Texto digital de Origen del bien y el mal y trabajos de Adán y Eva
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Origen del bien y el mal y trabajos de Adán y Eva. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/origen-del-bien-y-el-mal-y-trabajos-de-adan-y-eva.

ORIGEN DEL BIEN Y EL MAL Y TRABAJOS DE ADÁN Y EVA
JORNADA PRIMERA
I Ngrata inteligencia Lcontra tu Criador, de cuya esencia sin principio percibes luces puras, mejorado entre tantas criaturas tu ser a la suprema Gerarquía; cómo, apenas te cría, contra tú mismo Criador te atreves, y Ángelicos espíritus conmueves a malograr soberbiamente osados el alto fin para que son criados? (suyo, Cómo es mi ser tan bello como el y siendo, como él, discreto, arguyo no debo confesar a su grandeza más poder, más virtud, ni más belleza. Cómo, si sois iguales, solo él crió los Orbes Celestiales, sacó la luz del caos más profundo, las aguas separó, descubrió el mundo, arido todo, haciendo dar tributos a la tierra de flores, y de frutos? Habla, traidor; y quién te dio el aliento, la ciencia, voluntad, y entendimiento? Nada me contradice, que si él me hizo, yo también me hice: tan noble como él, y tan hermoso soy; y no siendo menos poderoso, yo mismo a mí me hiciera, en caso que él hacerme no quisiera. No en el mayor poder ha consistido: solo fue adelantarse en haber sido Criador de la Tierra, Cielo, y día, porque velaba, cuando yo dormía. Quién cómo Dios? Miguel, el labio sella, que el rayo de tu voz, no la centella de tu espada, me hiere. Confiesa su poder- Nunca lo espere de mi soberbia, que en campal batalla contra Dios mismo he de oponerme. Calla: Quién como Dios Qué error! qué parasismo! abra sus negras sombras el abismo, y en su centro me oculte, a no más escucharte me sepulte, siendo lápida al triste monumento el pedazo mejor del Firmamento, que arrancaré tras mí, por competirle, y su fábrica misma destruirle, dando mi ira fieles testimonios de que si Ángeles hizo, yo Demonios. Quién como Dios, es Todo Poderoso, justo, Increado, Santo, Sabio, Hermoso, Invencible, y Eterno, que a las voracidades del infierno te precipita, donde eternamente se desespera, se padece, y siente con pena fiera, y sin ningún consuelo? Cante su triunfo el Cielo: Ángeles, Potestades, Querubines, Arcángeles, Virtudes, Serafines, Tronos, Dominaciones, Principados, pues sois en su grandeza interesados, formando un solo coro de los nueve, pueble la esfera vuestro acento leve; pues a la vil escuadra sediciosa venció su fortaleza poderosa. Al Santo, Santo, Santo, de las Batallas Dios, unida en gloria suya, aclama nuestra voz al Uno en Esencia, y en Personas Trino, todo gloria sea por siglos de siglos. (echado Qué importa, que del Cielo me haya injustamente Dios? Qué importa ahora, si con la ciencia infusa me ha dejado? No es perpetuó mi ser? pues como igno- que igual tengo de ser a su grandeza (ra, por lo que en mi fortuna se atesora? Puede acabarse mi naturaleza? el Angelico ser hoy me asegura, que eterna vista mi infernal belleza. Qué importa, que me arroje dé su altura, si mi soberbia sube hasta su asiento, y aún el espacio imaginario apura? Mas (ay de mí!) que ya mi agravio siento, que a lanzadas de envidia me maltrata: fiero pesar, y desigual tormento! vengarse quiere de mi injuria ingrata por el más soberano, y cierto modo, que en penas tantas mi pasión dilata. Del polvo infame, del infame lodo del Campo Damasceno, está formando al Hombre vil, para afrentarme en todo: ya su fábrica hermosa está acabando, ya el Alma racional le está infundiendo: tal honra en tal bajeza! estoy rabiando! Ya para más afrenta, y desconsuelo le traslada en el bello Paraiso, dándole posesión de todo el suelo: ya el Hombre en él con celestial aviso alaba a Dios, aprecia su alabanza: qué poco en ofenderme fue remiso! pero de una diabólica asechanza valerme intento en mi mortal cuidado: guerra prometo al Hombre a espada, y lan La fruta de aquel árbol le ha vedado; precepto, que verá presto rompido del Hombre mismo, a quien ahora ha hon- ya a su presencia todos han venido, (rado domésticas las aves, y animales, y a cada cual su nombre ha repartido; que humildes le obedezcan, y leales manda Dios: hal pesar de quien derrama en barro quebradizo honras iguales! ya le da nombre Dios, Adán se llama. Del nombre mismo su bajeza arguyo, con quien de tierra es, pretende fama; pero si en esto está el remedio suyo, aunque viendo que es tierra, humildesea el argumento, aunque valiente excluyo. Ya Adán se duerme (acción humana, y fea! en presencia de Dios se ha descuidado, porque conozca en quien su amor emple pero de una costilla de su lado forma Dios una hermosa maravilla; compañera, sin duda, al Hombre ha dado. Ya asesta mi experiencia: la costilla en su fragilidad es fortaleza, que al instante la juzgo, que se humilla guárdese el Hombre, que mi enojo empieza Toda humana criatura haré se ason uraleza: destruyendo tan vil natu Dios imagen bella el Hombre, mas si es de puesto que estoy de Dios tan ofendido, la he de borrar por ofender su nombre. Atención, Mundo, desde aquí te pido, no te diviertas un instante solo, que a la mayor seena te convido. . Esta si (oh qué afecto peregrino sento!) que es alma de este globo hermoso: esta sí, que cifró lo poderoso del Soberano Autor, que me dio vida: esta sí, que es imagen conocida, aunque los Cielos corran sus azules cortinas de cristales, de cuanto con la vista intelectiva penetrar puede el alma por alados Ministros Celestiales: Esta sí, que a la Aurora con sus dulces luceros enamora, y entre rayos de nieve toda la luz se bebe, de aquel que se la ofrece en sacrificio sobre el Altar Sagrado de los Cielos, en el Ara de tantos Paralelos. Salve, inocente bello dueño mío, de estos Jardines soberana Reina, y de estos bosques verdadera Diosa: Salve, fábrica hermosa del Artifice grande, a quien envío gracias por tu belleza peregrina: Salve, esposa divina, ilustre honor de Cielos, y Planetas, consorte, y compañera de una alma, que aguardaba recordada, Mujer, antes querida, que criada. Salve, digo otra vez, dulce milagro de la primera idea, a quien consagro la luz de mi albedrío, si acaso ahora es mío: dente, sí, parabienes cuanto gira en sonoro instrumento de este al otro hemisferio errantes soles, y en acordada lira, haciendo dulce salva, y te requiebre el ya las sonoras aves, estas vagando esferas, y aquellas fatigando undosos valles; ya las que deben púrpura a la Aurora en disfrazada plata, recibiendo del Cielo en tazas de cristal, perlas de hielo: ya las plantas, que arroyos enamora el Sol, galán prendado de este jardín sagrado: ya los raudales claros, y seguros de estos arroyos puros, amantes de colores, que a peso de cristal besan las flores, con eterna alegría conocida celebran tu venida: qué mucho, si eres alma, y movimiento de cuanto vive, y siente, aunque el conclave sacro del Oriente ostente de Planetas regio solio, del último al primero Capitolio? cómo estás, dulce esposa? Como quien del abismo de sí mismo sale a la luz, que ver no merecía, creciendo de las dudas el abismo; reconociéndoos materia mía, por gracia de mi Autor comunicada, que sois, mi dueño, causa de este afecto, peregrino, galán, sabio, perfecto, sintiendo, que os hayáis anticipado en la dulce expresión de enamorado. Qué dice tu inocencia del estado feliz, que poseemos? Qué he de decir? con tanta boca abierta miro estas alimañas, todo extremos, porque ninguna a pronunciar acierta, aunque las hago treinta mil preguntas: este qué lindo es! cómo te llamas? no me responde: este de las puntas tiene traza de ser más cortesano: cómo te llamas? . Es intento vano, que ellos digan su nombre: pues en la diferencia, que hay del hombre al animal, tan solo sensitivo, es calidad el carecer de voces. Oye usted, y habla aquel que tira coces? Tampoco. Pues por qué fueron Porque sirvan al hombre, árbitro dueño, según la calidad de sus estados, obedientes, y mansos. . No me empeño en más preguntas. . Débate, bien mío, que de tu creación, y señorio, me informes, no haga mi inocencia, sin la noticia, alguna inadvertencia. Oye, dueño adorado, cuanto debe vivir reconocido tu pecho resignado, y obediente a nuestro Criador; no tu descuido malogre la atención, porque prudente compres, a precio de un precepto solo, todo cuanto tu idea, y más alcanza con la preparación a una esperanza, a donde se eternice tu contento. Cuidado con el cuento, que no es cuento. Ya toda el alma pende de tu labio. Qué perfecta mujer! Qué hombre tan sabio! En el centro de su Gloria, sin principio, fin, ni medio, estaba Dios, cuando quiso dar principio al Universo; que para Misterios grandes prevenidos de abeterno convino así, por mostrarnos gloria suya, y bienes nuestros. Creó en el primero día la máquina de ese Cielo, que con tantas Gerarquías, con solo querer fue hecho: llamole Empireo, que quiere decir Tribunal de fuego, donde está su eterna Silla glorificando a los buenos. Hizo luego el primer móvil, que con propio movimiento de un Ángel arrebatado, las nueve Esferas, que vemos, se lleva tras sí, y las mueve. El cristalino hizo luego, como cárcel de su gloria, que impide que la gocemos. Creó la luz, desterrando las tinieblas, porque fueron divididas de la luz, y de ambas fue el día compuesto. Creó en el segundo di Firmamento, de cuya multitud bella, de cuyo número inmenso los Filósofos más sabios, los Astrólogos más diestros, mil y veinte y dos Estrellas observarán en el tiempo. Hizo en este mismo día los siete inferiores Cielos, y al tercer día apartó las aguas, y descubriendo la tierra, unas fueron Mar, y otras fueron Firmamento. Llenó de plantas la tierra, que al instante produjeron, unas, sazonados frutos, otras, fragrantes alientos. En este día formó el Paraiso, que vemos, de cuya hermosa abundancia sois, esposa, también dueño. El cuarto día hizo el Sol, para que con rayos bellos, presidiendo al día, ilustrase los floridos pavimentos. Pusole en el Cielo cuarto, de los otros fiete en medio, porque su luz repartida igualase a todos ellos. Por lampara de la noche, aunque con rayos ajenos, uso la inconstante Luna veloz en su movimiento. El quinto día llenó de varias aves el viento, el Mar de diversos peces, y ambos de las aguas hechos mas aunque de una materia, a un mismo tiempo se vieron, los unos nadar