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Texto digital de Pluma, púrpura y espada solo en Cisneros se halla y restauración de Orán

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Pluma, púrpura y espada solo en Cisneros se halla y restauración de Orán. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pluma-purpura-y-espada-solo-en-cisneros-se-halla-y-restauracion-de-oran.

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PLUMA, PÚRPURA Y ESPADA SOLO EN CISNEROS SE HALLA Y RESTAURACIÓN DE ORÁN

JORNADA PRIMERA

era, amigos, quien se atreve a profanar así fiero el sagrado de mi casa. Muera: a ellos, Don Diego. A ellos. Cuerpo de Cristo conmigo, y qué malísimo agüero hemos tenido esta noche! Por la atención, y el respeto solamente de la que ha causado aqueste encuentro, no los sigo, que no es bien aventurar con un hecho el honor de cualquier Dama. Decís bien, y más habiendo de las espadas al ruido sacado ya por diversos parajes luces; y así, amparados del secreto de la noche, me parece, que al campo nos retiremos sin dilación. . Me conformo con ese dictamen vuestro, con que a la alameda vamos, pues allí dejé dispuesto a Tarangona, que fuese con los caballos. . Teneos, que un bulto, según parece, a nosotros va viniendo. Diga quien es. . El demonio. Pues con la Cruz de este acero sabré si lo sois. . Detente. Eres Tarangona? El mismo. Si tardas en responder, derecho vas al infierno. Y los caballos, borracho? En casa de Pedro Crespo el Hortelano han quedado. Pues vete, y sácalos presto, mientras llegamos nosotros. Digo, señor, que obedezco, aunque para mí un gigante es cada bulto que veo: Dios me saque en paz, y a salvo. . Osuna? . Cónde Don Pedro? Porque en nada estéis quejoso a la amistad que os profeso, de aqueste caso impensado satisfacción daros quiero: vos no ignoráis mi valor. A buena parte con eso enís, señor, por Dios, cuando Coronista puedo ser yo de vuestras hazañas: sé, que sois terror y miedo del África, y la Turquía: sé, que al Católico excelso Rey Fernando en la Conquista de Nápoles, y su Reino, fue vuestra espada quien dio la decisión de aquel pleito: sé, que os premió como sabe, dándoos de Conde de Alberto el Título: y sé también (que es lo más que saber puedo) que sois Don Pedro Navarro galán, valiente, y atento. Dejad, Capitán Osuna, esos encarecimientos, y vamos a lo que importa: En aquellos mismos tiempos, que en Nápoles nos hallamos, ocupaba un Caballero, llamado Don Juan Osorio, por sus servicios, el puesto de Capitán de las Guardías. Conocile, y de él me acuerdo, por más señas, que tenía a Leonor, portento bello, por hija, y aún juzgo, que os mirabáis algo tierno los dos, según se decía. Pues desde aquí estad atento. Mandome el Gran Capitán, de ese tiempo al intermedio, que sujetase una Plaza vecina del mismo Reino: logré la interpresa, y cuando a Nápoles así llego, hallé, que de mi Leonor era ya su padre muerto, con la circunstancia rara de no estar allí, pues diestro, por aqueste acaso propio, o quizás por el recelo de su hermosura, un hermano a España la trajo, a tiempo, que mi fortuna dispuso, que por Reales Decretos la Reina Isabel me llame a Madrid; pronto obedezco con mi lealtad, y mi sangre, que son mis merecimientos: llego, y hallo que en Ocaña estaba la Reina, a efecto de ver a su Confesor Fray Francisco de Cisneros, cuya santidad habita de la Esperanza el Convento. Besé la mano a su Alteza, mandándome, que al momento a Valladolid me parta para llevar unos pliegos al Católico Fernando. A la jornada me apresto, como sabéis vos muy bien, cuando supe, que el portento de Leonor estaba aquí, y sin perder ningún tiempo inquirí donde vivía: presto lo supe y tan presto, que a donde voy a informarme, hallé allí todo el remedio, pues era su casa misma a donde pregunté ciego. Vímonos, y nos hablamos, y no, amigo, te encarezco las ternezas de una parte, ni de otra los requiebros, pues es preciso, que a donde hubo la llama, haya fuego. En esta bonanza estabamos después de infinitos riesgos, cuando de improviso vino su hermano airado, diciendo::- Pues no parece mi hermana, muera quien la robó fiero. Qué es lo que mis ansias oyen Hacia la vega se fueron. Pues su fuga no les valga. Sin duda nos conocieron al salir: qué hemos de hacer en tan conocido aprieto? pues si los caballos hallan, preciso es ser descubiertos. En nada el valor repara. No hay quien favorezca, Cielos, a una mujer desdichada? Qué escucho! (dolor severo!) esta es Leonor (ay de mí!) Acudamos al remedio, que, según de las estrellas se deja ver al reflejo, a aqueste sitio::- Ay de mí, que de aquesta suerte muero! Cobrad el valor perdido. Don Pedro? Yo soy el mismo. Ya más piadosos parece, que los Cielos se movieron: Conde, resuelto mi hermano::- Nada ignoro del suceso, y el acaso sucedido, hermosa Leonor, de haberos salido de vuestra casa, la airada saña temiendo de vuestro hermano, no hallo en tal lance otro remedio, sino apelar a la fuga, en fe de que mis atentos cariños no pasarán de la línea del respeto con vos: a Valladolid venid conmigo, atendiendo, que a la casa de un amigo, que tiene una hermana, os llevo, a donde en su compañía estéis, en tanto que el tiempo dispusiere, sin la nota que dan siempre estos sucesos, el que, Leonor, vos seáis mía, y yo merezca ser vuestro. Quién solo que lo seáis le queda ya por consuelo en tanto peligro, es fuerza, que a cualquier partido honesto se rinda, en la confianza de que como Caballero obraréis; pero mirad, que si malográis el tiempo, temo que llegue mi hermano. No tengas de nada miedo. Y si nos sigue? . Veredas extraviadas tomaremos, no entrando nunca en poblado, con que no puede haber riesgo, pues ni él me conoce a mí, ni yo le conozco. Es cierto. Solo lo que falta ahora es, que a Tarangona hallemos. Ya los caballos están aquí, y algo más. Qué, necio? Qué queréis que sea? otra persona más para ellos: pero qué veo! . Señora? Juana? Mira, que hecho un perro tu hermano te anda buscando. No ha de dejar mi despecho sitio, que no le registre. Por raquí, se arrojó. Cielos, aqueste es mi hermano. Conde, qué aguardáis? Hermoso dueño, vamos. . Que llegan. De vos fío honor, y vida. Presto. Vaya, Padre, mas de espacio. . Tenga paciencia. No puedo, que me duelen ya los pies, y llevo flojo el coleto. Aquestos son caminantes, nada que temer tenemos. Vamos, Leonor soberana. Noble sois, Conde Don Pedro. Y amante rendido. Malo. Cuanto atento, y fino. Bueno. No lo sé, pero veremos. Ya es muy tarde, Padre. Pues al Convento caminemos de la Esperanza. . Es posible, que ingrato se muestre al celo con que la Reina le hace Arzobispo de Toledo, y que huyendo venga de ella? Soy indigno de tal puesto. No es Confesor de su Alteza? La obediencia me hizo serlo. Pues diga en qué piensa, Padre? no ve que vale trescientos mil ducados, y algo más el Arzóbispado? . . Y eso qué importa, hermano? Qué importa? si a mí me dieran doscientos, aceptara yo la Mitra, aunque fuera de Marruecos. Ya le he dicho, que no hable, hermano Guiropa, en esto, que es darme un pesar. Y yo mondo nísperos? más creo, que ya el Convento dejamos atrás. . . Yo vengo al desierto, que esta Santa Casa tiene, pues solo en él estar puedo seguro de que me hallen las diligencias, y ruegos de la Reina. . Dónde dice que venimos? . . Al desierto. Mejor fuera a Berbería yo, que al desierto. Lo creo de su virtud, mas no hay cosa, que más codicie mi celo, que es padecer por la Fe, y es tan grande en mí el deseo, que si envidiar he podido algo en el mundo, confieso que es la ventura, que logra Fray Ángel mi compañero, que en Orán está cautivo. Y eso codicia? por cierto, que es cosa para envidiar! bien le paga el santo celo de revelar, que sería Arzobispo. . . Le prometo, que lo trocara a sus dichas. Yo ni aún a ser Bodeguero; pero, Padre Fray Francisco, no hace reparo, que habemos errado el camino? . . Dice verdad, los dos le busquemos. Pues no es muy fácil hallarle, que hace oscuro, y huele a queso, no hay sino tender las capas, y quedarnos al sereno. Aquí me han de hallar, hermano, y eso no es lo que pretendo: no ve alguna senda? Padre, sin duda que está entendiendo, que soy murciegalo. En tanta aflicción, quién, sacros Cielos, guiará mis pasos? Yo, Francisco, que he estado oyendo tus ansias, pierde el temor, que yo guiarte prometo a la parte donde fuere mas del agrado del Cielo. Quién eres, Joven, que dejas consolado mi temor? Soy un humilde Pastor, que guardo blancas ovejas. Es, noble caminante, este ejercicio de nuestro Dios, y Autor el propio ofi- (cio, cuando anhelando ansioso, va inquiriendo su Amor, como piadoso, de la voz al crujido, o de su inspiración al fiel silvido, si acaso el lobo fiero del redil ha sacado algún cordero, y dando vuelta al monte, cuidadoso registra su orizonte, y a la oveja cansada en hombros la conduce a la manada, dando en ejemplo tanto, fuerzas al Pecador, y luz al Santo. El triste corderillo al verse por la montaña del lobo en la fiera saña incauramente cogido, llama en eco repetido al Pastor con el be, be, corre, corre sin reposo a librarle presuroso, huye el lobo vengativo, y el cordero al verse vivo, en saltos paga su fe. A creer discreto me obligas, que es tu ser más superior. El bien puede ser Pastor, mas en nada huele a migas. Pues para no ser hallado, guíame ahora al desierto de la Esperanza. . Mejor es llevarnos, si es atento, a su cabaña, por si hay algo allá, que manduquemos. Sígueme, Francisco. Ya sigo tus huellas. El Cielo no quiere que oculto esté quien ha de ser en el terso candelero de la Iglesia luz, que alumbre al Universo. Oye, espera. Y el Pastor? mas qué resplandor supremo es aqueste? Llegad todos, que aquí sin duda está el Siervo de Dios, pues este explendor sagrado lo está diciendo. 1. otro Ambrosio es de Milán, a quien manifiesta el Cielo. Padre, esto viene de arriba, ya ocultarnos no podemos. 