Texto digital

Texto digital de Perico el de los palotes

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido (Tres ingenios)
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Perico el de los palotes. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/perico-el-de-los-palotes.

Logo BICUVE

PERICO EL DE LOS PALOTES

JORNADA PRIMERA

Alzó el cerco Celín, y Barba. Roja, limitando a la suerte la arrogancia, dejando de la sangre helada roja, del mar soberbio la Oriental distancia, De tal suerte su Armada el agua moja; que si en el Sol tocara su ignorancia, viéndolos desparar como saetas, dudaran si eran rayos, o cometas. Cuyo heroico brazo igual gobierna, gran Maestre, y señor de esta victoria, promete lauro, y palma nombre esterno; en siglos largos la inmortal memoria. Temiendo el Moro el herizado Ibierno, incierto oprime el nombre a tanta gloria, que adonde está de Malta la Cruz blanca, Palas es liberal fortuna franca: Pues donde un Lope Ayala el nombre aumenta; y Don Saucho de Luna el brazo esgrime, y el gran don Nuño de Avila acrecienta su heroico nombre, que la envidia gime, que mano rigurosa, ni violenta habrá que contra tal rigor se anime? La disciplina de tu heroico aliento; émulo de la horrenda tiranía, en la luz de la fama halla aposento, y en la Fe Militar suma alegría. Tu nombre esparza acelerado el viento; y en la más encumbrada Monarquía, repita el eco de tu voz sonora; que el Sol te envidia en brazos del Aurora, Tanto quiera subir tu nombre al cielo, sin escala, sin gruea, y sin gartucha, que parezcas al monte Mongibelo, que con las nubes se revuelve, y lucha. Crezcante plumas, sin mudar el pelo, que entre señores esta gracia es mucha, y la Luna te arrulle en cama blanda, en sabanas del Sol, que es blanca olanda. El buen Zamudio bien mostró en sus glorias: el Español valor. . Soy Asturiano, tengo parientes sabios Frailes tíos, y un cuñado famoso Cirujano, y en los confines de Galicia fríos fue Recetor mi avuelo, tan Cristiano, que por no tener ciencia suficiente, no fue Corregidor, ni aún su Teniente. Tuve dos cardenales en mi tierra, uno en un ojo, y otro en un carrillo, dicen que es calidad, que gracia encierra, mas no los consagré, por no decillo. De una pierda quebrada en una sierra, reliquias en el templo de un tobillo, tan santas, por milagro soberano, que anuncian el Ibierno, y el Verano, De esto tengo papeles en la Corte, para ser, que es razón, protolaca yo, que cuando mi nobleza no le importe; hijos tendré de Diciembre a Mayo. YY a no tener lacayo que me importe, en una vieja Milanesa ensayo el gusto, que cercada de parientes, no ha de mostrarme, aunque la enoje, diente. Afé que sea graciosa arquitectura. Qué quiere? luego vi en llegando a Malt que me estaba guardada esta ventura, que nunca el cielo a los lacayos falta. Vuestra Alteza, en edad larga, y segura el nombre goce, que dichoso asalta, de las Estrellas la Deidad gloriosa. Para que os sirva yo, Clarinda hermosa; señora doña Juana, alegre día nos ofrece la luz de dos luceros, a quien se rinden gracia, y gallardía del claro Sol, que oscuro llega a veros. Mas lo será, señor, la suerte mía, que a serviros iguala el ansia mía, por amparo, y señor. . El cielo mida a vuestra gracia igual aumento, y vida. Doña Sabina no nos dice nada, pues por Dios que conozco sus reveses, y que sabe también hacer jornada con cualquiera Poeta a nueve meses. No será por lo menos celebrada entre Balones, Bárbaros, y Ingleses, por gallina, como el señor Soldado, qué quiere? por mi lanza lo egañado Ya que vuestra Alteza aumenta, como valeroso Atlante, nombre a Malta, miedo al Moro, fuerza a España, envidia a Marte. Ya que por su heroico nombre tremolan sus estandartes, burlándose de la envidia, dando risa al Sol, y al aire Oiga de mi agravio el nombre, que aunque lo más importante de Malta me escuche, quiero hacer de mi enojo alarde. Don Lope de Ayala, en quien puso el cielo tantas partes de gallardo, y valeroso, como agora de incostante. Ha un año, que en los festines, fiestas, justas, danzas, bailes, con los pasos me persigue, con los ojos me combate. Yo cortés, no le desdeño, ni libre le doy quilates de aumento a su diligencia, amor entre necio, y grave. Estando pues, una noche, antes que el Moro llegase a dar, con rayos de fuego, plomo resonando al aire, en un jardín, donde Venus reposaba entre arrayanes, porque amor las alas moje, cual cisne de sus estanques, donde la preñada flor aumento de olores pare, confección de los sentidos, suspensión de los pesares, donde un blanco ganimedes, de mudo asabastro, y jaspe, arrojaba un prado perlas, que el Sol para el Alba ensarte: Ya pesar de la mosqueta, que en fugitivos cristales, de sus márgenes corrido, vergonzoso el clavel nace. Donde a vesperas de Mayo cantan las parleras aves, repicando campañillas Césiro en los verdes ssauces. Finalmente, donde amor, si envuelto en mantillas nace, cuna tuviera en sus rosas, gorjeo en sus azahares. Estaba yo entretenida, estrellas mirando errantes, que a sendas de fuego corren; si a fuer de viento se parten, La Luna, que entre cortinas de encarnado arrebol nace, ciega espera, que en sus ondas Neptuno el rostro le bañe, Cuando de las tapias veo un bulto, que al suelo cae, si en su pensamiento humilde, y en mi presunción gigante, Y cual, si asaltara un muro, o prosiguiera un cómbate, ródela, y espada esgrime: si fue temor, él lo sabe, que los que intentan sucesos tan dignos de mormurarse, si no el temor, la malicia, es de santasmas imagen. Yo entonces, como el que mira, que entre piedra, y trueno sale la quinta esencia del fuego, cual sierpe precipitante, el pesado, aunque ligero chapín, dejé en los umbrales del sagrado de mi amor, si sagrado a amor le vale. No fue tan presto a su centro el fuego, que en piedras nace, disparando la escopeta el cazador vigilante. No vino garza a la tierra, en unas del gerifalte, como del Alcón Don Lope llego el vuelo a darme alcanze, Di voces a mis criados, con gritos llamé a mi padre, que si yo callara entonces, poco valieran verdades. Acudió mi gente al ruido, yo dije, vete atrogante, y esta acción, aunque es indigna, para ser tú esposa baste. Tomarme una mano quiso, retirela, y al instante, de viento sus pasos fueron, que el temor con alas nace. Muerta me fingí en el suelo, norque el desmayo estorbase el seguirle, que ofendida me dientaba a disculparle. Vuelta en mí culpé una sombra, y no menta, que asombrarse debe, quien en nobles nechos ve ostentar temeridades. Quién le vio entrar, quehabrá dicho? y cuando salió, quien sabe, si al templo de mi limpieza dio de su violencia imagen, que el vidio de una mujer, Que sabe el cielo: decir que no es verdad, es infamarme, envidia de los cristales, un soplo solo le rompe, si con un soplo se hace? A otro día yno a verme, yo corrida al contemplarle, en mi rostro habló mi afrenta, con letras de nieve, y sangre, Negó de su atrevimiento, con escabroso lenguaje, la ofensa de mi opinión, que el cielo, y mi enojo saben. Si escaló mi casa, entienda, que mi honor es mi linaje, mi resolución su muerte, y mi airada furia un áspid. De esto, gran señor, os pido satisfacción, si me vale el ser mujer, el ser noble; pues cualquier causa es bastante, que si no, viven los cielos, que rompa montes, y mares, y a los pies del Rey me arroje, ciame al cielo, al mundoespante, vidas quite, fuerzas rompa, leyes busque gentes mate, forme engaños, mida horrores, venza miedos, daños cause, gentes, piedras, plantas, ríos, haré que mi enojo aclamen, que soy mujer, y ofendida, decir que soy mujer baste! . Don Lope, qué decír? si acaso por furor de su desvelo, lince de su opinión llego a casarme; pero que miente sabe el mismo cielo: Doña Juana es verdad podía culparme, pero Clarinda; estoy loco, y confuso! quién tal violencia en mi inociencia puso? do respondéis? . Señor, estoy corrido de que con tal furor haya tratado un caso injustamente prevenido, si objecto en mi opinión tan estimado? Confieso, gran señor, que la he servido, indigno a su belleza, y limitado, y que amor es travieso, es caso cierto. De esas razones vuestra culpa advierto; preveniros, Don Lope, que conviene satisfacer con observante objecto