Texto digital de Pedir favor al contrario
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Miguel de Barrios
- Atribución estilometría
- Miguel de Barrios Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Sevilla, Diego López de Haro, s.a.).
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Pedir favor al contrario. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pedir-favor-al-contrario.

PEDIR FAVOR AL CONTRARIO
JORNADA PRIMERA
No temes ser conocida? En eso amor no repara, que de ingrata me culpara si fuera desconocida. Soy amante (en nada advierto) que alentada de mi amor, en la tormenta mayor hallo más seguro puerto. Ya estoy resuelta a seguir el fuero de su cadena, que aún que a morir me condena, sin él no puedo vivir. Que su rigor homicida castiga tan dulcemente, que con el propio accidente hace hálagos a la vida. Es posible que el amor pudo rendir tu belleza? Sí, amiga, que no hay firmeza que resista su rigor. Entre varias confusiones, aumentando mis desvelos, a ponerme obliga (ay, Cielos!) mi opinión en opiniones. Dejarle de obedecer será aumentar mi dolor, porque no tengo de amor más gloria, que el padecer. Quién en tan penosa lucha a tanto pesar te obliga? Ya que mi pena, y fatiga deseas saber, escucha. Después que de Barcelona (no sé porque causa grave vive Don Marcos mi hermano ausente, y después que yace en esa Aldea, que el Mar con líquido estruendo bate, cuando Neptuno a sus plantas todo en llanto se deshace: un gallardo forastero me hirió el alma con tal arte, que dándole el corazón, quedé tan hecha ha pesares, que con quitarme la vida, no puedo de ellos quitarme. Vile en un soberbio bruto, hijo del Noto arrogante, que haciendo de sus pies alas, iba, al parecer, tan Ave, que al aire, con ser ligero, a tras se dejó en el aire. Llegó al coche cortemente, y correspondile afable, queriéndole sin querer; que hay cortesías imanes, que saben, sin que se sienta, atraer las voluntades. Pasó plaza de galán, hizo de ingenioso alarde, y rompió la venda amor; que a vista de gracias tales se introdujo como niño, y venció como gigante. Fuese, al fin, y desde lejos volvió el rostro por mirarme; no quise perderle yo mientras doblaba la calle; con que en el caballo, y coche hizo amor (obrando fácil que él los estribos perdiese, yo los estribos ganase. Amor introduce fuego, el fuego abrasa al instante, que no hay pecho de mujer, que se libre a incendios tales. Llamó el honor a la puerta del consejo, y no la abre la razón, porque el amor llevó consigo las llaves. Rindiome, al fin, no te admire, porque en las fuerzas más grandes amor sabe con violencia tremblar sus Estandartes. Y así, amante solicito, como otras veces, hablarle en este florido Eliseo, sin que el recelo me espante de ser vista de mi hermano; que en peligros semejantes, la mayor pena que tengo es, que la pena me falte. Temo su ausencia, y mí, amor con finezas obligarle procura, porque a mis ojo arda Mariposa amante, hasta que maestro el tiempo enseñe ocasión, y arte de contraer matrimonio, que de riesgos mi honor saque. Blanca, señora, no dudo, que tus esperanzas hallen, en sus amantes desvelos, seguras felicidades; y más cuando está perdido por tus ojos celestiales, que son de amor Labirintos, donde presos los amantes, dificultan la salida, siendo la entrada tan fácil. Don Victor, señor, si vienes en busca del arrogante homicida, que a tu hermano dio túmulo funerable en Barcelona, y saliste con intento de vengarte de Valencia, qué motivo detiene de tu coraje la vengativa aprensión? Una hermosura admirable, que con los rayos que tira, da evidencias de ser Ángel. Su Aurora soberana, emulación de Venus, y Diana, me abrasó el corazón tal dulcemente, que de tal accidente mis ansias no supieran, si allí sus ojos no me lo dijeran; que saben homicidas hablar con luces, y matar con vidas. Quien sea ignoro, en mi tormento grave, que las cosas del Cielo quién las sabe? Ya en ese del Abril verde teatro, el dueño que idolatro a mi dicha se ofrece. Allí el Sol resplandece, . que a sus luces el alma me ha robado. Aún por eso te llaman desalmado. Llegarme quiero, que ufana su Aurora espera. No será manzana. Ya la dulce armonía de Philómena le hace alegre salva a tu beldad, que al día se indicia Fénix de la luz del Alba, por ser propio, señora, amanecer con música la Aurora. La nieve transparente, que baja de aquel risco presurosa en líquida corriente, suspendida en tu esfera luminosa, admira, sin sosiego, con ojos de cristal, glorias de fuego. Aquel galán Narciso (que murió de sí propio enamorado) ya de tu Paraiso, adorno hermoso, le divulga al Prado, que si tus ojos viera, antes en sus deseos se muriera. Tu beldad soberana, en diluvios me anega de hermosura, y con mi amor, humana, esperanzas de vida le asegura, donde abrasando al suelo, muestra dos iris negros en su Cielo. Y el galán de Clímene lleno de envidia, y de vergüenza lleno, al rostro se te viene, porque siendo de amor dulce veneno, con LDE BARRIOS hermosea tu Sol al claro día. Elogiós semejantes y pienso que la lisonja los ha escrito, que siempre los amantes, es no por amor, si no por apetito, o de fingimientos llenos suele más aplaudir lo que aman menos, Antes con tal firmeza Pidólatro tu angelica belleza, Sque la propia alabanza pienso que no lo alcanza, si no que en este Polo, solo mi ardiente amor la iguala solo. Saber quisiera, hidalgo, si es algo bueno, para darme algo. En muchas ocasiones suelo dar más puñadas que doblones. A eso nunca me allano, (no, que a quien da así de puño, doy de ma- y voy al hombre, que bizarro en todo, jugando yo de pie, me da de codo. Si elegir por la mano de oros traza, he de ganar haciéndome tenaza. Yo, mi Rey, me sacudo del que gasta el humor, y no el escudo. Y yo de la fregona, que no pide más grados, que corona. Firme, y agradecida, pendiente de tu amor tengo la vida. Con tan alto favor (bello milagro!) e Mariposa a tus ojos me consagro; porque mi amor con tu esperanza acierte, enaciendo Fénix de mi propia muerte. Deja los caballos, Viento, entre esos robles. Qué amor te obligue a tanto! Es furor, que dentro del alma siento. Después que a seguir me allano el fuero de su destino, en busca de un bien divino, sin tener alivio humano, de Barcelona me tray el gran deseo de bella, porque hay tal belleza en ella, que tal belleza no hay. Cerca de aquí se divierte, según estoy informado. Qué estés por ella olvidado, señor, de vengar la muerte de tu deudo Don Francisco! A conocer su homicida, yo le quitara la vida como airado Basilisco. Ignora mi enojo ardiente quien le dio muerte tirana. Pregúntalo a Flor tu hermana, . que es de este secreto fuente. Que a mi guardarle me toca, porque entonces su cuidado me dio, con hilo dorado, una puntada en la boca. Entreesas flores sentí, si no me engaño, ruido. A Blanca me ha parecido tu medio maravedí. Qué es lo que mis ojos ven? del pecho arrojo un volcán! Veleta de otro galán se muda al aire también. No en vano, ingrata a mis ojos, fue con mi amor siempre avara. Con su desdén te dio en cara; y hoy con celos te da en ojos. Señora, que viene advierte Don Basilio de Cardona, el galán que en Barcelona te festeja. . Lance fuerte! Tápate. . Fenoso azar! Pues cómo, señora? Ay, Cielo! mi hermano viene, y recelo que aquí me llegue a mirar. Vamos, Veleta. Yo muero! Chispas echa el hermanillo. Alzar quiero el Avanillo, que se le cayó. . Primero sabrá mi ardiente coraje daros muerte. . Caballero, LCONIRARIO. reportad el fuerte acero, y con más cortés lenguaje me hablad. . Así determina daros muerte mi rigor. Mal conocéis mi valor. . Saque la espada el gallina. Eso no, porque desaire sería del valor mío. Pues por qué? Porque mi brío no riñe por cosas de aire. Mueran, Viento. Dales, pues. Es invencible mi aliento. No vi más furioso Viento! mas qué damos al travé,? Dobla esos mantos amiga: de pena pierdo el sentido! Que te sosiegues te pido. No puedo en tanta fatiga. Ay, Veleta! no te admire, que el sentido me atormente el amor, que un accidente hace que el alma delite. Qué Don Basilio llegara a suspender mi alegría, y que a la esperanza mía las puertas de amor cerrara! Viste empresa más tirana? Qué estos pesares me dé! Notable advertencia fue el fingirte allí su hermana. Qué importa, si prevenidos los celos en los amantes, son Linces tan vigilantes, que penetran los sentidos? Tu hermano viene. Pues vete; no sospeche alguna cosa. Bueno es andar cuidadosa. Qué así el amor me sujete! Marcos, hermano, qué es esto? tú tan triste; y pensativo? qué rigoroso motivo en tal extremo te ha puesto? Es tan penoso el tormento que a padecer me condena; que aunque sé sentir la pena, no sé decir lo que siento. Mudo, y sin alma me deja el mal que padezco ardiente, que tal vez el accidente no da lugar a la queja. Enmudezco en mis desdichas, porque de zozobras llenas, las dichas que hallo en mis penas, apenas pueden ser dichas. Que amor que mi pecho hiere, en el mal que me apercibe, calla que muriendo vive, porque vive por quien muere. Y así, en la fiera zozobra, que mudamente me asalta, toda la vida me falta, todo el tormento me sobra. Qué pesar puede obligarte a tan grave sentimiento? que es alivio del tormento dar a quien lo siente parte. Puesto que suelen ser menos los male comunicados, oye, hermana, los cuidados que nacen de mis venenos. Ya resplandeciente el Alba era precursora alegre del Dios, que por copas de oro sus líquidas perlas bebe: Cuando fue de mis sentidos dulce prisión un celeste prodigio, que en la ribera del que idólatra de Tetis, con líquidos promontorios, al Cielo Nembrot se atreve: Acreditó su hermosura Sol, de rayos tan lucientes, que oponiéndose a la luz del hijo de Jobe ardiente, la hizo oscurecer entonces, porque el Alba amaneciese, solo a la luz de sus ojos, más hermosa que otras veces. Viste, que del Sol los rayos, si por vidros transparentes pasan, en la yesca enjuta repentino fuego encienden, cosa que si no se aplica el vidro, jamás sucede? Pues así yo de sus luces no sentí el ardor al verme; pero al mirarla, mis ojos fueron los vidros, de suerte, que pasando al corazón, me abrasó su luz ardiente: Y al modo que un niño, cuando ve delante a quien bien quiere, en señales de su amor da lo que enda mano tiene, no sabiendo en lo que hace si agrada, obliga, u ofende. Mi amor; niño presuroso, sin