2. Aquí está. A besar me da la mano, Padre. Qué exceso es este de Vuecelencia? Buscando, Francisco, os vengo. Un Mayordomo Mayor de la Reina (no lo creo) busca a un hombre tan humilde? mas en qué serviros puedo? La Católica Isabel, como sabia, deponiendo la justa queja de haber no admitido el nombramiento, en que os hacía su Alteza Arzobispo de Toledo, me manda os lleve conmigo, pues es tal el real afecto que os tiene, por Confesor suyo, que su desconsuelo no ha podido tolerar, que de ella vengáis huyendo. Resistirse no es posible mi humildad al Real Decreto de su Alteza, mas si juzga, que me han de obligar sus ruegos, que acepte el Arzobispado, en vano son sus intentos. Por qué? Porque en mi humildad soy indigno de tal puesto. Vuestra nobleza es notoria: la Casa de los Cisneros en Torde Laguna es ilustre familia, siendo de las antiguas de España. Es verdad, de ella desciendo, a Dios gracias; mas qué importa, que de una Casa sea excelso el tronco, si de las ramas no nacen los frutos buenos? Yo soy el hombre más malo, más incapaz::- adre, és no he de admitir pues tan grandes son vuestros merecimientos, que casi, por no ignorados, corre en referirlos riesgo: en Salamanca estudiasteis el uno, y otro Derecho, y tan consumado en ambos salió vuestro claro ingenio, que Don Alonso Carrillo, Arzobispo de Toledo, conociendo vuestra gran capacidad, y talento, para resolver consultas os eligió sabio, siendo vuestro voto entre otros muchos, el que le hacía más peso. No contento con saber, con tan loables aciertos, los Derechos, a estudiar os aplicasteis discreto la Sagrada Teología, virtuoso conociendo, que no solamente ciencia es la Teología, pero sabiduria, pues mira de Dios al conocimiento: y tanto se adelantó en ella vuestro deseo de saber, que en el Concilio congregado contra Pedro de Osma, sus falsos dogmas condenasteis, arguyendo con él con tanta elegancia, que se debió a vuestro ingenio, que quedase convencido de sus errores protervos. A Roma después pasasteis desde España, obedeciendo a vuestro Padre, y en Roma leísteis ambos Derechos públicamente, asombrando tanto a todos, que por vuestro ingenio, y virtud, sin más favor, que el merecimiento propio vuestro conseguisteis del Pontifice Supremo la Dignidad de Arcipreste España volviendo, de Vceda. A tomasteis la posesión del Arciprestazgo, y luego el gran Cardenal de España os eligió, con acuerdo, por su Provisor, Vicario, y Administrador, cumpliendo en estos cargos con tal rectitud, y::- Deteneos, señor Don Enrique Enríquez, no fatiguéis el ingenio en buscar pretextos vanos con que convencerme cuerdo. No veis todas esas Honras, Dignidades, Rentas, Puestos, que decís? las renuncié por seguir a Cristo, siendo pobre evanjelico solo, vistiéndome este supremo Sayal, que estimo: de todo me desnudé humilde, haciendo de esas honras que da el mundo, como caducas, desprecio; pues si por seguir a Cristo con su Cruz, ser apetezco pobre humilde, y dejo cuanto poseia, fuera bueno, señor, que feriara yo estas dichas por los riesgos de una Dignidad tan grande? No señor pobre ser quiero, humilde, abatido, que esa autoridad, que da el suelo, suele a veces ser peligro del que es indigno sujeto, como yo, que soy tan malo, y así, no hablemos en esto. Si fuera hacer penitencia, habitar en los desiertos, darse muchas disciplinas, ayunar lo más del tiempo, ser humilde más que todos, él aceptara al momento, pues esto, después que es Fraile, solamente es lo que ha hecho. Mas no intento persuadiros, solamente lo que os ruego, za el católico deseo, que de veros tiene. Ya sus mandatos obedezco: tomad vos vuestra carroza, que a pie yo, y mi Compañero hemos de ir. Qué dice, Padre? a pie, y sin tomar refresco? yo no marcho sin paradas. Para que lleguéis más presto a los ojos de la Reina, en coche habéis de ir. No puedo obedeceros. . Yo sí, que no soy de los plebeyos, que dicen, no entiendo yo de coche, que me mareo. Pues a pie será preciso ir todos. Es detenernos: Vuecelencia allá se vaya si eso hace, que yo me quedo. Yo haré lo que me mandáis. 1. Rara virtud! Raro ejemplo! Dios mío, si para gloria . vuestra, y bien del Universo me importa aceptar el cargo, que me lo mandéis espero. Voto a Cristovalillo, Padre, que ya me detengo. . Di, Tarifa divina, quien la luz peregrina del cielo soberano de tu hermosura eclipsa? qué tirano vapor de tu belleza la alegría al día usurpa? pues con ser el día tu hermosura, parece que anochece en tu rostro lo mismo que amanece: dime, prima divina, por qué lloras? Porque te adoro a ti. Porque me adoras, y porque firme te idólatro tanto, las perlas desperdicias de tu llanto? Aunque por ti morir de amor me veas, te pido, que conmigo ingrata seas, morir a tus rigores antes quiero. Ay Gázul, que yo sola soy quien muero al rigor de mi padre Abenzoraide! después que a Orán gobierna, siendo Alcai- (de de aquesta Fortaleza, ha dado su extrañeza, con condición terrible, en estorbarme, que ni te hable, Gazul, ni deje hablarme, dando a entender tirano, que aborrece en ti su misma sangre. Antes parece, que de otra causa nacen tus desvelos, que tú no ignoras. . Yo? Pues de mis celos la mina reventó, que recataban, sabe::- Calla, Gázul, que si ocultaban la causa mis desvelos del odio que tenía, fue a tus celos no querer dar materia mi fineza: ya sé (ay de mí!) que tiene mi belleza mi padre prometida a Abenyucef (acabe con mi vida mi pena) y que le espera por instantes que llegue, porque muera antes mi dicha a golpe tan tirano; más primero, Gazul, que dé mi mano a ese Moro arrogante, que aborrezco, en el mar de mis lágrimas ofrezco me veas anegada primero que forzada mi voluntad a sus aleves brazos obediente se rinda, más pedazos me has de ver hecha, que átomos el viento en si contiene, aquese Firmamento estrellas, y fulgores, el Mar arenas, y la Tierra flores. Permite, Tarifa hermosa, que a tus plantas recompensen mis corteses rendimientos la fineza que te deben. Qué haces, Gazul? Mas qué veo! que rendimiento es aqueste? vive Alá, que a mis enojos ha de morir este aleve, pues sabiendo que ofrecida a Tarifa mi fe tiene a Abenyuces, la enamoren sin duda sus altiveces: más escucharlos importa, por si es que engañarse pueden mis ojos. Viles Cristianos, en vano libraros quieren de mi rigor. Tente. . Aguarda. No los máltrates, Amete. Abenzoraide me manda los castigue de esta suerte, y he de obedecerle. En mí, no en ellos, Amet, se emplee tu rigor. Quita, Fray Ángel, que obedecer me conviene. Hijos, paciencia. Villano, como a ofenderlos te atreves de Tarifa en la presencia? pero con tu propia muerte pagarás el desacato. Qué es esto, cobarde, aleve, mal Moro? pues cómo osado a los Cristianos defiendes de mis iras? vive Alá, que si a Tarifa pudiese darte, ya te la negara, porque a esta canalla eres inclinado. Que esto escuche, y no pueda darle muerte! Qué inhumano! Qué cruel! Que así a quien quiero desprecie Amete? Qué ordenas? . Solo, porque más Gazul se afrente, mata a esos viles a palos. Señor, tu furor suspende. Tú también eres con ellos piadosa? El rigor se estrene en mí, Abenzoraide. Aparta, vil Cristiano, porque en verte se acrecienta más mi enojo, pues no sé qué honor a ese grosero Sayal, que vistes, tengo, que cuando impaciente va a ultrajarte mi coraje, me obliga a que te respete: sin duda me pronostica algún mal, que el alma teme. Por él has de conseguir el mayor triunfo, que puede desearse. . No le quiero, si por él he de tenerle; y pues libertad te di solamente por no verte, qué aguardas, que no te vas a tu patria? Muchas veces, Alcaide, te he respondido, que hasta que conmigo lleve cuantos míseros Cristianos en Orán cautivos tienes, no me he de ir. . Será tarde. Yo espero, que tiempo llegue. Imposibles imaginas. Para el que todo lo vence no hay imposible ninguno. Di, ignorante, quién es ese, que todo lo vence? Cristo, Dios, y Hombre, que es quien puede. Calla, bárbaro, atrevido, blasfemo: matadle. . Tente. Mira::- Quitad: mas qué esto? quién mi impulso retrocede? qué reverencia esta es, que a este Sayal basto tiene mi vengativo furor? llevadlos a todos, prueben desde aquí más mis rigores. Ese es el bien que apetece mi dicha. . Llevadlos. Hijos, no pierdan vuestros fieles corazones la esperanza del remedio que os previene mi fe constante. Fray Ángel, nadie la esperenza pierde contigo. . Llevadlos. Hijos, fortaleza en la Fe siempre. Qué dolor! Qué sentimiento! Vamos, Tarifa: tú vete de mi vista, que no puedo creer, que mi sangre tienes. Que aquestos desprecios sufra! Que le ultraje de esta suerte! De corrido voy sin mí. Mas me obliga esto a quererle. Diga, para qué penetra, Padre, aqueste despoblado, con dos leguas de rodeado viniendo al pie de la letra? No es rodeo este. Por qué? De Dios en la soledad mas se goza. . Eso es verdad, mas no caminando a pie. Pues en qué quería partir? En el coche, que su Alteza mandó darle con grandeza, cuando le ordenó venir a Valladolid a ver al Rey. Su locura es rara: coche quería? . Tomara yo una mula de alquiler. Muy bien su pereza abonas mejor es venir a pie. Eso no abono yo, aunque la mula fuera trotona; pues no soy, Padre, de aquellos, que hablando mal con furores de Médicos, y Doctores, después se curan con ellos: mas lo que a mí me atormenta es, por desiertos vengamos. Por qué? Porque no encontramos modo de hallar una Venta. Sin duda, hermano, conviene, pues Dios por aquí nos trae, además de que yo tengo en este desierto, antes de entrar en Valladolid, de hacer mansión. Qué? pararse en buen romance? Sí, hermano. Qué dice? si por instantes el Católico Fernando le espera, no es dilatarse en la obediencia? Es verdad, mas en tan grave combate como el que me aguarda, intentan rendidas mis humildades fortalecerse de Dios. De aquesta Obispamos, Padre, que el Rey le ha de hacer que acepte. No hará, si piadoso antes, que conviene a su servicio el Cielo no me avisare: y así, le pido me deje a solas con Dios. Cobardes, así a una mujer se ultraja? Este es otro cantar: Padre, de dónde saldrá esta voz? No ve allí, poco distante, un arruinado edificio? Dice verdad, no se pare. . Ay desdichado de mí! e antes quisiera ser Fraile, que encontrar con esta gente. Tú, en efecto, eres cobarde. 1. Mujer celestial, en vano solicitas arrogante librarte de quien intenta, mas que codicioso amante, valerse de tu hermosura, no de las joyas que traes. Pues mis ruegos no os obligan, ni los intereses valen, que os ofrezco generosa, antes que mi honor profane vuestro osado atrevimiento, la vida habéis de quitarme; más advertid, que os prevengo, que mi muerte no dilate vuestro furor pues si llega (que no es posible que tarde) quien en aqueste arruinado albergue por un instante me dejó, de su valor no es fácil ninguno escape de vosotros con la vida. 1. Pues para saber si es fácil, cuando mi afecto no fuese quien tu hermosura arrastrase, por verlo lo he de intentar. En vano te persuades, que has de rendir mi valor, como a mis bríos no falte este acero: suelta. Suelto, siquiera por disculparme. 