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Texto digital de Perdonar por no poderse vengar

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Atribución tradicional
Cristóbal de Monroy y Silva
Atribución estilometría
Cristóbal de Monroy y Silva Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Perdonar por no poderse vengar. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/perdonar-por-no-poderse-vengar.

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PERDONAR POR NO PODERSE VENGAR

JORNADA PRIMERA

Ata de un álamo al tronco los caballos. . Ya las bocas, tascando dorados frenos, cándidas espumas bordan. Aquí, César, retirados en esta alameda umbrosa, cuyo verde pavimento pule rosagante Flora, quiero que sepáis la causa de las penas que me ahogan; n pues me la habéis preguntado. Ningún rumor nos estorba, solos estamos, decidme. Alejandro las congojas que os melicolizán . César, atended, que esta es mi historia. Era la estación del año, cuando al Planeta que dora tiosiro el Orbe, la Primavera previene ricas alfombras. Cuando las aves, y flores a competencia enamoran, alternando endechas unas, brillando colores otras. Yo que en una Quinta entonces, divirciendo la memoria, del Mayo galán gozaba la alegre, y fecunda copia, salí a cázar una tarde, y la codicia me embosca tras un venado en el monte, tan ve oz, que apenas forma la breve huella en la tierra, huyendo de las pistolas. Tronco parece con alas, y en la testa nerviosa. toda de ramos vestida, de ganchos poblada toda, A son Perdonar por no poderse vengar. son los ganchos, y los ramos alas que los vientos cortan porque pueda intro ducirse ave, y vuele cuando corra. Seguile, más suspendiome en la margen arenosa de un arroyo, que de un risco era culebra de aljófar, durmiendo una dama bella, no sabré pintarla ahora, Jolo diré que eran fuego sus resplandores de hermosa, pues el cristal del arroyo, caliente corre la posta: dos elementos vi juntos, ella el fuego que enamora, y el agua del arroyuelo, y luego el amor me postra como el fuego, y como el agua, que amon fin dilación logra sus heridas, luego mata, luego rinde, y aprisiona. que es fuego que al punto quema y es agua que al punto ahoga. Desperté su dulce sueño disparando una pistola: no hay relámpago sin trueho; y así fue acertada cosa, buscar un trueno de luz a un relámpago de gloria. Levántose alborotada, díjele no se que cosas, en mi voluntad verdades, y en su estimación lisonjas. Agradeciolas cortés, correspondiome amorosa, fuese a una Quinta; seguila, el alma turbada toda: informome una criada, de algunos ruegos a costa, que era Lisarda, ay de mí, amainé esperanzas locas, Perdonar por no poderse vengar. porque ya sabes amigo, y escucha, aunque no lo ignoras, que mi padre y don Fernando, padre de Lisarda hermosa, fueron enemigos siempre, conservando esta discordia, con haber mi padre muerto don Fernando hasta ahora: frencuenté el sitio, y el oro a la criada soborna, y con secreto en la Quinta de cuanto pasa me informa. Díjome, que don Fernando su padre trataba ahora de casarla con don Jorge, ilustre, y noble persona, y que don Feliz, que es primo de Lisarda, la enamora, y en su casa donde el vive la pretende para esposa: Amás don Fernando se inclina, aunque su piedad desdora, a casarla con don Jorge, porque riquezas le sobran, despreciando de don Feliz el parentesco, son obras de la codicia, que el oro a la sangre se anteponga. Esto he sabido de Celia, y aunque me atajan, y estorban inconvenientes tan grandes, ciego me arrojé a las ondas del mar de amar, escribile, y hallaron mis congojas en sus piedades alivio, y favor en su memoria. Respondiome, siendo Celia la tercera de mis glorias, y hablela muchas noches por una reja que asoma de la Quinta al campo, y cuando navegaba viento en popa De don Cristobal el bajel de mi esperanza, el rumbo perdió en las olas: su hermano, su padre, y ella, juntos a Valencia tornan, sin que le diera lugar la prisa que la alborota, a despedirse de mí, que con pretensiones locas dejo la Quinta, las fuentes, venados, aves, y rosas, y doy la vuelta a Valencia, a donde ha un mes que no logra una dicha mi deseo, pues escondida aún no goza Lisarda la luz ardiente de esa luminosa antorcha, que de su padre el recato la retira, y aprisiona: ved si es ocasión bastante de tristezas, y sosobras, pues ya el odio de su padre, ya de su hermano la sombra, ya los celos de su primo, ya de don Jorge las bodas, y esto sin ver a Lisarda, sin saber si temerosa obedecerá a su padre, si olvidará a quien la adora, me tienen, César, de suerte, que si la lengua no informa lo que siento, es que no basta a empresa tan lastimosa, el alma sola lo diga, pues ella lo siente sola. Sin duda que la fortuna, noble Alejandro, envidiosa de nuestra amistad ilustre, en nuestras venturas corta, a competencia pretende. oy por un mismo estilo ahora al cielo de nuestro amor nubes poner que le borran, l De don Cristobal de Monroy y Silva. Luego a vuestro amor también sobresaltos desasonan? Escuchad, porque sepáis los peligros que me enojan. Cuando en el papel del cielo la recién nacida Aurora, con pluma de luz escribe Si los rosicleres que forma, una mañana, después que en batalla se divorcian del escuadrón de las luces el ejército de sombras, y retirada la noche, celestes lágrimas llora, que el rocio de la esfera no es llanto del Alba hermosa; lágrimas son de la noche, que vencida de la Aurora, de sentimiento las bierte, y de afrenta las arroja. La mañana al fin de un día infeliz, y venturosa; pues tantas penas me questa, y me ofrece tantas glorias, vi a lacinta, que tomando el acero a tales horas qlo (como si para matar a las almas que enamora, los aceros de sus ojos no le bastan, y le sobran) donde las plantas ponia, brotaban purpúreas rosas: seguile, ya aficionado con vista atrevida, y loca, sintiendo en el pecho entonces de amor la dulce ponzoña, Ángel juzgué yo a lacinta, tal es su belleza heroica, q y tan Ángel la juzgue que no me atrevía su gloria, hasta después que llegando a la Iglelia, donairosa, A 2 con Perdonar por no poderse vengar con la mano de márfil el agua bendita toma, y entonces dije, no es ángel Jacinta, atreverme importa, pues ella tener confiesa culpas que el agua perdona. Salió de la Iglesia, hablela; con corteses ceremonias, respondiome, y obligado del amor que me apasiona, desde entonces la serví, y no a mis suspiros sorda, me corresponde cortés, y favorece amorosa. Amor que no se contenta de un agasajo, o lisonja, y siempre anhela atrevido con porfías carinosas, de un favor a otro favor, y de una cloria a otra gloria la persuadió de tal suerte, que mis venturas pregona, dándome entrada una noche en su casa cuidadosa. Despeñose el Sol, cejando el pertigo a su carroza, en promontorios de espumas, a donde ahogó su pompa: y como se pone negro el cuerpo del que se ahoga, el cielo, cuerpo del Sol, viendo ahogada en las olas su luminosa cabeza, se vilió de negras sombras. Entré al fin donde sacinta me aguardaba temerosa, dando a unas congojas fin, l y principio a otras congojas; porque pretende su padre, que en un Monasterio monja, a su perior voluntad tinda obediencias forzosas, Perdonar por no poderse vengar cdle frecuente la dicha mía, que tan altas prendas goza Y haurá tres noches que un hombre, cuando salgo, el paso ronda, embozado, yo excusando tl lances que siempre ocasionan los desvelos de quien ama, le dejó, y me voy por otra calle, porque si pretenden mis celos que le conozca, es forzoso que la calle se albórote a tales horas, y a la opinión de Jacinta, t y posesión de mis glorias, no le está bien; mas anoche le hallé en la puerta propia cuando entraba a ver mi dama: quien va dije, y él me informa la respuesta con la espada; renimos vino la ronda, y fuese sin conocerle, ved si son las causas pocas 0l para temores, y celos, pues duda el alma penosa osloy si es amante de sacinta; pía, y ella, aunque es acción impro porque la deje, y quererle, me finje, que ha de ser monja Estas dudas me acobardan, p estas pesares me enojan, estos celos me combaten, y estas ansias me alborotan. lo Tan fácil fuera el remedio de mis penas lastimosas, como el de las vuestras, César si lacinta es de sangre heroyea, y no querrá deslucir o su opinión misma ella pro pía yo iré con vos esta noche, y sabremos quien estorba el paso avuestros desiníos Agradecida responda De don Cristoval de Monroy y Silva. el alma con el silencio Obligaciones forzosas son de mi amistad serviros, aunque arriesgue mi persona. Y Lisarda? . Qué he de hacer? no tienen mis males forma para aplicarles remedio, aguardar que el tiempo corra y sufrir, aunque padezca, es solo lo que me importa; Calahorra. Aquí me tienes, mas ligero que una onza. Llega los caballos. . Ya el tordillo espumas boza; nuve parece, lloviendo nieve a copos sobre alfombras; y el castaño