Texto digital

Texto digital de El peligro en mar y tierra

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Fernando de Giñan y Caro
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El peligro en mar y tierra. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/peligro-en-mar-y-tierra-el.

Logo BICUVE

EL PELIGRO EN MAR Y TIERRA

JORNADA PRIMERA

̱. Solo, pero contento, Señor, y en dulce pensamiento ma entretenida, padecer por Vos, es gloria en vida; pereza indomable desierto monte, inhabitable; e os busca, y desea, lardín donde el alma se recrea; si el cuerpo padece n disgusto, en gusto el alma crece na dulce memoria, Pena del cuerpo a el alma es gloria. qui libre, y excento deleite vulgar, vano, y sediento, sinleca carcoma, elta al corazón, y al alma doma; se más bien serviros, Pastos guíáis, tras los suspiros ilma, que os adora; qu perdonadme, Señor, si antes de no oí vuestro reclamo, si sordo os ofendí, piedad aclamo; que son para enemigos, sorda la mocedad, red los amigos. Como el encarcelado, que sale huyendo; por tomar sagrado; salí de sa Cesarea, Ciudad, al gusto delcitable, y varia, buscando vuestro amparo, porque el vivir sin Vos, cuesta muy caro; merezcan mis deseos logros de vuestra gracia, por tropeos de esta campal batalla en que hoy el alma con el cuerpo se halla, dándoos a Vos la gloria, y aclamando por vuestra la victoria. Queden mis enemigos aniquilados, pero por testigos del favor soberano con que realzáis, Señor, aú que yo de agradecido, viéndome en vuestro amparo engrande haré, aunque balbuciente, que os alabe mi lengua eternamente. Suele el Pastor lozano, probando su punal, si están a mano, truncar el Roble, o Pino, que de las Nubes llega a ser vecino; por gozar más cercaho la luz Febea, que con franca mano le comúnica el Cielo, y en el peligro el ser pierde, y desvelo. (mera; De la misma manera, a el que en virtud se ensalza, y más es- suele el lozano vicio, cuando lo halla entre el bullicio batir su pensamiento, aunque más lo temonte sobre el viento, que el más valiente, y sabio no sale del peligro sin agravio. Y es vana confianza pensar, que en el peligro habrá bonanza, así, que lo más cierto es retirarnos, cuerpo, a este desierto; que en estas soledades, y en este Monte, y Risco goza edades, del bullicio apartado, el rústico Lentisco, que encrespado sobre su cima, y frente, cual tosca cabellera está pendiente, seguro del acero del insaciable leñador grosero. Aquí la clara fuente goza de su cristal eternamente; pues pisar puede apenas la trepadora Cabra sus arenas; aquí para la vida el tímido Conejo halla guarida; y al Ciervo fugitivo la soledad es muro de su abrigo; huyendo la cautela el Pajatillo, que ligero vuela, del cazador astuto, aquí goza seguro vida, y fruto; pagando por entero tributo al blando volador parlero; Aquí cuando amanece el Alba hermosa, que la luz guarnece, con música acordada le dan a su Criador el alborada; aquí por apartado So, del pastóril rebaño, el verde prado goza sus varias flores, ofreciéndole a Dios varios olores; Aquí la Paz amada, en brazos del silencio recostada, reposa noche, y día a pesar del tumulto, y vocería, causa, que le destierra, si bien contenta con el Monte, y Sierras que suele el desterrado vivir en su destierro mejorado. Oh soledad divina, senda para ir a Dios, sois peregrina? oh sitio soberano! como hallaréis vos, Martiniano; en medio del bullicio, dondo muere la virtud, y vive el vicio prometido en el campo, y no en poblado el tesoro estimado, Aquí habéis de buscarle, Oo que aquí me dice el alma que he de hallarle; Monte, y Risco encumbrado la escala habéis de ser, que he deseado pues por vuestra aspereza piensa subir el alma a tanta Alteza; que alcance el bien que adora; y Centro donde la vida se atelora. que entre estos Cedros discantáis gozoson Pajarillos graciosos, si acaso os pareciere extraordinario aquí está un solitario, no viene a perturbar vuestra alegría; y de vuestra compañía, y así os doy por testigo el tiempo, que os seré leal amigo; a vuestro contrapunto, un bajo, en tats formando con mi llanto, de mis culpables ojos hechos fuentes que lavan las corrientes por culpa mía, hasta que emblanquecido las manchas adquiridas expelan el negror de su desgracia. con la divina gracia, Ya, cuerpo, se ha acabado Y el lecho, y el vestido regalado; y este sayal grosero habéis de imaginar que e lacasa, o la morada este brutesco albergue, aunque es prestada, que la que es de por vida no puede ser en esta, que es fingida. Las robustas raices; que abrasan toscas peñas, son tapices, y vuestro lecho, o cama será por la humedad de alguna rama, que aunque no es hecha a tarno, tima de campo es según su adorno; sustento, o comida alquiera bastará para esta vida, sinque para curaros, el mal que os procedió por desmandatos; buena la dieta, edicina, que todo mal sujeta. Mazo sois, y robusto, ien podéis trabajar, porque no es justo, e el alma desmerezca, serpo, por vuestra culpa, y que padezca: los sois el que gozováis caros gustos que al fiar compraváis, s breves como caros, pues debéis pagar no hay que excusaros, es tarde, que temprano de pagar quién debe, y esto es llano, pues plazo os concede tan bondad del Acreedor, no quede a el Juicio amargo a cuenta que dar de tiempo largo. Triste del perezoso, e debe, y sabe, que ha de ser forzoso ar temprano, o tarde, quiere que a su gana el tiempo aguarde: llega sin peniarlo lasticia de Dios a ejecutarlo; tad, que aquel talento, he recibisteis en el Sacramento, sor el Labraco santo, melo habéis de aumentar dando otro (tanto; imitéis el perdido, e en la tierra dejó el suyo escondido, de es Mercader cuitado que con tanta dicha es desdichado: Ypues que la bonanza Puestra quiebra finca en la esperanza l que es Summa riqueza, por acabarde el veros con pobreza; deja en vuestra mano gozar su tesoro soberano: y Vos, Señor eterno, Oo de quien depende el ser, vida, y gobierno de todo lo criado, aquí está un pecador necesitado de vuestra gran clemencia, sienta mi soledad vuestra presencia mientras que en vuestro nombre cultivo aquesta tierra en forma de hasta que dé, y ofrezca fruto, que en vuestra mesa estar mere Rayos fulmina de Julfúreas llamas el furor, que en mi pecho fuego enciende, así Martiniano, que tú si famas mi nombre, y poder, de quien de pende Y la soberbia infernal, pues más me infía, y en ira contra ti, que aquíen me ofende (mas yo le sé castigar con obras tales, que estremezcan las furias infernales. Por que Dios ha de dar poder a un hombre para que pueda echar de un cuerpo huma- un Ángel como yo, que mi renombre ( hace temblar el regimen mundano? qué Teseo me vio, que no se asombre? y si me apoderé de un mal Cristiano; siendo su culpa digna de tal pena, porque a dejarle otro hombre me condena? No fui yo el que intenté poner mi asient al lado del muy alto Omnipotente. no me sirvió de alfombra el Firmamen @ cuando en su etéreo Alcázar fui pretento oo mi beldad, y hermosura, y ornamen no pudo oscurecer al Sol de Orien pues como se permite, que me ofenda un pecador, que apenas tiene enmienda? Si yo a Dios ofendí no estoy pagando y ausente de su gloria padeciendo? por que ha de perdonar al hobre, cuando ingrato a su bondad le está ofendiend por que le ha de ofrecer amparo, y me que a mi poder resista, no debiendo? y siendo Dios deidad de sunma para que quiere al hombre, y y Oira abrasadora! (muero, y rabio! va de tal qué aqueste se me atre que moviendo ante Dios tu injusto labio alcance contra mi virtud tan fuerte! pero yo vengaré mi irjusto agravio: o quién pudirra darle aquí la muerte! Esta es su Celda, y pienso desterrarlo con echáriela encima, y maltratarlo. Quién es, Señor, el hombre a quien levanta vuestro admirable amor, con tal proeza, que casi el ser le dais de esa grandeza, y el Angélico ser queda a su planta? quien debe, a quién, Señor, que en honra tanta ya parece que el hombre, y su bajeza queda como acreedor de vuestra Alteza, y Vos cómo deudor? caso que espanta! No sois Vos el Criador, y él la criatura? Vos la eterna deidad, y él vil gusano? y Vos su Hacedor, y él vuestra hechura? Pues como por lo vil dais soberano, subiendo su bajeza a vuestra altura, y dándole divino por humano? De qué servicio es cansarte; di, triste, y desventurado; no sabes, que es excusado teniendo a Dios de mi parte? Pues no has de permanecer, de aquí te tengo de echar. Poco te importa ladrar cuando no me has de morder. Aguarda, que yo haré que salgas, mas que de grado, confuso; y averganzado. Cóntrito te venceré. Ya mi alma ha recibido nuevo valor en la Fe; con Vos, Señor, venceré, y sin Vos seré vencido. que no me olvidéis os pido, porque con vuestro favor siempre saldré vencedor, aclamando la victoria por triunfo de vuestra gloria; y deuda de vuestro honor. Sientan, pues, de aquí adelante mis enemigos, que Vos sois mi amparo, y sois mi Dios; porque así saldré triunfante; aunque en caso semejante vuestros deseos lográis, pues cuando más perdonáis, y más favores hacéis a el hombre, Vos lo queréis, condición de que os preciáis. Alabeos eternamente, Señor, del suelo a el Altura toda viviente criatura