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Texto digital de La paz de Dios con el hombre

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La paz de Dios con el hombre. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/paz-de-dios-con-el-hombre-la.

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LA PAZ DE DIOS CON EL HOMBRE

Ah de la Región del Orbe, material obra primera, que en su Artifice probó amorosa omnipotencia. Mística Jerusalén, que incauta al sueño te entregas, levántate iluminada, abre tus ojos, despierta. El mismo Cielo ofendido pregona en dulces cadencias, gloria a Dios en las alturas, y paz al Hombre en la tierra. El pacifico Rey viene y establece a darla sacude el torpe letargo, abre tus ojos, despierta. Oh voz superior! qué quieres obrar con oculta fuerza en mi corazón? suspende tus dulces ecos, que apenas pudo informarse el sentido, cuando padeció violencias todo el racional imperio. Déjame en paz: oh potencias! volved de nuevo al descanso. Abre tus ojos, despierta. Ya que voz ignorada usurpa al Mundo su quietud amada, atenta determino conservar de sus hyerros el destino: duerma el Mundo infeliz en sueño fiero que siempre al Mundo soñoliento quiero; y si acaso repite la voz sus ecos, mi furor evite el fin imaginado, porque no logre efecto su cuidado: (ta pues si al Mundo la voz de paz despier- no hallarán mis engaños vasa cierta. Gloria a Dios en las alturas, y paz al Hombre en la tierra. Oh voz! Idea, o ficción, qué quieres decir? Sosiega, que vana imaginación, tirana, y cruel desea con voces de paz, discordias introducir en tu esfera: no te domine el temor, que en mí tienes centinela que te guarde, pues al fin la Culpa quiere que duermas. Qué bien alaga una culpa, porque duerma la conciencia! Al sueño vuelvo vencido. Despierta, Mundo, despierta, que es hora ya de que el Hombre (breve Mundo, que en si encierra, con pasmoso maridaje, primores de Cielo, y tierra) sacuda el pesado yugo de su sueño, porque vea en luz de lumbre divina, la paz feliz que desea. Suspende, beldad, tus voces, sella el labio, y mira atenta, que descansa quien al vivo hoy al Hombre representa. Aquel Monarca servido con aromas de la tierra, con cristales de los ríos, con benignas influencias de los Cielos, y los Astros, con las suaves máreas del Céfiro, y el Fabonio, con las lucientes tareas de aquel, que a giros de luces produce, ánima, y engendra. Aquel Monarca, a quien todos debieron nombre a su ciencia; no solicites su enojo, respetad si su grandeza: Y advierte, que es osadía turbar reales conveniencias. Aunque doren tus astucias con visos de reverencia el tosigo que labró laureles a tu cabeza, no me privarás que llame al Mundo, para que sepa, que cuando la Gracia llama, está su salud muy cerca. Aparta, Culpa. Detente, di primero lo que intentas. Anunciar al Mundo un gozo, y avisarle que la tierra vio en sus fines la salud, y que el justo, antorcha bella, que profetizó Isalas, encendidas sus pavesas en la hoguera de su amor, descender quiso a la tierra, solo a fin de establecer con el Hombre paz perpetua. A vista de tal tratado, es necesario te advierta, que el Mundo tratar no puede con otro, sin que yo sea primer Ministro, que escuche, y examine las propuestas. Conmigo debes primero tu capitular. No entiendas, que comunicar la Gracia puede con la Culpa fea: somos contrarias las dos, y por tan extremo opuestas, que hermanarnos no ha podido infinita Omnipotencia. Yo sigo contrario rumbo, y aunque tu furor pretenda impedir que al Mundo avise, no lo lograrás: despierta. Duerme Mundor aquí el Veleño obre con mayor violencia. . Vence el grosero letargo, mira que la luz inmensa te viene a dar en los ojos. No dará, que ya la niebla de la Culpa ofuscar sabe luces de gracia primera; y sembrando la cizaña, sufocar la sementera. Eso consiguió tu engaño; pero