Texto digital de Pagar en propia moneda
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Guillén de Castro y Bellvís
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Pagar en propia moneda. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/pagar-en-propia-moneda.

PAGAR EN PROPIA MONEDA
JORNADA PRIMERA
Este es mi intento, Ramón. Ni lo afirmo, ni lo apruebo. a. No será en el mundo nuevo on tan forzosa ocasión. Vive Dios, señor, que estás huy terrible, y importuno; véntame en el mundo uno, veasí enamore. . Hallarás, atento algún libro miras, nicada foja mil hombres, on cuyos hechos te asombres. Mejor di has mil mentiras, Nunca tan necio te vi, ves dices, que el tornear ieda impedir el amar, iendo el amor que hay en mí. en acá, si en esta Corte, abando su Princesa, endo de todos la empresa, lantos ostentan buen porte, torneos aplazados, a injusto un heredero Aragón entre primero; siendo el fin de mis cuidados? Pero mi amor te perdona, y en la empresa te hace dino de que seas mi padrino. No ves mi mala persona, cuando yo fuera galán, parece, mas siendo así, se que se reirán de ti, y que de mi burlarán. No hay aquí que replicar, aquesto, Ramón, me importa. Tu pensamiento reporta, o me verás acabar. Señor, yo torneo, donde si te quiere agraviar, por fuerza he de pelear con el Duque, o con el Conde, y daranme una lanzada, que me rompan todo el pecho, y Ramón se quede hecho polvo convertido en nada. Qué has de hacer sin Ramón luego; no es mejor que viva yo, y al que el torneo inventó le abrase vivo mal fuego. No ves que da el Rey seguro, Ramón, esa es la amistad? Señor grande es mi lealtad, mas mi provecho procuro. Demás, que si yo entendiera, o yo alcanzara a saber lo que tenía de hacer, con el alma te sirviera. Vamos señor, si la pena te deja. . No dices mal, Ramón, porque estoy mortal, y es causa de ello mi Elena. Dejadme solo, y cerrad todas las puertas. . Señor mira que es grande rigor. Aquesta es mi voluntad. . Soberana soledad, que bien quien te conoció aqueste nombre te dio: hoy de ti a vestirme vengo, siluestres galas prevengo, pues mi gloria se acabo. Cundo es sola tortolilla, por la fuerza con que quiere, triste vive, alegre muere, ved que notable mancilla. El toro por su vaquilla, hasta un buey por otro buey brama, y gime; injusta ley, que habiendo un hijo pardido, el primero que he tenido, no he de sentir por ser Rey. De la Reina mi señora. Pues para qué habéis entrado? Señor he sido mandado. Y qué hace la Reina? . Llora por la ausencia de su hijo. Pues por eso ha de llorar? Puede una peña ablandar. Solo en oirte me aflijo. Pide a vuestra Majestad la visite. . Que ya voy le dirás; en mí no estoy, cielos tened más piedad. Extranjero parece el que haben Su patriay nombre a todos an Valor adquiere pues que le hat para enpresa tan alta, en que a mo ser, aunque forastero, bien nació no me pesara, cierto, haberle hab Mejor dijeras que era bandoler, pues me lleva la vida; y por el mí Señor a la puerta aguardan dos caballeros, cubiertos con tafetanes los rostros, licencia, porque a tu Reino dicen que importa el hablarte. Que entre decí. Guarde el cielo, señor, a tu Majestad. Y él os guarde. . Efeto será de su propia causa, Infanta, que os guarde el cielo. Plega a Dios que no volvamos cargados ambos de leños: Infanta, y Rey, Dios es guarde, pues no lo mandáis me siento. Mas que me echas a perder, villano. Soy caballero. Marte entiendo que tendrá, como Dios, como maestro, cuidado en guardar sus hijos, él os guarde. . Ya deseo saber a lo que venís, y quien sois. . A solas tengo de hablar a tu Majestad. Pues Princesa, y caballeros, dejadnos solos. . No import que oiga vuestra Alteza aquesto, antes será mi abogada. Ya estamos solos. . Co Conoce tu Majestad este rostro? . Aunque deseo; juzgo que nunca le vi. Soy el Príncipe don Pedro, y del Rey de hragón hijo. Vuestra Alteza tome asiento. Primero, Rey, que le tome, que atento me escuches quiero, para tomarle, o partirme. Prosigue. . Estame alento. En la ciudad de Aragón, Corte ahora de aquel Reino, rica, por sus ciudanas, noble por sus caballeros. Entre las distintas tardes, que en varios gustos, y juegos la mocedad discurría, siempre entreteniendo el tiempo. Una que nos reducimos a tratar de aquestos Reinos, ya en los templos, y en las casas, ya de los sitios, y puestos. Pasó la conversación a alabar los rostros bellos ri de las damas; cual alaba la blanca, y rubios cabellos. Cuál a la morena ensalza, Y cual ojos verdes, cual negros; cual dice, que unos azules han sido su perdimiento: siempre calló el Conde otavio, pero sacando del pecho un breve espacio de plata, con un taretan cubierto, dijo: Elena es sobre todas, Dama, Reina. Diosa, Cielo. Todos juntos la miraron, y todos juntos a un tiempo, de la gracia, y hermosura la palma, y lauro le dieron, Yo no sé lo que allí hacía; mas solo sé, que un incendio privó de un sentido al alma, privó de razón al cuerpo. Desconcedí con sus gustos; ya afeando, ya diciendo, que el ointor pudo pintar, pues es su oficio el hacerlo. Todos me contradecian, y todos me daban celos, quien dirá que se formasen celos, y amor en un tiempo. Amor, es cosa evidente, que puede en un pensamiento, como causa de la vista, de cuya causa es efeto, tener el ser que amor tiene; que aunque aquel era un bosquejo, como los rayos del Sol de por siscada uno de ellos dice en el brillar luciente sl imperio de su dueño, y con la propia arrogancia da vida, y muerte, ansi infiero, que aquel rayó de este sol hirió, y abraló mi pecho. Con mil terceras personas propuse este casamiento; a mi padre, y como ahora con tan grande desacuerdo estáis los dos enojados, nunca quiso concederlo, Pasáronse algunos días para mi siglos eternos, siemple con viva esperanza, siempre con vivos deseos. Acerté a saber hacían, en esta Corte torneos, y juzgué aquesta ocasión asida de los cabellos. Avisé aqueste criado, de que los dos encubiertos bajasemos a Castilla, y asina, en anocheciendo, con diferente vestido, y con el mejor secreto, nos salimos de Aragón, y llegamos a tu Reino. y en fin en tu corte entramos, donde has visto mi esfuerzo. Vengo, señor, a pedirte a tu Elena en casamiento; tendrás en mí un hijo más, porque de mi padre entiendo que se enojará conmigo: mas no tiene otro heredero, y es fuerza el desenojarse; y como sabes, es viejo. Yo correré tus fronteras, siendo en la guerra el primero; dame vida con Elena, o muerte si a Elena pierdo. Infante, no es esta caso para responder tan presto, más aguardad unos días, juntaré mis consejeros, y verán si es justo, daros a Elena. Guardeos el cielo. Pues vuestra Alteza, señora, tiemple sus rayos, su fuego; ya que el alma me ha abrasado, no quiera abrasarme el cuerpo. Mis deseos agradezca, pague pues debe. . Confieso. la deuda pero pagaros no puedo ahora don Pedro. . Aguarde tu Majestad; oye tu Alteza, qué es esto; porque me durmiese un rato, no he decir yo mi cuento? Estás borracho? Confieso la deuda, pero pagaros no puedo ahora don Pedro. En qué estás imaginando? que tienes; ay embeleco? No te escucharon los dos con el debido silencio, hija, o hijo; que llevamos? Qué? Confieso la deuda, pero págaros no puedo ahora con Pedro. Señor, qué receta es esta? Ven acá entiendes? Entiendo que tu nombre me llamaste. Pedile agradecimiento a Elena de mis suspiros, y me respondió: Confieso la deuda, pero págaros no puedo ahora don Pedro. y eso no aciertas? . No acabo, o porque mi mal recelo, a declararlo. . Pues mira, a lo de deuda, y confieso, lo respondió en corfesía: pero al págaros no puedo, te dio a entender; que con otro está casada en secreto, mira que enigma tan fácil. Calla ingrato por los cielos que aquí te quite la vida. Señor, señor, yo confieso que dije aquello burlando, perdona mi atrevimiento. Mas ella viene. Don Pedro mi padre