Texto digital de El perfecto caballero
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Guillén de Castro y Bellvís
- Atribución estilometría
- Guillén de Castro y Bellvís Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto ha sido modernizado por Claudia Pérez Conde y Eduardo Camero.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Pérez Conde, Claudia y Eduardo Camero. Texto digital de El perfecto caballero. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/perfecto-caballero-el.

EL PERFECTO CABALLERO
JORNADA PRIMERA
¡Válgame Dios! no hay pensar que le pueda detener; y es más ligero en correr que fui ligera en saltar. Una jara, un ciervo es por valles, montes, y llanos; riendas me deja en las manos, y alas se lleva en los pies. ¿Diana? ¿Quién me ha nombrado? ¿Señora? El Rey me ha seguido. Tanto tu daño he temido, que en mi caballo he volado. ¿Qué te has hecho? he de llorar alguna desdicha. Tente, el cabello solamente me descompuse al saltar. Ligeros son mis enojos. ¿Y eso es poco? ¡Ay ojos bellos! cualquier daño en tus cabellos fuera menor en mis ojos. ¡Con qué susto te he seguido! Bien se ha visto tu cuidado en lo presto que has llegado, y en lo solo que has venido. Yo entendí que te seguían los que contigo cazaban Todos corriendo miraban al jabalí que corrían. Sino yo, que entre despojos de amor ciego, y de luz pura, no le queuite a tu hermosura ni aun un rayo de mis ojos. Y viéndote en tu caballo fogoso por español, que en todo imitando al Sol era imposible parar lo. Piqué, te seguí, y de suerte, que no sé si ha de obligarte más el gusto de alcanzarte, que el recelo de perderte. Y de tu cabello hermoso a un árbol se quedó asido este volante, que ha sido el ligero, y yo dichoso. Contento estoy de traerlo, pues la ocasíón que me da la toca, sin duda está cerca de darme el cabello. Dichoso mil veces yo que tanta gloria merezco. El seguirme te agradezco, pero el perseguirme no. ¿Qué procuras? ¿Qué pretendes? Gustaré de que me digas, ¿si es que piensas que me obligas con lo mismo que me ofendes? Sin alma estoy. ¿A qué aspiras? A que esperes. ¿Te acordaste de quién eres? ¿olvidaste de quién soy? ¿No sabes que ser tu esposa pudiera haber merecido? ¿por ventura quien lo ha sido es más noble, o más hermosa? El tener mejor fortuna cuando contigo caso tiene de mejor que yo, que la sangre toda es una. De un abuelo nacer pudo su valor, y su importancia, por quien las lises de Francia pinta mi hermano en su escudo. Y a quererme tu escoger como fui tan desdichada que vine a ser su criada viniera a ser tu mujer. Si yo ,Señora, te viera primero que me casara, pues sabes que te adorara no dudes que te escogiera. Con tu prima me case por quererlo así mi estrella, y al verme sin ti, y con ella, también sin alma quedé. quedé muerto en tu hermosura y tú ahora con rigor atribuyes a mi amor las faltas de mi ventura. Fue mi desdicha terrible, y hace mi pena inmortal. Pues quiso Dios que ese mal tenga el remedio imposible. Y a mí me sobra de honor lo que me falta de suerte, en mis agravios advierte si es que te basta Señor; Haberte dado en dos años que ha que en Nápoles me tienes, con tan honrados desdenes tan visibles desengaños. que ocasíón tan importante ese volante te dio. ¿Imaginas que soy yo más ligera que el volante? Refrena tus desvaríos, pues no hay ocasión en ellos que entre todos sus cabellos te dé alguno de los mios. Pues mi seso es tan pesado deja el ser ligero amante, y vuelve a dar el volante al viento que te le ha dado. Darasme gusto infinito, y para que no me ofendas estoy por darte estas riendas que pongas a tu apetito. Señora, bellos despojos de los cielos soberanos, riendas me ponen tus manos cuando me pican tus ojos. Como cuando ardiendo peno podré dejarte de amar, que riendas le han de bastar a quien ha mordido el freno. Bastante ejemplo te ha dado tu caballo, gloria mía, pues más ligero corría, y no estaba tan picado. No viste la furia loca de su carrera, y no viste que al pararle le pusiste las espuelas en la boca. No le viste al darle tientos mezclar con sangre la espuma, y como ligera pluma seguir los veloces vientos. Y así por montes, y llanos deslumbrando al Sol con ellos, descomponer tus cabellos, y no respetar tus manos. Pues tengo en esta ocasíón donde ciego arderme veo, menos fuego en el deseo, o más vista en la razón. Y tú no me viste a mi saltar ligera, y dejarlo; pues como dejé al caballo habré de dejarte a ti. Ya que tu cordura poca me ha dicho con tal exceso, que es un amante sin seso como un caballo sin boca. Espera, escucha mi bien, perdóname, estoy sin mí. Para escaparme de ti morderé el freno también. Suelta. Cielo soberano, ¿que a un alma tuya desechas? Las riendas pedazos hechas quiero dejarte en la mano. Porque sea en mi favor el ejemplo del caballo. Deteneos. He de matarlo. Muera el traidor No es traidor. Desdichado ser podrá, que en efecto es hijo mío; perdí con la sangre el brio. Válgame Dios, ¿Qué será? Tenme Galindo. Si puedo, que estoy de miedo mortal. ¡Hase visto estruendo igual! Ludovico. Muerta quedo, Hermano. Teneos, villanos. ¡El Rey!, ¡el Rey! Rendir quiero así a tus pies el acero, como la boca a tus manos. Para que den su favor a estas canas. ¿Qué es esto? ¿contra ti se han descompuesto, Ludovico? Sí ,Señor ¿Qué hubo manos tan villanas? ¡pero cielo soberano! ¿quién puso la injusta mano en tan venerables canas? Yo quisiera responderte, pero en trance tan feroz por donde sale la voz recelo que entre la muerte. Con la sangre que he perdido me siento muy desmallado, y así lo que habéis pisado con la boca no he barrido. Mas por no caer en mengua en ocasíon tan honrada, quien me ha servido de espada podrá servirme de lengua. Hijo mio hablad por mí. Y llevarante entre tanto a cura d. . El cielo santo te prospere. hacedlo así. Llevadle en una litera a que en mi propio aposento se cure. ¡qué pena siento! Ya estoy sano. A Dios pluguiera Vente Galindo conmigo. Con menos miedo he quedado. Llevanse al viejo, y vase Galindo con él. Dime tú lo que ha pasado. Pues lo mandas yo lo digo. Yo soy español, y tengo por madre a la gran Valencia, Ciudad famosa en el mundo por insigne, suerte, y bella. Es mi nombre don Miguel, y mi apellido Centellas; así fuera mi ventura, como fue mi descendencia. Y este venerable viejo, que es mi Padre, este que riega tu tierra con sangre mía, quizá por mostrar que es buena; fue en su mocedad muy mozo, vistió galas, gastó en fiestas, y aunque dio en sus travesuras indicios de su nobleza, por no medir cuerdamente la inclinacion con la fuerza, anticiparon sus canas, y consumieron su hacienda. Crecí yo, y creció también entre los dos la pobreza; fueron faltando los deudos, porque sobraron las deudas. Y tanto que en nuestra casa para formar justas quejas al desnudar las paredes de oídos hicieron lenguas. Fue teniendo franca entrada la ejecución por las puertas, por los ojos el agravio, y por el alma la pena. que los que engañados dicen que no infama, y que no afrenta la pobreza a los honrados, no es posible que la tengan. que supieran, a pasarla, y hubieran visto, a tenerla, a cuantas cosas obliga, que de obligaciones niega. Y que el pobre si es honrado está como a la verguenza colgado de la esperanza, y asído de la paciencia. En su desprecio la encogen los parientes que le niegan, los contrarios que le siguen, los amigos que le dejan. Es su verdad nunca oida, que aunque por desnuda es buena, si la imita quien la dice, sale helada, y llega muerta. Con los pobres se lastima, con los ricos se averguenza; unos rien sus desgracias, otros llorando las cuentan. Todos, en fin, le persiguen, hasta las desnudas piedras se levantan, para ser retrato de su pobreza. Todo en el pobre es desdichas, todo en el pobre es afrentas; tanto que cansado yo Señor de pasar por ellas, con poderes de mi padre, su consejo, y su licencia, recogí, junté, y vendí las reliquias de mi hacienda. Y al vender mi antigua casa mandé quitar de sus puertas el blasón de mis abuelos en un escudo de piedra. Allí lloré mis desdichas, doblaronse allí mis penas, porque acabé de entender que era infamia la pobreza. Mas sirviome de consuelo el pagar todas las deudas que causaron en mi casa los predecesores de ella. Solos cuatro mil ducados me sobraron, que en Valencia rinden por censo a dos vidas más de quinientos de renta. Estos le le dejé a mi Padre, y a ser más lo mismo hiciera; después con su bendición bañada en lagrimas tiernas a embarcarme para Italia me vine, mas la terneza de mi buen Padre no fue bastante a sufrir mi ausencia. Alcanzome en Barcelona cuando presuroso en ella trataba mi embarcación casí del agua a la lengua. Llegó a mi abiertos los brazos, y las entrañas abiertas, ceñida su vieja espada, y esforzando su flaqueza; Temblando la voz me dijo, también yo voy a la guerra, hijo acompañarte quiero, en tu corazón me lleva. ¿No sabes que fui Soldado en mi mocedad? ¿No piensas que de mis pasados bríos algunas reliquias quedan? Arrojémele a los pies, correspondí a su terneza, a su voluntad rendido, y sujeto a su obediencia. Y como el rey de Aragón, vencedor de tantas guerras conserba en la paz sus muros entapizados con hiedra. Resolvimos de venir a servirte en esta guerra que te hace haciendo liga el de Milán con Venecia. Y flotando una tartana de Barcelona a Marcella, de allí a las bocas de Capre llegamos en tus galeras. Y como entraron de noche, y siempre la luz esperan para entrar haciendo salva a tu Napoles la bella; Mi viejo Padre cansado hubo menester la tierra, para descansar en cama más limpia, y menos ligera. Y viniendo esta mañana por esta fértil ribera en tres mulas él, y yo, un criado, y dos maletas; Oyendo rumor de caza torcimos a mano izquierda, guiándonos la afición, y la desdicha con ella. Corrían un jabalí tu gente, y entre unas peñas se les reparó, mostrando el cansacio, y la soberbia. Dos perros que le acosaban mató la espantosa bestia; lanzas, y dardos le tiran, pero ninguno le acierta. Viendo aquesto tome yo con mi natural presteza un dardo, y puse al tirarle tanto tino como fuerza. Fue de suerte que cosió al jabalí con la tierra, y quedó blandiendo el hasta, y la cuchilla sangrienta. Tus monteros envidiosos quizá de suerte tan buena, o porque el tenerla mala de servicios hace ofensas; Con palabras me injuriaron, respondió mi padre a ellas; que las entendió mejor por oírlas de más cerca. Amontonaronse todos, y llegando a la cabeza que vertió entre nieve sangre, y puso fuego en mis venas; Hube de sacar la espada, y pasé el pecho con ella a quien tan lleno le tuvo de rigor, y de inclemencia. Tres, o