Texto digital

Texto digital de La piedra filosofal

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Francisco Antonio de Bances Candamo
Atribución estilometría
Francisco Antonio de Bances Candamo Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de la suelta sin datos de imprenta incluida en la Parte XVI de Jardín ameno (BNE: TI/120 V.16).

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La piedra filosofal. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/piedra-filosofal-la.

Logo BICUVE

LA PIEDRA FILOSOFAL

JORNADA PRIMERA

A la deidad invencible, del gran Hércules Alceo L. Al bosque, a la playa, al llano. Viva el gran Hispan Rey nuestro. . Oh nunca; después de haber circulado el universo, aún más que de los discursos, de los ojos aprendiendo, viniese a esta inculta selva, cuyo breve sitio ameno, verde esmeralda, en que engasta el mar, en círculos tersos! o nunca en ella, esta gruta, del monte pardo bostezo, vistiera de sus escollos mi persona, contra el tiempo en cortezas de peñascos, mi inconstancia endureciendo! o yo nunca, en ella quisiera mi estudio, desde su centro penetrar en estas líneas a tantos diáfanos velos, de sus fururos arcanos los siempre ocultos misterios, cuando a los humanos ojos los Astros para esconderlos, de su plenitud de luces las ceguedades hicieron! De los Reyes Españoles quise investigar atento la sucesión, y encontre mi muerte en el heredero de Hispan: ciencia desgraciada! para que de tanto riesgo me anticipas el aviso, si no me das el remedio, cuando de temer un daño se suele cansar el miedo, y tal vez del esperarlo se refugia el padecerlo? Hoy la Religión esconde la Aras con el incienso. Al bosque, a la plava, al llano. Viva el gran Hispan, Rey nuestro. . Pero qué es esto? Este bosque, cuyo bórbaro desierto, tan mudo vivió hasta ahora, que en sus árboles espesos, aún el viento no rompía la clausura a su silencio, pues más que como gemido sonaba como ceceo, confunden los aparatos de tan disonante estruendo? Allí sonora armonía, con la suavidad del metro; allí venatorias voces, al parecer de monteros, y aquí el dulce horror, de tantos militares instrumentes, con tal ímpetu confunden lo vario de sus acentos, que no hay concabo bastante a concibirles los ecos, ni el eco sabe la voz, que ha de repetir primero; y así de todos dúplica el rumor, y no el acento. Apagar quiero esta antorcha, que de pálidos reflejos, la lobreguez de esta gruta sabe vestir, encendiendo el aire que en sus vacíos ha quedado prisionero, que ya del mal ventilado desconoce su elemento. Apágola en fin, que así, no habiendo luz acá dentro, podré, sin ser visto, ver, desde este pardo funesto resquicio, que es de la roca melancólico esperezo, quien al tarde, o nunca hallado albergue, llega diciendo. A la Deidad invencible del gran Hércules Alzeo. Ataja, que se ha soltado un León. . Acunid presto, que la Princesa, a sus iras o Cielo Ya a mis confusiones, Astros, se añade escándalo nuevo, entre las confusas voces, que en mi estudioso sosiego, dejándome lo dudoso, me arrebatan lo suspenso. A la playa, a la marina. Bruto, horror de estos desiertos, llega, si no mueres antes a mi enojo, que a mi esfuerzo. Escándalo de esta plava ven, que a su cristal sediento, tu vida, en coral hundoso derramar sabrá este acero. Huid. Antes que a dos vidas pierdas, o bruto, el respeto, has de perder en la mía, si no la cólera, el tiempo. Ya se acerca, . Ya se allega. Pero un joven extranjero. Pero un forastero joven. Desesperado. . Resuelto. Le pusca. Pe sale al paso. Y la asta veloz blandiendo. Y vibrando la cuchilla La arroja al aire tan diestro. Tan veloz la entrega al aire. Que a su choque. . Que a su encuentro. El León fallece rendido. El bruto horror yace muerto. Hija? . Señor? . Dicha ha sido hallar, en el ardimiento de este extranjero un sagrado contra el destino, que adverso amenazaba en tu ruina tantas vidas con un riesgo. Solo pudiera la tuya costar susto a mi denuedo. La Princesa, y el Rey son: Cielos, que fantasma sueño, que a ilusiones de dormido, discursos doy de despierto! Señor? . Señora? . Qué tienes Lidoro? . Cintia qué es es Haber corrido en tu alcance, para librarte, sintiendo, que otro hubiese anticipado el logro, mas no el deseo. Hber seguido tus plantas, porque al tirano soberbio, ya que defenta no fuese, fuese detención mi pecho. Seguro conmigo estoy, y tu susto, poco cuerdo, quiere agraviar mi valor por acreditar tu afecto. Yo esperaba el León airada, pues su altivez a mi ceño, aún más que por riesgo, dio susto por atrevimiento. Glorioso Hispan. Rey de España. Ibería, extraño portento, donde hay tanto de divino, que apenas luz es lo bello. Ya es estrago, si fue horror, este cadáver sangriento, pues regando con su sangre, de esos céspedes lo ameno, adonde sembré su vida florecer a su escarmiento. Mas lo merecierais vos, porque quitáis a mi ceño, hecha la costa al enojo, la vanidad del trofeo. Anticipado anduvisteis, vuestro brazo anteponiendo, más arrebatarme un triunfo, que a librarme de un recelo. Así lo agradeces? . Cintia, yo no sé quién es, y temo, que no sé a lo que me obligo, si tanto obligar me dejo: venid, y hasta hallar a Rocas no cesen vuestras acentos. . En qué te ofendió? . Lidoro no sé quién es, y es gran yerro, que me deje obligar tanto; porque un beneficio inmenso, estrechándome la paga, me límita lo supremo: vamos, y hasta hallar a Rocas no se suspenda el estruendo. . . A la deidad invencible del gran Hércules Alceo, hoy la Religión esconde las Aras con el incienso. Al bosque, a la playa, al llano. Viva el gran clispan Rey nuestro, . Muy buen lance hemos echado, y hemos quedado muy frescos dándonos reprensiones los dos, en lugar de premios! que a esto me traigas a España? Cuando, cuando, airado Cielo, ha de acabar de gastarse tu influjo, o mi sufrimiento? pues aunque en mí las desdichas tan famillares se han hecho, el dolor, que no mejora a todas horas, es nuevo! Baco me acuda: que cuando llegamos muy satisfechos a hacer gala de un servicio responden con un despego; o cosi cosas de estado, que armadas de dos compuestos, si sois por afuera Dioses, sois enigmas por adentro! no más cerca, no más Reyes; vámonos de aquí, que tiemblo de acordarme de su enojo. Si mal desde aquí no advierto, Híspalo es este, y pues solo le han dejado, yo resuelvo salir a hablarle y saber la causa de tan inquieto ruido en estas soledades. Híspalo, amigo? Qué es esto; tú en este monte, y tan solos Monstruo montaraz tenamos? qué hombre espín es este, Dioses, que con tan horrible aspecto, si el rostro arrebuja en barbas, debana el cuerpo en cabellos? Rocas? tú en España, y tú en este bosque? . No es eso novedad, habiendo sido siempre mi estudioso empleo ir peregrinando el mundo en cuyo acertado intento, cuanto alcanzaba estudiando experimentaba viviendo; ni el verme siempre en los montes, porque cuando, dime, en ellos de las causas naturales los influjos no contemplo, de que con vanidad mía en Grecia fui tu Maestro? Pues el ruido de las Cortes, su bullicio, y sus comercios, confunden cuanto el más docto habla con su entendimiento; la novedad es, que tú estés en España, y puesto que esta lo es, y no la mía la causa saber espero. Venir a ser infeliz aquí, como allá, teniendo. la fortuna en mi probado lo que dijo aquel proverbio, que quien estrella no muda, qué importa que mude Cielo? Apenas un leño humilde, pudo en su vientre de Abeto concebirme en Grecia, para abortarme en estos Puertos, cuando armaron de peligros todos sus profundos senos el mar Acríático, el Junio, el Líbico, y el Tirreneo, hasta que el Mediterraneo pudo al Oceano inmenso verter el cansado vaso por la boca de su Estrecho. Llego a Cadiz, donde supe que el Rey se está divertiendo en este bosque fragoso, que más en su Isla ha hecho lo inhabitable del sitio, que lo espeso del terreno, pues le hace por fuerza monte lo intrincado, y no lo excelso, Vengo a buscarle, y apenas a estas avenas entrego la estampa del primer paso, cuando: mas para qué quiero rebosar la pena en voces, y el dolor verter, sabiendo, que el que en la queja derramo, me hace falta el sentimiento? Con todo prosigue. . 1. Allí se mira. . Aquél es. . Lleguemos. Esto es peor. . A mi gruta vamos, pues no sé a qué efecto nos buscan. . Daos a prisión. Esto más? Señor, yo apuesto que la muerte del León ha de costar a lo menos el gáznate. . A quién decís? A vos pues según traemos las señas de sitio, y traje, vos sois Rocas? . Eso es ciertos mas qué delito es ser Rocas? Nosotros solo sabamos, que el Rey, a sacrificar vino de Hércules al Templo, que entre bosque, y playa yace, y que esta caza ha dispuesto, con músicas consonancias, de la lira, con gorjeos del clarín, y con las voces de las selvas, y el ojeo, para que os hiciese el ruido salir del oscuro centro de la tumba, que os esconde, sepultado antes de muerto; y puesto que os hemos visto, el orden es que traemos que sin que os ofenda alguno, a su vista os lleve preso. Ay de mí! si este presagio será de irse ya cumpliendo lo que el Cielo me amenaza! Pues si vienen contra el viejo, vaya; aí me las den todas. Amigos, dejadme, os ruego, en mi quistud, que yo en este retiro a ninguno ofendo. Llevadle agarrado, y vamos. Señores Soldados, quedo, que estás venerables canas merecen algún respeto, siquiera porque en sus copos desengaños nevó el tiempo, y no le habéis de llevar así, R ocas irá atento, a ver lo que el Rey le manda. Pues vos queréis oponeros así, a un precepto del Rey? No me opongo yo al precepto del Rey mi a su ejecución, sino en ella al modo vuestro; yo le llevaré, dejadle. Por cierto que perderemos el mérito de llevarle, porque vos vengáis haciendo, con el modo, acción de ser algo, que no conocemos: apartad. . No por mí quieras empeñarte. . Lindo cuento será, que quiera mi amo reñir por un esqueleto, por quien solo andar pudieran a pleito dos cementerios? Mirad, que. . Qué he de mirar? apartaos, no queráis, necio perderos Dice muy bien: señor, estás en tu seje? te burlas con un soldado, que trae el Rey en el cuerpo? Ved, que no es orden del Rey, que queráis ser desatento, y sabré yo castigaros. Desvanecido, y soberbio, como con tantos podrás lidiar! . Matando, y muriendo. Qué haces Híspalo? . Señor, aprieta, que yo aquí quedo para asistirte en la cura, ya que no soy de provecho en la pendencia . Matadle. Pues a la gruta no puedo retirarme, el monte sea mi sagrado, o monumento. . Sigámosle, que se escapa, pues la pendencia es lo menos, donde falaamos al orden. Aguardad, mas pues siguiendo le van, a estorbar iré que le prendan; piedad, Cielos, que ya me recibe España con dos fatales agüeros! A mí me toca seguir, y no reñir. Qué es aquellos que de armas, y voces ay en el bosque, nuevo estruendo mas del que dejamos cuando salimos de él . De aquí veo salir del monte a esta playa, como en dos bandos opuestos, unos acosando a un monstruo, que va a todo trance huyendo, y otros a un hombre, que osado, desesperado, y resuelto contra el tropel que le sigue, lidiando viene, y corriendo. Ay de mí? . Seguidle todos, Ah traidores! deteneos. Procura por esa parte salir, Iberia, al encuentro, que por esta veré yo si su tragedia suspendo. Así lo haré: qué desdicha! Piedad, Dioses. . Tavor, Cielos, Suspended todos las armas. Tened todos los aceros. Qué halló sagrado a mis plantas. Que tomó a mis plantas puerto. Quién eres, hombre: qué miro? Hombre, quién eres: qué veo? Quien ya no encuentra en la voz, aún para la queja aliento. Un hombre, a quien antes falta la tierra, que no el esfuerzo Rocas amigos a mis brazos llega: qué acaso siniestro pudo hacer, que a quien buscan ansioso, y si no mi afecto mi poder halle acosado? Que Soldados inexpertos, a quien buscabas honrando, quieren hallar persiguiendo. Pues cómo, aleves? . Señor, nosotros solo debemos ejecutar tus mandatos, sin penetrar, tus intentos: a Rocas traer quisimos, cuando ese osado mancebo quiso resistirio, airado, despechado, hirie dos soldados. Este no es el del León? qué ardimiento, qué brío, y qué bizarría! Yo sigo, pues no peleo. Hombre, que a mis plantas llegas, dejando en ellas sangriento, estampado tu peligro, y todo, tu estrago impreso: qué sangre es esa, con que me has venido a dar a un tiempo lástima, y horror? . Señora, a esta leve herida debo, mas que a mi brazo, pues ya vuestra lástima merezco, por ella, y por él (ay triste!) solo logro el ofenderos, cuando anhelaba a serviros. Esas enigmas no entiendo; es de cuidado la herida? Es en la mano un ligero píquete, que quizá en ella alguna vena habrá abierto. Dígolo, porque piadosa tuviera por caso adverso, que a ampararos de mis plantas llegaseis ya sin remedio; y pues en aquel pasado peligro, fue vuestro intento defenderme, aunque ofendiese mi valor vuestro recelo, ya que este lance nos dice, que en algo habéis sido reo, con licencia de mi padre el delito que habéis hecho. para estar con vos en paz, lo perdono, aún sin saberlo: libre estáis ya, qué aguardáis? No con rigor tan