Texto digital de Pelear hasta morir
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Pedro Rosete Niño
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Pelear hasta morir. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pelear-hasta-morir.

PELEAR HASTA MORIR
JORNADA PRIMERA
Esta es la carta. . Gran día. Londres, señor es un cielo; porque el amor, y el desvelo con tan igual valentía han mostrado suvalor, que se vencen competidos; pues opuestos, y excedidos es cada cual el mayor, tanto que en volantes sumas hace al Sol el viento guerra: porque ve que inglaterra vuela en luces, arde en plumas. Y en efecto el Duque avila que esta noche llega? ̱. 4. As dice la carta, y no vi despacho con tanta prisa: porque después de avisar que la Reina mi señora. viene con salud, desdora lo prolijo en el notar, con tan concisas razones, que con prisas sobre humanas; lo que debiera en dos planas escribe en cinco renglones. Tiene el Duque tal cuidado de servir con brevedad. a vuestra Real Majestad, que advirtiendo, bien mirado, que victorioso venía, y que es también del notar necedad el dilatar los avisos de alegría. Cuando escribió fue conciso, porque en su amante valor le pareció poco amor ser largo en dar el aviso, Fuera de eso, no es molesto el Duque en cosa ninguna. El acierto, y la fortuna. son en su dicha un compuesto; que mucho si en ecos tardos, . en mi fuego, y tu desdén son un compuesto también noble amor, celos bastardos! Siendo mi mal tan mayor, que no encuentro en mis desvelos, ni lengua para mis celos, ni orejas para mi amor. Y como os sentís, Duquesa, de vuestro nuevo accidente? Mejor el alma se siente con el placer que confiesa de la llegada felice del Duque mi dueño, a quien para serviros más bien siglos el cielo eternice. Mucho a vuestro amor le debe. Es del alma la mitad. Merécelo sulealtad. Un móvil dos almas mueve. Sí, más es quien interesa él con vos. Pues no os parece; gran señor, que lo merece? Si lo merece, Duquesa. Quiérole de tal manera, que si por desdicha acaso faltara en algún fracalo; me corriera, si no fuera mi amor tan noble, y constante, que en medio de mi vivir, al saberlo, misentir no me matara al instante. Y cuando tardo el dolor no lo hiciera, yo en mi anhelo. me matara, vive el cielo para cumplir con mi amor. Ejemplo sois de firmeza. Tengo causa. . Así es verdad. También vuestra Majestad se olgará de mi fineza; porque siendo como es el Duque su confidende, su vasallo, su pariente, y lo que es más interés su amigo en la estimación, claro está que se holgará de haber sabido que está tan vivo en mi corazón. porque haciendo a amor testigo, como haya fe que profese, no hay amigo que le pese de que quieran a su amigo. En todo me convencéis. Vos, señor, me aventajáis en los modos con que honráis. el amor, que me debéis; y porque de prevenirme. es hora ya, sigustáis me iré. . Pues tan presto os vais? Irme a prevenir no es irme, solo cuidadosa, así. vendrá a ser la prevención cumplir con la obligación que debo al Duque, y a mí; y con la de amor también. Pues qué intentáis? Detérmino salir, señor, al camino a recibirle. . Haréis bien. Veréis en un alma dos. Y vos veréis en mi pecho . un volcán todo deshecho, A Dios mí señor. ADios, Fuese, y quedo mi tormento para darme a conocer, que es sordo el favorecer, cuando es mudo el sufrimiento. Salga pues, pues me abrasó mi fuego en voz no sucinta, que amor, al amor se pinta ciego si más mudo no. Marqués. . Gran señor. Ay Dios! y que divina belleza. Qué me manda V. Alteza? Quedemos solos los dos. Qué es esto inhumanos cielos! en tan justo sospechar, y en tan misterioso hablar, qué es esto infames recelos? en el extremo infelice de mi cobarde temor, si es que el alma he de creer, no se que el alma me dice. El Rey (no sé si es sospecha) da a entender con cada acción, en cada flecha un arpón, y en cada vista una flecha. Y temo de su rigor, cuando a hacer el tiro aspira, que a la Duquesa las tira, y que las clave en mi honor. Y si es de aquesa manera, de su cautela colijo, que ni adios, ni al Duque mi hijo pagae Rey lo que debiera. Pues pudiera conocer, como cuerdo, y avisado, que ofender al confiado es el mayor ofender. Mas no lo creáis pasión, que a ser verdad, claro fuera, que ya el amago hecho hubiera ociosa la ejecución. Fuese el Condestable? . Ya el Condestable se fue. Y sabéis mi mal? . Ya sé como V. Alreza está algo indispuesto estos días. No Marqués, no lo sabéis. Pues qué es lo que más tenéis? Mayores las penas mías son, y de mayor rigor. Mayores que el no tener salud, cómo puede ser? Siendo. . Qué? Penas de amor . De amor? De amor. . Ahora digo, que justa razón tenéis, señor, y más cuando ardéis, que aún yo vuestra opinión sigo En fuego tan celestial, como el que esperáis ahora en la Reina mi señora. No es de ese fuego mi mal. Qué decís? no es de este fuego? No Marqués, es vano error, que en otro incendio mayor mudo padezco, ardo ciego. Confieso, que prodigioso de amor ha sido el engaño, y que es el suceso extraño. No es Marqués, si no forzoso, y porque veas cuan justo mi pecho al rigor cobarde, en hidalgas lumbres arde, herido al arpón robusto del Dios arquero veloz, escuchadme un poco atento: Del alma, y del pensamiento imán será vuestra voz. Ya sabéis, Marqués Ricardo, que el Duque Astolfo partió contra el Frances, en defensa de mi amor, y de mi honor; porque intentando casarme con Irene, del Sajón Estado Duquesa, en quien arder a luces se vio la menor estrella en Soles, en rayos la luz mayor. Federico, Rey de Francia, al mismo tiempo intentó su esposo, siendo también ser dueño de todo el Sol. Ya lo sé, y aún como Irene, viendo a un tiempo de los dos la competencia, y mirando, que decir a uno de no, por decirle de si al otro, era desaire, trazó, advertidamente cuerda, que puesto que a su candor aún mismo tiempo aspiraban dos amantes, y que no podía ser más que el uno clicie de su resplandor, señalasen dos valientes. Proceres, cuyo valor en un torneo en Sajonía, con triunfante admiración declarase la victoria; porque siendo así ordenó, que al que de entrambos quedase campalmente vencedor; a ese daría la mano. en público, con acción de que la daba a su Rey; con cuyo suceso amor, quedando triunfante daba término a la emulación. Que para epeños mayores honradas alas calzó alaopinión de ambos Reyes; porque siempre en la opinión son desempeños de Marte duelos que nacen de amor. También sabéis, que aceptando de la capitulación los conciertos, Federico altivamente envió en nombre suyo a Sajonia al gran Duque de Belflor. Y que yo mirando atento por mi propria obligación, busque entre todos mis grandes el más acto, y no me dio ninguno más esperanzas, que la fama, y el valor de mi primo el Duque Astolfo; y que así al punto partió a Sajonia en mi defensa, con cuya resolución quedó mi esperanza cierta; porque si el Duque áspiró a vencer, solicitando. triunfos a mi pundonor, aunque son distintas cosas, ya se saben que en él son el llegar, y vencer una, si el partir, y llegardos. Todo gran señor me consta como tu voz pronunció; y también como en un mes que habrá que el Duque partió, tanto tu invicta grandeza, tanto tu heroico blasón, no se olvidó de mi sangre, de mi humildad se acordo; que siendo ayer Conde humilde, Marqués, y Grande soy hoy, honrado con tanto extremo, que en la privanza mayor, a pesar del tenaz diente de la infame envidia, soy el ídolo de tu pecho, de tu afecto el consultor. Todo, Marqués, todo amigo lo merecéis, pues que yo me determine, sin duda me obligaba la razón, que es cierta especie de infamia cuando el valor adquirió, el favor injustamente tiranizar el favor. Honras son, que como tuyas aspiran a lo que son. Lo que solo falta ahora, es decir como llegó hoy un correo del Duque con quien me avisa, que hoy entrará en Londres triunfante, siendo altivo precursor de la luz de Irene hermosa, a quien con admiración, por su Reina Inglaterra aguarda, cual girasol, que para lucir espera rayos de la luz mayor. Es verdad, mas también falta, pues tu pecho le quejó, que revele a mi cuidado de su accidente el rigor, que para su informe ofrece toda el alma su atención. Para eso solo Marqués, guste de quedar con vos, y así a título de alinios afianzados de la voz, salgan de mi ardiente pecho las ciegas llamas, pues son los informes de la lengua las lisonjas del dolor. Fallecida de aquel monte iba la luz tan veloz, que para morirse estaba ya del día el resplandor. cuando ciego de un afecto que puro el alma engendró de una deidad, cuyos rayos, vivientes estrellas son. A ese bosque, a esa maraña de esmeralda, que tejió tan ciega la Primavera, tan altivo su primor, que si no es puente del cielo, es del padro pabellón, a divertirme salía tan triste, que la pasión del oficio de los ojos todo su alivio fio, y apenas con pie cobarde calando iba flor, a flor del fragante ameno suyo la hérmosa variación, cuando del tronante plomo vecino escucho rumor, por señas que todo el valle en ecos se lo pagó; y en él mismo tiempo un gamo veo pasar tan veloz, que a los ojos solamente les dejó la admiración. Dueño colijo del caso, y con curiosa atención, apenas los troncos iba penetrando, cuando vio, mal dije vio, se dio a ver pudiera decir mejor; puesto, que entre ciegas sombras su luz me la descubrió aquella deidad, que dije, que mortal persecución de las fieras, tal heria, que aún en su mismo rigor por más fieras que las otras riesgo consigo corrió; vivo escándalo del aire, si rayo, no en cada acción era su espíritu altivo, a cuyo fatal horror, ni rayos vistro la garza, ni alas el espín calzó. No vi Marqués, no vi amigo con luces de perfección, ni más fiero lo divino, nimas bello lo feroz. Desobligado el cabello del artificial primor, libre contra el Sol volava. en luciente emulación, y tan piélago de rayos en sombras de resplandor, de su cintura inundaba el estrecho que ororgó, solo el dejarse prender a los lazos de un liston, que si a sus ondas fue ley en su belleza era flor. Parado