Texto digital de Pagarse en la misma flor y boda entre dos maridos
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Félix Moreno y Posvonel
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Pagarse en la misma flor y boda entre dos maridos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pagarse-en-la-misma-flor-y-boda-entre-dos-maridos.

PAGARSE EN LA MISMA FLOR Y BODA ENTRE DOS MARIDOS
JORNADA PRIMERA
Taja, araja, alliano a la maleza. A las espaldas de un monte, porque el monte tiene espaldas, que si espaldas no tuviera, fuera monte sin elpaldas. Al valle, al mort, al pradillo: atala a el tilcoo, a la peñas, Cazando estaba estormnos la mesa de saundarría, y el Rey su padre estrdia sus con ella a cazar gangas. iá. Ningún conejo se mueva, o quedará castigada su rebeldía, a la fuerza de una censara. Cansada me tiene la caza padre, Siempre que sales a caza, vienes, hija, daba apertos. Su ejercicio no me agrada, que a mí, solo me deleita el estruendade las armas, él aunbido de los tiros, el retintín de las cajas, que la caza solo es buenas para las pulidas Damas, que se crían para Monjas, Calla, no prosigas, calla, que he visto allí un jabilí: on traía los perros de faldas? quédito, sin que te muevas. Jals, qué furiosas garras! Anda, y dile que se espero, Dice, que no tiene gana. Gran puerco es el jabalí, pues tal desvergüenza gasta. Que me ahogo, que me ahogo, a el agua, que nos perdemos. Demos barreno a la Nave, para escapar de este riesgo, Ay, infelice muchacha! vete presto, vite presto; veta sola, no te vean aquí con tu padre. Ay, Cielos! si me vieran estar sola aquí con mi padre! huyendo me voy, que mi honor peligra, si acaso me ven aquestos. Válgame el Martirologio! Y a mí el Almanse entero. Amigos, altad, y cubríos, no as cause bochorno el fresco, y sabed, que estáis hablando con todo el Rey, cuando menos de Gangarria. En furtuna, hoy logro el bien que aborrezco. Conocer quiero a este hombre, que es hermano de mi abuelo: no caigo en quien pueda ser. os dos se han quedado tiesos: decidme, pues, la ocasión, qué os pudo poner tan freseos? Cuál empezará, señors Aquel que hablare primero. Muy reverendo Monarca cuya vida agrave el Cielo con almorianas, y pujos, ventosidades, y entuertos. Yo soy (salvo sea chngar) el Príncipe todo entes, de Mrgaña, según dico el Albeitar de mi Pueb. Nací en Arimilla de un parto, (que es coscumbre en aquel Reino) criáronme con pañales: que hasta en esto quiso el Cielo, que ya que natí desnudo, pudiera vestirme luego. Llegó a este tiempo a mis manos el retrato más horrendo, que pudo pintar a el oleo el aprendiz más travieso. Dicen, que es de vuestra hija, y mienten; mas como de estos testimonios se levantan a nn principal Caballero. Vile, y quedé desmayado, vile, y quedé medio ciego, sin sentidos las acciones, sin poder hablar los dedos, sin escuchar las narices, los oídos sin resuello, la boca sin vista alguna, sin tacto todo el calebro, las manos en zaranderga, y el alma (ay Dios qué tormento!) empezó una esca amuza, con las manos en el pecho, de suerte, que ya el mondongo se quiso salir soberbio por la nariz, apretando en arrempujón de celos. Fiera mira, que me matas, le decía; y al estruendo que mi corazón hacia, con mil visajes, y gestos, me daba una apeplejia, quedándome boquituerto. Esforzado un tanto cuanto de este volcán, de este aprieto, de está llama, de este rayo, de este alacrán, de este incendio, de esta abispa, de este pujo, de este culebrón de fuego, hacia aquestos discursos con un suspiro risueño: El amor no es un hechizo, que por el talón izquierdo se va entrando poco a poco, y causa catarro? es ciarto; pues siempre es un romadizo cuanto introduce su efecto. Pues cómo dicen, que abrasa? Qué diablos quiere ser eso? que lo entiendo, aunque lo ignoro; y lo ignoro, aunque lo entiendo, Cuando yo tengo calor, es cierto, que calor tengo; si tengo frío, también es cierto, que tengo fresco. Pues cómo puede este amor hacer, que cuando me hielo, tenga una pizquirrítica de calor en el guargüero? Quien ama, no tiene siempre odio, y aborrecimiento? Sí, que el amor más suelime, sí, que el amor más perfecto consiste en un garrotazo, se conoce por un leño, y lo comprueba una lluvia de palos con un renuevo. Con estos grandes discursos, con estos grandes conceptos; tome en la mano el Retrato, y a gritos le dije quedo: Retrato, que sinizas, me dices miz; y me has dejado el alma pez con pez: Retrato, que me has hecho aquesta vez que busque de tu amos lo fregatriz, resocila mi pecho, pues que ves, que empieza ya a llorar un infeliz; pues esos dus ojuelos de perdiz me han hecho rebrincar, porque me des de ese redulce rostro su barniz: No desdeñe, muchacha, tu altivez el garbo de este misero soba, que pretende tanarse en tu matiz. De esta gloria bazucado, yu elevado, ya suspenso, deserminé de buscarla; embarcándome al momento, sin llevar más compañía, hasta que llagaste al puerto; que un pollmo, que pudiera, por lo palido, y lo leco, lo horroroso, y lo delgado, ser potro de dar termento. La clín entre rubía, y parda, pero poblada ni un pelo; las orejas de tres palmos, cuatro varas de pescuezo, el lomo todo matado, desollados los brazuelos, ima almarada las ancas, y matado todo el cerro. En este disforme bruto, en este horrible esqueleto, aguja por lo pesado, y un plomo por lo ligero, al Puerto llegué cansado, asombre a los que me vieron; pasé el golfo de los llanos de Armilla, y al tomar puerto junto a las eras del Curisto, se levantó tal estruendo de borrasca, y torbellino, que sin correr hiingún viento; fni a parar con mi Galera mas de cuatro pies y medio del sitio de donde estaba: Ya en el aliento postrero estaba toda mi gente, cuando un golpazo tan recio de vientos pegó mi Nave, que fue hasta el triunfo de un vuelo, De allí le arrempuja el Noto, y dio (si mal no me acuerdo) en la Carrera de Darro: Pero me holgara, buen viejo, que en esta ocasión me vieras tan sin poquito de miedo; pues por más que la Galera, con brincos, y escárapelos quiso junto a San Isidro, irse a tondo por mumentos, no pudo nunca arrancarme, porque me estuve aquí quedo; si bian tuve de mi parte r estar el metmas sereno. Atrojé de unalmente, esta tarde a el mar, a tiempo, que vos elabáis cazando en el Zacatín (es cierto, que escogisteis este sitio por ser lugar tan secreto.) A tus pies llego mojado, adonde espero contento me entregues luego a tu hija, hiciéndome va tu yerno. Mira, pues, mis reconcomios, duélete de mis limentos. mira los grandes