cuatro maté más, que la razón tiene fuerza; más fueron cargando tantos, que entre sus manos muriera, Si este honrado caballero con valor, y con nobleza, con respeto, y con espada no me amparara, y valiera. Si este delito es bastante a que la muerte merezca, a tus pies está mi espada, y en tus manos mi cabeza. Levanta ,español, que España contigo se puede honrar; y no haces bien en llamar delito a lo que es hazaña. Vente a Napoles conmigo. Besaré tus pies primero. Donde darte el premio quiero, pues diste por mí el castigo. A la mi señora besa la mano. El cuidado de besar lo que ha pisado me tocará desde ahora. Espera cualquier favor de mi mano. Y ser espero, don Ludovico, tu esclavo. Servirte quiero, para amigo eres mejor Vamos. En mi vida vi más buen talle, y procede: ¡Ay que me has muerto, mujer! Diana ¿Caíste? Señora sí. Rey ¿Cómo estas? Buena me hallo. rey: Sangrarte será importante, y buscar de Aquí adelante menos fogoso el caballo. Exscuar me has los temores en que el Rey me ha puesto. ¡Ay cielos! cuando al Rey le pide celos a mi me mata de amores. Rey: Diana. ¿Dónde me guias fortuna? Gran cosa. Extraña. Ven, español. ¡Ay España! ¡qué gallardos hombres crías! Fácilmente le han curado, es casi nada la herida. De solo sangre perdida llegó a estar tan desmayado. Esforzado se ha después. Su mayor enfermedad es vejez. Así es verdad, y es incurable. No es, pues ya tus manos le dan regalo tan peregrino, en cada gota de vino hallara un rio Jordán. De solo servirle trato con mil gustos, con mil ganas; son venerables sus canas, y es apacible su trato. Parece un buen caballero. Y la conserva ¿cuál es? Razonable, ¿no la ves? No a mi gusto, y verla quiero. Porque veo con la boca mejor estas cosas yo. ¿Comiéndolas? Sí, pues no. Cómese la conserva. ¿Qué te parece? que es poca. Del cielo por Dios está, fíalo de mi experiencia. ¿Cómo así? Soy de Valencia, y es bravo dulce el de allá. De Valencia, ¡ay patria mía! ¿quién no se muere por vos? Parecido me ha por Dios que la como en la Zaida. ¿Es de Valencia? No es, bastará serlo mi mano que la dio el punto paisano. Besarétela, y los pies, y las sayas, y las tocas, y cuanto pisando vas; y para besarte más quisiera tener mil bocas. Tente, quedo, mucho besas. Contigo mi valenciana hiciera de buena gana mil ceremonias francesas. No las uso. ¿En esta tierra desde Valencia, viniste también a la guerra? ¡Ay triste! también la desdicha es guerra. Sucediole a mi marido una desgracia, mató un hombre. Y al que murió ¿Qué le habria sucedido? Mayor desgracia es morir, pero también lo es matar; hubose en fin de ausentar, quiso a Napoles venir. Seguile dando ocasíon a que donde estoy este. Pregunto, paisana, y ¿fue marido con bendición? ¿Pues en eso has de dudar? más cosas le sucedieron, que aunque bendición le dieron no le debió de alcanzar. ¿Luego alcanzole el castigo? Si, pues de un día llegado le dio una herida un soldado, y está en el cielo, ¡ Ay amigo! Gran suspiro te costó. Mucho un marido se estima. Cuando esta la tierra encima. Y antes le adoraba yo. Mejor te vea caer las muelas, y ha sucedido A ver ¿quién quiera al marido, no siendo de otra mujer? Luego no le adorara la que no es loca, y es buena. Nadie adora la cadena donde amarrado está. La que nace con bondad, y valor, siempre ha estimado más un cautiverio honrado, que una infame libertad. Al menos yo que me vi con ella, y sin compañia, las piedras me parecía que murmuraban de mi. Y a servir una Señora me apliqué, servila bien, y es después de Dios, a quien debo lo que tengo ahora. Pues publicando que hacía lo dulce, que tanto Aquí estiman, y yo aprendi no menos que en la Zaidía. Fue causa por quien me aplico a ser dueña de Diana, de la prima hermana, y hermana de Ludovico. Mayores cosas mereces, ¿que en la Zaidía has estado? Entre monjas me he criado. Notables gustos me ofreces. Allí serví de criada a doña Juana Centellas. ¿A quién? ¡Pese a mis querellas! pues ¿cómo ciega, turbada, su padre no has conocido? ¿Es este? Si te has burlado. El mismo a quien le ha sobrado la conserva que he comido. Mas la falta que te aplico tengo yo, y la digo a voces; ¿que a Galindo no conoces Merenciana? ¡Galindico! ¡O lo que el tiempo ha podido en diez años! Hombre estás. En no conocerte, más caduco que el tiempo he sido. Todo es humo, y sombras vanas cuando de España salí te dejé sin barba a ti, y al buen don Jaime sin canas. ¡qué viejo esta! Adversidades le han seguido. ¡qué estrañeza! poca es su edad. La pobreza anticipa las edades. Volver a servirle quiero, ¿y Don Miguel ha venido? ¿Su hijo? si, y ha salído un perfecto caballero. Ludovico con Diana viene allí Gallardo es, la vida nos dio a los tres. quiere en extremo a su hermana. Merécelo su valor, y su hermosura. Aquí espero, vete tu. Y avisar quiero a Don Jaime mi Señor. A más ver. Y a servir más, que ahora podré mejor que entonces. Del mismo humor que allá estabas acá estás. Pobre viejo. A verle vengo con cuidado de su herida, no es muy galán por tu vida, Don Miguel. Por él la tengo. Y muy Cortesano ¡ay Dios! el alma en sus ojos dejo Para mozo, y para viejo son dos extremos los dos. Si los vieras peleando como cuando yo los vi, el viejo cayendo aquí, y acullá el mozo matando. Ser cada uno un león hasta quedar desmayado, el viejo, te hubiera dado con espanto, compasíón. Cuando el padre desmayaba desangrado, parecía que a su hijo le infundía la fuerza que le faltaba. Mas el sale, ¿que ya puedes hacernos estos favores? Curan los grandes Señores haciendo grandes mercedes. Y yo con las recibidas en tal casa, y de tal mano, fuera cierto el quedar sano aun de mayores heridas. Y esa es grande. Es niñería. Gloria a Dios, más vale así. Para desmayarme a mi basto el ser Una sangria. que cualquier cola derriba a Una trabajada edad. Gustará su Magestad de verte. Mil años viva. Participó del cuidado que todos hemos tenido. Tanto bien he merecido, que pienso que lo he soñado. Ha hecho grandes favores a tu hijo. Y tu me das nuevas que me alegran más. Tu los mereces mayores. La mano podrás besarle. Y de sus plantas las huellas. O buen Don Jaime Centellas, yo me muero por hablarle. Merenciana es tu paisano Don Jaime, ¿le has conocido? Y por lo menos he sido echura de aquella mano. La Señora a quien serví en Valencia, es hija suya, Por tu vida. Y por la tuya, que la estimo más que a mi. Es de quien dicho me has que es noble. Y lo digo ahora. y tanto, que el Rey Señora solo el ser Rey tiene más. Porque en sangre el Español le iguala, sino le pasa, las centellas de su casa son como rayos de Sol. De su linaje cabeza es el gran Conde de Oliva, y es persona tan altiva que pudiera ser Alteza. ¿Cantidad, y calidad tiene? Y mucha, es gran Señor Y a puede ser casto amor, lo que fuera liviandad. En todo es gran caballero. ¿Echase de ver en él, y su hijo? Don Miguel. ¿Podria ser su heredero? No,Señora. ¿Que es bastardo? No estuve en tu pensamiento, de estas preguntas que siento. De estas respuestas que aguardo. Porque no tiene de qué hacer herencia, decía que heredarle no podría. Es muy pobre, ya lo se. Mas no añade calidad el dinero, aunque aprovecha, ya salgo de una sospecha. Y a entiendo tu enfermedad. ¿quién es su madre? Es cardona gran linaje. Así es verdad. Y compitió en castidad con su casta su persona. ¿Qué añade más al Centellas? Mucho, Viques, y Moneadas. Grandes casas. Estremadas, compiten con las estrellas. Advierte si en Don Miguel tan buenos los cuartos son, si dejara sin blasón de su escudo algún cuartel. Perfeto en fin le crió naturaleza, a otra parte ven, de espacio quiero hablarte. Aprisa te entiendo yo. Ya de hoy más tu serás sola mi privanza. ¿quién no besa tus pies, gallarda Francesa? Ya tengo el alma española Se van. Vite la espada desnuda, y quedé sin alma al verte. ¿Temiste mucho mi muerte? Pues en eso pones duda. que efectos tan desiguales en tu corazón enseñas; temes heridas pequeñas, y no curas las mortales. ¿Ves me he abierto el pecho, y no te enternezco, y te lastimo? Esas heridas, ay primo, las siento en el alma yo. Cúralas pues. No es posible. ¿No tienes amor? Si tengo. ¿Qué te encoge? A morir vengo, tengo honor. ¡Rigor terrible! ¿Gustas de verme? Es mi palma. ¿Y sin verme? Estoy perdida. ¿Me quieres? Como la vida. ¿Y me estimas? Como el alma. Hazme un bien. Pudiendo yo tuyo es todo. Ay que me engañas; dame. Toma mis entrañas. Dame una mano. Eso no. Ofendenme tus intentos. Abrasanme tus rigores, pues haciendome favores me añades merecimientos. Negarme prima después lo que tengo merecido. no lo entiendo, estoy perdido, ¿Qué puede ser? Honra es. Si en la mujer de valor prima, , cielo hermoso, es lo más dificultoso llegar al primer favor ¿En qué dudas? Cruel estás. Dices bien, mas eso ha sido cuando el gusto pretendido topa en verguenza no más. Y el declarar su afición confesando querer bien, no es punto de honor también. ¿Qué se pierde en la opinión? Bien dices, pero no ves que ese punto a que me allano es de honor un canto llano, y este el contrapunto es. ¿Cómo así? En razón de dar pretendida una mujer, cuando no llega a querer no hace mucho en negar Y es mucho teniendo amor vencerle, pues de ordinario el tener fuerte el contrario da más honra al vencedor Y así yo mi Ludovico cuanto más con mi decoro encarezco que te adoro, mayores honras me aplico. Sofisticos argumentos, ¿Qué hare con desdichas tantas? pues al cielo me levantas para que muera en los vientos. Pero ya que tus rigores han muerto mi confianza, ya que mi verde esperanza se seca entre tus favores. Y vine colgado de ella desde Francia, adonde estoy; pues tan desdichado soy déjame seguir mi estrella. Dame licencia, y de mi te olvida. ¿Con tanto brío me dejas? no primo mío, que habré de morir sin ti. Ojalá que el complacerte fuera honesto, y fuera justo, que no lo impidiera el gusto como lo impide la suerte. Si yo la fortuna fuera como a servirte aspirara; cuantos estados mudara, y cuantos gustos te diera. ¿Qué hicieras? Lo que es desbido. ¿Qué fuera? Dichosa palma. ¿Y yo qué? Primo del alma, Rey del mundo, y Señor mío. Mi fortuna puedes ser siendo mía. Soy casada. Eres piedra. Soy honrada. No me quieras. Soy mujer. Déjame. No puedo, ¡ay Dios! Me matas. Me desesperas. ¿Qué me quieres? que me quieras aunque muramos los dos. ¿Diana? Yo he de perder el seso, ¡hay tal resistir! adorar, y no admitir, ¿Cuándo se ha visto en mujer? El Rey con los Españoles viene. Y di Prima, ¿Qué ha sido, que al nombrarlos te han salído al rostro mil arreboles? ¿Qué hare? pero si es verdad, que en tan reciproco amor mi prima con solo honor resiste a la voluntad; Para