severo queráis, adonde no hay culpa dar un indulto por premio. Cuando sepáis los dos, quien es el joven extranjero, que agradecerle tendréis. Yo en vano temí, advirtiendo su valor, que fuese alguno de Lus Príncipes que espero, y porr eso de su acción me mi ostré poco contento; que si tpagar su socorro no basta cuanto poseo, es obligación penosa estarle siempre debiendo. No en vano temí, al mirar su acción, que fuese encubierto, de los propuestos alguno, y por eso mi desprecio disvadia con un enojo todo el agradecimiento; y porque no se declare si lo es plática mudemos. Rocas, sabiendo mi padre, que has arribado a sus Reinos, cuantas diligencias caben en su poder hizo, a efecto de saber donde asistías, hasta averiguar de cierto que estabas en ese bosque, observando, o descubriendo, a lo oscuro de esas luces influjos, y movimientos; aunque muchos a buscarte le han penetrado, se han vuerlo, sin hallar de ti más señas, que las huellas, que imprimieron a lo dócil de la arena, los varios pasas inciertos. Hoy, que a Hércules nuestro tío, Griego blasón, y el primero que a esta inmensa Monarquía convirtió el Bastón en Cetro, como a nuevo Dios de España, añadido al Firmamento, donde él puso las Colomnas hemos erigido un Templo; y hoy que empezamos la fiesta de los secularas juegos, que desde cien a cien años se han de celebrar, sabiendo aquel que una vez los mira, que no puede otra vez verlos; causa, porque el regocijo suele peligrar de exceso, a sacrificar venimos, adonde en el puro fuego enlutamos todo el aire, con tantos humos abeos, que tejieron sus vapores fragrantes noches del viento; y a balsamos liquidando, y ya gomas consumiendo, mi padre, y yo por mayor culto, con rendido afecto vamos a buscar al vosque las reses, que le ofrecemos en sacrificio a su imagen, cuyos indomables cuellos, salpicando el simulacro, esmaltaron el obsequio, habiendo con este fin de penetrar ese espeso intrincado bosque oculto, a sen das tan poco abierto que de ver hombres se asusta, espeluzando en entedos la fragosa verde, inculta maraña de sus cabellos; quiso con salvas, y voces romper al aire el silencio hasta hallarte; mira cuanto debes de importar supuesto, que cabe entre sus cuidados. el de hallarte? No lo niego, que de ti quiero fiar, fama, y honor. . Yo soy muerto, ya se ha cumplido el presagio, pues no hay peligro más fiero, que fiar un soberano, mucho de un humilde pecho; porque si el secreto importa, siempre se duda el secreto, y los poderosos, nunca gustan de vivir temiendo. Decid vos, quién sois? Glorioso Hispan. Qué es aquello? . Cómo licencia, señor, tienen cuantos Extranjeros, con sus vajeles llegaren, de dar fondo en estos Puertos lo que las fiestas duraren, llegan a hacer salva al Templo dos Navales selvas rudas, que van poblando, y vistiendo de palamentas las aguas, y de gripolas los vientos. De Caleras, y de Naos se van allí descubriendo dos Armadas divididas, que el Occeano escondieron, en poblaciones nadantes, que piramides ejelsos, hacen los topes, y gabias tienda en el instable peso, de madera las Ciudades, y de vidrio los cimientos. En sus banderas de cuadra las Naves van descogiendo, los Leones de África allí. Y allí en las Galeras vemos tremolar las de Cerdeña. La admiración va creciendo, pues de las dos Capitanas a ollar los Zafiros crespos, se despiden dos Falucas, cuyas carrozas vistieron telas de oro, y cuyas popas, en sus dorados reflejos al agua, en llamas bomitan, cuanto el Sol en luz bebieron. A competencias la Cusmas, con libreas de lo mismo, que son las carrozas, vienen haciendo gemir los remos a tierra, a boga arrancada. Y echando las planchas luego, caminando hacia nosotros tomaron tierra sus dueños. Avoque quisiera excusar que me hablasen, y a no puedo, porque sin pedir licencia se acercan. . Oh cuante temo, que muy presto han de avisarme, de que tengo amor, los celos Dame, gran señor, tus plantas. Alzad, Jóbenes del suelo, y decid quien sois, no yerre mi descuido el tratamiento. Iberia es esta: ay amor, y cuanto en este portento los ojos de los oídos, parece que estaban lejos, pues do supo aún de sus gracias decir la fama lo menos! Esta es Iberia? hay cuidado, y como en mi daño creo, qué aún no es la exageración en ella encarecimiento! No habláis? . Yo hablaré Señor, después de ese Caballero. Vuestro es el primer lugar, y si es mío, yo os se cedo. De vuestra atención podrán tener paz los cumplimientos, hablando alternados. . Bien lo he menester, porque tengo pendientes ya de los ojos, respiraciones, y alientos. Bien he menester descansos para hablar, porque suspenso, huyendo de los discursos en lo que miro me elevo Yo soy Tesandro (oh Hispan siempre glorioso) Monarca de las Islas Valeares, que desde Meditarraneo el rostro hermoso manchan de verdes fértiles lunares, mi Ejército se mira poderoso surcar los vientos, y volar los mares, pues porque bebe el piélago sus huellas, escriben el camino en las Estrellas. Yo soy Numidio, Príncipe dichoso de la Numidia, fértil, y abundante, subiendo mi dominio poderoso, a ser confín del Cielo en el Atlante, mi Ejército se mira numeroso, a quien de tanto bárbaro Elefante fundó murallas, dando en las arenas cimientos de márfil a sus almenas. De excelencias de Ibería soberanas, ecos la fama divulgó esparcidos, siendo en su nombre, en voces bien lejanas hermosura también de los oídos; quedé absorto, y en ansias tan ufanas al oído reduje mis sentidos; pues de la fama el derramado acento, encendió en su belleza todo el viento. De Iberia tal pública la belleza la fama de su luz ardiente, y pura, que sobra a su hermosura su grandeza, mirad por su grandeza su hermosura; vengo, y vengo, que su hermosa gentileza, solo en los ojos cabe, y asegura mi fe, que se ha encumbrado en su portento la vista, aún más allá del pensamiento. Como hay licencia todas las Naciones de asistir a las fiestas, que hoy esperas, para vosar a ver sus perfeciones, alas calcé de Abeto a mis Galeras; atrevime a pisar estas regiones antes que la licencia concedieras; y si esto fue delito, solicito hacer por ella gala del delito. Cómo de ver la fiesta publicada tiene licencia todo peregrino, para volar a esfera tan sagrada, a mis Naves vesti plumas de lino; a venir mi persona disfrazada, como pudiera, no me determino, que las fiestas me dan en esta parte licencia de venir no de engañante. Vengo a darla mi Patria ennoblecida, con rendirla a sus plantas humillado. Vengo a adquirir a costa de mi vida, la vanidad de ser su despreciado. Haciendo a tu grandeza mi venida. Haciendo mi jornada a tu cuidado. Según juzgo da mí. . Según adviento Número a la elección, sino al acierto, Después, generosos Reyes, de decir cuanto me alegro de vuestro arribo a estas Costas, de que hayáis llegado buenos, y que festejéis mi Corte en los Seculares juegos, paso a suplícaros, que a las Armadas volvindo, deis lugar a que os prevengan decentes alojamientos, a Cadiz, adonde iréis a dar fondo, que no es puesto este para recibiros; y aunque algún aviso tengo de esta venida, a entender que eráis los dos los que luego saltasteis en los esquifes, no dejara verme, a efecto de no ser un monte trono capaz del recibimiento. De vuestra proposición en mejor sitio hablaremos, aunque bien me hubiera holga que hubierais desde más lejos, y no por vuestras personas tratadola, pues es cierto, que al ver tan igual la duda, más indeciso me quedo, que aunque acierte en el que escojo he de errarlo en el que dejo, y venís de conocido a dejarme un sentimiento. Discretamente ha mostrado, el Rey, que no anduve cuerdo en venir! . Qué cortesmente me ha dado a entender el yerro que hice, en venir en persona, sin efectuar el concierto! Y por que imagino yo, sugún de los dos advierto, que no me habréis conocido, pues al ver que estoy oyendo, no hicierais a mis oídos cómplices de vuestro intento, os advierto, que soy yo, y que conozcáis atentos, que os oigo, aunque no os escuche que a costa de mi respeto están hoy de vuestros ojos indignos vuestros afectos. Señora, si . Bien está, Príncipes, que vais os ruego a descansar, de las damas los desdenes, y despegos es un tribunal aparte, tan absoluto, y supremo, que no hay quien la residencie, Ay amor! no siempre fiero entre lo frío, y dichoso conserves bandos opuestos. Amor, ya hay otro contrario, no tan presto desmayemos; ni me hagas cuidado propio, envidia, el mérito ajeno. Porque al caso de hoy, todos los parentesís cerremos, proseguid: decid quién sois? Quizá no sabré, pues veo cuanto pudo esta venida alejarme de mí mismo, Glorioso Hispan, de quien toma el nombre todo tu Reino, porque hechura de tu mano se confiese así tu Imperio. Felicísimo Monarca, en cuyo dictamen fueron, sin acasos las fortunas precisadas al acierto, siendo tus empresas triunfos, aún antes de ser sucesos. Híspalo soy tu sobrino, hijo del Ilustre Ceto, tu primo hermano; mi padre, luego que recibió el pliego, en que a llamarme enviabas, me envió a servirte, sabiendo, que este Reino dominabas, quedando por heredero de población, y conquistas del gran Hércules Alceo. El primero que en el mundo, arde en peregrino leño al Occeano las ondas de aquellos mares, rompiendo la nave Argos a Neptuno los nunca violados senos, los rumbos, siempre ignorados, los climas, siempre secretos, hasta que en cadiz, por ser del Orbe el último extremo, puso las altas Columnas del Non Psus Ultra, queriendo cerrar con estas dos llaves de los hombres el deseo, ciñendo de tantos mares los humanos pensamientos. Llegué a Cadiz, y de allí al Templo vine, sabiendo, que en él sacrificas, cuando de tantos brutos soberbios, como para lid del Circo en el Templo estaban presos, se soltó acaso un León, que eligir quiso este denso bosque, de su libertad por sagrado, y esparciendo por esta Campaña a cuantos tuvieron cobarde el miedo, que aún no se atrevió a dejar del súbito pasmo hiertos. Solos quedasteis los dos, si, no fuera a conoceros bastante la Majestad del ornato, y del aspecto, que de persenas Reales son los indicios primeros, lo fuera el oír a todos: Acudid, acudid presto, que la Princesa, y el Rey quedan al peligro expuestos, que aún huyendo, a otros querían persuadir a tanto empeño, en que a sí se iban culpando con lo que a otros persuadiendo. Vibrando mi brazo, entonces, el venablo de un Montero, que el coronado tirano dejaba a sus garras muerto, se le arrojé tan veloz, que desató de su pecho la vida en humor purpureo, y en corales el aliento; y al despedirle del brazo el aire rompió, gimiendo, quejándose del estrago, aún antes que el bruto, el fresno, Llega, sobrino, a mis brazos, porque corone con ellos tanto valor, que no en vano acá en interiores ecos, anuncios de tu cariño, me estaba el alma latiendo. Desde hoy se llame está Isla la de León; en recuerdo de tu hajaña, y el cadáver, consagrado, que de al Templo de Hércules, como memoria del antiguo León Nemeo: besale a Ieria la mano. Felice llamarme puedo, si desde mi indignidad hasta sus plantas asciendo. ̱. Alzad, que no le malogra en vos mi agradecimiento. y. Lleguen presto las carrozas, y a Codiz la vuelta demos: Rocas ven, que hoy, mas que nunca en ester tu consejo. Infeliz yo pues ya voy amonazado del Cielo al lugar de mi suplicio! Qué te parece el despejo. aire, y gala de tu premio? Aún no he reparado en eso, porque no se hablan mis ojos jamás con mis pensamientos. Dame, señor, mil abrazos, que estaba ya sin resuello de no hablar, y de temer, y de ver, que en aquel viejo, por unas muy buenas barbas fuiste a tener un empeño. Deja locuras; y vamos, Lico, aquel imán siguiendo, que aunque se huyó de mis ojos, se ha quedado en mis deseos. Vamos adonde mandares, y desde aquí tenunciemos ser Griegos, y hablar su Idioma; que a ser Español me quedo, y si no es que le hable culto, prometo no hablar más Griego. Dejadnos solos, y ya, Rocas, que en la retirada estancia de este salón nadie el secreto embaraza: no es cierto que tu ejercitas todas las artes arcanas de naturaleza? . Escucha; por si acaso se declara alentemos con mi ciencia, temores, su confianza: Yo soy Griego de nación, mis ciencias han sido tantas, que muchas memorias de ellas han de quedar en España; porque habiendo sido, en fin, único en la Judiciaria, todas las edades vivo, cuando a la presente añada en los Astros, las futuras, y en la historia, las pasadas. Después de haber aprendido, por las naturales causas, de animales, y de brutos, de minerarles, y plantas, en las entrañas del fuego los árcanos de la Magía: también las no naturales aprendí, porque forzadas, al pacto de mis conjuros las tres pálidas hermanas, le visten al aire cuerpos de quiméricas fantasmas, ya en conjelados vapores, y ya en nieblas condensadas, que un aliento las líquida, cuando otro aliento las cuaja. Sabido, gran señor, esto, tu proposición aguarda mi fe, y más que tú a decirla, estoy presto a ejecutarla. Viendo yo, que es mi heredera mi hija Iberia, y que a su blanca mano aspiran cuantos Reyes en las vecinas comarcas, o tienen