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Texto digital de Para conquistar desprecios, más pueden celos que amor

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Para conquistar desprecios, más pueden celos que amor. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/para-conquistar-desprecios-mas-pueden-celos-que-amor.

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PARA CONQUISTAR DESPRECIOS, MÁS PUEDEN CELOS QUE AMOR

JORNADA PRIMERA

No har oído en la Galería los dulcea ecos festivos, suave imitación de Orpeo, que penetrando este sitio en suaves cláusulas tiernas es Imán de los sentidos? Aunque sus accentos oigo, ignoro, Libia, el motivo. Pues escucha, que otra vez han vuelto ya a repetirlos. Yo no entiendo, Amor tirano, tu secreto poderio, que es Impropio en un Rapaz sujetar los albedríos. Qué mal fundado discurso! qué ignorante! Que mal dijo, quien pensó que avasallar voluntades puede un Niño. Libia, que no canten más. Genio extraño! Rato estilo! no cantéis más. . Yo no iguoro, ni niego, ni contradigo, que hay Amor; pues el Amor es natural ejercicio de nuestra naturaleza: porque fuera en lo preciso de la snclinación faltar lo racional al instinto: pero suponiendo aquesto, ciertamente que me admiro, de que haya en el Mundo quien se queje de tal delirio. Si Amor es todo inquietudes, quien tan ignorante ha sido, qué ha hecho por desasosiego del sosiego desperdicio? Si dicen que abrasa el pecho, quien es tan falso consigo, que busque cual mariposa la llama, amando el peligro? Y si de su arpón se quejan todos por varios caminos, quien se avasalla a su imperio? Quién se rinde a su deminio? Reniego de Amor, si Amor a cuantos siguen sus rites les da en los fines amargo, cuanto dio dulce al principio. Phérix bella, como Amor vuestra Altera no ha tenido, sin aquella experiencia habla que tienen todos, y afirmo, que a no hallarse tan ajena de pagar feudo al Dios Niño, con contrarios argumentos defendiera lo que he dicho. En todos general regla es sujetarse al dominio del Amor, pues no hay ninguno que se escape de sus tiros. Que sea justo, o no sen justo no lo abono, ni averiguo; pero dejar de amar, fuera dejar de tener sentidos. En cuanto a amar, yo concedo; pero en cuanto a lo preciso de que sea fuerza el amar me hace disonancia al oído, Por qué no tendrá excepción esta regla? Oh qué motivos ay, para que en todo sea tan general ese estilo que si es martirio el Amor, qué género de capricho es, padeciendo un amante, ser amante de un martirio? Bien pudiera responder a la pregunta; mas miro, que semejante argumento no es a un criado permitido, Ya trabada la cuestión, excusados requisitos son esos; pues os habéis tomado vos el permiso. Fuera de que no ignoráis, Lidoro, que he conocido, que amáis, aunque no sé a quien; pues por prases me habéis dicho algo de no sé que Amor, que es de vuestro mal motivo. Esto supuesto, y que yo de Amor la fuerza abomino, pues nunca me ha sujetado, por mi natural esquivo, os doy licencia de que en ello habléis. . Yo la admito; porque bien sé que de vos siempre he de quedar vencido. Por qué? . Porque como criado será al hablaros preciso, por no faltar al respecto a vuestra Alteza debido. Pues habladme como amante. Vuestro? . Estáis en vuestro juicio? cómo mío? que aún de burlas no quiero que se halle digno ninguno en esta materia, de hablarme a mí comó mío. Yo, señora (sin mí estoy!) solo pretendí deciros, atento a la ley de criado, que vuestro gusto es el mío. De esa suerte al caso vamos, defiende tú lo que has dicho. Loco, confuso, y perdido me tienes, ingrato Amor, qué de imposioles conquisto! Puer, señora, perdonadme si en algo errare el estilo, que para hablaros discreto quisiera ser entendido. Explicaos, para entenderos. Eso es lo que solicito: pero ni vos me entendéis, ni yo me entiendo a mí mismo, Con algún sentido habláis. Bien decís, porque de cinco de que mi Amor me ha privado alguno no habré perdido. Proseguil el argumerto. El argumento prosigo; mas que hablaramos quisiera, ya que me habéis permitido licencia, yo por mi parte, como que en todo lo dicho hablo con vos, pero vos como que no habláis conmigo. Pues con quién tengo de hablar? Haced cuenta, por metivos, que han importado a mi intento, y a mi Amor han convenido, siendo Príncipe de Acaya, con este fingido oficio de Secretario ha tres años, que encubierto a Pénix sirvo, y en mi Amor por su esquivez hablarle nunca he podido; mas como que hablo por otro he de hablarle por mí mismo, ya que la ocasión lo ofrece. No proseguís? . Ya prosigo: Iba a decir, que hagáis cuenta de que algún Príncipe invicto es quien os habla, y yo no. También el partido admito: y qué Príncipe ha de ser? Pues ya que yo he de elegirlo, sea el Príncipe de Acaya. El que más he aborrecido, entre los que me pretenden, es ese. . Oh Hados impíos! . Oh cruel, como me aborreces al paso que yo te estimo: De ti con razón me quejo, pues mientras yo sol más fino, tú más de ingrata te precias, usurpándome el alivio: Qué mal pagas mi fe, cuando por amarte desestimo Reino, Majestad, Corona, Vasallos, Deudos, y Amigos! Lidoro, en qué estáis suspenso, no proseguir? . Ya prosigo: Mas si el Príncipe de Acaya os disgusta, lo remito a que otro elijáis. . Cualquiera causará el efecto mismo, que el de Acaya causa en mí; porque a ninguno me luclino. Bien sabéis como en mi Corte está el Príncipe de Epiro, y el de Efheso, y pienso que si a pretender han venido mi mano, no logrará ninguno el ser elegido: y así hablad por el de Acaya; pues para el intento mío no hace, ni desbace, puesto, que con el propio designio, que he mirado a los demás, también al de Acaya miro. El rigor ablandad, Cielos, . de su pecho endurecido: hay semejante mujer! No proseguis? . Ya prosigo: mas la Música quisiera, que nos diese algún motivo. Pues mandad, que a cantar vuelvano Ay tristes suspiros míos! . Cantad, que quiere su Alteza divertirse. . Y mi delirio o augmentarse, que los tristes en nada tienen alivio. Quién falta al conocimiento del ciego dorado arpón, o no es capaz de razón, o no tiene entendimiento. Bien al propósito, creo, que es de la letra el sentido, pues la copla me ha venido a medida del deseo: Y tratando del empleo de Amor dice, según siento: Quién falta al conocimiento del ciego dorado arpón, o no es capaz de razón, o no tiene entendimiento. En las cosas de Amor, yo bien sé, que podéis aquí el contradecirlas, sí, pero el defenderlas, no. Porque si el Hado os privó de conocer su ardimiento, es mui preciso argumento, que hablar no puede en rigor en las materias de Amor Quién falta al conocimiento Si del Amor el poder da a los que le han conocido ofensas, el ofendido cómo se ha de defender? Que no sabe agradecer ofensas el sentimiento, luego por lo que yo siento, mejor le defenderá si ofendido de él no está Quién falta al conocimiento Yo que por vos vivo, y muero, en mi frenesí constante, quiero padeciendo amante; padecer por lo que quiero? Quéjase de Amor severo mi rendido corazón, y tantas mis penas son, que muero sin resistencia a manos de la violencia del ciego dorado arpón, Luego no es de aquesa suerte mi rigor quien os maltrata, ni es mi desdén quien os mata, si es Amor quien os da muerte: Y pues él en mal tan fuerte os quita la vida, con las flechas de sinrazón, de su rigor lamentaos, no os quejéis de mí, quejaos del ciego dorado arpón. De vos en tantos arrojos aún más que del Ciego Dios, me quejo, pues tenéis vos las flechas en vuestros ojos: Quién con desprecios, y enojor paga una firme afición, y en su esquiva condición persevera pertinaz, o se niega a lo capaz, o no es capaz de razón, Bien está, mas advertir podéis, que si esta extraneza es mía, y mi naturaleza no puedo yo resistir: Como otro ha de conseguir reducir mi inclinación? Luego quien ver mi pasión quiere sujeta a un Rapaz, o es por razón incapaz, o no es capaz de razón, Luego es fuerza agradecer al de Acaya entre los dos, que quiera vencer en vos lo que no podéis vencer: vuestro mucho aborrecer no le hará mudar de intento, que está al aborrecimiento antes tan agradecido, que, o se hace desentendido, o no tiene entendimiento, Mas pudiera agradecerme a mí, que su Amor me rehuso, pues con aquesto le excnso el cuidado de vencerme: Porque él bien puede quererme, como decís, mas yo siento, que si mi desabrimiento causa el no poderle ver, o no me quiere entender, o no tiene entendimiento. Eso en vuestra Alteza, más. que natural, es capricho. Esto me parece bien, aunque uno, u otro haya sido. Pero aquesa pretensión tiene no sé qué motivos de no venerar lo grande, y menospreciar lo fino. De tal modo del papel, Lidoro, os habéis vestido, que al tal Príncipe de Acaya representáis mul al vivo. Yo por el de Araya os hablo, y pensad que con él mismo estáis, gran señora, hablando, en cuanto hablaréis conmigo, que sol Meleandro. Tú? Pues no me habéis permitido licencia de que lo sea? Pues advertid, que esto os digo cual si con Meleandro hablara. Estad, Príncipe, advertido, en que para otra ocasión no me habléis en los motivos de vuestro Amor, pues sabéis, que es más fácil que los riscos se muden de un lado a otro, que mi natural esquivo pueda mudarse, y amaros: a diós, y lo dicho dicho. Ya le ha negado el supuesto la prueba del silogismo, y ha quedado en conclusión el sustentante perdido. Oíd, tirana, aguardad: qué importa, que los sentido me encantes, y que a mi Amor le niegues los merecidos lauros, que adquiridos tiene, a costa de mis suspiros? Qué importa que peltrechado este de inhumanos tiros de tu logratitud el muro, de tu desdén el Castillo, y de tu rigor la fuerza? Si sabrá ponerle sitio mi Amor al tuyo, y vencerle cuando esté más defendido? A solicitar tu mano vengan de Reinos distintos los Príncipes más heroicos, que espera tu genio altivo, que espero a pesar de todos verte entre los brazos míos, sin que basten a estorbarlo, aunque salgan a impedirlo, lanzas, Ejércitos, armas, poder, amenazas, bríos, violencias, tiros, y truenos: que han de conocer los siglos, que solo fío en mi fortuna, y solo en mi valor fío. 1. Usad, Cielos, de clemencia. 