acabar de vencerlo con más fuerza que razón, buscaré alguna ocasíón que tenga largo el cabello. Di la verdad Son antojos de tus ojos en mi mengua. Mal disimula la lengua lo que señalan los ojos. ¡Ay Sol bello, ay mi luz pura! Rey mío. Señora mía. ¡Qué notable gallardía! ¡qué soberana hermosura! ¿Ya estáis suerte? Levantad. ¡Ay amor, en que me pones! Para en estas ocasíones da fuerza la voluntad. Levántase LeVantaos vos Don Miguel. Es muy conforme a mi pecho. Tanta merced le habÉis hecho, que ya tengo celos de él. Imita el Rey a los cielos en hacer algo de nada. A tenerlos enseñada, no hacéis mucho en tener celos. Por ventura los invento cuando vos no me los dais. En el aire los formáis. Pero de fuego los siento. Lastimarante infinito, que tal oiga. que tal vea. Pues yo aseguro que sea sin complices el delito. ¿Cómo es eso? ¿Ha de creerse que quieran aventurarse las unas por estimarse, las otras por no atreverse A dar, ni admitir favores que te ofendiesen a ti? No lo sé. Cesen Aquí los celos, y los rigores. Aunque nunca más razón tuvo de haberlos mostrado de vos, porque os he cobrado Don Miguel gran afición. Levantas la humildad mia hasta tu esfera Señor. Merecelo tu valor, talle, trato, y cortesia. Tan gran merced, será sola por heróica, y por extraña. Tierra del cielo es España. Brava nación la Española. ¿Con qué estilos, y cuidados criáis los hijos queridos? que en siendo tan bien nacidos os salen tan bien criados. Yo que en la pobreza mía me vi tan sin esperanza, procuré darle crianza ya que hacienda no tenía. ¿Cómo le criaste? Si tu me lo mandas, direlo; que he de cansarte recelo. Gustare en estremo, di. Doña Beatriz de Cardona que sintiendo mis desgracias a pocos años después murió en opinión de santa, Fue madre de Don Miguel, diole al mundo cuando el Alba nos parecio que reía de ver que el niño lloraba. Criole su propia madre, temiendo el ver que en las amas a veces la mala leche a la buena sangre gasta. que a mi parecer Señor es esta la oculta causa que a los que heredan nobleza algunas veces les falta. Impuse en dejando el pecho en el, por cosa ordinaria, en la comida concierto, y en la bebida templanza. Con la competente edad nuestra Doctrina Cristiana ya se entiende que ha de ser de este edificio la basa. A cinco años fue a la escuela, con orden quien le llevaba de que antes viese la Misa norte del cuerpo, y del alma. Y el verla todos los días un caballero, es sin falta obligación tan precisa, como en otros voluntaria. Leer supo, y escribir, sino buena letra, clara, con bastante ortografía que en un caballero basta. Fue a las escuelas mayores, y después de oir Gramática a sola su inclinación reduce sus esperanzas. Pero en todo este discurso no sufrí que le llegaran al cuerpo con los azotes, ni con la mano a la cara. que quien a temer se enseña, y desde la primer cama aprende a sufrir agravios, desconoce las venganzas. Y al bien inclinado, más le castigan las palabras; y al que es malo, y muerde el freno ningún castigo le basta. Por mentir solo, aunque niño, puse mi mano en su cara; para enseñarle a entender que la mentira es venganza. Aprendió luego a ponerse en un caballo, y con gala afirmarse en las dos filas, y herir con las dos lanzas. Y en dando brío a la fuerza aprendió a jugar las armas, digo, a imitar con las negras los rigores de las blancas. Mostrar furioso el semblante, sacar con brío la espada, llevar compas en los pies, y en las manos arrogancia. No retirarse jamás, y tirar solo estocadas; que estas tretas solamente a un caballero le bastan. Y a los veinte años, el dia del Santo Patron de España, después de haber comulgado le ceñí en su Altar la espada. Y a una parte de la Iglesia con fiel pecho, y con voz baja, despidiendo por los ojos tierno humor de las entrañas, Estos consejos le di; pero pienso que te cansan. Decidlos. Dijele así, direlo, pues tu lo mandas. Hijo pues a Dios conoces, por donde queuiera que vayas acuérdate de que hay Dios. y que es causa de las causas. Con hombres de tu jaez de ordinario te acompaña; que una mala compañía nobles muda, y honras gasta. Se cortés, y bien criado, porque la buena crianza cuesta poco, y vale mucho, nunca pierde, y siempre gana. Ten con muchos amistad, y con pocos apretada; y si es fuerza, de uno solo fía secretos del alma. Paga si pides prestado, y si no pudiendo tardas, no engañes con dilaciones, con verdades desengaña. No juegues, pero si juegas juega bien, y mejor paga; que son basas del honor la lealtad, y la palabra. Huye el cuerpo a las mujeres, pero si con ellas tratas granjélas con nobleza, y gózalas con templanza. No te ciegue su hermosura a ser traidor por su causa con el deudo que te admite, del amigo que te llama. Si al Rey sirves en la guerra, obedece a quien te manda; que es valor en la ocasíón el no huírla, ni buscarla. Y si en la paz a reñir te obligan precisas causas, no huyas si te acometen, si acometes, muere, o mata. Agradece si te obligan, y véngate si te agravian, y para guardar secreto pon en tu pecho un alcaza. No te cases siendo pobre, pero mira si te casas la riqueza en el valor, y la hermosura en la fama. Y trata siempre verdad, que es la madre de estas causas, la causa de estos efectos, y el norte de esta esperanza. Y con esto Don Miguel no dudes que Dios te haga un perfecto caballero, y logre mis esperanzas. Pues tan bien criáis los hijos, el primer hijo que para la habéis de criarle, tomad de mi esta palabra. Y en mi consejo de guerra entraréis llevando paga de Maese de Campo. Beso lo que han pisado tus plantas. Y porque tan gran favor en sujeto honrado caiga, Saca una Venera de habito. Salga esta cruz que escondida entre mi pobreza estaba. que el honrado que no puede dar digno asíento a esta grana, ha de esconderla, temiendo que no le salga a la cara. Estos los titulos son con que suele el Rey de España acreditarla por fina, por ellos los ojos pasa. Yo quedo bien satisfecho, que en vuestra persona hidalga más que la firma de un Rey la acreditan vuestras canas. Y a Don Miguel vuestro hijo porque me sirva en campaña, de alguna gente Española que me sirve con ventajas le hago Capitán. Tus pies beso por mercedes tantas. Bien empleadas por cierto. Para lo que ahora trata mi discurso, el Español es notable, ¡ay bella ingrata! Este Español ha de ser si la vista no me engaña medio para echar de mi estos celos que me abrasan. Pues que me debe la vida Don Miguel, podré con causa de su pecho, y de su mano fiar la vida del alma. Don Miguel es bien nacido, si es que riquezas le faltan, y tengo riquezas yo, lograré mis esperanzas. Don Miguel hablaros quiero, venid solo. Iré sin falta. De cosas muy de tu gusto quiero hablarte. Cosa estraña. Yo he de fiarte la vida amigo. Tuya es el alma. Toma este guante Señora. Volvíale un guante que le había caído a Diana. Ten. Ludovico. Diana. Dámele después, que tengo la mano ahora ocupada. En gran confusión estoy, ¡ay belleza soberana! Acuérdate de quién eres hijo, ¿Qué es esto, no hablas? no te venzan ocasiones. El Rey mi Señor te llama. Pues dudas en mi valor, es sin duda que me agravias. que querrá el Rey, y la reina, Ludovico, ¿y esta llama que se ha entrado por los ojos, y hasta el corazón me abrasa? Pero en todo pienso hacer lo que le debe a su fama un perfeto caballero, y lo demás Dios lo haga.
JORNADA SEGUNDA
¿Qué dices? Que me provocas a semejantes antojos con lo negro de los ojos, y lo blanco de las tocas. ¿Qué descompostura es esta? ¿Pues cómo, nuestra amistad es de ahora? Así es verdad, pero siempre ha sido honesta. Es así, ¿pero qué quieres? si ahora mas me provoco que te falta el guarda el coco con que nacéis las mujeres. El duendecillo casero que nunca visto acobarda, el miedo con que se guarda la viña sin viñadero. Aquella voz en visión oida de imaginada, aquel no se qué, aquel nada que es el todo en la opinión. Aquel signo tan cruel, que arrancado de su esfera en tan pocas persevera, y todas nacen con él. No te entiendo, loco estás. Estos tratos de no buenos, siempre los entienden menos los que los pratican más. Pero digo Merenciana por sacarte de cuidado, que el camino más trillado le voy yo de mejor gana. ¿Qué camino? No imagino lo que dices. ¿Siempre dudas? en sus tocas las viudas me muestran ancho el camino. Es una cosa estremada para el antes, y el después, una mujer que no es ni doncella, ni casada. Tener marido es rigor en la casada mas bella, y temer en la doncella el serlo suyo, es peo. Y así es cierto el ser dichoso el que a la viuda ha llegado, propio para el otro estado menos santo, y más gustoso. quien por ella no se abrasa, que es en invierno, y estío señora de su alvedrio, su gusto es ley en su casa. Pocos cuidados le dan para lo que es, lo que ha sido; y como está sin marido cuida mejor del galan. Y cuando a ciegas, o a locas que quiere lograr su intención, del mongil hace colchón, y sabanas de las tocas. Pues si pasase a decirte lo que es pratica. Sobrado has dicho, risa me has dado, por loco quiero sufrirte. De extremado humor estás. Pues si nos vemos a oscuras haré mayores locuras cuantas tú me sufras más. Escúchame en seso un poco, ¿sabes de tu amo? sí, esta mañana le vi de imaginativo loco. ¿Pues qué tiene, que está tal cuando tan honrado está del Rey? No lo sé, quizá el mucho bien le hace mal. Dejó alguna prenda cara ¿que le dé pena cruel? Del valor de Don Miguel sospechas que la dejará? Bien dices, no lo sospecho, mas ¿Qué debe de tener? Cudado de agradecer la merced que el Rey le ha hecho. Podrá ahora peleando, que la tregua es acabada, y es cierto el haber jornada. Verás su fama volando. que es un Cid el Español, y si la ocasión le llama no lo dudes que su fama resplandezca como el Sol. ¿Y va el Rey? Va Ludovico en quien su poder encierra; ¿y tu no irás a la guerra? Mejor a la paz me aplico. Pero ire. No le ira mal a tu amo. Es muy valiente. Y más siendo de esta gente Ludovico General, ¿Qué es en estremo su amigo; donde Don Miguel está? ve a llamalle. El viene ya. Tan buena suerte bendigo. ¿Señor? ¿Merenciana mía? En viéndote efectos son de alegría el corazón agua a los ojos envía. Pero tan niño te vi, que hace el tierno pensamiento de tan buen conocimiento tiernos efectos en mi. Y sabrelo yo estimar, pues tan propio viene a ser el saber agradecer los que no pueden pagar Yo espero verte Señor bien presto con tanto bien, que aunque agradeces tan bien, que puedas pagar mejor. Aunque a mi con voluntad me pagas. Servirte espero, a Ludovico hablar quiero. Llamole su Magestad. Galindo podrá esperarle, para avisarte en salíendo. Yo voy luego, ya lo entiendo, en