por amor tan excelente: que yoncomo balbuciente, viéndome tan obligado, quedaré como admirado, mientras que da la memoria a el alma gezos de gloria por haberos contemplado. . Mas por extenso quisiera; si gustas, amigo Porcio, me repitieras el caso. Está atento. . Estaré en todo; Cuando al rosicler del Alba matizaba el rubio Apolo derramando luces bellas, y escarchando nubes de oro; cuando en trepados celajes en radiante catro, y torno sale vistiendo de Auroras Montes. Valles, Selvas, Sotos: Un claro, y alegre día en un Alazán brioso, que al viento imita, salí de Cesarea dando abono a mi propia inclinación, con el común alborozo, que suele causar en mí este ejercicio curioso del cazar, por ser motivo; que alienta al más perezoso, Caminé como seis millas por entre Sauces, y Chopos, narcisos de los cristales de un arroyo caudaloso, cuyas veloces corrientes quite seguir, deseoso de que en sus márgenes bellas, digo de lo montuoso de sus umbrosas riberas, me ofrecieran por despojos, de mi industria, y su fatiga, algún Jabalí cerdoso, premio de mis esperanzas, que acreditar suelen logros. Llegando, pues, a una Isla, que yace, por promontorio de sus doradas arenas, entre dos brazos, o sosos, que de plata fugitiva hacen raya de su coto, por mujos de su esmetalda; siendo esmalte de su adorno: En una selva, que ocupa el dístrito, que propongo, reparé un poco la vista, porque me llevó los ojos la guirnalda, y compostura del inculto, aunque hermoso jardín, porque lo enlazado de sus Vides con sus Olmos, nostraban tal atabio, entretejidos con otros, que si no era un Paraiso, trá un retrato muy propio. Suspendiome de tal suerte lo agradable, y lo vistoso del dulce pensil, que estaba si me hallara tan dichoso) cual un Amaro divino en la suspensión del otro. Pero volviendo, advertido de mi natural, que ocioso no pudo estar tanto tiempo de mis sentidos quejoso, quise entrar en la floresta; Pero lo espeso, y hojoso de sus ramos, me impidieron la entrada; mas receloso de que en tan bello homenaje imposible, y forzoso, dejar de ser habitado talgu grave, e invicto monstruo. Pase toda diligencia; alentando codicioso mis Lebreles, que aún apenas calar pudieron premiosos la maleza, que impedia la inquifición de este soto; y retirándome a fuera, por dar vista a su contorno lo que necesario fuese; estuve suspenso un poco; cuando intrépido ruido de lo oculto, y más umbroso de sus brenas, me citaba a un intrinseco alboroto; y estando alerta, esperando la producción de este aborto, vi saltar una Corcilla tan ligera, que ni el polvo quiso labar de sus plantas en el cristalino atroyo. Seguila con la presteza, que de un ligero, y brioso Caballo decirse puede, y ella dejando envidioso al viento, que atrás dejaba; trasmonto dificultosos, y ásperos montes, de andar; y fue tanto, en tiempo poco, lo que voló; que aún apenas por los latidos ansiosos de mis Perros, y Lebreles su seguimiento conozco. Llegué, pues, adonde estaban; si ya suspenso, y ociosos, porque les faltó la guía entre unos peñasccos corvos; sagrado, al fin, de su vida, donde con aspecto, y rostro grave, vide un Hermitaño, según el traje, y el modo, barba negra, algo tendida, y el cabello hasta los hombros, del mismo color también, y en su diestra (aunque era mozo en la presencia) traía por sustento artificioso de su flaco, y débil cuerpo; un delgado, aunque nudoso báculo; el Ábito er de un sayal grosero, y tosco, sus pies desnudos, y en fin; un retrato de otro Antonio, Determiné saludarle, y él con paso presuroso quisiera de mi esconderse, pero yo, que perezoso en apearme no estuve, le seguí, aunque tan penoso me fue de subir el Riseo sobre que estaba, que a pocos pasos más, que dar pudiera rendido: pero gozoso de haber subido, le dije, que por el Dios poderoso, que allí servía, quisiera ser conmigo más piadoso, Con esto detuvo el paso, a el entrar de un cabernoso albergue, morada suya; y yo guardando el decoro; que a tal santidad debía, me postré a sus pies, por solo poner mis labios en ellos, sino me hiciera estorbo la fuerza de su humildad, pues bajando el cuerpo todo puso su boca en el suelo, dejándome casi absorto. Y usando de cortesías, al levantar uno, y otro nos conocimos, pues luego; aunque yo estaba dudoso, llevándome por la mano con un semblante amoroso me hizo tomar asiento en un pequeñuelo corcho, que de lo mismo servía, y él tomando el suelo solido; y frío, sin dar lugar a mejor asiento, y comodo, se aserco cerca de mí, con que me obligós lo propio, Preguntome de Cesarea por los amigos, y en todo, finalmente, le di cuenta, y díjome: diez y ocho años pienso que tenía cuando procuré este modo de vivir, y veinte y cinco son los que ha que conozco este desierto, sirviendo a dios, que es maravilloso en todo, de quien recibo tantos favores, que abserto con tantes misericordias, jamás me ha sido penoro el frío, ni en el Estío el Sol me fue congojoso; en esta pequeña Celda, que aquí he hecho, me acomodo mientras que pasa la noche, por ser algo peligroso de feroces animales este Monte, y su contorno; donde estaré hasta tanto; que haga el triste divorcio de este miserable cuerpo el alma a eterno reposo, si ya aquel que la ha criado; por quien vivo, y quien adoro quiere otra cosa de mí: esto dijo, y con los ojos lo demás del corazón, obligándome a lo propio. Suspenso estoy, y admirado; mas qué se pudo esperar del que fue tan singular en la virtud, y el agrado! y adónde dices que habita? En el costado de un Monte tan alto, que en él Faetonte sus Caballos precipita. entre unos cóncabos Riscos tiene una Celda pequeña hecha de rama, y de peña, que asombra crespos Lentiscos? Cesárea es la más vecina Ciudad, y el Monte se llama lo Cusarce, mas su fama vuela en toda Palestina, porque es la fruta que ha dado entre sus árboles es tal. que en la Corte Celestial por buena se ha presentado. ace Cabal leros? Que se Entreteniendo la vida. Entre amistad tan unida nunca entrarán lisonjeros. Solo esos ojos pudieran hallar puerta. . Bueno está, o va de lisonja ya? pues yo sé que si quisieran. Mucho pueden. . Mucho no, mas algo, pienso que sí, y no pasemos de aquí en cuanto a esto, que yo pensando que se hablaba algo nuevo llegué a ver. Con esta sola mujer haré yo más que pensaba. Plática bien diferente era de esta. . La verdad. De virtud, y santidad. Jesús, y qué santa gente, ̱. Es del gran Martiniano. Qué presto se satisface? de un Mozo a quien santo hacen? En penitencia es anciano; Y es propio de la virtud parecer a todos bien. ̱ Si no hay mujeres, no hay quien le pueda dar inquietud, que a haberlas más pecador, y menos santo saliera, o mucho más mereciera si saliera vencedor. ̱. Y no es mejor excusas el peligro de caer, que no ponerse a vencer lo dudoso de alcanzar. ̱. Pues pregunto, el sufrimiento no da mérito al paciente? ̱. Si da, pero el más valiente no está en el peligro esento. ̱. De esa suerte, aquel que huyó de a ocasión, fácil fuera a en otra ocasión se viera, de vencer. . No digo yo que es imposible pecar, pero si con retirarse, puede más fácillibrarse O es mejor, que aventurar: Si siempre el premio se dio por pelaar, o vencer, como lo ha de merecer el que nunca peleo? y es más digno de alabanza; supuesto, que se haya dado. el que a fuerza lo ha alcanzado, que el que de gracia lo alcanza. Mucho merece por cierto el que en regalos se vio cuando por Dios los dejó, y se retiró a un desierto. Yo aseguro, que si viera un chapín de una mujer, que no tardaba en caer cuanto el chapín conociera: Ya es pasión tanta porfía contra un santo, que me acuerdo, que era tan honesto, y cuerdo cuando en el siglo vivía, que apenas alzó los ojos para mirar a mujer. La causa que puede haber a el fingir de esos enojos declararé con poner un ejemplo en las preñadas golosas, que van tapadas por donde hay frutas que ver? porque es tanto, según creo, su apetito, que si vieran la fruta, y no la comieran, pagara el niño el deseo: hay hombres apasionados; tanto, que de solo ver un dedo de una mujer se sienten luego abrasados, como si aquel dedo, fuera algún rayo de Faetón; y otros hay, que esta pasión la reprimen por de fuera no queriendo las mirar, y usan de aquesto ficción a costa del corazón, que es un Tántalo en penar; de aquestos últimos es en conclusión nuestro santo, y por no padecer tanto se retira como ves, Buena vienes. Voy probando, que el que a mujeres no mir y a lo santo se retira, siente más disimulando: que es lo que acabé de hablar de las preñadas gololas, que por ser apetitosas no ven por no desear. En efecto, tú has juzgado por tu coracen el suyo. Su honra le restituyo: hasta haberle yo hablado, cuanto, apostaréis conmigo, que si vora donde está, que lo traigo hacia acá por marido, o por amigo. Te engaña tu pensamiento. Yo sé quién los hombres son. Pues sea con condición, que si saliere tu intento en vano, que pagarás cual tu culpa mereciere. Y si acaso le venciere? El premio pedir podrás. Sor contenta, así lo aceto; y para que echéis de ver lo que puede una mujer, manava partir prometo a verme con él. . Bien puedes, cuando quisieres, partir. Pues yo vora apercibir mi viaje. . Yo mis redes.

