Texto digital

Texto digital de Pobreza, amor y fortuna

Metadatos de la obra

Atribución estilometría
Diego Figueroa y Córdova Probable yJosé Figueroa y Córdova Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Pobreza, amor y fortuna. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pobreza-amor-y-fortuna.

Logo BICUVE

POBREZA, AMOR Y FORTUNA

JORNADA PRIMERA

- en más que la vida precio, Tapate, Ines, que no quiero, que nos conozcan aquí, vienen siguiéndonos? si. . Sí. Pues aguarda caballero: ya eso es pasar a grosero. Yo os pido, por vida mía, dejéis la necia porfía, que enseguirme habéismostrado: no pongáis por un cuidado a riesgo la cortesía; de aquí no habéis de pasar, sino advertido entender, que os lo ruega una mujer, que os lo pudiera mandar: si el seguirme, y porfiar, tenerme por otra ha sido; andáis muy inadvertido en poner en tanta calma las evidencias de un alma, al engaño de un sentido: Corto mi discurso fuera, necio fuera mi cuidado, errante la Primera: vuestra vista lisonjera, y aunque peligre al desprecio, de mi amor el interés; dejadme ser descortés, a trueque de no ser necio. Veinte Auroras ha que os veo en este prado Gentil, darliciones al Abril, y incendios a mi deseo: egnima de amor os creo a costa de mi pasión: cese vuestra indignación, que yo en tan gustosa calma, ya se lo he reñido al alma, templad vos el corazón. Corred el velo, señora, daréis al campo alegría, mirad que se eclipsa el día, como se esconde el Aurora: el día, y noche se ignora, y pueden dar sus quererlas, él sin esas luces bellas, y ella con justos enojos, dirá, que sin vuestros ojos, cómo puede haber estrellas? si en vos no hubiera admirado, . Es muy bueno, y ya Ruelo, que enamorado venís, y esto mismo les decís A a cuantas halláis al vuelo. Habéis dejado en el cielo, Luna, Sol, Estrella errante, a quien no hagáis semejante cualquier tapada mujer. Un cielo debo de ser: no paséis más adelante, y en seguirme porfiado, no deis, porque soy mujer, que puedo acaso tener algún decente cuidado; y no os quiero aventurado a vos que habláis maravillas, y aunque solo por no oíllas, que os deje perdonaréis, que temo me comparéis con el Norte, y las Cabrillas. Porque con rigor igual, tanto os encubrís, señora? Porque si me veis ahora, os parecerá muy mal, tengo un poco artificial la hermosura, y el espejo me hace falta, y así dejo. de mostrarme confiada de que os agrade pintada, algo mejor que en bosquejo. n Grosero el pincel, y ingrato, poca gloria se asegura. Mirad cuál es mi hermosura, pues se vale de un retrato. Ya de obedeceros trato. Es haceros mucho gusto, porque os excuso de un susto. Di Obligaisme a que no os crea. Pues ver una mujer fea, puede haber mayor disgusto? Discreta sois, pero avara en déjaros conocer. En eso echaréis de ver lo mal que me va de cara. Tal cuál sois, os admirara, si libre mi amor os viera. Y si yo, una mujer fuera tan grande. No lo digáis, si como Sol me abrasáis, claro está que sois de esfera, De un imposible favor, nunca vive la esperanza. Sí, más la desconfianza hace apacible el rigor. No te despeñes amor, por la vista, y el oído! Reprímase algún sentido de los que en peligro están; no le basta ser galán, sino ser bien entendido! Y usted señora doncella, deidad peregrina, y rara, no descubre aquesa cara? Ni por pienso. . Tal es ellas porqué? Porque soy muy bella. No, niña, no puede ser, ser hermosa, y no querer dejarse ver, lo declara; más que tienes una cara, como un mismo Lucifer? Al lácayo le da pena, que la tenga buena, o mala? Haz del sanbenito gala, ya que no la tienes buena. Yo te juzgo algo morena, sucia un poco, un mucho tuc con una boca de espuerta, y una natiz singular; con que te puedes andar con tu cara descubierta. Solo falta córcobada, y fácil a mi entender. Yo te tengo por mujer, que eres muy bien inclinada Uno piensa el bayo. Errada vas en el refran, a fe, porque tan pobre se ve mi amo, que al intentarlo, con tener ningún caballo ha dado en andar a pie. Confio que me ha pesado, de que me hayas conocido. Pues, no, don Diego, no ha sido atención de mi cuidado: en Valencia os han mirado con lástima, y puede ser, que sea alguna mujer de corazón tan humano, que de vuestro loco hermano culpe tan ruin proceder: quedaos con Dios, que yo sé, que algún día os buscarán, que aunque pobre, sois galán. llad. . No siendo vos, para que? solo con vos tengo fe; porque os quiero, de manera, sin veros, que cuando os viera, y un Ángel en vos hallara, ni menos os adorara, ni más, señora, os quisiera! Esta es ocasión perdida, no soy posible por Dios. Pues yo, si no logro a vos, no tendré amor en mi vida! Aura causa que lo impida? Tenéis dueño? ̱. Ni le espero. Sí, por ser pobre. Me muero por pobres. . . Pues en que va, si en nada de aquesto está? Estará, en que yo no os quiero: mal haya yo si no miento, Mas el desdén me enamora: . Y dime, el tal ojo, era das quedaos con Dios, ya señora, acompáñaros intento, Me está mal el cumplimiento, quedaos, pues. De mármol soy! Teconocío? Ciega estoy! Buena, señora, la hicieras, a saber él que tú eras, Leonarda. Sin alma voy! Muy buenos hemos quedado, famosamente lo han hecho: ello en estando sin blanca, gastas amables conceptos; nunca te he visto tan fino. Ni yo te he visto tan necio: dimé, Catarro, aquel talle, aquel garbo, aquel aseo, aquellas divinas partes, con aquel entendimiento, no bastaran a rendir un diamante? Yo confieso, que lo exterior, de la tal doña fulana, era bueno; pero debajo de un manto, no se colige por eso, que no pudiera venir una dueña, o un cochero: mujer tapada con manto, lo tengo por mal agüero, que hay unos mantos de gloria, y hay otros mantos de infierno; no pudiste verla? . . No, solo un hermoso lucero, discretamente dormido, y tiranamente honesto tuvo a raya mis sentidos, y en calma mis pensamientos. pardo, verde, azul, o negro, o colorado? que yo el ojo de gallo apruebo. Ella era vieja, sin duda; porque mujerque echa el resto sin descubrirse, tendrá cincuentay cinco a lomenos. Pero dime, hombre del diablo, amor gastas, cuando pienso, que no tienes hasta ahora, con que hacer rezar un ciego; Y que te hallas, como ciertas. mujeres en santo tiempo, cuando estás hecho pedazos, y se le caen por momentos. el humillo a los capatos, y las alas al sombrero, cuando tus medias por puntos se van de cartera, y presto, y te ponen de cuadrado, aunque estés de fino recto, Da usted en enamorar, eso no, señor don Diegó; no me han de engañar conerias, refrene sus monimientos; porque las señoras damas, que se usan en estos tiempos, solo son tratables, con Ginoveses, o Flamencos. Deja, Catarro, las burlas, no apures mi sufrimiento. Cómo no? por Jesucristo, que de cólera reviento, al ver que vives con un hermano, que te dio el cielo, que se llevó el may orazgo por un ano más, o menos; y pon tonto, que los tontos siempre nacen los primeros. No quieres que me de pena. verte traer por Enero, de tafetan un vestido; y que civil, y avariento, con ser en él un aborto, te dé a entender que es de tiempo No siento tanto, señor, su riqueza, cuanto siento, que siendo hermano, y no primo dé en tratarte como aun negro y que se ysen mayorazgos! Catarro, ya no hay remedio yo nací con mala estrella; yo soy el blanco, el objeto de sus iras; ya yo estoy tan hallado en el tormento, que ni vivo en el alivio; ni de la pena adolezco: De mi hermano don Enrique solamente a sentir llego, que siendo su sangre propia me trate con tal desprecio: cuando Valencia es testigo, de que no se lo merezco; y ha llegado el odío a tanto, que si alguna dama tengo, a quien de amor obligado, cortésmente galanteo, no para hasta que envidioso me lo estorba. Si hago versos a voces por el lugar; pública que son ajenos. Fnalmente, en cuanto hago; cuanto digo, y cuanto piense tengo un contratio en mi herman tan tiranamente opuesto, que he menester muchas vez valerme del sufrimiento, para que la indignación, no eche a perder el respeto, consuélate con que esta, por ambicioso, y soberbio, aunque próspera fortuna, mal quisto de todo el pueblo Buen consuelo, y entre tan entrambos ayunaremos, que también me va mi parte como a ti, señor. Ya veo lo que te debo, Catarro, pues me sirves fiel, y atento, en tan infeliz fortuna: la buena ley te agradezco; pero si lo pasas mal, porque no te vas? Por eso: porque si pagaras bien, no te sirviera un momento. Por qué? Por que los criados sirven, señor, cómo perros: adonde no ven un cuarto, son como taures necios, que acuden mejor, adonde les hacen mal tratamiento. Pero dejando esto a parte, no dirás que nos haremos, que ya las Carnestolendas se llegan, y es caso recio no tener para una gala? Y en Valencia, es el festejo mayor el de tales días, pues todos los Caballeros, aunque de mascara, salen de galá, y de lucimiento? Ven, Catarro, porque hoy hablara mi hermano quiero. Y si no quisiere oírte, clamar por tus alimentos. No echas de ver que con él es cansarse? Ponle pleito, y sácalos por justicia. Es acción de viles pechos. Pues quedaraste a la Luna de este lugar, mi Don Diego. Hiciste poner el coche? Si señor. Qué hora será? Son las doce. Tarde es ya. Veniste a las tres a noche. El espadero ha venido? Afuera aguardando está. Si me aura acabado ya el bordador el vestido? Es de gusto, y de valor. No se sacó sin cuidado. Azul, y plata, extremado! Mi mal pública el color: Ha me venido a buscar un pintor? No lo he sabido: Dos mujeres han venido, no te quise despertar. Muchas en cansar me dan; de su interes no me agrado. Cómo te ven heredado, y mozo, te buscarán. Qué importa, si en esta calma amante adoro el desdén de Doña Leonarda, en quien víctima se apura el alma? Leonarda, a quien dio su estrella disculpas para querida, que en Valencia es aplaudida, por más noble, rica, y bella? Señor Don Diego, tu hermano tan pobre está. Necio estás: No te he dicho que jamás me hables de ese villano? Vaya el pícaro a servir a Flandes, vaya ha ver mundo; y pues nació hijo segundo, busque