2. 3. Lleguemos los dos a asirla. Qué es asir? llegad, cobardes. Por Dios, que yo quedo atroso. Como quien eres quedastes, pues que la espada te sobra. Y aún el miedo. Llegue, Padre, porque veo Vandoleros, y aquí importa mi montante. Ténganse, hijos, qué es esto? a una mujer tal ultraje? Fray Francisco es este: Cielos, ya cesaron mis pesares. Váyanse, y déjenla libre. 1. Qué donoso disparate! está loco, Padre, o piensa, que el sagrado de ser Fraile basta a mandar de esa suerte? Sí, pues mi humildad de parte de Dios os lo manda. 2. 3. Bueno. 1. No os canséis, que he de llevarme esa mujer. Pues veremos si este Cordón es bastante para hacer que la dejéis. 1. Qué veo! rayo en el aire el Cordón se me figura. Qué horror! Para que es rogarles lo que este báculo puede hacer con estos vergantes? Téngase, hermano Guiropa. Qué es tenerme? 2. Aqueste Fraile sin duda es demonio. 3. Huyamos. 2. A mí solo huir me hace aquel sagrado Cordón. Qué bravos palos reparte! No te corres, Tarangona, de que esto haga un Lego? Nadie tiene de un Lego las fuerzas. A vuestras muchas piedades esta vez honor y vida confieso que os debo, Padre, y así, permitid que os bese los pies. Hermana, levante, dele a Dios las gracias solo; y puesto, que a su inefable clemencia tanto le debe, sea agradecida en parte, mirando por el honor de Dios, que este bien le hace. Yo os lo ofrezco, Padre mío. Pues de aquí parta al instante, que ya allí su gente viene: Dad licencia, que aquí aguarde a quien sea agradecido a tantos favores grandes como me hacéis. No es posible, sin correr riesgo muy grande él, y vos, que os detengáis, pues a vengar sus ultrajes pueden volver los Vándidos: idos presto. El Cielo os guarde, y os pague tan gran piedad. Si hará, pues hacerlo sabe. Mucho a Fray Francisco debo. Este no es hombre, que es Ángel. Gracias os doy, o Dios mío! Hecho vengo diez Roldanes. Qué ha sucedido? Más tierra van huyendo, que su padre les dejo. Le han hecho mal? A mi mal? pues era fácil? a seis he descalabrado; y las damas? Su viaje seguras van prosiguiendo; pero qué es esto que trae? Aí es nada, Padre mío, los despojos del combate. Deje esas armas ahí, no ve, que son de su traje indignas? déjelas, pues. Qué es dejar? quiere quitarme que gane una Indulgencia? Qué Indulgencia? Ahora sabe, que quien hurta al ladrón::- Deje semejantes disparates, y de este sitio se vaya. Solo aqueste fulminante rayo llevo por si vuelven. Por qué? Por lo que tronare. Ya, pues seguros estamos, hermano, vuelvo a mandarle me deje a solas con Dios. Benedicite, mi Pater: a ahogar voy esta pendencia con aloja de danzantes, que porque no lo murmuren aquí la bota no sale, y de ocultís non censurat el auditorio más grave. Monarca Soberano, . Dulcísimo Dios mío, de quien yo tanto fío, siendo humilde gusano; a vos, Señor, a vos mi ruego llegue, no al que es indigno vuestro Amor se niegue: a vos, Señor, apelo a saber de vos mismo en tan confuso abismo si es servicio del Cielo, que acepte yo de aqueste Arzobispado (siendo incapaz) el Pastoral Cayado. 3. Sí, Fray Francisco, sí, Fray Francisco, que a quien del mundo huye el vano honor, es a quien premia más siempre el Señor. Pero qué miran mis ojos! todo soy admiración. 3. Con estas tres Coronas, Francisco, premia Dios de tu humildad profunda el mérito mayor: que a quien del mundo huye el vano honor, es a quien premia más siempre el Señor. 1. Estas Sacras Insignias acepta de Pastor, que Dios así lo manda, pues es tu Superior: 3. Que a quien del mundo huye, 2. De este Sacro Capelo tendrás presto el blasón, cuya Púrpura ilustra tu humildad, y fervor: 3. Que a quien del mundo huye, yo, que represento la Fe, Francisco, hoy estas Armas te anuncio por grande Inquisidor de toda España, pues así lo quiere Dios: 3. Que a quien del mundo huye, Sacros Espíritus puros, Dios, con poder superior, de nada lo formó todo, nada por humilde soy: si él todo lo hace de nada, hágase en mí del Señor la voluntad, pues su esclavo me hizo su Sacra Pasión, mas mi insuficiencia es grande, y temo, que incapaz soy. 3. No temas, que tus aciertos corren por cuenta de Dios. Pues en su Bondad los juicios infalibles siempre son, y es cuanto su Poder hace para su gloria, y blasón, den Ángeles, Hombres, Cielos, Astros, Luna, Estrellas, Sol::- Al que de nada todo lo crió, la Gloria siempre de que fue Hacedor. tra elal era cra ta taa tia en tralciaras

JORNADA SEGUNDA

Mucho favor has debido al Rey Fernando, y no menos debes al Varón insigne . Fray Francisco de Cisneros, por su virtud, y sus letras ya Arzobispo de Toledo, y Inquisidor General de toda España, aunque creo, que con mucha repugnancia suya goza estos empleos, que en los justos es virtud la resistencia a los puestos. El Católico Fernando, dando a mis servicios premio, la generosa deidad de Rey acredita, puesto, que el renombre maltratara de grande, no conociendo, que el honor de los Vasallos es blasón de los Imperios; más Fray Francisco Jimenez (que solo este nombre quiero darle, porque solo de este hace su humildad más precio) me tiene tan obligado en el favor que le debo, que a no detenerme aquí tanto no excusado empeño como asistir a Leonor, que le siguiera prometo a la fundación de Almagro. Y dejando a un lado esto, gran Pueblo es Valladolid. Noble, y hermoso en extremo, como Corte que es en fin. A Leonor, si bien me acuerdo, buena casa la elegiste para librarla del riesgo de su hermano, y aún de ti, pues sin estorbo pudiendo verla a todas horas, pasas por el noviciado estrecho del primer año de amante, galanteándola al sereno. Confiésote, que insufrible es de mi amor el extremo, y que no ver a Leonor todos los instantes siento; pero también te aseguro, que es tan crecido el respeto con que adoro su hermosura, que a mi fineza agradezco haberla traído a casa de Don Alonso, atendiendo a que en compañía esté de su hermana, porque quiero, que el respeto de su casa sirva a mi pasión de freno. Y aunque es verdad que pudiera, por la amistad que profeso con Don Alonso, atreverme a entrar en su casa, viendo que tiene en ella una hermana, y hermosa, no fuera cuerdo el repetir las visitas, dando que decir al necio vulgo, que distinta causa diera al sospechoso efecto; más repara si a la reja está Leonor, mientras veo la calle. . Solo me dejas, señor? . De qué tienes miedo? De todo. El primer gallina eres, que confiesa serlo: haz lo que digo. Ya voy. Qué haya hombre, que teniendo tanto miedo como yo, se ocupe en servir a dueño valiente! mas la ventana me parece que han abierto: quién tuviera ahora consigo al hermano Compañero del Arzobispo! temblando a la dicha reja llego. Un bulto se nos acerca. Pues tan a deshora, es cierto que Pedro Navarro es: cé, sois vos? Ánimo, puesto que ya estoy acompañado, y nada que temer tengo, a Dios gracias. . Es Tarangona? Ese soy. Pues qué es aquesto? dónde esta el Conde? Señora, con su ordinario recelo fue a mirar esas esquinas, y a mí me dejó aquí atento a saber si tú a la reja salías, y te prometo, que tarda ya mucho. Pues ve a buscarle. Te obedezco. Cobardes, a un hombre solo, y en el suelo! Caballero, levantaos, que mi espada os dará lugar de hacerlo. No es la voz del Conde? Sí. Nuevo sobresalto, Cielos! Ahora veréis, villanos, mi valor. . Peor es esto, que esta voz, señora mía, es de tu hermano Don Diego. Qué será esto? (ay de mí!) Cómo puedo yo saberlo? Huyamos, que a socorrerle se ha convocado el infierno. Quitémonos de aquí aprisa. Eso no, que por lo menos, aquí podrá la noticia de este ignorado suceso llegar aprisa a mi oído, que si a mañana la dejo, no presumo que ha de hallarme con vida para saberlo. Pues calla, que gente viene. Volved el valiente acero a la baina, pues estáis, hidalgo libre del riesgo, (cuánto, si está aquí Leonor, . darle este cuidado siento!) y decidme, qué motivo aquellos hombres tuvieron de procurar vuestra muerte? Dejadme pagar primero con muestras de agradecido a la vida, que os confieso deber, este indicio corto de mi noble rendimiento. . Tu hermano y el Conde son. Ay más extraño suceso! Y al parecer, se abrazaron. Oye, y calla. Yo os confieso, que le debí a mi fortuna la dicha de socorreros, ahora deberos quisiera la noticia, que deseo: quién sois? Soy un hombre noble, que no deciros con esto mi nombre disculpo. . Cómo? Como empeñado en un duelo de honor cuyo alcance sigo, recatar mi nombre debo. Llegué ocho días habrá a Valladolid, y haciendo las diligencias, que en otras muchas Ciudades he hecho, no acaso esta noche estando a una esquina, que no lejos de mi posada está, vi, que cuatro hombres, conduciendo una mujer con recato, la desviaban del puesto donde yo estaba, y como es natural en el deseo del que algo busca, juzgar que lo que busca está viendo, de mi honor solicitado, llegué a la Dama y resuelto la descubrí, para ver, que pudo mi devaneo desengañarme en mis ojos, y el engaño conociendo, reconocí mi peligro, pues los cuatro hombres dispuestos a vengar en mi osadía la sinrazón, que confieso, igualmente provocados, y altivos me acometieron: púseme en defensa y como con su razón y mi exceso me fatigaban, medi la tierra tan sin aliento, que a no llegar en socorro de mi vida vuestro acero, diera fin a mis desdichas; y pues lo que decir puedo he dicho, ahora sepa a quien, hidalgo, la vida debo. Suceso extraño! y no poco importa ahora, que Don Diego no sepa, que es con quien habl a quien busca. . Si este enredo viera yo en una Comedia, me pareciera embeleco. No porque me agradezcáis el lance en que me pusieron mis muchas obligaciones, deciros mi nombre debo, sino para que sepáis, que emplearme en cualquier riesgo podéis de vuestro servicio. Yo soy el Conde Don Pedro Navarro. . A no estar los ojos de mi discurso tan ciegos, ya os hubiera conocido antes por el valor vuestro, y siendo quien sois, mirad que os toca ya de mi empeño la parte de haberme dado la vida, para el efecto de cobrar mi honor. . Aunque no saber a quien me ofrezco me pudiera embarazar, vuestra nobleza creyendo por vuestro recato, a todo me