el viento a su dulce suave respiración, mudo decía en sus labios, si ambar busco, dónde voy? Que mucho si en sus dos ojos distrazado dejó amor, si a quitar vidas saliste. el Arco Nimpha depón, y deja el cobarde plomo, pues miro en tus ojos dos, para conseguir tu intento, mas segura munición. Ya el alma animosa al paso la hubiera salido, ay Dios! sino advirtiera, que a un tronco verde, fiando el cañón, y el carcaja la Alcatifa de un arroyo tan veloz, que en su curso tiene apenas la vista jurisdicción, sedienta a su cristal daba el labio en purpúreo ardor. No sé amigo que decirme acerca de cuando vio súcara hermosa el arroyo, pues en dulce suspensión, nicorriente supo andar, diarroyuelo morpineó. Solo diré, que sentada del fiero carcaxsacó las flechas, curiosidad de su gusto, o su furor, más viendo en su hermoso cielo mi amante contemplación, tanto rigor disfrazado, como en mil soles cifró, y en sus ojos, y en sus manos admirando mi temor, tanto sol, y tantas flechas le pregunte al Niño Dios, si sabes que estoy rendido, y sabes que clego estoy; para que es amor tirano, tanta flecha, y tanto Sol? perseguir al rendimiento, es infamia, hazaña no, que acosándolo postrado. pasa cobarde el valor, luego en un pecho rendido ciego arquero, ociosos son de unos ojos, de unas cejas, de una impiedad, de un rigor; tanta munición de rayos, y tanto severo arpón. Excusa, pues, ciego alado de tu fiereza, o tu horror, tanto desperdicio de armas, tanta ociosa munición; si sabés, que resistencia, jamás mi pecho mostró, para que eran tantas flechas? para que fue tan mayor la fuerza contra un rendido? en suamante estimación, para quien no se resiste, bastaba fuerza menor. Mas le dijera sin duda al Dios vendado, si no viera, que ya incorporada con segunda prevención irle intentaba mi dueño, a quien llegándome, vio el alma su desengaño; pues si antes, que compasión! casi había muerto a sus ojos, cuando a obligarla llegó, muerta conoció en suhielo, que para su muerte atroz, si sobró de unas respuestas la ingrata pronunciación, no bastaba de unos ojos el venenoso rigor. Detuvela en fin por fuerza, si bien aunque pretendió gozar el alma sus dichas, vio frustrada su intención; pues en sus ojos divinos, y palabras no gozó, si no flecha de buen aire, y rayos de condición. Solo al huir con violencia, sediento de su candor, en el altar de su cielo, sacrílego profanó del mejor jasmín de Venus, mi labio el ambar mejor. La mano le bese, y ella rayo el bosque penetró, huyendo de mis suspiros, logrando en su progresión cada estrella poca vida, mucha noche cada flor, poca fragrancia las selvas, la luz mucha turbación; y en sin yo mucho cuidado, mayor pena, y más amor a esta deidad, cuyos ojos mi culpa, y disculpa son. Suspendido a tus extremos, te confieso, gran señor, en mi cuidado, no menos lasti. na, que admiración. Ay Marqués, un imposible sigue mi desvelo! . No por imposible le tengas. Porque? . Porque a tu valor, qué imposible fue imposible? Aqueste, Marqués que huyó de ser posible a mis ojos. No hay robarla? Es loca acción. No hay seguirla? No, Marqués. No hay hablarla? Marqués, no. No hay fuerzas? Tiene marido de altiva, y noble opinión. Darle al marido un veneno, que cuando no haya quien, yo se le daré, vive el cielo, o con el acero atroz le daré muerte mil veces, sin admitir dilación, solo atendiendo a tu gusto. Ay Marqués, cese el furor, que a saber quien es, quizás faltara ese arrojo en vos. Que es faltar, viven los cielos que de su curso veloz faltará primero el móvil. Confírmaslo? . Si señor. Por quién? Por vos lo confirmo. Con qué? . Con la ejecud Pues cuando llegue está no coronado vencedor, el Duque Astolfo mi primo, pues tan de mi parte sois, haced, Marqués, que lo maten Que escuche cielos! la voz apenas formo en los labios. Qué decís, Marqués? . Sel si . Veislo, estáis ya en que fue discreta mi prevención? Señor, quien pensara, qué? Por eso os adverti yo; mas en fin cese, Marqués, cese en vos la turbación, que yo os estimo, y os amo; mas advertid, que yo, y vos somos quien sabe el secreto, que sois vasallo, y Reyyo que os ha menester, mirad, Marqués vuestra obligación. . Ay desdicha semejante! que de mi amigo el mayor de la mitad de mi alma, si no de mi corazón, oigayo en labios agenos su sangriento deshonor, y no pueda yo vengarle! Oh ley de la sujeción! o impiedad! pluguiera al cielo que a oír tu desopinión volvieras Duque mil veces vencido, y no vencedor. Viva Irene, viva Irene, Reina nuestia, para honor de Inglaterra. Del Duque Astolfo viva el blasón. Para luz de esta esfera, y para gloria de Inglaterra; y su inmortal memoria, sea V. Majestad muy bien venida. Para dueño de una alma, y de una vida que a vuestros pies consagra su cuidado, sea V. Majestad muy bien hallado. . Del camino, y cansancio como viene Real Majestad? . Como quien tiene librada el alma, y la atención librada, para serviros, sin cansarle nada. Dicha es, que a mi fortuna le agradezco, pues tantas glorias de su fe merezco. Ya he vuelto honor a Londres victorioso, ahora podré saber el misterioso aviso de mi padre, que al partirme pudo abrasarme, pudo confundirme. Ahora digo, sabré tan fiero encanto, si en ciegas llamas no perezco en tanto. Al. Duque le debéis tanta vitotia. No me atormentes bárbara memoria. . déjame honor vivir. . Duque, pariente, no llegas a mis brazos? qué accidente os causa tal tibleza? El que llega a los pies de vuestra Alteza, A mal podrá llegar tibio, cuando ciego llega, señor, a donde humilde llego. Dadme los brazos, Duque, y primo mío Déjame imaginado desvarío. Oís Marqués? . Señor. . No es soberano el brío de la Reina? . Es caso llano. Pues aunque es tan hermosa su luz pura, con la Duquesa es sombra su hermosura. Sí, pero vuestra Alteza ha reparado, en como viene el Dunque al borotado? Ya lo he visto, Marqués, más poco importa, cuando un dulte volcán el alma aborta, que va a morir sediento en los cristales de la Duquesa, causa de mis males. Mucho el Duque me mira misterioso. Válgame Dios! ) qué temor forzoso debe tenerla que asistió ofendiendo, puesto que una inocente está temiendo! Duque . Señora. . No me alivia cosa. Muy bella es la Duquesa vuestra esposa. A Vuestro sol señora es breve estrella, pluguiera al cielo fuera menos bella. Parad el vuelo presunciones mías! Dejadme temerarlas fantasías! Ojos cegad, si para ver nacisteis del Duque la deshonra que sentisteis! Déjame un rato ceguedad tirana! que aunque acrédites fantasías, vana contra mi honor, que cándido se escribe, aunque celoso en las memorias vive, la Duquesa es quien es, y en sus arrojos ciega es la presumción, mienten los ojos. Válgame Dios, si en tanto cumplimiento, pues gente es de razón, fuera de asiento! Si vuestra Majestad le da licencia, la victoria, el valor, la competencia que alcanzó, que mostró, que ostentó altivo, con muerta vanidad, y acierto vivo el Duque en el torneo militante, la podrá referir, pues que triunfante supo adquerir contra el Frances, que infama, créditos a mi amor, lauro a su fama; Fue la mayor hazaña que vio el mundo, todo mi gusto en escucharle fundo. Pues si gusta de oírlo vuestra Alteza, atienda a mi valor y a mi fineza. Relación de lo mismo que yo he visto, mejor un geringazo es vive Cristo. Al aplazado palanque, del mayor concurso opuesto, en las colores al Mayo, y en las Estrellas al Cielo. Bellísimamente armado desde la espuela al cimero, Monsint, Duque de Belflor, asistido de Roberto su padrino, al Sajón circo, salió en un caballo obero, cuyo brío, cuya gala, amenazando a los vientos tan bellamente pesaba, que a corbetas, y escárceos, volviendo de la herradura el recién calzado espejo, tal vez al brillante viso engañándose a sí mesmo monstruo se estudió Narciso, pues parado en sus reflejos, no hay (dijo ) otro como yo; aunque de rayos Febeos lucientemente se opongan cuantos en el cuarto cielo en los pesebres de estrellas piensan luz, tascan luceros. En este, pues, entró, y dando. después, con galán despejo, un torno a la plaza; pudo en los que pasar le vieron afanzar sus esperanzas acosta de mi escarmiento. Acabó de dar el torno, y en dándolo, partió luego al palenque, donde yo en un bayo cabos negros, que haciendo un golfo de espuma de los alacranes mismos, a respiraciones daba todo el aire, y todo el fuego. Tan soberbiamente altivo, tan velozmente soberbio, que en el mar de sus espumas fue caballo a vela, y remo. Le espere, y cuando al instante sonaron los instrumentos velicos, que a la palestra soplado incentivo fueron. La seña hicieron los jueces, y yo al caballo batiendo la hiriente espuela, la lanza puse en el ristre, y violento, le enbesti de tal manera, venturoso, como diestro, que de la valiente lanza pudo el hierro por acierto tomar para las espaldas pastaportes en el pecho. Bastaba de aquesta herida para mi aplauso el suceso, mas no me pague con ella, pues indignado, acudiendo a la cuchilla, fue tanta su desgracia, y mi denuedo, que opilado de su muerte bebió en mi espalda el acero, dos heridas sin mi ofensa le di, y con bizarro aliento de un golpe, corté las riendas al caballo, que sintiendo. el peligro de su vida, y el frácaso de su dueño, como nave sin timón, corrió los golfos del viento. Vitoria aclamaron todos por el Ingles, viva excelso para el culto de otros siglos, en los altares del tiempo. Viva, a voces repetían; y su Alteza, a quien el Cielo, para fénixnuestro guarde, desde el balcón con un lienzo me llamó, y sin duda alguna me diera en público el premio; a no estorbarlo el volver por un soldado, que expertó se defendía de muchos, que le venían siguiendo; y era porque habiéndole desmentido un caballero, anduvo tan arrogante; y tan airoso en su duelo, que le dio en pública plaza un bofeton; y metiendo mano a la espada a pesar de los estorbos opuestos, del afrentado, y los suyos. se venía defendiendo. No se espante vuestra Alteza de la acción osada, puesto, que buscó después la afrenta quien quiso agraviar primero, y fuera de eso, el