Texto digital de El padre de su enemigo
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El padre de su enemigo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/padre-de-su-enemigo-el.

EL PADRE DE SU ENEMIGO
JORNADA PRIMERA
A esos árboles atad los caballos. Confusión es notable. Da ocalión tan extraña novedad. Yo os aseguro que emprende hecho animoso, y honrado. De tan prudente soldado, no dudes que no se entiende, yo pienso que importaran las manos. No hay que ofreceros, que tan buenos Caballeros, si pocos, seguros van. Noche oscura, si de vos no me viene la ventura, noche más negra, y oscura, no haurá para mí, por Dios; sino alcanzo la alegría, que huye tanto de mí, pues que ya mi bien perdí, nunca me amanezca el día. Él se pregunta, y responde. Si no me mintió el esclavo, la guerra, y mi mal acabo. Pregunte la causa el Conde. No es necedad preguntar, en duda cualda de ahora, quien lo que ha de hacer ignora, es imposible acertar. No des lugar gran señor, si el negocio es de importancia, que nos sirva la ignorancia, de disculpa en nuestro error. Todo el día caminaste, por estos bosques sombríos; que de sus fuentes, y ríos a penas te confiaste. Por donde el Danubio fragua, montes creciendo, y menguando corres, y paras callando, con ver la lengua del agua. Ya es espuma su cristal, porque envidioso procura, el mar de tanta dulzura, mezclar sus montes de sal. Dinos tu intento señor, que aunque de razón se aparte nadie quiere a consejarte, sino servirte mejor. Caballeros Alemanes, oñor, amparo, y defensa, del Imperio que os admira, que a un muerto le falte lengues si solamente ocupada, el alma, y sus tres potencias, hasla aqueste punto libre, en amorosas quimeras está no es mucho que calle, porque es tan dulce mi pena, que no quise daros parte, solo por gozarla entera. Bien sabéis que el Rey de Ungría por la enemistad que hereda de su padre, a quien el mío, por armas quito a Bohemia, Mobió contra mí las armas, pero yo pude con ellas ayudado de vosotros, defenderme con su ofensa, recobrando lo perdido, gané, cuatro fortalezas en Ungría, hasta cercarle en la Ciudad donde queda, que por servirle el Danubio, de foso, donde contempla, la Ciudad sus capiteles; la muralla sus almenas; ha sido imposible entrarla hasta que la hambre lliciera como enemigo de casa, lo que a las armas se niega: Duró el cerco muchos días sin que medrosos saheran, a escaramuza ninguna, que en sus daños escarmientan, ocho días ha soldados, que el ánimo abrió las puertas, y salieron a campaña, desatuparando la cerca, ya viltes en la vanguardía, muchas azules banderas, y debajo de corona, las flores de Inglaterra. Prabose la escaramuza, trasladando de las benas muchos al campo su sangre, dando esmaltes a la vega, de lástima corrió el sol, y se escondió más apriesa, quedando el cielo con luto, con arreboles la tierra: quedó cautivo un Ingles, que en la casaca de tela, y resplandecientes armas, se conoció su nobleza, de este supe que pidió Ladislao para la guerra socorro al Ingles su amigo, temeroso de su afrenta, el Príncipe Feduardo, que en verdes años se muestra otro Cipión de Arturo, sangre imagen de su fuerza, con veinte mil hombres rompe del mar las espaldas crespas, valientes, si confiados que hay muy pocos que lo sean. La causa de que en persona, el mozo Príncipe venga; le pregunte al Caballero, que a los principios lo niega, pero ruegos, y amenazas, qme dicen la causa cierta, y es amor el que le obliga, quien si no el amor pudiera de la Princesa Matilde, de Ladislao heredera, Feduardó enamorado, con su padre se concierta, que en pago de este socorro, se la de por dulce prenda, y el por casarso el Palacio por la campaña le trueca. Pues para vengarte de él, que mayor venganza esperas. señor, que verle casado, dónde presto se arrepienta? Pues en que vendrá a parar, bola que en guerra se empieza si aún las que empiezan en paz suelen acabar en guerra. Pues pídanle de aquí a un año que con otros tantos vuelva. por descasarse, y verás señor que el partido acepta. Era este Ingles secretario del Príncipe, y a quien muestra más amor, y ansi el retrato traía de la Princesa, enseñómele, ay de mí! nunca mis ojos le vieran, pues que pudieron los suyos, triunfar de tanta soberbia, de que sirve conpararla, de la nieve, clavel, perlas sus cabellos, con el oro, sus ojos con las estrellas; que si todo se juntase, no hiciera junta perfecta, que donde falta el donaire de que sirve la belleza. Perdí el seso por la vista, porque hallando tan incierta, el deseo a la esperanza, quedé sin alma, y sin ella pregunte, cuando pensaban casarse, y fue la respuesta, antidoto del veneno, de las amorosas flechas, dijo que con tres soldados, salir encubierto ordena, Feduardo a desposarse, porque su gloria está cierta. Tiene el Danubió en su margen cerca de a donde se mezcla con el mar, un Monasterio, a donde habita, y se alegra Matilde, y en él su amante, con gran secreto celebra su boda, y se vuelve al punto a darle fin a la guerra. Matilde la más le ha visto, que recatada, y honerla, siempre en este Monasterio la altiva Corte desprecia: de aquí nació mi esperanza, la causa amigos es esta, que del Real os sacase, caminando por las selvas, tres vienen con Feduardo, y que los escoja es fuerza, entre veinte mil la sangre noble, os incita, y alienta. Al Príncipe he de dar muerte, para que a manos no muera de celos averiguados, que son envidia perfecta. Sabiendo que vienen pocos, bien aguardarle pudiera con más gente: mas no es justo, que como traidor proceda. Cuerpo, a cuerpo he de matarle, que cualquiera amante piensa, que le esta viendo su dama, no es bien que traidor me vea. Con sus armas, y las cartas, que para su esposa lleva, me casaré en su lugar, y daré luego la vuelta. Donde declarando el caso a su padre, se conviertan en paces las disensiones, y las batallas en fiestas. Porque ya una vez casado, dándole en dote a Bohemia, Matilde queda empleada, mejor que en Ingalaterra. Y aunque haya visto el retrato, Matilde, no me da pena, porque en razón de hermosura, no hay ninguno que no mienta. Ya que nos has satisfucho, besar tus pies, es razón señor, por la estimación que de nosotros has hecho; pues nos elegiste al fin, donde mil buenos hubiera, tu intento es justo: y espera alegre, y dichoso fin, entre tu Imperio, y Ungría, pones paz eternamente. Como discreto, y valiente procedes: al puerto guía, a donde le has de aguardar. Este es el sitiomejor. Provechoso es el amor que paces nos puede dar gente siento. Solo os pido el valor. Es justa ley. Quién al lado de su Rey, no es valiente, y atrevido? Con algún cuidado vengo. De qué cuándo cerca estás? Aumenta el deseo más, el bien que a la vista tengo, aquí se aumenta el temor, que al que camina, y espera, siempre la legua postrera le parece la mayor. Llega a la margen del río, que en el Monasterio para. Si fuera de agua, llevara estos suspiros que envío, mas son fuego en is enojos, y milagros de amor son, que se abrase el corazón, y corran agua los ojos, lo que al leno verde pasa, al que tiernamente adora, pues por los extremos llora, cuando por medio se abrasa, en nada tengo sosiego. De mi amor ofensa fue, pues que tanto le escuché. Mostrad los caballos luego. Gente sueña. Hola, quién es? Quién tus intentos ataja sin embestir con ventaja, pues vengo con otros tres, hoy Príncipe Feduardo, porque veas si te obligo a tu mayor enemigo, ponerte en la mano aguardo. donde si no le prendieres, por falta tuya será. Dime quién eres? Aquí está Federico, note alteres, yo soy el Emperador. Ni me espanto, ni me altero, qué quieres? Matarle quiero, y porque entiendas mejor mi deseo: enamorado de Matildle, vengo aquí, porque, o te vengues de mí, o te quite de cuidado, ya se que a casarte vas. Esa verdad te confieso, para que el fin del suceso, tanto dilatando estás, el que de los dos quedare, tenga esperanza, y amor. Muestras nobleza, y valor, el al que más quiere ampare. Ea amigos. Esto ha sido la causa porque os llame. Mueran. Yo se qué saldré muerto, pero no vencido. Lo propio espero de mí, herido estás. Mas rigor usó la flecha de amor, y el ánimo no perdí, Bien se consigue mi empresa. No hay más penas que sentir, no me pesa de morir, que quedes vivo me pesa. Perdona; que amor no alcanza piedad, y el bien atropella. Cuando yo muero sin ella, en ti nace la esperanza, Matilde, a Diós, y procura otro bien, que en tal rigor, nadie tendrá más amor, pero tendrá más ventura, Príncipe ilustre, mi piedad advierte, pues que le pongo fin a tu deseo, si te quito el amor monstruo más fiero, que importa Feduardo darte muerte, con un dolor no más: si bien tan fuerte, excusas muchos que en mi pecho veo, tú mueres, a vivir por lo que creo, y yo