Texto digital de Pasión vencida de afecto
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Bautista Diamante
- Atribución estilometría
- Juan Bautista Diamante Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Pasión vencida de afecto. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pasion-vencida-de-afecto.

PASIÓN VENCIDA DE AFECTO
JORNADA PRIMERA
Justo es, Príncipe de Trancia, y Tebas, que hoy que llegáis, de mi intento conducidos, a mi Corte, y amistad, con demostración atenta reciba a los dos, seáis bien llegados. . El que llega a tanta felicidad, en su afecto su fortuna tray anticipada, mal de Fénix la perfección copió el retrato, pues va de ella a él la diferiencia, que entre el Sol, y sombra hay. No obstante se le parece. Ciego adoro su beldad. Porque a la deidad de Fénix, . ni aún su copia haga igualdad, atento el retrato hizo desdén al Original. Yo señor, porque el de Tebas ocupe el primer lugar de la dicha, suspendí la voz, fuera de que está mi suspensión disculpada con razón más eficaz, que en la presencia de Fénix, a mi sentir está mal, quien permite a su albedrío la acción de la libertad. Bien debe Aurora mi hija vuestra atención estimar, cuando el yerro de su nombre dice lo que aseguráis. Aurora la llamó? . Sí, debiose de equivocar. Aurora mi hija es. Ya en esto lograda está la intención con que el retrato troque. . Y ya mi vanidad, aunque no aprobó el engaño, bien con el suceso está: señor, qué es esto? No sé, pero calla. Que será aquesto, que no lo entiendo. No sé. . Pues disimular. Yo, pues la cortesabía del de Tracia quiso dar preeminencia a mi fortuna, que en mi mérito no hay, aprobando su sentir, no por darle autoridad, que no necesita, digo que el yerro de equivocar el nombre, no yerro fue, sino acierto singular. Hijo de su discreción disculpa en mi culpa habrá, si el labio trueca esta vez la atención por la verdad. Acierto dije que fue, porque habiendo de trocar de la bellísima Aurora el nombre, ninguno hay como el de Fénix, que pueda el descuido disculpar; y así atento a su hermosura Fénix la nombro al mirar, que Fénix en la belleza es quien no tiene igualdad. No es eso, si no que a él también le sucederá lo que a ti. menos bien en la amistad nuestra, aquella discreción que el deseo de enmendar mi yerro, Aurora Divina digo, mas no digo tal, que si aquí logro el amor, no logro la vanidad, que aunque en Aurora lo bello, lo heroico en Fénix está, más disimular importa hasta poder apurar de este engaño el fundamento; digo que por no agraviar de Astolfo él dictamen, ceso en discalpas que me da la turbación del respeto, sino me disculpo ya con decir turbación, pues necio fuera el no acertar, que Aurora se llame quien siempre amaneciendo está. Baste, Príncipes, no empeñe vuestro discurso el caudal, ni de la fineza, ni de la atención, cuando hay en Fénix mi hermana digno objeto, y no digo más digno, pues que vuestros ojos lo podrán averiguar. Mal finjo en aplausos suyos, y pues ese intento os tray, no usurpe falsa noticia el culto que a su deidad debe vuestra estimación, con advertencia que están de menos los rendimientos, en ella, y en mí, demás. Sobre hermosa es muy discreta, aquí no tiene lugar el desacierto, que hizo sujeción la libertad. s. Muy bella es, pero mi altivo pensamiento no se da a ningún partido, cuando áspira solo a triunfar del imposible desdén de Fénix, cuya crueldad, más ambicioso que amante me alienta a peligro igual, como disculpado quede mi yerro. . No se finjáis, ese nombre acierto fue. Aurora siempre eficaz, mi gusto busca, y así por aliviarme el pesar, que hace aleve en mi cuidado, que pueda desconfiar del logro que solicito, su mérito pospondrá al de su hermana advertido. De suerte, que por lograr vuestro designio licencia os pido, los dos seáis bien llegados. Guarde el cielo a Vuestra Alteza. . Qué mal sufren su ausencia mis ojos! Aunque el de Albania callar quiere lo que el Tracio dijo, lo dice con su algo más. Qué más? . Aquella atención que en estotro libre está. Mas quisiera yo Fenisa. Qué señora? . Ver trocar estos afectos. . Por qué? Por nada. Entendida estás. No tan fácil te parezca, mas si quieres acertar, pregúntale a mi altivez, porqué, que ella lo dirá. Aunque parece que pide vuestra llegada al lugar para el descanso, y que yo permitir le debo, es tal mi pena, y tanta la priesa que su remedio me da, que por cumplir con mi ahogo, me niego a la urbanidad del cumplimiento, buscando razones en mi pesar, cuando de los dos me valgo, para que en ellas tengáis, en la ambición a que os muevo, sobre ambición ejemplar para mi disculpa, pues auxiliares de mi mal, mientras no descanso yo, nada os debe descansar. A servirte con la fuerza de mi poder. . A ayudar tu intento con mi valor. Vengo. . Mi afecto me trae. Para cuyo fin procuro. A cuya dificultad busco tu noticia. . Busco tu aviso. . Pues escuchad Rey de Albania, hereditario dominio para mi mal. Viví los felices años de mi juvenil edad, que los viví digo, pues desde que empezó a pasar con el curso de los días aquella flor, brevedad en que simboliza el hombre la vida, y la muerte, está inútil la vida en él, y no le sirve de más que de un aviso remoto, que previniendo le está, que solo la tiene para saber que le ha de faltar: bien este ejemplar en mí, se ve de tanto marcial trofeo la sien Augusta ceñida tan eficaz victoria, la heroica frente coronada, pero ha, que pasó aquella florida Primavera, siendo imán de adversidades, y penas, pues tantas pudo arrastrar tras sí, que de este argumento es la conclusión mi mal. Temido fui, mas qué importa si fui, pues se ha de notar, la diferencia de tiempos para la desigualdad. Pero porque en episodios no tope, la claridad de mi noticia, doblado se quede en este lugar, lo que he sido, y lo que soy, que ocasión le llegara al discurso en el suceso de volver a desdoblar. Es ley de Albania inviolable, para que entender podáis mi pena, que aunque el Rey tenga mas hijos, le ha de heredar, aunque sea hembra, el primero, con circunstancia además, que no la excluya del Cetro ninguna inhabilidad. Necia ley, pero observada, si es injusta claro está, que en el estilo del mundo se había de conservar. Asentada esta noticia, y advertido, que si está falto de este sucesor el Rey, ha justo pesar! pasa al Príncipe de Epiro el Cetro de Albania, mal da el aviso de la ira a la templanza No es necesario acordaros la común enemistad, que entre Rodulfo de Epiro, y yo, siempre ardiendo está de esta pálida ceniza, mal desmentido volcán, pues con deciros que soy el que se debe quejar sin las pasiones del odio, digo, cuan a mi pesar, tengo razón, ha infeliz del que la tiene, si da motivo a la compasión cómo yo! pues se verá, que de disculpar la queja me ha servido, otra vez hay de la razón, que el silencio solo la puede explicar! Diome el cielo porque acaso la digresión sufre mal mi cuidado, en paz tranquila, dos hijas, en quien están libres del paterno afecto las alabanzas de más. Fénix mi hija mayor, y Aurora, cuya igualdad, en solo la edad de un año se pudo diferenciar. Quién dirá Príncipes, quien con juicio juzgará, que teniendo sucesión, de no tenerla mi afán nace? pues dígalo atento el que llegare alcanzar en el rebelde dictamen de Fénix, en la crueldad de su condición tirana, su violento natural. Dígalo aquel que supiere, que fiera con su beldad, haciendo injuria al aplau de su todo celestial, vive negada al comercio, tanto, que de racional, mal regida su razón confusos avisos da, que abonan su entendimiento, y culpan su voluntad, pues el pretexto terrible de su retiro, no es más que una aversión mal fundada, que una pasión pertinaz contra el dominio del hombre, con tanta severidad regida de su altivez, que sin ser posible hallar razón para divertirla de esta antipatia, da pretextos a mi desgracia la suma dificultad de vencer su horror supuesto que lo haya intentado ya con diferentes cautelas, que no me sirven de más que de irritar su obstinado parecer, dando lugar con el ruego a que acredite su rebelde natural; desuerte que al verme, ay cielos! destituido de hallar templanza en su presunción, ni mejora en mi pesar; pues ella imposible al trato, y yo al alivio incapaz, es por la ley ya referida aguardo, trance fatal! que el de Epiro sucesor sea de mi Reino, y más cuando su necia soberbia informada de mi mal, le mueve a que aspire ciego a este logro: aquí a enlazar, Príncipes, vuelvo el discurso, que dejé suspenso allá, pues al deciros que fui temido, hube de templar con la experiencia la voz, al ver la desigualdad que hay de ser temido, a ser ultrajado, y no entendáis que es culpa de mi valor mi ultraje, pues aunque dan estos caducos avisos de mi poca actividad señas, no obstante publican en los acuerdos, que dan reservas de una memoria, en quien privilegio hay, contra el olvido que goza reverente inmunidad. Mas de qué este simulacro sirve, si le ha de ultrajar la fuerte invencible ley del hado? vulgo incapaz de razón, y de consejo, bárbaro, infiel, desleal contra su Rey, pues aleve, con pretexto de templar el odio de mi razón, se ha atrevido a arricular, que como el de Epiro sea esposo de Aurora, están los rencores dicididos, y obiada la enemistad, como si fuera posible, que este fuego, que tenaz guarda el corazón, sujeto pueda a menos fuerza estar, que al incendio que le atiza, en cuya llama voraz, Fénix consumirse deja solo por resucitar. Con que viendo en mi respeto, cuan mal defendido está hoy de la razón del odio, el afecto paternal, y cuan arriesgada vive Fénix a la ceguedad, con que el vulgo su pasión culpa, queriendo negar el dominio, que en su culto debe, me deje arrastrar de mi amor, y de mi enojo, a todos los medios que hay para vencer el destino que la oprime, y mi pesar, a cuyo fin afligido, movido de cuyo mal, auxiliares os busqué con dos intentos, hallar, fue el primero, en mi defensa vuestras armas, cuando está de Rodulfo amedrentado mi Reino, pues suplirá vuestro valor la esperanza que a mí me niega la edad. El segundo intento fue como el retrato dirá de Fénix, que cada uno juzgo, idolatrado