honor. es un cristal, un espejo; (ay del mío! y ay de mí! (si es verdad lo que recelo) que al primer soplo se empaña, quedando impuro lo terso. Y así no fue mucho, antes me parece que fue un hecho para que algunos conozcan desvanecidos, y ciegos; que no siemprepor señores han de escaparse a los riesgos del honor, cuando arrogantes. agravian a otro que es menos. Antes yo siento por mí, que a ser yo, viven los cielos, mi honor mirando manchado, y ofendidos mis respectos, que no solo le pegara el bofetón, pero ciego loco, bárbaro, arrestado, , h . con este acero en su pecho, en su vida, en mi venganza, en susangre, mas que es esto! perdóneme vuestra Alteza que llevado de mi afecto, o de mi honrado coraje me descompusé indiscreto. Qué es esto honor? no me lleves a precipicios de incendios. En fin señor, a su lado. empeñado en defenderlo pudo escaparse de todos, y yo al balcón acudiendo de la Reina mi señora. después de aplausos inmensos, recibí el laurel sagrado; que sobre mis sienes puesto, dejó envidiosa a Sajonia, y conseguido tu intento Esta es señor la victoria, este señor el trofeo, esta del Frances la afrenta, y este que miras Florelo, que es el soldado que dije, y yo quien tus plantas beso. Y yo a las vuestras señor, si tanta dicha merezco, revocaré felizmente de mi fortuna lo adverso. ̱ Nunca de vos, primo mío, mi amor esperaba menos, segunda vez a mis brazos llegad, y lograd en ellos mi amor, mi fe, y vuestras glorias, lo mismo os digo, Florelo, pues tal padrino tenéis. Dichoso yo que merezco tanta dicha. . De esta vez es mi señor, sin remedio seis, o siete veces grando, y grande, no muy pequeño. y Vamos donde vuestra Alteza descanse. . Si os sirvo en eso, mi gusto es vuestro. y Hay hermosos. basiliscos por quien muero, Marqués haced lo que os dije . Ya escrito señor le tengo. Dádmele para leerle. ̱ Aqueste es. . Yo os agradezco la brevedad, y el cuidado; pero en lo demás, ya os tengo dicho Marqués, que os importa lavida el guardarsilencio, Duquesa seguid la Reina. Clicie soy de sus reflejos. y. Condestable entrad conmigo, Qué es esto divinos cielos! Lastimado por no verle, . me voy a callar muriendo: yo me voy a recoger. Qué es esto cielos! traidora fortuna mía! a dondebás pensamiento? Intentar el Rey casarse, impedirlo el Frances fiero, haber torneo en Sajonta, tener el Rey tantos deudos, enviarme a mí, y dejarlos, salir de mi casa (ay cielos!) y al salir decir mi padre, hijo a Dios, y volved presto si vencéis, porque os importa colegir, y el alma incendios! partir al torneo, en fin, volver al fin del torneo, y cuando su Majestad pensé, o pesar de mi fuego! que premiase mi valor, le hallo misterioso, y ciego, a mi padre absorto admiro, triste a la Duquesa veo, al Cóndele hallo Marqués, Grande, Secretario, y dueño de la voluntad del Rey. Y en fin cuando; el lauro espero, irse todos, y dejarme, que es esto cielos, qué es esto! mas si ncaso mi desdicha con algún traidor intento, quitarme ordena la vida con viles deslucimientos: de mi padre, o mis amigos sabré de tanto misterio la causa, para que noble, o con más luz, o más ciego en las traiciones que juzgo, o en las desdichas que temo, o el desengaño me alivie, o mé mate el sentimiento. . Hay Florinda, muerta vengo! Pues señora vuelve en ti, que si el Duque te halla así, mayores daños prevengo. Si el Rey está declarado ya, contra el ser de mi honor, como puede mi temor ser menos que mi cuidado? Cierra Florinda estas puertas que como las de mi pecho, que no estén es bien sospecho mas de para el Duque abiertas, Cierrolas; mas ya es en vano. Quién es? , . . Yo soy . La voz muere. Aunque el mismo Duque fuere ninguno. Trance inhumano! No entre aquí mientras que yo no salgo, y ved lo que hacéis. Corazón no me culpéis, . pues no tengo culpa, no. Alma tratad de acabar, pues más no podéis hacer, mal haya el obedecer donde es delito el mandar. . Duquesa. . Señor, pues vos a estas horas? . No os turbéis, que segura estar podéis estando solos los dos. Pues como (en vano defiendo) si la Reina mi señora. La Reina no puede ahora estorbar lo que pretendo. Y si el Duque acierta a hallaros aquí, y contra su honor puro. El Duque está muy seguro, y yo vengo solo a habluros. Y así porque cese aquesa tunbación, que a dicha tengo escuchad a lo que vengo, y me iré luego Duquesa. Yo vi unos ojos tan bellos, y tan ciego los mire ve acabo con decir, que muero Duquesa por ellos. Vos los ojos visto habéis, y vos no ignoráis mi empeño, y de los ojos el dueño sois vos quien lo conocéis. Pensar que puedo olvidar, es pensar que en blancas huellas apague el mar las estrellas, o ellas enciendan al mar. Él a escrito este papel, si mi amoros lo merece, oíd veréis que os parece quedándoos después con él. Clori intento saber. Desdicha incierta! Si es vuestro amor en vos más Qué recelo! Piadolo cuando os doy. Mucho desvelo? Un alma, que en vos viva. Yo estoy muerta! Sacrílego mi labio. Honoralo Mucho fuego bebió. Toda soy hielo (con suelo En vuestro albor, que ya. Mas de Es vida en mí, y en vos. Mi muerte es cierta. (tes sieno Solo os pido, que mientras. Muer De esos olios la luz. Llantos, cegadme. Osadodaré. Bárbaro ardimiento! Mi fe, que ciegal os busca, Honor buscadme. Pues muerto os amo. Máteme el tormento. Me deis la vida. Penas acabadme. Vive Dios, que si intentáís impedirlo, que la vida os quite, aunque el Rey lo impisa Ay de mí! . Qué os alteráis? perded él miedo, cobarde, conmigo estáis. . Ya lo sé. Alzad el papel. . Si haré para daroslo. Ya estarde. Para mí no puede haber quien me lo pueda estorbar, que yo, vive Dios, se entrar para hacer. Qué habéis de hacer? Que repare, atento ya, vuestra Alteza, que el honor de mi hijo, no es menor. Basta Conde, bueno está, la culpa habrá sido mía, mas advertid tan mirado, en que un pesar me habéis dado mayor que vuestra osadía. Y advertid también si hicisteis el arrojo, que os cegó, que estaba aquí dentro yo, y mi precepto rompisteis. En fin, vos sois muy honrado, mas sabed en vuestro aliento, que si vos quedáis contento, que yo voy Conde enojado: vive Dios, que en su castigo, . ha de ver cuanto le pesa; abuenas noches Duquesa, Ricardo veníos conmigo, Padre, esposa, qué es aquesto? mudos me miráis, no habláis como, decidme, calláis? monstruo, o mujer, di qué es esto? Aunque es tan grande mi mal, aún para más confundirte; lo que yo podré decirre es solo, que estoy mortal. Tu pena en tu padre infiere, que yo aunque me ves así, no se de ti, ni de mí mas de lo que él te dijere. . Pues que aguardas, cuando incierto busco en ti mi muerte fiera, Pluguiera al cielo, pluguiera, hijo Astolfo fuera cierto. Pues qué esperas? . Nada espero. Pues habla. . No hay para que. Pues qué sabes? . Nada sé. Qué afirmas? . Solo que muero Di mi agravio. . No hay agravio. Pues qués esto? . Una ilusión. D De qué? . De una confusión. Dila. . No es precepto sabio. No hay remedio? . Ahora no. Cuando lo habrá? . Nunca hijo. A qué dé muertes colijo! A qué de ellas siento yo! Dejadme, dudas, dejadme, qué queréis? . Buscadme. Huidme, Seguidme, penas, seguidme. Matadme, cielos, matadme.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Este es el papel, con él a Flórelo le darás su parte. . A fe que me das con él muy lindo papel; Dios me libre de libranza, aunque a letra vista esté, pues suele comer de fe el que cobra de esperanza, pues luego el señor Florelo, o el señor diablo, que ha dado en campar muy emplumado, teniendo el caudal mochuelo, todos los días sin penas le he de prestar para el resto, y el día que no le presto lo pago con las serenas. De modo que el tal señor, a quien de conzo señalo, si le presto es harto malo, y si no es mucho peor. Vete Requesillo ahora que yo haré que estéis los dos divididos. . Dete Dios más vida que a una señora. vieja, gorda, pernicial, necia, hipócrita, enfadosa, y que sobre escrupulosa le huele la boca mal. Mi desvelo, o mi atención . han hallado este papel, letra es del Marqués infiel, y causa de su traición. Mi honor herido me exorta, mas entre aleves extremos corazón disimulemos, que ahora la prudencia importa. Temeroso envuestra fe, . cobarde estáis corazón, no lo estéis, que no es razón que quien no ofendió lo esté, aspirando a la disculpa, en la misma tiranía suele ser la cobardía consecuencia de la culpa. Mas en la escuela elocuente de una honrada resistencia. no se pronuncia sentencia, sino hay culpa antecedente. Mas pues honrados enojos los ignora la verdad, llorad, corazón llorad, que para eso son los ojos. . Lloras, Duquesa? Ay de mí! De tu padre me acordé, Duque, y señor, y lloré su muerte, y lo que perdí. Y no más de eso llorabas? Solo su pena forzosa (sa me obligó a el llanto. . Otraco cres que llorando estabas; porque aunque, hay mortal dolor acabaron su verdad, diezhoras de enfermedad en mil siglos de rigor. No por eso el padecer se ha de admirar del vivir, que entre el nacer, y el morir solo hay por medio el nacer. Con que en ansia tan penosa como fuego en llanto dabas, llegué a creer que llorabas el haber nacido hermosa. Porque aún en el merecer siempre aprendido el pesar estudió para llorar, quien supo hermosa nacer. Y así pues en vano das perlas en doliente humor, baste ya, muera el dolor, cese el llanto, no haya más. La lloviosa tempestad dices que cese en mis ojos, cuando lloran mis enojos, no mi luz, mi humanidad. Bien se deja colegir tu error, pues no hechas deyer ser achaques del nacer las lágrimas del sentir. Aunque según el resón de mis ansias, de mi encanto, de mis penas, de mi llanto tal veza mi presunción. Con desvanecida idea onmigo; pues tantas desdichas sigo no debo de ser muy fea. Mas advirtiendo después que soy tuya, y que eres mío, el plumoso desvarío pone la cera a tus pies. Pues cuando más vana estoy, me digo en lo que padezco, puesto que a el Duque merezco, sin duda que fea soy, con que volviendo a el encanto, que el corazón me deshance, hallo que mi llanto nace, de haber nacido mi llanto; y así si quieres excusar mi llorar