modo de vivir. Mas que no se ha levantado si a las tres a noche vino. Vestido está, y imagino, que a las doce ha madrugado; como os levantáis tan tarde? Bienvenidos Caballeros. Ya vienen los lisonjeros, de su ciencia haciendo alarde. Qué hicisteis a noche amigo? Jugue un poco. Cómo os fue? Dos mil escudos gane. Me huelgo, Dios me es testigo. Ya le dan con la del Martes. Con pintas el juego crece. Todo amigo lo merece un mozo de vuestras partes: Que este vano presumido tal dicha llegue a tener! un brazo diera por ver a este mozo destruido. qué hinchado, y severo está; . que este tenga dicha alguna! pero cuando la fortuna cosa de buen gusto hará? Amigos, decir os trato, que a noche a Rosela vi, y que a su madre la di cien escudos de varato: pero su sed no se aplaca. Es hermosa esa mujer? Pues yo no la puedo ver. Porque amigo? Porque es flaca. De Lisarda la belleza a mi ruego se hace sorda. No me la nombréis, que es gorda. Ha dado en esa flaqueza. Clara muy firme me estima, como si yo la obligara. Quién es amigo esa Clara? De Leonarda hermosaes prima: en Leonarda solo crece la pasión que en Clara ignoro, pues yo por tema la adoro, al paso que me aborrece. Leonarda, es cansarte en vano mudad vuestros pensamientos, porque aguarda por momentos cierto Conde Ciciliano, que viene a ser su marido. Pues yo la he de pretender, y algún día podrá ser, que me vengue de su olvido; y ya que amante se quema mi cuidado en su rigor, lo que no alcanza mi amor, ha de conseguir mi tema: quedaos a comer con migo, y aquesta noche saldremos de mascara. Pues qué haremos? Juguemos un poco amigo. Yo aquí estoy, ese es mi fin. Pues ociosos nos hallamos. Dónde jugaremos? Vamos a la pieza del jardín. Extraña la vida es de un mozo rico, y soltero; no cabe en el mundo entero su soberbia, y interés; por el vicio su violencia que desenfrenada corre! Si ahora no me socorre, ir me quiero de Valencia. Ah de ser cansarte en vano. Di, que aventuro en rigor? Aquí está Oravió. Señor Otavio que hace mi hermano? Jugando está, y divertido. Y es bien que me trate así, y que se olvide de mí porque segundo he nacido? Es justo, ha fiero dolor! que tanta hacienda le sobre, y que aun hermano tan pobre le trate con tal rigor? Deshónrele yo? no es una la sangre que hay en los dos? tan buenos padres, por Dios, le he debido a la fortuna? con migo estás tiranías! con su sangre estas crueldades! veme hacer indignidades? audo en malas compañías? Es bueno, señor Otabio, que esté un hombre de mis prendas desnudo en Carnestolendas? no es de Don Enrique agravio? A vos a pedir os llego, que sirváis de intercesión. Digo que tenéis razón en todo, señor Don Diego: mas poco aura que llegué a hablarle en vos, y él airado me ordenó muy enojado, que unos zapatos no os dé. Sus cóleras son tan grandes. Que esto escuche mi dolor! Don Enrique mi señor quisiera veros en Flandes: a los segundos allá, la guerra les satistace. Si por la guerra lo hace, harta guerra tiene acá. Las balas, si queréis iros, la fama alientan y el nombre. Pues para matar aun hombre no bastan aquestos tiros? Pues vos habláis, majadero, donde está vuestro señor? Yo os buscaba intercesor, y os he hallado consejero. Un imposible conquisto, al aire mis quejas van. Esta es orden que me dan; no puedo más. Que no cumples, pues mohino a todos cansando estás, si al momento no te vas por el mundo peregrino. Hay hombre más desdichado, que no tenga algún asomo de dicha! Y que el mayordomo no vaya descalabrado! Que esté, reviento al decillo, en poder de este tirano! Y que para tal hermano. se haga sordo el tabardillo! Que no halle fortuna estable aunque a buscarla me aplico! Y que no se muera un nico de pujo de miserable! Ven Catarro. Ya te sigo. Y salgamos allá fuera. Deja el pesar, que es quimera, y consuélate con migo: en la calle viento en popa estamos, no hay que temer. Qué haremos? Yr a comer. Donde, Catarro? A la sopa. Qué locura tan cansada para apurarme el sentido! Tengo un Lego conocido que nos la dará dorada; r. pero aguarda, que estoy ciego, o una mujer viene aquí, sin duda me busca a mí. A vos os busco don Diego; este papel para vos aquella dama os envía que hoy hablaisteis. Dicha es mía. Y esta caja? Ira de Dios. Mirad bien si me habéis visto, no erreis, señora, el recado. Cómo no? lindo menguado; cógelo, cuerpo de Cristo. Querenta mil años vivas, o Ángélica del Caray! ahora digo que hay personas caritabas. Mas dígame, Marta, honrada la piadosa, o la cruel, no hay para mí otro papel? Quiere una mano? Pedrada. Diga hermana, esos desgarros gasta en estas ocasiones? No me pago de busones. Son muy fríos los Catarros. A ese egnima idolatrado, decid, que mi pecho fiel, solo recibe el papel, que a un muerto la vida ha dado. Y que aunque nada me sobre, no admito lo que me envía; pues luce la groseria, más a los visos de pobre. Decilda, que estos despojos, no aumentan mi amor activo, porque solo a cuenta vivo del incendio de sus ojos. Y que en tan gustosa calma, obligado de mi amor muriera de este favor a no a verla dado el alma. La caja habéis de tomar, por vuestra vida, y la mía; pues nada en ella os envía para lo que os puedo dar. Si no la tomáis, Don Diego, sé yo que se enojará. Dice muy bien, claro está, y aqueso lo verá un ciego. Advértiros solo resta, que para seña llevéis un panuelo, si queréis ir esta noche a la fiesta En la izquierda mano asido, por él os conocerá. Luego vuestro dueño ira? Sin duda alguna. Corrido estoy, si os trato verdad de no daros. Qué queréis? ya sé que muy pobre veis. Eso de solemnidad; Pero estoy yo aquí, que hartos cuidados quito a los dos: toma niña, anda con Dios, ves aquí hasta quince cuartos. Quita necio, este favor solo vos le merecéis: de la caja os serviréis. Qué es lo que intentas, señor? La caja le quieres dar? No me hallo con otra alhaja. Como no venga la caja, sin ella puede marchar. De vos estoy obligada: basten ya vuestras porfías. La caja? eso no en mis días, o que linda mermelada. La dama no me diréis a quien cuesto tal cuidado? Esto solo me han mandado, lo demás no lo sabréis. d. . Poco os debo. Quien no aguarda, poco a la fortuna fía: si él supiera que venía yo de parte de Leonarda! . Escucha, Catarro. . Di, Leerte quiero el papel, oye lo que dice en él. Ya te atiendo. D. dice así. Hay mujer de tales prendas! Yo lo he juzgado al revés, que me maten si no es burla de carnestolendas. De ver la caja me privo. Mi amor la sale al encuentro. Dame mil palos, si dentro no viniere un ratón vivo. Que ciegos sois los amantes! que orgulloso estás, que ufano! Dios te tenga de su mano; vive Dios que son diamantes. Qué decís? Pierdo el sentido; joya a ti? no hallo razón, por volvértela carbón algún duende la ha traído. Que de la tapada bella me venga tanto favor! Vámonos de aquí, señor, porque han de volver por ella. Die Ay sucesos semejantes! Aunque de curioso peques, mira bien si son claveques. No, si no claros diamantes. Loco estoy, pues te respondo. Mirarlos por Dios es vicio, diamantes son de gran jnicio, porque tienen mucho sendo, Absorto estoy de tus medras. Quién esta mujer será? Una vieja que querrá dar en loca, y tira piedras. Venga, pues, y poco a poco, hacia empeñarla me iré, Eso es lo que yo no haré. Qué dices hombre, estás loco? Ve Catarro, que en tal calma, esta joya guardaré; qué importa que pobre esté, si tengo tan rica el alma! . Seas prima doña Clara a mi casa bien venida, que bien te debé mi amor, que me hagas esta visita, Solo por disculpa das, haber estado estos días indispuesta, que por eso he dilatado esta dicha, que yo soy la interesada. Pues a fe que vienes, prima, para haber estado mala de buena color. Tú me animas; y estar delante de ti, que como el sol causa el día, y el incendio de sus rayos, dora, abrasa, y ilumina: no es mucho que agora yo de tus alimentos viva? que a cuenta del sol, Leonarda, la menor estrella brilla. Yo soy quien de tus reflejos, Clara hermosa, necesita; muy sola sin ti he salido estas mañanas floridas, tomando el acero al Grao. Digo, pues, Leonarda mía, que un papel tuyo me dio un criado, en que decías, que por ser aquesta noche en Valencia tan festiva, que no se atreve al recato cortesana la malicia, pues todo lo suple, quieres, de tras de una mascarilla ver la fiesta, sin que seas de ninguno conocida, fuera de qué es el disfraz, costumbre ya tan antigua en Valencia, que esta noche salen las más recogidas, y yo quiero acompañarte, por ver si el contento, y grita de la fiesta, me divierte de algunas melancolías. Dios te guarde; pero dime, así dos mil años vivas, es la tristeza de amor? quieres bien? estás herida de sus flechas? que una dama hermosa, gallarda, y rica, y que la pretenden tantos para casarse, prolija debe de ser, sino tiene un objeto que la rinda; y cuando tengas amor, ningún milagro sería. Sin duda me has visto el pecho, y pues nuestra sangre, prima, da lugar a el desahogo, y la vergüenza mitiga, en dos palabras diré lo que en muchas no diría. Cómo por tu vida? . Como quiero, y soy aborrecida; mira si en una mujer puede haber mayor desdicha! Mayor la padece el alma, declarate, no te aflijas. Conoces a Don Enrique de Fox, un mozo? Si amiga. Que está recién heredado, cuya sangre esclarecida compite con su riqueza, y tiene en su casa misma, por más señas, un hermano, que no conozco de vista, de la fortuna escarmiento? Aguarda, no me lo digas, que ya sé que Don Enrique le trata con tiranía, harto lo siente mi amor! A este adoro. No prosigas. Que sientes que en un instante te has puesto descolorida? El disgusto, Doña Clara, de que hayas puesto la mira en Don Enrique, de quien se cuentan cosas indignas, no me ha de dar pesadumbre? Confiesote, que yo misma, mirando su perdición, quisiera ser mi homicida. Lo peor es que es tirano hasta con su sangre misma: pues un hermano que tiene, tanto con esto me irrita, que le quisiera beber la sangre, perdona prima que me he dejado llevar de el afecto hay Clara mía! dije mal, de la