secreto que quiere hablarle. Se va ¿Cómo en Napoles te va? A medida del deseo. Melancólico te veo. Algunos ratos será. Y es del alma propio efecto; que el que tiene noche y día una perpetua alegría sino es loco, no es discreto. Pues aunque tenga presente cuanto bien puede adquirir, dudando en lo porvenir sino es necio, pena siente. Y también es discreción divertir melancolias. Si, y aun por eso las mías Merenciana a ratos son. ¿Son amores? ¡Ay de mí! tan presto, quiero callar. Yo sé que hay en el lugar quien se desvela por ti. ¿Por mí? Si, que eres dichoso, pues en su pecho te admite la que con el Sol compite en lo rico, y en lo hermoso. ¿Qué te parece Diana? A la que comienza el dia, este guante le traía, y mejor es Merenciana que tú se le des. En vano disimulas, ya me río; no para el guante vacio tiene desnuda la mano. Mejor suerte te prometo. No digas tal. Es sin falta. Porque es la prenda muy alta para tan bajo sjgeto. Don Miguel que sirve ahora rodeos, y cumplimientos, Diana, los pensamientos que te adivina, te adora. Por su amor en mis enojos confieso que estoy mortal, que se disimula mal mal que sale por los ojos. Pero también te confieso, que aunque a este punto he llegado, pone el ser noble, y honrado freno al gusto, y tiene el seso. Con esto a guardar me obligo fe inviolable, y buena ley a los Palacios de un Rey, y a la hermana de un amigo. Y antes quedare sin mí, que les pierda este respeto; que el caballero perfecto por su honor se vence a sí. Toma. Mira que te engañas. Tiene el guante colgando de un dedo. Toma el guante en conclusión, que ya es mano de un león que se ceba en mis entrañas. Aquí viene mi Señora. ¡Triste yo! ya soy de hielo, para mis ojos, ¡ay cielo! esta Diana es aurora. ¿Don Miguel? ¿quién hay que venza una ocasíón, si es amante? ¿Por qué delitos el guante está como a la verguenza? Es hijo de algo, y así no es posible merecerla; pero debe de tenerla Señora de verse en mi. ¿Eso comó puede ser? ¿La mano desnuda viene por el guante, y no la tiene, y el guante la ha de tener? Pero tal color, tal brío en vuestro rostro me ofrece el guante que me parece a celado en desafio. Es mi suerte tan cruel, que estoy corrido, y turbado, pensando que me le has dado para que pida con él. que aunque a ser pobre me aplico, a ser pedigueño no. ¿Luego no pudiera yo sin el guante haceros rico? cuando por veros salír de pobre, os quisiera honrar, mano os diera para dar, no guante para pedir. Y pues sois tan cortesano, que advirtais es importante, que nadie se queuita el guante que no prometa la mano. Y así de que hacienda os sobre segura fianza os doy, sino es que ignoráis que soy yo más rica, que vos pobre. Aunque ignorante, no ignoro que es sin suma tu riqueza; porque el Sol de tu belleza todo lo convierte en oro. Mas tampoco he de ignorar, que esas Indias sin morir quien las sabe descubrir no las puede conquistar. Sino es rompiendo la ley guardada inviolablemente, que unas Indias solamente es digno estado de un rey. Y así yo aunque son tan bellas advierto, teniendo honor, que sería ser traidor el levantarme con ellas. Y más quiero, pues me allano a pobreza semejante, pedir pobre con el guante, que estar rico con la mano. Y aun volvertele es mejor, pues si ven que a tal me aplico tendranme todos por rico de hazienda, y no de valor. seré pobre sospechoso, y nadie me querrá dar sino infamia, vuelva a estar en tu mano, ¡ay cielo hermoso! No le quieres, ¡ay de mí! pues que tan resuelto estás, mas porque tu me le das, que porque yo le perdi, Le tomo, y este diamante toma, el cielo me corrija; que estará mal sin sortija mano que queda sin guante. Señora muriendo vivo. Toma, ten. Honor tened. ¿que dudas? Como merced de una la recibo. Y un retrato en él te dejo de un hombre a quien tengo amor, miradle ahí, aunque mejor le verás en un espejo. Tus pies beso. ¿ojos que haceis? ya pasa de libertad tanto mirar ¡Ay lealtad! fuerte contrario tenéos. Pero no podrá rendirme, aunque a la muerte me ofrezco; que a este diamante parezco en ser fino, y en ser firme. Y para esforzar mi se pienso que el cielo ha ordenado que haya en mi mano quedado cosa que ejemplo me de. Don Miguel oye. Señor, ¿en qué me querrá emplear? más me queda por pasar, mas para todo hay valor Escucha, llegate, mira no nos vean, no nos oigan; que tienen ojos, y oidos las paredes que se entoldan. Don Miguel tu eres mi amigo. Tuyo soy. Y no es tan poca tu obligación. De la vida. Buena sangre tienes. Toda la daré, señor, por ti. Pues sabe, ¡ay cielo! ¿En qué topas? En mi desdicha. ¿Qué tienes? Digo, ¡ay triste! ¿Qué te ahoga? ya ofendes mi confianza. Estoy tal. Extraña cosa. Que a los pesares del alma les cierra el miedo la boca. Mucho imagino que espanta el ver luchar con las olas la cuitada navecilla por algunas partes rota. Y entre las montañas mudas sordos truenos, ciegas sombras, dar los relampagos luz, y cegar con la luz propia. Poner el pecho a un mosquete, dar el veneno a la boca, al cuchillo la cabeza, y a la garganta la soga. Mas no atemoriza tanto con razón ninguna cosa, como fiarle a un amigo en un secreto la honra. Este parto don Miguel es el que me aflige ahora. Que soy tu amigo, y que soy de hidalga sangre española, puedo decirte no más. Pues dame la mano, y ponla sobre la cruz de tu espada, que sortija, ilusión loca debe de ser; jura amigo que si yo te digo cosa, que para valerme en ella en dificultades topas, con la llave del secreto has de guardarla. Acción propia es esta de quien yo soy, yo lo juro. Escucha, y toma primero el alma, y los brazos. Pondré en tus manos mi boca. Sabe que el Paterno Aguelo de la mi Señora ndo en Napoles, tuvo valor mucho, y dicha poca. Porque el Padre de este Rey que le tiraniza ahora, matándole a puñaladas se le alzo con la corona. Y su hijo, que fue Padre de la , huyo, y llevola a Francia, murió en llegando, y tan niña, como hermosa, mi abuelo, que lo fue suyo por su madre, recogiola, dando en mi famosa casa digno asíento a su persona. Alli juntos nos criamos la Reina, y yo, y fue gran cosa el ver crecer con los años voluntades, y personas. quisimonos en extremo, porque en fin la sangre propia con mayor correspondencia se revuelve, y se aficiona. que de cosas te dijera, que te contara de glorias, que son volcanes del pecho, y eran para el alma bocas. Mas dejolas, por decir que fue la mayor de todas, el Rey de Francia mi Primo juntando al gusto la honra, ofrecerme gente suya en su nombre, aunque a mi costa, para conquistar bastante en Napoles la corona para mi Prima, y que fuese en siendo Reina mi esposa, que porser la mayor dicha fuera la mayor vitoria. Iuntose a esto el morir el tirano con ponzoña, y heredo este reino en duda el que sin ella le goza. Con tan fundada esperanza muerto por hacerla corta, desentrañe mis tesoros, compré con oro las horas. Y así junté en pocos días la gente mas belicosa que en contrapuestas legiones juntaron Cartago, y Roma. Al son de arrogantes casas, al son de bélicas trompas vieras cubrirse los campos de tiendas, y de personas. Lucir al Sol el acero, y haciendo muestra vistosa, tremolar al viento plumas, banderas, y banderolas. Y entre todos yo en la mano que juzgué por vencedora el baston de General, mas la fortuna envidiosa corto el hilo a mis deseos, puso estorbo a mis vitorias. Porque el sucesor de Pedro que tiene la silla en Roma, por no ver guerra en Italia al bien comun suerte impropia, concerto que se casaran este Rey con esta diosa, y yo cay de su cielo en el mar de mis congojas, cosa que pudiera hacerla solo mi desdicha sola. Sentimoslo yo, y mi Prima hasta en las entrañas propias, y entre discursos, y quejas de sus ojos a mi boca, me resolvi de seguirla, y por no hacer sospechosa mi compañia, mi hermana por servilla acompañola. Llegamos a esta ciudad, y ha dos años, ¡brava cosa! que la Reina por honrada no me admite, aunque me adora. Y para ver si es así, viéndose conmigo sola pretendida en ocasíón más apretada, y forzosa, de ti me quiero valer, y si mi suerte no es corta, gozarela aunque la enoje; y para hacerla mi esposa después. Calla, ese después no me digas, por si es cosa que pueda más que el secreto. Tu prevención me reporta; de mil colores te has puesto. Ellos por mií te respondan. Ayudales con la lengua. Nunca pudiera ella sola; Si a mi Padre, y a mi el Rey Señor por tu causa propia como vasallos nos trata, como criados nos honra. Si de sus gajes comemos, si su mano en nuestras bocas, y en su asíento como Rey veneramos su persona. Si es nuestro Rey en efecto, y nuestro amo, juzga ahora si el no tenerle lealtad sería traición notoria. Es un tirano. Eso a mí el juzgarlo no me toca. Sé que tú le llamas Rey, y que todos Rey le nombran, y en España solo el nombre de Rey la sangre alborota, y las cabezas humilla, y los corazones postra. Mil vezes Señor confieso que a tu mano valerosa, y a tu noble franco pecho debo la vida, y la honra. Y así para ver si en mi hay correspondencia poca, mira si mi sangre es buena, y rasga mis venas todas. Y si mi cabeza quieres, también mi cabeza corta; mas ser traidor no me mandes, si es que la fama te informa que es constante la lealtad de la nobleza Española. Ponte la mano en el pecho, y el alma desapasíona, y verás si el no servirte es culpa. Mis penas locas refrenas con tu cordura, y para que no me corran mirando la causa de ellas, te dejo. Espera, perdona. Quédate, la Reina viene, tú hiciste que te conozca por Perfecto caballero, y yo pues todo me enoja, sino me traga la tierra me iré donde el mar me sorba. ¡Válgame el cielo mil veces! ¿En qué darán estas cosas? La Reina, y mi Padre, a parte quiero esperarlos. Llegad Don Miguel. Su Magestad de la Reina quiere hablarte. Y yo entre mercedes tantas. que me mande espero. Alzad, levantaos primero. Hasta el cielo me levantas. ¿Don Jaime que os desuiays? a vos también os empleo; que sois su Padre, y deseo que mi padrino seáis. Podré así facilitar lo que vengo a proponer. Los Reyes no han menester mas Padrinos que el mandar. Si es que sus gustos son leyes, deslealtad será el desdén de no seguirlos. También hay desdichas en los Reyes. Oid, para que os asombre la que yo tengo, ¡ay cuidada! pues de Reina, y de casada me ha quedado solo el nombre. Porque mi suerte cruel en mi daño ha permitido, que tenga un Rey por marido, y este sin alma, y sin el. Es una de mis doncellas la causa que le hace andar loco a él, y a mi contar con suspiros las estrellas. Y no ha lugar mi venganza, que ella que honrarse procura, si obliga con la hermosura, no ofende con la esperanza. Porque no la dio jamás a mi respeto obligada, que