dicha he tenido? No habláis? Qué respondere entre tan fieros combates, para poderme escapar? quiero volver a ensartar otros nuevos disparates. Señor, cuando en fin la pena, otro nacio an es que yo; porque mi madre pario de aquel parto una docena, y yo fui el séptimo hijo. No os pregunto nada de eso. Todo esto está en el proceso, y un Astrólogo me dijo, que hablé el día que nací latín, estando presentes la Comadre, y dos parientes de mi agüela, y yo me fui a la pila por mi pie, después de haber almorzado; porque yo no era casado, ni mi madre; y ansí fue el parto tan de repente, que llamando a toda prisa, de allí a un año salió a Misa, la hermana del delincuente, que fue Ayo del Letrado, que estaba en Malalahonda; y luego me partía Ronda, sin haberme confirmado el Obispo Turpín, hombre mozo, venerable, y viejo; y mirándose a un espejo Don Pedro, que el sobrenombre se me olvida, le pusieron la borla de Licenciado; y como ahora he quedado yo, quitarme pretendieron el mayorazgo, y llegué a saber, si aquí vivía un Doctor, que conocía a mi suegra, cuando fue doncella; porque yo he sido en esto tan puntual, que de nadie digo mal; y aunque esté favorecido mi cuñado de los jueces, no le ha de ser de provecho; porque informaré en derecho, y diré lo que otras veces. Y si acaso enfado os doy con lo que aquí he referido, perdón de mi culpa os pido, dádmele vos, que me voy. Vive Dios, villano. Espere Vuestra Majestad, señor, mucho crece mi temor, Como a esta casa, Que quiere. mi desdicha. Has vuelto? . Yo, cierto es, que si por mi fuera, ni a Ungría, ni a ella volviera, Filipo a esto me forzó; pues de suerte me persigue; . aquí ya no hay que negar, mejor será confesar, podráser, que ansí le obligue a que me deje, que ciego de amor por Clotilde hermosa; quien supiera hablar en prosa culta; pero yo soy lego para estas cosas, que quiso que la palabra rompiera, y que otra carta trajera; el perderme aquí es preciso: que ansí el cielo me castigue! Di adelante. Lo demás es que me voy. Dónde vas? Ya lo verá, si me sigue. , Que ligero es el temor, fuese en fin, y yo he quedado con más pena en mi cuidado. batallando con mi amor. Buena ocasión tengo Cielos! pues solo estoy, para ver si hay valor en mi poder, y sosiego en mis desvelos. Clorilde está retirada en su cuarto; y quiero en él, que mi inclinación cruel use de la fuerza: nada puede estorbar este intento, que el cielo; aunque lo procura, no estorbará la ventura, que anima mi atrevimiento: Entro. Tente Federico, enfrena al paso soberbio, que en su defensa estoy yo. Énrico soy, a quien fiero diste la muerte, que intentan tus crueldades, cuando el cielo por defensa de Clotilde en esta cuadra me ha puesto? No contrastes su virtud, vuelve atrás tu ciego intento, enfrena la inclinación, deja los torpes deseos. Mira Federico, mira, que si arrolado, o resuelto te precipitas al daño, obstinado, altivo, y ciego, que te amenaza un castigo, que deje al mundo escarmiento, Teme de Dios la justicia, estos avisos de ejemplo te sirvan, tu vida enmienda, o considera, que presto verás el fin que te espera. Pues te aviso, pues te advierto una muerte desdichada. . Perdí el valor, y el aliento. Aguarda prodigio horrible, derén horror estupendo, válgame Dios! las razones detenidas en el pecho la pronunciación impiden, todo me ha cubierto un hielo, en caos confuso está el alma, retroceded pensamiento la intención que os precipita a tan loco arrojamiento! Temer de Dios el castigo es justo mi error confieso, avisos suyos son todos, no aguardemos, no aguardemos a que se ejecute el falso, que entonces no habrá remedio. Cesen las crueldades, baste el rigor, que no es acierto precipitarme a las iras; viendo tan claros ejemplos. Clemencia os piden mis culpas, Señor, piedades espero de