ya otro tiempo llega, en que la Verdad Divina desterrará tus tinieblas. Atiende, Mundo, a mi voz: Mundo, atiende a mis promesas. Esta es siempre quien te engaña. Esta imposibles intenta. Con paz te convida Dios. No es segura, no lo creas. Soy de el Cielo. Poco importa. Pues en tanta competencia, si el Mundo no me responde, clamo al Pez, al Ave, y Fiera, al Prado, al Monte, y al Valle, al Risco, Montaña, y Peña, al Tronco, la Planta, y Flor, clamo a todas las esferas. Astros, Signos, Luna, Sol, lucientes puras Estrellas, Cielos, Abismo, escuchad mis voces, para que sepa el universo criado, que la Gracia más excelsa al Mundo llama, y convida con pactos de paz perpetua. Muchos testigos llamaste, pero esas mismas esferas apoyarán la razón que tengo para que duerma. Aún espero me respondas. Mejor a mí me respeta: clamemos las dos, verás bien clara la diferencia. Llama tu primero. Mundo? Yo te llamo, alerta, alerta. Logró cumplida victoria en la región de mi pecho el imperio de una voz, que penetra su secreto. A mis ecos despertó. Presto le vendrá el remedio. Ya perplejo, ya dudoso, . a vista de dos, no entiendo de quien fuese aquella voz; para no errar, preguntemos: cual de las dos me llamáis? Yo. Qué confusión! no acierto a discurrir vuestros fines. Explicaos. Mi precepto se ordena a que nunca des cumplido consentimiento a unos tratados de paz, que la Gracia quiere haceros. Ya percibo: decid Gracia. Mi voz viene de los Cielos, y sus acentos observan los Ángeles; y te advierto, que para que las recibas, debes disponer primero, que el oído esté muy pronto, y ciego el entendimiento. Bienextraña condición! Si lo es; pero deseo que a mi lleguen de esa voz los elevados acentos. Gloria a Dios en las alturas, y paz al Hombre en el suelo. Qué raro enigma! qué voz, epilogo de misterios! ella sola ha desterrado aquel tranquilo sosiego de mi dormida razón, nueva paz dice; qué es esto? pues no logra nuestra paz todo el Mundo en este tiempo? esta descrición no afirma, que está el Mundo en paz compuesto? Lo mismo que escucho ignoro; quiero preguntar atento: Decidme, Gracia, qué Rey os mandó que este Provecto al Mundo se propusiese? Siendo de paz, es muy cierto, que algún contrario será el que propone tal medio: mira si acaso has tenido enemigo en algún tiempo, y de ese principio puedes inferir de donde vengo. Yo enemigo me he mostrado contra el Reino de los Cielos, y en las batallas que ha habido entre uno, y otro hemisferio, aunque sentí sus castigos, nunca vio mis escarmientos. Pues su Rey pide la paz. No es májima del respeto. Qué Ministro ha de enviar? El Ángel del gran Consejo, que es Príncipe de la Paz: así se llama en tu Imperio. Cuando el Príncipe vendrá? Cuando esté cumplido el tiempo que mi Rey predifinió; y pues su espíritu excelso afirma que se llenó, creed que llegará presto. Ya mi corazón suspira por admitirle. No apruebo la novedad de sus gustos, porque de esta acción recelo, que pretende introducir en la tierra vivo fuego. Ojalá para bajar rompieras, Señor, los Cielos. En la noche de mi llanto te llamaron mis deseos. En mi oscuridad te buscan, Señor, mis finos desvelos. Venid, Señor, no tardéis, que perece vuestro Pueblo. Ya no permite mi amor más tardanzas, que obligado me tiene este aprisionado compuesto, que dio el clamor; y en fuerza de ser mayor la fatiga de sus daños, si clamó cinco mil añíos al compás de triste grito, hoy verá mejor que Egipto los favores más extraños: no ha de impedir su pecado, que goce de mis caricias; pues si todas mis delicias en el Hombre se han cifrado, bastará el haberle amado, para que amor peregrino con enlace cual convino forme unión entre los dos, bajando a ser Hombre Dios, subiendo el Hombre a Divino, Bendito sea el que viene en el nombre del Señor. Este es el día mayor que nuestro gozo previene. Mundo, ya se llegó el día