las aguas, los otros volar el viento. En el sexto día, esposa, nuestro Omnipotente Dueño, creó fieras, y animales, desde el León al Cordero: por fin de obra tan alta (con humildad lo refiero) creó al Hombre, en cuyo se incluyen entrambos sejos. Hízole a su semejanza (gran merced! favor inmenso!) porque la alma racional le parece a Dios en esto; que siendo Dios Trino, y Uno, nuestro espíritu así mismo, es uno en esencia, y trino en tres potencias su imperio. Hízole dueño del mundo, hízole capaz del Cielo, hízole inmortal, por gracia, pues aunque de tierra hecho, asistiendo Dios con él, será, como Dios, eterno. Quedó ajeno de pasiones, como de temor, y miedo, y en la original justicia constituido, y compuesto: y no es solamente mío, mi bien, este privilegio, qué las mismas altas gracias también para vos se hicieron. Fijad desde este Paraiso, fijad los bienes inmensos, que su Criador os previno, teniéndoos su amor por premio. Todo es vuestro, amada esposa; pero mirad, que os advierto, que aquel árbol no toquéis, que es Soberano Precepto de Dios, y viendo su gloria, fácil reconocimiento será, por tanta grandeza, solo un Divino respeto. Por Criador, por Dios, por Padre, y por mil razones, pienso, que merece una obediencia; y más, cuando tiene impuesto por castigo, a quien quebrante su Divino mandamiento, con perdida de su gracia, muerte, y durable tormento. No digáis, que no os aviso, la obediencia os encomiendo; pues a quien debemos tanto, tributo pide pequeño. Y si no, hacedlo por vos, pues el perpetuo destierro e este lugar, pena es grave, e en considerarla tiemblo. Pues desde aquel mismo instante, que al Criador enojemos, verás que contra nosotros el todo del Universo se revela: desatados en ira los Elementos nos afligirán; las aves huirán con rápido vuelo de nosotros; la obediencia de los brutos será tedío, que, en vez de alagar, pretenda despedazar a su dueño. Brotará espinas la tierra, escaseará los alientos el aire, bramará el agua, todo ardores será el fuego; y lo que es más, enemigos de Dios, sin ningún consuelo; perdida una vez la gracia original, que tenemos, hijos de su maldición, a la esclavitud sujetos de la culpa, de sus iras mal podremos defendernos nosotros, ni nuestros hijos; pues piadoso, y justiciero, si obramos bien, será la gloria eterna, si obramos mal, será el castigo eterno- Qué bellamente está Adán en todos los mandamientos! a fe, que se le conoce, que ha tenido buen Maestro. Mucho, esposo de mi vida, el aviso os agradezco de quien sois, y de quien soy, de la pena, y el precepto: pero debéis advertir, que me ofendéis con el miedo, que de quebrantarlo yo demostración habéis hecho. Creed, que aunque soy mujer, las manos de Dios me hicieron, como a vos, y de materia ilustrada en vos primero. Él, de lodo os hizo a vos, y a mí de vos, con que pruebo, que ni vos seréis más firme, ni hay porque yo lo sea pero de verle, y tocarle no hay prohibición. . Te ruego, que lo excuses, pues no hay en uno, y otro provecho. Tocando no más, qué importa? antes para conocerlo importa saber cuál es. Quién la ocasión huye, es cuerdo, que nunca curiosidades serán de ningún aprecio. Hasta ahora en qué lo has visto? de eso nos falta el ejemplo; pues ni curiosos ha habido, ni ocasionados sucesos. Ay Eva! lo dicho baste: pero, Inocencia, qué es esto? Yo no lo sé. . Qué te altera? Un interior movimiento, que aunque no me turba, me hace desapacible el contento natural, que antes tenía. Con que entre los frutos bellos este, Adan, es el vedado? déjame siquiera verlo. Ya estoy si caigo, o no caigo. Por instantes va creciendo de la Inocencia el deliquio: muda, esposa, de consejo, y vamos a su reparo, y divirtamos su riesgo, acompañando con voces la armonía de los Cielos, plantas, pájaros, y fuentes, que en acordados acentos dan gracias a su Hacedor por tantos bienes inmensos. Sé, que debo obedecerte. Y yo también; y así quiero ser la primera, que pueble de su alabanza los vientos. 4. Todas las obras suyas bendigan al Señor, que tantas maravillas de la nada formó. Hombres, que lograsteis el mayor fav 4. Bendecid al Pájaros, y fieras, pues que vida os dio. 4. Bendecid al Señor. Árboles, y frutos, planta, fuente, y flor. 4. Bendecid al Señor. Y en fin, pues de todo solo es Criador. 4. Todas las obras suyas, Ya estamos, venganza mía, contra la naturaleza humana en el primer lance; no desconfío vencerla, pues atendida la masa débil, que fue su materia, que sea igualmente frágil el concepto, es consecuencia precisa, que a deshacerle mi cruel furor alienta. Tema el hombre, tema el mundo de mi sedición, y vea Dios en quien de sus favores el alto misterio emplea, y a quien hace dueño de las gracias, que a mí me niega. Pero qué miro! arrastrada del deseo vuelve Eva a este sitio a ver el árbol prohibido, y no está fuera de caer en el peligro, quien al peligro se acerca. La amenaza de su esposo puede ser que la contenga de llegar al árbol; pues haya contra su cautela otra cautela de parte de mis rencores, y sea áspid oculto mi engaño, que sus prevenciones venza. Introducido en el cuerpo de este bruto, pues se llega al tronco, he de persuadirla no tan solo que se atreva a llegarse, y a tocarla, sino que obligue a comerla a su es si en está ocasión primera logras el triunfo, tuya es toda la naturaleza. En tanto que divertido sigue Adán, con su Inocencia, el hacimiento de gracias, con que obligado celebra las grandezas de su Dueño, traida de mi violenta curiosidad vuelvo al sitio, donde su hermosura ostenta con frondosidad, y frutos este árbol de la ciencia: si me atreveré a tocarle? pero en eso, qué se arriesga? tocarle bien podré: ay! que si el cuidado se acuerda, ni para tocarle, dijo mi esposo, que dio licencia Dios. Yo pretendo apartarme de su hechizo; pero vuelva siquiera a verle, que en esto no puede haber contingencia. Qué bello es! con mudas voces las hojas, que susurrean con el corto ambiente, culpan el deseo, que no llega a saciar del apetito la repetida violencia. Qué arriesgada es la ocasión al que con ella pelea! Mujer, mira que aventuras de tu esposo la obediencia, la gracia de Dios, y todo el bien de tu descendencia; huye del riesgo, antes que caigas, pues que ya tropiezas: a Diós, peregrino hechizo de mi anhelo. . Aguarda, espera. Quién me llama? Quién te brinda con lo mismo que deseas. Esta voz no es la de Adán: quien puede ser, que no sea él? . Es a quien debes más que a él; pues lo que él te niega de un error sobrecogido, puede concederte en fuerza de un aviso, que te importa mucho más de lo que piensas. Ya le aguardo. . Pues escucha, verás que bien dije. . Empieza. No la piel verdinegra, que me viste, la realidad de mi razón contraste el saber con el fin que aquí veniste, y el tímido pavor con que luchaste: si a mi verdad tu crédito resiste, para creer mi desengaño baste, que solo intenta, viéndote afligida, verte desengañada, y complacida. Bruto soy; mas tan lleno de la ciencia, que penetro con ella lo futuro, ardiendo en escamada inteligencia, el que nunca perdí rayo coluro: puedo con los secretos de mi ciencia desmantelar ese luciente muro, y arrancando las sombras del profundo, turbar el aire, entapizar el mundo. Mi espíritu ajitado por sí mismo, puede alterar el húmedo tridente, lamiendo las arenas del abismo, émulo albergue del azul Oriente: al Reino del oscuro barbarismo domé con él esto que de la mente, y al rodar de la cumbre con mis huellas desperdicié luceros, pisé estrellas. Puedo desde esta planta recostado contar las luces al mayor lucero, y nocturno Cometa, de este prado su Primavera reducir a Enero: con el papel del tiempo iluminado puedo escribir mi nombre verdadero, y a la inmortalidad de su memoria dedicar las hazañas de mi gloria. Qué importa, que el Criador os hayadado racionales espíritus, si quiso quitaros el imperio laureado de esta planta, deidad del Paraiso? engaño ha sido en muerte disfrazado el que tenéis de Oráculo preciso, que no porque toquéis su rama fuerte, os tocaba la sombra de la muerte. Sabe el que vive en la suprema cumbre, que el día que gustaréis de ese fruto, la de los ojos sepultada lumbre al bien dará pesar, al mal tributo: Dioses seréis (violada la costumbre del precepto en las almas absoluto) de cuanto alumbra por azules velos el galán de torcidos paralelos. Es el árbol, que ves, el fundamento de toda la inmortal sabiduria; su fruto ciencia da por alimento, como luz este Príncipe del día: alumbra tu confuso entendimiento gustando el néctar, que a los Dioses cría; lleva de él a tu esposo, y sin segundo Monarca vendrá a ser de todo el mundo. Diosa serás, si sacudiendo el sueño, que la intacta Inocencia te ha prestado, fueres a conquistar tu amado dueño, con la poma de amor, Árbol vedado: prevista idea, no mortal veleño tiene quien de su ciencia no ha gustado; qué mucho, si del Sol, que la colora, es hija en la custodia de la Aurora? Aquí sí, que la tez de la hermosura al Alba arminos por los ojos bebe, alimentando con su nieve pura cuanto la gracia a la belleza debe: vive la discreción aquí segura, si el brío gusta, y el donaire mueve; sin ella la belleza más lucida mármol sin alma es, cristal sin vida. Cariño dulce ofrece al apetito cuando mezcla su púrpura entre nieve, que el fruto, que a tu boca facilito, destila Majestad, vanidad llueve: tu gala, y tu hermosura solicito con este imán, que a la belleza bebe raro, si, movimiento de aquel Ave, que trasciende los límites del grave. Llega, pues, y a tu esposo tiernamente ruega, que sin temor coma un bocado: llora, si se resiste, y fácilmente dejar se llevará de ti rogado; pues nada habrá, que atropellar no intente de lágrimas, y enojo provocado, que aunque es tu dueño el hombre, si esto apura será dueño del hombre tu hermosura. De tu razón persuadida ya no hay peligro que tema: bello sazonado hechizo, , . con bien a mis manos vengas, y aún a mi boca: qué dulce! Bien se logró de la empresa el principio, si así acaba, ay de ti, naturaleza! ̱ Bien, animal prodigioso, dijiste, pues logro apenas informar al gusto, cuando me parece, que despiertan a nueva luz mis sentidos, a más lustre mis potencias; acá en lo interior de la alma parece, que arde la ciencia a iluminar, lo que antes tuvo el temor en tinieblas. Tan viva quedo, tan vana, tan señora, tan soberbia, que puedo infundir