JORNADA SEGUNDA

A JORNADA SEGUNDA Errado trahe el camino esta mujer, quiero estar donde la pueda guiar, que hoy vengarme determino de aqueste Martiniano, o imitando a otro Faetonte le abrasaré Celda, y monte con furor más que inhumano: Después que a esta selva entré me perdí, y no determino, por ser inculto el camino, hacia que parte saldré, aunque sé que cerca estoy de lo que vengo a buscar, bueno será caminar por aquí: mas dónde voy? porque allí, si no me engaño, está un vulto, y me parece, según el traje se ofrece, que será algún Hermitaño; que en aquesta soledad tratará de penitencia; quiero hablarle con prudencia: Padre mío, en caridad me encamine, porque voy errada, y soy peregrina. Y adónde, hija, camina? Salí de Cesarea hoy, con el deseo de hallar un tesoro, que se encierra en esta aspereza, y sierra de lo Cusarce, y por dar a mi alma algún consuelo, voy a tomar bendición de un Santo, que en perfección dicen que es Ángel del Cielo. Aquese es Martiniano. Y es el que me trahe perdida; que su santidad, y vida admira al genero humano. Con poco se satisfacen los que le vienen a ver: es muy mozo para ser tan santo como lo hacen. Si en testimonio, cual dicen de su mucha santidad da obras, nunca la edad, o pocos años desdicen. Siempre el vulgo en componer tiene notable licencia; dos horas de penitencia que le ven a un hombre hacer, dicen luego, que es un santo, y en milagros un portento. Oh qué bien para mi intento! . Y que con Dios puede tanto, que de él lo que quiere alcanza. De aqueste dicen lo mismo. Mienten, y es gran barbarismo. y Mas corfirma mi esperanza. . Es menester más acción, mas canas, y más prudencia; y más larga penitencia para tan gran perfección: Un. San Pablo Anacoreta, un Gerónimo, un Autón, y otros tales si que son dignos de los infinita; mas un mozo, que aún apenas tiene treinta y ocho años, no es razón, que son engaños. De eso están las plazas llenas. Lo que digo yo hallará ser verdad, pues ha de ir allá, y él se ha de fingir muy justo, y se excusará de hablarla, por el deseo, que le puede dar su vista. ̱. No importa que se resista, . si su voluntad granjeo. Mas yo sé, que la ha de oír. . Es proptio de virtuosos el mostrarse algo escabrosos con mujeres, por huir de la ocasión de pecar, mas como en mí no hay que ver cosa, que pueda mover, no tendrá que desear. El campo, y la soledad no repara en tantos puntos. Allá lo veremos junto:: Álgame por caridad ei camino, que ya es tarde. ̱. Si diré, y no lo errará, si por donde digo va; ya está cerca, no acobarde. Tanto deseo me ha dado de verle, que fuera a Roma. ̱. Ve aquella cumbre, que asoma aquel Monte levantado, que sobre esotros descuella? Si ven. . Pues allí está, Ysa Celda la hallará esta parte, y antes de ella, for más senas, ha de hallar Matro Palmas cayo fruto le suelen dar por tributo, uanda él lo llega a cobrar. Por este valle saldrás. Y tu pasando un atroyuelo, que en partes imita al Cielo con su cristal, hallará una vereda pequeña, que aunque inculta, seguirá, y en el fin de ella verá lo que digo sin más señas; La estimación del aviso no me atrevo a ponderar. y así me puede mandar. Es para mí un Paraiso de gran delerte, el tener a quien poder dar consejos, que este es oficio de viejos. Yo llevo que agradecer, y me voy con tu licencia. Mi bendición, hija, hayáis, porque con más gusto vais. La de Dios, que es de clemencia. . Ella va bien instruida de mi industria, y mi poder, con eso podrá hacer su hecho más atrevida. Ya parece que cubre el velo negro de la noche oscura estas Montañas frías; ya descubre i Cintia su media frente oy por entre pardas Nubes descogiendo sus doseles de plata transparente sobre la escarcha del nivado Montes ya la torida ardiente Zona celeste del fatol Faetonte se trueca en nieve, he hielo; ya suspende helado el músico arroyuelo, y en conchas de cristal queda qu ya el ave con otejas, que no ve el Sol dorado, formando tristes quejas, Y su triste voz entona; y ya su acenta Boreas desentona, pero en noche más fría nacisteis Vos, mi Dios, por mi ale Vos, Niño, y pequeñito en un Pesebre por mi bien naciste y siendo poderoso, e infinit y pobre, y desn pagando o vajado; egría, oso, odo al hielo pas mías, pa cisteis con el mayor rigor que ha vistos ielo, pues yo que sor el teo, cuya culpa causó tanto desvelo, como excuso la pena sin disculpa; No es bien, cuerpo inhumano, tanto excusar el frío, que no sois tan anciano, mozo, y robusto sois; no os falta brío, sufrid por Dios, que es justo, pues él, por el Jnvierno sufrió tantos tormentos, y en pena a vuestro gusto; pienso mortificar vuestros intentos con no encenderos lumbre; hasta que asome el Sol por esa cumbre. Parece que dan golpes, si acaso no es el aire: quién llamará a mi puerta en noche semejante? válgame Dios! quién llama? Siervo de Cristo, abre, si a caridad te mueve, quien mueve a pedernales. Si a caridad te mueve . quién mueve a pedernales? mujer sin duda es esta; mas no es posible, que ande en noche tan oscura, por asperezas tales: si es ilusión acaso? la vnz pudo engañarme; certificarme quiero: quién llama aquí tan tarde? Soy una peregrina, que entre este Monte, y Valle perdí el camino; hay triste, si dejas de ampararme! pues las Nubes, que el tiempo por mi desdicha trae, menudas pluvias vierten, pero enojosas caen, dos veces las recibo, pues sus frendosos árboles segunda vez las vierten para aumentar mis males. Verificada queda mi duda, y muy bastante crisol ha de ser este a donde los quilates de mi valor se vean: o qué apretado lance! si posada la niego, feroces animales temo la den la muerte, y en caridad no cabe; si la recojo dentro, es el peligro grande, la tentación forzosa, mis fuerzas inconstantes? qué puedo hacer, mi Dios, en caso tan notable? Confieso, que sin Vos todo valor es frágil, mudablo la firmeza, las fuerzas contrastables, toda paciencia incierta, toda constancia fácil, toda prudencia inútil, todo sabio ignorante. Pero con vuestra ayuda seré en valor constante, astuto en la prudencia; en la firmeza estable, y en la paciencia firme, y en fuerzas un Atlante. No permitáis, Señor, que pierda en un instante lo que por muchos años quisisteis conservarme. La caridad me mueve, por Vos habré de darle posada, confiado, que no habéis de faltarme: mas dónde voy? qué hago? quien vido no quemarse la yezca con el fuego? Mujer, aquí no cabes, el disfavor perdona, que soy hombre inconstante: Seré manjar de fieras; si acaso, no me abres, y de mí triste muerte mal podrás disculparte. Nunca permita el Cielo, que caridad me falte, pues no puedo, sin ella, a dios ser agradable: entra, pues, y perdona, que no es el hospedaje de un pobre solitario tal, que pueda agradarte. Es para mí un Alcázar, Será para librarte del tiempo, y del peligro, El Cielo te la pague, que estoy muy amparada Quién pudo encaminarte por estas aperezas, ( a dónde es tu viaje? ̱. Estame atento un poco tirás un triste trance. Cuando vertiendo luces, entre, pardos celajes, en brazos del Aurora salió su hermoso amante; o cuando en carro de oro Bravado de diamantes, enriqueciendo al mundo sale Tebo triunfante, salí yo de Cesarea, por ser participante de tan alegre día, si bien por despeñarme de cierta romería en que prometí hallarme por un loco accidente, que el corazn bien sabe; Y habiendo caminado seis millas, poco antes, que Apolo diera vista al Jadio más distante, le di yo a un arróyulo; tuyos dulces cristales l mi sed satisfacieron, que es gloria al caminante, Y estando descuidada en su divina margen, cuanto el cansado cuerpo algún vigor cobrase, sentí por la espesura de sus hojosos Sauces receloso ruido, comencé a alburotarme; cuando súbito veo venir de la otra parte un espantoso bulto, como fiera, o salvaje, y yo, cual otra Tisbe (ay, qué desdicha, padre!) corrí despavorida, dejándole delante, este pobre saquillo porque en él se cebase, en tanto que mi vida algún sagrado halle. Éntreme entre unos Robles, de aquel sitio homenajes, en tanto que la furia de su rigor pasase. Y estando allí escondida (qué peligroso trance!) sentí que iba rompiendo por Breñas, y Jarales, atravesando el Monte con ruido notable; no sé si fue el no verme, o el querer perdonarme, el quedar yo con vida, que al fin vine a librarme. Salí, y hallé mi envuelto, que aún no quiso tocarle, y llena de temores, con causa tan bastante, temiendo otra desdicha; que a aquesta aventajase; perdí luego el camino; y fueran más mis males, si acaso un Hermitaño, que fue dicha encontrarle, no dierasa mis preguntas repuestas tan bastantes para el consuelo mío, queriendo encaminarme, por donde, aunque afligida, por asperezas tales llegué a su puerta: ay, triste, si dejas de ampararme! Mujer, aquí podrás esta noche librarte del peligro, que temes; si quieres calentarte aquí tienes la lumbre, y podrás enjugarte también si estás mojada, cama no habrá que darte; sino es algunos ramos donde podrás recostarte, sola una porcióncica tengo de algunos datiles, de ella podrás servirte, y así podrás pasarte por Dios aquesta noche. Estimo el hospedaje cuanto estimar se debe. Pan no tengo que darte; perdona, y queda a Dios, que acá tengo yo aparte otro recogimiento donde no podré estorbarte. Tu caridad es mucha, Dios tanto bien te pague. Fuese, y dejome; qué aquí