compadecido, quítame el haber nacido, y excusarasme el llorar. . Oh conocida desdicha! . de una suerte, en que se ven, que aún hay lágrimas también desgraciadas por la dicha. Que llore aquí un padecer, y que a vista de mi honor desce creer mi amor, y no se atreva a creer! Mal haya amen la impiedad, donde con fueros forzosos, por ley ha de ver dudosos sus créditos la verdad. Duquesa. . Mi bien. Qué pena! Gustas tú? . Sí, que el que llora su culpa a veces condena, y así el llanto en tu disculpa, jamás lo quisiera ver, porque no llego acreer que en mis penas tienes culpa. Pues si es así en mi fineza sin hallando mi aflicción, cuenta, señor, tu pasión, yueja tanta tristeza. No Duquesa en esa parte mi rigor fiero, y tirano, que lágrimas das en vano podrá solo asegurarte, pues mientras que no supieres tu mi mal, yo el que padezco, lo poco que te merezco en callar de lo que mueres. La causa también que hubiese para que mi padre entrase, y que con el Rey cenase, y que muerto amaneciese; y en nu mientras mi deseo no aclara cuando me admiro ciertas desdichas que miro, y ciertas causas que veo. Aunque es verdad, y en pureza está mi pena importuna, no tienes culpa ninguna respeto de mi tristeza. Víboras serán tus ojos, que en vez de puros humores, darán a las bellas flores mil áspides por despojos, donde con tirano herir a mi honor podrán verter los ambares del oler venenos para morir. Esto decreta cobarde en los miedos que concibe mi fe, y entre penas vive mi pecho que en llamas arde. Y así puedes perdonar que en tanto a mi parecer, ni contento me has de ver, ni yo gustoso he de estar. Pues es posible, señor, que es ley, ni es razón aquesa. Culpa tu suerte Duquesa. Tenga otra suerte mi amor no logre orejas lo injusto. En lágrimas de mujer, áspides siempre han de ser. Aspides, pues no es más justo, señor, pues tiene ofendida mi vida, tu fe, y tu honor, que entre sangriento rigor pague su culpa mi vida? Si señor, mas acertado es en un lance forzoso, para que viva un dichoso darle muerte a un desdichado. Desanudese el valor, desenlácese la furia, y entre inocencias de injuria muera yo, mas no mi amor; muera yo, otra vez prefiere mi amor; y en tu pecho prive; porque el que muriendo vive, solo vive cuando muere. Duque, señor, centro mío, vuelve, vuelve, y satisfecho deje tu acero en mi pecho vengado tu desvarío. Da termino a tanto mal como nos cómvate infiel, saca sangriento clavel de donde solo hay cristal. Fallezca de tus enojos el extremo, con borrar lo infeliz de un adorar la desdicha de unos ojos, que no es bien que en dolor tanto asistan con ansia pura, ciegos para la ventura, y con vista para el llanto. Hazlo, señor, y no prive mas tu presunción mortal, no viva ocioso el puñal contra quien ociosa vive; que aunque el morirme acompañe, cuando más vivir procure, y aunque el mundo lo mormure, y Inglaterra lo extrañe, sabiendo que fue tu gusto en paz dulce, en dura guerra; el mundo, y Inglaterra dirán, señor, que fue justo. Lloras Duqué? . Yo, de qué? oh pesar de mi dolor! Vuelve la cara, señor. No me atrevo. . Pues porque Porque es consejo más cuerdo aunque es precepto tirano; el no verte, si me gano, que mirarte si me pierdo; Señor, el Marqués Ricardo, con bien lánguida presencia, para entrar pide licencia. En nuevas centellas ardo; el Marqués licencia a mí, novedad en su amor es! Como es tan nuevo Marqués, por novedad entra así. Dile que entre, y tu Duquesa retírate ahora en tanto. A llorar zaré, que el llanto jamás en un triste cesa. Hasta encontrar con la muerte dudas poco a poco vamos. . Y cómo, señor, quedamos? No puedo ahora resnonderte. Pues se ha de acabar (penar de mi vida la altivez, acabe ya de una vez con lo que se ha de acabar. . Ahora verá en el papel el Marqués, pues es su letra, que si el alma me penetra, a él le culpa amigo infiel. Señor Marqués. . Señor Duque. Tengo a grande novedad tanto favor en mi casa. Pues porque es bien que tengáis a novedad el venir haberos yo, y visitar? Porque como los privados. del Rey tan altos están, y su anelo, y su ambición todo es subir, y aspirar; que la engañados con la idea oyde segunda Majestad, tal vez en la tierra apenas aún los que por ella van. Señor Duque, los que tienen que mirar de propriedad dos Orientes, como yo sangre, el uno principal, y el otro el conocimiento; que me debo a mi humildad, no se olvidan de quien son soberbiamente, antes cual vid, que en terruosos lirios reciprocamente va de trepa en trepa subiendo. aser suave mitad del olmo, cuya altivez copa siendo del cristal, del alba nace esmeralda, oy para fenecer deidad. Y cuando más anudada al dulce fuerte, enlazada de su conexión se mira sil tuerdamente liberal; mirando atenta que nace del suelo, y que en él está, sil porque no la culpe avara. del siglo la ceguedad. Prodiga, racimos pinta, discreta pampanos da; así mi dicha enlazada del olmo altivo, y Real de mi privanza, aunque excelsa, lan alto ocupa lugar, como en la tierra se funda prudentemente sagaz, reparte con vuestro pecho, no olvido; ingrato desleal, si un amor que ha de vivir dichosa inmortalidad. Conocéis aquesta letra? Qué miro, yo estoy mortal! Ahora verá su traición. Disimulemos pesar! Qué decís? Amigo Duque hablemos con claridad. Ya sabéis, ya sabe el mundo, Duque, que nuestra amistad no ha consentido dobleces; porque firme, limpia, y leal, a Orestes, a Asmundo, y otros que cuenta la antiguedad, pudo dar nobles envidias, si nobles envidias ay. Pues siendo, como ya os consta, llegarbos a imaginar, que en mi pudo faltar, es pensar, que la claridad del día puede sersombra contra el Sol, que el ser le da: Pues negáis que este papel; Marqués, que mirando estáis, es vuestra letra? . Si Duque. No es vuestra letra? . No ai tal no es mía, ni la conozco. Mas con eso me abrasáis; vive el cielo, y si no fuera bárbara temeridad a el acero, al alma que arde en uno, y otro volcán, remitiera. . Dirque Astolfo, refrenad la voz, mirad, que es el Marqués vuestro amigo, Cómo puede ser, si están estos fiscales diciendo, que es falsa vuestra amistad? Hay más desdicha en el mundo, mas muerte, ni más pesar, . que por tercera persona ser un hombre desleal con su amigo! o dura ley del silencio, y la lealtad! Mas vive Dios (pues el Dudne quejoso conmigo está de mi fe) que Inglaterra hoy de mí se ha de admirar. Duque, yo vine a llamaros por la Reina, que os está esperando muy aprisa, quedaos a Dios, y mirar podéis, que esa no es mi letra; y cuando (que es vanidad) lo fuera, yo cuanto a mí tengo disculpa muy leal quedaros, sin ofenderos: harto os digo, a Dios quedad. . O qué bien dijo, el que dijo, que a un pesar, otro pesar le seguía, y a una duda otra mayor reguedad! Mas paciencia honor, paciencia hasta morir, o aclarar la verdad de vuestro engaño, si en el engaño hay verdad. Hombre, que es lo que me quieres? dejame por barranas, que te lleve, o que me lleve. Ya he dicho al muy truan, que no me gruna, no sea que me amostace, y la faz le deje calva de nares. Vuese merced no hará tal, que aunque es valiente, es discreto; y en fin siéndolo, echará de ver la fata que es calvo; y así antes me habrá de dar la muerte, aunque sea a traición porque si a un calvo le da, no esta obligado a pegarle por delante, o por detras. Siendo yo el que se lo pido, dígame, no sabe ya, que todo lo que tuviere me lo ha de dar, o prestar? A eso respondo dos cosas; la primera; que jamás prestado, y bien pida, quien no pide para pagar. La otra; es, que dar yo a vusted no tengo que, si no es ya el que le doy. . Qué? Unas quejas de su condición mortal. Quejas a mí, pues de qué? Escuche atento, y oirá un palmito de la oreja, el de que a fe, que están reventando por salir. Pues ea reviente. . Hallaba Primeramente, señor Flórelo, con mucha paz me quejo de usted, que siendo en la mesa mu parcial, para llevarme a sus fiestas, no se acuerda de mi más que un hombre de sus pecados cuando se va a confesar; y amistad que solo es buena de mesa no más, ello amistad podrá ser, mas es bellaca amistad. Si usted juega, y algogana, luego muy crespo de faz, aún antes de que le pida, más grave se pone, mas que un dotor, cuando es dotor habiendo sido gañan. Y esto cae, sobre que siempre su eterna necesidad, on acualquier hora me tiene siendo relojracional. Iten; me quejo, que habiendo un mes que vusted vino, habrá un mes que para hacer seña, es tanto el gargajear que gasta con Florindica, que a pique de resbalar la he visto ya en los rincones, si cairá, si no cairá. Y esto cae segunda vez, sobre que Florinda cae en Cuaresma para mí, y para usted en carnal. lten, que oliéndole mucho los pies, y la boca mal, dice, que es hombre de partes. Iten, que es muy liberal de manos, y de palabras. Pícaro, que lo serás, que lo eres, que lo fuistes, con pícara antiguedad, aún antes de estar en cierne. en la mollera de Adán. El alma que te crió, y tu mentis desde allá; que desde aquí a pescozadas, ya coces yo te haré hablar. L. Hay mi Dios que se ha enojado! ̱. Píearo toma. . Ay, ay, ay, Jesús, que me ha muerto un ojo! ̱ Busón, de entrambos cegad. . ̱̱. Ara más, que tantas vueltas vienen a parar en mal. Qué es burlas, estas son burlas? porDios que os he de marar. . A mi amo he columbrado. . Ahora bien, Gállego, y ciszas, pícaro desvalijado, pierde tiempo ganapan, velitre, ruin, y menguado, a quien habéis de matar? A mi penas a mí todas, . pues sois muchas no temáis. Qué es aquesto? . Que ha de ser Ese pícaro truan. Ha Requisillo, basta ya, que ya otra vez te lo he dicho: vete Requesillo. . Ay tal, yo acaso nací en las malvas? No repliques. . Tú verás cual allá fuera te pongo. Oyes, obrar, y callar, anda. . Si yo lo aguardare me lleve amen Satanas. Duque la mayor fineza que vio ninguna amistad, hoy porvos mi amor intenta. Cuál es Marqués? . No se cual hasta que mi amor la logre solo con pretejto leal, de que conozcáis por ella, Duque, que engañado estáis, en no creerque os soy fiel. Mas la Reinasale ya, disimulemos ahora. Temblando la llego a hablar, que