Texto digital de El pastelero de Madrigal, rey don Sebastián fingido
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El pastelero de Madrigal, rey don Sebastián fingido. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pastelero-de-madrigal-rey-don-sebastian-fingido-el.

EL PASTELERO DE MADRIGAL, REY DON SEBASTIÁN FINGIDO
JORNADA PRIMERA
Yi Iva nuestro Pastelero, Vque es honor de Madrigal. 2. Viva el mejor Oficial, que batió masa y carnero. 3. El valeroso. 1. El cortés. 2. El galante. 3. Él sin segundo. El que en el pastel del mundo pella de los guapos es: victor, vitor. Caballeros, basta ya de aclamación; pues yo qué he hecho en conclusión, para que con lisonjeros aplausos me siga así vuestra atención cortesana? Vitor al que a todos gana. Y victor yo, voto a mí, que también triunfo con él. 1. Quién es él, que aún no le han visto? Quién ha de ser, voto a Cristo? la mosca de ese pastel. Gabriel, vuestra bizarría, gala, entereza y valor me inclinan a vuestro amor: sabed, que desde este día, aficionado al airoso proceder vuestro, he de ser vuestro amigo. Eso es querer, que ufanamente dichoso con tal prenda, mi humildad o se envanezca o se asombre, y despreciando el ser hombre, me introduzca a ser deidad. No merece, un Pastelero pobre, señor, aunque honrado, de trato, amistad ni lado de tan grande Caballero. Si vuestra piedad me honró, es porque en mí no repara, pero a una antorcha tan clara debo conocerme yo. Este hombre me maravilla: . con grande afecto te sigo; Gabriel, bueno es para amigo Don Fadrique de Castilla. Vuestra atención singular, vuestro noble proceder, logra con razón tener admirado este Lugar; viendo en el noble talento, que os hace en todo felice, cuanto en vuestro ser desdice el trato y el nacimiento: mucho imagino de vos. Mucho de mi imagináis? Sí, Gabriel. Mas que pensáis, juzgo que le debo a Dios. Yo también. Allá un discreto, de infiel al tiempo trataba, pues era quien revelaba el más oculto secreto. No hay misterio alguno aquí, pobre Pastelero soy, mañana seré lo que hoy; pero qué sé yo de mí? hable el tiempo. Hable y no tarde; y en tanto seamos los dos muy unos. Señor, adiós. Espinosa, Dios te guarde. Gracias a Dios que se fueron. Bien sin razón se cansaron. Qué es sin razón? no gritaron ni aún la mitad que debieron. Pues yo qué hice en conclusión para tanta vocería, mas, que viendo que se hacía a un bruto una sinrazón, montar de un brinco en la silla, sin tocarle, desde el suelo? darle luego un redopelo, y viendo que aún no se humilla su indócil ferocidad, correrle con mano airada, y volverle a la estacada con pompa y con majestad, con tal brío, y tal recelo, que cualquiera imaginaba, que la mano se abrasaba, según se la hurtaba al suelo. Volverle luego a correr, caérseme una pistola, y con tuna mano sola, corriendo a más no poder, alcanzarla diestramente, y apenas hubo parado, el estrivo echando a un lado, con un brinco solamente, sin poner mano ni pie, volverme a poner en tierra: esto qué misterio encierra? El que yo en mi vida haré; pues en un mal borriquillo, si se me antoja correr suelo a dos pasos coger pajas con el colodrillo: pero si primor no alcanza ese montar tan bizarro en el alazán, fue barro lo que hiciste con la lanza? En mi brazo es natural el brío que maravillas. Blandiéndola hacerla astillas, solo el Rey de Portugal en estos tiempos lo hacía. Y por qué no lo haré yo? Dios, que su mano formó, no fue quien formó la mía? Deja eso, y dime qué ha habido de Inesilla? . Que tomó los doblones, y ofreció, que en habiendo anochecido abierto el jardín tendrá. Según eso, acudir puedo seguro? . Dime, qué enredo pudo introducirte allá, de modo que no ha extrañado Leonor, siendo tan señora, el saber que la enamora un Pastelero? . Hela dado a entender, que un Caballero oculto en Madrigal soy, que en el oficio en que estoy encubrir mi Patria quiero, mi nacimiento y mi ser, y que sí me llega a amar, pudiéndome declarar, he de hacerla mi mujer. Ella qué dice? . Leonor es Dama muy principal, y es fuerza tratar neutral cualquier plática de amor. Ven acá, qué harás con Clara, que sin su hija ha quedado en Medina? Un gran cuidado tengo, no sé donde para; pues desde que la dejé (por ser un tanto curiosa, circunstancia embarazosa para lo que yo me sé) en Medina, o se ha escondido, o a otro Lugar ha marchado. Y eso no te causa enfado? El más grave que he tenido; que un hombre de estimación, ya gozada una belleza, puede olvidar la fineza, pero no la obligación; y más con la dulce prenda, que conmigo mi amor tiene: buscarla, Moscón, conviene. El demonio que te entienda; si la quisiste enojar, para qué a buscarla has de ir? Y si luego has de reñir, no la pretendas hallar. Todas son implicaciones, y las que en mí viendo estás son las que me importan más. Extrañas son tus acciones; para enredar ni Luzbel te llega. . Adelante pasa, pues que ya estamos en casa. 1. Écheme usted mi pastel. 2. Dos de a medio. 3. Uno de a real. Oye, Rey, venga un ochavo. 1. Usted me ha trocado el pabo, que no es esta la señal. Qué es lo que dice el muy pieza? 1. Que esta la señal no fue. Espera, pícaro, y te señalaré la cabeza. Catuja, pues dónde vas de esa suerte? Catujilla, pues con quién es la rencilla? Estoy hecha un Barrabás: fuese ya el guillote? . Espera. Jamas tan osca te he visto. El demonio, voto a Cristo, me ha metido a Pastelera. Yo con grandes y con chicos mil pendencias a porfía, después de estar todo el día tostándome los hocicos: Que llegue uno con, doncella, écheme un pastel de a doce; y otro, ya usted me conoce de a medio con caldo y pella. otro con su voz en grito, aseme esta lonja, tía, y no como el otro día, que llevé crudo el cabrito: Y cuando más a cuidar de todos ellos me allano, dice uno, como a un Cristiano le da toro a medio asar? otro, hechicera es la amiga, pues hechizos nos los da; y otro, relinchando está el de a medio en la barriga. Echar quiero en hora mala oficio que así alborota, y porque no hubiera nota, diera al demonio la pala. Catuja, esos gajes son fatigas del ejercicio. Reina mía, no hay oficio, que no tenga su pensión; y pues usté es cosa mía, y en este oficio la he puesto; paciencia. Ya envidé el resto de la poca que tenía. La culpa me tuve yo de ponerla a usté en chapines. Faltábanme a mi escarpines cuando usted me sonsacó? Chito. . No quiero. Gabriel? Míguel? . Toda la mañana te ando a buscar. Idos fuera. Misterios hay en campaña. Si alguien viniere, decid que no está Gabriel en casa. . A cuidar de sus cazuelas. Yo sé que si alzo la pala::- Entra, chula. Ven, bufete. Afuera los tres aguardan. Hola, dadme de bestir, que entren por la puerta falsa. Voy por ellos. Ambiciosa credulidad temeraria, que me haces aún a mi propio dudar de mí, ya te hallas en la palestra, pues hoy seda principio a esta trama; en este caso (el espejo) lo más difícil (la capa) es que puedan (el sombrero) arte, mentira y audacía fingirme otro ser, borrando el que antes tuve: las armas. Rodelos. Qué hay, Maravete? Alegre como una Pascua está nuestro amo. Silencio hasta ver en lo que para; pues de su felicidad tanta parte nos alcanza. Entrad. Válganme los Cielos! 1. Él es. Aunque le negaran cuerpo, rostro, edad y señas, el regocijo del alma lo expresara, que a latidos el corazón se me arranca. Hola, qué es eso? . Esto es, o invictisimo Monarca, llegar al dulce sagrado de vuestras heroicas plantas tres dichosos Peregrinos, pues después de tantas ansias, como os lloraron difunto en las Playas Africanas, viva la deidad hallamos, a cuyas propicias aras dediquemos en tres vidas tres ofrendas voluntarias. Alzad. 1. Posible es, Rey mío, que consigue vista humana ver al Rey Don Sebastían; a quien Portugal consagra más laureles a su muerte, que erigió a su vida estatuas? no es posible. . 2. Y ya que sea para que la Lusitanía sacuda el acerbo yugo con que Castilla le ultraja; con qué corazón, Rey mío, oculto a la amable Patria, habéis vivido hasta aquí? Pensáis acaso, que os faltan vidas que por vos fallezcan, ni brazos que en la demanda de cobrar vuestra Corona esgriman por vos las armas? estáis, señor, engañado. Vos en tan dura desgracia! 2. Vos en tan humilde empleo! 1. Vos en tan continua falta! De mármol es quien no llora. 1. De acero es quien no desmaya. Leales, Vasallos míos, basta el sentimiento, basta, que cuando os he menester para una empresa tan alta, acudir a la terneza es desdorar la arrogancia. Y pues deseáis saber, en el asombro que os pasma, como de África escapando conseguí arribar a España, atended, y de las señas que os daré, aún cuando dudara vuestra lealtad de mi ser consiguiera confirmarla. A restaurar a Mahomet la Corona hereditaria de Fez, que Muley Maluco Bárbaro tiranizaba; a África pasé; esta fue la voz que allá me llevaba; pero el principal intento, que me indujo a acción tan ardua fue plantar la Religión Católica con mis armas en el basto continente de sus Provincias: hazaña; a quien solo lo celosa disculpa lo temeraria. Brumé con quince mil hombres al Mar la salobre espalda, y con cincuenta Galeras, Ciudad con remos iejarcias, dejando mi Reino (a que en mi ausencia gobernara) a mi tío Don Enrique, que la Púrpura Romana vistiendo en edad crecida, bordó el Múrice de plata: a África llegué, a pesar de cuantos me aconsejaban; y aún de Filipo Segundo mi tío, que con instancias me disvadió en Guadalupe de una acción tan arriesgada, donde sin que el ardor mío de experiencias ni de instancias se déjase gobernar, al trance de una batalla me arresté imprudentemente; perdila, que aunque le agrada la osadía a la fortuna, la temeridad la cansa, que no es saber persuadirla solicitar violentarla. Murió el Duque de Alencastre peleando en la campaña, y el bravo Conde de Fuentes, que llevaba la vanguardia; el de Arredondo, Linares, Villa. Real y Juan de Aldana, el tremendo Castellano, a quien fie que ordenara las haces, murió matando; mas qué mucho, si la Parca aprendió a amontonar muertos al filo de sus espadas? Yo, que atravesado el pecho de dos heridas, lidiaba, del Prior de Ocrato al lado y el General de mi armada Diego de Mesa, advirtiendo mis Tropas desbaratadas, mis Fidalgos prisioneros, muertos los más de mis Guardas, a tiempo que ya la noche a tanto cadáver daba, tendiendo su negro