razón, pues necia, y inadvertida, no vi que estabas delante, y que eras quien le querías. Antes prima te agradezco que tanto mal de él me digas, pues obra en esto tu buena intención, no tu malicia; algún día podrá ser que el desengaño me sirva de escarmiento y que el olvido a mi amor honesto siga. Ya, señora; pero, ay Dios que está con ella su prima! más qué importa? la respuesta le tengo de dar en cifra, que ella bien me entenderá. Inés, seas bien venida; de donde con manto? Hy triste! sino calla soy perdida, que ella piensa que con Clara, como es parienta, y amiga tan del alma, y tan de casa, me he declarado, permita el cielo que Inés me entienda. Ya vengo señora mía de hacer lo que me mandaste. Sin alma estoy, no prosigas, Iues. . Señora, que importa que esto lo sepa tu prima? Todo el cuento la declara, no me entiende, estoy sin vida! Habla, Ines. . Digo, señora, que piadosa, y compasiva, a aquel pobre le llevé el socorro que le envías, y tanto con él se holgó, y con saber de quien iba el recado, y la limosna, que aunque era una niñeria, a tan buen tiempo llegó, que responde, que la estima, como si una joya fuese. Ya parece que respira el alma, pues me lo cuenta por rodeos, y es precisa razón, según el engaño. Y esto, Leonarda, querida, que callase, Ines, quisiste? dar limosna, es obra pía. Es mi señora una santa, piadosa, y caritativa; pero aquesta caridad, ya se la dirán de Misas. Limosna que se declara da vanagloria el decirla, y es dar el merecimiento lugar a la hipocresía. Oíd, no escucháis el ruido, el algazara, y la grita? Ya la escucho, y pues el Sol va precipitando el día, y en el mar de Traspontín le sirve la espuma rica: salgamos, prima. . Salgamos: quítame este manto aprisa. Ya os esperan los capores, sombreros, y mascarillas; demos una pabonada. Vamos, Clara. Vamos, prima. Y plegue a Dios que a Dn Diego encuentren las ansias mías! . Y plegue a Dios que no acabe Don Enrique con mi vida! . Y plegue a Dios, que Catarro con sus intentos prosiga, que aunque no le quiero, pienso que me hace algunas cosquillas. En fin, Otavio, la viste, que de su casa salió? En su calle estaba yo, señor, como me dijiste, Y tres mujeres salieron, que yo en la voz conocí; recelándose de mí, recatadas anduvieron. Pero con mí mala estrella no se me escapó ninguna, pues Leonarda era la una, y la otra su prima bella. Doña Clarala acompaña? Si señor. Qué mal agüero! De oírla nombrar me muero. Es tu condición extraña. Hay cosa que canse más que una mujer con amor? Dime, es el desdén mejor? Otabió, en lo cierto das: Cuando de alguna merezco la voluntad, y el favor; por ver que me tiene amor, al instante la aborrezco. Y si desagradecida da en matarme su desdén, la voy queriendo también, al paso que ella me olvida. De suerte que desdeñado más vuestro apetito crece? Aguardad, que me parece, que mascaras han llegado. Bella noche prima mía? El mundo la rin de parias. Son tantas las luminarias, que afrenta causan al día: Tu tristeza me acobarda, cese tu tormento atroz. Has conocido la voz? Ya he conocido a Leonarda. Qué hermoso que está el lugar! a que le andemos convida. Aguárdate, por tu vida. Mascaras, queréis danzar? La voz de mi amante fue. De Enrique la voz ha sido; pero por ser permitido, esta noche danzaré, Ingrata, con un rendido logras el desdén violento? Dad esas quejas a el viento, y vuestro amora el olvido. Alcance mi humilde ruego si quiera un engaño breve! Siempre me hallaréis de nieve Siempre me hallaréis de fuego Mal Caballero tirano, con migo tanto rigor? Si soy de hielo a tu amor, para que es cansarte en vano? Yo te olvidare aunque muera! Yo seré siempre intratable! Yo firme, aunque eres mudable! Yo soy bronce! Yo soy cera! 1. Famosamente se ha hecho! 2. Discurramos el lugar. 3. Venid, damas, y galanes. 4. Ea, vuelvan a cantar. En ira se abrasa el pecho. Aguarda, que no te has de ir, hermoso, bello prodigio, a cuyos divinos ojos toda el alma sacrifico: Oye? espera? Enrique aleve, que tirano, y atrevido, el sagrado del recato, profanar quieres, indigno: que intentas? Vengarme intento de tu desdén, y tu olvido: acabe pues el rigor lo que no puede el cariño; vive Dios, que ese disfraz. he de ver. Cielos Divinos; no hay quien socorra! Qué es esto? Catarro, que es lo que he oído; sae no es mujer la que se queja? Mas con tu desdén me irrito. Llega presto. Caballero, en cortesia os suplico, que dejéis aquesa dama. Y si no, por le su Cristo, que nos han de oír los sordos. Mi fortuna le ha traído. Quién os mete en eso avos? Soy un hombre bien nacido, y debo amparar las damas. Esto es, dos y dos, son cinco. Pues yo os haré a cuchilladas dejar tan gran desvarío. A ellos, que tienen cresta. De esta manera mis bríos os daran a conocer, si sabré hacer lo que he dicho. , c. Qué bizarro, en mi defensa esgrime el acero altivo! pero a mi prima, y a ines entre la gente he perdido; voy a buscarlas, que aguardo? Qué brava zurrales dimos! Ya estáis segura del riesgo; más cielos, que es lo que miro! Mas cielos, que es lo que veo! Con la turbación no ha visto, que la mascara del rostro, sin sentir se le ha caído; vive Dios, que era Laonarda la dama que he socorrido. Cielos, don Diego, no es el que galán, y atrevido, en mi defensalibró mi honor de su hermano mismo? sí, que aquellienzo porsenas, ya callando me lo ha dicho. Mas disimular importa. Caballero, yo os estimo, que sin conocerme hayáis mi persona defendido; pues el disfraz me asegura, declararle solicito, que soy la dama tapada. Señora; ay amor! corrido estoy de no haber hallado más arriesgado el peligro: morir por vos, fuera vida. Ay de mi! tarde lo he visto, la mascara; si don Diego me aura, cielos, conocido en esta ocasión, no darme por entendida, es preciso, de que soy quien le envíé las joyas, pues ya me ha visto. i. Vive Dios, que su hermosura es imagen de mis sentidos: perdóneme la tapada, que aunque su fineza estimo, ya en la beldad de Leonarda, vive, y muere mi albedrío. Quedaos con Dios, caballero. Necio fuera el valor mío, si del peligro os librara, y os dejara en el peligro; permitid que os acompañe. Es el irsola preciso. No quiero ser porfiado. Solo con mirarle vivo: que no pueda declararme! Que esté mi amor tan remiso! Que enamoremos sin blanca! Qué bizarría! Que entendido! d. . Muerto voy! Sin alma quedo! Ven Catarro. Ya te sigo.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA d. . Que oscura que está la noche! aún no se divisa el cielo! No me dirás donde vamos de esta suerte, o con que intento has salido de tu casa? quieres matarme, estás ciego, no miras, que a los Catarros les hace mal el sereno? Sígueme, y calla, Catarro. Oye usted, señor don Diego, o quédese a buenas noches, o discurramos, o hablemos: deme usted razón de sí, ya que su razón es cuento. Por aliviar mi dolor, y porque lo sientes, quiero darte parte de mis males, Venga el pulso. Deja, necio las burlas. De tus achaques sé más, que supo Galeno. Ya sabes que aquella noche del regocijo, y festejo, cuando Valencia se ardía en materiales incendios; pues fueron tantas las luces, que al día no echaron menos: entre las mascaras muchas, que disfrazadas salieron diligentes a gozar de la noche el privilegio: fuimos los dos, yo, y Catarro, solamente, con intento de ver, si aquella tapada, que con liberal afecto me envió en aquella joya tanta copia de luceros: por la joya que llevaba me conociese. Ya veo, que aunque locos anduvimos todo el lugar discurriendo, no dijo esta joya es mía ningún tapado embeleco. Ya sé también que libraste a Leonarda de aquel riesgo, que pudiste conocerla, porque el disfraz lisonjero, no queriendo darle en rostro, dejó patente su cielo. No ignoras, también, Catarro, que de su hermosura ciego, como errante mariposa, mi peligro galanteo, a porfía, procurando ser víctima de su incendio, sin que al pensamiento dé parte de mi pensamiento? Ya, señor, sé que la adoras, con vergüenza, y con respeto, y sé que no se lo has dicho, y sé que has sido grosero, y sé lo que son mujeres, y sé que hablarlas es bueno; pues lo que una vez se dice, se lo acuerda el diablo ciento. Aunque constante la adoro, y es ella sola el sujeto, que idolatro, en declararme, estoy confuso, y suspenso, por ser mi amor imposible; por ser pobre; y lo más cierto, porque a la dama tapada. tantas finezas la debo, que me busca los más días, sin que haya podido el ruego lograr de su cielo hermoso la gloria de ver su cielo. De la tapada me obliga la fuerza de sus afectos, a Leonarda, por deidad; idolatra la venero. Una tapada me busca, otra descubierta, cielos, me mata, en un mar cruel de confusiones me anego. Mira si tengo razón de estar, Catarro, suspenso; pues luchando están conmigo, amor, y agrade cimiento? Hay más que amarlas a entrambas. No ves, que es de viles pechos engañara dos mujeres, Toma tú en ellas ejemplo, que engañan veinte a la par: y si quieres mi consejo, se gran Turco de las dos, y enamóralas a un tiempo, a la que quieres de valde, a la otra por su dinero. Por no hacer esa bajeza, a Flandes irme pretendo, a mi hermano voy buscando, y en esta casa de juego ha de estar. Yo sé qué ahora estás, señor, en tu centro: esta de Leonarda es la casa, Ya solo intento hablar, Catarro, a mi hermano, Pues que le quieres? Le quiero decir, que para partirme me dé un socorro. A buen tiempo: la mayor parte ha perdido de su hacienda, y fuera de esto, dos lugares que tenía también los puso con dueño, y con el dinero, ahora, pienso que ha de hacer lo mismo. Vive Dios, que he de salir de su infame cautiverio: más aguarda, que parece, que ruido a esta parte siento. Bien puede ser; pero yo, lleve el diablo lo que veo: retírate a aquesta esquina. 1. Esto ha de ser, compañeros, un criado le acompaña no más, y ayuda al intento ser la noche tan oscura. 2. En esta esquina aguardemos, que por aquí ha de pasar. 3. Bien ha ganado, y soberbio a ninguno dío barato. 