causa, que tan profundo sondo tiene, es excusado en hombre tan discreto: Él no haber profesado me previene de acción tan liberal noble consejo, haced como quien sois, y excusad enojos, Servirte estimaré sobre mis ojos. Dos Abitos en Malta solamente hay que dan permisión que sea casado quien los gozare, de estos igualmente puedo yo dispensar, y pues ha dado muestras vuestro valor de tan prudente, del uno gozaréis, asegurado de que su Santidad, si esto faltare, luego en caso tan justo dispensare; pero al fin vos veréis lo que conviene. Que si hace, Clarinda mi secreto, que fuerza con amor la envidia tiene, lo que aquí refirió con tanto efecto, a mí me sucedió; pero entretiene mi furor infalible, aunque discreto, advertir que Clarinda está celosa; o cómo es el callar Deidad gloriosa! Señor, que tempestad es la que veo, cuando de adulterar mi lado tratas, dejas las elegancias de Proteo, y en las de Dianira te retratas? Calla, necio. . Ya tengo gran deseo de ver a mi sobrino . . Si dilatas la suspensión, advierte que no tarda. Minutos siglos son para el que aguarda; criole un labrador, y estará ajeno del Militar estudio, y gallardía, El candor de su sangre de cura lleno, dará efectiva luz a su osadía. Por él fue Albaro Perez, y Luceno, iguales en cuidado, y cortesía. Don Lope, cesen quejas de Clarinda. Mi nombre harás que a su Deidad se rinda. Leed, amigo Fulgencio, del gran Muestre esta carta, en que manda que se parta; con prevenido silencio, al punto Pedro a Malta. Quién es D Pedro, Perico? acá como no es tan rico, el ser doñado le falta. Fulgencio, de la crianza de mi sobrino Don Pedro estoy muy agradecido. Albaró Perez, mi Maestre. Sala, os dará la satis- fación con que le habéis siempre estimado; y quedo obligado al beneficio, y buena correspón. dencia. Salud. . . Señores, estoy corrido de que un pobre labrador, mas que de fuerzas de amor, alentado, y prevenido, haya de dar mala cuenta de un caso tan importante. Si es vivo, causa es bastante a que vuestro nombre aumenta, que estime padres tan buenos el gran Maestre. . Señor, más vivo está que un Dotor, pero sabe mucho menos. Tan rústico, y necio ha sido, tan montaraz, tan grosero, que niega el ser Caballero, ultraja el ser bien nacido, mas estima en su concepto arrancar todo un quejigo, que seis anegas de trigo cargarlas sobre un muleto. Tirar la barra después, que de esta fuerza me admiro, mas distancia en solo un tiro, que algunos en dos, o en tres. Un pilar, que Torquemada para un Templo prevenía, a dos bueyes en un día no les dejó hacer jornada: Y él airado, a menos costa, con cuerdas, y porfiar, a la orilla del lugar le puso a pie por la posta. Y es hombre tan insensato, que con su fuerza feroz, si un niño le aa una voz, le meterá en un zapato. En llegando a las espadas, no sabe más de huir, y da medroso en decir, que son sombras encantadas. Traer dos palos todo el día es su gusto; y su regalo, y dice, que piedra, y palo, son honra de su armería. Y con barbas, y vigotes, que un Turco puede envidiar, le llama todo el Lugar, Perico el de los Palotes. Del monte vendrá al momento; en sus acciones verán, como distantes están de tan noble nacimiento, Lastimoso caso! Y diga, se le tienen de llevar? Es fuerza. Ya a llorar su larga ausencia moobliga: El oro divino, y santo en doblones, y cadenas, suspenderá vuestras penas, y pondrá treguas al llanto. Mas precio verle que a un buey, a mi rara maravilla, al yugo la frente humilla, que cuanto oro tiene el Rey. Ya viene, a la puerta sueña, que viene de la majada. lo burra, mala pedrada os den, en lugar de cena: jo digo, mal torozón en la cebada os envista; agora afé que anda lista, jo burta de un ladrón. Pues ansi la has de tratar, entra Pedro, siendo mía? Hasta el pesebre quería cargada de lena entrar; no vi resabios de burra tan malos jamás! No ves estos señores? . Quiénes? queréis que al mónteme escurra? son voldados? . No señor, no somos sino criados vuestros, y muy obligados a estimar vuestro valor. Dadnos a besar la mano, señor Don Pedro, que aquí en el talle, y rostro vi, de que me acrédito ufano, que el gran Maestre de Mall mi señor, es vuestro tío. Tenganse, que si lo es mío, no hace al parentesco falta, que algunas nuevas me dan, que en esas partes tenía un pariente, que sería medio Abad, o Sacristan, y aquese será. . El poder de media España gobierna, dejeos aquí en edad tierna, porque tan noble mujer os criase. Ansí lo creo, que ellos ya me lo han contado, y como él sea tan criado, pardiez que verle deseo. Aquí hay un coche, señor, con que vuestra calidad se adorne de autoridad. A pie me iré yo mejor, deme el dinero que cuesta, para comer, y cenar, y probaranme alcanzar, aunque vaya sobre apuesta, Ay tal rustiqueza! tuyo es todo cuanto traemos, darlo, y servirle queremos. Pues verme correr, si huyo, no me alcanzará un Sansón, Aquesos palos arroje, y del gaban se despoje, vestirse ha como es razón; a la calidad igual. Los palos? si Rey me hiciera mi padre, no se los diera; palo, y piedra, hay arma tal? con aquestos me defiendo, y más mis pendencias lucen; porque con las que relucen, par Diobre, que no me entiendo. De este, con gracia extremada, hago caballo las fiestas, que siempre me lleva acuestas, y nunca pide cebada: y por mayores regalos, si entre córcobos feroces, me tira algún par de coces, con este le doy de palos. Si se ofrece un toqueado, con entrambos le repico; y no hay hombre que a Perico jamás le gané en el prado. Pues si juego al calderon, con el grande al chico pego; y me temen en el juego, cual juego de San Antón. Si no quiere andar la burra, y afloja la carga al trote, con este le doy garrote, y con el largo una curra, Si voy a las Ledanias, hago una Cruz de los dos, y nadie dice, por Dios, mal de ellos en tales días. Pues cuando a la chuca juego con los mozos del Aldea, no hay quien la alcance, o lo vea, . Grande desdicha es la mía! que le doy palo de ciego. No hay zuiza en que no haga de aqueste grande bandera, y si hay otro que la quiera, me sirve de espada, y daga. Si está un arroyo enojado, doy un brinco tan valiente, que este mesirve de puente, y paso del otro lado. Pues si haberlos de ocupar en cada ocasión me obligo, fuerza es llevarlos conmigo, gor no tener que buscar: no digo verdad? . Por Dios, que es mentecato cruel, volver quisiera sin él. Ya que vénimos los dos, llevémosle, que es razón, a que se vea el Maestre, porque le anime, y adiestre de su extraña inclinación, que con eso hemos cumplido, Alto a ponerse galán. Vamos par diez. Que dirán de un hombre tan bien nacido, sabiendo que le he criado con tan humildes respetos? Fulgencio, estos son secretos del cielo. Soy desdichado en no poderle forzar su inclinación. Que se ha de ir mi Pedro? yo he de morir! su ausencia me ha de matar! Quivientos escudos de oro recibiréis, y un jóyel, que puede su luz en él perderle al Sol el decoro. Vamos. . Qué torpe, y cansado! Con mis garrotes al lado, mas que vaya a Berberia, que algún día podrá ser, pues tan mis amigos son, que se me ofrezca ocasión, que los haya menester. Viste a don Lope? Si he visto, a pie tu calle pasea, precipitado en su idea, cuya aspereza enemisto. Poco con eso resisto el eclipse a mi opinión, que observancias de intención no satisfacen agravios, pues no constituye a labios) el alma la remisión. El entra, tu gallardía trueca en advertencia aquí. Hallara su esfera en mí, o en su muerte mi alegría. Don Lope, señora mía, viene a besarte la mano, con precepto soberano de reducirse a tus pies, mas tierno que un Portugués, mas lindo que un Veneciano; Mas grave que un heredado, mas galán que un Andaluz, mas bello que un abestruz, mas plático que un Soldado, mas corriente que un tejado, mas liberal que un cobete, mas lindo que un ramillete, más sutil que un argumento, mas libre que un pensamiento, y más labio que un villete: De aquestas partes cargado, que le des licencia estima, que de tenerlas encima ya debe de estar cansado. Quién la entrada se ha negado? su indignidad, gran señora; pero quedo él entra, agora será la fiesta, por Dios que han de clausular los dos, como víguela sonora. ̱ . Suceso tan mormurado, no le reduzgo a secreto, que aunque le guarda el