2. Que peligra la Nave, que se anega Favor favor amaina, aferra. Iza, que nos perdemos, tierra, tierra. Valedme, Cielos: mal haya quien a la frágil materia de la inconstancia del Mar sus esperanzas entrega. Válgame todo San Telmo, por Mar, y por tierra, sea en mi abono un Calendario, que ya que de las Vallenas no fui en las olas nadante, puede ser que lo sea en tierra; que dicen que en tierra, y Mar las hay tales, y tan buenas, que con los dientes de plata se tragan las Naos enteras. Reniego de quien se fía de un vil vaso de madera, que sobre el agua se pone a una, y otra contingencia. Yo no he visto darle gracias al Cielo de esa manera, después de habernos librado su bondad de una tormenta. Piriflor aquí estás tú? Pues qué querías que estuviera entre los demás, que ahogados están por sus culpas negras? Bueno es vivir para ver: ahora me Pitifloreas en tierra, cuando en el agua mientras duró la refriega, ni aún siquiera te acordaste de esta pobre pitibestia? Apenas me dio lugar para escapar, pues del Mar salir pude a puras penas; tal ha sido la borrasca, que solo escapamos de ella los dos, sin que haya dejado de los demás leves señas. Desque me parió mi Madre no he sabido en Mar, ni en tierra, que esto de verse a la muerte era una cosa tan fea; y sabe Dios, que sentía no tener lugar siquiera de hacer testamento, para dejarte todas mis deudas. Brava herencia me dejabas! Oye, aunque de paso sea, un cuento por ser del caso. Murió de empacho una Suegra en Ginebra, o Bataola. Qué tierra, o Provincia es esa, que nunca la he oído nombrar? Cualquier parte, casa, o tierra donde hay suegras, pues ahora ignoras, que todas ellas no se hallan sin vivir en Bataola, o en Ginebra? Murió como digo, en fin, de haberle fiado su nueta un secreto, que el callar ha matado muchas suegras. Dejó cierta cantidad en reales, en oro, y perlas, para que algunas droguillas de allí se fatisfacieran. Mas un Yerno suyo, a quien le dejó aquesta encomienda, él por quedar bien sentado, dejó en pie todas las deuda:: que está el Mundo lleno de herederos de por fuerza. Con que si mis deudas yo te dejara, creo que hicieras por mí, el bien que el otro hizo por el Alma de su Suegra; pues fue forzoso heredero de las dregas, y las deudas. Pero dejundo esto a parte, tras de tantas molederas, como a entrambos han pasado de la pasada tormenta, lo que más me aflige es, no saber de estas riberas otra entrada, ni salida, mas de que estamos en ellas a pie, mojados, y muertos de hambre, que son tres frioleras. Tiende la vista, quizá hallarás alguna senda, o busca por esa parte, mientras yo busco por esta. Juro a Dios de no apartarme de ti, ni un paso siquiera: cosa, que por buscar yo camino, tope una fiera, que me haga mil pedazos, cuando socorrerme quieras: vamos, Lisidante, juntos. Vamos. . Mas, señor, espera, que más de dolcientos hombres acía nosotros se acercan. Dos son, que no son doscientos, El miedo nada escasea, porque da ciento por uno en ocusiones como estas: dejante de que, señor, si estar son Almas en penas, para caerme muerto son lo mismo dos que doscientas. El paso a esta parte inclinan. Dios de nosotros se duela. Que no sacira del Mar, ni aún una espada siquiera? Que un gran Principa de Papo como tú, por amor sea objecto de las desdichas, y se vea de esta manera? Cuando el grande, y cuando el chico se ha librado de miserias? pues ni por alto, ni bajo, hay hombre seguro de ellas, Qué determinas, señor? Mira, que ya están mul ceren. Pues tope en lo que toparé, informémonos. . No hiciera desastre tal, ni intentara locura tan manifiesta un pobre recién casado. cuando topa mala suegra, mejor es asegurarnos, por lo que suceder pueda. Pues en aquesta enramada, que está de este sitio cerca, ocultándonos, podremos averiguar la sospecha. Eso sí, vamos de ocultís, que andamos como. Adán, y Eva, en este pobre Paraiso, como por tierras ajenas, y aunque mantanas no haya, estos pueden ser culebras. ̱. 1a, famoso Mandricardo, en parte estáis donde resta solamente hacer alarde de vuestro intento. . Canela! a pedir cacao sin duda vi ne una de estas dos bestias, que esto huele a desafío. Oye, y lo que fuere sea. Pues ya que solos estamos, y que en aquesta ribera, de nuestras razones solo son testigos las arenas: Así tengas la salud. Oíd, que os quiero dar cuenta de mis designios, mirando de los dos la conveniencia, Ya, Filiberto, sabéis la natural extrañeza de Penir, pues su rigor funda en su nataraleza. Si es Pénix, la que yo adoro? Chitón, que puede ser ella. Ya sé su desdén esquivo, con cuantos la galantean, que aunque en lo hermoso es Deidad, en la condición es fiera; pues de que no sabe amar con tal libertad se precia, que la han hallado diamante, cuantos la pretenden cera. De la que hablan, Pitiflor, vive Dios, que es Pénix bellas Ves como nos inpartó darles con la escondedera. Se también como a los dos nos aborrece, y desprecia, negando a nuestro cuidado las ocasiones de verla. aiendo vos, gran Mandricardo, en quien reluce, y se emplea, como en su Príncipe ilustre, de Epiro la Real Diadema, y yo Príncipe de Efeso, de cuyo ardimiento tiemblan los más levantados muros, y las más altas almenas, sé como yo por mi parte, y vos también por la vuestra, no hemos hallado en su rostro de agradacimiento muestras, y sé que Príncipe no hay ninguno que la merezca, en pago de idolatrarla una memoria siquiera. Príncipes, y pretendientes son los dos de la Princera. Por la cuenta, Pitiflor, no estamos lejos de Creta. Déjame salir a hablarles. Tente; señor, que lo hyerras, que está el guisado en su punto, y según la historias espera sacar de aqueste Sermón una doctrina muy buena. Supuesto lo que habéis dicho, ya sabéis que por las muestras, que en ocasiones hadado por razón es la Princesa, ya que hubiera de casarse, solo de casarse hubiera con el Príncipe de Pafo Lisidante. . Ooya, que buena va la darza, y ya, señor, estás tu metido en ella. Confuso estoy de escucharlo. Quiera Dios que por bien sea. No porque a nadie hasta hoy vocalmente lo ha diebo ella, sino sacando las causa: por los efectos, que muestra, Este según las noticias, que he tenido, en breve espera que entre en la Corte de Penix, y es muy casual contingencia, que la merezca el de Pafo, si alguno bade merecerla: y siendo él el escogido, desluce nuestra grandeza, que es injuria que la logre, quien menos la galantea. Ya he olido la longanizas Señor ten quiera la lengua, chirón, y mira que vale cada palabra una perla. Pues a que se determina vuestro valor, o qué intenta vuestra determinación? Que así que a la Corte venga Lisidante, demos orden de estorbar el que merezca la mano de Pénix. . Cómo? La más cierta diligencia es, quitándole la vida a él, y a cuantos con él vengan, así que llegue, a la Corte; sin que nadie de esto entienda, por lo que a los dos importa. Antes ciegues, que tal veas, En notable riesgo estamos: hay semejante cautela! Pues, vallente Mandricardo, disponedlo: pero sea de modo, que el pundonor se libre, y nunca padezca. Pues nuestro amor viva. Viva. Muera Lisidante. . Muera. No morirá, por que yo, . sin que lo sienta la tierra, sabré defender su vida del peligro, que le espera: que emprender acciones viles es desdorar la nobleza. . Solamente no entendí estas razones postreras. Ya emplezas a suspirar? Y ya tula molerme empiezas? Ahora estamos en eso? Qué quieres que haga, si apenas empieza mi amor a ser, cuando a padecer empieza? Ya te has vuelto Don Quíjote, pues que por tu Dulcínea estas, y otras aventuras quieren los Cielos que tengas. Quién como yo se habrá visto en confusión como aquesta? Cualquier Caballero andante de los que hay en las Novelas. y Posible es, que mis arrojos a temer dos veces vengan la muerte, y que su rigor me amenace en Mar, y en tierra? Posible es que mi constancia me traiga por Pénix bella dando la vida? . Señor, aquí está un Retrato. Muestra. Sin duda a los Gulalones se ler cayó. . Qué perfecta está la Dama, mas no es Retrato de la Princesa, que a ser suyo, de mis celos muerte la cruel dad me diera: guárdalo, y al caso vamos. Vamos muy en hora buena. Ya sabes, Pitiflor, que no hay quien nos conozca en Creta, sino es un amigo solo, que ha días que tengo en ella. Y qué tenemos? . Aquesto ha de correr por tu cuenta. Pues dalo ya por errado, señor, si a mí me lo dejas, prosigue como ha de ser. Solo, puede ser a fuerza de fortuna; y de valor, fiado a tu diligencia. Pues qué camino has hallado? Que luego al punto que tienda la noche su negro manto, vamos a Creta. . Yo fuera como estuviera seguro de lo que allá nos espera. Tu Príncipe has de fingirte. Tengo mul mala presencia para Príncipe. . No importa, también conviene que atiendas, a que mudarse los nombres en los dos ha de ser fuerza; y que yo esté en opinión de tu criado. . Y qué se llega a toda esa mermelada? Que en Crera entres cual si fuerne Príncipe de Pafo tú: pero con la condición muy precisa, de que en ella has de decir ser de Escocia, o de otra parte cualquiera. Pero, señor, no sea el Diablo, que aquellas dos buenas piezas nos hurdan una tramoya, si en la maraña nos pescan. Si va mi valor contigo, cobarde, de qué recelas? Y qué nombre he de tomar? El que tú quisieres, sea. Yo he de llamarme Lidoro. Y yo Astolfo. . Solo resta componer el personaje, porque repuguancia hiciera el entrar en Creta así un Príncipe de mis prendas. Ya te he dicho que en la Corte tengo un amigo que pueda esa falta remediar: vamos de aquí. . Y habrá tela? Pondraste, como un pimpollo. Mucho encaje? . Pues no es fuerza? Guantes de olor? . No se excusan. Sortijas? . De ricas piedras. Coche, y caballos? . También. Y has de ponerte librea? La que mi corazón viste es bastante. . Será negra, y un Príncipe que va a bodas no ha de ir publicando exequias. Todo para mí es morir. Pues al arma, que si arriesgan tu persona, que es lo más, que otra cosa ay que se pierda? Ea, fortuna, de esta vez haré que el Mundo en mi vea, si hay en los nobles valor, o poder en las cautelas. Ea, barriga, de esta vez, por lo que las cosas muestran, o he de morir aboreado, o he de comer con trompeta. . Los Príncipes que amorosos a pretenderte han venido, de tu desprecio, y olvido viven, señora, quejosos. Porque no puedan culparme, y hacer mi desdea delito, a los Príncipes permito licencia de visitarme. Mas esto se ha de entender, que en mi esquiva condición solo por esta ocasión lo he podido conceder. Vuestra Alteza, según siento, y nos muestra su cordura, a su divina hermosura d iguala su entendimiento. Y bien la Fama en sus alas repetir al Orbe intenta, que es de Venus dulce afrenta, y hermosa lavidia de Palas. Lidoro, vuestras razones son cual pildoras doradas, que para hablar, excusadas son esas ponderaclones, No las tengáis tan a mano; pues sé muy bien lo que sol, y así os mando desde hoy habléis más liso, y más Flano. Cumplid con vuestro ejercicio, y haced menos temerario oficio de Secretario no de adulador oficio. Yo os dol palabra, señora, de emendarme si os ofendo, aún cuando hablaros pretendo, perdonadme por ahora. Pues si queréis acertar, sabed, que más acertó aquel que meros habló, porque no hay riesgo en callar. Extraña es su condición! . insufrible mi tormento, pues con su