Texto digital

Texto digital de El perico de Utrera (Tercera jornada)

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido
Atribución estilometría
Cepeda Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto ha sido prepardo por Monge Olivares y Rodríguez Rebollo.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Monge Olivares y Rodríguez Rebollo. Texto digital de El perico de Utrera (Tercera jornada). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/perico-de-utrera-el-tercera-jornada.

Logo BICUVE

EL PERICO DE UTRERA (TERCERA JORNADA)

Señor preso, ¿cómo ha ido? Ya tú sabrás de qué modo, y por decirlo del todo, fueme como tú has querido. Pues por tu gusto he lastado lo que no comí ni vi. Todo eso se hizo por mí y está a mi cuenta sentado. Y yo, Fabio, pagaré, como verás algún día como fue por vida mía. Como se esperaba fue. Llegó ayer de Salamanca a Valladolid Don Diego, y fue a la cárcel y luego me dieron la puerta franca. Porque viéndome presente y el vestido conocido, les dijo: este es mi vestido, mas no es este el delincuente. Preguntáronme de quién el vestido había comprado, y como un hombre habitado, que está en lo que dice bien. Respondiles que de un hombre que le había vendido acaso de quien por ir muy de paso, no supe su casa y nombre. Y muy poca culpa vista, echáronme por ahí. Don Diego en fin está aquí. Y con cuidado y con vista. Que en viéndole eres perdido si a tiempo no te previenes. Ya tú no dices que tienes el remedio prevenido. ¿Qué te ha dicho mi doña Ana? Que gusta de desposarse, pero importa ejecutarse esto antes hoy que mañana. Pues si ha de ser con secreto, no he de aguardar ocasión para que la ejecución en mi favor tenga efecto. Ahora bien, el cielo aún da donde ve que es menester, Fabio, una cosa has de hacer en que me importa tu ayuda. ¿Y es? Que al punto has de partirte con esta carta a mi padre. Solo me parió mi madre, señora para servirte. Manda, que obediente estoy a cuanto mandar quisieres. Remedio de tristes eres. Y ejemplo de tristes soy. Aquí en la huerta perdida me dicen que ha de posar. ¿Llamo? Bien puedes llamar, que posada es conocida. Mira si acaso está ahí. ¿Quién va? Si va. Entre. Entro. No ha sido malo el encuentro. Ni muy bueno para mí. Qué, ¿aún vivís? Todavía vivo. ¿Conoceisme? Sí, conozco, porque jamás desconozco el bien que una vez recibo. No os habéis holgado mucho de verme. No, antes sí hago solo no me satisfago de oír eso que os escucho. Y que no quiero que entendáis que me puede a mí pesar, de veros en un lugar donde ausente aun me ayudáis. Que si he podido vivir con él estos días secreto, solo por vuestro respeto viví. Y lo podéis decir. Pues sí puedo y me he preciado hasta aquí de agradecido, porque no estaré ofendido si pensáis que me ha pesado. Aquí me tenéis sujeto solo a vuestra voluntad, y seguro en la ciudad porque está en vos mi secreto. Que a estar en otro que en vos, ya yo hubiera padecido por el crimen cometido patente solo a los dos. Vos en fin no confesáis que a mí me debéis la vida. Y que por cosa debida, de ella una cosa hagáis. Pues yo tengo que poner en estado una doncella, que después de serlo es bella y prudente aunque mujer. Noble y rica y que si yo pudiera ser su marido ya mi esposa hubiera sido. Qué, ¿no puede serlo? No. Pero de no poder serlo está a mi cargo casarla, y pues ahora no se haya quien pueda así merecerlo. Casarla querría con vos, porque llegado esto a ser me tengáis que agradecer lo que hago por los dos. Fuera sé que yo también tendré a vos que agradeceros y ocasión de bien quereros porque la quiero a ella bien. Pero de no hacer mi ruego, soy amigo de hablar claro, y digo que sin reparo os he de descubrir luego. Por delincuente, de suerte que haciéndolo me obligáis y no lo haciendo os dais vos a vos mismo la muerte. De manera que es la vuestra más fuerza que ruego. Todo por eso ved de qué modo se compone esta paz nuestra. Porque de no componerse cobráis en