discreto, desdichas le han reprobrado; mas finalmente obligado a la introducción fatal de mi bien, o de mi mal, vengo a atajar el intento del vuelo de un pensamiento, pesado, aunque liberal, Que causa, señora mía, obligó vuestros respectos a precipitar efectos de tan injusta osadía? Que os paseara de día, amor me dio por despojos, mas mirando en vuestros ojos el desdeñar mi concepto, suspensiones dial efecto, y rienda a vuestros enojos; mas yo me había de atrever? Do. Lope, si os tuve amor, no son prendas de valor el mostrarle una mujer; un ano os vi suspender con perseverancia altiva, mis acciones, si fe viva mostrara a vuestro cuidado, menos me hubiera costado, que haberme mostrado esquiva. Y si Doña Juana ha sido co quien yo ese yerto he hecho, y os descubrió de su pecho leal mi intento atrevido, que remedio hay prevenido en tan dudosa ogasión, para que en torge opinión de las dos no quede alguna? Con más liberal fortuna triunfará en mí la razón, que si a ella le sucedio lo que por mi publiqué, más fineza de amor fue, pues ella menos perdió, que pues calló concedió con vuestro efecto atrevido; a su intención reducido: y así por razón de estado, más erro en haber callado, que yo en haberlo fingido; que si porque yo miraba recatado vuestro intento, torcistes el pensamiento, a quien fácil estimaba. Bien claro el indicio estaba de capaz reputación, y veréis en mi invención, y buena correspondencia, que si ella os dio su licencia, yo os he dado mi opinión. Si amor a más libre trato os hubiera reducido, no os juzgara de atrevido, pero culparlos de ingrato, Y así, pues en mi retrato. vuestra opinión, y mi suerte, y amor procura que acierte, sin ser de observancia extraño, buscad camino a mi engaño, o remedio a vuestra muerte, Ciegamente imaginada tenéis vuestra reducción, que oprimido el corazón, no alienta a razón fundada: La voluntad animada ha de ser de libre aliento, que un feriado atrevimiento bien se puede ejecutar; pero después reventar, como airada mina al viento. De esta ruzón obligada, pues que sois tan bien nacida, os conservad reducida, y os prevengáis obligada; que si amor juega la espada, para rendir albedríos, lo mismo hará con desvíos, para ciensar mis enojos, y en el cristal de esos ojos jamás se verán los míos. . A Don Lope. Vive Cristo, que vuela como un Alcón! podrá decir con razón, que no fue oído ni visto. Mal mi esperanza conquisto, mas pues estoy reducida, y desdeñado me olvida, vive amor, falso alevoso, que tienes de ser mi esposo; o te ha de costar la vida! Es don Lope un Caballero, en quien el cielo cifró muchas premisas de noble, muchos colmos de valor; tan acertado, y gallardo, que pienso que se obligó naturaleza a sus partes, con privilegios del Sol. Una espada es en su mano, animada de su acción, estrépido rayo en golpes, y trueno en su confusión. Pues si a caballo se pone, pienso que propiciador, pudiera servirle al Alba para quietud de Faetón; mucho le estimo. . Merece; In victísimo señor, toda esa merced don Lope. Ya tu sobrino llegó. Tus pies, gran Maestre, beso. Mae, ceáis amigos losdos bien venidos; es aquel mi sobrino? . Si señor, de vergonzoso no llega, porque como se crió a los campos inclinado, es de tústica elección, apenas sabe hablar; pero no tiene un León tan fuerte, y robusto brazo. La costumbre es superior, si torpe el campo le ha hecho, en la cortés profesión despedira la corteza, pues es noble el corazón: que torpe, y que mal vestido! No llega acá de temor; a señor don Pedro llegue: ya en el camino aprendió como le había de hablar. Bien me acuerdo, que mandó, que le llamase Bajia, o Insolencia, Qué primor! Alteza le ha de llamar. Como está en bajo, par Dios, que no sé si he de acertar; deme su Altivez, señor, los pies como a su criado, aunque su sobrino soy. Alzad, sobrino; abrazadme, seáis bien venido, que amor, con la sangre, me enternece; como venís? . Acordó, que dentro el coche viniera su gente, si no que yo, como venía mareado, por mi pie venía mejor, Es muy buena diligencia; casi pesaro so estoy de que a Malta haya venido; pero pondrá nle en razón Maestros de armas, y letras: Sobrino, advertid, que yo soy en Malta gran Maestre, y sois mi sobrino vos. Hablad muy poco, y a tiempo, que Seneca, un grave Autor, dijo, que aunque le importaba el hablara su opinión, que de haber callado siempre, ninguna vez le peró. Y sobre todo os encargo, mirad que os lo digo yo, que seáis muy bien criado, tendréis amigos, que son las partes con que Alexandro tanto mundo sujetó. A quién viereis por la calle, de cualquiera profesión, quitadle luego el sombrero, antes que os le quite a vos. Albaro Perez, llevalde, y en un caballo el mejor que hay en casa, se pasee. . Al punto a ser virte voy; ven a ponerte ha caballo. La crianza en los sombreros grande cuidado me dio, porque quitarle el sombrero a un Oficiallo a un Señor, y enviarle a casa calvo, parece mucho rigor; pero acá debe de usarse, como un Francés me contó, que besar a las mujeres, es la crianza mejor. Voy a sacar los caballos. Tal hombre a Malta llegó! gran calidad de pariente! Es el más extrano humor, que se habrá visto en España. Ya un amigo nos contó, que por mal nombre le llaman, quien por tal hombre enviol Périco el de los Palotes. Guardados los tengo yo, que pienso que si le faltan, según los tiene afición, que ha de volverse a su tierra. Ya un Caballero llegó. Sea Vim. bien venido. Yo me holgara ser migor, para hacerle merced: y pues mi tio mandó, que le quitaste el sombreró, suéltele, y vaya con Dios. Aunque no es buena crianza, yo gustara que mejor fuera, si le ha dado gusto. Estos grandes buenos son, que entran bien en la cabeza. Su tio no le mandó si no que se quitase el suyo. Pues fuera muy lindo yo sin sombrero en la cabeza! No porfiéis, que es peor, otro me pondré, no importa, si en eso gusto le doy; quédese a Dios, y perdone. . A Dios, perdonado estoy; muy mal sombrero traía, mejor este me encajó, porque esto de andar al uso tiene grande estimación. Mucho siento que tu furia no reprimas, que estás son, si premisas de disgusto, anuncios de mucho amor. No has visto estar un enfermo con mediana presunción de que ha de perder la vida, que entra luego el Doctor, con San Lazaro en los guantes, Galeno en el sortijón, y que tomándole el pulso, ambas cejas levantó? Ello parará en ser tuya, y si no fuere ansí, yo quemaré mis libros luego. Quién es este? Algún Balón; dos sombreros trae en la mano, talle trae el bellacón de comerse una vitela, y asolar un bodegón. De qué Páis, géntil hombre? Pregúntame dónde voy? voyme a poner ha caballo. Estoy de muy lindo humor para oír sus desatinos! El sombrero le quitó. Para qué quiere el sombrero? Mi tio me lo mandó. No le quitará a lo menos su tío este bofetón; suelte el sombrero el villano, que los hombres como yo no se tratan de esa suerte. Vive Dios que le acertó! De aquesa suerte me trata, pues juro a esta Cruz de Dios, que lo tiene de saber mi tio el Comendador. Mas que lo sepa su agüelo, Si por dicha le dolió, póngase una telaraña, que luego la vuelta doy. . No tuviera yo mis palos, pesar de quien me parió, que quizá yo le estrellara! mas no es tarde, vivos son. Qué os sucedió conD. Lope; que enojado me encontró? Que me dio una bofetada, y si cómo me la dio, acierta a cerrar el puño, escupo una muela, o dos. Ay ignorancia tan grande! porque fue? Que se enojó de que le quité el sombrero, y de la cabeza. . Sintió bien, pero ánduvo muy mal, y vos, Don Pedro, peor en no darle de estocadas. Los caballos? Ya, señor, los tenía prevenidos, mas Don Lope lo estorbó, Por qué causa? Tu sobrino, desnudo de presunción, quitó el sombiero a Don Lope. Así se lo mande yo. Él lo entendió mal, que a mí de la mano me quito el mío, y se le dejé con mucho gusto. Quién vio semejante desatino! no hay delito más astroz, que ser un hombre insensato! pero al fin qué sucedió? Que le dio. . Decildo presto Diole. Muy bien me acertó, En el rostro, Deteneos, Ya se me quitó el dolor, no se enoje vuestra Alteza. Si a vos se os quitó, a mí no? esto se quede en silencio. Sujeto a servirte estoy. No bastó lo de Clarinda: Don Lope, pues vive Dios que me lo habéis de pagar, o no seré yo quien soy!