martillando las guijas, chispas arroja: diole el tordillo un bocado al castaño, y él se enoja, considerando sin duda, que el tordillo es tordo ahora, y el castaño la castaña; el castaño se a borota, sorr diciendo, nunca los tordos muerden castañas, y rota la rienda, dio un salto al punto, y no fue la acción impropia que la castaña en el fuego salta, y él que fuego forma en las guijas, a fuerde castaña, salta, y retoza Siempre tú estás de un humor. Jesús, y que vieja cosa. Reconozco agradecida, lacinta, tanto favor, n si no es lisonja de amor quia No Lisarda por tu vida De don Cristoval de Monroy y Silva. porque es tanta tu belleza, inp que después que te formó, de mirarte se admiro la misma naturaleza. Es de la amistad pasión. A ser varón, cosa es clara, que el alma toda empleara Lisarda, en tu pretensión. Presumo no hay en Valencia, aunque la palma le den, hermosa lacinta, quien aspire a tu competencia; y pues eres tan hermosa, no te apasiones por mí, que soy un pobre alelí, y tu nacarada rosa mas como te va de amor con César? . Amiga, mal, porque es a mi amor igual on de mis padres el rigor adoro a César, y se que César me estima, y siento, que mi padre en un Convento cárcel perpetua me dé. En que he de ser monja da, mi amor gran peligro aguarda, mas a ti cómo, Lisarda, con Alejandro te va? Vivo sin gusto, y sin vida, de hermano, y padre guardada, de don Jorge paseada. de don Feliz pretendida. cuando a los dos aborrezco: mas ha de un mes, ay de mí que a mi Alejandro no vi, mas tal gozo no merezco. A saber, Jacinta bella, que merecía mi hermana visita tan soberana, no viniera yo a ofenderla tan presto a casa, si se cuan Perdonar por no poderse vengar. cuan poco con vos merezco, pues cuando el alma os ofrezco, tan ingrata el alma os ve ob y aunque es tanta gloria y gusto el veros para mi amor, me excusara este favor por no causaros disgusto. Basta, señor don Luis, que estoy en mala opinión con vos. . . Si de mi afición los frutos no recebís, que puedo yo imaginar, y habiendo visto celoso otro galán más dichoso, vuestros balcones rondar? Prima, . Don Feliz. . . Señora que bien las rosas te están, no arrulla al Sol más galán en su regazo la Aurora. Granfavor. . Prima, tu padre, toda el alma se me abrasa, . ya con don Jorge te casa, sin que mi sangre le cuadre; y aunque se que me aborreces, y tu rigor me condena, como ya te miro ajena, más hermosa me pareces. Ado Ya despedirme quería, hermosa Lisarda a Dios. riodo Adiós Jacinta. Los dos os quedad por vida mía Mandarme tal, es desdén. Esto obligación ha sido. Basta ser aborrecido, sin ser grosero también na antn Ya sepulta el Ocaso, los Délficos fulgores, que en su tumba se ofuscan, y en su horror se recogen, np Perdonar por no poderse vengar. Pardo telliz enluta la pompa al Horizonte en chalupas de nubes navegando la noche, porque el Rosicler cubran, porque la luz desdoren, tinieblas que desata, y sombras que descoge. Ay Alejandro mío, hay quien pudiera a voces las penas referirte que sufre el alma noble. Tiernamente te adoro, y los hados disponen, que ni goce tus ojos, ni mis favores goces. Escribirte pretendo cuera esta apacible noche, tercera muda sea de mis castos amores. mola Don Jorge qué es aquesto? (verte. Esto es amor Lisarda, esto es que- Pues tú tan descompuesto, ciego te precipitas a la muerte, sin temor, y no en vano, (hermano. si de un padre, de un primo, y de un Si sabes que te adoro, que loco amante tu beldad estimo, mal temeré el decoro (primo, de un padre, de un hermano, ni de un pues ser tu esposo intento, perdona este amoroso atrevimiento; mil siglos ha señora eñí que tu belleza celestial no miro, solo pretendo ahora ver la ilustre beldad por quien suspiro no te enojes, advierte que adorarte, mi bien, no es ofenderte. Don Jorge, esta osadía, no de mi liviandad ocasionada, castigo merecia, aún De don Cristoval de Monroy y oírma. aunque a mi padre tu afición le agrada, no a mí, y es cierta cosa, que ni te quiero, ni he de ser tu esposa Tal rigor, tente, aguarda. Suelta, suelta don Jorge. Tal desprecio, oye, escucha Lisarda; anduve descortés, anduve necio, pues sin pedir licencia (cia, mi ciego amor me trujo a su presen- vuelvo desengañado, si a verla vine amante, y atrevido, que bello, que enojado manifesto el semblante, y que ofendido, amor templa sus ojos, no son desprecios los que son enojos. Apenas descubre el cielo las luminosas estrellas, que por cortinas de nubes dudosas se manifiestan. A las estrellas llamó un culto, vivas centellas, que de la llama del Sol resultaron a la esfera. Mucho siento, que esta noche descomodidades vuestras aseguren, Alejandro, mis favores, y finezas. Pues precisa obligación es serviros no diviertan excusados cumplimientos vuestras amorosas penas: no parece el embozado. Mas vale que no parezca, excusaremos cuestiones. Hacer pretendo la seña. Ya la puerta le han abierto. De don Cristoval de Monroy y oírma. Es mi lacinta? . Sois César? Sí. . Pues entrad. oomos Alejandro adiós. ajol tal o Bueno no hay más cuenta, ya como Capellanía le colo, y aquí nos deja, mon puesto que en Valencia estamos, a la Luna de Valencia. Dichoso tú, que mereces las idol atradas prendas que adoras gozar y triste de quien penoso contempla los esplendores de un sol que sin mirarle le queman; no has sabido de Lisarda? No puedo hablar a Celia por más que lo solicito; su viejo padre la encierra, negándole riguroso aún los balcones y rejas, notablemente la guarda. Yo me huelgo aunque me pesa, porque quien viere a Lisarda ha de morirse por ella, y menos celoso vivo mientras ninguno la vea. De suerte señor, que a cuantos mira mata? . Cosa es cierta. No puede tener su padre enemigos que le ofendan. Porqué? . Pues tiene esto duda? si alguno matar intenta l su padre hay más de traerlo A donde su hija le vea, diror lonpa y con los ojos le mate. opomio Desde que en la Quinta bello vi a Lisarda no la he visto; mas ya de mí no se acuerda Admirado estoy señor, que no te escriba, y te vea perdonar por no poderse vengar. y aún te dé entrada en su casa como Jacinta a don César, porque siempre de las Quintas se va a parar a las sextas. Que notable disparate, gente siento, vente sueña. Esto es lo que yo temía, vámonos, pues dentro queda. Parados están dos hombres, si no me engaño, a la puerta. Ay que se viene acercando. Salir al encuentro es fuerza. Aguarda señor detente yo excusaré la pendencia, . porque tiemblo, vive Cristo, solo de pensar en ella; déjame llegar a mí señor. . Calahorra llega. Caballero. Qué decís? Buscáis algo en esta puerta? Solo intento conoceros. Es cosa fácil. A fiera lacinta; aqueste es sin duda . con quien tuve la pendencia. Oíd pues me queréis solo conocer mi parentela; don Calahorra me llamo, deciendo por línea recta de Guillermo Calahorra, natura . Deje quimeras, one y sálgase de la calle. Aguarde, tenga paciencia: aquel hombre que está allí mi mozo, y no hay quien pueda musudirle a que se vaya, noque en dando en una tema, mob a el diablo i a de salir con ella: mandármelo usté, perdonar por no poderse vengar. me iré luego de la puerta; mas él no ha de querer irse, no sé qué remedio tenga. Una sola traza hallo. si vuesarced gusta de ella, para irnos yo y mi criado, y que él se quede a la puerta. Cuál es? . Irme yo a mi casa dos veces, aunque no es cerca, por mí una, y otra por él. Hay tan grande desvergüenza? . Ay que me mata Qué es esto? Alexandro es este, espera villano. . Si esperará porque habrá quien le defienda. Convidado de la noche, persuadido de mis penas, obligado de mis celos, regido de mis tristezas, a ver a Lisarda vengo, que en este jardín, en esta esfera de su esplendor; de su Rosicler palestra, rendida del sueño yace su peregrina belleza: Ay de mí escribiendo estaba vestida, locas sospechas, no me atormentéis el alma: que al viso que representa M en sus labios los claveles, lo en su frente las mosquetas, y en sus mejillas las rosas: a la luz de aquesta vela, leer pretendo el papel; dice De don Cristoval de Monroy y Silua dice en el de esta manera. Querido Alejandro mío como es posible que pueda vivir nuestro amor sujeto al rigor de las estrellas contra los adversos hados, no hay valor, no hay resistencia, no hay. No dice más aquí, mas para aumentar mis penas, menos que lo dicho basta, o ingraprima, o adversa fortuna, viven los cielos, que pues os celos me alientan, que he de gozar tus favores, aunque desdore la fuerza mi opinión, y mi cordura: apagar quiero la vela; . amor dame tu osadía para que al cielo me atreva: más válgame Dios, qué es esto? don Luis cuidadoso cela su hermana, y este es sin duda, que ofendida sentinela ha seguido mis pisadas, no hay duda, porque no entienda mis delitos me voy. Cielos, dónde estoy, qué casa es esta? quien va allá, un bulto diviso sentado sobre la hierba. Aí con dos mil diablos, l ay que me quebré una pierna. Este es