manto, lóbrega fatal mortaja; a media rienda, de un monte vecino a la misma playa, en que estaban mis Galeras, me amparé, con dicha tanta, que a la luz de dos antorchas, bien que encubierta la cara, hubo quien tomar me vio la Galera Capitana. Híceme al mar, tan corrido de ver, que a vista de cuantas persuasiones me indujeron a dejar esta jornada, triste volvía y vencido, que intenté olvidar la Patria, por no ver en Portugal, en lugar de fiesta y salva, recibirme con gemidos, por los que muertos dejaba en África la indomable sinrazón de mi jactancia. Arribamos a Lisvoa, a donde haciendo echar fama de que era muerto, seguro de que siempre que llegara tenía en vuestra lealtad la Corona asegurada, me partí, fingiendo ser persona común y baja, a peregrinar el mundo, en penitencia de que haya Sido el motor de que llore Portugal desdichas tantas. Profugo el mundo corría, cuando supe (estando en Francia) que muerto Enrique mi tío, por mi Cetro litigaban Antonio de Portugal mi hermano y el Rey de España, y que pidiendo testigos para hacer proceso el Papa, presentó sesenta mil el Castellano en la raya; a tal poder, quién no había de contestar la demanda? Huyó el bastardo del Reino, y el Castellano (qué rabia!) de Portugal se ciñó la Corona Soberana; yo que antes por elección de los hombres me ocultaba, hube de hacerlo por fuerza, y más viendo que se ampara mi hermano en Francia y le admiten, que era donde yo me hallaba. Partí por el Piamonte, y comó si recitara mi tragedia la fortuna, me iba mudando en la farsa: Cirujano me hice en Roma, Sastre me fingí en Italia, Evanista en Cataluña; y en cada lugar mudaba oficio, porque por uno continuo no me buscaran. Apurado ya de todos, a ver a Doña Ana de Austria Religiosa, prima mía, que en este Lugar estaba, vine a Madrigal, en donde (engañándola mi maña) ya descubierto con ella, buscamos de vivir traza; y viendo que Pastelero es el oficio que falta en el Lugar, le tomé por aparente fantasma de mi embozo, y aquí hallé feliz puerto a mis desgracias: pues a Miguel de los Santos (Do (persona que disfrazada por el decoro más digno, debo exponer en las tablas, porque sin trocarle esencias, mudándole circunstancias, sepa el discreto que ha sido prevención y no ignorancia) descubierto el corazón, debo finezas tan raras, que basta a un Rey comprenderlas, mientras no puede pagarlas. Aquí asistido, Vasallos, de Míguel y Doña Ana; nada para ser feliz, sino mi Reino, me falta. Pero pues ya en Portugal a bastantes desengañan con la vista de mis firmas la persuasión de mis cartas, pues sois los primeros que, después de suertes tan varias, habéis besado mi mano: para cobrar con las armas mis Dominios, solo resta, que con cautela y audacía deis a Portugal la vuelta. Y pues tan violentos se hallan con el Castellano yugo, informéis de que no es tanta la desgracia de los míos; que no tengan esperanza de cobrar su libertad, pues que para restaurarla su Rey Don Sebastían vive, a quien no asombran ni espantan desgracias, muertes, destierros, pri- C ̱ prisiones, mares, mudanzas, dificultades, traiciones, violencias, cautelas, trazas; pues como mis Portugueses desnuden por mí la espada, y tremolando las Quinas, hieran al aire las Cajas, todo el esfuerzo me sobra, todo el Orbe no me basta. Lo que vuestra Majestad, supremo dueño, nos manda, no solo ejecutaremos, mas aún partida la instancia, a Portugal pasarán el señor Basco de Gama, y el señor Juan Mascareñas y yo, que dejé la Patria por vivir en Madrigal, fuera de tales borrascas, con una hija que tengo, que ofrecer a vuestras plantas, procuraré disponer, para que vengan y vayan Correos, que faciliten nuestra intención. Vuestras canas el exito me aseguran de lo que a los tres se encarga. Cielos, de Leonor el padre . también entra en esta danza: mucho tengo granjeado para poder ablandarla. 1. Pues, señor, a disponerlo. Esperad, que antes que os vayáis, quiero que veáis una prenda que he adquirido, aunque bastarda en mi peregrinación. Permitís, señor, que salga la Princesa mi señora? Sin que criado y criada lo advierta. Por ella voy. 1. Aún otra dicha faltaba? 2. Princesa hay en Portugal? Y de madre bien hidalga. Felice quien tantas dichas vio en un instante mezcladas. Dónde me lleváis? Mi vida, Gabriel vuestro padre os llama. Hija? . Señor? Ven conmigo. No negará la Real casta. 1. El rostro es todo del Rey. 2. Qué majestad la acompaña! Padre riña usté a esa moza, que ahora la pedí agua, y no me la quiso dar en la salvilla de plata, con que no quise beber. Hiciste bien. 3. Hay tal gracia! Notad qué rasgos descubre la Real sangre que la esmalta. Dad a ese señor la mano. Para qué? . Para besarla. Pues que me dé señoria, que si no, no quiero darla. Por eso no quede, Usia me permita, hermosa Dama, besar su mano. . Tomad: ay cómo pican las barbas! Hase visto donosura más perfecta? 3. Es cosa rara. Ea, vayase a pasear. No puedo salir de casa. Por qué? No tengo criados, silla, ni coches de Damas: venga usted, señor Miguel, me sentará en las almohadas. Vamos, hija. Poco a poco, mas de espacio; eso me agrada, que andar muy de prisa, es cosa de mujeres ordinarias. Qué os parece la Princesa? 2. Señor, prenda soberana. Ea, id con Dios, que a los dos yo premiaré la jornada: vos corréis por cuenta mía. Beso vuestras Reales plantas. 1. Ya he visto al Rey Sebastían, ya la muerte no me espanta. 2. El Rey Don Sebastían vivo, nuestras son Europa y Asia. Cielos, mucho alcanza a ver, quien escucha, mira y calla. . Fuéronse ya? Ya se fueron. Bien esta primer maraña úrdida queda, habéis hecho el papel tú y la muchacha de pasmo. Los Portugueses van hechos de mermerada, creyendo que soy su Rey Sebastían a quien aguardan, aunque de aquesta tramoya mil sustos me sobresaltan. Cuando yo te impuse en esto, bien dirígida y tratada tenía mi idea; ya sabes las ciencias que me acompañan, las exquisitas noticias, que en la materia que tratas te comunico; y en fin, cuan en el todo se engañan los que te ven: quien no tiene espíritu, el que desmaya tan al principio, Gabriel, no imagine en cosas altas; pero una vez puesto en ellas, morir o perfeccionarlas. Dices bien, amigo, no te formalices, ya basta. En el locutorio espera::- Quién? La señora Doña Ana: venga vuestra Majestad. Qué? conmigo pataratas? Rey serás de Portugal: ay infeliz, que te engañas! . pues para que reine Antonio, dispongo toda esta traza. Al Convento iré después, supuesto que Inés me aguarda, y en el cuarto de Leonor me dará esta noche entrada: con otro enredo y disfraz entraré a galantearla, pues sin urdir nuevo embuste mi espíritu no descansa. . Inés, vete allá fuera: Clara, quédate tú. Por cuánto hubiera de ser Clara llamada y escogida, y Ines la despedida? Qué decías, Inés? Fortuna avara! Que ahí queda mi señora Doña Clara. Por qué, señora, ofrece tu favor (a quien no te le merece) con tu agrado, la pena de ser el blanco de la envidia ajena? Clara, desde el instante que dejaste a Medina, y de un amante, como ya me dijiste, seguir la huella en Madrigal quisiste; bien que con él no piensas declararte, porque injusto no vuelva a desairarte, me agradó de tal suerte tu modestía, que en todo quise hacerte (estando ya conmigo por criada) de todas las demás privilegiada; y para que lo veas, y lo que espero en tu cariño creas, todo mi corazón he de fiarte. Bien puedes descansar y declararte: así pudiera yo, pues hice empeño . de callar de mi mal el infiel dueño, decir, Gabriel ingrato, la falsedad de tu alevoso trato, que me hace andar tras ti tan mal pagada Oye y verás, que no te encubro nada. De Portugal, Patria mía, Don Sancho de Basconcelos mi padre, a Madrigal vino la guerra intestina huyendo, con que en civiles discordias se deboraban sus Pueblos. Desde el punto que llegamos un bizarro Caballero, cuyo nombre es Don Fadrique de Castilla, mereciendo verme, no sé en qué ocasión, aspiró a mi galanteo; tratándole tan neutral, o mi despegado genio o la fuerza del destino, que me guardaba otro objeto, que jamás ni una esperanza consiguió su rendimiento. En este estado se hallaba su cariño y mi desprecio, cuando vino a Madrigal embozado y encubierto cierto Caballero (ay Clara!) (perdóneme mi respeto) tan galán, tan generoso, tan bizarro, tan atento, tan discreto, tan rendido, que no halló lugar mi ceño (servida de sus halagos) para desasirse de ellos. Su nombre es Don Juan de Silva, y por un raro suceso, con el más extraño oficio (de rubor no le refiero) su noble prosapia encubre, llamándose en todo el Pueblo por otro nombre:: más tente, qué ruido es aquel? Habiendo, hermosísima Leonor, visto, desde donde suelo ser gírasol de tus rejas, salir a tu padre, a tiempo que por descuido esta puerta, tan cerrada a mis deseos, hallo abierta a mis suspiros, a solo quejarme vengo de que tan poco reparo te deban mis sentimientos; y pues es fuerza morir, consiga, ya que me muero, que sepas que eres la causa de mi muerte. Harto lo siento; más bien pudiera no daros lugar a moriros de eso, repetido un desengaño; y ya que lo estéis, no quiero me cueste un susto el espanto de haber de hablar con un muerto. Idos, señor Don Fadrique, que es sobrado atrevimiento entraros así en mi casa, cuando no os da mi respeto ocasión; y pues sabéis cuanta fama en este Pueblo de celoso Portugués mi padre tiene, volveos antes:: mas qué es eso, Clara? Mi señor viene subiendo la escalera. Ay de mi triste! forzoso será esconderos, que haberos visto a la esquina, y veros ahora aquí dentro; puede ser::- . Nada me digas, que obediente::- Presto. . Presto. Me esconderé por mirar tu decoro y no mi riesgo. Hija? . Señor? Con dos grandes gustos a tu vista vuelvo. Y cuál es, señor? El tuno es, Leonor::- Escuchar puedo desde aquí. . Que Portugal muy presto, si quiere el Cielo, verá conseguido un bien, que ha que llora muchos tiempos. Y el otro? . Trae unas luces, pues ves que va anocheciendo, Clara. . Voy, señor. . El otro es, recibir este pliego, el último del tratado, Leonor, de tu casamiento, que queda ya concluido: yo lo he tenido secreto, viendo que tu voluntad no se opondrá a mi deseo. Don Rodrigo Santillana es, hija mía, el sujeto, Alcalde de Casa y Corte, noble Castellano viejo; que aunque esto de Castellanos tan mal, hija, lo llevemos. los Portúgueses, es fuerza