un celoso todo es miedos. . Deme vuestra Majestad sus Rales pies, Duque Astolfo. A ver lo que me mandáis solo señora he venido. Sí, más no muy puntual, cómo habéis tardado tanto? Señora; un hora habrá ya que me dio el Marqués aviso, mas como nuestra amistad es tan grande, hemos estado detenidos en hablar indiscretamente un rato. Oh como juntos están, lo confiado en el Duque, y en el Marqués lo desleal! mas yo lo remediaré, Duque en mi cuarto aguardad. Respóndate mi obediencia. Marqués. . Señora. Mirad, pues que tan discreto sois, que es vasallo muy cabal el Duque, y que si murió de violenta enfermedad, el Condestable, yo, y todo contra el que intenteagraviar, al Duque, sabré irritada castigar su deslealtad, o al embozo de un veneno, o a los silos de un puñal. Hay pena como mi pena! hay más muerte, ni haimas mal, que ira acertar el amor, y no saber acertar! que ofenda yo con querer. Mas vive Dios, que pues ya todos sin razón me culpan, que el Rey me ha de perdonar, porque he de dejar la corte retirado a mi verdad, aunque falte a la grandeza excelsamente Real, conque privo, y con que valgo, porque así el Daque verá. Marqués, Secrerario, amigo, privado mío inmortal, en buen hora yo os encuentre (si para un triste las ay) seguidme, amigo, seguldme, que solo os salí a buscar, para que de mis in tentos el dichoso fin sepáis, ya mi amor halló su esfera, pues esta no che podrá amparándose debos, sino conseguir, gozar de la presencia divina, de aquella hermosa deidad, que el interés, o mi dicha, vencido imposibles han; y así Marqués entrad presto, venid, y no os detengáis, que es ya tarde para ir, y hay peligro en el tardar. Cielos, qué es esto que escucho! ̱ hay más desdichas, hay más! pues no me diréis señor, que extremo, o que no dedad es esta? . Venid conmigo, y sabreislo. . Oíd, mirad, pues si acaso el Duque acierta. Marques no hay más que aceraa que obedecerme, y servirme, y así seguidme, y callad. Cielos, pues sabéis mi pecho cielos, pues mi mal miráis, o dejadme la ventura o la vida me quitad. Va de verdades, aquí vencida de su cuidado la Duquesa ha reposado, y el Rey no reposa allí; al Rey palabra le di, porque el oro le tomé, donde está el Duque no sé, a el Rey, pues, mi amor le habrá, pues así con mi palabra conmigo, y él cumpliré, voy pues que cuando culpada de infiel se mire mi fe, todo lo remediaré con decir que no se nada. Qué temo si soy criada? y. Es Flornida? . Sí señor. Segunda vez tal favor te pago de esta manera. l Mil siglos vivas. . Si afuera te vas vivite mejor. Pues a Dios, voy, y estaré . escuchando a mi señora; porque en despertando ahora, es fuerza que voces dé, y en oyéndola entraré como que yo nada he visto. . Amor si este Sol conquisto, no más rayos, no más fuego, golfos de temor navego, mas como mi amor resisto si el Marqués quedó a la puerta, y yo logro esta ocasión, quien duda, quien corazón, que será mi dicha cierta? válgame Dios! qué indispierta duerma así quien con impío fuego me abrasó. . Bien mío Duque! señor, no el rigor. Válgame mi ardiente amor y que caránbalo frío. . Parentisisdivino, que al sosiego el alma fías en descanso leve, dime, cuando mortal tu luz te envebe; si fuego, o nieve asistes, que estoy ciego, Ser fuego, y no abrasarme cuando llego a tocarte, no al crédito se debe, pues nieve es imposible, que a ser nievo te hubieras derretido con mi fuego Pues quién eres suspensa tiranía? bulto, quien eres, di, que no te cansa el dar rigores tu difunto día? Mas ya la duda su rigor amansa, que si durmiendo matas todabia, Lisarda eres sin duda que descansa. Cobarde está mi valor, mas que aguarda mi desvelo? cuando entre piras de hielo, fenia renace su ardor: de aqueste modo. . Hay honor! pues como osado, indiscreto, ami casa, a mi respeto vuestra Alteza? . Si es en vano desmiente el rigor tifano; yo se mi bien el efecto que han hecho en mi amor tus ojos escucha por que te diga que tú hielo los obliga a dar el alma en despojos. Mis bien nacidos arrojos, dueño mío, escucha, pues, si ya arrestado me ves mortal también te venero. Escuchadme a mi primero que yo oiré a vos después. Solicitar los favores, cuando con ansias benignas, o la dama los concede, o el amor los acredita; no solo en el que los busca es obligación precisa, mas fuera hacer lo contrario especie de cobardía. Mas seguira una mujer, cuando una mujer rendida, pide a un hombre por su honor, que la deje, si la estima. No solo el seguirla amante, (perdone el que así lo diga Alteza) no es amarla; pero toca en grosería, porque aunque es verdad que puede decir, que su amorle obliga, y que es fineza la que hace, no es disculpa bien traida; porque cuando amante un hombre a una mujer solicita, el atender a su honor es la fineza más fina. Ya V. Alteza echará de ver, supuesto que mira tan cuerdamente las cosas, que cuando ciego porfía a Dios, al Duque, y a mí nos ofende, y nos sálpica el honor con viles manchas, que solo sangre las quita. Ya lo sabra . Alteza, no hay duda, no, que lo impida; pues si ya lo sabe, y sabe, que me acaba, y que me quita la vida con perseguirme, acabe en sus ansias mismas de reconocer también, que en vano con fuerzas tibias, econquistar pretende, que con presunción altiva; o con alas de diamante a ser estrella camina. Qué importa que al cón volante corte el viento, y la luz mida tras de la garza que anhela, si la garza peregrina conoce, que si le aguarda se pierde; y así atrevida, si ave arrancó de la tierra, al Sol penacho se gira? Quién vio en el mayor extreno de su ambición fugitiva, poder parar una nave, cuando por espumas rizas, aún el mismo pensamiento no la alcanza, aunque la siga? Quién vio tampoco nacer rosa que ambar desperdicia, vinculando al Sol suciente en su púrpura florida, sin que calzada esmeraldas, a las hirientes espinas no anticipe las defensas contra la mano atrevida? Pues, señor, si esto es así, como V. Alteza invicta, no repara, que pretende, cuando vencerme imagina, cuatro imposibles, a un tien puesto que mi honor se mira ser torre, que muere estrella, garza que esferas no envidia, nave, que rayo se miente, flor, qué luz se verifica? Mi señor, mi Rey, mi dueño, no en valde vuestras caricias ardiente fuego pretenda, donde todo es ni eve fría. Como abrasados calores, es posible que consiga el desvelo que los busca, adonde aún no hubo cenizas. No en los templos de mi honor sicrifiquéis la fe activa. devuestro amor, que aspirando. atálemo, acaba en pira: no malogréis las ofertas. son sumisionas votivas, que no se obliga la imagen, vofende el que sacrifica. lamas tiene Inglaterra, guildas, señor, seguildas, ddejadme a mí que llore e Duque honradas desdichas. litad que ya el Condestable sabó, y que la malicia say mi honor entre los ojos sus ciegos coronistas. lodemos más que decir, que escandalosas iras, lcalumnia traidora, a la cobarde ojeriza. pues decís que me amáis, prad, o suerte impía! no es buen modo de amarme: (uerme quitar la vida. ulágrimas os lo pido; sn postrada de rodillas, perosamente humilde puta fatal desdicha; nopor puntos aguardo eatentas ruinas. caso V. Alteza. morias guarda, o reliquias satarde que en el Soto amimano ofendida, que falte la causa, rescielo, que yo misma sta luz me la abrase, uarda, detente, mira. las cielos, que es lo que he hecho! hola Luis, ha Florinda. Grande confusión! mas ya mayores, pues que me avisa con la pistola el Marqués, seña que quedó advertida para cuando el Duque entrase. Todo el pecho es nieve fría. Mas ya una puerta he encontrado albricias cielos; albricias; huir el peligro agora. es la mavor valentía. Muere traidor, vive el cielo. Muerta estoy. . Si tu osadía villanamente se atreve. Hola Flórelo. Oh enemiga, vive Dios. . Hola. Señora, perdona, que inadvertida. Cielos, qué es esto que miro! Qué es lo que miro desdichas! ya mi enemigo se haldo, o pesia mi cobardía; y mi descuido. . La voz apenas formo impedida. Duque, señor, qué es aquesto? Mientes es, finge enemiga. . Duquesa, pues tú aquí sola? Es porque siendo, que había. De qué te turbas, Duquesa? o vasilisco! o mentida! vana ilusión de mi engaño! oh áspid fiero! o muerte viva! Cielos, mi inocencia os mueva, si es que puede en las desdichas a un en vosotros hallar piedades una afligida, que a una infeliz, aún los cielos hacen su pena precisa. Detodo la culpa tengo, miren que hace la codicia. . Mandar llamarme la Reina, ir obediente a servirla, quedarme solo con ella, temer mi propia osadía, hacerme tantas preguntas, y en fin cuando me venía, decirme, ay cielos! decirme, Duque desmentid malicias contra la Duquesa, cuando me consta a mí que os estima, y que es roca inexpugnable contra aleves osadías; mas si pretendéis honor: dejad a Londres aprisa, volver mortal a mi casa, y cuando, hay suerte enemiga! procuro entrar, me lo impiden mal fundadas cobardías huirme, pasar adentro ciego de mis ausias mismas a buscar a mi enemigo: y solo hallar mi desdicha, pues halló sin luz, y a solas la Duquesa fementida, qué es esto Cielos! qué es esto traidora fortuna mía! mas supuesto que ya en Londres mi deshonra se pública, que la Reina no lo ignora, que el rielgo me la acredita, y que en fin no se quien es concerteza el quese anima traidoramente a ofenderme, buen remedio penas mías; huyamos honor huyamos, a diferentes Provincias: témase una vez el riesgo, y aunque el mundo nos lo imp dejemos tantos tormentos, temamos tantas desdichas, sobornemos la calumnla, para que mordaz no diga, que el terrémoro escuchamos y no huimos la ruina: huyamos, que por lo menos, podrá así decir la envidia, que supe huir los peligros cuando peligre en las dichas; si no es ya que antes que huyan ardiendo entre brasas vivas, requemándome entre incendio o vertiendo aidientes iras, o a la Duquela doy muerte, o a mí me cuesta la vida.