que de lejos saludó Abrahán, que solo gozó reflejos de su alegría: Ya tienes su luz, pues haz que para remedio tuyo se cumpla el destino suyo, firmando con Dios la Paz. Raro gozo! Gusto extraño dentro del pecho sentí luego que a este Joven vi. No te venzas, que es engaño; y advierte, que su venida, según computos, y letras de Escrituras, y Profetas, no llega a verse cumplida. Mucho recelo me ha dado este Joven; mas prevenga mi dolo este lance: tenga el Mundo mayor pecado. Decid ya, Joven hermoso, qué fin os condujo aquí? Él de redimirte a ti, por ostentarme amoroso. Por tal seña no conozco. Eso la Culpa causó, cuando al Hombre le dejó semejante a bruto tosco. Aún espero conocerte, si me declaras tu ser. Oh cuanto me obliga a hacer el empeño de quererte. Yo pues, Mundo, soy quien soy, este es mi nombre, y tan fijo, que va transcendiendo siempre generaciones, y siglos. Yo soy el Sunmo inefable, Poderoso difusivo, Sacro incomprensible Bien, difinición de mí mismo. Yo soy cuya mano al Mundo contiene, y quien Divino ánimo, produzco, engendro, disminuyo, y aníquilo, de suerte que la criatura simple, o mixta en el bien fijo, en mí viene, en mi reside, y soy su fin, y principio. Yo soy mineral, y centro de los actos sucesivos, que de las segundas causas se deducen efectivos. Yo soy Provisor eterno, no solo de lo que animo, sino de cuanto en el acto de lo posible registro. Yo soy aquel que conozco mi ser, y me comunico en mi propia inteligencia a un Verbo Eterno Divino, con quien amando en activa espiración producimos tercer Persona, una siempre, pero con ser indiviso. Este soy; pero volviendo a decir como he venido por Príncipe de la Paz, vuelvo a mi primer sentido. Sabe Mundo, que Yo soy el principio sin principio, que de la mente Divina eternamente es nacido, por cuya causa mi Padre me engendró tan parecido en su substancia, que hacemos los dos un solo indiviso. En mí todo se crió, y sin mi nada se hizo, por lo que ganó el renombre de Príncipe de los siglos. Gustoso estaba mi Padre con tan perfecto artificio, cuando abeterno previó manchado el retrato mío con un borrón, que la Culpa estampó en el papel limpio de aquel racional compuesto. Quizás fue (porque aunque quiso disputar a la Deidad el solio, mando, y dominio, y hallaron sus escarmientos un eterno precipicio) ya que no al original, al retrato vengativo querer quitarle el lugar, que su soberbia ha perdido. Previendo pues este daño, formó decretos distintos, unos que dictan piedades, otros que dicen castigos. El Arcano de decretos es Arcano tan Divino, que se niega a la razón, y se permite al oído. Aún de sus prioridades el frágil humano juicio, si quiere considerarlos, no por instantes, por signos. Doblemos aquí la hoja, y pongamos un registro, que a sus tiempos los decretos volverán a prevenirlo. Gustoso digo que estaba mi Padre con este Hijo, cuando manchó mi retrato el pecado infiel, impío, con que mudando de afectos, trocó en rigor los cariños. Entregó el Mundo al estrago, decretando vengativo, que eternamente del Hombre satisfaciese el delito. (Aquí desdoblo la hoja del decreto del castigo) En esta primera guerra el campo del Paraiso perdió el Hombre, y se quedó en cuerpo, y alma cautivo. No bastaron las venganzas, no abasa llaron sus bríos la fatiga del sudor, del dolor, ni del suspiro para su enmienda, antes bien acrecentando sus vicios, al mismo Dios le pesaba de ver al Hombre nacido. Por lo cual rotos los cauces de las esferas, fue arbitrio consumir ya de una vez los Hombres, y los delitos. Duró por cuarenta días el combate tan reñido, que era un diluvio de muertes tanto cristalino tiro. Inundáronse los Valles, sin distinguirse los Ríos, y se elevaron las aguas quince codos sobre riscos. En acción tan empeñada solo ocho quedaron vivos, que iras de pecho piadoso para amar dejan residuos. El triste