en tan pequeño aposento túviese otro apartamiento! él va huyendo de mí; helado sin duda está, pues no aguardó más razón, aunque pudo ser acción del fuego que teme ya, que el que hospedar me dudó es cierto, que el fuego teme de mi amor, y que se queme no es mucho, si me admitió, y así no importa, que cama aparte, si ha de volver, y ha de ser para caer cual mariposa en la llama; que con haberse apartado más bien me ha dado lugar para poder preparar lo que ya traigo pensado. Dice un antiguo refrán, que jamás se vio vencido aquel que va apercibido, y siendo así, bien están mis galas aquí conmigo, que son armas con que amor suele salir vencedor, dándome en lo que prosigo la palma del vencimiento, que el aseo en la mujer milagros suele hacer, con que eleva el pensamiento; lo mismo que en el guisado la especia, y si es delabrido, con ella es apetecido del gusto más estregado. Quiero vestirme, entre tanto que duerme, o que llega el día que ha de vencer mi osadía, o lo he de alabar por santo. Ya se me sigue interés, y tengo de echar el resto de mi astucia en lo propuesto; que si no sale al revés, aunque es loca pretensión, con ella daré a entender lo que puede una mujer, y volará mi opinión: que ser más que otra no puede la que más que otra se hace, y esto solo satisface lo que el gusto me concede: y estás galas han de ser la piedra, y el eslabón, la yezca su corazón, que en ellas se ha de encender, Mas ya parece, que veo entrar la luz del Aurora, avisándonos, que es hora, de despertar a Morpeo. Él se querrá levantar a quererme despedir, que duerme quiero fingir, que en llegándome a llamar, podrá ser, que la codicia de verme dormida así le dé más guerra por mí, y le venza mi malicia. Ya parece que descubre el Alba con sus candores los mátices, y colores, que la oscura noche cubre; a Dios las gracias, por todo, como por haberme dado favor con que immaculado salga mi cuerpo de un lodo. Guiar quiero esta mujer; mas la honestidad me advierte, que desde aquí la despierte antes que la llegue a ver. Loado sea el Señor. mujer, ya en nuestro Horizonte, alegrando Selva, y Monte, nos envía su Criador la luz, bien podrás partir; dormida sin duda está, pues no responde; si ya le irra sin despedir? pero allí esta, mas qué veo! no es aquella la mujer, que yo recibí aquí ayer? esta es ilusión, y creo, que es traza del tentador. Qué mi venida fue en vano? mal pagas, Martiniano, lo que debes a mi amor. Mal pagas, Martiniano, lo que debes a mi amor? sueño, y traje no es de honor; a noche honesto, y hoy vano? Demonio sin duda es este tu figara de mujer. Quién tal pudiera creer un hombre? pero aunque cueste:: álgame Dios, qué pesado e pero ya es de día. Cómo tuviste osadía de entrar aquí o quien te ha entrado, o quién eres? . Yo, señor, soy la que anoche hospedaste. Cómo ese traje tomaste del Demonio? . Fue de amor la traza, por cuya guía vine a verte a este desierto. Pues qué pretendes de un muerto? Vida, gusto, y alegría Detente. . Sé más humano; que en santidad, y virtud no cabe la ingratitud; óyeme, Martiniano, y no te espantes de ver excesos, que son de amor; que es soberano señor, y debes obedecer. Yo en Cesárea soy nacida, y no es tan baja mi suerte, que me obligase a quererte, la falta de ser querida, que esto debes a mi fe por más digno de estimar; pues por venirte a buscar todo en poco lo estimé. Pues qué causa te movió a querer, y amar a un hombre; que no tiene sino el nombre, pues la proporción faltó. Esa misma causa fue la que me obligó a quererte? cuanto me lástima el verte! Pues por qué? . Yo lo diré; En cierta conversación donde de tu penitencia se trataba en mi presencia; se me afligió el corazón; que no obstante, que era justo todo cuanto se decía, mas a compasión movía, que a delectación, y gusto; y cuando decir oía, que eras de buen parecer, mozo, por venirte a ver el corazón se me ardía; vine, y por bien empleado lo doy después que te vi, porque hallo ser así cuanto de ti se ha alegado, no pagues, con disfavores mi amor, duélete de mí, pues yo me dolí de ti, trueca en amor los rigores. Por qué te quieres matar con ayuno, y penitencia? por ventura, la clemencia fin eso puede faltar en Dios para perdonarte? cuando con menos rigor de tu juventud la flor marchates, ha de faltarte? y su Ley divina, y Santa acaso veda el comer con templanza, o el beber? antes de él se dice, y canta, que pronunció por su boca, que es su Ley suave, y leve, y siendo así, quien te mueve a penitencia tan loca? casémonos, que esto intento, y viviremos los dos con mucho gusto, pues Dios no prohibe el casaimento. De los Patriarchas Santos, y Profetas, cual no ha sido casado como has leido por sus escritos, y cantos? Enoc, que hoy vive, no fue casado, y fue tan amigo de Cristo, que por testigo le trajo, a que diese fe de su Transfiguración? Y el Patriarcha Abrahan; a quien renombre le dan de fiel, por el blasón de su gran fe, también tuvo mujer, y aún tres conoció; Isaac, también se casó, y a Jacob por hijo hubo; y el mismo Jecobagran Santo, casó, y tuvo por esposas cuatro, las dos mur hermosas, y las dos no fueron tanto: También David, y Moises se casaron, y tuvieron hijos, y nunca perdieron por eso el Cielo después: Y en el Nuevo Testamento cuantos Santos hay y ha ha vido, que aunque casados han sido hoy pisan el Firmamento? son sin número, y así, no hay que dudar en casarte; para qué quieres matarte con penitencias aquí; pudiendo vivir con gusto? que la vida maridable es muy buena, y no es culpables y en tu mano está el ser justo. Cómo he de casar contigo, sino puedo sustentarte? donde tengo de llevarte, que soy pobre. . Iras conmigo, que yo tengo que gastar. no tengas de eso cuidado, que amor que nos ha juntado también me dio que te dar, yo sol rica, y tengo hacienda, criados ,plata, y dineto, todo para ti lo quiero, sin que otra cosa se entienda; que quien te da el corazón, que es lo más que puede darte, lo menos no ha de negarte, que es regalo, y provisión. Válgame Dios! qué haré? . posible es, que he de dejar bienes, que no han de acabar por los que apenas veré? De todo serás señor, déjate querer, no dudes, desecha ya ingratitudes, Bien dice, quién fuego llama a? coje finezas de amor. al rostro de la mujer; quiero apartarme, por ver si se apaga en mí esta llama. Qué estás dudando, supuesto que puedes servir a Dios siendo casados los dos: hay alguna duda en esto? Pues ya que quieres que sea lo que dices, déjame tré que salga fuera; y si viene alguien, que nos vea, porque ya que es imposible, que a Dios se oculte el pecado, bien as, que esté reservado de los hombres, si es posible, pues debemos excusar el escándalo ante todo, que es como calle con lodo, que al que pasa ha de manchar. Muy bien dices, y es muy justo, tu voluntad es la mía, que amor, que es el que nos guía; no te puede dar disgusto. ̱ Pues yo tengo de dejar vuestros divinos favores, mi Dios, por ver los amores que de Vos me han de apartar? no lo permitáis, Señor; viva en mí vuestra memoria. . ̱. Esto va ya de victoria, rendido le lleva amor; eesta vez ha dado en tierra el monte de santidad, pero qué dificultad i en rendir, y hacer guerra aun hombre, que en conclusión; tomo todos carne viste, que cuando más se resiste mas le aflige la pasión. Como si este hombre fuera de otro metal, me ponían imposibles, y no vian, que es de carne, y aún de cera; Y que había de hacer, nte el fuego de mis ojos, efeto, dando en despojos corazón, vida, y poder. a fuerte, Sansón, rendido por una flaca mujer, adonde está tu poder, apor mí quedas vencido? Pero no es cosa acertada sn la huéspeda hacer cuenta, qe podrá ser se arrepienta Al fanto, y quede burlada; sa un antiguo refrán sier, que nadie se alabe e del todo acabe; hasta o y así, mis palabras van por el viento, y él se tarda; o se fue, o se ha arrepentido, quiero mirar si se ha ido, o que causa le acobarda. Cual otro llaac vengo a ser, no en la inocencia, Señor, sino en ser el portador de la lena; en que he de ser Víctima por vuestro amor; que si Paac, por inocencia, la vara de la justicia traía, yo por malicia de abiurda concupicencia; somentada con codicia. A Isaro ún Ángel libró por su inocencia de pena, y a esa misma me condena mi malicia, y así yo, que pague la ley ordena, Qué es lo que intentas hace? ahora con encender lumbre? Muy lozano estáis, cuerpo, pues os demandáis; castigo habéis menester. Sin duda que asar previene alguna caza, que tiene, y me quiere regalar; pero aquí tengo de estar por ver si a llamar me viene. Culpa de fuego, con fuego se debe, cuerpo, curar, que un clavo se ha de sacar con otro; y si estabais ciego, luz el fuego os ha de dar. Sufrir, y callar debéis por Dios, que si le ofendisteis, sufriendo le aplacaréis, y enfrenado, quedaréis de los bríos que tu visteis. En el mismo fuego entiendo, que se está de pies poniendo. El oro al fuego ha de estar, si es que se ha de acrisolar, lo mismo, cuerpo, pretendo, Esto es sin duda castigo de algún leve pensamiento que tuvo, siendo instrumento mi liviandad; mas qué diga? Como tengo sufrimiento para poderle mirar, sin desnudarme, y quemar este aseo loco, y vano? Cómo os va, Martiniano? con el fuego no hay burlar, pareceos, que sufriréis otro más recio, y eterno? pues mirad bien lo que hacéis, que es