ya, reducir con más empeño vuestras personas, pues ay, conocido el premio, causa más noble, o más eficaz. Y porque acaso no culpe la atenta curiosidad de mucho mi temor, viendo que uno pudiera bastar de los dos, para cualquiera de los dos intentos da por disculpa, mi advertencia, que como aquí el principal es templar el intratable rigor de Fénix, y no hay, aunque con tarda esperanza para eso medio eficaz, mas que el de servirla atento, a los dos quise obligar con la emulación discreta, al empeño desigual de este imposible, porque a mi parecer no esta airoso, el que compitiendo no pasa de la igualdad. Y puesto que habéis oído mi cuidado, y que estáis ya en Albania, y que sabéis el premio que ha de alcanzar el que dichoso supiere la fiereza suavizar, los horrores desmentir, tratable hacer la crueldad; nada os advierto, pues nada, Príncipes importará de Estado, ni de tesoro, ni de obligación, donde hay un premio tan soberano como Fénix, descansad, que ya ahora lo permito, viendo que en los dos está mi Corona defendida, y suspenso mi pesar. Pues yo juro. Pues yo os ofrezco. Al empeño que me tray. A la razón que me mueve. De extinguir. . De derogar. La injusta ley. El severo estilo, pues da lugar el empeño, Rosimundo, para que la urbanidad cumpla entre los dos las leyes, que atraso el suceso, y más cuando yo de ser tan vuestro me he preciado, la amistad haga su oficio, entre tanto, que mi competencia os da, si es competencia los logros que en vuestro mérito hay. De la verdad con que estimo a Vuestra Alteza, será testigo mi afecto hoy, y el empeño desigual a que me animo por daros más ocasión de triunfar. Pues Príncipe a proseguir el intento. . A conquistar, no a Fénix, que en lo imposible muchos precipicios ay, sino el engaño que hace intratable su beldad. Servirla intento. Servirla ofrezco. Y asegurar del Rey el temor. . Triunfando del de Epiro. . A su pesar defendiendo esta Corona. Y pues declarado está nuestro designio, a emprender Astolfo. . A solicitar Rosimundo Aurora hermosa, aunque fui de tu deidad cautivo, y aunque tus ojos me vuelven a cautivar, permite que este imposible solicite, pues me da motivo el no verte ajena a tanta temeridad. Aurora, aunque tu belleza mi afecto pudo arrastrar tras ti, mas hoy ha podido que el engaño la verdad, ven Julio. . Sígueme Floro. Vamos, señor, me dirás de trocarse estos retratos la causa. . Yo no sé más de que el engaño agradezco. No sé a tu pregunta dar más respuesta que la enmienda, que el yerro consigo tray. 1. Ya de la garra sangrienta herido el neblí defiende. 2. Mal la garza se defiende, aunque sin temor lo intenta, porque ya es otro pirata de pluma, que el aire azota, de la nevada garzota tiñó la rizada plata. Pardo cosario del viento, suspende el pico cobarde, o tu atrevimiento aguarde mi castigo en tu escarmiento. Ya la rinde. . Pues veloz suba a intentar su sosiego, este indicio de mi fuego, ya que no pudo mi voz. Tiro extraño! Con la vida pagó su culpa ambiciosa, y ya la afligida hermosa garza vuela agradecida al nido, en que se repara de otro peligro segundo; quien así de todo el mundo, las tiranías vengara! Quien con su valor pudiera sacudirse del tirano poder! y quien en su mano su justicia defendiera! viera el hombre si su ser se debe privilegiar, habiéndole de ganar el dominio a la mujer. Pues cuando a todas faltara el valor que en mi estuviera, yo a todas se le infundiera, y en todas le ejercita Viérase de esta razón, que les dicta la fiereza, si da la naturaleza lo que usurpa la ambición. Y ahora, si mi altivez de verlos no se irritara, en sus vidas castigara sus delitos de una vez, aunque al precio de mirarlos muy costoso me saliera, pues por no verlos me fuera necesario perdonarlos; qué es mandar? qué es presumir? qué es vencer? ni qué es triunfar? Señora? Que eso juzgas? Qué os inquieta? Qué es rendir? y en vos sí, en vos, si no fuera de mis trofeos ultraje, al insaciable coraje de mi horror principio diera; dejadme. . Precipitada la rienda da a su pasión, y aunque ignoro la ocasión, porque aquí tan destemplada esté, conviene ablandar con el descubierto modo su enojo, antes que del todo la acabe de enajenar. Solicite, pues, su agrado la experiencia que le alcanza, cuando para su templanza solo este medio se ha hallado. . Es de mayor Jerarquía el hombre en su preminencia? tiene más vida, más alma? goza mejores potencias? pues por qué ha de avasallarnos? no es de la propia materia que nosotras? pues en qué funda su ambición soberbia? Triunfe el ser nuestro, a pesar de la tiranía, a fuerza, y enmiende yo lo que todo mi semejante no enmiende, siendo este olmo por retrato suyo, de mi furia emblema. Y esta hyedra, que a pesar de sus robustas cortezas le solicita amorosa, con torpes abrazos, sea castigada de mi justa ira, rompiendo la estrecha prisión, que a su vanidad sirve de común materia. No cruel, no tirana, no injusta, no fiera estragues, deshagas, castigues, ofendas, las leyes, que el tiempo en su estilo conserva. Que es crueldad, tiranía, injusticia, y fiere que solo en ti viva, que solo en ti quepa, por pesar los que todos aplauden, y por rigor lo que a todos alegra. Qué afecto tan poderoso, el discurso libre apenas, para proseguir rigores esta suspensión me deja? Quién eres causa imperiosa, que en mi natural fiereza puedes más que yo, pues tú borras lo que escribe ella? Mas para qué me detengo si me arrastra mi influencia, a buscarte? no te canses noble afecto, aguarda, espera. Suspended las blandas voces, y pues templada se muestra, de la causa con que hoy la he sacado a esta ribera, lograr espero avisarla, mas sea con advertencia, que si acaso mi lealtad diere a sus rigores rienda, la estorbéis con los acentos el enojo. . Norabuena. Sea así. . Y porqué logrados nuestros intentos se vean, reduciendo a esta señora, Don Quijote de las hembras, al Templo de Orfeo mando una música de cera. . Irene, Laura, Fenisa, otavio. . Señora. Aquellas voces a quien mi albedrío franqueó libres las puertas, aquel hechizo tras quien sin libertad libre vuela, como mi atención, mi planta, como mi oído mi pena, qué se hizo? qué se hizo? mas como de esta manera a un blando afecto postrada mi vanidad se sujeta? Nada me digas, o pese a la imperiosa violencia, que siendo tan mía me hace que parezca tan ajena! más reportarmé conviene. Laura, pues por más que quiera disimular, ya sabemos de que música cogea. Mucho ha de haber importado descubrirla esta flaqueza, no hay hierba mala, que en fin no tenga su contrayerba. Octavio? . Señora mía, con que extraña diferencia el afecto la ha dejado! Qué hacéis aquí? A Vuestra Alteza mi solicitud buscaba cuidadoso en esa espesa fábrica de oímos, que al Sol por habitación se niega, y al hallaros disgustada. Yo, de qué? Mi duda es esa. No me acuerdo. Que apacible, cuando aquel furor la deja, está? . Pues cierto, que en parte tiene razón. Quién tal piensa de aborrecer a los hombres? Sí, porque son malas bestias. Cómo sin peligro estamos lo juzgamos desde afuera. Y qué queréis? . La ocasión aprovecharé, quisiera deciros, señora mía, puesto que me dais licencia, que el Rey mi señor de Albania hoy escribé con mil muestras de alegría. . Y qué me escribe? lla carta, señora, es esta. Mostrad, que a su estimación le da lugar mi obediencia, . que es justo. En lo que la escribe recelo enojada verla. Es acaso casamiento? Noticia es de que en defensa de Albania llegaron ya el de Tracia, y el de Tebas, con pretexto de intentar la dificultosa empresa de su agrado, a cuyo fin el Rey a los dos hospeda; y a cuyo intento esta quinta acompañarlos espera. Mal me reprimo, mas es a mi subjección atenta razón de estado, templar la ira, pues cuando vengan a mi presencia podré, negándoles mi presencia, defenderme del horror de su vista, si antes ciega de su presunción, no rompo el freno de la modestia, en su desprecio, en su vida, en su ultraje. Cesa, cesa, y no ofenda tu enojo tu belleza. Proseguid, mas no cantéis otra vez, pese a la fuerza de este freno de mis iras; mas no pesé que es ofensa del discurso castigar una culpa tan discreta; Octavio, al Rey mi señor responderéis. . . Estas peñas de nuestras míseras vidas funesto sepulcro sean. No sean, si puede ser. Mas qué voces son aquellas que entre las turbadas olas del mar lamentables sueñan? Dos bultos, al parecer, de la resaca la fuerza arroja a la orilla. Cielos, piedad. . Señor, pide tierra. Infelices, que del mar las vidas libráis apenas de un peligro, cuando otro mayor peligro os espera, quién sois? Quién nos lo pregunta? Quién al hado agradeciera, que en vosotros todo el resto de vuestra naturaleza, estuviera por borrar con una ira la fiera imagen de vuestro engaño. Mas a propósito fuera que en dos sabanas de vino mandaras que nos envuelvan, si sois vos quien manda aquí; pero si la piedad vuestra alcanza a más, traigan cuatro, dos mojadas, y dos secas; y para que yo las rocíe tráíganse el vino con ellas, que sal habrá para todo. Ahora, villano, gracejas? ea, arrojadlos al mar. Cómo? ni por lumbre. . Pueda la piedad, señora, en vos, compadecer la miseria de este joven, que difunto sin duda mide la arena. Buena la hicimos, después de haberla hecho muy buena. Señora. . Señora. Cómo a mi dictamen opuestas vosotras? . Irene. . Laura vamos presto, que me fuerza una piedad bien nacida de su infelice tragedia. . Apartarla de aquí importa. Aguardáis que yo misma, ministra de mis furores, su infame sangre. . 1. Ten, fiera, lástima de la hermosura, tu enojo el furor suspenda, que solo de un infeliz debe triunfar la clemencia. 4. Ten la mano, el enojo, la ira, la fuerza, que un humilde triunfo agravia, si un triunfo heroico la ambición aumenta. Ya dominio que me arrastras te obedezco, vuelva, vuelva a triunfar de mí la causa que me violenta. Ten, fiera, lástima de la hermosura, Y vos, pues en este caso esta dicha el hado ordena, seguidme, y a este mancebo llevaremos donde pueda cobrar la fuerza perdida. Ay de mí! Pues qué, da señas de qué alguna le ha quedado? Sí señor; qué tierra es esta, señores, una borrasca en el mar, y otra en la tierra? .