vivo a morir, infeliz suerte, cual de los dos el venturoso ha sido, pues por la puerta que te abrió la herida, pudo salir amor, y entró en olvido, que más dicha pretende quién olvida? dejasme a padecer apercebido, yo quedo con amor, y tú sin vida. Ya quedan muertos los tres. Deles esta selva oscura, triste, y sola sepultura, alzad el que está a mis pies, pues su valor merecía, otro lugar más decente. De nácar viste el Oriente, la luz del hermoso día. Aquestas cartas hallé al uno. Todos dejad vuestras armas; y tomad las suyas: como yo haré en sus caballos, partamos, mueran los que hemos traido, y en ese bosque escondido, los cubrid de verdes ramos. no quede rastro, o señal de este caso: pues encierra tantos secretos la tierra, si bien los guarda tan mal. Ya, con el Sol desde aquí, los capíteles se ven del Monasterio. Mi bien con mal ajeno adquirí, la brevedad nos importa. Enterrarlos determino. La muerte acorto el camino, como las vidas acorta. Hoy me escribe que vendrá. Muy gallardo dicen que es, y tú sin vida Cierto está por ser Ingles, que hermoso, y bello será, ya contemplo su cabello, como las hebras del oro, que baje cubriendo el poro, ha ser sortija del cuello, que compite su blancura, con la nieve, no te asombre. Nunca yo Celia en el hombre, quisiera tanta hermosura, bien que no arguye el color, blanco, o moreno flaqueza. Mas en el hombre es belleza, causar respecto, y temor, un narciso no quisiera, de quien me dicen aquí, que se quiere tanto a sí, que es fuerza que a nadie quiera. La belleza no ha de ser tanta en el hombre, que arguya, viendo la perfección suya, impesfecta a la mujer, porque me estime le ofrezca, más regular cada día, hombre quiero Celia mía que lo sea y lo parezca. Dices bien, mas qué regalo mayor tu duda procura, que el buen talle, y la hermosura, que en el Príncipe señalo, regalos de un hombre feo, nunca son agradecidos, sino ciega los sentidos, el mal guste, o el deseo, cual hombre que cuerdo sea, no juzgará por más bienes de una hermosa los desdenes, que favores de una fea, pues lo mismo en la mujer juz No tienes razón, porque las mujeres son de otra opinión: de otro ser, y las más te pidirán, si discretas han nacido, discreción en el marido, y hermosura en el galán. Esa verdad conocí, como lo muestra el efecto, pues nunca enfado un discreto, y un hermoso, y necio sí. No se entiende, que ha de ser feo del todo, ni en nada, sino imagen pintada, con no más que el parecer, mas al fin sea el que fuere, forzoso es que suya sea, pues mi padre lo desea, y a otros muchos le prefiere, que mi mano desearon. Virtud es obedecer, mas que el sacrificio. Ayer Laura lis cartas llegaron, en que manda que en llegando; a ser suya me aperciba, y sin que otro bien reciba, porque le queda aguardando, le vuelva mi nuevo esposo. Con tan grande brevedad? Sí, porque aunque es novedad, es en la guerra forzoso en teniendo sin tendrá la esperada osesión, Mayores los bienes son esperados. Claro está, y por volver a tus brazos, mostrará más su valor. Yo se que el Emperador, promete más embarazos, que es valiente, y atrevido, Milagros me dicen de él, más cuéntanme que es cruel, y con mi padre lo ha sido. Es mozo libre arrojado, y no ha tenido lugar, hasta ahora de amansar. Cómo? No ha sido casado. Eso disculpa su brío. Pensar la boda me altera, hermosa está la ribera, que sirve de engaste al río. Aquí con el amor mecelado, su altera, y sus ondas crece. Pues cómo se ensoberbece ahora que está casado, ves como no es regla cierta, que se amansa el que se casa? Eso por algunos pasa, a quien interes despierta, que como ricos se ven, la soberbia crece más. No fies Celia jamás de quien hace mal del bien. Cerca del mar has llegado, que como a Europa te adora. Vuelve los ojos señora, por esta parte del prado, mira de la verde selva, que humilde besa los pies, el Danubio: y a las ramas, es espejo en que se ven, que salen tres Caballeros, que al sol que los sale a ver prestan rayos de sus armas, o se los vuelven después. La riqueza, y gallardia, señora dan a entender, que es el Príncipe tu esposo. Vergonzosa es bien que esté, que si él sí, le dio mi padre, por mi bien puedo temer, si ha de parecerme mal, o ha de parecerme bien, o pensión de la grandeza, la mayor que puede ser, pues hacen los casamientos, por estado, o interes, paz solicitan los Reinos, con daño de una nujer, que no le sirven los ojos, pues le ha de querer por ser. De los Caballos se apean. llégate luego a saber. Llegad amigas, y ved si es galá: pero dejadlo, yo me desengañaré. (̱ s. No paséis más adelante, que el alma me avisa, que es Matilde la que estos prados viste, compone, y da ser, el retrato que en mi alma de las manos estampé, me la enseña. Si es aqueste del vencerte es el Ingles. otra señar otro testigo el alma no a menester, sino la rara hermosura, a quien ausente adoré dadme los pies, si merece mi boca besar los pies, que son de estos campos Flora, dándoles rosa, y clabel. Alzad Príncipe gallardo, que los brazos merecéis, y gracias: por el socorro, que era tanto menester, digno de agradecimiento, vuertro amor, y amistad fue, y ansi mi padre, no es mucho, que el Reino, y la hija os dé, cómo venís Feduardo? Dudoso de tanto bien, que no hay amor sin temor, pero ya no hay que temer, no agradezcáis el socorro, el amor me agradeced, que vuestro padre señora, ni le serví, ni ayudé, antes su enemigo he sido, pues quito de su poder, una prenda que le honraba, el más precioso joyel, ni yo a vuestro padre he visto, pues los sentidos, las tres potencias en vos estaban, hasta que os llegan a ver, no respetéis dueño mío en mí, mas de lo que veis, que yo no soy Feduardo esclavo vuestro seré. Qué gallardo, que discreto, que dicha acertara a ser de mi gusto: el que por fuerza por dueño proprio espere. Vuestras ofertas estamo, pero no hay que me ofrecer, sino a vos Príncipe noble, vuestro amor, y vuestra se. Aviso de esta venida, tuve de mi padre ayer, del estado de la guerra, y del valor que tenéis. Mándame que os dé la mano, con ella el alma os daré, porque ya más que a mi padre, a amor he de obedecer. Estas cartas os envía. Abrirlas quiero después, que quiero gastar en veros, lo que pudiera en leer. Que ventura. Nuevo caso. Mira sus ojos en quien escribe su gusto el alma, como en seguro papel. Después de casaros quiere Príncipe, que dilatéis la posesión, que es forzoso a defenderle volver los favores que permite mi honestidad llevaréis seguro de que soy vuestra, Elo es malo. Y cómo que es. Tan presto de vuestros brazos quiere apartarme? Haced que se prevenga al momento quien nos despose. Yo iré alegre, de verte alegre. Hate parecido bien? He de decirte verdad? Sí. Mejor que imagine. Esta noche he de volverme, perdido soy que he de hacer, escuchad señora aparte. Con gusto os escucharé, Qué importa señora mía, la mano que estimo, y precio, si todos tienen por necio al que en palabras se fía, que bien en la dicha mía me dais para galardón si estoy con más afición, y tan poco fruto alcanza, pues vuelvo con esperanza y pense con posesión, que el Rey solicita creo mi muerte con más cuidado, pues que solo ha procurado que se aumente mi deseo, que me importa, cuando os veo, que os estime más señora, si la dilación se llora, y cuando a veros venía, ya la esperanza traía que llevo de nuevo ahora? La culpa es vuestra por Dios, de vos me quiero quejar, que el Rey no me pudo dar mayor bien que darme a vos, dad igualmente los dos, porque los dos me paguéis, la deuda que me debéis, con que satisfecho quede, el Rey me da cuanto puede, cumplid su mandato vos. Príncipe, quien tiene amor perfecto; con la esperanza se contenta, cuando alcanza seguridad del temor, poco es el vuestro en rigor, pues la desprecias ansí, mayor fineza creí de un amor tan verdadero, no basta saber que os quiero, que en vos voy, y estáis en mí? Aunque lleguéis a tener la segura confianza no llevaréis esperanza? por lo menos de volver si suele el amor crecer con el trato: mal hacéis, si el bien tan junto queréis, vuestro mal solicitáis, mientras más amor tengáis, mas la ausencia sentiréis. Antes de amor doy señal, y de discreto también, que la memoria del bien, sirve de consuelo al mal, que tormento más mortal, señora, me podéis dar, sino queréis remediar mi amor, pues llego a tener la pena del pretender, sin la gloria de alcanzar, sois mía? respuesta os pido? Y de serlo estoy pagada. Pues ya estáis más obligada a obedecer al marido, que al padre que habéis tenido, no es justo que repliquéis, que avos os agraviaréis, porque iré desconfiado, si en lo primero que mando, señora, no obedecéis: dadme lugar que en secreto os vea, antes que me vaya. La resistencia desmaya con aviso tan discreto. Que no se