valor a cuanto vive, y alienta. Allí viene Adán: dichosa la que hoy a su vista llega con méritos de más sabia, y más presunción de bella. Peregrino dueño mío, a quien clavel, y azucena con inocentes envidias admiran, aunque se afrentan: honesto cándido lirio, que entre coral se reserva del embate cristalino, que esas montañas despeñan; Hermosísimo compendio de aquella Mano suprema, que cifró en ti los milagros de su gran Omnipotencia; qué bien al placido sitio, donde encontrarte pudiera, me trajo amor, adivino de sus mejores estrellas. Así como va saltando el gamo de selva en selva, han llegado al corazón repetidas tus ternezas. Que mucho, cuando tu vista es solo lo que me alienta, y al ausentarte de mí, me siento de amor enferma? A los montes, y a los ball voy repitiendo tus señas, para que de ti me digan los ecos, que lí divertido con las gracias de tu querida Inocencia. Cómo te ha ido? . Muy bien. Esto de ser zalameras las mujeres, miren si es poquito antigua la fecha. Por el gusto de volverte a ver, bien haya la ausencia: llega:: mas que es lo que has hecho, mujer? ay de ti! . No temas, que nunca fuera dichosa yo tampoco, si temiera. Mujer mal aconsejada, mal dije, cuando no pecas de ignorancia, ingrata sí, como osadamente ciega los favores, que a Dios debes, pagas con inobediencias? Como mejor instruida estoy, pues no se nos niega este fruto por el riesgo de que quien le guste muera; sino porque no haya alguno que le coma, y lograr pueda de esta verdad verme viva después que logre comerla, mas sabia, y más elocuente; gustala, verás qué apriesa te inmortalizas, e igualas al mismo que te fomenta. Ay pobrecita de mí! . Qué tienes tú? de qué tiemblas? Yo no lo sé; solo sé, que alguna mortal dolencia me amenaza: mira, Adán, el riesgo de tu Inocencia, a vista de aquella fruta, no me pierdas, y te pierdas. Siendo precepto de Dios, como es fácil que me venza a gustarla? . Dueño mío, come un bocado, a qué esperas? Aquí de mi corazón: a huir de tu vista, y de ella, disfrazada muerte. . Ingrato, ha, como de tus finezas se conoce lo inconstante! pues si fino me quisieras, de qué no comieras tú al punto, que yo comiera? Por mi vida, dueño mío, que la pruebes. . Es violencia del apetito tu ruego. Es desatención grosera tu desprecio. . No es sino prevenida conveniencia de los dos. . Desgracia mía es, que la cosa primera que te pido, desatento me niegues. . Ya dio en la tema, y Adán se enternece; yo seré quien pague la fiesta. No llores, mi bien, pues sabes que tiene mi resistencia tan justo motivo. . No hay motivo, que no se venza con el cariño; y pues veo, que mis lágrimas desprecias, a mi persuasión desairas, llevado, sin experiencia, de una aprensión temerosa, tampoco quiero que veas el sentimiento, que hacen mis tristes amantes quejas. Quédate con tu capricho, para siempre a Dios te queda; que yo a llorar mi desgracia sin amparo, sin defensa, por los páramos sombríos de esas campañas desiertas iré, llenando sus huecos del eco de mis endechas, hasta que la lima sorda del ansia, que será eterma, si acaso fuere inmortal, me demuestre más violenta. Vuelve, airado dueño mío, . que no hay cosa, que más tema mi cariño, que tu enojo, ni mi amor, como tu ausencia. No te creo, que eres falso: o come, o no me detengas. Ya como. . Mira lo que haces. Dices bien, porque es ofensa del Criador: ya la aparto. Pues quédate. Aguarda, espera. Qué resuelves? . No lo ve entre el amor, y obediencia del Criador, y mi esposa, no hay resolución que tenga; mas quiero fiar de Dios mi perdón, y no dar muestra a mi mujer, de que hay cosa en que no la obedezca: ya te doy gusto. . Ya es tiempo que huya de ti la Inocencia. Poco a poco, no miraran, que con los golpes inquietan el sueño de la Malicia, por cuanto dormir pudiera mucho tiempo? ay qué visiones! hombre, no tienes vergüenza de estar delante de Dios desnudo? . Malicia fiera, hija de nuestro pecado, bien te burlas de mi afrenta: de mí mismo me avergüenzo. . Yo me afrento de mí misma. Árboles, no le neguéis las hojas a mi vergüenza, a mi temor vuestros ramos, y a mi desnudez cortezas. Qué sombra habrá, que me ampare? Qué gruta, que me consienta? Por qué no vas al Palacio de tu amiga la Culebra? Ay de mí, que inobediente abrí a la muerte las puertas: los animales, las aves, que antes domésticos eran, con gemidos, y amenazas me ahogan, y me amedrentan: la tierra produce espinas, que crueles me penetran: las fuentes, y los arroyos ya murmuran mi flaqueza: no hay cosa, que no me enoje, las inanimadas piedras se levantan contra mí, y en mi pecado tropiezan: con hambre, y con sed me aflige mi propia naturaleza: pero quien ofende a Dios, bien es, que todo le ofenda, y muera como traidor, quien como villano peca. Señor, suspended la ira. Cómo quieres que suspenda el brazo de su justicia con las manos en la ofensa? Adán. Ay triste de mí! Clemencia, Señor, clemencia. Adán, dónde estás. . Señor, oculto, por la vergüenza que me causa estar desnudo en vuestra santa presencia. Quién te ha dicho que lo estabas? Mi malicia. . Si no hubiera comido del fruto, que te vedó mi Providencia, ni tú ahora te sonrojaras, ni lo hubiera dicho ella. Yo, Señor, de vuestra mano recibí esta compañera; me ofreció la fruta, y comi por no entristecerla. Y tú, por qué no observaste lo que tu esposo te ordena? Señor, porque la Serpiente atractiva, y lisonjera, válida de mi deseo, me engañó; tened clemencia, no permitáis ofendido, que vuestras hechuras mueran. Infelices reos, oiga vuestra culpa la sentencia: Tú, porque has armado lazos s contra la poca experiencia de la mujer, entre todos los animales, y bestias maldita serás, y siempre arrastrada por la tierra, ella será tu comida el tiempo que permanezcas: entre la mujer, y tú, y entre ambas descendencias, serán irreconciliables, y continuas las contiendas. Y por fin, habrá tan poderosa, y excella, que destruirá tu poder, y pisará tu cabeza. Tú, mujer, que habías de dar sin trabajo, ni dolencia, hijos al mundo, desde hoy, después de verte sujeta a una penosa preñez, darás con ansias inmensas a luz tus hijos, en cuya inalterable sentencia se comprenderán tus hijas, como en la de la obediencia a vuestros maridos, que aunque tan solo ser deba sujeción, tal vez será esclavitud tan violenta, que tenga sobre tirana la pensión de lo perpetua. Tú, Adán, porque preferiste la temporal complacencia de tu esposa, desterrado saldrás de esta estancia bella: con el sudor de tu rostro regarás antes la tierra, que provida te alimente con el pan, y con la hierba; hasta que por fin de muchos desconsuelos, y miserias, sujeto a la muerte, polvo como antes te conviertas, pagando el tributo, que debe tu cuerpo a la tierra, puesto que para formarte subministró la materia. Pues no permitáis, Señor, que vuestra hechura perezca, hasta que el llanto os aplaque; y caiga la penitencia sobre mí, no sobre toda la común naturaleza. Padre moral fuiste, y toda tu prole nacerá expuesta, en pecado concibida, a trabajos, y miserias comprometida en tu error; y porque mejor lo veas, Profecia? me quieres? Que en alegórica idéa representes a los dos las tristes comunes quejas, con que en sus afanes todos los hombres, que al mundo vengan, sufrirán del primer Padre la primera inobediencia. Disculpándome tus voces, con retóricas licencias correré el velo, que al tiempo futuro oculta. . Merezca ver, Señor, la luz del día. Para que más dolor tengas al ver el mal, que causastes, vuelve la vista a esa scena, y sus lágrimas atiende, pues eres la causa de ellas. 4. Naturaleza humana, sufre, trabaja, y pena, pues de Adán fiadora contrajiste la deuda. Quién por no verlo cegara! Qué ansia! qué dolor! qué pena! Amada Inocencia mía, dónde estás? . A la otra puerta: llámala recio, que es sorda, o es como la vergüenza, que una vez perdida, tarde le recobra: pobre de ella, que entre todos anda, y nadie hay en tantos, que la quiera. Qué dices de tu error, hombre? Dónde hallará la agudeza expresión, con que declare daño tan grande? . Y aún resta entre esta tropa, otra tropa de inclinaciones perversas, a que como hijo de Adán se incline el hombre, ten cuenta: El latrocinio, adulterio, la injusticia, la soberbia, el homicidio, la infamia, la avaricia, la bajeza, la codicia, el deshonor, el maleficio, la guerra, la guía, el engaño, el pleito, la lujuria, la pereza, fin los efectos, que al hombre conaturales le sean, que, o le quitarán la vida, o se la harán más molesta. Por cuanto, Malicia, fuiste quién me adelantó la pena! De un malicioso no esperes jamás una intención buena. A dónde iré, que no escuche sus voces, y que no vea sus lágrimas? . Dónde, Cielos, me ocultaré de mí misma? En cualquier parte el infuso cuidado de mi asistencia ha de seguirte, animando tu aliento a la penitencia, que satisfaga el delito en la parte que tus fuerzas alcancen. . Pues si hay remedio, que en alguna parte pueda satisfacer nuestras culpas, vamos, mujer, a dar muestras de nuestro arrepentimiento. Vamos, Adán. . Vamos, Eva. A sentir. . A padecer. A pedir a Dios clemencia. Y en tanto, que del perdón abre su piedad las puertas::- Y en tanto, que del auxilio los impulsos nos franquea::- Digamos con esas sombras, que el daño nos representan::- , . Naturaleza humana, tan ta ea ta t cl SEGUNDA RNADA
JORNADA SEGUNDA