JORNADA SEGUNDA
SEGUNDA JORNADA Permíteme que me asombre, señor, hoy, que he reparado al mirarte disfrazado mentir patria, ser, y nombre, sin que pueda mi razón, que alguna vez la he tenido, saber de que ha procedido tu extraña transformación. No fuera grande el intento, ni digno de por si le pudiera alcanzar el fácil conocimiento. Y así, ya vengo a tener, por lo que me has preguntado, razón, de que a mi cuidado algo haya que agradecer. Pues si acaso le entendiera tu corta capacidad, la poca dificultad ningún aplauso me diera. Al paso que si ignorado en ti lo que intento veo, le estoy dando a mi deseo razones de acreditado. Ay Fénix divina! . Aí sin duda está la maraña. Que prontitud tan extraña . obró mi pasión sin mí, Ni tienes ya que encubrir, ni te hagas hoy de rogar, si mañana has de pagar el que yo te quiera oír. Decirte que soy leal, sobra al ver que te he seguido, desterrado, y perseguido compañero de tu mal. Desde que en Tebas quisieron tus parciales que reinaras, y el dominio le quitaras a tu hermano, que le dieron las justas leyes a él. Por lo cual sin culpa alguna tuya hizo tu fortuna, de un buen hermano, un cruel enemigo, y con razón, pues aunque te ha desterrado, mil veces has disculpado atento su indignación. Decir que te acompañé en el mar, donde aquel leño se rindió al robusto ceño del hado, no hay para que. Pues sabes que a este desierto nos echó a este bosque esquivo, a ti sin señas de vivo, y a mí con cosas de muerto. Donde en su playa arenosa dimos, señor, no quisiera saberlo, con una fiera que tiene cosas de hermosa. Que al mar volvernos mandó, otras veces lo has oído, que Octavio compadecido nuestras vidas reservó. También lo sabes, que un mes en combalecer tardaste; También; que en Octavio hallaste piedad, y amparo después. También, que ha habido ocasión de huir de aquí, y no has querido también, y que aquí ha venido tu hermano con pretensión de suavizar el desdén de esta Fénix Marimacho también, y que en su despacho no hay buen despacho también; que escondido, y extranjero has pasado en un instante, desde Federico Infante a Lisardo jardinero también; y pues visto has que yo he dicho lo que sé, habla, que yo callaré porque digas lo demás. Aunque dice un argumento, que suelen comunicados, aliviarse los cuidados, distinto es mi sentimiento; porque adquieren con violencia los pesares repetidos, reflejión en los sentidos del dolor de las potencias. Pues aquella voz que ofrece la aflicción, que la enajena, no solo en lo oculto pena, que aún en lo exterior padece; añadiéndose al pesar de no haberle minorado, con su pasión el enfado de no saberle callar. Y es desgracia superior en quien el delito media, que lo que el mal no remedia quite mérito al dolor. Pero supuesto que sé que es culpable, y que no espero remedio al mal de que muero, no obstante le explicaré; pues si le está previniendo a padecer mi cuidado, me llevaré granjeado lo que fuere padeciendo. Advertido que de Tebas, feliz Patria mía, un tiempo, me desterró el ser bien quisto; que raros son los sucesos del infelice, pues cuando muestra indicios de no serlo, es cuando más tributario es de su fortuna, puesto que si ve la dicha, es con tan horroroso ceño, que primero que al alivio le recibe al escarmiento. Dígalo yo, que por muerte de Ladislao, digno dueño de Tebas, y padre mío, como de Astolfo; heredero de la Corona me vi, sin más causa, o más pretexto; porque a mi hermano tocaba, que ser amado, pues fueron tantos los que apellidaron mi nombre, que si modesto no me excusara, sin duda hoy fuera adorno halagüeño de mi frente la Corona, como de mi mano el Cetro. Sosegado aquel tumulto, gracias a mí siempre atento fiel vasallaje, mi hermano se coronó; y con recelo de nuevo daño, mandó que me salga de sus Reinos; justo fue el rigor, mas fue justo también de mi fiero cruel destino el reparo, pues con mi vida severo, dio a entender, por estrebar en mí su fatal concepto, que había infeliz que fuese desdichado de no serlo. Ausénteme en fin de Tebas, y después de varios riesgos, que en dos años mi fortuna acómuló a mis sucesos, de Dalmacia salí un día, pocos habrá, con intento de volver a Tebas, dando mis esperanzas al viento, mas si al viento las fie, que mucho que mi deseo no se lograse, pues quien halló en su instancia puerto, en su fiereza reparo, ni en su mudanza sosiego, aquel leño combarido de su rigor sea ejemplo, ya acechando las Estrellas, y ya registrando el centro, hasta que al fin a las iras de contrarios tan soberbios, como agua, y viento, rozando estas peñas pago el feudo de haber sido con no ser, que aún lo inanimado es cierto, que tiene un coto en la forma que debe tributo al tiempo. Mal vivo, como dijiste, en esta orilla me vieron las influencias aleves de mi estrella, y no es consuelo decir que me vieron, pues aunque parece que serlo debiera, si obrara en mí como debía el efecto, pues muchas veces se ha visto ser uno de un rigor dueño, y al vérsela padecer, al que le padece, luego templarse, o arrepentirse del mal que ha causado él mismo; no fue así, que antes airado, con mayor, con más esfuerzo, el hado en mis desventuras se volvió a cebar de nuevo, o sería que la estrella que ocasiona mi tormento no me viese padecer, o que su rigor sediento de más lástimas cerrase los ojos a mi remedio, pues después de aquel peligro senecido, en otro riesgo me hallé, pues cobré la vida para perderla de nuevo, en otro golfo, otro mar más airado, mas severo, más intratable, y en fin, en el imposible bello de Fénix. . Señor, señor, retírate presto, presto, que con Aurora tu hermano se acerca a este lisonjero pensil, qué aguardas? Bien dices. Y después proseguiremos, mira que en Fénix quedaste. De no olvidarme te ofrzco de donde quedé, estos ramos nos oculten, porque intento cobrar unas advertencias, que me importa, desde ellos. Acaba, pues, que si no me engaño, señor, voy viendo que te tengo de aplicar el cuento del zapatero. Qué es? . Su ocasión llegará, y mira que quedo en cuento. Pues Astolfo, cuando Pénix hoy obediente al precepto de mi padre, da a entender sus rigores, desmintiendo, o que olvida las crueldades, o que les modera el ceño, os negáis a su presencia? Yo no soy el que me niego. Pues quién? . Vos señora. Yo? Sí, vos, porque siendo dueño de la acción de mi albedrío, le regís con tanto imperio, que aún le falta el limitado dominio del pensamiento. Cómo es esto, a Aurora sirve tu hermano? Escucha, que entiendo que se enmiendan mis fortunas. No hago poco si lo pienso. Tan sin albedrío estáis? No digo que no lo tengo por disculpar lo preciso de mi osado atrevimiento, pues nunca le hallé más mío que desde que le vi vuestro, sino para que sepáis, que sin violencia su empleo, halló en vuestra perfección, con tan noble rendimiento, que se quejara, si vuestro soberano Cielo, con dominio le obligara al culto, que os rinde él mismo, y con razón, porque es desaire de los aciertos, que en una acción voluntaria se pueda echar algo menos. Mirad que no está aquí Fénix. Ya, hermosa Aurora, lo veo. Pues aguardad a que esté. Qué dices, que no te entiendo, Esto importa. . Pues señora, en qué mis voces pudieron ofender vuestros oídos, si son de mi afectó? . En eso, que el afecto en el decoro se ha de pronunciar tan quedo, que antes que le forme el labio, le ha de borrar el respecto; esto entendido, y que fue con otro más digno intento vuestra venida a este sitio. Procurad el desempeño que os aguarda, cuando ya avisan los instrumentos, el gusto con que los años de Fénix celebra atento el aplauso, hoy que se añade mas otro al número bello de los suyos, que felices cumpla muchos. No te creo. Haz, señor, lo que te digo. . Qué? Comerte el sentimiento, aunque revientes con él. Mientras hay otro remedio, . rendirse a la tiranía es de la razón defecto. No te da ella celos? pues trata tú de darla celos, y por mi cuenta, señor. Necio, calla. . Calla necio. Ven Narcisa. . Si soy yo quien os quita de este ameno lugar, permitid, señora; que no quede, de perderos, quejoso por causa mía, goce su florido pueblo de vuestros ojos Divinos el hermoso privilegio, mientras yo enseñado parto, bella Aurora, a obedeceros, que pues decís que no es justo que falte hoy al fundamento de mi venida, sin duda no debe de serlo, y puesto que