Texto digital de El patrón de Salamanca
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- Juan de Vera Tassis y Villarroel
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El patrón de Salamanca. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/patron-de-salamanca-el.

EL PATRÓN DE SALAMANCA
JORNADA PRIMERA
ACTO PRIMERO No desmaye vuestro aliento, morid peleando Monroyes. Atajad por este lado, valientes Manzanos nobles, Volved el rostro al delito, no huyáis cobardes, traidores. Muerto soy. Ninguno que de con vida, Al oír mi nombre, que soberbio habrá tan loco, que a mis plantas no se postre? Contra Don Luis del Manzano serán ociosos tus golpes. Fuego, fuego, Que me abraso! Bastan mis llamas feroces para hacer que Salamanca menudas cenizas llore. La casa de los Manzanos se abrasa. Ay hermana, que oyen mis alientos, que de tanta violencia no te socorren! Antes llegará mi afecto, cuando amante reconoce, que a incendio de amor, no hay llamas que consuman sus ardores, No huyas traidor. Nunca huye, quien se precia de tan noble. Fuego, fuego. Piedad, cielos! No quede en sus altas torres piedra sobre piedra, sin que se desvanezca en horrores. El que sin peligro vence, sin honra se reconoce, y así mi valor intenta, atropellando rigores, dejarla fiel, y buscar solo la de mis pasiones, Qué me abraso! Mueran todos. A nadie el rigor perdone. Cruel eres, pues cuando ves a mi hermana en los horrores del incendio me embarazas que la libre. . Pues conoce que yo a librarla me animo, porque mi espíritu noble no se emplea en rendir solo ese flaco triunfo dócil, que se infaman mis aceros cuando débil fruto cogen: y así voy a socorrerla por mujer, y porque notes, que al ponerla en libertad la vierto su sangre enorme, por tuya, y no por despojo de mi valor. . . No te arrojes, que no quiero que te deba Leonor una acción tan noble. Por mí la libro. Ya pueden alentar vuestros temores. Qué es esto? no poco siento que Don Pedro la acción tome por suya Don Pedro, cielos! ya son más mis confusiones, pues confiesa mucha deuda, quien a tal riesgo se pone: Sígueme, Leonor. Primero haré que este puñal tome venganza en doña María. Muere aleve. 4̱. . No te enojes, porque yo a Leonor defiendo. Pues cómo traidor, te opones contra tu sangre? Porque cumelo con la ley de noble en defender a Leonor, sin que a mi punto desdore, pues defiendo a su persona, sin oponerme a tu nombre, A fineza que es agravio así mi acero responde. A mí me toca. A esos duelos hay otras satisfacciones. Sígueme, Leonor. A costa de castigar mis baldones feriaré la vida ufano. Ea, valientes Monroyes, a socorrerá Don Pedro, aunque anduvo errado, y torpe. Mueran todos. Atajad. Del Colegio se socorren. Evitad que abran la puerta. Morid, cobardes,, traidores Dejadme entrar. Es difícil que tus designios se logren. Caballeros, apagad. tan enconados rencores. Nací, como es notorio; en Salamanca, esta en quien señaló con piedra blanca Marte el cimiento tudo, donde solo al raudal de Minerva, y luz de Apolo, la materia se forma alienta, y fragua con generosa unión de sueno y agua, ceremonia que aplaude su eminencia; cuya altura de timbres y de ciencia, para que reine en varios horizontes, sitral le ofrece al Sol de sus tres montes En esta, que fue cuna a mí a dimiento, oh vanidad que dio a mi nacimiento, nací, como ya he dicho) en tiernos lazos, Por Dios lo haced, oh por todo el teatro de los Dioses, Aparta, Juan. Deteneos. Ténganse, o habrá garrote, Hombres, que lo racional mantenéis en un ser noble, (que le ignoro pues el traje de bruto solo os compone, de una mujer engañados os halláis, sin que os reforme, que fue el persuadirse de otra la mayor causa del hombre, Cesen tan rebeldes iras, airadas obstinaciones, y si el honor es espejo, templadlas en él, no borren con acciones indecentes el cristal, ved que se rompe en los pedazos, el punto, y en la ruina los blasones, Vos, señora, que a este espejo no suspendéis los rigores, que razón tenéis de hacer que corra sangre en el Tormes, que se inunde esta Ciudad en calamidades? . . Oye. centella despedida de sus brazos; crieme, sin costar muchos afanes, porque me alimentaron los volcanes del valor, que heredé con maravillas de Monroyes, Rodríguez, y Varillas. Viví, haciendo donaire de Himineo, aunque a muy poca edad fui su trofeo, casándome en mi Villa con Don Enrique Enríquez de Sevilla. Por tres lustros ardió la nupcial tea, apagose la luz, y solo humea en el túmulo hoguera, en que mi esposo polvo fue entre cenizas horroroso: Bien que luce en el fin del parasismo, porque es incendio el Héroe de sí mismo. Del consorcio feliz diez hijos logro, pero en los siete lamenté el malogro; con dos varones, y una hija quedo; ella traslado fue de mi denuedo; ellos a sus mayores parecidos, tanto, que en el pincel, y coloridos, que les dieron el brío, y la nobleza, renovaron la Real naturaleza. Águila anciana, que vistió de pluma, cuando el tiempo, y la envidia los despluma; los dos hijos amados, (por mi dolor nombrados) a ejercitar salieron una tarde la loca juventud, que en ocios arde, y salieron también dos Caballeros de estirpe generosa de Manzanos, (así no procedieran tan villanos, pues con traje amigable, y vil recato, el veneno ocultaron en lo grato,) Entretiénense en blanda competencia, turbose la quietud con la porfía, hizose todo el juego competencia, y la conformidad es diferencia; alteraron el juego: ya es la razón neutral desasosiego, tomaron las espadas con ánimo, y rencor desgobernadas, y midiendo unos, y otros el acero, la cruel fortuna ejecutó primero en mis hijos el golpe, que la suerte no siempre la baraja el varón fuerte. Mueren mis hijos, siendo las heridas síncopa breve a sus heroicas vidas; causó al pueblo su muerte dolor tanto, que fue en la voz que gime eco mi llanto, Informada del trágico accidente yo, con dolor valiente, o cual fiera de Hircania, oh cual brava leona de la Albanía, de e el hábito usual de las bellezas, adornando de incendios mis fierezas. Busqué a los agresores, ocúltanse traidores, sigoles, y me voy tras mi esperanza, que es lisonja que engendra la venganza. No has oído decir de aquella fiera tan amante, y cruel como ligera, saeta disparada, matizado clavel de piel manchada, Tigre, cuya aspereza con lo furioso la hermosura ateza, que cuando el cazador, con traza aleve, a su cueva se atreve, en un violento bruto, y animado, y los tiernos hijuelos le ha robado, que viene ella enojada, y hallándose del todo despojada, alcanzó por el rastro al atrevido, que un hijo arroja oyendo su bramido, mas ella como loca, tomándole en la boca, a la cueva le vuelve, y con aliento, viento se calza, fatigando al viento, segunda vez le alcanza; pero él con segunda confianza, dejándola con otro divertida, se escapa con el robo; y con la vida: Entrégase él al mar, y ella no cesa, que el pecho al agua erroja tras la presa, y sin lograr herirle, ni alcanzarle, se alivia con seguirle, y fatigarle: Pues si esto hace una tigre dolorida, qué haré yo, cuando estoy más ofendida? Retirándose en fin los delincuentes, se convocan mis deudos, y parientes, que con la propia vista inficionaban, y así dan muerte a cuantos encontraban, y mis hijos hallaron vengativos, en cuerpos muertos, corazones vivos. A sangre, y fuego todos peleamos, y sus suntuosas casas abrasamos, Salamanca no es ya la que solía, que encendidas sus torres parecía prevención en airados escuadrones, Troya en incendios, Troya en paladiones, Don Pedro de Monroy, que está delante, a este tiempo seguía sino amante las luces de Leonor inacesibles, no sé si a sus deseos apacibles, solo sé que al mirar como se abrasa su habitación, a darla favor pasa, por librarla de aquel peligro fiero, cumplió la ley de amante, y Caballero: Pero a impedirlo mi osadía llega, (confieso estuve ciega) que en materia de suyo tan honrosa, era dejar mi sangre poco airosa. Venciome la razón, porque era mucha, cuando Don Luis Manzano, que me escucha, sintió que del empeño de su hermana otro intente ser el dueño, y así contradiciendo la defensa, añadió con Don Pedro ofensa a ofensa. La multitud le aprieta, y le retira: yo entonces rayo, que la esfera gira, fulminado del brío en que me aliento, destrozo todos cuantos amedrento. Los delincuentes tímidos huyeron, Qué remedio a tu pasión darás, si entre los horrores. yacen tus hijos difuntos en eterna oscura noche? Cesen ya tus presupuestos, y tu razón siga el norte, no a senda que la desvíe, ni al imán de mis razones, a sabes hasta aquí lo sucedido, en que habrás conocido, pues nos bastaba solo tu respeto pero donde hay ultraje de parte de los unos, y agravio de los otros, importunos serán tus presupuestos, si se advierte, que el duelo ajustará solo la muerte. Sigue a tus compañeros; retírate, y no estorbes el que fieros castiguemos los que huyen de mis manos: y si amparar pretendes los Manzanos, o ya por tu disignio, o por su ruego, al Colegio contigo podré fuego, que el espíritu ardiente que me inspira hijo es de la razón, no de la ira: y pues a la venganza me provoca; nunca será acción loca tomar satisfacción de aquesta ofensa, si ellos sacan la cara a la defensa. Déjalos el que prueben de mi saña en la Ciudad, aquí; o en la campaña, que soy en cualquier parte de las furias hermana, hija de Marte; mas para conocerme; el ser bastaba. Doña María de Monroy la brava. valientes los Monroyes los siguieron hasta aqueste Colegio, que sagrado es de su fuga, donde con restado valor, y con el ceño de agraviada, puerta abrí para herirlos con mi espada, que tus razones no han de hacer efecto, para mediar pasiones del coraje; Vano es todo tu consejo; seguidme, ilustres Monroyes. Mirad que Cristo es espejo; que la ira templa del hombre, no eclipséis con la venganza la luna de sus favores: Mueran los Monroyes. Mueran. Tarde