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Texto digital de La piedad en la justicia

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Atribución tradicional
Guillén de Castro y Bellvís
Atribución estilometría
Guillén de Castro y Bellvís Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La piedad en la justicia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/piedad-en-la-justicia-la.

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LA PIEDAD EN LA JUSTICIA

JORNADA PRIMERA

ale 1. Aí verá mi pecho fiel vuestra Alreza. Ya lo entiendo, si lo que venís diciendo me dais en este papel. 1. No basta, porque es mejor. 2. Yo de más de ser un hombre bien nacido. Vuestro nombre no viene aquí? 2. Sí señor. sV 3. Yo soy un Soldado, que por mil partes herido vengo, por haber servido Distes fes? 3. Ya las he dado, pero a vuestra Majestad se las quiero yo decir, oiga. 2. Señor, que de oír? dejadme, callad, callad, detenedla, despedidla, amenazadla, dejadla, que me ofende, pues me enfada Ya veis que el Rey se ha enojado. 1 Es riguroso! 2. Es cruel! 3. Cuerpo de Cristo con él, y con vos. Quedo Soldado. 3. Reniego. Pues sois leales salios ahora, y después le podréis dar al Marqués entre quejas memoriales. No se que quieren de mí mis vasallos, que me apuran. Eres su Rey, y procuran hallar su remedio en ti, No les doy Ministros sabios a quien cansen las orejas, porque me afligen con quejas, y me ofenden con agravios? El peso de mi Corona entre ellos no se reparte? No estriva la maiso parte Marqués en vuestra persona? No administráis mi justicia? No repartís mis mercedes? Y sin embargos, ni redes, de pasión, ni de malicia; pero nunca humana ley deja a todos satisfos, si no la mide en los pechos la seberidad del Rey: Pues solo conque los ojos revuelve alegres, o airados, lo que el Sol en los nublados suele hacer en los enojos. Y de su luz el sentido tanto el vasallo granjea, que aunque premiado no sea, se humana favorecido; i tan general consuelo esel Rey de sus vasallos, que les debe el gobernarlos, siendo imitador del Cielo, dejándose ver siquiera, aunque su indigna esperanza, dignos méritos alcanza para llegar a su Esfera; pues tanto le satisface en su mano la justicia, que hasta la misma injustica alaban si el Rey la hace: y así no para ir repartiendo los méritos, y premiando lo que un Rey aún castigando, cuanto más favoreciendo. Con tan necia ipocresía querrás decirme en rigor, que dé. . Perdona señor que pues gobiernas a Ungría, y el apetecido peso sobre tu cabeza apoyas; que les repartas tus joyas. Y que me quiten el seso. Esto es ser Rey. Será justo morir yo? de qué sirviera el serlo, si no pudiera hacer leyes a mi gusto: necio estás. Eso promete mi edad. . Vete. Pues es tal? Hoy despacha bien, o mal esos hombres, calla, y vete. Callo, y voyme, hasta que el Cielo Hasta el alma me ha cansado. De este Reino desdichado, ya que no dicha, consuelo. . De su libertad que es tanta. vien se pudo presumir. Si te quieres divertir aquí está el truan que canta. Cantarete un tomo tal que el lauro se le conceda. Entre algún otro que pueda decille que canta mal. Sí; porque aqueste enojado siempre más te ha divertido arrisca el quedar corrido que el gusto el haber cantado. Yo aseguro que si empieza a cantar que vendrá a oíllo como un rayo Rodriguillo. El Español, rica pieza. Es busón desvergonzado, atrevido, y mentiroso. Ya se muestra temeroso. Bravo miedo le has cobrado. Aquién no da que temer un necio? Presto tembló. No es poco. No digo yo. Rodrigo debe de ser. Era ahora de importancia. Ya esta temblando Farfan. Ya no sabe donde están los trastes, la consonancia se le ha bajado a los pies. Vuelves a templar? Mi aliento le destempló el instrumento. En eso verás cual es; pues los como tu animales tienen cierta antipatia con la música, y poesía. Dos artes son liberales; pero en ti no lo han mostrado, pues aún no te saben dar con que aciertes a templar: que músico tan cansado! Qué necedad tan prolija! Algo de ciego ha tenido. aquel aplicar de oído, y aquel torcer de clavija. Algo tienes de borracho. Ya esta perdido. Es verdad. Con esta facilidad a las veinte le despacho. Déjale, y así turbado. veré si acierta a cantar. Si hará, verasle acertar, porque es músico extremado, Cómo si temblando empiezas. y corrido hablar no pudo? Será como el tartamudo, que cantando no tropieza. En el intrincado abismo de los regalos de amor el más ciego ve mejor. Él se regala a sí mismos: agustarsu Majestad. como tú de lo que entonas merecías mil Coronas. Canto al menos la verdad del arte acordadamente. Y cuantos la voz levantan que el Euángelio nos cantan, y cantan malditamente? Dijiste bien. Quién vio dispárate tan gracioso? no cantare. Él va furioso. Quieres que dure este gozo, verás conque ligereza vuelvo con él en los brazos. Ve, corre, y hazle pedazos la guitarra en la cabeza. Ya la lucha han comenzado Bravamer te se han asido. La guitarra ha perecido, la cabeza le ha quebrado. Ya viene llorando duelos. el cuitado musiquillo. Y le ayuda Rodriguillo con risa. . Justicia Cielos contra un Rey. Cierra los labios. Déjalos, di, no repares. Qué gusta de hacer pesares, y vive de hacer agravios. Esto hacen los varones insignes, y generosos? Voy entre tantos quejosos. a enviarte maloiciones, que ya rantos te las dan, que el mundo te tiene en poco. En la boca de este loco veo cumpliose el refran. Matarele, pues que quiso desvergonzarse. No, no, vuelve, vaya, dejal que antes le debo este aviso; tanto se quejan de mí mis vasallos? A un bufón das credito? ̱. Suspensión pon en eso. . Harelo así. Para entrar, una mujer aunque principal llorosa, pide licencia. Es hermosa? ̱. Un Ángel debe de ser, Cuando a la hermosura ves en mí la puerta cerrada? ̱̱. Parecérate extremada; sillora, y hermosa es? Dices bien, son maravillas del gusto; extremadamente; parece el cristal corriente por las rosadas mejillas, pues dan unos ojos bellos con cristalinos despojos, lenguas de fuego los ojos para interceder por ellos. ̱. Y así alcanca, aunque fingiendo, mis la mujer obligando, yelancólica llorando; que descompuesta riyendo a. Hermosura, y compasión enamoran infinito. ̱. Son para el cuerpo apetito, y para el almajabón. ̱. Perdóneme . Alteza sitan descompuesta vengo, que tengo congoja; y tengo. Mas que congoja, belleza. ̱. Apenas me deja hablar elllanto: tengo un esposo enemigo tan forzoso; que no le puedo obligar con humana providencia, con tierno amor, confe pura, con regalos, con blandura, con constancia, y con prudencia, en que consienta en mi vida un minuto de contento, llevándome por el viento como mis quejas perdida, llorando mis desconsuelos; pues con gusto pocos sabios me tiene llena de agravios, me tiene muerta de celos: y siendo para ser tal. poderoso, y atrevido, obligarle no han podido a tratarme menos mal. tus Ministros, y así yo vine a ponerme a tus pies. Bárbaro sin duda es quien a ti no te adoró; el alma me has abrasado. Ay Dios, desgraciada he sido, señor justicia te pido. Sí, pero fuego me has dado: concédeme por los Cielos. remedio para mi amor, V2 y dándote yo mejor remedio para tus celos. Mire señor . Alteza cuanto más me deben dar. Que otra cosa he de mirar después de ver tu belleza? Soy honesta, y bien nacida, con acero, y con valor, para no perder mi honor. ̱ ̱ese a enasda Del Cielo milagro debió de ser Oh qué cansada mujer, no me dejes sin consuelo, no te vayas. . A volar aunque sin alas me abligo; muerta caí. Sabe Rodrigo quien es. Y el mismo lugar donde nació, y donde vive, y si te importa sabre donde se entierra. . Pues ve, y un gran gusto me apercibe. . Será mi suerte dichosa, si es que tu amor lo consiente. El Príncipe ciegamente mira a mi Celaura hermosa. Repórtese V. Alteza, mi Atislao me esta mirando. Reina a que venís mostrando tal enfado V. Alteza? Queréis, vive Dios que entre estas dudas me aflijo. Que miréis a vuestro hijo ya tan hombre como vos. Algún misterioso abismo incluyen vuestras porfías, pues venís todos los días con este motivo mismo. Es que pongo de esta suerte, presentándoos su persona, ceniza en vuestra Corona, y memoria en vuestra muerte: que el que es padre, ha de adverir, viendo nuestro frágil ser, que su hijo con crecer nos pronóstica el morir. Demás de que si en los dos la semejanza contemplo, temo en él, covuestro ejemplo las desventuras que en vos; y así procuro obligaros por tan extraño camino. Qué afectado desatino para cansarme, y cansaros. Señor. . dejadme que hacéis? soltad, mi Reino os daría, y aún el alma que no es mía, por solo que me dejéis. Qué terrible condición! quien no tiembla si le mira. Parece que con la ira le revienta el corazón. Favor le pido a los Cielos. Muero por tan bellos ojos. Siento tus tiernos enojos. Sufró mis honrados celos. Feduardo. . Mi señora, luego pensaba volver. Más aprisa he menester tu consuelo, escucha ahora. La vida de un Rey Cristiano en tan fuerte punto veo, que confusamente lloro lo que tiernamente siento. Pues corre tras su apetito, tan deslumbrado, y tan ciego, que en la libre voluntad cautiva el entendimiento. Y no solo no repara en que no asiste al gobierno de Reino tan dilatado, y de oficio tan supremo. Mas las vidas no perdona, ni las honras, ni en su pecho nunca la humana piedad halló seguro aposento: tanto que casi señala que quiere a pesar del Cielo escurecer las verdades, y volver atras los tiempos. De todo lo que resulta tanto alboroto en su Reino, tal mancilla en su opinión, tan grande aborrecimiento de su persona, en los suyos, que me anuncia un mal suceso Feduardo, y sobre todo es dañoso el mal ejemplo que da al Príncipe mi hijo, tan a sus costumbres hecho, en quien tan a costa mía hecha un lince, cuando veo sis mesmás obligaciones; tienen su errores mismos. Y como ofensas tan grandes imagino, y considero, contemplando, aunque piadosos tan ofendidos los Cielos, confiada en su piedad, y no en mis merecimientos, entre sus nubes, sus rayos me parece que detengo con las Oraciones mías, y pues que le agrado en esto, ahora en tu discreción medios humanos prevengo, pues gozas ya la privanza que por tan ocultos menios co el Rey te he prevenido de tus partes, conociendo que el ser principal, y honrado mézclas con el ser discreto. Comienza ya a disponer Feduardo los efectos, pos quien yo vea en el Rey el fruto de tus consejos Pienso que temes señora, viendo mis merecimientos indignos de esta mudanza, o incapaces de este empleo: que inconstante en mi favor, y de su cuidado ajeno me descuido de servirte, y mi caída recelo: pues fía de mi verdad que no asisto, que no pienso mas animoso que altido, y más que ambicioso incierto, sino en buscar una luz, que sin que le ofenda hiriendo, suavemente