pintado, este que veis, comparado al del Infierno: holgaos, pues con la mujer, que ese es el propio camino, que en él os ha de meter; pero sin favor divino, qué vale humano poder? Señor, ya en vuestra clemencia cobra el alma nuevo aliento, perdón pide mi conciencia, viendo, que en vuestra presencia no se oculta el pensamiento. Quién tanto tiene de Dios también le debe imitar, ron perdo en Él nos perdone a los dos; que soy pecador confieso, pues me tiene así mi culpa. Qué daré yo por disculpa, si un pensar, con tanto exceso castiga un santo? ay de mí! Siempre es mayor el pecado del que está más obligado adiós. . Yo lo cometí; confieso, que mi malicia fue causa de ese tormento, debido a mi atrevimiento por derecho, y por justicia; Esto a mí me convenía, y nunca es malo el castigo cuando trahe el bien consigo; Sí, pero es la culpa mía; ya sabes cuan duros sen del Demonio los engaños; mas ya serán desengaños. a mi laca presunción; él procuro darte guerra conmigo, como se ve, pero yo se la daré, si el que hizo Cielo, y Tierta me ayuda, y si me ha traído a vencerle, y derribarle, Dios la suerte ha de tencarle, y él ha de quedar vencido. Yo, Padre, no he de volver a Cesárea, y así ruego, que me digas desde luego; que es lo que podré hacer con que Dios sea más servido de mi vida, y penitencia. Dios, como es Dios de clemenci ampara al arrepentido; y así, a la fecundidad de tan alto pensamiento, no ha de faltar el aliento de su favor, y Bondad; ponga en él su confianza; que yo le diré un abrigo adonde el cierzo enemigo no marchite su esperanza; donde nuestra Redención obró el Rey de Cielo, y Tierra hay un Convento, que encierra y perfección, an virtu es de santas Religiosas, con quien tendrás, como digo, mui grande amparo, y abrigo, porque son de Cristo Esposas; en nombre del mismo Cristo le fundó allí una doncella, vaya, y pregunte por ella, y después de haberla visto dele cuenta de su vida, Paulina por nombre tiene, esto, hija, le conviene; que será bien recibida. Tal caridad nunca he visto, ni true que tan desigual, hacer bien al que hace mal es obra del mi mo cristo, El consejo es admirable, misericordia la obra, una escoria quien la cobra, y la paga innumerable. Que si el guiar al errado el obra que a Dios aplace, y él mismo la satisface, será el premio muy colmado: Y así, sin más dilación, voy a obrar su mandamiento, pera paramas aumento écheme su bendición. . M. La de Dios, hija, te alcance. Obraré hasta alcanzarla. Quién busca a Dios aDios halla. ̱ Oh, qué venturoso lanee! tuegue, Padre, a dios por mí, que me dé perseveranza. El le dé en todo bonanza. Él su favor goce aquí. . Muy bueno, cuerpo, quedáis, Y es bien, porque os acordéis de lo mucho que debéis quien por poco dejáis: No sois, pues os descuidáis, para estar en centinela, porque contra la cautela de tan astuto enemigo. si os descuidáis como divo; lambra seréís, que no vela. ligamos, pues, la ocasión, porque si en ella el caer o es milagro, lo ha ser salir d ella sin lesión: Y estas visites, no son para vos, Martiniano; que sois imprudente, y vano; y así pienso, si sanáis, mudaros, donde asistáis sin algún estorbo humano. No tenéis de que quejar, sufrid la pena, y dolor, que quien no tiene valor sufriendo se ha de enseñar: A nadie debéis culpar sino a vos, que en la batalla, cuando el enemigo halla entrada, que hay que espantarse, que llegue a señorearse del que le recibe, y calla. Y Vos, Señor de la Altura, a quien proclaman alados Querubines, abrasados en la caridad más pura: Vuestra Bondad me asegura más clemencia, que rigor, perdón pide un pecador, contento de padecer, por no venir a perder el imán de vuestro amor. Confieso, que en fuego eterno viene a mi descuido igual, pues por un bien temporal olvidaba el Sempiterno: No está en mi mano el gobierno en semejante ocasión, que sin vuestra protección, qué Sansón hay tan valiente; o que David tan prudente, que no caiga en tentación. Pero ya que en mi flaqueza puerta halló el vil pensamiento; halle mi arrepentimiento vuestra gracia, y fortaleza: Y pues en esta aspereza no me vale estar, Señor, válgame vuestro favor a donde quiera que esté, que de esa suerte, podré salir siempre vencedor. Perdida vego en pena de mi culpa, mal puede haber disculpa donde iguala la pena con la culpa del reo, a quien condena, que en rigor de justicia, mayor pena merece mi malicia: Válgame el ser divino, si quedará a la diestra este camino! Pero aquí sueña gente, y viene bien en la ocasión presente, aunque han de conocerme, si de Cesarea son, no sé qué hacerme. s. Trucando lirios, y burlando flores por ese prado, que convida a amores, libres, si lisonjeros, dos Ciervos vi pasar, que aunque ligeros, en la falda que forma aqueste monte, Selva, donde Faetonte en vano entrar procura, porque a su luz impide la espesura; pienso que se embarcaron, la huella he visto ya, por aquí entraron. Antes que su maleza intentemos calar, yo con presteza me pondré a la salida, que hacia aqueste valle es su huida; libres de los cordeles estén aquí aprestados los Lebreles mientras que a más presteza me presta mi Alarcón su ligereza. Mas allí veo un bulto, y me parece, según el traje ofrece, mujer, que anda perdida, vamos a encaminarla, por mi vida. Oh qué mal lance he echado! . huyendo de Caribdis, en Scila he dado: Silvano, y Porcio son, ya no hay remedio, cogido me han en medio. Quiero disimular: o quién pudiera hallar un pozo aquí en que me encondiera! Qué bella peregrina! Manos y talle muestran ser divina. El camino, señores, he perdido, E r caridad les pido, que me quieran guiar, porque no pierda lo que hallando loca estimo cuerda. Y a dónde camináis, Rometa hermosa? Aa lisonjas del mundo. en mí no (hay cosa que no sea aborrecible. Eso no dice el talle. . Es infalible, que mi culpa me tiene tal, que cubrir el rostro me conviene, que es escandalosa vista, es bien, que a todo el mundo se resista; y para que excusemos palabras, con que a Dios más ofendemos, verán que han encontrado la más mala mujer que se ha criado, Zoé, quién te ha traído O por desierto tan solo, y desabrido, con tan honesto traje? y a dónde por aquí haces viaje? A hacer nueva vida, pues ya la que pasó queda perdida. Como nunca volviste a cumplir la palabra, que nos diste contra Martiniano? Porque fue mi juicio loco, y vano? Luego ya no te excusas de la pena? Antes mi culpa ordena, que pague al doble, y la ocasión presente aprueba esto evidente, pues queriendo excularme de todo hombre, que pudiese hablarme, he dado en vuestras manos, porque mis locos pensamientos vanos no queden sin castigo, el cual me podrís dar como lo digo. El que tú has elegido es muy bastante; pero cómo ha ide? podrá Martiniano tener la sama más que de hombre humano; Confieso que rendida vengo de su admirable, y santa vida; pues cuanto más violada su casta oreja con mi lengua osada, tanto más confundía y su honestidad a la soltura mía: pues por no dar lugar su pensamiento de mi lascivo intento, encendiendo una hoguera, subió de pies sobre la ardiente hasta que de abrasado en el suelo cayó debilitado; Quedé confusa, sin hallar disculpa; viendo, que por mi culpa tanto rigor gastaba; y echándome a sus pies, le suplicaba; en llanto enternecida, prometiendo la enmienda de mi vida, mis yerros perdonase, y que de Dios lo mismo me alcanzase. Roguele, que me diese (un modo de vivir, con que sirviese la Dios, y él deseando lla salud de mi alma, y aceptando mi petición, y ruego, en cumplimiento de él, me invia luego donde viva en compañía de Religiosas santas. en quien fía que me darán entrada, y así a Jerusalén es mi jornada. Notable caridad! Dura templanza! sero más me ha admirado tu mudanza. La poderosa mano Bel que es Señor Eterno, y Soberano, ue tocó de manera, que de Ramera vil, quedé Romera. De tan alta mudanza edamos parabién. . Con esperanza le ver más altos fines. ̱. Désele aquel que es luz de Seraphines, quien roguéis me dé prrseveranza. ̱. Él en todo te guíe, y dé bonanza. Ya es tarde; y el camino? ̱. Ponerte en él con gusto determino