discurrir, de repente su afecto siguificado le ofreció en un ramillete, que yo en la mano tenía, de su fe las muestras fieles. Admitió la unión de flores, en donde confusamente, de claveles, y jazmines, el espíritu trasciende, y al llegarlas al olfato, trocaron los accidentes, porque tocando en sus labios, y nariz, coral, y nieve, lo rojo hubo en los jazmines, y lo blanco en los claveles. Con tal favor cobré aliento, y aquel día cortesmente del ingenio alarde hicimos, para que más me prendiese, yo en amorosos discursos, ella en airosos desdenes. Esta ventura gocé en aquel pueso tres meses; que, al fin, por tal ocasión, dicha se llama perderse. Después asistí en su calle, y para que no dijese, que yo en pasarla tardaba un día, la zoila gente, cosa que en un hombre era forzoso que nota diese: en un caballo subí tan propio, tan obediente, que las piedras una a una iba contando al moverse, y sirviome de disculpa, al pasar, el detenerme, porque mi acierto amoroso de ajenos yerros naciese. Alcanzé, si no favor, el carino que se debe a quien la verdad confiesa de las ansias porque muere. tantas hileras alista, que el Invierno no se atreve, porque la mosquetería al Mayo pronta defiende: me concedió que la hablase; con tal, que la prometiese, en el lograr las finezas, no ceder de lo decente. Mas a este punto llegó Don Francisco, que por huésped, y pariente de su hermano. sin que entonces me valiesen descargos a reportarle, razones a detenerle, la espada, y la daga hizo de nuestra causa los Jueces; y al fin, por decreto suyo le condenaron a muerte. Muerto soy (dijo) y la herida obró tan violentamente, que pareció que en el aire Pasó el cariño a fineza, la fineza a concederme, que las mías se fiasen de un bien escrito billete. Tuvieron en su respuesta, mis amantes intereses, las esperanzas seguras de la dicha que pretenden. En un jardín, donde el Mayo se retira, y se hace fuerte contra el Invierno, que pasa a cuchillo el campo verde; y formando de mosquetas escuadrón contra el Diciembre, DCONTRARIO, estos acentos se oyesen. Conturbado mi valor, todo duda, nada emprende, y entre el arme, y el quedarme, intenta, mas no resuelve. Aquí contemplo a mi dama en un mortal accidente; allí difunto su primo el corazón me estremece; si me detengo, peligro; y si me voy, mayormente, porque si me dejo el alma, en vano intento moverme. Con que en un punto los tres de tal modo el ser vivientes perdimos, que no pudiera decidir la propia mente a cual privó de la vida, si a la herida no atendiese. Recobrose, en fin, mi dama (mejor dijera mi muerte) y atendiendo a su peligro más, que al rigor de ponerme en manos de otra desdicha, que el yerto cadáver lleve de allí me pidió advertida, antes que en lance tan fuerte nos hallara Don Basilio su hermano; y yo, diligente, con Viento (un criado suyo, que de mis desvelos siempre, del interés obligado, Argos guardaba las leyes) saqué a su difunto primo, y presuroso llevele a donde, ya que no el daño, mi delito se encubriese. Volví a verla (mas ay, Cielos!) que no volví si no a verme precipitado Faetonte de su luz resplandeciente. Pues desde entonces (qué pena! contra mis ansias previene olvidos que me congojen, mudanzas que me atormenten, siendo Boreas de rigores, que con tormentas crueles echa a pique mi esperanza an el Mar de sus desdenes. Yo viendo que no bastaban finezas, ruegos, papeles, para templar de su enojo los injustos procederes, a esta Aldea me conduje, por ver (ay de mí!) si ausente de sus ojos, me redimo del encanto en que me tienen. Mas no sé si han de poder de sus bellos Rosicleres apartarse mis memorias, porque me hechiza de suerte, que la llego a idolatrar al paso que me aborrece. No en vano vino a esta Aldea Don Risilio, que previene a su rigor, imagino, la venganza que pretende. Sin duda que sabe ya quien dio a su primo la muerte, y en la vida de mi hermano a vengar su ofensa viene. Bueno será que advertida le rébele el evidente peligro que le amenaza; mas a mí no me conviene descubrirle su intención; que si la examina, puede ocasionarse a mi amor mayor daño del que teme. Suspensa, de haberme oído, estás. . Si lo estoy al verte, que como tu hermana soy, siento el dolor que padeces. Con él desprecio el vivir, porque el amor que me enciende llega a ponerme la vida en aquello que es mi muerte. Divierte, hermano, esa pena. Del dueño que adoro ausente no hay consuelo que me alivie, ni alivio que me consuele. El Cielo, de tus pesares la injusta violencia temple. . Ausente el Sol, el Prado se oscurece reina la noche, madre de temores, y de las Aves, Árboles, y Flores, la diversa color igual parece. Mas cuando con sus rayos resplandece, dando lustre al matiz de las colores, por más que apure el Sol sus resplandores, quien negro anocheció negro amanece Bien podría admitir la color verde con varios accidentes de alegría, a la negra color que mi alma viste: Mas quien de la esperanza el verdor pierde aunque pase la noche, y vuelva el día, triste amanece, si anochece triste. Caballero, socorredme, que dejo a un hombre sin vida: qué miro? Cielos, no es Don Victor, con quien tenía en Flandes tanta amistad? Amigo, mis brazos digan el grande gozo, que al pecho, de veros, le pide albricias. Con notable admiración, mi amor, que tanto os estima de vuestro mal se congoja; si al veros se regocija. Saltando más que una Cabr he venido echando chispas, y aunque ninguna de vino, escapé tomando esquinas, señor, en tu seguimionto, Ya no hay riesgo que me aprima en vuestra casa, Don Marcos. Aquí importa que escondida, Don Victor, vuestra persona quede, mientras examina mi amistad lo que os previene la desgracia acontecida, para acudir al remedio. De Pilades sois envidia. Adiós, pues. El Cielo os guarde. No sé si de la justicia quedames, aquí seguros. De su forzosa pesquisa, la prevención de Don Marcos a defendernos se obliga. Brava puntade tiraste a tu contrario! . La herida temo que sea mortal. Pues, no, si con valentía, tirándole uñas abajo, le echaste patas arriba? Quien imaginara, Julio, tan impensada desdicha? Consuélate, pues saliste vencedor de esta conquista con el Avanillo airoso. Qué importa, si sumergidas en el golfo de la pena mis esperanzas, se miran? Qué le viste con mi hermano? Dentro de esta sala misma quedaba. . No ha sido engaño, pues ya el alma suspendida es tornasol anacible del Apolo de su vista. Válgame el Cielo! qué miro? no es la Venus peregrina, qué idólatro amante, y ciego? Y la otra no es la Ninfa, que Camaleón del Viento me da con la el tretenida? Pues cómo en aquesta casa? Lo peor del juego sería, si supiera que a su hermano le metiste la espadilla. L CONIRARIO, Dudando estoy, dueño mío, cua sea tanta mi dicha, que en la mayor aflicción la suspenda el alegría de verte, cuando el recelo de haber sido conocida de mi hermano, en tantas penas me lisonjea tu vista. Qué engañada viene, Blanca! Qué ignore me maravilla el suceso de su hermano! Qué constelación propicia te condujo a mi presencia? El imán, la luz livina de esos ojos, que son norte, que a ver su beldad me guía. No me hablas algo, Veleta? Estoy vuelta al medio día por el Viento, que acestumbra regalarme, con gallinas; y pordo que les parecer no verte entre ellas me admira, Bien tienes de que admirarte; pues cuando su amor me pica entre ellas, soy como Gallo, que las regala, y cobija. Saber quisiera, señora, si esta casa es la divina esfera de tu hermosura. De este modo solicita mi pecho salir de dudas. Es de una parienta mía, hermana del Caballero que aquí habló con vos. Permita . el Cielo, que esta ficción termine su duda! . Fija . mi confusión en el alma con nuevos riesgos me admira. Qué mi amor no te sujeta? Pene de otro mi alegría. El Viento te obligaria a ser mudable, Veleta. Solo a su merecimiento me rindo amante y ufana. Cómo te halló tan liviana, te vino a llevar el Viento. Porque a pesarte viniera, en amor supe emplearme. A mí no puede pesarme una cosa tan ligera. Ni a mi fe darle cuidado el amor con que me ahitas. Pues cómo no le vomitas? Ya por otro lo he trocado. Si no me engaño, esa puerta abren. . Retírate, pues: mira que Don Marcos es el que ya la tiene abierta. El ausentarme de aquí es forzoso: a diós, señor. Volverás? . Sí, porque amor me deja la vida en ti. Difunto estoy sin su luz! Y yo de verme ausentada me juzgo resucitada. No habré menester capuz. Con notable confusión vuelvo! . Pues qué ha sucedido? Conociste al que herido dejasteis? . No: el corazón . en gran peligro me advierte! Pues sabed, que disfrazado venía determinado a darme sangrienta muerte; que como con un forzoso fracaso ofendí su honor, y sigo con tanto amor de su hermana el Sol hermoso: Qué escucho? celosa furia! Temiendo, al ver que me obliga: Aún esto más? a enemiga! En su honor mayor injuria, mi muerte intenta arrogante. Toda el alma es Mongibelos! . qué me haya dado estos celos la ingrata que adoro amante! Mas apuremos, dolor, la duda que al pecho inflama: hermano es de vuestra dama? Cómo ella hechizo de amor, DE PARRIOS. Cuando imaginé rendilla, a . de celos muero abrasado. Como a niño te ha tratado, señor, pues te dio papilla. En el Cielo de su amor padece el alma desvelos. Yo estoy rabiando de celos. Acude al Saludador. Qué así Blanca me engañase! del pecho el alma se arranca. No quisiera que de Blanca vinieras a ser cornado. Descolorido, y suspenso estáis de oírme. . Don Marcos, oyendo injurias de amor se renuevan mis cuidados. Que como de amor nacieron, y conocen sus engaños, se previenen de rigores por resistir sus asaltos. Señor, a parte quisiera . hablarte. Qué quieres, Fabio? Solo decir, que pretende de Don Basilio el criado hablarte, y que para entrar tu licencia está esperando. Si ve a Don Victor, recelo ap. que le dé aviso a su amo de que amparo a quien hirió; con que será necesario buscarme más al empeño, por defenderle del daño. Quiero evitar la ocasión. Don Victor, en ese cuarto a él. importa que os ocultéis, porque no os vea el criado del dueño que amante adoro. Solo obedeceros trato: . qué así Don Marcos me ofenda con la prenda que más amo! Plega al Cielo, que el tercero no haga molerte en el cuarto. Le diré que entre? Bien puedes. Estás loco? . Estoy rabiando de celos! Aquí escondido saber intento:: . Habla paso, que sale un Viento Mercurio. En vivos incendios ardo! Dame tus pies. Viento