Texto digital de La perla de Inglaterra y peregrina de Hungría
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La perla de Inglaterra y peregrina de Hungría. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/perla-de-inglaterra-y-peregrina-de-hungria-la.

LA PERLA DE INGLATERRA Y PEREGRINA DE HUNGRÍA
JORNADA PRIMERA
Vivan los Reyes de Ungría. Ladislao, y Beatriz viva. Viva el Sol, viva la Estrella. Grande aplauso. Grande día. Hoy la Inglesa más divina que vio el Sol, entra gozosa en Ungría. Y por hermosa, la llaman la Peregrina. La redondez de la tierra por virtuoso la aclama. Y todo el orbe la llama la Perla de Inglaterra. Las estrellas, y luceros de ese Zafir tachonado, sin duda se han transformado en damas, y caballeros. No hay diamante en cuanto peina el Sol su madeja de oro, que no se admire tesoro en la entrada de la Reina. Los rayos del Sol franquean sus flechas más penetrantes, y a sus luces los diamantes, más hermosos centellean. De los arcos la moldura a maravilla ha subido, y a sí mismo se ha excedido el arte de la pintura. En cuanto ilumina, y baña el Sol antorcha del día, se aventaja nuestra Ungría. Pero no le iguala a España, y en buena razón lo fundo, porque el Monarca Español, sobre ser hijo del Sol, es Señor de todo el Mundo: luego si tiene el caudal del Orbe, y tiene el poder, bien claro se da a entender, que no tiene España igual. Decís bien, mas la pasión de mi patria no culpéis, pues la vuestra defendéis. La defiendo con razón. - Ya otra vez la voz altiva . del vulgo a veces prolijo, nos repite el regocijo. Viva nuestra Reina, viva. Y ya el Rey en su dosel, a un tiempo galán, y esposo la aguarda majestuoso para ceñirla el laurel. Ya con discretos moteres la nobleza esclarecida le ha dado la bienvenida. Y ya empiezan los bailetes. Para qué tanto rigor, demás están los arpones, si ha herido dos corazones - con solo una flecha amor. , Parad, que soy vastallo - del amor, suerte feliz! . Qué hermosa viene Beatriz? Parece el Sol a caballo. Car del celeste velo, pero hoy mi sabiduria ha de tocar en Ungría al arma, como en el Cielo. Luzbel soy, luz hay en mí, luz en mi nombre se ve, pues con la luz que bajé todo el abismo encendí. De Federico ha triunfado el amor, a nadie asombre, que deje vencerse un hombre en estando enamorado. A luglaterra feliz con prosperidad llegó, mas luego enfermó, y cegó, qué mucho si vio a Beatriz? Cegó de amor, y mi ardiente saña en aquel mismo instante por Médico del Infante se introdujo fácilmente; y en achaque de curarle vengo desde luglaterra para hacer a Beatriz guerra, y su limpio honor mancharle. Gran Señora, el Rey aguarda. Ve despejando Conejo. A mí me toca el despejo. Cuidado con la alabarda Fordiquí, vamos al grano? mosqueteros enemigos, dadme la mano de amigos, o si no aprieto la mano. De este lazo, nuevos lazos ve ais en unión después. Dadme, Señor, vuestros pies. Más cerca tenéis mis brazos. Jesús. No os asustéis, no, que vuestra virtud al ver el riesgo, antes de caer como a Ester os preservó. Que vos me ensalzáis esllano, pues en el punto primero imitáis al Rey Asuero, cuando a Ester le dio la mano. La fama a voces pregona los méritos que hallo en vos. Beatriz, en nombre de Dios os ciño aquesta Corona. . Ya es tan vuestra como mía, y el cetro que os apercibo. Corona, y Cetro recibo en el nombre de María. Ocupad ahora el dosel para que os besen la mano. redérico, Infante, hermano, llegad. Ah pena cruel. deme vuestra Majestad como mi Reina, y Señora la mano. Infierno ya es hora. Federico, Infante alzad. Amor pues te pintan ciego, . no acuses mi desvarío. Ay bello imposible mío! esta mano es nieve, y fuego Federico qué es aquesto? El color habéis perdido? Qué tenéis? Pierdo el sentido. Estoy, Señor, indispuesto. Retiraos. Las ansias mías nacen, Señor, de tristeza. Quiere alegrarle tu Alteza? Pues tóquenle las solías, que el melancólico humor es un achaque prolijo, que le cura el regocijo, y no le cura el Doctor. Quién sois vos? Yo soy Conejo, y Ángelio Médico sabio, muy docto en el Astrolabio. Humor tenéis, y despejo, servís al Príncipe? Error fuera negarlo hasta aquí, de retrete le serví, y ahora de corredor. Dad la mano a vuestra prima, si la merece besar. Los brazos os debe dar - una Reina que os estima. . Vasallos el alegría celebre mi unión feliz. Viva el Rey. Viva Beatriz la Peregrina de Ungría. El rigor, y la crueldad de aquesa pasión vencerla. No podré, que es Berariz bella la cura, y la enfermedad. . Amor si eres todo antojos, suspende al deseo en calma, que con el Infante al alma te has entrado por los ojos. Bella Esposa, los cuidados aparto de la memoria viendo tu cielo. Qué gloria? Dios os haga bien casados. Ea infierno, ahora es el tiempo en que han de obrar mis cautelas. Todo este real aparato de júbilos, y de fiestas, arcos, pinturas, y galas, pompa, majestad, grandeza, pase a mutación de llantos, discordias, ruinas, afrentas, inquietudes, alborotos, que tal vez de una pavesa se abrasan los ediflcios. Rayo soy, lluevan centellas contra esta Reina de Ungría, que parece que es herencia de estas Reinas, el ser todas virtuosas, limosneras, piadosas, caritativas, cuyas celestiales prendas por Santas las acreditan; y esta Beatriz, según muestra, temo que llegue a ser Santa, pues ha llegado a ser Reina. La devoción de María tanto el afecto la lleva, que la reza a todas horas, y en su retrato contempla. Mas de qué sirve mi astucia, mi engaño, poder, y ciencia sino venzo a una mujer siendo la misma flaqueza? Federico enamorado de su hermosura, la empresa. me facilita, asistido de mi Angélica soberbia. Con el Duque de Polonia, y las Provincias opuestas a Ungría mis asechanzas han obrado demanera, que han hecho militar liga, Los que ciñen, y rodean a Ungría, y a los gemidos del clarín, y la vaqueta viendo estremecer los montes se atemorizan las selvas. Todo es a fin de que salga Ladislao a la defensa, porque estando el Rey ausente, y sin Alcayde la fuerza, podrá triunfar Federico de su altiva resistencia; porque mujeres, y plazas sitiadas, están expuestas a rendirse, y entregarse no habiendo quien las defienda. Qué importa que esté asistida de aquella (ay de mí!) de aquella que pasó mientras dormía la culpa, nunca durmiera; pues no la sintió al pasar para que yo ahora la sienta? Qué importa que sus virtudes brillen, luzcan, resplandezcan, si basto yo a perturbar toda la luz de la esfera? Cada vez que inquieto un alma estoy gozoso en mis penas, si puede haber alegría en casa de la tristeza. Al que vive como bruto le suelo aplicar espuelas, y le aparto a todas horas del camino de la enmienda. Del que se arrepiente huyo, enfádame el que confiesa, aborrezco al limosnero, y a los que hacen penitencia; pues de todos los mortales solo me agrada el que peca. De la paz soy enemigo, y soy motor de la guerra, pues alisto contra Ungría las confinantes banderas. Todo mi poder lo alcanza, todo lo rinde, y lo huella, pues con la planta sujeto aguas fuego, viento, y tierra. Vasallos, Ungaros nobles, ya veis la inconstante rueda de la fortuna, que a un tiempo es próspera, y es adversa. Apenas Beatriz hermosa goza la Sacra Diadema de Ungría, cuando el Polaco, y el Transilvano se alteran; la Moldabía se me opone, la Valaquía rompe treguas, y todos los confinantes me han declarado la guerra sin haberles dado causa. Mi espíritu los alienta. A asistir a Federico voy, que importa mi asistencia: en tanto que el Rey dispone su jornada, mis cautelas velen, y mis asechanzas, pues todo el infierno vela. . Las más importantes plazas son Pasonia, Cinco Iglesias, Temesvar, Lipa, Tornabía, Varadino, y Gradiela, que son llaves de la Ungría, y temo mucho perderlas, por estar desprevenidas, y no poder de mis rentas socorrer a los soldados; porque en esta entrada excelsa gaste todo mi tesoro, mis vasallos, sus haciendas, y no quisiera a mi Reino añadir nuevas gabelas; que cuando se sangra un cuerpo se enflaquece la cabeza. Aconsejadme algún medio Alejandro, amigo César: qué haré para este socorro? Señor, pida vuestra Alteza al Reino que le socorra; dando efectos en que pueda cobrarlo el Reino después. Se dagnifica la hacienda Real, si ha de pagar cambios el Rey de más de la deuda. El socorrer a los Reyes en ocasiones como esta, a nobles, y ricos toca. De los Gentiles se cuenta; que cuando un Monarca hacía un Palacio, u obra excelsa, ponia una piedra, y los nobles cada cual ponia su piedra, con que se hacía la obra sin gastar el Rey en ella. Dígalo el Templo de jano, y otras fábricas diversas, que aún hoy duran las ruinas de edificios, que conserva el tiempo para memoria antigua de la nobleza. Den los nobles, y los ricos, al Rey aquello que puedan, que a ellos no les hace falta, y al pobre sí, pues se queda tan desnudo, que le obliga a pedir de puerta en puerta. Yo soy vasallo de España, y para que Ungría sepa, que los Españoles obran mas en las patrias ajenas, que en la suya, yo le doy, aunque es dadiva pequeña, a vuestra Real Majestad, para que salga a la empresa, veinte mil doblas de oro, con tal que no me las vuelva, porque no he de recibirlas, que la dadiva no es deuda para volver a cobrarla. Solo un Español hiciera tal acción mucho os estimo Alejandro la fineza, y si os llevara a mi lado a la campaña, por cierta tuviera yo la victoria. Yo acetara si pudiera, mas los Españoles solo por su Dios, y Rey pelean. De la lealtad Española ha sido propia respuesta. Vos César que sois Tribuno de Ungría, haced manifiesta la acción de Alejandro a todos, para ver si los alientan Españoles ejemplares, que será notable mengua el que las naciones digan, que no hubo quien socorriera al Rey de Ungría, teniendo su Reino tanta riqueza, que aunque están aniquiladas, como he dicho, las haciendas, las arcas de los leales, para el Rey están abiertas. Es cierto, Señor, y cuando el Reino nada os conceda, yo os ofrezco de mi parte, mientras durare la guerra dos mil hombres a mi costa. César, vos dais como César: Capitán sois de mis guardias, que es justo que os agradezca el servicio que me hacéis, Mil veces las plantas vuestras beso por tanto favor. Las cajas, y las trompetas prevenid, que antes que el Sol peine sus doradas trenzas, me han de ver en la campaña del Danubio las riberas, balla de cristal que parte por medio a Ungría, y la riega, aunque sola mi persona salga a los riesgos expuesta. Yo voy a obedecer cuanto vuestra Majestad ordena. . Alejandro yo he sabido que a Ungría desde Bruselas venisteis como heredero de la ilustre Varonesa, Madama Blanca que pisa en mejor imperio estrellas, a tomar la posesión del Valatón, que no heredan en la Corona de Ungría por ley del Reino las hembras; y así fuisteis el llamado, como inmédiato a la herencia; pero como los estados hay tantos que los pretendan, salieron opositores, y aunque la justicia es vuestra, ha muchos días que os tiene ausente de vuestra tierra este pleito, y los jueces no han pronunciado sentencia. Y ya estoy determinado a irme, que el que pleitea, a veces suele costarle mas el pleito que la hacienda. Mucho vale el Valatón, solo el lago señorea trece millas de ancho, y tiene en sus hermosas riberas, muchas quintas, y recreos; y vale sola la pesca mas de treinta mil escudos al año; yo haré que vean el pleito, y guarden justicia; pero cásaros quisiera en Ungría. Yo casarme? Señor, ya tengo cuarenta. En esa mania han dado mis parientes, y hoy intentan por quitarme de los riesgos, casarme en Inglaterra, o Bretaña, pero yo les respondí, que la guerra es mi esposa