desabrimiento crece a palmos mi afición. Los. Príncipes, gran señora, te vienen ya a visitar, y no es justo despreciar a quien rendido te adora, Aunque el parabién es bien daros a vos, por quien sol, a mí, señora, me dol de veros el parabién. Dichoso mil veces yo, pues veo vuestros ojos bellos, y como en espejo en ellos mi amor mirarse alcanzó, Gracias a la suerte mía le puedo dar por ventura, pues viendo vuestra hermosura me amanece el claro día. Felice me llamen, pues de vuestro rigor ajena, me priva toda la pena la gloria de vuestros pies? Mandricardo, vuestra Alteza en mí no culpe el rigor, pues mi fe con vuestro amor sabe ya cuanto interesa. Ni vos, Filiberto, hagáis queja a mi esquivo poder; pues no falto a agradecer el favor con que me honráis, Y así para la elección mía, alentad mi esperanza, que ambor en una balanza estáis en mi estimación. Rablando, viven los Cielos, ha estado mi amor al ver, que este mucho agradecer le da más llama a mis celos. Y con razón entarezco mi padecer pertinaz, pues siendo el que adora más soy el que menos merezco. Pues, señora, si alentáls de ambos la constante fe, y habéis de elegir, por qué al dichoso no nombráis? Y si por último habéis de elegir igual esposo, por qué al que ha de ser dichoso de los dos, no propenéis? Eso es para más pensado, que de parecer no estoy de elegir esposo hoy, y tomar mañana estado. Seis meses aquí a esperas vine a vuestra Corte amante, mirad si es tiempo bastante para paderlo pensar. Algo mar ha que rendido a mí en Creta me tenéis, ved para que lo penséis si tiempo no habréis tenido, Aqueso en el sentir mío es querer, por vida mía, en buena Pilosofía violentarme el albedrío, Y yo no estoy compelida, aunque la dilación sienten, a que las horas me cuenten, ni a que me tasen la vida. Fuera de que es importante, según su venida infiero, que entre en la Corte primero el Príncipe Lisidante. Yo haré que a mis manos muera a dándole la muerte cruel. Qué innocente estará él . del peligro que le espera. En él, si muerte le dol, . mi desprecio he de vengar. Pero yo sabré amparar su vida a ley de quien soy; porque según ha dispuesto ya Mandricardo la traza, a Lisidante amenaza un peligro manifiesto, Mas yo le defenderé. Con su entrada es eficas . que otro competidor más en mi pretensión tendré. Si a Lisidante esperáis, y él ha de ser el feliz, por qué no dos lo decís, o para qué lo calláis? Hablad claro en este empeño, si es que Lisidante ufano ha de ser de vuestra mano dichoso, y felice dueño. Ya es, Príncipes, apretar eso en sobrada manera, que si dueño le quisiera, quién me lo había de estorbar? Nadie, mas ya os respondió, quien en la misma porfía a la gran Reina de Ungria por armas se lo estorbó. Ninguno en tan ardua empresa pudiera en esta ocasión poner en ejecución las armas contra su Alteza. Que aunque su honor defendido está con ser quien es solo, no hubiera de Polo a Polo ninguno tan atrevido. Y si alguno lo intentara; yo con presunciones bellas hasta las mismas Estrellas, vive el Cielo le arrojara. Y de mi (vivo yo mismo) no estuviera, pues lo juro, ni en las Estrellas seguro, ni seguro en el abismo. Cemo a loco os he sufrido, porque a llegarme a enojar de vos no había de quedar. ni aún memoria de haber sido, Porque tan valiente soy, tan resuelto, e importuno, que no se atreve ninguno a hablar adonde yo estoy, Pues antes qué pronunciara vestido de presunción, la más mínima razón, diez mil vidas le quitara, Y en lance tan apretado os libra de mi braveza el sagrado de su Alteza, y el ser humilde criado. Y advertid para otro día, que no alcéis tanto la voz, porque habrá quien vive Dios, castigue vuestra osadía. Porque son tan arrogantes de mi furia los arrojos, que no consienten mis ojos osadías semejantes. Que a todos tal temor da de mi valor el aprecio, que no hay hombre que hable recio donde Filiberto está. Y creo, a no ser aquí por Pénix a quien adoro, que os enseñara, Lidoro, a hablar delante de mí. Y solo os quiero advertir, aquí para entre los dos, que sois: . Mejor que no vos, si aqueso vais a decir. Y muy bien podéis guardar lo que aquí habéis dicho hoy, que por vida de quien soy, que os lo tengo de acordar. Qué atrevimientos son estos a mis ojos? Como no veis que estoy delante yo osados, y descompuestos? Yo, señora, respondí, por vos. . Yo no os lo mande, y en eso sois: . Ya lo sé. Idos, Lidoro, de aquí. Así a ti no te mirara, a Pénix, que sol tan altivo, que no quedara hombre vivo, que mi fuego no abrasara. Y bien será que advirtáis, Príncipes, para otro día, que ante la presencia mía el aliento reprimáis. Porque ha de ser el empleo de mi mano pretendida, de mi deseo a medida, y no de ajeno deseo. Y en lo que me proponéis de armas, según lo he escuchado, tengo por mul acertado, el que advertido llevéis, que en mis altiveces fundo, que aunque sol mujer, pudiera, si el Mundo se me opusiera, oponermé a todo el Mundo. . Y yo para que se asombre el Mundo, daré a entender, que he de ser, aunque mujer, en su defensa mul hombre. . Esto, Filiberto va, según reconozco, a peor, pues de Pétix el amor casi declarado está, en favor de Lisidante, él el dichoso ha de ser, y es permitirlo, ofender nuestro valor arrogante. Lo que pasó en la ribera, Príncipe, habéis de cumplir. Si haré, mas no ha de morir . el de Pafo, aunque yo muera. Habéis de ayudarme? . Sí. Triunfará el de Pafo? . No. Quién ha de empeñarse? . Yo por él, por vos, y por mí. Pues a Dios quedad. Adiós, qué ansia tan repetida! o he de librarle la vida, o hemos de morir los dos: que no quiero que de mí el Mundo diga desleal, que contra un pecho leal traidor, y alevoso fui. Y juro al flamante ser de esa estrellada armonía, que aún a costa de la mía, su vida he de defender. Que quiero que Lisidante me deba, sin conocerle, la amistad de defenderle de peligro semejante: pues de su nobleza copio, que haberme, empeñado tal, él, por tener sangre Real, hiciera por mí lo, propios que quizá si vida ufana contra tealdores le dol, lo que yo hago por él hoy, él hará por mi mañana.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Quién sin merecer adora constante lo que pretende, o tiene mucho de amante, o poco de cuerdo tiene. Oh cuanto estimo a mis solas gozar este instante breve, si es que los tristes con gusto gozar los instantes pueden: que solo a solas llorando, los que como yo padecen, cuando piensan en sus males es cuando más se diviertena Ay Amor! qué de pesares, y de suspiros me debes: así ignorara el poder, que tu dorado arpón tienes Con cuanta razón de ti, por cáminos diferentes, se quejan todos, si ha todos les haces porque se quejeno Y si aún los que de ti, Amor, el premio, y paga merecen, se quejan de tu rigor, qué será en dolor tan fuerte? Quién sin merecer adora constante lo que pretende. Dígalo yo, que rendido, mientras más estimo a Péniz, mas tengo de que quejarme de ella, de ti, y de mi suerte, e de Péniz por ser ingrata, de ti, Amor, porque cruelores, y de mi suerte, por que tan solamente me ofrece tormentos, muertes, y angustias, que me maten, y atormenten: porque sin alivio alguno entre tantas penas, pene, el que es del sujeto amado, correspondido igualmente, y sin padecer se queja del mal de que io padece, si se queja sin razón, alcanzando cuanto quiere, o desconfía poco amante, o muy cuerdo se previene; mas quien ama camo yo, y ningún premio metece, O tiene mucho de amante, o poco de cuerdo tiene. Mas divertida en un pliego viene acía esta parte Pédix, y el estar tan de mañana levantada, ser no puede sin misterio: hay prenda mía! cada vez que llego a verte, Reinos, Corona, poder, vida, y Alma, me parece poco Don para servirte, y nada para ofrecerte. El gran Príncipe Liduro se firma: nuevo aceldete es este, con que a purfía mi duda, y cuidado crecen. El gran Príncipe Lidoro le oí decir: Cielos, valedme! Si acaso me ha descublerto con Pénix algún aleve, o si con mi proprin nombre alguna traición se emprende. Leed, Secretario, esa carta. Asustada el Alma teme. Os prometo, que por puntos nuevos culdados me ofrece el Cielo, pues para mí otro nuevo empeño es este. El ver el pliego, señora, en nuevas dudas me mete, que tengo algunas noticias de Príncipes diferente:: mas os juro por mi vida, que no alcanzo quien ser puede este invisible Lidoso, de vos nuevo pretendiente, Los términos de su carta tan políticos, advierten, que de noble, y entendido, le acreditan igualmente. Cómo por razón de estado es forzoso concederle la licencia permitida, que todos los demás dienen no me atrevo a despedirle, que de modo responderle podía que ceder le hiciera lo amante, y lo diligente. Admirada estol de mí misma, que misterio es este de mi altivez, que al deseo me ha provocado de verle. El parabién, gran señora: No me andéis con parabienes, pues en mí, todo esto es para males solamente. Cómo para desventuras . en mí: mas divina Pénix, en vuestro Palacio está el Príncipe ya, y corteses Mandricardo, y Flliberto con él a esta parte vienen. Cuenta no sle pierda todo, ponte muy soberbio, y tieso. Ya estoy, y con el pescuezo lo pague, si erraré el modo. Este, gran señora, es el Príncipe, cuya alteza, amante de esa belleza, solicita vuestros pies. Ya tenéis a vuestros ojos, hermosa Pénix, presente al que nuevo pretendiente viene a ofreceros despojos. Y ya, Deidad eciebrada, mandarme podéis también, y daros el parabién de dicha tan no pensada. Que no es poca dicha, no porque más os ensanchéis, el que a ser mujer lleguéis de un Príncipe como yo. Exraña capacidad! aquí he menester prudencia. Qué lengenjer qué presencia tan improprio Reyantad Na haré tal, por vida mía, aunque vos me le mandéis, si un pie no me concedéis, para hesarlo a porfía, o una mano, que al descuido temple el incendio voras, que para eso; y mucho más tiene licencia un marido. Levantad. . Obedecer quiero, y por no ser porfiado, ya estoy sentado, y tocado que es todo cuanto hay que hacer, Recelando estol un daño, viendo su estilo, y su modo. En sus razones, y en todo, es el tal Príncipe, extraño. El bien puede ser señor, pero de estilo muy bajo Cierto, que es grande trabajo el tener un hombre amor. Cielos, justo es que me asombre de ver su trata, y su ceño: seguro de ser mi dueño está desde luego este hombre. Cuanto admirado, dudoso del tal Príncipe he que dado, que el término que ha mostrado, ímplica lo majestuoso. Cómo no me preguntáis algo, de cómo he llegados? Yo presumo, que cansado, según en todo mostráis. Y tan molida, por Dios, la persona a mi pesar, que he dispuesto descansar en la cama un año, o dos, Y más que todo el simplón de mi criado me ha molido, que sobre descomedido, es porfiado, y respondón. Solo os asiste ese