trabajos, que he padecido, por serlo. No meneas Faraóa, que es maso, tras de ser suegros Ea, ojicos de mi vida, procura matrimoñemos, da suecesión a tu casa, para que veas muy presto de la Infanta de Gandarría catorce pares de Nietos. No me enternezcas muchacho, que gran compasión te tengo, que me sucedió otro stanto a mí, cuando era de pecho. Qué me quieres, Doña Urraca? que dada vez que me acuerdo, . que te perdí se me arranda el corazón del guargüero. Después que vive el retrato de la Inlanta (que Dios guarde) cuya horroro! a piura pretendo han a copiarte, pues su tsura, y aspesto la pueden temer dice pastres, su rigor graniza suegras, garratazos su donaire, sus ojos son dos mosquetes, cada uno de los cuales tiene por hala un Doctor, y por taco un Platicante, Su semblanta crimiral, dirán cuantos le miraren, que tiene en cada facción toda una sala de Alcaldes, Su trente todos la tenan, que es el lugar donde nace su de lo los juramentos de que no ha de vivir nadie. Sus cejas son dos ribetes de bayeta funerales, que el estanco de los lutos le anuncim a todo amante. Su nariz es la trompata del juicios pues su talle facistol donde se entona todo requiscant ín pace. Sus dientes genta menuda sods cuando los lanios apre, los nñor de la dostrina, que a enterrar galanes sasen. Cuyas horribles defecto. me obligaron, que alíastante dejase mi patria, y solo por buscar las celestiales perfecciones, que hermoscan esta niña de atabache, a este mendrugo de perlas, a este serón de cristales, quinta esencia de los gestos, y origen de los visajes, padeciendo más tormentos, sufriendo más huracanes, que han visto arma las de garos, desde que hay unas de Sastres, Y así, en casamiento os pido, querido, y do soso Padre, vuestra Infanta, y vuestra hija, pues me veis en melcocharme en su amor, quedando todo convertido en mazapanes, Y pues sabe plenamente tu insolencia, y mis pesares, mis ansias, mis parasismos, mis congojas, mis desastres, pormitema, suegrecito, que pueda marrimoñarme con la Infanta, así los Cielos de sarna, y de lepra os cargüena así tengáis desconciertos de tripas, tan forbitantes, que a todas horas estéis como una bibia en el catre. Así os vean eltos ojos llénico de parte a parte, de llagas, de Jobanillos, de lamparones, le parches, de almortanas, de apostemas, con otros treinta milomales; pues con estas bendiciones, más ligero que un danzante, que no matichín, y un diablillos espero la ruzagante respuesta de vuestros labios, para que emvis al instante por mis Carruzas, Eistusas, andrajos, ropa, alpargates, sartenes, ullas, parrillas, candiles, tiestos, albafres, lebrilos, platos, altuzas, presidentes, iginales, asadores, espeteras, sin la multitud de Pajes, Damas, Nagras, Fregatrices, y otras cosas admirables, que verás siendo mi fuegro, por no poder numerarle. Que soy sutio me importa aquesta vez ocultarle: Sobrino, dadme los brazos, que luego al punto he de darte en casamiento a la Infanta, con un dote razonable de muchas más varatijas que dijiste en tu Romance; mas hay un inconveniente para que puedas casarte. Jesús! si es impedimento que me habrá puesto algún Fraile? Qué será? . Grande mal temo. Qué congojas? Qué pesares! Dilo, señor Qué tristeza! . Sabrás, (lágrimas, dejadme) que la intanda (a espacio, penas) es mujer Tu labín calle, que a saberlo, no pidiera que conmigo la casalles. Ni yo, que eso ocasionara que mi noblera ultrajase. Y avertid para otra vez:- Vuestra insolencia reparan Por si acaso sucediera::- Por di sucede otro lanca Que soy varón Que soy hombre. Harto he dicho. Aquesto baste . Qué mal hice en descubrirles que era mujer. Qué ignorante en esta ocasión anduve! Temerosa, y palpitante queda esta vez mi figura, mirando, que dus vergantes me hayan perdido el respeto, en ver, que a las Majedades se len debe (aquí me arrito) un (loco me tiene el coraje desprecio por ellos mismas. Vive Dios, que han de pagarme la desvergüenza este día: qué mal hice en no casarles, viendo que iban enojados! pues en riesgos tan fatales, murieran Sacramentados, si acaso van a matarle. . Aguarda bello hechizo de mi daño, encanto de mis tripas, y vedaño: Suspensión de mi gloria, por quien tengo este pecho en pepitoria: Ninfa de persas, Ninfa de granates, Ninfa en quien siempre están mis disparates; Horacuso, en quien tengo atesoradas. de mi pasión los golpes, y patadas. Si tu vista esta vez no me acomete, abránsenme las chispas de un coete, y en sangrientos despojos suspiren a porfía mis dos ojos. No me miras, Infanta, no me escuchas? oh pesar! oh tristeza! o penas muchas! oh violencia! oh crueldad! ay qué desmayo! baje a mi corazón súbito un rayo, una lanza, una pica, un acícate, que demuela, bazuque, y desbarate mi corazón, mis tripas, y asadura, convirtiendo en fantasma mi figura, porque a tanta esquivez, y a desdén tanto será justo celebre con mi llanto. Valiente majadero por mi vida: qué cansada me deja, y qué molida! Sabe acaso quién soy el mentecato? qué gran desatención! qué desacato! qué así llegue a hablar el atrevido a una Infanta. Perdón, señora, os pido; No verán el estilo que gastaba? Me juzgó verdulera cuando hablaba? Pues como el simplonazo, y mequetrefe a mi deidadu Mas vale que lo deje, pues ignora quien soy, que si me enfado, llamaré a un Gentil Hombre, o a un criados que lo cargue de palos. Buena es esa: es culpa el adoraros, mi Princesa? Tal pelmazo no vi en mi vida toda: Jesús, y qué bestiaza! Ya no hay boda: Váyase luego al punto sin tardanza a hacerse matachín de alguna danza, que por mirar tan grande bobería, no castigo su necia demasía Vaya allá con sus necios desatinos el tonto a enamorar a Valdevinos: quédese para necio el moy jumento, que es muy poco a tan alto casamiento. . Quédele para necio el muy jumento, que es muy poco a tan alto casamiento: Caigan de aquese Cielo cuatro espadas que el coratón me hagan revañadas. Desciendan, pues, guinarros, y garrotas, trancas, losas, rabetes, papirotes: Caiga piedra, granizo, nieve, y bronca, que aquestos entrelijos me desgonce: qué pesar, qué aflicción! qué desvetural ya perdí, bella Infanta, tu hermosura: ya me pueden doblar por las campañas: ay, esperanzas vanas! Nn diluvio de sustos me traspasa, abráseme el incendio que me abrala; mas en vano me quejo, y me lamento cuando explicar no puedo lo que siento y así, será acertado, que me zampe en Palacio, y arrestado, a el Rey su palire diga todo mi renconcomio, y mi fatiga. Con lo cual lograré (según colijo) que me admira de un golpe