solamente, y estoy casado con ella. Cuanto pueda haré por vos. Mucho estimo a vuestra Alte. (za el favor. He reparado que es vuestra nación soberbia. Porqué? No dobla rodilla a otro que su Rey no sea. Adiós, al Papa, y mi Rey pongo la rodilla en tierra solamente, el Español es de tal naturaleza, que si acaso llega a verse en necesidad extrema, por Dios pedirá limosna, mas no hará cosa mal hecha. Y dirá mal de su Rey. Estando sobre Viena un Español enojado con la militar tarea, dijo mal de Carlos Quinto. Habló en la plática misma un Extranjero diciendo, no hay hombre peor que el Cesa. Mientes, dijo el Español, y le rompió la cabeza; que no viene a ser todo uno el decirlo yo, o tu lengua. Quejose al Emperador el herido, y la respuesta fue decirle, amigo mío si os he de hablar con llaneza, ved quien son los Españoles, pues venís de esa manera. Bueno es que se den la mano el valor, y la modestia. Señor, en tocando al punto las comodidades cesan. Parece que me ha entendido. . La Reina viene. Ya llega. Aquí está su Majestad. Señor, qué inquietud es esta? Vos mandáis levantar gente? Vos que se arbolen banderas? Vos que gima el bronce duro, y al toque de la vaqueta por la túnica de Marte trocáis las delicias tiernas? Cuando apenas llego a Ungría, bien digo, que llego apenas, pues tan presentes las miro, que ya empiezo a padecerlas. Apenas, otra vez digo, llego a ser Esposa vuestra, cuando de quien os adora riguroso hacéis ausencia? Si algún enemigo vuestro por inquietaros intenta mover armas, bizarría es el no hacer caso de ellas. que cuando se altera un Reino, se reconoce flaqueza. Y a veces el enemigo si ve las puertas abiertas de una plaza se retira presumiendo que hay cautela. No hay soldados en Ungría que salgan a la defensa de vuestra Corona sacra, sin ir la persona Regia? De qué sirven los bastones, las vengalas, las ginetas, si la persona Real al riesgo no se reserva? Cuando un Rey sale a campaña saca las últimas fuerzas, y ha de vencer, o morir. Ved, Señor, lo que se arriesga, pues nunca vuelven la espalda los Monarcas en la guerra, y es hacer a la fortuna árbitro de la grandeza. Cuándo os tocaba el salir? Cuando el Pontifice hiciera liga contra los Infieles; que en tal caso con licencia vuestra, mi valor heroico tranzado el arnés, la rienda del bruto en la izquierda mano, sujetando su soberbia, desnudo el brillante acero rompiera por las sangrientas escuadras del enemigo, y excediendo a Julio César, perdiera la noble vida en defensa de la Iglesia. Miren el brío que tiene, y parece mosca muerta. Sobre discreta, y hermosa, valor, y virtud ostenta. A vos no os tocan las armas; en los Palacios las Reinas parecen bien con sus Damas. Vuestro gusto es ley, y atenta la venero, guardo, y sigo, que es justo el obedecerla. Vos os vais, y yo me quedo a que me acabe la pena. . Esposa, dueño, y señora de un alma que te venera, peregrina en el ingenio, pregrina en la belleza, y peregrina en virtudes, porque eres la mejor perla. Polonia, y la Transilvanía, y la Moldabia, las treguas. han roto, y tengo noticia, que por tres distintas sendas vienen marchando al Danubio, que es de mi Reino la puerta, imposible de cerrarla, por su anchura, y su largüeza. No tengo gente en las plazas, pues sus altivas almenas que son galas de los muros, ya sin guarnición se muestran. El pie de ejército todo fue a Alemania a pasar muestra para la Alsacia, llamado del invictísimo César. No tengo de quien fiar el vastón en esta empresa, con que arriesgo si no salgo a la invasión la Diadema. El Infante Federico mi hermano, solo pudiera salir por mí a la campaña, mas su salud no le deja que ocupe al bridón la silla; y el hijar sienta la espuela. Si lo dilato, es preciso que peligren las fronteras, y es difícil restaurarlas, si una vez llego a perderlas. Perdone esta vez amor, guarde sus doradas flechas, para cuando victorioso Esposa a tus ojos vuelva, que aunque me ausento, Señora, el alma con vos se queda. A Federico os encargo, mirad por él, que me cuesta cuidado, y pesar su achaque, y le estimo demanera, que comprara su salud con mi vida, tan estrecha es la amistad de los dos, que si la Corona excelsa fuera capaz de partirse, con mi hermano la partiera. Regocijos, y disfraces, bailes, músicas, y fiestas se permitan en Palacio, podrá ser que le diviertan, y que la melancolía le alivien, que la tristeza se divierte, y se minora el rato que se recrea la vista en las novedades, que los ingenios inventan. Laura, Flora, divertid a Federico, y la Reina con instrumentos, y voces, hasta que yo a Ungría vuelva, pues en cláusulas, y puntos los dos en unión perfecta unis de Orfeo a la lira los conceptos de Minerva: y ahora dadme los brazos. Si es precisa la obediencia no replico. Vuestras luces permitid que resplandezcan, porque en la ausencia del Sol, siempre luce las estrellas. . Ya, Señor, para la marcha está la gente dispuesta, y pagada, diez mil hombres os da el Reino, y la nobleza toda montada a su costa sale a serviros atenta. Arbolose el Estandarte Real, la gente plebeya por sentar las plazas vivas dejaron las obras muertas. Solo vuestra orden aguardan; gran Señor, pues os esperan los infantes bala en boca, los bridones mano en rienda. Pues al arma, y viva Ungría. Esposa a Dios, Laura bella adiós. Él con bien os traiga. Flora. Señor, ya de verás? No miras a mi Señora, que hace con boca de perlas puchéritos de la maya? Tienes alma, así la dejas? Esto es forzoso, Alejandro adiós. Las reclutas quedan por mi cuenta. El Cielo os guarde. , . Fuese el Sol. Luces enciendan, y pues no arden los faroles, abran todos las linternas. En fin, ya se fue mi hermano? Si Señor. Cielos, qué oigo? amor, buena es la ocasión. Siéntate, Señor, un poco. Llega una silla, que en ella puede ser que halle reposo. . Ya es tiempo de añadir fuego. Válgame el infierno todo. qué tienes, Señor, qué es esto, que aunque tus tristezas noto no comunicas al labio lo que pronuncian los ojos? Qué achaque es el que padeces, para que yo como docto en todas ciencias, aplique remedio al dolor que ignoro? Descansa conmigo, habla, Es el silencio forzoso, porque no tiene remedio mi mal. Engaño es notorio, que la sabia Medicina áplica por varios modos remedios que son alivios. Usted es Médico tonto; el mal que tiene mi amo es abstinencia de mozo, pero en pasando el adviento, como coma, estará gordo. Loco, no hables disparates. Conejo, déjanos solos, que quiero hablar con Ángelio. Este Ángelio es el demonio, él priva con Federico, y habla con él más que un tordo; pero nunca le he escuchado una palabra en mi abono. Válgate el diablo por hombre. Ya te entiendo, y en retorno a este le he de dar un chasco. . Yo le informare de todo A su Alteza. Él me levanta un testimonio redondo, porque este es un embustero. Habla, pues, que ya te oigo. Ah dicho. No he dicho nada. Que le des algún socorro, porque esta pobre, y desnudo. Di Conejó al Mayordomo que te dé luego un vestido, y cien escudos. Por todo beso los pies de tu Alteza Vive Dios que es hombre heroico, y caritativo Ángelio; que afable, que virtuoso, qué galán, y qué discreto? y no es porque yo le abono; pero es bien intencionado. De Usía me reconozco . deudor, y para servirle me tendrá siempre muy pronto. Cien escudos, y un vestido; . vestido te vean mis ojos, como erizo que se viste de manzanas, y madronos. . Ya estamos solos, Señor. Pues oye oye, si estamos solos, advirtiendo que te fío de mi secreto el tesoro; y puesto que en las Escuelas Bretánicas fuiste asombro de la Magia, y Medicina, cuyos actos meritorios te elevaron a mi gracia, quiero consultarte ansioso este mal de que adolezco, pero será de tal modo, que lo diga sin decirlo; escúchame, y sabrás como. Amigo Ángelio, yo muero de un mal que padezco, lloro, suspiro, y cuando me abraso me hielo en el fuego propio. Si quiero decir mi pena, me acobardo, y me reporto, y de vergenza al decirla de color se viste el rostro. Si osado me precipito, me suspendo temeroso que suele en una palabra haber peligro notorio. Supuesto que eres tan sabio, y tan doliente te informo, solicítame el remedio, aliviame de este ahogo, que le explico como ajeno, y le siento como propio. Ya en el mar de amor fluctua. y temiendo el irse a sondo, . se vale de mí que soy de este bajel el piloto. Señor, de vuestras razones aunque cultas, reconozco, que es de amor vuestra dolencia; porque suspiros, sollozos, hielos voraces incendios, precipicios, alborotos, inquietudes, penas, ansias, desvelos, colores rojos, temores, secretos, sustos, son escalones, que todos los que se enamoran cuentan primero que ser dichosos. Tu Alteza está enamorado. Es verdad, mas la que adoro es un diamante con alma Mira, el diamante, lo bronco muestra primero a la vista, y el artifice ingenioso para descubrir sus luces va rompiendo poco a poco la primera superficie. Y venciendo aquel estorbo, pasa luego a la segunda tunicela, o velo tosco de la piedra en que se cría el diamante, y de este modo llega a conseguir sus rayos; mas hasta que cuesta otro diamante, no deja verse, ni manifiesta lo hermoso. Galantea, solicita, porfía, ruega, da pronto, procura ser atrevido, que tal vez el andar corto un amante en la ocasión, le quita de ser dichoso. Demás, de que a vuestra Alteza quien le ha de servir de estorbo, cuando tiene a toda Ungría en su mano, y en sus hombros? Y cuando hubiera imposibles que vencer todo ese globo esférico, a mis conjuros no se desplomara, a soplos no le apágara las luces a ese lampión hermoso, que rayo a rayo ilumina las flores, y los pimpollos? Al elemento del aire no le hiciera en terremotos bajar a besar la tierra, y que le barriera el polvo? Al agua monstruo marino; que en salados promontorios forma de cristal espejos, que rompe el viento en escollos, no levantara en las nuves que beben sus ricos copos, para que bajaran piedras los que subieron arroyos? La tierra no me temblara, y al romper sus senos broncos, no clamaran los mortales cobardes, o temerosos? La Magia nigra profeso, todo cuanto quiero obro, y si quieres, en tu nombre pactaré con el demonio, para que logres tu intento. Tuyo soy, no estés dudoso. Pues en esa confianza precipitado me arrojo, a decirte, que la Reina es la hermosura que adoro, es el imán que me arrastra, sin ser dueño de mi propio. Pero cuando considero la ofensa que ya supongó, afrentado me retiro, y de vergüenza me escondo, viendo que son mis deseos líbelos infamatorios contra mí, y contra mi hermano. Si yo ofendo el real decoro, quien guardará el privilegio real que atrevido rompo? Pero como el apetito es ciego, es mudo, y es sordo, ni oye, ni mira, ni habla cuando atropella por todo. Por Beatriz daré la vida. La vida es precio muy corto. Daré el alma. Yo la acepto. que yo al alma áspiro solo. Si eres espíritu impuro renuncio; anulo, y revoco el pacto, porque es de Dios el alma. Por eso propio no tienes que hacer reparo, ni escrúpulo, entre nosotros el que obra con más fineza, más punto, y menos embozos, es el amigo del alma, que así le llamamos todos; y yo el alma de un amigo quiero más que los tesoros, Yo le haré que prevarique. Solamente hallo un estorbo. Cuál es? El estar secreto el pecado que supongo. Pues quién ha de revelarle? Quién, las lenguas de los ojos, que son de amor los indicios, y alzan llama al menor soplo. Yo me venceré a mí mismo, El secreto es vidro en oro engarzado, que le estimo hasta tanto que le rompo. No manifiestes tu pecho, ni te fies de ti propio, ni al confesor le reveles tu delito, que es ocioso