criado? Y otros tres mil sin provecho, que el traerlos fuera mal hecho, que os comietan medio lado. Tres mil criados? . Caballero si a mi esposa vengo a ver, por que no podré traer tres mil, o un millón entero? Pénix, mi deseo, y mi amor a al verte creciendo van, Todabía es más galán el Crindo, que el señor. Por lo que el Mundo os celebra deseo que nos deis razón de donde venís?? . Del Japón. De allá sois? . No, de Ginebra, De Ginebra? Sí, señor, que ser puedo, ter cosa llana, Príncipe, si me da gana, de la Glnebra de Amor, Mas callar quien soy no quiero, si en decirlo se negocia: Yo sol Príncipe de Escocia, y de todo el Mundo entero. Del Mundo todo? . Y porfío a decirlo sin dispensa, que tengo poca vergüerza, y así todo el Mundo es mío. Vuestro valor sin segundo. de ser Príncipe es decente, no de Elcocia solamente, si no de mandar el Mundo. Yo también lo digo así, pues todo se consiguió con mandar a Pénix yo, y en que me obedezca a mí. Me honráis con prudente modo; Ni os debo, ni me debéis, que todo lo merecéis, y yo lo merezco todo. Vivé Dios, que su locura . me ha de venir a perder. En mi vida llegué a ver . hombre de menos cordura. Suplico a vuestro decoro, ya que os dignáis de asistirnos, que nos honréis con decirnos cómo os llamáis? . Don Lidoro, Don Lidoro? . Y lo refiere decid, si os hace cuidado, pues no puede un hombre honrado llamarse cómo quisiere? Pero el Don:- . El Don no es pero de que hagáis admiraciones, cuando hay hombre que de Dones tiene un aposento entero, Muchos hay que tienen Dones, y son con Don, y con fama, al dormir, Leones en cama, y en el comer, Camaleones. Cualquiera es Don con dinero, y clara la prueba alisto; mas que con Don no habéis visto ningún pobre limosuero? Cuantos ay, que de memoria tienen, sin que más os cuadre, Don, sin tenerlo su padre, y aún quicís. Ejecutoria? Que no es nuevo en los azares de esta fortunilla ingrata, R a quien quiere darle plata, darde los Dones a pares. Yo conozco, es eficaz, un señor Don Celidón, veir aquí un hombre con Don por delante, y por detrás. Pero. . Dale hombre importuno a puro pero, por Dios, me matas, si en uno hay dos, yo, por qué no tendré uno? No me hagáis tanto desaire, pues sabéns en conclusión, que el que ayer fue aire sin Don, hoy porque tiene es Don aire. Todo en vuestro ingenio lobra. r. Y tengo capacidad? Y muy grande. . La verdad? mirad no me hagáis mala obra. Y ya que capaz me abona vuestro cuerdo testimonio, qué sentís de la persona? Buenos mis deseos van, . para el fiula que yo aspiro. Algo Galán os admiro. Cómo, cómo algo Galán? y mul mucho, y si me dala tal enojo, vive Dies, que no me case con vos, y que todo lo perdán. De pena, y enojo muero, quién tal imprudencia vio? mas del criado sabré yo todo cuanto saber quiero, En la ventura de amar arder el Alma se ve; mas en Pénix lograré cuanto yo quiero lograr. No hay, Amor, que desconfiar, . que del tal Príncipe entiendo que la dicha que pretendo no ha de poderme estorbar. Ya me presumo más digno . de Penix hermosa, pues el amante nuevo es de tan altu dicha indigno. Ahora con fuerza más . áspiro al lauro más bien; pues no lo estorbará quien de prudencia no es capaz. Aunque malos fines tenga ya hay principios en mi amor. Vuestra Alteza, gran señor, a descansar le prevenga. Agradezco el cuerdo estilo, y en aquesto vol, y vengo, porque es algo tarde, y tengo el estemago en un hilo. Para todo habrá lugar. Claro está que lo ha de haber? pero en esto del comer soy malo para esperar. Y en habiendo dilación dejaré, sin más espacio, a Pénix, y a su Palacio por cualquiera Bodegón, Entre, señor, vuestra Alteja. No ha de ser tal por mi vida, Esta es atención debida a vuestra mucha grandeza. Pues vaya si esto ha de ser, que en semejantes porfías llevo a mal las cortesías a las horas del comar. . Aguardad. . Qué me querela? Ved si está ya esa antesala sola. . Gran señora sí, ya está desembarazada. Pues decid, sabéls quién sod? Una Deldad celebrada a quien obedece Creta con popular alabanza. Cómo es vuestro nombre? Astolfe. . De dónde sois? De unas montañas, que no mul lejos están, tuve por humilde patria. Sois noblé? . Aquesa pregunta pudiera desempeñarla, siendo ardua la empresa a que vuestra hermosura me llama. Guardaréis secreto? . Sí. Y si os pido una palabra, me la cumpliréi:? . De modo, que juro, sin preguntarla, de cumplirla, si perdiera g mil vidas en la demanda. Pues mirad no me mintáis, que os va la vida. . Arriesgada está por vos desde luego la vida, y aún toda el Alma. Este Príncipe quién es? A Escocia; señora, manda, y sus Reinos le obedecen. Mirad que hace distonancia el estilo en su persona, si es de ascendencia tan alta, Señora, nasuralera como es en todo tan varia, a dar igualmente a todos perfección no está obligada. De manera, que si a vos quiso generosa, y franca. haciéndoos como solr, Pénix, única en belleza, y gracia, daros, y haceros capaz de prendas tan soberanas: al Príácipe, mi señor, en su favor mas escasa negó cuanto concedió a vuestra hermosura rara. Que tiempo, Astolfo, a su Altera servido le habéis? . Extrañas son sus preguntas: ay, Pebir, y quién te desengañara! pero de mi amor aquí importa darle puntadas. En Pafo, luvicta señora, Provincia mul dilatada, admiración de lus Ciencias, y prodigio de las armas, El mul generoso, y noble Lisidante, a quien la fama admira en su Corte Adonis, y le ve Marte en campaña. Tente, hombre, que me penetran tus razones hasta el Alma, . Astolfo, para mi intento no son esas circunstancias, Señora, para el mío sí, que está mi fama empeñada, y cumplo en esto con vos, conmigo, y con mi palabra, Al Príncipe Lisidante, de cuya valiente espada tiembla el Mundo, y se estremecen las Torres más elevadas; pues sus heroscas empresas Savidia, y asombro causan a Marte en su quinto Imperio, y Pbebo en su esfera cuarta. A este Alcides invencible de Pafo, con toda el Alma serví, señora, seis años, dentro de su misma casa. Er su Alteza muy benigno, mul sagaz en sus palabras, mul afable, y mul cortés, Y decondición muy blandas Yo no os pido información del de Pafo. . Ni esto es darla; pero no quiero, señora, mentiros a vor en nada, Es de onfural tan doril, y tan benignas entrañas, que creo negarle nn pueda ninguno que con él habla, suvielosa de mi dicha alguna lengua villana. que encubiertos basiliscos nunca en los Palacios faltan, tan mal le informó de mí, que yo atento a que novranta algún desairé conmigo, no estando culpado en nada, me despedí de sus ojos. Saben los Cielos con cuanta pena, pues tan tiernamente. como a mí mismo, le amabas Reciteme de allí a Escocia, veis cómo todo importaba? El gran Príncipe Lidoro, que Dios guarde edades largas, me ha tenido en su asistencia, y me ha traído en su compañas Pregunte ahora, vuestra Alleza, y gran señora lo que falta. Valedme Cielos! qué es esto? qué furia, o secreta causa tiene este hombre para mí? Imposible es me persuada a que sea este lenguaje ser hijo de sangre baja. Que en fin, servisteis en Pafo al Príncipe? . Ya le labra: a si, señora, le serví, por señar, que veces varias se oí encarecer amante vuestra Deldad extremada; porque yo sé que su Alteza os adora. . Astolfo, basta? y si queréis merecer algún augmento en mi gracia, ya que en Lisidante habléis, no me ponderéir sus ausias que si fueráis vos el mismo, dijera que era excusada esta pretensión, amando a quien ni aún de burlas amar Pues señora:. . Nocio estáir, Si el Princlpe; y . Una palabra mientras estéis en Palacio. . Ay desprecio semejante! hay condición más extraña! De quien se cuenta en el Mundo tal rigor? esquivez, tanta? Pues sabete, Pénix cruel, que aunque a tu altivez bizarra le pese, han de conquistar tu desdén mis esperanzas, que soi Lisidante yo, y sabré, viven mis ausias, o hacer mía tu belleza, o abrasar a Creta en llamas. . Rablando de enojo vengo, una, y mil veces mal haya el hombre, que en sus secretos hace de otro confianza. A inquirir sospechas mías, en justa razón fundadas, al cuarto fui de Lidoro el de Escocia, y entre varias. cosas que yo le propuse, y respondió su ignorancia, hallé en su boca el secreto, que solo traté en la playa con Filiberto. Qué impropia acción, y que vil hazana para un pecho, en quien asiste sangre Real, pues por dos causas, a cobarde, o cauteloso, a ser quien debe ser falta, una en no saber guardar secreto, que se le encarga, y otra en haberme faltado tan vilmente a su palabra, pues qué puedo yo esperar de su amistad necia, y falsa, u̱ si no que traidor dos veces quiera matarme mañana? Pues no ha de ser (vive el Cielo) que antes que su aleve espada lo intente, en su sangre vil. veré yo la mía manchada: y para poder lograrlo me he de valer de la traza de saber disimular no hablándole en ello nada, ni riñendo de mí a él cuerpo a cuerpo en la campaña, sino dándole la muerte cuando más ocasión haya. . De la vida que me tengo vengo a darle al Cielo gracias, puesto que a pedir de bocas; desde que tengo la plaza de Príncipe manitreto, todo sobra, y nada falta. Levántome cuando, quiero, gasto largo, y rompo galas, y pongo tanta barriga, cada vez que me da gana: pero enmedio de todo esto me tienen con desconfianza estos Príncipes traidores, que matar a mi Amo tratan. Mandritardo a visitarme fue a mi cuarto esta mañana, y por lo preguntón es hombre de malas entrañas: y ya me pesa de haberle dicho, que es cosa señada la de su traición; y como matar al Príncipe trata: bien que a Lisidante importa no hablar en ello palabra; mas él viene acia esta parte. Apenas pueden mis ansias, Clelos, descubrir, ni hallar remedio a dolencia tanta. Ya andamos con susplritos, y entre cuero, y carne hablas? Ay, Piriflor, el sentido, y la paciencia me falta, porque esta esquiva mujer no tiene efectos de humana. Qué hay de nuevo? . Estamos solos Solos estamos: descansa, desahógate, de flema, desembucha, y desenvalna, No hay más, si no que la crió naturaleza tan rara, tan áspera, y tan de hierro, que presumo que ablandarla es lo mismo que querer al Cielo llegar las palmas. Ya he probado mil caminos, y todos me los ataja. Y eso te enloquece? . Sí, que su dureza me mata. Pues ablándala, señora Cómo tengo de ablandarla? Con un garrote de encina, o dándole mil patadas. Deja burlas. . Pues escucha: que hablando fuera de chanza, yo darte puedo un remedio, con que ponerla más blanda, que una vieja, cuando ud mozo de quince años la regala, Si su condición supiera: tal cosa no aseguraras. Pues es más que una mujer cómo las otras? . No iguala a su ingratitud, el monto de cuantas han sido ingratas. Pues si soy buen Dector, mira, para poder curar llagas de amor, el achaque tuyo, y de todos cuantos se hallan pretendiéndola