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Ya el Duque, señor, llegó Pues haced que se detenga, y no entre ahora hasta que tenga licencia, y avise yo: y vos Marqués advertid, que cuando algo manda un s que solo su gusto es ley sin cobarde opuesta lid. Y así atento a vuestro juicio conoced en la violencia, que negarse a la obediencia, es buscarse el precipicio. Y si pensáis neciamente con la licencia que os doy, y con lo afecto que os soy. llevado soberbiamente tiráis atreveros a enfadarme, a enojarme, y disgustarme, vive Dios, que os engañáis; porque sin más atender que a mi enojo, y vuestro arrojo, ciego de mi propio enojo, os sabre dará entender que un Rey lo imposible ataja, y que si en volante suma al Sol sube el neblí en pluma, también en cenizas baja. Si presume vuestra Alteza, cuando su privado soy, que por el sitio en que estoy, he de olvidar mi nobleza, es engaño desatento in de algún engañado error, que donde sobra el favor, no falta el conocimiento. Bien decís, mas no es buen celo, cuando tan del alma os trato, decirme que soy ingrato, contra el Duque, y cotra el cielo; porque aunque el alma llegó aserlo, y vos a entenderlo, es bueno para saberlo; más para decirlo no; fuera de que en mi consigo, por rigor menos cruel, ser falso amigo con él, que fiel cuchillo conmigo decid que entre el Duque. Cielos! o haced que el Duque no atienda que le ofendo, aunque el me ofenda o acabad con mis desvelos! Duque. . Señor. A Re. Yo osllame para deciros en breve el cuidado que me mueve, y el extremo en que se ve mi Reino, cuando el paves embrazando osado, y ciego, para enfermar mi sosiego, vengar se intenta el Frances ya sabéis que lo vencisteis, y que afrentado, y corrido, que es lo mismo que vencido, huyó al tiempo que volvisteis coronado vencedor con la Reina que Dios guarde, quedando su honor cobarde, sin aplauso, y sin valor. Con cincuenta naos intenta, hoy lleno de ciego horror con afrenta de mi honor, dejar vengada su afrenta. Hoy un correo llegó, en que me avisan que ciego las costas a sangre, y fuego me abrasa, y aunque pasó a tanto en iras crueles su atrevido desacierto, que me ha quemado en el puerte la mitad de mis bajeles. Demodo que luego al punto, importa salirle al paso, sin quedar volante vaso que a la empresa no esta junto, para que el ciego Frances pueda ver asupesar, en las campañas del mar, quien es armado el lugles. Marchad, y tibios no estén los bríos, que el alma rige, pues el consejo os elige, y yo os lo mando también. Cielos, que es lo que he eschado! . desdichas, que es lo que he oído! A un peligro tan crecido aquesto Duque ha importado. Pues señor (apenas puedo. . mover el labio) es posible que de otro pecho invencible no hubieráis. Que es tenermiedo, o no obedecer? . Señor quien como yo llegó a ser, ni excusó el obedecer, ni revocó su valor; pero pudiendo el cuidado haber de otros eligido. Riesgo que es tan conocido, no pide menos soldado, y así, más no os dilatéis. Pues señor, si a mi pesar: Duque, no hay que replicar, parrid, y a más no aguardéis. Cielos que es esto que escucho! . Este es el orden que os da el consejo. En valde ya. mortal con mis ansias lucho, o sientre ardientes suspiros acábara de morir! Duqué idos a prevenir, que hay dos horas para iros, idos mirad que va es tarde. Ya señor, mortal estoy . a morir por vos me voy, Dios os guarde, El cielo os guarde. Corriendo riesgos mi honor, . en esta mortal partida, pues no me quitáis la vida, cielos sentid mi dolor! Cielos ya hallén la ocasión que tantas veces busqué, pues ido el Dique podré fácil lograr mi intención: vamos Marqués, En mi amor; hay más pena! hay más tormento! que el que lloro, y el que siento, a manos de un ciego herror: señor, deciros quería, si vuestra Alteza me daba licencia, que ir intentaba con el Duque en compañía, pues verá así el enemigo, que en valde el valor contrasta, No Marqués, el Duque basta, yo os he menester conmigo, vamos. Hay más que sentir! . ni más que apretar el ado; pero cuando un desdichado supo acertar a morir. . ojos, no lágrimas tristes, ol dejéis de dar pordespojos, no os enjuguéis, llorad ojos, pues para llorarnacisteis. Llorad, que aunque no ofendiste al Duque a un con el mirar, en fin, llego a imaginar, y a una mujer de opinión, la ajena imaginación le basta para llorar Cuando a sospechar llegaron; el honor que herirse vio, no lora lo que ofendió, si no lo que sospecaron: y así pues ya lo pensaron llorad, que así abre entendido, pues que no habéis ofendido que no hay más que padecer que ser mala una mujer; porque lo piense un marido. Hay más pena ! hay más rigor! que en un hidalgo querer no ser cierto el ofender, y ser preciso el temor. ve que porque contra su honor haga el Duque falsa idea, esbien que yo el riesgo vea, yque a ser vil me destine, solo porque él lo imagine, ino porque yo lo sea. Que por gusto, o apetito de una vana ceguedad sea traición la verdad, yla inocencia delito: omalhaya tan vil rito, eley de orden tan violento, mas alma prende el acento, que si en mi llanto, y tus quejas, solo el viento nos da orejas, sera dar quejas al viento. Esto el Marqués me encargó, porseñas de que a su costa uetan al paso, que aposta Cruje la nave, y de pavor vestido, mísero caminante al golpe fuerte, por la posta me lo dio. Válgame Dios, que cobarde. es la honra escrupulosa, todo me espanta, no hay cosa que altiva no me acobarde, papel ahora, veamos, honor lo que viene él Leyendo viene un papel, y no te ha visto. Atendamos. Duque Astolfo, apenas me dan lugar a escribiros, yo he sido sien- pre vuestro amigo fiel, aunque mí suerte, o la vuestra dena entender lo contrarios lo que os aviso es, el que salgáis luego como el Consejo os manda; pero que en pasando las diez de la noche volváis disfrazado a vuestra casa; porque así importa a vuestro honor, y al de la Duquesa que vive inocente de todo. Dios os guar- de. El Marqués Ricardo. asombrado en las luces de su muerte, neutral navega el norte noscurecido. Puerto buscando en el horror temido, ciego en el precipicio que no advierte, los postreros agramios de la suerte, experimenta decoral teñido. Del mismo modo, ay Dios! miseramente, mares de dudas toco, mal despierto al ciego rayo de mi honor ardiente. Todo es desdichas, y en el puerto incierto, mi muerte se divisa solamente, o llegue ya mi triste nave al puerto! Señor vos tan demudado? ̱. Idos los dos a otra pieza, donde podréis aguardar. Vamos señora Florela, uigo, señora Florinda, la floreciente, la bella, la flor de todas las flores, y aún la florde la Canela. Vamos que yo te diré eso de espacio allá fuera. . Cada ar lución es un ries que dudas nuevas son estas! Disimulemos honor, . pues ya la venganza es cierta. Duque, y señor, qué es aquesto? que ay de nuevo? Muchas penas. Aqueso no es novedad. Son Duquesa penas nuevas. Cómo así? Como mi suerte rigurosamente ordena dentro de un hora no más, que me parta, y que te pierda. Buriáis? No Duquesa mía. Bien decís, prended la lengua, que si es desdicha es preciso que sea, señor, de verás, es posible que vos sois quien me quiere, y me amarte ya en el lecho con arrullos, con regalos, ya en la mesa, y vos sois el que a suspiros, alguna vez con ternezas, dijisteis casi enojado; mal haya amen el que intenta desunir lazo tan fuerte, O y mal haya el que a violencias de las palomas amantes o el dulce tálamo inquieta? Vos sois también el que un día, viendo que a lágrimas tiernas, los parpados mal enjuros, y las megillas bien freseas, daba el alma en blancos hilos, llorasteis también; por señas de que llegándoos amante a mis pestañas, que en ellas las lágrimas se paraban, dijisteis: oye Duquesa, no embargues el puro aljófar, y arrimando con cautela vuestro labio licencioso, os pregunte, viva apenas; que buscas Duque, qué buscas? y respondisteis, espera mi bien, porque en tus megillas dulce volante, ovejuela para vivir solicito beber flores, livar perlas. Malaya amen de mi pecho la facilidad tan necia, que os creyó juzgando halago lo que engaño experimenta. Malayaamen de mis ojos, la ceguedad tan soberbia, que no miró que mentías quizas, porque mis orejas, con el deseo de oíros os escuchaban atentas. Y malaya amen también la mujer que está tan ciega, que no cree de los hombres, que mienten cuando requiebran; a pesar, de quien os quiere, y a cualquier hora os contempla por dulce imagen del alma, para que así la desmientan vuestros desvíos, mas cuendo para lograrse de verás, tuvieron en la hermosura mejor suerte las finezas? A pesar, digo otra vez, de quieit. . Detente Duquesa que con cada razón tuya, herida el alma me dejas. No te niego no; ay de mí! puesto sí, que verdadsea, todo lo que has referido, mas es tal la vil estrella, que nos persigue tirana, que ni a ti lograr te deja las finezas que te debo, puesto, ay Dios! que las merezcas, ni a mí me deja tampoco, que ardiendo en suaves quejas el alma que te idolatra; pero ya no es tiempo de estas dilaciones amorosas: a Dios Duquesa te queda, que a marchar parto animoso contra el Frances que me espera dueño del mar absoluto, donde quiza la violencia de una bala a tus oídos solo les trairá mis nuevas. Que en efecto a mi pesar os vais, señor? . Si Duquesa. Y no hay remedio? Ninguno. . Ni espranzas? Son inciertas. Y ha de ser dentro de un hora? Y así el Consejo lo ordena, y si me lo manda el Rey. Pues, y yo. Sola te quedas, mas no mucho, porque yo . daré muy presto la vuelta. A Dios que han hecho la seña. Que en fin os vais? Es preciso. Qué desconsuelos! Qué pena! Qué desdicha! Qué tormento! Qué desazón! Qué inclemencia! Dadme los brazos. Y en ellos. . ruego a Dios que a veros vuelva. Y sino al mismo le ruego, que sea mi muerte cierta. A Dios mi bien, y él os guarde. A Dios tamblén, que os defienda. Malaya tanta desdicho Malaya tanta inclemencia Válgame Dios que de cosas hay en esta casa la penas el más lince entendimiento puede discurrir en ellas: el Duque a la guerra parte receloso, y la Duquesa quedando en paz en su casa, queda expuesta a mayor guerra, mas yo viendo que Florelo también se va, y que se queda Requesón, y que anda siempre tras de mí que se las pela; he salido con intento de quererle, y que me quiera, y no es