Calahorra, oyes. Ay de mí, que ruido intenta De don Cristoval de Monroy y Silua interrumpir mi sosiego? quien la luz de aquesta vela apagó? encenderla quiero, dando un soplo a la pavesa; no es Alejandro el que miro! No es esta Lisarda bella Lisarda. . Alejandro, esposo, di cómo, de que manera aquí has entrado? . Señora esta noche. Yo estoy muerta. Guardaba el cuerpo a un amigo y un hombre atrevido llega, de la misma dama amante, según presumo, fue fuerza sacar la espada, reñimos, sospecho que muerto queda, y al fin saltando confuso por tejados, y azuteas, llegamos a esta pared, y viendo que estaba cerca del suelo, sin saber donde, venturoso salto de ella aquesto, hermosa Lisarda, es lo que pasa, y aquesta la mayor ventura mía, pues gozo de tu presencia. Válgame Dios, que desgracias el verte siempre me questa: cuando te adoré en la Quinta, tuvo mi padre sospechas de nuestro amor, y enojado me trujo luego a Valencia a ser blanco riguroso de sus lastimosas flechas; en mi vida se vengó, pues me la quitó tu ausencia. Cóstome la vida entonces el mirar tus dulces prendas, y ahora questa otra vida, Alejandro, que te vea. Cómo di no me has escrito? poce Perdonar por no poderse vengar: poco te deben las penas de mi amor, si no estás ya, Lisarda, olvidada de ellas. Este papel, dueño mío, te estaba escribiendo tenga mejor crédito mi amor no le injuries ni le ofendas; lee mi bien . Parece encanto, viven los cielos, qué es esta Lisarda, yo estoy confuso. Porque notes, porque adviertas, si te quiero, y si te estimo, viendo que mi padre intenta desposarme con don Jorje contra mi gusto, resuelta, con el papel te enviaba una llave de la puerta de este jardín, desde el cual sube esta angosta escalera a mi cuarto, esta es la llave, . bien puedes, mi bien, con ella entrar con secreto a verme todas las noches. Quisiera, dueño mío, con palabras, ponderas tantas finezas; mas qué es esto? . Un lastimoso ruido al jardín se acerca, ay mi bien. . Tu padre es este. ̱. Esposo en esta árboleda te esconde, y pues ya la llave tienes, después por la puerta del jardín te puedes ir. Pues cómo en el jardín entra? Con otra llave que el tiene, El busete me defienda Con silencio en el jardín poned el cuerpo. . Oh tragedia Perdonar por no poderse vengar: lastimosa, o duro trance. Porque Lisarda no sepa la muerte de don Luis. Quisiera cielos, quisiera romper con mi voz los vientos, los cristales con mis quejas, porque elamando venganza, llegaran a las esferas Traidor Alejandro como eclipsaste con tienieblas la luz de este triste joven; no hay vive el cielo, prudencia para buscar sufrimiento a desdichas tan inmensas. Mi primo antes de morir dijo, que A exandro era su homicida. . . Por el pecho iras, furores revientan, venganza, cielos venganza. Señor repórtate, espera, vente conmigo a tu cuarto. Ay hijo, hay sobrino, deja, mientras vengo mis agravios, que pueda llorar mis penas. Cielos que es esto que miro muerto mi hermano, ay de mí, o no creo lo que oí, pues cobarde me retiro; a lo que miro no admiro; qué pretendo? dónde voy? daré voces, muerta estoy, que así Alejandro tirano quite la vida a mi hermano. cuando la vida le doy. Si doy voces, es forzoso darle a Alejandro la muerte, y pierdo de aquesta suerte un hermano, y un esposo: el cadaver astimoso venganca me está pidiendo, y es mi sangre, que pretendo si ven De don Cristoval de Monroy y Silva. si vengo su muerte aquí, la muerte me busco a mí, pues con vengarme me ofendo. Aquí la sangre me llama, allí me llama el amor, aquí miro mi dolor, allí miro a quien me ama: el uno venganza clama, el otro perdón advierte, y en esta trágica suerte, acción será más lucida, darle perdón a una vida, que dar venganza a una muerte, Alejando. Esposa mía, si quieres dar a tu ofensa venganza, toma esta espada, dame la muerte con ella: mas solo digo Lisarda, que repares, y que adviertas, que sin conocer tu hermano, le maté. . Desdicha inmensa. Y claro está que si yo a don Luis conociera, cuando entre huyendo en tu casa salir pretendiera de ella; Lisarda a tus pies estoy, mi vida es tu vida misma, ampáreme tu piedad. sino basta mi inocencia. Vete Alejandro de aquí, vete, mira que está cerca aquella sangre ofendida, y podrá, aunque yo no quiera, vengarse. . Lisarda a Dios. A mi cuarto voy, apenas puedo mover de turbada las plantas sobre la hierba. Todo ha quedado en silencio, quiero salir de esta cueva, De don Cristoval de Monroy y Silva. adonde quedó el difunto; que triste noche, y que adversa muriéndome estoy de miedo, yo quiero buscar la puerta. Jesús mil veces Jesús, san Rodulfo, santa Tecla. Este sangriento cadaver llevad dentro, porque pueda prevenirlo el sentimiento, para fúnebres obsequias; . mas quién está aquí, quién eres? Pescome infeliz tragedia, el sabe que de Alejandro soy criado, y me deguella, segundo muerto tenemos, Dios me perdone, y me tenga en su gloria. No respondes? quién eres? . Soy una bestia, soy hijo de una beata y tiene hecha promesa de velar a los difuntos, queda en casa muy enferma, y me ha enviado a velar este difunto por ella. Pues como tan presto tuvo noticia de esta tragedia, si ha un instante que pasó? Señor, porque es hechicera, y tiene familiar, que de todo le da cuenta. Pues es hechicera y tiene tal devoción? . Mucho aprieta y aún por eso, porque cuando vela un difunto, lo vela solamente por quitarle los dientes sin que la vean. Por dónde entraste? Esto es malo entré, señor, por la puerta si señor. . No eres criado de Alejandro? . Quién tal piensa Ba y A Perdonar por no poderse vengar. yo criado de Aleque? Jesucristo, y que simpleza. (ño. No me engañes. . No te enga- Vive Dios traidor. . qué intentas? Que has de confesarme ahora los amores, y cautelas de Alejandro y de Lisarda, o con esta daga misma te he de dar muerte. . Jesús Los celos que me atormentan he de averiguar, traidor di la verdad. . Suelta, suelta. Quiere Alejandró a Lisarda? Mas que a sí mismo. . Ay tal pena? En qué te ofende Alejandro? Pues vil que mayor ofensa, que querer lo que yo quiero? Dios no nos manda, y ordena, que al projimo amemos como a nosotros? . Cosa es cierta. Pues quieres tú que quebrante el precepto, y no la quiera? No dices que más que a sí la quiere? Es tal la conciencia de mi amo, es tan gran santo, que aunque manda Dios que quieran al projimo como a sí mas que a sí quiere a la bella Lisarda porque con esto haga aún más que Dios le ordena. Dejemos burlas infame. Burlas, no son si no verás. Di lo que pasa. . Ya digo; pasa la buena moneda, Perdonar por no poderse vengar. SE pasa quien no se hace hombre. Oh villano. . Tente, espera, primero soy yo que nadie, perdone mi amoro venga a sacarme de este aprieto, pondré un candado a la lengua: mi señor quiere a Lisarda, Lisarda le adora, y premia su amor con dos mil favores, aunque no ha podido verla desde que en la Quinta estuvo: allí en aquella arboleda está escondido. . Qué dices? Ponte detrás de esas peñas, lo verás salir. Ya aguardo. No hables palabra. . Ve apriesa Mientras él está escondido, nos iremos por la puerta Alejandro, y yo a señor; fuese pues no da respuesta, yo también me quiero ir, pues está la puerta abierta: mámola el señor don Feliz. Hola, si me habrá engañado, el no parece, ni sueña, mientras aguarde escondido se fue, notable cautela, si es verdad lo que me ha dicho; que dudo, mi muerte es cierta; ingrata prima alevosa, pues mi voluntad desprecias, yo le buscaré a mi agravio su venganza en tus afrentas. cuando espumoso deciende,

JORNADA SEGUNDA

JOIRNADa segunda Don Feliz espera, aguarda. Suelta ingrata, que me quieres? Detente. . Será más fácil detener violentamente el precipicio de un río, cuando espumoso deciende, y con los escollos luchan olas que encrespa crueles. Mas fácil de un Tigre Hircano, cuando sangriento acomete, por cuya piel salpicada de blancas pintas parece ramillete de las selvas, detener SE De don Cristo val de Monroy y Silva. detener la furia ardiente. Mas fácil de alada flecha, que el arco arroja inclemente, parar el curso ligero, cuando los aires barrene. Mas fácil de un rayo, cuando los dorados capiteles culebreando en el viento en ceniza los convierte, suspender la voraz llama, que al fin podrán detenerse río, Tigre, flecha, y rayo, no mis celos, porque exceden al río, pues por los ojos furiosos raudales vierten: al Tigre, pues despedazan la esperanza de quererte, a la flecha, pues que corren donde de ti viva ausente; al rayo, pues con incendios me abrasan el pecho ardiente; como detenerme intentas, si ves, Lisarda, que vencen rayo, flecha, Tigre, y río, los celos que me enloquecen Yo me voy, ingrata, adiós, ya he sabido de mi muerte a costa de mis tormentos las señales evidentes: ya he sabido que a Alejandre amas, adoras, y quieres, que su pretensión animas, que ser su esposa pretendes, el dichoso, yo infelice, el constante, yo impaciente yo despreciado, el