Oh quién pudiera, al son de sus suspi- cantar pesares, divertir dolores, (ros, bombas del corazón, del alma tiros! Oh quién supiera divertir temores, ico mejor entendimiento, instrumento de penas interiores! Oh tú, viviente luz del Firmamen galán de parálelos retorcidos, anímate a sentir lo que yo siento! Oh vosotros, Planetas escondidos, lúminares del Orbe trasparente, oíd mi llanto, si tenéis oídos! Llorad, ojos, llorad, pues lentame la vida, como fábrica de abeja, se rinde al Sol, de donde tuvo oriene Al solio de la luz suba mi queja y al trono de este mundo baje el lla pues el carro triunfal delira, y ceja. No el discurso moral oprima cuano ostenta el argumento prevenido, pues trae su origen de lo justo, y fanto Oígame el sabio, escuche el entendido repare el docto, atiéndame el prudena, este con juicio, el otro con oído. Para qué vine al mundo? si en la fun del agua original vi mi pecado, narciso natural de su accidente, antes de ver la luz fue sepultado, y antes de ver el rostro a la fortuna me atropelló su rueda por estado. Para qué vine al mundo? si en la cin me alimentó el dolor, me amó la pena hidra de los pesares importuna; si mi Inocencia descubrió la vena de espíritu vital se abrase el rido. Si el propio merecer no me condena, si es vida artificial haber nacido, nacer para vivir, no será vida, sino amago de aliento retraído. Ya la especie mortal va de caída con la memoria de feliz ventura, aún antes, que lograda, mal perdida ya me llama la horrenda sepultura, alcázar del laurel, y del arado, morada la más cierta, y más segura esta casa alcancé por mi pecado; o quién nunca pecara, o quién pudiea excusar este albergue inanimado! Ay de mí! que he de verme en una es deshecha en polvo, donde no hay sentir aquí de mi paciencia verdadera. Aquí de mi valor: justicia pido contra el sejo cruel afemino que mi primer blasón puso en olvido: en el huerto de Eden me ha condenado un apetito, una ignorancia, un gusto, una mujer, ya dije mi pecado. Adán, señor, suspende ya el disgusto, pues aunque temple a Dios el desconsuelo, cada lágrima tuya en mí es un susto. Déjame, que suspire, suba al Cielo mi llanto en dolorosa competencia, y taladre mi pena el azul velo. Apelo a la Divina Omnipotencia, y de este original pecado pido ante el propio Juez nueva sentencia. Yo no intento, que dejes afligido de aplacar al Señor con tu quebranto; pero quisiera ver interrumpido alguna vez con el sosiego el llanto. Eva, de esta misma tierra me formó Dios con sus manos, y en ella por mejor guerra mis pensamientos livianos con justa razón destierra. Aquí en Hebrón desterrado del Paraiso perdido a la vista me ha dejado, para aumentar el sentido con la pena del pecado. Nuestro ordinario sudor, exhalado de las venas, es el pan del Pecador; ya nuestros bienes son penas, y nuestro caudal dolor. Cuarenta años ha, que vemos el pan perdido llorado, y los hijos que tenemos, esclavos son del pecado, aunque en distintos extremos. Justo es, Adán, que no ignore culpa que ha sido tan mía, y mi suerte no mejore, llegando a ver cada día lo que perdí, y que lo llore: que si el arrepentimiento vale el día del perdón, consortes del sentimiento mis lágrimas en Hebrón diluvios serán sin cuento. Y tanto me arrepentí, que entre mortales enojos, al Señor perdí, no oso levantar los ojos al Cielo, a quien ofendí. Con todo, al lugar sagrado probar quiero a entrar por ver si Dios se ha desenojado, pues su piadoso poder es mayor, que mi pecado. No, esposo, que aunque a las peñas rompe el llanto en la Oración, sin fundamento te empeñas, que nuestras lágrimas son satisfacciones pequeñas. Infinita fue la culpa de nuestro aleve desprecio, y en tu corazón te culpa, que ha de ser también el precio infinito a la disculpa. Infinita es la piedad de Dios, llegar es mejor, que si es Sol su Majestad, con los rayos de su amor se deshará mi maldad. Llega, esposa, prenda amada. Para que no entréis los dos, del Paraso a la entrada ha puesto de guardia Dios un Querubín, y una espada. Quién cuando fue dichoso no supo mantenerse, es bien que sus fortunas las pierda para siempre. Huye, Adan infelice, que este sitio no le vuelve a ganar quien le ha perdido. Ay de mí! (esposa) ay de mí! que a la Majestad inmensa segunda vez ofendí; pues con fácil recompensa me atrevo a llegar aquí. Segunda vez ofendida justamente viene a estar: hay esperanza perdida. Lo que conviene es llorar lo restante de la vida. Yo aseguro, dulce esposo, que, según nuestro pecado, no ha andado muy riguroso Dios, pues hijos nos ha dado, de nuestra quietud reposo: y de haber de perdonarlos son señales evidentes bastantes a consolarlos, pues no diera descendientes solo para condenarlos. Templará de Dios la ira el justo temor de Dios. Ay Eva! que de los dos soberbio el uno me admira: Abel, humilde, apacible, es a mi amor agradable; pero Caín, intratable, precipitado, y terrible. Su condición inhumana, sin duda, por mi tormento, la causa el desabrimiento del sabor de la manzana. Ya vienen. . Qué diferencia halla en los dos mi caricia, del uno con la Malicia, del otro con la Inocencia. Manía es ya repetida de mi padre: hasta cuando nos hemos de estar llorando? hay más de perder la vida? Si a nuestra culpa, señor, nuestro llanto se midiera, apenas lugar hubiera, que no ocupara el dolor. Caín mío? hijo amado? qué tienes? cómo estás hoy? Cómo he de estar? bueno estoy, aunque de vivir cansado. Qué tales desabrimientos tienes de gastar conmigo! sé ha de hacer, si no es amigo el mozo de cumplimientos? Dios te tenga de su mano. O yo me sabré tener. Sin él, Caín, es caer todo fundamento humano. Bien sabe corresponderme a lo que le dio con él; soberbia fue de Luzbel decir, yo sabré tenerme. Abel mío? . Madre amada? Estás muy bueno? . Pues no mejor que merezco yo. Qué humildad tan agraciada! Es bueno, y muy devotito: dos horas a noche, o tres pasó rezando, después de merendar un cabrito. Diz que se muere el ganado? Eso es mejor interés, que Dios da ciento después, por uno que se ha llevado: dame a besar, madre mía, la mano. . Y mi bendición con ella: qué inclinación! Qué cansada hipocresía! Hágate Dios tan dichoso, que cubra de tus ganados los montes, y los collados en fruto siempre copioso. Tanto amor tanta temeza, tanto Abel? eso quiere él: no hay en casa más que Abel, en él se acaba, y empieza. Que tiene Abel más que yo si es Pastor de sus ganados, esos montes, y esos prados les dan de comer, que él no Yo, que cultivo la tierra, y para que dé su fruto, del ordinario tributo estoy en perpetua guerra con el hazadón, y arado, sé, qué es padecer, y que cuando Dios me lo dé, lo tengo bien trabajado. Que bien sabe las lecciones, que a su Malicia prevengo: o discípulo te bel de soberbias, y ambiciones. Él, regalado, y servido, sin trabajo alegre pasa, y yo con él en mi casa soy malo, y aborrecido. El trabajo, y el sudor de los dos, es bien que cuentes, que como el mío no sientes, juzgas el tuyo mayor. Si quejoso de mí estás, como hermano, y como amigo parte trabajos conmigo de los que te cansan más; no es necesario decirte, que más pequeño nací: descansa, y mándame a mí, que gustaré de servirte. Caín, hijo, teme a Dios. Yo he de pagar lo que hicisteis supuesto que le ofendisteis? vos, Padre, temedle, vos. Lloren ellos que son viejos, y ofendieron al Señor. Di, que te traten mejor, y te den menos consejos: dales fieros testimonios de tus iras arrogantes, que ya llorarás, si antes no te llevan mil demonios. Vos le tenéis ofendido, temedle vos por los dos; por qué he de pagar a Dios yo lo que nunca he comido? Dices mal; porque los bienes de nuestros Padres gozamos, también su culpa heredamos. Qué poca razón, que tienes! Monte, y tierra cultivada debemos a Dios los dos. Tú le deberás a Dios, que yo no le debo nada. A mi trabajo le debo estos frutos que me da, que él en su Cielo se está, y yo por jornal lo llevo. Pues si Dios no te enviara su rocío, y no lloviera? Cuando no lloviera, diera lluvia el sudor de mi cara. a al hombre, que nace, no es deuda, en que a Dios le estamos? Pues por eso le llamamos Dios, y su negocio hace. Tal dices? . En qué pequé? Debes a Dios, que quisiera hacerte hombre. . No me hiciera, que yo no se lo rogué. Pues fuera mejor hacerte una bestia irracional? Si en la vida soy igual, serlo quisiera en la muerte. Eso dices? no conoces, que debes a su clemencia el sufrirte con paciencia esas ofensas atroces? Caín, pues le has ofendido, ve, y desenoja al Señor; sacrifica lo mejor, humilde, y agradecido. El otro? ya yo le escucho responder por el atajo, que si se ajusta el trabajo, tiene Dios que darle mucho. No tiene cara Caín de hacer cosa de provecho. Qué merced a mí me ha hecho, para que le ofrezca? en fin, si en eso está que le obligue, sacrificaré; mas no porque me dé, ni me dio; para que no me castigue, de las mieses le daré. Mira, que sean las mejores. Claro está: y con las peores para mí me quedaré? Come Dios? . No. Pues es llano, que basta ya que le ofrezca mies, que con grano parezca, aunque nunca tenga grano. En este, sí, se ha lucido cuanto mi astucia influyó; todo el aire me cogió, vano, y desagradecido. A Abel preguntarle quiero: . y tú, Abel, qué has de ofrecer? Quisiera el otro traer una alma en cada Cordero, y en repetidas finezas hasta mil reses juntar, solo por sacrificar mil almas en mil cabezas. Madre, a Diós, a quien adora mi alma, pienso ofrecer Corderos, que pueden ser blanco bellón de la Aurora; porque en su esplendor confío, que el Sol con alegre salva echará al salir el Alba perlas de oro por rocío. Corderos blancos daré, porque conozca el Señor, en cándideces, mi amor, y en mansedumbres, mi fe: vamos, que ya Dios espera con sacrificio a los dos. Pensara que no era Dios, si tu ofrenda recibiera. Ea, astucias, a triunfar, que por medio de Caín he de conseguir el fin, que en Abel no he de lograr. . Tanto tu quietud me admira, como su desenfrenado rigor: hay hijo, engendrado en los brazos de la ira! Padre soy, téngole amor, y tanto, que condolido, porque le miro perdido, le quiero con más dolor. Inocencia, dónde vas? no te puedes detener? Y para eso es menester agarrarme por detrás? Solo fue para avisarte. Avisar con la palabra, que más tonta es una cabra, y vuelve sobre la parte. Ya que tu voz me corrige, no te he dicho tal vez yo lo bien que te quiero? . No. Pues haz cuenta que lo dije. Y qué he de hacer con creello? Servirme bien, contemplarme, animarme, y regalarme. sacar yo de ello? El verte de mi servida con afecto enamorado; yo cuidaré tu ganado, te llevaré la comida: no es muy mal partido, no, el que te ofrezco. . Oye usted, por qué tanta merced a una pobre, como yo? Porque te amo, y te quiero. Y qué son querer, y amar? Tiene mucho que contar, pero escucha: lo primero es un aquel, que se pone éncima del corazón; no se sabe la razón, pero luego se supone: tan apriesa tiene tos, como tiene hipocondría, ya se arde, ya se enfría. Malas nuevas te dé Dios, que no quiero escuchar más: es ese bien, o tormento? Falta lo mejor del cuento; oye otro poco, y verás: el que tiene inclinación, es bizarro, y arrogante, y procura que el semblante conquiste su galardón: los ojos, por más despojos, lleva abiertos::- . Ya lo infiero: Calla, calla, que no quiero, que se me abran más los ojos, ni escucharte más mentiras. Yo mentirte, mi bien, cuando Vaya, me