os manda prender, obedeced como cuerdo, que os importa; adiós. . Señora, oíd, parad: que es aquesto, prendermea mí; porqué causa? Estaré dos, veces preso, y de entrambas lo seréis. Estamos ahora buenos? y a mí, si me han de prender? ir a preguntarlo quiero. ya es tarde para salir. Aguarden, que luego vuelvo, que tengo un negocio grave. Vuestra Alteza se dé preso por mandado de mi Rey, Dando la espada obedezco; tomad, y vamos. . Ceñilda, que la orden que me dieron, es, que en la torre la deis. Venid vos también. . No puedo, que tengo en un pie un dolor, y me da ahora tan recio, que no acierto a dar un paso. Por Dios que el embuste es bueno. a su señor acompañe, vaya al punto, presto, presto. . Suplico a Vueseñoria, ya que no paga mi amor, la causa de tal rigor comunique a mi porfía. Algún tiempo fui dichosa, cuando de vos adorada me vi, ya comunicada me juzgo por enfadosa. Mi señora, tu hermosura fue un tiempo mi cautiverio, acuyo divino imperio ofrecí el alma segura. Despreciaste mis papeles, mis razones no escuchabas; y en fin siempre me pagabas con mil desdenes crueles. Tu puerta y calle rondaba, desde que el luciente coche con su ausencia nos da noche, y en ella el Alba me hallaba. Que Iluvias, escarcha, y hielos no pasé, mas tu decías: Ay que enfadosas porfías, Jesús que vanos desvelos. Vime en fin tan oprimido con tu desdén, que lloraba en la mesa, y su piraba. a cada punto afligido. Ausénteme, y como amor conoció en mí tanta pena, ya más humano me ordena salud con menos rigor. Olvidé, que no fue poco, y mil juramentos hice. de no amar, que contradice al amor, aunque le toco. Volví a la Corte, olvidado ya de la tormenta fiera, i que en el mar de amor tuviera cuando escapé del a nado. Esta ha sido la ocasión que ya me obliga a no amar, porque no he de quebrantar mi palabra, ni es razón. Vueseñoria perdone, que parece le he enojodo; haber indiscreta andado es cierto, no hay quien me abone, solo él amor que tenía me obligó a esa liviandad, aunque más es voluntad la que en mi pecho porfía. Cruel respuesta me, ha dado Uueseñoria; esto siento, mas son las palabras viento, y el aire las ha llevado. . Señora, que digo, escucha; ay amor, no hay quien te entienda; con que dudosa contienda mi amor importuno lucha: aquí las quejas escucha de esta que me está adorando, allí yo me estoy quejando porque adoro aborrecido, y aquí porque estoy querido la estoy siempre despreciando. Mucho te atreves amor, casi liviandad parece: pero todo lo merece quien causa en mí tal rigor. Qué mucho, si vino aquí, y a mi padre se entregó; pague de esta suerte yo, pues solo vino por mí. Esta es Elena; a sentidos, porque de mí os ausentáis, porque solo me dejáis? Sois cobardes, no atrevidos. dame amor atrevimiento, para que la pueda hablar, que mal puedo con callar decirlé mi pensamiento. Allí Enrique, en quien estriba mi gusto, por medianero está, que ha de ser tercero para que contenta viva. Enrique. . Cielos, me llama, . qué aguardo? Señora mía, como helada el alma mía queda con tan viva llama. Sabe Enrique, que mi amor, digo, amor honesto en mí; ha dado ocasión, que a ti, sin recelo, ni temor, de parte del sentimiento justo, que obliga a pagar, A si bien principio de amar parece mi nuevo intento. Ay si por mí lo dijera, pero no soy tan dichoso; quién será este venturoso saber el alma quisiera: en que os puedo yo servir? Primero me has de jurar, como quien eres, guardar el secreto hasta morir, Juro, a qué quieres que jure? por lo que quisieres juto, que sea este pecho muro, mientras esta vida dure. Pues Enrique, has de saber, que un papel has de llevar, y al Príncipe le has de dar; y la respuesta traer. Sabe Dios, que es cortesía, de ver que por mí viniese, y a tal riesgo se pusiese, pudo obligar a la mía, no a amar, mas a agradecer. Los principios son de amar, y principios que han dar muerte a mi infelice ser. Qué dices? . Señora escucho lo que me mandas que haga, con que a tu amor satisfaga; con que tormentos que lucho. Dime cuando volverás. Presto, pero no sé cuando, que estoy de celos rabiando. . En mi cuarto me hallarás. Pues yo te voy a servir. Entique guarda el secreto. . De guardártelo promento; ay que estoy para morir. A cual hombre ha sucedido lo que por mí está pasando! sin duda que estoy soñando, despierto no, si durmido. Como sufrir he podido tormento tan duro, y fiero? Qué haré cielos, que me muero? Hay más terible dolor, que a quien he dado mi amor me vengaa hacer su tercerol Yo quiero decirle al Rey, que Elena al Príncipe escribe, y que de vida le prive para poder yo vivir. Ya no puedo resistir este frenético ardor, mas hay palabra, y honor, una quiebra, y otra falta; pero en empresa tan alta; no que daréis vencedor. Mirar conviene bien aqueste caso; Enrique. . Oh gran señor. Quisiera, pues tu consejo siempre ha sido sabio, que le dieras ahora, que sudoso en el determinar, el dar a Elena al Príncipe don Pedro estoy confuso. Digo, señor, que puede ser que venga por mandado, y consejo de su padre, como los dos vivís tan encontrados, solo a engañarte, y deshonrar a Eler dejándola después ya de casado, cuando gozada tenga su belleza, y que a ser como tuyo su enemigo, con la muerte le diera igual castigo. Hablas al fin, como leal vasallo, pues es cierto, que amor no le obligara, y más no habiendo visto nuca a Elena; yo haré que le doblen las prisiones, con que de su traición más me aseguro. Con que tormento, y dudas lucha el alma. De que tan triste estás; que sientes Enriqué? Justo es, señor, que mi dolor publique; he recebido cartas de mi Estado, en que me avisa mi persona importa, a cierto atrevimiento, y al castigo de quien le tuvo, que me partaluego, y como siento tanto el alejarme de vuestra Majestad, dudaba cierto en pedir la licencia, que es forzosa. Enrique hablad; hay otra cosa? No siento, señor, más, solo te pido me des licencia para que me parta, que siento, como es justo, un desacato. Yo te la doy Enrique; pero mira, que se ha presto la vuelta, pues que sabes lo que quiero, y estimo tu persona. Yo volveré, señor, si vivo quedo. más vivir, ni volver, sé que no puedo. Si yo la causa viera, por quien padezco la prisión esquiva, que de gusto sintiera, mas de gloria tan alta, y bien, me priva del cielo la influencia, deme, pues me da amorlarga paciencia. Ay Elena divina, justo castigo des a mi locura, pues no soy digno, y digna, del propio díos de amor es tu hermo- pero vivo contento, (sura: que padezco por ti leve tormento. Válgame Dios, dónde voy? Dios sea conmigo. Qué es esto? parece que han trasminado de esta torre los cimientos: pero qué bulto es aqueste? Ay, que de dolores muero. No detérmina el sentido, aunque tan cerca lo veo, quién es. Señor dónde estás? Es Ramón? . De serlo dejo, porque entiendo que me falta la vida. . Ramón, qué es esto? No soy ramón, que retama soy molida, porque tengo mis costillas muy mlordas, Ay, ay. . Qué es esto? No te lo podré contar. Levántare, cobra aliento, como estás, de esta manera; quién así te ha puesto? El miedo, que es el más fuerte enemigo que he conocido en mi tiempo. De que, o cómo te asombraste? Que no señor, que no es eso. Ay, hay. Di. . Soñé esta noche que apretaban mi gargüero por agotador de cubas; y despertando; comienzo con una daga a hacer en la torre un agujero, por ver si podía escapar del amenazado riesgo. Cabando, señor, estuve, y ya que lo tuve puesto, entendiendo que no estaba tan alto como está el suelo, de cabeza me arrojé. Válgame Dios; hay que tengo; dónde estoy, heme librado? Qué siempre estés hecho un cuero? mira que pienso que abrieron la torre, y un hombre ha entrado. Querrán que nos confenemos; a mal haya mi vida, quién me metió en ser tornero? Levántare, acaba ya. Señor sabes tú si puedo? Vuestra Alteza gran señor me dé los pies. . A mi cuello ciñan