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA No sé, Lope, que ha sido la causa que os ha guiado a ofenderme deslumbrado, y a despreciarme atrevido, Entrastes en mi jardín, liberal de pensamientos, y como estriba en los vientos de un ligero amor el fin, tan presto como empezastes a fabricarle al deseo quimeras de un debaneo, tan veloz las olvidastes. Pero vos no estáis culpado, sino quien (de si ajena) de la voz de una Sirena oye el canto regalado, para llorarle después. Negar. Juana bella, que es muy justa esa quererla, no es error, delito es: y aunque sabes la elección que consagré a tu Deidad, símbolo de mi lealtad, y centro de mi opinión, también de Clarinda airada la resolución advierte, torre, aunque de viento fuerte, en su engaño fabricada. Luego se ofreció el poner en el sobrino la mano del gran Maestre. Es muy llano, que de relos vino a ser; mas de cólera esta vez, señor, te desvarataste, pues las cinco señalaste, cuando querían las diez. A quien en valor te gana, sabele satisfacer, que si no vendrás a ser la lengua de la campaña. ojo a vizor, amo mío, que hay Vendaval con curana. Confieso que fue inhumana la causa, y el furor mío sobrado, en no prevenir, que un hombre, no conocido, podía ser tan bien nacido, causa digna de advertir; pero el Maestre jamás me ha referido el suceso, antes con notable exceso muestra que me estima en más. Avrale desenojado saber que no conociste quién era. Mal se resiste flema de un hombre agraviado: y ya el don Pedro parece, que comienza a tener brío, Diole Maestros su tío, y ha más de un mes que parece que le infunden nuevo aliento. Eso la nobleza tiene. Bien con sus fuerzas conviene el gallardo pensemiento, pues yo le vi el otro día desuerte jugar la negra, que le temblara una suegra, que es la mayor valentía. Un tajo dio a un Caballero, que en el suelo le tendió, después que le confirmó en el envés del sombrero. Viéndole aún a tan igual, dijo haciendo de él desprecio, por Dios que no le direcio, que este es tajo diagonal. Y hecho un mismo Barrabás, entre muchos alentados, dejó seis descalabrados, y no quiso jugar más. Respetaranle por ser quién es. No hay guardar respeto, que en fuga un hombre perfecto, no ha de dejarse ofender, y él es loco sin remedio, y en fuerzas le ganan pocos. No importa, a fuerza de locos estocada, hierro en medio. Don Lope, bizarro andáis, agradame la visita. Ay causa que no permita estar aquí? . Si gustáis, doña Juana, de ello vos, cómo puede estorbar? Pues si debo de gustar. Con ceño? válgame Dios! Bien le pudiera tener con liberal osadía de una necia alegoria, fundada en mal proceder. Si una prima, y tan amiga, archino de mis secretos, esfinge fue en sus efectos, pues con risa a muerte obliga. Pero en tan dulce instrumento. de consonancias tan graves, donde cláusulas suaves hacen sonoroso acento. Advertirá el que es prudente, si su consonancia estima, que cuando es falsa la prima, se quiebra más fácilmente: Y viene a servir su acento, después de quedar quebrada, por falsa, y por destemplada, de traste en el instrumento. Donde al tiempo del templar, que había de mostrar su gala, solo los puntos señala, con que otras pueden cantar. Y así para que con traste, necia, y torpe gallardía, da muestras en su armonía, que ha dado con todo al traste, La razón engendra efectos de observante autoridad, y esta asiste en mí. . Excusad lances, señora, imperfectos. de calidad tan fundada, no dé a la risa del Sol vuestro disgusto arrebol, cuando empieza a hacer jornada con tan celebradas damas; el prudente es mejor medio. Quieres valiente remedio, pues cásate con entrambas, que otros lo han hecho? Si estoy del intento loco; con que teniéndome en poco, estáis, señora ofendida. Sabina, vuelve la cara, deja el cartujo desdén, así me quisieras bien, que neesto te despachara, Memoriales de su sed despache a las Losterias; que ocupa noches, y días. A todas haré merced. Don Lope, el Maestre os llama, y con cuidado os espera. Al punto voy; que quimera de hielo, y temor detrama este recado en mi pecho? de confuso estoy turbado! está solo? esta enojado? Solo está. Gran mal sospecho! vamos; señoras, disculpa tengo, la cordura encargo. Id con Dios, que el tiempo es largo. Siempre hay temor, donde hay culpa, Que ha de quererle el Maestre, sino que a la obligación oprima la remisión, y la ejecución apreste? O que arrogante te ha hecho del gran Maestre el favor, y de don Lope el amor, más cortés, que satisfecho! Solas estamos, no sabes, que obligada a tu amistad, te fie con libertad de mi secreto las llaves? Esto puedes negar? No; pero si cierto sabias, que las noches, y los días mis pasos solicitó, y le juzgabas perfecta veneración de mi gusto, inclinarte al suyo es justo, es acción sabia, y discreta? Él ha de ser mi marido, y pues puedes reportar tu paesunción con callar, que te reportes te pido, y vendrá nuestra amistad a reconciliarse así. Ya no soy dueña de mí! Yo le tengo voluntad, que es galán. Y como qué es! Y mi marido, Eso no. Quién ha de estorbalo? 1o. Tú has de estorbarlo? Yo, pues. Que no se acuerda de ti. Calla necia, que te engañas, Conozco yo sus entrañas, Conózcole como a mí. Anoche estuvo en mi calle. Yo por la reja le hablé. Fue porque se desdeñé, Mas hice yo en desdeñarle. Mi madrina te he de hacer el día del casamiento. Es necio tu pensamiento, tú mi madrina has de ser. Ya lo veremos las dos. Con resolución divina. A Dios, señora madrina. Señora madrina, a Dios. l - es Aquí está Don Lope, Aguarde: déjenme solo. Tus pies besamos. , . . Ya tiempo es de hacer de mi enojo alarde: No os vais, Don Pedro, escuchad; mas ufano estoy que el día, que ofrece el Sol alegría, después de la tempestad, de veros tan enmendado. No os dé Don Pedro temor ningún ajeno rigor, pues sois fuerte, y alentado, yo os favorezco, fortuna no está olvidada de vos, si un alma somos los dos, gocemos suerte oportuna: No os acobarde morir en el peligro mayor, que no es cédula el temor del cielo para vivir. Don Lope hablará con vos, fingid que estáis olvidado de aquel suceso pasado, aunque estéis solos los dos, antes os holgad con él. sin muestras de sentimiento. Yo lo haré. Aguarda un momento detrás de aquese cáncel: Don Albaro, si ha venido Don Lope, entre. Si señor. Suspendido me ha el temor: los pies, gran Señor, te pido, Don Lope, alzad, que os estimo como amigo, y ser tan cortés conmigo me parece novedad, por más llano estilo, y trato conmigo os corresponded. Estimo tan gran merced. Sois de la lealtad retrato. Sin duda que está inocente . del agravio que intenté con su sobrino . Yo sé que Clarinda impertinente, ya duda del casamiento, que intento con vos. . Señor, bien es que la tuve amor, pero es libre el pensamiento, y como el gusto se inclina al objecto de lo amado, si no se imprime obligado con causa a su suerte digna, tal vez se suele mover a otra superior esfera. Si vos confesasteis que era quien os obligo a poner su opinión en tal estado, como lo podéis negar? . Hicelo, No hay replicar, el indicio os ha culpado, yo sé, para entre los dos, por ciencia, y por advertencia, que aunque irritéis su paciencia, no se ha de casar con vos. Jesús, eso está en mi mano. Si no hay grande obligación, que confedere esa unión, yo sé que no está muy llano. No, gran señor, si la hubiera ya era ese lance rodado. Pues yo estol bien informado, que otro fin Clarinda espera, que es cuerda, y bien entendida, En no estimarme, si es. otro su disignio es. Poco importa, si me olvida en su prima doña Juana, que es de tanta calidad, fundaré mi voluntad de haberla estimado ufana: y en servirla soy dichoso, pues que siempre me ha estimado. También estoy informado, que no os querrá para esposo, Doña Juana? Doña Juana. Muy siniestra información me ha puesto en esa opinión, y a no ser acción liblana, si estuvieran divididas, y la Feno lo estorbara, con entrambas me casara, o yo perdiera mil vidas, a no ser que vuestra Alteza se la quisiese estorbar. Eso es, Lope, pensar de quien soy una extrañeza, porque eso no es Cristiandad; pero el día que os caséis diez mil escudos tendréis, mirad si os tengo amistad, para el dote; ved agora lo que vos me queréis dar, sino os quieren estimar? No es más cierto, tras la Aurora, que luz de los cielos es, esconderse las Estrellas, que escoger cualquiera de ellas. Ciego andáis, decisme, pues, que me habéis de dar el día, que eso no tenga certeza? Daré, señor, mi cabeza, y a nacer siete en la mía, si acaso posible fuese, idrá de mi pensamiento, daré siete, y diera ciento, Alto, la porfía cese, y pues os satisfacéis, con tan segura certeza, no es mucho dar la cabeza, pues esa pena tenéis. Yo he de dar diez mil escudos, o vos la cabeza a mí, si no os casáis? Señor. Amantes tudos, mín mirad no os arrepintáis. Nunca en loque está tan cierto, con las dudas