en sus ojos de celos del alma abiertos. Mas por fuerza es menester, para en males que se hicieron incurables con los años, dificultar el remedio, y quitarle a la violencia la velocidad, uiendo a la prudencia por norte, y por ayudante al tiempo: que los que están divertidos en los vicios, los consejos con rigor ejecutados, los precipita más presto: y pues la naturaleza de nuestro Rey conocemos; que es tan áspera esta fuente, que a los que en él emprendieron a reducir sus costumbres, y enmendar sus desafueros, no previniendo su enojo al declararle sujeto, cayendo de su privanza le dejaron en sus hierros? no es mucho que yo señora proceda con tanto tiento, y aprobándole sus vicios quiera lograr tus deseos poniendo en sus lascivas crueldades, burlas, y juegos cautelosamente lazos de obedilencias, y de ejemplos, en que en su advertencia caiga, y donde pueda, cayendo en la cuenta, dalle al alma la luz del entendimiento: porque ni con viva voz el Predicador más bueno, ni el más perfecto Letrado con admirables conceptos tanto avivan las memorias, ni hieren tanto en los pechos como la conciencia misma de los Cristianos discretos, aviiada muchas veces, y advertida en los sucesos, que en los frágiles humanos las edades dispusieron: y pues el Rey mi señor extremo; con certeza, y con aunque depravado el gusto, tiene tan dinino ingenio dando lugar a que siga este estilo disponiendo, como el mismo se reduzga cuando se conozca el mismo. Tan contenta Feduardo, tan agradecida quedo, que admiro tu discreción, y tu parecer aprueno, y mi gracia, y mis favores para sempre te prometo: vere por si espera el Rey. La tierra que pisas beso. Oye Príncipe, Señora: miz has de ser si no muero. Muerto me tienes Celanra. A la noche nos veremos. Y moriran en tus brazos, dichosamente mis celos. . Esta es la Calle. Y la casa? Auré de estudiar primero, tan ciega la noche pasa. Con eso estás majadero, cuando el alma se me abrasa. Presto? . Es bella mujer, vila llorando, y ahora muero por volverla a ver. Una, dos, tres. Lo que llora, hechizo debe de ser porque en ti espanta señor tan presto amor. . . Es locura del gusto, que a ser amor obligara con blandura, pero aprieta con rigor; mi apetito desbocado me lleva volando a bella. Y sosegando el cuidado, no bastará el pretenderla por un papel, o recando? Graciosa flema sería, eso en cualquier libertad lo permite la osadía, y no consiente igualdad. con la de todos la mía: el ser Rey que fuera en mí, si lo apenas deseado no facilitara así. Cómo? . Esta es. Has hallado ya la casa? Señor sí. . Entraré. Estara mal si ha de será su disgusto, porque es mujer principal. Eso es salsa para el gusto: llama. . Espera, no hagasta y su marido? Yo haré que sea mi interceso si se hablo. . No sé, porque es hombre de valor. Necio estás. Si haré. Muerto soy Virgen María, justicia, justicia Cielo; pero no hay Rey en Ungría. Qué ha sido aquello? Verelo, entendí que era de día. Quién viene? Dos hombres son. Grandes vicios tiene el Rey, es un Comodo, un Nerón. Algusto tiene sin ley, y la vida sin razón. Temo que le alcanzarán, y presto, las maldiciones que sus vasallos le dan. ̱. Darelos sendos hurgones? ̱o. Déjalos. . Borrachos van. Aunque el hallar quien me advierta de que estoy aborrecido, algo me aflige, y despierta: mas que importa que hayas ido; llama, derriba esa puerta. Gente viene. 1. Y Alteza mire si fue justo entrar con tal rigor, y aspereza en su casa, a su pesar. P. Eso pudo su belleza, mas porque mi mocedad culpáis, pues los mismos daños. veis en mi padre? Y mirad si tiene otros tantos años como yo tengo. 2. Es verdad. ̱. Qué escucho! cada razón salta del sentimiento ha sido mi corazón; mas ciega el entendimiento el fuego de la pasión: llama a esa puerta. ̱. Ya llamo. Quién va? Quién es? ̱. Dios os guarde. Y a vos, y todo. ̱. Vuestro amo está en casa? Viene tarde. Ya venturoso me llamo: el Rey os habla, escuchad, conoceisme? Estoy temblando. que es riguroso. Bajad presto, corriendo. Volando. Abrid la puerta, y callad, todo amigo se concierta medido con mi deseo. Para ti no hay cosa incierta. Escucha. Turbado veo hay dos hombres a mi puerta. Allí un hombre está parado; Él sea tan mal venido, como disgusto me ha dado. Y si es que fuese el marido del dueño de tu cuidado? Sería cosa pesada para mí. Llegaré a ver quién es. Desnudo la espada. El mismo debe de ser, Resolución extremada, llega, y matale. Señor. La puerta abrierion Sin duda matarle será mejor. Señor, señor. Sin tu ayuda podré yo hacerlo. Hh traído:! mi mala vida me ha muerto, Dios mío. Bien queda así. Qué terrible desconcierto! Que es la muerte para mí el tener el gusto ancierto, y más vale un gusto mío que no un millondeestas vidas, hasta que amoroso brío de mi gusto te despidas, todo a ser desvarío. Porque no tema el Portero, envaina señor la espada. Seguidme, que gozar quiero esta mujer obligada con terneza, y con acero. Con que colmada alegría a la seña respondí, abrió la ventana? Sí. Mi Atislao? . Celaura mía? Mucho he tardado. . Así es, mas una larga esperanza aumenta con la tardanza el bien que goza después. Conque ha servido de aumento rardar por culpas ajenas, comprando a costa de penas más glorias el pensamiento. Me pesa de haber tardado, porque a tenirte he venido en los celos que has tenido las congojas que me has dado. Si hubiera sido con ellos. no fiar de tu valor, pudieras culpar mi amor, y aunque muriera con ellos: mas solo los hetenido de ver por tu rostro hermoso un cuidado poderoso en un Príncipe atrevido. Pues si mi discurso alcanza, que en la suma diligencia se rinde la confianza; mira si en mis celos sabios puedo aún con casos menores ir previniendo temores, y estar recelando agravios: de más de que por el llanto, que en mi alegre viene a ser, solo amor he menester mi bien, pues te adoro tanto; que celoso, aunque contento, estoy con sabrosa ira, de que claro el Sol te mira, y te toca manso el viento. Cuando no te asegurara de esta fuerza, y de tus danos, en mi amor de tantos años una fe tan pura, y clara, seguro pudieras ver mirando mi calidad, que en la honesta voluntad no hay fuerte humano poder: y así de la mía espera que será con pecho entero para el Príncipe, de acero, aunque para ti es de cera. Pierde el cuidado, y advierte que yo pues que soy tu vida, solo he de verme rendida a tu gusto, o a mi muerte. Mas si para tu descanso gustas que yo me retire, donde por ti no me mire claro el Sol, ni el viento manso me iré, por darte contento, siendo de tu amor crisol, donde no me mire el Sol, donde no me toque el viento: Cuántimas que enlos cuidados perderás siendo mi esposo, saldrá alegre el Sol hermoso, desháranse estos nublados, pues la Reina mi señora lo anuncia. Dichosa palma; a no remitillo al alma cómo respondiera ahora? Ella te diga por mí lo que por tu causa siento. Ove. . Espera Ruido siento, es gente? Pienso que sí. Contemplaré las paredes de sus aposentos, pues (tros) llegad a saber quien es, o sino. 1. Fiarte puedes de noso- Que a tanto llegan? 2. Quién es? Soy un hombre, no lo veis? o el nombre. Ese es mucho atrevimiento. ̱. Matadle, pues tiene brío: dejadme a mí, desviad. Es el Príncipe? Esperad. Es Atislao? . Señor mío? Perdóneme . Alteza viendo mi disculpa honrada, pues ya está a sus pies mi espada, y en sus manos mi cabeza. Qué haces aquí? Qué indicio das de traidor, perder puedes. de estas heroicas paredes. el coronado edificio el respecto. . La pasión te ciega, pues de este afecto confieso el poco respecto, pero niego la traición. Cuando lo ha sido el querer hablar por esta ventana, a quien ha de ser manana mi esposa? Y quién ha de ser? Celaura. . Qué dices, Cielos! ahora si eres traidor, no ves que la tengo amor? No ves que muero de celos? No sabes señor, que ya es mi estrella tan dichosa, que tu madre por esposa me la ofrece, y me la da? Por vida del Rey, por vida del alma que tengo en ella, que si áspiras solo a bella con esperanza atrevida, cuanto más a ser su esposo, que ha de lograr mi esperanza una atrevida venganza, un castigo riguroso; y aún ahora he de matarte, si palabra no me das de que no te casarás con ella. . Bien puedo darte la vida, y mereceré no siendo con tal victoria merecedor de su gloria, el ser martir de su fe: mas esa palabra no daré, aunque pierda mil vidas, porque aunque tú me la pidas. no he de cumplírtela yo Matadle. Que escucho! es mucha mi desdicha, quien pudiera Apartad. Príncipe escucha. Celaura. . Señor escucha si dejas de ser cruel, pues en tal término estoy, yo la palabra te doy de no casarme con él. Yo la tomo, vete luego. Pues tal mi desdicha ordena a eternizarme en la pena, y a consumirme en el fuego: conque rigurosa espada me mataste: Ah fementida! Vete ahora con la vida, que después no importa nada. Señora. . Si no pensara que con vana intención fuera, matando ahora muriera, muriendo ahora matara. Adiós. . Ah Celaura mía, escucha, espera, señora, Míralo imposible ahora, pues que ya amanece el día. . Entrose, y muerto he quedado mas pues me siento morir, vive Dios que ha de cumplir la palabra que me ha dado. Es posible Cielo santo! pues siendo un roble, una peña, una cosa tan pequeña pueda inquietarme tanto? Qué hace en mí tan grande efecto cosa tan vil: Dónde voy? Viven los Cielos que estoy más corrido que inquieto. Hasta la sala ha salido. Tan farioso que no ha dado ocasión de haber osado preguntarle que ha tenido Viose tal de mi valor? Si esto me aflije que aguardo? Ataulfo, Fedfardo, dónde estáis? . Señor. Señor qué tenéis? Por este oído una pulga se me ha entrado, que me tuvo desvelado, y ya me tiene afligido, y con tan grande extrañeza me ofende, mi fe os empeño que este Palacio es pequeño para sola mi cabeza. No es esta mala ocasión, en esas facilidades, verás las fragilidades humanas que tales son. Pues una fuerza fundada en tan vil naturaleza, descompone una cabeza no menos que coronada, cuando más con altaneras memorias, y gustos varios, no cuidas de los contrarios que amenazan tus Fronteras, fundada en los vicios solos de tu valor, que es profundo, y no temiendo aunque al mundo se le desquitién los polos. y pensando que aún no osata sin gusto de tu persona deslumbrarse en su Corona del Sol bello la luz clara; porque así te desengaña te quiso el Cielo mostrar que te puede atormentar una pulga cosa extraña. Tienes razón; pero llega, y méteme, pues es tal en el oído un puñal ven F. Tu enojo sosiega, y vuelve a poner la palma de la mano en el cido. Que de impulsos he tenido que me atormentan el alma. Aquel hombre que maté para conseguir su afrenta como en sombras me atormen con su sangre, rigor fue Dejadme, Cuerpo de Dios con la casa, y los Porteros: he de hablarle, aunque esté encuro venís