en su Corte es no poder conquistarla por Amor, pues, el remedio es este, sino le alcanzas Lo primero, aunque reviente, es darle a la desollada con la misma que da artodos, no hablarle de amor palabra, y si ella te hablare a ti, hacerse, que el hilo atajas: y después que con aquesto esté muy bien jaropeada, con una purga de celos le daremos por la cara: y verás si obra de suerte, que sin querer hacer cama anda tras ti de vareta cayéndosele las naguas. Deseoso de merecerla, cualquier remedio me agrada. Fuera de que con mi ayuda salir victorioso aguarda. Pitiflor, ta conseguirlo, todo mi Reino mandaras. Pues chitón, y has tu negocio, sin que a nadie: pero aparta, que viene Ihénix allí, e que es desvergüenza, y muy mala manera de gobernar, que no se cuide de nada. Señor Príncipe, cual es de vuestro enojo la causa: Vos misma. . Por qué razón? Porque al fin de la jornada, en la cama me habéis, dado mala noche en vuestra casa, Sin duda no estáis en vos, Lo que digo es cosa clara, que no he podido dormir de chinchés, que hay en la cama, sin tener con quien hablar toda una noche tan larga. No estaba allí vuestro criado? Bueno: parecemos gangas, y con él habla de hablar de vos? . No hay más circunstancia en que hablar, si no es de mí? Señora mía, quien ama, puede hablar de quien quisiere, pensando en las musaranas; mas quien por hablar no duerme, y más yo, que jamás nada me ha quitado el sueño a mí. Pues no decís, (cosa extraña!) que desvelado estuvisteis? Así, que no me acordaba, vos habláis de media noche, y yo de la madrugada. Hola, acabadme de vestir. Esta es, señor, la casacas Reniego de su invención, que mejor sin ella andara cualquiera; con la ropilla solamente no bastaba? Y no andar cargado un hombre con aquestar sepalandas? El sombreto. . Se parece al barro de que una Estatua hicieron pies los Antiguos; pues la cortesía fundada está en él, y a conocerse camina con pies de lana. La espada. . No acabo, Astolfo, de entender vuestra ignorancia: por qué vos no la cenís? Siendo de esfera más baja, por qué el criado ha de ceñirle? y en vos queréis excusarla? Por que él riñe mis pendencias, que es mul lindo rascurrablas, En un Príncipe es preciso. Eso es, cuando por desgracia es Príncipe espadathín; y en la verdad, que la espada al que no la ha menester, mas que le sirve, embaraza. Los guantes. . Ay desvergüenza; o picaron, maja granzas, puercónete mal mirado, ados muy ene . Señor, basta; por qué al criado reñís? Porque de bestia me trata: guantes a mí? No advertís, que solo las bestias gastan cuatro zapatos? . Tened: Id guantes, si se repara, son en un Príncipe adordo Bien decís, que hasta en las caudas de las mortajas vlvientes es adorno la badana. Sentaos. . Pues pasaos allí; que no estáis al bien sentada, dadme a mí el lado derecho. Lindo género de usanza! el lado derecho siempre dan los nobles a las Damas. Como de esos nobles hay. hijos de tan buena crinnza, que ni aún con sus mismos Padres. esa política gastan, Cómo os va, Puenia, de amor? Cuando os parece que se hagan nuestras bodar? . Esas cosas con más espacio se tratan. Antes esar cosas son las que menos se dilatan; que originan calenturas, en yendo muí a la larga. Posible es, Cielos Divinos, . que siendo en esta tirana la hermosura tan divina. tenga tan poto de humana? Si huelo la dilación antes me caso en mi patria al punto con la Princesa, que por la talle pasara, Que un Príncipe diga tal? Es que de ordinarlo andan en Escocia las Princesas por las calles a manadas. Por las calles? . Sí señora, que para quien de amar trata la que mejor le parece. el Relva, aunque ande descalza, salvo para mi criado, que de esas flores no gastas Cómo así? . En toda su vida ha dado al Amor entrada, ni ha tratado de querer, ni ha puesto cuidado en nada; porque en tratándole de eso le da un género de sarna tan cruel, que para rascarse: ha menester almobaza. Astolfo, por qué razón le huis al Amor la cara? Señora, en es mi natura! el no rendirme a su aljaba. Y no se rendirá, si Venus misma le rogara. Nunca habéis querido? . No? toda la atención me arrastra. . Y es en vos costumbre? . Sí: el sacrificarte el Alma. . La razón? . No hay más razón, si no es la que tengo dada: más esperad, volveré, y os diré de ello la causa. Para qué le tratáis de eso? Veislo ya le dio la sarna, y por no rascarse aquí, se va allá fuera a rascurla: mas yo haré que aunque no quiera, a vuestra presencia salga, verán como el jarabillo le revuelve las entrañas. a O no soy Pénix, oso? otra de la que antes fui, o discurso no hay en mí, o duermo, o sonando estoy: Posible es, que un criado hoy en que pensar me haya dado, y que con tal desenfado, sea natural, o violencia; haya usado en mi presencia lo que otro ninguno ha usado? Sin duda la que fui antes no sol ya, pues a mis ojos permitido han mis enojos altireces semejantes. Viven los puros Diamantes de esa transparente Esfera, que si yo su igual me viera, o él me llegara a igualar, que lo había de hacer amar, No soy yo en quien sin segundo desdén el Mundo admiró? Pues como, consiento yo, cuando en mi esquivez me fundo, el que haya quien en el Mundo me gane por esquivez? dejándole a mi altivez motivos, de que en rigor en mi pueda ser amor lo que nunca ha sido, ni es? Mas por qué tan licencioso con natural importuno quiera blasonar ninguno de que es menos amoroso; actes si más desdeñoso que yo, aunque lo pueda ser, de este criado he de aprender? que bueno será tomar lecciones, para no amar, de quien no sabe querer, Mas a tal cuidado pasa mi pecho, que está al quejarse como que quiere abrasarse, y como que no se abrasa: pues que con duda no escasa en mi esquivez encendió tal llama, que me dejó Astolfo, cuando se fue, en el Alma un no sé qué, y en el pecho un que sé yo Por más que alivio le busco a este fuego que me enciende, a este Etuna, qué me consume, a este Volcán, que me tiene con vislumbres de amenazas, C con destellos de desdenes, con rayos de sinsabores; aprojimado a la muerte, no le hallo, aunque si bien quejarme no me conviene de tanta soberanía, lo primero, porque siempre teniendo yo sangre Real, no hay ventaja que me lleve, para que tema mi amor a su Deidad oponerse: Lo segundo, porque Amor no ha ejecutado igualmente sus tiros: luego la causa de que yo entre penas pene, es Amor, no hay que dudar, pues si llego a ronocerte, por dos partes rechazado, tirano Dios, como, quieres, que mis quejas no fundadas estén en ti, si no en quienes conocido han tus traiciones, y ventajas diferentes? Qué bien que te conocía aquel, que viendo quien eres te dijo aquestas razones conociendo tus reveses. , . Quién te dijo que eras Dios engañador imprudente? que el que te llamó Rapaz ese acertó solemente. Si la inmensidad arguye (oh Amor!) la pura verdad, como tanta linmensidad la verdad no constituye? Contrarios efectos fluye tu perversidad atroz, en todo te hallas feroz. Dime, si al Laurel no aspiras, y todo tú eres mentiras, Quién te dijo que eras Dios Bien serlo puedes; mas veo, que efectos no me has mostrados cruelmente me has maltratado; sí serás, mas no te creo: Bien puede tu debaneo querer serlo, es evidente; mas lo que mi pecho siente cuando con serlo has salido, es que serás Dios fingido, , . engañador imprudente. Y si no, dime traidor, si de Dios te acreditaste, por qué a querer me inclinaste a quien no paga mi amor? Disculparase tu error con tu niñez pertinaz; no a mí esas me venderás, fingido Dios, que a mi ver mas te llego a conocer, , . qué el que te llamó rapaze Distintos nombres te dieron los que fueron de ti heridos, todos (oh Amor!) conocidos por tus impiedades fueron: Todos acertar pudieron, según tu engaño es patente, todos te hacen delincuentes mas por lo que en ti a ver llego, aquel que te llamó ciego, , . Ese acertó solamente. . Deseoso de delahogarme, y de quejarme deseoso, a este cuarto me retiro, y estimo el hallarme solo, A solas selo descanso, y solo a solas reposo, que en lar soledad los tristes hallan solo su desahogo. Vencer pretendo imposibles en quien tiene lo amoroso por agravio manifiesto, y lo amante por oprobrio. Los favores desestima cual fiera, o tirano monstruo, que negarse a las finezas es de irracionales propio: y quien no agradece mucho, de humano tiene muy poco. De preciar Príncipes tantes, parece en lo Regio impropio, porque ni augmenta lo grande el hacer pequeños a otros, ni en desestimar humil les consiste lo majestuoso. Cuantos medios son postibles he propuesto al Real decero de Phénix, y más esquiva se muestra cada día a todos; pues en mí, en el de Epiro, y el de Efeso, reconozco, reputados por ningunos tantos méritos herolcos, En que funda merecerla este Príncipe Lidoro? Que en pretenderla, y su estilo, parece dos veces loco. A escribir vengo una carta en que dé noticia a Floro, mi General, del estado de mis cosas, y de como. un bajel ha de aprestar a. en el matítimo golfo, para robar a esta fiera de entre los brazos de todos sus pretendientes, pues ni ellos, ni yo, camino, al modo ha llamos para vencerla, ni vallentes, ni amorosos, Desde que en Palacio estoy a cierta Deidad adoro; prima de Pénix, si bien vencer no puedo él enojo que le asiste, sobre haber necio, y poco cuidadoso, perdido un Retrato suyo el día que salí al soro con Mandricardo a tratar de Lisidante el oprobrio: y he discurrido estas plezar por ver si un criado topo, que mi disculpa le lleve en estos renglones cortos, deseoso de conseguir con ellos sus desenojo. Mas alguna cosa graye está escribiendo Lidoro, que es Secretario de Pénix, y de quien fía sus negocios, fuerza es esperar que acabe. Ya está escripto, de este modo ha de ser. . El encubrirme, porque no me vea; es forzoso, Sepa esta cruel homicida, y sepa su Reino todo, mi gran poder, y que sol Príncipe de Acaya heroico, y aunque encubierto en su Corte, sol Meleandro valeroso, hijo, y suecesor valiente del insigne Pelioro. Cielos, qué es esto que escucho! qué secreto misterioso a todos tan escondido, y derlarado a mí solo, es el que he escuchado aquí de la boca de Lidoro? Luego este nombre es supuesto en él, pues confiesa él propio, que es el invicto Meleandro, Príncipe de Acaya: o como, sin pensar, en su secreto me ha hecho el mismo noticioso, Mucho hay aquí que pensar que es evidente, y notorió, que alguna traición previene, y más cuando decirle oigo; Sepa esta fiera homitida, y sepa su Reino todo mi poder; mas yo sabré advertido, y cuidadoso inquirir lo que me resta saber en este negocio. . Luego al punto haré que el pliego con un Correo cuidadoso, llegue a las manos de Floro, para que el Bajel me apreste, y en la primera ocasión, que su desdén rigoroso salga a la