mucho, no; porque es mi amor como la pajuela que hace dos cabos, y enciende por donde quieren que encienda mas hete aquí a Requesillo. Florinda del alma, apenas creo tan grande ventura, Jesús, a mis brazos llega! Que en fin te quedas en casia? Si Florinda, mas me queda un cuidado harto bien grande. Y cual? . No tengo licencia, Ay! dímelo por mi vida. O, pues si juras por ella te lo diré, y la disculpa Plorinda del alma sea el que rabio por decirlo, y no hayas miedo que se muerda, digo, que con más misterios que Alciato en sus emblemas, llegó el Duque, Dios nos libre, y después de mil inmensas prevenciones me pidió que le diese una maestra llave, que él me havía dado, despidiose a toda priesa. Las acciones, y los ojos de aquello de Dios me vuelva, pues el irse y yo encontrarte, si mi Dios no lo remedia, ya a fe te lo iba a decir. No sé lo que el Duqué intenta. Ni yo tampoco, Florinda. Pues no hay si no andar alerta, pero ya que estamos solos, quieres, si gustas, que vea los versos, di, que me hicistes? Si querré, como tu quieras, aunque estaba algo enojado. Dicen que eres gran Poeta, En el vestido. . También erlo en lo demás lo muestras. Ello es a tu hermosura. cierta pinturilla fresca, que como unas natas hice. Pues dí, que ya escucho atenta Si esta vez el sacro humor del Parnaso me conforta, aunque distinta la rigera de mi amor, la belleza que te corta, te la pinta. Y porque veas que alienta justa causa a mi amor ciego. a esta anentura, allá hoy ten buena cuenta, repara que te la pego de pintura. En tu pie pienso atrevido hallar como se convenga pie a mi intento; y questo lo hago advertido, porque la pintura tenga fun damiento, Mira, tu pie es un, direlo? si pues, es un que diremos Musa amada? pero vaya, él en el suelo es un, ea pues, acabemos, mas no es nada. Al puro candor que mueve tus manos, no en otra ocurra osarle en vano, que si se atreve de nieve la darás muy linda zurra, y linda mano. Tu barba en quien candeal el albor que la alba sella. buscó apoyo, tan maldiciente es cristal que cualquier perla hace en ella chico hoyo. No hay duda (si bien te ries) que Ceilan goza otiental, con luz debida gran partida de rubies, mas tu boca es de coral mejor partida. Y en ella a un siendo muy poca se ven milagros sin artes que hermoseas, porque el cielo de tu boca llovió perlas en dos partes. Eritreas. Y aunque es verdad que retozas a vista cuando detienes. aún al viento, cree Florinda que gozas brava boca, pero tienes manso aliento. Tu natiz en proporción es peregrina, y lo creo sin falacios, pues que goza (con perdón) su poco de júbilco con misgracias. Solo tu tez, aunque es clara te hace imperfecta, aunque pene cual que cosa, pues manchándote la cara, en cada megilla tienes una rosa. Tus ojos en quien están, porque el más cuerdo suspire, luces bellas, son tan crueles que harán acualquiera que los mire ver estrellas. Mas al golfo de explendor suyo, aseguran arrojos tus cejas, pues son si arcos no de amor, graves puentes de los ojos que me dejas. Tu frente en quien la azucena por piovidencia de Dios teme deslizos, es tan nieve, y tan serena que ha causado a más de dos mil romadizos. Tu pelo en ondas no pocas, como el tiempo cruel testigo no lo castra, aún cuando menos lo tocas, es tan terrible contigo que te arrastra. En fin Florinda sin artes eres como hablando estés la más perfecta, porque sobre tantas partes el alma que gozas es, plus cuán perfecta. Y si pensares con tanto que tu hermosura se ve mmial acabada, pónrela el primer di santo que a mi cuenta que te esté con Llega otra vez, y otras mil donde sin estorbos puedas a pesar de más Florelos, que hay presúmidos en esta dulce conjunción de amor ser olmo de aquesta yedra. La meráfora siguiente del olmo, en connejión tierna, vayan ahora los lazos que otro día irán las trepas, pero detente, que viene hecha un cielo la Duquesa, y si nos ve, guarda pablo. Baste, pues, cobardes penas, que rinden ya al sufrimiento, los golpes de la inclemencia Florinda. . Señora mía. Qué haces? El ver tus tristezas nos tiene tristes a todos. Culpa Florinda mi estrella, culpa mi suerte, y no culpes mis lágrimas, ni mis quejas; porque cuando las desdichas a tan grande extremo llegan que, o conjuradas persiguen, o cobardes atormentan, negar extremos el alma, fuera hacer con la prudencia descorteses los suspiros, y las lágrimas groseras. Ven a desnudarme. El cielo alivio a tu mal prevenga. Volveos Marqués desde aquí, que ya no os he menester. Si en el riesgo os llego a ver, como señor será en mí posible el no acompañaros. Estando ya el Duque ausente, que era el riesgo solamente, no tenéis de que alteraros, esperad, pues, donde os digo sin que hayáis del riesgo miedo, que harto acompañado quedo puesto que quedo conmigo. Pues no mediréis señor, cómo solo habéis de entrar? Una llave singular en arte, y diestro primor traigo en el abrir tan cierta, que a todas puertas hará, fuera de que ella hecha está para esta primera puerta; y no hay estando allá dentro que temer, ni recelar, que ciego sabré buscar mi amor su dicha, y sucentro, idos, pues: En mi obediencia os sacrifico mi amor: ay del Duque, y de su honor! . si falta en tanta inclemencia; pero voyme, y mi pasión, cese en mi propio cuidado, que con haberle avisado, cumplí con mi obligación, que lo demás que pudiera hacer valiente por él, fuera ser su amigo fiel, más ser traidor también fuera: y así perdone su amor; porque en las leyes que sigo, no fuera ser buen amigo ser por su causa traidor. . Ya solos quedado habemos amor, mas no dilatéis las dichas que emprendéis puerto a tan locos extremos. Llegad, y emprended felice, y piadoso, o obligado; dejese una vezhelado engañar de un infelice, ya la llave abrió la puerta, cierro, y mi valor me aliente, apenas rumor se siente, cielos mi ventura es cierta, allí una luz sin reposo, desalumbrado me aclame, que donde hay natural llama, materi al fuego es ocioso, y hacia aquí, hay Dios! imagino que en el cuarto del Duque está, plantas llevadme hacia allá a ver a mi soldivino. Llevadme, y tú en mi emprender, amor preben, advertido disculpas para un vencido que no se puede vencer. . Presumo que vengo tarde, . hay honor no lo permitas cuando celoso me incitas! En fin dices que te aguarde? Si Flórelo, vete al punto, y en esotra calle espera con las postas. Demanera, que en vano a tu amor pregunto el intento que te mueve. a volver a casa así? Está seguro de mí, que es un negoció bien leve, sino que no quiero ser conocido de ninguno. No quiero ser importuno, si trato de obedecer. Solo he quedado e a calle, sin duda ninguna ya dentro mi enemigo está, honor tratad de buscarle; porque de aquesta manera, cuando a vengarme os incito, en los brazos del delito hagáis que mi agravio muera. Hola Florinda, Clauela, traición a mi honor amigos, no cuidadosos al daño estéis al riesgo remisos. En vano ya de mis ansias te defienden tus desvíos. Primero sombra; o quién eres sacarás del pecho mío el corazón a pedazos: hola Clauela, hola Arsindo. O como están los criados siempre en la ocasión dormidos! mas ya a la puerta llamaron. En vano es cuando mi arbitrio la llave en la cerradura. dejó sagaz, y advertido: tíndete, o de aqueste modo. ̱. Duque Astolfo, dueño mío, valedmevos si es posible; pues ya sin fuerzas peligro. Si haré intrépido, y valiente con este rayo que animo, mas que es lo que veo cielos! Fortuna, qué es lo que miro l. Escuchó el cielo mis quejas! Todo el pecho es mármol frío! Oh como el delito turba! . Oh cómo apenas respiro! Qué haré cielos! qué harén cielos! que apenas me hallo en mí mismo. Qué haré cielos, si mi muerte en mi propio agravio miro? . Es verdad que es vuestra Alteza el que está? mas bien no he dicho, no puede ser vuestra Alteza el que osado al honor mío sacrilegamente intente sus infames precipicios. Mintió el labio una, y mil veces; y así, si algún enemigo, disfrazado en ese traje, , intenta que su destino, que mi agravio, que este plomo eslavonados, heridos en su pecho (ay de mi cielos, que no sé lo que me digo!) Vete Duquesa. . Señor. Vete, y sella el labio frío. Cielos, pues veis mi ignorancia volved por mi honor propicios. . Valor corten las palabras, . pues no hay contra un Rey más filos. Acordarle a vuestra Alteza de quien soy, y quien han sido mil nobles anrecesores, cuando sacramente escritos, o el bronce los eternice, o los respeta el olvido, no fuera ecuerdo discreto; pues aunque agora le miro mal atento a mi nobleza, con todo aqueso mi aviso neciamente procediera; pues darlo fuera lo mismo. que presumir que podía, siendo Rey, estar dormido; o al reo de la justicia o a la voz del beneficio, cosa que vive tan lejos de posible, que imagino que fuera más acertado, cuando un vulgo inadvertido descuidos de un Rey presume que a ardiente fatal suplicio, lo entregaran por infame, que no que loco, y altivo, presumiera neciamente, que un Rey superion ministro, siendo Vice Dios sagrado podía (que es dasvarío) divertido, y desatento, ser Rey, y estar divertido. Mas puesto que esta verdad el no ignorarla es preciso en vuestra Alteza, supuesto que es prudente, y entendido, excusose a su memoria retoricos laverintos, y respóndame que culpa es la que llevan consigo? o que fealdad embozada, que ni alcanzo, ni averiguo a los oídos del premio los méritos del servicio, que con la verdad se ofenda, que con el vil artificio de la ingratitud se frustran las ansias de un amor fino, por fino mal despechado, y bien borrado por limpio? Que haya yo desde mi infancia heroicamente servidoos, ya en las marciales palestras, ya en los amorosos ciscos. Y en medio de mis victorias, como sabéis, no haya sido mas mi anhelo, que aspirar a postraros, y arendiros, cuanto con alas de nieve; cuanto con pies cristolinos vuela el Tiber, corre el Ganjges, moja el Duero, y baña el Nilo, y que este ardimiento puro; y que este amante disinio me lo paguéis con calzaros alas contra el honor mío! Contra mi honor, cuándoos con que es con soberanos visos