por su hijo; y así, vamos al punto negociando, pues en tanta congoja estoy penando. . Hola, Don Lesmes, Don Cosme, Don Quiterio, Don Macario, Don Estefano, Don Bruno, Don Hilipundio, Don Albaro, Don Tesifón, Don Onofre, Don Rosendo, Don Pelacio, Don Celidón, Don Roberto, Lucrecia, Aldonza, criados respondedme, aunque calléis; traedme todo aparato de escribir con gran secreto, salidme a dar aguamanos; sacadme apriesa el espejo, los botes, los zarandajos, los tocadores, los peines, las quirotecas: no vamos? desvergonzadas, raídas, por qué no miráis que os llamos Cantad, por ver si divierto mis penas, y mis cuidados, La Infanta! atiniparla, la que aborrece a el amor, sale a el jardín, atendiendo de las flores el rigor. Qué bien sueña la letrilla; por vida de Lain Calvo, que es juramento sin pelo, que letra, y tono han cantado esta vez los Ministriles, como dos cuervos: más vamos en décimas, vive Cristo, toda la letra glosando. El que está de amor herido, debe saber buena parla, la panza debe llenarla de pabo, y jamón cocido, hasta que dé un estallido, sin poder vaquetearla: procure, pues, bien llenarla, que a se, que si así lo hiciera, menos barriga tuviera Si a esta niña la izamparan en un grande aparador, y para hacerlo mejor, la comida la quitaran, y que por allí pasaran retapleno un asador, que llegara a ella el olor; a fe, que entonces saliera más blandita que una cera Todo el fin de aquesta Infanta es estar siempre comiendo, manducando, y embutiendo a dos carrillos, con tanta. tragazón, que a mí me espanta verla estar siempre engullendo; y por eso (a lo que entiendo) tan contenta, y placentera, por si hay alguna higuera, De jamón es tan amiga, que se rélame a el labor, se refocila a el olor, con un pernil se mitiga, en ellos hinche barriga, en ellos poné su amor; y solo le causa horror lo que comida no lleva; y por eso ahora prueba r . Quién se ha entrado en mi retrete? quien fue tan desvergonzado, que estando en paños menores. intentó tal desacato? Perocísima fantasma; objeto de mis agravios, centro de todos mis odios, de mis placeres estrago, principio de mis dolencias, origen de mis catarros: bien sabes, que te aborrezco, y que te soy bien ingrato, y que pintada no puedos verte; y pues favores tantos me debes, no te desdeñes, cuando dejé mis Estados solamente por venir a ser tu mayor contrario. Al Príncipe de Magaña, todo entero en un pedazo, le tienes en tu presencia. rendido y apropincuado. corresponde agradecida, para que pueda bizarro cantar luego la victoria del lodio más deseado. Atrevido, desatento, grosero, desvergonzado, panatra, siguritilla, mequetre sillo zanguango, mazácote, almoranilla, espanta perros, zanbambo, como se atreve a arrimarse a solio tan soberano? Fortuna, ya soy dichoso, pues oigo tantos regalos. Mi bien, mi señor, mi dueño, mi consuelo, mi descanso, mi gloria, y mi regocijo. Vive Dios, que se ha mudados Ah mujeres, y que presto . dais pesares por halagos! Dime, es mucha mi belleza? estás muy enamorado? Perdona si en tu presencia grosera te la comparo: extraña es tu perfección, quien la alaba; es un salvaje, mas tu oído norme ataje una gran comparación: No vistes a el Sol correr al tiempo de media noche, y que tapando su coche, empieza luego a llover? No has visto un turbio arroyuelo preso entre gristos de plata? Y no has visto entre una mata. sn timido conejuelo? No has visto una vidriera? No has visto una mariposa? No has visto cualquiera cosas pues tú eres de esa manera. Ay, qué sustol qué desdicha! que es mi padre este que ha entrado, y quizás entrar te ha visto. Si conmigos ha esta lo hablando, combses posible me viese? escóndete por si acaso: Un hombre en mi casa? bueno: no estar con mi hija? malo. Sospechas, qué me queréis? hallar un hombre barbado, y no parecer mi prima! Si acaso estará soñando? Sí, que a no ser su galán, no estuviera tan de espacio. Honor, mucho aprieta aquesto. Honor, mucho aprieta el caso. Pero si hallara en mi ofensa::- Pero si hallara en mi agravio: Un indicio:- Una sospecha:- Lo dejara en ese estado. Vasallos, deudos, y hechuras de mi molde, y de mi mano: ya sabéis, que es a la Infanta la Dama que yo idolatro; hoy a requebrarla vine, y no a otro fin, como hidalgo, que si viniera a otra cosa, creed, que soy tan bizarro, que en público lo dijeras y pues os miro turbados, porque estaréis satisfechos de mi noble desengaño, porquitar inconvenientes, quiero esconderme volando al cuarto de vuestra hija, que estándome allí encerrado, ni vos sabréis si he venido, ni vos sabréis a que he entrado. . Obró como Caballero. Vive Dios, que es cortesano. Tío, vos estáis celoso; yo no estoy desengañado, mi prima se halla escondida, un hombre vi cuando entramos, mi sospecha aprieta mueño, vos estáis apasionado, discreto sois, y sois noble, quedaos en aqueste cuarto, y guardarme las espaldas, mientras, a registrar paso toda la casa,, aunque en ello gastara mi Mayorargo; y guárdese el agresor, que si le encuentra este brajo, le he de dar un soplamoeos aunque lea de tres pasmos. . Honor, ya estoy satisfecho; que si sintiera mi agravio un consirmado delito, un indicio, un sobresalto, lo dejara sin castigo, que aunque Rey, suy hombre honrado.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Supuesto que ya la noche tendió el cápote horroroso, poblando de sombras blancas cenagueros, y rastrojos, quiero escribir un papel en blanco a mi cruel esposo, pues mi padre está despierto, y están mis criados todos acechando mi hgura, y si esta ocasión malogro, no conoceré mi amante, aunque ahora estuvimos solos. Majestad de Majestades, Rey justo, Rey sumpeuoso, Rey ufano, Rey sencillo, Rey compuesto, Rey hermoso, Rey de bastos, Rey de copas, Rey de espadas, Rey de oros. mi sorbitante venida escuchad, si no os enojo. Sea Usia bienvenido, que es cierto que estoy dudoso: en tan honrada embajada, por qué causa vino solo? Grande irracional Monarca, a quien publican las Polos por dueño de más cabezas, que hay de ajos puerros manojos, Qué discreto! Ea, decid: más escuchad los exordios, que me enfadan los rodeos, carabanas, y piporrios; pero tened, que la lutanta. qué es lo que escuchan mis ojos! Vive Dios. que está escribiendo! el pecho en iras se abrasa! Callad, que fuera de casa haré un estrago tremendo. Aquesta es la recatada? qué furor! qué gran pesar El alma la he de quitar, como no esté enamorada: suelta ese papel, raída. Pues tan mal lo represento? Yo por mí, ya esto contento, quítale solo la vida, y a tu pundonor