Marina, espero, según el modo dispongo, ser Paris de su hermosura: y surcando promontorios de cristal, dar en Acaya con Juros vencido asombro: que aunque después indignado lo lleven mal los contornos, y por su Reina la aclamen, aunque pese a su decoro, aunque el pundonor lo sienta; y aunque de mi amor quejosos los Príncipes se aprestaran, por Mar, y tierra en su abono, y en su defensa llovieran montes de menudo plomo, mul poco, o nada vendrá a importar, porque yo solo, aunque todos se me opongan, me sabré oponer a todos. . La inclinación me arrebata este Príncipe Lidoro, y quizá por majadero es conmigo venturoso; pues me vitupera al paso, que yo rendida le adoro: mas él viene. . Aquí está Libia, y en su pecho rencoroso no sé que incendio violento, o Mongibelo amoroso; mas no me espanto, este garbo, es de las Damas asombro. Señor Príncipe, qué causa os tiene triste? . Negocios de vuestra Princesa Pénix, Libia, me tienen absorto. Habiendo quien os estime buscáis amores costosos? Los pequeños, y los grandes me tienen un mismo costo. No escarmentáis el desprecio con que Pénix trata a todos? Dicen, que es el mal de muchos, Libia, consuelo de tontes: pero yo en su estimación favores bien grandes logro, y sabe lo que se pesca. Sí, que es lindo peje el bobo. Cómo va lleva de celos suelta todo lo espumoso, que gracias a Dios, no estol incapaz del fin de todo. Mirad, que os adoro fina. Pues mirad; que yo no etorgo. Tanta dureza? . Sol piedia. Tanta secuedad? . Sol troncos Pues al Infierno. . Usted vaya, que no me estimo en tan poco. Qué así se pagué mi amor! Qué a mí se me atreva un monstruo? Con celos he de vencerle, pues al Amor se hace sordo. A desprecios morirá, en no buscando otro modo. A morir vol de desprecios. Y yo a hartarme de mondongo,

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Ni merecer, ni alcanzar puedo amando lo que quiero, y mientras más desespero menos me puedo mudar. Bien la letra ha publicado ya mi desconfiado amor, pues de esperar un favor estoy ya desesperado: Y quien más mortificado, como yo, se vendrá a hallar? pues cuando más a obligar llego a mi Dueño querido, obligan lo no he podido, , . Ni merecer, ni alcanzar Con lo que el oído escuchó, se augmenta mi pena; y crece. mi tormento, pues parete, que para mí se escribló la canción, por cuanto yo sujeto a tanto penar en la ventura dejamar, aún cuando estol más perdido, alcanzo, que no he podido, , . ni merecer ni alcanzar. Es propio mortificarse en el que adora, y no alcanza, pues ve morir su esperanza llegando a sacrificarse: Es para desesperarse; más desesperar no quiero, pues aunque el Hado severo me sen adverso, he de sufrir por ver si así conseguir , . puedo, amando lo que quiero Quiero en los males que copio olvidar lo que he querido, y entre si olvido, o no olvido, me olvido yo de mi propio: Qué es remedio muy impropio el vidar, según infiero, que amo, y por querer muero; pues si no dejo de amar, como dejar, ni olvidar , . puedo, amando lo que quiero? Por querer vivo muriendo, y queriendo he de morir. pretendiendo he de vivir, aunque viva padeciendo: Lograr un favor pretendo del Ídolo a quien venero, este mientras más le espero, y más mi deseo le aguarda, mas le obligo, y más se tarda, , . y mientras más, desespero, Mas de fuerza he de olvidar, porque en tan tirano asedlo no hay que esperar el remedio, si el remedio es esperar: Que si pudiera alcanzar, esperando, lo que espero, constante esperara, pero esperando llego a ver, que espero a más no poder, , . y mientras más, desespero Y cuando por no perder el juicio, o desesperarme, he procurado au entarme, mas me destino a querer: En fin, ya no sé qué hacer? Amor, en qué has de parar? Pues cuando para olvidar la separación procuro, al paso que más me apuro, , . Menos me puedo mudar Y así mi conocimiento halla, pensando en mi amor, que el pensamiento mejor es mudar de pensamiento: Mudar parecer intento, y dejar Amor, de amar: mas ay! que en tanto penar, para más atormentarme, mientras más quiero mudarmé, , . menos me puedo mudar. Qué mal descansa en sus penas ofendido un corazón, porque solo la venganza al agraviado sirvio de descanso, pues venganza es el remedio mayor: Quien en el pecho alimenta una cullada pasión en desasosiego vive, pues nunca sosiego halló. Dígalo mi enojo ardiente, a quien Filiberto dio infamemente el motivo, para tanta indignación. Dígalo el deseo insaciable, que: pero aquí está el traidor, que me ha ofendido: a qué aguardo, que la muerte no le doy? La luz esta retirada, y es famosa la ocasión: aguarda, fingido amigo, y probarás mi rigor . Mas de qué sirve el quejarse de una ingrata sin razón, si me niega una tirana el alivio? Y cuándo esto? más firme amando me añado un dolor, a otro dolor. Mas porque puede importarme voy a hacer información de lo que a Liloro ayer le oí con tanta pasión, sin darme por entendido de que lo he sabido yo, y a ver si al papel Irene con la criada respondió. . Aunque de verme en descanso gracias al Cielo le doy, como al fin en esta vida no hay regla sin excepción, caballo sin racha, ni un gravioso sin amor, aunque Príncipe interino, por no decir simarrón, vengo a quejarme de ver, que en todo Palacio no he topado una fregona de quien poder ser fregon: que el alivio que he topado, sin duda en Libia nació, pues en rostro, y aspereza es más fiera que un Dragón, todos en su amor entienden, y yo no entiendo mi amor. Esto digo, porque a noche saliendo al Parque me dio, este papel una criada, diciendo, señor, señor Príncipe, ya Irene está desenojada con vos: yo quise harerme de peneas con ella, y cierto rumor, que escucho, acaso motivo a que se fueso le dio. Y en fin, de la tal Irene, a quien no conozco yo, un papel no muy ingrato en la mano me dejó, que por convenir lo guardo; para mejor ocasión. Sí se habrá este cobarde ido? no, que aquí está: en, valor, si estáis ofendido muera el traidor que os ofendió. Por todo el Palacio he andado en busca de Pitiflor, para informarle de cuanto con Pénix hoy me pasó, que parece que el remedio le ha hecho grande operación. A qué aguardo, que no vengo mi agravio en este traidor: sea esta Pístola instrumento de mi enojo, y mi furor. De esta suerte Faliberto paga quien sin ocasión descubre ajenos secretos, y es, a un amigo traidor. Valedme, Cielos, valedme: hola, criados: confesión. Ah traidores, qué es aquesto? no viste quién te tiró? Confesión. . No grites tanto. Déjame gritar, por Dios, que me han dado en mala parte, y herido de muerte estoy. Qué pecho aleve haría tal? Sabes quién es? . Sí señor. Pues dilo breve. . La mala borracha que te parió. Levanta. . No puede ser. que siento en resolución un mal sudor por detrás, por delante un trasudor. Es mucha la herida? . Sí. Dónde está? . En el corazón; A ver. . No no aprietes tanto, porque rabio de dolor. Herido, necio, no está:: dónde está la herida? . No puedes verla, porque está:- Dónde? . En la imaginaciona Levanta, que mal no te hizo, Buenas nuevas te dé Dios: no te lo he dicho mil veces? Ahora bien: yo, mi señor, quiero quitarme del riesgo, y renuncio desdo hoy la fingida potestad de Príncipe, que razón no será que arrochí mochí un mal nacido traidor me desparezca los cascos, Binalmente, yo me voy, que a costa de mi pellejo no quiero galas, ni honor: a fuera vanos adornos, que han podido costarme hoy, como quien no dice nada, la vida, no más: adiós. Tente. . No me detuviera. si el Padre que me engendró a gritos me lo mandara desde la cuarta región. Piristor? . No hay que trataro Mira el empeño en que estoy. No hay que tratar, esto es hecho, Cobarde, estás loco? . No: pero ya se perdió el juicio con aqueste coscorrón, y voto a san, de que a gritos tengo de decir quien sol, y quien eres tú. . Primero te haré pedazos, traidor. Pues por ver, sepan, señores. Ah cruel. . Digo que sol Piti. Tirano, no lo pronuncies. Pidi. . Calla. . Pitiflor. Reniego: mas Pénix viene. Y viene a buena ocasión. Toma la ropa. . No quiero, Aquí todo se perdió. Qué es esto Príncipe? acaso: Verán con la que le doy. Habéis el juicio perdido? Pues decidme, por qué no podré yo, si me da gana, perder el juicio por vos? A qué Piriflor llamabáis? Eso es, lo que quería yo . que me preguntéis, señora. Ahora lo verás simplón: . póngole un madurativo, . y a fe a fe, que el escorsor le dure con el papel, que la tapada me dio. Sabed, que este criando vil me ha dicho en mi cara hoy, que tiene amor a una Dama de aquello de Pitiflor. Y este papel lo confirma, por eso yo al mojicón . pitiflor, y pitipuerto le dije una vez, y dos, Y por aqueso tiráis la ropa? . Si os ofendió, veisla aquí ya levantada; y desde el primer balcón, porque otra vez no os ofenda la he de arrojar vive Dios. . Ay Cielos! qué hombre, o qué criado es este? o qué superior mano le habéis dado, para goberbar mi inclinación? Yo a un hombre bajo rendida? Yo amar? Mas calle la voz, que es mi desigual, y puede ofenderse el pundonor, Leo por curiosidad, que por otra cosa no. Qué papel es este, Cielos? En notable empeño estoy; pues no podré responder en lo que no alcanzo yo. Creo de vuestro noble trato el amor que aseguráis, y con lo que me informáis en lo que toca al Retrato: Perdonad a mi recato el enojo en caso tal, y en el terrero puntual os espero, que a mi ver Retrato no ha menester, quien tiene el original. De Irene, mi prima, es la lerta, aunque no firmó, veniego del instrumento, . que en mí tal fuego encendió: con un Infierno de celos. se me abrasa el corazón: reviego de mí, y de Astolfo, y reniego del Amor. . Ni Pénix me dice nada, ni se lo pregunto yo, ni con el dolor acabo, ni a mí me acaba el dolor; pues de modo me atormenta este enemigo ferez de mi tormento, que ya tengo de mi compasión: Por cualquier parte que intenta buscar alivio la voz, en vez de aliviar, me añado mas penar a mi pasión. Pues por lo que mira a Pedix, veo cada día su favor menor de mi parte, y más constante en mi pretensión. Si por lo que toca a mí veo, que creciendo mi amor persevera cada jnstante más firme en su condición. Si me declaro es perderme, pues para decir quien sol, viendo con cuanta evidencia me amenaza una traición, claro se ve el manifiesto peligro, a que expuesto estoy, Si me resuelvo a dejar la empresa que comenzó mi altivez, será agraviar s lo invicto de mi valor: que no ha de decir el Mundo, que Lisidante volvió al peligro las espaldas, ni vio la cara al temor. Pues Cielos, qué puedo hacer en semejante ocasión? Irme de la Corte? Sí. Y dejar a Pébix? No. Que la adoro, y el dejarla fuera lujuria de mi amor. Pero aquel desdén esquivo, y aquel tirano rigor, con que cruelmente me mata su severa condición, cómo he de poder