me divierto. Diez mil escudos ganáis. Si señor. Dadme la mano. Su Alteza honrarme procura, hoy es grande mi ventura, pues diez mil ducados gano. Vuestro padrino he de ser. La fama, aumentando historias, siembre en eternas memorias de vuestra Alteza el poder. Agora, amigo Do Lope, que esta palabra confirmo, y que vos aseguráis, como tan noble, lo mismo, aunque nunca fui cruel, porque os animéis lo digo, pues vuestra amistad conozco, noble trato, y cuerdo aviso, os pido que hagáis por mí un diligente ejercicio, que fío de vuestro ingenio, y de vuestro agrado estimo, pues en la famosa Malta, y en sus asaltos prolijos, también sabe vuestra espada manchar el acero limpio. Ya sabéis que de Castilla traje un grosero sobrino, que por mi ausencia en los campos sirvió de peinado risco: Y aunque bruto, es un diamante, que a labrarle el tiempo limpio, con sangre de su nobleza, me he de mirar en sus giros. El no ejércitar finezas le tiene tan el cogido, como entre las toseas peñas el armado, y torpe erizo. Finalmente, es hombre, en quíe es tan cobarde el sentido, que hacerle una afrenta, fuera lo mismo que hacerla a un niño, Quiero pues, que cuando acaso esta tu leza, este vicio viereis en él le deis luz del engaño, y del peligro; que tal vez, sacada un ave de las ramas, de un quejido el curso le imprime lengua, para vivir por suepico: Y al más rústico caballo, entre espadañas nacido, le hace el freno que se adorne del jáez bordado; y rico. En señade como cuerdo, resistir al enemigo con razones, con la espada, pues sois de nobleza avismo. Aquí saldrá en él veréis la estimación de su tío, y el respeto de sus canas, y yo en vos si sois mi amigo. . Viose más noche en Noruega, ni en Babilonia se ha visto tal confusión, ni de Creta semejante laberinto! Viose de Troya el incendio, de Etna el fuego sacudido del mar, en la oscura noche, tempestad con más peligro! Que nave, entre espumas blancas, de erizados remolinos, de banó madejas de ondas, cortándole el mar el hilo! Ni que solo caminante, a media noche se vido, entre lluvias, truenos, rayos, tocar la margen de un río, con más confusión que C El grande temor me hizo forzar que fuese el Maestre liberal de mi albedrío, mal asegurado al fin, que en mujeres los peligros, son dueños de los favores, si más tiernos, mas temidos. Mas decirme que a D Pedro, a quien ofendí atrevido, dé documentos de noble, no lo entiendoso no ha sabido, que yo se ofendiro pretende que yo le enseñe el camino, por donde, dándome muerte, gane la apuesta que hizo. No lo entiendo, vive Dios, que he de vivir con aviso en duda de sus acciones, cuando llegue a hablar conmigo. O peligrosos respetos de la calidad, que han sido en tantos tiempos ganados, y en un instante perdidos! Señor Don Lope, aquí estoy, como siempre, a su servicio, téngame por su criado. Por mí señor os estimo, que como ya de su Alteza; como espejo cristalino, reverbera en vos su agrado, con espíritu encendido, liberales los deseos, y los ánimos tendidos, a sombra de tantas glorias, con gusto alegre vivimos. Dios os haga venturoso, como gallardo. . Los siglos de Nestor, y de Alexandro, pongáis en eterno olvido. Este es tonto? vive el cielo, . que en dos meses que ha que vino a Malta, que sabe más que vol con cuidado vivo. Retiraos, Don Pedro, un poco. Por qué causa? Por deciros, que así el Maestre lo manda, algunos cuerdos avisos, Parece que ya me teme? Parece que ya concibo de su bizarro despejo algún cuidadoso indicio? Don Pedro nunca seáis corto entre damas, ni entre amigos; hablad poco, y siempre a tiempo, sed liberal, no atrevido, y si alguno os disgustare, por cansado; o por prolijo, por no conocer quien sois, por envidioso, o altivo, haced como hago yo, sacando el acero limpio; Meted mano. . Si haré, Y por este mismo estilo, tiralde mil estocadas: el temor me hace advertido; tirad. . De muy buena gana, que entre amigos no hay peligro, Tirad como tuo yo. Quedo que me habéis herido en una mano, Yo? . Sí: Yo con sangre? vive Cristo, perro, que te he de matar! la limpia sangre has vertido del gran Maestre de Malta. Tente, el descuido lo hizo. La sangre se ha de cobrar, dijo el valeroso Pirro. Deteneos, Don Pedro. A todos, si os oponéis a mis bríos, perros, os he de matar, Tente. Es furia, es basilisco. Teneos, Pedio; qué es esto? Jespe las lofas han sido de la mía, y de tu sangre, y quien con ella sea visto derramada siendo noble, aunque se la saque el mismo padre que le ha dado el ser, ni es noble, ni es bien nacido, si no la sabe vengar. Aquí eramos cuatro, o cinco; y a todos dio en que entendes, Bien sale el intento mío, aunque este es valor incierto, que no es mucho tener bríos con mi amparo, y en mi casa, tan seguro de peligro. Cómo, señor, me mandaste, que al militar ejercicio le inclinase, las espadas, para enseñarle, tendimos: Topó en mi punta su mano, y como en el coso herido el toto de su garrocha, brama, y da vueltas, y brincos, ansi D Pedro, animado, y de este daño advertido, nos quiso matar a todos. Es mi sangre, muy bien hizo: ya comienza a abrir los ojos, y en acabando de abtirlos, yo haré que borre la afrenta, que en el rostro le han escrito. Don Lope anduvo muy bien, y vos muy necio, sobrino, que en burlas sin intención, es muy grosero el castigo. Don Lope, no os ofendáis, yo por él perdón os pido; id con Dios. Jesús, señor, yo de mi yerro lo mismo: Con mayor confusión voy, . pues añadió otro delito, sin pensar, al que había hecho; fortuna favor te pido! . Don Nuño, espera, no os vais; oíd, Don Pedro esos bríos, para mejor ocasión fuera razón remitirlos: Desvíaos, Don Nuño, un poco, pues poca la herida ha sido; oídme, en mi mocedad, que soy hombre, he conseguido el gusto de cierta dama, a quien cortés solicito; importa, para excusar dar nota, y ser conocido, que vais conmigo esta noche; pero adviértoos que hay peligro; porque es mujer celebrada, y tiene parientes ricos. Llevaréis ródela, y cora, y aunque parezca artificio de vanidad militar, haré yo también lo mismo: La noche se va acercando, id Don Pedro a preveniros. Mataré seis calles de hombres, si vuestro favor conquisto. No haréis poco endefenderos de uno solo, que peligros no los vencen voluntades, sino venturosos bríos; id con Dios, llegad Nuño. Ya os acordáis que os he dicho donde me habéis de esperar, armado, y con dos amigos. Muy bien me acuerdo, señor. Pues id luego a apercebiros, y demás de que el secreto de vuestra prudencia estimo, la puntualidad encargo, que después quedará al mío la liberal elección de premiar vuestro servicio. Al punto voy. De esta suerte, pues siempre escuelas han sido de Universidad las armas, daré el grado a mi sobrino: y si en el grado que emprendo le dejaren concluido, vuélvase a guardar ganado, entre carrascas, y pinos; que quien para calidades no conquistare peligros, ni tiene valor de noble, ni puede ser bien nacido. En este puesto mandó, que esperasemos. Muy buena prevención será de cena. De lo que me temo yo, es de algún tajo volado de mano de su sobrino. Piensa por este camino hacerle más alentado. Aquí traigo un coselete. Yo un jubón ojeteado. Con ánimo un hombre armado; vale por dos, Y aún por siete. Dos veces, para hacer prueba, los hemos de acuchillar. Quién segunda ha de esperar, si a la primera nos lleva de hilo de una estocada? Para eso las armas son, ya llegan, tened atención, y cuidado. Gente armada veo estar en esa esquina, por donde hemor de pasar, Ellos nos darán lugar, y excusaran de mohina. Temo no sean sus parientes, que está muy cerca la casa. Pues en que ofende el que pasa ay hombres impertinentes, que por curiosos cansados, todo lo quieren saber, y andan hasta amanecer juzgando ajenos cuidados: llega, y mira cuantos son. Si no nos buscan, qué importa que sean ciento? . Ya reporta el temor su inclinación. Notable cuadrilla es! siete veo arroselados. Deben de serencantados, yo no veo más de tres; mirad no dejéis mi lado, porque yo no he de volves un ple atras. Que puedo hacer, moriré como Soldado? Señor, no hay un callejón por donde la vuelta demos, para que nos excusemos de aventurar tu opinión? Eso fuera aventurarla, y más si me han conocido. Vive Dios, que voy perdido! No dejes mi lado, y calla: Hidalgos, dejen el puesto, que en el sitio donde están nota, y pesadumbre dan. Hh de ser presto? Y muy presto. Y si tenemo? qué hacer? Dejarlo para otro día. Lindo humor por vida mía! De peor lo suelo ser. Si ha de pasar de esta calle, allí tiene un callejón muy cerca. Tienen razón. Ellos pueden ocuparle; ahora es tiempo, sobrino, despejen, o metan mano. Con dos hombres poco gano. Ya vuestra muerte adivino. Tenganse. Que no hay que temer. todos habéis de huir. Huid perros. Qué es huir? Ser cobardes, y correr. Huyamos, que alguna furia, se revistió en su rigor. Déjame solo, señor, que yo vengaré esta