líquida nieve tocada apenas del viento mismo, y con violencias queréis ablandarlo, o reducirlo, cuando solo las pelabras de un Rey, que son fuego vino, bastan para hacerle ardientes defatar en blancos hilos, y ser llanto lo que nieve, y hundoso horror lo que armina Malaya amen la memoria, cuando por su torpe aviso el entendimiento calma ciegamente inadvertido! Malaya, digo otra vez, la deidad que ambos oídos tudo a la razón cerrados, y a la vista del peligro! Sin faltar las obligaciones ay del que ofrece rendido, cuando ingratas las deidades malogran los sacrificios! Señor, que culpa es quereros? qué culpa es, señor, servicos? para que en déjaros solo llevar de un ciego apetito, que injustamente os arrastra dejéis mi honor ofendido? Cuando es flor, cladel que estando desde el purpúreo capillo amparado sacramente denacarados abrigos, elque lo anheló fragrante lo solicitó marchito. la señor, no se diga que pudo un ciego destino Vencer toda una verdad; ni menos se diga que hizo infeliz a un fiel vasallo, na un Príncipe Real mal cuistio. lenceos, señor, y dejadme, q que viva (si es que vivo) seguramente, o que honrado me parta a Reinos distintos. venceos, que de mi deshonra yo os perdono humilde digo descándalo, y no agravio; sumpoco el fiero delito eser ingrato a mi amor, iintes os pasovenigno aculpa del cometerlo por la pena del oírlo. dudaos, señor, que si un tronco saduca vejetativo, in juven tud pupulante suelve a renacer florido. duda en las cobardes sombras save calienta el nido, has apenas la luz vuelve ando quema al Sol los rizos. stodo se muda, señor, sodo desde su principio lma otra detrota luego, que luego otro camino. laced vos señor lo propio, idad de acuerdo, y de estilo, permitid que me parta otro Reino como os pido; que aun que Londres lo mormure, aunque el fiero basilisco de la ojeriza lo mire, de que en mi muerte colijo, Con todo aquesto señor será a mis penas de alivio; pues cuando en todo rigor el mundo sepa que huido de los riesgos que me inducen a mayores precipicios, me disculpará el que sepa que contra un Rey no hay cuchillo. Esto; señor, a esas plantas os pide el pecho rendido; ved que respondéis a un triste deshecho en su llanto mismo? Duque, la respuesta es esta, que no os vais sin orden mío os mando, y en lo demíás, Duque, que habéis referido, que tenéis razón confieso, pero que os sobran los bríos. Pues el cielo sabesolo mi dolor, al cielo pido solo contra tu injusticia justa venganza, y castigo. Duque, mi bien, mi señor, va del noble pecho mío la verdadad habéis notado; pues a voces os la ha dicho: detenernos en quejarnos desado fiero, he imvío, fuera por lograrlas quejas dar lugara los peligros. Tras de ese canzel primero, lo que el Rey respondró he oído, y para después tirano lo que puede hacer colijo aquí no hay más dilaciones que al instante, y al proviso huií a Francia, o España sin más prevención que el irnos; que donde sobran los riesgos, no falta lo prevenido. Ea señor, que respondéis? Todo fortuna es prodigios . como es posible Duquesa, como es posible el partirnos, si sabes que de mi pecho ofendiera, hay Dios! los bríos, en dejar mi obligación, cuando en el mar al Rey miro ofendido del Frances, colericamente altivo? Y pregunto, no es más daño, vervuestro honor ofendido? esto ha de ser, Duque Astolfo, esto importa, como he dicho. En fin eso determinas? Eso detérmino. Y parécete acertado? Es por lo menos propicio. Sentirás dejar la patria? Cómo, di, si voy contigo? Lungo nada te acobarda? Un tayo en el pecho ánimo, Pues sin honor no hay lealtad, Ni se para un enemigo. Huirdel riesgo es valor? Temer al daño es avisa. Pues antes que alba rompa. Pues de la no che acogidos. A ejecutarlo, Duquesa. Duque Astolfo a prevenirlo. Mas qué ruido es aqueste? Más qué luc es la que admiro? Pues no he perdido la vida, . o me ha de costar el juicio, o para mayores penas si vivo Duque, bien saben los cielo, que no tengo que pediros acerca de lo que vengo, mas de que siendo mi amigo os acordéis como es justo, cuan leal con vos he sido. El Rey con todo rigor, yo no sé con qué motivo, manda al instante prenderos, y que os lleven a un castillo, donde nadie pueda hablaros. Y manda también altivo que le lleven a él la llave, (falta el aliento a el decirlo!) y al mismo tiempo dispone que con más piadoso estilo también la Duquesa prendan, si bien dispone benigno la den la casa por cárcel, misterios que no aueriguo. Ya sabéis de mi amistad, la fe con que os he servido, Duque en cualquiera ocasión; con lo cual solo os suplico, que atendáis solo a lo que es la obligación del servicio; pues cuando sebero un Rey manda a un vasallo, o ministro una cosa, aunque sea injusta le es obedecer preciso. Hay más apretar fortuna! que bien dijo, si el que dijo, que un desdichado no tiene sobre los astros dominio. Disposiciones del cielo cuanto padezco, pues miro, que a vista de las desdichas en los remedios peligro. Mandar el Rey que me prendan con riguroso ruido, y al mismo tiempo también mandar (muero al repetirlo!) que prendan a la Duquesa, y que, o cauteloso arbitrio! leden la casa por cárcel, qué es esto cielos divinos! que infamia es ya declarada la que en mi muerte término. Mas pues va por todas partes tan rodeado me miro de mi pública deshonra, hoy vive Dios detérmino ser fénix de Inglaterra, para que el mundo enemigo conozca de mi valor el más honrado destino: esto ha de se vive el cielo. Marqués, siempre yo he entendido que en mi fe vuestra amistad que la mayor de estos siglos, mas puesto que el Reyos manda penderme, lo que ahora ospido, es, que me dejéis a solas con la Duquesa, en quien vivo, olo un instante, que importa. Quién vive solo en serviros. al replicará, en esotra lieza espero. Sois mi amigo. luquesa vete a tu cuarto. Pues qué pretendéis bien mío? Veraslo presto. . Si al alma le de creer un prodigio, llalma me pronóstica. a Vete, porque detérmino na acción de eterna fama. Scate el cielo benigno. llorinda habrá despertado, dsí voy, porque imagino tiremedio en un papel, hndole a la Reina aviso. . Cielos Flórelo me falta, soy a busca Si aquí me tienes será excusado: aguardando estaba, y vi pasar todo ese ruido, y no pudiendo sufrir tanta enigma, cautamente me entre en casa, hasta subir donde estás sin verme nadie, haberque es esto. Ay de mí! hicistes Florelo bien, mas si acaso, (honor vivid!) a un hombre fiero enemigo, que intenta alevoso, y vil a un tiempo muerte, y deshonra contra el Rey, y contra mí vierais, no faltándoos armas, que hicieráis Florelo? . Sí Vuejcelencia está burlando. No me burlo, que el vivir me importa el saber que hicieráis. Qué hiciera, señor, decís? lo matara vive el cielo, aunque de ese turquesí firmamento, en su defensa ravos descendieran mil. Pues Flórelo, esta pistosa tomad, y atento advertid, que al que por aquella puerta saliere encubierto en sí, que ese es el traidor que os digo, tiradle amigo al salir, que yo por estotra puerta voy a echarle (extraño ardid!) en la calle, que así importa. Pues id que yo quedo aquí. Cielos, pues de la Duquesa la hermosa deidad gentil fue ocasión para que el Rey se atreviese contra mí; y pues ya no hay más remedio que morir, muera, que en fin muriendo ella, y yo muriendo vive el alma, pues así el mundo dirá que supe en medio de lo infaliz, consentir la infamia, no, pero la desdicha sí. Misterios son que no alcanza a desenlázar sutil el ingenio los que he oído; mas pues ya al Duque le oí que era su enemigo, muera, vive el cielo, aunque. Ay de mí! muerta soy, válgame el cielo! Mas que voz fue la que oír llegue? qué clamor fue aquel? Mi fama eternizo así, muerta a la Duquesa dejo, ahora me toca el morir a mí; ea tírame hombre. Mas que aguardo, si ya allí rebozado en su cautela al traidor veo salir? acabe de aqueste modo; mi estrella ha sido infeliz, vive Dios que me ha faltado. Entrad todos. Hacia aquí, señor quedó; mas qué es esto? Qué es esto? qué hacéis así? A pesar de mi fortuna. . No respondéis? qué decís? Yo, señor, respondere pues solo me toca a mí el deciros que la muerte es alinio a un infeliz; pues cansado de mi suerte, o cansado de vivir, sin remedio en las desdichas. Con un noble extraño ardid mande a Florelo matarme, para que llegue a advertir el mundo, y a conocer contra la calumnia vil, que si en batallas de honor, peleando en fiera lid no supe vencer, que supe pelear hasta morir. Notable intento por Dios, de pecho heroico, y gentil! corrido estoy vive el cielo. Jamás en mi vida oí acción de mayor despecho. Marqués. . Gran señor. Oíd. Válgame Dios que desgracia, digna a fe de repetir! Quién vio tan grande traicio señor, vuestra Alteza aquí? cuando. . Qué miro pesares! cielos que llego a advertir! si muerte di a la Duquesa, como viva, hay infeliz! mis ojos la ven ahora? Habrá un instante que vi entrar a Florinda buena en mi cuarto, porque así se lo mande, mientras yo iba, señor a escribir un papel al Orarorio, y cuando ahora volví, muerta en el cuarto la hallé. Ay cielos que llego a oír! muerta está Florinda? e. Y tanto, que peribir, in latin: Válgame el cielo! mi enojo . bárbaro, sin advertir etró el golpe ciegamante. Vivas, señor, siglos mil. e. Aquesto ha de ser, perdone . mi pasión si la rendí. Duque llegad a mis brazos, llegad seguro, y vivid . sin temor de que os persiga quien os quiso más que a sí. Yo os seguiindiscretamente, mas si indiscreto os seguí, ya prudente reconozco que me debo resistir a mí tirana pasión: porque Inglaterra, si mormuró, ya ha avido tiempo a su infame colegir, en que vencer no me supe, diga que en fin me vencí. Dos ciudades, y diez villas os añado. Has hecho en fin . que arrojado a aquesas plantas bese la tierra. . Do ti gran señor no esperé menos: grande acción! Y yo feliz, beso tus Real es plantas. Duquesa, no estéis así. Sin ser marido, viudo quedo en cierne. . Ya salí de donde sin tenerculpa vivo no pensé salir. Yo iré a que el Frances conozca quién es el Ingles, y aquí Señado ilustre, Rosete os pide perdón feliz. B1