amigo, levanta, llega a mis brazos. Como queda el Sol que adoro? Sintiendo tu ausencia tanto, que si a sus ojos no vuelves, temo que funesto ocaso ha de tener su hermosura. Cómo puede ser, si ingrato su amor, a mis esperanzas les dio injustos desengaños? No se entiende lo que dicen. Son poco entendidos ambos. Sin duda que están los dos de mis ofensas tratando. Señor, vámonos a dentro, no venga a tentarte el Diablo a hacer algún desatino. Bien me has advertido, vamos, que yo buscaré ocasión que dé venganza a mi agravio. Cómo le diste la muerte a su primo desdichado, se mostró contigo esquiva; mas ya en tu amor contemplando, con la gloria de quererte, no se acuerda de su agravio. Eso como puede ser, si aleve obliga a su hermano a venir contra mi vida, por haberle revelado, que a los filos de mi espada murió su primo. Es engaño, que mi señor solo vino a esta Aldea, enamorado de Blanca, una hermosa dama, que esta mañana en el campo dio favores a otro amante. Con quien celoso mi amo sacó la espada; mas tuvo poca dicha, que el contrario; aún con tenerle presente, le dejó entonces pasado de una estocada cruel. Cielos, que estoy escuchando? . más, honor, disimulemos, que importa que este criado no conozca de mi pena, que de Blanca soy hermano: mucho siento su desgracia. . Por haber tan corto espacio de esta Aldea a Barcelona, en una silla de manos me ha mandado que le lleve; mas antes, de ti obligado, vengo solo a que me mandes. En premio de ese cuidado este diamante recibe. Y este papel, y retrato darás a mi amada prenda. Yo se lo pondré en sus manos, y aún te traeré la respuesta, porque tu afecto bizarro me hace precursor de anillo, después que soy secretario. Yo iré a Barcelona a verla. Tu amor será laureado: adiós, señor. Él te guarde. Entre pensamientos varios discurre el alma confusa (ay de mí!) considerando; que en el golfo de la ofensa padece mi honor naufragios. Mi hermana (ha Cielo!) llevada hoy de un antojo liviano, ultrajó (qué alevosía su honestidad, abrasando con el fuego del amor el Templo de su recato. Don Basilio queda herido por su ocasión, yo agraviado previniéndome al enojo por redimirme al aplauso; que aunque es su amor el caído, es mi honor el lastimado. Favor me pide Don Victor, sin haber considerado, que en cuanto me está ofendiendo se lo pide a su contrario. Mas pues me ofende atrevido (siguiendo el afecto vano, que alimenta cauteloso en la casa de mi agravio necesario es el remedio antes que se aumente el daño, que quien gozó sus favores, también gozará sus brazos. Con más prudencia que enojo mi injuria disimulando, sin darme por ofendido le intimaré, que obligado de su amistad, solicito hacerle de amigo hermano: Para que cesen con esto de mi opinión los estragos, de mi venganza el impulso, y de su muerte el amago. Mas si a la fe de mi hermana le niega el debido lauro, rompiendo a su obligación los indisolubles lazos, a cuchilladas le haré (si, voto a Dios) que anegado en sangre, pague su culpa; porque es mi honor tan bizarro, que si le ofendiera el Sol, al Sol hiciera pedazos. Don Marcos descolorido, con el rostro demudado, se ha quedado con Don Victor: si le querrá dar con algo, sabiendo que por su Blanca andamos de cuarto en cuarto? Mal hice en dejarle solo: mas qué puedo hacer, si entrambos me mandaron salir fuera? O si Blanca en este paso pasara el trago que yo, y me diera mejor trago con un frasco de lo puro! qué fuera verme enfrascado, con el vino hasta los ojos, y el vomito hasta los labios! Pero Blanca no parece por más que estas cuentas hago. Julio, al instante, al proviso baja a ensillar un caballo: salgamos presto de aquí. Qué te pasó con Don Marcos? No me digas nada. . Y Blanca? Huyendo voy de su engaño. Cómo huirás, si la justicia el caballo te ha embargado? Don Marcos me ofrece uno: ven, que está a fuera esperando. Para estar fuera de sota, bueno es salir de caballo. . Con el gusto de mirar el retrato de Don Marcos, me olvido del albedrío, y a su obediencia me allano. El papel vuelvo a leer, que me dio con el retrato Viento, que mi amor constante, con leerlo, y con mirarso, detiene el paso a mis penas, viendo que a sus glorias paso. . Este insensible traslado del que ausente queda en calma, busca en vos, mi dueño, el alma, que en vuestro Cielo he dejado: Si en vuestra vista, animado su vital acción espero, dicha como a cierto infiero (ya que sois del alma archivo, en buscarme a donde vivo, y en dejarme a donde muero, Si en él muere, y en mí vive tan amante como afirma, y de su amor me confirma, cuando en mi pecho se escribe: Ya del gusto que recibe mi amor, el premio le alcanza, visto que la confianza que tuvo de mi lealtad, me llevó la libertad, y me dejó la esperanza. De un agravio persuadida quise olvidar a mi amante, mas luego el amor gigante fue de mi intento homicida: Que como entonces con vida quedó en mi pecho escondido, me hizo olvidar de mi olvido a pesar de mi pesar, porque no quiere olvidar lo que olvidar he querido. Y así, pues me da lugar la ocasión de que mi hermano, ya convaleciente, queda en su cuarto retirado: respondiendo a su papel, mandaré al bien que idolatro, en cada letra un cariño, y en cada razón un lauro. Sin dar reposo a mi mal padezco, considerando, que sanando de la herida, no estoy de la injuria sano. El deseo de vengarme me ha traído de su cuarto, buscando en mi hermana Flor algún medio imaginado, que le dé a su pena luto por la muerte de su agravio. Mas escribiendo un papel, divertida, de mis pasos no siente el rumor: qué haré? En gran confusión me hallo! Mas así saldré de dudas. Ay de mí! . Qué es esto? Hermano:: Suelta el papel. Qué desdicha! repara:? . Qué estoy mirando de Don Marcos de Moncada (Cielos!) no es este el retrato? Hay mujer más infelice? En vivas iras me abraso! Si a mi primo el ser quitaste, llevado de una violencia, a mí solo, con tu ausencia, más tirano me mataste. Que tu fuiste la ocasión de este lamentable caso, traidora:: . Hermano:: Enemiga. Ay lance más apretado? Castigaré tu delito. Mi muerte estoy recelando. Y por darte mayor pena, al traidor que me ha injuriado he de matar a tus ojos. Muera yo en pesares tantos! . Que pues fuiste el instrumento de las injurias que paso, también hoy de mi venganza has de ser motivo infausto. Un papel le has de escribir de mis rigores notado, porque encuentre con su muerte, viniendo a buscar mi agravio. No con lágrimas presumas templar mi enojo indignado; que si a la venganza mía quieres anegar llorando, del material de tus ojos saldrá mi venganza a nado. Hermano, si tu favor:: Tu enemigo soy, no hermano; y así en vano solicitas pedir favor al contrario. Retírate a tu aposento. Un cadáver soy helado! Solo vengarme pretendo. Qué rigor! Muera el que osado, con el susto de una ofensa, le causa a mi honor desmayos. Los Cielos me den alivió! Venganza me den los Astros. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
No hemos escapado mal, pues con la vida escapamos sin aiuda de vecinos. Temieron mi enojo airado. Ellos vinieron por lana, y volvieron trasquilados; pues saliendo a capear, con la de Rengo llevaron. El uno queda pidiendo confites, y otro garbanzos, y los demás se acogieron vestidos de colorado. Buena suerte hemos tenido. Todo se debe a este brazo. Mas dime, qué hemos de hacer a estas horas, y en un batrio; que no sabemos las calles, camo Don Quísote, y Sancho, buscando a tu Dulcines; sin saber en qué Palacios, o en qué callejuelas vive, p y a riesgo de que salgamos, aunque demos el capote, con un repique de palos? Ningún peligro recelo, que de amor el que es vasallo vence montes de peligros, los riesgos atropellando. Ya sabes, que me ofreció (de mi amistad obligado Don Marcos, en casamiento, a su hermana, y que la mano me obligué a darle de esposo, por vengarme del agravio que le hizo Blanca a mi amor. Mas después confiderando ser el fuego de sus ojos de mi corazón encanto; le dije, que me importaba, antes de tomar estado, volver a Valencia, siendo otro mi designio, cuando viéndome en esto resuelto, al cuello me echó los brazos, diciendo, que en Barcelona me esperaba como a hermano. Pártime, al fin, de su vista, sin que mi amante cuidado se despidiera de Blanca, por los celos de Don Marcos; cuya hermana, a Barcelona me trae imán soberano, a informarme de sus ojos, prevenido, y disfrazado, si es bella como su fama. Que si no, excusarme trato de estar, por un leve gusto, sujeto a un eterno daño. En casa de Don Basilio mi deudo, pienso entre tanto estar, buscando también al matador de mi hermano, para el fin de mi deseo. No está tu discurso malo; mas yo estoy de parecer, que está noche allá no vamos, Por qué? . Porque del camino venimos cansados ambos, y enfadarán a mil mudos, señor, dos hombres cansados. Volvamos a la posada, que esto es lo más acertado. Quiero tomar tu consejo: más gente en la calse ha entrado, Sí es la justicia? . Eso temo A riesgo los dos estamos, que nos manden a un Presidio con docientos de a caballo. Entra, Julio, en esta casa, que la ocasión por sagrado nos ofrece. . Plega a Dios, que en la casa, por el caso, no nos hagan azotea estos dos últimos cuartos. Qué al hombre no conociste, que te dio el papel? . No. Fabio, hoy de Barcelona a penas registre las calles, cuando después de llamarme a parte, me dijo: Señor Don Marcos, este papelos envía la que es prodigio en amaros. Fuese, y dejándome entonces confuso, su nema rasgo; veo que es de Flor, en donde manda, que a verla a su cuarto me disponga, y que a las doce de la noche (favor raro!) me tendrá abierta la puerta. Muere, traidor. Ah, tiranos! Mi enojo os dará la muerte. Qué rumor es este? . Malo, en la casa de tu dama son las voces. A qué aguardo? Allá he de entrar, vive el Cielo, los riesgos atropellando, que mi valor no permite sufrimiento en tales casos. Sígueme, Fabio. No puedo, que estoy de miedo ciscado, y pienso que las reliquias en los calzones quedaron. Caballero, si os obliga una mujer con su llanto, poned mi vida en defensa. A buen árbol se ha arrimado. Cruel Don Marcos, a donde retiras cobarde el paso? Antes osado te busco. El alma tengo en los labios: ay. Don Marcos de mis ojos! Flor es aquesta. Villano, muerte hallarás en mi espada. Mi enojo te hará pedazos. Socorredme en tal peligro, Seguid, señora, mis pasos, que yo guardaros prometo como si fueráis