vuestra grandeza suma; pues conozco, pues confieso, que sois todo; y yo soy nada: Pero adonde pensamiento me llevas, necio discurso la imaginación haciendo está, quien siendo quien soy, puede oponerse a mi esfuerzo? Han de acobardarle sombras, a quien absoluto dueño es de Alemania, y Ungría, vive Dios que me avergüenzo de que haya dado lugar la imaginación a esto. Vencer yo mi inclinación, es en vano? aunque portentos el cielo contra mi arroje. Una sombra, un debaneo, que es ilusión del sentido, ha de acobardar mi pecho? no es posible, no es posible; desde hoy con mayor aliento he de ejercitar violencias. A mi hermano, con soberbio espíritu daré muerte; y con Trebacio hacer pienso lo mismo; pues una industria ha de ayudarme, para esto le he dado yo permisión, que venga a Buda, que espero del agravio que en mí vive, de mirarme a sus pies puesto, tomar venganza, a Clotilde gozaré después; y luego daré a Ungría admiraciones, daré a Alemania escarmientos con crueldades no pensadas, y con rigores soberbios: que a quien mi poder obstenta, no teme encantos supuestos, no le estorban sombras vanas, que con mi valor, y esfuerzo, ni reparo en los castigos, ni temo avisos del cielo. Amor, en que ha de parar tanto dudar, y temer; que fin, cielo, ha de tener este mi imposible amar? La suerte ha sido cruel, y tirana; pues no ha dado sosiego a tanto cuidado, la industria de aquel papel. Yo propia al Rey se le di, y tan infelice he sido, que nada no he conseguido de cuanto en él pretendí; porque al lograr la ocasión tantos estorbos hallé, que la esperanza burlé, y aumenté la confusión. Amor, templanza conviene, desvelo, no más, no más, vuelve el pensamiento atras, el torpe deseo se enfrene, que no será justo hacer ofensa a tanta virtud. Mi necia solicitud me ha de hacer aquí perder? Camila. Maltes, qué tienes? Miedo a montones. De qué? Del Rey, que aquí le encontré, y me tienen sus báibenes mareado con extremo: cierra esa puerta. . Detente: seguro estás. Es valiente el Rey, tanto que le temo; pues como sombra me sigue, que pienso. . Qué sucedió, que tan turbado estás? Yo lo diré, como me obligue el miedo a dejarme un poco. Qué es del Rey? El Rey, no sé, yo sospecho que se fue, y yo me voy. Vuelve loco. A que he de volver, mi amo dónde está? En ese aposento. Hablarle, Camila, intento, con la cólera me inflamo de suerte, que ha de ser dicha, no perder el juicio aquí. Acaba, quéntame a mí la causa de tu desdicha. (nos, Que me habló el Rey, es lo me que me escapé de él, lo más, lo demás tú lo sabrás; porque los criados buenos no lo hemos de decir todo, sin que el dueño esté presente; demás, de que mi accidente, o mi miedo, que es el modo más cierto, decir no deja, cuanto aquí quisiera yo: el Rey sabe, pero no quiero proseguir su queja, Bien ya Filipo hablaré, y sabrás lo que no sabes. Por solo que el cuento acabes, Maltes, te acompañaré. Cumplirás la obligación de mujer en eso. . Es ley. Válgate el diablo por Rey de tan mala inclinación, Confusos debaneos, que atormentando estáis a mis deseos, procurad de dejarme, hasta que llegue el tiempo de vengarme. A Trebacio he mandado, que venga a Buda, y tengo ya trazado el modo, extraña suerte! de mi castigo, y de su justa muerte, A sus pies mi valor se vio rendido; y este agravio de suerte me ha vencido, que ha de ser homicida su propio acero, de su infame vida. Su sangre he de verter, viven los Cielos, para que se sosieguen mis desvelos; porque estoy de manera, que sin su muerte no vivir quisiera. Y esta misma venganza con mi hermano he de tener, que al fin es un tirano; pues quitarme ha querido una hermosura, que sin su estorbo tuve por segura. Y luego con Clotilde, ah ingrata! a aleve! he de usar la violencia que se debe; que un rigor con rigor ha de pagarse, y