vuestros fuertes brazos. quien sois. . Decíroslo quiero con lengua muda; tomad. De quién es? . Porque estáis preso albricias no os he pedido; que las diera yo es muy cierto. . si la suerte se trocara: pecho tened sufrimiento. Amor con amor se paga, entended pues sois discreto; pagar en propia moneda la deuda que os debo quiero. Quién oyera lo que dice, aunque reventara luego. Loco estoy. . Vuelvo a leer: o como mata un contento! No te espante la prisión, ten valor, que buen suceso tendrás. Dios te guarde. . Ay infierno que habite más confusión, más temor, y más tormentos, que en aqueste pecho habitan. Amigo, a estar en mi Reino, fueras del siempre señor: tuyo soy, a darte vuelvo por albricias de este bien los brazos; porque no tengo mas de esta sortija ahora, tómalas afe que su precio, si no paga tu lealtad, muestra mi agradecimiento. Señor, Vuestra Alteza guarde do la sortija que yo vengo solo a servirle; y hacer lo que me mandó mi dueño. Yo como amigo la doy, y creedme que soy vuestro, y que la habéis de tomar por darme gusto. . De eso. que vuestra Alteza le tenga. Ira responderle quiero por escrito, perdonad; y venid a mi aposento. Vamos: paciencia fortuna, Cual suele caminante, que ignoto del camino pierde la senda, que atajar pretende, y espera el rutilante Sol, porque su destino, como ni el monte sube, ni le entiende; apenas se defiende de las zarzas copiosas, y espinas espaciosas, con que al pasar tocando, su roja sangre queda deramando: y al fin, viéndose herido, a aguardar a la luz se ha reducido, que será menos daño, que proseguir el curso de su engaño: no más este desea, para volver glorioso al camino que ya perdido tiene, la luciente Febea, con pecho temeroso, viendo que pierde lo que le conviene. Que yo espero, si viene con la respuesta Enrique, para que amor dedique, quejas tiernas al alma. pues que triunfante se llevó la palma de vencer este pecho, que era de bronces, y diamantes hecho: mas ya de blanda cera; quién cómo amor en ella me volviera? Postas dejo prevenidas para poder arrancar; yo entiendo que ha de costar, Elena más de dos vidas. Dírele mi pensamiento, porque no me he de partir sin que le llegue a decir el mal que de verla siento. Enrique como no llegas; sola estoy, que te detiene? nadie por la sala vieve, dame de mi amante nuevas. Qué pueda tal escuchar! aqueste papel me dio. Cómo el mío recibió? bien me lo puedes contar. Con la mayor alegría, que yo te podré decir. Qué mal puede resistir el alma aquesta porfía. Pero Enrique con Elena está; todo celos, es penar: a los dos quiero escuchar. Hizo sus brazos cadena de mi cuello muchas veces, y esta sortija me dio, y su Reino me ofreció. Todo, Enrique, lo mereces; muestra el papel, porque quiero ver si el talle contradice su ingenio. . Lo que le dice no entiendo, acercarme quiero. Ya me falta sufrimiento; ánimo, bien puedo hablar. Que podrán los dos tratar. Hay terribles pensamientos. Enrique le dio un papel, y ella leyéndole está; cuyo este papel será? claro está que será de él. Enrique albricias te doy, pues que no las has pedido; que falta estoy de sentido, loca de contento estoy. Los brazos te quiero dar, y aquesta cadena guarda; que dudas, que te acobarda, así te intento pagar. Señora, el no merecer. Si mi amante te lo dio, que hago en hacerlo yo? Que aquesto he llegado a ver, al Rey tengo de avisar, que esto pasa de traición, y la perdida ocasión así pienso restaurar. Cuando, Enrique, volverás a ver al Príncipe, di? Antes me voy, ay de mí. Pues Ennaque adónde vas? No sé, a mi tierra señora. Muy grande pena me has dado; quién tu partida ha causado? Qué aguardo? celos ya es hora, Solos estamos Enrique, habla, bien puedes hablar, no me des tanto pesar. No hay remedio que me aplique. Qué dudas, que estás cobarde? mujer soy, ánimo ten, a qué dama quieres bien? haz de tus penas alarde. Aunque la causa es de amor, no te la puedo decir. A mí me la has de encubrir, no ves, qué es mucho rigor? Señora temo enojaros. Enrique no enojaré, mira que gusto tendré, como tú en mí lo verás. Escúchame Elena, pues de mis pesares quieres ver la causa que hay del ausentarme. Aa diez años que peño, y que mi gusto yace rendido a tu hermosura, porque adoro tu imagen. Amagos muchas veces tuve para hablarte, más algunas es niño este rapaz gigante. De mi amor son testigos los montes, y los valles, a quien con mil suspiros yúa siempre a quejarme, Ahora; cuando menos, hallo en desdichas tales, que tercero me hiciste para tu nuevo amante, Considera en ti misma, juzga siendo mi parte, si hay muerte más inorme; dolor que más abrase. Al Rey pedi licencia para de ti ausentarme; que lo que no se ve, no causa tantos males. A mi Estado me parto, y vengaré en los sauces, cual Orlando segundo, el agravio que me haces. Vivir se que no puedo, pero voy a encerrarme en solitario monte; o en un ameno balle: Escúchame Enrique, oye Enrique, ospera; pero no podrás, si tienes vergüenza. Qué mujer se ha visto, no digo Princesa, en aqueste estado; ni en aquesta pena? Gran mal me amenaza; si es que el Conde intenta hablar a mi padre; más ánimo Elena, Oh fiero rapaz, y como te precias siempre de atrevido, y siempre con guerras. Oh indiscreto Enrique, pues decir pudieras antes que yo amara, tu indiscreta pena. Soy agradecida, y cierto me pesa no poder pagarte, que a poder, lo hiciera. Ya perdida estoy; y mi alma intenta seguir su encanto; no soy la priimera. Mudaré vestido, y a la propia tierra de don Pedro iré, y me daré presa. A su propio padre entregarse intenta mi rendida vida, porque amor profesa. Ay quien le avisara, o como su piera, si fingida el Conde me dio su respuesta. Qué dices, estás en ti? Señor la verdad te digo. Que siendo el Conde mi amigo se atreva a mi honor ansí? Y cómo estaban? . Hablando, y una cadena le dio, y Elena al Conde abrazó: a celos, que estoy rabiando. . Oiste lo que trataban? Mil requiebros, mil amores, con otros tantos favores, con que los dos se abrasaban. Sin duda se despidió: a Elena puedes llamar: . que ella le quiso abrazas, y una cadena le dio, Mi padre me llama Elvira? El llamarte me mandó. Si Elena, yo os llamo, yo. Parece que estás con ira. Elvira laste allá fuera, No fue en vano mi temor. Ya te obedezco señor. . La segunda puerta cierra. Ven acá hija, no mía, pues hoy tan infame eres, mujer vil entre mujeres, deshonra en la sangre mía, como tanto te bajaste a un Conde, siendo Princesa. Señor de afrentarme cesa, baste ya lo dicho baste. Cuando vio tu Majestad bajeza en mí, que pudiera reprenderme, o desdijera de mi honor, y mi lealtad? No basta haberme afrentado hoy con abrázar a Enrique, y que el vulgo lo publique, y haberle cadena dado? Señor, la que te informó, celos debe de tener, que desdice de mi ser, eso con que te engañó. Enrique me fue a pedir licencia para su Estado, y que tú se la habías dado. me dijo, para partir. Yo le abracé, aquesto es cierto; mas debes considerar, que si le hubiera de amar, fuera en secreto; y cubierto. Siempre miran con antojos los que en malicia han pecado; parece que se han templado con tu razón mis enojos. Bien puedes irte, hija mía, y aqueste enojo perdona. porque el ser padre me abona a cualquiera demasía. Señor tu esclava he de ser. Dios te guarde: a fiero hablar, casi estoy por castigar la que tal me hizo creer, Ya se fue mi padre, cielos favoreced mi osadía; porque con tanta porfía me conunte amor, y celos. Pues conoces mi alegría, porque tanto tardas noche: caballos tirad el coche, daréis gloria al alma mía. Ya, vestidos mujeriles, de vuestras galas me alejo; ya mi ser del vuestro dejo, porque conozco sois viles. Ya don Pedro, me disfrazo, por poderte socorrer; ten ánimo, que has de ver presto cumplido este plazo. Disculpado mi honor queda, el Príncipe vino aquí, y por el salgo de mí pagando en propia moneda.