el secreto que no guardas, querer que le guarden otros; y un pecado hasta la muerte que se calle importa poco. A cuantos por esta senda los guía el vicio, y el ocio! Avisad a Federico. Válgame el Cielo, qué oigo? De Beatriz es el acento; al verla quedando absorto por la senda de los vicios . bruto desvocado corro. Ángelio, ahora es el tiempo, cuanto quisieres te otorgo de cargos, y de grandezas, si del favor me corono de Beatriz. Y si te pierdes? Qué importa, piérdase todo, no confesare en mi vida como yo viva gustoso. Bastante tiempo te queda que aunque es comparada al soplo la vida, todos gozaron de su tiempo cuando mozos: de esta tentación bien puedo . decir, que se libran pocos. Señor, gran tarde tenemos; todo Palacio está absorto de ver, que cuando se ausenta el Rey, en vez de sollozos, la Reina, y todas sus damas obstentan lo suntuoso, en galas que han prevenido para un bailete, o coloquio, con que intentan alegrarte: las plumas parecen copos de nieve, que los rizaron el cefiro, o el favonio. Los Músicos todos claros vienen a cantar el tono; y es mucho que los Cantores, siempre dicen que están roncos, pues por ti se hace la fiesta; echa a la mejor el ojo, y en habiéndosele echado, di tú lo que dijo un novio; señores, el Cura tarda, sálganse allá fuera todos, porque el mayor agasajo es dejar los novios solos. Calla, que la Reina llega. Los instrumentos sonoros prevenid, como tu Alteza se siente? El dolor penoso, señora, con tal visita se alivió, que fuera impropio, no sentir yo mejoría, cuando vos dais vida a todos. Infante, el favor estimo, empiece el festín, vosotros cantad, porque así obedezco de mi esposo, a quien adoro, el precepto. Gran señora, el Reino, que es todo ojos, notará aquesta alegría, como yo ahora la noto, viendo a su Monarca ausente. Mandad que quedemos solos, que quiero comunicaros un secreto, y si en él logro por vos la dicha que espero, veréis, que la salud cobro. Sin duda, está enamorado de mi prima, y por decoro quiere pedirme; que sea yo, quien trate el matrimonio: despejad. Amor no fleches tus arpones rigurosos, pues no descubre el infante de mi corazón el fondo. . Flora. Qué quieres Conejo? Que me oigas un Soliloquio, que como se dice a parte, no es libro de para todos. Pues dile. Aquí no es posible. Qué aguardáis? idos vosotros, Vamos donde tu gustares marido. Marido, al rollo, que de Conejo casero, me querrás hacer de soto. . No pierdas esta ocasión; . a que yo voy a hacer de modo, (. que todos, aunque dé voces, estén a sus quejas sordos. Ya infante solos estamos, hablad. Temo vuestro enojo. Por qué? Porque los amantes andan siempre temerosos. Ya su amor se declaró: él quiere a Laura, y mi gozo ya le da la enorabuena: pero apurémoslo todo: yo vuestra salud deseo. Sabéis ya mi mal? Le ignoro. Y a poder vos remediarme, lo haréis? De eso estáis dudoso? Qué aguardo, yo me declaro, que una mujer no es escollo: dadme primero palabra del secreto. Yo os la otorgo. Pues yo, gran señora, muero de amor. Hablad sin embozos: quién es la dama? Ea amor, vos misma. Cayose a plomo todo el Cielo sobre mí: . que sufra el celeste globo tal infamia en un hermano! hay mayor traición! Esto oigo! estoy por mandar matarle. Ángel sois: dadme socorro: disculpe amor mi delito, pues me hirió con flecha de oro, y es preciso perdonarme, cuando he visto vuestro rostro. Qué he de hacer? Si llamo gen- hago público, y notorio (te, su atrevimiento; y mi honor en parte queda dudoso, que la virtud no se libra a veces de un testimonio: engañarle me conviene. Hablad vellísimo asombro de hermosura. Disimulo por lograr mi intento heroico. Esto ha de ser, Federico, desde el punto, no hago poco en fingir, que te vi, ha falso! te ame, como me reporto, te ame, dije, el labio miente. . El favor primero que oigo es este, y le ha pronunciado con vergüenza el clavel rojo. Mas para hablar, este sitio es público, y hay curiosos: retírate a ese retrete, hoy será tu calabozo en tanto que quedo sola. . Amor, vencí. Fiero monstruo hoy has de estar encerrado con candados, y cerrojos, hasta que mi esposo venga, y por castigo, y oprobio por esa reja el sustento, y la luz te darán como a loco, que está en jaula, por atrevido, y por loco. Que has hecho engañosa es fin abre, o me abriré yo propio (je? el corazón, arrancando tu retrato de él a atrozos. Circe engañosa, Medea falsa, Cocodrilo sordo, que me dejas sin oírme, afrentado, preso, y solo, así te vas, y no vuelves: pues juro a esos dos hermosos faroles, que siempre son sostituto uno de otro, que he de vengarme de ti. Lo que antes fue amor, ya es odio, ira lo que fue cariño: etna soy, llamas aborto. Voces dan en el retrete, qué es esto, cómo estás Loro? Qué sé yo. Si no lo sabes, di, cómo cautivo, y solo? Villano infame, esta reja te tiraré. Guarda el loco. Publicaré mi venganza, desde el uno al otro polo: cautela contra cautela, desdoro contra desdoro.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Victoria por Ladislao. Rey de Adiós las gracias (Ungría. demos por tan gran victoria: pues apenas toqué al arma, cuando huyendo el enemigo, desamparó la campaña, perdiendo el trení, y bagaje, con afrenta, y con infamia, el Polaco me ha temido. La soberbia de Moldabía he postrado, y el orgullo de la indomable Valaquía, juntamente con los timbres de la altiva Transilvanía. El despojo a mis Soldados, César, todo se reparta. Advierte, señor, que vale mucho su riqueza. Calla, que nada les doy, supuesto, que les doy lo que ellos ganan: que Monarca sin Soldados, se puede llamar Monarca? ninguno, que la Corona ellos son quien la afianzan: pues a riesgo de sus vidas, la defienden con la espada: luego al Soldado se debe lo que gana a fuerza de armas. Ya las Plazas socorridas quedan, y bien pertrechadas, de viveres municiones, de pólvora, cuerda, y balas. Aviso he dado a la Reina, para que en la Corte se hagan votivas fiestas al culto de la Paloma sin mancha, Madre del Sagrado Verbo, en hacimiento, de gracias. Pase muestra el campo, y marche en vatallones, y escuadras a la Metrópoli hermosa de mi Corre, en cuyas aras ofreceré los trofeos de las banderas contrarias: sirviendo sus rafetanes, pendientes desde las astas, en la nave de la Iglesia, de gallardetes, y jarcias. Pase muestra el campo. Viva Ladislao. Ya hace salva el ejército a tu Alteza. Dense al punto cuatro pagas, para que puedan llegar los Soldados a sus casas, sin molestar los Villajes: que el Soldado cuando marcha, mientras le dura el dinero no hace daño en las posadas. Toda la caballería guarde el orden, y no salga de los cáminos reales, que las tropas desmandadas, con el nombre de pillaje suelen dar paso a la infamia. Hoy he de entrar en la Corte, fórmese el campo en batalla, y de esta suerte la Reina verá las Ungaras armas en la campaña de Flora, que Abril tejió de esmeraldas, y Mayo bordó de flores, oja a oja, y rama a rama. Por la orilla del Danubio, pensil hermoso del Aura, donde desperdicia aljósar, que al prado sirve de escarcha, marche mi ejército heroico, hasta la quinta, en que aguarda la Reina, que ya por verla el fuego de amor me abrasa. Marche el campo a la Rivera del Danubio; ya las cajas tocan a marchar. Pues vamos: publique esta heroica hazaña por todo el Orbe el clarín, de la voladora fama. Con la nueva, gran señora, la Corte está alborotada, toda es júbilos, y fiestas, incendios, y luminarias. La vaga región del aire viste artificiosas llamas, del alquitrán oprimido, que produce Salamandras. Dios al Católico ampara: suya ha sido la victoria, porque es causa de las causas: le has llevado a Federico las galas, para que salga a recibir a mi esposo? Sí señora, mas es tanta la pasión de haberle preso por loco, que ni una alhaja quiso recibir, diciendo, los locos no visten galas: y partió sin más adorno, que el vestido con que estaba en la prisión. Corazón, no sé qué anuncian tus alas? mucho a Federico temo: mas al salvo, Dios le salva. Y quien son, querida prima, los que al Príncipe acompañan? Ángelio. Digo, y Conejo se quedó en alguna mata, porque el primero partió sobre una albanesa alfana, (bello animal por lo extraño) la pielera piel de cabra: por el cuello era Cigueña, manos, y pies de Cigarra, para figura del bosco valia lo que pesaba. Pues si vieras al ginete, montado sobre la albarda, tan copia de Don Quíjote, que quien le viera, jurara, que era el mismo, y para serlo solo le faltó la lanza. En Parroquias, y Conventos empiecen desde mañana Octavarios a María, y páguense de las Arcas Reales todos los gastos, que quiero con mano franca, darle a Dios cuanto poseo, pues suyo es lo que se gasta. De su mano recibimos la riqueza, la abundancia, porque el Mundo solamente viene a ser una aduana, por donde pasa la perla, el diamante, la esmeralda, y el universal compendio, que se reduce a oro; y plata. Este se reparte a todos; pero en llegando la parca, se dividen alma; y cuerpo: y partiendo las alhajas, se ajusta la última cuenta, y viene a llevar el alma las buenas obras, y el cuerpo solamente una mortaja. Vuestra Majestad, Señora, vive tan desengañada del Mundo, que a todos puede enseñar: la Reina es santa, . que virtuosa, y honesta, que sagaz, prudente, y sabia? La devoción de mi prima . a María Soberana, es tal, que a su Sacro Nombre se eleva, si no se pasma. Señores, que siendo Reina, guste de estarse encerrada mi ama en un Oratorio, cómo pajárito en jaula? Prevénganse las carrozas, porque antes que ría el Alba, tengo de estar en la quinta, donde mi esposo me manda, que le salga a recibir: y no he de hacer repugnancia a su gusto: obedecer toca a la mujer casada. cuanto ordenare el marido, no siendo contra la Sacra Ley de Dios, porque en tal caso, si obedece, la quebranta. Qué virtud? A obedeceros voy, Señora. El Cielo traiga con bien a su Majestad. Yo tengo en Dios confianza, que he de verle con salud. Y yo a Conejo. . Ven Laura. . Pongase en orden la gente en esa selva florida, para que cuando la Reina llegue, alegre la reciban los pífanos, y las cajas: y en voces alternativas repita al compás del bronze, el tren de la artilleria: que su virtud bien merece toda esta pompa festiva: y despejad, que deseo saber, hermano, el enigma, de venir de esa manera: ( . porque triunfo, y luto implican: pues cuando juzgué encontrarte con adorno, y galas ricas, en vez de ricos brocados, vistes la negra marsina; que es el luto del Soldado, por uso de la milicia. En la voz de Federico, hable mi cautela, albricias infierno, que el testimonio contra Beatriz se acredita. . Pues prevente de valor, porque es tan mortal la herida, que tiemblo al manifestarla, mira que harás al sentirla. No me des la muerte a pausas, que dilatar la sangría, de que le sirve al doliente, si le ha de quitar la vida? Apenas, Señor partiste, del Danubió a las orillas, desnudando valeroso la Regia, y Sacra cuchilla, para castigar a cuantos contra ti formaron liga: cuando la Reina tu esposa, no sé como lo repita, sin ofender a tu oído, porque hay voces que lastiman: mas si es fuerza padecerlas, también es fuerza el decirlas, que se ha de hablar a los Reyes sin embozos, y sin cifras. Apenas, otra vez digo, partiste, cuando rendida, de nuevo amor obligada, de la virtud la cortina rompió Beatriz, profabando la majestad, y atrevida, de la senda del decoro pasó a la de las delicias; pues recogido el Palacio, y en silencio la familia, llegó sola hasta el terrero, tan ciega en su intención misma, que no vio el riesgo, llevando en su mano la bugía. Yo de tu honor centinela, con la natural