loco, estáis en vos? Estoy tan desesperado, que he de perderme. Quién viene? Mira que está el Rey aquí. Qué tiene? Una puiga se le ha entrado por el oído. Pues yo he de hablarle. Espera También mi voz entrara pordonde una pulga entró. Qué es eso? Yo soy, que vengo resuelto entre furias locas, adecirte con las bocas de las heridas que tengo; que se turban los estados, y las ofensas se animan, cuando no premian, y estiman los Reyes a los Soldados; y que por ti, pues no dejas de los vicios los desvelos. selevantan a los Cielos. de tus vasallos las quejas, y que temas pues oídas, tan justamente serán; que contra ti bajarán deallá en rayos convertidas. Matadle, esperad dejadle, que a castigarle me obligo con un ejemplar castigo, prendedle, asidle, matadle. ̱. Vamos, pues al fin ha oído, y aunque a morir; más premiado voy habiendo descansado, que si hubiera enriquecido. . R. Qué he visto! que siendo quien me advierte tan ciertos daños, atrevidos desengaños oyen los Reyes también; apasionado, y despierto me cerca una confusión, en la duda la razón por muchas partes advierto. ̱. Variamente han ayudado. Notables congojas siento en mi vario pensamiento, una pulga, y un Soldado. ̱. Mejor parece que estas? algo pienso que reposas? Suspendieronme otras cosas que ya me inquietan más: que soy tan aborrecible, di? Señor, la Majestad. Di Feduardo verdad: esto es cierto? Es infalible, a todos en general. Qué dices, di? . Que si digo, Pues algún honrado amigo, aigún vasallo leal no pudo haberme advertido; porque yo tuve pensado, que era un Rey, no muy amado, mas no muy aborrecido. La verdad siempre es cobarde, y así desnuda en la ley, a los oídos del Rey, o no llega, o llega tarde; pues medrosa de suira, suele llegar tan pesada, tan vestida, y tan dorada, que se convierte en mentira: y así advirtiendo infinito en su valor esta queja, soberbios Palacios deja, y humildes chozas habita: por esa causa verás, con daños propios, y ajenos, que siempre le tiene en menos a donde importare más. No poco me importa a mí: ciego estuve? . Si señor. No me aflijas, que en rigor no soy yo Rey? Señor si. Pues qué me puede importar? en los míos no ha de ser forzoso e obedecer? y en mi seguro el mandar? aunque una lengua arrogada se me atrevió a mi respeto, quien se atreverá al efecto de mi brezo, y de mi espada? vive el Cielo que en Ungría, en un punto haré más piezas, y cortaré más cabezas que quimeras tengo ahora. Un impulso temeroso ma aflige, ay de mí! que siento de mi propio pensamiento parece que estoy medroso, mi conciencia es mil testigos contra mí déjame, espera, no me ahoguéis, salios fuera, volved, escuchadme amigos: loco estoy, llegad los dos; pero yo al temor me allano? otra vez prueba la mano. Cobarde soy vive Dios, no tuvo er mundo otro Reyes más crueles, menos sabios, que causaron más agravios; y guardaron menos leyes? Habieraste consolado leyendo los que ha tenido; pero como siempre has sido a otra costumbre inclinado, a eso no te acostumbras en un Rey tan importante, pues que se pone de lante un lucero que le alumbra, un Norte nunca eclipsado, y si empre de Sol vestido, un consejero atrevido, sin nota de mal criado: en quien mira desengaños tan claros, y tan espresos, que por pasados sucesos lucen venideros daños: y a ti sin duda te tira, con un ejemplar consuelo, menos cobarde el recelo, y la pasión menos fiera, el mirar en las historias de los Césares Romanos, tan crueles, tan tiranos, tan lascibos, tantas glorias notable aliento te diera, el saber que de un Nerón, por solo gusto, ocasión para que Roma se ardiera, mas a la grave persona de su madre incierto albella con su imperio, por serella la que le dio su Corona, aplicó varios cuidados a vicios tan insolentes, que no fueron de las gentes, ni vistos, ni imaginados; provo diversos empleos, riguroso vario injusto, solo en las leyes del gusto aplicando los deseos. Al fin el hubiera sido el hombre de mejor vida, porque a su apetito asida siempre la hubiara tenido, a no habérsela quitado con acero riguroso un tumulto poderoso de su pueblo alborotado. Matáronle? Los rigores de muchas traidoras manos, qué hacen los Reyes tiranos a los vasallos traidores, con las mismas libertades. También Comodo, Imperó y aún pienso que le excedio, sino en vicio, en crueldades dando de la misma suerte causa de mayores daños. Vivio mucho? Pocos años. . Y murió La misma muerte. Del Leogábalo leyeras tan estraordinarias cosas, que parecen fabulosas, pero fueron verdaderas; este fue más inclinado a deleires que a rigores, gustor de tratar de amores, siempre ungido, y afeitado, desnudas muchas doncellas, satriunfal carrotiraban, para lo cual las buscudan las más nobles, las más bellas, entre manjares sabrosos, siempre en su mesa infinitos, buscó los más esquisitos, porque fueran más costosos: por donde sus pies ponian las plantas que le adoraban, frescas flores arrojaban, oro mólido esparcian. Y así en el mundo ha dejado opinión, fama, y renombre, de que llegó a ser el hombre más vicioso, y regalado. Y murió? Infelizmente, huyendo ciego, y turbado, al peso de su cuidado, de la furia de su gente; cayó en tan sucio lugar, que aún no se puede decir, donde pago con morir la inprudencia del Reinar: de otros te fuera diciendo, pero ya te cansaras. Bueno está, no más, no más, Feduardo ya te entiendo, ya tu lealtad descubierta, en tu prudente artificio, me muestra por un resquicio una luz que me despierta; como en la falda de un monte, ya me amenaze una lumbre resplandeciente en su cumbre, dilatada en su Hrizonte, y a declararme dispuesta las tinieblas de halla ahora: mas qué es estol vas senora afligida, y descompuesta? Yo descompuesta, yo triste, yo temiendo, yo llorando, vengo a ponerme a tus pies, vengo a morir a tus manos; porque ya en el pecho mío, como mina ha reventado, congoja de tantos días, paciencia de tantos años, y ansí se atreven saliendo en la presencia de tantos, mis lágrimas a los ojos, y mis quejas a los labios: tu hijo, que ya no mío, pues con tu ejemplo criado hereda tus condiciones, cruel a mis desacatos, a tu decoro atrevido, y contra Atislao airado, con el acero desnudo, y con el pecho inumano, de muchos favorecido, de algunos acompañado que su privanza apetecen, y acreditan sus engaños: hasta en mí mismo retrete entró tan ciego, y tan bravo, que no fue poca ventura no matarle entre mis brazos: tanto me perdió el respeto, que me dijo, que si caso con Atislao a Celaura, porque en él vive penando, hasta de la sangre mía, de tu Rey no desdichad, verán corrientes los ríos, verán teñidos los campos, y como le vitras esto furioso, y acelerado, de los dos tan ofendido, y para mí tan ingrato; huyendo de sus rigores, con tan descompuestos pasos, aquí me vine con ellos, donde nos sirva de amparo tu presencia, y tu piedad, aún cuando tenga en su mano poderosa la justicia, los poderes limitados. Ve por el Príncipe, y ve también por aquel Soldado que fue preso, o Cielo justo! que ejemplos! qué desengaños abren mis cerrados ojos, y rompen mis ciegos lazos? Cosa extraña, nunca el Rey vi como ahora, mezclando, la cordura, y el enojo, Yo le miro; y no le hablo de suspensa, y de medrosa. Quién no le mira temblando, tan sebero se pasea, que pienso que el Sol parado le presta los arreboles, y le respeta los pasos En mi justicia animosa, te consuelo, y me señalo. Por ti mi Celaura bella gloria serán los trabajos. Vea como el Cielo el mundo, en mi pecho lastimado, tan insolentes afrentas, y tan injustos agravios, y desde el Cielo a la tierra bajen vengativos rayos contra un Rey. Qué dices? calla. Matadme, que de eso trato. Dejada decír señora, mientras de vergüenza callo. Digo, que a mi noble albergue, aún menos rico que honrado, con miedos de duro acero, y fuerzas de injustos brazos, mi casto lecho manchaste, robaste mi honor guardado, y cuando yo esta desdicha daba con terneza al llanto, a mi malogrado esposo, muerto de tus propias manos, me pusiero en las mías; quién vio rigor tan extraño! pues Ungaros, siendo ahora, sino viles, desdichados, como no corre mi honor por vuestra cuenta este agravio? venganza, venganza os pido, hacedlo, consideradlo, que ha dejado de ser Rey un Rey en siendo tirano. Sosiégate un poco amiga. Solo tu pudieras tanto. A los ojos de la tierra, como los ojos levanto, pues están ya no tan ciegos, aunque no del todo claros. A vuestra madre, y mi esposa, perdéis el respeto, Carlos: que causas os han movido, o qué locura obligado? Príncipe, no respondéis? Los amores me abrasaron de Celaura, y Atislao; ahora en celos me abraso! ofendido justamente, pues habiéndole mandado, que suspendiese su empleo, saliendo dudoso el caso; anoche resuelto, y loco, con un no atrevido, y claro provocó la furia mía; pero señor cuando estamos viendo libertades tuyas reprendes las que hago, con tanta más ocasión, y con tantos menos años. Decís bien, razón tenéis, yo me confieso culpado, del mal ejemplo que os di, y así de corrido manso, lo hecho hasta aquí os perdono, mas pues seguisteis mis pasos hasta aquí, de aquí adelante seguildos hijo, imitaldos; pues por no ver otra vez, que me hable libre un Soldado, una mujer me avergüenze, me reprenda un vasallo, me pierda un hijo el respeto, y mi esposa sienta tanto estas desventuras mías, prometo a los Cieros Santos, que siendo toda mi vida, Rey tan justo, que guardando el rigor de la justicia, nunca torcida en mi mano, seré un ejemplo en el mundo, tan permanente, y tan claro, que anime a los venideros, y escurezca los pasados: y para empezar a serlo, desde ahora Feduardo. porque disponga mi oído, siempre prudente a mi lado alentará mis consejos, y aliviará mis cuidados: a este Soldado atrevido le doy treinta mil ducados, por que fue su atrevimiento despertador de mi engaño; pero váyase con ellos de mis Reinos desterrado, que aunque es tal vez provechoso, nunca es libre el buen vasallo. Tus pies beso, y considero iré contento, y pagado. A esa señora pues no puedo más con cuanto valgo, la ofrezco en lo venidero, la enmienda de lo pasado; y tan otro me conozco, que si como Rey Cristiano, lo hubiera sido gentil, a una pulga, un simulacro le levantara en un Templo, pues fue el primer desengaño que osó entrarse por mi oído a despertar mi cuidado: tu Atislao dale a Celaura. Yo señor. . Dale la mano, y Príncipe no repliques, reporta el pecho, y el labio; que si el respeto me pierdes, vive el Cielo Soberano, que como a un hidalgo pobre, en un público tablado te cortaré la cabeza. Confaso quedo, y turbado. Esto para dichas mías del Cielo fueron milagros. Bien logré mis esperanzas. Bien premiaré tus trabajos. Dichosamente te adoro, Dichosamente te gano. Tú le perderás muriendo, y yo viviré rabiando.