4. Pues qué pague por entero. No escuchas, Catarro? Sí, y a lo que presumo, que aalgún tahur infeliz le quieren dar pan de perro. Quién serán? Algunos hombres, liberales por extremo, pues no tienen cosa suya. Die Ladrones son? Punto menos; pero ladrones correses; pues a estas horas, a un negro, pidiéndole están la capa, y le quitan el sombrero: vámonos de aquí, señor, Por qué? Porque tengo miedo. Arrímate aquesta reja, y calla, cobarde. Fuego: mira, al que se arrima a rejas, le suelen cascar por hierro. q. 1. Amigos, este es sin duda. Qué se te olvidase luego traer la linterna, Otabio! Poco aura que la eché menos: . A socorrerle. más cerca estamos de casa: gracias a Dios que te veo ganar, señor una noche, cuando siempre estás perdiendo, No es don Enrique, Cararro? Vive Cristo, que es el mesmo: de aquesta vez imagino que heredas. Qué dices, necio? No consiste tu ventura en que se muera primero don Enrique? Quién lo duda. No heredas si muere? Es cierto. Pues deja tú que le den una vuelta de podenco estos hombres, que él ahorre demandas, y testamento, verás como vienes tú a cargar con todo ello. Que gracias tienes tan frías, Aquí hay gente. 1. Caballero, tres pobres hombres, y honrados, os suplican. Malo es esto. 1. Que les deis algún socorro. Nunca he sido limosnero, más veis aquí cuatro escudos. 2. Es poco. Mas fueran ciento. 3. O qué linda patarata; pues atres amigos, bueno, se pone a dar cuatro escudos? Pues qué quieren? 4. Hable menos, y dé más, o dejará la vida con el dinero. Donde vas? Aguarda. No puedo menos, que es mi hermano, y ya la sangre se me alborota en el pecho. De esta manera respondo a ladrones. Caballero, ánimo, que a vuestro lado estoy. Santiago, y a ellos. 4. Un rayo ardiente es la espada: huyamos tan grande riesgo. Huid cobardes traído es. Ines? . Señora. Qué es esto? cuchilladas a mis rejas: quita allá esa luz. No puedo dejar de decir, señora, que has hecho notable hyerro en asomarte. Ya sabes, que las mujeres tenemos aquesas curiosidades; y si no ha mentido el eco, la voz de don Diego he oído. Obligado, Caballero os estoy, pues vida, y honra a vuestro valor le debo: Venios conmigo a mi casa, porque conocer pretendo a quien me ha dado la vida. Que no me conozca quiero en esta ocasión mi hermano; porque pensará soberbio, si le hablo ahora, que hago gala del merecimiento. De que en mudecéis? hablad. Hermano, yo agradezco a mi fortuna Tan poca fortuna tengo con vos, que si ahora os digo quien soy, juzgoque os ofendo, quedaos con Dios. Advertid, que he nacido Caballero, y aunque fueráis mi enemigo, en esta ocasión, es cierto que no puedo ser ingrato: decid quien sois. Aunque pienso que con encubrirme ahora más te obligo, que te ofendo: yo soy hermano. Ay Ines, no es don Enrique, y don Diego los que escucho? Si señora. Oye, que saber deseo la causa de esta pendencia. E. Mi hermano era, vive el Cielo que este enemigo no quiera dejarme! de rabia muero, haverte sido en ocasión alguna, mi voluntad, y espada de provecho. En ira, en rabia se me abrasa el pecho: pues yo le agradeciera a tu cuidado el haberme olvidado, aunque más el peligro me encareces, Ya don Enrique sé que me aborreces. No te engañas por Dios. d . Rigor extraño! Sírvate, pues, de aviso el desengaño, y no te pongas más en mi presencia, que no quiero que digan en Valencia, culpando en todo las acciones mías, que te consiento, haciendo picardías. No eres hijo segundo? deja la ociosidad, corre haver mundo, solo en Valencia tu afición se encierra: no sabes que la guerra, haciendo de ella alarde, la sangre alienta, que en las venas arde; pues como no te incita este cuidado? que hacienda; di, tus padres te han dejado? en que te fundas loco, conociendo, que te hallas en Valencia pereciendo? quieres dar a mi honor aqueste ultraje? quieres deshonrador de mi linaje, si con ruines intentos, piensas cobrar de mí los alimentos? eso es cansarte en vano: vamos, Otavió. Aguarda, oye. . Ha tirano! Qué me puedes querer? Hablarte intento. Y yo pediré al cielo sufrimiento! ̱ . Que razón te ha movido, o que mal trato para ser a mi afecto tan ingrato? cuando falté prudente a las leyes de hermano, y de obediente? que tigre hircano, de matar sediento, no corrige en susangre su ardimiento? que diamante; con sangre no se mueve, a ceder al buril que se le atreve? que pena no enternece sus porfías, al repetido alago de los días? pues si ejemplos iguales tedan, hasta los mismos animales; Pues si en sus Horizontes, las piedras se enternecen; y los montes: como tan inhumano, no acudes al remedio de tu hermano? que esté sin duda alguna, hecho escarmiento vil de la fortuna! cuando a vivir te enseña una fiera, un diamante, y una peña; Pero, pues, lo permite el cielo justo, solo por darte gusto, irme a Flandes pretendo, mejor será, que no vivir muriendo; donde al cielo le ruega mi cuidado, si da oídos el cielo a un desdichado; pues en todo te sirvo de embarazo, que muera del primero mosquetazo: y ya que llego tan tirano a verte, tus rigores se acaben con mi muerte! Ines, sin alma estoy! Yo enternecida! he de llorar como una descosida. Ahora sí, que con eternos lazos, conocerás mi amor entre mis brazos; cuando te piensas ir? Ya solo espero, que me des, don Enrique, algún dinero; pues tengo mi jornada prevenida, con que me iré mañana, Ay, de mi vida! Qué tanto has menester? Con mil ducados, tendrán algún alivio mis cuidados, corto he quedado, no te pido mucho. La paciencia me falta: que esto escucho! Si él se los diere, luego de repente quiero que me la claven en la frente. Ay desvergüenza igual? Pues dime, hermano, si los echas al naype en una mano? que es mil ducados en jornadas tales? Pues no te bastan, di, quinientos reales? De limosna eran buenos. Qué querías, que las trampas te pague, y picardías, que en el lugar has hecho? La cólera revienta ya en el pecho; vive Dios, que en él modo de portarte, a ser hombre de bien puedo enseñarte. Que escucho! tú, me pierdes el respeto? Si no fueras mi hermano, te prometo, que aquesta espada a conocerte diera, quien el villano en sus acciones era. Infame! mal nacido! tanto agravio, he de vengaren el, déjame Otavio. Tente, señor. Tenerme es desacierto, que he de matarle. De hambre será cierto. oye señor cuñado, de su hermano he nacido fiel criado, mire bien por su vida que soy el que inventé la cambullida, y ya de ejecutarla tengo asomos, aunque lloviera el Cielo mayordomos. Por no manchar mi acero os dejo. . Qué inhumano! Que grosero! Si entras más en mi casa, haré que osados te abajen la soberbia mis criados. De tu rigor, a mi paciencia apelo. De hipocresias no se paga el Cielo: vamos Oravio quédate enemigo de una vez sin hermano; y con castigo. . Oyes, vele a dar socorro, La joya podrá servir, porque es tu hermano mayor: no fuera mucho mejor que le dieran en el morro. Su pena en el alma siento: ay don Diego! Vive Dios que parecemos los dos figuras de paramento: deja por Dios la mohina, y pues de casa te arrojan, vamos a que nos recojan los niños de la dotrina: si tu hermano te atropella, quien nos ha de socorrer? d. . Esto, Catarro, es nacer un hombre con mala estrella, desde luego que nací esta mi fortuna fue. Y yo mi muerte busqué desde el punto que te vi. Mañana pienso partir de Valencia. Solo quiero preguntar con que dinero? que aquel enigma divino me envió. En lo cierto das, y en lo que intentando estás no vas fuera de camino, ya siento lo que se tarda la jornada. Yo la lloro. Yo siento, porque la ado ausentarme de Leonarda: o si escuchara mis males, pues tanto mi bien limita, la fortuna que me quita el adorar sus umbrales. Catarro ha Cielos divin que hará mi Leonarda, di? Estará pensando en ti, como ahora llueven pepinos. A Dios hermosa omicio imposible a mi dolor. Eso no, porque morir te estorbará la partida. Que de su vista adorada me ausente yo, ha pena fiera! Que yo en la joya le diera alas para la jornada! Pero ya no hay otro medio. Pero yo lo enmendaré. Remedio a todo pondré. A todo pondré remedio. Vamos, porque prevenida esté manana mi ausencia. O no te irás de Valencia, o me costará la vida. Que me puede suceder bueno con tal porfiar? cuando podré yo ganar lo que he llegado a perder? Mal haya el maldito juego, y con quien él me ha metido, pues por él solo he perdido la hacienda, con el sosiego. Dejad, amigo, el pesar, que otro dia ganaréis. Si porfiáis, vos veréis como volvéis a ganar. Ya mi suerte está resuelta, y nada le satisface. Callad, que todo lo hace andarsolo un mes de vuelta. Que hombre de bien puede estar, si llega tanto a perder, con alegría, hasta ver si se puede desquitar? d. . Esto os dice mi cuidado. Por Dios que sois mozo cuerdo Qué tengo de hacer, si pierdo lo poco que me ha quedado? Puedo fáltaros yo a vos? eso es dudar de mi fe. Toda mi hacienda os daré. Sois mis amigos los dos. Pierda, pues soberbio es. humille su vanidad. Ya sé que en vuestra amistad no hay engaño, ni interés. Cómo os va con la privanza de doña Clara la bella? Pues si no fuera por ella, que fuera de mi esperanza? Pues don Enrique, a Leonarda no tuvisteis ciego amor? Cánseme de su rigor. Ella es hermosa, y gallarda. Ya estoy pobre, y solicito dejarla, que bien podré, pues dar en seguirla, fue de la ociosidad delito. Dona Clara me ha querido siempre, es noble, rica, y bella, y casándome con ella restauraré lo perdido. En fin vuestro hermano está fuera de casa? es rigor. Hoy le he visto de color, a Flandes diz que se va. Que se vaya solicito. d. . Tanta estrañeza, es exceso. Váyase a Flandes, con eso de sustentarle me quito. Mi señora me ha mandado, que sin detenerme luego este papel dé a don Diego, y todo el lugar he andado; pero aquí su hermano está, y sus amigos, que haré? de alguno me informaré, y señas de él me dará: ce, a Caballero? Es a mí? Conoceisla? No por Dios. Pues lleguémonos los dos mi pena divierto así: que nos mandáis, dama bella? No travéis conversación, pues sabéis su condición; dejarlo solo con ella. En esta esquina aguardemos mientras habla a la tapada: cualquiera mujer le agrada. Son