mi un enemigo que os puede ser buen amigo. Algo que puede ya hacerse. ¿Qué respondéis? Que lo haré, más no sabré quién es ella. : Digna de vos, rica y bella y que os está bien a fe. ¿Quién es? digo, ¿hermana o deuda? No le digo que es mi hermana por si el día que la vio acaso no le agradó. El temor todo lo allana. Vaya yo a ver vuestro gusto, aunque hasta saber si es bueno, ni el casamiento condeno ni menos le doy por justo. Y a Dios. Voyme en confianza de la fe ya una vez puesta. Cielo cruel, ¿qué fe es esta que hoy me quita la esperanza? Yo no esperaba casarme con mi doña Ana hermosa, como me dan otra esposa que estoy por desesperarme ¿Con qué muerte me amenazas si el mismo casarme es muerte? Señor, ¿qué haces de esa suerte? ¿Qué es lo que así a solas trazas? No lo sé. ¿Que hasta eso ignoras? Vuelve a donde es la partida. Partome a llorar la vida Pedro, que me dan por horas. Vete y lloremos a ratos, que también tengo que llore y tendré en tanto que adore a aquel ejemplo de ingratos. Mas una te tengo armada, desconocido Don Félix, en el tuyo tan infeliz cuanto en mi favor buscada. A tierra, a cielos, a Dios porque yo ya no me hundo, se hunde aqueste mundo que tal sufre. Hundíos vos si tenéis porqué, Perico, y no nos hundáis a todos. Vos, estampa de los godos, mucho os queréis. Desde chico. Pues señor don Periquín ¿qué hay? Gran mal señor don Bueso. Como mal sepa yo eso. Llega señor ya la fin. Sabed que se acaba el mundo. ¿Cómo? ¿Qué desdicha corre? Funda Babel otra torre, temen diluvio segundo. Trajo otras nuevas a Roma el villano del Danubio. No hay villano, ni diluvio, ni Babel. ¿Pues qué te toma? ¿Qué es el mal? Qué mayor mal que haber aún tiempo venido de ver un hombre parido? ¿Un qué? Un parido animal. hombre parido Perico. Y mozo galán y rico que ya ha ser por interés. Mas solamente por vicio abominable delito. Jamás contado ni escrito oí tal. Yo estoy sin juicio. Y Pedro, ¿quién es el hombre? No sé, temeroso estoy porque tiemblo cuando voy, Aguero, a formar el nombre. Porque ya vos veis el caso y si debe estar secreto. Y cómo, pero en efecto no lo sabré. Hablad paso. La tierra no lo oirá, Pedro, decídmelo. ¿Y si le infamo? Es por ventura vuestro amo. El propio. ¡Válgame San Pedro! Y Perico ha hecho cama. No porque lo disimula, pero a fe que le atribula el riesgo. Hola. Este es que llama. Señor, por vida de Aguero que disimule. Sí haré. Mire en quien a él se debe desgraciado caballero. ¿Qué haré con tantos enojos, Pedro, como amor me ha dado? Mas qué flaco que ha quedado y que hundidos los ojos. ¿Qué quiere Agüero? ¿Manda algo? Enviome mi señora para avisarle que a qué hora quiere que le hable hidalgo. ¿Y a qué hora me quiere hablar? Conforme a la que señala, por mi vida, a la más mala que se puede señalar. Que a un hombre que no anda bueno, y mas de tan ruin achaque, no es bien que nadie le saque de su casa con sereno. No os entiendo padre honrado, ¿es acaso aquesta noche la que ha de hablarme? La prima noche. ¿Y en qué lugar? En el prado. Adonde quiere salir con color de ir a tomar el fresco, y esto el lugar. Abríguese bien si ha de ir. Bien que aunque no hace calor no es ahora el sereno tanto. Es mozo, en fin, no me espanto que disimule el temor. A Dios. Basta que da el viejo en mirar por mi salud. Como está en la senectud teme el tiempo y da consejo. Ahora de tu parecer, ¿qué haremos? Mudar de intento. Concluir este casamiento si no te quieres perder. Antes, si enojo a don Diego, temo perderme más presto. Ven y trátese ahora de esto y obre el cielo, señor, luego. Ahora sé lo que yo quiero. No digo que no se haga pero que se satisfaga a mi palabra primero. También está la mía puesta. Puse yo también la mía. ¿Y sobre qué es la porfía, Señor, por los dos propuesta? Sobre cierta cosa, hija, que ha de remitirse a vos solo sobre cuál de dos por bueno es bien que se elija. ¿Por bueno para qué intento? De solo daros marido, y este tengo yo elegido y