lo veréis, traidores, Detente. Será imposible. Muévante mis persuasiones, o el cielo ofendido hará que respondas a sus voces. , . Misericordia Señor, Gran confusión! Horror grande! Agradeced que se pone el temporal de por medio. Solo el cielo a indignaciones puede confundir mis iras, en tempestuosos horrores. Fuego, fuego. . Que se abrasa la casa de los Monroyes! También parece que en sombras andan en bandos los Orbes? Astucias del dragón fiero son, Santillana, las que oye, porque inventa ardides nuevos para irritar a los hombres: Cierre la puerta. Ya cierro, pues con medroso desorden se han ido los Colegiales con los muy dignos gorrones, al cuarto de la salud, donde son buenos los postes. . Sígueme, Leonor, y deja tan engañosos temores. Dónde vamos? A mi casa, donde del susto te cobres. Ya te sigo, descompuestas la mitad de las acciones; tardo el aliento, y el paso confuso, medroso, y torpe. no esgrimáis tantos rigores contra la injusta atrevida ingratitud de los hombres! Usad de piedad, templando las vanas obstinaciones de sus pechos, porque el llanto sus muchos delitos borre. Quien más que vos ha deseado sus contritos corazones, cuando una lágrima lava tanta grave culpa enorme? Bien, Señor, lo testifican tantos cruentos dolores, como de ese Árbol Sagrado pendieron en las casiones. Más que León sois Cordero, más que Juez, sois parte donde hacéis que en vuestra justicia parte, y luez estén conformes, por lisonjear las piedades, con no usar de los rigores. De estas dos familias, que se abrasan en sediciones, he de evitar con cruel saña que Juan los impulsos corte, pues ya Dios me ha permitido que persiga sus fervores, por si logro el que me rinda cultos en adoraciones. Ea, furias infernales, encended los corazones, ejecutad en destrozos vuestros rabiosos rencores. Luzbel es vuestro caudillo, haced guerra al mundo, Al hombre le dad paz, porque no triunfe de él, quien al riesgo le pone. A la lid sea el primero avance el de sus baldones. Señor, de nuevo agradezco tan repetidos favores. . Qué favores, si permite que mis brazos te aprisionen? Muchos son, pues me da fuerzas contra tus tribulaciones. Soy mejor que tú mil veces. Bien dices, cuando conoces que un pecado cometiste, y yo muchos tengo inormes. No soy retrato en quien Dios logro tantas perfecciones, que el menor rasgo bastaba para adquirirle renombre? A tu claridad se opuso la culpa con sus borrones, y así oscurecida, es ya llama ahora, y luz fue entonces. Fuego soy, pues le respiro Quién entre tantos dolores, mi Dios, padeciera parte . de vuestras muchas pasiones? que un hombre flaco, y humilde me destierre así, y me arroje, cuando al mismo Dios moví de un vaivén tantas Regiones! Que cuando en el Aquisón mi soberbia el sitial pone, un hombre me le derribe, siendo su humildad el golpe! Que cuando yo me corono de los laureles mejores, el rayo de su humildad todos mis timbres destroce! Que pierda yo por soberbio, y él por abatido logre el privilegio que tuve del mismo que me le rompe! Que tantas oscuridades luzcan en mis confusiones, y de mi fuego su sombra luz saque, y siga otro norte! Si va solo pecado tengo, como peno mil errores? y si él tantas culpas suma, cómo halla glorias que goce? Un nuevo castigo encuentro en vanas transmigraciones, cuando intrépido me arrojo sobre la humildad de un hombre, y así hoy Juan consigue el día, que para mí se hizo noche. Quién mil vidas, dueño amado, sacrifícara a tu nombre! Qué esto escuche la mi coraje se desencajen los Orbes, vertiendo incendios que lleguen a abrasar el primer móvil! El fecundo rocío de Gracia, a nubes groseras, que altivas se opo al cielo, y a Juan, (nen cenizas deshechas las dejará en horribles vapores, Saquen contra Juan centellas mis heridos eslabones. Monstruo, Dios te ha limitado la permisión en este hombre. Amotinaré el abismo contra estos bandos traidores. . Sígueme, Juan. Venturoso quien de sus tribulaciones se libra por ti, logrando. de Dios tan altos favores. . Que a Portugal se han huido los aleves agresores. Así ha corrido la voz. Diego de Morales, tome por su cuenta esta pesquisa, hasta tener cierto informe, que por vida de la ilustre sangre antigua de Monroyes, que he de apurar sus alientos, si el cielo no los socorre. Ya introducido el engaño, está, pues me desconoce. Aquí están. Mueran todos. Primero, aleves traidores, han de enturbiar vuestra sangre las claras aguas del Tormes. El Señor te manda, que aquestos daños estorbes. . Tened, suspended las armas. Aparta, Juan, no me enojes, deja lavar mis agravios, con la sangre de traidores, Vano es todo tu desvelo, que eso, que llamas vencer, es solo satisfacer, no a ti misma, sino al duelo; dar triunfo a una ceguedad, es un loco vencimiento, que hiere el entendimiento; y arrastra la voluntad Ve en el Árbol de la Vida toda injuria perdonada, si no fuere de obligada, responde de agradecida. Nunca ofende el que baldona, y por ofensas que tenga, Cristianamente se venga, quien generoso perdona. Si permitís los oídos a sus ecos temerarlos, se os han de huir los contrarios ufanos, y no vencidos. El seguirte determino. Ilustraremos el bando. Criado de contrabando, siempre lleva al descamino. A un precipicio es mi intento conducirla, y su desastre haré que a todos arrastre, sin dejarles escarmiento. Juan, si tú la amistad haces. A este irritarle pretendo. . No yo, porque solo atiendo a vengarme, y no hacer paces; que me retiré, es verdad, de muchos que me seguían, y si ajusto paz, dirían que hizo el miedo la amistad: y mi determinación es en lances tan molestos, diferir nuestros pretextos, hasta mejor ocasión, La contienda del valor a sosegarla me allano, con que Don Luis del Manzano me haga esposo de Leonor. Acepto; pues se remedia mi reputación así. Esta es mi mano. . Y aquí se da fin a la Comedia. Como en aquesta ocasión, atropellando respetos, intentas que los afectos puedan más que la razón? Y cómo con tal bajeza afeminas el ser de hombre, y abandonando tu nombre, mudas de naturaleza? Cómo haces a una Manzano tu esposa, sin ver prudente, que de tu sangre inocente teñida tiene la mano? Y por qué con tan vil modo ajustas nuestra cuestión, cuando en la composición yo soy la parte, y el todo? El lustre de la victoria, no está en haberla vencido, que el no triunfar del rendido, es quien la añade más gloria: y así, yo mi lauro abono, dando la mano a Leonor, porque acredito el valor, si venzo a un tiempo, y perdono. Si vuestra propuesta ha sido la que en rendirme hizo instancia, de vencerme yo, hay distancia, al haberme vos vencido: y pues la casualidad mo movió a ceder aquí, no ha de decirse de mí, que fue la necesidad quien ajustó el casamiento de Leonor, ni la lid nuestra: y así, ni ella ha de ser vuestra, ni ser vuestro amigo intento. Ya quedarais, con casarse, en emigos, por cuñados. La palabra en los honrados, es ley que ha de ejecutarse, Así se irritan. . Tirano . es el rigor de mi suerte. Sabré yo. Buscar tu muerte. Socorro al bando Manzano le demos. . De mucha gente todas las calles se cubren. Mis máximas se descubren en aqueste contingente: mueran, pues. Mueran. . Mortales, ved que el riesgo está cercano. Don Pedro, a Leonor la mano le dad, que quedando iguales en fuerzas los dos aquí hacer convenencias puedo, que así no dirán que el miedo firma las paces por mí. Suyo soy. Antes mi aliento te dará, traidor, la muerte, Tened, y no de esa suerte evitéis el casamiento: temed de Dios la justicia, que triunfar de una bajeza, no es añadir de nobleza, si no arrastrar de codicia. destiñáis obstinados cuerpos de Dios coloridos, con su sangre redimidos, y con su sangre marcados. No creáis sus sinrazones. Oiga, y cual son las mujeres. Si saber de Leonor quieres, . Yo los imposibles venzo. y castigar sus traiciones, sígueme. . Luego tú sabes dónde asiste esta homicida? Sí, y con quitarla la vida haré que tu sangre laves. En Santo Tomé han tocado; parientes seguid el duelo. No huyáis los ojos del cielo, pues su honor habéis manchado. Venid a Santo Tomé. Ciegos vais, sin norte, o guía. Yo os responderé otro día. . Mañana os responderé. . Cárguense de cuchilladas los ganapanes del duelo. Iré a socorrer mi bando. Detened, señor Don Pedro, y antes responder podéis a la dulce voz del cielo; Leonor está en gran peligro adonde vos la habéis puesto, y así para asegurar el deseado casamiento, sacadla de allí esta noche con prontitud, y secreto; que mañana iremos ambos a ponerla en un Convento. A tan soberano oviso humildemente obedezco. Id en paz. . Y si os parece, id en guerra, que es lo mismo. Bien puede un amor constante calzar alas al deseo: Iré a librarla, y mañana saldré de aquí, porque huyendo vencer podré, y disfrutar delicias del pensamiento. . Imposible esta la entrada, Mi valor todo lo allana, porque este luciente acero sabe hacer en poco golpe mucho honroso vencimiento. Si damos muerte a Leonor, sanear podremos el riesgo de tu primo. Echa la escala, Diego de Morales. . Cierto . que está bien introducido el engaño que la he hecho. Ya está pendiente la escala, yo he de subir el primero. A mí me toca. . Eso no; que llevo yo aquí instrumento con que enternecer los duros graves obstinados hierros, sin que a la vista parezcan pesados, si no es ligeros; dame la mano. Y el alma te daré por el suceso. Teniéndote de mi mano. triunfarás, si no te dejo, y entonces podrás bizarra cumplir con ambos empeños. Dos hombres por el balcón en mi casa entraron ciegos, y sospecho que es Don Luis del Manzano el uno de ellos: Y así, aunque arriesgue la vida, librar a Leonor pretendo, yendo por la misma escala, por no malograr el tiepo. . Muere aleve. Hola, traición. Ah traidores! Piedad, cielos! Mentís todos. Leonor, huye. . Tirana. Rinde el aliento. Defiéndola yo. Tirano, tú a costa de mi desprecio? No es tirano aquel