el mar por foso, o los escollos por valla, quisiera cerrar la puerta, con dejarla yo casada, a extranjeras pretensiones, en cuya elección extraña, para un dueño, que se escoge, mochos émulos se ganan. Con Príncipes Extranjeros quiero excusar alianzas, que al límite de mi Imperio término mayor añadan; que tienen las Monarquías cierto coto, y oserta raya, hasta donde a mantenerlas de un Rey la prudencia basta, y de un poder el dominio; pero si esta línea pasan, luego a declinar empiezan, porque, en fin, es limitada toda humana providencia, pues la Majestad más sabia, ya fuera Dios, si a mandar el universo acertara. En Híspalo mi sobrino, en quien se ve continuada mi Real varonia, quiero que esta Corona recaiga; pero como en esta vida no hay dificultad más ardua, que saber, quien en pasando de una fortuna privada, hasta la elevación de una eminencia soberana, no mudará de costumbres, algo mi elección se ataja, hasta ver en la experiencia, si es que sus virtudes pasan de prendas de Caballero, a excelencias de Monarca. Desmedida Simestria ha de tener una Estatua, que en elevación suprema hemos de ver colocada; pues la que tiene a la vista las líneas más delitadas, y pérfiles más sutiles, si a lo eminente se ensalza sus perfecciones, irá perdiendo, con la distancia: así prendas, que nacieron, de los hados destinadas a una mediana fortuna, cuando a la mayor se exaltan, todo lo perfecto pierden desvanecidas por altas; que en la gran fisonomía, que les dibuja la fama, las facciones de los Heroes han de ser desmesuradas. Quisiera yo, que tu ciencia, pues los siglos adesanta, y de un suceso las sombras antevé en las luces claras, me declare; si será buen Rey, y si sus hazañas han dejar mi elección aplaudida, o reprobada, De futuros contingentes, que de las nunca violadas leves, dél libre albedrío de el hombre penden, no alcanza la Astrología, si no el inflojo pues no arrastran los Astros, por más que inclinen, y en infiuencias tan varias, si él sabe después vencerlas, qué importará adivinarlas? Mas lo que la Astrología no puede, pueda la Magia, porque aún más de lo que piensas, me importa; y pues retirada del Palacio al uso, dices que está, señor, esta cuadra, haz que Híspalo venga a ella, y que siempre esté cerrada hasta llamar yo, y después que cierta experiencia haga, responderé a tu pregunta: déjame para empezarla un Reloj. . Aquí está este, que yo en tanto iré a dar traza, de que en Cadiz hagan luego los dos Príncipes su entrada, porque aunque vayan sentidos, quejosos de mí no vayan. Para lo que ya discurro no vino mal que se valga el Rey de mis experiencias: o si alguna me dejara de mi temor, y del suyo dos dudas averiguadas! El Rey me dijo al salir, Rocas, que aquí me esperabas. Es verdad: este Reloj tomad vos. . De Buena gana. Y no os apartéis un punto de las puertas de esta sala, en cuanto cierta materia aquí entre los dos se trata, y en pasando en él tres horas avisadnos. . Aquí hay mabía; curiosos, ojo al Reloj hasta que de campañada; pero como yo me quede con él, poco importa, o nada, pasearme tres horas solo: con Reloj de siligrana un lacayo? A qué ocasión se encontraba aquí de gracia, si la tema del Reloj. no estuviese ya estrenada! Híspalo, en mi mano pone Hispanzpara esto me llama) elegir a Iberia esposo; yo he seido en esas altas líneas de luz, que el que fuere su dueño (el Cielo me valga! que aún me asusta en la memoria la sombra de la amenaza) me ha de dar la muerte; pero como en fin el hombre manda. las Estrellas, y las vence, si tú me dieres palabra de vencer en ti el influjo, que mi destino señala, te eligiré, pues en fin forzoso es, que me persuada a ello, por ser tu Maestro. Mi vida a tus pies postrada, no solo, Rocas te ofrezco no tomar de ti venganza cuando tu fuese posible que en algo la ocasionaras; pero premiarte prometo con ser honor, vida, y alma. Eso ofreces? . Esto ofrezco. Pues tu prudencia avisada, con libre albedrío obra, no te quejes si me engañas, que te importa una acción sola. la Corona hereditaria de este Reino; y te va en ella el perderla, o el ganarla. Aquí empieza mi esperiencia: ciencia mi designio ampara. r. Pues tú verás. . Fuego, fuego. Qué es esto? . . Aunque embarazar? mil recretos, y aunque rompa las tres horas de mi guarda, no dejaré de decirte, que este Palacio se abrasa, porque un Castillo de fuego, que acaso estaba en su plaza para estas fiestas, prendido. antes de tiempo, dispara de alquitranes, y de breas, volantes flechas, y tantas, que al cuarto de la Princesa, o chamuscan, o chicharran. Fuego, fuego Ay infeliz? A gran fiesta, gran dasgracia. La Princesa allí peligra. Qué aguardo, pues, que alibrarla. no voy, aunque aquella puerta ya está del fuego ocupada, que a digerirla en cenizas se la bebieron las llamas? Aguarda, toma este anillo, cuya virtud encantada, tiene pacto contra el fuego. No lo creas, que es patraña, pues solo de ver el fuego estoy yo, señor, en ascuás. Tómale, y entra con él por medio de su abrasada ruina. . Fuego, fuego. . Sea verdad, o no, aventurada Ibería, aún lo que discurro, mi amor, y varor infama. Él te creyó, y con tu anillo va penetrando esas cuadras, hasta entrar por el incendio. Y ya en sus brazos saca a Iberia hasta aquí, del susto, y el asombro desmayada. Feliz quien logra esta dicha. Infeliz quien no la alcanza, aunque se apresure. . . Y triste en desiguales balanzas quien la agradece, y la envidia. Mira, señor, que maltratas su tocado con la prisa, que en primores no repara, pues de él un lazo caído pisas. . Vuelve. Astro de naácar a su cielo. . Prenda es suya. Soltad, que no va empleado bien en vos. . Quién lo dijere. Dejad Tesandre lo graria a quien la alzó, porque en vos ha de somentar mi rabia, y en él mi descuido. . Yo no cedo, y he de llevarle. Yo defenderle. . Quién creyó que necesitaba yo de su amparo, me ofende como aquel, cuya arrogancia. piensa usurparme esta prenda; y así soltad, no se añada otro susto al de su Alteza, que será grosera hazana, estando ella en el peligia Vos usar armas conmigo? Vos entre nosotros armas? Lo dudáis? . Sí. A quién lo duda desharé así la ignorancia. Riña del hombre entre tres es está, y sale de espadas. Entre los dos perder puedo la vida, mas no la alhaja. Matarme su acero puede, pero yo no he de soltarla. No consentir que se ofendan, Y que Tesandro no vaya favorecido, me toca, Teneos. . Buena anda la danza. Qué es esto? qué inadvertencia es, no solo vuestra saña. usar en Palacio; pero donde mi hija eclipsadas tiene sus luces, sin que deba a vuestra ira osada, más cuidado mi accidente? Esta cinta fue la causa. Aún dura vuestra porfía, a mi vistalea dejadla. Mi intento, señor, fue solo, que Tesandro no sacara, de llevarse este descuido a mi vista la ventaja; dejándosele a ese hombre, que acosta de nuestras ansias libró del incendio a Iberia. Qué un arrojo me cegara, teniendo ella en el peligro suspendida toda el alma! mas hecho el empeño ya, como puede hoir la cara a la porfía? . Ay de mí! Hija, qué es esto?. Postrada al susto rendí la vida; cuando Híspalo de las llamas me sacó. . Ay sobrino, que premió habrá que sea paga de tus servicios? . Señor, permite a mi cortesana atención: que yo sea quien vuelva de Iberia a las plantas, esa cinta, por dejar así mi fe asega de que solo por verla intentar pude cobrarla; y porque corre por cuenta de quien del riesgo la saca salvar todas sus reliquias. Coómo puede a tu bizarra atención negarse! toma. . Este Iris, de seda, y plata, porque ardió en vuestros cabellos perdonaron hoy las brasas, yo os lo vuelvo, no porque quiero a dos porfías vanas, excusar así el empeño, sino porque rescatada, ni a vuestros descuidos puede atreverse mi esperanza. No puede ser esa prenda mía, si bien se repara, que aserlo, no se atrevieran competencias temerarías a querer osadamente, ni aún con los ojos tocarla. Ni a vos (por quien a mis manos con más decencia llegara, y más decoro, por ser escudero de mi casa) con sus cansadas porfías, volvérmela embarazaran; y así la habéis de guardar, pues no hay aquí una criada que la queme; y advertid cuanto los ojos se engañan, pues nunca pudo ser mía; y pues yo no he de tomarla, por no confesarla mía, viniéndola mal respetada, volverla podéis después a cualquiera de mis Damas, pues no he de cobrar, yo prendas de atrevimientos, ajadas. . A que se repare iré en cuanto al fuego se apaga. . Una por una te deja el favor. . Bien mi ignorancia podéis perdonar, por no conoceros. . Que nos valga es fuerza, el no conoceros, en acción tan impensada, por cortesana disculpa. Y después de hecha esta salva, cuanto hoy dejamos pendiente proseguiremos mañana. Favorecido te deja tu prima, entre dulce, y agría. Déjame, Lico, seguirla, que su beldad soberana de mi esperanza se huye, si de mis ojos se aparta. Bien va la experiencia: veamos destino que me amenazas, si del rigor que me anuncias, en la influencia tirana, como simpático induces, o cómo violento arrastras! JORNADA SEGUNDA , h.

JORNADA SEGUNDA

La mal soñolienta Aurora, entre esperezos de nieve, y entre bostezos de aljósar, en carres de rosa duerme. Ojos, a beber sus luces, pues hacia aquí Ibería viene. En tanto que yo discurro el frondoso, ameno, verde, y entedado laberinto, de estos confusos vergeles, por sus calles se divida la música, porque sueñe, sin estruendo la dulzura, pues que cuanto más se aleje, lo suave se percibe, y lo ruidoso se pierde, sin que de esa letra nunca la confusión dulce cese. Hasta que pajarillos, en trinados alegres, inspirando a sus picos la alborada con clarines de pluma despiertan. Quién esta aquí? Yo, señora, que advertido de que viene vuestra rara beldad, donde la Primayera se muestre a vuestra vista envidiosa, y a vuestro contacto sértil, bien que a vuestros dulces ojos rendida, pues reverente, la estampa de cada paso entre molduras guarnece, de los claveles que brota, y de las rosas que vierte, porque la curiosa vista, ni aún con los ojos la huelle, retirado alimentaba la vista de las especies, que hurta a vuestras perfecciones; bien que el corazón advierte, que introducida a sus niñas, por los vidrios transparentes, un mongíbelo concibe, cuando los ojos os beben. e Cansada curiosidad es la vuestra, y que me mueve a hechar por estotra calle: mas quién está aquí? Quién tiene de su vista, y vuestros labios, la vida, y alma pendientes: y cuanto no es lo sensible olvido de lo viviente, girasol de vuestros pasos fui, cuya astampa se pierde en mi respeto, y las flores en él por que no se atreve a mirar, ni aún la impresión de los dos átomos breves, que aún para hurtarlos en copia, las arenas se enternecen; y en ellas, porque al contacto son tantas las que florecen, que al vacio de las plantas una inundación sucede. No sé que sea atención obligarme a retraerme al más oculto retiro, huyendo el inconveniente de obligarme a cada paso a gastar mis exquiveces; que aunque estas no tendrán fin, pues con la porfía crecen, no saco en vuestros estragos la costa de mis desdenes. 1. . Porque al ir por esta calle conmigo tampoco encuentre vuestra Alreza, aunque escondido en sus frondosos canceles, mas su beldad idolatre, que sus acciones observe, saldré a adelantarme yo, porque no creáis que fuese menos fino mi cuidado, mi amor menos diligente, en hurtar de esta ventura los acasos a la suerte, viendo que dichas tan altas (como aún no puede atreverse la fortuna a concederlas) solo hurtadas se le adquieren. No sabia yo hasta ahora. que en esto también quisieseis disgustarme vos. . Señora. Callad, que muy mal se aviene, que moleste con porfías, quien con servicios merece. Qué esto escuche! . Qué esto vea? Solo salí a que me vieseis dejar libre a vuestros ocios esta estancia, que pretende mi ciega fe acrisolar lo frío con lo obediente, y hacer consecuencia a todos, para que aquí sola os dejen; porque donde aún yo faltare, no es justo que nadie quede. Los preceptos de su Alteza ninguno hay que a mí me enseñe a obedecerlos, por ser suyos, no porque se estrenen en otros, porque conmigo consecuencias no se entienden, y menos de vos. . Su Alteza a todos mandar nos puede por sí, que vuestro ejemplar poco mi razón convence. Pues lo que mis ejemplares a todos no persuadieren, acero habrá que dispure. Quién pensare. . Quién creyere. Qué ay que creer, ni pensar, dónde yo estoy? qué imprudente estilo es este? el exceso repetido ya dos veces esta, a la grandeza mía, culpando de que os tolere. Hija, tu voces? qué es esto? mas no lo digáis, que al verte irritada a ti, y a todos turbados, claro se infiere, que en lo pálido sus rostros tiñeron lo dilincuente. Esto es, señor, haber puesto (quizá inadvertidamente) a competencias mi mano, en afectos, que indecentes quieren con sus arrogancias disuadir mis altiveces, siendo tu razón de estado, quien me obliga a que sujete con dos lazos al Laurel, y a la coyunda las sienes, Bien fuera que tu razón allá la elección hiciese, sin dar lugar a que quieran atrevimientos infieles, con los rendimientos suyos