atento, pues que satisfecho estás, en matándola, podrás meterla en algún Convento. Qué así mi crédito pones? dine, inocente, taimada, donde tenías guardada esta tinta? Entre algodones. Si tú quien eres supiaras, a fe, infame, que callaras, y a mi gusto te allanaras, y con más honra vivieras. A, qué desdichada etrella! dilo, que estoy sin sentido: dímelo reció al oído Sabete, que eres doncella. A mucho, padre, te atreves, confusa de oírlo estoy: doncella dices que soy? Aí verás lo que me debes: y esto es cosa declarada. Doncella soy? qué contento! No lo pronuncie tu acento, que quedarás deshonrada. A ver a mi dama vengo, y en fuerte ocasión mu pongo, que está allí su padre entero. Un bulto vieron mis ojos. Un bulto han visto mis labios, Caballeros generosos, si esta min, no os amporta, yo tengo que habla la solo. El pecho en iras se abrasa. Volcanes de fuego arrojo. Y así, idos vos, y vos, y escusemos alborotos. A desatención tan grande, a tan forbitante arrojo, enfurecido, arrojado, con la obediencia os respondo. . Y yo respondo lo mismo, que en casos tan peligrosos, no hay vida como la nonra, perdonadme aqueste arrojo. . Embeleso de mis tripas, encanto de mi mondongo, suspensión de mis potencias, hechizo de mis coloquios, lanceta de mis suspiros, pujabante de mis ojos, hacial de mis agonías, atajarre: Poco a poco. que tanta lisonja enfada. Antes he quedado corto, con decirte encanto, hechizo, lancera, hacial, y mondongo, y dime, me quieres mucho? Salvo sea el lugar, te adoro: y tú qué tanto me quieres? Un poquito. Di, tan poco? Ando falto de carifio. Qué dicha! Qué gran gozo! Qué amor tan aborrecido! Qué cariño tan odioso! Ay, qué llaman a la puerta! dime; mujer, o demonio, habrá alguna chimenea, sotano, despensa, poyo, dónde poder zambullirme? No, mas será de este modo, matando esta luz apriesa. Gran pulso tuvo en el soplo! Traidora, las luces matas? hacia allí un abrazo oigo. Yo bien los veo a los dos; pero tentar es forzoso. Aquí lo tengo agarrado. Si no atiento con los ojos, cómo quieres que lo agarre? En mi honra aqueste oprobrio? Ay, que me fuerza mi padre! socorro, Cielos, socorro. Que más lliciera su madre, que lo que intenta furioso? Asete de aquesta capa, Infanta, muy poco a poco, no la rasgues, si la aprietas. Oyas, pues el alboroto es tanto, agarrame, y vente, que está en un tris mi decoro. Aspácito, Doña Aldonza, mirad no caigáis, mis ojos. Que me requiebra un jumento! esto me saltaba solo. Zarazas, que era un barbado al que requebre amoroso. Si no viera mi deshonra, te diera muerte piadoso. Señor padre, cosas son, que acárrea el Matrimonio. Recojeos ya, mocitos, que harto siento el alboroto, que os he dado por micaula. Príncipe ven temeroso a verme esta noche a casa: Ooque, a vos digo lo propio. . Temblando van los mozuelos de ver mi alpecto luroso: ha Corona, y lo que rindes! Por mi Catro genetoso, que siento haberles reñido tan furibundo, y celoso; pero soy Rey, y capreciso mostrar mi poder heroico. , e, Espantajo de hurracas, habitación de lechuzas, de murciégalos Senado, y Consistorio de brujas: Noche, en quien campan los jaques, y se arman las barahundas, descanso de todo pobre, cebo de chinches, y pulgas: Facistol, adonde cantan grillos, y ranas nocturnas, ampara mi gran persona, pues vengo a rondar con furia al retrato de la Infanta, armado de blanco en punta, apercibidos de trastos, para si alguno me atufa, abrasarlos cariñoso, que soy hombre de cordura. Andrajo de negras sombras, pedazo de jerga oscura, albergue de las fantasmas, tropiezo de oyos, y tumbas, retrete de duendes tristes, de mazmorras, y espeluncas, dale favos, si es que quieres, esta noche a mi figura, guardándome las costillas de alguna paliza oculta. Por obedecer la Infanta vengo, cual Cristo me acuda, de pies a cabeza lleno de un olor que me sahuma: más ahora son los bríos, y ahora es bien se descubra el valor de aqueste brazo, que ya postrado se juzga. Cé, cé, si será Magaña? Mujer del diablo, detente, que si alguno nos escucha, harás que mi honor arriesgue. Quién ama, no hace reparo. Eso será en las mujeres, que no tienen que perder. Pues qué arriesgáis en quenerme? Mi honor, si alguno lo sabe. Y si aquí os doy fijamenta de esposa mano, y palabra, os atreveréis a verme? Y qué sé yo si es fingida? Ya es mucho mirar aquese. Es, que en perdiendo la ponra un hombre todo le pierde. Hablando está con mi prima, me huelgo que la requiebre. Decid, que llegue, a mi primo. La Infanta dice, que llegues. Pues apartad de la reja, que en hablando, seré breve. Llegad, que yo os haré espaldas: qué hace ser uno prudente? qué le importa a el honor mío, que este a mi dama requiebre: dígale cuatro favo es, aunque yo he nalle presente, que soy sufrido en extremo, como a tocarme no lleguen en darme celos, que entonces suy un León, una Sierpe. Hermosísima pendanga, por cuyos ojos expeles un gran raudal de legañas, para excusarte de afeite. Qué bien la pinta el bellaco parade, que la encarece, Escarsatadas mejillas, ásperas, y transparentes, que parecen:: quien pudiera pintarlas! mas ya se ofrece a un tomate bien maduro. Qué términos tan corteses! Permite darme una mano, que mi descuido te ofrece traerla siempre engarzada. Y si acaso se te pierde? La traeré en la faldriquera, que aunque está rota, es muy fuerte. Traidora, no te he sentido, sube acá, y te daré muerte. mi padre! Ay triste, y cuitado! mujer, líbrame, si puedes, que yo te daré mi espada. Mejor es mi mondadientes. No has de poder escaparte, que están patentes. Socorro. Haz por disculparme, pues ves que estoy inocente. Mi honor es antes que todo. Esa razón me convence. Infame, pues mi deshonra tu cordura ocasionó, este veneno sangriento, aqueste dulce licor has de beber. Padre mío, ya que tan grande favor merezco de tu cariño, antes que la muerte atroz llegue a esta triste mujer, me ha de permitir tu amor que despida de la reja a un galan que Dios me dio. No me enternezcas, muchacha: qué gustosa compasión! Magaña? Ya tu voz sigo. Mi padre con sinrazón me quiere matar un poco. Dime ingrata, (qué dolor!) y lo quieres consentir? Sí, que ya resuelta estoy, porque importarme podrá. A qué? te pregunto. A quedar por su heredera, después de mi muerte atroz. Morir quieres? Ah mudable, que no me tienes amor! avísame cuando mueras, que en este brazo hay valor para entrar a defenderte. Adiós, dueño. Adiós, adiós. Ea, bebete el veneno, que es lindo para la tos. Hasta saber lo que lleva, no lo he de tomar, señor, Lleva lindo regaljar, lleva