que cumple con la ley de Caballero. Evitad que abra las puertas, o su valor, o su miedo. Si no te traga la tierra, has de ser despojo nuestro. Defendémosla nosotros. Seréis de mis pies trofeo. Posible es, prima, y señora, que la ojeriza, y el ceño ha de atender solo a un flaco débil femenil objeto? Dónde está el blasón heroico de tu generoso pecho, que ociosamente se empeña en humildes vencimientos? No tenemos castigados los agresores primeros, y emplear quieres las iras en despojos tan pequeños? Ea, templa. . No me irrites, que mis manos, vive el cielo! han de ser con ella, y todos Ministros de su escarmiento; aparta. Será imposible: Hola, abrid a Leonor luego, y ponedla en salvo. Vamos. Abriré puerta en tu pecho, por donde entraré a matarla. Será cuando yo esté muerto. Contra mi traidor? . Es falso, que yo no esgrimo el acero jamás contra las mujeres, solo con él me defiendo, Oh quién matarle pudiera! que supure Dios mi fuego! . Mueran, mueran los Monroyes. Aparta, aparta Don Pedro. Mayor ocasión es esta, a ella acudid, advirtiendo, que unos, y otros articulan. Mueran, mueran. Fuego, fuego. Seguidme todos. . Será para acabar con tu aliento. Adónde guiará las plantas, quien de su culpa va huyendo, pues en lo torpe parece que aún las va moviendo el sueño? El perezoso descuido en la oscuridad me ha puesto, fabricando de las sombras luces al desasosiego. Pues si hoy mis torpes sentidos velar debían atentos, descansaban las potencias en los hombros del sosiego. Mas ay, que entre sus tinieblas perdí la luz del recuerdo, y dormido el desengaño, labra mal el escarmiento, cuando al guerrero descanso rendí el siempre débil cuerpo, Falté a cumplir con lo poco, de tanto como a Dios debo; falté al rezo por dormirme, y en la flojedad no advierto, que un enemigo está en vela al paso que otro durmiendo. Qué hora será? (ay infelice!) Santillana; yo estoy muerto! Santillana, también duerme, mas que mucho, si yo duermo, que él entregue sus sentidos a la delicia del sueño? Santillana. Señor mío, ya voy, que me estoy vistiendo.. Tarde parece, ya está. todo el Colegio en silencio; qué dulce gloria! qué blanda. es la mansión del sosiego! Señor, qué se te ha ofrecido. a estas horas? qué es aquesto? La propensión natural asalto el flaco, el pequeño. castillo de mi albedrío, con tan denodado esfuerzo, que rindió mis fuerzas todas al fatigado sosiego, de modo, que aún más guerrea, cuando me ve más despierto, pues combate la memoria. con acordarme, que el rezo Divino aún no le he cumplido: Sabes qué hora es? No cierto; pero si quieres rezar, solo este candil te ofrezco. Si la luz está apagada, de qué sirve? Qué? está muerto? por Dios que aún no le había visto! dormido estoy, o estoy ciego. Ve, hijo, y búscame luz. por todos los aposentos, mientras yo por otra parte a buscarla voy. . Contemos, que da el reloj de la Iglesia. Si las doce da, yo muero; o no permita el Señor castigar mis desaciertos, y si castiga, no sea del modo que yo merezco! Las once han dado. De qué lo colige? . De que veo que no tocan a Maitines. Bendito sea el siempre inmenso Señor, que así favorece la flojedad de sus siervos! Ea, vamos, Santillana, con diligentes afectos, a buscar luz. Pues yo juzgo que sin que baje del cielo, no es fácil que a aquestas horas la hallemos en el Colegio. Por dónde va? Estoy dormido. . Por aquí ha de guiar: Ya lo veo; mejor a Juan le iba en Burgos Canónigo Recoleto, que es la vida acomodada, sin estudios, ni embelecos, y no estar en Salamanca, donde es un continuo remo en los Cánones que estudia, y Teología; a más de esto, solo por ser Bachiller, y ser Capellán de adentro en este Colegio santo; y en este santo Colegio: y así con tanto trabajo, que mucho es rendirse al sueño? En fin le quieren bien todos, y le veneran, pues vemos que aún las plantas lo han mostrado con bien milagroso empeño, pues se le humilló un olivo cuando pasó por el huerto, a quien ya los Colegiales hacen grande acatamiento. Mas volviendo a la luz, digo, que no descubro un reflejo; ir quiero hacia la cocina, si antes de ella no me duermo. En todo el Colegio hay luz, horror solo es lo que encuentro porque siempre los horrores son del delito recuerdo. Llena el alma de amargura, vierte en lágrimas el pecho, para que consiga el llanto hacer más activo el fuego. Oh quién sacar luz pudiera de tanto ardor, tanto incendio, o al soplo de los suspiros encendiera los afectos, para alumbrar fervoroso la luz del entendimiento! Téngase usted, señor bobo, que los dos nos entendemos, pues de mi usté es entendido, y yo de usted soy discreto. Solo esto en mi opinión tiene de locura este Colegio, porque mantener a un bobo, solo un loco puede hacerlo, aunque aquí juzgo que es él el que los mantiene a ellos: Apártese allá. Señor, quien en tanto desconsuelo, para alabaros humilde, hiciera lenguas sus miembros. Mas que acorde melodía blanda lisonja es del viento? e Ya tienes luz que te asista, reza, pues te alumbra el cielo. Inteligencia luciente, tanto favor para un siervo? Sí, que en lo que te oscureces, luces tu merecimiento. Ay bobo más ignorante? señor bobo, no sea necio, , mire que un tonto, y un simple, un salvaje, un majadero, un insensato incapaz, un animal, y un jumento, aunque le parecen muchos, en él solo es uno mismo, Mientes, pues quien, di, mi amo? ese es Santo, y por solo eso has de mirar su persona como la del Rector mismo, El señor Rector? ya sé que le debo ese respeto, que el Rector es elefante que lleva el Colegio en peso, Qué chimenea? pues esa es solo para los nuevos: Bobo, y Latino? serás un bobo aforrado en textos, que en tela de disparates, cose las puntas de necio, Queda en paz, Juan de Sahagún. Ya te ausentas, Ángel bello? Por dar lugar a que guíes al bien, los que yerran ciegos. Téngase allá; Juan, señor; téngase un poco el jumento; que siempre sean tan pesados los que son tan majaderos! Con quién riñe, Santillana? Este bobo del Colegio, que está dando en perseguirme. Adónde, está? no sea necio, Luego no está aquí? No. . Pues estará. Dónde? . Allá dentro. Mire que ya ha amanecido; vaya, y vistase. Obedezco. Qué feliz noche he tenido! oh Juez como te contemplo, muy escaso en los castigos, y generoso en los premios Aún note exime el sagrado Matadla. Qué es esto cielos? permitid que se sosiegue este escándalo sangriento! voy a evitarle. . , Cobardes, no intentéis vencer huyendo. Yo soy quien he de matarle. Detente, hermano; Don Pedro. no le ofendas. Tente, aparta. Templad, templad el acero, Aparta, Juan, o serás de nuestras iras trofeo. No, hipócrita, le defiendas, que he de matarte. . Callemos mi amo es Santo, y Colegial, y miente cualquier blasfemo que dice, que ser no puede Santo, y Colegial a un tiempo. Aparta, Juan. No te alteres, que si trajo aquí Don Pedro a Leonor, fue por mi arbitrio. Tan osado atrevimiento castigaré. . Y yo a tu lado, Su escudo será mi acero. Aunque lo impida el demonio le he de matar. Yo primero. Muera, pues. Pero en la acción se ha embarazado el aliento, Qué pasmo! Qué maravilla! Qué dos caras! Qué portento! Qué horror! qué rabia! qué ira Divino señor inmenso, por un siervo tan humilde tomáis la causa severo? Juan, tú de Dios alcanza con santo rendido ruego esta flaca humilde vida de los dos que yacen hiertos. Todos perdón te pedimos. Fin de alguna Loa es esto, solo falta que ahora ensarten perdón aplauso, y silencio. Rogádselo a Dios con llanto. Ya al semblante se salieron los corazones en muchos pedazos de agua desechos. Pues la bendición del Padre, Hijo, y Espíritu inmenso, os alcance. A no sanarles, miren si estuvieran buenos! Con empacho, y con vergüenza te pido el perdón. . Logremos el besar tu santa mano. Es de mi atención empeño a que se obliga. Y se acaba la pendencia en cumplimientos. Solo a Dios se debe hacer . hijos, ese rendimiento. Permétenos ya tu mano. Tu mano me da. Él es bueno como la pared no sea, dará cuanto os pida el cuerpo. No llegas tú? No, que en mí no cabe arrepentimiento, ni doy gracias por agravios. Quién eres, qué note entiendo? Quién eres sombra sin luz? Quién eres, cara de negro? Sé obediente, que el Señor lo manda. Soy el infierno. Huye de aquí, no inficiones la pureza del sosiego. No has de conseguir que logre Don Pedro en Leonor afectos decentes. . Calla, maldito. Jesús! Pavorosos senos me reciban. Anda con dos sastres, y un tabernero, que te ajusten las medidas con sisas, y bebederos. Colegid de aqueste asombro cuan errados, y cuan ciegos camináis con plantas torpes a parar en el despeño. No tengo que persuadiros, porque es suficiente ejemplo el que ahora visteis ponderé él solo lo que yo dejo de predicar, pues su voz es aquí el mejor recuerdo, y retórica más viva, porque en un caso tan nuevo son ociosas las palabras, obrando el conocimiento. Y supuesto que el demonio es aviso, y que los muertos están a Doña María, como a los presentes, siendo memoria este de la muerte, y aquel norte de sus hierros. Conozca que ha de morirse, y conozca que hay infierno para hacer paces con cuantos injuriar quiera su duelo: Y para que no embarace de Leonor el casamiento, que podrá ser que otra vez no tenga su error remedio. . Y aquesto es tanta verdad, como ser verdad aquesto. . Quién puede a tan efectivas razones desviar el medio del ajusto? Yo, pues, solo en las amistades vengo. Hallando este desengaño, huyes ya del escarmiento? Está entre injuriosas mi sangre clamando al cielo. Por eso puede la mía ilustrar el honor vuestro. Pues que a Portugal medrosos los delincuentes huyeron, mi furia los seguirá, para castigar su miedo. Yo he de ser tu firme amante. Yo he der tu esclavo eterno. Pues yo, triunfando de todos. Pues yo, armado del deseo. Pues yo, por quedar airoso. Pues yo, por lograr mi empeño. Me opondré a los embarazos con ira, con honor, y con aliento. ACTO SEGUNDO.