JORNADA SEGUNDA
De que me sirve ser Rey, la majestad de que sirve; de que sirve la grandeza, y a los demás preserirme? De que me sirven las fuerzas, el poder de que me sirve, si en fin sujeto a miserias estoy como el más humilde. Cómo, ay cielo piadoso, con tanto rigor me oprimes, pues a mi influente estrella tu globo gobierna, y rige? Don de adon Pedro llevaste, en qué parte le pusiste? si pisa ya tus umbrales, llévame a que le visites; si vive, trueca la suerte, aquesto te pido humilde. Él es joven, yo soy viejo, el queda para servirte; hay mi hijo desdichado; hay mísero padre, y triste, pues el sol que me alumbraba, ya padece nuevo eclipse. Que ningún vasallo mío pudo verle, ni seguirle; si le ha tragado la tierra? el alma que si me dice. Un caballero, señor, de bizarro talle, pide licencia para hablarte. Que entre le dirás; ay triste. Guarde Dios tu Majestad, Rey famoso, Marte insigne. Dios os guarde; a qué venís? Tengo cosas que decirte, y a solas conviene estar; manda a tu gante salirse. R. Dejadnos solos; ya estamos, qué es lo que quieres decirme? Invicto Rey de Aragón, a cuyo valor inmenso teme la abrasada Ciria, É y el más remontado Reino. Yo Enrique, Conde en Castilla, que mi esfuerzo conocieron cuantos fronterizos Moros vibraron lanzas de acebo. Movido de la piedad que cabe en un noble pecho, te vengo a dar tristes nuevas del infelice don Padro. Qué dices? . Atento escucha. Dame vida, habla presto. Sosiega famoso Rey. Nunca amor tuvo sosiego. En la Corte de Castilla se celebraron torneos, entre cuyas competencias hubo muchos forasteros: uno principal venció, dejando su valor muertos los vencidos, de pesar, y a los amantes de celos. Saliose al fin de la plaza, pero con grande secreto fue a Palacio, habló al Rey, a quien descubrió su pecho. Ser Príncipe de Aragón dijo, y llamarse don Pedro, y ser causa del camino aquel incendioso incendio. Pidió humilde que le diese la Princesa en casamiento, porque adoraba sus partes, y idolatraba su cielo. En fin, no quiero cansarte, prendiole mi Rey, y entiendo, que si saben mi parida le puede correr gran riesgo. Muchas veces le hablé al Rey, y muchas le di consejo, que te escribiera, aprovando la elección del casamiento. Mas como estáis encontrados, mandó le doblasen luego las guardas, y las prisiones, de algún traidor acuerdo. Muchos quieren a la Infanta, muchos adoran su cielo, y no te espantes de oir; que Enrique, soy uno de ellos. Entré en la prisión a ver al Príncipe, y te prometo, que tal amor le he cobrado, que por verle libre muero. Escoge en toda tu corte un valiente caballero, que con ánimo acompañe este valeroso pecho, que cohechando las guardas, o matando algunos de ellos, tendrás a tu hijo libre, y yo viviré contento. Agradezco, como es justo, Enrique, aquesos deseos; dame mil veces los brazos. Indigno soy, señor de ellos. A de la guarda. . Señor. Avifad al Conde luego, que venga a verme. . Ya voy, señor, a servirte. . Entremos, que es justo descanséis; tro soy, y todo es vuestro. Conde preso traeréis, en llegando me avisad. a. Serviré a tu Majestad. Mucho gusto me daréis. Que un Conde, un Conde villano, a mi honra y casa se atreva! cielos mi paciencia prueba, o quiere provar mi mano. A como a toda mujer, bien le dijo el que escribió, y por nombre a todas dio leve espuma, frágil ser, Qué fingida, y enojada, que altiva me respondía; mas con soberbia tenía su bajeza disfrazada. Habla, señor, por tu vida; Enrique, señor; qué es esto? tú el sabio, tú el entendido; tú el filososo discreto? Comunica tus pesares, comunicados son menos; tu esclavo soy, y tu amigo, vida tengo, valor tengo. Quieres comer; cómo estás? Fuego, fuego, fuego, fuego. Ay desdicha semejante: tente, qué intentas; qué es eso? considera el ser Cristiano, dale alimentos al cuerpo, no quieras perder el alma. Fuego, fuego, fuego, fuego. Por aquí le hemos de hallar. Hola, Felicio, qué es eso? decidme, dónde está el Conde? Esos despojos entiendo, que podrán mejor decir lo que yo, ni sé, ni puedo. Pues como no está en palacio, ha se pasado a otro Reino? Qué es pasar, si está perdido, y más que vivo está muerto: que le ha sucedido allá? No sé, yo vengo a prenderlo, digo, a llevarle a la Corte. Pues qué mi señor ha hecho? Felicio, en esto de Reyes, que a veces el más cuerdo; y así, lo que se ha de hacer, es discreción, y silencio. Digo, Enrique, que me holgara, si acaso pudiera ser, el poder la Infanta ver, y a gran dicha lo juzgara. Pues que bien puedes sacar de ver a la Infanta, di? Años ha que vive en mí, sin poderla desechar; por fama la quiero bien, y tengo suyo un retrato, que a mi amor se muestra grato. Y quién te le ha dado? . Quién, la fama de su hermosura movió de suerte mi pecho, que dio motivo a tal hecho, que la pidiese en pintura. Pero dejando esto a parte, pues junto a la torre estamos, dime, amigo, que intentamos para librarle; y librarte. No sé como disimule lo mucho que me ha pesado lo que Otavio me ha contado; más amor de intento mude; que ya del Príncipe soy. Digo, Otavio, que conviene aguardar a ver si viene Gelio; qué turbada estoy! Yo tu sobrino he de ser, conmigo te has de enojar, y me has de querer matar, y tras mí has de correr. En la torre me entraré, ya llevo aquí limas buenas para limar las cadenas, y al Príncipe avisaré de como aquí le aguardamos, y que caballos tenemos, pues bien dichosos seremos, porque ya los tres estamos. Ya los caballos están bien prevenidos, y a puntó. Pues mirad que estamos junto de la torre, y nos verán. 1. Velador que el castillo velas, velale bien, y mira por ti, que velándole me perdí. Pusiste también espuelas? Todo queda prevenido. 2. Tulio, qué dicen del preso? 2. No hablemos ahora en eso. Comencemos lo fingido. 1. Que le guardemos nos mandan, la Princesa no parece; todo el Reino lo merece, pues todos andan errados. Que le tengo yo de her, si entre cuatro bellacones me dan diez mil tempujones. Aqueso has de responder? Boto al sol que has de morir, pues no parece el pollino; no sabéis que es del vecino, que le tengo de decir? Hoy te tengo de acabar, no has de quedar sin castigo. Detente hermano, qué digo? Ay que me quiere matar, amparadme aquí por Dios. No os ha de valer sagrado. 1. Teneos, porqué os ha enojado? Cómo no lo sabéis, vos? 2. Entrar acá no podéis. Pues aquí le aguardaré, ansí me habláis, pues afe que pagármelo tenéis. 2. Decid en qué os ha ofendido? Como su merced no sabe. Déjeme entrar dentro, acabe, que es un picaño atrevido; yo sé, que si bien supiera quien es, que nada se holgara, y que entrar no le dejara, ni ansi le defenduría. 1. Vos, que no estáis enojado, contednos lo que esto ha sido. Sepa su merced, que erguido este mochacho le ha hablado; diole mi hermano un jumento, mayor que yo se decir; quiso a la Corte venir con un loco pensamiento, perdiole, o le ha jugado, que lo sabe bien hacer, y pleito hemos de tener, porque era el burro prestado. 2. Amigos los he de hacer. Brava suerte hemos tenido; ya todo está prevenido. Estoy por arremeter, que me tengo de librar, que en fin tengo de salir? Aquese puedes asir. Déjámele tu agarrar, y verás con mi destreza, si acaso se deja asir, no dejarle hasta morir, parrancarle la cabeza. ̱. Allí sale, o perro. 1. Tente. Dejádmele muerte dar, mirad, que os puede costar, caro el ser impaciente. q a fuera, morid villanos. . sal señor. 1. Traición, traicio. . No perdamos la ocasión; este camino sigamos. O que bien ha sucedido. Dejad tripas, que lleguemos, (donde con blanco esquitemos el ayuno que he tenido. Digo, señor, que llegué a tan miserable tiempo, que haciendo dos mil locuras, se despedazaba el pecho. Que me pesa. Fabio, es cierto; en lo que yo le culpaba, pudo un testigo secreto, que olvidado le quedó, revuelto en un blanco lienzo, itarle la culpa a Enrique, a un papel de don Pedro, le por respuesta enviaba Elena de otro primero. Dóblale otra vez las guardas, cude a la torre presto, ve así me intento vengar; árgale todo de yerro. uego, fuego, fuego, fuego. mísero, y pobre Enrique! ade qué tenéis, qué es esto? ola, a mis médicos llamen, ciencias busquen remedio, ego, fuego, fuego, fuego. amoso Rey de Castilla, manda que tus caballeros se esparzan por los caminos, porque al Príncipe don Pedro lacaron de la prisión cuatro valerosos pechos, todos en traje villano; tus guardas, señor han muerto, sino es uno, que escapando, me dio cuenta del suceso. Hola soldados, que digo: mal haya el entendimiento: amigos, parientes, hola, tomad caballos ligeros, y seguid por los caminos a mi propio pensamiento. Fuego, fuego, fuego, fuego. Señor, qué es lo que ha pasado? Que sacaron a don Pedro el Príncipe, de Aragón, de donde le tenan preso. Y quién le sacó no saben? No se sabe, porque fueron en un disfraz peregrino; dadme licencia, que tengo que hacer ciertas prevenciones. Uia soy. . Yo muy vuestro. . Qué