entienda os prometo. A mi propio esposo fío mi onor, y no es desvarío, venid donde os desposéis, de noche al jardín iréis, a quien da fuentes el río, que allí de espacio hablaremos, Mi amor Matildle, me rece todo el favor que le ofrece la ventura en sus extremos. Venid, Presto volveremos. Verás tu dicha después, cuando en mi poder estés. Mas te merece mi amor. Yo pondré al Emperador, bella Matilde a tus pies, Cubrid la barca soldados, pues esa enseñada ofrece lugar adonde se encubra de troncos, y ramas verdes. No temáis peligro alguno, pues seguridad promete la esperanza de estos bosques, y la falta de la gente. Aunque tu valor es tanto, temeridad nos parece Fatiman, que por el río a pesar de todos entres, dejando tus Galeotas, que era mejor que viniesen, pues ellas te aseguraban del peligro que se teme. Mahomad, no hay que avisarle, él es soldado prudente, y sabrá lo que le importa, por ventura le conviene este silencio, y secreto. Zaide amigo, no es valiente el temerario; Fortuna a atrevidos sevorece. Mi atrevimiento culpáis, mas si la causa se entiende conoceréis cuanto importa el venir de aquella suerte. El gran señor, cuyo nombre solo adoración merece del Alemán Federico, quejas infinitas tiene. Que atrevido, y temerario con ejército acomete, por la Misia, y la Rusia, siendo asombro, espanto, y muerte, No resistieron sus armas Genizaros, Sanzabeyes los Bajaes de la Rota, rotos por él tantas veces. Que sin duda Alá le cría, para azote con que vengue las ofensas que le hacen los que su Alcorán ofenden. Supo que con el de Ungría Rey, no menos excelente en valor, si bien los años menos bríos nos proueten. Tienen guerra, porque ha sido a la sujeción rebelde, o sea porque a Bohemia volver a cobrar pretende. Si contra si los Curistianos todas sus armas convierten, el Turco tiene esperanza de honrosa venganza, y breve. Por esto amigos, me envía, porque encubierto penetre las ocultas intenciones cual de sus contrarios vence. El estado de la guerra los soldados que defienden las fronteras, porque ansí seguro a vengarse empiece. Si con cuatro Galeotas, donde tantos Turcos vienen, reconociera las costas, era forzoso ponerse en arma, y que descubiertos, al gran señor me volviese, sin hacer lo que me manda, porque mi error me avergüence. Por esto amigos, las dejo en alta mar, solamente con vosotros en el traje, que nos encubre, y defiende. Por la boca del Danubio, cuyas dulces aguas bebe el mar, entro confiado en mi dicha, y buena suerte. todos la lengua sabemos, y como encubierta quede nuestra barca, por Ungría entraremos fácilmente. Si antes Mahoma no envía, para que me vuelva alegre, alguno de quien me informe, y al gran señor le presente. Ahora digo Fatiman, que como sabio procedes, que ya cuando nos perdamos juzgo a cordura el perderse. Mas si mi consejo admites, mientras claro el Sol se muestre, no salgamos de este bosque, hasta que la noche preste Ocasión a lo que trazas, pues ya matiza el poniente con arreboles de nácar, y el mar descanso le ofrece. Dice bien, que ser podría, que Pastores descubriesen nuestra barca, y en Ungría quedasemos para siempre. Encubra el hurto la noche, pues tantos encubrir suele: yo voy a enramar la barca. Eso es lo que más conviene, ya la noche oscura, y fría el manto descoge, y tiende. Entre las matas te esconde Fatiman, que sueña gente. Cuántos son? Tres vienen armados. Dejar que pasen conviene, que no es bien aventurarnos en peligro tan patente; pocos somos, y sin armas, que en nosotros solo vence la industria. Con ella sola han sido muchos valientes, Hecho notable. Animoso. La industria ha sido excelente. Traza fue de enamorado, que la guerra en paz convierte, que casado con su hija será forzoso que acete el Ungaro lo que pide, pues que gana más que pierde. Qué dicen? No los entiendo, deja que más cerca lleguen. Por las armas Mahomad, gente noble me parece. Que le importaba, la mano, y la palabra, sin verse en posesión, que con ella es fuerza que no la quiebren. Yo le deje en el jardín, sin que ninguno le viese encubierto, y escondido de unos ingratos laureles, porque Matilde salía me mando que me viniese, que amor no quiere testigos, cuando hay tales accidentes. Dónde manda que le aguarden? A la margen de la fuente donde nos dijo su amor. Y es justo que solo quede? Sí, que la distancia es corta. otro dicen que a tras viene, y si estos son sus criados, gran ventura nos prometen, Este es el puesto Lisardo a donde los tres Ingleses, perdieron las nobles vidas. Casi a lágrimas me mueven. Dios perdone a los difuntos. Oh como fue el Conde siempre, de condición más esquiva. Pues no fío de crueles. Servir al Rey no es crueldad. si le importó que muriesen fuera bien darles la vida, o piadosa la muerte. El Conde dijo. No hables, que por Alá si nos sienten, que han de hacer de nosotros; lo que de los que refieren. Ya pasan. Ya de las aguas el dulce rumor se siente, y la fuente buliiciosa, risa corre, y cristal vierte. En ella hemos de aguardarle. Ya palabra no se entiende. Bella es Matilde. Sus ojos son dos soles que amanecen. Púrpura sus dos mejillas, visten en campo de nieve. Pues que perlas cría el mar tan blancas cómo sus dientes? Poesía, linda cosa, preguntadle cuando llegue, de que son a Federico, veréis como lo encarece. Notable caso amigo, que sin duda. atras queda algún noble Caballero. Au buen intento la fortuna ayuda. Llevarle al gran señor cautivo espero, a todo da lugar la noche muda, salgámosle al canino, que primero que conozca si somos sus criados, us brazos de una cuerda atados, verá Qué es esto Fatiman? La dicha mía, que felice fortuna me promete. Sentados quedan en la fuente fría. No es justo que el rumor los inquiete, la barca apresta, que al romper el día veré las Galeotas, y el trinquete, y árbol mayor, al viento dando velas de los monstruos del mar serán espuelas. Dad a entender que somos los que esperan; hasta poder llegar a asir sus brazos, que mejores despojos, no nos dieran mil hombres con tan pocos embarazos, si oyen las voces, y al rumor se alteran, antes que lleguen a romper los lazos, en el barco estará, y el claro río amansará su furia; y desvarío. Lejos quedan; no temas. Nada temo. Todo está Fatiman apercibido. El viento da lugar, a vela, y remo, deja el cristal de espuma guarnecido. Sin duda es buena presa. Por extremo de un caballo los pasos he sentido, que entre las ramas busa, y se detiene. Sin duda alguna, el que esperamos viene. Que te espantas, bucésalo, y erizas, la crin volviendo atrás dando hunidos, que tragedia infeliz me profetizas, tras de tantos favores recibidos, si (leal Españo!) te atemorizas de los muertos que están aquí escondidos, como a mí no te muestras más esquivo, pues que muero de amor, si con el vivo. Queda atado a este roble mientras llego. a la margen risueña de la fuente, cuyas heladas aguas a mi fuego, le puedan daraliento conveniente. Que en medio de mi dicha no sosiego, antes mayor deseo el alma siente, que cuanto más venturas he tenido, siento la ausencia más, y te no olvido. No se que sobresalto en bienes tantos, el alma turba, y el sentido altera, que profetiza venideros llantos, en lugar de los gustos, que quisiera. Oh claras luces de los cielos santos; no deis lugar a que sin causa muera, que no es justo que piense temeroso, Ricardo, y los demás a lo que creo me esperan ya. Que al barco llegue deja. Haced fiestas amigos, pues me veo con un seguro bien en tanta queja, los límites pasando a mi deseo, que me alegre mi dicha me aconseja; dadme los brazos. Si para prenderte, cierra la boca, o te daré la muerte. Oh traidores dejad. Ten esa espada. Da en el barco con él. Atale presto. Amigos: El hablar no importa nada, toda nuestra pretensión estuvo en esto. Adiós Matilde, a dios esposa amada. Oh que bien la fortuna lo ha dispuesto. Manso te aguarda el caudaloso río. Recibe los suspiros que te envío, u
JORNADA SEGUNDA