JORNADA SEGUNDA
Seguidme, nobles Monroyes, pues tanto os ilustra el triunfo con que lavamos la ofensa de nuestro linaje Augusto. De todos es la venganza, cuando el trofeo es tan tuyo. A este espectáculo sea Salamanca toda susto. Supuesto que en mi linaje está empañado el Augusto honor, y se le permite borrar entre fuego, y humo, Ya que Fray Juan de Sahagún no es mi dueño, y por mi gusto sirvo a Don Luis del Manzano, que es señor de poco fruto. La forma de Don Fernando Enríquez me visto astuto, Doña María le espera, no sabiendo su infortunio, de morir en Flandes, con que mejor mis disfraces fundo. Y pues que Don María de Monroy es fresno duro rige, haciéndole padrón de mi bando, y de ella triunfo, con este puñal pretendo, disfrazada en este oscuro velo, quitarla la vida, hoy, que tan vana su curso a Santo Tomé conduce, en los pasos de su orgullo, a hacer de las dos cabezas de mis sobrinos injusto teatro de la venganza, y suplicio de su impulso. Con ella viene Don Pedro, que fementido depuso mi cariño, por seguirla; también creo que no pudo más, persuasión es de amor, y así por él le disculpo. Crédula, pues, al engaño el que esté no dificulto, que mentir el traje de hombre, ya en cualquier demonio es uso, Ya se encaminan, el rostro, como la intención; encubro. Ya llega, visto la traza, que Dios por su fin me impuso. Ya los veo, y yo me meto a escudero del concurso. Señora. . Sobrino, dame los brazos. . Mi valor supo por vuestra noticia aquestos lances, que lo son tan suyos, y por labar las ofensas, con él, y mi sangre acudo. Te agradezco la fineza, mas ya del agravio triunfo con la venganza. En qué forma? Atiéndeme. Ya os escucho. Salí de aquesta Ciudad, para amedrentar el mundo, y al primer honroso amago, la viva injuria sacudo. En la Villa de Villalva mía nobles parientes junto, que de ociosos infamaban sus espíritus sañudos, y con varonil adorno, rasueño el semblante anublo, y después de todas armas compuesta, un caballo ocupo, rayo no, cometa sí; de una tragedia prenuncio. Éramos un cuerpo solo de azabache yo, y el bruto, y así eclipse me juzgaron, que los rayos al Sol turbo, o que llorando mi agravio, triste desplegaba el luto, y solo esto fue verdad en la persuasión del vulgo. Marché, sin darles noticia. del designio, que en mi oculto; y confundidos confiesan todos sus alientos mudos; sin guía no caminaba, porque a mi traza, y estudio, y a un criado, les debí saber cómo viven juntos los que a mis hijos mataron, (no sé como lo artículo) en dos Iglesias, lugar que los defendía ocultos de mi enojo; o quizás fue para lograr del seguro, que habitando en Portugal, adquiría cada uno de no ser preso bastante razón para aqueste indulto. Al fin al lugar llegué, cuando el Lucero nocturno a pausas ardía en el Cielo con escasos rayos mustios con seis de estos mis parciales, a quienes valor infundo, y informada de la casa, rompí por senos oscuros, conduciéndome una luz donde el papel de difuntos representaban, durmiendo: y a mi voz rompiendo el nudo, despertad (les dije) aleves, no sea, no, lisonja el rudo sueño, en ocasión que vela agraviado honor Augusto. Recuerdan de sus olvidos, y mirándome confusos, reciben de mí, uno miedo, otro temor; y ambos susto. A las armas se arrojaron; déjoles seguir su impulso, por vencer más, y no verles de sus acciones desdudos. Armáronse, y yo arrogante embrazando el corbo escudo, a la primer estocada ablandé sus pechos duros. Defiéndense, mas me irrito; desfallecen, mas me injurio; anímanse, no desmayo; piden favor, no me turbo; mueren, y el sangriento objeto en el alma le dibujo. En tierra eché sus cabezas, y me sirvió de verdugo el cuchillo del agravio, afilado de mi orgullo. Al estruendo clamoroso, que movió el quejido suyo, acuden los Lusitanos con bocas de fuego, y chuzos: Y aquí fue donde mi escolta, abanzando hacia el tumulto de tanta nube de rayos embarazó los diluvios, que me amenazan, poniendo a lo tempestuoso yugo. Salimos de Portugal, sin dar a entender que huyo; dígolo, porque pudiera hacer otro juicio el vulgo. Llegamos a Salamanca con los laureles, que pudo ofrecerme aquesta empresa, tejidos en otros muchos. Discurrí con alborozo sus calles, y aquí conduzco los vecinos admirados, para ver en que concluyo. Esta ha sido mi venganza, aqueste el blasón que ilustro, para, que mil veces brava me aclame, y admire el mundo, y para dar a mi sangre fama, honor, crédito, y triunfo. Y pues en la Iglesia estamos de Santo Tomé, al sepulcro de mis hijos, por trofeo, estas cabezas vinculo. Obre ya mi acción altiva. Traición. . Matadla. Muera. Don Pedro, que soy Leonor, libradme de esta violencia. Suspended todos las armas, no la agraviéis. Pues tu intentas defender su alevosía? Es que abono en defenderla mi primera obligación, no amparo su traición fiera, defiendo, si su persona. Ninguno llegue a ofenderla, que con el bizarro arrojo de aquesa mujer, se templa. mi furor, que quien me imita, mi espíritu lisonjea. No quede ninguno sin que a nuestras iras fenezca. Muerto soy. Al Santo, al Santo; milagro! . Esa es otra tecla. Ni el mirar que obre Don Pedro contra mí, por la defensa de aquesta tapada, que es Leonor, el alma sospecha, ni que ella quiera ofenderme, ni el oír voces diversas de horror, de ira, y de gozo, me embaraza, ni me inquieta, para poner el blasón, que a mis hijos lisonjea, en el túmulo. Con que será una gentil ofrenda. No es venganza en los difuntos encender de humos exequias. Hora es, cuando hacer consiguen sacrificio en las pavesas. Sansón les valga, pues fue . el que más pudo en su tierra. Milagro, milagro, al santo! Voy a cogarle a la Iglesia. . Sacó del pozo amarillo un niño con la correa. Mucho tardas en morir. Es la razón quien me alienta, Caí en el suelo. Pues muere. No cabe en ti tal bajeza. Pagaisme lo que os serví, por quedaros con la queja. Si la he despedido, mal me podré quedar con ella. (chos. Al loco, al loco mucha- Milagro. Todos se tengan, no lleven con la banasta. Tu resolución me hiela, cuando hay razón que me obliga: mas darete muerte. Espera; qué causa puede obligarte? No es suficiente el que vea a mi hermana de esta suerte tropezar en la indecencia? Hallándome con mi esposo, él luce lo que me afea; tropezó, y al darle muerte Don Luis, lo estorbé, que es fuerza que obrara contra la sangre el amor con la fineza. Sabré yo satisfacerme en tu aleve vida. . Muera Don Pedro, si es que dirige a su linaje esta ofensa. Arrojad del pecho el áspid, que engañoso os lisonjea en venganzas. De otra suerte su punto airoso no queda. Menos airoso quedara, si estuviera en una media. Embaraza: que se casen Leonor, y Don Pedro, tema viene a ser más que razón, queriendo con las estrellas vuestra ignorancia lidiar, sabiendo que las violenta quien se opone alnatural instanto de su influencia. Vos, Don Lúis, en el consorcio desvanecéis las sospechas de si incurrió o no, Leonor contra su heroica nobleza. Con que paso a discurrir, Doña María, en la queja, que contra vos tengo; como mujeres de vuestras prendas quiebran palabras que dan? No la disteis en presencia de cuantos me oyen de que a los Manzanos más guerra no haríáis: como sin ley su inmunidad se desprecia, matando entre sus descuidos los dueños de esas cabezas? No es el duelo mío, no, y en caso que mío fuera, os le perdonara, Dios es quien agraviado queda, y en vez de satisfacerle, otros vuestro error inventa, interponiéndose ciego entre la piedad, que anhela a echar, ya que no al dolor, a su propia sangre tierra, Ea, señora, advertid que el pecho que fue de cera, ya le formáis de diamante: y esto os haga consecuencia, que si con sangre se labra, bastante tenéis muy cerca, derramada vuestra injuria, para que ella os enternezca. Por ahora mi furor en sus intentos dispensa, mas no en que Leonor se case, y si en ello vine, era pleitesía que se hizo para nuestras diferencias. Esta por doña María, sin ley, ni razón se altera, y no me toca cumplirla, supuesto que ella la quiebra. Yo viniendo en que las den sepultura a esas cabezas, para añadir al trofeo el vencerme yo a mí misma. Digo, Fray Juan, que te di palabra, y no fue supuesta, en que a suspender me obligo las armas (porque respetan tu virtud) mas no te ofrezco no vengarme, al suspenderlas; con que mi intención segunda. satisface la primera. Y en cuanto a que yo embaraje el casamiento, que intenta Don Pedro; y Leonor, es fin particular de mi idea; mil veces lo he referido, aunque tú con muy discretas persuasiones, con portentos pretendes que me convenza. Callara aquí, más porque un escrúpulo me queda, fuerza es que prosiga: Tú me dijiste en la advertencia, que descuidados di muerte a mis enemigos, fuera de ti miente quien pensare que pude obrar tal vileza. Con las mujeres no hay duelo. También mujeres afrentan. La lengua obra, y nunca otenden con la cara descubierta. Como indignado has movido contra mí el acero? Eso era solo defender mi sangre, mas no ultrajar la billeza. Qué belleza? de lisonjas te amparas, cuandio confiesas la alevosía? . Sí. Pues mentís. (da No me agraviáis, y en mí es deu usar de este rendimiento, y ennoblecer la defensa: y pues que hay tantos Monroyes, que aqueste duelo mantengan, el que quisiere, en el campo me podrá oír la respuesta. . Yo te se guiré. . Eso no, que si a los Monroyes reta, habla conmigo, pues soy a quien más el duelo empeña. Pues para desempeñarle, retírele usté a una Aldea. Adelantareme a darle a entender airada, y fiera a Don Luis, que hay también duelo en mujeres de mis prendas, que el valor, si muda traje, no muda naturaleza Yo la asistiré, aumentando más fuego a aquesta centella. . Detened vos a Don Pedro, o a Don Luis, señora, mientras reduzco a doña María. Así lo haré. Dios lo quiera. Milagro, al Santo! Todavía milagrean! Juan Diez de Santillana, quitémonos de pendencias, y dime, porque no sirves a Fray Juan? . Por conveniencia; cuando él era Fraile bravo, oh Colegial, por más señas, que lo uno, y lo otro viene a ser una cosa misma, le serví por vivir gordo. Gran Santo es! Tiene excelencia. Cuéntame algo de su vida. Oye, y sabrás una, y buena. En Sahagún nació año de mil y quinientos y treinta, de Juan González Castrillo, y Sancha Martínez, que eran en la virtud tan iguales, como fueron en nobleza. Diez y seis años vivieron sin hijos en su unión tierna, hasta que nuestra Señora del Puente (que adora Reina del Cielo Sahagún) les dio a Juan, la mañana bella del Bautista, porque el ruego tan feliz día tuviera, y a luz saliera el Infante con claridades serenas, hijo de la Gracia, aún más que de la naturaleza. Corrió la voz presurosa, por ganar dichosas nuevas, a la Hermita de la Virgen, donde velan las doncellas, que informadas del suceso, vinieron todas risueñas, y con rosas, y guirnaldas laurearon su cabeza, (vaticinio de la gloria, que va adquiriéndose eterna) y creció en admiración tanta, que andando a la escuela, predicaba a los muchachos con ejemplar elocuencia. Vino a Salamanca, donde fue aplaudido en