buenas las cosas andan, por un rapaz, de este Reino; ay amor, que no harás. Fuego, fuego, fuego, fuego. Ay Conde, que malogrado, en verle ansí me enternezco, porque le adora mi alma, y vive vivo en mi pecho. Señor, Enrique, no habláis? como os sentís, que recelo, que algún veneno os han dado; mi fe y palabra os entrego de callar, hablad conmigo: no queréis, o no merezco de vos aqueste favor? Hacer que me voy intento; y quedaré escondida, por asegurar mi pecho, a ver si a solas habla. Solo estoy, amor reviento. y Eleña de mi vida; pero para que te miento, si me mandaste callar? Mal tu mándato obedezco. Ay cruel, cruel tirana, ausente ya, que es aquesto, adónde te fuiste ingrata? Como con violento fuego; tus niñas me han abrasado, y tu desengaño muerto. Pierda el alma, y el sentido, pierda la vida, que es menos, que quien perdió tanta gloria, truequela a la del infierno. Fuego, fuego, fuego, fuego. A que peña no ablandara, no digo que amor tuviera, si no que solo estuviera donde yo tal escuchara. Ya me ha pesado de oír al Conde tantas ternezas, para mí tantas fierezas, que me obligan a morir. Con qué te podré pagar? Con qué pagarte podré? Yo es cierto que moriré de aqueste oculto pesar. Que de ello te debo, Elena. Cuanto más te debo a ti. Qué furor derrama en mí aquesta confusa pena. De que Amazona tal valor, industria tanta. El tuyo al suyo adelanta, atras le deja, y le afrenta. Que a mi padre no dijiste que eras Elena? . Tampoco. Cielos, que rigores toco. . De qué estás, Otavio, triste? Me sobreviene un dolor, y a veces me aprieta mucho; con que tristezas que lucho, qué intentas tirano amor? Yo primero no la amé; si, que el Príncipe la omó, cuando no discreto yo, su retrato le enseñé. . No la tiene de gozar, o yo Otavio no he de ser; amor lo puede emprender, y celos lo han de acabar. Luego, Otabio, te adelanta, y a mi padre pedirás las albricias, y dirás que va conmigo la Infanta. A servirte voy señor. . Elena; qué eres Elena? Era tan grande mi pena, que aún está invencible amor. Hay más gloria que esperar, ni que mayor puede ser, que llegarte a merecer después de un breve penar? Ay Elena de mi vida. Tanto te has adelantado, querido esposo, que ya aqueste nobre te da quien vida, y alma te ha dado. No sé como encarecer lo que gano en ser tu esposa, porque me juzgo dichosa en poder llegarlo a ser. Miren aquí que sosiego para quien huyendo va, que pienso que viene ya Castilla a sangre, y a fuego tras mí, Príncipe, y Elena. Venid al punto a subir, porque nos pueden seguir, y ser mayor nuestra pena, Es hora? . Miren que flen mal haya quien me parió, juro a Dios deirme yo, y déjaros. Ven Elena. Qué Elena, y no Enrique, era? Señor esto es lo que pasa, ya están cerca de tu casa; quien disimular pudiera. Otabio, no sé que siento de que Elena venga así, que casi fuera de mí me trae este pensamiento. Guerra se que he de tener por no los dejar casar; que siento el mayor pesar en esto, que puede ser. Nunca quise bien a Elena, nunca a don Pedro di él sí; Otabio, que haré me di, en esta confusa pena. Estorba el ser tan amigo de don Pedro mi señor, y parecerá no amor, si al fin lo que siento digo. El Reino dejo a tu cargo, juzga Otanio lo que sientes, sin mirar inconvenientes, que yo salgo a tu descargo. Amor, qué intentas hacer, no será mejor morir; mas como he de resistir tu frenetico poder? Honor, mira que traición es esta que vas trazando; amor, si estás deseando, goza de aquesta ocasión. Pero honor, adonde queda tu valor, y tu cordura, mira que en esta aventura tu lealtad dudosa queda. Orabio que me aconsejas? Señor es mi parecer, que a Elena mandes prender; honor mira que te alejas. . Pues al Príncipe prendieron cuando tan tierno llegó; si Elena su amor pagó, haz lo propio que allá hicieron. Digo Otanio, que es muy justo. y que me parece bien; tú podrás de aqueste bien darme tan sublime gusto. No señor; antes te pido, porque ha mucho que he faltado, licencia para mi Estado, que pienso que está perdido. Conde la licencia os doy en habiendo preso a Elena. Cielos mitigad mi pena. No temáis, vuestro Rey soy. Demé vuestra Majestad los pies. . Oh hijo! . Y a mí; pues tiene una esclava en mí. En este cuarto aguardad. . De aquesta suerte nos deja tu Majestad! desconforme de amor Paterno, que forme da lugar a injusta queja. Ramón soy, señor, de mí no haces caso, pues tornero fui en Castilla. . Yo quiero saber la causa. . Ay desmí, si está tu padre enojado, o si yo la causa he sido? Vuestra Alteza me perdone. que soy mandado señor, bien sabe Dios, que el dolor en grave pena me pone. Tu padre a la Infanta manda en una torre poner. Si vos sois quien lo ha de hacer, es muy justa la demanda. Andad decildle. . Señor guarde tu Alteza tu vida, porque hay gente prevenida. Y aqueso no es ser traidor? Mire, señor, vuestra Alteza, que traigo orden de matar a quien quisiere estorbar el prender a la Princesa. El demonio te lo estorbe; Conde yo te ayudaré, y en la torre la pondré. Señor, yo he de estar conforme a tu mandato. Villanos primero yo motiré, o aquí a todos os haré pedazos con estas manos, Señor, no importa, yo muera, guarda tu vida mil años, líbrate de aquestos daños, porque está esta gente fiera, Señora, que así me dejas! Tuya soy querido esposo, Muévate, cielo piadoso, de los dos las tristes quejas. Ciñan mi cuello tus brazos. Qué breve, y que dulce gloria. No borres de tu memoria aquestos estrechos lazos. Qué es borrar, si adoro en ti, Que no te tengo de ver! no te alcanzo a merecer, pues que te ausentas de mí. Adiós esposo querido. Mi querida esposa a Dios. Cuál siente más de los dos, porque yo nada he sentido, si no fue lo de la muerte. Cielos fuera voy de mí. Señora vamos de aquí. Hay rigor tan fuerte! esposo me has de olvidar? A quién nacido no hubiera: primero del alta esfera los ejes verás quebrar. . Ay dolor que llegue al mío; hay pesar que se me iguale! como el alma no se sale, o revienta el cuerpo frío? A Castilla he de tornar, y al Rey, y padre de Elena, para que cese mi pena, libre me entiendo entregar. Oh que bien ha sucedido: honor, ya os perdí, ya os dejo, que amor, y celos me obliga a que este camino siga, por donde de vos me alejo. Conde, qué hay, volvéis por mí? Antes vengo, gran señor, a dar traza, que tu amor goces por mí, aunque ansí hice lo que viste aquí, pues por las guardas no pude, el dejar de ejecutar lo que pudiera causar más daño, y ahora acude mi lealtad a que te ayude; y ansí, gran señor, me pesa, y aunque aventure mi honos, porque conozcas mi amor, te he de dar a la Princesa. Qué dices otabio mío, no en vano el alma te adora, mi vida suerte mejora; tuyo soy, y tuyo he sido. Finge que a Castilla va loco, a morir sin sentido, y en mi casa así escondido. esta noche quedarás, que yo con fieles criados, y con la posible prisa, te librare a la Princesa, dando fin a tus cuidados. A mi Estado podrás ya, adonde con paz segura, gozando de su hermosura, puedas contento vivir. No sé, Oravio, como pague tanto bien, mercedes tantas; a los cielos me levantas, bien esta verdad se sabe. Pues alto empieza a fingir. Voces daré como loco, pues que dos extremos toco, a Castilla he de partir. Su Rey muerte me ha de dar, tirano padre, pues prendes un Ángel, y al cielo ofendes, allá me voy a entregar. . Al paso de mi deseo me va sucediendo todo, si camina de este modo, fácil cumplido lo veo. Aquí conviene avisar a Dionis, que prevenido, y de todo apercibido esté para caminar. Ángel amigo, que dices; de que me engañas recelo, que Elena de mí se acuerda? Tenlo, Enrique, por muy cierto, y que a verte me ha enviado. Dime, en que parte del cielo albergaron su hermosura? En el móvile primero, a quien llaman el otavo; parece que cobra seso. Y tú en el cielo naciste? mis padres allá nacieron, mas soy divino, y humano. Y qué nombre te pusieron? Llámase Venus mi madre, yo soy nacido atravieso: y como amor obligó a los dos hacer tal hecho, y yo nací de entrambos, amor por nombre me dieron. Tu padre, cómo se llama? Mira, aqueste es un gran cuento, pero al fin Marte se llama. Dime Amor, y si yo quiero ir a visitar a Elen a, como podré, porque entiendo que están ellos cielos altos; y aba que muchas veces pruebo, jamás acierto a volar. Pues aqueso, Enrique, es cierto; no ves que eres muy humano, y estás falto de sustento. Pues qué importa ir sin comer. Es menester grande seso: sabes que le sucedió a tu enemigo don Pedro? No lo sé, dímelo Amor. Pues mira, quiso soberbio Ícaro segundo ser, porque se atrevió a los cielos; y como no había comido, desvanecido en el suelo cayó hecho mil pedazos. Hasme dado gran contento: denme presto de comer; Amor, amor, comer quiero. Pues apercibete Enrique, que voy por algo, ya vengo? ay Amor, si remediara este loco por quien muero. e En el permero la Luna, parece que ya la veo de tela blanca vestida, empezando del