Mundo quedó tan postrado, tan rendido, que no se le vio la cara, hasta que el vencedor quiso. Descubriose; y de Ezequiel era el campo cristalino, pues el reflujo dejó en vez de peces, vestigios de cadaveres deshechos, que rindieron cuando vivos en vago móvil sepulcro los últimos parasismos. No dio lugar el amor de mi Padre a más castigo, Y venciendo la ternura, olvidó lo vengativo. (Aquí el otro decreto entra del amor, quito el registro) Hizo llamar amoroso al campo del enemigo, y enarboló por bandera de paz un Iris Divino, que tremolaba vistoso sobre valvartes de vidrio. En cuya forma, y materia explico el mejor indicio, de que con la paz rogaba al enemigo vencido. A que añadió sus palabras, todas caracteres vivos, que aseguraban en tiempo a su Vuigenito Hijo medianero de esta paz, con el humano vestido: ya se llegó la ocasión en que dulce, y compasivo a Vos me envía; tratemos esta paz los dos unidos, que yo desde aquí prometo firmarla con humor vivo de mis venas, porque sepa el Mundo cuanto le estimo. Suponiendo, que aunque el Padre me envía a mí a redimirlo, con libre fiel voluntad me ofrezco yo al sacrificio; pues en libertad, y ser consiste el mérito mío. No pretendo introducir interés en el partido, porque mi Reino no es (Mundo) de este Mundo impío; ni de bienes de la tierra tampoco yo necesito: mi intento solo es sacar con ventajas los cautivos, que la Culpa tiene presos, ya en la tierra, ya en el Limbo. Esta fue mi voluntad, este mi empeño, y destino; y espero que no te excuses a tu propio beneficio, porque te prometo amante, que todo el Globo lucido de los Cielos que perdiste, heredarás como Hijo; de suerte que habiendo paz, y siendo los dos amigos, bajará el Cielo a ser tierra, y la tierra será Impireo. Atento, Príncipe, oí tus amorosos designios; pero siendo de un Monarca, que aún no tengo conocido, es májima conveniente a consejo reducirlo; porque proyecto tan grave pide ser controvertido. Mira bien con quien consultas, que el acierto, o el peligro en las materias del alma, pende de quien da el arbitrio. Consejero tengo yo de mi agrado, que ha sabido con leyes de mi pasión satisfacer mi apetito. Esa es su culpa, y su error. Esa nos tiene cautivos. Pero pues ya de Israel el Diréctor prometido perfecciona lo empezado, Logremos algún alivio. Culpa mía, a la consulta pasemos. Seré contigo, sin que falte de tu lado lo sutil de mi artificio: solo así pudiera yo . conseguir que el Mundo impío su bien no admita, y procure quedar de nuevo conmigo. . Quedad, Príncipe, con Dios. Sin mí te vas? Esto elijo. La Culpa te perderá. Ya seguirle me es preciso; que si mi amor le ha buscado con tanto empeño, y cariño, aunque la espalda me vuelva, no ha de lograr su descuido, que yo de vista le pierda. A ti, como a su principio, mis movimientos caminan. . Mira Señor, que cautivo queda el Cuerpo que formaste. Y el Alma que debió al vivo aliento tuyo su ser, no perezca entre los grillos. Dios me libre de mujer que madruga; y duerme poco, pues su juicio para loco tiene lo que ha menester. Simple, el velar no es locura, sino pensión del Pastor. Pues venga muestro Señor a probar de esa cordura. No está el Señor obligado. Quiéres callar, replicona? que me tiene tu persona e a réplicas opilado Esto, Fervor, es hacer lo que debo. Yo lo vedo, pues solo en el pico el dedo ha de tener la mujer. Fervor, vamos al rebaño para guardarle con brío. Vigilancia, está muy frío aqueste fervor de hogaño. Echemos por la ladera para llegar más aprisa. No, que te caerás de risa, si yo caigo de mollera. Por el valle me encamino. Señor, rompe mi cadena. Va que es algún Alma en pena la que chilla en el camino. Tu mayor amor consigo, si alcanzo tu hermoso día. Vigilancia, mujer mía, por Dios que vengas conmigo. Qué te turba? Ciertas voces, que suevan cacía adelantre. Y qué juzgas? No te espante, que