querido, yo sin gusto, y el alegre, goce, goce tus favores, y a mí tu rigor me ausente, porque sus dichas no logre a vista de mis desdenes. Cuando Alejandro te injuria, cuando a tu hermano da muerte De don Cristo val de Monroy y Silva. cuando da enojo a tu padre, cuando tu decoro ofende, cuando tu fama desdora, cuando a tu sangre se atreve, le quieres firme, y constante, le estimas, y favoreces, y a mí que te he idolatrado, siempre firme, amante siempre, mientras el mayor Planeta doro seis veces fulgente, si los bellones del Aries, las escamas de los peces, me olvidas, y a mis finezas das retornos de desdenes? siendo tu primo, y tu sangre, me desprecias, y aborreces? Quédate alevosa prima, y ruego a Dios, pues pretendes mi muerte, que al ir huyendo de rigores tan crueles, aquese castaño bruto, que argentan copos de nieve, desde la clín a la cola, desde el codón al copete, bucésalo Cordones, que cuando corre parece, que el viento con freno, y silla en su forma se convierte, desde la gruta de un bosque me precipite, y despeñe, tanta sangre derrame, sobre las flores siluestres, que no la juzguen por mía, autes digan, antes piensen, o que la graniza el cielo, o que las nuves la llueven. Desesperado me parto donde más no podré verte, a esas montañas, y en ellas, penoso, triste, y ausente, de tus ojos desterrado, me dará una cueva alber- gue. Al Perdonar por no poderse vengar. Allí huiré tus desprecios, viendo a las flores siluestres, los cándidos corderillos; lamer la escarcha, y la nieve, viendo el oso despechado, que a la margen de una fuente chupe el almibar, que en corchos engendra el ave más débil; viendo la entonada garza, que el viento acuchilla fuerte con las plumas de sus alas espadas blancas que tiende, allí diré mis ahogos a los aires, y a las fuentes, creciendo los elementos, cuando me atiendan corteses, con mis suspiros el aire, y con mi llanto la nieve. Qué escucho cielos, espera, detente, aguarda don Feliz, escúchame, no des voces, no te vayas, no te ausentes. Qué es esto Lisarda? . Padre, señor. . . Qué disgusto tienes? Mi primo, ay de mí, mi primo. Dilo, acaba. . Trance fuerte, se va de Valencia. . . Cómo? porque? . Porque le aborrece mi voluntad, a la tuya siempre señor obediente; tiéneme Feliz amor, y viendo cuando me quiere, que soy a sus ruegos Áspid, na que soy a su incendio nieve, po a despedirse de mí vino ahora tristemente, y de tu casa furioso se ausenta, señor, sin verte Déjalo, hija, que importa mal corresponde don Felir a lo que le estimo, y precio, mal paga lo que me debe; Perdonar por no poderse vengar. yo no he querido casarle contigo, porque no tiene la riqueza que en el mundo es la vida de las gentes; don Jorge ha de ser tu esposo. A todo estoy obediente, ay Alejandro, los cielos . gozar tus brazos me dejen Desde que murió tu hermano, no es posible que sosiegue, todo es trazar mi venganza, y todo sentir su muerte: como el traidor Alejandro en Valencia no parece, vivo penoso, Lisarda; di si agradarme pretendes, como podremos vengarnos de aqueste Alejandro aleve? Ay de mi padre, y señor, a tu edad no pertenecen venganzas, y odios, que elipsan de tus nobles acendientes el heredado valor, la ilustre, y cándida nieve de esas canas, no la manches con odios sangrientos quieres dar que murmurar al mundo? no miras, señor, no adviertes, que el vengarse es de cobardes, y el perdonar de valientes? olvida tu ofensa y. . . Calla, hay hija poco te debe el agravio de tu sangre, pues me dices imprudente, que el vengarse es cobardía. Que es mayor valor no niegues vencerse un hombre a sí mismo, luego será más valiente quien pudiéndose vengar, perdona, y a sí se vence Necia estás, calla Lisarda, que el escucharte me ofende, no sabes que quien perdona fácil De don Cristoval de Monroy y Silva. fácíl su injuria parece que a más no poder la olvida, o en ella el mismo consiente: véngate tú de Alejandro con la lengua en las mujeres espada, y yo con el brío, porque de un traidor nos venguen, a ti decir maldiciones, y a mi procurar su muerte. Plega al cielo no la logres, antes muera yo mil veces. Ay adorado Alejandro, cuantas finezas me debes; mas la puerta del jardín que abren ahora perece, válgame Dios, quien será, ya ha entrado, y a cerrar vuelve, todo el aliento me falta; quien eres hombre, quién eres? Yo soy, divina Lisarda, el que te idólatra amante, soy quien te adora constante, soy quien ser tu esposo aguarda, quien tu presencia gallarda viene por mirar aquí, esto soy, mal advertí, porque si el alma te doy, nada he sido, nada soy pues mí mismo ser te di Cómo te atreves a verme, y de mi padre el rigor no temes? . Porque el amor me da ocasión a atreverme no puede tu padre hacerme más mal, Lisarda querida, que tú, aún siendo mi homicida, pues que importa en triste calma, si tú me quitas el ala, cuando el me quir la vida. Mi padre ahora se fue, vete, Alejandro, de aquí, De don Cristoval de Monroy y Silva. mira no vuelva, ay de mí. Ya que te he visto me iré, solo verte deseé, ya me voy contento en verte, pues no puedo merecerte, a diós mi bien, que en amarte, la vida me da mirarte, y no mirarte, la muerte. Aguarda, pequeño alarde haces del valor, detente. Por no ser inobediente, quise parecer cobarde, ya obedezco, Dios te guarde, como con luto te vi e me ausentaba, porque así, sino mirarte es mi muerte, pudieras de aquesa suerte ponerte el luto por mí. Ya que a entrar te has atrevido sin ver el riesgo en que estás, aquesta noche podrás verme en mi cuarto escondido: Feliz mi Lisarda, he sido. Yo tuya Alejandro? . Sí que vives en mí, y así, como a mía te quería, que no está lejos de mía quien vive dentro de mí Sabe el cielo que te estimo Dame los brazos. Detén los brazos. . Cómo; mi bien, el favor a que me animo estorbas? . Yo me reprimo en excusar el favor, más temo el fin de tu amor si me abrazas. Pues por qué? Eso yo te lo diré, porque arguyas mi temor: tu dices que a mí me has dado el alma, y la tengo yo. En tu pecho la encerro tu afición, y tu cuidado. Luego el temor no es culpado que Perdonar por no poderse vengar. que al allegarme a abrazar los cuerpos se han de juntar, y el alma cuando esto pasa, viendo tan cerca su casa, podrá volverse a mudar Ya sabes como tratado. tenías de irte conmigo, porque tu padre enemigo no te casase enojado con don Jorge. . Mi cuidado solo se emplea en tu amor, de un infierno de temor esta noche has de librarme, bien puedes, mi bien, llevarme. Qué mayor dicha, y favor? Sube, Alexandro, a mi sala, no vuelva acaso por mí mi padre, y te halle aquí. Qué dicha mi dicha iguala? Su valor mi amor señala. Ya ningún temor me da sp tu padre, aunque airado está, que si matarme quisiera, pues vivo en ti, bien pudiera haberse vengado ya. Yo entre, tanto qué he de hacer? Escondido en el jardín me aguarda. Será mi fin si aquí me llegan a ver, pero quiero me esconder, temeroso y asustado, de aquel difunto pasado; si otro hallo, aquí me quedo, que espera causar mi miedo este jardín desgraciado. Qué me dices? . Escucha, mi cofusión con mi peligro lucha Después, don César mío, adorada prisión de mi albedrío, que conmigo estuviste. Perdonar por no poderse vengar. aquella noche triste, (tes cuando Alejandro a don Luis dio muer o adversa, o triste suerte, con el rumor mi padre alborotado, de la pendencia de Alejandro osado deja el lecho, furioso se levanta, con tanto enojo, con fatiga tanta, por suceder la muerte anra puerta, (que estos sustos fortuna me concierta) al fin con tal coraje, y osadía, que el autor del delito parecía, sale a la puerta, informase de todo, y vuelve a entrar de modo, que le miré temblando, porque está desde entonces sospechando que yo, mi mal advierte, he sido la ocasión de aquella muerte: y así airado, impaciente, resuelto, y enojado, si valiente, quiere, cuando te adoro, acosta de mi vida; y mi decoro, entrarme ya violento vuto a las ocho mañana en el Convento, mañana ay César mío, mañana, o padre impío, me ausentan de tus brazos, o salga ya deshecho en mil pedazos el corazón con rabias, con enojos, en lágrimas de sangre por los ojos; por eso te llame, que yo cual nave, que mira el huracan, y es bruto, y ave, bruto de quien los remos son espuelas ave de quien las alas son las velas, y procura negarse al torbe lino, corre con seño, vuela con el lino? y a su peligro atenta, viendo los golpes ya de la tormenta, con desmayo, y recelo, para el correr veloz, abate el vuelo, y se asusta, estremece, y acobarda, a vista de la muerte que la aguarda: así yo, César, viendo perseguida el ya vecino riesgo de mi vida, o vengo De don Cristobal de Monroy y Silva. vengo a tus pies sin alma, sin aliento señalando en los ojos mi tormento; que lágrimas en quien ama son tan forzosas, que ahora aquel que quiere, y no llora, desacredita su lama: publique de amor la fama lo que no es bien que se ignore, no hay quien sin