acomodarse a los tiempos: toma esa luz, que pues es Sabado, por el Correo quiero responder. . Ay Clara! que se va al mismo aposento en que Don Fadrique está: Señor, ved que es duro empeño sin que yo::- Qué decís? . Penas, Leonor se casa y yo muero! Digo, que el casarme::- Sea como yo tengo dispuesto: bien está. . Señor::- Alumbra. De esta forma lo remidio; ay, que se cayó la luz! No importa, pues allá dentro hay recado de escribir; ven y tráeme otra. Qué haremos ahora, Clara, con Fadrique, para que salga sin verlo? Entrar las dos, no sospeche algo este maldito viejo; y dando después la vuelta a la calle le echaremos, pues queda la puerta abierta de este cuarto. Eso resuelvo: Don Fadrique. Quién me llama? Esperad aquí, que luego vendrá Clara a daros forma de que salgáis. Ya os entiendo; pero si os casáis, Leonor? Ahora salimos con eso? no me puedo detener. Ah ingrata, mátame a celos, que quien vivió confiado, bien puede morir de necio: ciego estoy, salir quisiera de este abismo. Pisad quedo, ya que por la escalerilla del jardín subido habemos a esta cuadra, aquí os quedad, mientras aviso::- Ay, qué miedo! A mi ama. Aquí te aguardo. Doblones, que me habéis hecho alcahueta, estamos bien? . Pasos a esta parte siento, sin duda que es la criada que viene, como ha dispuesto Leonor, a sacarme: a Clara, Clara. Qué Clara o qué infierno? turbio digo yo que soy, aunque estoy que me clareo. Clara? De hombre es esta voz: qué Clara buscará, Cielos? No respondes? Quiero en tiple engañar a este camueso, duende nocturno. . Eres tú? Yo soy. Vamos de aquí presto, que aunque mi amor, Clara mía, me ha puesto en aqueste extremo, por no haber visto mi muerte, despreciara mi remedio; no es esta la puerta? . Sí; a bulto va. . Yo me ausento, hasta que, Leonor casada, vuelva a morir, si es que vuelvo. . Anda con cien mil demonios. Aquestos son los misterios de Leonor y los recatos? hombre oculto, aún no lo creo, en su cuarto? Oyes, Moscón, no nombraba dos a un tiempo? no dijo Leonor y Clara? Mas clárito que un gilgüero. Ah ingrata! ha falsa! a cruel! luz viene, aquí nos entremos. Palos quieren tus costillas. Clara se queda sirviendo a mi padre; y pues de otra ni me fío ni me atrevo, despedir quiero a Fadrique: Señor Don Fadrique. Bueno. Bien podéis salir, pues ya no habrá quien alcance a veros; mas Cielos, qué es lo que miro? Qué miras, ingrato dueño? miras tu fe quebrantada, ultrajado tu respeto, desengañado mi amor, y declarados mis celos? eso miras? Don Juan mío, por dónde entraste aquí dentro? Por el aire, que mi amor me trajo a ver mis desprecios, y a saber como te casas. Quién te lo ha dicho tan presto? Mi desgracia. Aunque mi padre me dé muerte, te prometo que mi amor::- Tu amor es falso. Dueño mío::- Hay otro dueño. Siempre firme::- Eres traidora. Vivirá. . Callad. Qué es esto? Ay de mi infeliz! Don Sancho; cubre el rostro. Volaberunt. Hombres de embozo en mi casa? tú, Leonor, haciendo extremos, dando voces? . Ay de mí! a dar un paso no acierto: Vive Dios, que yo he de ver de esta suerte::- Estamos buenos. Lo que esto es; pero qué miro! qué calle decís? no quiero; que se retire mi hija? hay más extraños misterios! Vete, que a solas veré quien son estos Caballeros mudos, que por señas hablan. Ahora le mata, creyendo (prues no sabe que es Don Juan) que es Gabriel el Pastelero, quien tiene tal osadía. Desde este cancel oyendo me he de quedar. Ea, señores, los Portugueses alientos, a dos ni a dos mil no temen; si el que solos nos quedemos es para hacernos pedazos, sacad la espada. Teneos, pues os podré reportar aprisa. . Con qué? Con esto. Señor, pues vos en mi casa? cuando mereció este exceso mi humildad? A vuestros pies tenéis postrado mi acero; pues yo, cuando, sí::- Hola, ola, que nos ha temido el viejo, déjámele dar de coces. Alzad, Don Sancho, del suelo. Qué es esto, Cielos, que miro! cuando creí que resuelto le diese mi padre muerte, turbado, confuso y ciego dobla a un hombre la rodilla inferior? aquí hay misterio, o es este Don Juan de Silva gran señor, o no lo entiendo. Buscaros quise en persona, que es fuerza, que luego, luego salga posta a Portugal, que lleve al Duque de Aveiro un despacho de importancia: yo entré aquí, y vuestra hija, viendo un embozado, empezó a alterarse por extremo. Está, señor, bien criada, no es mucho, hizósele nuevo. Yo la mandé que callase, cuando vos a este intermedio B2 llegasteis. Todo lo vi, que me perdonéis os ruego. Perdonado estáis, Don Sancho, y por el susto os confiero la Gobernación de mí Provincia del Alentejo en llegando a Portugal. La mano, señor, os beso. No, no hagáis demostración, Don Sancho, disimulemos. Saldré con vos? No, que es dar sospecha, en casa os espero. Leonor? Señor? Manda a Clara, que alumbre a estos Caballeros. . Clara. Señora. Ese, a quien vas a alumbrar, es el mismo Don Juan de Silva, de quien te conté mi galanteo: él encontró a Don Fadrique aquí, y va muerto de celos, yo lo quedo de pesar; pues bajas con él, te ruego que le digas, que le adoro y satisfacerle espero. Está bien. Hay mayor lance! Venid, mas qué es lo que veo! Pasad, mas qué es lo que miro! Es ilusión del deseo? Es fantasma de la idea? Clara es, por San Nicodemus. Clara, pues tú aquí? Ah traidor! yo caquí, que ha querido el Cielo, que venga a desengañarme de tus viles fingimientos. En igual habrás venido por cuenta de aquel sujeto, que te buscaba escondido ahora en este aposento. No quieras, ingrato amante, dorar con esel pretexto la traición, de que con nombre fingido y dañado intento estás amando a Leonor, y a mí me olvidas, sabiendo la obligacisn que me debes. Yo, Clara, te la confieso; pero quizás algún día, viéndote en otro astillero, verás que hoy, a pesar mío, para ensalzarte te dejo. No juzgues con fantasías, de la preñez de tu genio, segunda vez engañarme: ya conozco los enredos de tus mudables ideas. Y yo tu villano pecho, teniendo un hombre en tu cuarto. Mi cuarto? estás en tu acuerdo? No ves qué es el de Leonor? bien pudierais conocerlo, mi señor Don Juan de Silva. Ahora bien, quejas dejemos, y vente conmigo, pues casa en que servirte tengo, asistirás a tu hija. Mas quiero vivir sirviendo (falso, aleve) a un dueño fiel, que de un fementido dueño ser servida. Quién te trujo a Madrigal? . Mi despecho, mi desdicha, mi dolor. . No llores. Moco tenemos? Y hasta que veas que en dichas se truecan los sentimientos, dame los brazos. Don Juan? pero qué miro! qué es esto? vos abrazáis mis criadas? Cómo tercera me has hecho de tu amor, de tal manera le desvanecí sus celos, y tan gustoso ha quedado, que me dio un abrazo en premio. Y aún otro he de repetir, la vez que salir merezco de tan tormentosas dudas. Que os desengañéis me huelgo, porque no viéndome más, no volváis más a exponeros, imprudente y atrevido, a faltar a mi respeto: ven, Clara. . Obedeceré. No dirás, que por lo menos no he hecho muy bien el papel. Y con sobrados afectos: otra vez, Clara, de nadie, y más de hombre que yo quiero, te me dejes abrazar. Yo juzgué que no era yerro. . Cuáles quedan. Ves, Moscón; una rabiando de celos, otra de desconfianzas, el padre mal satisfecho? pues todo ha de componerse; yo los traeré al retortero. Creolo de tus embustes, y que has de lograr con ellos hacer eterna la fama de Gabriel el Pastelero.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Mejor en el campo estamos, que aquí no nos oye nadie; a qué te quedaste a solas en el Convento? . Al instante cuente saliste, Doña Ana ordenó que me llamasen, y Doña Francisca Nieto me dio después de su parte este vaso de unicornio, este Reloj de diamantes del Rey Felipe. Segundo, guarnecido de corales, este retrato, este libro desoro, y esta piedra grande bezar, para que te diese. Y para qué lo tomaste? Como no es cosa excesiva, no me pareció excusases recibirlo. . Hiciste mal; pues dándome, como sabes, Doña Ana en otra ocasión joyas, que a lo menos valen mas de doce mil ducados, porque nunca se pensase que soy hombre ruin, y pueden los intéreses cegarme, no las tomé. . Ya lo sé; y sé, que eso fue bastante a confirmar a Doña Ana en el primero dictamen, de que hombre, a quien la riqueza ni le mueve ni le atrae, no puede ser siño noble. Que tan del todo se engañe esta señora! . Que mucho, si cuando la visitaste, esforzaste la ficción con palabras y ademanes, primero rusticamente, a fin de disimularte, y luego con majestad tan natural y tan grave; que no digo yo mujer, cuyo sejó es blando y fácil, sino el hombre más astuto no dejara de engañarse. Parécete a ti, Míguel (hablémonos sin disfraces) que esta exquisita maraña puede pasar adelante, sin que siendo descubiertos nuestras dos vidas lo paguen? Doy que llegue a conseguirse, doy que llegue a declararme en Portugal, doy que sea todo feliz, todo fácil; Corona que es de Filipo, Rey tan sagaz y tan grande, Cetro que no es de derecho de conquista ni de sangre mío, siendo un hombre yo de tan oscuro linaje, como es posible, que el Cielo permita que yo le mande? pues sabemos que los Reinos, Siendo Dios quien los reparte, que no se puede engañar, se dan solo a los que nacen destinados para Reyes con virtudes naturales. Todo esto no te hace fuerza, Míguel? No, Gabriel, no me hace: Alejandro engañó a Siria, donde logró coronarse: por el dictamen de Augusto todas las Septentrionales Naciones jamás tuvieron los Reyes más principales, sino a los que del valor ayudados y del arte lograron llegar al Trono; Roma esta verdad declare, pues cuantos Césares vio de tan indecentes padres, de tan oscuros principios, que la púrpura flamante repitió el enrojecerse, sintiendo vulgarizarse? Lleguemos a Portugal, que aún cuando allá se declare nuestra ficción, viendo que es a fin de que libres se hallen del imperio Castellano, no solo ha de perdonarse nuestro error, si no es hacernos estantuas de bronce y jaspe. Bien sabes que desde el punto que te vi, empecé a guiarte (viéndote tan parecido en rostro, acciones y talle al Portugués Sebastían) a que fingir intentases ser él: hasta hoy no hay azar que con razón te desmaye; pues qué temes? Nada temo, estando tú de mi parte. Presto lo verás, pues luego . que a entrar a Portugal pases, avisado Don Antonio, saldrá al camino a matarte, y con eso quedaremos yo contento y él triunfante: pues