rica agua de olor, soliman, vidria molido, su azucar, y salpico Dame apriesa aquese vaso: Jesús, qué rico licor! dame, señor más veneno, que tiene lindo sabor No quiero, que aqueso es guía, Ya que aquesta confesión, ya que este horrible veneno va llegando al corazón, y ya que en mortales ansias envuelta, señor, estoy, ya que el alma se me arranca::- Acaba, di tu intención. Yo no me quiero morir, hasta que lo quiera Dios. Caballero, decid si estáis en casa. No lo sé. Pues escasa mi fortuna se muestra, quedad con Dios. decid vuestra respuesta. Yo he sabido (aunque no tengo noticia) que por manisestar vuestra malicia con un crudo veneno de agua de azahar, y de ponzoña lleno, a tu hija, que diz, que es tu parienta, en vaso la dais muerte sangrienta: De quien se cuenta una crueldad tan fuerte, pudiendo a puñaladas darla muerte? yo la vengo a lácar, aunque el infierno lo procure estorbar, aunque su hierno, su nieto, su cuñado, y su sobrino procuren que no gaba un desatino, A tan gran desvergüenza, solo digo, que a el momento os quiero entregar mi hija, no digáis, que desatento os la negué; y advertid lo que os digo, Caballero, que estás canas no son canas, Pues qué son, señor? e Cabellos. Qué ay, centro de mis rencoras? Que hay causa de mis desprecios? mas mi amor quiero pintarte, no me escuches. Ya te atiendo. Has visto al tiempo, que en el mar escondo sus rubías hebras el señor de Delo, cubrir de juto el cristalino Cielo la enemiga del día? di, di responde. Visto que en el mismo lugar, donde bordado estuvo el Cristalino velo, un pagito tellís de escarca, y leyo, haca que el campo de verdor se monde? Dime, no has visto abrasarse el mismo fuego, el monte, el praso, y ser del mismo modo, lo que hay desde el Antioco a Calisto, y visto serenarse el tiempo luego? Sí; mi señor, ya yo lo he visto todo. Pues qué se me da a mí que lo hayas visto? Yo salgo a ver a mi prima, Quién va allá? Un hombre. Qué bueno! que cuando yo estoy hablado con mi dama, vos grosero, a entrar aquí os atrevéis: vive Dios:: Fui desatento. Que sois u:a Desvergonzado, Mal mirado. Lo confieso. Y que si otra vez sucede, que os metáis en este puesto, será señal de que entrasteis. Yo iba a decir lo mismo. Abrid apriesa esa puerta. Aqueste es mi padre: Ay Cielos! Pues en qué lo conociste? En el honor de acá dentro, Yo lo conocí en la voz. Fue raro conocimiento! Caballeros, al instante se escondan. Para qué es eso? es tu padre, por ventura, persona de cumplimiento? Abrid aquí. Aguardad. que ya vamos a escondernos. Bien podéis entrar, que ya no hay embarazos enmedio. Jurara que vi dos bultos antes que entrara acá dentro. Dos hombres hay escondidos, no fue ilusión. Bueno es eso: cómo puede ser? acaso pensáis, que yo estaba ciego, cuando a la puerta llamaba? No dudéis lo que refiero. Sois algún Evángelista para que haya de creeros? Si me ve, por Jesucristo, que estoy en notable aprieto. Si acá el diablo lo encamina, no doy por mi vida un bledo. Parece que allí han hablado: quién es? quién va? Un jardinero, que está busdando una flor. Qué flor busca? La del berro. Advierte, descomedido, que por escondido os dejo, y otra vez en tales lances sufrid un poco el resuello: y tú, por qué no dijiste, que estaba un hombre encubierto? fuera bueno, que me viera pur él aquí en un empeño? Por ta condición, señor, lo oculté. Fue bien hecho: y tú, cómo no te turbas? Yo me turbaré a su tiempo. Túrbate esta vez por mí. Pues dign, señor, que viendo, que tú, que el Rey, que mi padre, que el Daque, que yo a este tiempo saltaba:: Extremadamente! bien haya, amén, su respeto, pues aún no acierta a turbarse teniendo a su galán dentro: dame apriesa aquesa luz. Perdido, por Dios, ya esto: fuego, la luz ha pedido, si trae la luz, ha de vernos. Ay qué susto! qué desdicha! que ha de encontrar allá dentro con el segundo embozado. Esto no tiene remedio, yo salgo, y mato la luz, que estando a oscuras, es cierto, si no me engaña el discurso, que entonces no podrá vernos. Quién ha intentado atrevido, quien se ha atrevido resuelto a matar en mi presencia la luz, sin tomar primeto licencia de mi persona? Muy pesado es el suceso, y ha de suceder, sin duda, un fracaso muy risueño. Señora, asidme, y venid, que está vuestra honra a riesgo, si os conoce vuestro padre. Sí, que tengo patentesco con él, y aunque me ha criado a mi desde años muy tiernos, y ahora estuvimos juntos en este mismo aposento, puede ser que me conozca. Pues por si acaso, resuelvo llévaros ahora conmigo, y a todo trance resuelto, este brazo, y esta espada, este valor, y este esfuerzo promete desampararos. cuando estéis en mayor riesgo. . Ah vil hija! con tu muerte sabré soldar tanto yerro. Aquí sueña mi contrario: si enfurecido le encuentro, le he de abrazar carifioso, pues no me vengo con menos, Que no halle aquesta enemiga! Que no halle aqueste encubierto? Dónde le ocultas, muchacha? Adónde estás viejezuelo? Parece que el eco escucho:- Parece que escucho el eco::- Por el tiento de la voz. De las voces por el tiento. La he de asir, aunque se escape. Aún yéndose, he de cogerlo. Ya la agarre. Ya lo así. No se escapará, si puedo. Si puedo, no ha de escaparse, si se va, no estará dentro. Muere a mis manos, traidora. Hombre del diablo, qué has hecho? mira que no soy tu hija, y me quebrantas los huesos. Pues no te quiero soltar. que te agarré en este puesto, pensando que eras mi hija, y en lugar de ella te tengo. Pues asete de mi sombra. Sí, que también tiene cuerpo. Ya me escapé de sus manos? . yo salí de grande aprieto. Vive Dios, que no lo topo: clara sombra, qué te has hecho? mas si sería ilusión? ello no puede ser menos, porque yo tenté una sombra con barbas, y con cabellos, y ya se ha desvanecido. Cosas son las que contemplo, que pudiera conocerlas cualquier mediano jumento. Ahora bien, discurso mío, discurramos, apuremos este encanto sin encanto, este confuso embeleco. Aquesta noche, en mi casa vi dos bultos, esto es cierto: el uno me habló, no hay duda, si no es que estaba durmiendo: el otro mató la luz, a mi hija hallé entre ellos, y de entre mis mismas manos se desvaneció al momento. Mi honor se halla agraviado, y me pregunta a mí mismo: dos sombras este? que más confirmad. vituperio? El otro te habló, qué infamia mayor? qué mayor desprecio? El otro mató la luz, que arabio buisas más feo? Mas le doy esta respuesta con lindo garbo, dnuedo: si vi dos bultos fue sumbra, que representó el deseo: si el uno me habló estaría borracho yo en aquel tiempo, y se me antojó