hallaréis siempre dispuesto. Pues yo os tomo esa palabra, y os doy, como Caballero, la mía de no olvidar el beneficio que os debo. Has visto cosa tan rara? A dónde irá a parar esto? Vamos, si me dais licencia, que acompañaros pretendo a vuestra casa. . Me hacéis mala obra en deteneros, que tengo un poco que hacer cerca de aquí. . Un forastero, si es diligencia de amor, poco estorbará, supuesto, que quien ignora las casas, más ignorará los dueños, y no sé yo, señor Conde, que no os merezca mi esfuerzo el fiarme alguna esquina. Tan tarde es ya, que recelo, . que ha de cogerme aquí el día antes que acabe este necio de porfiar, y mi amor ha de sentir en extremo no ver a Leonor: direla, que me aguarde por lo menos, si está aquí. Qué estáis dudando? Nada: esperad en efecto mientras hablo una palabra a esta reja. . Yo os ofrezco, que mientras la espalda os guarde yo, no tengáis aquí riesgo. Lo creo así. . Pues llegad. Leonor mía? Habla más quedo, no me nombres, y procura volver aprisa. . Qué es esto! pues qué hay? . Luego lo sabrás, no tardes. Confuso quedo. Yo, Juana mía estoy muerta. Yo tengo en la boca el Credo. Breves son vuestras visitas. Vamos: que volver pretendo . a saber de qué proceden en Leonor estos extremos. Vamos que por obligaros, Conde, al generoso empeño de satisfacer mi agravio, de vos obligarme dejo. Ah falsa hermana! ha traidor! . de mi ofensa osado dueño! . Respira ahora. . No podré, mientras no vuelva Don Pedro. Gente sueña. A cuchilladas dejé estas calles ardiendo; y a mi amo conocí en la voz, que solo esto a llamarle me obligó, señor Capitán. . Por cierto, que cumpliste con la deuda de quien eres; conociendo a tu amo, le dejastes? Pues cuando yo no hago esto? No es la reja de Leonor esta? . Sí. Pues llegar quiero a ver si hay quien pregunte. Aquí quedaron, si el miedo me deja acordar, Juanilla, y Doña Leonor, y pienso, que aún están aquí. Quién va? Quién de mil cuidados lleno en busca del Conde viene. Señor Osuna? . Soy vuestro criado. . Y yo. Tarangona? Gran mal: ay de mí! Esto es hecho. Decid lo que ha sucedido. Mi hermano airado, y resuelto::- Ah muerto al Conde? No, osuna. Pues nada os cause desvelo, que vivo Pedro Navarro, cualquier mal tendrá remedio. Por volver aprisa, apenas pongo la planta en el suelo: gente hay en la reja, y no es Tarangona: supuesto que son dos los bultos, yo reconocerlos resuelvo, fingiendo la voz, porque este debe de ser el efecto de mandarme Leonor bella volver: mas qué fuera, Cielos, que supiera que está aquí Leonor su hermano Don Diego, y que fuese él? mas así lo averiguo: Caballeros, esa reja he menester. Esta reja tiene dueño, y aunque ahora no está aquí, yo por él se la defiendo a todo el mundo. . Yo no. Osuna? . Cónde Don Pedro? Qué hacéis aquí? Tarangona me avisó de un riesgo vuestro, y vine a asistiros. . Yo no he tenido ningún riesgo. Pues por qué la voz fingisteis ahora? . Sabreislo luego: dejadme, que a Leonor hable. Ahí está. . Salir deseo de esta noche, todo sustos, y confusiones. . Qué es esto, divina Leonor? . Ay, Cónde! Cobra el desmayado aliento: qué tienes? Dónde aquel hombre dejaste, señor? . Le dejo en su posada ya libre, y a verte, mi vida, vuelvo. Sabes quién es aquel hombre a quien valiente, y atento diste la vida, según pude oír de sus acentos? No, Leonor, que él ocultó su nombre, noble atendiendo a la razón que oirías. Pues es mi hermano Don Diego. Qué es, Leonor, lo que me dices Que es mi hermano. Cuando menos. Mira bien como mi vida estaría todo el tiempo, que a ti descuidado, y a él ofendido, os vi en un duelo, él su nombre recatando, y tú tu nombre diciendo; y así, señor, me parece (y esto a tu amor deber quiero) que en parte más ignorada las vidas aseguremos: haz esto por mí, no sea réplica de tu ardimiento decir, que excusar un lance arriesgado, es del esfuerzo desdoro, considerando, que en lance donde es tan cierto el peligro de la Dama, es la Dama lo primero. Pues quién sepa mi valor no culpará mi ardimiento: te prevengo, que esta noche, ya que del Sol los resejos bajan rayando los montes, de Valladolid saldremos. Mirad que es de día ya Vamos, señor, que me duermo. Adiós, Leonor, que después veré a Don Alonso, y de esto le daré noticia. . Adiós, Conde, y mira que te espero como quien tiene pendiente la vida de ti. . Acabemos, que es medio día. . Ay, mi bien, con qué de cuidados quedo! Con qué de desvelos parto! Mira por mi vida. Puesto que tú me aguardas, Leonor, legura la mía tengo. Que anda ya gente en la casa. Adiós. Adiós. . Qué tenemos? Que esta noche, amigo Osuna, partimos. . Por qué suceso? Vamos, oireisle bien raro, bien no pensado, y bien nuevo. Vuestro soy a todo trance. Con que es fuerza, según esto, no haber dormido la noche pasada, ni el día, pero tampoco la que se sigue: no hay sino paciencia, sueño. . Aquí podrá descansar, Hermano. . No podré cierto: dígame, en este desierto a quién quiere predicar? . toda la vida ha de ser miseria? si Vuecelencia puede hacer la penitencia de no dormir, ni comer, yo no y fuerza es que clame: de qué se ríe? hay tal sopa! Riome, Hermano Guiropa, de que Excelencia me llame. Pues como llamarle puedo, para que no sueñe mal Inquisidor General, y Arzóbispo de Toledo? Dejo por eso de ser un Fraile Francisco? . No. Pues mire, eso quiero yo, en el mundo parecer un Fraile: de la humildad ha de hacer, Hermano, aprecio: ha de buscar el desprecio, huyendo la vanidad: solos estamos, y así, puede tener libertad, sin ajar mi vanidad, de tratarme como a mí. , . Trátole como a él: mas llora? pues poco ha, que se reía. No fue mi risa alegría, sino desprecio. . Y ahora, qué es su llanto? Estos enojos, que lee mi compasión, sentidos del corazón, y explicados de los ojos. Grandes las causas serán, que siente: ha, sí, cuya, pues, es la carta, y de dónde es? De Fray Ángel, y de Orán. Leamela, Padre, a mí, veré si puedo engañar el hambre con escuchar lo que dice. Dice así: Molestan tanto a los Fieles Cautivos de Orán, Hermano, de Abenzoraide tirano los tratamientos crueles, que no me puedo excusar de acercarle este lamento a su oído, con intento de obligarle a suplicar a Diós, que estos afligidos mire con piadosos ojos, castigando los enojos. de Bárbaros distraídos; y si acaso la piedad de Dios, como lo he esperado, le ha puesto, Padre, en estado de ejercer su caridad, tiene ahora la mayor ocasión. De Abenzoraide nos libre, de Orán Alcaide: Muévase a nuestro clamor. Fray Ángel su Compañero. A qué corazón de piedra no enternecerá el dolor de la Cristiana miseria? o secretos imposibles de alcanzar! o providencia de Dios, siempre incomprensible quién dijera, quien dijera, que Fray Ángel, de quien fui Compañero en la Salceda, el Esclavo, y yo Arzobispo de Toledo, me escribiera desde Orán, que le sacase de la esclavitud severa de Abenzoraide! Que extrañas son las líneas, que en la tierra pisan los hombres! pues siendo nuestro estado uno, la Regla que profesamos la misma, y casi unas nuestras Celdas, el de la suya salió de Cautivo a la miseria, y yo salí de la mía de Árzobispo a la opulencia. Y de eso se aflige? Sí. Pues buen remedio, y apriesa trueque estados con Fray Ángel, que yo sé bien, que él no sienta ser de Toledo Arzobispo. Pluguiese a Dios ser pudiera, pues empleada mejor la Dignidad estuviera en su virtud, y a mi es cierto, que no me fuera molesta la esclavitud, pues trocara en las desiguales ferias, a una conciencia segura, una dudosa conciencia. Mas, Señor, a aquellos hijos de vuestra Fe, y vuestra Iglesia consolad, de vuestro amparo les dad las piadosas señas; minorad las aflicciones, que en la esclavitud severa padecen, a vuestro oído (como a mis oídos sueñan) sueñen sus clamores tristes. . A la Divina Clemencia recurramos, hijos míos, pues nos da esperanza nueva nuevo impulso, que a pedir favor a Dios nos enseña. De la esclavitud tirana nos libra, Señor, en prueba de que librastes la Casa de Jacob de las cadenas de Egipto, bárbaro Pueblo. Y como de la ballena librasteis a Jonás, y como de la pavorosa hoguera del horno de Babilonia las tres Santas Inocencias. Padre, Deo gracias, Deo gracias, dónde va de esa manera? Qué dice, Hermano? qué hace? Agarrarme de su cuerda para ir con él, pues ya estaba mas de dos varas y media del suelo. Qué dice? Lo que cuento a Vuecelencia, digo a vuestra Caridad. Soñaba? . Si no tuviera tanta hambre, fuera posible, mas con hambre no hay quien duerma. Las voces oí, Señor, . del Pueblo afligido, pueda verle, para que sus males como míos los padezca. 1. Si harás, Varón prodigioso, porque en espíritu puedas consolar los afligidos, y acobardar la soberbia de Avenzoraide. Divina voz, oye, aguarda, espera. Con quién habla, Padre mío? Con nadie. Digo, quién sueña ahora? Yo, que las venturas tan grandes como lo es es acierto del juicio, que por soñadas se tengan: dónde estamos? . Pues yo, Padre, cómo quiere que lo sepa? del real camino por donde su familia va, dos leguas, y más debemos de estar, y allí paciendo la arena está el hermano brunete, pues no hallando hoja, ni hierba que comer, por la gran falta de agua, que toda la tierra de Campos padece, Padre, el jumento se contenta con mascar terrones: quién fuera él! Hermano, bestia quería ser? . Padre mío, como yo hambre no tuviera, fuera lo que fuera. Tanto le aflige? . Mas, que una deuda al que paga bien, y se halla sin blanca, y el plazo llega; mas, que le aflige a una viuda no hallar luego, quien succeda al malogrado; mas, que atormenta a una doncella, hermana mayor de otra, ver que a la hermana pequeña piden muchos a su madre, y nadie la pide a ella; mas, que::- Jesús! Jesús! Padre, de qué Jesusea, si tengo una hambre, que nada puede compararse a ella en un despoblado. Mire, la Divina Providencia de Dios, que a un gusano humilde en los campos alimenta, de nosotros cuidará. Mejor fuera que trujera a brunetillo cargado de muchas comidas buenas, pues hay renta para todo, que la humana providencia también es virtud, Hermano; pero bien, que la primera vez, que le traiga conmigo, atestado hasta la testa ha de venir de Guiropa. Y cumplirá con la Regla de mi Padre San Francisco muy bien. h. 1. Toma esa ladera. 2. Echa al valle, Gil. 3. Bártolo, por aquí está el Lugar cerca. Labradores son. De qué, Hermano, tanto se alegra? De que siempre, Padre mío, su bota, y su alforja llevan proveida los Labradores de extravagantes meriendas. 