de la ocasión valido, alzará los Estandartes Portugal por su Bastardo. En qué te suspendes? Dame permiso de que a enviar vaya aquellos memoriales que has despachado. Ya erá tiempo de que a estos parajes aquellos dos Portugüeses hubiesen vuelto. Aún no es tarde. Míguel, hanme dicho, que una Compañía de Farsantes hoy pasa a Valladolid, haz que esta tarde descansen en este Lugar, que a trueque de unos doblones holgarme quiero esta noche en mi casa un rato. No lo reparen en el Lugar. . Yo sabré trazarlo: hay más de que llamen, y entren por la oculta puerta, que hasta ahora no sabe nadie, y mandé abrir en mi casa, por si es precisa? Adelante; ya sabes, que yo he de hacer todo lo que me mandares. . Aquí está mi amo, Reina. Dos horas ha, que a buscarte anda esta Dama tapada. A divertir mis pesares me salí al campo, y sintiera que tan caro me costase como perder esta dicha. No imagino que es muy grande. Cómo? Cómo quiien os busca soy yo. Mas valor le añade, que seas tú, Clara mía: tú en mi busca? no quedaste enojada? . Y aún lo estoy; pero eso de qué me vale, si soy criada, y hacer es fuerza lo que me manden? Doña Leonor mi señora, sintiendo que te ausentases, conforme en obedecerla::- No pas es más adelante. Eso no, escucha el recado, y haz luego los que gustares: Dice, que una novedad muy urgente, extraña y grave le fuerza a que suspendido aquel decreto te llame: que vayas a verla al punto; mas para qué he de cansarme? este papel lo dirá. Dámele. . Qué intentas? Rasgarle, y darle eso por respuesta. Eso no, que aunque la engañe tú, como a mí, siendo yo la que viene, he de llevarle la respuesta del papel. Pues empieza tú a notarle. Tan aprisa se apuraron mentiras y falsedades, que no hay una que escribirle siquiera de las que hallaste para convencerme a mí? aunque no; que siendo frases para Leonor, podrá ser que encuentres con las verdades. Pues traigo con que escribir, permíteme que me aparte, V que ya vuelvo con respuesta. . Mi sa Clara, aunque no campen criados de Pasteleros con Mondongas de Deidades, permítame a su servicio ofrecerme. Dios te guarde, Mos con: Unos hombres buscan a Gabriel, y no habiendo alguien que venga a buscarle, voy (por si ha sálido hacia el Parque) a ver si topo con él, aunque se quede un instante sola la Pasteleria; pero que miro? ha vergante! Moscón con una tapada con figuras y ademanes? vive el que vive, que es Dios::- Con que está linda? Hecha un Ángel la niña está. . Quién la viera! Y quién dé comer os hace ahora? y la Pasteleria quién la asiste? No me hables de eso; una moza maldita, que de mi empezó a pagarse en Médina hemos traído, pero el diablo que la aguante. Ah pícaro! Ella es taimada, puerca, fría, floja y fácil; y para que los pasteles le puedan salir de balde, no haygato que no desuelle, ni bórrico que no mate; y el cárnero que le dan, le vende a las vecindades. El otro día encontró, uno que llevó una ojaldré, un zapático de niño metido entre cuero y carne. Mientes, pícaro, alcahuete, . y ella la borracha infame; míreme, que si la cojo::- Apártese allá. . Qué aparte? mas que me quito un zapato::- Qué es esto? Mos con lo sabe; unos hombres embozados, que ahora han venido a buscarte, en casa están. Pues que vuelvan puedes decir esta tarde, que ya sé quienes serán; o que allá con Miguel traten lo que han de tratar conmigo. Yo sé que tú me lo pagues, déjate estar. Esta es la respuesta, en que delante de ti, que la veré digo, y empiece a lisonjearte esta joya. . Estás en ti? Toma. Por no desairarte la tomaré. . Yo lo creo. Eso está bien, que no cabe, viniendo yo por tercera, que la llevara un desaire. . Hombre, vive Jesucristo, que no han de hallar los Anales hombre en mentir más dichoso. Ya les digo que se aguarden. Anda, cochero. Ah villanos! matadlos. No hay quien ampare a la justicia? . Qué escucho! justicia dijo? esto baste, que quien no la atiende, no puede tener buena sangre. . Pues yo la tengo de chinches según eso: fuerte lance! a un coche de cuatro mulas con tres hombres, que en el traje Ministros parecen ser, se les han puesto delante, al entrar en el Lugar, con máscaras y disfraces, mas de diez hombres, con ellos envisten, fuerza es les maten, que son muchos; mas qué miro! a cuchilladas los trae Gabriel hechos un ovillo: ha guapo del alma, dales. Villanos, ahora veréis como debe respetarse la justicia. 1. Ay, que me ha muerto. 2. El demonio que aquí pare. 3. Una furia es del Infierno. Huid antes que nos alcancen, no nos con ozcan; venid, que esto no es obrar cobardes, sino es obrar prevenidos: Cielos, que yo malograse la ocasión de que mis celos den muerte al que ha de matarme! . Esperad, viles. Teneos, Caballero, que bastante demostración de quien sois habéis dado en esta parte, amparando a la justicia, que es el toque y el quilate de quien, siendo noble, cumple con lo que debe a su sangre; yo os estimo, como es justo, la atención. Señor Alcalde, lo que yo por mi ejecuto, no me lo agradece nadie. Deseo saber quien sois. Tenéis algo que mandarme en particular? . No, amigo. Pues siendo así, que declare es excusado lo que os expresan las señales; mirad como obro, y con eso sabréis quien soy: Dios os guarde. . En toda mi vida vi hombre más vano y más grave: ha hidalgo. Qué se os ofrece? Este es del mismo semblante . que el otro: quién es este hombre, que bizarro y arrogante me dio favor? Lo que os puedo decir, que es, por lo agradable, hombre de muy linda masa, aunque bien suele picarse, y que entiende de repulgos. Es hidalgo de linaje? es rico? . Sí, pella tiene, y anda las más de las tardes con Fajardo y Monte Rey, Caballeros principales. Ya no quiero saber más, y pues dos causas me traen a Madrigal, la una de ellas, la orden que aquí ha de enviarme el Rey en estando aquí para un negocio muy grave, que hasta ahora no sé lo que es, aunque sé que es importante: y la otra, ya que Don Sancho de Basconcelos me trate boda con Leonor su hija, ver con quien he de casarme, que bodas tratadas, pocas veces suelen acertarse: quiero entrar en el Lugar, llegue el coche. 1. Ah Juan, no pares, llega. Han seguido a esos hombres? 2. Tras ellos fue Andres Gonzalez el Alguácil. . Si consigo saber quienes son los tales, yo haré que en una Galera aprendan a disfrazarse. Aquesta joya me dio. No te he dicho que es galante? así, Clara, fuera amante; pero en fin, qué respondió? Que ya estaba convencido; pero que habiendo notado, cuando le dicen que estado tomas, que le has despedido; si viene a verte, será solo por no desairarte, y por poder suplicarte, que de él no te acuerdes ya. Tan airado está? . Si en ti ve tan trocada la fe, qué quieres que haga? . No sé. Lee el papel. Dice así: Aunque el ver claro un engaño es escarmiento oportuno, iré, pues ya llevo el uno, a dar otro desengaño; porque no penséis que están mis escarmientos, Leonor, para que astucias de amor los desfiguren. Don Juan. Leonor Jeyendo un papel, y con el lienzo en los ojos? qué miro! Ya tus enojos lograrás, Don Juan cruel, pues viéndome enajenada, vengado te hallas de mí. No llores, señora, así, que no remediamos nada; a vencer a Don Juan prueba, que así tu enojo se ataja. Por Dios, que muy linda alhaja truje en la criada nueva; qué Don Juan puede este ser? Si una vez te llega a oír, no se sabrá resistir. Y cómo habemos de hacer para lograr verle? (ay Dios!) A tu padre engañaremos, la vuelta le cogeremos. Yo lo fío de las dos. Mas de una cosa me pesa, y es, que si en otro poder entras, me pierdo hoy el ser criada de una Alcaldesa. Sin Don Juan no aspiro a nada; solo a que resuelva aguardo. Si una migaja me tardo, por Dios que la hallo casada. Señor viene. Ay de mi triste! mejor irnos ha de ser. Tente, que antes he de ver ese papel que escondiste. Qué papel? Es uno mío. Ya sé de quién es, villana, y sé lo poco que gana con un injusto albedrío un trato amable y atento; pues cuando yo desvelado pongo todo mi cuidado en lograr tu casamiento con un hombre principal de estudios y de esperanzas, andas tú en estas andanzas? no sé como sufro tal: mas yo lo agradezco mucho, que tu engaño y resistencia justifican mi violencia; qué he de aguardar, cuando escucho, que hay papel y que hay Don Juan? esperaré inadvertido a saber que ya es marido el que sé que ya es galán? no por cierto; y pues que hoy a Madrigal ha llegado Don Rodrigo tu tratado, al punto a buscarle voy: hoy te has de casar, que así no pierde mi honor su esfera. . Oye, escucha, aguarda, espera: ay infelice de mí! que ya que no me casara con Don Juan le concediera, como con hombre no fuera a quien no he visto la cara. A ti no te han de forzar. Mucho es de un padre el poder. Reina mía, quiere ver si hay licencia para entrar? Servidor, señor Moscón. Quién está a la puerta, Inés? Gabriel de Espinosa es. Que entre. En tan festiva ocasión, como día, Leonor bella, que en tan venturoso empleo la antorcha enciende Himeneo en la más brillante estrella, a quien se puede negar la entrada? no puede ser, todos han de entrar a ver para tener que envidiar. Que sabiendo que es fingido lo que le dice estudiado, dé el oírlo tal enfado! La casa huele a marido. Algo hay de eso. Ya, Don Juan, otra pena no faltaba a quien de llorar acaba los disgustos que la dan, sino que al verme sin ti ni lo sientas ni te asombres. Mira lo que son los hombres, todos ellos son así. Yo, te confieso, Leonor, que solo tu casa es centro de mi luz, solo aquí dentro halla descanso mi amor, aquí está mi bien, mi encanto. Conmigo habla, en mi repara. No está muy extraño, Clara, cuando me requiebra tanto. Su modos de hablar no apruebo, quizás con doblez te habló. No digas eso, que yo sé muy bien lo que le debo. Si lo sabes, para qué me lo preguntas? Pues vi, Don Juan, que aún duran en ti cariño, lealtad y fe, te ruego, que a olvidar pases disgustos, ansias y quejas, ydime, qué me aconsejas? Que luego al punto te cases. Eso dices? . Eso digo: en el Lugar divulgado está, Leonor, tu tratado; es un hombre Don Rodrigo de Santillana muy noble, muy galan y muy cortés, tan a propósito es, que fuera en mi trato doble no decirte esta verdad; al principió hay extrañeza, pero después la fineza conquista la voluntad. Yo, aunque sea Caballero, mientras, ocultar conviene mi estado, el mundo me tiene por un pobre Pastelero: mira tú