estás engañando. Verdad es cuanto en mi miras Cuanto miro yo lo creo, si, Malicia, de eso mucho, que es mentira lo que escucho, es verdad, cuanto en ti veo. Adiós, que si sabe Abel, que me detuve contigo, será grande mi castigo. Pues qué te se da a ti de Estoy con él bien hallada. Mira, si a Caín sirvieras, y. conmigo te vinieras, serías más regalada, trabajo; con cariño, y porque él es un Ángelito: no tene vicio maldito, sino todos a destajo. Solo es soberbio, ambicioso, iracundo, muy mordaz, blasfemador, necio, audaz, rano, glotón, y envidioso. No tiene de racional sino solamente el nombre; pero en esta vida un hombre nunca puede ser cabal. Eso es cierto; mas Abel es en todo muy cumplido: oye, sino lo has sabido, lo que me pasa con él. Por la mañana dice tempranito: ola, Inocencia, ya baló el Cabrito; aplica tanto oído mi eficacía, yoigo, que hace, be, be, con mucha gracia: levantémonos, dice, que es de día, a dar gracias a Dios, de que lo envía: vamos al campo así medio dormidos, y hallamos los Corderos ya vestidos, almorzando un gran plato de menestra, que les da el campo en su feraz palestra: echa su bendición al ganadito, después mirando al Cielo de hito en hito, se está dos, o tres horas hecho un bobo; yo me pongo a temblar, porque oigo un lobo, que hace bú, bú, para meterme miedo; salta el perro, gua, gua, y él se está quedo: vuelve en si Abel, y al lobo doy dos higas, y nos comemos un perol de migas. La tripa ya llena de sopa de leche, para que aproveche con paz muy serena me pongo a cantar. Con él sus, sus, sus de los árboles, y el pí, pí, pí, de los pájaros, cantando juguetes, y pastorelirlas, . viviendo contenta, yo misma las bailo, tas, carras, tras, que el ganado se alegra, quetrás, carras, tras, que a la fuente se llega: la honda desciño, levanto el cabado, le amago, le riño, y con desenfado le voy a guiar. A fe, que esa es m los dos tenemos. En eso no hay duda alguna; pero los dos a este puesto vienen a hacer la deshecha. Pues tú quieres, me convengo: a Diós, Inocencia simple. Adiós, Malicia embustero. . Influjo maligno, ahora es el más preciso tiempo de que asistan invisibles a Caín tus ardimientos. No logre del Sacrificio el soberano provecho, que acaso enmiende su vida; sino prosiga protervo, ya que le haga, en la tibieza, desidia, y poco respeto a Dios; pues en eso estriba, que yo logre, por lo menos, de la causa de mis iras la mitad de los efectos. Invisible he de asistirle, porque no haga nada bueno. . Abel, señor, dónde vas? No lo discurres? . No, cierto. A dar a Dios esta ofrenda de mis bienes, siendo en esto reconocida criatura del ser, que a sus manos debo. Dónde vas, Caín? . A dar a estas cuatro pajas fuego; solo porque dicen, que es señal de agradecimiento. Para todo un Dios, a fe que es el regalo estupendo: pero tal tendrás la paga. Vete, y ara tú aquel cerro, en tanto que sacrifico. Cuida del ganado nuestro, Inocencia, en tanto que a Diós la víctima ofrezco. ro, Si has de ser siempre bizarr forzoso es que trabajemos. Déjame, que al corderito antes le dé cuatro besos; pobrecito, antes con antes te llevan al matadero: hijo mío de mi vida. Por qué haces esos extremos? Porque es natural sentirlo, que le he criado a mis pechos. Ve, y cuida de los demás. Les diré dos mil requiebros, sino me muero de pena al encontrar uno menos. En señal de que soy hombre, que rompo a la tierra el centro, partiré con Dios el fruto, que a mi trabajo le debo. Este manojo de espigas os doy, Señor; si es acepto a vuestros ojos, tomadle, que bien sé que satisfecho estáis de que yo trabajo, para ganar mi sustento. Todo me cuesta sudor; si vida me dais, es cierto, que con pensión tan pesada es como tenerla a censo. De que os agrade mi ofrenda será señal ver el fuego, que de vuestras manos baje, y al contrario, de no verlo pensaré, que no os agrada; pero al fin yo, por lo menos, cumplo con dejarlo ahí. Señor Divino, y Eterno, en cuya presencia estoy, y a cuyo poder sujetos los más altos Querubines están temblando suspensos; con razón os llaman Santo, Poderoso, Fuerte, Inmenso, Amable, Sabio, Piadoso, Inefable, justo, y Recto, no solo las Gerarquías de los Espíritus bellos, que en vuestro amor abrasadas os asisten compitiendo; sino las criaturas todas, los formados elementos, nto bien del hombre: con lenguas de fuego, el Fuego, aplicando su materia, razones forma, y requiebros, que para con Vos, Señor, sus llamas son de amor tierno: el Aire, de lenguas falto, con reconocido afecto voces de las aves guía, y os ofrece dulces ecos: el Mar, que en crecientes ondas dúplica montes excelsos, siendo a su ferocidad vuestro nombre blando freno, con regalada armonía rompe sus cristales bellos; porque la lengua del agua os asabe obedeciendo: la Tierra os bendice a voces, pues da en sus fértiles senos una lengua en cada espina, en cada flor un concepto. Pues, Señor, si todos dicen quien sois, yo que a estaros vengo mas que todos obligado, os consagro este Cordero en humilde Sacrificio, de mi ganado el más bello. Recibid en él mi amor, en él os doy lo que puedo de mi pequeño caudal, aunque grande por ser vuestro: no porque premio me deis, ni porque el castigo temo, sino por ser Vos tan digno de mi reconocimiento. Abel dichoso, Dios ha recibi tu eficaz amoroso ofrecimiento; tus rebaños en número crecidos verás fecundizar de ciento en ciento que solo la piedad de Dios mero aquel que sus piedades agradece La llama, que consume de tu fervor ardiente, es premio Celestial: clamen a Dios tus votos con finceros anhelos, y espera de los Cielos mayor felicidad. Señor, indigno me honráis, tanto favor no merezco. Para la ofrenda de Abel solamente ha de haber fuego? Bien digo yo, que es muy poco siempre lo que a Dios le debo. Abel? Hermano querido? Con qué Dios oyó tus ruegos? fue tu ofrenda recibida, y tu Sacrificio acepto? Pues también lo será el tuyo, que Dios es piadoso dueño. Para conmigo no mucho. Cómo no? . Nunca me ha hecho sino desprecios, y agravios, no sé, porque no lo entiendo: Dime, es justicia criarnos hijos de unos padres mismos para hacerte a ti favores, y a mi agravios, y desprecios? Nunca faltó a su palabra; sírvele con fino pecho, y verás como recibe tu ofrenda. . Enfadado vuelvo con Abel del Sacrificio, de ver su humildad me ofendo; todas sus cosas me cansan, sus dichas me tienen muerto: Vive Dios, que le he de hacer un pesar. . Te vas? . Ya vuelvo. Mira, que juntos venimos, y juntos es bien que demos la vuelta. . Espérame aquí, que no tardaré un momento en volver. . Iré contigo? No vengas. . Aquí te espero. Con que disgusto le miro! Con qué temor le respeto! . Por ofenderle me abraso. . Rogaré a Dios por su acierto. Señor mostraos más piadoso con mi hermano, que si necio, e ingrato, no corresponde al favor que le habéis hecho; bien es, que en vuestra piedad halle su quietud remedio. Ablandad su corazón con favores, dadle aumentos, y en mi emplead los castigos, que tan merecidos tengo. Presto me trajo la envidia. Con bien vengas. . Vine presto? Sí, hermano, aunque amor juzgaba un siglo cada momento. Pues yo te pagaré ahora . esa voluntad. . Qué es esto, hermano? . No soy hermano. Qué ansia nueva es esta, Cielos! yo muero, Dios sea conmigo. Señor, perdonad mis yerros, y perdonad a Caín: mi muerte, si acaso es esto morir. Adán, madre mía, Caín mío, en qué te ofendo, para que así me maltrates? por qué me faltas, aliento? vista, por qué te perturbas? ay de mí! que ya no puedo pronunciar: Adán, Dios mío, madre, perdonad mis yerros, a mi Caín, ay de mí! adios. En sangre cubierto su rostro, ya el suelo baña: Qué temeroso se ha puesto! Abel? Abel? no responde: como si los golpes fueron en la cabeza, faltó a la lengua el movimiento, el oír a los oídos, y a los ojos luz? qué es esto? ningún movimiento tiene; . esto, sin duda, es ser muerto. Maté a Abel (terrible culpa!) yo soy el hombre primero, que abrió a la muerte la puerta del mundo (lance tremendo!) Caín, dónde está tu hermano? Esta voz turbado temo: Qué sé yo? soy yo la guarda ni yo tengo dar cuenta la obligación de Pues hasta el Trono excelso del Señor clama la sangre, que tiñe ese prado bello. Maldito sobre la tierra serás por siempre, supuesto, que la precisaste a abrir para el sepulcro su seno: como mal aventurado vagamundo en los desiertos tendrás cosechas de espinas, de amarguras sustento. Y ay de ti, si el temporal castigo, que te prevengo, con humildad no toleras, para evitar el eterno. Aquesta es la voz de Dios, cuyo justo rigor temo: Malicia mía? Qué quieres? Que me ayudes, y cortemos ramos, con que este cadáver a los ojos ocultemos de nuestros padres. . Yo? . Sí. Dígole a usted que no quiero, porque si en esta función hay algún sepulturero, sobre antiguedad de oficios a todos les pondrá pleito. Así esconderé mi culpa. Pues yo sé que vendrá tiempo, en que sea el ramo señal de resucitar los muertos. Mucho sabes. . Soy Malicia, y adelanto que reviento. Caín, qué es de Abel? Qué sé yo? Oye, aguarda, escucha, necio, que adelantas la respuesta. Que sé yo de Abel? Qué es esto? Qué sé yo? qué sé yo de él? Nosotros nada sabemos; pero creemos que ha ido a merendar con su Avuelo. Qué dices? . Qué sé yo de él? e vuestro temor infiero algún desastrado caso, algún infeliz suceso: Abel, hijo, Abel, bien mío. Mire usted al lado derecho, y luego sobre la izquierda donde vive el Zapatero, que os calzó en el Paraiso. Abel mío? sordo eco, aún tú me niegas su nombre, porque no haya ese consuelo? Que te quemás, que te quemás Señor, él volverá presto. Dónde fue? Qué sé yo de él? Orrio: mire usted, Avuelo, no se acerque a aquellos ramos, si tiene miedo a los muertos. Entre ellos, qué puede haber? mas ay de mí! pobre viejo! no es este? él es; muerto está o terrible desconsuelo! Hijo. de mi corazón, luz de mis ojos, remedio de mi vejez, cómo estás? por qué delito se ha hecho contigo tal crueldad, siendo tu manso cordero, en la condición afable, sencillo en los pensamientos? Pero ya sé, hijo querido, que Dios te guarda en su Seno, porque no hubiese en el mundo sin ti cosa de provecho; y porque fueses también el riguroso instrumento de mi castigo (ay de mí!) que más desdichas merezco. si mi culpa te impide Y gozar de bienes inmensos, pídele a Dios no dilate la ejecución del remedio: mas ay! que su madre viene; cubrirle mucho más quiero, que