Dilanto. Notable traición ha sido! A peligro estoy, si aguardo los enemigos aceros, que me están amenazando. Sin duda que ha sido traza de su cauteloso hermano, para quitarme la vida, de los celos obligado. Corrido estoy, vive el Cielo, de que así se haya escapado de mis manos; mas no importa, que yo vengaré mi agravio, aunque del cuarto Elemento le favorezcan los rayos, que quien me llega a enojar, no está seguro en los Astros. Sígueme, que no reposa mi corazón agraviado, hasta quitarle la vida. Es muy valiente Don Marcos, y no quisiera, por Dios, que nos márcara los cascos. . Señora, qué pena aleve te descompone cruel el jazmín de tu clavel, y la rosa de tu nieve? Ay, Veleta! mi aflicción es tan extraña, tan grave, que en mi sentimiento cabe, y no cabe en mi razón. Hoy me trajo a Barcelona Don Marcos, mi hermano injusto, donde a manos del disgusto, con tal rigor me apasiona, que aborrezco ya el vivir; porque en la cárcel de amor, no tengo, de mi dolor, más alivio, que el morir. Cásame (suerte fatal! y no me ha dicho con quien, porque ausente de mi bien, no sepa quien es mi mal. A un hombre, que nunca he visto, trata rendir mi decoro, si me resisto, es desdoro, muerte, si no me resisto. Presto (el dolor me enejena! estaremos a porfía, yo en brazos de su alegría, él en brazos de mi pena. Y en tan contrarios efectos le he de admitir (suerte dura!) por dueño de mi hermosura, pero no de mis afectos. Que una violenta crueldad, si tiene poder injusto, bien puede forzar el gusto, pero no la voluntad. Y así, lastimada siento este ultraje, este rigor, pues el remedio mejor es morir en el tormento. Si de tal extraña pena quieres vencer la porfía, y de tu melancolía romper la dura cadena: premia la mucha lealtad de Don Basilio tu amante, pues tan fino, y tan galante solicita tu beldad. Casarte con él procura, y será acertado medio, que quien áplica el remedio con tiempo, sus males cura. Cuando de Don Victor lloro la ingratitud, cuando amante, al paso que es inconstante, sabes que firme le adoro: mal podrá mi corazón, viviendo en captividad, rendirle la libertad, que está en otra posesión. Que aunque es tan digno sujento Don Basilio de mi amor, bizarro, cortés, señor, galán, valiente, y discreto, de mi estrella la influencia solo a Don Victor se inclina, que a la voluntad divina no hay humana resistencia. No ves, que amarle es exceso, después que su deslealtad se ausentó de tu beldad sin despedirse? Aún por eso el martirio que me alcanza, mas en su amor me enajena; porque tengo mayor pena, cuando no tengo esperanza. Y así, pues de mi accidente no puedo el rigor templar, déjame sola penar. De tu gusto estoy pendiente. . Ahora que la soledad a mis pesares atiende, y el silencio comunica los males que el alma siente: aquí llorando afligida los rigores de mi suerte, que en el potro del tormento mas me aprietan los cordeles, podré quejarme de amor; si quejarse un alma puede, que en los brazos de la pena no sabe vivir alegre. Pero rendirme a Morpeo será acción más conveniente, que mientras duerme una triste, no hay rigor que la moleste. . Reposando en esta silla (si el dolor me lo concede) borraré de la memoria mis confusiones crueles, tanto linaje de penas, tanto tropel de accidentes. A Julio dejo perdido en aquel oscuro albergue de donde, en brazos del riesgo, supe escapar de la muerte. Burlé a mis contrarios fieros, retirándome prudente de su rigor a un jardín, y saltando sus paredes, vengo discurriendo casas, sin saber donde la suente me lleva, por este cuarto: pero, Cielos, qué celeste ve a . maravilla es la que miro! no es Blanca? Amor, no es la Fénix de hermosura, que idolatra? Durmiendo, está, si es que duerme cuando, armada de Luceros, pechos rinde, y almas hiere. Sostiene al Cielo que imita su mano Atlante de nieve, que llegar al Sol le atreve sin temer que se derrita: Divino impulso ejercita este Serafín humano, y aún acreditar me allano, que puede, estando en el suelo, tomar con la mano el Cielo, y tenerle de su mano. Contemplando el atrevol del Sol de Blanca, estaría desde un día al otro día, pues paso de Sol a Sol: Amoroso Girasol de su fulgor oriental la admiro Cielo vital, persuadido en mis desmayos, que no me hiriera con rayos, si no fuera celestial. Ay, Blanca, hermosa homicida! hay, gloria de amor incierta! si a matarme estás despierta, no a mi amor estés dormida: Mas (ay de mí!) qué rendida el alma al dolor que siento, conoce del ardimiento; que a tus rigores me humilla, que duermes sobre una silla para matarme de asiento. Mas ya de su ardiente luz corre las nubes de nieve. Ay, corazón! mas qué miro? quien eres, hombre, quien eres, que así te atreves a entrar donde aún el Sol no se atreve? Detente, hermosa tirana, el vano temor suspende. que soy tu amante infeliz, si ser infeliz merece, cuando a tu luz abrasado muere amante, y nace Fénix. Huyendo de la justicia vengo por esas paredes, hasta llegar a este cuarto donde tu Sol amanece, para salvar esta vida de mil espadas aleves, y a sujetarla a tus ojos, que la libertad me prenden, pues cuando no mis contrarios, me matas tu solamente. Basten ya, señor Don Victor, las lisonjas (lance fuerte! y advertid, que a mayor riesgo vuestro valor se previene, si os detenéis: ausentaos. Mal podrá vivir ausente de tu Cielo soberano, quien solo vive de verte. Ausentarme no es posible, que el fuego que el alma siente con la gloria de mirarte, se olvida de darme muerte. Que si mi pecho rendido: No prosigáis; que no tiene ya el corazón sufrimiento para oír (Etnas me encienden!) tanta lisonja: idos, idos; o vive el Cielo, que intente vuestra muerte, si atrevido os arrojáis a ofenderme. Qué esperáis? . A qué tirano de mi pecho te enagene tu feliz amante (ay. Cielos!!) siendo homicida inclemente de la vida, que en tu Cielo injustas penas padece. Mas es tan grande el amor, que el alma a tus ojos tiene, que aún después de estar sin vida te ha de amar eternamente; que nunca se olvida el alma de lo que idólatra siempre. Jamás me tuviste amor. Con sus arpones me hieres, cuando buscando favores, encuentro con tus desdenes. De amor somos, a porfía, tú el Ocaso, yo el Oriente, pues cuanto en ti más se anubla, tanto en mi más resplandece, Quién bien ama no se ausenta. Entonces celos crueles de tu vista me ausentaron. Eso es engaño evidente; que si cual dices, me amaras, no contra mi vida aleve, en el lecho de la ausencia, déjaras mi amor doliente; que quien enferma de celos, por templar sus accidentes, aguarda satisfacciones. Y cuando no, más ardiente procura de su esperanza vencer los inconvenientes. Váyase vuesa merced, que ya de mi amor no tiene que esperar si no rigores. Qué poco mi fe te debe! Así mis agravios vengo. Yo te ofendo con quererte; mas tú, mudable, me injurias con celos, y con desdenes. Yo otro amor? hombre ingrato, no sabes que firme siempre te quise? . Sé que me agravias, cuando de Don Marcos eres. Podrás negar a mis celos, que me injurias por quererle? esto no es cierto? no estabas, cuando herí a tu hermano, aleve, en su casa, donde él propio se alabó, que de tu ardiente amor, era objeto digno. Qué dices, hombre? detente: a mi quererme Don Marcos? Sí, ingrata, con él me ofendes. Ahora acabo de entender . el engaño, que le tiene celoso: de Don Basilio, que yo soy hermana infiere Don Victor; y como amante mi hermano por Flor padece, piensa, engañado su amor, que por mí Don Marcos muere, Si le descubro este engaño, es fuerza que considere, que Don Basilio en amarme:: Mas quién mis puertas inquiete? Si habrá venido mi hermano? desdichas el alma teme! Aquí le importa a mi honor evitar males tan fuertes. Veleta? . Señora? . Amiga, ahora el valor conviene. Si el rigor que me amenaza a piedad, señor, os mueve, id siguiendo a esa criada, que a pesar de inconvenientes, os pondrá, sin ser sentido, en la calle. . Qué me ausente? eso fuera a no haber celos. Por qué, en peligro tan fuerte? Porque nací tan terrible, que aunque me amaras, valiente esperara aquí a tu hermano. Eso es perderte, y perderme. Tu ingratitud me provoca. Siempre amante, firme siempre te adoro como te quise; si esta verdad te convence, y te precias de cortés, no a que te suplique esperes segunda vez, que te vayas. Es verdad lo que me adviertes? Que ponderé más mi amor el tiempo no me concede: obliga mi fe con irte. Voyme por obedecerte. No vuelvo en mí de turbada! Señora, en aquel retrete dejo escondida a una dama, por quien mi señor se ofrece a los peligros de Marte en los brazos de la muerte: téncuenta con su hermosura mientras voy a socorrerle. Alguna desdicha temo. Todo al revés nos sucede. Pues dime; qué ha sucedido? Apenas fui deligente a despedir a tu amante por ese florido albergue, cuando sentí abrir su puerta; y yo temiendo que fuese tu hermano (que a tales horas se recoge muchas veces le aseguré de su vista, y le recaté prudente en un retrete; que apenas se divisan las paredes. Ay, Veleta, su venida algún fracaso promete! perdida soy si le ha visto! El temor, señora, pierde; aunque, si bien es verdad, por poco llegan a verse, y sucede una desgracia; porque Don Victor, rebelde, con la duda de que entraba otro amante a merecerte, quiso esperarle atrevido, y darle sangrienta muerte, si no le advierto es tu hermano, y no amante pretendiente. Y aunque lo dudo celoso, y le amenazó valiente, le dejé oculto en el cuarto, porque en el quinto no peque. El alma llena de sustos, no sabe si vive, o muere: qué bien se prenden los males! qué mal serenlazan los bienes! Celos, y agravios me obligan a que yo de Blanca intente registrar toda la casa. Dime, señor, quien te mete en aventuras ajenas? El grande amor que me debe. casa abierta Por hallar su AL CONTRARO. tan a deshora, me enciende el temor de que otro amante su hermoso cielo merece. Si con otro amor te envida, perderás cuanto quisieres. Oye, que en esa antesala siento pasos. . Mucho sientes. Aquí, señor, está Blanca. Cielos, Don Basilio es este! Veleta, qué es esto? ay triste! Señora, no sé. . Tu vendes, traidora, mi honor. . Repara:: Advertid, que no os ofende, Blanca hermosa esta criada, que yo amante, y diligente, hallando esta casa abierta (a mi amor cerrada siempre) a tales horas (ay, ansias!) no es mucho que me atreviese a entrar, por verme abrasado en ese Sol refulgente, que siendo gloria de amor, es ocasión de mi muerte. Si