malicia la seguí; y sentí que hablaba con un hombre, que decía, puedo subir por la escala? Y arrastrado de la ira, fui a echarme por el balcón, al tiempo que tu enemiga me sintió, y cerrando al punto, de mis dos brazos asida, cómplice de su delito, quiso hacer la lealtad mía, dando lugar a que huyese el que te ofende, y me incita. Reprendí su atrevimiento, y avergonzada, y corrida, el delito confesaron sus sonrojadas mejillas. Mas para dorar su yerro, otra cautela fabrica. Dio voces, alborotose el Palacio, ardiendo enira, habiendo llegado todos, rayos contra mi fulmina. Vengose de mí, diciendo, a ese loco, a toda prisa ancerrad, que su locura tanto el sentido le priba, que atrevido a mi respeto, furioso se precipita. Y encerrado en el retrete, manda, que no me permitan más luz, que la que dispensa el Sol por la reja misma. Y de la parte de afuera, sobre una pobre mesilla me ponían la vianda; me servía la bebida, que aún para darme el sustento, la puerta estuvo remisa. hasta ayer, que dio la fama de tu victoria noticia: y para que yo viniera a darte la bien venida, mandó; que me diesen galas: y con llevarlas su prima, no las quise recibir. Volvió con nuevas caricias Beatriz, a querer templarme, tanto, que la vi rendida, a mis pies afectuosa, llorando perlas sus niñas, pedirme, que sus traiciones las calle, y no te las diga. Mas habiendo visto el riesgo de tu honor, traición sería de mi pecho, no avisarte leal, viendo que peligra en manos de una mujer el cristal en que te miras; Borrese de tu memoria su amor, de ejemplo te sirva Jole, que a Hércules durmiendo le puso la rueca en cinta, por afrentarle; ha mujeres, posible es que no os obliga, ver, que os hamos los hombres la joya de más estima! Venga, señor, este agravio, pues basta la intención misma qué tuvo de hacerte ofensa, sin llegar a ser precisa. No dudes en lo que digo, y aunque me culpe la impía censura, que no es decente, que yo en tu cara te diga tan desnudas las verdades, mejor están, que vestidas, que hay casos en que se hace fineza de la desdicha. Si te ha ofendido mi celo, en mi lealtad se acredita, que el que está salvo, bien puede hablar con esta osadía. Sus lágrimas no te obliguen, ni sus ternezas te rindan; que suelen ser cautelosas, y cuando menos fingidas. Cierra el oído a su ruego, y los ojos a su vista, porque el llanto, y la hermosura sobre el hombre predominan. Acuérdate del agravio, no es Rey, el que no castiga, y la mancha del honor solo con sangre se quita. Vierta la suya tu acero: y si honestar solicitas su muerte, también venenos se disfrazan, y se ligan en licores, y manjares, como en las flores nocivas. Resuélvete valeroso, muera amor, y el honor viva. Cielos, sin alma he quedado! que tempestad de desdichas, y celos han perturbado la serenidad tranquila de aquel Cielo, en quien brillaban dos estrellas encendidas? Dos soles, en cuyas luces, amorosamente ardía mi corazón; no es posible, que deidad tan peregrina; hermosura tan perfecta, ni deidad tan entendida, tuviese tal pensamiento: su honestidad la acredita, y su virtud; pero siempre fue la virtud perseguida. Pero no es mujer Beatriz? No se introdujo la ruina de todo el género humano por mujer, y en la nociva fruta del árbol vedado, el padre de la mentira se disfrazó cauteloso, y ella rompiendo la lignea del precepto, no pasó por la afrenta, y la ignominia, de verse errada, y con mancha, habiendo nacido limpia? Luego, si es mujer la Reina, bien pudo en la fantasía admirir un pensamiento, de quien ninguno se libra? Y arrastrando las potencias, la voluntad atractiva del apetito guiada, y de la pasión regida, al despeño violentarla, en lugar de corregirla? Mas qué digo? Mi discurso de Beatriz tal imagina? Cuando tuvo la virtud por huéspeda a la malicia? Estando ausente su esposo, hasta las aves lo digan, de cuando acá en ramo verde se pone la tortolilla? Miente, quien, pero no miente, que es mi hermano el que lo afirma, y su lealtad el espejo, en que mi sangre se mira: el crisol en que se ascendra mi honor, y se purifica. Pues muera la Reina, muera. Posible es que tal repita? dura ley, yo a quien adoro, tengo de quitar la vida? Sí, que el duelo de la honra sobre el amor predomina. No, que pudo ser engaño. Sí, que la más entendida, es vidro, que entre las manos peligra, si se desliza. No, que el vidro no consiente veneno, ni mancha indigna. Sí, porque hay preparaciones, para que el veneno admita. No hay disculpa a su delito, que antes más le verifica. Mas si influyen las estrellas benévolas, o propicias, y a las criaturas los Astros violentan, pues predominan: que culpa tiene Beatriz, si su estrella la derriba? Culpa tiene, que a la estrella vence la sabiduria, y el albedrío, que es libre, porque la esencia infinita sin gravamen nos le dio, y está en nuestra mano misma el usar del bien, o el mal, cuando al mal, o al bien se aplica Luego arrastró al albedrío su apetito, es cosa fija: luego debo condenarla. No, que las leyes afirman; que no debe padecer, aunque esté la culpa escrita, el Reo, si no le acusa algún testigo de vista; y uno solo no es bastante, hasta que se justifica con otros, o en el tormento se condena, y fiscaliza. Pero las leyes de honor; ni se alegan, ni autorizan, porque ninguno le tiene, cuando él propio lo imagina. Amor, y honor, igualmente pongo en balanzas distintas. El honor dice, que muera. El amor dice, que viva. La piedad, que la perdone, El rigor, que no permita apelación; y yo fallo por la ley establecida del honor, que debo dar disculpada, o convencida, contra Beatriz infelice sententia difinitiva. mino Esto ha de ser, Gran Señor, la Reina llega. . Ya en ira se enciende el pecho, y se abrasa. Yo haré reventar la mina. Dadme los pies, gran Señor. Aparta fiera enemiga, bibora, que si la planta besas, el árbol marchitas. Bien temí, corazón mío, aquí empiezan mis desdichas! Señor, aquesas razones son de vuestro labio indignas: así pagáis los desvelos que me debéis, cuando fina mi voluntad os aguarda, y os viene a buscar rendida; me apartáis de vuestros brazos, y me negáis las caricias? Qué es esto, esposo, Señor? No prosigas, si prosigas, que tal vez el ruego, y llanto vence en sala de justicia. Señor, el valor importa. Quién ha de haber que resista lágrimas de una mujer, que para hacer batería al fuerte del corazón, (testigos son sus mejillas) están disparando en perlas, municiones cristalinas? El Rey con mi prima airado, fortuna bien acreditas tu mudanza, pues la ostentas también en las Monarquías! Conejo, qué será esto? Yo no lo entiendo, Florilla, pero no es paso de chanza, y así oye, calla, y mira. En confusiones de dudas mi pensamiento vacila, alguna traición sospecho, y a saber quien la conspira. Qué aguardas, que no te vengas? Fedérico, la familia marche delante a la Corte, solo para que me asista quede César con mis guardias, que en lo ameno de esa Quinta quiero quedar con la Reina, por ver si acaso se alivia esta pena que padezcó, ayudándome a sentirla. No prevengan a mi entrada regocijos, ni alegrías: vistan lutos las carrozas, y al eco de las fordinas arrastrando las banderas, vueltas las armas, y picas, mi ejército entre marchando, que en militar diciplina son insignias del que muere, y son del vencido insignias. Y pues ya vencido, y muerto mi honor está, no repitan mis victorias, y trofeos, sino epitafíos que digan en la pira de mi entierro; aquí yace el Rey de Ungría. Señor, de veros tan triste me pesa. No se mitiga lacimente aqueste achaque, que es su cura la sangría. Alejandro, amigo mío, mucho mi afecto os estima, las reclutas que enviasteis nagadas, y prevenidas. Y vos serenad, Señora, esos cielos, ha enemiga! No puedo, que el corazón vuestra pena participa. Alejandro, Federico, Laura, Flora, ea aprisa, marchad todos, y dejadme. Alón que la uba pinta. Que ya he logrado el veneno mis conjeturas afirman. Ya todos obedecemos. . Prevenid la montería para esos montes Carpacios, cuyas encumbradas cimas toda la Ungría atalayan, y la Polonia registran. Porque quiero que Beatriz en la caza divertida acabe con sus pasiones, y yo mejore a su vista. Bien digo, porque en las grutas . de esas sierras fronterizas Leones, osos, y Tigres como bándidos habitan, que solo de matar viven sin temor de quien los mira, Allí págara su culpa, y allí las manos impías pondrán en sus dos luceros ministros de mi justicia, pues sacándole los ojos quedará desposeida de la vista, y la Corona, a ser de fieras arpías alimento su hermosura; y honestando su desdicha, correrá en todo mi Reino, que las garras, y cuchillas de un León, dieron la muerte a Beatriz Reina de Ungría. Vuestro gusto es ley, y en mí es la obediencia precisa. Pues vamos. Vamos, y el Cielo a vuestro lado permita que viva largas edades para que os adore y sirva. Mas si mi vida os disgusta, le pediré que no viva Enigma es el Rey, el tiempo nos declarará el enigma. Ay de ti, que por tus pasos . vas caminando a la pira! En ese altivo monte por donde todó el carro de Faetonte, que ciego despeñado se vio de su soberbia castigado. Empeñado en hacer a un León guerra, que es el Rey coronado de esta sierra, de vista te perdí querida Isbella, y siguiendo mi norte, hallé tu estrella; mas que mucho, si el prado se ha vestido de flores que tu pie le ha florecido. Mucho estimo el favor, y he de pagarte con que tú eres Adonis, y eres Marte; pues galán, y valiente a todas huras, todo a un tiempo lo matas, y enamoras. Lleguemos a esa Quinta en que aparta- aguarda la violeta enamorada, (da, entre las verdes ojas cariñosa a que salga la Reina, que es la rosa; que quiero que a la sombra de sus ramos la fatiga, y cansancio suspendamos, contemplando una fuente que risueña apenas nace cuando se despeña sierpe de plata que por peñas toscas culebreando va formando roseas. Oíras la Filomena, y el Gilguero, ramillete de pluma lisonjero, en los copados sauces a porfía excederse en la métrica armonía; respondiendo a sus voces el pardillo, hijo del campo, y huésped de un tomillo, que en oyendo cantar luego se engolfa por el mar proceloso de la solfa. Allí a la sombra el céfiro halagüeño convida a todos, y les guarda el sueño, tejiendo con susurro los cogollos, jamaza de esmeralda, y de pimpollos. Verás la tortolilla celebrada, arrullar su consorte enamorada; mas si la suerte la dejó viuda, la verás en la peña más desnuda, porque desde el instante que le pierde, no se vuelve a poner en rama verde. Al transmontar el Sol el rubio coche, huyendo de las sombras de la noche, verás poblada toda la campaña de ganado que viene a esa cabaña, donde la oveja el hospedaje admite, y le paga en el néctar que derrite. Luego que haya gozado la frescura de esa florida estancia tu hermosura, pasaremos, Isbella, hasta la aldea, que ese altivo peñasco señorea, antes que corran los celestes velos las sombras a la luz. Valedme Cielos. No prosigas, que un mísero gemid al Cielo clama, y me ha compadecido: Cerca de aquí se oyó, y el triste acento muncia de su dueño el fin violento. Lleguemos a buscarle Isbella mía, que lejos no ha de estar. Virgen María. Esposo mío, aguarda, escucha, espera. Oh dura ley de honor, o ley severa! ya sin ojos está mi amada Esposa, amada dije, de sojada rosa diré mejor, y pues me causa eñojos, paguen los ojos, lo que ven los ojos; pues si ellos en mi hanor fueron culpados, ya mi rigor los deja castigados. Grande crueldad, ha sido la que has hecho. César, no pude más, rompime el pecho. Habiendo, gran Señor, una clausura en que muriera, fue sentencia dura