nos quieran dar de coces. Eso el temor ha fingido: adelántate, y pregunta. No quiero, que si se junta a la voz lo sacudido, pagaré sin merecerlo la farda de sus enojos. Mira, tú eres toda ojos, podrás ir mejor a verlo. , . Perdónanos ya, Señor, nuestra grosera ignorancia. Malo va esto, Vigilancia, ya despido mal olor. Ya descubro, aunque de noche, dos personas que aquí vienen. Los sustos se mos revienen por soltar a troche, y moche. (bre. , . Tu hermosa luz nos alum- C Peor estamos, ya hay cadenas. Salgamos de tales penas andando más. Ni por lumbre. Delante voy yo por guía. Y yo detrás, por si acaso este juere algún mal paso de madrastra, suegra, o tía. Ya los tenemos muy cerca, Cerca? Apártate de ahí. Pues qué temes? El que a mí me casquen sin ser la terca. Ya raya el Alba, y se ven pasajeros por el Mundo. De nuevo mi anhelo fundo al ver que buscan su bien. Hola, quién va? Peregrinos. Pues que pasen. Calla tú. Mas que nos hacen el bú al vivo estos Capuchinos. De dónde venís? De extraña Región, distante de aquí. Eso no te toca a ti, curiosa de mala maña. Adónde vais? A Belén, a ver, si allí descubrimos un tesoro que perdimos en las Campañas de Edem. Y a ver si vemos al Sol de justicia prometido, el que esperamos nacido a la luz de su arrebol. Para Sol es muy temprano. No tardará nuestro Cristo. Este el Jalendario ha visto, y me ganó por la mano. Pero qué injusto rigor tal cadena os ha cargado? La esclavitud de un pecado que hice contra mi Señor. Por lo mismo a mí me toca llevar sin fin eslabones. Hizo bien; porque razones no curan a mujer loca. Informada del destino, y los fines que lleváis, deseo ya que sepáis el más seguro camino. La Vigilancia, y Fervor (qué somos los dos) darán, sin que cueste mucho afán, otra senda algo mejor. Mis huellas os darán luz yendo en vuestra compañía: seguid todos a porfía; cada uno tome su cruz. Yo no tengo que tomar, pues te tengo a ti tomada: antes por Cruz muy pesada, pienso que te he de dejar. . Cuerpo, sigamos los dos al Fervor, y Vigilancia. Vamos con perseverancia, para que hallemos a Dios. . Confuso el entendimiento, se suspende a los quilates del nuevo amor, que hoy al Mundo le propone nuevas paces. Porque aunque Divino sea el Príncipe que las trae, no es posible que las firme (según pacta) con su sangre. No es el ofendido Dios ajeno a todo linaje de penas? pues cómo así se sujeta a los ultrajes? Además; qué por ventura el Hombre puede quitarle en lo efectivo su ser, aunque el afecto lo aclame? No. Pues como la justicia, que está contra los mortales dictando eternos castigos, se abandona con tal arte? Permito que el amor venza; pero podrá a otro quitarle lo que por derecho tiene, haciendo injuria a su parte? Pues como a mí, que domino (a fuerza de mis disfraces) sobre los hombres, pretende este derecho usurparme? Mas si a pesar de mi astucia se logra que el Mundo trate con ese enviado (que tiene de Dios no leves señales) perderé toda mi presa, y el Cuerpo, y Alma, que yacen prisioneros a mi arbitrio, mudarán de vasallaje; pues al remedio cautelas, mis furias al punto saquen de el interior de mi pecho los vivos últimos vales: no ha de conseguir (qué rabia!) el trato de paz (qué ultraje!) aunque subiera a los Cielos a dar segundo combate: el Mundo yo le poseo; pues que teme mis pesares, venga al tratado, que yo basto sola a contrastarle; y más si me sigue el Mundo. Mi nombre por esta parte oí. (qué grande cuidado . pone la Culpa en llamarme!) Aquí, Señora, tus voces, como fuerte Imán, atraen al que siempre te ha seguido, sin valor para dejarte. Determinado a tener el Mundo siempre delante de mis ojos con la Gracia, he llegado a sus umbrales. Reparo, Señor, que está con la Culpa. No repares, pues no repara mi amor en sus necias liviandades. Acude presto al remedio. Deja que primero llame. Mundo, advertirte quisiera, que