como decír me amáis, señor Don Basilio, y tiene algún mérito mi fama con vuestro amor, concededme aquí una merced que os pida. Mi amor os será obediente. Pues por la puerta que el trasteis os volved. . Sentencia fuerte! Soberano Cielo mío, desde el instante que os vi, hallándome a mí sin mí, en adoraros porfío: Sin vistar ser, ni albedrío el alma os llego a ofrecer, ufano de merecer, por fineza tan notoria; que llegue a ser en vos gloria lo que es en mi padecer. No puedo oprimir mi amor después que os miré tan bella, porque es más fuerza de estrella, que deseo del favor: Y así, no useis del rigor, porque es contra vos sospecho, y aún estoy muy satisfecho, que si injuriarme intentáis, armas contra vos tomáis, pues siempre estáis en mi pecho. Cese el rigor homicida de un alma que amante os di, no por reservarme a mí, si por guardar vuestra vida: Mas si al rigor prevenida de Amor no os dejáis vencer, podéis, señora, entender, que yo constante he de estar; con más firmeza en amar, que vos en aborrecer. Dejadme, penas, morir, pues acabó mi esperanza: mas quién está aquí? Qué miro? Ay, señores, cuchilladas ha de haber, si Dios no acude! Esto a mis penas faltaba. En mi casa Don Basilio:: Don Marcos en esta casa? Después que en la suya, aleve, quiso entregarme a la Parca? De turbación no respiro! No basta, penas, no basta, que con la hermana me ofenda, si no también con la dama? Venganza pide este agravio. Muerte le dará mi saña. Villanó, de tus arrojos hoy sabré cortar las alas. Lo que con la lengua has dicho, traidor, obra con la espada. Mas que salimos de aquí lastimados, y sin blanca? Quizá apagando esta luz, evitaré una desgracia. . A buenas noches quedamos. Qué ahora la luz faltara! Muera quien mi casa ofende. El Diablo está en Cantillana. Por este lado me escurro antes que escurran mi panza. . Ya he topado con la puerta. Espera, traidor, aguarda, . Sigue mi alcance, y verás el valor que me acompaña: pensando que soy Don Marcos, . vendrá siguiendo mis plantas. Ceniza te hará mi fuego. Bien he logrado mi traza. Cielos, aliviad mis penas! Dónde, villano, te guardas de las iras de mi acero? El estruendo de las armas en este cuarto he sentido. Ay, Cielos! . Esta es mi hermana. Hola, Roberto, Lisardo, luces presto. . Estoy turbada! Atropellando temores, que el pecho me sobresaltan:: Señor, aquí está la luz. Todos los Cielos me valgan! Echó mi fortuna el resto. Volcanes el pecho exhala! Con otro (ay de mí!) Don Marcos aquí dentro peleaba: mayores son mis ofensas, pues Blanca con dos me agravia. Mi amante, penas, mi amante en los brazos de otra dama, después que lloré su vida en los brazos de la Parca? Resistirte en vano intentas de las iras de mi espada. . Bueno fue encubrir el rostro. Por el otro que aquí estaba me tiene. . El diablo anda suelto. Será tu defensa vana. Vive Dios, que de mis celos así he de tomar venganza. Caballero, si reñís por ocasión de esta dama:: Cielos, qué intenta Don Victor? Yo también de su esperanza desiendo la posesión. Mas advertid, que es ingrata, que quien hace cara a tres, no puede tener constancia. Todo el Cielo es contra mí. Mas me irritan tus palabras. Prudente, de sus rigores me retiro. . Qué se matan! Si aquí el dolor no me ahoga, si el tormento no me acaba, o estoy de razón ajena, o de entendimiento falta. Rigores, si el bien que adoro amante, de mí se aparta, por qué me dejáis la vida, cuando me lleváis el alma? Celoso de otra hermosura al peligro se abalanza; que le den muerte recelo, que aunque ofende mi constancia, será mayor pena el verle muerto de amor por su dama, Qué se pudiera escapar de las iras de mi espada! Mas en esta hermana fiera, que fácil mi honor empaña, he de templar, vive el Cielo, la cólera que me abrasa. Blanca, aleve; mas qué miro! Ya de hablarme te acobardas, falso amante, dueño injusto? Hay confusión más extraña? Tan ciego el amor te ha puesto que aún no sabes con quién hablas? Señora, pues vos aquí? Sí, traidor; de tu mudanza soy testigo, ya conozco, que ofendes mis esperanzas. Bueno es que traidor me llames, cuando tú sola me agravias. Jamás te ofendió mi afecto. Tú mi muerte no trazabas? Cómo, si en tu pecho vivo? No me llamaste a tu casa esta noche, di, enemiga, porque en ella me quitara la vida tu hermano aleve? Fuy de un rigor violentada. Tú el papel no me escribiste? Obligome su amenaza. Pues quién le dijó mi amor a tu hermano? . Mi desgracia. Hallome escribiendo (ay, Cielos! en parte que a mi esperanza llegó a conocer la suerte brujuleando la carta. Leyó el papel (qué desdicha!) y sabiendo (pena extraña!) que en el jardín de mi amor florecía tu esperanza: Indignado contra mí, en otro escribir me manda, porque yo propia al suplicio de mi vida te guiara. Notó el papel que leiste amoroso, en que ocultaba, con la capa del cariño, el rostro de su venganza. Y llamando a un criado suyo para que te lo llevara, me dejó presa en mi cuarto, previniendo a la borrasca, que a mi vida le apercibe el Caribdis de su saña. Fuiste a mi casa esta noche, donde aleve te esperaba para dar fin a tu vida, y principio a mi desgracia. Cuándo oyendo (fuer te susto!) el rumor de las espadas, con una llave maestra di paso a mis esperanzas. Salgo a la calle, y un hombre piadoso mi vida ampara, y de esta casa, escondida dejándome en una estancia (que la madre de Morpeo llenó de sombras opacas) volviose, y dejome sola, diciéndome, que importaba ausentarse de mi vista, Y yo, de dudas cercada, oyendo el rígido estruendo de las militares armas, salí, donde mi tormento vino a verte (acción tirana! Basilisco de mis ojos, y de otro amor Salamandra. No combatido del Noto se enciende el fuego con tanta furia; como en mí el amor, sentido de tu inconstancia; que amor mientras más lo enfrían, con mayor violencia abrasa. Mas qué pronuncio? qué digo? yo querer a quién me engaña? yo obligar a quién me ofende? yo rendirme a quién me ultraja? miente mil veces mi labio, salga de mi pecho, salga este encanto, este delitio, esta ponzoña, esta rabia. Que si algún tiempo era imán de los yerros de tus ansias, ya soy Áspid de rigores, ya incontrastable Montaña, ya de tu esperanza Harpía; Ya Furia; ya Tigre Hircana, ya Basilisco, ya muerte; y en fin, mujer agraviada, que solicita vengarse, para ser contra tus ansias Áspid. Roca, Basilisco, Tigre, Harpía, Furia, y Parca. Señora, mi bien, espera. Suelta, ingrato. Si te hallanas a escucharme. . No es posible. Eso es amor? . Es venganza. A mis disculpas atiende. Tu culpa está averiguada, supuesto que mi tormento la confiesan tus mudanzas. Bien sabe amor si te adoro. Él me dice, que me engañas. Yo soy firme. . En ofenderme. Mi corazón te idolatra. Es falsedad. . Por ti muero, Quién lo afirma? Mi constancia. . Y Blanca? Blanca no puede ser blanco de mi esperanza. De mi señor no he podido templar la furia indignada; pues colérico; y resuelto, ha saltado por las tapias de ese jardín, con intento:: mas Don Marcos, y mi ama están solos: gran desdicha, si aquí mi señor los halla, ha de suceder; mas antes que me cojan en la trampa, quiero acogerme a sagrado, que esta cuadra no me cuadra. Si no me esgaña el oído, a fuera siento pisadas. No sé lo que el alma teme. A saberlo voy, aguarda oirás mis satisfacciones. . En busca va de su Blanca, bien lo adivinan mis celos. Aunque muera en la demanda tengo de seguir sus pasos. , e Con las sombras de esta sala lo he perdido: a quien pudiera salir una vez de tantas recelosas confusiones, que me atormentan el alma! A dar venganza a mi agravio, a satisfacer mis celos, salté por esas paredes, y piso de este aposento; en sus sombras, los asombros, en mis arrojos, los riesgos. Pasos hacia allí he sentido: si será mi ingrato dueño? mas así saldré de dudas. Es Don Marcos? . Qué oigo, Cielos! sin duda que es esta Blanca; mas, penas, disimulemos. Y quien a lograr su dicha, a . hermosa Blanca, siguiendo viene el Norte de tu amor. No fue vano mi recelo: . ha tirano! ah falso amante! De enojo respiro incendios! . Como está a oscuras la casa, con la escalera no encuentro. Al que colérico sigo, si no me engaño, aquí dentro ha entrado. . Rumor escucho. De cólera hablar no puedo. Saber intento:: mas quién me impide el paso? Aquí es ello. Un hombre me ha suspendido. Mas de mil fantasmas veo. Quién eres? . Quién de tu vida será término sangriento. Mi hermano es: qué desdicha! . Tu muerte verás primero. Don Marcos, señor. Ya escampa. Blanca es esta: ya prevengo . un engaño, que resulte en ofensa, de mis celos. Fingiendo que soy Don Marcos, de entrambos vengarme intento. Señora, sigue mi alcance . antes que logre sangriento Don Basilio su intención. Honor, y vida te debo. Aquí está: muere, villano. Ay que me muelen los huesos La vida te he de quitar. Qué me matan! De este acero no has de escapar: luces, hola. Por aquí me voy de miedo. Con temor saco la luz. Con mil palos me contento; De mis enojos, aleve:: mas, Viento, tú aquí? Santelmo! sin duda que la borrasca, ha levantado este Viento. No respondes? . Señor si (así escaparme pretendo pues en tu busca he venido a decirte, que sabiendo hoy mi señor, que le diste a su primo pan de perro, y que ofendiendo a su hermana, quieres a Blanca, resuelto saltó por esas paredes a matarte, y yo temiendo de que te digan Responsos, vengo a decirte Evángelios. Pues vive mi ardiente enojo; que a los filos de este acero ha de ser:: mas qué ruido:: En tu busca, señor, vengo casi difunto. . Pues, Fabio, qué ha sucedido? di presto. Sabrás, señor, que a tu dama (después que yo en tu aposento la dejé esta noche oculta, y a ti en su casa riñendo) la vi salir presurosa con su hermano, de aquí dentro. Seguilos hasta su casa cuidadoso, y encubierto, de donde cuatro embozados a breve espacio salieron cargados de un atahud; lo cual oliéndome a entierro:: Calla, calla, que me matas, cierra el labio, que no puedo ya beber por los oídos tanto acibar de venenos. Sin duda que Don Basilio, a sus rigores atento, fue eclipse (ay de mí) fue sombra de aquel Sol; de aquel lucero, que adoro, de aquella Diosa, que en Maúseolo funesto entregó a cuatro Piratas las ruinas de su Cielo. Salga en raudales el llanto del manantial de mi pecho, siendo huracanes del alma los martirios que padezco. Acábese mi paciencia, empiece mi desconsuelo, atorménteme el dolor, precipíteme el tormento, ya que perdiendo la vida, los accidentes no pierdo. Ay, Flor! hay, prenda querida! ay, Norte de mis afectos! ay. Cielo de mi esperanza! ay, Gloria de mis desvelos! como ha de vivir sin ti quien por ti vive muriendo, si entrambos somos un alma; dos mitades, y un ser mismo? Por qué, traidor, has ajado aquella Flor, en que Venus, deleitando su hermosura, fue de las almas veneno? Porque, razón, has quebrado aquel cristalino espejo, donde el rapaz del aljaba Narciso miró su aliento? Mas qué aprovechan los llantos, los sollozos? los lamentos, si solo de mi venganza son ellos impedimento? Al arma, valor, al arma; muera este Caín protervo, que la Flor de mi esperanza ha deshojado sangriento. En vano, traidor, te alejas de las iras de mi pecho, que aunque a los Astros te subas, has de ser, viven los Cielos, el Luzbel de mi venganza, y el Ícaro de mi fuego. JORNADA TERCERA S