es bien nacido, es honrada, y es la que yo quiero más. Principes la han procurado, Potentados la han pedido, y nunca el Rey ha querido darme gusto, y darla estado. A Francia quise enviarla, y el Rey todo lo atropella; tirano al entretenella, quizá por serlo al gozarla. Y así con pecho adivino, teniendo por cosa recia fiarme de otra Lucrecia, siendo el Rey otro Tarquino. En tu corazón gallardo de quien a fiarme vengo, toda mi esperanza tengo, todo mi remedio aguardo. Dártela por esposa, segura de que es mujer que de un Rey lo puede ser por noble, honrada, y hermosa. podrás con ella casado porque así a los dos conviene irte a Francia, donde tiene rica hacienda, y grande estado. Si a España quieres llevarla lleva un tesoro con ella, solo escuse el pretendella all Rey que quiere alcanzarla. Parece que te has turbado. Loco estoy. Estoy perdido. Si mi pena te ha movido, si mi llanto te ha obligado; Haz lo que pide por Dios quien te obliga, y quien te llora; el apadrinarme ahora buen don Jaime os toca a vos. ¿también dudáis? ya imagino sin remedio mi pesar Es suerte cosa dejar de ser Padre, y ser Padrino. Señora en mi corazón son, si tu llanto las echa, cada lagrima una flecha, y un rayo cada razón. Y aunque con mortal desmayo te diera, sabelo el cielo, a cada flecha un consuelo, y un remedio a cada rayo. Y fueran gloriosas palmas el mirar por ti perdidas en cada flecha mil vidas, y en cada rayo mil almas. Pero mira tú si es ley, si es justicia, si es razón, casarme como ladrón en el Palacio del rey ¡Y llevarle por despojos no menos, traicion solemne! que las prendas en quien tiene puestos el alma, y los ojos. Si es que estimas mi caudal, aunque adviertas mi pobreza, manda cortar mi cabeza, pero no me mandes tal. ¿Yo traición Señora? no, ni lo permitan los cielos; ni la hicieron mis abuelos, ni es posible hacerla yo. Ay hijo del corazón, ¡qué respuesta tan honrada! Aunque contra mí, me agrada tu honrada resolución. Pero no puedo dejar de llorar el mal que siento. Yo lloro tu sentimiento Yo siento tu pesar Secretario, ¿Qué es esto? Disimular es mejor. Donde está el Rey mi señor Has de ir solo y llegar presto. Id Extrañas confusiones No lo sé Yo confío que me dé Valor quien me da ocasiones Acabarme Con este nuevo cuidado Que ha mucho que ha comenzado Y acabará por matarme Un ao debe de haber Que aunque su mujer me llama En la mesa, ni en la cama No sabe si soy mujer. Con esto me da pasión No amor que a tenerle vengo Sino el pesar que no tengo en mis reinos sucesión. Como el verme sin un hijo En mí es daño tan visible lo hace imposible Me desespero y me aflijo. Y así Don Jaime, el rigor De esta pena, estos recelos Si son celos, no son celos Que nazcan de puro amir Que hacen en los más honrados Pechos al amor rendidos Aborrecibles maridos agravios tan declarados. Seora, de suerte estoy por tu mal, que como viejo querría darte un consejo, pues remedio no te doy. de Aragón, El segundo de este nombre , como en fin hombre Tuvo trato y condición Como tu esposo y aún más, la Reina que deseaba Herederos y que estaba De la suerte que tú estás Para remediar su pena, No faltó quien pudo hacer trató a su muer Suponiendo que era ajena. Y fue en punto tan dichoso Que dio logrando su intento Tan feliz ayuntamiento milagroso. Fue magno, fue vencedor, Ganó el reino de Valencia Llamanle por excelencia Don Jaime el Conquistador Si tu seora Ya voy En lo que me estás diciendo, Ya lo advierto, ya lo entiendo, Ya casi resuelta estoy Y ya tu favor espero Para ello, si es que en mí Hay tal dicha. En esto sí, Señora, servirte quiero, Pues demás que fue en España Este un celebrado hecho, Quien por el común provecho, engaña No es traidor, siendo su acción Tan justa y santa y así En todo dispón de mí Como no toque en traición. Pues vete, que viene quien Me importa y aguarda Harelo Sin duda, es obra del cielo Pues se concierta también. Como quien alguien estimó Y al lugar que lo ha pedido Viene a buscarlo, he venido Donde el alma perdí yo, la Reina. ¿Diana? ¿Señora? ¡A qué buen tiempo has llegado! El remedio a mi cuidado Solo en ti consiste ahora. Que aunque mi gran desventura Y mi larga pena, ¡ay, triste! En ti, Diana, consiste, pues fue por tu hermosura ¿Bastará con obligarte a valerme? Manda, ordena, Pues sabes que de la pena Me alcanza la mayor parte. te adora Y que me aborrece a mí Sé que el corazón por ti Tu mal siente y mi honor llora. Mi hermano culpó en rigor En tu pena y mis enojos Que colgado de tus ojos Deja en peligro mi honor, Pues se pudiera salir De tus reinos, aunque fuera Huyendo. De esa manera, Diera mucho que decir. Las veces que lo intentó Lo tuve por cola fuerte, Que ya sabes de la suerte Que a tu hermano quiero yo, Pero da ahora desvío A esta plática y Diana, Oye, prima, amiga, hermana, Logra un pensamiento mío Y en cambio, yo lograré El que tú quisieres tuyo. Por servirte, no te arguyo Con réplicas. s Óyeme: Ya sabes que ha más de un año conmigo es severo Y de estar sin heredero, Hace general el daño Y para esto pienso dar Un remedio honrado y fiel Y es que llames a él Y esperarte en tu lugar, Que de noche en tu aposento Y sin luz, la oscuridad Cubriendo tu libertad Lograra mi pensamiento. ¿Y de mi honor, qué sería. Y mi opinión? ¡Ay de mí! Si el decirte que yo fui También te importa a la mía Sabiéndolo, que habrá sido Sino conocer su engaño Y aquel espacio no es daño El haberla yo perdido Poco aventura en perderla Quien tiene cierto el cobrarla Y más llegando a fiarla A quien tiene tanto en ella. Prima, este bien me has de hacer. Por mi vida, por tus ojos. Viendo tus tiernos enojos No queriéndote de querer, Dispón de mí Ven y luego Un papel escribirás Llevarte ha Don Jaime harás Rica el alma. ¡Ay amor ciego! En eso estaba pensando Ven, prima ¡Ay cielo! Temblando A lo que mandas me aplico y otros ¡Dejadme! Afuera ha esperado Don Miguel. Hacedlo entrar Y suspéndase el tratar Cosas de razón de estado. Pues en mí ninguno hay Donde asiste la razón ¡Ay cielo! ¡Ay! Penas son Las que comienzan por ahí ¿Don Miguel? ¿Señor? No en vano Te quiero bien Dicha es Levanta Dame los pies Escucha Dame los pies Levanta Dame los pies Escucha Dame la mano Pues entre tantos me animo Por lo que en tus partes vi A escogerte solo a ti Considera si te estimo. Por discreto, por valiente Serás en causa tan grave Para mis secretos llave Y para mis gustos frente Yo he menester de tu consuelo, Tu consejo, tu favor. Tan gran merced, señor, Será gloria de tu cielo Don Miguel, sin gusto estoy ¿Cómo? Si tu gusto es ley Para todo he sido el Rey; Y para esto no lo soy. ¿Me ves que arrogante tengo Reinos, gentes, triunfos, glorias, Y entre pasadas victorias Las venideras prevengo? ¿No ves con la autoridad Que tengo, teniendo alteza En el campo fortaleza, Y en la silla majestad, ¿No ves que con varios modos Se apura el regalo mío Y que es señor de mi albedrío De la libertad de todos? ¿Ves que a mi voz atentos Obedecen mis quimeras Hasta en los montes las fieras Y las aves en los vientos? ¿Qué los ríos al pasar Me ofrecen hidalgas menguas Y haciéndose todo lenguas Pesa mis plantas el mar? ¿Y que hasta el sol recata De ofenderme con su efecto Y me alumbra con respeto? Pues una mujer me mata Por ella, mis pensamientos Con ser míos poco graves Compitiendo con las aves Van abrazando los vientos. Por ella hasta el centro llego Si las nubes me levanto, Por ella soy todo llanto, Por ella soy todo fuego , Todo a la muerte me llame, Siempre gimo, siempre peno, Como en la mesa veneno Lágrimas bebo en la cama. Todo me aflige y me ahoga Me atemoriza y me espanta, La corona a la garganta Se me ha bajado a ser soga. Tengo por mayores daños A los deleites mayores Los leales por traidores Los remedios por engaños Y con esta confusión Ciego entre ansias amorosas Juzgo de todas las cosas Al revés de lo que son. De no hacer lo que quisiera Todas las dejo de hacer El rostro de mi mujer Me parece al de na fiera. Su mano cuando la toco, Es la garra de un león Señor Oye, en conclusión ¿Si no estoy muerto, estoy loco?? ¿Si es hechizo? Es desventura, Hechizos son los antojos De unos soberanos oros De una divina hermosura. Aquello hechiza que agrada Y suele hechizar también Un atrevido desdén Y una resistencia honrada. Ojalá lo hubiera sido, Mejorara mi cuidado Mas cuando se vio hechizado Un amante aborrecido. Luego a tu amor da desvío Es ingrata ¡Hay cosa igual! Pues a un Rey su tribunal Es más supremo que el mío El mismo honor viene a ser Y por no verme perdido De envidia de su marido No se lo dejo tener. Es propia para casada, Que aunque muchas con razón Piensas qué tan buenas son, Ninguna tan conquistada, Pues lo ha sido en mis amores En discursos de dos años Con ternezas, con engaños, Con industrias, con rigores, Con regalos, con desvelos, Con amenazas, con llantos, Con hechizos, con encantos, Con dádivas y con celos. Pero a todo esto he visto estar Su invencible pensamiento Como roble firme al viento, Como roca opuesta al mar. Y así, pues mi desventura Es tan constante y forzosa, Por ver si es más poderosa, Mi fuerza que mi ventura. Con mi ayuda has de llevar Robada a esta ingrata bella, Que después donde ponerla. Te señalaré el lugar. Y dejándola partirte A España, que no haré darte Un bajel en que embarcarte Y un tesoro para irte De que contigo se fue Volara luego la fama, Y yo gozar de mi dama, Sin escándalo podré. ¿No me respondes? Señor, ¡ay de mí! ¿Qué? ¿Te diviertes? ¡Ay Diana! Si lo adviertes, Corre peligro mi honor. ¿No dirán que el tener brío. Que robarla fue traición A mi Rey? Tienes razón, Más déjalo a cargo mío. Yo te le aseguro en leu De quien soy. ¡Baste! Ya callo, Porque es honra en el vasallo No contradecirle al Rey. La ingrata que el alma adora Es, pero vete y quien es Podré decirte después. Que viene tu padre ahora, Que él es muy viejo y yo soy Muy amante. ¿Qué ha de ser Si es Diana esta mujer? Mudo esfuerzo y muerto voy Que te diese este papel Su majestad me ha mandado. Decid que me le habéis dado Mira lo que viene en él, Sino es que sean, ¡ay cielos! De sus cielos los rigores, Pues cuando muero de amores Quiere matarme con celos. Si algo pide, se hará así Cual su gusto lo ordeno, Denle cuanto tengo yo, Solo e me deje a mí. Está ciego de enojado ¿Que se va? Desdicha ha sido No haber el papel leído Triste cosa es ser cansado A esto la Reina atrevida Obligo mi fácil pecho Pero apenas lo hube hecho Cuando me vi arrepentida. Y a decirte la verdad, Me vine corriendo, hermano, Huyamos de este tirano, Dejemos esta ciudad. Olvida los ojos bellos Con que in ciego te entretiene, Corta el lazo que nos tiene Asidos de los caballos. Que, pues, soy Ludovico; De nuestra madre heredera, Y con mi hacienda pudiera Un Rey pobre hacerse rico. Tomaré a mi gusto esposo. Ya estoy en tu pensamiento Cautiverio no afrentoso Como el que pasa. Confieso Que yo anduve descuidado En tu honor bien confiado Y mal seguro en mi seso. Pero ya el cielo que es justo Me presenta una ocasión Para lograr mi intención Y para seguir tu gusto. No dices que en tu lugar reina y en tu aposento Quiere logrando su intento A su marido engaña. Es así Pues cosa es llama El esperar yo de ti Que querrás ponerme a mí Enligar del Rey hermana. ¡Jesús mil veces! ¿Qué dices? ¿Tan gran traición qué sería? No atropelles mi alegría Ni tu pecho escandalices, No burles mi confianza Logra tan dichoso empleo Encaminar este deseo Resucita esta esperanza. Pues sabes, hermana ¡ay Dios! Que adore a la Reina bella En haciendo y que una estrella Nos predomina a los dos. El temer de una amistad Tan declarada no es justo, Que aunque la engañes el gusto. La ofendas la voluntad. Tu corazón se corrija Fundado en cosa tan vana. Si esto no haces, la Reina amiga, madre, hija, Me verás morir del mal Que me aflige y que me ahoga Ponerme al cuello una soga. Al corazón un puñal. Así los verdes tributos De tu esperanza mejores, Brotando olorosas flores Rindiendo sabrosos frutos Así te ofrezcan los cielos Un esposo que te dé Sin intervalos la fe Y los deleites sin celos. Así entero cual lucido Y como firme constante Vuelva a tu mano un diamante Que sospecho que has perdido. ¿Qué diamante?