en el tratado de paces, que el Ministro te ha propuesto, observaras mi dictamen. No he dudado, Culpa mía, en que los nobles quilates de tu ciencia brillarán sobre estas dificultades: Pero una duda suspende mis ideas: A qué parte tu entendimiento se inclina? A la contraria de paces. Y la fundas? Bien la fundo. En qué? para que al llegarse la conclusión, sepa yo si el fundamento es bastante para seguir tu opinión? En discursos puntuales, que sobre imposible intento, cauteloso el trato hacen. Y si el Príncipe arguyese con claras seguridades mi utilidad, y favor, me será justo impugnarle. Si será. Por qué razón? Porque a mi gusto le cuadre, sin esperar más razón. No me convence. Ignorante, bastara que yo quisiera, para que tú te inclinases. Es verdad; pero te advierto, que negociados tan graves, de que pende mi provecho, (aunque la pasión arrastre) debe ser de la razón el arbitrio, y el dictamen. Voy a llamar al Ministro, y en la sesión puede tu arte redarguirle con valor, que yo eligiré la parte que monstrare mayor fuerza. Llámale pues al instante. Príncipe enviado de Dios, fiel Ministro de la paz, venid pues. Aquí me tienes, que ya me hicieron volar tus voces veloz, pisando montes de dificultad: Con la Gracia vengo, que esta tampoco puede faltar en tiempo que yo resuelvo con el Mundo conversar. Hablemos sobre aquel punto de los tratados de paz; pero advertid que la Culpa os la quiere disputar: a ella habréis de convencer, si me queréis conquistar. Admito la condición. En Belén Pastores hay. Hermosa luz se descubre. , . Si la luz de Dios será? Yo adivino que son migas. Lleguemos presto. Son Bras! Ya estamos en el atajo; pero yo entiendo que habrá merienda, pues mucha gente aquí se vino a juntar. Merienda a estas horas? Sí. Miren qué dificultad! No ve señora Doctora, que el comer, y el merendar, que la cena, y el almuerzo, no se deben gobernar por horas, sino por tripas? que eso del hambre pasar, y no comer sin que den las dos, las tres, y ainda máis, se hizo para los bobos. Mis deseos suben más, al paso que más me acerco. Feliz el Hombre será, si alcanza a ver a su Dios en esta carne mortal. Esta gente que ha llegado, no dudo que estorbará nuestra sesión, y por tanto la Culpa los echara de ese sitio, si os parece. No conviene que haga tal, que ahí está el Hombre, que busca en mi amor su libertad; y es bueno para testigo aquel, que interesa más. A los Pastores intento arrojar de aquí. No harás, porque la Gracia los tiene prevenidos para dar a su inocencia el alegre primer anuncio de paz: antes bien yo determino darles mi lado, que hay riesgo en que esté de la Gracia distante el barro mortal. Pastórcicos? Mi Señora, Osencia Patrinida, Señoría, Reverencia, su Merced, su Majestad, su Excelencia, que se ofrece? qué tiene que nos mandar? Que os vengáis conmigo, Güeno: Si queréis acomodar al Fervor en vuestra casa, también habéis de llevar a Vigilancia, pues ella sin el Fervor, nada hará, y el Fervor sin ella, cosa. Decid, hermosa Beldad, qué pretendéis? Os quisiera de la Culpa reservar. Pues quién sois? La Gracia. Excusémonos de audar en demandas, y respuestas, que en las Gracias el mandar es Gracia, y a todas horas sale la Gracia a danzar: sigamos la Vigilancia. Muy gustosa iré yo allá. Informada ya del Mundo del fin a que eres enviado, me deberás escuchar lo que alegase en contrario: lo primero decir debes, si el ya propuesto tratado tiene conveniencia al Mundo en riqueza, honor, o estado? Si la tiene; porque yo soy la Paz, y así me llamo en el Libro de Micheas, y de David en los Psalmos: y si gloria de Ifsrael también soy, está sentado de que gana honor; y es bien, pues el premio señalado, para los que me sirvieren es paz de Jublimes grados. Y por qué te llamas Paz? Esta pregunta es el diablo. Porque explico quien yo soy por lo Divino, y humano: en la mente de