llorar adore, tierno, amoroso, y cortés, porque el amor niño es, y no hay niño que no llore. Por eso le ponen venda, pues siendo en afectos tales lágrimas de amor señales, con que méritos pretenda, es fuerza dé al llanto rienda quien ama, y que en dolor tanto se descubra el dulce encanto, y así con tiernos enojos le ponen venda en los ojos, para detener el llanto. Mi amor, que disimulado ha estado en esta congoja la venda quita, y arroja todo el llanto represado, y habiéndosela quitado ciego otra vez se quedó, porqué el agua que lloró es fuerza a la vista ofenda, y aunque se quitó la venda, con el llanto se cegó Jacinta basta, basta dueño hermoso, no derrames aljófar tan precioso, no desperdicies tan lucidas persas, y escucha, porque excuses el verterlas ya que tu padre está resuelto en darte vida cautiva, como yo en amarte; si con mi amor te obligo el remedio mejor es que conmigo te vengas, y le dejes, y de tu casa con mi amor te alejes esto importa pues eres ya mi esposa, De don Cristobal de Monroy y Silva. no te excuses cobarde, y temersa, no hallo en este medio menos escandaloso algún remedio que el que propongo, de tu fe obligado y de mi noble sangre aconsejado. Pues César de qué suerte me has de sacar de aquí? Jacinta advierte. Cerca de la ciudad tengo una Quinta, donde Abril bello pinta, con galantes pinceles, rojos ramilleteros de claveles, aquí te he de aguardar y tu fingiendo te vas de tus amigas despidiendo, podrás, yendo en tu coche, antes que muera en brazos de la noche el respiandor del día irte a la Quinta mía, encargando al cochero este secreto, que siendo así, mil dichas te prometo A tu gusto dispuesta, solo el silencio ofrezco por respuesta, vete luego a la Quinta, allá me aguar que ya en obedecerte el alma tarda. (da Adiós mi bien. Defiendante los cielos. que tanto cueste amor no habiendo celos Sin ti no quiero vida, ni alegría. Sin ti pena será la gloria mía. Contigo será dicha mi tormento. Contigo mi dolor será contento. Desesperado y celoso a la ditunta esperanza de mi amor, busco venganza contra el honor más precioso: singiausentarme penoso, y hoy vuelvo a ofender los cielos, con alevosos desvelos que atrevidos se resuelven, porque los celos me vuelven si me llevaron los celos. C Carce Perdonar por no poderse vengar. Cárcel es Lisarda esquiva, donde presa el alma vive; como a ausentar se apercibe, sin que libre de ella viva: mas tal nombre no reciba, no es cárcel Lisarda bella, pues no quiere aborrecerla, ni dejarla el alma ya, y nadie en cárcel está, que guste de estar en ella. Salga pues de la prisión donde está cautiva ahora, que el incendio se minora llegando a la ejecución; colgar quiero de un balcón esta escala, este instrumento de mi loco atrevimiento, pues ciego de amor por ella volar a la luz más bella Ícaro segundo intento. Perdona Lisarda mía, disculpe mi yerro amor, y no escondan su valor las sombras de mi osadía: yo subo, aunque en tal porfía la escala por donde vuelo, que es excusada recelo, pues tiene amor alas bellas, y basta volar con ellas para llegar a tu cielo. Que al fin, mi bien; te resuelves a que nos vamos los dos, temerosa de tu padre, huyendo de su rigor. Si Alejandro que después su enojo, y su indignación podrán templar sus parientes, porque no hallo mejor Perdonar por no poderse vengar. traza para ser tu esposa. Quien tal favor mereció, mas siempre a los atrevidos da la fortuna favor: aquí te he estado aguardando, como suele el Alba al Sol, cuando las flores salpica con las perlas que lloró. Pues por qué: mi bien, lloraste? lorar no es poco valor? No si no amor excesivo; no has visto, Lisarda; al sol, que en la turquesada tumba rayos de luz esgrimió, y un ejército de nubes, opuesto a su resplandor, viste de parda vayeta, cuanto su carro doró, y luego llueven las nubes, porque el sol las derritió, y en blandas lluvias desatan el conhelado vapor? Pues amor Lisarda mía, es sol, que el pecho alumbro; el corazón es la nube donde amor hiere veloz, y así el llorar un amante es indicio de que amor iempre le esta derritiendo la nube del corazón. Pues que los celos causaban el llanto, imaginé yo, porque como son los ojos luces de amor y ellos son los que estás luces perturban, juzgué de su condición que daban agua a los ojos per apagar el amor: más ay, a la puerta llaman. Si será tu padre? . No, que le dejé yo acostado; que harér válgame Dios, De don Cristoval de Momoy y Silva. Ya volvieron a llamar, que desgraciada ocasión Escóndete en las cortinas de esa cama, mientras yo abro, sabremos quien es; que notable turbación; qué buscas hombre? Fe Lisarda tu amante Alexandro soy así engañarla pretendo. . Qué escucho? . Qué voz oyó el sentido, enmudecida me tiene, ay de mí, el dolor. Alejandro soy Lisarda. Mientes, mientes, vive Dios A eboso solicita este engaño algún traidor La luz apagas, qué intentas? que osadía te obligó a despeño semejante? vuélvete al punto, o mi voz llamando a mi padre. . Aguarda Lisarda, que aunque fingió mi industria ser Alexandro tu primo don Feliz soy No te fuiste de Valencia? no te despediste, ay Dios, a qué vuelves? qué pretendes, infamando mi opinión? Prima, celoso, y resuelto, llena el alma de dolor, lleno de ahogos el pecho, y de rabia el corazón, vengo a gozarte esta noche, en el jardín a un balcón de ese cuarto até una escala, que a tu cielo me subió: nada pierdes en ser mía, solos estamos los dos, y advierte, que si procuras dar voces, tan ciego estoy De don Cristoval de Momoy y Silva. (no te espantes que esté ciego, que así pintan al amor) que esta lustrosa cuchilla ha de suspender tu voz, no te resistas Lisarda, pues ves mi resolución. Primo Feliz. . Calla ingrata Favor cielos. Hoy traidor has de morir a mis manos (soy, muerte infame. . . Muerto basta cruel. . Qué tragedia. e. . . Que alboroto, y que rumor inquieta mi casa? ola, sacad luces. . Quién oyó tal desgracia? este es mi padre, que susto, y que turbación, si en este traje le aguardo me ha de matar su rigor. Alejandro, no parece, Alejandro, esposo, ay Dios, mi bien, mi dueño, Alejandro, sin duda que descindió por esta escalera, hora; al jardín tras él me voy; quiero, porque no nos siga mi padre, o fortuna atroz, cerrar la puerta, ay de mí. Lisarda, esposa, ya dio mi acero muerte a tu primo, ya castigué su traición; no respondes, dónde estás? a Lisarda, vive Dios, que no parece. . Entrad dentro. De don Fernando es la voz, quiero por esa escalera bajar al jardín; o amor, C que Perdonar por no poderse vengar. que me questas, mas la puerta; Entrad, que ya os sigo yo. Está cerrada. Qué es esto? Yo soy perdido. . Oh traidor, matadle, que es Alejandro el que a mi hijo mato. La espada se me ha quebrado, herido, y rendido, estoy, Feliz dijo que dejaba pendiente de aquel balcón la escala, por donde osado. aquesta noche subio, descolgáreme por ella, pues me ayuda mi valor. Seguilde, que a mi sobrino deja muerto, no bastó ingrato matarme un hijo, sin que ahora tu rigor tan sediento de mi sangre renovara mi pasión; suguilde, matalde, muera. De mi amorosa afición persuadido a buscar vengo quien bella la ocasionó, y aunque no merezca hablar a Lisarda, por favor celebrará mi cuidado. ver la casa que albergo su soberanía. 1. Cómo no te has casado, señor, supuesto que ya a Lisarda tu padre te prometio? or brluto de la tragedia de su hermano, la ocasión Perdonar por no poderse vengar. ha sido de dilatar mis bodas. 2 Quién le mató? Alejandro mi enemigo, de mi amor competidor, pues a mi esposa Lisarda soberbio galenteó; mas si le hallo en Valencia matarele vive Dios. Hallar no puedo, a Alejandro, la puerta abierta dejó del jardín, seguirle quiero si me deja mi temor. i. Por la puerta del jardín ahora un hombre salió; con que prisa se retira. Gente suena, yo me voy. La puerta se dejó abierta, entrad seguidme los dos. Grandes voces sueñan dentro, gritos, espadas, rumor, muera Alejandro repiten, con notable indignación; también dirán si me hallan, muera Calahorra, yo quiero volverme a esconder . Muera Alejandro traidor. Piadosos cielos. Qué es esto? Alejandro es el que hablo, por una escala deciende. Matadle desde el balcón. Defendedme santo cielo. Esta es famosa ocasión para vengarme, llegad, embestilde con valor, Alejandro muera. De don Cristoval de Monroy y Silva. Muera. Muera. Muera. Qué traición, para cuando son las armas, para cuando es el valor? . Pasando por el jardín de don Fernando, el rumor, gritos, y espadas, me han dado para entrar dentro ocasión. Muera Alejandro. qué es esto? A cobardes. . Vive Dios que es Alejandro el que baja por la escala. De don Cristoval de Monroy y Silva. Qué pasión, por arriba, y por abajo horadan a mi señor. Aguardad infames, viles, Alejandro aquí estoy yo. César es, a ellos, mueran. Qué osadía, y que valor! Aunque previene desmayos la sangre que me faltó, el valor de la que queda vengará vuestra traición.