algo os pudiera argüir en contra de este precepto sin ofensa del decoro, por dos razones lo dejo. La primera, porque amor, que no obedece, o es necio, o no es amor: La segunda, porque es notable defecto, que se niegue a la obediencia el esclavo de su dueño. Y pues tengo de callar, y obedecer, si no quiero incurrir en lo contrario; quédese aquí mi silencio, para que os pueda decir, señora, como obedezco: sin mí voy. No importa, vamos. . Di, que no ha andado discreto tu hermano. . Debe de ser muy moderado el incendio. Señora, qué tropelías son estas? . . Esto es muy bueno, pues por fuerza hemos de oír cuando hablaren en secreto. Sí, mas si el intento fue obligarlos a que ciegos de haber mirado tu luz en sombras para el reflejo de Fénix, no les quedase, ni acción, ni conocimiento, a cuyo fin los retratos troque, señora, en los pliegos, cuando esto logrado ves: Con qué intento, o a que efecto hoy al de Tebas maltratas? Oiga el diablo del enredo! malditas son las mujeres; miren quién cayera en esto? Ves, Tulipan, este engaño? pues que agradecerle tengo. Pero el de Tracia, señora. Oye, y verás cuan discreto anda el acaso, pues él te informará sin recelos, de lo que yo en turbaciones no explicara. Aún no lo entiendo. Este festivo rumor mis pasos guía al empeño de mi presunción altiva, explicando en sus acentos, que Fénix le escucha, pues solo para su festejo se permite en este sitio la armonía de los ecos. Pero Aurora, yo sin duda en el apacible enredo de ese verde laberinto la senda erré, volver quiero pues no me vio. . Rosimundo: ha Rosimundo; qué es esto? por qué os volvéis? Porque aquí lo que buscaba no veo. Y así con vuestra licencia, divina Aurora, me vuelvo a no estar violento, pues aunque es tan digno el objecto, que aquí suspenderme pudo, a lo que aspira el deseo, es lo que alma divierte, no lo halla el cuidado luego. Preciso es, que el poco gusto de estar fuera de su centro explique, que en las pasiones pocos parecen discretos. Luego es fuerza adolecer del achaque de grosero, claro esta; pues perdonadme bella Aurora, que no intento, si a lo que os debo no os falto, faltar a lo que me debo. . Oíd, oíd. Qué queréis? . Decir que os vais. Ya obedezco a vuestra Alteza. . Pero antes. Vive Cristo que me huelgo de ver vengado a tu hermano. Calla. Ya estaba hecho un veneno, y si el Tracio se descuida salgo a decirle lo mismo. Antes quiero que sepáis, que la atención se echa menos, sino por lo que se estima, por la falta que hace, puesto que estila lo soberano hacer lugar al desprecio. Fuera, de que es hidalguía muy extraña en estos Reinos, querer alentar lo fino tan a costa de lo atento. Que echéis menos la belleza de Fénix, ni lo condeno, ni lo apruebo; mas que echéis a perder todo un respeto, porque a caso a vuestros ojos faltó el fingido vosquejo, que no puede ser verdad amor que hace tanto estruendo, lo culpo; y aunque digáis, que obrasteis a fuer de ciego, no lo admito, si no es la luz del entendimiento lo que os falta; pues debía el conocido defecto de vuestra falta valerse de otra advertencia: y con eso, sin tocar lo presumido, no incurrir en lo grosero. Esto advertido, y que aquí, como decís, el objeto que os precipita, no está, entre los blandos acentos le buscad de aquellas voces. A dónde irá a parar esto? Mas vale aquesta enramada; que un balcón a los pañeros en día de fiestas Reales, aunque sea primer suelo. Señora, yo, por cumplir, solo disculparme intento, pues no tengo más delito que parecer que le tengo; cuando, si acaso. Callad. El estorbo le agradezco? . No os vais? Sí, si no os disgusto. A mí, no: Guardeos el Cieló. . Qué es esto, señora? . faltar a la llama incendio, agua al mar, rayos al Sol, flores al campo, y al cielo estrellas, penas al triste, y al venturoso consuelos. Es estar adulterado todo fuera de su centro, y de su naturaleza; y en fin es helar el fuego, quemar la nieve, alumbrar la noche; y aún es poco esto para lo que es; pues en fin, aunque tan extraño, es menos todo, que faltarme a mí en un indicio pequeño materia a la presunción, ni a la soberbia pretexto. Explícate. Ahora desbucha. Ya la ocasión que tuvieron el de Tracia, y el de Tebas supiste para el empeño de su llegada. . Prosigue. También supiste que luego que a mi presencia llegaron, del engaño que trajeron, motivados explicaron iguales los rendimientos hasta el desengaño? . Sé señora después de aqueso, que Astolfo no arrepentido, cuando Rosimundo necio, este es seña de tu agrado, y el otro de tu desprecio. Pues qué pretendes que diga, Narcisa, si sabes eso? Pretendo, señora mía, que no se te dé dos bledos, sino que en la confianza de verte de Albanía dueño, vivas contenta al de Epiro, pagando el ofrecimiento de tanto aviso rendido; y pues este fue el intento con que troqué los retratos, a causa de que no habiendo quien de tu hermana obligado intentase el debaneo de conquistar su desdén, lógrese ahora el efecto; y de todo lo demás te puedes reír. . No puedo Narcisa. . Traición extraña! y a no concurrir a un tiempo con el respeto el aviso, diera muestras de mi afecto, en quien contra Fénix pudo pensar tal atrevimiento. Por qué no puedes? Aguarda a que avasalle primero esta presunción altiva, que después en los sucesos podrás leer mis designios. Pues un triunfo tan pequeño te detiene? . Qué leal! No es ocasión de hablar de esto, ni a propósito el lugar, a esos jardines pasemos adonde Fénix aguarda, pues si no de cumplimiento, de obligación debo hallarme de su aplauso en el festejo. Y Rosimundo? A mis iras probará el semblante fiero. Y Astolfo? Astolfo ha de ser de mi venganza instrumento. . Qué te parece señor . lo que hemos oído? . Debo agradecimientos justos a este acaso, pues fue medio de proseguir de mi vida en los confusos sucesos; contento estoy. . Yo tamba Tú, de qué? De que en mi cuento, para poder aplicarle voy hallando fundamentos; pero porque te ha servido lo que oíste de consuelo, qué después hablaré yo? Por ver enmendado un yerro que antes juzgué cometido. Menos ahora te entiendo. Yo me explicaré . Di, pues. Que miré a Fénix, me acuerdo que decía. . Ahí quedaste, poco te cuesta el recuerdo! Es poco la libertad? . No. Pues no me cuesta menos, y atando el discurso, dije, que en vez de piadoso puerto me recibió la amenaza afable el peligro bello de Fénix, que la hermosura cuando es soberano el dueño, no solo niega el alivio, pero siempre aumenta el riesgo. Aquí llegué, y al decirlo, embarazado de atento, no hallaba como explicar sin grave culpa el empeño de mi amor, hasta que el lance, que acaso introdujo el tiempo, para estorbo de mi labio me dio licencia, pues cierto es, que siendo yo quien soy, y debiendo, como debo, la primacia a mi hermano, fuera delito a su intento oponer mis esperanzas, al paso, que también fiero rigor de mis desventuras ocultar en el silencio todo el volcán que me abrasa; pero el acaso discreto mediando entre dos rigores de igual ser, y igual esfuerzo, porque no incurra en ninguno, me avisó, de que el objeto, como oíste, que mi hermano adora, no es por quien yo muero, sino Aurora, con que ya proseguir en mis deseos puedo, en cuanto al explicarlos; y pues él permiso tengo, sabe que Fénix. Aquí mi nombre escuché. Es el dueño de mis mayores desdichas. Solo en estos cuadros veo dos jardineros, pues quien, cuando excusarme pretendo de los aplausos que hoy labra, a costa de mi desprecio, la lisonja de estos dos Príncipes, de quien me ofendo, a cuya causa apartada la soledad apetezco, me nombrará? Fenijes por quien vivo, y por quién muero, desde que en su cielo vi por nortes de mi tormento, dos estrellas, que apacibles mi sujeción influyeron, o dos tiranías blandas, por mejor decir, que siendo adorno de su hermosura; gala de mi pena fueron. Qué escucha mi vanidad! Pero con tal rendimiento la adoro tan sin cuidado en la esperanza que debo; mucho más con gusto mío al desesperado intento de mi amor en su imposible, que a la esperanza: y es cierto, pues de no esperar aguardo, que no me falte a lo menos aquel modo de poder no malograr mis deseos, pues lo que nunca se espera, nunca puede echarse menos. No ofende quien ama así; mas como yo en argumentos la satisfacción dilato de este loco atrevimiento sin castigar? A los años que cumple felices, que dilate eternos