si eliges mal en trocar con tu favor un hombre humilde a un Señor, a un Hidalgo un Oficial. Harás un gran desatino en no estar gustosa y rica. Vive Dios, que la predica mas que un Fraile Capuchino. Clara, tú que en todo estás persuádela lo mejor: ves lo que hago por tu amor? Es porque no puedes más. Señora, a vencer no pruebes, a quien desaires suspira, de un falso, un aleve::- Mira si sabes lo que le debes. No siento, señor Don Juan de Silva, o señor Gabriel, como quisiereis, que infiel paguéis mi amoroso afán; que claro está, que enojado no es mucho, habiéndome oído, que no salgáis al partido, que estimara mi cuidado: lo que yo ahora deseara era, que camino hubiera para que se suspendiera la aceleración tan rara en que mi padre me ha puesto, casándome hoy (ay de mí!) Clara, parecete a ti, que hay inconveniente en esto? Pues Clara, qué ha de saber si hay inconveniente o no? quien lo pregunta soy yo. Ella me! ha de responder, que no sé yo, pues ha sido de tus secretos la llave, si esto ejecutarse cabe. Yo sme doy a ese partido. Hay misterio en que pues ya que mi padre me violenta, se dé tiempo a lo que intenta? Digo yo, que no le habrá: eso, señor, has de hacer. Si; pues yo haré que se espere, y que cuando yo quisiere te case. . Cómo ha de ser, si hecho una fiera salió, y ya concertado está? Cómo se suspenderá. Quién nos lo asegura? Yo. Pues tú, quién eres, que así en mi padre has de mandar? Soy quien le puede obligar::- A que no me case? . Sí. Raro poder! fuerte imperio! Ahí verás quien es Gabriel o Don Juan. Ya sé que en él o hay embuste o hay misterio. Gente viene. . Mi señor sube ya por la escalera. Qué haremos? Aguarda, espera, escondernos no es mejor? Yo no lo sé. De este modo vamos mal, si alguien repara. Respondeselo tú, Clara, pues que te consulta en todo. Vamos. Entren ahí. . Señora, al novio y tu padre he visto. Pues al novio le conoces? No, pero que él es me han dicho. Yo agradezco esta ocasión, que me anticipa a serviros el tiempo en vuestra venida: esta es, señor Don Rodrigo de Santillana, mi hija. Decid que es el Sol benigno; que a las puertas del Oriente coronado de zafiros, viste el Cielo de explendores, y el Orbe de regocijo; no he visto mujer más bella. Esto escucho y esto miro! . pero, celos, sufrimiento hasta hacer lo que imagino. Háblale, Leonor; qué es esto? Señor, que vengáis estimo con gusto y salud. A quién no sobran esos alivios, si logra, habiendo cegado, la gloria de haberos visto? Yo, señora, discurriendo, que con esto os agrado y sirvo, a cuanto este Caballero me mandaré, me he ofrecido. Mucho debemos, Leonor, al noble bizarro estilo con que el señor Don Fadrique nos honra. Quién por sí mismo lo ejecuta, de si propio debe estar agradecido. Qué desagradable estás? Enséñame tú el camino de amar en un cuarto de hora. Feliz soy. Sin alma vivo. Qué figuras! Bien extrañas. Lo escuchas? Todo lo he oído. Señor Don Rodrigo, y cual ha sido el nuevo motivo, que a Madrigal os conduce? El primero y el más digno es haber visto la dicha de un bien que no he merecido; y el segundo, cierta orden con que el Rey venir me hizo a un negocio de importancia, a que no he dado principio, porque aún ignoro lo que es, hasta que haya recibido por las cartas los despachos; bien que ya no falta indicio de que hay en el Madrigal mucho daño. Pues qué ha habido hasta ahora en él, que os disguste? Qué más, que cuando quisimos entrar hoy por la mañana en el Lugar, atrevidos diez hombres enmascarados arrojarse al coche mismo en que venía, a matarnos a mí y a los dos Ministros que iban conmigo sin duda; pero en fin, el Cielo quiso, que ser hallase allí un Gabriel de Espinosa, así me han dicho que es su nombre, el más bizarro Pastelero que yo he visto, porque con el mayor garbo sacó la espada atrevido; que jumas espero ver, y en un instante les hizo huir, después que riñendo descalabró cuatro o cinco: quién es este Pastelero? Es hombre de traza y brío: aunque fue contra mí el lance, . yo siempre la verdad digo. El Pastelero es hidalgo bien honrado, yo lo afirmo; si supiera quien él es. Lo oyes? Son unos cochinos, que no me alaban a mí. Mucho de él he presumido, que cuando le hablé, me hablo con tan grave señorio y tan rara Majestad, que a no haber su garbo visto, le tuviera en su preñez por loco de buen capricho. Haced mejor juicio de él. Cada vez hallo motivos, Clara, de quererle más. Ahora con eso salimos? Señor. . Qué hay? Con estos pliegos viene de casa un Ministro buscando al señor Alcalde. Permitid que vaya a abrirlos. Venid. No, que a mí me importa ir solo, y así os suplico, que os quedéis: Señora, el Cielo en vuestro rostro divino guarde lo mejor del cielo. La cortesanía admito, no la lisonja; él os lleve con bien. Qué os ha parecido Leonor? Tanto, que el instante que suspendiereis remiso la fortuna por quien muero, haced cuenta que no vivo. . Leonor, entra a disponerte, que esta noche determino quedes casada. . Señor Don Sancho, oídme os suplico: Yo he servido a vuestra hija desde que a Madrigal vino, con el más honesto amor y el afecto más rendido, que se debe a una hermosura. Qué decís? Esto que os digo; que he querido esté delante, para que habiendo venido a este despecho mi amor, sepa que es constante y fino. Ve aquí lo que son las hijas, no halla un padre uno al principio, y en estando concertadas, brota la tierra maridos. Yo la he servido leal, y aunque mal correspondido, en fuerza de ser quién es, no tanto, que mi cariño jamás dé ser venturoso quédase destituido. No soy tampoco hijo de algo, tampoco estimado y rico, que no merezca nombrarme su esclavo y no su marido. No os digo que me la deis, teniendo ya a Don Rodrigo dado el sí, solo prevengo, que yo soy aquel que quiso a la entrada del Lugar matarle, y que si al abismo baja, han de hacerle pedazos mis celos, pues mi delirio no está en paraje de que piense en más, que en precipicios: ved lo que os está mejor, o que sea el elegido yo, o que muriendo los dos, le quede al mundo camino de que ande vuestra opinión vagando de juicio en juicio. . Oíd, escuchad: qué es esto, Leonor? Es un desvarío de un hombre necio. No había bastante (un volcán respiro!) con aquel Don Juan de Silva, que los papeles te ha escrito, sin salir un Don Fadrique con estotro desatino? Señor::- Airado está el viejo. Pues por ese caso mismo te has de casar luego luego, que ya con tales indicios llega este caso a paraje, que peligre el honor mío: vete a bestir luego al punto. Para qué? . No lo has oído? para casarte. . Casarme Sin mi elección? Gusto es mío: vive el Cielo, que ha de ser. No hay quién baste a resistirlo? No hay quien baste. Si hay. . Quién? Yo. Señor, vos escondido en mi casa? Vine a veros, y viéndoos entrar seguido de Don Fadrique y estotro, a quien defendió mi brío hoy en el campo, me quise ocultar. Buen arbitrio; pero qué decís, señor? Que aunque la hayáis prometido, no es mi gusto que caséis a Leonor. Ved os suplico; que está mi honor de por medio. Vuestro honor es el que miro. Y mi palabra? No importa. Y el mundo? Este es gusto mío, Don Sancho, yo he de casarla en Portugal a mi arbitrio: yo no quiero que dejéis es Castilla vuestros hijos. Señor, está bien. Después mé buscad: Leonor yo fío, que hará lo mejor Don Sancho, no tenéis de qué afligiros. . Qué es esto, Cielos, que veo? posible es que aquí escondido no hay gran mis terio. Leonor, no he de forzar tu albedrío, ya no te quiero casar. Y cuando quieras te pido, que me cases con Don Juan, pues puede con tu albedrío tanto. Qué Don Juan, Leonor? Este, señor, este mismo, que ahora se acaba de ir, este aquel papel me ha escrito, aqueste es Don Juan de Silva. Tú me harás perder el juicio, este es hombre que no puede, Leonor, casarse contigo. Pues mira como ha de ser, porque él me lo ha prometido. . La tortilla se descubre. Quién tan gran enredo ha visto! Yo no sé que me sucede: yo prometí a Don Rodrigo a Leonor; darle la muerte Don Fadrique airado quiso: un Don Juan la galantea, que es el Rey; este Rey mismo es Gabriel el Pastelero, que está en mi casa escondido. Yo la caso, y no la caso: valedme, Cielos divinos, que no sé en qué han de parar tan extraños laberintos. 1. Este Memorial me dio el Marqués de Formigueira. 2. La Provincia de la Veira asistiros decretó con tres mil hombres montados. 1. Aqueste es de él de Viseo. Con vuestras noticias creo, que quedarán consolados mis Portugüeses. 1. Señor, es tan grande la alegría, que os esperan cada día con mayor lealtad y amor. En mi Trono me verán muy aprisa. . 2. Allá por fe, apenas hay uno, que no espere al Rey Sebastían. Para cuando me halle allá, Don Juan, vuestra es la Encomienda de Oporto. 1. Servir pretenda, quien premios recibe ya. Quién está en Yelves? 2. Señor, Don Juan Brito. Don Juan Brito? dejarle allí solicito: Yo os doy de Monte Mayor el Gobierno. 2. A mano llena, señor, honráis mi hidalguía. Vino ya la Compañía? Sí señor. Saquen la cena. En esto no sé si gana Gabriel. Míguel. Señor. No han traído el aparador de la señora Doña Ana? Sí. Que le pongan. Sintiera, señor, el haber tardado. A buen tiempo habéis llegado. 1. Qué Majestad tan severa! La Princesa. Aquí ha de ser: queréis vos ceñar, mi Aurora? Sí, padre, aunque soy señora, tengo gana de comer. Canten, servid. Quién ha visto pasar tan de extremo a extremo? a mi propio juicio temo. Absorto estoy, vive Cristo. Por despojar a Muley el Rey Sebastían murió, el mundo un Heroe perdió, y Portugal un gran Rey. Qué dice esa vil canción? de caso fatal e incierto, qué importa, si yo no he muerto, que muriese mi opinión? Solo en la fama espiré: si me mató para España una hazaña, de otra hazaña Fénix resucitaré: y a quien me admitiere mal y a no adorarme se apreste, haré trozos como este endurecido metal. . Sebastían no deshacía, ya le rompa o ya le fuerza, cualquier hierro? pues su fuerza no ven que aún vive en la mía? Yerro el que me imputan es, pues deshágale mi mano, y tiembleme el Castellano, y témame el Portugués; pues yo::- 3. Señor::- Ay de mí! Hija mía, no lloréis, no, no temáis: no cantéis. Gustas de que dancen? . Sí. 1. El que Rey no le creyere, venga a tratarle. . 