tercero, siento de fuego abrasarme. Fuego, fuego, fuego, fuego. Oh miserable de mí, el fiero furor le ha vuelto; Enrique, qué es esto, toma. No no, que con falso intento quieres que me dé la muerte, Aquel brillante Apuleyo; él sin duda te envió, porque de mi tuvo celos: de Elena se ha enamorado, no, no, que todo lo entiendo, despeñarme quiere a mí, como despeñó a don Ped Cierto, Enrique, que te engañas, porque son dioses perfectos, y no se pueden juntar divinos, y humanos pechos. Tu propio te contradices; ven acá, tu madre Venus no era humana? como Marte la gozó; no vino al suelo? No, Enrique, oye de mi madre este ignoto nacimiento. Mira, un díos con una diosa, tuvo que ver en el cielo, cogiolos Júpiter juntos, y por castigar tal hecho, mandó que a este dios sangrasen, y que así fuese muriendo; cayó su sangre en la mar, y él sin ella, quedó muerto. La sangre formó una niña, que las olas, de su imperio, cuncaban en montañas del cristalino elemento: pero ciertos pescadores entre la redla cogieron, y en fin estos la criaron; dótola de hermosa el cielo, y así Marte aficionado a su deidad, conociendo conformes las voluntades, nací de entrambos; con esto a tus celos aseguro; y porque me parto luego, mira que quieres que diga a Elena, aunque yo intento decirle que no la quieres, pues no alimentas el cuerpo. Amor, amor, ten no vayas; pero dime, yo ofendo a Elena con no comer? Pues qué hay que dudar en eso? Pues ea amor, comor quiero. . Come pues; ay tal desdicha, hay más extraño suceso; hay pena mayor, que come; hay más confuso tormento: mas loca estoy yo que Enrique; cielos, que es lo que pretendo, que aún de mi propia no sé, que será mayor extremo. En Enrique no hay sentido, mas yo con él los padezco. Amor ya he comido, vamos. Has de tener gran sosiego, y primero has de dormir; porque si te vence el sueño, caerás, parando las alas, si para tu movimiento. Que no haré yo por Elena. Si yo le vuelvo su acuerdo, podrá ser, que agradecido pague este amor tan eterno. No tardes noche, camina; camina brillante Febo, sepulta tus bellos rayos en aquese mar soberbio. Ampárame amor, y tú, dios, a quien llaman Morfeo, dales esta noche a todos los circunvecinos sueño. Perdido de amor estoy, cielos los celos me han muerto; pues mataré a quien me mata, muera, y viva yo contento. Si se sabe mi traición, guerra me harán los dos Reinos: pero como goce a Elena, ni bien, ni más vida quiero. Prevenidas tengo postas, y aquí dos pistolas tengo; guarda no ha de quedar viva, que todo va a sangre y fuego. Hasta mis propios criados, que aquí con valor y esfuerzo me ayudan he de matar, para que esté más secreto. Tirano soy, amor reina, y el impulso es de tu efecto. 1. Ya en busca tuya venimos. Sois mis amigos y deudos, dejad que entreguen los hombres su curso a un blando sosiego. 2. Dónde te hemos de aguardar, después de este robo hecho? De aquí estaréis tres jornadas, aguardándome en el puerto: pero quiero aquí advertiros lo que habéis de hacer primoro: si acaso Elena pregunta por el Príncipe don Pedro, le diréis como ya es mía, y que robada la llevo; y a mi quinte la llevad, que yo aplacaré con ruegos sus dos soles enojados. Ahora llegar tenemos a la torre, y a las guardas, sin que puedan conoceros, les quisaremos las vidas; porque librando, y huyendo, a Elena, en un mismo punto se tiene de hacer a un tiempo. 2. Pues ya es hora, qué aguardamos? Vamos: ay amor soberbio, no sé que temor aflige aqueste animoso pecho. Sombras oscuras, y vanas, que me queréis? que es aquesto, que así priváis a la vida de glorias, gustos, y sueño? Qué me amenazáis visiones? no sé que esta noche tengo, que losegar no he podido, algún gran daño recelo. 1. Traición, traición contra el Rey, que nos matan. 2. Que me han muerto, Qué alaridos, o qué gritos son aquestos, santos cielos. que pistolas, y que voces? Dichoso soy por extremo, Elena, Elena, qué aguardas? Turbada estoy. . Presto, presto, sal, que la puerta está libre. Quién eres, eres don Pedro? El Conde soy, que ayudado del Príncipe, quedan muertos todos los que te guardaban. Señora a fuera tenemos mil caballos prevenidos, porque en mi estado encubiertos, tú, y don Pedro habéis de estar en el inter que los Reinos convierten la gueraa en paz. O que me mata el contento: Ay don Pedro de mi vida; Otabio, vamos, que muero. En qué has de parar Otabio? todo hasta ahora está bueno; amor los fines importan, que ya el principio está hecho.
JORNADA TERCERA
Es el monte por extremo para robar, y huir sin podernos descubrir. Yo por Dios que nada temo: tengo una vida no más, y bien la pienso vender, y si mi intentan prender, antes morir me verás. Qué fabriquemos conviene, una cueva donde huyamos, y adonde nos escondamos. Razón Ludónico tiene, y pues que en esta montaña tantas fieras la fabrican, cuya ocavidad habitan, con no poca oculta maña, busquemos la más profunda, que hecha la hallaremos, y el trabajo excusaremos, serán de estos cuerpos funda. A lo más espeso vamos, que mientras más escondida guardará mejor la vida. Esta ladera sigamos. Pasar no tengo de aquí, tres días ha que camino sin camino, a que destino me traéis fuera de mí? Si el Príncipe me libró, y os dijo que ya venía, aguardaldo solo un día, haced lo que os ruego yo. Que si algo le ha sucedido, o en algún peligro está, si se queda el alma allá, que importa el haber venido. Hablad, decidme qué es esto, mudos parece que estáis; dónde estoy, porque no habláis? 2. En qué confusión me he puesto. 1. Por Dios que me ha enternecido. 2. Ya mí me ha dado pesar. 2. Claro la puedes hablar, y contarle lo que ha sido. 2. Elena, no es bien que pases de aquí sin saber tu daño, decirte quiero un engaño, porque el sentido no canses. Otabio. . Tente, no digas, no en vano el alma recela. 2. Con amorosa cautela, por dar fin a sus fatigas. Calla, que ya lo he entendido. 2. Te libró, que no fue poco, porque está de amores loco, y a tu hermosura rendido. Hay traición más bien trazada! hay tirano a aqueste igual, hay otro villano tal, pues que me sacó engañada? Como sufrirlo he podido, cómo de pesar no muero? o yo al Príncipe no quiero, o estoy falta de sentido. 1. No te aflijas pues que ganas en ser su mujer de Otavio. De pesar y furia rabio; traidor, porque así me engañas. Yo del Conde había de ser, habiendo muerte en el mundo; ay que rigor tan profundo, que aquesto se pueda hacer. Yo de aquí no he de pasar; volved a Otanio, y decí, que venga a buscarme aquí, porque le pienso matar. Decildle, si tiene amor, que salga al campo conmigo, que tiene en mí un enemigo, mas no osará, que es traidor. 2. Señora; no te podemos, aunque tú quieras, dejar, porque te hemos de llevar donde después te diremos. Pues villanos aguardad, aguardad ministros fieros, sacad los viles aceros, y la vida me quitad, si podéis. Digo que entiendo esta vida defender; sola estoy, y acometer a vuestra maldad intento. 2. Qué intentas hacer, señora? Viles, mataros intento. 1. Deja el loco pensamiento, o no vivirás un hora. Morid, que valiente soy, y no es mucha la ventaja. Aquesta senda lo ataja. Sí, mas yo en lo llano estoy. e Oh cobardes pasajeros. O triste, y mísera suerte. a. Con ventaja le dais muerte, pero no sois caballeross. Ánimo ten, que en tu ayuda los tres hemos de morir. aquí conviene huir. Del cielo venís sin duda; cobardes viles, no huyáis, aguardad, parad, tened, o a aquel villano volved, para que esto le digáis. Oh amigo, dadme los brazos; de adónde sois, pasajeros? Antes somos bandoleros, que quitamos embarazos. Vuestro gran valor estimo, no tengo con que os pagar pero aquí os podré ayudar, pues hallé en los tres arrimo; si me queréis admitir, vuestro soy, y lo he de ser; veréis crueldades hacer, y vidas, veréis rendir. Valor tengo, y agraviado de un Conde traidor estoy; Conde en mis estados soy, pero he sido desdichado, ̱. Tu enojo, y tu hermoso talle nos ha obligado de suerte, viendo en tu espada la muerte de quien quisiere agraviarle. Que no solo te admitimos, mas la vengala te damos, por Capitán te nombramos, tu gusto, y mando seguimos, Pues amigos, desde hoy vuestros pareceres sigo, en mí tenéis un amigo, Enrique soy; vuestro soy. Tudos te hemos de servir, todos gusto te han de dar, libre aquí podrás gozar, cuando el sol quiere salir, las pintadas avecirlas, que con mil picos sonoros, sus penas son dulces coros, cantan con lenguas sencillas. Y cuando estés enfadado, o melancólico el gusto, por no estar, como era justo, en tu casa regalado; también hay un compañero, que con templado instrumento alivie tu pensamiento, porque es un segundo Orfeo. Ven, y la cueva sabrás donde todos habitamos. Señores amigos, vamos; alma así te vengarás. Dónde, Otabio, caminamos. por entre aquesta maleza? salgamos de esta aspereza, el camino Real sigamos. Hay por aquí cierto atajo, aunque es áspero el camino; amor, ya me determino; esta