notables sus extremos. Ya estáis sola, y a mi ruego, que os descubráis será bien. No os busco a vos. Pues a quién? A vuestro hermano dón Diego. Debeos algo? Bien le apoya la sangre que tiene, Clara. E. Cómo es tantuin, no estrañara, que fuera alguna tramoya: sois su dama? Yo os confieso, que es de mayor jerarquía. Es hermosa? Como el día. Pues yo os he de ver por eso. De mi amante cuidadosa; pues a verme no ha venido, estos días he salido a buscarle yo celosa, De mi casa dizfrazada; pero en valde mi cuidado, en la suya le he buscado, y vuelvo desesperada Sin haber. Pero qué miro! esto cielos, llego a ver! solo, y con una mujer: de mi paciencia me admiro! Con licencia de esa dama, hablaros aparte quiero, dos palabras, Caballero. Id, que esa señora os llama. Ya es la obediencia forzosa Esto encubierto tenía? Si son celos. Reina mía, aqueste galán no es cosa. Yo no os pido cuenta a vos. Hace muy bien su merce, luego la vuelta daré, quedaos don Enrique aDios. e Qué mandáis? Que he de mandar, viéndoos tan bien ocupado? No era cosa de cuidado A mí me le puede dar. De rabia, y de celos muero; o acabeya a mis suspiros! Qué es lo que queréis? Deciros, que sois un mal Caballero. Quién, señora, os irritó? de que estáis tan enojada? quien sois, hermosarapada? Quién puede ser si no yo? Dueño mío! doña Clara! tú en este traje? qué miro! tu disfrazada, mi bien? o bien haya el desaliño cortesano pues te muestra hermosa sin artificio; bien haya mi amor! Tened, no con amoroso estilo desmientan vuestros afectos tantos aleves indicios. Yo os buscaba, no lo niego: muy tierno estáis, ya lo he visto muy amoroso: atraidor! en vano mi queja ha sido, porque estar un hombre moz con una dama muy fino en la calle, claro está, que no es tan grande delito; esto se acabó. Señora, sabe el cielo, él es testigo, de que esta mujer buscaba. Satisfacciones no pido, A mi hermano. Ese, es engaño. Si no es verdad. Mas me irrito! Plegue a Dios! No, no juréis. Que el cielo. Ofenderle ha sido. Me falte. De rabia muero! Si mi amor. Etnas respiro! No os adora? Suelta ingrato, Aguarda. Muriendo vivo. Solo tú señora. Es falso. Pudieras. Es desvarío. Ser el dueño. Qué crueldad! De mi afición. Qué martirio! suelta aleve, y pues mi amor se lo tiene merecido; muera yo de lo que peno, pues peno de lo que vivo. . De qué dais voces? Ahora, con la dama que os llamó, doña Clara, hablar me vio. L. Lo que os muele esa señora. Ya yo la hubiera dejado. Dejarla amigos recelo, que es rica, y este consuelo en mi ruina me ha quedado, que tuvo razón confieso. Y vos disculpa también. Dejad que la siga. Y bien, para que os matáis por eso? Vamos, do Enrique al juego a ver si os dice mejor. Gracias al cielo, señor, que soldado a ver me llego; pero aquí tu hermano está, y muy bien acompañado. (do? No es dón Diego el que ha llega. Risa a todo el pueblo da. d. . A hablarle podréis llegar: galán vive, y satisfecho. Para vestirse haura hecho mil trampas por el lugar. Vamos de aquí: ciego estoy! hay desvergüenza tan rara: delante de mí se para; por no mirarle me voy. Di. Galan estás. Extremado; poco aurá que soy soldado, y tengo una hambre canina. La soya nos dio consuelo, ella estas galas apoya, sino fuera por la joya, nos quedábamos en pelo. Ella fue el norte, y la estrella la dama que la envío. La vieja que te la dio, se hallaba muy mal con ella. Oh viela de gusto eterno! o vieja, que el serlo sobra! plegue a Dios que aquesta obra te remoce en el infierno! Gracias a Dios que con él mi diligencia ha encontrado: todo el lugar muertahe andado por darle aqueste papel. Dama que venís andando, con ademan, y sosiego, a quien buscáis? A don Diego. Señor, aquí andan buscando, Es a mí, señora? A vos: este callando hablará, Hasta ahora bueno va, joya tenemos por Dios. Si es del enigma dueño, con gustole abre mi amor. Como ya estás de color, te querrá ver de camino. Pienso que en lo cierto das, lo demás podrá él decirte. Sin duda quiere estreñirte, como sabe que te vas. Ella el papel escribio. Toda mi atención es suya. Y dime, por vida tuya, no traes otra cosa? No. Por Dios que la has hecho bue- pues con eso te venías, (na: cuando entendí que traías un joy el, o una cadena: vaya la pícara a dar papeles a quien los quiera: por cumplimiento pudiera traerse un déjame entrar: un diamante, sea el que fuere me dé, . Tu codicia apoyas. Si nos ha enseñado a joyas, no lo he de sentir? qué quiere? pero pues galán estoy, y ya mi amor se declara, deme un bambóleo de cara. Mala para vista soy; pero. Deja los desdenes aquí para entre los dos. Vesme aquí. Fuego de Dios, que maldita cara tienes: Jesús que figura rara! La escupe? Mal alma tiene: es posible que se viene sin joya, y con esa cara? Yo sé que aunque me maltrata, que me quiere bien. La adoro: si usted trujera algún oro, viniera como una plata. Decidle a vuestra señora, que la obedece mi vida, y que aunque ya mi partida estaba dispuesta ahora, por hoy suspenderla quiero, aunque mañana me iré, que aunque tan forzosa fue, es darla gusto primero: en el puesto que decís aguardaremos los dos. A Dios Ángelito. A Dios, yo veré si lo cumplis. . Qué te dice esa mujer? A solas me quiere hablar. Mucho me da que pensar: un tigre debe de ser. que querra, cuando mi estrella, mi ausencia infeliz apoya? Querrá pedirte la joya, y más los réditos de ella. No apures mi sufrimiento, que recio tu humor está! Cómo que no? cuánto va que te pide a diez por ciento? Ven, Catarro, que mi amor diferente estrella sigue. Cuando por ella te obligue, di que soy tu fiador. s. Que le hablaste! Si señora, y esto porrespuesta da. Que en fin, a verme vendrá? A. A las ocho, que es la hora señalada entre los dos. Plegue a Dios que venga Ines. Él es vizarro, y cortés, mas no me dirás por Dios, en casa de doña Clara, que intenta tu desvarío? El pecho, y alma te fío, escucha una industria rara. Hablar en mi casa, Ines, a don Diego, fuera error, que la sabe, y en rigor me conocerá después. Negarte que yo le adoro, pues losabes, es quimera; pero mayor dano fuera aventurar mi decoro. Y en lo que más me acobardo, para seguir mis intentos, es aguardar por momentos. Ines al Conde Ricardo, que viene a ser mi marido: mis dendos por darme estado el casamiento han tratado, aunque a mi disgusto ha sido. Yo en fin, viendo que mi amor crece de mi llama al fuego, y que yéndose don Diego queda eterno mi dolor, mientras el Conde no llega, y mi corazón se abrasa, hablarle quiero en la casa de mi prima, amante, y ciega, Sin luz, Ines, aseguro que no me conocera: en la casa no cairá, con que todo está seguro, Diras tú, que doña Clara, si a don Diego llega a ver, le podrá, Ines, conocer, cosa que a mí me pesara. Pero mi amor advertido, un día le preguntó por él, y señas me dio de no haberle conocido. Y a creerlo me ocasiona ver lo mal que le ha tratado su hermano, y haber llegado poco habrá de Barcelona. Todo, señora, esta bien: que es lo que intentas ahora? Ver si don Diego me adora, o si muero a su desdén. Eso ya está conocido, señas de adorarte da. No ves que también esta de mí misma agradecido, sin saber, Ines, que fui quien la joya le embíé, pues ese mi intento fue, ver si me quiere por mí. Si en nombre de la tapada le llamas, no fuera error decir, que te tiene amor? Eso, no me importa nada, Y a mi intento no desdice, que aunque él discreto andará, sé yo que me lo dirá el modo con que lo dice; no estaba de color? Sí; que quieres, dime, intentar? Ines, no hay sino callar, y déjame obrar a mí. Prima mía, en este instante una criada me dijo que estabas aquí, y al punto a buscarte mi amor vino, tú seas muy bien llegada. A mi fortuna le estimo hallarte en casa, pues logro la dicha de habertenido, aunque, si he de hablar verdad, juntamente solicito darte cuenta de un cuidado que a tus ojos me ha traído, y su remediarle puedes. Ya es el dudarlo delito, cuando sabes que. Por eso de ti, prima, me he válido, sabe que el Conde Ricardo ayer a Valencia vino. Qué decís, el que ha de ser esposo tuyo? Ese mismo. Pues eso te da cuidado? Con mucha atención le hevisto, y es en extremo galán, vizarro, airoso, lucido, de linda persona, y talle. De eso me huelgo infinito: pues yo que tengo que hacer si tantas partes me has dicho? Mira como el matrimonio es lazo estrecho, bien finjo, que dura toda la vida: quisiera. Habla, prima, dilo. Saber si el Conde Ricardo es afable, y entendido, porque si su condición es igual con lo que he dicho, casarme con él será de el alma fiero martirio: bien se encámina el engaño, Prima, no tienes oídos: hay más que hablarle? Mi amor eso a suplicarte vino: quisiera hablarle en tu casa, con que dos cosas consigo, ver su entendimiento, y que he no sepa donde ha venido, pues ya le han dicho mi casa. qué he de hacer Cielos divino que puede ser que mi amante, cuidadoso, y advertido, de los celos que me dio venga esta noche rendido a darme satisfacción. En que ciego laberinto, por un antojo liviano esta mujer me ha metido! A Qué respondes? Que me trates, no como quien te ha querid y desea que la mandes. Responderte era delito, dueño de mi casa eres, consultalo allá contigo. En nuevas obligaciones pones al afecto mío: quítame ese manto, Ines, y ve a hacer lo que te he dicho Yo voy. Yo con tu licencia allá dentro me retiro, voy a que prevenga luces, y yo misma solicito traerlas, que a mis criadas no es bueno darlas indicio de que entra hombre en mi casa Irme agora detérmino, porque si viene mi amante, remedio tantos peligros. Ay de mí! que a dona Clara que no traiga luz no he dicho: yo voy volando a avisarla; pero hay Dios, que siento ruido, y es don Diego, que ya llega: mas es vano el temor mío, que claro está que mi prima habrá mi intento entendido. En esta cuadra os espera. Mejor dirás en el Limbo, pues no somos inocentes. Es don Diego? Es quien ha sido infeliz, pues le quitáis la gloria de haberos visto. Muy ingrato habéis andado, pues cuando me inclino a vos os ausentáis. Pues por Dios que en vos tengo mi