mi Padre (de donde salí formado Verbo) hubo pensamiento de paz, y habiendo sacado toda su substancia en mí, para encarnar en el claustro terso intacto de María, sin perder lo Soberano, fue consiguiente preciso ser yo paz en todo estado, si en lo Divino pensada efectiva ya en lo humano. Oh mal hayan mis cautelas! . Todo lo que ha declarado levanta sustos al pecho, y a mis furores desmayos. Válgame Dios, Vigilancia, lo que pienso! Qué has pensado? Que este señor es Doctor, y esta señora es el malo, y le receta unas pildoras para darle un bravo tartaro; y con razón, pues atentos a lo que de explica estamos, con las bocazas abiertas, que se nos van los livianos: y ella sola desoluta se le pone a reprocharlo? Prosigue, Culpa, tu empeño. No sé si podrá mi labio. . Y por qué razón tu Padre para esta paz te ha enviado, si eres por esencia Paz? Porque este feliz tratado se ordena solo a mirar entre si reconciliados adiós, y al Hombre; y así fue el medio más acertado enviarme a mí, que soy reconciliación de ambos. No penetro sus misterios. Oh qué poco vale mi alto ingenio en la competencia de juicio tan soberano! Oyes mujer, yo he creído que le ha dado algún bocado este Señor a la Culpa, y ella no puede tragarlo. Ay Señor, qué fuerte aflige la esperanza a mi cuidado! Mostradnos aquel semblante, que en el trono os ocultaron. Nueva pregunta os prevengo. Culpa, tu hora ha llegado: apacible estoy, bien puedes molestar lo soberano. Podrá el Mundo por ventura quedar tan asegurado en tranquilidad, que nunca mire guerra, sienta estragos? No por cierto, que antes bien, como Capitán nombrado, levantaré nueva lid contra vicios, y pecados. Luego el Mundo su paz pierde? No pierde; porque es engaño, que paz el Mundo tuviese, pues aquella que llamaron Paz con repetida voz, no era paz; que en los humanos solo paz de pecadores examinó mi cuidado; por cuya causa pretendo, con la fuerza de mi brazo, (ya que soy luciente espada, con filos bien duplicados) dividir lo más unido, separar lo más ligado: contra la carne, y la sangre, contra todo amor mundano desde hoy público la guerra, que como a mi amor contrarios, deben quedar por trofeos a mis plantas derribados. En esto mi paz se funda; y advertid que nunca ha dado, ni dar puede el Mundo paz como la de este tratado. Bien a mi pesar penetro . de este secreto algún rasgo; y para que todos crean la seguridad del trato, convenía que nos dieras por señal algún milagro. Aparta, rebelde fiera, que la virtud que yo hablo, se apoya en que yo lo digo, y no se funda en los raros esfuerzos de mi poder. Huye de mí, León bravo. Ya no puedo resistirle: perdí el Mundo, (fatal hado!) perdí al Hombre, (dura pena!) perdí honor, y perdí esclavos. Ya no me deja su amor mas qué perder: pues qué hago? a la venganza, cautelas; iras, vamos al estrago, que le ha de costar la vida esta paz que está tratando. El Cura de mi Lugar hace falta en este caso Para qué? Para decir mil conjuros a ese diablo. No viste que era mujer? Y qué la mujer no es diablo? bien puede ser no lo sea, pero es muy vivo retrato. Pues en que lo has conocido? En que todas las del barrio rabian como esta, y jamás con la paz se han ajustado. Qué dulce gozo! qué alivio esta fuga me ha causado. Mi corazón ha sentido gustos que no había tocado. Mundo, qué me respondéis a la propuesta que os hago? Que si a la culpa venciste, que mantenia ofuscado el cristal de mi razón, es preciso que alumbrado de tu luz la paz abrace como favor de tu mano. Venid racional compuesto, que la virtud de mi brazo os quitará las cadenas, que vuestro yerro ha labrado Ángeles, Hombres, Estrellas luminares, Riscos, Prados, bendecid al que amoroso su Imagen ha rescarado. Máquina del Universo, donde empleó sus Sagrados, rinde gracias al que fino sus obras ha restaurado. Señor, aunque me perdone, desáteme a mí de un lado, que ha