segunda jornada No se lo que puede ser. Llamarte Matilde a ti, algo me da que temer, y entrar en la Corte así, peligros puede ofrecer, es el traje peligroso, por eso voy temeroso. Qué temes si vas conmigo? De tu valor soy testigo, y de tu pecho animoso, pero temo un pescozón de algún paje descarado, que aunque cortesanos son, todo el mal está cifrado, en su trato, y presunción. Ya que a Palacio venías Rosardo, traer podías vestido que te encubriera, que de la misma manera, encubre necias porfías, cuantos abrá que no son mas de lo que es su vestido, Digo que tienes razón, pero presto es conocido el de poca estimación. De que sirve, que la seda el cuerpo cubra, si queda el alma, por mayor mengua desnuda, dando la lengua señal que ofenderla pueda? Si no es el ingenio igual, este es traje conveniente, que más vale entre el sayal, hablar razonablemente, que entre telas hablar mal. Cuando en el convento estaba contigo Matilde hablaba, y tu amistad olvidó, desde el punto que reinó, que el altivo estado acaba, las pasadas amistades: Siempre en las desigualdades dura poco el amistad, ni es justo que la humildad, aspire a las Majestades. Avisó quien te traía de cómo en Palacio estás? Sí. Con tal prisa venía, que pienso que importa más, que tu estado merecía. Ella sale. Aquí me arrimo. Yo, a besar sus pies me animo. Ánimo siempre mostraste. 1. Yo hice lo que mandaste. Mucho tu cuidado estimo. Dadme los pies, pues aguardo, quedar así ennoblecido. No se porque me acobardo. Vos seáis muy bienvenido, alzad del suelo Rosardo. Con el chapín me contento, que no tengo atrevimiento para pidiros el pie, o las losas besaré, o de palacio el cimiento, no quiero bajar a más, que parezco adulador. bergio amigo, cómo estás? Pardios con algún temor, de estos que andan por detrás. No temas. Tú eres valiente, y te ánimas fácilmente. Cómo queda vuestra Aldea? Contenta de ver que sea de tan bello Sol Oriente, cuanto triste por perderos, y envidiosa de que goce la Corte vuestros luceros, y aún apenas se conoce, que no quiere ver, fin veros el prado, a quien vuestros ojos dieron flores por despojos, ansí como las perdieron, a donde rosas nacieron, espinas brota, y abrojos. Las fuentes, porque no fien del bien que se va acabando, y solo en el mal confien, ya en las piedras tropezando, se quejan, y no se ríen. El Danubio, que arrogante, atras volvió la corriente, porque su extremo os espante, sin vos no admite creciense, viendo su gusto menguante. Todos en efecto creo, que han mostrado sentimiento, y aumentado su deseo, y solo yo estoy contento mi señora, porque os veo. Y no me metes a mí? no ves que también la vi. Para ponderar tan alta ventura, ingenio te falta? Basta que te sobre a ti. A todes agradecida estoy de su mucha fe, jamás su amor se me olvida, si en su verdura pasé lo más verde de mi vida, cómo queda Laura? Está, como ha tantos días ya que no os ve, triste, y llorosa, y de veros deseosa. Presto a mi Corte vendrá, a solas tengo que hablaros. Salid fuera. Salid vos, queréis allá fuera holgaros con mi gaznate? Por Dios, que no quieren agraviaros. No es agravio un pescozón? Villanas malicias son, en mi palabra te fía. Mayor necedad sería si en la Corte falsas son. Receloso estoy del fin, Forzoso es darme a entender Hoy es sin duda mi fin, necio he sido en no traer las carlancas del mastín. Confuso estaréis Rosardo, viendo que una Reina os llama siendo vos villano humilde, y de esta manera os habla, no adivinaréis mi intento, que es fuerza entre dudas tantas quedéis del blanco muy lejos. Tú me animas, y acobardas valor siento en mí, señora; para la mayor hazaña, y amor que anima a servirte, asegura lo que mandas. Por las guerras que mi padre tuvo con el de Alemanía. vino el Ingles Feduardo con gente, y con esperanza, en su socorro: pidiendo de tanta amistad en paga que fuese su esposa yo, diole mi padre palabra de hacerlo, y para cumplirla con poca gente de guarda al Monalterio le envía, a quien el Danubio baña, Vile, y vi que le dio el cielo tuita gallardía, y gracia, que me juzgué indigna de él, y por los ojos di el alma. Era forzoso volverse sin que a ejecución llegara su deseo; que la guerra, y el peligro le llamaran, Sus ruegos, y mi deseo, Rosardo me dieron traza para verle aquella noche, que nunca la luz aguarda. Salió solo del jardín, dos horas antes del Alba, quecé llorando su ausencia pronóstico de mis ansias. Cuantas veces decir quise detente esposo no salgas, que me avisa el corazón de desdichas, y desgracias. O que bien que le temía, pues ha veinte años que falta, sin que del nuevas supiese, y sus memorias me matan. Las diligencias que hicieron para hallarle fueron vanas, acrecentando la pena por instantes su tardanza. Volviéronse los Ingleses sin él, tristes a su patria, donde en lugar de despojos negras banderas arraliran Alzo el Aleman el cerco entonces, y fue la crusa, según dijeron después que su Emperador faltaba, quedó mi padre sin guerra, y sola yo desdichada viuda, y casada apenas, o para penas tan largas. Lloré mi perdido esposo, y aún ahora no se acaban sus memorias, que mi amor no fue sujeto a mudanza. Aumeáronse mis penas, después viéndome preñada, y que encubrir era fuerza, sin dar nota de libiana. El hucto de amor: si bien para disculpa me basta, el ser el ladrón mi esposo, con que mi onor no se agravia. Mas porque no hice al fin lo que mi padre mandaba, hice el caso solamente, de dos honestas criadas: Fíngime en forma de pena muchos días, y la cama encubrió el caso: que nunca a una mujer faltan trazas. Llego de mi parto el día, a donde di muestras claras de mi valor, con callar en ocasión tan conaña. Mas no fue mueño, si todas en recios tormentes callan, ya por no decir verdados; ya por temas te aerarias: Nacio en los prazos de Celia que estaba muda, y turbada, otro sol, cuando el del Cielo virrió su Oriente de nácar, pero no fue el sol, pues viene en seguimiento del Alba, y otro nacio brevemente, entre los brazos de Laura. Fue mayor la confusión, y al fin en panos de grava, ya prevenidos, cubrieron mis dos mitades del alma. A diferentes Aldeas, mande que a los dos llevaran, sin dar a entender quien eran, heta que ocasión llegara. Por la puerta del jardín salicron y Celia pasa, por las riberas del mar, que las arenas pemaba. Cuando a rebato tocaren, con fuegos las atalayas, para que medrosa Celia, dejare tan poca carga. Huyo al fin, y dejo el niño, donde los turcos, sin falta le llevaron, o las fieras en sus hambrientas entrañas: Le sepultaron; pues luego dio la vuelta, y no le halla, volviendo a darme la nueva, llena de piadosas lágrimas: Tú que en la Aldea primera, quedaste en la misma casa de Laura, por hijo suyo, fuille criado del ama. Algunas veces te via, fingiendo, que de tus gracias me aficionaba, crecirte con valor y fuerza tanta. Dos anos na que murió mi padre, y al fin forzada de los grandes gozo el Reino, carga en mis hombros pelada. Que me case me aconselan, viendo que tu padre falta, ha veinte años: y les dé la sucesión deseada. Yo no he de casarme hijo, si prolijos siglos pasan, que de amor tan verdadero, siempre reliquias se guardan. Heredero eres de Ungría, deja el trase que te agracia, pues también Ingalaterra, es bien que bele tus plantas; Por su Rey, parte te halla, lleva Rosardo es las cartas, que fueron las que mi esposo me dio, para mi desgracia. Del padre suyo, y del mío, y esta mía que declara, tado el suceso a tu Abuelo, que señales son que bastan: Vuelve a Alemania con gente, y procura la venganza de tu padre, a traición muerto, quizá por infames armas: Destruye el altivo Imperio, que fue de mis penas causa, y si su Emperador vive, muera a manos de tu rabia. Yo te ayudaré, en sabiendo. que pones gente en campaña porque juntos los cos Reinos, segura está la venganza. Obedecérate alegre, y yo contenta, y vengada, te daré el Reino, volviendo a mi quietud ordinaria. Toma estas yoyas, y vete, yo perdono las palabras; porque a las obras remito elifruto de mi esperanza. Oye señora espera, mas qué digo! si manda que con obras le responda, siendo en su causa mi valor testigo, porque al difunto padre corresponda, tu verás la venganza que consigo, sin que el Emperador de mí se esconda, destruyendo el Imperio, por despojos; en pago de mi ofensa, y tus enojos: El corazón altivo me decía, la noble sangre que en mi pecho encierro, que a nobles hechos me provoca y guía, ya del villano trato me destierro, villa en vez del sayal que le vestia, resplandeciente arnes, de acero, y hierro, tenga Ungría venganza con la guerra, gusto mi madre, gloria Ingalaterra. Rosardo, dónde vas con priesa tanta? Sigue mis pasos Sergio, que te importa. El caso me declara, que me espanta, un largo mal en relación tan corta. Quién a tan alto estado se levanta, mal con las dilaciones se reporta. Volvemos a la Aldea? Yo a la Aldea? Pues no hay bien en la Corte que lo sea, grandezas buscas, dignidades quieres, donde me hacen pajes habladores, pieándome acérico de alfileres: Bien es que ahora lo que soy ignores. vente ahora conmigo. Pues quién eres? dilo porque se acaben mis temores Sergio hijo de un Rey. Linda locura, murmurábase allá que era del Cura. Agradezco al gran señor esta merced que me hace, con que mí a mor satisface, y descubre su valor. Mas que de ser General de sus Genizaros, gusto de aqueste favor. Es justo que dé de su amor señal, que los servicios que has hecho a su persona, bien son dignos de satisfacción. Que estoy pagado sospecho, que si al Tártaro vencí dos vecer, bien me pagó cuando hijo me nombro, y tus brazos