JORNADA SEGUNDA

Y de ver un casamiento dichosamente acertado, hasta el Sol, si no parado, parece que está contento. Y en mi efectos tan extraños, causan glorias tan ufanas, que si no escasan mis canas, piensan que alegran mis años, dándole la dicha mía mil gracias al Cielo Santo. Al mundo pondrán espanto juntos Boemia, y Ungría. Y más si le dan los Cielos, de nuestros ruegos movidos, herederos parecidos a tan heroicos abuelos. ̱. Que tan notable mudanza hizo vuestro Rey? Fue cosa en la Fe más mi lagrosa, como incierta en la esperanza; pues tan del Cielo influido, en las virtudes florece, que un antipoda parece en lo que es, de lo que ha sido: la primera diligencia, con que mejoro su estado, fue, hacer del vivir pasado tan púbrica penitencia, que de su ejemplo instruidos la noble, y plebeya gente, quedó más confusamente de edificados vencidos. Después, viendo amenazada del común contrario a Ungría, fue a castigar su osadía, y probo también su espada, que habiéndole retirado las manos en la cabeza, fue con triunfante grandeza recioido, y celebrado, dando aplauso general a los suyos en su tierra, donde después que en la guerra fue otro Pirro, otro Anibal, procede tan soberano, tan prudente, y tan capaz de todo, que es en la paz otro Numa, otro Trajano, de cuyo ejemplo tenemos en el Príncipe libranzas, que animan sus esperanzas, aún a mayores extremos. Y más añadiendo ahora al ser donde siempre asiste, tal valor el que le diste, a quien nos das por señora. Por lo menos llevará mi hija intenciones buenas. El alma llena de penas en mí vive, y sin mí está. Su poca salud ha sido causa de que nos ha dado este lugar. . Procurado con la dicha que ha tenido. Alzad. Honre V. Alteza nuestras bodas con su mano, Para eso aún es temprano, Qué gravedad! Qué belleza! . B. Dádsela No estéis así. Dadla hija. Aay horas tristes! levantaos, aunque venisteis para derribarme a mí. Aunque tan dichosamente extremos de tu alegría espera ya toda Ungría, solo el Príncipe lo siente, quejoso de su esperanza, quejoso que logra tarde su deseo. . Dios le guarde de mi pena, si le alcanza. Pues disimula tan poco el disgusto conque viene, ya mi el enojo me tiene en sus sinrazones loco, desbiarele la ocasión que muestra en su debaneo, vamos que ya mi deseo leofenden las dilaciones, y quiero con brevedad disponer lo concertado, demás de darme cuidado, esta lenta enfermedad dela infanta, cuyos daños la tienen de esta manera. El Cielo salud entera le conceda muchos años. ̱. Elos guíe. Descontento muestra bien claro. Es ansí. El Cielo me guarde a mí de mi propio pensamiento: ay Celandio, en que han parado tantas finezas de amor, tenido con más rigor, que con firmeza pagado? Falsa amiga, ingrata bella, si podré verme en tus ojos con tan injustos enojos, y con tan justa quererla? Celaudió, con pena igual, dónde vas? quién te ha traído? podré darte el bienvenido, pues bienes a ver mi mal? podré, viéndome en los brazos, donde sin alma me dejas, escaparme de tus quejas, sinque me muera en tus brazos? no me hablas? no te admiras, mirándome el pecho abierto, de que ya no me hayan muerto las saetas que me tiras? Tienes razón, mal te paga mi amor, pero satisfecho el tuyo, deja en mi pecho con ese enojo esa daga. Que osas en tiernos despojos, a cruel, quién tal pensara! no solo verme la cara, pero mirarte en mis ojos cuando yo turbado, y ciego, por ellos en mis congojas reviento lágrimas rojas, y arrojo amoroso fuego, por ver con tan ciertos daños, con tu manoso artificio, derribado un edificio que fabriqué en tantos años. No te avergüenzas del modo conque ves el pecho mío, cuando creí que mi tío, y tu padre, injusto en todo, empleara en mi persona, con aplauso de la gente, y tuyo, dichosamente, tu hermosura, y tu Corona, y no solo por ti envía para quitarme este bien, sino que manda también que yo te acompañe a Ungría, dónde vea, ha Cielo Santo! que a otro dueño esfruto dé un árbol que cultivé en el agua de mi llanto? Primo. Y tras tanta terneza? que no tuviese tu amor un átomo de dolor, ni un minuto de terneza. La tuvo, tiene, y tendrá, mientras durare la vida, pero a la obediencia asida, parece que muerta está de mi padre. . De tu mudanza, que ha vencido tu valor: quien más padre que el amor si es hijo de la esperanza? Tenle en mí por inmortal, y si no quieres matarme, no dejes de acompañarme. Dónde? . A Ungría. Viose tal: para que? primero iría al hierro de una cadena. Para hallar en sangre ajena más lástima que en la mía. Cómo? Voy con cierto intento, en nuestro favor fundado: primo alienta mi cuidado, y anima mi atrevimiento, no me dejes, ven con migo, donde verás. Qué he de ver? El tiempo solo ha de ser, de mi firmeza testigo. Engañarme? casi estoy, porque otro extremo me debas, si por los hairés me llevas, en tus confianzas voy; pero advierte que después si hallá me tienes celoso de tu gusto, con tu esposo, hemos de morir los tres; vosotros dos a mis brazos, probando mi fuego ardiente; y yo a los de tanta gente como allí mi harán pedazos. En fe de aqueste concierto, si es que gustas, tengo de ir, y si nó ireme a morir, si va prima no estoy muerto. Yo vengo en eso. . Yo estoy con menos fiero cuidado. En mi promesa fiado. Serás mía? . Tuya soy: a Diós. . Adiós gloria mía: se firme aunque eres mujer. Ejemplo al mundo ha de ser lo que vieres en Ungría. Mi resolución es esta, en esto habéis de ayudarme, Celaura me tiene muerto, en mí sus memorias viven para la vida tan fuertes, y para el alma tan firmes, que las imagino eternas, y las padezco insufribles. Mientras pude ver sus ojos, casi convertido en lince, pidiendo al tiempo ocastones, y a la fortuna imposibles. Aunque mirándome en ellas, en sus amenazas vive influjos de dos estrellas para mi suerte infelices. Y aunque los vi tiernamente, zaarenos apacibles, en lo hermoso sosegados, y en lo riguroso libres Suspendieron mi esperanza, engañada de imposibles, los terceros que envié, los remedios que dispuse, los enredos que inventé, y las locuras que hice. Pero después que su esposo, celoso arrojado, y libre la sacó de esta Ciudad, llevándola alegre, ay triste! a una casa de placer; y que placer, pues la vide, quien puesta sus miradores fertiliza sus jardines, que dejó como la noche cuando a las nubes se rinde, y del Sol desampurada, de negras som bras se viste: ocomo quedara el mundo si habiendo un eterno eclipse volviera a ser caos confuso cuando sus esferas miden. Algunas veces durmiendo, y sonando, no tuviste sobre el corazón un peso, que al procurar dividille de los pechos con las manos, con desafosiegos viles os dio sudores mortales entre congojas terribles? Pues así velando yo estas ansias que me oprimen siento que habían de acabarme; pues no acaban de afligirme. Amor me enternece el pecho, celos, celos me dividen apedazos las entrañas. Y el respecto que me impiden me abrasa el alma; y en fin de los mismos imposibles que considero, me nacen resoluciones que piden remedio a voces, y así intentado lo que os dije, me resuelvo a procurarle, pues mayor mal que morirme no es posible suceder, valedme amigos, seguidme. 1. Y no te espanta señor ver la igualdad conque mide la justicia el Rey tu padre, pues es tal que hace posible el llegar a tu persona, afilada de invencible su nunca torcida espada. 2. Y en ti solo no te impiden su valor, y su nobleza, teniendo su antiguo origen no menos que sangretuya, y Arnesto el Marqués no rige los poderes de tu padre, y lo es aunque infelice de Celaura. . Loco estoy! si tratáis de persuadirme, trataré yo de mataros, villanos, infames, viles, vive Dios que aunque la tierra clamores al Cielo embíe, y de la esférica vola los dos polos se desquicien, mi Celaura ha de ser mía, pues ni a la muerte se rinde este mi amor. 1. Señor, no des voces. 2. Ya dispuestos a servirte estamos. Mi madre viene: id volando, y prevenidme caballos, gente, rigores, pues los que en mi pecho asisten desesperado me arrojan, y temerario me afligen. Su mano, y su bendición me de V. Majestad. Con la bendición, tomad la mano, y el corazón que tan tiernamente os ama: hacéis de la Corte ausencia? Harela con tu licencia, pues con deleites me llama el campo, donde gozando divertiré algunos días las necias melancolías que casi me van dejando. Ese es loable ejercicio, si quien lo estima, y lo trata a extremo no le dilata que se le convierta en vicio. Solo volar quiero ver una Garza. . Es lindo vuelo, cuando de la tierra al Cielo mide al subir, y al caer. Dichoso yo si la veo caída en los brazos míos. Pero diferentes bríos juegaba en vuestro deseo, no lo imaginé en las alas de Neblies, y de Alcones, sino buscando invenciones curiosamente en las galas, dedicándoselas todas a la Infanta de Boemía, con quien la fortuna premia mi deseo en vuestras bodas: y advertid, que habrá partido ya de Boemía la Infanta. Y yo para gloria tanta estoy presto, y prevenido: miento, porque solo trato de mi amurosa locura. Enamoraos su hermosura? Dónde tenéis su retrato? Dónde con más perfección copie sus bellos despojos, a penas le vi los ojos, porque de Celaura son: mas porque pienso que es tarde con tu licencia me voy. Mil bendiciones os doy, Dios os guíe, Dios os guarde. Si alcanzo a Celaura, sí. . Feduardo, este consuelo, y este bien, después del Cielo todo te lo debo a ti. El haberlo deseado confieso que me has debido, y lo bien que ha sucedido solo me hubiera premiado, cuanto más con las mercedes que aplicas a mi privanza. Notable fue la mudanza del Rey. . Alabarla puedes por milagrosa, pues vemos la costumbre de una vida tan por puntos dividida, en dos contrarios extremos. Quién vio entonces la piedad perecer con la injusticia, y ve ahora la justicia no perderse en la piedad, fácilmente podrá creer que es milagro. Y no hará mucho: con que contento te escucho, Pues no debes de saber, demás de lo que has sabido, lo que de nuevo ha ordenado vigilante en el cuidado de su gobierno. . Qué es? Mandar poner un cordel a la puerta principal de Palacio, con el cual va a visita en tirando de el el son de una campañilla de que alguien le quiere hablar, estando puesta en lugar donde siempre pueda oírla, que hasta en esto no ha fiado de su Majestad. Cristianísima piedad! Divina razón de estado, que luce en su pensamiento, como con el Sol el día, de lo cual en toda Ungría admiración, y contento generalmente resulta. Qué hace ahora? Audiencia ha dado, y del Consejo de Estado le traigo aquí la consulta. Pues para después remito el servirle, y el hablarle, que no es razón estorbarte Sentíralo infinito. Qué papeles son aquestos Feduardo? Son las consultas? Hoy se cumple el plazo de un mes que sus despachos dilataste? Hiciste información de las costumbres, opinión, calidad, y entendimiento de los que me proponen para oficios, que tanto necesitan estas partes? Hice cuantas humanas