1. Vamos por aquí. Hermanitos, den por caridad, si llevan algo, a estos dos Religiosos. 2. Hermano, Dios le provea. Llevan pan? 3. Sí, Hermano. . Y vino? 1. También. Pues por qué lo niegan a quien por Dios se lo pide? 1. Porque el Cura de mi Aldea dice, que la caridad por cada uno comienza, y lo que yo he menester para mí, no sé que deba darlo a nadie. Dios le guíe. Eso no, que con su regla los tengo de convencer: no dicen, que cuando llega uno a tener para sí lo que ha menester, no tenga obligación de dar? 3. Sí. De suerte, que si tuviera yo lo que hay en las alforjas en necesidad extrema, obligación no tenía de darlo? es muy cierta. g. 1. Mas cómo lo ha de tener? Quitándooslo, almas Gallegas, y con un par de cachetes . os derribaré las muelas: que San Francisco ofreció a sus hijos:: Qué imprudencia! 1. Que me mata. 2. Que me ahoga. Venga la alforja: y qué llena está del bien de Dios! Padre, mate el hambre y ellos vuelvan, o vayan en hora mala. 1. A ese Avito agradezca, que no le doy dos cantazos. Voto a Cristo, babieca, que si me arremango yo::- apártese, Padre. Tenga modestia, Jesus mil veces! que la humildad de esa gerga no le temple! . Padre mío, yo nací para la gerga? agradeced picarones::- Cómo habla así? Para esta::- Hijos míos, perdonad su locura, y tomad vuestra alforja, que os hará falta, que a él, y a mí la providencia de Dios nos socorrerá. 1. Si tan caro no valiera el pan, yo le diera un poco al Padre por su modestia, con condición, que al Legazo ni una migaja le diera. Pazguato, si no lo das, para qué condicióneas? ellos se van con su alforja, más lindas puñadas llevan. Por Dios, Hermano Guiropa, que otra vez humildad tenga. Si le veo morir de hambre, cuando yo a mí no me viera como a él, no quiere, Padre, que verle padecer sienta? Fiemos en Dios, que Dios templará la angustia nuestra. Déjeme ir tras los villanos. Dios nos dará mejor mesa. Pues oye, allí aguardo, Padre, avise cuando esté puesta. Llega a la mesa, llega, y en el pan que del Cielo te envía la Suma Clemencia, hallarás en humano alimento el premio feliz de tu fe verdadera. 1. Llega, Varón dichoso, a ese pan, que te espera, que del Cielo enviado, el llovido maná del Cielo acuerda. 2. El Pan que bajó a Elías succinericio era, y el que a ti, es floreado, con que más premio, más servicio muestra. 1. Goza este venturoso favor, que a ti te alienta. 2. Y prevente, Francisco, a muchos soberanos, que te esperan. Llega a la mesa, llega, Bendito seáis mi Dios: Hermano Guiropa, venga, comerá. Se burla, Padre? No ve allí la mesa puesta? Déjeme despavilar los ojos: la nieve es negra con este pan comparada, y no es blanda la manteca, igualada a su blandura: déjeme ver si concuerdan el parecer y el sabor: muerda, Padre mío, muerda, verá qué sabroso pan! pues aí es, que no sustenta: no comiera yo otra cosa, si fuera así el de Ballecas: coma él, que yo estoy harto; más preguntarle quisiera de dónde vino? Enviado de Dios, que es quien se acuerda de nuestras necesidades. Pues hay en el Cielo artesas de amasar? o hay hornos, Padre, dónde las hogazas cuezan? Dios de todos cuida, Hermano, y así en su eterna grandeza fiado, pues un favor hecho a otro favor empeña, le suplico, que no a mí, solo pan el Cielo llueva, sino a todos estos campos, que sus roturas abiertas hacen bocas, con que piden a la Divina Clemencia el deseado rocío, que las Auroras le niegan: pan para el pobre, Señor. . . Parece, Padre, que atruena. Yo, en Vos fiado, predije la lluvia, pues por Vos venga. Él pide agua, pues yo me agazapo en esta peña, que no tardará en llover, y ya empieza por más senas: que se moja, Padre mío, a estarse conmigo venga, que aquí no llueve. Esta lluvia no ofende, que lisonjea, por ser de Dios enviada: salga a dar las gracias fuera. Yo mojarme? eso no, Hermano. En tanto que se serena la tempestad, el abrigo nos socorra de estas peñas. A tierra todos, señores, que perdida la vereda, nos ha de anegar el agua. Conoce esas voces? . Esta es de Tarangona, Padre, y yo sé que no temiera la tempestad, si como es de agua, de vino fuera. Qué será esto? De ellos propios lo sabremos, que ya llegan. Aquí podrás defenderte del agua: ay Leonor, qué penas tu incomodidad me causan! Ninguna, Conde, padezcas, que yo de tu amor segura, no hallo adversidad que sienta. Te has mojado? Lo que basta. Ven, bien mío; pero espera, que está el Arzobispo aquí. Pues qué, Don Pedro, recelas? Que te conozca. . No dices, que el traje me diferencia? Sí, ya veo que va siendo provechosa la advertencia. Pues no receles. . Señor? deme los pies Vuecelencia, y permita, que me admire de hallarle en esta desierta campaña tan sin abrigo, del Cielo a las inclemencias. Tragó la Excelencia el Padre; salgo ahora de la huronera a mojarme como todos: Tarangona? con bien venga: hermano osuna? Guiropa? Guiropa? . Dónde es la buena jornada? . A León pasaba el Conde, como es su tierra, con intento de vender parte de su libre hacienda, para dar la vuelta a Italia, que no se halla sin la guerra, y hemos perdido el camino. Que siempre encontrarnos sea, Hermano Guiropa, donde yo regalarle no pueda? Dónde me quiere encontrar, si este Santo no me deja, ni tener mesa segura, ni tener posada cierta? más diga, Tarangonilla, aquellos dos que se arredran son Pajes del Conde? . Sí. Mucho nos mira este bestia. Deben de ser Italianos: mas yo imagino, que estas caras otra vez las vi, y a donde, no se me acuerda. El intento de este viaje por mi dejad, para cierta intención mía, creyendo, que os he menester para ella: venid conmigo a Toledo, donde voy a disponerla. Primero es eso, que todo. No poco, Juana, sintiera, que habiéndome el Arzobispo visto, ahora me conociera en este traje, y así, recátate. . Soy contenta. Pues está aquí brunetillo, el Arzovispo está cerca. Guiropa. . Hermano Guiropa. Oiga lo que Guiropean. Voces son de mis criados, llámelos, puesto que llegan a tan buen tiempo el Conde, y la familia que lleva, en un coche se acomoden hasta la primera Aldea, donde puedan enjugarse de esta agua, que la Clemencia Divina nos ha enviado. Acá, acá, acá. Por las señas, que dos Gañanes, señor, nos dieron, viendo la fuerza del agua, volvemos todos a buscar a Vuecelencia. Jo, bórrico del demonio, aguarda, maldita bestia. Ya acá se van acercando. Muy en hora buena vengan; pero dígame, hay Lugar cerca de aquí? . Media legua, saliendo al real camino. Y están las carrozas cerca del Arzobispo? . Sí, Padre. Dadme, gran Varón, licencia de preguntaros, por qué no decís carrozas vuestras, siendo el Arzobispo vos? Porque aquella pompa Regia le toca a mi Dignidad, y así, señor Conde, aquellas son del señor Arzobispo, que mis carrozas son estas. Y las mías son estotras: brunete, alarga las piernas: Padre mío, aquesto es hecho, repique su Reverencia la infantería, que aquí va el vagaje, y la maleta: ea, caminemos, pues. Rara observancia! Ea, ea, vamos, se acomodarán. No plícaros es deuda. Voz Divina, la palabra . te tomo, de que yo vea a los Cautivos de Orán. Ay Conde, lo que me cuestas! Ay Leonor, lo que te quiero! Yo voy hecha una vadea. Digo niños, si es que gustan, ancas el bórrico lleva; vamos, que llueve. . A la bo nos enjugaremos, venga. Harre, bórrico, a Toledo a ver a Tajo, y su Vega, y de paso haz a la turba Mosquetéril reminencia, amigos, hasta la vista de la Jornada tercera. , e De este cuadro cultivemos, hermanos, la hierba, en tanto que de nuestro amargo llanto el dulce fruto cogemos, y de Francisco fiados, el que a Francisco imitó tanto, que el nombre tomó de Francisco, los cuidados de nuestro afán minoremos, que nuestra necesidad mirará su Caridad: trabajemos. . Trabajemos. Dormido mi padre queda de aquel laurel a la sombra, en la fresca verde alfombra, y como posible pueda ser ver a Gazul, intento hablarle con toda fe; pero cuando no le ve mi amoroso pensamiento? Mas qué pronuncio, si ajena he de ser, males tiranos? pero allí están los Cristianos para hacer mía su pena. Guárdete Dios, Africana, y te haga de sus Fieles, pues compadecerte sueles de la miseria Cristiana: a dónde al que nos persigue dejas? . Durmiendo ahora allí. Pues cuando no duerme, di, el hombre que a Dios no sigue? Vete, que excusar intento su enojo, si aquí te ve. Si haré pero sabe: Qué? Que aunque me voy, no me ausento. No, que con mi obligación esta siempre tu presencia. Y yo tengo tu advertencia dentro de mi corazón. Ay de mi infeliz! Tarifa, Gázul, amigos, esclavos. Mi padre (ay triste!) da voces. Que me hielo, que me abraso. Señor, qué tienes? . Señor, que sientes? Ay de mí! un pasmo: no veis, sí, que yo le veo, y ahora no estoy soñando, un hombre allí, que Sayal viste, y me está amenazando? Nada vemos. Yo si (ay triste!) Deja, venerable Anciano, esa Cuerda, donde veo de mi tragedia el estrago: Tuyo es Orán, si a Orán quieres: deja ese Crucificado bulto herido, que a mis ojos fulminas desde tu mano. Esta es visión de Francisco, que se le ha representado a este Bárbaro: ya oyó nuestro clamor nuestro Hermano, alegrémonos, amigos. . Es posible, que tu engaño no ves, señor? vuelve en ti. Ninguno a ver alcanzamos lo que decís. Bien decís, sin duda yo me he engañado: vuelva yo por mi valor. Aquí estáis, viles esclavos, causa de mis debaneos? Hola. Señor? Arrojadlos, y en las oscuras mazmorras mueran de angustia rabiando: llevadlos, y mueran todos. Misericordia. r.. Tirano, a sus Fieles Dios ampara, y a mí para consolarlos de esta suerte aquí me envía: templa el rigor inhumano, que este Cordón te amenaza, en este Señor fiado. No resisto, no resisto a tu poder soberano, y así huyendo de tu imperio, de oírte, y verte me aparto: seguidme, amigos, que voy de susto, y horror temblando. Ya te seguimos. Tarifa. Gazul. No nos detengamos. Como de la muerte aquí, Francisco, nos ha librado tu ruego con Dios, nos libre del Cautiverio tirano. Fe, hijos míos, Fe, hijos míos. Su acento, si no me engaño, oigo. Hijos, Fe, que por Dios volveré yo a rescataros. Fe, hijos, que ya se acerca el término deseado, en que de la esclavitud de Abenzoraide salgamos. Salgamos en hora buena, para que a Dios ensalzando, nuestros acentos publiquen en su honor, gloria, y aplauso: Bendito seáis, Señor tan Soberano, que así remedio dais al fiel Cristiano.