cuidado, a vos por dueño os aguarda la dicha que merecí. Pues me habían dicho a mí que amabáis cierta Leonarda. Vanos son vuestros recelos, a vos por dueño os señalo, miente la lengua. No es malo que yo de mí tenga celos: dicen que sois muy humano, mal esta pena resisto: más ay de mí! luz he visto, no fue mi recelo vano. Pues de qué os turbáis así? O lo que causa un error! Joya tenemos, señor. Don Diego, quedaos aquí, que yo volveré al instante, y de espacio me veréis: ven Ines. En mí tenéis un esclavo, y un amante. Esta mujer que pretende, cuando verla solicito? Volverá de Frailecito, porque yo piense que es duende; pero una luz he mirado, que hacia aquí viene, señor. Ella será, y a mi amor, todo su intento ha logrado. Y no es vieja, vive Cristo. Luz traigo a mi prima ahora, ha venido? Ya, señora, he logrado haberos visto: mal a mi amor corresponde quien su vista niega así: yos sois el dueño. Ay de mí! este sin duda es el Conde. Al alma tormento dais, ya esta dicha se logró. Ciego estáis, mirad que no soy la dama que buscáis. Pues esto negar queréis, cuando estoy tan obligado de vos, y me haveis llamado, negáis que me conocéis? En vuestra respuesta aguardo el crédito de mi fe: no sabéis quien soy? Ya sé que sois el Conde Ricardo, que a Valencia habéis venido a casaros, de amor preso: mas no se sigue por eso que yo esa dama haya sido. Más acrecentáis mi duda: señora, con responder no escuchas? Esta mujer, borracha viene sin duda. Si os burláis por vida mía, que hacéis mi pena mayor. Aguarda, dila, señor, que te llame Señoria. Llamar a la puerta oí, pues sois discreto, y galán, aquestos golpes que dan, del dueño son, ay de mí! de esta casa, y así os ruego que aquí dentro os escondáis, pues con hacerlo, le dáis alivios a mi sosiego. Tenéis dueño? Puede ser. No se quejará de vicio. Escóndeos apriesa. El juicio me apura aquesta mujer. A abrira mi amante voy, que es, quien duda que él será? que arrepentido vendrá a darme: quién es? Yo soy. Qué es esto, otavio? Señora, don Enrique me mandó, que viniese luego yo a decirte, como ahora es imposible venir, que queda perdiendo mucho; pero que luego. Qué escucho! No dejará de acudir a verte, y desenojarte de los celos que te dio. Que no venga quiero yo, Otabio, al momento parte, y dile a aquese traidor: el corazón se me abrasa! que haga cuenta que esta cas no la conoce su amor, que no tiene a que venir. Es hacerle mucho agra No me repliquéis, otavio esto le puedes decir. Ya el lance no me acobarda pues sin embarazo estoy, que aguardo? a avisarle voy, que está aquí el Conde. A Leonarda. A mi prima no he encontrad sola esta sala a ver llego. Sin duda Ines a don Diego cuidadosa habrá sacado: que un error haya podido mi engaño desvanecer! Desde aquí procuro ver, pues ha cesado ya el ruido, el logro de mi deseo: Sola está, salir ahora quiero hablarla: ya señora. Mas Cielos, que es lo que veo Ay Dios! la engañada he sid cuando le quise engañar. Qué es lo que llego a mira Sin duda estaba escondido: más disimular importa. Qué pretende mi fortur Qué es esto señor don Diege en esta casa, que busca vuestra atención? Mal la lengua las palabras artícula: pues conocí a la tapada, no ha de negar mi ventura lo que a esa dama le debo. Pues decidme, que procura vuestro engaño? Cómo yo, señora, no he visto nunca esa dama que decís, agradecimientos usa la voluntad, mas no amor, solo en vos tiene disculpa el alma. Que en fin me amáis? Como al Sol la noche obs- (cura. De verás? Dígalo el alma. Cierto? En eso ponéis duda? Pues habéis errado el lance: ved que esa dama os escucha, y son injustos los celos, y es mi amiga, y sé que os busca, solo para que no os vais: está muy tierna, y procura deteneros: y si yo puedo con vos cosa alguna, que no os vais por ella os ruego. Por daros gusto se excusa mi jornada, no por ella. Por mí, si eso os atríbula, desde luego os podéisir. Si yasé que de ello gusta vuestra amistad, yo me quedo, mas sabed, ha pena injusta! que sois el dueño que adoro. Y la tapada? Eso es burla. No la queréis? No señora. Que aquesto mi engaño sufra! que yo misma me dé celos! Hay amor! mucho te encumbras. Hay amor! mucho te abrasas. Hay alma! mucho te apuras. Como Leonarda me quiere, cormo sapada procura: obligarme con entrambos, a un tiempo finezas usa: y o viñe a desengañarme, y llevo mayores dudas, id con Dios. l. . Guardeos el Cielo: no tendré esperanza alguna, si quiera una vez de veros? Con ella me veréis muchas: amor, que es lo que pretendes? Amor, que es lo que procuras? Corazón, y a te han rendido, don Diego tu aliento turba, no es mucho que te despeñes, pues tu precipicio buscas. d. . Amor, yo he de porfiar hasta que advierta mi duda, si caben en un sujeto amor, pobreza, y fortuna.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA A quien habrá sucedido lo que por mí está pasando, sin que el más sutil discurso no se pierda en el cuidado? Que enigmas. Cielos, son estas? que ilusiones, que encantos? pues yo, aunque alcanzo a sentirlos, nunca a entenderlos alcanzo. No hablé a la tapada? si, no la hablé con luz? es claro; no via Leonarda también? como Cielos soberanos, habiendo hablado con una ambas a dos me negaron? Vive Dios, que no lo entiendo! discurso, deten el paso, porque llegar a entenderlo es cámino de dudario, Sudando vengo por Dios. Es posible que te hallo, señor, después de seis horas ha que te busco? Catarro, como vienes tan de priesa? que hay de nuevo? Hay cuentos largos: mas no los puedo decir, que harto te importaba darlos por sabidos, Dios de mi alma lo que te importa! Borracho, habla ya, o viven los Cielos que te dé de cintarazos. O quién fuera el de las aguas, para llenar doce vasos de una vez, en doce cosas, señor, que contarte traigo, de diferentes colores! Qué aguardas? habla villano, o vive Dios. Pues escucha. Ya te atiende mi cuidado. Ya sabéis que soy galán, y que a mi tarle, y mi garbo fue niño de tera aquel famoso de Arias Gónzalo. Esto supuesto, que es cierto, ya sabes que anoche entramos nos escondimos, que tú, sin hacer en mi reparo, escondido me dejaste: ahora vamos al caso. Inesilla, cierta moza, que importa mucho al recato de las damas encubrir el nombre, mas yo lo callo, porque puedes conocerla: conmigo se ha declarado, y como la pobre lucha con pensamientos tan altos; temo que venga a perder el juizio por mis pecados. Yo también la correspondo entre desdeñoso, y blando, ni bien suyo, ni bien mío, ni bien fino, ni bien falso; pero lo merece Ines, que a no tener, yo hablo claro, de chismosa unos asomos, y de fácil unos rasgos: ser fea por el principio, y sernecia por el cabo. A no calzar la muchacha quince puntos de zapato, ser desalinada, y puerca, fuera la ines un milagro. Finalmente, mi don Diego, la moza que te he pintado, he sabido que es criada de aqueste hermoso milagro, que por brujula te envía las joyas, y los regalos. Y hablando de su señora, Inesilla me ha contado, que el dueño de aquella casa, la tapada, o el encanto que te busca, señor, y que nos ha vestido a entrambos, es doña Clara de Borja. Con que su sangre no es barro, su hermosura la que sobra, su renta seis mil ducados; sus joyas, ya las has visto. Aquesto le di a tu amo, dijo Ines, y me vacio por cierto postigo falso: esto don Diego he sabido. Pues dime, hombre de los diablos agora buscas Leonardas? cuando yo, siendo Catarro, en la tapada, señor: tomé, claramente te hablo. Agarrate de esta Clara, que es la que te está adorando: diganlo tantas finezas, joyas, favores, régalos, como a esta mujer le debes. Hombre, estas endemoniado? seis mil de renta no estima quien no tiene unos zapatos? cómo, di, tu chimenea los humos no te ha bajado? Eres más de un escudero de don Enrique tu hermano, que nunca has tenido uno entre los sueltos caballos? Esta es ya resolución: señor don Diego, casaos, o vive Dios, que si yo a reduciros no basto, que me he de casar con ella: harto os he dicho miradlo. Ay Catarro! mi dolor, mi esperanza tiene en calma: si a Leonarda he dado el alma, que culpa tiene mi amor? No hay en mis desdichas medio: si tú con tal ceguedad ignoras mi enfermedad, para que me das remedio? De doña Clarano olvido las finezas, y el cuidado: allí me hallo enamorado, y aquí solo agradecido. Luego en la pena que siento, todos dirán que es mejor hacer lugar al amor, y no al agradecimiento. Nada a mi amor satisface: argos de Leonarda soy: ay Catarro, que ya estoy muerto! Requiescar inpace. Señor, por amor de Dios, que eso es quedarse a la Luna: pues no te hallas bien con una, a la vista tienes dos. A Leonarda sigue en vano, así a ser dichoso vienes: casate luego, pues tienes el casamiento en la mano. A Clara, si hablo verdad, no desobligarla es trera, que puede servir, si aprieta mucho la necesidad. En lo que intentas repara, no hagas de tu dicha tema, porque a falta de la yema, no es mala, señor, la clara. Ningún consejo me des, pues ignoras en rigor, que no es amor el amor que conoce el interés. Y así, pues que de color andamos por el lugar, y me lo han de murmurar: la última prueba mi amor quiere hacer, pues mi partida abreviaré de esta suerte, o bien para ha lar la muerte, o para cobrar la vida. A ver a Leonarda iré, anoche en casa la vi de doña Clara, y allí mi pasión la declaré, y ella dejando el rigor, me respondió, que me oía la dama que me quería. Ves como es clara, señor, por Dios que es tu humor extraño: a Leonarda quieres ver en su casa? Iré a saber de mi amor el desengaño: si ella aumenta sus enojos, mañana pienso partir. Al fin, yo le he de decir con lágrimas en los ojos: ya callártelo es en vano, fortuna ha sido cruel, has de saber, que la piel dio don Enrique tu hermano. Pues que, ha muerto? Sí señor. Llorando a decirlo llego, hizolo cosa de juego, y fue el naipe su dotor, y lo siento, vive Dios, por lo mucho que nos daba, que era un santo, y nos trataba como a esclavos a los dos. De ti se acordó, aunque malo, para que no formes queja, don Diego, porque te deja unos estrivos de palo: era buen mozo el cuitado, y murio tan penitente, que juzgo piadosamente que el diablo se lo ha llevado. Que tenga paciencia yo, siendo tu humor conocido! No ha muerto, mas ha perdido todo cuanto Dios le dio. Qué dices de mi fortuna? quée escarmiento al mundo ha dado . En valde es cansarse ya. no permanece ninguna. Tu hermano en que a consolallo vayas luego te prevengo. d. . Ven Catarto, que no tengo ánimo para escucharlo. Ay de mí! No ha sido en vano que padezcas pena tal, si reparas en lo mal que lo has hecho con tu herman aún mayor daño recelo. Mas cuando estoy destruido Si señor, porque este ha sido justo castigo de el Cielo: ya tan pobre a ver te llego; que hoy no tienes que comer: que es lo que intentas hacer? En esta casa de juego, adonde tantos testigos de mi mal vienen, y van, pienso que jugando están mis dos mayores amigos, de aquí mi ruina ha nacido. Que te socorran les di. Ya vienen, Otavio, allí. Harta amistad te han debido; con muchos mirones vienen, que es señal de avergañado: a muy buen tiempo he llegado; ya mis esperanzas tienen algún alivio por hoy, Otavio vente tras mí, retirémonos allí. A nadie barato doy. No he dado barato allá? que es lo que quieren aquí? 1. No me le ha dado uste a mí. Otanio, en un desdichado . . Jesús la gente que carga! 