injuria: perros no echabáis de ver el rigor de aquesta espada, Tente, sobrino. No es nada, ganar pueden a correr al viento, que se desata. A quién os huye, sobrino, no le ataléis el camino, hacelde puente de plata; si estos llamasen más gente, vendrán con mayor rigor. No te acobardes, señor, aunque vengan otros veinte, si a huirban enseñados, no hay que temer sus extremos. Sobrino, no blasonemos, que aún no estamos acostados; la victoria que os da Dios por dichoso en la batalla, pues no está en su mano dalla, no os la atribuyáis a vos. Aunque son muy alentados, si aprieto la mano vuelan. Oídme, que me desvelan. otros mayores cuidados; sabed, valiente sobrino, pues ya así llámaros puedo, que os tengo en lugar de hijo, nacido en dichosa suerte: Criastesos en los montes; y embié por vas, que a veces de un monte piedras se sacan, que honran Coronas de Reyes, Venistes desalumbrado, y enmendastes os desuerte, que ejercicio, y natural en vuestro honor resplandecen Advertid que estáis. Pedro, afrentado, y de tal suerte, que el Abito de San Juan, con ser tan grande, no os vienes Don Lope, ese Caballero, que tantas partes guarnecen su gallardla, su gala, su opinión colmada siempre, el día que aquí llegasteis. os dio un bofetón, que tiene, vertiendo, sangre mi rostro en el raudal de dos meses. siempre habéis estado descuidado, y inocente, ni reputación os llama, mi venganza os desvanece, No os digo, que le matéis, pero diréos de qué suerte se sustenta aquí el honor, a quien le dicen que miente. El que le da un bofetón, queda gallardo, aunque quede con peligro: y afrentado quien le recibe, y no puede matar a quien se le dio, y vos venís a ser este; pero el agravio deshace, si con valor excelente le da en público de palos: ved que rigurosas leyes! Mas después quien los recibe, solo con matarle vuelve a cobrar su honor perdido; qué quimera impertinente! Con cuanta razón los hombres medir las palabras deben en el aráncel del pecho, antes que a la lengua lleguen. Que ha avido de curiosos oposones evidentes, que an matando al que los da, que la de agravio presente. El Abite de San Juan es tan clare y trasparente, que al que no ecasto de honor, la Religión le aborece. Vos no lo estáis, o guedad los privilegios que tien o Volver a la montaña a guardar cabras, y bueyes. . Como la noche oscura, y es en ella este sucese. iba despertando el Alba; también pienso que despiera Como en la montaña a veces, con algunos zagalejos del puño haciamos espada, perdiendo al rostro el respeto, por entonces no advertí. lo que ha más de un mes que advierto, que la sangre en pechos nobles. habla, cuando callan ellos. Matarle no es acertado, que han de decir, que de miedo le maté, porque ofendido no haga él conmigo lo mismo. Hoy se confirma mi nombre, que pues buen padrino tengo en Don Pedro el de los palos, el de los palotes trueco. Qué bien hice de guardarlos! ofrecerlos tengo al templo de mi venganza, por timbre de los milagros del tiempo. Clarinda, señor, te aguarda. Zamudio, confuso vengo con doña Juana, hasta el Alba conté Estrellas en su cielo, dudoso me tiene amor. Advierte de sus consejos, que es muy mal intencionado? por rapaz por loco, y ciego: si es ciego, y viras dispara, no echas de ver en sus hierros, si una vez acierta bien, que suele errar otras ciento! En efecto es venerado por Dios. Lindo pensamiento! él, y el interés van horros, como suelen los fulleros, amor recibe las cartas, y porque se gane el juego; dale vista al interés, y llevanse todo el resto. El decir estoy rendido, no puedo comer, no duermo, o miente el que lo pública, o es un grande majadero, que la dama por quien llora, en una cama de viento, con seis colchones de pluma, está hasta las diez durmiendo, mientras el mentecaton hace la calle terrero, o blanco de las locuras, donde tiran los discretos: Y llega otro por un lado, con una joya, o manteo, y con enviarle un coche, alcahuete del silencio, lo que otro ha solicitado con músicas, y paseos, se la lleva de codillo la baraja de un cochero. Tal vez en la Corte he visto tan atrevidos sucesos, mas la cortedad de Malta, por más honesta la tengo. Vamos, Zamudio, que hoy esetuo el casamiento. Con quién? Con mi doña Juana, y aquesta noche tenemos. diez mil ducados en casa. Hoy corto armador con peto, y hago un moño a Sabina, que es como hacerle un jesto. De aquesta suerte, villano, el agravio que me has hecho se ha de vengar, Palo infame, y en la Plaza, vive el cielo, que he de matarte cien veces, si nacieras otras ciento! Aparta, Zamudio? . Ahora quien es honrado veremos, que el valor se muestra ansí. Quedo Caballeros. . Quedo, Los que fueren mis amigos no se pongan enmedio, porque los he de matar. Teneos, retiraos Pedro. Con esta espada, villano. verán todos que susteno mi desagravio, y tu ofensa, como honrado Caballero. No le tocó, por Dios vivo. Pesía al villano grosero, no bastaba levantar la mavo viven los cielos, que ha de hacer senda mi espada del monte de vuestros pechos! Quedo, que el Maestre baja, Muera el traidor: bueno, quedo! matarele vive Dios! Yo te mataré primeo.

JORNADA TERCERA

JORNADA TFSCERA Paradacer las escrituras ya de camino venía. Cuán do fortuna porfía, no hay esperanzas seguras, muy mar Don Lope ha quedado! su noble opinión padece. Von Pedro se desvanece su tío asegurado, mas no le ha de aprovechar, pues de Don Lope contemplo, que en Palacio, y en el Templo, si le ve, le ha de matar. En mal estado lo veo, Zamudio, que la opinión, en dudosa estimación, es vitorioso trofeo. Fuera gallardo por Dios si contigo se casara, y en buena opinión quedara, fueráis os juntos los dos. No, Zamudio, no me quiere Don Lope a mí, está prendado de Clarinda. Confiado de que por tus ojos muere, y que tú le correspondes. Prima doña Juana, amiga, como estáis? Muy admirada de veros tan reportada. La razón a un monte obliga, Don Lope, tan reducido a la igualdad con que os ama, en cuya encendida llama el Fénix de Arabia ha silo, se ha consultado rendido a la soberana unión de la insigne ejecución de vuestra correspondencia, cuya dichosa sentencia ejecutó la razón: Con él os podéis casar, porque ya de un ciego antojo ha suspendido el enojo, dando a vuestro amor lugar; que para desengañar la pasión que me enloquece, buen ejemplo se me ofrece, aunque mi opinión desdora, pues sé que es os quiere, y adora, al paso que me aborrece: y ansí de nuestra amistad se conserven los empleos. Colmado habéis mis deseos, pero no mi voluntad, que para decir verdad, en esta amorosa escuela, que Don Lope se desvela; demás que ignorante pasa, que si él con hielo os abrasa, a mi con fuego me hiela. Luego no le queréis? . No, que en eso amor asegura, que en lo que ofende procura; demás, que si os dije yo, que él en mi jardín entró, fue engañoso pensamiento, para saber vuestro intento. Quererlo agora averiguar, es, Doña Juana, fundar totres de vidro en el viento; no me he de casar con él. Ya yo le tengo olvidado. No me da ningún cuidado, No me moriré por él. Ese rigor es cruel, porque a mí me ha aborrecido, a vuestro gusto rendido. Si a mí me hubiera estimado, no le dieráis vos cuidado. Es ingrato, Es atrevido. Aunque desanimado de tan torpe suceso, llego fingido amante a dar treguas al viento, mirando de mi suerte los dichosos empleos: divina Doña Juana, a darte el alma vengo; parece que en tocano tus umbrales, que el cielo en mi cifró su gloria, y en ti mis pensamientos, mirando esos tapices, adorno, aunque pequeño, del Alba donde nace el Sol claro, y risueño, hallé pintado Adonis entre unos ramos bellos, que a Venus abrazado, amor le daba celos; el venablo arrojado sobre un copado enebro, y hablando con los aires las lenguas de los pertos, tendia con bellos lazos la hermosísima Venus, en el cuello de Adonis los hermosos cabellos. Y el arrojando el brazo sobre su blanco pecho, viendo al humor corrido, de él se estaba riyendo. Se labraban sus dichas en cristales desechos, ya corriendo, y saltando los libres arroyuelos. Yo dije, enternecido, que bien pintado lienzo, pues muerto tienes alma, y estás hablando muerto! Si mi amor imitara tu suerte, Adonis bello, sola un alma cazara, no jabalis traviesos, transformando en la dicha de amores tan perfectos. Pintándome otro Adonis, me arrojé en tu aposento: si quieres que mis dichas tengan el fin que espero, goza con tiernos lazos el alma que te ofrezco. Triste estás, gloria mía, ayer perdiendo el seso por aumentar mis glorias, y hoy callando, y temiendo: Porque razón? . . Don Lope, el cielo más sereno le oscurece en un punto la inclemencia del tiempo. . Clarinda porque causa tan gran mudanza veo? deje de vuestros ojos la luz, que necio ofendo, y ansí mi amor se estima? Ya, Lope, no os creo: Miraba esta mañana en un cuadro pequeño al bruto que violaba de Porcia el blando lecho, y vi