diligencias me dio lugar el término preciso. Para el gobierno de Albácese consultan Artenio, Federico, Sinibaldo: Artenio es hombre en calidad mediano, mas tiene singular entendimiento, gran Cristiandad, con opinión notable dejusto, de piadoso, y verdadero, y en la paz, y en la guerra te ha servido con gran satisfacción: es Federico de tu casa, y tu sangre, pero tiene extraña condición, ingenio humilde, y esta en Ungría mal acreditado: Sinibaldo, señor, es gran soldado, libró gallardamente en las jornadas, de quince años a esta parte han sido restauración de Ungría, de las cuales sacó muchas heridas; pero es hombre de tosco trato, de conciencia rota, y suele beber más de lo ordinario. Pues denle con que coma, y con que beba, de mis tesoros, suficientemente, pues para gobernar, poco le importa el ser valiente, y el mostrarme heridas, si tan mal así mismo se gobierna: y Federico, si es pariente mío, con la honra del serlo se contente, o aspire a otras mercedes no dañosas al bien común: y Artenio, pues sus partes son las más convenibles para el cargo, gócele, autorizando mi personas que representa en él. Y el justo Cielo guarde mil años tan heroico celo. Para el Castillo de Absterdan consultan a Estefano, Ataulfo, y Ludónico: Estefano señor es noble, y rico, y pienso que del serlo se ha salido para venir ahora a consultarlo. Eso es cierto? Quizá mudó el semblante, Yo lo remediaré para adelante. Ludóvico es persona en quien concurren mil partes naturales, y adquiridas, tan llenas de valor, que ejemplo han sido: de Maese de Campo te ha servido muchos años, su edad descanso pide, y está pobre en extremo: de Atavifo, pues te sirve en tu Cámara, ya sabes cuan bien merecerá mercedes tuyas, añadiéndose a esto estar ahora en Boemia, sirviendo en tu embajada, de donde envía el Rey para en su abono cartas en su favor apretadísimas. Poco importa el favor, si la experiencia, y los méritos faltan, en mi casa le haré yo más merced, y a Ludóvico doy el Castillo. . Está bien empleado, porque es gran Caballero, y gran Soldado: estos te proponen en quien puedes aquelegir Capitán para tu guarda, Anteo, y Celidonio: Anteo tiene sobre gran caridad, buenas costumbres, y honra tu Corte tan lúcidamente, que se lleva los ojos de la gente: Celidonio es mi hijo, y tan mancebo que autoridad le falta para el cargo; en lo demás de las costumbres suyas te suplico señor que lo preguntes a quien las mira sin pasión de padre, sino basta advertirte que le juzgo por incapaz de oficio tan supremo, advertid también de que imaginó que le habían consultado solamente, por lo que favoreces mi privanza. Que más hay que saber en Celidonio de que es tu hjo, que le auras criado a tus buenas costumbres inclinado; de más, de que no es falta el ser mancebo, si en su naturaleza se dispone su prudencia, ayudada, y persuadida de tal educación: ya de mi guarda le hago Capitán. . Los pies belo por merced tan eminente. Quién me pide audiencia? Alborotada llega ahora a la puerta de Palacio llorando una mujer. Decidla que entre, y advertidla Portero que ha de darme el memorial cubriéndose la cara, y sin hablar palabra. Algunos notan en V. Majestad por grande extremo el tratar de ese modo las mujeres. Extremo llaman a lo que es cordura? Si yo conozco en mi naturaleza que se apasiona viendo la hermosura, podré ser buen juez apasionado? Si una voz mujéril cuando es señora es lisonja del gusto, y del oído, como se escaparán de apasionados los oídos de un Rey lisonjeado? Déjalos, digan, digan Federico, pues yo entiendo mejor, que si en el mundo sin ver, ni sin oír a las mujeres todos los hombres como yo juzgaran, muchos inconvenientes se excusaran. Qué te alborotas? mediarlo, as. i persona sangre va Troya. Notable cosa! qué ruido es este? Mas se levanta. Biuda tu gran Metrópolí de Un (gría) se pierde ya señor. xcusa Que te alborotas Ve presto aren En tu Palacio cerraron ya las puerta Por qué causa? Abrirelas, no bastam para defensa suya? A fuego, y Venid, tened sosiego, donde hay valor, quimportan sangre, y fuego. No es deleite gustoso, no es caza deseirosa la de los pajarillos, dulce esposa? Si mi querido esposo, pero crueldad hasido el asaltarlos en su propio nido: llamales a las redes, disparales al vuelo, facilita el deleite en el desvelo: pero por las paredes, y en los ocultos huecos (cos.) de iniestras rocas, y de troncos se- El habelles deshecho su albergue regalado arrificiosamente fabricado, me tuvo el tierno pecho ya tan hecho pedazos, como si me sacarande tus brazos. Esa piedad tan tierna forma en ti esposa amada una gloria extremada, que ojalá fuera eterna. . La margen de esta fuente ocupa, pues nos llama su corriente O que acertada cosa, que siguiendo este norte huir de los bullicios de la Corte, y en la distancia hermosa de estos huertos suaves mirar los peces, escuchar las aves Que es ver la varia suerte de tanta flor hermosa, el jaz min blanco, y encarnada rosa volviendo luego a verte, y mirar tus despojos todos en los espejos de tus ojos; dichosa mi alegría, aunque a ratos la pierdes (verde) entre aguas claras, y entre planta pues en ti gloria mía tal posesión alcanza en lugar donde todo es esperanza Ay mi bien, que amorosa, que obligada te quiero, conque gustos los tuyos cosidero y ya con que medrosa, y atrevida tristeza (ca) se despeña mi llanto en mi terne ay esposo del almal, Qué te aflige mi alegría? Pensiones son que paga la me a este gusto, a esta palma, (mona) pues me acuerda atrevida que todo ha de acabarse con la vid Cuánto más, mas me recelo miro en estos jardines claros ejemplos de tempranos fine pues es a lo que veo en la flor más ufana el nacer hoy, para morir mañan Y cuando más contenta vivo sobresaltada, (rada y muero enternecida, aunque ado pues se me representa, y con la vista toco (s que siempre el mucho gusto dura pos cierto impulso me aflige, que a decirlo no acierto, (muero Ya estoy mis ojos en tus brazo al que todo lo rige encomienda la vida, (d y estos discursos ciegamente olo que si con vista clara las viesen, no podría haber en los humanos alegría. Vuelvo a la hermosa cara los bellos arreboles, que hasta el cristal es nuevo atras dos soles. ̱. Ay Atislao! No llores. Tuya soy; pero piensa. (ofensa que el que advertido de la humana en los gustos mayores (creto.) no recela este efecto, o no esta enamorado, o no es dis Válgame Dios! qué ha sido? Dónde están mis criados? Todos huyendo van alborotados que ocasión han tenido? Las puertas derribaron, y por las tapias del jardín saltaron: que gente es esta? Ay Cielo! El Príncipe sin duda, esta fue la sospecha, esta la duda que formó mi recelo. Mis armas. (pada) Hay cuitada! Mal haya el hombre que dejo la es- No es posible escaparte Atislao. . Señor mío, en mí que desvarío ha podido obligarte (te a que me des la muerte? Envidias solas de tu buena suer- Príncipe soberano. Llevadle, pues me abrasa, tenelde preso en esta misma casa. Siempre asida a su mano he de ir con él. . Espera. Señor, señor. Llevadle, callad, muera. Adios mi esposa amada, mi deshonor no intentes. . Leona soy con unas, y con dientes en lugar de tu espada. Tente. No hay quien me tuerza. Así tuviera dicha como fuerza, Escucha, vuelve los ojos mas piadosos que civeles a ver mis tiernas entrañas arciendo en tu blanca nieve. Vuelvelos tú a mis desdichas para que así no me llecuen el corazón que me arrancan en la vida que me ofrecen. Tú tienes entrañas tiernas? Tu humanos efectos tienes? Pues a mis quejas resisten, y a mi llanto se endurecen. Hagamos cuentas los dos escúchame, y mansamente veremos quien paga mal la satisfacción que debe. Después de dar a mi amor atrevido tantas veces con respectos esperanzas, y desvíos, con desdenes. No me diste la palabra en aquel espacio breve que vi la noche vencida tantos rayos de tu oriente, de que no te casarias con Atislao, porque fuese de mi perdonado? Ay triste! eso a decirme te atreves? Cuando se cumplió palabra tomada violentamente con amenazas injustas de irresistibles poderes? Y que no te diría entonces por excusarle la muerte. Pues no te espantes si ahora he querido que le vieses hasta que el peligro mismo, cuando del quiero valerme para al canzar tus favores pues de ti no los merecen: pradosamente mis quejas, ni mis gustos blandamente. Antes si de tus rigores mis fuerzas no me defienden, me mataran mis congojas en tus brazos. . Oye, tente. Arrojará al Cielo rayos, tragarnea la tierra aleve. Espera, que aunque me escuchas sospecho que no me entiendes, con forzarte no te obligo, que sois todas las mujeres tan facises al rendiros, como al defenderos fuertes: mas tan abrasado estoy, que si aquí no te resuelves quieta a no desdenarme, y blanda al aborrecerme, la cabeza de tu esposo verás en espacio breve en tus manos, para mí tan bellas como crueles, y por serte tan piadoso para poper resolverte te quiero dar más lugar, piénsalo a solas, y advierte, que si quieres escaparte cuando escaparte pudieres de este sitio, que cercado tengo con bastante gente, apenas sabré tu ausencia, cuando un lazo infamemente en el cuello de tu esposo, aunque me aflija me vengue: piénsalo bien, y Celaura, pues te digo que lo pienses, si no lo aciertas, después ni me culpes, ni te quejes. . Quién vio desdichas tan grandes? quien fue posible que viese tal género de rigores? quien determinarme puede entre dudas que me agravian, y entre penas que me vencen? a crueldades que me acaben, a desdichas que me afrenten. A mi esposo desdichado quiero tan amablemente, como la luz a los días, como el Sol a los laureles, como a la tierra las aguas, como a las aguas los peces, como al tiempo la esperanza, y a la sinrazón la suerte. En precio ponen sus prendas, porque rematarlas quieren; su honor piden por su vida, y entrambas dos cosas, perden de mi mano, hay desdichada! qué he de hacer? afrentarele por gurdarle? no es razón, el imaginarlo ofende: mas como verán mis ojos aquella sangre inocente, clamando al Cielo piadoso, y haciendo la tierra estéril? No es posible, y ha de serlo el darle afrentosa muerte, la vida, como podré después de librarle verle, aunque vivo; sin honor, con menos vida, y más muerte? No puede ser, pues que haré desesperada vereme con su cabeza en mis manos: dura pena! trance fuerte! pero ya es afrenta en mí que tan ciega, y variamente, aunque estas penas no acaben, estas dudas no atormenten: que medio podré buscar que a ningún extremo lleguen de los dos que me congojan? Iré afligida, pondreme, alos pies de este tirano, apedille tiernamente que me dé al esposo mío. Bien pienso, buen modo es este; mas que hago en ocasión tan apretada, y tan fuerte? la que pide enternecida, desesperada promete, porque cesando la causa tan viles efectos cesen: matarme será mejor, bien he dicho, matareme; mas alma tengo Cristiana, y el advertir que se pierde mi