2. Denos barato a los dos, pues en duda, sabe Dios, que juzgué la suerte larga, cuando le envocó las trece, que lo dejó palpitando. Pues si me voy enojando. 1. Bien el barato merece quien en muchas ocasiones, que a la errona usted paraba, muy largo, le encomendaba con sus pobres oraciones. 2. El contador es primero. 1. A mí que el tahur lleve. 2. Yo una suerte condené, qué importó todo el dinero: con un doblón me contento. 1. Yo con menos, si por Dios. Ven aquí para los dos: de risa, don Luis, reviento, ocho reales. 1. Me acomodo. 2. Yo no, aunque más me rueguen, plegue a Dios, que cuando jueguen, que las pierdan hasta el codo. . derifas estoy debiendo, Ahora puedes llegar Qué dices de estas razones? Que solo por los mirones tengo el juego de dejar. Polillas son, vive Dios. . La norabuena os daté, amigos, porque ya sé que habéis ganado los dos: mi mayorazgo he perdido, con vosotros le he gastado, pues los dos habéis ganado, que me socorráis os pido: su buena fortuna alaba quien por amigos os tiene. Con buen despacho se viene. . La cordura, y la templanza, Esto solo me faltaba. Pues veis mi mucha aflicción, . 1. Pues cómo ha de haber cordu- socorredme don Rodrigo: que decís, no habláis? Amigo, llegáis a mala ocasión, que os sirviera mi cuidado, con afecto verdadero: mas le debo al garitero divero, que me ha prestado de un abono que perdí, que pagarse no dilata, y voy un poco de plata a desempeñar, y así, pues habéis llegado tarde: nada ahora os puedo dar, porque primero es pagar, Enrique, Dios os guardo. . Vos don Luis, de rabia loco estoy, quien tal escuchó? que me respondéis? Que yo, nada os puedo dar tampoco? y disvadiros pretendo de peticiones iguales, porque más de dos mil reales y de barajas también: perdonad respuesta igual, que no he de hacerme a mi mal, por haceros a vos bien. . L. Cómo, ay Dios, no me enaje- mi locura, y mi furor? (na poco se debo al dolor, pues no me ha muerto la pena; o pesia! Señor. Otanio, ya no hay en mi resistencia: quien ha de tener paciencia para escuchar este agravio? el cuerdo tener procura. (ra, que sufra tanta mudanza? que hoy pobre se llegue a ver quien tan rico ayer estaba? El tiempo todo lo acaba. Podré paciencia tener, viendo tanta falsedad en mis amigos, otavio? La pobreza, y el agravio no hallan segura amistad: este ejemplo lo declara. Ay de mí! en vano me aliento, verme en este estado siento, no por mí, por doña Clara. Ya no es posible llegar a ponerme en su presencia. precisa ha de ser mi ausencia, mi amor puede perdonar, Ya no. Otanio, de mi daño, en parte no formo queja, porque aunque tarde, me deja escarmiento el desengaño. Decid que se aguarde el coche, que poco estaré con ella. a verá mi prima vengo, para ver cuando concierta su casamiento, pues ya el Conde llegó a Valencia, y yo misma le via noche, con que a un tiempo mi fineza le pagará la visita, y dará la en hora buena. d. . Temblando llego, Catarro, que estás paredes me enseñan. respeto, y los hierros míos, estos balcones me acuerdan un lazo, mi aliento oprimo! Ya subiste la escalera; sabes el Credo señor? porque en el aire se reza. (mor? Siempre has de estar de un hu- más Catarro, aguarda, espera; no es aquesta la tapada? La misma es, ella, por ella. Este es el Conde Ricardo, él tiene buena presencia, buen gusto tiene mi prima. Si no me ha visto, quisiera volverme a salir. Señor, vana fue tu diligencia, que ya te ha visto, por Dios que te ha cogido entre puertas Qué disculpa la daré? porque esta mujer, es fuerza, que esté celosa de ver, que a ver a Leonarda venga; pues cuando la hablé en su casa se mostró celosa de ella: esto ha de ser, vive Dios. Como el tal Conde no llega a preguntar por mi prima? Mi engaño de esta maner lo remediará, es posible infame, que no supieras. antes de venir, la casa, vive Dios, que mi paciencia. se apura con mis descuidos. Vuestro criado no hierra, pues la casa que buscáis. con tanto cuidado, es esta. D. Zelosa está, que he de hace Fuego de Dios, que ojos echa Vos seáis muy bien venido, donde por dueño os espera esta casa, y donde ya. la podéis tener por vuestra: la en hora buena me doy del gusto, y las conveniencias de entrambos, porque soy parte que en tanto acierto interesa y ahora me habéis de dar para déjaros licencia, porque quiero ser yo, quien lleve a Leonarda las nuevas. Señor, dila que venías a preguntar por la dueña, y a traerla unos antojos. Cierta salió mi sospecha. No la dilaréis el gusto, que tendrá cuando lo sepa. Docelos está perdida! Caíste en la ratonera. Pero esto ha de ser. Agora que a verme mi prima llega, una criada me dijo: más cielos! no está con ella don Diego? de aquesta vez he de apurar mi sospecha, porque mi prima me ha dicho, que a noche le habló, y es cierta razón, que por la tapada la ha tenido: ea cautelas, ánimo, que de esta vez de su amor haré experiencia. d. . Señora, el haber venido a esta casa, Qué, te hielas? d. No es amor. Ha falso amante! La verdad del caso es esta. Para que fingís conmigo: y asé que cuidado os cuesta el dueño de aquesta casa, en mendaré su grosera atención: y que os turbáis de la dicha que os alienta? ya aqueste novio ha cumplido con la necedad primera. Turbado, y confuso estoy! Pendiente estoy de su lengua! Señora, no he de negar los favores, las finezas que os debo. Vaya, señor: prosigue, que va de perlas. Ya Catarro, muerto estoy. desde que en la estancia amena del Grao, tapada os vi, dar envidia a las estrellas, y desde que para hablaros, cortés me disteis licencia, confieso, que agradecido estoy a las nobles muestras del amor que os he debido. Eso sí, pese a mi aguela! desenójala, señor, que tiene seis mil de renta. Qué es lo que escuchando estoy Ha tirano! amor, paciencia!! Pero. Señor, ese pero se te ha de volver camuesa. Mirad bien lo que decís Ya desengañarla es fuerza: primero es mi amor, señora, en un hombre de mis prendas, nunca ha de caber engaño: vos nunca disteis matería, para que os viese, hasta a no che que os vi en vuestra casa mes ma, con que solo agradecido estoy a vuestras finezas, antes de veros tenía amor a Leonarda bella, que fue mi primer cuidado: perdonad, si os lo confiesa mi amor; pues ya no es posible, que lo oculte mi cautela; más porque aquesta disculpa. no la tengáis por grosera, manana pienso dejar desesperado a Valencia, con que mi atención consigue, que sepáis por experiencia, que no os deja por alguna, quien por infeliz os deja, Hombre, que has hecho, que has da- con toda la Clara en tierra? (do Albricias alma, pues viven ya mis esperanzas muertas! Esto es, que como a casarse viene con Leonarda bella, pretende desengañarme con resolución discreta, juzgando ser yo la dama, que anoche os habló cubierta en mi casa, señor Conde, vos me dejáis satisfecha, cuando pensáis agraviarme, porque Leonarda. Esta necia se ha de declarar sin duda: salira atajarla es fuerza: esto me ha dicho otra vez. Qué confusiones son estas! Prima, seas bien venida. Jesus! soltose la presa, de esta vez nos dejan calbos, Vos, señor, valor, cautelas, muy bien llegado seáis. Pues como a hablarla no llega? Yo señora. Qué decís? Ambos de mí se recelan, dejarlos quiero: Leonarda, a darte la norabuena he venido, y pues que ya bien acompañada quedas, no quiero que vuestros gustos. estorbe mi inadvertencia, porque en los lances de amor, siempre quien estorba ierra. Prima a Dios, leyome el alma. Cielos, que enigmas son estas? permitid que os acompañe. Vuesenoria se tenga, y goce por muchos anos, de Leonarda las finezas. . de . Qué es lo que pasa por mí! Por Dios que ya por la puerta, como perro con begiga. Vencio, mi amante sospecha, pues le hallé constante, y firme: pues don Diego, qué queréis? Vengo a decir, que me deis licencia para partirme. Para partiros? porque? mi amiga no os obligó? Ya supe quien era yo, y solo de mí no sé, que es doña Clarahe sabido, la dama que me ha obligado. Y no sé porque ha mostrado haverme desconocido: y aunque es doña Clarabella, no luce a vuestro arrebol, pues adonde asiste el Sol, nunca hace falta una Estrella. Yo os adoro, y vive Dios, que no solo a doña Clara; pero mil mundos dejara, bella Leonarda, por vos. Quedaos, pues, y no os espante, que se vaya mi cuidado a morir de desdichado; si ya no ha muerto de amante. Señor don Diego, advertido estad de que si pudiera ser agradecida, fuera vuestro amor correspondido. No os puedo querer por Dios, por causas que ahora os niego; pero en fin, señor don Diego, algo se ha de hacer por vos. Sí os pierdo, os casáis en vano Yo pienso quedar airosa, porque a vuestro gusto, esposa; os he de dar de mi mano. Si es doña Clara, no escucho Poco mi afecto os debíó, no es doña Clara, y