JORNADA TERCERA
A estas selvas umbrías; que visten de la noche sombras frías, S de Don Marcos, confuso, y cuidadoso, y me retiro prudente, aunque celoso, porque no conociera de mi pena, que adoro la Sirena, a que con cautos desvelos el corazón me abrasa en vivos celos, tan ingrata a mis ojos, que al paso que la quiero me da enojos. Ay me mí! 2. Horrible caso! 3. Qué muero! 4 Favor, Cielos! 1. Qué me abraso! Hombres determinados, qué esperarís de un espíritu penoso, que el Cielo rigoroso ypuso en este atahud por sus pecados, donde los purga, con dolor eterno, mayor que cuantos hay en el infierno. Cielos, qué horribles voces allí escucho? con varias dudas, y cuidados lucho! o 1. Ven, Floro. 2. Huye, Rugero. Ay espíritu ardiente! ay dolor fiero! Más crecen mis espantos, el corazón desmaya en riesgos tantos: De las horribles voces cuatro personas huyen, tan veloces, que alado Boreas a sus pies asiste. Ay, tirano tormento! ay, alma triste! Entre esos ramos (aún a hablar no acierto! un bulto he descobierto: todo soy hielo frío, si alienta el alma, desanima el brío. Qué haré en tal desventura? retirarme es cordura; más parece temor, si, vive el Cielo: a mi valor apelo, que aventurarme intento por ver este prodigio, este portento, confusión de la noche, horror del prado; Ay mísero de mí! ay desdichado! Espíritu, visión, fantasma, o som- bra, que en esa del Abril florida alfombra, con lastimoso acento pueblas de sustos la región del viento, dime quien eres, que en martirio tanto, das enojo al valor, al pecho espanto. Don Victor? (ce! Quién me nombra? horrible tran Yo soy el alma de un bandido: Lance penoso! estoy turbado! Que esta noche del mundo has o desterrado, y por la tuya vengo, purgando los pecados que no tengo. Qué dices? fuerte pena! Que a muerte el Juez supremo te condena. Cielos, qué es lo que escucho? poco valor me anima en mal tan mu- Dios dispone severo, (cno. que en la voraz garganta de Cerbero pagues el grave yerro de quitarme la vida como a un perro. Sin aliento respiro, mortal quedo, apenas (ay de mí!) moverme puedo. Prevente, que mañana has de partir conmigo. Sombra vana, no así desesperarme determines, C ni asustarme imagines. Si en tus penas impías necesitas de algunas obras pías, en mí las hallarás. . Mi pena dura aún más que Sacristan; tuviera cura, Don Victor peregrino, si como humano sois, fuerais de vino; que mis tormentos fieros, no, se quitan vestidos, si no encueros. Este modo de hablar me deses- pera, (ra. yo he de salir de dudas aunque mue- No me mates, señor, oye mi vo- ces. Qué miro, Cielos! Ya no me conoces? Es Julio? Julio soy, más considero, que por venir con gatos, soy Enero. Vive el Cielo, villano, que te quite la vida. . Ten la mano, pues por ti de esta suerte anduve a mójicones con la muerte. Admirado me tienes, y confuso, qué suceso te puso en este ameno soto, que más lo dudo cuando más lo noto? En la casa que a noche nos entramos huyendo a trochimoche de la Ronda, pensando y nos quería embargar por contrabando, donde tu brío contra un hombre fiero aún sin opilación tomó el acero: viendo en un tris mi vida, y con espanto a riesgo de ser mártir, y no santo, procuro retirarme más ligero que onza, y aún que adarme, y en un arca que encuentro, sin decir agua va, zampome dentro, que abierta a mi porfía acelerada, con mi propio temor la hice cerrada, soñando, con señales de despierto, que con acciones vivas estoy muerto. En esto unas fantasmas, que allí siento, las liaron conmigo por el viento; y llevándome en hombros, cada sombra me causa mil asombros, atonito de ver, que su cuidado pueda llevar a un hombre tan pesado; En esta horrible guerra siento ponerme en tierra, escuchando decir: mi Dios loado, que el camino está lejos, y apartado de este umbroso recreo, que a medida nos viene del deseo, cogiendo de este cofre los tesoros, que según pesa, tiene runfla de oros. Tristes de Arnesto, y Duarte, y que murieron a manos de aquel Marte, que defendió su capa de tal modo, que nos puso de lodo, y haciéndonos huir tan lastimados, que él fue el valiente, y nos los seña- lados. Y yo dije al instante: y esta tropa es el Águila rapante, y que con vuelos tan mudos se quería fijar en mis escudos, cuando de tu valor haciendo plaza, llevó palos, en vez de llevar caza. Y otro por darme enojos, dijo. Ono. fre, repartamos las Indias de este cofre; saquemos su tesoro (pensando que yo fuera como un oro) anuncio mi desdicha el riesgo viendo; mas de las tripas corazón haciendo, di tan horribles voces, que a los pies acudieron tan veloces, que se alaron del ábrego denuedo, que son las armas a que apela el miedo; cuando tu espada, de valor crecida, cerró con el sepulcro de mi vida. Tu voz conozco de conjuros llena, salgo del cofre, dudasme alma en pe- decirlo es excusado, (na, ya tú lo has visto, doylo por contado; que deseo saber de tus victorias los sucesos, las penas, y glorias. Después que al hijo de Venus (corsario de libertades) del bajel de mi albedrío amainé los Estandartes, corte fortuna mi vida en los tormentosos mares de celos, donde el amor le dio (Pirata arrogante con la hermosura de Blanca, a mi libertad alcance; sin que de sus esperanzas al muelle jamás se amarre el áncora de mi afecto, con los infortunios grandes, que en el golfo de los celos, echando a pique la nave de mis sentidos, no dejan que el desengaño me escape en la tabla del consejo; sino que el amor gigante rémora el paso me impida, cuando huracan me combate; de modo que mis desvelos, derrotados navegantes, batallando con las olas de zolosos temporales, no hallan Norte que las guíe, no Santelmo que les salve. Eso es hablar de la Mar, que si del amar te sales de Blanca, y te vas derecho, señor, a meterte Fraile al Convento de Himeneo, serás a mañana, y tarde, en el Claustro de tu esposa, regalado como un Padre, teniendo a los nueve meses, si no un Príncipe, un Infante. Cuando idólatro rendido la hermosura de aquel Ángel, que en los Altares de Amor adoran las voluntades, será el casarme difícil; que el tormento que me abate, de modo a gigante crece, que en el circo de mis males la fuerza de la razón no ha podido derribarle. Si de casar te rehusas, señor, y Don Marcos sabe, que enámoras a su dama, temo que con un desaire, si los trastes no mudamos, habemos de dar al traste. Dajar de amarla no puedo; porque es mi afición tan grande, que me obliga a tropellar montes de dificultades, que como sigo imposibles, todo me parece fácil. Pues vamos, señor, de aquí, que ya el Alba hermosa sale coronada de esplendores, por las puertas orientales; y de ver que al boquirubio Febo, le cantan las aves, se está muriendo de risa. y yo murieddo de hambre. Ya, Julio, de Barcelona pisamos las anchas calles. En esta pienso que a noche, aquellos rápidos sacres, al darnos con la de Rengo, llevaron con la de Martes. Muy temprano te has vestido. Ay, Veleta! no te espantes, que con la vista del Alba se divierten mis pesares. Aunque me tiene envidiosa de que merecer alcance. (cuando yo con fe más viva muero sin ver a mi amante que mirando al Sal se muera, porque muera por mirarle. Oye, señora, repara, que Don Victor por la calle pasa. . Ya el alma, a su vista, en vivos incendios arde. Quiéres que le llame? . Sí, que mi vida está en llamarle: pues no está en casa mi hermano, dile, que entre. . Que me place. Ce,ce. . Si es llamar, ce,ce, yo no entiendo ese lenguaje, y es que nos llama Veleta. Señor, señor. Aunque tarde, mi deseo me anticipa. Mandada soy a que os llame, entra, pues, que a la que espera se hacen siglos los instantes. A verla parto contento, que aunque es a mi amor mudable, a vista de su hermosura son placeres mis pesares. Y ved, señora doncella? Qué manda el señor doncel? Diga, es ella? . Diga, es él? Yo soy él, y ella no es ella. Solo quien me da oropel dueño de mi amor se nota. Aún por eso me derrota ese Viento, a quien regalas. Díceme, que soy su Palas. Será, viéndote en pelota. Eso no, que honestidad profeso, cuando se liga con Viento mi voluntad. Quizá esa ventosedad te hará crecer la barriga: mas qué mucho, si primero de tu hermosura contrasta la opinión? . Miente el grosero, yo con fe casta le quiero. El pienso que te hace casta. Ya a mi mal no hay resistencia. Qué Blanca huyó de tus brazos? Rompiendo a mi amor los lazos, con la espada de su ausencia. mi esperanza hizo pedazos. El bien que llego a perder me mata con el vivir. que como me miro arder sin acabar de morir, me muero por padecer. El alma en triste cadena, no admite ningún consuelo del bien que idólatra ajeno; que como le falta el Cielo, viene a vivir con la pena. De mi casa, en las clausuras, a Blanca (ay de mí!) conduje por gozar sus luces puras, mas como a oscuras la truje, dejó mi esperanza a oscuras. Con cautela vengativa pensé triunfar de su honor; pero entonces fugitiva me llevó el alma captiva al Argel de su rigor. Huyó ingrata, y no sé a donde mis ansias han de hallar fin, que como no me responde, pienso que mi Serafín en el Cielo se me esconde. Por Don Marcos (ah traidor! según celoso presumo, se negó a mi ansioso amor, y a los humos de su ardor volvió mi esperanza en humo, Mas pues muere mi esperanza en el lecho de su ausencia, muera también quien alcanza su favorable presencia, a manos de mi venganza. Quitarle tengo la vida al que ablasonar se allana, que Blanca por él me olvida, siendo ofensor de mi hermana, y de mi primo homicida. Tres ofensas, enemigo, a hacer a mi honor alcanzas, mas en tu