Fénix divina, de las vidas dueño, hagan salvas las aves, y los blandos vientos en cademias sonoras en su acuseos, respondan, aplaudan alegres, contentos, repitiendo su nombre festivos, por tierna lisonja de dulces acentos. dlo irri 2. Qué es esto? cuando irritada intentaba de este necio, rústico villano, hajar los osados pensamientos, el afecto a que me rindo me reprime? . Qué es aquesto, Tulipan? . Esto es, señor, que ya en corrillos diversos repartida la alegría, manifiesta los afectos, con que la celebridad de este día estima atento con el gusto cortesano, el humilde rendimiento; rústico también, que aquí alentado del deseo concurre sin incurrir en culpa de desatento, que hoy indulta la alegría los delitos del contento. Mas mientras llegan, prosigue, que ya por saber reviento, la razón de haber pasado desde infante a jardinero. En qué estriba? Infante dijo! algo ha importado el silencio con que llegué aquí; y pues en averiguar me veo empeñada aquesta duda, librarme de ella pretendo. Pero qué digo! yo pude por nada dar plazo al fiero delito de pronunciar mi nombre el labio grosero de un hombre? Cumpla felices muchos años bellos, buenos la señora Fénix, hija del Rey nuestro, cúmplalos por cierto. Pascuala por aquí dizque se entró, vámosla siguiendo. Acá se acerca una tropa de villanos, que el festejo desmandó de las demás. Pues allí nos retiremos, escucharás lo que falta. Vamos, que también tenemos obligación de ajustar aquel cuadro, desmintiendo con la tárea mejor tu calidad, mas te ad ivierto, que si yo he de trabajar, has de cantar tú, a lo menos como sueles, que no es mucho. Así mis penas divierto. Por acá, Flora. Ay amor, en que confusión me has puesto! . Mientras volví divertida a escuchar este violento dominio, que me sujeta a su poderoso imperio, se ausentó, sin duda, aquel que empezó a ser instrumento de mi enojo vengativo, mas ya en parte le agradezco, que se librase al castigo, pues me excusó por lo menos el enfado de mirarle, aunque fuese con desprecio. Así pudiese; ah fortuna! de la sujeción el freno romper, que hace en mi obediencia tributario mi respeto. Que haya ley, que haya razón, o que haga el estilo necio parecer que hay ley, ni que hay razón, que rompa los fueros que dio el cielo el albedrío en sagrados privilegios. Caber en lo que es posible el dominio, es justo; pero en lo imposible quien puede justamente hacer esfuerzos? Si el cielo esta libertad me dio, pareciendo cuerdo; quien podrá en razón quitarme, lo que en razón me da el cielo? Nadie, mi padre perdone, si logrados sus intentos en mi fujeción no halla, o cúlpese a sí, que ha hecho mas allá de la obediencia desairado su precepto. A un tirano ha de rendirse dominio que vivió exento, no solo a la inclinación libre, mas libre, y opuesto? Un corazón cultivado de odios, ha de abrir al pecho puerta para introducir por antidotos venenos? No puede ser; mas mi padre; mucho a la fineza debo; mas mi albedrío, tampoco es justo que esté sujeto: mándalo el Rey, hasta aquí tuvo la disculpa medios. No hay disculpa? no, pues bien; pagar con la vida el yerro, que por libertar el alma, no es la vida mucho precio. Y pues ya resuelta estoy, antes que llegue el efecto de sacrificarme humilde a esta deuda que me ofrezco, use de libre las leyes, y pues digo que le tengo halle el albedrío forma de no parecer ajeno. Defiéndame obrando, y pues solo aquí puede ser medio para, ni ofenderme a mí en hacer lo que no quiero, ni ofender con la defensa rebelde el sacro, respeto de mi padre, mi retiro sea a dos males remedio, que menor daño será, que se diga que fui huyendo del destino conducida, que no que mudé el discreto dictamen en que he vivido, pues por más satible tengo hallar compañía afable en las fieras, y en los secos robles, de aquesa montaña, que en los hombres que aborrezco, fieras que. De su fortuna las memorias divirtiendo, Lauro entre suspiros daba males, y voces al viento. Quién será, quien apacible mis furores reprendiendo manda con dominio afable, que varia los afectos? Lauro entre suspiros daba males, y voces al viento. Qué blandamente que halaga, nunca escuché en los acentos tan gustosa la armonía, ni nunca con más pretexto este afecto que me rinde se ha disculpado discreto. Quién será quien canta así? mas qué pregunto, si puedo averiguándolo yo darle al alma este cosuelo. Hacia esta parte sonaba; de cuantas veces me has hecho que te obedezca dominio, repite esta vez atento al gusto con que te sigo, la voz porque te obedezco. Mas cumpla muchos buenos años. De estos rústicos contentos, embarazado el oído, a mi pesar ha perdido aquellos dulces acentos que en este propio lugar motivaron mi alegría, y aquí vuelve mi porfía a ver si los puede hallar. Eco, u voz, verdad, o engaño, que me enajenas? A quién, hija Fénix, llamas, cuando buscada en este vergel de tanto deseo amante te ha ocultado tu desdén? Cuando en todos la alegría universal, Fénix es, tú sola con tus aplausos has de mostrarte cruel? Nada más que verte intenta el que viene a merecer el laurel de este trofeo, disculpable culpa es. Que el delito del mirar, asentado que lo fue, el que le comete trae consigo el castigo; pues cuando en cometerle estriba la razón de padecer, se juntan en un sujeto el agresor; y el juez. qué me hubiese de encontrar! . Yo, señor, que le diré en defensa mía, cuando su respeto me hace, que olvidando mi razón avasalle mi altivez? Ea, Fénix, no discurras en lo que has de responder a mi queja, yo perdono el yerro, si yerro fue. Sujetarte a la pasión que te violenta, y en vez de reprensión, Fénix mía, como mude parecer tu dictamen obligado al estorbo me verá, pues a más costa logrado, es más dichoso el placer. Vamos, adonde te espera el aplauso, que pues es la suerte de hallarte mía, quiero acompañarte a él. Perdone el respeto ya. . Qué dices? . Señor, que pues al delincuente en su abono descargo admite la ley, pareciendo yo agresor, aunque no lo sea, es mi intención volver por mí. Y si se llega a ofender tu estimación en mi labio, perdona, pues sabes que rhusándome a este lance, tú me has obligado a él. Si el ser tu hija me obliga a que a ti sujeta esté, porqué el ser mi padre, a ti no te ha de obligar también a que en esta sujeción obre templado el poder? Razón de estado hay que pueda obligar, y convencer a un alma que libre nace, para que sujeta esté! a tu enemigo el dominio de Albania, porque la ley lo quiso tocase en mí, no ajusta el sacro laurel. Incapaz soy, porque el cielo quiso en mí un ejemplo hacer de extrañeza en la adversión, que a los hombres tengo, pues porqué ha de ser culpa en mí, lo que es influencia en él? porque ha de ser. De sus males Lauro sujeto a la ley su tarda esperanza ofrece de un imposible al desdén. Prosigue, que aunque ofenderme pudiera, por convencer tu sinrazón, a escucharte resuelto mi amor se ve. Yo, señor, siempre a tu gusto sujeta, ay de mí! no sé de aquel hechizo instruida lo que digo. . Escucha, ten, ten el paso; qué te obliga a inquietar? sin duda es mi respeto; quien luchando con su condición cruel, porque responder no puede lo que quiso responder la enajena? Ay Fénix mía! si hay aquí de lito, quien le ha cometido soy yo, o mi desgracia? y pues es mía la culpa, no pagues tú, lo que mi culpa fue, usa tu albedrío, y yo de mi desconsuelo en fe, negado al remedio, aguarde el amagado vaibén. . Cómo decía, señor; mas ya no está aquí: esta vez averiguaré esta blanda armonía, cuya es, aunque me cueste buscarla, pues tan cerca la escuche. Famosamente lo cantas, señor, pero yo pardiez, que trabajo lindamente. Ayuda un poco también tú, porque tarde se hace, y falta de componer este cuadro, que a fe mía, que pues te escucho esta vez con gusto, aqueste vestido he de mandar que te den. Calla necio. . Pues prosigue. Por divertirme lo haré. En los jardines de Fénix, olvidado de su ser, Lauro se rinde de amor al apetecible Argel. En el feliz cautiverio se halla su dolor también, que acusa la libertad, que puede librarle de él. Desterrado de su patria, sujeto a la tierna ley del ocio blando le rinde lo que riguroso es, a Fénix adora. Ay señor! . Qué tienes? . No sé, pero vuelve, y lo verás; válgame el Santo que esté más pronto a los sobresaltos! Quién libre blasona al ver a tanta beldad soberana; aún