merecí. Si al Persa puse temor, y le hice tributario, aunque valiente contrario, basta por premio el favor. De presentarme este esclavo, a quien desde niño quiero, de estas mércedes infiero, que iustamente le alabo. Ya estaba el Cristiano preso, y era en palacio estimado. La caza valor le ha dado, que le estimo te confieso. Fatiman viene con él. Él sea muy bienvenido. Ya le estoy agradecido a la fortuna cruel, pues en tu poder estoy. A estimarte más me obligo, dame los brazos amigo. Tu esclavo Zoraide soy. Este nombre que te he dado has de tener solamente, que no será bien que afrente al propio que me ha criado. En el palacio Real por ti dotrinado fui, hasta que a vencer salí, para volver General. Con mis pájaros no más quiero que tengas cuidado. De esa merced obligado mi diligencia verás. Más bien te has de hal lar conmigo que con Amurates. Creo que ha de mostrar mi deseo la lealtad con que te obligo. Desde que le cautive tan contento no le vi como está ahora. Es ansí. Pagas lo que te estime, siéntate aquí Fatiman, Alberto no estés en pie. Ansí estoy bien. Siéntate. Lo que mereces te dan. Cuando quieres que salgamos a caza, que es para mí grande gusto el verte allí. Cuando lo mandares: vamos. Por Alá que has de llevar un alazan Españo! que puede en vidiar el Sol, que bien de labras mandar. Cuando mozo bien sabia, ya e hoy viejo. Aunque lo estas es en la barba no más, no en el brío, y valentía. Fatiman, pues has venido cantad un poco. Ay de mí, que importa el cantarme ansí tras de tanto bien perdido. Qué bien sabe castigar sus enemigos Malloma, pues a los que le persiguen los libres pasos acorta. La espada de su julticia castiga arrogancias locas, como lo diga Alemaida, que aún hoy su perdida llora. Atrevio se Federico con presunción belicosa a la gente que le sigue, y que su Alcoránadora. Y aunque valiente, y gallardo cedebraba sus vitorias en la matad de sus triunfos de la vida le despoja. Atajo el cielo su furi, oscureciendo su eglorias, que no hay armas que defiendan a las de Alá poderosas. Dejad de cantar. Bien haces, si no quieres que il terrompa con abrasados suspiros las voces que me congojan. Que te ofende que no dejas que se prosiga una historia que al Asia datanto guso. Prosigan es, que es famosa. No la prosigáis. Allevo de que te afliges, que lloras, que con lágimas la plata de tus blancas canas hordas, mira que no luzobien aunque es guarración costosa que no sale sebre blanco, bien el Pordado de aliosar. Porque mi flaqueza encubra aquí las canas me importan, pues las lágrimas, y ellas pareceran una cosa. En ellas hebras le ensartan para que en ellas conezca milagros que hace el tiempo que caminando atrás torna. Que me acmiras te confieso. Zor de de que te asembras, quien puede llorar mejor si las desdichas se lloran. Fátiman vuelve a Amurates, di que el presente es de forma que más que vi Reino le escimo, Mayores mercedes gozas. Guárdete Alá. Con él vais, dejad a los dos asolas que las lagrinas de unviejo a reverencia provocan. Vive el cielo que locieron la haz aña más Felnica mis ojos en no ayudarte Alberte a llorar ahora. Que es msy prupio de ralientes tenes canas piadosas, dime de que te afligiste sus secretro no me ascondas. Que por el santo Alcoran, y por el gueso que adoran de Cordova en la Mezquita gallarda, y artificiosa, por la vida de Amurates, y la mía, que si importa acompañarte a tu tierra a cualquier riesgo me ponga por tu gusto, di quien eres, y las lágrimas reporta, sino quieres que las mías por acompañarte corran. Oh Genizaro v liente que con celebres victorias las banderás Otomanas, ilustras, guardas, y honras. Tu mucha piedad me anima para hacer que mi memoria a pesar del llanto diga secreto que tanto importa. Obligado estás Zoraide por ser de Cristianas costas, a amparar a los Cristianos, aunque por Turco te nombras, aunque cautivo, y tu esclavo de sangre soy generosa. Antes que de tus palabras me he informado de tus obras. Ya me declaro contigo, mira que nadie nos oiga, yo soy el Emperador de Alemanía. Extraña cosa, tú e es Federico? S Tú el que tanta fama gozas de valiente; de atrevido. Es la fortuna engañosa. Prosigue que estoy sin mí. Gocela Imperial Corona diez anos porque de veinte tuve del laurel ras hojas. Pernaba negros cabellos, y en las campañas remotas arnes gravado vestía de la esquinela a la gola. Al más soberbio frisón; que brincador se alborota, que por la abierta nariz fríos busidos arroja. Sin el freno sujetaba mas en medio de mis glorias venciome amor, ciego niño, que tantos triunfos le adornan. Dile el alma a una Princesa, que en sus ojos, y su boca sus luceros puso el cielo, la tierra puso sus rosas. Di la muerte al que quería hacer con ella sus bodas, y con el nombre del muerto la merecí por esposa. A deshacer el enredo volvía, viendo las ondas del Danubió, pordo él mar forzoso tributo cobra. Llegando a una selva oscura, cuyos pinos con las copas hacen resistencia al Sol, y a la parda arena sombra. Salió hatiman a mí, y otres dos con cautelosa invención, pues no llegaron a ver si mi espada corta que por el Dios que respecto Baja, que a ser de otra forma no con menas que las vidas pagaran la empresa loca. Tres eran, tres mis criados, por eso su antento logran, y a traición como cobardes de mis armas me despojan. Dieron conmigo en un barco, y tapándome la boca no pude hacer con las voces que mi gente me socorra. Metiéronme en alta mar do estaban sus Galeotas, cuando ya medio dormida se esperezaba el Aurora. Miré las torres de lejos, que mi contento atesoran, envieles mis suspiros, que ya palabras no importan. Oh Genizaro contempla mi poder, y que en tres horas fui dichoso, y desdichado, igual la pena, y la gloria. Cautivo el cuerpo, y el alma en cárcel tan rigurosa, que en veinte años de prisión mas las cadlenas se doblan. Mezclaba lágrimas tristes con la espuma de las olas, bramaba el mar condolido de mi mal con voces sordas. Trujéronme de esta suerte a la gran Constantinopla, y al gran Señor me presentan por presa, y hazaña honrosa. Eran mis armas Inglesas, y ansi sin que me conozcan dije que el a Ingles, y pude ansi evitar mi deshonra. Que a conocerme Amurates, Zoray de era cierta cosa darme muerte, que a vengarse sus ofensas le provocan. En Alemania, Baja, que yo estoy cautivo ignoran, ningún Alemán rescatan, que luego el cuello le cortan, No he podido dar aviso de ma desgracia, deforma, que sin es peranza muero a manos de mis congojas, De allí a un año poco menos Fatiman de nuevo torna con tres Galeras Reales, a ver las Ungaras costas para saber si la guerra tuvo fin, y entre otras cosas te trujo a ti, que te halló en la margen arenosa del mar, aquí te criaste, y ha valido tu persona tanto, que eres la privanza de Amurates que te adora. Tiembla el Alia de tu espada, Grecia su amparo te nonbra, yo más que todos te alabo, tu infancia fue prodigiosa. Desde niño me quisisle, yo aliviaba mis mimorias con verte, que era iin posible poder olvidarlas todas, Cuando tus músicos vi que iban cantando mi historia, dieron mis olos indicios de lo que encubre la boca. De tu nobleza me fío y si conmigo te enojas, por servir al gran señor de la vida me despoja. Que poner fina mis peras hazaña será piadosa, que es bien que vida le falte, al que los males le sobran. Y cuando quitas la vida al que tu piedad invoca, excusaras por lo menos que me acuerde de mi esposa. Fenérico, tú a mis plantas, levanta; el llanto reporta, poco de mi amor tefías, mucho mivales desdoras, Y o matarte, o descubrarte, e, yo por hacerte lisonja, al gran señor darte muerte, esta es ofensa notoria. No solo pienso callar, sino hacerte que conozcas, la nobleza de mi pecho; hoy dulce libertad cobras. Vuelve a Alemania, y yo quiero yr contigo, por si importa, que contra algunos rebeldes con mis armas te socorra. Al pueto haré que aperciban amigo mis galeotas, con tanta gente, que puedan asegurar tu persona. No temo que el gran señor, en su amor me descomponga, que más quiero que me alaben, por hazaña tan heroica. Él ha menester mi espada, y si mi error no perdona otros Reyes ay que sirva. Deja que el suelo que tocas bese mil veces. Qué es esto? padre, quién eres no notas? Emperador de Alemanía ya en los cumplimientos sobras. Hijo el bien que hacer me quieres estimo como limosna que das a un pobre cautivo, sin que su valor cohozcas, bien haya cuanto te quise. La brevedad nos imparta. Sin duda los electores Emperador nuevo nombran, mas llegue a ver a Matilde que a mí a Bohemia me sobra sus brazos son mi riqueza, y sus favores mi gloria. Tiene mi padre razón, mas la libertad deseo, lo que importa al Reino, veo la esperada sujeción quedo sin hijos por muerte de Fedrardo mi hermano. Pues sien lojusto; es