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Séis veces, treinta ha ilustrado Apolo aqueste Horizonte, Y otras tantas, Selva, y Monte su luz clara han deseado; Y ese mismo tiempo, el fuego os tuvo, cuerpo, impedido de los pies, porque en olvido no echéis el pasado juego; Pero ya podéis andar, Dios las gracias, porquien recibisteis tanto bien, y acabasteis de sanar. No hay que parar aquí más, que a donde ocasión ha habido de haber a Dios ofendido, huir sin mirar atrás. Ya huyes, Martiniano, yo me huelgo de saber, que tiemblas de mi poder, preciándote de Cristiano. ̱ . Calla, bestia detestable, que son vanas amenazas. Pues ya conoces mis trazas, y tú no eres inculpable, que bien sabes, que has estado seis meses para sanar, porque te hice abra sar los pies, . Pues qué has sacado? Yo sé, que con voluntad caíste, y pienso hacer, que tu vengas a caer en otra mayor maldad, No tienes de que alabarte, pues las armas te quité, y en otra batalla fue la caída de tu parte: pues la mujer que trajiste para darme tentación ha de ser tu confusión, como lo verás, y viste. También has visto, y verás, que no has de tener en tierra seguridad de mi guerra, aunque de mi huigas más. , e Y en fin. . Soy un mapa mundí, y afina, en breves palabras te diré, si estás atento, toda la parte del Asia. Por términos, al Poniente tiene los que Europa alcanza; hacia la parte Oriental, donde se divide el África por una línea, que forma el Mar, a quien Rubro llaman, desde el Arábico seño, hasta las Egipcias playas. Tiene hacia el medio día el Mar Índico por raya; y a la parte del Oriente, sus corfines goza, y baña el estrecho del Cainan, de navegación extraña; al Septentrión compite con la remota Tartaria, donde yace el Mar Cuajado, que ciñe la Scitia helada. Hacía la parte de Europa con fina con la Sermacia, que en la Tartaría se junta con el caudaloso Tanáis; luego se sigue Moscovia, dejando a un lado a Rusialba; donde los Cristianos Griegos otras Ceremonias guardan; luego de las Amazonas está la Región extraña; luego la Isla de Colcos, a donde cobró la fama Jasón, por el Bellocino de la repetida Fábula. Ibería se sigue luego, suerte en guerras, luego Albania, donde dicen, que los niños, de blancos vista les falta; luego está el Asia Menor, a quien hoy Turquia llaman, en quien se incluye Flajonia, que el Ponto, y Vitinia abrazan; y a donde cae Calcedonia, y Micena las nombradas por los insignes Concilios, que allí aclamó la Fe Santa; luego está Troas, a quien se dabe el nombre de Asia, donde fue la antigua Troya; por Elena celebrada. Luego se sigue la Misia, Lidia, Frigia, Licia, Caría, Pansilia, Cilicia, y Tarso, del Apostol Pablo patria, Licona, y la Capadocía, entre quien está Galacia, menor Armenia, y mayor, donde de Nos está el Arca; la Siria, celebradígima. entre las Letras Sagradas; Fenicia, donde Ave Fénix se cría, renace, y anda; Judea, que se divide en Galilea, y Samaria; entre el Tigres, y el Éufrates está la Mesopotamia, la Babilonia, y Caldea, donde la Torre labraban los que confusos cesaron por no entenderse las hablas. Petrea, y el Monte Sinai, que está entre las tres Arabias, donde Dios habló a Moises en la fulminante zarza; luego el desierto do estuvo el Pueblo que Dios amaba, luego sobre el Mar Bermejo está la feliz, que llaman Meca, donde el Zaucarrón Mahomético se guarda; luego Media, do los Medos tuvieron su Imperio, y fama; Tras esto, está el gran Sosi, que de la Persía, y Susania siende Emperador, enfrena a la Turquezca canalla. Hircania, junto al Mar Caspio; y luego la Marguiana, a donde los Masajetas comían los que enfermaban; porque era entre ellos desdicha tener el fermas en casa. Cerca del Índico Mar está luego Sogdiana, entre cuyas arboledas se cría una hermosa planta, cuyas cortezas servían de papel, en que formaban sus caracteres y letras, donde se deriba, y saca este nombre de papitus; que al árbol así llamaban, y en Latín nuestro papel, papytus también se llama. Luego está Paropanisus; o Sublestan, donde sacan la pimienta, que se cría para el buen gusto de España; Indias de allende, y de aquende, y en la menor de estas, andan los Magos Ginosefistas, que dicen, que al Sol miraban, y esto sin pestañear, mientras su curso pasaba, desde el Oriente al Poniente, caso que al Mundo admiraba, Basta ya. . Ya estás causado, pues ahora comenzaba. Tratemos de embarcación. Allí viene hacia la playa un hombre como Hermitaño, veamos que es lo que manda. Limosna vendrá a pedir, si de embarcarle no trata. Loado sea el Señor, Ha cedor de Cielo, y Tierra. ̱ Sea por siempre alabado. Amén . Él les dé su amor. Siempre nos es favorable. Habrá por ventura, hermano, en este Mar Occesno Isla alguna inhabitable. Isla no conozco alguna inhabitable, mas sé de una Roca, que se ve, donde suele la fortuna hacernos muy mal pasaje. Podrá un hombre en ella estar sin que las olas del Mar le hagan mal hospedaje? Si podrá, que tiene altura; mas tan estétil, que apenas en sus cisuras arenas se ha visto planta, o verdura; Buena será para mí, Y si pasarme allá quiere Por Dios; sin lo que pudiere darles, tendrán en mi allí un humilde intercesor para con Dios. . Si haré, Pero dígame, por qué Procura tanto rigor? si busca comodidad para hacer penitencia, en tierra hay más conveniencia, y mayor seguridado Es tal la mundaña guerra, que pienso que he de hallar menos peligro en el Mar, que en un desierto en la tierra. Si es tentación de Lusbel, no hay tierra, ni mar seguro. Sirvitale el mar de muro al mundo, ya que no a él, y de enemigos las menos, y habrá menos que domar. Pues vamos luego a embarcar, que parece que serenos nos pronostican los Cielos bonanza. Vamos con Dios, Trahe, qué brbamos los dos? Deja ahora esos desvelos. Y ha mucho que le viste? Oye Pausina amada, sabrás de mi venida la causa, si te agrada. Mi patria es, como he dicho, la Ciudad de Cesarea, a donde con regalo me vide, y fui criada: pluviera a Dios del Cielo; y a menos gusto, y gala, y a más virtud, y encierro; quien pudo me enseñara, que de tales principios, los fines que se sacan dirá mi triste historia, sino se anega en lágrimas. Pues llegando a probar la fuerza, que amor causa; resuelta aperecía, licenciosa aceptaba, que la que libremente se cría, nunca halla razón que le sujete, si a su gusto es contraria. Seguí yo el mío en todo, y al fin, solicitada, rendí, a quien dueño hice; la posesión del alma; y aunque confieso anduve muy fácil, y liviana, promesas de marido facilitaron causas. Pasose así algún tiempo, y como a la bonanza en mar de tantos vientos seguridad le falta, dio al traste el Navichuelo donde iba mi esperanza. Murió el que aún no era esposo; perdí honra, y palabra, y aunque quedé afligida, no fue la pena larga, que mal se gastan penas donde placeres gastan. Volviendo, pues, a darle al gusto puerta franca, solicité ocasiones, cebé pretensas varias, di rienda al apetito, volo mi mala fama. perdóname, que ofendo a tus otejas castas. Estando, pues, un día dos mozos en la plaza, pasé yo acaso entonces, y oyendo, que trataban del gran Martimano obras, y vida santa, llegué lisonjeando. y trabando palabras, sobre que la virtud sin tentación no es tanta; dije, que me atrevía, si a hablarle llegara, de hacer, que se rindiese, si era de carne humana. Contradijéronme esto, y yo loca, y profana quise hacer la prueba contra un Ángel en gracia, que una mujer resuelta ni tema, ni repara. Fuile a ver, como digo; solicetelo vana, y viendo se afligido de mi amorola llama, cebó la lumbre, y fuego, donde sus carnes santas en holocausto ofrece a la deidad más alta, porque de pies estuvo entre las mismas llamas, hasta caer en tierra, hachas sus plantas brasas. No sabré encarecerte el sentimiento, y ansia, que se encierra en mi pecho con acción tan extraña; y sin saber, que hacerme; cónsusa, avergonzada, viendo, que por mi culpa tanto rigor pasaba, postrándome a sus pies, por poner en sus llagas estos indignos labios, de tantos males causa; pedí, que perdonase hierros de mi inconstancia, dándome un nuevo modo conque a Dios agradara. Y el santo concediendo, que en caridad se abrasa, ma invia a ti Pavlina, para que en tu compaña mi corazón sea humilde, mi firmeza muralla, mis pensamientos castos, mi caridad un ascua, mis obras tengan merito; logro mis esperanzas, y con tu amparo en todo recta perseverancia. Suspensa me has dejado; entre confusa, y grata, Zoé, con tal suceso; mas ya que Dios te llama; y tu seguirle quieres con prontitud tan ardua, como puedo yo, amiga, hacerte repugnancia. que cuando no trajeses para esto más probanza, que mandármelo un santo, te entrara yo en el alma. Logros de glorias goces. Adiós debes la gracias. . Amaina, y coge esas velas, y arroja ese Esquise al Mar, que ya podemos saltar, a Dios gracias. . No recelas algún tope en esta Roca? Si recelo, pero está tranquilo el Mar; bien podrá, Padre, salir. A mí me toca salir a servir primero. ̱. Deme acá, Padre, esa mano. Dios le haga Cortesano de su Alcázar. ̱. Pregonero tomara yo ser allá. ̱. La primera vez ha sido, que en esta Roca he subido. Dios sea loado, que está mura mi gusto, y aquí me podrán desde hoy hallar cuando quisieren llegar, cordándose de mí; y mientras aquí estuviere; de aquestas palmas haré espuertas, que les daré, si allá venderlas quisiere; Y si gusta de traerme sigo así de provisión. ̱ Ya corre esa obligación por mí sin satisfacerme, que en todo le he de servir. ̱. El premio tendrás de Dios, Antes de mucho, los dos olveremos a venir. Vaa si manda otra cosa; que nuestra Navegación permite dilación. ̱.Dios se la dé muy dichosa. es ensalzado vuestro nombre, Señor, sebre Querubines, Y entre alados Serafhines olemnice, y renombre: Cante eternamente el hombre vuestra gran misericordia, llore Luzbel su discordia con más pena que pensó. pues por soberbio perdió la silla de vuestra gloria. Claras olas, que es hincháis, formando en vivo telieve montes de plata, y de nieve cuando espumosas volcáis: Y cuando paces gozáis, mostrando claros espejos, volvéis al Cielo reflejos de Estrellas, que en vos se miran, bendecid a un Dios, que admiran de su poder los bosquejas. Peces, que entre atenas de oro, rompiendo el tierno cristal, lisonjeáis el coral. perla, ríqueza, y tesoro: Bendecid en vuestro coro a vuestro Dios, y Señor, hacedle aplausos de honor con regocijo amoroso, pues siendo maravilloso se acuerda del pecador. Después que me vio aquí el Mar parece que se ha enojado: válgame Dios, qué hinchando! las Nubes llega