una vez: si el otro la luz ha muerto, la matarian los aires de las bascas, y bosteros: con que estoy desagraviado de cuanto pasó aquí dentro, quiero, alegre, sosegado, dichoso, feliz, contento, y quedo como una Pascua, pues quedo ya satisfecho. A tu Solio soberano llega, señor, mi malicia. Alzad, que os haré justicia, si no me hablan a la mano: hombre soy de buenos tratos, y para remediar queras me dio el Cielo cuatro orejas. En qué parte? En los zapatos. Señor, a mi honor, y fama toca tomar por esposa a la Infanta. Eso no es cosa, si no la tomáis por dama; y sabed, necio, y grosero, que mi hija no es mujer, que casada se ha ver con hombre, que es Caballero; y pues al Cielo le plugo darle tanta calidad, nadie asirá su beldad; menos que siendo un verdugo. Yo, señor, si te lástima mi grande, y pequeño amor, te pido ahora el favor, de que me des a mi prima. Mozuelo, no lo consiente mi antiguo, y noble solar, que solo se ha de casar con quien sea su pariente, Quién su primo ahora no fuera, y su pariente se hallara! Si lo fuerais, os casara. Quién bajo oficio tuviera! Y advertid, que de no hallaros enamorados a mi hija, cuando vuelva, es muy prolija la pretensión de calaros; porque tan celoso he sido en materias de mi honor, que daré muerte al traidor, que quiera ser su marido: que fuera mancha en mi fama loficitar por mujer a la que han de pretender solamente para dama. Pues la Academia trazada empezaremos. Decid, que ya atiendo, proseguid: cantén alguna tonada. El rapaz Cupido, el Gigante Dios, hoy de sus crueldades dispara el arpón, atención, silencio, silencio, atención. Amor es arrempuión, que inquieta el entendimiento, es potro de dar tormento; es garlocha, es un rejón, es un fiero sabañón, es cruel, es enemigo, es un tormento, un castigo, es ansia, es ira, es pesar, es llanto, es pena, es azar, y otras cosas que no digo. Amor es un no sé qué, nacido de no sé donde, él entra, y luego se esconde sin por qué, ni para qué; es amor un tira pie, es amor un almohaza, es una fuerte argamasa, es un fiero tabardillo, es cólica, es garrotillo, y es juego de pasa pasa. Es el amor un encanto, cuyo sorvitante arrojo, procede de una ojeriza, y se origina de un odio. Es el amor un encanto tan patente, y tan notorio, que las orejas lo miran, y que lo escuchan los ojos. Amor se fragua de un hielo. Amor es solo un bochorno. Amor es flecha que mata. Amor es rayo furioso. Es catarro, Es tabardillo. Mentís. Ah bárbaro loco! en el campo os lo diré. Pues en el campo os respondo. Que se matan, qué tragedia! señor, remedia su arrojo. Éntrate adentro, rapaza, que por el Cetro que gozo, por la Corona que ciño, y por mi potente Solio, que han de nagar con cariños los pígaros este oprobrio. . (mona Sal aquí, Principillo engerto en sal aquí, papanduja con balona, sal aquí, Dominguillo con birrete, sal aquí, castañera con bonere, sal aquí, si eres gallo, y no gallina, unto de Zorra, barril de trementina, estropajo de grasa, tapa de horno, inventor de los chismes, y quimeras, tumba de requien, autor de calaberas, sal aquí, si eres hombre, cachivache, y aquese sea tu nombre. (pada, Ya salgo a darte muerte con mi es- basera de orinal, sarten quemada; ya salgo, melechón de jarambeles, atajarre, y pretal de cascabeles, zumba de capa, y gorra, vigotes de azafrán, caldo de Zorra, cara de empañadilla retostada, hospital de cochambre represada, pedazo de mondongo repodrido, recuesco de Doctor humedecido, atahud de espinazos, y canillas, almodrote de atún, y almondeguillas, amigo del alma mía. Querido dame los brazos. Confirmen estos cariños la amistad, que profesamos. Y en fin, venís a reñir: Sí, que nuestro grande agravio. a voces está pidiendo, que ya nos demos las manos, Pues en estando riñendo, procurad presto apartaros, no os dé un golpe, sin querer, Yo estaré con el cuidado. Empecemos. Empecemos. Dios ponga tiento en mis manos. Que no trajese naranjas Para qué: Para cortaros la cólera, no me deis algún golpe en empezando. Muerto soy: Jesús mil veces! De susto murió, mi llanto declate mi sentimiento; yo perdí un grande amigazo. Confesión! Qué grande pena! qué desdicha, qué quetranto! En la calle se escucha el terremoto. La justicia concurre a el a buroto, el huir conviena en este aprieto. Quién es? quién va? quien pierde aquí el respeto; No es casi nada: enterrad ese muerto, Luis Quijada.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Pienipotente Monarca:: Rey humilde, Rey saberbio:- Rey humano, Rey sencillo:- Rey alarbe, Rey prosero::- Cuyas grandes desvergüentan:: Cuyos indecentes hechos::- Cuyas infamias atroces::- Cuyos insultos protervos::- Pública en voces la fama. En quejas repite el tiempo. Basta, dejad las lisonjas, y proponed vuestro intento. Vuestra Majestad, señor, puede tomar un asiento. Vuestra Majestad se siente. Lo haré, por obedeceros. Yace en los llanos de Armilla un monte tan opulento, que presume por su altura pasar tres dedos del suelo. En este, pues, hay un Valle, que contra el tesón del tiempo se ha estado en el mismo sitio, sin que hiciese movimiento, desde que allí fue criado, por soberano Decrero, Allí nací, gran Señor, y legítimo heredero de todo aquel Principado, como referido os tengo. Criome el Duque mi padre, a mi educación atento, en juegos, y picardias, delvergüenzas, y embelecos, en embustes, y monatras; y unalmente, en aquello, que conduce a la doctrina del Príncipe más parfecto. Murió mi padre, y aquí perdonad, si me enternezco, que estás lágrimas que lloro, y estos suspiros funestos son memorias de aquel padre, que según sus grandes hechos, rengo para mí, que ahora esta ardiendo en los Infiernos. Y de su justa enseñanza, y de sus santos consejos, llegara yo a Peralbillo; si no se muere tan presto. Anoche tuve noticia, sin que pudiera saberlo, que tu insolente persona por varios Climas, y Reinos despachaba Embajadores, que a gritos fueron diciendo, que a tu Corte concurriesen los Príncipes extranjeros, que aspirasen a la dicha del iniquo casamiento de la Infanta de Gangarría: examinando su ingeo en una grande Academia, lauza a lanza, cuerpo a cuerpo y aquel que peor lo hiciese, sería digno del premio. Intormado, pues, del caso, a tus pies vengo resuelto a hallarme en la Azademia, porque el horrible sujeto de la Princesa conozca los quilates de mi ingenio. Decid vos vuestra embajada. Escuchadme; va de cuento: En el Reino de Jétafe, dos mil leguas más, o menos, nací poderoso Duque de Cigarrera, teniendo sobre nada, poder grande, mi absoluto, y