más adelante, que como amor es fuego, con él se daba muerte; qué bien pintado ejemplo! Yo dije, si en Don Lope mi amor hubiera puesto, centellas de tus brazos ardieran en mi pecho, y trasformada el alma en tan costoso incendio; cansada de obligaros, prometí aborreceros. Que esto he llegado a ver! válgame Dios qué es esto? La torre de mis dichas, si no rodando al suelo, adivino el Maestre, de experiencias espejo, los pasos de mi vida, que ya en sus manos veol Qué es esto? si afrentado estoy por el suceso que ejecutó conmigo, por vengarse, Don Pedro? Si no le doy la muerte, de mis dichas que espero? que buen suceso aguardo? o qué glorias pretendo? Viven los cielos altos, que antes que rompa el velo el Alba, de la noche, a los Indios huyendo, que he de hacerle pedazos, como al simple Cordero, que en huñas de Leon pardo guedejas vibra al viento! Don Lope. Oh buen Don Nuño! a dónde vais? . A veros, como Fiscal forzado, si como amigo estrecho. Fiscal decís . Si digo, que como tanto os quiero, perdón primero os pido, que trate de ofenderos: Y sabe el cielo Santo si cuidadoso vengo, de que os pronuncie enfados tan grande amigo vuestrol Mas como al gran Maestre todos obedecemos, pena de su desgracia, su mandado obedezco. Hidalgo sois, Don Nuño, no me tengáis suspenso, que aunque el Juez que ejecuta siempre es odioso al reo, no me da ese luga el amistad que os tengo: que ha mandado el Maestre? Don Lope, en el respeto, que muestro en el decirlo, veréis el sentimiento; dice, que de esa Cruz. que el Bellocino excelso, en el jardín dichoso dio al Bautista por premio; cuya casta blancura representa en el pecho el blanco, a que tiraba el Cazador del Cielo, no es justo que autorice, Don Lope, el pecho vuestro, que tan cándido armiño, adonde puso el sello el que dijo: Eece Anus, en aquel privilegio de nuestra Redención, no ha de manchar el tiempo. No dice por qué causa? La información que han hecho él, y su Secretario, reducen al silencio; más para disculparos leyes tiene el Derecho del brazo Militar. Don Nuño, ya lo entiendo, venid, y llevareisle. Eso es lo que más siento, que traigo orden expreso, que en el lugar, o puesto, que os hallare, os le quite, Oídme, pues. No puedo dejar de ejecutarlo. Digo, que os obedezco; y como al gran Maestre vuestro nombre respeto. La arrogancia, y gallardía no tienen seguridad, si no hay prudente humildad, y liberal cortesía. Adios Don Lope. Él os guarde. Mandado soy, perdonad. Yo estimo vuestra amistad; fortuna, que injusto alarde haces de mis desventuras, pues cuando más te reportas, verdes esperanzas cortas, libres agravios procuras! Don Lope; señora mía, que tristeza os entorpece la luz, con que resplandece el claro, y sereno día, eclipsada? cómo es esto? el Ábito os han quitado? Si don Sancho. En vuestro enfado echó la fortuna el resto, mucho el Maestre os aprieta, que si a un pecho valeroso el estimarle es forzoso, pasión es. . Pasión secreta. Pues no paró en eso el daño, que aún se ofrece otro mayor. Cuando comienza el rigor, poco importa el desengaño. Envíame a que os requiera, vive Dios, que me ha pesado de daros tan necio enfado! quién excusarle pudiera! que la palabra cumpláis de cásaros. . Bien hace. Oh declaración que dé causas porque lo estorbais: y si agradáis a su Alteza, tendréis lo que ha prometido: Mas de no verlo cumplido, que os cortará la cabeza; este secreto no entiendo, de término os da dos días. Altas esperanzas mías, el viento os va deshaciendo; que poco que aprovechan prevenciones a un hombre des- dichado, cuando con más cuidado a la razón estrechan, pues las venturas son tan liberales, que en breves gustos solicitan males: Que Césares, que Numás triunfaron de mil mundos con sus hechos, cuyos gallardos pechos, dando a la fama, y plumas, fueron sepulcro con ultraje horrendo de la envidia fatal que estoy temiendo? Que las virtudes sean principio de desdichas, y de agravios, y que los hombres sabios, viéndolo no lo crean! O ceguedad de presunciones locas, ganadas muchas, y logradas pocas! Rinde Ulises valiente de los Tróyanos muros la arrogancia, y en tan breve distancia, que apenas en su fiente mide el laurel la fama a su discurso. Que Sansón hay dichoso, que Holofernes no rinde su albedrío lo a un breve desvarío, que imagino glorioso, pues la dicha que triunfos atropella; principio es el gozarla del perdellal Amé, que satisfecho desvaneciome mi valiente espada. vi la Cruz celebrada del Bautista en mi pecho, y cuando rayo fui, del Sol traslado, amor, espada, y Cruz me han olvidado, A Dios Don Sancho amigo, que ya voy a medione con mi Estrella; a Dios Clarinda bella, de mis males testigo, si apasionado por mi poca suerte, principio de la causa de mi muerte. Doña Juana os consuele. Quién en mujeres funda su esperanza, mire en esta mudanza, cuando amor le desvele, que el mar, la Luna bella, el tieme . Estimarlos, po afable, ninguno es más veloz, ni más mudable. , , . Aún no los tengo olvidados; Don Lope está retirado en su casa? . Afligido de un caso tan prevenido, en su deshonor fundado. Quéjese de su arrogancia, que es de los nobles blasón, el conservar la opinión, con recatada observancia. Qué hace Pedro? ah salido de casa? . No, gran Señor, Don Lope puede en rigor decir que no está ofendido. El vulgo es tan delicado, en tocando en la opinión, que cualquiera presunción la hacen razón de estado. . Señor Pedro, y mi amo? Que os parece, Albaro Perez, de la mudanza del tiempo? Cómo has trocado el gaban a la Cruz, que está en tu pecho, y fui de que le trocases el fundamento primero, re gocijo de tus glorias son de mis dichas aumentos. Que bien que te está la Cruz, la fortuna en largo tiempo la trueque en la de tu tío, con nombre inmortal; y eterno! Albaro, de los palotes, mis antiguos compañeros, que hemos de hacer? que en efecto ya sirvieron, para restaurar tu honor, de liberal instrumento. entrad en ese aposento, que sobre un bufete están, y sac aldos. Voy por ellos. Lo que en la niñez se imprime, en nobte, o rico sujeto, jamás se puede olvidar, porque como van creciendo las especies de lo amado, van las causas en aumento, y siempre la inclinación ayuda a su mismo efecto. Que bien los acomodaste, solo te falta el Cordero, con que el pendón del Bautista cifrado estuviera en ellos! Toma, que bien te parecen, ya, Don Pedro, te contemplo y torioso en las batallas, animoso en los encuentros; y que con ese Estandarte, calificado en los Cielos, darás a la Fe tributo, pagando al Bantista el pecho. Grosero nombre les daba en la Aldea. . En tu concepto muy bien los acomodaste, pero con rústico acuerdo. Si cómo rústico entonces, agora como discreto, mas dichosos atrbutos, para estimarlos, revengo, ues mejor que con la espada, me defendía con ellos: Agora, si son mi amparo, quién podrá causarme miedo? En ellos iba a caballo, y agora soy Caballero, que podré correr seguro con las alas de su aliento. Si toqueados hacía, repicaban en mi pecho los toques de la esperanza; con que dé ami nombre aumento. Y si jugé al calderon, riyendo, y pasando tiempo, jugaré a gana victorias, y ganaré siempre el juego. Por la chueca que jugaba, con los Zagales del pueblo; chocaré con tantos Moros, que cause asombro el vencerlos, Si de ellos hice bandera, pronóstico fue a lo menos, de que me habían de guiar a tan altos pensamientos. Si fueron espada, y daga, agora serán un peto fuerte, con que gane triunfos, para adornar ricos Templos. Cuando llegaba a un arroyo, y saltaba satisfecho su margen, y sin peligro mi segura puente fueron, agora daré tal salto, aunque esté un mar de por medio, que lo que a su amparo ha sido la margen de mis deseos. Que si entonces me llamaron, por hacer de mi desprecio, Perico el de los Palotes, seré de la Cruz Don Pedro, Y pues nunca los dejaba, porrisa, por burla, y juego, hoy por Bandera de Cristo los adoro y reverencio. Qué hacéis, Don Pedro? Triunfante del valor de tu grandeza, de mis anuncios Atlante, sacrifico fortaleza a este pendón militante. Los palos con que en su tierra vicioso nombre tenía, hoy en esta Cruz encierta. Vanidad con valentía, peligroso nombre encierra: ya sé que uno de estos fue el que deshizo el agravio de Don Lope. . En el cifré mi honor, si no como sabio, como noble. . Bien lo sé; pero no hagáis vanidad de caso que está pendiente de otra ajena voluntad, pues no hay certeza evidente en dudosa autoridad. Y advertid, sobrino, el grado en que está vuestra opinión, pues estáis, aunque animado, pendiente en la posesión, como torpe en el cuidado; que hacer una gallardía, es por liberal acción, sombra de la fantasía; más conservar la opinión, es la mayor valentía. La cortesía, animada! de liberales acciones, vence más bien celebrada los corteses corazones, que no la gallarda espada. Consí leraos ofendido, de noble valor armado, y veréis, siendo