en vano, que procures defenderte, no fue pequeña ventura, que después la Reina diese fruto esperado, y que fuese de tan divina hermosura. Y aunque es tan poca tu edad, es el casarte forzoso, elige a tu gusto esposo. Si he de decirte verdad ningún retrato me agrada de cuantos el Rey me ofrece, Si buscas quien te merece, no esperes verte casada, que no le podrás hallar, el Rey viene. Esto procuro, la suecesión aseguro, si da a mi gusto lugar Alfreda. Señor. Qué hacías? De darte gusto trataba, si tu cuidado se acaba a costa de penas mías que hasta ahora no he tenido al casamiento afición, pero viendo la razón de mi libertad me olvido, Ya que el Príncipe faltó, y en noche de tanta pena naciste, por luz serena que la oscuridad quitó bien es que goce de ti lo que del muerto esperé. Y que yo gusto te de, si espero dártese ansí. Un gallardo Caballero pide licencia de hablarte. Entre. Mira que en tal parte ver tu discreción espero, no des muestras de quien eres. Bien es que seguro estés. Dame gran señor tus pies. Avísame cuando quieres que llegue yo Levantad. Galán Caballero Arsinda, no será mucho que rinda, una altiva libertad. Yo señora os beso a vos pues el Rey está ocupado. Qué es aquesto? De turbado me dejé los pies por Dios, mas tenedlos por besados, o si no lo que pusteis, que vos los besos pondréis, donde estén bien empleados. Biena fe. Saber espero quien sois, y lo que queréis. Yo aguardo a que os informéis de aquestas cartas primero. Como el beso quede en vos, imposible es que esté mal. Desde quien eres señal, gallarda mujer por Dios, tenel loca fantalía los pensamientos sin ley mirad que es hija del Rey, y por lo menos mi tía, pero por sobrino puedo quererla bien en rigor, más auméntase este amor, entre deseos, y miedo. No me pareció jamás, hombre ninguno también, Ya del pasado desdén, los daños pagando vas. Cielos, qué es esto? no se si dé crédito a los ojos, pues tras de tantos enojos, tan grande bien alcanze, hijo, qué esperas? qué aguardas? sombra de mi bien perdido. Confusa estoy. Ofendido quedo si un instante tardas, en ti miro a Feduardo, con mucho valor, y brío, de ti su venganza fío, y satisfacción aguardo. Aún no acierto de alegría hablarte: del corazón bastante satisfacción, no será igual a la mía. Quién es, señor? Tu sobrino, hijo de tu muerto hermano. Ciego pensamiento vano cese vuestro desatino, ya mis brazos os esperan. Con que gusto se los doy, si es porque su sangre soy, como temores me alteran. Arsinda. Señora mía. Decir lo que siento temo suele querer con extremo, a su sobrino una tía? No te sabré responder, algunas los quieren mal, que la herencia en caso igual las obliga a aborrecer. De quién seré hijo yo, para que empiece a abrázar? Al Reino quiero avisar del succeser que quedo, y apercibirte la gente, que a pedir Matisde envía, para que con la de Ungría temar la venganza intente, quédate con el Astreda. El llegarle a habiar me espanta. Cielos tras de gloria tanta, no hay mal que asnigirme pueda Es imposible creer que a un pariente, quiero tanto. De tan grande amor me espanto, si la sangre lo ha de hacer. Oye mire que ha de ser, de buena razón mi tía. Oh que bien. Pues no podía en esto hay dificultad cuantas hay con fealdad en la Corte cada día. Después del bien que alcancen en ser del Rey mi señor nieto, la dicha mayor el ser cosa vuestra fue desde aquí me estimaré, pues más noble me recelo, que cuantos sustenta el suelo, que mayor valor encierra que los Reinos de la tierra la gloria de vuestro cielo, Dichosa fertuna mía, que me diofelice palma, pues sepora os llama el alma, si la migua os nombra tía, vuestra belleza porfía, con el parentesco a ser,, de más fuerza, y más poder, pues que quiere que le igrore, y por hermosa os adore, y siento que ha de vencer. Tras de la gloria que siento, con el amor que advertís me alegro, porque venís a estorbar mi casamiento, no fue casarme mi intento, aunque por la sucesión del Reino fuera razón, mas ahora es justa ley, que pues en vos tiene Rey, me libre de la prisión. Mil veces soy venturosa por haber venido a veros, que el Reino quiero ofreceros quedando sin el gozosa, porque a ser posible cosa, si por derecho no fuera vuestro, también os lo diera, tanto he llegado a estimaros, que por poder obligaros menos pariente es quisiera. Pesaos de serlo? . Si a fe. Y a mí de que lo seáis, que en mejor lugar estáis donde estampada os tendré. Dadme lugar donde este. En el alma, que es razón, que no es digno el corazón de tanto bien, y alegría. Yo os pagare con la mía tan bien nacida afición. Con Rosardo me he criado, hijo de Adan soy también, para que es tanto desdén. Bien tu nobleza has provado El ser tan calificado para contigo me abona, igual soy a su persona, que si como ahora dijo de un Rey coronado es hijo mi padre fue corona Ven donde el Reino te vea que a todos gusto darás Señora verte no más, es lo que el alma desea. Cielos quién habrá que vea en mí tan breve mudanza? La persía mucho alcanza. Necio en qnrfiar seré. Cielo muelio amor fundé sin cimientos de esperanza. Ahora Embajador el Turco envía. Querra firmar la paz con el Imperio, causado de la guerra peligrosa. Presto podremos ver el desengaño, sino escarmienta del pasado daño, entren, llegad la silla. . de ti fía el Imperio su bien, desde aquel día que faltó Federico. No le nombres, que oír su nombre solo me enternece, sin que su amor, y mi lealtad olvide. Bien lo muestra tu fe, pues aunque pide el Imperio, que admitas la corona, no quieres coronarte. Antes podía faltar la luz al Sol padre del día. Alá te guarde Emperador. No quiero que me des ese nombre que no es mío, yo soy Gobernador de aqueste Imperio, mientras que no parece el que es legítimo, tomad asientos. Buen principio es este. Oh admirable lealtad, o. Caballero, por quien en tanto mal ventura espero. La causa me decid, porque Amurates os envía. No puedo declararme hasta saber la causa porque tienes el Imperio, pues era Federico su señor por derecho. Si te importa clara será la relación, y corta, perdiose Federico cierta noche, tras de haber conseguido cierta empresa, que porque no causase nuevas guerras, yo, y otros dos guardamos el secreto al Alba, hallé el caballo atado a un árbol, y algunas piezas del arnes lucientes, porque mi confusión de nuevo aumente hicimos diligencias para hallarle, no sacando provecho de buscarle, quisieron elegir los electores Emperador, nombraronme, no quise recibir la corona, sin que viese mi querido señor, o muerto, o vivo. réci Grande gusto escuchandore ahora Conde samoso, ilustre Gobernador, quiero darte mi embajada. Ciertas tus venturas son. De Constantinopla envía a decirte el gran señor, como es vivo Federico. Qué dices, pluguiera a Dios. Cautivo está en su Palacio, que halla ahora se encubrío temeroso de la muerte, conociendo su rigor piadoso con él se muestra, y a pedirte me envío el rescate. Moro noble. no hay precio a tanto valor. Venderé por él mis hijos, si todo el hijo del Sol que es el oro, no baslare, y aún pienso que poco doy. No aura precio que me espante, pon el nombre Embajador a su rescate, y no dudes, excusa la dilación. Ni te piden oro, y plata, ni las perlas que guardo en las abarientas conchas, DH y roba el Indio feroz el mar Pues oí que me pide. Esa lealtad de que estoy Ricardo tan satisfecho, solo duda me causó, Que desconozcas amigo tu querido Emperador. El alma me lo decía, aunque la vista dudo; dame tus pies. Estos brazos con más contento te doy, que pesar tuve en mi vida el mal hace el bien mayor, De contento el seso pierdo. Espera Conde. Eso no, mal sabes lo que te quieren, que todos leales son. Caballeros de Alemanma, escuchad la alegre voz de que Federico es vivo Sin duda que Alá mostró su poder en los Cristianos, pues me pone admiración esta lealtad. ero Qué es aquesto? Veis aquí al Emperador. Dame aquesos pies, que llegas a la mejor ocasión. que el cielo darnos podía, ni el deseo imajinó. La Reina Matilde rompe, con un lucido escuadrón, en venganza de su esposo, que como sabes murió, los límites de Alemanía. Temor, no hay de que tengáis, que en descubriendo el engaño todo su enojo cesó. También nuevas he tenido, que el Ingles su valedor, con la más lucida armada. que el cano mar sustento, viene en su ayuda. No importa, que el Alemán frisón, saldrá armado a que le teman, el que otra vez le vencio. No se han perdido los bríos; ni se ha acabado el valor, no se quérido Zoraide con que premiar tu fición. La vida le debo amigos, este es Ricardo, el mejor Genizaro, que en defensa del Turco, alfanje ciño, como he de poder pagarte. No hay para mi galardón, como el haberte servido, pagado, y contento estoy. Antes te quiero de forma, que pienso en esta ocasión, a tu lado en esta guerra. mostrar al Ingles quien soy. A trueco de que te quedes conmigo, me holgaré yo, que me ayudes, que a tu lado, yo peleare por los dos. Sale a que el vulgo te vea. A todos a darles voy los brazos. Viva mil siglos nuestro invicto Emperador,