es famosa ocasión, no desmayes corazón, pues vive el amor en ti. Tiemblo, si acaso ejecuto este pensamiento fiero; mas ay cielos, como quiero hacer lo que no hizo Bruto. Pero descúlpeme amor; hoy, don Pedro, morirás. Ya a Elena no gozarás, Ay que me has muerto traidor. Rinde el alm. . Oh vil Otavio, No te desgo des procura llevar el alma legura. De pesar, y furia rabio. A tu Príncipe, traidor? cruel, en que te he ofendido? Muere, que celos han sido causa de aqueste rigor. Muerto estoy cielo piadoso, castigad este villano, pues ha puesto en mí su mano con pecho tan cauteloso. Muerto entiendo que le dejo, y en montaña tan oscura, dudo que humana criatura ponga planta; de él me alejo. Mil vidas ha de costar, mas por Elena son pocas; porque no hay humanas bocas que la puedan alabar. Siento, amigo una traición, y una confusa tristeza, de verme en esta aspereza, que me llega al corazón. Siento morir, y acabarme, y así pido, por tu vida, pues el tiempo nos convida, quieras un rato alegrarme. Con mucho gusto, señor, todos te desean servir, y así pretendo acudir a remediar tu dolor, que tomance más te agrada? El que quisieres decir; ay que estoy para morir, y no ha de alegrarme nada. En un pastoral albergue, que la guerra, entre unos robles, le dejó por escondido, o le perdonó por pobre. Do la paz viste pellico, y conduce entre pastores ovejas del monte al llano, y cabras del lla ponte. Mal herido, y bieado, se alberga un dichoso joven, que sin tirarle amor flechas, le corona de favores. No cantes más, que me matas. Pues aguarda el instrumento. Ay Elena. . Quién me llama Ya Elena, no me verás. tu esposo no gozarás, porque está mi vida en calma. Quién por aquí se lamenta tan triste, y enternecido? no sé que el alma ha sentido, a su voz estaré atenta. Que muero cielos piadosos. Ay de mí, que verdad es, conocer quieren quien es mis sentidos recelosos. Pero detrás de una mata un hombre veo tendido, con la sangre que ha vertido, de rojo la hierba esmalta. Ten ánimo corazón, de que estás tan desmayado. Muerte tu mano me ha dado, cobarde Otavio, a traición. Ay de mí, que a Otabio nombra por agresor de tal hecho; salga dudoso mi pecho, que fiera ilusión me asombra. Llegar quiero; a desdichada. no sé que el alma rencla, a Otabio nombró en cautela, y contra mi declarada. Gallarda presencia, y talle, lástima me da, y temor. Pagaste, Elena, mi amor, pero no podré pagarle, Ay de mí, si mi deseo. así me quiere engañar, casi que no puedo hablar; no es el Príncipe el que veo? Dulce esposo, qué es aquesto? Señor, señor de mi vida, que mano, vil homicida de aquesta suerte te ha puesto. Elena soy, arrimad, arrimad el pecho a mí, pues que tan leal os fui, y os guardé siempre lealtad. Qué tarde, Elena, has llegado, muerto soy, mi muerte es cierta, cerrome el vivir la puerta. Y dos vidas me ha quitado. Quién te puso de esta suerte; quién el alma me robó? Soy muy desdichado yo, Elena, el no merecerte. Otabio, Elena, que amor dentro en su pecho reinaba; Elena Otavio te amana, celos han sido el autor. Qué herida te da más pena, dime esposo de mi vida? hay mujer más afligida! Esta a morir me condena. No poca dicha tenemos, tal victoria alcanzamos. señor en tu busca andamos. tas de que haces extremos, migos fieles, e en estas montañas is solitarios solitaria. erte avara os la cuente) Rey de estas montañas. De Aragón es Príncipe, don Pedro se llama; un traidor le ha muerto con infame traza. El era mi esposo, tierna le aguardaba; juzgad de esta suerte lo que siente el alma. Mil bocas, y heridas a su cuerpo pasan, por donde violento frájil se desangra. Si en vuestra piedad amparo no halla este pobre herido, y esta pobre dama. Juzgad a los dos sin vidas ni almas, que en su pecho habitan, y su pecho asaltan. Lástima tened, te a la más cercana aldeguela os pido le llevéis en andas. Dos Reinos tenéis, dejad la bandalía, pues riquezas tienen con que os satisfagana Ay mi dulce esposo, quien imaginara, que tantas finezas en esto pararan. Muerta estoy también, aliento me falta, pero si viviera, tu amor no pagara. Lléveme la muerte; la muerte que aguarda? vivir va no puedo, que el vivir me cansa. Ay desdicha igual, y gual desgracia! confuso me tiene, la lengua está helada. No falte el valor, que a tantas hazañas de amor, y finezas el vuestro aventaja. Llevemos tu esposo a nuestra cabaña, que hierbas conozco con ocultas gracias. Mis manos, a veces heridas curaban, que por mi desdicha, ciencia prosesaba, Ánimo señora, del suelo levanta; un desmayo cubre ahora su cara. Dos muertos tenemos, pero con un alma; señora, que digo, señora levanta. Dónde estoy, qué es esto Virgen pura, y santa. Mira que es peor mientras más te tardas. Cómo está mi esposo? Ven señora, y calla, porque en Dios confío que no ha de ser nada. Dónde caminamos? A nuestra cobaña, que tendrá muy presto salud esforzada. Piedad santos cielos, volved pos mi causa, y tu Dios de amor mi fortuna ampara. Boca tienes para hablar, cobarde villano fiero. a Elena dejas robar, mi honor pierdes cuando menos, No huyas, te he de seguir, si a los montes Pirineos, fueras o si te subieras en el Olimpo soberbio, yo te tengo de matar: sacas el cobarde acero? 2. No agraviarte, defenderme de tu injusticia pretendo. Toma pues, que de otra suerte vengar mi agravio no puedo. 2. Muerto soy, Jesús me valga. Mientes, yo lo soy perfecto, pues no hay en el mundo vivo que tanto parezca muerto. Qué he de hacer cielos que rabio? cielos, que he de hazor, que muero aconsejadme piadosos, si puedo admitir consejo. Si vive Elena, que aguardo, si yace el Príncipe muerto? mi honor, y estados perdidos, y mi pecho descubierto. Ya dos Reyes me combaten, y un Estado con dos Reinos, teniendo apenas seis villas, poco valor, poco esfuerzo, quien duda que ya publican esta guerra a sangre y fuego: mas ya los muros asaltan, ya los rompen, ya están dentro? De que servís en las manos, decid alevoso acero: pero si sois alevosa, de un alevoso, qué espero? Mil enemigos me matan, mil fieras muertes padezco: pero quien más me atormenta es el Príncipe don Pedro. Si ahora vivo, que aguardo a morir; y si es que muero, teniendo sola una vida, cómo tantas muertes siento? Donde iré, todos me matan, todo es rabia, todo es fuego, que la Troya me ha abrasado, y en tal estado me ha puesto, Quién, si no amor, tal hiciera? loco estoy, mas no por eso me he de librar del castigo, que el loco con pena es cuerdo. Ay de mí, siluestres campos, fieras, y animales fieros, acabad aquesta vida, sepultadme en vuestros pechos. A vuestros montes me parto. pues suy animal más fiero, no racional, que un delito, hoy irracional me ha hecho. Vida dices que tendrá? Salud cobrará muy presto; porque, aunque suertes heridas, todas sin peligro fueron. Ay don Pedro de mi vida; no dirás, que razón tengo en amarle, si le has visto: no es muy galán, no es discreto? Eleción fue de tu Alteza, porque los cielos le dieron, después de ser Rey, las gracias que ha militado su esfuerzo. Hola hao. . Gente parece, si no me engaña el deseo, que el arajo del lugar viene buscando, o corriendo, Válgate Dios por atajo, vive Dios, que solo veo pizarras, riscos, encinas, en vez del corto fendero. Pobre Ramón, dónde estás? viven los cielos, que entiendo, que de sustento a las fieras, les viene a servir mi cuerpo, No hay atajo sin trabajo: no era mejor que de hecho siguiera yo mi camino? perdime, senda no veo. Un hombre solo, y perdido. De aqueste saber pretendo lo que los dos Reinos tratan: date a prisión, date presto. Acabe, rinda las armas. Por Dios que el atajo es bueno, San Cosme, san Hermegildo, santo Judas Macabeo, libradme, que estoy temblando. Señores humilde os ruego, que me dejéis confesar: que os he hecho, que os he echo? Quién eres, y adonde vas. Yo lo diré. . Luego. . Luego No acaba. . Estaba mirando. porque a cierto almízcle huelo, que como gato de algalia, le viene a su dar mi cuerpo. Cielos, no es este Ramón el criado de don Pedro? Ramoncillo. . Quién me llama, No me conoces? . Ya beso la tierra de aquesas patas. Levanta, sosiega el miedo, y cuéntame adonde vas. Fue todo fingido, bueno: al punto te conocí, porque yo temor no tengo, que soy un Hector segundo, y soy un Alcides nuevo. No averigüemos verdades, porque yo saber deseo, que es lo que mi padre intenta, Satisfaré tu deseo. Apenas supo tu padre, como la cárcel rompieron vasallos del de Aragón, y que faltaste con ellos. cuanto enojado furioso, juntando todo su ejército vino contra el de Aragón; el cual lo supo a tal tiempo, que de la oscura prisión, en que por malos terceros te puso, faltado habías, dejando tres hombres muertos; publicando el vulgo a voces, como el Príncipe don Pedro, celoso, y enamorado, tanto cuan menos discreto, a tu padre se entregó; entendiendo con aquello poner a los Reinos paces; mas todo en guerra se ha vuelto; porque