¿Cómo, ¡ay triste Español! mis dichas borras? No te turbes, no te corras, Pues digna ocasión tuviste, Pues además que el español Es tan gallardo y lúcido Ninguno más bien nacido Ha visto en España el sol. Y el querer honestamente Un hombre de tal valor No es liviandad y es honor Más declarado y patente, De esto me satisfago. Si con lástima te obligo, Haz, hermana, lo que te digo Y verás lo que hago. Pero además de que tu intento, Lograrás si es Don Miguel Tu esposo, también con él Lograré mi pensamiento Para la empresa que sigo Me importa tenerte llano, Que quizá hará como hermano Lo que negó como amigo, Con el pecho temeroso, Y corrido, que aquí estoy Puedo decirte. Pues hoy Será Don Miguel tu esposo, Si no estorba al otro efecto El ser tan presto. No hará Antes el serlo será De importancia te prometo. Porque el Rey jamás dará Licencia a mi casamiento, Si con este ofrecimiento De mi papel no la da Y sé que ha de pensar engañado Que quise mudar de estado Para mudar de intención. Direlo a la así Y esforzará tu querella. Haga feliz tu estrella, Don Miguel que viene aquí Su majestad, Me han dicho que aquí venla Y acompañarle quería. Aún no ha llegado, llegad. Tuyo soy Será importante Vuestro consuelo a mi hermana ¿Cómo? ¡Ay, cielo! ¿Esta mañana Perdió del dedo un diamante Y el ser mío y no el valor Siente Le habrá parecido Que es como haberle perdido El dármele a mi señor. Y por eso dicho habrá Que le ha perdido y es llano, Pues el diamante y la mano A vuestro servicio está. Yo de la suya este anillo Recibí para estimarlo Como pudiera un vasallo De una Reina recibirlo. Cortésmente me obligó, Señor, que si así no fuera, ni la hermana me le diera, Ni le recibiera yo. Que me honro por tu criado Y me precio de tu amigo Hay tal gloria Ahora digo Que eres sumamente honrado Y te quiero por hermano. Ser tu esclavo es cosa llana. Dale el diamante a tu hermana, Pero ha de ser con la mano, Que le aventaja en valor, Pues le tiene tan profundo Que la redondez del mundo En calidad no es mayor Y es bien ¿Burlas? Y dará entre tanta Licencia el Rey para ello. Esa espero para hacerlo Pues tu señor me honras tanto. Aquí espera Y confiado En mi amor, en mi bien celo. Cual si hubiera visto el cielo Abierto, quedo elevado. Pero pasadas memorias del Rey y tratos injustos Hacen aguando los gustos Que no me acaban las glorias, ¡En más confusión estoy Con más bien o trance fuete! Pero de cualquier suerte Viva o muera, honrado soy. Salíos fuera, oh español A que buen tiempo te hallo. De obligarme con servirme Se viene acercando el plazo. Este es tu albergue y también Es de Ludovico, el cuarto Donde Diana. ¡Ay de mí! Donde aquel soberano No te puesto en mis ojos Parece que te has turbado. la que adoras? Ella misma, ¡Extraño caso! ¿La hermana de Ludovico? Temiendo estás y temblando ¿Qué te encoge? Mudo hablo, Pero pues eres mi el Rey, Señor, pues yo soy tu vasallo. Espera de mis desdichas, Pero no temas engaños, Oye la verdad desnuda. Calla ahora, quedo, paso, Que viene la Reina. ¡Ay cielos! Más mal temo del que paso. Puede ahogarme un cabello Querralo el Rey, no hay dudarlo Con el cebo del papel Entre los dos Y la mudanza en mi estado Ha de engañarme después, En ti confío A mi cargo Queda el servirte. Ay hermana, De tu esperanza colgado Me tienes Tuya es mi vida, Todo en el mundo es engaños. Vale mucho, Don Miguel Entre los dos Pues tu señor, le honras tanto, Tócame el agradecerlo Y dejo al cielo el pagarlo mío Señora mía Siempre con disgusto os hallo Me sobran siempre ocasiones En Don Miguel he mirado Perdido el color, ¿Qué ha sido? ¡Ay divinos ojos claros! Una nueva os traigo ahora Que pienso que ha de alegraros, Pues veo que es Don Miguel Vuestra privanza y regalo Y ya espera Ludovico Licencia para casarlo Con su hermana Cielo justo Ya esta desdicha es agravio Estoy Antes que respondas Este papel ve mirando. Vino en nombre de la Reina, Pero no es suya la mano No he visto al Rey en mi vida Con semblante tan airado ¿Qué haré? Tantas confusiones Requieren discursos largos aparte El papel que al Rey le di Es aquel, si no me engaño Porque en nombre de la Reina llevaron ¿Qué he de hacer? Resuelto estoy, Aquí señalando el plazo Me convida con las glorias Que ha que me niega dos años. Y hacer eso el mismo día Para casarse, está llano, Que es decir que venga yo Bien en ello, señalando Que para mudar de gusto Le importa mudar de estado, Mas será morir de celos, ¿Pero en qué dudo? ¿qué hago? Gozarla quiero muriendo Por no perderla matando. Escucha. Penando estoy Muerto estoy Estoy temblando Estoy por tomar venganza De agravios tan declarados. ¡Qué de confusiones veo, Si ya ciego no me engaño! Porque fuera un voto mío En cierta razón de estado Me detuve, la Reina mía, Perdona y dale la mano A Diana y a Don Miguel. Señor No lo dudes tanto. Mira lo que quiero yo Y como Rey te lo mando Señor, por no merecerlo, Anda discreto en dudarlo. Pues sin méritos merezco Le doy el alma y la mano. Yo la doy y la recibo. Guardeos el cielo mil años. Alcanceos mil bendiciones Regalemos tus abrazos Esta es la primera con Que toda mi vida hago. Con segundas intenciones Sobre discursos honrados. Vamos y alégrense todos, Aunque yo de celos rabio. El cielo el alma te mude Ya puedo como tu esposa Mirarte con ojos claros Y yo mirándome en ellos Estarte siempre adorando,
JORNADA TERCERA
Todo el bien te vino junto Gozarle alegre procura, Pues lo estimas. Poco dura El bien que llega a su punto Como en ocasiones tales Te veo triste, ¿qué tienes? Tras el colmo de los bienes Llega el miedo de los males Y por eso en mí ha causado Cuanto más contenta quedo Un gran bien, un gran miedo Y un gran miedo, un gran cuidado El ir a España recelo Que te dé pena cruel ¡No Jesús! Con Don Miguel Cualquier tierra será cielo. Y dicen que lo es Valencia En tierra. Es verdad pura, Como el cielo su hermosura De las demás diferencia. Cuéntame de su valor viene y pues ha Menos que falta de allá Podrá decirlo mejor. Notable gusto recibo De oírte, Tu esclavo soy ¡Cuántos días ha que vos Por amortajare vivo! ¿Es, Galindo, buena tierra Valencia? ¡oh, es un consuelo Y un archivo donde el cielo Los bienes del mundo encierra. Mas, pues es imposible que ha sido El decirte cuál es, Mira a Nápoles, después considera que ha parido Una hija y esta es ella Y luego advierte mejor Que si la madre es mayor, No es la hija menos bella. Es así Y algún forastero ha sido Que en Valencia habrá mirado, Menos lindo que mirlado Y más que fuerte engreído. Y le han dado, cosa es clara, Porque allá, señora mía Los que dan cara de día Llevan de noche en la cara. Y aunque algunos han juzgado Esto por cosa afrentosa Quiero probarle que es cosa Fundada en razón de estado. ¿Razón de qué No es razón Poner por seña y reclamo En una taberna el ramo La tablilla en un mesón Para que vea que está Quien posada ovino pida La cama apercibida Y se vende el vino allá. Luego aprobar por bien hecho Un giro, es cosa clara, Porque señale en la cara Lo que se vende en el pecho. Eso pase, no el rigor De matar tontos ¿Qué quieres Hay blandura en las mujeres Y en los hombres hay honor. Y de esto hace el quedar Entre el hombre y la mujer Materia para ofender Y causa para matar. Disculpa, pues, la matanza Entre agravios tan usados Y piensa que no hay honrados Donde no vieres venganzas. Entre donaire y valor, Notablemente has hablado De tu patria. Soy criado De Don Miguel, mi señor. Es un bravo valenciano. Por ti Quedo Estoy perdido. De soldados circuido Viene. ¿Quién será? Mi hermano Que como es su general Y está cerca de acabar La tregua, ya la jornada Se previene Un memorial ¿Pretendiente eres también? Si mi suerte no lo ataja Sueldo pido con ventaja. Y es justo que te le den. Direle a mi hermano que hoy Le dé al Rey. Tú se lo acuerdas Para que no se le pierda Este memorial que doy Dale un memorial con un cascabel a cada parte. ¿Cómo has traído Esto así? Risa me has dado Tres memoriales he dado Y todos tres se han perdido. Si este que va como perro Con cascabeles el Rey pierde Al otro como buey Pienso ponerle un cencerro. Gracia tiene Podré estar Sin reír Bien has andado Como tú a mí me le has dado al Rey se le pienso dar. Si baja mal sus soldados ¿Quién hay que le sirva bien? Y pese es reniego y quien No le deja Los honrados Es un tirano Callad Y si es el Rey, es el Rey injusto. Acude más a su gusto Que a nuestra necesidad. En él un Nerón contemplo Terrible cosa es por Dios Lo que hace Dadles, vos, capitán mejor ejemplo. Siento en el alma la pena De los que a mi cargo están Remédiela, capitán, Por ahora esta cadena. Dale una cadena Es de oro y de obligaciones. Y entre esos soldados Dios le guarde Y entre esos soldados Dios te guarde. Sargento, vos, Repartid esos doblones Y esta sortija tomad Para vos. Propios y extraños Te alaben. Vivas mil años Yo hablaré a su majestad Dios os guíe. General Del cielo, danos la mano soldados, ¿qué hacéis? Hermano, Gusto es verte liberal. Aunque exceso viene a ser El dar tanto, cosa es llana. Mal lo