JORNADA TERCERA
tercera jornada Qué importa que llegase de esta suerte, y tenga poca gente, si es forzoso, que se convierta en paz guerra tan fuerre, cuando conezca su perdido esposo, sepa el Ingles la desastrada muerte. de Feduardo, noble y valeroso, que a pesar de sus máquinas de guerra, volverá sin benganza a Ingalaterra. Dejad, que de bordados pabellones, formen otra Ciudad junto a los muros; muestren las flores de oro sus pendones, pues estáis de sus armas tan seguros, que ya para ganar muchas blarones, salí de la prisión, y hierros duros, que no resisten armas, tan bizarras, de un Águila Imperial las fuertes garras: Que soberbia Marilde me presenta, ingenios de vatin poco importantes, n mi afrenta, sin ver que no seí castillos lebrearme, el deseo de versa ati senta mas antes, los en tes, vern cuan engai El muro está de gente guarnecido, no estemos encerrados aunque sean en número infinitos: Basta Conde, tan presto quieres que tus armas vean, el ánimo a tu fuerza corresponde. Todos servirte Emperador desean. algo tiene de miedo el que se esconde, salgamos a campaña. No sería necedad pelear con gente mía, calla Zorayde amigo, que no entiendes el caso. Tu valor pienso que infamas, si solo te defiendes, y no ofendes. Lo que es cordura desatino llamas, ves los pendones: si la vista tiendes, ya ricas tiendas, ya de secas ramas, barracas pobres, antes de dos días, verás juntas sus armas con las mías: Tú debes de entenderte, y así dejo de aconsejarte. Tu valor declaras, mi querido Zoraide en el consejo, y en los inconvenientes no reparas. Todos en ti se miran como espejo, del Imperio a quien honras cuanto amparas. Un Caballero Ingles hablar te quiere, que de su talle su valor se infiere. Sin armas podrá entrar. Entre con ellas, ceremonias cobardes, y excusadas: No temen de jugarlas, y de verlas, mas la traición se teme. Qué te enfadas? de cólera las leyes atropellas. Muchas Ciudades tuve yo cercadas, mas nunca me cercaron. Qué locura. Mucho valor tuviste, y más ventura, entre con armas pues Zoray de quiere, y con lanza y caballo, si es posible. No será bien que dilación se espere. Valiente es el Genizaro. O es terrible, ya por dar muertes en el campo muere, poderle reportar será imposible, de su mucho valor soy buen testigo. Qué haces? Digo mal de cierto amigo. Emperador de Alemania, el cielo tu vida guarde. para que con ella sola, los pasados daños pagues. Vengas con bien Caballero, que tu presencia, y tu talle. claramente manifiestan la nobleza de tu sangre. Si los que trae el Jngles consigo, son semejantes a tu persona, no es mucho. que mil victorias aguarde. Poco estimo tus lisonjas: No digo si no verdades, que tú que me puedes dar, que obligue a lisoniearte, de que parte hablar me vienes. De la mía. Pues no aguardes, que ya contento te escucho. Gallardo espera arrogante. Habla con tiento, y no obligues a que a capazos te maten: que son muchos, y entre todos de los dos a poco caben. Lo primero que prevengo, es que en nobleza, y linaje soy tan bueno como tú. Yo es poco, pasa a delante, De Ingalatera, y Ungría. vengo por entrambas partes; de la casa de sus Reyes, no quiero más declararme. ya de las pasadas guerras, los trágicos fines sabes. Tras tantos no es poco, poder de ellas acordarme, que a mi parecer mancebo, no eras hijo de tu padre, oh alomenos no sabias palabras con que llamarle, cuando se acabó. Bien dices. Entonces eran pañales para mí, los que son ahora zaraguelles, y sollajes: Sospechamos los Ingleses, que a Feduarde mataste. Sospecháis bien. Siendo así, ya no hay respetos que guarde, sin duda que fue a traición, pues de su cuerpo no saben, que a matarle cuerpo a cuerpo bien pudieras alabarte. Y así como sangre suya, digo que fuiste cobarde, y en razón de esto te reto. No hay sufrimiento que baste al revido, necio, y loco. Conmigo habla Zoraide, yo resdonderé por mí. Hecho pepitoria sales, o vuelves en relación al real. . Oh Mahoma, deja que libre el alfanje. Detente Ingles atrevido, detén la lengua, y no hables, de manera que no pueda, de mis vasallos librarte, que te harán piezas. . A mí? Dame licencia que hable, bien sabe tu cobardía, pues las canas venerables del Emperador, no han sido a que las respetes parte, y siendo mozo; y robusto, a un viejo desafiaste. La flor de mi edad es esta, que gracioso disparate, yo viejo Zorayde amigo, corrome que me lo llames en la guerra, como algunos suelen correrse, en las paces. Yo saldre al campo por él. No quiero que salga nadie, sino yo. . Sal en buen hora, dónde quieres que te aguarde? Esta noche en ese cerro, que está entre vuestros reales, y la Ciudad. . En buen hora, recibe turco ese guante. Yo como es corsumbre nuestra, Ingles te arrojo el turbante. Dinero valen las tocas, mucho en las ferias ganaste. Mancebo, que es lo que emprendes? advierte que al campo sales, con un genizaro, que es la desena de Amurares, tiémblale el Perra, y el Cita los Pártaros Astracanes, ya dilatado su Imperio, hasta el Tigias y el Eufrates, ita muerto, V e Piensas atemorizarme, no cabe miedo en mi pecho, advierte que no me engañes, que apenas saldrá la noche coronada de diamantes, cuando esperaré que llegues, recostado entre sus sauces. Matárele vive Dios. Pues qué importa que le mate, si es tu enemigo, y te ofende; Yo, quisiera castigarle como a rapaz. . No hayas miedo que mucho tiempo me aguarde. Defiéndete Emperador de los que quieren vengarse, que yo en la batalla espero, entre tu gente buscarte. Yo te aseguro mancebo, que en los primeros me halles. Presto verás que del muerto, vivas centellas renacen. No es mucho quien mató el fuego, que las centellas apague. Oye, llévese consigo, si tiene acaso algún paje, a medio traer que sea, ni muy chico, ni muy grande, que he de estar con mi señor, Para los dos soy bastante. Pues iremos más. . Qué dices? Dígole que armas ñale. Dime quien eres llgies, porque ya que he de guardarme, sepa de quien: y conara de quien tanto valor nace. Yo te lo diré algún día, que ahora es fuerza que calle. Tras ti se vierse. . Qué quieres? Divertirme con hablarte. Valiente parece el moro: No es el Cristiano cobarde, a quien me crío defiendo, Presto vengare a mi madre. g Fuese, y seguí con los ojos sus pasos hasta el adarbe, que me ha contentado en él, lo que pudiera enojarme. De tu cólera me espanto, que tanto le hayas sufrido. En mirarlo divertido, Ricardo no miré en tanto, es mozo, no hay que espantar. Si más suirir fue rigor, que te llámase traidor. Cómo qué? Buen ignorar. Eso dijo? . Y mucho más. Hay mayor atrevimiento? que vuelva con vida siento. Presto venganza tendrás. Dijo que como cobarde, al Príncipe muerte diste a traición. . Esto le hoiste hay padiencia que aguarde, e villa no vive Dios que ho de er tras el Qué extrañeza? Yo te traete su cabeza, pues esta noche los dos nos veremos: y ya el día, oiscurece el resplandor. No se ha de cobrar mi honor, sino con la espada mía, vive Dios que he salir, autes que el al desafío, hay tan grande desvarío, cómo le pude sufrir? sin duda no estaba en mí, en qué pensaba? lugar ay de poderme vengar. Quiero quitarme de aquí, que apercibirme conviene. . Y a mi ganar por la mane, Ricardo: el contrario en vano, solos, y cabas previene. La noche llega, poned centinelas en el muro, con vuestro valor seguro, y vos Lisardo haced, que al Arba estén prevenidos, para salir a campaña. Tu valor los acompaña. . Voy. Estaban los oídos sin fuerza, porque ocupada la vista en la gallardía, no oyeron la ofensa mía, que procuro ver vengada, del difunto dice que es sangre, vengarle procura, pero verá su locura el desengaño después. Quiero encubierto salir, antes que Zoraide a ver, si sabe también hacer, como ha sabido decir. Espera Ingles arrogante, que en mí, y en mi edad verás, un río que volvió atrás, para correr más pujante. . Aquí tengo de aguardar. Yo tengo de acompañarte, que no será bien dejarte. Solo tengo de quedar. De tu enemigo te fías? espantosa necedad. No saldrá de la Ciudad, con más armas que las mías, pense que el Emperador era más mozo: y quería vengarme en el: mas sería ofensa de mi valor, que a un viejo la muerte diera; No me ha parecido a mí tan inútil como a ti, bien defenderse pudiera, y al fin para tu venganza, mejor con el pelearas, y más bien aseguraras, aquesta incierta esperanza, que el Turco a mi parecer, es demonio. Así es verdad, pero la dificultad, es la que se ha de vencer, vuélvete Sergio, y a Alfreda, si te pregunta por mí, encubre que estoy