JORNADA TERCERA

jornada tercera por la escala. Ásperos yermos, riscos eminentes, cuyas adustas frentes sustentan con decoro, en campos de zafir estrellas de oro, porque tan cerca están del firmamento, que repitiendo luchas con el viento, cuando el cielo desata por líquido cristal, copos de plata primero que la tierra, el monte bebe blancos brindis de nieve, tanto, que el cielo helado. nieva en el monte y no lo sabe el prado y cuando al prado llega desasida, tiene el monte la suya derretida. morno Oscura noche triste, a quien la esfera de tinieblas viste, y en lóbrega porfía, luto te pones mientras duerme el día que como infausta, y fuerte, es el sueño una imagen de la muerte, tú de horrores trasunto, al que durmiendo está juzgas difunto; sonoros arroyuelos los, que chocando en las guijas vuestro ye en curso fugitivo, dais a la muerta flor aljófar vivo, y paseando escollos diferentes, moris arroyos, y nacisteis fuentes. Arboles, facistoles de las aves, que con canoros tonos, y suaves, hacen al Alba salva cuando pomposa el Alba restituye a las flores sus colores, porque la noche las robó a las flores: lóbregas cuevas a la luz negadas, de oscuridad, y sombra visitadas, que el sol jamás con rayos celestiales doró vuestros umbrales, y con pasos astutos, sois habitadas de siluestres brutos, huyendo vengo a vuestros despoblados del rigor de los hados, si os obligo penoso, con pecho lastimado, y lastimoso, amparadme esta moche con sosiego, hasta que ardiente Febo, cuando del Orbe la tiniebla falte, el azul pabellón con grana esmalte, hoy libre del peligro ya pasado. Perdonar por no Ay de mi desdichado. Válgame Dios, que triste voz escucho! (pleja con mil temores lucho. Muerto soy. . Ya mortal, y ya per parece de algún joven que se queja, sin duda el monte esmalta la púrpura sangrienta que le falta, socorrerle pretendo que sin pedir favor le está pidiendo, pues lástimas clamando, favor pretende quien se está quejando: quien eres tú que en yermos tan feroces ansias alternas, y repites voces? (te ya voy a socorrerte, y a dar la muerte a quien te da la muer Dónde vas? . Quién eres jove? quién eres fulgente bulto? que vibrando con las manos, ya el fuego, ya el hierro duro, porque a la luz de la llama brille el esto que desnudo, trágico descubres esa cometa del monte oscuro, sino es que ya preveniste al cadaver que yo busco aquesa luz, porque no le falte luz a un difunto? Quién eres, que a mi cuchilla en el silencio nocturno de aquesta aspereza envotas el filo que asombra al mundo? Quién eres tú que suspendes lograr la piedad que busco, estorbos solicitando a mis valientes impulsos? Quién eres, que iluminando este albergue de los brutos, le estás quemando a la noche un canto del manto oscuro? poderse vengar. Si quieres saber quien soy, como este monte discurro, y los trágicos clamores de aquel que yace difunto, escúchame atentamente. Atentamente te escucho. No soy varón, es mi nombre lacinta, mi edad tres lustros, mi patria insigne Valencia, y mis hados sin segundos. Amor, que es el dedo malo, donde topan los discursos, de tantas guerras origen, de tantas penas asunto, con el brío, y gentileza, con lo discreto, y robusto, de un caba lero a quien llaman don César César segundo. Aguarda, válgame el cielo, lacinta, no ha visto el mundo igual suceso, yo soy. Quién? Alexandro. Qué escucho! Para defender tu vida piadoso el cielo dispuso que en este escondido monte, cuando de Valencia huigo te hallara. Aún no lo creo, que por ser dicha la duda. Pero dime lo que pasa que estoy turbado y confuso, cómo vistes ese traje? como en este yermo inculto de aquesta suerte te hallo? que fortuna lo dispuso? Ya sabes como tratamos salir de Valencia juntos yo, y César. . Ya lo se todo. Y como con el consulto que en una Quinta me aguarde, donde yo vaya al descuido en el coche. . Sí, prosigue. De don Cristoval de Monroy y Silva. Salí de Valencia al punto, y de mi amor persuadida, con recato, y disimulo a seguirle me despeño, con que atrevida descubro dulces de mi amor afectos, porque no hay fuego sin humo; y como el amor es fuego no puede ocultarse mucho, y por eso cuando lloran algunos ojos, presumo, que lloran de amor, porque cuando llega el humo junto a la vista, la humedece, y así el amor siempre astuto, por manifestar su fuego, dice en lágrimas su humo. Fui a la Quinta, y al cochero déspido porque presumo hallar en la Quinta a César, toda la Quinta discurro, y no le hallo, turbad. me acobardo, temo, y dudo; pues aguardarle en la Quinta con pensamientos confusos, es dar a mi padre tiempo para vengar sus disgustos; irme sin saber a donde, es despeñado discurso, volverme a venir difícil, por estar sin coche alguno que en el que fui se había vuelto: temerosa me consulto, quedando en este peligro sin voz, sin vida, sin gusto, todo el aliento turbado desconcertados los pulsos: como la tórtola amante, que con suaves arrullos su consorte galantea, y en el nido que dipuso los tiernos polluelos cría, y saliendo los dos juntos, o ya por el yero rojo, De don Cristoval de Monroy y Silva. o ya por el grano rubio, un gabilan cauteloso, apercibiéndose al hurto, alado monstruo del viento, del aire caracter bruto, porron del papel del cielo, ladrón de plumas astuto, bandolero de las aves, al nido llega, robusto los despedaza, y sangriento, rasgando miembros menudos, con sangre sálpica el nido por reliquias de su triunfo: y las simples tortolí las de la traición con descuido vuelven, y viendo el malogro visten el campo de arrullos, pueblan de lástima el prado, por sus hijuelos difuntos, pues lo que dejaron cuna, vuelven a hallar sepulero. Así quedé sin mi dueño, pues no viéndole, presumo alguna desgracia y luego en este traje me mudo. Un vestido de mi esposo me puso un criado suyo, y amparada del criado, con el de la Quinta huigo, dejando avisado a César, que en un lugar aquí junto, que llaman Aldea Nueva le aguardo, pero no tuvo mi amor solo este peligro, que por cáminos confusos, retirándome el criado, donde me lleva pregunto; y el de su apetito ciego sobre aquel escollo oscuro, torpe remite a los brazos la respuesta, yo me turbo, resisto su atrevimiento, Perdonar por no poderse vengar. mis desdichas conjeturo, cuando en la alevosa lucha nobles resistencias busco; topo este acero en su cinta, valerosa le desnudo, y envainándole en su pecho, cae desmayado, y difunto. Rodó del monte, que el monte, viendo su traidor insulto; le arroja de sí, y le niega en sus peñascos sepulcro. En aquella tosca cnoza la luz ardiente descubro, que ves, y al dueño siluestre no le hallo, aunque le busco. Y cuando en no conocidas piedades, favor procuro, me hallo en tus nobles plantas, donde mi dicha me puso, para dar fin a mis ansias, suspensión a mis disgustos, logro a mis nobles deseos, y a tus aplausos asunto. Tu suceso me ha tenido, señora, suspenso, y mudo, viendo en historias de amor tan infelices discursos; escondido por los bosques de Valencia ahora huigo, porque a don Feliz di muerte, ofendido de un disgusto, por lo que después sabrás; Calahorra queda oculto, porque de todo me avise: vamos esta noche juntos a aquesa aldea, y mañana caminaremos seguros otra jornada y a César avisaremos al punto. Digo que estoy, Alejandro, siempre obediente a tu gusto, y a mi suerte agradecida pues darme tal dicha pudo: ir Perdonar por no poderse vengar. y Lisarda? No se de ella, en no haberla visto culpo mi fortuna, Calahorra tiene de buscarla asturo, y darme aviso de todo con secreto, y disimulo. Vamos. Dame aquesa tea, y sígueme, pues te alumbro, aunque sobra esta luz donde caminan dos soles juntos. Qué dices? Lo que pasó, y lo que sabes, anoche aquí, señor, en su coche doña lacinta llegó, mando volver al cochero, entró en la Quinta a buscarte, y no pudiendo hallarte, con rostro triste, y severo, ya con la cólera loca, ya ciega con los enojos, furias descubre en los ojos, rabias despide en la boca. Y consolándola Fabio, un vestido se vistió tuyo, y mil suspiros dio, obligada de su agravio; y con disfraz superior, almas rinde, aplausos gana, como en las selvas Diana; y como en Chipre el amor. Fuese con