todas letras; asistió con el Obispo don Alonso Carrajena en Burgos, y le dio un Canonicato en su Iglesia. Murieron sus padres, y hace dejación de la prebenda, y de una Capellanía, que tuvo en Santa Gadea. Dejó a Burgos, dicen, que por inspiración inmensa, que le volvió a Salamanca, y recibió el manto, y beca, siendo Capellán de Adentro en ese honor de la Escuela, San Bartolomé, Columna de la Cristiandad que eleva Don Diego de Añaya, heroico Fundador de su grandeza. Por un Divino precepto, que observó, el Colegio deja, y el habito Clerical vistió en humilde pobreza. Una enfermedad muy grave tuvo, y entre su dolencia voto hizo de Religioso, y luego cumplio la oferta en . Agustin, adonde milagros obra sin cuenta, bien que se escriben, con que saldrán al pie de la letra. En Sahagún, y aquí aseguran, que es este Fray Juan Profeta, y en Sahugún me admiro, pues ninguno lo fue en su tierra. La resunta de su vida te he dicho, y lo que me resta, juzgo que se me ha olvidado, ahora que bien se me acuerda. Yo te agradezco el informe. Un rasgo es de lo que queda; mira que amanece ya, y parecemos Poetas, andando a buscar Auroras, solo porque lluevan perlas. Pues vamos hacia la hermita, y ofreceremos a medias Detente, Señor, detente, no a un humilde indigno Siervo, que te ignora, y se confunde, mezcles placeres, tú, con senti- mientos. Déjame ilorar, detente, que al verte pasivo, y tierno, por el favor, me renuevas memorias lastimosas de tu afecto Debajo de las especies de Vino, y Pan te venero, con accidentes de vivo, y constantas pasiones nunca muerto Es mi pecho templo breve para manjar tan inmenso, y mal le dará hospedaje a un Señor que no cabe en tier- ra, y cielo. Dame el calor de la Gracia, para recibirte atento dignamente, y mantenerme de tu misericordia, y mi deseo. Ya consigues por la Gracía examinar mis secretos. Santo, Santo, Santo, (cielo! Salve Dios, y Señor de tierra, y Oh tu gloria de ti mismo, dulce Paraíso ameno, Trino siempre, y siempre Uno; luz, que cegando alumbras al mal ciego, misterio sin descifrarse, patente, y no descubierto, cuya esencia, cuanto más. (nos, la llego apercibir, la entiendo me Oh que bien se verifica lo del Profeta, diciendo, Señor, harto seré entonces, no! cuando tu gloria apareciere, y Rey El lleno de tus favores goza el alma, y yo confieso, que das premios por agravios, olvidándose en ti lo justiciero. Señor misericordioso, júzgame cual Juez severo, que no siento no el castigo, que el haberte ofendido solo siento, Y alábente Jerarquías, con mi corazón, diciendo, Santo, Santo, Santo, (cielo. Salve Dios, y Señor de tierra, y Al Santo, al Santo. Qué escucho de este vano vulgo ciego! Qué es esto, amigo? Esta es una atenta moción del pueblo, que clama por daros cuenta del infelice suceso de las dos tristes mujeres, que hicieron de vos desprecio en el sermón, porque ahora su marido la una ha muerto, y la otra afrentosamente esta en el vale postrero. Su palabra en el castigo Dios es quien la satisfecho. Sepa que el Prior le ordena que a Alba se parta luego. Sacrifico mi persona, aunque de ella estoy ajeno, a la obediencia. El gran Duque le ha obligado con su ruego. Obviar aquella quimera, que el Demonio con su fuego fomentó en el desafío, quisiera antes, que aunque el ruego fue al reñir intermisión, volverá el mísero duelo esta tarde, que es el plazo que señalaron; qué es esto? Señor, cómo ser podrá el irme, y quedarme a un tiempo? En vos fío pues sabéis dar a todo mal remedio. Todo en Dios, Fray Juan, está. Cumplir quiero este precepto; ruegue a Dios por las difuntas, hermano. Obligación tengo. Dios a todos los alumbre la luz del entendimiento. A las santas diligencias de Fray Juan pude templarme, mas no ofrecer que del reto de Don Luis me separase; por un papel fingí que le llamaba a este paraje un Monroy, y respondió que a la mismo hora, y parte tenía desafiado a Don Pedro, y yo ganarles el tiempo he querido, porque consiga en adelantarme embarázar a Don Pedro, y si no cede, matarle; de esta máscara me valgo, porque el rostro me recate, desmintiendo lo que soy; él viene obre el brío, y calle, ya Don Luis ocupa el puesto, pésame de llegar tarde. Corred la máscara ya; no gustáis? sois sustentante, y elegir podéis; decidme, sois Don Luis? decís que no? y acaso vos esperaisme? Con la espada respondéis? para reñir esto baste, que aunque no sé con quien riño, en el campo no habrá nadie de punto, que haga el reparo, puesto que el reñir es antes. Valiente es Don Pedro! No es el embozado cobarde; herido estoy en la mano de la espada. . Pues la sangre detened con ese lienzo. Bizarro es, como galante, Pareciome que reñían, mas mi vista pudo errarse, y lo colijo de aquesta novedad, que me persuade, viendo a Don Pedro con otro. Caballeros de linaje, . como el vuestro, acompañados a desafíos no salen. Yo he salido solo, y quien de mi otra cosa juzgare, se engaña. Una causa aquí os condujo, esa me trae, y oyendo un agravio, es fuerza que por dos causas os mate. Detened, señor Don Luis, el acero, y escuchadme. Yo soy quien os desafía por un papel, y en el margen respondéis, como a Don Pedro restado desafiasteis a este puesto, señalando para mi otro más distante, Bizarra fue la respuesta. sin que a circunstancia falte, para cumplir dos empeños con discreción, y con aire. Procurando que Don Pedro por mano no me ganase, apresuré el paso oculta, valiéndome de disfraces: Y llegando a aqueste sitio, con intento de vengarme de Don Pedro, por mi afrenta vi cumplido mi dictamen, que era estorbar que riñese con vos, por lograr el lance de satisfacer mi duelo. Saqué la espada, y él hace lo propio; herirle en la mano derecha; con que no es fácil, aunque su valor lo intenta, el poder hoy despicarse. Venís vos residenciando, que Don Pedro se acompañe con otro; responde altivo, fue obligación de su sangre, Pretendéis darle la muerte, y yo me he puesto delante, defendiendo que no pueden Caballeros de sus partes obrar mal; de todo he dado satisfacciones bastantes: y supuesto que la herida le impide que el duelo acabe conmigo, y con vos le empiece, y yo me ponga en paraje de satisfacer mi agravio, reñid, y no os embarace el ser mujer, pues no debe mirar, quien a reñir sale, mas de que el acero quede airoso, antes que se envaine. Formar lid con las mujeres, es hajar con vil ultraje el valor; yo a reñir salgo, movido de despicarme con Don Pedro, y por saber que me buscaba arrogante; dándose por entendido de lo que pude agraviarme; y advirtiendo que la herida lo impide, porque está en parte que no da lugar al uso de la espada, el reportarme en esta acción es preciso, hasta que Don Pedro sane. En disposición me hallo de esgrimirla. . Pues acabe primero el duelo conmigo. A no ser vos, es constante le feneciera. . Decís que tenéis la mano hábil para batallar? . Es cierto, porque solo el dolor grande del golpe, que recibí, fue quien pudo embarazarme la acción, pero no la herida. Pues ya os espero al combate. Yo os desafío, y a vos os herí, y no es dudable que habéis de lidiar conmigo, o ya juntos, o ya aparte, os conformad, para que, o con uno el campo aplace, o con los dos. Quién me hirió fue un hombre. A desafiarme otro llegó, y si es mujer de esto autora, no es tratable medir la espada con ella. Lo propio digo. No obstante, vuestra razón es ociosa, y porque el dudar se acabe, la máscara me pondré, . por si a reñir os persuade el disfraz, y conozcáis, que no habiendo quien me agravie sin embozo, doy motivo a que ninguno repare en teñir conmigo, cuando juego cubierta este lance. Habiéndote visto el rostro, fuera el proceder infame. A San Vicente, Monroyes. Reñid, pese a mi coraje! Ténganse, borrachos locos, o por vida de mi padre, que si todos no se tienen, haré lo que más gustaren. . . Yo os desafié Don Pedro, y así seguidme. Reparen, que el casarse por pendencias, es de maridos bozales. Acepto el reñir con vos. Vive Dios que es gran desaire! , Don Pedro herido, ay de mí! . Oh quién pudiera arrastrarles con pasiones! . . Por casarse riñe, que deja usted para cuando con ella se case? Vive Dios, que cara a cara os he de matar, cobardes! Esta señora es mujer al uso en mudar semblantes. Reñid conmigo, Don Luis. Ved que hay muchos circunstantes, seguidme. . Don Pedro, hermano. Pues a santas hermandades no se mueven, resistencia, favor aquí a diez Alcaldes. Moriréis todos villanos. Solo los aceros hablen. Ya Fray Juan con su paciencia guerra segunda me hace! mas ya entre tibios fervores padece vivos ultrajes! Ya en dos brutos; lisonjeros dos al camino le salen, ya le infaman con palabras, ayúdenles mis volcanes! Ya los brutos obedientes se les refrenan cobardes; con la espuela los obligan, no obedecen, ah crueldades! Con los dueños dan en tierra, y entre su agonía yacen; que contra mí se conspiren tan bien los irracionales, y que todo mi ardimiento Dios límite al irritarles! Ya confesado el delito los absuelve con piedades, ya camina, mas mi incendio airado ha de perturbarle la senda que lleva, para que se desespere frágil! Segunda vez a mis furian los Orbes se desencajen: Vuelvo al rencor! De vosotros son las sombras auxiliares. Qué confusión. Gran tormenta! Yo no pretendo casarme. tenganse allá con mil diablos, no sean dos las tempestades. Si aquí mueren: ya Fray Juan cayó en el río; a este paraje parece que se encamina. Fuego, furias infernales, los rayos con su humildad me rechaza, y vuelve en aire! Mas qué fanal? Qué iris bello? En el agua? En los cristales? Es bajel luciente? . Sulca el albedrío del aire? Le Fray Juan de Sahagún parece. Por Dios que es . Juan el Fraile Elevado lleva el cielo por norte. . Hay más impiedades! Por la elevación del cielo es su silencio admirable: a socorrerle lleguemos como Cristianos. . Dejadle, que aún en el mar más undoso no se ahoga en callando nadie, Ya os cega en mis incendios, mirad que todo esto es arte . fantástico, y tempestuoso, enciende llamas voraces. Yo tomaré puerto en la orilla. Ponga usted el milagro al margen. Que huyas monstruo feroz de parte de Dios te mando. Todos mis ardides solo se me quedan en amago! Pues me libró de los riesgos, hijos, sea Dios ensalzado. Presente le hallo, y enjuto, aunque por agua pasado. . Qué accidente fue el venir por el Tormes naufragando? A Alba fui por la obediencia del ministerio sagrado, con mi compañero, y porque un accidente, o acaso nos sucedió allá y también, por quitarnos el breviario unos de vuestros bandidos, que nos salieron al campo, dando a Dios gracias, hicimos memoria de algunos Psalmos, Y yo fuera de mí, yendo a un embeleso entregado, torcí la senda que llevo, y subiendo a lo más alto de un risco, caí en el Tormes, cuyos cristales sulcando, débil bajel, medí el fondo del piélago Castellano: Y pues he llegado a tiempo de mediar en temerarios procederes, envainad, para que a Dios le pidamos con llantos, y rendimientos perdón de nuestros pecados. El compañero? Ya viene. Cómo ya no se ha hecho un pato; que no haya