tu padre te pide al Rey de Aragón, diciendo que te ha quitado la vida por la saña de su pecho: y el Rey de Aragón le pideo al de Castilla, a don Pedro; uno pide hija, otro hijo: yo, señora, no lo entiendo, mas se, que el Rey de Aragón al fin vuelve por su Reino, con más de diez mil vasallos: pero han venido a concierto, que en el llano de Montar, solo el Rey, y un caballero de cada parte, se vean, con razones pretendiendo, cobrar cada cual su hijo: mas en llegando a defeto, como ningo le tiene, será guerra a sangre y fuego. Qué leguas de aquí estarán? Una y media, poco menos, junto al lugar que divide las rayas, talando el puerto. De que tan cerca de aquí estén, tengo gran contento; pero qué gente es aquella? Que me engañas, no te creo. Hay pena i gualla mi Enrique, que vil, y villano intento precipita tus sentidos, y malogra mis deseos? Sin comer estás dos días, y por este monte espeso, cual otro Orlando desgajas las ramas de aquestos fresnos. Cielos, que desdicha es esta, Enrí que no es el que veo, y quién le acompaña Elvira? Cubre el rostro, mueran luego. Mueran. . Tente que no quiero que los mates, que conozco a entrambos, y los deseos. Hay más penas que pasar, hay más males, más tormentos? Señores, si la piedad cabe en humanos pechos, cuando fuerzas de desdichas causan aquestos extremos, os mueve, que la tengáis con el que allí veis os ruego, no conmigo, que la vida, ni la estimo, ni la quiero. Qué pides? . Que si tenéis algún humano sustento se le deis. . Quién me nombra? Quién me nombra. . Habla quedo; no me conoces? . Señora, tú en este monte, qué es esto? Y tú, como de esta suerte. Todos, señora, son hierros de amor. Sabrás como Enrique ha perdido por ti el seso; ya sabes que yo le amaba, hele seguido, entendiendo volvérsele con engaños, y siempre engañada quedo; y ha dos días, que en el monte, sin resistirle, corriendo se metió desesperado, dando voces; fuego, fuego: pero cuéntame, señora, el Príncipe, que se ha hecho? Presto. Elvira, lo sabrás; ahora es bien que tratemos de darle al Conde salud. Déjame llegar, que entiendo, que si me ve volverá: Enrique, Enrique, qué es esto, no me ves, no me conoces? solo, Enrique, a verte vengo. Cielo que miro, que veo! deja, que en el suelo impresos queden mis labios, señora; si me engaña mi deseo? si, que quieres engañarme, porque yo no te merezco. Mal pagas mi voluntad, muy poco, Enrique, te debo, pues pierdes así el sentido, joya de tan rico precio: en fin yo muero por ti. Sin duda que estoy durmiendo: es esto verdad? no es, que es todo ilusión, y sueño, que me engañas, que me engañas, fuego, fuego, fuego, fuego. Enrique detente, mira que nada he fingido cierto, verdad es, toca mis brazos, aprieta, y cíñeme el cuello. . Estoy tan hecho a desdichas, que ya las dichas no creo. Por Dios que el límite pasa Elena del fingimiento. Que mi pena ha merecido tan dulces requiebros. Purga de celos me das, no es medicina, es veneno. Enrique yo soy tu esposa; pero a mí me importa luego, que en ese primer lugar quinientos hombres juntemos; después sabrás a que fin. Si tuviera cien mil Reinos, fueran tus vasallos todos. Viven los cielos que muero de pena: ay desdicha igual! que presto tuvo sosiego; si no me quiere, que aguardo? muerta estoy, yo muero cielos. Pues Enrique, al punto vamos, que importa mucho el ser presto. Voy tal, que no voy en mí: ya tuvo mi mal remedio; dichoso yo cien mil veces, pues a mi Eleva merezco. Elvira encúbrete, y calla, que fábrico cierto enredo con que Enrique ha de ser tuyo. Ya señora te obedezco. Ven Ludóvico. . Por Dios que es verdad lo que sospecho, sino es capón, es gallina aqueste del baqueruelo. Este es el sitio elegido, donde tenemos de vernos para dar fin a la guerra, dando principio al concierto, mas yo no le he de aceptar, si no me entrega primero libre a mi hijo, que tiene sin duda en cárceles puesto. Vive Dios que estoy confuso en veros con dos extremos, el que a su hija te pide; y tu pides a don Pedro; alguien de los dos se engaña. Mira, que los tiene es cierto, que don Pedro a voces dijo, que se pasaba a su Reino; de la prisión no sacaron a Elena, no la rompieron, no mataron a las guardas? Mas quien causa aqueste estruendo. Contra mí se han conjurado agua, tierra, fuego, y viento, elementos que sustienen alimentando los cuerpos. bien mi traición he pagado, piedad, piedad santos cielos; Dios santo de la piedad, perdona Señor, mis hyerros. Un hombre es, que depeñado desde estos riscos soberbios, a aqueste valle ha venido. Casi conocerle quiero; pero aguarda, no es otavio; quién de esta suerte le ha puesto? O tabio, otabio, no hablas? Aunque quisiera no puedo. Amigos, si es que piedad tenéis de mi mal, doleos; confesión, que estoy mortal, confesión cielo, que muero. Quién, dime, te despeñó? Mi maldad, porque yo he muerto al Príncipe de Aragón: dulce Jesús ya yo muero. A tu Príncipe mataste? que es aquesto santos cielos, para aquesto me guardáis, de puro sentir no siento. No habla. . Ya dio su fin. A mí me le dio primero con aquellas dos palabras. pues más que veneno fueron; sin duda el Rey de Castilla, con vil y villano intento, promerió porque inatase al Príncipe a Otavio el Reino. aquí no hay más que esperar, llevad al lugar el cuerpo, y publiquese la guerra; guerra, guerra a sangre y fuego. De las últimas palabras concció por los acentos mandar publicar la guerra, que entre Reyes no es bien hecho. y como los dos, Cristianos. Solo con un Caballero a aqueste puesto he venido; pues estamos en el puesto, di la demanda que pones; y oirás la razón que tengo, Rey, no Rey, porque si Rey fueras, como manda el cielo, no hubieras sido homicida de mi vida, pues la has muerto, De que me sirve venir, para que es el fingimiento; si aquí a Otabio has despeñado, y allá a mi hijo has muerto? A no mirar con prudencia aqueso que estás diciendo, respondiera con las armas; si acaso a mi Elena has muerto, está muy bien el negarlo; bueno ha estado, ha estado bueno? Plubiera los santos cielos; pero para que me cansas si acaso a los tres has muerto. Si mi paciencia prováis, vasallos valientes tengo, que sabrán cobrar la vida de Elena. . Por Dios que hacéis matara mi hijo, y ahora venís con eso. ya me canso. . Ya me enojo. Ya sufrir tanto no puedo; ̱r guerra, guerra. Hola gente, guerra, y fuego. Deténgase todo el mundo, y muestren las armas luego. Traición conocida, y clara. Es traición viven los cielos; esto no se puede hacer. Aquesto Rey, no es bien hecho. Que aún ahora te disculpas; que no ha de ser lo que veo? No se concertó que a solas viniesemos a este puesto? A queso mismo te digo; bueno por Dios. . Bueno es es- Acaben, rindan las armas. (to. Embozados caba leros, de que bando, o Reyno sois, que ya nos damos por presos. Decendientes de los brujos, somos unos hechiceros. y en este punto llegamos de los montes Pirineos. Escúchame a parte Rey; si yo te doy sano, y bueno a tu hijo, con Elena casado, estarás contento? Yte daré el alma y vida; haré paces al momento. Dasme la palabra? . Digo que te la doy. . Yo la acepto. Mira señor, si te doy libre a Elena en un momento, darásmela por mujer? Cómo seas Caballero, si está viva. . Hasme de dar palabra, de que tu Reino guerra a Aragón no ha de hocer. Yo te la doy. . Yo la acepto? Elena dame la mano: señor este atrevimiento perdone tu Majestad. Enrique, cómo es aquesto? traiciones son, vive Dios: descubre el rostro encubierto, Medea de estos encantos, de mi vida perdimiento. Porque me afrentas así, que no eres Elena, cielos; traidor, donde está mi Elena, dámela, o vengar intento, en ti mi agravio, y la vida te pediré de don Pedro. Hay caos de confusión mayor que el que está en mi pecho Elvira, no eres Elena, piadosos cielos yo muero. Enrique yo te he seguido, cuando tu falto de seso estabas con gran amor, y ahora que estabas bueno, no prometiste pagarme; con mil encantos no he hecho diez mil Elenas fingidas, con qué engañé tus deseos. Si Elena fuiste fingida, a mis lecuras me vuelvo. Quésde mi hijo, traidor? Que no os enojéis os ruego; llega presto esposo mío. Esta es Elena, yo quiero pedir perdón a tus plantas, aunque alcanzad ode tengo. Hijo mío! Hija mía! Que vives, que no eres muerto? no señor, aunque un tirano puso con villano intento la mano en mí. . Triste estás Enrique. . A cielos, que tengo diez mil montes de pesar, y de celos mil infiernos. Enrique, porque cobraras la vida, el sentido, el seso. fingí quererte: ya sabes de Elvira el amor inmenso, y pues la vida le debes, págale como discreto, porque don Pedro es mi esposo. Fiestas se publiquen luego para hacer aquestas bodas. Qué dudas, que estás suspenso, haz, Enrique lo que pido. Ya, señora, te obedezco, Conociendo que es muy justo pagar su amor, y así quiero pagar en propia moneda; y aquí Senado discreto, da fin perdonad las faltas, y estimad nuestros deseos.