vencerle? Cómo? Teniendo valor, sabiendo esperar amante, menospreciando el dolor, y amando el propio peligro, que tanto me amenazó. Ea, pues, en vuestra empresa no de mayéis corazón, que con el tiempo, y la vida todo cuanto hay alcanzó; porque al fin todo se rinde al yugo de la razón. . Solicitando a Lidoto viene mi amante cuidado, pues loco, o enamorado ha ofendido mi decoro. Remití a Irene un papel; y respondió, pero errada lo dio a Lidoro la criada no viniendo para él. Y por extremo he sentido de su loco frenesí, que viniendo para mí, él lo hubiese recibido. Porque semejante acción es en mi conocimiento, o no preciarse de atento, o faltar a la atención Y así solícito osado sacarle al campo, y cruel darle a entender de mí a él, lo mucho que me ha enojado. Con notable ligereza echando pies adelante en busca de Lisidante, discurro una, y otra pieza; a darle solo razón, per lo que mostrando va, como ya Pénix está más blanda, que un requezón, De aquel papel la papilla le pegué en tan buena hora, que está la pobre señora blanda, como mantequilla. ̱g Y ahora con el Retrato, que hallé saliendo del Mar, porque acabe de empeorar urdirle una treta trato. Todo el día se le va en suspirar por su daño, y, pero si no me engaño, aquí Lisidante está. Todo el Palacio por ti he trotado, el tiro erré, y con el traidor topé, duélase el Cielo de mí. Bien sé, para entre los dos, que no soy el que pensáis, mas aunque no me buscáis a mí, yo si os busco a vos. A todo mi miedo apelo. Parece que os suspendéis. No, decid lo que queréir. Tengo con vos cierto duelo. Ya mi desdicha prevengo: . mas decid, que importa, amigo, el tenerlo vos conmigo, si yo con vos no lo tengo? Un agravio muy pesado me habéis hecho. . Pues así, hacedme otro mayor, y quedaréis desegraviado, Defender quiere el valor mi agravio en campaña. . Pues si os mato en el campo no es haceros otro mayor? A esperuros mi ardor pasa en rindiendo el Sol su coche. Perdonadme, que de noche no salgo un punto de casa. Pues cuando Pebo arda más os espera mi osadla. Peor es eso, que de día hay muchos que metan paz. Para eso será razón a lo más despoblado irvos, Y decidme, quien ha de oírno en pidiendo confesioa? Una casa vacla es, propia para que riñáis. Si os mato, o vos me matáis, quién la ocupará después? Pues la Marina os señalo, para mañana, en rigor. Ayer me dijo el Doctor, que mañana he de estar malo; Mas decidme, por qué cruel desafiarme habéis querido? Por haber vos recibido de cierta criada un papel. Ella me lo dio, por Dios, a mí, sin pedirle nada: ea defafiad a la criada, y que ella riña con vos. Pues cómo queréis que sea? salir al campo es el caso. Pero es fuerza darme plazo, para que en ello me vea, que en el cuento no habéis caídos Ya sé que sois, según siento, un cobarde. . Ese es el cuento, digo, que sois entendido. Pues, en fin, qué determina vuestro valor? . El salir; mas donde hemos de reñir, me decid? . En la Marinas Y decidme, ya que he de ir, lleváis que comer, o no? Pos qué? . Porque observo yo comer antes de reñir. Excusadlo. . Ay tal porfía? el luicio me haréis perder, hemos de estar sin comer, si reñimos, todo el día? Adiós, y aguardo. Ité fiel; lo que aprieta el mala cara, como si me convidara a comer algún pastel. . Disponed, con todo empeño lo que os he dicho. . Ordenado está lo que habéis mandado. Bien presto espero ser dueño . de su beldad, pues ufana pretende Pénix salir sus penas a divertir, a la Marina mañana. Y ya tengo prevenida cierta traza con cordura para robar su hermosura: aunque el Mundo me lo impida, advertido está el tropel de mi gente, que se empeña, para que con una seña den con ella en el Bajel. Mi amor, señora, veréis si a la Marina salís. Siempre, Lidoro, cumplís con la sangre que tenéis. Pues a ejecutarlo voy. Id con Dios. . Él te haga mía y aplaque tu tiranía. . Ahora que a solas estoy, y que la misma razón a querarme me provoca, salga del pecho a la boca lo que siente el corazón. Y pues en tan triste calma mi dolor no se mitiga, salga de mi pecho, y diga todo cuanto siente el Almas Porque en las cosas de amor quien busca a sus males medio, con dilatar el remedio hace el achaque mayor. Yo sol la que al Niño ciego le supe negar la cara, sin que jamás me abrasira lo tirano de su fuega? ug Yo quien supe despreciar a cuantos me han pretendido, pues por amor no han podido mi hermosura conquistar? Yo la que no me vencí? Pero, Cielos, dónde voy con mi discurso, si sol otra de la que antes fui? Pues veo en continuos desvelos, que con tirano rigo? lo que no conquistó Amor, han conquistado los Celos. Pues adoro (tente lengua) y basta decir, que adoro, que lo demás del decoro, y de quien yo sol, es menguas Mas, Cielos, qué ruido es este? Ved, que yo llego a ampararle. La muerte sengo de darle, aunque la vida me cueste. Mirad, que yo a vos me opongo, y en su defensa me fundo. Aunque le defienda el Mundo, le he de sacar el mondongo. Tened, Lidoro, la espada, y procuraos reportar. Digo, que le he de matar, como quien no dice nada. Tened. . Estol hecho un perro, y tanta gana tenía de matarle, que ya había conchavado hoy el entierro. En qué el criado os ha ofendido, que así le habéis maltratado? A saber quién es el criado no se hubierais defendido. La espada, señor, se aquiete en vuestra valiente diestra. Dejadme por vida vuestra darle, si quiera un piquete. A Pónix se lo he de dar, que le llegue al corazón. Dadme, señor, la razón, que os ha podido enojar? Qué razón he de dar, cuando entrando ahora de tropel este bárbaro infiel me le he hallado idolatrando: En qué? . En este Retrato: ahora le da calentura. . Vencí, Cielos, su hermosura. o Con la horma de su zapato . se ha de topar. . Enojada Péniz está de si propia, y divertida en la copin, ni alienta, ni dice nada. La Princesa muestra enfado, según su intención pregona, y peligra la Corona, porque suspensa ha quedado. Si Amor no merece aprecios, . y cual. Niño se acobarda, en celos Troia se arda, para Conquistar Desprecios. Ansias, qué tormento cruel . es el que almis manos viene? El Retrato de que Irene a Astolfo habló en el papel. Con esta evidencia, Cielos, ya no hay más que averiguar: la vida me han de quitar mi amor, mi enojo, y mis celos. Lidoro, aunque a vos no importe, con ese criado ignorante, partios a Escocia al instante, y no estéis más en mi Corte. No tiene que replicarle a Pénix, ni esté pensando, sino váyase llorando, desterrado de este valle. Su enojo, he ludignación disimular no ha pedido, y con ella me ha metido a mí en grande confusión. . Y pues? . Ya estamos perdidos, ya no hay más con que obligarla, Porfiar hasta enfadarla, aunque estemos despedidos. Vive Dios, que va rablando, Me lleve a mi Patas fieras, si ahora tú a su cuarto fueras sino la hallaras llorando. Y en el desafío qué cabe hacer? qué se determina? Que salgas a la Marina, para que todo se acabe. Pues si ya no hay más que hacer, lo demás haga el valor. Así ha de ser, Pitiflor. Y dime, cómo ha de ser? Ambos hemos de llevar cubierto el rostro, hasta ver lo que puede suceder, y ocultos hemos de estar. Pues dejemos de razones, y vamos a lo tratado, que has de ver hoy a tu lado el Marte de los busones. Pues remedio a que apelar no queda por nsagún modo, hoy ha de perderse todo, o todo se ha de lograr. . Adelantarme he querido a la Marina, fingiendo, que a cuidar lo necesarlo, que está de mi parte vengo, por poderidar a mi gente, que está de aquí poco trecho, órdenes muchas, y avisos, para asegurar el hechos Hoy sabrá Puénix uien sol, y verá hoy el Mundo entero, como el Príncipe Meleandro sabe vengar los desprecios: que si tomo le acompañan Mandricardo, y Filiberto, le acompañaran de entrambos sus dos poderosos Reinos; la he de robar de sus ojos: y si a mi valor opuestos, el triunfo me embarazaren, y a metido en el empeño, o he de quitarles las vidas, o hacerlos mis prisioneros. Mas ya pienso que han llegado, hacer la desecha quiero. . Escúrrete, por aquí, que ya se va, a ver desprecios este galgo de Lidoro, donde están los demás perros, con ellos la tal señera, sale a divertir sus celos, y creo, que el desafío no ha de tener hoy efecto. En fin, Pitistor, ya estoy a todo trance dispuesto. Ea, mira que acía acá caminas; al esconde lero vamos, y entre aquestos ramos cuanto pasare veremos, Como ha días que vuestra Alteza no pisaba aqueste, puesto, las flores se desmararon de no ver sus ojos bellos, parece que con su vista han cobrado nuevo aliento. Antes creo, que las abrasa el fuego que hay en mi pecho, Él no estir Astolfo aquí . me mata más que mis celos: qué mal hice en despedirle. Algo disgustada os veo, aliviar podéis, señora, en las flores lo molesto de vuestras penas. . Los tristes en nada tienen consuelo. Que librara la fortuna . de mi rigor a este fiero, y aleve amigo? Mas yo trazaré su fin sangriento. Que no haya, podido yo inquirir con qué pretexto este fingido Lidoro en Creta vive encubierto? No porque Pénix lo ignora, pues se lo dije yo mismo, a Los Músicos acerrad: al pie de ese olmo soberbio quiero descansar un poco. Bien breve descanso tuyo será un Bajel en su centró. Que diera yo, porque solo se quedara Filiberto! No es posible, porque está Pénix mul cerea. . El pañuelo saco, para que con él conozcan que es ahora tiempo. Ay, señor, mira que tropa de Corsarios tan valientes van a la playa saliendo. Esta es sin duda traición. Traición, traición: favor Clelor. Socorramos a su Alteza. . Vive Dios, que es dicho, y hecho. Mueran todos a mi furia, . Amor, ayuda mi intento. . Ya esto no puede excusarse, echó mi fortuna el resto: sígueme. . Ya vol tras ti, pero con el pensamiento: qué famosa escarameza se ha trabado, y que de cuezcos se pegan unos a otros, 1. Llevad la presa al Bajel. No haréis, que yo la defiendo, Aquí, Mandricardo, aquí. A ellos, Flliberto, a ellos. Ay, dé pucha cuales andan: pero a mi Amo me atengo, que ya vuelve aquí con Pénix, y yo a mi rincón me vuelvo. Ya del peligro estáis libre. Solo a vos la vida debo. Pues aún queda más que hacer, aquí esperad, que ya vuelvo. . Pues tú la vida me has dado, ampare la tuya el Cielo: Oh cómo hace cara a todos! con qué valor, con qué aliento! vivo retrato de Marte párebe a todos opuesto. Entre las espadas anda hecho un rayo el encubierto, La primer mujer os esta, que no desmaya en los riesgos, ser Princesa marimacho, se conoce desde Juego. Ya, señora, los traidores cobardemente volvieron las espaldas al peligro. Ya de la traición, que aleves intentaron viles pechos estáis libre, sosegaos; y recobrad el allento. Ya los pocos que quedaron dieron las velas al viento: pues no han dado en el engaño . disimularlo pretendo: vive Dios, que estoy corrido: qué no lograse mi intento! Ya, señora, como sols Sol, que esparce candor bello, de vuestros divinos rayos todas las sombras huyeron. Yo me estoy quieto, hasta ver en lo que para todo esto. Ya que del todo obligada, lo agradecida confieso, que os descubráis os suplico. Y yo, gran señora, os ruego, no me mandéis imposibles. Pues como sabré a quien debo la vida, para pagarle! Pagado estol desde luego, solo con que no mandéis que haga, lo que hacer no puedo, pues yo no he de descubrirme. Por qué? . Señora, no puedo. Yo haré que lo hagáis. . Y yo. Para todo tengo aliento. Y yo miedo para todos. Este estorbó a mi deseo la gloria: muera el traidor. h- Tened todos los aceros: que os descubráis por mi vida, y por la vuestra os lo ruego, Me pedís por una cosa, que más: ya estoy descubierto. Válgame el Cielo! qué miro? Pues como, traidor: . Teneos, Es traición el defender, y aún dar el último aliento por la vida de su Alteza que tanto estimos y aprecio? La vida me deberá mí. También la debe a mi acero, Yo su vida puse en salva. Ya yo sé a quien se la debo. 3. Es a mí? . No, sino a Astolfo, Válgame Dios! pensamiento, . mucho hay aquí que pensar, y que averiguar, en esto de estas prendas, que en Astolfo se ven, no sé qué recelo. Elliberto el otro día, su verdad encareciendo, no me dijo, que en mi Corte tenía un Príncipe encubierto? Mas qué fuera ser Astolfo el Príncipe? Mas qué pierdo en valerme de una traza, para averiguar lo cierto, poniéndolo en una torre. Maudricardo, Filiberto, yo tengo razón bastante de como en mi Corte tengo un Príncipe disfrazado, y ponerle en prisión quiero. Con todo hemor dado al traste. C Qué oigo? Válganme los Cielos! Fuera de mí me ha dejado. . Mandricardo, Filiberto, a mandad prender a Lidoro. A vuestros pies estoy preso. Pensé que conmigo hablaba. Levantad. . Este secreto . me tiene fuera de mí. No culpéis, señora, en mí haber estado encubierto, sin declararos, que sol Meleandro, ya prisionero vuestro, y Príncipe, de Acaya: disculpe mi Amor los hierros. Quién tal huyiera pensado! Todo lo descubre el Cielo. Sin hablar con vos, Meleandro, os descubristeis vos mismo, que a Astolfo, y a su señor, he mandado poner presos. A mí, señora, por qué? Después lo averiguaremos. En gran peligro está mi amo, ponerme a su lado quiero. Buscad al punto a Lidoro. Y qué tenemos con eso? Ya aquí, señora, tencis a Lidoro todo entero. De sus desdenes aquí ahora vengarme espero. Traición es el ocultarse No somos sodos fulieros. Ponedlos en una torre. Por vuestro gusto lré preso; mas vive Dios, si me enojo, no me prenda el Mundo entero. Y sepan ustedes; que yo también digo lo mismo, Yo lo creo. . Vos por mujer lo creeréis, yo no lo creo, porque me sobran los bríos. Pues si no lo creón, haremos, que lo crean i estocadas: a ellos, señor. . Deteneos, que han de pagar vuestras vidas tan osado atrevimiento, y he de haceros dar garrote. Qué, garrote? por San Cleto que de haberlo oído, me hace gorgóritos el guargüero. Oh decid quien lois, o haré en los dos un escarmiento. Tal temor tengo, que ya estoy estudiando el Credo. Di quien eres con mil Diablos, que nos va la vida en ello. Señora, no he de decirlo. Pues moriréis sin remedio. Dite que eres Lisi: . Calla. Qué es callar? qué calle un muerto, Hola, gente de mi Guarda, dadles garrote al momento a Astolfo, y Lidoro, para que sirva a otros de escarmiento, A mí no, señora mía, porque sol Fralle profeso, Hombre, o Democio, qué aguardas? di quien eres, y acabemos. Pues, hermosa Pénix, ya que aquí excularme no puedo, y que es forzoso el decirlo, por cumplir vuestro precepto. Supongo mi Ejecutoria, mi Patria, y mi nacimiento: También dejo a parte todos ̱̱p los pollticos todeos de que en semelantes lances suele valerse el ingenio, y a lo más preciso paso del principio de mi empeño. Con el grande Rey de Chipre, a quien por fuerte, y guerrero lauros, y tiiunfos dedican la fuma, el Mundo, y el tiempo, tuve, señora, en campaña, un desafío cuerpo a cuerpo, sobre haber roto las treguas, que me habla pedido él mismo. El duelo se remitió de él a mí, para cuyo efecto, se aló por ley de estado hora, día, armas, y puesto, Y una mañana, que el Sol apenas medio despierto en si son, o no son flores se las fue el Alba bebiendo, de mi Corte acompañado, de lo mejor de mi Reino salí, sobre un blanco Cisne, tan hilo todo del viento, que yo de su ligereza tal vez, presumí al correrlo, que eran sus dos manos alas, con que volaba violento, pues de suerte las barla, que le paraba, temiendo, que hasta la esfera del aire no me subiera de un vuelo. Al punto de medio día descubrí al Rey, tan soberbio, y tan dueño de sí mismo, que le pareció a su aliento, corta esfera los dos Polos, poco ámbito el Mundo entero; juzgando, que aún era poco para el empleo de su esfuerzo, Y apenas me vilo, cuando parció a ma sobre un Oyero, con tanta violencia, que parecía a un mismo tiempo rayo con Alma el gluete, y el Bruto animado trueno. Tanto, que a no tener yo tal valor, y tal efruerzo, o a ser otro su contrario, al verle partir; entiendo, que a miedo le provocara, o le lrfundiera respecto, Pero mi valor invicto, que no desmaya en los riesgos, me puso espuelas, y yo partí a encontrarlo tan recio, que sin poder remediarlo, en el formidable encuentro chocaron testa con testa los Hipogrifhos, opuestes, Pero saliéndose el Rey un peco al lado finiestro, le apliqué también la lanza, que por el lado derecho le antecogí, de la silla cayó al suelo medio muerto, y en tanto, que del caballo me desmonté, sin allento le hallé pálida ceniza en purpúreo monumento: saqué un puñal, y cortele una cinta, con que al cuello traía un Retrato: y llegando sus parciales a este tiempo, admirado en la pintura, que luego me abrasó el pecho, dije: Cuya es esta copia? Que me admiro, que mi efuerzo haya vencido, a quien trae en su favor todo un Cielo? Infortunio fue del Rey no verlo antes, porque al verlo bastaba el Retrato solo para templarme, ofreciendo a su hermoso original veneración, y respecto. Pregunté a los Generales, es este el Retrato bello de la gran Reina de Chipte? a A que respondió uno de ellos: No, gran señor, que esa copia es del divino sujeto de Penia, Reina de Creta, en quien el Rey tenía puestos los ojos, para lograr la ventura de Himeneo. Reina de Creta, sin duda, fuera, a no haber el Rey muerto, Con esta razón, señora, invidiándome a mí mismo, no quise los parabienes aguardar del vencimiento: Que así que vi vuestra copia, yo fui el vencido, pues luego con todo mi corazón, en el templo de mi pecho, el Alma os sacrifiaue, en atas de mis deseos. Volvime, en fin, a mi Corte, celebrose mi tropeo, y asegurada la paz, y la quietud de mis Reinos, después que mi Embajador me ponderó con extremo de vuestra rara hermosura lo agraciado, y lo severo, embarqueme en amorado de vuestra beldad, haciendo temos de mi: esperanzas, y velas de mis deseos. Ufano empecé a surtar del Mar el salado seno, viento en popa navegamos algunos días, pero el tiempo se volvió contra nosotros, y a vista de vuestros Reinos se levantó un uracán tancruel, que el embreado leño combatido de las olas, y acosado de los vientos, tal vez al profundo se iba, y tal vuz al Firmamento. Salimos los dos a nado a una playa, donde el Cielo nos reveló sin pensar un peligro manifiesto, en que la vida a los dos nos dio: pero a todo riesgo, me determiné a seguir la gloria de mi deseo, para cuyo efecto he estado en vuestra Corte encubierto, Yo soy quien os adoré, luego que en vuestro bosquejo admiré las luces raras de vuestros dos Soles bellos. Yo quien hollando la espalda de ese monstruo verdinegro, mi vida arriesgué por vos en tormentas de tormentos, Yo quien saliendo del Mar, no temí, por mereceros, los evidentes peligros de un mísero sin funesto Yo quien lleno de valor, a pesar de viles pechos, la vida os di, gran señora, no ha mucho en aqueste puestos Y para decirlo todo, humilde a esas plantas puesto, digo, que soy Lisidante, Priocipe de Pafo. . Cielos? Muera el traidor. vero como. vos le amparáir, Filiberto? Porque de amparar su vida me di palabra a mí mismo, aún sin conocerle, y hago como noble lo que debo. Advertid, qué el di frazarme, en mi fue forzoso empeño, porque encubierto en la playa oí de los dos un secreto, Pues por qué habíáis ocultado quién sois? . Porque desde tierno le profetizó una vieja, que en Creta unos Caballeros habían de querer matarle, y yo conozco uno de ellos; Y para que se descubra más propriamente, el suceso, sepan ustedes que yo, no sol de Escocia heredero, criado leal de Lisidante C sol, a pesar de los tiempos, y es mi nombre Pitiflor, que el de Lidoro es supuesto. Pues que me cabe la mía . desquitarme ahora espero. Que de veces, corazón, . quise decir lo que veo. Pues, señora, yo os suplico, que hagáis elección del dueño, que ha de ser de vuestra mano; y si es que yo lo merezco, por quien sois, y porque os amo, no me dilatela el premio. Cierto papelo, y Retrato podrán responder a eso, Todo eso no es, embarazo, para lo que yo pretendo Pues el dueño qué dirá? Yo no conozco otro dueño, que solo vuestra hermosura tiene lugar en mi pecho. Aquel Retrato se halló Plriflor, del Mar saliendo, y el papel vino a sus manos, sin saber cuyo era; y viendo, que por amor no podía conquistar vuestros desprecios, y hauíi abanes Con lleencia: En Sevilla, en la In por consejo suyo, yo, señora, me valí de ello. Yo, señora, sol testigo de esa verdad. . Y muy lego. Pues, Príncipe, esta es mi mano, Feliz sol, pues la merezco. Bien conocí, que el de Pafo. habla de ser el electo. Siempre por inclinación os tuve, Prínclpe, afecto, y el debido parabién os doy del feliz empleo. Cómo noble procedéis, todos mis lauros son vuestros, Vuestra Alteza, gran señor, por muchos años sea dueño de la hermosura de Pénix, gloria siendo de ambos Reinos. Y yo, gran señor, también, os dol de tan alto empleo el parabién; y desde hoy, aunque he sido vuestro opuesto, quiero ser, para serviros, un firme amigo, y muy vuestro. Como Príncipes heroicos, me honráis más, que yo merezcos Gran señora, aquel. Retrato, y papel, prendas que os dieron tanto pensar, son de Irene. Vuestra será, y con aquesto a la Corte vamos, donde mi ventura celebremos. . Pues yo me caso con Libia. Hay mucho que hacer en eso. Tanta dureza? . Soy bronce, Tal fortaleza? . Soy bierro. No me quieres? . Ni tantito. Por qué causa? . Tengo dueño. Pues ya mi esquivez vencistes, tan solo con darme celos, y ya, Libia, me pareces la misma Deidad de Venus, Ya han visto al pie, de la letra, que en un natural severo: Mas pueden Celos, que Amor, para conquistar Desprecios, cuya pluma pide ansiosa el perdón de los defectos.