la matará el dolor si acaso llegase a verlo. Adán, esposo, qué hacéis? ros habéis encontrado a ver el ganado ijos con mi licencia se fueron: ea, vámonos de aquí, que yo: si:: que sí:: luego. Qué tenéis, que estáis turbado? algún grave mal sospecho. d. Vámonos, que ya vendrán. Cómo? si hasta aquí vinieron, según dice la Inocencia. Allí en aquellos dos cerros quedaron sacrificando. . Vos lloráis? Adán, qué es esto? No es sino que Abel:: no es nada. Cómo que Abel? decid presto, no me deis, si he de apurar con tal fatiga el veneno. No es nada, vamos de aquí. Pues, y mi Abel? Está muerto, y no quiere hablar palabra: tiene algunos chistes buenos. Qué dices? ay hijo mío! echó mi mal todo el resto. . Qué irracional, qué fiera, hijo de mis entrañas, ha cortado de vuestra primavera la flor hermosa, que alegraba el prado, y para darme enojos apagó las lumbreras de tus ojos? Qué León inhumano, de las rapantes uñas prevenido; qué odioso Tigre Hircano, o qué tirano Toro, que ofendido débora la campaña, usó tanto rigor, tan fiera saña? Mas ay! que su fiereza vuestra mansa humildad domesticaba, viendo vuestra belleza el animal más fiero se humillaba, que a prendas, y obras tales tienen amor las fieras, y animales. No hay fiera tan ingrata, que esto pueda haber hecho; y así es llano, querido Abel, que os mata la fiera envidia de un odioso hermano, hijo de inobediencia, mas de sus padres aprendió la ciencia! Ya no queda consuelo a mi destierro, y penas dilatadas: con lágrimas dos veces derramadas, pues que por mí la muerte hizo en vos la primera amarga suerte. Oh bárbaro delito! el primero, que el mundo en poca gente con sangre ha visto escrito, y con sangre (ay de mí!) de un inocente, vertida por la mano de un fratricida, de un injusto hermano. Abel, hijo querido, recibe, si es posible con mi aliento, la vida, que has perdido: mi espíritu recibe, y movimiento; pues bien de todos fuera, que tu alentases, y que yo muriera. Si después que te has muerto . nunca me has de querer, ay de mí triste! Deja el cadáver hierto, Eva querida, y el pesar resiste; y pues nuestra es la culpa, sea parte el dolor de la disculpa. Déjame de él asida, o he de morir con él, o he de matarme. Dios, que le dio la vida, se la quitó. . El quiera consolarme, y admitir mi obediencia en pago de la antigua negligencia. Si consolará, y en pago dé tu tolerancia, quiere alentar tus desconsuelos con soberanas especies solo a su amor reservadas: habla, Profecia, atiende. Como al infinito daño era preciso, que fuese satisfacción infinita la que su rigor enmiende, desde abeterno previno, que el hombre, a quien engrandece, aunque tirano le ofenda, amoroso le remedie su perdón, si pesaroso alguna vez de ofenderle, a pulsar de sus piedades las tiernas aldabas llegue. Prevén al mayor prodigio de la Omnipotencia u rato tus admiraciones, y en mentales accidentes adora al Hijo de Dios, que de los Cielos desciende, y tomando came humana, sufre, tolera, y padece, por remediar tus delitos, Pasión, y afrentosa Muerte: vuelve los ojos del alma, para que le reverencies. A tanto asombro diré, que fue dichosa mil veces mi culpa, cuando por ella el mismo Dios se presente al Mundo. . Y qué pobrecito echadito en un pesebre, y tiritando de frío. Oh Señor, y quién pudiese aliviar vuestras fatigas, ya que parte ser no puede, para que lo que por sí erró, por sí misma enmiende! Como el mundo no celebra esta venturosa suerte? Porque tan desconocido del mundo a su amparo viene, que solo pobres Pastores son los que con sencilleces, festivamente gozosos, permite que le celebren: mira con qué regocijo sus corazones le ofrecen. 4. A la luz, que ilustrando los cam- no apaga la nieve, (pos, cantemos festivos solares placeres. A la flor, que el Diciembre produce, y de noche florece::- 4. Cantemos festivos, A la estrella, que a sombras se mira tan resplandeciente::- 4. Cantemos festivos, Al Infante, que Reyes visitan por Rey de los Reyes::- 4. Cantemos festivos, Pastores, vaya, que lo merece, vamos a la Cabaña para traerle rosquillas, corderos, tortas, y leche: vaya, Pastores, vaya, que lo merece: y en tanto, que venimos, decid alegres. A la luz, que ilustrando, . Ay, que se van los Pastores. Qué querías? . No se fuesen. Solo Pastores humildes, y tres peregrinos Reyes, que vendrán a visitarle de las campañas de Oriente, serán los que le acompañen a él, y a su Santa siempre Virgen Madre, exceptuada de tus hijos solamente del original tributo; pero aún la remota especie de su venida, le hará perseguido, sin que dejen de atormentarle en su Vida los humanos accidentes; y cuando treinta y tres años en su edad florida cuente, los que antes fueron afanes, o pensiones de viviente, en su Sacra Humanidad serán martirios crueles. Por ti rogará a su Padre, hasta que todos confiesen, que el Hijo de Dios por el género humano fallece, hasta que al tercero día glorioso, y resplandeciente resucite, y descendiendo al Seno, donde mantiene depositadas las almas de tus justos descendientes, en Ley Natural, y Escrita, los saque de él, y los lleve de temporales trabajos descansar para siempre: entre ellos, Abel tu hijo, ve el primer derecho adquiere la Corona de Martir, que los Ángeles previenen a su llegada, en el día que el Señor con ello este Alcázar, donde por siglos de siglos reine. a. Señor, pues de los justos eres corona, y suerte, sa- libra a todos del lazo, que el mundo les previene. Admira, dichoso Padre, después de lo que a Dios debes, lo que después de tus días, si en su amor permanecieses, tienes que esperar: prosigue pesaroso, y penitente en conquistar de su gracia los nunca secos laureles. Señor, gracias infinitas os doy por vuestras clementes finezas: o quién supiera explicar lo que pretende, desenojar vuestras iras, y agradaros de tal suerte, que hubiera parte con Vos en ese Alcázar Celeste. Dichoso mi desconsuelo, cuando por vos llego a verme la madre más consolada: o feliz hijo, que tienes la corona asegurada! y hay de nosotros, que entre los peligros de este mundo el mayor inconveniente de nuestra naturaleza, que es el peligro más fuerte, puesta en Dios la confianza bien es, que el desmayo aliente. No es menos favorecido de la mano Omnipotente el pecador, que conoce sus culpas, y se arrepiente. Pues con tan justa esperanza::- Con favor tan evidente::- Eva, a pedir al Señor nos de auxilios para verle. Adán, ambos le pidamos, que con nuestro hijo nos lleve. Norabuena, ya que yo, ve mi Abel se muere, vivo, porque la Comedia sin graciosa no se quede. Y en tanto que llega el tiempo de que merezcamos fieles en el mejor Paraiso alabarle eternamente::- Implorando sus piedades digamos una, y mil veces::- Señor, pues de los justos, ela taa t
JORNADA TERCERA
Pues Adán, y Eva su esposa i vienen a nuestras Regiones, entonemos en su aplauso festivas dulces canciones, y en su obsequio digamos acordes: Que vivan, y reinen en los corazones. Mejor dijeras que giman, voz, que la clausura rompes de mis penas, por hacerlas con tus cláusulas mayores. Maldijo Dios a Caín por el fratricidio enorme de Abel, obra de sus manos, objeto de mis pasiones. Huyó la santa doctrina de sus padres, siempre indócil, encomendando su vida desesperado a los montes. Diole Dios posteridad a sus vicios, tan conforme, que en ella afianzó el triunfo más grande de mis blasones. Maldito de Dios discurre, enemigo de los hombres, despreciando las Divinas Sagradas inspiraciones: mas ay! que aunque su delito cuantos le ven roconocen, maldice Dios al que fuere su homicida, dando al torpe lugar para arrepentirse, tiempo para que llore. Aprecie tanta piedad, solo a fin de que no logre, aún en el hombre más malo, vengativas intenciones: y más ahora, que Adán, como dicen esas voces, viene a verle; pues no dudo, que cuando no se malogren mis intentos con el dulce imán de las persuasiones, que le haga el temor santo; en Cain ya se interpone otro estorbo a su ruina, que la dilate, o la estorbe. Pero no importa, no importa, que con cautelas mayores yo de su mismo albedrío me valdré, y haré que borre de su memoria la imagen de tantas obligaciones. Yo haré, que a si se aborrezca, y con desesperaciones desconfíe del perdón, y pida la muerte a voces. Yo haré, que de mi poder al Cielo Caín informe, cuando de los hombres vea que el uno de dos me toque. No soy el Rey de los vicios? no obligo a que me coronen de luz la estrellada frente los rayos, que el Sol compone? Pues apercibase el mundo, centellas de fuego arroje, arda el Mar, tiemble la tierra, brame el aire, y tema el Orbe: al arma, Espíritus fieros, hijos del miedo, y la noche, mi horrible voz os incite, y vuestro agravio os provoque. Venid conmigo, invisibles, dadme contra Adán furores, vibrad las feroces lenguas, exhalad veneno torpe, y sin que os turbe el festivo aplauso de esas canciones, siendo enemigos de Dios, sed asechanzas del hombre. 