malquistarme lo rebelde, y que aún de mirarlos finos mi decoro se avergüence; mas yo, señor, por quitarte de algunos inconvenientes, que en él elegido hallares, o en el dejado temieres, si para hacer un contrato la licencia me concedes (no quitándole en lo útil circunstancia a lo decente) con los tres intento hoy un acto hacer tan solempe, que las Historias de España a los siglos le celebren; ya por fábula le duden, o ya por verdad lo cuenten. Cualquiera de los tres es tan digno de los Laureles, que a esta inmensa Monarquía el verde círculo tejen, que en ninguno de los tres hay riesgo de que se yerre; bien, que tampoco en ninguno de los exclusos se acierte. Cadiz es rémora Isla de España, corta, y esteril, tenida hasta aquí de todos por la última de Ocidente: la causa que hoy a mi padre a mantenerla le mueve, es ser de su tierra firme la llave, y por donde pueden, si enemigos la ocupasen, no solo aquí mantenerse, teniendo el mar libre; pero no habiendo Plaza más fuerte hasta el Estrecho de Calpe, la Armada que aquí estuviese del Oceano, las costas cerrar a nuestros Bajeles. La causa también porque una vez poblada, quiere mi padre, que ospital de España su Corte asienten, y su Metropolí en ella nuestros sucesores Reyes, es por estar consagrada a Hércules, de quien desciende nuestro linaje; y porque desde ella más se comercie con Grecia, y de nuestro origen la memoria se conserve; en embrión esta Corte está, porque no concede comodidad el terreno, faltando principalmente tres magnificas grandezas, que su población obstenten; una es, ceñir de murarlas el espacio que contiene, haciéndola nejnugnable antemuro, a las crueles marítimas invasiones de las más vecinas gentes, donde tirando sus líneas la Matemática muestre, en cortinas, valvartes, cortaduras, y trabeses, y en regulares figuras, cuanto del arte a las leyes, lo irregular del terreno la naturaleza enmiende, La segunda es conducir de mananteales perennes el agua dulce a la Isla; que como el mar la guarnece, y no hay en ella montañas, cuyos poros se humedecen, y el agua, que del mar chupan elevan a lo eminente, por ocultos minerales, que allá en su cóncabo vientre conduce el violento impulso con la atracción del amviente, pues gastándole el salitre, sabrora, y dulce la vuelven, y la que del mar hartaron, como subanos la vierten. Como no hay montañas, digo, tampoco en la Isla hay fuentes, solo en cisternas ocultas alguna encontrar se suele, para fecundar las plantas, que su giro reverdecen; de suerte, que aquí es preciso, que el artificio se esfuerce a que desde tierra firme por algún conducto llegue el agua, que de la Corte al uso precisa fuere. La tercera es, que a la Isla, para que el estrecho breve, por donde el mar la divide para que mejor comercie, géneros de que se surte, frutos de que se abastece, con lo restante de España la enlace el broche de un Puente, De estas tres obras, elija cada uno la que tuviere por mejor, y el que el primero la acabe, llegará a verse (con licencia de mi padre) elegido de mí, y cese la razón de queja en todos, pues a todos pone este contrato en su deligencia, y en su actividad su suertes por que aquel que se quejare de su tibieza se queje. Solo tú ingenio pudiera de tanta duda absolverme, con un arbitrio, en que yo no solo bien puesto quede con dos sino mi Corte ilustrada, puesto que con lo que emprendes, te quedas con el que ganas, y ganas con los que pierdes. Yo revalido el contrato, y haré también que le apruebe el Reino, y que desde luego por dueño al dicho acete, que aún que los Reyes de España, por Conquistadores, fuesen Soberanos tan en todo de su Reino independietes, la piedad de sus Monarcas mas en sus Pueblos adquiere dominio, por la afectuosa ley con que los obedecen. Pues habemos de elegir, y el afán más singular nunca se puede igualar a lo que hay que con seguir, el conduto de agua elijo, por ser más dificultoso, más magnifico, y costoso, mas dilatado, y prolijo, que el agua puede salvar, desde elemento a elemento, ya por tierra, o ya por viento aquel estrecho de mar; de esta fábrica aplaudida a todos ha de admirar, que por debajo del mar venga en la tierra escondida. Las industrias más extrañas, en las minas prodigiosas, taladren artificiosas del abismo las entrañas. Por ver a Iberia apacible cualquiera imposible es llano que a premio tan soberano, qué puede haber imposible? Ya la fineza me obliga a no sentir su labor, que premio tan superior desaire es de la fatiga. Yo la muralla elegí, que tan difícil empresa, es solo digna de mí: yo haré muros invencibles a Ejércitos numerosos, chos se guardan los imposibles: porque se puedan mostrar estos contornos seguros, del círculo de sus muros formaré corona al mar. No ha de quedar en mi Armada hombre, que a emprender no venga la fábrica, por que tenga empresa tan celebrada fin, y la voy a empezar; pues me debo persuadir, que lo que gasto en decís se lo hurto al ejecutar. Ingeniero, ni Soldado en mi Armada quedará que a tierra no salga ya de pala, y de zapa armado; pues a un tiempo se han de ver, en obra tan singular, los unos cuerdas echar, los otros tierra mover: y así, a cumplirlo he de ir, por que ocioso viene a ser, detener en prometer los principios de cumplir, Y pues veréis advertida quien sirva, y quien no merece. Y pues la ocasión se frece de ver de quien sois servida; por que a ejecutarlo vaya de vos mi amor me destierra. Ea, Sardo, a la tierra. Ea, Afrícanos, a la playa. . Qué aturdido se ha quedado, sin ofrecer! . Qué ha de hacer? que ofrecer un pobre, es ser pobre muy desenfadado. Vos sin duda Híspalo, ahora emprenderéis diligente la fábrica del gran puente? No es esto así? . No señora; ni puede aún la altivez mía dar la empresa por factible, que téngo vuestro imposible por mayor que mi osadía. A proponer vuestro intento me quedé tan suspendido, que solo tuve el sentido para tener sentimiento; la desdicha, que recelo, el pasmo, el susto, y el hielo aún me han cuajado la voz. Con poderosos me veo compitiendo en lance tal, adonde no son caudal la osadía, ni el deseo: para obras tan dilatadas pueden los dos exponer de sus Reinos el poder, la gente de sus Armadas: pero yo, en quien el desdén de la fortuna es mayor, y si no es vuestro favor; jamás adquirí otro bien; qué he de hacer con emprender fatiga tan singular, que sirva de publicar la flaqueza del poder? Con que en fin, no os revolvéis, y de un favor soberano, vos mismo, por vuestra mano, las espranzas perdéis? Sí, señora, que es exceso prometer (lance terrible!) si el cumplir es imposible. Y qué se me da a mí de eso? Qué puedo emprender, al ver poner con rigor tirano el mérito de esa mano en la mano del poder? Rocas que el consejo dio hoy a mi padre, os dará el modo, vedle; el quizá este arbitrio discurrió, en favor vuestro . Yo, sí, cuando; mas para atreverme no acabo de resolveme. Y eso, que me importa a mí? Si imposible. . Mas lo ha sido, que vos llegaseis a ver, que yo quisiese exponer D mi mano a ningún partido: y siendo en tan grande acción, aún que el desdén menos fuese, imposble que pudiese en mi caber elección, no en vano a discurrir paso, que un imposible favor, se ha de esperar del acaso. Es mi fortuna tan corta, que al mirar, que proponéis la condición, . Necio estáis; pero esto a mí que me importa; Bien que podéis advertir, que en caso tan singular, quien no se atreve a intentar se niega a sí el conseguir. Qué fuera, tirano hado, que Iberia también quisiese, que yo la culpa tuviese de nacer tan desdichado! Usted señor me ha de dar cuenta de aquel amo mío, que le perdió un desvarío suyo, y le viene a buscar otro mío, si he advertido que jamás cometeré mayor disparate, que buscar a un amo perdido. Ay Rocas, en qué ocasión de mí tu favor alejas, cuando en todas estas quejas aún no cabe mi razón! Porque cuando en la verdad de la amistad que en mí ves, tu desconfianza, es agravio de mi amistad. El Rey de mí se valió, (como te dije primero) la elección de su heredero conmigo comunicó, y proponiéndote a ti, el probó mi elección, mas con cauta discreción quiso antes saber de mí lo que el Cielo misterioso en sus luces decretaba, qué fortuna te aguardaba de infeliz, o de glorioso; yo tu oróscopo observé, tu natal, y tu ascendente, y hallé, que de gente en gente has de dominar, y que algún Monarca Español, que de ti descenderá nuevos Mundos hallará siguiéndole el curso al Sol, Con esto, determinada a elegirte su razón, y de los dos, la elección a Iberia comunicada, se dispuso entre los tres, que ella a los tres propusiese las tres obras, cuando os viese, para que los tres después no tuviesen queja alguna llegando feliz a verte, habiendo puesto su suerte en manos de su fortuna. Pero mi duda no cesa: como yo vencer podré, ni el puente fabricarés La dificultad es esa: que estotro pobre panarra, tan cuitado viene a ser, que aún no ha de poder hacer el puente de una guitarra. Cómos a fuerza de conjuros, que los senos abrirán, los abismos romperán los espiritus impuros, que bien repentinamente, diestros, sabios, y ligeros, a los siglos venideros dejarán formado el puente. Sin que por eso te rifes con él, que bien puede ser, porque también ha de haber en el Infierno Alarifes. Aunque esos, con sus zozobras, serán malos por mil modos, porque allá dicen, que a todos les llevan las malas obras. Diestros serán, y sutiles, mas para tanto caer, siempre habrán menester ser Demonios los Albañiles. Pero, dime, que dirán, cuando miren concluida sin tiempo, obra tan lucida, y qué juicios de mí haráns Lo tendrá este barbarismo por milagro, en casos tales, de los Dioses Celestiales, y no de los del abismo. Y a quel que contradecillo a los peones intente, vayase a burlar al puente con la gente del polvillo. Con que amigo, he de poder pagar, pues por ti me elevo, las finezas que te debo? Con procurarte vencer: el Astro, solo dirá lo que el hombre ha de influir; pero no puede decir que este no le vencerá: de ti mi foruna fío, por ti en servirte me empleo, mira lo que haces, pues veo, que obras con libre albedrío, y vuelve por ti, que yo, a fuerza de mi poder infelia te puedo hacer cuando imagines, que no. Infeliz te puedo hacer cuando imagines que no? Qué enigma, Cielos será la que en si incluye la voz, cuya amenaza veloz hiere la sangre, y acá, en lo más interior, cuando el eco voy repitiendo, presagios me esta latiendo, y anuncios me está pulsando? Como es posible olvidar, las finezas que debí a Rocas cuando de mí su vida llega a fiar? A eso es bien te persuada, aunque queden ofendidas por que estrellas desmentidas a nadie dan bofetadas; quise que el viejo se fuese, y aunque el Reloj me precise, aún de horas hablar no quise, por que no me le pidiese. Qué hora es en él? Que sé yo . Cómo? El juicio es bien que pierda, como, de tanto dar cuerda la cuerda se le quebró, y me alegro, si advertí, aunque esté desconcertado, que desde que se ha parado, hora no pasa por mí. La vida me trae podrío me andaba siempre contando los minutos de la vida: mas dime que te quería cuando te pensaba hablar tres horas, y pasear lo que no comí me hacían? No lo he sabido, pues luego que a proponer empezó, esto mismo, lo estorbó el accidente del fuego. Pues? . No preguntes más, porque no es fácil que acierte a hablarte, ni a responderte. Qué tienes, señor, que estás entre ti sobresaltado? Cómo puede en mi caber el rogocijo de ver, que a un Reino estoy destinado, y estoy de Iberia admitido: ay, Lico, que aunque lo oí, aún no me atrevo entre mí a mostrarme persuadido! Yo no acierto a conocerte, vive Dios, señor, que traes ya el aspecto con las dichas, teñido de Majestades; otro te has puesto. . Y soy otro, porque dime, un bien tan grande, si yo estuviese en mí, como fuera posible lograrle? yo salgo de mi buscando la dicha que en mí no cabe . Calla que instrumentos sueñan, y vuelve por estas calles con música Iberia. Cielos, no este contento me mate, que aún me hace falta en el pecho el que se vierte al senblante! Vuela, vuela avecilla, no te recates que es lucimiento encenderse, aunque es peligro abrasarse. Mariposa, no a las luces de tantos tornos volantes, que más el peligro enciendes, cuando más las alas bares. No por temor del incendio estés a la luz cobarde, tus cenizas ilustrarse. Vuela avecilla, Ánimo amor, que la letra, vago oráculo del aire, a sacudir timideces parece que persuade: perdonad, si a interrumpir, señora, otra vez llegare a vuestra diversión, pues da disculpa a mi amor bastante este acento. . Cómo? Diciendo en ecos suaves. , . Vuela avecirla, vuela, no te recates. Letras, que ingenios ociosos a varios asuntos hacen, aunque otras elegidas la casualidad las cante, para atrevimientos vuestros no pueden ser ejemplares: no cantéis más esa letra Cielos, que mal hice en darle . crédito a dicha imposible! si yo lo erré, perdonadme, que como el incendio busco, juzgué que conmigo hablase. Habéis estado con Rocas? Sí señora, y vacilante estoy en creer, porque soy todo contrariedades. Cómo? . Como