a tocar; tría de gabia, arría, cala, Mastelero, presto, que hoy Neptuno ha hechado el resto de su violenta porfía. Sobre montes de agua y viento anda aquí una Navecilla, que al centro a veces se humilla; y otras sube al Firmamento. Aa triste vida del hombre, milicia en quien nunca faltan varios peligros, que asaltan! qué bien que te cuadra el nombre! Socorro, Cielo piadoso, que nos anega el rigar del Mar Socorro, favor: Qué trance tan riguroso! liz Nave! ya el Mar parece que la sorbió, o en algún Risco se abrió, pues ya dejó de nadar. Ha confianza engañosa, que hasta en la temeridad prometes seguridad a vida tan vidriosa! Ha ceguedad incurable, que de un ev idente engaño naces para tanto daño de una vida miserable! Una persona, parece, que anda allí valanceando, sobre una tabla nadando, justo socorro merece. Por el Dios que en esa Roca sirves, y adoras, me des favor, pues mi aflicción ves, si es que a piedad te provoca. Mujer, y en tal ocasión? paciencia, que aún en el Mar no me he podido librar de esta cruel tentación; sin duda que es traza, y hecho del maldito tentador; qué podré hacer Señor, en peligro tan estrecho? como Padre soberano me habéis de favorecer. No me dejes perecer, pues mi vida está en tu mano. Nunca haya en mí tal pasión; que la caridad me falte, que es él adorno, y esmalte. de toda la perfección. Y a Dios no podré agradar, ni es piadoso, el que despide a el que socorro le pide, por mí no has de peligrar. Que si en esta tabla asida ha querido Dios librarte, no es justo, que por mi parte vengas a perder la vida. No alcanzo a darte la mane: de este báculo podrás asirte: y así saldrás con el favor soberano. Goces en descanso eterno de los divinos favores, que entre divinos candores tiene aquel Dios Sempiterno. A ese mismo Señor las gracias le debes dar, pues él te quiso librar de tan extraño rigor. Si eternamente viviera se las diera eternamente. pues quiso entre tanta gente, que yo con vida saliera. Señor, cuando considero . la materia de que soy, tan desconfiado estoy de mí, que de pena muero. Huir la batalla quiero, si vuestro favor me guía, que aunque guelr a cobardía, tengo por mayor locura ponerse a probar ventura con falta de valentía. Qué sirve probar ventura quien nació para desdichas, si aunque llegue a sembrar dichas ha de coger desventuras. Gran Señor, Vos que sabéis la pena, que el alma siente, deis en la ocasión presente el remedio, que podéis. Más fuerzas, que de mujer a me quiso Dios infundir. Antes quisiera morir, que llegaros a ofender; y así con vuestra licencia huir quiero la ocasión. Qué notable confusión llegó a probar mi inocencia! Mujer, el fuego y el heno de no hacen buena compañía, pues no te importa la mie, la de Dias tandrás que es buena, Aquí te queda agua, y pan con que podrás sustentarte, no hay otra cosa que darte; pero muy presto vendrán dos Matineros, que son los que aquí suelen venir; con ellos te podrás ir, que es gente de bendición: queda en paz, y en Dios confía. h, ̱. Pues así me desamparas, Siervo de Dios, no reparas, que soy mujer, y podría perder por tu causa aquí lo que hasta aquí he ganado? Si piedad has profesado, cómo me dejas así? por qué aplicas a mi vida nuevo tormento, y pesar? tanto te pudo estorbar una mujer afligida? fueste, y dejome: ay de mí! has quien pudiera pensar, que había de caminar sobre las aguas así. Save, y velas le ofrecieron es hombros de dos Delfines, ya no son Serafhines, que a recibirle salieron. no parece en el Mar; si se aumenta mi dolor: qué podré hacer, Señor, sa tan extraño lugar? qué notable desamparo! é forzosa soledad. Cielos divinos, piedad, me falte vuestro ampato! ubes, y Astros celestiales empañadme, entre tanto, se aumentan con mi llanto los sagrados cristales. Pues no hallo en Tierra, y Mar seguridad, andaré vago, Señor, hasta que seguro os llegue a gozar: Os quisiera así agradar, si es que así os puedo servir? porque el perfecto vivir es agradaros a Vos, que sois mi vida, y mi Dios, y lo demás es morir. Confieso que son dos vidas las que hoy de nuevo, Señor, tienen con vuestro favor mi cuerpo, y alma adquiridas: Maravillas conocidas son de vuestro gran poder, pero me atrevo a creer, que no es mayor la de andar sobre las aguas del Mar, que el librarme de mujer. Qué hacer, y haber fabricado Cielo, y Tierra, y maravillas, que es imposible el decillas, un Fiaros han costado: Pero el librar de pecado a un pecador, mas os cuesta; vuestro amor dé la respuesta, que sabrá bien conocer, si el librarme de mujer es más; que del Mar qué resta; Confieso, que haberme dado nueva vida, y nuevo ser, tengo más que agradecer, y os estor más obligado: Tanto os debo, que he pensado, que si posible me fuera ser Dios, mi ser propio os diera para que lo fuerais Vos, porque siendo Ves mi Dios más gloria para mi fuera. Bestia horrible, dónde vas? Tras de ti, y he de seguirte, sin dejar de perseguirte. Vuélvete, maldito, atras: No ves que tus trazas son tu cuchillo, pues han sido las mujeres, que has traído contra mí, tu confusión? pues la primera, que hiciste ir a tentarme al desierto, ya goza el seguro puerto, que tu soberbio perdiste; y la que arrojaste al Mar con tu maldita osadía, a pesar de tu porfía presto la he de acompañar; y así, no intentes conmigo ganancia, que has de perder. Va, maldito, a padecer. Pues advierte que te sigo. Una Nave viene allí, sin duda es la que esperaba aquel santo que aquí estaba, qué dirán viéndome aquí? pero parece que guían, volviendo hacia otro lado; sin duda me han extrañado no viendo aquí a quién solían? Tuerce el Timón, vuelve atrás, que aquella; si no me engaño es fantasma, y no Hermitaño. Y aún parece a Satanas. Hermanos, por caridad se tengan, que soy mujer, y Cristiana. No hay volver; mujer, y en tal soledad? Y que sirvo a Jesucristo. Pues quién te trajo a esa Roca? Lleguen sin miedo, y sabrán mi triste historia, y oirán las maravillas que toca. Verdad parece que dice. Las velas vuelve a amainar, roja ese Esquise al Mar, que a nuestro valor desdice el huir de una mujer. Pues quién entender pudiera; que una mujer estuviera en un Risco, donde ayer dejamos un Varón santo? sino es que se transformó en esta mujer, que yo barrunto de que es encanto; o podrá ser la Sirena, que del mar suelen decir. Quita, déjame salir. Mira si es ánima en pena. Sirena hermosa es, Ginete; Par Dios. Y que me ha encantado. Luego bien he adivinado. Oh qué divina beldad! No es mal lance el que has echado; por Dios que habemos llegado a puerto de claridad. Tal es la desdicha mía, que lo que decís no siento; las palabras lleve el viento, y quede la cortesía. Perdonad, si inadvertido vuestra deidad ofendí. Mas agravio para mí fuera el no haber vos venido. Pues quién fue, Nimfa del Mar, el que a esta aspereza os trajo? Oíd, que en breve dibujo mi historia os quiero pintar, Navegando este Occeano, yo, y otros parientes míos, con otra gente amigable, que iban dentro del Navió; habrá como cuatro días, y el de la desdicha cinco, que para serlo, bastaba hacer viaje conmigo. Llegando, pues, a la vista de aqueste peñasco, o risco, sagrado, al fin, de mi vida, porque Dios así lo quiso, comenzó el Mar a alterarse con tanta furia, y ruido, que amenazando las Nubes, espumoso, y atrevido, tal vez las quiso tocar con nuestro propio Navió; y entre confines de olas tal vez bajaba al Abismo. No hay con que encarecer las turbaciones, y gritos, las lágrimas, y sollozos de los pechos afligidos: A la consideración se quede, pues no hay decirlo; cuando, o preso, y contrastado de dos montes, que lo mismo tran las soberbias olas del Piélago Palestino (hal Dios, y qué investigables son vuestros altos juicios!) vide, que deshecho en partes bajaba al eterno olvido. Yo que en tanta desventura me vide, y en tal conflicto, perdidas las esperanzas de la vida, y sin sentido, con las olas, y la muerte bregando, no determino o me así de una tabla, sonde sin apercibirló de viene a hallar después, es que el Cielo así lo quiso; l viéndome sobre el agua soro los ojos, y miro es bulto sobre esa Roca; que ya el viento vengativo Se había acercado a ella sibra del poder Divino!) Treparando la vista, ide, que el bulto que digo un Varón, era un Ángela que Dios había traído sita que mis esperanzas brasen nuevo brío. viendo que la resaca estorbaba el puerto visto; Pedile por el Señor, cuyo amor, y servicio Esaba en esta aspereza, me acudiese en tal peligro; y él lleno de caridad, de mi angustia conmovido, alargó el náculo, y mano, y me sacó hacía el Risco- Entristeciose de verme, no por haberme acudido, sino por la tentación que temió estando conmigo; que es bien que la tema el justo, ya que no teme el impío. Y por evitar la causa estas palabras me dijo: Mujer, el fuego, y el heno juntos, jamás han podido hacer buena compañía, como bien claro se ha visto; aquí tienes agua, y pan, no hay otra cosa conmigo; con él podrás sustentarte en tanto; que docamigos Marineros aquí llegan, como se me han ofrecido; queda a Dios, y en él confía. que es el verdadero abrigo. Con esto se despidió, aún sin haber yo advertido, que se fuese, hasta haber algún Bágel; o Navió; cuando llegándose al Mar; bendiciéndole al principio; se arrojó sobre las aguas (oh maravillas de Cristo!) apenas las sacras olas la simbría