mi crueldad en todo ejercitarse. Que no importan del Cielo, no, amenazas, ni cautelosas trazas os de encantos enlándea firmado que soy Espín de Calidonia fiero, que no teme violencias del acero; pues cuanto más le aprietan en la caza, las flechas con los dientes despedaza. Qué es esto? . Qué ha llegado Trebacio victorioso. . Mi cuidado tuvo fin con aquesto: no dilate la entrada, llegue presto; yo quiero reportarme aquí conmigo, para que no recele su castigo. Deme Vuestra Majestad, gran señor, los pies Reales abesar. Alzad del suelo: congojas, queréis dejarme, . no mostréis el sentimiento hasta que pueda vengarle. Referidme la victoria, Vuestra Majestad, que guarde el cielo, para castigo de rebeldes, y arrogantes. Viendo de Aliacen Muley la soberbia, y el ultraje con que trataba al Imperio; pues era de los lugares comárcanos, fiero azote, rayo altivo, asombro grave, me envió por General, para que le castigase. Y partí de Buda un Lunes, al tiempo que por celajes rojos nos mostraba el Sol sus rayos de luz cambiantes, bordaduta de los montes, y guarnición de los valles. A la orilla del Danubio, que está desde aquí distante treinta millas, formé el campo, para que envidia causase al cristal de su corriente, y entre su florida margen, le puse en orden, y altivo, hice luego que marchase. Llevana yo en la vanguardía mil y quinientos infantes, y de seiscientos caballos un Regimiento volante. La retaguardia poble con hombres de armas iguales, guarneciendo la batalla de piqueros, y Alemanes. En aquesta orden marchaban al son de pífano, y parche, quieta suspensión del día, trabiesa pompa del aire. Cuando una banda llegó de caballos, a avisarme, que de la Morisca tropa descubrió los Estandartes: Del modo que el Horizonte, cuando el Sol florido nace, y en campos de zafirforma ejércitos de plumares. Pareció el Turco escuadrón, y en las plumas, y el esmalte, ardiente Abril de los ojos, bella lisonja de Marte. ara un piélago de hombres, enondas de tafetanes, y en selvas de acero, y pino era un bajel de de turbantes. Mar de véngalas, de tocas, crespo golfo, que arrogante al menor soplo del viento embraveció los plumajes. Bien ordenada mi gente, que callo por no cansarte, comenzó la Artilleria. cortesmente a saludarles. Dos mangas de arcabuceros nos reciben inconstantes, cual plebeyos pajarillos. a los nobles alcotanes, nos volvieron las espaldas, tan ciegamente cobardes, que a su misma infantería atropellan, y deshacen. El General de los Turcos intentó desbaratarme, concien caballos ligeros, que salierona ayudarle. Como por la nube negra recatada estrella sale, en embozos de rubies, en noticias de diamantes. Salió el Turco en un caballo, relámpago de azabache. más luciente que la estrella entre nubes acerdales. Firme le acometo, y él juega la lanza, y el ante, fingiendo una escaramuza de dos generosas aves. Mas él que pisaba el viento bajó derramado en sangre, a hacer familia en las flores, y sentimiento en el valle. Victorioso del suceso discurrí por todas partes en un márfil animado, hipogrifo de cristales. Metímoslos en huida, y prosigniendo el alcance, cinco millas, los dejamos, porque oscureció la tarde. Veinte banderas adornan tu ejército, y del vagaje quedan tus soldados ricos, desbaratado el Alarbe, postrado, el que te ofendía, quieto el empeño, y triunfante, con admiración, tu nombre: yo con vida, porque gane mundos, que ponga a esos pies; Reinos, que el tiempo dilate; dichas, que la envidia admire; triunfos, que en mármol se graven; hazañas, que le eternicen; lauros, que el bronce señale; riquezas, que te engrandezcan; y honras que la fama cante. Despejad. Cielos, qué es esto! cuando espero que ha de honrarme, se queda a solas conmigo? Trebacio, todo es volcanes cuantos encierra mi pecho. Solo