una noticia que llegó a comonicarme, me dejo fuera de mí, y van vuestras impiedades volviéndome en mí, y quisiera de mi discurso alejarme. Os habéis resuelto ya a aquella fábrica grande del Puente? . No sé de mí cosa, aunque más preguntarme queráis, porque estoy, señora, en dos extremos distantes, noutral dentro de mí mismo, que dichas de tal realce, ilusiones las concibo, y nieblas se me deshacen. No desharán, porque están en mi mano. . Y es bas eso a esperarlas yo! . Sí, que una vez dicho, no es fácil arrepentirme, porque en Damas, que a tanto nacen, más es decir, que sentir, y ya respondí a mi padre, que siendo imposible en mí que de alguno me agradase, eráis vos, Híspalo, aquel de quien menos disgustarme puedo; no temáis, que ya lo dije. El Cielo me ampare, que del súbito alborozo, sobresaltada la sangre, el corazón desfallece. Oyes, pues, no te desmayes que a un barbado ese melindre es finísimo desaire. Qué os da? . Ay, señora! sin duda debéis de estar ignorante, de cuanto el ánimo ahoga aquel alborozo grande, que al ver el primero dócil crepúsculo de agradobre, en una alta exquivez siente el corazón de un amante? Bien claro está que lo ignoro, y bien deja sospecharse en conocerlo vos. . Qué? Que lo habéis sabido antes. Pues lo sentierais? . No sé Ay de mí! que ha de ahogarme la dicha. Loco estás. . Lico, rendido pido, que me desengañes: dime, estoy despierto? . Sí. No lo creo. . Queres que te ate al pie un cordelejo, a ver si es que puedo despertarte? Despiértame; pero no, que si todo incierto sale, dóside hallar? yo otro sueño, que tan dulcemente engañe? Sospecho, señora . Qué? Cintia? . Que has de enojarte conmigo ya, aunque otra vez aquella trilla cante. Haz lo que quisieres. Pues prosigo hasta que te canse. Biblioteca Nacional de Vuela avecirla, vuela,. A buscar de vuestras luces los influjos celestiales. Agirar de vuestro incendio la hermosa llama flamante. Esas voces me conducen. Esos acentos me atraen. Pues repiten sus cadencias. Pues publican sus compases. , . Vuela avecilla, vuela, No habla con vos ese acento, para que de él se tomase asunto a vuestra porfía; y pues de aquí os ausentasteis hoy, habiéndoos despedido, quizá a costa de enojarme, a qué volvéis? . A deciros, como mi obediencia sabe serviros, pues el conducto se ha empezado, donde lame pequeño estrecho de mar la arena, a uno, y otro margen. A deciros cemo ya en planos más regulares, tiró la cuerda las líneas para el recinto de Cadiz. Y pues Híspalo está aquí, quien duda que a revocarse llegó ya vuestro decreto: Pues ya que sois tan puntuales en dar cuenta de las obras: qué razón, decid, hallasteis para que en darla también del puente me descuidase? Vos el puente? . Vos el puente? Qué os admira? . No os espante, que juzgué que nadie emprende lo que en su poder no cabe. Y en cuanto el estar aquí, como vos dijisteis antes, que a yos ejemplares míos la consecuencia no os hacen, yo mejor puedo decirlo, pues para entrar a esta parte, no deben hacerme fuerza a mí vuestros ejemplares. Qué soberbio es un querido! y hay quien pueda averiguarse ya con él tras dos veces, por estar quizá delante su Alteza, quedó en la acción suspenso nuestro coraje; y porque no espera tres lo desairado de un lance, a mejor tiempo remito la respuesta: el Cielo os guarde. . Quedad con Dios, que una ira, por más rigores que amague, no hace nada en repetirse, sino llega a ejecutarse. Seguirelos. . Dónde vais? Vuelvo, señora, al instante. No habéis de ir, por vida mía. juramento es inviolable; su vida jurólay más dichas? Así queréis asustarme? Qué decís, señora? . Nada: id, pues, adonde gustaréis. Ay qué se enveba! señor no en tanto almibar te bañes, porque aún puede ser, que de él la aprensión se te empalague. Viva Híspalo, cuya industria fabricó el puente de Cadiz. Qué es estos Híspalo, venciste: Ya en las dos riberas yace la máquina de un gran puente, cuya arquitectura grave, impresa antes en la mente, y trasladada del Arte, parece, al ver cuanto imita la que fabricó el dictamen, que es la idea, que visible se ha vestido de sus jaspea, de sus arcos, y sus frisos, sus vasas, y sus pilares: ya el Pueblo la vio, y festiva hizo a todos, que te aclame la admiración, que en acentos la fama a todos esparce. Y pues que ya te he servido, cuando al trono te exaltaren, vuelvo a suplicarte, que mi afligida vida ampares; pues no hay en los poderosos blasón que tanto declare su sober poder en los miserables enmendar a las Estrellas, que sus animos combaten, haciendo dichoso, a quien ellas desdichado hacen. Mira no lo pierdas todo: experiencia, bien me sales; o llegue el termí no presto, para que de ver acabe, Si Híspalo, estando en sus bienes se dolerá de mis males! Viva Híspalo, cuya industria fabricó el Puente de Cadiz. A apurar, bsorto, vuelvo el fin de estas novedades? A examinar vuelvo, quien estos alborotos cause! Qué salva es esta del Pueblo, que sueña en voces distantes? Yo lo diré; pues habiendo nombradome sobrestante de las tres obras, porque mi verdad examinase a vista de ojos, cual es la primera que se acabe. En el estrecho del mar, donde agudos los cristales, el pedazo de esa Isla, del continente restante segur de plata, dividen, o balla de vidrio aparten, repertinamente vimos a los aires, elevarse, al dulce sen de invencibles voces, y tiernos compases, la gran máquina de un Puente, cuya fábrica admirable desnudó de sus primores la Arquitectura, y el Arte. Haviendo todos sabido, que Híspalo de ella se encargue, persuadidos, a que quieren nuestros Dioses Celestiales darnos de tu sangre Real sucesor que no se extrañe, todos le aclaman unidos, diciendo en ecos al aire. Viva Híspalo, cuya Llega amis brazos, sobrino; así; hijo, llega, llega, que bien deja declararse el Cielo en tu favor, cuando da tan distintas señales la brevedad de la obra, de que no pudiera darse sin milagro a luz, contando sus términos por instantes. A hacer voy las prevenciones, porque puedas desposarte hoy con Iberia, pues tanto en mí la palabra vale, que aún yo de mi desconfío si tarda en ejecutarse. Un breve instante, vosotros, oh Príncipes, perdonadme si es grosero mi contento a vista de los pesares vuestros, que solo pudiera el cariño de mi sangre, de vuestras heroicas prendas la perdida consolarme. Ven hija. . A preceptos tuyos no hay en mí libre dictamen Cielos, esto escucho, y vivo? o que tivio, o que cobarde, que poco fino es el gozo, pues no ha vastado a matarme. No os admire, que este caso tan suspenso me dejase, que no haya acertado a hablar, puesto, que con no extrañarse, se niega, o se disminuye lo raro a las novedades; de otro modo explicar pienso mi dolor, y no os espante mi pena, que no hay despecho que a tanta perdida iguale; y por que en este prodigio hallo sus dificultades, quedad con Dios que no puedo tanta pasión dispensarme, en que el disímulo afecte fingidas urbanidades; por que yo no he de dar nunca parabienes de mis meles. . No me ha suspendido a mí el dolor, si no el coraje, que a este milagro está en mí bien, que me alegro de ver que la suerte se emplease en quien sabrá defender a España en cual quier trance de los temerarios ciegos impulsos, que me dictaren, con la razón de un desprecio las cóleras de un desaire. Yo sabré . Tente, Señor, que pues venciste el desdén, saber conservar el bien es destreza del valor: digan, pues, que tú has vencido, que entre el lograr, y el perder, si no es bobo ha menester reñir menos el querido: de tu locura me río, si acaso por despecharte, te estorbarán el casarte a costa de un desafío. Venga tu Alteza, señor, al Real salón, donde espera el Rey, que la verdadera fe premia de vuestro amor; tanto, que con la locida pompa, que acaso previene, la mayor presteza tiene vuestra boda prevenida. Pues qué a tal celeridad le obliga? . Qué disgustados los Príncipes, desdeñados se salen de la Ciudad, recogiendo a sus Armadas las gentes, que divididas, ya en fiestas entretenidas, ya en las obras empleadas estaban; y porque toda esa máquina lucida, a algún choque prevenida no embarace vuestra boda, la apresura, que en lo extraño de las locuras de amor, suele templar el dolor ver que no hay remedio al daño. Esta dicha prevenida el tiempo a instantes mensure, aunque el plazo que apresure se descuente de mi vida. Vamos, pues. . Es señor, edaen paz Dónde no me veas más, porque pensar, es error, que no te me has de poner grave, y por si te da gana de vengar o mi mañana las faltas que te hice ayer, me escapo. . No tus locuras) me detengan, que no es día para ellas. . Ay vista mía! que la luz me deja a escuras. Aquestos reflejos son, del salón, no tengas miedo. Entra, pues, que aquí me quedo a las puertas del salón, pues todo se ve desde ellas. . Cómo será el de mi amor, si tal es el explendor de estas caducas Estrellas? h, , A la más felice llama de Himeneo, cuya tea explendidamente alumbra, lo que intensamente quema; los coros vengan, vengan, ardiendo en afectos de su lucimiento los corazones, aún más que la cera, Cielos, no es sueño esta dicha, porque nunca un triste sueña, lo que apenas caber pudo en los senos de la idea Aguardad por que primero que den principio a las fiestas, se han de dar las manos: hijo, de qué estas cobarde? llega. Que mucho, señor, que un triste su mayor ventura tema, sin atreverse a lograrla por el temor de perderla? mimano. . De qué os turbáis? Cielo, Sol Luna, y Estrellas, con toda la sacra Curia de Dioses, y de Planetas, sed testigos de que toco esta hermosa mano, esta, que con el contacto abrasa, por más que la vista nieva; porque si fuere ilusión se disculpe con en cuanto haberla creído mi vanidad de grosera, no esposo, señora, esclavo soy, y así postrado en tierra, a os daré la mano, en fe de que hasta tan alta esfera solo ella pudo elevarme. En lo que la dicha aprecias, cualquiera locura es esmalte de tu fineza: los dos Reales esposos, den para mayor grandeza, principio al festín. . Señor, suplícote, que suspenda; música, y rumor. . Por qué? Con recelo de que sea sueño esta ventura, temo, el ruido, por si despiertan con el estruendo sonoro mis ojos para perderla. Qué loco extremo de amor! empiece el festín, y vean que eres tú en él, el primero que tus venturas celebra. . A la más felice llama, que de Himeneo en la tea. Pues no despierto a este ruido, sin duda mi dicha es cierta. Cierta es, y solo el ser mía es lo que tiene de vuestra. Expléndidamente alumbra lo que intensamente quema. Ay infelice de mí! seguidle, prendedle, o muera. Qué es esto? . Príncipo invicto, pues persiguen mi inocencia, los laureles de tu frente de este rayo me defiendan. Qué ha su cedido? . Señor, la mayor maldad, que cuentan, o la historia toda plumas, o la fama toda lenguas. Al despedirse Tesandro de la estancia en que me ordena alojarle el Rey, yo estaba asistiéndole, cuando entra Rocas, y con gran recato, él, y Tesandro se encierran solos, de toda la estancia en la más oculta pieza: no sé que me dijo el alma, que en la Astrología secreta, de un peligro, a todos habla, pero hay pocos que la entiendan; deseoso de apurarlo, por una ignorada puerta, que él como huésped no pudo saber, a los dos acecha mi curiosidad, en donde después de muy agrías quejas que le die, porque tu intento favoreció con su ciencia, astuto pasó Tesandro a rendirle con promesas, y concertaron, que haciendo con fingida estratagema, levar el ferro a las ancias, y dar el aire las velas, se saldrá del Puerto, donde dando esta noche la vuelta, y tomando en las falucas un trozo de gente tierra, se obligaba el falso Rocas a introducirle con ella, donde tu esposa robase de sus armas a la fuerza, y de su horrendo conjuro a las Mágicas violencias. Dejé, por no alborotaros, que hiciese Tesandro ausencia, y a un tiempo intentaba daros de sus traiciones la nueva, y de su castigo, cuando huyendo de mi fiereza, vino a querer con su culpa infamar vuestra clemencia. Esto es verdad? . Pues traidor pero déjeme mi entereza la ofensa de padre, donde aún más la de esposo pesa, pues de Híspalo es el agravio él le castigue, o le absuelva. . Ten, señor, piedad de mí. Qué piedad quieres que tenga, traidor, si con tu delito, infame mi piedad fuera? No creas tan fiero engaño, que tal maldad no cupiera, ni la caduca esperanza de tan anciana flaqueza, ni en lo que te amo. . Señor, yo lo oí, y es evidencia. No lo creas. . Falso amigo. Oh poderosa influencia, que con tal violencia inclinas, que ya parece que fuerzas! Si el delito se averigua. Cómo con esa tibieza de averiguaciones tratas? si plazo a su culpa dejas en ofensa, en que tu amor, y tu honor tanto interesan, la ira está desairada todo lo que está suspensa, y es flaqueza del honor el valor de la paciencia; muera. . Bien dices. . Pues antes, oh Príncipe, que resuelvas de decreto tan fatal la inexotable sentencia, perdona, si mi peligro la palabra te recuerda. Qué palabra ha de indultarte? Yo la di, mas quien pudiera prevenir tu error, ni como es fácil que se prevenga, lo que sin algún prodigio no cabe