atrevimiento reporta, y mi locura detiene: pues Cielos! qué debo hacer? aconsejadme, o valedme; abrid un camino, abrid bocas en la tierra, deme ligar en su centro oscuro, pues me debe justa mente darme lugar donde caiga, quien me ha dado en que tropiece: mas por que soy desdichada ha permitido mi suerte que los cáminos se tuerzan, y que las puertas se cierren todas a los ojos míos: salgan pues mis voces, lleven este Horizonte mis quejas, que quiza si las refieren, o a lo menos las escuchan, los ecos a darme lleguen favor sus penascos duros: Príncipe tirano, aleve; mas ay de mí! si me oye dará a mi Atislao la muerte, iré sufriendo, y callando, donde mis ansias me lleven, solamente confiada en que si lástimas vencen el rigor, y en la piedad acogimiento merecen, quien como yo las señala, y quien como yo las vence. Gran sobre salto tuve. . Ved señora la vana suerte de la humana vida, pues cuando vi a los ojos de la Aurora mi mano tantas veces homicida, y a los del Sol tan pública ofensora, de las honras tirana, y atrevida, no pude ver bien solo un pensamiento, sombras de tan extraño atrevimiento: y ahora que entro regido, y piadoso, tan solidas justicias ejército. Rocando, hombre imprudente, y poderoso, porque aún hijuelo suyo en un delito provado, habiendo sido vergonzoso en la conebición de un apetito, de insolente, y de vil naturaleza, mande que le cortaran la cabeza; y ha conjurado hasta el menor pariente, apellidando libertad venía favorecido de infinita gente, que ciega, y locamente le seguía; pero dispuso el Cielo omnipotente que solamente la presencia mía hiciese con los míseros turbados, lo que el sol suele hacer en los nublados; y el viejo acelerado, que una espada iba blandiendo en la rebelde mano, contra mí, al parecer, desenvainada; oyendo solo, dónde vas villano? con la vista tan ciega, y tan turbada, que cayó tropezando en lo más llano; respondió, mi conciencia me condena, y postrado a mis pies murió de pena. Eso, y más puede la Real presencia, por el Cielo en la tierra esclarecida. Eso, y más puede en mí la diligencia, de vuestra devoción favorecida, en vuestras Oraciones, providencia fue del Sumo Hacedor, no merecida, de mí el poder serviros, y adoraros con claro entendimiento, y ojos claros. Que el Cielo os guarde solamente os digo, pues no hallaré razón correspondiente a esa merced. No llegas? qué ay Rodrigo? que se dice de mí. . Generalmente todos alaban lo que yo bendigo, y con lo que hoy pasó, queda la gente, como si vieran con mortal desmayo, hacer el tiro al fulminante rayo. Qué dicen más? Que tu mudanza admira, pues fuiste un Rey injusto, y lo eres Santo. Qué dicen más? . que el claro Sol se mira en ti. . Qué más? Pues si me aprietas tanto, dírete que hay quien dice que es mentira, para engañar de nuevo, y no me espanto pues los escarmentaron tus desmanes. Por esto solo fueron los truanes, no solo de los Reyes admitidos, pero son a los Reyes importantes, porque desenfadados, y atrevidos los descubren secretos semejantes, y de todo avisados, y advertidos, enmiendan sus costumbres por instantes, cosa que en muchos siglos no se hiciera, a no haber quien sus faltas les dijera. Ya tienes en la mesa la comida. Quién me quiere hablar? Parece hora algo descompasada, y desabrida. Esto es primero que el comer señora: mira quien es. Un viejo que convida a llanto, con las lágrimas que llora lástima el corazón. Rey Entre al momento, que aún no sé su desdicha, y ya la siento. Señor, yo tube un hijo desdichado, pues viniendo los dos por un camino, con dinero, aunque poco; bien ganado, a quitárnosle un hombre solo vino, y a quien le replicó con más cuidado, y se le defendió con menos tino, que fue mi hijo, me mató en los brazos; seguile, el corazón hecho pedazos, y en distancia de tierra salió gente a mi afligida voz, y quedó preso atajado el villano delincuente; y aunque le fulminaron el proceso, como doy por testigo solamente mis ojos tristes del injusto exceso, y siendo parte no he de ser testigo, temo que han de librar a mi enemigo: y a ti señor en esta duda apelo, poniendo mi verdad en tu presencia, por quien espero que te emvie el Cielo alguna milagrasa providencia. Qué lástima me ha dado! Id en un vuelo por ese delincuente, bien claramente la verdad se mira que tal pasión no puede ser mentira. No te congojes tanto. Conque prisa llaman: quién puede ser? mirad quien sea, que alguna cosa de importancia avisa. Ninguna hallamos. No es posible, volved. Provoca a risa, y un caballo que libre se pasea, mordió el cordel, mirad si es maravilla el no guardar compás la campañilla. Mirad si tiene dueño, o le ha tenido. Quizá debe de ser de algún Soldado. Llámenle luego, y venga prevenido del porque a mi presencia le han llamado. El preso que mandaste te han traído. Y el que fue mi enemigo declarado. De los dos en la extraña diferencia, contemplo la malicia, y la inociencia: cómo intentaste tan infausto hecho? Yo señor. . No te turbes, y responde. No le pasaste en mi presencia el pecho? Señor cáduca, cómo, cuando, y dónde? En ua camino con mortal despecho, del dolor que a mi llanto corresponde. Desvaría señor? . Yo lo recelo: no tienes más testigos? . Solo el Cielo en quien confío, que a las piedras duras de aquella sangresalpicadas, lenguas dará que con verdades puras dejen las que yo digo areriguadas Si con lenguas tan fuertes las apuras, tus querellas verás justificadas, vuelve al lugar funesto, ve a traellas. Iré volando, y volveté con ellas. Qué pasión tan extraña. Él esta loco. . Y yo inocente. Lástima le tengo. Veréis señora en la ocusión que toco la industria mila grasa que prevengo. De oírlo así, a risa me provoca: hablarlas piedras? A celebrar me vengo, mirando al Rey, de oíllo, y admirarlo. Este es, señor, el dueño del caballo. Pues dé razón de cómo anda perdido? No siendo de provecho le he dejado por inútil. . Qué años te ha servido? Diez y seis. Diez y seis, pues no has andado como fuera razón agradecido: si te vieras de mí tan mal pagado, no quedaras quejoso, y afligido? Pues aunque irracional, si no hay malicia, ni sentimiento en él, en mi ai justicia. Su ración ordinaría; y competente por cuenta de sus gajes le señalen; y recójanse luego. . El Cielo aumente virtudes tantas, y que atantos valen. Y con otra merced equivalente lo que le quito de su sueldo, igualen. Beso tus pies. . Su rectitud espanta! Temblando estoy de su justicia santa. Adónde está aquel viejo? Aún no ha venido. . Mucho tarda. Fue lejos. . Tú lo sabes? . Señor. No hay que negarme, que tú has sido quien su hijo mató en tormentos graves, reprendía el delito cometido. Quién de todos los pechos tiene llaves movió mi lengua, y descubrió mi exceso, y pues lo quiso él, yo lo confieso. Llévenle donde pague su pecado. Y en quien mi salnación hallar confío. Pienso que el mundo quedará admirado de ver en tu justicia tanto brío. Quién tal pudiera haber imaginado, sino tan sabio Rey? . Esto no es mío, que para ejercitar sus justas leyes, Dios asiste en los pechos de los Reyes. Príncipe, si mis lágrimas te mueven, pues mis quejas se atreven, mezcladas con mi afrenta, dame a mi esposo. Mi pasión se aumenta. Bien caro se ha comprado mi amor de tus rigores ayudado; tus tratos inhumanos, me ataron las manos de mi honor vengativo, que muero alegre, con dejarle vivo, para que el mundo arguya, que fue mi vida el premio de la suya. Pues me pides tu esposo, mi amor mides, porque no me le pides cruel con menos brío? No puedo más, porque es esposo mío; dámele por los cielos. Calla enemiga, que me abraso en celos; no me aflijas por Dios, mira señora que más te quiero ahora! mas el alma te precia! que aunque he sido Tarquino con Lucrecia, por tu amor más perdido; en el aborrecerte no lo he sido! Pues qué es tu pensamiento? Solo obligarte, que a no pricipitarte por conseguir tus fines, con más moderación te determines: consiente algunos días mi fuego ardiente, en tus cenizas frías, Eso dices cruel, eso tirano, cuando tu injusta mano del honor me despoja, y revienta mi llanto en mi congoja: villano, fementido; tú eres hijo del Rey? tu bien nacido? tú tienes sangre hidalga, y eminente: no puede ser, o miente quien dijere que cría buenas inclinaciones la hidalguía; dame esa daga, dame conque vierta a tus pies mi sangre infame, por culpa tuya, y por desdicha mía: mas no me mataria el acero violento, pues que no me mataste con tu aliento: pero señor, con alma menos fiera, haz que viva mi esposo, aunque yo muera, y moriré en sus brazos acuitada contenta, si no honrada. Q Y podré, ay ojos bellos! dejar los tuyos para yerte en ellos? podré dalle esta vida, después de examinada, y conocida? podré dalle esta gloria? y podré habiendo sido, primero su ofensor, ser ofendido? ay Cielos! mi esperanza no pide enmienda ya, si no venganza: confuso estoy, turbado, y de celoso abrasado, y furioso; y pues en esta ingrata, el amor rinde, y del desprecio mata, hoy verá, por los Cielos! lo que puede un desdén mezclado en celos. Entre las dudas que te estoy mirando, en mi pecho temblando el alma considera que a mi esposo me das. . Aquí le espera. Con la fe que me has dado i guarda el secreto de lo que ha pasado. Acuérdate de aquella que me diste. Qué has dicho? escucha, hay triste! Solamente lo hago, porque agradezcas más lo que te pago. . Serán entre estas dudas, del corazón las alas lenguas mudas; pero si han menester mil corazones tan grandes confusiones; uno que hará en mi pecho, en tantas penas, que me viene estrecho? si veré los despojos de Atislao, en las niñas de mis ojos: direle mis desdichas si le veo, lograré mi deseo, mejorando mi suerte, matándome no es bien, no por mi muerte, sino porque sus días acabara con las afrentas mías, Qué haré? qué medios tomará mi lengua, pues que resulta en mengua tan cierta, y conocida de su honor cuantas haga por su vida; ay de mí! ciega, y loca, piezas del alma arrojo por la boca. Señor. . Has de morir. Porque me matas injustamente? Celaura mía! . Ay Cielos! Qué hicieron tus desdenes, y mis celos. Ten la mano cobarde. Ya mi bien tu socorro llegó tarde. Moriremos los dos esposo amado. Tente, soy desdichado! señora injusto he sido! ya estoy de lo que he hecho arrepentido. 1 Si es muerta? 2. Caso extraño! Muriendo vino; mas será en tu daño, que ya no soy mujer, soy una fiera, una reciente injuria, un agravio valiente; pues esta sangre, por tu causa ardiente, al pecho se retira, y la terneza se convierte en ira. 1. Tente. Ah traidores! . Voy desesperado, tras mi ciego cuidado. porque me aflige el bella. 2. Tente. Pues no te alcanzan mi querella, fulminen mis enojos, mas rayos que arrojaste por los ojos; y yo sin advertir más prevenciones, loca en mis confusiones, muerta en mis desconsuelos, clamandoiré justicia de los cielos, por estos Horizontes, saltando valles, y moviendo montes.