justo castigo, a darle a mi honor me obligo de un castigo tres venganzas. De lo que, tirano, ordenas, . antes le daré yo aviso, porque son los Marcos de oro los que más valen conmigo, Pensé que en un atahud llevaba cadáver frío Don Bauilio, a mi señora: el cual era un cofre mío, que sin sentir me robaron; y al fin, llegando a sentirlo, gemí tanto, que Don Marcos dio un tapa boca a mis gritos, con unas llaves de plata; que me cerraron el pico. Por esta calle, sin duda, ha de pasar mi enemigo. Es, señor, muy demañana para que atienda al cariño de los favores de Blanca. Adiós, que baja Don Victor. La del humo. . Cómo es Alba:: mas qué veo? . Julio amigo, ya el alma está satisfecha. Mas qué te ha favorecido? Con esta flor, a mis celos el desengaño previno; dándome a entender que Flor se llama, la que es hechizo de Don Marcos. . Vive el Cielo, que de su casa ha salido el que en la Aldea me hirió. Por esta Blanca, imagino, que habéis de sacar las blancas. Mis enojos vengativos sabrán quitarle la vida, Apercibete, que dimos con toda la Armada Real. Qué dices. Que el hermanillo de Blanca viene a nosotros de pendencia. Prevenido estoy para la defensa. Villano, de tus delirios Don Basilio de Cardona será fatal precipicio Qué es lo que escucho? teneos, advertid que soy Don Victor vuestro deudo. Aquí hay tramoya. Suspenso estoy, estoy frío: vos sois Don Victor de Prado? Señor sí, que está florido. El contento que a los ojos os muestra con regocijo el alma, os dirá quien soy. Él no haberos conocido disculpa mi atrevimiento: dadme los los brazos. Consigo bien mucho, pues en los vuestros hallan mis penas alivio. Y vced, no me da los suyos? Siempre seremos amigos, si promete que en Veleta no pondrá los ojos. . Digo, que los ojos no pondré, sino las manos. . Admiro la dicha de conoceros por tan extraño camino. Mas decidme, qué ocasión a esta casa os ha traído, que el veros de ella salir, sin haberme dado aviso de vuestra feliz venida, me tiene en un Labirinto de dudas, sin que el discurso pueda salir de su abismo? Sin duda que ha sospechado, . que su hermana es el motivo, que en las aras del amor sacrifica mi albedrío; más satisfacerle importa. La causa de no aber ido a veros, fue porque a noche maté a un hombre en este sitio. Y al sagrado de esa casa entrándome fugitivo, me retiré con cuidado a un jardín, donde escondido estuve, hasta que el Planeta, luciente Antorcha del siglo, dio a mis esperanzas luz, pues fin ser de nadie visto salí con ese criado a tiempo:: mas el decirlo es excusado, pues vos sois de lo demás testigo. Si he cometido algún yerro (siendo esto lance preciso a estar en vuestro lugar os perdonara el delito. No sé si me persuada a creer lo que me ha dicho, que como me hirió por Blanca, y ahora salir le miro de su casa, aquesta acción es de mis celos motivo. Mas con ardid cauteloso he de estorbar su designio, porque así dando la muerte a Don Marcos, logre el mío. En mi amor conoceréis, . que vuestra disculpa admito. Ya me juzgo venturoso, pues vuestro favor consigo, cuando airado de mi hermano busco al homicida impío. Mi favor no ha de faltaros, y a ocasión habéis venido, que podéis vengar su muerte. Qué decís? Qué determino:: más seguidme, que en el prado os diré el intento mío. Por saberlo voy muriendo: presto (ay, hermano!) al que altivo fue término de tu vida le daré justo castigo. Diciéndole, que la goza . nuestro arrogante enemigo, dará paso a mi esperanza por las puertas de su olvido. Yo me quito de este Viento, porque es en todo tan frío, que si ando mucho con él me ha de dar un romadizo. . A avisar voy a Don Marcos, que la orden de Basilio, quiere en el Claustro de Cloto hacerle Fraile Francisco. Asaltada de temores, combatida de martirios, padece tormenta el alma en el golfo del peligro. Pensé a noche, que mi hermano era el que amorosa estimo, y que juzgándome Blanca, festejaba mis cariños; cuando asustada de oír aquel belico ruido, que en el riesgo imaginado daba lugar a mi alivio: llegué a pedirle favor (ay, Dios!) no habiendo advertido, que por pedirlo a mi amante, se lo pido a mi enemigo. El entonces cauteloso (porque su dama me finjo) me trajo a mi casa, cuando entre sombras (qué peligro!) el corazón, que es leal, me dio de quien era aviso. Y del temor persuadida, a la cuadra me retiro, en que ayer me tuvo presa, por librarme del castigo que me asalta el corazón; con rigores tan impíos, que llena de angustias muero, solo de pensar que vivo. Bien puedes, entrar seguno, que mi señor Don Basilio queda, con el forastero. La vida, te debo, amigo. Aquí está; llega. . Sus luces noiMa me ciegan. . Cielos, qué miro? A hacer voy la centinela, no venga Don Basilisco; y nos mate con la vista. Divino imposible mío, en cuyo espejo de nieve el Sol, segundo Narciso, mirándose tan hermoso, se enamora de sí mismor de tu beldad:: . No prosigas, Caballero fementido, que me corro, vive el Cielo, que juzgues, cuando remiso haces de mi amor mudanza, encubrir (qué desvarío!) con máscaras de lisonjas, el semblante a tu delito: si otra damar? . Cierra el labio, no ofendas el amor mía, que es mi hermana la que causa tu celoso desatino. . Qué dices? La verdad pura. Eso es cierto? Es como digo. Señores, mi amo. . Ay de mí! No temas, dueño querido, que en defensa de tu vida está mi valor invicto. No, mi bien; porque resulta a los dos mayor peligro; mejor será que te escondas. Retírate, por Dios vivo, que sube como un cohete por la escalera. . Ya he oído sus pasos: entraos, señor. Darte gusto solicito. Ven, que escondido en mi pieza le podrás hacer el tiro. Todo es temores mi pecho. Ya el esfuenza de Da victar, . previne para esta noche, que dar muerte determino b al cauteloso Don Marcos, que cual Ícaro atrevido, sin reparar en mi enojo, procura su precipicio. Desengañese mi hermana de su ambroso delitio, que a la memoria de un muerto se apaga un incendio vivo. Solicito su quietud; y así casarla imagino con Don Victor: aquí está, comunicarle es preciso mi intento. Hermana? . Señor. . El reposo solicito de mi honor. Valedme, Cielos! . Él sin duda lo ha sentido: hermano, fi: Esto ha de ser. De turbación no respiro! . Que mudes de estado importa. Incierto salió mi indicio, feliz será mi fortuna, . si acaso compadecido me da en Don Marcos esposo. El que ha de casar contigo se aposenta en nuestra casa. Es verdad, pues escondido. . está en el cuarto de Viento. Que es nuestro deudo Don Victor. Muerta soy! válgame el Cielo! . Que de Valencia ha venido a merecer tu hermosura. Volviose el gozo en martirio. . Conforme a su estimación es menester que al proviso le adornes un cuarto. Cielos, quién en tal pena se ha visto? Ley es en mí tu obediencia. . Entra, hermana, a prevenirlo, que ha de venir esta noche a hospedarse en él tu primo. Con obedecer respondo. Ay, Don Marcos! ay, bien mío! . PEDIR FAV la vida me ha de costar estorbar este designio. Con esto, si de mi ofensa doy término ejecutivo, queda mi enojo vengado, y mi honor restituido. Que es dama de mi contrario, le certifiqué a Don Victor, Blanca, porque de este aleve, hoy celosos, y ofendidos, demos fin a la esperanza, y a nuestras dichas principio. Y pues ya el Planeta ardiente espira en lechos de vidro, y las sombras de la noche son luces de mis designios, de Viento me he de valer en la venganza que aspiro, porque aperciba a mi ofensa el último parasismo. sin luces está su cuarto, y a mis intentos propicio; tiene, cuando busco a Viento, ya medio abierto postigo. Viento? Viento? A Viento llaman, y es sin duda Don Basilio; vive Dios, que he de saber lo que traza este enemigo, fingiéndome su criado. Qué mandas, señor? Amigo, fiado de tu lealtad, de ti a valerme he venido. Fiel espero que me mandes. Esta noche, vengativo, vertiré la aleve sangre del traidor que me ha ofendido, si me ayuda tu cuidado. Daré el alma en tu servicio; vive Dios, que contra mí, favor me pide a mí mismo. Premiaré tu diligencia, si espías a mi enemigo Don Marcos, porque pretendo ser su homicida, en el sitio que me avisares que está. Disimular es preciso . hasta mejor ocasión. Parte en su busca; advertido, que esperándote en la calle de Blanca, he de estar. Mi oficio es, señor, obedecerte. El premio será excesivo, si llego adarle por ti el castigo merecido. Tú verás con que cuidado te pago ese beneficio. El logro de mi venganza de tu diligencia fío. Presto verá tu rigor la pena que se apercibo: ya que ignorando tu muerte, . te vales del enemigo. Así el ardor de mi pecho, rindiendo su orgullo altivo, del timbre de mi nobleza rescata el honor antiguo. En este cuarto se oculta Don Marcos, según me dijo Viento, y pisando temores, a consultarle he venido mis penas, porque su amparo pueda servirme de alivio; mas por aquí siento pasos. Rumor hacia allí he sentido. Él debe de ser sin duda, quiero llamarle. Ah bien mío? Cielos, esta no es mi hermana? Don Marcos? Por mi enemigo me tiene, cosa que fuera el que estaba en este sitio. Mas así saberlo intento. Ya en esos rayos divinos . el corazón abrasado festeja su precipicio. Deja, señor, las lisonjas, y solo atiende al peligro que procura derribar de mi amor el edificio, Casarme intenta mi hermano (qué rigor!) con un Don Victor su deudo; mas yo que amante el alma te sacrifico, resuelta a tu amor me entrego, porque atento a mis carinos, cumpla con su obligación, siendo mi esposo querido. Hay semejante maldad? . de cólera estoy perdido! Con mucho recelo vuelvo, porque Don Marcos me dijo todo cuanto le ha pasado con mi amo: aquí hay ruido. Yo haré que en su sangre qued? . mis agravios sumergidos. Injusta hermana:: Ay de mí! Aunque te ampare el abismo, no has de escapar de mi enojo. Oh Cielos, sedme benignos! En gran riesgo está mi ama, favorecerla es preciso: Señora, sigue mi alcance, . si quieres de este peligro salvar la vida. Este es Viento. Ya agradecida te sigo. . Qué no la encuentre mi saña! sin duda que fugitivo su temor de mí la esconde. Oh pesia al hado, que impío, con la espada de su fuga, corta a mi venganza el hilo! En vivas iras me abraso, cuando noto, cuando miro, que al pecho de mí de honra alimenta su delito! Mas a qué espero? qué aguardo, que indignado no la sigo? Espera fácil hermana, que contra ti vengativo, del cómplice de tu amor, voy a ser fatal suplicio. . Ya sin temor que la espante, libre de riesgo tirano, burla