yo visto un lego que al agua sea inclinado! El hábito le besemos. Para qué? Por venerarlo. Pues dime tú, hipocritón, que desmintiendo lo falso de tus astucias, te vistes color alagüeño, y grato, como tan vanaglorioso al conmover los nublados, por deslucir nuestra sangre con el tempestuoso estrago, pretendes, que en nuestras ruina? te acreditemos de Santo? de esta suerte te venero. Tente bárbaro, profano. Estás loco? . Tienes juicio! No; que ya esta condenado. Dejadle; pues lo merezco. Levantad del suelo. . A palos le hubiera dado mil muertes, mas témole, que es un diablo, Es un hipócrita aleve. Será un infame villano quien le ofendiere. . Palabras que de celo, a ser agravios se transfieren, solo piden venganzas, Y yo a tu lado las castigo. . Soy segundo con Don Pedro, hasta mataros, y así guiad donde quisiereis. Como siendo tu contrario te haces su parcial? . Porque para reñir en el campo con él me hace más airoso no dejarle desairado de ti, cuando con ventaja le ofendes poco bizarro. Sujetad corrientes iras al corazón obstinado. Suspenso mi duelo queda al imperio de tus labios. Para siempre? No es posible, porque en los pechos hidalgos solo cabe el quedar bien. Y con eso quedan hartos. Ve que el demonio te arrastra. con arrojos despeñados. Ociosos son los sermones, mientras no me satisfago. De que, si el duelo es de Dios? No es si no el duelo del diablo, Parientes, en San Benito, y Santo Tomé tocaron, seguid las sangrientas lides, no oigáis sermones en vano. Allí se fenecerán los empeños que empezamos. A San Lázaro, el que quiera reñir conmigo, le aguardo. Don Pedro, querido, esposo detente, no nos perdamos. Estáis sin juicio, señora? no basta que en el recato mudéis forma, haciendo espaldas indecentes al reparo? si no es que fuera del uso, que compete a vuestro estado, mantengáis unas cuestiones con argumentos errados, sin que haya quien pueda darlas apoyo, que no sea falso? Y aunque fundamento tengan, no es más razón reportaros, que seguirlas? Ceded pues, de vuestro asunto, esto os mando de parte de Dios miradle en lo interior, en el Árbol de la vida perdonar a los que más le injuriaron. El que fuere Caballero, deje el sermón, siga el bando. Ya que no somos sujetos, queremos ser predicados. A vista de tu respeto se reportan mis agravios. Sirvan para nuestros duelos estas arenas de campo. Oíd la palabra de Dios en paz, escuchad, Cristianos. Ved que en lenguas de campanas nos llama el sangriento bando. No respondáis, que sus lenguas. son lo mismo que badajos. Oíd la palabra de Dios en paz. . Oigan los borrachos. Don Pedro mi acero os llama. Ya responde. Es bien mandado. . Esperad. Oíd la palabra de Dios, y su soberano decreto, diciendo que el primero que indignado a su contrario inquietare, le ha de matar su contrario. Qué Dios, si permite ofensas? Calla bárbaro, villano. No digo yo, que no pueden estar en paz, con descanso; esto es hecho, no haya más, venid conmigo. . Llorando va el Padre Predicador. Ya que muero castigado a manos de mi delito, a Fray Juan pido con llanto, que aquellas muertas cabezas de los ilustres Manzanos, que están en Santo Tomé de sepulcro, y a mi amparo. Eso ofrezco, piedad logres, no encuentres a Dios airado: en nombre del Padre, y Hijo, y del Espíritu Santo. Ya murió sin hacer un gesto en trance tan amargo, con que da a entender que no era amante de Palacio, Qué espectáculo tan triste! llevarele que es mi amo, con gran miedo, que los muertos son hombres muy desalmados. Qué asombro! Qué confusión! Qué maravilla! Qué pasmo! Qué impulso! qué inspiración! suave alienta el torpe paso; Señor, así ejecutáis los decretos soberanos? Ya mi engaño al escarmiento vuelve el rostro, y al halago, que es de mi parte, y me vence el engaño, sin engaño. Borrad os pido, la mancha oscura de mi pecado, con el aire del suspiro, y la tierna voz del llanto Y tú, mediador dichoso, pues eres todo mi amparo, me recibe en tu Convento, que voto solemne hago de ser Religioso, como me perdones los agravios, Ah rigor! ah rabia! ah furia! Dios te perdone, y mis brazos te reciban; ven conmigo, y vos, señora. . Yo rabio! muera don Pedro, pues dio muerte a Don Luis: así aparto que tome el hábito. . Antes le daré el laurel sagrado, pues de un contrario me venga. Ya que desestimas cuanto te aconsejo, y tan inútil viene a ser lo que persuado, a Flandes me volveré, No te lo impido, Así trazó desaparecerme de ella, que para nuevos estragos Dios permisos me concede, que del cuerpo apoderado de Don Luis esté desde hoy, y deje el de Don Fernando. . Cómo Don Pedro? no digo bien, ya lo enmiendo; tirano, como mi sangre derramas, pretendiendo verte honrado con ella? esto es del castigo, a lo más esencial vamos; como hacerte Religioso pretendes, que has conmutado el voto, que me ofreciste en burlarte de mi hidalgo proceder sin razón? pues por esos cielos sagrados, que habéis de llorar mis iras; mas al rencor depongamos. Ya sabéis lo que padece mi honor con el vulgo en varios accidentes, asistidos de mí, y de vos motivados. Torced la resolución, volviendo al ruego, o al llanto, sea de esta muerte ajuste darme, Don Pedro, la mano, que así quedo bien, y vos con más crédito de honrado. Qué, me volvéis las espaldas sin responderme? Al recato vuestro nunca me atreví, y aunque la palabra he dado de casarme con vos, fue deuda de amor sin el plazo: y aunque pudiera llegar, lo embaraza aquese pasmo; que en la muerte de Don Luis sucede; y me ha ejecutado para que el mundo desprecie: No tenéis de qué quejaros, si os dejo por Dios, que en esto vuestro puro honor no mancho: Y si algún deslizos vieron, puesta tal vez a mi lado, los átomos al Sol nunca pueden deslucir sus rayos. Y en cuanto a que di la muerte a vuestro querido hermano, bien conocéis que es golpe de Dios, y mío el amago. . Don Luis mi hermano allí muerto, mi punto aquí desairado, la murmuración más viva, mi amor Don Pedro burlando, Doña María insistiendo, Juan siendo mi contrario; Pues a dar muerte a los tres, y mi espíritu bizarro encienda las sediciones, para que sean llorados los bandos de Salamanca de Monroyes, y Manzanos, ACTO TERCERO
JORNADA TERCERA
Espíritu! . No te asustes, Ilusión! Deja el delirio, Encanto! De qué te asombras? . Horror! En qué atemorizo? El prodigio del asombro me ha asombrado de prodigio, Espíritu, horror, encanto, ilusión, qué es tu disignio? Hablarte, porque no juzgues que es lo aparente mentido. Como en certezas de muerto darás razones de vivo? Con la realidad adonde verás como te descifro el emblema que tu ignoras, en mi verdad traducido: Yo soy tu hermano Don Luis; miento, que en él me revisto, permitiéndolo así Dios por su fin no comprendido, Cadáver, te vi. . Y en él, para ser estrago hábito, Intentas que yo te vengue? Solo que me escuches pido. Que me hirió Don Pedro, es cierto, y me ocurrió un parafismo, por la falta de la sangre, que lo desmayado animo, también es cierto, y también que me curé (queda a arbitrio la necesidad) sané, valiéndome de un amigo: Todo esto es engaño, pero . cuando usé yo de otro estilo: Y por no haber mejorado de la herida, me ha tenido en su casa hasta ahora; miento, . que en el bando introducido, para tropiezo del hombre, allané su precipicio. Y así, pues acreditar me debes cuanto te he dicho, y no me enojo de que tan sola en aqueste sitio estés (aunque ese criado juzgo que viene contigo) pretendo que en todo lance encuentres en mí el arrimo, pues en lo airada que vienes, que te gobierna imagino algún enfado? . Es verdad, que no encontré, ni aún vestigio de tu cuerpo, que el enojo del desprecio que de mi hizo Don Pedro el traidor, fue causa de dejarte en el peligro. Pero como en tanto tiempo me has recarado el aviso de tu salud? lustas causas de parte del honor mío lo impidieron hasta ahora, De tu hermana? Fue preciso. Ya que te acredito en todo, o a fuerza de mi destino, o de tus razones, sabe; mas sígueme. . Ya te sigo, bien que pudiera excusarlo, pues la lleva su delito. . Que ahora vengado fantasma, revistiéndose en ministro, haciendo causa a Leonor, porque de casa ha salido? No sabe él estarse una hora enterrado, y quiere altivo que ella encerrada se esté, cuando hay mujer con marido, que por no estarse encerrada, se saldrá con lo que quiso? si es cierto que es Don Luis esté? Puede ser, pero me admiro . quiera volverse a Manzano, un hombre que era perito: Él a mi juicio lo ha errado en querer volverse al siglo; pero a mi juicio también parece locura el juicio. Al parecer se parece, bien puede no ser el mismo, que hay muchos hombres que quieren ser a otros parecidos, y traen como cabelleras, también los nombres postizos; con que viven de milagro, cuando todo ello es hechizo. Que busqué quien le enterrara! es verdad, pero venimos a tiempo, que no se hallaba en cuanto se había perdido. Cuando a él la muerte le dieron; por ser soberbio imagino que se levanto con ella, por salirse con ser vivo. No hay quien lo ajuste, entre aquestas diferencias de Agustino; en la Iglesia un paso entre otro me he entrado, hacia aquí me arri- por no hacer ruido a Fray Juan, (mo que habla allí con Jesucristo. Divino Isaac verdadero, en cuyo tearro sagrado feliz haciendo el pecado, triunfaste del Dragón fiero, Ensangrentado Cordero con tanta amarga pasión, labra en mí la obstinación de este pecho de diamante, pues siempre flecha de amante da el golpe en mi corazón. Mi afectuoso anhelar llegue humilde a conseguir el mérito del gemir, y el premio del suspirar, para que en tanto penar satisfaga tu favor la sed ardiente de amor, con que al tierno llanto aspiro, porque al soplo del suspiro se encienda más el dolor. Inúndame, Señor, tanto, para aplacar tus enojos, que abra puerta por los ojos lo detenido del llanto: Moriré contento en tanto que me empleo en padecer; mas ay, que corto es mi ser, y la deuda cuan crecida, si aún pagando con la vida, no puedo satisfacer! Quién, viéndote padecer tan benigno, como humano, quién osa mover la mano para llegarte a ofender? Que mal llega a conocer en la horrible ingrata herida, que es de su aliento homicida, pues la muerte se ha causado del principio del pecado, y no del fin de la vida. Atropellando los riesgos, y despreciando el peligro llego a ultrajar despechada el bando de mi enemigo, para comunicar ciertas conferencias con mi prime Pedro, en cuyo consejo veneración halla el mío, recatando el rostro, por sí logro acaso mis designios. La voz de aquesta campaña a barrer llama, Dios mío, y conmigo habla; mas cómo te ha de dejar mi cariño? Cumple ahora con el acto de obediencia. . Dios benigno, no sé apartarme de ti, ni encontrar puedo el desvío. Ve, que siempre aquí me tienes, De tu voluntad me obligo, si antes que sacrificar, obedecer es oficio. En fin dices que Don Pedro te he infamado? . Sí. Y qué altivo burla de tu honor? . No hay duda Pues muera. En eso me afirmo. Por el claustro viene ahora. Obre por mi agravio el brío. Mi amo llega, y no a rezar, que el Ángel no es muy bendito. No