sin leyes de cortes. A vuestras plantas, señora. Bueno, que no dijo pies, que fuera culpa en palacio, y con razón; pues donde es todo flores es muy justo, que planta se llame el pie. Eráis vos el que cantaba? Sí señora, él era, que no es justo que pague yo la culpa que tuvo el. Y es muy mal hecho que aquí se ponga, aunque cante bien, a cantar un jardinero, váyase a cantar a Argel. Y por qué no proseguís? Porque es necia culpa ver vuestra hermosura, y quedar con albedrío después. Cielos, este no es el propio de quien poco habrá escuche, que oculto en estos jardines vive de su noble ser? Pero qué importa que sea libre la de mi altivez, el privilegio suave, que me pudo suspender, pero no de mi desprecio. Sabes lo que pienso? Qué? Que según ahora reparo, y según lo vi, la vez que estuvimos condenados a peces, esta dama es tentada de la armonía. Fácil es, señor, de hacer la experiencia, y que veáis cierto lo que asegure. Haced, Octavio, que canten, pues por salir del cruel cuidado que me apasiona, nada dejaré de hacer. Hoy los sonoros acentos con superioso poder, contra la crueldad litigan de un riguroso desdén. Quién duda, que vencer podrán si en todos obra como en mí su poder. No lo dije yo? . Ay de mí, que se ausenta! . Acaba, pues, siquiera por ver si es cierto. Ten el ligero pie, Fénix divina, aguarda. Qué quieres? . Merecer, morir de tu hermosura, mas no de tu desdén. Venla aquí como un cordero. Y aquí ha importado saber quién es, para que el oído menos desairado esté; prosigue, prosigue. Digo, que amor. Suspende el infiel labio, o harás que mis iras. Ten el furor, detén, o el alma que me llevas suelta, para poder correr más libremente, o a verme padecer siquiera aguarda, logra tu designio cruel. Pues qué crueldad ves en mí? La de no reconocer, aunque es deuda en mí, la vida, que a tu altar sacrifiqué. Si tu atrevimiento pasa a visos de descortés, porque te escucho postrada de mi destino a la ley, sabré, huyendo del encanto. No podrás. Dices bien, rindiose la pasión al afecto esta vez. Gracias a Dios, ven aquí lo que yo, por no saber cantar, he perdido, así, callen, que yo aprenderé. Cielos, qué accidente es este? o qué novedad, o que frenesí, o qué tiranía, o que, más qué puede ser? No la dejes discurrir. Si estoy resuelta a vencer su extrañeza. , Ten el paso. Tú el labio detén. Qué es crueldad. Que es rigor. Intentar. Querer. Con tan poca razón matar. A tan poca costa vencer. Es poca un alma? No. Pues tuya Fénix es. Según eso yo tengo dominio en ella? . Pues. Ejercitarle quiero, mandando suspender el acento a tu labio, así me libraré de esta fuerza tirana. Partidos pide, he? Si te obedezco, a oírme volverás otra vez. Si cantas, qué preguntas? Dice, señor, muy bien. Adiós Fénix Divina. Huyendo de mi iré, quejosa del dominio que me oprime cruel. a Oigan la prisa que lleva, mira. Feliz seguiré sus pasos, ven Tulipan. Vamos, y para después se quede el cuento cirado, que ya llegará su vez, JORNADA
JORNADA TERCERA
Con orden de Federico, como espía en este campo del amor introducido, no con pocos sustos ando de que me conozcan, pues a no haberme remediado con cierta invención, sin duda de su hermano los criados hubiera caído en mí, o a lo menos tropezado. Válgame Dios lo que puede? el entendimiento, vamos a ver que ay de Fénix, pues desde que se ha declarado el modo de su templanza, no hay quien no se ande buscando asesinos de su amor que se lo digan cantado, y de este modo se libran de oír su rigor tirano, hablándole lo que quieren, aunque por boca de ganso. Pero cual mi amo está de este suceso, pues cuando creyó mejorado verse como debía su hermano, lo ha tomado tan de verás, que sin dar lugar, ni plazo a su pretensión, el pobre todo el día anda acechando a ver si llega la suya; pero hasta hoy no ha llegado; y me pesa; no por él, sino por mí, que lo pago, metido a bargas, pues siempre me hace andar averiguando, Pero no es aquel Florillo? y aquella con quien hablando esta, no es Irene? sí, no tiene en muy mal estado Astolfo su pretensión; pero hay señores, del Tracio no es el criado también el que esta con Laura hablando? negoció mi amo, orsus pues a ocasión he llegado, quiero ver si saber puedo de lo que se está tratando, alto, pues, venga el disfraz. Bien sabe Dios el trabajo que al ponérmele me cuesta, miren que será al quitarlo; muy bellaca está esta ceja de lo que se ha repelado, entuerte este ojo por hoy, ven aquí porque hace al caso tener dos ojos, pues puede un hombre sin embarazo entortar de un lado hoy, y mañana de otro lado; vaya aquí, pegó, parece que están tirando de abajo, a Dios pestaña; y habrá quien diga muy ponderado, que no hay criados leales, cuando en mí se ve tan claro, uno que por su amo gusta. de estarse despestañeando. Pero ellos llegan, por Dios que me coge, si me tardo, en tuerto falso, que es más delito que en peso falso. La intención de Astolfo es esta. La propia es la de mi amo, y ya a Laura se la he dicho. Yo también a Irene. Hidalgos. . Quién llama? Esta voz conozco, quién hablaba al Horrelano? Un criado de bustedes. Está solo? . Ah preguntado para otra parte muy bien. Fuera de satira hermano? Fuera de satira sí, no me agrada este reparo, mucho mira; mas por qué vueseste lo ha preguntado, que no estoy bien con las dudas? Porque jurara, si acaso me tomaran juramento, que era el que aquí había hablado, Dios le perdone el pobrete de Tulipan mi vasallo. Vasallo de uste? . Si amigo. Y Dios le haya perdonado. Sí, porque murió en el mar, infelizmente pagando la enemistad que tenía; con el agua, muy preciado de leal, por asistir a Federico su amo, hermano del mío, en fin los dos a un tiempo se ahogaron, de poco dichoso el uno, y el otro de poco aguado. Por muertos nos tienen, bueno, que viviendo nada es malo, . y puede importar saberlo; pero este desventurado, ni aún teniéndome por muerto ha de osar presumir vano, que yo su vasalid fui? porqué razón, o que lado pudo aqueste desatrno proponérsele al picaño? vasallo de Floro yo? diga, si no se ha cansado, porqué su vasallo era Tulipan? . Ah preguntado muy bien en razón de cumbre, no ve que Floro me llamo, y el Tulipan? Ya lo entio con que aquese titulado es in deserto? . Si amigo, que yo título en los campos. Pues de aquí adelante sea Vizconde de despoblados. Y al busón? . No dice mal Julio. . Julio? Así me llamo. Creolo; pero en su tierra serán frescos los veranos. Pues por qué? Porque los Julios me parecen muy templados, y puede uced ser muy bien ahorro de un cuarto bajo. Y busa uced de medio ojo? Si seor Julio, asotanado. Ea démonos por buenos. Sí, que es duelo entre lacayos. Pues merece el serlo? . No, más téngolo en buen estado. Ya de ver a Fénix gustosa se alegran los campos, y en aromas pedir albricias de gozar su agrado, ala, ala, que al blando contacto, unas flores se engrien altivas, (do y otras cobardes se van marchitan- Apartémonos. . Ya aquí no hay que esperar, pues cantando vienen, que gustosa está Fénix, no hay sino a mi amo darle con estas noticias, y con el cuento citado. Ya con Laura estuve. Bien. . Señor, con Irene he estado. Ya te entiendo. Rosimundo, sino lo habéis reparado, ana, mirad que Fénix mi hena divertida en esos cuadros se quedó, y aqueste aviso os da advertido mi labio, porque otra vez no quedéis en duda de cortesano; Astolfo no hablo con vos. Como estoy acostumbrado, señora, a vuestro desdén, discreto, de desdichado, discurrí, viendo que son rigores, y pronunciados con desprecio, que sería yo quien la causa os ha dado; y así, para no añadir más motivo a vuestro enfado con la disculpa, sin ella me ausentaba, acreditando vuestra razón, que era injusto sobre haberos disgustado, tener bellísima Aurora licencia de replicaros. La razón de dudar yo verme de vos despreciado, es la misma con que Astolfo aquí creyó lo contrario. Pues como tal vez indigno de favor tan soberano pude atreverme a pensar, delito fue del engaño, que cabia en los descuidos divinos, algún reparo. Y aqueste, o mi fantasía le fingiese, o el acaso le propusiese a mi duda con visos de acreditado, no creí que se trocase de aquella dicha el aplauso al riesgo de este y así de haber replicado tengo disculpa, pues tengo la disculpa del engaño. Pues ahora la enamoras? Por no verme desairado creo que la vida diera. Lindamente vas trazando la venganza. No lo es ya? . Pues qué? Ya no he dicho harto? Gran novedad! mas no ceses, señor, en el aparato del galanteo de Fénix, que vale esto mil ducados, y a otros dos lances verás lo que te hallas granjeado. Dices bien, Floro, mas yo sin alma me animo en vano a fingir, que no la adoro. Los dos a un tiempo engañados; mas este acaso me impide, . gracias a él que me ha dado . ocasión para callar, pues aunque está deseando mi vanidad el castigo de aquel pensamiento osado. También es verdad, que fuera aventurar el recato, si a la luz de aquel enojo se descubriera este agrado. Y así, quédese suspenso, lo que decir he intentado, por lo que callar quisiera, que es término poco sabio, que al explicar lo que digo, se conozca lo que callo. Cantad su melancolía, pues el remedio se ha hallado; suspended, que esta ocasión solicita mi cuidado, que yo, porque mi respeto no le ocasione embarazo aquí me quedo. . Ya todo, señor, como lo has pensado, parece que se ejecuta. Mucho importa a mi descanso. 