4. Pues Adán, y Eva, Míseros Nietos de Adán, en quien mi amor reconoce gusto, y pesares a un tiempo, que los afectos componen con la alegría de ver tan propagados los hombres, y las penas, de que crezcan, solo porque se malogren: yo agradezco la fineza de vuestras demostraciones; pero mejorad la letra en devotas oraciones al Autor de vuestra vida; pues es fuerza que se enoje, viendo que vuestra malicia con tantas desatenciones del Bienhechor olvidada, al que la alentó soborne. Ay hijos! faltos os veo de precisas instrucciones para vuestro bien: no en balde me trae a vuestras Regiones, mas que el amor de Caín, el ansia de que mejore la educación de sus hijos, que heredados de su torpe inclinación, sin doctrina, ni crianza, que le importe, viven por Dios, y a este Dio por quien viven, no conocen Yo me contento, con que no haga más de cien sermones Yo estorbaré sus in solamente con las voces de Caín, que acía este sitio se llega, dejando el monte. Hombres, matad a Ca Esta voz, que el aire romp no es de Caín? . Si fer Ay hijo mío! Qué horrores! hombres, sed piadosos con un hombre de sí mismo aborrecido. Cómo, si de Dios conoces la piedad, dices tal cosa? No te despeñen temores: oye, hijo, aguarda, espera; si es porque a aquel justo joven diste sin culpa la muerte, llora, hijo, y no malogres tras de la vida del cuerpo la del alma, que es más noble. No les faltaba a mis iras mas, que vuestras reprensiones. Caín, mira que es tu madre, que, a pesar de los rigores de senectud, y cansancio, viene, penetrando bosques, de Eden conmigo a tu vista: sujétate a las razones de mi agrado, y su cariño. Vuelve en ti, y a Dios implore tu penitencia, si quieres sosegar esos ardores de la ira, que a tu ruina precipita las pasiones. A buen tiempo te aconseja, cuando Dios ya no te oye. Qué horroroso está Caín! no ven qué cara que pone? No hay piedad para mi culpa en Dios, porque son mayores mis hierros, que su piedad, y que mi fe, mis temores. Hombres, matad a Caín, no permitáis tan mal hombre; pues no hay rayos en el Cielo por más rayos que le sobren. Hasta el Cielo es mi enemigo; basiliscos son las flores: los árboles me amenazan; cada hoja suya es un monte, que sobre mí se despeña: no hay cosa, que no me enoje, pues quiere Dios rigoroso que hasta mi sombra me asombre. Caín, repórtate un poco. No hay cosa que me reporte. Espera en Dios, Sumo Bien. Siempre sentí sus rigores. Ablándale con tu llanto. Ya no es posible que llore. Por qué, si eres hombre humano? Son mis entrañas de bronce. Pide perdón de tus culpas. Primero abrasado goce de las llamas del Infierno, que a tal humildad me postre. Hijo de mi corazón, tanto sudor no malogres; reconoce el Sumo Bien, y tus culpas reconoce, que aunque en número excediesen, graves, crueles, y atroces, a las arenas del Mar, a las estrellas del Orbe, hay en su piedad remedio. Déjame, mujer, no llores; nunca tus fieras entrañas, para tan graves dolores, me dieran el ser, que tengo, sujeto al común azote. Pluguiera a Dios, que al nacer fuera vívora, que rompe las entrañas, porque yo causara tu muerte entonces, en castigo de engendrar la criatura más enorme. Hombres, matad a Caín, que no es posible perdone Dios tan enormes delitos. Él, por quién es, te reporte. Ah, qué heredada desdicha! mis ojos es bien que informen de la pena, que padezco, a las fieras, y a los montes, acrecentando el dolor, con que eternamente lloren. Llantos aquí no se sufren, váyanse a llorar a donde no los vean, sino quieren oírnos decir acordes::- Pues Adán, y Eva su esposa, A los primeros Padres Adán, y Eva conformes ilustre el Sol con sus rayos, la Tierra con sus flores. 4. Y en su aplauso digamos acordes, Ea, callad, que se ofende de oír vuestra consonancia la razón, no solamente la grosera villana principal desatención, que hace a Dios esa alabanza vuestra, que a mí se dirige, pudiendo en Dios emplearla; sino por ver, que tan poco os deban las enseñanzas de los brutos, que negados aún a las doctrinas claras, que la misma Providencia enseña, sin estudiarlas, más bárbaros, que las fieras, procedáis en penas tantas. Qué bruto, cuando ve al padre en medio de la desgracia, no le socorre con quejas, y con alientos le ampara? Qué ave, cuando al hijuelo de su nido le arrebatan, en vez de dulces gorjeos, tristes endechas no canta? Que flor, cuando a su vecina se atreve la mano osada, no teme, que le suceda la misma suerte mañana? Qué arroyo no corre al Mar, a pagar de su infancia ser primero, y ansioso ordonde quiera que pasa, or pagarle el beneficio, va recogiendo las aguas? No hay en los cuatro elementos arroyo, fiera, ni planta, que al Criador no obedezca, y no ame a su semejanza: solo vosotros, haciendo donaire de la desgracia de vuestro Padre, olvidados de otra mayor, que es la falta de Fe, adiós, y a vuestro Padre abandonáis, en sus ansias a este, a Dios en el descuido; con que sin darle las gracias del beneficio, que os hace en daros ser, vida, y alma, vivís, malogrando el fin, para que vivís: ea, basta. Acudid a vuestro Padre Caín, rogadle que haga sus ianza para sí, y aún para toda su progenie dilatada. Dadme, hijos, este consuelo, que aunque el mío se afianza en mi amado Seth, deseo, como que todos sois ramas de este tronco, ya caduco, que no perezcan ajadas del Diciembre de la culpa, fin que el Mayo de la gracia las fecunde, hasta que lleguen lCielo sus esperanzas. Señor mío, como a ti todo el tiempo se te pasa en rezar, quieres que todos no se inclinen a contrarias tarées: pardiez que el mundo con eso se adelantara lindamente! aguarda un poco, verás quién más descansada vida tiene, aquel que reza, o el que inventa, y adelanta: ten un poco de paciencia, verás la ingeniosa raza de Caín, para provecho del hombre, cuanto trabaja. Yo, señor, y dueño mío viendo que cuanto la basta República de este mundo en si contiene, y abraza, tiene natural defensa, resguardo de quien la ultraja, ya con el pico las aves, ya la fiera con las garras, ya con espinas las flores, ya los frutos con ramas; que solamente el hombre, siendo el más noble, entre tantas criaturas, desarmado nació para su venganza, del hierro, que un hijo mío fábrica en aquella fragua, forjé, para defenderme, este peto, y esta lanza, para ofender a las fieras, a los hombres que me agra con el arco, y la saeta de la más altiva garza fustentarme de la caza. Qué ingenio tan rigoroso descubriste en esas armas, Lamech, no lo sabes bien; bastábale su guadaña a la muerte, sin buscar autilios, con que ayudarla. Anda, Lamech, y en las fieras solo tu invención ensaya, y te echo mi maldición, si con criatura humana usares de tus rigores. Solo haré lo que me mandas: voy a rendir a la fiera, que tenga más bien pintada la piel, para que te abrigue del rigor de las escarchas. Inocencia, mucho daño estas puntas aceradas para los futuros siglos previenen. . Lo que adelantas! Soy Malicia, no lo sabes de las otras dos Jornadas? La Inocencia vive alegre con solo aquello que alcanza. Por eso está la Inocencia las más veces alcanzada. De mi ninguno hace caso: yo voy con mi media espada. . Qué es esto, que dulce suena, y tanto al oído agrada, que alentando el corazón, a asomarse por él salta? Mire usted, señora madre, este es tambor, y esta es flauta: la música es mi invención, la tierra en sus huecas cañas me la enseñó, y en el viento las risueñas algazaras de las aves, cuando entonan sus gorgóritos al Alba: con que así vivo contento, que salga el Sol, o no salga, no me dan pena ninguna, ni nada me sobresalta. Mas piadosa es tu invención; pero nunca es acertada la que quita la memoria, que debe estar empleada solo en Dios. . Pues vaya un cuento, pasó esta mañana que haciendo este tamboril, que tiene donaire, y gracia. Habiendo puesto los parches, porque mejor se enjugaran, los puse al Sol, junto al pie de un Pino, en el cual estaba una Mona abriendo piñas; mas como vio que negaba el duro avariento fruto, pensó que era piedra blanca el tambor, y echó la piña para rompería, y quebrarla: rompió el parche, y coló dentro, y ella, que atenta miraba, por el agujero mismo tras de la piña se lanza: yo que vi el parche rompido, con el palo me llegaba; hizome un gesto, y paguela con machucarle la caspa: no tuvo favor ninguno, porque hay Monas desgraciadas, que aunque saben hacer gestos, nadie sus gestos alaba. Matela; y de su pellejo eché parches a la caja, dando ejemplo a toda Mona, que con el pellejo paga quien al pellejo se atreve, y yo saque de ganancia el ruido del tambor; oíd, que sueña, que rabia - el tambor con la flautilla. , . Basta, Tubal, basta, basta, que nuestro dolor no admite mezclar con lágrimas gracias. Pues mi alegría tampoco gusta de carantamaulas. Ved si están adelantados? a que Seth no tiene tantas. Ay! que es mi Seth muy gracioso; su humildad me roba el alma: es imagen de mi Abel: responde, hijo mío, habla. En sus acciones, y porte os lleva tantas ventajas, cuanto dista de la tierra el Cielo; ciencia más alta es la de Seth. . Cuál s docto, por qué calla? Porque hablar sin tiempo es seña primera de la ignorancia. La suprema Astronomia de Adán mi padre enseñada, comunicaré a los hombres en la sutil observada evolución de la Esfera, cuya forma imaginaria perfectamente es redonda, y cuantas líneas se sacan de ella a la circunferencia igualmente se dilatan. Su principal división en dos materias se halla Elementar, y Celeste, y en ellas, sin que haya falta, expresamente se incluyen todas las cosas criadas. Los movimientos del Cielo por sus imágenes claras conozco, cuya influencia las generaciones causa. Conozco los firmes Ejes, que Polos del mundo llaman, y la Equinoccial, y Ejecta, que el uno del otro aparta. El Zodiaco, cinco Zonas, dos frías, y dos templadas, y una torrida: de Estrellas, y Eclipses las formas varias conozco, y de los Planetas cuerpo, y magnitudes varias, y la influencia de todas veloces, y extraordinarias. Esto a mi padre le debo, con más propia alabanza al Criador de Cielo, y Tierra, que le infundió ciencia tanta. Dame, Seth, hijo, los brazos, y mi bendición alcanza, beneficio de los hombres, y descanso de mis canas. Válgame Dios, lo que sabes; ya parece que te hallas las Estrellas en el puño, y todo el Cielo en la palma: dime, pues que nada ignoras, será buen año de flautas? Anda, Tubal, que eres necio. a música no te agrada? a lo menos, no ando yo con la cabeza estrellada, y serenado de juicio, como el Astrólogo anda con imágenes, y líneas, y cuando más bien descansa nos dice: Dios sobre todo: así también yo acertara. Lo que indican las Estrellas dice el docto, y como es causa Dios, de quien todo depende, hacele a Dios esta salva. Quieres decirme, en qué signo la Monilla desgraciada nació, de cuyo pellejo eché parches a esta caja? Deja, Seth, deja ese necio, Dios alumbre su ignorancia, y vamos reconociendo las novedades extrañas de los Caínitas. . Entre ellos por cierto, que hay cosas raras; con su industria, y mi asistencia es mucho lo que adelantan. Ah Malicia! nunca hubieras despertado, ni te hallaras con ellos. . Bien sé yo, que otro gallo les cantara. Vamos, Adán, y busquemos a Caín, que aunque estragada su vida, hasta lo precito despeña sus arrogancias, puede ser, que la continua persuasión de nuestras ansias le corrija. . Sí, que el hombre es manso, como una paya. Vamos, pues; hijos, venid, y Dios, por quién es, os abra la luz del conocimiento, porque así se alumbre la alma. Contigo vamos, diciendo en alegres consonancias. Que pues viene a horar nuestra paría de Adán, y su Esposa, cantemos lagala Ya mi continua guerra con el Infierno en el rigor compit ya me falta la tierra, que mirarla aún apenas me permite, pues veo en ella escrito con sangre de mi hermano mi delito. Conozca mi impaciencia el mismo Dios, a quien me