muchos días que tengo sobre mí por mis pecados una cadena tan gruesa, que me hace echar los livianos; que aunque es carne de mi carne, y hueso de mi costado, se me ha vuelto sobrehueso, que me hace andar cojeando. Quién es esa? Mi mujer, que me aprieta demafiado. No te aflijas, que la Gracia quitará todos los lazos Con qué enviudaré muy presto? Nunca puedo yo faltaros, más viviremos en paz. No será poco milagro. Ahora Mundo, pedir quiero, para que quede el tratado bien seguro entre los dos, que rehenes nos demos ambos. Yo te prometo quedar con el hábito de humano en tu Reino hasta que muera, mostrándome en un establo recién nacido en Belen, que a tanto estoy obligado por precepto de mi Padre; elige de tus vasallos sujeto, que prenda mía pueda ser en este caso. No conozco igual a ti entre todo lo criado, solo al discurso se ofrece entre todos los humanos un Redentor muy Divino, que en lo blanco, y encarnado de pureza, y caridad, y en el empleo elevado de rescatar los Cautivos, es en todo tu retrato. Ya le conozco: di tú quién es. San Pedro Nolasco, Hijo amado de una Madre a quien no tocó pecado. Primero fue Madre mía; pero su amor extremado con ese segundo Hijo Redentor ha confirmado, que es Madre de las Mercedes: y pues en Nolasco he hallado la justicia que pedía en los reenes de tu mano, yo le acepto, yo le admito, y en señal de lo pactado subirá Pedro a la Gloria, como Príncipe Sagrado, a la misma hora que yo me mostrase como humano, recién nacido en Belén: así queda sin agravio el Cielo, pues Redentor por Redentor ha canbiado. En fin Señor, ya soy tuyo? Si Mundo, ya te he comprado. Ya vuelvo feliz al centro. Ya el vaso se ha renovado. Gracias inmensas rendimos al amor que has empleado. Mujer, las gracias te doy, menos por lo regañado. Y yo a ti, porque hemos sido siempre los dos como hermanos, Amadas hechuras mías, hijos de mi corazón, ya quiero daros lugar a ofrecerme adoración: en este Portal mi Gracia con vos se queda Es razón, que cuando de tu presencia no gocemos el albor, la asistencia de la Gracia nos asegure tu amor. Gloria a Dios, y paz al Hombre, es el anuncio que os doy, dando en reenes Cielo, y tierra Redentor por Redentor, Cristo baja, y sube Pedro, finezas son del amor, porque suba el hombre al Cielo, se abate a la tierra Dios. Adorad al que nacido para vuestra Redención se obstenta en aquel pesebre. Recibid, dulce Señor, en víctima de la Fe, que os adora Criador el mismo Mundo que hicisteis para su renovación. El Alma rinde postradas en las aras de tu amor sus potencias, porque sean trofeos de tu blasón. El Cuerpo cinco sentido; (talentos que recibió de tu mano) los traslada a tus pies para su honor. Yo te ofrezco, chiquitito, el cayado, y el zurrón, la gorra, la onda, y el cinto, lo que valgo, y lo que soy, lo que peso, y lo que tengo en mi casa por mejor, que es mi mujer, voto a Cristo, que os la doy con voto a Dios. Yo te ofrezco, Rey supremo, en prendas del Corazón este bellóncico, que es de el que admiró Gedeón un traslado; recibidle por prenda de encarnación. Esta en pelillos repara y por eso el velión dio. También debéis venerar al segundo Redentor. Adiós, dulcísimo Padre Patriarca, y Redentor, suhe glorioso a esa esfera en reenes de nuestro amor; a este Mundo a quien honraste, no le olvide tu fervor. Aunque subas como prenda la más digna para Dios, atiende a que el Alma fue la prenda de más valor. Tú que amoroso quitaste a los cuerpos el rigor de Mahometanas cadenas; ponnos al lado de Dios. Yo me contento con menos: válgame tu Encarnación, que esa basta; mas cuidado, que si hubiere dilación, los Fraires de la Merced, que todos tus hijos son te levantarán en alto a golpes de su oración. Y en fin, todos te rendimos en gracias el corazón. Ya todos todos pedimos de los defectos perdón, que otro año, si Dios quisiere, el Auto será mejor.