noble Imperio. Treinta lustros ya tendría, cuando una noche (aquí es ello) llegó a el sitio, donde estaba cazando acaso mochuelos, tu Embajador, publicando de la Infanta el casamiento, pintándome su hermosura con tanto encarecimiento, que si antes la despreciaba, ahora lo quiero menos; pues me aseguró, señor, (perdona si la encarezco en tu presencia atrevido) que era el monstruo más horrendo, y abominable figura, que han conocido los tiempos. Embarqueme a su conquista, para llegar a tu Reino, en m furioso Navio de cuatro cañas compuesto, el trinquete era de azucar, fortalecido por medio con algunos mazapanes, para darle más esfuerzo. De alfeñiques la mesana, el árbol mayor, y el resto de los costados, de alcozar, fuerte Nave para un riesgo; las velas, los jarambeles de todos mis compañeros: pasé golfos, surqué mares, dos mil tormentas corriendo, causando terror, y asombro a cuantos Piratas fieros corran del Alcaicería aquellos golfos soberirios. Llegué, en fin, a vuestra Patria tan feliz, que apenas llego, cuando el Príncipe (qué dicha!) me dio muerte: acción, que debo pagarle con beneficios, si puede un heroico pecho pagar tan gran bizarría con agasajos y premios. Supe allá en el otro mundo, gran señor, después de muerto, la Academia que trazabas, y determiné al momento venir; y aunque aquí me digas, para qué fin, o qué efecto un muerto viene a casarse, respondo: Que el casamiento es por via de lufragio, con que la duda resuelvo. Y pues sabes mi embajada, solo, gran señor, espero, lograr hoy en la Academia el grado de majadero, porque mi altivo discurso no se contenta con menos. Han hablado, cuanto han dicho, alzad del suelo, mancebos, que por mi Cerro, y Corona, que os tengo de hacer mis yernos. Y cuál será preferido? Y cuál ha de ser electo? El que lo hiciere peor. Eso será desacierto. Aquesa será injusticia. Eso es error. Majaderos, no yerran nunca los Reyes. No son hombres? No por cierto. Pues qué son, si no son hombres? Qué son, señor? Caballeros: y basta ya que parece muy mal, que yo hable en esto. Enamorad a mi hija en público, y en secreto. Vaya su Alteza. Pasad. No haré tal. Es detenernos. Por vida de mi Corona, que no lo haré. Será yerro. Será infamia. Andad delante, que debe este cumplimiento hacer un Rey con cualquiera, porque d esle, siempre atento, ya que navió con Corona, dar a todos buen ejemplo. Qué Majestan! Qué grandeza! Qué prudente! Qué discreto. Temores mal nacidos, sospechas tristes de mi mortal daño, pues va sois conocidos, no me matéis ogaño, que el que viene tendré mayor redaño: qué quieres, sombra triste, no me des más enojos, pues homicida fuiste, no con dulces despojos la alegría me saques a los ojos. Penosa angustia mía, deja tu pesar fiero, temple ya tu agonía. cuando en mal tan severo de pura risa (ay Dios!) ves, que me muero. Mas cese tanta calma: no es el Príncipe aquel? venir le veo: qué gloria! albricias, alma, que ya al verle deseo bailar la zarabanda, y el guíneo, Desprecio de mis sentidos, que das con netos enojos la vista por los oídos, y la atención por los ojos. Origen de mis agravios, de mis glorias homicida, en cuyos malvados labios estoy perdiendo la vida, que tal os sentís? Muy malo; más tengo salud entera. Bien sabe Dios, que quisiera veros colgado de un palo. Esto, mi señora, tengo, por sarvir, y agradecer, mas yo lo daré a entender si solo un mes me detengo, Dónde queréis ir, galante? Mi bien, a cazar mochuelos. Decislo por darme celos? No digo a fe de tu amante: parece, que siento gente, por Cristo, que el Duque llega, lo mejor será esconderme mientras mi dama requiebra, porque en lo que no me toca no será bien, que me meta. Al entrar por la antesala, al Doque vide: sospechas, vamos poco a poco: ay, hija, qué de cuidados me cuestas! Si entraria a requebrarla? sí, que su gran desvergüenza ha dado en favorecerme. Ay, Duque, qué de finezas le debo a tus atenciones! quiera el Cielo, que yo pueda pagar tan altos favores, y tantas honras excelsas: cuerdo quiero retirarme, porque temo, que me vea, que no es de nombres como yo meterse en vi las ajenas. Mi vida, mi luz, mi sombra, mi bien, mi gloria, mi pena. Mi padre te vio, qué susto! Antes ciegue, que tal vea. Si aquí me ve, soy perdido. Perdido soy, si me acecha. Quién está hablando hacia allís Yo soy, señor. No os suceda el entraros a escuchar otra vez sin mi licencia, que estoy aquí con mi dama. No lo sabia en conciencia. Cuando estoy con mi galán, no es menester, que se venga a averiguar nuestras vidas. La razón no quiere fuerza. Qué hora te parece yas Ya serán las quince y media. Pues yo voy a prevenirme, para entrar en la Academia: quedad con Dios. Él os guarde. Por mi gran plenipotencia, que salí de grande aprieto. Yo me he escapado de buena. Y fuera bien empleado, que en un empeño me viera, por quererme yo meter por curiosidad muy necia, quien a mi hija la Infanta la enamora, o la festeja. . En esta selva florida poblada de verdes murtas, que fuera mucho mejor de rabanos, y lechugas: En este ameno Páis donde las rosas purpúreas en la cuna de esmeraldas el céfiro las columpía: En este silvestre prado, donde las ramas nocturnas llaman a Cortes discretas murciélagos, y lechuzas: En este jardín frondoso, en cuya dulce espesura suelo yo aplacar mis piojos, y minorar más las pulgas, he dispuesto se disponga una Academia profunda, Con esto se aliviaran las congojas, que me asustan, las triflezas, que me afligen, las ansias, que me estimulan, los tormentos, que me aprietan, los llantos, que me arrempujan, las gárgaras, que me anogan, y flatos, que me deslumbran. No me enternezcas, muchacha, que es mi pena tan remucha, tan retumbante mi llanto, mi aflicción tan reprofunda, mi mal tan exorbitante, tan cumulante mi angustia, tan furibunda mi causa, tan empujante mi lucha, tan turbulento mi ahogo, mis lágrimas tan murmúreas, tan cretiquicios mis males, y mis bascas tan tripucios, que pienso, que han de matarme, si treinta siglos me duran. A vuestras plantas rendido se llega una garatusa, que es menor, que musiocha. Altad presto: qué cordura! Discreto sois. Sois bizarra. Qué agrado! Qué compostura! Qué bien le sueñan a un padre requiebros de una hija suya, y más estando presente! Vuestra Majestad sañudo me de el pie, que más a mano tuviere, para que suba a los sacrílegos brazos de vuestra horrible figura. Decís bien; pero no quiere concederlo mi tesura. Vueltia Majestad se apiade, Tened piedad de su angustia, Resista, pues es Vasallo, que aquesto ahora