el sacarla los ojos, y dejarla. Si está inocente, Dios puede librarla. Qué hombre se halla con celos, y ofendido que no use del rigor ciego, y corrido? Qué causa pudo dar si es Peregrina? Al Rey ningún vasallo le examina. Vamos a Ungría, y quede sepultado este secreto, a nadie revelado sea jamás, por ley establecida; así lo mando, pena de la vida. Todos diréis que dos leanes fieros sin poder socorrerla los monteros, diero muerte a la Reina entre esas peñas, de quien no habéis hallado nombre, o señas; y vamos, porque ya la sombra llega. Dónde voy, ay de mí, sin guía, y ciega! Ciega, dije muy bien, pero sin guía no, pues llevo el retrato de María. Valedme vos, Aurora Soberana, pues me ha faltado la piedad humana. No sé por donde voy pisando abrojos, tan perdida, que ya perdí los ojos. Mi Esposo me dejó en este desierto, donde es el Mundo golfo, y Vos el puerto. No siento, gran Señora, verle ingrato, olo siento no ver vuestro retrato, orque el miraros era mi desvelo, vien os viera María por consuelo? h, , ̱. Beatriz, Beatriz. ̱. Qué alegría? Esta voz me ha consolado. Quién será quién me ha llamado? ̱. Tu defensora María. A mí tu ruego llegó, y tan agradable ha sido, que a consolarte he venido. ̱. Quién tanto bien mereció, ̱. La vista te volveré, porque tu virtud se crea. ̱. Tota pulcra amica mes, - mácula non estan te. ̱. Vuelve a ver la claridad, dando gracias al Criador. Esclava soy del Señor, haga en mí su voluntad. . Gracias os doy Jesús mío; y a vos las gracias se den, Señora, que viene bien la Aurora con el rocío. ̱. Vencerás las tentaciones, y ciega solicitud del mundo; y a tu virtud se humillarán los leones. Tus compañeros serán desde hoy aquesos dos. Guardas me ponéis mi Dios? Bien se ve que sois galán. Siempre en cualquiera aflicción te vendrán a defender. Quién contra Dios ha de ser? que si es Cordero es León. A Polonia irás, y allí amparo hallarás, y abrigo; no temas a tu enemigo, que Dios volverá por ti. . Ya, Señora, me dejáis? mas no me dejáis a mí, porque desde que nací en mi corazón estáis Demás, de que tengo alhaja en que contemplar, y al verla en ausencia de la perla adorando estoy la caja. Bella Aurora celestial de daros las gracias trato; pues veo vuestro retrato sin la mancha original. No hagáis mal a los felices pasajeros, compañeras: . ya las domésticas fieras humillaron las cervices. Vien os podéis retirar al monte, que quiero hacer oración, eso ha de ser, . obedecer, y callar. Hacia esta parte se oyó aquel mísero gemido, y el dueño no ha parecido. Sin duda que ya murió a manos de alguna fiera de las que este monte cría. Más aguarda Isbella mía, que este Sol no está en su esfera; Quién eres deidad del monte en quien hace maridaje lo hermoso con el ropaje? Eres acaso Faetonte, que de ese azul paralelo cayó ciego, y despeñado? Dime si eres Dios alado; o si eres astro del Cielo? No he visto mujer más bella; de hermosura es un portento, sin duda del Firmamento se ha caído aquesta Estrella, Di, quién eres? . No lo sé. Quién te trajo aquí? Mi suerte. . Y qué buscabas? La muerte; pero la vida encontré. En qué forma? . En tu belleza. Discreta es, sin ceremonia. La Duquesa de Polonia es quien te habla. A vuestra Alteza beso mil veces la mano. El Duque otavio es mi Esposo. Viváis en lazo dichoso. No es aqueste Cielo humano. De dónde eres? . Soy Inglesa. Eres casada? . En Ungría, Tu nombre? . Beatriz. El día se ausenta, Vamos Duquesa. Pues dí, porque te dejó sola, entre fieras, tu esposo? Dios, que es todo poderoso, lo sabe, y no lo sé yo. quieres venirte conmigo, y serás mi camarera, mi amiga, y mi compenera? Si gustas, iré contigo; más perdonarás Señora, esto es forzoso decirte, sino acertare a servirte, que no he servido hasta ahora, Tú en nada puedes errar, pues claro se da a entender, que servir no ha de saber, quien nació para mandar. Ven a mi lado. . Obligada me tienes en sumo grado, más Señora, ha de ir al lado de su dueño la criada? Tú no eres criada mía, sino amiga, y compañera. Vamos, que ya el Duque espera. No he tenido mejor día. Ángelio, yo he de morir, dónde está Beatria? . Señor, ya se ejecutó el rigor; pero si lo has de sentir, y te ha de causar enojos el suceso, no prosigo. Pues qué ha sido Ángelio amigo? Que la sacaron los ojos. Los ojos, quién lo mandó? El Rey tu hermano movido del testimonio fingido, mi ciencia te le inspiró. En fin, por mí su inocencia ha llegado a padecer! Ángelio, yo he de volver a buscarla. . Ten paciencia, que del riesgo prevenido con mi astucia la libré. Con esto le engañaré, de lo cual albricias pido, que aunque la justicia lista quiso ejecutar la pena, la puse en Polonia, buena, yme remito a la vista. No dices que la sacaron los ojos? Fue ficción mía. O lo que puedes aria. Los Ministros la dejaron, pues fingiendo un remolivo, se oscureció el Horizonte, con que no quedó en el Monte hombre humano, el Rey se vino creyendo que ya quedaba sin ojos, y le engañó, que María la dejó tan linda, como se estaba. Podré verla? . Y sin tardar. A Polonia hemos de ir, y en ella entrar, y salir, mas a Beatriz no has de hablar, porque puede conocerte el Duque, que es tu enemigo, y no quiero ser testigo de tu prisión, o tu muerte. Podremos sacarla? . No, que está en Palacio asistida, . amparada, y defendida de quien la vista le dio; s pero podré en breve espacio hacer que el Duque se enoje, y que enojado la arroje, desterrada de Palacio. Mandará echarla a las fieras de una traición inducido, y ella se dará a partido de tu amor, si perseveras; que puestos en la montaña con un hombre una mujer, es lo mismo que poner un roble con una taña. Pues amigo Ángelio vamos a Polonia. . Aquesta rama será el árbol de mi fama. Ya atrás el viento dejamos. En esta estancia florida, en cuya amena floresta el Sol ilumina a rayos las flores que son estrellas. Al pie de esta hermosa fuente que murmurando risueña, hecha fortín de cristales está disparando perlas, todas os podéis sentar, y alguna canción divierta a Beatriz . No hay instrumento. Haciendo lavor cualquiera canta al son de la almoadilla, cuando la mano puntea. Señoras; tantos favores es añadirme más deudas. Todas las tienes pagadas solo con agradecerlas. Por obedecerte quiero cantar una letra nueva. No es poco haber quien escriba en tiempo que no se premia. El Rey de Ungría a su Esposa por una falsa sospecha la dejó sola en un monte al rigor de airadas fieras. . Lloras Beatriz? . Me lástima la desdicha de esta Reina, porque su historia, y la mía - parece que es una mesmás , . Ángelio, ya he visto al Sol, ya doy crédito a tu ciencia; sácala al punto de aquí, que ya de mi amor el etna fuego exhala. . Aquestos pliegos que tu escribiste; y las nemas con el Sello Real sellaste, firmándolos mi cautela con la estampilla del Rey; han de hacer que se revuelva el Palacio, y a Beatriz por traidora, y extranjera desterrará de Polonia el Duque, que en esa pieza treguas da en un blando catro del gobierno a la tarea; y en saliendo de Palacio, clausura de su belleza; la gozarás en el monte. Pondré sobre la cartera , esta carta, porque el Duque l cuando despierte la vea. Y estotras pongo a Beatriz - en los dobles es que muestra gos e - la olanda de su lavor. Prosigue, no te suspendas, y tu procura alentarte, porque para la tristeza la música suele ser antidoto que la templa. Proseguiré pues lo mandas. Obedezco lo que ordenas; procuraré divertirme. Ya está lograda la empresa. Ven, que ya despierta el Duque. Adiós bellísima estrella, que voy al monte a esperarte, mira que mi amor te espera . La Reina no ha parecido, toda Ungría se lamenta, que tal vez un sentimiento le suele hacer una peña. Qué lástima? . Qué desdicha? i. Cerrad todas esas puertas, no salga nadie, que quiero saber, que traidor intenta quitarme la vida. . A ti la vida? Si amada Isbella. Oye este pliego, Señor en Palacio hay quien pretenda matarte, y en unas cartas que tiene el que lo desea, verás su aleve delito, y la verdad manifiesa. Hay mayor traición! Ay caso más grave! Hay mayor cautela! Pues Duque, examina a todos, no haya en persona reserva, y el que tuviere la culpa, pague al instante la pena. Sola Beatriz se reserve. Antes, Señor, la primera quiero ser, porque de todas ninguna después se ofenda. Bien sabes que yo no tengo a donde esconderte pueda tales cartas, pues yo sola soy la caja de mis prendas, y esta lavor, que desprendo. Mas que es esto, yo estoy muerta , Beatriz, que pliegos son estos? . Yo los veré escucha atenta. Habiendo, sabido la introdución que V. Si tiene con el Duque de Polonia, le suplico disponga luego su muerte, y con- seguida, satisfaré con honores tan valero- sa acción. . Beatriz, pues así nos pagas el hospedaje? suspensa te has quedado, no respondes? La culpa ataja a la lengua. Oye estotra que así dice, y presumo que es respuesta. Quedo obligada a obedecer la orden de ViMila cual pondré en ejecución con un veneno, o fiándolo de quien mate al Duque . Advenidiza, traidora, que hallada entre duras peñas recibiste de mi mano las piedades, que ahora afrentas; así pagas beneficios? así satisfaces deudas? pero al fin eres mujer, pues pagas de esta manera, No quiero corporalmente castigarte, que es vileza, siño al punto desterrarte de mi Reino, porque veas que obro yo como quien soy, si obraste, como quien eras. Hola. 2. Señor, que nos mandas? A esas intrincadas sierras llevad luego a esa traidora. Duque, no sé si lo aciertas: mejor es examinarla, y convencida, que sepas si hay en la traición culpados, pues dice en su carta misma, que se fiará de otro que te mate. . Es cosa cierta, . y así hasta que lo avengue, en Palacio, quede presa. Llevadla luego a la Torre del Omenaje, ponedla con prisiones como reo, y con pesadas cadenas, advirtiendo, que si falta de ella me habéis de dar cuenta, Señor, a tus pies rendida, como las aves que llegan a valerse de la nave huyendo de la tormenta llego, ampárame piadosa, y válgame la ley misma del reo, pues queda libre cuando al suplicio le llevan, si encuentra, por su ventura al que le dio la sentencia. Contra quién mueves la espada? Contra mí, no consideras, que amparar a las mujeres es obligación, y deuda de los hombres, pues sois hijos de nuestras entranas mismas? Cuando le arman Caballero a un noble, sobre las letras sagradas, jura ampararlas, y proresta defenderlas; pues como tú; gran Señor, este privilegio niegas, y le rompes enojado, cuando los demás le observan? Qué dirá de ti la fama? no faltes a tu grandeza, que está demás el cuchillo en la flaca resistencia. Mayor triunfo es el perdón que el castigo, Dios lo enseña, pues siempre está perdonando al hombre, haciéndole ofensas. Indicios no son vastantes a torcer la vara excelsa de la justicia, que a un tiempo ha de estar piadosa, y recta. Por unas cartas que hallaste en mi lavor me condenas, sin saber cual fue la mano que allí las puso, cautela no pudo ser de la envidia? Clara esta la consecuencia, en que a ser yo la culpada las ocultaras, y pusiera temerosa del castigo, en parte que no las vieras. Cuantos delitos se han hecho que ha pagado la inocencia? Y cuantos no se castigan que se callán, y se honestan? También, Señor, una casa sin tener fuego se quema, porque mal intencionados introducen las pavesas. Clausuras tiene Polonia a donde puede tu Alteza mandar que acabe mi vida. Sea mi cárcel la Celda, que también tienen los Templos. prisiones, solo te ruega mi llanto, que no me afrentes públicamente, y que adviertas, quie soy noble, y a tus plantas por mujer mi afecto espera que se minore