4. Halló la vida remedio contra un rigor inhumano, que suele hallarse el alivio donde está más ignorado. Y cuál fue el antidoto? (do El sonoro cántico. Y qué hace? . Lo regi- reduce a Placido. 1. Dígalo. 2. Callelo. 3. Mirelo. 4. Cantelo. Dígalo, callelo, mírelo, cantelo. Llega, Octavio. O. gran señora de veros hoy estos campos gustosa, mil parabienes a vuestro cielo están dando. Díganlo, hermana, esas flores, de vuestra alteza retratos, desunidos, aunque propios, el clavel de vuestro labio, el jazmín de vuestra frente, y de vuestra hermosa mano la azucena. Aurora, Aurora; no prosigas: y si acaso lisonja gustas de hacer a la hermosura, haz reparo, que en el símil de las flores a la rosa hiciste agravio, no por hermosa; sino por el natural recato con que nació defendida al antojo de la mano. Pues si reparas, verás, que de la hermosura el garbo no está en lo tratable Aurora, porque es como algunos cuadros, que mirados desde cerca, hacentín compuesto extraño a la vista, confundiendo el primor con el espanto. Al paso que desde lejos a su distancia mirados, cobrando su estimación, hacen a la vista agrado, que todo tiene unas reglas en su proporción, debajo de las cuales, la razón halle lo proporcionado. El Rey mandó que os lo diga: Linda ocasión; señor, alto. Imposible es excusarme, porque el Rey me esta mirando; y es también rigor, que Aurora, siendo el dueño que idolatro, me escuche: qué haré fortuna? mas ya camino he hallado de cumplir con lo que debo, sin faltar a lo que amo. Por muerto me tienen. . Sí, mas de qué son los espantos? Pues tan fácil te parece el morir un desdichado? Si pasamos de aquí, sí: con todo el mundo hemos dado. Y con el Cielo, que Fénix hace divino lo humano. El Rey gusta, y os atiende. . Sin faltar a su mandato, y sin incurrir con Fénix en riesgo de desairado, modo decente hallé ya. Señora, para que acaso mi labio no ofenda torpe de vuestro oído el sagrado, Sabed, que cuerdo mi amor, mi turbación recelando, deja en Irene el peligro. Qué decís? qué ha pronunciado vuestra osadía? Un incendio, que no cabe en el espacio de un pecho donde se alberga por forastero el descanso. Yo, señora, si atrevido no paso ha precipitado, por no ofenderos también, en Laura os dejó con blando disfraz de mi amor, la cifra permitid. . Qué es esto osado? como en mi presencia vos decís. Cómo si abrasado no cabe el fuego en el pecho, fuerza es asomarse al labio. Y pues más dulce en su voz podéis, señora, escucharlo. Y pues podéis de su acento oírlo sin disgustaros. Quién teme ofender sintiendo? Quién siente enojar hablando? Busco este medio, señora, de decirlo, y de callarlo. . Oíd. Yo por él respondo. Esperad. Yo por él hablo. Sufra, sufrir un poco, quien mata tanto. La que desprecios hace del rendimiento, merece arrepentirse de hacer desprecios. Quién la queja castiga de quien la quiere, merece que le falte quien se le queje Sepa la tiranía del que la ha usado, que rinde más lo hermoso, que no lo ingrato. Para cárcel segura de un albedrío, más valen unos ojos, que no unos grillos. Y a ti, Fénix divina, de tu hermoso rigor la tiranía ablande la causa de mi voz. Merece el que a mi labio su esperanza fio, templanza en los rigores de suplir pasión. Que es tiranía alevosa. Qué es culpable traición: Que el odio tiranice aplausos del amor. Callad, escuchad, qué es esto? como aleve se atrevió vuestro acento al verme? Ay Cielos? avasallada al traidor afecto, que inadvertida me ha sujetado al atroz delito de pronunciar en mi ofensa amor. . Amor. Amor! Qué es esto? . Amor, Ecos, hijos de alguna traición, áspides, que os recatáis al abrigo de la flor. Yo cerraré los oídos, para que no quede hoy de vuestra astucia cobarde, rendida mi inclinación, a ver si huyendo me libro de no oír de amor. . Amor El nombre. 1. . Amor. 2. . Amor. . Cielos, qué es esto, que el corazón, quiere librarse, y no puede romper la blanda prisión! yo soy quien conmigo lidia. Cuál te la tienen, señor. Notable fuerza de afecto. Sin alma de verla estoy; pero pronto a libertarla, pues mi hermano se ausentó. Yo soy quién más me persigue! yo mi enemigo mayor soy, yo soy quien para sí el veneno fabricó. 4. . Amor, amor. . Ay de mí! otra vez eco traidor, quien me librará de ti, ya que yo no puedo. Yo, yo, Fénix divina, cuando aquella voz tu peligro traza, tu defensa soy. Yo, que porque triunfe tu injusta pasión, de tu afecto noble, soy tu defensor. Contra mí es la flecha, que en tu alivio doy, al aire la pluma, y al pecho el arpón. Pero porque vivas tu gustosa hoy, la senda procuro, que va a tu rigor. Ea, cesad. Con qué agrado sueña en mi oído su voz: es que mi rigor aplaude, y por eso me agrado. Quién sois, que de inadvertido, pasando a más superior delito rompéis osado leyes a la estimación? Para lo que sucediere saco mi parche, pues no, que por si me descalabran, no es mala la prevención. Qué diré? Cómo no habláis? Pero ya hallé que: señor, bien asegura mi traje, que no cupo en mi intención disgustar vuestra grandeza; pobre jardinero soy, que entre esos cuadros cultivo lo que ofrece la ocasión. Y yo, señor, su ayudante. También, para que mejor mi disculpa sea admitida, tengo alguna inclinación a la música, y acaso, como a mi oído llegó de estos coros la armonía, en aquel tiempo, señor, que llegaba, a mi memoria traída de otra ocasión la canción, que inadvertido dije, sin cuidado dio la memoria al ejemplar el descuido de mi voz. Mas si fuese verdad esto? pero que lo sea, o no, qué me importa a mí? No viste Narcisa con el primor que canta, y con la agudeza, que cuerdo se disculpo? No sé qué diga, señora. Nada, que eso es lo mejor, si en necias curiosidades peligra la estimación. Este jardinero aumenta al verle, la confusión que me ha causado, y pretendo salir de mis dudas hoy. Ea, proseguid vosotros la armonía, y quedaos vos a no divertiros nunca, menos disgustado voy, con esperanza de hallar mejoras en mi pasión, y templanza en su desdén. Cantad, hijas, de las dos acompañado, esos cuadros ver quisiera. . Siempre yo vuestro gusto solicito. Y tu Fénix. . Yo señor, a toda vuestra obediencia, con gusto rendida estoy. Hay hija lo que peligro con tu extraña condición! Quejaos al Cielo, no a mí, pues el Cielo me la dio. Señora, al paso parece, que Astolfo con prevención de música está, y también Rosimundo, de los dos entiendo que se han trocado la esperanza, y el favor, cual vive? . Ninguno; pero el que menos me ofendió dirá del otro la envidia. Y hará linda relación. Si deja vencerse del afecto hoy, mudando el semblante de la indignación. Nunca la hermosura tuvo más valor, ni menos airosa la crueldad quedó. Lindamente hemos quedado; a señor mío, a señor. Cuando ha quedado mejor, Tulipan, un desdichado? Solo esta vez creí yo, que es Fénix esta señora. En qué esta vez? Quién lo ignora, pues no se ve en qué voló? Pues ya el Rey ha reparado deshecho el enredo esta; ahora bien, de cuento va, pues la ocasión ha llegado. En un pueblo con rigor de un accidente mortal murieron los más del mal, debió de ser el Doctor. Siete vecinos quedaron, y entre aquestos repartieron oficios, Alcaldes fueron los dos, y otros dos nombraron Regidores con codicia, Escribano el otro fue, y el otro Alguácil, con que todos seis eran justicia. Viendo