enojos del hermano, goza afectos del amante: donde el amoroso ardor de Don Marcos, con mi auxilio, a pesar de Don Basilio se lleva en ella la Flor. En cuyo jardín la embosca mi astucia, con tal destreza, que a la miel de esta fineza, por él acude la mosca. Que como estudio en los artes de amor; aprendo sus tomos, que esto hacen los que somos personas de tantas partes. Qué del enojo que ocupo así pudiera escaparse! qué de mi sepa guardarse quien guardar su honor no supo! Oh pesa a mi avara suerte, que con violencia crecida tiene incognita su vida en los brazos de mi muerte! Sin duda que mi enemigo al abismo la retira, porque no puede la ira ejecutar su castigo. Mas un hombre está parado en la calle de mi ingrata. Allí un bulto se recata. Quién será? S. . Ya estoy ciscado: bravo gigante es el miedo! A reconocerle voy. Él se acerca: sin mí estoy! Quién va? téngase. No puedo, que me ha tullido el temor. Diga el nombre, o vive el Cielo, que en su sangre, tiña el suelo. ̱ Él es hombre de valor: . qué haré, en semejante aprieto? Este es Viento mi criado. . Ya que no hay otro remedio, . he de hacerme de los bravos, echándole Bernardinas; voto a Dios, que si me enfado, él. PEDIR FAVO que le arroje con un dedo por cima de los tejados. Tentepnecio. Es mi señor? No me conoces? Si tardo, mas un puntó en conocerte:: Qué hicieras? Ponerme en salvo. Qué haces aquí? sp Si averigua lo que yo estoy recelando, me ha de hacer pedazos, por que muera por mis pedazos; mas de un secreto, que hoy me reveló su contrario, tengo aquí de ser valido por no ser del ser privado. Según me diste la orden . vice, señor, espiando al que mereciendo a Blanca procura dejarte en blanco. Y en qué parte le dejaste? Yo presumo que espirando. Qué dices? Que le tiré con ímpetu denodado a la barriga tal punta, que sin darle ningún asco- hice que echara las tripas. Oye, que si no me engaño, siento tu nor a la teja del bien que amante idolatro. Mucho Don Victor le tarda, sin duda, que amante ingrato, atropellando finezas, me ha percibe desengaños. Esta mañana me dijo, que vendría a verme, cuando Morpeo. de los mortales, fuera profundo letargo. Mas el no ve le venir me tiene en un triste Caos de confusiones, temiendo lo mismo que estoy dudando. Sosiégate, no te aflijas, que según he reparado, hay rumor en nuestra puerta. Si será el bien que adolatro? Él es, y la buena pieza de Julio, si no me engaño. A Blanca me ha parecido. Qué espero que no le llamo? Ah señor? . Llamaron? . Sí, por señas: . Qué? Que llamaron. Ella no me ha conocido. Pensará que eres Don Marcos. Ponte en la otra teja tú, por si viniere mi hermano. no Aquí importa de mis dudas . apurar los sobresaltos. Ya al precento de tu voz . llega obediente Don Marcos. Qué es lo que escucho? Ay de mí! Quizá en mis amantes lazos . caerá con esta ficción. Con el bufón del criado quiero un rato entrecenerme. Allí está el Ángel taimado, que con ganzuas de plata me deja abrir su Palacio. Hola, hi lalgo hidalgo, hola. Por Dios, que estoy mareado con las plas que me da. Yo me resolví a olearlo, viendo que por mí se muere. Suspendida se ha quedado. Muerta me tiene el pesar; . mas, corazón, alentaos, satisfacerle me importa; valiéndome de un engaño. Hermano, después que a noche a él. determinaste, indignado, dar la muerte a Don Basilio con la espada de tu agravio: combatido de temores mi corazón, sin descanso ignora lo padecido, sintiendo lo imaginado. Qué es su hermano mi enemigo No en vano, señor, no en vano, el deseo de tu vista me decía, que parado en esta calle, a mi gozo estabas abriendo el paso. Dudosa el alma no cree lo propio que está escuchando. Casémonos, Julio mío. Dios me libre de ese trago. Tan amargo es el casarse? Y como que será amargo, si esto de ser tu marido se me pusiera en los cascos. Antes que venga Don Victor . importa evitar el daño que puede venir, si aquí llegan a encontrarse entrambos. Hermano, entra a recogerte, . no del enojo llevado, por dar logro a tus venganzas des sustos a mis cuidados. Lo que el alma deseaba . me está ofreciendo: qué aguardo, que no logro tal ventura? Abre, pues. Bajo volando: qué bien le supe engañar! . Así gozaré sus brazos. Quédate, caro bufón. . Vete, cara del barato. Amigo, mientras que al Cielo me sube el favor alado del gozo de conjugarme con el fuego de los Astros: De la gloria de mi dicha has de ser velante Argos, hasta que venga Don Victor; que valeroso, y bizarro, a las once de la noche, según le tengo ordenado, me esperará puntual. Y si aquí me halla parado la Ronda, y me pesca el bulto? No temas ningún fracaso, que con magnánimo pecho:: mas ya el dueño que idolatro abre a mi dicha la puerta. De la justicia, entre tanto que vas a ser de la carne, temo que he de ser pescado. Entra, hermano. Ay tal ventura? Haz, Viento, lo que te encargo, mientras de su honor soy Paris. Yo quedo con miedo harto, como jugador de pintas (si en lo que para reparo) él por tener los encajes, los encuentros me ha dejado. Heme aquí, que un valentón me quiere romper los cascos: qué he de hacer? qué? acuchilladas hacerle áñicos, si acaso no me sucede al revés, aunque las tire de tajo. Ahora bien, va de valor, ponese recto el contrario; tírole una tarascada, y diestro como un Bernardo repara con la brillante: éntrole por este lado, y haciendo el ángulo corvo:: mas por allí asoma un trasgo, Dios le haga corto de vista, porque se pase de largo. Sin ser de nadie sentido, dejé escondida en mi cuarto a Flor, y por el postigo del jardín, vuelvo indignado en busca de Don Basilio, que mi muerte procurando, de la opinión de mi hermana hace Venusino estrago. Mas en la calle está un hombre; él es sin duda: qué aguardo, que no le quito la vida? Él viene, aquí me hace andrajos, Téngase: quién es? Un Viento, que se va por aquí abajo: si es Don Victor? Pues, amigo, a donde queda tu amo? Con una Blanca, que amor hoy de limosna le ha dado. Honor, qué es esto que escucho? Iras de furor exhalo! Dime, y quién le abrió la puerta? Ella propia, imaginando, que era su hermano. Ay de mí! Hola, Veleta, criados. Esto huele a Tarquinada. De enojo estoy reventando! A qué espero, que en su sangre no voy a anegar mi agravio? A dónde vas. A dar muerte a este alevoso. Don Marcos es, juro a Dios: el Demonio de modo lo va entedando, que por cosa de una Blanca se han de venir a hacer cuartos. Esta noche has de vengar el malogro de tu hermano? A su homicida, tirano, vengo resuelto a matar, para que fatal la fuerte, que injusto en mi ofensa alcanza, le dé paso a mi venganza por las puertas de su muerte. En esta calle festeja. según noticia me dio Don Basilio; mas si no es ilusión, a la reja de Blarca he visto parado un hombre: qué hamos de hacer? No he de dar mi parecer, vamos a ver un Letrado. Gente viene. Llega, Julio, a reconocerle, osado. Y si por tanto, señor, me da en la cabeza un tanto? Mas qué ruido Marcial:: Esto es malo como el Diablo. Así, traidor, con tu muerte mis injurias satisfago. Favor, Cielos! En mi espada hallarás tu intento vano. El belico estruendo suena en casa de Blanca. . Malo. Señores, en esta casa dos hombres se están matando: vamos aprisa, por Dios; a meterlos en paz. . Vamos, que si son los que imagino, ye vengaré mis agravios. Cielos, qué rumor es este, que mi pecho alborotando, del cuarto en que me dejó asegurada Don Marcos del peligro, que notorio mi vida está amenazando; me ha traído? Mas qué veo? (no mi hermano (ay triste!) mi herma- contra el valor de mi amante vibra el acero indignado. Terrible susto! ay de mí! ya combatiéndose entrambos vienen a este puesto, cierta es mi desdicha, a dar paso no acierto, porque el temor me deja estatua de mármol. No hay resistencia a mi enojo. El mío sabrá mataros. Hermano! Señor! Qué miro? . Su enojo estoy recelando. Muere, traidora. Eso no, que la defiende este brazo. Vertiré tu aleve sangre. Tu defensa será en vano. Don Marcos es el que riñe, ponerme quiero a su lado. Muera el que intenta ofenderos; mas qué miso? Nuestros amos están riñendo: qué haremos? Que nos hagamos pedazos. Saca la espada. Detente, que no lo dije por tanto. Don Victor, vos contra mí, defendiendo al que tirano dio a vuestro hermano la muerte? Será por mi castigado. Qué desdicha! Hay mayor pena? Mi enojo os hará pedazos. Verás tu altivez rendida. Tened el acero airado, que es acción poco acertada que yo padezca el agravio, y que vos le estéis riñendo. A mí también me ha injuriado en el honor de mi hermana. Pelead conmigo entrambos, que quien se puso a ofenderos, no dificulta el mataros. Yo he de quitarle la vida. A mí me toca ese aplauso, pues mi agravio es más antiguo. Porque podáis conformaros, os daré un medio importante. La ofensa que estáis pasando, no está en haberme traído a vuestra hermana? Eso es claro. Si la admito por esposa, cesarán vuestros agravios? Seréis, Don Marcos, mi amigo. Aquesta, Flor, es mi mano. Mi ventura solemnizo. Yo solo vengarme trato del que a mi hermano dio muerte, En mi hallaréis otro hermano, que en archivos de diamante escriba vuestros aplausos. Si a Blanca mi hermana:: Cielos, Blanca es su hermana? La mano le deis de esposo, supuesto, que palabra de casaros con ella, dado me habéis. Ya yo en el entedo caigo, . con Don Basilio me ofende esta ingrata que idolatro. Feliz será mi fortuna . si con Don Victor me caso. Pues de mi amante inquietud ap se resiste a los asaltos, a desistir de esta empresa me obliga mi desengaño. Don Victor, esto conviene . por conveniencia de entrambos, a lo hecho no hay remedio, perdonad vuestros agravios, que con Blanca serán glorias. Qué resolvéis? Que de estado no es lícito que yo mude, por ciertas cosas que callo. A mí el responder me toca; si de Don Basilio acaso estáis celoso, porque PEDIR FA me fingí su hermana, cuando me halló con vos en la Aldea: advertid que fue recato de que no me conociera, teniendo por acertado el quitaros la sospecha tan a costa de mi daño. Cómo es posible, si ahora en vuestra casa le hallo? La puerta le abrí, creyeado, señor, que fuera mi hermano. Con tal engaño, entré dentro a dar la muerte a Don Marcos. Estáis satisfecho ya de vuestras dudas? Y tanto, que perdonando la injuria, le doy de esposo la mano. Feliz yo, pues tal merezco. Solo Blanca se ha llevado el Victor de la Comedia. otro le pido al Senado, porque tenga sin dichoso pedir favor al contrario,