tu enojo, si no alcanzo la clemencia. Aún que obligan tus palabras a piedad, es la sospecha la que predomina, viendo en las cartas la evidencia de tu culpa, asegurar mi vida me tocas, y esta corre riesgo si tú vives, que es la mujer como flecha, o como piedra, que sale disparada, y el volverla es difícil, porque al arco no hay modo para que vuelva, ni la piedra, porque nunca vuelve a la mano la piedra, que se pierde en lo que corre, como la flecha que vuela. Mujer que se determina a una traición, o bajeza, menos tiempo que en pensarla, gasta luego en cometerla; y así no he de perdonarte. Pues a vos apelo Reina de los Ángeles, Señora vuestro favor me defienda. . Un peregrino, Señor, divertido en la grandeza de tu Palacio, se ha entrado en la antecámara misma, y está viendo las pinturas; pero en rostro, y en presencia me parece cortesano, de otra patria, y de otra esfera. Dejad que entre. . Peregrino, el Duque os llama. Ya entra. . Custodio soy de Beatriz, y para que resplandezca su virtud, tomando forma corporal que la defienda permite Dios, y la libre de aquella borrada estrella. Gloria a Dios en las alturas, y paz al hombre en la tierra. Qué es lo que buscas? Qué quieres peregrino? Cómo entras sin llamar? Cualquiera Palacio tiene las puertas abiertas, y como a los Peregrinos en ninguno se las cierran, imaginé que en el tuyo no había menester licencia. Entendido me pareces. Lo que sé aprendí en la escuela que tuve, porque el Maestro que me enseñó, es todo ciencia. De dónde eres? . Soy de altura, porque fui criado en ella. Dime, en qué Provincia estás? En el Cielo de Valencia, y serví al Señor de Celí, que Celí en latina lengua es Cielo. . Quién fue tu Madre? Hasta ahora no sé quién sea. Cómo te llamas? . Custodio. Y qué quieres? . Los que llegan peregrinando, en los Pueblos solicitan ver grandezas, para llevar que contar, a sus patrias cuando vuelvan. Pues de todo mi Palacio registra todas las piezas, y de pinturas, estatuas, espejos, Relojes, piedras, curiosidades que adornan mi Camarín, sin reserva toma cuanto tu gustares, pero no me lo agradezcas, porque el agradecimiento es paga, y el dar no es deuda. Yo lo estimo, pero solo la curiosidad me lleva. Quisiera saber que causa, como si no la supiera, u os ha dado esta mujer para enojaros con ella, pues cuando llegue, la vi llorando a vuestros pies puesta. Haber querido quitarme ella la vida. . No creas una falsedad tan grande. Quién la acusa, y quién lo prueba? Estas cartas, y estas firmas. No pueden ser contraechas? Si pueden, mas no hay testigos que lo que dicen desmientan, Desuerte, que la mentira quieres que crédito tenga? Y ha menester la verdad testigos para creerla? Yo no argumento contigo, y aunque excusar me pudiera de aquesta satisfacción, te la he de dar, porque veas en ella tu desengaño, y su culpa manifiesta. . El sobreescrito a quien dice de este pliego? . A Bearriz. Lea, tu curiosidad ahora, toda esa carta a la letra. En blanco está el pliego, mira si con justicia sentencias. Sin duda que le he trocado. Haber peregrino, muestra? , . Mas él sobre escrito tiene, y aquesta es la misma nema. Pues como está en blanco, que se hicieron las líneas negras? Veamos este que escribe . al Rey de Ungría en respuesta, donde le ofrece matarme. Mas confusiones me cercan! . También está en blanco. . Dime, no son estas cartas mismas los testigos que acusaron a esta mujer? . Quién lo niega. Luego si aquestos testigos depusieron contra ella, y en la retificación se retratan, libre queda, porque para castigarla la ley, ya perdió la fuerza. Joben, qué prodigio es este? Usar Dios de su clemencia, y no permitir piadoso que aquesta mujer padezca. Este es milagro, no quiero enojar a Dios Isbella. Que me perdones te pido Bearriz. . Y yo en recompensa de esta ofensa, quiero honrarte, volviendo a ser Camarera de Isbella, y porque conozcas lo que te estimo, la prenda que más quiero, es Don Fernando mi hijo, cuya edad tierna no pasa de cuatro años. Desde hoy mi amor te le entrega para que seas su Aya, El mundo es todo cautelas, y estimando las mercedes, que me haces sin merecerlas, si yo hubiera de elegir solo un Convento eligiera. En cualquier estado puede servir a Dios, la que es buena: y pues te tiene aquí ahora, podrá ser que te convenga. No has de salir de Palacio. Siempre estaré a tu obediencia; Y tu Peregrino amigo, si quieres de la tarea del camino descansar algunos días, no tengas cortedad: en mi Palacio haré que se te prevenga cuarto, como tu mereces. Agradezco la fineza, pero no puedo faltar al cuidado, y asistencia de una persona, que tengo a mi cargo. . Pues traerla no puedes a mi Palacio? La orden, que tengo; es con ella ir a todas cuantas partes fuere, y en cualquier materia aconsejarla, y seguirla, de suerte que no se pierda: porque quien me la entregó, me ha de pedir de ella cuenta. Pero como el albedrío es libre, ella se gobierna, que a poden yo, le mandara; y a veces le corrigiera. Pues si hubieres menester mi favor, o mi asistencia, (tanto afecto te he cobrado) siempre me hallarás: Isbella trae de la mano a Beatriz, que honrarla debes atenta por forastera, y mujer, por virtuosa, y honesta. Dios te guarde peregrino. Hermoso mancebo, de esta ventura te doy las gracias. Suplícote que me veas antes que te ausentes. Siempre voy contigo, aunque te ausentas.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA En fin, Señor, que mi prima murió? Su infeliz tragedia ha de costarme la vida. Dios en el Cielo la tenga. Así las vea yo a todas. Y a mí tambié? . La primera, que no tiene mejor día un hombre, que cuando entierra a su mujer, o a su dama. No hayas miedo que te veas en ese gozo conmigo. Oyes, ese mal me venga. El Reino, Señor, discurre de aquesta muerte violenta, que procedió de otra causa, porque dejar a una Reina en un Monte sola, a ser despojo de airadas fieras, habiendo tantos Monteros, que pudiesen defenderla, da a entender, que fue orden tuya: esto dice la sospecha, y que pudo tener parte de algún traidor la cautela. Y yo, que de sus virtudes fui testigo, en su defensa perderé, la vida es poco, cuanto hay que perder, perdiera. No tuve la culpa yo, si no su fortuna adversa, que las mujeres a veces, por su gusto se despeñan. Soltole a un ligero bruto (su deseo fuella rienda, con que vino a dar en manos de un León, que haciendo presas, apagó sus bellas luces, dejándome a mí en tinieblas. Mas hablemos de otra cosa: que me aflige, y atormenta su memoria: Federico dónde está? Esta tarde misma se fue a caza con Ángelio, o a pescar, que es linda pesca. Sin avisarme, sabiendo, lo que me cuesta su ausencia? Diviértete, gran Señor. Tú dices que me divierta? Laura, jamás un disgusto le dio al pensamiento treguas; y no las pueden tener la alegría, y la tristeza. Yo he de ver si al Rey le puedo divertir, vaya de atenga. Señor, muchos pretendientes aguardan que des audiencia, y algunos, como yo; saben las sabandijas que entierra Palacio, y que yo también entro en el número de ellas: me han dado estos memoriales, porque contigo interreda (. Lee algunos. . Celio dice, . que perdió un ojo en la guerra, y le di un ojo de puente. Ojo de puente? Se entienda; que el ojo que digo, fue, de puente de una viguela. Donaire has tenido, toma aqueste diamante. . Venga, que aunque es piedra; en este tiempo valen dinero las piedras. Conejo, busca al instante a Federico, y no vuelvas a mis ojos sin traerle. Sin duda, que me destierras, porque traerle no es fácil, sino que le traiga a cuestas. . El español. Alejandro está aguardando licencia. Decid que entre, a qué vendrá? La piedad hable en mi lengua. . Valeroso Ladislao Rey de Ungría, en quien ostenta Marte su valor; pues rindes con tu brazo las opuestas Provincias, que de la Ungría vienen a ser las cadenas. Tu Reino de ti murmura por la muerte de la Reina, y da a entender, que tirano, siendo virtuosa, y honesta, sin razón la diste muerte, atrocidad, que me fuerza, a que culpes tus acciones dé parte de Inglaterra; que el escudo de mis armas orlan las rosas Inglesas. Qué causa pudo obligarte, para que inocente muera, como sencilla paloma, aquella tórtola tierna? Y si no fuiste culpado. en su infelice trajedia, como la perdida olvidas, y no castigas la ofensa, en Monteros que dejaron a su Reina entre las fieras? Si algún traidor cauteloso dejó su traición impresa en tu oído, y tu enojado con la información siniestra, sentenciaste, su hermosura fue injusticia manifiesta. Y para que sepa el Mundo, que poner en su belleza dolo, o mancha, fue ponerle en lo claro de una estrella. Hablando con el decoro, que a tu Majestad excelsa debo, reto, y desafío a cuantos cómplices sean en la muerte de Beatriz, de Inglaterra heredera, y digna Reina de Ungría; y este cartel de mi letra, escrito, y fijado ahora con mi puñal en la puerta de tu Antecamara: diga, que Alejandro lo sustenta. . Hay mayor atrevimiento! Salid luego de mis tierras: el cartelles contra mí; pues fui el agresor, y pena de la vida, sinmañana no hubieres salido de ellas. A los cantones de Faldes iré a esperar la respuesta; y si no sale ninguno dentro del plazo que muestra el cartel, habré cumplido como Español; y a Bruselas partiré, donde me aguardan las Espáñolas banderas. Vamos Laura, que los hados contra mis rigores flechan. El Cielo te dé consuelo, e y alivio a tanta tristeza. Cómo a mis penas Ángelio de esta suerte las engañas? Este es el poder que tienes? De que te sirve la Magia, que afirmas por verdadera, cuando conozco que es falsa? Si me ofreciste a Beatriz, como mi amor no la halla en todo el Monte? Cansado estoy ya de estas palabras. Si supieras Federico la ocasión, no me culparas. Pues dila, que ya te escucho. Sabrás, que fueron las cartas las que más la acreditaron con el Duque, que una sabia mujer, que es muy poderosa, la defendió, y hoy la ampara. Habló un mancebo por ella, de Gerarquía muy alta, hermoso, y sabio, de suerte, que el Duque con tener tanta razón, a su parecer, la perdonó, y aún no para en esto, porque le ha dado más honores en su casa; pues de su hijo Don Fernando, tierno infante, la hizo Hya, y también de la Duquesa Camarera, mas no bastan aquestos inconvenientes a frustrar mi ciencia sabia. Tendrás ánimo, y valor, para emprender la más ardua acción que inventó la ira? Con esa deuda me agravias, qué hombre enamorado teme los riesgos, ni los repara? Pues volvamos al Palacio del Duque, que aunque cerradas a todos se están sus puertas, para ti he de franquearlas, y en el silencio confuso. Llevas puñal? De mis armas estoy prevenido siempre. Bien está, me das palabra de hacer lo que te dijere? . Si doy. Pues sígueme, y calla, que has de gozar a Beatriz, Príncipe, si me costara hacer de estrellas carbones, y espíritus de las aguas. Como sea Beatriz mía, a tu gusto ordena, y manda. Yo te pondré en un instante con Beatriz. Espera, aguarda, no es este el Palacio, Ángelio, del Duque? . Sí. Pues con tanta presteza habemos llegado? En darte gusto no tarda mi diligencia. Las puertas miro, pero están cerradas. Para que logres tu intento, mi ciencia hará que se abran. Ya lo están, qué es lo que ordenas? Que se des de puñaladas a ese infante. . A un inocente? En su inocencia reparas Federico? No me atrevo. Tu faltas a tu palabra? No puedo faltar a ella, aunque es rigor. Entra, y mata, que más importa tu gusto: con esto rindo más almas Ya desde aquí miro el hecho a donde duerme, y descansa el tierno infante, que espera la muerte; aquí se retratan en este acaso los riesgos que tiene la