en las contingencias? Mira que te di el anillo con que al fuego suspendieras su efacto . Mira también, que intentaba su cautela entregarme a tu enemigo. Advierte, que hizo mi ciencia el Puente, que fue la causa de que lograses a Ibería con esta corona. . Advierte que la razón no desecha por refugio de una paga el sagrado de una queja. Esposa, y honor me debes Esposa; y honor concierta quitarte? . Pues una injuria en le estimación más pesa que mil benificios. . Mira que en perdonarle me arriesgas, Mira, que no sabes cuento Tuesposa soy. . Tu Maestro fui. Qué resuelves? . Que mueras, que nada le debo a quien lo que dio quitarme intenta: llevadle, a morir, adonde en castigo de su pena, antes de zarpar la Armada Tesandro su estrago sienta. No hay remedio . No hay remedio. No hay clemencia? . No hay clemencia No, pues al aire todo este prodigio se desvanezca. Viva los Reyes invictos de Numidia, y de Cerdeña. Señor, ya aquellas tres horas se han pasado, y ya con ellas la pacienesa se ha acabado a mí, y al Reloj la cuerda, y más cuando habiendo entrado en Cadiz, ahora entran los Príncipes en Palacio diciendo en voces diversas. Vivan los Reyes invictos de Numidia, y de Cerdeña. Qué es esto Dioses? . Esto es querer hacer la experiencia de aquello que hicieras tú, si en la fortuna te vieras que deseas de mi mano, cuanto has visto desde aquella plática, que aquí empezamos los dos ha sido apariencia, desde el fuego, hasta las bodas: cuantas personas diversas has visto, fueron fingidas, Rey, Príncipes, y Princesa, Lidoro, y Lico, pues solo. hemos sido en sus Ecenas figuras Reales, tú y yo, y puesto que mal se emplean mis beneficios en ti; pues avudabas mi adversa fortuna, aún entre las sombras de una fingida grandeza, quédate para hombre ingrato, que no quiero yo que tengas C para mi mal, pues qe si esto haces con la sonda, con la dicha verdadera? Aguarda, traidor, aguarda, que vida, y alma me lleva tu encanto. . Ah señor. . Qué es esto; Híspaso de quién te quejas? De quién me quitó la dicha, que tú por tu mano misma me concediste poco ha. Yo: cuándo? . Cuando tú eras quien me daba esta Corona. Yo qué ilusión, o qué quimera te arrebata vuelve en ti, que en esta estancia te dejó con Rocas, habrá tres horas mi afecto, y con él te encuentra, no hagas cargo a mi palabra de las locuras que piensas. Numidio, si a caso ahora permite vuestra nobleza, que quien poco ha os debió envidia, lástima también os deba. Qué dices: que ni yo sé quien sois vos, ni se me acuerda haberos visto en mi vida, tara locura es la vuestra! Vive Dios que estoy mirando si hay aquí alguna frasquera, porque él de aquí no ha salido, y que esté aquí dentro es fuerza, Licor, que tan lindas cosas poner sabe en la cabeza. Tesandro, no es acción noble que vuestras astucias quieran que lo que no con amor, se logre con la cautela, y quitarme tal bien. . Hombre, no solo de que te quejas ignoro; pero en mi vida te he visto, ni sé quien seas, ni lo que dices: él es sujeto de extraño tema! Todos os burláis de mí. Qué descompostura es estas Ay, señora, que aún es poco el sentimiento que muestra el alma en perderos. Vos perderme: de qué manera perdéis lo que no tuvisteis: Ya que mi fortuna os pierda, no me quiteia el creer, que fue mi ventura cierta, pues que después de perdida, aún ese dolor me queda, Necio estáis, no hagáis que yo de ese delirio me ofenda, que arruinaré a quien lo juzgue; mirad que haré a quien lo creas . Pues sabemos donde vive, avisemos donde sueña. Lico por qué tú no dices, ya que apuran mi paciencia, lo que has visto. . Yo que he visto si de el umbral de esta puerta no me he quitado en tres horas; Que admiraste, no te acuerdas el fuego, y el Puentes . Yo por vaco que me a vergüenzas: señor, vuelve en tu discurso, y otra vez, no te acontezca atestiguar tus locuras con los hombres de mis prendas. . Qué es lo que pasa por mí: todos por loco me dejan: no siento, amor, que mis dichas por ilusiones se tengan; sino que no duren, fuesen imaginadas, o ciertas, pues el tiempo que duraban las tuve por verdaderas. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Aquí se han de echar las suertes, y en ella elija el hado Dama, y Galán casualmente, pues donde entra el soberano, desdén de Iberia, aún no pueden atreverse de los Astros las iufluencias, a hacer dichosos, sin el acaso, por disculparse con ella, de que aún ellos lo ignoraron, ni aún de mi hija, el altivo, el decoroso recato se ha de excusar en las fiestas de disfraces, de sarnos, y de otras galanterias, que permite el cortesano alborozo del día, en que han de que dar empezados de los Seculares juegos los festivos aparatos, así por ser uso nuestro celebrar los días secros con estas licencias, como porque estos juegos (dejando a parte, que su alegría viene de cien a cien años, y en tales demostraciones la hace excesiva lo extraño) en honor de Hércules son, y así toca celebrarlos a mi hija, mas que a todas. Qué tienes? . Me causa enfado ver que el que me caiga en suerte ha de poder muy ufano irme diciendo finezas. Eso dices? pues hay rato como oír las boberías de discretos afectados; Qué tienes, señor, que estás sin ti? . Qué? absorto, y pasmado distinguir no puedo, si esta es verdad, o aquel fue engaño. Disimula. . Mal podré. Ah Híspalo infeliz, y cuanto me ha dólido en mi experiencia que me salieses ingrato, pues más en mi muerte siento que haya de ser por tu mano, porque donde está el cariño es más sensible el agravio! Echad como digo, suertes que yo me retiro en tanto a despachar, porque pueda, quedar de sembarazado, para las fiestas; tu Rocas espera que en acabando proseguirás el discurso: o tárea del despacho, no hay fiestas, no hay regocijos en que permitas descanso, porque se descuidan todos a cuenta de mi cuidado! O si mi suerte elegir pudiese a Ibería! mas cuando, supo la fortuna hacer errores si no en mi daño? O si yo a Iberia eligiese! pero tal pienso ni aguardo? bien dicen que es la esperanza un sueño de desvelados! Estas cintas de colores, que para el intento traigo, tapadas con este lienzo servirán vayan tomando sus cabos todas, y luego, solo a la vista del tacto, tomarán los Caballeros los extremos de este lado, y la Dama que la tenga será suya. . No me allano. a escoger la Dama en cinta, que sueña mal el vocablo. Ya he tomado yo. Yo, y todo. . Y yo. . Y yo; venid, y veamos vuestra elección. . Llegad vos. Porque el verme desgraciado, os consuele, llegaré. Oyes, de ti no hacen caso? aún no te conocen . Calla. porque cuanto va pasando dudo, y creo, y no me atrevo, ni a creerlo, ni a dudarlo. Ay de mi! cuanto he sentido, al ver como lo aceptado, que elija primero, a Cielos? pendiente estoy de su mano Esta elijo . Yo la tengo. Cuanto fue menos avaro mi destino! vuestro soy. Cuantos llegan me van dando, aunque sea el crio fingido, verdadero el sobresalto. Ya llego; ay Cielos! yo mismo de mi tacto vey temblando: esta es mi suerte. . Y la mía. Ah temor no fuiste en vano; pero me consuela el ver que tan poco lo ha logrado Numidio. . Llegad vos primo Primo dijo? . Estoy turbado. No es este, Cielos, el que hoy quejas me dio, que no alcanzo? Cielos, no es este a quien hoy tanto destrío escuchamos? Cómo siendo primo suyo, no nos ha visto, ni hablado? Cómo de reciénvenidos faltó al cumplimiento urbano? No llegáis? . Temo, señora que otra vez estoy soñando, y que otra vez de mis ojos podrá el viento arrebataros, y es dolor muy verdadero el de perder un bien falso. Este hombre sin duda es loco! Su desatención no extraño, habiendo visto su estilo: Su modo me ha sosegado, pues no muy cuerdo parece. Si me le dio sesos de asno (como dicen) este viejo, porque el hombre esta infensato? ̱. Mi suerte, mi suerte es esta. Mía es. . Rocas tirano, aquí estás, y otra vez quieres con aparentes encantos, que vuelva yo a ser dichoso, para ser más desdichado? muere. . Ay infeliz! Qué es esto? qué desacato es este a mivista? . Muera. Arráncale esos mostachos, que aquí le tengo. Teneos, Caballero. . Reportaos. Falso, enemigo, alevoso, otra vez has intentado, que al desvanecerme el viento mis dichas: pero qué hablo, cuando mis locuras, Cielos están todos escuchando, y todo mi entendimiento tras mi ilusión arrebato? Qué lastima! . Qué desdicha! Cielos, este es declarado delirio. . Loco es e hombre. Este es aquel, que alabaron de entendido? . Muerto estoy. Yo confuso. . Yo admirado, y quisiera huir de mí, porque me tengo un tamaño miedo a mí, desde que supo rebestirse de mí el diablo. Qué es esto, Híspalo? . Señera; no sé, aún que quiera explicaros mi mal; perdonad os ruego mi inadvertido reparo, que se me fueron los ojos a seguir un dulce engaño. Hablarle es bien, aunque esté así. . Hablarle es acertado, aunque no muy en sí esté. Perdonadnos, que no usamos con vos todo aquel cortejo que se debe a vuestro estado, pues no habiéndolo vos dicho, no sin desculpa ignoramos quien eráis. . Perdón os pido de no haberos saludado, porque sin haberos visto, adivinar era en vano quien eráis . En una queja la satisfacción me han dado: qué haré? en mi fantasía, está ya visto este paso, y ni sé, si ahora sucede, o le sueño (ay Cielos santos) que entre el soñar, y el vivir ninguna distancia hallo, pues todo lo que vivimos, juzgo que lo imaginamos. Vuestras Majestades sean bien ven dos, pues llegando tan juntos hoy a esta Jsla los tres, puede disculpado quedar mi descuido, y más con la intermisión de un caso que cuanto tuvo de incierto, es lo que tiene de infausto. Esto y? sueña a otra cosa, por entendido se ha dado, satisfacciendo a la queja: que es de alguna pena, es claro su delirio. . Ya su estilo de otro modo me ha sonado. Prosigan las suertes: Cielos! con Rocas estuvo hablando Híspalo, y de allí salió con un furor tan no usado, que será (ay de mí!) que a mí me convenga averiguarlo, pues de sus voces infiero, que hay hacia mi desdén algo que; pero será ilusión. Ven aquí pintiparado la del loco, que hace ciento, tan antiguo es el adagio. Ya no hay que escoger, pues solo Laura, vos, y yo faltamos, y estimo, que con vos sola no puede el destino errarlo. Vuestra soy, por hoy no más, Pues hemos de ir disfrazados Dama, y Galán de un color hasta el Templo, en cuyo claustro se han de celebrar los juegos; los colores vaya dando en secreto cada una, al que le hubiere tocado: allegad vos, Híspalo, azul, . No me nombren vuestros labios, ni aún los colores de aquellos Áspides imaginarios. Pues voy con él yo sabré que es esto. . Llegad, Tesandro; azul. . Vos señora, . Verde. Qué color dais? . Encarnado, Si están dados los colores, a escoger disfraces vamos: quién creerá que este delirio inquietud me haya costado: Quién es, decidme, este primo: Uno, que hoy llegó matando Leones. . Y qué tiene es locos No es fácil que lo sepamos; mirad, por adentro todos pienso yo que lo son algo; el caso es, que este la lengua se le comunica al casco. Quién es este primo? . Un Griego, que trata, si le escuchamos de hacernos Griegos a todos. Qué suspenso, qué elevado mi amo está, y a la verdad no es pera menos el chasco: a ás de dos se le doy de los que están escuchando. Yo llego, si he de morir, major será sosegurlo, y aún ayudarle, a tua pies estoz, Híspalo, postrado, haz de mí lo que quisieres; porque yo, considerando cuanto apreté la experiencia en aquel lar ce pasado; pues en tu honor, y en tu esposa, no menos hice el amago, cosa en que tú no podías perdonarme sin agravio, A ti vuelvo a repentido de haberte estrechado tanto, porque quise hasta enlo sumo llegar a apurar el hado: Y puesto que has de obrar libre, no hije nada en apurario, no es dable el que yo cometa delito tan inhumano, como el que allí suponia; y así, bien me persuado. a que no es dable tampoco, que si yo desasumbrado otro menor cometiere, hayas tu de castigarso; mas quise en él su expcriencia hacer, pues sé que el más agrio, el más fiero, y más cruel podrá suponer por caso, a un inocente, la envidia, en un pecho temerario; y si tú habías de creerlo, qué importa no ejecutarlo, si el poder, mal consejero, sin averiguar los cargos, con lo fácil del cestigo condena presto el agravio? Hombre, levántate, y vete, déjame, no embelesando estés mi vida, . Señor, mira, que o yo estoy borracho, o estamos ahora despiertos. Lo mismo otra vez, villano, dijeste, y todos mentís. A todos nos has honrado, mas dígame el señor Roque, esto que dice mi amo, de Puente, Muro, y Conducto, qué fue? . Artificioso ancanto; aunque no faltara quien oyéndolo, al vulgo vario, por historia verdadera lo cuente, en los dilatados A nales de España. . Eso fuera muy bueno vedarlo, y aún castigarlo también, a pocos hombres dejando meterse a escribir historias, que han de ser muy señalados los que son en sus escritos jueces de los soberanos, y arbitros en su conciencia del futuro honor de tantos: mas quien me mete a mí en esto? pues por si acaso es encanto mi reloj, bueno será ir al instante a empeñarlo, y vuélvasele carbón a quien da sobre él sus cuartos. Híspalo, aquí espero al Rey, que