sé yo que ha de contentaros mucho. Pues decidme, qué mujer puede contentarme aquí? Don Diego, fiadme a mí, que a vuestro gusto ha de ser, No siendo vos, desvarío es ponerme en su presencia. Yo os ánimo, y la experiencia mas no os fuerzo el albedrío: si a vuestro gusto no fuera, poco vuestro engaño diera. Pues yo he de llevarme al Cura, y venga lo que viniere: aceta, que he presumido, aunque el lance te acobarda, que aquesta nobia es Leonarda. A vuestras plantas rendido, humilde, obediente, y ciego, mi agradecimiento está; pero sin vos. Basta ya: esto os importa, don Diego. Ea penas, a morir! Ea amor, a desear! Ea esperanza, a penar! Ea alientos, a vivir! Cuando sé. Cuando a ver llego. Que me obliga. Que me aguarda. Tanta crueldad en Leonarda. Tanta fineza en don Diego. No he de esperar un instante, irme de Valencia quiero: mal haya el juego villano, que en tal estado me ha puesto! Mal haya amén, mi fortuna! pero hay de mí! que me quejo, si me busqué yo la causa de la ruina en que me veo? No siento tanto mirarme a los rigores expuesto de la miseria que paso, y de el dolor que padezco. Ay de mí! no siento tanto haverme visto en un tiempo tan rico, tan poderoso, de tantos vasallos dueño. Tan respetado de todos, y con tanto lucimiento, con hacienda, y con amigos: ay Otavió, cuanto siento que haya llegado tan tarde el desengaño a mi ciego error, pues de mi fortuna, solo yo la culpa tengo! Quién ha sido más tirano? quien llegó a ser tan soberbio? tan amigo de su gusto? y quien al liviano imperio de las mujeres, estuvo más ciegamente sujeto? quien siguió con más cariño el vil engaño de el juego? Y finalmente, de el mundo, quien corrió en los debaneos tan a rienda suelta? yo, que arrepentido confieso, al ver lo malo que he sido, que ha andado piadoso el Cielo en ponerme en tal estado, pues al verme pobre, veo que tanto vicio infame me ha dado conocimiento. Y viéndome rico estaba cruel, obstinado, y ciego, obrando como dormido, lo que conozco despierto: pues venga a ser pobre yo en mi ruina, conociendo, que fui rico para loco, y soy pobre para cuerdo: lo más que llego a sentir es el rigor, y el desprecio con que he tratado a mi hermano, Deja, señor, los extremos, y dime, que hemos de hacer? Morir, Otavió, pretendo. Dime, porque a doña Clara no vas a ver, pues es cierto que remediará tus males. Si desde que la di celos, no la he visto más, ni ella con ser su amor verdadero me ha buscado, y estoy pobre, con que cara, Oravió, puedo ira verla, aunque la adoro? Pues no me dirás, que haremos de noche, y en esta calle? Ya sabes, que yo no puedo salir de día, y que pobre para un vestido no tengo. En esta calle ha tomado cuarto de casa don Diego, y corte voz, que se casa muy ricamente, y lo creo, porque ha sacado libreas, y anda con gran lucimiento. Quiera Dios, Oranió, amigo. darle lo que yo deseo; que él lo merece. Ahora bien, tú has tomado mi consejo, pues ser oscura la noche, nos sirve para el intento: lo que podemos hacer, ya que tan pobres nos vemos, es valernos de tu hermano. Nunca te he visto tan necio; pues dime ignorante, dime, tan buenas obras le hecho, que quieres que me socorra? No me entiendes, lo que quiero, es, que sin que nos conozca, a su puerta le aguardemos, y le pidas un socorro, que en ti no caira, fingiendo. la voz, y él tiene, señor, tan hidalgo, y noble pecho, que piadoso ha socorrido, por este camino mesmo a muchos hidalgos pobres. Esta es permisión del cielo; y así, pues en mis amigos tanta falsedad advierto, que en fin, todos me han dejado, poner. Otavio, pretendo. en mi hermano la esperanza. Esta es la casa, esperemos a que venga, o a que salga. Catarro, en vano me aliento a ir en casa de Leonarda, aunque obligado me veo de la dama que me escribe: solo por Leonarda peno, solo Leonarda me mata; a donde voy si la pierdo! Señor, has perdido el juicio? pues cuando la estás debiendo a esotra dama, enviarte seis mil escudos, que vueltos en moneda de bellón, es cosa de mucho peso; te acuerdas de que hay Leonardas Si estuviera en tu pellejo me casara a cierra ojos, y me desposara atiento, aunque viera que la novia era un diablo del infierno. No me aconsejes. Ya sé que es predicar en desierto: traes las pistolas? ̱ . Si traigo. Haces bien, porque yo pienso que los deudos de Leonarda andan, señor, con recelo de ver lo que continuas entrar allá, y es bien hecho estar los dos sobre aviso, porque en un lugar nos vemo a donde por cuarro cuartos le darán con la de tengo a un Cristiano, y sin pasearse, le harán tomar el acero. Viste tal oscuridad! A esta linterna agradezco ver la puerta de la calle. Aguarda, que vive el Cielo, que dos hombres embozados están allí Pues don Diego, vuelvete loco, y despara. ̱. . Tapa la luz. Esto es hecho, entra cascando, señor. Quién va? quién es? Caballero, un pobre hidalgo, que ha sido rico, y próspero en un tiempo, y que es ya de la fortuna el más mi serable ejemplo, os suplica que le hagáis algún socorro advirtiendo que es noble, y que abos os toca remediarle por lo mesmo. La limona que pedís, a ningún pobre la niego, por haberlo sido yo, y así esperad. Vive el Cielo que el pobre no me contenta, por Dios que he de verle el jesto, al irle a dar la limosna, porque a estas horas hay ciertos enemigos vergonzantes, que meterán un gifero por el ojo de una abuja. Tomad: quita, aparta necio: vive el Cielo que es mi hermano, mas disimular pretendo. Cielos, si me ha con ocido! En este volsillo os dejo cien escudos, y advertid hidalgo, que tanto siento veros pobre, si por Dios, por lo que a los pobres quiero, como si fueráis mi hermano; id con Dios. Guarde os el Cielo. Ay Catarro! don Enrique era el pobre, parte luego, y sin decirle que yo he sabido este suceso, llévale contigo en casa de Leonarda, con pretejto de que me caso, y que es justo que asista a mi casamiento, y el mejor de mis vestidos le llevarás, porque el pecdo, de verle pobre se anega en lástima, y sentimiento: y yo, Catarro, a mi hermano, como apadre le respeto. Otavió, en esta ocasión llegó mi conocimiento al puerto del desengaño, quédate, y dise a don Diego, que yo fui el pobre a quien dio la limosna, y no tengo ánimo para ponerme donde me vea, advirtiendo, que delante de un hundade no ha de ponerse un soberbio. Muerto me lleva la pena . d. . De dolor se parte el pecho. Voy a servira mi amo. Voy a obedecer mi dueño: quién es? Quién va? Este es Catarro. Otabio es, aquí me vengo. Señor Catarro, aunque tarde, rendido a sus pies estoy: mil norabuenas le doy de su estado. Dios os guarde. Pobre estoy, si usted se emplea en el servicio de Dios, socorrame. A quien, a vos? Si amigo, Dios le provea. Mis necesidades grandes le provoquen a dolor: Don Enrique mi señor quisiera veros en Flandes. Pues diga, ese caso hace de quien tan humilde está? A los segundos allá, la tierra los satisface. (do. De hambre me estoy murien- Si es esa su enfermedad, con mucha fácilidad sanará. Cómo? Comiendo. No tengo la mano escasa, deme algo uste en cortesía. Vuelvase, Otanio, otro día, que ahora no estoy en casa. Limosna en esta ocasión me conceda, pues le clavo. Ahora bien, ve aquí un ochabo, y réceme una oración. Ya es demasiado rigor tratarme con tal despecho: y esto ha sido muy mal hecho. Pues hágalo usted mejor. Quédese para un cuitado el busonazo. El mendigo. vaya en paz, ola, que digo detrás de mí, no a mi lado. Hermosa vienes, Leonarda: el parabién me permito de mirar cuan a tu gusto este nobio te ha salivo. Lo primero Clara hermosa que vengas a honrarme estimo como es justo, pues añades a mi amor este cariño. No te has engañado, prima, alegre estoy, bien has dicho, porque he hallado en su persona todo cuanto yo he querido. A vuestras plantas, señora, más cielos, que es lo que miro vive Dios que me ha engañado Leonarda, pues me ha traído a ser esposo (ay de mí!) de la tapada, preciso ha de ser desengañarla. Vos seáis muy bien venido, pues con el alma os esperan. Ingrata, tanto castigo merece mi voluntad? este pago ha merecido mi amor? tú con otra quieres. que me case? mal reprimo mi sentimiento, y tu engaño: pues ten, ingrata, entendido, que si no eres tú, sabré darme, la muerte yo mismo. Yo, señor, como tan vuestra, muy gustosa os apercibo al parabién de este empleo, que gocéis por muchos siglos, pues a mí me está tan bien. Yo os agradezco, y estimo el favor: sin alma estoy! Ya el declararme es preciso prima. No sabes con quien este casamiento ha sido? El Cura te lo dirá. d. . Do. Enrique, hermano mío. A tus plantas humillado, perdón, hermano, te pido de lo mal que te he tratado. El llanto apenas resisto. Qué es esto? aquí don Enrique, y tan galán? pierdo el juicio. Doña clara tan vizarra: que es esto, Cielos divinos? si con mi hermano se casa? de celos pierdo el sentido: ha tirana! Hh falso amante! Qué honréis mi casa os estimo don Enrique. Yo, señora, criado vuestro he nacido. Ya es forzoso el declararme, que me escuchéis os suplico. Don Diego de don Enrique es hermano, con que digo, que no es el Conde: mi amor hacerexperiencia quiso de su fe, con que confieso, que inclinación me ha debido. Es pobre, y quise apurar si en mi amor estaba fijo: hallele siempre constante, siempre amante, y siempre fijo, y hasta enterarme, no quise darte parte en mis designios, con que ha satisfecho, Clara, a tu duda, y mi capricho. El estuvo de una dama, que le obligó, agradecido, y te ha tenido por ella, siendo yo a quien ha debido, en cubierta, y descubierta, favores, y beneficios: esta es mi mano, don Diego, a vos por dueño os elljo. Con la vida, y con el alma, que a vuestros pies sacrifico. Y pues yo sé que le quieres, claramente te suplico des la mano a don Enrique. Cuando celosa me miro, puedes perdonar, Leonarda. Tus celos en valde han sido, pues fui yo quien te los di. Qué dices? Lo que te digo. Si eso es cierto, tuya soy. Yo tu esclavo, dueño mío. Y aquí la comedia acaba, donde de un pobre se ha visto, amor, pobreza, y fortuna, perdonad los hierros míos.