he querido quedarme, para premiar tus servicios, contigo, cuatro lugares, que el Valle de Miraflor tiene, te doy, y la parte del despojo, que me tota. También quiero asegurarle. . de esta suerte; y aún es poco premio a servicio tan grande. Los pies, gran señor, te beso, por la merced que me haces. Qué espada es esta? Señor, la que al Príncipe Lisbarte quite, cuando le vencí junto al Danubio. Bastante muestra da de su valor: Tomad. . Eso es agraviarme, prenda de un Príncipe, solo adquieren nuevos realces en vos. Pues los dos troquemos, porque quedemos iguales; esta estimaré por mía, o que bien mi industria sale. . Tantas honras, mi silencio agradezca. . Acabe, acabe . de una vez mi sentimiento, de salir de los umbrales de la boca, si le dejo puede ser que se dilate mi venganza, y se descubra la cautela, aquí en el Parque, una pena que me aflige tengo que comunicarte. Trevacio, vente conmigo, que tiempo queda bastante; después logre mi deseo para descansar. No sale de tu gusto mi obediencia. Que duda el temor en tales . mercedes, en tantas honras? corazón, no hay que alterarte. Ven Trebacio, de tu vida . hoy veré el sin miserable, hoy vengaré mis ofensas, y ejercitando crueldades, el acero, y mi valor, serán de tu muerte imagen. e descubra Juro a Dios que no entiendo tu quimera: en fin, quieres por fuerza que aquí muera? Si Malres, no me enfades. Siempre vi que enfadaron las verdades; pues yo morir no quiero. Vive Maltes en tanto que yo muero, déjame con mi pena; pues de tanto discurso me enajena. Que te deje es muy justo, que en dejarte, y en irme tengo gusto; pues puede ser que alguna entre otras veces, un pan me den, señor, como unas nueces: y eso, ni me conviene, ni me agrada, tú que la ocupas, paga la posada, que yo que nunca como, y ando al trote; porque tengo de entrar en ese escote? luro a Cristo, que no sé que imaginas; pues estarte en la Corte determinas. Gozar de mi Clorilde la belleza. Oh lleve el diablo amén tanta firmeza! un hombre ha de arriesgarse, cuando tiene remedio de escaparse? pero con un hermano Luterano, que más parece fiera, que no hermano, cómo puedes tener buena salida? necedad es, señor, perder la vida. Tres veces me ha encontrado; y pues que de sus manos he escapado, yo no quiero meterme en debaneos: a Dios. . Maltes, mal pagas mis deseos, y el amor que te tengo. Escucha, advierte, que amor es procurarme a mí la muerte? Yo la muerte? . No es llano, si aquí estás contra el gusto de tu hermano? Qué he de hacer con el fuego que me abrasa? Excusar el estar en esta casa; pues te advierto. . No trates de encadenar, Maltes, mas disparates, ven a hablar a Clotilde. . Tus extremos son lindos. . Que después. No nos iremos, estoibas a decir? . No sé que diga; pues la pasión del alma esto me obliga. Contigo voy, aunque conozco el yerro, niega a Dios no nos den un pan de perro. ple Del Parque has llegado al soto, en cuyas ásperas ramas muda soledad asiste, formando sus hojas vanas en pomposo laberinto, promontorio de esmeraldas, joya de la Primavera, que el Sol con rayos esmalta, donde divertir te puedes. Aquí tomaré venganza . del agravio que me hiciste. Poco divertimiento halla mi cuidado; porque tengo una pasión en el alma, que no me permite alivio. Y qué es, gran señor, la causa? Una ofensa qué padezco, una conocida infamia, cuyo sentimiento en mí vive con rabiosas ansias Un hombre; salgamos de esto, . que aunque conozco ventajas en su valor, la cautela ha de animar la esperanza. Un hombre en fin, como digo, tiene a mi Corona sacra postrada, y es un traidor. Quién es? Vos, sacad la espada. que he de mataros, si hubiera en vuestra defensa, y guarda, una flecha en cada flor, y unaborto en cada planta. Tu Majestad considere, que yo nunca. Las palabras son excusadas aquí. Ben