advertido, que se desvela el cuidado a las puertas del vencido. Y así porque vuestro honor no ponga el tiempo en olvido, tened por ley en rigor, que temer siempre al vencido, acredita al vencedor. Retiraos, y si tenéis de obediente acuerdo justo, un punto no os apartéis, de Palacio. . Haré tu justo. Mirad que me enojaréis, Señor. Pedro, y mi amo, presto por amor de Dios, a matar se van los dos, y yo vengo como un gamo, aún no me alcanza el resuello, a avisarte que sus vidas las llevan las dos asidas en la punta de un cabello. Pienso que ya habrán llegado, que detras del muro van del Convento de San Juan. Bien cumplen lo que he mandado, nadie se alborote, vamos; por la Cruz que traigo al pecho, que la desorden que han hecho. que lo han de pagar entrambos. Si se matan, que más pena, pues la tiene de la vida quien con espada atrevida a su contrario condena. Entrambos son valentones, si a reñir les tan lugar, yo pienso que han de jugar la vida a pares, y nones. En este puesto, villano, verá tu cobarde esfuerzo, que no castigo la injuria, si no el pensar que la has hecho, Si tu vengarte intentaste, solo por afrenta tengo la intención, que no el agravio! arrancándote del pecho la Cruz, que por tu ocasión tú tío obstinado, y ciego la ha procurado trocar en la cruz del casamiento. En el campo con la espada se hace más, y se habla menos, que lengua es también, pues poné a libres lenguas silencio: Riñe, y calla. Dices bien, yo pienso cumplirte presto de justicia, y con tu sangre borrar tu atrevido intento. No gastes tiempo en hablar, riñe como Caballero, que en palabras no hay reparo, Dejaldos reñir, teneos. Valiente eres, pero ahora verás quien son mis aceros. Tú verás quien son los míos: la espada perdí. Grofero, agora podrás decir, que tu soberbia te ha muerto: mueré infame, porque vivan mis honrados pensamientos. Teneos, Don Lope, Ah desdicha! Basta, Lope, teneos. Ya me tengo, gran Señor, pues que se detiene el cielo, para animar mi ventura, y para esforzar mi aliento: ya me detengo a tus pies, postrado, tendido, y preso, pues navegando mi honor, temoras son tus respetos. Toma la gallarda espada, del más valiente Pedro, que el que a los pies de su hermano perdió la muerte el respeto. Toma este honrado blasón, que no dirás a lo menos, que no te doy una vida en los filos de su aceto. Levantaos. . Señor insigne, de España claro lucero, del Alba dichoso anuncio, de las Estrellas espejo, crisol de la sangre hidalga, envidia de los Imperios, eco en plumas de oro alhadas, que son de la fama vuelo, y al fin Meneses, que basta, pues del Bautista te hicieron, Vicario como de Cristo, el que sucedió a ban Pedro: Pues eres de la justicia Argos, con ojos severos, y del honor en valancas, en tu mano el peso vemos. Abre los ojos, y mira el fiel, verás en mi desconcierto, que aunque las bajen, y suban, como queda igual el peso. Los Ayalas, y Riberas son mis celebrados deudos, Condes que de Fuensalida a un mar de hazañas salieron, Remitieronme a tu amparo, con tan celebrado acuerdo, que a reverenciar Deidades pienso que ostentaran menos. Honrásteme con la Cruz, y como dos se ofrecieron, de peso tan importante, di con la carga en el suelo, Ofrecite mi cabeza, y hoy de nuevo te la ofrezco; que más dichas que gozarla con forzado casamiento! Mas si me vale tu amparo, segura la mía tengo, pues que la de tu sobrino en su lugar te presento, Esta ofrezco por la mía, y este cristalino acero, para que en él reververe de la justicia el derecho, testigos examinados ante tus ojos presento, y la luformación segura, pues son nobles Caballeros. Yo no afrenté a tu sobrino, por dos causas, lo primero, porque de su calidad aún no había rompido el velos Porque si tú me dijiste, que era tratar de ofenderlo querer afrentar un niño, disculpa fue en mi provecho Pues si no le conocí, ni él obligaba a respeto, ni le ofendí en la opinión, ni tuvo tu enojo acuerdo. Pero si él, volviendo en sí, por tu gusto, y tu consejo, ha tratado de afrentarme, yo quedo bien satisfecho también por estas dos cosa la primera, porque habiendo de satisfacer agravios, tiene de ser cuerpo a cuerpo, y ejecutando con golpes del agravio el instrumento: y que este no llegó a mí, saben bien los que lo vieron. La segunda, porque aquí, aunque con gallardo esfuerzo tu sobrino ha peleado, sino ha perdido el aliento, perdió la valiente espada, que un Rodamonte soberbio pudiera envidiar sus golpes, tan temidos, como diestros. Y si cuantos viven saben, que con la razón es cierto, que hay pocos que sean vencidos, sin duda que yo la tengo: Pues si la tengo, señor, probada con mil ejemplos, y con este, que a tus ojos tan piadoso te presento, Mira que el honor de un noble, si tiene merecimientos, se estraga con opiniones; en lenguas del vulgo necio. Por Procurador te nombro, y por mi Juez te presento; por mi amparo te suplico, y obligo por mi tercero. Yo cumplí mi obligación, la suya cumplió D Pedro, hechura somos los dos, tu, gran Maestre, el Maestro; animanos con tu amparo, honranos con tu gobierno, darás gloria a tus hazañas, y a la fama nombre eterno, Con razón os disculpáis, pues la fortuna en su juego alzó por vos esta suerte, con que habéis ganado el resto: Muy bien os vipelear, bien mi sobrino lo ha hecho; mas no son pechos gallardos los dueños de los sucesos. La piedad del gran Maostre pienso que ha de componerlos, Callardos los dos han sido. De rabia, y furor reviento! ha manos descomulgadas, que por estarlo no os muerdo, pues sois de participantes en la tablilla del tiempo! Infames manos, que un roble, para arrancarlo, y romperlo arrojabáis la segur, siendo diez rayos diez dedos, dónde los bríos dejastes? Una pluma, y en el viento, (las hiciera mil pedazos!) os pareció gravé peso? Señor, mi tío, y mi amparo, la ardiente cólera, el fuego; como a la garganta llegan, me tienen mudo, y suspenso, Si del calor de tu sangre gallardos bríos nacieron; para infundirme en el alma tan gallardos pensamientos, porque no me das favor, o permites por lo menos, que vuelva con otra espada a quitarle aquella, y ciento? No fuera más valentía, que cuando la vio en el suelo, dijera: Pedro, alzalda, porque iguales nos matemos; que no hacer vanidad de lo que, sin merecerlo, le quiso dar la fortuna, por hacer de mi desprecio? Si él me la hubiera quitado, como valiente, riñendo, fuera valerosa acción de su celebrado aliento; mas no volverme la espada, para matarme resuelto, señal es de cobardía, pues no me mató riñendo: Que si se me cayó a mí, juz gará quien es discreto, que reñí con dor, pues él, y fortuva me envistieron, Si esta razón es bastante, ya la razón le da alientos; es valor la valentía, el noble el sabio, el discreto, la calidad de los nobles, la opinión de los discretos: Todo lo tienes, señor, vuelve por mí que volviendo cor causa tan justa, quedas tu glorioso, y yo contento. Aunque no tenéis razón, algo tenéis de discreto, que en ofensas conocidas, no valen comedimientos. De los dos estoy quejoso, pues mandé que hasta poneros en razón, nadie saliese de su casa: y esto quiero castigar, como es razón, porque aunque sea lo de menos, para lo más ha guardado la buena ocasión que tengo: Dalde esa espada a. Nuno; y la que honra el lado vuestro dad a donancho, don Lope. Como señor te obedezco. Las ordenes que yo doy se han de guarde Hoy me pierdo. pues contrasta mi opinión amistad, y parentesco. Ha montanas de Castilla, cuyos peñascos excelsos, con alma viven callando, por no parecer soberbio! Señor, sabiendo el disgusto y que a campaña salieron mi señor, y su sobrino, toda Malta sale a verlos; pero el Sargento Mayor, determinado, y resuelto, a nadie deja pasar, cuya diligencia temo, que ha de ponerle en peligro, porque a tantos Caballeros quien los podrá resistir? Pues para excusar diversos pareceres, y opiniones, que acredita el vulgo necio, sobrino, abraza a Don Tope, como a grande amigo vuestro; que yo tomo por mi cuenta que están los dos satisfechos, con el valor que han mostrado los filos de sus aceros: pues en agravios dudosos tan valientes muestras dieron Poco es los brazos, mil vidas a su voluntad ofrezco. Tan verdadera amistad consulta fue de mi pecho. Hoy por gallardo, Lope, daros el Abito quiero; Clarinda sea vuestra esposa, y pues que siéndolo pierdo diez mil escudos, también sean para el dote vuestro; y de Maese de Campo os doy el hastón, Yo quedo premiado, y agradecido, mas con tu licencia quiero, que doña Juana los goce, gran señor, en un Convento. Decis bien, y a mi sobrino nombro mi Teniente, siendo quien gobierne mi estandarte en mi ausencia. Tus pies beso. Los palores de la Aldea, Albaro, gran salto dieron pues de un monte, a un estandarte, han levantado su vuelo. Solo falta que al Senado, haya agradado el suceso. para que haberle servido tengamos por justo premio,