adviertes, esto, hermana, Es sembrar para coger. Dejadnos solos. Hablar Quieren solos, ven y hablemos Y a dos coros cantaremos No sea solo cantar Hoy hermana me despido , está concertado Lo demás Ese cuidado Constante en la Reina ha sido. Hasta aquí ha sido forzoso Suspenderle el pensamiento, Con el justo impedimento De estar conmigo mi esposo. Y hoy la Reina me mandó Avisarle en un papel Que si estoy sin Don Miguel Seré tuya, triste tuya, triste yo. ¿Te afliges? ¿No he de afligirme De decirlo? Aunque engañado Oye, hermana Estoy temblando Casi a punto de morirme Estoy loca. Extraña estás De haber de apartar de mí Lo que adoro y verte a ti Tan ciego. No puedo más ¿Y cómo, ay triste, ha de ser? Quedareme en tu aposento Y avisarás al momento a la Reina ¿Y qué he de hacer del Rey, si viene y contigo Está ya la Reina? Entrar Lo deja ya ¿Y luego? Dejar lo demás ¿Qué dices? Digo, Que tendré de artificio y pecho A deshacer poderoso Este mundo artificioso Que tú por mi causa has hecho. ¿Cómo? Confusa me hallo. Confía en mí el hacerlo Sabré al menos romperlo Si no acierto a desatarlo. La Reina viene ¡ay de mí! Y viene alegrando el día ¿Primo mío? ¿Gloria mía? ¿Hoy te vas? Señora, sí. Hoy como niño y gigante Temeroso y temerario, Ganaré al mayor contrario La fuerza más importante. Pues sin haber comenzado La guerra ¿cómo ha de ser? ¿Si hoy parto para tener Prevenido este cuidado? Si hoy el ganarla intente Y con esta prevención La gano, tendré razón De decir que hoy la gane. ¿Qué fuerza es esa? Dichosa Hará el ganarla mi suerte Porque es en extremo fuerte Y menos fuerte que hermosa Con rigor y sosiego Asaltada y defendida Arroja de luz vestida Rayos de sol y de fuego. Yo, prima, en otra ocasión Por una escalera que así A sus baluartes, subí Hasta el postrero escalón. Pero allí el cielo indignado De que a tanta gloria llego Con su sol me dejo ciego Y con su fuego abrasado. Y a la fuerza he conocido Por las señas que me has dado Pero de industria esforzado Y de fuerza prevenido ¿quies ganarla? Por ganar Quiero perderme El ganarla De esa suerte es derribarla. Volverela a levantar ¿Cómo? ¿Cayendo? Pudiera El Rey te llama Esta calma De los conceptos del alma Paró la veloz carrera. Adiós, señora Mis venas Quedan sin sangre Y las mías ¡Oh amor! Acorta los días Si no es que alargues las penas Afligido va Es así ¿Qué tiene? El dejarte, el irse Y el no poder despedirse Con más espacio de ti Sabe, prima, el cielo santo Que siento en el alma en el alma el pego De sus penas Y aun por eso Me obliga y se atreve a tanto Mas oye, Diana, ya Recibió el Rey tu papel Si se ausenta Don Miguel Vendrá esta noche. Vendrá Oye, quedemos las dos Concertadas. Al momento Que esté el Rey en mi aposento Iré por ti. Bien ¡Ay Dios! Y me voy yo, porque es dar Sospecha el hablar contigo Tanto, a Dios. ¡Ay sol amigo! ¿Quién te pudiera parar? O porque a mí no me llegará La noche ¿Quién te siguiera? Mas quien la tiene y la espera Ni te sigue ni te para. ¿Qué haces, señora? ¿Qué puedo hacer, si mi suerte ordena Que esté muriendo de pena De estar temblando de miedo? No sé, hija, a qué atribuyo Tu pena y miedo que ha sido Todo mi mal ha nacido, Padre, de un consejo tuyo. ¿Yo consejos contra ti? Señora ¿Qué me dijiste? A la Reina se le diste Ya estoy en ello, es así, Pero si entonces supiera Que de su pena celosa Eras tú la causa hermosa, Contra tino se le diera Sujeta a su mandamiento, Cuanto quiso hube de hacer, Animosa con saber Que era tuyo el pensamiento. Y tanto se han marañado Las cosas que estoy ahora. De la Reina, mi señora, Sé su punto y sé su estado. Pues ¿qué debo hacer en esto? Confuso estoy, proseguir Es fuerza ¿Y se ha de partir Don Miguel? Volverá presto Que para partirse a España Le importa y así será. Lo que me aflige y me da Confusión no poco extraña Es que el Rey da de venir Esta noche y yo temer Que a la seña a que ha de hacer Y a la voz que ha de fingir. Las paredes sin sentidos Los árboles sin antojos Harán de las hojas, ojos Y de las piedras oídos. Pues ¿Qué será?, yo estoy muerta Dando muestras de liviana Hablarle por la ventana Y abrirse sola la parte ¿Qué haré? ¡Ay triste! Pues lo hecho Nos obliga a proseguir, Tener en lo por venir Fiel favor y fuerte hecho. Pues el tuyo me obligó Haz de suerte que le tenga Avísame cuando venga el Rey y pondreme yo Cuando le goces sin ti Donde pueda de tu honor Ser testigo y defensor Ya me animo, harelo así. Que después no habrá ocasión De tener mayores daños Pues tan ciertos desengaños Aseguran tu opinión. Ahora solo el recelo De mi hermana es de importancia Vuelva Dios por mi ignorancia, Pues estuvo en mi buen celo Le da a firmar a otro. ¡Oh adorado papel! Anuncio cierto Del pretendido fin de mi esperanza Divinas letras, lenguas de mis ojos, Que pronunciáis sonando en mis oídos La sentencia en favor que dudó el alma, Besoos mil veces, pues pagar le toca Tantas obligaciones a la boca. Señor, no te diviertas, pon tu firma En este escrito todo de tu mano. Tanto me importa el uno como el otro Pues si con éste logra mi deseo, Con ése mi venganza ha de lograrse Y en el honrado y el amante, alcanza Igual gusto el deseo y la venganza Dóblate ¿Es Don Miguel? Acaba presto No es menester cerrarle. El cielo justo Mueva mi lengua y guie mi esperanza , ¿Qué se ofrece? Suplicarte Después de ver bajo tus pies mi boca Que licencia, señor, hoy me concedas Para partirme a España. ¿Cómo a España? ¡Ay de mi vida! Y es posible amigo Que después de llegar en mi privanza Casi a igualarte a mi persona propia Dando albergue a la paz, vicio al regalo, Cuando instrumentos bélicos atruenan Los montes por las bocas de los ecos. Y en los tímidos pechos amenaza la guerra a sangre y fuego, ¿tú me dejas? He sido bueno para hacer mercedes ¿Y no lo soy para esperar servicios? ¿Es digna hazaña de tu tesoro pecho Que con la perfección mide las obras? perfición viene en el texto La ingratitud fue siempre aborrecible Y más lo son señales evidentes De cobardía, ¿Qué otras causas pueden Obligarme a pensar que no son estas Que te desdoran tanto? El Rey ¿Qué dices? Yo siempre digo la verdad desnuda, Que el vestirla, si adviertes. Ya te escucho Mira el alma en el pecho y en la boca ¿Turbaste? ¡Eres mi Rey! ¡Di! ¡Di! ¡Di! Perdona, Digo, señor, que nunca he sido ingrato Y estimo tus mercedes como glorias Del cielo y pongo al cielo por testigo Que huía la ocasión, no ha de pensarse De ningún español que los de España Siempre suelen buscarlas temerarios Y nunca las rehúsan temerosos. Otra causa me mueve. Dila Escucha: La noche que a mi esposa di la mano Aunque me lo mandaste, no lo hiciera, Cuando contra mi honor hubiera sido Que solo en el casarse los honrados No han de seguir el gusto de las leyes, Pero facilito mi casamiento El mirar por abono y por testigo Del valor de mi esposa en su alabanza La que constante el resistir honrado Que ofendiendo tu pecho y en tu boca, Caseme en fin sé las intenciones Que a saberlas con tiempo no lo hiciera Por toda la hermosura y todo el oro Que tiene el cielo en sus impíreas sales y da la tierra en sus ocultas venas, Esta es la causa, Rey, por que te dejo No porque tema de hi honesta esposa Que oscureciendo a griegas y romanas No asegure mi honor que quien lo hizo De solo su valor favorecida, Mejor lo hará del mío acompañada, Pero como no basta el ser honesta La mujer pretendida cuando agravia El pretensor y a la verguenza obliga Viendo que en las personas de los Reyes No han lugar traiciones las venganzas. Tomé por medio huir de los agravios. Cuidado de perfecto caballero Y de leal vasallo ha sido el tuyo, Pero porque le pierdes, oye, advierte Que adoré la hermosura de Diana, De mi lo sabes, pero a ti te quiero Con tal fuerza de estrella que en el punto Que te obligué a tomar su hermosa mano, La borré yo del alma, que a no hacerlo No dejarte casar más fácil fue a Que después de casado, el ofenderte Y si esto, Don Miguel, no te asegura, En mi palabra asegurarte puedes De mirar en tu esposa la hermosura Como quien ve una imagen el templo, Como Rey te prometo y como hidalgo, Sabe la cruz lo justo de esta espada Y si no lo cumpliere, quiera el cielo Que me atreviese el pecho con la suya, El mayor enemigo, si esto basta, Sírveme, Don Miguel, en esta guerra, Donde me hará gran falta tu persona. M respeto ha de ser, nuevo Alejandro, Besar tus pies y humilde la cabeza Rendirte el pecho y levantar los hombros Esperando ocasiones donde veas Que hay acero en mi pecho y en mi espada. Luego quiero emplearte aunque más quiero Verme en los brazos de tu esposa bella Ha ofendido a mi honor y a mi corona, y a mi corona y a mi honor conviene que tú le des la muerte y porque sea con más secreto, espérale esta noche en el camino, la ocasión y el cómo. Dale el papel que sacó él en lugar del Que firmo. Te dará este papel y guarde el cielo Tu vida a quien estimo como el alma. Señor, ¡Ay Dios! No espero tu Respuesta, Que el Rey que duda un sí de su Vasallo Pone en duda en su honor. ¡Cielo a que vengo! ¿Qué desdichas son estas? ¿qué Marañas? Tinieblas del sentido, ¿Qué fuego y nieve mecelan mis Enojos? Que exhalando va par de las Entrañas. Su acero derretido Ha llegado a ser nubes en los ojos Y tanto se atreven, Que tiene llanto por los ojos llueven. Yo he de matar de mi querida esposa El adorado hermano Alma de su valor, vida del mío ¡Terrible confusión! ¡Pena forzosa! ¡Pensamiento inhumano! el supremo señorío Sunda en mí su esperanza es la venganza. ¿Que ha de morir mi amigo? ¡oh cruel Sentencia! ¡oh riguroso fallo! ¿Si es justicia en el Rey o si es malicia Más de Abraham la obediencia Y no mire el vasallo. Si el Rey imita a Dios en la justicia Y así aunque yo supiera Que la tiene el Rey, lo mismo hiciera Temeraria ocasión, infeliz día, ¡Ay mi esposa! ¡Ay mi cielo! Pero, ¿Yo tengo honor? ¿Qué estoy dudando? Verter sangre mezclada con la mía Me nada el Rey, harelo, Vivo muriendo y moriré matando Si ya mi suerte esquiva No me condena a que penando viva. Porque esfuerce si agravio mi Querella Veré cómo la pinta el Rey en es ¿Qué advierto? ¿qué Sospecho? ¿Qué letra miro? ¡Rigurosa estrella! No es de solo la tinta El recaigo que me consume el pecho, El de cada palabra Despide rayos y diamantes labra. Sin firma viene, ¡Ay cielo! ¡Qué Infeliz indicio es el primero! Lee el papel se ausentó el mismo Día, Estoy ciego, estoy loco ¡Dice, dice! Lee otra vez el papel A la noche te espero, Ven por el parque, por ahí, honra mía. ¡Ay esposa liviana! Vuelve a leer el papel Y estarete esperando a la ventana ¿Si es confusa ilusión? ¿Si encanto ha Sido Entre sombras mirando ¿Que mi esposa