2. Confieso que le temí. Aqueste exceso no le hará quien Rey no fuere. Abran aquí a la justicia. Qué es aquesto? No os turbéis, una pendencia he tenido hoy, y buscarme este ruido es, vosotros os podéis por la puerta oculta ir. Ay, que vuelven a llamar. Vosotros podéis quedar, que aquí no hay para qué huir. 1. Señor, todos moriremos, si a tu defensa importamos. No os he dicho que os vais? 3. Vamos, que así más servicio haremos. . Vayan al suelo. . Ya cayó. Quién entra de esta manera enmi casa (suerte fiera!) con tan poco modo? Yo: sois Gabriel el Pastelero? Si soy. . Pues qué desacato es, si como tal os trato, entrar así? . Un Caballero, si prende un hombre de bien, debe prenderle sin ruido. Remediarse no ha podido; inquirid el cuarto bien, toda la casa mirad; y pues con ruido le incito, a la cárcel callandito al hombre de bien llevad. Mirad que soy hombre honrado, y ved que hoy os he valido. Como Ministro me olvido del padre que me ha engendrado. Pues como quién sois, que es en los que más me confío, os reconvengo. . Rey mío, eso se verá después. Estas alhajas he hallado. Ricas son: y qué papel? Nada. . Sois, señor Gabriel, Pastelero acomodado. No son mías. . Las señales los manifiestan así; tomad, no falten aquí, porque son alhajas Reales. Señor, aqueste Estudiante iba a saltar de un balcón. Mirad::- . Vaya a la prisión, que allí brincará bastante. No sois vos un tal Míguel de los Santos? . Ese mismo. juzgo que en este envolismo no hacéis vos poco papel. Este hombre estaba escondido. Señor, pues yo en qué he pecado? A la cárcel con cuidado. Quién causa todo este ruido? Prended a esotro también. Por dónde podré escapar? No dejéis a ese pasar: a la cárcel. Ay mi bien! que me llevan a Moscón. Prendan también esa moza. Como la pongan coroza, yo doy por bien mi prisión. Padre. . También esa Niña. La Niña qué ha cometido? Si la llevamos sin ruido, no habrá por qué usted nos riña. 1. Todos a la cárcel luego: señor, papeles he visto. Cogerlos, pléguete Cristo. Parece cosa de juego: Jesús, qué enjambre que vamos! Ved que soy, señor Alcalde, mas que pensáis. . Ea, llevadle; ahora en eso nos paramos? Pastelero os hallo acá, yo obro Ministro severo, si sois más que Pastelero, en la cárcel se verá. ela era tal tra tal tn tialtia tratiata
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA El Rey pone a mi cuidado un arduo negocio, tal, que España no le vio igual en este ni otro Reinado. Que yo me desvele es ley, hasta que le satisfaga, y ni aún así no se paga la confianza de un Rey. Ya a la señora Doña Ana tomé su declaración, con la debida atención a mujer tan soberanas pero me tiene admirado, temeroso y vacilante, en caso tan importante, las cosas que ha declarado. Mujer de virtud tan rara, tal sangre, tal santidad, cosa que no sea verdad, no dijera ni jurara: y las que hasta ahora van escritas (rigor severo!) prueban que este Pastelero es el Rey Don Sebastían. Si se cree a tal persona, y a lo que presume el mundo, pierde Felipe Segundo la Portugüesa Corona. Pues no he de dejar indicio de este embuste, este secreto; si yo fuera muy discreto, ya hubiera perdido el juicio. Rodelos: ola, llamad a Rodelos. . Ya está aquí. Qué hay? cómo os halláis así? Con poca comodidad. Yo lo creo, que no es bueno andar de salto y de error. Muy malo es traer, señor, las espinillas con freno. Yo haré que os alivien de él, si la verdad me decís; cuanto tiempo ha que servís al Pastelero Gabriel? Un año. Y qué habéis notado lo que ha que le habéis servido? Que él está rico y lucido, que anda siempre bien portado, sin tener gaje ni renta, y en un continuo misterio, que ya tratable, ya serío, unas veces representa ser Pastelero, otras Duque, que a cualquiera vuelve loco. Seo Rodelos, poco a poco, no sea que me trabuque: vení, acá, este Pastelero im es avaro? es codicioso? Antes es tan generoso, que desperdicia el dinero. Mucho antes que éntrase yo tuvo, señor, dos criados, y con doscientos ducados el uno se le escapó. Cierto amigo que tenía le dijo, hacia muy mal en no cobrar su caudal; y e con grande bizarría dijo, jamás le haré daño si a la vista se me ofrece, que mayor paga merece quien logró servirme un año. Con que espíritu y valor no viven en él en balde? Me quemen, señor Alcalde, si él no fuere gran Señor: y aún yo::- Diga sin afán, descubra, amigo, más luz. Juraré a Dios y a una Cruz, que es el Rey Don Sebastían. También está loco, amigo, como lo está ese pobrete. Yo apuesto, que Maravete confirma lo que yo digo. Ya lo veremos, andar: Maravete. Allá va eso. Qué hay? cómo estáis? Señor preso. Me pesá. . Echarlo a rodar. Qué tiempo habrá que a Espinosa servís? . Habrá un año entero. Qué sabéis de este embustero? Señor, maldita la cosa; porque yendo al Locutorio de la señora Doña Ana, o a otra parte él, que no es rana, porque no fuese notorio su tratado o su secreto, siempre en casa nos dejó, ninguno le acompañó. Con efecto? . Con efecto, Solo un día me quedé en su cuarto y me escondí, y entrar dos personas vi, y según lo que obserbe, uno Obispo parecía, y a otro llamaba Marqués. Gabriel de Espinosa? . Pues, Y ellos con qué cortesía, qué trato o qué urbanidad con Gabriel después hicieron? El trato que allí le dieron ambos, fue de Majestad; y en lo bizarro, lo atento, lo cortés y lo entendido, yo le tengo conocido. Mirad que vayáis con tiento. Que no, que le tengo yo bien visto, él es Portugués, y el Rey Don Sebastían es, que en África se perdió. Qué decís? . Esto que digo, y lo juraré a porfía a Dios y a Santa María. Id con Dios: otro testigo. Mos cón. Oh señor Moscón? venís apesadumbrado? Señor, traigo aquí encajado un Acto de Contrición. De Contrición? cómo así? Como aunque tenga disculpa, por mi culpa, por mi culpa me pesa de estar aquí. A qué encierro os envié? A uno en que hay tantos ratones, que me engullen los calzones, porque sienten no sé qué. Ahora bien, vos sois criado de Espinosa el más querido, decid, qué os ha sucedido lo que ha que andáis a su lado? No lo declaro Catuja? Qué Catuja? Aquella, moza pretendiente de coroza porlos méritos de bruja. Pues esa, dime, qué vio? Mas que yo no estaba allí? Hola, Catuja. . Entra ahí. Loado sea el que crio el sapo, sin coyuntura, el hombre en forma de ca, la mujer lampiña, y la calabaza sin costura. Extraña, salutación. Ya que está la gente junta, forme usasté su pregunta. Haga su interrogación. Supuesto, que habéis servido a Gabriel el Pastelero, que me hagáis patente quiero, que habéis visto y entendido de su trato y de su obrar. Tocante a Pasteleria, no es de la incunvencia mía. En eso debo yo hablar. A mí con ese cuitado me recibió allá en Medina, y esto con la alicantina de estar todo a mi mandado. La Pasteleria se puso, trajo este Oficial Gabriel, que él jamás tomó pastel en mano. Yo estoy confuso. Antes el pastel que había de valer tres cuartos, daba por dos, y esto lo mandaba, que él en la Pasteleria jamás entró, ni hubo indicio de que allí le viese un hombre. Con que él solo para el nombre vino a tener el oficio? Si señor; pues la chiquilla, esa es otra. Es de Gabriel? No puede negar que es de él, es cosa que maravilla. Yo la he criado señor, y si no está arrodillada, no toma de la criada la comida, es un horror. Si no hay plato, es menester hacerle de cualquier cosa, es damísima, y hermosa, y cuando la quieren ver parlar con mucha alegría, donosura y gravedad, denle Alteza oh Majestad, verán que aquel es su día; si no, da gritos crueles. Y quién es su madre, di? Aqueso, me toca a mí, que esos son otros papeles. Clara la que en casa está de Don Sancho Basconcelos con Leonor::- Qué escucho, Cielos! Fuese a acomodar allá, porque la engañó en Medina Gabriel, ofreciendo vano darla al instante la mano. Ella con esta pamplina una noche le dio entrada, siendo, aunque humilde, muy bella con que anocheció, doncella, y remaneció, preñada. Parió, entregole a Gabriel la niña, que había parido: él, por no ser su marido, huyó, a Madrigal; tras él vino Clara, acomodose con Don Sancho, como digo, donde por su mal, testigo sus celos remienda y cose; pues con nombre de Don Juan halló el Gabriel que buscaba, que a Leonor enamoraba muy ufano, y muy galán: y ella, muy pagada de él, la daba humo de narices. Qué dices, hombre, qué dices habrá suerte más cruel! oñ quién es el Don Juan que cuentas Es Cabriel el Pastelero. Y amaba a Leonor? (qué espero! Hay otras mil y quinientas. Habla pues, pasa adelante. Nada ha de quedar por Cristo En toda mi vida he visto enbolismo semejante. Este Gabriel u Don Juan, o Señor oh Pastelero, si Oficial o Caballero, es el Rey Don Sebastían: Portúgueses han venido a servirle y a adorarle, a plañirle y a llorarle; cada día echa un vestido, una joya, una presea, y a quien de cerca le mira, encoge, turba y admira, y no es posible que sea sino es Rey, en su hidalguía, en su trato amable y fiel; lo demás solo Miguel lo sabe. . Oye Useñoria, antes que este picaron de su presencia se vaya, presento ante usté mi saya en grado de apelación. Tú saya, para qué efeto? ̱. Para que aqueste malvado está conmigo casado de secreto. . De secreto? Si señor; pero tan grave, que el que se llegó a casar lo sabe todo el Lugar, mas la Iglesia no lo sabe; mi honra pido. Mi honra pido? que esta pícara embustera me levanta esta quimera. Señor. . Señor. No hagan ruido: sola, llevadlos afuera. ̱. Vengan. Tengo de gritar. Yo me habla de casar con la puerca Pastelera? vaya que es un arambel. Tú me buscarás, tramposo, que siempre andar es forzoso la mosca tras el pastel. . En cada paso que ofrece averiguación tan nueva, en este hombre se comprueba, que es más dé lo que parece. Hombre sin garbo y honor, sin espíritu (acción rara!) muy gallardo, no intentara servir y amar a Leonor; pero hombre que de bien fuera, de nobleza y proceder, a tan humilde mujer, como Clara, no quisiera. Él es de ruines acciones, pues obra con tal vil modo; vive Dios, que el caso es todo dudas y contradicciones. Ahora bien, no hay que apelar sino es a aqueste Míguel, si algo no se saca de él, no hay senda por donde echar. Míguel. Miguel está aquí. Pésame de veros preso. No os dé pesadumbre de eso, pues que no me la da a mí. Con toda conformidad lleváis del rigor la ley. Venero el gusto del Rey. Pues decidme una verdad por su amor. Es mi interés. Quién es este Pastelero, que hoy prendí? Verdad refiero, el Rey Don Sebastían es. El Rey Sebastían? El