le parece a Fray Pedro, que sigue el feliz camino, sin andar en el confuso siempre contrario peligro? Siendo el fin servir a Dios, es el empleo más digno. Ya la ocasión se ha llegado. Ya hace cara mi enemigo. Fray Pedro, primo. Señora? dadme licencia. Id con Cristo. Con una mujer hablando Pedro está; ay siempre esquivos celos, ya para matarme sobraba el rigor de indicios! Cómo altivamente osada te atreves? pero que miro, . ya el furor de las potencias va poblando los sentidos! Gran confusión! este puesto no es para obrar desatinos. Para castigar traiciones, cualquiera parte es buen sitio. Que me negue Dios licencia para hajarlos para herirlos! que límite mi ardimiento; por introducir su auxilio! Venerad estos sagrados umbrales, y no atrevidos profanéis con las venganzas el Convento? . Suelta impío. Déjame, Mirad, señora; mas qué veo? Mas qué miro! Cómo obráis tal desacato? Este es amor al descuido, que se tienen sin querer, como unos enemigos. Con mi primo estaba, cuando llegó envuelta en basilisco Leonor, que fue de Fray Pedro no sé si cuidado antiguo, bien que en las demostraciones significa que lo ha sido; la conversación estorba, y con indecencia quiso ejecutar en un golpe mi muerte con su delirio. Padre Prior, nada es cierto, solo es verdad, que regido mi impulso del pundonor, uso de lo ejecutivo contra Fray Juan indignado de que bárbaro atrevido; lo que no pudieron ruegos, que pudieran fuerzas quiso, violentando torpemente el honor, y el albedrío. Así es el amor del Fraile. Y de su acción fui testigo; con que al mirar su osadía, castigar quise el delito, doña María lo impide, siendo también con su primo cómplice en nuestra de honra. Dios sabe como es fingido. No, hipócrita disimules la verdad con falsos visos. Ya está en su cuerpo, infernal ni escuadrón introducido o . Mi honra ha tiranizado, quitándome mi marido. Dale gracias, porque así te quitó dos enemigos. Hecho tan escandaloso en Fray Juan no le acredito, pues lo imposible le abona el que no le ha cometido; ni de Fray Pedro creeré ni aún leve culpa. . Y le cito al perro que lo dijere delante de Jesucristo. Señoras, salid del claustro, Si salen mis enemigos. Esta infamia la acredita en su pasión, y apetito. Escuchad. Decid. . Si es cierto, eso odian los niños. Etnas broto! Yo, te aliento. Fuego exhalo! Yo te inspiro; harás lo que te dijere? A todo me determino. Fray Pedro burla tu honor, y es el que alienta el motivo Juan, y así para que que de tu fin conseguido, que es casarte con Don Pedro, te quiero dar un advitrio. Estas hierbas venenosas, inficionado cuchillo de furia, las pondrás adonde el pie sin aviso estampe Fray Juan, y es cierto que serán fieros ministros de su vida; con que logras a violencias del hechazo todo aquello que pretendes, Obedezco, no replico al consejo por si al mal doy en el efecto alivio. Señor, con vuestra clemencia favoreced vuestros hijos. La advertencia os agradezco, Era en mí darla preciso, Idos con Dios. Dios os guarde. Ya obrará en él lo nocivo de la confección, pues ya sus plantas le han percibido. Vos, Fray. Juan, me habéis quitado a quien tanto amo, y estimo, pues yo haré que no acabéis el año. En mi Dios confío. . Vaya a su celda, Fray Pedro. El Señor vaya conmigo. Antes que me echen me voy a ser inocente al Limbo. . No sé que ardor con vehemencia por las venas repartido, me inquieta. . Qué tiene? Solo dejar de tener castigo de mis excesos . Ya estoy satisfecho, mas reñiros de lo que el pueblo os condena, es Si lo he merecido, (bien, es razón. . Exclamaciones de que os estáis divertido en decir Misa dos horas. Estar con Dios es delito? No lo es, más lo murmuran, y así quedad advertido de conformaros con todos en el santo sacrificio de la Musa, sin gastar más del tiempo que es preciso, que hacerse aún en la virtud singular, tiene peligro, La enmienda, Padre, propongo, si así la censura he visto. Ahora en virtud de obediencia me decid. . No lo resisto. Qué causa os detiene tanto en la Misa? . Compelido, y obediente os la diré. El Señor, sabio, y benigno en el alto Sacramento tanto me ha favorecido, manifestando secretos, que por natural camino están ajenos del hombre más sabio, pues allí el mismo en forma se comunica, y cuando en luz embebido el cuerpo está, corre al alma un velo, que estorbo fijo era a la vista; con que en realidad le admiro encarnado, siando yo de este favor fiel testigo. Conmigo comunicados tiene tantos repetidos dolores, como su amor sufrió tiernamente fino en pies manos, y costados al tiempo de redimirnos. Las llagas como luceros son, y a su luz los sentidos sin el alimento humano satisfacen su apetito. El misterioso secreto de su esencia, y su ser trino, me revelo en el espacio de lo nunca comprendido, y quedé tan ignorante; como antes de haberle visto. En estas glorias me enseña amorosamente Cristo las palabras que derramó sobre sus ingratos hijos: y a poder de su influencia les amonesto, y predico. Secretos me ha revelado, que son pocos los nacidos para explicarlos, y yo menos puedo, por indigno. Si esto es defecto, y es culpa; que me den el merecido castigo, y sea quien padezca la ofensa, y no el beneficio. Pues pisa doña María el bando de San Benito, no salga con vida de él, Hará este rayo camino. . Jesús, cuándo será el día que esto se fenezca? . Fío en Dios que será muy presto. Si él lo dispone, es preciso; pero volviendo al reparo que en la Misa le hice, digo, que obedeciendo las leyes del Legislador Divino, le mando que pueda usar de este santo sacrificio de mañana, y así excusa la murmuración. . Admito el precepto. Me parece se halla indispuesto? . Afligido tengo el corazón. . Aliente su afán, vuelva al ejercicio que tiene; qué santidad! feliz tú, y feliz el siglo! . No sé qué inmensos ardores mis miembro; tienen rendidos, violentamente usurpando la acción toda al albedrío? Cual fiero áspid venenoso, o enojado basilisco, va por los poros trepando, cautelosamente impío, a triunfar de mis alientos. Oh quién, Señor, fuera digno de entregarse reverente por tu santa Fe al martirio! Alentad mis cortas fuerzas, y venceré este castillo de engaños fortificado, y de engaños defendido! Cedan su altivez los bandos, Señor, mantenedme vivo hasta que triunfe mi aliento de tanto tropel maligno! Y tú oh Tomé! ardiente Apóstol, de ciencia, y gracia infundido, mi espíritu vivifica con el rayo de tu auxilio, porque ha de ser en tu día el último parafismo, que han de gemir los rebeldes corazones enemigos. . Y tu inmenso Autor de todo, seguro norte a quien sigo, encuentren mis dudas puerto, pues fluctuan en peligro. El Señor, que ha escucho tus ansias Monroyes generosos, ya el día se llego en que valerosos mostréis vuestros altivos corazones, las injurias vengando, y las traiciones. Nada contigo ha de tener malogro: trazas mudo, por ver si mi fin logro. . Desde cuando villanos, me hirieron, como aleves, los Manzanos, al pisar de sus términos osada tan encendida estoy, y tan airada, movido por ti, te descifra tus dudas, por medio de su Serafín. Sabe, Juan, que en la lucha peleando vencerás la lid en el año presente, que cumples plazos de el vivir. Morirás triunfando de todo con glorioso fin, y los bandos en lazos concordes llegarás a unir. Cederán tanto encono a tus vo- (ces, y al verte morir, gemirán los infiernos, y el cielo cantará feliz. A la lid, a la lid, a la lid, que en el principio, ni medio no hay triunfo, que todo el triunfo se logra en el fin. A la lid? a la lid, Señor, a un mísero esclavo le das amantes avisos? Mas qué admiro, si eres tú luz que me inspira el camino! Obedezco tus decretos, a los cuales sacrifico lo que soy, porque unir pueda la obediencia, y sacrificio, Es posible, bando ciego, que con vano desvarío violentéis el albedrío, tiranizando el sosiego? Venced ya vuestro coraje, que ni en las mundanas glorias fabricáis bien las victorias, cuando arruináis el linaje. No se precie la locura del imperio, perdonad, que la generosidad es hija de la cordura. Duro el pecho no desangre Católicos corazones, no compréís, no, los blasones al precio de vuestra sangre. Si buscáis el bien eterno, que su traidora sangre les vertiera, y por no derramarla la bebiera. Veinte y seis años ha que perseguidos de nuestra furia han sido, y combatidos en choques; en encuentros, y campañas, con destrozos, con iras, muertes, sañas, sin que Juez, ni justicia haya bastado el rencor que aún en ellos se ha sembrado, ni el Cuarto Enrique en su precepto ha sido, con las leyes del bando obedecido. Ya la Ciudad tenemos asolada, con sus suntuosas casas arruinada; acabemos con estos homicidas. que me ofende el saber que tienen vidas. Brava Monroy, infúndeme tu aliento, para añadir más fuego a mi ardimiento! Parientes, prevenid el pecho armado, Todos morir debemos a tu lado, Celebremos la fiesta, y la alegría, a la Iglesia venid. . Dichoso días no os arrastéis de esa suerte, que la sangre que se vierte, es bebida del infierno. Y si tan claras razones no os mueven, ni os dan espanto, mi rendimiento, y mi llanto obre en vuestros corazones. Veinte y seis años cabales ha que vivís engañados, como de tantos pecados daréis cuenta a Dios, mortales? No borréis tan noble hechura con repetidas bajezas; enterrad esas cabezas, y encontraréis sepultura. Monroyes, ea a rendiros; mas no que el agravio es mucho. No te atiendo. Yo te escucho, Volved, mirad. No he de oíros. Que a mí me cieguen mis luces, y que las de Dios me atajen! . Señor, si es que soy tu imagen, como tu imagen desluces? Es posible que en su daño un concurso se conmueve a la persuasión que debe un hipócrita a su engaño? Castigo le dad eterno, matadle; no le ofendéis? Muera. . Mas no le matéis. Ved que os engaña el infierno, Que Dios supure mi fuego, y mis rencores airados! . Hola, no tengo criados que le den de palos luego? Los dos somos obedientes ministros de tu justicia. Señor, templad la malicia de estos ciegos delincuentes. Qué asombro! qué parasismo! vuelto se han mármol helado! Corrido, y desesperado me voy al lóbrego abismo! . Innobles se han confundido, y en mi acción innoble estoy! Ahora me dejáis Monroy? castigo de Lios ya reconozco el engaño en que tan ciega he vivido, y pues que le he conocido, coja el fruto al esengaño. Cesará, Juan, mi discordia, pues me ajusto perdonando, si permite el otro bando que vivamos en concordia. Venid al Convento nobles, más nobles por el perdón, que los dos, es, permisión de Dios que se estén innobles? mis fuerzas tengo rendidas, y en continua guerra vivo: . Pero si esta paz consigo, mas que perdiera mil vidas. Llore yo, Señor, y forme viva voz el sentimiento, porque el llanto lisonjee la ternura de mi afecto, al ver que en Fray Juan mi Padre la confección del veneno enemigamente intenta obrar el mortal efecto: Como es barro quebradizo la posesión de su cuerpo, si un aliento le organiza, le desmorona otro aliento, Yo fui, señor, el principio de su dolor, siendo el medio una mujer, irritada de su pasión, o