me gusta. Doseos de mi quebranto. Sufrid, pues que sois mi hechura, alzad de al, yo os perdono; y pues ya la noche rubia tendió el capote horroroso con fuelles, y plegaduras, empiécese la Academia. Y han de cantar: No se excusa, y sean los instrumentos, que más al sentido adulan, cajas, y pífanos roncos, cascabeles, y bandurrías. De Gangarría a la Infanta celebran, deidad más horrible, que ha visto Cenit, dos zanguangos, figuras extrañas, que en una Academia pretenden lucir, Empiezo en cuatro cuartetas, que el alma me da pellizcos, por desembuchar de un golpe mil coplas con su estrivillo. Si dejas tus tratos viles, premiando mi ardiente fe, bella Infanta, cantaré sal, mujil, solque viriles. Dos aspiran a tu mano, pero en ninguno te empleas, si hombre de valor deseas, mira: Arma, virunque cano, Si yo no vengo a ser solo a quien el premio le dé, que no te quiero diré, sed nolendo dico: Volo. Aguardad, que a mí me toca proseguir, cuerpo de Cristo: si me dejas con despique, niña, porque bien concluya, repetiré el alleluya, olvidando el parce mihí. Si logrando el consecuuntar, llego a verme en esta palma, alegre dirá mi alma: Viltum tuvin abraz abuntur. Vuelve aquesos ojos, ea, que hasta ver si eres mi esposa, por lo que estoy de dudosa, sumtristis ánima mea. Pues vaya en paranomasías a ver si aquí tu capricho se adelanta con mi ingenio; atención, que ya prosigo. Toda aquesta riña roña, toda aquesta boya vaya, toda aquesta puerra gorra, y toda esta zumba zambra. Admite sin bulla bella, mocita de persas parlas, que dice mi trompa tripa, que explica mi rubia rabia. Estímame miza moza, pues ves con la risa rasa, que estimo tu grasa grosa, que adoro tus muchas manchas. Bien sabes mi mucha chicha, bien sabes mi moña maña, bien sabes mis quejas cojas, bien sabes mis buscas bascas. Si quieres con pulla polla, hallarás, si llegas, llagas, en lugar de mascas, moscas, y después de guerra, garra. Silencio noble Auditorio, que arrojo cuatro versillos: Mis obras rústicas, mis hechos guacharos; admite, femina, pues soy flemático. Tu amor ostentico te pido mánsico, pues sabes crítica de amores trágicos, Así pacifica te libre el Austrico de fuertes camaras, de sarna, y tabanos. Así colerica te estime un Zangano, dos paralíticos, y tres zumbáticos. Bien sabes rígida mis hechos majimos, mis obras celicas, y augustos cánticos. No seas bárbara con un magnánimo, que adora tímido tus pasos rápidos. Por vida de Doña Hurraca mi consorte, que habéis dicho cuanto cabe en la ignorancia: qué bien hago en aplaudirlos! Prosigan los instrumentos, y porque sea a el oído la música majestuosa, cantad por señas, que es fijo, que tendrá la voz más cuerpo, y armará mayor ruido. No pudiera decir más un deneca en pergamino. Qué sabio es el Rey mi padre Su Alteza es muy entendido. Hoy desafía a un cerramen el amor sus prisioneros, dándole triunfos, y lauros a el que saliere venciendo, Atención, que va un Soneto de mucho garbo, y capricho. tus amantes dos, niña, repastalos, y también en tu mesa llena, atiestalos, búscalos, enamoralos, acuestalos, pretendelos, escondelos, engastalos, y de bolsa, y dinero, allí descartalos, y en una cesta a todos, niña, encestalos: aunque no te molesten, tú, molestalos, y aunque no te embañasten, tú, embañastalos, en treinta chilindrines, niña, endrinalos, y en ocho, o nueve cubas, dama, enmostalos, con doce, o trece lutos, niña, asústalos llámalos, amonestalos, e indignalos, abrátalos, enciéndelos, y tuestalos, enfráudalos, engáñalos, y embustalos. Oh Príncipe de Magaña! daca esos brajos, que el victor enfráudalos, engáñalos, y embustalos. mereces por tu Soneto. Atención, porque repito en una pintura horrenda mas de dos mil desatinos. Sapuesto que en un Retrato, trato pintarte, Princesa, esa gala de tu talle, halle, te pido, compuesta. Rubios son los tus cabellos, ellos parecen culebras, hebras de potros castaños, años los hechos, y cerdas. Tu frente es campo redondo, hondo barranco con cuestas, estas son faltas comunes, unes con gracia tus prendas. Tu nariz es alquitara, tara de muy grandes presas, esas son faltas urgentes, gentes, mirad sus laderas. Mi pluma a tu boca hermosa, osa decir, que es espuerta, puerta en quien caben diez carros, barros, lebrillos, cazuelas. Tu garganta, Mariquita, quita a el hollín que blanquea, ea, que luzca en su adorno, horno, que en ti representa. su cintura es cruel batalla, halla por dicha vencerla, ella, según se contiene, tiene diez varas y media. Doy fin a estos disparates, ates, te pido, Princesa, esa caterva a tu pecho, hecho tu esposo de veras. Amigos, dadme los brajos, que por mi Corona Regia, y por vida de mi suegro, que habéis hecho la Academia. Son honras muy como vuestras. Favores son como tuyos. Guarde el Cielo a sus Altezas. Cuál de los dos ha ganado la Intanta en esta contienda? Vamos viendo, quien se casa. No sé, que hacer: ello es fuerza declarar, que no es Infanta mi hija, que es verdulcia. Decid, señor. Declarad. Quién merece su belleza? Quién su mano ha merecido? Decid. . Hablad. Vamos de esta. Qué ocasiones? Qué motiros? Qué os asustan? Qué os suspenden? Esto no tiene remedio, cayó la tramoya en tierra. Nobles Príncipes, aquesto ha sido todo cautela por festejaros un rato, no hay si no tener paciencia, la Infanta ha sido fingida, que siempre fue verdulera. Jesús, y qué perdición! Qué decís? Adiós Alteza. Y ha estado vendiendo siempre tomates, y verenjenas, lechugas, y zanahorías, ajetes, y cebolletas; y a vuestras ilustres plantas os pido, triste, clemencia. Alzad del suelo, buen viejo, que haréis llorar una peña, que si vos me habéis zumbado, sabed, que soy en mi tierra un póbrete estercolero, que aquesta fue estratagema, que inventó mi picardia, y fingió mi desvergüenza. Yo también soy carnicero. Qué decís? Qué usé esta treta, porque sepáis advertido, que quise con sutileza pagar en la misma flor; y supuesto que no resta si no casarnos: . Aguarda, que tocando mi experiencia, que ambos merecen la mano por sus generosas prendas, de mi hija, he discurrido:- Qué, señor: Que pues granjea en los dos su mayor dicha, cásense los dos con ella. Solo de tan grande ingenio se esperaba esta respuesta. A quién tan alto discurre, justo será que obedezca. Qué fortuna! Qué desgracia! Qué alegría! Qué tristeza! Digo, que vengo en el trato. Digo, que yo soy contenta. Esta es mi mano, muchacha. Esta es mi mano, chicuela. Y con esto, santas Pascuas, aquí acaba la Comedia, Pagarse en la misma Flor, perdonad las faltas de ella.