sabéis que a vuestras plantas me tu vistes una noche, y que si no declarara, que era el Rey, rabio de enojo! la vida entonces, que infamia! me quitaráis, y esta ofensa aquí he de dejar vengada, procúrate defender: Vive Dios. Señor, basta decir, que no conocí quien eráis. . Ya es excusada la disculpa. A vuestros pies. Las humildades me cansan; muere infame. La defensa es natural, cosa extraña! qué es esto? pero ya advierto, que este favor aventaja a todos los que me hicisteis; pues como seguro estabais de la lealtad de mi pecho, y supisteis que os amaba, como a mi Rey, y señor; y que nunca en mí se hallan sino afectos de serviros; pues en ocasiones tantas lo ha mostrado mi valor, con evidencias tan claras, poniendo la vida a riesgo por vos, entre acero, y valas. Fue acierto yo lo confieso, al trocarlas dos espadas, darme, gran señor, la negra, y quedaros con la blanca. Trebacio, quién te defiende! quién te anima? y quién te ampara? pues lo que en mí no han podido sombras, horror, ni amenazas, han vencido tus razones en mi indignación tirana? Pues cuando aquí de tu vida el fin último esperana con tu acelerada muerte, tanto puedes, tanto alcanzas conmigo, que me has vencido; y ansí mis brazos te aguardan, para que adviertas que son verdades de estas palabras. La primer vez que en mi vida ha usado piedad el alma, es este blasón altivo, Trebacio, de aquesta hazaña, que aunque tantas has tenido, esta es la mayor de cuantas en rubio metal sonoro de ti pública la fama. Pero dónde voy discurso? donde camináis palabras, que os olvidáis de quién soy? mi condición se ayasalla? mi soberbia se sujeta? mi inclinación se desmaya? mi altivo valor se acorta? Vive Dios, que duda el alma, si ha podido dar lugar a acción, que en mi fuera infamia. No es posible, no, que yo pronuncié tales palabras. Villana la lengua, miente, la impaciencia que me mata, la cólera que me ciega; el ardor que el pecho abrasa, la inquietud que me a ormenta, que todo junto baralla en el pecho, no permite, que la piedad que mostraba ejecuter Luego al punto, sin replicarme palabra, habéis del salir del Reino desterrado, cuantas gracias, y honras habéis recibido en mercedes señaladas, de rentas, cargos, y oficios, os quito, que es bien que salga desposeido de todo, hombre que va en mi desgracia. Y no penséis que esto es solo, en lo que tomo venganza; pues reservo para mí otra de más importancia. Señor. No me repliquéis. Fortuna, tantas mudanzas! tantos pesares desdicha! que una tiranía haga a mi lealtad tal violencia? ansí mis servicios pagas? Vive Dios, que el sufrimiento se aniquila, y que me falta la paciencia, mas no importa; pues con llevar a mi hermana los recelos se aseguran: presto el valor de mi espada echarás menos ingrato. Qué respondéis? Que quién calla muestra su obediencia en todo. Idos luego, que me cansa vuestra humildad. Hay más penas Cielos! porque es crueldad tanta, sabiendo que mi lealtad, y el valor que me acompaña en los vividores bronces merece eternas estatuas; mas por eso la fortuna de esta suerte me contrasta; porque estamos en un tiempo, que solamente se pagan, lisonjas y aducaciones: voyme, quitá en tierra extraña me dará el cielo la suerte que hoy en la propia me falta. Es posible que intentase, solo por tomar venganza de Trebacio, tal acción, viendo el valor de su espada, y que le dejé con vida, no es oprobio, no es infamia haberle sacado aquí, y no dejar castigada mi ofensa, y su atrevimiento? Pero no importa, a su casa quiero ir, que vengarme intento de él, con gozar a su hermana: quitarle el honor procuro, porque duplique sus ansias; pues aliviando mis penas, sus tormentos se dilatan. No ha de haber encanto ya, que mi furia no deshaga, que mi violencia no postre, que mi sonerbia no abara, que mi