vida humana. A estotro lado, Beatriz, parecen las almohadas, la más bella de las flores, rosa, que en selva descansa. Durmiendo está, quien ha visto que el lucero, pena extraña! apague sus bellas luces, y que no despierte el Alba? La calentura de amor por mis venas se dilata; y de Beatriz en la nieve, no puedo templar mis ansias. Sierra Morena es su pelo, su frente sierra nevada, y de estás sierras sus mñas son dos hermosas serranas. Línea de cristal divide el margen de sus pestañas, que riñen por sus mejillas las rosas, rojas, y blancas. Concha es dé perlas su boca, y bien lo acredita el nacar de los labios, que las perlas siempre en las conchas se cuajan. De cristal es la columna: amor me valga, y te valga, que yo me ahogo, y tú estás con la nieve a la garganta. Él se abrasa; ahora es tiempo, . qué haces, que no le matas? mira que el tiempo se pierde, y que tu dicha se atrasa. Pues muera: ya le maté; que quieres ahora que haga? Que en la mano de Beatriz niño. pongas el puñal. . Repara, que es culparla en el delito? Pues de qué sirve mi Magia, si reconocido el riesgo, del riesgo no le restaura? Yo que el veneno te doy, también te doy la triaca. Esto importa. Pues si importa, pongó el puñal, que fue parca e el del infante tierno, en mano puñal de la inocente culpada. . Sígueme ahora. . Ya te sigo. Traición traición en la cuadra. De Don Fernando mi hijo voces danscriados, de tanta familla nadie responde? Salid todos. Quién profana mi Palacio? Quién inquieta mi sosiego? Desmayada, con un puñal en la mano Beatriz está, que más clara evidencia, qué quería matarme? Traidora falsa, , más ay de mí! que con sangre . está el acero, y manchada la colcha de mi Fernando que tiene sobre la cama. Quién da voces? , . Tu desito? Tu aleve culpa, tu infamia: Muerto está Fernando, Cielos, Hay hijo de mis entrañas! . espejo en que yo me he visto: quién te quebró flor temprana? si eras nevado jazmín, cómo estás vertiendo nacar? Qué es esto, que me sucede? Virgen valedme, quien causa estos asombros, quien puso en mi mano esta hoja airada? Señora, mira. Quita aleve; pues con cautelosas trazas darme la muerte querías, diligencias fueron vanas las tuyas, mas con la muerte de Fernando, a mí me matas. Señora. . Qué me hables fiera? que del coracón me arrancas la metad del corazón. Muera esta tirana. llevadla luego al suplicio, y pague en pública plaza su delito aleve, llore Polonia aquesta desgracia, y muera yo al sentimiento; pues mi consuelo me falta. Haced lo que os he mandado. Ahora es tiempo, Virgen Sacra; que estoy inocente mira. Pues tu inocencia te valga. A qué aguardáis? 1. Qué desdicha! 2. Vamos, que el Duque lo manda, y es preciso obedecerle. . No haréis, porque Dios la guarda. Ven Beatriz. Qué es esto Cielos? Ciega quedé a luces tantas. Quién fue el celeste neblí, que se ha llevado la garza? e . Dónde está Beatriz, a donde se fue, que no está culpada; que antes por su intercesión hoy María me restaura de los brazos de la muerte, a la vida. . Demos gracias a Dios por tan gran prodigio. Pues quién te mató? La saña de una fiera, que persigue a Beatriz, como a las almas. Perdón debemos pedirla, si es que nuestra dicha alcanza que la volvamos a ver. En todos mis Reinos se hagan fiestas a la Virgen Pura, y a Beatriz se busque en cuantas Ciudades, y Villas tiene la Polonia en su comarca: y si fuere tan dichoso, que consiguiere el hallarla, una, y mil veces ofrezco humilde besar su planta, pidiendo que me perdone, si a un agravio un perdón basta. Hijo Fernando, qué te vio? Si madre, que a veces guarda Dios una vida, porque sirva de ejemplar a tantas, y se desengañen, viendo, que hasta los ojos le engañan. Ya soy feliz, pues Fernando vive: Isbella ven, qué aguardas? Aquí ha de venir Ángelio? Sin que haya en mi ciencia falta la verás. Ya desconfío, porque parece que tarda. Al que espera, los instantes se le hacen edades largas: Conejo viene a buscarte; y ya llega, aquí me aguarda, que quiero desde estos riscos, que son del monte atalayas, registrar, si Bearriz viene, por tenerla retirada, a donde no pueda verla Conejo, que es cosa clara, que en llegando a ser criados, ninguno secreto guarda. . Dices bien, aquí te espero. Señor, por donde anda un amo que Dios me dio, y le llevó el Diablo a caza? A qué caza le llevó? De gorronas que son gangas: el Rey me envía a buscarte, y mandó, que no me vaya sin verte, La obediencia es precisa a los Monarcas, y han de unirse los afectos a todo cuanto el Rey manda. Aquí has de vivir Beatriz al pie de esta altiva palma, cuyo fruto se reserva para tu sustento, grata humillará hasta la tierra sus pimpollos de esmeralda, para que cogas el fruto a tus horas señaladas. Solo con tu vendición, y en cogiendo la bianda, volverá a elevarse fértil, sin que su corteza haga sentimiento al humillarse, ni al elevarse sus ramas. Gracias doy a mi Criador, y a vos Señora. . Tu estancia ha de ser aquesa cueva, De mano de Dios, Alcázar puede llamarse. . En su centro hallarás la mejor galá que es un tosco sayal pobre, y la pobreza se enlaza con lavirtud, que se adorna siempre de la gala llana No temas del enemido las cautelas, ni asechanzas, porque es Dios quien te defiende, y María quien te ampara. . Al Trono de Quérubines voló por la región vaga, paraninfo Celestial, ya con las eternas alas. Beatriz no ha muerto? No ha muerto Conejo, y de dudas tantas presto saldrás: ya la he visto. Qué miro, Santa Susana? Señor, mira, que el Demonio de Ángelio es el que te engaña, y anda, en fin, en la tramoya. Oye, disimula; y calla. ingrata, tu resistencia es débil a mi constancia, estando ya en mi poder. Federico, tente, aguarda. . Ahora creo que es Beatriz. Eso es abibar las brasas al incendio de mi amor. Virgen, volved por mi causa, fieras del monte valedme. Qué es esto? . Que Beatriz lla- y como es Reina, han salido (ma, dos Soldados de la Guardía. Feroz bruto, a tu soberbia le pondrá temor mi espada. Señora, por Dios te pido, que me libres de las garras de estos Leones, o diablos, que tienen las uñas largas. Fieras, no les hagáis mal; venid conmigo. , Ya marchan, hasta en aquesto son fieras, porque obedecen, y callan. Lograste ya tu deseo? Qué deseo, que si abanzan los Leones, nos vendieran al bodegón por tajadas. Absorto he quedado Ángelio, y un nuevo accidente agrava mi vida: vamos a Ungría. No la sigues? . Usted rabia? que llama seguir? que tiene consigo dos camaradas de los del duelo en la uña, que al más amigo la clavan. Yo no he podido hacer más, que traértela, y dejarla contigo a solas, si tú perdiste la ocasión, clara consecuencia, es, que he cumplido contigo, y con la palabra que te di. Premiar te especo. Intereses no son paga para mí: yo soy tu amigo, tan fino, que si la parca cortara el hilo a tu vida, por más fineza estimara, que dejaras a mi cargo con el testamento el alma, para que yo conociera, que hacías de mi confianza. No se alivia este accidente, que antes más se aumenta: vamos a Ungría, que juzgo que la muerte me amenaza. Vamos: ya para ser mío Federico, poco falta , La muerte dijo, aquí llamó? . cuando yo salí, quedaba picada ya de contagio la Corte: pues ellos vayan norabuena, que más quiero quedarme yo enoramala. Mas digo, para comer que hemos de hacer camarada Conejo? salir a hurtar, que el que no hurta, no pasa. Pero no es mejor ser Santo, y por aquesas cabañas, a fuer de la mosca muerta, andar haciendo la gata? Sí, claro está, pues con eso llenaré muy bien la panza, que hay cochífrito en caldera, y luego leche colada. Mas qué miro! Detilitos la boca se me hace agua. Señora palma, si gusta deme para una preñada unos pocos de racimos. Tronco fértil, la bianda te pido, en nombre de Dios, que ya mi aliento desmaya Santo soy; sin duda alguna p. esta palma está borracha, no la ven que está hecha, un arco? No hables lo verá, apartas. Señora, no te había visto; con dátiles me regala la palma; porque soy Santio: envístoles? . No reparas, que son para mi sustento? Ahora no reparo en nada, que entre dos que bien se quieren, el uno que coma basta: , - más otra vez los Leones salieron; señora, mana - que no me maten . Teneos. . Jesús qué caras, que garras, miren que manos aquellas, para hacer medias de gasa. Conejo, de aqueste fruto Dios que me sustente manda. Y en acabándose, puedes comerte luego las ramas. Con el rocío del Cielo se aumenta el fruto, y no falta, que antes crece cada instante. Por eso es grande la planta, Pero de ella el sustento que me envías, Soberana Bondad, recibo, Señor, aunque es la criatura ingrata, por todo, en nombre de todos de rodillas os doy gracias. - Coge Beatriz el fruto, , . y el Mundo advierta, que la humildad se iguala con la grandeza. otra vez la palma vuelve . a subir como se estaba. sin quebrantarse las conchas, que fue tortuga, y no es rana. No me estorbes, vete a Ungría. Yo a Ungría, señora? guarda que tiene peste, y la peste se pega más que la sarna. Quién te lo ha dicho? Al salir de la Corte, ya picaba, en el camino un correo, que a Polonia lleva cartas, me dijo, que ya los cuerpos los llevan a carretadas; y que han muerto hasta los gatos, pero toda via hay casta. Mira, señora mejor es, que entre estas peñas altas fabriquemos una Hermita, y en estando fabricada, fuera de pulla, los dos hagamos la vida santa. Hora es de hacer oración; retírate, y no te vayas a Ungria, si hay ese riesgo, y vuelve luego a esta estancia. Pues pídele a Dios que le aplaque su ira. . De buena gana. Pues en tanto que tu rezas, me voy a aquella cabaña, porque al fin allí se come, pero ninguno se rasca. Salve Reina de los Cielos, en cuyas puras Entrañas, para redimir a el hombre tomó el Verbo Carne humana. Limpia, y pura más que el Sol, porque en Vos no cupo mancha; Huerto cerrado de Cristo, Fuente de Divina Gracia, Rosa Mística, Azucena, oliva, Cipres, y Palma, Torre, Templo, Puerta, Pozo, Estrella, Sagrario, Arca. Pues sois el Arco de Paz, que serenidad señala, pedid a Dios que su ira aplaque, no mueran tantas personas sin Sacramentos: dad consuelo a tantas almas, no padezca más Ungría: Ea, Señora, Abogada de todos los pecadores; yo os invoco, Ungría clama, pase la infeliz tormenta, llegue por Vos la bonanza. Bearriz, tu ruego piadoso . oyó María, y fue tanta su intercesión con su Hijo, que piadoso la ira aplaca del brazo de su justicia, con que a Ungría castigaba, no reservando el contagio, ni a la niñez, ni a la infancia. María tu defensora; desde el Celestial Alcajar, aquestas hierbas te estibia, para que con ellas vayas a Unoria, y con el licor que sacares de ellas, manda que cures a los enfermos, exhortando tus palabras a todos a penitencia pública, antes que hagas lascura, que así conviene, porque quede declarada tu inociencia; y en el Nombre, de Dios, y la Soberana María, por tu virtud sanarán, si están en gracia. Pero aquel que en su conciencia deje de pecado mancha. morirá a el punto; no temas que te conozcan, pues tantas mércedes te hace, y te ha hecho Dios, que es causa de las causas, que te ha mudado del rostro las facciones: en la cama hallarás a Federico, asistiéndole la falsa cautela de Ángelio, fiero monstruo, que sus asechanzas no han de conseguir el triunfo que aunque es la criatura ingrata, mucho más que las ofensas, siente Dios perder un alma. Deja el desierto, y camina, pon en Dios tus esperanzas, y queda en paz, mientras rompo del aire la región vaga. . Ya, Señor, a obedeceros - voy gustosa - Entre estas matas , , la dejó: pero aquí está y . la Aurora, no sino el Alba, no dije bien, el Lucero, que