con mucho fundamento. ¿Pues no es, hermana, menor el que lleva el que yo fundo pues nada tiene ahora el mundo que pueda estaros mejor? Es grande mi amigo el padre, hija, del que yo os aplico. Y es después de ser muy rigo muy noble de padre y madre. Pues el que yo, hermana, abono es tan principal también que para estaros tan bien no carece de mi abono. Ello hase de remitir a mi voto finalmente. ¿Pues quien si vos no es decente que pueda en esto elegir? Pues si pende de mi labio la gloria del vencedor, quien no conoce señor no le puede hacer agravio. Yo no conozco a ninguno de los dos que me aplicáis, y así pues varios estáis y no conformes en uno. Por el parecer que Dios me ha dado, esta vez me rijo y digo que yo no elijo a ninguno de los dos. Y esto sin agravio de ambos, porque a ninguno conozco sino por que reconozco sujeción humilde entre ambos. ¿De manera que se exime de ambos con una respuesta? ¿Pues tan mala hayaste aquesta para que tan mal se estime? No. Mas pues es tan forzoso el hacer el casamiento, aquí solo es el intento, que elijáis señora esposo. Que estarse así una mujer sin estado no conviene. ¿Qué sabemos si ella tiene ya elegido el que ha de ser? Yo me voy, que el tratar de esto, no es, señores, para mí. Ahora si lo fiáis de mi yo dejaré esto compuesto. Y propuesto de este modo, jamás se hace casamiento hecho con buen fundamento donde el gusto no sea el todo. Y este gusto no ha de ser ni de padre ni de hermano, sino de quien da la mano ya sea hombre o ya mayor. Supuesto esto mi opinión, que si ha de tomar doña Ana, hija de uno y de otra hermana, estado como es razón. No se case a su disgusto por parecer de los dos, sino como manda Dios precediendo antes su gusto. Y porque ya podría haber puesto en alguno los ojos, que este mundo es todo antojos, y es en efecto mujer. Yo me atrevo a saber de ella quién es este que ha elegido y si es acaso el marido tal que llegue a merecerla. Parezcan esos dos vuestros y parezca el que ella elige, que Dios que los juicios rige, regirá entonces los vuestros. Y vistos los tres veremos el que se pueda escoger. No es malo desaparecer. Pues de consejo mudemos. Que mudar consejo es, según dicen, de hombre sabio. Pues a dos no se hace agravio si uno se escoge en los tres. Si mas ya estoy satisfecho de la victoria del mío. Pues yo del mío confío que ha de ser señor del hecho. Pues yo del mío aún no trato, que no he sabido quién es, mas quizá algún día si hay tres les dará a los dos mal rato. Pues, a la mano de Dios, yo esta noche a lo más largo digo que del mío me encargo. Y los dos de esos otros dos. Del prado me voy del prado me vengo, si no son amores no sé qué me tengo. Mas lo que hacemos los dos de cursar la Madalena, la estación yo sé que es buena mas la intención no, por Dios. ¿Qué digo Aguero? ¿Qué hay? Mi señora, que esté el coche aquí antes de la noche, que abrevie que ya el sol caí. ¿No sale al prado? Al instante solo cuanto hace oración. Es grande su devoción, Dios se la lleve adelante. Costanza, si habéis sabido a qué ha sido la venida. No sé a qué eso, por mi vida con ocasión habrá sido. Creed que se quiere ver con su galán esta tarde, ya dicho que aquí le aguarde. ¿Mas qué ver debe de ser? Vienen a darse palabra y a concluir su casamiento. Hermosa torre de viento es la que ahora aquí se labra. Casáranse ellos ahora, y casáranse de modo que entre el padre y dé con todo por tierra dentro de una hora. No os quitéis de por aquí que tenéis de ser testigo. Eso no, jamás fui amigo de decir que hoy ni vi. No quiero voces, Costanza, que estoy con el viejo bien. Aguero. Pedro, también ya cabal está la danza. Queda vuestro amo allá dentro Por esa otra puerta entró y aun no entró cuando topó. ¿Con qué? ¿Con azar o encuentro? No si no con su Doña Ana que esta como un azahar. ¿De qué trata? De rezar. ¿Qué? La doctrina cristiana. Creo lo que es muy devoto y, Pedro, es la vez primera esta de hoy que sale fuera después