Fabio de aquí, y dice que en Aldea nueva te espera. El alma me lleva, sin vida quedo, ay de mí, yo me detuve en Valencia, en defensa de mi amigo, anoche que su enemigo, opuesto a su resistencia, darle De don Cristoval de Monroy y Silva. darle muerte pretendió. Y Alexandro? Diligento entre el tropel de la gente del peligro se libró, y no le he podido hallar; dame un caballo. Ya voy. Quién es quién llama? Yo soy, no os vais, que os tengo que hablar. Qué me queréis? Yo he sabido, por cierta cosa, este día, que en aquesta caseria está Alejandro escondido, señor don César, y así, licencia me habéis de dar para que le entre a buscar, porque he de matarle aquí; pues fuera de que compite en su necia voluntad conmigo, y mi calidad, no lo sufre, ni permite: ms he sabido que a Lisarda, cauteloso la robó, cuando a don Feliz mató; que aunnque Lisarda es gallarda, no sabe conocer bien lo que me debe estimar, y vengo en el a vengar mis celos, y su desdén. Don Jorge, y César hablando están, y yo estoy sin vida, en esta sala escondida quiero quedarme escuchando, De don Cristoval de Monroy y Silva. Poco cuerdo discurrís cuando a Alejandro buscáis, pues tanto en el despreciáis, cuanto de voz presumís. De Alejandro el proceder es noble, y solo por Dios, que en competiros a vos puede dejario de ser. A Lisarda en no quereros, discreta, y cuerda la hallo, es discreta en estimarlo. y es cuerda en aborreceros; pues Alejandro en valor os excede, y en poderes, y no todas las mujeres han de escoger lo peor. Si Alejandro amante fiel a Lisarda se llevó, que delito cometió, si ella se quiso ir con el? Cuando le habéis ofendido con esa vana quimera, presumís que no saliera si os escúchara escondido. Admiración me ha causado, que intentándose vengar, solo le venga a buscar quien le enviste acompañado. No le busquéis en mi sala, que para vuestro valor, aguardar será mejor a que baje de una escala. Es de nobles lo que hicisteis, embestir con furia osada a un hombre con media espada en el peligro que visteis? Don Jorge, el duelo estudiad, aunque para vos infiero sobraba el acero entero, pues bastó con la mitad. Alejandro no está aquí, pero estoy yo más cruel, y donde estoy yo está él, porque Perdonar por no poderse vengar. porque el vive siempre en mí. Qué es al fin amigo mío, y porque experimentéis que es cierto, hoy conoceréis esta espada, y este brío. Cómo en vuestra casa estáis el favor de ella os ayuda Pues porque con esa duda si muerte os doy no os muráis, en esa alameda verde, de aquesta Quinta vecina; a donde una cristalina fuente sus diamantes pierde, me aguardad mientras sosiego de mi casa los criados, que juzgó están alterados. Yo voy a aguardaros luego. Parece que unas desdichas pretenden eslabonarse con otras, porque a mi vida siempre estén dando pesares. A reñir desafiados don Jorge, y don César salen a la alameda, ay de mí; y yo que atrevida amante salí huyendo de Valencia, los rigores de mi padre, y su amistad conociendo, de César vine a ampararme, a hallo el favor imposible. y hallo el peligro fácil; yo quiero hablarle a César, y quizá serán bastantes. mis ruegos, a suspender el duelo a que ahora sale al retiro de esos pobos, y a la sombra de esos sances, porque si aquí en la presencia de don Jorje e habase, era el riesgo manifiesto, Perdonar por no poderse vengar. mas pues me disfraza el traje al salir a la alameda, tengo olada de aguardarle; aguarda, César, espera, detente César y dame amparo para que el alma se anime en adversos trances, defensa para que firme el corazón no desmaye, favor para que la vida con temores no batalle, ayuda, porque el valor no me deje, y no me falte, pues el amparo que pido, la defensa que has de darme, el favor porque te ruego, la ayuda a que he de obligarte, solo serán bastantes para darme la vida en tantos males Elevado, y temerosa de ver mi brío arrogante la Luna que en carro negro argentando sombras sale se detiene este es el sitio señalado, donde yacen a montones los claveles, a racimos los cristales, mas m valor de don César vertiendo arroyos de sangre, por equivocar la selva ha de hacer que se pasen los jazmines a claveles, y a violetas los azahares. César es este que va a la alameda, delante ha de aguardarle don Jorge. Este es don César cobarde oy de mi valor verás los efectos, muere infame. Ay cielos, si hablo es fuerza que De don Cristoval de Monroy y Silva. que me conozca al instante, qué haré? No te defiendes? Piadoso cielo amparadme; ay de mí. h. De una estocada cayó donde muerto acabes en la Quinta está aguardando con los caballos un paje, volver no quiero a Valencia, pasar la tierra adelante pretendo, pues de Alejandro hoy he empezado a vengarme, Ahora verá don Jorge si lo heroico de mi sangre necesita del abrigo de mi casa, y mis umbrales. Válgame Dios, hombre es este, que soñoliento, o cadaver para lástima del prado lo en esta alameda yace. Válgame Dios. Di quién eres, mirar no puedo el semblante, aunque en la voz manifiesta débil aliento al quejarse. Si hauré perdido el camino, que no se por donde salen estas veredas, Quién va Jesús, san creo en Dios Padre. Este sin duda es don Jorge, saca el acero cobarde, y defiéndete de mí, que la vida he de quitarte. Señor por amor de Dios, que traición que deslealtades contra usted he comerido? De don Cristoval de Monroy y Silva. por dónde podré escaparme? No eres don Jorge? Don Jorge, Jesús, y que disparate. Cómo te llamas? quién eres? Calahorra. Amigo, dame los brazos, no eres criado de Alejandro? Duro trance, si señor. Pues yo soy César. Y por eso aniquilarme querías porque llegando a vernos ahora, hallasen en los dos, César, o Nihil. Dime Calahorra, sabes dónde está Alexandro? Sí, en Aldea nueva del valle me está aguardando, en Valencia me quedé para avisarle de todo, y aquesta noche, a fuer de escudero andante, salí de Valencia, y voy, bien temeroso, a buscarle, y decirle lo que pasa, porque don Fernando, padre de Lisarda, vengativo sale en secreto a matarle por estos vecinos montes, Cómo fiel amigo haces. Mas tú cómo estás aquí? A don Jorge entre estos sauces aguardo desafiado, y lleganndo aquí a esperarle, vi un hombre que se quejaba, y muerto, o herido yace, Dónde está el muerto, señor? Veslo allí. uv ocon inpa Desdicha grande: mas si yo con el topara, sin haberte visto antes, Vete a avisar a Alejandro Calahorra, no te tardes Perdonar por no poderse vengar. y di que en dando la muerte a su enemigo, al instante me he de partir a la aldea si es posible que me aguarde. Voyme, a diós. Por dónde vas? mira que el camino erraste. Mas quiero echar un rodeo, que no pasar por delante del señor difunto, cielos que hayan dado en acosarme difuntos a media noche. y ese don Jorge cobarde por dónde viene señor? Pienso que por esta parte. Pues no tengo por donde irme, que si me topa ha de darme mil estocadas. Pues ve por este lado. Es cansarse, soy muy cortés con los muertos, y más con personas tales; mas yo voy, animo Ay. Pléguete Cristo que ayes tan lastimosos, yo vuelvo por este lado, notable confusión, mas pasos siento; este es don Jorge, que sale, no salgo de aquí está noche, Jesús, que terrible trance, por aquí topo un difunto, que me difunte, y acabe. y por acá topo un vivo, que me desuelle, o me mate, Perdonar por no poderse vengar. Ah de irtras de ti el difunto, porque pases por delante? Ira el miedo que es peor. Acaba, vete, que es tarde. Seor difunto con licencia, Dios le dé vida, y le ampare. . Lástima, y horror me causan los acentos lamentables de este que los artícula por manifestar sus males; levarle quiero a la Quinta; a donde podré curarle, si lastimado o herido vive; mas como peseres. si don Jorje esta aguardando cerca de aquí, he de burlarle, sin salir al desafío: luego volveré a ampararte joven infeliz, más irme al desafío; y dejarme una vida en tal peligro, no lo quieran mis piedades: obligaciones honrosas del valor, y de la sangre a darte favor me animan: mas si don Jorge pensase que no salgo temeroso de sus bríos arrogantes, no es honor cumplir el duelo? no es dar a mi honor ultraje no salir al desafío? si, mas podrá disculparme la piedad que