es del Sol paje de acha. Conejo, qué es eso? Escucha: traían una baraja dos fulieros peregrinos; brindaronmo a que jugara a las pintas, y en el juego les pegué con la trocada, y les gané los vestidos, esclavinas, y sotanas, que traigo a cuestas, con que en conelusiones de cartas, vengo a ser el sustentante aunque traigo calabazas. Deja locuras, a Ungría voy, porque Dios me lo manda. Tienes acaso otros ojos guardados en alguna arca? no ves que el Rey se ha hecho cuer- quién te mete a ti en ser graja? (bo, No ha de conocerme nadie. Cómo no? mas oye, aguarda, que se te ha mudado el rostro: solamente por la habla te conozco; mas no es nuevo, que en los tiempos que se alcanza, no hay mujer, si bien se mira, que no tenga muchas caras. A Ungria deja desierta el contagio, y si me ampara Dios, con estas hierbas solas has de ver que muchos fanan. Pues Avicena, y Galeno si pica, y corre la caña, y aún el Protomedicato se han de quedar de la hagarla. Vamos a buscar dos mulas, aunque sean alquiladas, y las gualdrapas podemos hacer de aquestas alhajas. A pie tengo de ir. . A pie? y si llegas despeada? Domésticos brutos míos, Dios nos divide, y aparta, y aunque siento vuestra ausencia, primero es Dios que lo manda. Señor, pues vos lo mandáis, y a vos, en vos confiada, a Ungría, y en Cielo, y tierra vuestra voluntad se haga. De Federico el achaque me da gran cuidado, Laura, porque como a toda Ungría esta epidemia le agrava tanto, que deja desiertas las casas la fiera parca, y Federico está herido del contagio, y no se halla para aplacarle remedio, que antes más incendio causa ni aprovechan, que desdicha! medicinas, donde hay tantas: y últimamente sabiendo que él ha de heredar la Sacra Corona, que adorna, y ciñe mi frenten de su desgracia estoy más que receloso. Y su achaque siente el alma, como es justo; más Señor, Médicos de partes varias dicen que vienen a Ungría, porque el interés arrastra, y que han hecho grandes curas en todas esas comarcas; manda que traipan algunos, que extranjeros siempre alcanzan más ciencia, por más sutiles que los de la misma patria. Muy bien dices, Laura hermosa, las diligencias se hagan. Parte Lidoro al momento, y cuantos Médicos haya extranjeros en mi Reino traedme luego. . Lo que mandas haré con todo cuidado. Y yo con la vigilancia que debo, conduciré los más doctos a tus plantas. . Del Cielo venga el remedio. A solas contigo Laura, quiero consultar mis penas, pues que al fin penas que matan le miñoran, o se alivian, y parece que descansa el enfermo, aquel instante que dura el comunicarlas. Ya sabes como Beatriz murió, notable desgracia! a manos de aquel León, fiero Rey de la montaña, el día que por mis males salimos los dos a caza. Ungría sintió su muerte, vistiose de luto el Alba, el Sol eclipsó sus luces, la Luna entre sombras pardas escondió como farol la luz que al mundo alumbraba, Todo fue funesto asombro, y todo, el Cielo me valga! fue para mi desconsuelo, que no olvida quien bien ama. Dividiose el Reino en lenguas, entró en los nobles la cauta censura, y el más atento culpó mi descuido, tanta es del mundo la malicia, que no respeta la Sacra Corona, pues atrevida no reserva la Tiara. El Español Alejandro también fijó en mi antesala un cártel de desafío atrevido, qué arrogancia! De esterrele de mi Corte, pasó a Flandes, y a Bretaña, dio noticia a Inglaterra, donde casó con Madama Flor, hija del Mariscal de Escocia, estirpe Estuarda, que con las rosas Inglesas, como se encubra, se enlaza. El Marte Inglés ofendido manifestó que fui causa de la muerte de la Reina, y previniendo sus armas, con treinta casas de pino al mar le bruma la espalda. Viene por su Goneral de esta poderosa armada, el Español, nuevo Marte, Y yo viendo aniquiladas las fuerzas de toda Ungría, tengo hecha nueva alianza con el Polaco, que atento ya con su ejército marcha hasta mi Corte, por esos Carpacios, que son la raya de mi Reino, y de su estado. El Inglés con sus escuadras viene talando las mieses, y desenfrenando las plantas. No le he salido al encuentro, porque la gente me falta, que en el general contagio han muerto todas mis guardas, y estoy temiendo que entre por mi Palacio, sin que haya soldado que se le oponga, ni paso que al paso salga, porque el Aleman invicto los ha llamado a la Alsacia. Mi Reyno está en grande aprieto. Señor, la fortuna es varia, porque a veces de los triunfos al que menos, les ahorada. Qué importa que esté tu Reino sin fuerza? sal a campaña, que el valor, y la nobleza no repara en las ventajas. Y cuando faltaren hombres, mi valor acaudillara ejércitos de Amazonas, que defendieran bizarras a Ungría; no hubo mujeres a quien refiere la fama, que conquistaron Ciudades, y que vencieron batallas? Pantasilea, y Cenovia, Semíramis, y Cleopatra no vencieron? no triunfaron en las eda des pasadas? Pues porque no hará una Inglesa, no lo que hicieron las Romanas. Malaya la ley infame que nos condenó tirana al afán de la almoadilla, privándonos letras, y armas! poco sabias, y cobardes, y aún traidoras fueron, tantas pasaron por la ignominia, y no tomaron venganza. Dame licencia, si gustas; que yo a la campaña salga; y verás que con las obras acrédito las palabras. Qué dices Laura, qué es esto? como ciega, y arrojada tales razones pronuncias, que ofendes la soberana Majestad de mi grandeza? Tú piensas que me acobarda el Inglés, ni todo el mundo? que si lo piensas, te engañas. Si te comuniqué el riesgo, prudencia fue, no inconstancia, que no es prudente el que solo con su capricho se casa. . Mas qué es esto? 2. Gran. Señor, al son de tropas, y cajas el Inglés se acerca, a tiempo que ya llega a las murallas el Polaco. Un Peregrino para entrar licencia aguarda, que ha hecho notables curas. Entre, y vos César en arma poned la gente, que quiero salir desnuda la espada a defender mis vasallos, y a ver al Inglés la cara. Ya obedezco, entrad amigo. Dios sea en aquesta casa. Conejo, qué traje es ese? El traje de la gandaya, y de la brivonería; que se come, y no se gasta. De qué romería vienes? Sabiendo, Señor, que estaba su Alteza enfermo, en el traje que ves, di la vuelta a Italia buscando un Médico bueno, que no es bueno el que no sana. Y al fin, encontré con uno que a todos cura por gracia de Dios, con solo una; hierbas; pero trae dos camaradas por platicantes, que tienen en los dedos las navajas, y algo tienen de barberos, porque al que cogen, lo sajan. Entre, y corran la cortina de ese retrete en que aguarda Federico ya la hora postrera. Ya está en la sala la Perla de Inglaterra; miren allí que arracadas. No temas Bearriz, que yo te asisto, y la Soberana María quiere que el mundo sepa, que tú has sido casta, y virtuosa. . En su amparo vivo siempre con fiada. Tu semblante, Peregrino, tiene dominio en el alma; bien tu virtud se conoce. Eres el Médico? Habla. No hay más Médico que Dios. Por su bondad soberana el licor de aquestas hierbas es la divina triaca con que cura los enfermos. Quiera Dios aprovecharla en la salud de mi hermano. Federico. Quién me llama. Infierno, esta es mi enemiga, y su Custodio la guarda, porque se aumenten mis penas, rodeando a incendios mis llamas. Este Peregrino viene a darte salud. . Qué aguardas? Absorta estoy. . Yo confusa. Conejo qué es esto? . Calla y escuchen todos atentos, s, que ahora verán en que para. Viva Inglaterra, viva. Viva Polonia. Quién causa este alboroto? El Polaco, que de Palacio en la plaza no permite que Alejandro entre a darte la embajada, y ofendiendo el Real decoro llegan los dos. En mi espada hoy hallarás tu castigo. Mi brazó es rayo con alma. Repórtese vuestra Alteza. Alejandro; a vos os valga el fuero de Embajador, que por esa circunstancia tanto osado atrevimiento no castigo, que mi guarda a mandarlo yo, pusiera vuestra cabeza a mis plantas. No fuera fácil, que pesa mucho la sangre de España. A qué venís? . Brevemente. lo diré, que con las armas en mano los Españoles gastamos pocas palabras. Énrico de Inglaterra, de la muerte de la Infanta Reina de Ungría, te pide satisfacción, y a tomarla he venido yo en su nombre. Y yo a mediar el que haya guerra entre las dos Coronas. El diablo anda, en cantillana. Si un forastero merece por ser de ilustre prosapia, que le escuchéis dos razones, puede ser que ajuste tantas disensiones. . De qué suerte? Escuchad: allá en mi Patria. la verdad de este suceso se sabe, y que ha sido traza, y cautela de ese fiero monstruo, que con forma humana ha engañado a Federico, que inspirado en su saña, le levantó el testimonio a Beatriz sin darle causa de liviandad: con el nombre de Ángelio está disfrazada la soberbia de Luzbel. Él ha movido las armas, las cautelas, los rigores; Bentriz es honesta, y casta, y no ha muerto: porque todos deis crédito a mis palabras, el Peregrino que veis dejará la verdad salva, dando salud al doliente. Y tu infernal Salamandría en tanto que se confiesa, de Fedérico te aparta. Infierno, aumenta tu furia. Federico. . Quién me llama? Quién en virtud de Dios viene a darte salud. . Las ansias últimas siento, y las fuerzas con el corazón desmayan. El licor de aquestas hierbas es veneno, y es triaca, que el que le gusta en pecado, muere, y el que confesadas sus culpas, le admite, al punto milagrosamente sana. Pública a voces tu culpa, que aquel que en público agravia, en público debe dar la satisfacción. . El alma quiero salvar, no la vida. Cómo rompes tu palabra? Cómo es vidro que le quiebra la fragilidad humana. Oídme todos: Hermano, Alejandro, Duque, Laura, yo el más traidor de los hombres, provocado de mis ansias, solicité los favores de la Reina, sin que haya culpa pni delito en ella; y di crédito a la Magia de Ángelio, cuya doctrina ya la confieso por falsa. Renuncio el pacto, y os juro por la cuenta a que me llama Dios, que Beatriz no ha ofendido la Real Sangre que la ensalza. Yo solo la culpa tengo. No prosigas, calla, calla, que tu cautela me ha puesto un dogal en la garganta. Gusta el licor, y en el nombre de Dios la salud restaura. Yo te perdono mi ofensa; yo soy Beatriz, que a la Sacra María Reina del Cielo la debo mercedes tantas. Ella me dio nueva vista, y para mayor probanza del milagro, me mudo las facciones de la cara. Yo soy la que en tu Palacio por indicios de unas cartas, y el suceso de tu hijo, pasé por afrentas tantas De todo os pido Señora . perdón. . Del suelo levantad. Dame los brazos Esposa. Ya es otro tiempo; a la Casa de Santo Domingo, Esposo te retira, a mí me aguarda del Seráfico Francisco el Hábito en Santa Clara. Y vosotros Leones míos volved a vuestra montaña. Vuelvan, que ya está en la Corte la conducta de la Plata, que hasta entrar en ella suelen acompañarla las guardas. , De Ungría el Cetro, y Corona en Federico, y en Laura renunciemos. . Yo lo acepto, Con nueva salud se halla quien a pedirte perdón llega besando tu planta. Yo te perdono, y los dos daos las manos. . Hoy se enlaza nuestra amistad. A Polonia mi gente marche. Y mi armada dará vuelta a Inglaterra con tan feliz nueva. Abra el infierno sus puertas. . Nunca vuelvas, y allá vayas. Dame la mano de Esposa. Ya se logró mi esperanza. Flora, cásate con migo. Toma aquesta mano. . Daca. César será de mi Reino Gobernador. . Dicha tanta agradezco a vuestra Alteza mil veces. . Yo hasta que partas a mejor imperio, siempre contigo estoy. . Y aquí acaba la Perla de Inglaterra, a quien el Poeta llama la Peregrina de Ungría, cuya vida en partes varias, en Prado Espiritual, y en el Volumen de Zayas, habrá leido el curioso; perdonad ahora las faltas,