JORNADA TERCERA

La fortuna me persigue: hay más infelice acaso! Alarga, señora, el paso, porque tu hermano nos sigue. Sí me conoció? No hay duda, pues ya a nuestro alcance viene. Disfrazada, aún talle tiene de conocer la Barbuda: huyamos, que somos pocos para su furor. . Qué miedo! a qué vendría a Toledo? A la casa de los locos. Tarangona. . De decirlo acaba. . Osado, y con tiento, detén su curso violento. Soy yo carne de membrillo? más Osuna. Qué fortuna! Qué es esto? . Rigor tirano; el que me sigue es mi hermano. Dale con tu flor osuna. Détenle. . Hermosa Leonor, retiraos, no tengáis miedo, que yo a embarazar me quedo, que no os siga. . Y mi valor. Tan ciego, tan sin mi vengo a apurar una sospecha, que por indigna, yo mismo aún no me atrevo a creerla; pero aunque me persuade la razón a que lo crea, a que lo apure me obliga verdad, o engaño. Ya llega. Caballero? . Qué queréis? Dos palabras os quisiera a solas hablar. . Ahora no es posible me detenga: yo a buscaros volveré al punto aquí. No da treguas el empeño a que yo os llamo. Ni al que mi valor me lleva no las permite tampoco, pues siguiendo mi nobleza va un hombre, a quien es preciso alcanzarle. Va una legua. Pues que no le sigáis vos es lo que os pido. Aquí es ella. Que os va a vos en que le siga? mi sospecha se acrecienta. Ya cumplió con la Parroquia, y ahora no se confiesa. Lo que me va, mi valor solo basta que lo sepa. Yo le tengo de seguir. No haréis tal. De qué manera podrá detener mis pasos vuestra vana intención? De esta. Ea, a él. Quita, vergante. Yo no estorbo su asistencia, que un pícaro no supone. Conforme por donde llega. Bravo valor! Bravo brío! Parece que va de veras. Tened, qué es esto? A buen tiempo ha llegado Vuecelencia. No digo, que os detengáis? Vengar intento una ofensa. Si a reportaros no basta el valor, y la nobleza del Conde Pedro Navarro, obraré de esta manera: Mío es este duelo ya. Señor Conde, quien la deuda de la vida que me disteis agradecido os confiesa, no os quiere por enemigo; y para que no lo sea tampoco vuestro valor, bastante es, que os reconvenga con que soy el mismo a quien disteis en una pendencia la vida en Valladolid. Y la palabra con ella os di de que a vuestro lado me hallaríáis en defensa de vuestro perdido honor, y así cumplírosla es fuerza mi valor, mas ha de ser sabiendo antes de cualquiera de los dos por qué reñís. Declararme es poco cuerda . determinación, no siendo mi pretensión evidencia: yo no lo puedo decir. Yo sí, cuando no se arriesga nada en mi reputación, que se sepa, o no se sepa: (desvanecer sus recelos . intento de esta manera) un hombre, a quien no conozco, llegó a mí, la color muerta, y rendido me pidió, que el curso airado impidiera de un hombre, que le seguía. Leonor sin duda era esta. Su poco valor, y el riesgo fue motivo en mi nobleza para que a este Caballero pidiese no le siguiera: enojose de tal suerte, que fue su espada respuesta de su ruego; mas si importa tanto a su honor y a su ciega pasión seguirle irritado, porque satisfecho pueda conocer, que solo en mí fue piedad la resistencia (ya estará en falvo Leonor, con que nada aquí se arriesga) puede volver a seguirle, si satisfacerse es fuerza. Es vuestro duelo este? . Sí. Disimulen mis sospechas, . pues que nada logro, en tanto que no apura mi cautela si es este hombre quien me ofende; y el modo de que lo sepa mi pundonor, es seguirle donde fuere, por si encuentra mi prevención otro indicio para vengar mis ofensas: saber su nombre me importa. Quién sus mementos oyera! Si no es otro vuestro empeño, volver a reñir no es cuerda acción, pues en este lance nada ya al valor le queda que hacer ni escrúpulo alguno en vos, pues el paso os deja libre aquel que os le impidió, desmintiendo la sospecha de que le pudo importar mas, que la hidalguía atenta de amparar a quien huía de vuestra cólera ciega. Así intento desmentirlo, si algo que dudar le queda, pues ya Leonor en la marcha no podrá encontrar con ella. Señor Conde, mi opinión queda en todo satisfecha, y así, vos la ceguedad perdonad de mi imprudencia. Todos, por Dios, son fulleros, y juegan con cartas hechas. El Capitán Diego Osuna ser ya vuestro amigo es fuerza. Ya como se llama sé; y yo cumplir con mi deuda de reconocido, fui a vuestra posada misma de Valladolid y supe habíais hecho ya ausencia. Los Soldados en ninguna parte hacemos asistencia: además, que al Arzobispo de Toledo, a quien confiesa mi afecto tantos favores, Cardenal de la Iglesia Romana, en quien dignamente de serlo el honor se emplea, aumentando mis honores, hizo de mi valor prenda, para tratar la Conquista de Orán, cuya heroica empresa hace a expensas suyas, siendo Capitán General de ella; y tanto en esta facción he debido a sus finezas, que habiendo tan grandes hombres a quien elegir pudiera por su Maestre de Campo General, a mí me lleva. El parabién del acierto doy, señor, a Vuecelencia: cuándo su Eminencia parte? Tan apriesa, que aún la atenta hidalguía de ofreceros mi posada por tan vuestra no puedo, pues ya su marcha al punto tiene dispuesta. Pues no quiero embarazaros; partid muy en hora buena: tras él detérmino ir, y para que mi cautela asegure los temores de este hombre, por si es cierta mi presunción, hasta Orán he de excusar que me vea. . Siguiendo a Leonor venía, con que es clara consecuencia, que la conoció. . Y tan bien, como si su hermana fuera. Su peligro es evidente. Si no estuviera tan cerca nuestra marcha, es fijo, osuna, que declarado me hubiera con Don Diego, porque siendo tan notoria su nobleza, nada aventuro en casarme con Leonor, y en la primera ocasión le ofrezco hacer, que el tiempo me lo conceda. Señor Conde? Qué hay, hermano Guiropa? . Con linda flema se está Vuecelencia, cuando quiere marchar su Eminencia. Ah salido su Guión? Si ha salido? ya está fuera de la Iglesia ha media hora. Hermano Guiropa, lleva coleto? . Sí, el del Bautismo, Pues lleva buena defensa. Si fuera gallina yo, como lo es el gran vadea, tuviera que temer algo; pero en alzando esta jerga, y sacando esta guadaña, de cabezas fatal fiera, por Jesucristo adorado, que con cólera, y con flema no ha de quedar ningún Moro, que en la manga no le meta. Él lo hara como lo dice, el diablo que se las tenga. Pero Fray Francisco viene: qué bien las armas le asientan! Ya, Conde Pedro Navarro, gracias a la siempre inmensa Majestad de Dios, vencimos la más difícil empresa, que era nuestra marcha; ya solo que montemos resta; ya no dudo, en Dios fiado, que la victoria sea nuestra, y que con vuestro valor, y el de tan grande Nobleza como me sigue, de Orán vea sobre sus Almenas de la Fe Santa de Cristo tremoladas las Banderas. Yo, señor, me atengo solo a las oraciones vuestras. Yo, después de Dios, señor, al valor de Vuecelencia, que yo no merezco nada. Catorce mil hombres lleva vuestro Ejército no más, y aunque llevara noventa, si no hace Dios un milagro, señor, por vuestra Eminencia, la empresa es dificultosa, pues tan grande es la defensa de Orán, como inexpugnable en todo su Fortaleza. Pues si está en que Dios lo haga, confiad en su clemencia: ea, hijos, a marchar, y la señal sacra excelsa de la Cruz os haced antes. P- Solo tu vencerás (oh Varón justo!) a la bárbara infiel fiera canalla: pierde el temor, aparta el susto, que de Orán será tuya la Muralla, siendo tu espada misma azote universal de la Morisma: tres veces en la Esfera, Iris de Paz brillante, tremolada verás esta Bandera, con que abatas del Moro el vil turbante, repitiendo conmigo tú en la tierra, guerra contra Mahoma, guerra, guerra. Marche tu Ejército, marche contra Orán, y su confín, sueñe, sueñe tu clarín al compás de herido parche, que ya es tuya la victoria. Rinde, mata, prende, hiere al soberbio Moro altivo, da libertad al Cautivo, que Dios todo así lo quiere para su honor, y su gloria. ción Qué prodigio! Qué milagro! Qué belleza! Con favor tan soberano, ya nada el temor recela: ea, hijos míos, aliento, . y mueran los Moros. Mueran. Alto, y pase la palabra. Al arma, y viva la Iglesia. . Eso sí, voto a Dios, Padre mío, nada tema, que el gran Guiropa va aquí a repartir por cazuela de Moros treinta reveses, con sus garbanzos y berzas. Ya, Fray Ángel, se llegó el tiempo en que mi fe pueda sacarte de tanto ahogo, y de tan triste miseria. A qué, señor, nos paramos? Muy bien dice Vuecelencia. Al arma, pues, hijos míos. . Guerra contra el Moro, guerra. Esta es la llave, aunque yo te la doy a mi pesar, obligándome a faltar a lo que me encomendó tu padre; y pues facilito tu deseo tan del todo, abrevia el tiempo de modo, que él no diga mi delito: esa es la oscura prisión de los míseros Cristianos, mira que dejo en tus manos con mi vida mi opinión. . Qué horroroso sitio! el viento apenas le reconoce: aquí debió de morar su negro imperio la noche: con dificultad la llama el tupido ceño rompe, y forcejeando