habiéndome consultado si para heredero suyo te favorecen los Astros, mi respeesta espera ahora, yo he de dejarte nombrado esposo de Iberia. . Calla, que otra vez tu aleve trato me engañó con eso mismo, y no quiero imaginarlo otra vez, porque otra vez volveré a ser desdichado; pues aunque quisiera yo, cuando la viene buscando, no siempre la razón puede esconderse al desengaño. Y así huyendo iré de ti, pues un bien tan elevado, quien (ya sea por ficción, por verdad, o por acaso) para perderle le logra, qué infelice es en lograrlo. . Sucédele al señor Roque lo mismo que a cierto hidalgo, que salió a cazar en día: era muy aficionado al campo. pero muy poco inteligente del campo: no salió liebre ninguna, y al por ver correr los galgos como que alguna seguían arremería al caballo. diciendo: ha perros, a ella, corrían como unos gamos, y sin liebre se volvían entre si refunsufiando una a la tarde salió, después de estar muy cansados los perros: él dijo a ella, y ellos, que añadían lacios al refran del viejo perro, el del escaldado gato, la dejaron ir: el hombre decía muy apurado: perros, voto a Dios, que es liebre, juro a Dios, que no os engaño; pero ellos no lo creyeron, por más que se lo joraron; que es la verdad sospechosa, en quién miente de ordinario? aplique el cuento, y a dios, que aunque sea viejo, es del caso; y a nadie toca en los cuentos hacerlos, sino aplicarlos. . Qué infelice soy, pues. Rocas, ya que desembarazado, del despacho estoy, prosigue en lo que me ibas contando: que esperiencia en las tres horas hiciste? . En tu Imperio hallo (sirva para esta noticia lo que antes tenía estudiado) que será el más poderoso, y formidable, de cuantos al globo del Universo ciñeron el Laurel sacro, mas allá de las noticias, sus términos difatando; pues estas mismas Columnas, que aquí nos dejó el Tebaño, por límite ústimo al mundo, los Españoles bizarros de esotra parte del mar las pasarán, y esforzados, por cuanto gira en el Orbe, seguiran del Sol los pasos. Híspaso, señor, será buen Monarca, pero ingrato; esto solo decir puedo, porque esos azules rasgos con las luces oscurecen, lo que ciegan con los rayos. Pues qué se representaste él, que de haberleor u bien se quejaba, a tiempo que en aquel salón entramos? Fantismas de mis conjuros lebieron de perturbarlo, porque yo no lo entendí; pluguiese al destino airado; y pues que ya te serví, licencia, señor, aguardo para volver avestirme lo concavo de un peñasco, donde solo mis suspiros articulación prestaron al eco, que en aquel monte sordo estuvo tantos años. Pues por qué tan presto quieres retirarte, cuando trato yo de usar dé tus consejos, para que más acertado sea mi gobierno? . Ay, señor, que el mandar lo dilatado de un Reino, consiste más en lo experto, que en lo sabio, y de mi quietud mal puede aprender a gobernaros, pues esa ciencia se estudia viendo, que no contemplando; huyendo la envidia tomo mi retiro por sagrado, que este monservo venenoso, que vive acá en los Palacios, aunque para mantenerse se ceba en cuerpos humanos, solo se come a los vivos, a los muertos perdonando, no por piedad, sino solo por que no hacen ya embarazo. Vos lo acertáis, mas yo no, y el iros así no es dado a lo Real de mi grandeza; porque sabrán al contarso, que de vos quedo servido, y de mí no vais premiado. Premiadme con la licencia; pues yo no aspiro a más lauro; porque bienes de fortuna de todas suertes son malos, que es miseria el no tenerlos, pero os peligro el gozarlos. Dos modos ay de ser rico, bien diferentes entrambos; uno es poseerlo todo, sin que pueda quedar algo que desear en el mundo, puesto que en el mayor fausto nos hace falta en efecto aquello que deseamos; y otro es, despreciarlo todo, que a los definteresados, ánimo libre les sobra, cuaneo no es lo necesario; ser rico del primer modo es imposible, pues claro es que nadie adquiere todo cuanto los Dioses criaron; más fácil es lo segundo, pues más rico se ha llamado quien no ha menester; y así los tesoros más avaros, si es difícil adquirirlos, es muy fácil despreciarlos. Con todo a mi Majestad no le está bien el no daros, y no habéis de competirme; fuera de que porque vamos a los juegos, de ese anuncio me he de informar más despacio. Quién dijera, que en mi edad, sensible se hicese tanto un presagio de la muerte: mas qué mucho, si en lo humano la cosa es que más se quiere del alma, y del cuerpo el lazo; y porque le queda poco, parece que le estimamos, mas cuanto la punza, mas cerca está para cortarlo. Vaya de baile, y fiesta, pues este regocijo en la vida se logra, solo de siglo en siglo. Solo he sentido señora, para ser elegido, no haber sido el deseoso. Que lisonjero, o que fino vais, Qué importa, si aquí hablo, pero en otra parte animo. Vaya de baile, y fiesta, . ves este regocijo. Cemísimo estáis por cierto. Ay, que los acentos míos van empezando a ser voces, y se quedan en suspiros. Ay, que los acentos míos desde uno en otro siglo. Dichoso en vuestros agrados, bien que por acaso he sido mas que pensé. . Solo al día le agradezco lo que os digo. . Vaya de baile, y fiesta, Os quedáis? . No he de pasar de aquí ya, sin que rendido os pida un favor El día es de favores, decidlo Que solo me dejéis ver un rasgo, un asomo, un viso del rostro; por que no creo no habiéndoos, señora visto, aunque por lo azul os haya entre todas conocido, que sois vos, por que es muy fácil haber elegido el mismo color otra, pues los unos el de los otro no vimos. Y es ese deseo, o duda: No sé, que aunque iguales miro, entre lo fino, y curioso, mis afectos suspendidos. quiere en lo desconfiado acreditarse hoy lo fino. . Soy yo? . Tampoco lo sé, que otra vez mi desvario le dio crédito, y le estuvo mal el haberlo creído. Por que? ̱. Porque si ya sé, que la dicha que consigo en vos, se me de vanece al aire de mis gemidos, no quiero otra vez morir de ser tan inadvertido, que vuelva a fiarle al viento felicidades de vidrio; que a la vista las condenso, pero al racto las líquido, Eso deseo saber de espacio, y pues dividirnos fuerza es, para entrar del Templo a los sagrados retiros, a la salida del Claustro me esperad, para que unidos volvamos, que he de saber las enigmas que os he oído; pues temo que esa locura nace, quiza de un principio de que aún en sombras se da mi desdén por ofendido. Pues no, antes o el viento os lleve, os pierda de inadvertido mi amor, y pues es muy fácil por el color confundirnos dadme otra seña. . Hablad vos cuando lleguéis, atraído del ázul, color que yo bien sabré ya distinguiros por la voz. . Siharé. . Pues vamos La mano otra vez os pido, pues este es estilo . Hoy faltar no puedo al estilo. . Ay, que esta es nieve de viento, y temo que la derrito solo al tacto de fuego No haréis, que es mucho lo tibio, y están a cualquiera incendio sus hielos empedernidos. . Hoy de Hércules al Templo el júbilo rendido, todo lo religioso obstenta en lo festivo. Aunque grosero parezca, habiéndola ya truído, en que con Cintia no vuelva, bien quisiera hallar motivo de accidente, que disculpe haberos los dos perdido, pues en el Templo la dejo; que no juzgo que hay martirio como ir diciendo finezas, tan ahurtó del caniño, que haya de ignorar el pecho todo cuanto el lavio dijo. De la puerta de este Claustro me aparto, por si consigo, que ella se equivoque acaso; mas no tanto me desvío, que de mi pueda quejarse: corazón, mañana aspiro a entrar en lucha, y carrera a toda la lid del Circo, donde despicarme pueda del desaire, que hoy me hizo, en la elección el acaso: ha cuanto, Cielos Divinos, yerra quien ponerse quiere en las manos del destino, pudiendo en las del valor; pues acá el ser preferido consistirá en mi ardimiento, y no en el ajeno arbitrio, . o en la suerte! . Pues a vista, del Ara se ha dividido de mi Ibería, por no ser en el Templo permitido estar juntos, a aguardarla no he de faltar de este sitio: confuso conmigo estoy, Cielos porque no distingo, a fuerza de aquel encanto lo cierto de lo fingido, y aunque persuadirme quiera a que es verdad lo que miro, o a lo que sueño, que vi, mal puedo, pues en lo visto, contra la misma razón están todos los sentidos contestes, y mal me esfuerzo a tachar estos testigos: ella viene aquí, según el traje, el aire, y el brío. Según el disfraz Tesandro es. . Aún no me determino hasta hablarla, sois vos? Sí. . En lo poco que pudimos hablar, y en lo recatado, no pudo muy conocido ser de mí su acento; pero en que no es otra me afirmo, en lo sonoro del eco, y en lo dulce del sonido. Él es, aunque en el recato de la voz, no bien percibo su acento: vamos a dar así a los bailes principio, como a los juegos de ingenio, que dice el metro festivo. En cláusulas acordes, y en sonoros rirmos, ecos festivos pueblen el concabo vacíó. No queréis oír ahora lo que me habéis prevenido que os dijese de mis dudas? No me acuerdo; qué es? decidlo. Primero os he de volver a suplicar más rendido otro favor. . Qué favor? Que volváis a descubriros, Lo mismo os pido yo a vos. porque quizá me ha ocurrido la duda misma, y así podremos de nuestro juicio desengañarnos a un tiempo. Sea así, pues examino que donde hay precepto vuestro no puede haber yerro mío: . pero qué es lo que estoy viendo? Qué es lo que me ha sucedido? Andan conmigo mis sueños burlando de mis delirios, que otra vez burlando a Ibería, el bien me han desvanecido! maligno espíritu impuro, que andas con rigor impío dando ilusiones al tacto, de la vista, y el oído; no te creo, no te creo, y así vuélvete al abismo, que te abortó . Quién, señores, con el loco me ha metido! Vuélvete, porque si no. aunque selo el aire frío pudo condensar al tacto el cuerpo que percibimos, y aunque en fin sois inmortal, sabrá este acero bruñido. . Cielos, no hay quién me defienda? Si hay porque habiendo venido conmigo me toca a mí, pues descubierta os he visto, cualquiera riesge: hombre, que neciamente inadvertido, en una Dama pretendes manchar los bárbaros filos, qué intentas? . No en una Dama mis cóleras ejército, sino en una sombra; y pues lo intento, quien de mi brío podrá defenderla? . Yo que si tan necio delito vos cometéis descubierto, ino Yo reprioisos con mi presencia. . Mejor será, dejando indeciso este empeño, que acudamos a que quede concluido el duelo nuestro. . Qué duelo? A quién tantas veces dimos principio, ya por el lazo en que me habéis competido, y ya por lo del jardín. El dice mil desatinos! Hombre, qué jardín, qué lazo? cobra el seso que has perdido, que no te entiendo. . Pues yo, seáis, o no Tesandro, áspiro a vengarme en vos. Yo a dar a vuestro arrojo el castigo. . Ay que se matan. . Teneos; qué accidente os ha movido, que habiendo visto a los dos: así a los dos solicito templar. . No templaréis, pues también sois comprendido en los duelos, que aplazados quedaron, e interrumpirlos pudo el respeto de Ibería. Qué duelos? . Yo iba a deciros mi razón, y él con las suyas mas que yo pudiera ha dicho; pues dice, cuan sin acuerdo está . Qué templéis os pido la saña. . Nunca, que yo estoy con mis enemigos cuerpo a cuerpo, si sois cuerpos, de mis razones desisto. La furia le ha entrado recía. El diablo ha sido este primo. En creyendo que no basta mi respeto a corregiros, bastará mi espada. . Eso también sabré yo impedirlo. Por la pena es cuerdo el loco. Ninguno es de más perjuicio, que el loco que ciñe espada, puesto que con ella al mismo respeto obliga que el cuerdo; porque el vulgo antojadizo, aplaudiéndole el valor; no le cuenta el desvarío. Defendeos, y dejad los dos discursos prolijos, . Pues dejaos matar de un loco, a ver si es más aplaudido tener menos seso que él. Yo no arguyo cuando riño. Pues no oyen, por estar todos en el Templo, demos gritos. Acudid, que aquí se matan. Ese convite es muy lindo; pero mi amo es, buen provecho. Qué es esto? . Tarde he salido del Templo, y pues en tal lance veo a los tres, no imagino descubrirme, que será, dándose por entendido mi enojo, fineza en ellos, y cansancio en mis desvíos. Traidor, aquí otra vez vienes? ya segunda vez confirmo que sois ilusiones todos; y pues tarde determino vengarme en el aire, en ti, que en fin eres cuerpo vivo logré mi saña, pues fuiste de tanto asombro Ministro. Ay de mí infeliz! Teneos. No te suspende, sobrino mi respeto? . No, que todos sois espíritus malignos, y no otra vez, engañarme penséis, que ya persuadido no he de creeros. . Arredro, que su espada es exorcisma, Detente, señor. . Detente. Advertid que ya me irrito. Aunque en tu favor conjures las sombras de tus hechizos, no han de valerte. . Ay de mí! por entre todos me ha herido. Señor, tente que soy yo. Pícaro tú has presumido engañarme también? . Ay . pese al alma que te hizo, que me has roto la cabeza; y el porrazo te habrá dicho que soy yo, que tengo cuerpo, aunque hayes dado en vacío. Ya este es mucho atrevimiento. Ya esto pasa de delirio. Y yo sabré castigarlo. Y sabré yo reprimirlo. Teneos, y no queráis, si es que como he discurrido, Híspalo no está en su acuerdo que sea en vosotros delito lo que