JORNADA TERCERA

Todo es fiesta, y alegría. Celebrado casamiento será. De gozo, y contento está loca toda Ungría, y en este templo mayor, los velarán en llegando. Por aquella puerta entrando va la Reina, y lo mejor del mundo que la acompaña. Y por esto lo veremos, pues no deja que pasemos, tanta gente. . Es cosa extraña. Y el Rey viene, desde aquí va a recibir a su nuera, y la Reina aquí la espera. En la misma Iglesia? Sí. . Y el Príncipe? Ya ha salido arecibir a su esposa. Dicen que en extremo es hermosa Esa opinión ha traído. Por Dios que es cosa de ver tantos galanes, y damas como entraron, muchas famas ocuparon. . Pueden ser soberanos pobladores del Paraiso. . Es verdad, y entre ellos que cantidad aura de celos, y amores. Ya está la Reina en su asiento, y el Rey se encamina ya o mont a esta puerta. . Bien le está la majestad, y el contento. Aquí se pondrá a caballo, su camino es por aquí. Es sin duda, porque allí veo traelle el caballo. Plaza, plaza, afuera, aparta. Qué grandeza! aplauso pide. Ni con la vista se mide, ni del respeto se aparta. Es un príncipe escogido. Dios le próspere, y le guarde. Sospecho que salís tarde. Notable descuido ha sido. Dejadme, dejad que es mucha mi desdicha. Quién levanta tal alboroto que espanta. Espera Celaura, escucha. Vuelve los ojos señor, mira Rey, advierte, espera, y escucha con la justicia las voces de la inociencia; en ocasión no te impida, esta causa te detenga, que esto es ser Rey, la congoja! me ha enmudecido la lengua. Suspende señor. . qué dices? Digo, que la Infanta llega la Ciudad. . Y estas cosas en mi opinión dónde llegan? Di, que a penas te conozco, Celaura di. Y en mis quejas perdona el vencer en mí la pasión a la vergüenza. Del Príncipe perseguida, con mi esposo satisfecha dejé la Corte, siguiendo tu consejo, y tu licencia, y en una casa del campo estaba viviendo en ella; de mi Atislao adorada, entrerenida, y contenta, dando parte de los días a la caza, y a la pesca, enterneciendo los montes, y deleitando las selvas, el mirarse los regalos, y el oírse las ternezas en el cristal de las aguas, y en los ecos de las penas: cuando asalto unos jardines tu hijo, nunca lo fuera, y como si fueran torres de enemigas fortalezas, su débil fuerza acometen, su apacible sitio cercan, sus tapias humildes saltan, rompen sus delgadas puertas, y a mi esposo de mis brazos con nunca vista presteza tras el corazón me arrancan, y sin el alma me dejan. En las enemigas manos del Príncipe, pues en ellas me amenazan los rigores, y me detienen las furzas. Con todo mi honor entonces hasta morir defendiera, mas viendo que la esperanza aplacaba a la defensa, me dice (señor escucha) me dice que favorezca, o logre tan mal deso, o cortada la cabeza de mi marido, en las manos me pondrá y así suspensa me deja, y se va, yo triste temblando piso la tierra, clamando a los Cielos miro, y voy dudosa, revuelta, donde mi estrella me guía; donde mis ansias me llevan, que hubo de ser a sus pies, y allí proponga mis quejas, mezclando con el furor tan a tiempo la terneza, que no solo muchos pechos ablandara, pero el verla muchos diamantes labrara, y muchos montes moviera: solo el de Carlos entonces con más rigor persevera en dar lugar al agravio, dando terneza a la fuerza. Obstinado, y alagüeno, con alma dura, y voz tierna, confirma las amenazas, ratifica las promesas; tanto que ciega, turbada, temerosa, y descompuesta, pensando, mas no pensando, que quien delira no piensa: que a mi esposo redimia, sin él loca, y sin mi muerta, unidas para rendirme la desdicha, y la violencia: compré con mi honor su agravio, y la vida con su afrenta, cuando en mi mal piadoso, y encogido en mi vergüenza, entendí que me le daba, no tan solo me le niega, pero a mis ojos señor con una furia soberbia, con un rigor invencible, con una crueldad inmensa, con este acero homicida, con esta daga sangrienta mil bocas abrió en su pecho, viendo yo por todas ellas salirllamando justicia tras la sangre la inocencia: y aunque apliqué la venganza a la mujéril flaqueza, viendo mis fuerzas tan cortas, como grandes mis afrentas, remitiendo los rigores alos ojos, y a la lengua: Camino de tres jornadas anduve en la forma misma que me ves, alborotando con voces, y con quererlas, por los poblados los hombres, por los desiertos las fieras, hasta llegar a tus pies, donde las lágrimas tiernas Qué tíe que e que en mi corazón se fraguan, que por mis ojos revientan, y con el posvo, y la sangre de mis megillas se mezclan; te está pidiendo justicia, justicia, justicia, sean su limpia espada en tu mano tu igual peso en mi quererla, sin piedad que los derriben, y sin pasión que los tuerzan; pues eres Rey, y tanjusto, que en los Orbes te celebran. Propio amor, y propia sangre, ni te obliguen, ni te venzan, que en tal caso, yo atrevida, con más ojos, con más lenguas que te doy causas bastantes, y tengo razones ciertas: auré de pedir vengenza, provocando la paciencia a los pechos de los hombres, a los frutos de las selvas, alos rayos de las nubes, al poder de las esrellas, y harame el Cielo justicia si es que me falta en la tierra. namente esta desdicha siento: Cenojado está el Rey! Con que semblante a todas partes mira, fuego arroja! Cuando la copasión del sentimiento llegó jamás a extremo semejante? Quién vio tal suspensión en tal congoja? Tan lastimado quedo, que en mi alcanza la justicia el temor de la venganza. Ya la Infanta llegó Qué desconsuelo! no es aquella mi hija? Hy desdichado! no es aquella Celaura? Sin sentido me deja un traidor padre: ay Ciel Fue en efecto mujer, hame engañado. Qué tragedia contemplo: ha que ha venido? Sabe el Cielo señora cuanto siento que haya cosa que turbe este contento, perdonadme señora si no paro. Por vos con más aplauso, y cortesía la Regia furia del valor que incito: daos Príncipe a prisión. . Tan buen amparo no ha de valerme? . No es la causa mía, de Dios es la justicia que ejército, Y suya es la fuerte, y cortadora espada, en mi mano por él desenvainada, Señor. . No repliquéis, llevade preso. Señor. . Si me obligáis, el Cielo vive, que he de sacar la que me puse al lado, y de lo que es virtud hacer exceso. Ya señor mi obediencia se apercibe entre misericordia confiado: madre, y señora . Hijo, ay Dios! No llores. Son de Rey, no de padre estos rigores. Feduardo, esto haced. La muerte aguardo. Cobra aliento señor, y ten prudencia, que en manos de tu padre está tu vida. Mi delito a mis ojos Feduardo, yo mismo me pronuncio la sentencia. Hay tirano ofensor, falso homicida. Por extraño camino el Cielo ordena, que tenga tiempo de excusar mi pena. Con está dilación, aún ser podría resucitar mi vida a mi esperanza. Mas me aflige en razón de ser tan tuya, el ver trocarse en llanto mi alegría. Fingir conviene ahora: tal mudanza, a solo mi desdicha se atribuya. Llevaréis a su Alteza vos señora, donde descanse, aunque se aflige ahora. A servilla señor solo me obligo no a consóllala, que no está mi vida para admirir, ni para dar consuelo. Celaura, y el Marqués queden conmigo. Iré, aunque lastimada, agradecida. Donde verán que satisfagó al Cielo, logrando brevemente una esperanza, que en mi es justicia, y en los dos venganza Señor, no menos que tu hijo ha sido. No hay que decirme. Mía es la querella, no de mi padre. Hija. . Marqués calla; que yo estoy obligado, y tu ofendido, y antes que salga la primera estrella verá el Sol como en campo de batalla en mi pecho, aunque tierno se desquicia, vencida la piedad de la justicia. Y antes que vuelva a mi Palacio, y antes. que desampare este lugar, adonde hoy la queja de tan vil delito, verán que con rigores semejantes mi severa justicia corresponde a la de Dios, a quien ahora imito; en su Templo entraré, donde primero sacrificarle mis entrañas quiero. Severidad notable! como ignoro parte de esta desdicha, ciega muerte, aunque constante en mi dolor la siento, Hay hija! Hay padre el sentimiento lloro, que tan sin culpa, por mi causa siente; mas pues perdiendo honor, vida, y contento no es posible lograr a otra esperanza, justicia espero, o tomaré venganza. 1. Si el Príncipe viene preso a esta torre, ya los dos en ella estamos: por Dios que temo algún mal suceso. 2. Solo para que acudamos a su servicio venimos 1. Pues que con él estuuimos. no muy seguros estamos. 2. Qué más pudimos hacer nosotros; que aconsejar lo más sano, y replicar, y por fuerza obedecer! 1. Avisar fuera mejor al R De que ahi resultara, si el Príncipe se enojara inconveniente mayor. 1. Que gran trabajo es servir, aunque a dueños soberanos. 2. Mayor que con propias manos afanar para vivir; porque el penser de sí mismo es la dicha más segura, y lo demás es ventura, cierto engaño, y ciego abismo. La mucha severidad del Rey me tiene temblando: pero que estoy escuchando, hierros son. 1. Ansi es verdad, y en el Príncipe no creo lo que miro temeroso, Cielo, Cielo piadoso! es sonado cuanto veo: presa la persona mía? Yoscadenas? No soy por ventura el que nací para heredero de Ungría? Qué injusto rigor me ofrece la rabia conque me incito; pero tan grande delito mayor castigo merece. Mi padre es justo, aunque mande que muchas muertes me den; más bien mirado también, también mi disculpa es grande. Con igualdad asegura calpa, y disculpa en mi pecho, por tal hermosura hecho agravio a tal hermosura: mas mi padre riguroso no lo advierte, pues severo, se arroja al ser justiciero, y se niega al ser piadoso. Viendo desnuda su espada no me asegura, y me aflío, más tendrála al ser su hijo torcida, si no envainada: pero sujusticia es mucha, aunque en su piedad la veo, temiendo estoy, oye Anteo, temblando estoy, Celio escucha habéis sabido que hubiese Rey que a su hijo castigase, en la vida, aunque probase varios delitos que hiciese? 1. No señor, eso medroso te tiene Cobarde soy. 1. Atiento le hablé. Ya estoy alentado, y animoso. 2. Bien hiciste, y de no haber ninguno, será el primero tu padre, que es justiciero, y temo que lo ha de hacer. , s. Qué es esto que pronostican este luto, estos temores? Mis penas serán mayores si a mis venganzas se aplican. Perdóneme V. Alteza, que soy leal, y mandado del Rey mi señor. (tristeza) Cuidado me da en todas to Mándate su Majestad que le des mano de esposo a Celaura. . Soy dichoso, esta justicia es piedad, castigo, y de padre amigo es este. Engañado estás. Ay de mí! . Luego verá los postres de este castigo. Tómala, tu esposo soy. Porque guía mi esperanza ami honor, y a mi venganza, la fe, y la mano te doy. (pena) Oye ahora señor. Di, qué dices? . Muerjo de que tu padre te condena a muerte. Mi Padre a mí? En este papel lo lea tu Alteza. Rigor extraño! yo lo creo, que en mi daño que cosa habrá que no crea? A mayor extremo obliga tu crueldad. Tan rigurosa Celaura siendo mi esposa? Soy primero tu enemiga. Dónde vas? . A estar sin ti. No podrás sin mi licencia, pues me debe esta obediencia quien es mi esposa. ̱. Es ansí. 1. Logra tan justa esperanza. 