rigor no aniquile, que no humille mi arrogancia, que no venza mi altivez, y que no rinda mi saña; pues soy tan altivo, y fiero, y es mi inclinación tan vana, que al cielo se opondrá el brío, si el cielo de mí la guarda. Este es fuerza, hoy ha venido Trebacio, y no fuera bien, que te halle aquí, el parabién del lauro que has recibido, podrás darle en otra parte, y volver después aquí; que pues que vives en mí, y yo vivo de adorarte, nada puedes recelar, aunque del Rey el poder fuera más que una mujer, cuando se extrema en amar. Sabe con soberanía adquirir nuevos renombres, y aventajar de los hombres la fiereza, y valentía. Que no aprovecha el rigor con una mujer constante; pues siempre tiene delante los quilates de su honor. Parte seguro Filipo, sin temer de mi amor calma, que como estás en el alma de tu aliento participo. Cuanto aquí el temor te ofrece sombras que deshace el Sol, porque mi honor es crisol, donde el tuyo resplandece. En ti vivo, y en ti estoy, no hay que recelar, y advierte, que antes me daré la muerte, que faltar a ser quien soy; Porque a preceptos tiranos, a locos atrevimientos, ya injustos arrojamientos; sobra acero, y tengo manos. Ay Clotilde de mis ojos! ay dueño del alma mía! que el perder tu compañía, solo causa al alma enojos. El rato que estoy sin ti, tanto crece mi cuidado, que me juzgo desdichado; pues vivo fuera de mí. Solo anela el pensamiento por Clotilde, Clotilde es en mí el mayor interés, y del alma el fundamento. Nada sin ti no me agrada, todo contigo es consuelo, sin ti, todo en mi es desvelo, y todo sin ti me enfada. Está solo el fundamento en Clotilde, y claro está, que en cualquiera llamará Clotilde en su pensamiento. No ha añadido ni una tilde, en cuanto aquí refirió; pues vistiéndole un día yo, también me llamó Clotilde, Vete Filipo. No acierto. Mira el riesgo. Nada toco. Sin alma estoy. Parto loco. Quedo fin vida. Voy muerto, Yo te adoro. Yo te estimo. Pues qué temes? No lo sé. Volveras? Con mayorfe. Y el pesar? Ya le reprimo. Mira por ti. Y por los dos. Cómo? Porque vas en mí. Cierto? Pregúntalo a ti. Pues a dios mi bien. Adiós. Hasta cuando ha de durar esta crueldad, y dolor? hasta donde ciego amor tu rigor ha de llegar? deja, deja de matarme; pues que ves el sufrimiento con que llevo tu tormento. Con tu muerte he de vengarme. Cielos! el Rey es aquel. Válgame el sagrado aquí de aquesta casa. Ay de mí! de mi esposo, trance cruel! es aquella voz, Tu amparo me ayude, piadoso cielo. Será ilusión tu desvelo. Señor, mira. En qué reparo? muere, que el cielo no puede librarte ya de mis manos; porque son intentos vanos, que sin castigo se quede; villanó, tu atrevimiento; porque aún Dios no puede aquí quitarme el poder a mí. Válgame Dios, qué portento! Oíd mortales, oíd: Este soberbio Nembrot, ese aborto de la tierra, que hoy sus crueldades pagó. Por impulsos soberanos, y por decreto de Dios, por su obstinación tirana yace en lóbrega prisión, entre prodigios de llamas, que quien tan sin Dios vivió, teniendo tantos avisos, para enmendarse, y dejó de hacerlo, por ser cruel, justamente mereció el castigo que habéis visto, Tu Filipo, desde hoy, el cetro tienes de Ungría, como absoluto Señor; y el Imperio de Boemía te añade nuevo blason, con Clotilde, con tu esposa, cuya virtud, y valor merece tan digno puesto; imita en lo humilde a Job, y en el gobierno a David: Se de tus vasallos Sol, claro espejo, en quien se miren los pobres, que aquesto acción, y el ser piadoso, conservan la vida, añaden hoñor, dan nombre a las Majestades. Temed de Dios el rigor, escarmentaden lo viso, pues este ejemplo os mostró, que no aprovechan avisos, cuando hay mala inclinación. Con que la Comedia acaba, si esta Historia os agradó, disculpando nuestras faltas, dadle al Poeta perdón.