a vencerle, se apaga, o se descompone: llego, pues; pero más puertas hay, que una en las prisiones: cual será la de aquel Hijo del que llaman Rico Pobre? si será esta? Fe, hijos míos, suframos por Dios baldones, acordándonos de aquellos, que padeció por los hombres. Dudé donde estaba, pero ya las religiosas voces de su constancia y su fe, dijera, que aquí se acoge. Gran Dios es sin duda este por quien tan sumos rigores sufren con paciencia aquellos, que su grandeza conocen; pero cesen los discursos, y hablen las demostraciones: qué humildad, y qué quietud! Padre: pero no me oye: Amigo:: mas no me escucha, puesto que no me responde. En el suelo las rodillas, los brazos en cruz, inmóbil la vista en una pintada Mujer, que el papel propone tan cortés y tan atento con sus limpios resplandores, que aunque es de tinta el dibujo, no hay mancha en sus perfecciones, ni habla, ni respira: a ser a su alivio desconforme mi advertencia, me volviera sin hablarle, porque donde está tan absorta un alma, son dulces las suspensiones; ero se arriesga el designio si tardo: Varón (perdone tu bien hallado silencio, si mi labio le interrompe) Hermano (pero tampoco vuelve a esta voz su transporte) la esperanza perderé, si no recuerda a este nombre: Cristiano. Quién? más ay Virgen! venid a mi pecho, donde no os vean bárbaros ojos, que vuestro respeto ignoren: quién me llama? Quién quisiera saber::- Dios tu intento logre: tú eras, Tarifa? . Dos cosas, antes de darte un informe. Pregúntalas. Por qué (es una) no respondiste a mis voces, al nombre de Padre, al de Amigo en tus suspensiones, ni al de Hermano, respondiendo solo de Cristiano al nombre? Porque estando dividida mi alma por los favores del objeto, que miraba de mi cuerpo, no oye entonces nombres, que son de la vida, pues es deuda que le toquen al cuerpo, como mortal, esos temporales nombres de Padre, Hermano, y Amigo, que con la muerte se rompen; ro el nombre de Cristiano, que es el que eterno se pone al alma con el Bautismo, es del alma, y este donde está el alma, le oye siempre, y como es su propio nombre, siempre el nombre de Cristiano es al que el alma responde. De manera, que del alma es el ilustre renombre de Cristiano? Sí, Tarifa. Ay quién su blasón no goce! pero por no detenerme, pasaré al segundo informe: Qué pintada, o dibujada Imagen es la que escondes en el pecho, ante quien tantas fueron tus demostraciones de respeto, que informaban de su dignidad sin voces? Eso que no has de entender, no importará que lo ignores. Pues por qué no he de entenderlo? Porque de sus perfecciones es la Fe la que recibe el más verdadero informe, y como a ti Fe te falta, es forzoso que malogres mis noticias. . Y qué es Fe? Creer, Tarifa, lo que se oye en las materias divinas, que la Iglesia nos propone; y aunque no se vea, y aunque se opongan en los informes de la vista, y del oído lo que se ve, a lo que se oye; y sabe, que se llamó ciega la Fe, porque donde hay Fe, no debe haber vista en los ojos exteriores, pues viéndose los Misterios con los ojos, fuera entonces evidencia lo que ahora es Fe, y el mérito noble de creer a ciegas, dejara sin aplauso sus primores. Y esa es la Fe del Cristiano? Sí. Yo dije entre los rigores, que por él os vi sufrir de las oscuras prisiones, que era vuestro Dios gran Dios; pero ahora que tus voces de su Fe me dan noticia, por mayor le reconoce mi admiración, pues mayor a mi juicio se propone, que Dios, por quien se padece, Dios, que por Fe se conoce. Nada hace mayor a Dios, que es igual en sus blasones. Y eso es de tu Fe? Sí. . Pues su grandeza me perdone, si ofensa de la ignorancia merece de ofensa el nombre. Oh como se ve, que alumbra Dios, Tarifa, tus razones! Mira que se pierde el tiempo, deja, Cristiano, que logre ver esa Imagen y dime quien es, por ver si tu informe me explica lo que en el pecho el alma me dice a voces. Tendrás fe para creerlo? A tenerla se dispone mi esperanza. Pues esto es. Deja que el respeto doble la rodilla, a quien el alma, sin saber quien es, conoce. Esta es la Madre de Dios. Madre de Dios? En cuanto Hombre. Siendo Dios Hombre, creeré que tuvo Madre, conforme a la razón natural, y aquí la Fe no supone. Si supone tal, que aunque cupo en el natural orden tener Madre el Hombre Dios, no es al Ser de Dios conforme tener Madre como Dios, aunque tenerla le toque como Hombre, pues habiendo de unirse las dos porciones Divina, y Humana en Cristo, con naturalezas dobles, tiene, como Dios la Eterna, la Temporal como Hombre. No te entiendo. Ni podrás, hasta que la Fe te informe, entenderme. . Para esto malogras las ocasiones del intento con que vengo, más cree de mis confusiones, que no olvide tu advertencia, y esta palabra me tome esa Imagen, en quien creo, como a Madre de Dios Hombre, Ella te alumbre. Tarifa, tu precepto me perdone si te embarazo, movido del estruendo que se oye en la Ciudad, alterada, de añáfiles, y atambores, que de alguna novedad grande le dieron informe a mi oído; y como es siempre en estas ocasiones lo primero registrar las infelices prisiones de los Esclavos, temiendo que a tu padre esto le toque, te vengo a dar este aviso, para que a tiempo se logre, que yo no me arriesgue, ni que aquí tu padre te tope. Vuélvete, que ya te sigo. Mira el peligro que corre mi vida, y la tuya. . Ya mi reparo te responde. No te arriesgues. Mi peligro por cuenta del Cielo corre, y el tuyo por cuenta mía, así vengo hoy a que logres (que esto es lo que me ha traído a este panteón de horrores) la libertad: prevenidas Gazul tiene embarcaciones en que tú, y otros Esclavos furquéis las ondas salobres: elige hasta ciento, a aquellos que más deseas que gocen la libertad, y advertido con ellos está esta noche, que Gazul, a quien también obliga la piedad noble, vendrá por vosotros: toma esta llave, y las prisiones abre, que te pareciere, que a todos hace conforme: huye de la tiranía de mi padre y cuando toques el margen opuesto, libre de cuidados, y temores, en premio de este servicio, que te hacen mis compasiones, pídele a tu Dios, Cristiano, que mis esperanzas logre, que me dé conocimiento de sí, que me alumbre, y borre de mi memoria la fecta, que sigo, llena de errores, dame los brazos, pues a no verte más se expone quien da en ti una libertad, que es forzoso que la llore. Tarifa, mi tierno llanto mis palabras interrompe: piadosa eres, y yo fuera cruel en dejarte donde esos divinos alientos, que Dios en tu alma pone, los borrase la violencia de algún desaliento torpe. En fin, no te libras? No es este el medio que dispone Dios para mi libertad. No hay otro, si este no escoges. Si hay tal. . Cuál es? No está lejos, aunque ahora no le oyes. Y es de Fe? Divina, no. Con nuevas admiraciones de tu constancia me aparto. Dios tu ignorancia socorre, fía de él. . Y de ti fío, que por mi maldad abogues. Ese oficio es de MARIA, Abogada de los hombres. Pues a ella se lo encargo. Nunca niega sus favores a quien la llama. Tarí Con la presencia responde. Ya voy: Madre de Dios Virgen, guiad a él mis acciones. Norte es MARIA también. Pues sed, MARÍA, mi norte. Señora, fortaleced aqueste espíritu dócil, y estos míseros Cautivos permitid que el día logren de ver en Orán la insignia de los Cristianos Pendones: Tarifa, el Cielo te guarde. . Y de tantas confusiones me saque, como padezco con dudas tan superiores. A dónde, Guíropa hermano, me lleva? . No tenga miedo. Cómo tenerle no puedo? Qué diga tal un Cristiano! qué más dijera un Judio! de qué tiembla? de él reniego. Soy un poco veraniego, y estoy temblando de frío. Diga, como mi valor no se le pega? está loco? Como al hermano tampoco se le pega mi temor: Mas qué es lo que hacer desea, y dónde va? A buscar fama, que esto en la guerra se llama ir, amigo, a pecorea. Mucho bulto hacen los Moros, que por esas Sierras bajan. Bájarán doscientos mil, que paren estas borrachas de estas Moras seis; o siete cada día; mas si cargan hacia esta parte los galgos, S les tengo de dar zaraza . Ea, amigos, que la Fe de Cristo a lidiar nos llama: sus enemigos son todos cuantos veis, tocad al arma, y venced con Dios, que a Dios no le es imposible nada. No me detengas, que aunque es empresa desesperada la de Orán, mi obligación, Leonor, a morir me llama en ella, por no manchar los blasones de mi fama. Ay de mi amor, y mi honor? Osuna, solo os encarga mi amistad, que si la muerte diere fin a mi esperanza, cuides de Leonor. . Pues cómo os puede dejar mi espada en un riesgo tan notorio? Y yo a quién quedo encargada? Tú, Juana::- Oiga, que los Pajes se llaman Leonor y Juana: encárgueme a Juana a mí. Socorran aquella barca, que se pierde. . Sin gobierno da en la orilla. El Cielo me valga. Cobra; hombre, el perdido aliento. No sé qué piedad me llama a valerte: mas qué veo! A Qué miro! Qué ven mis ansias! (bres. Aquí ha de haber muertes de hom- Juana, no le