el séptimo este empleo, que en zapatero se hallaba, y que a él solo le tocaba hacer el papel de reo. El pueblo de repente dejó, diciendo muy sin malicia; que para tanta justicia era poco un delincuente. Y qué es el intento quiero saber del cuento en rigor? Es decir, que hagas, señor, lo mismo que el Zapatero. Pues al mirar, cuan preciso es, que estas dos den la mano a Rosimundo, y tu hermano, del remedio que hay te aviso. Antes que más confusiones dé tu razón a tu enfado, que temo verte ahorcado, si llegas a estar de nones. Ni perder a Fénix siento, ni morir es mi pesar, el no saberla obligar es solo mi sentimiento. Si mi constante pasión no es medio para mi dicha, no se queje mi desdicha. Pues no tiene otra razón su favor llegue a lograr, si esto cabe en merecer el dichoso, que yo hacer no puedo más que envidiar. Y si en esta envidia hay arte de templar mi mal severo, ni aún mi propia envidia quiero que se ponga de mi parte. Téngásela así el dichoso, pues que la puede ocupar, o en no saber envidiar, o en saber ser envidioso. Pues di ahora, qué es tu intento? Mi intento, amar, y sufrir, padecer hasta morir. Pues hagamos testamento. Pero oye, que la armonía cerca se ha escuchado. Pues de qué la alegría es? No ha de causarme alegría, cuando esa noticia da hoy mi oído a mi contento conocer por el acento, que Fénix tan cerca está? Buen consuelo. . Escucha, Amor, cuyo imperioso poder industrias no ha menester para triunfar de un rigor. Por favor, Fénix, busca en tu hermosura su ventura, y disfrazado entre el apacible agrado de esta suave armonía, la mía. Y yo no la espero, que siendo amor el tercero, nadie merece mejor tu agrado que amor, amor. U dígalo yo, que muero. Dios te perdone. Qué horror es este, que ha despertado un afecto en mi cuidado, que es entre susto, y valor un medio ignorado? pues empiece el uno, o acabe entre los dos, no se sabe cual susto, o cual valor es. Qué furia es esta, que en mí aumenta tantos desvelos? Yo bien dijera, que celos; pero no es decente aquí. Tú debiste de acertar, pues al verme padecer vi, que los puedo tener, mas no los supe nombrar. Mas con esta cobardía morir me dejo? Hay razón de dejar a mi pasión desairada porqué es mía? No, al remedio que ha quedado apele mi firme amor, que nada será peor, que vivir en este estado. Mas vale al hermoso precio de su rigor dar la vida, que guardarla inadvertida de su divino desprecio. Esto ha de ser. . Bueno va, si señor, eso me agrada; mas ten, que mi camarada Floro se acerca hacia acá. Pues llega en esta ocasión pregúntale el fundamento de haber mudado de intento mi hermano, que mi pasión solo esto espera saber antes que de declararme llegue el lance. Pues plantarme será el parche menester, pues este trabajo hoy, haga estotro ojo ejercicio, andarse entortando es vicio, tuerto acomodado soy. A ver en que estancia Aurora se ha quedado del jardín vuelvo, que mi amo en fin a Aurora es quien adora. Oh seor Floro? . Oh camarada? A dónde bueno? . A saber de Aurora me hace volver mi amo. mucho me enfada el reparo que hace en mí: Desuerte, qué Aurora quiere a Astolfo? . Por ella muere. Pues no sirve a Fénix? . Sí; mas eso fue, porque yo al verle un día celoso, se lo aconsejé. . Famoso el consejo fue. . Pues no. Y qué hace en estos jardines? Sustentar la competencia con voces, que en mi conciencia, que sueñan como clarines; pero esto sin intención, que solo es por competir. Y qué espera conseguir de ese modo, en conclusión? Asaltar con la armonía a Fénix, a imitación de Rosimundo, traición, que ha de vencer su porfía. Pues como inclinada es, uno, y otro la festejan, con la música a la oreja, como cachorro irlandes, Y cercada de manera le dejo en esa espesura, que peligra su hermosura en mil señales de fiera. Mas, pues oste ha preguntado, podré preguntarle yo? Qué querrá? pues porque no. No era hoy tuerto de aquel lado? Cogiome, mas no, una planta se cría en ese desierto, que puesta en un ojo tuerto le cura la planta santa. Mas si acaso al sano llega, no habiéndola menester, diz que se suele ofender, y al propio instante le ciega. Hallela, mas sin concierto a los ojos la llegué, y al instante los dejé, tuerto el sano, y sano el tuerto. Arrojela con enfado de ver lo que había perdido, y viendo lo sucedido, pasé el parche a estotro lado. Cosa extraña! adiós se quede, que tengo mucho que hacer. Vaya con Dios. . Puede ser tal dispárate! . Si puede, y ya puedo porfiar, diciendo, que sucedió al ver que aquel lo creyó, y este lo llegó a dudar; sabes ya lo que has querido? Selo, y tanto me ha importado que hoy intento declarado vencer, o quedar vencido. Voces, a la obra, pues el gasto tienes, señor, hecho, que es mucho mejor, aunque nos pese después, haz sonora ostentación de tu habilidad extraña, pues importa a la maraña (to no se pierda la ocasión. Cantad, y con blando acen- mi amor guiad a su oído, tan tiernamente sentido, que hablan de su otror violento. Proseguid, y a sus veloces pasos, sea impedimento el blando el sonoro acento de vuestras suaves voces. Venza, venza el afecto, que es grave culpa, que una pasión sujete tanta hermosura. Quién lo hermoso defiende con lo tirano, lo que a lo hermoso quita, le da a lo ingrato. Ya empezo la artilleria a batir la fortaleza de nuestra ingrata belleza. Ay dé la esperanza mía! Ahora suspiras, señor? no es mejor ir al remedio? Sí, y pues no hallo otro medio, válgase de este mi amor. A del olvido, a del descuido, a del engaño; venza, venza el afecto, triunfe el agrado. Venza, venza el afecto, que es grave culpa, que una pasión sujete tanta hermosura. Amor, que para vencer de este disfraz se valio, hoy sus flechas sujetó de la armonía al poder; en mi acento quiere ver su dominio soberano. Quién lo hermoso defiende con lo tirano, lo que a lo hermoso quita, le da a lo ingrato. Tu voz, señor, confundida con las otras se embaraza acércate, que la traza desde lejos va perdida. Bien dices, sígueme. Unidó me verás siempre a tu lado. A del olvido, a del descuido, a del engaño, venza, venza el afecto, triunfe el agrado. Apenas con libertad, para huir de este poder, que me procura vencer se mueve mi voluntad con veloz paso. Es crueldad. Huya libre mi pasión. Es sin razón. De sujetar mi belleza. Es fiereza. Líbreme de esta extra la planta, que combatida peligra en ella mi vida. Es crueldad, sin razón, y fiereza. Quién el paso le ha tomado? El cuidado. A mi ordinario rigor. Amor. Quién vence mi confianza? Una esperanza. Pues quien cuando nada alcaza pretende oponerse ciego a interrumpir mi sosiego? Cuidado amor, y esperanza. Cuidado, y amor mi deseo alcanza, porque la esperanza nace del favor. Tu estilo traidor mi peligro ordena. Y también mi pena causa tu rigor. No prosigas. . Si piadosa me atiendes. Ya está apartada, canta, y no te se dé nada. Qué fuerza tan rigurosa! Proseguid. Esta pasión en mi voz se facilita. . Cantad. Y este afecto dice su pretensión en la mía. Yo a mi propio acento fío mi dolor, Fénix divina. Cielos, contra tanta fuerza es ociosa la porfía, venció el afecto, triunfo de la necia tiranía. Venció el afecto, albricias, que la crueldad se rinde a la armonía, Por quién venció? Por quién. Cuya es la dicha? , . Que lo digas solamente falta para mi alegría. Mucho te mira tu hermano, Cuya ha de ser si no mía. Pues quién eres? Eso Astolfo mi hermano, señor, lo diga. Príncipe, qué respondéis? Quién mis brazos se confirma esta verdad de su labio. Cobró esperanza la vida. Por nada desisto yo. Supuesto, que yo oprimida de este afecto la pasión, venza quien más facilita mi agrado es de aquella voz, ablanda dulce armonía. Y ya que conmigo lleve el horror de quien la anima, también llevo a quien la mueve, con que su sangre sabida, y su habilidad notada, más justo es que me rinda a quien por suya la goza, que a quien de otro la acredita, Mi mano es esta. . Y mi gusto. Ya hermano esta mano es mía, más V. Alteza. . Si Aurora mis rendimientos estima, su beldad adoro amante, Y mi fineza se anima, si el Rey mi señor. Pues no? claro está que g Y yo os doy la norabuena, pues aunque perdí en la dicha el mérito, la fortuna nunca los méritos quita. Aquí se logró mi amor. Aquí venció mi porfía. Aquí se alivió mi mal. Y aquí la pluma rendida, dando fin al argumento, humilde se sacrifica.