de aquel terremoto. Esta la primera ha sido. Luego podemos decir, que ya que acertó a salir, fue a vísperas de parido. Mejor es disimular, que eso es bien que esté guardado. Digo que en lo ya jurado me vuelvo a rectificar. Y que hago a Dios testigo de que quedáis por mi esposa sin que haya en el mundo cosa contraria de lo que digo. Ahora nos libre Dios de mi padre y de mi hermano, que hoy quieren que dé la mano por lo menos a otros dos. No importa que Venturoso, Señora, está de por medio, y no habiendo otro remedio puede faltar el forzoso. Y es Perico. El ordinario, cuando todo riesgo viene, aun bien que el obispo tiene en Valladolid vicario. Hay más que pedir por él. En fin, que ya esto está hecho. Sí, amigo Aguero, de hecho. Sin Aguero. Antes con él, pues se ha hecho entre paredes. De una Iglesia cuando menos. Por muchos años y buenos, regocen vuestras mercedes. Mas el viejo, ¿qué ha de hacer cuando sepa el casamiento? Por eso que el sacramento no se puede deshacer. Paréceme que ya aquí no hay que hacer. Ya aguarda el coche. Y que viene ya la noche, también me parece a mí. Guárdese hijo de un pasmo mientras este aire se aplaque, que sin tener yo ese achaque que él tiene, todo hoy me pasmo. ¿Pues qué achaque tiene Urbano? Acá es un poco, él me entiende. Sin duda alguna se ofende de que os lleve de la mano. Oféndome de que ande tan tarde de orilla de Esgueva. ¿Han visto qué de agua lleva? Hízolo la corte grande. Sí, grande murmurador. ¿Y Aguero de qué murmura? Señora, de la locura que hace ahora este señor. ¿Yo soy loco, Aguero? ¿En qué? En no huir de cosas frías, pues por estar quince días aún tiene en la huesa el pie. Pues aunque hubiese salido como dueña de algún parto. A fe que le importa y harto. A mí. Pues no está parido. ¿De qué sirve que aquí, ahora, se haga de nuevas conmigo? ¿Que estoy qué? Parido, digo. ¿Quién? ¿Urbano? Sí, señora. Perico como estás mudo, ¿no me lo dijiste tú? Pues vi eso de belcebú, Decid, ¿no sois más agudo? Si una mujer pare a un hombre después que el hombre ha nacido, no es por fuera hombre parido. ¿Y le dais por eso el nombre? Pues porque por parir él, pues puede un hombre parir bestia, eso has de decir. Mira, juro a San Miguel que estoy por hacer un hecho que a Valladolid espante. ¿Hay viejo más ignorante? Yo tengo sencillo el pecho. Pues en casa de un albardero hay paja con que lo estofes. Ah, quién te viera esos bofes ladrón. Bueno está escudero. Con mucha honra gana pan. Bueno está, no más señores. Graciosos dos contendores. Una palabra galán. Y dos también gentil hombre. Tu padre está aquí, señora. ¿Cuándo llegó? Ahora e y deja el hábito de hombre. Y procédase del modo que me dijiste al partir. Tengo de que ese advertir estás advertido en todo. O ¿Estás bien en ello? (XXXXXXXXXXX) Pedro, ¿dónde? A urdir otro nuevo embuste. Y tal que habrá quien del guste si al deseo corresponde. Perico eres tú de Utrera llámote yo belcebú. Venturoso. Sola tú es quien serlo ahora espera y a toda la gente aguarda. Pide el coche y vamos presto. Tienes el pleito bien puesto. Y tú en mí un ángel de guarda. ¿De qué suerte Venturoso? Estamos ya concertados en que de tres concertados nombres a tu gusto esposo. ¿Y son? Dos que no conozco que te traen padre y hermano y el otro el señor Urbano, a quien desde hoy reconozco por dueño y a quien deseo la vida y salud que a mí. Tendrás un amigo en mí si yo en mi reino me veo. : Vamos y ve prevenida, porque es la junta esta noche. Pide el coche. Hola. Hola. El coche. ¿Qué he de hacer? Id advertida. Vino por nuestro mal un monstruo al mundo que suelen llamar honra los mortales, cuyos efectos siempre fueron tales que se engendró sin duda en el profundo. Y si pregunta alguno en el segundo, digo que es propio mal entre los males que tienen las personas principales después del propio ser lugar segundo. Y así es bien tan mueble el de la honra que es un vidrio dorado de Venecia tan fácil de quebrar como