quejo en vano, que no pido clemencia, ni para mí la quiero de su mano: morir solo es mi suerte, y por mi mal, no encuentro con la muerte. S . Poblando todo el Monte el enjambre de gentes, que ha salido, vienen aquí; disponte, pues viene todo el mundo prevenido a decirte sermones, y a ponerte en razón con sus razones. Huiré, donde ignorado detodos viva, pues de todos huyo, hasta que despechado me dé la muerte, pues que no concluyo con la durable pena del injusto rigor, que me condena: Diles que no me viste, si por aquí el cuidado les trajese, resisteles; resiste que me sigan, les pese, o no les pese, o cuentales por cierto, que ya rabiando del pesar he muerto. . Dices bien, váyase Adán a predicar a un barbecho, que en mirando tu despecho, creo que presto se irán. Pero ahora, que solo estoy, quiero hacer buena memoria de una falta de la historia, que estoy notando: allá voy. Dudo yo, si es desatino, que Adán hiciese visita a la familia Cainita: a creerlo no me inclino; mas tampoco hay documento, que me afirme lo contrario; con que bien puedo en lo vario arbitrar el argumento: pero con esto se vicia la intención, para acabar déjome de criticar, y vuélvome a ser Malicia. Quiero ver si se ha enjugado mi tambor, digan de mí lo que quisieren, que a ceré murmurado. Aún no le hallo suficiente, todabía mal entona: Ol bonita es una Mona, si da en estarse caliente. No hay animal tan traidor; aún muerta, no me asegura: Mona hay de estas, que le dura cuatro días el calor. Ahora bien, pues ya está hecho, la paciencia el caso abona, que hasta enfriarse una Mona no hará cosa de provecho. Ya parece que se ha helado, y la vaqueta despide. . Si con mi culpa se mide, rayo es del Cielo enojado; su injuria ejecute en mí, que puesto, que lo merezco, ni le estimo, ni agradezco el darme la vida aquí: Yo mismo me acercaré al Cielo, porque haga ensayos de que no temo sus rayos, el Monte penetraré. . Quién da allí voces? quién llama? tenemos otro embarazo? Cuerpo de tal, qué monazo por el Monte se encarama? Apenas, según es fuerte, cubre un Roble su persona; si es el padre de la Mona, que viene a vengar su muerte! Ahora bien, justo temor me está diciendo, que marche, que si el Mono huele el parche, me hallará por el olor. Escurrirme solicito, puesto, que el vivir me agrada, que una Mona desollada, pienso que es grave delito. Dónde vas, Tubal? detente: dime, no has visto algún bruto, que de mis plantas tributo sea con el rayo ardiente? que aunque más he penetrado este bosque con enojo, no llevo ningún despojo con que quede acreditado. Dile que allí está la flera, y así te vengas del mono. . Esta vez no le perdono; famoso lance me espera: Allí hay un Monazo viejo, emplea en él el valor; verás qué grande tambor, que te hago con el pellejo: si una vez te aficionas, y le llegas a coger, las uñas te has de comer por andar cogiendo Monas. A dónde esta? . Allí emboscado. No sé, como haga mejor, para que arco, y pasador estén en punto acertado. Si en eso solo consiste, para que aciertes el blanco, yo te inspiraré el impulso, ya que la industria te he dado: Pon en tierra la rodilla, y alargando firme el brazo, de la cuerda compelido los extremos, junto al arco despide fuerte el arpón, que, de mi atención guiado, yo sé, Lamech, que no harás avieso el tiro, ni errado. Así mi furia mitigo: muera Caín a las manos de su hijo, porque sean comprendidos entrambos en la maldición de Dios. Ya le echo el punto: disparo. . Así aseguro la empresa. Ay de mí! . Tiro acertado hiciste, Lamech. . Qué es esto? Ya vengó el Cielo su agravio; rabiando muero de ira, y de soberbia rabiando: maldito sea, amén, el día en que nací desdichado, para vivir ofendido, para morir blasfemando: ya estará contento Dios de perseguirme, y no en vano, pues si me dio ser, y vida, va vida, y ser me ha quitado. Mal haya la luz, el día, estrellas que me alumbraron. Abre tus puertas, Infierno, y voraz recibe el parto primero que te da el mundo; recibe al hombre más malo, que va a tomar posesión de tus penas, y tu llanto: ay de mí! o pese al aliento maldito, que dura tanto. . Maté a mi padre (ay de mí!) qué grave castigo aguardo por esta bárbara acción! maldito sea, amen, el arco, y yo, porque lo inventé: mal hayan la cuerda, y brazo, que el pasador compusieron del más atroz inhumano delito: A quien me dio el ser quité la vida! ha pecado de tantos males principio! Mi padre mató a su hermano, y yo a mi padre: parece que nos vamos heredando: o rigoroso instrumento, fiera invención de mi agravio! Romperele en esas peñas, e iré a deshacerme en llanto, donde los hombres no vean al hijo más desdichado. Caín? Caín? a Caín? a esotra puerta esperamos: instrumentos de la muerte inventó Lamech, y es llano, que vos la traza le disteis, y así el mundo os debe a entrambos, arte a vos de matar, él el haberle ilustrado. A mi música me atengo; con mi tambóril alabo a Diós, los hombres deleito, a nadie ofendo, ni mato: y si desollé la Mona, y hasta ahora no se ha usado, principio quieren las cosas, compañeros tendré hartos. Infelices moradores de los Orientales Campos de Eden, venid, y veréis mis triunfos, y vuestro agravio está muerto Caín. Aquí Toda la vida es trabajos: ay hijo mío! . Por qué no haces ahora los llantos, que en la desgracia de Abel? Porque aquel fue desgraciado sin culpa, y aunque debiera llorar el mayor estrago de este, venganza es de Dios, y su justicia, y arcanos venero ahora con mayor reflejión, que en aquel caso. Ojalá se hubiera muerto ahora quinientos años. Cuánto ha que empezó la fiesta? Por ahí, por ahí. . Son los diablo: los Poetas: a tres horas reducen cuentos muy largos, aunque no sin contingencia de críticos sartenazos. Oh sagrada Providencia . de Dios, y como has vengado la sangre del inocente! Nunca quedará agraviado su honor, de quien quebrantase sus decretos Soberanos, y del progimo las leves, que aunque pueda tolerarlos dando tiempo al delincuente para que llore, si el plazo que le da no aprovechare, después que gima arrastrado de sus vicios, para siempre a más penas condenado, conocerá cuanto importan, o la obediencia, o el llanto. Miserables de vosotros, que habéis caído en mis manos, y con un Juez rigoroso tenéis fiscal agraviado; vuestras invenciones todas os servirán de embarazo: con las armas, que inventáis, haréis homicidios tantos, que apenas tendrá el Infierno lugar para castigarlos. La Astrología os hará, que acreditéis judiciarios errores, que yo os induzga, abusos, que os cuesten caros: la música he de hacer a la lascivia más platos, que de la enorme venganza, a la ira, y al agravio. Seré cuchilla del mundo, y al fin, para qué me causo, si ha visto el Cielo que en él tal jurisdicción alcanzo, que de dos hombres el uno, a su pesar, le arrebato. Qué has de poder, si de Dios el Omnipotente brazo te detiene: sirva el hombre obediente a sus mandatos, si quiere de tu cerviz ajar el orgullo vano. Siempre mi astucia será tan poderoso adversario de su albedrío, que hiriendo con el cauteloso halago a la voluntad, se cebe él mismo en su propio daño. Jamás faltará su auxilio. Tal vez será despreciado del hombre, siendo mayor en la batalla mi lauro; cuando de tal suerte ciego querrá más, para su estrago, que ser amigo de Dios, ser de mis iras esclavo. , . Ay de aquel desdichado, que causó los alientos del pecado! Gemid, sentid, padeced, que aunque Dios, para mi agravio, perdone la culpa, no os quita el pesar del llanto. Bestia infernal, monstruo horrendo, que escupiendo al Cielo Santo, vienen a ser tus blasfemias contra ti mismo balazos, como a tu inútil cautela atribuyes temerario las obras de Dios, que son privativas a su Brazo? Cómo, enemigo común, victorias estás cantando, que son vencimientos suyos, afrenta de sus contrarios? Tienes tu poder alguno? Si el hombre a su Dios, ingrato injustamente le ofende, del libre albedrío usando, y Dios, por su rebeldía, detérmina castigarlo, de tu venganza se sigue a tu pena algún descanso? mayor tormento recibes, pues de cuantos condenados atormentare el Infierno, serás partícipe infausto. Y si el hombre, siendo libre, reconocido gusano fuere, y a su Criador afable, obediente, y manso, premiado en la gloria, para siempre bienaventurado, gozará lo que perdistes: mira de Abel justo, y santo el Laurel de primer Martir, la Palma de Virgen casto: y mira, si en él lograste un pensamiento liviano. Y porque más te atormentes, la envidia te esté abrasando, tu soberbia te despeñe, y sea eterno tu llanto. Oye los triunfos, que el Cielo ha de prevenir a cuantos, a ejemplo suyo, merezcan vencer tus intentos vanos. 4. Lidia naturaleza, que es débil tu contrario, sufre sus amenazas, que al fin de tus trabajos, como te lleves en la lid la palma, merecerás perpetuo laurel sacro. Con este tormento quiero vivir, sino consolado, no arrepentido jamás, de Dios opuesto contrario. Cada cosa es un Misterio. Oh Señor eterno, y sabio! de vuestros altos juicios el entendimiento humano halla distancia infinita; Con licencia ncia, en Val n la Impret se hallará esta la necio es quien quiere alcanzarlos, Muere Abel, muere Caín, uno justo, y otro ingrato, uno humilde, otro soberbio, uno dócil, y otro airado; y siendo así, permitís que mueran, Señor, entrambos, el padre a manos del hijo, el bueno a manos del malo. Solo Vos, Señor, sabéis fin de secretos tan altos. Esposo, demos sepulcro a Caín, que aunque haya dado tan mal fruto de su vida, es hijo, y debemos darlo. Ni aún en la tierra descanse, sino a el alma acompañando, cómplice de sus delitos, y compañera en sus pasos, acompañe en los tormentos: abra su vientre abrasado el Infierno al primer fruto, que del triste mundo saco. Oyes, Malicia, y a ti cómo no te lleva el Diablo? No te parezca, que es por hacerme ese agasajo, sino porque hago aquí falta, para hacerle gordo el caldo. Tú, Profecia, que al ver las realidades del daño, facilitaste las sombras de aquel Bien Sumo, que aguardo para mis hijos, estate conmigo para mi amparo; y vosotros, que sabéis entre los buenos, y malos, que hay premios, y que hay castige que no perdáis, os encargo, el tiempo, que os da el Señor; y con esto, y un abrazo, quedad con Dios, que a dar fin a mi vida, y mis trabajos a Eden me vuelvo, diciendo con el Eco soberano a la gran naturaleza, or consuelo de su llanto::- Lidia naturaleza,