Rey. Quién os lo asegura a vos? El mundo lo dice y Dios. Dios? . Yo lo oí. Dura ley: tenéis vos revelaciones para de él haberlo oído? Hombre soy, y hombres han sido los que por sus oraciones tales dichas alcanzaron. otros méritos hicieron, ni enredaron ni mintieron. Es, que como yo callaron. En qué, decí, habéis fundado ser este el Rey Sebastían? p En estas señas que os dan mi atención y mi cuidado. Cuando el Rey de África vino, estaba yo en Portugal, por sujeto principal, y disfrazarme convino; porque el que hace esta invención, en mí ha embozado el sujeto, por observar el respeto de una Sacra Religión. Díjose públicamente, que el Rey Sebastían había oído Misa cierto día en Cabo de San Vicente, en un Descalzo Convento; y cuando de allí salió un hombre pasar le vio, a quien le pidió sediento agua, que él arrodillado le sirvió; y yéndole a hablar, el Rey le mandó callar. Y antes como había pasado desde África a Portugal? A la conducta y consejo de Diego de Mesa el viejo, de su Armada General; viole embarcar Luis Dopozo de una antorcha a la luz clara, qué pudo verle la cara a un descuido de su embozo. Y ya en España por qué ocultarse así ha querido? Viendo su Reino perdido, fuerza el ocultarse fue. No era más segura acción darse al Rey a conocer? Ahora lo puede hacer, que ha llegado la ocasión. No es buen modo sublevar a Portugal para eso. Eso es lo que no confieso, ni vos lo podéis probar. Si sé yo, que cada día a verle vienen y van. Parientes suyos serán, veenle por cortesanía. Y para ser Pastelero (oficio de los más bajos) qué le obliga? Sus trabajos, que harán de un Rey un cochero; Labrador fue Diocleciano, Maestro otro Emperador de Niños. Qué linda flor! letras me gastáis, hermano? Letras gasto y letras sé. Ya sé que sois gran letrados más conmigo habéis topado, y yo os las entenderé; id con Dios. Voyme, y os digon- Qué? Que hay Dios, ya lo sabéis, la gravedad conocéis de este caso, Don Rodrigo; id con tiento, pues a vos de este juicio han de juzgaros. Míguel, después de ahorcaros, yo me lo avendré con Dios: hola, venid, Escribano, el calabozo me abrid del Pastelero. Salid, suspiros, al aire vano, a templar la ardiente calma del dolor que manifiesto. Mira en lo que nos has puesto, los diablos lleven tu alma. Moscón, qué te ha preguntado el Juez? dime lo que ha habido. Él, poco me ha persuadido, mas yo todo lo he contado. Pues qué tuviste::- Canela! Qué contar? dura porfía! Lo de la Pasteleria, y lo de la callejuela. Y cómo lo tomó el Juez? Pues no es forzoso que cruja, me pida su doncellez? Mucho el salir me fatiga de caso tan sin igual. Señor mío, por su mal nacen alas a la hormiga. Mi espíritu arrebató mi juicio, el pecho lo siente. Cada uno se contente con ser lo que a ser nació, Ay! . Qué es eso? Es un ratón de los que vienen y van, que me ha olido el cordoban, y me ha engullido un talón. Airada fortuna mía, qué es lo que quieres de mí? Entrad: quién se queja así? Del mundo una fantasía y una imagen de la Luna, una ilusón del poder, que solo ha nacido a ser júguete de la fortuna. Con gran majestad refiere sus lamentos, hombre honrado. Cada uno puede en su estado quejarse como quisiere. Qué importa que un Pastelero este preso? Al mundo nada; pero al preso no le agrada y se queja. Aliviar quiero esos suspiros que dais, si la verdad me decís. Preguntad, si a eso venís. Quién sois? Pues eso dudáis? el Pastelero Cabriel de Espinosa. De Espinosa? sé yo, que es muy otra cosa. Pues sabréis más que no él. Vuestro proceder atento, vuestro obrar prudente y grave, en hombre común no cabe. Señor Alcalde, con tiento: Venís prevenido bien, mas no os temeré, por Dios, fulleros somos los dos, a ver quien engaña a quien. Todo eso es disimularse, y hombre ruin querer hacerse, y pues no puede esconderse, no vale más declararse? El Rey, atento a la ley, es fuerza que justo sea. Pues lléveme a que me vea, que bien me conoce el Rey. Cayó; si es tan conocido del Rey, cómo es Pastelero? Es que fui su cocinero: levánteme si he caído. Y un cocinero no más tiene? G. El Alcalde no es rana. . De la señora Doña Ana estas joyas? . Muchas más me dio su Alteza a vender; pues yo la suelo servir, y a la Corte ir y venir a lo que me manda hacer. Y estas cartas en que os dan Majestad, y han declarado oficio, nombre y estado? En vuestro poder están. No las veis? No son a mí; que yo, aunque soy hombre honrado, ni soy Rey ni lo he soñado. Infame, ya os convencí, ya lo que sois declaráis, no hay que mirarme severo, enredador, embustero. Don Rodrigo, cómo habláis de esa suerte? Señor:: yo::- sí:: ya:: en vano me resisto. Qué es aquesto? vive Cristo, que el Alcalde se turbó! Escribano, oíd distante; habéis sus señas tomado? Bien, señor, las he notado. Ya me ha mirado bastante, no tenéis que recelar. Qué es esto? nos llegó a oír. No es posible. He de inquirir si tiene algún familiar. No, no le tengo. otra vez? Señor, yo estoy aturdido. Tratad de obrar advertido, que es lo que toca a un buen Juez; envie a reconocerme el Rey antes de juzgarme, que para poder librarme sabré con él entenderme. No los precipite el ser mozo, que sí no sabéis obrar, quizás vendréis a parar a este mismo calabozo. Venid, que a lo que yo infiero, o este es hombre de linaje, o el es un gran Personaje, o no soy yo Caballero. . Señor Don Sancho, aunque tengo vuestra cordura ofendida, básteme el pedir perdón, y el que es la culpa tan digna. Ser vuestro esclavo intentaba, y espero qué lo consiga la voluntad sin la fuerza, que una sirve y otra irrita. Nada, señor Don Fadrique, me espanta ni maravilla, y más en una pasión; también fui mozo algún día: Lo que me admira de vos, es solo, que un medio elija tan extraño un Caballero; templad, vuestras bizarrías, que una mujer no es castillo, que lidiando se conquista. Ya os digo, señor, que erré, y que espero: . No prosiga vuestra atención, yo he dejado en libertad a mi hija, ella hará lo que gustare. Y yo en lo que más os sirva: ya quedáis en vuestra casa, guardeos el Cielo: hay divina Leonor, qué en vano pretende un infeliz tener dicha! . Hola. Señor, a quién llamas? Ay Leonor! ay hija mía! quien quieres que llame a quien dé algún vado a mis fatigas, si es que hay en el tolerarlas más alivo que sentirlas. Tanto te debe, señor, (ay de mí!) Don Juan de Silva, que porque de tengan preso te afliges así? Ansias mías, disimulemos. Si tú supieras lo que me obliga a sentir que le maltrate el rigor de la justicia; sacl y si supieras quien es ese Gabriel, ese enigma. y ese Don Juan que tú llamas, de otra suerte sentirías auguí mi dolor; pero quién es? Quién en fe de cuanto fía de vuestra atención, señor Don Sancho, se determina a entrarse sin avisar en vuestra casa. A La mía es vuestra; y en la que es propia siempre es fuerza que reciban al dueño como él gustaré. Aunque es a vos la visita, hermosa Leonor os pido, que por vos me la reciba la señora Clara. Quién? Clara, que con esa niña traigo cierta dependencia. En mi casa? A criadas mías dependencias vos? . Y tal, que a no estar, Leonor divina, de por medio vos, ya hubiera ido a otra parte a inquirirla; este es servicio del Rey: cosa que el pecho imagina tan propia como esta casa, no ha de querer que no viva muy airoso, y que no deje de hacer la obligación mía. La mitad de esas razones sobran a quien solicita servir al Rey y a vos: vete, Leonor. Quedarme escondida resuelvo. Qué es esto, Cielos! Sola, queda, persuadidla, no examinadla, y haced todo lo que el cargo os insta. . Válgame Dios! No os turbéis, que, como digáis, querida, la verdad, esto no es nada. Yo procuraré, decirla. De dénde sois? Yo, señor, soy natural de Medina. Ya la empieza a examinar. Engañada y persuadida de Gabriel el Pastelero, fingido Don Juan de Silva, en Madrigal no le hicisteis (nada aquí se calla, niña) dueño de vuestra honra? Es cierto. no Qué es lo que escucho, fatigas! Clara es Dama de Don Juan? Lo que se descubre! chispas. De esta comunicación no tuvisteis una hija? Si señor, Juana se llama. Esto más! Y en harto, impía estrella nació, inocente testigo de mis desdichas. No os aflijáis, que ahora no hay para qué; ella está muy linda y muy buena. . Con palabra de que mi esposo sería, me rendí a ese falso amante. En buena estoy yo metida. Huyendo me vine de él a estar aquí recogida. A donde con su galán me engañaba a letra vista. Me alegro, para que veas por quien me dejabas mira. into Y decid, este Gabriel, pues claro está os fiaría sus secretos, tiene traza de ser de honrada familia? Señor, él obró conmigo extrañas galanterías, siempre dándome esperanzas de hacerme muy noble y rica; y cuando que se casase conmigo le proponia, suspiraba y expresaba, que a ser yo de esfera altiva, no tuvieras inconveniente. Yo estaba muy bienvendida; miren de quien me fiaba. La chiquilla? La chiquilla, tomo yo a mi cargo, Clara. El Cielo os dé mucha vida por lo que me honráis, señor. Callad, y nadie perciba los que hemos tratado aquí. Señora, estoy aturdida. Ah de casa; esto está hecho: esta mujer deposita, señor Don Sancho, mi celo, para cuando yo os la pida, en vuestra casa. A mi cargo queda. . Vos, Leonor divina, perdonad, que sea forzoso obrar así a vuestra vista. Asegúroos, que antes tengo que quedar agradecida a esta diligencia. . Y más obligada quedariáis, si de esa mujer supierais quién es:: . Quién? Don Juan de Silva, para que sepáis con eso lo que os debéis a vos misma. De él estoy desengañada, y ella ya esta conocida: ven, traidora. Sabe el Cielo, señora:: . Nada me digas. Ande, que es una gazmoña: mal haya quien no la pringa. . Señor Don Sancho, estas raras diligencias exquisitas, hacia Gabriel de Espinosa son, ya tengo recibida orden del Rey, en que manda, que en estando concluida la sumaria, luego al punto se haga en Gabriel justicia. Qué decís? Esto que os digo. Sin más pruebas? Hay infinitas para su condenación; solo a lo que ya se tira es, que cómplices descubra de esta traición y malicia: él cantará en un tormento, y al instante que nos diga lo que fuere menester, se le entrará en la Capilla. Ay de mi! ved, Don Rodrigo, que es bárbara tiranía; a un Rey se le da así muerte? Qué Rey? este hombre delira. Él es el Rey Sebastían, o yo perderé la vida. También sois vos de los ciegos, que tienen esa manía? Digo, que