sus celos, y pues yo el delito tuve, porque el dolor no padezco? Misericordia, señor, poco valgo, y si algo puedo, llevad llevadme la vida, dándosela a mi Mrastro; Mis ansias te lo suplican, muera yo del rigor fiero, que se queja la razón de ver la inocencia al riesgo, Aquí de toda mi seña, que este enemigo Fray Pedro casi me hace tanta guerra como Fray Juan; pelear quiero contra su combate, aunque por auxiliar tenga al cielo: Representarele aquella antigua pasión, y objeto de Leonor, para vencerle en las ideas del sueño; con tu veleño suspende sus acciones, gran Morfeo. Oh rabia infernal! que Dios cancele así mis decretos! No desmayes hoy, Pedro, no tur- sentidos, que es bien que despierto (bes el contrario te encuentre, que así le resistes venciendo. Persevera en la vida que te hace camino feliz, advirtiendo. que ya la de Juan tareas fenece. siendo glorias el premio. Sueño, visión todo enigma, espíritu, halago tierno, dónde estás? quién eres? . Yo. qué asombro, qué horror! qué miedo! Yo que por desvanecerte vestí de luces el viento: ya Fray Juan de Sahagún muere, y él te hizo creer que había muerto don Luis; ven verasle vivo, que es desengaño más cierto, Ven, conoce sus encantos, deja el hábito, a Himineo busca seglar, vuelve al bando: Dos semblantes mudo a un tiempo, para Leonor soy Don Luis, y otro hombre para Fray Pedro . Persuádele con halagos, . llora, y harás más efecto, Y si llanto de mujer puede enternecer tu pecho, sea persuasión el mío. Qué cruel Ninfa del barreño se ha visto llorar con más desaguisados pucheros? Es piedra mi corazón, que no liquida ese afecto, Mi antiguo amor? Ya es olvido. Mi constancia? Es devaneo. Las finezas? Fueron aire. Los favores. Muerte fueron, Y el fuego? Se hizo ceniza. Pues si se apagó el incendio, y hiela el llanto que exhalo, prended aqueste soberbio. Espíritus incentivos, dé una vez luz vuestro fuego. Jesús lo que pesa el Padre, debe de ser despensero! No hay nadie que me socorra? amparadme, santos cielos! Tened, y no irreverentes profanáis el sacro Templo. No me persigas, traidor. Ayuda me dé el infierno. Yo diré sobre que ha sido. Sobre su cuerpo. Ea, dejadle, que no es fácil se logren los medios, que ponéis para inquietarle la voluntad, ni el sosiego; si hacéis aquesta invasión, porque fue contrario vuestro, ya los Monroyes se ajustan, perdonando, y remitiendo sus quejas, y los Manzanos sé yo que han de hacer lo mismo No lo harán, porque si lo hacen, los tendremos por camuesos. Hacer quiero al mundo guerra. Y a ti. No poca me has hecho, mas rendiraste a mis plantas, en nombre de Dios muy presto: y así en su virtud os mando, horribles monstruos soberbios, que el cuerpo de Leonor vivo, y el cuerpo de Don Luis muerto, dejéis al instante libres. Venciste Juan. . De la paz huyo, la concordia niego. . Dios sea bendito, por tantos favores como me ha hecho. Pagarlos con padecer, firme por su amor inmenso. Jesús, qué hedor de los diablos! dime por tu vida, muerto, es cierto que ya no vives, que aún corrompido te temo? Reparo, en que estando vivo, no comías un consuelo, y mi cuerpo lo pagaba, sin comerlo, ni beberlo. Reparo en que tengo tripas, y aunque bien reparo, es cierto; que he menester más reparos, pues de hambre me estoy cayendo, Quién diablos habrá servido a dos demonio enteros? y quién habrá visto nunca Comedia de más infierno? Mi ama Leonor la hallaré endemoniada a este tiempo. porque no se casa, y porque doncella para in aeternum se queda; con que estará dada a los diablos por eso. Dios la dé su luz. . Señor, amorosamente os ruego, que a la infelice Leonor desaprisionen sus hierros. Las paces pedimos todos. Unaos Dios con lazo estrecho, Lleguen todos los Monroyes, Los Manzanos entren dentro. Porque todos nos rendimos. Heroico es el vencimiento, si adquieren Cristianas armas vencer, y vencerse a un tiempo, Dé noticia a mi Prelado de esta novedad, Fray Pedro. Soy hijo de la obediencia; con que humildad, y que celo . se despide de este mundo! Los dos llegamos con miedo a que nos des el perdón, Tres días innobles, presos con moderado castigo, nos tuvo el atrevimiento. Al Señor le dad las gracias, levantad, hijos, del suelo. Y también somos nosotros aquellos dos bandoleros, que el breviario te quitaron. Ya os conozco, bien me acuerdo A tus pies, Apostol Santo, estos pecados confieso, porque lleguen a bañarse con el arrepentimiento. El breviario restituyo, y con grande empacho ruego, que el hábito me concedas de aqueste feliz Convento. Daré parte al Superior, si es inspiración del cielo. La paz sea en nuestras almas. Sea por siempre, Padre nuestro. Qué humildad, y que enseñanza! hecho está un vivo esqueleto. Ya parece que pelea el postrer vital aliento. De la tierra se levante Estos nobles Caballeros a confirmar la amistad vienen. . Venturosos ellos, que hallaron el desengaño en las sombras de lo ciego. Ya era tiempo que en las iras se sujetara el despeño, y que el rencor respondiera a la voz del escarmiento: y así a la paz nos rendimos, que por mi bando prometo. Las paces pedimos todos los Manzanos. Vaya luego, Padre, a San Benito, y diga al Mayoral que le espero. La Cabeza, Padres míos, que es Leonor, se esta muriendo, una hora la dan de vida. También otra hora tengo de término hasta mi muerte, . si le hay fijo. Aqueste pliego dijo entregaste en tus manos, Mi superior ha de seerlo, Doña María la brava ahora estará dada a perros, con cincuenta años que tiene, y una hija en un Convento; con que en esta paz que ajustan suerte trocada veremos, pues su hija saldrá a boda, y ella entrará al Monasterio. Qué en fin doña Leonor muere? Por ti se queda muriendo, y tú te mueres por ella, mas con diferencia, puesto que tú mueres de su hechizo, y ella muere de desprecios. Dice Leonor en su carta, que la perdones sus yerros, y el medio que en unas hierbas le puso a tu fin violento, impelida del demonio. Y endiablada demás de eso, Yo la perdono, y Dios tenga piedad de sus desaciertos, que así lo juzgo, pues logra mucho el arrepentimiento, Confirma las amistades con votos, y juramentos, pidiendo que las cabezas las den su debido entierro. Eso tomo yo a mi cargo, porque en mí es deuda el hacerlo: Y pues que soy de Monroyes Cabeza inmóvil, primero, en fe de nuestra nobleza, con solemne juramento, pleito hago homenaje, puestas, una mano en este acero, y otra en aqueste breviario, de no quebrantar acuerdo, paz, concordia, y pleitesía, que se hiciere, y hubiere hecho en nuestro ajuste, guardando, como inviolable decreto, las condiciones impuestas, para quietud, y gobierno de esta Ciudad, según uno, y otro bando concluyeron. día de San Bernabé lo confirmo, marco, y sello a once de Junio, y año, que es de mil, y cuatrocientos y cuarenta y nueve. . Yo por los Manzanos apruebo estas capitulaciones, según el poder que tengo de Leonor. . Con que dirán, que este fue consentimiento. Rindamos a Dios las gracias. Ya yo las rindo de nuevo. Y yo de que ha de haber bodas, y de todas seré perao. Ea, Monroyes, y Enríquez, coronados de trofeos; ea, Manzanos ilustres, ya el día se ve risueño, en que nuestras amistades, con unido lazo estrecho le ablandan con lo festivo, lo riguroso del ceño. Ya el feliz tiempo ha llegado en que tremole Himineo bandera blanca, que Marte ensangrento tanto tiempo. Repetid blandos acordes dulces alternados ecos, en muestras de la alegría, celebrándola, diciendo, Solo a . Juan de Sahagún debemos el buen suceso. Todos las gracias le da- con debido rendimiento. (mos Al Señor se las dad, hijos, porque su amor lo ha dispuesto. Qué humildad, y qué modestia! Más crece en su abatimiento. Por Santo la canonizan, y para el merecimiento de la gloria que le guarda; ya tiene la voz del pueblo. Ya, hermanos, queridos míos, satisface mis deseos, encaminando mis ansias a aquel alto sumo eterno ignorado misterioso inefable Sacramento: Ya a libertad sale el alma de la cárcel de mi cuerpo, desaprisionando penas, que le lavaron sus hierros, Parece que con más vivo color, si antes malicento, está el rostro? Entre la angustia viste el semblante reflejos. Ya que muere, es sin pagarlo al Doctor, que es gran consuelo. Términos parece que abrevia el vital aliento, Qué lástima! Qué dolor! Ya el Apostol, y Maestro nos falta. Superior mío, religiosamente os ruego, que a este hombre reducido; recibáis en el Convento, dándome la bendición, si es que indigno la merezco. La de Dios, hijo, os alcance; el corazón me enternezco, levantad ya de la tierra. Bien puede, que no es soberbio, El perdón os pido a todos, con los brazos siempre abiertos, hijos, perdonad mis culpas. Toda en lágrimas me anego. También me abrazas? pues solo te pido ahora por postrero, que en mí hagas un milagro, sea de lance, o sea de viejo, para que viva muy gordo después que me meta lego. La Religiosa observancia de Agustino os encomiendo, y que ande el Divino culto con decencia, y con respeto el púlpito se frecuente, las cárceles, los enfermos, vestir al pobre mendigo la desnudez de su cuerpo, porque su vestido es gala, que a Dios sirve de ornamento, Vosotros, nobles Monroyes, y Manzanos, sed perpetuos amigos, como firmáis. Así te lo prometemos. Quién pudiera con el alma obedecer los preceptos? echadnos la bendición, porque obremos con acierto. En nombre del Padre, y Hijo, del Espíritu Eterno, que me asistan, y me amparen en este trance postrero. O mi gran Padre Agustino, tu intercesión logre el ruego! dulce piadosa María, de Gracia seguro puerto, sacadme bien resignado de este amargo golfo inmenso! Y o tu Juez recto, y benigno, justifícame en tu Reino, no me confundas, Señor, en la agonía que tengo! Llegue a tu gracia, y Leonor, que es de mi muerte instrumento, también la consiga, porque los dos de este bien gocemos! Vuelve a esta Ciudad los ojos misericordioso siendo en la seca que padece, tocio de gracia el riego, Segunda vez te suplico me perdones, y pues muero, Jesús Amante, en tus manos mi espíritu te encomiendo, . Ya espiró. Su muerte llora la tierra, y el cielo. El cielo manifiesta fiesta esta, (haga que el siglo oye, y pues por Juan prepaga, paga de sus favores. Prométele, y declara clara Ara para oblaciones, dándole en la promesa mesa esa de sus dolores. Porque Mártir le aclamen, clamen, amen (les con tiernas voces, le señala inmortales (mortales) ta- transmigraciones. Qué celestial armonía! Al Santo, al Santo, Ya el pueblo, hecho una sopa de agua en los ojos, y en el cuerpo, por lo que llueve se viste de gozo, y de sentimiento. No tenían los campos frutos, como a estado tanto tiempo sin llover, mas ya por Juan nos da favores el cielo. Este es un milagro al fin; pero no será el postrero. Padre, el hábito me dé, Cumpliré vuestro deseo. Un ladrón convirtió el Santo, parécese a Cristo en esto. Yo iré a llorar mis delitos retirada en un Convento. Qué lastima! Qué pesar! permita que le imitemos. Y al ingenio que le ha escrito su vida dé muchos versos, que está muy pobre su pluma, pero este es el primer vuelo,