en él locura. Ya me templo. . Ya me reprimo. Pero advertido tened. Pero tened entendido. Que si es loco, el recogerle será mas prudente ayiso. . Que si él le perdió, no quiera. quitar a todos el juicio. . Lidoro, retira a Rocas a curar, donde asistido sea, y donde esté guardado. Eso sí, que este maldito viejo a mi amo ha vuelto loco hasta echar por esos trigos. Destino, ya la esperiencia en mi sangre se ha teñido; aún la prudencia es desgracia en el infeliz, pues vimos que el curarse en salud fue solo avisar al peligro. Mas que nunca me conviene averiguar lo que ha sido. Híspalo, pues qué ha sido esto: tú en mi presencia atrevido perdiéndome a mí el respecto; qué tienes, di? qué colijo que no has hablado en tu acuerdo. Ay de mí que me han tenido . todos por loco, y si acaso no son fantasmas fingidos los que ahora conmigo estaban, no podré ya desmentirlo. Secorirendido a tus plantas, que me perdones suplico; porque ni yo estoy en mí, ni sé neotral, y remiso en mi duda, y tu respeto, si es que hablo sin ti contigo; o si estoy sin mí con todos. porque en un confuso abismo. soñando quizá despierto, duermo todo lo que vivo. Ello dormir bien podremos, mas soñamos que vivimos. Mas en razón habla; Cielos, cuando había discurrido hacerle de Iberia esposo, cuando para este designio porque estos Príncipes, no le turbasen ofendidos, y desembarcar no puedan la gente de sus navios, de bastiones de soldados, y máquinas guarnecidos, tengo de la Isla en torno surgideros, y bajios, hallo esta novedad, mal sosiego; mas pues indicios da su furor contra Rocas, contra el volver solicito mis iras: Híspalo, Pues estáis más convalecido, a Palacio os retirad, porque a quien sois es indigno, que desacordado os vean, pues Heroes esclarecidos, si algún defecto les dio el hado poco propicio, han deprocurar tenerle siempre oculto en el retiro, que en fin el disimularlo es parte de corregirlo: aquí hay engaño de Rocas, yo acusare su artificio. Todos loco me han llamado. Ya está como un corderito, ello al punto se le pasa. después que da cuatro chirlos. Hispalo? . Quién llama? . Yo Asombro, pasmo, o prodigio, que me quieres? qué me burlas? aya estaba destituido yo de mi bien, ya del aire le imaginé desperdicio; a qué vuelves a formarle? o a me pretendes impío, que como perdidó llore el bien que nunca he tenidos deten y advertid que habláis conmigo. Qué he de advertir? tal me veo que ciendo que no he podido no despertar, si es que duermo, o no dormir, si es que vivo estoy; porque de este sueño, de este encanto, y laverinto me saque este agudo acero Deteneos. . Detén el cuchillo, que despertarás muy recio, o dormirás muchos siglos Pues qué os mueve a ese furor: Cielos, ya he comprendido . de su locura el origen; no mintió el discurso mío! No sabre cuando sois sombra, cuando espíritu nocivo, y cuando ibería; y así de ningún modo me fío de tu bulto, en cuyo semblante el aire tiene dominio. Dicen que un mabio casero, de aquellos a quien decimos Duendes, un día a un amante quiso dar un chasco, y vino en la forma de una Dama, por quien andaza perdido, y loco el galán; el hombre, cuando buscado, y querido se vio de la que adoraba, salió de seso, y de tine: dejose hacer el tal Duende mil halagos, y cariños, que era diablo pegajoso, algo aficionado a mimos: cansado, en fin de ternezas, ahuecando la voz, dijo: sabes a quién enamoras? mira lo que has pretendido, y enseñó en los pies de gallo espolones por tobirlos: dijo el galán, cuando el diablo pensó que estaba aturdido: como tú siempre me traigas de su lana el frontispicio, de esanme hagas cadadía; ven por acá otro poquito, porque en fín, cual más, cual menos, a quien tiene mi capricho, cualquiera se vuelve diablo después que sé que me quiso. Toma, señor, mi consejo, y verás que el cuento aplico; si esta fantasma te trae tan hermoso sobreescrito, qué se te da a ti que mienta, como vuelva de continuo? . Porque a lo que os pregunté me satisragáis, cubrios otra vez, y otra vez vamos hibsando. . No lo resisto, que si engañáis, engañáis . con un tan dulce atractivo, que aún conociendo el engaño se llevan de él los sentidos; pero en cuanto a ser verdad que hoy me habéis favorecido, por la costumbre del día; y en cuanto a que no ilusivos son, ni la persona vuestra, ni lo afable, y lo benigno, que creeré? Lo que quisiereis, supuesto que yo no os privo de que a vuestra fantasía creáis cuanto hubiere dicho. Lo que yo quisieres . Sí, si con vuestro desvarío estáis bien, por qué queréis vos mismo contradecirlo? Pues quedaos con Dios, que yo (ved si la licencia estimo) voy a ser siempre dichoso con vos, sin vos Cómo? . Oídlo: Todo bien se ha de perder, con que acá en lo natural, el bien empieza a ser mal, desde que bien supo ser: luego se puede creer todo bien, aunque fingido, porque después de perdido, que distancia se ha encontrado entre haberlo imaginado, y entre haberle poseído? La diferencia a ser viene, que aunque al sentimiento inclina quien pierde lo que imagina, no pierde en fin lo que tiene; luego el pensar más conviene que hay en misclieidad, porque si mejor se mira, lo que duró la mentira, qué falta hizo la verdad? Yo vi que vuestro rigor, suavizado a mis anhelos bañabáis en vuestros celos las dulzuras de mi amor; yo vi que vuestro fevor fue a mi esperanza trofeo; yo vi, que dulce Himento, nuestras dos manos unia, cuando mi amor aún no había resuéltose a ser deseo: pues ya que todo esto vi, quien me quita entre los dos, lograros a vos, sin vos, acá conmigo, sin mí? ya a creer me resolví, y en suerte tan oportuna, si mi discurso se auna, y feliz me quiere hacer, ni a vos os he menester, ni al amor, ni a la fortuna. Creer quiero mi alegría sin deberla, pues es llano, que tengo yo de mi mano mi suerte en mi fantasía: a pensar voy que sois mía, Y cuando ya lo creyere, podré siempre que quisiere rendiros, puesto que allí no tendréis dentro de mí mas desdán que el que yo os diere. Aquella Piedra aplaudida, de tantos solicitada, y en quien tanta ciencia errada, gastó el caudal, y la vida, dicen que hace prevenida oro de cualquier metal; pues si en bien convierte el mal, y la pena en alegría, yo tengo en mi fantasía la Piedra Filosofal, Dijo un Filósofo en una santencia, porque os asombre, que Artífice cualquier hombre era en si de su fertuna; mas segura no hay alguna, que aquella, que sin lograr uno entre si pensa pues si la llegó a creer, si él no la quiere perder, no se la pueden quitar. Si yo, sin lograr gozoso vivo, y feliz en mi estado, quién podrá hacer desdichado al que piensa que es dichoso? yo, pues, seré venturoso en la empresa que ahora sigo, si engañarme a mi consigo; o felicísimo error, pues no hay fortuva mayor. que estar contento conmigo. . Qué me ha sucedido, Cielos! un vil Mago advenedizo, según de las ilusiones de Híspalo (no mal colijo) un vil Mago (iras exhalo) se atreve (incendios respiro) se ánima (rayos aborto) se alienta (rabias bomito) y de ira, y pasmej en epuestos afectos mal confundidos, cuanto en lo que admiro hielo, enciendo en lo que me irrito. Pero para que rodeo a las frases el camino; si al ahogo de entenderlo. no es consuelo el no decirlo. Dígolo, pues, de una vez: un Mago vil se ha atrevido, dando a mi sombra ternezas, dando a mi imagen cariños, a profanar el desdén los más ocultos desvíos, las esperanzas de un hombre lisonjeando conmigo; falso en cantador, aleve, ya que supiese tu hechizo copiarme, vistiendo al aire el bulto mal colorido de mi semblante: por qué no me copiaste lo exquivo? Mi sombra, Cielos, mi sombra, agradable, o vengativo Jobe qué aguardan tus rayos, si dilatando el castigo, se va tu piedad poniendo de la parte del delito? Qué importa, que en fantasías lo sonasen, sus caprichos? no basta una dicha en sombras a hacer un desvanecido? dígalo él, pues dice, que va a creerlo: hados impíos, ya hacer de mis altiveces allá dentro de sí mismo triunfos, sin que yo (qué hago!) pueda (ay de mí!) resistirlo; pues ya a mi rigor (qué ansia!) perdió el miedo su delirio, desmesurado en el trato, con la aprensión de lo fino, no sé si mis vanidades con más vehemencia he sentido, que aquí me dejase sola, faltando al cortés rendido estilo de hoy; dijo bien, que iba a imaginar consigo, que era conmigo dichoso; y bien en la acción se ha visto, pues le hastó a ser grosero, juzgarse favorecido; yo no he de poder hacerle dentro allá de lo aprensivo desdenes: buenos estamos ociosos rigores míos! que si de vuestro poder él se esconde en su albedrío, más vale que agradeciese, pues lo dispone el destino, y que le hiziese dichoso, mi piedad, y no su arbitrio. De haberos dejado sola aquí, vuelvo arrepentido porque me deja lo amante llevar de lo discursivo: y a enmendar el error vuelvo, pues es empeño preciso volverco vos. . Que a no serlo no me hubierais asistido? Si hubiera, si Iberia fueseis, mas como no había creído que erais vos, quizá os dejara, porque en el culto que miro, puedo sin duda engañarme, y no en el que acá concibo, pues yo dentro de mí tengo a Iberia, a quien amo, y sirvo, y de quien he de estar siempre acá para mi querido. Qué deéis? grosero, necio, hablad más en vuestro juicio, qué os arrancaré la idea que engendra esos desvaríos. Os maltrataréis en ella, que siempre ha de ser archivo vuestro, pues mi fantasía en esta ilusión ha sido la Piedra Filosofal, que de imaginados visos, de un bien, en bien verdadero lo soñado ha convertido. Si proseguís, aunque falte de las fiestas al estilo, me ausentaré. . No haréis tal. Pues cómo habéis de impedirlo? No soltándoos, donde pueda volver a ser desperdicio, del aire vuestra ilusión. A luchar, descomedido, conmigo os atrevéis? . Sí pues a creer no me animo que iberia sois, si no sombra, como otra vez habéis sido, en cuya fe, si pretende desvanecer a suspiros el aire vuestra belleza, hurtársela solicito al aire; ymirad fantasma, que una vez arrepentido, de que en mi mano estuvisteis, y no logré mis designios, no sé lo que haré otra vez. Qué habéis de hacer, atrevido, loco? . Hecha una vez la costa de loco, quien ha perdido, por tibio las conveniencias que trae el serlo, consigo . lamano. . Qué hacéis? . Ser loca: si vuestra opinión confirmo, en que ilusión os ofendo, no era pror desmentiros? Aa Soldados, ha del Templo, yo os convoco yo os animo; no hay quien a un loco castigue? Qué tenéis? . De qué das gritos? qué mandas? . Llevad a ese hombre adonde esté recogido, si es loco. En Qué os ha enojado: En qué pudo deserviros: En nada que a vos os toque, que es muy enfadoso estrlo, el no haber paso sin duelo, y hacer ruidoso lo fino. Qué nuevo alboroto es estes que de Rocas he sabido (porque fue su herida leve) el origen, y el motivo Hispaso, de tu locura, y aquí a buscarte he venido, sin admirarme que pueda un caso tan peregrino, como en la breve estación de un solo día ha cabido, tarbar al Varón más sabio la tranquilidad del juicio. Digo, que yo se lo doy a mar de dos de los míos, que después han de morderle, Cómo; Cielor, examino que hay simpática atracción entre el Astro, y el peligro; Pues, señor, si tú la causa sabes de este desatino, a todos quiero que sea manifiesta, pues ha sido fingir Rocas conjurando negras sombras del abismo, que yo a Híspalo (que pena) cariñosa (qué martió) favorecia cuya causa, vien lo en efectos distintos confundido su dictamen, entre lo cierto; y fingido atodos pareció loco; y pues a mí siempre altivo dacoro no le esta bien que ningún afecto indigno de ser, ni en sombras dichoso, se quede desvanecido, pues ya de esto en sus locuras a todos ha dado indicios, por cuyo motivo solo lo manifiesto, y publico, después que de esta osadía tenga Rocas el castigo; de parte de mi decoro tus plantas te suplico, el elegu por tu sucesor; pues hombre que creyó entre sus delitios, pensar que yo suya fuese, y que a ello el á persuadido, o no ha da quedar con alma, o ha de ser esposo mío. Entre el matarle, o casarle, no puede haber buen partido. No ha sucedido a mi incento malilbería, yo le elijo, pues lo dispuso así el hado, recayendo en mi sobrino esta Corona; la sangre disculpará a mi cariño, Príncipes, esta elección. Muerto estoy. . Sin alma anim Mas yo sabré de otro modo explicar lo vengativo. Marte tomará venganza de desaires de Cupido otra vez vi el mismo paso: pero yo medetermino, pues todo bien es soñado, lo mismo que sucedido; y si se desvaneciere, pues yo tengo acá en mí mismo la Piedra Filosofal, contento estaré conmigo, puesto que el entendimiento del hombre bien instruido, convierte en bienes los males, y lo trágico en festivo. A tus pies estoy, pues ya cumplido se ve el destino, que a matarme en el encanto no tan solo te ha inducido, sino a mancharte en mi sangre, que esto el pronóstico dijo, aunque yo temí la muerte, Yo solo por desmentirlo la perdono . Ven aquí porque aciertan de continuo estos, porque hablan oscuro y echan por otro camino, cuando no sucede bien. Segunda vez atrevido toco esta mano. . Con que acaba en este artificio la Piedra Filosofal,