aquí, porque enojarse no pueda, del peligro en que me he puesto. Mucho debes a su amor, pues que te sigue el temor de su tierna edad: pospuesto, que acabase con el Rey, que el en persona viniera, y consigo la trujera, mostro su amorosa ley. Ay Sergio, imposible veo mi bien, que al fin es mi tía, y siendo su sangre mía, la ofendo con mi deseo. Mi muerto padre atropella, aquesta esperanza vana, o no naciera su hermana, o naciera menos bella. Ahora he visto que es ciego amor, pues que no miro el parentesco, y tiro para que sientas su fuego. Tanto en su amor me desvelo, mira que contraria ley, que huigo de ver al Rey, por no le llamar abuelo, o quien suegro le llamara. Rosardo, suegro deseas? aunque en un Ángel te empleas, de tenerle te pesara. Vete ya, que es tarde. . Adiós, tu espada, y tu esfuerzo guíe, mira si quieres que envíe, quien ponga en paz a los dos, Hay necedad tan confusa! Suele el valiente sagaz, llevar quien le ponga en paz, lo que le usa, no se excula. Nací de quien murió fin que le viera, para ver, unos ojos por quien vivo, aro en el viento y en el agua escribo, que mayor imposible, amor espera. (ra Vengo a vengar el muerto, y mejor sue- vengarme a mí, que tanto mal recibo, pues contra Federico me apercivo, y Alfreda hace que callando muera, En vano con la sangre me resisto, antes la privación crece el deseo, cuando imposibles en amor conquisto, De estos extremos mi locura creo, pues vengo a castigar lo que no he visto, sin poderme vengar de lo que veo, Sin ser de nadie sentido, salí de cólera ciego, y aunque temor no he tenido, de la Ciudad he salido, más enojado que llego. Piedad, no es juste que abones tan descompuestas razones, sin dar del valor señales, que las personas reales, sienten más las sinrazones, Sin darle muerte quisiera castigarle, y advertir, el peligro que le espera, el que tanto considera; poco gusta de reñir, Bueno será caltigarle, porque sería el dejarle, de mi honor afrenta, y mengua, mas si ofende con la lengua, me enamora con el talle. Gente viene. Él está aquí, que le puedo responder después de llegar ansí, que no siento fuerza en mí, para poderle ofender. Eres tú, quien arrogante me respondíó? No te espante, yo soy, si la guerra quieres dime primero quien eres, que pienso que es importante. Que pues solo de esta suerte conmigo en el campo estas, será justo si se advierte, que sepa a quien doy la muerte para que me estime en más. Porque sepas lo que ganas Moro si me vences, digo que quiero decir quien soy. Favor en eso recibo. Hijo de la Reina soy de Ungría. . Cielo divino, pero si el padre no nombra, en vano me determino. Con secreto me he criado, sin que fuese conocido mas que por villano tosco. por un caso peregrino que a la honra de Matilde era el secreto debido. Ay amor mi ofensa es cierta, de mi mal me certifico, que no importara el callarlo si por dicha fuera mío, que no afrentaba su honor el gozarla su marido. Trágicos fines aguardo de tan amargo principio. A mi padre no conocas, y así no importa el decirlo. Algo pienso que he tardado, mas no tarda el que ha venido, allí hay gete. no otro hombre viene quién te mpare traes contigo? Dos están, acompañado estás, esos son los bríos que mostraste en la Ciudad? Ahora tengo los mismos, no te temo aunque le ayudes, desnuda es acero limpio, con palabras me entretienes hasta que llegue tu amigo? Venid los dos que no importa a entrambos os desafío. Los dos estáis engañados; vuestro valor certifico solos venistes entrambos, tente que soy Federico Zoraide. . Ahora conozco la traición que has cometido, ansi darías la muerte al Príncipe Ingles. . Indicios me das de que me aborreces, pues deshonrarme has querido que dirá aqueste arrogante sino que vienes conmigo. No dirá, detente un poco que estoy perdiendo el sentido, hay honra, ay celos. Qué quieres? Averiguar un delicto, y tú verás que la guerra a fuego, y sangre prosigo. Si eres noble a los dos deja. Lo mismo señor te pido. Prosigue en contar tu historia verás que en todo te sirvo. Con esa flema preguntas si de enojo desatino, hijo de un villano soy que ha de valer por sí mismo. De un villanó, Cielo santo. Aquí todo mi honor cifro, que con la espada en la mano de mi valor he nacido. Deja que le de la muerte. Ay de mi detente hijo, que hay mayor mal que sospechas, o gustos de amor fingidos. Apártate Emperador. Que os reportéis os suplico, detén la espada mancebo no le ofendas, tente hijo mira que su vida importa para un caso que averigo, de que la venganza espero más sangrienta que se ha visto Imposible es detenerme. mas co tus ruegos me indigno ̱. Dónde no bastan palabras a las obras me remito, qué es aquesto? Señor. . Señor, Rapaces, pues no os obligo con la presencia anespecto, haga la espada su oficio. Turbado estoy. . Mudo quedo, no se que poder divino a su voz rindio mis armas, y mi soberbia deshizo. Sola esta vez en mi vida puedo decir que he temido; aunque han temblado los Persas del corbo alfanje los hilos. Vuelve a la Ciudad Zoraide no repliques. . No replico, tu mandamiento obedezco, mas estoy en mí, que he dicho? Yo respeto. . No te vas? Digo que sí, y perdón pido. Vuélvete a tu Real mancebo. Darte gusto solicito, pero yo. . Qué me respondes? Que te obedezco, y me rindo respeto, y temor me vencen. El respeto me ha vencido. Solo quedo donde pueda decir mis penas a gritos, al silencio de los aires, que forman suaves silbos. A estas fuentes despeñadas de las puntas de estos riscos, a estos árboles que forman hombres a lo oscuro vistos. Daré crédito memoria a lo que este mozo dijo, o pensaré que me mienten sombras de temores míos. Hijo de Matilde, como de esta edad, pues vi más limpio que el Sol su honor, y pureza. válgame Dios, si es mi hijo? Mas no guardara secreto a serlo, que es desatino pensar que perdiera honor, siendo del propio matido. Díceme que es de un villano, de que firmeza confío, que mujer hay que no mienta, que más seguros indicios. Pero por lo menos tiene veinte años, los que cautivo estuve, como tan presto en su amor reino el olvido. Si mayor, o menor fuera el daño era conocido, mas que aguardo, honrado miedo que mi mal no certifico. Lugar me ofrece la noche de la Ciudad he salido, sin que ninguno lo sepa, solo Zorayde me ha visto. Quiero acercarme a las tiendas pues me ofrece el manto frío lugar, y mis celos cuerda en tan ciego laberinto. Antes que lumine el Sol este globo de zafiro, ni el Alba salga mostrando entre las nubes jacintos. Sobre si mi ofensa es cierta, o de los ojos divinos de Matilde, haré dos soles que den luz a mi albedrír, Quedarán si se mi ofensa los labios de clavel finos, por la falta de la sangre vueltos en cardeno lirio. Oh declarando quien soy acabaré los peligros, erra nos promete, que la gu de unos Turcos que saltaron en tierra. . Cielo divino, que ascucho, que edad tema? Aquel día había nacido, y le llevaba a criar. Todo el gusto junto vino, hay mi deseada prenda. Cielos qué es esto? qué miro? no es este el Emperador, que me puso en tal peligro, no balla matar mi padre, sino ofender atrevido mi Apor, hoy vengarme intento. Quién va? Tu muerte codicio. Ay Rosardo, que es tu padre Feduardo. . Es desatino, ya el Emperador conozco, no te encubras Federico. Que te engañas. Que te engaña, ya yo en la Ciudad le he visto. Mi bien datea conocer. Ya le tengo conocido. Rosardo yo soy tu Padre, y de Matilde marido, y Emperador de Alemanía. Qué dices? Fe verdad te digo, que el Príncipe Feduardo no vio tus ojos divirios; porque antes murió a mis manos: Gran gente acude al ruido. Matilde hermosa, qué es ello? Mi bien que te ha sucedido? Una ventura en que aguardo que no he de ser tu sobrino. Señor he hallado a mi esposo. Pues a dónde está mi hijo? Qué es de mi hermano? Ya e la muerto, No dices que ha parecido Mi esposo sea el que fuere es este. . Ay tal barbarismo. Alemania, cierra, cierra. No os alteréis ya adivino, que como me echaron menos, en busca mía han salido, partid soldado, y al Conde dad este imperial avillo, y haced que llegue a la tienda con Zoraide. . . Peregrino suceso: ya según esto todos sois mis enemigos. No serán como a las paces les des seguro principio. Forzoso es que las acepte. Hoy mis bienes multiplico. Temí de perderte ahora otro segundo peligro. Este es mi Matilde bella el que tienes por perdido, haz cuenta que le he criado. Qué es esto? Qué eres mi hijo, y de Federico. Siempre el corazón me dio aviso. Hermano dame los brazos. Para la paz te suplico, que des a Alfreda a Rosardo. Amí al muerto rasucito. Tuyo soy. Tuya es el alma. Ya en la Ciudad apercivo, fiestas al recivimiento, y de Zorai de el vautismo. De espacio informaros quier. Perduna haberte ofendido, porque dé fin tan alegre, el Padre de su Euemigo,