estimado. Pues mientras más con él se honra siendo en casa la joya que más aprecia se la quiebran el hijo o el criado. Ha exagerado muy bien vuestra merced lo que es honra. No es solo honra, que deshonra se puede llamar también. Pues cuanto más honra tiene el que la llega a tener, tanto más viene a perder si acaso a perderla viene. Que ya las cosas están en este mundo en estado, que no hay honra en el honrado más que la que otros me dan. Está en su mano adquerida pero no está el no perderla pues suele privarle de ella una loca mujercilla. ¡Ay hija, quién engendrado en el mundo no te hubiera! ¿Qué es lo que ahora se espera? Solo que llegue un criado. Que llegado el momento que llegue con el aviso llega el término preciso del fin de ese mandamiento. Vuestra merced le ejecute, pues es quien es como debe. Harelo también y breve que culpa no se me impute. ¿No dicen que esta es la casa? Es la misma de don Félix. Y para mí bien infeliz. Cosa es que por muchos pasa. ¿No es este el criado? Él es Pues amigo Fabio, es hora. Y buena porque está ahora él en casa. Entremos pues. No es menester que ya él sale. Señor alguacil mayor, ¿qué hay? Valernos del favor, señor de quien tanto vale. ¿Qué se ofrece en qué servir? Señor, cierta diligencia que sin darnos vos licencia no se puede concluir. ¿Qué diligencia hay que pida licencia mía? Y favor contra vos mismo, señor. Por mi vida. Y por la mía. Porque sois el delincuente, y el mismo delito pasa dentro en vuestra misma casa. ¿Delito? Y que está evidente. ¿Y por quién soy acusado? Por este señor. ¿Por él, qué pide? A doña Isabel, mi hija a quien has robado. Como consta, pues hoy día tienes en tu casa el robo. Ni yo soy hombre que robo ni esa es buena cortesía. ¿Suélese así proceder con un hombre principal? Sí, cuando lo hace tan mal ¿Cómo habrá de parecer cuando mi hija parezca dentro en tu casa escondida? Si tal estuvo en mi vida de ella dentro de hoy carezca. Mi señor, yo me holgaré de que esto así no suceda, pero no sé cómo pueda irme sin dar de ello fe. Su casa he de visitar con la licencia debida. Visite más, por mi vida que se pudiera excusar. Que jure o no, yo en fin entro. Sé que juro bien. Bien falso que por un postigo falso se entró y se ha escondido dentro. No me ha dejado de dar cuidado el ver que así un hombre detrás prendíais y nombre deje su propio lugar. Y venga a buscar en este a su hija doña Isabel, y a recelo que esté en él y con el cuento me cueste. Que en fin hubo entre los dos lo que hubo de por medio, si está no tiene remedio y a mi mal si no es de dios. Porque el padre querrá luego que me case aunque me pese, más si estuviese aquí y fuese el gomecillo del ciego. Si está, vive dios que es él. Mas de estar bien, puede estar, ¿pero cómo la han de hallar en mi casa? ¿Háse ido él? Aquí esta el señor don Félix, que no es hombre que se ha de ir. Que al fin hube de venir yo a ver esto a padre infeliz. ¿Qué es esto? Cielo ella es y en mi casa ha parecido, ¿cómo puede esto haber sido? Ello se sabrá después. Lo que hay que hacer ahora es señor. ¿Qué? Lo ordinario, ir ante el señor vicario. Alto, llegó ya la hora. Yo debía, y quiere dios que pague y quiero pagar, no tienen que nos llevar ante el vicario a los dos. Doña Isabel es mi esposa y yo su marido soy, mas aunque lo soy no estoy culpado en solo una cosa. Que es en tenerla escondida que por Dios que tal no supe. Vuestra merced no se ocupe en disculpas por su vida. Sino en tratar de alegrías y solemnizar sus bodas. Hecho eso, mis quejas todas cesaron aquí. Y las mías. Vamos, pues donde se trate de poner por obra el caso, hoy doña Ana cruel me caso y pongo a tu amor remate. En fin Íñigo, que ya Francisco está puesto a punto. Y le tengo dado el punto de cuanto tratado está. ¿Y sabe con quién le caso? Solo sabe que se casa y que ha de ser aquí en casa, mas no con quién. Habla, paso. ¿Tienes acaso avisado, Hipólito, al forastero de qué es hoy el día que quiero concluir