solicito: sobre mis hombros llevarle viero a mi Quinta, don Jorge en la alámeda me aguarde, que yo volveré después a matarle, o que me maten. h , - De don Cristova Esta, Jacinta bella, es el aldea, en cuyos campos vinculó Amaltea su florido tesoro. Aquí aguardaré a César, por quien llo de su descuido, ay cielos, ofendida, d sin aliento, y sin vida. Aquí señora, de lo que ha pasado bona me avisará el criado, y pues mi sangre, y mi amistad me a- guardaré tu persona, solícito, animoso, y vigilante como fiel Ácates de tu amante. Diviértete, señora, en ver el prado de odoriferas flores esmaltado, mira el clavel, que es antes que despojo del floreciente Abril cometa rojo, que colorando la siluestre vega, purpúreas bandas de carmín despliega el jazmín que parece sobre el suelo estrella blanca, fija en verde cielo, y la rosa que ostenta cortesana, en hojas de cristal, listas de grana: mas si la vista aquí no me ha engañado aqueste es Calahorra mi criado. Gracias a Dios, señor, que llego a verte, libre de los peligros de la muerte. que hay de nuevo en Valencia, que ya tarda tu voz, que ha sucedido? Un poco aguarda, y pues que vengo a pie de esta manera, déjame un poco resollar si quiera. Has visto a César? En su Quinta estaba, que yo anoche por ella caminaba, y en el campo le hallé desafiado. Y con quién? Con don Jorge. Oh triste hado. Dice, señor, que en dándole la muerte a tu enemigo, al punto vendrá a verte: mas cómo tu señora en ese traje estás? de Monroy y Silva. moulod lo to Deja eso ahora, sabraslo luego, y lo que importa trata. Oh fortuna cruel, o suerte ingrata. Don Fernando, señor de ti agraviado, vengativo, colérico, y osado, viene con escuadrón lucido, y fuerte, a buscarte, a seguirte, y darte muerte: lo ilustre de sus deudos le acompaña, poblando de horrores la campaña, sale por esta parte con secretos indicios de hallarte; por eso cuando el día murió en los brazos de la noche fría, sujeto a mi lealtad, y a mi obediencia a hablarte partí desde Valencia, con cuidados no ingratos en dos postas, que son mis dos zapatos, corriendo con asombro, solo con las alforjas en el hombro, que pues no hay nada en ellas, fuera mucho mejor el no traellas; ya estafeta de apie soy en tu casa; esto es, señor, cuanto en Valencia pasa. Ay de mí, con que penas, y desvelos me persiguen los cielos; señora lo que importa es que a caballo nos partamos de aquí sin dilatarlo, porque no logre su venganza sea don Fernando en mi vida; en el Aldea este se quedará. oup Luego partamos. Porque le avise a César donde vamos yo voy a disponerlo Pendiente asiste el alma de un cabello sin denuedo valor, animo y brío; sabes la causa tú del desafío? Cansado de caminar, en esta aldea pretendo dar alivio a mi fatiga. a don César muerto dejo, y es Perdonar por no poderse vengar. y es el volverme a Valencia temerario atrevimiento, porque nunca un desdichado está seguro del riesgo; mas quién está aquí? Don Jorge, vive Cristo, es el que veo. Calahorra es este, hola. Señor, a sus manos muero. Ay de mí, don Jorge es este, si dejará a César muerto; con el temeroso susto he quedado sin aliento. Si llamo a Alejandro, aquí sucede un marcial encuentro, y alborotamos la aldea, el cielo me dé remedio. Qué haces aquí villano? Señor despedido vengo de Alejandro, a buscar amo, y he topado este mancebo acaponado, y trataba con el ahora concierto. Vive Dios que has de decirme, o te he de pasar el pecho, donde está el vil Alejandro. Caballero, qué es aquesto? así se trata un criado, Do sin atender al respeto que se debe a mi presencia? Este está locojo es necio, nunca a quien no tiene barbas respondo. Suelte. No quiero, hay semejante osadía? Aguárdente los infiernos. Aguárdate iré por quien te quite mil vidas, cielos, si don Jorge mató a César, Perdonar por no poderse vengar. a mí don Jorge me ha muerto. Quién defenderte podrá si a matarte me resuelvo? quien villano, ha de librarte del rigor de mis aceros? quién ha de ampararte? Yo. Crear es este que veo; fiin ingli muerto quedó en la alameda, y viene en mi seguimiento su espíritu, estoy turbado. Cómo, infame caballero, saliendo desafiado, no me aguardaste en el puesto? Luego no te di la muerte? Bien disimulas tu yerro. Luego no reñí contigo? Quién oyó ta desconcierto? Luego estás vivo? onjod no Hay locura semejante? aqueste acero lonpa; dará respuesta, y castigo a tu loco atrevimiento. Qué dices, don Jorge, y César? Sí señor, y están riñendo, no los ves. Aquí a tu lado me tienes noble mancebo, muera don Jorge. Oh traidor. Alejandro, Pues el duelo de los dos, solo por mí ha sido, César, te ruego que solo reñir me dejes con De don Cristeval de Monroy y Silva. con don Jorge, que es desprecio de mi valor, que me ayudes, pues sin ti vengarme puedo. Yo he de reñir, Alejandro, solo con el porque vengo ofendido de un agravio que importa satisfacerlo. A mí me importa martarlo. A mí me importa lo mismo. Sosiéguense vuesarcedes, que don Fernando y sus deudos han llegado aquí, y ya vienen coléricos, y sangrientos, para todos hay pendencia no se aflijan Vive el cielo, que es Alejandro, o villano, muera, matalde al momento. Denme valor mis desdichas en tan peligroso riesgo. De Dios le vino a don Jorge don Fernando. Caballeros osegaos, y escuchadme. Quién eres, que puesto en medio dilatar de mi venganza pretendes el fin sangriento? Mujer soy, si por mujer puedo alcanzar lo que os ruego. Mujer? Sí, doña Jacinta es mi nombre, y Acevedo mi apellido. Ya señora os conozco, y reverencio, pero cómo en este traje? Yo lo diré, estadme atentos. De don Cristeval de Monroy y Silva. Amante de su beldad, desde los años primeros de dos firmes corazones hicimos un lazo estrecho; quiso su padre obligarla a la prisión de un Convento, y dispuso nuestro amor salir de Valencia huyendo, mas lo que más os importa, don Fernando, en este duelo, es saber que vuestra hija Lisarda, con pecho tierno, amó a Alejandro mi amigo, con amor tan verdadero, tan heroico, tan constante. que no bastó a deshacerlo, ni la muerte de su hermano, ni de su primo, ni vuestro enojo. Y si a don Luis maté, fue sin conocerlo en la calle de Jacinta, guardando a César el cuerpo: y si di muerte a don Feliz, fue, porque osado; y soberbio, entró a forzar a Lisarda, ayudado del silencio de la noche, y sin poder resistirle, porque al pecho puesta le tuvo una daga, y siendo, aunque con secreto si esposo, no fue delito. s Hay más que saber, y es esto; c Lisarda que prevenida con pecho, y brío resuelto, para salir de tu casa, que donde hay amor, hay hierros, mudó en traje de varón los femeniles aseos la noche, que por la escala bajó Alejandro, huyendo salió a buscarle Lisarda, y sin hallarle en efecto, se Perdonar por no poderse vengar. se partió a una Quinta mía, que es de la ciudad no lejos, y saliendo anoche yo a la alameda, dispuesto a cumplir un desafío, que con don Jorge pretendo, la vi quejarse herida, bañando en púrpura el suelo; a mi Quinta la volví, curé la herida luego, bien pequeña, porque el golpe solo, que fue en el celebro pudo privarla el sentido. Pues yo fui quién con mi acero en la deidad de su rostro cometío tal sacrilegio, que como aguardando estaba, entendí ser tú, y por yerro una estocada le di. Qué prodigiosos sucesos! Y si perdón no merecen, padre, y señor, tantos hierros, a tus pies está mi vida, y en tu mano el instrumento. El agravio me convida a la venganza que intento, Perdonar por no poderse vengar. mas si le doy a Alejandro la muerte, sin honor quedo; casándolos se restaura mi afrenta, pues si me vengo me deshonro porque quedan ella sin honra, aunque el muerto. El perdonar es forzoso, pues que vengarme no puedo, que si perdono, restauro mi honor, y si no, le pierdo. Levanta, Lisarda, y dale la mano a Alejandro. . Cielos quien mereció tanta dicha; vivas mil siglos. Lo mismo he de hacer con Jacinta. Yo, y su padre somos deudos, y el perdón alcanzaré. Italianos casamientos me parecen por los trajes. Y yo a serviros me ofrezco. Vámonos, que yo os perdono, porque vengarme no puedo. Y aquí el perdonar, Senado ilustre, noble, y discreto, por no poderse vengar da fin, perdonad sus hierros,