de sus vestidos tocaron, cuando sobre ellas salieron a recibirlo dos De fines, cuyos hombros, yendo conformes unidos, sirvieron de Barco al santo, tan seguro, que movido de un Cefinlaberano, por quien fue favorecido, le llevaron sobre el Mar hasta salir donde quiso. Quedaron con tal portento Cielo y Tierra, Mar, y Abismo suspensos, y yo admirada alabando al Uno y Trino. Tan lleno de admiración, Sirena hermosa; he quedado, que estoy absorto, y trocado. Y yo con la suspensión, que inseparable he tenido al canto de la Sirena, estoy hecho anima en pena, encantado, y sin sentido. Cómo es Dios tan admirable, son dignas de admiración sus obras, y esa moción procede, de ser amable. Ved, pues, lo que nos mandáis, que serviros os prometo, tanta lealtad, y respeto, cuanta vos nos obligáis: Nave hay a vuestro servicio, si a tierra salir queréis, que como vos nos la honréis llevará el viento propicio. Pagueos Dios tanto favor: antes si lo commutaráis en otro, y de ello gustaráis, fuera para mi mayor. Eso está a vuestro escoger. Será merced singular. Mi deseo es acertar. Yo a tierra no he de volver. Pues queréis quedar aquí? Lo mismo he determinado. Burláis, o habéis barruntado poca confianza en mí? Antes de muy confiada, a vuestra lealtad me atrevo a rogaros, que de nuevo continuéis esta jornada; si gusto de ello tenéis, de la suerte que solíáis cuando el Santo aquí teníáis, que aunque en mí no lo tenéis, tendréis una imitadora suya, tan agradecida, que con Dios toda mi vida os sirva de intercesora. Qué a quedar os atrevéis en aquesta soledad? Pues la diviva bondad de Dios, como ya sabéis, quiso sacarme a este puerto; del peligro en que me vi, quiérole servir aquí pues su favor tengo cierto; Notable valor tenéis, y tanto en tan poca edad, algo tiene de deidad con que admirado me habéis. Mas si fuera ánima en pena. Tanto el ánimo en mi crece, por ser Dios quien favorece, que de temor vivo ajena. No es justo, que desfallezca tan alto, y divino intento por mi culpa; soy contento, yo vendré cuando se ofrezca. Trabedme algún lino, o lana; el cual hilado os daré, y en pago recibite sustento. De buena gana; y ahora os podré dejar lo que al santo le traía, aunque no cual con venía. Antes es más de estimar; y otra cosa he de rogaros, perdonad. Qué me mandáis? Para que allá las vendáis quisiera estas galas daros; si un Abito en su lugar quisierais antes traer? Pues si os lo queréis poner no por eso ha de quedar: aquí hay uno, que venía para vuestro antecesor, rompedle vos, Gran favor el Cielo, por vos, me invia. Gínete, sácalo aquí. Voy volando. Y de camino la cestilla. Traheré el vino? No traigas más. Pesia a mí. He advertido, que no es b quererle a un santo quitar lo que a mí me habéis de dar. Si él no parece no hay quien lo rompa acá entre los dos. El allí parecerá. Entonces se le dará el que me pedisteis vos. El Abito, y el cestillo están aquí. Dalo acá, que yo entiendo, que será a gusto, aunque grandecillo; y es bien por la honestidad; veisle ahí, tomad. No puede ser malo, lo que procede de tan grande caridad, y si queréis conceder, que aquí detrás de esta Roca me lo vista. A vos os toca mandar, y a mi obedecer. ̱. Digna soy de perdonar; entre tanto:: Id con Dios. ̱. Qué buenos somos los dos para un buen representar el bueno, y el mal ladrón, Pues por qué? Porque ayunando estariamos colgando hlasta ver la precesión. ̱. Pues tasadamente ha un hora o que aquí habemos estado. Y la que hemos navegado s comer desde la Aurora. No te compunje, y admira lo que has oído, y has visto? y que aquí quede, por Cristo, una doncella, que aspira en lo tierno de su edad una tan valiente acción, que el más rebusto Varón temiera esta soledad? Eso no quita la hambre, cuanto más, que yo estuviera como vino; y pan tuviera mil años hilando estambre. y. Ya viene, y bien diferente. Bien vestida me tenéis. Ángel de luz parecéis. Deme el que es Omnipotente lo que falta: Este vestido en pago podéis llevar, aunque es digno de estimar en más el que he recibido. Tanta estima han de tener en mi poder, prendas tales, que en las fiestas principales han de honrar a mi mujer. Tanto honrarme, son acciones de quien sois, solo quisiera que de memorial sirviera, vestida, en sus oraciones. Esa es una obligación, que igualmente ha de correr en vos, como en mi mujer, si las prendas causa son. Ya está en mi reconocida. Ved si otra cosa mandáis, que al paso que me obligáis de mí habéis de ser servida, Dios os haga en navegar más dichosa que yo fui, conque sirviéndole así le vais después a gozar. Y a vos os dé tal favor en vuestra perseveranza, que coja vuestra esperanza frutos dignos de su amor. Sea lo que el Cielo ordena. Pues quedáis, quedad con Dios. Él os prospere a los dos. Adiós, señora Sirana. A nueva favor, Señor, nuevas gracias debo daros, quisiera para alabaros ser un Seraphín de amor: Muy bien me asienta el sayal, mas si es gala que os agrada, y que por Vos fue guiada cómo me puede estar mal? y así con tales reparos, quien dejara de emprender servicios, que han de tener por premio el ir a gozaros? De mujer mis fuerzas son, pero si Vos me amparáis, con el favor que me dais vendrán a ser de varón: Sin duda, que así os parezco más bien, pues me habéis vestido, al paso que lo he pedido, y así de nuevo os ofrezca, alma, vida, y corazón, porque siendo vuestra en todo, no haya en mí de ningún modo cosa de contraria acción. Son varias las asechanzas del tentador, pero inmensos los auxilios soberanos. Bien se ve por los efetos: pero dígame, por Dios, y en lo restante del tiempo como ha pasado la vida con tan forzoso escarmiento? Viendo que en Tierta, ni en Mar no hallaba seguro puerto, acordé poner por obra aquel divino consejo. que Cristo, nuestra salud. dio a sus amados, diciendo: Si os persiguieren en una Ciudad, salios huyendo a otra, hicelo así. juntamente proponiendo de no parar, si no fuese Isu He andado como dos años peregrinando, y en ellos ciento y setenta Ciudades, y aún más, sin hacer asiento jamás en alguna de ellas, hasta Atenas, donde el Cielo hoy ha querido traerme, Padre, y señor, a quien ruego le quiera dar sepultura a este miserable cuerpo después de haber fallecido. Cómo, Padre, si primero, según razón natural, pagar esa deuda debo? Está enfermo por ventura? La Majestad del Eterno; y soberano Señor, en cuya Deidad, confieso tres Personas, y un Dios solo poderoso, y verdadero, tiene por bien, que hoy se cumplan los años de mi destierro; y como Padre piadoso de amor, y clemencia lleno; por quien en vida he gozado de favores tan supremos, también ha querido en muerte; por ser el trance postrero de mi vida, no faltarme; dándome para consuelo de tan peligroso piso la compañía que tengo en Vue Señoria. Padre. de aquese dichoso acierto, yo llevo la mejor parte: Pésame, que en tal extremo haya llegado a mis manos, por lo que en perderos pierdo? pero si la voluntad de Dios, es de darle en trueco de aquesta vida la eterna, cúmplase su mandamiento, que yo quedo consolado, conque tendré, por lo menos, un divino intercesor el Consistorio excelso: Ruegue, Padre, adiós por mí, Esa petición primero, Padre mío, de su parte ante Dios hará su efecto, El quede en su compañía. Y él le sirva de lucero. En vuestras manos, Señor, este espíritu encomiendo. No me olvide, Padre amado; cuando a Diós goce en su Reino; pero ya si no me engaño dio fin el vital aliento; ya el alma subió a su esfera, y solo ha quedado el cuerpo: qué poco que hay de la vida a la muerte? no haisen medio un punto de distinción, pero terrible en extramo; porque de ser, a no ser hay mucho, mas no de tiempo; aunque en el justo el merir es como un divino sueño de traslación, con mejora de gloria, y bienes eternos; de lo finito a infinito, de lo temporal a eterno, a donde de sus trabajos tiene al mismo Dios por premio. Y pues el alma se goza, razón será dar al cuerpo honorifico sepulcré, Signa pompa de sus meritos. ̱ s , tas velas amaina, y coge, que ya es tier Don para sartar. Yo echo al agua este Esquise, aunque me moje: que hoy parece que provoca la tranquilidad del Mar, con más fuerza, a desear la gloria de aquesta Roca. Pues la Sirena, por Dios, que duerme corno un cachorro; pues no ha sentido el socorro, ni el ruido de los dos. Mucho el sueño le ha privado: ha de la Roca? Perdido tiene el color; y el sentido. Qué de espacio lo ha tomado! Esto no es dormir, Ginete; antes me parece a mí, que ya el alma no está aquí. solo hay cuerpo; mas promete su fragrancia, y compostura la gloria que está gozando. de verás, o burlando. Es Ya es cadáver esta hechura, ya la cándida azucena olvió en pálido alhelí; y ya el clavel cármesí cardeno litio le ajena; ya en los Nortes de este Cielo; que servían de quiar los Marineros del Mar, faltó la luz, y el consuelo. Requiescatan pace, amén. l. Ya el alma, entre luces bellas? lando Zafir, y Estrellas, goza de aquel Summo Bien, que en las Aulas cristalinas solemnizan Serafhines, y abrasados Quetubinas en consonancias divinas, Siis años ha, que los dos hallamos aquí, Ginete, este oloroso pebete Pues ahora qué haremos? Llevar este cuerpo santo donde con divino canto sus Exequias celebremos. Vámonos luego a embaraar, goce Cesárea esta gloria. Con esto da fin la historia del Peligro en Tierra, y Mar,