es::- Callad, Don Sancho. El Rey. No la voz prosigas, nidlo, que si os oyen, vive Dios, que aunque tengáis dos mil hijas, no lo podré remediar. Mientras que no se averigua otra cosa, he de creer, que es el Rey. Vamos aprisa. Pálida triste sombra fría, que hurtando un claro desperdicio al día, en sus rayos te anegas, y me alumbras al paso que me ciegas; qué me quieres? . Advierte, que faltan pocas horas a tu muerte; confiesa la verdad de tu delito, declara humilde, morirás contrito, que quiere Dios desengañar al mundo, y que un Felipe, en todo sin segundo, una por su decreto soberano el Cetro Portugués al Castellano: Miguel, confiesa. Espera, aguarda, tente, pavorosa ilusión, no velozmente, si al aire tu ardor sube, te cuajes llama y te deshagas nube. Válgame Dios! qué he oído? piadoso aviso el de este sueño ha sido; no quiera Dios, que en tan dudosa calma, pues pierdo el cuerpo, se aventure al alma. Dios favorece el Cetro de Felipe, pues mi voz a su logro se anticipe, para que vea el Cielo, el Mar, la Tierra, la vez que un hombre hyerra, la más rara traición que a un Rey se hacía, de donde muere a donde nace el día, ya el desengaño sigo, otro es mi corazón: a Don Rodrigo. Quién de este centro clama? Quien a decirte la verdad te llama: yo quiero confesar públicamente mis delitos. . Espera, pues hay gente, que quiero que declares con testigos, y aún con Gabriel delante: entrad, amigos, traed todos los presos de esta Cárcel. . Venid, y los excesos escucharéis de un hombre, que ha faltado a su Rey, a su Patria y a su Estado. Ya todos te escuchamos; todos atentos a tu voz estamos. Traed de la Capilla en que ya ha entrado a Gabriel, que aunque el término ha llegado de su hora postrera, quizás dirá verdad antes que muera. Aquí está. No han de hacerme, que declare quien soy; a conocerme envia el Rey ahora, él sabe quien yo soy, que no lo ignora Gabriel, ya llegó el día de olvidar el error de esa manía, di tu verdad, y yo decirla ofrezco No soy Rey, pero soy más que parezco Portugués soy de nación, y hombre de las reverendas, que sabe el mundo, y se callan por respeto y por decencia. A Don Antonio el Bastardo de Portugal, en mi tierra, tan de adentro le traté, que no hubo cosa secreta que no me fiase, y tanto, que viéndome en tan estrecha amistad, su Confesor me llamó la gente nuestra. Desde que el Rey Sebastían (que hoy coronado de estrellas yace pisando zafiros) martir de la santa guerra murió, entrando el de Castilla por derecho, por herencia y por justicia en el Reino, no pude llevar, que fuera Rey de Portugal quien fuese Castellano; que esta ciega vanidad, esta insufrible desatinada soberbia, en todos nosotros vive lo que ha que el de España reina. Andaba yo imaginando como una traza tuviera de usurparle al gran Felipe la Corona Portugüesa; y estando yo en Madrigal en servicio y asistencia de la señora Doña Ana de Austria, admirable Princesa, cuya virtud y piedad la fama ha de hacer eternas; vino Gabriel de Espinosa al Lugar, en cuyas señas, rostro, edad, costumbres, voz, gravedad, traza y presencia, hallé cuanto yo buscaba, pues parece que mi idea, por mi mal, adivinando, la docta naturaleza, del perdido Sebastían le hizo una copia perfecta. Al instante que le vi, propuse que el medio fuera de mi intención; empecele a tratar, y entre las veras mezclando tal vez las burlas, le pinté las conveniencias, que de fingir ser el Rey el seguírsele era fuerza. El que de genio nació inclinado a cosas nuevas, como en fin hombre de vulgo, me creyó, y fue tan de veras, que al instante se trató con tal fausto y tal grandeza, que aún a mi pudo engañarme; y yo, en virtud de sus prendas, a la señora Doña Ana pervertí a que le creyera, que como frágil mujer, y hombre yo de astucia y ciencia, lo supe trazar de forma, que entró luego sin violencia a tratarle como Rey, a llenarle de preseas, de regalos y de bienes; ya lo llora y ya lo pena. No era mi intención el que él reínase, que era bajeza, que parase yo mi juicio en que a Nación tan soberbia, tan vana, como la mía, un hombre ruin mereciera mandarla y ceñir injusto la Lusitana Diadema. Mi idea fue sublevar, con la rara extratagema de ver a Sebastían vivo, el Reino; y cuando estuviera en estado, Don Antonio sentarse en la Silla Regia, dando muerte a este infelice, instrumento de esta empresa. A este efecto fingi cartas, solicité, que vinieran Portúgueses a tratarle: hice:: . Suspende la lengua, hombre vil, infame, causa de mi muerte, cesa, cesa, que a no haberte condenado tú, jamás sabido hubieran esta verdad, y en el mundo quedara con fama eterna el Pastelero Gabriel: mas si la verdad confiesas, sepan quien soy, ya que saben lo que obré, en lo que tú cuentas Natural soy de Toledo, de tan baja descendencia, que me hallaron arrojado a las puestas de la Iglesia Mayor: mi primera infancia, Sin doctrina y sin escuela, pasé criado de un Fraile, que cuidaba una Bodega. Reñí con él cierto día, y del Arte de la seda queriendo seguir el rumbo, fui en aquella Ciudad misma Tegedor de terciopelos, de rasos, sargas y selpas; todo me pareció poco. Quise inclinarme a la guerra, y fuime, siendo Tambor, a Vizcaya, donde apenas llegué, cuando me arrojó del oficio otra pendencia, en que dejé a mi Sargento sin la mitad de una oreja. Paseme luego a Alicante, donde en una Hermita nueva, que a la Sagrada María labró la Ciudad, en muestra de estar muy quieto, me puse (no con segura conciencia) a Hermitaño y Sacristan; no hice mucha estancia en ella, que una noche me escapé, y fui a parar a Valencia, a donde fui Pregonero, hasta que mi suerte adversa Oficial de Pastelero, me hizo en Castilla la vieja. No hay vil oficio, que no haya tenido; pero no hay prenda que yo no haya malogrado. Yo con la blanca y la negra no hay Maestro que no rinda; hago hablar una vihuela; blandiéndola hago una lanza en el aire leves piezas; ando a caballo de forma, que poquísimos me llegan. Si soy galante y valiente, bien lo públican las muestras; mas qué importa, si malogro estas virtudes excelsas con ser tan gran embutero? que si hubiese competencia de enredadores, ganara yo la Catedra primera. Y pues este es el postrero, porque la justa Clemencia de Dios tiene prometido no encubrir nada a la tierra; un crimen contra mi Rey tan grave, no es bien que tenga dilación en el castigo, pronunciada la sentencia. La muerte os pido, no anhelo piedad, pues sé que me espera el gran Dios, cuya virtud ningún pecador desprecia; al Rey le pido perdón, y a todos, pecho por tierra: llevadme a morir. . Llevadle, pues lo pide tan de veras. Claro está, que aunque otra cosa, en este estado dijera, no era fácil ser creído: muy bien engañados quedan. . Pues no has dicho la verdad? La verdad no hay quien la sepa, sino es Dios: viera yo al Rey, que él la verdad os dijera; mas soy de lo que parezco. Ahora volvéis a esa tema? id por Clara, a quien le debe su honor, cásese con ella antes que muera. . Si haré, Solo por ennoblecerla. Llevadle. . Caso espantoso! Míguel en la cárcel queda. Mientras que llega mi hora, clemencia, Señor, clemencia. . Vosotros, que estáis sin culpa, fuera todos. . Todos fuera. Absorto voy; mas no obstante, lo que ambos a dos confiesan, él es el Rey Sebastían, no me harán que no lo crea. Ya le sacan al suplicio. No quiero ver su tragedia. HHoy es día de ahorcado, pues a la fiesta, a la fiesta. . Señores, no está mi padre en casa. 2. Pues a que venga permitiréis que esperemos. Ya sube por la escalera; ahora vienen por Clara, y a la cárcel se la lleva un Ministro. . Alguna cosa tendrá que decir en ella; aquí podéis esperaros. . 2. Admitimos la licencia. Cielos Santos (qué desdicha!) dónde esconderme pudiera? 1. Señor Don Sancho, hoy llegamos a Madrigal a dar cuenta al Rey, de que quedan ya seis Plazas a sus obediancia, v. Veinte, mil hombres con armas en la, Provincia le esperan en Evora la Nobleza, e. Auarda con la alegría, júbilo, ansias y fiontas, No de litemos, a, encentrarle, imádale estas buenas nuevas? ya se dio penitencia C Rega el dichoso; qué ganar, las ibridias pueda? 2. A esto os inquiere mi celo. 1. A esto os busca mi impaciencia. Ya es tarde, porque habrá dado el alma a las horas de esta. 2. Qué decís? Que en vil suplicio, nuestra trama descubierta, habrá pagado a estas horas nuestra culpa su inocencia. 1. San Antonio de Lisboa me valga. . 2. Él me favorezca. 2. Pues cómo fue? . No es ahora tiempo de que se os detenga, que corréis mucho peligro; idos, señor Mascareñas, señor Basco, en Portugal publicaréis su tragedia. 1. Ay de Castilla, si alcanza a saber, que en tal afrenta ha muerto el Rey Sebastían, nuestra Nación Portuguesa! . 2. Si él ha sido el que pensamos, será España Troya nueva. . Raro valor! . Prodigioso, Hasta la hora postrera sus embustes y preñeces no cesaron. . Ya no resta mas, que callar y sufrir, téngase por quien se tenga. Dos veces estando ya para arrojarle, con fuerza extraña y valor no visto, me llamó con voz tremenda. Dicen que quiso citaros ante Dios. . Poco tuviera que temer, dé quien se sabe, aunque gente ruda y necia siempre Iuagara al contrario, que eras hombre de obacas oprendas, o de Tras los Monres? . Y Y juntas que ordió tan extraño, embuste. De. Miguel queda suspensa causa, husta otra ocasión, en que su muerte senga es armiento a mas rdendos, a la señora Doña Ana y sus criadas, que llevan con suma resignación: Clara con su hija quedan en un Convento, después que casó Gabriel con ella. Y libres todos nosotros. Leonor? Señor. Ya que queda en su fuerza mi palabra, que tú la cumplas es deuda. Señor Don Rodrigo, vos hallaréis novias muy bellas y muy ricas, que por ser quien sois, os amen y quieran: Don Fadrique de Castilla me sirve y galantea años ha, y de mis desprecios ha sufrido las tibiezas: su puesto que hacéis justicia; no tendréis a mal, que en esta ocasión, pues soy deudora, pague, señor, a quien deba. No señora, vuestro gusto es solo mi conveniencia. Pues, Fadrique, esta es mi mano. Dichoso fin de mis penas. Ellos no han de vivir juntos? pues que ellos allá se avengan. Catuja, quieres esposo? Echa acá esa mano, bestía. Señora Inés, nupcias pido. A boda no hay quien no vuelva Y aquí el Pastelero es bien, que fin venturoso tenga, Rey Don Sebastían fingido, que es Historia verdadera.