lo concertado? Si dices por el que posa junto a la chancillería, bien sabe que es hoy el día que a tu instancia se desposa. En efecto, Venturoso, dices que en limpio has sacado que hay tercero desposado. Y noble, cuerdo y brioso. ¡Ay hija! ¿Cómo no tiene ya un padre hoy hora segura y estará aquí a coyuntura? Luego en llamándole viene, que ya de vuestro concierto le tengo yo prevenido. En efecto que ha salido a una vuestro temor cierto. No es tiempo ahora señor de resucitar enojos, sino de abrir bien los ojos y de ver quien te está mejor. Las de mi señor don Juan. O mi señor don Antonio. Es hoy este matrimonio. Ya por los novios irán. Véanse y véalos después versea lo más importante. Iba todavía delante esto de haber de ser tres. Pues habiéndolos de haber, si vino así la ocasión no fuera gran sin razón habiendo tres no escoger. Ya el lance vino forzoso pues son tres los desposados y están los tres aplazados escoja mi hermana esposo. Que es la que se ha de casar y es bien se atienda a su gusto. Yo al menos hallo que es justo. Pues en bien ha de acabar. Ve tú y llama a tu señor. Y tú hola al forastero. (XXXXXXXXXXXX) Y tú a tu novio tercero. Yo sé que lo hará el mejor. Yo sé que en esto mi hijo los dos no tendrán que hablar. Yo que les ha de llevar la ventaja al que yo elijo. Aún bien que ya de esta noche no puede pasar el cuento. rumor y no poco siento. Fuera, parad. Para el coche. ¿Quién mueve rumor, Aguero? Según dicen los criados, señor, unos desposados. ¿Sí son quizá los que espero? No, son sino hembra y varón, que a razón deben ser, señor, marido y mujer. Dos criados vuestros son. Que porque puesto que indignos les fue esta noche notorio, que hay en casa un desposorio vienen a ser los padrinos. Es don Félix. Y su esposa, ya desde hoy doña Isabel. Y así brioso y galán él, ella gallarda y briosa. Guarde, guarde Señor, no es este el que era ayer Perico de Utrera. Sí. Pues no se ve bien claro. ¿Qué tan claro le parece? Pues no viva muy seguro que por dios que es bien oscuro el niño cuando se ofrece. ¿Ha visto bien si es mujer? Sí, Aguero, muy bien lo he visto. Vele, pues no me vea Cristo si lo tengo de creer. (XXXXXXXXXX) Sin duda, muy buen suceso de esta noche no se escapa. No me asgáis todos la capa, soltadme. Señor, sí. ¿Y tú al mío? Sí, señor. ¿Y tú a otro opositor? También. ¿Qué es de él? Hele aquí. No hablaréis uno a uno, hable uno y otro después no gustes los tres por tres. Sí. Más sea resuelto en uno. Señor, aqueste es mi hijo. Y también mi forastero. ¿Es este el novio tercero que venturoso nos dijo? Ana, ¿es así? Sí, señor. Basta que son tres en uno. Luego el yerro fue ninguno y ninguno el deshonor. Solo lo que resta aquí es que ambos se den la mano. : ¿Gustan su padre y hermano de que nos las demos? : Sí. : Pues yo soy vuestro marido. Yo, señor, vuestra mujer. Con juramento ha de ser de ambas partes prometido. Yo lo prometo y lo juro. Yo digo que lo confirmo, y como padre lo afirmo y por hecho lo aseguro. Ya están casados. Y digo que de que lo estén me alegro. Pues sabe que eres ya suegro de tu mayor enemigo. Porque el mismo que ahora aquí le dio a tu hija la mano, es quien dio muerte a mi hermano. ¿Qué dices? Que esto es así. Que por ganarle el perdón para cuando lo supieras hemos puesto tantas veras todos en la ejecución. Y esto a mi desde Sevilla me trajo a verte, señor. Que tú fuiste el matador. Y el que hoy a tus pies se humilla pidiendo que le perdones ya como a tu hijo y yerno. Levántate, ¿qué tan tierno con ese nombre me pongas como hasta ahora airado con el nombre de enemigo? Otórgame el perdón. Digo, que por mí te es otorgado. Que según de ti colijo y el verte me tiene tierno, será si ahora mato al yerno matar de nuevo otro hijo. Haz cuenta que hoy cobras, Diego, tu hermano en su matador. Ya yo le vi de pintor. Yo también le vi de ciego. Yo mi enemigo importuno y ya mi amigo desde hoy, que fin a mi enojo doy y a los tres novios en uno.