2. Tente. . Espera. Hacerlo intento, por ver en su sentimiento principios de mi venganza. o Si asisquieres, escucha, y en lo que oyeres verás que mi sentimiento es más, aunque mi desdicha es mucha. Considera más piadosa, cuan excesiva es mi pena, pues mi padre me condena, querellado de mi esposa. Hasta serlo fue lealtad el vengarte con valor, pero ahora ya es crueldad el tratarme con rigor. Rrcibirme por esposo, para ofenderme, no sé como tan piadosa fe sufre engaño tan forzoso, Qué opinión te dará el mundo si eres, por ser tan de acero, piadosa para el primero, y cruel para el segundo. Aun fuera con más concierto tu trato menos esquivo, si es que con matar el vivo resucitaras el muerto. Mas no haciéndolo señora, mira que eres, siendo tal, para el uno no leal, y para el otro traidora. Adviertan tus sinrazones, que es en daños tan forzosos el matarte dos esposos, anadirte obligaciones. Porque desde el mismo día que a mí me maten, mi bien, por cuenta tuya también corre la venganza mía. Con rigor, aunque inhumano pudiera tu confianza conseguir esta esperanza, pero sin darme la mano. Fuera me nos para mí, mas debístelo de hacer, porque sintiera el perder la gloria que pierdo en ti. Con más dolor que la muerte; mas debieras acordarte, cruel, que del adorarte ha nacido el ofenderte Ya no re faltaba ahora para acabarme la vida, sino tras ser tu ofendida, decir que soy tu ofensora, Ya matador riguroso de la vida más honrada, si de tu padre obligada te recibí por mi esposo: Fue por no hallar mi valor otro medio que pudiera conseguir, y consiguiera juntos venganza, y honor: y así logré mi esperanza, pero fue con prevención de que nunca fue traición, la que es medio en la venganza: y antes alabanza espero que vitumperio en el mundo, si en el esposo segundo, que eres tú, vengo el primero. Y no creas que en el día que yo logre esta esperanza con su muerte, la venganza correrá por cuenta mía: porque a él tú le mataste, por quien yo te mato a ti, mira pues si contra mí vanamente me obligaste. Y aunque estoy de ti advertido, de que no enmiendo mi suerte, siendo así, que de tu muerte no me resulta su vida. Difícilmente concierto con la enmienda que recibo, a ti recibirte vivo, ni a él recibirle muerto. Y quédate, pues te veo con tal rabia, y con tal gloria, a él vivo en mi memoria, y a ti muerto en mi deseo. Oye cruel más que bella, que mi muerte solicito al rigor de mi delito, pero no al de mi quererla: perdóname tú, aunque el Rey me castigue. . Tierno voy. 1. Yo afligida. Loco estoy. Esto es honor? esto es ley? En una mujer tal suerte de crueldad, y condición! y en Príncipe un corazón tan obstinado, y tan fuerte! en los hombres como yo tienen su rigor las leyes? Así castigan los Reyes, a sus herederos? No. Cosa es dura, cosa es nueva, mi padre podrá mandarlo. pero quien a ejecutarlo es posible que se atreva? Mas si harán, pues si porfía tanto mi Celaura bella en esforzar su quererla será de la muerte mía, que tan de verás le plugo mostrar en mí su rigor, no solo el ejecutor, pero también el verdugo. mas si ella lo ha de ser quien la muerte me ha de dar, que más hay que desear, y qué menos que temer? Animoso, y satisfecho estoy, Cielos soberanos, pues que moriré en sus mano; sino enternezco su pecho. No entrara ninguna. Ay Cielo! si es que viene a negociar si, que no le ha de faltar al afligido consuelo. Aunque yo esté tan deshecho en llanto, y con tal razón, que pienso que el corazón me embía sangre del pecho Gran valor, y gran piedad gran justicia! . Y gran dolor! Mas si lo mira mejor señor V. Majestad. No me aconsejes, si no vete, no te atrevas tanto, quien a mí me dirá, cuanto estoy advertido yo tengo por dignas hazañas, y de valerosos Reyes, romper las tiernas entrañas, antes que las tiernas leyes. ̱. Señor. . Aquí mis enojos esforzarán mi dolor hasta matarme. Sñor, porque no volvéis los ojos? mirad los tiernos despojos de las congojas que siento. Porqué temo cuando intento el miraros. . Escuchad. e. Resolverme he en la piedad si los vuelvo ar entimiento. A vuestro hijo señor habéis condenado a muerte, que humana razón advierte que es injusticia el rigor? si el castigar es valor en los justicieros Reyes: porque conservan las greyes previniendo los agramos? también es de Reyes sabios saber declarar las leyes: porque os mostráis tan sebero con quien iguales porciones de nuestros des corazones hicieron el suyo entero? con resolveros tan fiero en una causa tan pía, no veis que asombrado el día dejáis el Cielo sin Sol, la tierra sin su arrebol, y sin su heredero a Ungría. Si es que puedo con valor puedo a todo replicaros, aunque callando dejaros pienso que hiciera mejor; no es injusticia el rigor, cuando se debe emplear, ni es delito el perdonar apasionado el poder, que en un Rey no hay tal saber, como saber castigar. Del Príncipe la osadía, delito tan sin segundo, CTUMA puso asombrándose el día, luto al Sol, y horror al mundo, que no la justicia mía; y si heredero he quitado a Ungría, no os de cuidado; pues en que siglo, en que ley faltó para un Reino Rey, ni un señor para un estado? y antes su provecho ordeno, pues cortando la cabeza de un Rey malo, con cerreza, les doy en duda otro bueno; porque an este a quien condeno la condición inhumana es tan fuerte, es tan tirana, que pienso, y aún cierto estoy, que fuera heredarla hoy, para perderla mañana; y no dejo de tener por este conocimiento vuestro mismo sentimiento, y harto más debe deser, pues sentís como mujer llorando por descansar; mas yo entero por guardar al ser de hombre igual decoro, sintiendo lo que no lloro me atormenta el no llorar: de Rey justo, y de piadoso padre tengo el corazón, aunque es en vuestra opinión arrojado, y riguroso: incierto, y dudoso estuve lidiando con la verdad, mas la heroica Majestad de Rey en causa tan fea me obliga a que el mundo crea mi justicia en mi piedad. Pues qué haréis? . Ejecutar mi sentencia, y no vivir. Un Príncipe ha de morir, y un Rey lo puede mandar? como se puede esperar tan fuerte resolución? no padecen excepción las más generales leyes en los hnos de los Reyes? No, cuando insolentes son. Qué he de veros tan cruel? que ha de verse derramada nuestra sangre, que mezclada os esté clamando en él. Es alabanza tan fiel de mi justicia valiente, que aquella sangre inocente que el vertió tan sin compás en mí solo para más, aunque en vos menos se siente, Con vuestro hijo tal brío de rigor? ya es injusticia. Sí, que en razón de justicia aún yo mismo no soy mío. Vos sois justo? vos sois pío? qué pretendéis? qué intentáis? Dejadme por Dios, Qué os vais? de penas, a morir vengo. Yo padezco las que tengo, y más las que vos me dais. Ya primo voy a ser tuya. Hasta el Cielo me levantas. No hay cosa que no me aflija. Yo confieso que la Infanta esforzará mis ternezas, aunque no siente mis ansias. Con tanto luto señora? Bastantes fueron las causas que siento en vuestras tristeca cuando a mí no me obligaran las que yo ahora he tenido, sabiendo por una carta que ya mi padre ha logrado las mejores esperanzas. Goce del Cielo señora, y pues su edad era tanta sirva de consuelo a todos. Lo que a mí me consolora, fuera el ver que tú les dieras a tantos como le aguardan, mobiéndote enternecida, pidiéndote arrodillada, que revoques la sentencia, aunque justa, tan extraña que pone horror a las pidras, y desconsuelo a las almas. Señora, si vuestra Alteza me obliga, y no se levanta pondreme yo de rodillas. Vuestra Majestad lo manda Demás de que es la justicia en mí la primera causa que resiste a mi piedad, tan a costa de mi alma, hay otras dos: es la una hacer la parte agraviada tan importante querella, y seguilla sin alzarla. Y la otra el estar casado ya el Príncipe con Celaura, y quedar vivo, y no tuyo malogrando esta esperanza, habiendo venido a dar tantos bienes, y honras tantas a estos Reinos, y a estos Reyo aunque no culpa, y desgrada, ha sido fuerza dejarte sino ofendida burlada. En la postrera que es mía tus dudas facilitara, con advertirte señor de que yo ya estoy casada con mi primo, que a mi Reino por ser varón aspiraba, siendo heroico descendiente de mi sangre, y de mi casa: y por evitar las guerras que entre los dos se esperaban, este medio se ha excogido que hiciera esta concordancia, Para que yo mereciera una dicha soberana. Con parabienes apruebo concordia tan concertada, que ha de celebrarla el mundo, más permíteme que vaya asentir el no servirte, y asacar de mis entrañas lágrimas que corran más, y menos corridas salgan. . Si el pésame, y para bien no te doy de espacio Infanta, perdóname porque voy muerta a los pies de Celaura. . Beso los tuyos; que tierna me deja, y que lattimada. Con mis dichas te consuela, en mis dichas te levanta averte en los ojos míos, Las que yo tengo bastaran. Que bien logrado deseo. ̱ que bien lograda esperanza. . No me consueles, ay Cielos! que en mí triste corazón flechas penetrantes son las que tienes por consuelos; conso arme es ofenderme, solo el tratar de vengarme, si no puedo consolarme, ni he podido defenderme. Véngate que bien harás por que la vida entretengas, pero cuanto más te vengas veo que te afliges más: y así sospecho del verlo que obstinada por honrarte vas tratando de vengarte, y te lástimas de hacerlo, porque el ver señora mía fenecer en tu venganza tan general esperanza no menos que en toda Ungría, y el ver a quien te ha ofencido tan de verás lastimado. Qué dices? necia has andado. Con buena intención ha sido, Celaura, hija. Quién es? Yo que vengo ciega, y loca a dar el alma, y la boca a tus manos, y tus pies. Señora. Porque se vea que es de madre este cuidado, de un hijo tan desdichado como tú quieres que sea: yo te di el segundo ser Celaura casi en mis brazos, donde mis tiernos abrazos te ayudaron a crecer, ya con cuidado advertido en tu adorno, y compostura perficcioné tu hermosura que tan en mi daño ha sido; y con tu gusto te di esposo, nunca lo hiciera! pues ni a ti sin erte viera, ni yo me viera sin mí. Confieso que fue terrible, y detestable tu asienta,̱ pero ya en lo hecho piensa que es el remedio imposible. Vente mi Celaura bella con migo a los pies del Rey, y satisfecha la ley si bajas de la querella, obligarasle a perdón, que pues yo no te ofendí el tomar venganza en mí que te adoro, no es razón: mi llanto otra vez te ablande que tus plantas riega ahora. No más, levanta señora que en tia un extremo tan grande no hallo que responder, no tengo de replicar sino llorando callar, y muriendo obedecer. El Cielo te guarde, y yo te dé el alma, ven. . Por ti iré a perdonarle ansí, pero a ser su esposa no; mi muerte será mi pasma Con razón queda vencida. Ay esposo de mi vida, siempre te tengo en el alma. . Marqués vuestra honra es mía. Menos importa señor el quedar yo sin honor, que sin heredero Ungría, cuanto, y más que el que me has dado con tu heroico proceder, y acción que pienso hacer me dejaran más honrado, que es suplicarte me des para tu hijo el perdón, sin cortelle obligación al casamiento después con mi hija, que si ha sido tan solamente señor me ño de cobrar honor el habérsele ofrecido, al Papa disponsará, y ella ocupará un Convento, Vuestro leal pensamiento en mi acreditado está, pero juez riguroso seré Marqués, porque quiero mostrarme Rey justiciero, aunque soy padre piadoso: y a no ser esto Marqués, si al Príncipe perdonara, con quien mejor le casara que con Celaura, no es vuestra hija; siendo vos de mi sangre, y de mi casa. Ya de los límites pasa esa merced, mas por Dios señor. . Marqués levantad, y no paséis adelante esa razón. Importante es tu gusto en mi lealtad. No es Celaura, que estraneza de pasión. Ah cielo Santo? señor, con el mismo llanto, y con la misma terneza que vine a pedir justicia vengo a pedirte piedad, y porque de mi bondad no se arguya que es codicia de heredarte la Corona; renunciar el casamiento, y a nuevo recogimiento recogeré mi persona, obligándome a ponerla en segura Relición, pues del Príncipe el perdón ha lugar sin mi querella; concedésele, y harás que quede tan satisecho con el mi ofendido pecho como del castigo, y más. ̱̱. Ayudele . Alteza, y yo, y todo lo he de hacer, que bien será menester batir esta fortaleza. Sin doda se han concertado para impedir mi rigor, más constante en mi valor pienso que será excusado. ̱. Ya señor, pues la ofendida pide por satisfacción sin la quererla, el perdón, no haurá cosa que lo impida. Ya con entranas de padre, sin torcer tu buen gobierno podrás ver el llanto tierno de una esposa, y de una madre. No han de ser padres los Reyes Eres de piedra, o de acero? Dóndevas? Veré primero si lo permiten las leyes. Qué haces señor? Espera, que tan descuidado vas; el Príncipe mi señor, ya no preso, libre está. De nobles, y de plebeyos. el concurso general sus prisiones han rompido, y ya llevándole van en los hombros por las calles. A tu Palacio Real parece que se encaminan, donde quizá le pondrán en tu silla la Corona, pues aclaman libertad, y repiten viva Carlos con su favor sin igual. Mira por ti, que aunque sea tu hijo, contigo está enojado, es mozo, y tiene en su punto la crueldad. Abrázame Feduardo, pues no me pudieras dar nueva que más me obligara, ni que me alegrara más, pues yo hice de justicia, torciendo mi libertad lo que debía al ser Rey, y ellos de porencia harán que viva un hijo que adoro, sin que me puedan culpar de lues apasionado, d quién imaginara tal? Vengan, vengan contra mí, pues cuando me apremian más quedaré más disculpado, y si es que le quieren dar mi Corona, yo el primero le llamaré Majestad poniéndola en su cabeza, y si es que quieren pasar a mayor extremo en mí alegre por restaurar su vida, daré la mía, también con certeza igual, y viéndome quien me ha visto con Regia seberidad: hasta aquí tan justiciero, ya tan piadoso verán claramente que he tenido la justicia en la piedad. Viva Carros, Carlos viva. Mi obediencia vivirá a tus pies, pues vivo yo. otra vez puedes mandar que me cortén la cabeza, que vida, ni libertad no quiero contra tu gusto, sino merezco esperar que tú me des el perdón. La Potencia te le da, disculpando la justicia; pero yo te quiero dar los brazos satisfacciendo la ternerza paternal. Y yo me iré a un Monsterio Sin mi gusto no podrás, y téngole de ser tuyo. Celaura; no hay replicar. otra vez te di la mano. Mucho obligado me has, si mucho me has ofendido. Marqués los brazos me dad Los pies te quiero pedir. El Alma os quisiera dar. Y aquí tiene alegre fin de aoe este Rey la piedad.