y mi Rey fueron mi Afrenta? Ella adorada y él obedecido ¿Cómo no me ha dejado Sin vida el deshonor que me Atormenta Con agravio tan cierto? No soy honrado yo pues no soy Muerto. ¿De qué sirvió el arrogante y atrevida Que procure y que pueda Brozando glorias mi fatal fortuna, Con presto vuelo, con veloz Subido Levantarme en su rueda Hasta asirme a los cuernos de la Luna? Si con mayor presteza De mis manos la paz a mi cabeza ¡que afrente una mujer a un Caballero Cuando inocente admite En solo su desdicha sus agravios? ¿Y el honor defendido con su acero Con su infamia le quite? ¡oh rigor n admitido de los sabios! ¡oh ley desatinada! Más en costumbre que en razón Fundada. ¿Que es infame mi esposa, cielo Santo? Adoré su hermosura, Que siento más sus faltas que su Afrenta Mas, ¿Cómo entre mis menguas a este Llanto Aplico esta locura? ¿Cómo la tierra mi pesar Sustenta, De mí deshonra el peso? Menos honor tendré cuando más Seso, Pero afrentado y loco, justo cielo, ¿Qué haré de mi esperanza? ¿Con qué discurso a ciegas dilatado Podré buscar sino a mi mal Consuelo, A mi agravio venganza? Este sol en los ojos eclipsado Muerte de un Rey señala, Mas yo muero dando, Pues cuando peno ardiendo estoy Temblado. Segunda causa del injusto efecto: Duélete de mi mengua Vuelve a leer el papel otra vez. Dame consejo, pues mediste Enojos, Si tienes escondidos otro secreto Tu muda infame lenga Vuelva a sacarme el alma por los Ojos Señor, tu pena es mucha, No des bruces. Galindo, ven y escucha. Hoy pienso esperanza amada Aunque aventure la vida, O que muráis de perdida O que acabéis de lograda. Adoré desde la cuna la Reina y cuando me vi Cuando me vi Casi en su cielo, caí, Que es azogue mi fortuna. Casó ofendiendo mi amor Con el Rey, quiere el injusto Después de quitarme el gusto Ofenderme en el honor Y de eso pudo hacer Que con industria villana Lo que él procura en mi hermana Procure yo en su mujer. Y así si en esta jornada Quiere el cielo soberano Que le gane por la espada Hermana, ¿Fue ese tu esposo? Sí, hermano, pero se ha ido De alguna pena afligido. De algún agravio quejoso. ¿Cómo así? Díjele amores Al despedirse con prisa Y con una falsa risa Me dijo, llorar, no llores, Procure de tierna loca Echarte al cuello mil lazos Y alzó de plomo los brazos Pero no llegó a la boca Voz y suspiros tragaba Fuego y lágrimas vertía. Preguntele qué tenía, Respondió que me dejaba. Pero conocile, hermano Que eran varios sus enojos, Vile encendidos los ojos, Toquele fría la mano Y al irse, desde la puerta Como sintiendo el dejarme Tres veces volvió a mirarme Y otras tantas quedé muerta. ¿Y la Reina? Muerta estoy. Ya la avisé y ya la siento. Espérala en mi aposento. Amor, en tus alas voy Diana. Señora, ven, Quedo, quedo. Vengo tal Que me anuncio el mayor mal Cuando aspiro al mayor bien. Temblando vengo y pensando Si aventurará opinión Que hiciera. Con más razón Me voy temiendo y temblando ¡Jesús! Quien por los cabellos Me lleva en pasos tan ruines Quitareme los chapines Por no tropezar con ellos. Métase la Reina por donde. Deja las burlas ahora, Galindo. ¿Qué más dijeras, O no sabes con las veras Que yo te sirvo? ¡Ah traidora! Cuando yo nací, naciste, Sirviéndome, te criaste Y hartas veces empleaste El valor que tú me diste. Por eso de ti he querido Fiar el mayor cuidado. ¿Si será cierta en mi daño, Cielo tan cruel sentencia? Que en una grande evidencia Suele haber un gran engaño. ¿Si vendrá el Rey? ¿Si engañado De alguna ilusión he sido? ¿Si aquella letra he leído? ¿Si esta desdicha he soñado? ¿si es mi el Rey quien me ofendió ¿ ¿Si es infame mi mujer? Pero todo podrá ser, Pues soy desdichado yo Y de mi agravio el extremo el suerte ponerme pudo, que por ser grande lo dudo y por ser mío lo teme Más cierto es mi mal. Señor, De un árbol te cubre. Espera, Que la tierra me cubriera, Hubiera sido mejor, Suma gloria me promete, Pues me da el tiempo. ¡Ah tirano! De la fortuna la mano De la ocasión el copete ¡Ay cielo! Mi suerte adoro, Pues también mis glorias trazo Ya está afrenta en la plaza Ce ¿Mi bien? ¿Quién es? Soy yo Y yo muero, id a la puerta ¡Ay desdichado! Que abierta la hallaréis. Volando voy Señor ¡Cielos soberanos! ¿No hablas? ¿A qué te dispones? Para en estas ocasiones, Sirven de lenguas las manos. Pues ¿Cómo a tenerlas vienes Tan mudas y tan pesadas? ¿En qué dudas? ¿Cómo atadas La lengua y las manos tienes? Por ser mi desdicha tanta, Nudos tengo, así es verdad En las manos lealtad Y de pena en la garganta. Mas ven y veré obligado y de mi honor Si puedo, sin ser traidor Dar evidencias de honrado. En un aposento oscuro. Todo aparte ¡Ay dichosa oscuridad! ¡Ay atrevido recelo! Entre tinieblas el cielo Engañé con la verdad. Fuerza de benigna estrella a tanto bien me inclino. No estimo esta causa yo, sino los efectos de ella. Deme Dios un heredero. Esfuerce el tiempo un engaño, cosa que no poco extraño Rigor no es poco fiero Mucho fue sin su albedrío a su voluntad forzar. Harta desdicha es gozar como hurtado lo que es mío. Diré quién soy, justo cielo Diré quién soy, cielo santo. De su condición me espanto De sus enojos recelo Pero a la opinión le toca de Diana y a la mía Si no lo advierto, podría saberlo el Rey de su boca Este es el primer efecto que a la verguenza remito. Este es el primer delito a quien le daña el secreto ¿El Rey? ¿La Reina? ¿Señor? ¿Señora? ¡Ay! ¿Qué escucho? Estoy temiendo su cólera Estoy muriendo ¿Qué haré ahora? ¿qué haré ahora? ¿El Rey? ¿La Reina? Si mi buen celo puede con vos Si con vos mi amo puede ¡Ay Dios! ¡Ay Dios! ¿Primo? ¿Prima? ¡Ay cielo! ¡Ay cielo! tente Deja así maltan ¿cierto? Por bien tan mío Atrevido Señora Que me has perdido Cielo hermoso Que me has muerto Que mi amor Infamia es ¿Y mis gustos? Son mis daños ¿Y mis daños? Tus engaños daré voces No las des, Espera. Matarte quiero ¡Escucha!! No son traidor satisfacciones de honor buenas sin lenguas de acero. Pues toma, en mi pecho acierta. como daga. Ya la tomo, tomela, ya te mato, pero ¿Cómo he de matar? ¡Si estoy muerta! ¡Jesús mío! ¿Qué te pasa? Tanto puedentus enojos, divino sol de mis ojos, que no alumbra cuando abraza, sin duda mi desvarío nubes por en tu arrebol que has dejado de ser sol. Conozco en tocarte frío que luz miro y pena siento, todo a la muerte me lleva para dejarte en la casa. Te volveré al aposento en brazos ¿Qué será aquello? No es daño que Merenciana. Es verdad Sospeché a Liviandad, pues ayuda al desengaño cubierto de esta cortina estaré, ve tú a la puerta. Ven, Merenciana, voy muerta Esto es posible Camina. Entra, señor, ¡ay!, cuitada Villanos, ¿Quién sois? ¿Quién eres? ¡Ay triste! Sé tú quien fueres. cierra el labio y da la espada. El Rey soy Muerta me hallo ¿Don Miguel? Desdichas son ¿Y entra un Rey como ladrón por la honra de un vasallo? Reina, esposa ¿Y es por dicho? Hijo Mi dolor se aumenta ¿Tú eres cómplice en mi afrenta? Oye Es grande mi desdicha Tente ¡Cielos soberanos! Engañaste En tanta mengua, dejadme mover la lengua, pues tengo atadas las manos. en desdicha tan forzosa Estoy turbado y cornudo de que me hayan ofendido, mi Rey, mi padre y mi esposa. Con mi padre en paz estoy, pues me dio el ser que me quita, con mi Rey:, aunque incita, con agravios, leal le soy. Pues no consiento ni hallo razón, justicia ni ley que obligue a matar al Rey; sin ser traidor el vasallo. Y pues es cualquier venganza de estas infame, en mi esposa de tomar venganza honrosa solo me queda esperanza y así, Rey , quise quitarte las armas porque puedo señalarte que no es miedo y es lealtad el no matarte. Y pues a mi padre es cierto que ha de matarle el cuidado de imaginarme afrentado como a mí el valer muerto solo en sangre de esta fiera estas manchas de mi honor quiere matar a Diana. Iavane??? Padre, señor Tente Quita, aparta Espera. ¡Hijo! ¡hijo de mi alma! pasa mi afligido pecho el que inocentes castigas tener los rayos del cielo, escucha tus desengaños Bien es que ciertas verdades excusen daños tan ciertos, el Rey, la Reina mi señora, deseosa de herederos, viéndole hacer sin la causa imposibles los efectos de mis consejos movida y animada del suceso tan dichoso en Aragón del segundo Rey, don Pedro. Para engañarle, obligó con preciso mandamiento a que Diana escribiese, pero porque veas lejos el toque de estas verdades, entra en aquel aposento donde te espera la Reina. ¡Qué traición! ¡Y qué consuelo! Ahora se pierde todo, que hallará a mi hermano dentro. Si te obligan mis engaños el perderte así el respeto me perdona pues yo soy el ofendido y pues tengo ya mi espada y mi cabeza a los pies. Rabiando menos, Parientes, vasallos, ha de mi guarda, corriendo volando, de vuestro el Rey. Vengad agravios tan ciertos Dice el secretario de adentro y saliendo todos los que pudieren con alabardas. Rey llama, Hola soldados, ¡Arma¡, ¡Arma! ¡Presto! ¡Presto! Señal a tus pies estamos No alborotes. Y aunque puedo si mi honor te defendía mi vida no te defiendo mira en esto mi lealtad. ¡Llegad! ¡asidlos! ¡prendedlos! ¡Cortad a esos tres traidores las cabezas! Eso es hecho. Pues tanto me han ofendido con sus muertes esos celos he de lucir en mis ojos. Llevadme también con ellos. Y a mi esposa, a mi enemiga, pues de su aljaba salieron estos tiros que se aciertan, estas flechas que me han muerto tantas veces esta aceja he de esconderle en el pecho ¡cómo me ha dado pesares! ¡Esperad! Hijo, ¿Qué haremos? Padre, morir por honrarlos Ejecútese primero en mí la sentencia, esposo. A villano que me ha muerto. Eres… ¡Madre de Dios! ¿Qué es aquello? Yo te defendiera mas por tu causa no, pero tú me quitaste la espada ¡Jesús mil veces! ¡Yo muero! todos ¡Muerta el traidor! ¡Muera, ver! Oíd, esperad, teneos, ¿Qué será de mi honra? aparte Pues han llegado corriendo pues se han juntado volando. Aquí lo mejor del reino. Oídme por defender la vida de la Reina, he muerto al Rey. Ya sabéis, señores, que se cuenta el Rey, su abuelo y el padre de este tirano le dio la muerte, volveos a miar sus tiranías su mal trato y mal ejemplo y contemplará en la Reina mediados vuestros deseos. ¡Viva la Reina! vasallo ¡señores! suyo es el celos y le dedicas la corona por razón y por derecho. ¡Viva la Reina! ¡Viva la Reina! ¡viva! ¡viva! Obedecemos nuestra natural señora Esto es voluntad del cielo Yo la obedezco también, que el perfecto caballero solo sabe adorar Reyes. mas no dar ni quitar reinos ¿Y cómo te va de enojos conmigo? Rabiando, pero para ser tu esposa más honra que enojo tengo tu esposa soy. yo soy. pero por el bien ejemplo no es bien se publique ahora. Eres en todo otro cielo. Aquí la comedia acaba del perfecto caballero.