asuste nada, que Guiropa cuida de ella. Pues cómo, traidora hermana, tú aquí, y en poder de quien::- Pero prosiga la espada lo que comenzó la lengua. Ved, Don Diego, que se encarga de este empeño mi valor. Si olvidáis vuestra palabra, mi obligación despreciando, daré a mi ofensa venganza. De quién vengaros queréis? De este aleve, que es la causa de mi deshonor y de esa mujer traidora, y liviana. Señor mío, usted se tenga, que yo no la debo nada. Ved, que ese no os ofende. Cómo que me persuada a eso queréis? . Yo lo digo: Leonor, tu perdida fama, si un delito mi amor culpa, pues un acaso fue causa de que tu Patria perdieses, y que dejases tu casa, mas pues sucede este lance en ocasión, que deseaba tener con seguridad a quien dejarte encargada, para que tu hermano sea de tu honor segura guarda, y yo sin este cuidado al forzoso riesgo vaya, te doy la mano: Don Diego, ved ahora si se engaña. vuestra ciega presunción. Mi vida es tuya, y mi alma. Mi admiración os responda, pues ya no me quedó nada mas que saber, cuando veo a Leonor con vos casada. Que van cargando los Moros. Retirad a vuestra hermana. Conde::- No he de entretener el tiempo, cuando me llama la lengua allí del valor. Mira::- No me digas nada. Vuélvate el Cielo a mis ojos. En ellos te dejo el alma. No sé si vamos seguras. Conmigo lo están, hermanas. Que yo celoso no sea! Servitor, mi seora Juana. De las acciones heroicas, que habéis hecho, la más alta es la que acabáis de hacer; pero el Cardenal de España, General de África, llega. Si intenta la retirada, obraré como Soldado. No haya miedo que tal haga. Yo cumpliré con morir. Y yo por aquí doy traza de esconderme donde pueda ver sin riesgo la batalla. . Vuestra Eminencia me dé a besar su mano. Oh basa, y columna hoy de la Fe, en cuya valiente espada tiene labrado el mayor triunfo la honra Cristiana! ya es tiempo de acometer a las Morismas Escuadras, y derrotando estos Moros, que el paso nos embarazan, en su alcance, pues no tienen más cerca otra retirada, que la de Orán, ganaremos (fiados de Dios) la playa. Cómo, señor, es posible, si de desembarcar faltan de la gente que traemos mas de la mitad, escalas, y municiones, que demos a los Moros la batalla? Pues aunque ponga en huida vuestra justa confianza tanta multitud de Turcos como a recibirnos bajan de Tremecén, auxiliados de todas estas comarcas, no tendremos, siendo así, con que escalar la muralla, ni con que desguarnecerla: con que si yo gobernara esta facción, con maduro acuerdo desembarcara toda la gente primero, munición, y vituarlas, y marchando con concierto, a la Plaza me acercara, echara el cordón, y en él muy bien me fortificara, por el riesgo del socorro, y por la encubierta estrada ganando tierra por donde minar los Moros hallara, y en un día no quisiera aventurar facción tanta, que si la logra una vida, será ventura lograrla. Habla como gran Soldado, señor Conde; pero es tanta la piedad a que me mueve la desventura que pasan los Cristianos en Orán, que ella fue la primer causa de que al Católico Rey le pidiera esta jornada, que hice a costa de las rentas del Arzobispado y nada, aunque su razón conozco, podrá atrasar mi esperanza; pues como no he de vencer hoy con las fuerzas humanas, y los Divinos esfuerzos no son naturales causas, hemos de ganar a Orán solo con Divinas Armas; y en prueba de que Dios quiere favorecer mi constancia, oiga el rugido impaciente de las fieras Africanas, que a nosotros nos alientan, y a los Moros acobardan: mire allí como camina, auxiliando nuestras Armas, al combate por nosotros, aquella volante escuadra de negras aves, picando los ojos a la Pagana multitud, que mal resiste a los picos, y a las garras: ea, que Orán, y los míos es nuestro, la seña clara es aquella Cruz, que el Cielo tercera vez nos señala por Guión, arma del Cristiano, que cuando todo os faltara, no os puede faltar morir por Cristo, y por la Fe Santa. Toca al arma, que no buscan razones las soberanas obras del Cielo. Ea, Conde. Mientras que yo con la espada, lidiad vos con la oración. Esas son, Conde, mis armas. Asistidnos. Si haré, hijos. Santiago, y cierra España. Voto ha, Cristianos de Cristo, que hoy me tengo de hacer rajas: ea, Padre, rece bien, que Guiropa está en campaña a darles a aquestos perros caldo con esta cuchara. Ya, Señor, ya llegó el día de que vuestra soberana piedad su causa defienda, pues es, Señor vuestra causa dar victoria a vuestros Fieles contra las fuerzas Paganas: vuestra causa es, que se vea vuestra Fe más dilatada: dentro de Orán ha de verse hoy con vuestra confianza: permitidlo, Señor mío, y esta congoja, que baña mi cuerpo de blanda angustia, de mi espíritu enviada a mis poros, desde a donde la tierra humedece, y mancha, os pido por mí sin voces, el logro de mi esperanza. Tus ruegos oyó mi Amor: lidia ahora en confianza de que has de ganar a Orán, en cuya rebelde estancia a mi Fe hasta hoy, desde hoy ha de vivir venerada ella misma, siendo tú de sus Católicos guarda. . Gracias a vos, Señor mío::- Mas dónde estoy? la muralla de Orán aquella parece: no era aquí donde yo estaba? no, que allí del Agareno las tropas desvaratadas entrar en la Ciudad quieren, y hallan las puertas cerradas: vuelva mi oración, Señor, a pedir la comenzada. victoria a vuestro poder. Mahoma. Santiago, a ellos. Te arrojas desesperada? El amor no teme riesgos, fuera de que si me faltas tú, y si falta mi esposo, me sobra la vida. Juana, esta mujer del demonio nos ha traído a esta danza. No temas, que está contigo Juanilla. Los Moros cargan; retírate. . No haré tal. Huyamos, pero mi rabia vengaré en este primero. No es tan fácil la venganza. Aa perros. . Ah galgos. Ah mastines. . Pues tu arrogancia veo, temed vuestra muerte. Llévate esta tarascada, Morillo de chimenea. Huyamos. Si no faltara el día, hoy Orán viera nuestra Cruz en sus murallas. Pues cómo puede faltar el día, que Dios señala para su aplauso? . Faltando el Sol, que aún no tiene escasa una hora de luz. El Sol, amigos, no os hará falta: Luciente antorcha del Cielo, ten de tu precipitada carrera el violento curso, que si de Josué a la instancia te paró la fe, mi fe es ahora quien te para. Dios te oye, Jofué segundo, y a tu fe invisible manda, que se pare el Sol, en tanto que horas, y que lidias. Gracias os den los Ángeles puros, Señor, por merced tan alta: ya se paró el Sol. Qué asombro! Pero extrañeza no causa, que tenga en el Sol dominio, quien los elementos manda. Al asalto, mientras yo lo que del trofeo falta pido a Dios con rogativas. Sirvan las picas de escalas. A Orán, hijos, que con este Caudillo no hay temer nada. Tus pasos, Conde, seguimos. Ya he perdido la esperanza de defender la Ciudad, pues la noche, en quien fundaba su defensa, perezosa a su curso olvida, o tarda. Arriba, hijos. , . No es posible contra resistencia tanta. Ahora es tiempo de que yo fortalezca la cristiana tibieza; y pues yo no puedo, mi espíritu, Señor, vaya. . Que está el Varón prodigioso, hijos, sobre la muralla: subid a su imitación. , . Ya está la Ciudad entrada. Que mucho, si otra vez veo aquel hombre, que me pasma? no le veis sobre un caballo, nuestra bárbara arrogancia castigando? . Si le vemos, y a tanto prodigio falta valor. La Ley del Cristiano, pues tanto su Dios le ampara, es la verdadera Ley. Victoria, Orán por España. A la piedad apelemos. Todas las mazmorras se abran de los Cautivos, abrid la Ciudad, y de las plantas de este milagroso hombre las vidas sagrado hagan. Victoria por el Insigne Don Fray Cisneros. Tan alta merced a Dios se le debe. Y a ti, que piadoso sacas de esclavitud los Cristianos, alumbrando con tu santa virtud los Moros, que a voces piden del Bautismo el agua. La Ley de Cristo queremos. Esta sí, Señor, que es palma: Hijos, yo os bautizaré. Cincuenta mil Turcos faltan. Y cuántos Fieles? No más de treinta. Dichosas almas! Ocho mil Turcos, señor, son los prisioneros. Pasan los Cautivos de dos mil, que con caridad rescatas. Adiós se le debe todo. Tarifa, en siendo Cristiana, seré tuyo. Eso, Gácil, para ser tuya esperaba. Entremos en la Ciudad, puesto que el Sol, ya acabada la batalla, al curso vuelve de su carrera ordinaria. Cuatro horas se ha detenido. No es a Dios difícil nada. Ya mis penas se acabaron. Ya logré mis esperanzas. Y pues que ya con Leonor mi amo casado se halla, y siendo Cristianos todos, Tarifa con Gazul casa, a qué aguardas mi Juanilla? A hacer lo propio, Taranga. Señores míos, han visto como Guiropa no es rana para aquestas avenidas entre Moriscas Escuadras? Y así, Padre mío, ánimo a las demás ventregadas, que a partidario me meto, sin ahorcar las sopalandas. Calle, hermano, y tenga juicio. Y aquí, Auditorio, se acaba la gran Comedia de aquel Insigue Varón de España Don Fray Francisco Cisneros, convidando, si esta agrada, a la segunda, y pidiendo perdón de sus muchas faltas.